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Texto digital de La desdicha venturosa

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Juan Pérez de Montalbán
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La desdicha venturosa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/desdicha-venturosa-la.

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LA DESDICHA VENTUROSA

JORNADA PRIMERA

fin te has determinado? Beltran esto ha de ser, ano puedo escoger dio más acertado. aruda habitación uto pienso vivir, solo divertir slica o ctupación cuidados, que hoy advierto llegre que quejoso, dejo un mar proceloso, goa un seguro puerto. penas crédito doy que en ti vengo a ver, io supremo ayer, san baja esfera hoy? le es el fruto que alcanza sn fia del mundo, Beltran, los logros que dan chas a la esperanza. y en el más bien fundado lo que par es engaño disfrazado Libre del común error juzga al mundo mi advertencia, todo fino en la apariencia, todo falso en lo interior. Es con todos mentiroso, y justiciero jamás, que a aquel que merece más suele tener más quejoso. La dicha que el uno adquiere, es daño que a otro apercibe, pues enriquece al que vive, desheredando al que muere. Pues tiene tanta eficacía, aunque mentiras profesa, que bien se yo que te pesa de vivir en su desgracia. Aunque con tanto desdén sus bienes culpando estás; pero como los demás será en esto tam las riquezas de mil modos, y si se averigua, todos a ser ricos anhelamos. La mujer, y el oro mido con correspondencia igual, todos dicen de ellos mal, y es lo que anda más valido. En este pobre hospedaje no envidio riquezas hoy, que aquí alomenos estoy excluido del ultraje de la fortuna, que airada, ni la huyo, ni la temo, que he llegado a tal extremo, que ya no la debo nada. A señor, a toda ley, aunque tan desengañado estés, y tan consolado, era gran cosa el ser Rey. Que es de admirar que solo uno a tantos pueda mandar, y haber de necesitar todos de el, y él de ninguno. Esa pompa no te asombre, que en indispensable ley, las Majestades de Rey no son excepciones de hombre. Ainque en solo un hombre cabe poder tanto, has de advertir, que él también ha de sufrir del Imperio el peso grave. A quien se ve fluctuar en el piélago alterado. del desvelo, y del cuidado, como al que ha de gobernas? Quien a la naturaleza se ajusta, y no a la opinión, halla en la moderación toda la mayor riqueza. Qué importa que el poderoso viva en Palacio erigido, rompa esquisito vestido, y use de manjar costoso, si el desengaño declara, que cualquier sayal abriga, ve cualqier maniar mitiga y cualquierchoza repara? Jesús, que desengañado Diógenes te llego a ver! mira que ya viene a ser el consuelo demasiado. Forma si quisiera una queja con semblante algo impaciente, y a un Cartujo penitente tanto desengaño deja. Mira que el pobre, aunque sea muy rico de calidad, entre mares de humildad eterno olvido granjea. Aún lo atento en él parece que se entibia, o se desluce, pues aunque ello por si luce, por ser suyo se escurece. Porque es como la mujer fea, que el artificial adorno aún la está tan mal, que siempre viene a temer en ella deslucimiento: el rico es como la hermosa, cuando menos cuidadosa del aseo, y lucimiento, aún admira su hermosura, porque llegada a mirar, realce más que lunar la da la descompostura. Sírvate, pues de advertencia este discurso, señor, para creer que es error vivir con tanta paciencia. Vengo a que me perdonéis la rústica obstentación de esta pobre habitación, y a que de ella descontéis. la mucha incomodidad, por la humildad de su dueño, que si el servicio es pequeño, es grande la voluntad. Yo estoy tan agradecido, Fileno; al grande cuidado con que me habéis obligado, sin haberme conocido n me atrentó a ofreceros ompensa que equivalga untad tan hidalga uno confieso deberos. lasí, pues de vuestro pecho llego a reconocer shonrado proceder, que estoy bien satisfecho, uro podré pediros amistad. . Ya tardáis mandar, pues no ignoráis ha de ser ley el serviros. orva cierto inconveniente eprocuro remediar, simporta mucho pasar un tiempo ocultamente humilde de una aldea, diendo en lo mentiroso n disfraz, lo temeroso que conocido sea. nesta pues aseguro logro de aqueste engaño, si de embarazo, o daño no os halláis seguro, edaré muy obligado sen vuestra posada quedo, lenotra alguna no puedo hir ya tan recatado. Quecasa, y dueño os ofrezca pganincia mía pues sallo yo tanto interés nque tal huésped merezca. así, no lo agradezcáis, acaso en algo os obligo. En esto, Fileno amigo, fuevamente me obligáis. j. Aqueste diamante sea, no paga, que es desigual, sino abonada señal de que págaros desea mi afecto; que si algun día es dichosa una verdad, hallaréis en mi amistad paga con mejoría y se le da porf El cielo por merced tal, a un gran Monarca os iguale, Vamos, pues, a dispones nuestro engaño. Entrad, señor. Hoy, fortuna, mi valor llega a vencer tu poder. Que os haga ingrata lo que fuera razón que os hiciera agradecida! no tanto con vos lo severo pueda. Si tan poco interesada vuestra pretensión se muestra, como llegáis a sentir mi mala correspondencia? quien tan cortés solicita, debe procurar las penas, no quejarse de sufrillas. Mal, señora, estáis atenta a mi intención, advertid que no ha nacido mi queja de que os resistáis airada de mi afecto a la contienda, que no os procuro posible, si no de que no merezca conseguiros obligado mi amor, que es justo que sienta que el adorar reverente vuestra deidad, os ofenda, mirad si es desinterés sentir solo vuestra ofensa. Enrique, mi libertad goza Imperios, no sujeta, vos la queréis usurpar las preeminencias de Reina con hacerla vuestra esclava; luego aspiráis, cosa es cierta, no a comodidades mías, sino a convenencias vuestras? Pues decidme, si tan poco se adelanta el que festeja que hará o gáis. Mirad. Suspended la lengua. Que el corazón. Es cansaros, y mirad que ya se arriesgan las leyes de mi decoro, en que dure esta contienda tanto entre los dos, y así, Enrique por vida vuestra, que nuestros discursos no tanto se empeñen en ella. Que haurá que por vos no haga, aunque el mayor gusto pierda? estoy sin mí. . Pues Enrique, el cielo os guarde. Y él quiera, que si quiera agradecida alguna vez os merezca, y advertida de que el alma sin interés os venera. De tanto Príncipe amante no te obligan las finezas, a corresponder cortés, y agradecida si quiera? Poco se estima la dicha. que pocos afanes cuesta, lo precioso se envilece si con rigor no se niega. Tan presto quieres premiados. desvelos que ahora empiezan? deban amayor fatiga, no favores, si no muestras. de una blandura forzada. Eso más parece tema, o melindre, que recato; ha seis meses que veneran sin libertad tu hermosura; y dices que ahora empiezan? Pues qué es seis meses? seis siglos, siseis siglos se vivieran gastados en merecer cía por breve plazo tuviera. Demás que de estos amantes; pienso que las diligencias nunca han de llegar a fuito. Qué culpa adviertes en ellas, que desmerezca esa dicha? Juzgarlos (y es cosa cierta) mas que de mí, enamorados de mi fortuna, Clavela. De modo, que no es amor el salirse de sus tierras, movidos de tu hermosura, solo a fin de merecerla, como lo publican bien tanta variedad de fiestas, tanta ostentación de galas. con que tu Corte festejan? Pues nada de eso es amor; porque el amor por las señas. exteriores se conoce, que son las llamas que engendra el fuego del corazón. Los ojos con mudas lenguas del alma, a voces promulgan lo más secreto, que es fuerza que como tienen dos niñas, tengan mucho de parleras, Nunca el rigor justifica quien por indicios condena, y esa presunción salible la llamo yo no certeza. Pues que es siniestro supongo mi recelo; y verdaderas. sus finezas, quieres ver (aunque de esta suerte sea) que debo corresponder más airada que halagüeña a su amor? . Pues eso quieres probar? . Escúchame atenta, Quien ama con perfección, májima es no poco cierta, que solo a la urilidad del sujeto amado anhela: Y que es falso amor también propio interés de Nonegarás, quién lo duda? que a una pasión tan grosera sele deben de justicia ingratas correspondencias. Allentado este principio porcierto, dime, Clavela, quien pretende a una mujer con tal decoro, y decencia, que la deseé recatada, que la solicite honesta? uingún hombre, porque todos; mprosano antojo afectan, uno pueden ser dichosos. ln ser desdichadas ellas: lllego el mostrarnos amor, bien claro se manifiesta, denosotras es perjuicio, y de ellos es convenencia pues amar; porque en amar popios gustos se interesan, y esos gustos conseguidos. nacer de desdichas nuestras, no es amor, es villanta, (si es villanía, es ofensa, stes ofensa dime tú sies justo que se agradezca. Notables son tus caprichos, yo confieso que me deja. satisfecha, y admirada de tu argumento la prueba. Pero puello que el casarte es preciso pues hoy quedas. por la muerte