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Texto digital de El divino pastor

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
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Lope de Vega Carpio Probable
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El texto ha sido preparado por Domingo Vladimir Consuegra y Amanda Aparicio.

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Vladimir Consuegra, Domingo y Amanda Aparicio. Texto digital de El divino pastor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/divino-pastor-el.

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EL DIVINO PASTOR

Las fiestas tengo trazadas de la manera que digo. Como del mayor amigo serán de mí celebradas. Mas antes en ti las fundo, que, ¿quién con más alegrías celebrará fiestas mías que la Locura del Mundo? ¿Tan loca te he parecido? Pues yo sé, que para mí me tengo por cuerda. Así lo piensan cuantos lo han sido, porque, perdiendo el acuerdo, sienten de sus faltas poco, y el más incurable loco es el que piensa que es cuerdo. De esa manera habéis dado la sentencia contra vos. No os quisiste hacer Dios, que tan pocos lo han pensado. Desde entonces cielo y tierra, el Pastor Ingrato os llama, pues, ambicioso de fama, quisiste hacerle guerra. Que César y otros romanos dioses quisiesen hacerse, fue solo desvanecerse por los caminos humanos; mas vos, que, estando en el cielo de un hora apenas criado, siendo querub levantado por no adorar en el velo de la humanidad a Dios, disteis en locura tanta. Como la ajena os espanta, pues la mayor cupo en vos. Yo, Locura, justamente tan alta hazaña emprendí porque, en fin, si Dios no fui, lo intenté valientemente. Mis fuerzas has de alabarlas, porque, en hazañas tan bellas, basta el honor de emprenderlas, si es impasible acabarlas. Pastor Ingrato, yo veo que mi locura nació de vos, y así os tengo yo por autor de mi deseo. Loco fue Adán en creer a su mujer contra Dios y, en daros crédito a vos, loca también su mujer; loco en enseñar Caín a sus simples descendientes las maldades insolentes que apenas hoy tienen fin; locos aquellos gigantes por quien el diluvio vino, y quien dio culto divino a los hombres arrogantes inventó la idolatría; después de muerto Noé, su nieto Nembrot lo fue, que al cielo llegar quería con la torre que llamó por confusión el hebreo Babilonia, y el deseo torpe más loco que yo, de aquellas cinco ciudades que Dios castigó con fuego; loco Faraón y ciego, que contra tantas verdades siguió pertinaz su yerro, y loco Israel después en murmurar de Moisés y en adorar el becerro; María, Aarón y Séfora hablando del sin razón; locos Datán y Abirón y Corazín ahora; loco en maldecir Balaam y el tribu de Benjamín. Quedo, Locura, pon fin, que comenzaste en Adán y discurres por el mundo, y sé que los más son locos y que los cuerdos son pocos; mas yo en los locos me fundo. Trazar las fiestas procura; deja historias que sé bien, y Adán, y Matusalén ven con mis años, Locura; que, aunque cubiertos están con un velo tan delgado, yo fui primero criado que Dios fabricase a Adán. Mi casa es toda la Tierra. La Locura soy; señala el sitio. Sirva de sala aquella empinada sierra, monte de Jerusalén. No aciertas, Pastor Ingrato, porque hay en ella un retrato de Dios, o que lo es también. ¿Allí retrato de Dios? Un pastorcillo divino que a vivir sus penas vino con naturalezas dos. ¡Qué bien te llaman Locura! ¿Dios y humano? Humano no; humanado digo yo en carne divina y pura, que Dios y hombre se han juntado en hipostática unión. ¡Qué loca imaginación! ¿Qué hace aquí? Guardar ganado. ¿De quién? De su padre eterno. ¿Y se llama? El Buen