Texto digital de Don Juan de Espina en Milán (segunda parte)
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Imprenta Real, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Don Juan de Espina en Milán (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/don-juan-de-espina-en-milan-segunda-parte.

DON JUAN DE ESPINA EN MILÁN (SEGUNDA PARTE)
JORNADA PRIMERA
LSta es, Brócula. la casa del Español que buscamos, prodigioso. Pues, por cierro, que más de Hospital robado tiene traza. . En la fortuna miserable, en que me hallo pobre, y solo, esta ha de ser la tabla de mi naufragio. Gran remedio para el hambre es, tras un portal tiznado, un postigo salvadera: que en un enbudo por patio desembarca, desde donde se calza, como zapato, una puerta en cifra, sin que hombre, ni perro, ni gato, en esta infernal zahurda, a solo cumplimentarnos, haya sacado el hocico. Si es la tabla del fracaso, que pintas, estar, señor, del todo desesperado de tu suerte, y de ver, que ni comemos, ni cenamos, y le vienes a encargar tus dependencias al diablo; yo con ese Caballero, ha días que no me trato; y me puedes dar licencia. Qué durísimo embarazo es intentar en un necio verter sus juicios un sabio! pero pues no es el menor de mis ultimos trabajos, haber de lidiar contigo. Sabe, que donde re traigo es en casa de Don Juan de Espina, ese celebrado mi lagro de Europa, a quien; por ser de ciencias un pasmo, llaman el decto Español en Milán, sin que a buscario desdenes de mi fortuna. de mi suerte desengaños, de Margarita desprecios, de mis parientes agravios, me fuercen; que ellos no tienen culpa de ser desgraciado yo, si no es dando intereses, anhelos, ansias, cuidados al olvido, emplear mi vida en los ultimos descansos de las ciencias en su estudio, poniendo gusto, conato, y felicidad, ya que debo tan poco a mis hados. Con que esto en suma es venir a meternos Ermitaños. Es a que oigas, veas, y calles; llama a esa puerta. El borracho, que tal hiciera. Qué temes? Que me abra algún ahorcado, algún alma condenada, alguna bruja, algún trasgo, a otra alimaña que dé paras arriba, de espanto conmigo; pues en Milán tienen a este hombre por Mago, como sabes. Y no hay Magia, sin todo aquese aparato de miedos, que finge el Vulgo? Quita, verás como llamo yo: ha de casa. Quién inquieta mi sosiego? Quién buscando viene vuestra heroica fama, docto Español. Con los brazos os reciba, aunque os ignore, que basta para estimaros, ver, que la fama busquéis de un sujeto despreciado; que hombre, que sin reparar en el mundo, y en su fausto, busca fama en un retiro, goza espíritu bizarro. Quién sois, y qué me queréis? Hola, yo estaba borracho sin duda, está no es fantasma, cara tiene de Cristiano. Quién soy os dirá mi voz, ya que no puede el ornato, que se debe a mi nobleza, por haber nacido escaso de bienes de la fortuna, Yo soy del linaje claro de los Esforcias, mi nombre es Don César. Este Estado de Milán, que es de mi prima Margárita, está hoy mandando Arnesto Esforcia, mi tío, enemigo, mas que hermano, de mi padre; pues sabiendo, que en un mismo grado estamos yo, y Filiberto su hijo, para pretender la mano de Margárita, y con ella el Dominio soberano de Milán, en confianza de haber la suerte, al contrarro que a nosotros, de riquezas, y de fortuna colmado, su ambición, en perseguirnos, abatirnos, y ultrajarnos se ha empleado, con tan ciego resón, con tan inhumano odio, que después de haber esta rama destroncado con la muerte de mi padre, pretende arrancar del árbol en mí el postrero pimpollo, infeliz, y desmedrado. Su poder, su tiranía, y autoridad, han logrado, que todos de parte de él (al que más puede adulando me hayan hecho de sus iras objeto, de sus agravios norte, azar de sus contentos, de sus gustos embarazo; y en fin, tropiezo fatal de la nobleza, y del vario vulgo, mosa trreverente. Pero por qué culpo, cuando me desatienden los propiios, que me injurién los extraños? Aún el pecho femenil de Margárita, arrastrado del comon ejemplo, en vez de ser compasivo, y blando, como lo mostro al principio, que me vio menospreciado, se ha transformado de suerte, que la entrada en su Palacio me ha coartado; y si tal vez en su presencia, de paso, me pongo, por no poner los dulces amables rayos de sus ojos en mi pobre persona, mira a otro lado. Yo, dlome sin honor, sin esperanza, ni aplauso, y desengañado, al fin, darles de mano pret a la codicia, al ar y quitarles el trabajo me, cuando vean, de al que me escondo, que me aparto, contento con la fortuna, ro de mí me labro. que Darme quiero a los estudios, que profesas, penetrando los escondidos misterios a los hombres reservados de la gran naturaleza, en cuyo oculto teatro halle otro mundo, mejor que el que tan mal me ha pagado. Tu discípulo he de ser, sabio Don Juan, y aunque me hallo sin caudal para pagarte, cuando el corazón te traigo, y una amistan verdadera de mi pecho, resignado al justo agradecimiento de lo que te deba, es llano, que ni hay tesoro mayor, ni premio, que valga tanto. Atento os he estado oyendo, y cuanto es dado al engaño el corazón de los hombres, en vos he estado notando, pues miente contra su dueño cauteloso, y temerario. Él a vos os persuade, y vos a mí, que el dejaros de pretensiones, y amores, de desvelos, y cuidados, es amor a la virtud de la ciencia, y que ha llegado del desengaño la luz de vuestro error a alumbraros; y es tan al revés, que no es, sino aquel desesperado impulso, que al ver frustrada una idea, barajando los pensamientos, los hace, en virtud de su desmayo, abándonar sus intentos, no porque le sean más gratos los más fáciles, si no es porque no pudo lograrlos, siendo más dificultosos; y esta no la llama el Sabio elección, si no es despecho de un corazón indignado. Si os dieran en paz tranquila riquezas, con que mostraros, de Margarira a los ojos, muy galán, muy adornado, posible es que no admitierais este bien? . En ese caso no sé qué hiciera. . Admitirlas, Don César, a veinte manos. Y si después consiguierais, a pesar de los contrarios, veros sentado en el Trono? Tardara en hacerlos cuartos un momento. . Quizá fuera mi obrar, según mi heredado esplendor. . . Aún no lo veis, y ya os estáis con emplando dichoso? Y si coronara de Margarita la mano estos bienes? . Hu Don Juan! que es ese tan sublimado gozo, tan gigante dicha, que no es posible que el labio explique lo que causara en mi vida ese milagro. A todos me resistiera, amigo; pero no alcanzo a ese impulso. En cuanto a eso, tiesos los dos como un ajo. Pues veis, Don César, la prueba, cuan claramente he sacado, de que es el vuestro un arrojo mal discurrido, y no un sano deseo de inquirir ciencias? Volveos, y conformaos con vuestra suerte; mirad bien, que para retrataros, y arrepentiros después, mejor es no comenzarlo. Yo nací en España, en donde desde mis primeros años estudié la Majia Blanca, que es un último, y un alto conocimiento, en extremo, de los secretos más raros de la gran Pilosopiía, udes penetrando la intrinsecas de las cosas s, donde hallamos ex así os, que cada día vemos, y experimentamos. Y aún por eso la llamó Plotino esclava, que al lado ve de la naturaleza sus efectos estudiando, y sus hechos inquiriendo; y una vez que de su mano la tiene, obra los portentos, que consiguió Alberto Magno; haciendo hmiblar la cabeza, que había de hierbas formado; Architas, con las palomas, que iban los aires cortando, siendo de madera, el fuego fingido, el mar imitado, el aire solido, el día nocturno, el monte volando: De Rogerio, a quien la Italia venero, no ha siglos tantos. Todo esto lo ejecutaba yo, sin haber deslizado de la Magia natural el abominable trato de superstición, perstigio, nigromancia, ni encanto, pues esa es la Magia Negra, cuyo estudio esta vedado. Muchos estudiar quisieron conmigo, viendo los raros efectos de mis fatigas, y los exquisitos casos, que en la Corte se encontraban; y aún el Gran Felipe, Hispaño Monarca, gusto de ver de mis invenciones algo, hasta que de una quedo satisfecho, y asombrado: y a nadie quise enseñar, porque es un gastar en vano la preciosidad de tiempo, y entaquecer a un ingrato. Con que no habiendo podido nadie en mi Patria lograrlo, ved quien puede pretenderlo en la ajena? . Quién postrado os lo suplica, y con quien no se entienden los villanos fueros de la ingratitud, pues en noble pecho hidalgo, queda a ganancia cualquiera beneficio vinculado. Con que a que no se os olvide la fineza de enseñaros os atrevéis? . Y lo juro a los Cielos Soberanos. Y que si os vierais en puesto generoso, y elevado, premiaráis mi buena ley? En oro, en bronce, y en marmo! hiciera esculpir el nombre de quien el ser me había dado. Ved, que de la obligación al olvido, hay poco espacio. También agradecimientos hubo, que se eternizarán. Qué va, que nuestra por fía, a un suceso extraordinario, y jamás visto en el mundo, da ocasión? . Cómo? Logrando, que os enseñe: Ea, Don César, ved cuando tengo de daros la primera lección. . Ahora. Mi amo es de golpe, y porrazo. Ahora? no veis, que las once son, y es hora de que vamos mas a comer, que a estudiar? Es tal el ansia que traigo de tu doctrina, que como no pusieses tú el reparo de mi molestía; un instante no perdiera. . . Pues en algo os tengo de complacer: Ah Juanere. Señor Amo. Dile al Ama, que no saque la comida por un rato, hasta que yo se la pida. Vos, amigo, retiraos hacia allí; y vos aquel libro me alcanzad. Si va de espacio, a escoger la fruta voy, y traer la nieve. Har regalo más endemoniado, que cuando están refunfuñando las tripas de hambre, intentar desvanecerse los cascos. Yo lograré mi intención: . este es Hérmete, el más claro, y el más docto Author, que tiene la Magía: pero llamaron? . Sí. . . Cuidado desde aquí, . yo veré quien es. otro asno como mi amo será, que en lugar de leer un plato, vendrá a manducarse un libro. Este pliego trae un Soldado de Guardía de Arnesto Esforcia. De mi tío? desde cuando se acuerda de mí? licencia me dad. . . Leed. Qué aspectazo tiene el Mago propiamente de coroza de a diez palmos! Apenas mi dicha creo! Qué es eso? . Que ya los hados me empiezan a ser propicios. Arnesto, con agasajo, que nunca de él esperé, me escribe apacible, y