Texto digital de La dicha del retraído
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Calderón de la Barca
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55305/16).
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La dicha del retraído. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dicha-del-retraido-la.

LA DICHA DEL RETRAÍDO
JORNADA PRIMERA
Tápate, y vuelve la esquina, y porque mejor me adviertas, esta casa de dos puertas toma donde se imagina mi deseo asegurado. Dálgate Dios por señor, galán tan perseguidor, no te da nada cuidado. Síguela. . No puede ser. que si el cuidado no yerra, o se las tragó la tierra, o del nombre de mujer, valiéndose la tapada, que te ha dado pesadumbre, su asilo fue en la costumbre, que en ellas fue mejorada, de engañar, y de negar toda evidente malicia. De conocellas codicia. amor puédeme engañar, no es doña Ana, o estoy loco, o con rabiosos desvelos se percipitan mis celos: y pues tan rabioso toco mi daño a mi desengaño, que hasta el alma me trasp asa, partamos luego a su casa para saber si es engaño. Al revolver esta esquina perdimos su airoso talle, no hay duda, que de esta calle está la suya vecina. Porque a no ser esto así, no era posible perderse tan presto. . Para saberse la duda, que vive en mí, con ir a su casa ahora de aquesta pena saldré. Bien dices. . Pues sígueme. Oye que su honor desdora esa tan ciega opinión, que te avisa tanto mal, el venir a este hospital no puede ser devoción! No, no es doña Ara mujer, que tapada, y de aquel arte pueda hallarla en esta parte. Pues pudo el coche traer, salir de la Iglasia, cuando de hablar a don Juan salías, toda sospecha. . Porfías en vano. . Voy procurando que te reportes si quieres. Síguema, que estas pesado. Celoso, y enamorado tu dasengaño no esperes, de que te sirve apurar una sospecha, si luego has de volver loco, y ciego, que tanto puede el amar? No avérigües, que es mejor en duda estar receloso, que aueriguar sospechoso, si después vence el amor. Y quedaras desairado, si la verdad has sabido, y de tu amor persuadido, vuelves al mismo cuidado. Nacio, de mí has presumido, que he de consentir desaires? Oh que apurados donaires, de esos sujetó Cupido, de parla mucho ha de ser, que el amante más severo, si quiere bien un puchero halagüeño, una mujer es en él tan poderoso, dando al olvido lo honrado, que vuelve a lo enamorado, y se traga lo celoso. Por si acaso viene ahora Gerardo, aunque nos perdió, y la noche nos volvió, pon aquases luces, Flora. Ha he la desecha así, saca un libro, y recatada, sin dar sospechas a nada, verá como vuelvo enmí Delimpensado tamor, que al encontrarle tome La luz que mandas dejé, y el consejero mejor, traeré el primero que tope, aunque en aqueste bufete, sin buscarlo me promete sus dulces discursos Lepe. Bien has dicho, siéntate, y deja la puerta abierta, entre sin llamar, y advierta en mi ocupación, mi fe. Ruido siento, ellos son, vamos señora leyendo. Desengañarle pretendo, las mujeres que no harán? Tente, que leyendo están, cómo de un sueño despierto? Buen pensamiento por cierto de estar, señor, por allá. que me ha vuelto al cuerpo el alma con toda el alma prometo. Agrádame este conceto, a mi ver lleva la palma, que es de bien nacido amor. Ya la veo, y no te engañas, que haciándome las pestañas espalda se vi mejor. Que tal llegué a imaginar! Oye la satisfacción que le doy. . Buena ocasión, Impórtame el escuchar. Dice aquí Lope, sujeto que dio a las comedias ser, que quien ama ha de tener de lo que ama buen conceto. Y dice bien el buen Lopo (Hios le manenga en en los cielos) porque un amante con zalos a topebieno rope, sis reparar en losfama, dando la tnma amardor, echa a parderonor. y la opiniónes su nanta, Dios ma liore si un aridio n necio, diré mejor, da un amante, no hay amor de que no esté escrupvioso, Si va a la Igresia su dama. pianla que al prado se va. Si está en su casa que está escureciendo su fama, Si alguien la mira grosero, piensa con su loco amor, que la ha quitado el honor quien le ha quitado el sombrero, Y si una burra con tocas tapada encuentra en la calle, que es ella juzga en el talle. Flora, a vila me provoca, hombre de ingenio galardo tal conceto ha de tener de su dame? . Pod a ser que tenga el mismJerardo, cuando encerradas estamos, y piense que lindo talle, que en Madrid de calle en calle tapada nos pasermos. De una principal mujer como yo no digas tal, que eso fuera desigual de tanto honor al poder. Yo que adorando a Cerardo, leyendo, Flora, le espero, entre la ausencia en que muero, y su presencia que aguardo. Qué nuevo divertimiento a ni mal he de buscar, si no aguardar, y esperar sus ojos en mi aposento. Hubo mayor desengaño? Jamás señor, lo dudé. Pues ya qué aguardo? entrate, corrido de tanto engaño. Suele el caminante dueño del alma, cuando al Ocaso ha rendido el Sol el paso, primera entrada del sueño, En la ciega oscuridad, a poco trecho delante. una rama hace gigante, y mentirá una verdad. Suese tropezando en ramas con la oscuridad del viento, pensar que es humano aliento, suele al brillar las escamas de un pez en la no ha oscura, dar al espanto lugar, y al barir, y al cuebrantar, cuando un río se apresura en las peñas sus cristales, de la noche en el horror suele causar el temor: y en medio de dudas tales abre la puerta el Aurora y examina el caminante. que es rama lo que gigante, ni es hombre el que viento ignora, que es pez el que horror penso, y el que es cristal lisonjero, el que en la noche primero asombro horrible temió. Yo os confiaso, que mi amor de ciego desatinado, oscuro de enamorado, que e, la oscuridad mayor, Dio una tapada mujer, y sar vos le pareció, allí oscuro lo miro, y aquí vino a amanecer, hallé como el caminante, pez, el que espanto le dio, cristar el que horror temió, ramo el que pensó gigante. Y a ver ese humano aliento, mintió mi ciega pasión que a la luz los miedos sen pez, ramo, cristal, y viento. Satisfizosa, señor, de espacio os quiero reñir no es fineza prasumir tal desaire de mi honor. Pero siendo uno los dos, cuando una alma nos provoca, lo que aquí teño me toca, os toca tambén a vos; y así disimule el Sabio, a pues si en lo que presumisteis, vos un agravio me hicisteis, vos vengaréis el agravio. Y ahora, pues, que tan tarde aben prevenido el verme, sin que aquí el satisfacerme, vuestro amor piense, o aguarde, porque puede ser posible, que mi ta ya sabéis, el riesgo a que me ponéis, Divino harmoso imposible; un amigo retraido causa de tardarme fue, no m Fe, por que mi fe, para vos sola a nacido. Confía este amigo, pues, (ay de mí) su libertad es pobre, y de calidad, y son las manos, y pies, del hombre el mejor amigo, cuando en tal desvelo está, ocasión que lo será de hacer al mundo testigo, que lo he sido de verdad. Basta la satisfacción, no perdamos la ocasión. Obedecer es deidad de por sí, que a lo adorado obliga mayor ardor, que no es amor el amor desobeciante a lo amado, Mañana. . Entiendo señora, bien lo que tengo de hacer, vendré mañana por ver como amanece el Aurora. En fin vas desengañado? Bien dices, ciego es amor, pues presumo en tanto honor tan diferente cuidado. Fuese, pues, escucha atenta, sabrás Flora mía, intentos, que hasta ahora recatada no te he dado cuenta de ellos. que quise a Jerardo sabes, mas no sabes que le quiero, y así, pues que los ignoras, te diré mía pensamientos. Ya sabes que habrá ocho diar, con que cuidado los cuento, mas quien pretende una dicha, que desde el punto primero, que la goza no examine breves minutos al tiempo. Ya sabes que fui celosa, celosa fui, que en saliendo. celosa de su galán, se enamoro de lo ajeno. Si dicen que amor engendra, donde no le ha habido celos, y habiéndole de lo amado, quien ha llegado a tenerlos, el que fue lazo, no más, le deja amor nudo ciego. Celosa fui de Gerardo, mal aliñado el cabello, poco cuidado en el rizo, y a pedazos descompuesto, que son celos, en Otubre río que corre soberbio n con los turbiones que arrojan las nubes, y el lisonjero. Prado que le daba flores para marco de su espejo, segur de cristal deshace, y da sepulcro en su centro. y así celos desbaratan lo más hermoso, y más bello. Llegué amiga a san Andres, que llaman de los Archeros, vile entrar dentro (ay de mí) siendo la Iglesia el remedio de todos, adonde todos hallan paz, buscan sosiego, yo solo hallé mi desdicha, yo sola perdida vuelvo. Entré tras él pues penré que dentro estaba el requiebro, que es mucho olvido de Dios hacer terrero del Templo. Vile hablar con un hidalgo, yo que disfrazada llego, de suerte, que era imposible, aún estando más atento, conocerme; así al oído, cuanto es posible me acerco, y no se que inclinación me llevó al vendado ciego al caballero que hablaba con Jerardo, forastero al parecer, retraído, según lo que hablaban creo, que está, déjole Gerardo, y yo más curiosa (ay cielos) trabé la conversación. que saber; o fuerte incendio de amor, como abrasas rocas, como deshaces soberbios, para sar despojos tuyos, que a tus plantas yacen puestos, Con tal arte, con tal brío me habló, que yo conociendo no se si su discreción, no se si su entendimiento, todo es uno, y que hay que hacer discursos sobre si fueron sus partes para rendirme bastantes, yo lo confieso. Yo me volví enamorada de celosa, según esto, que hay que discurrir el como, sino acudir al remedio. Infórmeme del estado en que tenía su pleito, y que el perdón de la parte solicitana, diciendo, sin poder hablarle más, nos dividió un caballero, que a hablarle llegó, y cortes me despidió: yo que ardiendo entre este amor, que en mi nace, y entre aquel amor