Texto digital

Texto digital de Di mentira, sacarás verdad

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Matías de los Reyes
Atribución estilometría
Matías de los Reyes Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Di mentira, sacarás verdad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/di-mentira-sacaras-verdad.

Logo BICUVE

DI MENTIRA, SACARÁS VERDAD

JORNADA PRIMERA

s, , , 1. Guarda el León, que al veloz viento; en ligereza iguala. 2. Rabia escupe, fuego exhala, de aliento, y vista feroz. Seguid todos a su Alteza, que es peligrosa ocasión, no ofenda el fiero León a mi vida en su belleza. 3. Huyamos a la espesura, que defendernos podrá. Guarda el León. Por acá. Aquesta llaman holgura? Renunciola desde aquí para mientras yo viviere. Vuestra Alteza no se altere, que tiene defensa en mí. Nada puede asegurarme, que es gigante en mí el temor. Peligro mucho mayor podrás Reina confiarme. Llevadme al punto de aquí. Vuestra Alteza se reporte. Volvedme luego a la Corto si queréis que vuelva en mí. Buscad al Rey al momento, y prevenidme litera, que no puedo aquesta fiera echar de mi pensamiento. A mi Rosarda no veo, su defensa al Cielo pido. Tal temor he recibido, que estoy viva, y no lo creo. Como no veo mujer de las mías, dónde están? Siguiendo sin duda irán la flaqueza de su ser: Auran huido. Buscadlas. No hay flaqueza que temer, que bien las podrá esconder este monte entre sus faldas. Pues buscadlas sin embargo; recorra el monte mi guarda. Hay mi querida Rosarda, yo de ti sola me encargo. Mauricio, de mi recelo tienes permisa bastante; cerca el monte en un instante, y haz lo que sabes. Harelo. . Venid todos a mi lado, hasta que al Rey encontremos. Todos sirviéndote iremos. Mucho temor he cobrado. Por este bosque sombrío el camino he de seguir, pero al Rey veo venir, y al dueño del que lo es mío. Aquí en esta senda estrecha los escucharé escondido, por saber si cierta ha sido su recelosa sospecha. Dad ya de mano al temor, pues a vuestro lado vengo. Y aún por esa causa tengo ese cuidado Señor; que puede mi mala suerte serme tan contraria aquí, que por defenderme a mí, el Leon os dé la muerte. Defiéndase vuestra vida, que la mía importanada. Estáis Rosarda engañada. Antes Señor advertida, que en buena razón y ley, aunque más vengáis a amallos, mas que las de mil vasallos vale la vida de un Rey. Veros solo me da pena. Desengañaros querría, que en razón de compañía solo la vuestra hallo buena. Vos sois mi remedio ya. Tal valor no me prometo, que soy mujer en efecto. Pues en eso el caso está. La victoria es muy impropia. en el mujéril valor. Y esta más, pues no es menor, que venceros a vos propria. Con tanto cuidado estoy, que nada entenderos puedo Bien podéis perder el miedo, de esto mi palabra os doy. Justo es ya desengañaros, advertid que este ruido, fue por mi orden fingido, por tener lugar de hablaros. Que la Reina que ha notado el fuego de mi afición, por más ligera ocasión nunca dejará mi lado. Y pues mi suerte ha querido lograr mi engaño amoroso, y a punto tan venturoso mi deseo ha conducido. Permitid bella Rosarda dar licencia a mis suspiros, para que pueda deciros, lo que mi lengua acobarda. Volved señora esos ojos, dueños del triunfo mayor, ved que a esos pies rinde amor, Rey, y Reinos en despojos. Pues sois ya dueño del alma, mi Reino lo menos es, que el principal interes es ganar del alma palma. En fe de esto me prometo, y de vuestra cortesía, que la altiva intención mía, surtirá dichoso efecto. Comenzad pues a dar muestra de la estima de este amor, dadme una mano. Señor, Jesús, detened la vuestra. Tanta lisonja excusad, que no acabo de entender lo que puede pretender de mí, vuestra Majestad. Lograr tan dichoso empleo, que mi Reino aventure. Vuestra Alteza se procure templar en caso tan feo, porque si a caso porfía poner su intento en efecto, he de perder el respeto a tanta descortesía. Hasta aquí disimulé, sin darme por entendida, y ya aunque pierda la vida sospecho que no podré. Qué es esto Señor, no advierte vuestra Majestad, que soy hija. Mi palabra os doy, que está echada la suerte. Hija sois de Federico el Duque, yo no lo niego; pero estando de amor ciego, mal a discursos me aplico. Reportarme no podré, con lugar, tiempo, y ventura, pues cualquiera me asegura lo que un siglo deseé. Dice que me tiene amor, y es engaño manifiesto, que un afecto deshonesto, no es amor, si no furor. Quien ama, es fuerza que ame de quien amare el honor, porque ese otro no es amor sino un apetito infame. Advierta que si desprecia mi valor por ser mujer, que floreada vendré a ser famosa como Lucrecia. Y cuando tan vil destrozo en mi casto honor se vea, si un Capitán Timoclea, yo echaré un Rey en el pozo. Quién vio en mujer tal constancia, que por lo que ha sucedido, hizo en honra del marido más honrosa repugnancia. Yo quiero con mi presencia evitar daño mayor. No es honor, si no rigor, y el mío amor, no violencia. Buenas albricias espero de haberos hallado aquí. Oh Mauricio, comó así tu venida vitupero. Como que tal ocasión este hombre me haya quitado, por Dios que soy desgraciado, celos de la Reina son. Viene Clorinarda ya? Este repecho la encubre. Perdido soy si descubre mi intento. Tan cerca está? Si Señor. Pues con Rosarda te queda, y a verla voy. Adiós. Tu criado soy; seré su defensa, y guarda. No ha de faltar ocasión, en que logre mi esperanza. Ay Mauricio, en tu tardanza, se rasgaba mi opinión. Ya estoy al cabo señora; testigo de todo he sido, que en este bosque escondido vi cuanto ha pasado ahora. Viene la Reina? Fue engaño para apartarle de aquí, que según le vi, temí, un irreparable daño. Eres Mauricio discreto. Y mi Arnesto? Cuidadoso le dejé, y aún receloso de estas cosas, A que efecto; no fía de mi valor? Sí, más caso es temerario, tener tan fuerte contrario en competencias de amor. Ninguna disculpa tiene esa malicia en tu abono, pero ya te la perdono, en albricias de que él viene. Busca el humedo elemento el pez, que sin el no aspira, la suelta ave vuela, y tira, sobre los brazos del viento. La copa busca la hiedra del Fresno más empinado, y hasta hallar su centro amado nunca descansa la piedra. Sube el fuego a la región, baja el agua a lo profundo, y así todos en el mundo buscan su conversación. Y yo que la mía tengo, sitvada en vuestra vista, sin haber quien me resista, como a mi centro a ella vengo. No hay mal sin bien, si se advierte el sobresalto pasado, sin duda que fue ordenado para mejorar mi suerte. Mil siglos ha que no os veo, y aún a pocos los reduzgo, pues los puntos siglos juzgo, medidos con mi deseo. Tuvistes mucho temor al León embravecido? En mi vida le he tenido Arnesto mío mayor. Entre sus brazos la vi en harto riesgo, y sin duda, que a faltarle aquí mi ayuda, la despedazara aquí. Al punto que oyó mi voz aquel ánimo teal, templó el intento bestial, puesto que estaba feroz. Enviele a su Leona, que bramando le buscaba; tan recelosa, y tan brava, que la temió mi persona. Ya no es tiempo de encubrir el mal que nos amenaza, sino de prevenir traza de poderle resistir. Sabrás mi bien que el León, que este alboroto ha causado, solo ha sido imaginado, del Rey ha sido invención. Para decirme en secreto lo que impide su mujer, mira lo que hemos de hacer, tu esposa soy, tu discreto. Llévame a donde gustares, que a seguirte estoy dispuesta, y en que es la verdad aquesta por tus ojos no repares. Mira que es amante y Rey, y podrá cuando intentare, sin que advierta ni repare en ti, eso no es justa ley. Válgame Dios, que esto pasa, a eso se ha reducido aquel favor tan crecido de llevaros a su casa. Y declarose con vos? Con harta desenvoltura, mas tuve grande ventura, que envió a Mauricio Dios a tiempo bien necesario. Pienso que aunque no llegara, que tu honestidad triunfara de otro más fuerte contrario. Qué respondistes. Aquello que la ocasión requería. Coral rojo parecía de enojo su rostro bello. Que le distes a sentir. Desdenes. Desengañose? quedó más firme? enojose? volveraos a persuadir? Como se fue. Porque yo le espanté con que renía la Reina. Por vida mía, decí en que se resolvio. En estar más obstinado, mucho en su abstinencia dudo, Bien desengañarle pudo Rosarda un desdén honrado, si hablarades con valor y ánimo determinado, quedara desengañado, reconociera su error. No es justo me persuada lo que me dais a entender, porque a ninguna mujer le pesa de ser amada. Quién duda que agradecida estáis a naturaleza, porque os crió con belleza para ser de un Rey querida. Bien se paga de esa suerte la fineza de mi fe; famoso premio saqué, ingrato Arnesto en quererte. Responde Mauricio aquí, di lo que has visto y oído, pues tan buen testigo has sido, saca la causa por mí. Y si por ser singular testigo, no hiciere fe, muchos testigos daré, pues que me he de acreditar. Montes, jarales, desiertos hablad en mi abono ya, que ni fe es tal, que dará lengua avuestros cuerpos muertos, Jesús, así os alteráis, no lo dije yo por tanto, de esa discreción me espanto, perlas tantas no virtáis. Esto has hecho, vive Dios, que es desagradecimiento, y que con un pensamiento nos ofendes a los dos. Pues sin duda ha procedido, con tan heroico valor, que dudo yo que haya honor en mujer mejor nacido. Que quieres, yo me confieso en esto desconfiado, del Sol mil veces he estado celoso a perder el seso. Ponte encima de esa peña en tanto que aquí sosiego, y si viene gente, luego hazme Mauricio una seña. Dices bien, yo parto al punto. A mí querida Rosarda, tanto un enojo se guarda, advertid que estoy difunto. Mi bien en verás hablemos, que no cuesta tan barato este venturoso rato, para que le mal logremos. Puedo dejar de sentir tal sin razón? Grande ha sido, pero estoy arrepentido; a esto os podéis persuadir. Tiéneme muy ofendida ver poner duda en mi honor. Aquí me vuelve el amor, de un cabello el alma asida, Mas por el Cielo sagrado. que no es malo mi recelo, no es Arnesto, matarelo, engañome su criado. Para comprar la ocasión de que ya su dueño goza; a cuanto un traidor reboza en un cauto corazón. Mi pensamiento maldigo si a ofenderos se alargó, o me he de castigar yo, o vos me dad el castigo. De tudillas os suplico me le deis luego, o licencia, para que en vuestra presencia os vengue como público. Quisiera eso concederte, pero soy muy piadosa, porque me tienes quejosa, y en puntos de aborrecerte. Levanta. Dadme primero rigurosa penitencia. La que te da mi clemencia son mis brazos. Esos quiero. Que tengo más que esperar, la mano le dio, y los brazos hacen a sus cuellos lazos; en ellos le he de matar. Ay de mí. Muera el traidor. Oh suceso riguroso? porque me has muerto a mi esposo: que me persigues Señor? Por dar con una herida muerte a tu gusto, y mi agravio. Qué tigre fiero, homicida dio nutrimento a tu labio, que así le imita tu vida. Cuál su hijo has heredado sus vengativas entrañas, para conservar tu estado con muy heroicas hazañas a reinar has comenzado. Sin duda que son honradas, haraste eterno con ellas, pues las más aventajadas, son solicitar doncellas, y hacer viudas las casadas. Mi marido es el que hiriste por la espalda; hazaña rara, por honrado le tuviste, supuesto que cara a cara a herirle no te atreviste. Y si no fue cobardía, sería, y bien lo sospecho, temer que te obligaria, mirar muchas que en su pecho, por ti recibido había. Mas la causa verdadera de darle contra las dadas esta nueva herida fiera, fue porque entre las honradas esta infame no cupiera. Bastantemente has triunfado de mi suerte, déjame, o acaba lo comenzado, que no has de hallar en mi fe portillo desmantelado. Si he sido hasta aquí constante a tu pretensión, advierte, que ya soy bronce, o diamante, y si hay sujeto más fuerte, seré yo su semejante. Con sangre decir he oído, que el diamante se enternece, pero con la que has vertido, mi dureza prevalece, y estás más aborrecido. Quítate