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Texto digital de Los empeños de un plumaje y origen de los Guevaras

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Pedro Calderón de la Barca
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los empeños de un plumaje y origen de los Guevaras. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/empenos-de-un-plumaje-y-origen-de-los-guevaras-los.

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LOS EMPEÑOS DE UN PLUMAJE Y ORIGEN DE LOS GUEVARAS

JORNADA PRIMERA

Esos caballos de ese enebro ata, a la siluestre mata, y la siesta pasemos en este ameno prado. Ya nos vemos. Señor Carlos Beltran, de las riberas de Navarra, dejando las fronteras de Alava, en la tierra deseada. Larga, Bretón, ha sido esta jornada. Aunque hoy la tierra adentro, donde estamos, diez leguas caminamos, mayor, si lo reparas, fue la de ayer, atravesando jaras de esos celebres montes Pirineos; con quien fueron Pígmeos, (sin que el exagerarlo sea delirio) L.El Caucaso, el Armenio, y el Asirio. Grandes noticias tienes? Hablo culto, por ver si te entretienes, que no porque en mi quepa tanta cosmografía, ni yo sepa, mas que haberlos oído porfamosos nombrar, bien que he tenido en mis años primeros, humos de hombre de bien, y de extranjeros Reinos, he caminado varias Provincias, y en España he estado dos veces en diversas ocasiones, donde aprendí la lengua. . Esas razones a traerte conmigo me obligan, por criado, y por amigo, de Francia desterrado, cuando en ella pensé verme aclamado por Duque de Bretaña; mas la mayor hazaña de un hombre, es, en ocasión ninguna, no dejarse vencer de la fortuna. Y ansi amigo, yo en esta ocasión, ya que en Francia me fue opuesta, la quiero en otra parte buscar feliz, y del Navarro Marte, segundo Rey Garcia, de esta nueva Cristiana Monarquía, siguiendo las banderas, mejorarla en Naciones extranjeras? sirviéndole en la viva guerra, que tiene con el Moro, altiva empresa de su aliento, y incentivo también de mi ardimiento. Ese bosque vecino, que es de Guévara término imagino. Del Paraiso es copia sucinta: más dime, es este el sitio de la quinta, donde esta Primavera dicen que asiste el Rey? . Si la ventura no mintió, en Ronces. Valles es el mismo; y la quinta de estos valles. tres leguas aún no dista; pero si en tanto que la damos vista. algo en la alforja que campar hubiera. Antes Bretón quisiera; pues ya tan cerca estamos, . no perder tiempo; mas entre esos ramos el bosque adentro sueña gente, y no es poca. Ni parece buena, que hay mucho bonetillo colorado. Moros serán. . Oh perros de ganado. Calla, que aún no han podido vernos. . Más pueden. . Qué? Averme olido. De estos ramos espesos nos valgamos. Dejo de ser Bretón, y soy Juan Ramos. Y como que dormimos, atendamos a ver si los oímos, que junto adonde el Rey asiste ahora emboscada de Moros es traidora, y puede ser que la fortuna intente con este contingente, feliz encaminar hoy mi ventura. La cama es ancha, pero está muy dura. No salga nadie conmigo, y a la vista queden todos el bosque adetro. . Bizarros hacia el camino dos solos han salido. . Ya los veo, aunque atisbo a cierraojos. No hay que aconsejarme Zaide, esto intento yo estoy loco de amor, y más ofendido del desprecio ignominioso, con que el Rey respondió altivo a la fe, con que en retorno de mi pretensión amante, le prometi afectuoso dejarle a Pamplona, cuando Embajador de mi propio, ayer le hablé disfrazado: Díjele, mi Rey famoso Aventarir, que en Pamplona invicto reina, o heroico, Don Garcia, Rey Segundo de Navarra, y sus contornos. Porque le des a Clauela tu sobrina, en matrimonio, de quien por fama, y haberla visto en un retrato, absorto, y enambrado, ha quedado rendido a su obleto hermoso, No pierdas nada. Ya al vuelo algunas palabras cojo, que con la cola del eco me dejan, cuando las oigo. Dejarte a Pamplona libre te promete, y darte todos los esclavos, que en Navarra aprisionaron los otros Reyes sus predecesores, y hacer que Alife, Rey Moro de Zaragoza su padre, en fe de lo que propongo, con tu Imperio se alianze pérpetuamente; de modo, que goces tu Monarquía libre en pacifico solio. Esto en mi nombre propuse, a que respondió furioso: Clavela, Sol de Navarra, es mi sangre, y fuera oprobio de ella, y la ley que venero, darla a un Infiel por esposo que en bruto tálamo aje la más bella flor, que el golfo de Amaltea, coronada, vio de los rociados copos, que el Alba esparcio en rubiés del Zefiro, al manso soplo. Que en lo demás que me dice, con el favor, y el socorro del Conde de Barcelona, y del de Saboya, heroicos pretendientes de Clavela, imagino en tiempo corto, no solamente a Pamplona venrestaurada; mas rotos los hierros de los cautivos, que ya desmenuzo a trozos, llenar de Alarbes esclavos, de sus mazmorras los fondos: Esto dile, y Dios te guarde. No has visto al lunado monstruo de Jarama, que vencido del competidor heroico, que le usurpa, y galantea la hermosa vaca en el soto, aturde el monte a bramidos, y encorbando hacia los codos la cabeza, no pudiendo, vengar en ellos su enojo, los baña de ardiente espuma, y con un golpé, y con otro de la tierra levantando, para más cegarse el polvo, choca con la testa armada con los más robustos troncos? Tal me vi. . Señor, cuidado, porque se ha soltado el toro. Tal me vi desesperado, a vista de quien adoro, competido allí, y vencido de afectos más venturosos; precipitado en mi idea o1 del bruto, y aún casi obrado entre impulsos valerosos. Repórteme en fin, y hablando después con Iñigo Arnoldo, mal contento, que en Navarra por mi espía correspondo; y a quien por cierta promesa tengo de mi parte en todo. Inigo Arnoldo no dijo? Si señor, Don Higo gordo. Calla, que tú estas borracho. Yo fuera en eso el dichoso. No es a quien llevo la carta? Él mismo: a quién digo, como ya tengo a la deshilada en este sitio los Moros juntos, que a la empresa bastan, que con su favor propongo ejecutar, y vestido iré a la Espáñola y todo, para que sin nota hablemos, cuando me avise el dichoso día, que Clauela sale a cazar por estos sotos, para en solo un latrocinio llegar de mi dicha al colmo; que como al presente viven seguros, de que nosotros la tierra les infestemos, fácil ha de ser el robo. A Mahameta Zaragoza, también despaché hoy con otro pliego, en que a mi padre envío de Clavela el prodigioso retrato; porque disculpe con tan peregrino asombro, haberme puesto al desaire, contra quien fuerte le invoco a mi venganza: esta Zaide, es la pena en que me ahogo. Parte luego de Guevara a los campos deleitosos, adonde el Rey en su quinta asiste agora, con todos los más nobles de su Reino, concluyendo el desposorio de Clauela su sobrina; y secreto, y cuidadoso, a Inigo Arnoldo darasle esa carta. Mas que oigo! La gente se ha alborotado. Mirad, que entre esos olmos se ha escondido. Los caballos relincharon, y a nosotros por las espaldas nos cercan cien mil docenas de Moros, de los que el bosque guardaba. Finje presto Bretón, como que me despiertas a voces. Hay tal dormir! somos zorros: despertemos, que es muy tarde, ino estemos a lo bobo hecho un hobillo de carne cada uno: Juan Redondo. Caminantes, que dormían son. . Rendios. No me postro fácilmente a poco riesgo. cuál es mucho, si este es poco? Que bizarro Caballero: teneos, y volved todos al monte. . Si tú lo mandas, obedecerte es forzoso. Bien puedes asegurarte: o pasajero, que al ocio . del sueño estabas rendido! que en el traje reconozco ser Frances, y yo no ofendo, aún cuando más me apasióno, a quien nunca me dio causa. Qué razón tan de hombre doc. Callaneció. (to! Mas que intentas, que aún el acero lustroso tienes desnudo en la mano, cuando a tu lado me pongo? Aunque al verte obedecido de esos Alarbes, me asombro, que hoy entre Alava, y Navarra te asisten; o generoso mancebo! por una parte, de mi suerte receloso, no sabiendo a quien confío la vida, entre dudas obro la defensa prevenida; que en cualquier lance dudoso, si es que el fracaso sucede, es del pesar desahogo, no perecer de cobarde, morir sí, de valeroso. Por otra parte discurro, cuando tus acciones noto, que él no dar crédito a ellas, es de tu valor desdoro. Venza, pues, la confianza; más notando que me sobro todo yo a mi aliento, en caso que procedas cauteloso. Ya que estás seguro he dicho; mas porque veas que obro con igual valor al tuyo, aunque aquí en traje de Moros, se disfrazan mis bándidos, y vivo de lo que robo: Buscando un contrario mío, sin saber a donde, o como caminas, vete si gustas, que de estar durmiendo solo con tu criado a estas horas en aqueste bosque umbroso, ser noble, y serforastero, que en traje, y valor conozco, de alguna fortuna alcanzo que vas huyendo, y quejoso parte; porque más seguro estas por la que yo corro; porque en fin nunca se hicieron mal un desdichado a otro. Dame tus pies, seas quien fue- y si en Navarra te importo (res, algo para tus intentos, huésved soy de Inigo Arnoldo, deudo, amigo, y confidente mío, que para un negocio de importancia, me ha enviado a llamar. Qué es lo que oigo! A Francia con toda prisa: más porque algo tenebroso el cielo se va poniendo, libre la licencia tomo que me das, y me voy luego; porque el llegar es forzoso hoy allá: mira si mandas en que te obedezca pronto. Aguarda: no te parece; porque tu riesgo es notorio, si alguién que te vio conmigo (aunque en trajeiras tan otro) te conoce, que embiemos la carta con él? No pongo. duda en que será acertado. Dámela, pues. . Que demonios de intentonas son las tuyas? De importancia si las logro, Sabras que el mayor amigo, y por quien más me aficiono de ti, es Arnoldo. . qué dices? Que este pliego cuidadoso le des luego que le veas, porque nos importa a todos, que tu del llamado, es cierto que es para el efecto propio. Aunque no lo se te sirvo con obedecerte en todo: quien diré que me le ha dado? Di, que Carlos Beltran. Cómo? Carlos Beltran, este nombre . es con el que correspondo a Arnoldo en mis cartas siempre. Este con mi nombre propio . se disfraza; mas qué importa. Cómo te llamas? Carloto. . Yo Carlucho. Loco, calla. Por Dios Santo que me envobo de ver cual los dos se cocan, vueltos de su embuste en mo- y de camino discurro (nos, cual son en el mundo todos, que de otra cosa no tratan, más que engañarse uno a otro. Tu amigo seré constante. La misma fe te propongo. Guárdete Carlos el cielo. El, joven te haga dichoso. Fortuna, pues que te hallo feliz ya, no huyas el rostro, Clavela, aunque estoy tan ciego, lince soy ya de tus ojos. Mientras motas ya de cuento, como ansí me lo compongo. Di, y llega presto el caballo. El que viene hacia nosotros turbado, no es Mahomer? si no me engaño, es el propio. Ten de ese estribo, que es tarde. y voy ya tan deseoso de ver a esta Clauela, que hasta los cielos remonto las alas de mi cuidado. A tus pies, señor, me postro a confesar mi descuido. Levanta, qué hay? Presuroso a Zaragoza partía, cuando en entrando ese angosto paso, donde el monte empieza, me encontraron siete, u hocho soldados, y me quitaron la valija, en que entre otros despachos del Rey tu padre, iba el pliego. . O que penoso lance! . Y advirtiendo