Texto digital de Los dos monarcas de Europa
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los dos monarcas de Europa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dos-monarcas-de-europa-los.

LOS DOS MONARCAS DE EUROPA
JORNADA PRIMERA
Tan poco firme mi afecto, bella Margarita, halló tu cuidado, que se rinde a las armas de un temor? No te ha servido constante mi fe, desde que te vio en Alemanía? Por ti no tomé resolución de dejar aquel Páis, cuando la Infanta pasó de Dinamarca, a quien sirves, porque el César Español Carlos Quinto, tío suyo, que venga a Italia ordenó, sin que el motivo se sepa; si ya no es que la ocasión de pasar su Majestad también a Italia la dio, para que los dos se vean; pues que causa puede hoy, que a Babilonia hemos llegado, donde del Emperador nueva orden se ha de guardar, sea de tu luz turbación, PRIMERA ser de tus cielos eclipse, y ser nube a tanto Sol? No es de hoy, Alexandro mío; mío dije? erró la voz, y fue, que al articular los accentos mi pasión, para decir que te pierdo, de ella misma se valió; y entre el temor, y el deseo los bandos del corazón cargaron todas sus fuerzas, donde vieron lo mejor: no es de hoy (otra vez repite mi labio) el fin que causó este recelo; pues nace, de que ignorando quien soy, y hallándome en el estado, que a la fortuna debió mi ser, solo reducido a estar en la sujeción de humilde criada, que aunque lo soy de una Infanta, no llego a tener el lugar que alcanzan otras, que son más dichosas; porque hallaron (el mundo dice mayor lustre de ascendientes nobles; pero es solo en mi opinión un acaso de fortuna; que les hizo más favor, pues nadie presumo que es en el mundo, mas que yo) me determiné a quererte, sin reparar que la unión de dos almas, se compone de igualdad, y está falto entre los dos; pues tú eres, si de Florencia blasón, sobrino del Cardenal. Julio de Medicis, yo tan poco, que para ver la senda que me guio a informarte de mi ser, solo halló la presunción en mi vanidad, camino para disculpar mi error. Pues cómo, Alexandro, puede no recelar mi dolor, que zocobre en su tormenta el bajel de mi opinión? si en Himeneo feliz no ha de lograrse el amor; que en pezó a nacer tan fino, razón es, que la razón detenga el paso al intento, si le ha de llamar traidor: demás, de que si es la Infanta de tu afecto girasol, que esto no puedes negarlo, pues siempre que la miró tu cuidado, dio a entender, que advertida cada acción, amorosamente muda, lo que a las voces negó, quiso explicase el silencio, sin que se ofendiese amor, por ser menos la distancia, que de tia la Infanta dio el cielo, que la que en mí es solamente ilusión, este mismo desengañó sirva de ejemplo a los dos. Trueque el lenguaje su estilo, refrénese la pasión, depónganse las finezas, muden las frases su voz, y pues ya no es menester el disfraz con que me habló hasta aquí tu ingenio, siendo una sena cada acción; pues el quitarte el sombrero, cuando me hablabas, y yo un guante, era avisarnos uno a otro, la ocasión de recelarnos, de quien nos oja, a lo veloz de las voces, el sentido negando, que las formó, y dándósele contrario a su misma explicación: vencete, pues yo me venzo, y débate mi atención esta fineza La Infanta te llama. Ahora llegó por la posta un Caballero, y me dijo el postillón, que viene de Roma a ver a la Infanta, y pues halló tu cuidado, quien te de para hacer información de tu tío, la noticia que ha tanto que te faltó; pues solo de Roma sabes, que hacerse averiguación no puede, de que sea Roma; porque su Governador el Pontifice Adriano, sin cabeza la dejó, ganando tiempo en buscarle, no pierdas esta ocasión, y sabe, si tieneya Adriano sucesor. Su Alteza a llamar me envía quédate, Alejandro, aDios, y haz lo que te he suplicado. Oye, Margarita. . No es posible. . Pues después te irá a decir mi pasión, que en tantas razones tuyas, aún no has tenido razón. Podré en sin llamarte mío? Siempre lo he sido, y lo soy. Pues a pesar del recelo, que ocasiona mi temor. Siempre has de hallarme constante. Siempre usaré de esta voz. . A Dios, señora Prudencia. Caroca, guárdete Dios. Mucho tenemos que hablar. Ahora no es ocasión, irasme a buscar después? Soy puntual, y Español, y fuera vileza en mí faltar. . Ya aguardo. Ya voy. . Vamos, Caroca, a buscar a el gentilhombre, que vino de Roma, porque imagino, si a la Infanta viene a hablar, trairá cartas para mí de mi tío, puesto que de Alemanía le avisé, que con su Alteza partí, después de haber asistido por serme ingrata mi tierra, a la continuada guerra, que el Imperio ha padecido. No del suceso te acuerdes, que de tu patria Florencia te desterró, pues su ausencia gana acá más, que allá pierdes; y pues tu suerte, la suerte trocada ha llegado a ver, aumenta el ser a tu ser, para que el acierto acierte; y sea norte en el templo de tus mismas atenciones, cuando a ser más te dispones, lo que te enseña este ejemplo. Un Español, que nació tan pobre, como el cúelillo, apellido de Sotillo de sus padres heredó; y llegando su desvelo a empezar a enriquecer, Sotillo no quiso ser, y mudó el nombre en Sotelo: después sintió su alboroto, que iba la hacienda creciendo, y el nombre creció, poniendo en vez de Sotelo, Soto, y consiguiendo el favor de la riqueza aumentado, olvidando lo pasado, se puso Sotomayor. A este símil te pronoco, cuando tu desvelo escucho, sino quieres mucho a mucho, ve subiendo poco a poco: tu tío es ya Cardenal; y en favor tuyo se auna el poder de la fortuna, que juzgabas desleal. A Bolonia dejar puedes, pues no has de cursar su escuela, y si el amor te desvela, procura romper sus redes; porque en tu comparación, aunque el cariño te engaña, es Margarita una arana, y en su tela no as razón, estando siempre muy hosca, para que el amor la ablande, que caiga un pájaro grande, como pudiera una mosca. La beldad de Margarita mayor empeño merece, y así justamente ofrece el desvelo, que acredita hoy los míos, de que están en norte tan verdadero; que de mi amor el acero busca rendido sa imán; aunque tal vez la memoria, que en vano dejar porfío, de lo que pasó a mi tío, me desazona esta gloria: si me acuerdo, que el caudillo, de una opuesta diligencia, nos de esterró de Florencia. Entonces fuiste Sotillo. Vino a Roma; y por modelo de virtudes, que en él vieron, Príncipe de Capua le hicieron. Ya llegaste a ser Sotelo. Después el celo sagrado. de Leon Decimo inmortal, le subió a ser Cardenal. Con eso, Soto, has quedado, y así el parar será error, quien fue sin ponerle Coto, Sotillo, Sorelo, y Soto, hasta ser Sotomayor. Vamos de Roma al regalo, y aplique tu estimación al caer en tentación, el libera nos a malo: pero ya la Infanta viene, y con ella el forastero recien llegado. . Y si infiero bien las señas que previene, atento el cuidado mío, es el Duque de Milan. Francisco Esforcia, en quien dan el amistad de mi río todos pon firme, y la mía siempre le ha reconocido la obligación de haber sido a quien más su pecho fía; y así será bien, que impida que me vea, hasta irle a ver a su posada, y saber la ocasión de su venida. Nuevas que son tan gustosas, y un Príncipe quien las trae, el no oírlas por menor, fuera en mi afecto desaire. Todo pasó de esta suerte. Gustosa oíré lo que hace: más imposible el empeño. de mis afectos cobardes. Cumplió el decreto comuna del humano vasallaje Adriano. Sejto; habiendo. logrado el regir la nave, como sucesor de Pedro, en la Iglesia Militante; mas que mucho, que a la cumbre: de su Dignidad llegase, si halló en el César de España. su dicha seguridades, eligiéndole Maestro para que sirviese antes, a quien le había de dar la obediencia, como a Padre. Faltó en fin, y por su muerte. vistieron los Cardenales nueve días, en que hicieron las exequias funerales, tristes lutos; y después. juntos en el Templo grande del Príncipe Apostol, donde el cincel bordando el jaspe, y el buril puliendo el oro, hacen que confieso hel arte, que encontraron sus desvelos en cornisas, y arquitrabes los primores de su anhelo, para lograr lo admirable. Cantó el Decano la Misa de Espíritu Santo, alarde, siendo cada ceremonía de cuanto en la tierra cabe, y entonando la Capilla en armonioso y suave metro alabanzas divinas, las purpúreas Dignidades salieron en Procesión, precediendo en los lugares la antiguedad, que partía la diferencia de iguales; y a la Capilla llegaron de Sijto Cuarto, que en tales ocasiones es el centro del más sagrado dictamen. Tomaron todos asiento, y quedando, porque guarden del sacro Colegió el orden, su Secretario, y los graves Maestros de Ceremonias, la constitución tocante a la elección: dio principio, jurando la inviolable; dieron audiencia después a Embajadores, y Grandes, Títulos, y Potentados, y se cerró al acabarse el conclave, que la entrada negaba a enbates del aire; pues solo para la luz el techo resquicios abre, por donde el Sol comunica de sus visos los celajes: dos criados con él a vistas se permite que señale cada Cardenal, a quien sirviendo asisen leales, pues apetecen gustesos el verse entrar en la cárcel, a cuya puerta unos tornos se ofrecen poco distantes, para servir la vianda, que a cada uno se trae, dando un padrón con las armas de su dueño las señales, con que llegan al registro cuidadoso, y vigilante del Mariscal de la Iglesia, que con cuatro escuadras parte la guarda que está a su orden, y acabando de entregarse, por ambas partes se cierra, sellando el hueco a las llaves. Allí todas las mañanas dijo Misa el venerable Cardenal Colona, que por Decano, y por su sangre dignamente presidía; y habiendo estado vacante dos