Texto digital de El deseado príncipe de Asturias, y jueces de Castilla
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Lanini y Sagredo y Juan Claudio de la Hoz y Mota
- Atribución estilometría
- Pedro Lanini y Sagredo Probable yJuan Claudio de la Hoz y Mota Probable
- Género
- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El deseado príncipe de Asturias, y jueces de Castilla. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/deseado-principe-de-asturias-y-jueces-de-castilla-el.

EL DESEADO PRÍNCIPE DE ASTURIAS, Y JUECES DE CASTILLA
JORNADA PRIMERA
E Gestro Invicto Rey Ordoño, en hora felice corone sus sienes, del círculo de oro, que le da la fama, y del Laurel sacro que Marte le ofrece. Viva nuestro gran Monarca. Invencibles Asturianos, ilustre clara progenie de la antigua sangre Goda, ̱n a ae e oe que en vosotros resplandece, e que con Reales ceremonias sea el primer Rey que estreno en Asturias coronarme con aplauso tan solemne, no habiéndolo ejecutado sus Reyes antecedentes: no lo estrañéis, ni tampoco, que el título Augusto trueque de Rey de Oviedo, en el noble de Rey de León; pues este es más heroico blasón, a quien Real León ofrece dilatar aqueste Reino aunque a Castilla le pesé. El Rey Ordeño el Seguado, a viva. . Viva. Ortún Melendez, como el Infanté Ramiro ha faltado a tan solemne coronación mía? . Señor, sin duda algún accidente en su salud lo ha causado: discuparle así conviene, . pues sin dar motivo, el Rey a Ramiro, les aborrece. A los Condes de Castilla, que de ti llamados vienen, que a recibir: este, Ortún, su accidente es y a los Reyes no sé miense. Vuestra Alteza vea, que yo Ah hijo aleve! su traición es declarada: Ortún, haced que despejen, y lo que os tengo mandado, luego que dos Condes lleguen, ponedlo en ejecución; y advertid, que sí te pierde por vos, la ocasión, no está de mis iras impacientes, segura vuestra cabeza. Yo lo obraré de la suerte que me ordenas tiranía es de sus iras crueles, que la muerte dé a los Condes de Castilla: obedecerle es forzoso; Caballeros, el Rey manda se despeje. Ya obedecemos. . Alfonso, Rey de Castilla he de hacerte, que a mi ambición, generosa (que hay ambiciones decentes) me viene estrecho el laurel, que el Reino de León me ofrece. Aguardando es toy los Condes de Castilla, que obedientes a cumplir el vasallaje, a que están sujetos, vienen, de que siempre que llamados de los Reyes de León fueren, deben venir a las Cortes. ̱. El intento no comprende s, mi juicio; a qué los convocas? Si desleales y aleves, conferencias con Ramiro, mi aborrecido hijo tienen, traidores va declarados no lo son? mas consu muerte daré castigo a su culpa, y honor a Castilla. . Advierte, señor, que no hay culpa en ellos, pues la que juzgas procede del Infante Don Ramiro, porque cautelosamente el afecro se ha ganado, de la Nobleza y la Plebe de León, con tanto extremo, ̱i que sin que de mí se acuerden, halla aplauso en cuanto obra, sequiso halla en cuanto emprende: mas no me espanto, pues viendo D (porque el Cielo así lo quiere) que mis continuos achaques tan sila salud me tienen, ni esperanza de lograr succesión, que en los Leoneses no es circunstancia menor, pues han anhelado siempre, que su Príncipe de Asturias tenga, quien le represente, y que mis débiles fuerzas me hacen insuficiente, al polvo de la Campaña, y al gobierno de mis Huestes, haciendo razón de estado sus desleales intereses, en que los votos son muchos, y que es ley humana llegue no el resplandeciente Sol de tu vida (que prospere a el Cielos etena) a su ocaso, que amanezca en el Oriente de Asturias el nuevo Sol ode Don Ramiro, pretende; shoy que el apagado mío se sepulté en su occidente y para poder lograrlo amejor, hizo confidentes a los Condes de Castilla, para que con sus poderes Militares, afiancen la Real Corona en su frente, y hay quien dice:: (que mi envidia . me obligue a que degenere de quien soy, contra mi sangre.) Qué es lo que dicen? Que tiene con ellos hecha alianza para vínculo más fuerte, con la mano de Jeloira, hija del Conde. . Sus pende la voz, que vivo yo mismo, que he de castigar su aleve trato en los Condes; y en él, sin que el enojo me temple, el paterno amor. Señor, tu audiencia lograr pretenden de dos Condes de Castilla, dos Escuderos. . Que entren, Nuño Rasura, y Lain Calvo, son los que tienes presentes. Invicto Ordoño el segundo, Rey de Asturias, los más fieles nobles Condes de Castilla, con Diego Almendarez vienen, hijo de Almódobar Blanco; y a tu precepto obedientes, a cumplir el vasallaje. Cómo no llegan? Te advierten, que han llegado. Para qué? Señor, para merecerte, si ellos lo que deben cumplen. cumplas con lo que los debes en su recibido. . Sí los Reyes antecedentes se dejaron imponer de sus inferiores Leyes; yo que por Rey de León me he coronado las sienes, a los que son mis vasallos, y deben obedecerme, no los salgo a recibir; pues basta favorecerles, cuando son de mi llamados, con que la mano me besen, Señor, vuestra Alteza advierta, son los Condes sus parientes. Y que si vasallos son, lo son voluntariamente, Sin que de vuestra persona a ellos se diferencie mas, que en daros obediencia, siendo lo menos que tienen. Cómo de esta suerte habláis? Hola: Matadle o prendedle, pues contra la orden del Rey su padre Aleves, (se opone, pues me perdéis el respeto, a mi cólera impaciente, no ha de quedar de vosotros. ninguno vivo. 1. Ofenderle no podemos, de su saña huyamos. . Quién causa este estruendo? . Yo lo diré, y si no mejor más breve: Apadrinando a los Condes (por aquel deudo que tienen con nuestra sangre) venía, al mismo tiempo que aquese villano Escuadrón de Guardías a aprisionarlos se atreve, sin que de mi Real Persona el sagrado les valiese: quise estorbarlo, y me dicen, es orden tuya: rempleme algo; pediles con ruegos que sus personas me entreguen, en tanto que yo te hablaba: no quisieron imprudentes, y como soy mal sufrido, tan aprisa destemplema, que sacando de la fragua de mi saña aqueste ardiente rayo con todos envisto, baño las calles de gente, a aqueste hiero, a erte mato; y es cierto, que a no valerse de sus pues, los que han quedado, Sin Guardías llegas a verte. Presos los Condes, qué oigo! Esta traición te mí siempre. Ay osadía más grande! no te dijeron, aleve, que era orden mía? Es verdad, mas no pude creer lo fuese, porque con alevosía, el que es justo Rey no prende leales vas allos. . Traidores son, y tú también lo eres contra tu Rey, y tu padre. Viven los Orbes Celestes, que a no serlo, y otro alguno a pensarlo se atreviese, puesta la mano en la espada, le dijiera::- . Qué? Que miente. Prendedle, y luego a una torre le llevad. . Quién será ese, que esté tan mal con su vida, que por esta punta se entre? Y por esotra: a Garulla a tu lado, señor tienes, que está temblando de miedo. aunque se hace un Holofernes. El acero rinde. . A quién? A tu padre, y Rey. No eres, ni mi padre, ni mi Rey; pues ser mi padre no puede, quien de traidor a su hijo le infama públicamente, dando crédito a cautelas del Príncipe, que pretende, envidiando mi valor, digno de Regios Laureles, ser segundo Caín, pues quitarme la vida quiere; y así por mejor elijo, pues ni Rey, ni padre eres, el desnaturalizarme de uno, y otro, por no hacerte cruel patricida de un hijo, a quien sin causa aborteces. Reinos hay, donde podré yo mismo, a mí mismo, hacerme, pues que lo más es el hombre, y con mis hechos valientes puedo engendrarme a mi propio; que nobleza que se adquiere en las Campañas de Marte, siempre a la heredada excede. . Garulla dice lo mismo, que ya sufrirse no puede, que el Príncipe con mi amo, atopa, Ramiro, juegue. Hola, seguidle, y matadle, si es que no deja prenderse; no le seguís. Ya lo hacemos Tras el iré yo. . Detente que a un traidor, su alevoría al castigo le trae siempre, Señor como a nuetros Condes los tratas de aquesa suerte? en qué, di, te han ofendido. para imputarlos de infieles, malos vasallos? . Qué culpa han cometido? qué huestes contra ti armaron? su misma inociencia los defiende, que a haber en ellos traición, no vinieran a ponerse donde el castigo encontrase su conjuración aleve. Danos, pues, satisfacción, ya que ahora no nos entregues a nuestros Condes. . Qué causa para aprisionarlos tienes? Ser traidores. . Es engaño. Quién me lo dijo no miente, su culpa está averiguada, y cuando no lo estuviese, lo está por razón de Estado, pues no han de tener los Reyes vasallos tan poderosos, que no tengan en sus sienes segura su Real Corona, de ajena ambición aleve. Es tiranía. . Es rigor, Es justa ley, y las leyes la conveniencia las da, y el poder las establece. Ya puse en ejecución lo que me ordenaste, ese cuarto es funesto teatro de los Condes. . Qué os entregue . Tal cautela, tal traición, a vuestros Condes queréis? Nuestro ruego eso pretende, pues justicia es. . Si es justicia, ya hice la que conviene. En qué forma? Ya aquí os queda . Esto más? quien la forma os manifieste. Gran mal el alma recela! Gran pesar el pecho teme! Venid conmigo. . Ya vamos. Lo que mí la tima os puede decir, es, que prevengáis, como varones prudentes, todo el valor, para ver especráculo como este. Al verlos muerto he quedado, todo el esfuerzo perdí, y difunto dudo, sí en ellos me he transformado. A mí me pasa lo propio, y de mortal sentimiento, me falta el vital aliento, y sus cadaveres copio, Oh quien viera no tuviera, por no mirar los despojos por no mirarlos, naciera! Reprimir ya de dolor, en vano puedo este llanto. Vos le lloráis de quebranto, y en mi nace de furor. De vengar su injusta muerte, hago al Cielo juramento. Mi lealtad, y mi ardimiento, le hace de la propia suerte. Quién más me causa dolos es Diéguito, pues vidana mano, trocó en su lozana juventud, tan tierna flor, S Por no astigirnos, los ojos de ellos, Lain, apartemos. Antes verlos más debemos, para incitar los enojos. cómo cupo en pecho fiel? Ah Rey tirano! ah cruel! Dios entrambos a prisión, (. La suerte echada está. . Rendir los aceros. Catellanos Caballeros, Solo al Rey rinden la espada, Rendidla, que aquí he venido para que me la entreguéis. De nuestra lealtad debéis daros, señor, por servido. Si doy; la espada entregad. Ya a tus pies está postrada, pues más que tu gente armada, nos prende nuestra lealtad. A la Torre prevenida vayan. . En qué nuestro pecho le al te ofendió? Ah haberlo hecho, estuvierais ya con vida? Vuestros Condes me emplazaron para el Tribunal de Dios, y presos, sabréis los dos si con razón me retaron. Venid, pues. 2. Ya te seguimos. Dios por todos volverá, y su error castigará. de la muerte! . Oh quien sin ojos, 2. Eso al Cielo le pedimos, (. 1. En la intrincada maleza de esos espesos jarales nos embosquemos, pues ya se encamina acía esta parte. 2. Oh infelice Diego Anzures? bien el Cielo Santo sabe, lo que tu malongro siento. 1. Criados de Ruy Pelaez somos, y solo nos toca ejecutar lo que el mande. 2. Conócesle? 1. Cuando no le conociera, en el talle, en el rostro, y las facciones tan parecido al Infante de León es, que las señas no pudieran engañarme. 