Texto digital de La defensa en la verdad
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Luis de Belmonte Bermúdez Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La defensa en la verdad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/defensa-en-la-verdad-la.

LA DEFENSA EN LA VERDAD
JORNADA PRIMERA
Si nos faltan dos jornadas, para que a Madrid lleguemos, deja tan necios extremos de amor. . . que siempre me enfadas Opuesto a mi sufrimiento, y al cuidado con que vivo: necio, si ves que recibo en el penoso tormento de mi lastimosa ausencia, alivio con la memoria, porque perturbas la gloria, que con alegre apariencia me muestra la imagen bella de mi esposa? mientras llego templa su memoria el fuego, del alma abrasada en ella. Fuego en un hombre casado, no es buen vocablo, señor, fuego dice el pretensor, que a posesión no ha llegado. Pero el que llega a alcanzar, como llega a desposarse, hay lugar para abrasarse, y aún para volverse a helar, El que es ya dueño de casa, y goza una linda moza, dice contento que goza, mas no dice que se abrasa. Porque abrasarse es mentir, y el mentir toca al amante, que con los pies de danzante sabe rondar, y fingir. Mas cuando el amor se pinta de un casado, no hay quien hable, que este amor es venerable, oon la barba hasta la cinta. No andar turbando celebros con su pretensión cansada, y vuelve a colgar la espada del templo de los requiebros. Tiene, aunque mi amor alcanza, la ausencia tal condición, que olvida la posesión, y me acuerda la esperanza. De suerte, que amante paso los tormentos en que muero, y así cuando gozo espero, y cuando espero me abraso. Que aunque cesa el pretender, porque he llegado a alcanzar, penando pago en amas lo que falta en merecer. Si tanto habías de sentir la ausencia de mi señora, quejarte puedes ahora de ti mismo, . . Es el servir a los Reyes tan hidalga, y tan propia obligación, que no hay humana excepción, que al hombre noble le valga. Murió el Rey don Sebastian en África, y por su muerte le cupo a Enrique la suerte, cuando sus años están amenazando la vida: pasó al fin a otra mejor, dejando asombro al temor, en la corona oprimida de diversos pretensores: pero Filipo Segundo la cobró a pesar del mundo, teniendo por valedores su justicia, y su razón, que le defiende, y le salva. Enviando al Duque de Alba a tomar la posesión; con un escuadrón valiente de Castilla, que rindiera a Portugal, si estuviera en la Zona más ardiente. Si bien con pecho leal, culpando la resistencia, dieron al Rey la obediencia los nobles de Portugal. Mas don Antonio, el Prior de Crato, con vano intento librando en torres de viento su ya rebelde valor. La corona pretendía, en el Reino se ocultó, y los pueblos altero con obstinada porfía. Pero como hiua creciendo el fuego, fue menester que lo templase el poder entre el militar estruendo. Y así el Español Monarca, para hazañas tan grandes, envió al rayo de Flandes, al cuchillo de la parca. Al más valiente Español, que al furioso mas le obliga, que con la sangre enemiga puso rojo todo el Sol. Sancho de Avila en efeto, que en la docta escuela la aprende del gran Duque de Alba a Ostende, y Mastrique en el aprieto, Mayor de Sancho temblaron, al fin a su nombre igual, desvaneció en Portugal la esperanza, que fundaron en Don Antonio, seguío su alcance, rompiole en tres batallas, y el Portugues temeroso al mar huyó. Mas es tan corta mi dicha, que nunca a Lisboa llegó Sancho para verle yo. No es esa mi poca dicha. Pues mira en tan alta empresa, como aquestos Reinos ven, que ningún hombre de bien, que honrado valor profesa. Paseando se quedara en la Corte, al fin venimos cuantos en sangre tuvimos, una obligación tan clara de servir al Rey: ya queda el Duque en la posesión por el Rey, mi obligación, (sin que murmurarme pueda la envidia) he cumplido ya, y vengo, aunque en breves plazos, a regalarme en los brazos de mi esposa, que estará llorando