que dejó. O no días a las horas, que abre la puerta el silencio, la noche, tapada acudo, examinando inquiriendo, si es posible que hombre tal libre está de amor, no puedo decirte cuanta me he holgado, si no me engaño en aquesto, sabiendo que libre está de los amantes requiebros. Solicita conocerme, pero yo que no concedo mas del hablar, y del manto hago embozo, para ello le he recatado mi nombre: hoy fui con algún deseo de preguntarle quien era la parte, estorbo lo necio Gerardo, volvime a casa con aqueste sentimiento, ni bien viva, ni difunta, luchando entre dos extremos, aborreciendo a Jerardo, y al paso que le aborrezco, deseando declararme con quien se ha entrado en mi pecho a deshacerme la vida, este es Flora mi suceso. Diras, que como a Cerardo he aborrecido tan presto? a que respondo, mirando tantos piadosos ejemplos en aquella copla antigua, tan repetida del tiempo. Fuy mujer, y las mujeres bien nos lo dicen dos versos, con cada sol que amanece parecer mudamos nueve. Pues que me ordenas ahora, ya que se tus pensamientor? Solo que te informes tú mañana en amaneciendo, de la suerte que lo pasa, que es pobre este caballero, y amor es piedad honrosa, y socorrerle deseo, No te puedo responder, p que siento gente aza dentro. Si nos siguié la justicia, no me parece mal puesto haber llegado a esta esquina. Si aquí le hallar eno, pe pero si no Dios te libra, de un corchete bizco, o tuerto vantor de cuantos culpados axcusan ruego de burnos por buscar salto de mata. Qué es aquesto caballero? hay Elora, perdiva soy, pero si para mi miedo la ocasión tengo en la mano a medida del deseo, Qué temo? escúchame atenta y verás como me miento, sin perder de mi decoro, a entablar de umor el fuego. Que me perdoneis os pido, que como la sospeché, turré a buscarla, y hallé más luz que yo ha pretendido. Él sol aguarda a gozarle el hombre, cuando amanece, más piedan con el marece quien ha vanido a vuscarle. Juzgo de vuestras razones, que no me habéis conocido, y que ciego aben venido, a dvertid, que de blasoner antiguos aquesta casa viven ya al tiembo importunos y que vien veréis a ganos en la qverta que se villa de valo, y honor en ella. E cierto que sirarcsol dice, que es él mismo sol, pero no de errante estrella; pero que no er razón taneros tanto suspensa, y el ser forzoso dispensa de este enfavo la ocasión. Sabed que habrá algunos días, que di muerte a un Caballero, cuyo desgracia lo acero es causa de penas mías. E toy retraído, y fue forzoso empeño un cuidado de un amor tan bien pagado, que inmartaliza la fe Salí aquesta noche a verle, al salir me sospecho la justicia, y me siguió, mas yo por favorecerme, en vuestra casa me entré, el varme no fue pusible, y el prenderme es imposible, claro el argumento fue. Ni es menester más ejemplo, que estoy en vuestro lagrado, donde del lol he topado. la casa, pasació y templo. Y así os inplico hasta que pase, que me deis licencia de estar en vuestra presencia, pues corta mi dicha fue, Si de ver la luz sediento entro a buscarla, y al bella, me negáis el verme en ella, el enfermo más atento a su salve, y repara en algún barro o cristal lleno de agua, que a su mal no sa le ofrace tan cara. Si a brueria se abalanza, y al punto el costal le quitan, conque del todo marchitan sobien crecida esperanza. Qué desdicha! . No apliquéis pues que ya os tengo entendido, y para estar retraido, muy atrevido os hacéis. Y porque vuestre persona, el ingenio, y bizarría, me dicen quien sois, querría si lo que he dicho me abona, saber de vuestro suceso la causa pues siendo así, que os habéis de estar aquí por excusas estar preso. Si os encuentra la justicia, mientras que ponen un coche en que os vais, porque esta nocho os libréis de la malicia. de quien os sigue decid Flora hará, le poner luego, la causa que os tuvo ciego para esta muerte. . . Advertid, amor. . . Qué amores tenens? Desde entonces le perdí, que ya no hay amor en mí, sino el que presente veis. Proseguid en mi esperanza, pues me asagura desvelos, sin cuidados, y sin celos, pues no hay amor sin mudanza. No me diréis vuestro nombre. Don Juan de Vivero soy. Por el apallido os doy más crédito, más renombre. Con quién la pendencia fue? Con un noble Caballero de Madrid. . . Saber espero el nombre. . . Yo lo diré, don Luis de Paredes. . . Es mi amiga su hermana. . . Y ella mi enemiga, mas mi estrella es ya favorable, pues siendo vos su amiga, es llano obligaros al favor, yo la ablandaré (ay de amor) aunque sintió de su hermano la muerte, pero tendréis (zad por mi mano libertad. Dadme vuestros pies. . . Al- Suplícoos, que me escuchéis, es muy hermosa esa dama, que me han dicho que es muy bella, y tendré gusto de bella. Ya se levantó la llama de celos, que si la ve, es hermosa por extremo, y el galán, mil daños temo, mas yodo remediaré. Tunto estimo el ampararos que si en ella no topara, mil defatos os contara, pero puedo aseguraros, bien que tiene calidad, y hacienla, que es por extremo fea, paro por qué temo lo firto de su crueldad, si es que casaros queréis, para salir de ese empeño, de una vez os haré dueño de su mano, pues podéis aspirar a ser su esposo. Respónderos es forzoso, si es fea, que no procuro, por excusar el perdón, la libertad a un infierno, con un enemigo eterno al lado, siendo mujer tan fea; y así por Dios, que no me hagáis tal pesar, ausente sabré pasar Tanto me obligo de vos, que cuanto pudiere hacer; con que pesar la propuse el casamiento, pues puse en contingencia mi se. . El cocha está puesto. . . Pues bien podéis partir seguro, de que vuestro bien procuro, Déjame basar tus pies. Id seguro, . . Este criado a veros por mí vendrá. Idos vos, y si el no está en la desgracia culpado, luego se irá, porque pretendo hablarle, si dais licencia. Es mi moyor conveniencia serviros obedeciendo Y yo la palabra os doy de daros la libertad (dad No hay más bien . . Ni más ver ya es tarde. . . Pues yo me voy. Deja que de ti me asombre, del criado te has de informar. Esto es ver, esto es hablar, y esto es acorar un llomo Oígame vuesa merced tan solas doce palebras. Por cuenta, mucho me espanto, que en hablar se ponga tasa, siando mujer. . Escucharo importa, fuera de chanza, tu despejo me contenta, Oh matrona cortesana, di, pues verás si respondo lo que llaman en volandas, Si lo pasa bien su amo, y si como quien es gasta, si le sobra finalmente, si por ser quien es le falta, lo que coridianamente la naturaleza humana le pide a Dios cada día, para poder sustentarla: esto es lo que le pregunto. Y yo respondo con tanta verdad, que con la presente otra ninguna se iguala. Después que a mí tal señor le sucedio la desgracia, ha gastado poco a poco, con atención moderada, ayunando los más días, mas por fuerza, que de gracia: todo el día ando hecho una estafeta ordinaria, sin dejar deudo, ni amigo, a quien no importune tanta puntualidad en los unos, y los otros cosa extraña, vive de deudos, y amigos, que si dan es poco, y nada. que no hay deudo para deudo en las fortunas contrarias, ni hay amigo pera amigo en faltando la pitanza, y hay día que no comamos, y con muy gentiles ganas, con los ojos la comida de los vecinos, y a falta del gusto sirve el oífato de boca a cualquier vianda: esto es en Dios, y en mi hambre la verdad de lo que pasa. Pues vete, que desde hoy andará más moderada la fortunilla. . Di como. Cómo? mi ama doña Ana le enviará todos los días, siendo verdad lo que tratas. (bre No mujer, hombre, y muy hon, se llama desde hoy tu ama, que no se llame mujer, quien tiene tales entrañas. Y dime (no estoy en mí de contente) que es la causa de hacernos tanta merced tu ama? . Seré criada en no callar, aunque en esto se que le ofende quien calla: y no es mucho que un criado, es concibido con mancha, de no callar de su amo, aún lo que no importa nada, porque lo que importa mucho con más desahogo habla. No has notado en dos mujeres, que entre dos luces le llaman; estos días, pues las dos hemos sido diefrazadas. Ya estoy al cabo de todo, mas lo que ahora nos falta es, que tú; pero primero me dirás como te llamas. Flora. . De tu boca viertes flores con tales palabras. Prosigue, pues, digo Flora, flor de piadosas entrañas, que no te olvides de mí, si de darme vida tratas, porque perecemos de hambre, y no estoy un dedo, o nada de quebrar contra las deudas de mi amo, que no se alza, como aquel que come mal, un mercader con más causa, porque es pedirme que sirva sin comer pueblos en Francia, Pues desde hoy sirve mejor, mas seguro de la paga. Si cuidan de la comida esas que miro tan blancas manos, doyme por más firme, que las de Martos Montaña. Y pues los amos, mi Flora, est esta de amor nueva danza, han de trazar en nosotros con las mismas consunancias, ande el cruzado de amor, y prosiga nuestra traza, a fuer de comedia nueve, que por sus habas contadas imita al amo el llacayo: si sabes echar las habas, ayudemos a este enredo hasta la postrerjornada. No me parece muy boyo. Bien muerdo, si el dedo alargas, lo conocerás mejor. El humorcillo me agrada. A mí me hace regañar muchas veces. . Que se vaya falta ahora . Voy seguro? De qué? . Da que nos regalan. Eso duda? . Plegue a Dios, que no haya nueva mudanza Segura está la comida; nagar soy de mi palabra, al a Dios . Adiós, y comimos, y veámonos mañana. Tan fue te resolución no creyera en ti jamás. No es bastante la ocasión. Pues, quete mediarás, o que lucisoblason a la calidad que tienes añades? no es caballero don Juano pues porque no vienes con mi razón, y tan fiero desengaño me previenes. Ya la desgracia pasó, ya sucedió, no hay remedio, pues que enojo te guió, cuando