2. Del caballo se ha apeado. nuestra ejecución más fácil será con eso. . 1. Ya llega, aquí aguardemos que pasé. Oh qué bien dijo, quien dijo, que son siglos los instantes de un amor que ansioso espera! pues de Sol, mi prima amante, cuando a ser esposo vengo, garde el tiempo se me hace. Del caballo desmonte, que es bien que a mi gente aguarde; mas, pues, su hermoso retrato traigo conmigo, en él halle, para el corazón alivios, la pesadez del viaje. 1. Ahora es tiempo, que de espaldas está. . 2. Lástima notable! 1. Muere. Ah aleves traidores! 2. Que te defiendas no es fácil, Válgame el Cielo! 1. Ya tiñe. este prado con su sangre. 2. Ahora, para más resguardo, será mejor retirarle a lo oculto de este monte. donde no le encuentre nadie, que nuestra traición descubra. 1. Bien dices, ven a ayudarme. Señor, mira que el camino dejamos acía esta parte. 1. Pero aguarda, no oyes voces? 2. Y aún veo dos caminantes, que vienen acía nosotros. 1. Pues el que aquí no nos hallen es lo primero, y así sígueme. Ven, no te pares, que este es el camino Real, y allí he visto dos danzantes, que se han entrado en el monte. Nada es bien ya te acobarde, pues estamos en Castilla. Y a qué, con prisa tan grande, vienes? . El intento mío es hablar a Ruy Peláez, a quien los infaustos Condes dejaron (por ser su sangre) el gobierno de Castilla, de que ellos me dieron parte en aquel espacio breve, que logré en acompañarles; pues anteviendo, que es fuerza, que ofendidos del ultraje de haberles preso a sus Condes, o muerto que es más probable, los heroicos Castellanos se dispongan a vengarles, inundando las Campañas de sus Tropas Militares. podrá en tan sangrienta lid mi denuedo señalarse, tanto que mérito hagan mis hazañas immortales de la mano de Jeloira, heredera por su padre del Condado de Castilla; cuyas prendas celestiales, de hermosura, y discreción, con tanto extremo se aplauden, que las noticias pudieron a su deidad inclinarme, que no siempre por la vista lugar en el pecho se hace el amor. . Mas lo que temo, no demos con todo al traste, y, por librar a sus Condes, a ti te entreguen por Cange. Hasta informarme mejor de su suceso, no darme a conocer determino; mas no ves aquella parte afianzado un bruto, y cerca de él un difunto cadáver? Muerto tenemos ahora? Llega a ver sí, es, que aún señales tiene de viviente. . Yo, que tengo miedo, no sabes, a los vivos; que haré a muertos campesinos? . Pues cobarde, qué temes? Garulla, llega. Por serlo, no he de llegarme, no me coma por Garulla el muerto, si tiene hambre. Yo llegaré. . Yo también, que intento desentrañarle el secreto a los, volillos, por si alguno en ellos trae muy relleno de doblones, que a un muerto de nada valen: más santiguándote vienes? Ramiro, qué es lo que traes? ̱. En las facciones del rostro, no vi hombre tan semejante a mi propio, que este joven, que infelice muerto yace, este retrato en la mano tenía. . Muy buena Imagen de Cristo crucificado tema para salvarse; mas sin duda es Diego Anzures, pues en edad, rostro, y talle, tan parecido es a ti, que llegaron a engañarse muchos cuando vino a Oviedo, si eras tú. . Deseo notable tuve de verle mas, como se sabrá si es él? . Muy fácil; mirando si en los bossillos algunos papeles trae, y ellos lo dirán. . Sin duda e mataron por robarle, é , , Mas no dieron con aqueste posillo, que yo ocultarte es bien, puesto que de ocultís son judicar Ecclesja. . Qué haces, o qué ocultas Nada; estas cartas, he hallado. . Esta abre mi cuidado: letra es de mujer . Qué disparates tendrá. . De su contenido lo sabremos. . Lee, si sabes, Sobrino mid, Martín del Car- pío, Diego Anzures mi hijo, y vues- tro primo va a sacrificarse a las aras de la beldad de Sol del Carpio, vues? tra hermana, y mi sobrina, en fe de los tratados de Marlimonio, que de- jaron ajustados vuestro Padre y Tío, mi esposo (que está en Gloria) C. no dudo que será de vos muy bien te Ocibido como de vuestra hermana. Hy lástima más terrible! pasar no quiero adelante, l a casarse venía? . Sí, lo mismo era que ha enterrarse: hizo muy bien en morirse; y qué dispones? . Pues carle sagrada tierra no puedo, cumpliendo con as piedades de Caballero, y Cristiano, pues fuera en ello arriesgarse mi persona; a la clemencia del Cielo es fuerza dejarle: mas qué ocultastes? . Yo, nada. Yo lo veré. Es apurarme: peste bossillo. . Preciso q d es le restituyas . Nadie estituyó a los difuntos. Con los sufragios se hace, Yo se lo diré de Miras, al punto que me ordenare. Guarda este retrato, y cartas, que pueden ser importantes. i Guarda el Oso. Guarda el Oso, Pues herido de los Canes, destrozo es de cuanto encuentra. No hay quien nuestra vida am- Voz es esta de mujer (pare? jen mi nobleza eraustraje no acudir a su socorro. Qué es lo que dices? pues sales del encuentro aquí de un muerto y ahora quieres encontrarte Aparta, necio. Dejando atrás se va el aire, según corre, más seguirle a lo lejos es bastante, para cumplir con mi miedo. Ve, que viene en vuestro alcance el Oso: señora, huye. Qué es huir? este brillante rayo, que fulmina mi ira, le he de esmaltar en su sangre antes. . Llame a los Monteros, Lirón. . Están muy distantes, y muy cerca mi temor, para llamamientos tales. La fiera se acerca, pero al oposito le sale un gallardo joven: ya con su acero penetrante le abre puertas en el pecho, por donde el aliento exale; ya midió el bruto la tierra, en muestras de vasallaje, a su valor. Logré el triunfo; ya estáis humanas Deidades, libres del riesgo: qué miro! no vi beldad semejante en mi vida! todo el Cielo se apuró en sus celestiales perfecciones mas yo soy quien hacer no puedo alarde de que estoy libre, supuesto, que en extremos desiguales, si allí triunfe de una fiera con violencia, aquí tratable, triunfa de mi una hermosura, Sin que resistencia halle. Cortesano Caballero, que en cortés estilo y arte califica que lo sois, cuandó el valor ya lo aplaude, yo os estimo: Mas qué digo? . enmendar quiero la frase. Yo me doy el parabién de que mi riesgo os franquease la ocasión de acreditar la obligación con que nacen de socorrer a las Damas los que son de noble sangre. Y puesto que habéis cumplido con lo que os debéis, y en parte os premie yo en la licencia de oíros este breve instante: id con Dios. . No es muy mal modo. de agradecer con dejarle, y no darle alguna mano, aunque fuera con un guante. Aguardad. . Es imposible. Por qué? Porque es arriesgarse vuestra persona y la mía. Pues qué riesgo puede darse, en que rendido a las aras vuestras, un alma consagre, aunque a vuestra deidad sea humilde ofrenda? . Muy grande. En qué está? . En permitiros, sin que castigo en mi halle la osadía, de explicar vuestro rendimiento amante, y obligarme a que os escuche. Cielos, qué nuevo linaje de ardor se va introduciendo en mi pecho! tan afable, que aunque resisto el oírle, no me disgusta escucharle. Esperad. . Escuche, Reino. Qué he de oírle al Vadulaque? A que sepa que yo fui, quien de la fiera arrogante la libró pues de no hacerlo, creyendo el Oso con hambre era colmeba en lo dulce, con ella quiso abrazarse. Aparte, que no es la miel::- Para quien bebe zumaque, como él, que es fuerza que le empalague. Miente usted. . La cortesía un mientes no agravia a nadie; pero de aquella Deidad, qué es usted para informarme? Soy entretenido, acerca de su persona, congajes de Poeta de repente. Que haya quien de eso se alabe; hay cosa peor, que ser Poera? . Tres hallé. Cuáles? Ser un hombre Hidalgo, y pobre; ser Judio, y ignorante; ser capón, y cantar mal. Conclayome; usted encaje, y en fertejar a esta Dama, hemos de correr iguales. Idos, pues. . . Seguid el Oso. Por la ladera atajadle, no peligre nuestro Dueño. Ya es preciso retirarme, puesto que en mi busca viene mi gente. . Ya que no alcance la dicha de deteneros, sepa siquiera en mis males, quién es el Dueño divino, que él alma intenta llevarme, dejándome con la vida, para que el dolor acabe de perderos. No os está bien saberlo, porque si antes pudo vuestra idéa, alguna es peranza fabricarse, viendo amáis un imposible, es preciso que se apagué este bien nacido afecto, cua ahora en vuestro pecho arde. Luego, sin saber quien sois, no desdeñaréis que os ame? No lo sé; cómo a mis labios . en indicios asomarse dejo este mal, que reprimo, y reprimirle no es fácil? Idos luego. . Sin saber quién sois? Eso ya es cansarme. Merezca:: . Pues porfíáis. sabed que soy:::- . Quién? Quién sabe déjaros por su decoro, y haceros siente el desaire. Sin mi estoy. En qué quedamos, en cuanto a esta Dama: A nadie rindo yo lo que festejo. Lograrlo yo será fácil, con un conjuro que tengo, para que las Damas se anden tras mí. . Quévedo lo dijo, yéndose un hombre delante de ellas. . Tengo yo otro imán, que más poderoso atrae. Cuál es? Aqueste vosillo de doblones. Usted encaje, que también me concluyó. Yusted, qué dice? . Qué aguardo a que yo me vea en ello. Pues la fineza me pague de haberla librado. Tome, que aunque el premio no es bastante, es el que hallé más a mano. Pluviera a Dios no le hallase. Détenlos. . Qué es detenerios, para que me confirmase con segundo bofetón; qué intentabas? . Informarme de ellos, quién es este hermoso prodigio, que abas allarme pudo todo el albedrío? Ahora con eso sales, enamorado, y sin blanca? más gente viene a esta parte. Por está senda es preciso, que a la Condesa se halle. Hidalgo vistéis pasar por aquí una Dama, en traje de Cazadora? . Quién era prque el informe no extaañe? La Condesa Jeloira. Hay felicidad más grande? . milagro es este de amor: por entre el verde boscaje, que es cancel de aqueste soto, entro en este propio instante aquesa Dama. . Qué miro! cuando, pudiera borrame la memoria el tiempo, que ha que no le he visto engañarme el retrato en balde puede, que es Diego Anzures. Lo que hace de mirarte, gran fortuna logran los que son galanes. Conoceisme? . No os conozco. Sol de Carpio soy. . Él parche pegó: ya remedio hallamos. Poco en vos obra la sangre, ya que os lo culpe el olvido, en las veces que me hablastéis; pues cómo, primo a mis brazos no llegáis? no os acobarde mi recato, si os disculpa el parentesco, abrazadme. Abraza, pesie a tu vida, pues sin ser negro, te hace su primo. . Don Diego Anzures, no sois? . No. Puede engañarme aqueste retrato vuestro, que mi tío envió a mi padre. en fe de nuestros tratados? No hay duda. . Su engaño nace de ser yo tan parecido a Diego Anzures. . Qué haces, que nos va nuestro remedio si emprimas con ella? . Baste el disimulo. . Señora, ved, que error padecéis grande, que no soy yo vuestro primo. Si lo es, de parte a parte, como hay primos en Guinea; negarlo es, porque no trae la comitiva precisa, y el ostentoso equipaje de novio, que vendrá presto, y esta carta da bastante crédito, que nuestra tía Doña Aldonza (que Dios guarde) a vuestro hermano le escribe, y este retrato admirable de vuestra beldad, que ahora quise a mi vista fiarle; y yo admirándole estaba al tiempo que vos llegasteis. Uno, y otro es cierto: letra de mi