meses, y cuatro días la Sede, sin que alcanzase ninguno a tener por si de los votos las dos partes, que en la elección ha de haber, para que el Cetro se encargue, premió el cielo al Cardenal Julio de Mediéis, Grande por los timbres de su casa, que tanto blasón esparcen, y regulados los votos a términos de bastantes: mandó el Decano llamar los Maestros, para que hallen canónico testimonio en el suyo los Anales, diéronle de la elección, y las cédulas que parte, fueron para dar al nombre ado adoración semejante, se quemaron, porque el fuego. su efecto purificase el parabién: el Decano, y el primer Diacono, de parte. de todo el sacro Colegio le dieron, y que acetase se le pidió, y él lo hizo. El nombre que tuvo antes, mudando en el de Clemente; como quien de nuevo nace: lleváronle a un camarín, que detrás de los Altares. de la Capilla, le dio vestidos Pontificales, sotana de ormesi blanco, guarnecido su ropaje de un ríbete de carmín: besa una Cruz de diamantes, que el zapato pública, que es Vice Dios quien la traes el roquete, y la muceta fino color de granates, sobre raso ostentan, siendo. símbolo uno, y otro esmalte. de la justicia, lo rojo, y lo blanco de piedades: de esta manera llegó a una silla, que delante del Altar se le previno, para que allí le adorasen los Príncipes de la Iglesia, doblando a su heroico Atlante un orbe en cada rodilla, para llegar a besarle el pie en reverente culto los que oigualaban antes. Todo esto pasó cerrado. el conclave, sin que darse noticia pudiese al pueblo, hasta que alegres señales. le públicó de sus dichas. un Cardenal, que con grave regocijo a un corredor subió, y mandando quitarse las prisiones, de un tabique, para que al verle se allane el crédito del aviso, le dio en gozos del semblante, repitiendo, el Cardenal de Mediéis, coronarse mereció, y Clemente quiere de aquí adelante llamarse, siendo el Séptimo en el nombre, y el Primero en las piedades. Aquí el común regocijo de amor en las llamas arde, encendiendo los afectos aún de los menos parciales, cual con el gozo confuso busca a quien comunicarle; y cual va perdiendo albricias, sin que su atención repare, que prodigos sus desvelos aún más que piden reparten; otros, que de la ambición solo han dejado llevarse, a casa del nuevo electo acudieron, porque saben; que a todos es permitido, sin que el respeto se ultraje; saquear lo que fue adorno, de quien a desapropiarse de lo humano empieza, dando permisiones semejantes la ruidosa artilleria, resonando en varias partes, sin el horror de sus ecos hace con amor las paces, y a sus voces le responde el Castillo de San Ángel, que sobre el puente del Tiber, guarnecido de cristales, es brinco, que trae por muelle la Ciudad de mejorarse: todo es confusión gozosa, todo confusas señales. de felices alegrías, y alegres felicidades; y mientras el regocijo al pueblo las periuade, a pública adoración llama el Colegió a su Alcaide, abriendo el conclave; aquí. la lengua busca cobarde al silencio, porque en él más asegura las frases al decir, que en el Altar le colocaron triunfante en una silla, que encima se puso; porque descanse, siendo estrado de sus pies lo sacro de los altares. Allí cada Cardenal le volvió a dar vasallaje; en la música, llevando armoniosos los compases, varios himnos, y moretes, a que dio feliz rémate el Te Deún laudamus, que cantó el Coro más suave. Su Santidad, dando indicios del nombre Clemente, afable dio al pueblo la bendición, y mirando a entrambas partes, saludó al sacro Colegio, que partido en dos mitades, aguardó a que del Altar a tomar la silla baje. Quitáronle un manto rojo; bordado de rico esmalte de oro, y correspondiente la Tiara, y con semblante majestroso, y benigno entró en la silla, y delante le acompañó todo el Orbe, cifrados en los Cardenales, que dejándole en el sacro Palacio, a recibir salen parabienes, y a gozar varios festivos, alardes, que Roma previene alegre, ya escandalizando el aire con vombas que tira el fuego, y ya templando agradable. la tierra con sus festines de mascaras el certamen: vivan los Mediéis, dicen, con las voces populares los afectos; y Clemente vivarpara que avasarle los rebeldes enemigos de su nombre, y porque mande cuanto rodean las Zonas, desde el Tigris, al Éufrates, desde el Tanáis, hasta el Nilo, y desde el Danubio, al Garijes. Con tan gustosa atención a vuestra Alteza he escuchado, que dos veces mi cuidado aplaude su estimación con afecto verdadero, siendo de mi fe el empeño, por el Católico dueño que se coronó el primero, y en mi interés el segundo; que con el gozo batalla; porque en mi casa se halla su Sobrino, cuando el mundo tantas glorias le previene que celebre mi alegría la ocasión, aunque la fía el alma a los ojos tiene en mi advertencia notado, que no dispensa mi ser, que dé al cuidado a entender, que es mirarle con cuidado. ma cord su tío, que parta luego al instante, con un pliego, en que da la norabuena al César de haber llegado a Génova, desde donde su atención, que corresponde siempre a la razón de estado, ordena a su Embajador trate, que el Papa señale a un Emperador que sale a confesarle mayor, para esta función la parte, y el modo, y le señalo a Bolonia, donde yo la suerte que me reparte de asistiros la ocasión; logrando alegre, y ufano para besarle la mano, he de aguardar permisión, que el Pontifice le pide, cuando el prenderme procura, porque si la investidura, que al Sacro Imperio le mide, se coronó mi cuidado en Milan, fieros pesares! pues sus triunfos militares de todo me han despojado. Restituido a su dueño esa esperanza promete ver a Milan; que se inquiete . tanto mi afecto en su empeño. que estén mis afectos llenos de temor, y en su compás, cuando la ocasión es más, sea mi esperanza menos. Ya el Sotomayor te toca muy cabal. . Calla, Caroca, No es Caroca. . Cada instate mas dudoso considero, que a la fortuna he seguido en su carrera, . Has corrido siempre en caballo ligero, pero mira, que la Infanta, y el Duque se están aquí: Y el objeto a quien rendí- cuanto mi suerte adelanta. Alejandro es quien ha hallado lo más que la suerte fía. Título el Papa le envía de Duque de Piña, Estado con que empezar determina a irle engradeciendo. . Empine el cielo, pine, o no pine a quien así nos empina. Ya mi amor, que esto acredita, puede darse a conocer; pero esto quien lo ha de hacer mejor, será Margarita, que es discreta, y mi esperanza sabrá muy bien gobernar, agradecida de hallar en mi aquesta confianza. Qué fácil el albedrío dejalo libre rendir. Duque, yo voy a escribir al Emperador mi tío, mientras a Alejandro dais el parabién, y el aviso. En mi obediencia preciso es siempre lo que mandáis. Que vaga, y con qué pasión . mi imaginación se aleja de la razón, pues se queja de su afecto sin razón. Lleguemos, que ya la Infanta se fue A vuestros pies, humilde, tenéis generoso Esforcia, a quien sus dichas os rinde. Noble Alexandro, mis brazo las nuevas os certifiquen, que he venido publicando, porque ellas os anticipen el parabién. . El deberos me dad, pero permitidme, que lea el pliego. . Entre tanto procurare que sea libre . mi recién nacido afecto con la memoria que rige todo mi desvelo, puesto en la causa de su origen, solo sé; que es Margarita su nombre; pero si dice soberanamente airosa, que cualquiera que la mire es fuerza adorarla; ya no le que da más que explique. Que parta al instante, ordena apr mi tío, y es imposible excusarlo, aunque el cuidado de Margarita resiste el dejarla en sus temores, de si mi amor está firme: pero el Duque Esforcia queda en Bolonia, en él se libre mi esperanza, para que la asegure, que la asisten mis finezas. . De Alejandro me valdré, para que guien mi cuidado, y de él sabré lo que deseo, leistís la cartaya? . Toda ella se reduce; a que el partirme a Génova sea luego; y así mi obediencia elige no dilatarlo un instante; pero antes habéis de oírme la ocasión, que a una fineza quiere que a la vuestra obligue mi amistad Decid en que? os sirvio, sin que imposible haya, que al cuidado mío por vos no se faciliten, que también yo he de veros, (ved, que presto empeñar quise la estimación de serviros, porque ella misma me fíe) otra fineza. . Cuál es? Primero habéis de decirme lo que me mandáis que haga por vos. Para que se explique mas presto vuestro cuidado al mío he de permitirle, que sepáis antes la causa del empeño a que os previne. Todo esto vendrá a parar, . en que un amor a quien rinde su afecto Alexandro, es duende que le hálaga, y le persigue. Proseguid. . Yo amo. Amo. Mi desvelo a persuadirse . llegaya, de que es dichoso, pues el mismo norte sigue Alejandro; en fin amigo, tu amas. . Amas. Repite vuestra voz los ecos. Es arte para que declinoo quien se pasa a conjugar, sin ir del nombre al origen. Una belleza que el cielo formo para desmentirle al que otras llamaré hermosas, pues viéndola, no es posible el dejar de avergonzarse, quien a otros ojos se rinde, adoro. A ser Margarita. la que hace su amor, que pinte, no fuera encarecimiento, pero esto a cualquiera dice el que estando enamorado, el mismo su imagen finge. En Bolonia queda; yo me voy, y pues prometistis hacerme favor, ninguno. igualara, la acredite. vuestra atención, que se harán los cristalinos víriles del cielo, pedazos antes, que mi amor sufra su eclipse. Obediente en su asistencia será mi fineza lince, y si está en Palacio, nada vendré a hacer, porque con firme afecto vivir en él es fuerza; porque aunque vine libre de amor a Bolonia, ya olvidado de lo libre soy prisionero en Palacio. De la Infanta los Abriles. . al Duque han