Texto digital

Texto digital de Escanderbech

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Auto
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Escanderbech. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/escanderbech.

Logo BICUVE

ESCANDERBECH

Quién eres Palas Cristiana? quie eres Ungara heroica? quién eres pasmo de Siria? quién eres rayo de Europa? quien eres, di, que esgrimiendo, en vez de cuchilla corba, de dos maderos un hasta, de dos luces una antorcha, de dos ganchos una flecha; y una rama de dos hojas, con un cielo por escudo, y en su esfera luminosa por cifra, mote, o pintura, sobre un Caliz una Hostía, una oblea sobre un vaso, y un cristal sobre una copas, valiente como Romana, gallarda como Española, osada como Francesa, y armada como Amazona; a las manos del peligro tan ciegamente te arrojas, que parece que le buscas como si fuere lisonja? Qué confianza te alienta? qué espirite di, te informa? qué majestad te preside? o qué deidad te hace escolta? para que sabiendo, sí, que soy en Constantinopla del Vicio del gran señor (que así Amúrates se nombra) el Bisir, el Prosidente, el dueño de su corona; y Escandarbech en efecteo hijo solo de ms obras, mucho más y todo el mundo, y algo menos que Mahoma, te atreves a resistirme, mas por tena, que por honra? (na Ciudad, que no iguala la mayor de las de ahora, después que salí del Asia, y atravesé la Nicosía, este cristalino alfanje, que en mi mano se trémola, y hasta en el Cielo se tiembla. porque hasta en el Cielo corta, ha talado, y destruido: díganlo de Babilonia los muros, testigos sean Palestina, y Macedonia, Atenas, Cnipre, y Sarmacia, Nínive, Egipto, y Sodoma, el Tártaro, y Agareno, el Cismático en Moscovia, el que peca en Mauritanía, el que martiriza en Roma; el que idolatra en Armenia, y el que nace en Etiopia: todo de abalorio hecho, todo sembrado de conchas, y todo de tinta, menos los dos hilos de la boca; pues bien sabe todo el mundo, que en menos de media hora puse a mis pies tantos negros, que pensó la tierra toda, con ser las once del día, y ser por Julio la historia, que era de noche, pues ya cubierto estaba de sombras. A ese obelisco de flores, a ese peñasco de rosas, y a ese gigante de hiedra, en cuya selva espaciosa diversas tiendas te sirven de portales, y alcobas, acometí esta mañana en un alazan, tan onza, y tan hijo de vecino de la región del Aurora, que aún la flor de más melindre, cuando al pasar por la posta las herraduras ovadas estampó sobre sus hojas, ni puede hacer sentimiento, ni menos quedar quejosa, pues sin ajarla el vestido la desparramó el aljosar. Verdad es, que a la mitad de la cuesta (qué deshonra!) quise volverme, corrido de que una mujer, y sola, me esperase en la estacada; porque era humilde victoria para un pecho tan bizarro, para un alma tan heroica. Pero apenas prespunté de los árboles la copa, de la muralla el sombrero, y del peñasco la gola, cuando (así la presunción se castiga, y se baldona) tan apriesa bajé al valle, tan presto pisé su alfombra; que entre bajada, y subida fue la distancia tan corta, que entrambas fuero primero, porque fueron una cosa. Pero ya que estoy vencido, mas que de tu belicosa espada, de tu despejo, antes, antes que las tropas de mis Genizaros lleguen, y te quiten la que gozas noble vida, o te aprisionen como a cándida paloma, esa pared de cristal, esa de plata colonia, y ese tabique de seda, con que dos cielos rebozas, cautela sea, o recato, miedo sea, o ceremonia, del rostro aparta divino, que si eres tan venturosa, que lo que falta por ver, con lo que se ve conforma; quiero decir, si tu cara como tú talle te apoya, por vida de Escandarbech (el juramento perdona, que iba a jurar por Alá, por el Cielo, o por Mahoma, y halleme más cerca a mí; mas todo es uno, no importa) de dejarte la Ciudad, que hoy se viera, como Acroya, libre; porque si al valor añades el ser hermosa, no mujer, serás planeta; mal dije, serás Aurora; corto anduve, serás Cielo; pero Cielo es vulgar cosa, Ángel serás; poco es Ángel, mas el Querub se remonta; y si el Querúbino te agrada, serás gentilica Diosa, o lo serás todo junto, por no tener siendo sola, ni que pedir a los Cielos, ni que envidiar a las otras; y las deidades tan altas, las Venus, Cintias, y Floras, merecen este agasajo (otro dijera lisonja conmigo, que oy; mas ya pienso que odije, ahora descubrele, y di quien eres, que ya aguardo que respondas. Porque no digas que soy, o grosera, o melindrosa contigo, o gran Presidente del Asia; y de la Natolia, me descubro. Alá me valga! qué beldad tan prodigiosa! Escucha ahora quien soy. El alma te atiende absorta; segura está la Ciudad, solo mi vida zozobra. Yo soy Cristerna María, de la sangre Castriota (según en Albania cuentan, y en Jerusalén