Texto digital

Texto digital de El duelo de los pastores

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Auto
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Madrid, Juan Sanz, s.a.).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El duelo de los pastores. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/duelo-de-los-pastores-el.

Logo BICUVE

EL DUELO DE LOS PASTORES

Ves, que por esos vientos A vais formando Primaveras, escuchad de un infelice llorar las tristes endechas. Yo de Silvia enamorado vivo, y muero entre estas peñas, y en el corazón oculto ansias, dolores, y quejas. Tordos, que en los campanarios estáis chirriando hora y media, sepas que Silvia me quiere, como un gato verenjenas. Yo no estoy enamorado, aunque ando de ello muy cerca, y solo tanto me falta para morirme por ella, Brutos, que entre estos peñascos, entre horrosas cabernas vivís, no presteis a Silvia vuestra crueldad, y fiereza. Manos, que al Sol os miráis las uñas, para que os crezcan, no se las presteis a Silvia, que me arahará con ellas. Silvia, yo tus luces sigo como Mariposa ciega, que sin mirar el peligro entre la llama se quema. Silvia, yo miro tus patas, y si tienes buenas medias, mirando tu cantoneo, me andaré tras ti una lluega. Mía has de ser, a pesar de cobardes competencias. Mía has de ser, aunque rabien añola mía Espa muchachos, mozos, y viejas. Yo amo a Silvia. Yo amo a Silvia. Será mía. Mía es ella. Mas qué miro! Mocarral, por qué das al viento quejas? Y tú, Laureano, por qué tan reciamente Silveas? Porque si el Cielo no impide este amor, será mi prenda. No será muy fácil eso, porque mirándola bella, la he tomado ya medida, y me ajusta en mi conciencia. Qué dices, cobarde, necio? qué ha pronunciado tu lengua? Que tu esposa no ha de ser, aunque por ella te mueras. Por qué razón? Ser yo rico, y tú muy pobre, no es buena? Buena, que sobra (ay de mí!) solo este estorbo pudiera, impedir tan grandes dichas, y eclipsar tantas finezas: y dime, a qué a nuestra casa caminas con tanta priesa? Pues a la pregunta atiende, y lla referiré entera: Enefleuto, y finalmente, como digo de mi cuento, ya sabes como muesamo Antemio, es en muesa Aldea en heredades, y cabras el más rico que hay en ella, y que a mí, por el pergeño, y por la grande habilencia, entre todos sus ganados, me hace guarde las ovejas. Y a ti, por tus embelecos, tus tramoyas, y zorreras, te hizo el mayoral de todos sus ganados, y su hacienda. Pues sabe, que yo, y Antemio, y Silvia, aquesa embustera, somos, todon tres cabales primos, aunque pulla sea. Pues mi primo, viendo en mí hombre de tan grandes prendas, que a cualquier cabo que llego me quieren, y me respetan; sal acá Mocartalillo dicen, cual si perro guera. Y mi prima enamorada de este talle, y gentileza, de estas patas, y esta cara, (mucho mijor que la de ella) quieren que los dos casemos, juntando muesas haciendas, y Antemio lo quiere mucho, pues si vengo me hace fiestas, y sobre todo, me da las llaves de lla bodega. Mira tú si aquestas cosas a fiarlas de mí llega, si monda nísperos ya para estar lla boda cerca: pero yo principalmente, mas quisiera. Qué quisieras? Que como Antemio las hace, mi Silvia fiestas me hiciera. Que de aqueste necio sufra tan frías impertinencias! mas pues mi estrella lo quiere, y yo lo escucho, paciencia; y dime, pregunto? No pregunte de esa manera; que señores como yo, no dan a tontos respuesta: pero pregunte. Pues digo; qué hazañas, qué gentilezas, qué galanteos hacéis, para que ella amante os quiera? Pues no bastó que mi primo, que por mí se desempeña: Pero escúchame, y verás, y no estés lla boca abierta. el llombre nombrando a Silvia, parece se regodea. Cuando en medio de ese Cielo estaba este mal Plancaa, (que craro está filera el Sol, no había de estar en la tierra) en el Verano nos arde, y si es Invierno nos hiela. Cuando tiraba con rayos, que abrasan, y reberberan, las cuartanas, y tercianas, tabardillos, y jaquecas. Salí un día de mi casa, yo por mi persona misma, con mis mismos pies andando, más valiera que no fuera. Llégueme paso entre paso a mirar en una cerca, para ver si maduraban los higos en una higuera. Miré que en lla cerca estaba alla misma diligencia, mi Silvia con cinco mozas, que supe que eran doncellas, dije yo: Acá estamos todos, y no atendí a la respuesta. Enefleuto, estando todas sentadas comiendo brevas, he aquí, que un gran llobazo, tan grande como tu era, rabiando por comer higos, hasta donde estamos entra. Yo entonces cojo a mi Silvia, pusela a lla delantera, y dije: Señor llobazo, mi misma mujer es esta, y si a mí me ha de comer, comience a morder por ella. Pero entonces hecho un perro, el llobazo salió fuera, que miró la cara a Silvia, y estaba como una perra. Entonces todas llas noñas mi grande valor celebran, y en pago me dio mi prima por premio su castañeta, por la cual llas siestas toco, porque es una linda pieza. Mira tú, Laureno, si con todas estas bravezas, queriéndome mucho Antemio, haciéndome fiestas ella, dándome todas las llaves, y tiniendo tanta hacienda, si me querrá Silvia ya como un perro a una camuesa? Ea, míralo de espacio, y tú no te desvanezcas, que si miras a mi Silvia, te he de mascar las orejas. . Aguarda villano, infame, cobarde, traidor, espera, y verás como en ti vengo estas villanas ofensas. Pero quejarme es mejor a mi incontrastable estrella: Qué es lo que pasa por mí qué representa