Pastor. ¿Ese es Dios? Y Dios de amor. ¿Hombre y Dios? Y Dios eterno. Todo me has alborotado. Si no lo crees, levanta los ojos, que de su planta queda aquel monte dorado. Toda la vista perdí. ¡Qué notable luz que tiene! Déjame con él. Si viene contra ti, llámame a mí. Dulce ganado mío, siempre tengáis el nombre de ganado; bajad, bajad al río, que nace del amor de mi costado; que lo que tanto cuesta, en mi costado pasará la siesta. Bajad por esos valles adonde yo soy lirio, ovejas mías, que por las verdes calles de aquestas esmaltadas praderías. Llevaros quiero al soto que está de Babilonia más remoto. No penséis que os engaño, que en mí no cabe engaños, corderillos de mi amado rebaño; bajad, que quita el sol los tiernos grillos de la noche a las fuentes, y corren sus espejos transparentes. Como veis que camino por zarzas, por espinas, por abrojos, pensaréis que os inclino a tormentos, a lágrimas, a enojos; pues mirad que son flores, porque es toda mi ley tratar de amores, que sal tengo en la mano que dar a la primera que viniere al pasto soberano. ¡Ea, ganado mío! ¿Quién la quiere? Que amor tiene recelo que por lo roto se me caiga el hielo. Yo llego, sea quien fuere, aunque me turba el cándido pellico. Dios te salve y prospere, jerosolimitano pastorcico, aunque por la melena me semejas de madre nazarena. Hallen tus ovejuelas menuda hierba y fértiles cogollos; las mirras y canelas rindan sus odoríferos pimpollos al tomillo que pazcan, que por las tierras más sabrosas nazcan; retocen tus cabritos, hartos de pura leche, por los prados; sus vellones escritos parezcan a colores remendados, como si, en las corrientes, vieran las varas de Jacob presentes. ¿Cómo, dime, caminas por estas espesuras y montañas entre zarzas y espinas? ¿Cuáles son tus majadas y cabañas? Pienso que no has comido. ¿Guardas aquí ganado o vas perdido? Si no has comido acaso, y eres hijo de Dios, como sospecho, de aquel arroyo al paso cogí estas piedras por lo más estrecho, que en el zurrón traía por defender la manadilla mía. Transfórmalas, bien puedes, en pan, y come, pastorcillo hermoso, que no es bien que te quedes muerto de hambre en este valle umbroso, donde dicen que ha días que aún no te humillas a sus fuentes frías. Pastor que del distrito fuiste de quien el sol su luz recibe, ¿tú no ves que está escrito que no de solo pan el hombre vive? ¿Tan sabio, olvidas esto? Temblando estoy. En confusión me ha puesto. De las palabras santas que proceden de Dios tendré sustento. Confieso que me espantas de verte andar por este monte hambriento, y más de que le cuadre ese vestido al mayoral, tu padre. Por estas asperezas te envía y te entretiene tantos días; pero, si a sus grandezas eres igual, por las sospechas mías, échate de este templo; será de tu valor divino ejemplo. En la canción noventa, el hijo de Isaac, pastor famoso, aquel que la sangrienta cabeza del gigante valeroso trajo al rey israelita; David, al fin, a quien tu traje imita, en el harpa sonora cantó por ti, que, entre sus blancas manos, si te echases ahora, te tendrán los celestes cortesanos, porque piedra ninguna pueda ofender tu pie, si encuentra alguna. También escrito veo no tientes a tu Dios, percepto santo. Conocerte deseo, y con justa ocasión me admiras tanto, hermoso pastorcillo, el del pellico blanco y amarillo, y que tú conocieses mi gran valor quería de tal modo que mis grandezas vieses; tiende la vista por el orbe todo, que en muchos mayorales es imposible hallar tesoros tales; mirar aquellas cabañas, no cubiertas de robles ni en su altura de Eneas ni espadañas; la dórica y corintia arquitectura sus jambas y linteles adorna de cornisas y