aprisionado hermosamente apacibles. Pero decidme, quién es? Aunque ya con lo que os dije pienso que bastaba, el nombre de la que en el alma vive es Margárita, una dama. Volved, volved, a decirme, como se llama, que estaba algo divertido, hay triste! Margarita, aquí no hayotra de su nombre. . Por si quise dar a mi pena el alivio, de dudarlo me lo impide; pero como mi valor así a una pasión se rinde, publique mi amor sus celos, antes soy yo. . Qué bien dice, quien del amigo aconseja, que gusto, y pesar se fien: pues sintiendo como propios los afectos, que examine en vos la amistad intenta de aquesta opinión lo firme. Que esto sufran mis pesares! pero aunque me martiricen, . es fuerza disimular. Ahora, Duque, decidme vos también, quién es la causa? Mal mi pasión se reprime. Del cuidado que os inquieta, que el intentar que se alivie en mi es tan forzoso, como mi agradecimiento pide, y como espero de vos, con las verás que os previne, que asegures mi firmeza. La Insanta mandó te avisen, que quiere hablarte. . Licecia me dad pues ya sé, que os sirve en irla a ver mi cuidado; porque si en Palacio, origen tiene vuestro amor, su Alteza fue a quien rendistis lo libre, y esto era lo que teniáis que informarme, bien se sigue, por consecuencia al silencio vuestro, y empeñarse firme sabrá mi fineza. . Oíd. No tenéis que prevenirme, que sé de amor, y sé como se han de gobernar sus fines. Qué haré, cielos! mas la ley de amigo en mi se acredite con esta acción, y a la Infanta mis afectos se dediquen tan de verás, que mostrando, que el amor solo consiste en hacer aprensión del objeto, a quien se rinde la memoria del que nace, del que ya murió me olvide. Caroca mío. . Detente, y con más decoro estile tu voz, tratar a quien todo el bastimento consigue en este Pontificado de un sobrino; mas que dije! de un Nepote, que aunque todo es uno, tiene al oírse esta voz, un no se qué, que a quien no lo sabe, dice, que son los Nepotes grandes, y los Sobrinos humildes; mas la Infanta, y Margarita vienen, y es forzoso el irme, yo te veré; pero advierte, (esto mi amistad te dice,) que no todos los que gozan puestos, que son tan sublimes, pueden hablar con prudencia; porque el que se arroja libre a picar en todo, está puesto a pique de irse a pique. . Que esto sufro; mas yo haré, que esta vanidad se humille. Ya estoy en lo que me mandas Cuando mi afecto le expliques, sea de modo; mas tú sabrás mejor referirle, cuanto yo puedo informarte; pues ya tan dueño te hice del corazón, que es ocioso lo que mi voz te repite. Obedecerte pretendo, un lazo el cuello me oprime. . Detrás del cáncel, que al otro lado está cuadra, apercibe, iré a escucharte, perdona, que ya veo que te afligen estas cosas, porque no sabes en lo que consiste el amor; pero algún día me disculparás, si viste tu libertad sus colores, aunque ahora los jazmines del rostro la turbación tuya en rasgos carmesies, dudosamente trasladan, sosiégate. . Que se afilen en mí mismo corazón los aceros para herirle. Poniéndote aquí, podrás verme sin que otro me mire, que solo este puesto alcanza al que mi atención elige, para que hablando con él, y viéndome a mí se animen tus palabras, y el sentido mi afecto les comunique. Mientras que llegan las postas, puedes, señor, despedirte de Margarita: mas que es lo que miras? . Si me dice, que hay quien nos oiga, porque viendo que un guante se quite, he de entenderla al contrario. Sirva a mis penas de esquite, el pensar que me ha dejado este rato, porque alivie mi pesar; mas ya está aquí Alexandro. . En más felices logros previene mi suerte que te rinda; pero dime, que ocasión turba mis dichas, que viéndolas, estás triste? Sola mi fortuna es quien estorba, quien impide mi alegría; pero no la tuya. Qué desconfíes de mi firmeza. . No es esa sola la causa que rige mis temores, si no el ver el blasón que le apercibe a tu amor la Infanta, cuando pública (ahogo terrible!) que el cielo (pesar potable!) concierta que su publiquen tu fortuna, y sus desvelos, para que el amor la mire, como a tu igual. Solo tú lo eres. Con ambas te mide para salir de la duda, mientras mi cuidado asiste al ensillar de las postas. . Aquí el verme es imposible, Alejandro. . Ya la Infanta está allí, la seña avise a Alejandro, pues lo quiere mi fortuna. Aquesto elije mi amistad, la Infanta sea en quien mi amor acredite lo grande de sus finezas. Quitándose un guante, dice Margarita, que nos oye . la Infanta, y pues está firme la sena en los dos, es bien que yo también la pratique, hablando con Margarira, de modo, que cuanto afirmen mis voces sea respuesta de lo que dijo. . Averigue ap mi lealtad lo que me debe. Aunque fingidas me impide . el amor las voces, pero esto conviene; el oírte, que su Alteza no se enoja de oír, que amante la quise. a mi esperanza da aliento, para que mi amor publique, que la adoro, y que a sus ojos toda mi pasión se rinde. Eso creo yo muy bien, mas si afirma al descubrirse, que es al contrario, el culparle es error. . O no es posible, que es verdad lo que oigo, o no es verdad, que es quien lo dice Alejandro; pues su engaño no pudiera tan visible acreditar la traición de publicar, que a quien sirve mi afecto, sin que él lo ignore, es a quien adora firme, habiéndome dicho a mí, que otro norte su amor sigue, y guiadome por este. Cobarde, hasta ahora quise negar, que la Infanta fue siempre de mi afecto insigne objeto, porque el amor las desigualdades riñe. Ya esto es evidencia clara, y porque mejor se explique su amor, con la ceremonia del sombrero le repite lo cortés de sus afectos. Mis desvelos son felices. . Que dé yo nombre de amigo, a quien desleal me dice, que es Margarita a quien ama, cuando mi amor se dirije a quererla, y cuando trato de olvidarla me lo impide, tomando por instrumento el que mi afecto, apercibe. Bien puedo llegar a hablarle. Su des! llegare, pe. ntec. Mas el Duque impide mis intentos, aquí es fuerza, . que mi pasión a encubrirse llegue, sea de esta suerte. Mal el corazón resiste todo el cuidado que encierra. . Este es el pliego que escribe al Emperador mi tío mi obligación. . No permiten los acasos, que mi amor descofie. . Que a impedirme llegase ahora la Infanta. . Si el Duque oyó lo que dije a la Infanta, avisarele; pero no, no es bien que indicie de mi cuidado sospechas. Ya las postas, los cojines, y el trote están aguardando. Hablar no ha de ser posible ya a Margarita. Lograd del tiempo instantes felices. Mal puedo en cubrir mi pena: Y el cielo, Alejandro, os guíe con salud. . La brevedad de la vuelta será timbre de mis dichas, guardeos Dios. Venid, Duque. . Lo que os dije no olvidéis. Esto es querer, que rayos mi ira fulmine; pero guardarelos, para que cuando vuelva se vibren, pues el llamarme la infanta suspende los que previne. Aún para hablar a Alexandro a en lo que he llegado a oírle, no ha avido ocasión, porque el consuelo de que finge, no lo escuche de sus voces mi amor. Aún para que afirme mi fe, ha faltado a mi labio luga . Para referirle, que he sabido sus engaños, los pesares que me afligen aguardarán a que vuelva. Sin mí voy! Cuando me incite con Prudencia la memoria, para que de ella me olvide, tendré memoria, de que si me sujeto a una triste Sotacriada, seré. cuando más llegue a rendirme Sotocriado, que es Soto? Sotelo, Sotillo humilde, siendo de Sotomayor las fortunas que me asisten.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Con razón mi alegría tanto aplauso previene a tanto día; hay Marqués, he logrado con la feliz venida del Legado, él dará mi desvelo, feliz principio, pues piadoso el cielo me permite, que vea ir disponiendo el gozo que desea de dar mi diligencia cia, al Vicario de Cristo la obedien- que en mi deseo tarda. De vuestra Majestad solo se aguarda licencia, para que entre. Vamos a recibirle. Que le encuentre vuestra Real Majestad, será forzoso, pues llega ya. Quién logra el más glorioso blasón de dichas tantas, humilde besa las reales plantas de vuestra Majestad agradecido, Sea Vneseñoria bien venido. Señora, le ha dado grafortuna Todas mis dichas. ha citrado en una este honor. Cómo queda vuestro tío? Qué escucho! de la rueda de mi fortuna ha sido afecto cruel. Acibar ha tenido de este vos el bocado. (ñado . El modo de tratarle, habrá estra Alexandro; conviene así. No entiendo al César. Pues previene el intento que sigo, cumplir con el Pontifice con- migo, con él, y mis vasallos, disponiendo el honrarle, y el hon- tallos, dándole Señoria, por el sumo blasón de quien le envía; y el vos, por si le engaña el dudar, que le habla un Rey de España; por él, con honra tanta, a darle Señoria le adelanta mi cuidado advertido; porque quede a su ser agradecido y logren mis vasallos, cuando en todo reparón, que igua lallos trato con quien venera mi atención cuidadosa, que les diera Señoría también, a no estorbarlo en cada uno la ley de ser vasallo; pues es quien me acompaña, no menos, que el de Astorga, y de Saldaña el Conde, que blasona de tanto lustre heroico, el de Es- calona, Villafranca, Altamira, Najera, y olivares, a quien mira lo grande tan iguales, (sin otros que me sigue) que leales nobles afectos en su ilustre em- peño, publican las grandezas de su dueño; gracias al cielo santo, acierte a darle, quien le debe tanto, Divertido parece, que está el Emperador. Tanto agradece su Santidad, el celo de vuestra Majestad, que en desvelo con atención medido, mayor estimación ha conseguid que del Pontificado el glorioso blasón, el que leh dado la esperanza, que abarca de ser su huésped el mayor N narca, que como a hijo espera, habiendo