Texto digital

Texto digital de Duelos de amor y desdén en papel, cinta, y retrato

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Duelos de amor y desdén en papel, cinta, y retrato. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/duelos-de-amor-y-desden-en-papel-cinta-y-retrato.

Logo BICUVE

DUELOS DE AMOR Y DESDÉN EN PAPEL, CINTA, Y RETRATO

JORNADA PRIMERA

tra vez amigo Enrique, y otras mil veces, los brazos me dad, adonde consagre mi amistad en holocaustos la tabla de ese bajel, que perdido y derrotado, en vez de espumas salobres, surcó sirtes de trabajos. Felix, e infelice Felix, otra vez a vuestros brazos llega mi pecho: feliz, por merecer el contacto de su nudo; e infeliz, pues que vuestros sobresaltos los sentís vos por vos solo, y mi amistad por entrambos. Y a este infeliz escudero, del andante de mi amo, no habrá quien le de un escudo? Salchichón? . Amigo caro? Bebi ayer tanta cerbeza, que no tengo humo en los cascos. Ay Enrique, qué dichoso sois vos, y qué desdichado es aquely que peregrino de su patria, y desterrado, las penas le son consuelo, y las dichas sobresalto! Tantas son vuestras desdichas? Son tantas, que si mi labio, intentara referirlas, primero en ese estrellado jardín faltaran estrellas o flores, pues que brillando, o equivocas floreciendo entre mátices y rayos, los astros relucen flores, las flores relucen astros. Primero:: mas mucho ofendo ese indisoluble lazo de nuestra amistad: y pues en equivocos amagos vos sois otro yo, y yo en vos otro vos me hallo, dejad de ser vos yo un poco, y yo seré vos un rato. Ya os acordaréis Eurique, de aquella edad, de aquel tiempo, que en Salamanca, jardín de tan copiosos ingenios, palestra de tantos sabios, y de tantas letras centro, nuestra ociosa juventud entre libros y argumentos, consumió el primer albor, y el crepúsculo primero. Ya os acordaréis también, como en literario duelo, a favor de vuestro voto, pude subir altanero a ser de su escuela Apolo, y de una catedra Febo. Pero dejemos aparte estos dijes del ingenio, que yendo a contar amores, fuera loco, fuera necio deslucir la voluntad, luciendo el entendimiento. Nos trasplantó la fortuna desde aquel felice cielo, a vos, como astro nativo, a vuestra patria Toledo, y a mí a Madrid: quién pensara, que para mayor tormento se valiera la fortuna de las dichas y trofeos! Dígalo yo, pues surcando de Salamanca a mi puerto, allí todo fue ventura, aquí todo desconsuelo; allí canté yo mis triunfos, aquí lloro mis tormentos; allí atrevido Faetonte, rasgué cuadernos del cielo, y aquí despeñado surco un Meridiano de incendios. Llegué a Madrid, y mis brazos apenas eché a su cuello, cuando madrastra, no madre, me echó otra vez de su pecho; pues a Flandes desterrado entre balas, entre fuego, mariposa de mi amor, quedé a sus vislumbres muerto. Mas diréis, cual fue la causa de tal mal, de tal tormento? y dudáis bien; pero ahora importa estéis más atento. Libre viví de las flechas de aquel tirano Dios ciego; poco cursado en su escuela, en su campo poco diestro, hasta que de mi envidioso, previno contra mi pecho el mayor rayo de luces, el más fiero arpón sangriento. Vi una hermosura (mal dije) miré (tampoco es aquesto) admiré (poco reparo) reparé (no, no lo acierto) cegué: cegué dije? ahora decir confesar os puedo, que lo he dicho de una vez; pues que al mirar sus reflejos, si entré cobarde y con vista, retiré cobarde y ciego. En aqueste amor Narciso, de un día los cuatro tiempos pasé, pues que en la mañana, rendido ostente desvelos; al mediodía constante, de un sol sufrí los desprecios; a la tarde vi favores en el iris de su cielo; y en la noche de mi dicha celoso lloré tormentos; pues que en metasora frágil de flor que deshoja el cierzo, vi, ostenté, lloré, sufri a la mañana desvelos, desprecios al mediodia, y al fin favor y tormentos. Una noche, infausta en fin, hidra infernal de mis celos, guiado de una criada Mercurio de mis deseos, entré en su casa, y apenas en ella dichoso llego, cuando llegué apenas, pues al repetir mis afectos a aquella esfinge tirana, reparo, oigo, escucho, siento que al ruido de cuchilladas iban a un hombre siguiendo, diciendo: . . Muere traidor. Válgame el cielo! los ecos de mi voz son estas voces. Y aún las cuchilladas creo. No hay quien mi vida tocorra? Voz es de mujer: qué pienso que a socorrerla no voy? Caballero, si los cielos en vuestro valor:: qué miro! Señora alentaos: qué veo! No es Don Felix? Ay amor! No es esta Beatriz? Ah celos! Mas qué repato? Qué admiro? mujer::- . Hombre, si los cielos en vuestro valor infunden las, prendas de caballero, a una mujer, por mujer, por infeliz, a quien fieros quisieron robar dos hombres, dejando mi criado muerto, amparad, pues veis que si::- Calla, calla que no quiero aunque olvide lo galán, olvidar lo caballero. Enrique, guiad esa dama en el más seguro puesto que ella gustaré: ah tirana, celos añades a celos! Don Felix:: . Vamos señora. Yo quitaré tus recelos. . Salchichón, quédate tú. Yo señor, ni voy ni quedo. Muera el que impidiere osado::- Muera el que intentare fiero::- Mis intentos: mas Don Felix::- Tal traición: pero Don Diego::- Vos con la espada en la mano? Vos irritado el acero? Qué ocasión? . Qué canta? Oíd: Yo intenté ciego y resuelto, Jove de una fiera Europa, Paris de un prodigio griego robar una dama, y cuando atropellé mis intentos, entre el ruido de las armas se escapó mi ingrata huyendo, y al seguir amante Clicio de sus rayos los reflejos, os hallé a vos nuevo Marte, fulminando vuestro acero. Si habéis visto aquese sol, decidme amigo:- . Don Diego, no se que dama buscáis, que Europa, sol o lucero; solo sé, que al ver las armas prevenir contra mi pecho, saqué mi espada, hasta que pude amigo conoceros; y así ved en que serviros puedo mi valor y esfuerzo. Perdonad amigo, que es forzoso realzar el vuelo hasta encontrar esta garza, a quien neblí astuto y fiero seguí. . Don Diego esperad, no podré saber (ay cielos!) quien sea esa dama? . No, Solo en vuestra mano dejo esa copia, ese retrato en que veáis sus va que le rompen los sesos Ah señor. Cruel fortuna, solo me faltaba aquesto! Qué es de Beatriz se conoce de la Luna a los reflejos. Ah infiel tirana homicida! no me basta por tus celos el ir desterrado a Flandes? No bastaba, que en el riesgo que te amenazó, la vida te diesen mis sentimientos, sino que aquese retrato, áspid de flores envuelto, puñal en color forjado, entre pócimas veneno, comunique a su contacto, el atosigado aliento? Dime ingrata, si otro amante se corona de trofeos, si merece tus borrones, si se encumbra en tus desvelos, qué esperanza dejas falsa, a un corazón por ti muerto? Y tú, retrato, que fuiste áspid, puñal y veneno, has de ser para mi amor antídoto de mis celos. Salchichón, sígneme, y calla. Seré una estatua de hielo. Bearriz falsa:- . Inés liviana::- Aunque ofendes mis afectos:- Aunque casques mis halagos::- Sabor constante mi pecho En amor tan lacayuelo seré, aunque me veas sano, Quítame Inés este manto. Cunsada señoral vienes. Cansada sí, razón tienes, aqueo la fortuna tanto me en pena tal, an tal desdén, Qué te entristece señora? El corazón con tal pena, llora, y parece que pena, pena, y parece que llora. Esta tarde, como sabes, por divertir la fatiga, a ver Lisarda mi amiga salí con mis penas graves; y cuando en ese zafir el Sol, bello rosicler, o moria por nacer, o nacia por morir; al volver a casa, osados dos me quisieron robar, pero llegando a apelar al tribunal de los hados, a un caballero encontré a quien la vida debí, y este caballero vi, y advertí que Felix fue. Con que estoy en lid igual, de amor y honor combatida, a un amante por mi vida, y a un traidor para mi mal. Mira, pues, como he de arder en tan estraño sentir, si de este tengo de huir, y a aquel he de agradecer. Felix en Madrid está? no faltará Salchichón. Ay Inés, que el corazón mi mal adivina ya! Ay