boceles; mira el mar, de mil naves cubierto el campo azul que le da el cielo; mira los montes graves, llenos de caza, y el ligero vuelo de las aves que chillan y el aire con las alas acuchillan; mira en la mina el oro, las esmeraldas y el diamante bruto, y, por el tierno poro, el nácar recibir del alba el fruto, pues a su rayo frío se cuaja en blancas perlas su rocío; mira estos montes bellos, que aromáticos árboles frondosos le sirven de cabellos, a quien dan los inviernos rigurosos en nieve canas blancas y verde edad las primaveras francas. Pues todo cuanto miras, con mis labranzas, huertas y ganado, te daré, ¿qué te admiras?, si me adorares, por el suelo echado. ¡Vete, villano fiero! ¡Vete, Ingrato Pastor! Si es Dios, ¿qué espero? vencedor que, aunque es humano el pellico, cubre todo el ser de Dios. El monte quiero dejar y ver las ciudades bellas, aunque sospecho que en ellas poco me tengo de hallar. No os dejo, ganado mío, que siempre os llevo en mis ojos; no os cause mi ausencia enojos, que nunca yo me desvío si no es dejándome vos. ¡Qué extraña prueba intenté! Si es Dios no sé, pero sé que tiene mucho de Dios. Mas, ¿cómo, si es Dios, padece? Padecer en Dios no cabe. Si es hombre, como a Dios sabe, que algo de Dios resplandece por los resquicios del traje, como la luz que se encierra. Pues, si Dios está en la tierra, yo aseguro que no baje para hacerme bien a mí. Mas, ¿cómo aquí se aposenta? ¿Qué hay, Ingrato? Estame atenta, y te diré lo que vi. Yo vi el sol con una nube que mostraba su luz bella por lo menos dentro de ella cuando más atento estuve. Yo vi un lirio por abrir sin conocer si las hojas eran azules o rojas; tanto se pudo encubrir. Yo vi un nácar que tenía perlas de eterna grandeza sin saber si su belleza era del mar de María. Yo vi una imagen de Dios, si por la humana cortina lo divino se adivina, y se han unido los dos. Yo vi un pastor bueno y hombre, si bueno se llama alguno, pues, fuera de Dios, ninguno se llama con este nombre. Yo vi un pastor y un gigante, un rey de humilde decoro, y vi en un círculo de oro aquel eterno diamante. Mas tanto me deslumbró que a nada me determino, pues me pareció divino y humano me pareció. Deja esos cuidados vanos y a nuestras fiestas atiende, que aquello que no se entiende ni se alcanza con las manos, millones de entendimientos ha traído mi locura. Pues, ¿qué mayor desventura para crecer mis tormentos? Pasos de mi dulce amor, por quien a morir me inclino, ¿dónde lleváis peregrino a quien era ayer pastor? Mas, como de voluntades ingratas siempre me quejo, las altas montañas dejo y vengo a ver las ciudades, y a saber por qué se esconden de mis voces celestiales, porque son los hombres tales que, aún buscados, no responden. Entra, y verás de qué suerte tengo mi casa de locos. Todos me parecen pocos para el infierno y la muerte, que tan hambrientos están que, con darles ciento a ciento, tienen por poco sustento todos los hijos de Adán. Mucho consuelo han de darte sus temerarias locuras. Ya sé que mi bien procuras. Solo procuro agradarte. ¿Qué es lo que mis ojos ven? ¡Oh, qué extraña confusión! Si así las ciudades son, ¡ay, de ti, Jerusalén! ¿En esto estás ocupada, ciudad de ti misma ajena? Sola, aunque de pueblo llena, yaces en tu error sentada. Viuda y desierta estás. ¡Oh, qué extraños accidentes; siendo reina de las gentes, tributo a extranjeros das! Llora tu perdido bien como la tórtola suele; no hay hombre que te consuele, ¡ay, de ti, Jerusalén! Todos te han menospreciado; la hermosura de Sión, pálida llora en prisión de la muerte y del pecado. ¿Si llamare en esta casa? Mas tiene escrito en la puerta Babilonia; bien