la idea? qué discurre el corazón? los sentidos, qué penetran? Yo agraviado de un villano, sin arrancarle la lengua, o hacerle salir el alma en mil pedazos deshecha? Pero para qué doy voces, si estoy pobre, y la pobreza es aborrecible en todos, como si bajeza fuera? Hame dicho Mocarral, que Laureno en el Aldea está, y no ha venido a verme, y me parece extrañeza. Pero aquí está: Pastor mío, de qué cobarde te quejas? por cual causa tu semblante se desazona, y altera? tu suspenso? tú elevado? empeñada tu belleza? echpsados tus luceros? marchita tu gentileza? Habla, declara tu mal, ea, resiere tu pena, que si tu faltas. Qué harás? Morir en tu llanto envuelta. La causa, Silvia querida, es (asinque terrible) tenva, pues es solo que te pierdo, y que es mi pena violenta. Y por qué, dime? Porque Mocarral, aquesa bestia contigo se casa, y dice, que tu hermado lo concierta. Mira, siendo yo tan pobre, a él sobrándole riqueza, y tu hermano tan avaro, si es razón que me entristezca. Y esa es la causa, Laureno, que te suspende, y eleva, que te pasmas, y arrebata, te arrastra, y desasosiega? Pues bien niciste en decir, que donque terrible es pequeña, pezo es lo fuerte, y lo débil con aquesta diferencia. Terrible es, pues imaginas que mi hermano con la fuerza me rinda a su gusto, y yo abrace la conveniencia. Pequeña, pues es más fácil que esa lampara sevea, que con sus lucientes rayos nos vivifica, y alienta, se descuaderne, y supure, que yo admita su propuesta; y así, descansa, y alivia, y tanta pasión desecha, que he de ser esposa tuya si el infierno lo impidiera. Dame esos hermosos brazos, que si tú también me alientas, vengan azares, tormentos, dolores, muertes, y penas. Apenas Mocarral vino, cuando Silvia por la puerta se salió, y yo cuidadoso vengo a ver qué diligencia la sacó tan presurosa de mi casa: aquí está ella con Laureno, honor oigamos lo que hablan. a Silvia bella, ya no tengo miedo alguno, pues sentidos, y potencias, como a dueña soberana te adoran, y reverencian. Bueno ya aquesto, honor mío, con gran gusto se requiebran; mas quiero oír si a Laureno da Silvia correspondencia. Discreto, y galán Pastor, uo nací para tu prenda, y solo rendida adoro tu talle, y tu gentileza, y he de confesarme tuya, aunque mil muertes me dieran. Vive Dios que va esto bueno: ha cruel! ha infame! hah fieral yo sabré quitar los vuelos que tienes, antes que crezcan, Y por si acaso mi hermano en casa, Laureno, espera, y supuesto que esta noche te has de quedar en la Aldea; en casa a las doce espero: Adiós Laureno. Ahora ofensas. Como, villano atrevido, ha osado tú infame lengua agraviarme de esta suerte con arrogancia, y soberbia? Muerto soy, si nos ha oídos Si nos oyó, yo soy muerta. Qué respondes, di, cobarde? como con mi hermana bella estabas aquí? Yo, cuando; como, sí, no: suerte adversal Eres infame. Detente, y la arrogancia, refrena, pues no te ofendí y si tú lo imaginas, o lo piensas, te engañas, y sabré yo defender. De esta manera me detengo yo. Ay señores, que me matan, y menean; hay doude esconderme? . No. Suspéndase la collera, y envainen los cochillazos, que me muero. Dinos bestia, qué tienes? qué ha sucedido? Ello fue de esta manera: Sucedió, pues, finalmente, como digo, no ha hora y media, que yo en persona venía paso entre paso a lla Aldea, déjeme esta alhaja tras por una mala pendencia, y sucediome: ay Dios mío! que me duele lla cabeza, y me muero, ay, ay, ay. Prosigue. Di, qué sucedió? Si cierran llas puertas llo diré todo. Ya están cerradas las puertas. Finalmente, como digo, al pasar por la debesa, vide muchísimos bultos, que estremecían lla tierra, ahullaban que era contento, y dijeron en su llengua, Mocarral, aguarda un poco, que has de ser muesa merienda. Yo corriendo que rabiaba, con llas bragas entre piernas. me venía, y tropecé con umbarranco zampucho, que lla priesa no me dio lugar a quello sopiera. Cabien el suelo atordido, mas llo que más me atormenta es,, que al caer me quebré (y es lástima) lla trasera. Ay Dios mío de mis ojos! ay, que me dirá mi abuela, si cuando la vaya a ver no llevo mi raza buenal Que viniese este villano a oportunidad como estal Que a estorbarme mi venganza viniese ahora esta bestial disimularlo con él; porque no lo sepa, es fuerza. Sola esta vez este necio ha hecho cosa que sea buena: di, Mocarral, que era el bulto; Silvia, muchos llobos eran. Si eran lobos, cómo hablaban? Pilláronme en ratonera; mas para aquí es lla albildá. Pensaron que era taberna, que allí los más llobos habrán, y algunos aunque no quieran. Habría veinte? Mas habría. Y di, qué tan grandes eran? Como este, ni más, ni menos, y sino, como él, como esta. Quita necio . Quita simple. Que me duele ila cabeza, yo me he de morir del susto, porque no son cosas estas para tomarlas burlando, ni andar con ello en quimeras, que ello era, o llobo, o tocón. Alabo a Dios la simpleza. Higan, y como se ríen; y de mi dolor se huelgan, pues quédense con mil diablos, que voy a ver a mi suegra. . Mi venganza por ahora, queda, Laureno, suspensa, pero yo hallaré ocasión para buscarla sangrienta: ven Silvia. Ya voy Antemio. . Cielos, el alma me lleva, y aunque la vida me cueste, ha de ser Silvia mi prenda. Qué le importa a mi furor, que con tormento profundo pene, y gima todo el mundo con tormento, ansia, y dolor? Sisifo con grande afán, padezca en llanto, y desvelo, pene sin algún consuelo, Tántalo con su