Texto digital de La discreta venganza
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Lope de Vega Carpio Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La discreta venganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/discreta-venganza-la.

LA DISCRETA VENGANZA
JORNADA PRIMERA
S Aquí entraron. . Si saldrán tan presto? . Quién ama espere. Será mucho? . Cómo fuere la gracia del Capellan, Pero que entres, es mejor. Jamás en la Iglesia entré mas que a ver a Dios. . Y fue lo demás notable error. Aunque algunos gentilhombres de poca edad en efecto, que por tenerte respeto no quiero decir sus nombres, Están en el templo santo tan inquietos por hablar. que no sé yo en que lugar pudieran estarlo tanto. Quién con doña Ana venía? Solamente vi a Leonor, que era la madre de amor, y ella al amor parecía. Lo demás era escuderos, gente de bulto pintados al olio, bien confirmados, pero de pocos dineros. Orden estrecha en rigores del mal pasar más perfetos, que son como Recoletos de otras órdenes mayores. Gente de alhaja, en quien tienen su aguja y remiendos juntos, tan amigos de sus puntos, que así las medias mantienen. Damas del barrio? . Si había, doña Lucrecia, no sé si tan casta, porque fue Lucrecia por ironia. Doña Guiomar, que en deseos de casarse es infeliz, y tan roma en la nariz, que puede dar jubileos. De esta quiero que el jubón a la rodilla imagines, que en dejando los chapines no es mujer, sino sayón. Doña Esperanza sin ella, y de su color vestida. No digas más por tu vida. La pesa de ser doncella. Satírico estás. . Si quieres callaré? . No hay hermosuras qué alabes? . Bellas criaturas, más Ángeles que mujeres: Con primera de setenta, y cabellera famosa entra doña. . Tente, . Es cosa la edad por dicha que afrenta? Dile, Tello, a una mujer cuantas inventó la ira, y verás que no se admira, como de verse tener Por vieja, es fuerte apellido. Luego no es bueno vivir? Bueno, no hay más que pedir, pero no el haber vivido. El tiempo es más cortesano, a nadie viejo llamó, siempre en secreto quitó la edad con ligera mano. Hoy un día, otro mañana, de suerte, que sin ofensa, cuando en la verde se piensa ha llegado la edad cana. Quieres un cuento, sin ser satira? . con mil oídos. Con unos ojos dormidos nació una hermosa mujer, Señor, en vuestra Lisvoa, y viéndola celebrada las mujeres, fue invidiada su fama, que aún hoy se loa. Y por pensar agradar, han dado en traer fingidos esto de ojuelos dormidos, digo, a medio despertar. Unas se fingen bisojas, otras bizcas, otras tuertas, otras tiemplan las compuertas como que les dan congojas. otras no ven a tomar lo que les dan; pero miento, porque a tomar, aún a tiento cualquiera sabe acertar. otras con ojos saltados son carneros mortecinos, en fin por varios caminos todas traen ojos plegados. Y plega a Dios. . No es aquel don Nuño? . Y con el Ramiro. Brava sombra! . No me admiro, que da mucha sombra en él. En fin ha rato que están en la Iglesia? . Ah más de un hora C de aún este me siga ahora! Ya está a la puerta don Juan. Con lo de primo pretende lo de galán encubrir. Que aún de tanto perseguir la Iglesia no me defiende! Vendrá a verla? . Si vendrá. Celos tengo. . No son justos. No tienen razón los gustos: quérrala bien? . No querrá. Don Juan tiene por lo primo gran ocasión para hablar. Este ha dado en porfiar. Yo tu buena dicha estimo. Ellas salen. . Desde aquí las puedes ver. . Ellas salen. Si celos y amor me valen la ocasión vuelve por mí. een el sermo on fue causa que vayas tarde. Oír hablar a un discreto no puede cansar a nadie. Aquí está don Juan tu primo. Alzadme, Sancho, ese guante. Aquí estoy yo. . Y yo también. Yo le he tomado. . Dejadle. Qué le deje, qué decís? Lo que digo. . Si alzarle fuera, don Juan, vuestra dicha, callara yo. . No se trate de mis cosas de esa suerte, llévele don Nuño, y calle don Juan, . El favor me obliga, señora, a que os acompañe. Hacedme merced, que os vais. Que puede auer que me mande Vuesenoria, que yo no obedezca? . Cielos dadme paciencia. . Rámiro ven. Extraño favor! . Notable. Qué sientes? . Que quiere bien a don Nuño. . Qué declare. señora tan principal, y en ocasión semejante de esta manera su gusto! Si quiso desengañarte, terrible medio! . No fuera menor bastante a obligarme: hago juramento, ingrata, de no quererte, ni hablarte mas en mi vida. . Y yo juro lo mismo a Leonor. . Si entrare mas en tu casa, cruel, ni pasare por tu calle, el amigo que tuviere mas obligado, me mate. Si te viere más, Leonor; plega al cielo que me canse un necio con sus visitas, con sus hechuras un sastre, con sus versos un Poeta, con sus prosas un pedante, de estos que cuentos de viejas llaman novelas morales. y plega a Dios, que me mire con antojos por donaire una de estas damas frías de quien no los tiene nadie: y plega a Dios. . Calla Tello; que vuelve doña Ana a darme mas celos. . Antes sospecho que quiere partir los guantes. Desvíaos todos allá; tu llama a mi primo. . Voy. No es menester, que aquí estoy, Aquí responde que esta. Estarás pensando ya mil quimeras contra mí, porque el guante permití, que don Nuño se llevase. Cuando de ti me quejase no me diste causa? . Sí. Pero siendo Portugueses, y hombres de tanto valor, donde los puntos de honor tienen tales intereses, querría que conocieses que se le dejé llevar, no porque le quise dar el favor, que ha sido engaño, mas por excusar el daño que podía resultar. Era fuerza reñir? . Sí. Pues si este daño excusé, discreción; y no amor fue aquel favor que le di, y pues a darte volví primo, tal satisfacción, volvamos por mi opinión, yo en decirte la verdad, y tú en que esta libertad te parezca discreción: Qué creas, don Juan, te ruego, que en ocasión semejante mi amor pidio en aquel guante de limosna tu sosiego: ya estabas de enojo ciego, y Nuño ciego de amor, componeros fue mejor. y ahora no darte a ti el guante que tengo aquí, por no igualar el favor. Quedemos amigos llanos, y de guantes no te espantes, que no quiero yo dar guantes a quien puedo dar las manos: salgan pues los celos vanos, si el alma toda se os muestra, que es una la sangre nuestra, y que lo veréis confío, pues si vos queréis ser mío, también quiero yo ser vuestra, Cómo quien sueña, y despierta, Tello, he quedado de ver el valor de esta mujer. Ya vi tu esperanza muerta. Llegó el amor a la puerta, la mano que prometío a su lugar la volvió. Bien haya quien quiere bien, a mujer discreta, amén. Bien puedo decir, que yo. Mujeres ay, que en no viendo sangre por ellas, y espadas, piensan que no son amadas. De ese necio amor me ofendo, ven a Palacio, que entiendo que pedirá de comer el Rey. . Si fuera mujer, buscara, a lo Celestina, un hombre rico y gallina, para pelar y comer. Muerto mi hermano, y posesión tomada de Portugal, Coimbra ya rendida, temerosos los Moros, y ganada la parte más rebelde, y más temida: de pacifica oliva coronada la guerra en sangre, y en furor teñida, vuestro Rey descansara, Caballeros, sacando a solas fiestas los aceros. Mas como en esta vida no es posible tener descanso sin pensión de pena, en tanto bien, o confusión terrible! mortal cuidado mi placer condena: teniendo el heredar por imposible, cáseme, como veis, en tierra ajena, y aunque casado bien, sin esperanza del dulce fruto que el amor alcanza. Es de Borgoña la Condesa ilustre, mujer de gran valor, y muchos años, y no hay cosa que a un Reino más desustre, que padecer la sucesión engaños: no he menester quien mi prosapia ilustre, mi sangre es conocida en los extraños, hijos quisiera yo, porque no fuera en mí la de mis padres la postrera. No sé qué pueda hacer? . Pues ha quedado la Condesa, señor, en Francia ahora, y dos años que el Reino has gobernado vivio sin ti, como tan gran señora: trata divorcio justo, que tu estado con solas esperanzas se mejora; pero si no te casas, cada día irá perdiendo más la que tenía. Fue don Sancho Capelo, hermano tuyo, inhábil para el Reino, y para todo; la justicia cesó, de donde arguyo, que le faltó para el gobierno el modo: ya Portugal, con el dichoso tuyo, que a tus padres y abuelos acomodo, restaura el bien perdido, mas no puede, mientras que no le dejas quien te herede. Cásate, gran señor, que justamente dispensará el Pontifice. . Bien creo, que como padre lo será Clemente por el público bien de mi deseo: mas no es razón que sin saberlo intente su permisión. . Yo, gran señor, no veo dificultad. . Don Nuño, qué os parece? Si aquí la poca edad lugar merece, Y donde habló la gravedad anciana de don Vasco de Acuña hablar podemos, no contradice la piedad Cristiana, que matrimonio igual te aconsejemos: A todos nos parece cosa llana de vuestra edad mirando los extremos, tu mozo, y ella ya de tantos añ pronóstica, señor, futur Ya don Juan de Meneses ha venido, hombre de tal valor y entendimiento, pues supliendo su edad, dirá si ha sido digno de ejecutar mi pensamiento. Los pies, señor, a vuestra Alteza pido. Don Juan, ya que pacifico me siento, y me siento en la silla de mi hermano, Rey del famoso Imperio Lusitano, He propuesto lo que es tan importante a aquestos Caballeros, y deseo que vuestro voto a todos semejante confirme su opinión, pues Rey me veo: la falta de los hijos es bastante D causa, don Juan, que yo por tal la creo, para que repudiando a la Condesa pueda casarme; ya mostráis que os pesa. Señor, a la Condesa mi señora, el tiempo que con vos estuve en Francia tanto debí, que referirlo ahora, ni parece lugar, ni es de importancia: si todas las riquezas que atesora, teniendo el despreciarlas por ganancia, gastó con vos, y a ser el mundo entero, cuando erades un pobre Caballero, Ahora que sois Rey, es justa cosa que no sea Reina la que os hizo Conde? y pues os hizo Conde, no es forzosa hacerla Reuna? la razón responde: pagad deuda tan justa y amorosa, y reine en Portugal, que corresponde al valor con que nacen, y a las leyes, los Reyes hombres, y los Condes Reyes. Si ella mujer, os hizo Conde, es justo, que vos hombre no hagáis a la Condesa Reina, cuando podéis? . Y no es injusto ser de un extraño esta Corona opresa? su Majestad propone su disgusto, nosotros le pedimos, a él le pesa: que sucesión prometen cincuenta años, no han de mirarse los comunes daños? No los mira Meneses, solo mí u el bien de la Duquesa, y su privanza. Qué habléis, don Nuño, a quí tan mal, me admira. Quién habla mal? . Qué es esto? . Tu mudanza? Sálid todos de aquí. Templa la ira, si a tu respeto alguna parte alcanza, porque cuando preguntas pareceres, no ha de ofenderte ser, el que no quieres. Que en lo demás yo soy tan obediente, y te amo tanto, que seré el primero que obedecer, señor, tu gusto intente, porque bien sabes tú, lo que te quiero: una cosa es decir lo que uno siente a su Rey, como libre Consejero, y otra el obedecer como criado, que a sola la obediencia está obligado. Don Juan, vuestra discreción siempre me tuvo contento, servime de vos en Francia, y no tuve en mis destierros otro amigo, otro pariente, otro sabio Consejero, aquellas eran fortunas, más fácil era el consejo: Estas son prosperidades, por más difícil le tengo: labed, que el Embajador de Castilla me ha propuesto, Que el Rey don Alonso el Sabio desea hacerme su verno, doña Beatriz de Guzman su hija me ofrece, y creo, Que con lo que él me promete alcanzo el bien que pretendo: dame en dote los Algarbes. que es un Reino, y todo aquello De la otra parte del Tajo, que acá decís Alentejo, ayudadme como amigo, porque de esta suerte quedo Con Reino, y con esperanzas de deber sucesión presto: porque aguardar a que muera la Condesa, o por