de esta gloria sacra Esfer (aunque Roma lo llore) la Ciudad de Bolonia, o porquí adore el aplauso a que anhela con más veneración su docta e cuela, o porque su decoro haciendo ostentación del Cetro de oro, con Imperio se humille en salir de su casa a recibille, o porque allí la Infanta de Dinamarca ilustre, que ade- lanta, el ser hija de hermana de vuestra Majestad, le agrada ufana. Ya sé, que mi sobrina a Bolonia ha llegado, y determina allí aguardarme; mucho he deseado llegue el tiempo de verla mi cuidado aún más lo solicita; porque viene con ella Margarita, a quien niña dejé, más divertido, no es bien me acuerde lo quedió . Pero a una hadado al olvido el tiempo, y la grandeza. Esta carta, señor, es de su Alteza una belleza de quien no se sabe. a quien vine asistiendo desde Alemanía. Preguntar pretendo, . (la ocasión lo permita) con todo eso por ella, Margarita es mi hija, y es bien que en mí le cuadre, . Que al fin es tan hermosa? aunque callado esté el amor de padre, . Y discreta en extremo. a que en mi pecho se fija, a nadie hasta hoy he dicho que es mi hi. se mira el alma con haber hallado que familia ha traído a Italia mi sobrina? La ha asistido a su ley ajustada para tan gran señora moderada casa, si bien decente, que en Bolonia a la orde obediente en viéndola, pero ella el fin de su venida. Mucho tarda en dar a mi noticia Alejando, el aviso que codicia tol amor, cuando atropella a preguntarle iba. El preguntarme el César por la Infanta, fue acordar . Gusta su Satidad que mi obediencia el a Margarita hermosa, norte de mi atención siempre amorosa. . Una licencia Por más que lo procuro, da no sé disimular. . Mal aseguro de vuestra Majestad, con que le vea a mis pasiones, ya que declaradas no las deje del todo. a . Qué criadas vienen con mi sobrina? (na Todas sus damas son de peregrí belleza, y discreción. O si el cuidado mio entendiese. mas privilegio el cielo, pues limita el lucir a las otras, Margarita, Ea, pues, ya mi suspensión se acabe El ser que no dispensa declararse, pues fuera hacerle ofesa no siendo el que asegura majestuosa en sus años la ermosura (ja, . Que gozosa este informe. También enamorado está el Emperador de Margarita, pues se alegra de oír lo que acredita mi amo, yo juzgaba, que a su amor se paraba de vuestra Majestad saber aguarda trae la suerte ganada antes de bella. Grandedia previene a midesvelo Bolonia, que le logre quiera el cielo, hoy tengo de partir. Yo cuidadoso, yendo delante, avisare gozoso, descompuesto mi afecto, ya por ella a quien logrando el más sublime empleo, (me para Corona aguarda tal trofeo. hoy en algo le sirva. solamente desea el Duque de Milán, cuyos desvelos. que que es lo que decís? viven los cielos que a entender, que cuidado diera sor aisnlas PEFESAVI DIIVEA UIOI BIDIddO la causa de ese arrojo castigarán efectos de mi enojo, (to, porque entienda quien juzgue lo distin- que el Duque de Milan, es Carlos Quinto Señor. . En mi cuidado venció el afecto, y pues habéis fiado el vuestro a empeños que mícelo paga salvo conduto luego al puro señaga; mas sea acreditándome obediente, para Francisco Esforcia solamente; y tened entendido, por si otras veces, no lo habéis oído, que Milán, y su Estado, habiando mucha sangre derramado. Carólicos blasones, astá ahora me cuesta diez millones Bueno es el enojarse. con mi amo, después de enamorarse de su dama, mas luego con ella le daré, pues yendo ciego. a posta determino, picándole meterle por camino, porque de aquesta ausencia, (cía, como dejé en Bolonia mi Pruden- tengo de todo absorto lasga quenta que dar de tiempo corto. Mucho es, que así disimule. Desde aqueldia no ha vuelto (quizá su ausencia lo causa) a tratar de los empeños de su amor, que como sabes el fin que entonces tubieron, fue empezarle yo a decir a Alejandro su desvelo, y avisarle con la seña, de que nos estaba oyendo la Infanta, con que advertido él me respondió, fingiendo (quiera amor que sea así) no sé qué amantes efectos, y si la Infanta ha sabido la cabsa como solpecho, disimulando procura, que me castiguen los celos. Y en que estado está tu amor? En que es amor, pues si quiero para cumplir con la Infanta hacer falta a sus preceptos, sujetando mis pasiones, para olvidar el remedio. de valerme del olvido es hacerme otro recuerdo. Y el de Milán? . Aunque dice que le detiene el empeño de estar aguardando al Papa, y al César más lisonjeto norte del cuidado suyo es el ser la Infenta, objeto de su amor; pues declarado por suyo está el galanteo díganlo ellos, cuando entrambo de ese jardín el aieno espacio, en cuyo papel sus primores escribieron el arte, y ingenio: pues. son el arte, y el ingenio los que artificiosamente sus estancias han compuesto catredas de amor, pasando las hojas se están leyendo; mas como afirma, que el Duquea es su amante, cuando temo que lo es Alexandro, y sé que ella le estima? qué necio es el amor pues le da tanto sentido a los celos! Ya sé también, que la quiere, porque es el. Duque de aquello que por amar de buen aire se embarcan a todos vientos; pero dejando esto a parte, grande prevención ha hecho Bolonia para la entrada feliz, que Europa ha dispuesto a los dos Monarcas suyos, que aguardando por momentos la gloria de verlos juntos, juzga perezoso al tiempo. En medio de mis pasiones, no es la menor el deseo, de que llegen; por saber, si conforma mi concepto con ver al Emperador, que de mi idea el bosquejo, me le ha pintado agradable, humano, airoso, discreto, bizarro, y tan apacible, que deslumbra lo severo, debiéndome tanto amor por influencias del cielo, que sin saber, porque causa amorosa le venero, con tanta atención le adoro, y le amo con tal respeto, como si fuera mi padre, y no pienses, que es soberbio capricho de vanidad, darle este nombre; pues siendo padre de todos el Rey, al que es en todo perfecto, llamarle padre, es lisonja, con que amor paga sus feudos. Yo le he pintado al contrario, muy esperado, y severo, comiendo siempre los hombres (que si estuviera comiendo, otra cosa fuera humano) con dos brasas que en el fuego de sus ojos encendidas son de tan contrario efecto, que al que quiere calentarse, poniéndole como un hielo, hacen que le estén temblando, antes de verle, y al verlo, y habiéndole visto. . Muchos son de esa opinión, mas presto nos sacará de la duda; pues hoy, o mañana pienso que ha de llegar a Bolonia. Ya a Caroca sacudiendo el polvo; porque se teme, que yo le sacuda, veo que vienedando noticia, de que ha llegado su dueño. No ha llegado, que yo solo de adelantado me precio, y así me he venido a posta a gozar tus brazos. . Quedo, que es poca autoridad, en quien goza del valimiento de un Nepote. Como viene tu amo, Caroca? . Bueno le dejé, cuando partir determiné tan corriendo, que parece que era ayer, y habrá ya, si bien me acuerdo, dos días, contando el de hoy, y volverá; o habravuelto de ver al Papa su tío en el camino, tan presto, que el aviso de que viene, no ha de dejar al deseo tiempo para que se logre, porque va en un Monasterio dos millas de aquí, está el César, lugar donde se ha dispuesto, que le salga a recibir la Universidad, el Clero, y Nobleza de Bolonia, y prevenido el trofeo del Palio está, que a los muros de la Ciudad los Maestros principales de la Escuela, ricamente de diversos colores, vestidos le han de servir, siendo su premio mayor, la gloria de estar junto a Carlos aquel tiempo. El gozo de haberte oído, con amorosos desvelos. celebre mi estimación; cifrado en todo mi afecto. Mira, que el Duque, y la Infanta tus voces están oyendo, desde el cáncel de esas ramas, que de jazmines inquietos. son rapiceria, en cuya gala se ostenta lo fresco. Disimulare, mudando la plática. . Sus intentos, no acaban de declarar, si es, o no Alejandro, dueño de ellos, o el Emperador, porque el alegrarse, oyendo hablar de entrambos, es gozo común de dos, y el primero será aquí. . El Emperado? Carlos Quinto viene bueno? como se halla en Italia? está en su Pais contento? desea volverse a España? es galán? es muy atento? El Emperador, señora Margarita, anda tan lejos. de los conceptos comunes, que no pude hacer concepto, que responda esa pregunta, demás, que tengo propuesto no meterme con señores, porque un sabio, dice de ellos, que ni bien, ni mal se diga, que el decir bien, por no haberlo menester, no lo agradecen, y al que dice mal, por yerro, con mucho acierto castigan ordinariamente; pero por ser excepción los Reyes de todos, lo que me atrevo a asegurarte es, que Carlos al mirarle, hace el Cordero que trae al pecho, León, y en llegando a poner miedo, a quien soberbio le mira, se olvida lo soberbio; pero Alexandro. Oye, aguarda, quién vio lance más opuesto? . No quiere, que de Alexandro le hablen; ya tiene el viento . del Emperador, metido en los cascos; mas remedio. no hay aquí, que de color de aire, tevirle unos celos, si el haberte el olvidado. Qué? qué dices? si esto es ciorto! Qué te inquieta? lo que siente puedes decir. . Lo que siento es, que desleal, ingrato; y traidor. . Esto va bueno. Mas yo a una pasión me rindo Ahora es, ahora es tiempo, que la convenza mi enojo al verme, y que no pudiendo negar, que la oí la castiguen mis iras. . Así remedió de mi congoja la causa, . otra vez a decir vuelvo, que ingrato, desleal, mudable, y traidor fuera, no haciendo con la estimación mayor de amar, a quien le ama a precio Ya otra causa me detiene de amar a quien le ama, a precio no dijo? pues no le den más ocasión mis afectos, para que de su traición haga fineza el desvelo, dándome a entender, que yo ser, por quien lo dice, puedo; volveré