ademán En Ticio el bueitre se cebe; arrancando con despecho. lo terrible do su pecho, y en él mi cólera pruebe. Qué me importa, si a mi enojo as el mundo espacio corto, pues llamas fieras aborto, y mil crueldades arrojo? Si parece que ya llega el tiempo en que ma de nacer, quien mi imperio a deshacer viene, y me desasosiega, pues solo escucho mil veces, que dicen con melodía, Ave Pura, Ave María, por esos aires veloces. Ah pesar! ha triste suerte! pues que ya todo me enoja, y con terrible congoja, parezco una, y otra muerte. Pero en aquestos Pastores saciaré tanto coraje, y haciendo de ellos ultraje, apagaré mis ardores. Pues Laureano, y Mocarral, están muy enamorados de Silvia (y ambos cegados) y ella al uno mira mal, el que ella quiere, su hermano por ser pobre le aborrece, de el otro la hacienda crece, y es avariento el villano. Pero tan fiero pesar, en María he de vencer, pues con todo mi poder en ella me he de vengar. De Joseph acompañada, desde las Montañas viene, donde allá su Prima tiene con Zacarias casada. Saldré a estorbarles el paso, y eclipsaré tal belleza, y ajando su gentileza, de tanta luz seré Ocaso. Mas ay de mí! que no puedo ejecutar mi osadía, que me ha de vencer María, y a su Nombre tengo miedo. Dulce, y regalada Esposa, mi consorte, y compañía, cómo venís? Mi Joseph, siendo mi norte, y mi guía, como quieres que yo venga sino es llena de alegría? Ya; Esposa mía, conozco, que aunque sea tu fatiga terrible, lo disimulas, pues después que aquesa altiva Montaña hemos penetrado (por visitar a tu Prima) tan terrible, y encumbrada, que al Cielo llega su cima; impenstrable de todos, aún aquellos que la habitan, Tú, Doncella delicada, quieres decirme María, no te cansa su aspereza, ni su maleza te irrita? No, mi querido Joseph, pues si tú mi afecto guías, ni temores me embarazan, ni sustos me atemorizan. Yo lo creo, dulce Esposa: pero qué mis ojos miran! . parece que está preñada (los celos me martirizan!) disimularlo conviene; entrad, Esposa querida, y de tan larga jornada, descansa, alienta, y alivia. Con sobresalto Joseph, . parece que atento mira; mas si está en mí vientre Dios, amparada está mi vida. . No sé que esta Mujer tiene, que me mueve a rabia, y no ha de cesar mi enojo hasta, mirarla ofendida. Ya su Esposo tiene celos, y no ha de cesar mi envidia, que la mate, pues con eso cesarán tantas fatigas. . Ya, Josenh, estamos solos, con el empeño a la vista, María preñada está, según las señas indican, esto es evidente, y claro, mientes tú, lengua atrevida, que no puede ser que quepa tan gran delito en María: pues qué será? No discurro, pues todo me desanima. Si ella guarda castidad, y mi afecto la dedica adoraciones por casta, de qué nace esta malicia? Que ella está preñada es cierto, pues las fesias me lo avisan: Qué he de hacer? acusarela, y que el Juez, con la noticia mande, que apedreada muera, pues esto la ley pública a quien adúltera vive. Antes perdiera mil vidas, que consintiera tal pena, ni intentara tal desdicha: Pasar por la afrenta? No, que es infamia conocida en el honor: ay de mi! Ea dolor, a qué aspiras? Mejor que todo es dejarla, y irme por tierras distintas, donde su nombre no oiga, ni me encante sus caricias. Mas si me voy, y la dejo, no ha de faltar, no, quien diga, que pues Joseph la dejó, delitos halló en María. Muera María, no muera, que en su vida está mi vida; dejarla es mejor, no es tal, porque sin su compañía no puedo vivir (ay Cielos, que no se engaña la vistal) Mas resolverme es forzoso: fiera de honor tiranía! Que muera, es tormento grande, terrible afrenta; que viva, dejarla, decín mi infamia, vivir con ella, sufriria, decírselo poco amor, callárselo, gran desdicha; si María es mala, Cielos, qué mujer ha de haber fina? Sobera no Criador, a ti mis ansias se guían, díctame de tantos malos como el corazón pública, cual elegiré; mas ya un sueño dulce convida a mis perezosos miembros, y parece le codicia el alma; ea Morfeo, de la muerte imagen viva, en tu silencio esta vez buscan más penas guarida. Soberano Patriarca, de la estirpe clara, y limpia de David, oye entre sueños lo que el Gran Geoba te avisa. No es adúltera tu Esposa, pues en ella el Verbo habita, que hasta que el tiempo se llegue su corazón es cortina, adonde los nueve meses por su albergue le dedica, y al cabo de ello verás como nacerá el Mesías, para redimir el mundo de penas, y de desdichas. Vuelve a tu casa, Joseph, y a tu Esposa haz compañía, pues por tu ausencia está ya tristes, animosa, y afligida. Oye, hermoso Paraninfo; no aceleres tu partida, no tu luz me deje ciego, pues con tal nueva me avisas. Dulce, y regalada Esposa, perdóname la malicia, pues dude de tu virtud, siendo tan esclarecida. Voy al punto a ver tus soles, y a ofrecerte dos mil vidas, pues aún con tantas, no pago desconfianza tan tibia. Pero los aleves celos aquestos efectos crían, pues pocos con ellos callan, si al corazón martirizan . ̱o Amparado de las sombras, y cubierto de el horror de la noche, vengo así, por vengar mi limpio honor. Esta tarde dijo Silvia, que Laureno (este Pastor, que de mi honra piensa ser el negro, y tosco borrón) viniese a las doce, y ella le abriria (gran traición!) Si viene, yo he de matarle, que no he de consentir, no, que se case con Laureno, que es de Belén irrisión, y aún de esta pequeña Aldea como tan pobre vivió. Cubierto de las tinieblas horrosas (que ellas son