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Texto digital de En el engaño el remedio

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Bravo Probable
Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Santander. Biblioteca de Menéndez Pelayo: 32315).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de En el engaño el remedio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/en-el-engano-el-remedio.

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EN EL ENGAÑO EL REMEDIO

JORNADA PRIMERA

Ves esa soberbia torres que tanto al cielo se sube, que coronada de estrellas se reboza con Este en parazo del aire, gagante sin altuo inúcil? que Tiscoirradional el cielo escalar prosumea Esa fábrica, que al prado le sirve de pesadumbre. calzada de tantas rolas. cuantas el Abril produce? Esa pues Desastre, es concha, o al vergue, de quien reduce a la prisión de sus rayos mi albedrío en cárcel dulce. Este es el puerto que sigo, porque de Lisarda tuve hoy un papel en que ordena. que en sus ojos me consulte, cuando Feno anuestra esfera sus rayos niegue comunes, y este campo con su ausencia. o se entristezca, o cnlute. Qué hora será? . Yo no entidos de estrellas, porque no supe jamás en la Astrología aforismos de vislumores. Mas pues amante de yermo eres, señor, no preguntes las horas, pues no hay vecino de cuyo acechar te excuses. Dices bien, mas oye, escucha, que aunque mi sosiego turbe del jardín me ha parecido que un hombre sale. . No dudes lo que receloso adviertes; mas hacia esta parte acude a desengañar tus dudas, todo el miedo nos ayude. Quién una traición emprede no se espante cuando luche con tantos inconvenientes que su intendión dificulten. Rumor de gente he sentido, y ya veo que no estuve engañado, pues dos hombras a mi presencia se inducen. quién eros hombre? quién eres? quien eres fantasme inútil, que mis celos, y mi agravio en un sujeto confundes? Quién eres bulto con alma, que aqueste campo produce, o para tu muerte propia, o para mis inquietudes? Quién eres sombra? quién eres? antes, dilo, que pregunte que intento te mueve, porque podrá ser que ahora excuse nu muerte más no lo haré cuando mis celos escuche, cuando mis rabias me inciten, cuando mi agravio pronuncies? Antes tan uno ha de ser decirlo, y morir que juzgues acreditada tu muerte primero que lo divulgues. Pues cuando tu corazón a decirlo se aventure, el mismo se ha de morir ddel miedo que ya presume, Y faltándote su aliento, do hay aliento en que articules, es irritar el tormenso: porque con aquesta muerte la de mi espada se excuse. Na me estorbe nadie el paso, que aunque arrogancias promulgues, de oirme afectar favores, es mi hacero tan de acero, que a cinguno se las sufre. Así tendrá mi osadía mes va ores que ejecute, porque sin inconvenientes el vencimiento no luce. . pidiendo lo que conviene: Algua nombre mío temo que a mi señor le resulte. pero voyle a socorrer, que yo, señores, no louede obligarme a ser gallina, porque lacayo me juzgue, y así de la que me heimo huye mentecato, huye. Flores, que al amanecer, mediante este fuente fría, nacéis para solo un día, muriendo al anochecer: decidme si podré ver a quien adoro dichosa, a esta consulta amorosa no se enmudezca el jardín, satisfágame un jazmín, o respon dame una rosa. Pero ya esta fuente trata de satisfacer la idea. y es fuerza que a gusto sea, porque es su lengua de plaras puro cristal, podré ingrata no esperar tanta ventura! o podré asistinfigura de mi bien no de mi mal? mas hay triste, que el cristal no responde, si mormura. Y que tiene razón siento de censurar mi osadía, que procurar la alegría, y cuando sin cabimiento para las glorias nacís que el cristal murmare así no me admiro, que aún las floro se están burlando de mí. Porque quien la suerte tiene tan adversa como yo, de impertinente peco, justa causa pues previene la florecilla el cristal, de hacer la burla caudal, a costa de mi desdén, que no se ha de dar el bien a quien nació para el mal. Pero si yo yo no me engaño, o no me miente la idea, que al crédito de las dichas abre imaginadas puertas, por estos cuadros de marta algunos pasos se acergan. que deben de convenirme, pues deseados no llegan. quien es? es don Juan? señor. Es, ingrata, quien a penas fue tu yo, cuando se mira tan tu enemigo, que se entra a fuego, y sangre en tu amor, armado el suyo de ofensas. Es quien no quisiera ser, que así sentido no hubiera agravios que me deshonran, celos que el valor empeñan. iras que el dolor produce, rigores que me atormentan, y al fin agravios, y celos, iras rigores, y penas, padecidas sin delito, que es la desdicha más nuevas Don Juan soy, y soy quien vido salir por aquella puerta, cerrada para mi guste, para mi pesar abierta, un hombre que tu galan, ingrata Lisarda, sea, claro esta, no tiene duda; gua, pero callelo mi len que el otendido no es justo que manifieste su ofensa, que es entrarse en el agravio muy acara descubierta, Son estos, dime, los gustos a que me llaman tus letras? venenosas por la tinta, porser tuyas lisonjeras. Si es venganza, de qué agravios si es enojo, de qué ofensas? de avuersa que allá entre si mis finezas, sobre cual luciese más, andaban siempre de apuesta? Desengáñame cruel, hablaangrata, no enmudezcas, que en este case el silencio con indicios, y sospechas, es un testigo de vista, para mi tormento prueba Basta señor, bienes loco? paso don Juan, que cautelas previenes para tu agravio, prolijas para mi ofensa? Acuérdate por tu vida, antes que agrosero vuelvas, que soy Lisarda de Urbina, ya sabes mi decendencia; y no infieras del silencio culpas agravios, quimeras, que como firme te quise, culpa ninguna tenga, del que prefumes delito, ni me ofendes nme alteras, que se cobra de los sustos fácilmente la inocencia. Bien que confusa he quedado, y tan confusa, que apenas sebe el sentido si escucha tus palabras, y tus quejas, que hay palabras tan extrañas, y razones tan ajenas de la razón, y el discurso, que los oídos quisieran persuadirle al alma que no han pasado por sus puertas: Buena disculpa por cierto. que cobrada que te muestras; mas como tanto al engaño vivís las mujeres hechas, debéis de tener de tras del agravio la cancela. Pues, Lisarda, con mi injuria, y con tu triza te queda, que las venganzas mejores de as mujeres, son estas, las más cuerdas a lo menos: guía por aquesta puerta Desastre, porque ya el Alba llora, o ríe llanto, o perlas, la risa de ver mi engaño, el llanto de ver mis penas. . A don Juan, a señor mío, a Desastre. . Son quimeras, el va resuelto a ahorcarse, yo a tirarle de las piernas. Pues. Desastre, dile tú. Que le diga, guarda fuera. que es hacerme, en buen romance, alcabuere de e la legua, . Qué hasta este de mí se burle: a quien esto sucediera sa no es a mí, que a la vida no negara sus potencias? si no es a mí que a la culpa, como no he vivido atenta, ni la novedad me ofueca, ni los desaires me alteran? qué presunciones? que cnpas que hombre que jardín, que puerta, es la que don Juan me ha dicho loca estoy en estar cuerda. Discurrir es desatino, que en semejantes quimeras, como el discurso verdades busca, y esta es apariencia, nunca encuentra con su objeto, como falta la materia. Quiero recogerme al cuarto de mi padre, no me entienda mis si aquezas, ni mis ansias, que es la vejez muy discreta. Dite lo que sucedio a mis intentos, y es justo que no se logre mi gusto, pues de cautelas se armó. Entre en la Quinta, ya sabes que en ella entré, y a que fin, y que me dio del jardín una criade las llaves, y que vive Otabio en ella, de Valencia retirado breve espacio, y el cuidado que me da su hija bella? porque yo parte te di de mis amores, que fuiste conmigo, ya lo supiste, pues escucha desde aquí. Si te tuviere atención, mas acciones lo dirán, que pendientes estarán de la más bieve razón. Las primeras estaciones de la noche se ensayaban, viendo apagada en el mar la superior luminaria, cuando al jardín como sabes, lleguén, y entrando en su casa, todas sus puertas se abrieron, a merced de una criada, que el interes de mi parte tenta solicitada. Llegué confuso, y turbado hasta el umbral de la sala, a donde de mis cuidados estaba toda la causa. EEscucha por vida tuya, y prevenme toda el alma, que para tanca pintura menos atención no brsta. Mire a mi Lilarda entonces en su estrado recostada, bella micación