astuto, que hallándola, era notorio prenderme, o matarme, en tanto que repartían el oro, y la plata que llevada, huyendo me puse en cobro emboscado ermonte adentro. Todo mi intento málogro, y yendo sin sobreescritos las cartas, si bien lo noto, ahora temo, que he trocado la del Rey con la de Arnoldo: Y acaso decir oíste, donde iban? . Si recobro la memoria, adonde asiste. el Rey, trataban gozosos de ira ver la Monteria de mañana; porque, esotro, de Clavela su sobrina, se concluye el desposorio. Pues de Español disfrazado ir en su busca dispongo. Alberto Ignacio, a quien fía tu intención Inigo Anoldo, allí de un potro se apea. Aviso traera de todo; y si acaso me asegura robar Clavela el tesoro de tu deidad, tu retrato he de libertar, o en golfos de sangre humana; estos campos correran pielagos rojos. Que mala noche tuvimos con la grande tempestad. Fue tanta la oscuridad, que en el monte nos perdimos; y aunque durmiéndome a ratos, vi que mojado entre berros, hur la de mazaperros, y di en la de mazagatos. Pero no me enfado de esto, tanto, como de mirar, que acabados de apear en el mesón, seas molesto; tanto, que aquesta mañana sin dormir una, udos horas salgas fuera! Oh como ignoras la pasión de amor tirana. Amor tú? qué novedad es esta? quién te desvela? De esa alabada Clauela la hermosísima deidad. Sin verla? . Fácil de creerse es la opinión que atropellas, si hay confrontación de estrellas, que une dos almas sin verse. No solo no, por la vista entra amor, que a otro sentido hiere también, y el oído es capaz de su conquista. Demanera, que adorando la atención, lo que va oyendo, cuanto imagina fingiendo acredita deseando. Que el amor, como señor de la humanidad del alma, y a suele dejarla en calma; solo con un resplandor: De la llama que ha de unilla, y por más comprenderla, lograr la ilusión del verla, solo en la fe del oírla. Bien, como quien ciego nace, que oye una cosa alabar, y sin poderla mirar de ella más se satisface. Solo por lo que imagina; y tanto allá la hermosea, que en su peregrina idea la aplaude por peregrina. Ansi yo, aunque nunca vi a Clauela, la adoré, cuando de bárbara fe, tan venerada la oí. Y ciego solo al oído de esta causa, habiendo efecto, dando a un sentido el objeto, que le faltó atrosentido. Adelanto en mi deseo la perfección que enamoro, cuando ciegamente adoro la hermosura que no veo. Con lo cual en perspectivas, glorias de esperanzas ciertas, renacen cenizas muertas al ardor de especies vivas. De amantes Filosofías (cho, no entiendo, no, más que un ma- que por ensalmo despacho, siempre las, finezas mías. Dejo pretensiones necias, aunque más de ellas te precies, y en lugar de esas especiés busco un amor con especias. Y en mirando la fregona, que sea ansi de buena traza, la digo, para mi maza, que excelentísima mona. Vuelve, y mírame a lo vizco, gustosa que en mi derecho la informe, y el esto es hecho se logra con un pellizco. Mas ya al sitio hemos llegado, donde los Reyes están. Fingirse Carlos. Beltran el Moro, me da cuidado, para lograr mi intención. Lee la carta, y satisfecho queda. . Ya yo lo hubiera he (cho a no ser tarde, bretón, cuando dél nos despedimos, y por alejarnos de él, anochecernos, en él monte, donde nos perdimos; y hoy absorto en la belleza de Clauela, me olvide; más agora la leere por divertir, mi tristeza. Del Palacio los confines son estos; y si han de ir a la caza, han de salir los Reyes por sus jardines. quieres verlos? n . Allá entremos, y podré disimulado ver, y salir de cuidado. Cierto, señor, tus extremos son vanos, cuando has oído, que hoy casarla el Rey quería. Si por yer la Monteria, ya por hoy se ha suspendido, aun me quedan esperanzas, que en cada instante del día un Sabio dijo, que había, dichas, riesgos, y mudanzas. La carra sin sobreescrito viene, siempre los traidores con descuidos exteriores manifiestan su delito. Mas oye, que este papel me da agora más temor; pues dice, Rey mi señor, la primercláusula deél. (lo; Qué será? . Más vive el cie que las cartas se trocaron, y al Rey Alife enviaron la de Arnoldo, y lo recelo; porque también dentro de este papel, que ver después trato, si no me engaño, hay retrato. Tu duda se manifieste. Solo quiero, que V.M. disculpe mis intentos con verese retrato; en lo demás, por el riesgo de estar en tierra de enemigos, me rémico a Mahamer, que incitea Mag. con su informe, para que me ayude a lograr la venganza que deseo. El nombre con que me dis- símulo en la firma, es, con el que me correspondo en Navarra con nuestro confidente, y amigo. Guar de Dios a V. M. . Antes que en favor, en daño te es la carta entre esas dudas, si es que en Navarra no mudas el nombre por este engaño. No hay duda, que la cautela me hace dudar, y temer. s. Ya el Rey sale. Quiero ver el retrato de Clavela. Si te pareciera mal concluyeramos con ello. Calla, que es prodigio bello, por lo hermoso, y celestial, no me mintió mi cuidado. Pues mira por tu decoro, que estás cerca de sertoró; si en la nunca amor te hadado. El Navarro Marte cumpla felices años por nuevos, con larga vida, usurpando Nestoreos siglos al tiempo de la Aurora de Navarra; gozando entre alagos tiernos, de sucesión generosa, tacundísimos renuenos. Y recelen los Moros; pues contra ellos, su poder unió Marte con el de Venus. Viva aún más, que para el ansia de mis rendidos afectos, son pocos los que festivos le profetiza el deseo. Y de mi amor en aplausos repitán dulces los ecos: El Navarro Marte cumpla felices años por nuevos. Viva, y de sus nobles Armas los entretejidos hierros, con Reales cadenas se orlen, de Alarbes Monarcas presos; y goce la compañía de su amantísimo objeto. Con larga vida usurpando Nestoreos siglos al tiempo. Viva en la fe de adoraros, o Reina! oh señora! oh dueño! que también augustas almas a amor pagan sacros feudos. y el Sol protector del día me envidie en su curso eterno. De la Aurora de Navarra, gozando entre alagos tiernos. Y viva amada sobrina, cuya hermosura encarezco, deidad que del Dios profano consagrar pudiera el Templo, para ver, cuando casada paguéis tributo a Himíneo. De sucesión generosa, fecundísimos renuevos. Y de Vuestras Majestades. La fama imprima los hechos. En Corónicas etornas. De Mármol. Bronce. . Y acero. , c Y recelen los Moros, pues contra ellos su poder unio Marte con el de Venus. Que Majestad la de todos! y el de Clavela, qué imperio? Nunca pensé que Navarra gastase tantos conceptos. Por tu vida que repares Rosaura, en el forastero Frances. Bien me ha parecido. Hablote yo acaso de eso? Gran Conde de Barcelona, Duque de Saboya Excelso, vuestras Altezas mil siglos vivan también, siempre llenos de aplausos, mas que heredados, merecidos por los hechos de su valor, que celebre el mundo en afan perpetuo, con más merecidos triunfos, con más marciales trofeos, que a Anibal le dio Cartago, Roma concedio a Pompeyo. Hoy, y manana los días son de mi mayor festejo, hoy en servicio de Dios, anos cincuenta cumpliendo, y cuatro más: empleados casi los treintay seis de ellos en hacer guerra a los Moros, restaurando, y defendiendo de aquesta parte de España, los desimantelados pueblos; y también reedificando los Altares, y los Templos, que los Alarbes dejaron arruinados, y deshechos. Después que la Monarquía, en que Señores se vieron del mundo, los Españoles Godos, nuestros visavuelos, perdió el infeliz Rodrigo téngale Dios en el cielo) que si hará; pues del delito, que contra el cometió ciego; de penitencia le pudo servir tan arduo escarmiento. Mañaña, dándole esposo a mi sobrina, a quien tengo más que en lugar de mi hija, cuyo hermoso entendimiento, cuya discreta hermosura, cuya gala, y cuyo aseo las cien leguas de la fama ocupan, sin que sus ecos, como suelen de ordinario, se indicien de lisonjeros. Díganlo en Vuestras Altezas los encendidos deseos, de ser suyo cada uno (aunque amigos) compitiendo por el triunfo de sus ojos, caso en que yo no me atrevo a ser árbitro; aunque el todo soy de esta parte, por verlos con méritos tan iguales. Y así, a la elección lo dejo de Clauela, ella se elija la dicha que aquí la ofrezco: más con condició, que entrambos, omenaje, y juramento (bles, me han de hacer, a fuer de no- de que no formara duelo el que no fuere clegido por menos feliz. Si hacemos. Porque ofende su decoro cualquiera noble, que en estos lances, que son de fortuna, vuelve el acaso en despecho. Y más han de prometerme (porque es fuerza que resuelto Aventarif, despreciado. rompa las treguas que ha hecho) por amigo él no elegido, y el elegido por deudo conmigo, confederarse contra él. Si prometemos. Que cuando la empresa justa no fuera, de estotro empeño, cuando el fin no se consiga, basta intentar el trofeo. A vuestras Altezas sobra lo galán, valiente, y cuerdo, y porlo corteses, solo puede ser de un mundo dueños. Malo va si esto se aliña. Calla Bretón, que estoy muerto, y por temor de esta carta, a declarar no me atrevo, hasta que llegue el criado, que atras con mis cartas dejo. Y si no nos halla? . Ya sabe, que a hablar al Rey vengo. El forastero te debe atención grande. No atiendo. más, que a divertir Rosaura, de un forzado casamiento los ojos, y los oídos, que me los lleva confieso, y aún el alma. O cuál te mira Clauela: hacla un par dejestos, que es cifra de los amantes;, y sino sabes hacerlos, mira: de esta suerte se hacen. Qué has de perderme recelo; estás loco? . No harás nada, si no eres galán gestero. Arnoldo. . Señor? Están prevenidos los Monteros? Y todo el bosque enredado, porque jabalí, ni ciervo no se escape.. . Se holgarán vuestras Altezas de verlo. Si la fiesta no se vuelve . en llanto. . Sin conocerlo, dije que era aquel Arnoldo, en la cara, y sobrecejo de Escudero de Pilatos. Porque a tal traición resuelto está; saber estimara. Vamos, que mañana espero que se resuelva Clauela; y pues da lugar el tiempo, seer quiero los memoriales, que al entrar aquí me dieron, antes que al monte salgamos. Que si el gran Tito, Supremo Cesar de Roma, le dijo a su Privado (no habiendo hecho merced aquel día) hoy no he gozado del Reino: con más razón me quejara de mi suerte, si hoy no haciendo infinitas, me llegara esta noche a ver sin cetro: y más particular este memorial, que aparte tengo, que un hombre todo turbado me le dio, casi encubierto, será de algún pobre honrado, lecrele de los primeros. Vamos. Aunque se detenga Vuestra Majestad, del pueblo darle es fuerza una embajada, por la priesa con que veo de Clauela mi señora, concluir el casamiento. Ya os entiendo: no hay lugar. Temen mucho, que soberbio Aventaril despreciado, si no se la dan, resuelto con la ayuda de su padre, cogiendo a Navarra en medio la destruya; y ya cansados de combates tan perpetuos, dicen, que a pesar de otras conveniencias, es despeño buscar la defensa fuera, estando el contrario dentro. Sosiéguese el pueblo Arnoldo, y considerad atento, que dar a Clavela a un Moro, ni es ley, ni Cristiano celo. Viuda esposa de Rodrigo, casó con Taris, viviendo Cristiana en su compañía. Ya estáis causado, y molesto. Y el Rey mi señor me espanta, que os sufra tan desatento. Y vive Dios. Basta Conde. Que a no ser por