Texto digital

Texto digital de El escudo de fortuna

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio Coello y Ochoa
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El escudo de fortuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/escudo-de-fortuna-el.

Logo BICUVE

EL ESCUDO DE FORTUNA

JORNADA PRIMERA

No suene más al biento de la trompa el sonoro clarín, ni el campo marche; ni en estos campos con el eco rompa el ronco acento del templado parche: que para proseguir la inmortal pompa que abrase Julio, o que el Enero escarche no importa si trémolan por Valerio las Águilas audaces del Imperio. Mandaréis capitán que las banderas hagan alto a vista de los muros de Roma, y ocupando las riberas del Tiber tiemble sus cristales puros: que es bien me reconozcan las más fieras naciones de Ocidente, y mal seguros vivá de mí sus pobres escuadrones, pues yo en persona voy con mis pendo- Considerad a Roma en tanto aprieto (nes. pues consu grueso ejército la oprime el rigor Ateniense, y que en efecto es bien que amor de patria nos lastime; guando se vio perdérsele el respeto a Roma, Atenas? para que os anime basta decir que sigue mi persona empresa dada a Marte ya Belona. no es inportante aquí César Augusto ponernos por de ate que han triunfado en Roma tantos Césares, y es justo laurel por sus victorias alcanzado: que siendo el defenderla honor y gusto, por mi puedo jurarte, que animado de ser hijo de Roma en sus almenas ricos despojos colgaré de Atenas. Si vinieran las furias del infierno contra ti, que gran Valerio, aquesta espada rompiera su rigor y fuego eterno, hasta darte la palma deseada. En la ocasión verás que el frío invierno de quien tantas historias son testigos. Los ánimos admito, valerosos De todos te aseguro hazañosos a. no derriba más hojas con la helada escarcha, que estas manos, enemigos, soldados, reservando a la batalla. la experiencia de echos más famosos que en sus Anales hoy el mundo halla. empleos, que su acero y dura malla conozcó, y yo prometo por miparte en tu defensa ser segundo Marte. (do La Emperatriz a visto como has da vista pública a Roma con tu gente, de oriente claro, lóbrego occidente: y viene a verte acá. Siempre ha mostrado Y con Otavio Es cuerdo y sabio. y el balcón donde estaba, le ha dejado con celo honesto, con valor valiente, Porcia, tenerme amor. c acompañada viene. Si atrevimiento ha sido, no os espante; que como os oy pasar, a ablaros vengo, que aunque a vos no os inporta es inportante al gaande amor, señor, que siempre os tengo. No merece, señora, mi constante pecho que no le horéis, pues que pievengo el alma a recibitos de esta suerte. bien el amor que me tenéis se advierte Vos no me habláis, Oravios Señor, miro cuan buena ocupación tienes presente; y así con justa causa me retira. En todo procedéis cómo prudente: A tu servicio, como ves, aspiro. Agradecido estoy! Que rabia ardiente . es la que por mis venas se derrama, que el corazó abrasa en viva llama! que a un hombre como a queste hiciese Roma César, por un trofeo mal traído, y mis altivos pensamientos doma el Senado ignorante inadvertido: que jamás mi consejo no se toma! y con voz popular se haya elegido un hombre, que era ayer pobre soldado, y un Cónsul como yo, fue despreciado! no ahy que decir más, Porcia hermosa, si el valor conocéis de aquese pecho no os habéis de enojar, que esta es for reprensión. Qué es de morir sospecho: (zosa ten fortuna tu rueda rigurosa, (cho que entrecelos y envidia estoy deshí pues tan enbalde arrojo mis suspiros po esto solo, señor, vine a pediros. (ci No me culpéis, señora que haga aúl dvos, pues es mi amor tan conocido que aunqueuéis que me parto, está en presenci cautivo el corazón agradecido: Quién, por ventura, os hace resistenci mirad, señor, que mucho me he osedió de aqueso que decís, y no os asombr que aunque mujer, os diga que soy hombe Y tanto, que en la empresa que se ofrece, si vos me dais licencia, a decir oso las armas me pondré, porque pares que de haber la victoria estáis dudoso: el corazón que tengo lo apetece, donde se mira nunca el deleitoso tiempo, que ofrece el Dios bendado y cieg si no es de Marte fulminante fuer Dadme ui caballo, y fácil podéis verá que escurezco la fama de Belona; y en los estribos con valor tenerme, conquistando del mundo la corona: al perigro tambié sabré ofrecerme desde la elara a la abrasada zona; causado evidia, ydad asombro acuentos celebra el mundo congloriosos cantos. Ida la empresa, que por los dioses luntos que si a Roma volvéis sin la victoria, pues en ella os espera, señor, tantos que tiene vuestros hechos he memoria, dejando al enemigo he tiernos llantos causa de vuestros triunfos y mi gloria, que no me habéis de ver en via vida. Muy enojada estáis. Y aún ofendida. ro, no haya más, por mi vida, que yo os ju de no volver a Roma sin que quede de Atenas el blasón triste y oscuro, si la palabra dada obligar puede: cierre Roma las puertas, y del muro lanzas arroje el triunfo que le excede, si de Atenas volviere sin victoria, ofreciendo a esos pies onor y gloria. Ya la vanguardía marcha y todo el esta ocasión parece que desea. (campo; alto, Mario, marchemos, que si estampo los pies donde las armas lucir vea; la victoria veréis Vencen al ampo de la nieve sus pechos: hay quien crea que donde el cielo puso tal belleza, fuera una firme roca en la dureza! Viven los dioses que si acaso fueres Lucrecía eesta ausencia de tu esposo, y a mi deseo resistencia hicieres con tu desdén altivo y riguroso, que Tarquino he de ser. No es bien que esperes mas, señor, que se aguarda? Ya es forzose quen, madar quel campo marche, a marcharto y hasta las piedras ton el lo prevoque. A vos, Otavio, encargo en esta ausencia las cosas del Senado, pues que el gusta que asista en la batalla yo en presecia, cosa que me parece en todo justa. Haciendo tu persona resistencia, es cosa cierta prosongar la Augusta Corona del Imperio, sien las manos te la han puesto los dioses soberanos. Los dioses con vos queden. A ellos ruego que os acompañen. Vos, querido Otavio, en mi lugar quedáis. Y asiento el fuego . del amor: mas que nunca, haceisme agra en encargarme tal. Marchemos luego, que aunque el alma lo siente, es bien que el labio no lo pronucie, que de hablar la lengua nace he vez de valor perpetua mengua. ; y Es posible, que taloses decir! . Qué dejarme quiere! Morira quien lo impidiere, por los soberanos dioses. Fuera, digo, no me impida mi pensamiento ninguno; porque si me estorba alguno, verá aquí el fin de su vida. Teneos padre, guarda esposa. Tente hijo. . Esposo tente; y responde. . Qué accidente te ha dado? . Ninguna cosa. Yo no pienso responder vio mas de que aqueste es mi gusto. No ves que es término injusto dejar a padre y mujer? Soldado un hombre casado cuando se ha visto. . Yo quiero irme a la guerra, y no espero dejar ya de ser soldado. Tu soldado! di, estás locos quien te ha puesto en la cabeza tal cosa? . Naturaleza, que no soy para tan poco, que a un león entre mis brazos a vista del pueblo todo, si a lidiarlo me acomodo, no le haga mil pedazos. Hy lobo que a mi ganado ose llegar? viose tigre que en llegando no peligre por la honda y el cayado? Hay onza que en ligereza me iguale por esos cerros? no me dejo atras los perros trepando por su maleza? Qué serpiente ni dragón ay, que en fiereza me iguale! que caimán del agua sal que no muera en conclusión por el rigor de estas manos, No mato cual basilisco? no soy quien deshace un risco, y me temen estos llanos? No tiemblan de mí estos montes si acaso enojado estoy? temor y espanto no doy mirando estos prizontes? Pues porque tengo de andar tras cuatro ovejas y cabras? Deja ahora esas palabras hijo. . No me has de dejar. por eso mira primero que aquí muerta me has de ver. No lo harás, que eres mujer. (ro, Pues quiés que muera? . No quie si no que vivas Alpina; mas no me estorbes mi gri Mira que es rigor injusto lo que intentas. . Si me iré mi natural a la guerra, decidme, padre, es mejor que mi juvenil vigor acabe en aquesta sierras Armas y letras no son caminos reales, por donde nada al hombre se le esconde? Digo que tienes razón Mas por no haber estudiado tu ignoras el un camino, Es verdad, y ansí me inclino al otro que me ha quedado. Las armas quiero seguir, que se me ha puesto en la frente: que a lugar más excelente por ellas he de subir. Vos, padre, os podéis quedar en mi lugar con mi esposa, que mi partida es forzosa. Esposo. . No hay que tratar, de veras esto se toma. Yo no se porque misterio. Podrá ser tenga el imperio. Bueno! Emperador de Roma vendrá a ser: yo no lo digo? loco está, no hay que tratar Que al fin nos quieres dejars Ya solo este intento sigo. No pienso cansarme más. Di cuándo te piensas ir? Luego al punto. . Aquí mor! antes de irte me verás. Por cierto, cuando te mueras, que no me pienso ahorcar. Ni aún yo lo pienso intentar, si a caso de mí lo esperas. Mas que vayas y no vuelvas. Amén. . Burlándome estoy. Antes que te vayas hoy va nos a dar por las selvas, hijo, una vuelta, y traigamos el ganado hacia este valle, porque lejos no se halle, y yo sin ti. . Padre, vamos. Alpina se quede aquí, y si viniere Montano, le diga, que hacia este llano baje las cabras. . Así lo haremos: junto a la fuente a la sombra me pondré, y con lágrimas haré acrecentar su corriente. Presto la vuelta daremos. Vamos hijo. . Ya es forzoso morir, pues se va mi esposo; montes su ausencia lloremos. Vosotros porque perdéis el más famoso pastor, y el hombre de más valor que en vuestra estancia tenéis. Y yo todo el bien que pudo dar el cielo a una mujer, pues que no debe de haber sentido que no esté mudo, considerando mis graves penas, dolor y tormento, y llorar en su elemento, parando el curso las aves. Prado producid abrojos y dolorosas espinas, pues vuestras flores divinas este llanto de mis enojos puede abrasar. Y tu fuente que ligera vas al mar. lleve otro mar de pesar tu desatada corriente. Ay, cielos! si no me engaño, un hombre viene ligero a mí, esperarle no quiero, que es bien excusar el daño. Mas corriendo viene ahora: que es lo que puede querer? por aquí quiero correr. Tened hermosa pastora, no huyáis, detened el paso, que no soy fiera. . Señor suelte, y le será mejor. Menos resistencia. . A caso conóceme su merced, que así se burla conmigo? Qué decís? . Esto que digo. Hermosa sois por mí se. Si soy fea, o soy