Texto digital

Texto digital de Enseñarse a ser buen rey

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Luis de Belmonte Bermúdez Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Lyon. Bibliothèque Municipale: Rés 360200).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Enseñarse a ser buen rey. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ensenarse-a-ser-buen-rey.

Logo BICUVE

ENSEÑARSE A SER BUEN REY

JORNADA PRIMERA

Miedo, cómo? ropa fuera. Eres tú? . Quién ha de ser no acabas de conocer la seña de la contera? Y tu señor? Ya le espero, que es firme, y dichoso amante. Cómo vienes tu delante? Vengo por su requebrero. Puntual es tu valor. Cómo mi señor se abrasa, vengo a saber si está en casa el hermano de Leonor. Tu diligencia celebro por honrada obligación. Soy lacayo diaquilón, que le maduro el requiebro. Pues mi señor no ha venido, muy tarde suele volver. Para nuestro menester mas le quisiera tullido: Elvira. . Gónzalo, qué? Buen verso para glosado, dante acaso algún cuidado los empeños de mi fe, que es tanta, que a ser gentil, si se usara idolatrar, diera luciente a tu altar, en holocausto un candil, y del alma, aunque no es mía, hiciera un estelionato, y mejor que Mauregato diera ciento cada día al Argel de tus prisiones. Así lo pienso sentir. Y yo también el sufrir cuesta arriba mis razones, que ya el aliento me falta, y en nuestra conversación no es mi pena exaltación, para que suba tan alta, que es insufrible trabajo. Nube soy que la recoja. Pues no importa que la coja varay media más abajo, así la respuesta espero. Dónde la has de recibir si me llegase a rendir? En la copa del sombrero. Bien me dejas obligada, muy bien tu amor me granjea. Siento en el alma que sea mi nuez la más estirada, y aunque se prerde el atajo, comodidades recibo, que estoy, si no pensativo, por lo menos cabizbajo: pero si quieres partir el camino. . Y puede ser? Dejándote tu caer te saldré yo a recibir. Mas puesto estaba en razón, que bajando yo me hablarás. Es que cayendo escucharas en el aire mi razón. Abajo es más probechosa, si has de darme algún recado para mi señora. . Has dado en discretá perezosa: baja pues Eluyo voy volando. Volando si no es cayendo, va que has de bajar mintiendo, baja si quiera rodando. Un discurso he de hacer mientras ella viene a abrir, de lo que la he de advertir, y de lo que he de temer. Don Enrique de Alencastro es mi amo, cuya espada dieran sobre ella los Moros cuatro victorias prestadas. Nuestro Príncipe don Juan con heroicas esperanzas, mientras Rey las ejecuta, quiere en Enrique lograrlas. Y así el Príncipe bizarro de mi señor se acompaña, por mezclar su heroico brío con lo que ahora le falta. Aquí entra ahora mi miedo. Gonzalo. . Elvira me llama, estese el miedo a la vista, que quien negocia no tarda. Digo Portuguesa mía, que te da este nombre el alma, porque siendo Portuguesa has de ser tierna de entrañas. Pues que me quieres decir, acaba, Gónzalo, acaba, porque al buen entendedor. Nunca Dios le de palabras. Pues dime algunas si quiera. Que le digas a tu ama, que los favores que ofrece, trueque unos pocos en plata, que mi amo, vive Dios, que lo que come es batallas, y a mí tal vez de la mesa me arroja una retaguarda. y voy marchando con ella hasta el estomago, plaza que las más veces se rinde por falta de bituallas. Pues no hubieras avisado. Con la enmienda se restaura la flojedad del aviso. Mi señora es tan bizarra, que apenas se lo habré dicho cuando. Si el cuando no pasa de esta noche, es cuando y como. Gónzalo voy a avisarla, para que piense la noche, que se está rizando el Alba, siendo estas rejas celajes, que en rayos de oro se bañan. Mas dime, porqué tu amo nos ha negado la casa? Porque no la tiene. . Bien puede faltarle posada en Lisboa. . Cómo ha poco que nos trujo la desgracia de las Berberías; posamos en dos, u tres salas bajas de la casa de un amigo, hasta que doña Costanza, hermana de mi señor (que hay soldados con hermanas) nos preste algún aposento, que es ella la mayorazga de la hacienda de una tía, que murió siendo hermitaña. Dónde? . Donde ella quisiere. Voy a despachar si aguardas. Pues a qué somos venidos? y en cuanto a mis esperanzas. Yo sabré favorecerlas. Si un instante las dilatas? Pues una mujer de bien tan presto ha de ejecutarlas? Que no son estas Elvira. Cuáles son? . Las de la plata, Poco amor, mucho interés. . La hambre es la interesada, y tanto, que del amor quiere hacer una moatra, volvamos a nuestro miedo. El Príncipe no se halla sin mi señor, las más noches en pisar calles las gastan, pero quieren los demonios, que por esta calle pasan, sin que lo pueda excusar mi amo, que viste el alma con afortadas sospechas, de que le ronda la dama: esta es mitad del miedo, y la otra es de la hijada. El Rey Católico Numa, en los Anales de España ocupa tanto volumen, que ya son cifras las planas, En la heroica educación del Príncipe se aventaja a cuantos Cristianos Reyes vio Portugal en su casa. Pues si llegase a entender, porque hay envidias sobradas, que mi señor le divierte, y los dos al tiempo engañan. Corremos ciento de risa, y yo toda la baraja. con tantear solamente lo que ellos pierden, o ganan. Pero dos bultos descubro, recojamos toda el alma en la gárita del miedo, hasta ver si sus espadas son espadas que se quedan, o son nublados que pasan. Dejadme temores míos, mas si es esta la estacada donde me aguardan mis celos, no he de temer la ventaja? Calurosa noche, Enrique. Sí señor, y la templara vuestra Alteza con el fresco soplo de las dulces auras, que las peinadas riberas del mar su aliento regala, por lisonja de las flores, que deja el Sol abrasadas: o si llevarle pudiera! Pues salgamos a la playa. Por esta calle es más cerca. Ya estamos en esta, salga algo más costoso el gusto en lo poco que se alarga, que el ahorro muchas veces le quita al gusto la salsa. Vive Dios que es imposible que no tenga presa el alma en las rejas de esta calle. Enrique, un hombre se para en la otra esquina. . Yo voy a decirle que se vaya, debe de ser Gonzalillo, que ya obediente me aguarda. a Adónde vais, advertid, que os importa la templanza, que puede ser vuestro enojo de conoce! me la causa. Por vos será cortesía lo que en mi cólera rabia, que me enfado, vive Dios, viendo gente que se para por donde yo he de pasar. Ya se rompió la visagra que juntaba los dos vultos, y haciendo compás las plantas, viene tanteando el suelo para darme donde caiga, Quién va? . Nadieva asta ahora es Pedro? Pedro es, pues vaya. Qué dices? . Doile liciones para quitarme la capa. Es Gonzalillo? . Es mi amo? Yo soy. . Pues Leonorte aguar Perderé cielos las horas, da, que labran mis esperanzas, que es el Príncipe el que miras. Pues óyeme cien palabras. Tanto recato advertido, las veces que me acompaña don Enrique, procurando, que de aquesta calle salga siempre que paso por ella, que como es la más cercana de Palacio, acierta a ser la que primero las plantas ocupan cuando salimos, tan curiosa tengo el alma, que solo por divertirme, he de ver si le embarazan cuidados de amor. . Gonzalo, soló el conocerte basta, para que mi amor presume, vete . Y volveré mañana? No sino al instante mismo por la otra esquina. . que extrañas son tus quimeras, quisiera volver, pero las espaldas. Quién era, Enique? . Señor, un hombre que se arrestaba a empeñarse con los dos, mas fue mi cordura tanta, que templó su bizarría, y a lo que presumo, aguarda a lograr algún cuidado de amorosas esperanzas. Díjome al fin, que él se iría, si acaso nos estorbaba, mas que volverá después: merece acción tan bizarra, que la calle le dejemos tan libre, y desocupada, como nuestros pensamientos. Que sabéis vos si maltratan los míos algunas penas, y que procuro aliviarlas? Válgame el cielo! señor, como son las honras tantas que me hacéis, no imaginé que ocuparades el alma con amorosos deseos, sin que yo participara de su noticia, pues veis que están mi vida, y mi espada, mi cuidado, y mi lealtad rendidos a vuestras plantas. Pues ahora os doy noticia, vive Dios que se recata de mí, haciendo cortesía de lo mismo que él se guarda. Mis sospechas fueron ciertas, permita amor sosegarlas, con que mi Leonor no sea el sujeto que las causa. Es tan hermoso imposible el que mi amor Idolatra, que aún hace veneración de los silencios el alma, pero como el fuego es tanto, es bien que le den mis ansias noticias donde respire, no mate amor, ya que abrasa. Señor, y es en esta calle? Tiene partes soberanas: cuidadosa es la pregunta. Príncipe, cómo se llama? Para el respeto que guardo a su non bre ya su casa os dais mucha priesa, Enrique. Para que es taza penada, si he de beber el veneno. No está lejos quien me mata, que en esotra calle vive. Doy a los cielos mil gracias. . Mas como ya os significo, cuanto le debo a su fama, pues voy sin alma, quisiera que aún el cuerpo no ocupara el registro de la noche, ni con la voz, ni las plantas: y así me habéis de esperar en este puesto, aunque el Alba vaya despeñando estrellas, que la temen, y la aguardan. Pues señor, habéis de ir solo? Valor, y amor me acompañan, y es tan cerca; que a la vuelta hace Oriente sus ventanas, dudando el Sol cuando nace, quien pueda suplir su falta: demás que si hubiere empeño. de los que las sombras causan, os podrá servir de aviso el rumor de las espadas. Cuidadoso, y advertido me dejáis. . Con esta traza dando la vuelta he de ver por quien de mí se recata, que el deseo, cuando llega a ser curioso, no para hasta averiguar sospechas, solo por averigualías. Ay suceso más dichoso! como sombras, o fantasmas se desmintieron mis celos. Quién sirve de noche, estaba (. por decir, que no lo entiende, ya yo he vuelto, que me mandas? Dobla esa esquina primero. Qué la doble, pues es carta? pero cual fuera el correo, que a la China la llevara. Verás al Príncipe, y mira si habla en alguna ventana, y venme a avisar al punto, para que descanse el alma, hablando, sin que él lo entienda a Leonor. Seré atalaya con más ojos, que diez