de tu padre el Duque, solo heredera en los Estados de Mantua, no adviertes por cosa cierta que el hacer marido a alguno de estos Príncipes, que hoy llegan aser de tu juicio examen, madmite excusa ni tregua? lan poca dificutad, por tu vida, consideras. en que acierte quien se casa, que con brevedad se en que pro con más vigilante aviso, con observación más cuerda? Hay cosa, digo otra vez, si bien se atiende, que tenga mas dificultad juzgada, menos remedio resuelta? Si a casarte no te inclinas, no es mucho que te pareeca todos los hombres al. Pues no me tengas por necia porque me porte algo tivía en semejante materia; que no pienso que es error que advertida; y sagaz tema sujetar la libertad a la observancia severa de un apetito villano; de una impaciente aspereza, nunca mal obedecida, pero siempre mal contenta. Ea que a la estrecha prisión de casada se sujeta (aunque deidad venerada de la admiración se atienda) auna ser satisfacción de un vil antojo no llega. Nunca logra la hermosura quien se casa porque en ella los privilegios de hermosa. hallan desgracias de fea. La seguridad, y el uso de una dicha, siempre engendra, aún en quien la goza indigno, si no desprecio tibieza. La rosa que en lo purpureo, y fragante es lisonjera, dulce caricia del gusto, gozada mucho, despierta un desagrado enojoso una desazón molesta, siendo (si antes admirada pompa de la Primavera) destrozo poco después. que es una mujer, Clavela, rosa es, a quien al principio la novedad la respeta, pero en gozando su olor (que sin desdenes franquea) halla un grosero matido apurado el gusto en ella. No ya su fragancia aplaude, no ya su beldad festeja con enterezas de juez, todo ceños, y impaciencias, o la desoja profano, o atrevido la desprecia. Por cierto que tú, señora; puedes ser en esta ciencia, aún de las más acertadas, aventajada maestra. Porque de suerte previenes las futuras contingencias, que parece que le debes el acierto a la experiencia. Quién con ejemplos ajenos errores propios no enmienda, y quien solo en las desdichas tímidamente despierta, sin anticipar al daño el remedio, es poco atenta: una cauta prevención es fuerte muro, que niega la entrada a los infortunios. Aunque te admiro tan cuerda, te temo viéndote hermosa, que las más veces se hospedan con amistad matidable la desdicha, y la belleza. Mas de un riesgo se asegura aquel que a excusarle acierta, que quien atrevido en él con prevenciones se empeña. Dices bien, que mal podré, aunque tan sagaz proceda, excusar daños, que solo huyéndolos se remedian. de desengaños prospeto sa grato, y a desempeño de un quejoso, a pesar de fatigas consolado, hoy deciendo a tu albergue más dicho del trono del poder precipitado, depuesta pues tan grave pesadumbre hoy para mí será tu humildad cumbre No aquí la envidia a introducirse al su fiera palidez, no aquí se abriga la sedienta ambición, que aún cuando ba menos su ardor hidrópico mitiga, no la lisonja entre el hálago aleve ardides vende, y créditos mendiga, ni con placido engaño la esperanza vive de cultivar lo que no alcanza. Libre del peso si que tanto oprime, lo esforzado del pecho más robusto, a cuya gravedad rendida gime la libertad en cautiverio injusto, vivo en segura esfera no sublime, sin conceder tributo al miedo, al susto que de aquel enojado golso incierto oy redimo cozobras en el puerto. Cuantos en esta verde pompa ufana lucido Reino de la blanca Aurora, consejos logra la atención humana, con que amanece a lo que incierta igno y o cuantos de la alteza soberana portentosos misterios atesora, pues en cualquiera planta que diviso un milagro contemplo, y un aviso, Miro abreviado en una flor hermosa, cuanto estudiosa obró naturaleza, ya que la franca antorca luminosa a matizar el Horizonte empieza, y admiro frágil, cuando más gloriosa, de hu nana pompa la mayor grandera pues cuando el sol más tabio resplandece toda su hermosa púrpura fallece. Veo en fin todo el campo enriquecido del copioso tesoro de Amaltea, cuando el mes de los dece más lucido de la madre común partos franquea, llego a mirarle, cuando lo atrevido del otoño que lisonja ayer, hoy escarmiento. p , Ya. Arnaldo, que en lo apacible de estas mudas soledades, testigos son solamente árboles, fuentes, y aves, con seguridad podré de mis intentos fiarte oculto, que no he querido sin que primero me ampare suconsejo, y protección) que a la ejecución llegasen. Parece que de mi albergue . estoy algo más distante de lo que alejarme suelo; lasenda perdí, que sale ala falda de aquel monte: mas de aquel arroyo al margen no sin recato oigo hablar dos hombres, quiero ocultarme ara escucharlos curioso) entre estos frondosos sauces, que el mostrar tanto cuidado, no de leve causa nace. h . ̱. Bien puedes, otabio amigo, pues de la experiencia sabes si no de mi amistad, sin recelo darme parte de este secreto que en mí has de hallar con fe inviolable un pecho, que a su interés el tuyo siempre a delante. ̱. No en pocos lances, amigo, halle noticia bastante de lo mucho que te debo, y así siempre he de fiarte lo que a mí mismo, oye pues de mis designios lo grave. Ese asombro de hermosura, esa dulce penetrante flecha de amor, ese escollo fuerza de olas estab Ese imán, a cuyo arbitrio sujetas las almas yacen; esa Duquesa Vitoria (que estos dos extremos caben de hermosa, y cruel en ella) fue dulce Imperio fue cárcel de mis potencias, fue hechizo del alma, fue irreparable fuego (siendo hielo duro) a cuyos rayos flagrantes, cual incanta mariposa, depuse el vuelo cobarde. No culpes lo desigual de este afecto, no te espante su presunción atrevida, que fue imposible templarse. Que cuando rebelde amor a sus leyes inviolables rinde un pecho, no hay caricias, ni fuerzas que le contrasten. No se atrevió mi pasión en mucho tiempo a asomarse de los labios al umbral, antes cerrada con llaves del silencio, y del respeto, vivió pagando observante presunciones de atrevida con retiros de cobarde. Mas no pude resistir la violencia enexpugnable de tanto rayo severo; fuerza fue que declarase mi pena, y así elegí por más conveniente, y fácil. remedio, que en un papel mudamente la informase el al ma leyole apenas, cuando al rigor de un ultraje desdeñoso, remitió el responderme, y pagarme. No fue jamás poderosa la nieve de sus crueldades, a extinguir el fuego activo que en mi corazón constante engendro amor liguroso en vencerse de su enojo, obstinada, y implacable, ifulminó contra mi afecto estas iras su coraje. No es consentir un agravio, Otabio, el disimularle, quien disimula, procura, o por escular lo grave del castigo, no mostrar que se ofende o por hallarse indigna de que lo humilde de un necio atrevido, alcance tanta dicha en su grandeza, que a turbarla sea bastante. Por esto he disimulado hasta ahora los desmanes de tu loco atrevimiento; pero viendo ya que salen del límite, que pudiera, si no impedirle, templarle la ejecución a mi enojo, y que al decoro inviolable de mi honor, profanamente se atreven, es bien que ataje su libre resoltición. Viven los cielos, que si antes que esa lampara celeste entre los tibios esmaltes de sus desmayadas lices, de nuestro hemisferio pase, fuera de Mantua no estás, que postre el orgullo infame de tu altivez, de un verdugo el acero inejorable. Veneno fueron, Arnaldo, sus palabras, cuyo grave contagio tan poderoso fue en mi pasión, que al instante la dio muerte su violencia, sin que a impedirlo bastase el antido: o eficaz de su hermosura: o mudables hierros de amor! quién creyera, cuando a abrasar empezaste mi corazón, que pudiera tan grande incendio apagarse? Mas que no el amor finezas, el odio temeridades obró en mí, que es más rebelde, cuando de enttre amigos nace. Tan Rey es de mi albedrío, que es ya ley indispensable en mi obediencia su impulso, y a lo que más me persuade, y provoca, es a un ardor tan vehemente de vengarme, que si la venganza, no, nada podrá mitigarle. Toda mi atención empleo, cuidadoso, y vigilante, en escucharlos, que temo alguna desdicha grande. Y porque con más rodeos, ni episodios no te canse mas mi discurso, es dar muerte a la Duquesa, y alzarme con sus estados, que no es tan poco altiva mi sangre, que de la suya Real no consiga mucha parte. Válgame el cielo! que quepan en sujeto humano tales traiciones! mas si el alienta mis intentos, será fácil impedir que tus deseos lleguen infame, a lograrse. Con la piedra imán deloro no poco número atraje de gente plebeya y noble, para esta empresa pero antes de ejecutarla he querido tenerte a ti de mi parte, que sin tu ayuda será todo mi poder inavil. Qué dices? Que pues conoces tan bien mi amistad, no agravies su fineza con temer que haya ocasión, que haya lance en que pueda con tu gusto star discorde. valgió mi voluntad udueño del alma, añade os lazos, que confirmen sempre vínculo estable puestra estrecha amistad. lnca en ellos has de hallarme spronto, otabio amigo, ine, y