a disimular con ella, hasta que haya hecho mi cuidado otra experiencia. La Infanta ha salido, el pechoa disimule. . Margarita. Señora. . Lo que te debo ha demostrar tu fineza ahora. Siempre a tus preceptos seré obediente. . Un papel has de escribir, en que quiero dar a entender a Alexandro. Esto falta a mis desvelos. . Más ven, que yo te diré, pues sé tu lealtad, mi intento yo le ordenaré, de modo, que se lea en él su pecho. . Muerta estoy. Óyeme, antes que te vayas. Quita, necio. Esto se sufre en amor tú, Prudencia. . Yo no puedo detenerme, y si poder pudiera, querer no quiero. . De este modo se recibe en Bolonia, a quien viniendo de lidiar con una posta, dejo aparte los venteros, presume que se acabaron sus trabajos, en oyendo, el sea usted bien venido, y acada palabra el necio preguntar; como está usted, y esto viéndole muy bueno, cuando yo estaba aguardando el entrar por los sucesos del viaje, aún no me dan pie, para andarme por ellos: ha desengaño del mundo! ha ingrata Prudencia, ejemplo de deslealtad. , Este breve rato que mis dichas dieron, para que a Francisco Esforcia, viniese a entregar el pliego del salvo conduto, amor le consagre a las trofeos de encontrar con Margarita, antes que me niegue el tiempo la ocasión con impedirla la entrada, que previniendo se está ya; pero Caroca informara mis deseos. Ah traidora, Margarita. Villano, pícaro, necio, cómo de esa suerte habla? estás loco, di, qué es esto? sabes quien es Margarita? Pues yo, de que he de saberlo, si aún ella lo ignora. . Qué es la causa, que descompuesto la culpes? . Que oír no quiso lo que en la jornada vieron mis atenciones, que en cuantos vienen de fuera, es el premio del camino. Preguntó por mi acaso? Y con afectos tan gozosos, su semblante. Prosigue, ve refitiendo, amigo, muy por menor cuanto viste, pues te debo la vida; con el aviso que a tu cuidado agradezco. Amigo, no, no es posible, villano, pícaro, y necio, norabuena; mas ya sé: que es todo uno, pues me acuerdo de un cuento que lo asegura, oye, y verás el ejemplo. Dos hermanos indiciados, que tenían sufrimiento, para vivir esperando en un lugar concurrieron de un gran señor, que prestada pidió un día al uno de ellos una cantidad, negola; y al otro llamo, diciendo, a su hermano le pedi me prestase unos dineros, y me los negó, sin ver que era en mi mayor empeño pedirlos, que en él el darlos: usted ha de enmendar esto, a que el hermano segundo respondió, cuanto yo tengo, está a orden de Vuecelencia: y el señor agradeciendo el agasajo, le dijo: Nunca esperaba yo menos de su nobleza de usted, que al fin es gran Caballero, pero su hermano es Judio: aplícate ahora el cuento, y no me llames villano, si lisonjas no te presto. Pero el Duque de Milan viene, y yo con él no tengo tanta amistad, que le pueda ver, y de la entrada puedo ir a gozar, entrando él; y asi dando a mis deseos salida, saldve por donde entre, entrepaso, saliendo a ir a salir a la entrada. Que ha llegado, me dijeron, Alexandro, y pues quejosa mi amistad, su desempeño anda a buscar, dilatarlo será error. A darle el pliego llegaré. Traidor. . Amigo, mas que escucho! cuando vengo a lograr una fineza. Cuando castigar pretendo engaños, me llama amigo vuestra voz; mas no lo siendo, no fuera tan desleal de la cautela el intento. Para castigar la que os arroja descompuesto; tan sin causa; que aún no sé. Aquí quedó. Oye. . Al duelo es fuerza dar treguas, porque viene la Infanta; y mi acero puede ser que se embarace. con la ley de su respeto, y se sugeten las iras al engaño del que siendo su amante, con la cautela de que adora. . Deteneos, que no es ocasión de daros satisfacción que no debo, hasta haberla yo tomado de los bastardos conceptos que habéis formado; mas sea entre tanto, desempeño en mis pensamientos nobles, de haberos fiado el pecho el ejemplo de una tabla, en que delineando diestro perspectivas un pintor, él mismo finje el diseño, para engañarse a sí mismo con la perfección del lienzo; pues él mismo está mirando, desde el retoque al bosquejo los colores, hasta que se persuade, que viendo está de muy lejos, cuanto desde muy cerca ha compuesto. Esa misma paridad le responda a mi concepto, que sois perspectiva, pues si de cerca experimento vuestra amistad, son borrones, soy si se miran de lejos, parecen fineza, y son artificiosos desvelos. A no ver que llega ya la Infanta, cuando os entrego en este salvo conduto del Emperador, afectos de quien soy, os respondiera lo que después el acero os, dará a entender. No pudo. igualarse a mis deseos mayor gloria, que mirar en mis manos este pliego, pues es la cosa que más le procure a mi desvelo. Después nos veremos, Duque, y quien se engaña, veremos. Para referiros cuanto agradecido venero el favor de este papel, y para vengar mis celos, os buscarán encontrados. los afectos en mi pecho; mas ya su Alteza está aquí. Gozosa de que hayáis vuelto a Bolonia con salud. Quien llega feliz al centro, que previnó su esperanza, solo puede en el trofeó de esa dicha no dudar, que lo que oye, y mira es cierto, Que haya de pasar por esto, quien se desea vengar. El estilo lisonjero dejad, y pues la ocasión a más heroico empleo llama vuestras voces, dando asunro el recibimiento de los Príncipes, a quien habéis venido asistiendo; mas justo es, que en sus noticias se emplen vuestros conceptos. (así engaño mis pasiones.y . Aunque era digno el empeño de más retórico idioma, brevemente obedeciendo lo que me mandáis, diré algo de lo que en bosquejo alcanzaré a delinear. Ya mi cuidado oye atento. Para que vea el Orbe el mayor día que a de aplaudir del tiempo la memoria a la campaña de Bolonia guía dos Monarcas invictos, cuya gloria en lo inmortal de su grandeza fía; logran ambos al verse, la victoria, y si invidia en los dos caber pudiera, solo el uno del otro la tuviera. (ta Curioso entonces le ordene, que advier a mi cuidado, no una; y otra gala, que a todos el buen gusto les concierta; no del herrado bruto ardiente el ala, que el corazón latiendo les despierta, si no la causa que el afecto iguala, que fuera error, buscándosa el sentido, que estuviese sin verla, divertido. Festiva muestra el Séptimo Clemente dando de su grandeza le delata el numeroso culto redetente; y el Quinto Carlos su reseña trata, recogiendo la escuadra de su jente, que la orilla del Po, margen de plata, así encubro mis cuidados. . a Bolonia condujo, porque humille de obediencia holo caustos, que tendille. En todos el amor firme declara, que a nadie le permite ser fingido, pues en quien menos la atencion repara en gozosos cuidados dividido le ve inquirir con diligencia rara, como decirlo con mejor sentido, y rindiendo finezas por despojos, el corazón se éxplica con los ojos. Viene el Emperador en un caballo de blanca piel, y clín tan dilatada, en copete, y codon, que con atallo de colonias de plata una lazada, parece cuando llegan a inquietarlo, formádole alas su madeja hinchada para que a más esfera su ser mueva, que a cada paso el viento se le lleva. El Papa ocupa un bruto corpulento, ancho de frente pechos, y cadera, (to corto de cuello, i grave al movimien aunque danzando desmétirlo quiera en los compases que le lleva el viento; pues ta medidos son, que si en su esfera un paso se adelanta, el brazo encorba y sus cuerdas ajusta a la riorba. A entrabos la atención curiosa mira, y si por ver al uno, al otro pierde, la invidia de sus dichas se retira al deseo que incita, y nunca muerde; pues solo al modo codiciosa áspira, sin que a este olvide, de que a aqul acuerde y con el gozo que feliz alcanza, cualquiera posesión es esperanza. De esta suerte triunfante, y victorioso, el sacro Palio, con grandeza muestra el Carolico celo religioso del César Español, dando su diestra al que en esta función más poderoso confiesa Carlos puesto a la siniestra, para que goce cuanto dalle puede. un Rey, que a todos en poder excede, Con razón está el alma tan gustosa do oír. , Viva Clemente. Con altiva voz, repite no menos amorosa el aplauso de todos. Carlos viva. Al cuarto entran del Papa? Y con gozosa alegre salva, que el amor cautiva el César se despide. Que me halle quiero en mi cuarto, en él he de aguardarle. s . Ya, señor, las esperanzas de vuestra Majestad, logran el ser posesiones; pues ya ha visto justos Europa sus dos Monarcas Cristianos. Dejar en su cuarto ahora al Pontifice, fue bien; pues mi apolento de forma está dispuesto, que puedo verle de secreto, sola una puerta es división de entrambos cuartos. Hérdica presencia tiene. El ostenta bien la dignidad que goza. Viendo a vuestra Majestad, dijo, sin que la lisonja de tropezar en sí misma a su peligro le exponga a haber más que ser, que Rey de España, y de la Corona de Alemania, gobernar los Orbes, merecedoras fueran de Carlos las prendas de ser más, cuando más logra. Pues Dios ha sido servido, de que a su misericordia estas mercedes le deba, los medios también disponga, para que con mi venida se efetve una concordia perpetua en la Cristiandad, con que exaltación conozca la. Fo, y vea la heregia, que el Católico la doma; dándole a su Santidad, contra infieles vitoria, que es el fin de mi venida; pues para él mi fe convoca al Cristianísimo Rey de Francia, a Bolonia, Escocia, Portugal, Ingalaterra, y Dinamarca, y a todas las Repúblicas Cristianas, con tanto lustre gloriosas, Venecia, Genova, Luca, y Seña, y de las remoras poblaciones de Suizos, los Cantones, que tremolan las Carólicas banderas; y a los Duques de Saboya, de Mantua, Ferrara, y Parma; pues de todos a Bolonia han venido Embajadores a