pues de delante, que estoy transformada en furia, Pues ves tu vida abrazada y ánimo precipitante, y querré vengar mi injuria con satisfacción bastante. Mira que el valor de Arnesto, en mí que su esposa he sido, contra tu infamia está puesto, y mirándose ofendido, a vengarse está dispuesto. Con proceder más discreto, vuestro lenguaje atrevido se modere, que en efecto, aunque vuestro amante he sido, soy digno de más respeto. A un hombre que ha profanado mi Palacio, castigué; y estoy harto reportado, pues no castigo a quien fue, cómplice de su pecado. A mi Rosarda querida, y al Rey descubrir no puedo, defienda una, y otra vida el Cielo, que un justo miedo la mía tiene oprimida. Pero si no me he engañado, y hacia allí la vista aplico, al uno, y otro he hallado. Rey, y Señor? Federico, a muy buen tiempo has llegado, El día que me entregaste tu hija, depositaste en mí todo su valor; y así a mirar por su honor, desde entonces me obligaste. Hoy pretendí ejercitarme en lo que toca este oficio, y vine a verificarme de la verdad de un indicio, y fue bastante a inquietarme. de un hombre a quien di la muerte; la causa está averiguada, solo está tu buena suerte, en que está por mi vengada. Aquí mi oficio acabó Duque amigo, porque no sabré guardar a Rosarda; porque si ella no se guarda, mal sabré guardarla yo. Tiene mucha libertad para ser doncella tierna, quizá la severidad, y la corrección paterna, tendrá más autoridad. Llevarla a tu casa intenta, y si aumenta otra afrenta a la pasada, no es mía, porque desde aqueste día ha de correr, por tu cuenta. Señor, señor, qué es aquesto? Fuese? Qué rigor de estrella? Que Planeta contrapuesto, mi antiguo honor atropella con daño tan manifiesto? Hija, por mi mala suerte, engendrada en triste punto; a mis razones advierte, si ya no es que en si el Difunto te transforma, y te convierte. En lo que digo repara, vuelve, levanta la cara, pero no, mejor estás, que levantando la harás tu culpa mucho más clara. No te vea el rostro yo, ya que tu lengua acertó a estar este rato muda, que me consuela la duda, de si eres Rosarda, o no. Padre y señor, qué te espanta? Cómo puede tu garganta tal razón articular. Yo tu padre? Si he de hablar, verás mi culpa no tanta, este que me ves llorar era tu yerno y mi esposo. Esto te puedo escuchar? Que padre hay tan piadoso, que se pueda reportar. Quién vio tal atrevimiento? Tú sin mi orden casada? Como no tomo descuento de tu liviandad. En nada erré en este casamiento. Porque en el busqué tu igual, que es cuanto tu paternal diligencia hacer pudiera, y busqué quien resistiera un apetito Real. Y para evidencia clara, de que lo que digo es cierto, en lo que miras repara, que a caso fueras el muerto, si fueras quien me guardara, Este Rey, este traidor; que tan grande defensor de tu honor se ha publicado, si es que algún honor te ha dado, fue por quitarte el honor. Con honrada hipocresía te canoniza señor su alevosa tiranía, calisicando su error a costa de la honra mía. Aunque mi disculpa es buena, no me prevengas perdón, porque de pidirle, ajena estoy en esta ocasión, porque es gloria en mí la pena. Ya la vida no codicio muerto mi esposo, y señor, y así me haréis beneficio, si en aras de vuestro honor hacéis de mi sacrificio. Quién más confuso se vio, entre el honor y amor puesto, que he venido a verme yo, sagrados Cielos, qué es esto, quien contra mí os incitó. El Rey mi honor vitupera, creérelo de su valor? Sí, porque no es la primera hazaña que emprende amor, que las leyes adultera. Culparé el atrevimiento de Rosarda? Bien merece un ejemplar escarmiento, pero disculpa merece ser su igual el casamiento. Pero como he disculpado tan presto su inobediencia, pues en haberse casado, sin mi paternal licencia, mi respeto ha profanado. Mas si vio solicitarse de los deseos Reales en que pudiera abrasarse; de dos daños que son tales, no ha sido el mayor casarse. Mas ay que inútil desuelo cuando ya miro cerradas las puertas a mi consuelo, o canas un tiempo honradas, y ya holladas por el suelo. Dónde el rostro volveré? Que dirá el vulgo atrevido, si esta mano honrosa, que: mas es Rey quien me ha ofendido, y una hija que engendré. No quiero el rostro volver a la causa de mi afrenta, mi vida quiero ofrecer a la fiera más hambrienta que me quiera acometer. Padre, a padre, así te alejas; tanto ofenden mis razones tus paternales orejas, a dejarme te dispones, padre con quien te aconsejas. Pero ve donde quisieres, y para siempre no esperes oír mi nombre jamás, y si le oyeres, oiras un ejemplo de mujeres. Dar pretendo sepultura al cuerpo de quien soy alma, que pues mi triste ventura me deja viva, la palma de martir darme procura. Aquí me falta instrumento para conseguir mi intento, más pastores hay aquí, que se dolerán de mí; si mi desdicha les cuento. Acudiré a su majada; para que me den ayuda en mi suerte desdichada, que ya comienzo a ser viuda presto, y desamparada. Con interes no menor, que de la sangre que vierto, he querido quedar cierto del retorno de mi amor. Con ocasión de la herida; luego que al Rey conocí; al primer golpe fingí, que me privó de la vida. Y aunque mi vertida sangre es quien mi bien asegura, y tengo a mucha ventura; supuesto que me desangre. Oh mujer la más constante, que celebra humana historia, y por dueño de tu gloria, o más dichoso tu amante. Como abstenerme he podido viéndote tan afligida, de no darte de mi vida la parte que has merecido. Como partirte dejé con tan lumo desconsuelo, pero ya, remediarelo, y tus pasos seguiré. Mas ay que lo intento en vano, que si la sangre es la vida, si esta tengo ya vertida, que estoy sin vida es muy llano. Un desmayo me acouarda, y me hiela el corazón; yo muero en resolución dichoso en ser por Rosarda. Por ti muero, y muy contento mi vida te sacrifico, viendo cuan bien la dedico a tu gran merecimiento. Ven, tus pasos apresura antes que el alma se éxale, dárete el último vale, y tú a mí la sepultura. Síguele Batilo, corre, porque si llega a la peña, sin duda que se despeña si el Cielo no le socorre. Pardiez muésamo cayó; que remedio tiene ya. Bajar por él. Arte allá, parile por dicha yo. Si quiso el novillo tonto esquillotarse en volar, yo no lo he de remediar, que en volar no so muy pronto. Necio, sin peligro grande puedes por aquí bajar. Escomiénzame a guiar. Anda tú. Noso amo hande. Anda que yo voy tras ti. Muy mejor fuera delante. Baja, que no es importante, basta mirarte de aquí. Y sus ojos me podrán agarrar cuando cayere. Cuando tal se sucediere, por lo menos te verán bajar. Y con miedo harto. Tente bien. Aqueso pido, ay, ay, ay, que me ha mordido de aquesta mano un lagarto. Lagarto? No sino el Alba, que anda en aquestos peñascos; no tuviera yo mis cascos más seguros en ver Alba? Estás abajo? Señor, si estoy, pero así yo viva, que me estuviera allá riba sin duda mucho mejor. Que hay Batilo. Con un muerto por lo menos he topado, sino es que se ha quillotado en hombre el novillo. Es cierto? Acabe ya de bajar, que tengo un poco de miedo, Ya estoy acá. Pise quedo, que le podrá recordar, y simos siente pardiobre, que mos tiene de mamar. Quién le pudo aquí matar, talle tiene de hombre noble, traidor fue el que le mató, pues por la espalda le hería. Y que sabéis vos si huía cuando el otro le pegó. Bien dices, pero acortemos razones, y ten de ahí. Para que. Porque de aquí a Miralva le llevemos, para tratar de enterrarle. Antes os aconsejara muésamo, que se quedara en este profundo valle, que parece Cortesano, y viendomos le llevar, mos podrían achacar suceso tan inhumano. No soy yo Batilo, Alcaide, y está mi jurisdicción. Es verdad, tenéis razón, cargad con él, sus llevadle. Alza pues Batilo tú. Oh, pues si yo Alcaide huera, a llevarle me atrebiera; andad, dadle a Belcebú, que aquí en este desierto le podemos soterrar: es barro ir de aquí al lugar a pie, y a cuestas un muerto? No hayas miedo que se asconda esta caridad a Dios. Con quemos diese a los dos por ello la gloria bonda; hora bien, tené de ahí, quiera Dios que bien suceda. Que puede haber que nos pueda hija Rosarda, hija, hola, dañar en aquesto, di, no miras que se interesa gran premio para los dos? Es verdad, mas vive Dios, que como de promo pesa. pa. . Todo el monte he discurrido, y a mi dueño no he hallado, por Dios que me da cuidado, que podrá haber sucedido. Luego que de él me partí al lugar que me ordenó, un corcillo me obligó a que me fuese de allí. Que acosado de los perros, más veloz que el pensamiento, dejó atrás en un momento los más empinados cerros. Quise el alcance seguir de la veloz montería, hicelo, y en todo el día no los pude descubrir. Halleme en esta espesura de tal manera perdido, que el haber aquí venido ha sido mucha ventura. O que mala cuenta he dado de lo que me mandó Arnesto, quiera Dios que pare en esto, que tengo un grande cuidado, No se que desabrimiento inquieta mi corazón, esto no es sin ocasión, de algo nace el fundamento. El Duque es este que viene, y algo desasosegado, no es en vano mi cuidado, oculto misterio tiene. Mal hice en dejalla sola, sin duda hauré de morir, Señor. Mauricio? De qué nace Señor tu cuidado, Has por ventura encontrado a Rosarda? Qué diré; no conviene que le diga, que la dejé con Arnesto. Hasla visto, dilo presto. Aquí el secreto me obliga: yo no la he visto Señor. Ni a Arnesto? Algo has sabido; de mi descuido ha nacido. Oh que grande fue mi error, que me fuese del lugar donde ponerme inandó. Haslo visto, dilo. No. Eso te hiua a preguntar, porque le busco también. Su desgracia no has sabido? Ay de mí, que ha sucedido? Hanle muerto. Muerto? Quién. Decidme Señor por Dios suceso tan desgraciado: sin duda los ha encontrado el Rey juntos a los dos. Causa de su muerte fui, a mi descuido maldigo, el Cielo me dé el castigo; yo soy quien muerte le di. Oh Corcillo, algún Demonio tu ser sin duda tomó, pues de lo que sucedio da el efecto testimonio. Oh suceso peregrino, mucho mi muerte se tarda. Ven, busquemos a Rosarda, dirételo en el camino. Sin tan malas prevenciones os podréis fiar de mí. Octavio, sin que te abones, supe lo que tengo en ti de mayores ocasiones. No por dudar de tu se de este modo te prevengo, y si en esto te agravié, también yo a agraviar me vengo, pues de mí mismo dudé. Por experiencia he hallado, que el secreto es como el viento, no puede estar encerrado, porque es tenerle viento, no siendo comunicado. Esto la historia mostró del Bárbero del Rey Midas, a quien le comunico las orejas a escondidas, que Apolo de aso le dio. Que como tan admirable secreto reconociese, le daba pena notable ver que este secreto fuese en el incomunicable. El alma se le afligia por desfogar su pasión, pero como le abstenía la Real obligación; que su secreto tenía. Dio en un arbitrio extremado, y fue, que a un campo salió, y en un lugar apartado, un hoyo en el suelo abrió, en quien el rostro aplicado; Midas tiene, le decía orejas de aso, y cerró el hoyo que abierto había, y con eso desfogó la pasión que le oprimia. Hoy también he confiado mi secreto de tu pecho. A mucho quedo obligado, pero quedad satisfecho, que al olvido lo habéis dado. Y aunque esta selva Señor solo cañas frutifiquen, confío de mi valor, no aura cañas que publiquen, que fui a mi Rey traidor. Ya de todo mi suceso te he dado bastante parte. Obligado me confieso; mas si he de desengañarte, por Dios que fue grande exceso. Y quiéro te confesar, que del desgraciado Arnesto, la muerte me da pesar. Que fue error manifiesto, mas que puedo remediar. A lo que presente queda; luego remedio apliquemos, que me temo que suceda de Rosarda, y sus extremos algo que a locura exceda. Dónde quedó. Con el muerto, y con su padre, conviene dar vuelta a todo el desierto, que es tanto el furor que tiene, que temo no se haya muerto. Si el Duque con ella está, nada tienes que temer. Camina al punto hacia allá, que es en efecto