pregonan) descendiente: mas lo cierto, si de la verdad te informas, es, que soy la Iglesia, en quien se juntan, y se eslabonan los Fieles, porque Cristerna (bien el nombre lo denora) dice la ungida de Cristo, la regalada, o la Esposa: y del modo que María, porque su sangre preciosa le dio para alimentarle, el nombre de Cristo toma, y Cristo Tocos se llama; así de la misma forma yo, que mesa, vino, y pan, arras, vestidos, y joyas doy a Cristo en mis entrañas para celebrar sus bodas, Cristerna también me llamo, única Reina, y señora de cueto el Tigris produce, y el Nilo deiete bocas porregiones difcentes, que a veces el Sol ignosa, chupa de plata el clavel, bebe el jacinto de aroma. Los soldados que militan debajo de la Cruz roja de mi bandera, son cuantos de aquesta espada se adornan, con este Pan se sustentan, y en esa Fuente se mojan. El Capián General es Cristo, de quien se copian los preceptos, y las leyes, los laureles, y las togas. El que en ausencia de Cristo el Estandarte enárbola teñido de sangre, es Pedro, hombre de valor, y estofa, y que sabe a cuchilladas, desnuda la noble hoja, defender a su Maestro, Malco por testigo sobra. Y porque yo de guardar sirvo la blanca Custodia, donde asiste en cuerpo, y alma, su soldado soy de posta, velando noches, y días, porque ninguno a deshora pase sin decir el nombre, para que así se conozca si es soldado de la Iglesia, o pirata de la costa. Esta, Príncipe, es en suma mi hermosura mucha, o poca, este mi oficio, y mi nombre, está mi vida, y mi historia. Consulta ahora conmigo, pues de tan cortés blasonas, lo que has de hacer, suponiendo como infalible ajioma, que para todo has de hallarme resuelta, como animosa: porque si a mi amor rendido (que el amor todo lo postra) libre el campo me dejares de tantos como le acosan, caballos que el freno cascan, yeguas que el campo alborotan, y cual Águila Oriental de hito en hito te pongas a bebenlos girasoles de estas, que oscuras antorchas, por ser negras, y ser luces, las llama quien las adora: va Clicie tras mí te vayas, hasta que densa se oponga nube alguna que te estorbe, o yo como mariposa, tigre del viento con alas, por ser pagizas, y rojas, a mi fuego te perfumes, siendo tu vida la goma; me holgaré, viven los Cielos, (tanto tu amor me aficiona) de quedar en paz contigo, aunque después con tus Moras. muy a lo bravo blasones, que se debió esta victoria, mas a tu amor cortesano, que a mi espada cortadora. Pero si acaso engreído, por verme tan amorosa; que a muchos hace soberbios la blandura del que llora; pensares que esta humildad es cobardía; o congoja de ver en número tantos capellares, y marlotas, que parece que lo cría el prado como amapolas; vuelve a la lid comenzada, bate el freno; al arma toca, hiera el clarín esos aires, satigue el plomo esas Zonas, taladre el fuego esas nubes, y las altas claraboyas, por cuyos huecos el Cielo a ver el mundo se asoma, con el mundo se oscurezcan, y se alumbren con las bomvas, y en fin me acometan cuantos te asisten a la redonda, vicios, deleites, y gustos, negra escupiendo ponzoña; que yo con sola esta espada, y está que embrazo devota, y cándida insignia, basto a resistir como roca de tanta gente a los mares, de tanta chusma a las olas; porque aunque mujer parezco, si bien mujer, y Belona, nadie puede competirme, porque yo me igualo sola, tanto, que para vencerme es menester que yo propia, olvidada de mi ser me imagine como otra; y aún entonces ha de estar indecisa la victoria, porque siendo de mí! mi, será la igualdad forzosa, y estar igual no es vencer, si no competir, de forma, que aún peleando conmigo, que es la lid más peligrosa, ni puedo quedar vencida, ni he de salir vencedora. Esto es decir, que no temo armas, iras, ni pistolas, porque pelea por mí el mismo Cristo en persona; y aquesto es decir también, que procuro afectuosa tu paz, si porque tú talle me amártela; y enamora (mo vida, y muerte a un timpo mis- te apercibe mi memoria; vida, si a la paz te inclinas; m Uno es bueno, y otro es malo, en tu mano está que escojas, o repite la pelea, o vete a Constantinopla. Mujer por Alá notable! pues si el corazón me roba con los ojos, y las manos, con la espada me reporta. No me respondes? Si aquesta breve dilación te enoja, de esta suerte te respondo: Adiós gallarda Matrona. Tu vida ha estribado en eso, solo con irte la logras. Cómo partiendo la logro? Cómo en fe de esta cocordia prometo, no solamente irte a buscar a Migdonia, y favorecerte en cuantas se te ofrecieren honrosas ocasiones, si no ser tuya, Bisir, desde ahora, con tal que a Amúrates dejes. Eso es imposible cosa. Pues a Dios Escandarbech. El Cielo te haga dichosa. Ya ti te alumbre los ojos. Qué despejado! Qué airosa! Qué valiente! Qué gallarda! Amigos soldados, hola, marche a Sion la vanguardia, vuelvan al Cielo las tropas. Esguaza al Tanáis la vuelta de la gran Constantinopla. 