Texto digital de Destinos vencen finezas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lorenzo de las Llamosas
- Atribución estilometría
- Lorenzo de las Llamosas Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Destinos vencen finezas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/destinos-vencen-finezas.

DESTINOS VENCEN FINEZAS
JORNADA PRIMERA
Erene sus furias el viento. C El viento. Amanse sus iras el golfo. El golfo. El Cielo hoy influya venigno. Venigno. El vosque responda sonoró. Soñoro. El vosque, y el viento, el Cielo, y e serene, influya responda, y se amanse su furia; sin ira, benigno sonoro. Benigno sonoro. Y dulces violines, del viento las aves. Las aves. Y blandos Clarines, las voces del Soto. Del Soto. Con pausas, y acentos, festejen, admitan, del Héroe Troyano, los naufragos votos. Si Juno ofendida, sus naves aflige, a impulsos del noto de Venus, mi madre, iran los favores volviendo en venturas, los que arma ella enojos. Si Eolo quiso hacerle de vidrios, instables escollos, Cupido mi hijo, hará se le vuelvan en blandos alientos, los que él forma soplos. Si Troya, abrasada se ve por amantes injurias de un robo, no en húmedas urnas pánteones de el agua, a ardientes reliquias de pálido polvo. Si pierde su patria Éneas, por ceños de influjo, envidioso justo es, que mi estrella aquí le conduzga, adonde a quebrantos sucedan reposos. Y pues que mercurio. Dichoso mil veces, mil veces dichoso, pues a mi obediencia por premio dispones, que sea en tu labio mi nombre el soborno. Pues cuando es el dueño, que impone el precepto un numen hermoso, para que a dicha se eleve lo humilde, lo mismo que logra le esta haciendo el costo. ido. Y para que lo prolijo de los ecos armoniosos, el deciros no dilate de mi obediencia lo pronto, con impaciente rendida, brevedad fiel os informo, de que Eneas con sus naves, vencido ya el proceioso contratiempo de los Mares, en esa Playa dio fondo, confesando agradecido, que vuestas Deidades, solo a milagros le mantienen de incendio, y Mar en los golfos. Pues Cupi Hermosa madre, ordena, que yo estoy pronto para obedecerte. Vamos hacia Esa Playa, que todo es menester, si queremos dar a Enas el socorro que le debemos, pues Juno, que es quien le persigue solo, por ser de la patria donde perdió conmigo aquel pomo, que la sentencia de Paris, entregó a mi cielo hermoso. esta Corte de Cartago descendera, a que los votos y que aquí la consagra Dido, Divina Reina, a quien todos nuestros Orbes se feriaran por los Cielos de sus ojos, en ese templo le aumenten e la vanidad. Vamos; solo quisiera que aquí Mercurio se quedase cauteloso, para introducirse cuando pasen por aquí los Coros que han de ir al Templo con Dido, pues es fácil de este modo saber lo que allá pasare. Dices muy bien. Yo haré todo. lo que Cupido me ordena. Pues para que en sonoroso acento; aún el habré espire suavidades de Fabonio, bue va a repetir el eco. El vosque, el Cielo, el viento, y el golfo, Cielos, si tardará Dido? pero pues felice logro que venga hacia aquí Timantes, criado suyo, yo me informo de mi duda, pues templando mi resplandor a sus ojos, podré sin que me conozca Deidad, hablarle por otro, Hasta cuando Hados impíos, haréis que yo desdichado acabe mi vida al triste. cruel afán de mis cuidados! Ay Dido adorada, hay dulce hermoso imposible, cuando para lucir lo rendido, romperé lo disfrazado. Enamorado de Dido . se lamenta. ̱. Ay crueles Ados! que puede importarme triste que yo muera idolatrando, si en ocultar que soy Yarbas, de Getulia. Rey Sagrado, a mi esperanza yo mismo, el sepulcro estoy labrando. Qué escucho? Yarbas es este, y se halla aquí disfrazado con el nombre de Timante? cuanto se debe a un acaso! Mejor será descubrirme, para que en empeño tanto, indignidades fingidas, no justifiquen estragos: mas de qué podrá servirme decir quien soy, si me hallo en implicados ahogos por mil razones de estado amante de Dido oculto, y enemigo de Carrago? de suerte, que en un sujeto, con dos afectos contrarios, aborezco como Reina, la que Deidad idolatro. Pues ya lo que más importa, sin ser visto le he escuchado; antes que aquí me descubra quiero irme, que yo a encontrarlo volveré por otra parte sin gran dilación. No hallo. mas medio en las intrincadas dudas de tan arduo caso, que consultar hoy a Juno en ese Templo elevado, donde esta Divina Reina; temo deje desairado de juno el bulto, si deja ver en el Templo sus rayos, pues en ella el sacrificio se verá mejor logrado, cuanto hay de Deidad viviente, a un inmóvil. Simulacro. Pues corre a cuenta del Cielo nuestra fortuna, sigamos esta vereda, hasta donde condujere nuestros pasos. Pero qué voces son estas? mas qué miro? hacia estellado una tropa se encamina; y según lo que reparo, en traje, y senas parecen de algún funesto naufragio, humedecidas reliquias, que ha expuesto a la orilla el Hado Escucha, aguarda, oye Joven, Fingiendo que me he asustado, y que aquí vengo a buscar en Varbas seguro amparo, me quedaré introducido con el; favor, que he encontrado . con unos hombres, que creo son piratas, arrojados de la pasada tormenta a nuestras Costas. Ya es vano tu temor, que yo resuelto te defenderé. Pues vamos: pero ya llegan. No importa. Pues que venignos los Astros . aquí nos han conducido, razón será que sepamos a que parte hoy el destino feliz, nos ha encaminado: mas allí el Joven que huía, con otro está, Cielos Sacros! Oh encargaos de mis voces, sl o gobernad los acasos, salve, o Jovenes ilustres; y si es que acaso al gallardo espíritu vuestro, pueden llegar hoy recomendados unos nobles Extranjeros, redimidos dé un naufragio, nuestra confusión os deba que nos informéis humanos, qué tierra es la que felices rendidamente pisamos, y quien es de sus dominto; el Augusto Soberano, para que nuestros respetos hagan lo que deben? Tanto por la razón de Extranjeros quisieramos emplearnos en serviros, que sentimos que se nos malogre el garbo de obedeceros, por ser tan fácil vuestro mandato. Qué galán que viene Eneas, que hermoso que viene Ascanio . La tierra, donde seréis acojidos, no arrojados, es la dulce amena fértil, verde playa de Cartago, en cuya felice Corte Reina Dido, aquel milagro, que a perfecciones parece quisieron formar los Astros. Ella es nuestro dueño, porque aunque desean su mano del África algunos Reyes, y Príncipes Soberanos, su esquivo genio a ninguno admite con tan airado desdén, que el susto del ceno la excusa muchos estragos, porque en miedos de escarmientos, contiene los desengaños. Mas para qué os encarezco su beldad, si habéis llegado donde os informen los ojos, mucho más que no mis labios. Pues por aquí hacia este Templo, que su afecto ha fabricado a Juno, tutelar suya se ha de conducir, y es paso este en que estáis, donde atenta la Selva espera sus rayos. para lograr en perfumes sus aromas, elevando las que son exhalaciones, a Religioso olocausto. Y pues que ya satisfechas vuestras dudas he dejado, hacedme ahora dos favores. El uno es, que honréis el cuarto de mi posada; y el otro, me digáis quien sois, si tanto puedo deberos, y adonde era vuestro viaje? Dándoos inmensas gracias por lo uno, a lo otro os digo, que es laigo de contar; y así, por ahora si puede ser, contentaos a con saber que soy Eneas, del lamentable Troyano, mísero infelice Reino, a quien sepultó el estrago errante, vaga reliquia. Este que veis es Áscamo mi hijo, Olimpo, ese Docto Sacerdote, que el Sagrado culto de nuestros Penates ministra, y estos bizatros Capitanes, los que el Cielo altamente ha destinado, para ser medios que cumplan sus decretos Soberanos. Oh gran Héroe, que confías sin pasarte a temerario. Oye usted, ha señor mío, para que no llegue el caso de que se informe de mí, de la boca de mi amo, quiero decir yo quien soy. Calla loco: este es un criado mío, que solo me sirve de. Tenga usted, que no paso por eso, uste ha de dejarme que me copie de mi mano, que no quiero que mis vicros salgan al temple pintados, y que después mis virtudes, al fresco queden en blanco; yo me llamo Deífobón. ̱. Cómo? Deífobón. Y trato mentiras de nunca en nunca, verdades de cuando en cuando, galanteo mi poquito, leo que me hago pedazos; y por estas dos cosillas, solían los mentecatos en Troya, llamarme loco, y alegres los Cortesanos. Quise un poco un imposible, de quien un tiempo fui trasto, en cuyos anos compuse un cierto Bocabulario, donde andaban las palabras mintiendo significados: pero pues ahora tenemos el tiempo tan limitado, que para más de mil cosas, solo hay dos horos, y cuarto; suplico a uced que restane ese flujo, que asomado le miro ya de preguntas, para otra vez más despacio. Si vos le escucháis, veréis cuan poco es su juicio: vamos, donde pueda cuanto antes a adorar el Soberano bello esplendor de la Reina. Todos lo mismo deseamos. s. Deteneos, que ya avisa ese rumor acordado, que con cáuticos alegres, al Templo se va acercando la Reina. Y aún aquí llega ya del concento el aplauso. Vengan, vengan las flores, las flores vengan, el jazmín, y la rosa, el clavel, la azucena, vengan vengan, que a Juno, Suprema Deidad del olimpo, consagra del Orbe la más noble Reina. Venga aquel jazmín, si, sí, sí, sí, venga, que en fuego nevado, luciendo su Aroma, el Cielo de Dido, le pasará a Estrella. 