Texto digital de Los dos ingenios y esclavos del Santísimo Sacramento
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- Lope de Vega Carpio
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- Lope de Vega Carpio Probable
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- El texto ha sido preparado por Jana Velasco y Ana Rosa González.
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Velasco, Jana y Ana Rosa González. Texto digital de Los dos ingenios y esclavos del Santísimo Sacramento. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dos-ingenios-y-esclavos-del-santisimo-sacramento-los.

LOS DOS INGENIOS Y ESCLAVOS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
¿Todo lo piensas mandar? Todo lo pienso decir. Harete despedir. Harete yo despreciar. No será el hombre tan necio, que poniéndome en su guarda Dios, a quien le ampara y guarda estimen en tan poco precio. Yo soy ángel. Ya caíste del lugar donde pensaste subir, cuando le enojaste y a tu capitán seguiste. Si, pero no soy ajeno de ciencia, pues questa igualo. Vos, con el hombre por malo, pero yo porque soy bueno. Y es entendimiento tuyo diviértesle de manera, que si no le defendiera, ya fuera perdido el suyo. Si te cansas de que yo vaya en esta jornada con el hombre y no te agrada, déjale y vete. ¡Eso no! Que Dios, que me puso aquí, hasta que de cuenta de él, quiere que vaya con él. Pues, ángel, cubreme a mi. Camina sin hacer mal y no tendré sufrimiento. También yo servirlo intento, mi capitán infernal. Si Dios te manda guialle por donde puedas serville, a mi el infierno impedille y con mis astucias engañalle. Si le das inspiraciones, yo lascivos pensamientos. Si tú ejemplos y escarmientos tan a los ojos le pones, yo le ciego con regalos de varios deleites llenos; que por eso hay genios buenos y por eso hay genios malos. HOMBRE ¿Qué es esto? ¿Ya no lo ves? Nuestra ordinaria contienda. Yo, intento que ese no te ofenda, que es mi mayor interés. Antes él te ofende a ti, pues que te lleva a perder. Cada día he de entender esta guerra contra mi. Id, por Dios, quedos los dos, pues es breve la jornada. Como quien no dice nada, ganar o perder, adiós. Que descanses del camino en esta ciudad deseo. A lo que en sus muros veo, naturalmente me inclino. Antes no, pues no hay en ella lugar para el alma centro. Entremos, ángel, adentro. Mis genios, vamos a vella. Esta es la ciudad humana Mira el peligro en que estás, pues a la celeste vas. Esta es Gustosa. Es muy vana. Esta es Alegre. Esta es Triste. Esta es Dulce. Esta es Amarga. Que linda carga, y que larga. De tal engaño se viste. Esta plaza es el contento, del regalo es esta calle, por aquí bajan al valle del dulce entretenimiento. Aquella es la platería, de oro, de mocedad, aquí venden brevedad, hermosura y gallardía; aquí están los mercaderes de los placeres mundanos. Sí, pero todos son vanos. En efecto, son placeres. Aquí es la conversación de los ociosos, aquí hablan de otro y de sí. Dulce es la murmuración. Antes amarga a la vida, pues a tantos desgobierna y malo para la eterna. Que siempre aqueste me impida. Más, que en aquesta ciudad no le enseñas nobles calles, que no es posible que calles. He de callar la verdad. Calle de Santa María, de San Pablo y Santiago. No hay aquí sino el estrago de engaño y alevosía; más que no hay puerta del Sol con cuya lave su engaño, ni calle del desengaño. No hay en el mundo crisol como tu genio y el mío, que apure todas las cosas. Mira estas calles hermosas y las del libre albedrío. Es ansí que dios te dio, porque con tu libertad, sigas al bien. Es verdad, y