puentes. Pues buenas albricias ganas, como ocupado le dejes. Si acaso me descalabra? también será ocupación, pero no muy necesaria. Oh cuanto me he detenido, castigue amor mi tardanza: es Enrique? . Quién pudiera aunque compusiera el alma de tanto erizado copo; de tanta nevada escarcha, como la Scitia despide, como desperdicia el Alba, resistirse a tanto incendio, que yo como han sido tantas las experiencias del fuego, con que mi amor me regala, puedo acercarme, y entrar por sus más ardientes llamas, y cobsar más vida en ellas, como feliz salamandra. Lisonja de amante al fin, por ella os rindo las gracias, que al fin es estimación, y aunque se quede en palabras el breve espacio que duran, tan discretamente engañan, que el alma que las escucha al corazón las trasada, y con sus verdades puras tan dulcemente las ata, que al responderos Enrique, sin poder diferenciarlas, las vuestras salen creídas, y las mías bien premiadas. Leonor con favor tan nuevo, que aún los créditos le faltan, parece que vais mezclando posesiones y esperanzas. , (siera Aunque es ya media noche, no quí. recogerme tan presto, si es quimera, que levanta la ciega fantasía, aquella casa, cielos, no es la mía? aunque es la noche oscura bien distintos se ven en sus confusos laberintos los vultos que descubro, en la ventana una mujer advierto, si es mi ermana Mas como forman con rigor mis labios de su recato, bárbaros agravios, será alguna criada, honor lleguemos, y crédito le demos, no a la vista, al oído, que es en las sombras el mejor sentido. No se como pudiera, sin que su encogimiento lo impidiera darle unas joyas, que me dijo Elvira (ra que está pobre; señor mucho me admi- que teniéndo me amor vuestros temores pidan tan limitados los favores. (uo En tanta libertad aún no me atre con ver que al alma los acentos llevo, de su voz conocida a dejar de pensar que es voz mentida. Cielos este favor es tan extraño, que pienso que el pincel le dio al engaño con matices fingidos para burlar con sombras mis sentidos, Aún no merespondéis; pero unistante me podéis aguardar pues sois amante que admite por favor las dilaciones e porque he sentido pasos. (abíos Bien dispones mi amor fortuna, sin que tema agra- pues oigo tantas dichas de sus labios, Gonzalillo volvió, sin duda queda entretenido el Príncipe, suceda, sin que vuelva a las sombras la mañana que aún no pude saber si era mí hermana. Gónzalo las albricias tienes ciertas mi amor en tu cuidado lo despier- con tanta dicha mía, (tas salió Leonor, y bosquejose el día. Llegó cuando luchaba ya conmigo disfrazado el agravio a ser testigo, yo he de matar este hombre, pero infamo mi nombre, (sacarle si yo en mi propia calle llego a vengar mi honor, yo he de donde el estruendo de mí misma afrenta aún sacado el acero la desmienta, Suspenso y recatado cuanto dije a escuchado, mas si no es Gonzalillo. Caballero. . Quién es? Hablaros quiero donde puedan los labios fundar agravios, sin hacer agravios, que esta casa si yo miro por ella. defendiéndola aquí, será ofenderla. Y vos si sois honrado, no habéis de ejecutar lo apasio donde pierda esta casa sus blasones, que aún os puedan correr obligaciones deamante, y de valiente viene a ser lo alentado, lo inprudente, y aunque el amor es todo bizarría, aquí será el amor descortesía, y entenderé si aquí os ciegan desvelos que su honor olvidáis por vuestros ce- (los Hubo mayor empeño, que el Príncipe, si es sueño, que a la verdad excede, como me he de apartar, si le sucede al Príncipe. Venís? (do, Ya os voy siguiendo, si es su hermano, mis celos voy temien y en las dudas que luchan ya conmigo, mas lo quisiera hermano que enemigo, pues si me diera su valor desvelos, yo rinera con él, pero fin celos. A qué esperáis? Ya voy. Ido. Pues ya os aguardo: Todo lo que discurro me acobar. Espacio ha tenido Enrique para hablar, si tiene acaso hermosura que celebre? no está en los mudos espacios de la calle, por ventura en alguna casa ha entrado, donde sus dichas le tienen franca la puerta y los brazos: n las mismas dudas quedo, no es que por lo bizarro olvidase lo obediente, queriendo seguir mis pasos, por excusarme los riesgos. d Pero nrique, po había entrado por la puerta del jardín, que sus recatos le obligan a verme siempre, atribuyendo a regalo lo que es vigilancia necia, pero solo fueron pasos de Elvira, ya están seguros mis temerosos cuidados. Vencio la curiosidad, pero alentemos su engaño en tanto que vuelve Enrique, que todo cabe en el campo, de las horas divertidas, señora, fuera milagro, que lo que os dúrase el susto, pudiera vestir de rayos el Sol los azules cielos, aunque enfrénase caballos para despertar las flores dormidas en vuestro Ocaso. Amante encarecimiento. Que despacio está mi amo, señor yo no se por donde se deshizo entre las manos el Príncipe. Este sin duda es de Enrique algún criado, que me envió por espía: quieres, si pueden lograrlos, que pierdan hoy mis venturas favores tan soberanos. Vuelva el Príncipe, no importa. Por Dios que es valiente alano, no quiere soltar la oreja. Si yo supieste obligaros, os sublicara mi amor, don Enrique de Alencastro. Por vos venceré imposibles. En menos pienso empeñaros que solo es que recibáis una Las joyas de Gran fineza! extraño amor, que el Sol pudiera envidiarlo. . si tuviera de Campaspe lo que tiene de Alejandro: mas tiene buen gusto Enrique, sujeto será bizarro, y hermoso digo señora, que aunque piense disgustaros, no he de recibir afrentas con máscara de milagro, porque la naturaleza del amor es obligarnos a festejar a las damas con dádivas, y regalos: Pero recibir los hombres, es a su amor tan contrario, que como violenta acción cabe en los sujetos bajos, y así el recibir las joyas, debo, señora, excusarlo. Joyas dijo, pues despierto, que famosamente obraron mis ruegos con Elvirilla. Eso violento, y extraño habéis de vencer por ní. que es flaqueza acobardaros, y que ofreciendo imposibles os rindáis al primer paso, recibid, señor, las joyas. Yo pienso que los diablos, como otros por lo abariento, te tientan por lo fidalgo, rocíbelas, juro a Cristo, que me han costado mis pasos, y tendremos que gastar, largo, y tendídolo largo, cuando juegues, lo tendido cuando yo beba. . Obligado a entender, que el imposible mayor es el disgustaros, las recibo. . Pues tomad. Al lacayo de Pilatos, si es vivo, no he de querer recibir por mi lacayo, Favores son como vuestros. El hombre era tan bizarro, que a no llegar la justicia, a cuyo respeto entrambos nos detuvimos, qué es esto, si dio más breves los pasos que yo. . Señor, los temores, que puede venir mi hermano, os ruegan por mí, que os vais, Volveré a veros? . Sí. Cuándo? Manana a estas mismas horas. Mis celos se averiguaron, no es su hermano, vive el cielo, pues aunque ofenda el recato de una ingrata que me ofende, me ha de ver el Sol vengado: también este es buen lugar para castigar agravios. . notable empeño! . L. ay de mí temo el peligro de entrambos, que es mi hermano, y es Enrique, donde yo el castigo aguardo. . señor, aquí estoy. . advierte, si das en su ofensa un paso, que te he de quitar la vida. Con menos has uegociado. Desviate. . Que me place, o hermano de los diablos, que haya hermanos en el mundo, pero este ha de ser cuñado, y se ensaya desde ahora. Fuerte pulso, lindo brazo. No vi más bizarro aliento, parece que se ha cobrado, y riñe con más valor. Pensará que me acobardo si me descubro, y es mengua de mi valor soberano sintiera que fuese Enrique, porque le cause su engaño. Vive Dios que se calientan, y que hemos de remediarlo, señores que sacan luces, y salen treinta criados con manguales. . Caballero, ya advertís el embarazo, cuando en vos no sea peligro para vernos en el campo, decidme aquí vuestro nombre, y veréis que sé buscaros. Pues quien soy he de encubrille, quiero dejarle engañado: yo soy porque me busquéis, don Enrique de Alencastro, No si no dormíos. Hombre, demonio, quimera, encanto, espera, mas donde voy, si el Príncipe está aguardando? turben mi sentido a un tiempo obligaciones, y agravios. Está el cuarto aderezado de mi hermano? . Sí señora. Si porque le espero ahora, tendrase al fin más cuidado de su regalo en mi casa. Dónde encubrirme podré? Qué es esto, quién sois? . No sé, porque ignoro lo que pasa ubda. pormi alma, y mis sentidos, mujer noble parecéis, y si lo sois, me debéis amparar, con atrevidos pasos, y intento feroz me viene (ay de mí!) siguiendo mi hermano, y estoy temiendo mas que a la muerte su voz. A vuestra puerta dejé la silla, y con el temor entré buscando favor, sin saber adonde entré. Honrado temor ha sido, y es virtud, el caso es llano, que quien teme así al hermano, nunca ofenderá al marido: en este aposento estáis de vuestro temor segura. En borrasca tan oscura sois la luz que la templáis. . Ines, confusión extraña. Que lepudo suceder a tan hermosa mujer? Tarde la vista se engaña, cielos, aquí entró Leonor, y aunque parece la casa principal mi honor se abrasa, y he de restaurar mi honor, aunque la pierda el respeto. Costanza. . Hermano ya tienes cuarto en que estés. Bien previenes, para dejarme sujeto lazos de esta obligación. Hay laverinto más nuevo! pero a sus noticias debo el restaurar mi opinión: cielos mi sospecha es llana, Enrique es quien me ha ofendido, que tenerle prevenido cuarto en su casa su hermana, y entrar ahora Leonor, es para poderla hablar, quiero volver a escuchar por confirmar mi dolor, que entre agravios, y temores, a dudar vuelvo si fue el de anoche, Enrique. . Sé que on grandes los favores de su Alteza, y que me siento indigna de recibillos. Si más dejar de admitillos, fuera perderse el aumento de nuestra casa, pretende cuando venga de Aragón, su esposa, heroico blasón de las barras, que defiende a los Moros fronterizos: entre mortales desmayos, flechando luces en rayos, que son del amor hechizos, que la sirvas en palacio, mira si te quiere honrar. Y aún vengo, Enrique, a pensar, que es el alma corto espacio, para tan grande favor, mas entre los