1. . Venga aquella re si, sí, sí, sí, venga, verá que el rocío que guarda en sus conchas, la mano de Dido la cuaja hoy en perlas. 2. Venga aquel clavel, si, sí, sí, sí, venga, que aquellos ardores que enciende en sus ojas, serán ante Dido, Sagradas hogueras. Venga la azucena, si, sí, sí, si, venga, que aquella nevada hermosura que viste de Dido, el contacto la eleva hoy a eterna. Vengan, vengan las flores, Pues ya esta hermosa guirnalda. ha acabado en mí la atenta votiva humildad, que a Juno en mi corazón venera. Y pues que mi hermana Anarda, ese pomo de oro lleva, a que sea desagravio de aquel otro que la ciega, pasión de Paris dio a Venus, de Ida en la competencia. Vamos hacia el Templo; pero qué gente, qué gente es esa, en quienes dejan mirarse de Extranjeros tantas senas? Llegad ahora. Yo a sus voces infundiré mi elocuencia. Señora, nosotros somos; . qué Majestad! qué belleza! . de los incendios de Troya, viviente ceniza hierta, y segunda vez del agua, una resaca pequeña, que a estas Costas ha arrojado de los Mares la inclemencia; bien, que con haber llegado a besar las plantas vuestras, para empezar las fortunas, van cesando las tragedias: Eneas soy . Qué he escuchado! en hora feliz merezca este Reino tanta dicha, pues ya de la fama vuestra, tanto han llenado las voces el Orbe, que no hay desierta población donde el aplauso. no admire vuestra grandeza. Y puesto que en vos sejunta ser de la alta descendencia. de Venus, y Achiles, no haya en toda mi Corte, y fuera, entrada, plaza, o Castillo, que ya lo esté a la orden vuestra; ha Cielos, si en el gobierno de mis dominios, Eneas. quisiese entrar! Yo, señora, ni aún las palabras encuentran mis voces, pues su hermosura las tiene en prisión suspensas; bien, que fortuna tan grande, mi indignidad no merezca, tampoco a vuestros preceptos, se negará mi obediencia: pero mirad que no fío de tan cortísimas prendas como las mías. . Ociosa es en vos tanta modestia. Y para que yo conozca los que os acompañan, deba a vuestra noticia algún informe; porque así pueda con distinción mi cuidado, hacer de ellos diferencia. Este, señora, es Áscanso, hijo mío; cuya tierna edad, esta de dos lustros de infortumos ya compuesta. A vuestros pies, gran señor, a nacer mi dicha empieza. En mis brazos te recibe mi compasión. Más bellezas descubre; mientras más miro la perfección de la Reina. Este es Acates, señora, aunque mejor otro Eneas le llaman en mi carino, tantas fieles experiencias. También de vuestra amistad, es la fama pregonera. i. Dichoso quien ha llegado a ver en vuestra presencia, de Cielo más soberano, vermas las influencias. egún escuche, la hermana es sin duda de la Reina, la que tiene el pomo de oro den las manos; qué belloza! mas qué es esto! tan aprisa qme rinde amor? . Bien empieza ya lograrse aquí de Venus, y Cupido la influencia. ̱. Mucho me repara Acates, . y con atención modesta, aue parece que ya a los ojos a va trasladando la lengua. IOlimpo es este, quien Docto el Sacro Culto gobierna de nuestros Penates, y estos compañeros que me enseñan con su ejemplo la constancia; en tan míseras tragedias, son de la Fénix Troyana el espíritu, que queda a hacer verdad, que otra vida renacerá en sus hogueras. ̱. Y yo, señora, soy un hombre de tal desvergüenza, que sin irme, ni venirme, me entro hasta las plantas vuestras. Quién es este? Este es un loco. Que siempre de esta manera Si me honre mi amo! en fin, cada uno tiene en el mundo su tema. Pues yo voy al Templo ahora, qae porque el Sacrificio espera, y no pueden dilatarse a la Deidad las ofrendas; y más cuando favorece con una dicha como esta a Cartago: si gustaréis, podéis venir, que la vuelta daremos luego a Palacio; ao haz, Lidante, se prevenga luego hospedaje decente a la persona de Eneas, y a los que en su compañía honraron estas Riberas. Esto, más Hados aleves! . tan breve queréis que tenga que envidiar, a quien perdido llega a nuestra Playa apenas? A obedecerte, señora, voy al punto; cruel estrella! . no basta que de la Infata, en este traje me vea enamorado, fingiendo que sirvo a Dido, y que tenga abandonada en Numidia la sucesión que me espera, como Príncipe heredero, si no serme tan opuesta, que aún este rato me quites de que goce su belleza? . Tantas honras, solo puedo págaros vuestra grandeza. Todo es debido a tal Heror como vos. Ten cuenta Éneas . con los favores de Dido, pues escuchaste, que ofrendas consagra a Juno, quién es mayor enemiga nuestra. Ya estoy en eso; mas como . podrá haber quien se defienda de una beldad, que sin iras sabe esgrimir tantas flechas? Ay, Éneas, amor sabe si ya algún susto me cuestas. Pues prosiga la armonía. También irá mi asistencia con Eneas. . Repitamos al Cielo nuestras Cadencias. Vengan, vengan las flores, Digo, acá. . Qué quiere? Quiero decirla aquello que sueña a discreciones, y sol en ojarascas se queda. Por cierto que el hombre tiene buen humor. Ea, Lidora, tenga más juicio, y al Templo camine; y usted, qué intenta? Mire el tonto; no conoce que si acaso yo quisiera testigos de mi cuidado, publicara mi simpleza? Lisidas; déjele; sabe si acaso decirle intenta alguna cosa que importe? Qué ha de importarla? venga; como qué, qué por las manos se hablan! ay tal desvergüenza! vamos, pues. Hasta la vista. Váyase ya en hora buena. Y el norámala el vejete, forrado con fondo en dueña. . Dónde he de ir? qué he de hacer? los Cielos me falta, los montes me injurian, hallando esta vez, calmados los vientos, suspensas las olas; sin que mis decretos, vea obedecer: dónde he de ir? qué he de hacer? Yo espere, que en un monte mi belleza llevase el premio por la más hermosa; más Venus consiguió con su impureza la manzana preciosa, siendo señal en ella su ventura, de que no era más bella su hermosura. Después quise que en Troya, no quedase. aliento, que infeliz no falleciese, porque entre sus cenizas se ocultase, que yo el premio perdiese; pero a pesar de mi mentida gloria, sobra ya en muchas vidas la memoria. Airada, después, quise que los vientos unas naves errantes zozobrasen, porque así en sus fatales escarmientos, mi afrenta conmutasen; pero los votos de un cansado ruego, tanto el viento enfrenaro como el fue, Después del Mar en la soberbia fría, pensé darles sepulcros cristalinos, convocando cruel la rabia mía, los fatales destinos; pero al fin de mis Playas las orillas, se han dejado besar hoy de sus quillas Pero pues, Eolo, ha sido cómplice de mis ofensas, de mis rigores las sanas, y las crueldades padezca. Instable caduca helada, vana Deidad, que sujetas. en húmeda Gruta umbría, las inconstantes violencias. Tú, que al reves delos otros Soberanos, te contentas de tener en tus vasallos, mas sin orden la obediencia. Tú, que a Cierzos, o Aquilones, remites lo que decretas, y en urcanes, explicas el menor ceño que ideas: ven a mis voces. Ya, Juno, tan tímidamente alientan ante ti mis inquietudes, que ni a respirar aciertan. Como inovediente omiso, permitiste tú, que Eneas, solo a corvos hierros diese, y como, sepulcros en las arenas, y como Consorte, hermana de la Deidad más Suprema: oye verás que mi culpa, no te ha labrado esa ofenso. Yo quise en airadas, rendidas violencias, hacer que esas naves, en míseras piezas, ni aún para escarmiento de osados dasen, a dar del naufragio con lástimas sen Del Padre Oceano, la plata más tersa, reduje a Montañas de frágiles peñas; porque en obeliscos de espumante golfo, memorias, y vidas panteones tuvieran. O puesto a los rumbos, que sus proas llevan, vuelvo el duro pino en débil entena, haciendo mi furia que a rafagas crueles, el lino, la tabla, y el cáñamo cedan. Mas vueltas las popas hacia mis violencias, le sirven de avanzo mis cóleras ciegas; y se hacen impulsos los mismo estorbos, que antes obligaron a ferrar las velas. Si así te disculpas, suspende la lengua, y vete, que armada de cólera ciega; me iré donde el ruego ya nunca me obligue, si no es que en