esa voy buscando yo. Pues, ¿cómo vas por aquí? ¡Oh, que gallardo palacio! Hombre, mírale despacio. Que hermosura tiene en sí. A la gran Babilonia todos se rindan, pues en vaso de oro beben y brindan. Hombres, bien podéis llegar. No llegues, que aqueste vino te pondrá en el desatino que a tantos suele cegar. La gran Babilonia es esta, sobre su silla sentada. Bebe, y no se te de nada, goza de tan dulce fiesta, brindale, amigo Apetito. ¡Brindis hombre!, haz la razón. De los que aquí están ¿quién son? ¿Ya no ves su nombre escrito? Blasfemia es, ¿no lo ves? Los que cantan son amigos, que, desta gloria testigos, quieren que parte les des. Aquel es la Juventud, este el Deleite se llama. ¿Queréis, bellísima dama, brindarme a vuestra salud? Guárdate de hechizos. Bebe. Bebe y bebamos los dos. Tan presto olvidas a Dios. Déjame que el vaso pruebe. (bebe) Dulce licor. ¡Estremado! Sin seso de verle estoy. Con vos por paje me voy. Vente, Apetito, a mi lado. Quien bebe del vaso de mis deleites, no se busque a sí mismo cuando recuerde. Buen lance habemos echado, la jornada va perdida, pues, si erráis la de la vida, hombre, quedaréis burlado. Yo, que soy vuestro cuidado, queréis que me quede atrás. Hola, Temor, ¿dónde estás? Más, si los criados buenos no se echan en casa menos, ¿de qué sirve servir más? Desde edad de discreción comenzamos la jornada de vida, que, para amada, que tales sus cosos son. Y, aunque con la espiración, el buen genio le previno del peligro del camino, al hombre con su regalo ha podido tanto el malo que sigue su desatino. No se que tengo de hacer, que si aborrece mi nombre, para remediar al hombre no me querrá hablar ni ver. Aquí debe de tener esta noche la posada, no quedará mal pagada si con el alma lo queda; rica y preciosa moneda, con normas de Dios sellada. Altamente descansé. Lindos regalos había. Bravamente se bebía. ¿Haste holgado? Si, al afán. No hemos topado posada de tanto gusto como esta; todo era música y fiesta, mesa y cama regalada. Contento vas, Apetito. ¡Qué triste está el ángel Bueno! Es este camino ajeno del bien que te solicito. He de dar cuenta de ti y en tristézcome de verte ya caminando a la muerte. Y yo te lo digo ansí. ¿Quién eres? ¿Ya se te olvida de aquel tu antiguo criado? ¡Oh, Cuidado! Voy caminando a la vida. (ruido dentro de locos) Mal genio, ¿qué casa es esta? Esta es casa del engaño. ¿Qué grita? y, ¡qué ruido extraño! El nombre lo manifiesta. Es un hospital de locos del Mundo; entrémosle a ver. Hospital es menester. Si, que los cuerdos son pocos. y vino, locos que hacen los cinco bandoleros de a la Ni una palabra han de hablar cuando haya gente de fuera. Callad, Mundo, que muy poco fuera de casa se queda. Cual, que desnudo o descalzo, que la religión profesa. no viene a vuestro hospital por lo mucho que os desprecia. Que, en los demás en que he estado, no hallareis la vida enferma de vuestra locura, Mundo. Que digo que das las lenguas, que habrá azote que levante la roncha de vara y media. Yo, a lo mejor que do estoy, no hay hombre que os obedezca como el Juego. Siempre, Juego, fue notable tu obediencia. Pues de mi no decís nada, que mi bolson es mi lema, a este adoro, a este regalo. Y, ¿quien como yo se precia de seros, padre, obediente? Señor maestro, aquí llega el hombre que va camino de aquesta vida a la eterna. Va descubriendo las cosas de mayor contento vuestras, y, esta cosa del engaño despacio quisiera verla. Habladle, de que viene rico de sentidos y potencias; que no dejará de daros algo que serviros pueda. Seáis, señor, bienvenido. ¡Oh, Mundo! Y enhorabuena; vengais