blanoo, que ahora en Palacio me espera. Ya veis cuanto deseado habre esta ocasión, y así, dadme licencia. Aguardaos: con que aprender no queréis desde hoy? . Cómo no, volando vuelvo a veros; y si es que mereciera interesaros en mi dicha, y consiguiera teneros siempre a mi lado, qué mayor bien para mí? Cómo fuera bien premiado mi oblequio, yo me arreviera a seguiros. . Buen emplasto tendráamos. . Haí. Don Juan! no estéis confuso, dudando de la verdad de mi fe. Tomad, amigo, mis brazos, en prendas de mi promesa; vos veréis, que cuanto valgo es vuestro. . . Ofreceislo así Así lo ofrezco. Pues vamos: y ved que en vuestra palabra vos, Don César, confiado, a enseñaros, y asistiros, aunque temiendo, y dudando? Qué, Don Juan? Que habéis de ser tan cruel, y tan ingrato, como cualquiera, después de asistiros, y enseñaros; aunque si este caso llega, y veis que me satisfago, no os quejéis. De qué, Don Juan? De nada, Don César: vamos Plegue a Cristo, que no pare este cuento en chamuscarnos; pero no, que si se escribe el caso como se ha hallado, y el ingenio no se mete en el como, ni en el cuando. allá lo discurra el docto, que lo demás no es del caso. Yo, hermosa Margarita, que tanto Potentado solicita tu mano, de esta dicha satisfecho, a costa de la rabia de mi pecho, (no, que ahora, que antes que ocupe el Ducal Tro- acabe el arrificio de mi encono, es fuerza: deponiendo esa aspereza, decoro natural de tu belleza, elijas entre tanto Soberano, quien de Milan el Cetro, y de tu mano el tesoro divino posea; esta es razón, y este es destino, y es precisión pues el de Mantua, airado de haber vuelto de ti menospreciado, fundado en el derecho, que imagina, con campo armado a esta Ciudad ca- (mina, y es preciso que halle, o quien sus arrogancias avasalle, o quien le desengañe en sus anhelos. Y a eso no sobro yo? vive los Cie- que si trara a la vista (los, de tan grosera acción, como coquista mi mano, de otro aliento, que el postrado temor de un redimiero, en la defensa mía me verá el Alba, al renacer el día, con los arneles alternar las galas, émula ya de Venus, ya de Palas, creyendo las Estrellas, que pretendo abanzar sus luces bellas, asaltando la brecha refulgente, que abre el Sol en los muros del Oriete! Todo esté prevenido; venga el Gonzaga, que el peor partido hallará su osadía en mi nunca domable fantasía. El Duque enamorado, (do: el medio hyerra, pero el fin no ha erra- pues que empresa mayor, que mayor gloria que una sola atención de su memoria? ni a que asunto mayor pueden juntarse ejércitos, y un pecho aventurarse, que reverente ama, que en conquistar desdenes de una dama? Si ese el camino fuera de vencer un rigor, ya lo estuviera; pero si en un obsequio reverente, quie obró más cobarde, es más valiente no sé que sea proceder atento hacer luerza de un atrevimiento. Es ver si de su arrojo el amor gusta. Cómo puede agradar con lo que asusta? Bizarro está un galán en la campaña. Y corra una mujer: gloriosa hazaña. El vedrá a persuadirla, no a ofenderla. Y empieza bien con desobedecerla? Enrique de Ferrara, yo juzgo siempre de otro, lo que obrara yo por mí. Yo no, no adulo, Filiberto Esforcia, lo que en otro es desacierto. Yo confiesto, que me hallo en los términos solo de un vasallo, que a no serlo, no sé que acción siguiera, Siempre en vos, y en cualquiera, la que se ve que es mala, mala fuera. Siento, que no sea campo, la que es sala, que si no: . Qué sería? Hiciera: . Yo: Tened, pues: qué osadía os alienta en mi presencia a echar mano a las espadas? despejad. En mí el hacer la acción de querer sacarla, no fue pretender tomar en Filiberto venganza, señora, si no es decirle, que mi mano se adelanta a manejar este acero en defensa de tu casa. Luego que supe el intentó del Duque, escribí a Ferrara, para que los Regimientos me enviase de sus Guardías mi hermano con que te sirva yo; pero en tanto si tardan, de aventurero en tus Tropas, daré la vida a tus plantas, defendiendo siempre, que es torpe acción ingrata, y baja, reducir de las bellezas los obsequios a las armas. . Margárita, no es bizarro Enrique? . Sí: mas me enfada su altivez. . Yo, gran señora, no puedo ofreceros nada, mas que morir en defensa vuestra; pero del de Mantua invidioso, al ver que tiene poder, y que en la campaña muestra, que viene a lidiar con su suerte, cara a cara. Pues cómo es la bizarría del amor la mejor gala, y el mismo que lidia, es quien vencido de vos, batalla, siempre seré de opinión, que es acción gloriosa, y alta morir, o que otro no goce los favores de mi Dama. Ay, bella Nise, contigo . habla mi amor, que aunque haya de obedecer a mi padre, que a Margárita me manda servir, no es fácil que puedas borrar la imagen del alma! . Qué dices de Filiberto? Lo que de esotro. . Bien hayas tú. . Que para no gustarme, ser mi pariente le basta. Galán primo, es cosa insulsa, como pastel hecho en casa. Yo no quiero, Margarita, que creas, que es de mis canas empeño, para evadirme del gobierno, y de su carga, el solicitar te cases: tu discreción, siendo tanta, hace inútil mi consejo, tú allá lo discurre, y traza. Que a mi disponer me toca, . como aqueste estado caiga en Filiberto mi hijo, agostando la esperanza de tantos como la anhelan. Y pues que de mi ideada industria, César Esforcia ha de ser la primer basa, al logro aspire, aunque luego, para que pueda lograrla, hoy le dé un veneno a César, y a Margárita mañana. Creerás, prima, que no sé que razón desconfiada con mi tío, no me gusta su áspera condición vana? Cómo ha de agradarte, Nise, si yo, a pesar de mis ansias, la tólero, descubriendo cada día en su tirana ambición, y en el imperio con que su genio me trata, lo mal que está, con que no naciese yo su vasalla? Por solo ese inconveniente, al instante me casara, aunque no fuera salir de la miseria, y la infamia de ser doncella. . De solo el pobre César no se habla, Margarita. . Ay, Nise mía. si cupiera que esperanza pudiera dar: . Mira bien lo que dices, que me matas, . que es César el bien que adoro. Mi condición más humana fuera. . A quién fuera tu primo? No lo sé: por qué cantan, Clotina? . Porque no saben, que tú, señora, lo mandas. Cantad, y dejadme sola. Adiós. Tú, por qué te apartas, si con mis criadas hablo? Pues quién es más tu criada, que yo? Perdona, que quiero desde más cerca escucharlas. . Oh, qué bien que acusa Alcino, Orpeo de Guadiara, unos bienes sin firmezas y unos males sin mudanza! Sin haberlenos opuesto nadie, según ya las Guardías tendrán el orden, llegamos a esta galería. . . En nada te detengas, pues ya vienes de plumas, joyas, y galas, decente. Ay o Juan! con qué pagaré finezas tantas? Lo mejor es, que se hallaron cosiditas, y ajustadas, en casa del Mercader, y quiere que no haya trampa en el cuento. . Ten el paso, que mi deseo me engaña, o esta es Margárita. . . Pues por que no llegas a hablarla? Dices bien. Si un desdichado puede a tus divinas aras, bellísima deidad mía, cuando otros bienes le faltan, ofrecer en holocausto la fina verdad de un alma, admítela, de quien solo, abatido, y pobre alcanza, del rigor de su fortuna, del resón de su desgracia: , . Unos bienes sin firmeza, unos males sin mudanza. Seas, César, bien venido, que aunque extrañe, que te haya hecho mudar aquel traje, en que indecente mostrabas, que la suerte, con quien más merece, anda más escasa; no obstante me alegra el ver, que de tu retiro salgas, donde adviertas, que tú solo mereces menos ingrata mi atención viendo tú muda reverencia cortesana: Que bien canta su dolor, quien llora bien su esperanza. Ay, señora, que no sé si es eso estar lastimada de mi desgraciada suerte, o del clamor de mis ansias! Que el son desata los montes, que al eco enfrena las aguas. Sea compasión, o sea afecto, por qué se cansa en apurarlo, el que vea, si para que le oigan habla? Qué el mote, y el agua escuchan lo que llora, y lo que canta, Y eso sea lo que fuere, piedad, o agrado me basta para creer, que lo que hoy logro lograré mañana? Por qué no? . Soy desgraciado y sé, que para agostarla: , . El bien es aquella flor, que la ve nacer el Alba. Proseguid con mi licencia. Qué quieres, prima? llamabas? No, Nise, pero a buen tiempo vienes: Buena va la danza. Que está aquí César. Albricias, corazón. Y pues mostrabas, no ha mucho, en tu compasión, la lástima, que te causa su poca suerte, te quiero, ya que una piedad le haga mi entereza, hacer en ella participe. Yo empezaba a decir, que prosiguiese, con mi licencia, su instancia: añádele tú, que crea, que no será tan huraña mi belleza, que no sepa distinguir la que es constancia, o interés, y que no es siempre para asombrar a quien ama: El mal la robusta encina, que vive con la montaña. . Toma, si obra el vestido. Amor, qué es lo que me pasa! Ello, para galantear es gran cosa la ojarasca. No es Broculí aquel? quién diablos ha puesto en limpio esta manla? Buenas albricias, Don César, podéis, de fortuna tanta, darme. Si lo que es limosna, señora, no tiene paga, qué puede dar el que vive de las piedades extrañas? Ya veo, que a un desengaño solamente yo intentaba alentar vuestro desprecio también; pero con tan rara dicha, como alcanzáis, César, no tenéis que invidiar nada. . Qué decís? Qué he de decir, que estoy de gozo sin alma. Adiós seor despilfartado; quien vistió la personaza del tisú y del galoné? Misa Clotina, no falta; piensa usted que no har también hermosuras tributarias? Es posible, que de asco, no bomito las antrañas al desnudarle, esa Ni de tanta mujer? Qué gracia. antes es Sol, y guardo mi camisa, por ser alba. Qué presumido, y qué bestia! Qué resuelta, y qué borracha. Dadme, Don César, los brazos, pues veo tan mejorada vuestra fortuna. Ay, Don Juan! así no aiga, al turbarla, algún extraño accidente. Guerra, guerra, al arma, al arma. Esto tenemos ahora? Soldados, ha de mi guardia; mas, César? Tío, y señor? Huélgome, que a tiempo hayas venido, de que aunque no la novedad impensada que oigo, me deje decirte el fin a que te llamaba en las concurrencias de hoy, te halles por ti, y por tu Patria. Guerra, guerra. Hola, qué es esto? De esos acentos guiada, vengo a saber, qué rumor es el de esta marcial salva. Qué nuevo escándalo es este de