que recibes; esta dicha me apercibes, lograda con tu valor. Desde anoche no le he visto, y estoy, si no temeroso, tan confuso, y tan dudoso, que apenas yo me relisto de tanta imaginación, como turba mi sentido. Muy bien lo has encarecido. Menor es la admiración, que el suceso, galantea el Príncipe a cierta dama, que dice, que ni aún la fama, quiere su honor que la vea. Dichosa mujer que llega. a dar su fama al silencio: o cuanto yo reverencio, honor que a la voz se niega, que a la mujer le apercibe el silencio más honor, que aquella vive mejor que nadie sabe que vive. Fueste al fin sin permitir, que yo sirviéndole fuese, porque yo a mis penas diese lugar de dejarse oír. Llegué a un balcón, y perdió su jurisdicción la noche, porque despeñado el coche, a unos rayos se abrasó. Salió al fin aquel portento de los más castos amores, donde todos los favores, amor los libró en su aliento. Enrique, muy poco sientes, recatados, pundonores, que aunque yo sé que hay amores, no es bien que a mí me los cuentes. Que a una hermana él referillos, es dar luz para entenderlos, y si no llega a aprenderlos, podrá alegrarse de oillos. Decoros debe enseñar un hermano, que no es bien pintar mujeres de bien, que se dejan conquistar, porque es tanta la malicia de la flaca inclinación, que podrá hacer la atención ejecución la noticia. En ti son peligros vanos, tu honor en tan ciego abismo vive seguro. . Lo mismo piensan todos los hermanos, pero prosigue tu cuento. Hay más nueva confusión! tanto honor, tanta opinión, p no viene con lo que siento. En esta sazón llegó un hombre tan alentado, que celoso como honrado, de la calle me sacó. No vi más valor jamás, diome tanto en que entender, que tuve muy bien que hacer en defenderme no más. Llegó la justicia luego, cuyo respeto, y temor, dejó sin riesgo al valor, y a mi más confuso, y ciego. Declaró lo que temía, pero yo sabré acabar lo que allá puede empezar, donde Enrique. . Es fantasía, . cielos si me busca amí, o es pretensión de mi hermana. Toda prevención es vana, amóstraros vengo aquí. que soy quien conoce España, por tanto blasón ganado. El color se le ha mudado, si con tanto honor me engaña Costanza, y es don Manuel su amante, que el que riñó con migo, pues me engañó tan cauteloso, y cruel, con mi propio nombre, es cierto que es pretensor, y no hermano, del blasón más soberano con el clarín más despierto de la Fama, no me admiro, porque le puedo igualar, que al Sol si se atreve a entrar en mi casa. . Yo que aspiro a tanta satisfacción, que en ella puedo igualaros, puedo en vuestra casa hablaros. Y yo sabré la intención conque en ella habéis entrado. Dudo que vos la ignoréis, pero ahora lo sabréis. , El Príncipe se ha apendo de la carroza, y ya sube a verte. . Extraño favor! Ya es mi venganza temor, que desalumbrado anduve: porque el Príncipe no entienda mi igrabio, lo he de callar, . mas yo lo sabré vengar. Que su presencia me ofenda para perder la ocasión de satisfacerme, adonde ponde me aguardáis? . Por mí os res mi acreditada opinión, solo os aguardo en la calle. Luego me veréis en ella. Advertid. . Ofiera hermana! ya fuera infame mi ausencia, si dilatará el castigo, de tan conocida ofensa. Qué es esto Enrique, qué tienes? Tú lo labrás, que la lengua por no repetir agravios, desmiente lo que sospecha. Escucha, advierte, Gonzalo. Miren a quien se encomienda, ve aquel hombre que entró aquí, pues si Dios no lo remedia, tiene el diablo en el cuerpo. Alencastro. . Gran señor. A los amigos se dejan en los peligros? adónde os fuistes anoche. . Crea vuestra Alteza, que yo cuando no hay disculpa que lo sea, si os volvisís solo. . Enrique esta no es sazón de quejas, cuando os vengo a hacer favores. Costanza, si ya os dio cuenta Enrique como ami padre le pedí que os recibiera, para dama de la Infanta (ca mi esposa. . Y que os lo agradez- mi humildad, Príncipe invicto, me pide vuestra grandeza, tan rendida a vuestras plantas, como merece la deuda de favor tan soberano. Y mientras la Infanta llega, quiere mi padre que estés en Palacio, con la Reina Juana su prima, viuda del Rey de Navarra, y sea, manana, el ir a besalle la mano al Rey. . Será fuerza para adelantar mercedes, no dilatar la obediencia, yo acompañaré a Costanza. Débame también finezas, pues sus aumentos procuro, y comience a ver las muestras; quiéro le restituir, sin que su engaño lo entienda, las joyas a donde Enrique con divertida cautela, porque su hermana las goce, esas joyas no pudieran preciarse de lo que son, si no se llamaran prendas de vuellia honesta hermosura. Satisfaga la vergüenza con los colores del rostro a obligaciones tan nuevas. Mirad señor. . Alencastro volvamos a nuestras quejas. Y si se admiren las mías, que han dado ahora en postemas, las reventaré en el aire que han crecido de manera después que he visto estas joyas; que han aumentado moteria, para llevarme el diabio. Pues así hablas a su Alteza, Gonzalillo? . Él me entretuvo queriendo anoche por fuerza seguir mis pasos, prosigue. Después de aquella refriega de anoche, donde arrimado junté al valor la paciencia, seguí mi amo postizo, y llegando a una calleja, cuando entendí que ya estaban recogidas las pendencias, llevaba una revesida, como demonio, que apenas dije a mi dicho, si vamos a nuestra casa, la hierras de medio a medio, ríose con tan prodiga licencia, que pasó de carcajada; eso para quien reniega, de manos aboca dije, no esta puesto en uso, y crea, que el reírse, no eshazaba, porque no hay historias Griegas, ni Latinas, que hayan dicho, que se rió Julio César denoche: asile la capa, mas él con el alma hecha a enfadarse a aquellas horas, me levantó en la cabeza un testimonio, firmado de un verdugo de su tierra. Quédeme dando alaridos, y acerté, que no debiera a quejarme en Castellano, que como el dolor me aprieta, me pareció que era poco referillo en una lengua: y aún quise ir a Babilonia a quejarme en todas ellas. Proseguí mis voces, cuando, una negra Portugüesa me dio al pasar del arroyo con un vote de conservas, pero no eran de Canaría, porque estaban recién hechas. Eche de esta voca voces, y asentándome a la puerta de un guantero conocido, le puse la pobre tienda cual digan guantes, el ámbar se retiró a sus ballenas, diciendo, ahí queda el romero, para que supla en mi ausencia. Salio al fin el Alba hermosa, coronada de violetas, por olerentre sus flores la flor que usaba la negra. Gracioso humor, don Enrique. En más confusión me deja, porque largo espacio anduve Buscando yo a vuestra Alteza, tanto que ya amanecía, cuando dia casa la vuelta. Al oír las cuchilladas, porque no me conocieran me retiré, los semblantes parece que dan sospechas de algún disgusto en los dos. Tener Enrique pudiera más cordura, y conocer que soy quien soy. . Que licencias, cuando el Príncipe te escucha; Impórtame que su Alteza, ya que conoció tu enfado, sepa que es tu culpa necia: una mujer se valió de mi amparo, con la pena de que la siguiese un hombre: su congoja, y su belleza tan casadas parecían, que si el disgusto perdiera, malograra la hermosura en tan nueva competencia, al hombre que la seguía vio Enrique, y cansado piensa, pero no quiero dejarle que vuelva a pensar quimeras, mientras la mujer descubro, si bien suplicar quifiera a vuestra Alteza. . Dez Por si acaso la vergüenza la ocupa, porque parece mujer principal, que tenga por bien que en esos canceles. se enzubra, aunque haya de verla. Forzoso es no disgustaros, disculpa tan manifiesta, debes Enrique admitilla. Hay más extrañas quimeras! Señora, ya estáis segura, como en vuestra casa misma. Págueos el cielo (ay de mí!) qué miro! . Si el alma sueña. Estas no son tropellas, señores entren a verlas, parece que habéis crecido las congojas encubiertas. Hermosa mujer no he visto pincel de naturaleza dar más opinión al dueño. Oh hermana, nunca te diera. quejas de mi enfado! . Cielos aquí Enrique, y no revientan mis celos! . Cómo he de hacer, que el Príncipe no lo vea? loco estoy, estoy perdido. No finja el alma apariencias, verdades son, que las joyas que di a Enrique. . No sostiega A la pobre señora, aquí se han de templar vuestras penas. Tal tengáis vos la salud: aparte hablaros quisiera. Llama a tu señor, Gonzalo. Hay señores la terneza con que lo dice, a mi amo se le mojó la estafeta. Ay desdicha semejante! Señor que llama su Alteza, pienso que te quiere dar un gobierno en la Tercera, vive Cristo, que emos dado con el bergantín en tierra. Después de temores tantos, que desdichas hay que tema? No os pongáis delante, Enrique, que tengo gusto de verla: no es muy hermosa? . Así, así. Pues así, así se la pescan. Yo quisiera. . Qué señor. Qué hermosura tan honesta! escuchad. . Muerto soy. Decidme, son joyas estas? Para como vos venís, de tantas congojas llena, es mucha curiosidad. Perdonadme la licencia, porque pienso que ha de haber (si yo no me engaño) entre ellas: un águila de diamantes, que tiene al Sol por empresa de la luz que solicita: y un Fénix hay que se quema, siendo las llamas rubies, para que renazca en piedras, que no es bien que amor, si es fuego, el humo lo desvanezca. Cielos, aquesta mujer debe de ser hechicera. Es verdad . Verdad decís. Quién os dio joyas tan bellas? No es bien que vos lo sepáis. De vos saberlo quisiera. Para vengarme de vos con vuestra misma vergüenza, quien os dio las joyas, es un villano, y si perdiera mil vidas. . Mujer qué dices? advierte. . Ya no hay que advierta, porque es un mal Caballero, y aún no es justo que merezca este nombre, pues le infama con semejantes bajezas. Mujer has perdido el seso. Falta para que le pierda, que me de venganza a un tiempo su desprecio, y tu soberbia. Mira que estas en mi casa. Y que abrasarla quisiera. Esto habéis de hacer por mí. Muda es, señor, la obediencia, dírela vuestro cuidado: señora, aparte quisiera hablaros. Villano, Enrique, si aquí acreditarte piensas, tus delitos desengañan mi castigada inocencia, pero tomarán venganza mis desprecios, porque sea Troya esta casa, volando fuego en humo, y polvo hen piedras. Mira que estás engañada, Oh traidor! . que te despeñas; porque el Princípate escucha de sus canceles. . Entienda el mundo maldades tuyas, daré voces, que revienta el dolor, aunque le oprimen los candados de la lengua: ay de mí! que estoy muriendo . de celos, y amor. . Sosiega, mi bien, mira que te pierdo, si das tan celosas muestras, porque el Príncipe me ha dicho. Pluguiera al cielo, y dijera que le he parecido bien. No con venganza tan fiera me mates, no Leonor mía. Traidor los que matan mueran El Príncipe me ha enviado a que te diga. . Obediencia muy honrada, bien conozco, que hac es tú la diligencia, porque me has aborrecido, y es bien que yo te aborrezca. Dile, pues, tercero honrado, JORNADA que gustaré que me vea, y que estoy agradecida a su amor, y a sus finezas. Oye, escucha. . Adónde vais Enrique? . Si el alma sueña! Señor, voy a persua dilla. Pues no vais con tanta priesa. Para quince don Beltranes se va armando polvareda, SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