terceras sin intereses, amigas sin ambición) vengo llamado de Silvia para gozar su favor, y no diga que es amante, a quien le falta el valor. Cargádito con mi chuzo, con mi espada, y mi llanzón, mi espaldar, mi pero, cota, y piedras en el zurrón, vengo a ver esta mocosa; pero con tal distinción, que aunque tiene muchos mozos, me parece así mijor. Y no enmatrimoñe nadie sin rondar lla puerta. To, que me lla pegan sin duda, pero ya mi corazón tiene miedo: qué haré madre en tan terrible apretón? Si do voces, me acredito de gallina; si me vo, hacen burla, y me conocen, y vendrá a ser llo peor. Digan, señores armados, qué haré en esta confusión, porque, no quiero matarlos sin ponerse bien con Dios? Ya guiados de mi impulso, he traído aquestos dos para que se maten ambos, y se apague tanto ardor. A Antemio quiero incitar, porque su agravio es mayor: dale muerte a tu contrario, que es el que escuchas. . Honor, qué aguardas? esto ha de ser. Ejecuta tu furor. Pasos, siento, y nada veo, aunque está cerca el rumor: si Silvia me engaña, Cielos? o burlas de mi pasión! Acercándose a mí vienen dos hombres. . Aquestos son. Quién va allá? Quién lo pregunta? Villmos, aunque sois dos no embaraza, soy honrado, aunque he nacido Pastor. Ténganse unto al pito, porque ne sé reñir yo. Muere, cobarde villano. Muere, aleve. Muerto soy. Sola esta vez, entre tantas, se ha logrado mi intención, padezcan, pues yo padezco entre tormento, y dolor. Pastores, mi hermano es muerte qué miro! válgame Dios! qué es esto Antemio? qué es esto? quién está aquí muerto? Yo: Ay Dios mío de mi alma! válgame el Ririeleisón, el Prefacio, el calderillo, el bonete del Doctor: ay señores, que me muero! Es fantasma, o ilusión? Quién eres villano, aleve, causa de tal confusión? traidor (que bien a quien cubre el rostro llamo traidor) habla, o sacarete el alma; a expensas de mi furor. No infames, no, con tu lengua a quien honrado nació, pues mañana; cuando deje su clara luz Faetón, en Fuente el Sauce te espero, que allí te diré quien soy. Detente, aguarda enemigo. Escucha, Antemio, por Dios, no le sigas, pues parece en el embuzo ladrón. Ladrón es (ha Ermita ingrata!) pues mi honor ya me robó. Y tú, Mocarral, qué tienes? Qué he de tener? muerto estó, y no puedo hablar palabra, pues me han quitado lla voz. Di, Mocarral, qué buscas? Qué he de buscar? o só, o no marido ya de tu hermana? que si marido no só, no tengo nada, y si tengo este oficio, mucho ardor; ira, cólera, rabiaza, tiña, sarna, sarampión rondaba a Silvia, y no sé quien el cuerpo me pasó de una terrible estocada, y en el suelo me tendió: Llamen, pues, al Escribano, que será el que de aquí escapó, De qué lo infieres? De qué? de que lla cara tapó, que ellos nunca tienen cara, y de ordinario tienen dos. Qué quieres? Her testamento, y hacer desheredación a Silvia, porque consiente que otros ronden a bustrón, pues porerondarla esta noche, me han hecho el remifasol, y ellotro se va corriendo con sus trece de cabrón. Levanta de ahí. A las once; pues si yo pudiera, no estuviera herido tanto, que temo que se murió. Qué se murió? Mocarral. Qué tienes? . El corazón pasado de parte a parte, y me da mucha aflicción. Hh do esta la herida? Aquí la espada se zambulló. Por aquí? Pues nada tienes, Puee por acá. Ni aún lesión. Ni en esta cara? Tampoco. Ni en esta cabeza? . No. Voto al Sol, que yo estó vivo: lo que puede lla aprensión. Dejémosle, que es lo mismo que lo del lobo, o tocón. Pues si dicen eso, voyme a espulgar pulgas al Sol. . Que esto escuche, sin hacer pedazos a quien me agravio! yo burlado de un villano! tal desprecio a mi blasón! Descuadernaré esos Orbes, pedazos haré a Faecón, pues para ofenderme todos, ya mis enemigos son Infames, presto veréis como padecéis mi drdor abrasando cuantas casas os sirven de habitación. . Hermana cruel, aleve, causa de mi deshonor; tú mi casa, qué te falta para tener tu esplendor? Ah, mi hermano amado, nada. Suspende la infame voz, y no me llames hermano, pues me das tal aflicción. Dicesme que a Mocarral quieres, y con él estoy tratándote el matrimonio, y llamas a ese Pastor, que es la risa de la Aldea, y de todos irrisión. Pues traidora, vive el Cielo, que si pretende tu amor casarte con este infame, que mi deshonra intentó, te he de hacer dos mil pedazos: Y al cabos; pero mejor es callar, y el caso hable: y advierte con atención, Mocarral ya ves que es rico, y de mucha estimación, Laureno esta deshechado por ser pobre; mira, lo rico quiero, pobre ofendo, y siempre he de ser quien soy. . Puevimagina, discurre, penetra, mira, dispón tormentos, ansias, dolores, llantos, penas, y rigor, Laureano es mi espolo ya, y el pecho le recibió; y así, aunque cruel pretendas nos acabe un pasador, soy amante, soy mujer, y tengo resolución. Mira, Esposa amada, dulce Consorte, alegre Compañera, prenda del corazón más estimada, perdonamo la fierenn desconfianza aleve, y los recelos, y la ofensa que te hice con mis celos. Confieso, amada Esposa, que cuando te miré preñada tanto, con pena congojosa, el corazón se deshacía en llanto, y con dolor y rabia (l mi ajraa) todo era afanes de celoso, y pena. Mas el Dios de Israel piadoso, y labio, por medio de un Celeste Mensajero me avisó, y me deshizo el agravio, como juzgué grosero; y así entre penas, y aflicciones tantas, a pedir es perdón vengo a tus plantas. En mis brazos Esposo, descansa de opresión tan importuna, que