del Sol, justa emulación del Alba. Y porque su rostro hermoso no cayese en la almohada, al Abril de sus mejillas le quio un putal de plata. euyo hermoso descanso dio licenciaa las pestanas, que con llaves de azabache al Sol la puerta cerraran. Dicha que ahora celebro, pues es cosa averiguada que si Lisarda me mira, no pudiera yo mirarla. Vieras su frente de nieve de tantos rayos oriada, que pareció que Cupido por Diosa la ceronaba. Los claveles de sus labios, entonces guardando el nácar, si no fueron de carmín, eran Alcaides de grava. Y al fin todo lo demás. era como de su cara, que es cuanto decirte puedo en razón de su alabanza. Y de su talle bizarro una cotilla de lama, Breve esfera a tanto cielo, poco cuerpo a tantas almas. Y aún ella lo dio a entender, pues medio desabrochada estaba diciendo nauda, no cabe en mí tanta gracia. Licenciando a mi atención, por vadrieras de olanda, entre infinitos jazmines pocas rosas deshojadas de tela azul, que el color ya la presamia ingratas con flores de oro pendíán de su talle unas enaguas, los ra,os de su hermosura aún coda via me abrasan. El sueño, la soledad, o mi ventura libraban del aseado ribere todo el cielo en dos estampas. Y presos en cordovan dos delincuentes de nacar que por lo pequeño humildes, inocencias predicaban. Pero yo dé mi afición llevado, y de su alabanza, a los corarnos Alcaides les dije con voce bajas. Si la belleza es delito, bien hacéis en castigarla, mas tan breve hermosara menos prisión le sobraba. Y al dueño de esta belleza la repeticón mil ansias; Lisarda, si el cielo puso tanto donaire en tus plantas, no las recele el recato, mujer para que las guardas? Sobre el corazón, amigo. su mano derecha estaba, significando misterios, pues decía a mi esperanza, esta mano no pretenda quién este lugar no alcanza! o fuese ya que dormida, la muerte representaba, y en lugar del corazón se puso la mano blanca, para vivir a su cuenta mientras la vida le falta. En tan divino sujeto, Beltran, divertido estaba, lleno el deseo de manos, y llenas de horror las plantas, los ojos con mucha gloria, y con mucho hielo el alma, cuando a mí llego Leonor, y me dijo que bajaba de allí a un rato su señora al jardín, que la esperara, para gozar de mis dichas con menos riesgo la causa. Bajo al jardín que esperando de esta Aurora los alboces, y de esta Venus las gracias, se alino para su vista de rosas, y flores varias. Siento en el campo rumor, salgo a ver quien lo formaya; veo que un hombre atrevido se me opone con la espada, conozco a don Juan mi primo, aplico al rostro la capa, que el recato en los amantes es lo de más importancia: retirome hacía lo espeso del monte, y entre sus ramas, cuando más don Juan se empeña, me desvanezco a sus Anhas enguéntrote, que confuso por todo el monte vagabas, recelando algún fracaso en el rumor de las armas: lo demás, que fue volver al jardín, y que cerrada hallamos la puerta, y que ya pestanaba el Alba la luz del Sol, que dormido entre rosas se levanta, y que por esta ocasión repetimos la jornada a Valencia, no lo negarás, no lo dudas, ya lo alcanzas, ya lo adviertes, ya lo admiras, pues prevente de elegancia, para que de tas razones tome alimentos el alma. La duda esta satisfecha, con que don Juan de Lisarda es Adonis, si ella Venus, Teseo, si ella Atiguna, que solicitudes tales, y andar rondando su casa a tales horas, efetos son de una amorosa causa: y no haber hecho a tu amor Lisarda favor, bastaba para apoyo a mi discurso, cuando evidencias faltaran, Qué costumbra tan antigua, ser el último que alcanza estos lances, el que tiene mayor parte en la desgracia, cuyo remedio, don Pedro; es pedir su mano blanca a su padre, que tendrá a suerte dicha tamana, y es estorbarle a don Juan sus intentos, que no pasan de intención; pues que Leonor no te ha dicho de esto nada. Ua galánteo no ofende. cuando en galanteo para, y el Matrimonio, don Pedro, todos los fuegos apaga que encendió naturalmente la juventud en las damas, de cuyo afecto ningunas, o poqdísimas se escapan. En efeto amor es ciego, tú me incitas, él me llama, Lisarda es noble, y al fin, siendo noble será honrada, con que estoy determinado a ofrecerme de Lisarda por esclavo, y que su padre saliendo esta tarde a caza, sepa en la quinta mi intento, y se logre mi esperanza Pues a los medios don Pedro. Beltran, a las inmediatas. No es dicha la que se espera, No es gloria la que se tarda. Cómo con demanana sales, hija Lisarda, otra Diana al monte pareciendo, odoriferas flores esparciendo, que en tu planta dichosa lo que huella se oprime, nace rosa: No porque ayer trofeo (pleo, fue un jabalí valiente de tu em- quieras volver al monte, que si a todas aceonas fieras hande faltar para tus fle- Pero por Dios te ruego, que el sucesodo ayer me cuentes lue en la suspensa plata, Escucha pues, y advierte, que el suceso pasó de aquesta suerte, eche de ver que un jabalí valiente Que la caza me llama, ni te lo ignoras, ni la misma fama, que en esta soledad donde vivimo con la caza las horas divertimo, también tu entedimiento no lo ignora que temí que el arroyo agotaría, ni que cuando al Aurora ayer daba con líquidos albores mariz al cielo, y a laviera anores, salí de nuestra Quinta, ya la mucha noticia te lo pinta; el traje pues con que salí de paso feriaba con mis labios de escarlata te he de centar, antes que pase al caso. el arcabuz retiro, Recogido a un listo todo el cabello, y la coz acomodo para el tiro: a persuación del cuella, que porque no le ahegue su guirnalda en cargo a la escopetatodo el pecho aqesta vez se lo encargue a laespalda apago un luminar, el otro apie de un negro tafetan el rostro armado a la mira, y así me certifico, lisonja que del aire lo ha excusado, descerrajo la llave, rozagante el vestido, que descubrió del pie lo permitido más no fue necesaria que quien de honor se precia, y asompana, el arcabda al hombro prevenido, lo curioso advertido? con estas calidades, y estas señas, salí señor, como refiero, juntas, escucha pues el caso que preguntas. Comedido murió de buena gana, Llevada de mi brío. iya corriendo al monte lo sombrio el aroyo quedó tan diferente, de esta altiva montara, me en incendios padecer fracasos porque no sale el sol de allí dos pasos, y al nn la sed me derribó al descanso de un arroyuelo manso, ten lástima, Lisarda, a ese orizonte, que de su mismo curso fatigado (prado (chas. se echó a dormir en el verdor de un Estando pues vengando los agravios (go. de mi sed con los labios, por verdes celosías de una mata, de pechos se arrojaba a la corriente, y cansada la fiera s las aguas se brindaba de manera, de suerte los cristales se serbia, no dejando después que los bebiese en quien mi propia sed seredimiesse, y por venganza, no por temor suyo, a mis manos las armas restituyo, (ta que al prado encomende mientras la pla pospongo el ple derecho, con que abortó el cañón el plomo gravo porque mi enojo le quitó la vida recato ha de observar en la montañía: que es el mayor veneno en los enojos el ceño, y el capote de unos ojos y al postrarla me dijo, porque tiros, en lo más intrincado de las bronas, y logres ese plomo, no me mires, m, mas si hermosa por matarme miras retirá el arcabuz, para que tiras? y ciñendo el cristal de puea grana, que su licor cortiente al jabalí llegaba cersa plata, y desde el jabarmayo escarlazas firo pasaba, cuando por el aire volando se me oguso al casión subicamente también hecho como el mismo una Águila imprudente, más apenas el diestro arcabuz tomo Diza que te quiere hablar, cuando tamprestamente se fue el plomo y según presumo yo, al corazón del Águila, que estaba por decirte señor, que lo llamaba; porque no fuera el piomo tan osado, que conozco al oaballero. menos o a ser del Águilallamado, . Pues vamos allá Leonor, pues se debe respeto, como sabes, para que nos saques sillas. a un ave que es la Reina de las aves. . Ya yo te sigo señor: No has visto arpón de fuego taladrando los vientos, y que luego en el suelo se mira tristemente, y lo que fue subida vino a ser ocasión de su caida? pues el Águila en suma coete pareció de sangre, y pluma, porque aquella que más quiero mas reventó la pólvora, y su vuelo hizo de mi amor abuso: velocísimamente dio en el suelo: y en tal estado me puso, fatígame la caza, y la espesura, vuelvemeanto albergue mirerdra algún favor, dicha alguna