concierta con lo que allá dentro pasa; todo es voces y ruido. ¿Quién está acá? No responden. Como áspides son que esconden a mis voces el oído, que siempre me escuchan pocos, aunque soy vida y verdad. ¡Hola, portero! Mirad, que se van algunos locos. No se me ponga ninguno delante de mis pasiones. Seré, con mis pretensiones, eternamente importuno. Pues, ¿conmigo os igualáis? ¿No veis que soy la Ambición? Siendo yo la Pretensión, ¿por loco me aprisionáis? Este, que es el propio amor, con justa causa está preso, que el propio no tiene seso. Es verdad; todo es error. Yo libre tengo de andar, que la Ambición de la Tierra es general de su guerra, y rey tirano del mar. Mirad, un señor del mundo, un Alejandro, mirad. De mi propia voluntad tengo yo lleno el profundo, y con tan claros ejemplos que no he menester decirlos. ¿A mí, cadenas y grillos, que tengo estatuas y templos? ¿Y a mí, que estoy desvelado en andar siempre contigo, pues tus ambiciones sigo? ¡Oh, pretendiente cansado, que las puertas de los reyes aún no te pueden sufrir, ni los gobiernos oír ni permitirte las leyes! ¿Quién te quitó las esposas? ¿Cómo del cepo te sales? Llevo seis mil memoriales; pretendo infinitas cosas. ¿Llevas para Dios alguno? Uno en que pido salud, y otro, hacienda. ¿Y de virtud, no llevas muchos? Ninguno. ¿Y con qué obligas a Dios? ¿Le sirves? No. ¡Lindo loco! ¡Basta! ¿Qué tenéis en poco mis pretensiones los dos? Yo sé, que soy acertado. ¿Cómo? En que soy propio amor. Pues, ¿pretendes tú mejor el cielo? Y con más cuidado, porque para mí querría cuanta gloria tiene el cielo. Luego, ¿de cosas del suelo tu amor propio te desvía? Antes no, porque es regalo, el deleite y cuantos gustos puedo hallar tengo por justos y con mi amor los igualo. Y, ¿sigues la penitencia, el ayuno y disciplina? ¡Malos años! Desatinas. Pues al infierno, y paciencia. ¿Aborrecéis la virtud, buscáis gustos, propio amor, y pedís cielos? ¡Qué error! Acordame ese laúd. Yo sí, que ambicioso espero el cielo, que de él lo soy, pues hecho un Nembrot estoy, y un arrogante lucero. Yo sí que la misma gloria del ángel tener querría. ¿Y con esa fantasía tenéis acaso memoria de ser humilde y guardar los perceptos soberanos? ¿Humildades con tiranos ambiciosos de mandar? Mientras que mis fantasías pretendieses dignidades, fingiría yo humildades, virtudes e hipocresías. Mas, el humilde de veras, justo y santo y ambición, implica contradicción. ¿Y con eso el cielo esperas? ¿Pues no? Graciosa locura. Tú, por tus pasos contados, aunque escalones dorados, vas a eterna desventura; al cielo, al celeste coro, loco, donde tú caminas, van por coronas de espinas, que no por laureles de oro. Pues, ¿vosotros me reñís, que estáis presos como yo? ¿La mentira os engañó y la verdad persuadís? ¿Cuál es la mayor locura del mundo? El ver los ajenos errores los que están llenos de los propios. ¿Tan escura, tan ciega es la propia vista? En aquel antiguo templo dejó la Fama el ejemplo que la perfección conquista, pues un rotulo decía que el conocerse a sí mismo era el más profundo abismo de ciencia y filosofía. ¿Cómo habéis salido aquí? Nuestra locura no puede ser encerrada, que excede los términos que hay en ti, porque pensamos nosotros ir al cielo sin hacer lo que Dios manda. ¿Poner, queréis acaso vosotros, un monte sobre otro monte como los locos gigantes? ¡Entraos adentro, ignorantes! ¡Hola, Amor! Delante ponte; no asiente la vara en mí. ¡Hola! Doblad las prisiones a esos locos. ¡Ay, de ti! ¡Ay, mundo, de qué manera te tiene tu desatino! ¡Qué gracioso peregrino! ¡Espera, señora, espera! ¿Qué quieres? Vengo, cual ves a pie y cansado. Querría que, pues pasó el medio