Felix, cuan engañados están de mí tus recelos! mas qué mucho, si los celos nos han de hacer desdichados? Señora un hombre hasta aquí se ha entrado, y no sé quién es. Pues cierra esa puerta Inés, no dejes entrarle así. . Para qué ingrata homicida, la puerta quieres eerrar, si abierta dejas estar la que me quita la vida? Cierra tus ojos, verás mi mal curado; que sí yo cegué porque te vi, ciega tú, porque vea más: pues que al mirar el rigor de esos tus dos soles bellos, que haré yo infeliz, si de ellos Hombre, Don Juan, o quién eres, como ciego, como osado, profanas así el sagrado que se debe a las mujeres como yo? cómo intentaste tal atrevimiento? Di, bella Beatriz, como así con tus ojos me mataste? Mira que al rigor esquivo de aquese dolor incierto, o soy un viviente muerto, o soy un cadáver vivo. Mira:: . No quiero mirar. Oye:- . No quiero oír. Advierte::- No hay que advertir. Escucha::- No hay que escuchar. Idos Don Juan, o violento el furor de mis dos ojos, os ha de dar por despojos a los átomos del viento. Señora, ofender jamás vuestros soles pretendí, yo me iré, pues puedo así Ay señora, mi señor sube ya por la escalera! Fortuna, de esa manera acrecientas mi dolor! Señor Don Juan, si mi llanto puede enmendar vuestro error, como noble, por mi honor mirad. . Sí, Beatriz, y tanto por él miraré ofendido, como mirara obligado, que tiendo yo el desdichado, he de ser el escondido. . Hija, Beatriz, yo pensaba que ya retirada fueras a estas horas. . Yo, señor, es perando que vinieras, de ver mi amiga Litarda di cuidadosa la vuelta; mas tu señor, como::- Luego he de salir, que unas nuevas me dieron de cierto amigo. Inés, no cierres la puerta, mientras que dentro mi cuarto me importa una diligencia. . Inés, saca luego a ese hombre; pero aguarda, tente, espera, que allí sentí ruido: cielos, cuando acabarán mis penas! Pensarás Beatriz ingrata, que otra vez a la cadena me vuelvo de tu prisión; pero mal piensas, mal piensas. Ay señora, que tu padro vuelve! . Que no haya comedía sin padre, ni sin hermano! Ay Felix! ahora es fuerza que no te vea mi padre. Qué quieres ingrata, fiera, que me esconda? no es posible. Felix mío. Cruel sirena, que adormeces con el llanto sin que aproveche la cera. se dijo por esa treta. Ya encontré lo que buscaba, que en la última gabeta estaba del escritorio: tened esa puerta abierta, que luego pienso volver. . Ley es en mí la obediencia. Inés, saca luego al punto esos dos hombres, no sea que nos falte la ocasión, pues las desdichas nos cercan. quisiera mi diligencia: quién de la jaula a los dos a mi tiempo sacar pudiera! Empecemos por Don Juan: pero no, Salchichón sea el primero. . Ea, no acabas? despacha Inés, en qué piensas? ̱. Amiga Beatriz. . Ahora se cayó la casa acuestas. Lisarda, qué confusión tu aflige? respira, alienta. Ay Beatriz que mis desdichas hidra de siete cabezas, al tiempo que una se corta, siete a renacer empiezan! Apenas te despediste de mi casa, cuando apenas un hombre embozado entró al tiempo que también entra mi amante: el uno atrevido, otro celoso, a la lengua de las espadas remiten la ejecución de la ofensa. Yo viendo que contra mí rosulte este lance es fuerza, y siendo yo la inocente, también la cómplice sea: a volverte la visita vengo, y con tal diferencia, de tu veniste por gueto, ero yo vengo por pena. Mucho a la fortuna estimo, Lisarda, que compañera te traiga aquí do mis males, pues que tantos ton. Mal piensas, digo otra vez. . Ay de mí! Don Felix es, no me vea; támpate Isabel, por Dios. . Gran mal el alma recela; . pues viendo a Felix, Lisarda se encubrió de esta manera. Felix, delante esta Dama tu celo o ardor no quiera: Perdonad hermosa Dama, de que mi cólera ciega no respete vuestro talle por iris de las pendencias, porque en mi pecho los celos con volean, vesubio y etna; No vengo, Beatriz ingrata, a encarecerte mis penas, a contarte mis amores, solo mi pecho al filo de tus cautelas, viene a brotar las heridas, viendo al homicida cerca. Goza en paz aquese amante que en tu pecho se apotenta, porque yo de él desterrado a Flandes daré la vuelta, donde ruego al cielo, que en la batalla primera una vívora de plomo, rojo de metal cometa, se cebe en mi corazón, para que de esa manera yo infelice, tu dichosa, yo sin gusto, tu contenta, tú eslebres más tus triunfos, y yo llore mis tragedias: quédate en fin. . Felix mío, óyeme, que es cruel sentencia sin escuchar a la parte, el condenarle a que muera. Verdad es que un hombre: . Calla, y es buena disculpa aquesa, viniendo yo a pedir celos, añadirme tú una ofensa? Oye, y máteme después el cuchillo de tu ausencia. Verdad es digo, que un hombre entró en mi casa en aquella fatal noche de mis ansias, fiero aborto de mis penas. Verdad es también, mi Felix, (mio dije) que en aquesta noche robarme intentaron, a no estar tú en mi desentas mas qué culpa tengo yo, si es influjo de mi estrella? Si soy hermosa, es delito para que yo lo padezca? El quererme otros amantes, nien mi es culpa, ni en ti ofensa: y así señor:: . Ay Beatriz, y qué disculpa tan necia, cuando me muero, que tú pintar tu hermosura quieras! Mi bien, mi dueño, mi gojo:- Mi mal, mi daño, mi pena No te ausentes. No me engaños. No te vayas. . No me ofendas. Ah traidor Don Felix! yo haré que en su pecho mueras. Y tú sirena menor de aquesa mayor sirena, sota de aquesa baraja, y iba a decir alcahueta, cuantos tienes en la tranca? Ay Salchichón! en tu ausencia no hemos visto Sol ni Luna. No te creo buena pieza. Ah picante Salchichón! yo te he de poner calceta. Don Félix, si no te quiero, si no estimo tus finezas, el sol me niegue sus rayos, el cielo sus influencias, y contra mí se conspiren aire, agua, fuego y tierra. Yo no conozco aquel hombre, que con resolación fiera quiso robar alevoso segundo Paris, a Elena: y pues que no han de valer s, merezca Felix de ti, Mienten, aleve Beatriz, tus voces, falsa sirena, tus ojos, cruel basilisco, tu pecho, tirana hiena; pues que yo, segundo Ulises, huyendo de tus cautelas, sabré animoso surcar Y si no, dime tirana, si otro copia tu belleza, fuerza es teniendo el retrato, que el original merezca. Con que Beatria, de tus ojos he de huir, no me detengan los randales de tu llanto, que no han de vencerme piensa, aunque fueran tus hechizos Vamos Salchichón, de aquí. Don Félix, señor, espera. Qué he de esperar? suelta ingrata. Mi bien, Felix, considera::- Ya considero, tirana::- Que son falsas tus ofensas. Que son ciertos mis agravios. Mira::- . Aparta. Advierte: . Deja. Pues ves::- . Pues oigo: Traidores. Amigos matadle, muera. Ahora señora Beatriz, encarezca sus finezas, exagere sus amores, que son mis celos quimera. Pues vive Dios, falsa, ingrata, que he de salir a que muera a manos de ese galán, que en tu calle las pendencias riñe de tu amor. . Señor, Felix, dueño, tente, espera, no has de salir. . Cómo no? forzarasme a que por esa ventana de aquese cuarto me arroje a la calle, y vea aquese amante. . Ay de mí! . de ese modo encuentre es fuerza a Don Juan. Felix, no vayas. Ya es vana tu resistencia, que he de entrar: pero qué miro? A las voces: pero muera. Así vengaré mis iras. Así pagarás mis penas. Voy a ayudar a mi amo; pero espada tente, espera. Don Felix, Don Juan, mirad::- Aparta cruel, quita fiera. Deja ingrata, quita falsa::- De que mi cólera ciega:- De que mi celoso ardor::- Muera, pues matando muera. Qué atrevimiento es aqueso dentro de mi casa? . Fiera fortuna! . Lance terrible! Grave mal! . Estraña penal Señores, el viejo ahora nos ha de dar para peras. Qué es aquesto, di, Beatriz. Yo señor, sí: cuando:- . Ea, no acabas? . Ingenio, ahora . me ha de valer tu cautela. Después, señor, que otra vez taliste de casa, apenas quedé sola en este cuarto dejando la puerta abierta, cuando esta mujer tapada, con aquesta compañera, que debe ser su criada, hasta aquí se entró: fue fuerza preguntarle qué buscaba; a que