1. Su Alteza baja al jardín. Pues id poniendo el estrado. 2. Tiende esa alfombra Martín. Cuando, Señor, mi cuidado con mi vida tendrá sin? 1. Ya empieza el buen jeremias a quebrarnos la cabeza, llorando noches, y días. Eso es ya naturaleza; valedme lágrimas mías. 1. Ten paciencia entendi- miento, y usa de él en no llorar. Para qué, si estoy contento, y lloro por descansar, y si no lloro reviento? No has visto, cuando a una fuente alguien el paso la cierra, que parece que lo siente, y ella misma se hace guerra, hasta topar la corriente? pues así mis tristes ojos, del alma arroyos sangrientos, entre espinas, y entre abrojos, nunca se ven más contentos, que cuando lloran enojos. Pero si acaso pasar no pueden a descansar, vuelven mareta la calma, y llora el alma hacia el alma, que es el más fuerte llorar. No hay día que mis rigores (no banen aqueste suelo de lágrimas, y dolores, tanto, que le excuso al Cielo de llover sobre estas flores: porque viendo el repetido llanto, con que me convido a hacer lo que él ha de hacer, se va a otra parte a llover, como lo topa llovido. Ay Escandarbech. 1. Alberto, si lloras por el Visir. No le lloro yo por muerto. 1. Hoy de cierto ha de venir. Ya sé que el venir es cierto. 1. Pues de qué lo sabes ya? De que yo me quedé acá, que si yo le acompañara, ni Dios le huyera la cara; ni él se volviera de allá. Mas si a sus gustos atento, de mí se aparta violento, un alma siendo los dos, como ha de topar con Dios, si va sin entendimiento? Solamente llevó allá sus sentidos (qué dolor!) 1. Triste el gran señor está. Solo Dios es gran Señor. 2. Silencio, que sale ya. Qué tienes por vida mía? Rosa, una melancolía, que me aflige el corazón, y sin saber la ocasión, porque es todo fantasía: mas no es aqueste desdén contigo, si no conmigo, porque yo solo soy quien a mí solo me persigo. Y a mí, que te quiero bien, que como es tuya mi vida, viéndote con ella esquivo, pienso que eres su homicida, y del susto que recibo me pongo descolorida: y así tu rigor aquí solo es rigor para mí; porque dentro de mí estás, y te quiero mucho más que tú te quieres a ti. Dime; cuéntame en efecto tu pena, como a tu dama, que eso es ser amor perfecto, porque en brazos de quien ama ninguno guardó secreto. Si alguna vida te enfada, puñales ay, y veneno; si mi amor te desagrada, ten tu salud, y está bueno, que mi amor no importa nada. Si es oculta voluntad, dígalo tu Majestad, que yo seré su tercera, quiera pasar, o no quiera por ella mi poca edad; porque a tu gusto me ajusto tanto, que aunque sé el disgusto que me ha de dar el perderte, con otra quisiera verte, solo por verte con gusto. Pero si quieres callar, por darme mayor pesar, llorar prometo, hasta tanto que te enternezca mi llanto, o me acabes de matar. Detén las perlas de nieve, Rosa, porque al mundo admira querer en tiempo tan breve ser el Alba que las tira, y la rosa que las bebe: si no es ya que ahora, o peña, ya llorosa, o ya risueña, lloviendo, o llorando tanto, quieres crecer con tu llanto, cómo te ves tan pequeña? Pero tampoco podrás, porque son tus margaritas esas que lloviendo estás, y en darte lo que te quitas, ni te quitas, ni te das: y así deja de llover, que cuando pudiera ser crecer más en lo exterior, si eres así la mayor, para qué quieres crecer? De Escandarbech la tardanza, que ya es, Rosa, con extremo, causa aquesta destemplanza en mi deidad, porque temo su traición, o su mudanza. Es loco, es altivo, es bravo, y aunque de leal le alabo tanto, ya se desvanece, que casi, casi parece, que sabe que no es mi escabo. Eso te aflige? pues di, que importa que lo imagine, si está cautivo? . Ay de mí! que puede ser que se incline mas a su patria, que a mí. Tú eres el Vicio, Amurates, y yo la culpa, tu esposa; deja ahora disparates, que no es bien, donde está Rosa, que de otra cosa la trates. Perdón pido a tu decoro. Pues siéntate aquí, entre tanto que canto lo que te adoro, verás que llorando canto, verás que cantando lloro. Tuyo soy. Pues dame acá Truciman el Instrumento. Templado, y sonoro está. Ya te escucha el pensamiento, canta, suspéndeme ya. Eso es honrar a tu esposa. Verdades no son mercedes, y pues estás tan gustosa, de Escandarbech, cantar puedes si sabes alguna cosa. En todo serás servido. Señor. Tente, no hagas ruido, que Rosa canta; y no es justo estorbarla; este es mi gusto, nadie diga que he venido. Criávase el Albanés en la Corte de Amurates, no como prendas cautivas en reenes de su padre, sino como se criara el mejor de los Sultanes, del gran señor regalado, querido de los Bajaes. Recién venido era entonces de vencer, y de ganarles, al Ungaro dos banderas, y al Sosi cuatro