tía es, más pesares no me deis, primo Tú, Sancha, es fuerza que te adelantes a dar tan felices nuevas a mi hermano. . Como una abe voy. . Detenga usted el vuelo. Pues qué quiere? . Preguntarle; si los dos emprimaremos. Como en dar sea galante. Señora, no la enviéis. Cómo que no? ya a desaire se pasa vuestra porfía; pues mi hermano ha de alegrarse con vuestra venida; ahora al Palacio de mi padre, adonde los dos vivimos, se retiró Ruy Palaez con Jeloira. . Qué oigo? Pues tanta estimación hace de él nuestro Gobernador, que es su pribanza. Habrá lance tan extraño! que me obligue a mantener el dictamen de que soy Don Diego Anzures, pues en ello logro amante ver a mi divino dueño, y a un tiempo facilitarme las noticias más seguras del intento de mi padre? A mucho me determino; mas si a saber se llegare, que no soy Don Diego Anzures, podré entonces declararme mejor con Martín del Carpio, que soy de León Infante. Negarme a tantos favores ya no puedo. . No era fácil, a evidencias de esta carta, y del retrato al examen. Prima, vamos . Vamos, primo. Aqueso sí, prima, y dale, que en ello nos va el comer, y dure lo que durare. Si exento del Rayo el Laurel se ve, aspire el valor, pues logra su honor a coronarse del Sacro Laurel. s Parece de mi intento es vaticinio aqueste acorde acento: muertos los Condes con afrenta tana, Ordoño en mi favor torres levanta, sobre cuya abultada fiel columna pueda exaltar mí prospera fortuna; la ambición de reinar siempre ha rom- los vínculos de sangre, y a partido (pido no se da el que ha reinado, a ser de otro poder nunca mandado: Hoy de Castilla tengo con certezas todas sus Fortalezas, los Cabos, y Soldados a mi orden están todos granjeados: Nuño, y Lain Calvo, piden sin tardanza . No lo quisiera, de los Condes me aliste a la venganza; las Tropas juntaré, con cuyo resto, coronarme el valor podrá más presto; si mi brazo una vez los acaudilla, no solo Conde, Rey seré en Castilla. Gran gozo he recibido con mi primo. Martín del Carpio, amigo, a quien es . Martín, nada qué traéis? . Aa llegado timo, Diego Anzures mi primo. Qué he escuchado! Diego Anzures decís? . El vendrá a Cómo es posible, si hice darle muerte. de mi envidia, y mis celos obligado, pues me veo de Sol enamorado. . y en mi ciega pasión culpable fuera, que por él su hermosura yo perdiera; más ahora no es del caso discurrir, si ser puede; a lo más paso. Qué sus pensión, señor, en ti es aques. algún mal temo, di, qué te molesta? (ta? Idos todos afuera. Ya nos vamos. Qué es lo que tienes di? solos estamos. Nuestros Condes son muertos Qué es lo que oído! sin mí he quedado; sepa como ha sido. Ordoño los ha muerto. . Cierto? Así es, como mi triunfo es cierto. Qué triunfo? Tú, Martín, no eres mi amigo? Y pariente también. . Y sí te obligo con hacienda y grandeza? (Conde. Sobra todo. . Pues yo he de ser hoy De qué modo? Puede mejor serlo otro? . No prevengo haya otro. . De Castilla yo no tengo armas, y fortalezas? Ya lo infiero. Pues quién lo ha de estorbar? Ni el Orbe entero; cómo ha de ser? . Matando a Jeloira. Hay traición semejante! Qué te admira? Libraré su inocencia: solo hallo, . que es infamia manchar un fiel vasallo la mano en sangre Real. si tu industría algún modo me ofreciera; y advierte, que en hacerlo se interesa ver a tu hermana Sol, luego Condesa de Castilla, con darla yo la mano, puesto que en ser su esposo tanto gano. Sol está ya tratada de casar con su primo. al poder se limita, él impone preceptos, y él los quita. (verte. . Fortuna será mía: contradecir no es bien su tiranía: . cuando ocasión me ofrece mi ventura, para aumentar mi casa, y la hermosura librar de Jeloira: disfrazado haré, que Diego Auzures, arrestado consiga aquesta empresa, de amparar a la infeliz Condesa, supuesto que está ya destituido de lograr de mi hermana ser marido; más fuerza es que objeción ponga cualquie como a una Dama de tan alta esfera, (ras de un hombre, que es galán, y jovenfío? mas Diego Anzures es pariente mío, y que obre siempre espero, mirando por su honor, que es Caballero y si amante a adorarla se pasara no hay duda que con ella se casara. El medio prevenido de darla muerte, dime, has discurrido? Sí señor: satisfecho de su valor, para lograr tal hecho, yo tengo en mis labranzas un villano, de quien fiar podemos de su mano la dé la muerte. . Porque esté secreto después le has de matar? Yo lo prometo. Y para que no haga falta Jeloira, diré que a su Palacio se retira, por dolor de la muerte de su padre, hasta que a cononarme a todos cuadre. Pues Jeloira con sus Damas viene. Ve a prevenir la empresa, que convie- Luego vendré con él. (ne. Pues ya te aguardo. . Leal seré. Y yo, Conde. . Pues no tardo. Para celebrar el día, en que cumplís, deudo mío, años, mi noble atención una música os previno, que han de ejecutar mis Damas; y así al jardín os suplico que bajéis, porque os diviertan del prolijo afán continuo del Gobierno, que tener debe la fatiga alivio. De acompañar servirá su armonía a los suspiros, que también música tiene el llanto para el gemido. Qué novedad puede haber. que os estorbe lo festivo? Muy grande. . Decidla, puesto que suele más excesivo ser el mal imaginado a veces, que no sabido. Pues preven todo el valor: tu padre, tu hermano, y tío, fueron sangrientos despojos del enojo vengativo de Ordoño. Válgame el Cielo! estatua de mármol frío he quedado; aún para el llanto la respiración no animo, la voz fallece en el pecho: Ruy Pelaez, pues cómo ha sido? Conde me llama. . Qué oigo! Conde tú? (rigor impío!) pues a falta de mi padre, y de mi hermano, no es mío por legitimo derecho de Castilla el Real dominio? usurparme el Reino quieres? En ello nada te quito, yo soy varón y tu hembra, y en el grado succesivo de varón, y de Almodovar Blanco, hallándome sobrino mi derecho propio, deja el tuyo destituido; y para tomar venganza de los Condes, de mis bríos necesita más Castilla. Traidor, loco, fementido, quién te dice, que me falta altivez, y aliento invieto, no solo para vengar de mi padre, hermano, y tío la injusta tirana muerte, sino para dar castigo a tu alevosa traición? Hola, Soldados. . Ya míos son solo. 1 Señor, qué mandas? Señora, somos vendidos? Cuitada de mí. . Yo acabo esta vez de un garrotillo. Presos lidvad los criados de esta loca. . Cómo, al filo de este desdoro, no muero? Jeloira, dueño mío, pide por mí. . Y por Lirón, por tu trasto entretenido. Tu piedad logren, y en mí obre tu rigor castigos. Llevadlos. Adiós, reñora. El llanto en vano reprimo. Creeme, que sabré fingir de tu noticia instruido: en mi poder Jeloira, Cielos, si es este delitio de mi idéa. Aquí el villeno tienes va. . Di, tendrás brío para dar muerte? . No solo para lo que ya me ha dicho mi dueño, valor me sobra, sino para traer rendido, o muerto al Rey de León. Yo premiaré tus servicios: Ah cruel tirano! y yo espero . dar a tu infamia castigo. Engañarla es bien: Geloira, a compasión me has movido, y si no intentas morir, pues lo quiere tu destino, donde te llevare este hombre has de ir. . Cielos qué he oído? luego entregarme a un villano solicitas, ya que altivo y cruel con quien es tu sangre, uses rigores impíos, y que me quitas el Reino, no con baldón tan indigno manches mi claro esplendor, mi decoro, y honor limpio en qué tú mismo te afrentas en tan infame castigo: para acabar con mi vida muertes hay, que no hacen ruido, de mi aliento vital triunfe fiero tosigo nocivo y si treguas dar no puedes a tu rigor vengativo, de tu acerada cuchilla, al sangriento agudo filo ofrezco obediente el cuello de mi honor en sacrificio: dame la muerte. . No intento que mueras, pues solo aspiro a coronarme en Cartilla. Yo el Cetro suyo te rindo. Lo que yo puedo apropiarme, deberlo a otro era delirio? llevadla. No te enternecen mis lágrimas, y gemidos? Tengo el corazón de piedra. Pues al humor repetido del cristal, tal vez se ablanda la dureza de los riscos; y así a tus pien::- Es cansarte: ejecutad lo que he dicho Aguarda, escucha. . Señora, no temas, que del peligro te sabrá librar mi esfuerzo. Y defenderte mi brío Luego ampararme ofrecéis? 2. Los dos lo haremos. Qué miro! no es aqueste joven, Cielos, el que del riesgo provisto de la fiera me libró? El propio soy, de que juicio estáis haciendo. . Pues ya. . no es mi mal tan excesivo, que no tenga algún consuelo, pues quien al verme dio indicio de su rendimiento amante, fuerza es que sea conmigo piadoso: Cómo librar mi vida intentáis? . Mi primo es Diego Anzures, con él podéis segura partiros a las Montañas de Burgos, adonde tengo un cortijo, y en sus ásperas Montañas podéis vivir escondidos, oficiando sus labores entre los criados míos, hasta que el Cielo disponga otra cosa. . De vos fío mi honor y vida. . Muy bien podéis, que sabrá mi primo obrar como Caballero Con el decoro debido a vuestra sangre Real, os serviré. . Yo os estimo esa fineza. Qué es esto, Cielos, que en el pecho mío, haciendo se va lugar su afecto con lo rendido? Pues al portillo, que al campo Sale, podéis conduciros, que allí hallaréis dos caballos. A Elvira, y Lirón, os pido, me enviéis. . Y a mi Criado. Yo os lo ofrezco; ahora partiós, que importa, y a Dios. El Cielo te paje este beneficio. Vamos, divina Jeloira. Ya sin sobresalto os sigo. Y pagaréis mis finezas? Vuestro se hizo mi albedrío, en fe de que noble sois. Sabré obligaros rendido. Pues cese el susto. El mar calme. 2. Que en el naufragio del siglo, no hay tormenta sin bonanza, si los Cielos con propicios.