Texto digital de El emperador fingido
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- Gabriel Bocangel y Unzueta
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- No es posible No concluyente
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- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XLIII de Nuevas escogidas (1678).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El emperador fingido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/emperador-fingido-el.

EL EMPERADOR FINGIDO
JORNADA PRIMERA
Como a mí señora, y dueño, pues que tu vasallo soy, Madama, obligado estoy a sacarte de ese empeño, que aunque tanto se aventura, con mi industria, y el favor, del cielo tendrá tu amor el suceso que procura. Por eso, Bernardo amigo, os traje en mi compañía, y también porque sabia, que fuistes solo el testigo del empeño en que hoy me veo. Traición fuera el excusarlo, haré como fiel vasallo, y más en tan justo empleo: Pues si es Infante en España Fernando, y tan gran Señor, no es tu nobleza inferior. La Provincia de Campaña lo dirá bien; pues si añado lo mucho que en ella puedes, no hay duda, no, que le excedes, cuando no en sangre, en Estado. No es Fernando hijo segundo del Rey Sancho el Primero de Portugal? . De eso infiero, según las leyes del mundo, que no es mucha su riqueza, no, más el cielo le ha dado, lo que le negó de Estado, de valor, y gentileza. Y para que echéis de ver cuantos sus méritos son, oíd la imaginación, que he tenido desde ayer, que entramos los dos en Cante. Y es, Madama? . Sospechar . Vanos consejos le doy, que se he venido a casar con Juana el Infante. Con Juana? . Con Juana, pues, . Mal lo hacéis en excusaros, hija del Conde de Flandes Balduina. . Y son bien grandes las conveniencias, pues si es ella heredera, él bien quisto, (que es lo más )en el Paris. Que en su favor discarris? qué mal mis celos resisto! . Mis discursos no se estienden mas que a abonar su persona. No me ofende quien e abona, las conveniencias me ofenden, y el ver cue ha un año que en Cante de entretiene, y de manera, que aún una carta siquiera no he tenido del Infante. Quién sigue a quien no la estima, pase por esos desvelos. Y aún le siguirán mis celos hasta el más rémoto Clima: fe, y palabra no me dio de ser mío? . Pagó en eso el hospedaje, y confiedo, que a mí también me engañó. No se ha de olvidar, ni es justo, del régalo, y buen pasaje, que le hicimos, Fue hospedaje igual a un Príncipe Augusto, mas no será falso trato cuando con ella se case, ni será, aunque te olvidase, el primer huésped ingrato. Ni tú el vasalio primero, que a su dueño contradice. Aa villano! que mal hice en fiar de este grosero materia tan importante! . mas no seré yo quien soy, . o ha de ser suyo el Infante! habiendomelo ofrecido. Yo me excuso? Pues qué ha sido hacer tan necios reparos? Temer la dificultad. Soy noble, y yo no la temo. Aunque en mi parezca extremo, no me falta calidad. Vos noble? . Lo cierto es, que de mi valor lo infiero: y dese peñarme espero si me escuchas . Decid, pues. La Provincia de Campaña dio a miedad la primer cuna, tan incierta, que el discurso la extraña, o la dificulta: Pues la cuna que le debo, (que a otro fuera sepultura) o fue lo blando de un césped, o lo horrible de una gruta. Esta es mi mayor nobleza, y yo probaré que es mucha, pues cuando menos soy hijo del tiempo, y de la fortuna. Perdieron Rómulo, y Remo, por ser de una fiera inculta alumnos; por Semidioses los tendrá la edad futura. Alejandro Sirio, Rey de cuanto el Asia circunda, Ciro, gran Rey de los Persas, y Alcides, supieron nunca de más nobleza, y más padres, que su esfuerzo, o su ventura? Pues porque yo he de añadirme del vulgo a la infame turba, quien solo ha nacido a ser uno más en tanta suma, porcero entre todos ellos? vanamente se regula! De mi nacimiento al fin, y de mi ascendencia oscura humos nacieron, que altivos me ciegan, o me deslumbran, Apenas mi primer bozo dudosas líneas dibuja, cuando ya letras, y armas discurso, y manos me ocupan: Que aunque en otros pocas veces Qué mucho si en mengua suya, aún mismo tiempo se juntan, en mí, sin embarazarse, libros, y espadas se aunan. Pasé la Filosofía, primera vasa, y columna de las demás facultades, en que sus preceptos fundan. Consulté de las Estrellas caracteres, y figuras, siendo ellas mismas el libro, y la luz que nos alumbra. Libro incierto, y peligroso, pues comienza su letura en los cielos, y remata en las cabernas profundas del abismo: Aquí el aliento se embaraza, aquí se turban los sentidos, tiembla el labio, y el cabello se espeluza. No quieras saber más de esto, ni examinarlo presumas, pues de tan horrible ciencia, más dice, quien más la oculta, las más cupieron en mí, mas yo no cupe en ninguna: Y así a preceptos Marciales me expuse, sin más ayuda, que uná pica en esta mano, por cuya acerada punta gané en Cambray mil despojos, que aún hoy en sus Templos duran, Tube puestos en la guerra, sin ser de aquellos que adulan al Príncipe, cuyos cargos mas los infaman, que ilustran, Si a caballo me ponía, volaba con tanta furia mi bridón, que al tiempo mismo, en desprecio de sus plumas, desafiaba ligero: mas que en la arena, estampaba en el viento la herradura! Mi espada en cuellos infieles, o fue la guadaña adunca de la muerte, o de la parca, la tijera más aguda: Y tanto, que al anegarse en su misma sangre, juzgan que comienza para ellos de allí la Estigia laguna. Un día, que vi en Amberés trabada una escaramuza, subiendo un pino por lanza al ristre desde la cuja, le rompí en un Coronel, cuyas astillas menudas subieron todas al dielo, pero no bajó ninguna; que como cuenta de ambar el Sol, antorcha diurna, o ya con su actividad, o ya por virtud oculta las atrajo a si de modo, que no es mucho (aunque se duda) que su virtud la suspanda, o su fuego las consuma. Pasé allí lo más florido de mi edad, hasta que algunas. personas, que hacen estudio de acreditar conjeturas, y de corejar semblantes, me afirmaron importunas, que era en todo mi persona tan parecida, y tan una, con la del Conde de Flandes, que dudaban si de industrias me disimulaba entre ellos, con intenciones ocultas. Yo lo tuve por engaño del vulgo, que siempre busca novedades; mas con todo quise excusarme a sus dudas, y por huir de la muerte; que quisieron darme astutas las espías del contrario, que entre nosotros se ocultan. De fatigas de la guerra, donde por agua se suda sangre, pasé recelofo a las de la agricultura, y a la tierra en tus Estados. rompí las entrañas duras, dando mal domados bueyes. a bien ligadas coyuntas. En este rudo ejercicio, y en esta ocupación ruda conociste mi talento, que hoy en tu servicio ocupas. Si aúnentre plomo un diamante mal su valor disimula; el mío entre este sayal tiempo es ya que se descubra: Que un espíritu bizarro, si la fortuna le busca, o entre villanos le pierde, o de encontrarle se excusa. En barro un licor precioso se consume, o se supura, al paso que se eternizan polvos en doradas uenas. Un fresno, al cielo vecino, si le humillan fuerzas duras, haciendo que el prado barran sus cogollos, y sus puntas, dejándole con más fuerza, el mismo que alfombras Turcas barrió al prado, de las nubes los damascos arrebuja. Yo al fin no quepo en mí mismo, estrecha me viene, y justa el alma en tan corta elfera, rompa, rompa su clausura: que aunque la vida me cueste, me ha de ver, quien me reputa por villano; aún más allá del Imperio de la Luna. Este soy, este es Bernardo de Raiz a quien injurias, viendo que el valor me arrastra, y el aliento me estimula a emprender asuntos grandes: Por qué el navegante busca el mar, si no es por el premio, o el interés que procura: cuya fábrica inconstante, que entre esperanzas fluctua, no desmaya en el peligro, brame el mar, o el bajel cruja? Mas todo interés es vano, toda esperanza cadica, si no se funda en la fama, y en sus aplausos se funda. Quién áspira a menos que otro, . Pernardo, Madama, de su valor se desnuda, los infortunios le siguen, las miserias le importunan, las desdichas le congojan, las confusiones le apuran, los peligros le acobardan, los males le descoyuntan, la envidia, el tiempo, la suerte de su paciencia se burlan, la fama le menosprecia, y el olvido le sepulta. Tanto más me quejaré de vos, si no me ayudáis, y más después que mostráis los alientos que ignoré; bien que de vuestra persona esto, y más me prometí. Hoy se vuelve contra mí eso mismo que me abona; mas yo no puedo excusarme, ni hay recelo que lo impida: aventurese la vida, pues queya llegué a empeñarme. No soy Bernardo de Raiz? Sí; pues de qué me acobardo? Qué es lo que decís, Bernardo, que aún de vos os recaráis? Digo, que pues en Campaña diste en el alma lugar a un Extranjero, a pesar del valor que te acompaña, pues yo a servirte no acierto, y en Palacio hemos entrado, que te valgas del criado del Infante, pues es cierto, que ha de estar