tu respeto. Ya he dicho que basta, Arnoído. Ya sé que estáis mal contento, yo dispondré vuestras cosas de suerte, que satisfecho quedéis; que aunque en mi sobrina mas de su obediencia espero, por mayores conveniencias que me resultaran de eso, aún no se lo propusiera. Aunque es su Majestad dueño de mi voluntad en todo, que lo excuse le agradezco; y más cuando tan dudosa, aún en la elección me veo de dos Príncipes Cristianos, de quien hago igual aprecio; que aunque obediente suplico se alargue el plazo al efecto, no más de porque del salga de igual duda, igual acierto. De lo poco que he leido, cuyas noticias observo, o que apropósito un caso me viene, si del me acuerdo! No hay duda, como la duda de la elección, dijo un cuerdo. Uno que se vio confuso. Entre dos tesoros, viendo, que a escoger un Rey le daba su ventura en uno de ellos, examinolos a entrambos, y hallando iguales, al verlos al parecer, las riquezas, respondiole al Rey resuelto: De oro, perlas, y diamantes, todos son ricos empleos; pero si con más quilates unos que otros nacieron; al crisol iré a acendrarlos, antes, señor, de escogerlos; porque la experiencia sola es el más Docto Maestro. Vuestras Altezas merecen, más que yo encarecer puedo, igual gala, igual nobleza, igual fe, y iguales afectos; pero en mí los desiguala la igualdad con que los veo; y hasta que se exceda el uno conmigo, a ninguno excedo. Vuestra Majestad perdone la licencia, que en los medios, si el princpio es cortesano, es el fin puro, y honesto. Haslo oído? . Si: alargose tu esperanza palmoy medio. Sois muy prudente sobrina: después de espacio hablaremos. Qué belleza! y que hormosura! Qué gala! y que entendimiento! El forastero ha debido esta suplica a mi afecto, hasta que quien es sepamos, que no sé que al verle pienso. Yo también en él reparo; porque en lanzes como estos, la fama de la hermosura trae Príncipes encubiertos, y él en ti tanto repara, que da ocasión al recelo. Como sabremos, Rosaura, ponte en forma. Su retrato no es de su Sol, ni aún bosquejo. Si ocasión la fiesta diere para avisárselo, harelo. Si Aventarif el aviso tuvo, al caso me resuelvo; porque a ser Rey de Navarra, después con su ayuda anhelo, casaádome con su hermana, que es de mi amor el incendio, . Ya lo advierto. llámole Carlos Beltran, porque este nombre en el Reino ninguno tiene; porque, si por algún mal suceso al Rey vinieren las cartas, nunca saber pueda el dueño, que este es nombre de un Frances, cuyos prodigiosos hechos, hasta Navarra la fama ha hecho a muchos conocerlo. Del desacato de Arnoldo, que estoy corrida os confieso. A hombres semejantes siempre sufrirles, hasta que el tiempo su fin declare; y entonces sin piedad disponer de ellos. Bien decís. Vamos. . Y vuelvan de la Música los ecos, a solemnizar los triunfos, que admire el mundo por vuestros. Viva. Esperad: divertido aquel memorial he abierto que aparte; y otro, que carta parece que es, viene dentro. quién es? . Mirote delleno: . Dice ansir quién dío este aviso se declarara a su tiempo. Vuestra Majestad se guarde de traidores encubiertos, que ayer esa carta a un Moro le cogió un vasallo vuestro, que al presente se os recata, porque no pudo prenderlo: No firma. Qué cuidadoso el Rey está! La carta sin sobre escrito viene? gran daño recelo! Triste está el Rey. Y confuso. e. Dice la carta. Mas precio el retrato de Clavela, que el valor del mundo entero: Ya le tiene Aventarifa que a robarla está dispuesto, y haceros Rey de Navarra de vuestra amistad por premio. Avisad el cierto día, para que a la vista estemos, si manana disfrazado no fuere a verla, y a veros. Si mañana disfrazado no fuere a verla, y a veros, y la fecha es de Ayer? hoy este traidor lisonjero, Aspides, que recatado anda entre nosotros mesmos. Firmase, Carlos Beltran. Carlos Beltran? en mi Reino no conozco de este nombre ningún noble, ni plebeyo. Rey mucho el Rey se ha divertido Y todos están suspensos de mirarle disgustado. Novedad sin duda temo. Yo tambien. . A todas partes mira el Rey. Yo solo atiendo a mi retrato, y su origen: Qué hará el Rey? Válgame el cielo! Si es que culpada Clauela está en el caso, y por eso hoy ha pedido se alargue el plazo del casamiento? Si ha tenido parte acaso en dar el consentimiento, para que el retrato suyo vaya a poder tan ajeno? Puede ser; no puede ser, y es muy bastardo el recelo, que a legitimos recatos opone expurios deseos. Triaca del alma al gusto llamó un Filósofo, haciendo el argumento al contrario de aquel ponzoñoso efecto, que causa el pesar al alma: no hablo del mío; pues siendo hoy el día más gustoso que tuve, cuanto ha que Reino, del gusto al pesar pasando, se ha trocado el argumento con tan opuestas razones, con tan sofísticos medios, que hallo evidentes los males, cuando son los bienes ciertos. Prodigio es de la desdicha; pues hasta este instante mesmo, para sacar la triaca no he visto dar el veneno. Elló todo esta confuso, ni lo ignoro, ni lo entiendo; bien que si mirara el daño del discurso hacia el concepto, a Arnoldo solo culpara; porque en todos cuantos veo, con ser tantos los que asisten de mis años al festejo, por más que reparo en todos, no desconozco, ni temo a ninguno; solamente aquel Frances forastero no vi otra vez en Navarra: y aunque en su traza desmiento mi temor, me da cuidado verle con tan fijo anhelo de los ojos de Clauela, al parecer, Argos ciego. Juro a Cristo que nos mira, hecho el Rey un Fariseo bautizado. Y de ser tanta su atención, ya me recelo. Que novedad es aquesta, que en tal cuidado os ha puesto? Son los forzosos cuidados de la atención del gobierno, que aún en tan celebres días, de olvidarlos no soy dueño: Arnoldo? Que es lo que manda Vuestra Majestad. Los tercios de Infantes, y de Caballos, que hay aquí, salgan enteros también a la monteria de ella, por más lucimiento. Suspenderla, no es posible, . sin grande nota del pueblo; que auque nada temo, siempre prevenirse al daño es bueno. El forastero no veis? . Sí. Decid que hablarle quiero, mas no le habléis más palabra: mirad que os voy atendiendo, con la industria que imagino. . salir de mis dudas pienso. Ahora reparo, que el Duque de Saboya, prisionero fue mío, cuando a su padre le dio batalla el Rey muerto de Francia. Pues hasta ahora, que él no te ha mirado creo. , h el ? Caballero, el Reyos llama. También hablarle deseo. No hizo más que avisarle. . que ha reparado el Rey temo, que al forastero he mirado, Aquí aguarda. Aquí te espero. Miren si hay más memoriales, para despacharlos luego, que para tan grande día, hay pozo que hacer en estos que he visto: vamos, no piensen . que ha nacido de otro efecto la suspensión en que he estado. Y entre sonoros festejos, a años nuevos, nueva salva os hagan todos, diciendo. Viva, y teman los Moros, pues contra ellos su poder unió Marte, con el de Venus. Ha Monfiur, una palabra, más pidiéndole el secreto. Pues si el secreto me pide, perdone, que no le tengo: más será larga? Despacho en un Credo. Malo es eso, que es señal de que han de ahorcarme? el despacharme en un credo. Algo parece busón. Lo soy, aunque lo parezco. Su amo, quién es? y responda con la verdad, y muy presto; porque le importa a luamo, y estoy aquí con gran riesgo. Hablas de verás? Oh coco de las Indias de los cielos! que al medio ojo de tu manto cien ojos abre el deseo: Tú? gran llaneza. Soy llano, y abonado por lo lego, y con las tapadas siempre de ordinario me tuteo: pero en fin, dime si hablas dé verás, que aún dudo de ello. De verás, y tan de verás, que si es quien piensa mi dueño, grande fortuna le aguarda. No digas más, que lo creo de tu mucha cortesía; y así respóndola a eso: que ser Duque de Bretaña pudo por su nacimiento, si es que fortunas menguantes no se le hubieran opuesto. Es verdad lo que me dice? Te lo juro, y lo reniego, te lo voto, y lo quebranto, que es cuanto por ti hacer puedo. Pues por tiempo de una hora! me aguarde en aqueste puesto. En el puesto aguardo fino, cual gallina sobre el guebo; imas ya, que aunque soy gallo, por tus amores me enclueco: más quien le diré a mi amo, que tanto favor le ha hecho? Una dama de Palacio, que se aficionó de verlo. Cómo se llama? . Rosaura. Rosaura? Rosa primero, y Aura después: o qué asunto, para hacer treinta mil versos! jugando del vocablillo, Rosa del campo Amalteo, y Aura de su Rosa misma, que es un poco más, o menos que Aurora en paños menores; y echando un poco el concepto al latín, por ser más culto, Rosa de oro, que es lo mismo, que Aurea Rosa, que Rosaura, dice en Rosado Epitecto. Por lo cual digo, que desde hoy por mi amo protesto, que trueque el nombre en Rosauro, Rosimundo, Rosaureo, Rofieler, y Roficlambo, Rosiculindo, y Rosendo. Y yo también voto al soto, confirmándome os prometo, si acaso os llamáis Rosela, y me esperanzáis de veros, dándome Roseta alguna del hermoso Rosal vuestro, llamarme inguente Rosado de la Bótica de Venus. Para ser de mala traza, tiene el chulo entendimiento. Andan juntos de ordinario desaliño, y buen ingenio. A Dios, y lo dicho dicho. A Dios, y vuelve a traernos buenas nuevas del diluvlo; que si en Castellano viejo, cuando no hay blanca en Galera, no he, se dice, por no tengo, aunque negra por el manto, paloma serás del cielo, que a esta Arca de. Noc traigas ramo verde, aunque seas cuervo. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Y logrando esperanzas de amantes dichas, con sucesión gloriosa. contentos vivan. La fiesta con sus Altezas Vuestra Majestad prosiga, en tanto que estos despachos firmo: llegadme una silla Arnoldo, hacia este vufete. Ya está, señor, prevenida. El Rey solo se ha quedado en esa sala vecina, con Arnoldo, y cuidadoso de cuando en cuando me mira. El haber visto Clauela al Rey inquieto, me obliga a examinar de que nace novedad tan improvisa. Ya se ha sentado a escribir. Pues estemos a la vista, para hablarle en acabando. Corred luego esa cortina, y a ese forastero, oídme. Paréceme que se olvida el Rey, de que me ha llamado, que los más Príncipes libran su grandeza, en olvidarse de lo que más imaginan. Si este Caballero es, de los muchos que estos días a servir al Rey mi esposo, vienen de varias Provincias, en las guerras de los Moros? pero repara: que fina la atención en un retrato tiene. Mudamente animas porencias imaginadas, que hermosas te vivifica, . retrato del bien que adoro. Declarose mi fatiga en su favor; pues de verle absorto en él, tengo envidia, Yo a recelar he llegado, Arnoldo, que este es espía, como he dicho, examinalde con recatada malicia; pero sea sin que entienda, que la prevención fue mía, sino que la acción es vuestra; porque en cosas indecisas, nunca es bueno que los Reyes declaren lo que imaginan. En todo estoy. Pues id luego, y ved que os oigo, aunque escriba. De los dos uno, o entrambos . traidores se me conspiran: si los dos, hoy los declara la ocasión desprevenida: si uno solo, sus semblantes que exterior acción turbada de interior cautela avisa. Y al parecer se encamina Arnoldo hacia el forastero. via Aventarir disfrazado, cuando el Rey aquí salía. Todo en ti cifro, y transformo, . Miraba, ser, alma, espíritu, y vida, de vida, espíritu, y