a vuestro hospital ¿qué mandáis? ¿Qué gente es esta? Aquel loco es la Ambición, que aquella escala de cuerda anda poniendo a los vientos. Difíciles pasos trueca desde un oficio a otro oficio. ¿En qué consiste su tema? En que cuanto más alcanza de ninguno se contenta. ¿Quién es aquella mujer que en el espejo contempla su rostro? Vana hermosura, que, con notable soberbia, se viste, enriquece en joya, se lava, pule y afeita para hacer idolatrar mil ignorantes en ella. El que abraza aquel bolsón y le regala y le besa es la avaricia, este loco da en adquirir grande hacienda, que guardaba con mil llaves, a él, ni a nadie aprovecha. Aprovechará en su muerte a quién tocare su hacienda y él pagara en el infierno el no haber dado a su puerta limosna al hombre. Aquel loco. que la bajara voltea, es el Juego, este cuitado de noche y de día juega con tan gran desasosiego que sigan hasta que pierda. Vuelve a jugar, y, si pierde, por ganar vuelve a su tema. Cobra mil enfermedades por no alzarse de una mesa, y, últimamente ha perdido al tiempo, aunque mis riquezas hubiese ganado todas cuanto, y más, que todos medran. ¿Quién es aquel tan furioso? Este no hay hombre que duerma ni coma y aunque le atemos de mil cadenas se suelta. Es la venganza del mundo que anda por montes y cuerdas tanto que en los ignorantes de los culpados le venga. Con esta escala sí quiero que hasta los cielos petentra tengo de subir y hurtalles su sol, su luna y estrellas. ¡Oh la de Luzbel! Soy hijo que me ha engendrado y me engendra; hermano soy de Demenbrot, armas son de mi nobleza la torre de Babilonia. Afuera, teneos, afuera, que si soy fuego no habrá quien no me llore o me tema. Bueno es que diga Dios que, a sola su mano inmensa, remita yo mis venganzas. Hízolo de esa manera, yo al matando a masas (Mirándose en el espejo) No soy por extremo bella ¡ay Betsabé! como yo, hay quien como yo merezca que todo el mundo me adore; que Dina y Tamar pudieran matar ansí aquel Amor con tan divina Belleza. (Abrasa el volcán) Rodó mi alma y vida aunque mil lázaros viera que vinieran a alcanzar las migajas de mi mesa, no diera un cuarto de vos; y si mil veces me enseña en sus brazos Abraham la gloria del pobre abierta, no he de tomar escarmiento que no es posible que tenga sed del agua que le sobra. Bastos me faltan primera. Su genio Fuego. En buena hora. Yo también. Baraja. Espera, ¿qué juego? El quince. Pues vaya. Toma Ambición las primeras. (Dale cartas) Dos reyes son, yo pase pase pero la ambición siempre imagina que reina. Tunia Venganza. ¡Oh, qué bien! (Vase echando cartas) siete bastos buena es esta esta noche a cierto hidalgo daré de palos con ella. Toma. También la espadilla o que cuchillada fuera doy a un bellaco, más quiero. Toma. Un caballo es aquesta. Diez y ocho. Yo pasé, pero el caballo me queda para huir de la justicia a Zaragoza y Valencia. Toma, Avaricia. Siete oros, linda carta. Y cómo buena. Otra el as de oros, también ocho tengo, otra pequeña, tres oros, picas, vengan más. Todas, oros. Todas entran en mi pecho y no me bastan Pues en once no te quedas. No, que siempre quieres más. El seis. Pasaste. Aunque sea perdiéndolo, dame más oros. Tener que darte quisiera el que dieron derretido por la boca a creso. Espera, para que me den a mí. Toma, Hermosura soberbia. Sota me has dado. ¿Qué quieres? Si te falta el ser honesta. (Dale más cartas) Dame más cartas de copas. Y como, para que beban tu veneno tus amantes y porque dice el poeta que sin comer y beber la hermosa Venus se hiela. (Dale otra carta) Mas él, dos oros. Sí amiga que el oro quebranta peñas muchas