agradecido sano sbredaje pasado: Mas no es aquel el criado, a muy buen tiempo ha venido. Brito. que novedad es aquesta? en Gante los dos? que fiesta, o que pretensión os llama del vuestro a aqueste Páis? Mas no será el pretender, las fiestas vendréis a ver, a buena ocasión venís, que de Juana, y del Infante. Bestia, no me digas más. Se tratan. . Cansado estás. Las bodas . Aa falso amante! mas disimular conviene. . Di, Prito, así Dios te aguarde, haz de sus gracias alarde, dinos las partes que tiene la novia; es discretares bella? Para qué saberlo quieres? curiosas sois las mujeres. Si le digo que hay en ella . las partes que el mundo alaba, se ha de volver a enfadar: yo se la quiero pintar a dos luces. . Dilo, acaba; es muy bella? es muy perfecta? A otros ojos puede ser; mas tan sea es a mi ver, que pudiera ser discreta. ojos chicos, ceño grave, pelo largo, crespo, y rizo; mas si es propio, o si es postizo, solo su frente lo sabe, que no he llegado a ser yo de su jaulilla el gilguero: Lo demás callarlo quiero, basta decir que apuró naturaleza en u Alteza tanto el arte que apostara, que arrojó al formar su cara el pincel naturaleza. Tan fiera nos la has pintado, que es maravilla que hiciera el Cielo cosa tan fiera. Autor es de lo criado, mas pienso que rostros tales, aunque ve que el mundo estragan, permite Dios que se hagan como pecados mortales. Muy diferente es la fama de lo que Brito asegura. Yo corriera la pintura el velo; pero Madama temo que se ha de ofender. Qué me importa a mí que sea Doña Juana hermosa, o fea! muy bien le puedes correr. Es verdad que son los ojos pequeños, más tan dormidos, que despiertan los sentidos a ser del amor despojos: Grave, pero con despejo, el pelo, y la frente grandes, mas sin pensiones de Flandes, ni ella calva, ni él vermejo. Yo no sé de aquestos modos de lindura, pero sé, que hay en ella un sé que, que parece bien a todos. Si el sujeto es tan distino, no hay buscar otra razón. Como un mismo Ciceron habla el Conde Balduino. Ni a los cielos soy ingrato, ni Conde pretendo ser. Luego aún no queréis creer, que sois su mismo retrato? Por engaño lo he tenido. de la plebe. . Cómo engaño? el prodigio es más extraño, que se ha visto, ni se ha cído. Tan unos os hizo Dios, que dudoso me acobardo al ver si el Conde es Bernardo, o si sois el Conde vos. Nada vi tan semejante en la voz, en el mirar, en el talle, en el andar, en la barba, en el semblante; distinguiros es en vano, que os venís a parecer como el freir al llover, como aquesta a estotra mano. Al fin sois tan parecidos, que dirán, llegando a veros, o que ambos sois verdaderos, o ambos sois Condes fingidos. El prodigio es singular. Tanto, que si os ven salir, todo el vulgo se ha de ir tras vos por todo el lugar: y así será conveniente, que en la posada os estéis. Razón será que excuséis, Bernardo, este inconveniente, que yo vi al Conde también muchas veces, y en mi vida vi cosa tan parecida. Yo sé que esto le está bien. Sola los dos me dejad, por si aquí el Infante viene: y vos mirad que conviene, que conservéis su amistad. Con pasos inadvertidos pienso que al cuarto has llegado del Conde. . No os dé cuidado, que estando tan divertidos, según a Prito le oí, en fiestas, y en alegrías, claro está que en tales días no han de reparar enpa Ya que te vine sirviendo, aquí puedes aguardarte, mientras vuelvo a acompañarte, que será en anocheciendo. De mi valor me acompaño, sola me podéis dejar, que aunque aguarde he de escuchar de su boca el desengaño. Buena queda la señora, celosa a los cielos mira, fuego es ya cuanto suspira, y veneno cuanto llora. Qué son los celos? el mayor tormento, áspid, que del veneno se alimenta, con que a otros mata; infierno que atormenta la memoria, el discurso, el pensamiento. Quimeras admitir, abrázar viento, hacerse de la parte de su afrenta, curar el mal con lo que más se aumenta, negarse en la experiencia al escarmiento. De la menor sospecha que le llama, el crédito fiar, que el juicio altera, relampago sin luz, fuego sin llama. Si esto los celos son, con ser quimera, que será un desengaño? Ay de quién ama! ay de aquella otra vez, que aquí le espera! De aquí salieron agora Brito, y otro, que en el traje villano; pero no es Flor? Mas no es aqueste el Infante? Flor, Madama, vos aquí sin prevenir, ni avisarme con una carta siquiera, sabiendo que puedo en Flandes serviros? Bien es verdad que igualar el hospedaje, que en vuestro Estado me hicistes, fuera imposible; esperarme. Dónde os vais? aún no merezco respuesta? Si el excusarse nace de estar sin criados, aquí no os conoce nadie, si no es yo; y cuando haya alguno; (que es imposible) ese traje Francés, que habéis elegido basta para deslumbrarle. No alcéis al cielo los ojos, no deis suspiros al aire, que añadiréis fuego a fuego, Ojalá fueran volcanes, que de mi pecho exhalados le alcanzara alguna parte del incendio de mi amor, que aún entre cenizas arde! Ya os queréis ir, ya miráis al cielo; ya habláis aparte, qué es esto Flor? . qué ha de ser? qué ha de ser, señor Infante? ser Doña Juana dichosa, yo infeliz, y vos mudable. Doña Juana? . Sí, Fernando, de quien cuentan grucias tales, que ya, no solo envidiosa me tiene, si no cobarde. Mil años de su hermosura goce V. Alteza. Ha fácil! Necia yo que le deseo bienes, y prosperidades, a quien solicita ingrato mi muerte, para vengarse de un rendido corazón, de una voluntad constante, que a firmezas desafía los escollos inmortales, a duraciones los siglos, y a finezas los diamantes. Agradezco, como es justo, Madama el querer honrarme con tu mano, pues con eso que mi dicha fuera grande; mas quien tarde favorece, no es mucho que llegue tarde. Verdad es que huésped tuyo pude averiguar señales de este favor en tus ojos: y aunque aquí no hayas derdarme crédito, afirmarte puedo, que el favor, y el hospedaje pagaba en correspondencias: Si no las llevé adelante; fue que la Reina Matilde tratana ya de casarme en Flandes, a cuyo efecto. se dispuso mi viaje. Y si no vive hoy en mí el amor como caracter, que en el corazón se imprime, a borrarse nunca, o tarde. Vive el agradecimiento, y vivirá eternidades, mejor que en urnas de bronce, o que en padrones de jaspe: Tu agradecimiento? ah falso! aún quieres asegurarme segunda vez ruego al cielo que cuando quieras casarte, de donde menos presumas, se te opongan, y levanten murallas de inconvenientes, montes de dificultades, para que yo. . Basta, Flor, ni te enojes, ni me ultrajes, mira que estás en palacio, y temo que aquí nos halle su Alteza. . Cuando saliese, y una Extranjera encontrase, contigo no fuera exceso. No, más indicio notable, verte llorosa, y a mí satisfaciéndote en valde: excusalo, si es posible. Así lo fuera olvidarte. Fuerza ha de ser. Ah traidor! otra vez vuelvo a rogarle. al cielo, que la fortuna, o sote mude, o to canse, y las bodas, que hoy esperas lograr, al eféctuarse, cuando no se de concierten, por lo menos se dilaten y tanto. . Mira que viene su Alteza. . Qué aguardes antes la muerte, que una esperanza dilatada; y tanto aguardes, que te acaben dilaciones, aunque a mi celos me acaben. Yo me voy; pero lugar dará el tiempo en que me pagues, Fernando, aqueste desprecio: y advierte, que cuando trates. de huir a la helada Citia, o a los secos arenales de la Libia, he de seguirte; que, pues, ya llegué a empeñarme, sombra he de ser de ti mismo. Ni me quieras ni me hables, (que no harás) pero si acaso lo hicieres, y yo agradable te respondiere, no fíes de mujer que despreciaste, que entre agrados es lo mismo, que entre las flores el áspid. . le borren, o se profanen. Espera, Madama, advierte; pero sus Altezas salen, y no es bien que de sus quejas arguban facilidades. qe hr contra sus corbos alfanies. , . Y quién son los de la Liga? , . Godifredo, nuevo Martir, Huélgome de hallar aquí a tan buen tiempo al Infante. Aquí estoy a su servicio as guardando a que me mande ve testra Alteza. . En este pliego . Entre varones tan grandes quee agora acaba de darme el Marqués de Monferrato, quee es el que tenéis delante, mi hermeoHerique me encarga le empeñe en empresas tales, que? apresure mi viaje a Es enecia en cuyo Puerto no c eesperan para embarcarse masy de solo mi persona los rhayores Capitanes, los ni has ilustres varones, de mí as valor, y más partes, que ti enen Francia, y Ungría, Italia, Alémanía, y Flandes. Dében? de estar ya firmada la liga . Sí, y es tan grande la ocasion on, que no la tuvo la Iglesia a más importante: pues ya de la Cristiandad es mengue la, y del cielo ultraje, que las sopberanas huellas, y los Saguerados Lugares, donde nuev estro Redemror pagó el humano rescate de sacrílegas pisadas, Baste ya lo que han estado entre Turcos, y entre Alarbes, sin que arrogantes presuman, y viviendo yo se alaven, que no hay en Europa estoques el de San Pol, el de Bloís, el de Monforte, y Bearne, y el Marqués de Monferrato, y otros