ayudarte: dime como trazas ecución? . Esta tarde pacaza la Duquesa emonte, donde es fácil ance de mis designios lloso logro. . Antes lvida llorarás, el último trance. Otanio, tú has de ser fortuna inconstante umos esta vez lmente, y favorable) que de Mantua. . A quién, sino a tu grande deberé tal dicha? lnzaré triunfante, limis ruegos rendirte, violencias postrarte. o o ilusión parece que en tan breve instante usucedido, que hay casos mede los vulgares, a aquel a quien suceden, lea,o no no sabe. al cuidado era justo, do en este lance sido, quien creyera iemedio de tan grave, ttaición consistia en este monte errase Estumbrado camino? lidencia inefable! nseguir tus fines, dios tan singulares llocomo nunca, escastigo dilate y o como siempr de la inocencia te muestras poderosa, y favorable! propieta socorte pues alpilde mi pecho, porque restaure contra un rebelde alevoso una inocente triunfante. De mi gente apartada, o apacible florido sitio hermoso! y algo ya fatigada del robusto ejercicio belicoso, por aliviar me llego a dedicarme a tu feliz sosiego. Suspende en ti lo hermoso, lo vario dulcemente lisonjea, admira lo copioso, y lo fragante liberal recrea, todo al alma se apropia; fragrancia, variedad, belleza, y copia. Dichosa yo que hábito en decente placer, y en ocio justo tu apacible distrito, sin que mi voluntad de ajeno gusto el dominio padezca, ni de otro antojo antojos obedezca. Que haya quien de un marido no tema el riguroso cautiverio! que hay quien ha reducido la ley del gusto a ley de extraño imperio y quién de hacer no huya la parte que es más propia menos suya La voluntad abraza Tribunal que deroga su sentencia? al gusto no embaraza un preciso decreto de obediencia? de cuyo vil despego puede tanto el precepto como el rueg O nunca tu clausura, vínculo estrecho, servidumbre fiera, de halagüeña blandura crédito logre en la estación primera del curso de mis años, deshaga mi advertencia tus enga ecilla parlera; dulces canciones suavemente entona; pero triste en nudece cuando del lazo la prisión padece. Del líquido elemento el espunoso piélago alterado, habita el pez, contento de hallarse libre en seno dilatado; más preso en el anzuelo, gimiendo triste se lamenta al cielo. Pues si aún los animales aman la libertad, y en su rudeza se conocen señales, cuando la pierden, de mortal tristeza, porque hasta en ellos halla el instinto razón para estimarla. Quien hay que la violente a la dura obseruancia de otro gusto? quien se rinde obediente al yugo grave de un imperio injusto, que cuando más ligero, con engaños festeja lisonjeto? En aquel ameno bosque, donde un arroyo soberbio crecidas perlas dilata, suele detenerse. Presto, Otavio, de tu venganza verás logrado el efecto. Llevándote a ti conmigo, no temo, Arnaldo, suceso contrario de la fortuna: pero aguarda, vive el cielo que es la Duquesa Victoria la que en el cristal risueño que aquella fuente derrama, divertida está, logremos, tan buena ocasión; Victoria. Quién me nombra? más ay cielos! El Marqués otavio soy. Alguna desdicha temo: como pues te has atrevido a hablar acierto) Hoy a mayores extremos me obligan cruel ingrata, tus rigores, y desprecios. Pues qué pretendes? Vengarme de tus agravios pretendo. Cómo vengarte, villano, sueñas acaso? . No sueño, Sabes quién soy? No loaguoro. Y quién eres? Ya lo advierto. Pues dime infame, atrevido, no estando loco, y sabiendo que eres un vasallo tú, y yo tu absoluto dueño, como para hablarme así, has tenido atrevimiento? Pues no hallas en tu memoria causa alguna que el efecto disculpe de esta osadía, yo acordártela me apresto. Bien sabes, cruel Vitoria, que al dulce tirano Imperio de tu beldad sujeté la ley de mis pensamientos; y que jamás mi atención halló en tu rostro severo ni un agrado mentiroso, ni un ademan lisonjeto; que sirviese a mi esperanza de engaño, si no de aliento. No sentí aquestos rigores, que en las lides del Dios ciego, no se estiman las victorias, que consiguen tibios ruegos, porque es salsa de una dicha el costar mucho desvelo. Solo ha sentido mi honor, que por solo haberte hecho ídolo del alma, a quien me consagré con respeto; me desterrases airada de tu estado, pues es cierto que los que ignoran la o zgartemerarios mas atroz, el más fiero sito contra mi sangre, qcabe en humanos pechos, isopor fuerza me obliga unto pueden de un afecto impulos en el alma) que me vengue resuelto, a ejecutarlo pues, ibuscado mi desvelo ocasión, en que sola, mamparo, y sin remedio liengo a hallar. Que esto escucho? on, ceos, cómo, cielos, pmitis una traición, preciáis de justicieros? sono huérfana dejáis razón de remedio, lncerca de una desdicha, de ya del vecino riesgo mámagos, pronostican uiste infausto suceso? lnoos negáis favorables? envano pides remedio, ya quien podrá impedir dejecución a este acero? Yo traidor, que de tu vida diago he de ser sangriento, n Huye, Otabio. antes, traidores, puderéis la vida. Ay cielos, puerto soy. . Así se logra se un alevoso el intento. uspensa estoy, y admirada se tan extraño suceso. la muerto yace quien quiso pofanamente resuelto se de vuestro sol, señora, eemprano eclipse grosero. Quen que todos le neg d a tu valor lo primero. Quién eres? quién te condujo de esta desdicha al remedio? habla, conozca yo a quien este beneficio debo. Ilustre, hermosa Vitoria, en cuyo raro sujeto tanto soberano admiro, tanto divino contemplo, que entenderlo es ignorarlo, y ignorarlo es entenderlo; yo soy de esta ruda choza humilde parto grosero. Es mi nombre Federico, mi hacienda caudal pequeño, que al fin me cuesta el gozarla sembrar, y esperar primero. Saliendo a la opaca falda de este monte, que soberbio, mas que a vecino del prado, áspira a serlo del cielo. Oí (bárbara osadía!) el sucrílego concierto de ese rebelde, que ya despidió el último aliento. Ármeme contra sus iras, de razón mas que de esfuerzo, y así debí a la fortuna tan ventutosos efectos. Cómo salir pueda ignoro, Fedérico, del empeño en que hoy me has puesto, que no hallo obras, ni agradecimientos con que pagarte. . Señora, no pretendo ya más premio que la dicha que he granjeado en libraros de este riesgo. Ay amor, si con los rayos de aquellos ojos serenos conquistas, que libertad se librará de tu Imperio? Grande admiración me causa tu valor, y entendimiento, ni que le deba a tu sangre tan poca piedad el cielo. No os admire ni extrañéis que en tan humilde sujeto capaz albergue haya hallado un mediano entendimiento. Todas las al más señora, son iguales, solo creo que distingue la fortuna los nobles, de los plebeyos. Y en el sol siempre se estima, mas que lo grande del cuerpo, lo excesivo de la luz, que es alma suyarlo ameno, y lo florido de un prado, más admira que lo extenso de su dilatado sitio, y en un racional sujeto se debe (en justa razón) venerar con más respeto lo generoso del alma, que lo material del cuerpo. Federico; hoy hallo en ti; aunque en pobre hospicio, un pecho, mas que de tosco villano; de cortesano discreto. En el robusto ejercicio, que entre viles instrumentos profesas humilde, vives fuera de tu propio centro. De otra noble ocupación mas digno te considero; y así no es justo que habites: mas este monte, yo quiero llevarte luego a mi Corte, que pues la vida te debo, bien es que me debas tú el mejorar por lo menos la tuya. Por tal merced mil veces los pies os beso. Sola la fuerza invencible de este divino portento fuera bastante a privarme de tan venturoso empleo. Que en esta bronca montaña haya cu tiuado el cielo hombre tan adelantado en lo animoso, y lo atento! Cada vez, cielo divino, que a ver su hermosura vuelvo, mas la libertad cautivo, mas la admiración renuevo. Estoy por decir (ay Dios) mas que mucho si lo siento? que a tener sangre algo noble me debiera algún desvelo. Poco a poco; ciego Dios, basta, basta rigor menos, para quien sin rebeldía confiesa ya el rendimiento. Corresponder obligada es lícito desempeño; que licencia del recato tiene el agradecimiento. Mas ay que este agradecer a más se adelanta, temo que amor; pero como oso articular tal acento la lengua, contra el decoro de mi honor corrida quedo de que un desmán tan profano no previniese mi acuerdo. Vamos Federico. . Amor, ampara mis pensamientos. Honor, deten mis pasiones. Que de tanto rayo al fuego. Que de este mar en el golfo. Cuál mariposa me advierto. Si al puerto no me conduces, me ha de asaltar algún riesgo.