mis aras sea víctima Encas. Dónde he de ir? qué he de hacer? Al Templo, al Templo, del Valle, del Monte, del Mar, y del Viento: al Templo, al Templo, pues Dido hoy a Juno consagra en un pomo, ofensas que Paris hizo a sus Luceros: al Templo, al Templo. Antes que a nuestra Suprema Diosa, los Himnos se canten; ese hermoso pomo, hermoso Don, que debe hoy entregarse a la mayor hermosura: . vuelva a mi mano; o amable hermana, querida Anarda! pues cuando felice pase a la de Juno, yo espero que llegue a desagraviarse de sus ofensas, pues juzgo que pueden llamarse iguales al Teatro de Ida, Cartago el juicio de Dido a Paris. Que de consuelos le fingeap. a sus altas vanidades! Déjala, que pues atento; ves que he venido a ocultarme, transformado hoy en Ascanso, yo haré que tantos ultrajes, esta Reina altiva, al Sacro Imperio mío me pague. En cada acción a mi pecho, nuevas prisiones anade. Que bien en manos de Anarda el pomo estaba poco antes, . si le labró por tesoro de la hermosura más grande. No casa con su elocuencia, el dulce nutar de Acates, Allí están. Cupido, y Venus, a ellos iré, pues que nadie puede conocernos cuando vestimos humilde traje. . . Adite Sacra Venigua Deidad, que por triunfo enlace esta guirnal da tu frente, pues llegara a eternizarse mucho mejor en tu cielo que la que hizo Ariadna Imagen: Y este pomo; mas qué miro! el hierto bulto que el arte dejo sin calor, por solo debérsele a los altares, juzgo que airado rehusa, que este culto le consagre; qué desdicha si es que es cierto! pues ahora las terquedades, mucho más que no lo dócil, desea el justo en el Jaspe; mas puede ser que el vaiven de la peana me engañase, otra vez de mis alientos apelo al último esamen. Recibe; pero qué pasmo! yo no sé, ya no me cabe el cora con ha latidos, en el pecho; fiero trance! la acción, la voz, el aliento, la vista todo a dejarme se amorima, hermana Anarda. Señora. No han de acabarse las desdichas, ni en el mismo sagrado de los altares! Cielos, porque Dido anime de mis alientos vitales, tomad toda aquella parte que sobra a mi pena amante. Dizque el agua de la Reina es muy buena en casos tales. Todo esto es, que Juno siente que Dido a Eneas ampare. Si siente eso, yo haré en breve que pase también a amarle. Ay de quien contra si tiene estas dos Sacras Deidades! Qué compasión! Qué será esto? Que ha de ser, si no pesarle de haber de dejar el solio, y no pensar en bajarse. Ay Cielos, adónde estoy! pero en qué pienso, no pare la diligencia hasta ver si puede desenojarsa Juno. A. Pues dinos, señora, el modo por donde Sabes que está irritada? Vosotras, como estabais tan distantes, sin duda que no habéis visto como hay cielos en el trance de ofrecer aquellos Dones, por dos veces a esa Imagen, huyo la cabeza y brazo, haciendo; pero a eclipsarse pasa el Sol, la luz se pierde, y aún parece que se cae el Temblo. Juno, piedad. Favor, Jove. Ay desacato, que de mí, ni de mi madre, no invocando aquí los nombres; desprecien hoy las Deidades? . aguarda aquí con Mercurio, que solo saldré a vengarme. Salgamos todos del Templo, por si llegó a desplomarse. Por eso toda mi vida he vivido yo en desbanes, que no teniendo emplomados, están libres de ese achaque. hasta que yo vea segura a Dido, sígueme Acates. Sin ver a Dido, es preciso que toda la luz me falte. . Ya te obedezco. Si yo . la Infante acaso encontrase, para sacarla del riesgo. Quién es? Éneas es; padre, Áscamo soy. No me dejes, hasta que de aquí te salve. Quién eres tú? Ya hallé a Dido; yo soy Ascanio. Ay Infante perdido, infeliz; mas Cielos, . después que llegué a tocarle, parece que todo el susto se convierte en suavidades, y que ya menos confuso, se va serenando el aire. . Pues en los dos mi veneno, he infundido yo, y madre, el Templo de su enemiga, por ser contra lo que ella hace, hemos de llenar a un tiempo, de luces, y claridades. Ascanso, Ascanso. Señor. También iba yo a llamarle, que después que me ha dejado, he sentido el que se aparte. Ya se descubren de Dido las Estrellas celestiales. Ya las puertas se perciben. Que cerca de mí está Acates; ya me causaba gran pena el que a Dido no encontrase. 3 Serénese el viento, calmese el alte: y pues el Olimpo a Cupido obedece, también de la esfera el imperio volante, retoque a su influjo; de luz apacible, los mustios celajes. Nueva armonía se escucha, Estos serán pasacarles, para volver a los tonos en que chillávamos antes. Pues a palacio volvamos, así para que descanse. Eneas con otro afecto, juzgo que llego a nombrarle, como porque estos misterjos, o se apuren, u declaren Mi vida va con la Infanta. Válgate amor por Acates, Mucho temo entre mis dudas, que estos ceños se declaren contra nosotros. Éneas. yo me prefiero gustoso a iros sirviendo delante: ay Dido, cuanto a tus ojos . podré lucir yo lo amante. . Ya os sigo: ay hermosa Dido, . adonde mis livertades. han encerrado tus ojos, que ni aún veo dónde yacen? . Ay si fuera la Comedia algo más larga, y que lances. que salieran del tintero, huyendo de los cendales: mas lo que falta, va a cuenta de Loa; Saínete, y Valles. Serénese el viento,
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Señora, de que te afliges, porque con milagro nuevo, tempestades formas cuando se ven tan bellos luceros? Dime que tienes, descansa, pues en mí te oye el afecto tan parcial, que como míos atiende tus sentimientos, no así reprimas tus penas, que estará quejoso el Cielo de que una Deidad maltrates, por no violar un silencio. Ay hermana, mis pasiones, son de linaje tan nuevo, que ignoro el nombre a las mismas inquietudes que padezco. Ay Dioses, sin duda juzgo . que esto es amor, y no creo que me pesa de tener autorizado un ejemplo, para que no escandalice el que padezca lo mismo. Yo muero; pero qué digo? solicite algún remedio mi pasión: ola. Arrimad aquí un asiento, y haced que vengan al punto aquí con los instrumentos, todas las mejores voces, que hubiere en Cartago. Luego al punto vendrán, señora, . Veamos si así doy consuelo a la ciega fantasía, qué martiriza mi aliento. Señora, pues ya que gustas de oír cantar un tono nuevo, podré decirte, Ay hermana! dile si quieres. Ya empiezo La rosa que reina el dominio del prado, porque oye un Gilguero, que al Alba madruga a llorar afectos, vierte, rompe, exhala sus perlas, sus ojas, su aliento, y el Alba le dice, no pierdas ociosos floridos requiebros Recoje ese llanto, pues aquel Gilguero, cruzara la esfera con rápido vuelo, y al ira otro clima, tus ansias huyendo, quizá a un tu memoria dejará en el viento. No rompas el nácar que viste tu pecho, mejor es que sirva al ansia de velo, pues penas que salen del labio a los riesgo, pasan a peligros, S si anter son misterios Enjuga esas voces de néctares bellos, da pues sus desperdicios crecerán tu fuego; no hagas que de inútil arrepentimiento, labre otro martirio lo que ahora es remedio. No cantes más, que parece que con migo ese concepto hablando está. . Luego tú. No prosigas, que no quiero que a tu conjetura debas la noticia del tormento que me aflige, si no al fino carimo que te profeso. Ya hoy a Eneas escuchaste de aquel miserable Reino de Troya, su patria, el triste lamentable fin funesto; también le oíste los peligros, que sus Naves en el fiero tormentoso mar pasaron hasta llegar a estos puertos. Sí señora, y elocuente dio a las Historias tal cuerpo, que dudaron los sentidos, animados los sucesos. Pues en fin, si has reperado en su valor, en su ingenio, y sabes que de los Dioses, según la fama (que en esto crédito merece) tiene su alto origen, ya no temo el que sepas, que deseando tanto Heroe para mis Reinos, piense en. Señora, ya está todo prevenido. . Cielos, a que buena ocasión llegan, pues me embarazan el fiero trance de decir que a Eneas; mas aún de mí mismo aliento he de ocultar mi delirio en la cárcel de mi pecho; A embarazarnos llegaron: mas ya está claro su afecto. Cantad, pues; pero que Ascanso, tú también cantas? . No tenigo muy buena voz, mas veré si yo agradarte merezco. Pues siéntate tú, y mi hermana también puede hacer lo mismo. Empiece el Coro, y después cantará Áscamo el primero. s . Segunda vez disfrazados, nuevo ardor con nuestro acento, hemos de infundir a Dido. A seguir tu gusto vengo. Y yo a obedecer a entrambos, con humilde rendimiento, dándoos noticia de haber dicho a Éneas, que encubierto está Yarbas con el nombre de Timante. Bien has hecho. No más pesares, no más, dejadme mi pensamiento, que aún para sentir los golpes de tus discursos inquietos, mejor que no mis desmayos, te servirán mis alientos: no más pesares, no más: dejadme mi