lo que tardamos. Que llores también espero. Ya eres necio, y majadero. Todos en Adan pecamos, señor compadre. . . Qué dices? Dia de Carnestolendas, porque esta verdad entiendas, y contigo le autorices. Sacó un máscara pintados gran suma de majaderos, y los demas compañeros de su disfras admirados, Quisieron saber también, que letra sacado había, desenvolviola, y decía; Acá estamos todos. . . Bien, pero has de advertir. . Espera, que hacía acá volando vienen dos postas. . . De los que tienen en Madrid dichosa esfera, habrán como yo cumplido su obligación, y darán la vuelta. . Bravo galán viene el uno, conocido ha de ser; si es caballero de los que a Madrid pasean, que te admiras, ya se apean, pidiendo postas. . . No espero tener más alegre día, Sancho de Avila es, por Dios, Y sois amigos los dos? De una misma compañía, fuimos tres años soldados en Flandes. Preven, García. las postas. . . Aún sobra el día, cuando llevéis más cuidados, para que a Madrid lleguéis. Señor don Juan, bien hallado seáis, yo soy desgraciado, pues en ocasión que veis, tras de nuestra larga ausencia, que ya de seis años pasa, quiere mi fortuna escasa, darme tan corta licencia. Que solo el instante breve, en que otras postas me dan, podré hablaros. . . No estarán tan a punto, no se mueve el huésped con tanta prisa, que así podáis despachar. Bien podemos esperar. A qué? . A que venga de Misa el huésped, que fue al lugar. No es día de fiesta hoy. so admirándome estoy, sino es que piensa pagar las que ha dejado de oír las fiestas de todo el año. Aprende para hermitaño. Pues ya que no podéis ir, tan presto, me habéis de dar cuenta de vuestro suceso dichoso. . Es largo el suceso, y yo sabré pelear sin velle la cara al miedo: pero al contar la victoria, vengo a perder la memoria, mis hechos decir no puedo. Ya se que sois Andaluz, rayo del mar, y no fuera razón que yo os consintiera partir sin dejarme luz de tan gran victoria. . El mar no la ha tenido mayor, que aunque en gente superior, la de Lepanto igualar puede la mortal porfía. Y en las Costas Españolas a las que cuenta por solas la fama inmortal: García, mira si viene el ventero. qué queréis? . Irme, don Juan. Las postas de espacio están, saber la victoria espero del Marqués en la Tercera. Yo os haré la relación, mas con una condición. Por todo pasa el que espera. que si el huésped. . . ya os entiendo si bien os podéis partir. Yo sé que no ha de venir tan presto, porque está oyendo Misa mayor. . No lo dejo por vos, pues sabéis que os debo amistad, mas porque llevo pliego del Duque al Consejo: mas pues hay espacio oíd, para más blasón de España una Católica hazaña. Tente ventero. . . Decid. Ya sabéis que las mudanzas de Monarquías engendran turbaciones, y alborotos en las naciones opuestas, que justamente invidiosas se arrojan luego a la empresa, siendo su favor industria, y su pretensión cautela. Don Antonio pues medroso de la razón, y las fuerzas del Rey, que nos guarde el cielo, buscaba en Ingalaterra, Francia, y Holanda el favor, que su injusticia le niega: a cuyos Embajadores prestaron gratas orejas, no el Cristianísimo Rey Enrique, pero en su tierra inobedientes vasallos, que contra su Rey se alteran. Dieron al mar tantos leños, tantas escuadras Francesas, que pudo bien don Antonio mostrar su ambición soberbia. Dio aviso pues, que la Armada se arrojase a las Terceras, porque ganadas serían mexpugnable defensa, y plaza de armas segura, para prevenirse en ella contra la fuerza de España, tanto la ambición despeña obstinados corazones. La armada al fin, dando velas al Austro, abollando espumas, pareció fuerte y ligera, una selva coronada, de gabias, y de banderas. Eran sesenta bajeles con gente plática, y diestra, a su provecho inclinada, mas que a la ajena defensa. Llegaron pues a la isla de san Míguel, tuvo nuevas de nuestra Española Armada, navegaba ya tan cerca, que pudo ver los faroles una veloz