hermosa, diga, que se le da a él? Hermosa sois y cruel. Yo cruelí . Y rigurosa. No se llegue mucho acá, porque a la fe que dé gritos. Son desdenes infinitos, escuchad. . Guárdese allá. Sois acaso del aldea que está en aquel cerro? . Diga que a preguntarlo le obliga sease de adonde sea. Váyase, y ese cuidado deje de darle pesar. Allá me voy a alojar. Es soldado? . Soy soldado. También allá va mi esposo a la guerra. . Sois casadas Y con un hombre que nada sufre, porque es muy celoso. Y a se que si viene ahora, que no sé como os ha de ir con él. . Qué bueno! sufrir podrá el alma que os adora el rigor de vuestro esposo. Dadme una mano. . No quiero: desviese, que es grosero. Ya es ese muy riguroso termino. . No hay quién acuda? aquí del valle, a pastores. Deja ahora esos rigores; quien quieres que te de ayudas Suéltame digo. . Es forzoso ya contigo aqueste trato. Antes veréis que me mato; dónde estas amado esposo? padre, padre. . Qué das voces? pues cuando vengan, no importa. La voz por el viento corta, y a los acentos veloces el honor viene corriendo. Álpina las voces da, que con un soldado está el justo honor defendiendo. No te resistas. . Tirano, dame la muerte primero; suelta. . Acaba. . Llegar quien- qué intentas? . Cansaste en vano. Quiero llegar, quien te obliga Alpina que voces des? Sí por tus ojos lo ves, porque quieres que lo diga? Bien dices: Señor soldado, diga, porque quiere hacer fuerza a una honrada mujer? Mátale aquese cuidade? Y mucho. . Pues por do vino, sino quiere que me enoje, y a los infiernos le arroje, vuelva a tomar el camino. Él no ve, que es mi mujer, y aunque rústico pastor, en defensa de mi honor mil vidas vendré a perder? Una vida os quitaré, que bastará, si no os vais. Yo pienso que os engañáis en lo que decís a fea Y advertid, que soy honrado, (ro. aunque en este traje estoy. Digo que escuchando os voy, de mi cólera forzado. Y vive el cielo, si mucho estáis hablando, y no os vais, que justa paga tengáis, porque enfadado os escucho. Esposo, vámonos luego. Él vaya se mas sos no. Mal podré volverme yo sin mi mujer: y ansi os ruego que miréis lo que decís, cuanto más hacer tal cosa. Esta es respuesta forzosa; sois un villano. . entis. Y si acaso sois soldado de valor, hacedme cara, que quiero ver si repara vuestra espada mi cayado. Aquí con piedras estoy para ayudar. . Tente, espera. ya es por demás. . Muera, muera. No reñistes? . Muerto soy. Detrás de esta montaña nos avisa la espía, que está el campo, y que esta noche nos quieren dar un repentino asalto. Antes que logre Capitán su intento, verán en su escuadrón el riguroso nuestro, sin que se escape con la vida hombre ninguno, si los dioses quieren darme su ayuda, que su agravio vengo. El orden que os he dado se ejecute, porque quiero embestir cuando Diana peme sus trenzas en las canas ondas, conque Neptuno adorna sus Alcázares. No hay Infante, señor, que no imagine que el peligro consiste en la tardanza, y el brioso caballo da relinchos, escuchado el rumor de las trompentas, deshaciendo los frenos, y ei hochdo. Los mismos tafetanes de las asas parece que se arrojan dando al viento de las suertes felices norabuenas. Dad vuelta, Capitán a todo el tampo y el escuadró se forme, porque quiero embastir de repente al enemigo, y solo me dejad. Siempre por obra pongo lo que me mandas. Muy bien creo, (el cielo. que en todo me servís. . Guárdete Desde que a Roma la perdí de vista, no he tenido contento en cosa alguna, ni puedo divertir el pensamiento; no se qué pueda ser, los Dioses sansos el laurel me pusieron en la frente de tantos hechos premio merecido de que puedo tener tanta tristeza! o , ; Mas quién es este viejo que aquí viene la barba cana, y el cabello al hombro tendido, tan cansado, y tan decrepito un acerado escudo, que al Sol priva de luz, trae enbrazado, que es aquesto? a mirarme se pone de propósito, quiérole preguntar que es lo que quiere. A quién buscáis busombre? olo, a quien decidme, como os llaman? (digo? La Foriuna. La Fortuna eres tú Aqueste escudo te venga a dar, Valerio. A qué propósito? Ahora lo verás, pues te apercibe tu infeliz, suerte irremediables golpes. Si tú me has puesto hen este estado, di que me puedes querer, que no te temo (me Llega a mis brazos, que temor metie hasta la muerte. Qué es tu pabsamiento? Luchar contigo. Lleva, que en mis brazos has de acabar, aquí me tienes, llega y luchemos los dos. . Muy m al conoces el imperio que tengo. Fuerza tienes ya dino que tertemo. No eres tú soló a quien he demibado en baldo te resistes. . Ten que toco una rodilla en tierran Aquesto es nada, Emperador. . deten, que ya en el suelo estoy tendido. . Ya te he derribado, esto no más quería. . Ansí me dejas? dame la mano; aguarda, no te vayas dame la mano, espera, fuese: a ingra- no huyas tan veloz detente espera (ta mas qué es aquesto, cielos? el escudo que consige traa me ha dejado: pues ya que el desengaño es conocido sacuda el trempo golpes, que no tengo de que temerjamás suerte importuna, pues que tengo el escudo de hortuna. Muera el villano importunó, y el que le favoreciere. A fuera. . No hay quien espere. Si quiere morir alguno, no neve sino llegar. Quién causa aqueste ramor? Muera, matadle. Señor, de ti me vengo a amparar. Aquí a tus Cesáreos pies me tienes, favor te pido. Espera, que has cometido? Invicto Valerio, es que porque hablaba un soldado con su mujer, le dio muerte. Caso extraño! de qué suerte sucedio? . Soy hombre honrado, y esto baste por respuesta. (so No hay más cuenta? . diome el cie por el mayor bien del suelo, honrada, discreta, honesta, una mujer; y pasando un soldado pordo estaba, yo le vi que la forzaba: y a ella en su defensa dando voces, entonces llegué, como quien tiene valor, y defendiendo mi honor, de dos palos le maté; y no hay más. . Bien por mi vida! brevemente lo has contado. Es por no haberte cansado. Es un traidor homicida. Eso de traidor, a estar (pues de la lengua te vales.) los dos con armas iguales, y en diferente lugar, yo te diera fácilmente a entender, aunque pastor, que soy hombre de valor: y aquí te digo que. . Tente, que yo sabré la verdad, y haréjusticia de todo. Cómo es traidor? . de este modo, aunque con mayor crueldad, que baja un rayo del cielo, ha hecho tal resistencia, que ha dejado en mi presencia mil tendidos en el suelo. Y sin poderle prender, caso a todos sucreible, le fue fácil y posible hasta donde estás correr. Mira ahora si es traidor quien el campo ha alborotado. Es verdad? . Así ha pasado. Este es hombre de valor, t hacer quiero la experiencia. Si la hacienda me robara el soldado, cosa es clara que no hiciera resistencia. Que aunque este cayado tengo por armas, de cortesía se algún poco y también cría valor un monte, pues vengo a verme por él aquí en las manos de la muerte. Confesando de esa suerte, y haciéndome juez a mí del caso, por homicida, mando que muerte te den. Llevadle. . Dices muy bien. Quitadle luego la vida. Quiero una cosa pedirte, ya que muero. . Dila, pues. Humilde pido a tus pies, si es que puedo persuadirte en este caso, que hagas sola una cosa por mí. Di, qué quieres? . Ves aquí que justamente me pagas. Verdad es, dándote muerte. Ya que la vida no intento, para que muera contento, diga el pregón de esta suerte. porque defendió su honor cobrando eterno renombre le dan la muerte a este hombre, y no digan que es traidor. Con esto solo me anima, que si es traición defender el honor de una miujer, cosa que tanto se estima; pudieras mandar matar a tantos por causas tales, que apenas hallaras leales cuando quisieras premiar. Levanta, y el pregón diga por matador, ve a morir. Digo que voy a vivir, que a eterno gusto me obliga. Que muero ansí por honrado; y así, supremo Valerio, prospere el cielo tu imperio. Llevadle. . Bien despachado, va por traidor, o leal? Vamos? . Esto me conviene. Volved acá, este hombre tiene ser, y valor sin igual, no hay duda. Quieres que muera en tu presencia, señor; beso tus pies, tu rigor ejecuta luego. . Espera, levántate. . Hy, en que obligue de nuevo? . No sé que diga, secreta fuerza me obliga a que este hombre no castigue. Di lo que quieres decir. Cómo es tu nombre? . Imagino que es sustino. . Pues lustino, ves aquí vas a morir. Es verdad. . Haz una cosa por mí, y te perdonare. Cuanto quisieres haré, que servirte es ley forzosa. Dasnre la palabra? . Di que por ti arranque los Polos del cielo. . Dejadnos solos Capitán. . Vamos de aquí. Di qué me quieres mandar? Justino, en esta ocasión. es muy grande la afición que te he cobrado. . Mirar debes primero, señor, si hay carsa. . Ya está mirada! No sé si es bien empleada en un humilde pastor. Eso el ti mpolo dirá. Pues, señor, que ves en mí? No sé: abrázame. . Yo? . Sí, llega, los brazos me da. Que la vida te concedo porque que demos amigos. Los cielos me son testigos que absorto y confuso quedo. Qué respondes? . Tanto gano, que estoy de razones mudo. que has visto? . Obligarme pudo mi estrella, dame la mano. Toma. . Por Júpiter jura que amistad no has de romper. Si tal me vieres hacer, en nada tenga ventura. Los dioses santos me nieguen siempre su amparo y favor, y a las manos de un traidor mis más amigos me entreguen; si yo no fuere tu esclavo en todo toda mi vida, por la merced recibida, pues mi suerte buena alabo. Tanto temo a la fortuna ya, que siendo Emperador, con un humilde pastor quiero amistad. . De ninguna tristeza vencer te dejes, si acaso con ella estás. Queres ser soldado? . Das en mi pensamiento erjes de pastor subió a Munarca, pues la sama nos pregona, que alcanzo cetro y corona desde el cayado y la abarca. Aquese es mi propio traje, a más me puede subir fortuna, aunque el vivir a más homiidad me abaje. Dices muy bien, y ansí quiero, pues estás determinado, que trueques hoy el cayado en ricas armás de acero. Hoy probarás tu fortuna, pues es tu valor inmenso. Con este cayado pienso solo sin defensa alguna, ganar contrarios despojos, y dar muerte al enemigo campó, y de aquesto que digo serán testigos tus ojos. De tu valor, no lo dudo. Esto, o morir, me verás. En un caballo entrarás con lanza y agueste escudo. Este me ha de defender en la ocasión que se aguarda; y tú aqueste escudo guarda, que bien le habrás menester. porque yo pienso ganar armas con estas que tengo, pues con ellas me prevengo. Las cajas oigo tocar. Asalto es aqueste. Tonía las armas, César invicto; que nos asaltan. Yo imito Hoy a Marte. . Roma. Roma. Viva Atenas, Roma muera. Las Águilas del Imperio vivan. . Espera, Valerio. (espera. Roma. . Atenas. . Alvoino A un Capitán como yo, querer rendir, es vano. Espera, si eres Romano. Di, cuando un Romano huyo? otra vez te buscaré, que al mayor peligro acudo, 1. Date, Romano. . No dudo que cuando delante esté el mundo todo, aún es poco. 2. Acaba, date. . No quiero. 