dijo, que su adverta fortuna la ocasionaba a entrar de aquesa manera huyendo de un hombre, que intentaba conocerla, importándole la vida que no supiese quien era. Mas luego al instante suben trepando aquesa escalera esos dos hombres; el uno intentaba conocerla, y el otro la defendía; con que en esa competencia, sin respetar mi persona, sin atender mi presencia, racaron los dos la espada, haciendo campaña fiera aquese cuarto: yo entonces turbada, difunta, muerta, sin voz, sin acción, sin vida, no supe que me dijera, hasta que llegando tú, podo tanto tu prudencia, que fuiste en esta ocasión Vive Dios que la Beatriz en la frente se la pega. Eso será, que en la calle, al querer entrar mi puerta, me acometieron dos hombres. sin que supiera quien eran. Pero mucho, caballeros, estraño aquesa bajeza, no respetar a una dama, cuando a otra hacéis una ofensa. Qué ocasión mover os pudo a intentar acción tan fea, como querer a una dama reconocerla por fuerza? Andad con Dios, que esas cosas aún no estan bien en mi lengua. Y vos señora, porque una mujer siempre lleva aquí, y en cualquiera parte buenas cartas de creencia, si queréis aquesta noche quedaros con mi hija bella, podréis, adonde del susto descanséis, y de la pena. Ay de mí! que aunque celosa . el disimular es fuerza, en un sujeto convengan. Yo, señor, a vuestras plantas, es forzoso que agradezca tan noble acción. Levantad, no estéis de aquesa manera; vosotros ya podéis iros. Perdonad señor, que ciega no mírase mi pasión, que aquesa señora: ah fiera! véngueme el amor de ti. Del mismo modo mi lengua os suplica perdonéis de una mocedad: qué pena! Entre los dos en la calle temo una desdicha fiera. Retiraos: Dios os guarde. Cruel fortuna! . Suerte adversal Injusto honor! . Pasión fuerta! Tirano amor! . Inés terca! Pues me persiguen tus tiros::- Pues me amenazan tus flechas::- Pues me asustan tus rigor es::- Pues me matan tus saetas::- Pues me maltrata tu imperio::- Pues que me cansan tus muecas::- dejan mi esper anza muerta. . He de ser contra tus iras. dará remedio a mi ofensa. . sabrán desmentir sospechas. . si celos hacen estrellas. He de ser, si tú gustares, ADA GUNDA RN

JORNADA SEGUNDA

Milagro de amor fue anoche escapar de tanto aprieto. Da gracias a la Beatriz, que es lindísimo sujeto. Vive Dios, que comparados son con ella a todo tiempo, la Celestina una tonta, el Doctor Carlino un lego; es honra de las Beatrices, que son, que serán, y fueron: y finalmente, Beatriz Beatrizó muy bien al viejo; pero dejando a una parte estotro, aquello y aqueso, para un caso de conciencia a tu entendimiento apelo. Si anoche saliste tú de en cas de Beatriz huyendo, con en tántico de agravio, y tu púntióa de celos; como ahora vuelves, señor, a la calle, y al terrero do esa Infanta de Grañada, de ese basilisco fiero? Cosas son, señor, por Dios, que me harán perder el sero, y que:- . Calla, Salchichón, que son tan nobles mis celos, aunque hijos de amor ingrato, que solo a esta calle vuelvo, no arrastrado de la causa, si impelido del efecto, porque anoche la justiria impidió vengar mis celos: a ver si encuentro a Don Juan, o a ver si topo a Don Diego vengo a esta calle, a vengar en ambos sus desaciertos; en el uno su osadía; en el otro sus empleos: con que aqueste ardor celoso, aqueste rabioso incendio produce en el corazón Yo, en fin, señor soy dichoso, y al Poera lo agradezco, que no ha puesto en la Comedia Lacayo que me dé celos, porque vive Dios, que yo::- Calla, que viene Don Diego. Don Felix, amigo, mucho a la fortuna agradezco el haberos encontrado. Pues, Don Diego, qué hay de nuevo? Anoche, en fin, como viste, siguió mi perdido afecto, Clicie amante de sus rayos, salamandra de su fuego, a aquella Dama; y por tanto que mi amor la fue siguiendo, no fue posible alcanzarla, hasta que ciego y resuelto me volví a la casa, adonde pasó ella la tarde, a tiempo, que un hombre que en ella estaba, me impidió con el acero el saber si allí volvió; y al ver que salía huyendo de aquella casa una Dama, la seguí, y después el fuego de mi pecho reventó riñendo con otro; pero todo aquesto no es del caso, pues solo a buscaros vengo porque me deis el retrato de mi daño, o de mi dueño. Y no me murmore alguno, que fuese fácil exceso el dejaros el retrato o la copia de aquel cielo; porque en la amistad confiado, que tuve con vos, y tengo, y también porque no pude detenerme en tan mal tiempo a referiros quien era la Dama de tanto empeño, os dejé el retrato, vos ya habéis conocido el dueño de aquel borrón, o la Dama que pedíáis. . Sí, Don Diego, y lo que habría dado entonces por saber aquel sujeto, ahora diera infeliz V al doble, por no saberlo; y en fin, porque de razones, o de empeños acortemos, yo adoro esa misma Dama, yo esa misma ingrata quiero, antes que me fuese a Flandes. Idólatra de su cielo en víctimas le di el alma, y en sacrificios el pecho: vos poco tiempo ha la amáis, yo soy acreedor primero, vos en vuestro amor sois niño, yo soy en mi afecto viejo; y así, si yo, o mi amistad, algo en esto os merecemos, os suplicamos:- . Don Felix, solo responderos puedo que en las campañas de amor, no hay partido sobre celos. No queréis, hacerlo? . No. No hay remedio? No hay remedio. Pues elegid cualquier, como no sea el retrato volveros. Señor Don Félix, los hombres que precian de caballeros, saben proceder mejor en empeños como aquestos: si yo en la amistad confiado os he revelado el pecho, reparad, que más que vos habéis de ser vos primero. Yo de volver el retrato, no os di palabra Don Diego; vos le dejaste en mis manos, yo en darosle fuera necio; consultad vos con vos mirmo, que hicierais en tal empeño. Yo no sé que hiciera entonces, solo sé lo que hacer debo. Detras de Atocha os aguardo, adonde verá mi esfuerzo si ha de ser mío el retrato, o el retrato ha de ser vuestro: allí, Don Felix, aguardo. Id con Dios, que ya voy luego. Él va muy bien despachado: me parece el tal Don Diego pues que lleva pan de perro. Pesame de tener hoy con Don Diego aqueste duelo por la amistad que tuvimos algúnadía: mas qué pienso? adonde hay Dama por medio. Sí llevara algún padrino yo reñiría a tu lado: mas pues nada dijo de eso, he de quedarme en ayunas? Ya es conocido tu esfuerzo: pero aguarda, no es Beatriz aquella, y Don Juan, que atento la va acompañando? ah ingratal en aquesa esquina puesto he de ver, he de apurar todo el vaso de mis celos. otra vez, Señor Don Juan, como dije, a decir vuelvo no paséis más adelante, no quiera, no, vuestro afecto, preciándose de cortés, pasar a más de grosero. Hermosísima Beatriz, imán de mis pensamientos, veneno de mis sentidos y norte de mis deseos, no quiera vuestro rigor quitar tan presto el consuelo a un hidrópico, que está de vuestros ojos sediento: quitar tan presto el alivio es desanciar el enfermo; mátenme más vuestros ojos, más gloria tendré así muerto, supuesto que mis sentidos, pensamientos y deseos os temen, y os apetecen por su imán, norte y veneno. Vive Dios, que el Don Juan es ternísimo caballero. Calla loco, veamos que Beatriz responde a su afecto. Señor Don Juan, no gartéis tan sin tiempo esos conceptos de imán, de norte, y creed que soy poco de lucero: idos con Dios, no queráis meterme en algún aprieto, como en la noche pasada; porque yo: pero qué es esto? Caerse al suelo una cinta del círculo de ese cielo. Yo tengo de levantarla. Yo he de lograrla primero. El que osare::- El que intentare::- Don Felix, Don Juan, qué es esto? en desaire de una Dama procedéis tan poco atentos, que sin mitar por su honor reñís en la calle un duelo? Debaos yo aquesa fineza, debaos mi amor ese afecto; porque no ultraje mi honor malicioso el vulgo ciego. Ay Don Felix, la fortuna te trajo en aqueste tiempo en qué inocente mi culpa te añade segundos celos! . Válgame el Cielo! ah fortuna en que conflicto me has puesto! Aquesta tarde en Atocha me ha desafiado Don Diego; Don