mal medio Intentar lo que no es justo, no es Cristiano pensamiento. Señor, mirad en qué os sirvo? Mostraros, Meneses quiero, Un retrato que me ha dado el Embador: no es bello? Siendo así el original. Que es un Ángel os prometo: Vos habéis de ir a Sevilla a tratar mi casamiento, con tal secreto, don Juan, que aún no lo sepa el secreto. Si os la diere el Rey, traelda con poco acompañamiento, y con nombre disfrazado, porque en sabiéndolo creo, Que lo impida la Condesa, y cuando haya impedimento para los interesados, es mejor, cuando está hecho. Pues de que os entristecéis, don Juan? de qué estáis suspenso? alguna cosa os lástima, en todo contrario os veo, qué es esto, decid, hablad? Con mi Rey, señor, no puedo, con un amigo, si hiciera. Pues no soy yo amigo vuestro? Bescos mil veces los pies. Hablad, don Juan, decid luego la causa de esta tristeza. Señor. . Acabad. . Viniendo de Francia, como era justo, Fui visitando a mis deudos, entre en casa de mi tío, y vi un Ángel de los cielos en doña Ana de Meneses. Dicen que es hermosa. . Pienso, que rompió naturaleza la estampa, y quedó diciendo: No ha de hacerse otra hermosura donde doña Ana se ha hecho. Habláis como enamorado, No vais, don Juan, ya os entiendo. No es eso, señor, por Dios por lo que yo me entristezco. Pues por qué? . Sírvela Nuño de Tabora, y tengo celos, que en mi ausencia no se casen. No podrán, si yo no quiero. Esto temo, que el hablarla no, porque en su calle puedo dejar de noche un criado. Partid, que entre tanto ofrezco hacer oficio de amigo. otra vez los pies os beso. Tomad la posta, don Juan, sin que de mi pensamiento deis parte a vuestra alma misma, Pleito homenaje os prometo. Voy a escribir. p Y yo triste de celos muriendo quedo: Oh ausencia siempre enemiga! En tu busca vengo. . Ay Tello, Ay Tello! cuerpo de tal, que tenemos? . No tenemos, es bueno ausentarse un hombre cuando quiere bien? . No es bueno, Pues yo me ausento, y me voy a Sevilla cuando menos. A Sevilla! pesiatal, Vive el cielo que me huelgo, linda tierra, un Paraiso: Pardiez, señor, que tenemos de enamorarnos allá, y dejar estos requiebros tan necios como cansados. Dios sabe cuanto contento, Tello, tuviera en llevarte. Luego no voy? lindo es eso! No Tello, que en mi lugar para que guardes te dejo la calle en que ya don Nuño quiere matarme de celos. Acude todas las noches a ver lo que pasa. . En viendo que te sirvo, no replico: Mas para que te entretengo, si con aqueste papel te doy el mayor consuelo, que en esta partida esperas. No sé si consuelo espero: Quién te le ha dado? . Leonor: que miras? abrele presto, que no te he visto en mi vida sin ánimo. . Voime, y temo que no he de hallar estas cosas con la fe que las merezco: Mándame el Rey que me parta, al Rey hice juramento de no decir la ocasión, y pues a ti te la niego, siendo tan honrado hidalgo, no hay más encarecimiento. Leo el papel con tristeza. No la tengas, si estás cierto de esta lealtad y esta espada: mas lee el papel. . Ya leo. o Poco, y de mujer de bien, sin acción y superior; no irás a verla, señor, y a despedirte también? No Tello, que mi partida ha de ser con gran secreto. Despedirte no? . En efecto parto de la misma vida. Y no puedo despedirme, calla tu Tello también, que esto llaman servir bien. Seré como un monte firme, Y en guardar aquella puerta de más vista que el dragón que pinta a Palas. . Son mis dichas desdicha cierta. El Rey aura escrito ya lo que te he dicho, y adiós, pues sabes que entre los dos todo mi remedio está. Doña Ana pagando bien mi amor en aquesta ausencia, y tu haciendo resistencia a mis contrarios también. De mí ya hay prueba bastante, y de ella no hay que temer, que si es vidro por mujer, es por amante diamante. No hay porque culpa me den tus consejos sin razón, que fue determinación de mujer que quiere bien. No te culpo, ni disculpo por lo que te has disculpado, que de no haber aguardado es solo lo que te culpo. Ocasión tener pudieras de asegurar a don Juan, Nunca tanto espacio dan celos amando de veras: Quedaba tan mal mi primo, que esto, y más fue menester, yo pienso ser su mujer, ya por mi dueño le estimo. Amarme para burlarme no puede ser, que es su honor el mío, ni es mi valor, para burlarme, y no amarme. Dame unos guantes, que estoy como quien suele perdiendo, quedar en un naipe viendo con lo que perdió. . Ya voy. Todos los daños que mor de haber competidores resultaron, que cuando sin tercero dos se amaron, seguro fin a su esperanza dieron. Nunca los celos ocasión tuvieron, ni las mudanzas gusto imaginaron, los desdenes y agravios se vengaron, ni de verse las horas se perdieron. Donde hay competidor, o tierno, o grave, se siguen a los dos graves desvelos, y no hay seguro amor que bien acabe: Que siendo tres, hay celos y recelos, y nadie con amor tan poco sabe, que espere paz, adonde hubiere celos. Los guantes tienes aquí. Muestra, qué extremado olor! han se hecho en casa, Leonor? Estoy por decir que sí. Qué dices? . No se me acuerda, calza primero la mano derecha, que no es en vano si ayuda mejor la izquierda. Qué es aquesto que está aquí? En el guante? . Dentro de él dos fortijas, y un papel. Yo ni lo se, ni lo vi. Di la verdad, quien te ha dado estos guantes? . Envió don Nuño un paje, a quien yo bien mostrara rostro airado, Si no entrara a la ocasión quien, si por dicha me oyera, alguna duda pusiera en tu virtud y opinión. Ah Leonor, que las criadas siempre pensáis que agradáis con tomar, y es que tomáis por quedar aprovechadas. Mostráis confidentes pechos, y sois contra nuestras famas puerto seco de las amas, que se os pegan los derechos. Cuántos señores también, porque toman sus criados, sin culpa, han sido culpados, haciendo su oficio bien. Unos guantes para ti, que pudo de su valor quedarme si no el olor, de qué pasaron por mí? Aún esto no perdonáis, por lo que escucháis, veréis que del olor gusto hacéis, y que de él os sustentáis. Diamantes don Nuño a mí: basta que el necio ha querido pagarme, aunque fue fingido, el guante que no le di. Lee, señora, el papel, que él se sabrá disculpar. Antes se le pienso dar. sin ver lo que viene en él, Aquesta noche a mi primo. Pues qué importa que le leas primero? . Quiero que creas lo que le adoro, y estimo. Aunque lo tengo por llano, eres la primer mujer que ha dejado de leer papel que llegó a su mano. Guantes, papel, y diamantes serán de don Juan despojos, y cuanto llegue a mis ojos de ocasiones semejantes: Y tú si quieres Leonor, vivir donde te has criado, ten respeto a quien te ha dado de hoy más para ti señor, que ya he venido a creer que no quieres bien a Tello. Si pensara en un cabello, en un átomo ofender Tan grandes obligaciones, antes me diera mil muertes. Pues Leonor, para que aciertes en iguales ocasiones De aqueste consejo infiere lo que has de hacer, y decir, o no servir, o servir de hacer lo que el dueño quiere. Fue presente muy discreto. Por el guante envié los guantes, por las manos los diamantes, por el favor el soneto. Demanera, que el papel un soneto contenía? En él el favor decía, y enviaba el alma en él. Y compusistesle vos? Pues quien hay que enamorad le haya pedido prestado? Yo he pedido más de dos A quien sabe componer, al mismo Virgilio igual, porque para hacerlos mal no los he querido hacer. Eso no me diera pena, versos son cuerdos, o locos, que cosa que entienden poco! que importa ser mala, o buena Porque invidian al que esa los que escriben? . Porque desconfiados. . Don Juan n escribe? . Confiado vive. No hay ciencia más desigussta, todos juzgarla pretenden. Si juzgan lo que no entiend claro está, que juzgan mal. Es ciencia, que el que hoy con dice, que él solo la sabe, y que del más culto y grave habla con poca vergüenza: Defeto del no saber, que el que comienza a pinta es imposible igualar al que le enseña a tener los pinceles en la mano, y así verás mil personas Poetas de pintar monas llenos de arrogancia en van Dime el soneto. . Est mas no le juzgues con arte Amor es arte en la parte que se vale de su fe. ibe el luminoso pretende en vano Cubre la parda nú po del Sol, pero Su negro luto escurecer tirano Los resplandores de su rostro hermoso. Tal fue aquel guante, que cubrió dichoso La blanca nieve de su tierna mano, A quien lo terso del mársil tirano Su vencido color rindio lustroso. Mirando el Sol de vuestra mano estuve, Y la nube del guante, que pudiera Cubrir la luz en que abrasado anduve. Mas porque lo mortal no se atreviera, Por no abrasarme, me dejó la nube, Y fuese el Sol a su divina esfera. Bien le podéis alabar, que dicen, que ahora se usa. que En materia tan difusa mas le pude levantar. No sois Poeta de ahora, pues no alabáis lo que hacéis. Por tan necio me tenéis? eso que ensalza, o mejora? Yo sé, que el hombre que sabe nunca de humillarse acaba, que el que a sí mismo se alaba es por no hallar quien le alabe. No es una mujer hermosa porque lo diga su Espejo, que es falso tomar consejo con tan lisonjera cosa. Y así mirarse el Poeta en sus obras, se engañó, porque a sí mismo se vio, donde no hay cosa imperfeta. La noche está ya en su filo, baste la conversación, que ya los que saben son conocidos por su estilo. No piensen los principiantes, que nos han de volver locos, que los sabios ya son pocos, y muchos los ignorantes, Póngase Rodrigo allí, yo a esta parte, y vos llegad. Ay soberana beldad, si te has de doler de mí! Perdone esta vez el sueño, que tengo de desvelarle, para rondar esta calle en ausencia de mi dueño. Él se partió, no de mí, que partiendo, en mi quedó, su cuidado me dejó, con el mismo vengo aquí. Son estas sombras acaso de estas famosas colunas, que por eso quedan lunas partiendo el Sol al Ocaso? Sombras son; pero no son, hombres son, y tres parecen, que bien armados se ofrecen, no vienen sin ocasión. Acometer a los tres es loca temeridad, aunque la mucha lealtad me está incitando los pies. Pues irme sin dar razón a don Juan de este suceso, que es gran flojedad confieso, mas como sabré quién son? Valedme industria: ay de mí, hay que me han muerto! . qué es esto? Ya dejan todos el puesto. Eres quién te quejas? . Sí. Quién te ha herido? Aquí me han dado dos heridas entre seis, si sangre noble tenéis, del alma tened cuidado. Asilde vos de esa parte. Tente hombre. . Ya me tengo. que tan desangrado vengo: que poderoso es el arte! Que aún no me puedo tener, mi alma os encomendara, y de quien sois me fiara, si lo pudiera saber. Nuño de Tabora soy, hombre, lo que quieres di. Nuño de Tabora? . Sí. Gracias a los cielos doy. Y vos que nombre tenéis? Importaos el nombre mío? Por saber de quien confío los secretos que sabéis. Ramiro de Alama soy. Así, Ramiro de Alama? Caballero sois de fama, gracias a los cielos doy. Y este mancebo quién es? Yo Rodrigo me apellido. Y sois hombre bien nacido? Dicen que nací de pies, pero como veis estoy del talle que veis yos digo. Que buen mancebo, Rodrigo, gracias a los cielos doy. Vive Dios, que todos tres son Gállegos, engañarlos quiero, que para matarlos buscare ocasión después. Ay, que me da un parasismo, suéltenme, que veo visiones, no me pidan más razones, que yo me entiendo a mí mismo A fuera, a curarme voy. No me he visto más turbado, Yo voy muy bien informado gracias a los cielos doy. Reconocer he querido el hombre. . Estaba de suerte, con el temor de la muerte turbado y descolorido, Que no pude verle bien. De la reja han hecho señas. Sol, si tus rayos me enseñas seré tu Aurora también. Mucho os quiere esta señora Está perdida por mí; los diamantes que le di debe de pagarme ahora. Llégate a la reja bien. Es don