desaliento. Para que tantas penas, si ya en mi pecho, por no caber se caen del sentimiento, y el que es solo del alma embarazo, parece del golpe un altivo desprecio. No más pesares, no más, dejadme mi pensamiento. Los males desmedidos al sufrimiento, con lo mismo que rinden dan el remedio, pues llevándose toda la vida, se labra el descanso del pálido hielo. No más, Sean solo las penas desasosiegos, si quieren que la vida sea desuelo, que los males por muchos a veces, el juicio reducen de vago a suspenso. No más, Qué bien has cantado: Anarda, haz que llamen al momento a Éneas, para que logre esta diversión; ay Cielo! . que no sé si este es arbitrio para poderle estar viendo. Ya voy, señora: mas él acá viene. Trae un asiento. Señora, a deciros vengo, aunque es contra mi fortuna, el juicio, que ahora han hecho los Sabios, del grande asombre que hoy hemos visto en el Templo, pues habiendo yo asistido de vuestra orden al Consejo, es razón, que aún contra mí, os diga lo que sintieron. Lo que yo os suplico ahora, es, que os sentéis lo primero; y lo segundo, pues va i. juzgo poco más, o menos, como habrán interpretado el caso los agoreros: que oigáis la música un rato, pues para todo abra tiempo. A qué buena ocasión viene, pues viéndose los objetos que se aman las influencias, tienen más activo ofecto. Muy bien le dispone todo, O yo me engaño, o yo entiendo, que más que hospedaje en Dido, son estos de amor extremos. Prosiga, pues, la dulzura. . Ya, señora, obedecemos. 3. Amor, si me aprisionaste en tan dulce cautiverio, solo te acuso lo tarde que me hiciste prisionero, no aflojes, no enbebas, no temples el arco, la cuerda, y el fuego. Malayanlos que sin adorarte gasté mis alientos, pues sin este dulce. martirio alagüeño, andaba en el ocio perdido mi pecho. Tabién el castigo de no haberte amado, rendido padezco, pues es otra vida arder en tu incendio, donde el abrasarse nunca es escarmiento. Felice aquel lazo, que hoy une en amante prisión estos pechos, o nunca sus nudos, por que sean eternos, la ausencia los lime, los desate el tiempo. 3. Amor, si me aprisionaste; . Mas por si el destino aleve, con sus fatales decretos. intentare dividirnos, muera a tu vista primero, pues aquella compasiva lástima, con que tu Cielo. me verá expirar. No digas, ay dulce bien lo que temo, que me hace la fantasía sentir ideado el suceso, y primero yo a tus ojos morir quisiera. No necios. hagan audar los anuncios, tan veloces los recelos. Mejor es que estos instantes: de felicidad logremos, cuestele sus desengaños, al dolor del escarmiento: y así. Qué quieres? Yo solo con amarte, satisfecho, ver tus ojos. En los tuyos. adoro mi mejor Cielo. En esta unión venturosa, vivid felices diciendo. 3. Amor, si me aprisionaste, s. Qué es esto! qué dulce echizo se ha introducido en el pecho, que lo mismo que cantaban, parece que iva sintiendo. Qué echizo es este, que en blandas consonancias, a sus ecos. el corazón ha gustado, a un lo que ignoró el deseo. No sé que nueva fineza me ha aumentado este concento. Simduda que en estas voces hay algún alto misterio, pues este instante he sentido las memorias de otros tiempos. No cantéis más. Ya les queda más infundida en sus pechos, la correspondida blanda actividad de mi fuego. Vámonos ya; pero donde lo que pasare observemos. Ahora podréis decirme, con qué sentido han expuesto el caso que ha sucedido. esos vanos agoreros. Vámonos a esta otra pieza, solos a los dos dejemos. Quisiera ahora el influjo de nuestra tutelar Venus invocar; pero también ahora su influjo temo. . Yo quiero abreviar la audiencia, . porque si aquí me detengo, podrá ser que a mis palabras. se me vayan los afectos, y falte con un delirio, de una atención al respecto. Señora, todos los sabios son unánimes de acuerdo, que todo el rigor de Juno, nace de que hoy a estos puertos, haya el infelice Eneas arrivado con sus seños; y así, señora no aciertan mis voces, reconociendo (qué ansia!) que por mi causa aventuráis todo el Reino. Yo quiero sacrificarme otra vez a ese elemento, aunque su inconstancia fría, dé urna de nieve a mis huesos, jurando a vuestra hermosura (decir quise a vuestro cielo) que irán siempre en mi memoria, tan rendidamente impresos vuestros fávoros, que el alma desamparará primero, que apartar de su memoria el menor de los que os debo: Y así, a vuestros pies, señora, (solo de pensarlo muero) licencia os pido infelice, para no volver a veros, pues pienso zarpar (yo acabo) y dar las velas al viento. Luego que de vos me aparte, (el dolor me deja hierto) si es que antes mi misma pena no me ahoga en un mar de incendios. No más, Éneas, hasta ahora no conviene que un recelo os haga volver al susto que habéis dejado tan presto, si él se va toda mi vida; (ya lo dije) en mi tormento, mientras que muerte no fuere, será continuo veneno. Señora, ved que por mí tenéis irritado el cielo. También puede ser que no; de dónde sabemos eso? A lo menos ya lo cree supersticioso este Reino y juzgará en las desdichas, que yo soy el instrumento de sus males. Porque juzgo que nacen de vuestro celo esas instancias, de tanta gana de iros, no me quejo; en fin, yo os pido, os suplico, y como Dama, el precepto os impongo, de que nunca me volváis a hablar sobre esto, si no querís, que si acaso, con vos irritarme puedo, me queje de vos; hay labios, . no deis paso a los afectos. Qué he escuchado! no parece . que a Dido le debe cenos la fiel atenta eficacia de mi humilde rendimiento! pues, señora, a las sagradas luces vuestras, les prometo de no haceros más instancia sobre este punto; y supuesto que esto queda ya asentado, paso a deciros, que hoy tengo sabido, que en vuestra Corte está un enemigo vuestro, y mío, que cauteloso oculto os está sirviendo. Y quién es ese? Es Timante. Cómo así? Cómo sé cierto que es Yarbas, Rey de Jetulia. Qué he escuchado! yo confieso que es mi enemigo, pues tantos anos de guerra su Reino, me ha movido, sin más causa que unos fingidos pretextos; razón, porque yo aún su nombre inmensamente aborrezco. En fin, yo le haré cuanto antes salir de Cartago; pero lo que no sé, es el motivo porque es enemigo vuestro. Acá es por una razón que él tiene de lo que siento. No sé qué decís? No importa, señora. Pues yo deseo que me digáis el motivo de vuestro enojo. No puedo Por qué? Porque si os lo digo de su parte, a mí me ofendo, y a él le labro una lisonja, con deciros mi tormento; y así, perdonad, señora, que os la calle, pues ya encuentro, entre lo que me habéis dicho alivio a mi sentimiento. Arto bien claro lo dice, mas no sé qué es que deseo, que sin embozos me diga, si acaso le causa celos; pues por vida mía os juro, que he de saber sin todeos el motivo. Pues, señora; culpad a vuestros preceptos, si mis voces ofendieren vuestro sagrado respeto, que el alma violar no sabe tan Divino juramento. La razón, porque enemigo: dije que le considero, es, porque como yo soy tan humilde enado vuestro, y se que osado él se atreve a mirar los rayos vuestros, con impaciencia rendida. de vuestra Deidad, el celo. me hace sentir ofendido sus osados sacrilegios: bien que cuando os he escuchado, que os debe aborrecimiento, el que no esté sin castigo, me va labrando el sosiego. Esto es en suma, señora, lo que ocultaba; y supuesto que queréis vos que os lo diga, a pesar de mi silencio, perdonadme a mí el decirlo, y sutrir vos el saberlo. Con que discreción me ha dicho . su amor a un tiempo, y sus celos! pues Eneas la experiencia. os respondera sobre esto, pues yo. Señora, en motines confundido, todo el Pueblo viene hasta vuestro palacio, diciendo en varios acentos. Viva Yabas en Carrago, y muera Eneas. Ay Cielos! Mucho más que lo segundo, siente el alma lo primero! Y lo peor es, que a palacio viene ya; y según yo creo de Juno, y de Yarbas mismo, conducido. s Cruel aprieto! Como con mi vida solo se sosiegue vuestro Reino, yo la feriaré a la muerte. por verle en paz. Aún no es tiempos de arriesgaros, y así en ese gavinete; pero Cielos, qué es lo que miro! Hasta cuando. de Juno durará el cenó? Ya este rumor nos precisa. a salir; pero qué veo. Al arma, al arma corajas, guerra, guerra, guerra, y en estas Riberas repita el estrago, guerra, guerra, mares, vientos, y celajes, opuestos convatan, travados resuenen, sueñen, suenen, y desde mi amago, al golpe se queje herida Cartago. Mientras que Eneas no salga de esta novediente tierra; guerra, guerra, y expuesto a las olas en frágiles pinos, padezca destinos, a ver si en los montes del agua es tan bella, de Venus errante, la trémula Estrella, guerra, guerra. Y puesto que aquí es el centro, donde