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Al paso que crece el fuego qe en mi introduce el amor, dete más de su rigor desdeñoso despego. Nla debe mi cuidado upasión tan rigurosa, sua esperanza dudosa, a magasajo forzado. Ya vista de desengaños. lclaros, no desconfía hana ciega porfía e alimentan tus engaños? Ay Fabio más pertinaz, dundo más desengañada inuestra, que una obstinada isión de amor no es capaz vacuerdo, yo he de vencer s imposible, o morir, iente siempre en sufrir, enstante siempre en querer. o extraña lo riguroso nafecto verdadero, e su sufrir lo seuero, se llega a lo dichoso. dvierte que el olvidar en todo a la razón; bárbara obstinación qute ha de precipitar. es conformidad amor edos almas, que origina miuntad, y a esta inclina influencia superior estrellas, no es evidencia, suste hallas tan despreciado; deentre los dos ha faltado antural convenencia lea corresponder se mueve? faltado en vano ciego iendes hoy con tu fuego nugar, señor, su nieve. silluchas veces del recate serley el rie no se queja de lo ingrato. Sin causar indicio extraño, jamás supo el corazón desmentir una pasión, ni acreditar un engaño. Bien puede no verse el fuego; si algún opuesto lo impide, pero el humo que despide viene a descubrirlo luego. Del semblante lo exterior, lo oculto muestra, y señala, que es humo que de si exhala del alma el fuego interior. Pues cuando desengañado me confirme aborrecido, tendrá de correspondido efectos lo despreciado. Nunca en mí su rebeldía será causa de mudanza, que aunque muera la esperanza, ha de vivir la porfía. Rebelde el modo ha de ser en mi amor, de conquistar, no mereciendo en amar, he de amar por merecer. Solo un bien ni pena hallo en dolor tan importuno; que no merece ninguno lo que desmerezco yo. Porque fuera más penoso; y menos sufrible estado; padecer yo desdichado, por ser otro venturoso. Y así, pues lo ciego, y firme adviertes ya de mi amor, en vano de su furor, Fabio intentas disuadirme. Que al fin cuando mis cuidados; se malogren desválidos, morirán mal admitidos; pero no mal empleados. Ya mejor es aplaudir tan obstinada pasión; uest Bien has dicho, que conoces mi locura, seguir su afecto procura, que solo eso admitirá. Un medio se me ha ofrecido, que el úitimo viene a ser. Qué medio, di, puede haber que ya no le haya emprendido? Qué afectos no he malogrado? que finezas, que papeles sus azucenas crueles al aire en trozos no han dado? Y en suerte en fin tan esquiva, que no ha intentado mi amor? A Federico, señor, pues tanto con ella priva, juzgará por acertado, que tu amor le descubrieses, y que a ruegos, e intereses le tu tieras granjeado de tu parte, que sospecho, si se esfuerza a persuadir su crueldad, que ha de rendir lo obstinado de su pecho. Qué imposible no intentara, si en tan crecido rigor, del más pequeño favor la dicha me asegurara? Pues, señor, él viene aquí. Qué delito, ingrata, es rendirte humilde, y cortés el alma que vive en ti? A dicha grande he tenido, Federico, el encontraros aquí, que he deseado hablaros mucho estos días. . Yo os pido que en serviros me empleéis, si a ello me halláis suficiente. A la vida nuevamente restituirme podéis. Yo adoro, no a una mujer, que en su condición severa es áspid, es tigre, es fiera, imposible de vencer que para matar suspende, pues con lo cruel ofende, y con lo hermoso enajena. Es escollo, que en el mar de mi corazón rendido, ímpetu de olas no ha habido que le puedan contrastar. Veneno es, que en lo exterior tiene vista lisonjera, que convida por de fuera, y mata con lo interior. Es a todos común gloria, y solo para mi pena, fiera, áspid, tigre, Sirena, veneno, escollo, y Vitoria. Que a la Duquesa adoráis? Y por quien estoy de suerte, que solo espero la muerte, si vos no la dilatáis. Pues buen remedio hallaréis en mí. . Y así, Federico, que convenzáis os suplico su desdén, y mejoréis el estado de mi amor; que si de ella me alcanzáis una esperanza, o me dais premisas de algún favor, del Ducado de Ferrara seréis señor, y si fuera dueño del Orbe, hoy hiciera que a vuestros pies se humillara. Mas que de ese ofrecimiento, de que las gracias os doy, me holgara de poder hoy lograr vuestro pensamiento. Pero si con persuaciones, con suspitos, con finezas, con caricias, con ternezas, con ruegos, y con pasiones no ha alcanzado vuestro amor ni aún un agrado piadoso, como he de ser poderoso para vencer su rigor con palabras tan unidas mi humildad, tan deso sismporlo mal sentidas, que elas mismas han de dar, uindo deban conseguir mlaley de persuadir, dotrina para negar? ̱. Muchas veces lo severo eun desdén fiero, y constante, nlocontience un amante, ylo persuade un tercero. Que una mujer con mayor nogodirá que quiere ique inclinada estuviere, que al que no tuviere amor. Jasí, yo sé que podréis miligar tanta inclemencia, son toda diligencia, fedérico, lo emprendéis. uesa os puedo prometer le mi parte, y el deseo leque al yugo de Himeneo soncordes os llegue a ver, cundo no podáis lograr sn fino amor (que ha de ser mas cierto, y lo que yo poaré.) Quién llegó mel mundo a merecer Juldicha de vuestra mano? oi vida, y suerte me dais, puesto que me aseguráis infavor tan soberano. la diligencia os prometo, que asegurar no podré dvencimiento. . Yo se qetendrá dichoso efecto duidado que en vos empleo; jovoy con gran confianza. De el cielo a vuestra esperanza asuceso que deseo. Que mucho altiva deidad, que a tu poder soberano odo corazón humano sujete la libertad? Que mucho, Victoria bella, side tu claro esplendor, Sol, Planeta mayor es ya mer Qué mucho, o Aurora hermosa! sin tus purpúreos albores, la familia de las flores debe pompa más costosa? Que mucho o divino rayo de celeste monarquía! si luz dispensas al día? si adorno prestas al Mayo? Y que mucho, o celestial parto de naturaleza! si de la humana belleza afrenta eres general? Yo misma he desconocido lo que soy, por lo que fui, ayer al amor vencí, y hoy el amor me ha vencido: pero si me he resistido mármol, aunque a su inclemencia fue debil mi resistencia, ya es el delito menor, que no es error, el error en que le cae por violencia. Contra superior poder es en vano competir, que el procurar resistir, disculpa del no vencer: el que se llega a oponer esforzado, y atrevido, siendo inferior, ya ha cumplido con el valor altamente, y le aclamarán valiente, aunque le aqviertan vencido. Mas que sofilticamente, por no ofender mi grandeza, disculpo de mi flaqueza el desacierto indecente! que haya sido suficiente hombre de tan vil estado a deslucir lo sagrado de mi honor! suerte cruel! que por acordarme de él, de quien soy me haya olvidado. Pero hasta ahora no ha sido tan descortés mi pasió que de la imaginación a salir se haya atrevido: no al labio la he permitido, mas no porque se ignoró un delito se excusó, que para mí viene a ser, como el llegarla a saber todos, el saberla yo. Mucho me importaba hablar a Federico, y no puedo hallarle; pero qué miro? la Duquesa es, yo me vuelvo. Quién es? esperad. . Señora, Fileno soy, el casero de esa Quinta, en que soléis divertir el gusto, vengo a buscar a Federico como amigo, y como a deudo. El error me perdonad de haber llegado indiscreto hasta aquí, que con volverme le enmendaré por lo menos. No os vais Fileno, aguardad, que antes quiero agradeceros lo que pensáis que a culparos me dispongo, porque tengo un caso que averiguar con vos, advertid primero que soy yo con quien habláis; y si con labio siniestro me ocultáis una verdad, de que informarme pretendo, os puede costar la vida, aquesto ahora os prevengo, porque en mí se justifiquen después rigores severos, si acaso os hallo engañoso; aveisme entendido? . Cielos, que será lo que procura averiguar? bien advierto que me intimáis cuidadosa, con inviolable precepto, que a lo que habéis de inquirir os responda verdadero: yo protesto, gran señora, de observar el orden vuestro. Decidme pues, ese mozo, ese que en tosco, y grosero sayal me libró bizarro de aquel alevoso intento, Federico es el que digo, es hijo de esos soberbios montes, o más calidad debe su sangre a los cielos? Qué responderé? . No habláis? Señora. A deciros vuelvo, que si negáis la verdad, ponéis la vida a gran riesgo. Delito fuera negaros cosa que con tanto afecto procuráis saber, y así no os la reserve mi pecho: no es villano Federico. No es villanos según eso, yo confirme mis indicios; ahora a vivir empiezo; sabéis quién es? . Eso ignoro, lo que se deciros quiero. Un mes ha que en traje noble llegó a este monte, yo pienso, no con certeza lo sé, que de algún fracaso huyendo. Donde en un tosco disfraz comuta las galas luego, y solo a mi quiso hacerme archivo de este secreto. En mi albergue le hospedé, aunque pobre, con afecto de amigo, y en él ha estado oculto todo este tiempo. Una sortija me dio, que es también buen argumento de su calidad, que vale quinientos escudos. . Cielos, con más defenfado ya sujetar mi altivez puedo, pues se ha mejorado tanto de mi elección el objecto: que nunca quién era os dijo? cuanto las palabras templo, por no darso nca del pude saberlo, pero si se ha de juzgar loimerior por lo que vemos esteriormente, él lo ha dicho sudecirlo. . Vos, Fileno, habéis inferido bien, andad, que yo os agradezco este por un gran servicio, y pagárosle prometo. il. Milaños, señora, os guarde, parabién de Mantua, el cielo, Renazca ya mi esperanza con más animoso