alma, que en tu ser bello se cifran: cuando. Escuchad Caballero. Ya espero aquí, que permita su Majestad, que le bese los pies. . Antes que consiga ningún forastero hablarle, los criados examinan, quién es, y que es lo que quiere. Si el Rey a llamarme envía, lo que quiero, a los criados no es fácil que se lo diga; que aunque no he pedido audiencia tuve intención de pedirla: y cuando el Reyme la ha dado, sin costarme el que la pida, lo erraréis en estorbarlo. No yerra el que solicita saberlo, como Privado, de quien sus secretos fía. Estorbar que al Rey le hable quien leal verle porfía, sin examenes, ni estorbos, perdió muchas Monarquías. Ya en su favor este tiene las verdades que acredita, que el traidor nunca las dice. Decidme, que estoy de prisa: es cierto que el Rey me llama? Ya el Rey se ha quedado solo. . No os llama, que yo quería de mi oficio examínaros sobre una duda, nacida Si no es que el temorlo sinja, , . de una sospecha, en que acaso vuestras senas os indician: mas no me atendéis? si acaso en la sala había persona con quien hablaséis: no hay otra, y aunque me irrita, que me habléis sin conocerme con palabras tan indignas, la inmunidad del Palacio a reportarme me obliga. Ved agora, si es que puedo hablar al Rey, o que día será apropósito. . Pienso, que contra vos atestigua haceros de mi intención la vuestra desentendida. No podéis hablar al Rey, sin las prevenciones dichas; porque a su servicio importa. Mi sufrimiento me admira! Yo puedo hablar a los Reyes, aunque está desconocida mi persona: sin que estorbos curiosos lo contradigan. Alzáis la voz en Palacio? No es desatención, fueira. Ira? conoceisme acaso? Oír quien sois estimaria; porque enmiende mi ignorancia acciones inadvertidas. Mucho este traidor me enfada, y si algo me amohina, he de decirle quien es; porque temo que averigua por orden del Rey, el caso, yo industriaré, aunque ellos finja. Pues yo soy Inigo Arnoldo, de cuyas lealtades ha el Rey todo su gobierno. Tengo de vos grannoticia después que llegue a Navarra; y aunque mi sangre es altiva, la desigualdad confieso, que hoy me estorba el que compita con la vuestra; y más habiendo distancia tan excesiva de la una sangre a la otra, que opuestamente se miran. Qué equivocación es esa? de oírse se atemoriza . el alma porque parece, que habla en las traiciones mías, y el Rey ya más cuidadoso se levanta de la silla. Ya en lo que se turba Arnoldo, mi sospecha se confirma. La equinocación es sola la lealtad que me acredita. Tened, que ya se penetra, de donde en vos se origina el négaros al intento (muerto estoy!) de mi porfía, y decid quien sois; que a señas que en nada al veros varían, del Rey al servicio importan de este examen las noticias. Hablaremos después fuera del Palacio, y de la Quinta, que por las señas también (aunque no os hablé en mi vida) tengo yo que examínaros. O! y como se verífica, que tenéis que temer algo en esta sofisteria. A hallarnos en otra parte, yo os dijera, quien tenía que temer; y porque causa; pero yo sé que os confirma Carlos Beltran por su amigo. Qué decís? No hay valentías, en Palacio; reportaos. Declarose aqueste enigma. qué a los pretendientes trate . así Arnoldo, es demasia, y he de hablar al Rey sobre ello: éntrate adentro sobrina. Ya obedezco a V. Alteza: yo he de quedarme escondida; a ver el fin del suceso. Esta es verdad conocida. Sois. . Mirad. Tened. . Qué es esto? Arnoldo, que con indignas razones, con los que intentan hablaros, se precipita. Que ha sido? porque yo nada he oído; que acaso iba . de mi cuarto agora al vuestro. Esto es forzoso que finja; . porque las cautelas vayan descubriéndose a sí mesmas. A Arnoldo, que es el que ha dado esta ocasión, que os lo diga. En favor del forastero son todos cuantos le miran, y en contra de Arnoldo, otra señal de su alevosia. No fue arrojo, acción fue sola la que agora acaso indigna a Vuestra Alteza, señora. Ha razón bien discurrida! El Rey nos ha estado oyendo; pues mis respuestas prosigan, de suerte, que en la atención del Rey, me opine el oírlas: disculpando agora a Arnoldo, para que después consiga el que me examine a solas. Vos quien sois, que con altiva presunción, hasta mi cuarto entráis motivando a ira a mí más leal vasallo? Por tantos favores viva Vuestra Majestad mil años. Ved que Arnoldo. Ya entendida señora estáis; que esto hago para obrar con más justicia. Soy un Frances Caballero, que con Cristiana osadía vengo a serviros, llamado de vuestras santas conquistas. Si tan valientes soldados en mis banderas se alistan, temera verse postrada esa Bárbara Morisma: Que fue lo que con Arnoldo tuvisteis? . Solo porfía sobre. Muerto me confieso! Si podía, o no podía entrar a hablaros agora. Fue indiscreción conocida, conocido el noble intento que a mi presencia os traía: Decid. Quién será este hombre, a quien todos califican? Sobre cosas de importancia tengo que hablaros, el día que me dieredes audiencia. Mañana os es concedida licencia: tenéis agora que decir algo de prisa? Hasta descifrar engaños de una carta, y de una firma, y ver a un criado que espero mañana, o esotro día, no señor. . Del memorial, que de la traició me avisa, . habla sin duda. Aquí importa, que mi astucia, y mi malicia me valga: ya di en el modo. Muy mal las ordenes mías guardáis, Arnoldo. En qué forma, gran señor? . En que a la vista mande que le examinaráis en tanto que yo escribía, y os alejasteis, adonde casino os oía. Qué dicha! Quién es? De un Carlos Beltran, que habrátres, o cuatro días, por espía me nombraron, son las señas parecidas, porque el su nombre recata. No me habéis dado noticia. de ese espía. . Os le oculté, hasta ver si le prendía, y ahora temo que os engañe con su dulze persuasina, que la tiene grande el hombre. Ha traidor! Bueno sería prenderle, si así os parece. Probad lo que se le indicia primero; porque yo pienso que no es el, aunque se diga: en otro sospecho más. Esto por él os suplica mi afecto. Toda esa honra tiene al mío merecida: Vamos, vedme vos mañana. Sin deteneros querría preveniros, que a la fama de vuestra hermosa sobrina, algún Príncipe encubierto, se pusiera confe altiva a no ver, por ser ya tarde, sus esperanzas marchitas. R. Quién es? . Sabreislo manana. De que nación? . De la mía. Como no se ha declarado? Llego tarde, y desconfía. Nada oigo, de que no forme nuevas dudas que me aflijan. De todo hablaréis mañana. Viváis edades Fenicias. e mucho hay que pensar, cuidados! mucho hay que temer, desdichas! Mucho hay qué lograr, deseos! mucho hay que entender, enigmas! Solo quedó el forastero: o quien no fuera yo misma! para examinar, como otras dudas, que en mi honor peligran: si por mías las confieso, aunque las tengo por mías; que a solas bien puede un alma persuadirse a sus fatigas. Divertido totalmente en las cosas sucedidas, no me acuerdo, por cual de estas puertas entré. Que enemiga pasión, es la de un afecto, cuando en imaginativas dudosas no comprende, si lo que en la idea pinta, igual saldrá aquel bosquejo de quien mudo se origina. Pero allí una dama veo. Más hacia aquí se encamina. Preguntar quiero por donde saldré. . Dónde vais? Quería, como extranjero en Palacio (pues no entre enél en mi vida) salir del, y no acertaba la puerta que al campo mira; más después que os vi, quisiera solo conseguir la dicha de serviren él de alfombra por las plantas que le pisan. Conoceisme? . No señora; porque si ciego venía, y he visto al Sol cara acara, es contingencia seguida, que a tanto golfo de rayos quede más torpe la vista. Y quién sois? De vuestro esclavo timbres goza fe cautiva, que hay esclavitudes nobles, que ensalzan a los que humillan. Aunque equívocas ofenden razones tan atrevidas, el decoro de Palacio. Salese de él a la quinta por esa puerta de enfrente: Ha ingratitudes fingidas! y ha enfadosas Majestados! si la libertad os quitan, y en los empleos del alma la razón de estado os guía; que es lo que tenéis de grandes? o que ostentáis de divinas? Al entrar, en el tocado, tocando aquesa cortina, este plumaje señora, ármino de piel más limpia, se os cayó. Ocasiones nuevas, para nuevas fantasías. No sabéis, que en los Palacios de los Reyes, no se estila (si no es en quien por oficio le toca) esa cortesía? No lo ignoro, aunque os parezca la respuesta inadvertida. Pues porque le levantasteis? Porque aquí no hay quien os sirva. Yo llamare alguna dama. Para que, si de rodillas os le vuelvo, en el formando mentales idolatrías. Volvelde a echar en el suelo. Es joya muy de codicia, y si es que otro ha de hallarla, no quiero sostituirla, sino en vos: tomad. No es esa sealtad, ni cortesía, si no atrevimiento grande. Las almas son muy altivas. Con él no habéis de quédaros. Si no le tomas vos misma. Estáis en vos: qué decís? Que es terco amor si porfía. Qué es amor? hare mátaros, Morirá un alma por fina. Hay más contingente acaso! . Hay beldad más peregrina! . . No hay un paje que responda? El Rey viene, y va perdida mi opinión si aquí me halla; y si culpo su osadía, a riesgo su vida pongo: pues que le valga su dicha, que yo no he buscado el lance, que le ha ofrecido ella misma. . Fuese, y dejome el plumaje: Amor, con alas te pintan, ya las tengo; flecha el arco, para unir almas distintas. La tapada va tardando, mi amo no va viniendo, yo ha rato que estoy temiendo, y ratón que estoy temblando: y esto asegurarlo puedo, porno indiciar mi valor, aunque parece temor, no es sino un famoso miedo; pues cada instante hacia atras volviendo, al temor que crece, cada mosca me parece un Gigante Fierabras. Mas allí, si es que dormido no estoy, y soñando; creo, que al Rey Aventarifveo a la Española vestido. Si es él buen pez (a mí ley) se me vaechando en remojo; más por sí es, échole el ojo, para decírselo al Rey. Arriesgarse de este modo, es ceguedad. . Quién lo niega? ni quien niega la disculpa en quien amando desea ver el objeto que adora, tras cuya aplaudida idea va el alma volando en alas de esperanzas, aunque inciertas. Respóndile ayer a Arnoldo, de la suya en consecuencia, que me dio su confidente Alberto Ignacio; y en ella le dije, que disfrazados. de cazadores a hileras, mil soldados repartidos del bosque entre las malezas, hoy prevenidos tendría; y que todos, por más señas, trairian plumajes blancos; porque conocidos sean unos de otros, cuando acaso algún riésgo nos suceda. Por la tempestad de anoche no pudo Alberto, hasta está mañana, venir a darle la carta; y como tan cerca está la quinta del bosque, saber de cierto quisiera, si su pariente Carloto le dio la carta primera, que de habérsela fiado no se que el alma recela. De lejos él me parece, oírlos hablar quisiera, para asegurarme en todo, y dar a mi señor cuenta. Entre la gente que pasa pascese vuestra Alteza, para más asegurarse para cualquiera sospecha. Con todo lo que asegura, soy de parecer, que yerra Vuestra Alteza en arriesgarse. Quien ama nunca se arriesga, sino solamente hace lo que debe a sus finezas. Vámonos, señor, al bosque. Cuando conocernos pueda, siendo yo Rey, no peligro permaneciendo las treguas. Que no venga ahora mi amo, que ellos son dos, y es conciencia acometerlos yo solo; mas