ya el pecho amoroso te recibe, y en ellos, como en cuna, descansa, ativia, y alienta, y el dolor, y pesar al punto auyenta; y pues sabes que el Cielo nos ha dado tal dicha, y tanta gloria, dale las gracias con piadoso celo, y ten tantos favores en memoria. Qué regocijo, Esposa, que recibo! De Dios has de ser Padre adobtivo. Sabrás, querida Esposa, que el César un edicto ha promulgado, y con acción curiosa, quiere saber a qué llega su Estado, y manda a sus vasallos se empadronen, porque mejor sus sienes se coronen; y así es fuerza que vamos a Belén luego al punto. Ea, Joseph, partamos. Ay Cielos! Que el pesar me viene junto Pues dime, qué te enoja? El caminar contigo me acorgoja. Pues por qué, Joseph mío? Porque en larga jornada, haciendo tan terrible, y grande frío, siendo tu delicada, no quieres que me asuste, y que me altere y más quien tanto como yo te quiere? Esta es orden del Cielo, cumplámosla, Joseph, luego al instante, y deja el desconsuelo, y el viaje, aunque largo, no te espante, y a Belén caminemos, pues por cuenta de Dios los dos corremos Dices bien, mi María, pero, cual fino amante, yo quisiera, (pues en tus ojos va la luz del día) que fuera Primavera, y que viendo correr favonio manso, fueras con más alivio, y más descanso. Antemio, con temor salgo, y con sobresalto vengo a escucharte. Nada temas, pues solo advertirte quiero lo que has de hacer, mientras a casa del campo vengo. Encubierto de las sombras, y amparado del si encio, vengo a ver si mi enemigo sale a cumplir con él duelo. Mas aquí con Silvia está, escucharlos quiero atento, por ver si lo que hablan oigo: amor, prestame tu aliento. Silvia mía, bien conoces que aqueste Pastor Laureno es tan pobre, que el Aldea hace de él total desprecio; y aunque es discreto, y galán, lo galán, y lo discreto no le adorna, pues aunque discurra bien, siempre es necio; que aquesto de la pobreza tiene un no sé qué acá dentro, que aunque haga prodigios raros, parece son desafueros. Y la riqueza, mi Silvia, retiene en si tal aprecio, que aunque sea necio el rico, ha de ser por fuerza cuerdo. Y finalmente, el que es rico, vive ufanos, y con contento, pues jamás le sobresaltan lances, temores, ni riesgos. Y al contrario en el que es pobre, su vida toda es con miedos, con llantos, penas, miserias, con temores, y recelos. Mira, pues, la diferencia que hallas en las dos a un tiempo; si rico, todo delicias; si pobretodo tormentos. Y sobre todo, que es a, mis cariños, y mi afecto, si con Mocarralite casas, y sino, viven los Cielos, que al impulso de un puñal haré pedazos tu cuerpo: Qué me respondes? qué tienes? que te suspendes? . Antemio, yo no sé qué responderte, si sabes que solo atiendo a obedecerte, y servirte. Amor tirano, qué es esto? Dígote, que a Mocarral quiero, estimo, y reverencio, y que me cases con él, Ahora, tiranos celos! De aquesta suerte a mi hermano . el engañarle pretende, pues de otra suerte no es fácil logre amor tan verdadero. Ah ingrata! ah traidora! ah falsal dete tal pesar el Cielo, como tú con tus razones me has dado, pues ya me has muerto. Qué dices, querida Silvia? dame los brazos, y en ellos descansa, alegra, y alienta, pues yo en regocijo envuelto te daré lo que quisieres. Hermano, cásame presto, que sin él todo es crueldades, y con él todo es contento: Qué fácilmente se engaña . a un corazón avariento. Y dime, tú le adorabas? A quién, hermano? A Laureno. Como a mi alma le estimo: . yo quererle? ni por pienso. Pues cómo amor le has mostrado? No era amor, sino un afecto, como en casa se ha criado a nuestro servicio atento, le he estimado con cariño. Apura, ingrata, el veneno; vamos a morir, desdichas, pues ya me falta el aliento para sufrir tal pesar, y padecer tal infierno. Y dime, dime, le quieres? di la verdad, que prometo, que aunque sea a mi pesar, con él haré el casamiento: di la verdad, no me engañes, Yo quererle? le aborrezco tanto, que su vista es muerte si le miro; cual le miento, . y él como bobo estará aquestas cosas creyendo. Voy, y en las lealtades tuyas desde hoy vivo satisfecho. Gracias a Dios que salí con un engaño de un riesgo. Ya, Silvia, tu amor conozco. Cielos, qué es lo que estoy viendo todo lo escuchó. Sí, todo lo escuché; y lo tengo impreso en medio del corazón, pues yo siempre le aborrezco, no le he querido, si no es porque en casa ha sido dueño, nuestro ganado, y hacienda lo ha guardado, y lo ha dispuesto. Pues a Mocarral adoro, estimo, idólatro, y quiero casarme luego con él, sea al punto, y al momento, sin su vista todo es llanto, ni nup y con ella todo es cielo. No era mejor, di, tirana, el decirme a mí: Laureno, yo a ti no puedo quererte, porque eres pobre en extremo, ama en otra parte (porque no es del caso aquesto) que Mocarral es mi esposo; aunque sea un majadero? que no engañarme, y traerme embebecido, y suspenso, idolatrando tu talle, y adorando tus luceros? Yo voy, Silvia mía (miente el vil, y tirano acento que tal pronuncia, pues no es si no mi muerte, y tormento.) Yo voy, ingrata, a morir, aunque mayor mal espero, Y que en brazos de ese Pasto? que tanto adoras te veo. Oye, Laureno querido. Ya son tarde los requiebros, a Mocarral se los guarda. Dulce amante, ingrato dueño, sabe que solo a ti adoro, y en el corazón te tengo, (aún a pesar de mi hermano) dado morada, y asiento: Cuanto has oído, es engaño, cuanto viste, es embeleco. Ingrata, verdad es clara, que no puede ser