1 Aquí hade salir el Rey, a dar Audiencia. . A su voz tiembla el delito feroz, vive segura la ley. 1. Cuenta de cuanto sucede le da el justicia mayor, En Justicia, y en valor a Numa, y Trájano excede. 1. Aquí podéis esperar, si abeis de hablarle. . Habéis visto en Palacio, mal resisto mi furor, hasta vengar mi agravio habéis visto acaso hoya don Enrique? 1. No. Mandáis otra cosa? . Yo. . he de serviros, al paso esperé a Enrique a su puerta, y vi que el Príncipe entró, y después le acompañó en su carroza, despierta la venganza tanto agravio; más detiénela el respeto, y con llave del secreto. cierra paciencia el labio. Paso el día, y aguarde la noche en su misma calle, por si pudiera encontrarle, porque con su hermana sé, que se ha quedado Leonor, ya de mi furor medrosa. vi al fin con alma dudosa, entre el agravio, y valor, que al Príncipe acompañaba. Y aunque disfrazado entró, pude conocerle yo, porque Alteza le llamaba: entraron los dos (ay cielos!) como estorbáis mi venganza; entrar a ver a Costanza el Príncipe, sin recelos. de Enrique, siendo su hermana: que esto sufra un Caballero tan ilustre? aquí le espero, guardando la soberana majestad, y Real decoro. de Palacio; mas de aquí, que él se fiara de mí, le he sacar, que no ignoro, que es bizarro; y es valiente, pero en el campo los dos, ha de entender vive Dios, que aunque su valor le aliente. Ya sale su Mejestad, y aún más bien la representa que Trajano, porque alienta la justicia, y la piedad: hablando viene con él el lusticia, y no le espero aque despache. Se sin que me juzgue cruel castigo, porque me obliga la justicia, a quien imito, que la raiz del delito la corta quien la castiga. Llegué, señor, al estruendo de las voces, y las armas, y pude ver, porque había luces entre las espadas, que con extraño valor un hombre se retiraba, mas por salir con su intento, que por la muerte que aguarda, tengan al ladrón decían. En esas voces le infaman, porque traidor, y valiente son acciones muy contrarias. Qué es ladrón mostró el efecto. pues dijo apenas mi guarda, ténganse al Rey, cuando el hombre, como si el temor labrara su imagen de helado mármol, se dejo prender. . Si hallaran en su pecho cobardías, las puntas que le tiraban, y las huyera medroso, el pararse confirmara su miedo oyendo justicia, cuya voz le acobardaba por medroso, y por ladrón, pero dar muestras bizarras contra los que le ofendían: y apenas mover las plantas en oyendo voz del Rey, no es temor quien le acobarda, si no respeto valiente, que eternamente se halla en ladrones, proseguid. Con una fuente de plata; que saco hurtada le hallé: Mas admiración me causa; porque desmiente el delito dos acciones tan honradas. A la cárcel le traía, cuando con turbadas ansias me dijo, si era posible que le llevase a su casa. primero, la petición me admiro, mas por si hallara más indicios de otros hurtos, concedí con él, palabras me faltan para deciros, señor, lo que hallé en su casa, en un estrecho aposento, que lástimas le adornaban. Hallé por cama una estera, y sobre tan pobre cama una mujer con dos hijas, tan pobres, que ya tomaran que fuera el siglo primero, pues su inocencia bastara a templarlas la vergüenza de la desnudez que pasan. El hombre entonces vertiendo lágrimas que ofrece el alma, precursoras del dolor, de ver sus prendas amadas. Me dijo, esta es mi familia, y ha tres días, que en mi casa no ha entrado ningún sustento, que vivo con honra, basta ver la miseria en que viven dos hijas con buena cara: hacienda tuve del dueño de aquella fuente de plata, que de ladrón me confirma, tiene mi hacienda usurpada, Pusome un pleito, y salió. con tan injusta demanda, porque los jueces sentencian por los escritos que hallan. Es verdad, no tienen culpa, mas deben examinarla, que la justicia del pobre camina siempre descalza, y tropieza en los testigos de la información contrraria, porque le usurpó su hacienda. Porque le solicitaba con escándalo una lilja, no con intención de honrarla, pidiéndola por mujer, porque solo procuraba pormedio injusto su afrenta: y como con amenazas de padre Cristiano, y noble, por terceros le avisaba, que no le ofendiere, pudo tanto su infame venganza, que con tirano poder papeles, y firmas falsas se quito la hacienda. . Pienso que no soy el que reinaba, pues hubo, viviendo yo, nombre que aún imaginaala pudo maldad semejante. Pero la justicia calla, mientras la maldad ignora, mas después de averiguada, permitilla es tiranía, impiedad no castigarla. Y sin duda, que por eso, si bien fue corta venganza, vencido de sus desdichas, siendo un tirano la causa, entró con aquel despecho, viendo sus prendas amadas morir de hambre, a traellas conque pudieran templarla, restituyéndose él mismo, haciendo el juez a su espada, alguna pequeña parte de quien le ha usurpado tantas. Así lo confiesa el mismo. Hizo mal, porque arriesgaba con indicios evidentes de ladrón su honrada fama; pero la necesidad tan urgente, no repara en la culpa que comete, ni en el pundonor que mancha. Piadoso, y enternecido me deja esta parte, y llama a mi justicia la otra, y han de ser ejemplo entrambas; y el hombre al fin. . Le llevé preso, porque no bastaba su descargo en un delito tan claro, mas de mi casa envié luego a su familia sustento, y dineros, hasta que la causa se averigue. La piedad os dé las gracias, no me habéis hecho servicio, que tanto me satisfaga: necesidad por la honra debe el cielo remediarla, y el Rey que llega a saberla, es piadoso si la ampara. Haced la averiguación, y tan breve, que manana me informéis de la verdad, porque ha de saber España, que en mi Reino tiranías lo son hasta averiguarlas. Hay más de que me informéis? Señor. . Decid. . Es extraña la relación del suceso, y aunque la vida arriesgara, por no causaros disgusto. Será el disgusto el callarla. Toca al Príncipe. . Advertid, que no es honrrosa la fama de Reyes que no corrijen los excesos de su casa, Después que dejé en la cárcel aquel hombre, vi que estaban embozados a una puerta dos hombres, y con extraña prista viéndome llegar, el uno se entró en la casa que abrieron, entonces yo viendo que el otro intentaba. lo mismo, alargando el paso. la gente que me acompaña. le prendí, informado pues, si bien mezclando palabras, con el miedo declaró, que el hombre que recelaba, que le conociesen era el Príncipe, y que la casa en que entro, es de don Enrique de Alencastro. . Bien lograda educación, y será, quién lo duda? si Costanza, hermana de Enrique, a quien con peligro de su fama entra a hablar, estos sin duda son los favores que gana conmigo con tantos ruegos, para que entrase por dama de la Infanta: oh cuantas veces la cuerda prudencia engaña, la ignorancia de los casos! el remedio es de importancia, antes que ocultas cenizas muestren del fuego las llamas: dónde está el hombre? . Señor en tan peligrosa causa, me pareció más decoro, que nadie le examinara mas que vuestra Majestad, tuvelea noche en mi casa, y yo mismo le he traido a Palacio. . Mucho acaba la discreción entre el hombre. Llega, porque el Rey te llama. Yo entendí que el Corfesor, que oye a un hombre cuando canta desde la jaula del potro: con dos ángeles de guarda, dicen que viven los Reyes, y pues ya yo estoy sin alma, que no me aprovecha el mío, estoy por dársele. . Acaba, a qué aguardas? Note turbes Tengo ya tan trasegadas las potencias, que el respeto en lugar de concertarlas, me las ha echado a perder. Sosiega, cómo tellamas? Eso toca a la memoria, y en viendo las alabardas. de Palacio se escurrió. No es mal humor el que gasta. A que hora le prendistis anoche? . A las doce. . C medio reloj sobre aquellos, que abrevían la vida humana: suplico a vuestra altitud, que no eran las nueve dadas, yo lo veré en mi reloj, Tus diligencias te engañan, como lo has de ver ahora, siendo ya por la mañana? Porque apenas me prendieron cuando al reloj (cosa extraña!) se le cayeron las ruedas, y desde aquella desgracia no ha pasado hora por él, ni aún por mí pienso que pasa, que las horas de los presos, aunque son horas menguadas, con las vidas perdurables apuestan, y siempre ganan: pero tiene este reloj curiosidades extrañas, Dónde las tiene? . En los punto que el arponcillo señala, es un bravo reportorio de las cosas que en España han de suceder hogaño. Así se desembaraza para informarme sin miedo: di? . Que haya manos tan sabias, dice este punto redondo, que un Rey de la Lusitania, viendo al justicia mayor, dirá que se vaya a Jauja, y no se meta con migo. Porque veas que te engañas, no ha de hacer jamás el Rey, lo que tus puntos señalan. Pues otro punto decía, que a la cárcel me llevaban, y me daban mil azotes. No es simple el hombre, es tan falsa tu ciencia, que mi piedad desde luego ha de burlarla: ya estas libre. . Vuestra Alteza advierta, que fue la causa. He de sacar el reloj. La de la fuente de plata averiguad, y traedme la razón por la manana. Voy Señor a obedeceros. . Ya sabes, que si dilatas con engaños la