3. Pues moritas. . Eso espero. 2. Dime, por dicha estás loces Imposible es defenderte: quién eres dime? . Un lo dado de Roma. 1. Ya estás cansado. Todo es vida hasta la muerte. 2. Muera, muera. . Deteneos. . 1. Si estás en tierra caído, que aguardas? A lo rendido está el César, que trofeos mayores habrá en el mundo, como defender aquí su persona? . Si hay en mí siempre valor sin segundo; morir primero imagino. 2. Muera, matadle. . A, villanos, no escaparéis de mis manos. Quién me da favor? . Justino. 2. Es aqueste hombre demonió. 3. Mas es que hombre, que nos quiere? Si hay alguno que me espere, daré de ello testimonio. Tened el paso. No embalde lustino te cobré amor. A fiera suerte! A rigor! Muera, matadle, matadle. Ya todo el campo Romano la campaña desampara, vencido soy, cosa es clara. A rigor fiero inhumano! nt. 2. Viva Atenas, viva Atenas. Mi campo desbaratado huye, no queda soldado, que resista. A, fieras penas! Acabadme de matar; porque no es razón que viva a quien hoy fortuna priva de tan supremo lugar! Hoy, soldados valientes y animosos el valor Aténiense se ha mostrado de suerte, que las Águilas Romanas quedan sin garras, ni valor alguno; hoy queda Roma con perpetuo llanto, su infeliz suerte lamentando. 2. Hh sido ventura grande la que tuvo. Cómo 2. En que el mismo Valerio peleando, entre la gente andaba ya de suerte, que a no llegar un hombre, que imagino que le diero los dioses en su ayuda, en tu poder le vieras muerto, o preso. Por la mayor vitoria la tuviera que me pudieran darjamás los dioses, que el mismo Emperador entre los nis se metió? no me espanto, es animoso: y aunque esta vez ha sido desgraciado, sucesos son de guerra y de fortuna; mañaba podrá ser que tenga Roma más guerra con Atenas, y la suerte se trueque, y quede Roma victoriosa. Causado, y no rendido, me retiro entre estas peñas con la oscura noche; de cuerpos muertos que da aqueste campo cubierto, que provoca a llanto triste. A, tragedia infelice! A, triste hado! Toquen las cajas, Polidoro, ahora a recoger, y marche poco a poco por la lóbrega falda de este monte, Aquestos son soldados Atenienses, y yo soy conocido por el traje, entre estas peñas esconderme quiero, que otra ocasión honrosa presto espero. 1. Invico General, ya me parece que podemos marchar. El campo marche, llame la infantería el son del parche. (to, Marchado por el canpo va el ejerci solo he uedado, y pues el puesto es solo, y de silvestres árboles sombrío, mientras que sale el alba, quiero un rato rendir, cuanto descanso, al triste sueño: y vos cayado, compañero mío, mejor fuera dejaros por la espada, pudiera ser que no trunfara tanto, quien a gloria cantó: entre estos ramos déjaros pienso; el sueño me conmbida, fuerte alimento a la flaca vida. Lóbregos montes, oíd de un triste hombre el triste llanto, y pues ya quejas no canto, el ronco acento sentid: de vuestras cuevas venid fieras, rompiendo los vientos con mil bramidos violentos, cómo no me acón pañáis? venid, si no os espantáis del eco de mis lamentos. Nocturnas aves, cantad las obsequias de mi muerte; y de mi infelice suerte el triste fin escuchad: en vuestra región parad el curso, no os espantéis; y si clemencia tenéis, haced de mis voces cuenta si acaso ya no os afienta el verme como me veis. Esta mañana me vi absoluto Emperador, y de la suerte el rigor sin honor me tiene aquí: ya n al conozco a mí, nada soy, ya no lo dudo; que si la fortuna pudo usar de tanta inclemencia, para hacerle resistencia, me dejó su propio escudo. Cuando este cetro me dio, no me avisó de que había tal pesar en mi alegría, y aparente me engañó; ya en tierra le arrojo yo, vete, que a mayores males tengo en ocasiones talas tenerte delante, y pues sin el Imperio me ves, para que son las señales? En esta soledad quiero descansar hasta que el alba haga a mis desdichas salba, si antes de dolor no muero: aunque remedio no espero, quiero porfiar si acaso el hado no es tan escaso conmigo, y quiere eximirse, y al sueño pueden rendirse las tristes penas que paso. No duermas, infaliz César, y de mis voces escucha aquesta, que ahora rompe del viento la región pura. Oyas dejado de ser Monarca, que tu ventura tuvo fin aqueste día, y mil desdichas te anuncia. Ves aquí tienes el cetro sobre mi rueda, ya busca el centro, porque el cayado gusto que a la sumbre soba. Detén. . La vuelta he de dar. Tente cayado, no sevas, si has de dar mayor caida. Cetro dónde bajas? . Nunca dejaré de estar rodando. Si con tus vueltas procuras no tener firmeza en nada. no quiero el cetro. . Oportuna ocasión es la que gozas. Ausí un César se sepulta! A, ingrata! . No quiero serlo, si me has de dejar a escuras. No temás tú, toma el cetro, tú el cayado, que de muchas desdichas serás ejemplo, que así las cosas se modan. Tú, Justino, has de ser César, que yo te daré mi ayuda, y por diversos sucesos te verás sobre la Luna. Alarma tocan, qué es esto, entre estas ásperas grutas? Alarm a tocan las cajas; quien inquietarme procura entre aquestas peñas sordas? Alarma Roma. . Sacudan otra vez los tafetanes y los vientos. Quién es? . Escucha. Quién eres? . Soy una sombra desierta, fría y oscura. Eres el Emperador Y quién es quien lo pregunta? responde, acaba? . Justino. Justino, amigo, qué buscas? Écheme a dormir cansado, entre la verde espesura, y desperté con un cetro en las manos. . Yo en la inculta maleza también me eché, y dando vueltas algunas; del sobresalto un cayado veo en mi poder. . Renuncia mis armas, las tuyas toma. Cómo ha sido aquesto? n . Escucha. Mas otra vez de las cajas los ecos roncos retumban. Prodigios son, que no entiendo, el alma tengo confusa. Vamos a saber la causa; por entre estas peñas criza. Solo esto resistira el Escudo de fortuna.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya basta, Oravio, el rigor con que a mi honor perseguís. luzgad el caso mejor, que a lo que rigor decís, no es rigor. . Pues qué es ?ot. Amor. Amor? pues quien os ha dado lugar donde hayáis fundado ese loco pensamiento? No tiene amor argumiento, ni nadie en su ley lo ha hallado, Y ansí no pienso, señora, responder a esa pregunta; pues responde el alma ahora. Pues vuestro amor, que barrunta, si mis méritos no ignora: No echa de ver que hace mal, si correspondencia igual no tiene su pretensión? No porque en esta ocasión es mi amor Águila real. Si Águila intentó volar a la esfera que no pudo, vio sus alas abrasar del fuego, y ansí no dudo que esté anegado en la mar. Habrá en ese mar bonanzas Perded aquesa esperanza, Otavio, y no la tengáis. Cuando en el mar la veáis, será Delfín, si hay mudanza; y él en sus hombros podrá sacarla a tierra. . No hará, y no me tratéis, Otavio, de estas cosas, que me agravio de escucharos: bueno está. Salios uego de la sala, que ese término os señala un grande castigo. . Digo, que excusate ese castigo con irme; mas quién iguala a tal crueldad y fiereza? yo no lé tanta aspereza de dónde nace! qué es esto? como en tal belleza ha puesto tal rigor naturaleza Y si yo en la cuenta entro de la razón, mito adentro ser muy distintos los dos; y ansí en amaros a vos, estoy fuera de mi centro. Mal venís a conocer mi valor. . De vos me agravio, que tengo yo que saber? Yo soy el Cónsul Otavio. Yo Porcia, y sabré comer brasas primero, que intente ofender mi esposo ausente, que para que me resista, aunque ausente de la vista, está en el alma presente. A una mujer como yo vuestro pecho se atrevio, y a quien por esposo tiene un César, que a serlo viene porque su ser lo ganó; con tan gran de villanía osáis hablar? . Cada día levanta Césares Roma, mas con su poder no doma Roma la putencia mía. Que yo tengo en el Senado mi voto primera en todo para elegir de un soldado un César, y de este modo mal pienso lo habéis mirado. Cónsul en Roma nací, y Valerio vuestro esposo un soldado, a quien por mí le hicieron César famoso, porque la mano le di. Y si el oficio os ufana por veros con tal Imperio, juerrá la suerte inhumana que hoy César sea Valerio, y mañana. . Qué mañana? Qué es mañana? qué decís? por ventura no advertís que si fue César mi esposo, fue elegido por famoso, aunque al contrario sentís? Que avaque vuestra envidia intente contrastarle, es evidente caso, que por tan famoso, a ser eterno mi esposo, César fuera eternamente. Mas porque no os alabéis de haberos ansí atrevido a quien respetar debéis, vuestro premio merecido será justo que llevéis. A de mi guarda? . Señora qué intentas? . Pues que no ignor tu pecho lo que yo puedo, y como en valor te excedo, verás lo que quiero ahora. Mas no quiero llamar gente; que aunque es verdad que aquí vengo a ver tu pecho insolente, no por esa ocasión tengo dejar yo de ser prudente. Vete, que será mejor darte para el irte paso, no biando de mi tigor, que haciendo aquí de ti caso, le hago ofensa a mi honor. Yo tu piedad agradezco; voy he. . Para luego es tarde. Solo a servirte me ofrezco. Créolo, el cielo te guarde; toda lisonja aborrezco. Señora, dame esos pies, no para pedir mercedes. Levántate, y dime pues que quieres; alza, hablar puedes, que no quiero que ansí estés. De dónde vienes? . Vencido a Roma el Emperador vuelve de Atenas. . Hh sido esa tu pena? . El dolor me ha privado de sentido. Y ansí no sé lo que he hecho en darte aqueste disgusto; mas ya conoces mi pecho. Hasme servido, y es justo que te deje satisfecho. Toma este diamante, ten, que solo mi pecho es quien en su valor sin igual de constante paga el mal con las albricias del bien. Pues como muestras contento de ver que vencido viene? Este es mayor vencimiento, que la fortuna no tiene ya sobre su Imperio asiento. Vencedor y no vencido, y con palma soberana será de mi recibido, que con la fortuna gana quien de una vez ha perdido. Y así aunque tenga a ninguna su suerte, es muy oportuna; y es bien conozca Valerio, que cuando pierde el Imperio, vence entonces la fortuna. (de; Todo el pueblo Romano a voces pi que atento que en persona fue Valerio contra la audaz Atenas, y