Caravela, que fue luego a dar aviso, al fin con bordos, y vueltas, aguardó nuestros bajeles, con esperanzas muy ciertas de una próspera victoria, que los discurlos alientan. Tal vez para mayor daño, decía, que a nuestra fuerza era superior la suya en bajeles, y en la diestra plática de los soldados; y que cuando acometieran, de cada nave Española se aferrasen tres Francesas. No era menor la ventaja, porque la nueva era cierta, de que las naves mejores de nuestra armada se quedan en puertos de Andalucia; porque los aprestos niegan la diligencia, y cuidado, aunque lo posible abrevían. Juan Martinez de Recalde su General, de quien tiembla, el mar, donde muere el Sol, y que dos Urzas Flamencas que con el Marqués venían, dieron vergonzosa vuelta, y que los tres Galeones con gente plática, y diestra, que salieron de Lisvoa, tan bien portados de vela: no habían llegado a la armada, y que todas estas eran causas bastantes decía, para saber que su estrella dichosa le presentaba la victoria más sangrienta, que en las ondas del Ocaso vieron pinceles, no letras. A probaron este acuerdo con clarines, y trompetas, largando la Capitana entre el aplauso dos piezas. Y el Marqués de Santa Cruz, acercándose a la tierra, advirrio, que de las gabias de la nave Magdalana se vio la armada enemiga, con animosa soberbia, bordeando sobré el Cabo de Punta delgada apriesa. Cambió el timón el Marqués, y haciéndose mar en fuera, llamó a consejo, parando con solo la cebadera, y el trinquete, en cuya punta vio la Españora nobleza la cifra de su valor, pues dice el aviso, que era el Marqués de Villafranca, Toledo al fin, que despierta como blasones, envidias de naciones extranjeras. Don Francisco Bobadilla, por cuya docta experiencia le libraron del peligro, que amenazaba en la tierra. Don Lope de Figueroa, nuevo Cipión, nuevo César, y don Cristoval Eraso, sin los demás que pudieran ser Generales, por Dios, de más dudosas empresas. Hubo pareceres varios, porque tan ardua nateria pedia claros juicios, y acertadas advertencias. No tenía puerto la armada donde abrigarse pudiera; la ventaja conocida del Frances, pues nuestras velas no eranamás de veinte y cuatro, y eran las suyas sesenta, el volverse era imposible, sin afrentosa vergüenza. Ganoles el barlovento, que es siempre ventaja cierta en las batallas mavales; dudose también, pues eran por pequeños más ligeros sus bajeles, tan dispuestas estaban en su favor las humanas diligencias, que no se hallaba camino de salud, sin que lo abriera la espada: este fue el acuerdo con que la fatal sentencia dio el cielo en nuestro favor. Cerró la noche, y tan ciega, que de lástima, o de miedo de las futuras tragedias no salió del pabellón, coronado de nieblas: apagó la Capitana el farel (estrataje ma prudente) porque el Frances no conociese las vueltas de nuestra armada, pues iva siguiendo su misma estrella, por la luz de sus fareles, hasta que el Alba rompiera dudas y sombras: al fin salió el Sol, no soy poeta, que yo os pintara en bosquejo la más vistosa reseña, que sobre líquidos hombros vio el escuadrón de Nereidas. Pero por lo marinero, cuyo término se encierra, en lenguaje tosco os digo, que el Sol con doradas trenzas descubrío las dos armadas, inclinándose a la nuestra, pues de tantos coseletes hizo su luz vedrieras. Era con las pavesadas rojas, y lan blancas velas, cada Galeón un monte de fuego, y nieve carreras, pólvora, valas, y bomvas, abiertas las portañuelas de las naves se mostraban; donde abocadas las piezas, eran Volcanes futuros, dieron en su misma esfera, asombro a Marte: el Marqués hecha la señal postrera, llamando al Patrón de España, al son de instrumentos cierra, para abordarse al Frances. Yva a su lado ligera, como bizarra la Urea san Pedro, pues la gobierna Bobadilla, a quien se fían, como en valor, en destreza. Ocho Naves Vizcainas, rayos de la mar, y en ellas Ocuendo y Villaviciosa, y las demás con