honestas derriba, muchos honrados trepella. En trece me quedo. Bien, yo tomo ya, la primera es el honor rey de espadas. Tu siempre tienes pendencias. Un cinco me has dado, quince. Fuego, tus manos fulleras han hecho bellaquería. Malas palabras son esas, yo juego bien. Miente. ¿A mí? Fuera digo. Que se tengan les aviso. ¿Qué es aquesto? Entrad dentro. Padre, espera. Mira que estoy agraviado. Haré yo que estas correas los encierren en sus jaulas. Pues vuélveme mi moneda. Y ahora haced unas escritura que diga que se los prestas. ¿Qué te parece del Mundo? Que es gustoso este hospital. ¿Qué no te parece mal? Yo en mis contentos me fundo. Si la casa del Engaño el mal Genio te mostró, hoy quiero mostrarte yo la casa del Desengaño, No nos lleves a tus piezas. Calla, Apetito villano. Cuidado, servís en bajo, que hay tierna edad y hay riquezas. Si ahora el Hombre no mira el fin de nuestra jornada y la juventud pasaba, la vejez se retira, quizá no podrá olvidar las costumbres que aprendió. Agora me huelgo yo, que tiempo habrá de llorar. Esta es la casa en que vive el Desengaño del Mundo. Aquí tu remedio fundó el alma y vista apercibe. Perdóname gran señor, porque son cortos mis días que es el Hombre que porfía a engrandecer su labor. ¿Qué es esto que me atemoriza y el cabello me levanta? El fin de locura tanta que para en tierra y ceniza mira aquello que miraste, tanta locuras haciendo que fin tuvieron muriendo y este desengaño baste. Mira la Ambición caída, la Avaricia derribada, la Venganza atropellada, y la Hermosura vencida. Todo para en polvo y tierra. Mis ojos abriendo vas. No estoy con el Hombre más. O cuanto el camino hierra quien no considera el fin. Cuidado. Señor. Advierte, que nos engaña la Muerte, que somos de tierra en fin. avive el seso y despierte contemplando cómo se viene la muerte, La casa del Desengaño ha sido el todo que al Fuego puso Hijo, pues que luego vi con su polvo mi engaño. Ángel yo tengo temor de lo que he visto este día por el camino me guía que vamos al fin mejor. Sube por esa montaña aunque llena de aspereza. Que hay Mal Genio. Gran tristeza. Tú, con tu luz me acompañas. Quiero desde aquí mostrarte el camino que llevabas de honor y sus ondas bravas, aparte quiero sacarte. Ay, Rafael no me dejes la muerte me da temor. Camina alegre, señor. Mi Cuidado, no te alejes solo un momento de mí. Santo, mil veces Santo, Padre de la paz, Rey de la Gloria, que padeciendo tanto nos la diste después de la victoria, del mundo y del pecado. Y a la diestra del Padre estás sentado, los cielos os bendigan; las jerarquías de los cielos bellos mil alabanzas digan y las almas te envíen, canten con ellas que fuiste el cordero que abrió el libro que Dios selló primero. ¿Cuándo Señor divino, Padre de aquestas llamas, a besaros cuándo, cual oro fino para poder mirarte y contemplarte? Y repurificado, y de este crisol limpio ya, y endrado. ¡Ay divina hermosura, que me abraso de amor, si ya llegase a ver esa luz pura el día alegre! ¡Ay Dios! El tiempo pasa que, a un punto que no alcanza este bien, es un siglo a mi esperanza. en qué nací, quién me engendró lo sea lo que por bien tenía; y cuanto el Hombre mísero desea hay vanidad humana. Perdí, perdí la Gloria soberana por una breve vida que apenas comenzó cuando era nada. Perdí la esclarecida vista de Dios y de su madre amada, los ángeles de los cielos. Y vivo en tan eternos desconsuelos, que no tengo esperanza de aquesta pura, si es eternamente, que no ha de haber templanza para este fuego que mi alma siente, pues blasfemo, reniego sin esperanza y en eterno fuego. Ángel