tratar la paz, que sola Florencia resiste, dando con las muestras, que pregona ocasión, para que no estén mis armas ociosas; pues he mandado al de Oranje mi General, que la ponga, sitiándola en tanto aprieto; que de una vez reconozca cuan mal le esta, no tener la protección que le abona de ser hijo suyo, el que como a Padre, y Santo honra la Iglesia, y a cuyos pies, para tomar la Corona del Imperio, también llega mi se vanagloriosa, de que su piadoso celo, ungiéndome antes, la ponga en mis fienes, celebrando las antiguas ceremonias, que se suele acostumbrar. Vuestra Majestad ahora descanse, y dará después información, que es forzosa, de que goza del Imperio la sacray Augusta pompa canonicamente electo, sin violencias rigurosas. Ni yo permitiera haberlas. Qué presto el César se enoja Pero si he de dar testigos, en mi favor lo depongan el de Nasaú, Camarero mayor mío, Araciola. Nuncio entonces de Alemanía, discreta, y grave persona; Micer Andrea de Burgo, Embajador de Polonia, y Ungría, y su Secretario, y otros muchos, a quien consta, que yo siempre. Señor, basta, cuide el Cardenal de Ancona, Protector de España, de esa diligencia; pues le toca, mientras vuestra Majestad al Duque Francisco Esforcia da la audiencia, que le ofrece por la licencia que goza, pues así lo ofreció al Papa. Decis bien, entre, en dudosa confusión me ha de poner, pues de una parte me informa su culpa, y de otra intercede la ley, que por el aboga. Nada, invictísimo César, pudo enmendar las zozobras de mi fortuna, si no es el poder, la mangloriosa acción que haya visto el Orbe lograr, y porque conozca vuestra Majestad, que es cierto, le suplico que me oiga: de Lombardia gocé la dilatada Corona, y feudatario al Imperio tuve el tributo por honra: serví a vuestra Majestad, si fue con acierto, ahora lo he de callar, procurando huir de lo que me abona, logré aplausos en mi Estado; pero después la discordia de mi fortuna deshizo la basa en que estribó toda mi grandeza, con faltarme la protección más dichosa; acusado de que quise negar el que era forzosa la envistidura que pide Milan; a mi gente acosa la vuestra, con tales guerras, que en corrientes caudalosas de humana sangre, si algunos se bañan, los más se ahogan. Perdí a Milan (permitidme, que díspense a la memoria un diseño de lo que gozé en ella) porque sola la Ciudad, siendo la llave de toda Italia, se forma de un Castillo inexpugnable de noventa y seis Parroquias, sin el Domo, insigne Iglesia mayor, que esotras Corona de cuarenta y seis Conventos, que las Religiones todas les dan su nombre, sin otros treinta que hay de Religiosas, edificios de grandeza singular, Colegios que honran ordenes de Caballeros ilustres; y que es custodia hoy de ciento, y veinte cuerpos de Santos, con igual copia de otros tantos Arzobispos, a quien dio Mitra gloriosa, que tiene sesenta mil vecinos, y sobre todas estas excelencias, que Tubal, que de la Española Estirpe, progenitor fue vuestro, fundó su heroica población: esta es en suma una descrición muy corta de la Ciudad solamente: mirad si todo conforma con esto, si perdi mucho, pues no es lo que más me ahoga su falta, si no el mirar la reputación honrosa, con indicios que la acusan aún referirlo es congoja) de poco leal, con quien, protector mío se nombra, de concierto se ha tratado conmigo; pero la tropa de mis desdichas impide cuanto mi cuidado abona, y a solo satisfacer la acusación que baldona, mi crédito quiero, y que esto sea, oyendo en rigurosa justicia la mía, a cuyo fin, es bien que se deponga la ley del salvo conduto, que renunció, porque rota; su seguridad no impida, que siendo merecedora mi culpa, muera de golpe, aunque el amago es ponzoña, Duque es vuestra Majestad. de Milá . Tened, que ahora os he de responder, pues ya confesáis, que me tocan las tierras que he conquistado, dándome el cielo victorias. Si antes (Señor) te husé el confesar que eslabona ese título, el dictado vuestro, fue esperanza loca de aguardar, que los conciertos me le volvieran. . Con poca ocasión me habéis segado el título . Ya me borra el desengaño los hierros, que ciegamente apasionan los afectos, para que por señor os reconozca de Milán; ya otra vez diga, que el salvo conduto, ponga en vez de seguridad, prisiones, a quien denota, que de él no quiere valerse. Gran valor! ved que os arroja mucho vuestra bizarría. Quien con humildad se postra a tanta piedad, merece. Que con los brazos recoja un Emperador, a quien conquistado ha de esta forma las grandezas que refiere de la antigua, y populosa Ciudad del Pollevantad, Duque de Milán. Absorta el alma está. Luego se haga el título, en que le nombra Rey de Lombardia, y Duque de Milan mi generosa vanidad, goce sus rentas, quien el poder mío apoya, y vea el mundo, que puede hacer Reyes, dar Coronas, y Cetros, quien conquistallos con acciones tan gloriosas supo. Solo Carlos Quinto hiciera esa acción. Marqués de Astorga, el protejto de la guerra de Milán se fundo en sola la acción, que perder no quise del tributo que ahora cobra mi autoridad, con mirarle rendido con generosa demostración; pero cuando esto no se reconozca, fuera bien, si tan bizarro el Duque intenta la gloria de sus acciones lograr, que las mías, por ser cortas, quedarán de haberle oído, siendo menos envidiosas; bien está lo hecho. Envidie el mundo acción tan heroica, que solo ella misma puede. ser espejo en las historias, para que la admiración vea la más prodigiosa generosidad, que pudo comprender la vanagloria. Al cuarto de mi sobrina vamos, y a mi amor le ponga preceptos la autoridad, para que libre no corra, cuando vea a Margarita mi pasión afectuosa. Plaza, viva Carlos Quinto, Monarca invicto de Europa.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Prosigo me es muy bueno todo eso. . Están mi amo, y el de Milán sin saber de sí, después que viendo el Emperador a Margarita, en quien fijo juzgaban su amor, les dijo. Qué? Lo de juego mayor, y publicando el semblante su resolución bizarra metió entonces por la barra el primer paso de amante: mirola, y mirole ella, y si he de decir verdad, es de buena voluntad de sus afectos la estrellas los dos daban en mirarla también, y ella con fiel alegría al César, y él no faltó sino abrázarla. Y la Infanta. . Con desdén diría entre si celosa, lo que hay en ella de hermosa es el parecer también: y Margarita, aunque tiene pocos años, con que atranca mucha discreción, es blanca, y a sus mejillas previene un color, que aunque es rosado, como no es compuesto, ofrece un tornasol, que parece de clavel diciplinado, sus ojos, si no lo sabes, ocasionando cuidados, son negros, y están rasgados, y aunque alegres son muy graves, pues su boca, aunque es pequeña, hace a los dientes ofensa; porque quien los mira, piensa, que es aljófar lo que enseña: y su nariz muy medida, que a verlo todo se asoma, ni es borromea, ni es rama, aunque es con gracia seguida: y aunque es verdad, que reparte perfección ha cada cosa, y toda junta es airosa, lo es de por si cada parte; pues que viene a tener, para que enamore, mas que ser discreta, airosa, y tener poca edad, y buena cara. Con tantos, aunque la has pintado, que pareciera muy hermosa, aunque lo fuera, mas si es, que puede ser más. Dices bien, pero no sabes lo que a Alejandro ha pasado? Qué, Caroca? . que le ha dado porque la llaneza alabes, de Margarita un papel, en que muy claro le da aviso de que le ha engañado siempre cruel; con que ya celoso arguye, que el desvelo que le niega es, porque al Duque se llega por los pasos que dol huye, pero leyendo le viene. Ah ingrata! pero que veo? albricias, almal el deseo mayor dicha no previene, que la que llego a advertir en mi gozo singular. El papel le ha hecho llorar, pero ya le hace reír, qué es esto, Señor? . Caroca, oye la ocasión, que sigue mi regocijo. . Prosigue. Ya sabes, que siendo roca de diamante Margarita, halló en su cariño puerto mi amor, y que fue concierto, con que uno, y otro acredita el de ambos por verdadero, que si al hablarnos delante hubiese alguien, que ella un guante. quitándose, y yo el sombrero, lo que la voz explicase al contrario se entendiese; pues oye el papel. . Ya ese concierto sé, tu voz pase adelante ahora, y di, si trae el papel, quitado algún guante. En él he hallado sus finezas, dice así, Cida, y muerte de un aviso Zacen tal vez; vida, cuando Goza amor su dicha, hallando. an desvelo en quien preciso befecto ostentarse quiso, Zo engañando en lo que advierte: ambién de la misma suerte tus al contrario, si traza Cal desvelo, que disfraza tan lo fingido la muerte: Cecio fuera mi desvelo, Gozando ocasión igual, O fuera a amor desleal, Cuando intentara mi anhelo divir sin este consuelo; así procurando atento omar hoy por instrumento bel amor, quiero os avise, De que si dije que os quise, Os dio muerte el fingimiento. Y eso te ha alegrado? . Sí. Y Margarita lo escribe? También. Y en tu pecho vive? Es cierto; pero aunque aquí dice que fingió, no es ese de este papel el sentido, que antes me ha favorecido, porque mi recelo cese. Que lo que sueña no apoye, en fin quiere tu reparo? Aunque te parece claro mi agravio, no lo es. No? . No. . Oye, un Letrado a otro Letrado, siendo juez, denuncio, porque sin serlo, firmó, aunque en cifra el Licenciado; sacó para convencelle una firma, a quien se arrima, una Lgrande, y encima una D,y una O, y al bella, dijo el reo, no me rindo, ni uste entiende lo abreviado, no dice al Licenciado, lo que yo firmo es el Lindo. Así tu crees fiel, para que tu amor se atice, que eres Lindo, y que no dice Licenciado tu papel. Ya