tienes de por medio el suplica teloyo? adi No quieres porlinceres, pues perdona noblemente, porque la muno le des de esposa, y ese accidente quede templado después. Mucho Beatriz, tu aspereza desluce tu calidad, siempre es piedad la nobleza, y nobleza con piedad hará mayor tu belleza. Él es tan gran Caballero, que nadie más en Castilla, pobre sí, porque no quiero tanta nobleza lucilla con estilo tan grosero. No ha menester cantidad el que tan noble nació, aunque ciega nuestra edad, solo el interés miro, postrando la calidad. Esto pretendo de ti, y tan ciega me respondes a la amistad que hay en mí, quejoso me habéis dejado: y pues yo no lo alcanzé, buscaré mejor sagrado, aunque habiendo tanta fe entre las dos ha faltado, venga doña Ana y de ti, como amiga alcanzará lo que yo perdí por mí. Mas pienso que no creera, que sin alcanzarme fui: quédate a Dios. . Él ti guarde y te de lo que deseas. Esto deseo. . Ya es tarde de que logrado lo veas, ni el poder del Rey lo aguarde. A tanta resolución necio en porfiar seré Si lo aciertas no lo sé, pero tu tendrás razón. Que necedad es pedirme lo que no es posible hacer, si viniese a persuadirme, el Rey con cuanto poder tiene el mundo, pues más firme que roca al batir el mar, volviendo espejos quebrados las olas, que a su pesar montes de nieve salados, la pretanden derrivar, he de ser, mas que hay qua haver, vanos discursos, que digo, que agraviada soy mujar, conque aseguro el castigo da quian me quiso ofender, Entre tan grandes amigas, que con extremo lo han sido, no es menester avisar. Nunca amiga lo permito tan de mañana, qué es esto? que disgusto te ha traído, oh qué gusto? pues las dos causas en tan nuevo estilo de venir a está tu casa, ose sin duda alguna habrán sido. Una pretensión de amiga, con que brevemente he dicho, que tú no me has de fultar. Ya su intención avariguo, más perdoneme doña Ana, si tras el intento mismo que Cerardo, que por Dios, que no lo acabe conmigo. Solas hemos de quedar, ol llegad sillas, y salios. las dos allá fuera. . Vamos. Qué es esto Flora? . Pasito, que hay mucho que murmurar. Pues vamos a nuestro oficio. . Suplicarte que me escuches, desacuerdo sería mío, y así en nuestra confianza. nuestros amores antiguos, que antre las dos han pasado, con unos afectos mismos comenzaré mi discurso, donde darte determino ol cuenta de un mortal suceso, y de un bien nacido hechizo, que con serlo, bien merece el nombre de bien nacido. Anoche estando Beatriz pidiéndole a Flora un libro, donde divierte el cuidado, y abra el sesiego el camino. Entró en mi aposento un hombre, yo que de verle me admiro, a su impensado desvelo le reprendo, y replico. Respondió me cortesmente, y de lance en lance vino D a declararme la causa, y deciararme el motivo que tuvo para arrojarse, adonde no es conocido. Dijo así. Yo soy señora un Caballero tan fino en serlo, que al Sol se oponen blasones esclarecidor. Desdichado por amores, y dichoso por seguirlos, que quien bien amó, jamás, se confesó arrepentido; aunque a prueba de desdichas, aunque a costa de martirios, un solo instante de gusto le grangue en muchos siglos. Estos lances me trajeron al postrero; pues remito enla dofensa de un Angal, que adoraba por ser mío, al acero alguna injuria, que un Caballero le hizo. Mátele, perní mi patria; y en la Corte retraído está, y en el hospital de San Andres, ya lo he cicho; no importa, siendo mi amiga negarlo, ni descubrirlo; pues atenta a mi amistad, no pueda ser perseguido, dígolo, porque este hidalgo es el que en un desafío dio muerte a tu hermano, y siendo yo tu amiga y quien codicio tu libertad, no has de ser por el respeto que digo, cruel con él: vuelvo al caso, pues que mi parte te miro, ya te hecontado mi pena, no no con afectos tan vivo; no con razones tan justas no con elegante estilo, adornando las razones con algo de ardores tibios, qui pronunciaban sus labios, confesándose rendidos. No diré que a mi belleza, que no nació tan altivo mi pecho, diré a mi amparo, esto es lo cierto, mas visto que el haberse entrado allí, como en su discurso dijo, fue el seguise la justicia por haberle conocido. Procuré determinada darle tan piadoso asilo, hasta que en mi propio coche partió seguro, a los Disos, que sus palabras me daban (aquí mi pena prosigo) de obligarse enamorado, de rendirse agradecido. Yo que ya dispuesto el pecho de lances no recibidos, tenía, porque no importan, y como amor prevenido, temí el golpe rendirme al mirarlo, y al oírlo. Y así yo amiga Beatriz, el gentil aire te pinto, lo discreto, y lo galán, confesarás que ha tenido para rendirme a quererle, el corazón muy remiso. Es galán por todo extremo, no por los nuevos vestidos. que hay hombres con poca sada, tan aseados, tan limpios, que cuanto visten parece cortes Milaneses ricos, rayos dorados del Sol, curiosamente tejidos. El rostro no desairado, ni dado todo a lo lindo, se se formará a su libitrio, quitare a naturaleza esta milagro prodigio de la variedad de rostros con unos extremos mismos, pues todos lindos se hicieran, pecando en lo parecidos, conque el asombro estorbaran del milagro referido. El vestido, y el cabello, moa y lo que se llama brío, sin cuidado, que es la gala mayor a lo que imagino, que el cuidar de sí los hombre; está en pecado conmigo. Pero para que te canso, ni porque no te apercibo, que Gerardo ya murió ya no es mío mi albedrío, Mira si yo enamorada, toda el alma le he rendido, si serán sus partes muchas, y pocos mis desvaríos. Fuese al fin; y mi palabra llevó en prendas, tanto fío de tu amistad, que el perdón, segura le he prometido, cuanto a mi verdad le debes, cuanto valgo, cuanto en ricos extremos nuestra emistad a granjeado contigo, o te acuerdo, para que pueda ablandar el pecho esquivo: Manda en mi hacienda, que poco dije cuando tanto pido, manda en mi gusto también, y aún queda el pecho corrido de no haber más que ofrecurte; todo es tuyo, y nada es mío, hació tú por ti pues tres otra yo, y a tu servicio. Mira rendida mi hacienda, y mi gusto, y al destino fatal, sino lo concedes, una vida pa pienso que me has entendido, mujer eres, si al amor conoces, harto te he dicho, Pésame amiga doña Ana, con toda el alma lo afirmo de verte con ese empeño; pues cuando más me reprimo, tanto más percipitada, vuelvo a correr el destino de mi agravio, y de mi pena, como acontece, si al río le sale al paso una presa, que volviendo atrás los bríos, cobra valor, y atropella aup aquel estorbo postizo, l que intentaba detener tanto vulgo cristalino. oquie Lo primero que me pides, ello se está contradicho, pues proponerme intereses, perdona, fue bajo estilo. cos Dos cosas suelen hacerse n en semejantes delitos, perdonar por solo Dios, yo lo apruebo, no replico. La otra por la justicia, que tribunal ejerció; le puso Dios, y en su nombre sustenta el Cuarto Filipo. De las dos es tal mi agravio, y tan fresco, que el tibio coral está tan creciente, aquel clavel ya marchito, está tan viva la rosa, de su sangre, está tan tinto en ella mi corazón, que se sustenta averiguo, mas a cuenta de vengarla en el horror del suplicio, is obos que de rendirse a los ruegos de cuantos, a fuer de vivos, no echan de ver ya del muerto el ya fatal precipicio. Y si el Ray me lo mandara, aunque al Rey todo lo rindo, tio si de la mis sallo se pronuncia escrito, en que menos que a la muerte le condenan, tal me miro, tal me arroja, tal me siento, que le quitara el cuchillo al ejecutor infame, y de aquel estambre al hilo diera fin, porque la parca me tuviera por prodigio, que no he menester su en harto tengo yo conmige. soso Guárdese ese Caballero, up y tú ese ardor, o esabrío, mo, que te aventa, que te abate, que nunca le he conocido, ni se si rinde las almas, o o si cautiva albedríos. Cletemplando poco a poco, porque yo me determino q a no perdonar doña Ana, sip por ruegos, y por partidos. Esto es en breves razones, y con esto te suplico, que me dejes, que es muy tarde para los negocios micr. Y tengo de ir a Palacio a este, que es el más preciso, y dar a su Majestad me un memorial, que reprimo le demasiado mi dolor, mientras no llegue el castigo. Extrañamente respondes. En que la extrañeza has visto? Mi estilo fue muy cortés, y el tuyo muy desabrido. Tengo razón. . . Yo también Tengo justicia, y he sido que en preferida en esta parte. Corrida voy. . Ya te he dicho que no puedo más doña Ana. Habiéndole prometido, mi favor no ha de faltar. Haz tu gusto, no replico, que yo con hacer prenderle (ta también sabre hacer el mío. no impor en la Iglosia est el saldrá, como ha salido esta noche, y cuidarán de prenderle los ministros. Mandarele que no salga. Vete con Dios, no porfío Buena amistad. . Siempre soy tu amiga. . . Pues los amigos en que más se echan de ver, que en semejantes peligros Pues tú qué peligro tienes? No le tiene quien estimo. Eso, doña Ana, es incierto, vuélvete a tu amor antiguo. Yo no te pido consejo, Ni yo el remedio te aplico: y porque veas que no eres sola a quían resuelta he dicho los mismos desabrimientos, proponiéndole marido, que no me estuviera mal puesto que es tan bien nacido, me pidió por el Garardo Marido? Be marido. . . Tibio se me ha puesto el corazón. Y este era mejor camino. Casarte con quien mató a tu hermano es desvarío? Pues perdonarle tampoco, luego bien he respondido. Lo uno es piedad. . Y lo otro fuera noble intento mío. En efecto no hay remedio? Doña Ana, lo dicho dicho. Pues a Diós. . Dete con Dios. Qué pesar he recabido de que la quieran casar con él, mas deél me confío, (do muerta voy. . Gana me ha da- de ver este retraido. ORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Si