pidesme que refiera este suceso: refiero la verdad callo el exceso, que solo ha pretendido mi elocuencia no cabe dicha ninguna; dejarte satisfecha la obediencia. Mil años, hija, te guarde para mi consueio Dios. Para servirte quisiera. Qué es lo que quieres? . Señor quiza de mi mal incierto, E de un caballo que ha estudiado en el viento lo veloz, en el fuego el ardimiento, siendo con alma tizón, cuya me tafora ayuda su coraje, y su color, tan sacudido de manos, que cuando a casa llegó en la aldaba de la puerta primero que el dueño dío. Castellano en el venido ahora se apea un garzón y algo más galán que el Sol. es negocio de importancia: disimular es razon, ven señora, no te mueve a lo curioso deba acción? que revienta la pólvora caliente, Ay Leonor, que estoy sin mí, y así me falta acención. Entre mis penas confuso, desdichadamente muero, que no puede la fortuna a mi suerte conceder, porque en quien no tiene ser Bien digo; sin vida estoy, pues en tan penosa calma, teniendo el honor, y el alma, ofendido, nada soy: y si algunos pasos doy, no son de vivo, esto es cierto, pues no fuera caso justo, que fueran pasos sin gusto de vivo, si no de muerto. De mi amor mi ser pendía, y es la parca del amor el agravio, y el temor, los celos, la alevosía: luego si el temor porfía en mi agravio, en mis desvelos, y a manos de vais recelos yace postrado mi amor, como puedo yo en rigor vivir, si me matan celos? Celos, que son la inquietud de una tierna voluntad: y de cuya enfermedad nadie escapa con salud: si no fuera su virtud tal vez remedio al engaño, ordenando un desengaño, que nos cura por sus modos, ya hubieramos muerto todos del achaque de este daño. Un criado de Lisarda me dio este papel, señor. y abajo en el corredor dice que respuesta aguarda. Fero yo por este empeño; en lugar de otros regalos, le había de dar cien palos que le llevase a su dueño. Necio, si otra vez te atreves de mi Lisarda al honor, provarás de mi rigor: tanto respeto le debes, que aunque me oyeses a mí las quejas que me gausó, estoy ofendado yo, y no te ha ofendido a ti. Don Pedro Osorio ha pedido a mí padre mi mano, y como si el la hu- viera de dar, le ha dado el sí, sin mí consentimiento, para cuyo reme- dio es necesario que vengas a ver me esta noche, y hablaremos en e enojo de la pasada tan injusto, cuan no de mi sentido: y si esta peticion no tuviere lugar me avisaras, por que ya que no haya de ser tuya, pro cure no ser ajena. Dios ve de, Válgame Dios, qué haré? pues si a la Ouinta no voy, a gran de peligro estoy de que se frustre mi fe. Pues ir a donde el cuidado llora celos de una culpa, es ir a buscar disculpa de su afrenta un agraviado, Pues esperar a don Pedro y tomar venganza fiera, tampoco de esta manera algún desahogo medro. Porque si nunca ha sabido, ni mi amor, ni mi cuidado, lo hallare disculpado, cuando me busco ofendido. Y no es bien que por tener mal indiciada una culpa, antreipe una disculpa en quien me quiere ofender. Señor, si un consejo quieres. aquí dará entre los dos, tomaraslo? . . Si por Dios. Pues has lo que tú quisieres, Al fin yo me determino averiguar estos celos, y podrá ser que les cielos declaren lo que imagino. Pues para que en tus ideas ha tanto que estás dudando, si tú lo estás deseando, y piden la que deseas? Bien sucedio. . Si Beltran, ya tengo mi dicha cierta, ya puede juzgarse muerta la esperanza de don Juan. Bien tu consejo surtió. Si Lisarda lo consiente. Ese solo an conveniente por allabar me quedo, Pero con la auroridad de su padre ye confío que lograra mi albedrío eferos de voluntad. Resta ahora que sepamos como a don Juan consolemos. Deja tan necios eftremos, y a tu bien solo atendamos. Cuando se ha de efetuar el casamiento tratado? Cualquiera bien dilatado es especie de pesar. Y así manana ha de ser, que ya Otavio le habrá dado noticia de lo tratado a Lisarda mi mujer. Vamos pues a prevenir dos mil cosas que hay que hacer, que quien espera un placer amante, no ha de dormír- Vamos ya, pues que tiende la noche su nogro manto, piega a Dios que dure tanto como mi afición pretende. Que si en mi mano estuviera la duración de esta noche, ya el precipitado coche en el Oriente estuviera. Esto, Lisarda ha de ser. Casarme contra mi gusto es injusto proceder. Cuando mi gusto es tan justo es muy justo obedecer, que la patria potestad, que te parece prolija, me introduce autoridad, y así debes como hija venir en mi voluntad. Al fin yo me voy, prevente, que ha de ser mañana el día que has de mostrar obediente sin que a la persona mía nadie resistir se intente. e Cielos, que miráis desde esos zafiros las penas que paso, las ansias que miro. Yo otros que sois del Autor divino taperes de estrellas, paberlón de vidrio. De que sirve darnos libre el albedrío, si nos dáis respetos en que esté cautivo? Vuela por el aire aquel pajarillo, de su vulgo ambiente natural vecino. Ya en la rama suele a voces, y gratos despertar el Alba que dormo entre Lilios. Ya del atrroyuelo terso, puro, y limpio, es barco de plumas, de quien es el preo la quilla, y las alas temos sensitivos. Y estando causado de diversos sitios, repitiendo el vuelo, se vuelve a su ardo, siendo de su gusto él solo el padrano. Corre las zanefas de estos verdes riscos, tímido gazapo, a saltos, y brincos: y al rayo del Sol, que le hiere tibio, halagando el pelo, lo deja pulido, Después a su albergue se vuelve encogido, si del apetece la quietud, y abrigo, sin que nadie dé le yes a su instinto. Troncando las jarras, fatigando sitios, baja un jabalí desde el monte al río, y del río al monte repite el camino, si de los monteros siente algún ruido, porque de su gusto es el dueño mismo, con ser una fiera falta de distinto. Solo a mí los cielos me dan por castigo el irme inocente forzada al suplicio. Que aunque no me abliga la ley, ni el delito, la obediencia al padre es la ley del hijo. Ya me miro ajena, ya don Juan no es mío, ya vive sin alma, ya sin alma vivo. Pero cómo, lengua, a don Juan permito atroces injurias? o pese al juicio que las representa en los labios míos. Cómo de sus rayos no arroja Cupido el demás coraje que me dé el castigo? Pero en que le ofendo, si le he dado avíro del presente riesgo al que amante sirvo? V enga pues, y vea del dorado Febo producitán lirios. Y de aqueste arroyo, correo de vidrin, que esta sierra envía al mar cristalmo, se verá la plata, y terso rocio, a pesar del valle, en mi sangre rinto, antes que en don Pedro mire permitidos intentos que lleva de ser mi marido. Porque si don Juan nacio para mío, y mi voluntad para su albedrío, es tiranizarme cruel vengutivo, todas las potencias de un alma que rijo. Y que cuando el cielo me dio este designio, yo a pesar del cielo siga otro destino. Junte pues regalos, hálagos, y bríos. lágrimas, y ruegos, ternezas, suspiros, tratos, diligencias, que a tantos peligros vencerá el amor que a don Juan le rindo. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Doite, Lisarda, que esté satisfecho, que se toman fácilmente las disculpas, cuando a la quietud importan. Doite también que tu amor lea contrapuesta roca al mar de impulsos amantes, que contra mí se convocan. Concédote lo que afirmas, porque no me amporta ohora, cuando es lo más el perderte, (que me cuestas de congojas) A por averiguar lo menos, hacer a lo más la costa. Solo, como la ocasión a que me llames pregona, importa buscar remedio, que prevenidas las cosas, si la pena no se excusa, sus eferos se mejoran. Al fin tu padre a don Pedro le ofrece tu mano hermosa; que ya el premio no le halla donde los méritos sobran. Y con tanta brevedad quieren celebrar tus bodas, que solo de aquí a que borde aquella luciente antorcila, que es en el cielo Monarca de las luminarias todas, estos campos que miramos, determino se me otorga para excusar este daño, o redimir mi deshoanra: y que aunque tú le resistes, a la vejez codiciosa de tu padre los intentos, mas en ellos su apasiona. Si don Juan del alma mía, y no tomes por lisonja lo tierno de mis palabras, si por diligenoia propia, que cuando van a perderse, no sé que tienen las glorias, five arrastran tras de su curso los estamaciones todas: todo lo que has referado es ilible: y que postra mi voluntad rendimientos, g para que de mi dispongas. O ya con tigo me lleves a esos montes, donde sola la memoria de ser tuya me salude en mis