en la empresa que se ofreció al presente fue vencido, que le depongan del Romano Imperio, pues viene vivo, y sedejó el ejército contanta infamia enla campaña muerto. El pueblo todo lo que es justo pide, que demás de la perdida ser grande, siente mirar que ya que fue vencido, aún del contrario campo no está herido. Aunque es verdad que los que aqueso dicen tienen razón, pasión es declarada, sin advertir primero, que Valerio no había de meterse en la batalla (no como un como soldado, que el gobier promete muchas veces la victoria; basta que esté animando a sus soldados en campo armado con valor, sujeto a las mudanzas de la vil fortuna; otra vez le habrá visto entrar trufado dejando atrás la fama sus rictorias. y ansí es razón Senado que te mire, que no corrén los hados de una suerte, ni hay ocasión en la milicia alguna que no tema a la rueda de fortuna. El ejército todo pide a vozes que se elija otro César, por quien sean gobernados aguerra, empazpremiados; quien viene sano, y pierde tanta gente, no es al cetro y corona conveniente. De mi voto, Senado, no se elija, que como tengo dicho, poco importa vuelva un hombre vencido. Si lo pide la voz común del pueblo, de que sirve contradecir, si se a dhacer por fuerza? Eso será mejor antes que vengan estas discordias, a causar en Roma algún motín, y ansí será muy justo, si muere por su patria, darles gusto. Fuera que dicen muchos que sin duda hasta Roma llegara el Ateniense sin remediarlo, con estruendo altivo, sino fuera por ver entre los nuestros a Marte peleando disfrazad en traje de pastor escureciendo al enemigo campo la victoria con un corvo cayado que en las manos le pusieron los dioses soberanos. Y quién dicen que fue? No hay quien lo diga; si un rústico pastor sin más defensa que un palo corbo, defedió el ejército o lo poco que a Roma ha dado vuelta; porque no han de afrentarse los soldados de que un cobarde César los gobierne afrenta de los dioses es que tenga Valerio el certo, y que rendido venga. Mi parecer no es ese. Es el de todos. . Mas ya parece que Valerio viene dando señales de fúnebre pompa: las destempladas cajas y la trompa. No vengo, Señado excelso, triunfando otra vez a Roma, con despojos enemigos, testigos de mis victorias. No digo que me aperciban arcos triunfales por todas las calles como otras veces, ni simulacros me pongan. No que en las torres más altas, flámulas y banderolas colguéis, haciendo la salva, por ser mi dicha tan corta. No dé la música al viento por mí las voces sonoras, ni la fama al orbe cante mis hazañas con su trempa. Vencido Valcrio vuelve, Senado, que no tremola las Imperiales insignias tantas veces vencedora. Las Águilas vienen muertas, que con sus alas no azotan, del viento la región pura, ni con sus garras asombran. No sus coronas altivas a la quinta esfera tocan; que ya en el mar del olvido con triste afrenta las mojan. Por eterlizar mi patria contra Arenas en persona salí, y hadre castigado la Fortuna rigurosa. Considerad su poder pues a un César no perdona; mas los montes más supremos el rayo fetoz destroza. Toda la gente que fue queda herida, muerta y rota; que ya Roma ve en mi ejemplo lo que otra vez por si Troya. De qué me miráis confusos? yo no soy quien la corona tengo por justa eleción, y ahora mi frenté adorna; Valerio soy, que os admira? y si queréis que os dé ahora cuenta del suceso, oídme. Va el decirlo poco importa. Hay más de que venció Atenas y a su patria alegre torna de nuestras huestes triunfando? Puedo decir otra cosa que sea en abono mío. Si ya de ninguna forma ha de aprovechar, mejor parecen atengas cortas. Al fin Roma fue vencida. Oíd dos palabras solas que me disculpen. . Ninguna Valerio, aprovecha ahora. Por ventura está delante alguna común persona de la plebé, fino un César, para que nadie le oiga Senado ilustre, qué es esto? De que en disculpa respondas; será de ningún provecho. Brabo rigor. Triste historia! Pues cómo, a un Emperador que ayer triunfando de Escucia entró isustrando la patria, se le trata de esta forma! Digo que el bastón no quiero de General, ni más Roma me verá por ella en campo. Pues, como el bastón arrojas de la Romana milicia Mario? . Porque el alina asombía esta mudanza presente. A todos causa congoja este Siceso, y no puedo sufrir el dolor. . Es propia mudanza de la fortuna. Si es que mi prosencia tosca, y cayado no os ofenden, yo os prometo desde ahora ser otro Rómulo en Roma, sacando por cada gora de sangre que se ha perdido de Romanos, tanta copia que en vez de claros cristales, vea el mar sus aguas rojas. Justino, qué es lo que dices? Esto digo. . Este hombre amporta dioses, a mi pretensión, pues pretendo la corona forzado de mis estrellas, y por vengarme de Porcia. El bastón goza por mí. Por mi voto el bastón goza de General. . Ya lo eres, no hay quien contradiga cosa. Dioses inmensos, qué es esto? es aquesto sueño, o sombra de alguna vana ilusión? mas no verdad es nntoria. Vamos adonde se elija quien del cetro y la corona sea dueño. . El dueño sea; pues cómo, tanta deshonra merezco yo? . Aquesto pide, Valerio, la gente toda de la Romana milicia. que en altas voces invoca que luego se elija César; y si Roma se alborota, quién bastará a apaciguarla? esto es forzoso, perdona; que aunque eres amigo, es fuerza mirar por la patria. . Es cosa justa que miréis por ella. Vamos. . Mi humilde persona hoy se pone a vuestras plantas. Hoy eterna sama cobras. Duermo acaso? esto es sueño! es esta ilusión, o sombra que ahora delante miro, que ansí el ánimo me acorta? Soy yo quien ha navegado con bonanza, viento en popa! mas la envidiosa fortuna mi pobre nave trastorna. Qué es esto, piadosos cielos, que ya la pasión me ahoga? justicia pido. Señor dais voces? . Vos sois, señora! Quién si yo puede sentir vuestro mal? que os alborota hablad ahora calláis? Pues eres discreta, Porcia, no te espanten mis desdichas, que la suerte rigurosa de la más altiva cumbre hasta el profundo me arroja. Os quiere dar Roma muerte? No, mas es más afrentosa la pasión que me atormenta. Pues decid, qué os apasiona? Ya del César soy el nada, quitado me han la corona del Imperio. . No os han hecho ningún agravio, qué importa? la vida os dejan en fin. Mejor fuera que no. . Poca pena me da ese suceso; que el mundo verá que sobra valor en mi pecho altivo, que soy contrapuesta roca enÍmara estas fortunas, trraca de estas ponzoñas. Rico, pobre. Emperador en humildades, en pompas, en Alcázares supremos, en viles y humildes chozas. Desnuda, vestida, ausente en tierra extraña, en la propia, si os llevan vuestros trabajos a la región más remora, he de ser vuestra mujer; que a dos que el amor conforma, no los trabajos, la muerte es quien los aparta sola. Dame a besar esos pies, Ramana, e ilustre matrona, a quien el tiempo levante estatuas de oro famosas: no ne los niegues. . Esposo, deja el llanto. . Esposa, esposa, no por mí, que por vos es lo que aquí el corazón brota. Señor, si son de disgusto aquestas nuevas, perdona que te tengo amor. . qué quieres? Del Señado salió ahora ordes de echarte en prisión. A mí? . Sí. Librarte importa. Auséntate, si es que puedes. Los dioses, querida Porcia, queden contigo. . Camina. Dame a que sos brazos. . Toma, aunque ya en los de la muerte he de quedar. . Esto importa. Tente, llévame contigo; porque si me quedo sola, moriré, y dará me vida no más de mirar tu sombra. Vuelve, vuelve, no me dejes, porque ya el alma se asoma con lágrimas a los ojos. Pues no has de quedar en Roma, si se en mis hombros llevarte. Si eres Eneas, piadosa condición has de tener; espera, el palo reporta, que yo vengo a ser Anchises. Vamos presto. . Ánimo, esposa. Corazón me ha dado el cielo. Vamos, que se abrasa Troya. octOh, Justino! aquí estas? Aquí me tienes (res. puesto a tus pies, a cuanto me manda. Aza dersuelo, y deja cumpumientos que serán para mi bien excusados; y escucha lo que digo, que te importa, y el alterado espíritu reporta. A mí me importa Y mucho: escucha atento, que pordón le no entiendes, ni imaginas va tu cortuna próspera rodando. No hay en esta ciudad, como la mía, sangre niaguna más calificada;ra: ni hombre en Roma más rico que yo ao primero voto tengo en el Senado para que se haga estoma y se deshaga y sin mi parecer, cosa ninguna le determina. Digo, que lo creo, tal imágio, y por tal lo siento. (to. Vuelvo a decir, que escuchas, ojenten Tiniendo a questas partes que te he dicho, visto que lo han tenido vmí des hombres el Imperio Romano por sus hechos; quiero pues la ocasión tiy me convida gozar de ella, de suerte que en mi fiente vea el laurel y cetro en estas manos. Sientes, señor, que puedo yo ayudarte en cosa alguna, qué te importe? En mucho me serás de inportancia enesta forma; Todo el puebio Romano, como sabes, pide otro César; que el Iuperio goce, y porque se conformen todos juntos, ansi soldados como esotra gente, yo te daré gran copia de dinero que ofrezcas a la gente del ejército, y convocados todos por su Augusto, dirás que me apelliden con voz alta, que al que tiene dinero, nada falta. Eso es verdad, que dádivas importan para alcanzar, señor, en esta vida la más excelsa cosa: y ansi digo, que ofreciéndoles algo a los soldados, es cosa cierta, que obligados todos han de querer al punto que seas César. Dame esos brazos. Deja ceremonias, que yo seré el primero en ayudarte. Si haces lo que te digo, te prometo hacerte Cónsul por mi mano en Roma Dame el dinero a mí, que te parezca al caso suficiente, que al primero alarde que dé en público, te juro que queden a tu gasto conformados. Yo te daré mis armas, con que puedas quitar la luz al sol con los refiejos, y en un caballo, que si fuera vivo Bucéfalo, venciera puesto hal lado, (do. saldrás causando evidia a todo el mín Un punto no saldré de lo que dices si aventurar supiese cien mil vidas. Los dioses me enviaró este hombre para que tenga efecto mi deseo. (. Por los dinses sagrados, que si acaso en estas manos veo el oro y plata, (. que no ha de ver cumplidos sus intentos. Vamos lustino, comerás conmigo, ( hasta la muerte pienso ser tu amigo. Y yo lo seré tuyo, de manera que no logres tu intento, si yo puedo: deja esa pretensión, que aunque lo esperes, mejor es para mí lo que tú quieres. A, liviana juvented! caballo desenfrenado, malinquieto y alterado, siempre en perpetua inquietud. Oh, cuánto esta ausencia siento! poco a poco quiero