así se pasan los días, como ha pasado el de hoy, retraido también soy. Tus mayores alegrías se fundan solo en comer. Consista en eso el vivir: hazme gusto de decir, aunqué tengas más placer, a tu cuerpo caminemos, aunque no hayas almorzado, verás que desmadejado responde, si no comemos. No doy un paso con vos, pues el estomago ardiente, si el cotidiano no siente, mucho debemos adios. Pero esto de ayunar es malo de digerir, el comer bien, y dormir, gran cosa para engordar, en no comiendo en un día, anda un hombre adelgazado, rocín, que de mal pensado, notables juanetes cría. Pero comiéndose bien. como hoy comimos los dos, es para alabar a Dios 10q el ver al hombre cuan bien va se manda, que lindos bríos tiene, que fuerzas que cría, lo demás es bobería, estos pensamientos míos, Dios me los lleve adelante, que si esta mujer nos diera con la comida si quiera, no hubo dicha semejante, desde que entraron las dichas, pues después que la topamos, sordos, y alegres andamos, no come con las desdichas. Esta casa, yo por Dios, después que soy tripa horra, y doy en comer de gorra, no me trueco por el Rey. Pues la moza que lo trae, que es la pícata, no hay tal pimienta, yo no se lo que ha pasado por mí. Yo si Gónzalo, yo sí, pues voy rindiendo la fe de mi albedrío. . Haces bien, quiere a la que al fin nos da, y si bien lo miras ya, es menester que nos den las mujeres, tente en buenas, que o me engaña la comida, o esta dama está pardida, y ha de remediar tus penas, pero si yo no me engaño, vuelve a la puerta la vista, que hacia nosotros se encaran dos mozuelas de obra prima. Si no me ingañan los bríos, este dicen que es, camina. Hacia nosotros, se encaran, contontando las ninfas, como por aqueste patio pasan también a oír Misa, dándoles paso a la Iglesia por aquesta sacristia, habrán buscado ocasión, que grande cosa sería, que has menester otra dama, que cuide de ropa limpia, digo que hos dé de olanda seis dozanas de camisas. Acá se viene acercando. Qué airosa huella la picara, un caballo enjanzado con manos soberbia pisa yo me llego, . . Aparta necio, déjame a mi; Reinas mías, si es que me buscan a mí, será gran ventura mía, soy un pobre forastero retraído por desdichas de amor. . Si som bien pagadas, deben ser agradecida: (cha? Travaron conversación Soy yo a quien buscáis por di- A voz os busco, si ya por mi mal no se os olvida el amparo que os di anoche, cuando os somia la stiria. Ya mi señora os conezco; Gónzalo llega esa silla, sentaos, que aqueste aposento nadie mira, ni registra, pobre choza de un olvido. pero ya con veros rica. Qué bien habla! qué cortes! qué bueno! y honor, sería venir curiosa, y volver, por ser curiosa, vencida. Pues estamos dos a dos, fuera gran descortesía no darme un filo rabioso con la compañera amiga, pues siendo ella la sazón de la vianda, o comida, es menester requebrarla, porque no nos eche sisa en lo que mandan traer: oiga aparte. . Cómo diga brevemente. . No me precio de cansado. Reina mía, pero mientras nuestros amos a gustos de amor repican, no es de cabales criados quien a los amos no imita, de nuestra comida hablemos. Qué comida? . Bobería, que comida me preguntas, conmigo desentendida te haces? Soba del Papa, la que hoy trajeron tan linda, y con tan linda sazón, que las manos me comía tras ella, mas oye aparte dos docenas de caricias. No me atrevo a descubrir, porque soy muy conocida, y puede perderse mucho, no os parezca grosería, que nunca falta un curioso, donde menos se imagina. Antes lisonja me hacéis, pues me sucede, así viva ese sol por muchos años, lo mismo alla en el rigor del estío, que a la nieve que le cuita, el rayo del Sol descansa. de la abrasada fatiga, Alí yo cubierto el Sol da la dichosa cortina, que con serlo no ha podido esta vez negar la dicha. Descansa de tanto rayo, bien que la nube partida brujulta un Sol hermoso, que despide a toda prisa unos arroyos de luces, con gracia tan peregrina, que más que abrasan divierten, y más que matan no obliga. Qué lisonjero que estáis. Verdadero se repita la fama de que de vos oigo decir cada día. Que ya os habéis informado? Vuestra beldad peregrina no se abate a escrupuiosa, cuando se juzga aplaudida. Vamos a lo que me importa, porque yo solo quería acertaros a servir, de haber venido corrida estoy, pues tantos baldones, como a el amor le decía; pero no, no es este amor; no me han de alcanzar sus iras. Pues qué importa el sen galán, que hable bien, para que rinda este corazón valiente? ni que importa que me pida enamorada doña Ana paces, para cua la invidia tenga lugar en mi pecho, y ejecute ardientes iras, contra amor no fui curiosa, pues rezalé una desdicha. Digo, pues, señor don Juan, que hoy he hablado a mi amiga no se qué habemos de hacer que ni promesas la obligan, ni mi amistad la reduce, ni mis ruegos la derriven, desde el trono de vengarza, donde se imagina altiva al solar de la piedad, que tiene nobleza antigua. Dice que ha de hacer prenderos, aunque aventure mil vidos, si los brazos de mi hacianda poderosos no conquistan esta rabelde mujer, tanto se juzga ofendida. Mucho temo su rigor, basta ser fea, que lindas, asombro de la hermosura, como deidades lucidas son piadosas no os pareca que fue gran desdicha mía el encontrar una fea, que me mate; y me persiga, Fea le ha dicho que soy, doña Ana? yo soy perdida, este golpe me faltaba, toda me convierto en ira. Soy mujer, y nuestro pecho muestra más su bizarría, si en la belleza nos tocan: ya se enciende en llamas vivas, tampoco esto será amor, si no pesar que le diga; que soy fea, pues aunque no soy hermosa, es indigna palabra, y de otra mujer se siente en descortesía, esto ha sido, y no fue amor. Qué os parece que podía ser remadio de mí pene? Aunque vuestras pantes dignas son de mayor hermosura, el mejor medio sería casaros con ella. . . No vuestra beldad no permita ese desprecio de un alma, que toda se sacrifica para vos, darme una sea no as paga a mi amor debida. Si vos gustals de matarme injustamente, no viva mas un desdichado, yo con resuelta bizarría en la cárcel me entraré, donde pague con la vida de esa señora, Bratriz logre en mi sangre sus iras, mas no a mi lado su cara. Esto escucháis, penas mías, pues no han de lograr su engaño, ni su amorosa codicia, sea amor, o no sea amor, este desaire me obliga a más de lo que pensé, desengañarle querría, pero no es esta ocasión, no me juzgue divertida, prosigo, pues no os parece siendo noble, moza, y rica, que os estará bien don Juan. Decid, necio no sería el que aconséjase a un hombre en un jardín que matiza e Mayo de jazmines brincos y encarnadas clavellinas, viéndoles cortar las rosas, intectos en tanta espina, que córtase un alelí. Quién gusto en la rosa mira? quién busca rusticaflo? quien tanto de sí se olvids? quien busca arroyo salobre, y deja fuente nativa; modesta risa del valle, copiosa de piedras finas, que meltratadas se parten al tropezar en las guijas, y desmintiándose perlas, la cristal desecho caminan? quien al rigor del Don ciembre, cuando los mares se rizan, se niega al sol, y se llega al hgelo entre sombras frías. Pensáis que por pobre puedo rendirme a tanta precisa necesidad, mas importa el buen gusto, que la vida rinda la rústica flor, y el cristal salobre rinda la sombra helada en Diciendre, y el vidro obra quebradiza, la alquimia remedo de oro, y toda falsa mentira su poco valor aquella en sangre de Adonis tinta, a la fuente toda perlas, a la luz del sol divina, del diamante a la firmeza, y del oro la codicia, que esto es amar majestades, esotro hacer villamas, bastardo efeto de amor, si en pecho noble se cría. Manester es que me vea, porque es mucha grosería escuchar yo misma agravios, y alabar a mi en imiga, y pasar por ella necia, tanto el veros me astima ma con esa despecho, que volver quiero a mi porfía, que a mi ruego, y otra vez la hallaré menos esquina: slo pero no habéis de olvidar mi obligación. . . Quién podría olvidar tanto cuidado mon en la ropa, y la comida, todo tan de vuestra mano, que justo se percipita, y más al a del deseo, halla la razón cumplida. Que le regala también, abrasándome estoy viva, ya es tarde, a Diós . . Porfiad, que siendo tan vuestra amiga, no dejará de rendirse, Es lo tanto, que me afirma su amistad, que si ha de hacerlo es por mí. . . Toda mi dicha ha de naver de esa mano. Pasad penas estos días, hasta hasta que la fra causa de todas ellas se rinda. Hoy no os envié a decir, como esta noche os vería. Que esta noche la va a ver, yo le hago una visita, veamos si le parezco tan fea como me pintan, si; pero estoy con cuidado, no sospeche la justicia. No tenéis que recelar, seguro la noche fría me dará. . Guardeos el Cielo, de que la fea os persiga. Llevándoos a vos por norte, segura va mi barquilla. Ahora bían, yo quiero daros (perdonad) esta sortija para memoria si quisiera, que los hombres siempre olvidan En mí no ha de ser posible, mas llevaos vos esta mía para firmeza mayor. Esto es lo que pretendía, porque con ella conozca que soy yo quien le visita, a Dios don Juan. . él os guarde. Qué ingenio! . . Qué bizarría! Por ser suya muchas veces mil muertes perdonaría. Gónzale, mi ama se va. Adereza la comida. Yo no entiendo aqueste loco, que para mi es bernardina. Pues cómo va de embobados? No se Gónzalo por Dios, que solo se, que en los dos ya creciendo este cuidado. Quién será aquesta mujer? Persona tan principal, que quien es tan liberal, menos no ha podido ser. Mal conoces de sus tretas, hay mujer de estas, que a un hombre, sin que le digan su nombre, con dos criadas muletas, que obligan