congojas, o ya gustes que a mi padre me resista, y contraponga, que su potestad no llega donde el albedrío informa, Rasistencia en la mujer es, Lisarda, peligrosa, y no estoy tan mal conmigo, que fíe de tu costodía un amor, y una esperanza, a quien el tiempo no postra; pues venzamos los peligros, que cuando el amor se arroja, los inconvenientes son espuelas que le provocan. Vamos a Valencia,) sepa el mundo que eres mi esposa, en mi casa estas segura, porque como sabes tuda la ocupo yo sin que tenga quien me estorbe en estas cosas, que te parece, lo dudas? No lo nudo, pero importa mirar los eferos antes que a las causas me dusponga. Si la palabra me cumples de esposo, que en las heroieas perionas, son las palabras antes que promesas obras, tuya soy, y lo he dosor, solo tu gusto me informa; y así vamos a Valencia con condicios, y perdona, que en casa de dona Juana mi prima me dejas sola: así son menos tus rieigos, más honesta mi custodia, mas de di culpado mi yerro, en acción menos enojosa, mi resolución más cuerda, y yo siempre a tu amor pronta. Negociaré que mi padre tenga gusto en nuestras bodas, y cuando lo contradiga, poco importa, poco importa, porque dejar de ser tuya lo juzgo imposible cosa. Pues Lisarda alto al peligro. Pues don Juan alto a las obras. Pues partamos a Valencia antes que salga la Aurora. Pues aguarda donde tiene ese arroyuelo de aljófar todo su caudal en plata, con que tantas flores compra, que a Leonor he de avisar que me siga en mis derrotas, y de algunas prevencionos valerme. . . Pues lo que importa es brevedad, que las dichas se han de seguir por la posta. Pues parte a mis diligencias. Pues voy a lo que me toca. Allá va de soliloquio, a suer de fino lacayos de comedía que murmura las acuiones de su amo. Mas que esperan un soneto, pero ya Lope de Carpio se murió de malos Paeras, que es elachaque más malo. Y ahora anda muy valido le de ta romanzote suchado, con su exordio en el principio, y su tarabilla al cabo AM al fin vaya de nomance, que me espera lindo rato. Yo acuso que he venido. a mi dueño acompañando husta esta uantametido. en quintas con el, pecando con poco temor del miedo, contra el refran Castellano: Entrose mi dueño dentro, como digo, y yo lo aguardo, los ojos con mucho sueño, con gran torpeza los pasos, con mucha hambre las trapas, con poco calor los cascos, necedad de siete cuartas como esto que Toledano. Que por su gusto trasnoche el susodicho enguintado, vaya, porque es por su gusto, aunque es gusto mentecaro. Que venga a pie de Valencia hasta este lugar trotando, caminante del amor, y correo de los diablos, vaya también, que lo hace por andar disimulado, y el amor vende un alivio por precio de mil trabajos. Pero yo que ni mi gusto me trae en aquestos pasos, ni me toca el disimulo, pues no estoy enamorado. Que como no me da cuenta mi dueñe denos presagios, ni a esta Quinta me ha caido mas de dos noches, no he hallado criada de quien yo sea amancísimo criado; por tan fina borrachera no merecia mil pales? no era digno de ser zordo con su posiuito de calvo? Yo no entiendo aqueste amor, de condición de hermiraño se ha hecho, pues en ul jermo nos hace andar avczados. A bien haya más de dos, que sin aquestos embargos aman de puertas a dentro por excusar los catartos. Y si acaso la justicia, que esto será muy acaso, les pide cuenta, responden que todos son sus criados. Del propósito he salido, que se espanten no me espanto, que son muchos disparates para un hombre desvelado. Retirarme al fin pretendo, de la censura me aparto ̱ ̱e quiero dejar a los Poeta que mamuren otro rato. Qué cansada, y que prolija es la noche para un viojo, que largas que son sus horas, que pesados sua momentos, Aún no bien abre la llave el Auroraal rubio Febo. cuando habidadoso salgo de la batalla del lecho. A Leonor, que duscuidada la tendrán a mis preceptas el retrato de la muerte que le introdujo Morfeo. Por esto me acuerdo yo de oír decir a un discreco. que los viejos viven más, y es porque dormimos menos. Hla Leonoria Leonor. No des voces en desierto, señor, porque mi señora. Habla, de que estás suspenso? Huyo a Valencia, y Leonor me dijo, como le temo, que iba huyendo Lisarda por no casar con don Pedro, y de que forzada seguía las huellas de este suceso. Tente, no prosigas más. Ligo, señor, que me tengo. Que para veneno basta lo que has dicho, lo que ha hecho Lisarda como mujer, incapaces del acierto. A desdicha de los padres, criar hijos de su aliento, querer quitarse lo más por no faltar en lo menos. Desvelarse en su regalo, en el traje, y en su exceso. que ya son excesas todos los trajes de aqueste tiempo, Y si senal del pecado fue en nuestros Padres primeros hoy que estás señales crecen, grandes peca dos tenemos. Sirvales pues a los míos de castigo a mi despocho lo que por mí está pasando, pues cueaado busque en don Pedro un consorte que la sirva, mozo galán, y discreto, y muy rico, que es lo más, no viene Lisarda en ello. Cielo divino no fuera mejor que el padre sujeto el albedrío del hijo tuviese a su justo imperio? Mas debe de convenir lo contrario, y lo dispuesto, y para que justo sea basta que lo quiera el cielo. Ya tenéis a vuestros pies, o señor Otavio, puesto un esclavo en mi personas que tanto agradecimiento han merecido las honras que desas manos espero Llegad. Beltrán, y hablad al señor Gravio. . Creo que ya su merced conoce e en mi rendidos afectos. Agradezco los favores como es razón, caballeros, aúnque por mi desventura son favores a mal tiempo, A mal tiempo? cómo Oravio? alguna desdicha temo; (be Beltra. . qué quieres? . . No ca el corazón en el pechos Señor don Pedro. . . Acabad, de qué os quedáis tan suspenso? No habéis visto que una fuente origina un arroyuelo, por donde a Neytuno envía los réditos de su censo? Y que aunque la fuente trata de ser puncual en esto, tal vez la paga le envargan los rigores del Enero; echándole a su corriente toda la presa del hielo? pues así mi corazón, que es una fuente, queriendo los reditos al oído pagar de la voz, y el eco, el pesar, que es tempestad que hiela los movimientos, su oún cualidad le embarga desde los labios al pecho y así de mi suspensión. tiene la culpa mi afecto. Decis bien mas este mismo cristal que prendió el invierno, cuando el padre de las aaces desde el Zenir le está hiriendo, le derrite las prisiones, y se mira en breve tiempo, el que entumido, y helado, líquido corriente, y cerso. Apiacad pues, y haced que vuesiro valor inmenso, que es el sol de las accionos, desde el Cenir, de su centro desaprisione la voz de los vínculos del miedo, y no le niegue a los labios lo que concede al silencio. Dices bien, y pues me toca la más parte del suceso, digo pues a cielo impío! que por no dar sus afectos al matrimoriio con vos; huyó a Valencia, que hyerro: Lisarda, terrible lance! ya lo he dicho, sois discreto, marad que remedio habrá, y busquemos el remedio. Esta es traición de don Juan, es imposible ser menos. Pues cómo mi acero tarda la venganza? desde hecho como no irrito venganzas? Eso si, valor, esfuerzo, y veréis que aquestas canas os ayudan con efeto, que no ainda poco quien puede ayudar con consejos? Que esto pasase en mi casa, sin que llegase a saberlo; . vamos a Valencia hijos, y pensad señor don Pedro que en mí no hay culpa ninguna. Así entendido lo tengo. Admirada de tu amor, veng go prima, y tu fineza, y te ofrezco con llaneza mi casa hacienda, y favor. Vavas mil años amén, que en ti hallo tan igual consuelo para mi mal, y admanto para mi bien. De los riesgos que has sufrado pesame y de su rigor; pero cuando supo amor conceder mejor partido? yo vepreltendo a quien puede se guie a Cupido injusto. Tiene un no se que de gusto que entre sus penas concede, . Leonor despeja. . Si haré, y aunque son tan desiguales sus pesares, sus desdenes, nos soborna con los bienes, porque llevemos los males. Mal haya amor prima mía. Pues te ha hecho algún pesar? . Ya estamos solas, y es mucha No se ha excusado de amar hasta la piedra más fría, Quien no vio la amante hiedra con irracional abrazo en los requiebros del lazo amamartelar una piedra, Quien la tórtola no vio en un árbol, con orgullo, que a su consorte el arrullo en dulces beso trocó? Quién de un arroyo no siente el galenteo, y amores, que por abrazar las flores le despeña de una fuente? Y quien de ellas no ha