estandartes. Mucho el gran señor le estima; debe de ser porque sabe que tiene sangre de Reyes, y viene de alto linaje: mas plegue a Dios que algún día, reconocido a su sangre, alguna traición no intente, y a su mismo dueño mate. Ah mano aleve, y traidora! posible es que quien me adora, a matarme se abalance! No creas en el Romance. Haced que toquen ahora. Mas de qué es este rumor? Confuso estoy por Alá! De que el Visir. Ah traidor! qué dices? Que vino ya. Quién? Tu esclavo, gran señor. Oh Escandarbech, con cuidado me has tenido, alza del suelo, mas el verte me ha templado: habla a Rosa. A vuestro cielo está Escandarbech postrado. Y si los brazos te doy? Triste estoy, y dessabrido. Seré más de lo que soy. Di ahora cómo te haido? Pues escucha. Atento estoy. Diez Mandamientos quebré, catorce villas rendí, siete ciudades gané, cinco sentidos perdí, y tres potencias robé. De Arabia, Persía, y Ofir domé el brío solo yo; pero al volverme, al venir, una mujer me venció: no tengo más que decir. Mujer te venció? sería (dicho se está) por ser dama. No sino por valentía. Pues cómo? cómo se llama, Cómo? Cristerna María. que armada con peto, y gola, toda formada de ideas, ya Alemana, ya Española, discreta como mil feas, y hermosa como ella sola, desmintiendo el ser mujer, se nos puso a defender el paso, con tal denuedo, que nos volvimos de miedo, porque nos dejó volver. Cristerna se llama? . Sí. No hay duda, la Iglesia es: con justa causa temí. Haste enojado? No estés traidor delante de mí: tú de una mujer vencido? Es un Ángel por Alá. Esclavo al fin, mal nacido. Trátame mejor, que ya sé. . Qué sabes atrevido? Que soy noble; y que cualquiera señor, a quien yo sirviera, me tuviera más amor. Qué importa, si no hay señor, que me compita en mi esfera, ni Dios, porque Dios está siempre dando a sus vasallos, ya la Sangre; ya el Mana, y aún no puede conservallos, pues el mejor se le va: mas yo no les doy, ni quiero; antes que me den espero, pues pecheros de mi nombre, hasta el condenarse un hombre le ha de costar su dinero; y así no tiene la estima Dios que yo, pues por mí muere, y Dios, que más los estima, con dineros no le quieren; a mí me lo dan encima. Esto es decirte, que a mí sin galardón me has de amar; como los demás; y así solo por darte pesar, y por vengarme de ti, hoy a Albania has de volver, y yo tengo de ir contigo a prender esa mujer: yo lo mando, y yo lo digo. Señor. Esto se ha de hacer, vete a prevenir las naves, no conoces ya, no sabes mi rigor: no me aconsejes, yo haré que a Cristerna dejes, o que a mis manos acabes. Pues bien, que haremos Alberto en riesgo tan conocido? Señor, cobrar el sentido, y hablarme como despierto: y pues este desconcierto es por Cristerna, a su amor apelar, y a su valor. Llamarela, decís bien: Cristerna, esposa, mi bien, ya es tiempo de tu favor. Pero qué es esto? A Cristerna tienes aquí, que en un bayo trueno, relámpago, o rayo de los que Apolo gobierna, en oyendo tu voz tierna, tan presurosa subí, que ya garza, o ya neblí, di a entender por lo veloz, que en el eco de tu voz tome postas, y partí. Mas poco lo exageré, porque el eco fue postrero que tu voz, y yo primero que tu misma voz llegué; porque desde que te hablé prevení este lance atroz, y así con curso veloz antes partí, pues que vine al punto que lo previne, y entonces no era tu voz. Qué tienes? Mil pensamientos, Cristerna, que no tenía, porque en solamente un día me han sucedido violentos mil prodigios, mil portentos: Amúrates me ha injuriado, la Sultana me ha dejado, el mundo me ha perseguido, tu espada me ha defendido, y Alberto me ha consolado. Y fuera de esto (ay de mí!) al atravesar el monte cuando el padre de Faetonte, ya diamante, y ya rubí nace al mundo (escucha) vi un Mancebo relumbrante, cuyó trágico semblante aún ahora me traspasa todas las entrañas. . Pasa Escandarbech adelante. Vi, pues, tan desfigurado un Joven, que en Cruz colgaba, que preguntar donde estaba pude, después de mirado; porque de sangre bañado todo, era un vivo coral, aunque al rendirse mortal, como agua fue el rosicler, el cuerpo le pude ver por éncima del cristal. Quiso abrazarme propicio; mas viendo que lo impedia un clavo, la sangre hacía de los brazos el oficio: con ella cada orificio me daba dulces abrazos; que si un día hecho pedazos (porque siempre se dessangre) se hicieron sus brazos sangre, hoy se hizo su sangre brazos. En efecto se acercó tanto con su sangre a mí, que su cuerpo parecí, o él mi cuerpo pareció: de la sangre que me dio su cuerpo, envidias sentía, porque aunque al Verbo se unía, parece que se inclinaba mas al Dios que en mi miraba, que al Dios que en su unión tenía. Yo entonces (qué atrevimiento!) a tocarle voy, y al punto veo que muda el Difuuto, de forma, no de elemento: lo que