día, algo de comer me des. ¿De dónde vienes? Del cielo. ¿Dónde vas? Al mismo voy. ¿No ves la casa en que estoy? La Locura soy del suelo. No se da de comer aquí a quien no es loco también. ¿Qué no hay, por Dios, que me den? ¿Nada sobra para mí? Están todos ocupados en sus vanos ejercicios, en sus locuras y vicios, pretensiones y cuidados. No hay que esperar caridad. ¿Un bocado de pan no? Vivo en Babilonia yo; a esa otra puerta llamad. ¡Qué bien mi esperanza fundo en tan confuso lugar! Mas, ¿qué se pudo esperar ( de la Locura del Mundo? La comida me ha negado siendo yo quien le sustenta y, dándole pan de renta, no quiere darme un bocado. Pan le niegas, mundo ingrato, a las manos que te dan en accidentes de pan al mismo Dios tan barato. Come y bebe que también vendrás a necesidad, ¡Ay de ti loca ciudad! ¡Ay de ti Jerusalén! Quiero llamar a otra casa ¿Hay quién se duela de mí? ¿Quién llama? ¿Quién está ahí? Un peregrino que pasa con mucha necesidad. Hermano, Dios os provea Ya que de comer no sea un jarro de agua me das. Tened lástima de mí; agua sola me traes porque me muero de sed. Vive la avaricia aquí. ¿Hay cosa más lastimosa? agua me niegas, pues di ¿Quién te ha dado el agua a ti tan abundante y copiosa? ¿Quién la del mar y los ríos? ¿Quién la del cielo?, pues ¿quién sobre sí, Jerusalén, agua de los ojos míos? ¿Quién te dio las doce fuentes ( en los desiertos de Elín a una piedra en rasidín manar tan dulces corrientes? ¿Quién la que lava también del original pecado el agua y el pan me ha negado? ¡Ay de ti Jerusalén! ¿Agua niegas? ¡Qué mal hecho! ¿Con qué mi sed entretengo? Pues cuando sangre no tengo, ¿te ha de dar agua mi pecho? Pero esto no es tan malo, que alguna vez te diré que tengo sed y veré que me das hiel por regalo. ¿Si llamaré en esta puerta? Sí, que su gran frontispicio del rico dueño es indicio como el estar siempre abierta. ¡Ah, de arriba! ¿Quién bocea? Yo soy señor que camino, pobre, solo y peregrino. ¿De dónde sois? De una aldea. ¿Cómo se llama? Belén ¿Tenéis madre? Y buena madre ¿Y padre? No tengo padre en esta tierra Está bien, pero ¿Dónde le tenéis? Es muchas leguas de aquí. Pues, ¿A dónde vais así? ¿No miráis que os perderéis? Ando en cosas de mi padre, no me puedo yo perder, puesto que me ha de tener por perdido. ¿Quién? Mi madre ¿Tenéis oficio? ¡Y qué tal! Uno que el mundo tenía por mi padre, a quien servía como a mi padre legal. Me enseñaba a carpintero, pero yo aprendí a pastor para curtirme mejor, para los tuyos que espero. ¿Pastor sois? Y pastor bueno que en un pesebre nací y allí ese oficio aprendí de tantos cuidados lleno. Me dio la nieve pañales, los animales calor, que de oficio de pastor fueron notables señales. Mas, aunque entre humildes bueyes, por respeto de mi padre, visitaron a mi madre y me adoraron tus reyes. Ahora voy como veis; mas, ¿Quién sois vos? La riqueza Si estáis en tanta grandeza, que cuanto queréis tenéis, dadme siquiera un vestido que este se me ha de romper. Ahora tengo que hacer. Por Dios, señor, os le pido Andad, niño, enhorabuena, allí abajo os le darán. ¿Ya no solo el agua y pan que te pido en tanta pena, me niegas, pero el vestido? Mira que yo te vestí de verdes plantas y fui autor de cuanto has tenido. Yo crie el oro y la plata; yo, la púrpura real; yo, el gusano artificial que el ave fénix retrata; yo, las frutas de mil nombres; y yo con dos panes fui aquel que en un monte di sustento a cinco mil hombres. Yo sé dar agua y volver el vino en agua, y al vino en sangre, y el pan divino en carne, y dar de comer. ¡Ay de ti! pues, ¿Qué haré yo ( sin posada en esta tierra que tanta crueldad encierra con quien tanto bien