a mal andar, dando al gusto viento en popa, le despojan de la ropa, y le envían a nadar. Pero mientras la comida no falta, no hay que temer, ella es la mejor mujer, que he visto en toda mi vida. Con todo Cónzalo, quiero saber quien es, que se empeña mucho amor, y ella me enseña indicio más verdadeto de admitirme por esposo, que no quisiera olvidado de quien soy por lo obligado, ser desdichado, y dichoso. Lo uno por su beldad, en quien consiste la dicha, Lo otro, por la desdicha de ignorar su calidad. Y así quiero de Cerardo, que hoy ha de venir a verme, de quien es satisfacerme, aunque de su modo aguardo ser noble, no pongo duda, que sintiendo con verdad, efato es de calidad, dar aún desválido ayuda. Parece, que te escuchó. . Amigo Don Juan. . . Amigo Cerardo. . Pues sois testigo de la amistad que vivió en Flandes en nuestros pechos, no juzgaréis mi tardanza, a ingratitud, ni mudanza, porque no ha de ver deshechos los lazos de esta amistad, el tiempo, el olvido, o muerte, que han de correr de una suerte en los dos, esto es verdad, no puedo huir los, empeños, y más estando en la Corte. Habiendo cosa que importe, no han sido los hombras dueños de visitar al amigo, porque en la necesidad el amigo, o enemigo se conocen, pero vos tan seguro me asistis, que con verdad preferia la amistad que hay en los dos: hablastis aquella dama? Ya la hable, y está terrible, mas vanceré este imposiblo con ciarta amiga, a quien ama, y con quien el ciego Dios, no vandado, desatada la benda flecha dorada ha disparado a los dos. En tin su amiga, que creo, don Juan, que la ha de vencer, bien os podéis promater seguramente el empleo de su perdón, y su mano, Ahora bien, quiero obligaros, y una buena nueva daros. Yo soy en eso quien gana, pero decidme cual es. Una dicha, que saliendo anoche, y volviendo huyendo de la justicia después acaso entré an una casa, donde de mi mal en medio topé todo mi remedio, pues tan adel inte pasa mi recelo, que me entré en una cuadra, y a la llama de una luz, allí una dama por mi ventura encontré, Soseguela, dije el nombre, mi desdicha, y mi sucisa, y con un notable exceso, dando a su nombre renombre, Me prometió libertad, asegurándome así, ahora se fue de aquí, que es mujer de calidad. Es amiga de la parte, y tanto, que a su pesar, cuanto pueda ha de alcanzar, pero esto amigo a una parte, porque anda entre las dos, amor muy sino, y sospecho, que dos almas en un pecho triunfo de este ciego Dios. Han de vivir, y quisiera, ya sabéis mi calidad, que voy con toda verded, tanto mi amor perfevera. El ser quién es me sepáis, si aventurarme podré, la casa, y el nombre se, y pues de amigo ma dais tan conocidas señales, quiero fiarme de vos. Seguramente podéis. En los hombres principales nunca ha faltado el secreto. Dacidme seguro el nombre, que no hay virtud en el hombre, como guardarle en efato. el nombre espero. . . Doña Ana de Ribera, lindo talle, y vive amigo en la calle del Vaño. . Vena inhumana! No he visto mayor favor, ya no cuido de comida, ni ropa blanca en mi vida he visto extremo mayor. De celos estoy mortal. Pues el olor de la ropa, parece que viento on popa tiene un jardín inmortal. Es notable su favor, no puedo volver en mí, pero esta mañana aquí, si yo atento a nuestro amor, desde las siete en su casa, hasta estas horas estuve, y con mirarla entretuva el fuego que el alma abrasa. Dive el cielo, que era ella si, la tapada mujer, que salí siguiendo ayer, con la rabiosa centella. En vivos celos me abraso, podéis seguro, por que es muy noble, tica, y corté:: lla pena que yo paso no puede igualarle más otra ninguna. . . Es así, que podré estimarla? . Sí amor buen pago me das, y yo también la hablaré, es virtuosa doncella. Todo junto. . Y es tan bella como decís. . . Ya lo sé. Yo haré por ella, y por vos cuanto pueda. . . Porfiad con la parte, que igualdad tanta ese vendado Dios ha puesto en nuestros extremos, que sola en esa pasión ha de alcanzar el perdón. Amor, y celos, qué haremos? don Juan, yo tengo que hacer, y descuidado de mi parte. Nuestra amistad será el arte para alcanzar el vencer. (de. Adiós. . . El Gerardo os guar Hecho un áspid voy! ay cielos, y hay celos de mis desvelos. (de, Hasta el mismo amor se guar, qué dices? . No me ha agradado en el modo de escuchar este hombre. . . Qué has pensado Lo mucho cabezcado. Sacar el guante, y meterle, arquear las cejas, y el labio por señas de algún agravio, a media rienda morderle. Aquella inquietud no estar en lo que tú le decías, y solo cuanto te hoía, conceder no replicar, malo. . . Qué necias locuras! vámonos, que ya es de noche. No nos enviaran el coche, y fueramos más a escuras. Pues tú tienes qué temer? Y mucho, que ya he pensado, que es delito ser casado para poderma prender. Pero si fuese vardad esta sespicha en que diste. Posible as que no la viste, no es cierta aquesta amistae; Algo en ella reparé. mas si es doña Ana su dama, pero cuando ella me llama, en que repara mi fe. Téngolo por cosa llana, y mal brasero me tueste, si no te embárgare aqueste la comida de mañana. . . lí l. . l , Pon esas luces aquí, Bratriz, pues tan de repente, y a estas horas en mi casa sin duda alguna te mueve la razón, y te ha rendido aquel furioso accidente, que contra don Juan tenías, las principales mujeres por serlo, y por principales no han de ser tan inclementes, Puedan mis ruegos contigo, lo que tantas veces pueden, pues sabes ya de mi amor los farzosos interaser. Si es tu gusto que me vuelva, de otra manera no puedes despedirme de tu casa, ni me trates, ni me ruegues, ni me hables en tu vida, muestras de pensir no dejes, que yo he de poder rendirme a lo que de mi pretendes, Yo vengo ahora del prado, que mis tristezas crueles no me permiten consuelo y por ver si se divierten al ruido de las hojas, y al murmurar de las fuentes, con Celia salí de casa sola, y no quise sin verté volverme, y si me recibas: otra vez de aquesta suerte, padecerá mi amistad el no verte, pues no quieres C persuadirte, que es engaño el que buscas, y padecer. La postrer resolución es esa, y ya me parece que estará aquel Caballero lejos de aquí; pues al verte tan resuelta le escrebí, que a Zaragoza se fuese, pues ha de ser menos mal, juzgarle mi amor ausente, que perseguido de ti; mas como fiando quien eres tan conocida en la Corte, has salido de esta suerte. Flora haz poner el coche, para que a Bratriz la lleve a su casa, . Pues tan presto, doña Ana, que vuelva quierer, apenas llego a tu casa, y ya mandas que me lleven en tu coche hasta la mía, cuando yo ha venido a verte, solo porque nuestro enojo tenga fin, y que comience nuestra amistad en las dos con los extremos que suele, y a pedirte que prosigas en querer, pues lo merece a Gerardo, que con tantos desvelos, tantos desdenes, hijos de tu ingratitud, ha ganado justamente el nombre de amante tuyo. Vuelve, pues, doña Ana alegre, a aquel amoroso estado, deja novedades, deje ese pensamiento tuyo de volar tan igualmente a región que no conoce, y tanto imposible tiene de por medio, a esto ha venido. quedemos amigas fieles, pues conoces mi justicia, y pues mi razón adviertes. Mucho estimo tu cuidado, pero es fuerza responderte, que Cerardo mal podrá volver a mi pecho, y cese en ti el hablarme en su amor, pues quieres que de esa suerte despeñado vuelva a la cumbre, donde caiga fácilmente en el pensamianto mío, que tú me atajas con leves razones, pues no es remedio eficaz el que me ofreces, dejando lo que se estima, por lo que ya se aborrece; (me y si quieres mi amistad, no has de hablarme, no has de ver de Gerardo, de otra cosa tratemos, mas me parece que es tarde, pongan el coche, Flora, que Bratriz se vuelve. Con la prisa que me mandas partir, quejosa me tienes. Yo prisa? el tiempo lo dice, no ves que es tarde. . No tienes razón, ni te dé cuidado. Qué he de hacer si se detiene, que don Juan ha de venir, . y teme mi amor si viere no repare en su hermosura. Que temor impertinente, que desconfianza necia, desaire mío parece, que desconfiar de mí, en otros casos, no en este, podrá ser tal vez cordura, y aquí no, que entre mujeres, el tenerse por más fea, muy pocas veces sucede. Sin duda darme esta prisa es, que aguarda bien se entienda a don Juan, pues no ha de ser esta vez, no he velverme. Hallando la puerta abierta, no es mucho que un delincuente sen treva a tomar sagrado. Y que sagrado como este. ̱. Ay de mí! don Juan, perdida estoy. . Quién ? ̱. A. no te alteres que es un deudo que ha venido desde Salamanca a verme; vuesarce sea bien venido, mi primo, señor don Felix. Ay que el nombre le ha mudado, porque no le conociese. Esto es mandarte que caller. Besoo; las manos mil veces, quién es aquesta señora? no quisiera parecerle grosero, y así sus manos permitid que se las bese. Quieres que diga tu nombre, o quieres que se la niegue, porque quien eres no sepa. Haz lo que te paraciere. Es mi prima doña Antonia, que ahora a la Corte viene de Sevilla, y esta tarde vino, como veis a verme, Muy linda prima tenéis, permitidme que os confiese, que es muy bella, no os disguste, siendo las dos tan parientar. Téngame por su criada vam, justamente. Yo he de ser esclavo vuestro, hame pesado que fuese esta señora de mí, si una misma sangre tiene, desconocida hasta ahora. Es que por mi madre viene el parentesco, en Sevilla se ha criado, y accidentes de una herencia le han traído, vos en Salamanca siempre, deudo de mi padre estáis: y así no es inconveniente no conocerla hasta ahora: remedielo lindamente, porque mudado; los nombres, no han de poder conocerse: llega sillas. . . Ah Gonzalo. Ya imagino lo que quieres: No es hermosa nuestra prima. Y hermosísima conviene difimular, o mañana no comeremos, conserí la comida, y no se meta en primas impertinentes que no nos dan de com Dónde mandas que me siente? A este lado, porque quiero hablaros secretamente acerca de aquel negocio Mucho siento que le niengues a nuestro primo el honrar a las dos, y no es decente, adonde la sangre es una, ser el favor diferente; demás que hablar en secreto la primera vez que viene a conocerme mi primo, mucho desaire parece: conozcámonos ahora, que harto tiempo después tienes para hablar en tu negocio, y mi parecer es este, siéntese en medio mi primo, porque las dos igualmente le gocemos, que no es justo si a ti sola te prefiere: siéntese aquí señor primo. Que lindo despejo tiene. Celos con celos se pagan, si me los da que los lleve. Que hubo de venir ahora, presto Felij obedecer. (tes Pues si lo manda mi prima sien- que he de hacer. . . Mui biendo Qué cerca de él se ha sentado, más fácil remedio tiene. . Mucho se acerca, ay de mí. Que parde primas es este, que le van poniendo cerco al señor primo reciente, no hallaré yo en esta sala quien conmigo emparenteso estoy yo Ac G Aquel tres y estaren Safracinos, y Aliatares. (cielo Calia. . ya entiendo. Es un en el nombre, y aún se atreve a ser cielo en lo demás, hablando como se debe con el respeto debido a las deidades celestes. Y qué hemos de hacer los dos? Murmuremos entredientes, porque a roso, y a belloso todo Cristiano la lleve, cua al cabo del año todos estamos en paz. . Camienee. En fin en aquel negocia esta prima me divierte mucho tengama el amor de su mano, y no me deje, que mira mucho, y la miro, hablé aquel hombre, y parece que no ha de tener mal fín. Primo, qué nigocio es ese? Todo lo quieres saber? Soy curiosa impertinente. Eo de cierto casamiento que me tratatan? . Ellos quieren hablarse en cifras, pues bien hablé a los dos claramente. Oh qué curiosa que estás. Eso quiero si lo sientes. A. Y en efeto, qué responde? Escúchame brevemente, Dice, que ni al Mayo rosa, ni en Abril almen iro verde, ni en Etio pardas rosas. cubiertas de blanca nieve, ni escaminante sediento, entre bardes juncos fuente, ni la libertad al preso, ni al ciego la luz que pierde, ni al desválido el amparo, ni el perdón al delincuente, ni en la mujer la hermosura, ni en el galán lo valiente, sus ojos, ni a sus gustos con más ventajas parecen, que vos, pues con vos es nada, rosa, almendro, floreciente, nieve, rosa, fuente en prado, preso, libre, ciego alegre, desválido, y homicida: este amparo, perdón este, mujer bella; galán bravo, que todo rendido vuelve a confesarse rendida, que es una amago, es un breve rasgo de todo arruinado de vuestra divina suerte. Estos dos van prosiguiendo con su engaño, tiempo es este de brrajarles el gusto, y pues que yo peno, penen, quiero enseñarle su anillo, veremos, si así lo advierte: dígame por vida suya, mi primo, señor don Félix, de ese hombre, que a mi prime mano de esposo le ofrece. Cielos, esta es mi sortija, que como Iris amanece a poner mis pensamientos en paz, pues que me detiene, ya que estoy desengañado. de mi dicha, digo así. Sortija desde que os vi, os he rendido el cuidado, si esta sospecha ha tomado, quiero proseguir fingiendo, que vos le disteis. . A ya entiendo, Una sortija, y así otra le envié. . . Proseguí. Sati facerla quiero Lazo hermoso, que trocado estas tres décimas son, hechas a cierta ocasión, que le trujo desvelado dado, de una prenda que le han quien duda vuestra sería, y por darle la poesía indicios también gusto de que os la dijese yo, tanto en mi memoria fía. Una alma vi, que tapaba un cielo que no miré. diome una sortija en fe, que la libertad me daba: Yo que su luz ignoraba, otra en mi abono la di, fuese, no la conocí, y cuando menos pensé; sin irla a buscar, la hallé, y dije resuelto así. Si otra beldad a mi lado; ser mi dueño apereciera, al punto que os conociera os entregara el cuidado: Este en el alma os ha dado, el que sospecháis ceso, ciago estuve, ya salió la luz ya me alumbra el día; quien es ciego, todabía, si su desengaño vio. Muera esotra despreciada, y viva aguasta querida, una aseguró mi vida; cual ha de ser mejarada: Dígalo aquí mi pasión, amor no busca razón, y así me manda que elija al dueño de la sortija, estas las décimas son. Apenas os he entendido. Quién escucha, y se divierte, cuando le importa escuchar, ese desaire merece. Que a mi gusto ha respondido Qué sospechosa me tienen, Los celos me han detenido, hasta templar mi accidente. no me he atrevido a venir: que veo, celos cruelas! aquí Don Juan. . . Qué es aquesto? Gerardo? escúchame, tente. Cómo don Juan en tu casa a estas horas? buen fin tienen sus negocior, pues Bratriz la salida se consiente, y en conversación con el en tu casa se entretiene, Huélgome señor don Juan, que se haya tan brevemente alcanzado, y vos señora doña Bratriz, justas leyes de nobleza habéis seguido, perdonando noblemente. Don Juan ya me conocéi? y con razones corteses os suplico, que a está casa no miréis, ni os aproveche de disculpa aqueste achaque del perdón, para que llegue a más atrevidos pasos los vuestros; y las mujeres principales, di Doña Ana, se rinden tan fácilmente, para regalar a un hombre? No prosigas, los que sienten nobleza en sus pechos, quiebran la ley justa que le deben al secreto, no ha nacido noble quien esto no entiende. Afuera os responderé. Y aquí . . Gerardo detente. Don Juan tentos. . también has llegado a detenerme, que antes me estás incitando para matarle, y perderme. Pues mede tienen tus brazos, piadoso de ángel, Ya entiendo, por lo que Grrardo ha dicho he conocido quien eres, por la sortija mi amparo, y por el nombre mi muerta, Disímula, y no me mates, luego a la Iglesia te vuelve, y no riñas con Jerardo, o te aventura a perderme. Qué hablarán los dos a solas? pero desde aquí se entienden. Caballero, si doña Ana os amparó fue imprudente, pues en ocasión os puso de perderos, y perderse, Valgaos esta vez su amparo, y su casa, pues de suerte vive el agravio en mi pecho, que si aqueste inconveniente no topara de por medio cuando otra cosa no fuese posible, viven los cielos, que con esa espada aleve, dándoos la muerte acavara mi venganza para siempre. Y tu doña Ana pudieras proceder más cuerdamente, que no mudándole el nombre, porque no le conociese; y a mi negándome el mío, dar ocasión a que hiciesa burla de mi justo agravio, las razones que inocente, sin daber con quien hablaba, el dolor me divirtiese. Vos Gerardo sosegaos, que doña Ana noblemente, si amparó a este Caballero, fue como su honor marece; pero como los más hombres la piedad en las mujeres no la juzgaron amor, y que por ellas se pierden Vivir podéis satisfecho, y ahora suspensas queden las armas, pues mayor daño en mi desabono puede resultar: vos Caballero recelaos, y conocedadme, que yo soy quien algún día ya que ahora no se atreven mis penas por esta casa, que es tan justo que respete, con mi industria podrá ser, que esta noche el paso cierre a tal disgusto, volveos libre, y guardad que mujeres ofendidas siempre han sido los enemigos más fuertes. Entremos en otro cuarto, y los docid brevemente al sagrado que tenéis, No se amor, que me sospeche, obedecerte es razón. Y justicia obedecerte. Dios esta noche le lleve con bien, y de la justicia le guarde. . Hablaré? No puedes que miran. Breve ocasión de mi dicha. Siempre es breve, Dios te libre, Y él te guarde, que parte. Qué desincuente. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Suceso como el de anoche hah sucedido jamás? Bien afortunado var, más fata nos hizo el coche; pues si encuentra la justicia, darte era fuerza a los pies, o a las manos. . . Justo es recelar toda malicia, Pero volviendo a mi parte, viste más bella criatura? sale el Alba, rosa pura con más brío, con más arte. Hy tal donaire de hacerse prima, y con tanto valor hacer estorbo al favor de doña Ana, aquí es perderse. Ay tal luz de entendimiento hay tal viveza de estar en todo sin discrepar en el menor pensamiento Buena mujer es por cierto, mas todo lo echa a perder, porque no habrá que comer. Qué pesado desconcierto. Pues no lo fundo en razón, no dije yo que Jerardo, porque anduviste gallardo en fiarle tu pasión, nos había de embargar la comida, dicho, y hecho, ya no estamos de proveche Pues piensa qué ha de faltar? Si entrare por esta puerta un alma con la comida, me tuesten. . . Qué deslucida esperanza. . Siempre acierta una desdicha, señor, y que mayor pueda ser, qué recelar no comer? Allí voy con el Retor, si me buscaren avisa. Al de los locos podré que iremos con nuestro pie, si no hay que comer aprisa, lo que va de ayer a hoy, aprended hombres de mí, que ayer tripa horra fui, y hoy tripa vacía soy Aquí está pero que veo que va entrando por la puerta otra tapada mozuela, mas si no soy conocida, desde aquí haga otra seña. Ce. . Qué peje pillamos dos a un tiempo me cecean, mas válgame San Onofre, dos cuerbos aquí, y dos cuervas, con su par de esportilleros, que escaparon de la guerra, me llaman, y traen comida, sino me engañan las señas a cual llegaré primero? Adiós, y aventura aquesta, es Flora? . Yo soy, tu amo dónde está? . Dará la vuelta presto, porque fue a Palacio. Luego libre sale fuera? Así, soy un mentecato, no mi acordaba en conciencia, de que estaba retraido. Ce. . Al reclamo de esta letra no puedo faltar, ya vuelvo. Oígame pues, quien cecea. Una cesta vergonzante, que a esotra puerta me espera, déjame llegar a hablarla, qua tie til presenci Buena presencia esa moza Pésame que no me entiendas, la cesta que trae alabo, la moza doblen