era cuerpo sangriento pareció blanco manjar. Caliz el verde olivar, y los tres clavos Patena; que aún lo que es hierro en su vena, vino a ser oro en su Altar. Triste, pues, y arrepentido, la carne, y la sangre tomo, y al mismo que vi me como, a una oblea reducido; aunque no por eso ha sido menos de lo que antes era; antes bien, si ser pudiera que Dios pudiera crecer, algo más viniera a ser en el pan, que en la ma dera: porque en la Cruz, Hombre, y Dios no pudo crecer en sí; más Dios en la Cruz, y en mí es lo mismo, y eslo endos: no puede excederse Dios, más Dios en mi aposentado, viene a estar multiplicado, pues es (visto a buena luz) una vez Dios en la Cruz, dos veces Dios, comulgado. Y aún dudo en su condición, cual en más llega a tener, si el ser lo que es en su ser, o serlo en mi corazón: mas es tan mala región, que aún yo, si yo fuera el Juez, con ser tanta mi altivez, dejara (estando en los dos) de ser muchas veces Dios, por no ser, o en mí una vez, Aquesto, Cristerna, vi, y me siento tan trocado desde entonces, que he llegado a preguntarme por mí: pero si a Dios merecí, como esclavo me apellida el Rey? cómo mi homicida quiere ser? cómo me mata? cómo Rosa me maltrata? cómo me quitan la vida? cómo tratan de ofenderme? cómo llegan a injuriarme? como quieren obligarme a ofenderte, y a ofenderme como Amurates de verme hube, y previene venganzas? como me none asechanzas, porque libre te dejé? Cristerna, yo no sé, dilo tú, pues tú lo alcanzas. Pues oyemor tu consuelo; ancebo que viste fue un hermano que tuviste. Hermano? válgame el Cielo! Desde el Cielo bajó al suelo solo por ti, y el traidor de Amurates (qué rigor!) temeroso de perderte le puso de aquella suerte, siendo un Cupido de amor. Esta es la causa de ser desde entonces tu enemigo, y mío, porque contigo será menos su poder: pero si quieres saber tu nombre, y patria felice, aunque a tu traje desdice, atentamente me escucha. Si mi confusión es mucha, ya mi rostro te lo dice. Tu nombre primeramente (oh Príncipe generoso! es Adán, no Escandarbech; si bien mirando su exordio, entrambo nombres se abrazan, aunque uno Arabigo, y otro Hebreo, que Escandarbecho en su idioma misterioso, es lo mismo que Alejandro; y Alejandro es nombre heroico, que dice, Señor, y Adán eso significa solo; y así Adán, y Escandarbech viene a ser en ti lo propio, pues el llamarte Señor del mundo, convienen todos. Tu patria no es la que habitas, ni eres esclavo tampoco de Amúrates, aunque ahora él a fanje esgrimas porbo en defensa de su Paino, como Visir de mi globo. Mas para desempeñarme de tantos misterios, como por cifras, y por enigmas, por rasgos, y por asomos, te he dicho, segunda vez tu atención, Príncipe invoco. Pasa adelante, pues ves con cuantas almas te oigo. Es tu Padre un Rey tan grande, que él solo se iguala solo, conocido en todo el mundo por el todo Poderoso. Los Griegos le llaman, , y los Hebreos dichosos, ; , los Egipcios; los Persas, por más asombro, G; los Magos, . Dueño de Estrellas, y polos; los Esclavones, . porque ve lo más remoto; los Arabigos, , que significa socorro; los Caldeos, ; los Erruscos Religiosos, ; , los Alemanes; los Indios zafíos, y broncos, i; los Latinos, , nombre que lo abraza todo; y los Españoles, Dios, que es llamarle Dadivoso, y el que da, del verbo dar; que importa tanto el decoro de Dios el dar, que a poder faltar su nombre glorioso, solo en dejando de dar (que es un hipérbole loco) dejara Dios de ser Dios para con él, y nosotros. En el Campo Damasceno (donde infante el rubio Apolo, lampara hermosa del día; mudo jilguero del Ponto, y diamante arrebolado al cristal de sus arroyos, (do, dio el primer paso en el mun- debanándose en si propio) naciste, gallardo Joven, con tal perfección; y adorno, que solos Cristo, y su Madre, cuando este mundo redondo vivieron en carne humana, pudieron ser más honrosos. La materia de tu cuerpo, aunque al principio fue lodo, después mudó de figura, cuanto al juicio de los ojos, porque con solo un aliento, una aspiración, un soplo que tu padre le dio al barro, quedaste al punto tan otro, que fue carme lo que tierra, y médula lo que polvo, Usano con esto el Rey, en tanto que los tesoros de su gloria conquistabas, te dio, como en patrimonio, por Ciudad un Paraiso, tan alegre, y deleitoso, tan rico, y tan opulento, tan verde, cándido, rojo, que a estar en alto, tuviera sin valerse de sobornos para ser octavo Cielo de su parte muchos votos. No hay flor que el Abril bosqueza, y el Mayo retoña umbroso con el Céfiro, no hay fruto de los que pule el otoño; no hay animal en la tierra, no perla en su nacer de oro, no hay abe que gira el viento, ni pez que azota el escollo, que este prodigioso sitio no tuviese en su contorno, y sin haber menester para su sazón, y colmo, tiempo, o