dime a qué lugar iré muerto. Bien obrar te lo ha de decir por mí, tres lugares hay que son el fin de aquesta jornada sin contemplarlos, te agrada; Vuelve Imaginación. No sé cómo te diga, Ángel, de estos lugares lo que siente que estoy con gran fatiga. Llama Cuidado al Arrepentimiento, que estoy tan temeroso, que apenas tengo un punto de reposo. Alma gloriosa y santa, o que bien hacer fasta alma dichosa, que aunque tú llama es tanta, saldrás de este crisol felíz, hermosa, que más dulce consuelo ¿Qué esperar? ¿Ver a Dios su gloria y cielo? Triste de aquel que vive mientras Dios fuere Dios en pena eterna, pues ningún bien recibe. Hombre, de tal manera te gobierna para que este camino que llegues a gozar bien tan divino y pues que ya te agrada considerar en lo que verte esperas. Mira aquella sagrada audiencia, agora mira antes que mires lo que por ti pasara si la luz de aquel sol no te alumbrara. Caed lo que hay contra él. Yo, el relator infernal hago oficio de fiscal. Pues lee el proceso, Luzbel. El hombre, eterno señor, que tú de nada formaste está preso, como ves agora en la humana cárcel. Hacésele cargo aquí de que a la tierra bajaste y pobre al mundo naciste entre pajas y animales. Que fuiste a Egipto y volviste con tu soberana madre donde ayudaste a José, fe y en fin, señor, que pasaste treinta años desta pobreza hasta que como él sabe, aún siendo recién nacido comenzaste a predicalle y el padecer hambre y sed y hacer divinas señales hacésele cargo. Mas Señor, compensa muy grave no puede satisfacerme que sufriese penas tales, que si yo fuera capaz de que por mí las pasases de demonio como soy fuera en la pureza un ángel; de que en sacramento santo, de vino y pan te quedaste, se le hace cargo que es cosa digna de que al cielo espante. Ingratos hombres, que yo partiendo a mi eterno padre me quedase en pan con ellos y desta suerte me paguen. Hijo mío, y lo agradecen mayormente agora que hacen tantas congregaciones para que esclavos se llamen del pan santo que sois vos. Y que estando en mil altares, descubierto muchas veces, no fue a verle ni a adorarle; que tus azotes desprecia y no sigue tu estandarte llevando tu cruz al hombro pues es tu yugo suave. Enojado estoy con él, justo será castigarle. Ay Dios, Rafael, ¿qué es esto? Justo juez, ya tu sabes que con tu divino auxilio ya de los engaños sale el hombre al conocimiento de lo que gana en engañarle y lo que pierde en perderte Virgen Santa, de Dios madre, pues por mi lo sois de Dios, abogad por mi. Miradme, dulce Cristo de mis ojos. Divina Esther, ayudadle. Ay soberana Raquel, ay Jade fuerte, ayudadme la escala de Jacob ¿Tú prometes desmendarte? Si, señora. Hijo, perdonadle. Por vos, madre, le perdono. Haz que el proceso se rasgue. En confesando sus culpas- Que desa suerte te ablandas para qué escribí pecados si luego te satisfaces de unas lágrimas, señor. Calla. Dios manda que calles Vete a tu profundo abismo Y que aquesto señor pase y no castigar es bueno Vete de aquestos sitiales pues bien lo manda Si haré y voyme a los infernales sitios donde vivo yardo para siempre en penas tales. ¿Qué es lo que pasa por mi? Genio bueno, ¿estás despierto? Hombre, el que duerme está muerto. Bueno estás ya, vuelve en ti. Llévame donde confiese mis culpas. Amigo, ven. ¿Tú no vas también? Tengo de ir aunque me pese. ¿Qué piensas que importará? Ya se confiesa. ¿Qué importa? Aunque la jornada es corta, antes del fin caerá. No hará bellacos picaños, que Dios le dará favor y luz de su santo amor para ver vuestros engaños. Tras de esto se quiere hacer esclavo del sacramento, que es