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Hermosa Jeloira amada dulce esposa, por quien la pura rosa sus ámbares respira; pues al contacto de tu pie, las flores exhalan aromáticos olores: de ser tu humilde esposo, me veo tan contento, que altivo el pensamiento, no trocara, ambicioso, por el Trono más Real, más elevado, esa choza, esta gerga, y ese arado. Con él gustoso paso, pues su timón rigiendo, la tierra voy rompiendo; (sigo del buey, al tardo paso, reglas dando al barbecho, en que con- las guarde, al producir el fértil trigo, Aquí, cuando el Sol gira por cendales de grana, veo por la mañana tu beldad, Jeloira; y si el nace con claros arreboles, tus ojos me amanecen con dos Soles, Que desear no tengo, hallándome tu esposo; más bien mayor reposo; y al lograrlo, prevengo, (nudo, que en los dos, al estrechar amor tal me ha dado el Cielo, cuanto darme Verte a ti, es lo que siento, (pudo. en tan mísero estado; desde el Solio elevado, a tanto abatimiento, (milla, y que un tirano a tal baldón te humilla, siendo heroica Condesa de Castilla. Esposo, y dueño mío, si en amorosa calma, manda en los dos un alma, gobierna un albedrío; como posible en mi cariño fuera, que lo que sientes tú, yo no sintiera? Pues siento, enternecida, ver que por mi padeces, que al ultraje te ofreces, por conservar mi vida, reduciendo tu ser al de villano: fineza, que te premia ya mi mano. A tu Primo he debido conseguir ser tu esposa; él, con fe cautelosa, quien lo dispuso ha sido, (no, por lograr que su hermana dé la mano, al que manda en Castilla por tirano. De ti lloro un agravio, que es, ver en ti ha unos días unas melancolías, que me oculta tu labio, (ros, y aunque en tu pecho buscan sus reti- las publican a veces tus suspiros; qué sientes? Si te he ocultado mi pena, Jeloira, ha sido, por escusarte, advertido, un pesar anticipado: a jurarse a Burgos viene, por Conde, el infiel traidor Ruy Peláez. . De su rigor, el ocultarnos conviene. Sin vida vengo Señor. Y yo sin alma he venido. Garulla, Lirón, que ha sido? Malo. . No sino peor. Yo lo diré de contado. Yo lo diré de repente. Calle el Cálamo ocurrente o Poeta adocenado, Cómo de la Poesia dice mal, siendo alta ciencia? Sí, tratada con decencia, mas la vulgar es manía. No soy busón. Tú te alabas? cuando porque tú lo eras, te dio el Conde las tijeras, y por un doblón inchabas. Vive Dios:: . Y vivirá, contra Poetas maldicientes. Que le derribo los dientes de una puñada, qué va? Dilo tú. . Mi voz se niega, vive Dios. . Calla, pues ves que hay quien nos lo diga, pues Martín del Carpio aquí llega. Primo, los brazos me dad. Los míos sean quien digan el gozo que veros tengo. De vos, bella Jeloira, también los vuestros merezca. Quien os debe honor, y vida, como os lo puede negar, si en ello logra una dicha: qué hay de nuevo? . Ruy Peláez, a jurarse de Castilla, por su Conde, a Burgos viene, por ser ya costumbre antigua, que en esta Ciudad se jure, el que ocupare su Silla; y para su aclamación, ha convocado a este día los Ricos Hombres del Reino, porque quede establecida su jura, antes que estorbarlo puedan las Tropas, que alista el nuevo Rey de León. Qué dices? . Que lo es Froila, por muerte del Rey Ordoño. Qué oigo! hay mayor desdicha! el corazón en el pecho no alienta lo que habilita; sin mí he quedado. . Pues, Diego qué causa a sentir te obliga la muerte de un cruel tirano? Ser mi Rey. También podías no ostentar aquesa pena, cuando con alevosía a mi padre, y a mi hermano dio muerte, y antes debías agradecérselo al Cielo, pues ya que no pudo mi ira vengar en él la traición, por mí el Cielo le castiga. Dices bien, no me acordaba: hay padre del alma mía! que muerto te llora, quien tan sin causa aborrecías! Prosigue, Primo; pues cómo a Alfonso, que succedía con legítimo derecho a su padre el Rey, le priban del Cetro? . Por verle inhábil para el gobierno y indigna su persona, pues dio muerte (con infame alevosía) a su hermano Don Ramiro, por cuya causa Froila le busca, para vengar al Infante. . Es gran mentira, que Ramiro vive, y bebe. Qué dices? Lengua maldita, que te ibas de todas. . Calla. Le has visto tú? . El otro día le vi entre sueños, bobiendo en una Botilleria. No hagas caso de este loco. Dar hoy Ruy Peláez prisa a su jura, es, porque sabe que marchan ya acía Cartilla Nuño Rasura, y Láin Calvo, de los cuales desconfía, y con algún fundamento, no sabiendo, que a Jeloira la mandó dar muerte el Conde. Primero él muera de tiña. Lo que importa es, Diego Anzures, a la Montaña vecina hoy con tu esposa, te partas, mientras en Burgos asista Ruy Peláez, que entre sus riscos se aseguran vuestras vidas; y sea esto al instante, pues apenas señas dio al día, el crespúculo del Alba, cuando con la Cetreria, a fatigar salió a un tiempo las dos Campañas, distintas del aire, y la tierra; pues ni del neblí no sé libra la Fiera, que rayo corre; el Ave, que el viento gira, siguiendo ahora iba un Corzo, a quien con destreza fija, plumas le añadió en dos flechas mi hermana, porque le sirvan de alas para que vuele, creyendo salvar la vida, cuando dentro de si lleva su mucete en las flechas mismas, Y pues no puedo hacer falta, por obligación precisa, de asistir al uno y otro fuerza es de ti me despida: yo os buscaré en la Montaña, propalándoos las noticias que importaren más; adiós. . Él prospere vuestra vida. Todas las desdichas juntas hoy contra mí se conspiran; más contra infelices, cuando dejan de venir unidas? Muerto mi padre, mi hermano huye de las crueles iras de Froila, y Ruy Pelaez, que es lo que más me fatiga, viendo que gustoso estoy, Siendo esposo de Jeloira, aún en tanto abatimiento, el gozo a eclipsarme aspira; no sé con que consolarla en su fortuna enemiga; pues declarada quien soy, en nada su pena alivia, y no es bien que sepa ella, lo que ocultarme precisa a Martín del Carpio; pues se dará por ofendida su persona en el engaño, y un enemigo conquista mas mi pesar y enemigo, que con Ruy Péláez priva, con que de mi y de mi esposa, no están seguras las vidas. Esposo mío, qué es esto? tú te rindes a la esquiva Suerte de los hados, donde el valor se necesita; pues la desdicha no es en la adversidad desdicha, si aquel que es varón prudente, Sabe triunfar de ella misma: que vamos a la Montaña, que importa, si mis caricias lograrás en su aspereza, dando aún al amor envidia: en cualquiera parte, Diego, soy tuya. . Esta pena mía, no nace de desaliento en mí, de mi afecto es hija, al mirarte padecer tan injustas ignominias. Acía el monte. . A la espesura. Seguid el Corzo. . Qué gira. Aquestas lejanas voces, que se acercan, nos avisan este tirano. . Tú, esposa, con los dos, y con Elvira, te conduce a la Montaña, que yo por senda distinta iré obserbando su curso, para que de él no seas vista. . Yo obedeceré. . Garulla, de ti mi amparo se fía. Aunque te maten a coces, no diré eres mujer mía. Qué me casase contigo! Pues nulidad pide, hija. De Lirón me ampararé, De buen matón, por mi vida, que de puro miedo, trae las calzas siempre amarillas. Mire quien habla, y las plumas que el gasta, son de gallina. Seguidme por esta senda, que a la montaña encamina. Que se desboca el caballo, al Conde, acudid aprisa. En vano indomito bruto, despeñarme solicitas, que oprimiendo tus hijares, has de dar antes la vida. La voz es de mi enemigo. Huye, Lirón; huye, Elvira, que yo cumplí lo que dije. Huye, infeliz Jeloira. Inmóvil el vil temor me tiene, y se hizo precisa la ocasión de que me vea, o la de ser conocida de su gente: este volante me recate de su vista. Veneiste, soberbio bruto, pues así me precipita: válgame el Cielo! Cayó a mis pies. Qué estraña la vista! Quién eres, mujer, o sombra. que otro horror me causas? pues de haber caído a tus pies, la casualidad me asombra. Pues no os cause admiración, que esta no es casualidad, que a los pies de la humildad siempre se ve la ambición; y ella misma, que os empeña a ostentarla con impía cruel soberbia y tiranía, es la que más os despeña. Quién eres enigma, di? Sombra me llamáis? y hoy por un aleve, no soy, ni aún sombra de lo que fui. Pues quien eres he de ver, pues habla en ti la malicia, villana; o aún eres más de lo que el alma imagina. Una rústica Aldeana solo soy. . Pues qué te obliga a encubrirte? . Procurar, que aquesta nube, tejida de lino, defensa contra las ardientes iras de Sol, que abrasa, y no alumbra. Yo descifraré el enigma, descubriéndote así el rostro. No es fácil que lo consigas. Pues quién defenderte puede? Mi fuga. Aunque al viento imitas, te he de alcanzar: ya mi duda . se pasó a evidencia fija; Goloira es, pues la voz me lo afirma. Ya rendida al cansancio estoy; qué haré cuando mi vida peligra? mas no es esta Sol? Qué veo! . Amparame. Jeloira es, (raro acaso!) pues cómo siguiendo, señor veníáis a una rústica villana; y el golpe de la caída, que tanto susto nos cuesta, le repara así? Qué siga me importa aquesa Aldeana. Mas importa vuestra vida; y así, merezcaos mi afecto, que os detengáis. Que me impida ver si es cierta mi sos pecha, y más cuando me notician, que han visto un criado suyo hoy aquí viven mis iras, que si es que Martín del Carpio no dio muerte a mi enemiga, que he de ponerle a los pies su vil cabeza. . La dicha celebrar debemos todos, de verte señor con vida: has recibido algún daño? Ninguno, solo podía en otro, que yo no fuera, presagio hacer la caída; pero a mi espíritu, nada le inmuta, ni atemoriza. pues de España, sobre el globo, he de colocar mi silla. Qué soberbia! en vano puedo olvidar (ay ansias mías!) a Diego Anzures, por más que la suerte me convida con mayores conveniencias, que las del gusto me priban; mas ya no hay remedio: suerte fue estorbar, que a Jeloira la viese, puesto que a un tiempo peligraba en ella misma el crédito de mi hermano, y las conveniencias mías. Pues llegamos ya a Palacio, tú, hermana Sol, te retira a tu cuarto con tus Damas. Ya te obedezco. Con lucida grandeza, y Real aparato (como mandaste, y iba diciendo) el Teatro se hizo cerca de las puertas mismás de la Plaza de Palacio, y la hora prevenida llegó ya. . Y a los asientos se guardó la forma? . Silla solo hay para ti. Mas entra, y lo verás más aprisa. , . Aquí tu jura ha de ser, aunque le pese a la envidia. , s (rando Con gran gozo, Martín, lo estoy mí Pues ya los Ricos Hombres van legando. Di, que a colmo ha llegado mi fortuna, sin que contradicción tenga ninguna; mas que son destemplado, o ronco acento, asusta la región del vago viento? No sé que militar funebre pompa, al compás pavoroso de la trompa, manchando viene, y a esta parte llega, Todo me asusta, mas cómo así se entrega al miedo mi valor, cuando alistados tengo, para esta empresa, mil Soldados? El difunto Real cuerpo fiel del Conde, no le entréis en la Plaza, quede, donde no sirva de dolor, sin lastimallos, (en su noble lealtad) a sus vasallos. Ya estás obedecido. Nuño Rasura, y Láín Calvo han sido los que turban mi jura con horrores; castigaré después esos traidores. Castellanos oíd, si es que el oído la misma compasión no le entorpece, pues la lástima a veces el sentido del oír, a la angustia desfallece; mas si acaso de puro enternecido, tardo el oficio, a la atención ofrece; los ojos prevenid, si a dolor tanto, no los ciega también el tierno llanto, Oíd, vuelvo a decir, el horroroso cruel rigor o sacrílego delito, que en ese azul cuaderno luminoso, para el castigo tiene el Cielo escrito; pues siendo recto Juez, aunque piadoso, fue su fiscal, contra el error precito, la misma sinrazón, cuyas querellas dieren al Sol, la Luna, y las Estrellas. A nuestros nobles Condes, el tirano Rey Ordoño convoca; a que los fieles, aunque con gran recelo, en nada vano, van a cumplir con las impuestas leyes, que en lealtad siempre el cuello Castellano rindió al yugo obediente de sus Reyes, desprecio haciendo de su heroica vida, por conservar su Patria esclarecida. Y aún antes de llegar a su presencia, los desarman de todos sus honores, prendiendo sus personas sin decencia, imputados de aleves y traidores; sin admitir descargo a su inocencia, a muerte los sentencia con rencores, pues aún más que el Ministro vil, le plugo fue de Ordoño la saña, el cruel verdugo, Rinden los cuellos al rigor violento, sin hacer al impulso resistencia, que hasta dar el vital último aliento, no ceden el valor a la inclemencia; mas a Ordoño, con justo sentimiento, citan del Juez Divino a la presencia no se tarda el castigo a su malicia, (cia. pues muere al plazo, haciendo Dios justi- Del Real Cetro de León, destituido, se ve Alfonso y Froila coronado, émulo