mujer, y cualquier flaqueza hará. A servirte parto. Parte, ya es tocar a recoger, que he de hacer para obligarte, ya ingrata y libre mujer, si amor no puede ser parte, Todo pasa Mauricio de esta suerte, Arnesto murió ya. Triste suceso, como permite Dios siendo tan justo; tan inormes delictos en el mundo. El Duque sin Rosarda, qué es aquesto? Estremécese el alma imaginando en alguna desgracia. Duque, a Duque. Poderoso Señor. Oye aquí a parte. Mirando atentamente en el suceso, que hoy nos ha sucedido, he reparado, que conviene a tu honor, que de secreto, por muerto quede Arnesto, sin saberse la causa de su muerte, y cuando mucho, a este criado suyo le podremos culpar del homicidio, que una honra de tan grande valor como la tuya, es de más importancia en mi República, que la de un escudero humilde y bajo, Di mentira, sacarás verdad. y continue el servicio de la Reina Rosarda, no se innove nada en esto. Beso tus pies Señor por las mercedes, que me ofrece tu pecho generoso, honra a costa de nadie, no la quiero, antes con tu licencia me querría retirar a mis tierras, que la Corte, el pago que acostumbra me ha ofrecido. Y en cuanto lo que mandas que mi hija a tu Palacio vuelva, no soy parte, que en todos estos montes no parece, con tanta furia mi desdicha crece. Será cruel, porque la habrás tu muerto. yo no te la entregué, pues dame cuenta de Rosarda, so pena de la vida. Llevado de pasión la dejé sola; repórteme, y volviendo al puesto mismo a donde la dejé, ni ella, ni el muerto, mi buena diligencia ha descubierto. Rey soy, no he de sufrir, ni el Cielo quiera, tan grandes desafueros se permitan, Clorinarda de mí está recelosa; si ahora no parece, se confirman sus inciertas sospechas, quien lo duda, búscala Duque al punto, y no me veas, sin ella, si mi gusto hacer deseas. Hablemos claro Rey, hablemos claro, no hay cosa tan oculta en este mundo, que la santa verdad no la revele: esta medio noticia de la causa, de la muerte de Arnesto desdichada; ya se que no mi honor, si no los celos, a crueldad tan grande os incitaron. Yo no he muerto a mi hija, porque fuera injusticia el castigo en su inocencia, si era Arnesto su esposo, el beneplacito mío les precedio a sus voluntades. Pues como tú tuviste atrevimiento de hacer sin orden mía el casamiento, no estaba por mi cuenta el remediarla desde el punto en que entró a servir la Reina? De Lope de Vega Carpio. basta, dala, no más, lo dicho, dicho, aquí estás tu Mauricio, tú no fuiste el que me dio la nueva, que la Reina a buscar me venía, cuando estaba hablando con Rosarda? Yo lo dije, porque su Alteza con ligero paso venía a mis espaldas. Ya lo entiendo; ocasión se me ofrece en que me pagues la causa de las penas que padezco, con precio no menor que de la vida, ay dulce prenda, por mi mal perdida. , y si huy desatacado Este es el lugar a donde hallé el difunto tendido. Desdicha notable ha sido, gran maldad aquí se esconde, darle a traición, fue malicia. Es sin duda, que fue así. Alcaide, gente hay allí, escomience a hacer justicia. Llega, y pregunta quien va. Eso es ser záguil. Pues no? Alto, en nombre de Dios vo; a ellos digo, quien va allá. Que buscáis. Par Dios no sé, un hombre a quien justiciar, sino es yerro el pescudar, es a caso su merce? Mirad que es la Majestad del Rey, el que estáis hablando. Dejadle. Ya esto tembrando perdone su santidad, ante su esquilencia Real Levantaos, no hayáis temor, Qué buscáis? Nada alfe mía; sepa su fisolofía que yo so un pobre pastor, y que la culpa no tengo de ser cáguil, como ve, que le juro en buena fe que de gente honrada vengo, son que por idio mi amo, Dios es Dios, que había de ello, y al fin se salió con ello, que yo Batillo me llamo. Con el Rey emos topado, de todo noticia dadle. Es aquel hombre el Alcaide de Miralva? A su mandado. Pues qué buscáis por aquí con tan grande prevención. Venganza de una traición, la mayor que jamás vi. Traición, pues qué ha sucedido? Hallé en aqueste desierto haurá un hora, un hombre muerto por D por una espalda herido. Llevele al punto al lugar que muy cerca está de aquí donde sepulcro le di, y vuelvo aquí a averiguar quien es el traidor que ha hecho desastre tan inhumano. Y sabéis quién fue? Es en vano, supuesto que lo sospecho. Por qué? Por hallarme falto en el caso de provanza, que lo que tengo no alcanza porque se me va por alto. Si yo en mi jurisdición, yo señor le comprendiera prometo os que no pidiera al Papa la absolverón. Parece que este villano en la frente me ha leido. el delicto cometido aunque es pensamiento vano. O es que mí mala conciencia. con apariencia confusa dentro del alma me acusa la rigurosa violencia, Sin duda que Arnesto dijo, verdad en su relación, porque de la suspensión que tiene el Rey, lo colijo. Desgraciado fue el suceso. Y digno de un gran rigor, y sabed que al agresor del delicto tengo preso. Con gran descuido vivís, en vuestra jurisdición se cómete una traición, y tan despacio venís a averiguar el delicto? Bien mi justicia se amparas tarás verdad. pareceos si no me hallara hoy en aqueste distrito? Quizá que no sucediera el delicto sucedido si su Majestad venido hoy a estos montes no hubiera. Que es propio de la malicia hallar más comodidad de ejecutar su maldad allí donde hay más justicia. Y lo que es mucho peor que a veces suele ser capa con que ella misma se tapa. Mucho aprieta el labrador. Ahora digo que este ha sido. quien le dio muerte cruel, que indicios de que lo es él, bastantes hemos tenido. Atormentadle al momento porque el delicto confiese. Dudo Mauricio tupiese tan cruel y torpe intento. Si mi humildad permitiera acreditar mi opinión, sin tormento a esta ocasión harto confesar pudiera. Soy un humílde escudero, tengo contrario terrible, excusarme es imposible del martirio que ya espero. Aplica a tu real pecho la mano en esta ocasión, y sin más información sabrás quien el daño ha hecho. Quieres decir que he sabido quién a Arnesto dio la muerte? Por eso mandé prenderte Pues que me escuches te pido y el tormento excusaré si es para que verdad diga, pues el mucho amor me obliga con con que a mi dueño estimé, Entre los que están aquí, hay algún testigo, y tal que lo ha sido instrumental de lo que no cometí. Ese testigo que citas es quien te condenará. Si le has conocido ya porque señor le acreditas? Crease, o no mi lealtad, lo que le pienso decir, que pues que voy a morir es fuerza decir verdad. En fin sabes quien ha muerto a Arnesto? Muy bien lo sé, señas notorias daré del autor del desconcierto. Por esa culpa estas preso, y que morirás es llano. Pues asentad Escribano, y dad fe de que confieso que dio muerte a mi señor un tirano, un alevoso, que en fe de qué es poderoso! canoniza el ser traidor. Llevadle al punto, llevadle: hay semejante insolencia, quitadle de mi presencia, Alcalde, al punto colgadle. Fuiste tú quién dio la muerte? Ay atrevimiento igual, a un Rey le pregunta tal. Pues repórtate, y advierte que estoy puesto en el tormento, y voy verdades diciendo. Como que estoy permitiendo, tan notable atrevimiento. Hombre, quien te dio esa vara; esto es justicia, esto es ley, como permites que al Rey Vega Carpio. esto se diga en la cara. Colgadle al punto de un pino queréis irritarme así, para que ejerute aquí un hecho, a quien soy indigno. Alto pues, vamos de aquí: en este agravio te cito ante aquel Juez infinito donde volveré por mí. Para mi provado llevo del delicto el agresor, aunque hacer a un Rey traidor es caso bien grave y nuevo, Así pagaras tu engaño y la burla que me hiciste, por quien ocasión me diste al irreparable, daño. Oh Reino, sin venturoso, de esto temo, y con razón, pues que los principios son deseos de un Rey vicioso. Tan fácil sois en dejarme, señor, que caza es aquesta, ordenose aquesta fiesta para alegrarme, o matarme. Oh señora, la ocasión en esto fue accidental, quien a tan fiero animal hiciera contradicción? Ingeniosa fue la traza para ausentaros de mí. No os entiendo. Pues yo sí, entendí bien vuestra caza, habéis hecho presa alguna de vuestro gusto esta tarde? Mi bien, así el cielo os guarde, que no se ofreció ninguna. No, pues dijéronme a mí que una Corcilla siguistes, y que un alcance la distes. Yo Corcilla? Señor sí. Desde que el fiero León allí nos sobresaltó todo mal me sucedio, todo ha sido confusión. El tiempo no me ayudó, y aunque para la alcanzar pudiera tener lugar, ventura me lo negó. Pues siendo aquesta espesura sitio tan acomodado, para cazarla ha faltado, tiempo, lugar, y ventura? Mal señora sospecháis de mi amor fincero y raro, y advertid que me declaro porque vos os declaráis. Pues qué me habéis entendido a certifícaros vengo, que la sospecha que tengo muchos hay que la han tenido. En materia de juzgar de pensamientos ajenos, veréis mil juicios buenos para solo sospechar. Todos dirán que han oído ser público lo que afirman, y en fe de esto lo confirman, pero pocos que han sabido. Nadie sospecha señor sin algún notorio indicio, la sospecha en mí no es vicio, que es vigilante mi amor. Corta fue vuestra ventura, ya que a ello os dispusisteis, si es así que no pudisteis gozar de la coyuntura. Mucho señora apretaya la dificultad en esto, y en el tiempo que dispuesto a un gran disgusto me halláis. Cómo así? Habemos hallado muerto a Arnesto, y es de suerte, que me ha dejado su muerte e bien confuso cuidado. Sábese quien le mató por ventura? Por indicio mandé prender a Mauricio. Vuestra Alteza se engañó, no me puedo persuadir que el hiciese tal traición. Pues quién. Aquese León que a todos nos hizo huir por quitarle alguna presa, que el quiza pretendería. Prometo os por vida mía que de su muerte me pesa, también Rosarda me falta, y me temo que la fiera escondérmela no quiera entre esa montaña alta. No, quiza la habrá escondido del alboroto el temor. No se alborota señor quien está ya prevenido. Que es estohonor; bueno anday ya es tan pública mi afrenta? Fedérico, buena cuenta de vu estra hija nos dais. Si corriera por la mía, quiza la diera mejor a vos, al mundo, y mi honor, mas con vos Reina venía. Huélgome que me entendáis Respondo a lo que decís, yo no se lo que sentís, si metaforas habláis. En vano volví al lugar donde a mi esposo dejé, pues le han llevado, y no se donde le podré hallar. Temo de mi desuentura que alguna fiera guió, y en sus entrañas le dio la funebre sepultura. Pero pues mi triste suerte de su vista me ha privado, ir a buscarle he trazado en la puerta de mi muerte. Un hecho heroico me llama para ganar nombre eterno, y así aunque con brazo tierno le tengo de hacer de fama. Al Rey tengo de matar para incitar de esta suerte a que luego me den muerte en este mismo lugar. Aquí el cielo me ha ofrecido la ocasión que más deseo, pues a mi enemigo veo, muere falso fementido. Ay de mí, muerto me han. Muera la fiera, matadla, de un venablo atravesadla. Aí mis glorias están. Es Rosarda? caso fiero. Aquesto he llegado a ver? Por qué me has muerto mujer? cordel tiene, y yo garganta. Solo porque morir quiero. No fue mi sospecha vana. No la matéis, aguardad. Para que es tanta piedad con una fiera inhumana. Llevadla presa a la Corte, prended al Duque también. Eso está mandado bien, haz que el cuello se nos corte. Hermosa engendré a Rosarda, que ya es Elena de Ungría: matadme, que culpa es mía que Ungría se abrase y arda. No hay para que me prender, matadme al punto, eso pido, que he vengado a mi marido, y no tengo más que hacer. Que miráis, que os suspendéis, viose mayor ceguedad: yo maté a su Majestad, tantos vasallos que hacéis? Reina pues ves que no huyó el castigo riguroso: Pues que vengué a mi esposo, porque no vengas el tuyo? Matadla. Nadie la ofenda, vamos que estoy peligroso. Que mi enemigo forzoso así mi vida defienda? Pues advertid, que si tanta piedad usais con mi suerte, que en su oficina la muerte Por qué me has muerto mujer? cordel tiene, y yo garganta.