verdad. Anda tan alborotada la memoria, que sospecho que se me ha vuelto más calva que dos pares de ocasiones, y no puedo encarrilarla, agárrela de un suceso, atención, y el nuestro vaya. El Príncipe es grande amigo de mi amo, y le acompaña de noche, y gracias a Dios, nunca faltan cuchilladas, que yo pienso que requiebran en la Vega de Granada, y don Manuel de Meneses entra también en la danza, que él, y mi amo se buscan; y no con muy buenas almas, acabada la tarea, volvemos a nuestra casa, Y el Príncipe suele dalle unas joyas a Costanza, y ella carí agradecida le da por ello las gracias. Enrique le habla en secreto, y no se le da una haba, que el Príncipe se entretenga, y hubo noche que hasta el Alba, lo demás, si hay lo demás, nunca a mis cuarteles baja, que amor tan hecho a ambrosía, no gasta paja, y cebada, sino es el amor de algunos, que en la mesa, y en la cama tienen un Ángel que gozan, y un Satanas idolatran, porque fue la desvergüenza de su apetito la salsa, si acabe en moralidad, aceitunas hay moradas, y acaban siempre con ellas los Reyes de Dinamarca. Ya estás libre conque vuelvas a verme. Serán mis plantas raices de este aposento, hasta que produzgan ramas de tan heroicos favores, que jamás pueda cortallas. ni aún el cierzo de la envidia, que sopla donde hay privanzas. Perdonadme, si os he puesto otra aceituna morada, porque una tinaja tengo donde se entretiene el alma, aderezando aceitunas, y algunas acuchisladas, contra gustos desabridos. Gonzalillo . Ya hablé al Rey, y por si aquí te acobarda la vergüenza, yo le he dicho. que el Príncipe entra en tu casa. díjele lo de las joyas, y lo de las cuchilladas, y lo de las aceitunas, y gusto de las moradas. Válgame el cielo! . Don Mendo. 1. Señor qué es lo que me mandas? Llamadme al Príncipe luego. Ni aún en las pardas entrañas de la tierra estoy seguro, que haré cuando ya mi hermana viene a servir en Palacio? que confusa tengo el alma! pensará el Rey. . Don Enrique. Señor, ya viene Costanza a serviros. . Claro Alfonso, aquien las Historias llaman Quinto en Portugal, y dueño de la generosa fama de los nueve, pues si alguna vive en las urnas heladas de sus ilustres memorias, es la que el mundo derrama en sobrados desperdicios. de la vuestra, a vuestra casa vengo por nuevos favores, que el mérito se adelanta al amparo de los Reyes, gusta el Príncipe. . Costanza por ahora no hay lugar. Hay honra. . No imaginara cuando vos, qué es esto cielos! Volveos a vuestra casa a tenor cuenta con vos, porque el honor le adelanta. la virtud, y conoced. si lisonjas no os engañan, que los medios que buscáis, con los mismos os infaman. Advierta vuestra Alteza, que el valor, la virtud, y la nobleza. Pues yo soy la ofendida, amí me toca defender la vida, de tanto honor postrado, donde pudiera verse coronado de los laureles de la augusta frente de Alfonso, pues severocuando intente que el Solcamine de la Libia al Toro, y con búriles de sus rayos de oro, escriba en los diamantes de los cielos, dando a la envidia celos, sus blasones del tiempo vencedores, mientras matice el Solcampos de flores, ha de hallar en tan nuevos señorios, mezclados sus blasones a los míos, que no es menor la parte, que le dio de mi sangre don Duarte mi agüelo, que en empresas peregrinas lucen por ella sus doradas quivas. Deudos somos, Alfoso, y cuando fuera tan vil mujer, que deslucir quisiera el claro honor de que nací vestida, es fuerza que lo impida la sangre que heredé tan generosa de la vuestra gloriosa: de verse por ventura tan firme, y tan segura en los blasones de Alencastro ahora, que desde el seno de la blanca Aurora, por cuya fuente de jazmines puros, idólatra del Sol rayos futuros el Indio, que en el Ganjes se desvela entre aronas de balfamo, y cancia, hasta las ondas del cristal, que bebe tumba de rayos, y farol de nieve. En bronce rubio, y cándido alabastro ha de horaros la sangre de Alencastro, la aguila parda generosa reina, de cuanta leve pluma al Sol se peina después de examinarle rayo a rayo, sin turbarla la luz de tanto ensayo, recogiendo al silencio el señorio, con el manto sombrío, que despliega la noche, si ya no son cortinas de su coche. a Coje en la diestra mano un pajarillo, que medroso envano recelando su muerte, que en caricias el águila convierte, la calienta, y la abriga, que natural prodigio! que la obliga a valerse de un pájaro pequeñó, mientras desmundo sedestierra el sueño Muéstrase el Sol, y el ave generosa, como reina piadosa, al tierno pajarillo agradecida le concede la vida, con tantos previlegios de su amparo que baña el aire claro, en acentos suaves, con envidia de tantas aves, que el paso le franquean, y las venturas que logró desean, Águila sois Alfonso, y cuando España, (oh cuanto aveces el discurso engaña!) piensa que en vuestra mano recogida, a mis aumentos concedáis la vida, con envidia común de mis favores, me despiden debos vuestros rigores, para que apenas yo las alas mueva, cuando cualquiera pájaro se atreva a perderme el respeto, y el decoro, cuando volaba el Solcón plumas deoro Costanza, espera, aguarda. . Gente lleva de guarda, sino que ya queréis que ella se advierta palabras que el enojo la despierta. que me queréis decir, que a temerlle la muerte en vuestro enojo. (go. Partios luego al Átrica, Alencasto, allá os dio fama el alfanje Morisco, que hoy os llama rayo que eclipsa sus menguantes Lunas; pero ya no podréis menguar ningunas porque en el ocio, y en la paz cobarde, del rayo se verán las luces tarde. (mia! Válgame el cielo! oh dura estrella sombra es contigo el Sol, y noche el día Don Manuel. . Señor. . ya sé cuanto pasa, con la enmienda. pondrá el castigo quietud, a las desórdenes vuestras. Pues gran señor, no es justicia que yo guarde, yo defienda: quien le dio noticia al Rey. . cielos! porque yo no pueda tomar con mi propia mano satisfacción de mi ofensa: advertid. . No os disculpéis. He de permitir afrentas de mi hermana siendo mías? Iña qué hermana? . Si el alma sue- que desalumbrado anduve, que la causa no supiera el Rey, y que inadvertido yo mismo le diese cuenta de mi agravio. . Proseguid. Pues esta en vuestra presencia. don Enrique, excuse él mismo lo que os proponen mis quejas. Decid pues. . Qué solicita con escandarosa afrenta a doña Leonor mi hermana, tiencia en su casa misma medrosa de mi castigo. Oh cuán presto se despeñan en los delitos los hombres, que en el primero tropiezan: vive Dios, que os castigara p nuestra cabeza diera al escándalo remedios, y silencios a la queja; pero tenéis tanta dicha, que cuando piedad os niegan se ha de templar el castigo para remediar la ofensa, don Manuel no es vuestro igual? Sí señor, honrar pudiera mi casa. . En qué os ha jofendido? Es nuestra amistad estrecha. Pues porque no le pedís a Leonor? . Es la pobreza. Mi hermana es rica, señor, si es que repara en hacienda. Halláis otro inconveniente? No señor. . Pues con la priesa que veis que importa templarme, parte de las quejas vuestras, la daréis la mano. . Alfonso, leyes en mí la obediencia: o cielos, perdido estoy! y ha de ser mayor mi afrenta, que el Príncipe la pretende. Qué me manda vuestra Alteza? Vuestra esposa tengo aviso, Príncipe, que a Velbes llega mañana, id a recibilla. Hay más desdichadas nuevas, cuando adora el alma a un Ángel, Enrique, Manuel. . Pudiera pedirme albricias el Sol de las mércedes que espera mi lealtad del Magno Alfonso vuestro padre, y hoy empieza a premiar servicios míos. No hay quien su favor merezca mas vienque vos. . Ah mandado, que Enrique. . Acabadme penas Se despose con mi hermana, Honrarse puede con ella un Rey, aunque he de partirme mañana por la Princesa, quiero ser yo su padrino. Señor, vuestra Alteza adviera, que el Rey se disgusta mucho de ver que me favorezca tanto (ay lance más terrible!) En viéndole yo se templan sus enojos. . A mi hermaba la envío de su presencia, despreciada, y ofendida, y a mí también me destierra al África, y no hay más culpa, señor, que las honras vuestras, porque otra culpa la ignoro. Será por alguna necia información, es severo mi padre, mas no os dé pena, que pues os casa, os estima, y si a Portugarle pesa, han de ser mercedes mías, blasón de las honras vuestras: adelantaos don Manuel a dar tan dichosas nuevas a vuestra hermana. . Yo ve señor, con vuestra licencia. s Mi ausencia, Enrique, es precisa porque mi padre lo ordena, hoy os dejaré casado, con vuestra adorada prenda, mas habéis de hurtar por mí, algún plazo a las tinieblas, porque vamos esta noche a ver al sol, que despierta tan nuevo incendio en el alma. Dijiní la amantes quejas, de mi parte encarecinís mi amor, como su belleza. Ines decís que se llama: supistis su caía? . Ay penas tan mortales! . Qué? quéos Enrique hablad. quisiera, pero cuando si me caso, Es natural la vergüenza, Alencastro, en las mujeres, no os aflija su respuesta, que en vuestra presencia misma. veréis como son finezas los que juzgastis recatos, Si es fuerza que vais a verla esta noche, dejaré, pues yo estoy con menos priesa, mis bodas para otro día: hay más peligrosa afrenta! como he de casarme, cielos, sin que el Príncipe se ofenda, pensando que le he engañado, y sin que mi honor se pierda, medroso en sus pretensiones, denme los cielos paciencia. Ahora habéis de casaros. Vamos, pues hubo quimeras, fabricadas del dolor, temidas de la vergüenza, que se igualen a las mías. Qué aguardáis mudas estrellas? desmentid al que os alumbra, saliendo sin que helos vea. Qué aguardáis pesares míos, si es mi muerte empresa vuestra? Logre la noche mi amor. No permita el Sol mi ofensa. Qué penosa es mi esperanza! Qué atrentosa es mi paciencia! Lo que tarda el tiempo muero. Muero lo que el tiempo vuela. Vereme en brazos del Sol. Si a sombras que lo consientan. . Elvira. . De que te espatas, (. muchas veces no me has visto? El miedo apenas resisto con haberte visto tantas, tú en nuestra casa? . No sabes que está mi señora allá. Una prisión atropella a los discursos más graves, aunque en casa la