en la crueldad, tan parecido a Ordoño, que parece le ha copiado: de su rigor al ruego persuadido, solo el cuerpo del Conde hemos logra- el cual difunto en esa tumba yace, (do, y en vuestro aliento, el suyo ya renace. Cómo, heroicos Castellanos, cuyas ínclitas hazañas grava el cincel en el bronce, la fama abulta en estatuas, de tantos fuertes Campeones, que ilustraron vuestra Patria; como con semblante enjuto, sin saliros a la cara los colores de la afrenta, toleráis vuestras infamias? Como a justo sentimiento no os conmueve, o a venganza el ronco son de esas Trompas, de esas destempladas Cajas, que gimen, mas que respiran, en la infeliz muerte infausta de los Condes vuestros Dueños, muertos a la aleve saña de un tirano, que del árbol que dio tan ilustres ramas a Castilla, destronco de un golpe sus tres gargantas? Desde el feretro en que yace (y a los ojos se recata) el Conde Almódobar Blanco, culpando está, que en las vainas se estén tímidas, o ociosas, sin teñir vuestras espadas en sangre de los Leoneses, que es la que la vuestra mancha; pues qué fuerza, o qué poder os puede hacer repugnancia; que si vuestro altivo esfuerzo una vez toma las armas, solo Castilla ser puede de León ruina infausta; cuando creimos hallar, que aquesa fértil Campaña, en vez de producir flores, armadas Tropas brotara contra vuestros enemigos, doblando el rencor las manchas; tumultuados os vemos de este Palacio en su plaza unidos, a cometer la más afrentosa hazaña, queriendo tiranizar este Reino, a quien con tanta legitimación le toca, por darle al que a la venganza no se dispuso primero de su sangre y de su Patria? Pues por la Virgen María, en cuyas puras Entrañas el Sacro Verbo Divino tomó nuestra carne humana, que pleito homenaje hago sobre las funestas aras de nuestro difunto Conde, (puesta la mano en la espada) de estorbarlo, y de vengar nuestra afrenta vil, causada en la muerte de los Condes, hasta que de Asturias caigan sus torres, sus edificios, fortalezas, y murallas, en caduco inútil polvo, o en cenizas las deshaga este incendio, que en la mí de mi pecho el furor guarda. Cómo nobles Castellanos, toleráis afrentas tantas, del que miró las injurias, y no se atrevió a vengarlas? Mas agradece, que ahora no castiga tu villana osadía mi poder, por no estorbar con la saña, que por su Conde me jure la Nobleza Castellana, y todos sus Ricos Hombres. Cónde a ti? Y Rey, sino basta. Cómo esto hacéis, Castellanos? no respondéis? . Pues no habla nadie, con las ceremonias comunes, mi jura se haga, y los Votos, en secreto, de la nobleza se vayan tomando. . Es contravenir a la establecida usanza de nuestra Castilla; pues en público, y en voz alta, los Votos se deben dar; que cuando a Cortes se llama, para elegir nuevo Conde, el Pueblo aquí también habla. Consejo abierto queremos. Ah vil Plebe! Lo que manda, quien hoy gobierna a Castilla, debéis hacer. . Os engaña quien tal dice, y sustentario sabré yo con esta espada. Qué es lo que oí; ha de los míos. Al lado todos se hallan de Nuño Rasura, y Lain Calvo, por ser Padres de la Patria. Desbocose ya la Plebe: de la cordura se valga mi cautela; como pide la Plebe, la jura se haga. Asientos vamos tomando. Vos, Ortún Melendez, rama de la Casa de Velasco, pues Castilla es vuestra Patria. y a ella os pasáis, toma asiento. Esta silla, reservada está solo para mí. Para vos? pues por qué causa? Porque gobierno a Castilla. Muerto el Conde, revocada la autoridad, queda en vos Basta, la tuve. . No basta. Yo he de sentarme. Será en el suelo, que arrojarla sabré yo de un puntapié. Qué esto sufra mi arrogancia! De aquí empiezan los lugares, y sientese el que más valga. Ese sea Nuño Rasura, y después Lain Caibo. En nada replico. Todos, igualmente, sentándose ahora vayan. El último asiento a mí me han dejado, hay tal infamia! Hable Ortún Melendez. Yo cedo en Lain Calvo, en quien se halla la experiencia, y el valor. La Plebe por bien lo aclama. Pues en el Nombre de Dios Padre y Hijo, de que emana, por su procedencia, aquella Divina Paloma blanca; y de la Sacra María, Madre y Virgen, pura, intacta: de nuestros Santos Patrones, que nos defienden, y amparan; digo que Nuño Fernandez Almodovar Blanco (que hayan con Diego Almendarez, gloria) fueron Condes, por la gracia de Dios, y Señores nuestros. Diolos muerte la tirana traición de Ordoño; mas no es bien repetir la desgracia: esto supuesto, propengo, pues de la extirpe preciara de Pelayo descendemos, que Reino a parte se haga hoy Castilla, sacudiendo esta coyunda pesada, de rendirle vasallaje a León, a costa tanta, como el dolor lo pública, y la ofensa siente el alma. En Jeloira tenemos, nuestra Condesa, que a falta de su hermano y padre, es legítima hereditaría de Castilla, en quien concurren las prendas más relevadas, bus quésele igual esposo, pues en nuestro Reino se hallan Mendozas, Velascos, Cuevas, Zuñigas, Anzures, Laras, Osorios, Hurtados y otros, que por no cansar, se callán; y al que se hallare más digno de su ilustre mano blanca, en vez del Cetro, el Bastón empuñe, en noble venganza de nuestros difuntos Condes; y al opósito fiel salga de las Tropas de Froila, que invadiendo las Campañas nuestras marcha con pretexto, de que a castigar la infamia viene de Alfonso, en haber sido legítima causa de la muerte de Ramiro; siendo en su intención dañada, otra la májima oculta, intentando con las Armas de Castilla, y de León, aclamarle su Monarca: este es mi Voto. Y de todos, que es justo que así se haga. Vana es la proposición, pues Jeloira se halla Religiosa en un Convento. Pues habrá más que sacarla. Con qué autoridad? La mía; y la del bien de la Patria No es fácil. . Si lo será. Ocultándola yo hasta que me jure Conde el Reino, imposible es. . Nuestra saña hará que la manifiestes. Inútil es la amenaza, haced cuenta que murió, si hasta aquí os lo recataba. Qué es murió? Ilustre Nobleza, nadie desnude la espada; y puesto que la justicia, de cualquier Reino, es el alma, sin la cual vivir no puede el cuerpo mientras se haga la averiguación si vive nuestra Real Condesa amada, dos Jueces luego se nombren, al ejemplo, y semejanza del Pueblo de Dios; el uno, para gobernar las Armas; y otro, para hacer justicia. Eso queremos. Pues salga de la voz del Pueblo. Y veamos, si es elección acertada. Láin Calvo, y Nuño Rasura. Todos deben aprobarla por justa. . Señalar puesto a cada uno ahora falta. En Burgos, Nuño Rasura, y Lain Calvo, en la Campaña, Apelo. . A quién? Yo interpongo mi autoridad, y ella basta: vengan las insignias luego. A Lain sirva esta Vengala, y a vos esta Vara. Y todos ofrecemos respetarla. Pues doblada la rodilla, jurarlo en esta Sagrada Cruz, que en la Vara se imprime, en fiel señal, y preciara, que la justicia de Dios está en ella figurada. Así todos lo juramos. Y yo, con la circunstancia, que el Soldado es quien mantiene la justicia con las Armas. No llegáis vos? . Yo? por risa llegara aún de mala gana. Por deuda habéis de llegar. No quiero. . Pues al que falta de la justicia el respeto, le postra ella así a sus plantes. Aqueste ultraje a mí, siendo de la Nobleza más clara? esta es justicia? . Sí; pues el que falta a venerarla, mancha su propia Nobleza, y el fuero no es bien le valga; ahora decid donde está Jeloira. . No sé nada, ni quiero decirlo. . Pues en tanto que lo declara, llevadle preso a una Torre. Quién me quitará esta espada? Yo, que el brazo soy de Dios, contra quien no hay fuerza humana. Si declaro, que Jeloira con Diego Anzures casada está, mi vida se arriesga. Mi soberbia es quien me ultraja. Ahora el difunto cuerpo de nuestro Conde (arrastradas las Banderas, cuantas fueron ilustre honor de la Patria, destemplado el atambor, ronca la trompa bastarda) llevadle sobre los hombros al Panteón Real, que guarda los Condes antecesores. Ya toma la contramarcha nuestra obediencia. Delante del cuerpo, cual reo, vaya Ruy Peláez. . Ah fortuna, quién tiene en ti confianza! Tó alano, bárquino acá. Los perros, hombre, detén. Quieta los perros, Jimen. El diablo los quietará. Librarme del cruel furor de los canes, dicha ha sido: adonde irá un afligido, que no halle infiel rigor? Perdí la espada, y me he allado aquí sin defensa alguna, pues aún de ella la fortuna, siendo quien sol, me ha privado; huyendo el rigor tirano de Froila, y de León voy temiendo en su traición un precipicio inhumano: donde me hallo estoy dudando, allí hay una casa, aquí una cabaña, y allí un Labrador miro arando: la hambre me aflige ya, la sed, y el cansancio fiero me rinde, llamarle quiero, quizá él me socorrerá: Ah buen hombre. Cinca acá. Divertido en la labor, no me atiende: a labrador, oye, amigo. . . Vuelta allá, Finará el Rey Don Ordoño los Condes con voz de amigo, he Alonso cruel siguiera a su hermano Don Ramiro. Ay de mí! que en el conflicto del pesar, que me enajena, porque me aflija la pena. me acuerda Dios mi delito: Yo perseguí la inocencia de Ramiro y perseguido ahora me veo; yo he sido el propio que me sentencia. Empero a los mal fechores, no tarda Dios el castigo que a uno le quita el Reino, y otro la vida ha perdido. Bien quitado, pues arguyo, cuando mi culpa condeno, que al que procura lo ajeno es justo que pierda el suyo. Froila finca reinando. Alonso finca fuido, Ramiro en pobres Montañas en mengua de su destino. Mi envidia vil vino a ser quien su desdicha causó, y ahora padezco yo mas, en verle padecer. Oh quien aquí le encontrara, que si dable (ay Cielos!) fuera, arrepentido pidiera a sus pies me perdonara! Oh Labrador venturoro! dejarle es bien trabajando, pues halla su afán cantando alivio, si no reposo. Ahora quiero llegar a esta casa; pero hay Dios, dos mujeres veo, y dos Ángeles logro encontrar. Señora, a Lirón, y a mí, Garulla intenta matar. . Por qué? Ha dado en recelar, que Lirón me quiere a mí- Pues le has dado tu ocasión? Yo ninguna; pero él piensa, que yo soy infiel con hombre que fue un busón. No temas. . Cesó el temor, después que por suerte mía veniste a tu casería. Importó a mi pundonor, que en el infeliz suceso de Ruy Peláez, no fuera bien, que en Burgos estubiera hallándose el ahora preso; qué veo? quién sois? . He sido, mas ya, señora, no soy, pues aún de mi propio estoy por pobre desconocido; mas soy quien a vuestros pies al venetaros Deidad, hallar espera piedad. Tan noble estilo no ves? qué pedís? . Con rendimiento pido, que las ansias mías socorráis, pues ha dos días que me falta el alimento; huyendo de un enemigo llegué aquí desde León. Movido me ha a compasión, a socorreros me obligo: toma este escudo. . Estimado, aunque de mí, debe ser; para comprar de comer, no puedo entrar en poblado, Pues llevarte a mi Alquería no puedo ahora: tú ve, y dile a tu Ama, que le ampare de parte mía. Dios os premie esta piedad. Venid. . Seguiros prevengo Ved, que con los hombres te muchísima caridad. Ah pasión de amor estraña, quien de tu fuerza entendiera! ardiendo mi pecho está desde que fui a esa cabaña; pues viendo de Jeloira a mi primo tan amante, y a ella amarle tan constante, rabio