por ella, que yo que al tumbo de olla, que diz en allá en mi tierra: tumbo de cesta apetezco en ocasiones como esta pero aquí viene Don Juan, metamos en mi despensa la tuya, y luego datemos en la misma con aquella. Qué es esto? . Una cesta más, que ha traído por ofrenda, toma el recado de Flora, y luego darás la vuelta a mano iz quierda, que aquí, pues que todas vienen llenas de comida, todas son cestas de a mano derecha, y aquella debe de ser cesta de la dulce prenda: cosquilla del mismo ame entre cuyas manos belí esta tu vida, y tu muerte, tu muerte si se sospecha, que estás de otra enamorado: pero tu vida, si dejas cuantas cestas se han juntado en Madrid en una feria porque en materia de amor, ninguna mujer se huelga de ver audar su galán entra cestas, y ballestas, Flora traes papel? . Y largo. A que mal tiempo que llegas, muestra, y mientras que despacho esta tapada, que espera. aguárdate aquí. . Yo aguardo. Buscaisme a mí? . Esta receta lo diga. Puse ha recado la cesta, que me consuela el olfato el oloraillo, con que hasta el Cielo llega. Recibid ese regalo, qme lueón en dandola esa criada, seré yo con vos. La harmosa fea. Oh que donaire ha tenido, decid señora, que venga, que estando tanto sin alma, contra la naturaleza parece que vivo. . Voyme. Qué es voyme? daca la cesta. Quién me paga. . Camarada, a quien digo, buena pieza, quien ha de pagar el mozo, que aquí guardamos la regla de San Francisco? . Yo pago. Esa razón me contenta. En pagando puerta franca, en no pagando pendencia, aunque nadie ha de reñir sobre dacá mi moneda, Veré ahora tu papel, que dice de esta manera. Hablaros he menester, porque importa vuestra ausencia. Yo sospecho lo demás, aguarda aquí la respuesta, enviarela un desengaño, pues que me sobra materia, en el lance que en su casa pasó a noche, aquí te espera. No me ha parecido bien topar aquí moza nueva. Oh dulce, y hermosa Flora, o mi señora Amaltea, por quien respira el Abril ámbar, y en esas razuelas, por tu mano sazonadas, respira la hermana especia. Que lisonjero que viene, y dígame buena pieza, y quien era la tapada de la otra cesta? . Ahí eran, que no es cosa de cuidado, una amiga calcetera, que venía a que la paguen, seis reales de unas soletas, y la cesta de la obra dejó que guárdase en prendas. Pues si le debe el dinero Don Juan, da las prendas ella? Por Dios que has dicho muy bien, no estaba bien en la cuenta, siempre que se va a comer, porque más segura queda, viene para que se guarde en esa cesta las medias. Holía bien? . El olor de los escarpines era, que a las medias han jurado de no meterse con ellas. Gran pícaro me pareces. En nada pienso que yerras pero di por si sucede, y los amos se conciertan, tu casaraste conmigo a fuer de toda comadía? No por cierto. No por cierto que bien dicho, Dios mantenga lo breve de tus razoner, que compendiosas, que cuerdas bian haya quien te pario; estas mozas me contentan, y no otras redomadas, que alargan tanta cabeza en oyendo casamiento, plegue a Dios que yo te vea procurador, o escribano. Pues qué bendición es esa? Has tenido pleitos? . No. Pues para cuando los tengas sabrás lo que te deseo en bendiciones como estas: pero dime por tu vida, que bien lograda la veas, que has traído que comer? Oye atento? Pues empieza, (na prosigue la dulce historia. que nos traes? . Traigo una pier de cárnero hecha gígote. Con limoncillo? . Y pimienta. Mucho clavo? . Ah de faltar? Bien dices, con una mezela de vino blanco. . También. Él pan será de Ballecas? Panecillos de atahona traigo, y remato la cuenta con dos capones, que sirven a la a la comida, y la cana. Capones, que bien lo cantan, que lindamente gorjean en una cazuela asados: plegue a Dios que yo lo vea, que mejor sueñan allí, que las capillas lo sueñan, fruta. . Apasto. . Bien está, que más? . Queso, que anda a cie (gas. Servítale de bordón el vino, ya se morena, que entre la hermana comida nos trae una bota llena. Qué presto que lo miraste. Por entre el paño cubierta saca la hermosa bota, mal árguida la cabeza: yo que la vi algo torcida, mal echada, y descompuesta, dándole la paz de Francia, la dejé un poco más tiesa. Pues como beber pudiste sin sacarla de la cesta? Mira, no has visto un pichón, que las entrañas le aprietan, para que dando arqueadas, con mayor presteza muera? Pres de esta manera yo a la persona Tudesca, le apartaba las hijadas, y ella como quien bosteza, haciendo mil gorgoritos, echa el vino hacia afuera. Limiste eres golpeado. Los golpes en tu cabeza, el limiste en mi vestido, con que partimos a medias. Flora toma ese papel. Pues voyme con tu licencia. El cuidar de la comida de mañana se te encomienda. Qué dices? . No estoy en mí de contento enorabuena, mataste aquel hombre en hora felice, tomaste Iglesia y en hora buena te entraste en aquella casa llena. de tan grande caridad, porque antes era miseria de la suerte que pasabas, sin sobrarte más hacienda, que una fe de soldado, y otra de ser quien eras, sustentándonos por fe, de que las tripas renirgan, porque no nos guardan fe, si el cotidiano no encuentran: ea vamos a comer. Yo he cerrado la despensa, o el aposento en que duermes, donde la comida queda, y no has de comer bocado. Burlamos, muy buena flema gastas, daca acá la llave. Hoy he de darte esta pena, porque eres desconfiado, no hay si no tener paciencia. Si yo más desconfiare, que me hagan estafeta, que ha de partir a las doce de la noche, aunque se venga el Cielo abajo con agua, aunque truene, aunque a las quejas del aire se arranquen pinos, y haya granizo de tejas; sin reparar en peligros, hasta que el diablo le lleva en los brazos de un arroyo, adonde jamás parezca. Ves todo cuanto me dices, pues no has de comer. . Cabeza de mi agüela más escucha, que por unas buenas nueva; tendrás lástima de mí. (z. I. cuáles son? . Oye. . . Comien Cuáles son? Cuerpo de tal, tú no has visto la otra cesta de nuestra parte contraria? Así conmigo lo fuera. (ro Pues qué has visto? Gon luego es bar el presente, ahí es quien quiera, mientras leiste el papel, y fuiste a dar la respuesta a la piadosa matrona, que nuestra hambre remedia, D meti en mi santo aposento una de mimbres maleta, funda de otra cesta blanca, azáfate de otra huesa, toda cubierta de flores, dije bachiller al verlas: Áspid si estás escondido, ten lástima, y no me muerdas? Aparté a un lado las hojas, que del libro, que encuaderna la primavera agradable: desencuadernadas eran, y descubrí una roalla, tan presumida de fea, que conformaba esto mismo, la bordadura discreta, debajo del pabellón hallé en la hoja primera unos pañuelos sin ser, que aunque se le da la tela, son pensamiantos fingidos, que cuerpo a la vista mientan: en las esquinas bordadas unas abrazadas letras, que al nombre tuyo, y al suyo hacen la salva primera. Luchando yacen las dos sobre cual a cual sujuta, mas como firmes entrambas, en fin las dos perseveran, pues cada cual, que más quieren. apie quedo lo sustenta, Oje otro poco más, y descubrí una docena de camisas no de olanda; aunque en el nombre lo muestra, de agua sí, pues como el agua cualquiera se las bebiera, llanas, que el mejor bordado es el aseo, y limpieza: unos botones al cuello, los mismos en las muñecas, sin balonas, que las puntas de jurisdicción Flamenca: en el asiento del cuello, guardas cuidadosas vedan, Con eso pasé adelante, y hal he an la hoja tercera calzones blancos, que dieron fin a la gustosa cuenta. Y yo que de buen discurso ma he preciado siempre en estas ocasiones, dije así. oye pues mi consecuencia, mujer que te solicita con ropa blanca, y no piensa en enviarte vestidos, sin duda alguna desea verte en camisa, y calzones, con que las paces comienzan, porque duren en los dos in feculorum, y secula. Oye que he viste a Beatriz. Por esas dichosas nuevas da me las llaves. Si haré. Halles las puertas abiartas del Cielo: aquello se enfera, esto ha na durar, paciencia señor Don Juan, yo me voy a dal cuenta de la pierna del carnero hecha higote, mientras ellos se requiebran: atengome a estos amores, que dan sueño, y no desvelan, quien se agradare de cotros, júntese conmigo a cuentas, vará quien alcanza a quien en más salud, y más fuerzar. Señor Don Juan. . . Por señor empezáis, Bratriz hermosa, o decís que estalazolosa, o negáis taner amor: O de noche, que el favor, que me suspende, y admira, a nuevos intentos mira, y la que oigo sequedad, se desmiente de verdad, y aquel favor fue mentira. Pues queréis que de un agravio (dejo a parte los desvalos) que hablar ahora de celos, no fuera discurso sabio; Mi agravio pronuncia el labio o, queréis que mi calidad a tan nueva vojuntad, rinda aquel enojo no, o aquel agravio mintió, o ella no ha de ser verdad. Pues en que modo de pena los dos emos de quedar, en matar, o perdonar, matar será acción ajena de vuestra sangre, que llena está de tanto blasón: perdonar es noble acción, vea pues vuestra arrogancia, que le dará más ganancia matarme, o darme perdón. Mi agravio se queda en calma, y estas letras lo dirán, este es el perdón Don Juan, que os negó ofándida el alma, amor alcanzó esta palma, libre rindo el corazón, para ver a la oafición, que a nocha me confasastria la fingisteis, o trocastaia. por alcanzar el perdón. No quiero que mi enemiga, que ya le doy este nombre, piense que obligarse un hombre no fue porque en mí le obliga: Baldad que el tiempo castiga, no hay que temer mi aspereza, ya Don Juan, todo es nobleza, ya no hay rigor, quiero ver si os obliga mi poder, o os obliga esta belleza. Parecerá bizarría, que peca en presuntuosa, fiar en que soy hermosa, mas que en el perdón podía: Bien