JORNADA SEGUNDA

ACTO SEGUNDO DE DI MENTIRA SACARA S UERDAD. Cómo te sientes? Mejor, mediante el regalo amigo que me has hecho. Grande error es usar para conmigo de cumplimientos señor, solo temo por tu vida que has errado en levantarte. No hay cosa que me lo impida. Sí, pero puede dañarte estando fresca la herida. Fresca está, pero cerrada. Con todo fue atrevimiento estando tan delicada. La que está en el alma siento, que la del cuerpo no es nada. No es llaga más rigurosa el saber que está a la muerte ya tan cercana mi esposa? Si es posible te divierte, hablemos en otra cosa; no quisiera haberte dado cuenta de nada, Valerio, el corazón que alterado estaba, no fue misterio, me lo había rebelado. Tiene alguna obligación a mi amor tu pecho hidalgo? Muchas las que tiene son, pues reconozco que valgo lo que soy por tu afición. Si bien desde que me hallaste, y del desmayo torné, los trabajos que pasaste por encubrirme, y bien se cuan bien al Rey deslumbraste. Diciéndole que enterrado en Miralba me dejabas; se el secreto que has guardado, se que aún ahora no acabas de excusarte de mi ensado. Se también que no hay descuento que te satisfaga aquí; mas se también de mi intento, que aunque el caudal falta en mí, no falta el conocimiento. Pero para que me pides mis obligaciones? Quiero si con mi amistad las mides, que ese pensamiento fiero en pago de ellas olvides. Si ya de mi vengadora está la muerte inhumana, como me dijiste ahora, oh Valerio, tan cercana; con razón el alma llora. Aunque es peligro evidente por ser las causas bastantes, advierte como prudente, que los agravios de amantes se perdonan fácilmente. Confiemos en el cielo, que así tendrá fin dichoso muy presto tu desconsuelo. Por cámino peligroso encáminas mi consuelo. No quiero dar a entender. que aunque obligada se vea ella, te podrá ofender. Eso quieres que no crea, no es en efecto mujer? La tierra que daba espinas; Valerio cuando la labras, no te ofrece clavellinas? pues con obras las palabras hacen más si lo imaginas. Una mujer obligada con la potestad real, o es muy necia, o muy honrada, si por parecer leal el cuello rinde a una espada. No será notorio error pretender yo en este punto el nombre de vencedor teniéndole de difunto, cuando el Rey de vengador. Juzgábate yo por sabio: Como que tu presunción haga semejante agravio a la mayor perfeción que cupo en humano lavio. La que por darte venganza se vio a riesgo de ser muerta, este pago de ti alcanza. Temo por ser cosa cierta en la mujer la mudanza, no hay quien mi pasión impida. Su padre con ella está, de quien será defendida. También el vivir querrá que es muy preciosa la vida. En fin decís que al Castillo de Miralva los trajeron. Así acaban de decirlo dos labradores que vieron traerlos. Tiemblo de oirlo. Has sabido la ocasión de haberlos traido aquí? Para mi premisas son, que quiere el Rey por ahí, aligerar tu prisión. Y como dicen que está de la herida recibida. Sin ningún peligro ya, que fue pequeña la herida según dicen por acá. Pues el Duque en que ha pecado, porque le prende? Es notorio, que por haber publicado que él a vuestro desposorio consentimiento había dado. Eso como puede ser siendo el caso tan secreto, que no lo pudo saber el viento mismo. En efecto esto dicen desde ayer. Valerio, aunque me dijiste que por culpado en mi muerte un hombre preso trajiste; nunca de ninguna suerte su nombre me descubriste. Tu sufrimiento no obliga esto Arnesto me acouarda para que nada te diga. Como no toque en Rosarda, ningún pesar me fatiga, di quién es? Determinado estaba, de no decirte cosa ninguna, mirado que no puedo reducirte del sentimiento pasado. Dime quién es, así vivas, y otro mayor beneficio a mi dolor no apercibas. Es tu criado Mauricio, ninguna pena recibas. A nuevo furor me incito, pues quien lo pudo culpar siendo su amor infinito. Quiso con esto tapar el Rey su grave delicto. Y está preso toda via? A no temer disgustarte el suceso te diría. Dímelo. Has de reportarte. Harelo por vida mizo El Rey le mandó llevar a la Corte, en conclusión se comienza a murmurar que le han muerto en la prisión sin oírle disculpar. Con eso encubrir procura de sus celos el exceso, mucho su vida apresura, que he sentido te confieso semejante desuentura. Quieres hacerme un placer? Qué te he negado jamás? A Rosarda quiero ver, licencia no me darás. Cómo lo piensas hacer? Con el traje en que me has puesto, solo supo un pajecillo y con la industria que amor me ha de saber dar. Arnesto, peligro es grande. A mayor hazaña estoy ya dispuesto. Mayor fue, si do has sabido la que Leandro emprendió, yendo a Sesto desde Hvido, y a lo que se dé mí, yo no fue su amor más crecido. Algún medio hemos de dar para hallar el bien que sigo, que él no me vendrá a buscar, y quien no comienza amigo, cómo tiene de acabar? He de estarme siempre aquí? Escribe un papel, que yo haré que sepa de ti dentro de dos horas. No creo que se acierta así, de mi industria lo confía, y quédate amigo, adiós. Él vaya en tu compañía, quieres que vamos los dos? Estimo tu cortesía, no seré tan temerario que a peligro me aventure donde seas necesario. Dios esa vida asegure y libre de tu contrario. Señor en este Castillo? Ya de vuestra discreción con razón me maravillo. Esta determinación de mis secretos tercero que me acompañó hasta aquí. Mas culpa poneros quiero de que os confeséis así de juicio tan ligero, pues levantado de ayer en camino os ponéis hoy. Nada me puede ofender que ya de la herida estoy sin peligro que temer; demás que es corta jornada desde la Corte hasta aquí. Sí, mas no estando cerrada? Ya digo, que aunque es así, no está peligrosa nada. Si os echan menos? . Supuesto que la jornada es tan corta no ha de suceder tan presto, y si sucede, no importa, que ya a todo estoy dispuesto. Ya vine; y no iré de aquí sin que como César diga, que vine, vencí, y volví. Tanto este amor os obliga? Tanto pues me trata así. A quien la muerte me ofrece la vida ofrezco, y es poco, Justino; que te parece. Que cuando el amor da en loco hasta con agravios crece, pero pero hablarla es por demás, presupuesto que su lado, no deja el Padre jamás. En poco has dificultado, tu propio el medio serás. De qué suerte? . Este aposento, que cerca del suyo está, me encubrirá, y al momento, al cabo mi industria va. Señor dese pensamiento por fuerza he de obedecer, mas los dos salen aquí, id os señor a esconder. Amor, qué quieres de mí? No te acabo de entender. A que desdicha mayor puede venir nuestra suerte considerado en rigor, que a ser el de nuestra muerte hoy el cuidado menor. Si uno no siente su muerte; o arguye mucho valor, o imaginar le divierte, que es la muerte del honor, sin comparación más fuerte. Querer el Rey obligarme con el perdón de su ofensa, no es perdón, es condenarme Rosarda a una afrenta inmensa, de que no podré excusarme. Solo te quiero encargar no des en agradecer, porque el venirse a infamar, es Rosarda en la mujer, el permitirse obligar. Ahora me he persuadido, que sois mi Padre Señor; porque habiendo conferido el mío, y vuestro valor, hallo que se han parecido. Vuestra intención con la mía vienen a parar a un punto, de donde resultaría, que de ver a mi Difunto Esposo, llegase el día. Será premio, y no castigo, cuando dándome la muerte, me enviase mi enemigo a ver a mi Esposo. . Advierte, que estás hablando conmigo. No porque yo temeroso de la mancha de tu honor publique que era tu Esposo Arnesto, tan grave error, llevar delante es forzoso. No niego yo que fue Arnesto en la calidad tu igual; más faltó junto con esto mi permisión paternal, y así allí faltó lo honesto. Adviértote desde aquí, que no le des ese nombre, porque me ofendes a mí. Perdona, que aunque te asombre, es fuerza nombrarle así. Si acabas de confesar nuestra igualdad tan sin duda, en que te puedo agraviar, confesándome yo viuda del que me pudo igualar. Por donde comenzaré; que cobarde es la traición, como al Duque apartaré de su hija. . Esta pasión, mil siglos conservaré. Que dé el Rey en persiguirle, no le obliga esta vez; mas pues ofrecí servirle, este rato al Ajedrez procuraré divertirle. Duque. Amigo. . Bien injusto epiteto me adjudicas. Qué se ofrece de tuigusto? A más andar multíplicas la ocasión de mi disgusto, muy melancólico estáis, no entretendremos un rato la tarde? . Si vos gustáis de ello, de serviros trato. Solo porque os divirtáis, gustaré de que juguemos, si da Rosarda licencia, al ajedrez. . Bien podremos. En buena correspondencia obedeceros debemos; y más siendo este favor de divertirle a mi padre el melancólico humor. No hay cosa que más me cuadre como es serle servidor. Siempre recibo merced, y si libertad poseo, que os he de servir creed. En el cielo y mi deseo vuestra esperanza poned. . Nuca toca la vozd un desdichado parca cruel, tu vigilante oído, y del tálamo apenas poseido dueño deseado. arrebar Talas la infamia con veloz cuidado, cultivas la vejez con tardo olvido, pisa un cetro Real tu pie atrevido dejando libre un pastóril cayado. Quiembasta a concertar estos extremos con quien el orden de razón diviertes en ofensa del mundo conocida, y la respuesta en mi desdicha vemos pues entre varios generos dmuertes matas al desdichado con la vida. En el cuerpo y alma herido vengo a buscar mi remedio, porque mi suerte ha querido que te dé mi vida el medio en la mano que me ha herido. Muy extremado es amor con todos los de su gremio, pues quiere con tal rigor que reputemos por premio un agravio y disfavor. De que habiéndome ofendido con tan grande sumisión a pediros he venido de vuestra culpa perdón podréis haberlo inferido. A vuestra disposición rindo el cuello muy contento, vengad vuestra indignación, castigad mi atrevimiento pues que no hay contradicción, Considerad vuestro empleo, mirad si se vio otra vez tal género de trofeo como mirar el Juez arrodillado ante el reo. Jesús, señor vos aquí? esta sin duda es traición: pues que visteis mi valor, que pretendéis ya de mí. Puédese compadecer en las leyes del honor, que deis al mundo a entender, que de vuestro Real valor triunfe una flaca mujer? Qué obstinación es ya esta no ha bastado el desengaño que a los dos tan caro cuesta: pues advertid que a otro daño mayor, me hallaréis dispuesta. Mirad que en razón muy suerte mi atrevimiento fundé; y que si no os di la muerte porque el golpe no acerté, podrá ser que aquí le acierte. Segunda vez os requiero excuséis estar conmigo, que en mi pasión persevero porque soy vuestro enemigo, y este el consejo primero. Que aún no os habéis persuadido, grande rigor? . No es muy grande, si con la razón le mido. Que el verme así no os ablande? Mas me habéis endurecido. Posible es que no teméis la muerte que puedo daros? Que mal en la cuenta dáis, antes procuro incitaros porque no la difiráis. Yo reverencio a mi esposo, que aunque difunto, presente le tengo. . Y fue tan dichoso, que aunque difunto y ausente tiene a su Rey envidioso. Mas pues los muertos amáis cual tierra trataros quiero. No se si en ello acertáis, que aunque tierra, dar no espero el fruto que deseáis. Podrá el fuego de mi amor talar los Cedros altivos de vuestro esquivo rigor, y cuantos vejetativos simbolicen disfavor. Como el Roble de dureza, Almendro de la inconstancia, la Zarza de la aspereza, la Palma de la jactancia, y Encina de la estereza. Quiza que habiendo arrasado al monte de las pasiones que esto rigor os ha dado produzgan mis pretensiones el fruto que he deseado. Producir como pensáis, es imposible que puedan si bien lo consideráis pues las raices se quedan de las plantas que taláis. Pues Rosarda concluid; una de dos ha de ser, o habéis de amar, o morir. Pues que me dais a escoger, la muerte vengo a elegir, con vuestro gusto me ajusto, porque de esta suerte espero ir a ver mi esposo justo. Pues ya que moráis, no quiero