enredo, pues a Mocarral pedías con gran voluntad, y afecto. Plegue al Cielo, Pastor mío; si te rengaño, si te miento, que un furioso rayo airado, desgajado de estos Cielo me parta. Que no querrá enviar rayos el Cielo, antes que se logre sí, un amor tan verdadero. Plegue al Cielo. No, no jures, que no tengo de creerlo, pues, yo lo he visto, y oído, y lo he examinado atento; y así, Silvia, en paz te queda, goza alegre de tu dueño, que yo soy pobre Pastor, y conmigo todo es riesgos. . Aguarda, Pastor querido, detente, ingrato mancebo, en tu vista todo es dicha, sin ella, dolor acerbo. Aquí estoy, querida Silvia: ea, no me llame recio, que dirán que está salida, si la escuchan llos de adentro. a Solo para mi dolor me faltaba aqueste necio. Mire que estoy collerguido, me están y bien llos grigüescos, y estó muy apetecible ahora que caigo en ello. Déjame ya, no me canses. Qué no lla canse? eso es bueno, si me dijo ahora mi hermano. Pues tienes hermano? Antemio. Y qué te dijo? . Que ella por mi quedaba muriendo, y yo vengo a consolalla, o a prevenir el entierro, y la cantaré el Prefacio, llas Letanias, y el Credo. Bien puedes ya prevenirle, porque mi abrasado pecho, en este ardor sin descanso, sin alivio en este fuego, mas quiere morir de Marte, que no abrasarse en su incendio. . Esta, apostemos dos cuartos, está equillorrada, Cielos, si se enquillotra, parños que me haga al instante ciervo, y aunque ahora só tan pesado, tan gordo, y tan poltronero, si se equillotra, y es liviana, me hará ligero: Mejor es no discurrir en aquestos embelecos, sino echar por esos trigos, o andar por aquesos acerros. . Apenas el rubio Febo faltó luz hermosa, y clara, cuando a esperar el Pastor, pues que la noche pasada me desafió, he venido, y parece que ya tarda. Si es Laureno, mal he hecho en salir a la campaña, pues en un pobre, no es fácil haya valor para nada: pero sea quien se fuere, el cumplir conmigo basta. Desesperado y celoso mal, que consuelo no halla, vengo a morir: vive el Cielo que ya parece aguarda Antemio, envidia le tengo, muestras de valor tan claras. Mas hacia aquí un bulto viene si lo oscuro no me esgaña: Quién es? quién va? A esa pregunta, responda por mí la espada. Tenedla, y antes que riña escuchadme dos palabras: Sois vos quien me retó al campo anoche junto a mi casa? Sois vos Antemio? . Yo soy. Pues yo soy Laureno, acaba de dar al punto la muerte, porque es mi cólera tanta, que es imposible me encuentreo tus golpes mi cuchillada: reñid, no esperéis a más. De reír me ha dado gana en mirar tu atrevimiento, y tu soberbia arrogancia, que antes de una hora verás destraida, y acabada. Pelea, que soy un rayo. Vive Dios que se repara: Muere, infame, que en mi hono pretendes ser tosca mancha. Muere tú, cobarde ingrato, pues ya me has quitado el alma, y agravio tal pide a voces una sangrienta venganza. Pero la espada he perdido; terrible, y fiera desgracia! No, Antemio, desmayes, antes vuelve a cobrar esa espada, que no es razón que se diga que te maté con ventajas. Vive el Cielo que eres noble, y tu acción será premiada Yo no espero premio alguno, pues solo aspira mi rabia a morir. . Tened. . No puedo, porque el pecho se me abrasa. La vida te debo ya, y será acción muy villana, a quien le debo la vida, que le de sangrienta paga. Mira Antemio, yo agradezco esa atención tan honrada, pero en términos no estoy para poder aceptarla. Con Silvia todo era dichas, sin ella todo es desgracias, para no verlas, más vale perder la vida a tus plantas. No quisiera darte muerte, porque no diga la fama que soy desagradecido. No te embarace eso nada, pelea, porque sino, te dará muerte mi saña. Peleo por defenderme, sin deseo de venganza. Fuego, fuego, que de Silvia toda la hacienda se abrasa. Qué voces se oyen? teneos. No hay quién a mi vida valga? que me abraso; piedad, Cielos. Mayor empeño nos llama, y por ahora cese, Antemio, el rumor de las espadas, que aunque ha sido ingrata Silvia, nunca olvida quien bien ama. . Cortome el temor los pasos de mirar tanta despracia: Cuando han de acabarse, Cielos, penas, y desdichas tantas? . Ya estás libre, ingrata Silvia, de este fuego, y de esta llama, que con su voraz incendio a tu vida amenazaba. Sola esta vez, Pastor mío, me alegra perdida tanta, pues el fuego, y el peligro entre tus brazos me halla. Ya el fuego dejó su ardor. Faltó materia a sus llamas. Ah Silvia, acá estamos todos. Antemio. . Laureno. Hermana, gracias a Dios que te veo libre de desdichas tantas. Y dádselas a Laureno, que de tal pena me saca, pues si no es por él me abraso. Yo alabo a este camarada, que si no es por él ya me iba chamu cando llas barbas. Que tal pesar me dé el Cielo, y no se sacie mi rabia, ni se logre mis intención traidora, infame, y dañadal Pues apenas pegué fuego a esta Aldea, y a sus casas, cuando, aunque más lo encendia, con más imperio se apaga. Pero (ay Cielos!) que esta noche ha de ser la celebrada, y para tormento mío, el mundo su bien aguarda. Déjese la suspensión, pues ya cesó la desgracia; agradézcote, Laureno, con la vida, y con el alma, las finezas de esta noche, y presto espero pagarlas. Y yo también. Mal hacéis, pues yo no sirvo por paga. 2. Por qué razón? Escuchad, y os diré toda la causa: Discretísimos Pastores, y vos, Divina Serrana, Deidad de aquestos Olimpos, y de estos Valles Diana. Hoía mi trágica Historia, que será en breves palabras, y las desdichas también