Juan? . Si me ha tente por el? . No me ha parecido bien. . Escuchadme mi bien, Que detenerme no puedo. Mi bien, y don Juan, que haré Dos palabras os diré llenas de amor y de miedo. Esos guantes y diamantes, y ese papel me envió don Nuño, sin saber yo de diamantes, ni de guantes. Todos son vuestros despojos, nadie os puede dar desvelos, no tengáis, mis ojos, celos, que os quiero más que a mis oj Hay fortuna semejante! Pues, fuese? . Ya no lo veis? Muy buenos guantes tenéis, don Nuño, en pago del guante; Mucho os quiere esta señora: está perdida por mí, los diamantes que la di debe de pagarme ahora. Ahora es tiempo de darme pena sobre tanta pena? Yo la tuviera por buena con darme, y desengañarme. Dónde la vida entretienen los gustos y los engaños, mal vienen los desengaños, que a quitar los gustos vienen. No me he podido acostar sin ver si aquestos se han ido, tanto a un hombre bien nacido puede el honor obligar. Vive Dios que están aquí, acabose: esta mujer ya no debe de querer a mi señor, pesia a mí! Pero cómo le dijera tantos engaños? mal hago en dar a su fe tal pago, si es quien es, será quien era. Esto es que Nuño porfía: podré aquí tener paciencia? ha Gallego, esta es ausencia, amistad y cortesía? Solo a tres, será locura, y con dejarme matar, que a naide puede obligar, tengo por cosa segura, Qué haré? Si la obligación Parte ao. de la amistad es cumplir en hacer como en decir lo que es palabra, o razón: no vengo a mala ocasión pues que está llena de gente la calle, y puestos enfrente los que dan por dicha celos a don Juan, cuyos recelos prometí quitarle ausente. El partió en mi confianza, y puesto que soy su Rey, de la palabra la ley al mayor imperio alcanza: pierda Nuño la esperanza, porque salí por fiador, no de quitarle el amor, de estorbar el casamiento, si llega su pensamiento a merecer su valor. Yo quiero tanto a don Juan, que se ha criado conmigo, que más nombre de su amigo que no de su Rey me dan: todos estos que aquí están tengo ya por enemigos, y los pienso hacer testigos de que el amor hace iguales, porque sepan los leales como han de ser los amigos. Allí he visto un Caballero que repara en estas rejas, quiero me llegar a hablarle, aunque atrevimiento sea. Quién va? . detened la espada, que un hombre a pediros llega una merced. . A estas horas, y en tan escuras tinieblas quién hay que mercedes haga? Quién ser hidalgo profesa, vos lo sois, que bien lo dice vuestra gallarda presencia. Hidalgo soy, a Dios gracias, a de conocida nobleza. Ya sabréis las leyes todas, y que es la primera de ellas defender los agraviados. Cómo fueren las ofensas. Por abreviar, tenéis gana de acuchillaros? . No sea que seas de esa cuadrilla, viendo que la capa es buena. No por Dios, no os alteréis. Pues qué queréis? . estas rejas tienen un Ángel, que sirve un hombre de buenas prendas; está ausente, hame dejado por perdida centinela; son tres, soy uno, ya veis que es mucha la diferencia: vive Dios si me ayudáis no más de porque me teman, que los he de dar mil palos. No sé que os dé por respuesta: por lo que soy Caballero me obliga el nombre por fuerza; pero es poca discreción meterme en causas ajenas. No temáis, que vive Dios que no más de con que vean que no soy solo, yo basto para tres, y para treinta. No temo yo, ni en mi vida tuve temor, mas quisiera que no dijera después alguna enemiga lengua, Que aventurarse sin causa un hombre, es poca prudencia: mas si me decís quien es quien en su lugar os deja, Palabra os doy de ayudaros, y lo que viniere venga; que aunque se que es desatino, el ánimo que en mi reina me obliga a sacar la espada. Pues por la palabra vuestra, don Juan de Meneses es. Muy en hora buena sea, que soy muy amigo suyo, Llegad con gentil destreza, y daldes dos cuchilladas. Hidalgos los de la reja, que están acechando ahl, Quítense de ella, o en ella les daré de cabezadas. De la brida, o la gineta? Del diablo. . Mataldo a palos, Aquí hidalgo. . Pelea como un Rodámonte el hombre. No quiero hacer resistencia por el honor de esta casa. Gallina, disculpa es esa. . No vais tras ellos, hidalgo. Mil veces beso la tierra, adonde ponéis los pies: pesia tal, si el Reyos viera, daros un Ábito es poco, enviaros puede a Ceuta por General. . Hombre soy, que puedo estar a su mesa. Qué valientes cuchilladas! que brío, qué gentileza! no podré saber quién sois? Si pudiera, os lo dijera; pero id cuando haya lugar a palacio. . Y con que señas os tengo de conocer? Si me dais alguna prenda, que no os sirva, vos sabréis quien soy yo cuando os la vuelva. Cosa aquí que no me sirva, no sé: mas ya se me acuerda, la bolsa nunca me sirve, nunca tengo nada en ella, veisla aquí. . Pues tan vacia? Señor, poco se maneja el dinero entre escuderos, todo es tratar de noblezas, de dorar ejecutorias, de mostrar armas diversas, castillos, leones, barras, perros, garos, y culebras, como se pondrá una holla, y se hará, sin que se vea de una capa una ropilla, y que no falte montera para casa en todo caso: hacer de una media vieja chafallos para las otras, cuando dejan de ser nuevas, y otras cosas a esta traza. Pues los dueños no remedian tan justas necesidades? No señor. . Crueldad es esa. Porque no remedian ellos los que los sirven remiendan. Hombre sois de buen humor. La brevedad de las cenas nos desollina el sentido. De vuestros males me pesa, y de ver que está vacia esta miserable prenda. Señor, en el mismo cielo las Lunas crecen y menguan; el mar es inmenso, y tiene humildades y soberbias; al campo falta algún año la prometida cosecha. y alguno comio faisanes, que no alcanza berenjenas. Si vos me veis, algún día comeréis en mejor mesa, echad por aquella calle, que yo tengo de ir por esta.
JORNADA SEGUNDA
No suele ansi recibirse quien vuelve con tanto amor. No merece otro favor quien se va, sin despedirse. El Rey debe preferirse a todo amor. . El que tiene, por lo que a su bien conviene, más Rey que amor premio pida al Rey. . No ofende partida de quien tan rendido viene. Eso es lo que no se ve, lo que se ve, fue partiros. Bien sabe amor mis suspiros, mis lágrimas, y mi fe. No me desenojaré por más engaños, don Juan. Si vuestros enojos dan tan airados en perderme, será fuerza defenderme, que celos me ayudarán. Celos ahora? . No es tarde, donde hay celos con razón. No hay razón sin ocasión. Qué ocasión queréis que aguardo? vuelvo a serviros cobarde, aunque animoso partí, porque hay un testigo aquí, que una noche en estas rejas os daba un amante quejas celoso también de mí. Si os di el papel y los guantes que don Nuño me envió, no fue fineza, en que yo competí con sus diamantes? Con engaños semejantes no se da satisfacción, mirad si tengo razón de quejarme, y de perderme. Negaréis por ofenderme cosas que tan ciertas son. Cuando, o con quién me habéis dado tales prendar? . Yo os las di. Vos misma? . yo misma. . a mí? A vos. . Quién os ha engañado? No estabades rebozado debajo de este balcón, y os dije: Estas prendas son de don Nuño, mas no puedo hablaros, por justo miedo de mi padre. . Qué invención! Si no fuistes finalmente el hombre que las tomó, calló quien se las llevó. Yo prendas, estando ausente! Si el amor con celos miente, mentís si tenéis amor. El saber vuestro valor me obliga a desengañarme; pero también a quejarme, de que fue notable error. Sin saber primero a quien, las distes a quien no hablaba? Ver que las rejas miraba pudo engañarme también. Amor permita que estén las prendas en buena mano. Qué es Nuño tengo por llano. Si fue Nuño, dicha ha sido, que prendas que os han servido no quieren dueño tirano. Yo partí con el secreto que me ha mandado mi Rey. Es de un noble justa ley, bien lo ha mostrado el efeto. Y pues ya quiere que sea público a todos por mí, sabed que a Sevilla fui, que el Rey sucesión desea, Y no la puede tener de la Condesa. . Es verdad, que no es ya su larga edad mas que para ser mujer. Yo truje una hermosa dama hija del Rey Castellano, Serafín en velo humano; tanto mayor que su fama, Cuanto va de la pintura a la verdad, porque creo, que no pudiera el deseo imaginar su hermosura. El Rey salió de Lisvoa una jornada, y la vio, donde a la fama culpó de lo poco que la loa, Y de suerte enamorado vuelve, que quiere que sea en público, y que lo vea, si bien en esto culpado, Todo el Reino, y que la llame su Reina. . Pues puede ser mientras vive su mujer, sin que su nombre disfame? Al Pontifice ha propuesto las causas. . Bastantes son. Para tener sucesión parece remedio honesto. En fin él está casado, y hoy la Corte ha de besar lamano a la Reina, y dar parabién de que ha llegado: Esto es deciros en suma si fue justa, o no, mi ausencia, y porque en tal competencia no entre espada, ni haya pluma: Nuño que guantes os dio, pues ya debe de esperar las manos en que han de estar; merece mejor que yo. Lo que ellas mismas confiesan, que yo debo de perder por pariente. . Soy mujer, don Juan, de las que profesan Este estilo por ventura? Oh ausencia, donde estarás segura, basta, no más, pues aquí no estás segura. No fue mala prevención para si yo lo sabia, maldiga Dios mi porfía, incierta satisfacción. Yo merezco el mal que tengo, pero no será mayor, pues que ya sabe mi amor con el engaño que vengo. Y creed, dulce homicida, que no llevaréis la palma, que yo os echaré del alma, aunque me cueste la vida. Primo, primo. . no hay remedio, ve tras él, antes que salga. Cuando este medio no valga, mi honor está de por medio. Qué dice vuesa merced Parte zo. de estos sucesos de amor? Que de un tirano señor no se espera más merced. He sabido, que un Rodrigo del señor Nuño criado ciertos regalos la ha dado, y de algunos soy testigo: Pues si habemos de correr los amos y los criados parejas en los cuidados, paciencia hauré menester. Abra la boca y despida, que aquí estoy como un conejo. En la suya le aconsejo, que no me tome en su vida, Que ese hidalgo de quien habla, con honrado pensamiento, me quiere de casamiento, mi honor y remedio entabla. Mujer que entabla su honor quebrado le tiene ya: paciencia, bien dicho está, mal haya quien tiene amor Con una mujer no más. Pues con cuántas ha de ser? Por lo menos ha de haber dos o tres. . Gracioso estás. Quién tiene un coche, no ves que aunque por ley que lo manda con sus dos caballos anda, es fuerza que tenga tres: Porque si se manca alguno pueda servir el que queda, para que no le suceda faltarle en tiempo ninguno. Ya por mí, ya por don Juan, Leonor, el ejemplo infieres, por lo menos dos mujeres tenga el discreto galán. Haya dos, no falte noche, una morena, otra blanca: porque si una se le manca no deje de andar el coche. Yo se de alguna mujer que tiene cinco frisones, porque en todas ocasiones ande el vestir y el comer. Y más si tiene ofendida de lo que en el mundo pasa, caballo barbado en casa manco por toda la vida. Tello, tú eres hablador, nunca ayudas las mujeres, yo te dejo por lo que eres. En fin me dejas, Leonor? Ni aún por esta calle pases, Pues vete. . Tello perdona, Que allá tengo una fu sseña por si acaso te mancases. Quiero que todos mi ventura entiendan, y que sepan que sois señora suya. o No pienso yo que en Portugal se ofendan de que este matrimonio se concluya, que en otras partes con rigor pretendan, para que a la Condesa restituya vuestra Alteza, no es mucho, mas no creo que viva en vuestros Reinos tal deseo. Y yo, señor, en que seré culpada, si mi padre, que el mundo llama el Sabio, me ha casado con vos? . Beatriz amada, no hagáis a vuestros ojos ese agravio, bien se, que ni a mi cetro, ni a mi espada volver los ojos, o mover el labio en todo el