que tu ser no penetra la enigima que lo declara, en cada rengión repara solo en la primera letra. V, es la primera, y según lo que en tu cuenta se funda, siendo Nala segunda, dicen ambas juntas Un, con Gientercero lugar con V, y con A, en cuarto, y quinto me voy al sejto, en que pinto otra N (esto fue azar) T. Y, E,se siguen; y dado lo que en las demás penetras, dicen todas veinte letras, Un guante tengo quitado: digo, que eres Lindo; y que bien tu desvelo advirtio, Ese papel escribió, porque de la Iufanta fue precepto. Mira, si puede nada igualar su favor. No, que el Emperador no iguala, pero le excede. Harto inquieta mi cuidado de su desvelo el tormento. Ella dará en un Convento. Vive Dios, que si arrojado no tratas, a quien adoro con veneración. . Pues qué? darla un Convento, no fue haberla hecho decoro? Dila, Prudencia, mi amor; pero no le digas nada, porque mi atención turbada duda, si al Emperador disgustara, y hasta dar mas luz al temor, que advierto solo aprender, por si es cierto, quiero como he de olvidar, y dar treguas al recelo, yendo a buscar entre tanto al Duque, por si adelanto mis sospechas en su duelo. . No le sigues? . No. Por qué? Porque estos días no salgo de casa. . Pues tienes algo que te estorbe? . Sí. Y que fue: Solo el ser Carnestolendas, y andar tan alegres todos, que burlán de muchos modos a un a los hombres de prendas: y yo no sufro cosquillas Italianas, que soy Español, y si les doy ocasión, y que sufrillas puedo, piensan, será tanto (yo me conozco) mi arrojo, que es fuerza, que con mi enojo les vuelva la siesta en llanto. Cuando la Ciudad tan llena de regocijos se abrasa un temor, a estarte en casa, siendo Español, te condena: no sabes, que en esa plaza, donde solo el gusto es ley, han puesto ahora a asar un buey? Es muy sazonada caza; y sus despojos sencillos serán régalos muy nuevos, si una tortolilla con huenos se hace de los menudillos. Relleno de varias aves está todo, y si a él te inclinas, tendrás perdices, gallinas, cabritos, sonjas suaves de pérniles, liebres, gansos, pichones, anades, pabos, unos conejos muy bravos, y unos capones muy mansos. Ya parece que me ha dado el olor; y si es forzoso, que en los riesgos de goloso, o de cobarde, el criado tropiece, al menor le doy paso, y porque no lo llames temor, y el valor no infames con que he nacido, me voy. A qué? . A ver el buey. Que encuentre podrá ser con quien le impida a sus pasos la salida con las burlas en que se entre. A este sitio, que da paso por sus jardines alegres al Parque, desde Palacio me envió a decir, que vinieso Alejandro; y aguardarle aquí mis celos previenen, aunque afectos encontrados quieran: pero gente viene, y no es bien que aquí me vean . Obediente a tu orden. solo; y así a los canceles. de estos verdes edificios; de modo, que cuanto pasa, ni a la vista se le pierde, ni al oído se resiste; aguardaré indiferente, a quien menos debo cuando mas mi obligación le debe Estamos solas? . A todas. las criadas, que se queden ordenaste. . Pues escucha, que si te he traído a este ameno sitio, lo solo de sus floridos vergeles, donde salgo a divertirme, a lo que más me divierte; me ha de llevar esta vez no por donde fui otras veces. La Infanta es, y Margarita, mi cuidado a oírlas llegue. Ya te dije. . No repita vuestra Alteza lo que puede disgustarla, y si es preciso el que no se calle; deme licencia a mí que lo diga, que es menos inconveniente, siendo uno mismo el peligro, que yo al desairo me entregue de pasar por él, que no el que una Infanta se arriesgue a su azaro . Yo te pedí. Que de Alejandro supiese el sujeto a quien amaba, y aunque pude responderle entonces. . Pues lo sabias, hiciste mal; pero eres muy cuerda, y para pensarlo tomaste tiempo? Le dijiste? Lo que tu afecto pretende. que murados se entretejen, . Y el entonces respondió tan amoroso? . Detente, que en llegando a eso, es forzoso (no te enojes,) Ya no puede ser más el pesar, prosigue. Que la ocasión te confiese, para que veas si fue efecto de amor. . Pendiente de cada razón estoy Y aunque el oírme te cueste la defazón de lo amargo, porque el dano se remedie, sufra la razón oír, que ha mucho tiempo que tiene Alejandro en mis cuidados, imperio, y que le concierte entre los dos, quiso amor una seña, que gobierne las acciones de ambos, y es, que al contrario se entendiese lo que uno a otro decía: si yo me quitase al verlo un guante, o él el sombrero, y al referir. . Ahora entiduda mi advertencia la ocasión, que en rendimientos corteses le obligó, a que descubierto Alejandro le dijese, que es la Infanta a quien adora, dando ocasión, que a ofenderle mis sinrazones llegarlen. El Emperador a verte a tu cuarto llegó ahora, y no hallándore Qué . Viene a este sitio; y llega ya Sobrina. . Señor. Que muestre en búscaros, permitid lo que a mi fineza debe amor, mas con vos está Margarita. . Allí le duele. Dejadnos solos. Respeto amoroso infunde al verle. . Harto siento que se vaya. . Harto ha sido que la deje. Ya, señor, todos se han ido. El retirarme conviene también yo aunque no me ven, que el escuchar a los Reyes, estando a solas, si no es clara traición, es especie de deslealtad, y no es bien que en ella mi honor tropiece. Acabemos ya de dar este paso, que detiene tanto a la razón de estado, pues le juzga conveniente ella misma: oíd, Infanta, lo que mi voz os refiere. Ya sabéis, que la ocasión que me trae a Italia, tiene por objeto principal el que mis deseos lleguen a recibir la Corona del Imperio; con solemnes ceremonias, de la mano de quien dichoso merece sustituir en la tierra, a quien el cielo obedece; y que el llegar a esta gloria, ha de ser mañana Jueves, día de Santó Marías; en que cumplo años. . Dele Dios a vuestra Majestad cantos, que le invidie el Fénix. Antes de partir, di orden, porque mi amor intercede por veros, para que a Italia vinieráis, y que trujeséis a Margarita con vos; pues oíd el fin que me mueve a esta segunda advertencia, y cuando su causa os cuente, no, sobrina, la extrañéis, si con desvelos me viere el amor, porque nací también sujeto a sus leyes. Que más claro ha de decir lo que a Margarita quiere. . Vos, sobrina, habéis de darla aviso. . Para que cesen mis cuidados; solo falta que el Emperador me ordene, que sea de sus amores medianera Qué os suspende? Obedeceros es solo mi deseo, que a esto llegue una mujer como yo! Escuchad lo que pretendé mi atención que la digáis, que no es cosa con que puede ofenderse su recato, ni el vuestro, El pecho se aliente. Margárita es mi hija. Qué decís, señor? Que quieren publicarlo mis cuidados al mismo tiempo que premie la Corona sacra el celo que me acredita obediente; y para que prevenida no la turben las alegres noticias que la he de dar, cuando de mí a oírlo llegue, es bien que vos la informéis antes; pero solamente a ella lo decid ahora, llamadla, mientras en ese vario hospedaje de flores mis desvelos se entretienen, que yo volveré a buscaros. . Confusa con lo que advierte me deja el Emperador, que presumia, parece, ser hija de Carlos Quinto, según son sus altiveces; Margárita, no sé como la diga, pero ella viene. Que el Emperador se fue, vi ahora, y quise volverme, porque pueda vuestra Alteza proseguir (que a estos basvenesa esté expuesta mi fortuna) diciéndome otra vez. Deme los brazos. Quién? . Vuestra Alteza. Nunca juzgué, que cupiese ese modo de venganza, en quien a su ser le debe el honrar a los demás. Cuando vuestra Alteza adquiere la suerte de que se sepa, que ha merecido su suerte ser hija de Carlos Quinto. Qué es, señora, lo que quiere intentar, quien? cuando? No la turaeción se apodere de ese nodo de el afecto, que le hra duedoso. . Puede ser esto erdaid; mas como confusa e alima no cree . lo que a tanto que adivina? A decirme el César viene que lo declare, y es fuerza con alegres parabienes, que yo también le reciba, y que los disgustos deje, de que estabamos tratando. Hacia aquí a de estar, mas niegue mi cuidado, que a buscarle ha venido, si presente tiene a Margarita. . El César lo ha de publicar, porque este triunfo en su coronación también su dicha engrandece: vuestra Alteza feliz goce tan merecidos laureles. Válgame el cielo! esto es (el pecho flaquea débil) decirle, que de Milan es Duquesa, que no puede haber otra causa, porque le llame la Infanta (denme sufrimiento mis desdichas) Alteza. . Lo que él debe a esos afectos, mi fe lo hallara, estimando siempre la fineza de esta acción. Que afectuosa que agradece el hablarla así. Las dos hemos de ser, aunque pese a los celos muy amigas. Que mis confusiones nieguen lo que ellas mismas escuchan; mas sabré, que enigma es este; que ha de costarme la vida; pero si aquí a aguardar vienen al Duque mis iras, es faltar a quien soy, ponerme en ocasión de impedir el fin que su causa advierte: pero también es desaire sufrir (aunque no conviene que me vean y lo que he oído, sin que averigue en que puede fundarse esta novedad. Mis afectos enmudecen cobardes con esta dicha. Vamos, porque ahora llegue. a besar la mano al César vuestra Alteza dando alegres muestras de su estimación. Sin saber que me sucede, confusamente dudosa mi suerte iré a agradecerle. Y yo a estorbar. Alejandro, bien pensaréis, que aunque viene a buscaros mi cuidado, es la causa que me mueve la de llamarme; pues no, no vengo, sino a ponerme a vuestros pies, y a pediros. perdón, de que. Que mal puede encubrir su gozo, que es el mismo que el alma teme, correspondido en afectos de una ingrata, que de haverse mudado, es indicio claro, excusar el Duque, al verme: el reñir, siendo su