te dio? Para animales nocivos, aún cuevas que se recojan, si los fríos los enojan o los calores esquivos. ¿y falta al hijo del hombre en que pueda reclinar la cabeza y descansar? Plantas, usurpadle el nombre. Dadme que coma. Ya bajan las palmas con sus racimos dulces, fértiles y óptimos, y al cruel hombre aventajan Con respeto obediencial. ¿No se afrenta el hombre de esto? Piedras, romped fuentes presto contra el curso natural. ¡Qué linda fuente produjo bullendo con las arenas de menudo aljófar llenas! Por convidado me trajo, mi Locura a ver sus fiestas que en fin me divierten mucho de mis penas. Gentes escucho ¡Adiós hermosas florestas! ¡Adiós, palma, fuente, adiós! ¡Ah, caballero! ¿Quién llama? Un peregrino que os ama y tanto amor puso en vos que le ha de costar la vida. Mas mi padre que os amó su propio hijo entregó por dársela a su homicida. ¿No sois el mundo? Sí soy. Mucho, mundo, me costáis. No os conozco, ¿Dónde vais? A daros remedio voy, aunque no me conocéis ni me queréis recibir. No os espantéis si venís con ese traje que veis. Pues de ser hijo de Dios, a los que me conocieran, daré potestad si fueran diferentes que sois vos. Los que creyeran en mí nombre y tienen su filiación por alta generación, no en carne y sangre del hombre. Yo os digo que no os conozco En las obras sé bien. yo los sirvo y reconozco. A los que tienen oficios de gobierno y dignidades por las cortes y ciudades, hago infinitos servicios. Yo soy el mundo en efecto, al pobre no hay que tratar. ( Posada me habéis de dar, aunque aprovecha sujeto. ¿Posada? Dadme una cama. Mirad que os importa a vos. ¿Qué cama? Que quepan dos, dos frutos en una rama. Que hombre y Dios son de caber, aunque Dios no ha de dormir, que no puede Dios sentir lo que el hombre padecer. Entrad por Jerusalén que con palmas os espera, que yo haré señor siquiera, que una cama pobre os den. Yo voy a vuestra posada, que ya descansar deseo. En tu busca vengo. Creo, que mi término te agrada, pues no te hallas sin mí. Sí, yo soy la Ingrata Virtud, vicio contra la virtud mayor que en el cielo vi; aunque son en Dios iguales que es su gran magnificencia. ¿Qué he de hacer sin tu presencia, y sin que tú me regales? ¿Dónde, mundo, como en ti la Ingrata Virtud vivirá, pues por mil ejemplos da, consta de tu amor en mí? Con Sócrates mira Atenas, y a Sicilia con Dión, y Alejandro macedón rasgando a Clito las venas, a Tebas con Pelopida, a Roma con Cipión o con Séneca a Nerón, o con aguide a Leónida. Mira con la Iglesia Santa XXX segundo. En la ingratitud del mundo ¿Qué ejemplo mayor espanta Que mi desconocimiento en el pueblo de Israel, con quién de aquel rey cruel le sacó libre y contento? Aunque si lo que he pensado y ahora se va de aquí, es el Mesías que en mí como está profetizado, vino con milagros tales, ¿qué mayor ingratitud que su divina virtud pagar en ofensas tales? De hambre y de sed rendido pasó ahora por aquí. ¿Tú le viste? Yo le vi. Aunque no le he conocido me pidió cama y posada. ¿Y, en fin, qué le prometiste pues que no le conociste? No le he prometido nada, que a los que de tierra son prometí yo glorias vanas, y en dignidades humanas finjo eterna duración. Pero, si este es Dios, a Dios ¿con qué le puedo engañar?, ¿Qué tengo yo que le dar? Demos le muerte los dos. Esa es buena ingratitud que el hebreo le apellida Hilec, dador de la vida y más tras tanta salud como ha dado a mil tullidos a mil ciegos y a mil mansos. Siempre los que son más francos son de ingratos ofendidos. Déjame a mí, que yo haré la cama al huésped que tienes porque así pago los bienes que de otra suerte no sé. La cama le harás. ( Sí, Mundo. A hacerle la cama