prudencia repartidas velejaban sobre la armada Francesa. Quedábase atras don Lope de retaguarda, y pudiera su Galeón san Mateo peligrar, si la defensa no fuera casi inmortal, pues cuatro Naves la cercan, y las dos, la Capitana, y la Almiranta soberbias, de Estrocí, y Ursa, que estuvo dos horas en la defensa de su persona, y bajel. Don Lope dejando ciegas las luces del Sol, el humo. de las tronadoras piezas, y con los cuerpos, y sangre turbadas las ondas negras. Yva el Marqués en su ayuda, pero por desgracia nuestra, estaba ya a sotavento, y no alcanzaban las piezas. A dalle favor también estaba en la misma afrenta don Francisco Bobadilla, pues por la popa le encuentran seis bajeles enemigos; mas como el cielo reserva victorias para su brazo, hizo tan buena defensa, que llegando a cuchilladas con los Franceses, despejan del mar la roja campaña, viendo en sus mismas cabezas el escarmiento mortal, porque otra vez no se atrevan. Acudió a dalle favor a don Lope en tan extrema aflición, si bien a un tiempo llegó Míguel de Beneta con su Nave Vizcaina; y con tal valor se aserra al Galeón del Estrocí, que ya don Lopa pudiera prome erse la ventaja, pues tuvo casi deshecha la Capitana enemiga; mas con importante priesa la socorrieron diez naves, aunque a la primera vuelta, la encontró el de santa Cruz. Viose aquí la mayor prueba del valor, de la constancia, de la crueldad, y la fuerza: encontráronse las dos proa con proa, deshechas con el prodigioso encuentro, penoles, y cebaderas. Llégose al fin a los brazos, donde no inventó la guerra armas, que no ejercitase, ni crueldad que no emprendiera, Torre de Babel confusa, más lastimosa, y sangrienta, era el castillo de proa, y la plaza de armas era un promontorio de vidas, que por despedirse anhelan a puñadas, a bocados, con obstinada fiereza se quitaban la victoria. Y como era tan estrecha la campaña de bajeles, porque no los impidieran, desafiados salión desde el bordo a las inquietas ondas del sangriento mar, que daban mortales treguas a su rabiosa porfía. En fin venciendo la nuestra, cindió al Frances Galeón, con aclamaciones nuevas de victoria; y el Estrocí entre mortales sospecha de un mosquetazo en los pechos, despidio el alma soberbia. Huyeron los que pudieron dar su esperanza a las velas, quedando por testimonio diez y siete Naves gruesas, y catorce que le hicieron al mar espantosa ofrenda, entre escollos, y entre espumas por piramides de arena. Murieron cuarenta hombres, que serán de las Terceras trompa inmortal para aviso de las naciones sobernías, que viendo el naval estrago, vergonzosas, y suspensas; dirán que a pesar del mundo, cuando oponerse pretendan, Es el prudenté Filipo de la Militante Iglesía Coluna firme, y segura, Rayo feroz de la Esfera de Calvino, y de Lutero, nuevo asombro en las riberas del Asia al Turco arrogante, y hoy, que esta corona hereda, gozará esta Monarquíad con tan dilatadas fuerzas, que tiemble el ultramarino, que por señor le confiesa. El Ganjes le reconozca, el Danubio le obedezca. y nuestra España le goce en la sucesión que deja porque España, y Austria vivan siglos, y edades eternas. No pudo en esta acasión o mostrársenos más risueña la fortuna; gloria a Dios, que nuestro Filipo queda en la posesión dichosa de estos Reinos. . Ya mi priesa está culpando tardanzas. Yo he de hacer las diligencias, porque os podáis despachar, aunque el ventero no venga. Hay más de mudar las sillas a las postas, sin licencia de quien lo pueda impedir. Porque os conozco quisiera excusaros un disgusto. Ninguno al que tengo llega, esperando. . Oye señor. Qué quieres? . Si no remedias mi descuido, no podré dalle a don Juan sin vergüenza esta carta, que me dieron en Madrid. . Si yo supiera necio; que tú la traías, hiciera un propio con ella para Lisvoa. . Señor, que tú se la des quisiera, para que lo sienta menos. Pues cómo quieres que mienta Diciendo, que te la dieron a ti