irme al monte por divertirme. Holahao. . Quien por el viento puede arrojar esta vez: Holahao. . Parecen quejas; sin duda que en mis orojas hiere el acento veloz. No es aquesta voz de Alpina; que ya por el valle va lejos, y esta voz está cerca; el alma que imagina? Dónde estás? . Adónde estás dice la voz, no lo entiendo; y confuso me suspendo. Responde, por don de vas? Enrrizadas espesuras, vosotras me responded, lástima de mi tened peñas peladas y duras. Dónde mi esposo escondéis? mirad, que mi alma llora viendo su ausencia. . Señora, que buscáis, o qué queréis? (bre Ay de mí, quién viene? . Un po- pastor, no recibáis pena. Que tal mi desdicha ordena! ya no es posible que cobre lo que esta noche he perdido. Por el traje que traéis, señora, lástima hacéis; decidme, que os ha traido sola por esta aspereza y tenebrosa espesura? Habéis visto por ventura la causa de mí tristeza? Y quién es la causa? . Un hombre, por quien sin alma he quedado un dueño que me ha dejado; que alma y dueño es bien le nombre. Mas no le quiero culpar, porque se que más no pudo. Yo, señora, también dudo en quien os quiso dejar. Que lo siente harto, creo, más fue terrible ocasión. Luego no tenéis razón de culparle? . Ya lo veo? Era cosa vuestra? . Sí. Hermano, o padre? . Mi esposo. El sentimiento es forzoso, ya no me espanto. . Ay de mí! No le buscaremos? . Dónde? que será también perdernos; mejor será recogernos a una aldea que se esconde debajo de esa montaña, donde yo mi casa tengo; en este parecer vengo, que si dio a su cumbre extraña. vuelta esta noche sin duda; visto que no hay más lugar donde pueda ir a parar, que allí a buscaros acuda. Que como la noche ha hecho tan horrible y espantosa de truenos, muy fácil cosa será que en ese repecho se haya quedado, que ha sido, muy grande la oscuridad. Con la grande tempestad de la noche me he perdido. Y yo se que ahora tiene más pesadumbre que yo. Viene a pie como vos? . No, porque en un caballo viene, Y en el que yo he caminado sobre la hierba rendido de ese prado está tendido, y como veis he llegado a vuestra presencia. . Digo que lástima me habéis hecho, mas hoy veréis de mi pecho el amor, venid conmigo. Sois de Roma? que si vais a ella, yo os llevaré. Cuánto estoy de Roma? . Ase, que pienso que de allá estáis cerca de sesenta millas, y muchas de despoblado; aquí tapa este collado un lugar, que las Matillas llaman, que ocupa mi gente; y también quiero deciros pue a Roma irá por serviros algún zagal diligente. Antes, buen hombre, gustara alejarme, porque estoy con temor. . Palabra os doy si en aqueso se repana: Ochenta millas de aquí un rico, sobrino está, que os podrá tener allá, si gustáis estar allí, si importa a vuestro misterio; porque con vos lo he de hacer como si fueses mujer del Emperador Valerio que ahora vencido vino. Pues cómo lloráis por él? Fuese a la guerra con el un mi hijuelo, desatino grande, y tanto que sospecho, los cielos me son testigos, que entre fieros enemigos acabó pedazos hecho. Dejo sola una mujer, y unn padre que veis llorando. qué vengo a esta escuchando (. mi desdicha! qué he de hacer? Paciencia para aplacar de vuestra hija el dolor; dalde esta joya, señor, que algún día pude dar mas que ahora. . Dios os guarde. Yo me holgara dar en ella por el diamante una estrella. De quién sois, hacéis alarde, vamos. . A suerte importima! rueda más, no seas avara, que aquestos golpes repara el Escudo de fortuna no ha visto Roma hen campo más lucido ejército que acra va marchando. Parece que la tierra ha producido soldados como hongos. . aún erando cada día se van. . A que han venido tantos soldados? piensan que hurtando estamos bogas? vuélvanse que ahora el que piensan que ríe; quicá llora. Pues señores soldados, qué se hacía? tratábase del juego? Yo he perdido, señor, lo poco o mucho que tenía, y estoy desesperado y aburrido. Pues tornad a jugar, porque en el día suceden mil mudanzas. Bueno ha sido el consejo en verdad, si yo tuviera conque tornar la mano, a probar fuera; mas he quedado en puribus. No importa mientras yo lo tuviere; esta sortija podéis jugar, si vuestro enojo corta la punta del diamante. Regocija el ánimo mirarla, y me conforta el corazen en verla. No os aflija mientras yo lo tuviere, porque todo para darlo al soldado, lo acomodo. Como el bastó en esas manos tie- el cetro veas, y el laurel honroso. (nes, amparo universal de todos vienes a ser de esa manera. El poderoso Marte ponga el laurel en esas fienes tan dignas de tu honra. Estoy gozolo cuando tengo que dar; y mi cuidado es buscar para dar, señor soldado. Tomad, y repartid está cadena; que si todo el Imperio en estas manos túviera yo, aliviara vuestra pena; y os juro por los dioses soberanos, que dulcemente a mis oídos sueña, (. lo que el alma desea. En los Romanos muros verás las Águilas Cesáreas tremolar hoy por ti con fiestas varias. Ordénenlo los dioses. Alto, vamos y partiremos esto, El que perdiere, acuda luego a mí. Cesar hallamos como al pobre soldado se requiere. Con notable arrogancia reparamos hoy el fieto, y él As. Claro se infiere. Alto pues a jugar. Coge el camino. Justino Emperador. Viva lustino. Dónde me podré esconder, si oculto mi mal está? mas que cueva me querra sin honor, y sin poder? no los bienes, la mujer es la que lloro, montañas; y pues veis de mis entrañas tantos efetos mortales, no os mostréis a tantos males, con vuestros ecos, extrañas. Voces daré como loco, pues mirando lo que pierdo, dando en loco seré cuerdo; si aquestos montes proveco a lástima; ten un poco fortuna, que vas rodando, y a la muerte caminando, mi vida afrentosa así. Quién es aqueste, que aquí a solas se está quejando? Soldado esy habrá perdido; yo quiern llegar y darle con que pueda consolarle. No sé si me habrá entendido: este soldado, que ha sido testigo de mi pasión; mas mudando de razón, limosna le pediré, y quien soy le encubriré, pues lo pide la ocasión. En qué se entiende, soldado? No soy soldado, señor, si un pasajero, y rigor de fortuna me ha obligado a pedir limosna. . Dado tengo ya lo que tenía; mas pues que pasáis el día, (que ya de común querer César me quieren hacer) no tengáis melancolía: No paséis de aquí. . Importante me será no daros gusto; aunque darosle es muy justo, Qué os fuerza el ir adelante? Cosa es, que es fuerza os esparte mas quieroos pedir perdón de que en aquesta ocasión no me atreva a daros gusto; que es un notable disgusto, que aflige mi corazón Por los dioses soberanos que es Valerio: peregrino suceso! . Aqueste es Justino con el bastón en las manos de General: inhumanos hados! . Hablarele? Sí. Quiéro me negar aquí, que a mi honor le importa ahora negarme, si aqueste ignora la desdicha que hay en mí. No tengo aquí más que os dar, que a tener más, mas os diera. Si obligáis de esta manera, que no podréis conquistar? tranquilo veréis el mar, y surcatéis con honanza; mas muchas veces mudanza suele en los tiempos haber, que no hay seguro placer, ni bien segura esperanza. Dónde el camino lleváis! Llévole donde no sé, y sé bien lo que dejé, que es donde vos aspiráis. Si ahora no os declaráis más conmigo, no os entiendo. Con miraros me suspendo de fuerte, que ya he perdido de todo punto el sentido, y de escúcharos me ofendo. Pero si os levanta acaso, señor, vuestra eroica suerte, un desdichado os advierte que asentéis con tiento el paso como hay Oriente, hay Ocaso; mirad muy bien no os encumbre fortuna sobre la cumbre, y luego os eche a rodar; que sobir y derribar es su ordinaria costumbre. Puesto me vi en el más alto y más levantado extremo, ya caí, donde no temo congoja ni sobresalto: ya estoy de zozobra falto; y ya viviré contento, sin fabricar en el viento vano esperanza ninguna; que edificios de fortuna tienen de arena el cimiento. Dame esos brazos, amigo; sin representar tragedias, que tas desdichas remedias de todo panto hoy conmigo: aliega. . El cielo es testigo que no soy el que pensáis. Pues como a mí me negáis que sois el Emperador? Emperador yo, señor! en extremo os engañáis. Luego vos no sois Valerio, a quien le quitó el Senado el Imperio? . A mí quitado el Imperio? . Sí, el Imperio. Engañáisos. Qué misterio hay para que aquí os neguéis: que razón, o causa veis La verdad os he contado. Digo que yo me he engañado, es verdad, razón tenéis. La verdad, señor, os digo, que no soy el que pensáis, y os ruego que lo creáis como dicho de un amigo: que a tal desdicha me obligo; ya acabó todo mi ser; y ansí me quiero esconder: ( que pues mi infamia conozco tanto, que me desconozco, nadie me ha de conocer. De afrentado no ha querido ( . decir que Valerio es, que a más honroso interés tiene el no ser conocido: afrentado está y corrido, grande lástima me ha hecho; y porque aquí satisfecho quede, que mi amor le anima, con esta fácil enigma le descubriré mi pecho. Pues yo, señor caminante, un pobre soldado soy que también camino voy para un negocio importante: y paso má: adelante de lo que ahora me veis; más porque no os extrañéis estando ahora conmigo; mirad que suy vuestro amigo, si es que mi amor conocéis. Yo no os conozco, señor. Pues audad vuestro camino, y si encontrare a un lustino, aunque ayer era un pastor; cuando sea Emperador, que es lo más que puede ser; yo os le daré a conocer de suerte, que siendo amigos, siendo los cielos testigos, os vuelva vuestro poder. Pues si le encontráis, decidle a ese lustino, o quien es, que baje a mirar los pies de su nacimiento hamilde; y la desdicha advertiad de Valerio; y que esta vida está de un cabello asida; que aunque ocultando se va, yo se bien que donde está, llorando está su caida. De eso le pienso avisar, que de su honrada costumbre sé, que viéndose en la combre sabrá los pies afirmar: y que también sabrá dar la mano a quien se la pida, y su amistad conocida tendrán todos, si advertís, pues que, como vos decís, es un sueño aquesta vida. Con cuenta sabrá vivir, y viendo alguno en trabajo, dirá de arriba: ha de abajo, mirad si queréis subir: Esto le podéis decir, y aqueste abrazo le dad, que del alma la mitad se la diera, y toda entera, adonde Valerio viera ser eterna su amistad. Frometo decirlo ansí; y vos decidle a lustino, que en andando su camino, se acuerde de él. . Yo de mí sé que lo haré. . Pues yo aquí que diré? . Que son los dos amigos como yo y vos. Valerio, ofrece esta mano. Justino aquesta de hermano. Guardeos Dios. Andad con Dios.