advertido lo amante de un girasol, que mirando siempre al sol, nunca conoció el olvido: Y quien, al fin, de una fiera no considero, cabal amor si no, que en su igual correspondencias ospera? Pues, prima, no eres severa en negarme a mí el amor que se conce de a una flor, a un ave, cristal, y fiera? Perdóname, que ya veo que an duve de salumbrada. no me ofendes, prima, en nada. las flores sirven de Anales; Pues ya escucharte deseo el dueño desa hermosura, de quien ella será dueño. Aún no ha llegado ese empeño que es muy corta mi ventura. Mas con que Leonor nos deje mis sucesos te diré. pues me mandáis que despeje, y me partiré admirada, porque es un paso imporfero, ver en comedia secreco reservado de criade, la atención con te espero. Cuando estos lances refiero mi dolorrenvevo, escucha. En la florida estación del año, salí una tarde C. disirazada repudiando cansadas autoridades, con una craada sola, porque yendo a desahogarme de la devida asistencia que estoy haciendo a mi padre, que ha tantos años que enfermo vivo, o muerto, siente, o yazo; era abreviar los remedios a parecer soledades. Llegué al río, donde tuve por eutado los cristales de Guadalbiar, y almohada me sirvió su verde margen. Estando pues divertida en la hermoso, y y ariable que del querno de Amalcea sobre aquel campo renace; ya de un clavel lo purpureo me proponia la sangre, que por el amor de Venus derramó Adonis amante, que para tales tragedias, ya de la blanca azucena aprendía castidados, que una florecilla suele predigar virtudes tales, Tal vez levanté el discurso a ese tachonado esmalte de estrellas. Astros, y signos, en celestes tafetanes, porque es el cielo una escuela de los sentidos mortales. stando así arrebatada me llevó todo el semblante na Palama, el bue que se quejaba en el aire, n los vientos el len hacer tribunales: n Azor, fugita Neblí noble, o Girafalte, uyo mal trato ya ron adaber. na estaba, En e amagen, de mis o prologo de mi suerte, opusa Atlante dando se ya hovero de un mancebo, cuya gala, cuyo talle he de pintarte, perdona, o perdónenme sus males: odos estos episodios amiga, son importantes, por no arrojarme tan presto al piélago de mis partes. Todo de verde vestido, con Indianos alamares, traje de campo, aunque propia a mi esperanza flamante. En la olanda, que es regalo del cuerpo, con mil donaires, eran guarnición del cuello no sé que puntas de Flandes. Moreno el rostro, si bien alegre, despierto, y grave, y la blancura en los hombres ya se tiene por desaire, y se suele originar del desmayo de la sangre. El pelo, que de los labios era natural esmalte, negro, asleado, y compuesto, (y esto a mi ver es examen del aseo de los hombres) según la edad, abundante, cuyo color imitaba el cabello, que en dos parces dividido hasta los hombros, fue pabellón de azabache. Pendiente de la pretina llevaba un dorado alfanje, hoja de su ejecutoria, media Luna de diamantes; a cuya defensa solo no se fio, aún que bastante, que gravada, del arzón pistola pendía al aire, a quien el bruto Andaluz pólvora dio en su coraje, que ajustado de la rienda, he instado del acicate, en todo el campo no cupo de soberbio, y arrogante; mas que mucho si redace al castigo sus hijares, de unos pies, a quien rendido todo mi espíritu yace? Llevaba el monservo del viento la clín, y cola, abundante de pelo, de cuyas ondas era su espama los mares, Y en el juego de las manos, cuando se halló galante, lo que fue golpe en el suelo, amago nació en el aire. Al fin galán el caballo, se fue llegando a la parte donde era toda arenciones quien buscaba soledades. Derribose de la silla su dueño entonces más facal e vema quena ̱̱̱a a la evidencie, que no a los pinceles, y al arte. Corrí la cortina al rostro cortesaba, y agradable, o incitada del estrlo discreto de su lenguaje, o porque ya pretendía prenderle, y aficionarle. Qué fácil es el rendirse en la mujer, y que rácil es en los hombres también prometer disienitades. No has visto en el golfo undos del Ooecano una nave contrastada de sus ondas, impelida do huracanes, y que agonizando en riesgos pasajero navegante, por evadir el peligro, al cielo promesas hace, sin que difielles mire peregrinaciones grandes? Y que trocada la suerte, calma el mar, sosiega el aire, y el derrotado navio besa, ya la tierra amable, la cual pisada se vio a penas del naufragante, cuande le trocó en olvido las que eran promesas antes, que es la memoria muy flaca siempre en las felicidades? Pues eso mismo sucede hoy a todos los amantes; quien no prometió a su dueño, si se mira vacilante en el mar de los desdenes, y el golfo de los desaires traer de aquel ave que muere al instante que nace las plumas que le obedezcan a su cabello en plumaje: y cuando amaina el rigor, y se con siente tratable, quien no vio olvidadas todas las finezas semejantes? Dígalo yo, que alagüena acredite por verdades las que nacieron lisenjas para semejantes lances en el heroe de mi historra, el cual pretendió obligarme tanto, que logró favores mas que pudo procurarse. Pero quiéroce advertir, que no pasó los umbrales del honor, que esta desdicha fuera desdir ha más grave, si bien no sentida menos la de no verme, ni hablarme desde aquel día don Pedro de Osorio: no lobresaltes tu discurso, que ya el mío certezas tiene bastantes de que tu amor lo divierte de mis firmes voluntade; donde advierto por extremos, en el finezas amantes, en ti desprecios, rigores, en mi requiebros, verdades, en el descuidos, olvidos, y en todos tres vevedades. Esta es mi historia, Lisarda, suplícote que me ampares para gozar de don Pedro la mano, pues si lo traes llamado por un pabel, fingiendo so licitarle, ya lograre mis amores, vistiéndome de tus partes, el advertira su engaño cuando lo que debe pague, don Juan queda sin esterbo para que pueda gozarte, tú sin contrario que vista de rigores a tu padre, y con una acción tan breve, que a mi parecer es fácil, queda mi amor en su esfera, don Pedro sin agraviarme, don Juan atento, y gustoso, ta con su mano agradable, toda Valencia admirada, y con injusticia nadie. Notable historia, y quisiera que al paso que es tan notable conocieras de mi brío el valor que ha de ayudarte. Yo el papel escribitó a don Pedro aúnque no pase la fineza de mi amor escrúpulos semejantes; Cuál quiera que afirmare cauteloso, que no fuera yo tu amiga si solo hiciera lo fácil. Esta noche le diré que venga, primas a hablarte, para que el engaño tuyo tenga principio. No trates de este negacio a Leonor, y aunque el papel ha de darle a don Pedro, de este engaño no sea participante, Vamos a escribir Lisarda, y el cielo mil años guarde tu lealtad, y tu persona, Vamos prima. Anda delante; que yo robe a Lisarda con engaños, se engaña, vive Dios, como alevoso y aquí ya le aseguro desengaños que si la quise, y adoré tres años, no por eso se sigue que yo fuese quien a tales ausencias medios diese. Don Pedro si debiera recatado, si de mi parentesco se acordara, no poner en Lisarda su cuidado, para que en estos lances no se hallara; y aún el señor Otavio hubiera dado más remedio a estas cosas si repara, que violentar el albedrío, es cosa a los cielos también dificultosa. Este no es tiempo de escuchar razones Escuéhame las mías ahora atento. Nunca yo he reusado las cuistiones cuando el valor con la razón aumento. Ea no aguardemos otras ocasiones. Detente tu Beltran porque es violento no escuchar las disculpas que conquisto. Metiose de por medio Jesucristo. que como vos decís no tengáis culpa, pero la presunción es tan terrible, que no os deja ni rastro de disculpa; mas para que se medie el infalible peligro que amenaza (pues os culpa) vuestra persona, dando a todo medio yo tengo de deciros un remedio: es el remedio pues que dar aguarda mi intención, y mi animo, señores, que con resolución más que gallarda dejemos a Lisarda sin temores, y delante de mi diga Lisarda cual de los dos merece sus favores, y ese sea dichoso, y su marido, que lo demás no puede ser partido. A fuerte ocasión llego, mas no puedo dejar de dar el que me trae recado, a Beltran quiero darlo, porque el miedo a forzoso recelo me ha obligado toma, dalo a don Pedro, y di que quedo del secreto que encierra con cuidado, dile que es de Lisarda, y que me ajusto en que contiene cosas de su guste. Qué os parece señores? No es injusto el parecer de vuestro honor propuesto