mi injuria se encierra, guerra, guerra, sin que haya un instante de blando sosiego, pues sorda yo al ruego, haré que en los templos no obligue la ho por más que persuada con votos la esfera, guerra, guerra. Pues, Dido, de los Troyanos, las memorias nos destierra, guerra, guerra, y en tanto que al Rey de Jetulia, su mano no dejare ufano, desde ahora en el valle, en el mar, y en la sierra, el eco repita estruendos de guerra, guerra, guerra. Pero cómo, ay de mi saña, miro que se están serenos de las esferas los rayos, las ráfagas de los vientos, las cóleras de los mares, y el centro del universo. Segunda vez examine el poder a mis imperios, tiemble, gima, rasgue, abrase; la tierra, el mar, aire, y fuego, y entre rumas, y cenizas, de piras, y monumentos, represéntese en Cartago un teatro del escarmiento; mas ay de mil peor ha sido el repetir mis preceptos, pues con más inovediencia, se desairán mis imperios. Empenada está por mi Juno. En qué parará esto. Sin alma estoy, porque a Dido presumo infeliz que pierdo. Templa, templa las iras, los sentimietos, que es esa mucha fana para tu cielo. La Deidad que se enoja. con tanto extremo, con su hermosura estrena. su propio ceno, pues descompone el aire. de lo sereno: templa, templa las ira, Si has juzgado rebeldes los elementos, ya mi senora madre. los tiene presos, porque no anden jugando, con esos lenos: templa, templa las iras, A tu marido Jove, con dos pucheros, el semblante le puso de muy buen gesto, con que cuando tus gritos no huboremedio: templa, templa los ira, Si tú quieres que, Dido, elija dueño, como sin mí has tratado su casamiento, cuando sin mil Cupidos no hay himeneos: templa, templa las iras, Cielos, como permitis que venga un vendado ciego a burlarse de mis iras, para dar triunfos a Venus! En cada acento que escucho, se me aumentan los recelos. Cupido está de mi parte. Perder a Dido recelo. Cierto que es raro capricho, que con tantos escarmientos extrañes ufana, que de mi hermosura, sin tantas fatigas se logre el intento. Por la pasada esperiencia, pedí a Júpiter Supremo, que en blandas bonanzas de céfiros dulces, punese en prisiones tormentas, y Cierzos, Diome, no solo palabra, sino que hizo juramento de no revocarme hasta otros avisos, del ya concedido favor el decreto, Y así, es en vano que quieras conjurar los elementos, pues sin libertades por solo mi gusto; a álagos tranquilos están hoy sujetos. Pues aunque esto te parezca que no ha de tener remedio, sabe que voy ante jove, a hacer que sea este Reino Yarbas, y; pero en breve hablara por mí el suceso. Haz lo que quisieres; vamos, Cupido, a que procuremos salvar otra vez a Troya en Eneas. . Yo soy ciego, solo para obedecer tus Soberanos preceptos. 2. Al aire, al aire armonías, al viento dulzura, al viento, anticipad los aplausos, con galas; y con gorjeos, pues ya tenemos con intentarlos, solo los triunfos ciertos. Ilustres Cartaginenfes, obligado me confieso, a aquesas demostraciones que en mi favor habéis hecho, mas soy criado tan humilde de Dido, que no apetezco contra su Divino gusto, ni su mano, ni este Reino; y así, mientras que los Dioses se ajustan en sus decretos, y mientras veo si obligan está otra Deidad mis ruegos, retiraos todos; y vos, peregrino hermoso dueño. Qué escucho Dioses! no sé si yo podré sufrir esto. Que nunca sin embarazo pueda ver de Anarda el cielo, Perdonad, que mi rendida esclavitud. . Deteneos. A buen tiempo ha socorrido la paciencia al sufrimiento. Y auque pudiera quejarme, de que con tal fingimiento, Vuestra Alteza se haya estado oculto aquí tanto tiempo, para pasar a otra cosa, de esta ahora me desentiendo; y os digo, que aunque me importe el gusto, la vida, el Reino, no he de ser vuestra; y así, pues de mi animo os advierto sobre esta resolución; e elegid vuestro remedio; ay Éneas. pero vamos . a discurrir sentimientos. Sin voz me ha dejado. Oh cuanto hoy debo a Dido, y a Venus! Fiero desengaño. m . veamos si Éneas, supuesto que tanto a Dido le debe, puede persuadirla (ay cielos!) Éneas, pues hoy concurren todos los merecimientos en vos; pues Héroe, galán, cortés, rendido, y atento, tenéis excelsa sagrada afinidad con el cielo, no culpéis que yo me valga de vos, para que atendiendo a cuanto puede importarle a la quietud de este Reino, el que Dido a la Jetulia, conmigo estienda su cetro: cuando tuviereis lugar, la supliquéis. . Deteneos, que no habiendo de serviros, no es bien gastaros el ruego: ay destino, que me obligas . de Dido por el respeto, a no embarazar con otro, mejor estilo mis celos. Bien conoce Vuestra Alteza, que en cosas de tanto peso, como es entre dos Coronas, proponer un casamiento, no puede entrar atendido, quien es un pobre extranjero: fuera de que no presumo, que sea cortés obsequio, yporponer a una hermosura, elección contra su genio, pues que van las persuasiones, violentando sus afectos. Y así, supuesto que a Juno, hoy tan declarada vemos, jos, por vos allá a sus influ encaminad vuestros ruegos, en tanto que yo también voy a consultar a Venus. . Parece que se ha excusado. con razón; en fin, yo quiero volver a ver si de Juno me hace feliz el intento. . Vamos, con mi padre todos, hasta ver sereno el cielo, . Jove, piedad, pues no hay pasor donde no se encuentre un riesgo . Ay destinos, cuando iremos! a nuestro esperado Reino. . Válgame el mayor Penate, y cuantas cosas que tengo que responderme yo mismo, preguntándome a mí mismo: digo Deífobón, Lidante, aquel Principo encubierto, como no le ha dicho a Anarda, siquiera cuatro requiebro, para intentar persuadirla. Y Acates, como en el cuerpo se queda con su cuidado, sin atarse de silencios, y sin tomar por el pico algún poco de remadio? parece bueno el reparo, pues ételo aquí respuesto; dime majadero culto, (esto es hablarme a mí mismo) pues si ves que aún el romance, en que Eneas el incendio de Troya le contó a Dido, se hubo de decir adentro, porque acá, fuera se hallan muy apretados los versos, como quieres que se pare ahora nadie en esos cuentos? Y en fin, si ningún rendido. de los que ofrecen cortejos se queja de que en dos días no pueda hablar a su dueño, porque ahora ha de extrañarse en hora; y media lo mismo: pero aquí viene la causa, por quien juzgo que me muero A saber quien está aquí, de orden de la Infanta vengo: pero aquí está aquel Troyaño, parece muy buen sujeto. Me alegro de ver a usted muy buena, señora. El cielo os guarde mil años. Yo lo suplico a esos Luceros; y pues en las observancias de mi cuidado el respeto, sin gemir va tropezando en prodigiosos desuelos, tan sintino, que los sustos de la esclavitud, queriendo aglomerar los suspiros, se embaraza en los obsequios, tan sin temor de las iras, que llama los escarmientos, porque las ofrendas vayan sin tropezar en los riesgos; por tanto, y por otras causas: que me dejo en el tintero, os pido que respondáis. si lois acaso mi dueño. Oye usted? Qué dice usted? Ni una palabra que entiendo de todo cuanto me ha dicho. Qué dice usted! si por cierto, pues a mí por vida mía, casi me pasa lo mismo. Pues diga usted, con qué fin enfartó todo aquel cuento? Para hablar en cortadillas, que hagan ruido sin concepto. Pese a tal pesquele vivo: despeje usted Caballero. D. Pues váyase noramala. Este si que es buen despejo, Pues a fe que si le agatro. Pues a fe que si le pesco, que le eche dos cortadillos, que le haga dar de celebro. A mi cortadillos, antes me haga una satira en verso: vamos señora Lidora. Váyase él que yo no puedo, que a mi superiora voy a llevar una respuesta, aunque no llegaré a tiempo: ven, señores, ahora entraba de la Comedia el enredo, porque aquí salía la Infanta, llamaba a Cupido, y Venus en su favor, y después aquel Príncipe encubierto Lidante, se declaraba con equibocos afectos, eila creía que de Acates le estaba hablando, y con esto, empezando a declararse Auarda, le daba celos, él replicaba quejoso, Acates lo hoía encubierto desde un bastidor, y había su poquito de ay cielos; después salía juntando con lo quejoso lo atento, de algún entretenimiento; pero paciencia, porque no cabe todo en los versos, y esto por ahbra es preciso que haya de pasar adentro. . Bueno ha quedado el Vejete. hábleme con más respeto, y sino, pero agradezca el paraje en que me veo. . Ese es el viejo socorro de muchos que tienen miedo. Y ahora mientras los Dioses andan rizando esos cielos, por acortar la Comedia me entro también acadentro. Al aire, al aire armonías, al viento dulzuras, al viento, anticipad los aplausos, con galas, y con gorjeos, pues ya tenemos con intentarlos solo, los triunfos cierto S.