esfuerzo, notímida se marchite entre bastardos recelos. Cluela. . Señora mía. Qué cuidados, que desvelos tedesasosiegan tanto, que siempre vienes riñendo asolas contigo misma, el semblante descontento, somando con inquietud, entte impacientes despegos, tuncada acento un suspiro, y concada acción un ceño? que nueva pasión te obliga atan extraños extremos? Si de la ley rigurosa deamor, el dominio ciego pofanar hubiera osado, señora, tu altivo pecho, aueviérame a decirte lcausa de mi desvelo. Mas viendo en tu reclusión la voluntad al Imperio de la razón tan rendida, eigusto tan extranjero tu esos floridos anos, que se desconoce en ellos, yen esa edad ya logrados nnclanos advertimientos, diorzoso que temisa emte escrupu este amante Esa estrecha religión, ese retiro modesto, que con cenida observancia profesan mis pensamientos, no te ha de servir a ti de precepto, ley, ni ejemplo para regular los tuyos, Clavela, que aunque yo muestro en amorosos cuidados tan descuidado lo atento, no extrañaré que tus años deroguen algún precepto del recato. . Pues señora, ya que me das tanto aliento, benigna, y atenta escucha mi atrevido desconcierto. Yo confieso que a mi sangre es desigual el empeño de mi elección y que han sido humildes mis pensamientos. Que aunque es de la voluntad acto el amor, no por eso libremente todas veces amar, o no amar podemos. Y porque a decirte yo me atreva con más esfuerzo que es Federico el que pudo tiranizar mi sosiego. Qué escucho? . Pero presumo que si con cuidado atento has hecho curioso examen de sus partes, que este hyerro cóndenes con más piedad que enojo, porque no creo que a una rústica montaña deba hunilde nacimiento, quien en lo culto del trato, en el cortesano aseo, en lo airoso, y atinado, en lo libre, y desenvuelto de las acciones, y en todo el logro de sus aciertos, tanto acredita lo noble, y desmiente lo grosero. bronco albergue, tudo acento, donde de brutos, y de hombres es uno mismo el comercio, como pudo cultivarse tan divino entendimiento? y como. . Detente, calla, que excedes mucho los fueros de la razón, mucho extraño ese lenguaje tan nuevo, como ajeno de cordura, de modestia, y de respeto a ti misma: aunque entendí siempre que tus pensamientos fueran hijos de tus años, nunca los juzgué tan huérfanos de la doctrina, que imprime el decoro en nobles pechos. En que escuela has estudiado tan retóricos conceptos para alabar a los hombres? es idioma bien modesto, muy conveniente, muy propio del cobarde encogimiento que en las leyes de mujer le advirtiera yo precepto. Sabes que ese Federico, aún de nombrarle me ofendo, que ha sido cuidado indigno de tu torpe desacuerdo, es un tosco labrador, parto de un monte grosero, donde el afán de sus brazos fue cifra de sus aumentos? Y sabes que es el blasón que debe tu sangre al cielo, tan alta, que de la mía ha merecido algún feudo? Pienso que lo has olvidado, algún fantástico sueño, estragándote el discurso, te dio ese divertimiento. Pues, Clavela, yo sabré despertar tu entendimiento, y pues es el que gobierna epública del cuerpo, ponga más urgente freno. Si pretendes conservar mi gracia el más cierto medio para conseguirlo, es, reprimir esos afectos. Y advierte, que ese hombre fue para tu necio concepto flor, que nace en el Abril, humo que vaga en el viento. Cometa que rompe el aire, idea que pinta el sueño, y una cosa que no fue, porque a ser otro tu intento, llorarás iras del rayo, por no escarmentar al trueno. Señora, señora, escucha, o que necia anduve, cielos, en declarar a Vitoria este amoroso secreto. Fulmine, pues, contra mí iras su obstinado ceño, esgrima rayos su enojo, brote su coraje fuego. Qué primero que este amor desavecine del pecho, verá sembrado de flores el celeste pavimento. Verá mendigo de luces el claro fatol del cielo, verá reducir atrás el curso veloz del tiempo. Verá inmonible, y pesado el vago Imperio del viento; verá ese terreste globo sobre la esfera del fuego, y de mi vida verá el anhelito postrero. Que está tan apoderado de mi albedrío este afecto, que él como dueño dispone, yo como esclava obedezco. Y a tanto extremo me obliga, que hoy en un papel pretendo habla decirle que en el jardín de Palacio le deseo hiblar, y allí descubrirle este ejecutivo incendio: pero aquí viene Beltrán, élseme ofrece a buen tiempo. @ Beltrán. . Señora mía, en que te sirvo? . Yo tengo muegocio de importancia que fiar de ti, advirtiendo que el secreto has de guardarme. Ese es un conque muy fiero, o que nunca los criados esa devoción tenemos, sibien no es delito alguno, que de los diez Mandamientos que ordena la ley de Dios, no solo, bien me acuerdo, guardarás las fiestas dice, nas no guardarás secreto. ero si el guardarle yo timporta, yo te prometo se un segundo Anajarco, dinque me den mil tormentos. ita pues que has de llevar aramo. . Ya te entiendo, mis que dices un papel. eso mismo. . Estoy en esto mpráctico, y advertido, qe el pensamiento penetro, a solo atender al modo elas acciones. . Pues quiero riuirle, aquí te aguarda. Aquí, señora, te espero. hora es bien que averigue n señor entendimiento, es el que lleva un papel ráguete, que no quiero neterme en tan ruin oficio, sipor llevarle he de serlo. leto en dar solo un papel asecas, sin otro intento, ndiligencia, qué importa? escupa le si hub en aqueste lance, es cierto que es el papel el culpado, que él declara los afectos de su dueño, porque yo en darle, y callar no peco: pues por Dios, hablando en verás, que es oficio de provecho el de alcagüetes, y más si cae en quien no es muy lerdo, Porque es tan poco costoso el hacerse perulero, que puede medrarse a palmos, con solo mentir a dedos. Toma el papel. Ya escribiste? por Dios que lo piensas presto. No eres como un Licenciado que yo conozco, tan necio como vano, y presumido, que ha menester doce pliegos para escribir un papel, que no tiene más de medio: en este no te acordaste de poner el porte, pero querrás que vaya pagado. Toma ese diámate. . El cielo, Clavela, o clavel divino, intacto purpureo, y bello, te reserve a los rigores del cano ceñudo invierno. De más dichas te corones que suele granjear un necio; no veas en todo un siglo los secuaces de Galeno. Ten un marido tan fino, tan galán siempre, y tan tierno, que no parezca marido: no tengas deudas, ni pleitos; sobrente siempre los gustos, y no te falten dinetos. Ya te ha costado el diamante caro Beltrán. . Con todo es tomaré de buena gana Mira que vuelvo a encargarte el secreto. . Ve sin miedo; que como lo está en el tuyo, queda seguro en mi pecho. De tantos siglos de ausente, ya son muerte los enojos, aunque la acción de los ojos suplir la memoria intente: siempre en la idea presente te he llegado a venerar, mas pudiéndote gozar la vista en suerte dichosa, se muestra el alma quejosa con solo el imaginar. Si el coloquio acabas ya, podrete dar un papel? Papel a mí? de quién? . Él, aunque mudo, lo dirá. La firma dice Clavela. Algó la ha picado amor. Tarde llega, que a mayor conquista mi pecho anhela. Géntilmente despachado va el papel. Pues no conviene que quien justicia no tiene, quede, Beltrán, condenado? Luego que los ojos vi, los rayos diré mejor, de Victoria, a su esplendor, el alma ciego rendí. Mira, pues si es igualdad que a tan divino portento niegue humilde rendimiento por tan inferior beldad. Si bien ha de ser forzoso mostrar con ardid fingido, que de que me haya querido me he presumido dichoso. Lisonjas la engañarán con apariencia cortés. La Duquesa viene. . Pues a fuera espera, Beltrán. Es Federico? . Señora, que es lo que manda tu Alteza? Aquí suspenso? aquí triste? hasta aquí llegan las penas? Es de cortés su rigor, ningún sagrado respeta para matar. . Si yo basto a mitigar su violencia, comunícame las tuyas. Es, gran señora, mi pena, una pena, que matando no viviera ya sin ella, que aunque aflije el corazón, mas que aflije lisonjea. Aunque le vistas de dudas, no es tan oscuro el problema, que ya no le haya entendido. No dudaré que le entiendas, si a los ojos (que del alma son las retóricas lenguas, en cuyo silencio mudo fundan toda su elocuencia) has dado alguna atención. Bien expresamente muestran esas penas que públicas, que es amor quien las engendra. Tú adninaste mi mal. Pues ya que se tu dolencia amorosa, dime ahora el sujeto en quien la empleas, porque bien capaz de todo la medicina prevenga. Eso ya fuera exceder de la debida decencia a objecto tan soberano. Que a tan alta cumbre vuelas? Es un divino imposible, que como a deidad venera el alma. . Amas en Palacio? Esa es la dichosa esfera, esa es la eclíptica sacra, donde sus rayos hóspeda el Sol hermoso que adoro. Mucho alabas su belleza, es Clorinalda, es Arminda, aciertas en las que has dicho. a Rosimunda, o Celia. es Celia, ni es Rosimunda, les si no, será Clavela. lamas me debió un suspiro. osiendo ninguna de estas, qén puede ser en Palacio? áciles la consecuencia. ma