Juan vemuroso aquí cogió un iris de aquel cielo; no reñir es cobardía; reñir con él grande aprieto; pues un duelo no concluido, quiero empezar otro duelo: mas, fortuna, para todo abra camino mi ingenio. Señor Don Juan, porque veáis, que el no reñir en tal puesto no procede de cobarde, sino que nace de atento; detrás de Atocha esta tarde os aguardo, donde el fuego que abrasa mi corazón en furor, en rabia envuelto, os ha de quitar la cinta, o habéis de dejarme muerto. juntaralos mi valor, y allá resolverán ellos, que deben hacer; que yo así obro como caballeró. Don Felix, holgaré mucho su curso apresure el tiempo, para que me vengue en vos de una ingrata, y de unos celos: en Atocha aguardo, donde habéis de ver, que mi acero sabe conservar las dichas, que me da propicio el cielo. . Id con Dios, que allá veréis. Señor, buena la hemos hecho, pues retado y retador te hallan en un mismo tiempo: mas qué pretendes hacer? El tiempo ha de decir eso, que en esos lances la cura Repara, advierte, señora::- No des, Isabel, consejo a quien no le ha de tomar; pues pasa a tanto ese incendio que se esconde aspid incauto en las flores de mi pecho, que el remedio le es peligro, y el peligro le es remedio. Después que anoche salimos de aquel lance, aquel aprieto en casa de Besriz, mi hermano en sus dudas satisfecho, yo entonces, me perdonó, alimentando mis celos, buscaba remedio, mas peligraba en los remedios. A aquel ingrato Don Felix a buscar resuelta vengo, por quejarme de su trato, y su proceder grosero. Mucho me holgara encontrarle, porque conociera: pero si no me engaño es aquel: yo le llamo, yo me atrevo. Señor Don Felix? . Quién es? Señor, guárdate que aquesto no nos pare en desafío. Una mujer, que no creo que vos conozcáis, que quiere hablaros en este puesto. Qué mandáis? Señor Don Felix, acortando fingimientos, que no es menester fingir donde sobra el fingimiento: si os dijera que una Dama prendada de vuestro aseo, prendida de vuestro garbo, estaba por vos muriendo, qué la dijeráis? . Señora, soy tan infeliz, que pienso, que no es posible. . Y usté, señora sota manteo de aquesa prototapada, déjeme aquese embeleco del manto y del tapadillo, que ya sabe es lance viejo Señor Salchichón flamenco, no requiebre, y vayase a Inesear a su dueño. Inés es una pobreta, no te dé celos tan presto. Hermosísima deidad, a quien por la se venero, pues creo que tu hermosura será hermana de tu ingenio: Sol eclipsado en las nubes de ese manto o de ese velo: embozado Paraninfo de aquese terrestre imperio: Cielo en quien relucen tantes mal apagados luceros; supuesto que tu hermosura merece estos epitectos, logrando los atributos de Sol, Paraninfo y Cielo, desvanézcase la noche de ese manto triste y negro: amanezca a mis sentidos la Aurora de tus reflejos: ausenta las negras sombras, aumenta tus soles bellos: no pleiteen los oídos a los ojos el imperio: merezca, pues, yo:: . Don Felix, a descubrir no me atrevo, quizá perderé en tus ojos lo que he ganado sin ellos; y así::- . Perdonad, señora, que mi necio atrevimiento porfíe en que a descubrirse llegue la luz de ese cielo. Pues tanto porfías Don Felix, yo soy. Lisarda, qué es esto? siempre pensé, que tu loco, que tu bachiller afecto llegaría a:: . Falso, ingrato, tirano, mal Caballero, a una mujer como yo se trata con tal desprecio? Nunca pensé, que al amor que te tuve, y que te tengo, uese de ti mal pagado, fuese tan mal satisfecho. Mas qué mucho, si se esconde en lo ingrato de tu pecho toda la nieve del Alpe, del Etna todo el incendio? Los Caballeros, Lisarda, como yo, nunca quisieron engañar dos Damas, pues si el arpón fiero y sangriento de Cupido me ha arrastrado al cruel yugo de su centro, y adoro otra Dama, cómo como pretende tu intento rendirme a tu adoración, abasallarme a tu imperio? No, no te quejes de mí, quéjate de ese Dios ciego. Calla, falso, calla, ingrato, que ya apuraron mis celos, que es Beatriz tu prenda amada, móvil de tus pensamientos, que es centro de tus cuidados, y que es de tus ansias centro: pero yo he de hacer tirano, que del solio de su cielo caigas Faetón despeñado a un abismo de desprecios, que llores aborrecido, como yo penando muero: ya verás en qué para ese Ah sehor, siempre pensé que esto pararía en duelo! Qué quieres? tan desdichado, tan infeliz me hizo el Cielo, ni bien vivo, ni bien muero; pero aunque pierda lo amante no pierda lo Caballero. A Atocha me voy a ver si hallo a Don Juan, o a Don Diego: tú puedes volverte a casa, pero mira que te advierto, que a nadie digas adonde voy. . Pues señor, fuera bueno, que yo te dejara ahora? bien conoces:: . Quita necio, que no siempre tus locuras han de servir de provecho. En fin, oigo, miro y callo, que son los tres mandamientos del Lacayo; y por si acaso, lo que no pienso, ni creo, te descalabraren, voy a prevenir unos huevos. Ya llegó, fortuna, el lance, ya vino, fortuna, el tiempo en que habemos de cumplir a los preceptos del duelo: pues, corazón, a la lid, pues a la campaña, esfuerzo, vea el mundo, vea Beatriz, vea Don Juan y Don Diego Felix? . Enrique? Mil gracias doy de encontraros al Cielo. Sabréis como aquella Dama, ya restautada del riesgo, dejé en su casa. . Ya sé, que a amigo tan verdadero debo estar agradecido. Pues todo aquesto supuesto, yo vengo, Felix, de vos a valerme en un empeño, que pues quiere la fortuna que venga a cobrar tan prest la deuda de mi amistad, fuera necio, o poco atento el no valerme de vos; pues que yo llegué a valeros por lances de cierta Dama, a quien fino galanteo: cerca de Atocha esta tarde estoy desafiado; y siendo forzoso haber de llevar padrino para este duelo, ninguno podrá mejor valerme, que vuestro esfuerzo. Y así, amigo, confiado de vuestra amistad, me atreve a salir: quedad con Dios que junto a Atocha os espero. . Oíd, esperad, Enrique, porque yo:: mas vive el Cielo, que se va apretando el lauce! Cómo ahora faltar puedo Pero no soy yo el primero? qué se fuese sin oírme! mas qué dudo? mas qué pienso? que si soy de Enrique amigo, también yo soy Caballero: en qué confusión me han puesto! Ahora bien, al desafío de Don Juan y de Don Diego eV Ce, señor Don Félix. Quién es? pero, Inés, qué es esto? Este papel de Beatriz para vos; guardeos el cielo. . Tente, aguarda: ah cruel fortuna, empeño añades a empeño! más veamos en su papel que dice esta ingrata: leo. Beatriz. Válgame el cielo! ay de mí! en qué dudas, en qué aprietos está infeliz vacilando la nave del pensamiento! Quién se vio en tan arduo lance? quién se vio en tan fuerte empeño? habrá otro más infelia, A quien más persiga el fiero imperio de la fortuna? pues que veo contra mi fraguas de dudas, brotar centellas de riesgos; porque en mi amante novela discurra el humano ingenio, si hubo hombre más apretado en el teatro del tiempo: y deshilando los cabos de mi laberinto ciego, gusano de mis desdichas hilar mi muerte pretendo. Yo por celos de una ingrata a Flandes me partí huyendo: volví a Madrid, y la vida me debió en aquel aprieto, en que atrevido pirata robarla quiso Don Diego. Un retrato de esta dama este mismo caballero dejó en mis manos y porque el retrato no le he vuelto, a Atocha me ha desafiado: y en aqueste mismo tiempo, sobre coger una ci desafié a otro caballero con quien reñí dentro el cuarto de Beatriz, con que en un tiempo me hallo yo desafiado, y desafiador yo mismo. Pero dirá algún duelista, y con razón, que es mal hecho, teniendo un duelo pendiente el avocar otro duelo: mas no, que bien puede un hombre, sin perder lo caballero, reñir dos duelos, si son de una misma causa efectos. Y apurando de una vez del vaso todo el venono, un amigo mío, a quien obligado estar confieso, apretando más el lance, me hace padrino de un duelo. En este tiempo mi dama por dejarme satisfecho, me llama por un papel: con que en una hora me veo, haber retado a Don Juan, desafiado de Don Diego, obligado de un amigo, y