JORNADA TERCERA

JORNADATERCERA Verdad os he contado señor Mario, todo el Romano Imperio lo ha tenido por caso leve, fabuloso, y vario, y dispárate en todo conocido. (rio César es ya lustino! extraordina caso, impesado y prodigioso ha sido, que ya goce Justino del Imperio. Por muerte al fin del infeliz Valerio fuese de Roma con su Porcia amada, desesperado de ver que victorioso de Atenas no volvió, y en la jornada le fue contrario el hado riguroso. No se ha sabido de eli No saben nada de si está vivo, o muerto. Prodigioso caso, que en Roma no se ha visto, temo, después que la fundó Rómulo y Remo. En dos años, Otavio, que ha que falto de esta ciudad, ha habido, tantas cosas, que quien pastor se vio se ve tan alto, con tantas palmas celebres y honrosas Desde el cayado al cetro fue deba ya está tremo! ando las hermosas (alto Águilas del Imperio por Justino, di sacro lu porio por sus obras dino Yo pretendí el Imperio, y fue de suerte que quedé sin hacienda y despreciado, gaste nn tesoro he conquistar mi muerte y estoy, puedo decir, desesperado, engañome lustino. Caso fuerte. Dile diveros, no quedó soldado que viéndose obligado, en voz altiva no levantó la voz, lustino viva. A hacer adoración al Templo sale acompañado con su hermosa Alpina, que del valor de Júpiter se va e y así su pecho con sacrificio inclina que es justo que al presente se señale quien entre el roble rústico y la enaita andaba apacentando ovejas antes, y hoy pisa los rubies y diamantes. Parece sueño aquesto que ha pasado, si bien se mira, túrbase el sentido de ver al gran Valerio derribado, y que un pastor por César sea elegido contazón la gineta en el Senia dejé, porque Hablad paso, que he entendido que aquí fustino viene. En hora buena. La mi ica lo dice, que ya sueña. Sobre las aras del gradivo Marte pongan cuantos olores hay en Roma, y cuato Arabia al Orbe da yreparte, el aire ocupe con preciosa aroma: sépase el sacrificio en toda parte del Imperio y dl mundo, pues hoy toma lustino a cargo aqueste sacrificio, a Júpiter ya Marte tan propicio. De las áromas abrasados llegue hasta la esfera quinta el sacro homo, ye su Eclíptica al Sol sus rayos ciegue pues con tantas riquezas lo perfumo: al fuego Roma su riqueza entregue por darme gusto ahora, que presumo que si en algo a los dioses agradara, cuiando a Roma, a Roma les que mara. Bien parece, señor, que dais indicios del valore se encierra en vio pecho; si para hacer hahbra sacrificios juzgáis a Roma con valor estrecho; quien se ocupa en croicos ejercicios todo lo juzga corto, más sospecho que para contentar altas deidades, quema el fuego de amor las voluntades. Estas tanemos grandes, de manera que la afición, señor, será bastante a que, como decís, la quinta esfera tompa el presente de caudal trinfante; y porque ya en el Templo Roma espera, no nos tardemos mucho. Eterna cante la fama ese valor, hermosa Alpina, si el cielo os hizo en tode peregrina. Parece, Octavio, que os habéis que dado sin sentido de verlos. osto estoy loco viendo esta novedad, estoy turbado, y aún solpecho que muerto. Poco a poco podéis volver en voz. Cuento soñado parece aqueste, ya la muerte invoco. Octavio, cómo estáis? A tu servicio. Venid a acompañarme al sacrificio. Ergasto, Brasildo, Bato, bajad del monte el cabrío para que beba en el río, y dejad el juego un rato. Todo el día habéis de estar jugando? baja a lo llano Silvio, Coridón, Silvano; alto, no hay que porfiar. Ellos su gusto han de hacer, aunque sientan el rigor; mas el que es loco de amor, mal le pueden entender. Y no me espanto que aquí el propio viento me ofenda; y que ninguno me entienda, pues yo no me entiendo a mí. Ay, bellísiena zagala, y omicida forastera, quien sin pensar entendiera que con tu donaite y gala tan honesto y recogido, no quedando satisfecho, hubieras a un libre pecho abrasado y encendido. A, maldiga el cielo, amén, tanta beldad y rigor; de adonde nace mi amor, Pues que lo mata un desdén? por más que fiestas invento entre todos mis zagales, por dar alivio a mis males, nunca olvido mi tormento. Que como en el alma está aqueste dolor impreso, el pasa tiempo confieso que mayor pena me da. Ay, Flora, como me das la muerte con tu desdén. Este traje me está bien, pues no puedo bajar más. Ya, Fortuna no te temo. si yo soy quien te ha vencido, pues conpaciencia he medido de un extremo el otro extremo. : No crinozco este zagal aunque del morte bajó Por las señas que me dio allá arriba el mayoral, este es el amo de todo este orizonte presente, quiero hablarle tristemente: a desdichas me acomodo. Dónde vais? . Yo, señor, soy nuevamente en tu servicio recibido, aunque propicia para hacer tu gusto estoy. De dónde sois? . Soy de Atenas. No me quisiera acorda de esa tierra. . Os puede dar acordaros de ella, pena? Sí, en verdad porque ella ha sido parte para que el Imperio le quitasen a Valerio, injustamente excluido del cargo; pues sola una vez que vencido volvió, tantas victorias borró. Suceños son de fortuna, Mas dejemos eso a parte, pues aquí no es menester; y de lo que se ha de hacer puedes darme el modo yarte. Dónde habéis servido? . Yo he servido a dueño ingrato. Pues tuvo con vos maltrato? Tristemente me engañó. Os quejáis por pasatiempo? No, que no solo yo he sido quien de él se queja ofendido. (. Quién fue vuestro amo? . Elvien y me ha pagado muy mal. Habéis sido enamorado? No me mata ese cuidado. Pues yo estoy de eso mortal. Mas mirad que oficio ahora os cuadra, queréis guardar cabrás en ese encinar A mí todo me enamora, como no me deis oficio que yo con las gentes hable. Pues cómo sois intratable! La soledad es mi vicio. Pues guardaréis unas hieguas en ese soto desierto, de tristes peñas cubierto, y ansí podéis poner treguas a vuestra melancolía: mas parece caso injusto, y ansí tendré por más gusto platiquemos todo el día; que estoy triste por extremo, y parecéis cortesano. Digo que en serviros gano; que este me conozca, temo. (. Aunque allá mi mayordomo, sin darme parte, os metio en casa, no importa, yo teneros a cargo tomo. Que veo en vuestra persona un no sé que, que en efeto provoca vuestro respeto, y vuestro rostro os abona. Mandadme como señor, pues aquí soy tu criado. Sin duda el cielo os ha dado de cortesano primor. Cómo es vuestro nombre? . Anfri- Pues, Anfriso, aquesta tarde, ansí Júpiter os guarde, ya que la fortuna quiso traeros a mi horizonte; que rindáis un basilisco, y que enternezcáis un risco, digáis amores a un monte. Que me ablandéis un diamante, y contrasteis una roca, que el mar de mis ausias toca; que pidáis al mar constante. Que él sol no corra su vuelo negando su resplandor, tener un celos amor, y en sus tormentos consuelo. Yo como lo puedo hacer Aunque difícil lo halláis, todo lo haréis, con que hagáis que me quiera una mujer. Tan gran de dificultad pone? . Son justas mis quejas, que en ella corten parejas la hermosura y la crueldad. Mas esperadme aquí un poco, que ahora atraviesa el prado. Aquí aguardo. . Este cuidado Anfriso me tiene loco. . Y a mí sin juicio me tiene de ver que un César Romano ya de un rústico villano a ser el tercero viene. A, vis fortuna! aún faltaba más bajeza que ofrecerme, dame ya la muerte, acaba. (so. Mas no harás, porque no hay suerte mas dichosa contra ti, como al que miras ansí rendir su vida a la muerte. Acaba ya de matarme, si es que conformes estamos. Por detrás de aquestos ramos pude de Alceo ocultarme. Y como la noche viene, fácil esconderme ha sido. Si aquí no pierdo el sentido, sin duda, cielos, me tiene vuestra divina clemencia de su mano poderosa, para no hacer tal cosa, mostrando tal resistencia a la muerte. . Yo pastora entre estos riscos yrobles! quien entre laureles nobles se ha vistó, y su suerte llora! No lento mis penas tanto qua de Porcia la ausencia hay,ca, ino hay resistencia ni contelo a tanto llanto. Salid lágrimas, salid, y descanse el corazón. La causa de mi pasión silvestres peñas oíd. Ay. Valerio, esposo, en quien vive mi amor inmortal! Ay, Porcia, que tanto mal nace de quererte bien! El fuera aquí mi consuelo. Vulad acentos veloces. Voces daré. . Daré voces a Porcia. . A Valerio. . Cielo, qué es esto? quién me responde entre un olmo y otro seco: Digo que sin duda el eco, entre estas peñas se asconde. Mas ciega estoy, pues no veo que está un pastor junto a mí. Una pastora está aquí quejándole, a lo que creo; mas quiero disimular. Quieto sosegar, y hablarle. Buena presencia! . Buen tarle! ahora bien, quiero llegar. Guardeos el cielo. . Oh señora! vos seáis muy bienvenida. Garrido sois, por mi vida. Y aún vos, hermosa pastora. Sois vos quien ha de llevar a los pastores la cenas parece que estáis con pena? no me acabáis de mirar? Respondedme, qué os asombra? una mujer desdichada soy, aunque ya no soy nada, que solo veréis la sombra. Ay de mí! qué es lo que veo? Hoy tiene mi mal reposo. Este es Valesio mi espo si no lo finge el deseo. Sois vos la que me haqe con esa cara de flores la cena de los pastores, que tengo yo de llevar? Parece