enojo, quien me buscó tantas veces, no he de oírle, aunque me hable. Qué decís? . Que no concede. el duelo treguas, a quien saca al campo, a que se vengue. Yo os confieso, que a haber duelo entre los dos, imprudente, sino cobarde, mi acción fuera, cuando el tiempo pierde: pero si solo culparos. fue culpa en quien agradece, ya el saber de Margarita, que fue engaño el que recele. de vuestra amistad, no es causa, que darle nombre merece de disgusto. . Margarita os dijo (todo conviene con mis temores yla causa. Ella es a quien le debe el corazón su quietud. En cada cosa evidente se muestra más mi cuidado, descifrando lo que teme. Yo no he de reñir con vos. Pues no es fuerza que no deje desairados mis enojos, ni he de pasar, porque cesen, sin que lo ordene el acero; y en fin, de cualquiera suerte. en él campo estamos, ved. si es justo que se sujete. el duelo a escuchar razones, que aquí el valor no obedece: sacad la espada. Ya fuera; el replicaros; ponerme a riesgo de parecer cobarde el que así pretende. Duque, Alexandro, que es esto? mas ya sé lo que previene. el cuidado de los dos, que es dar principio a la a legre coronación, que mañana verá el mundo, pues ofrece mi grandeza; que el esto que desnudo, en ella le lleve uno de los dos; y es bien, que ahora la práctica enseñe las ceremonias airosas, que mi advertencia agradece; pero ved como tomáis el estoque, porque suele suceder alguna vez, que si los filos se vuelven, porque el dueño que los rige, no ula de ellos, como debe él mismo no está seguro. Qué advertido! qué prudente! honrando sabe reñir. Yo, señor. . Esto os previene mi atención, aunque excusado es en quien todo lo advierte: vamos, ya mis esperanzas los plazos el cielo abrevie, con más atención sabré la ocasión que a entranbos mueve, porque si hay que prevenir, mi cuidado lo remedie. . No acabo de sosegar el discurso, aunque pretende disculpar ai Duque; él mismo con razones que me ofrece, quizá es otro el fin que lleva su afecto; pero que puede ser causa, de que la Infanta a Margarita le diese Alteza, en mis confusiones siempre halló la duda albergue. Para que mi obligación en ningún tiempo se queje de mí, fue bien el reñir, aunque el desengaño reime. . cada uno se queja como sabe; u. No me dirás, que tienes (nes cayendo el Español. de a noche acá, que con dos mil baive- de afectos diferentes a ti misma te callas lo que sientes, ya en humildes acentos, y ya graves, tan alto, que se inquiete, sin que uno, ni otro la ocasió explique de presumirse racional cohete, mas presto la sabrás. Eres discreta, con que a la consecuencia de sercallada, es el callar Prudencia. sinrazón se me fragua A quien ha sucedido en empresas de amor, haber temido por muygrande un empeño, y que él mismo peligre en ser pequeño siempre con sobresalto ha vivido mi amor, ya pormuyalto de Alexandro el desvelo en la esfera se pierde de mi vuelo, por lo mucho que baza, inmontado ya; mi ser baraja (ta. la misma lid incierta; de modo, que otra vez nos desdoncier- Que estés tan divertido, que el regocijo alegre, a que convida (no? aquel gozo festivo le mires muerto, cuando esta más vi- Mal tu desvelo entiende la ocasión. Pues si ella no te ofende, diviertante las burlas, que en su espacio la plaza ha prevenido de Palacio de un cañón a la nube por su llano, anegando se va un Italiano: oye, como se queja de su trato (lato Toto il corpo con aquá mea pil- Del golpe a todos grave mas ya viene muy listo, Voto a Cristo; que si subo, que atroje como ignorando lo que más bien sabe, a quien la causa es, de que me enoje Aún no es tiempo, Prudencia, que pue porque bajando en abreviados plazos, la causa que me inquieta; (blique con vida llegara, y hecho pedazos. Bien su enojo adelanta. Qué es aquesto, Caroca? A mí con tanta doblada burla en el azar del agua cuando hay en diferentes plazas, y calles, abundantes fuentes, del vino tan distinto, clarete, ojo de gallo, blanco, i tinto: votora. Margárita. . Señora. Ya parece solicita el cielo, que Florencia al César Carlos, rinda la obediencia, pues del de Oraje vino ahora correo; en que avisa, que goza su deseo cuanto feliz previene, con el aprieto en que la plaza tiene, . Leguemos, porque vea esperando muy presto rendilla a los ataques que le ha puesto cuando consigo topa Que mucho harán en rendilla, si tal poder el Príncipe acaudilla, que tienen sus Soldados. a los Italianos aracados? mas ya las chirimias. El goza reduciendo de los días; a lo que el de hoy alcanza, prójimo aviso dan a la esperanza de su dichoso empleo. Ya el César viene. Y ya de su trofeo las insignias reales, Príncipes, grades, en su amor leales, traen con grandeza, cadacual gallarda; donde el Sumo Pontifice le aguarda. El logro a mi deseo se concierta. DeS. Perronio estamos a la puerta. pues confina su espacio con el real omenaje de Palacio; tan unido, que fuera a no querer, que todo el mundo viera la grandeza más rara, ocinio; que para él se fabricara (cuando está señalado. (do) por sacra esfera al triunfo más sagra el que ahora se hizo de brocado cubierto pasadizo, pordonde el César viene: a verle llega. En el proverbio tiene mi amor tabién su pocode esperanza pues si ir contigo mi cuidado alcanza de la Iglesia a la puerta, ya puede ver lo que el amor concierta. Ya lo tengo tragado, porque ha mucho que me han aconsejado los de cuerda advertencia, que gaste mi dinero con Prudencia. en su trono mayor feliz la idea, (pa los dos mayores Príncipes de Euro- En hora dichosa venga el más obediente hijo de la Carólica Iglesia. a coronarse en sus ritos. Y en hora feliz ostente lo grande de su dominio, quien tiene a sus pies un Rey, gozoso de estar rendido. Ya que en varias ceremonias vuestra Majestad ha visto para esta gloriosa acción facilitado el camino; pues ya el nombre diestro tiene con el Oleo santo ungido, y las demás prevenciones en la mesa que yo he dicho, y que vuestra Majestad ha ayudado, dando indicios de su celo en la fineza, felizmente se han cumplido, solo resta el juramento, que el Pontífice previno. Y yo como él lo dispone juro, prometo, y afirmo, que seré perpetuamente constante siempre en lo mismos un defensor de la Iglesia Católica, y de su digno Gobernador, y con este luciente acero, que ciño, perseguiré sus contrarios, sin ofender sus amigos. Para lograr ese celo, a nuestro Señor suplico, que en tranquila Paz conserve por todo el Orbe estendidos los imperios, que merecen tal Príncipe por caudillo. Quién vio grandeza mayor! Quién con más gloria se ha visto! Llegad ahora las insignias. , m Tomad hijo este cuchillo, don santo del cielo, a quien se rindan los enemigos del pueblo de Dios. . Con ese propósito le recibo, para castigar su error, Este globo, donde cifro el mundo significado en su redondez, os rindo en nombre de Dios, regilde con piedad. . Así me obligo a hacerlo siempre. Este Cetro, en que la justicia quiso poner su símbolo, os doy, para que sea registro, que os la esté siempre mostrando, en su ser nunca torcido. Será en mi cuidado norte, para guiar mis disignios. Esta Corona Imperial, que en dos cercos de oro fino engasta tantos diamantes, que al Sol le quitan los visos en emulación gloriosa, es la insignia, con que quiso el cielo principalmente significar el dominio de los Reyes, y con ser hermoso adorno lucido, es lazo, que la cabeza rodea, sin que el principio, ni el fin pueda conocerte de su forma en lo indistinto permisión divina; pues a haberla comprendido, todos por su peso grave, huyeran de su peligro: en varias puntas remata, dando a entender su artificio, que si de una parte carga, de otra hiere con los filos: pero si viene ajustada, gloriosamente en lucidos timbres, que ostenta su dueño, le acredita de divino: vuestra Majestad la goce, dando a entender a los siglos la dicha de sus vasallos, y del cielo el beneficio. El como sabe mi celo, me de luz en tanto abismo. Glorioso Rey de Romanos, Emperador Sacro invicto de Alemanía, y timbre heroico de los blasones antiguos. de la ilustre sangre Goda, a quien debe el apellido. de Rey Carólico, y sacra. Majestad también, por digno. Emperador del Oriente: salve, y repita lo mismo el Orbe. . Todos decid, que quien tan glorioso ha visto. su feliz coronación, viva imvidiando los siglos, lo eterno de su grandeza. Viva el César Carlos. Quinto, dignamente coronado del sacro laurel invicto. Viva. Y añadan sus glorias. otro título, pues vino ya el aviso de Florencia, que el de Oranje la ha rendido, y le ha jurado gran Duque de Toscana el Señorio. Ese estado a Margarita mi hija. Cielos, que he oído! Se le doy para su dote; pues es bien, cuando público su ser, que así se engrandezca. Ahora la causa averiguo de lo que dude, vasallo al fin el cielo me hizo de Margarita, cuando era en mi esperanza más fijo el afecto. Mientras soy más, se halla más corrido. mi amor, perdiendo a Alexandro. Ya desengañados miro de mi temor los recelos. Y pues que nadie más digno. esposo de mi hija, puede ser, que Alexandro, suplico. a vuestra Santidad, que lo permita. Cuanto estimo. el favor, diga el silencio. Así el concierto que hizo . entre los dos el amor, (que he examinado advertido, informándome de todo) no embarazo: Quién se ha visto en lo que yo? Ahora sí, que es dicha la que consigo. Y mi sobrina, la mano. de al Duque Esforcia. Rendido. a tanta dicha la aceto. Y yo obedezco a mi tío con gusto, para que tenga, si en la admiración principio, sin el blasón del Imperio, que como a Carlos Quinto en Bolonia. Y porque así la humildad, de quien le ha escrito alcance perdón; pues no se atreve a pedir más vitor. FFN.