Reino, los que más se atreven, perderán el respeto que me deben. El Pontifice sabe mi suceso, y sabe mi razón, porque es tan justa, que era dejar a Portugal opreso de ajenas armas, y de guerra injusta: si instaré la Condesa en tanto exceso, y no verse en el Reino la disgusta, por un particular gusto no es justo que venga Portugal a imperio injusto. Cincuenta veces ha corrido el cielo el claro Sol, Beatriz, desde aquel día que la Condesa vio su luz, y el suelo su patria el suceso que te d yo me case, cuando ni solo un pelo el bozo de mis labios ofendía, y ella ya tan mujer, que he parecido a su lado más hijo que marido. Juzgue quien sabe, y sin pasión nos mira, si es bien que lo que pido se me niegue, sino es nuevo mi plerto, a quien admira, pero que habrá que el interes no ciegue: si la Condesa por reinar suspira, que le debe mi amor, para que llegue a destruir mi Reino, porque venga donde ella guito, y yo desdichas tenga? Si me quisiera a mí por mí, yo creo que de su mismo gusto se apartara, y que de mi persona hiciera empleo donde tuviera yo quien me heredara: quien amando no tiene igual deseo, ni su gusto, y interes repara, soloe no tiene amor, y la razón lo infiere, quien mas se quiere a sí, que a lo que quiere Yo no estaré jamás arrepentida de haber al Rey mi padre obedecido, que ser de vos, como lo soy, querida satisfacción de mayor daño ha sido: no sentiré perder honor, ni vida, no perdiéndoos a vos, así me olvido de cuanto vos no sois, porque en vos veo retratado en espejo mi deseo. Ponedme donde más vengarse pueda la que fuere de mí más homicida, o donde apenas paso le conceda prisión al Sol, en que acabar la vida: Guzmana sangre aqueste pecho hereda por madre, sangre ilustre y conocida en toda Europa, porque el Rey mi padre mas que por él me obliga por tal madre. Que no me faltará el valor debido para mayor mudanza de fortuna. Quién no tuviera amor agradecido a tanto amor no mereciera alguna, no cubriera jamás tiempo ni olvido, ni la envidia a mis glorias importuna tan justa obligación, hoy vuestra frente hará en laurel a vuestro Sol Oriente, Besará Portugal la estampa hermosa de vuestro pie, y el que contrario fuere, provará de mi espada rigurosa los filos, con que amor la invidia hiere. Yo con ser vuestra moriré dichosa. Seguro está mi amor de lo que os quiero. La dama Castellana es brava dama. Cómo se llama? . Doña Inés se llama. Queréis alguna cosa, Vasco amigo? Aquí te aguarda por negocios varios diversa gente, para hablar contigo. Acudan a don Juan. . qué don Juan? . bueno, en mí no hay más don Juan que el de Meneses, esto ya era razón que lo supieses. Qué os parece de aquesto? . Qué quisiera antes la muerte, que escuchar tal cosa. De esto ya estaba yo desengañado. Notable es el amor que le ha cobrado después que vio a la Reina. . Obligaciones estrellas suelen ser de voluntades. Quién más contradecia el casamiento fue el que más ayudó su pensamiento. En los principios son todas las cosas más fáciles de verse remediadas, que si las voluntades cobran fuerza después es imposible dividillas. Por mí yo os juro de poner remedio. Pues yo le haré un pesar en lo que adora, Y yo se le prometo desde ahora. 1. Vueseñoria se duela de aqueste pobre soldado. Yo tendré, amigo, cuidado. Para tu piedad apela, Señor, mi preso marido. Vos veréis mi voluntad. Por mis servicios y edad, aunque es tarde, premio os pie De mi parte es notable ejemplo! . quién medra al lado del Rey, es yedra asida a valiente muro. Yo no le puedo negar los méritos, ni el servir; pero no puedo sufrir verle en tan alto lugar. Estos me están murmurando, de verme medrar sirviendo, y no ven que los entiendo, y que estoy disimulando. Como las mudas figuras de los tapices colgados debieran ser los criados, que asistentes y seguras Ni pueden hablar ni ver: mas como sin envidiosos no puede haber venturosos, o sufrir, o no lo ser. Si cualquiera de estos fuera quien tuviera mi lugar, dejárame murmurar del favor que el Rey le hiciera. Oh vil costumbre, nacida con el mundo, pues no hay quien pueda volar con el bien sin llevar la envidia asida! Pero aunque pesar me des, sin dejarme levantar, contento pienso volar de que te llevo en los pies. El Rey viene. . Ya no espero el verte favorecer. Ni yo oírle. . Ni yo ser para mentir lisonjero. Estás solo? . No señor, que la envidia está conmigo. Siendo el tener un amigo para un hombre el mayor bien Quieren muchos ignorantes que carezca de este bien un Rey. . No pienso que hay quien piense engaños semejantes, Pues no hay bien que pueda ser bien, si no es comunicado, con tener amor templado se puede amar sin temer. Pues tengo yo de templar mi amor conla invidia? . Puedes templarte en hacer mercedes, para no le dar pesar. Don Juan, o te pesa a ti de ser mi amigo, o no quieres que sea quien soy. . Ser quién eres, es fuerza, y desdicha en mí Hacerme tanto favor. Hablemos en otra cosa. Perdona, que esta invidiosa gente me aflige, señor. Cómo te sabré pintar la gran hermosura y brío de mi Beatriz? desconfío, tanto bien no he de gozar. Parabién te quiero dar de tan grande acertamiento, que en casar con igualdad no está la felicidad de un dichoso casamiento. Bien dices, porque consiste en ser la propia mujer digna de amarla. . Sin ver tu dicha, dichoso fuiste. En mi vida tuve amor como el que tengo a mi esposa. La hermosura es poderosa. Es el tirano mayor, Pero más ay que hermosura en mi Beatriz contra mí. Contento estás. . No entendí tener tan alta ventura. Ni el Reino, ni las vitorlas de los vencidos Algarbes, ni el ver los fieros Alarbes presos lamentar mis glorias. Ni cuanto tesoro viene del Indio estimo en un pie de mi Beatriz, y yo se, que esto a mi Reino conviene Solos están. . Quién entró? Yo quiero hablar a tu Alteza. Di Nuño. . Quiero apartarme. Vengo a pedirte licencia para casarme. . Con quién? La igualdad, señor, es cierta, con doña Ana de Meneses. Pues sabes tú qué quiere ella? He hablado a su padre, y dice, que como tú me concedas esta licencia que pido lo tendrá por dicha. . Espera. Algo le dice de mí. Habla a don Juan. . No son estas las cosas que se remiten, perdóneme vuestra Alteza, a Caballeros que sirven, aunque mayor lugar tengan, sino al Estado, señor. Pues don Juan en paz, o en guerra es mi consejo de Estado, el dirá lo que os convenga, que quiero bien a don Juan bien lo sabéis de esperiencia, no puedo hacer más por vos, que hacer que don Juan lo sepa, si es mi Consejo de Estado. . Hay felicidad cómo esta! oídme, don Juan, no os vais. En qué os sirvo Nuño? . Lle vuestro favor a que el Rey quiere que ahora os de cuenta de mi casamiento. . A mí? debe de ser porque pueda daros, como amigo vuestro, el parabién. . Quién supiera honrar con más discreción? Quién es Nuño, vuestra prenda Es doña Ana de Meneses, mirad si me dais licencia, pues su Alteza así lo manda. Remitiros quiero a ella, como él os remite a mí: que como ella, Nuño, os quiera, quién os lo puede estorbar? Que ella quiere es cosa cierta. Si ella quiere, yo también, mas no primero que vea una cédula firmada de su nombre, y de su letra. Dasme esa palabra? . Sí. Pues don Juan, yo voy por ella Y yo os aguardo, don Nuño: mucho debo a mi paciencia, sin duda es verdad: hay prima, la más fácil de las cuerdas! Que de veces que me faltas, que de veces que disuenas el instrumento del alma! si de aquesta vez te quiebras, No se verá más tu amor: loco estoy, hacer quisiera mil desatinos indignos. de quien soy: quien hay que tenga Luz sin noche, amor sin celos, bien sin mal, gloria sin pena? que sirve que el Rey me estime, y mis servicios merezcan En Francia, y en Portugal su amor con tanta fineza sino tengo el bien que adoro! Fuese Nuño? . Aquí me deja lleno de celos y agravios. Con temor de que lo fuera a tus celos remiti su amor: . Ya le di licencia. Por qué? . Porque yo no quiero, señor, voluntad por fuerza. Pues quiere doña Ana a Nuño? Ya dije, que me trujera firmada su voluntad. Bien hiciste, mas no creas que la traiga. . Si traera. Yo salgo fiador por ella: veae a escribir una carta tan sustancial y discreta como tuya, en que yo pida que no impida la Condesa mi casamiento, pues creo que el Pontifice conceda lo que es tan justo al instante, que ella misma lo consienta, y escribe a su santo tío el Rey Luis, porque venga en el bien de Portugal, pues más obligado queda a un Reino, que a su sobrina, Voy a escribirle. Quién entra con tan gran atrevimiento que espera que le suceda? Quién es? . Un hombre turbado que ha días que hallar desea un Caballero que busca para cobrar cierta deuda. Quieres justicia? . Señor, misericordia quisiera. Pienso que conozco este hombre: no te turbes, llega, llega, quién eres? . Nunca he mirado a vuestra Alteza tan cerca, soy criado de don Juan de Méneses, fue una dueña de su madre madre mía, hubome su padre en ella, digo, criome su padre, y porque para las letras me faltaba habilidad, y me sobraba pereza, ya que barbaba don Juan fuimos los dos a la guerra contigo. . Nunca te he visto. En Francia verme pudieras siendo Conde de Borgoña, que los hombres con pobreza siempre tienen mejor vista: porque ya después que reinas, como nunca el cuerpo doblas, es fuerza que menos veas. No eres necio. . Estoy turbado. Tu nombre? . Tello. . Tu tierra? Tomar. . Según eso, bien tómaras, si algo te dieran? Mi padre en la sepultura mandó que una mano fuera le dejasen, por si acaso le daban algo. . Bien sueña esto de tomar? . Pregunto, pues pasó por vuestra Alteza esto de tomar y dar, pues tomó de la Condesa siendo pobre, y siendo Rey da tanto, de cual se huelga mas, de tomar o de dar? De dar, cosa cierta es esa, porque el que da queda ilustre, y el que toma, siempre queda obligado, y inferior, que es sujución y vergüenza. En fin es gran gusto dar? Notable. . Mucho quisiera, que si el dar es tanto gusto le tuviera vuestra Alteza. Toma. . qué es esto? . una bolsa Mi bolsa, señor, es esta, más vuelvésmela preñada, y yo te la di doncella. Dias ha que te he mirado, valientemente peleas. Si fue a tu lado, señor, que te espantas que lo fuera? Ay Príncipe semejante! beso: mas antes del beso toco: bien sueña, confieso, que solo fueras bastante Para vencer mi fortuna, mas no me quiero alegrar, porque bien puede sonar, y ser plata en parte alguna, Mas ya en esto paga ingrata, y contra la hidalga ley; porque en la mano de un Rey cupiera poco a ser plata: Abro un poquito, y acecho, oro es todo, bailo y salto: hay bolsa en poder tan alto brava barriga habéis hecho. Quedo que hay dentro un papel, dice el sobre escrito; ay cielos! que el alma me da recelos que viene algún daño en él. Pero si escudos me dan mi temor injusto fue: Cédula de Alcalde dé mi castillo de san Gean Con mil escudos de renta: abro, el nombre en blanco vieno que el ringión espacio tiene, ea Tello, luego asienta Tu nombre aquí con un don, y tres o cuatro apellidos, los Reyes y bien servidos, que hay que decir, Reyes son. Qué dirá ahora Leonor? vive Dios que he de vengarme, que en efeto vengo a hallarme con dinero, y sin amor. Amen los tontos, los rudos, libertad pienso vender, que no hay tan linda mujer como una bolsa de escudos. os digo, Manda don Juan el Reino, como os dig y yo tengo negocios de importancia, se lo que os quiere, de que soy testigo, desde que a Portugal vino de Francia, no sé si tan corriente está conmigo, que entre amistad y celos hay distancia mayor que el mundo, y por saberlo quiero valerme ahora del favor que espero. Escribilde un papel, que solo diga, que de lo que os suplico tendréis gusto, debida deuda a la mortal satiga