muchos, que su sangre, sus vasallos, y sus vidas darán al cuchillo, antes que volver un paso atrás. merezca, por hijo vuestro. Quién ha venido a casarse. no será razón que yo que han de ser largas; demás, que en el numero no cabe de la Liga otro ninguno, sin que Príncipes, y Pares de Francia, todos conformes le admitan: Escuse el lance vuestra Alteza, y no se esponga a una duda semojante: pues como Extranjeros siguen diversas parcialidades. Si lo hacéis porque es forcoso quedar con su Alteza en Cante. También lo ha de ser, Ternando, que las bodas se dilaten, mientras yo estuviere ausente, presuponiendo que a nadie, si no a vos, daré mi Estado, con mi hija: El replicarme ya es ocioso; de lo dicho os hago pleito homenaje, por más que lo contradiga el Rey de Francia, y me mande, como deudo, que la emplee en el de Orliéns, cuyas partes acredita el ser su hermano, que ha de venir a heredarle; a cuyo efecto me escribe, que estará muy presto en Gante, adonde podrá en mi ausencia mi hermano desengañarle; Y avisad de esto a Matilde, procurando disculparme con su Alteza. . Qué desdicha! una pena, y mil desaires a un mismo tiempo; paciencia amor! . Escuchadme aparte, Conde de Nemur, llegad. Aún más siento que dudase el Conde de la opinión, que tengo entre Capitanes, que el dilatarme las bodas, con ser la pena tan grave. Ay Juana, hay prenda querida! . que tus ojos celestiales no he de ver! que he de volverme, y quizá sin que te hable otra vez, después de tantas, como a las rejas del Parque! mas el repetir las dichas, es doblarme los pesares. No consideras, lreve, los extremos del Infante? O quién pudiera esta noche, por última, asegurarle que no habrá escollo en el mar, a pesar de sus embates; tan firme como mi amor, pues vivirá eternidades, o ingrato le desestime, o agradecido le pague. No ha de ser tanta la priesa, que se parta sin hablarte. Y si no es cierta mi muerte. Vivas felices edades. Esto os encomiendo; el Condo quedará con Juana en Gante, pues es mi hermano; y su tío, mientras mi ausencia durare: Y vuestra Alteza disponga el suyo, que mi viaje fuera en este mismo día, a no avisarme tan tarde; Pero primero que el Sol, salga entre rubios celajes, he de partirme a Beneciar El partirse, y yo quedarme. no lo consiente el valor: Oh quién pudiera avisarle a Irene, que si es posible, . salga aquesta noche a habllarme su señor almos con señas me dice que aquí me agualrde. Vamos Conde; a Dios Ferrnando. Tu vida, señor, amparen los cielos, para defensa de su Iglesia. . Oífme, linfante, en el cuarto de su Altezaa. Ya os entiendo. El cielo os guarde. Brito, en qué te has de etenido? Cuando no estoy al su lado? si no es agora que he e astado con un villano finginolo. Deja esas cosas, y vamos a ver la Infanta, quel espera en su cuarto. . Confidera, señor, el riesgo en el que estamos, Apresura Sol tú e oche, que para empresas de amor son la lisonja mayor las tinieblas de la noche. Ay quimeras, hay antojos de amorosa fantasía, que de enojo, o de alegría, te están bailando los ojos? Fortuna, el curso deten, fija la rueda fatal! qué veloz eres al mal, y que perezosa al bien! Viste la Infanta? aunque no: pues hacia su cuarto vas, ya junto a la puerta estás, por donde a noche te habló. Bien parece que no sabes, que su padre me ha ordenado, que aquesta noche me parta de Flandes, asegurando que me dará juntamente con su hija estos Estados, luego que vuelva triunfante de Gerusalen; agravio, que hace, no solo a mi amor, sino a la lealtad que aguardo. No me espantan tus captichos, que no ha de parecer bien, solo de lo que me espanto, que seas tan sino amante, que a los balcones del cuarto de tu dama estés a solas sus hierros idolatrando. que de esos hierros dorados me despida, no pudiendo despedirme de los rayos Oriente, y ya son Ocaso. si oyera este desengaño Plor, o dejara la empresa, o vengata sus agrayios, Con ser esta pena en mí tan grave, lo que he llegado a sentir con más extremo, es, que me niegue el aplauso Balduino, que me dan los propios, y los extraños. En qué, señor, te le niega? En hacerme tanto agravio, que no admita en esta empresa un hombre más entre tantos. Sin duda el Conde se excusa de ilevarle? sí; hoy me valgo de la ocasión; y mi industria; pues si se queda Fernando en Flandes, proseguirá los amores comenzados con Juana: y si va a la guerra, y en su seguimiento vamos Madama, y yo, es muy posible olvidarla, y continuando sus finezas, llegar Flor a encender su pecho helado? Qué es lo que entre ti discurres? Estaba considerando, ni es buena razón de estado irse el Conde a la conquista, y quedarme yo esperando el suceso; bien podré seguirle, aunque sea alo largo. Qué ignorancia! no te espantes . Así aseguras que el Conde dilate el averiguarlo. Yo voy a decirle a Flor, que importa que le sigamos. . de un Sol, de quien antes fueron . Encubierto he de seguirle, demás que alegre me parto, pues aunque venga Filipo Qué es esto, cielos, que escucho? de Francia, el Conde su hermano queda en Cante, y el aviso, junto con el desengaño, le dará, con que es forzoso que se vuelva a sus Estados, sin que el de Horliéns. Está bien, tú lo tendrás bien mirado. Al fin mañana se parte su Alteza. . Y yo partiré) esta noche. . Cómo qué? sin despedir, ni acordarse de la Infanta? Aquí la espero; mas no viene, qué rigor! ven, Prito, venza el valor. Despedirte es lo primero. Aún no debe de saber, que la aguardo? (tiene. Pues no viene, algo tiene en su cuarto que la de- Vamos Brito, esto ha de ser. Qué es eso, Fernando mío? Partir, y partir sin vida. Ni es tan breve la partida, ni tan celoso mi tío, que dueño de mi albedrío, me impida el volver a verte. Más infeliz es mi suerte: yo mi bien, yo al fin me voy, pasos a la muerte doy, y ojalá llegue la muerte! Que no lo es en mi opinión, pues dividirse del alma, un cuerpo, y quedar en calma, no es la mayor división. El dividirse la unión de dos almas, de manera, que no muriendo se muera, cuando llegan a ausentarse: esa, sí, puede llamarse muerte, y aún no es la más fiera. Pues la división ha sido entre uno, y otro sujeto, y ya son dos en efecto los que amor ha dividido: Aquí si que se ha excedido amor, que en ambos reside, pues aunque ausencia lo impide, de dos un sujeto ha hecho: luego entre el mío, y tu pecho sola una alma se divide. Tan forzosa es la partida? tanto ha de durar la ausencia, que aún no admite competencia con la ausencia de la iida? ̱. Y aún no queda encarecida, si no lo quieres creer, con evidencia has de ver, si me escuchas, que la muerte, entre acabarme; y no verte, el menor mal viene a ser. Una vid de un olmo asida, cual siente más, que el acero la corte, o que un cierzo fiero de su amante la divida? Al verse quitar la vida; cuando mucho, llora, y gime de que la hiera, y lastime: mas si del olmo apartada se ve, y en tierra postrada, su mismo pero la oprime. Quien más la tierra oscurece, la nube que al Sol se opone; o cuando él mismo se pone, y a nuevo mundo amanece? Ver lad es que se entristece mientras falta su arrebol; pero la ausencia del Sol es la que llega a temer, no la nube, que ha de ser de sus rayos el crisol. Vid te juzgaba en mis brazos, Sol en mis ojos te hacía, llegó de mi ausencia el día, y impidió nuestros abracos. Cuando aguardaba los lazos de Himeneo, mi jornada llegó tan acelerada, que olmo, y tierra me advertí, . Tú tío, señora, espera. sin fruto, y sin luz, y a ti Sol puesto, vid, apartada; mas cómo podré alentar? Quien ama no desespera. Quien el riesgo considera, tampoco deja de amar; como te podré dejar, sin que me cueste la vida? Sabiendo que no es fingida. mi fe, si tu amor es firme. Aún no acierto a despedirme. Tan breve es ya la pertida? Tan breve, que hoy ha de ser. Qué dices? . Que si merezco. . Ya escucho el nuevo favor. No miras este monte, nuevo Atlante; que columna del Sol, al Sol se atreve, tu mano. Mi fe te ofrezco, que es más. Y qué hemos de hacer si los llegasen a ver? El Conde, que considera que podéis hablar de amor. Vuelve el Conde? qué rigor! No vuelve, pero pudiera. Parte, y vive satisfecho, verás que en vano has temido, que tiempo, ausencia, ni olvido rompan nudo tan estrecho. Vuelve otra yez a mi pecho, y a Dios. . Detente, señor. Qué dices? . Sabrás mi amor a lo que pudo llegar. Bien lo sabrá ponderar. dando batalla en derretida nieve al mar, que espera aún menos arrogante: Pues ya sobre las nubes se levante, o ya se atreva al que sus ondas bebe, comparado al amor, que el alma cebe, menos firme será, menos constante. Daré leyes de amor para obligarte, precuptos buscaré de obedecerte, y a mí me negaré por adorarte: y si el alma inmortal puede ofrecerse, después de muerta el alma he de ofrecerte, porque aún muerta no deje de quererte? Porque aún muerta no dejes de quererme, después de muerta el alma has de dejarme! Pudiera aquí de tu amor quejarme, y de tus esperanzas ofenderme: pues si el alma inmortal has de ofrecerme, no me das lo que dices que has de darme? Luego poder el alma eservarme para otro tiempo, ahora no es quererme? Yo no solo te doy el alma; pero antes que el cielo nuestras almas bellas formase te la di: pues considero, que entonces le quisieron las estrellas, y así antes, y después mi amor espero, que ha de durar lo que duraron ellas. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Filipo en Gante? . El caso es de importancia sin duda, pues obliga a un Rey de Francia a venir por la posta. Esperad todos, afuera, que pretendo por mil modos, que conozca la infanta la llaneza con que la trato. Deme Vuestra Alteza los brazos, que por primo he merecido. Vuestra Majestad sea bien venido. Y Vuestra Alteza, prima, bien hallada. Aunque fue larga la jornada, no fue el viaje tan apresurado, que descansar intente. . En un soldado corre el valor parejas con la gala. Entrad, pues. . Sin pasar de esta antesala, pues cualquier dilación mi amor condena, a mi prima he de dar la norabuena. Mas que vuelve el Infante victorioso? Quién de estado mudó, mude de esposo; muy diferente la ocasión ha sido, que de Paris a Cante me ha traído. No puede ser felice nueva que un casamiento contradice, que ya dejó mi hermano efectuado. Esto le importa. . Qué razón de estado, o qué nueva ha de haber que más importe? Vuestra Alteza me escuche, y se reporte. Partió mi tío, prima, como sabes, con los más nobles Príncipes de Europa, en diez galeras, y cuarenta aves, cuyo velamen con los cielos topas En grandeza tan monstros, y tan aves en la velocidad, que viento en popa, desmaya el Sol, si va en su seguimiento, paran las ondas, y empereza el viento. Partieron, pues, la vuelta de Levante la inquieta Armada; y la inconstante Flota, sin que se haya sabido del Infante: Mas debió de tomar otra derrota; y con que fuera allí tan importante, ni en duro asalto, ni en sangrienta rota le han visto, siendo general conceto, que partió a la conquista de secreto. Al Canal aportaron felizmente de la antigua Ciudad de Constantino, donde se opuso Alesió con su gente: Bastaba ser nuestro Campión Latino! y el César Griego, para que imprudente les estorbase el paso, y el camino: mas desde Troya es bárbara ojeriza, que entre las dos Naciones se eterniza. Por no cansar con vanas digresiones, bizarro asaltó el Conde la muralla, irre a pesar de enemigos escuadrones, dieronse a escala vista la batalla; mas quien fijó en el muro los pendones, un joven fue, cuyas empresas calla él mismo, pues la suya entonces era solo un penacho blanco en la cimera, Ángel, más que Soldado, parecia, según en los peligros se empeñaba: y a ser de España el campo, juzgaria, que su Patrón Glorioso le ayudaba, y milagrosamente le asistia; Menos hiciera de Hércules la clave, menos gente con ella hubiera muerto, que con su espada el joven encubierto. A trechos las murallas derribadas, mas las levanta, mientras más se enoja, de escalas rotas, y armas abolladas, de troncos hiertos, que del muro arroja, saí nuevas murallas bizo, que admiradas del contrario, aumentaron la congoja; viendo que aún son defensas más activas de cuerpos muertos, que de piedras vivas. O ya de pena, o ya de envidia ciego, murió Alesio, y los Príncipes Latinos, dueños ya entonces del Imperio Griego, por su nobleza, y hechos peregrinos, a tu padre eligieron, que en un pliego a mi hermano, y a mí, como a sobrinos, nos dio las mismas nuevas que ahora tienes por mí, de que te doy los parabienes. Bien sé que has de extrañar que mi deseo, antes que tú la nueva haya tenido; pero la culpa es mía, que el correo con intento en Parisle he detenido de pedirte que mudes hoy de empleo: Esto, prima, te ruego, a esto he venido, pues no es bien que un Infante Lusitano te merezca, teniendo yo un hermano. Tu padre Emperador, Ternando Infante, tu heredera de Flandes, y de Grecia; el Extranjero, tu Señora en Gante; mi hermano te pretende, él te desprecia. No mudes, no, tan presto de semblante, que quizá es presinición del vulgo necia, por ver que de ti encubre su persona: Conde, mucho mi prima se apasiona, no sé si es de alegría, u de tristeza, que ambos afectos lágrimas derraman; no vengo a descubrir tanta fineza: vamos que no es razón, si es que se aman, que yo me oponga al gusto de su Alteza. Solo la acuerdo que a su padre aclaman Emperador; y que es poco advertida quien al de Horliéns por un Infante olvida. . Oye señor, advierte. Bien pudieras vencerte, sobrina, y tus intentos encubrirle; voy a ver si es posible reducirle. Yo al de Horliéns? yo otro dueño? yo nuevo amante? yo otro nuevo empeño? Primero (que esto solo no se ha visto) me faltara el valor con que resisto a los golpes de ausencia, de sufrimiento armada, y de paciencia, que yo niegue al Infante la fe que cumplir debo a ley de amante, por más que el Rey de Francia se apasione; que aunque perdone el mar, y el Sol perdone en mí solo se encierra el mayor imposible de la tierra: pues todo pudo ser, y podrá verse, primero que mi fe llegue a romperse: Siempre fiel, siempre firme, y siempre una, a despecho del tiempo, y la fortuna. Todo eso, y más merece tu Fernando; he estado, y no sin causa imaginando, si el del penacho blanco en la cimera. Querrás decir que mi Fernando era? eso dudas, Irene? agora sabes, teniendo tú las llaves de mi secreto, que a mi padre asiste? sus cartas no leiste, en que me avisa que partió encubierto? Si antes lo imaginé, ya en mi es tan cierto, como que en ningún tiempo has de olvidarle, Cómo olvidar? primero que faltarle faltaré al Rey, al Conde, a mis vasallos, y aún a mi padre, si pretende honrallos con el mayor Monarca de la tierra; que si él por elección en esta guerra del laurel se corona de Levante, otro mayor conquistará el Infante. Viento es en mí la Griega Monarquía, vamos, Irene, y en mi aliento fía; vamos, que a su pesar mostrarme intento lince al Sol, roca al mar, y escollo al viento. No me faltaba otra cosa, sino pararme a escucharlos, Tete, Brito, aguarda un poco, Vive Dios, que es fuerte caso, quérarse el hombre escapar, y que no hayan de dejarlo! Claro está donde está él, que ha de estar también su amo. No está sino muy oscuro, que no son amo, y criado maza, y mona, ni perdices, que han de andar apareados. Él está en Grecia sin duda. No son los rayos tan claros del Sol, como ese discurso. La Luna está más a mano que el Sol, que ya está en las Indias, con quien comparar lo claro; y más, que agora ha salido con rayos tan plateados tan clarísima, que puede ser mujer de un Veneciano, Deja las burlas, y dinos, a dónde queda Fernando? Él nos quiere asegurar para escaparse, y dejarnos sin respuesta, y con más dudas. Mucho apuran; y mi amo lo que me encargó primero, . es, que a Flor, por ningún caso de dijese donde está. No respondes? Estoy dudando quién es ese caballero; no se espanten, que soy flaco de memoria, y más en Grecia, adonde todo es engaños; Si non, y Vlises lo digan. No adviertes, que estás hablando con nosotros? Tú lo niegas? Yo le niego, y le he negado, y le negaré tres veces, y treinta, si importa al caso. Qué dices? . Lo dicho dicho, . Ansí, pues ya voy al caso: y lo negado negado. Arma, y clarín a estas horas? sin duda es algún rebato! no me cabe el corazón en el pecho. Que un vi llano tenga tan bravos alientos! Pues quedas con su criado, que te podrá acompañar, yo buscaré a tu Fernando, supuesto que hoy es forzoso que se muestre en el asalto, aunque entienda uno por uno correr todos los soldados. . Diera un brazo, mucho es, basta un dedo de la mano; un dedo? también es mucho, no le compremos tan caro; una oreja de las dos que tengo, si, en el zapato, diera por tener al César aquí para corejarlos, y probar que no hay acción que no le imite Bernardo. Aún las pestañas que tiene a la Luna le he contado, y hasta en esto está la cuenta sin picos, y iguales ambos. Aguarda, que no has de irte sin que digas. Y el rebato? Mientras la gente se junta, y se ponen acaballo, podrás responderme a todo. Atiende, que ya lo hago: Que ganó a Constantinopla el Conde; que le aclamaron por Emperador de Grecia los Príncipes coligados, sabrás ya. . Todo lo sé. También sabrás (claro está) como Teodoro Lascario, General en esta guerra de Vulgaros, y Valaquios, después de haberle rompido dos veces, fortificado en Andrinopolí aguarda, que le demos el asalto: y si hoy no llega el socorro de su Rey, hoy será el saco mayor, que vio la codicia, si es que vive entre soldados. A todo he estado presente, saber quiero si se ha hallado el Infante en este cerco. Ansí, pues, ya voy al caso, aunque ya no puede ser, que vuelve a cantar el gallo. Sin duda que al enemigo el socorro le ha llegado. San Dionis, S. Dionis, dice el Francés; yo soy sidalgo, yo Español, yo. Portugués, pues que lo calla mi amo: voy, y no falte quien diga cierra España, y Sántiago. . Aguarda, que ya te sigo: sola los dos me han dejado, trabada está la