lluvia, pues tan presto lo caló tu padre todo, que la garza se halló garza, sin haber nacido pollo: tuvo corona el León, sin ser Príncipe visoño: la ballena sin porfía llegó a fatigar el golfo: el árbol, sin ser renuevo de ramas pobló su tronco; la perla se conjeló sin ser del Alba sollozo; a un tiempo la flor dio fruto, y a un tiempo el clavel hermoso plaza paso de rubí sin melindre de pimpollo. Mas en este tiempo (ay triste!) con que lástima te informo, con que piedad te prevengo, con que dolor te reporto: era en este tiempo Rey del infimo calavoco Luzbel, padre de Amurates, y del vicio, que es lo propio, porque del vicio no puede ser padre si no el demonio; el cual de ver tu fortuna; bárbaramente envidioso, tan otendido, que siempre fue delito escandaloso para el que se queda atrás el ver crecer a los otros; srató de quitarte el Reino, que nacifico, y devoto gojaras, y así una tarde, isanando cauteloso muro de tu albedrío, por sendas de cinamomo, intrépido, y arrogante, soberbio, y vanaglorioso, te hizo confesar su esclavo, poniendo por más oprobio sobre el coral de tu boca entrambos coturnos de oro. Finalmente a cuchilladas, que daba de suego un Mozo, te echaron del sitio, adonde. cándido tuviste trono: y apenas de Siria ollaste el humilde territorio, que el Jordan inunda, cuando todo lo criado, todo opuesto a ti, por sentencia del divino Consistorio, trocó la obediencia en ira, y la voluntad en odio; porque sin Dios, aún los brutos nos miran torcido el rostro. De un verdinegro capote cubierto el celeste todo, empezó a esgrimir las nubes. con ademan tan furioso, que salieron repetidos de cada golpe un arroyo; de cada estocada un trueno, y un rayo de cada aborto. Descuadernada la tierra de sus músculos, y poros, bostezando exhalaciones, y blandiendo terremotos, tan grande estruendo causó, hizo tan grande alboroto, que los montes con las nubes chocaron presuntuosos: los riscos calzaron alas, pies tuvieron los escollos, y una hora tirubearon los más altos promontorios, El coronado León, que en estado más dichoso te sirvió de taburete a la cenefa de un olmo, desenvainadas las garras. rizó el copete del lomo, sacudida la guedeja, y llena de espuma el bozo, te miró como enemigo: sacó las uñas el oso, vibró sus armas el Tigre, mostró los dientes el Lobo, erizó el Espin sus flechas, juntó sus puntas el Toro: al umbral de las encias. asomó con alborozo la Víbora su ponzoña; y el arrugado Unicornio, el estoque de su frente empuñó contra tu rostro. Tú entonces, viendo tal; mudo afligido, y absorto, como esclavo comenzaste, vestido un pellejo tosco, a romper la inculta tierra con el arado, que escoplo. puntiagudo, vino a ser de terrones, y cogollos. Oh mudanzas del destino, tan cierto cómo dudoso! quien pensara, quien dijera, cuando en el supremo solio te viste de la Deidad, que profanaste ambicioso, que dentro de siere horas (según Crisóstomo, y otros) te había de hallar el día arrimados pecho, y hombro a un leño, que con el diente la tierra partiese en trozos, corriendo sangre los pies de lidiar con los abrojos! cifra de la nieve en copos, llenas de callos; los dedos desaliñados, y rotos; el cabello distraído, bañado en sudor el rostro, torcido el cuerpo del peso, seca la boca del polvo; roja la tez del cansancio, tiernos del llanto los ojos, y el corazón en el pecho penas brotando, y ahogos, fieros verdugos, que el alma te estaban hendiendo, como al Buitre, que vive un siglo, si están con hambre sus pollos. De esta suerte (qué dolor!) siendo desde el Austro al Nato único Rey, como esclavo de Amurates, ciego, y fordo, contra tu sangre peleas, por dar victorias a un Moro. Por parte de Cristo soy tu deuda, pues que me nombro Cristerna; ya te lo dije, cuando desde el muro al foso pisemos esta Serpiente, tan violento te arrrojé sobre tus mismos custodios, que aún antes que te embarcases estabas echado a fondo, Pues si tienes sangre mía, como estimándola en poco me dejas por un ingrato, que apenas (esto es notorio) te da un gusto, cuando mil pesares, y mil enojos cobra de ti? porque el vicio De la suerte, Cristerna, Las manos, que fueron antes siempre lo que da es a logro; y si no, mira en pecando lo que pagas de retorno. Y cuando aqueste no fuera harto agravio, baste solo haberte muerto a lanzada; como a vil facinoroso, a un Dios, que era hermano tuyo, por más señas, que aquel soto de sus saerosantos huesos fue desigual Mauseolo. Pues que aguardas, que no vengas este agravio ignominioso, habiendo razón, y sangre, habiendo cólera, y plomo? Ea Príncipe gallardo, ea Jorje Castrioto, primo, Adán, Escandarbecha señor, amante, o esposo, muera el traidor Amurates, que en lugar de su bizcocho, Pan del Cielo te daré, de quien mi Altar es el horno; Matemos a este