dejé, anoche apenas salí, cuando agarrado me vi, y la memoria olvidé. Preso tú? . Calla, que ha sido prisión de marca mayor. Entre Costanza, y Leonor, bravos encuentros ha habido, pero ya están muy amigas. Cesará to da venganza en sabiendo que Costanza, y mi señor. . No prosigas, pues ya quedó satisfecha, que son hermanos los dos. Y cómo estamos, yo, y vos, ha sobrado alguna flecha de tanta aljaba amorosa, que a vos os barrene el pecho, mas pues venistis sospecho, que habéis de ser provechosa. Déjame, Leonor, que pierdo el sentido. . Cuando vienes de ver al Rey, to previenes perdido el discurso cuerdo de tan mortales enojos, para turbartu quietud. En una afrenta es virtud no dar alivio alos ojos con lágrimas, porque el llanto suele mitigar la pena, y mi afrenta vive ajena de alivio, y consuelo tanto, que pueda templarse dicha, y mitigarse llorada, que si es afrenta callada, repitiéndola es desdicha, Suerte dichosa he tenido. Qué es esto cielos! hermano, cuando castigar intentes tus ofensas, y mis pasos, mira el respeto que debes a esta casa, que es sagrado aún para mayor delito. Caballero, reportaos, y advertid, que don Enrique. A mí me ha dado mi amo comisión para enfadarme en su ausencia, y lo estoy tanto, que de cólera no acierto, ni aún a desplegar los labios. Mirad que estáis engañada. Yo engañada si es agravio, errar buste el masculino, para su tiempo lo guardo. Costanza hermosa, yo vengo del mismo Rey enviado, para que Leonor se case con Enrique, y viene a honrarnos el Príncipe por padrino de sus bodas, y me espanto, que siendo ella sangre mía, solicítase otro amparo fuera de su propia casa, mas la vuestra. . Yo lo trato, porque me he hallado en todo desde el primer cintarazo, que me dieron una noche, pero témpleme callando, que el amor de las mujeres prinelpales, solo el barrio lo ha de saber de mi boca. Si tantas dichas alcanzo, Manuel, seré esclava tuya, pues cobran hoy por tu imano mis congojas más alivio, y mis penas más descaso, e Quién se vio buscar la muerte por el unico reparo de los peligros que teme? Enriq. . Señor. . hermano Vengo a obedecer al Rey, porque lomanda me caso. Luego no merece? . Sí, pero llegó a efetuarlo el Rey. . Ah Cielos! yo soy la que pudiera estorbarlo, viendo en Enrique (ay de mí!) tan poco amor, tan villanos respetos, que ha sido él mismo, cuando por su amor me abraso, del Príncipe, vil tercero: ocuánto cielos! oh cuanto me tiene ciega el amor! pues aperezco mi agravio. El Príncipe viene, el coche en la calle se ha parado, (mos porque el lusticia mayor le ha llegado a hablar. . Salga. a recibille, a mi muerte llegó ya el último plazo. Vámonos. . Enrique, escucha, que antes que la des la mano a Leonor, te quiere hablar, si no le dan embarazo, al gunas quejas que tiene. Fueran sus enfados tantos, que llegara a aborrecerme. Suplico al término honrado, que Leonor. . Déjale necio. Pues os queda breve espacio mientras el Príncipe llega, hablad los dos, concertaos, que amor es niño, y admite fácilmente los halagos. Brava palestra de amor, ya están los dos en el campo, Elvirilla, y yo padrinos, el Sol les parta un rublado, porque donde hubiere celos no falten nubes, y rayos: caballeros son de Chipre, y solo vendrán armados de su razón, dense pues, que el que venciere es mi gallo. Señora, que te ortienes. (go Hable él primero. . Es emvar el de la lengua, comienza. Ah Gónzalo, estoy temblando: señora, vuesa merced entienda que se ha engañado. Vuesa merced, ha traidor! Con celitos mercenarlos empiezan, ea limas dulces, al principio traigan platos de tú, y vos, venga la holla, adonde caben los trastos de todo viviente enojo, de todo muriente agravio. Tirano. . Y no el de Cicllia. Eres al fin más villano. Que el del Danubio. . Prosigue, porque quiero que tus labios revienten bastardas quejas, hasta ver desocupado el pecho, porque las mías sengan menos embarazo al entrar donde las oigas, si pueden mis quejas tanto. Yo hallé en poder de Costanza mis joyas, que eres su hermano me ha dicho ya la esperiencia, ya estás libre de este cargo, pero que lisonja pudo obligarte a que un regalo de mi amor honesto, y puro, y una firmeza con tantos indicios de que te estimo, la seriases tú a las manos del Príncipe, con que pruebas, que has pretendido obligarlo, pues ya me pides favores para él, como no rasgo las entrañas de esas nubes, para que despidan rayos, que abrasen tus pensamientos? Esto cabe en un hidalgo corazón? en sangre ilustre se ven efetos tan bajos? ya que tú no me querías, por necio, o por confiado, dejarasme en mi silencio preso mi amor en mis labios. Pero vender mis favores, engañando mis recatos, no es de corazones nobles. que fiera en incultos campos del África fue tan fiera? que tigre despedazando los benablos, y los perros, acometió los caballos de los diestros cazadores que le salieron al paso con tan sangriento despecho, furor tan desesperado, como tú a mi corazón, queriendo hacerle pedazos con la rabia de un desprecio, con el furor de un engaño? Tiene mil razones. . Oye sin lágrimas. . Cómo has dado en ofenderme en el alma, y es interior el engaño, y mortal el sentimiento, y no he de poder mostrarló conforme yo lo padezco, las lágrimas que se hallaron presentes a mi dolor, piadosas se han alentado a salir para testigos, de que eres amante ingrato. Pues si las joyas son tuyas, vive Dios, que de tu mano las recibio aquella noche el Tríncipe, y que el cuidado de que yo te solicite, con el poder soberano de señor, es quien lo duda. porque sus penas hallaron tierno agasajo en tus ojos. Eso pronuncian tus labios, yo al Príncipe joyas? . Sí. A cruel! . A falsa! . Cuando? Cuando saliste al balcón. Fue cuando te acuchillaron estando hablando conmigo? Con el que te estaba hablando soy yo el que reñí celoso, porque no era no, tu hermano, y pues le diste las joyas, bien dice tu pecho falso, (blos que yo no las recibí. Qué dices? . Lleven mil dia- a mi señor, si tal diste. Así me hablas tu villano? Pues he de ofrecerme yo por lo que estáis pleiteando? Yo he de perder el juicio, hay más peligroso encanto! di la verdad, habla, Elvira. Habla, válgate San Pablo, doña Urraca estás en muda? Yo no le dije a Gonzalo, que te pediría unas joyas para Enrique? . A mí? Le negarlo quieres, dime, no es verdad? Rebiente por un costado esta moza, si me acuerdo. Ya muestran los desengaños, Leonor, que fue engaño el tuyo, que bien lo han acreditado tus lágrimas, y suspiros, no me des culpas de ingrato, que el poder, y la obediencia mis culpas facilitaron para perderte el decoro pagué yo pues tus engaños con perderte, pues mi estrella perdió su luz en tu Ocaso. De fuerte estoy que te creo. Baje desatado un rayo de la más ardiente Esfera. No lo llames, cuando salgo. Para acreditar verdad es es mucha razón llamarlos. Mirad que el Príncipe viene. Pues ya mi temor es tanto, que me arrojaré a morir primero, que dar un paso en ofensa de su gusto. Cómo sobran embarazos, cuando está tivio el amor, ay Enrique. . Sonelados los volcanes de Cicllia, si acomparación los traigo con mi amor. . Pues comotemo? acaba, y dale la mano, y piérdete generoso, y despéñate bizarro, que amor firme ha de ser ciego, cuando tiene vista, es vario, que en los riesgos titubea, y los ve para excusarlos que el Príncipe olvidará su amor si te ve casado. Aunque perdiese mil vidas, pues en tu pecho las gano, tuyo soy, Leonor. . Enrique tuya es el alma, y los brazos. Qué es esto? qué hacéis Enrí Señor, lo que veis, me caso. Conquién? . Con doña Leono Con mi hermana? . Si es en del alma, verdades son, en ciego furor me abraso: que me haya engañado Enrique: al fin os habéis casado? Si señor, mándolo el Rey. Cumplís como buen vasallo sus decretos, pues también en nomibre del Rey os mando, que cumpláis luego el destierro. Señor. . Pues hay embarazos, que estorben justos decretos JORNADA de su Alteza, Enrique vamos. Dónde vais? Voy con mi esposo. adonde va desterrado. Dejaré, viven los cielos, mis celos, y amor vengados, espera Alencastro. . Elvira, alón. . Aguarda Gonzalo. Cómo somos hijos de Eva vamos todos desterrados. TERCERA

JORNADA TERCERA

Qué fuerzas superiores, que incendios vencedores, entre abrasados mármoles Troyanos te han dado amorblasones soberanos, si ya te han desmentido bajos temores del poder vencido, que me dejes cobarde por templado, cuando estoy abrasado, que me dejes suspenso por medroso, cuando soy poderoso. Oh amor ardiente! o vengativos celos, JORNADA como pedís piedades a los cielos, y tanta nieve la vestís de nieve, cuando el poder se atreve, quedando a un tiempo con amor tan ciego, discursino el amor, y helado el fuego: Costanza. Gran señor! Suspensa vienes, que nuevas penas tienes? Las que vos nos causáis. Qué es lo que dices? que ya son vuestras horas infelices, pues por tan varios modos, Idos. vuestra vista, señor, nos pierde ato- Estos son los temores, que entre celos, y amores, cuando abrasado adoro me hielen el respeto, y el decoro: dónde está Enrique? Válgame un Letrado. Gonzalo. Estoy de veros turbado, que sin Letrado (claro está) no puedo informar en derecho de mi dedo. dónde está tu señor? . está en Palacio hablando ha bro padre muy despacio. Válgame el cielo! quejas serán Con humildes porfías (mias, pide, que no mirando a nuestro hyerro, nos conmute en galeras el destierro. Costanza, ya yo esoy desenojado no saldrá don Enrique desterrado, que pues yo fui la causa, a mí me toca el enojo templar que le provoca: a mi padre. . Señor, guardeos el cie por tangrande favor, con más recelo (lo me deja su templanza, que su enojo. . Costanza, tu honor está a mi cuenta, volverás a Palacio si lo intenta turbar la envidia, que feroz procura tu fama oscurecer en tu hermosura. La merced os estimo. . Yo que cobarde pena mía. ri no por Enrique los intentos mudes, no repares, no dudes, en él estorbo, pues mi estrella sigo de estar casado ya, de sor mi amigo ya saves que a Leonor. . Sé que lo igno (ro Pues sabe que la adoro, y la has de hablar por mí. Pues si al oillo