batalla, y ya difícil el paso; pero defensa me ofrece lo espeso de aquellos ramos, allí aguardaré el suceso: y si me hallare el contrario, ni a los peligros me excuso, ni a los riesgos me acobardo. , - ya es imposible ayudarle, , - que de enemigos cercado , el César. . Tú me detienes, , , Madama? . Tu vida guardo, Agora os faltan los bríos, después de sucesos tantos felices? a Godifredo, a Marqués de Monferrato, no os desmaye el verme herido; piérdese más que un soldado en mí? cualquiera de todos vosotros merece el cargo de General, y cualquiera ceñirá el laurel sagrado mas dignamente que yo: Las fuerzas me van faltando, pero no me ha de faltar el valor. Ea, soldados, ea, Franceses guerreros, ea, Ungaros bizarros; ea, Flamencos valientes, y Alemanes alentados, si peleando morís, también muero peleando, Allí va el Emperador de una flecha atravesado: quién pudiera socorrerle! pero de qué me acobardo? De qué sirve ya encubrirme? tiempo es ya de declararnos valor, pues nada se arriesga habiéndose declarado contra todos la fortuna. Dónde te arrojas, Fernando? que es lo mismo que la mía. Yo te agradezco el cuidado. Al fin conservar no quieres la vida. . No, ya es en vano, que muriendo Balduino, no es bien que viva Fernando. . Así me dejas, Infante, en las manos del contrario? Vale más perder dos vidas en una (ah huésped ingrato!) que ganar de agradecido. el blasón que has despreciado? Puede ser que con la vida escapes, hoy de las manos. de Teodoro, y de los suyos, que lo tengo por milagro; mas no podrá ser que yo deje( ha cielos soberanos!) de vengar este desprecio, si de aquí también escapo con la vida: Mas qué digo? nile culpo, ni me espanto, que quien ha de reportarse, viendo al César revolcado en su sangre? qué desdicha! Ya es imposible ayudarlo, ni dejar el de morir que llueven flechas, y dardos contra los dos, tan espesas, que cubren los aires vanos. Quién será aquel a quien sigue tan gran tropa de Soldados? No puede ser Caballero quien se viene retirando, que quien huye la ocasión, o es cobarde, o es villano; pero todo cabe en él: no creyerá de Bernardo. tal bajeza! tú te excusas? tu desamparas el campo? No me excuso, no, al peligro, Madama, sino a un engaño de los nuestros, pues creyendo que soy el César, han dado en seguirme, y más que todos el Marqués de Monferrato, que su persona me ofrece, sus armas, y su caballo, o para que me retiré, o para que vuelva al campo. No debe de haber sabido nuestra gente, que restados a morir en la refriega se entraron él, y Fernando: y el César, como yo sé, de una slecha atravesado, y aún sin vida, afirmar puedo, pues le vi ya agonizando. con la muerte? . Desese modo con razón se han engañado: No es mucho, no, de esa suerte, que mirándome a los rayos de la Luna, y siendo así, que nos parecemos tanto. No digas más, hoy la suerte en mi favor se ha mostrado, ya. Bernardo, llegó el tiempo de mi venganza, hoy cobramos, yo una esperanza perdida, tú un Imperio imaginado, como, una cautela esfuerces, como ayudes a un engaño, (que si harás) pero ya llegan: concede agora con cuanto dijere, y déjame a mí, pues nadie sabe el estado de la guerra; como yo, que lo he visto entre esos ramos. Para todo me has de hallar resuelto; y determinado. Y se ha de ver tu valor. Soy noble, y soy tu vasallo. Ya no es tiempo de encubrirse, desde aquí empieza el engaño. Vuestra Majestad señor, al Marqués de Monferrato agradezca el ofrecerle sus armas, y su caballo. No solo no lo agradece, mas pretende disfrazado encubrirnos su persona. Qué es esto, cielos sagrados? yo Majestad? Ahora dudas? tú te precias de soldado? tu pierdes esta ocasión? que dejas para un villano? Esto es lo que Flor me dijo, que concediese; a que aguardo? no soy Bernardo de Raiz? Hoy me habenido a las manos la ocasión de hacer eterno mi nombre; ea. Bernardo, qué temes? qué desconfías? tuyo es el laurel sagrado, que no por fuerza han de ser os Imperios conquistados. No sin causa me dio el cielo estas señas que en mi hallo, en todo tan parecidas al César; solo repato si vive, o muere; mas Flor no se hubiera así empeñado, sino supiera que es muerto. En que estás, señor, dudando, cuando en favor de Teodoro la suerte se ha declarado? Vana es ya la resistencia. Marqués, amigos, vasallos, el queterme disfrázar, quitando a un muerto soldado estos vestidos fue industria del valor, pues en llegando a ver en mí las insignias Imperiales, del contrario fuera la gloria, de mí la confusión, y el agravio de los míos, que en la guerra hay ocasiones, hay casos en que es más honra el morir como un humilde soldado, que buscar aún más allá de la muerte aplausos vanos? Por esto quise encubrirme, y si os traje hasta esos ramos excusándome, fue solo, Marqués, para encomendaros a aquesta Dama Extranjera, con quien me hallastes hablando? mas ya que he llegado aquí, y la dejo en tanto amparo, vuelvo a morir con los míos. No nos hagas tanto agravio, pues ni nos falta el aliento, ni gente en nuestros Estados, para volver, gran Señor, a cobrar lo conquistado. Lo mismo, señor, te ruego. Bien está, como volvamos a vengar aqueste oprobrío. También importa curaros, gran Señor, que aunque la herida de la flecha, que os tiraron los enemigos, decís que no ha sido de cuidado, con todo es bien. Ya os entiendo: esto importa que singamos, . por si alguno ha visto al César. Retírese luego el campo, marche la vuelta de Flandes: Ya una vez determinado, seguir quiero mi fortuna. Tú me pagarás, Fernando, el dejarme en el peligro, pues esforzando este engaño, ni tu casarás con Juana, ni ella se verá en los brazos de su padre, antes por él cobrara el mayor contrario. A gran peligro me expongo; pero jamás ha ocupado grandes puestos, quien consulta los inconvenientes (vamos, Marqués) todo se aventure, . y no es mucho aventurarlo, aunque la vida se arriesgue por un Imperio que alcanzo, por estar Madama Flor celosa, y no ser agravio de mi valor, que yo sea el primero que ha llegado al Imperio por los celos: pues no me dio el cielo en vano esta viva semejanza, estos pensamientos altos, esta condición altiva, y este espíritu bizarro. . Ya prima, ya no me espanto viendo eclipsar su arrebol, que su luz récate el Sol, y aumente el Alba su llanto: pues donde está vuestra Alteza fuerza es rendirle despojos el Alba a la de sus ojos, el Sol al de su belleza. De qué sirve encarecer partes? de que desconfío, si vuestra Alteza, y mi tío bastan para oscurecer el mismo Sol que encarece: pues viniendo aquí a tratarme de casar, o de matarme, No solo ya se oscurece su luz, más presta al jardín lágrimas que le coronen? vuestras Altezas perdonen, y el de Horliens. . Mujer en fin resuelta, y enamorada: sin duda desde hoy intento no hablarla en el casamiento, aunque de aquesta jornada vuelva su padre, y mi tío, y a mi hermano quiera honrar, que él, y yo no hemos de estar pendientes de su albedrío. Menos lágrimas le queste, sobrina, al sol de tus ojos, pues no vengo a darte enojo pero que rumor es este? . Todos afuera esperad. Fernando, qué luto es ese? Antes que su mano bese, oiga vuestra Majestad: Cristianísimo Monarca, Conde ilustre, y vos señora; que ayer lo fuistes de Grecia, y hoy solo el estado os toca de Flandes, estadme atentos, si no es que a los tres informan, primero que mis palabras, las penas que me congojan. Prosperamente pártimos de Flandes (qué propia cosa de la fortuna, empeñarnos en sus primeras lisonjas, para acabar en desdichas, y en tragedias lastimosas!) Al fin el Conde partió a Venecia por la posta, embarcose, y yo encubierto seguí la misma derrota, hasta envocar por el propio Canal de Constantinopla. Ca- Ganámosla por asalto, y los Príncipes de Europa, muerto ya Alegio, le entregan a su Alteza la Corona de Grecia, que pocos días pacificamente goza, a pesar de sus rebeldes, que con ambiciones locas, o por sacudir el yugo, que los óprime, y los doma, se convocaron, y entre ellos una sierpe venenosa, Teodoro Lascario, monstruo humano, cuya ponzoña; cuyo tosigo en sus flechas aún los aires inficiona, en Andrinopolí aguarda, Plaza de Armas velicosa, con escuadrones infieles nuestras Católicas tropas. Cercámosle, y tan prolijo fue el cerco, y tan a su costa, que a no socorrerle el Rey de Valaquía, el hambre sola bastara para rendirle; mas la fortuna envidiosa, de nuestra dicha en un punto le favorece, y nos postra. Una noche, cuando todos devamos treguas forzosas al sueño, impensadamente nos despierta, y alborota el estruendo, y la armonía de las cajas, y las trompas, que los ecos lisonjea, y en sus cóncavos rímvomba. Con presunciones de Sol salió la nocturna antorcha, a pesar de las tinieblas, y a despecho de las sombras. Tan llena salió, y tan clara de las humedas alcobas del mar, que aún tiempo aclaró su dicha, y nuestra deshonra: Mas es Luna, y inconstante, y no es mucho que se ponga de parte de la fortuna, de quien la inconstancia toma y aún le pesó