por no daros ese gusto. Vos haréis mi voluntad pues no hay aquí quien lo impida. Mire vuestra Majestad que estimo en poco la vida puesta con mi honestidad. No se fie en mi flaqueza, ni más valor me atribuya, que hay en mi naturaleza que no guardaré la suya por defender mi cabeza. Mujer soy determinada, y tengo ya en mi castigo, la esperanza situada, si se atreve, no me obligo, a que estaré reportada. Mi estuche tiene cuchillo con que cuando se me atreva procuraré resistirlo. No es la resistencia nueva en vos, no me maravillo. Pero si resuelta estáis, muramos juntos los dos. Será si no os reportáis, justicia venga de Dios, en tan mal Rey. . Mal habláis. Daré voces. . Es en vano. Padre. Señor. . No te alteres, Suéltame Rey, que al Romano Tarquino tanto prefieres, en alevoso y tirano. E2 Rosarda voces? . No es nada; oíd Duque lo que digo. Esta es traición declarada, suéltame fingido amigo, tu amistad es muy doblada. No te da mucho dolor, mirar en tan triste estado la calidad de mi honor? tú también te has conjurado contra tu amigo mayor. Señor, ya está vuestra herida en disposición tan buena, que os permite esta venida; ya desde hoy nuestra cadena sin duda queda rompida. Mas no se si esta visita a favor vuestro atribuya, porque el valor le limita, viendo que ofensa tan suya presta clemencia infinita. Que aunque es libre el delincuente, que ve la cara del Rey; en el negocio presente se entiende en mi aquesta ley en sentido diferente. A muerte me ha condenado vuestra vista en conclusión, que con las voces que ha dado Rosarda, en esta ocasión me la ha ya notificado. Yo no pretendo impetrar la apelación ante vos, que me la habéis de negar; para el Tribunal de Dios lo pretendo dilatar. Poca más ocasión dío al Conde Julian, Rodrigo, el Rey que a España perdió, deudos tengo, no me obligo, a pacificarlos yo. Y no presumáis de mí, que por faltarme valor no me satisfago aquí, que el ser mi Rey y Señor es quien me suspende así. Moderad pues la pasión, pues tanta pasión límito contra mi reputación, que no es bien que al apetito se sujete la razón. Y si no fuere posible que la llama mitiguéis de ese fuego inacesible, y a mis razones tenéis el corazón insensible. De rudillas os suplico, que antes que a la ejecución llegue el mal que pronostico, cortéis mi cuello. . Ocasión terrible, alzaos Federico. Ven Justino, que confieso, que me dejan confundido sus razones, y mi exceso. . A un mármol endurecido enternece tal suceso. . Así Señor me dejáis, y el hilo de mis razones con vuestra ausencia cortáis, sin duda en vuestras pasiones a rienda suelta voláis. Hija hoy he depositado en manos de tu valor el de mi padre heredado, defiende con él tu honor si mi ejemplo te ha obligado. La vida es perecedera, y la fama no perece, con discreción considera, que Corona no merece aquel que no persevera. Si mi determinación antes de ahora sabéis, ya tendréis satisfacción de lo que fiar podréis a mi honrosa estimación. Dispuesta estoy a morir antes que su gusto el Rey de mi venga a conseguir: esta del honor es ley, y no la he de divertir. Vamos hija a esperar el golpe de la fortuna. No hay señor que recelar, que en buena, o mala, ninguna fuerza me ha de contrastar. Ya del pleito de Rosarda tienes Octavio noticia. Y se lo mucho que tarda el rigor de la justicia que su atrevimiento aguarda. Yo no vengo a disputar la calidad del agravio, eso puedes excusar; y advertid atento Octavio lo que te quiero encargar. En este punto he venido de verla de Velmirar, y tan desgraciado he sido, que no he podido triunfar de su pecho endurecido. A solas con ella estuve, mas no escupe tan a priesa, rayos procelosa nuve, ni el Volcán en llama espesa mas acelerado sube. Que ella agravios de su boca contra mi amor disparó, pero aunque así me pronoca, con aquel fuego aumentó, el de aquesta pasión loca. Su padre a las voces vino, y con tan grave afección reprovó mi desatino, que me causó confusión, y no responder convino. Casi me determiné a desistir de mi intento, pero a penas lo intenté, cuando aqueste pensamiento por el primero troqué. En resolución, yo adoro de tal forma a esta mujer, que a estar bien a mi decoro la hubiera mandado hacer en público estatua de oro. Yo he de ver si mi porfía rinde su esquivo rigor, tanto, que de parte mía no haré prevención mayor en conservación de Ungría. He puesto en este papel la sentencia de su muerte, en lo público cruel, mas ha de ser de otra suerte, que lo que ordeno por él Aún burlando da pesar; no es posible que me cuadre, tú has de ir luego a Velmirar, y en presencia de su padre se la has de notificar. Sacarasla como mando con diez hombres solamente, y en medio del monte estando harás que toda la gente atras se vaya quedando. Irás tú solo con ella diciendo que es orden mía, y entregada al dueño de ella en la primer caseria que hallares, podrás ponerla. Publicando volverás que un verdugo le dio muerte; y en cuanto a lo demás podrás hacer de la suerte que más convenir verás. Ya estoy al cabo señor, no tenéis más que advertirme. Confío de tu valor que acertarás a servirme con secreto, y con amor. Ve al punto, y estos dos guarda. La experiencia me acredite. La ingratitud de Rosarda, que con la mayor compite, el buen suceso acobarda. , , - . Respeto al Rey mi señor, Señora, qué es lo que intentas? ha de sentir el rigor. yo te suplico que mudes de intención. Bien me contentas, solo vengo a que me ayudes, y no a que me pidas cuenta. Vaste que no te la pido de la venida del Rey supuesto que la he sabido. La obediencia es en mi ley, en nada te he deservido, si vino su Madestad no se lo pude impidir, soy su vasallo. Es verdad, yo no vengo aquí a argüir en materia de lealtad. Tamporo es justo que entiendas que Rosarda tiene culpa. Conocidas son sus prendas, confieso yo su disculpa sin que tú se la defiendas. Que a dar la muerte no vengo como tú das a entender por celos que de ella tengo; acarás verdad. no creas que soy mujer que tales agravios vengo. Solamente me ha movido castigar conforme a ley agravios de mi marido, cuando no fueran de un Rey, a quien vemos ofendido. Esto se ha de ejecutar, y en razón de su defensa, no tienes que replicar. Con más acuerdo lo piensa. No tengo ya que pensar, busca luego ejecutor que ejecute mi sentencia. y se que de esta violencia Vuestra discreción lo impida, que aunque Reina, sois mujer, de los celos ofendida. Eso me has de responder? haré quitarte la vida. Haz Reina lo que quisieres, que donde el marido reina, les preceden las mujeres. Sabes quién soy? Tú, mi Reina. Luego mi vasallo eres. Sí, pero subordinado al Rey por precisa ley. Con eso te has declarado, Señora, primero al Rey, y luego a ti estoy postrado. De aquí un mal suceso espero, que el Rey está rematado, prevenir la guarda quiero, que ya estoy determinado delimpedir caso tan feo. Torre depósito altivo del mayor bien de la tierra, consuelo en verte recibo por saber que en ti se encierra el alma en que muerto vivo, Salas que sus plantas bellas habéis mil veces besado, decidme cuantas Estrellas en vuestro suelo han dejado las estampas de sus huellas. Ventanas que cada hora gozáis de nueva alegría visitando os mi señora, decidme si os dio algún día más resplandor el Aurora. Y tu campo que eres ya jardín, siendo ayer un monte, de que proceder podrá, sino de ser Horizonte, de esta torre en que ella está. Ay si tan dichoso fuera, que en una de estas ventanas su Sol bello amaneciera, y las nunes inhumanas de la ausencia resolviera. Mas si no pretende hacer donaire de mí el deseo en una está una mujer, si es ella, mas como creo, que tal podré merecer. Un poco quiero acercarme, aunque es ya mucho atreverme puesto que puede abrasarme, si es ella. Qué obedecerme; ni haya querido ayudar? No faltará ejetutor, no por eso ha de quedar, hacia allí viene un pastor. Quierome más acercar. Ciega me tiene el furor. Ho la villano. Ay de mí, llamome. Escucha villano. A mí me llamáis? . A ti. Por el cielo soberano, que es la Reina. Por ahí entra, y sube adonde estoy. Ay Dios, si me ha conocido, mas como sabrá quien soy con este talle, y vestido. Que te detienes. . Ya voy. Mucho hago en arrojarme, a la ventura, que emprendo, pero quiero aventurarme, que por buen precio me vendo cuando pretendo matarme. Si en ausencia de Rosarda, es perpetua en mí la muerte, mal mi temor me aconarda pues resucita mi suerte hoy con su vista gallarda. No hay pena que me divierta de ventura tan crecida, yo voy a buscar la puerta pues no es mucho poner vida por gloria que ya esta muerta. En los corredores dejo prevenidas a las guardas, porque impidan su consejo. Mal Justino me acouardas, mucho de tu se me quejo. Si tú mi honor estimaras, mejor fuera a toda ley, que estas armas levantaras para que la entrada al Rey en Velmirar excusaras. No pretendo agradecerte el peligroso cuidado a que quieres ofrecerte, por haber considerado lo que puede a ello moverte. Que si a Rosarda defiendes de quien muerte querra dalla, no es porque de ello te ofendes, sino por querer guardarla para lo que tú te entiendes. Pues quiéro te asegurar del mucho honor que en mi reina, que si vienes a estorbar el intento de la Reina, le tengo de ejecutar. Oh te ciega la pasión, o has perdido la cordura: Federico en la prisión, tu lengua atajar procura en tocando en mi opinión. Y agradece la que evita la Reina con su presencia mucho, furor que me incita. La pasada consecuencia mucho, te desacredita. En arma el castillo puesto, sabes Justino que soy tu Reina propia, qué es esto? ciega de cólera estoy, quitadle las armas presto. Miradlo Reina mejor, mirad que su Majestad sentirá mal de este error. Todas las puertas cerrad, mal conocéis mi valor. 1. Todo Reina está cerrado. Y las llaves? 1. Estas son. Poneos todos a ese lado, Qué notable confusión; cómo es esto, he lo soñado? vive Dios que determina darnos la muerte a los dos. Ay hermosura divina. Haste puesto bien con Dios, que tu muerte se avecina. Cuando merecí señora que vuestra Real presencia venga a ser ejecutora de la dichosa sentencia que esta vuestra esclava adora. Disposición hay en mí para trance más terrible, mi cuello tenéis aquí, y un pecho muy invencible, que es el que jamás rendí, Solo quiero aseguraros, que de la pasión que hoy el pecho pudo inquietaros: estoy libre, pues estoy aquí, por solo estimaros. Y pues la muerte deseo, dadme la que más os cuadre. Así Rosarda lo creo, despídete de tu padre. Cómo vivo, si tal veo. Una gran demostración estoy por hacer aquí para darles ocasión de que me maten a mí primero. En resolución servirme no habéis querido por no disgustar al Rey. 2. Ese valor nuestro ha sido, y conservación de ley. Pues verdugo hay prevenido, pasa labrador delante. Atreveraste a dar muerte a esta mujer? Si es bastante para matarme esta suerte, dígalo el que es más aman: De lo que aquí ha sucedido he venido ya a inferir, que no he sido conocido, y que me puede encubrir el disfraz de este vestido. Pues la ocasión me convida con engaño tan dichoso, yo rescataré su vida, que no ordenó el poderoso Cielo, en vano mi venida. No me respondes? Pardiobre, que en esto estó poco hecho; tiene corazón de Robre; no me dirá que le ha hecho aquesta doncella pobre. No le abranda su hermosura? Si tú no quieres pagar por ella, hacerlo procura. Escuche. No hay que escuchar, Duque amigo, esto ha de ser, despedios de Rosarda, porque tenemos que hacer. Nada mi pecho acobarda, cuanto queráis emprender. Antes quiero ser testigo del valor que hay en Rosarda, que lo que llamáis castigo es martirio, en quien aguarda el triunfo de su enemigo. Ejecutad vuestro intento, que yo no lo impidiré, antes estoy tan contento, que mi brazo ofreceré cuando faltare instrumento. Está bien. El instrumento, que prevenir os mandé, me traed aquí al momento. Esto mandaste traer. Siéntate, y tu