llamado de mi dueño. Si falto a mis enemigos, ser y reputación pierdo: si falto a Enrique, me falta un amigo verdadero: si falto a mi dama, no podré desmentir mis celos: asistir a todos juntos no es posible a un mismo tiempo: en qué lance me habéis puesto! Habrá entendimiento humano, que sepa darme consejo? Mas yo no lo he menester, porque aunque diga un proberbio, y otro diga al mismo tiempo, si obro como caballero, será el más gallardo acuerdo. Por si ha venido Don Felix as sirlio aplazado vengo. Por si vino mi contrario a la campaña me acerco. Un retrato ha sido causa de emprender aqueste duelo. A tanto obligó una cinta despeñada de aquel cielo. Ay Beatriz, que por ti riño, cuando un favor no merezco! Ay ingrata, lo que cuesta, sin ser de tu mano el premio! Que si yo fuera dichoso::- Si yo naciera de tu afecto::- Poco el reñir importara. Poco importara este duelo. Mas mucho tarda Don Feliz a demostrarse en el puesto. Mas mucho Don Felix tarda para concluir este empeño. Quisiera el tiempo volara::- Quisiera corriera el tiempo::- Porque el valor de mi brazo:- Porque el volcán de mi aliento:- Cobrar pudiera el retrato. Déjara un contrario muerto. Pero allí veo a Don Félix. Pero allí a Don Félix veo. Caballeros, si he tardado, que me perdonéis espero, Señor Don Felix, vos siempre procedéis en todo atento. Vos siempre, señor Don Felix, os mostráis en todo cuerdo. Éstimo las hidalguías de vuestros heroicos pechos; pues Caballeros tan nobles nunca dejarán de serlo. Mas me admiro, que con yos venga aquese Caballero. Me espanto que siendo solo, queráis padrino en el duelo. Ni aqueste viene conmigo, ni yo con aqueste vengo; y porque sepáis la causa, escuchad: Señor Don Diego, vos me desafiaste a mí, mas me desafiaste a tiempo, que por otro lance, yo desafié a este Caballero: yo viendo que era imposible reñir en distantes puestos, os junté en este lugar para concluir estos duelos. Vosotros mirad ahora quién ha de reñir primero, que yo cumplo con entrambos desnudando aqueste acero. Don Félix, por cierto lance de una cinta, o de un lucero, vos me desafiaste, yo nada miro, nada advierto, sino reñir contra vos, pues me llamaste a este puesto. Tened, aguardad, qué yo desafien a este Caballero; y así, en fe de mi palabra, se viene a hallar en tal puesto: vos mirad como ha de ser, que yo defenderle debo, que aunque sea mi contrario, mi palabra es lo primero, se debe en cualquiera riesgo. Pues yo no quiero que vos me amparéis, que nunca es vueno reñir en un mismo duelo: si yo tengo de mataros, qué tengo que agradeceros? es muy peligroso empeño; Pues vos desagradeces el favor que yo os ofrezco, de dos agravios me vengo. Aguardad, que ni tampoco esto está bien a mi esfuerzo: Felij me ha desafiado, yo aquí de él llamado vengo, amparar a mi enemipo también como noble debo, y no habéis vos de reñir con quien yo amparo y defiendo. Mucho tengo que admirar, Don Felix, que vuestro brío, no acabado un desafío, otro quisiese empezar: debierais considerar en ese lance de honor, que puede ajarse el valor en duelo tan apretado, pues a esto os han obligado Aunque del duelo es ley tal, que no se puede admitir un duelo, si por concluir pendiese otro duelo igual, eso se entiendé con tal excepción, tales preceptos, que si en dos mismos sujetos hay una misma razón, se puede reñir pues son Yo con vos llegué a reñir en casa de vuestra Dama; a Beatriz el pecho ama, por ella logré el vivir; luego debéis advertir, que mis celos os maltratan, que vuestros intentos atan, que impiden el adorar, y en las materias de amar Si vos de él celoso estáis, a mí me hiciste un agravio; y si lo pronuncia el labio, os porque más le irritáis: hasta que vos me veáis vengado, viven los Cielos, no cesarán mis desvelos; pues que llego a discurrir, que cuando salgo a reñir atriz pude una cinta coger, cuando os quisiste atrever yo fui, mas que vos, feliz: vos la perdiste infeliz, cuando mi pecho la goza, vuestro furor no reposa por querérmela quitar; veamos quien ha de lograr Si vos la cinta lográis, yo un retrato le dejé, que enigma divino fue de la prenda que adoráis: si bien lo consideráis, más razón tengo, que ingrato de aquella Diana el trato la copia no me volvió; más peno, pues tengo yo Nunca el duelo decidió, ni en tres supo preferir al desafío en reñir, o a aquel que desafíó: pero en esta ocasión, yo puesto en iguales balanzas, voré, ingenio, lo que alcanzas, si pudiere conseguir, cuando llegare a reñir, Señor Don Juan y Don Diego, los tres a una Dama amamos, una beldad adoramos; Cupido, tirano y ciego a los tres nos rindió: luego matándome alguno a mí, se quita un contrario, y sí yo a los dos mato, también; y así, reñir será bien Decís bien, señor Don Félix. Bien discurrió vuestro ingenio. 3. Pues riñamos. Bravo pulso! Lindo tiento! Grande esfuerzo! Que no acabe de matarlos! qué aguardo? Valedme, Cielos! Villanos, nunca pensé, que tal traición::- Fuego, fuego. No hay quien socorra mi vida? Oíd, esperad, teneos, que ya es imposible ahora proseguirse nuestro duelo, pues tres distantes peligros amenazan tres sujetos; cada cual vea a quien puede socorrer en tal aprieto. Decís bien. . Tenéis razón. Pero ahora (válgame el cielo!) hoy pretende la fortuna apurar mi sufrimiento. Allí de Beatriz el coche se ha despeñado altanero: allí Enrique está cercado de una multitud de aceros; y al puesto donde voraz se va apoderando el fuego, oí la voz de Lisarda; no he visto notable empeño entre una Dama que adoro, una Dama que aborrezco, y entre un amigo que estimo, a quien libraré primero? Pero qué pienso, qué dudo, si está Beatriz en mi pecho? que este ha de ser el primero. . Allí yo, si no me engaño, un hombre apretado veo de una tormenta de espadas; a socorrerle me atrevo, por ver si puedo librarle del peligro en que está puesto. . Y yo acudiré a la parte a donde mo daz el fuego, áspid se va al mentando entre flores de un incendio, por ver si puedo sacar con otro fuego este fuego. . Vuelve, Beatriz, no desmayo Mayos de tu edad destruyan, huyan las penas, si en fin, fin a mí no me procuran. Labios, que cárdenos lirios os volvió la suerte injusta, justa pena a quien adora, dora una beldad difunta. Ojos, que volantes fllechas, hechas al amor asustan, tan eclipsados se apagan, pagan así la hermosura! Por qué contra ella conspiras iras, sañuda fortuna? una desdicha no basta, hasta que su Abril consuma? Tente, desdicha, repara para quien su mal procura; cura de Beatriz las ansias, si has de desear mi ventura. Ay de mí! . Albricias, alma, que ya es su vida segura. Quién aquí: pero, Don Felix? Yo soy Beatriz, que en la oscura confusión de mis tormentos, al tiempo que tú procuras matarme a celos y penas, yo te añado más venturas. Pues huyeron los traidores, dad gracias a la fortuna, que libre estáis. . Caballero, dejad mi afecto construya pirámides al valor, que vuestra nobleza ilustra. Alentad, hermosa Dama, pues de Vulcano la furia se desvaneció pavesa en la campaña cerulea. Mucho estimo, Caballero, que vuestro valor y ayuda de aquel riesgo me librase, cuando en la pira purpúrea, mariposa de mí misma me abrazaba entre su lucha. Ay Felix! cuanto agradezco que fuese tal mi ventura, que tú librases mi vida de tan terrible aventura. Ay Beatriz! y quien creyera, que cuando mis travesuras estaban por ti riñendo, en tu favor se reduzcan. Tanto estimo: pero allí Lisarda está? qué fortuna! Beatriz? . Lisarda? Sabiendo, que hoy salía tu hermosura a Atocha, salí también; pero aquella casa, urna fuera de mi vida en fuego, a no valerme la ayuda de ese noble Caballero. . A mí también la fortuna me persiguió, pues haciendo de mi coche sepultura, me despeñó, hasta que quiso feliz mi suerte, que acuda ese noble Caballero . a amparar mis desventuras. Enrique? . Felix? apenas aguardaba en la espesura que vinieséis, cuando cuatro enmás carados procuran darme la muerte; y lo hicieran con su cólera sañuda, si en aquese Caballero . no hallara favor y ayuda. Pues que no pude vengarme de Don Felix, ya mi furia . le buscará en otra parte. otra ocasión con cordura . buscaré para vengarme. Pues que quiso esta aventura no se acábase este duelo, en otra ocasión disculpa dará mi espada, de que no huye de él quien le procura. Vamos a tomar el coche, si estás del susto segura. Vamos, hermosa Beatriz. Ay de mí! pues la fortuna . me obliga a que le agradezca a ese Caballero y nunca pienso que podré pagarle. Amor::- Ingenio::- Fortuna::- Celos::- Agravios:- Venganza::- Ya que tus flechas procuran rendirme a tu aleve imperio:- Pues Felij así me injuria, queriendo a Beatriz ingrato:- Pues me persigues sañuda, cuando yo amante me muero::- Pues Beatriz contra mi empuña todo el arpón de sus iras::- Pues que quiso su ventura, que desmayada la hallase::- Pues que las dichas le adulan con darle tantos favores:- Diré en suerte tan injusta: el que nace para ser estrago de la fortuna, en un lance como aqueste sienta, calle, llore y sufra. tan caa eral eta ene caa tra tan taa!