aquella noche de estar en creciente forma, que a estar menguante, formaran un arco sus puntas corbas, para arrojarnos más flechas, que el campo enemigo arroja, con ser tantas, que en el viento se clavan unas en otras. Pero mi ardimiento entonces, que en imposibles se engolfa, ni tímido se retira, ni provido se reporta, menospreciando valiente tantas flechas voladoras, tantos arpones, y tantas granadas de fuego, y vombas, con mi muerte pretendía sellar mis hazanas todas, Pero ni me oyó la muerte, ni mi pretensión se logra, que siempre a quien la desea se muestra más perezosa, y más a mí, para darme mil muertes en una sola: Antes en mi brazo entonces libró su guadaña corba, para que viese después de quedar con la victoria Teodoro la más sangrienta, la más miserable rota, que hasta allí vieron los siglos, ni escribieron las historias. Aquí de afectos del alma lágrimas, agora, agora, que aguardáis? agora es tiempo que me anegue vuestra copia. Verdades del alma sean, sin arte, y sin ceremonía; pues nunca verdades fueron, verdades artificiosas. Pintor hubo, que copiando un corsel, Andaluz Boreas, de pecho, y lomos fornido, al querer pintar la boca, de la cólera, y del freno, ya sangrienta, ya espumosa, con los pinceles no pudo, y despechado la esponja, donde limpiarlos solia; tiró al caballo de forma, que hizo allí más un despecho, que todo hel arte en la obra: y así no extrañen que os hable. en estilo, y voces toscas, pues la verdad aventura quien de colores la adorna. Después de quedar (qué infamia!) las banderas victoriosas del contrario, preso el César, con otras graves personas, y entre ellas yo, que el primero llegué (dilengia ociosa!) a socorrer a su Alteza, Teodoro (qué infame gloria!) en vez de mandar curarle, que fuera acción más heroica, manda a un sangriento Ministro, que acabe con su persona: y él más cruel que obediente, los pies, y manos le corta, para que a sus ojos vea, y dársela más renosa, la muerte de sus vasallos, de cuyas partes se informa el Bárbaro; mas oyendo mi nombre, y nación, reboca la sentencia, por dejar un testigo, que deponga de todo, haciendo al Imperio relación tan lastimosa. Diéronme salvo conduto, y pensando hallar en tropas nuestro ejército rompido, no halle una persona sola. Mas volviendo a la tragedia de los nuestros; lo que agora mas me aflije; es el desprecio que hicieron de la persona del César, pues vengativos, porque se anegue en las ondas de su sangre el tronco informe, vivo en un foso le arrojan: Bárbara resolción! No sé como los perdona el cielo, y no los consumen rayos que en las nubés forja. No sé para consundirlos en acción tan rigurosa, como en ausencia del Sol la Luna no se encapota, los montes no se estremecen, los cielos no se trastornan. Murió el Conde Balduino, el lustre faltó, y la pompa de los Príncipes, y en él tantas virtudes heroicas: Faltó el laurel más temido, la más bien quista Corona, el más Católico apoyo de la Fe, la más briosa resolución, el consejo. más acertado, deforma, que aún muerto el valor le teme, y hasta la envidia le llora. Aquí me falta el aliento, lo que he referido sobra para lastimar su muerte, dandó mela más penosa. los suspiros, que me impiden, los sollozos que me estorban, las lágrimas que me anegan, y las ansias que me ahogan. Bien es menester valor, prima, en tan grave tormento: no desmaye el sufrimiento, venza el esfuerzo al dolor. Qué sufrimiento, señor, qué valor ha de bastar para tan grave pesar? De que no ofrezca me admiro un Etna en cada suspiro, y en cada lágrima un mar. Qué es esto? El vulgo ignorante vanos aplausos, previno para el Conde Balduino. No es el que viene delante? Viose engaño semejante! vivo el Conde? no es razón dar crédito a una ilusión. Apenas lugar se han dado un cuidado a otro cuidado, una a otra confusión: pues como afirma el Infante que le vio muerto en el campo? Tal vez la vista se engaña. Digo que me hallé delante cuando Teodoro arrogante le mandó dar muerte fiera. Pues quién hoy el vulgo altera? . Hija, cómo no llegáis? El aplauso, y rumor crece. Mas dudas el caso ofrece, cuanto más se considera. de que antes llegue un sobrino, Ya sé que es fuerza extrañar mi venida, y ya he sabido también, que mal informado el Infante os habrá dicho conjeturas de mi muerte, de que me libró propicio el cielo, que aunque no he estado presente, ya lo colijo de los extremos que veo en todos, y del vestido de luto que trae Fernando. Lo que por mis ojos mismos vi en la campaña. . Fernando, ni soy desagradecido, ni tan falto de memoria, que no os confiese que estimo, que fueseis vos el primero, que me acudió estando herido de una flecha: Aquesto fue lo primero que me dijo Flor, entre otras circunstancias, de que ya vengo advertido. . Sí; mas después? . Bien está Yo he de perder el juicio! . Su talle, y semblante es este; pero yo no soy el mismo que le vi muerto? o se engaña, o se confunde el sentido de la vista: pues creer que es su sombra, o que está vivo, eso yo fuera milagro, y basta que sea prodigio de naturaleza, en quien mayores portentos vimos. no respondéis Conde invicto de Nemur? tampoco vos? Dad los brazos a Filipo, gran señor. . Y no os corréis que una hija, y que un hermano. El sentimiento es preciso en los dos de tales nuevas, de tan impensado aviso como nos dio aquí el Infante, y así habrán enmudecido. Señor, perdona Fernando, que la piedad me ha movido natural, mas que el amor, que hay en mí; pero que digo? como es posible engañarse quien afirma que le ha visto morir? tampoco es posible faltar las señas que admiro en él, si llegaré a hablarle? Sí, que fuera alecto impío negar a un padre, aunque no, que aquel natural cariño, y aquel afecto piadoso, que debe tener un hijo con su padre, falta en mí. Si es verdad lo que imagino? en mis niñeces me acuerdo de haberme mi padre dicho, que en Amberes. . No llegáis? Aún los tiene suspendidos la extrañeza del suceso. Ni a llegar me detérmino, ni a proponer esta duda; aquí a mi Fernando miro confuso, allí un padre incierto; aquí amor, allí un prodigio; o acabad de aconsejarme, o acabad cielos conmigo! . Viose mayor suspensión! qué ingenio el más peregrino fingir pudiera en su idea tan confuso laberinto? Gran dicha fue el escapar de la prisión, y del sitio la demás gente. . Confieso que no escapar amos vivos a no acudirme el Infante. Qué es esto, Cielos divinos! yo no le dejé en un foso, después de tantos martirios como en su persona hicieron . aquellos fieros ministros? pues como aquí ajora? Infante, dejad discursos prolijos, y vos hija, y vos hermano, acabad de reduciros a lo que el cielo dispuso. Quédese el caso indeciso, Juana, que yo no me atrevo a resolver, aunque admiro la semejanza, las señas, y indicios que han parecido de que es tu padre, y mi hermano. Ni es mi padre, ni hay indicios, ni hay semejanza ni hay señas, que desmientan lo que ha visto el Infante por sus ojos. Dejadlos, vamos, sobrino, que a todo daerá remedio el tiempo: y si reducirlos hoy no ha podido el agrado, mañana lo hará el castigo. El tiempo los desengañe. Ánimo, corazón mío, de mi parte están los Nobles, . ya el vulgo está reducido a este engaño; mas con todo me vi agora en gran peligro: bueno quedarás Bernardo si te faltara Filipo. Conde, Señor, vuestra Alteza me escuche, pues siempre ha sido nuestro mayor valedor, nuestro amparo, y nuestro asilo. Déjeme con mis pesares. vuestra Alteza, que harto ha dicho: y aunque para mi es tan cierto, como quiere en tal conflicto que le valga, cuando apenas valerme puedo a mí mismo? . En ti mi bien, en ti queda librado el último alibio Qué alibio, Infante? Ay de mí! que en vano le solicito. Nada hay en mí de mí misma, toda al dolor me he ofrecido, a la fortuna obedezco, y a su inconstancia me rindo; solo es mío este pesar, tuyo es solo mi albedrío. Todos me dejan, y todos, como si fueran hechizos mis palabras, y ellos fueran áspides, yo vasilisco, de mi retiran los ojos, y se tapan los oídos. No son vanas ilusiones, verdades son las que afirmo, que en mi lealtad acrisolo; y en mi nobleza acrédito. Qué es lo que pasa por mí? vengadme cielos divinos! Mas a quien pido venganza? de quien aguardo el castigo? Si os disimulan severos, no sé si diga propicios, que son justos; y no pueden serlo con un mal nacido: Si para más confusión hoy en este mismo sitio, y aún tiempo, aunque con afectos desiguales, concurrimos. la Nobleza conspirada, los Soldados sin Caudillo; el Rey de Francia empeñado. en acreditar indicios; sin aliento la Princesa, dudoso el Conde su tío, triste Irene, y yo confuso; penas, lágrimas, suspiros, todo verdadero, y solo. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Vuestra Majestad sobrino, se reporte. . No bastaba que mi prima en tanto tiempo Ninguno saque la espada de los míos; no, Filipo, en tales casos no basta el tiempo, cuando un tirano. Aquí conviene atajarla. a Materias de tanta duda no se han de llevar por armas, cuando puede la razón, y el discurso conformarlas. Cuando la razón no estuvo de mi parte? . Oyeme, aguarda, y verás que no la tienes, ni el Conde, que te acompaña, que no puede ser mi hermano, quien contra mí se declara: Ella responda por sí, Conde de Nemur, y valga la razón, pues hoy tenemos por fuez de aquesta causa a Filipo, que nos oye Eso me tiene de Francia ausente, mas que las bodas de mi hermano. Di a qué aguardas, que yo responderé a todo. Defienda el cielo tu causa. Ya es ocioso el defenderte, ni por razón, ni por armas, por las armas ya se ha visto, supuesto que en tres batallas te he vencido a ti, y a todos cuantos rebeldes te amparan, que a tanto pudo llegar tu soberbia, y tu arrogancia, que otra Semiramis nueva riges Flamencas escuadras. Por la razón ya se infiere, pues por una ambición vana niegas a quien te dio el ser, en los discursos fundada de Fernando, cuyas nuevas de mi muerte fueron falsas, pues aqví, Juana, me tienes vivo, sin que en ello haya mas duda, que las que tú propones, mal informada de un Español. . Oye, espera: si me venciste en campaña, fue que te siguió ignorante el vulgo, y a mí me amparan los Nobles, que son los menos, si bien de más importancia: Y aún de la misma Nobleza hoy te sigue parte tanta, por los cargos, y mercedes que has vinculado en sus casas, que ya solo me ha quedado el valor que me acompaña. De padre, y de Emperador rompes las leyes sagradas: de Padre, dándome guerra, pues siéndolo, no arriesgaras mi vida, por más que yo te desconociera ingrata. De Emperador (claro está) pues si lo fueras mandaras la justicia, y el decoro Real, sin dar hoy entrada en Palacio a una Extranjera, solicitando el casarla con el Infante, olvidado de la fe, y de la palabra, que le dio mi padre el día de aquella infeliz jornada. A esto que dice es forzoso responder, y asegurarla, . pues no he sabido hasta agora; que le diese tal palabra. No te diviertas, escucha. Ya te respondo. A Madama Flor el Infante le debe tanto amor, finezas tantas, que es justo que se las pague, pues tú estás bien empleada en el de Horliés, que es tu primo, Demás, que agora te hallas hija de un Emperador: y cuando diese palabra, (esto importa reforzar) eras solamente Infanta, hija de un Conde de Flandes; y aunque amor todo lo iguala, no es buena razón de estado: La Provincia de Campaña goce Fernando con Flor, y paréceme que basta de dudas, y confusiones, cuando materias me llaman de estado, escuchadme atentos. Gran valor! Si él nos engaña, sobrina, es grande su industria. Y mayor su confianza. En ocasión como aquesta, en el solio me sentara Imperial, más fuera exceso, estando tan gran Monarca presente, valerme aquí de la Majestad Cesarea. Dicen que el Infante afirma, que me vio muerto en campaña; herido sí, y no os admire, que su vista se engañara; siendo de noche, y estando mi persona rodeada de enemigos, y en un foso, donde el polvo, y la distancia es fuerza que al distinguirme su atención equivocara: Cómo puede haber cautelas entre evidencias tan claras? Daréis crédito al Infante, que aceleró su jornada, por contaros de mi muerte tan dudosas circunstancias? Habéis visto en mis acciones. alguna, que a las pasadas contradiga, quien mis leyes, quién mis ordenes extraña? Desde que entré en mis Estados. ha avido empresa tan ardua, contra vasallos rebeldes, que no allanase mi espada? En el consejo, y las dietas hubo caso de importancia, en que no se me debiesen los aciertos? no me aclaman en la paz segundo Numa, y entre enemigas escuadras nuevo Scipión Flamenco? No tuve yo conquistada la Grecia, cuyo laurel mis sienes lisonjeara, hasta hoy, si la fortuna firme solo en la inconstancia, no atajara mis intentos? el caelo sabe la causa! No fuera ya de Cristianos aquella Ciudad sagrada, Gerusalén, y en sus muros mis pendones tremolaran? No hubiera ya redimido de Infieles la Casa santa, si aquel arpón venenoso mi pecho no atrevesara? No dura en mí la obediencia, que di a la Iglesia Romana, desde que la envestidura de estos Estados en Francia me dio el Padre de Filipo, honra que debo estimarla, y tanto, que en mis archivos en letras de oro se guarda? Contra porfías del tiempo no levanté las murallas de Cante? no di a los míos con puntualidad sus pagas? Qué facción está sin premio? qué servicio sin ventaja? qué rebelde sin castigo? qué cobarde sin infamia? Si este he sido, y este soy, porqué de ilusiones varias os creís; pero ya os leo en los semblantes las almas. Ya estaréis desengañados, como lo está el Rey de Francia, reducido el de Nemur, y satisfecha la Infanta. Siempre fui de esta opinión. Ahora digo que se engaña Fernando. . Y yo; que temores aún no se asegura el almal . Y yo, que perdón te pido el tiempo. . Con eso basta. Ya tengo en fin de mi parte al Rey, al Condel a la Infanta, y al pueblo; el Infante queda; pero es tal su pertinacía, que hoy le tengo en esa torre, donde este cuarto remata; no quiero decir que preso, porque donde esta Madama que le régala, y asiste. Flor le asiste, y le regala? rabio de celos! Fernando en una torre? a que aguarda mi esfuerzo, que no le libra? para que ciño esta espada? Quiente acudio, como has dicho, cuando entre mortales ansias? Mas querer hoy reducia a numero sus hazañas, es querer contarle al cielo las Estrellas menos claras. No hay paciencia, vamos, Conde, que esta prisión, y esta infamia me toca, aún más que a Fernando. No es razón, no, que te vayas sin satisfacerte. . vamos, sobrina, que no hay palabras, ni hay razón, contra crueldades: En tu cuarto, con la guarda de tu persona estaras, mientras el tiempo declara la verdad. . Y si no el cielo me dará justa venganza. Aquí a los dos nos importa, que vuestra Majestad vaya a aconsejar a su prima. Cuando no me lo avisara, fuera yo; el cielo nos saque . de entre confusiones tantas. . Mi amo está en mala finca, por Dios que si aquí se hallara presente; pero no importa, si se me logra una traza, A solas le he menester; y el Marqués me ha de estorbar Oye aparte; si el poder no ha bastado, si el Reinar. Eso a solas ha de ser: con vuestra licencia, Flor, e ver quiero unos memoriales. Dejarte será mejor, que en ti ocupaciones tales acreditan el valor. Si el Marqués también se fuera, y a solas con él me viera, yo le dijera quien es. Flor yo iré a veros después. . Dice de aquesta manera. Aurelio, hombre principal, y Coronel reformado, por un decreto Real, dice que se ha señalado como vasallo leal: pide que el sueldo le des del cargo. . No se le debe. Caballero, y rico es, ya se ve que más le mueve reputación, que interés. Si está en que lo mereció, publique por varios modos, que de mí el sueldo alcanzó, bien podrá decirlo a todos, que no lo negaré yo. Conseguiremos yo, y él nuestro intento, y en rigor partiremos el laurel, yo de justo Emperador, y él de honrado Coronel. En el memorial primero los pies de gallo ha mostrado, ni es César, ni aún Caballero quien parte con un Soldado el Laurel, y no el dinero. Aquí se queja un soldado de ti, que por ser inquieto del campo le has desterrado; debe a su padre respeto hombre en su tierra estimado. Hubiérale él instruido, Marqués, en su edad primera: nunca respeto ha sabido, que hoy a mí me le tuviera, si a él se le hubiera tenido. A sus deudos, que valientes soldados conocí yo, que les dirá? . Qué? eso sientes? que él de mí no se agradó, que su padre, y sus Parientes, al segundo, o tercer día, en sus costumbres verán la ocasión porqué se envía, y entonces conocerán si es la culpa suya, o mía. Esto aún vaya, aunque en su edad las costumbres que ha tenido repite, y a la verdad, o es maldiciente, o ha sido pícaro en su mocedad. Y vos traéis Memorial? Eso a grandes Escribanos, que yo soy por principal, si es nobleza escribir mal, tartamudo de las manos. Si no traéis, despejad. Este Palacio es mi esfera, a estar Vuestra Majestad sin testigos. . Idos fuera, solos Marqués nos dejad. Saber de este determino los disignios del Infante, y este ha de ser el camino. No es esto ser semejante, sino el mismo Balduino. Nos oye alguno? . Bien puedes proseguir, y darme cuenta del intento de Fernando. Este averiguar desea . si quiere a Flor, o a la Infanta. Este con cautela intenta conocerme; válgame aquí . cautela contra cautela. Yo hablara en buena amistad, mas las mayorias cesan entre iguales: yo me cubro, pues no hay aquí quien nos vea. Hombres de tu porte, Brito, nacen con esa licencia. Eso no, por camarada, y amigo quiero que entiende, y no por busa, que está el sombrero en mi cabeza. Mientras más hablas, mas tienes merecida la licencia. Qué grave está el pícaron! qué erguido el cuello, y que sesga la vistal por JesuCristo, que he menester gran paciencia para no darle. . Qué dices? Digo, que está la beleta en su panto: pues conmigo mayorias, y extrañezas, que en campaña tantas veces nos brindamos a una mesa: Vaya la máscara a un lado; que dejas, dime, que