Pues qué decís don Pedro? Que no es justo que en contingencia ponga lo dispuesto por concierto en nosetros, de mi gusto. No te resuelvas por tu vida en esto, hasta ver esta carra, que cerrada me dio al pasar Leonor, bien recatada, dijo que es de Lisarda, y no conviene, sin leerla don Pedro, a un desvarío arrojarte. Señor Otabio, ved que gusto tiene quien quiere violentar un albedrío, Ahora, señores, digo que ya viene en vuestra doluntad el gusto mío, sea en buen hora, y busquese a Lisarda, que coronarse mi afición aguarda Pues tomo por mi cuenta, y mi cuidado el buscar a mi hija, que es muy cierto que en casa de mi primo se habrá entrado tímida, no ignor ante del concierto, que a mi vejez tan caro le ha costado, y estando en mi presencia, que es el puerto de sus descuidos, confesara llano a quien de ambos a dos dará la mano así queda, señores, convenido. No hay quien os contradiga, ni la idea pudo hallar remedio más lucido. Supuesto que ya el Sol al mar se apea dejemos digresiones, pues cumplido está lo que por ambos se desea. Vamos señores; a pesia los hados, lo que cuesta una hija de cuidados. Que don Juan iba con él. Sa señora, y mi señor, y al fin yo le di el papel a Beltran porque el rigor temí a tu padre cruel. Que aunque en la calle encontré a don Pedro, y fui tapada, la carta a Beltran dejé, sin que se entendiese nada, porque esto de paso fue. Mas no me dirás que esaribes . Pues eso tienes por nuevo? a don Pedro que lo extraño? Leonor, si esta noche vaves. tú verás el desengaño de las dudas que concibes. no es Desastre el que se ha entrado que le cuesta vida, y sueño. encasa? . Sin duda alguna. Gracias a Dios que he llegado o como aquí me desmayo después de tanta fortuna, a puerto tan descado, y gracias a Dios también que de refriegas de Marte nos ha sacado con bien. Si no trantas de esplicarte no puedo entenderte bien: que hay de nuevo, y tu señor? Hay muchas cosas de nuevo. Dilas al fin. . Si Leonor no lo manda, no me atrevo. Es mi autoridad mayor? mira un amante alagüeño que finezas atesora primero que no a otro dueño obedece a la señora Mayormente en el lacayo de comedia, que al llegar, la jornada de casar, lo despiden como un rayo. Cuéntame esas no vodades, o por Leonor, o por mí, no digas más necedades. Pues empiezo desde aquí, salud, y gracia, sepades, como después que embestidos en una furia infernal, en conquista de maridos. hubo amago criminal, y hubo impulsos atrevidos. Y después de gran contienda a de palabras palabradas, sin que ninguno se entienda, al freno de las espadas le tiró Marte la rienda. Porque aunque don Pedro estaba más nígido que Nerón, diciendo que le faltaba la mitad del corazón si Lisarda se ocultaba. Y que había sido el medio mi señor de esta traición. tu padre se puso en medio, y se acabó la cuistión, que es la paz lindo remedio, Prefiriéndose a buscarte, para que hagas elección del que más sabe agradarte, porque con esta sacelan venza Cupivillo a Marte. édose así concerrado, C y sn señor me envío a decirce lo tratado, y que esta ocasión llegó para ver su amor logrado; y que esta noche a las diez te quiere hablar por la reja, mas tierno que un Portugues, que no todo ha de ser queja, haya su haz, y su emves. Y pues con mi relación he acabado, a Dios quedad, porque no será racen que se esté con graveded quien ha hablado de antubión. Prima, Leonor, pues aquí? Sí señora divertidas, tratando de mis fortunas, reparando en mis desdichas. Yo estaba conmigo a solas, acusando las prolijas huellas del Sol, más Leonor anda por tu vida a prisia, y asiste a mi padre un poco, mientras hablo con mi prima, Siempre de mí os recaráis. No Leonor, por vida mía, si no que mi padre puede llamarme, y remo sus iras, Admítote la disculpa. . Digo pues, que a las benignas horas de la noche ruego, que de sus sombras se vistan, para lograr de mi engaño el remedio a mi desdicha. Que querer mal satisfecha. y amar mal correspondida, es el mayor enemigo que puede tener la vida. La esperanza es un mortal achaque para las dichas. que empezando en dilaciones, desesperado camina. Es la pensión de los gustos, de su sabor el acibar? pero tu gloria está cerca, que ya la noche enta niza la tierra, porque la tierra vista lutos por el día. Ay de mí que mi esperanza a más dilación áspira. Retirémonos a dentro, y ten advertencia prima, que le has de hablar a don Juan si te hiciere visita, pe y por la eja de la pucaca, y yo por la de la esquina del postigo del jardín, puerta de todas mis dichas, a don Pedro, si vinieren los dos a una hora misma. Advertida estoy de todo. ̱ . Eres tú muy advertida. Cuándo llegara mi gloria? Cuándo gozaró la mía? Favorézcame Cupido. Niño amor por que me olvidas? Mas hay que soy desdachada. Mas hay que rapaz te pintan. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Viste un almendro florido, hojas, y galas, que tiene al primer Cierzo que viene su pompa puesta en olvido. el arroyuelo corcido, que plata al prado dio ayer. corrido de no correr, hoy se mira con rigor, pues no se espante mi amor que se mude una mujer. Viste al Abril de esmeralda, y flores al Horizonte, desde la cima del monte, hasta del monte la falda; y su diadema, o gienalda, v estidura, o rosicier, márchita la llega a ver del Julio con el calor, pues no se espante mi amor que se mude una mujer. Ese Planeta luciente, que rayos se toza de oro, hoy corona el pelo al Toro, mañana al Aries la frente: y naciendo un el Oriente brillante al amanecer, una nuve suele ser la a arca de su esplendor, pues ne se espante mi amor que se mude una muj e El arbolillo, que planta hoy es de un huerto temprabo, a merced del ortelano hasta el cielo se levanta: y manana nos espanta cuando le vemos perder, corcado, su vada, y ser, a Pesar de su verdor, pues no se espante mi amor que se mude una mujer, Pues eres noche engañosa madre de toda traición, favorece mi intención, logra mi accien amorosa. Un hombre en la calle siento; C de, quién es? . . Yo soy señora, que admiro en vos el Aurora, vestida de rayos ciente. Y como siempre en oscura noche mi esperanza ha estado, cuando tal dicha ha mirado, loza está con tal ventura. Pues no os espante señor, que sue tiempo tiene el bien, y a pesar de mi desdén no es inmortal el rigor. Mas que puedo os agradezco señera tales favores. Pues aún empeños mayores, señor don Pedro os ofrezco. Estas casas son la esfera de quien manana ha de ser, con las dos letras de un sí el árbitro de mi bien La elección tengo segura de mi parte, sin temer mudanzas de la fortuna, al variedad de mujer. Porque dejar de ser mía Lisarda, no puede ser, díganlo tantas finezas como le llego a deber, de quien testigos de vista (de son el amor, y lafé. Mas no es hombre el que está hablan en la teja? . . Digo qué es, hermosa Lisarda, dicha que no pense merecer, y en fe de aquesta sortija, y mi palabra, mi bien, bien puedes abrir la puerta. : Aguarda decenderó. Tal dicha como la mía quien la ha podido tener, pues en un día he mirado trocado en gusto el desdén? Sois vos don Pedro? . . Yo soy Pues venid siguiéndome. Cielos, o no soy don Juan. o el valor me falta que en las ocasiones todas me sobra, que es menester. O no tengo entendimiento que valga a comprender lo que por mí esta pasando: cómo? que don Pedro este con Lisarda, a quien Lisarda ha mostrodo tal desdén, y que le dé de su esposo la palabra mano, y fe, en cuya virtud la entrada de su casa franca ve, y que no se caiga muerto quien esto llega a entender, mayormente si se precia un hombre de hombre de bien, O con la espada en la mano, y mil rajos en los pies. en el corazón los celos, tanto me llegue a temer don Pedro, Lisarda, el mundo, que imaginen todos tres que de su vida ejecuto el no excusado vaiven Pero de tal calidad esta injuria viene a ser. que me ha convertido en hielo, sin que me deje mover, dando porencia a la vista, y usurpándola al poder. Ya hemos visto que hay delitos a quien no pone la ley la pena, porque no juzga que se pueden cometer. Esto mismo me sucede, pues aunque llego a entender este agravio, no me puedo persuadir que puede ser, por lo cual indiferente, entre el dudar, y el temer, ni muero de lo que he visto, ni mato de lo que sé. Pero lo que fuere sea, quédese para mujer Lisarda, que es la venganza más cuerda a mi parecer. Porque pedirle que sea por fueza mía es querer llevar un hombre a