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERI Beriz, De tus preceptos llamado, ingrata Beatriz, me atrevo a pisar estos umbrales, corto Alcázar de tu cielo, que la obediencia a las Damas es prenda de Caballeros: Qué quieres, pues? . Felix mío: qué hube de empezar mintiendo! mas qué admiro, si siempre fueron mentidos tus celos? Ay Beatriz, que tus engaños ya perdieron sus trofeos! Ya conozco tus traiciones, ya tus mudanzas entiendo, pues que traidor Cocodrilo, en el hilo de su enredo perlas lloras; pero son después de dejarme muerto. Con un papel ayer tarde, por dejarte sasisfecho de las nubes de tu engaño, a Atocha te llamé; pero quiso instable la fortuna, que de mi coche el Cochero, cual Faetón, se sepúltase en terrestre monumento. Llegó entonces tu socorro a librarme de aquel riesgo, y . Sí, Beatriz, tan contrarios son en los dos los efectos, que yo más amante soy, cuando tú me obligas menos. Pues ahora, señor Don Félix, os envié a llamar, que quiero, como aquel Planeta cuarto, pavón de ese firmamento, desvanecer los vapores de vuestros dudosos celos. Di, Beatriz, porque aunque sé que me engañas, soy tan ciego, que a trueque de que me engañes, nunca dejaré los celos: aunque es verdad que ellos duran, . pues que no acabé aquel duelo. Una tarde, cuando Apolo se moria por lucir, enamorado. Narciso de su diáfano viril, volando Águila veloz por campañas de zafir, esparciendo nuevo Marte cintarazos de rubí, en el estribo de un coche, que era concha de carmín, me viste, Félix, no sé si fuiste, Felix, feliz. Enamorado quedaste, sin saberse distinguir, si el vivir era morirse, o el morirse era vivir. Corriste amante tormenta entre ráfagas de ofir, muerta piramide, viva estatua de márfil. Encarecirte tus quejas, mármol a tus quejas fui: canoro Cisne cantaste las exequias de tu fin, esquiva Dafne no quise yo tus ternezas oír. Porfiaste en adorar, porfiaste más en servir, encareciste, lloraste en tan amorosa lid, lo que los hombres sabéis, cuando nos queréis rendir. Yo mujer y tú galán, hermosa yo, tú feliz, tú enamorado, yo amante, ya se deja discurrir, que rendida a tus ternezas, que prendada de tu Abril, si tú fuiste amante, yo mucho más amante fui. Qué dichoso florecías de Cupido en el jardín, emulando nuestras dichas la rosa, y el alelí! Mas como saben las penas dos palomas dividir, que se dan dentro del nido arrullos de mil en mil, así quiso la fortuna, que nuestro amor infeliz, o muriera por nacer, o naciera por morir. Una noche cuando Diana en el pabellón turquí, Reina de luces, regía su carroza cármesí, cuando los Astros, garzotas de ese cerúleo tabí, o lucian para arder, o ardían para lucir, entraste en mi casa, Felix, pero no entraste feliz. Apenas me encarecías tus ansias de mil en mil, cuando llegaste a escuchar; mas no llegaste a advertir, que un hombre dentro de mi casa, cual sangriento Jabalí de mil aceradas puntas se llegaba a resistir. Tú entonces, fiero, celoso, desesperado, y sin ti, a Flandes te fuiste cruel, dejándome a mí sin mí: pero porque sepas, Felix, cuán firme en amarte fui, sabrás que aquese hombre era::- Ay señor, estoy sin mí! ruido sentí en la escalera. Y a lo que yo presumí, debe de ser mi señor. Felix, ya ves que infeliz siempre en adorarte soy: escóndete, pues. . Beatriz, tanto ha dado en perseguirme de la fortuna el ardid, que cuando quiero, procuras tú mis celos desmentir, y ella fustra la ocasión, porque acabe de morir. Amiga Beatriz? . Lisarda? Dichosa yo, pues te veo favorecer mi amistad. Penas, alentar podemos, que no es su padre. . Señor, más valiera que fuera el viejo, que no esa fiera Lisarda, verdulera de embelecos. Señora Isabel? . Inés? cuantó de verte me huelgo. Esta tarde a una visita salí, Beatriz y mi afecto, pasando por esta calle, no permitió, que mi pecho pasara sin verte. . Cuánto, Lisarda, estimarte debo tu amor, y tu voluntad. Ahora industrías, ahora, celos, . es la ocasión, en que habéis de desterrar de su pecho a ese Felix, a ese ingrato, a ese Adonis de su imperio: ninguna mujer murmure este volcán, este incendio, que , , nunca estar quietos supieron. Pero es forzoso, Beatriz, el volverme a casa presto, porque un empeño de Amor atropella mis deseos. Un caballero gallardo, Clicie amante de mis rayos, Salamandra de mi fuego, me galantea y me festeja idólatra de mi cielo: yo creo que le habrás visto, y le conocerás creo, cuya sangre y cuyo nombre es Don Felix de Toledo. Don Félix es? ah traidor! . Ah señor! oyes aquello? Siempre creí fuera Lisarda rémora de mis intentos. Con un papel me ha avisado, que esta noche, cuando Febo en túmulos de cristal enroscará sus cabellos, vendrá a verme; y porque veas cuanto es su papel discreto, quiero leerle: dice así: Mi bien, Lisarda, mi dueño. Ternísimo es el principio. Impaciente mi deseo está aguardando la noche por verme en tus brazos puesto, donde veas que te adoro, donde veas que te ofrezco en volocaustos el alma, voluntad, y entendimiento. Don Felix. Qué te parece? Que es ternísimo, y discreto: como nunca vi su letra, no sé decidir si es cierto. Hay tan gran bellaquería! Hay más notable suceso! Ya le conoces, Beatriz? Sí, Lisarda: pues lo siento. . No es galán? no es entendir qué garbo, y talle! qué aseo no te alegras de mis dichas? Sí, Lisarda, buen empleo tiene. tu elección, y gusto. Ya he introducido el veneno, el tosigo en sus entrañas, en su corazón el fuego. Y ahora porque la noche, émula Parca de Febo, por el dosel de esos orbes extiende su manto negro, a aguardar a Felix voy: Adiós, mi Beatriz. El Cielo te guarde, Lisarda hermosa, para mi mal, y tormento. Señora Inés, Dios la guarde. . Señora Isabel, lo mismo. Ahora, Señor Don Felix, qué hemos de hacer de sus celos? que usté es firme, y yo soy falsa; nsté obliga, yo le ofendo: goce aquesa mi señora con muchísimo contento. Vive Dios, que la Beatriz ha cobrado gran aliento. Beatriz, mi bien si yo nunca escribí tal papel. . Bueno: que frísima disculpa! Mi bien, mi cielo:- Mi infierno. Mi Purgatorio podía aplicarle por requiebro. Beatriz, señora sí nunca me he apartado de tu afecto, fáltenme tus ojos, que es el más firme juramento. Váyase, señor, Don Felix, que se cansará su dueño, que ya le aguarda, y que está impaciente su deseo; váyase. . No quiero irme, que sin ti vivir no puedo. A buen tiempo las finezas: guárdelas para su dueño, para aquella mi señora, a quien ofreció su afecto en holocaustos el alma, voluntad, y entendimiento. Pero qué pienso? qué aguardo? no me dio esta ingrata celos? . no vi yo un hombre en su cuarto, que encareció sus deseos? Vamos, Salchichón, de aquí. Pues que te vayas no quiero: Pensabas, traidor, ingrato, cuando yo de celos muero, decir a aquella señora, mi bien, Lisarda, mi dueño? Suelta, Beatriz. Quita, falso. Tengo de irme. No lo quiero. Aunque