de celosa ira, Túvele más que afición, y ahora, que en amantes lazos, le veo en ajenos brazos, se enciende más mi pasión. Tan ciega estoy (ay de mí!) que por volverle a ver mío, hiciera::: qué desvarío es aqueste? Él viene aquí. Presto dejas la lavor. Qué es presto? el juicio me abolla; no ves que está la olla ya dando el último herbor. Diego? . Con Sol hemos dado. Prima? . De la olla de amor pienso que viene al olor, mas no cenará un bocado. Dónde vas sola? . Venía de Jeloira a lograr su vista; y tú? . De regar esa verde pradería; y amor hizo reflejión, que en dicha que hoy alcanza, cultivada una esperanza, se viene hacer posesión, pues la logro en Jeloira con amor, y sin recelos. Ya se apuraron mis celos, un etna el pecho respira; tanto la amas? . En quererla, qué hago? Si por más ventura, del nácar de su hermosura me ofrece el Cielo una perla: en cinta ya está. . Esto más? . el volcán ya reventó. No te lo ha dicho ella? . No. De ella mejor lo sabrás, y hoy más a adorarla llego, sabiendo que en cinta esta. Sufrirlo no puedo ya; no dudo que estás tan ciego, como en vano confiado: ya llegué a precipitarme, y ofendida he de vengarme. Debo estar asegurado de mi esposa. . Qué es confianza necia la tuya, bien sé. Qué es lo que pronuncias? . Que nada tu recelo alcanza. Un áspid por el oído se ha introducido en mi pecho. El rayo vino derecho, o esta mujer ha bebido. Para vengarme, ya hallé de mis celos ocasión (aunque sea vil traición) con el hombre que envie: y a nadie cause estrañeza, que en irritados desvelos, siando villanos los celos, cometen una vileza. Que a mi esposa ofendes mira. Puesto que apurarme quieres, tú eres mi sangre, con que eres primero, que Jeloira: ve a la cabaña, hallarás, que hay quien de Burgos astuto consigue coger el fruto, que tu cultivando estás. Aguarda, espera mujer, detente, que el corazón (ay de mí) me ha atravesado la vil flecha de tu voz; (cer? qué haré, Cielos? . Qué has de ha- ir a matar al traidor, que te ofende. . Dices bien: sígueme. Ya tras ti voy, y muera el mundo, y la carne. Qué es es esto? un mortal sudor discurre por mí, y a un hielo tiemblo . Pues será, señor, eso alguna sincopal, que dan los celos. . Ay Dios, si será verdad mi agravio! No lo creas, porque Sol, por las tardes tomar suele un lobo, como un lechón; mas ya en la cabaña esfamos, entra a apurarlo. . Ya horror me da el verla: tú, Garulla, guarda esta puerta, que yo por la traviesa entraré, porque librarse el traidor, con las sombras de la nocne no pueda; temblando voy. . Buena comisión me deja, que guarde la puerta, y no guardo de los Mandamientos, yo los nueve; mas por Dios, que ya anda por allá ruido: con el pájaro encontró, que estaba dentro del nido. Muere a mi ardiente furor traidor, pues mi honor ofendes. Detén la saña, pues no te he ofendido en nada, . Muere Puesto que indefenso estoy, y la fuga no me infama, para lograrla mejor, de aquesta industría me valgo, Con la capa me impidió ver por donde va: este estorbo me quita. Mal nadador debe de ser, pues no guarda la ropa, ahora entro yo: No quede ninguno vivo, Perro, Gato mayador, Papagayo Enano, Dueña, Paje, Mono, o Rodrigón. Huye, Lirón. . Huye, Elvira. Empiezo por estos dos, Qué haces? . Estas son las plumas de encina mías. . Favor, señora. Qué es esto, y Diego adónde va? . Qué sé yo? mueran estos que me ofenden. Détenle. . Qué haces, traidor! Sacudirlos bien el polvo. Huye, Elvira. . Tras ti voy. . Suéltame, que se me escapan. Pesie al luciente farol, que ahora apagó sus luces, para eclisarme el honor; perdí al traidor con las sombras. Qué es lo que he escuchado (ay Dios!) mi bien, mi señor, mi esposo? Mi infierno, rabia, furor: Cielos, para publicar mi ofensa cruel, dadme vos expresiones, con que pueda explicar mi ira mejor. Acaba de penetrar mi inocente corazón, pues son muchas las heridas, para quien no te ofendió, afrenta, agravios, injurias, infierno, rabia, y furor. Si haré enemiga; mas Cielos, la veloz palpitación del corazón, me ha quitado la fuerza! inmóvil estoy; el puñal se me ha caído. Volvedle a tomar, que yo os conduciré el impulso, guíándole al corazón; mas advertid, lastimado, que en él viviendo estáis vos, y prenda vuestra, que es otro vos en el amor; y así, matadme a mí solo, y reservad a los dos; mas antes que me deis muerte, por consuelo sepa yo, en qué ha podido ofenderos, quién jamás os ofendió? Pues aqueste hombre, enemiga, que huyendo de mi furor dejó esta capa, que ves, no pública tu traición? Qué hombre; que un pobre era a quien mi fiel compasión le dio de comer. . Qué dices? mas me irritas mi rencor: pobre, y trae aquesa rica capa? qué mi indignación no acabe de darme muerte? mas para afrenta mayor, más castigo es el dejarte viva, y que tu deshonor, y liviandad sepan todos, y vean tu infiel traición. Y porque sepas ingrata, cuanto en mi pierdes, yo soy Ramiro, hijo de Ordoño Segundo, Rey de León, y el que, en la inhabilidad de Alfonso mi hermado, hoy legitimamente hereda el Reino por succesión; y en fin, soy el que te deja con la desesperación, de que jamás has de verme, pues huyendo de ti voy. Detente, Ramiro espera, rémora, sea, señor, este llanto que el bajel detenga de tu rigor. Aborrecida mujer, déjame. Si a compasión mis lágrimas no te obligan, lógrelo el paterno amor, viendo que en mi claustro dejas (según lo espero de Dios) el Príncipe deseado de Arturias, y de León. Nada me obliga, traidora: ven, Garulla. . Tras ti voy; mas dónde vamos? . Adónde no vea más mi deshonor. Cielo santo, habrá mujer más infelice que yo, pues me ven los que me ven, sin amparo, bien ni honor! qué haré, pues quedarme aquí, es quedarme a la invasión de mis enemigos, pues fuerza es que lo sean: Sol del Carpio, y su hermano, ya creyendo alguna traición, o flaqueza en mí, al mirar que mi esposo me dejó: declararme con los Jueces de Castilia, fuera error, pues me han de juzgar sin honra, a vista del cruel baldón de huir Ramiro de mí, y busco mi deshonor; y así, pues perdí a mi esposo, piérdase todo: mas no se pierda en mí la esperanza, de que compasivo Dios, volverá por mi inocencia, a pesar de un cruel rigor; y así, huyendo de mi propia, y de esta Montaña voy, donde el bajel de mi vida, entregado al cruel furor del mar de tantas desdichas, encuentre el puerto mejor.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Diste la carta a Lain Calvo? Y me respondió, que al mismo punto a la casa de Sol vendría, donde le he dicho que esperabas. . Con qué horror, Garulla, las calles piso de Burgos! . Si en Portugal estabamos tan bien quistos, a qué fin es la venida? Porque he sabido, que altivo Alfonso Rey de León, mi hermano con el motivo de haber logrado Castilla eximirse del antiguo feudatario vasallaje, después que el nuevo dominio admitió de los dos Jueces: con poderoso, y lucido Ejército, por Carrión (a quien Plaza de Armas hizo) ha entrado en tierra de Burgos, y que el Castellano brío, a su oposición también, levantar Tropas previno, a la orden de Lain Calvo, Militar Juez, y Caudillo. Y así, de Alvaro Viseo, sabiendo que era su primo, traje cartas de favor, porque servir determino en las Castellanas Huestes, oculto, y de conocido, hasta que quizá ocasión me ofrezca el hado propicio, en que, pues mi hermano Alfonso, está del Reino mal visfo, tanto por la común voz de que mi homicida ha sido, como al ver tan achacosa su salud, en los continuos accidentes, que a su vida son cada instante peligros, que de él succesión no esperan. Mi frente adorne el invicto Laurel de León, a que con tanta razón aspiro; y para lo cual, las fuerzas de Castilla determino tener antes grangradas. Dígote, que es buen capricho; pues luego que sepa el Reino que vives, tengo por fijo, te ha de aclamar. . Cautelarme por eso propio, es preciso de Alfonso, porque indefenso, no me encuentre vengativo. Ah, señor mucho importara, para lograr tus designios, pues un Príncipe en Asturias tantos años ha que ha sido deseado, que Geloira, puesto que en cinta::- Qué has dicho, villano? Santa Quiteria. Vive el Cielo: . San Longinos. Que si otra vez: . San Panuncio, Ese nombre: . San Cirilo. Pronuncias, tu último acento ha de ser al furor mío. Señor, por amor de Dios, que ya me arrepiento y digo, que hablé por boca de ganso. En vano el pesar reprimo, cada vez que la tragedia de mi amor,, y honor repito. Es posible, Cielo santo, que verdad pudo haber sido su traición? no, no es posible. Yo te decía eso mismo. Pues mientes, que a un infeliz desdichas nunca han mentido. Eso es verdad. . Pues es falso esta vez. Soy un pellino, Que Jeloira: . Parece que has alzado el entredicho, pues la has nombrado. Yo? . Sí. Dejadme locos delirios; no es esta de Sol la casa? Ella es, sino la ha vendido, o se ha mudado a otro barrio. Pues entremos. , Ya allí miro a Sol con Sancha, que viene. Dígote, que entrar le vimos. Cómo había de atreverse? Eso dígátelo él mismo. Sol, prima mía. . Señora. Hombre, que te has atrevido segunda vez, con segundo engaño, a empeñar del sitio, el claro esplendor, qué intentas? Qué es esto, Sol? . Que el fingido nombre, y parentesco tuyo, ya en público se ha sabido, por quien muerto halló en el campo a Diego Anzures mi primo. C. Llevóselo Bercebú. Cielo santo, otro peligro! más válgame la cautela, si es que de amor los delitos merecen disculpa sabe, que si yo osado: . Ah buen hijo? emprima por otra parte, pues esta huera ha satido. Ya te entiendo; por lograr, quieres decir, los divinos soles de Jeloira. . No la nombres. No por San Lino, que en oyéndola nos da mal de madre, y garrotillo. Yo te diré más despacio de mi cautela el motivo. Sí, que primero es comer. y aún dormir, porque venimos de Portugal reventados De Portugal? . Yo he venido: oye aparte. . Y uced, prima, del parentesco ha perdido las memorias? , Somos negros, que hemos todos de ser primos? Pues sea otro el parentesco, cuñado, hermano, o sobrino, que como no sea tía, ni suegra a todo me rindo, Por las llaves de S. Pedro, que todo esto anda perdido, parece juego de cañas, dos a dos; pero qué miro? no es aquel el primo falso? Qué dices? . Lo que has oído. Preso está tu hermano. . Malo. Y Ruy Pelaez; por indicio de haber muerto a Jeloira. Peor. . Y irán al suplicio, si de ti no dieren cuenta. Repeor; por San Agapito, que hemos llegado a buen puerto. Cielos, estraño peligro! más asegurar importa a Sol. . Él es, bien le miro; y mi amo Martín del Carpio, por él cargado de grillos: al punto a Nuño Rasura iré a decir lo que he visto, para que venga a prenderle; esta vez en el garlito ha de caer, para escarmiento de todo primo postizo. Con que vive Jeloira? A Portugal fue conmigo: desmentir esta sos pecha, es ahora lo más preciso. No sabes cuanto me alegro, que como más no la vimos, corrió que la diste muerte. Muerte estotro? ni a un mosquito. Por eso vengo a librar a tu hermano del delito. Pues iré al punto a avisarle. Fingir por seguro elljo, y salir luego de Burgos: no, que antes, para el fin mismo, a Lain Calvo quiero hablar, y hasta mañana