JORNADA TERCERA
En esta Selva, a quien llaman de los Destinos, porque este suele ser el sitio, donde las Deidades más frecuentes de los futuros sucesos, oscuras dudas resuelven. Aquí, donde hoy divididos andan misteriosamente Dido, y Anarda, sin otras curiosidades que quieren apurar de los sucesos, los furutos contingentes. Quiero saber. Ver pretendo. Mas no es Eneas? Mas este no es Jarbas? Eneas? . Señor? Aunque siempre yo por varias razones, tanto desee hablaros, ya conocéis que está destinado este lugar, al fin misterioso de consultar de los hados, ante vistos accidentes. Y así, mientras que en los Sacror laberintos de Cipreses, hago con mis persuasiones, el oráculo elocuente, perdonad que no os asista. . Yo os agradezco mil veces tanto favor; pero solo tengo por tal que me deje, a que en mí tristezan dulce, sin estorbos me recree; hay Divino armor responde ap. propicio a mis reverentes ruegos, que el alma te envía en suspensión elocuente. Ya estoy aquí sin testigos, que mi recato atormenten; cruel amor, porqué han querido tus arpones inclementes, que yo en Lidante aborrezca los rendimientos fieles, y que aventuré en Acates mi inclinación, cuando puede partirse de aquí, y dejarme todo este dolor ardiente? Ay amor, solo pesares a mis discursos ofreces! Pero en fin, veamos si al ruego de mí triste voz atiendes. Ay ciego amor, hay dulce fuego, pues ves sin ojos este amante ruego, respóndele a mi llanto balbuciente, lo ciego enmendarás con lo elocuente. La voz de otra queja escucho, que al amor llamar pretende, tan al propio intento mnío, que diremos igualmente. 2. Respóndele a este llanto balbuciente, lo ciego enmendarás con lo elocuente. Acentos desdichados, a tu Deidad ofrece mi impaciencia, porque en mi resistencia, los débiles sentidos ya postrados, dejan Donn dejan pasar la voz a los acentos, no a que sean razones, si no alientos. La prisión de un recato, encerró en mi modestia el fuego mío; mas ya en mi desvarío, compo lo que confusa no desato; pues el fatal rigor de mi martirio, comenzo indiferencia, y ya es delirio. Piedad, piedad te pido, antes que el llanto anegue en su corriente de mi triste gemido, esta que esfuerzo lástima doliente, pues atenta mi muerte, dificultó por mantenerle a tu deidad el culto. Ay ciego amor, No más llantos amantes, que esos gemidos, por mis piedades pasan a ser alivios: fuera martirios, porque cuando a las quejas amar las oye, de las ternuras hace sus compasiones. Bien sé yo que en Carrago, hay quien amante, diera toda su vida por explicarse; fuera pesares, pues amor que se calla por el recato, poco a poco a los ojos. pasa los labios. Ama, y sufre, que el ansia de los ahogos, no puede remediarse con solo un soplo; salgamos horros, sufreme tú las penas, pues yo te sufro, que de oprobrios intentes hacerme cultos. Pues a los dos he dejado respondidos de esta suerte, voy a buscar de mi madre, la hermosa Deidad celeste, quien ha ido al solio de Jove, a ver si felice puede hacer, que Éneas con Dido, esposo, y Rey, aquí quede . Que ame, y que sufra me ha dicho, el oráculo elocuente, con que será bien que a Dido busque, pues ella mantiene en mi corazón la activa llama, que el amor enciende. . Qué sufra, y ame, responde, ese misterioso, ese Sagrado acento, que al alma atractivamente hiere; mas lo que no ha declarado, es si Acates (cuando debe el alma a su nombre) o sí Lidante, aquel, cuyo aleve mentido, engañoso traje, me descubrío un accidente; ha de ser el que el destino decreta; mas ay! Suspende la fuga, las iras suspende, hermoso adorado, cruel imposible; y pues tus desdenes, de solo matarme, sus iras mantienen; atiende, atiende, mis penas, mis ansias, mis sustos, mi muer Para no irritarte sin otro delito, que solo el quererte fingí los embozos, que de antes vestían engaños corteses, sirviendo por gloria, feliz de obligarte, la dicha del verte. Descubrirme quiso, del hado importuno, la mísera suerte; (pies no porque lograse, que en cenos piadosos, mi incendio sino porque azules, coléricas rabias, el pecho mordiesen. No solo el vengarme, me impide el respeto que a ti se te debe, si no es que las ansias, que en duros recelos, el alma padece, no llegan a ofensas, y pasan de sustos que el alma atormenten Y porque conozco, que solo se irrita tu saña; de verme de riesgos, en riesgos, irán mis despechos buscando mi muerte, porque tú me debas, el que hoy por ti misma, a ti misma te de je. . Haces muy bien, que un rendido, por más que apure elocuentes armonías, nunca obliga cuando el genio no le atiende, baste por piedad, que a Dido no le haya dicho quien eres; ay amor! si es que yo a Acates estos afectos debiese, qué distintas sonarían sus voces a mis desdenes. Aquí parece que está, de la Infruta el Sol Divino; para que busco el destino, si mi fortuna halle ya? a hablarla llego; señora? Aquí viene. Yo no, cuando; h qué es esto, un frío va helando toda mi expresión ahora! Decid, decid, qué queréis? Pues si así vos me alentáis, no os irrite cuando oigáis lo que padecer me hacéis. Yo os vi, no sé si prosiga, porque a esto esta reducido, lo que calla mi sentido, lo que dice mi fatiga; parece que os demudáis de qué os diga mi tormento? ya lo dejo, que mi intento, no es que vos os ofendáis. Yo no me ofendo, antes quiero oiros gustosa, por ver como vienen hoy a ser lisonjas de un forastero. Lisonjas? ya más razón tengo ahora de callar. Pues por qué? Por no injuriar a mi misma explicación, pues será una ceguedad, que al ostentar mi fineza, la diga a vuestra belleza, sin méritos de verdad. Pues decid, quien asegura el que haya firmeza en vos? Todos aquí, qué en los dos mi fe está, y vuestra hermosura. Pues os debo ese dolor, también os puedo decir, que por vos llego a sentir la dulce inquietud de Amor. Ya el ácalo misterioso, mi pena os ha declarado. Luego en mi dulce cuidado, puedo llamarme dichoso? Tanto no; más bien podéis llámaros correspondido. Mi dicha así he conseguido. Aún mucho más merecéis; pero pues que más despacio, no podemos aquí estar, después me podéis buscar. . Pues a más ver en palacio. . Amor, amor, donde estas, vate las alas veloces, pues en mis voces soñoras, alegres festivas, sabrás cual es el destino, que a Eneas previene mi influjo Divir Amor, amor, donde estás, no se detenga tu celeridad. Ven a que sepas, que mi Deidad, ha conseguido un triunfo más, para otro timbre de mi beldad, no se detenga tu celeridad. Aunque de Juno, la vanidad hoy se me opone a su pesar, con mi belleza que ha de ganar; no se detenga tu celes Las competencias suyas, están sobre que Eneas, a su impiedad, víctima sea, sin más, ni más; no se detenga tu celeridad. Mas sus deseos le salen mal, pues la sentencia echada está, para que tenga fama inmortal; no se detenga tu celeridad. . Ya hermosa madre mía, rendido, obediente, postrado, viene mi cuidado con dulce armonía, a hacer que el mundo vea, que nada anima que por ti no sea. Antes extraño yo que tu hermosura, celebre que ha vencido, pues siempre tu luz pura, de intentar a rendir nunca ha admitido, más distancia que aquella, que hay de alumbrar tu luz a conocella. Di que quieres hacer, que todo el mundo, tu precepto Sagrado, con silencio profundo, espera reverente, y asustado, pues cree que tu gusto, será misterio