voy. ¡Alto! licencia te doy. En ese monte la fundo cerca de Jerusalén. ¿Pues de qué piensas hacerla? De una madera más bella que de setín. Está bien ¿Será cedro o angelín? Presto, Mundo, la verás. Yo le recibí, no más. A ti te encomiendo el fin. Con dos palos hay bastante cama para un peregrino. Ya tu hospedaje imagino. Es a quién soy semejante. Aquí pienso de estar Pues convídale, Locura, que a tu gusto y hermosura ¿Qué puede el mundo negar? ¡Oh Mundo amigo! ¡Oh Locura! ¿Adónde, bueno? ( A buscarte ¿Qué me quieres? Convidarte. Ya sabes que tú que procura el Mundo tu gusto solo. ¿Va contigo la Riqueza? Ya sabes que no hay tristeza conmigo de polo a polo. Y quiere la enfermedad, la vejez y pretensión, que con las riquezas son tristezas y soledad. ¿Un rico puede estar triste? Sí, avaricia. ¿De qué suerte? Viendo acercarse a la muerte la vida en que el bien consiste, o no teniendo salud. ¿Qué fiestas haces? Las que suelo. Todo se oscurece el cielo ¿Qué es esto Ingratitud? Puse al huésped en la cama y al cielo y tierra enojé. No poco en el sol se ve, pues se ha eclipsado su llama. Unas con otras las piedras ( se han dado el velo rompido del templo. Tú lo has querido. Mundo, si te desempiedras vendrá bien a la Locura. ( ¿Dónde está? Desde aquí ponte a ver la ciudad y el monte que fue de Adam sepultura, porque sobre su cabeza la cama le fabriqué. Ingratitud grande fue. Ya muestras, mundo, tristeza. ¿Qué te hice pueblo mío? Dime, ¿en qué te he dado pena? Respóndeme, ingrato pueblo. Mundo, tu huésped se queja. Si yo te saqué de Egipto, dime ¿es buena cama esta que das a tu salvador? ¿Así mis cuidados premias? De maná te sustenté por los desiertos cuarenta años hasta que te puse en la prometida tierra. Y tú con vinagre y hiel me diste a beber y llegas a buscarme el corazón con una lanza sangrienta. Por ti a Egipto azoto, ¿y tú de azotes me cercas? ¿Qué te hice pueblo mío? Dime ¿En qué te he dado pena? Sepulte en el mar Bermejo, a faraón, tú me entregas a los príncipes airados que en mí sus envidias vengan. Yo abrí el mar, tú mi pecho; yo te guíe porque fueras seguro como una nube y tú al pretorio me llevas; yo te di pan de los cielos y tú a mí golpes y afrentas; te di saludables aguas, tú con hieles me recelas; yo te di cetro real, tú a mi esta cama llena de espinas, y, en vez del trono, esta cama dura y hechas de las espinas de Adán, supuesto que salen de ella las rosas de mis trabajos para exaltación eterna. Espinas son las almohadas que pones a mi cabeza ¿Qué te hice pueblo mío? Dime, ¿En qué te he dado pena ¿Piensas, capitán valiente, pastor soberano, piensas que la Locura del Mundo oye tus divinas quejas? ¡Ay de mí que al fin vencido voy, Cristo, divino César, a los pies del carro atado donde cautivo me llevas! ¿Qué dice tu huésped, mundo? No sé, la ciudad se cierra; debe de querer dormir. El postrero sueño que duerma, pero dejadme que vaya donde, en lo que para, vea que estoy con mucho cuidado. Camina. ¿Qué haré, Riqueza? Prosigue con tu locura ¡Pues alto! ¡Vengan las fiestas! Bailad y cantad y al mundo cubran eternas tinieblas. La Locura del Mundo ( del fin se olvida porque juzga eterna la breve vida. Por varios antojos de deleites vanos da viento a las manos, flores a los ojos, no le causa enojos la despedida porque juzga eterna la breve vida. Ved en lo que está ocupado el mundo cuando se acerca su triste fin. ¡Ay de ti, y qué sin razón te alegras! Dejé el pellico en la cama, mientras que la oscura cueva bajo para visitar los que ha tanto que me esperan. Tórnele a tomar ahora y porque al ganado vuelva a quién pretendo juzgar sus obras malas o buenas. Quiero subir a mi monte, que