te pido, que el secreto no rebeles. Pues por ti logro ese alivio; entra a descansar en tanto. Cuatro lonjas de tocino, con dos rajitas de queso, y media azumbre de vino, fuera aquí el mejor descanso, que de hambre vengo rendido. A disponerse irá todo; venid, pues. . Solo te pido, que en esta silla, entretanto, que a Lain Calvo (como he dicho) aguardo, tomar descanso me permitas. . No resisto tu gusto, vamos nosotras a disponer lo preciso a su regalo, los Cielos para mi bien le han traído. Yo iré a ayudar a freir, no me digan que no sirvo. Qué es lo que pasa por mí, decime, Cielos Divinos, que toda mi vida es un enlazado prodigio, pues me vi del Reino amado, de mi Patria aborrecido, envidiado de mi hermano, de mi Patria fugitivo, deudo en Castilla de Sol, en villano traje huido con Jeloira, infeliz hasta en sus propios cariños, ocho años en Portugal hábito desconocido? Vuelvo a Burgos y mi vida, más amenazada miro: la casa, que padeciendo está por mí, es hoy mi asilo; adonde irán a parar, pues, los infortunios míos, si cada paso es un riesgo? El cansancio del camino todo el aliento me postra, el sueño esta vez benigno me alivie el sentir, si logra sus penderme los sentidos, No así al llanto os entreguéis, madre mía. . Ay, dulce hijo que solo tu vida puede ser a mis penas alivio? Qué tenéis? . Él no tener un bien que lloro perdido, es solo mi sentimiento. Si lloráis al padre mío, bien hacéis, que yo también por conocerle suspiro. A Santiago en romería ibamos, y en el camino se me perdió y ha ocho años. que le busca mi cariño por toda España. . Y decís, que era un pobre? . Sí, hijo mío. Pues un pobre tantos años a nade llorar le he visto. Si a preguntas, y respuestas empieza, es un tordo el Niño. Dejándome sin amparo sentir su falta es preciso. Haced cuenta se os murió; habéis de llorarle siglos? No, que ya me hubieran muerto: a saberlo, mis suspiros. Por mi fe, madre, que vos, mas que pobre habéis perdido, De qué lo infieres? . Delsanto vuestro; y que si a mí me miro, para ser hijo de un pobre, mi espíritu es muy altivo, Pues para ser de otro, (loco) qué tenéis vos? Que a mi advitrio, ha haber yo de escoger padre, solo de un Rey fuera hijo. Qué mal se encubre la sangre! . Callad; y pues es preciso, que el sustento mendiguemos, llegad, llegad a pedirlo en esta casa; esta es la de Sol, si no me olvido de sus señas. . Allí un hombre parece que está dormido. Bien dices. Aparta, quita, Jeloira. . Qué es lo que he oído? Soñando está, y es con ella. Cielos, parece Ramiro. Si yo te dejé, también tu dejaste mi cariño. Él es. . Pero antes tu vida, será infausto sacrificio Pero qué es esto que miro? quién eres, rapaz? mujer quién eres? . Dos peregrinos, que una limosna buscamos. Ay de mí! (que en vano animo) Mas qué es lo que estoy mirando? Sombra, mujer, o prodigio, tú eres el vivo retrato de quien me tiene ofendido. Bien dices, porque de suerte la injuria me ha oscurecido, que el original apenas es retrato de sí mismo. Luego tú (aun cruel memoria) erés, si bien lo averiguo, la infelice Jeloira? Y tú el ingrato Ramiro? t Cómo habla así con mi madre? Mi bien, señor, dueño mío, como después de ocho años, que te buscan mis cariños, a pesar de sus agravios, y a pesar de tus desvíos, es tan de piedra tu pecho, que este llanto no ha podido ablandarle, cuando el agua llega a enternecer un risco? el ver mi poco temor, no satisface tu olvido? cuando el que agravia no huyó la mano del ofendido? quién, si no es queriendo mucho, por trabajos y peligros siguió al que intenta su muerte? y quien sino es yo ha sabido, a vista de injuria tanta, conservar amor tan fino? Ya yo tomé a buena cuenta dos tragos y un zoquetillo mientras se asá: Mas qué veo? Jeloira es por San Lino. No me respondes? . Qué quieres responda? si cuanto has dicho, aunque a mi amor satisfaga, no a mi honor, que es a quien miro. de mi honor. . Señor, esposo: . Pues ya que por mí no venzas ese rigor, por tu hijo Ordoño, que es el que miras, no me niegues este alivio: bésale, Ordoño, la mano. Humilde voy: Padre mío, mire el llanto de mi madre, enjuguela los suspiros, por ser esta la primera vez, que en mi vida le he visto. Ablándate, Faraón. No te enternece el chiquillo? Este es tu hijo, no lo dudes. Ya mi pecho me lo ha dicho; pero el honor, Jeloira, no quiere darse a partido, que el luchar con la pasión, arrastra todo el cariño; sin duda que tiene el noble en la honra otro albedrío: yo voy a creor tu razón, y en mi razón me reprimo: acábalo tú con ella, que yo no puedo conmigo sin duda es, que en tu defansa pronunciar solo has podido palabras para tu amor, mas no para tu delito. Padre. . Yo hijo en tal Madre a creerlo me resisto. Pues por qué no quiere ser mi padre, cuando me rindo yo a serlo, y estoy creyendo, que sol de un Príncipe hijo? Él muchacho es una perla, Dios te bendiga ese pico. Porque aún que tú de esa dicha, por tu inocencia, seas digno; ella no, que en su traición fabricó aquestos desvíos. Calla, traidor, que ya en vano aufrir puede el pecho mío fanto baldón, tanta afrenta, como la que escucho, y miro. Di tú, que como hombre al fin, de la Sangre Real indigno, te cansaron mis finezas, te enfadaron mis cariños, y para poder huir de ellos, tomas pretextos fingidos: di, que a nuevo Sol, los rayos quizá buscando has venido, por si de aquel parentesco el ardor dura, aunque tibio, pues encontrarte en su casa, me da bastante motivo, y no quieras tus vilezas dorar con agravios míos, baste del amor la ofensa, no del honor en lo limpio Pluguiera a Dios Jeloira, fuese verdad lo que has dicho. Solo tú de mi pudieras dudarla, como atrevido. Eres falsa. . Eres ingrato. Tu aleve. . Tu fementido. Quién no te hubiera mirado. Quién no te hubiera creído. Mi agravio vi con mis ojos. Pues mienten tus ojos mismos. No mi enten tal. Qué es aquesto? pero qué dudo, y que miro; no eres Jeloira? . No, no soy si no un basilizco, un Monstruo, una horrible fiera, etnas por voces respiro, volcanes son los que aliento, rayos por los ojos vibro, contra un traidor, un aleve, un ingrato, un femetido, que hasta en el alma me ofende, pues en el honor me ha herido; pero, pues ya, sobre Burgos, sus Tropas sé que ha mi vido Alfonso, Rey de León, y aún en mi pecho los bríos de la sangre Castellana tengo, que si los irrito, sabrán:: mas ya mis enojos dirá el tiempo vamos hijo. Vamos, Madre, y agradezca::- mas no siempre he de ser Niño. . Ore, aguarda, Jeloira. 2. Qué ha de aguardar, si veriguo, que en repetidas traiciones, a engañar solo has verido las mujeres de castilla: dígalo hacerte sobrino de mi padre, por burlar mi amor, con nombre de primo; y con la misma cautela, el haberlo consegido de Jeloira, pues ella de ti hube, como enemigo haciendo, que por tu causa, esté de muerte a peligro mi hermano Ruy Pelaez; pero ya que has convertido todo mi amor en cruel aborrecimiento esquivo, vete de mi casa, antes que quizá mi vengativo odio publique quien eres ante el Tribunal, y juicio de Nuño Rasura, donde veas los rigores míos. Sol oye, espera. . Señor, nunca fueras tan bonito para no mirarte así de mujeres perseguido. Garulla, salir conviene de Burgos, pues si bien miro, aunque la queja de Sol no embarace mis designios, la de Jeloira temo con razón, pues es preciso el que publique quien soy; con que me añade el peligro, de que sabiéndolo en Burgos, al verse tan oprimidos de las Tropas de mi hermano; y sabiendo el vengativo envidioso rencor suyo, entreguen en sacrificio mi vida, para que embote, de su acero cruel, los filos. Eso dices, y te paras? Ah haberlo yo discurrido, ya estubiera treinta leguas. Has dicho bien, ven conmigo. Ellos son; dadme los brazos, pues el traje del camino, y las señas del criado, ya de que sois dan indicios: quien de Portugal, con cartas de Alvaro Viseo, mi primo, me biene, buscando. . Cielos, ya huir no puede el peligro; . Lain Calvo es: a vuestras plantas estoy. . Y yo hago lo mismo, Llegad, llegad a mi pecho, que según tengo el aviso, sois un valiente Soldado, y os estoy agradecido, que en tal ocasión lleguéis. Si en vue tras Vanderas sirvo, yo espero lograr tal nombre. La suerte se os ha vevido a las manos, pues hoy llega con Ejército lucido Alfonso, Rey de León, a cuyo encuentro yo mismo he de salir con las Tropas; y aguardo, que en el Servicio de las Huestes de Castilla, daréis de quien sois indicios. Por ellas, señor, lograr toda mi fortuna fío. Este es, señor, el traidor: el soplo se me ha lucido. Pues llegad; daos a prisión. Llevoselo Calainos. Qué decís? ya es nuevo el riesgo . Estando hablando conmigo; llegáis, Nuño, de esa suerte? Así llego, por lo mismo, porque a la justicia deis favor. . Aquese es mi oficio; pero mal le podré dar, si es el que aquí inadvertido intentáis prender, Soldado. Soldado? . Sí, y yo rompido. Alstado está en las Tropas de Castilla. . Hoy ha venido de fuera, y aquesta es la primer vez que os ha visto, y queréis que tenga Plaza? , . . De Portugal ha venido, donde la tiene, y también yo en mis Vanderas le aliato; y así, no tenéis en él jusis dicción. . No averiguo vuestra verdad, porque solo lo que le toca a mi oficio, es el venirle buacando, por casrigar sus delitos. Cuando él, los que decís, tenga, su Juez, como vos, me miro, y el Tribunal Militar le sabrá dar el castigo, Viva tu calva, Lain Calvo, por los siglos de los siglos, sin que en ella jamás pique Mosca, Moscón, ni Mos quito. Advertid, que aqueste es; a quien entregó atrevido Ruy Peluez a Jeloira. Mal Barbero primerizo, en tu Barba haga Rasura, Cielos, que es esto que he oído! quién lo dice? . De su culpa, acusador, y tastigo es Lirón. . Ah vil Lirón. Señor, estos dos han sido: con los que fue la Condesa, de quien nunca hemos sabido. Ved vos ahora mi razón; y así, aunque tengáis dominio en él, mientras no me consta, deben ser los presos míos en esta primer instancia: si a vos os tocan, pedidlos. que yo os los entregaré, pero ahora han de ir conmigo. No niego vuestra razón, llevadlos hoy, que yo fío me los entreguéis mañana. Entretanto determino, pues ahora voy a visita, que declaren su delito. Entre Herodes, y Pilatos estamos, por Dios, metidos, con los Jueces de Castilla. Negarlo todo es preciso, Garulla. . Yo, Juan Soldado me llamo. . Ahora determino, que vea el señor Garulla, que es bueno el tener amigos. Qué te hayas hecho corchete? Por ahórcaros solo ha sido. Ya lo verás, si Dios quiere. Guárdate de un garrotillo. Esto no tiene remedio. Vuestra razón no resisto. Levadlos, y a la visita tenedlos tomada, os digo declaración a los dos. . Venid. Ah sayón maldito, que a un paso de prendimiento le vienes como nacido! Adiós, Lain Calvo: Adiós, Nuño. Arma, guerra. Qué es lo que he oído! Alfonso, Rey de León, viva. . Valiente Caudillo de las Tropas de Castilla, acuda tu aliento invieto, que ya los Campos de Burgos va inundando el enemigo en Infantes, y Caballos. El salir fuera es preciso, que no tiene bastimentos, ni prevención para un sitio la Ciudad; seguidme todos: Ea Castellanos, hijos, viva nuestra