tiros, trompas, y cajas? Señora, desde la Torre del Omenaje en batalla puesto Ejército copioso, se ve, que a nosotros marcha: y los nuestros, que ya vienen, de sus tropas abanzadas cediendo al número, afirman ser las gentes del de Mantua. . Qué importa, si yo sabré castigar tan temeraría osadía. Ya que Carlos de improviso nos asalta, un Soldado soy no más, aquí estoy a ver qué mandas. Mi obligación, gran señora; me trae a tus pies. Aguarda, que la voz de aquel clarín parece que hizo llamada. De todo inocente; mudo me mantiene mi ignorancia. De Mantua un Embajador, de llegar hasta tus plantas licencia pide. Di, que entre. Margárita soberana, después de besar tus pies, yo en nombre mío, fiada mi persona, en que enviado por mí, de tu salvaguardía tengo el seguro, que dieras a cualquiera que enviara, vengo a expresar, que no soy tan grosero, que mis armas hubiese contra tu Estado, ni contra ti, si no hallara, que es fuerza vencer con ellas lo que el amor no contrasta, Tú, señora, del dictamen de Arnesto tiranizada, aquí a Filiberto Esforcia admires, y de Ferrara a Énrico, a tu galanteo, y otros Príncipes, que igualan mis glorias, sin que en ti sea elección, si no es instancia de quien de su mano quiere, para que de ella no salga, dar el Cetro de Milán. Pero yo, teniendo espada, no he de admirir competencias, puesto que si me desairás, obedeceré a tu gusto, pero no ha opuestas jactancias. Yo retiraré mis tropas, como de tu Corte salgan cuantos a tu mano aspiran: quédate tu hermosa ingrata, por dueño de tu albedrío: vean, que nadie le arrastra, ni le inclina, o vive el Cielo, que a otra acción haré que arda al besubio de mis celos, Milán, en gigantes llamas, y sus cenizas: Detente. . Oye. Escucha. . Cuándo! Aguarda, que mientras no habla el acero, deben lidiar las palabras. Yo soy el más agraviado de ti, Carlos, pues me tratas de tirano, y ambicioso; mas porque veas, que nada puede en mí más que mi dueño, de Margarira a las plantas cederé el bastón: tu suerte en tu pretensión te valga, y deja libre a Milan. Yo imitaré tan hidalga acción, si las armas quieres: y hasta buscarte en campaña, de Milán saldre. Mi brío compratá, a costa de hazañas, tanto bien. Eso decís? Si la defensa nos falta, qué hemos de hacer? Quién pudiera brotar al labio su rabia, Don Juan. Propón cuanto quieras, y fía en mí, Es tan villana, Carlos, tu proposición; que la cólera, la saña: No te deja, gran señora, encontrar con las paabras; pero yo hablaré por ti. Échale cuatro bravaras. La Duquesa mi señora siempre fue libre: quién trata de sujetar su albedrío, es un grosero, y se engaña. De las mas las acciones no se veantan, que a sacras Deidades, solo es el ruego quien dignamente las habla. Y así, tus gentes preven a la lid, que en la demanda de su razón, y en castigo de tus locas arrogancias, presto verás innudar esos campos mis Escuadras. Decís vos esto, señora? Quién lo duda? Tu bizarra osadía es solo (oh César!) la que me deja obligada. Pues aunque sea extrañando, que tan corta, y limitada oposición, donde hay tantos, en quien fuera más gallarda, me amenace, el duelo acepto, y haciendo a tu honor las salvas, a vos os llamo al obsequio, y a vos, César, a batalla. Toca a embestir. Un caballo me dad. Saldrás co tus Guardías. si otra defensa quisieres, César, que tanto se jecta de osado, te la dará. Yo basto a tan corta hazaña. Yo soy uno, y a lidiar voy, no a vencer, porque tanta gloria, señora, es de César, que en los imposibles manda, . Mientras César, gran señora, con las huestes, que formadas en su fantasía lleva, canta del triunfo la gala. vor a perder en mi vida la cosa que más os cansa. Nile hermosa. No importa, César, que bien, o mal salgas, tu hablaste muy a mi gusto, pues no ofreciste una infamia. . Arroso vais, que vengáis más airoso es lo que os falta. . Seo Brocul, o en Gaceta, o con viva, y luminarias. Y pues, qué he ofrecido yo? Guerra guerra, arma, arma. Qué habéis hecho, que prometa, Don Juan? Una acción de fama, y gloria, que lograréis: seguidme. Esto es en volandas llevarnos. Adónde estáis? En Palacio. En la campaña diréis. . Vive Dios, que es cierto; y tampoco en esto hay mabía. Y aquí solo, qué he de hacer? Solo? no oís esa marcha, que en el centro de la tierra se escucha cómo lejana? Sí. . . Pues tropas vuestras son: Ah de las rudas entrañas de la madre universal. Ya salen en ordenanza vuestras gentes. Y también esto es cosa de chanfaina: vive Cristo, que me cisco, que va de veras la danza. Socorred a Margarita, no veis, que desamparada de los suyos, corre riesgo? Dicen bien: abanza, abanza: viva Milan. Mantua muera. . Teneos, que a tan sagrada empresa, soldados míos; solo los respetos bastan. Margarita, de los tuyos te miras abandonada; nadie, como yo, podrá ir hasta tu Regio Alcázar en guarda tuya. . Atrevido amante, que tus villanas acciones encubrir quieres de corteses voces falsas: yo no sor mujer, que admito obsequios de quien me agravia, y más: Por Milan victoria. Cuando la suerte trocada, canta victoria mi gente, y la tuya las espaldas vuelve: . Viva César, viva. Y César la lid restaura. Margárita reine. Eas, pese mi suerte! volvéis las caras? Volvedía vos a mirar, si sé cumplir mi palabra; rendid la espada, o morida Soldados, matadle. Aguarda, César, que es mi prisionero desde aquí, Carlos de Mantua, Solo ese consuelo puede competir con mi desgracia. Tuyo es, gran señora, todo. Yo estor hecho un papa natas, Hayendo van, Margarita, los contrarios: la barala debes a César, que cuando retrocedió la vanguardía con nuevos trozos de gente, que de la Ciudad sacada, sin duda emboscada tuvo, entró ardiente a reforzarla, y penetró al enemigo. Luego bien me aconsejabáis, que acudiese a él por defensa: ved si con razón se jacta. A tus pies esos trofeos digan, que no he estado en nada ocioso. . Sois uno solo: quien imposibles no manda, bastante obra en aquesto. Ya queda sola la campaña. Sí, Filiberto entre tanto, que César victoria canta. Viva César, César viva, restaurador de la Patria. Cuanto me huelgo de oír, amigo, vuestra alabanza. La vuestra, diréis mejor. Y pues personas tan altas como vos, Carlos, es fuerza ser dignamente tratadas, llevadle al alojamiento mejor, que en mi Corte haya. Mi justo agradecimiento recibid todos; y en paga, vos César, este bastón de Capitán de mi Guarda. Yo haré ver de vuestro padre, aunque ya esté sentenciada la causa, si hallo por donde, restablecer vuestra Casa. Vuestras son Lodi, y Cremona, si olvidado, y pobre estabáis, el vea el mundo, que con los premios las virtudes se adelantan, las esperanzas se alientan, los hierros se desagravian. Vengan desdichas, señora, si en tantas venturas paran. Dadme un abrazo, sobrino (de anvidia el pecho se abrasa) que solo tu ennoblecieras tu sangre con tus hazañas: ya nos veremos. Tenedme por vuestro desde hoy. No acabas, primo, de enlazar mi cuello? Qué lisonjera canalla. acomodado, le miran, y pobre, le gargajeaban. Siempre, Filiberto, soy tuyo. En hora buena salgas de tu retiro, a dar muestras del rubí de que te esmalras. . En hora feliz vengáis victorioso. Y vos. Broculí, que estuve en vuestra ausencia colgada de un hilo. Qué fuese loga es de lo que me alegrara. No obstante, para el terrero os cito un poco a parlata un día. . Acepto el coloquio: ya esta quiere cuchipanda. Ahora. Don Juan, qué he de hacer con vos? qué obras, qué palabras mi agradecimiento pueden explicaros? Yo, con nada estuviera más ufano, ya que en tu favor la Magia obra, y te la he de enseñar, y de Margarita en gracia estás, que con que pidieses me dé donde ejercitarla libremente en la Caudad, permitiendo, que ganara mi vida con ella. . Yo lo hiciera, pero es tan ardua la empresa: Pues si eso es tan dificultoso, saca para mi alguna Prevenda de interés, y de importancia. Temprano me empieza este hombre a importunar por la paga. . Qué dices? Que ahora ya veis lo poco que ha que levanta la cabeza mi fortuna: no me atrevo a disgustarla, empeñando a Margarita: deja que estudiando vaya contigo, y medrando, que lo que no es hoy, es mañana. Tenga usté, amigo, paciencia, que aquesta no es puñalada. Yo enseñaré, esperaré, y sufriré con constancia, hasta ver si sublimado, aquel, que abatido se halla, mañana, s hoy llega el caso de que cumpla su palabra.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Con que esto paró en bureo. Desde que de Margarita quedó prisionero Carlos la guerra ya concluida, se ha reducido su obsequio a cortés galantería: todo es músicas, y fiestas Milan. . Y ella muy fruncida, con todos muy desdeñosa, a ti solo te acaricia. Que mucho, cuando en su aplauso obra tales marabillas mi pasión. En igual esa descomunal estantigna de Don Juan, para quien no hay imposible, que resista a su maldito saber: plegue a Cristo, que algún día no lo paguemos. . Si tú tuvieras tanta noticia, según lo que me ha enseñado, como yo, de su dectrina, vieras que hasta hoy, lo que cabe en esta Ciencia exquisita de la Magia, nadie puede apurarlo: regla fija de que cabe en lo que alcanza, mas que en lo que nos admira. No obstante que ese hombre sabe que el mayor dolor de tripas que sufro, es verle, aunque es afable de genio, y que esotro día me dio unos polvos compuestos, para si se me ofrecía librarme de algún peligro. Pues tú, que los necesitas? Válgame Dios, el que anda junto al ungüento se pringa. En Palacio no me falta a mí mi zalamería. Hay moza, hay competidores, y bueno es ir prevenida la persona. Pero dime, cuando este hombre te obliga tanto, y estás en paraje de premiar el que te asista, por que por él no haces algo? Ah puesto siempre la mira en cosas dificultolas. Pero esas se facilitan por quien puede, y tiene gana de hacerlas. . Ahora querías, que mi amoroso cuidado, y mi ocupación continua en eso solo pensase? Hombre, cualquiera que sirva, escarmienta en que no hay amo, que este parecer no siga: servirse a sí es lo mejor, lo demás es bobería. Huélgome, César, de hallaros. Qué hay, Don Juan? Que la divina Margárita, pretendiendo vencer su melancolía, los jardines ha mandado disponer, que fertilizan a Milán, y noticiosos los Príncipes de esta dicha, se ha encargado cada uno del suyo, en que prevenidas