su casa quien le tiene de ofender. Y espantarse de mudanzas de mujeres, es tener aborrecido el juicio. y desearlo perder, que ya se sabe que (se. en mujer no hay firmeza, amor, ni Ya don Pedro habrá venido, que un amante desvelado, lo que tardó despreciado, eso apresuró admitido. Ya doña Juana tendrá de su dicha la ocasión, solo mi corazón de speranzas viviera. Si vendrá a verme don Juan, a quien amo, y reverenoso, pues la nooue, y el firencio cerceros suyos serán. Que torpe que estas, que Brave mientras raya el sol su Mecas y según elta de quiera, parece que nada sabe. Todo en silencio reposa, y las estrellas, a sueño persuaden, yo a mi dueño así e quiero amorosa. Mucho aarda su cuidado, no sé cuál es la ocasión. si no es que mi dilación aqueste bien me ha excusado. Nadie en la calle parece, solo allá sueña ruido de can, que despavorido todo el sosiego estremece. Voyme, y dirale a don Juan y de al asistencia la fana, que ré hacer mejor dama, que no el amante, y galán. A cual hombre jamás ha sucedido ventura cual la mía, o se ha mira do de manos más hermosas regalado, ni de belleza tas ravorecido; Quien dijo que el amor arrepentid se mira al mismo depo que ha gozad o no ha vivido detré en mi cuidado o del mismo se halla desmentido, Amar sin posesión desconfianza causa en el alma, gra desasosiego porque solo se vive de esperanza. que es la pena mayor en amor luego quie este mismo bien que quiso alcaza eso solo ha gozado de sosiego? Buscando a mi dueño venga de callo en calle perdido, aún uesi yo no me engaña, recomceo aqueste sirlo. Aquesta es la caía donde el cuidado retraido vive de mi amo, y quiero ya que cosquillas me hizo ayer Leonor, yer si puedo hablarla por un resquicio. Pero guarda fuera, que Un Bagdeseo purecado tengo delante, y de tras no sé lo que me he tenido. Si será don Juan, sin duda que es mi amo, él es, el mismo, quiero hazerle una buria: caballero, gran delito es que manchéis de mi sangre el ilustré honor, y antiguo. Lisarda estará a estas horas en su retrete escondido. y no es bien que hagáis, terrero aquesta puerta . . Colijo que él que me habla es Otabio, más valdrá desconooído apartarme de esta calle. Así os vais reconocido habéis de partir de aquí: quio a Dios que así un ooquito me parece que lo extraño, . más proseguir es presiso. Señor, don Padro de Osorio soy, que a esta parte he venido a alegrarme con la concha mientras que la perla admito; perdonad si es desacierto. Oh cuerpo de Dios conmigo, estamos buenos ahora? No respondéis? . Lo que digo B es que os vais, y no hagáis otra vez aquesto mismo. que me enojaró por Dios. ̱. Soy tu esclavo. . Yo tu amigo. A donde partí me vuelvo, que es uso de amor antiguo el volver el agraviado donde padeció el delito. qué es aqueste mi enemigo? pues muera, que a la venganza, y a mis manos viene el mismo. Saca la españa trailos, tirano de mi albedrío, cueño de un alma que adoro, Oh cuerpo de Jesucristo, otro loco en le estacada, ten la espada señor mío. Cobarde, no soy quien piensas. Yo no pienso, ni imagino, que no soy Poeta señor. Soy tu mayor enemigo, y te he de hacer más pedazos que hay luc es en el zafiro. Serviré de añadiduras si me veo como has dicho: que soy Desastre, señor: posible es que no has olido lo tierno de un Portugues, no amante más derretido? igo qué haces aquí? . A lo ama te lo diré, que sino te hubiera ya conocido, hiciera lo que aotu hice con don Pedro tu enemigo, a quien eché de esta calle. Él lo encontró cuando vino de gozar de su ventura: recogete mi designio es esperar la elección, y si soy el admitido, con despreciarla, venganza de Lisarda habré tenido, y si esto no sucediere nada puedo haber perdido, a ee mts pues quedando desgraciado, vengo a ser lo que ya he sido No vienes señor? . Ya voy. Guárdete Dios el juicio. Bien lo he menester Desastre. Pues por aqueso lo digo. Aquí está un hombre, quien duda , , . El silencio de la noche, quiera lisonja del mundo, capa de efectos amantes, vulgar ocasión del gusto, fue teatro delengaño a que el amor me dispuso, prima mía ya lo sabes, escucha pues. . Ya te escucho. Vino don Pedro de Osorio menos que galán, astuto, a la reja, donde hablando dos mil finezas estuvo. Y como yo en su memoria nunca viví no fue mucho que le engañase la noche, o que le cegase él susto. Escúchelas en tu numbre, al mío me disimulo, y después de otras razones, y de ofrecerme seguro la fe: y palabra de esposo, por cuya señal tradujo este diamante a mi maño, menos que su pecho duros determíneme, y abrille la puerta lance profundo, y facilidad de muchas, siendo así que todo es uno él ponerse en la ocasión, y salir de ella sin fruto, porque quien ama el peligro no puede vivir seguro. Al sin a don Pedro guío hasta un aposento oscuros que el aborrecer la luz e El turbado en lo que espera, y yo sin mí en lo que sufro, el último paso dimos al intento que me in lujo. Desembozose don Pedro, y con su mano redujo las que el llamaba azucenas, a sus labios rubicundos. Hagamos aquí lugar, prima Lisarda, al discurso, porque las demás acciones a la lengua las excuso. Porque más que al cometer el error, ahora me culpo, si lo que yo sola vide a tus oídos divulgo. Que es mucho menos delito para Dios, y para el vulgo, alabarse de los hierros que cometer los absuados. Al fin don Pedro quedó con la posesión, y el gusto, y el gusto, y la posesión pocas veces andan juntos, por lo cual no esta contento jamás con su suerte al guno. Déjome don Pedro, y yo para conmigo me busco. y dudo el hallarme en mí: con razón, Lisarda, dudo, que una mujer sin honor, ya no es mujer, si no bulto, con cuya imaginación, si no me maero, me apuro, si no me venzo desmayo; dame pues alivio; en cujo sagrado entregue la vida para descanso de sustos, para el aliento del alma, para disculpa del mundo, para excusación de errores que cometió el disimulo. Porque en llegando a pensar que este lance, como juzgo. no es empeño de don Pedro para obligarle a mi gusto. Conocido el desengaño, a mis sentidos le juro, que si el con quien es no cumple, sola con matarme cumplo, Prima a quien valor le sobra, y con estrlo discreto, sabe lograr un efero, no se desmaye en la obra. Y así el temor no te asalte, porque es error infinito que haya valor al delito, y que al remediarlo talte. Fuera de que si mi padre, doña Juana ha de venir a que yo llegue a decir quien a mi gusto le cuadre, y a don Juan he de elegir, y a don Pedro he de dejar, como te puede faltar el remedio, ni el vivir? Pues viéndose repudiado, y a tu obligación rendido, por lo menos tu matido será por razón de estado. No tengo que responderte; porque ha de ser agraviarte, solo trato de pagarte, si puedo satisfacerte. Aunque sé por conclusión, si la ingratitud es vicio, que es pagar el beneficio confesar la obligación. Pues ánmo, y a esperar el lance que nos espera. Oh niño Dios, quien supiera tu potencia sobornar. Admirado del suceso vengo por vida de entrambos. Y con razón pues yo mismo viéndolo, quede admirado, que hay casos en que es forzoso . Pues cómo lo toman tantos ser de crédito villano. No creyera de Lisarda mudanza en tan breve espacio, ni que el papel me trujera dicha tal, ni bien tan alco. La elección tengo por mía, y ya la estoy deseando, para que don Juan en ella se mire desengañado. Ya poco puede tardar en venir el buen otavios que los cuidados de un padre son vigilantes cuidados. Dices bien, porque ha venido: siempre se inclinó al pecado, de vos estamos tratando, hicisteis la diligencia qué recibisteis por cargo? Si don Pedro; y a Lisarda. a donde dije he hallado, y después que de su yerro perdón me pidión llorando, le conte el lance propuesto, y vino bien en el caso, solo falta que a don Juan vamos a buscar. . . Pues vamos. el Dios te ayude, juzgando Pues hoy es el día en que las bodas se etan tratando de nuestros amos Leonor amitemos nuestros amos. Quieres casarte conmigo, y serás de mi regalo el non plus ulera del gusto, el domine del halago: por no decir mi mujer ando conando estos arajos, y pienso que con razón, quieres? si. . Tomas tabaco. Pues ese tienes por vicio! Si Desastre, y el más malo Frailes, Clerigos, seglares, Duques, Condes, mayorazgos, capateros remendones, y los sastres desastrados? los cocheros, y las dueñas, que es algo peor, los lacayos, los sardineros, los mozos de un me son los de caballos, todos al sin