deidad sagrada, lien el alma desea mpre para venerarla, a para merecerla. aesenciones de hermosa, maplausos de discreta, sincompatible en todas, corde se admira en ella. es el ídolo a quien hfico mis potencias, lunos pudiera haber dicho ua que tú me entendieras. Qué más puede declararse? . amor, mucho me aprietas. Que más la puedo decir . quiere entender mi pena? laa desterrar del alma lusetemor que te altera, nsidera la mujer lin que tanto ponderás deidad humana, en quien dices abrevió naturaleza ndo su primor, y advierte, ea la que más se respeta Msoberana, jamás lueso de que la quieran. No presumo yo, señora, elvida en esa regla deesta, que de humana en sí olamente el nombre encierra. fues porque no dificultes on extremo tanto en esa aguna indecente acción, que los aplausos desmienta de ditina, he de fiarte saunque el recelo que muestras en declararme las tuyas ludesmerece, mís ico, en quien hallo no tan inferiores prendas, que deje de presumirme digna de que todos crean el defecto que en mi fácil, posible en la más atenta, procuré siempre advertida no avasallar mis potencias al duro impulso de amor; de cuya injusta violencia rebelde escollo será quien la libertad reserva, siendo en lo más peligroso de mis años mi advertencia tan hija de otros más canos de avisos, y de experiencias, que siempre me halló diamante el ímpetu de sus flechas, y de su hálago el cariño sorda siempre, y desatenta. Pero como es Dios amor, pareciole que era mengua hallar en una mujer tan valiente resistencia. Venciome al fin, ya lo dije, no poco ahogo me cuesta, pero sirva a mi delito de castigo esta vergüenza. Que fue tan grosero amor, que se atrevió a tu grandeza! No te admires, Federico, que a las que en pompa suprema ocupan sagrado solio, es la que las diferencia de las otras la fortuna, que no la naturaleza. Y podré saber quien pudo deberle tanto a su estrella, que mereció tan humana tu deidad? Quién hay que venza tu poder, tirano Dios, cuando castigas de verás? no te lo puedo ocultar, porque hoy en tu diligencia, edicina he fu la de esta atrevida dolencia. Ay amor, cuán asustado esta dicha brujuleas! pues en que te sirvo yo? Oh lo que amor atropellas! . un papel quiero escribir al que es causa de mis penas, y no hallo de quien fiarme para que dársele pueda, como de ti. Que esto escuche, ay cielos, y que no muera! Los ardides que halla amor! . Dame, señora, licencia, para que extrañe, y admire que aún al Herne de más prendas escribas (fuerte rigor!) un papel. . No consideras que a lo obstinado de amor es debil la resistencia de mujerr . Una mujer que tantos grados se aleja de humana, y que participa de asomos, y contingencias de divina, no es mujer, ni es bien que este nombre tenga, prodigio sí, misterioso, milagro sí, a quien venera con miedos de temeraría, una muda reverencia. Qué circunspecto advertido, y ponderado aconsejas! que a lo anciano das avisos! que a lo ministro sentencias! Muy rudo lego de amor en los preceptos te muestras, pues tanto esta acción extrañas. No extrañara (suerte fiera!) en otra este desa hogo, que ya sé que obliga, y fuerza a más extremos amor. Pero es debida advertencia que en ti le admire, y así, si tu parecer concuerdas con mi sentimiento juzgo que es desatenta indece que a escribir este papel, gran señora, te resueltias. Ejerce más lo criado, y lo consejeto deja, que dar me consejos tantos, cuando te pido obediencias, es valida grosería; yo en fin estoy ya resuelta. Y yo dispuesto a penar, pues el hado me condena. A mí me toco el cuidado de averiguar antes cuerda si acertaba en esto, o no; a ti solo te competa obedecer. . Y morir. Supuesto lo cual, espera a que escriba, Federico. A que tu muerte prevenga dijeras con más razón. Amor, a mucho me arriesgas. Apagose mi esperanza al soplo de aquella fiera, sentencia, menos atroz, si la de mi muerte fuera. Qué poco duro mi engaño! porque en él presumicierta esta dicha, que aún dudosas las dichas, no permanezcan! a las mías que bien puedo decir yo de esta manera: No es menester que digáis cuyas sois mis alegrías, que bien se ve que sois mías en lo poco que duráis. Oh gustos siempre fingidos, grandes cuando desteados, falsos cuando conseguidos! quien os pretende gozados, si os ha de llorar perdidos? Tan propiamente mostráis sermíos, cuando venís, que si decirlo intentáis, mas que lo presto que luis no es menester que digai hálagos que ofrecéis, que sinos duda el corazón, en la imaginación nque no sois parecéis. os logro tan breves días, ue aún no os llego a acreditar undo os desconozco mías, pes desacuerdo dudar ijas sois mis alegrías. lano es justo celebrar igusto, si no temer melmás cierto el penar, eno es placer el placer qes presagio de un pesar. s solo a mí me ofendéis no penas alegrías, mlo que obligar debéis, nes bien que lo publiquéis, ebién se ve que sois mías. empensión de negaros mbretiemente ofreceros utéis, no quiero granjearos, hedesazona el gozaros lber que es para perderos. nmodo, y otro ofendéis, hosdetenéis me matáis, leáis os deslucís lotarde que venís, opoco que duráis. oma el papel. a quien mandas esto, cielos, me suceda!) . sele de? . El sobre escrito odirá. . Oye, espera. quí me quedo escuchando, por todo eres cautelas. ue un hombre; mortal estoy, ssangre noble profesa, de un papel de quien amal scierto a hablar, solo acierta miir el corazón. Namo de oír estas quejas legra el alma! . No tan llanen de haber perdido mi estado, como llego a sentir esta. Que perdió su estado dijo, cierta es mi dicha. Ya es mengua, puesto que puedo excusarla, incurrir en tal afrenta; mil pedazos he de hacer el papel, ya que no pueda vengarme de quien me mata. qué es esto? . Fortuna adversa! terrible aprieto señora. No mucho a mi amor le pesa de estos extremos; pues dime, de esta manera respetas mis ordenes? así guardas, así aprecias, y veneras mis preceptos? cuando yo por estimar más tus prendas que las de todos, te encargo secretos que aún los reserva de si el alma, correspondes con tan necia, y tan grosera desenvoltura? un papel que te doy, no lo refieran mas los labios, que a ser viene desatención indiscreta, repetir tanto el delito, sin que el castigo prevenga. En pena pues de esta culpa (no es muy severá la pena) junta el papel, y a quien dice el sobre escrito le lleva. Y advierte, que si benigna ahora me experimentas, que sabré ser rigurosa otra vez, si no moderas tan indignos desacatos, tan locas inadvertencias. Yo mismo el veneno tomo, que con airada violencia me ha de matar, quien ser e tanto cielo? mas qué miro? si es ilusión de la idea? No dice aquí a Federico? expresamente lo muestran los caracteres, que dudo con tan claras evidencias? Leer quiero el papel que ya siento que el alma se queja de que me detenga tanto en darle felices nuevas. Quién os ha sacado mentiroso, os quiere averiguar verdadero, aunque nunca vuestro engaño me debió tan- to crédito, que no despertasen en mi algunos indicios muchas dudas (de que deseo salir) para esto os esa pero esta noche en el jardín; no sois tan necio, que sea menester encarga ros el secreto, pues no ignoraréis que en él estará segura vuestra dicha, y no peligrará mi reputación. El cielo os guarde. Fileno sin duda fue quien la informó de que no era hijo humilde de aquel monte; forzoso ha de ser que sepa la verdad de aqueste engaño; ya, cielos, estoy sin queja, por esta presente gloria, de tantas pasadas penas. A

JORNADA TERCERA

tercera jornada Dichosa ha sido tu suerte. Dicha grande viene a ser, para quien se llego a ver en el umbral de la muerte. Quién cuándo te vio en esfera tan humilde padecer, que habías de agradecer su incomodidad creyera? Mucho me admira, señor, que mujer que se adecina en todo tanto a divina, eo tado a or de lo que pudo saber de Fileno. . Al gran poder de amor, quien, dime, jamás llegó con valor osado a resistirse valiente, que no quedase obediente, si él quiso usar de lo airado? Solo pudiera el sujeto de mujer, contra el amor mostrar tan flaco valor; o que bien dijo un discreto, si a su parecer te inclinas, que en común toda mujer debe el gobierno tener de solas doce gallinas. Ya al jardín hemos llegado, necios desatinos deja, ya al Oriente de esa teja miro a mí sol declarado. Victoria es, llega señor. Pues al me espera. . Si hart a un tabernáculo iré, donde esperaré mejor. Si no me engañan las sonbías de la noche, a un hombre he visto que acá se viene acercando; ay amor, si es Federico? él es, yo le llamo, ce. Que me ha llamado imagino, yo llego, turbado voy, o efecto de amor ha sido. Luego, señora, que vi tan no usado regocijo, tan no común alborozo, en este albergue florido. Donde, estando ya alojado en el Reino cristalino de Neptuno, el que de Dafne amante fue no admitido. Los pajarillos alegres, desamparando los nidos, coronan las verdes ramas de los árboles altivos. Aquí vengo ya, señora, anegaros lo que soy, sicon