santísimo sustento y a costa de Dios comer. Que Dios le hace la costa y, aunque esclavos, no le pesa que se sienten a su mesa. No hay más de tomar la posta y caminar hasta el cielo. El que tardó en conocer a Dios, bien puede tener en lo que dices consuelo. Que, picando los caballos. de penitencia podrá llegar presto donde va, y, más, con aderezallos de una profunda oración. Vamos a ver en que para. En que, si este pan le ampara, parará en su salvación. CRISTO Cansado venir pudiera, si no pudiera cansar de buscar a quien me dar, quien me siga o quien me quiera. Yo, soy comida y sustento y a sustentaros me obligo, que puede tanto conmigo un justo arrepentimiento. Hombre, yo soy el camino, yo la vida y la verdad, yo aquel cuya majestad del cielo a la tierra vino. Yo nací por daros vida y tan pobre la pasé que en ninguna parte hallé donde tener acogida. Tenían los animales sus cuevas donde vivir, que comer y que vestir sus vestidos naturales. Todo, en fin, cuanto vivía hallaba en que descansar, ya yo en que reclinar mi cabeza, no tenía. De suerte llego a creer, con tantas furias mi amor, que me puso en tal rigor por quien no me puede ver. Yo no quise en la partida dejaros con desconsuelo pan soy, que bajé del cielo, pan de gracia y pan de vida. Después de este sacramento tan grande que al cielo espanta, entregué mi carne santa a tanto vario tormento. Muerte cruel padecí, ya la gloria que heredé nuevamente conquisté, hombre, ingrato, para ti. ¿Que pude hacer, viña mía, que por ti no lo haya hecho? Mira mis manos y pecho, darte más sangre querría. Quiérome aquí recostar, en tanto que a buscar vienes tu bien, mientras vida tienes que después no habrá lugar. (recuéstase a un lado, salen ¡Oh, que contento que voy después que me confesé y por esclavo quedé del dueño de quien ya soy! No te me apartes, Cuidado, que me va la salvación. Descansa de la oración y de lo que has ayunado, baste ya la disciplina. Apetito, el que ha tomado en este camino el arado y al fruto santo camino, no ha de estar quedo jamás, que siempre ha de ir delante. Que no hay rigor que te espante. No, mal genio. ¿A dónde vas? A ejercitar por ahí un acto de caridad. Yo me vuelvo a la ciudad y me vengaré de ti. ¡Ay Dios! y cual me han parado. (Como que se queja) Quejas oigo. Pobre, es cierto. De que le ampares te advierto, que está en esa puerta echado. Pobre mío ¿qué es aquesto? Ya lo ves, quejas que doy de ver que tan roto estoy. ¿Quién desa suerte os ha puesto? Falsos amigos han sido y, uno de ellos, tan ingrato que él y yo en un mismo plato comimos y me ha vendido. Rondado una noche triste, a mi esposa me prendieron y como veis, me pusieron. Llévale, lávale y vístele. Amigo, mi casa es esta, entrad que os quiero lavar los pies. ¿Con qué? Con llorar, mientras el agua se presta, que coceré con mil flores. Tengo los pies lastimados, mas de lágrimas bañados, se desharán sus dolores. Venid, que en mi propia cama habéis también de acostaros y en brazos quiero llevaros, porque sé lo que Dios ama que ansí regalen sus pobres. ¿Qué en brazos me llevaras? Y en el corazón, que es más. Del cielo la paga cobres. Mira que estoy muy llagado. Desharé tus llagas yo. En los brazos lo tomó. Y lleva al cielo abrazado. Ven amigo, por aquí. ¡Qué carga tan dulce llevo! Amigo, mucho te debo. Yo soy quien te debe a ti. Entra, comerás conmigo, en lavándote los pies. Ay si supieses quién es, que el mismo Dios va contigo. Desta manera, vicios cuidadosos en forma de crueles bandoleros, le habéis de herir con golpes rigurosos. Soberbia, yo seré de los primeros, haced cuenta que baja a los