Pirata, destruyamos este Monstruo, domemos este Erictonio, y rindamos este infame; que cuando tu valeroso brazo no baste, por eso para salir victorioso llevas contigo a Cristerna, y con ella su amor todo, y con su amor su poder, y con su poder sus ojos, de cuyo rayos, seguros aún no viven estos propios. que el que privado de la luz externa, ciego de nacimiento, suele quedarse aquel primer momento, que llega de repente a ver tanta color, tanto accidente: así yo embelesado, y casi dulcemente fatigado con tantas novedades, o paradojas sean, o verdades, aunque es mi valor mucho, parece que me embarazo en lo que escucho Pero dime, o Sibila sagrada, cuya boca miel destila, qué he de hacer, cuando veo el Cielo tan opuesto a mi deseo, que es imposible cosa gozar los rayos de tu luz hermosa? Por el mar, y la tierra te previene Amurates cruda guerra; el mar le favorece, como a deidad la tierra le obedece, el dinero le sobra; que si bien no le presta, ni lo cobra; para obligar con ello, aunque nunca lo dé, basta tenerlo. Yo estoy cautivo, y solo; y aunque hijo al fin del sacrosanto Apolo, qué puedo hacer con tantos Capitanes de vicios, y de encantos, que a tu Sol descorteses, después de atropellar tus feligreses, han de querer matarte? Hija de Palas soy, nieta de Marte; no temas, pues no temo, porque la espada en mí de ese blasfemo, ni hace mella, ni corta; y así, que vaya contra mí no importa; antes es bien que vaya, porque tomando tierra en nuestra playa; aunque el mundo le ampare, y más bomvas de fuego me dispare, que el Ganjes cuenta granos de aljófar en sus nácares Indianos, precipitado, y ciego con su pólvora misma, con su fuego, en el primer asalto le he de volar a su pesar tan alto, que se engañe la gente; pensando que se queda en el Oriente; porque en volver a desandar lo andado, según se ha de mirar encaramado, entre rayos, y truenos, un mes ha de tardarse por lo menos. Los Genizaros bravos, que te asisten con título de esclavos. son tus cinco sentidos, por tu ocasión, Escandarbech, perdidos; confúltalos prudente; y cuando estén los campos frente a frente, saque Alberto la espada, y con él los cautivos de la Armada; que aunque son los contrarios, como en número más, mas temerarios, a mi voz, y la tuya querrán los Cielos que Amúrates huya, sus escuadras cozobren, los cautivos se libren, y se cobren, tu Reina te reciba, y coronado de laurel, y oliva, tan adelante pases, que conmigo te goces, y te cases, hasta que cara a cara de tu Padre penetres la luz clara. A tus pies humillado mi silencio te diga mi cuidado. Alza esposo del suelo, y pues está de nuestra parte el Cielo, tu Alberto, ve a las Naves, y en la ocasión predica lo que sabes: tú quédate llamando los soldados, y amigos de tu bando; mientras que yo an mosa voy a sacar de mi Custodia hermosa el Tesoro divino, el Agua, y el bizcocho, el fan, y el Vino, para que mis soldados tomen refresco cuando estén cansados. Ya voy a obedecerte, y a comprar tu victoria con mi muerte: a Dios Escandarbech, a Dios María. Alberto a Dios, a dios esposa mía. Danos, daños los brazos. Qué dulce unión! qué cándidos abrazos! Ya tocan. Pues a Dios. Tu nombre invoco. Si yo saco la espada, el mundo es poco. Ya se va cada uno, los páramos arando de Neptuno; a su lugar, y Alberto convoca los soldados en el Puerto; ya Cristerna triunfante entra en Jerusalén, ya el arrogante Amúrates alista mis potencias, mi gusto, olfato; y vista, para dar la batalla: ya escucha Alberro, disimula; y calla; ya cual cuerpo invisible, (que al divino poder todo es posible) sin ir con Amurates, los vidrios rompe del nevado Eufrates: ya llegan viento en popa; y el metal desembarcan, y la ropa, y ocupan la montaña, y las tiendas fabrican de campaña: ya los campos se han visto; de Amurares aquel, este de Cristo; ya cada cual se apresta, y a sus soldados habla, y amonesta; ya se acercan contentos, ya se escuchan acá los instrumentos; ya de morir no dudo, sacó el alfanje, y a Cristerna acudo, brense a un tiempo los dos medios carros por todas las cuatro par- tes; en el uno ha de haber una tienda de campaña, y en ella Amura- tes armado, y con bastón, y Rosa armada, y a los lados Alberto, y los demás cautivos con armas. En el otro medio carro ha de haber tres Altares en piramide, en el primero estarán las Tablas de Moisén, y al un lado un montón de trigo con esta letra debajo: , Zachao, y al otro lado un montón de maná con esta letra: , . 