de amor, que merecio premio tan ju por los años, señora, que os obliga, que el hacerme este bien no os dé disgusto; dadme aqueste papel, pues solo intento satisfacer mi justo pensamiento. Queréis, don Nuño, que en servicio vuestro haga otra cosa yo? . Ninguna pido. Voy a escribir. . El alma toda os muestro al favor que recibo agradecido, bien se dispone del engaño nuestro la ejecución. . Bien queda referido, mas si el papel de lo que has dicho excede, temer es justo que entendido quede. Escribiendo conmigo, no es posible que excedan sus palabras a las mías. Mas se atreve el amor a lo imposible, testigos son tus bárbaras porfías. Bien se que está notado de imposible; pero en esta ocasión mal desconfías, que amor, cuando perder el bien espera, de las cosas más fáciles se altera. Esto me ha notificado. Pues a un Rey? . Cristiano soy, al Papa obediencia doy, ansí he nacidó obligado: la Condesa se ha quejado a su Santidad, no sé remedio. . Yo os lo daré. Cómo señora? . Matarme, si fue delito casarme el Rey con tan buena fe. Mataros, luz de mis ojos, mi solo y único bien! antes mil muertes me den, que pueda daros enojos: todos han de ser despojos de esos pies. . Tan desdichada mujer, o nacio engañada, que es Rey su padre, o lo ha sido, mas en haberos querido para ser de vos dejada. Sabia yo por ventura, que este divorcio no estaba en la fuerza que bastaba para casarme segura? si la Condesa procura, que no tenga Portugal Rey de la sangre Real de aquel Enrique primero, no se vengue en mí, que os quiero, sino en vos, si os quiere mal. Desdicha de un Rey extraña, y de un Reino, que el no puede hacer que con Reyes quede de su ascendencia en España: el Reino, a quien tanta hazaña hizo ilustre, a estado viene, que su perdición previene, porque un celoso interes quiere un laurel Portugues, que no por amor os tiene. Pero hacedme tanto bien, Alfonso, por lo que os quiero, que en fin sois mi amor primero, y el último sois también, que porque enojo no os den me enviéis luego a Sevilla; y si aquesto os maravilla, matadme, que es menos mal quedar muerta en Portugal, que volver viva a Castilla. Primero, Beatriz hermosa, arderá en el fuego el hielo, el Sol detendrá en el Cielo su carrera luminosa; dará la mar espaciosa cuevas de arena a las fieras, y por las verdes riberas los peces entre las ramas, que el primero amor que llamas te olvide, aunque no le quieras. Y primero la mentira durará mucho encubierta, al oro faltará puerta, y armas breves a la ira: la envidia, que triste mira los sabios, y los señores, tendrá gusto en sus favores, que yo te mate, mi bien, aunque mil muertes me den tus ojos, y tus amores. Y primero a la verdad no dará el Cielo favor, será prudente el amor, y pobre la necedad: alegre la enfermedad, discreta la maravilla, el Tajo irá por Sevilla, el Betis por Portugal, que vivo mi amor leal vuelvas, Beatriz, a Castilla. Qué pensáis hacer de mí? Poneros, señora, en parte que os vea, sin que me aparte de la ley en que nací. Dichosa sin dicha fui, si os tengo para perderos. Yo pienso en descanso veros, y cuando no pueda ser, no hay en la muerte poder para dejar de quereros. Antes que fuera Rey, antes que fuera Señor de Portugal, en pobre estado Vivi contento, alegre, y apartado De ser Planeta de una corta esfera. Entonces en la caza, en la ribera, En el soto, en el monte, selva, o prado Pasaba libre, sin tener cuidado, De mi vida la verde Primavera: Ahora, que la púrpura, el decoro Real me pone en tantos descontentos, Que un Midas vengo a ser de mi tesoro, Conozco y con notables sentimiento Que no esta el bien en la corona de oro, sino en tener en paz los pensamientos. Vengo con tanta tristeza, que si pudiera, señor, me excusara del dolor de ver hoy a vuestra Alteza. Tres correos despaché, y si pudiera deseos corrieran dos mil correos adonde el primero fue. Es posible que ha tenido la Condesa mi señora tan grande rigor ahora? Paciencia a los cielos pido. Que no le pudo mover el bien de un Reino? . Ay don Juan, los celos que no podrán? que celos deben de ser. Si ya no fue que el reinar la puso en tal interes. Si amor la disculpa es, no hay quien la pueda culpar. Pero si el Reino, es rigor, indigno de su grandeza. Muero, don Juan, de tristeza, muero de pena, y de amor. Si vieras a mi Beatriz, tales sus ojos están, dijeras por mí don Juan: No hay hombre más infeliz. Traspasome el corazón, un mar sus estrellas hechas, que hay lágrimas como flechas, que rayos del alma son. Porque a mí, que las bebia, y su hermosura adoraba, tantos venenos me daba, cuantas lágrimas vertía. Mientras esto dura, quiero que esté aparte, con temor del intentado rigor bien sabe amor que me mu ero Que ruegos, promesas, oro, quizá podrán obligar a que me dejen casar. Qué pierde de su decoro mi señora la Condesa, si en tanta edad vive ahora? No la llames mi señora, que aún de escucharlo me pesa. Voy, don Juan, a consolar a mi esposa: extraña pena! que la tenga como ajena cuando la pueda gozar? Espero de estos enojos muy presto en descanso verte. Ay Beatriz, si he de perderte, nunca te vieran mis ojos. Deseaba que su Alteza se partiese para hablarte, que quiero el papel mostrarte. Para mi mucha tristeza Viene este necio pintado: qué dices? . Que este papel te dirá que viene en él mi casamiento firmado. Mi prima, Nuño, firmó, que se ha de casar contigo, Mira si verdad te digo. La letra conozco yo. LEA h . . - Hay más qué hacer? . Nuño amigo todo pienso que está hecho. En fin estás satisfecho? De tal manera, que digo, que es mi prima muy dichos y te doy el parabién, para que a mí me le den de burla tan afrentosa. Luego bien puedo casarme Casados estáis por mí. Guárdete el cielo. a Y te guarde para matarme. lo. l, que digo, El humo que formó cuerpo fingido, Que cuando está más denso, para en nada, El viento que pasó con fuerza airada, Y que no puede ser en red cogido. El polvo en la región desvanecido De la primera nube dilatada, La sombra que la forma al cuerpo hurtada Dejó de ser, habiéndose partido, Son las palabras de mujer, si viene Cualquiera novedad tanto le asombra, Que ni lealtad, ni amor, ni fe mantiene, Mudanza ya, que no mujer, se nombra, Pues cuando más segura quien la tiene, Tiene polvo, humo, nada vi- No te puedo encarecer lo que me cuesta de hallarte, y aunque soy de los criados, que no traen novedades. Como el Rey quiere que viva nuestra nueva Reina a parte, quiere que algunas señoras la entretengan, y acompañen. Como doña Ana tu prima es de las más principales, es la primera que viene a Palacio, como un Ángel. Vive Dios, que en todo el mar no hay tan hermosos corales como los dos de sus labios, pento y sombra. parece que vierten sangre, Pues los ojos; pesiatal! aquí si que entran brillantes candores, lucientes rayos. dos Soles, cifras, esmaltes. De cada cabello viene colgando un alma, que trae el purgatorio en la frente, y el cielo en los ojos graves. Dichoso cuarenta veces quien del uno al otro pase, y otras tantas quien merezca de aquella boca la margen. Los dientes de un jabalí, los del más fiero elesante, no dan el temor que ponen diez perlas en diez granates. Para que me muerda un perro tendré corazón bastante, mas no para ver los dientes, que por sus claveles salen: pues las mejillas por Dios, que temo que se matasen, si la nariz no estuviera en medio metiendo paces. Cómo es esto, no te alegras de escuchar mis disparates. qué tenemos? habla, bueno! Déjame necio, y no hables. Qué te deje? . Esa mujer que pintas con tantas partes, es fiera, es monstro, y es furia, es muerte, es demonio, es áspid, es sierpe. . San Blas, qué dices? Cuando con Nuño se case sabrás lo demás. . Qué Nuño, ni la calabaza? esta tarde me miró con dos muchachas, que dentro de los suaves ojos chillaban de risa; clara y ciertas señales de que queriendo a Beltran a su perro amores hace. Vete de aquí majadero. ̱. Ansí hablas a un Alcaide de san Gean? . Yo estoy muerto, a qué haré? . Muerto? . sí. T enterrar en aquel Ángel que viene. (te No sé, Tello, si le aguarde. , s. No pase nadie de aquí. A don Juan tienes delante. Primo de mi alma! . A quién? A vos mi bien. . No me trate Uueseñoria, señora, con palabras semejantes, Pr que aunque primos, no es razón. Señora a mí? pero pase por Palacio, en él estoy. Aquí os dejo perdonadme. Qué sinrazones son estas? volved, oídme. . Qué baste sufrimiento en tal agravio! tengo que hacer. . Escuchadme. Si viene vuestro marido será justo que me mate por oír vuestras mentiras? Marido? . Puede negarse lo que vos me habéis escrito? Don Juan, si para dejarme, y querer la Castellana, que alaban de lindo talle; y con la Reina ha venido con Sevillano donaire, con melindres de Castilla, basta decir novedades: son estos celos fingidos, no es menester engañarme, que yo me doy por vencida. Señora, el cielo me falte si he hablado con doña Inés en el camino, ni en parte, que pueda ser sospechosa: licencia para casarse con vos pidio Nuño al Rey, el Rey, que mis cosas sabe, me remitió la licencia, díjome, que vuestro padre, y vos gustanades de ello: yo, porque no me engañase, remitilo a vuestra firma, esta me trujo esta tarde, podéis negar que es verdad? Pues de qué Nuño os engañe tendré yo culpa? . A mí? . Sí: que para negocios graves, como priváis con el Rey, me pidio el papel, mostradle, veréis, como es general, sin que en otra cosa trate, Si en el decís que me olvida, como quien quiere dejarme de las cosas ya pasadas, que puedo pensar? . Qué grandes los antojos de los celos letras y razones hacen; yo hablo de las pendencias, pasadas enemistades, que habéis tenido con él. Pues puede ser que intentase darme aquesta pesadumbre solamente por burlarme? Revolvernos a los dos no era mucho disparate, que en ríos vueltos de celos suelen medrar los amantes: Si vos con esta pasión por vengaros, y matarme sirvierades esta dama, tanto viniera a enredarme nuestra enemistad celosa que no bastara a obligarme, ni a reduciros a vos cuanto el amor puede y sab rima mía. que intentase Pues si fuere bastante, parnedda, Todo su engaño a darme más desvelos La invidia, que es lo mismo que los celos, Que en las paces de amor áspides cría. Ni toda la infusión de la armonía Con que se vuelven los celestes velos, Los Planetas contrarios, que en los cielos Con mal aspecto ven el primer día. Que en la región adonde el Sol se parte, Adonde el Alba esparce sus cabellos El alma que ha de ver, ha de adorarte: Mira estos ojos, y veraste en ellos, Y antes que pueda yo dejar de amarte Me mate un rayo de los tuyos bellos. Pues si fuere bastante, primo mío, Del tiempo el curso, del amor la ausencia, El celoso rigor, que la prudencia Suele sacar al campo en desafío, Llevarme la fortuna, donde al frío Yelo de Scitia ignoran resistencia, O donde tiene el Sol tanta asistencia, Que forma por Enero seco Estío, Ni el verme entre mil bárbaros cautiva, Y a mis despojos, ya sin saber cuyos, La tierra se mostrase fugitiva, A decir, que estos ojos fuesen suyos, otro du ne Máteme don m Abrazáronse? . Pues no. Qué presto amor hace paces. Sí, pero tú no las haces. Cómo puedo hacerlas yo? No ves que es notable afrenta, siendo Alcáde de san Gean? Entra conmigo don Juan, que quiero andar con más cuenta. Qué temes? . A doña Inés. Tuyo soy. . y yo soy tuya. seño mientras viva, s de celos tuyos. No quieres que se concluya nuestra amistad? . Si interés Te ha movido, no es razón, vete allá con tu Rodrigo, que ya no ha de hablar conmigo mujer sin coche y sin don. Tus iras se aplacarán. Ah de ser muy gran señora la que venga a ser ahora Alcaidesa en san Gean.