estoy corrida, que será al decirlo? la fortuna, señor, aunque inconstante por lo menos sustenta un breve instante al que llega a su rueda, pero habros favores no hay quien pueda decirque llegó, aunque el amor os ciegue, pues me habéis deribado antes que llegue y no es, si lo miráis, honrada cuenta, subir a una merced por una afrenta. Exarte Costanza a dónde vas? . voya de que si me quedo ahoraa acompañarte, podrás perder con migo el blasón de quedar sola contigo, y vencer es blasón más victorioso, cotigo, y con la sombra de tu esposo. El temor a lo menos encubre, si no eclipsa los serenos rayos del clarohonor, aunque turbado que estáel honor medroso, mas guardado el Príncipe. . Leonor. Leo blasones como perdéis los bríos, (mios no soy de Enrique esposa? pues cómo estoy medrosa? no es suya el almaentanmedrosa calma pues quien me ha de ofender si es hoy sin alma. (bado. Parece que de verme te has tur- Pues aún estollo yo con ser barbado Confieso que me deja sin aliento, señor, no vuestra vista, vuestro intento. Enlas peinadas márgenes del Nilo, sinje la humana voz el cocodriso, y con mentidas lástimas llorando, la Sirena cantando sobre escollos, que forman monumentos al Salado elemento, siendo teatró con asombro frío, de tanta muerte el mar, de tanta el río. El cocodrilo traga al pasajero, la Sirena despeña al marluero, al estrago mentidos, y feroces, siendo el cuchillo sus templadas voces. Mas vos señor, callando, mi descuidado honor vais despeñando que en sola la intención qhabéis tenido, tanto estrago mi honor mira escondido que os considera el alma en tanta pena, cocodrilo, y Sirena viendo, y tocando conlos dos sentidos voces, escollos, oudas, y gemidos. No me juzgues Leonor, tan enemí , (go. Los cielos sean con migo, aquí muere el valor, aquí se oprime, aquí el honor medroso tiemblai grne, aquí toda venganza se amedrenta, y aquí vive sin máscara la afrenta. (te? A un Príncipe desprecias por amo Yo mismo me perdí, mas no igno porque bien conocí lo que temía, (rante por hombre quiere, y por señor porfía, y aquí Leonor en tan mortal batalla, mujer escucha, si medrosa calla. Un favor tuyo pretendo. No fuera el Sol tan costoso, cuando el poder intentara penetrar sus rayos de oro, porque esa antorcha del día tiene su luciente globo tan inferior a mi honor, que aunque el Sol le estima en poco; pues por lisonja le lleva sobre esos dorados hombros, o para pedirle rayos, por ser los suyos tan cortos, y como eclípticas vuela, luminar de entrambos Polos, y mi honor, que como eterno, quiere ser también notorio, huésped del Sol se pasee por los azules contornos, dando lucientes noticias de que soy su dueño heroico, pues honor tan soberano, que tiene al Sol por custodio guardado en funda de luces, cómo ha de tocarle el polvo? Príncipe don Juan, mirad, que vuestros afectos propios os hacen de vuestro padre enemigo sospechoso. Porque si el Rey guarda tanto el respeto, y el decoro a la lusticia, por ser heroico ejemplar de todos. Y vos tan ciego, y perdido con un delito afrentoso infamáis a la lusticia, y dais claro testimonio, que ofendéis a vuestro padre, por su enemigo os conozco, pues a enemigos del Rey, (de imaginarlo me asombro) admitillos en su casa, fue delito escandaloso. El Sol tiene por sus casas entre sus dorados tornos, los siglos a donde llega, ya templado, ya fogoso. Pues siendo unos mismos rayos, siendo puro, limpío, y solo, conforme en la casa que entra, hace efetos poderosos, En unas alegra el mundo, lo alienta, y lo anima todo, su visita es deseada, sus rayos son generosos, En otras con luz ardiente es tan nocibo, y dañoso, que es veneno cuanto mira, háspides brotan sus ojos. Peste del mundo es su luz, lo que engendra son abortos, sangrientas muertes anuncia, iras, venganzanzas, y enojos. No es buena estación mi casa, vuestro aliento es peligroso, que entráis abrasado en ella entre mortales ahogos. Vuestro intento son los rayos, mi honor es el mundo hermoso, su muerte vuestra visita, y su escándalo mi asombro, Volad, pues, con leves pasos, Sol de Portugal piadoso, mudando casa, y será fresco Abril el seco Agosto. El campo de mis blasones, de quien es dueño mi esposo, gozará al ponerse el Sol de regalados Fabonios. Servirán timbres ilustres de coronados pimpollos, que aromaricen victorias de tantos vencidos Moros. Y cuando no vive el cielo, que como el Cierzo, y el Noto coronan al Sol de espumas, turbando cerúleos golfos, que parece que sus rayos de tantas luces remotos, o se desmayan dormidos, o se apagan temerosos, que mi honor en tantas olas; que entre abismos, y entre escollos de escandalosas porfías, es buracan proceloso. Como no ausentéis la luz de pensamientos tan locos, vive Dios, vuelvo a deciros, que os la apague al primer soplo. Que esto sufro? esto permito? Perdido el color del rostro, Leonor, qué es esto! quién pudo siendo tú, causarte enojos, disimulemos honor, hasta remediarlo todo. Enrique, a Leonor hallé desuerte (la causa ignoro) que son rayos sus palabras, (pueda son basiliscos sus ojos. Cómo es posible, gran señor, que sin que al disgusto de Leonor suceda mi muerte misma por venganza suya haber quien se atribuya la causa de su enojo, no esta seguro, no el Planeta rojo: aunque armado se muestre rayo arayo que en medroso desmayo, en eclipse cobarde, no sepulte su luz cuando más arde. Si desde aquí le envío ardientes señas del enojo mío, Leonor siendo mi esposa puedes estar turbada, ni quejosa? pierde mi bien, el miedo, y el enfa- que los cielos me han dado (do tanto valor (el Príncipe lo sabe) que a la empresa más grave, al encuentro más fiero, con el desnudo acero daré tanto blasón a tus blasones, que Reina de mi alma te corones, subiendo al Sol entre victorias mías pormas tragedias que ha revuelto días Así, Enrique, lo entiendo, y tanto, que a la sombra me defiendo (ros de tus blasones claros. Nadie podrá atreverse a disgusta- Y más cuando ya el Rey está in- formado de la verdad, su enojo se ha templ y me ha alzado el destierto. A mí me toca parte devuestro gusto: no provoc al jabalí cerdoso en selva oscura que vengarse procura, entre la espuma, que sangriento arroy que tiñe el campo, si los aires moja entre volantes hierros, (rros del ardiente escuadró de aira dos per como a mí sus equivocas razones, hablando está conmigo, hay ocasiones para mayor pesar, mayor injuria, donde mi enojo quebrará su furia: viven los cielos. El semblante fiero muestra el Príncipe. Es Rey tan justiciero mi padre, que si ofendo a don Enrique, es fuerza que su agravio se publique, y en la justicia de mi padre espero, que mude lo piadoso en lo severo, que haré que estoy furioso; y abrasado, El lusticia mayor se nos ha entr Si el Rey le envía? so Y de eso tú que sientes? que olemos todabía a delincuentes. Halle lo que temía, el Príncipe está aquí. Quién os envía? . Señor. Ya temo esposo, orden más riguroso. (fado En este he de vengarme de mí en quién sois vos, qué? De verme se ha turbado. El Justicia mayor. Yo no os pregunto el oficio. . Yoficio de difunt pare ce que ha rezado, no se aso y responda. Pregunto vuestro nombre responded. El temor resisto en vano; soy don Basco de Almeida. Pues villano, en esta casa entráis, siendo de Enrique? vuestro castigo haré que el Sol publi vive el cielo. (que Mirad que represento habro padre. . Por las venas siento un helado temor. yo soyperdido Solo esta vez al miedo he conocí. la justicia del Rey la considero Ido en este Caballero. mirando estoy al Rey, y a un padre en justicia fundado: (airado, o podero sonombre! estoy temiendo que el Rey lo entienda. Dudo, aunque estoy viendo aquello mismo de que soy testigo. Granseñor, advertid. . Don Basco, amigo, no digáis a mi padre que me vistis en esta casa. Mucho me pedistis, porque el Rey me mandó. Hay más dura estrella! que viese yo si estabades en ella, pero porbos, señor, poco es la vida cuando yo la aventure. Merecida tendréis mi gracia. Siempre habéis de honrarme, Alencastro que daos sinreplicarme . Obedecer es fuerza. Leonormía, con nasturbada luz se muestra el día Dejar a Portugal es el remedio, que atanto cielo airado tierra en me dio que el Príncipe aún no ha partido? 1. No señor, . De su tardanza tendrá la culpa Costanza, y yo de haberlo sabido, sin remediarlo: seáis bienvenido, habéis ya hecho la diligencia. . En el pecho tiembla el corazón. . Dudáis, cómo no respondéis? Admirado del suceso, hice al fin breve el proceso, para que vos le juzguéis: he hallado que no es ladrón el de la fuente de plata. Bien de divertirme trata con distinta información, por no decirme si ha visto al Príncipe. Diligente, cuidadoso, y obediente, bien lo sabe Jesucristo, vuelvo a ver lo que mandáis, a la escoria de un criado el lusticia lo ha contado. . Y enrique? . No preguntáis por el Príncipe? . Oh viliano: lo que yo pensé encubrir. . Él lo debió de decir, pues negarlo yo no es llano, que me han de atenazar. Dónde está el Príncipe. Go, hoy día de la fecha prerendía darme amí que sospechar en mi casa. , Yo señor, por que vos, cuando decirlo quise yo. . Hecho un obillo está el lusticia menor. Di lo que pasa. . Despeje toda oreja la atención. Idos fuera. que no es razón que yo en público me queje por mi amo, y vive Dios, que tratar su ofensa es no de Prín cipes. . Di, pues. Estamos solos los dos? Pues va de historia a la letra, para que nadie presuma, que me mueve la pasión, sino es en la que entra Judas. Ya pienso que os dije ayer de como el Príncipe gusta de visitar nuestra casa, honras al fin como suyas. Con sospechas vehementes, que los labios disimulan, por no pecar con el agua, si los arroyos murmuran. Creí que doña Costanza, tierna como diez lechugas, caminaba por altezas, por no meterse en honduras. Mas después con lo que he visto, fue aquella opinión caduca. pues vi con aquestos ojos, que no vi con otros nunca, que el Príncipe solicita las horas que al tiempo hurta, a la esposa de mi amor; pero es pedille cotufas, porque el honor de Leonor en su nombre lo dibuja, con que le