danzas, músicas regalos, con los de Menfis compitan. Hoy ha visto dos y quiere salir esta tarde misma al campo: ved lo que os toca. Si tanto el tiempo limita, qué puedo yo hacer, Don Juan Pónmela una mañánica en Madrid, que con llevarla, en tiempo de uvas, o guindas a la Plaza mayor, vitra el jardín de más delicias, que pueda ver en Italia. No son esas cobardías, César, para quien aprende la Ciencia más peregrina? Al más inculto retiro, que el Po siempre cristalina, con lengua de plata lame, con ondas de aljofar riza, la llevad a su elección, donde gustare, y por mía la empresa dejad. Sobrino? Tío, y señor? No querría, que alguien nos escuche. Nadie nos oye. Pues que te diga es tiempo a qué fin, estando olvidada, y abatida tu persona, te he llamado; mira que te va la vida, y el ser Duque de Milan, en lo que de ti confía mi cariño. . Adónde iran a parar estos enigmas Ya sabes como tu padre, el padre de Margarita, y yo, fuimos tres hermanos, y el mayor de la familia fue Federico, quien dueño de su Estado hizo a su hija en su testamento, y para que de esterbo no la sirva, ordenó, que el padre tuyo, árguido de una indigna sospecha, de que se le hizo causa, acabase sus días en prisión, por cuyo caso su hacienda se la confisca, que fueron Lodí, y Cremona, Ciudades que él posría. Todo eso es cierto. Pues hoy, que con más piedad te mira la fortuna, llegó el caso de vengar una ignominia, y de no poner a riesgo este Estado, de que sirva de premio a otro rendimiento, de cuantos hoy solicitan de Margarita la mano. Sabiendo yo, que mi ruina . ha sido este aleve, y que no esta contenta su invidia, que artificio me traera prevenido esta caricia? Qué Lodí, y Cremona a ti te serán restituidas, César, es fuerza, volviendo a ver la causa en justicia. Eso espero, si es que no lo impide la tiranía. Pues estas dos Plazas, siendo las más fuertes, prevenidas, e importantes de este Estado, de que sirven sin vestirlas de una buena guarnición, tal, que en la ocasión te asista y defienda? Claro está, que para que guarnecidas estén, ni poder, ni gente tengo. . Luego el adquirirla consiste en que haya quien haga contigo amistad, y liga? No hay duda. Pues quién mejor, que quién es tu sangre misma? Yo te ayudare, Don César: las Tropas, que hay esparcidas por Milan, a quien gobierno, se mueven con esta insignia. Si tu perto estás Plazs en mi pqne, y Pavia, que es de mi gobernación, qué fuerza habrá que resista nuestra intención? Y con eso ha de ser acción precisa, que si Margárita elige, te elija a ti reducida por necesidad, a no atender a las porfías de Príncipes Extranjeros. A esto la razón me insta, el cariño de mi Patria, y el amor que me concilias. Qué te parece, sobrino? Aay traición más exquisita. . que me tengan por tan necio que no vea a lo que aspira, que es a que desposeído yo, y sin defensa mi prima, dé a Filiberto la mano, si él el Catro no la quita antes, pero por saber hasta donde su injusticia se estiende, he de hacerme al lado de su infamia. En qué vacilas, que no respondes? Señor, en dar lugar a mis iras con la memoria que me haces de mis pasadas desdichas. Si me acuerdo, que esa aleve mujer, rama es fementida de quien dio muerte a mi padre, qué es quererla! qué es servirla; qué es casarme? Mas pedazos la hiciera, que tiene el día átomos, la noche Estrellas, y arenas del Mar la orilla. Y así, valido de ti, pues después de ella, la línea viene a mí, como mayor pariente, sin tan prevista máquina, sin prevención tanta habrá mejor salida. Pues qué medio habrá mejor? Dar la muerte a Margarita. Darle a Margarita muerte? César, pues que te motiva a tanto rencor? Señora: Disimulemos, malicia: . Lo mismo iba a pregunterle yo aunque no con tan benigna tolerancia; y pues llegáis a tan buen tiempo, sobrina, vos lo inquiriréis mejor; pero quedad advertida, que no está olvidado César de sus ofensas antiguas. . Sin la prevención de Arnesto, en cuidado me pondría lo que a César escuché; pero con ella corrida la máscara a su intención, conozco adonde camina. Nise. . Qué quieres? Pues tienes elección tan peregrina, haz que canten unos tonos? y si viene alguien, avisa. Ay de mí! que se me ordena ser de mi dolor espía, de mi pesar centinela, festejando mis fatigas. Si vendrá Broculí a hacerme terrero, según la cita que le hice: Hacia la ventana voy a esparcir esta vista. César; en este papel os traigo ya concedida la posesión de la hacienda, de que mi Fisco tenía la administración, en tanto que los pleitos se litigan. Demás de esto, aquí tenéis el Título, con mi firma; de Chanciller del Estado: puedo obrar con vos más fina? Quién, señora, con la voz, y el alma no lo pública? Pues al mismo paso vos, con amenazar mi vida, podéis obrar más aleve? No hay acción, que más os sirva de confusión, que advertir, cuanto por opuestas líneas de la voz de una traición, es eco una bizarría. Ay, señora, cuanto engañan voces, que no se averiguan. Ay, amor! yo no entiendo. tus tiranías. Eso si: prima, querrás que esta tonada se siga? La que tu gustares, Nise. Qué guste hay en quien suspira tan en vano? Pues qué engaño hay en lo que tu decías a Arnesto? Ser él, señora, quien contra ti se conspira. Si mandas, si ordenas, si quieres, si intimas, en tiernas lisonjas, en blandas delicias. Cómo? Haciéndome él esfuerzos a que su dictamen siga, y a que me alce con Milán. Habrá igual alevosía! Que cante la pena, que llore la risa. Querrás que ahora cante, Cloria Para qué te cansas, prima? No he dicho, que lo que erdenes? Mas me cansa a mí mi invidia. . Y el decirle tú, que darme muerte era cosa precisa, a qué salió? A qué hecho yo de parte suya, podría averiguar sus secretos, para darte la noticia. Bien, César, bien te lo creo, que otra cosa no cabia en tu pecho, ni en tu fe; y en la seberbia, en la altiva presunción de quien ha tanto, que el poder me tiraniza, con poco me persuado a intenciones más impías. No sabes, mi bien que en fe de que tú me vivificas, moriré de que tú mueras, viviré de que tu vivas En los Palacios de Siquis, donde todo fue armonía: No es este el tono, que más te agrada: Ay, Nise querida, que impertinente que estás. no vengas, haz que prosigan, que me inquietas. No es tan grande tu inquietud como la mía. . Pues, César desde hoy a Arnesto, ya que de ti se confía, y la cara no es posible sacar, en tanto que rija este Estado, a su castigo, le has de apurar sus enigmas, y darme de todo cuenta para que esté prevenida. Así te lo ofrezco En tanto, haré que cartas se escriban para que no le obedezcan mis Ciudades, y mis Villas. Claro está, que esto ha de ser con la cautela precisa, y en habiéndola logrado, yo sabré su tiranía enfrenar, y por ahora, para deslumbrarlo; a prima: Y diciendo, suspira: Ay, dulce dueño! Ay, bella idolatria! Nise. Qué quieres? Qué dejen de cantar, y que me sigan, que al campo quiero salir. Con vuestra hermosura a dar al día que vacilar. Dando con vuestro influir al Cielo que discurrir. Que con más benigno arder: Pues con mejor rosicler: Al espirar su arrebol: Vuelve a renacer el Sol. Vuelve el Alba a amanecer. Enrique, seáis bienvenido; Carlos, como os ha tratado la prisión? Tan obligado estoy, tan agradecido a la suerte, que rendido darla mil gracias espero, y de hacerme vuestro, infiero, que no hay libertad que cante. Yo no, que desde que amante vuestro fui, fui prisionero; rindiome vuestra beldad, y en tan amable prisión, perdió la fuerza su acción, pues obró la voluntad. Pero, Enrico, reparad en que dejaréis de ser esclavo con no querer; yo no, es más blasón mío el no tener albedrío, y el no poderle tener. En vos elección no ha habido, pues ha sido acción del hado. Si ay, pues la suerte me ha dado lo propio, que había escogido. Yo voluntario he venido a arder en tan dulce calma. Siendo así, mía es la palma, pues prosiguiendo su influjo el destino al cuerpo trujo tras de la elección del alma. Fue buen modo de venir, venir armado a lidiar? Yo intentaba pelear, no dejando de servir. Como es fácil distinguir, si obsequio, o venganza era Como Margárita viera, que mi afecto pretendía, que a quien yo le di la mía, sin libertad no estuviera. Pudiera haber otra acción. Esta elegí, y basta que yo la siguiese. . No sé si fue razón. . Fue razón. Tened, no pase a cuestión lo que no merece enfado: mas el lazo. Mi cuidado. Mi fortuna. Mi desvelo. Tened que ya de ese anhelo os quité, pues le he cobrado: tómale, prima. Con él te queda, que yo me voy. Cielos, qué infelice soy! Habrá suerte más cruel! Ah ciego destino infiel! Para qué me dejas, di, este lazo? . No creí, que erraras donde le envío; no ves que el favor es mío, y queda César allí? Qué me queda que dudar, Cielos! . Si el lazo, señora, se feriara, a cuanto dera el Sol, y circunda el mar:- No os le pudiera yo dar, con que ya os he respondido. Infeliz suplica ha sido la mía. Solo findo, Nise hermosa, en el agrado, que siempre os he merecido, me atreviera a discurrir: Como en la cinta no habléis, decidma cuanto gusteis. No os tengo ya que decir. . Viendo a todos despedir, señora, quedad con Dios, que lo que negáis ha dos, no creo a uno concedáis. Pues ved como os engañáis, pues que el lazo es para vos. Señora: pero qué veo? César, y Nise aquí están hablando: de qué hablarán? Apenas mi dicha creo: yo con seguir un trofeo, señora, tan soberano, por vuestra divina mano? Yo adquirir tanto favor? Perdonadme, que el amor me tiene loco de ufano. Mucho es que precipitar no me haga mi frenesí. Qué es esto, Cielos, que oí? Con qué pudiera pagar lo que os debo? Con obrar menos necio, y desatento. Pues en qué mi rendimiento falta a saberos servir: Quién le pudiera decir . que en el estar tan contento! más fuerza es disimular, y morir de mi dolor. No tratéis mal a mi amor, dándole con el azar un gusto de este pesar. La que no alcanza a tener, sin un pesar un placer, no es fácil poderle dar. Yo os dey el fevor, y he sido quien más de vos se ha agraviado; de mi mano estáis permiado, y la vuestra me ha ofendido: piedad de vos he tenido, y tengo rencor con vos. Enigmas son, vive Dios, que no alcanzo sus extremos. Pues esas, César, podremos averiguarlas los dos: veníos conmigo. Tened: qué pretendéis, Filiberto: Dar la muerte a quien me ha muerto. La indignación suspended. Nise divina, cred, que si el favor que ha alcanzado César, le hubiera logrado de Margarita, sintiera la acción, pero no muriera celoso, y desesperado. Pues pena tan rigorosa, que la causa en vos sios muestro: Que el favor es, Nise, vuestro, y esa es mi muerte forzosa: venid, César. No reposa. mi cólera hasta escuchar qué queréis. Cruel pesar! ya no puedo resistir, o bien déjame morir, o bien déjame quejar. . 