JORNADA TERCERA
Querría que os diese gusto la nueva que os traigo. . Siendo de vuestra boca, no entiendo, que me pueda dar disgusto. Don Juan de Meneses es el mayor amigo mío. él me fía, y yo le fío cosas que sabréis después. Desde que trajo a Lisboa la Reina, por vos perdido, puesto que en secreto ha sido, os ama, os sirve, y os loa. A mí, Ramiro? . Es de suerte, que quiere con vos casarse, no puede desocuparse por lo que el Rey le divierte, Y quiere saber de mí, si tendréis gusto de ser su mujer. . Para mujer dicen que es honesto él sí. Ya su Majestad le ha hecho su Camarero mayor. Basta, Ramiro, el valor Partizo. de aquel generoso pecho. Y págame bien don Juan lainclinación que he tenido a sus méritos. . No ha sido sin causa: que presto dan Las mujeres en la red tratándoles casamiento! pues ya que sabéis su intento habéis de hacerle merced De hablar a la Reina luego, para que al Rey se lo diga. Mi propio interes le obliga. Todo su bien y sosiego Consiste en la brevedad: con esto lugar os doy. Decildle cuan suya soy. Hablad a su Majestad, que viene aquí con su prima: que bien sucedio mi engaño! Ya con tanto desengaño no se que fuerza me anima. Ver que su Alteza te adora, la Condesa es desigual, tú eres de Portugal la legítima señora A pesar de la Condesa, que injustamente porfía. Hablarte de mi alegría cuando estás triste, me pesa; Pero no fuera razón dejar de fiar de ti lo que siempre conocí de tu favor, y afición. Tus alegrías, Inés, quiero yo tener por mías, y en las penas de estos días mas a propósito es. Tu buen suceso me di? Don Juan de Meneses. . Cielos vuelven a matarme celos! Perdido de amor por mí, Quiere casarse conmigo. No me pudieras traer nuevas de mayor placer. Don Juan se casa contigo? Si doña Ana, y porque se el gusto que te ha de dar, esta ocasión y lugar aguardé. . Muy justo fue. Cómo es tu primo, no quise que sin saberlo te fueses, y porque merced me hicieses para el día que te avise, De honrar nuestro desposorio. Óyeme aquí: Cómo; o cuando, porque me estoy admirando, que no haya sido notorio en la Corte vuestro amor, ni que yo lo haya sabido, te ha querido, y te ha servido, y tú le has hecho favor? Dónde no se puede hablar, hablan, doña Ana, los ojos, que para amores, o enojos dicen que basta mirar. Por el camino me habló con ellos, y aquí por él de su amigo el más fiel supe el casamiento yo. Que amigo, es Nuño por dío No si no Ramiro. . Bien. quiero darte el parabién. de mi muerte y mi desdicha. Ya soy tu prima, ya debes hacerme todo favor, dile a don Juan mi señor, que serán sus horas breves Largos años para mí, esperando que mis brazos con tan honestos abrazos le merezcan. . Ay de mí! Inés? . Señora. . Yo quien hablar a su Alteza. . Harás por mí, gran Reina, lo más que de tu grandeza espero. Gracias a Dios que te ven sola mis ojos un día! Con quién hablas? . Prima mí! con quien es todo mi bien, de que sirve que me den los Reyes tantos favores, si me faltan tus amores; vete a tu casa mis ojos, que ande aquí con mil enojos de que te engañen traidores. Traidor eres tú, que quieres don Juan, y olvidas tan presto, ya se quién eres. . Qué presto? Qué ha de ser? que se quién eres Qué cielo sois las mujeres tan mudable en cuanto hacéis! ya hacéis Sol, y No la culpes, que no ha sido sin causa. . Pierdo el sentido. Mil invidiosos tenéis. Sabes tú porque se llaman traidores los que lo son? pues no fue sin ocasión. Sé que sin culpa me infaman. También hay mil que te amán, pero estos aduladores, que traen a los señores mentiras y fingimientos, de traedores de estos cuentos los han llamado traidores. Señora, si os ofendí, quíteme la vida el cielo; vos sabéis mi honesto celo. Bien decís, honesto sí, mas no lo fue para mí. que os caséis con doña Inés. Yo? . Vos. . o gente traidora. Quién os lo ha dicho, señora? La misma por su interes; Aquí a la Reina pidio licencia de vuestra parte para casarse. . Hoy el arte a cuantó pudo llegó. Y ella también me contó, que la habéis solicitado, y en el camino mirado. Ella dice que la quiero? Y que es Ramiro el tercero de vuestro amor y cuidado. Pues si casaros queréis, pues si el brío Castellano fue de vuestra alma tirano, no hay para que me engañéis: de que victoria le deis a Castilla en caso igual, a Portugal le está mal, que puesto que armas no son, de cualquiera noble acción se ha de correr Portugal. Palas, de la guerra diosa, se corrió de que el Troyano juzgase, engañado y vano, que era Venus más hermosa: la competencia es odiosa, y por eso maravilla, que a la dama de Sevilla deis premio tan desigual, que aún en rostros Portugal no ha de rendirse a Castilla. Yo de esta burla corrida no pienso veros casar, porque yo me sabré dar prisa a fenecer la vida; o pues que quise querida sabré déjaros dejada, engañaros engañada, aborreceros celosa, y como amada amorosa, olvidaros olvidada. No me espanto que enmudezca mi amor en tal sin razón, y daros satisfacción imposible le parezca: mas de vos, mi bien, merezca por los pasados engaños templanza para mis daños, que pues Nuño os engañó para mi disculpa dio, y para vos desengaños. Andan con envidia aquí por vos, y el Rey más de dos; y aciertan los que por vos, que aún yo la tengo de mí: no creáis que pretendí casarme con doña Inés, malicia, y envidia es de quien: más tendré paciencia, que si hay de por medio ausencia, soy enemigo cortés. Pero la palabra os doy de traerle, si esperáis, donde muy presto veáis quien es Ramiro, y quien soy, que la razón con que voy nos sabrá favorecer, y vos echaréis de ver, que quien pudo una vez veros, ni se libró de quereros, ni os dejará de querer. Mal has andado; y perdona. Por qué Tello? . Porque ya buscando a Ramiro va a peligro su persona. Cuando diste a Nuño el guante fuiste discreta. . Era amor, y de un fingido favor fue satisfacción bastante, Ahora que celos son no me mandes ser discreta, porque no hay quien me prometa debida satisfacción. Ve tras él, y me dirás lo que intentaren los dos, mientras hablo al Rey. . Adiós. Con celos no supe más. Que con celos no hay error, que pueda llamarse grabe, porque quien con celos sabe no diga que tiene amor. Callad, que está aquí su prima doña Ana: qué ay de su Alteza? Vivir con tanta tristeza quien el alma me lástima. Yo espero en Dios, que muy pre tendrá su tristeza fin. Mata el ver un Serafín, en tantas desdichas puesto. No la dejes, que no alcanza otro consuelo. . Yo voy con tu licencia. . Yo estoy. a con mayor desconfianza. Es posible que don Juan intente en mi deservicio tan bajo, tan vil oficio? Las cartas te lo dirán. LEA EL REY , e No puedo pasar de aquí, quién es este? . Un Secretario de la Condesa. . Contrario don Juan a Beatriz y a mí! No se acuerda vuestra Alteza cuando casarse trató lo que don Juan respondió, y su cuidado y tristeza? Pues sepa que siempre ha sido quien a la Condesa ha hecho, que vuelva por su derecho, y que pida su marido. Y no solo a la Condesa, pero al Pontifice, al Rey de Francia. . Qué injusta ley! de haberle honrado me pesa. De que me admiraba yo, que todo allá se sabia, si este traidor lo escribia? En las cartas que escribio Este pleito se ha fundado. No hubiera durado un hora, y a la Reina mi señora gozarás en paz casado. Por él no tiene su Alteza la corona Lusitana. No ha de pasar de mañana sin cortarle la cabeza. Prendelde luego, Ramiro, llamad mi guarda: esperad, que le tuve voluntad, y como padre le miro. Pero prendedle, qué importa? también a un hijo castiga un padre: el rigor me obliga cuanto el rigor me reporta. Prendelde: esperad, matadle: no le ofendáis: mas que espero con un traidor Caballero! pasalde el pecho: dejade. Este papel lo confirma, sirva pues este papel de sentencia contra él, aquí se sentencia y firma. Don Juan, pues culpado estás pasa por las mismas leyes, que no hay justicia en los Reyes, como en los que quieren más. Venza la justicia aquí, quédese a parte el amor, que desde que fue traidor (parte murió la piedad en mí. Guarda. . Señor. . Ya no es tanto amor, obedeced a Ramiro, y luego haced lo que os dijere. . En qué parte le mandas poner? . Ramiro en esa torre; no quiero estar presente, que espero, que si enojado le miro Sacaré con mano airada la espada, a pesar de amor, y no es justo que un traidor muera con tan noble espada. nes loco? Tú me tienes, qué es esto? viche Parécete locura detenerte? que descanso pretendes de su muerte? vive como discreto en tu fortuna, deja correr la envidia desbocada, que ella se romperá los ojos presto. Qué gente es esta? . Guardas. . Pues No lo entiendo por Dios, todos te miran, Quieres una palabra solamente, Ramiro, dónde escuche menos gente? Don Juan, no es tiempo ya de esas palabras, el Rey manda prenderte. . A quién? qué dices? A ti don Juan, el Rey prenderte manda. Topó la envidia donde hacer el golpe: muéstrame algún papel. . Estos testigos. Buenos testigos son los enemigos. Vasco, mándolo el Rey? . Mandó prenderte. qué es esto? Nuño estabas presente? Guarda, qué dijo el Rey? . Que te prendiesen y te pusiesen en aquesta torre. Obedezco del Rey el mandamiento no triste de perder del Rey la gracia: porque de mi verdad estoy seguro, que saldré de esta cárcel con victoria, y será de Joseph corona y gloria. Pero de no poder, Ramiro noble, decirte las palabras que pensaba, que tú me entiendes ya. . Todo se acaba, y esta prisión se acabará muy presto, y a responderte me hallarás dispuesto siempre que tú quisieres. . Pues yo tomo esa palabra por consuelo mío. No es tiempo de tratar de desafío, cuando por fuerza has de dejar la espada, ni pienso que en el África bañada se vio de tanta sangre, que amenace Caballeros que son como Ramiro. Vasco de Acuña, nunca yo me admiro de las adversidades de fortuna: admirome de ver, que estéis haciendo lances los tres en mí, porque os parezca, que el Rey es hombre, y que engañarse puede: la envidia que tenéis de que me estima, esta espada que os doy, bien sabéis todos, que en Coimbra sirvio, y en los