haz tu oficio. Estaba por no lo her, que esto es muy en perjuicio del Padre que me dio el ser. Sentaos pues vos. Ay de mí, mueréseme el corazón, Padre llegaos hacia mí, y echadme la vendición. Llevaremos gusto así, y perdonadme tras esto, que en efeto yo he causado todo el daño en que estáis puesto, aunque en razón de pecado, que no le hubo es manifiesto, También padre piadoso os tengo de suplicar, que me mandéis enterrar donde está Arnesto mi esposo, Que será grande consuelo estar gozando de Dios nuestras almas en el Cielo, y que nuestros cuerpos dos estén juntos en el suelo. Comiénzate a consolar, que tras de mi vendición, eso te quiero otorgar. Quién entre tanta pasión tanta gloria pudo hallar. Quién descubrirse pudiera. Dadme el abrazo postrero. Estaos de esa manera acuitando un siglo enteró. Tiraos buen viejo afuera: verá cual me está mirando. No miráis que la señora mucha priesa me está dando: apartaos allá en buen hora, vamos todos negociando. Prosigue tu oficio amigo? sin duda que es trance fuerte este, pues que yo me obligo a sentirle de esta suerte; en vano el dolor mitigo. Si los duros pedernales sintiendo mi pena están con evidentes señales; porque no se ablandaran mis entrañas paternales. Señora en esta ocasión, es menester que mostréis vuestra mucha discreción: con que atenta me miréis conoceréis mi intención. Vuestro Arnesto mismo soy, no hagáis ninguna mudanza; vivo como veis estoy, y con muy grande esperanza de daros la vida hoy. Venturosa es nuestra suerte, pues soy el ejecutor de este trance agudo, y fuerte. El Cielo me dé favor; son fantasmas de la muerte. Qué es eso? Se ha desmayado, traigan agua, presto, presto. El color se le ha mudado. Ay querido esposo Arnesto, que tarde a verte he llegado. Es aquesta la osadía, que en vos para morir vi? Es que como pretendía partir a gozar de ti, de buena gana moría. Pues si me queréis gozar; fingid en esta ocasión, que quedáis muerta. Esforzar procuraré el corazón si el amor me da lugar: porque tan sobresaltada me tiene el gozo, que creo, que no sabré fingir nada. Qué le dices? Mi deseo; una oración extremada, con que quitar suelo yo el más profundo desmayo. Ay de mí. Ved si volvió en su ser; voto a mi sayo, que el conjuro aprovechó. Hija mía, que se ha hecho tu valor? Si aquí he temido la muerte, estad satisfecho, que este temor ha nacido del gozo de mi provecho. No dilates un momento amigo tu pretensión; tuerce el garrote. Eso intento, Dama con vuestro perdón. Mucho esta desdicha siento. Decid Jesús. Qué rigor. Jesús, Jesús, Jesús pío, en vuestras manos Señor pongo el espíritu mío. A quien no mueve a dolor. Esto Señora está hecho. Con ese velo la cubre el rostro: ya he satisfecho el veneno que se encubre de celos dentro en mi pecho. 1. Esa puerta de la torre quiere derribar Octavio a golpes. Tarde socorre su Majestad a su agravio. Abrele de presto, corre. Vuestra Alteza por acá? Si Octavio, que queréis. Este papel lo dirá. Veamos, leerle podéis. Mala sospecha me da. Justino, Alcaide de mi fortale- za de Velmirar: luego sin dilación entregaréis a Octanio mi Secre- tario, a Rosarda, con solos diez Soldados de guarda; a quien man- do la lleve, para entregarla a quien de secreto le ha de dar la muerte en castigo de su atrevimiento, que esto conviene a mi Real servicio. A muy buen tiempo has llegado, pues que puedes ser testigo de todo lo que ha pasado. Torna y dile al Rey amigo del modo que le he vengado, dile que ya su enemiga satisfizo con su muerte. No se Reina que le diga, porque el suceso es de suerte, que antes a callar me obliga, Se que al Rey le ha de pesar tan grande resolución. Pues pódralo remediar amigo tu discreción. Cómo lo podré excusar? Con decir que ejecutada dejaste ya su sentencia, sin diferir de ella en nada; pues solo hay de diferencia, ser un poco anticipada. Y cuando venga a entender, que la ejecutora he sido, si su intento llego a ser, con la sentencia nacido, cómo le podrá ofender? Haced darle sepultura Duque a vuestra hija vos: y en tan triste coyuntura, pedid que os conserve Dios, como puede la cordura. Ya que se fue el pecho fiero, que tantos daños me enseña; si hasta aquí parecí peña, ya padre parecer quiero. Hija mía de mi vida? Padre de mi corazón. Santo Dios. La turbación de ese pecho se despida. Delante tenéis a Arnesto; venga en el vuestros enojos. Son fantásticos antojos? estoy difunto, qué es esto? dime, no estabas ya muerto? El que a Rosarda libró, la vida también me dio; esto Señor es lo cierto. El como, es un cuento largo, que más espacio requiere, y cuando esto se ofreciere, de decíroslo me encargo. Y porque la dilación nos podría aquí dañar, os comienzo a suplicar demás del justo perdón. Que pues esta vida es mía, de ella gozar me dejéis, pues la gané como veis, con tan dichosa osadía. Arnesto, pues tu valor en Ungría es conocido, nada en eso me has pidido, que disminuya mi honor. Gozaos mil siglos los dos con mi vendición, que es justo, que yo tengo mucho gusto, en lo que se muestra Dios. Mas que medio se hallará para sacarla de aquí. Cómo la fieis de mí, industria no faltará.

JORNADA TERCERA

ACTO TERcero Dispón a tu voluntad, pues eres ya su marido. No me muestro agradecido, por faltar comodidad. Un labrador, a quien debo la vida, aquí cerca está, y a darme ayuda vendrá, para dármela de nuevo. Sí, pero será ventura. no sentirnos. Señor vamos, diremos que la llevamos para darle sepultura. Será esa traza notable, y más si adelante pasa. Según es mi dicha escasa, me temo que no se entable. Vamos, que ya declinando algún tanto va mi suerte. Tiene mal rostro la muerte mi Rosarda? Estoy temblando. MENTIRA, SACARAS VERDAD De modo está la Reina persuadida a la invención sutil de nuestro ingenio, que de los celos que engendró se olvida. Fíngeslo por camino tan extraño, que con ser dueño yo de este secreto, estoy para decirte que me engaño. Ahora me agradezco el buen concepto, que hice en este caso, confiando mi esperanza de un hombre tan discreto. Pero hay intento principal, tornando, de que modo recibe mi enemiga, De Lope de Vega Carpio. la vida que le voy solicitando, no se humana por vuestra, no la obliga tal muestra de afición, está más fiera? No se por Dios Señor lo que te diga, No dudes en decirlo; persevera en su rigor? Señor, discreto eres, con tu cordura un gran rigor modera. Está más desdeñosa? No te alteres si dijere. Qué dices. Qué Rosarda es muerta ya. También burlarme quieres; no está aquí con nosotros Clorinarda? Dígote que murió. Que ya lo veo, en cuanto al mundo, que su muerte aguarda, mas cuanto a mí, bien sabes que no creo lo que ha engañado a tantos, dime acaba lo que saber del caso ya deseo, estaba rigurosa? Conservaba su proceder esquivo? Qué decía? Apostaré que mi piedad culpaba. En que Quinta, en que Casa, en que Alquería quedó depositada la hermosura, con cuyo resplandor se alumbra el día. Quedó. Dónde quedó. Con tu cordura modera la pasión. Tú estás turbado; sin duda que hay alguna desuentura. Lo que pasa Señor he publicado, Rosarda es muerta. Muerta? Cómo digo. Quien la mató, La Reina. Haslo soñado? Di mentira, sacarás verdad. De su muerte Señor como testigo te puedo asegurar. Si aqueso es cierto, como el furor en tal dolor mitigo. Como de semejante desconcierto satisfacción no tomo, dime Octavio, la Reina injusta a mi Rosarda ha muerto? Relátame la forma de mi agravio, que muero por vengar su injusta muerte. Repórtate Señor pues eres sabio. Refiere lo que pasa. . Pues advierte, reprimiendo el enojo que te incita. Cómo podré con sinrazón tan fuerte. Mi muerte Clorinarda solicita, pues defiéndala Dios de un pensamiento, que mi pasión contra su vida admita. Prosigue, di a delante. En cumplimiento de tu expreso mandato, fui al Castillo de Velmirar. . Notable atrevimiento, El cual hallé cerrado, pero abrillo, la Reina mi señora mandó luego, Estaba dentro? Así voy a decillo. Entré, escuché rumor, y cuando llego a pisar de las salas la primera, vi alguna gente, aunque con gran sosiego, Miré el rostro a la Reina, que severa públicaba el castigo que había hecho, colérica, feroz, y justiciera. Y al Duque vi, que en punto tan extraño, la nieve de su rostro derritia, con el humido aliento de su pecho. Quise saber la causa que podía causar estos efectos, y mirando, vi un negro bulto que en la sala había, No conocí que fuese, porque cuando certificarme quise, me lo impide, la Reina, mi venida preguntando. Díjele a lo que hiua, y ella pide la provisión Real, leila al punto, y a su valor su atrevimiento mide. Pues sin turbarse, con tan grave asunto me mostró de Rosarda el rostro hermoso, que era aquel negro bulto, ya difunto. Si el Rey mi Señor, dijo, deseoso está de su venganza, quien le adora, la ha tomado con pecho valeroso. No prosigas Octavio; quien ahora cogiera entre sus brazos a la aleve, de mi muerte cruel ejecutora. Reino yo, o ella reina, así se atreve a alterar el estilo de Justicia, sin Juez, ni Consejo que le aprueve. Menos tuvo de amor que de malicia, Octavio atrevimiento semejante, no revista sus celos de caricia. Mi venganza ha de ser de Rey amante, muera Octavio la Reina, que mi gusto me quita con sus celos de delante. Considera Señor que ya no es justo mostrar contra lo hecho repugnancia, ni que el Reino conozca tu disgusto. No es bien que se te acuse la inconstancia, viendo que ayer mandabas dar la muerte, a la que lloras hoy con tanta instancia. Ay Octavio no miras que es tan fuerte el trance que me aslige, que al más sabio, del modo discursivo le divierte. A quien hizo el amor mayor agravio que a mí, pues he de ver mi pena esquiva, y no he de abrir para decirla el labio. Rosarda muerta, y Clorinarda viva? hombre soy, no es de bronce el sufrimiento, muera yo Octavio, o quien mi gloria priva. No condeno Señor tu sentimiento, más condeno Señor a tu cordura; que no templa mi ciego movimiento. A solas lloraré mi desuentura, déjame Octavio, cesen tus consuelos, que fabrican mi eterna sepultura. Dente sosiego los piadosos Cielos, a No ha sido poca ventura esconderte en una Aldea, donde por grande que sea, muy poco un secreto dura. Ni aún creo menos lo ha sido, que a tan buen punto llegases, que a Rosarda libertases, dichoso, cuanto atrevido, Fingir su muerte, sacarla sin darles que sospechar; engañar a este Lugar, con fingir el enterrarla. Darles también a entender que era una sobrina mía, que en Miraflores tenía, es lo que ha podido ser. Sin duda que el mismo Cielo conmovido de tu pena, estos sucesos ordena. De su bondad crecrelo, y en nada he visto más claro, que anda el Cielo por aquí, como en ver que me dio en ti, vida, consuelo, y amparo. Recorro toda mi vida las muchas obligaciones, en que por puntos me pones, y a ninguna hallo salida. Pero en el sumo poder, la satisfacción difiero, que humanamente no espero poderte satisfacer. No me repitas por Dios lo que hago cada día, que antes es afrenta mía ver cuan mal sirvo a los dos. Si estos juzgas cumplimientos, estilo que yo maldigo, mudemos plática amigo, pues nos sobran fundamentos. Y del trabajo pasado, si al bien presente lo mido, no me parece que ha sido pequeño, y bien empleado. Si le mides al objeto, poco Arnesto padeciste, pues no ha mucho que le viste por ten no menor aprieto. Si amor con amor se paga, tanto caudal hay en mí, veréis mi retorno y paga. Pues yo quiero aseguraros, que cuando queráis Señor hacerme cargo de amor, en amor he de alcanzaros. Advertid que os atrevéis a un imposible. No hago; de mi ser me satisfago. Apostemos. Perderéis. La disputa está bien puesta, bien es que así la dejéis, pues cuando más la apuréis, habéis de empatar la apuesta. Y comencemos a dar orden a lo que conviene, mientras la fortuna ordene, que os podáis manifestar. Y es bien que juntos no estéis, que aunque muy otros estáis, por más que el ser