quisieres, no puede, que un hombre se entra aquí dentro. Escondámonos, señor. Escóndase, o no, no creo, que de algo puede importar, que ya se acabó todo eso No me escondo yo Beatriz, por ti, si por tu respeto; me ofrecéis, Cielos, qué es esto? Ya sé, bella Beatriz, que culparéis mi atrevimiento; pero culpad vuestros ojos, que entre luces, y reflejos, son fuego encendido en nieve, y son nieve helada en fuego. Tántalo de vuestros rayos, Clicie de vuestros luceros, muero pensando que vivo, vivo pensando que muero. Qué culpa es en mi adoraros? qué delito en mí es quereros? pues tengo inocente culpa, dadme vos culpado premio. Señor Don Diego no prase vuestro proceder, grosero más adelante en estilo tan poco atento, y tan necio. Esas cosas no se tratan conmigo, porque me ofendo si miro afectar amores, o escucho amantes afectos. Bellísimo hechizo mío, pues eres contra mi pecho antídoto avenenado, o en antidoto veneno; cesen tus fieros rigores, cese tu desdén severo. Ya sé, señora, que osado entre Faetontes deseos, te ofendo como te obligo, te obligo, como te ofendo. Nunca pensé, Beatriz bella; amado imposible dueño, ver contra mí tan airado el rosicler de tu cielo: A tu padre pienso hablar rendido, esclavo y sujeto, para que tenga piedad de un corazón por ti muerto, para que logre infeliz, fino, enamorado y tierno, unir nuestras voluntades en lazos del Himeneo. Ve usté, señora Beatriz, en qué han parado sus celos? que gusté es firme, yo soy falso, asté obliga, yo la ofendo: goce aquese mi señor, que tiene muy lindo empleo. Riñela muy bien, señor, que mucha razón tenemos. Don Felix yo no sé quién es aquese Caballero. Tiene usté mucha razón, que no le conoce es cierto: mucho es no conozca un tan fino, enamorado y tierno: y así, señora Beatria, holgaré permita el Cielo unir sus dos voluntades en lazos del Himeneo. Felix, ya he dicho otra vez, y otras mil a decir vuelvo, que no conozco a ese hombre, amante, ese Don Diego. aleve, falta, ing pues que quisieron los Cielos desengañar mis errores, tus traiciones conociendo, huiré de mi principio, pues que conozco, y advierto:- No corras, no fuentecilla, entre peñascos de celos:- Lo que yo te iba a decir, por mí esas voces dijeron. Músióas dan en tu calle, mira tú ahora si es cierto, que no conoces ese hombre, ese amante, ese Don Diego: quédate, pues, Beatria falsa, aspid en flores envuelto; huyamos, pues, corazón, de la cárcel de su empleo, no experimente después en ese monstruoso incendio:- Que lo que hielas en agua tiene de abrasarte en fuego. Yo tamdién, Felix ingrato, pues he visto tus enredos, huiré del peligro, que amenazaba mi pecho: no seas tal vez, corazón, trágico, y vil escarmiento::- Cuando lames inocente las flores de aquese incendio::- Pues también en mi favor esas voces respondieron, ahora es tiempo, corazón, de huir de ese mongibelo; no esperemos las cenizas, sino apaguemos el fuego, que puede ser que después sus ardores conociendo:- Entre sus llamas verás tu peligro, no el remedio. Falsa:- Ingrato::- Pues conozco::- Pues miro:- Pues noto::- Advierto::- Tus traiciones:- Tus mentiras:- Beatriz, Señora, mi dueño:- Qué oigo? qué escucho? ah tirana! Penas, qué miro? qué siento? Enternézcate mi llanto, duelete de mi tormento ten piedad de aquesta vida, que está dentro de tu pecho. Vaya, señora Beatriz, responda a ese Caballero, no sea tan descortés, que le haga estar al sereno. Pues yo qué tengo que hablarle, ni qué responderle tengo? Enternézcale su llanto, duelase de su tormento, tenga piedad de esa vida, que está dentro de su pecho. Pues ves, Don Felix, los lances, que tan contra mí los Cielos conspiran? no son bastante recompenza de mis celos. Yo no vi un hombre en tu cuarto? Yo un papel tuyo a otro dueño? otro no llamó a tu reja? Tú no le escribiste afectos? Él no te dijo, que nunca pensó ver contra su pecho tan severo y tan airado el rosicler de tu cielo? Tú no le escribiste, falso, que impaciente tu deseo está aguardando la noche por verte en sus brazos puesto? Pues falsa, aleve, tirana::- Ingrato, may Caballero:- Ya que tus traiciones sé::- Ya que conozco tu pecho:- Ae de huir de tus engaños. Huiré yo de tus enredos. Pues me advierten esas voces: Pues me intiman esos ecos::- 2 . No corras, no, fuentecilla, entre peñascos de celos, que lo que hielas en agua tiene de abrasarte en fuego . Pues, Inés, traidora, ingrata::- Pues, Salchichón, embustero::- Ya que conozco tus trampas:- Ya que sé tus embelecos::- No me has de ver en tu vida, si tú cegares primero. Nunca más me has de mirar, como te volvieras ciego: ya nuestro amor se acabó. Pues, señora Inés, laus Deo. . Después que al anochecer altanero mi deseo entró al cuarto de Beatriz, corta esfera de su cielo, después que encareci amante mis rendidos sentimientos, y esquiva Dafne, Beatriz, huyó ingrata mis afectos; ahora pues que la noche con encapotados velos viste de fúnebre luto las salas de ese hemisferio; Argos de aquesa tirana, Merenrio de ese portento, amante rondo su calle, celoso sus puertas velo. Mucho holgara de encontrar a Don Felij en tal puesto, donde acabara mi saña aquella lid, aquel duelo, en que me puso el retrato de esa ingrata; pues el cielo quiso no poder concluir en Atocha tal empeño. Aunque de Beatriz celoso arde en volcanes el pecho, y hui poco tiempo ha de la cárcel de su empleo, como nunca el corazón de un amante estuvo quieto, me vuelven a aqueste puesto, a vengar en los que cantan lo que lloro y lo que siento. Ah ingrata! nunca pensara engañases mis afectos, burlases, faltal, tirana, lo fino de mis deseos: mas qué mucho, si mujer eres, y lo mismo advierto, cifrados en un sujeto? Yo mismo vi tus traiciones, yo mismo lloré mis celos; porque aunque diga un principio, en la crítica de Amor a Ver y Creer me atengo. Pero un hombre está en la calle, Clicie mirando su cielo; retirado a aquesta parte he de apurar sus intentos. . Un bulto embonado vi, mas se ha retirado creo: Ay Amor, a lo que obligas a aquel que a ti está sujeto! , s. Ay señora, que tu hermano te conoció! . Caballero, si una mujer desdichada, que tiene su honor a riesgo, puede obligaros a que::- Una mujer, vive el cielo, con él está hablando, y es Beatriz a lo que yo creo. Alentad, señora, que no os ha da faltar mi esfuerzo: vive el cielo, que es Beatriz, . sino se engaña el deseo. Seguida de un hombre, que conocerme intentó, vengo, importándole a mi honor, que no me conozca: el riesgo veis; noble sois, amparadme, no se diga en ningún tiempo, que hubo una mujer a quien no la amparó un Caballero. Señora en vuestra defensa perderé la vida: cielos, sinme quedo a defenderla se va Beatriz, con que pierdo la ocasión; y si con ella me voy de aquí, y no me quedo corre ella el mismo peligro: pero ya he hallado un remedio, de aquel Caballero, que poco rato ha aquí vi, pienso valerme, que de ese modo libre ya, seguirla puedo. Qué dudo ya, que no salgo a reconocer mis celos? Caballero, mientras yo estorbo a unos, que siguieron a esa Dama, vos podéis guiarla en seguro puesto, a donde pueda después yo encontraros. . Caballero, (Don Diego es: ha traidor!) . confiad de mí, que del riesgo libre esa Dama: a tres puertas de esotra calle os espero, que allí es mi casa. Id con Dios. Ah ingaata Beatriz, ahora di que son falsos mis celos! Ay de mí! Don Felixes: fortuna, . Ay Felix, que por tú causa estoy puesta en este empeño! . Y yo por estotra parte reconoceré este puesto, porque ninguno los siga, que ya después tendré tiempo de ir a la casa a buscar a mi idolatrado dueño. Mucho ha que espero a mi amo, que dijo vendría presto: mandome volviese a casa, cosa que no suele hacerlo, porque está ciego mi amo, y yo soy mozo de ciego. Mas ahora que estoy solo, que hasta ahora a lo que creo, no vino al Poeta bien el dejarme tan mal puesto, va un poco de soliloquio como si fuera algún cuento. Si la pícara de Inés te ha dado punta