yo los agarro de esta. Manda algo señor soldado? Hbia una buena vieja, a quien llamaban la maza por mal nombre, allá en mi aldea: de ella Alcalde al mismo tiempo, cierto personaje era, a quien el perro llamaban los muchachos de la escuela. Dio la vieja una mañana en seguirle con tal tema, que él la pregunto enfadado: que mandas mujer? mas ella turbada, al ver que el Alcalde perro se emperraba, cuerda le dijo: que usted perdone, y por su maza me tenga. Mira que viene allí Arnoldo. Y una tapada se acerca hacia aquí póngome grave de amorosa centinela. Qué hay amigo? Novedades, que puede ser que sucedan. Ser vos Rey, y de mi hermana dueño; consiste en la empresa, aunque de ello no os escribo nunca. Es prevención muy cuerda; porque acciones semejantes por más mudas son más ciertas. Es él? . Soy el mismo él: y ella es? . La misma ella. Y Alberto? A hablarme llegaba, y antes que darme pudiera la carta, el Rey le llamó, de que estoicón gran sospecha. De las prendas de su amo dígame algo. Entre otras prendas, que mucho le califican, no tiene Blanca en galera, que a tormentas de fortuna se fue a fondo su moneda. Solo en ella os avisaba, que de conocernos, eran señas estás plumas blancas, divisa amante, aunque honesta. Los pocos de quien me fío también llevarán la mesma; y yo, aunque para avisarlos, no sé que haber tiempo pueda. Para daros otra carca mía, pienso que os espera un forastero, que. . Tarde se va haciendo: al bosque vuelva Vuestra Alteza, y cuidadoso hacia el sitio se prevenga, donde en la Alámeda nace una fue donde iré a darle el aviso, a que parte va Clauela, por sí el intento se logra. Toda mi fortuna es vuestra. Dele luego este villete, y que vaya a la Alameda esta tarde. . De su fuente clara, ya tome las señas, aunque mejor las tomara de alguna oscura bodega. Pues no temáis, porque cuando al contrario nos suceda, ya en los campos de Guevara, que del bosque a espaldas puebla, más gente está prevenida, que nos abrigue, y defienda, cuando sea el retirarnos forzosa. Está bien dispuesta la prevención; porque salen los soldados en conserva del Rey, a la Monteria. Silencio se le encomienda, ansi a el, como a su amo. San Bruno conmigo sea, que por no hablar, en la salsa de Dios lan preó su lengua. Hacernos fuertes podemos, donde he dicho, aunque vinieran mil hombres contra nosotros. Pues la ocasión no se pierda. Pues mi ventura se logre. Pues que es lo que aquí se espera? Rey os haré de Navarra. Dueno seréis de Clauela. Pues vaya, y busque a su amo. Ya el hacia aquí se acerca. A Dios pues. Guardeos el cielo. Vase? . Voyme. Vaya. . Y vengan. u , - Salto, y bailo de contento. Qué hay Bretó? de que es la fiesta, que muestras grande cotento? De qué? unas albricias venga, o lo callo como un mudo. Detente, que te paseas como un loco. No te espantes, que he merendado cazuela de esperanzas, y son tantas, que digerirlas es fuerza con memorias paseadas. Si sucedido te hubiera lo que a mí, no era posible, que más contento estuvieras. que hay de nuevo? Albricias pido de a trece mil por docena. Pues porqué? yo te las mando. Y callarás, aunque sepas que anda el Ángel suelto, como el diablo andarse pudiera? También. Pues a letra vista pienso que viene esa letra. El día que procuraredes saber quien quiere hablaros, no esta segura vuestra vida, y el día que correspondieredes con el si- lencio (si sois quien asegura vuestro criado) puede ser que se os mejore vuestra fortuna. No firma: Bretón, qué es esto? que yo estoy loco, o tu sueñas: quien este papel te trujo? Cupido por su estafeta, de una dama encantada. Quién es? . Doña Dulcinea de Navarra, que otro nombre no sé hasta agora que tenga. Y al ser de ello preguntado, quien dijiste que yo era? Don Gaiferos, por si acaso la tal dama es Melisendra; pero de camino sabe, qemos de hacer una, y buena. Cómo? Prendiendo al Rey Moro, que al usino de sus finezas, por Clauela disfrazado, aquí al escondite juega. Si vuelves a verle, avisa. El llevará en la cabeza. Y en fin, dijiste mi nombre a la tapada? . Unas señas la di en latín, que tu puedes romancear, cuando la veas. Tú habrás hecho algún embuste Déjate guiar, no temas; y ven dondenos aguardan: mas has de mudar librea, porque es el disfraz de caza. Hay mi adorada Clauela! si no eres tú, nada estimo. Pero qué plumita es esa? Por todas partes amigo, hay enigmas, y hay empresas; y descifrar solamente la de esta pluma quisiera; para lo cual imagino, en el sombrero ponerla. Parecerás Rey de gallos. Guiame a donde resuelva tan opuestas dudas. . Vamos a desencantar Princesas, que a ti el Gigante te toca, y la dueña. Las cajas, y las trompetas divididas, del golpe, y soplo heridas fueñen de cuando en cuando, los concabos del monte penetrando; porque de su espesura salga la caza huyendo a la llanura, y floreciendo más estas riberas las plantas lisonjeras de mi esposa, y sobrina, los jardines de Chipre, y Falerina, cedan amenidades a estas florestas hoy por sus beldades. Arnoldo? . Gran señor. Porque el primero, o jabalí, o ligero ciervo que salga, venga a parar a esta parte, y se entretenga su Alteza, ven conmigo. seremos sus Monteros. . Ya te sigo: apartarme del Rey es tan forzoso, . como dificultoso. Solo iré. . No, que quiero tener siempre a mi lado vuestro acero: Y Alberto Ignacio, donde se ha quedado? de soldados guardado le dejé, y este pliego le quité para Arnoldo, y no sosiego, hasta ver que contiene; mas así asegurarle me conviene. En todo hoy no le he visto: ya he salido . del temor que he tenido. En el monte sin duda, debe de andar: venid. Oh como ayuda del viento la marea a gozar del festín. . Se lisoniea, por gozar tu deidad el elemento, y al admirar atento tus gracias singulares, sobre Aras densas te fábrica Altares. El Sol que te enamora, Clauela al verte, de sus campos Flora: A ti señora sí, que el gran Planeta te envidia, y te respeta; pues a la luz que gira tu resplandor, en nuestra esfera mira correr con más primores tu Sol humano, eclípticas de flores. Oh cómo estás amiga lisonjera! Pues hay más Primavera, que mirar tu hermosura? Pues puede haber más pura luz, que la de tus ojos? Rindaos amor a entrambas sus despojos. O más en tu alabanza lo acredite, el ver que hay quien compite de nuevo a quien te adora, otro Príncipe ya. . Quién es, señora? Yo tengo por muy cierto, que el forastero es Príncipe encubierto, y que de otro por si al Rey informaba. Aquel que Arnoldo hablaba? Sí, que tú no pudiste oírlo, si al salirme yo te fuiste, y he de ayudarle, si quien es declara. A todos debe inclinación bien rara. Ataja, porque al monte no se vuelva. Re. Y echalde hacia la selva, donde la Reina aguarda. A la selva, a la selva. . Que gallarda vista, Clauela mía, dejando atras la lince fantasía, sin que las hojas de las plantas borre: herido un ciervo corre, y presuroso huyendo, del aire los espíritus bebiendo, casi deja burlados de los valientes perros los cuidados. Que mucho, si ligero, y rugitivo, parece bajel vivo, que del bruto pirata, viento en popa va huyendo en mar de plata; tendiendo a fuga presta, por velamen los ganchos de la testa. Por aquí con presteza le atajamos. A la Reina ligamos. Tu Rosaura detente, y pues solas quedamos, a la fuente de la Alámeda guía. . Cerca está por aquí. Dicha fue mía, hallar sola en sus campos a Amaltea; porque feliz me vea a sus plantas rendido, Aunque estimo ese afan enternecido, es forzoso avisaros, como el Rey de aquí agora fue a buscaros. Obedecer a entrambos es respeto. . Saliste de este aprieto con maña peregrina. La mujer que sagaz se determina, nunca lo hierra: vamos. Ya veo la fuente porentre esos ramos. Nunca más de matices guarnecido se vio el prado florido, que al tiempo que Corona teje de sus guirnaldas a Pomona: pues cuando. . Estimaria, o Condel por leal galantería, que a este sitio la caza se acercase. Adelante no pase vuestra voz; porque al punto seréis obedecida. Raro asunto tomaste! más prevente, que es esta la Alameda, y de la fuente eltamos ya, señora, poco trecho. Ya Rosaura sospecho, que el forastero llega: el disfraz nos pongamos, que nos niega a ser del conocidas. Ruego a Dios, que también no le despidas. Sin duda es esta la fuente. Ya las ranas me lo han dicho, que son las dueñas del agua, por la traza, y por el pico. Allí están, mas no es Clavela. por las señas del vestido? Llega, que ya nos llamaron. Por no errar tan al principio, distinga yo con quien hablo, que entre las dos suspendido, no sé con quien es el duelo; aunque ácete el desafío. Yo soy quien hablaros quiere. Y yo quien he obedecido. No soy la que os ha llamado, aunque a hablaros he venido en nombre suyo: esto importa . fingir por decoro mío. Ya en el talle, y en el habla, que es Clauela he conocido; pero por más empeñarla, . que no la conozco finjo. Una dama de Navarra, que aunque otra vez no os ha visto, de quien sois por los informes, por mí os muestra afectos finos Rendido estoy, no prosiga vuestra beldad, que aunque estimo tal favor, por el más grande, cuando no tengo albedrío . para su elección, por verme de otra fe esclavo rendido: atajar obligaciones es discreción, con no oíros, que en quien no puede pagarlas es cortesano el retiro. Fuera de que cuando hubiera de mudar fieles designios, de esta pluma al dueño hermoso solo me rindiera al tiro. Pues quién os la dio? Es tan alto su objeto sacro, y divino, que con descubrirme, cuando en mi memoria la admiro, os respondo. Qué bizarro! y es de amor uiado estilo, contar favores ajenos a otra dama? . Fuera indicio ese en mí (si yo dijera, que ella me le dio) atrevido; mas siendo el favor acaso, no ofendo a quien tanto estimo. Desigual, siendo el empleo, fuera loco bárbarismo intentarlo. . Si dijese quien soy, quizá fuera digno de soberanos favores. Pues que se pierde en decirlo? Nada. . Discurris en eso con dictamen advertido; porque si es la dama acaso, la que para mi imagino, leve vapor vuestro afecto, será que al Sol se deshizo; porque es un mar de desdenes por lo helado, y por lo esquivo. No me diera eso cuidado; que yaleve vaporcillo, que átomo subió a la esfera, rayo tronante se hizo: y allá en el Reino de Italia, el Mediterranco frío dos montes cerca, que brotan fuego en medio de su abismo. Qué quieres decir en eso? Que el amor es fuego vivo, y en el mar de los desdenes suele verse introducido. Ese es prodigio, que solo naturaleza ha podido hacerle. . Y amor no puede hacer iguales prodigios? No puede, cuando por altos son los objetos divinos. Mas sobre que disputamos, si yo a esa empresa no aspiro? Ha poco amante! y que presto . rendiste al desdén tus bríos, Pero si yo os enseñara un retrato peregrino, de cuyo original bello ciegamente amante vivo: yo sé que digáis señora, que con razón me desvío de las más altas empresas. Veámosle pues. . No le fío de nadie: pero os le muestro, en fe de que me habéis dicho, que no sois vos quien me llama. Aunque sean tan indignos. . mis celos, he de romperle, disculpando el desvarío, con decir, que en mi acción vengo la dansa, por quien le obligo. Veisle aquí. Viven los cielos: ay de mí! . Qué es lo que miro! Descubriose la tramoya. Y el monumento se