usan de él, hasta los zurdos, y calvos. Pues por eso mismo yo juzgo que es vicio el tomarlo, por que nuestro natural y por eso hay pocos buenos cuando vemos tantos alos. Fuera de esto; quien padrá sufrir un matido al lado, chimínea del infierno, o rincón hospitalario, hombre que tiene narices ejecutoriadas de asco, y hombre al fin que solo por este vicio temerario, cuando estornuda le niegan que quien tiena tal defeto, mas es Moro que Cristiano? Riome yo cuando a muchos oigo decir mesurados, son medicina estos polvos a las muelas, al catarro, ya todos los corrimientos, Venid acámentecatos, que Galeno dejó escrito ese arriburo al rabaco, siendo así que esos achaque nacieron a vuestro lado? Y en que bótica se ha visto recetar ese reparo; y cuando fuera verdad, no hay otros limpios, y sanos? e Mas en razones sino no sé para que me causo, que tienen los taba quistas como los Mahometanos, regla de no defender con razones el cabaco: pero mi entras lo tomares no hay que tratar de mi mano. Pues Leonor yo te renuncio, que entre dos extremos malos, el menor inconveniente, es me jor, y más barato. Y cuando mucho se gasta en este vicio endiablado, es por el mejor guarismo cuatro ducados al año. No hablo de los que dejan ago tados los estancos, y site casas conmigo, me has de pedir los capatos, los rosones la puntilla de Plata, los pastamanos, las polieras, las enaguas, y el guarda infante pesado, la bascuña, que de tuedo tenga treinta y cinco palmos; luego la alaa escorada, con el perisollo alto, las inteiniecas olandas, y los demás aparatos, zarandajas de vestir, con que dejáis a un Critiano eastado en Porrugnes, y gastado en Castellano. Y plega a Dios todo aquesto no pare en darle a un cuitado una montera de hueso, que sirva de asorto al casco. Pues soltera quiero ser. Pues a solcero me llamo. Pues quédome sin matido. Pues quedon repudiado, De esa manera te escurres? De esta manera me escapo. Higa usted por vida suya, y haremos un contrato. Con que tabaco no tome sea en buen hora, aquí aguardo, Pues Leonor yo te prometo; si no lo cumplo que hago? . de no ser más polvorista, como me hagas resguardo de que no me has de pedir. Cómo es eso? paso, paso, lo que es mi naturaleza como puedo yo negarlo, Desastre, o no ser mujer, o andar pidiendo, y robando? Ademas, que ese es un mal, que se emboza con alagos, con ternezas, con dulzuras, y así no se siente tanto. Qué es dulzuras; y ternezas? hay más áspero bocablo que es un dame repentino y un que me me traes desollado? un he menester cien varas de lienzo; tráeme unos cuartos; al gapatero le debo cuatro pares de zapatos? hay aquí hálagos algunos? que hay hombre que de escucharlo todo el amor se le quitas como dicen con la mano. Si algo tiene dulce un daca es cuando los piden, dando en esto una diferencia, que lo acibar; y lo amargo esta en el pedir, lo dulce de parte está del regaló. No pases a necedados sin fin Pues de mi tabaco no dijiste tu mirmales, que te sufrá como un santo, y te escuché como un bobo? Desastre, no conformamos para el santo Martimonio, y así a Dios, porque me enfado. Despedirasme. . Ya lo he dicho. habrá polvos. . Ya lo hago. Al fin Lisarda, don Juan esta esperando, y don Pedro la gloria de tu elección Y pues te presenta el cielo en don Juan, riqueza, y gala, nobleza valor; y ingenio, y estas partes son iguales, Tisarda, en ambos sujetos, sácanos de confusión, si ya no es que el acierto esta dudoso en la copia. Esperando estoy si llego. . a ser elegido yo, que es un loco debaneo: mediante lo que yo he visto, para hacerle un desprecio, porque es la mayor venganza que puedo dar a mis celos. Aguardando el de sengaño estoy de don Juan, y temo que se ha de desesperar, y me pesará por cierto. Esperando en la elección de Lisarda mi remedio estoy, piega a Dios suceda todo como yo deseo. Suspensión tanta en Lisarda, no se qué recele de esto, que a estar empeña la tanto como me dijo don Pedro, con mucha menos tardanza se resolviera al efecto, mas la vergüenza, y temor obligará su respeto. Desastre, famoso paso, pastores del Nacimiento en lo pasmado parecen. Dios nos saque de este aprieto, ya resuellan, ya se miran, ya quiere hablar el viejo. Lisarda, pues no respondes? Ya respondo estadme atentos: señor don Pedro de Osorio. Llevosela por lo menos, aqueste fue el desengaño que desde ayer me prometo. Llegué al puerto deseado. Mis agravios fueron ciertos, mas son míos, y eso sobra. Ya le cuenta mi suceso, prestele amor elocuencia. Ya os acordaréis de aquellos lances que con mi señora doña Juana, en otro tiempo os pasaron, y el favor que le debéis . . Ya me acuerdo pero para mi intención no es estorbo un galanteo que en una tarde empezo, y en ella misma fue muerto. Do Pedro escuchadme un rato, que pasó a más este empeño. Contándole yo a mi prima el que conmigo habéis hecho, la relación de los míos la renovo sus afectos. Díjome de sus amores hasta el menor pensamiento, de nándome a mi encargada de su gusto, y su remedio. Y como vide la parte, don Pedro, que me iba en esto, a ruego de doña Juana escribí el papel que os dieron. Venitéis cual pajarillo a la anegaza, o senuelo, y en los ojos de mi prima, justa red, quedastess preso. Con ella hablasteis anoche, con ella entrastéis a dentre y pasó con ella al fin lo que calla vuestro pecho, y aunque testigos las sombras, no faltaron otros buenos, dígalo aqueste diamante. dame prima, y el empeño que con ella le jurasteis de ser su esposo, y su dueño. No vais, don Pedro, engañado, ya conocéis lo soberbio de la nobleza en mi prima, de su ralle lo perfero, su riqueza, y mayorazgo. que es lo que mira este tiempo, (como si hubiera riqueza cemo las del alma a dentro) y vuestras obligaciones, que al fin son de caballero, Cristiano, neble, entendido, valiente, mirado, y cuerdo, Ea don Pedre, por mí; y por vos venid en esto; que si no a mí misma os doy mi sangre, y mi parencesco. Yo daré cuenta a mi tío, que yace en la cama enfermo de la gota, y de mi tío se que vendrá en lo propuesto. Y perdonad el engaño a mi prima, por su afecto, y a entrambas, porque de entrabas oy viene a ser el remedio, pues queda casada a gusto mi prima, y aún vos don Pedro, y yo con don Juan gustosa, alegre, y casada quedo; mi padre desengañado, don Juan mi esposo contente y se verá en este caso en el engaño el remedies Bien desengañado estoy, pádanme albricias los cielos. Del desengaño me pesa porque me incliné a don Peuro, mas don don Juan es mi señor. Maravillado, y suspenso me ha dejado aqueste lance: mas ahora solo atiendo a remediar de mi honor el casi perdido aliento. Valgaos el diablo mujeres, y lo que tramáis de enredos, Acábósele a mi amigo su afición, y sus deseos, mas doña Juana merece por sus partes tal empleo, He estado este breve rato discurriendo discurriendo lo que de este engaño logro, lo que adoña Juana debo, Y así con mi mano pago todo cuanto le agradezco su amor, y haberme excusado vivir sujeto a un desprecio. Esta es la mía, y el alma Don Juan de que estáis suspenso? dalde la vuestra a mi hija, acábase mi tormento. Tengo por averiguar, si por ventura don Pedro fue quien se opuso a mi brío, fue quien se opuso a mi esfuerzo una noche que mis pasos a la Quinta vuestra fueron. Si don Juan, porque atrevido en mí mismo pensamiento, pensé robar de Lisarda aquella noche el aliento, con una llave maestra, queme ne goció el dinero; pero estad seguro que Lisarda no supo de esto; por no haberse logrado, llara dijo o mio cuando la dijeiscelos, y así de mi del engaño quiero lograr mi contento; esta es mi mano enora. Ena es a mía mi dueño. Que de lauces en mi casa pastaron de mi ecretos, mas ya se acabaron todas mis penas, y mis desvelos. Esperen un poco amigos, yo, y Leonor tu vimos pleito sobre ciertas condiciones a para nuestro casamiento, pero para darle gusto, y que luego nos casemos, que se acaba la comedia, y no hay curas allá dentro, a nago juramento en torma, de no tomar más tabado. Pues ya eres mío con euos y en cuanto la dora se sabe que coaqueno por cuenta de mi señora, y tu señor. Yo lo aceto. pues aqueno no , os para ti majadero. Beltran los muchos favores de vestra amise los deyo. Soy muy vuestro tervidor, y siempre serlo prometo, a con aquelto da fin el engaño, y el remedio, l si merca un vitor. por ser el primero empleo del Poeta, yo en su no more el victor os agradezco.