lisura a deciros lverdad, que ya es forzoso qua un favor tan excesivo loresponda verdadero, insagrándome rendido uestios pies pues del alma lsel venturoso asilo. onde errada me conduces, igante amor, ciego niño, uno tan libre dispones arbitrio mi albedrío? llicuidadoso, quien duda esperará Federico, no miente el deseo, mombre hacia allí diviso. de mí, si no me engaño, mi tocerca distingo, la Duquesa, que haré? podre a Federico sevaya? no me atrevo lir, terrible peligro! smo señora, no habláis? lo que os ha enmudecido? eos turbáis? qué teméis? en el jardín registro, podéis estar. grme el cielo! qué he oído? federico el que habló? nopuede haber sido, escuchar otra vez s vigilante aviso. udme por Dios decidme, mingrato desvío, arrepentimiento acción os ha movido, le juzgar en mi amor os los requisitos speto, y de decencia, o observar precisos, sepentida queréis d este designio, ismo, aunque contra mí, uedespidáis os pido, a costa de un daño mío. He quedado como suele en el Diciembre encogido volante golfo de atroyo, que cuando ufano, y festivo se dilataba en el prado, queda del hielo atrevido cuajado cristal entonces, si antes humor cristalino. Con vida estoy, y sin alma, muerta estoy, y muerta vivo, sin concierto en las acciones, sin orden en los sentidos. Mas ten, infame, por cierto en mi enojo vengativo, que al mérito de esta culpa ha de exceder el castigo. Y tú, Clavela, rebelde a tantos preceptos míos, llorarás ejecuciones, pues no obedeciste avisos. Aay suspensión tan extraña? no pretendo, ya no aspiro a que piadosa admitáis mi afecto, solo os suplico que con palabras crueles desengañéis mis suspiros. Que aunque os oiga tigurosa, me holgaré, por solo oíros; matadme, Victoria bella, con desdén pues os lo pido. Victoria dijo, ay de mí: luego no hablaba conmigo? luego a la Duquesa adora? luego ella también le quiso? Que a no haberla hallado grata, cómo la hablara atrevido? quien creyera de Vitoria tan notable desvarío? En fin me dejáis muriendo? No os quiero yo si no vivo (mucho me he menester cuerda en lance tan esquisito.) Qué escu d más bien informados, para no errar los sentidos, proceded con más recato, donde es posible un peligro, y más cuando viene a ser tan forzoso lo advertido. Que yo sepa este secreto el daño menor ha sido, que otros pudieran saberle que os hicieran mayor tiro. Un consejo os quiero dar, y aunque es el consejo mío, por estaros bien, podéis sin escrúpulo admutirlo. Y es que con alas tan leves no os remontéis tan altivo, que de una subida grande siempre es sombra un precipicio, Medid lo que pretendéis con vuestros méritos mismos, y no procuréis casarlo, puesto que lo halláis distinto, que aunque se unan dos contrarios, nunca se hicieron amigos. Mirad, mirad que estribáis en cimientos poco fijos, y que está entre muchos Cierzos vuestro empinado edificio. No os nieguen falsas bonanzas miedos que son tan debidos, que para temerse basta que esté amagando el peligro. En breve instante en el mar quieto, sereno; y tranquilo, le levantan sediciosos de espuma erizados riscos. Y en breve instante se ven los esféricos zafiros groseramente asaltados de vapores atrevidos. Vos no sois Águila Real, la Duquesa es Sol divino, si os atrevéis a sus rayos, os cegarán Federico, Escuch ve Fuese, y yo quedo perdido? a quien tan extraño caso le habrá jamás sucedido? que tan ciego me arrojase, sin conocer un peligio tan manifiesto! oh fortuna, que poco duro benigno en mi favor tu favor! siempre me das un alivio para que procedan del muchos pesares prolijos. Que dirá Vitoria ahora, pues hoy mi necio deliquio de los rayos de su sol, niebla, si no nube, ha sido? Ya que a la perla no puedo, me sirve de algún alivio el venir a ver la concha, que es su venturoso abrigo. Ay hermoso ingrato dueño de mis penas, y suspiros, que me castigues airada, porque te adoro rendido, con un amor tan cortés, de interesado, y fino, que no ha llegado jamás a ser afecto lascibo Pensé que el sufrir constante iras, rigores, desvíos, me hiciera dichoso amando, pero ya en mi suerte admiro, que lo que es mérito en todos, es en mí solo delito. Muerto me tiene esta pena, o como es inadvertido quien llega a llorar los daños, pudiendo con prevenirlos excusarse a sus rigores! Ya no mitigan suspiros este mal, si no le aumentan, y ansí, lo que es más preciso, es procurar remediarle. Válgame el untarde, y en este sitio? ̱. Yo me voy, porque ya el Alba pocura con rayos tibios esnaltar el Horizonte: sies Beltran aquel que miro? sique de que me esperase alile dejé advertido: leltrán. Federico es, por Beltran me ha tenido. Vamos, vamos, que voy muerto, da la dicha he perdido, de ya juzgaba segura, porun loco desativo; pes presumiendo que fuese a Dios, sin alma lo digo) oria a quien dije ahora slamorosos delirios, sn Clavela (ay de mí) disuerte, que ella ha sabido dle secreto, Beltrán, dino acierto a decirlo, eme, que estoy de modo aún yo me temo a mí mismo, Cielos ha sido ilusión lutística del sentido, soenidente verdad n que me ha sucedido? (uecrédito dar podré incaso tan peregrino? ay de mí, como no, tormento tan esquivo, nome dio la fortuna sudada por alivio? del mismo que me mata entencia oí yo mismo, anios son, no son celos, dencias son, no indicios, pecución es, no amago, hues no trueno benigno. silos celos alteran, harán los agravios vivos? lsindicios ahogan, leñarán daños conocidos? site norela y si oído el trueno asombra, qué hará el rayo padecido? Tú, Victoria, en cuyas partes por la menos grande admiro el ser Duquesa de Mantua, a un hombre tan desvalido de la fortunara un villano? yo me corro aún de decirlo. Yo vengo ya de encerrar ocho tragos de a cuartillo (que para una buena sed no parecerá excesivo) y otros ciertos aderentes que de incentivo han servido (aunque de salsas jamás para beber necesito) en el baul de mi estomago, con que estoy bien prevenido, por si tardare mi amo, que ahora yo le imagino haciendo una pepitoria confusa en su pobre juicio del Alba, de las estrellas, del sol, de los pajarillos, de las perlas, y las flores: pero no es aquel que miro? él es, yo llego resuelto, que no le conozco finjo, que hoy con él por esta acción de valiente me acredito. Oye voarced, caballeto? advierta que de este sitio me han hecho espía esta noche, y ha rato que en él le he visto detenido, y ansi vengo, que soy muy poco sufrido, a echarle del, y aún del mundo, porque me cansa infinito: que digo, no me obedece? helo de pegar un chirlo? Esto solo me faltaba; , h. vive Dios, villano. . A yo erré el gol que merecéis este acero. Yo le tengo merecido; porque he andado muy sobrado; pero por Dios os suplico, que tengáis piedad de mí, que yo confieso rendido que he sido un desmesurado, un loco, un descomedido; y un hablador sobre necio. Y si esto no basta, digo que soy lo que vos quisiereis, y que he dicho cuanto he dicho por boca de un mal Poeta. No es este solo el delito que castigaros pretendo, otro que habéis cometido me tiene con más furor. En qué más os he ofendido? En ser infame alcáguete de Victoria, y Federico, y vive el cielo, atended, que en ese pecho ha de abritos mil bocas aqueste acero, si me negáis atrevido una verdad. . Una sola? juro a Dios, que he de deciros mas que si ahora me viera con la vela, y con el Cristo en la mano quien se hallara libre ya de este conflito. Decidme pues en que estado tiene su amor Federico con la Duquesa Vitoria? que prendas ha recibido? o qué favores le ha hecho? Todo lo que ha sucedido os diré bien brevemente, co no quien de ello es testigo. Ayer le escribió un papel la Dupiesa en que le dijo que esta noche le esperaba en el jardín aquí vino. Dejome por guarda a mí, y pensando inadvertido que vos eráis él, llegué por pasar plaza de bravo. (Yo me quitaré de ruidos para otra vez, y aún de burlas no tomaré tal oficio:) esto es solo lo que sé, y esto es solo lo que ha habido, bienos merezco el perdón, pues la verdad os he dicho. Andad, que más me decís de lo que quisiera oiros; a fortuna rigurosa! Gracias a Dios, que he salido de un trance tan apretado, que no pensé salir vivo. No se como explicar de mi tomo el ahogo, el dolor, el sentimiento, que es mi pena tan grave, que solo el alma padecerla sabe; no sabe declaralla, pero bien la encarece, pues la calla porque la más severa, mas que el labio, el silencio la pondo que un hombre tan odioso a la fole de quien ha sido un monte alvergue, y ou haya solo en un día conseguido lo que en un año yo no he merecido que hayan sido en mi cielos, las penas, los suspiros, los desvelos diligencia infrutuosa para alcanzar (o pena rigurosa!) lo que hoy el (calo feo!) haurá logrado, a costa de un deseol Tú, ingrata, que rebelde te oponias, y con osado esfuerzo resistias del ciego Dios alado el Imperio obstinado, o el hálago engañoso, que es también, si valiente, cautelos postras tanto valor, que triunfoifa a la flecha que forja de