de celos, qué toca hacer, Salchichón? ya, ya lo dijera; pero::- s Si estará Felix en casa? Di, señora, qué es tu intento? Ay Inés! que tengo amor, y sobre amor tengo celos. Señoras Damas tapadas, que han venido a tan mal tiempo a impedir un soliloquio; si han olido mi dinero, ya pueden volverse, que, pues le busco, no le tengo, aquí no hay , n queremos. Salchichón, dónde está tu amo? Bentriz. Beatriz es, viven los Cielos! Señora, aún no ha venido, pero creo vendrá presto. Que a esto me obligue el amor! que a esto me obliguen los celos! Como no estaba mi padre en casa, y no suele presto recogerse, me atreví: ninguno diga es exceso, que una mujer a estas horas de casa salga, que el fuego, que arde dentro el corazón me empeña a mayores riesgos. Salchichón, mientras Don Felix viene yo me entro aquí dentro para estar más retirada. Oyes, Inés? . Diga presto. El Poeta ha errado el lance, porque vi que en ningún tiempo se ha escondido la Graciosa. Anda allá pataratero. . Ya pues, señora Beatriz, que quiso piadoso el Cielo, que viera yo sus engaños, sus traiciones, y mis celos; diga ahora, que me engaño, que son mis celos inciertos, que usté es quien es y que yo soy falso, y mal Caballero: no podrás negar, ingrata, ahora lo que estoy viendo. Oye, Inés, que está Don Felix con una Dama muy tierno hablando: que yo viniese ahora a morir de celos! Diculpa, Beatriz ingrata, tus traiciones, tus enredos: qué disculpa hallar podrás? Señores viven los Cielos, que mi amo está borracho: si está Beatriz allá dentro, cómo aquí habla con Beatriz? o yo he de perder el seso, o aquí hay muchas Beatrices. Ahora callas? yo lo creo, que siempre el silencio es del delito compañero. Ah ingrata Beatriz! ah falsa! móvil de mis sentimientos. No soy yo Beatriz, ingrato, tirano, mal Caballero, . sino una mujer, que está por ti pasando estos riesgos. Pues, Lisarda, cómo::- Calla. que impelida de mis celos, por buscarte, aquesta noche, encontré a mi hermano, y fiero me matara a no amparar mi vida aquel Caballero. Ahora la hacemos buena: si la otra sale de adentro, a fe, que ha de haber araños. No bastaba que mi afecto, mal pagado de tu amor, ardiese en volcán envuelto? No bastaba, que tú, ingrato, no págases mis deseos, duro peñasco a mi llanto, dura roca a mis requiebros? Que nunca Felix amó a Lisarda? bueno es eso: No bastaba que mi pecho con un fingido papel introdujese el veneno en el corazón incauto de Beatriz? Qué es esto, Cielos? fingido fue aquel papel que fue causa de mis celos? Sino que ahora en un riesgo me vea tan apretado, que vida, ser y honor pierdo por tu causa y por tu amor, experimentando celos, viniendo a buscar favores? mira, ingrato, en que me has puesto. Lisarda, yo siempre dije a tus sentimientos: pero tente, aguarda, que ruido allí sentí. Caballero, pues he hallado vuestra casa, a ella vengo: mas qué veo? Qué os suspendéis? proseguid. Señor Don Felix, yo creo que os acordaréis, que yo os fie una Dama, y vengo a buscarla en vuestra casa. A buscar a Felix vengo a su casa, porque así concluyamos aquel duelo; que aunque soy desafiado, es tan noble mi ardimiento, que busco yo la ocasión de lidiar con él, y: pero con la Dama que libré del fuego está, y con Don Diego: a esta parte retirado he de escucharlos atento. Como a Felix en todo hoy no vi, no quiso mi afecto pasar sin verlo esta noche; más allí está, y con Don Diego: escucharé desde aquí retirado y encubierto: así veré lo que dicen. Muy bien, Don Diego, me acuerdo fiaste sin conocerme de mi una Dama, y confieso cumpliendo a mi obligación, que yo entregárosla debo; esta es la Dama. . Aguardad: no pensé que un Caballero como vos, a otro engañase; si la Dama que mi afecto os encomendó es Beatriz, cono queréis que ahora necio me lleve yo esotra Dama, y no la que a buscar vengo? Don Diego, yo ya os he dicho, que otra obligación no tengo, que daros la misma Dama, que vos me entregasteis: Juego si esta es la Dama y no otra, ya cumplo con lo que debo. Don Félix, aunque es verdad, que yo intenté osado, y ciego robar a Beatriz la noche que os encontré, y que mi pecho entró dentro de su cuarto desesperado y resuelto: y aunque es verdad que Beatriz, Dafne siempre a mis deseos, Diana a mis resoluciones, Atalanta a mis afectos se mostró, sin merecer de ella el favor más pequeño, por dos causas, dos motivos tengo de déjaros muerto; el uno, porque un retrato os dejé, y no le habéis vuelto; el otro, porque no quiere vuestro loco devaneo volverme el original. que os encomendé . Don Diego, aunque debiera estimaros, que en mis celos satisfecho me dejáis vuestra osadía castigaré yo. Teneos, que ese duelo a mí me toca. Beltriz en su cuarto? ah celos! habéis de saber, Don Diego. Qué frenesí, qué locura, letargo, o atrevimiento es decir, que me entregasteis que luego a Don Felix, venís a buscarme? Vos a mí me amparasteis? dentro de ese cuarto ha rato, que estaba yo divirtiendo mis penas, y así: Beatriz, no me toca a mí ese duelo, solo vengará mi pecho su cólera, y su rencor en ese mal Caballero, a quien::- Don Diego, advertid que aunque en Atocha ese duelo entre vos, y entre Don Juan no pudo acabarse; pero ahora:: y. Diego, Oíd, es perad, que escuchando de allá dentro mi nombre, forzoso es, pues que me obligan a eso volver al antigno duelo. Esto , y es más difícil empeño. Ay de mí! yo estoy sín alma. Ay de mí! estoy sin aliento. Y viendo a Beatriz presente, que es la causa de este duelo, la primer obligación es dejar su honor bien puesto: yo entré en jasa de Beatriz una noche, cuando al riesgo de mil espadas mi vida corrió tormenta, o tormento; y otra vez entró en su cuarto, amante mi atrevimiento, cuando yo reñí con vos; pero aseguraros puedo, que siempre contra mi airado fue el oriente de su cielo: esto supuesto, y que ahora contra vos riñe Don Diego, yo también he de reñir, pues la misma causa tengo. A vuetro lado, Don Felix, me tenéis puesto que veo que dos contra vos esgrimen las espadas. . Caballero tan presto olvidáis la deuda de que piadoso mi acero os dio la vida en el lanco de Atocha:- Señor Don Diego, yo soy de Felix amigo, y a vos deudor me confieso, para mí en cualquier empeño. Valga el demonio al Enrique que me ha quitado el intento de ayudar a mi amo; una vez que ser valiente quiero no quedó el Poeta bien. Don Felij Don Juan, Don Diego:- Al ruido de las espadas he entrado aquí: Caballeros, si puedo yo::- mas qué miro? hija aleve::- Ay de mí, Cielos! Felix, ampara mi vida Sí, Beatriz, pues satisfecho ya de mis celos estoy Señor Don Alonso, siendo mi esposa Beatriz, ya queda vuestro agravio satisfecho. Solo así pudierais vos desvanecer mis recelos. Yo, Beatriz, ese retrato, que no le volví a Don Diego, ofrezco a tus plantas, como corto borrón de tu cielo Señor Don Juan, una cinta que levantasteis del suelo, que de mi cuello cayó, dadmela. A los pies ofrezco vuestros, señora, lo que me dio favorable el Cielo. B Pues, Beatriz, esta es mi mano. Esta es mi mano y mi pecho. Be. Yo, Lisarda, pues la dicha quiso os líbrase del fuego, en mejor víctima el alma, mi libertad os ofrezco. Yo la admito, pues en vos nada con Don Felix pierdo; y de ese modo págaros podré lo mucho que os debo. Yo he quedado sin retrato, y sin Beatriz; bueno es esto. Dichoso yo, que cumplidas las dichas de Felix veo. A espacio, a espacio, señores, que falta mucho del cuento; porque han de saber ustedes que Don Enrique y Don Diego se casarán otro año cuando Dios gustare de ello. Y yo que soy el Lacayo, estoy en mayor aprieto; pues habiendo de casarme, veo a Inés, y a Isabel veo y es gran lástima no tenga cada cual su Lacayuelo; y por no agraviar a entrambas yo me he de quedar soltero. Con que, discreto Senado:- Con que, Auditorio discreto::- Mereciendo, vuestro aplauso:- Vuestro favor mereciendo::- Duelos de Amor y Desdén que a un mismo tiempo se vieron en Papel, Cinta y Retrato, da fin Catalán Ingenio.