de que ha sido acompañada. Yo nací dentro en Belén, Ciudad la más celebrada, que tiene el mundo en su empleo, por su nobleza, y sus armas. Ricos, y nobles mis padres fueron, y en mi tierna infancia, dejando esta humana vida, pasaron a mejor Patria. Quedó mi riqueza mucha, pues que la tuve sobrada. Pero apenas los tres lustros de mi vida señalaban, cuando puse ateitamente los ojos en una dama, y de tal forma, que al instante me miré con esperanza: En pintarla no me canso, pues es ya ley observada, delante de una mujer, de otra mujer contar gracias, se alaba a la que está aviente, y a la presente se agravia. Había en esta Ciudad, entre mucha gente hidalga, un mozo de baja esfera, que a la del Sol se igualaba. Este con desembarazo dio, pues, en galantearla, y ella en quererle también, siendo para mi amor falsa. Llegué una noche embozado a escuchar a la ventana, y sucedió lo de aquel adagio, que siempre anda, quien escucha, su mal ove, porque atendí estas palabras, que mil veces al galán la dama le declaraba. Piensa este loco Ruben, (que así entonces me llamaba) el desvanecido, y necio, que yo con él me casara, por alegre le miré, mas su mucha confianza es de necio, pues no sabe que afrenta a mi sangre daba. Colérico, y irritado de ofensa tan declarada, sin tener piedad alguna, matelos a puñaladas: Que fue crueldad, no lo ignoro; pero fue mi furia tanta, de celoso, y afrentado, que no hallé reparo en nada. Mudé el nombre, y juntamente al instante mudé Patria, y en breves días mi hacienda quedó toda aniquilada. Echó pregón la justicia, que aquel que me presentara preso, o muerto, un millón de oro al punto le aseguraba. Por huir de condiciosos, use de una industria rara, y fue, que en aqueste monte hallé muelto entre unas matas a un Pastor, al cual vestí con mis adornos, y galas, y con un puñal le hice desconocer en la cara; y con esto mi persona quedó más asegurada, pues dentro de breves días muerto a Belén le llevaban. Llegué a esta pedueña Aldea, y aunque es corta su distancia, que apenas de cuatro millas, las que hay de aquí a Belén pasan. Vine de Noble, a Pastor, albergásteme en tu casa, Antemio, atendiendo en mí brío, discreción, y gala. Y un día, que por el monte, andando guardando cabrás, oí gemidos, y llantos de mujer, que se quejaba. Salí al ruido, y reparé, que dos bándidos estaban con una mujer asidos; quítele al uno la espada, y de dos golpes le hice echar por la boca el alma. Llegaste a este tiempo tú, la mujer era tu hermana, y mirando su hermosura, dejome el alma abrasada. Lo que sucedió hasta ahora a este amor, todo es desgracias, pues aunque tú me estimastes, como pobre me mirabas, desechásteme en efecto pues la pobreza es ya infamia, y con Mocarral, ansioso tratas luego de casarla. Yo la adoro tiernamente, ella me dice te engaña, hablasla que no me quiera, oigo atento tus palabras. Salgo a reñir irritado, no puede herirme tu espada, y estando el duelo pendiente, dicen se quema tu casa. Y yo furioso, y ansioso, porque Silvia voces daba, entro en el fuego arrojado, llego valiente a una cuadra; hallé a Silvia, que del humo estaba ya casi ahogada, y cogiéndola en mis brazos, la libré de pena tanta. Esta es mi historia, Pastores, mis desdichas, mis hazañas, mis lances, mis desatinos, mis fortunas, y mudanzas. Y todos estos peligros, desesperado buscaba para morir; pero al triste jamás la muerte le alcanza. Yo voy desde aquí a morir, pues está Silvia casada, que sin ella, no es posible que viva quieta mi alma. Basta, Laureno valiente. Laureno gallardo, basta. Qué amor tan perfecto, y fino! Ah fe tan viva, y bizarral Ah finezas conocidas! Ah deudas tan declaradas! No puedo dejar de darte a Silvia bella por paga. No puedo dejar de darte en el corazón morada. Dala la mano, Laureno. Llega, pues; qué te acobarda? ya soy tuya. . No lo creo, pues mi desdicha es infausta: con temor llego a tus brazos. En ellos, Pastor, descansa. Y a mí, qué se me ha de dar, que era mía? Calabazas. Luego al instante llo dije, que lla sonante faltaba. Mas la recibo contento, que está muy bien empleada, y si no es por él, lla pobreta estuviera medio asada. Que para casarme yo, aquí está mi camarada, que me buscará una noña, rellamida, y afeitada. Y vos, quien sois Caballero, que por vuestro talle, y cara merecéis mucho favor, y hacer caso? . Yo pasaba a Roma a una diligencia, y viendo vuestra desgracia, me quedé a apagar el fuego por serviros. . En mi casa pasaréis aquesta noche, adonde habrá mesa, y cama. Ya, señores; que lla Silvia, parece que está aliviada, y él fuego a nadie ha hecho mal, cual si fuera patarata. Aguarden, y sacaré unas gallinas asadas, que desde que anocheció tengo en casa bien guardadas, y una linda bota llena de vino, con tanta panza: voy por ellas luego al punto. Ven apriesa, que ya tardas, Parece que el Cielo todo se viste de luminarias, y las Estrellas alegres aún su luz las embaraza. Cuerpo de Dios, que me quemo con el trato de tajadas. Esas llámolas yo migas. Pues yo digo que son gachas: Ea, siéntense al rededor, y también el de la prata, que puede ser que en su tierra no se coma esta ensalada. Gracias a Dios, que de sustos está el alma sosegada. Gracias a Dios, que en mis brazos te podré mirar con ansia, Mocarral, ve poco a poco, que juzgo que no las mascas. Es bueno, y tengo lla boca por no tragar atesada: en nombre de Dios un brindis a la novia de mañana. Quedo