ha hudido. No penseis que. . Yo señora, solo pienso, que al motivo de mi suerte venturosa, siempre estaré agradecido. El retrato? Yo estoy muerta! . Que os quise. Hy mayor peligro! Enseñar. . Corrida estoy! Es vuestro . Ya más me admiro. Ved si agora, enpínzel vuelta esta pluma, podré altivo retocar las esperanzas del deseo en que me animo. No saber quién sois me ofende, mucho más que me ha ofendido vuestro amori o cuanto yerra. un afecto antojadizo! Si me hubierades (señora, hoy hablar al Rey) oído, ya conocido me hubieráis; pues le informe por mí mismo. Mas hombre que mi retrato en su poder ha tenido, nunca dejó de ser noble: y habiéndome neutral visto. en acciones semejantes, no siendonecio, es preciso que penetre mis intentos: va él ha de ser mi marido. Quién sois? Soy quien os adora. Que aquí esperara, me dijo Arnoído: pero que veo! ya Clauela está en el sitio. Y quién es el que me adora? Ya fuera grande delito negarlo es Carlos deltran. Que yo la adoro, la ha dicho quien la informa: más que dudo! este es de Arnoldo el amigo, y por el plumaje blanco, que habla por mí he conocido. A que esperas? . Y su sangre desciende de tan antiguo origen. . Como yo puedo informaros por mí mismo: que siendo Rey, por quereros, Carlos Beltran me he fingido: Mas a que aguardas Carloto? logremos el latrocinio de mi amor: vamos Clauela. Qué escucho! En dando castigo. a intentos disimulados, de pechos Reales indignos. Pechos Reales; pues que es esto? quien sois los dos, que atrevidos parece que estáis conformes en lo que opuestos os miro? que a los dos hasta este instante, que no os vi nunca imagino. Y él, porque no se detiene. Huelé mal los detenidos. (la? Por mí no has venido a hablar Yo solo por mí he venido. Mas si es este el encubierto, por quien este al Rey mi tío hablo, y de mi enamorado le usurpo el nombre atrevido? Qué es esto, traidor Carloto? Cuplircó mi fe, y conmigo, que yo soy Carlos Beltran, aunque te finjas el mismo. Tu Carlos? siendo yo el Carlos por quien te has introducido a ser de mi dicha estorbo. Eso es pagar beneficios? Qué es esto señora? . Calla, que me confundo de oírlos. Aunque te debo amistades, que pagarte solicito, el honor de quien defiendo, y el amor a quien me rindo son primero. Dasme celos? ya con más razón me irrito. Hay confusión semejante! no basta que os apaciguo? A este Morillo quifiera solo darle en el morrillo. Luego son Moros? Si somos: mas confe de bien nacidos. Y voso ros? . Yo señora, soy Carloto: Carlos digo. Ves como en tú misma lengua se manifestó el delito? Qué agora me equivocase! De usurparte el nombre mío, que aunque en mí supuesto sea, en ti más supuesto ha sido. s traidores son estas que os averiguo: tu Carloto, siendo Carlos. tu Carlos, siendo el que has dicho. , s Soldados, agora es tiempo. Ya todos están contigo. Ah del monte. . Ha cazadores. Callad, que bastan mis bríos. Pues son perros, quiero darles con la hoja del Perrilo. A pesar de quien envidia, que en tu favor ha venido un ejército de Rayos, solo en dos ojos divinos; ya pesar de quien tan fácil confía de su enemigo. Luego había trato doble en los dos? Matad amigos, cuantos con plumajes blancos vieredes. , . Ya habemos sido descubiertos. . Pues huyamos. Ese es el menor peligro. Y agora, mal Caballero, cauteloso, y fementido, Carlos seáis, o Carloto, asombro ya, o ya prodigio de estas selvas, y de un alma, que fácil fue en admitiros por lisonja de los ojos, y engaño de los oídos. (cho Moriréis. . Y el muy gaba- también ha de hacerlo mismo. Si es cierto que has de matarme, confesión votado a Cristo. Mirad, señora; que el Moro con quien por vos he reñido, es Aventarif. . Pues cómo Carlos se llamó al principio? Fue ficción, que yo soy Carlos. Pues porque Aventarif dijo, que os llamabades Carloto, y se quejo enfurecido, de que erais amigo ingrato, y él ser Carlos ha fingido? Para declararos tantos engaños, como han nacido, de trocar los dos los nombres, no hay tiempo. . qué laberintos son estos, donde se enredan las potencias, y sentidos? y quien sois en fin: . Tan noble, que a ser vuestro esclavo aspira. Matada cuantos hallare- con las señas que os he dicho. (des. Aunque de estas confusiones no entiendo el fatal motivo, quitaos esa pluma presto; pues al Rey habéis oído. Eso no, que es favor vuestro. Mirad que el riesgo es preciso. Vuestra estimación es antes. Yo os doy por costante, y fino. Más tendreisme por cobarde, si hago tal? . No haré, En fin digo, que este cielo es muy del alma, y he de sustentarle altivo. Chispas echando el Rey viene. No queréis? Lo dicho dicho. Pues aunque del Rey agora os defienda, os notifico, que provéis que sois tan noble, o os prevengáis al castigo. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Hacia este sitio, Clauela estaba. En su busca vamos. (tro Muchos por el bosque aden- huyen, con plumajes blancos. Síganlos con vuestra Alteza, las tropas de los caballos, y atajenlos los Monteros, al salir del bosque al campo, y no quede que no muera. uno de los indiciados. Idos antes que se acerque el Rey, si os sentís culpado; porque aunque ya os aborrezco, por lo que os quise os amparo: Mas que dije? . Él no poderse, salida la voz del labio, volver atras, muchas veces origen es de fracasos; pero el no pode se agora deshacer lo articulado, causa es que me origina, muchos vienes de un acaso. Acasos son contingentes, y contingentes muy raros: que os huyáis, vuelvo a deciros, si tenéis que temer algo. Sola una culpa me indicia, que es no haberos adorado antes señora que os viese; que objetos tan soberanos, solo en la fe de posibles merecen cultos sagrados. Libre estoy. No lo aseguro. . Porqué? Me habéis engañado, En qué? No tenéis dos nombres? Con no irme os satisfago. Pues mirad, que si con esa pluma os ven, que han de mataros. Según lo que habéis oído, quitaosla luego. Es en vano, que antes ella en mi defensa ha de serme indulto sacro. Pues podéis decir que es mía? No: pero harán el reparo, que en fe de que es misteriosa, salen de ella inmensos rayos. Qué ceguedad! De rendido. . Qué arrojo! De enamorado. Ved que temo. Ved que aspiro. Sí os la ven. A intentos altos. O a mis solas: que rendida . debo de estar; pues que cuando temo el riesgo en que le veo, el valor conque obra aplaudo. Aquí está Clavela. Muera el que aleve. Reportaos, o valiente en su defensa os haré a todos pedazos. Ea, deteneos. No basta, que de Clauela el sagrado le valgaro como sintiera, . que en algo fuera culpado. Ved, señor, que es por las señas también de los que buscamos. O que dichoso fui en que el Rey no me viese, cuando me quité el plumaje! O como . ignora, que he reparado en las plumas que traía; y que de ello, y lo que callo, hallé el aviso en la carta que le quité a Alberto Ignacio. Pues porque, señor, excusas el prenderle? . Sosegaos, que en tanto que huir no puede, mejor es saber el caso: Clavela, qué es esto? cómo defiendes a quien tirano se conoce por las señas contra mi confederado? Yo callo, hasta que me diga el Rey que dé mi descargo. Aquí es forzoso el hablar. Rey, señora, Conde, y cuantos de lances desprevenidos, admiráis riesgos tan arduos. No se que es, más se que puede ser, según lo he imaginado, aún más de lo sucedido, si es que puede adelantarlo la idea, que se retira de seguir rumbos tan varios: es un superior motivo, que aunque examino, no alcanzo: es un orden de los cielos; pero si en mí no reparo, . y recobro el pensamiento, se sale el alma a los labios. (. Y esto en fin. así lo enmiendo, es defender a quien pago: obligaciones de haberme de Aventarifrescatado. Qué dices? Que de una escuadra de Bárbaros Africanos, que iban con Aventarif de Españoles disfrazados, me libro. . Tú le conoces? No, pero me le enseñaron los dos. Pues decid vosotros, de qué, donde, como, o cuando le conocísteis, habiendo a Navarra ayer llegado? Acaba, rompe el secreto, porque si no, yo le casco. Entre las cosas que os dije, señor, que tenía que hablaros, era la principal de ellas, daros cuenta de este caso. Pues porque no le predisteis? En librarme hicieran harto, que eran muchos. Y yo solo. (do? Yo no obré como un Bernar. Pues como con esta pluma, que son sus señas, te hallamos? Este es blasón de mi aliento, no alarde de sus engaños. Y un Carlos Beltrán, que dicen, que esta traición ha trazado? Por la carta lo he sabido. . Buena la has hecho. Dudando estoy, en que le responda. Suspensa estoy de escucharlo, que este es Carlos, y el Rey dice, que es traidor. Lance apretado! Al oírle le disculpo, y al verle dudar le infamo. Yo en tal duda le prendiera, señor, hasta examinarlo. Decís bien: vos advertid, que al responderme turbado, o sois el misimo que temo, o sabéis d el. . Declaraos: no se que es, que aqueste sea traidor, no me persuado. qué he de hacer? porque si enseño la carta, que es mi resguardo, el retrato de Clauela perdere, y si trueco, o callo mi nombre, de fementido, con ella quedo infamado; y si mi nombre confieso, en la opinión me embarazo, si soy Carlos verdadero, o soy el supuesto Carlos. Qué haré Bretón? Decir que eres un Caballero encantado, que esto dicho de repente, bastará para asombrarlos. No respondéis? . En fin digo, que a lo que habéis preguntado no puedo satisfaceros, si a solas con vos no hablo. Que sospecha más notoria! El indicio está bien claro. Si le amparo me condeno, y muere si dél me aparto. Ciertoes. . Si luego no dice, quién es, prendeldo, o mataldo. Pues muera. Será desdicha, no deslealtad la que pago. Si no es deslealtad, o joven! no ha de ser desdicha, en cuanto viva yo; y así teneos. Ya a su Alteza respetamos. Ha pesar de mi fortuna! que en todos halle agasajo! Ha dicha de mis deseos, ya por tal fe disculpados! El tiene estrella de Reinas. Y tu estrella de Lacayos. Pues porque así vuestra Alteza se opone a lo que yo mando? Porque de haberlos oído esta mañana en Palacio, (ra a él, y a Arnoldo, antes que hubie Vuestra Majestad llegado, ol serve por las noticias de lo que experimentamos, que es leal el forastero: quien es el traidor no alcanzo. A los pies de Vuestra Alteza de rodillas. Yo de trapos. Rindo toda mi fortuna. Ya esto se va mejorando. De todo cuanto habéis dicho, nada, señora, me espanto; que ano ser Rey, ya me hubiera puesto también a su lado. Viváis, o Rey siempre invicto, los siglos más deseados y este acero, que rendido a vuestras plantas consagro, instrumento de mi muerte venga a ser fiero, en hallando contra mis intentos nobles, indicios verificados. Levanta joven valiente, vuelva tu acero a tus manos, y antes de decir quien eres, fácame del sobresalto de verte con esa pluma, seña vil, timbre villano, de los que traidoramente contra mí se conspiraron. A mi nunca. Acaso Arnoldo, os he ofendido en miraros? No digo, si no que nunca. Luego hablaremos despacio. Yo, señor, no por delito, por blasón puesta la traigo; no es seña, es divisa noble de mis pensamientos altos: y entre esta pluma, y aquellas, que tanto asombro os causaron, advertid la diferencia que en un ejemplo déclaro. Amanecieron un día en Lacedemonia, cuando su República triunfava del grande Imperio Tebano. Dos estatuas peregrinas, que en su antiguo