1. A la orilla. 2. A la ribera. 3. Al bosque, y tomad los puestos. Maldita cosa es andar un hombre de Palaciegó, fantasma atisbando siempre. como si fuera conejo. Rato ha que de las Mondongas paró el coche, y desde lejos, después de haber hora, y media, esquiciado de pescuezo, estando aparando embustes, que vertía un agujero, me hizo mi seña Clotina, que la viniese siguiendo; y el mismo rato ha que voy, como cuando le da el viento, y va a pásito observando la codorniz, el podenco. Mas ya la tropa ha llegado: si me ven en el acecho los Guardas, me han de poner de vuelta y media este cuerpo. Pero quedáreme atrás, que a bien que mis polvos llevo para cualquier accidente. Qué placido, y qué sereno. está el día! Aunque defiende la impresión de los incendios del Sol el campo, ya va templando su ardor el cierzo. Hermoso está el Po. Sus aguas forman undosos espejos, en que su hermosura a feitan los álamos, y los fresnos. Solo yo, ya malogradas mis idéas, ni me alegro, ni es posible; pero aún bien que somos dos, yo, y el tiempo. Solo a César no descubro: Nise, ejecutaste aquelle que te dije? . Sí, mas hubo:- Qué? Yo te lo iré diciendo. . Ah Clotina? . Broculillo? Ya, gracias a Dios, te veo, muchacha, sin más altura, que tu desvanecimiento: a qué fin es la llamada? A que me venga sirviendo, acechando, y contemplando, y vuelva con un desprecio. Y no a más? Pues a qué más? Lleve el diablo tu pellejo, pues la gatera de allá no bastaba para eso? Mira que respeto tengas. Claro está, que con respeto te he de quitar esta cinta, te he de ajar el moño hueco, te he de manosear el rostro, y darte un abrazo. . Ay. Cielos, que nos han visto los Guardas! Pues vete, vete, . No puedo, que está ya lejos la tropa. 3. Qué hacéis aquí, Caballero? Yo estaba aquí, porque estaba aquí propio: 3. Quién? Yo mismo. Doñosa majadería 2. Y sobrado atrevimiento. 3 A las Damas de su Alteza atreversel venga preso. Cómo preso, canallota? polvillos, para qué os quiero? Ay, infeliz! 1. Agarradlo, 2. Venga el bribón. Zegos quedos, Reyes míos, si no quieren que los eche a los Infiernos. 3. De qué forma? . De esta suerte. 1. Virgen, qué animal tan fiero! 2. Al Toro. 3 Hala, Torillo. 1. Jesucristo, que me ha muerto! Qué lindos, que son los polvos! Toro, dale a ese bermejo. No paro yo en una legua. 2. Ah, Toro. . Toma ese vuelco; bravamente los remienda los calzonas; pero, pero vive Dios, que se me acerca: Toro, mira, que en mi obsequio vienes, y que solamigo de aquel Mágico embustero, que te envía: Ay, San Panuncio! que me busa, que araña el suelo, que me enviste, que me coge, que me mata: esto es mal hecho; Toro, mira lo que haces, que es un grande atrevimiento: ay, que me ha desvencejado! Buscando a Don Cersas vengo; mas quién está aquí? . Ay, señor caminante, o pasajero, tráígame usted un Cor fesor, aprisita, que me muero. Este es Broculí: buen hombre, qué tenéis? . Un hechicero del diablo, un Don Juan de Espina de esta manera me ha puesto; maldita sea su alma: confesión, que ya fallezco. Pues qué hizo? De ciertos polvos, que me dio para un remadio, me vinieron estos lodos. No os entiendo. Yo me entiendo: dígame usted, se ha ido el Toro? Qué Toro? yo nada veo. Pues deme una mano, que voy a acusar a aquel perro: A quién? . A la Inquifición. Bien me pagar lo que he hecho, Broculí, por ti. . Tú eras? pues lo dicho dicho. . Bueno. Desde hoy no me entraras tú mas de los dientes adentro. Y tu amo? . Tú lo sabrás. Este parece buen puesto. Cualquiera para mi brío lo es. Pero disimulemos, que hay aquí gente. Don Juan? Amigo, pues cómo es estos siendo hoy el día que es toca de Margárita el obsequio, no la acompañáis? Es fuerza con mi primo Filiberto estar. . No es fuerza, Don César, Pues qué hais Que nos descubrieron Margárita, y los que van por esta margen, volviendo hacia nosotros; y así, suspéndase nuestro duelo hasta mejor ocasión. Siempre veréis, que si adquiero de Margárita favores, sé bizarro defenderlos. Favores de Margaritas pues ese lazo no es cierto, que os le dio Nises No hay duda, pero no es Nise su dueño. Cómo? . Cómo es Margarita. Fatigas, del mal el menos; pues siendo así: . Qué decís? Nada, que ya nos veremos, que llegan ya, y es preciso ir a salir al encuentro. Llegó la ocasión, Don César, de que sepa lo que os debo. Cuando yo lo ignoro? Cuando, olvidado de mi aumento, en nada que os he pedido, he hallado cumplido aquello que en mi casa me ofrecisteis al salir de ella, viniendo, en fe de vuestra palabra, a asistiros. . Ya me acuerdo, Nunca tú hubieras venido, pícaro, quebranta huesos. Pero ya veis que hasta aquí no ha habido ocasión de hacerlo, Hoy, que ya restituido por Margárita, poseo mi copiosa hacienda, y soy, Don Juan, Canciller del Reino, yo os ofrezco hacer por vos: No es eso lo que de seo, ni por lo que os digo que hoy habéis de premiar mi afecto, sino es porque la ocasión tan en la mano tenemos, que ha vacado la Abadía de Novada, y no acudiendo cosa tiempo a pedir: . Teméis, que la perdamos? pues eso qué importa si estoy yo aquí? vamos ahora a nuestro empeño. Vamos muy en hora buena, que vos no haréis nada bueno. . Qué hay de jardín? Qué ofrezcáis cuanto gusteis, que está hecho. Y cuidado no aiga Toro, que os descosa los gregüescos. Ya llegan aquí. Es posible, César, que tan caro el veros ha de ser: qué os hace el campo, que vais de gozarle huyendo: Hemos estado ocupados en coger la flor del berro. Quita, loco: yo, señora, cuando, si . Turbado os veo. Ahora puedo desairarle. Ocasión es de correrle. Quién duda, señora, que habrá estado disponiendo César diversiones vuestras: Sabiendo, que estos amenos parajes holláis, y que no os negáis a les festejos, no nos está su cuidado bien, pues sería excedernos. No oyes aquello . Ya sé, que todo es en mi desprecio. Dónde esta vuestro jardín, César? . Señora, no lejos. No lejos? pues yo muy bien de las sálidas me acuerdo de Milán, y en este sitio, que es el más solo, y desierto, jamás hubo Caseria, ni jardín. . Pues yo le tengo. Mirad bien lo que decís. Tendreisle en el pensamiento. Y cuál es? . . De aquel peñasco que se esta desde aquí viendo la ruda silvestro baca, para en su hermoso centro un delicioso, pensil, ignorado muchos tiempos ha, de cuantos habitaron de Milan el grande Pueblo. De ese le di yo noticia a César, que no contento con serviros, gran señora, en comunes rendimientos, anda buscando exquisitas ofrandas a vuestro obsequio. Y quién soy vos? . . Un criado de César. . Idle sigiendo. Menos yo: a mí me arrebaten mil demonios, si allá entro. Anda, loco. . Eso es forzado, renuncio el pacto, y protesto que entro forzado. Veamos sta novedad. . Gocemos e este no visto misagro. En mis máquinas suspenso, a nada atiendo. . Anda, prima. No vienes? . Ya voy. Si el huerte lleva guantes, abánicos, bebida, y dulces, es bello. César: . Mi bien: Las respuestas de aquellas cartas vinieron, y ya quedan prevenidos de no obedecer a Arnesto. Y hora qué intentas? Lo que hoy ha de decirte el suceso; pues el Pueblo de Milán tengo convocado, a efecto de que me busquen, y pidan le despojen del gobierno Para hacerlo sin peligro, no puede haber mejor medio. Vamos. , h; Soberano Alcázar! En su Augusto pavimento, siendo el oro su materia, aún es lo de menos precio. Esto la tierra escondías sin duda otro Firmamento guarda en sus duras entrañas, pues este segundo Cielo, con flores, aves, y plantas, suple Estrellas, y Luceros. Has visto mayor prodigio, Clotinas . Ya traigo muerte el pescuezo de volverle hacia mil partes a un tiempo. Desde que vivo en Milan no había llegado a este puesto jamás: qué admirable el iseo! aún siendo autor del deseo de imposibles, no pudiera competir con su bosquejo. Que bien dicen, César mío, que el amor obra portentos! Por qué? Por el que tocamos: que hermoso pensil! qué regio! que vario, y qué deleitoso! y sobre todo, qué nuevo! pero si es fineza tuya, fuerza es que fuese perfecto. Tu honras mi humildad señora, mas de mi merecimiento. Linda cosa! soberana, como a quien lé es un enredo tan barato, que el tal Mago la dé a mamar a su abuelo. El aire se va poblando de músicas, he instrumentos. Honrad aquellas viandas. 3. Nosotros las serviremos. Hola esto es verdad, que huelen los platos que es un contento. Fuerte alboroque! . Hcia allí veo un salchichón Flamenco: quién le pudiera pillar! Haced salva a tan gran dueño. Dulces voces. . Voces, voces. Blandos ecos. . Ecos, acos. Haced salva. Salva, salva. A mejor Venus. . Venus Venus. Dulces voces, blandos ecos, haced salva a mejor Venus. Voces, voces, ecos, ecos, salva, salva, Venus, Venus. Señora, que las Estatuas cantan. . Calla, que aún el viento que respiro, no quisiera que rompiese mi silencio. Marabillosa armonía Con mi salchichón me entiendo, que le pillé: mas hay! hay! ba,ba. . Broculí, qué es eso? Un lagarto, que me muerde la lengua; y cual va creciendo, que no puedo hablar! . Villano, quita de ahí. . Aparta, necio. Mírenle, señores. . . Siempre has de ser tan embustero? Ah maldito! para todos hay merienda, y regodeo, y esto solo hay para mí: Ya vuelve el sonoro estruendo. A tus aras. Aras, aras. Nable pecho. . Pecho pecho. Fino rinde. . Rinde, rinde. Tal obsequio. Obsequio, obsequio. A tus aras, noble pecho, sino rinde tal obsaquio. Aras aras pecho, pecho, rinde, rinde obsequio, obsequio. Ya está todo fenecido, y aún el día va muriendo, vamos. . . Esperad, señora, que habéis de ver, cuán atento César, mi Príncipe, presta a lo inanimado afectos. Cómo? . . Para festejaros, espíritus infundiendo en los troncos más robustos, y en los mármoles más hiertos. Que a tanta belleza son cultos pequeños humanos tributos, comunes incendios. Y así, el que a tus plantas su vida te ha puesto, el alma nos