disfrazáis, a lo que sois parecéis. Tu estarás en mi Alquería por Mayoral de mi gente, procurando que se aumente mi ganado, y granjería. Tu Rosarda guardaras de Anades una manada, que en tal oficio ocupada, muy muy mejor te encubrirás. Silverio te has de llamar, y tu Rosarda Felina, que es nombre de mi sobrina, la que empiezas a imitar. Nuestro Padre sois Valerio, y debemos estimar, que nos queráis gobernar, con tan paternal imperio. Los oficios aceptamos, que en las cosas del amor, con el de menos valor, en mayor honra quedamos. Pues a la granja camina, y tú a los gansos, que es tarde. Mi Silberio, Dios os guarde. Dios os guarde mi Felina. En nada puedo hallar gusto, ya el montear me ha enfadado. Sosiega tu pecho Augusto. Todo es veneno cifrado, rabia, pasión, y disgusto. De cualquier árbol la sombra me atemoriza, y asombra, y entiendo que a no ser secos, que entre estos peñascos huecos, alguno a Rosarda nombra. Siempre la tengo presente dentro la imaginación, tanto, que lo que accidente fue en mi primera afición, ya está en mi naturalmente. Dónde está tu discreción, echa Señor a una parte, si es posible esa pasión. Octavio, yo no soy parte; cautiva está la razón. No soy hecho de diamantes, para que tanto te espantes de mi poco sufrimiento, hombre soy, como hombre siento desventuras semejantes. El tiempo tiene de ser quien gaste tu pena esquiva. Nadie alegre me ha de ver, Octavio mientras, que viva, o no viere esta mujer. Aquí entre aquesta enramada, me parece acomodada parte, para el llanto mío, aumentaré de este Río la corriente sosegada. Aguas cristalinas, que a la Granja vais, decidle a mi dueño como me dejáis. Si el dolor de ausencia mata imaginado, que hará confirmado con larga experiencia. Buena consecuencia es de este discurso, ver que vuestro curso aumenta mi llanto. Y puesto que es tanto el dolor que enseño, decidle a mi dueño como me dejáis. Buena voz. Notable ha sido. Hacia qué parte sonó. Si no se engañó mi oído, de esta ribera salió. Por Dios que me ha suspendido, mas oye, escúchate ahora; fue por dicha esta Pastora, que que con zurrón y cayado, es ahora en este prado, lo que antes del Sol la Aurora. Gente Cortesana aquí? quien serán, válgame Dios, si podrán viéndome así conocerme, ellos son dos. Qué he de hacer triste de mí? No tiene rostro divino? no es su talle peregrino? no es hermosa a toda ley? Ay de mí, que este es el Rey. trocar quiero aquí el camino. Oh es ella, o naturaleza, de Rosarda, y su belleza hizo el divino retrato. Oh fuerza del tiempo ingrato. Engáñase vuestra Alteza. No estés Octavio cansando, que ella es. Si yo la vi muerta, como ya he contado, he de creer que está aquí apacentando el ganado? Yo quiero hablarla, y saldrás de la duda en que has caído, pues tan pertinaz estás. Hacia mí el paso han movido, triste Rosarda que harás. Quiero que conforme al traje, sea el proceder y lenguaje, que con aquesta invención, haré que la presunción, que de mi hiciere, se ataje. A Pastora, ten la planta. Que quieres con priesa tanta. Hablarte. Téngase dende, y atienda si no lo atiende, que las Anades me espanta. No hayas temor de perderlas; oye, sosiégate ahora, que yo propio iré por ellas. Retírese allá en mal hora, que no ha de dar cuenta de ellas. No permitiras hablarte, de tu rustíquez me espanto, no tienes que recelarte. Pues afe si cojo un canto, que le he de hacer que se aparte. Cómo? Que lo ahorcará. Quién. El Alcalde mi tío. Son tus donaires y brío, cuanto encarecer podrá el corto talento mío. Si al Rey tienes, yo me abstengo. Hola, arre allá, yo al Rey? malos años para el Rey. Qué dijiste? A toda ley, a lo que dije me atengo. Ved si dudaba yo en balde. Díréselo al Rey así. Id en buen hora, y habladle, pero que se me da a mí, buen tío me tengo Alcalde. Hacedme un gusto. Y qué es. Que solamente una mano, para besarla me des. Echas pullas Cortesano, que he visto en el tiempo aves sopitosos a la he, pues aún no os he dado el pie, y pedís que os dé la mano. Aún menos sois, que villano. Bella pastora no sé, tu divino resplandor deslumbró mi entendimiento, dejé guiarme de amor, el es ciego, y yo sin tiento, de ambos ha sido el error. No se tantas Teologías; con estas ansaras mías, tan soldemente me entiendo, me quillotro, y en oyendo Cortesanas bonerias. El Demoño acá los trajo; hanlo tomado a destajo, déjense ya de este enfado, no miran que mi ganado se me va ese Río abajo. Iremos por él los dos, no es justo que os canséis vos, pues vuestra pena es tan mía, que darme muerte podría zagala así os guarde Dios. Por vos muero. Anda de ahí, no demos que maliciar a los que nos ven así. Nadie sabrá sospechar, gente sencilla hay aquí. Su merced se vaya, y vea, que hay gente aquí de mi Aldea, y mi honor se perjoicia, y que en razón de malicia, que no hay pastor que no crea. Podré hacer como queráis con llevaros a la Corte, que ese recelo perdáis. Por diez que vos dáis un corte, tal cual la Pascua tengáis. Tal os contemplo en mi Idea, que me obligáis a que crea, contemplando esa hermosura; o divina criatura, que es sin vos la Corte Aldea. Donosa encarecidura es la vuesa, a buena fe, para ser mentira pura, mas con vueso amor tendré muy géntil mala ventura. No lo encarezco por Dios, porque estos extremos dos de vuestra belleza advierto, sin vos la Corte es desierto, y el campo es Corte con vos. Voyme no venga mi tío, que si con ellos me ve, ha de her un desvarío, mas ay de mí, quedense, que pasa el ganado el Río. . Espera. No la espantemos, mejor será que busquemos ocasión más oportuna. Fuera de aquesta, ninguna a propósito hallaremos. Octavio, si esta Serrana no es Rosarda, ten por cierto, que no es criatura humana, nuevamente estoy ya muerto, torre tan fuerte, me allana. No deseas mi sosiego, pues ya he llegado a mi centro, y a su Esfera llegó el fuego, ya con tan dichoso encuentro tengo vista, aunque estoy ciego. Un clavo con otro sale, y he encontrado quien iguale la belleza que lloré, Rosarda perdí, y hallé, quien tanto como ella vale, Llevarla a la Corte quiero, esta es mi resolución. Considera. . Considero, que es fuerza de inclinación, pues ya en su abstinencia muero Si así a tu grandeza ajustas de una villana el valor; que dirá el mundo? F2 Oh qué injustas son las leyes del honor, las del amor son más justas. Pero para refrenar al vulgo, he considerado, si eso quiere censurar, un bravo arbitrio en que he dado te quiero comunicar. Ya ves lo que esta mujer imita a Rosarda. . Así te lo quiero conceder; mas que intentas. Que de ahí, venga el intento a nacer. No me dices que el villano que la mató, la llevó a enterrar? Aqueso es llano. Pues solo con eso yo, el paso a mi intento allano, Diremos que no murió, porque el villano piadoso, darle la muerte fingió. El arbitrio es milagroso, mas solo reparo yo, en que su rusticidad no ha de apoyar tu deseo, Aquesa dificultad también Octavio la veo, si he de decir la verdad, Pero la humana dotrina, del monstruo más intratable la ferocidad declina: quien hace a un Ave que hable, cosa hará más peregrina. No es menos dificultoso engañar al Duque, Pues, que dificultas. Forzoso, que se comuniquen es, carás verdad. y aquí el suceso es dudoso Que a particularidades, que entre ellos auran pasado en paternas soledades, no satisfará. Tú has dado en hartas dificultades. Todas las allanaremos, vámonos hacia su Aldea, que de aquí allá trataremos el modo que mejor sea, para lo que pretendemos. Vamos triste Rey mancebo, que ciega pasión te lleva, siguiendo otro daño nuevo. Ay bella Rosarda nueva, dentro del alma te llevo. Esta ocasión he buscado solo por venirte a ver. Si más te hubieras tardado Silberio, pudiera ser, que me hubieran enterrado. Dos días sin verme? Advierte, que Valerio nos lo impide. Esa razón no es muy fuerte, que lo que el día divide, la noche no lo divierte. Ella suele ser tercera del amor más recatado. Con ella a verte viniera, pero soy tan desdichado, que luego me descubriera, Respeto a este labrador, por lo mucho que le debo. Mas le debes a mi amor. Si obligaciones aprueno, esa será la mayor. Pero ya del tiempo ves el estando en que nos tiene, que a él la culpa lo des, y no a mi temor conviene, ten paciencia hasta después. Qué Dios no ha de permitir, que para siempre tengamos este modo de vivir, y tras la nuve en que estamos, el Sol nos ha de salir. Pues mi disculpa es tan buena, serena tus bellos ojos. Ya que el Cielo así lo ordena, yo templaré mis enojos, solo por no darte pena. Porque la tuya se acorte, una nueva quiero darte, que he tenido de la Corte, pues que para alegrarte, no hay otra que más te importe. Que has sabido. Que le ha dado al Duque, el Rey libertad, y que le ha vuelto su Estado. De quién sabes que es verdad, quien Silberio lo ha contado. Un pasajero; que ayer, por la Alquería pasó. Dios lo puede todo hacer, pues que a los dos vida dio. Si que es grande su poder, en el firmemente espero, que ha de poner fin dichoso a nuestra desdicha. Infiero, que no hay mal tan poderoso, que resista un siglo entero. En estas alforjas van dos quesos, cebollas, y ajos, y para dos días pan. Los que vieren mis trabajos, gran lástima me tendrán, a a. . Mas mientras contigo asista, los trabajos son consuelo, que acasados con tu vista, no es mucho que me dé el Cielo valor con que los resista. Quieres que las lleve yo, y se las cargue al jumento, que pesan mucho. Eso no, pesares del alma siento, a que el tiempo me obligó. Dame un abrazo, y con él, será mi esfuerzo valiente, mas hay desdicha cruel, detente que viene gente. Eres Secretario fiel, con quien tengo de apoyar mejor el intento mío, para poderle lograr, será con su mismo tío, éntrale luego a llamar. Ella Señor está aquí, y un villano está con ella. El Rey es. Triste de mí. Viste criatura más bella. El Rey dices? El Rey, sí. Pues qué podemos hacer, para no ser conocidos? Nada tienes que temer, que los villanos vestidos nos pueden desconocer. Está aquí el Alcalde? No. Pues vele al punto a llamar. De cuando acá le nació venirnos aquí a mandar. Sabes quién soy? Que se yo. Pues que no me has conocido, disculpa tienes bastante. Aunque Rey hayáis nacido, no hayáis miedo que me espante haber habrado atrevido. No muestra poco valor el atrevido villano. Ve llámale. Lindo humor; valor tengo, aqueso es llano, si es valor lo que es honor. No quiero sola dejar en poder de Cortesanos a mi prima, no hay habrar. Deja esos celos villano, y vele luego a llamar. Ya os he dicho que no quiero, y ya os lo vuelvo a decir. Mataré a aqueste grosero? Sabéis si querré morir? vos sois lindo majadero. Basta que me tiene en poco. Villano vete a la mano. Pues váyase el poco a poco, que estó en mi casa, y es llano, que soy Rey en ella. Es loco. Repórtate mi Silverio. Tú me reportas Felina? pues no es sin algún misterio. Acaba necio, camina, llama a mi tío Valerio. Pues tú te quieres quedar, esto para entre los dos, mal me das que sospechar, no me contenta por Dios, basta, quiérote dejar. Arnesto querido advierte, que del peligro en que estamos, no temo más de perderte, pues si no disimulamos, sin duda te darán muerte. Pues no nos han conocido, esta vez de cortesía, vete pues yo te lo pido. Ay bella adorada mía, justo mi recelo ha sido, no es sin causa este cuidado, que mi sospecha acredita, pues habiendo el Rey llegado, ningún sosiego te quita, ni tu rostro se ha mudado. Y esta es señal evidente, que antes de ahora le viste, pues viéndole de repente, ni la lengua enmudeciste, ni demudaste la frente. Y si os habéis concertado, y darme ahora la muerte tenéis ya determinado, muera yo, mas sea de suerte, que muera desengañado. Qué dices, estas en ti? estoy por desengañarte: tal presumiste de mí? poco merezco en amarte, pues que me tratas así. Al Rey quiero descubrir toda nuestra historia, ingrato, y del modo de decir, la nobleza