no es mucha la ofensa, que has de hacer a tu valor. Llamáronme de una puerta, cuando iuamos a Palacio, entré a una sala, y en ella vi un hombre mozo, y galán. Diome la caíta, y pudiera tomar a aquel precio muchas, pues me dio un doblón con ella: díjome, si sois criado de Sancho de Avila, vea, pues habéis de ir a Lisboa, el cuidado en la respuesta de esta carta; que me importa. Tómela al fin, y besela, y dándole la palabra, me despedí: buena cuenta diera yo de mi persona, si en viendo don Juan la fecha, ve que a más de mes y medio que se escribió: tú no arriesgas la amistad, pues estuviste tan divertido en la guerra, que te basta por disculpa. Bien en tu causa aconsejas. Ya vino el huésped. . de Misa Así ha entrado él en la Iglesía, como Barbarroja. . Presto García. . No te diviertas, y nos vamos con la carta. . Los cuidados de la guerra prefieren a los demás, y así no es mucho que diera toda el alma a los peligros, negada a las diligencias, que pide nuestra amistad. Esta carta, carta es vieja, truje don Juan para vos de la Corte? . . Por la letra conozco, que es de mi suegro, Casado sois? . . Y pudiera envidiar mis buenas dichas quien más en Madrid se precia de dichoso, y de contento. Pues sobre hermosa, y discreta, es rica, y es principal, mi esposa. . Un siglo lo sea; don Juan. . . Don Luis de Mendoza es mi suegro. No pudiera don Juan recibir más gusto con las más alegres nuevas, porque es mi mayor amigo el señor don Luis; apenas. me salió en Flandes el bozo, cuando el dando ejemplos, era Maese de Campo de un Tercio de Españoles. . . Con la renta de su mayorazgo pasa vida sosegada, y quieta; hablando de vos, me dice muchas veces, que se precia de vuestro deudo. . Es verdad. Señor las postas esperan. adiós don Juan. . . Sancho a Diós si acompañaros pudiera. No es muy grande la ventaja que os lleva ahora mi priesa, pues habéis de ver manana a vuestra dichosa prenda. Guardeos el cielo. . Él os guar (do. Y más si a caso postea de noche. . . Veamos la carta. Qué puede ser siendo vieja? El que os diere esta, siendo vio mayor amigo, solicita (perdonad el lenguaje) a mi hija, y vuestra espo- sa; mis años tienen atrasado el va- lor, y así ya no puedo guardaros mas, que con avisos, Caballero sois, y con obligaciones de mirar por vuestro honor, que aunque vuestra espo sa mira por él, el vulgo juzga diferen Dios os guarde. Válgame el cielo! Trigueros. Qué quieres? . . Quiero que veas si va lejos Sancho de Avila, o mal caballero. . A penas subió en un caballo arenque, cuando dejó campo y venta en poder de otro Horizonte. Los cielos conmigo sean, sin prodigios, ni señales tan grandes desdichas llegan a mi alma, porque ahora darme de improviso puedan la muerte sin prevenilla. A amigo traidor, que dejas a un villano mal nacido, pues las leyes atropellas de la amistad: miente el mundo, si lisonjero celebra tus hazañas, y tú mientes, si de soldado te precias, que soldados Españoles con adquirida nobleza, vive Dios que son leales. Qué tienes, señor? . . A fuerza de dolor, dame la vida, hasta que en Madrid me vea: Trígueros, preven el coche, y partamos, que no hubiera mas postas, pero bien puedo en las alas de mi afrenta ir siguiendo a mi enemigo. Vive Dios, que es cosa recia, que nos vamos sin comer: huésped pongamos la mesa, que ya vamos. . . Oh villano; alma que veneno prueba, sin morir bástele ahora el mismo que la sustenta; preben luego la partida. Ase quebrado una rueda, del coche, y está una mula con pujo, y sobre una estera está el cochero tendido, hecho una canasta vieja. Vive Dios, si me replicas, que te mate. . Cómo sea después de comer, acepto cuantas puñaladas vengan: que esté mirando la lucha de los nabos, y las verzas, en el campo de la olla, y que salga de la venta lacayo camaleón cerca de las once y media. Los que salís en ayunas, aunque con estrellas sea, mirad que a la fin se engaña quien fía en cosas ajenas, a abrasado