mude una letra, que puede muy bien, que es suya, que es honor deletreado, que los maridos lo estudian, juntando partes heroicas. Mal haya quien no las junta, porque la nobleza a secas, si del honor no se ayuda, merecen que se la echen barberos del Moro Muza. Leonor, pues, que en este juego tiene la espadilla, triunfa sirviendo el mundo de basa, que a sus plantas se acorruca. Y turbada en las mercedes, y llorosa en las angustias, por llegar al buen suceso, estas palabras pronuncia, Oh clarísimas estrellas! porque blasonáis de turbias cuando yo os he menester? ayudadme pues sois muchas, y si mis ruegos no os mueven, enviadme las tres furias, iremos tres al mohíno, aunque se quede la una. Dijo, y volviendo la popa, y haciendo volar la chusma de sus temores cobardes, de sus razones confusas, con el Sol de Medio Dia dejó el Príncipe a la Luna. Mucho de oírte he gustado, llama a don Basco. , . Aquí está. Toda la verdad sé ya. Luego él no os había informado? joro a Dios, que estoy por darme cien coces por hablador. Volved Justicia mayor en esa causa a informarme, Que su hacienda le quitó, como os dije, con afrenta escandalosa. . Qué intenta quien a los cielos perdió el temor, que se desvía tan obstinado, y tan ciego: ese hombre se case luego con la que infamar quería, y si el padre declaró la hacienda que le ha usurpado, vuélvale luego doblado el caudal que le quitó, y de a la segunda hermana, conforme a su calidad el dote, esto ejecutad, que en Cristiana ley se funda este decreto. . Y piadoso para el delito cruel, Si habrá callado don Basco lo que tanto le encargue? Infamar a la mujeres bárbaro delito es. Válgame el cielo! mi culpa le dijo don Basco al Rey. Vive Dios, que Portugal con este ejemplo ha de ver, que puede tener seguro su honor el que vive bien. Nadie ha de haber en mi Reino, que atrevido ponga el pie en casa que escandalice, hombre tan loco ha de haber que infame honestos recatos, por un lascivo interes, sin que le corte los pasos, siendo cuchillo la ley? Príncipe. . Señor. . Pues como no os partís? no os dije ayer, que a recibir a la Infanta fuesedes hoy? quedaos, pues, si alguna ocasión os dice, pues sois acá menester, el Duque de Hvero ira. Señor, yo me partiré al instante. . No habéis de ir. A mi obediencia ofendéis. Obediencia dilatada pierde el nombre, y pierde el ser, siempre la obediencia vela, la que duerme no lo es. Esta noche, que esto importa, yo la Ciudad rondaré, para que otra vez no os venza la amenaza, ni el poder. Mi vida es vuestra, señor. . Voyme, pues el Rey se fue. Espera. . Pleito de espera. yo he quebrado, biensevé, ( . dame licencia, que quiero irme luego a retraer a una Iglesia de la Mancha, de donde jamás saldré, sin que salga en la colada lo que ensuclamos ayer. Pierde el temor desde cuando pidió Enrique a don Manuel a su hermana para esposa? Eso falta por saber, más antiguo era su amor. Qué dices? . De que doy fe, que el Archivo de Simancas: pero si fuiste con él tantas noches, no supiste que era Leonor el Argel, que le aprisionaba el alma, disimulos para que? y las joyas de Costanza no lo manifiestan bien, que a Leonor se las pescaste, tirando yo de la red? voyme por no apasionarme; y por no hecharlo a perder. . Ya fuera peña invencible, fuera tirano cruel, si el corazón no ablandara, si no templara el poder, tan perdido estoy, tan ciego, que el alma la luz no ve: Cielos qué es esto! a mi amigo le he de quitar la mujer? ni en bárbaros abarimos cabe, que viven sin ley. Yo Príncipe, yo Cristiano, que al espejo me miré de las virtudes heroicas de mi padre en mí se ven generosas esperanzas de triunfar, y de vencer, si no me venzo a mí mismo. desde hoy sabrá el mundo, que soy imagen de mi padre, su ejemplo vivo he de ser, imitando sus virtudes, que pues me enseña, sabré, y podré mientras él vive enseñarme a ser buen Rey. Gónzalo, en que han de parar sucesos tan inhumanos? Pienso que sobre las manos. Eso es irse a despeñar. Ya mí que a las ancas voy de un suceso desbocado, me han de ver hoy arrastrado. Ya los pésames te doy. Aquí me habéis de aguardar, hasta que seáis menester, os enseñaré a saber lo que me habéis de avisar. Como mandas te obedezco. . Pasos a la puerta escucho. Tienes ya temor? . no es mucho. Mira lo que es . Soy Tudesco, que espera, pero no incita, mas ya por tu amor me arrojo, quiero aunque me cueste unojo saber quien es la visita, que se nos pone de Mora, ̱ pintada en guadamecí: responda, quien está ahí. R. Llega, y lo sabrás ahora. . No he visto mejor San Telmo en todos mis huracanes. Si hablas, perderás la vida. Como la pierda a los naipes no importa que estoy picado, porque ayer me ganó un sastre. unos gregüescos azules, que cortó, dos meses antes, y no había dado puntada, y holgué que me los ganase, aunque me anduviese encueros, por no esperar que se acaben. Y el príncipe? . Ya no puede tardar. . Pues cómo lo sabes? Cómo lo supe otras veces. Vete. . Voyme, y Dios te guar Gónzalo, dime quién es? de. He hecho pleito homenaje, de entretener al verdugo. media docena de calles, si digo, y hago en la lengua, mas que ahora dice, y hace. Enrique, y Manuel, son estos. desde aquí podré escucharles, Don Manuel, yo os he llamado, porque es justo que os encargue parte de mi honor: mañana con mi esposa he de ausentarme de Lisboa, y esta casa no tiene ya quien la guarde mas que vos, pues vos me distis por mi nobleza, y mi sangre, a Leonor, yo quiero daros, pues somos los dos iguales, a Costanza. Don Enrique, no paséis más adelante, que si el casamiento es gusto, no le tengo de casarme. Por qué, siende hermana mía? Lo mismo dificultastis cuando os ofrecí a Leonor. Presto ejecutáis el lance, hubo causas para ello? Causas tengo yo bastantes. Y son? . que el Príncipe en vuestra casa, y su padre y siendo Rey tan justo y bueno, no la permitió que entrase en Palacio, esta es la causa. para que yo no me case. ̱. Advertid. . No hay que advertir. y Qué vasallos tan leales tengan el honor dudoso, por quien debieran honrarse, no lo permitan los cielos. Toda soy ansias mortales. ̱. De que vienes tan medrosa Leonor? . Y habrá de matarme. el temor, que en la antesala vial Príncipe, y quiso hablarme: cielos aquí está mi esposo! Leonor, qué es esto que traes? ̱. Señor. . Tú el color perdido? honor, ya son muchos lances, ya presumo lo que temo. que hacéis? . Manuel, esperadme, que al punto vuelvo. . Sacad. la espada, que no es cobarde quien en sospechas que teme de prevenciones se vale. La prevención es delito en suletos semejantes, que importe el desnudo acero, si medroso ha de envainarse enviendo lo que sospecha? Y querrá que yo me case. Este es peligroso empeño. Qué abismo habrá que me guarde? Así estamos más seguras, porque si el Príncipe sale no nos vea. . . No permiten mi honor, mi valor, mi sangre, que les pierdan el decoro soberanas Majestades. No quedará sin castigo, que a futuros siglos pase, si a riesgo la sucesión de mi corona. Dejadme cielos, que esta noche pueda en sospechas tan mortales dejar satisfecho a Enríque; su voz escuché a esta parte. Y es dicha el estar sin luz, porque la luz no me infame, viéndome tan despeñado en delieos semejantes. La luz se apagó corrida de ver que yo la llevase, para afrentarme con ella. También debió de afrentarse la que se quedó encendida. Sospechas han de matarme. Quién es? . El Príncipe soy. Pues cómo? . Enrique, escuchad Son sueños de mis temores! (me Hay enigma semejante? Muerta me tiene el temor. Yo pudiera acompañarte. Bien merecen una hacha tan ciegas escuridades. Alencastro, yo he venido, no como Príncipe amante, sino depuesto el poder; solo para avergonzarme de haber puesto los deseos, que ya son miedos cobardes, en la más casta hermosura, que en carroza de diamantes ve el Sol con luciente envidia, de que Leonor le aventaje. Si la pretendí, Alencastro, con vos puedo disculparme, porque no la conocía, por el sujeto admirable de vuestros castos amores. Si después cuando os casastis me irrite, fue por pensar que quisistis engañarme, mas ya las verdades vuestras, en mis desengaños hacen tan noble correspondencia, y lazo de amor tan grande, que para crédito vuestro, si hay quien se atreva a infamarle, me desterraré yo mismo entre los fieros Alarbes del África, a desmentir del vulgo la voz infame, de que visité a Costanza, sin aquellas calidades, con que los Príncipes honran mujeres tan principales. Enrique, seamor amigos, ea, Alencastro abrazadme, que si no fuera quien soy, por la vida de mi padre, que mil años guarde el cielo, para heroicos ejemplares, que por más satisfaceros, llegara ahora a humillarme a vuestras plantas, adonde viniera a calificarse mi amistad de verdadera, y mis favores de grandes. El alma, y brazo son vuestros. Válgame el cielo! . Es imagen que representa mis dichas. Mis venturas son cobardes, pues su crédito me niegan. Señor. . Vuestro amor me trae Príncipe; y ya he conocido, que puedo llamarme padre de tan buen hijo. . Ya puedo tan seguramente honrarme con vos, que os pido a Costanza, Pedidla al Rey. . Cuantas partes piden las satisfacciones en ofensas semejantes, os enseño la justicia. que es bien que los Reyes guarden Costanza vuelva a Palacio mañana, y se desengañen las dudas de su opinión, pues ya vos la acreditastia. Soy, Alfonso, hechura vuestra. Y si mis servicios valen para mereceros honras, generoso Alfonso honradme, siendo de Costanza dueño. En Portugal hay dos Grandes por casar, cuando la pidan, queriendo con ella honrarse, pagaré vuestros servicios, con una merced tan grande. Vale mucho don Manuel, señor, con él aumentastis a mi casa los blasones, Pues yo gusto que se casen. Las memorias de los siglos, sobre sus hombros dilaten vuestro nombre, yo soy vuestro bella Costanza. Aún no caben en mi pecho tantas dichas. Yo llevo la mayor parte. Puede un Príncipe perfecto en acción tan admirable enseñarse a ser buen Rey. Donde la Comedia acabe, pidiéndoos por el Poeta, tan rudo como ignorante, que estos raigos perdonéis, pues aún bolquejar no sabe.