de mi trato podrás mejor inferir. Tente. Suéltame. Mi bien, no quiero más experiencia, perdóname, escucha. Quién tiene tan poca paciencia, no es amante. No hablas bien, que antes los recelos son, hijos del amor constante. Esa no es buena opinión, que la fe del buen amante se funda en satisfacción. Ya me enfado de aguardar, matar el villano quiero. Procúrate reportar, que de la villana infiero, que le quiere despachar. Dígote que yo confieso, que es error dudar de ti, mas no digas que es exceso el temor que ves en mí, si ponderás el suceso. Voyme, aunque siento el dejarte, procúralos deslumbrar. Procura tu reportarte. Harto procuro esforzar el corazón, voyme. Parte. Por hidiada sois Felina. Y tú también por tu modo, acaba necio, camina. Mira que mires por todo. . Que estás presente imagina. Ya se ha partido Silberio, perdonad si tuvo culpa, que luego vendrá Valerio. Mucho tu amor le disculpa. Que pensáis, no es sin misterio. Cómo así. Es mi desposado. Pues cómo, estás ya casada? A tanto no se ha llegado, que solo estó apalabrada. Lo más tenéis caminado, tu padrino quiero ser cuando te cases. Señor, eso os quiero agradecer, hombre seréis de valor, a lo que dais a entender. No sabes quién soy? No afe. El Rey. El Rey, a que, si me ha mirado su merced, no ha de presumir de mí, que engañarme dejaré. Piensa que aunque so de Alden, una simpre labradora, que me podrá her que crea, que el que todo un mundo adora, hombre cual los otros sea? Quien tiene de gobernar hombres, hombre había de ser? malo está de endivinar. Pues qué ha de ser? A mi ver, un Ángel, no hay que dudar. Que yo por mi cuenta hallo, por lo que vi alguna vez, que a Dios que pudo ordenarlo, lo que es ser Rey, y Juez, de nadie había de fiarlo. Moral estás afe mía: quien en rustiqueza tanta te dio esa bachilleria. Verá de lo que se espanta, pues aún más decir sabría. Si hombre nueso Rey no fuera, no socediera a Rosarda una desdicha tan fiera, ni la inocente gallarda su amado esposo perdiera. Ese discurso dejemos, que es negocio ya pasado; de lo presente tratemos. En lo vivo os he tocado, muertos no desenterremos. Ahora si que he creído, FA que que es el Rey como pública. De que lo habéis inferido. De que siempre que se pica dicen que ajos ha comido. En fin si fuese el Rey yo del modo que he contado, fueras te conmigo? No, que me contenta el cayado, en que el Cielo me erro: Si sois el Rey cual decís, y a cuantas queréis matáis, en vano me persuadís, pues cuando más me queráis, me mataréis por un tris. Bejemos pues a una parte burlas, y hablemos de veras: a mí me importa llevarte a la Corte, y que lo quieras, grande bien podrá importarte. Conociste por ventura a Rosarda? Como a mí. Verá lo que me procura. Pareciose mucho a ti; tienes su propia hermosura. Sus parientes me han culpado que le di muerte violenta, todo el Reino está alterado, y se sospecha que intenta, inquietarme de mi estado. Todo lo cual cesará, si en tan precisa ocasión finges ser Rosarda. Ya. de esa buena pretensión he visto el fin donde va. Sin duda que se abre puerta para mi remedio aquí; y pues del todo estoy cierta, que puedo encubrirme así, y no seré descubierta. Su intención quiero esforzar; y con ella, lindo enredo, le he de ayudar a engañar, pensando estoy como puedo tanto a Rosarda igualar, que se engañe un Reino entero. Mirad a lo que os ponéis. Cómo el lenguaje grosero bella serrana troquéis, que sois ella considero. Conceded con mis razones, y quede por cuenta mía persuadir a mis varones. En Dios, que las almas cría fiad vuestras pretensiones, pero decidme, acabad, sois el Rey? Mucho me admira tu mucha incredulidad. Guardaos no digáis mentira, y después saquéis verdad. Vuestra Alteza por aquí, honrando esta humilde cueva? Honrado Valerio, sí; hoy hace fortuna prueba. Del valor con que nací. Cuanto aquí oyeres y vieres no niegues, que es la verdad, porque si otra cosa hicieres me indignaré. Mi lealtad conoces. Ya se quién eres. Yo señor, cómo, o porque; sin duda que lo ha sabido, nada señor negaré. Arnesto, estoy sin sentido. Si la conoce. No sé. El Duque viene también, todo me va sucediendo O ctabio amigo muy bien. Así gran señor lo entiendo, amor te dé ayuda. Amén. Duque, por acá estáis vos? A serviros he venido en mi oficio. Guarde os Dios; yo estoy muy agradecido, hagamos paces los dos. Pésame de lo pasado, perdón os pido aunque Rey, porque estoy desengañado cuan contra justicia y ley os puscen tanto cuidado. Y en razón de esta verdad a Rosarda os restituyo. No tanta felicidad, de mi corta dicha arguyo, burla vuestra Majestad? Fingir quiero que no se nada de aqueste suceso. Con brevedad mostraré esta verdad. El pie os beso, un imposible dudé. Morir señor la vi yo, esto me tiene dudoso. Pues sabed que no murió, porque el verdugo piadoso darle la muerte fingió. Sácola de allí a enterrar, y entregola a este buen hombre en este mismo lugar que de una sobrina el nombre le dio. Que hay más que dudar. Ella lo parló sin duda, esto me merezco yo por haberles dado ayuda, triste del que se fio de mujer, aunque sea muda. Valerio, esto no es verdad? Del modo que habéis contado. pero vuestra Majestad. crea, que de este pecado. me disculpa la piedad. Que bien finge el labrador. Eso estoy considerando. Rosarda. Padre y señor. Que estás viva estoy soñando, Del Cielo ha sido favor, la divina providencia desde su trono miró, señor mi mucha inocencia. Vive Dios que me engañó, hay semejante insolencia? Nunca engaña el corazón, no fue vano mi recelo. Hay semejante traición? Disimula, que del cielo sin duda es esta invención. No finge con propiedad? Jamás tal cosa creyera. Toda su rusticidad ha trocado de manera, que es la mesma urbanidad, Estoy para dar un corte en todo, y matarme a mí, pues ya no hay bienque me importe. Pues señor, que falta aquí. Que nos vamos a la Corte. En no yendo allá mi esposo. desconcertados estamos. Este es muy dificultoso al intento con que vamos. Pues que vaya allá es forzoso; ordenad como ha de ser, por- porque en no yendo el, no voy. Tú me has de echar a perder, Octavio, confuso estoy, que haré con esta mujer. otro engaño se ha ofrecido, advierte bien en la cara del que llama su marido, a quien parece. Jurara que Arnesto me ha parecido; digamos que es este Arnesto, Eso pensaba por Dios. Remediado está con esto, Por vos Arnesto, por vos en tal peligro estoy puesto. Pésame de haberos dado ocasión de tal disgusto. Oye labrador honrado. En qué puedo daros gusto? Escucha hacia aqueste lado, Mala sespecha me da, que a tu esposo ha conocido. Engaño nuevo será. Con Arnesto habla al oído, ay de mí, que le dirá. No hay ya para que encubrir quien soy, de ninguna suerte; dispuesto estoy a morir que para mi es menor suerte que tanto agravio sufrir. Ya conozco vuestro intento; y del favor que me hacéis. el infame fundamento, pero no le lograréis, que es noble mi pensamiento. Quitándome la cabeza en más de alguna ocasión defendió de vuestra Alteza la Corona y opinión dando a mi sangre nobleza. No tendréis contraditor carás verdad. en lo que intentáis hacer, mas con cabeza es error, porque pienso defender mi fama, mujer, y honor. Y si esta os ha parecido en un vasallo arrogancia, y os sentís de mi ofendido, en Italia, España, y Francia, es mi valor conocido. De estos tres Reyes cualquiera sabe honrar bien a un soldado, y se que si los sirviera, hubieran mi honor premiado, de diferente manera. Oye que gran propiedad, esto es verdad, o es fingir. No vi tal sagacidad. Casi estoy para decir Octavio, que esto es verdad. Ves como se encoleriza, ves como aún con el lenguaje, nuestro engaño canoniza? Solo no es él en el traje, lo demás me escandaliza, A los dos quiero casar de bajo de esta cautela, que viniéndose a obligar el villano, aunque la vea, se dejará descuidar. No defendiendo la entrada de mi persona en su casa, y la villana obligada no será a mi intento escasa. Digo que es traza extremada. Arnesto, no es necesario hacer de tu esfuerzo alarde, que aunque he sido tu contrario, ya reconozco, y no es tarde, que en esto fui temerario. Dale a Rosarda la mano, y ella a ti te dé la suya; que que en ti un gran vasallo gano, y a ella es bien restituya lo que le quité, y mi mano. Duque a los dos abrazad, y estimad al noble Arnesto por su mucha calidad. Cielo sagrado, qué es esto, hay mayor felicidad? Vuestros pies humildes beso por merced tan conocida. Ay quien crea tal suceso, o en cuanto estuvo mi vida. Hola, mirad lo que es eso. Plaza que su Majestad de la Reina mi señora se apea. Plaza, apartad. La Reina, pues donde ahora, esta es mucha novedad. Todo se ha de hacer sin mí? Oh Señora. Oh mi señor. Vuestra Alteza por aquí? Tanto en mi pudo el amor, pues a tanto me atreví. A qué venís? A hacer no menos que un desposorio. Con que novios ha de ser. Ya entiendo que os es notorio. Cómo lo puedo saber, yo en este punto he casado a Rosarda con Arnesto. De mano me habéis ganado que a lo mismo vine. A esto? tan presto se ha divulgado? El día que sucedio, de todo avisada fui. Quién señora os avisó? Un paje mío, que allí en el Castillo quedó, que vio como el labrador que fingió darle la muerte. Era Arnesto, que el amor le obligó a trance tan fuerte armado de su valor. Vio como el Duque afligido descubriendo este misterio le eligió por su marido, y después como Valerio la sacó, y los ha escondido. Y fingiéndola llevar para darle sepultura vinieron a este lugar, donde aunque uniros procura, vos no la queréis dejar. Supe como aquí viniste que no hay cosa que no sé, se el intento que trujistes, y remediarlo intenté con la presteza que vistes. Hay más terrible mujer, Octabio, dime, has oído esto, puedes lo creer; todo cuanto hemos fingido nos conviene deshacer. Señora, es encantamiento, quien a tal os persuadió, mal sentistes de mi intento, todo cuanto aquí pasó ha sido entretenimiento. Estos labradores dos a esotros tan parecidos, así os guarde el cielo a vos, que son los novios fingidos. Mejor me guarde a mi Dios. Por pasar tiempo fingí, que eran Rosarda y Arnesto por lo que en sus rostros vi, aquí de Dios, que es aquesto, Valerio, esto no es así? El juicio he de perder si mucho dura este enredo: que tengo de responder; temblando me tiene el miedo. Ay quién tal pueda creer? Di luego aquí la verdad, y a la Reina desengaña. Deme vuestra Majestad licencia? Cosa extraña; dilo con puntualidad. Pues todo cuanto ha contado la Reina, es la verdad pura. Qué dices? Lo que has mandado. De mi sospeche, o locura quedo ya desengañado. Pues Arnesto no murió? No, porque mi industria y maña salud y vida le dio. Cómo me abstengo villano, y no te la quito yo. Señor, mirad mi inocencia. Corrido estoy vive el cielo. Ya os esa mucha violencia, no hagáis cierto mi recelo, reportaos, tened paciencia. Señor con mucha razón puedo mostrar sentimiento, viendo que en esta ocasión es vuestro entretenimiento, burlaros de mi opinión. El esposo que habéis dado tarás verdad. a Rosarda, es de valor, por mi yerno lo he aceptado, uno es ya el suyo, y mi honor vos mismo le habéis doblado. Así os gocéis largos años, esto señor os suplico, no deis lugar a más daños. Basta, digo Federico, hay sucesos más extraños? Permisión de Dios ha sido que vuelve por su inocencia. Que los perdonéis os pido. Pues ello es fuerza, paciencia. Engaño ha sido escogido. Les dad todos, me avisad, quien este suceso mira sin espantarse, llegad. Quisistes decir mentira, y sacaste la verdad. Dadme los brazos señora. Por mi amiga te los doy, y de mi sosiego autora, ya de tu vida te doy, para bien, vive en tal hora. Los pies gran señor os pido, porque de ellos me levante contento y favorecido. Alzaos del suelo Almirante. Siempre vuestra hechura he sido. Aqueste es el fin que dio a su fábula Batillo, y que os pida, me pidio perdón de su humilde estilo, y así os lo suplico yo.