ansiteatro dieron que pensar a muchos de aquellos Gentiles Sabios. Una echaba por la boca de ardientes llamas un rayo, que estaba (sin encenderlas) de varias flores cercado. Por la boca la segunda, brotaba también un ramo derosas, a quien cercaban llamas vivas sin quemarlo. Ya se ve en pueblo sinfinito, cuantos díctamenes, cuantos ciegos discursos se harían, ya equívocos, ya encontrados, Hasta ignorancias comunes sobre la duda opinaron, cedieron todos los suyos al parecer de Aristano, que más docto, por más viejo, de esta suerte habló al Senado: Nuestra República inquietan traidores disimulados, y la lealtad la defiende, y a las estatuas hablaron, llamas cercadas de flores son de la traición los labios, que con exterior belleza disimulan su contagio: flores cercadas de incendios son de la lealtad retratos, que a pesar de infame envidia salen de su horror triunfando. Aquí, pues, de mi concepto, si por lo hermoso, y lo vario hubo tantos, que las plumas a las flores compararon, aunque aquí las que os asombran sean parecidas tanto: cercado en unas de flores habla el fuego con alago; pero en esta que aquí os muestro, muda estatua soy que hablo, cuando cercado de incendios por mi lealtad, no me abraso. Enigmático prudente, ya te he entendido, aunque hablando vas por símbolos sutiles, prosigue: mas hazme agrado de arrojar luego esta pluma, que aún me sirve de embarazo a los ojos dando veo que me indicia lo que aplaudo. Vuestra Majestad permita. El se ve en aprieto extraño, como es mía. Pues qué dudas? Te opones a lo que mando? Arrójala por san junco, que no la estímaras tanto a ser del ala del Fénix, si de la cola de Argos. No es señor, desobediencia, es favor, que a suplicaros vuelvo, el quedarme con ella; porque en su seña afianzo daros hoy un vencimiento. Cómo? Prendiendo, o matando a Aventarif, si le encuentro: con esta dicha la guardo. . Acaba, dinos quien eres; porque el origen sepamos de tu dicha, que de oírte mas cada instante me espanto. Aunque decir no quisiera quien soy, hasta que un criado llegue; que salió de Francia después que yo, tres, o cuatro días, por traer consigo los papeles, y despachos, que han de ser crédito mío, ya es forzoso el declararlo: y porque sepáis la noble sangre, que el cielo me ha dado, aunque a fuerza de sucesos me vengo disimulado. Yo soy el mismo que os dije, que de la fama guiado, de la beldad de Clavela, de amor hermoso milagro, declararme no quería, por haber tarde llegado; mas ya que es fuerza el decirlo, cobardía es no intentarlo. Si sois quien decís, cubríos. Co esto se alarga el plazo . de mi dicha. Y se confunden las máquinas que he trazado. Qué dicha! Mira Clavela, si mi discurso fue en vano. Parece que ya se ha puesto muy grave el picaronazo. Como salí del aprieto, un poquito me he ensanchado. Proseguid, que después vuestra pretensión oíré de espacio. Para ser a ella admitido, del decir quien soy me valgo. Después de aquellas discordias, del mundo belico espanto, que entre Inglaterra, y Francia hubo en los tiempos pasados? del Ducado de Bretaña sobre el dominio, pasando de las armas a los medios en pacifico teatro. Arbitro de entrambos Reyes. se halló mi padre, y mirando el Segundo, Childerico (que el simple en Francia nombraron, gran desdicha de los Reyes adquirir blasón tan bajo) que del Rey de Inglaterra era mi padre cercano pariente, y mayor amigo, por conveniencia de entrambos, casándole con su hija, y el derecho renunciando, le hizo Duque de Bretaña con blasón hereditario, para que en sus descendientes fuese perpetuo el Estado. Hbiendo, pues, convenido en ello, mi Rey Britano, posesión tomado había, apenas mi padre, cuando de Carlos Martel los hijos, con el gobierno se alzaron del Reino, y a Childerico por inhábil aclamando, a que renunciase el Reino con su industria le obligaron, y en Religión se metiera: simple fue, mas quie más sabio en huir de los peligros del mundo al cierto descanso. Fenecida en él la Augusta Real línea, de aquellos claros Dogabirtos, Teodóricos, Clodóbeos, y Clotarios, descendientes generosos del genealógico árbol del invicto Faramundo, primero Monarca franco, nueva sucesión de Reyes: empezó en Francia Reinando Pepino, segundo hijo de Carlos Martel nombrado, fuese ya desgracia nuestra, o consiguiente embarazo, que al nuevo gobierno sigue, y más si para en tirano: del recelo persuadidos, que aún prevalecer el bando podía, de los primeros los nuevos Reyes entraron con el Rey de Inglaterra, rompiendo paces, y pactos: y venciéndole en la cruda batalla que le mataron, entre los muchos que fueron depuestos de puestos altos: y en vagios de fortuna, en el mar muerto tocaron; uno fue mi padre noble, el cual firme pleiteando, que era suyo el Señorio de Bretaña, y sus Estados, coronado de trofeos, aunque de envidias cargado, vio abiertas en su sepulcro las puertas del desengaño. Herédele yo, siguiendo el pleito, y siguiendo osado al nuevo Rey en sus guerras, por merecer más aplausos: de lo cual es buen testigo el gran Duque Saboyano, que es fuerza que me conozca si a vernos los dos llegamos. Murió Pepino, y siguiole su heredero Carlo Magno, (las que hoy reina en Francia, y pornu- todas las mercedes dando que hizo el Rey Childerico, fui del todo despojado del Estado de Bretaña; perdió la esperanza el campo, queriendo entonces con otras mercedes recompensarlo, por saber que mis servicios siempre fueron señalados. Sin mostrarme malcontento, con temor de no quedarlo, porque el malcontento siempre está a ser traidor cercano. Tingiendo que hecho tenía, por no hacer duelo el agravio, voto de ira ver a España el cuerpo de Santiago. Licencia, y cartas obtuve, que firmadas de su mano, solo quiero que os informen; que hay Reyes, que aunque vasallo por su deudo me confiesan; que en lo demás, que no trato agora, os dirán mis hechos; pues a serviros me allano: la sangre de quien desciendo, el honor por quien me ensalzo, el valor que me acredita, la fama que he granjeado, para que así resplandezca mi origen en vuestros campos Levanta, y mis brazos sean nueva corona, en que ufanos tus pensamientos se alienten. De oírle alegre he quedado Qué haré yo, viendo que puedo con más disculpas amarlo. Di tu nombre, que hasta agora siempre dél te has olvidado. Cómo te llamas? Guevara. En sus campos retirados los Moros se han hecho fuertes, por todas partes, cercaldos en tanto que al Rey aviso. Qué es esto Conde bizarro? Qué Aventarif, conocido está, y con sus aliados, o sean Cristianos, o Moros, los que los plumajes blancos traen por traídora divisa, juntos se han fortificado en el valle de Guevara; y el prenderlos, o matarlos, es fácil, si brevemente en su seguimiento vamos; que Aventarifes el mismo que vino señor a hablaros, como Embajador. Valientes luego les acometamos; pues están de aquí tan cerca; y al que animoso, y osado, de los que hoy pretendientes de Clábela sois gallardos, trajere un retrato suyo, que Aventaril temerario tiene en su poder, elijo por su esposo. Y yo le aclamo por tal al que le trajere. que bien todo se ha ordenado, . pues el forastero puede, (aunque huya el Moro) mostrarlo En la miel se te ha caído de amor la sopa, o gazpacho. Vamos, pues. La empresa admito. Pues la ocasión se ha llegado Válgame el Cielo! qué veo? El intento os haré claro. Dónde este soldado he visto? Con que esta pluma heguardado. Pues toma, o altivo joven el uno de mis caballos, porque mi favor te aliente. Yo, aunque sea sobre un asno, me veréis hacer prodigios, hoy de mi patron al lado. Aguardad, vyos no sabéis señor quien en vuestro campo tenéis. Aún no le conozco. Sabéis quien es? Vuestro amo. . no es Carlos Beltran, que Duque de Bretaña fue aclamado de quien yo fui prisionero? Ya de qué sirve negarlo: si señor. . que es lo que escucho? Con nueva duda he quedado, p de haberme negado el nombre, que en traídoras cartas hallo. Ved si ha sido ilusión mía, de que esta confederado. con Aventarif. . Más valiente no fue César, ni Alexandro. Pues competidor es nuestro. Pues en grande riesgo estamos No hay remedio, sea quien fuere sino prendiendo al criado, que viene en su seguimiento, ver quien es por sus despachos A las espaldas del bosque que están ya desvaratados los Moros. . Pues conla Reina queden docientos soldados de guarda, y vamos a ellos. Toca al arma. . Santiago. Palabray media. Pues diga, porque tocan a rebato, y mé pica el honorcillo. Pues te precias de alentado, traeme sesenta cabezas, de otros sesenta Morazos. Esas sesenta cabezas pides con sesenta garbos, por tener sesenta miedos, como otros sesenta y tantos, pedirás que te las traiga. A quién? A sesenta diablos. Vosotras estad atentas, y de aquí estén apartados los soldados que nos guardan. Todos se ha puesto a lo largo Raro es Clábela el suceso del forastero. . Y bien raro. Qué piensas contigo a solas? como así te has mesurado? mucho tu silencio dice, discurriendo, y contemplando. Si pasiones son del alma, que no las calles te encargo, que un disimulado afecto es el más fuerte contrario. No me niegues lo que indicio, que a pesar de tu recato, por las puertas de los ojos se te va el alma exhalando. Hacia aquella parte adonde se empeña en los Moros Carlos que le habéis dejado solo. No importa, que solo basto. Ay de mí! si es que le mata: vamos en su ayuda, vamos señora en defensa suya, pues es mi amor su sagrado. Válgame el Cielo! qué dije, impulsos arrebarados fueron, que desprevenidos, del pecho a la voz pasaron. Elevose el pensamiento, y salió el alma volando, y entre mentales ideas deseos se articularon; más pues no es deun alma ciega facilidad lo que es Astro. Deja de ser Reina para mi descanso, y como mi amiga, escúchame un rato. Amor, de quien nunca ha sido mi corazón feudatario; pues con esemciones libres, sus flechas rompí, y sus arcos. De repente me ha rendido, yo no sé a quien, ni sé el cuando como que es Dios se conoce en obrar tan instantaneo. Ya lo dije, y ya lo siento, ya lo niego, y ya lo aplaudo, ya lo estorbo, y lo deseo, ya lo oculto, y lo declaro. Si es traidor, como el Rey teme si no es quien ha dicho Carlos, desdicha ha sido el quererle, siendo imposible el no amarlo Pues que esperar puedo de este activo encanto, si amor, y desdicha, nacieron de un parto. Amor dije, mas lo dije de desdicha acompañado, que en la fe de real decoro, no hay amor sin sobresalto. No hay, no, racional, ni bruto, del Orbe viviente ornato, que del por mayor adorno igual no ame el halago. Hasta que las plantas tienen alma, y amor, dijo un Sabio, barbaridad disculpada, si el vio a layedra en el árbol. Pues que mucho ha sido rendirme yo, cuando los troncos más duros saben dar abrazos. Que enfermo está el albedrío, que busca en amor milagros, amor, amor, guerra, guerra, olvido, olvido. Ha letargo! que me olvidas de mí misma, torpe de amor en el caos. Al arma deseos, alerta cuidados, que anda el enemigo cerca del asalto. Vitoria. Todo se le debe a Carlos. . Ves que en favor de tu afecto respondió el Rey, aunque acaso. Hasta que el Rey del no dude, siempre temo, y me acobardo. Buscalde, que el bosque adentro se entró a un Moro retirando. Vamos con el Rey Clabela. qué