11. En el segundo Altar ha de haber al un lado tres panes, uno encima de otro; y al otro lado un Cordero en una fuente, y debajo esta letra: , Exod. 1a. En el último Altar un Niño revestido de Sacerdote, con una Hostía, y un Caliz en las manos, con esta letra: - Y detrás algo eminente, porque se pueda ver, Cristerna. Escandarbech. Quién me llama? No me conoces ingrato? allega, sube a mis brazos. El vicio, y la Iglesia están dentro de mi barallando: o vicio, que poderosos son tus grillos, y tus lazos! oh Cristerna, que seguros son tus requiebros, y halagos! Yo te ruego. Yo te obligo. Yo te llamo. Yo te llamo: Qué dudas, si eres mi esposo? . Paso, paso, Qué dudas si eres mi esclavo? Tu Padre es el Rey Eterno. Solo es tu Dios tu pecado. Cristerna soy. Yo Amurares. Ya sabes tú lo que valgo. Cien mil soldados me si- guen. No son muchos, si son malos. Visibles son mis tesoros. Tocan de una parte trompetas, y de la otra chirimias, y descu- Inmortales son mis lauros. Gustos te daré, y deleites. Glorias te daré, y descansos. tu Rey soy. . Esposo mío, . Yo de brocado me visto. Yo también, y de tres altos, que son, el Padre, que engendrá, el Hijo, que es engrado; y el Espíritu divino, que hace relación a entrambos Nadie en el mundo me iguala. Menos yo que te aventajo en valor, en gente, y fuerzas. Cómo, si estás sin soldados? como, si no tienes armas, ni aún sustento? Amúrates, que no sufro, ni puedo tales agravios. Lo que yo digo es verdad. Lo que dices es engaño, por no decirte que mientes. Pues di, si se va a tu campo, para pelear conmigo, y defenderse de tantos deleites como le esperan; para hacerle mil pedazos, qué armas sienes? Muchas armas, que de mis antepasados he heredado una Armeria, a donde de punta en blanco se puede armar, porque en ella tengo el montante de Pablo, de Tomás el alabarda, y el alfanje acicalado de Pedro, Apostol de Cristo: tengo también, por si acaso se inclinare al arcabuz, de un Español abrasado el vivo fuego, y la cuerda de un Ladrón, que los Palacios de Cristo robo en su pecho, para estar siempre robando. Tengo las piedras de Esteban, de Sebastian los flechazos, del Gran Guillelmo la cota, de Jorge, lanza, y caballo, de Francisco la bandera, y del Español Santiago, peto, espaldar, y escarcelas, con un valiente penacho de las plumas que me dieron, Juan, Lucas, Mateo, y Marcos, sin otras armas que dejo de muchas Santas, y Santos, que en batalla del martirio cobraron tan de contado el premio de la victoria, y el descuento del trabajo, que en una mano tuvieron el alfanse del tirano, y los auxilios divinos tuvieron en la otra mano. Son estas armas bastantes? Ya el pecho se va animando. Y di, cuando todo sea del modo que le has pintado, qué ha de comer este hombre? Ese Trigo soberano, ese Mana de los Cielos, ese Cordero sagrado, ese Pan, que en otro tiempo de Proposición llamaron; y en fin, Alma, Cuerpo, y Sangre de Cristo Sacramentado, de quien alusión, figura, sombra, bosquejo, y retrato son los demás sacrificios, y sangrientos holocaustos. Dos Casas tengo en el mundo donde le escondo, y le guardo, una Latina, otra Griega; en la Griega es fermentado el pan, o pan usual, con levadura amasado, para declarar la unión de lo divino, y humano: porque los Griegos afirman, y siempre lo han observado, que Cristo comió el Cordero con sus Discípulos santos a trece del mes, y entonces todo era pan ordinario, supuesto que no era Pascua, si no día de trabajo, según lo de San Mateo, cuando estando consultando los Hebreos esta muerte, temiendo algún desacato, dijeron: , porque el vulgo es temerario. En la Tina fue siempre líquido el pan, para darnos a entender así de Cristo lo puro, y acrisolado: fuera de que fue la Cena en Pascua, según San Marcos; cuando dice: , y añade: , cuando Mas como para la esencia de este instituto sagrado; como sea el pan de trigo, es materia, no hace al caso que el uno, o que el otro sea; y así celebra en entrambos la Iglesia, conforme al uso, y rito de sus pasados. Finalmente Escandarbech con este solo bocado tendrás vida, hacienda, gusto, socorro, sustento, pasto, Came, Sangre, Pan, y Vino, gloria, salud, y descanso. Si me quieres por esposa; esta, señor, es mi mano, mi dote este Sacramento, mi casa aqueste Palacio, mi estrado estos Serafines, y todo el Cielo mi amparo. Convencido estoy Cristerna; tuyo soy, tuyo me llamo. Cómo suyo? ya es infamia aguardar soldados tanto, al arma contra la Iglesia. Fieles, amigos, vasallos, al arma contra Amurates. Alberto, ya se ha llegado la ocasión, sentidos míos, vengadme de este tirano. de Montalban. Yo basto solo; A traidores! Cómo, si estoy a su lado? Vífires, y Beler- beyes, que me matan los forzados. Señor, huye que son muchos. Primero desesperado me he de abrasar. Venció Alberto. Todo el pabellón rosado en fuego se ha convertido. Que me abraso. Que me abraso. Victoria contra Amurates, Mi entendimiento ha triufado de todos mis enemigos. Vivas, Alberto, mil años, Vivas, Cristerna, mil siglos. Con que se da fin al Auto de Escandarbech, y Cristerna; dichoso el dueño, si acaso después de haberos servido ha merecido agradaros.