simple, que lo viertes, Pues recóganlo llas pabas: bravo gusto es comer migas, porque sin mascar se tragan. Siempre has de ser un glotón. Necio, aguárdate, y repara, que esté senor no ha comido. Pues yo lle quito llas ganas? Que esto me permita el Cielo! que todas las asechanzas, los ardides, y crueldades salgan esta noche vanas! Pero qué miro! ea Infierno, sunesta, y triste morada, recibid a vuestro Rey con gemidos, y algazaras, pues ha nacido el Mesías para quitarme las almas. . Huyamos de aquesta peste, que parece huele a sarna. Huyamos todos. No huyáis, que está el Cielo en vuestra guarda. Qué es aquesto, Santo Cielo! peor tiene este lla cara, que si el otro mal olía, este más quema, y abrasa. Escuchad, Pastores míos, cuantos vivís la montaña, sabed que nació en Belén el que esperan, y declaran para remedio del hombre las Profecias Sagradas, De el vientre de una Doncella, a la tierra se traslada, que para los nueve meses la señaló por morada. Id a adorarle, Pastores, llevadle algunas alhajas, en muestras de agradecer mercedes tan soberanas. En un humilde Pesebre nace llorando entre pajas, entre una mula, y un buey (oh fineza de amor rara!) Venid siguiendo mis luces, que bien veréis mis pisadas, pues es día aquesta noche, y en ella nacen dos Albas. . Válgame Dios, qué es aquesto? Decid, era aquella pájara, que al punto que mos habló tendió en el aire las alas? Calla simple. Amigos, vamos, y a la Madre Soberana llevémosla humildes dones, pues pare entre humildes pajas. Vamos al punto. . Yo vo a por una lnda sarta de corales, que al Chícote lle pongan en lla garganta. . Hermosa prenda querida, Hijo de mi corazón, pues con pena, y aflicción nacéis para darnos vida. Pues sois tan grande en el nombre, en el padecer, y obrar, dejad, Señor, el llorar, pues dirán que llora un hombre. Pero llorad, Niño hermoso, derramad preciosas perlas, que el mundo vendrá a cogerlas, pues es tesoro precioso. Niño hermoso, Niño amado, Complemento de belleza, que a padecer tal pobreza, del Cielo al suelo has bajado. Gracias los hombres os den, pues no teniendo el dolor, venís a obrar tal favor, y a darnos cumplido el bien. Pero los dos más que todos, pues a María hacéis Madre, y a mí también vuestro Padre, aunque por diversos modos. Y pues hacéis elección de mí para tan gran cargo, desde luego por descargo, os entrego el corazón. Llegaos más, Joseph, veréis en la tierra todo el Cielo, y con afecto, y anhelo; postrado le adoraréis. Admirado, y suspendido me tiene tal maravilla, que aunque quisiera decilla, solo postrado, y rendido, adoro Niño Glorioso, tal amor, y tal fineza, y atendiendo a tu belleza, me encanto, elevo, y endioso. Este es el Portal, amigos, llegad, y ofrecedle dones, aquí en un establo hace dichosa, y Celestial Corte. Oyes, Laureno, no has visto cual parece se conocen, el Viejo, el buey, y la mula, pues no se tiran de coces? Calla simple. . Habla discreto. Adorad sus resplandores. Pues yo quiero escopenzar. Dejadme eso a mí. . A las once, que ninguno como yo entiende de adoraciones. Naño, parido, y preñado, que a pesar de llos dolores, qué claro está, siendo grande, se llos daría mayores. Bengáis con bien a esta tierra, y juzgo no la conoces, pues si lo hicieras, dijeras, quien te conoce te compre. Y la Señora Parida, para al punto muchos hombres como este; pero no para, que parecera dolores. Yo, Soberana Señora, cercada toda de Soles, os ofrezco estas mantillas, para que en ellas alojes a ese Niño poderoso, que le estáis diciendo amores. Yo, que después de mil nenas vengo a verte en pajas pobres, te ofrezco aqueste cordero, que significa candores. Recibidle, Niño hermoso, y con él los corazones, que a vuestras plantas rendidos por Señor te reconocen. Soberano Niño bello, que envuelto entre resplandores, cegáis al que a vos se llega, lo cual no es sufrible al hombre. Vengáis con bien a librar a este mundo de aflicciones, y está tu alegre venida, el Universo la logre. Yo os ofrezco, Niño hermoso; de mi corta hacienda, y pobre, este armiño, que del frío te defienda, y sus rigores. Aguarden, que falto yo, y si Silvia no socorre la praza, no traigo nada que ofrecer para el Chícote. Así, que se me olvidaba aquesta sarta disforme de corales, que guardaba para dar a Silvia en dote. Yo os ofrezco, finalmente, Niño hermoso, un lindo cofre, que está afortado en pellejo, como aquestos llo perdonen. Y al buen Viejo, que parece, según la cara que pone, que hace pucheros, y hollas, calle, y no se desazone. Y aunque dicen que está Viejo, no llo dicen los vigores, lle ofrezco esta tabaquera, para que tabaco tome. Val buey, y señora mula, dos cribadas de granzones llos ofrezco, para que toda aquesta noche ronchen. Y yo, Dios de Sabaor, que te admiro Dios, y Hombre, te ofrezco, Príncipe mío, estos humildes Pastores, que postrados a tus plantas, ya por Dios te reconocen. Yo, Pastores, agradezco vuestra voluntad, y dones, y el Niño Dios pague vuesas atenciones. Y yo también agradezco vuestras corteses razones, y querrá Dios que algún día los pague, y los galardone. Esto con la grande priesa, se ha acabado ya, señores, y vive Dios, que también ha marchado el Pajarote: Qué nos falta ahora? Pedir, que las faltas nos perdonen. Los señores que llo han visto. Pues nuestro afecto conocen. Y el Poeta, que es humilde, y a vuestras plantas se pone, pide perdonéis, y acaba el Duelo de los Pastores. Real Academia Española