peligros! . qué cuidados! Aunque te has defendido tanto, ya Aventarif estas vencido. No fue el aliento tuyo, que si por causa antecedente arguyo, venciome con mayores ventajas, el abismo de favores; que al mirarte a su lado te infundió contra mi (mas desdichado) esa que el campo con sus pies fecunda, Semira mis segunda, nueva Pantasilea, en fe de que venciste la pelea. s Ya en fin mi prisionero eres. . Y también Carlos espero, que precedas conmigo, como contrario no, si como amigo: no atropellando el fuero debido a ser yo Rey, tu Caballero: Y así dejando aparte confusiones, de ver que con mis señas te me opones; voy solo a que primero me dejaré matar, que prisionero verme del Rey; y para más enojos ver a Clábela ser luz de otros ojos. Cesaron las envidias, por quien celoso como amante lidias, con que Clabela, aunque su amor te abrase, de los dos Condes con ninguno case. Con que no se casara de los dos con ninguno, me animara. Pues yo te lo aseguro, y estarás de mi fe también seguro si te vuelvo tu espada? Queda tu fe con eso acreditada. Pues tomala. . Pues haces, cómo a todo mi honorle satisfaces? procediste gallardo, la obligación confieso, mas si tardo en irme, ser pudiera viniendo el Rey a más peligro. . Espera, que pues cumpli contigo, es necesario. . Qué? Cumplir conmigo; la deuda te he pagado, ya de la libertad que me habías dado; y ya en tu esfuerzo altivo consiste el irte, o el quedar cautivo, Es verdad, mas en eso que me quieres decir? Qué muerto, o preso, he dado la palabra de entregarte al Rey. . Aunque seas Marte, haces mal en ponerte a segunda ventura. Todo es suerte. Fuera de que si piensas que has cumplido conmigo, mas ofensas Carlos Beltran me hiciste; pues porque ser amigo te fingiste, de Arnaldo; me engañaste, y al Rey de mis intentos avisaste; que es otro agravio nuevo. De ese agravio no debo satisfacción ninguna, siendo de ley contraria, la fortuna, pues dos a dos estamos obre de nuevo agora. Pues riñamos. Yo no puedo hacer menos, más aunque estamos de consejo ajenos; que hicieras tú si acaso te vieras empeñado en igual caso? Con la espada en la mano no doy consejo. Dilo, aunque sea en vano. Yo contigo cumpliera, primero que conmigo, si me viera en lance tan dudoso, si afe de corazón majestuoso. Prended ese criado, que de Carlos en busca aquí ha llegado; porque sus cartas viendo, salga de tantas dudas que no entiendo. Has lo oído? Sí, más que las cartas vea, importará para que más me crea. Adónde los dejé sueña el ruido, escapar no he podido. Porque más te avergüences, tu acción de aleve, pues si aquí me vences será por la ventaja de los que vienen con el Rey. Tan baja sospecha no permito en mi valor, guardarte solicito las espaldas, en tanto que te huyes. Nuevo favor me influyes. No has de temer de mi valor cautela, y aunque al Rey, de Clauela, que me des el retrato he prometido, tenerle en mi poder mi dicha ha sido. . Esta es acción gallarda, y a mi caballo Aventarifte aguarda, que a quien me dio la vida, es justo dar la libertad perdida. Tus nobles procederes envidioso me envían. Mas no esperes, que el riesgo es manifiesto. Los Cielos te den dicha. Acudid presto, no sea que quede herido, Carlos si el Moro es quien se ha huido. Sigámosle. . Teneos. A Aventarif defiendes? Debaneos serán de tu locura. Muera, que la traición se conjetura de tener con el trato. Yo soy leal, aunque ampararlo trato. Tu riesgo es infalible. Seguilde, que escaparse no es posible. Pero que es lo que miro! Reportaos. Con gran causa me admiro. A Aventaris has dado libertad? . Si señor, le he pagado con bizarra osadía la libertad que él me dio otro día, cuando matarme pudo. En qué ocasión, que tus intentos dudo. Yo le escuché encubierto esta conjuración que has descubierto; que ya yo la sabía, viniendo de camino; y aunque me vio, después darme previno la vida que le he dado, de sus nobles acciones obligado: si te ofendí perdona, que ser quien soy, y mi lealtad me abona. Muera, pues tal confiesa. Aguardad, pues segura está la presa a saberlo despacio; y llévale a la torre de Palacio, en tanto que examino; pues tan a tiempo su criado vino, quien es, y quien acaso el origen ha sido del fracaso. Pues yo voy confiado en salir victorioso. Y yo ahorcado. Si esta acción no castigas, de que te espantas de traidoras ligas. . El hizo lo que hiciera yo, si la vida recibido hubiera; en lo demás que ha avido, no me olvido, aunque piensen que me olvido; que yo sabré de cierto todo el caso en hablando con Alberto. Yo, señor, solo digo, que es noble Carlos, y que soy su amigo. Y serlo yo deseo, aunque dudosas sus acciones veo. Yo de ellas no dudara, sabiendo que en el valle de Guevara hizo en abono suyo, los asombros, señor, con que te arguyo. Aunque callo, no ignoro, . a l de Arnaldo la traición, deél el decoro; sobre el caso Yo tengo que deciros. Mis extremos dudosos los público, en contra, y enfavor, solo os suplico, que si es Carlos leal. . Decid Clabela. Le premiéis como a tal; mas si es cautela todo lo que ha fingido le castiguéis. Si hare. . Voy sin sentido. Ya el tiempo se ha llegado, de salir de una vez de mi cuidado. . Hallé en el campo. . Y son? . Bien conocidas. Carlos Beltran en ellas se firma solamente. Quiero vellas. De ellas puede sacarse, que el confidente suyo, por no hallarse por ellas descubierto, las arrojó sin duda. Será cierto. Y aunque finja otra letra, cuando se las mostreis, ya se penetra que será por librarse. Ya con esto el traidor, no ha de ocultarse Ya que infeliz he sido, en no huir, la cautela me ha válido. Más decid, como esta que para vos venía, manifiesta que sois el confidente? de ese Carlos Beltran. Quién la traía? Trájola Alberto, y para vos venía. Desdichado accidente. Ya a Aventarisprendieron los soldados que osados le siguieron. Pues la torre en dos cuartos se divide, al uno vaya el Rey. . Audiencia pide. Veréle de camino. No respondéis Arnoldo? No imagino quien pudo ser señor. Mucho el semblante habéis mudado. . Yo? Pasa adelante. Qué dices de mis sucesos? Es nuestra historia muy larga y ya se nos vuelve en soga; pues pienso que nos arrastra. Presos estamos. Si de esta salgo, por puerta, o ventana, por cueva, o por chimenea, le ofrezco a Santa Pelajia un manojo de bretones, de cera, pues fue la santa, de quien cuentan, que de solas las hierbas se sustentaba. Qué hará ahora mi Clabela? Mucno cosu amor me enfadas cuando estamos tan apique de ser muertes supitañas. Confieso que estoy por ella muerto. ̱. A buen tiempo. Por altas las empresas no se pierden, si hay acción para intentarsas. Ni las ubas, ni las brevas, si es largo el que las alcanza. Mas que ruido es este? escucha que en ella vecina cuadra parece que suena gente. s Pregue a Dios, que no nos hagan fraiies, viniendo a meternos en la Capilla de patas. Por el hueco de la llave de esta puerta, que las salas divide, lo que es veremos. Asomate. A esa ventana; pero vive Dios que he visto, señor, notables fantasmas. Pues qué has visto? A Aventarif, con Mahamer, que es su gualdrapa Qué dices? Llega tú, y velo. A un lado Bretón te aparta, ya le he visto, y están solos. Aventarifa Quién me llama. Carlos Beltran soy tu amigo Ya te conozco en el habla Estás preso? Mi fortuna hoy como a ti me maltrata. Que será de mí, si preso estás tú a cuyas hazanas en solo un día ha debido tan gran vitoria a Navarra. Cómo dime te prendieron? Ab Cogiome a la retirada una tropa de caballos. Pésame de tu desgracia. En fin el Rey se resuelve a que he de darle mañana el retrato de Clabela; o con prisión me amenaza Siendo imposible gozarla a hallarme con él, le diera de mi libertad en paga, como de mis dos contrarios con ninguno se casara. Hate dicho que irás libre si le das? . Sí. Pues aguarda, que sin que nadie lo sepa, ni alguno visto lo haya; yo un retrato suyo tengo, (mira que la industria es rara) y si tu finges que yo te le quite en la batalla: yo empeñarme te prometo en que no la veas casada con ningún contrario tuyo. Vaya adelante esa traza; bien que a tenerle no fuera precio el mundo de importancia para darle, ni aún fingirlo, si con él no me quedara. Ya está entendido tu duelo, y es prevención muy bizarra. Él se fía en que le tiene, . porque ignora de la carta en que le envío el suceso. Fingiré lo que me mandas, como cuplas lo que has dicho. No habrá en la promesa falta. Abren la puerta? Sí. . Calla Aventarif hasta luego. Qué dices Calos, no hablas? entendiste lo que digo? No señor. El Rey, al arma. larga. . Y tu que determinas? . Mis brazos, Carlos famoso, tus recelos la tisfagan de tus meritos en premio; pues de haber visto las cartas que a Carlos Bestran traían, y la traición declarada por la confesión de Alberto. Mis delitos se declaran. . Amoldo. Pierdo el sentido. No me oís? Que es lo que manda vuestra Majestad. A Carlos entregad luego la espada. Señor. . Callad. Ya obedezco. Retiraos en esa cuadra, y advereld. Mi muerte escucho. Qué habéis de salir mañana a pagar vuestros delitos. Muerto voy. Mala palabra. Y desde hoy Carlos Beltran de tus fortunas pasadas has de mejorar la suerte. Fuerza será el mejorarla, Rey, si la palalara cumplís que diste. . Prosigue, acaba. De hacer de Clábela esposo al que su retrato traiga de Aventarifrescatado. Pues quién tuvo dicha tanta? Yo, que de mi pecho amante. le he corocado ciilas haras. Si Aventariflo confiesa, y de tus finezas raras se satisface Clabela, saber quien eres me basta, para que seas su esposo; pues abre esa puerta; y salga Aventarifa decirlo. Sabiendo, señor, que estabas con Carlos. Todos venimos. A interceder en su causa. Ya vengo, o Rey generoso, a saber lo que me mandas. Solo a suplicarte vuelvo, porque es fuerza que casada salga de aquí mi sobrina; que de tu rescate en paga, me des el retrato suyo, y luego libre te vayas. Uno de los tres que miras, que en el valle de Guevara, compitieron mi fortuna, le tiene por mi desgracia. Pues declárese el dichoso. Ese soy yo, aquien amparan, para salir con empresa, por sola, tan soberana, la sangre con que he nacido. Esa atestiguan tus cartas. El honor que he defendido. Ese mi voz le declara. El valor que me acredita. Yo atestiguo tres hazañas. La fama que me corona? Por grande el mudo la aclama Aunque tu ventura envidio es forzoso el no estorbarla. Yo, con que logres tu dicha te pago deudas pasadas. No tengo de que ofenderme; pues cumpliste tu palabra. Pues Guévara sea tu timbre, desde hoy, y en sus campañas, que por tu valor se vieron de Aventarifrestauradas; en tanto que hallamos medios de restaurar a Bretaña; funda población insigne, donde prosiga ensalzada, siempre como hasta hoy lo ha sido tu heróica antigua prosapia; cuya estirpe generosa renueve en inclitas ramas, cada edad en triunfos claro cada siglo en más hazanas: y mis vasallos te juren por Príncipe de Navarra, dando la mano a Clabela. Con rendimientos de un alma Yo conlos mismos la admito Y allá gloria, y aquí gracia. Con que en gloriosa memoria sabrá el mundo que en Navarra de los Guevaras fue origen, sangre, honor, valor, y fama; de cuyos heroicos hechos, y ascendencia dilatada, promete el mismo Poeta, los blasones de Guevara. FFN