libertad, sea ese campo testigo de vuestro valor, y el triunfo mejor que vieron los siglos. (lla; Viva León. . Viva Casti- para ahora son los bríos. . Suban de abajo a visita los presos. Ah pese a mí, y a mi fortuna, que así todo mi furor irrita! Conde, ayer me vi llamar; hoy, preso humíde me veo, Todo loco de vaneo en esto viene a parar. Solo el que mi intento vano me saliese, estoy intiendo. Ya a la Sala van saliendo: Juez, Relator, y Escribano. Humillós e mi altivez, porque mi mayor castigo es, que Naño, mi en migo, venga ahora a ser mi Juez. Todo hombre que llega (es llano) a sentenciar sin razón, ha de olvidar su pasión, que es dejar de ser humano: que ella falte, intento es vano; pero lo que la entereza de Juez, puede con certeza, es de su pasión no usar; mas quien podrá revocar su propia naturaleza! De dos balanzas, la una es el Reo, otra el Proceso; y puede el que tiene el peso, cargar la mano en alguna: todo es desgracia, o fortuna, que aunque a justarlas me hallano, si el que da el peso es tirano, suele no bastar tal vez; porque aún para el mismo Juez, es invisible la mano; de suerte, que a la mancia tantos caminos, ajusto, que aún siendo el Juez recto y justo, puede faltar la justicia. Y aún sabiendo quien la vicia, y poniendo en fiel con eso a Juez, Ministros y preso, aún la inocencia castigo, pues malicia de un testigo, puede viciar el proceso: con este temor, en fin, en tanto que en la campaña del Rey de León la saña, a vencer llega Lan; v encer también la malicia quiero en mi juzgados, pues en él esta Vara, es la espada de la justicia: Empezad. . Haceos a un lado. . Lleguemos. Holos al. . Ruy Pelaez. Ya está aquí. . Qué deéís? Nada ha probado: en el término es concluso el pleito y está probada su traición, y confesada. Para sentencia? . Es en uso. Ya sé el estilo: en fin, vos ponéis la patria en discordia? Ya pido misericordia. Esa, pedídsela a Dios. . Martín del Carpio. . Aquí viene. Pide más plazo. . Adelante; término tuvo, y bastante, pues más que probar no tiene. . Llegad vos. No hay qué me asombre. Preso nuevo. . Ruy Viseo. Así os llamáis? no lo creo. Pues decidme vos mi nombre, Carearlos es lo mejor; conoceisle? . Este hombre fue al que a Celoira entregué. Vuestro primo? . No señor. Qué ha declarado? . Responde, y llanamente confiesa, que ha dejado la Condensa, no dice por qué, ni donde. Pues qué la hicisteis? . Dejarla. Decid la causa. . Eso no. que los hombres como yo, la saben para callarla. Pues quién sois? Aqueste fue su marido. . Cómo es eso? su marido? . Eso confieso. Pues, quién sois? . Eso no sé. Solo dice que es Soldado. Eso ya lo probará; pero en un potro dirá antes, lo que me ha negado: Adelante. . Vasco Lobo. Quién es ese? . Ya está aquí. Vasco Lobo os llamáis? . Sí, porque de noche me arrobo. Qué declara este segundo? Lo mismo que su señor. Apelo. . De qué, hablador? Apelo de todo el mundo. Viva León, arma, guerra. Castilla viva, arma, arma. Soldados, a retirar, pues la fortuna contraria el triunfo da al enemigo. Sea la fuga quien nos valga. Qué alboroto es este, Cielos? Si ya el rumor de las armas primero no te lo ha dicho, aquesto es, que en la Campaña, Alfonso, Rey de León, a las huestes Castellanas tan de improviso acomete, sin permitir que en batalla ordenar puedan sus tropas, que sobre la misma marcha envistiendo va, y venciendo, con suerte tan declarada, a que puestas en fuga vil, por más que intenta ordenarlas Lain Calvo su amparo buscan de Burgos en las murallas. Qué dices, Sol? . Señor Juez sentencie usted esta causa. Qué os enmudece? qué os turba? qué os amedrenta? qué os pasma? que ya en heroica defensa. de la libertad, y patria nos atropelláis furiosos al salir a la venganza? para cuando son las iras? para cuando las hazañas? si el enemigo a las puertas, para mayor baldón, canta vuestras ruinas en su triunfo, su victoria en vuestra infamia; más bien hacéis, no salgáis, hacer justicia aquí os basta, que ya de ella residencia os tomarán sus espadas: mas no harán, porque primero no habrá mujer, que en demanda tan justa para afrentar tal cobardía, no salga siguiendo mi noble aliento, a que del Leonés las Armas vean que hay más que vencer en las Burgalesas Damas. Heroica mujer! Amigos, ociosas son las palabras, a vista de tanto empeño; y así, pues ya tan cercana se mira la lid, que dentro de la Ciudad se batalla, seguidme, y a estorbar vamos su ruina. . Guerra, arma, arma, Señor Secretario, tome la confesión al que casca. Ah quién no estuviera preso! Ah quién en la lid se hallara! Cual sea riesgo menor, indecisa, duda el alma. Alto al calabozo. . Toma, Porterillo de Moatra. Resistencia a la justicia. Viva León, arma, arma. Soldados, no de ese modo, en fuga desordenada, afrentéis vuestros blasones: . volved, volved la cara al Enemigo. . Lain Calvo, qué intentas ya? si reparas, que mal se repara, quien una vez vuelve la espalda. Pues muera peleando Esa ventaja te sabrá dar este acero. Ya lo verás. . Arma, arma. Viva nuestro Rey Alfonso, sus triunfos cante la fama. Eso no, mientras yo viva. Pues su obstinación es tanta, Soldados no se dé a nadie cuartel; segad sus gargantas, y entre a fuego, y sangre en Burgos. Templad la justa Real saña, pues que ya Burgos por mí hoy se rinde a vuestras plantas; en fe de lo cual, sus Llaves el vasallaje señalan. Alzad; ya a vos os conozco, y a vos; pues si no me engaña la vista, sois los que hoy Castillas sus Jueces llama. Si señor. . Y los que niega, faltando a la fe jurada, el vasallaje a León. Yo he sido el que con las armas hasta ahora lo he mantenido; pues también tú a tu palabra faltaste, cuando a los Condes para darlos muerte llamas. Bien está: Soldados, cese el furor, de estragos basta, pues que ya Burgos, humilde, pide perdón a mis plantas. Eso no mientras mi brazo rigiere, Alfonso, esta espada, y las de cuantas mujeres mi heroico brío acompañan. Quién eres, bella Amazona, y qué intentas? Que la Fama no diga, que de Castilla triunfó Leon, mientras que haya vidas para su defensa. Dice bien; ni tal infamia se ha de contar de vosotros, Castellanos, que las Damas volved volved a las armas. Qué dices, caduco? . Laín, ya está Burgos entregada por mí. . Si tú allá en tus leyes por conveniente lo hallas, yo tengo esto por más justo, pues si tú como Juez hablas, yo hablo como Soldado; muramos, pues, por la Patria. Lo mismo decimos todos. Ya mi clemencia no basta. Soldados, ninguno quede con la vida. Guerra. . Arma. Tened, parad los aceros, si tanto mi voz alcanza. , . Cielos, esta es Jeloira! Danos, señora, tus plantas. Qué es esto que miro? Esto es, que al ver que Burgos trata, y los Jueces de Castilla; que sea tu tributaria segunda vez vengo yo, no a rendirla, ni a librarla, porque a tu presencia ahora me trae acción más bizarra. Pues quién eres, y qué intentas? Jeloira soy, infausta heredera de Castilla, que según la antigua usanza de ella, ante ti a retar vengo a un villano, que me infama; y así yo, sin que permita que ninguno por mi salga, de fementido, y de falso le acuso; y en la Campaña sustentaré, que mi honor, en quien pone dolo, y mancha, es más que el Sol, limpio, y puro, y en cuanto ha dicho, se engaña. Él no haberos conocido, disculpe el que antes no os haga el cortejo, que se os debe, y en cuanto a vuestra demanda, a mi cargo vuestra injuria tomo, decid quien la causa. Nuño Rasura al traidor tiene preso; haced le traiga. Ortún, ese, y todos cuantos por Jeloira se hallan, traed también. Y entretanto, sus pended todas las armas, porque mi voz lo suplica a vos; y a vos os lo manda, como Condesa, y Señora vuestra, por si mi desgracia logra evitar como espero, tanta ruina amenazada. Ya tienes aquí los presos. Qué es lo que mi amor repara? hermano Ramiro? . Alfonso? Qué he escuchado! pena rara! Señor, si un error:::- No os turbe mi prisión, pues razón tanta tubisteis, como buen Juez. Hay confusión más extraña! cómo se fingió mi Primo? Por qué razón se disfraza. de villano: . Este es, señor, a quien, con piedad hidalga, Martín del Carpio me entrega, por librarme de la saña de Ruy Pelaez (que no ignoras) creyendo en sus señas falsas ser su primo; y a quien yo, con la misma confianza, la mano le di de esposa; y él, que después con ingrata cautela, poniendo dolo en mi honor, me desampara, y en cuya busca ocho años he peregrinado a España, y a quien hoy reto ante ti a que defienda su causa. Qué dices de esto Ramiro? Qué Sol, que delante se halla y esos criados dirán, ya que ha querido se haga pública su culpa, sí tube razón en dejarla. Aleve, di la razón. El encontrarte no basta hablando con un galán forastero en la cabaña, a quien su ardid dio la vida, de que Sol me dio el aviso? Qué escuho? . Si un yerro alcanza perdón y más por amor de ambos le pido a las plantas, si enmiendan tan viles iras, piedades hoy tan idalgas. Qué dices, Sol? . Que celosa. viendo que a Jeloira amas, la acusé con aquel pobre, que también a mi cabaña llegó pidiendo limosna. Cómo pobre? si la capa desmiente aquesa razón. Sería de los que hilbanan y doblones en los remiendos. Cómo ya que se declara s todo, ese pobre fui yo, que huyendo de la tirana persecución de Froila, y por cuya muerte aclama S y León, vez segunda mi nombre) pasé a Castilla, y acaba mi memoria ahora de ver, que es verdad cuanto dudabas: pues al darme Jeloira limosna entraste tú; y::- . Basta, que satisfecho, a sus pies piden mis desconfianzas perdón. . De quién así adora, con felicidad se alcanza. Pues porque veas, Ramiro, mi antigua envidia trocada en amor, pues mis achaques de la succesión desada, veo me imposibilitan, por sucesor te declara mi voz, de mi Real Corona; y así, Soldados, la saña trocada ya en alegría, diga en repetidas salvas: Ramiro, Rey de León, viva. . Castellanos, haga también vuestro regocijo, competencia a dichas tantas. Vivan Ramiro, y Jeloira, Condes de Castilla. . Estrañas mutaciones! . Pues ahora, ya que Sol todo esto causa, a Ruy Peláez dé la mano; y él y Martín libres salgan, y a los Jueces de Castilla iguales premios aguardan. En medio de tantas dichas, aún es mayor la que falta para Castilla y León. Cuál es? . Que si deseaba tener Príncipe en Asuturias, después de edades tan largas, y en su Rey Alfonso tuvo perdidas las esperanzas, por su falta de salud; hoy, que a su Corona llama a Ramiro, por quien deja Castilla el ser su contraria, en el que hoy felice une de Castilla, y León las ramas, Príncipe de Asturias tiene. , . Pues dónde está? A vuestras plantas. Hijo? . Sobrino? . Señor? Pues logramos dichas tantas, Castellanos, y Leonesas, repetid en dulces salvas, viva el Príncipe de Asturias. Viva, y reiue edades largas. Rara dicha! . Estraño gozo! Luego su jura se haga. Bien dije yo, que era un Rey mi padre, y que me engañaban. Qué le das ahora a Garulla? En moneda Castellana, cien maravedís de renta. Cien maravedís? mañana me llaman ya Señoría. Y a Lirón? Dale unas bragas. Y aquí este caso de fin, repitiendo, si os agrada, viva el Príncipe de Asturias::- Viva y reine edades largas.