Faetón, cuentan las fábulas Griegas, que despeñado en el coche de su padre, yva en las selvas, y bosques vertiendo llamas, dejando en polvos deshechas las coronas de los montes, sin que le quedase aldea, ni pueblo, que no abrasara; fue loca ambición soberbia, la que le prestó los rayos, para abrasar lo que encuentra. Mas alta empresa es la mía, porque toca en las ofensas de mi honor, templo sagrado, a quien los hombres respetan. Faeton despeñado soy, porque el coche que me espera, con el volcán de mi pecho, irá abrasando la tierra, Vuelan tus ligeras postas, mal caballero, que llevas a tus espaldas los rayos, que tiene el coche en sus ruedas. Porque han de ser con mi aliento para alcanzarte cometas, y cuando yo me despeñe, desatado de su esfera; Volarán por alcanzarte, traidor, en las mismas puertas de mi fementida esposa, para que los hombres vean, que instrumento inanimado, con lastimosa vergüenza, venga el honor de un marido perdido por una ausencia. Si no estuviera enterada de la virtud de mi madre, dudara que eras mi padre con lengua tan arrojada. En ofensa de mi honor, que al Sol puede competir, te has atrevido a decir, que yo puedo dar favor. A cielos, siendo casada, a ningún hombre, no sabes que tiene seguras llaves, mi opinión acreditada. Tu sospechas contra mí, que mi recato conoces, cuando lo pública a voces la sangre que vive en ti? Que más pudiera dudar el vulgo infame en mi afrenta, que velando se sustenta de ofender con sospechar. Tu aborrecimiento está, padre, cruel manifiesto, que no es padre quien se ha puesto de parte del vulgo ya. Pues es fuerza, que si en ti ay dudas en mi opinión, tenga en tu imaginación un testigo contra mí. Ese don Diego, o quién es, que nuestra calle pases, has de creer, que id sea el blanco de su interés. No hay ventanas, no hay balcones de otras damas más hermosas, aunque siendo virtuosas, darán pocas ocasiones. Cuando me has visto a les rejas en ausencia de don Juan? si a caso hay necio galán, que da suspiros y quejas. Entre las voces sonoras de templados instrumentos, salgo a escuchar los acentos, turbando al sueño las horas. Pues adviertes mi sosiego, en que me puedes culpar: puedo yo a caso excusar las locuras de don Diego. Y no echas también de ver, que mi prima es moza y bella, y que podrá pretenderla, para que sea su mujer? Supuesto que es venturosa, mira señor por mi honor, que en tu lengua este rigor, es una acción peligrosa. Y de mi esposo en ausencia no es bien que a tu honor le cuadre, porque sospecha en un padre, es en el vulgo enidencia. Aunque saben las mujeres fingir con atrevimientos engaños a la verdad, hija de un cencillo pecho, busca razones valientes, y pon eficaces medios para descubrir su luz. Basta Leonor, yo te creo, que por la ponderación, que tus palabras hicieron, conozco ya tu virtud. Tu prima si con desvelos de su poca edad pretende turbar, Leonor, mi sosiego, aunque sus intentos sean sundados en casamientos, que no pueden ser honrados, como les falte mi acuerdo: dejará tu compañía, y seglar en un Coni o, será bien que tome estado por la mano de sus deudos. Para hablarte un caballero, que lo muestra en la persona, pide licencia. . . El respeto abona su calidad: dijo el nombre? . Si me acuerdo bien, Sancho de Avila dijo. Encubrir apenas puedo la alegría, dile que entre: este es hija nuestro deudo, repetido tantas veces su nombre en casa, sus hechos dan materia a las historias para vencer a los tiempos. Él sea muy bienvenido, por quien es, y el parentesco que nos tiene. En vuestros brazos confirmar señor, pretendo las obligaciones mías. Prisiones serán los vuestros para dejarme obligado: ya señor Sancho estoy viejo, cuidados y años han sido, que aunque les debo a los cielos el favor de haberme dado esta hija. . Hermoso empleo del valor, que vive en vos. Tratémonos como deudos por vuestra vida, Leonor, dejando los cumplimientos, habla al señor Sancho de Avila. Yo