dejas para cuando estés delante del Rey, y de la Princesa Juana? . Hablas en juicio? Hablemos desde más cerca, amigo, aquí entre los dos. Qué es amigo? Empertinencia. Perdón merece el donaire, pero no la desvergüenza: ha soldado de mi guarda, ola. . Si es de la Tudesca, malo. . Hola. A mí me mata, cuando a los suyos olea. Qué nos mandas, gran señor? Que en esa torre primera de Palacio, donde está su amo, en una cadena pongáis a aqueste vill no. Llevadle, pues. . Oye, espera, gran señor, que aquestas dudas no fueron más que sospechas: yo no sé lo que me he dicho, y del semblante, y las señas vengo tan mal informado, que hablé por boca de Duena. Más de este no hay que hacer coso, pues cuando intentarlo quiera, no podrá descomponerme hombre de tan bajas prendas: lo que debo sentir, es, que el Infante se me atreva. Desconfianzas, ardides, peligros, inobediencias, se conjuran contra mí, que no solo no me alteran, pero he de vencerlo todo; válgame aquí mi cautela! Pues solo es digno de aplausos quien los peligros desprecia, quien su fortuna se hace, y de sí mismo se empieza, Basta decir que ha mandado el César, aunque yo mienta, que me quiten las prisiones, que aquello de la cadena fue ad terrore. Qué es aquesto? qué voces, Brito, son estas? Estate tú con la tuya, y déjame con mi tema: Memoria al fin de señor, posible es que no te acuerdas de Bernardo, aquel villano que cultivaba las tierras de Madama Flor? Pues bien, tiene alguna conveniencia el que yo me acuerde, o no, con tu risa; y mi tristeza, que parece que has hallado, según el gusto que muestras, remedio para mis males, y alibio para mis penas? Y como que hallé el remedio, y el alibio que deseas. Ya sabes que fue opinión constante en aquella tierra, que era Bernardo de Raiz. una copia verdadera del César, que ya en el cielo rige escuadrones de Estrellas? Querrás decir qué es el mismos Y aún lo sé con evidencia. No, Brito, no puede ser, hombre es de más altas prendas, de más nobleza, y más partes, quien hoy a Flandes gobierna: El sabe con perfección, Erito, seis, o siete lenguas, la Flamenca, la Toscana, la Espáñela, la Francesa, y lo que es más, los preceptos de la Latina, y la Griega, Si habla de razón de estado en el Consejo, y las dieras, su razón es la más fuerte, y su opinión la primera. Sabe la Filosofía, y con ella tantas ciencias, que su nacimiento abonan, y acreditan su nobleza. Si está en eso; también puedes traerme por consecuencia una facción, que vio ayer el vulgo, que hoy le celebra por el bridón más bizarro, que corrió lanza en la tela. Sacó el Picador mayor (ya conoces su destreza) un córcel Napolitano, una colérica bestia, que le echaba de la silla a córcobos, y a corbetas. Viendo al indomito bruto el embustero (o el César, que para mí todo es uno) que le arrastra, y le atropella, y que no hay hombre después que a subir en él se atreba: Sin poner pie en el estribo, puesta la mano siniestra en el arzón delantero, Centauro fue de una pieza. Rienda, y cabezón ajusta, y vibrando la baquera, los muslos en el borren, y en el hijar las espuelas, tan templado escaramuza, y tan veloz escarcea, que es un monte si le para, y si le corre un cometa. Cómo quieres de esa suerte, que un pobre villano tenga tal destreza, habiendo sido criado en tan ruda escuela? No es la que viene la Infanta? A mí me niegas la puerta, Fernando? . Señora mía, tan grande favor recibo, ya puedo decir que vivo. Lo mismo, Infante, diría por mí, mas la pena es tal en que me he llegado a ver, que el no verte viene a ser, aunque es grande el mayor mal. Los ardides son extraños de este Emperador fingido. Tanto, que aún de mí me olvido por descubrir sus engaños. En tanto tiempo me admira, que padezca la verdad. En la misma claridad pinta sombras la mentira: Todo impresiones padece, peregrinas de ordinario: todo tiene su contrario cuanto al discurso se ofrece. Solo en mi amor no es posibo que le haya. . Más que tienes celos de Flor, que me asiste en la prisión? el de enfrente es su cuarto, y esta puerta, que esa cortina guarnece del retrete, donde acude el César continuamente, y no queiría: oye aparte, que él, ni ella nos lintiesen. Despavilemos no digan estos amantes en cierne, que solo tengo el ingenio despavilado en hacerles creer, que el César de estraza; mas no es aquel que allí viene? Matraste la luce . Matela; qué temor! pero fue adrede, porque he visto. Grave empeño! El Emperador es este que viene, y si aquí nos halla; pero un engaño previene mi industria, apártate a un lado. Ya me aparto, lance fuerte! No hay luz en aqueste cuarto? y más habiendo mujeres, cuyos ecos he sentido desde mi propio retrete, donde estaba retirado. Fingir la voz me conviene. Qué es lo que intenta la Infanta? Gran señor, si no pretendes, que el honor de una extranjera se aventure. . No te alteres: esta es Flor, que con Fernando . logra la ocasión presente para decirle su amor. Dime si escucharnos puede alguno. Aquí de mi industria. Sola estoy. Con dos, que tienen las orejas más agudas que un Satino. . No agradeces a un fiel vasallo. . qué escucho? Que en ocasión te pusiese dónde logres tu esperanza? Ya la Princesa no espere buen suceso en sus amores. Escucha. Qué te suspende? Sentí ruido, y es fuerza ver quien es, aguarda. Vuelve? Cielos lembargad sus pasos. Si aquí no le doy la muerte, no cumplo con mi venganza. E temor me desvanece, que aquesta ha sido ilusión. Luego dirán que no tienen los Britos gentil discurso. Aquí ha de estar el bufete, y la vela, a avisar voy al Rey, para que le pesquen aquí en la trampa. . O si Brito en mi cuidado estuviese! Esta puerta está cerrada. O quiera el Cielo que acierte! Es Brito? . Sí, Brito soy. Llama al Rey, y al Conde, Este pez cayó, y le dan hoy un pan como unas nueces. Paréceme que se ha ido. No es nadie, el recelo pierde; En que estado está señora? No se ha ido, que ya vuelve. Tu pretensión? el Infante no se acuerda del albergue que con tanto gusto tuvo, que será (sino agradece. tantas finezas) ingrato. Mucho importa entretenerle, por si acaso el Rey de Francia, y el Conde escuchar pudiesen: Yo vuelvo a ver si el Infante. mas ya mi voz se detiene, que está sin luz esta cuadra, y si no me engaño hay gente: lo curioso por mujer me valga. . O si prosiguiese! No me respondes, señora? Ya está más tratable (ah aleve!) mucho tardan, qué es su intento? No es Bernardo? qué pretende aquí a solas la Infanta? Escuchar desde aquí puedes: la luz esté prevenida, y la Guarda juntamen te. Quedo no se vaya el lobo. Calla. . Aquí hay engaño. Hoy perece. . Prosigue, Digo que ya mis finezas agradece, mas de su boca he sabido, (para más satisfacerme me valgo de aquesta traza) que Filipo quiere hacerte ciertas preguntas. No importa; volveré a ver los papeles del Conde muerto. Perdiose. Qué esto los cielos consiente! Que para avisarle agora me falte lugar, y suerte! Que ver este desengaño quiso el cielo concederme! Que entre tantos como somos ninguno le conociese! Que ha de quedar sin castigo atrevimiento como este! Que no me le han de entregar, para que yo le desue lle! Mucho temo que te venza, Yo sabré satisfacerle: y así yo voy a sacar, como he dicho, los papeles, que ayudarán a mi engaño, para poder defenderme. Ya no es posible, tirano. Llegó tu vida a la muerte. No dirás que fue tu intento; Habla, di. Qué te suspende? qué es esto, Flor? . Soy estatua! Ninguno atajarme intente, rompa el silencio los grillos, cesen ya las dudas, cesen, Tilipo, las opiniones del vulgo, monstruo revelde, idra de tantas cabezas, cuantos son sus pareceres. Un villano es quien os manda, quien con engaños pretende, con apariencias fingidas, con senas falsas sus sienes ceñir del sacro laurel, siempre augusto, y verde siempre; Flor sabe que esto es verdad. Pues decirla ahora pretende, Digo, Princesa, que yo fui la causa que subiese al Imperio, por mis celos; la culpa el Infante tiene, hable Bernardo, sino es que agora no se atreve. Pues porqué ha de enmudecer quien tan altivo, y valiente tuvo siempre el corazón, y nunca temió la muerte? Yo soy Bernardo de Raiz, hijo solo de mi suerte, y mis altos pensamientos en este punto me tienen. Yo soy el César fingido, y si por serlo la muerte merezco, por haber sido castigo de los rebeldes. merezco que me perdone vuestra Alteza; aquí obediente me tienes puesto a tus plantas. Pernardo, mi amor es debe el perdón, por haber sido retrato del que merece, por amparo de la iglesia, pisar Estrellas celestes; pero es fuerza consultarse C con los que tenéis presentes. Vaya entretanto a una torre, satisfágase la plebe. Yo tengo con él un pleito, manda que a mí me le entreguén, Llevadle preso, y Fernando, pues también se lo merece, dará la mano a mi prima: y Flor, si acaso se quiere, yo tengo con quien. Yo estoy siempre a tu gusto obediente. Este caso escriben graves. Autores, si pareciere extraño, por verdadero crédito, y perdón merece.