es bien que los buenos tengan premios, los malos castigos. Prosigue Mundo tus fiestas. De Sión ausente canciones entona, de rosas corona su altiva frente. Solo a lo presente tu amor convida porque juzga eterna la breve vida. Mundo, ¿qué haces así? ¿Tanto en tus vicios te ciegas que de tu fin las señales aún no te causan tristeza? Pues mira que ya los hombres de helado temor se secan viendo oscurecido el sol, viendo la luna en tinieblas, viendo llover sangre y fuego, viendo caer las estrellas, que eran clavos de diamante en su firmamento puestas. Los dos polos se desquician ¿Y tú con bailes celebras tu locura en instrumentos más de locas como cuerdas? Advierte, Mundo, que anda por tu distrito una bestia pintada de Juan en Padmos isla de la mar XXX. Dicen que es de Babilonia nacido de mi madre hebrea y de aquel XX de Adán que Jacob llamó culebra. Tan soberbio que en el templo de Dios altiva se sienta con diez cuervos espantables sobre que están diez diademas. Boca tiene de león pies de oso y siete cabezas con tan grande potestad que ya le adora la tierra. Porque dice que los santos ha de vencer y hacer guerra. Contra Dios y contra ellos, viene diciendo blasfemias; y con mis logros fingidos engaña la gente ciega. Ya pisa libre a Etiopía como Daniel lo cuenta. Ya tiene grandes tesoros de oro, de plata y de perlas y al león de Joel dice sale de su oscura cueva. Más ya descienden del cielo aquellos rayos y piedras del profeta Ezequiel, ya queda la bestia muerta, y tu máquina terrestre, Mundo, del todo deshecha. Ya el juez, Ya el buen pastor sobre las eternas peñas del monte de su justicia aparta con voces nuevas los corderos y cabritos; ya los juzga y los sentencia. Corderos blancos y puros, los de mi mano derecha, los benditos de mi padre, venid a la gloria eterna desde el principio del mundo fabricada para vuestra; porque cuando tuve hambre me distes en vuestra mesa de comer, y cuando sed, de beber, y cuando era huésped, cama, y me cubristeis cuando llegué a vuestra puerta desnudo y estando enfermo; fue vuestra visita llena de piedad y porque os vi preso en la cárcel con ella. Apartaos de mí, malditos, los de mi mano siniestra al fuego eterno, a las llamas, a la apercibida pena para el ángel pertinaz y quien sigue su soberbia. Con hambre nunca me disteis de comer en vuestra mesa; ni a beber teniendo sed ni me distes en la vuestra posada cuando pasaba peregrinando por ella. No me cubristeis desnudo y no me vestís siquiera una vez preso y enfermo. Y así mi justicia eterna en el monte de mi cielo a eterno fuego os sentencio. ¿Cuándo te vimos, señor, de la manera que cuentas tú con hambre, tú con sed? Buen pastor, ¿de quién te quejas? ¿Cuándo te vimos desnudo? ¿Cuándo, tú persona enferma? Porque lo que es imposible a ningún mal se sujeta. Juez de muertos y vivos, mira que soy la Riqueza, y si yo te viera preso, presto pagara tus deudas. Pero, ¿cómo fue posible estar tu persona presa si es de las tres la segunda que cielo y tierra gobierna? Señor, yo soy la avaricia, mas nunca tanta tuviera que el agua a tu sed negara a conocerte con ella. ¿Cómo me quitas la vida? ¿Cómo a muerte me condenas? Los que por el más pequeño de estos no hicisteis, pues eran míos viniendo en mi nombre, os condena a eterna pena, como a los que se la han dado los llevo a la gloria eterna. Tarde, Mundo, vi mi engaño. Esta parábola enseña lo que debe el hombre a Dios y que es locura que pierda gloria eterna por no hacer por él cosas tan pequeñas. Pues haciéndolas tendrá el cielo, donde le espera premio, que es el mismo Dios dando fin con su grandeza, que a los buenos da la gloria con su bendición eterna.