Algarbes, si en el Ásrica no: mas que me canso en dar satisfacción a vuestra furia: tomadla, y estad ciertos que esta injuria me pagaréis muy presto. . A no estar preso no hablaras tan soberbio. . Nuño amigo, menos rigor. . Camina, alerta guarda. Tello. . Señor. . Dirás lo sucedido. Qué bien se ha hecho! . Gron ventura ha sido. Qué contentos los tres van! paciencia el cielo me preste. AIT VDIILETIII Tello, que alboroto es este? Que llevan preso a don Juan. Ay de mí! mató a Ramiro? Cuando a Ramiro llegó para prenderle mostró orden del Rey. . No me admiro, Que ellos son los que le han puesto en tanto mal. . Pues si sabes, que para cosas tan graves con el Rey le han descompuesto, Porqué crédito les das? Ya sé que todo es traición, Tello, si las iras son fuertes, en los Reyes más. Yo temo algún mal suceso, como le podré librar? Dicen que suelen pintar la industria sacando un preso. Pues cuál podremos tener? Con las llaves que yo tengo todas las torres se abren, no sé si es traición, teniendo nombre de Alcaide de Rey, y si no mira el ejemplo del Alcaide de Coimbra, que dos años sufrió el cerco, hasta que murió don Sancho, y le dio las llaves muerto. Tello, entregar una tierra es traición a un Rey, y a un Reino, sacar a un preso inocente es industria, y más teniendo obligación de criado. Las dos cosas te confieso. Y desengañado el Rey como en la verdad lo espero, de lo que piensas castigo, te dará agradecimiento. Más que en la verdad del caso me confío del secreto, que no es traidor el criado, que libra de muerte al dueño: pero como ha de saber don Juan lo que pretendemos? Antes que a mujer engaños faltarán luces al Cielo, pensamientos a los pobres, desdichas a los discretos: doña Inés le ha de llevar un papel, que por lo menos no la negarán la entrada. Es Castellana, y no pienso, que la querrás engañar. De cuantas burlas me ha hecho la Castellana, perdone, que esta vez vengarlas quiero. Buen agüero. . Cómo? . Viene. Entrétenla mientras vuelvo con el papel. Qué desdicha! que lástima, hay tal suceso! Qué es la desdicha señora? es esta prisión? . Ay Tello, ver tan enojado al Rey, y tan resuelto, que creo, que le ha de mandar matar. Y tú crees que él ha hecho lo que dicen? . No me ha dado mi amor licencia tan presto. Señora, si no es maldad máteme un rayo, o un necio, que es un necio que habla mucho mayor encarecimiento: De envidiosos es, señora, la fábrica de este enredo, que le han quitado la gracia del Rey, que como mancebo fácil crédito les dio, vicio a que viven sujetos siempre los grandes señores; tu puedes darle remedio. Yo, Tello, cómo? . Doña Ana sta, señora, escribiendo un papel que has de llevar. Si entrar en la torre puedo no dudes de que mi amor lo intente. . Tu nombre eterno hará, Castellana hermosa, la Fama en su heroico templo, mira el amor que le debes. Apenas la pluma he puesto en el papel, que corría más veloz que el pensamiento. Aquí doña Inés te aguarda, y me ha dicho, que pudiendo dará el papel a don Juan. Castellana de los cielos escucha aqueste papel de don Juan: sin letras leo. EA Pero dejo este papel, que es largo como de preso, si el que le escribo le dais, vos daréis a un Caballero la vida el más bien nacido, el más gallardo y discreto, que ha tenido Portugal para ser marido vuestro. Qué decís? . Estoy pensando lo que diré, porque temo, que no me dejen entrar; pero ya tengo remedio. Hoy levantándose el Rey, ya sabéis que sola entro donde se acuestan los dos, el anillo de su dedo En una salva dejó por olvido. . Es justo el cielo, Hallele, y también a mí se me ha quedado en el dedo, Por olvido, como estoy tan triste de este suceso: dadme el papel, y partid los dos seguros, que quedo con más deseo que entrambos, Vamos Tello. . Vamos prest que vive Dios, que en tus bodas he de hacer a lo moderno, Un famoso Epitalamio en gerigóncinos versos. Ah de la torre? . Quién va? Doña Inés, Ramiro, soy. Señora: mas como estoy tan firme al Sol, que me da En el alma por los ojos, Águila debo de ser, aunque ya temo caer con abrasados despojos En el mar que castigó mas de algún atrevimiento. No en balde mi pensamiento, Ramiro, se os inclinó Desde que os vi con él el Rey. Qué es lo que mandáis aquí, que obedeceros en mí no es obligación, es ley? Conocéis este? . Pues no. El Rey manda que dejéis que hable a don Juan. . Bien don Juan? (o Quién me llama? . Yo. Vos a mí? viene por dicha la piedad en su rigor? No, si no el mayor favor para la mayor desdicha. Señora, pues vos a verme? Aquí aparte me escuchad, leed, y disimulad, que quien os ama no duerme. Entretened a Ramiro. Ramiro hablemos los dos. Por hablar, Inés, con vos dos meses ha que suspiro. A. , qu - Hay mujer de más valor! callen Griegas y Romanas: esconder quiero el papel. Quiero volver, que me aguardan Don Juan habéis ya leido? Señora, es tan poco un alma para poderos pagar, que quisiera tener cuantas crió el cielo desde el día de nuestra fábrica humana: id con Dios, y estad segura, que cumpliré la palabra que he dado en este papel. Yo voy, Ramiro, obligada a vuestra gran cortesía. Yo hago lo que el Rey manda, que lo que os pienso servir al tiempo lo dejo: ah guarda? Señor. . Cuenta con don Juan. No tiene cosa criada el cielo tan atrevida, como una mujer que ama. No puedo persuadirme, que un hombre que os sirvio con tal cuidado, tan leal y tan firme, que fue de vos por tal extremo amado, que me tuvo celosa. acometiese tan infame cosa. El Príncipe que mira el estado con justa diligencia, la espada de la ira guarnece con templanza, y con prudencia, que al castigo violento se sigue arrepentido sentimiento. Por eso dan las leyes disposición a los sucesos todos, y es justo que los Reyes prosiguiendo sus términos y modos, las causas justifiquen e primero que a la sangre el hierro a Don Juan de vos amado, por hombre valeroso conocido, aún no está confesado, cuanto más del delito convencido, y no es justo quitarle la vida que después no podréis dalle. Señora, en quien tenía toda el alma de un Rey, la menor cosa parece alebosía, y ansí cualquiera pena rigurosa tiene mayor disculpa, demás que contra vos es fuerte culpa. Vos que sois de mis ojos la misma luz, en cuyos cielos veo la paz de mis enojos: vos el principio y fin de mi deseo; vos de don Juan vendida, tengo más alma, ni conozco vida? De mi boca sabia, que al blanco aparecer del Alba hermosa en vuestro rostro via labrado un cielo de jazmín y rosa, y vuestras manos llenas de cándidas lustrosas azucenas. Y que al bajar dormida la perezosa noche destocada hallaba luz y vida el alma a vuestro lado regalada, cual pajarillo tierno la madre espera en riguroso Hibierno. Pues cómo me quitaba el bien de veros yo, que a la Condesa con cartas incitaba, de quien, aunque de hablar así me pesa, no tuve alegre día? tanto el faltarme sucesión temía. No puede ser engaño de algunos envidiosos? . No señora, porque fuera en su daño. Es a mércedos pido ahora, que hasta que esté provado no muera un Caballero tan honrado. Por vos digo que sea, y dénsele los cargos. . Esto es justo, y que lo entienda y vea juez que vos nombréis. . Digo que gusto de serviros en esto. Pues vos veréis que está inocente presto. Quién como yo se holgara, que vuestro pensamiento verdad fuera? el Reino aventurara, y cuanto no sois vos, Beatriz, perdiera, pues nunca fue criado con tal extremo de su dueño amado. Bizarra vienes. . o mujer cobarde. Las guardas dentro están. . Ansí parece, abre, y mátenme aquí. . Si haré, que es tarde, y la Luna se anubla y escurece, No hay sentenciado, que la muerte aguarde como este breve espacio me parece: abrio, salio, que puede la inociencia! Don Juan está, señora, en tu presencia. Luz de mi vida. . Primo de mis ojos! Cuerpo detal, ahora requiébritos? Mil almas te da un alma por despojos. Yo cien mil con abrazos infinitos. Parece que lo hacéis por darme enojos, salid de aquí, y hablad después a gritos. No puedo más. . No andas por un pollo. Dónde está doña Inés? . Está en el rollo. No tenemos caballos? . No es acierto, en mi casa estaréis los dos seguros, porque os han de seguir y hallar es cierto, si salis una legua de los muros. Bien dices, que después con más concierto saldremos de estos bárbaros perjuros, porque antes que me parta he de ve ne de quien a tanto mal pudo obligarme. Tienes dineros tú? que ya mi casa toda debe de andar en manos fieras, y con dinero el peregrino pasa seguro entre naciones extranjeras. La bolsa es flaca, no es la mano escasa, porque se han de tener de tres maneras, si acaso los dineros idolatras con neredar, tratar, y hacer moatras, Ni heredé, ni traté, ni por lo Hebreo supe moatrizar. . Ay triste tente! No temas, que aquí estoy. . Y yo soy barro? vive cribas, que soy sin arrogancia Hércules Portugues. Templó la ira el Rey por ruegos de la Reina. . Cómo? Pienso que doña Inés se lo ha rogado. Gente hay aquí. . Quién va? . Pasen delante. Digan quien son, que toda aquesta plaza se guarda por el Rey. . Mil años viva, pero váyanse luego, que nosotros la guardamos también. . Pues meta mano, y el que pudiere más conozca al otro. Aquí, señor, aquí. . Tiran y huyen. No los sigáis, que debe de ser gente que mira las ventanas de Palacio. Quién va? ténganse al Rey. . Amigos somos, Vasco y Nuño conmigo. . Dónde bueno? A deciros, que el Rey está templado a ruego de la Reina, y de tal suerte, que ha revocado de don Juan la muerte: Y siendo ansí, tened por cosa cierta, que ha de volver don Juan a su privanza, y de los tres ha de tomar venganza; y así con la experiencia de ser viejo os quiero prevenir de un gran consejo. Hablémosle los tres aquesta no con el juguemos, y con el cenemos, de suerte, que nos tenga por amigos, para que cuando el Rey lo fuere suyo no nos pueda culpar, ni perseguirnos, y cuando nunca vuelva, que hay perdido? Acuerdo al fin de hombre discreto ha sido. Hola llama a don Juan, di que a este pario salga seguro. . Voy. . No has dicho cosa en que conozca más tu entendimiento. Con