presta, con que te obliguemos. Admite este corto tributo imperfecto, mientras se rinden otros Orbes nuevos. Viva Margárita, viva: muera Arnesto, muera Arnesto. Qué asombro! Qué confusión! Qué marabilla! Qué es esto? Muera Arnesto: Margarita viva, y libertad la demos. Señora, déjate ver, para aplacar un tremendo tumulto. . De quién? Del vulgo. . No estoy yo aquí? Idme siguiendo, y en sabiendo que lo causa, se puede aplicar remedio. Viva Margarita, - Y pues ya esta fantasía no sirve, llévela el viento. Viva Margárita, viva. Hijos, que os mueve a este extremo, y a que me vengáis buscando con ese confuso estruendo? Que nos des Goberbador menos tirano queremos. Mirad, que Arnesto es mi sangre, Muera, muera ese soberbio. Cielos, qué pasa por mí! Veis, Tío, qué buen efecto hubierais hecho en el vulgo, y en vuestra vida, saliendo? No importa, yo castigarlos sabre a costa de mi riesgo. Yo no sufrirtal desaire. Y todos defenderemos de Margarita el decoro. Fuerte caldo se ha revuelto. César, esto es en favor de vuestras ideas. . Quedo, nadie se mueva, ninguno ose romper mis preceptos, o le costará la vida. Todos estamos sujetos a tus ordenes. . Temor, . ya sacar el rostro puedo. Príncipes que me escucháis, vasallos, amigos, deudos, lo que ha menester mi Estado, no es a vosotros, supuesto que por vosotros, sin más razón que este privilegio, sois en cualquier accidente, finos, leales, y atentos. Lo que es menester tener de parte de mi respeto, es la ceguedad del vulgo. pues ya sabéis, que es un Pueblo desvocado bruto en quien, roto una vez este freno. no hay paso que no camine a un precipicio sangriento. El Pueblo pide, que deje la gobernación Arnesto, y yo para complacerle, sin apurar los pretextos, ni los motivos, que le hayan obligado a este despecho, le pido que de una vez seguridad, y sosiego me de cediendo el bastón. Ya queda a tus plantas puesto; no sé que haya quien más pronto obedezca tus decretos: rabiando estoy de furor, . pero esto es fuerza. . Lo mismo habéis obrado, que yo de tan generoso esfuerzo esperaba Primo, alzad aquesa insignia del suelo. Señora: . Alzadla, y tenedla, como en depósito, el tiempo que fuere mi voluntad, para volvérsela luego con las honras, los favoras, los blasonas, y los premios, que le deben, a mi tío; pero ha de ser en sabiendo que algo tengo averiguado, desde que callo, y tolero, si tiene el Pueblo razón, o vos: o viven los Cielos, que en el que no la tuviere haré un público escarmiento. . Viva César, César viva, viva el gran Caudillo nuestro. Yo, cuando. . Ya veis, señor, que en mi es fuerza este precepto obed ecer: siendo mío desde hoy el bastón, es vuestro. Gozadle por muchos años. Ya estos son muchos extremos; la en hora buena admitid, Don César, del nuevo puesto. . Vuestro es todo cuanto soy. También yo daros la espero, y aún con un nuevo realce. Cuál? . . El de cansaros menos, mientras más os subliméis, por no exponeros al riesgo de que os olvidéis de mí, cuanto más vais ascendiendo. . Ya, Broculí, de Don Juan se han vuelto quejas los ruegos. . Si ve que se cansa en vano mientras más sirve, harto cuerdo es en dejarlo. Y ahora, qué hemos de hacer Filiberto? No sé, padre, lo que os diga. Qué has de decirme, teniendo infamemente abatido el ánimo a ese cruento monstruo, a quien pude quitar la vida al primer bustezo de su animación Y así. pues para mi desconsuelo, amando a la que me agravia, no puedes ser de provecho a mi venganza mi vista huye. . Si el impedimento para no satisfacerte, es que a Margárita quiero, ya ese no lo es. . Cómo? Como la sirvo de cumplimiento, por obedecerte solo. Aay hijo, cuánto me huelgo! Nile es, señor, a quien rindo mi vida en amante obsequio. Pues siendo eso así, ya ves la mosa, y el menosprecio de tu padre, a todo ha sido máquina, que en el silencio de Margárita ha formado su antiguo aborrecimiento, y haber revelado César lo que fie de su pecho. Sin que César, y ella mueran, según lo presente, es cierto, que el Ducado de Milan no has de conseguir, y aún temo, que aún no tengamos las vidas. seguras; pues no esperemos a más, que a la ocasión que haya más pronta al resguardo nuestro: qué dices? . Que está de más responderte cuando debo obedecer, y callar. Pues a la ira, Filiberto. Pues, señor, a la venganza. A ser de Milan el dueño. A ser de Italia el estrago. Hijo, esadía, y secreto. Padre, silencio, y valor. 2. Con eso conseguiremos satisfacer el que diga en nuestra injuria el acento. Viva César, César viva. viva el gran Caudillo nuestro.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA y2 Ya que estamos en el campo, a qué me llamas, Don César? A que aunque tengáis razón, mediante la diferencia de no ser de Nise, y ser de margárita una prenda; que pretendistéis cobrar, de no continuar la idea de quitármela, es preciso, cuando todo el mundo sepa, que me habéis desafiado, que esté enterado, bien sea con razón, o sin razón, de que reñí la pendencia; pues en los lances de honor es lo de menos la esencia de ellos, y es lo más el modo con que en público se cuentan. Confieso que mi descuido, a la bizarría vuestra ha dado ocasión de hacerme tan desairada advertencia, pues aunque el más fino amante de Margárita no sea, para obrar yo como yo, me basta el que lo parezca: y más cuando a mi rencor, sin que este motivo hubiera, sobran causas, de que intento satisfacer mis ofensas. Ofensas vos? . Quién lo duda? y bien llamarlas pudiera de ambos, si no fuera en vos mas la ambición, que las deudas de la sangre, y la amistad. Si es porque mi mano acepta el Bastón, que a vuestro padre quitó Margárita bella, no haciendo de su desaire duelo, aunque es mi sangre misma, también era yo su sangre, y en abatida miseria me dejó olvidado a haber, a pesar de mi vergüenza, de mendigar el sustento, perseguido de su inmensa crueldad, y ciega avaricia; pues qué mucho, si él me enseña a olvidarse de quién es, que yo la lección aprenda? Y aunque fuese verdad lo que decía, debe la Nobleza satisfacerse, en quien ve, que el destino le atorpella. Filiberto, yo no vengo a argüir en la palestra. Pues yo. . Callad, y el acero hable en lugar de la lengua. Presto verás, que con él hoy hago más que con ella. Bien se ve en vuestro valor, que sois mi sangre. Me pesa. serlo, pues para mi brío: mas hay, infeliz estrella! La espada se os ha caído. Ya veo, que eres, Don César;. durño de darme la muerte. Pide la vida. Quién piensa que su sangre soy tan vil, e indigna acción me aconseja? No quiero, mátame aprisa, ya que mi fortuna adversa en tanta afrenta me pone; mátame aprisa: qué esperas? Espero a darte los brazor por una acción tan bien hecha; toma tu espada, y tu vida, que esto sepultado queda entre los dos; pero solo, en pago de tanta deuda, te pido, primo, y amigo, hagas por mí una fineza. Qué puede haber, en quien vive por ti que tuyo no sea? Que desde hoy con Magarita, leal, y atento procedas, y que yo desde hoy contigo guardada la espalda tenga, y fía en mí tus aumentos, si obras bien conmigo, y ella. . Cómo es posible que falte a ley, que me deja impuesta el que me ha vencido Habiendo sabido, que per la puerta del río, César, y tú habíais salido, me fuerza mi cariño, y el temor de que alguna traición quepa en este alevoso, a que veloz a buscarte venga. Que disímule es forzoso: tu presunción salió incierta. Cómo? . Porque antes le dabo mas que si tú mismo fueras. A buen tiempo obligaciones a tu enemigo confiesas! No puedo menos. Pues puedes poner, Filiberto, a cuenta de las que tanto encareces, la que este papel encirrra. César, pues no están seguros mi Estado, y tu vida, mientras Aniviere Arnesto, es preciso que se pase a la sentencia del sumario, que le habéis mandado hacer, y que muera: válgame el Cielo! . Discurre, si hay obligación, que pueda compensar ese peligro. A uno de mi confidencia le entregaron ese pliego, a que se le condujera a César con gran secreto; y él, que está con la advertencia de que cuantos le encargaren me los traiga a que los vea, hoy me le puso en la mano. Hhy confusión más tramenda. . que aquel que me da la vida, es quien quitársela piensa a mi padre! uno me manda, que su parte favorezca; otro me obliga a que ampare su ser, que es miser: pudiera, echándose a discurrir, la más rara sutileza, encontrar mayor empeño! Qué determinas qué piensas? Señor, ya es preciso darte de lo que ha pasado cuenta. Con César satí a reñir, quiso mi desgracia fiera, perdiese la espada, y cuando pedí me diese con ella la muerte, me dio los brazos, permitiendo que viviera. El silencio me ofreció, y yo, en pago, hice promesa de servir a Margarita, y a él con leal obediencia. Tú lo contrario me pides, imagina lo que hicieras, tu obligación de esta parte, y de la contraria, aquella. Te aseguro, hijo, que no sabré darte la respuesta, tu vida es mía. . Mi vida, ni mía, ni tuya fuera, si me la hubiera quitado, estando a sus plantas, César. Tú me debes tu crianza. Y a él, señor, tan alta deuda. Quién te dio el ser, pierde el ser, si tú en librarle no piensas. Y quien me le volvió a dar, si callo, su ser arriesga Tu obligación natural te llama. Y de mi nobleza la deuda me esta gritando, y mi palabra con ella. Pues tú al la te lo discurre, que pues ni poder, ni fuerzas me faltan, aunque mi hijo el primero es que me deja, no he de dejar mi persona, ni la tuya al riesgo expuesta. que nos amaga: asta noche haré, en la nocturna leeña de su lóbrego teatro, representar la tragedia de César, y Margarita. Ya mis parciales esperan; y a ti para que lo pienses, solo de tiempa te queda, el que tardare en vencer a las luces las tinieblas. . Entre padre, y enemigo, si el decoro me aconseja como debe, poco tengo de tardar en que resuelva lo mejor pues yo haré ver al mundo en cuanto se empeña quien da una palabra, y quien tanto beneficio acepta, para salir de una duda, entrando en tantas. Cualquiera bien está, César, sujeto a mayores contingencias, que os sucede. Ay, Don Juan mío! paró su inconstan te rueda la fortuna, y ya es preciso que de mi altura descienda. Para eso, mucho mejor eran manteo, y ortera. Tan presto trocó el destino sus benignas influencias? Cuando la edad de la dicha no fue breve, y no fue inciertas Ya