que estáis turbada? no respondéis? qué os asombra? si no es que miráis la sombra de un hombre, que ya no es nada. Valerio! . Porcia! or qué és esto? Yo no puedo responder: qué es esto? no puede ser! Tu pestor! . Tú en este puesto! La fortuna ha convertido la púrpera es vil sayal. Desde el estrado Imperia! la fortuna te ha traído con tan veloz movimiento a tal bajeza, y rigor! Ya no siento mi dolor, esposo, que tu mal siento, Si varia naturaleza quisiera mi ruego hacer, y es que pudiera tener, esposa, yo tu trafreza: toda de cualquiera modo, para que libre quedaras, puesto que en mi mal reparas, llevara contento, y todo el dolor que te atormenta; que por verte libre a ti, tomara yo sobre mí la carga de aquesta afrenta. Mas no querrá, que es ingrata y nunca al gusto se mide; y al que más piadoso pide con mayor rigor le trata. Dame esos brazos, señor, que los estimo tener en los míos, más que os ver otra vez Emperador. porque si el caso se advierte, cuando anda más importuna, quita la hacienda fortuna, y aquesto solo la muerte. Es posible que te veo por modo tan impensado! de que suerte a tal estado veniste, porque deseo saber como aquí has venido? Escucha, y sabrás mis daños. Que un hombre de cuarenta años ya cómo niño perdido! Al subir de la montaña erré, sin duda el camino, y voy perdido, imagino entre su maleza extraña. En el monte nos perdimos con el temor del huir. Yo voces daba, y sentir no me pudiste; anduvinios con la grande escuridad, y aquesa fue la ocasión, Pastores aquellos son, ya no habrá dificultad para que al camino vuelva. De aquí me favorecí por estar oculta. . A mí me dio la vida esta selva, y este traje de villano donde no fui conocido de ningano, y escondido la vida restauro, y gano. Aquí podemos estar hasta ver de la fortuna otra mudanza oportuna. Bueno será preguntar por el camino a estos dos; a quien digo, buena gente? Qué es lo que queréis pariente? Si es que lo somos los dos, el camino me decid de Roma, que voy perdido. Muy acáos habéis caído. De qué manera? . Advertid, que éncima de aquella loma, donde está un alifo, enfrente eis de bajar a una fuente, donde el camino se toma; pno tenéis donde errar. De dónde venís? . De Tebas. Y lleváis a Roma nuevas No estoy de humor para dar cuenta de ellas. . Buen viaje. Por los dioses soberanos que son estos dus villanos los Césares, que en tal traje están ocultos del daño que Roma les quiso hacer, digo que no hay más que ver, ellos son que no me engaño. Este soldado recelo que nos conoce. . Eso es llano, A la fuente he de i hermano derecho? guardeos el cielo. . Ya sube el soldado el monte, vámonos a recoger, porque quiere anochecer, y de él sol este orizonte cubre la luz. . Cómo vea la de esos serenos ojos, que es quien quita mis enojos, y la que el alma desea, no quiero más luz. . Ni yo más bien que mirar aquí que eres mi esposo, y ansí mi tiniebla se acabó. No temás suerte ninguna adversa. . Cielos, paciencia. Contigo haré resistencia a el escudo de fortuna. Alemanía responde de esa suerte, perdiéndole el respeto a mi corona? Resuéltamente niegan la obediencia que han tenido hasta aquí. Tendrá el castigo merecido al delito justamente; no saben que las Águilas Romanas al viento cortan con oprobrio y mengua de quien armas levanta contra Roma? a mi poder se oponen? están locos? ya no saben que en vez de la corona la celada me pongo y por el cetro la lanza trueco, y que en campaña armado me teme Marte detro de su esfera. Estas nuevas han dado hen el Senado y la obediencia niegan finalmente cosa que es tan debida a tu corona. No consideran que me ofrece Atenas ordinario tributo, ya en castigo, y que tengo en campaña cien mil hombres ofrecidos de Atenas para aquello que importaré a mi gusto, y su castigo. Aquí tienes mi vida la primera en defesa de Roma, y de tu vida; (do que pues mi antiguo oficio me has torna por tener de mis hechos algún nombre, es bien mi vida a tu servicio ofrezca. ya Mario fuerte el ánimo conozco que vive en vuestro pecho noble, y tengo muestras de vuestro amor. A el César quiero (go hablar, que se ha de holgar, si aquí le di- que a Valerio encontré. Decid, soldado, a quien buscáis? Señor, a solas quiero hablarte de un negocio que imagino que te sirvo con él. Luego al momento nos dejad Mario, solos, por un rato, que luego os llamaré. Tu gusto trato. . Habla, qué es lo que quieres? Señor, digo, que viniendo de Tebas hacia Roma, el camino perdí y topé en un valle a Valerio y a Porcia de pastores. Qué es lo que dices? La verdad te cuento, porque no conociéndolos entonces, les llegué a preguntar por el camino. Di conosceslos bien: Sí soy Romano soldado siempre, y le serví en aquella jornada, contra Atenas, infelice: cómo puede engañarme? Ten secreto, y no digas a nadie lo que has visco. Mudo seré, señor, pues me lo mán Hola, Mario Señor. Luego al momento (das. partid al campo, que marchando viene en mi favor de Atenas, y en mi nombre decid al General a cuyo cargo viene, que gusto que se acerque presto a los muros de Roma, que me importa, y que ponga a la vista sus banderas: este sello Imperial será creencia, haced aquesto al punto. Voy volando a cumplir tu mandado. . Y tú por dicha acertarás al puesto donde estaban los infelices Césares? . Tejuro que tapados los ojos vaya al puesto. Míralo bien. Será, señor, testigo la expetiencia que haré. Vente conmigo. . De tu buen entendimiento, Anfriso, me he enamorado desde que advertí en el prado tu buen agrado y talento. Que aunque en este traje estas, se ve que eres cortesano en tu término. . Bien llano es que engañado te has. Y el buen deseo agradezco con que me quieres honrar. Mi hacienda puedes mandar, que por tuya te la ofrezco Anfriso, tómala toda, y haz una cosa por mí. Di que me mandas? . Si aquí con mi gusto se acomoda el tuyo, pon en mi cara los hierros de haber querido una mujer, que vencido me ve, y en mí no repara. Pues que tengo yo de hacer en la empresa que me obligas? Que tú mi pasión le digas, que esta mujer, no es mujer, sino un diamante en firmeza a mi amor firme y constante; y bien digo que es diamante en resplandor y dureza. Unaño habrá que un mi tío a mi casa la envió de junto a Roma, que yo de ti este secreto fío. No es esta mujer pastora, sino mujer principal de Roma, y su oculto mal también mi pecho lo ignora. Muchas veces está triste, que no la puedo alegrar, pasalele en suspirar todo el día. . En qué coranste? No sé, y si acaso la mientan algunas cosas de Roma; mayor tristeza la toma; y sus pesares se aumentan. Aunque es verdad, que después Anfrrso, que estás en casa, con mayor contento pasa, menor su tristeza es. Y es posible que en un año no ha dado ningún favor con esperanzas de amorí No se muestra más extraño el elemento del fuego al agua; como esta ingrata; mis tiernos amores trata, esquiva siempre a mi ruego. Si es que tan honrada es, déjala y de intento muda. Yo aquí te pido tu ayuda, no que consejo me des. Dirasla, que mis pastores esclavos suyos serán; y que al alba cojeran de aquestos prados las flores: para tejerla guirnaldas, y que el mar de mis suspiros dará a sus plantas zafiros, y preciosas esmeraldas. Ya ser del mundo señor, se lo diera de este modo, que si es sin segunda en todo es sin segundo mi amor. Dique no es descortesía, que bien puede su ser ser de un Emperador mujer, cuanto y más ser mujer mía. Con linda flema te escucho, de un Emperador no es nada. Si es tan discreta y honrada, no es nada cuanto más mucho. Yo acudiré a tu deseo con darle aquese recado. Si acudes a mi cuidado, tendrás a tus pies a Alceo labrador, que de aquí a Roma no se mira otro más rico, cuya hacienda certifico que cntorno seis leguas toma. Pues yo digo que al presente lo haré. . Contento me voy. Disa que aguardando estoy sentado junto a esta fuente, y vete. . El cielo te guarde. . No temo suerte importuna, acaba varia fortuna, haz de mi paciencia alarde de una vez; qué me persigues? que me quieres? si el Imperio con tal mengua y vituperio me quitastos; no me obligues a desesperarme ansí? tercero de mi mujer aún quieres que venga a ser! yo que en extremo me vi más alto, que puedes darme, tan abatido me tienes, que a hacerme tercero vienes, con quien podré consosarme! No sé con quién! mas el sueño trae ya la masencolía; quiero en esta tierra fría, pues es riguroso dueño de los sentidos, medir mi humildad a estas arenas, por ver si acaso a mis penas las puede el sueño rendir. , o Valerio, espera, no duermas, ilustre César Romano, a quien derribé en un tiempo, y a quien ahora levanto. Mi escudo te dejé entonces para que los golpes varios resistieses, ya lo has hecho con valor que causa espanto. Vuelve a ceñir el laurel, que en tus sienes por mi mano pongo, pues del eres digno por tus hechos soberanos: No temás, que te prometo volverte al cetro que guardo a tu diestra valerosa, firme en los adversos casos Dame la mano. . Qué quietes? o quien eres, que la mano me pides? . Bien me conoces Déjame en mi humilde estado, que no quiero tus