un villano, cuando el quedar rendida airosa te dejaba, aunque vencida te obstentaste valiente, masallas de amor a la obediencia! Nad nite treguas ya mi sufrimiento, ni de este brazo el ímpetu violento questo que así mis celos satisfago) eti vida será fatal extraño, alaley de mi furorrendido pigarás presunciones de atrevido, neme, pues, airado, y riguroso, qedos veces valiente va el celoso. Ccon tanta desenvoltura is villana, negarme lque yo misma escuché? etu obediencia combaten preceptos, y consejos. seno es también que me achaques eltos que son, señora, suidona que me declare) ustuyos propios, que míos: uando estoy. lecia, sabes ehoy con quien hablas yo? hay sufrimiento que baste primir mi furor: noque debe enmendarse huero a sí misma, quien pienda ajenos desaires. no me entiendes bien, pocuraré explicarme, itencia, y atención sudiscurso aprestares. ido acierto es de aquel len una culpa grave putan, confesar otra es más leve, por librarse umayor vejación; leguiré en este lance Pacuerdo porque hoy quiero parme por disculparme: e confieso, señora, man sido en mi inexpugnables fieros fueros de amor. qle (consecuencia es faci!) edicho que a tus preceptos, con respeto inviolable no correspondí observante. El descargo de esta culpa, fácil llego a imaginarle, tú, señora, eres mujer, amor es Dios implacable, él con violencias obliga, tú con consejos disuades, en ti es amago el aviso, en él llega a toletarse ejecución el precepto; luego entre estos dos combates fue, no arbitrio, si no fuerza que al más debilme negase. Y en fin porque más prohemios inútiles no te enfaden, obligó ne a tanto amor, que resolví declararme por un papel que es la lengua atrevida de cobardes. Recibiole Federico, y entre algunos disparates que en él le escribí, le dije, que por el jardín me hablase. Vino anoche, cuando todos pagaban al sueño gajes, dando dulce suspensión a los diuinos afanes. Llegose a una teja, a donde le esperaba vigilante, y creyendo poco atento que eras tu (descuido grande!) repitió con tanto afecto tales delirios de amante, de galán tales finezas, y en suma, requiebros tales: perdona que asi lo diga, que otro nombre no sé darles, que dije entre mi admirada de saber caso tan grave. Pocas ceremonas se usan donde se usa este lenguaje. Pero no sé si presuma; si acaso ha sido dislate fantástico de la idea, porqu tan humana elección cabe? Como creeré que tu sol pudo, señora, eclipsarle un vapor, cuando un Planeta no ha sido jamás bastante? sú que del mar de este siglo, a las olas, y combates que turban, si no convencen, fuiste escollo incontrastable, co no se ha de creer que hoy eres de un villabo empresa fácil? no sueño fue del sentido que debo presumir, antes un error en mi advertencia, que en tu grandeza un desaires Aunque procurado hubiera con desvelos fatigables satisfacción a mis celos, que ya es bien que ansi los llame, no creo que hallara alguna que tanto me asegurase. Albricias amor, albricias, ofrece al viento el velamen, que lo que ayer duro escollo, hoy es ya mar navegable. Oh como es justo que el juicio antes de precipitarse a fulminar un rigor, averigue vigilante, si pueden ser apariencias las que parecen verdades! Si bien, aunque satisfecha, puedo con razón quejarme del descuido que en amor no es delito poco grave. Un Milanes caballero, gran señora, quiere hablarte. De Milan qué puede ser? que entre le decid. Honradme, gran Princesa, permitiendo que bese esos pies Reale lo que de Milan os trae. Yo generosa Duquesa, a quien en fortuna estable las dichas coronen siempre, nunca agravien las edades, vengo en nombre del Ducado de Milan, a daros parte de un trágico, aunque dichoso suceso, ya que hoy restaure por vos en suerte propicia quien le mejore, y ampare. Ya sabéis, Victoria ilustre, bien el clarin tesonante de la fama lo divulga en los climas más distantes. Qué floreció Carlo Esforcia en Milan, con singulares aciertos, templando siempre adverrido, y vigilante, con lo justo lo severo, con lo apacible lo grave, con lo modesto lo altivo, y lo señor con lo afable. Y que su hermano Rodulfo (tan opuello, y disonante de su natural en todo, que nadie pudo aplicarse a creer que de los dos fuese una misma la sangre) movido de la ambición, y de la envidia insaciable, monstruos ambos venenosos, que el uno del otro nace; convocando otros rebeldes, a sus costumbres iguales, se alzo tiranicamente con su estado (traición grande!) siéndole forzoso al Duque pasar a Imperios distantes, para conservar la vida: que obligue el hado implacable a que de un hermano se huya, y de un extraño se ampare! Sabed pues esto supuesto (o juicios ir deben venerarse!) andando a caza en un monte diso (caso notable uen una fiesta la suerte igedia le trazase!) pecipitó un caballo nema peña arrogante, qe la ley de las riendas lttenerle bastase. balle cayó profundo, de imundado en su sangre, iló luego dividido cierpo en menudas partes. s no el cielo permite, nhoy llega a averiguarse, yde principios injustos tan fines tan fatales! etto este tirano ya, mdidas sombras yace, de su grave opresión dimido el pueblo sale. lisepultarán sus leyes peno olvido y ultraje, edará a la justicia elación inviolable. lihan perdido ansi lo injusto eelos, y atrocidades, ssala virtud generosa ncidos premios renacen. linievo sol amanece, etantas nieblas aclare, tan fiera tormenta a calma favorable, e bién puede en profecia a dicha asegurarse. llán pues vos, señora, s quien ha de gobernarle, mheredáis este estado, leno hay más cercana sangre del difunto Duque puiesto que ya se sabe el Duque Carlos murió) se la vuestra, entrad triunfante de este estado a que todos eño absoluto os aclamer le sacrifico observante a vuestro arbitrio, que ya será ley indispensable. Id pues, señora a tomar posesión antes que cause la falta de superior algunas parciandades. Admitada, y compasiva quedo anciano benerable, de lo que habéis referido, si bien yerro en lastimarme, que en penas tan merecidas son injustas las piedades. Quién para encumbrarse altivo elige medios infames, bien es que a tanta desdicha la fortuna le avasarle. Humilde, señora, llego a tus pies a confesarte: válgame el cielo! qué miro? no es el que tengo delante Contado el que en mis desdichas sagrado fue favorable? Qué te encoge? qué temor te ha usurpado del semblante el color? de que accidente turbación tan tara nace? O es ilusión del sentido, o es este (caso notable!) Carlos Esforcia. . Pues como ambos indeterminables, pertumados, e indecisos? hablad, que es estoy sacadme de tanta confusión. . Cielos, él es, de que estoy cobarde? dame, gran señor, los pies, y el decirme no dilates co no te hallo vivo aquí. Cielos, qué es esto? . Es tangran el gozo que a sentir llego, que aún no acierto bien a hablarte. Alzad del suelo, que de él hoy con más rendimiento que antes tenéis a Carlos Esforcia a vuestro Imperio observante. Dadme, licencia, os suplico, para que pueda quejarme de que tan secretamente. No no paséis adelante con esa queja, Victoria, que fue forzoso ocultarme por ciertos inconvenientes. Apenas el alma cabe en sí misma de contento. No quiero el pésame darte de la muerte de Rodulfo, que es justo prevenitantes mil parabienes. Qué ha muerto? De un peñasco formidable, un orguiloso caballo le despeñó. Nunca nacen de injusticias tan atroces fines menos lamentables. Puesto puel que en mayor cumbre hoy llego a considerarme, aunque es para vos, señora, hu mi de la más gigante. Si afectos de un corazón, que con respeto inviosable se rinde a vuestra deidad, pueden acaso alegarse, para merecer la dicha, de que me hallo tan distante, y indigno. . No proligáis con tan humilde lenguaje, cuando reconozco yo tanta dicha de mi parte en granjearos por esposo. No extrañaréis que le falten palabras con que agradezca el al na favor tan grande. Apartad, no me impida la entrada, que he de vengarme, aunque avente mil vidas. Qué es esto? Hecho tengo un Áspid el corazón, esto es no sufrir que se adelante a mis méritos un hombre de tan incognita sangre. Esto es. Deteneos Enrique, no os precipite el coraje, que es ya Duque de Milan el que imaginabais antes tosco villano. Qué escucho? Y el estar yo de su parte me toca, como a su esposa; contra impulsos celelirales, bien veis, generoso Duque, que no es el portarse fácil; echó el resto la fortuna, este es el último trande. Pues de esa suerte no quiero ya de mi suerte quejarme, si no daros parabienes de tantas felicidades. Trocedéis, rustre En ique, como de señor tan grande se pudiera presumir. Gracias puedo al cielo darle de que al yugo de Himeneo tanta altivez humillases. un siglo goces tu empleo. Yo procurate enmendarme de mis pasados enojos, Clavela. El cielo te guarde. Solos Beltran; y Fileno quedan ahora sin premiarse. Yo me encargo de los dos. La farsa con esto acabe, la desdicha venturosa se intítula, desenvanen, o ya un si no que la humille, un victor