sabéis como el de Mantua, con condiciones honestas, cobró libertad, y luego, a esta Ciudad dio la vuelta a proseguir el obsequio de la divina belleza de Margarita: y Enrico, en fe de la instancia hecha a su hermano el de Ferrara, ayer recibio las nuevas de la gente, que le envía, a sus órdenes atenta. Todo eso sé. Y demás de esto sabréis cuanto al Pueblo inquieta, ya la venganza de Arnesto, la vengativa soberbia declarada contra mí, por estar en la creencia de que yo he sido la causa del golpe, que experimenta. Si el poder, que le despoja, en su libertad le deja, qué ha de hacer, si no es fraguar traidoras máquinas nuevas, pues creerá, que el perdonarle fue temor, y no clemencia? Pues todo esto no asustara mi quietud, si no salieran 1l. . todos estos memoriales, fiadores de mis sospechas, del Senado, de los Grandes, y la Pleve, en que concuerdan tan en uno que parecen trasladados a la letra, pidiendo, y aún mudamente amenazando, que tengan fin los sustos, a que están estas Provincias expuestas, eligiendo Margarita esposo, en los que festejan su beldad, el que más noble, y más poderoso sea en Estados, para que los aumente, y los defienda: Y que pues privar a Arnesto del Bastón fue diligencia inútil, pues hay quien mande mas que él (quién duda esta flecha venir a mí:) se separen cuantos hoy la asisten, de ella. O nunca hubiese mandado Margárita, que yo fuera árbitro de su Despacho, para que a darme se atrevan en ma mano memoriales. que contra mí sefomentan! Con que se puede temer, que una instancia se conceda, o conveniente, o injusta. Y cuando a esto no se atienda, el ver que Enrico se arma, ver que Arnesto se revela, que Carlos su poder mueve, que está Milán sin defensa, yo sin representación, ni poder: qué más estrechas circunstancias para ver que mi fortuna se trueca? Veis tantas dificultades juntas? pues creo tuvieran remedio. . Qué pensará aquesta maldita bestias Cuanto va que a él le chamuscan, y que va que a mí me queman? Cómo, Don Juan? . . No lo sé. Yo sí, que hasta la puerta de vuestro favor, amigo, mi ingratitud me la cierra. No me espanto no sepáis como mi mal se remedia, si no sé yo como debo págaros tantas finezas. Vos hacéis el cargo, y vos aún no halláis como se vuelva: y aunque no es el de serviros, el que si acaso os le hiciera, os formara, pues entre ambos es una amistosa ofrenda el haberos anseñado tanto en mis ocultas Ciencias, que casi me competís, pudiera; mas no pudiera nada: adiós. . Así dejáis en la ocasión más tremenda a vuestro amigo: Mi amigo? no me lo han dicho las mueseras. Para proseguir haciendo un bien, basta a quien empieza empezar. . . Por eso vos, por no obligarte a esa regla, ni empezar habéis querido. a cumplir vuestras ofertas, Yo os cor fieso que obré mal. Pues cerca estáis de la emienda, Yo os ofrezco . . No, no más ofrecimientos, Don César, que si sobre los ya hechos, para no cumplirlos, entran otros y pasa a ser burla, no bastará la paciencia. En todo cuanto digáis, tenéis razón. Pues de vuestras confusiones a mi cargo buscar la salida queda. Cómo es posible? No siendo posible: en esa extrañeza está el primor, que lo fácil, ni se admira, ni se cuenta; y a diós, que de todos modos de la última experiencia llegó el caso. . Cómo? El como no sé: Margarita llega Si supiera el señor Mago, que le he horrado una cajeta, donde atisbe, que guardaba el dinerillo que pesca, en venganza de las burlas del Toro y de la culebra, cuál estuviera conmigo! Cómo habéis tardado, César? Cuando no tarda a su dicha quien nace solo a su pena? Ocupado del temor os hallo, cuando creyara cobrar con vos el aliento: que ya que en mí no se pierda, es forzoso que bacile con los males que nos cercan; tan públicos son, que ya sobrará el que los eifiera. Sí señora, y yo motivo de los Príncipes las quejas, de Arnesto las tiranías, del vulgo las indecencias, y el arrojo del Senado, según mejor te lo expresan los memoriales qua ves, porque es acción tan violenta, en el mundo tan extraña, tan exquisita, y tan nueva hacer bien a un desválido, que no hay a quien no conmueya, y contra aquel que le ampara todos los arpones vuelan. Bien sé yo con qué lograras aplacar tanta tormenta. Con qué? . Con solo dejar que volviese a las miserias los desprecios, los olvidos de mi pasada pobreza: y como tú estés segura, que importa que yo padezca, que así se satisfarian cuantos contra mi vocean. En cada palabra vierte un cuarteron de jalea. Que esto oiga, y de mis pesares a los extremos no muera! Ay, César, qué mal camino, para que te olvide, llevas, abandonando tus dichas por mí, pues a mi grandeza, y a mi amor es empeñar mas en la correspondencia. Hoy Arnesto ha de morir; hoy del vulgo la vioiencia he de refrenar; y hoy verás, que el Senado tiembla de mis iras, porque a todo. basto yo, como yo quiera. Pues, señora, no estará ociosa mi diligencia; y aunque por tan abatido, y tan sin poder me tengan, puede ser los desengañe mas a su costa, que piensan. Pues sea la primera acción contra el que de más cerca nos combate: Muera Arnesto. Aunque oyendo la sentencia para mi más dolorosa, poco recurso me queda, no ha de embarázar, señora, que no cumpla con dos deudas. Filiberto, qué decís? Que por la persona vuestra miréis. . Por qué? Porque Arnesto daros la muerte desea, y para esta noche tiene toda la traición dispuesta. Vuestro padre . Sí señora, que os admira; que os altera Ver que a un padre acuse un hijo. Ar viréis a lo que fuerza una lealtad hacia vos, y hacia vos una promesa, . y un noble agradecimiento: ved cuan a mí costa observa mi pecho su obligación, pues de la naturaleza monstruo, a quien me dio la vida viene a dar muerte mi lengua. Yo he hecho cuanto he podido, ahora vos ved lo que os resta que obrar, que habiendo cumplido yo, no hay peligro que tema, Tan generosa es la acción, que en los mármoles impresa debe quedar, de la fama; y tan cruel, tan horrenda la de vuestro padre, que no hay pena que no merezca: pero entre una, y otra, yo sabré obrar con la advertencia de no faltar a ninguna: venid al Despacho César. . Creed, que en mí ha granjeado tan hidalgamente cuerda resolución, el lugar, que os dirán las experiencias. . Broculí, no hay más hablar? Mas que me huele esta parra el dinero. . No respondes? Pienso en otra damisela que no esta lejos de mí. Y quél es? . Mi faltriquera, en quien tengo que gozar como un oro una doncella. No te entiendo. Yo me entiendo. Pues mira no se te vuelva otro Toro. . Que más Toros, que pillar uno la pera? Luego vuelvo. No me atrevo a pediros. Nise bella, que alcancéis con Margarita, pues no podéis con vos misma, una piedad para mí. La mía no os aprovecha, y para la suya, soy quien menos se la granjea. . Oh, mil veces infeliz, quien en acciones opuestas con lo que venera agravia, y ofende con lo que oblequia! . Gracias a Dios, que llegó el tiempo de que yo abriera mi caja. A fe que el tal Mago no me adivino esta treta: doblonazos son de a ocho: . Válgame Dios cómo sueñan! Perro hechicero pillete, pues sin la mosca te quedas, y yo la agarro; mas ay! a, que ya tanto no quisiera. Jesús, y qué avejarucos! de tabanos y de avejas me cubro: aquesto tenías, cajar maldita tú seas; que me pican, que me comen. Broculí ya estoy de vuelta; me das de es Comes de esto? Me convidas: A mosquetas, a ronchas, y a verdugones. Ay. Broculí, que me pican! Donde la doncella esta, que me decías? . Aquella es. Cuál es? Aquella cajas Has visto bien lo que encierras Mas ay Virgen! . Corre. Corre. Ay, que los diablos me llevan! Haced alto hacia esta parte, y enmudezcan escándalos de Marte. Predominad la falda de esa sierra, y callan los idiomas de la guerra. Que solo hablar deseo al que allí se adelanta; mas qué veo! Que a conocer aspiro quien llega hacia nosotros; mas qué miro! Carlos? Enrique, como denodado, habiéndome culpado lidiar contra mujer, por corta hazaña, en su ofensa discurres la campaña: Como ni agraviar debo una hermosura, ni el sufrir apruebo, que a una indigna arrogancia de aliento en mi atención mi tolerancia Ya Milan no es de solo Margarita, sino es de César, que su acción limita a solo lo que él gusta; pues siendo así no este rumor asusta a una Dama, sino al que tirano nos priva de su Imperio, y de su mano. Veis como la disculpa propia ha sido que yo di antes lo que os ha valido, para que vos no toleréis valiente tan torpe burla, y que imitar intente vuestra acción mi osadía, convocando también la gente mía, a que decida escándalo tan fieros Si la lengua no basta, hable el acero, y vea Margárita cuanto yerra en ofender a dos; pues Al arma guerra. De la Ciudad las Tropas van saliendo y su Real disponiendo. debajo del cañón. Mejor pensara César en no mostrar tan cara a cara cuan corto es su poder a tanto empeño. Que se atreva ese número pequeño a competir Ejércitos, que leales marcha a un mismo fin, proptos, he iguales Las tiendas han armado. En lo rico sin duda, en lo elevado, es la de Margárita, la que en tantas se deja distinguir. Dadmre las plantas. Quién sois? Qué es lo que queréis? Acordaos de haberme visto ser de César asistente: Es cierto. . . Pues mal herid de quien igualmente trate a amigos, como a enemigos, a satisfacer mis quejas vengo, dándoos un aviso, Pues de enemigo el consejo, que debe tomar se dijo un Sabio, pasa adelante. Pues no dejéis persuadiros del poco número, que muestra en tan corto recinto ese Ejército, pues César, que viene por su Caudillo con secreta liga, tiene con vocados los vecinos Príncipas, y en gruesa Armada, que ya bruma el cristalino cuerpo al Adige espumoso, el socorro que ha pedido espera. . Y quién lo asegura? El tiempo, que ha de decirlo, cuando creáis a los ojos más presto que a los oídos. Si de mi desconfiáis, yo, a una prisión reducido, con mi persona aseguro ser verdad cuanto os he dicho. Pues, Carlos, siendo eso cierto, bueno es que halle destruido ese Escuadrón, que hace frente, el que llega conducido de esa Armada, porque luego, si toma tierra es preciso entre ambos aventurarnos, siendo fuerza el dividirnos. Pues si avistare esta tarde la Escuadra de los Navios a esta margen, no esperemos, sino embestir de improviso. Eso es lo que yo deseo. Sabéis si es que ha repartido el nombre César, cuál es? Vos le decís, ese mismo. Su nombte a las centinelas dio? . . César es el que dijo. Pues llevémos le nosotros, y así engañados, si unidos les acometemos, cierto ha de ser su precipicio. pues creerán que de ellos somos. Bien lo dispones, Esrico, y ahora quedaos preso vos, como lo habéis ofrecido, hasta averiguarlo todo. Bien veis, que no me resisto. Ah de la guarda. 