señor lo que os ofrezco es voluntad de serviros, estimando, y conociendo vuestro valor. . Por soldado, que aunque muchos hay discretos, no sabré con el estilo tan cortesano ofreceros lo que puedo, y lo que valgo; pero ocasiones, y el tiempo me sacaran de esta deuda. Yo le obligaré bien presto a que el escándalo estorbe, que da en mi casa dón Diego. Habla a tu deudo también doña María. . . El silencio no excusa la obligación. que de serviros tenemos. El cielo, señora, os guarde. Es mi sobrina el suceso lastimoso de su padre, será en desdichas ejemplo. quién fue? . . do Juan de Mendoza que dando piedad al cielo entre soberbios escollos. azotado de los vientos, perdió veinte y dos galeras n la Cerradura. . Al tiempo pidio su fama inmortal. Llegad sillas. . También vengo a daros nuevas, que viene el señor don Juan d. . Mi yerno? Sí señor, yo llegué ayer por la posta a dar un pliego al Consejo, y le deje de aquí dos jornadas bueno, y deseando llegar a donde tiene su centro, hoy ha de entrar en Madrid, y ya tarda. . . Pues dón Diego se quedó a quien di la carta, pensando que algún recelo, o alguna curiosidad. le obligara a abrir el pliego, y ver lo que contenia. Y sabiendo que yo entiendo sus livianas pretensiones, las dejará, y no lo ha hecho, y se ha quedado en Madrid. Y ha venido a tan buen tiempo Sancho de Avila, él será quien ponga cuerdo remedio a su amor escandaloso. Señor Sancho, por mi deudo, por soldado valeroso, por bizarro caballero, ya que llegáis a ocasión, que está con priesa pidiendo mi honor, que lo remediéis, pues también es honor vuestro, os suplico. . No decís, que sobran los cumplimientos en nosotros, pues mandadme como a hijo. . . De un de Diego Osorio, mozo galán, aunque noble caballero, está ofendida mi casa, pone en ella sus deseos; que a esto ha llegado no más, mas con tanto atrevimiento, con escándalo tan grande, que aunque fuera como pienso, pretensión de mi sobrina, le da ocasiones al pueblo, a costa de mi opinión, que repare en sus desvalos. Toda la noche pasea esta calle, interrumpiendo con espadas la quietud, con músicas el silencio. Poned freno a sus locuras, pues sabéis que ya por viejo tengo cansados los bríos, que si fuera en otro tiempo. Y en este ha de ser también, que basta el respeto vuestro para enfrenar desatinos de cortesanos mozuelos. Juro a Dios, señor don Luis, que si una noche lo encuentro, que ha de tomar por partido dalle al prado los paseos. Haréis como causa vuestra. Válgame Dios! yo tropiezo. en la afrenta, que imagino. Señor. . L hijo. . . Airados cie (los. pues mi afrenta permitís, no me turbéis el ingenio para tratar la venganza. Ya vuestros brazos espero. No habéis caminado mal. Vine por otro elemento mas ligero que la tierra. Alguna desdicha temo, que viene don Juan turbado. Señor, que venís sospecho con poco gusto, decidme, qué tenéis? . . No vengo bueno, cansancio fue del camino. Yo presumo que le dieron la carta; habéis recibido una carta mía? . . No quiero decir, que la recebí, porque no piense que veo mi ofensor tan a los ojos, y que de vengarme dejo, porque no siento el agravio, o porque su espada temo. De nadie he tenido cartas, antes en mi ausencia quiero, que no se acuerden de mí. ni mis amigos, ni deudos. Si es que por mí lo decís, de no atravesar prometo el umbral de aquesta puerta. Y yo os pagaré en lo mismo, pues que gustáis de extrañaros. Me extraño, porque no entiendo el modo con que me habláis. Este es el modo que tengo. Hijo, el señor Sancho de Avila, a quien le debe respeto nuestra casa. . otras tan buenas se han preciado de tenerlo, porque se dar honra yo en cualquiera parte que entro. Sancho de Avila, hoy orDios. Ya os he averiguado celos, y he de matarle sin duda, si le defiende el infierno. Señor, pues no me diréis de vuestro desabrimiento la causa? . . Cuando os la diga, será tan junto el remedio, que vos conozcáis el daño, cuando yo esté satisfecho.