favores. cipera, que entre mis brazos te quiero levantar. . Temo tus mi danzas. . Ya acabaron tus desdichas, y no temas que yo te niegue mi amparo: siempre propicia he de serte. . Espera que ya me agravio de que tú me favorezcas; y pues estoy en lo bajo, no quiero que más me subas; que los más felices años son estos que humilde vivo. Qué es aquesto, esposo amado? con quien dais voces? . Oh Porcia! alivio de mis trabajos, y consuelo en mis tristezas! Decid, quién os ha enojado cuando tan galán estáis? Yo galán? . Aunque burlando, gusto de ver vuestras sienes que ciñan el laurel sacro. Yo Laurel? . Bueno: pues no? Decís verdad, de cansado un poco me eché a dormir, y pasando algún villano, por pasar tiempo conmigo, de él me coronó burlando. Bien! ya se burlan con vos? Digo, señor, quel mandado del gran lustino obedezco, aunque sabe el cielo santo ( lo que siento echar de casa el incundio en que me abraso. Es fuerza despachar presto. Oh señor! . Este soldado, Anfriso, viene por vos. De qué parte? . Del Senado de Roma, y esta pastora ha de yr con vos. . Alto, vamos; négueme un tiempo a lustino, y ya como ve en las manos la ocasión, querrá vengarse. Docientos soldados traigo conmigo, que esta es prisión. En prisión! . Prisión. . Yo callo como un muerto; a Dios Anfriso y Flora. . Adiós. Vamos. . Vamos. Notable confusión es la que Roma tiene, señor, de ver aqueste ejército que cerca a la ciudad sus altos muros. Este ejército está por orden mía, que yo lo tengo puesto de esa forma, amenazando las soberbias torres; capiteles, almenas y edificios, (lo, y anques verdad que ha provocado escanda ningono me pregunte que es la causa pena de mi desgracia. Ya conozco que enojaro te tengo. Nunca, Octavio, debe decirse al Rey ninguna cosa, dos veces replican sole, que muchas veces es bien personas entenderle. M has veces el Reyde sus vasallos consejo admite y pareceres toma. yo no lo he menester, ni yo osle pido Extraña majestad! soberbia altiva! A, mal hayá los hados rigurosos, que en todo tan contrarios me han salido: a un hombre como yo le trata u rústico de aquesta forma, siendo yo instrumento de que gozase estoma essacro Imperio quitándole sin culpa al gran Valerio. (centro, Como busca la piedra el propio y el fuego áspira a su luciente esfera, ansí busco, señor, vuestra presencia para tener descanso. Yo agradezco hermosa Alpina, las razones y obras dignas de ser premiadas justamente. Siempre seréis deudor. Eso es muy justo, ida decir, Octaivio, que esta tarde se prevenga el Senado, porque quiero salir por Roma. Ot acer tu gasto espero. . Paréceme, señor, que poco gesto tenéis ahora. De ninguna suerte hay treguas en el mío y vuestro gusto, esposa amada. Con el alma os creo. Ponte, señor, donde el alarde veas del más robusto ecército que ha visto marchando Eurepa, el África, y el Asia; que aúndeja atrás la fama desde JYerjes. Fórmese el campo ahora, que a la tarde saldré acaballo a verle, y por ahora mandad que el escuadró se ponga hen forma como si diese a Roma algún asalto. No sabredios, señor, ques vio intento? Bien presto se verá mi pensamiento. Aquí en tu presencia están los que te dije, señor. Servido me has con amor, hoy te hago mi capitán en Roma. . Beso tus pies por tal merced. . que embarazos hay para que aquesos brazos caro amigo, no me des? no me los niegues. . Desvía con quien habías? . Imagino que con mi amigo sustino, y ansí es tanta mi alegría. Justino soy, es verdad, y quien ya por su valor es supremo emperador. Pues como nuestra amistad pudo en ti durar tan poco, que de quien soy se te olvida, siendo quien te dio la vida? Tú a mí la vida! estas locos quée dices? No me encortraste un día afligido utriste, y este diamante me diste, y mis penas consolaste? Di no me diste la mano, y nuestra amistad quedó más confirmada? . A ti yo! sé que te causas en vano, que no te he visto otra vez en mi vida. . Yo el Imperio he guzado. . Ese es Valerio. Luego no lo soy? . Juez hago al cielo que encontré aqueste que me has nombrado, de su pena lastimado, y entonces le consolé. No estoy del caso ignorante, yo fui el que estuvo contigo. Engañaste, que el que digo era un pobre caminante. Que si a Valerio encentrara, donde serlo presumí, fuera muy cierto que aquí su Imperia por mi gozara. Mas, como digo, no era sino un caminante pobre. Ya es justo que aliento cobre mi corazón, tente, espera; baste ya el rigor. . Qué dices, que no te entiendo? . Este trato solo es de tu pecho ingrato, pues de la amistad desdices. Después de darte la vida, llevandótela a quitar, me quieres ansí pagar? A. Valerio, es conocida cosa que si él me la dio en la jornada de Atenas, causa de todas sus penas, donde vencido se vio del rigor de cien soldados, con mi brazo le libré : la vida entonces, y sé que estamos los dos pagados. Es posible que faltaba más afrenta que pasar! Importa disimular. Aquí mi vida se acaba. Eso quiero hacer también. Cielos justos, soberanos, qué es esto? . A estos dos serranos que acervamente les den, mandaréis Julio. . Ea vamos. Señor. . No hay que replicar. A señor. . No hay que tratar. Humildes tus pies besamos. Mas ya que voy a morir, una cosa me concede, si hablar con el dolor puede quien en tal se ve. . Es decir que se prosongue la vida; porque es enfrenar el mar. No te quiero suplicas eso, ni es bien que te pida, sino solo que confieses que soy Valerio tu amigo, de mis fortunas testigo. y que un abrazo me diciles. No pienso agradarte en nada, que no hay méritos en ti. Llevadíos. . Vamos de aquí Ay, Valerio. . Hay Porcia amada Extraña inclemencia ha sido! No entendí que en vos, señor, cabia tanto rigor: en que os tienen ofendido? No más de que este es mi gusto. Capitán. . Señor. . Ya estaba con temor cuando os miraba. perdonadlos. . Es injusto. corte volando. . Ya voy. Estáis ya desenojado? De aquesto que aquí ha pasado, con mayor enojo estoy. De que ha servido valeroso César cercar a Roma con aqueste ejército, provocando con él a tanto escándalo? ya está tan temerosa la República, da los más animosos falta el ánimo, y están de este suceso confusísimos. de qué sirve, señor, de que el son belico retube por los campos, y los concabos del lugar más oculto. Impresas celebres me han dado la corona del Imperio, fama pienso dejar eternamente con el suceso que miráis presente: yo gusto mucho de que esté cercada esta ciudad. Es caso suspechoso, cuando sea por bien que den al viento los taletanes, gentes que vencidas se hay visto del Imperio tantas veces. Niaguno me replique. Extraño caso! Hoy se da a Romu asalto. Esto es sin duda. denos los dioses su faver y ayuda. De las brazos de la muerte, puedo decir, los quité. Guslo me habéis dado. . En que puede mi infelice suerte ser más humilde? a tus pies me tienes, mátame aquí. Tal paga tendrás de mí: mas yo gusto que primero seas afrentado. . Muero de pena; en que han de parar fortuna tantas afrentas? Quiero por mayor dolor que el trono de Emperador ocupes primero. . Intentas que el dolor me mate antes que tú la muerte me des. Aunque, burlando, me ves sentada me vi aquí antes que tú, famoso sustmo. Toma este cetro y laurel, para que mueras con él, pagando tu desatino. Tras tantas glorias la muerte: Crueldad extraña! . Notable! A, fortuna variable. Quién mis desdichas advierte! Cónsules y senadores, los que en consejo y consulta decretáis lo que conviene a la Romana República; oídme lo que aquí digo. y pues que tados me escuchan adviertan que ha sido aquesta de un agradecido industria. Ese ejército famoso: cuyas aceradas puntas a las nuves amenazan, y a Marte en su esfera buscan: ha de dar asalto a Roma, no perdonando ninguna vida, si se baja al centro, ni si en las nuves se encumbra. A Roma pegaré fuego, viendo de las más ocultas estatuas cinizas leves, que el viento a su región suba. No ha de quedar edificio Capitolio, ni rotundas torres, muros, capiteles, que el fuego no lo consuma. Esto veréis, como digo, si los que este trono ocupan, con el Imperio no quedan cosa tan lícita y justa. Derribaré por el fuelo la máquina más confusa que aquesta cjudad sustenta, y entre sus murallas cultas sembraré rayos de fuego de alquitrán a el que presuma contradecir lo que ordeno; y si os pareciere mucha crueldad la que pronóstico, no ha de quedar criatura que a los maternales pechos esté mamando la pura leche, que no vuelva en sangre; ni madre que por difunta no se cuente entre su llanto; porque conozcáis que a muchas desdichas estáis sujetos, y a las tinieblas oscuras han de quedar sepultadas las infinitas venturas que hasta ahora habéis tenido, guiadas por la fortuna. Digo, famoso lustino, que el Senado que es escucha, obedece lo propuesto; y a el gran Valerio le jura por supremo Emperador. Y yo conozco la mucha amistad que has profesado; do la mía te asegura, que serás en mi persona otro yor que tu ventura. tu estrella, y tu gran valor buenos sucesos me anuncian, Siempre estarás a mi lado, no temiendo con tu ayuda; pues que por ella he vencido la variable fortuna.