1. Qué ordenas Tened en custodia, amigos, ese hombre. No le dejéis de la mano. . Reyes míos, soltadme, que no es forzoso, para ir seguro, ir asido. 1. Que no os soltemos nos mandan. 2. Que va, que según colijo, es espía, y el bribón se nos hace señorito? 1. Que le tapemos la cara es mejor. . . Muy persuadidos. estad a que no es posible que yo falte de este sitio, por no desacreditarme, que simo:- 1. Vaya el talmado. 2. Y en la barraca metido, uno basta a cuidar de él. 1. Dices bien. No andéis remisos, y asidme bien, no me vaya, mirad que ya me deslizo. 1. Buen remedio, no soltarle. 2. Ni un punto le he desasido. Señores, miren lo que hacen, por amor de Jesucristo, que me ahogan. 1. Pues respire, Dónde estoy 1. Dónde hay, qué lindo! donde no se escapará a dos tirones. Dios mío, qué es esto que me suceder No estaba yo ahora tendido a dormir en mi colchón, en la tienda (estey sin tino) de César. Pues como estoy, sin saber lo que me pillo, en poder de estos sayones? 1. Él lo será. 2. Ah, mal nacido. 1. Dale. 2. Dale. Que me matan: sepa yo, por San Longinos, quien son ustedes. 1. No ve, qué somes los enemigos? Claro es, que sin ser demonios, no hicieran esto conmigo: y estas gentes? 2. Son contrarios, pues son de Carlos y Enrico. Pues como he venido aquí 1. Él lo sabe. . Y a qué ha sido mi venida? 2. A ser espía. Qué es ser espía? 1. Ser chiflo. Qué gajes tiene? 2. La horca. Qué hermosa taza de vino 1. Y así encomiéndele a Dios, que presto vendrá:- Quién hijo? 2. Con el cordel el Preboste; y un Capellan con un Criste. Yo se lo perdono; como si ya lo hubiera comido. Hay Mago de los demonios! No he de creer que este hechizo no es tuyo; bueno estoy yo, aguardando un garrotillo. Sácame de esta aflicción, brujo hermoso, brujecito de mi alma, y de mi vida: verás que desde hoy te sivo como un esclavo. Qué es eso: par qué das esos gemidos; Broculí? Qué, a ti también aquel diablo te ha traído: Qué diablos Don Juan de Espina. Siempre has de hablar desetinos? Te hizo prisionero Carlos? Qué Carlos? . Éntico digo, que este es el campo contrario, aunque estando ambos juntitos, ya me consuelo. . Tú debes, salvaje, de haber bebido: ni aquí hay contrarios, ni hay nada de todo ese laberinto: quién ese traje te ha puesto: El Mago podrá decirlo. Margárita llega, vete loco. . Luego, no he salido, de aquí? sueño fue, no es sueño: delirio es, mas no es delirio. Señores, este Don Juan me ha de hacer perder el juicio. Ya llegó, César, el día, en que establece el destino nuestro bien o nuestro mal. Arnesto no ha parecido, ni los de la facción suya: los Ejércitos distintos de Énrico, y Carlos, tenemos a la vista, y no percibo como burlar tanto riesgo, si ya al último conflicto del trance de una batalla generosos no acudimos, bien a morir, o vencer. Aunque quisiera el arbitrio excusar la lid, no puede. Señora aún no desconfío. En el fin tan animoso, y tan dudoso al principio? Fiome en una experiencia, que hasta ahora no me ha mentido. Ni ahora te mentirá, César, a quien leal sirvo Margárita, a quien por César todos mis obsequios rindo, según las órdenes, que me has dado tú he conducido, mediante lo estipulado con los Príncipes vecinos esa armada de bajeles, que ves, los cristales fríos rizando el Adige monstruo, que con escamas de vidrio se sorbe al Mediterraneo al revés de esotros ríos. Tanto es el caudal undoso, que navegable le hizo nuevo diluvio de plata, adonde se anega él mismo: mira la salva, que hace a tu Augusto nombre invicto. Viva Margárita viva. Y mueran Carlos, y Enrico. Ea, mi bien, mira si hay quien acuda a tu servicio, cuando hay traidores que falten. Ya con asombro lo miro! El río de mil preñados Centantos de aveto, y lino, ya vertiendo a las orillas ejercitos succesivos. Linda cosa es ser soldado una mujer, voto a Cristo. Piensa tú lo que has de hacer, mientras salgo a recibirlos. Hombre prodigioso, a quien tanto César ha debido, quién eres? Quién necesita, señora, tu patrecinio cuando llegue la ocasión. Y añora, pues su denegrido manto la pálida noche va teniendo, te suplico envistas a los contrarios, que has de ver muchos prodigios. Cómo? Como entre si propios, sin la costa de invadirlos, la victoria te han de dar. De qué forma: Harto te he dicho. El hombre es de rompe, y rasga. Pues que mi guarda te fío, Nise:- . Qué mandas? Qué obierves quien viene que por escrito a los Capitanes quiero dar las ordenes. . Mi oficio sebré hacer. Ea, osadía, pues disfrazado el vestido, de Margárita a la tienda llegué, a lograr mis designios, me ayude su muerte. Pues adelante determinó llevar la leal acción, que empecé, a besar aspiro a Margárita la mano. Quién va? . Quién a tan divino soldado, y a centinela tan bella, está ya rendido. No podéis pasar de aquí. Ni yo pasar solicito, que en llegando hasta esos pies, llegué hesta el bien a que aspiro. Ahora, que está divertida, es ocasión. . El designio es; mas los Cielos me valgan! Mal podrán, si en el abismo no te escondes. . Ah, traidor, muere: mas qué es lo que miro! Hijo? . Padre? Hola, seldados. Ah de la guardía. Atrevido, suelta no basta estorbar en la idea mis designios, sino es aún la ejecución embarazarle a mi brío? Agradece a ser mi padre, que estés un instante vivo; mas mientras eres traidor, miento que no soy tu hijo. 3. Qué mandáis? Que Arnesto preso vaya. . Vaya, pues no quiso atender a mi razón: yo propio de su castigo seré señora, instrumento. Pues porque veas que no olvido mi oferta, y que a ti te debe, obrando mi pecho homiso, la libertad que le ha puesto en segundo precipicio, fíe yo tanto de ti, que a ti solo te le fío, hasta que presto camine a una prisión, o a un suplicio. Grande es su despecho, pero no son menos los servicios de Filiberto. . Pesares, volcán soy, fuego respiro. La honra de tal confianza merecerla determino desde hoy. . Al arma, guerra, al muro, a la puente al río. Ya el enemigo se mueve. Pues, César, por si salimos con la gloria que deseo, lleva. . Qué? . Ve prevenido del Ducal Manto, que en esto ya sabes cuanto te digo. Quién con tal premio no arroja su vida en cualquier peligro? Ya se traban entre sí: Cómo? . . Habiéndome servido tu nombre para un ardid. Abanza. . Ya te seguimos, émulas de otra Belona de Milan. A ellos, amigos. Arma, arma guerra, guerza, Viva el sejo femenino, El nombre es César, Soldador, La seña del enemigo es César: quién vive? César. A ellos, y César han dicho. Arma, arma, guerra, guerra. Ya escampa, y llueven ladrillos mas yo en mi capote en vuelto no puedo ser conocido. Los Ejércitos contrarios entre sí se han embestido. En nuestro favor batallan las tinieblas. . . Confundidos unos con otros, destroncan sus propias líneas. . Vencimos, soldados; mas dónde estoy? Donde otra vez te ha traído prisionero tu fortuna. Cielos; qué me ha sucedido! Amigos, a retirar. No es menester persuadirlo, que ya estáis bien retirado, pues sois prisionero mío. Cómo ha podido ser esto? Ya no hay en todo el distrito del campo escuadrón formado, Cantad la victoria, amigos, Viva Margárita, viva. Trae, Filiberto, a este sitio a Arnesto. Aquí está. . Yo a ti te ofrecí, que al beneficio atendería igualmente, que a la culpa en padre, he hijos por Arnesto, la sentencia de muerte, la ratifico, y por ti se la revoco, y los bienes que ha perdido le vuelvo, dándole a Nise, y el Condado de Utelino Entio Dichoso yo, que tal logro. Desangañada me rindo a tu precepto. . Aún nos queda lo mejor de este emvolismo. Nuevo ser cobro por ti; a tus pies arrepentido me tienes. . A vuestras tierras os volved, Carlos y Enrico, libres, y desengañados. 2. Si así la estrella lo quiso, Y tú, César, que leal, constante, y fino me quisiste por ser yo, desde pobre, y abatido, sube al trono de mis brazos: Vasallos, y deudos míos, ya cumplo vuestro precepto, ya os doy un esclarecido Duque. Viva César, viva. Tened, oíd que es preciso escucharme a mí también: César, a tus pies invictos estoy; ya sabes, que cuanto consigues, me lo has debido: ya estás en el Trono, ya pisas la cumbre al Olimpo, razón será que me premies. Cielos pues todo adquirido, no he manester ya a este Mago; desembarazarme elijo de él. . . Qué dices? Engañoso, vil, encantador indigno, qué es lo que has hecho por mí? Yo, que a mi lado he sufrido un prosesor de las Ciencias perniciosas que en ti he visto, he sido el que te he premiado, puesto que te he consentido. Quítate de mi presencia, o vive el Cielo Divino, que te haga hacer mil pedazos, Señora, la ocasión vino de que me amparéis. Pues como, César, al que os ha seguido, pagáis así . Con engaños me sirvio: si yo en el mismo caudal le premio, qué queja puede tener Eso es lindo, que se quede de la agalla. Así premias mis servicios? No esperéis de mi otra cosa. Eso dicís . Eso digo. Pues advertid, que ya es hora de comer, Don César idos. Señor, la nieve se pasa, y el caldo estará ya frío: vienes a comer? Ya voy. Qué es esto, dónde me miro? En mi casa, y a la una, habiendo lo que sois visto; y pues sé lo que seréis, que es un desagradecido, idos a comer, Don César. Pues Margarita: En un silvo voló . Nise Énrico: Carlos: y todos? . Se han escurrido. No estabamos de Soldados? Ya estamos de Monaguillos. Don Juan, qué ha sido estos Haber solo en dos horas fingido accidentes de dos años, y en ellos: Yo estoy corrido. Ver que sois un engañoso, y si me hubiera creído de vos hubierais obrado como la experiencia ha dicho. Y así, no quiero enseñaros, comer quiero tratad de iros: menta la nieve. Este caso se cuenta, según se ha escrito; el como es, no se averigua; solo sé, que fuera lindo, si para experimentar a los hombres de este siglo, pudiera hacer cada uno lo que este aseguran hizo. 3. Y aquí pidiendo perdón, de limosna os pide un victor Don Juan de Espina en Milan, si es que ha acertado a serviros.