aún cuando sea injusto. Si quieres que del mar las inquietudes, a tu Divino imperio juren esclavitudes, gemira en espumoso cautiverio, y sus ondas cansadas, ni aún se verán del céfiro rizadas. No más, no más, madre querida, pues tu Deidad aquí me tiene; no más, no más. Mira si gustas; que todo el mar incendio sea, y no cristal; no más, no más. a si quieres que idolatrar sepa en el monte la terquedad; no más, no más. Si se te antoja la actividad, petodo el fuego no quemará; no más, no más. La flor más débil por tu beldad, la haré que sea Astro inmortal; no más, no más. No áspiro a tanto, mo. Pues di, qué quieres! Solo que tú me asistas. Pues tú mi dueño, eres preven a más trofeos más conquistas, mientras con voz felice, el dulce acento de la esfera dice, 2. Quién habrá que de Venus, triunfo no sea, si en sus ojos se arman de amor las flechas. Pero pues Mercurio aquí, a tan buen tiempo ha venido, dándole ahora a él el orden, de lo que yo determino, sabrás tú con escucharlo, para que te solicito. Mercurio, vete a ese puerto, y prestando tú tu auxilio, haz que esos Bajeles todos de Éneas, se pongan listos; y después, di de mi parte al mismo Éneas, que activo, sin dilación, sin excusa, sin pretexto, sin motivo, se embarque al punto con todos sus compañeros, y amigos, pues los Dioses han resuelto darle por tu medio aviso, de que no es su voluntad, que funde aquí su dominio, pues le esperan con Lavima, allá en el Reino Latino, eternos blandos Imperios, de Provincias, y carinos, que yo de Jove he alcanzado, el que Eolo, con benignos embares, siempre le lleve por sereno mar tranquilo. Él no responderte, aún sea otra prueba de lo activo. . Según eso, ya no puede lograr la mano de Dido. Además de estar mejor, a su fama lo que has oído, para consolar a Juno, fue menester compartirnos Jove, sus altos favores, cuando a su presencia fuimos. Pues queriendo yo que Yarbas, no lograse este dominio, sino Eneas, ha intentado de Juno el coraje esquivo; no solo que Yarbas fuese dueño de la hermosa Dido, sino que. Eneas aquí fuese fatal Sacrificio: Entre las dos se quedaron los decretos divididos, como has escuchado; pero yo con otro arre distinto, pues además de esperarle a Éneas lo que has oído, le he alcanzado la fortuna de que Baje a los elisios; campos ha admirar los Heroes, que allá en los futuros siglos, han de dejar de dos mundos, el aplauso encarecido, siendo su mayor ventura, ver en el más alto nicho, a Carlos Segundo de Austria, excelso Tronco. Divino, en cuya unión Soberana, fiel adorará el olimpo de Mariana de Babiera, más hermosa que el Sol mismo, los Soberanos Reales, bellos rayos peregrinos; mira si tu hay otra dicha que a esta iguales; y pues sabido tienes lo más, sabe ahora, que con aplausos festivos, previene el tálamo Juno; para que Yarbas, y Dido, logren de de himeneo el lazo, Y así, para que en distintos aplausos, salga del puerto Éneas, con vaticiios tan felices, que aún del susto sepan borrar los peligos, preven nuevas armonías, de dulces marciales vitmos. Así será; sin que cesen esos ecos repetidos, con que pública la esfera, al mirarnos tan unidos. 2. Quién habrá que de Venus, triunfos no sea, si en sus ojos se arman de amor las rechas. Toda la Selva he cruzado, pero al fin he conseguido ver el semblante de Juno, con migo algo más propicio; ay cielos, si en estos ecos se ocultase mi destino. En todo cuanto yo he andado, no he logrado ver a Dido, si por la puerta que sale desde su cuarto a este sitio, se habrá vuelto, y a palacio; mas ay cielo. Mas qué miro! Eneas, buscáis aquí razón de buestro destino? Sí, y no, señora. ̱. Pues como si, y no? Sí, porque he venido aquí a buscar mi ventura en ver vuestro Sol divino; y no, porque mi fortima no la decreta este sitio, sino solo el bello influjo de vuestros rayos lucidos: perdonad, que de este modo os explique mi martirio, que ya causado el recato, de tanto como resisto, deja salir los afectos, no enviados, si fugitivos. Cortesano sois. Señora, aunque el atributo estimo, otra verdad, otro afecto mas humilde, más rendido, que el de la cortesama, en mi atención os dedico. Y cómo es su nombre? El labio, y el pecho, en opuesto estilo saben para tolerado, lo que ignoran para dicho; y así, perdonad que os calle su nombre, pues desconfío, de que como es en el alma, pueda ser en vuestro oído. Pues qué diferencia puede haber qué no la colijo. No más de que este cuidado, ocultamente sufrido, es mérito mientras vive, de mi pecho en el retiro, y podrá ser que en llegando a vos, se llame delito. Pues quién le ha de hacer que mude calidad así? El Divino respeto que a vos se debe, pues en efectos distintos, como beldad Soberana, y como Sagrada Dido, cuanto influis con vuestros ojos, culpáis con cenos esquivos. Aunque él se explica más claro, le he de obligar a decirlo, yo no os entiendo; y si acaso es lo que presumo, os pido, y segunda vez os mando como dama, que a decirlo os resolváis sin rodeo, ni cortesano artificio, pues yo os doy aquí palabra de escucharlo, sin que exquivos, airados cenos, os culpen la expresión como delito. Ea no seamos cobardes, alienta corazón mío, veamos hasta donde llegan de mi suerte los destinos: pues, señora, ya resuelto a vuestro gusto me rindo; pero quisiera, Decid. Ya que me espongo al peligro de decir mi amor, decirle con otro glorioso altivo, decente fin de mis ansias? que como delirio, puede ser disculpa en mi delirio. Decidlo, pues, que yo os doy para explicarlo permiso. Pues, señora, desde el punto que vi esos rayos Divinos, pasé a adorarlos, y para hacer menos lo atrevido, le persuadí a mi esperanza, ocultándome lo idigno, a que pensase en la dicha de vuestra mano. Qué he oído! ya a mi deseo ha quitado todo el costo de decirlo. Parece que vuestro ceno se irrita de lo que digo. bien hacía yo en tenerme los sustos, que aún no he perdido; pero no pude dejar de fiarme de esos lucidos Astros, que a mi voz supieron hacerse creer tan benignos. A demás que el conoceros por imposible Divino, igualó a mi atrevimiento, las razones del delirio, pues para con vos, cualquiera ha de ser como yo indigno. Esperad, porque no solo no me habéis vos ofendido, con lo que me habéis propuesto, sino que he reconocido por dos veces, cuanto os deben estos mis fieles dominios; la una fue, cuando aún dejarme quisisteis, porque motivo no tubiesen sus agüeros, para recelar castigos de Juno, debiéndoos tanto entonces, yo que movido, a mis ruegos me jurasteis, con tiernos encarecidos afectos, de no volverme a hablarme sobre el partiros de Cartago; y la otra es, ahora que me habéis dicho como aspiráis a mi mano, pues de este modo, el más digno Herbe del África, dais a estos Reinos; y pues visto tenemos lo que se opone, hoy Juno al intento mío, cuando compasiva a vuestras adversidades me inclino, no quiero perder instante, ya que propicia la he visto hoy a mis vaces, en este oráculo del destino: y así, id después a palacio, que allá hallares prevenidos, los aplausos que Cartago, os debe a vuestros carinos. Con que ya puedo. Es en vano desconfiar. De esos Divino: Luceros, llamarme esclavo. Ya de Cartago, y de Dido dueño sois. Ay dulce suerte! si tanto vienes fingido, pues ahora será bien, que a Ascanto, a Acates, y Olimpo, de mis dichas