diréis, mas mi osadía de que Doña Ana os contó, al ser yo sea nació, sentirlo como mujer, y sin perdón quiero ver si soy más hermosa yo. No penséis que este perdón ha de mudarme el cuidado, B corrido me habéis dejado, y he de dar satisfacción a ese manchado blasón de vuestra rara deidad, yo le pienso perdonar, porque no penséis de mí, que os pago por él aquí lo que debo a esa beldad. En libertad me dejáis, esa libertad no quiero, vuestra belleza es primero, que no el perdón que me dais? Sin competencia buscáis de Doña Ana, sin licencia os rindo la competencia, no me podéis resistir: que no es razón competir donde hay tanta diferencia. Ya está roto, ya por mí vuelvo a mi primer estado, no quiero perdón fundado en que por él os serví: Yo adoré, que no fingí, no viváis escrupulosa, Doña Ana es sil vestre rosa, cuando vos fino clavel, y con perdón, o sin él vos sois mucho más hermosa, Confiesome agradecida a tanto sino cuidado, y el perdón que habéis rasgado en mí tendrá eterna vida; Esa fineza rompida, otra previno inmortal, que asegura a premio igual. bien rompido, y sin cuidado está, Don Juan, el traslado, pues vive el original. Pero pues me he declarado, Don Juan, esta vez con vos, y ya no hay entre los dos recelos del mal pasado, y cierto aviso me han dado, que con toda el alma siento, quiero ver vuestro apesente. Será gran ven tura mía. No os parezca grosería. Con mil almas lo consiento, entrad, que solo hallaréis la comida, mas comida. que fue tan bien recibida que sin comer ma veréis. Recibirla, y no coméis; B recibirla fue el favor, volverla fuera rigor, pero ya que no lo hicistio Don Juan porque no comistis? Por sustentarme mejor. Ahora no me detengáis, que he de entrar. . . Yo aguardaré a que os informe mi fe Pregue a Dios que prosigáis. Si en algún tiempo me halláis con diferentes extremos, muera yo por vos. . Dejemos al tiempo esas confianzar. Él ha de dar las fianzas. Y en él Don Juan, lo veremos Qué injustamente quejosa ha venido mi luz bella, ni al ponerse el Sol Estrella, ni al salir el día Rosa, pudo hallarse más hermosa sino causara desvelos, ver maltratar entre hielos el rosicler de su cara siempre, porque me agradarán, le diera a mi dama celos. Eso viste, y mis zalos no salen a campaña con los cielos, oíste. aquí criada viste? Es la misma verdad cuanto me Dónde habrá pecho sabio, que consienta a los ojos tal agravio? Don Juan yo llago ciega. A que mala ocasión Don Ana llega, yo me siento perdido, y corrido, pues siendo agradecido al recibido trato, al amor que me tuvo soy ingrato. No salgas, que Doña Ana está con él, a presunción villana, desde aquí le escuchemos, que entre abierta la puerte bien pode. No poco sospechosa (mos. a noche me dejastis cuidadosa, en la fe prometida, ni se da mi fortuna por vencida, ni deja de vencerse, y cuando más pretende rehacerse, alentada en el nombre, de un hombrebién nacido, pero es hon y en aqueste reparo (bre, vuelva mi aliento a discurrir abaro; y así anda la vida, ni del todo ganada, ni perdida, como luz que se acaba, cuando le va faltando quien le daba cebo para lucirsa. que procura alentarse, y persuadirse, que por si sola ángela, y muere al fin, porque acabó la vela. Así yo vacilando, ni se si se vive, o si se va acabando, el favor prometido, desengaño no más, que poco ha sido si puede ser extraño, que me deis como noble un desenga- (no, que en mi favor espero, que aunque el temido mal es verdadero, no puedo persuadirme pormuchas causas el negaros firme Y si tenéis alguna, acabe con mi vida mi fortuna, pues de aquella sortija, que fue para mis penas tan prolija, en lo bien ponderada, y en tres décimas solo declarada, ha quedado mi pena, ni bien vuestra, ni ajena, pues en mi pecho muestra, que hasta saberde vos si ha sido vuestra, no entregara el cuidado a otro dueño, a otra vida, ni a otro (astado. Sin esto mi criada otra vio esta mañana, que tapada un papel os traía, que primero que el mío se admitia. y si y si son los criados preferidos primero que escuchados en lances tan pequeños, quien duda que también lo son los dueño Que Beatriz no saliera me holgara, y que Don Ana no la viera sin pasar adelante mi obligación, poniendo por delante. Digo que mi cuidado de agradecido, y no de enamorado, de vos quiso valerse, y si allí con amor pudo atreverse a que yo no faltara, si el empeño en Gerardo no topara, y para que esto mismo saliera de ten cuerdo barbarismo, que si es cordura amaros, error fuera, y locura el engañaros, que quitar a mi amigo la dama fuera error, con esto digo cuanto habéis deseado, pienso que me hallaréis bien disculpado. Eso de la sortija, y la criada, es bien que no os aflija, porque fue muy a caso para salir de su sospecha el caso a la fea enemiga, y siendo fea, que el rigor prosiga, no es mucho, no me espanto, pero ahora que sé que es un encanto, de la misma belleza juzgo por imposible su aspereza. Yo no juzgo posible que saldréis vencedor de este imposible Sospechosa ha venido. engaño vive Dios el vuestro ha sido esto basta, y volveos, disculpando Doña Ana mis deseos, temiendo estoy no salga. Ah señora, Gerardo. Aquí me valga Deteneos. . . Esta puerta parece que está abietra. Entra presto que llega. El corazón se anega en nuevas confusiones, nacen de una ocasión mil ocasiones Al entrar yo taparse, encubrirse de mí, y allí encerrarse, y que el rostro no viese, no es mucho que confiese que he quedado dudoso poco digo si digo sospechoso, aún corto hauré quedado, pues estoy por decir quedé agraviado el nombre tomar puedo, resuelto estoy, no vi la cara al miedo Salga de esta sospecha de una vez, pues será facción bien he- (cha entrarme en su aposento con impulso violento. Pues Gerardo no me habláis, algún disgusto traéis, declaradme como amigo, si puedo sácaros de él Si aquí la ve soy perdido, salirse no puede ser por una puerta que sale a la sacristia, pues tengo la llave conmigo, y no se como la dé Si le digo mi sospecha, no ha de permitirme que entre en su aposento, y cuando por fuerza el entrar en él pretenda, es hacerlo voces, que acuda gente, y después mientras nos ponen en paz, escaparse la mujer: finjo amistad cautelosa, paseándome con él, y al llegar junto a la puerta, fácil la entrada tendré. Amigo Don Juan no niego el disgusto que tomé, la causa fue grande vos espero que lo juzguís, como quien save de amor: y así pues, que ya lo olvidé nuestro pesar, quiero ahora que conmigo os paseéis para contaros, Don Juan, un eterno padecer, que con Doña Ana he tenido entre uno, y otro desdén. Decid, descansad conmigo, pues mi amistad conocéis. no se como echarlas fuera, sin que las vea, ni se como despedir a aste hombre, ni se que tengo de hacer. Dos años habrá Don Juan, Cuenta de dos años fue, aquí estamos todo el día. Por esta parte volved, que a Doña Ana. . . Proseguid. Este apolento he de ver. No veréis tal si yo puedo, o aquí pedazos me haréis. Vive el Cielo que he de entrar. Vive Dios que no ha de ser. Pues dejadme. . ya yo os dejo que aunque sin armas me veis, por ser sagrada esta cala, donde no son menester, donde sobra la razón sobran las armas también. Yo he visto al llegar aquí una tapada mujer, de quien engendré suspechas, pues al verme reparé, que echando el manto se entró en ese aposento, ved sobre tantas ocasiones, como vos dicho me habéis, si es bastante la ocasión de entrarla a reconocer, y así al defenderle vos, mayor ocasión tendré Yo he de verle, vos mi ad de qué manera ha de ser, porque no he de irme primero que sepa muy bien quien es. Desalumbrado venís, suplicoos que os reportéis, pues conocéis mi avistad, siempre igual a toda ley. Esa mujer que me hablaba, es una señora en quien alguna esperanza libro, se que no la conocéis, y que no os importa nada. y así aquí la retiré. En estos casos no soy retórico, y cierto es, que yo he de verla. . . Y lo cierto, que yo la he de defender. Deteneos señor Don Juan, vos Jerardo suspended el cnojo, que estáis ciego, yo soy, de qué os suspendéis? Lalabe. . Toma. . Con ella aquella puerta abrisé, que sale a la Sacristia, lo demás sabrás después, que entre las dos han trazado satisfacerle muy bien. Yo vine a ver a Don Juan, el intento yo lo sé, cautelosa vive aquí, confieso que os engañé, señor Don Juan, mas no es nuevo el engaño en la mujer? intentos de mi venganza me trajeron, y si entré en vuestro aposento ha sido, más declararlo no es bien, hasta que venga Doña Ana, que ya a llamarla envíe. Tan corrido me he quedado, que no acierto a responder. Que bien que tomó la puerta. A gran novedad juzgué el llamarme tan aprisa Beatriz, acaso pasé por esta calle en un coche, y cuando a Celia encontré: vine a ver lo que me mandas, Gerardo está aquí? . Qué bien y a que tiempo la trago, el buen Gerardo esta vez. Vos estáis desengañado, mas yo dudosa que dé, porque aunque digo, que yo vine a engañarle no sé. Si es satisfacción bastante para quien me llegó a ver dentro en su cuarto: y así señor Don Juan, conoced, que el verme en vuestro aposento, si bien diferente fue, el intento me hizo vuestra, sé qué calidad tenéis. Digan que con vos me caso, y no diga nadie, que me ha visto con vos a solas, no siendo vuestra mujer, y con aquesto alcanzáis todo cuanto pretendéis. Cómo de un sueño despierto, déjame besar tus pies. No hay desengaño mayor. Ni fortuna más cruel. Gerardo también se casa, y con esto díganle al Poeta, que de estar más retraído otra vez se excuse, que no sucede todas las veces muy bien: si es dicha estarlo, será como aquí le perdonéis, que con esto, y vuestro amparo que espera siempre tener la dicha del retraído, será mejor de lo que es. n