esto cesará su pensamiento de pensar que nosotros le envidiamos. Aunque mil voces por la torre damos no responde don Juan, falta mi espada, que estaba a las paredes arrimada, y dice Julio, que oyó abrir la puerta. Pues como si la abrieron no está abierta? Porque luego a cerrar la volverían Vive el Cielo que son los que reñían, y que el aire me dio del rostro y talle de don Juan de Meneses. . Ellos eran, que de otra suerte, a no lo ser, riñeran: perdido Nuño soy, don Juan es ido. Cómo puede tan presto haber partido? acúdase a la mar, dese al Rey cuenta. Cómo puede salir con lo que intenta, quién no lleva razón? brava desgracia! pero menor, que si del Rey la gracia volviera a ver don Juan. . o envidia fiera! quien anda en hacer mal, que! Bien estaremos aquí hasta que la furia pase. Presumo que el Rey abrase todo la ciudad por ti. No está ya tan enojado. Eso tiene la mentira, que si luego mueve a ira bien espera? a un hombre mal informado, Luego le templa el rigor, porque siendo examinada, responde necia y turbada lo que le enseña el temor. Ese tengo yo, mi bien, que no sepa el Rey de ri. Cómo puede hallarme en mí? No, mis ojos, pues en quién? En ti, señora, que vivo en ti, y no en mí, y es razón, que te guardes de traición, tal vida en verte recibo. Huye, que a tus ojos bellos dan mis invidias enojos, que si te prenden los ojos lleváranme preso en ellos. Quién no los guardó de ti ya no tiene que guardar, pero si en mí te han de hallar yo sabré guardarme a mí. Solo Leonor donde estás ha de saber. . De Leonor no puedo tener temor. Agravio a mi honor harás. Fuera de esto, yo querría hacer un atrevimiento, si quiere Tello, notable. Fío, señor, de tu ingenio, que no me pondrás en cosa, que no importe a tu remedio: por lo cual, si dos mil vidas diera el cielo a un hombre, el cielo sabe, que perderlas todas tuviera a dicha. . Está atento: tu manaña en el Palacio has de entrar llevando, un pliego, que yo te daré esta noche, y aguardar al Rey a tiempo, que parezca que te turbas, porque reparando en esto te llame, y tu turbación le dé ocasión por lo menos a que te miren; tú harás como que lo estás temiendo, hasta que el peligro te hallen. Pues que hará después de abierto. Eso el tiempo lo dirá: ven mi bien, que con tu acuerdo tres cartas he de escribir. Que no lo entiendo, confies Pero sé, que si te pones en esto, tu entendimiento, ayudándote el amor, como a mí, que iba leyendo a doña Inés un papel de mi cabeza compuesto, sin que en el hubiese nada de cuanto la iba diciendo, saldrás con cuanto deseas. Solo libertad deseo, y para que siendo tuyo te pague lo que te debo. Cómo mis cosas están con vuesa merced? . Despuén que vuesa merced no es Alcaide de san Jean, Le tengo en menos, que ansí se suele en el mundo usar, porque en perdiendo el lugar el respeto le perdí. Bien dice, ay de aquel que viene a menos de lo que fue, que no hay quien de él se le dé mas de lo que entonces tiene. Téngase todo Cristiano en no caer de lo que es, porque no ha de haber después quien llegue a darle la mano. Quién pierde un alto lugar mejor le fuera morir, pues vive para sentir, que todos se han de vengar, Pues de las moralidades viniendo a cosas menores, donde hay ejemplos mayores, que en amores y amistades? En no habiendo, como digo, que dar al que lo gastó, ni la dama le escuchó, ni le vio más el marido. Quieres tú, Tello, enmendar el mundo? . No, mas quisiera que más diferencia hubiera. Tello, si tienes que dar serás amado, esto es cierto; porque si no, yo te advierto, que nadie te ha de buscar. Y ansí, cuando algún señor da en no dar, de serlo deja, y verás que de él se queja desde el pequeño al mayor. Es la liberalidad una virtud atractiva, quien da venza, quien da viva. Digo que dices verdad. Personas la Corre cría, que ya que no dan dinero no quieren dar del sombrero dos dedos de cortesía. Y los que son de estas trazas, y de nadie bienhechores, señores son, más señores enjertos en calabazas. Cuando eras Alcaide, Tello, gentilhombre parecías, otras acciones tenías desde los pies al cabello. Ahora no sé qué tienes? Tengo el no ser lo que fui, pero quieres ver en ti la bajeza que a ser vienes? Como en estas desventuras quiere doña Ana a don Juan? Porque casados están. que ya son prendas seguras. No, si no porque es mujer principal: quédate a Dios, que aún puede ser que los dos después volvamos a ser. Entonces te querré yo. Oh que bien, Leonor, harás, porque te regale más! Pues qué, matarasme? . No. Toca, y seas lo que fueres. Ahora no quiero yo. Ni yo tampoco. . Eso no, que soy tuyo, si tú quieres. Quiero. . El contento adivino mayor tras tantos desvelos, porque amistad sobre celos es beber sobre tocino. e pu ede alegar Ramiro? Señor, por disculpa basta lo que amastes a don Juan, pues la ausencia de la patria a él le sirve de castigo, os detiene a vos la espada. Señor, si con deslealtad de la prisión le sacara, no pagara con mil vidas traición que ninguna iguala: pero si don Juan se fue con llave maestra, o falsa, sola mi desgracia ha sido de vuestra ofensa la causa. Templad, señor, el enojo. Vos porque veis tan culpada a doña Inés, no queréis que de Ramiro no haga plo, y el castigo maldades tantas. Se Or ,cuando aquel papel me dío su prima doña Ana, ya fui mujer de don Juan, i bieninujer engañada, or mi marid tener disculpa. Quién anda en tales pasos, qué espera? el Rey: que notable traza ha imaginado don Juan! que aquí me turbe me manda. Esperad, que hombre es aquel que anda mirando la sala hombre detente. . Ay de mí! Detenedle, no se vaya. Tente villano, y advierte que el Rey mi señor te llama. Llegade acá. . Llega presto, la color tiene mudada, y todo tiembla. . No es este, o los deseos me engañan, Tello, de don Juan criado? Sí señor. . Dime, no estabas por Alcaide de san Gean? Sí, gran señor, y le guarda mi teniente en mi lugar, que no he dejado la plaza; pero como me ha criado don Juan, en su busca andaba, y ciego de amor entré. Miente, quitadle las armas, que este a matarme venía. Yo señor no te matara, aunque fuera tabardillo, necedades, o tercianas. Miradle todo. . Está quedo. Tengo cosquillas. . Acaba. Tuve sarna este Verano, y por buscarme me rascas. Aquí hay un pliego. . Ay de mí! Señor, un pliego de cartas tiene aquí. . Vasco, callad, que no es de poca importanci para vuestro honor y vida. Dime, infame, a quien lleva estas cartas, que no tienen sobrescrito? . No se nada. mas de que son de don Juan, y que dárselas me manda a Vasco de Acuña. . A quién A vos. . A mí, porque causa Vasco, no disimuléis, descubierta es la celada, que a vos, a Nuño, y Ramiro traigo trescartas. . Qué carm Esta carta dice así: Mil agradecidas gracias os doy, Vasco, por las limas, y por las dos llaves falsas, con eso habéis satisfecho a la maldad intentada de aquella carta fingida: si del Rey vuelvo a la gracia no temáis que de vos tome eternamente venganza, Basco, qué es esto? . Señor si yo tales limas. . Calla. Yo a don Juan? viven los ciel que antes le sácara el alma. Para Nuño es esta. . A mí? A ti pues. . Mentira clara, yo con el? . Oye. . Señora Nuño, obligaciones tantas con que se pueden pagar? yo os prometo que volaba el alazan que me distes. Traidores, cuando yo estaba más contento de don Juan me contastes mil infamias, y cuando le tengo preso uno le da llaves falsas, y otro caballo en que huya? Pues más, que otra carta falta. Alómenos no será para mí, que ellos andaban por congraciarse con él. Pues Ramiro no te llamas? Sí señor. . Pues a ti dice. A mí? falsedad extraña! Ramiro, si por salir de la prisión en que estaba dije, que os ayudaría en aquella infame traza de dar veneno a su Alteza, ser quien soy os desengaña de que ahora que estoy libre le he de avisar desde Francia para que os quite las vidas, que le adoro, aunque me trata de esta suerte por vosotros. Pues traidores esto pasa? Señor. . No hay que replicar, los tres al instante salgan de mi Reino, o vive Dios. Pues señor por unas cartas, y sin más información? Cuando de don Juan me hablabas no te di crédito yo por una carta? . La causa que tiene para enojarse su Alteza, hidalgos, es tanta, que os aconsejo os quitéis de su presencia. . En campaña sustentaré que es mentira, y voy a buscarle a Francia. Dondequiera que estuviere provaré con esta espada, que miente. Y yo haré lo mismo. Permite, señor, que salga a esa plaza, que a los tres les daré mil cuchilladas. Agradezcan a la Reina esta piedad y templanza, que ya sus viles cabezas esos muros afrentaran: Ah don Juan, cuanto me pesa, que en una cosa tan varia diese crédito a traidores! Si vuestra Alteza le llama yo sé que vendrá a servirle. Pues Tello, camina a Francia, y dente seis mil ducados con que siguiéndole vayas. Postas, postas, toca, toca, sabe, pica, corre, para: ya estoy en Castilla: corre, pica: ya estoy en Vizcaya: ya pasó de Irún el río, por Dios que lleva mucha agua: ya estoy en san Juan de Luz, pica que a Bayona pasa: aquel es, y va con él la bellísima doña Ana: Llegué: vuélvanse señores, vuélvanse, que el Rey los llama, ya desterró los hidalgos, que envidiaban tu privanza: Cuéntame, Tello, el suceso: pica, que la historia es larga: de Francia salimos ya, beso la tierra de España: pasemos presto a Castilla, o qué bellacas posadas! Ya entramos en Portugal, esta es Lisboa mi patria, llegad, su Alteza está aquí. Danos los pies. . Cosa extraña! Aquí estaban escondidos en una secreta cuadra. Levanta, don Juan, del suelo. Mi inocencia me levanta. Hoy a nuestra gracia vuelves. No quiero más de tu gracia. Besa los pies a la Reina. Con una nueva extremada, que ya lo es de Portugal, que hoy tuve nuevas de Francia de que es muerta la Condesa, Por las nuevas a doña Ana doy la tierra que en Castilla me dio el Rey. . Grandeza solo pudiera ser tuya. En fin yo quedo burlada. Sí, porque una Portugüesa engañe a una Castellana. Y Tello no será Alcaide de san Gean? . Si te casas: porque acabe la comedia de la discreta venganza.