umbrosos valles de Jericó. Si mis aceros no conoce ni teme el hombre triste, hoy verá si su guarda me resiste. Yo no quise subir con Hermosura al trono donde estaba Dios eterno. Pues yo, que no rendí con mi blandura, las historias lo digan y el infierno. Desde Caín mi fama eterna dura, ¿qué imperio, qué palacio, qué gobierno mi envidia no ha deshecho ni derribado? Por aquí viene el hombre descuidado, las máscaras poned, cubrid las caras, para que nos conozca y derribadle y salga ante las máscaras más caras, que no piense llevarse a Dios de balde. Si lo que gana en eso bien reparas, la muerte es poco daño. Pues matadle. Es esclavo de Cristo y pedirale. Pagalle, que un esclavo poco vale. Poco no lo digais, que vale tanto que ha costado a Dios sus amigos y vida; y, le ama ansí, que en sacramento santo le da su cuerpo y alma por comida. La marca de sus esclavos fue mi llanto. Que a su mesa un esclavo Dios combida. Y más que se da así. Ricos clavos. Ellos el nombre traen y Dios los clavos. Ya que mi buen peregrino, desnudo en la cama queda. lavados sus blancos pies que parecían estrellas; ya que le he dado a comer, aunque el con mucha abstinencia tocaba cualquier manjar como a las flores a abeja. A imitación de Abraham, salgo por aquesta senda, a ver si hallo a quién llevar. Ténganse. ¿Qué gente es esta? Si lo ve ¿quedo pregunta? Danos la bolsa y moneda y a la muerte se aperciba. Señor, ropa y hacienda me podéis quitar, la vida no es justa. No es justo, muera. ¡Dale, Envidia! ¡Dale, Gula! ¡Acaba con él, Soberbia! (Vánle dando todos) ¡Ay señor del alma mía, mis enemigos me cercan! ¡Mátale, Lascivia! ¡Acaba! ¡Cristo mío, así me dejas! ¡Hijo mío! ¡Señor mío! ¿Conócesme? Aunque las fieras heridas mortal me tienen, pienso que eres, por las señas, aquel pobre hombre a quien hoy di mi cama, vestido y mesa. Vente a mis brazos, yo soy. Llega, abrázame, no temas. Vamos de aquí, ¿que aguardamos?, pues Dios al hombre hace fiestas. Que tanto ame Dios al hombre. Reniego de cielo y tierra. Temblando llego. En mis hombros pon esa herida cabeza, que si cuando yo, de espinas la traje, de sangre llena, hallé regalo en el tuyo, bien es que ahora le tengas tan poco a poco conmigo. Rey de majestad inmensa, que claramente sabe que aquesta piedad es vuestra. Llega, llega que yo tengo medicinas que aprovechan para todos los peligros. Ángeles, abrid las puertas. Dadle una ropa de gracia y sentárase a mi mesa. Ya estoy sano, señor mío. Aquí conmigo te sientas. Comerás en un bocado, mas ¿qué vale cierro y tierra? Estábase el Hombre humano en las ondas de la tierra, buscando pobres a quien llevar a su cama, y mesa. Halló al soberano Cristo, que como pobre le espera, siendo heredero de Dios y de los cielos riqueza. Gloria sea a Dios, paz en la tierra, pues hoy los esclavos con su amo le sientan. Llévole el Hombre a su casa, su mesa y cama le diera, pesoles tanto a los vicios que una tarde le saltean; como no vencen el alma, en el cuerpo le atormentan bandoleros de la vida, que en los caminos esperan. Gloria sea a Dios, paz en la tierra, pues hoy los esclavos, con su amo se sientan. Dejáronle maltratado, vertiendo sangre en las hierbas, pero Cristo vino a verte y entre sus brazos le lleva; ponéle una mesa franca, dale una ropa de tela en un par de vida eterna. Gloria sea a Dios, paz en la tierra, pues hoy los esclavos con su amo se sientan. Hombre, cuanto yo he podido te he dado, ya no me queda sino aquesto que es enigma; allá descubierto veas, entre tanto, con el pan que de mi palabra es prenda. Aquí tendrás Gracia y Paz y Gloria en la vida eterna.