participe, cuanto di de mis peligros: . mas ellos hacia aquí vienen, de mercurio conducidos. Eneas sabe que vengo; a decirte que los Dioses tanto te atienden, que a mí me mandan que sus favores te partícipe, y así. Suspende, o numen las voces, que casi no hay más que sepa, cuando permiten que hoy logre, de la hermosura de Dido, ser dulcemente consorte, a cuyo feliz aplauso, ya mi ventura dispone toda el alma. Tú te engañas, pues antes te doy por otden, que desde aquí luego al punto, sin que en otra parte toques, vayas a embarcarte luego, pues por mí te dice Jobe, que en otra parte está el Reino, donde hallarás con renombre eterno; mas ni aún para esto ay tiempo. Qué escucho Dioses! ay Dido adorada. Ay bella Anarda. Mira no enojes las Deidades, Qué más puedo perder, si pierdo los soles de Dido. Ay Divina Infanta! Qué es esto, como unos Heroes así sacrifican una fama a unos amores! Mira padre lo que intentas. Obedezcamos los Dioses. Acaba, porque si llegan tus ansias a obstinaciones, las que hasta aquí son fortunas, tras volviendo rigores, Vámonos, señor, de aquí, que también yo mis amores dejo, y me voy muy alegre, sin saber como, ni adonde. No te detengas. Ay triste! ya voy, Dido me perdone; y puesto que prometí a sus dos Divinos Soles, de no hablarla en mi partida, no el que me vaya sin su orden la irrite, pues así cumplo lo que ofrecí a sus favores. Y pueso que de los hados, en los severos regires, Destinos Vencen Finezas, de Heroes con resoluciones, perdamos estos carmos, porque una fama se logre. . Sin alma voy. Solo el susto tiene mis respiraciones. . Gracias al Cielo que ya de tanto encanto de amores. salimos. Vamos alegres, pues nos favorece Jove. . Y yo con mis cortadillos, cargado iré, donde logre vender sus algarabias, como finas dicreciones. . Divina Venus, ya miras casi obedecido tu orden. . Ya los músicos festines, como tú lo has ordenado, señora, están prevenidos, solo esperan los aplausos, saber a quien hoy eliges por dueño del soberano imperio, que en las bellezas de tus Celestiales Astros, componen nuevos dominios. en vasallaje de rayos. Sin duda Anarda no ha dicho a Dido el atento engaño con que sirvo aquí, supuesto que sobre esto no me ha hablado. Pues que ya ha llegado el tiempo de que elija a mis vasallos feliz Rey que los gobierne, habiendo yo examinado, la discreción, gala, y brío, a que se añade el Sagrado origenque Eneas tiene de los Dioses Soberanos, cuya vida el Cielo vemos, que la mantiene a milagros; en una acción he resuelto, darle hoy el cetro, y mi mano. Qué he escuchado! así de Acates. el amor he asegurado; pues, señora, tanta dicha, todos es bien que aplaudamos, viva Dido, y viva Eneas. Vivan venturosos años. Y en confusas armomas, repita el acento vago. o Ven himeneo, ven, ven numen Sagrado. Ven himeneo, El tiempo, y la esfera, con dichas, con Astros, tribute fortunas, numere los años. Ven himeneo, ven, ven numen. Sagrado. Ven, y Cupidos felices, volando inunden la esfera de amantes halagos, rindiendo carmos. de Arpones dorados. Ven himeneo; ven. ven numen Sagrado. Las aves acordes, violines del prado, gorjeos entonen, compongan aplausos. de Dido la bella, del Heroe Troyano. Ven himeneo, De Venus, y Juno, celebre Cartago los dulces olvidos, de ceños pasados, firmando sus paces, de Dido la mano. eo, Ven himen Miente ese acento, y ese aplauso miente, que Eneas a los mares, etregado de mi ceño irritado, huyo veloz la cólera luciente, dándome aún cuando huyen sus temores, otro medroso culto a mis ardores. Volved a ver las rizas inconstancias de ese soberbio páramo espumoso, veréis cuantas distancias mide uno, y otro leño presuroso, adornando con grímpolas, y acentos, los diáfanos espacios de los vientos. Tú, Dido, pues no tienes más remedio, dale hoy el Reino a Yarbas con tu mano, pues este será el medio de templarme el enojo Soberano, porque si no, será fatal ejemplo, la que solo amenaza fue en el Templo. . Aguarda Divina Juno. Ea valientes Troyanos, hagamos fuerza de vela, para perder a Carrago, cuanto antes fuere posible, dé vista, pues los Sagrados Dioses lo quieren; ay Dido, en ti quedo aunque me parto. Ay Divina Anarda, al viento este suspiro le encargo, por si tocare su dicha, de tu esfera en los espacios. Asístenos, Sacro Jove. Ah si el mar fuera de vino, como pasara este trago. Vamos al Reino deseado. Señora, pues desdichado. conozco que tu pretendes, que yo no logre tu mano, no siendo tu gusto, yo no pretendo. Ay crueles hados! callad. Ay destino aleve, la vida me habéis llevado en Acates. Es posible. que esto sufro! o Soberanos Dioses! que de otra manera os iba a llamar, a cuando esperáis? por qué decid, uniendo estragos a estragos, no hacéis que ese aleve infame, fementido, vil Troyano, alimento de los peces, en tan míseros pedazos parezca, que aún sus delitos, en él queden sepultados: mas donde van mis deseos, contra quien merece tanto azul, clara monarquín, donde el Divino Oceano, tiene en húmedos imperios, tonto cristalino espacio; si pueden valer los votos de un corazón desdichado, llevad a Eneas felice, donde pueda lograr tanto favor del Cielo, que exceda la verdad lo imaginado: y en tanto el Coro de Tetis, mas ya obedece el acaso. Hagan la salva, bracea la gabia, caza la escota, larga esa braza, hagan la salva, buen viaje, clarines, obves, timbales. Pero qué he escuchado! Eneas alegre parte, y ufano! apartad, dejad, que yo cuando no pueda lograrlo de otro modos, esas aleves crueles ondas, con los brazos romperé, que entre sus senos, mis volcanes abrasados sin riesgo. Señorá, tente: ella delita. Apartaos; pero cómo, sin vengarme de un traidor aleves falso, he de morir! mas qué importa, recibe ya en tus espacios este espíritu afligido; o mar, y cuando los lazos desatares de mi vida, disuelve de mis cuidados, la dura prisión, que oprime el corazón! Cielos Sacros, qué desdicha! Qué pesar! Piedad, Jove Soberano. Ya a vuestras voces vienen veloces, hoy mis piedades, con suavidades, aquestas flores, con sus colores, el cruel martirio, de ese delirio, vuelvan ventura, de tu hermosura, Nueva razón, nuevo ser, bella Deidad, a tus rayos les debo, y así resigno el corazón a tu agrado. Ya venturosos, surcáis dichos el mar tranquilo. Sin que mi asilo, para ampararos, pueda faltaros. Pues a tu vista, porque te asista. Eolo alado, está postrado. Como tuyos al fin Venus, nos favorecen tus Astros, Y para que veas, o Juno, cuan rendido, y obligado; el corazón se confiesa a tus favores, mi mano es ya de Yarbas. Dichoso, pues tanta ventura alcanzo. Destinos Vencen Finezas, y pues día tan Sagrado, menores perdidas deja, sin noticio en los cuidados, dando también a Lidante, la esperanza de mi mano, pues luego quien es podré deciros sin embarazos. Felice yo, que ya el fin de mis ansias he logrado. Alternen a aquellos ecos, que los mares van poblando, de la prevención acorde, los dulces epitalamios: Volviendo a decir las voces, el que por eternos anos, se logren las dos edades de nuestros Reves Sagrados. El tiempo la esfera, con dichas, con Astros, tribute fortunas, numere los anos. Mientras en el mar repiten las consonancias, , . Hagan la salva, bracea la gabia, caza la escota, larga esa braza, hagan la salva, buen viaje, clarmes, obves, timbales.