JORNADA SEGUNDA
Es posible don Diego, que pueda más que la razón el fuego? que lascivo os abrasa vuestra esfera mortal es esta casa? dejad esta locura, no venga a ser la calle sepoltura, con tan ciegos sentidos, con pasos tan sinn orden repetidos, en los silencios de la noche fría turbáis el sueño; y despertáis el día, y aún muchas veces amanece tarde, porque no os avergüence, ni acobarde la luz del Sol, que en cárceles oscuras ejecutar os ve tantas locuras. Vuestro mayor amigo es don Juan de Velasco, que enemigo agravios tantos a su honor hiciera? ni quien tan obstinado pretendiera favores imposibles de su esposa, mujer tan principal, y virtuosa? que las músicas mismas, y paseos condenan a morir vuestros deseos: Tened piedad por Dios, tened clemencia de una simple inocencia, de un recato advertido, espejos del honor de su marido, no queráis, si al amor os desvanece, A quitarle el bien que su virtud merece, que no hay con que pagar, ni aún con la vida, honra por un escándalo perdida. Lisardo, yo os confieso, que me tiene el amor perdido el seso, mas no hay razón que enfrene mi albedrío, porque es de otro linaje el amor mío: yo he conocido amantes desvelados, presos, y enamorados en la cárcel hermosa, que les pintó el amor de nieve y rosa, y con doctos pinceles manifestar el alma en sus papeles, y a miserable ausencia reducidos, llorando ausencias, y temiendo olvidos: mas divierten el alma en tan estrecha calma, y algún doblado ruego les sirve de parentesís al fuego, descubren en balcones Serafines en forma de ocasiones, miran, y se detienen, y si no se enamoran, se entretienen. Mas yo, mas yo Lisardo, con tan grande impiedad me abraso y ardo en el fuego que tocó, discursos son de un loco, que a no haber de morir el del abismo, por eterno pensara que era el mismo, que en esfera más breve, en mi abrasado corazón se mueve, y es tan inmenso, que si se no hubiera, por el que yo padezco lo creyera? sin esperanza, quien lo imaginara. Pues si hubiera esperanza se turbara, que ese es el dolor fiero, que al paso que se aumenta persevero: conozco obligaciones, y amistades, que le debo a don Juan, y estas verdades son de tal calidad, que si las niego, disponen la materia de mi fuego; conozco la virtud, mido el recato de aquel prodigio ingrato yqu vanno quiero publicar mi pena, su honestidad me enfrena, porque en su frente mira el alma escrito el castigo mortal de mi apetito: y en esta oposición de fuego, y nieve, es tántalo mi amor, que si se atreve, le pagan los deseos en agravios, a alzar la mano, y al mover los labios. Este es mi estado, y está mi porfía, y está la reja fría, helada imitación de sus desdenes, o causa de mis males, y mis bienes: o contento mortal de ciega idea, si condenas mi amor, porque desea, y pintas a Leonor tan virtuosa, porque te extremas en pintarla hermosa? Aunque tan ciego estáis, y tan perdido, razón hubiera sido, si en vos la puede haber estando ciego, que ya que vuestro fuego no mira por la honra acreditada de una mujer casada, que vuestro honor mirarades si quiera, cuando fue Portugal marcial esfera, de tantos Castellanos Caballeros, que partieron bizarros, y ligeros. mas que el viento, ni el Sol a señalarse, adonde pueda su valor mostrarse. Y vos con galas, y volantes plumas, como del mar las cándidas espumas, os despedistis de los más amigos, haciéndolos testigos de la partida vuestra, y prevenida, como os quedastes a dejar perdida vuestra opinión con liviandad tan clara, está obligado el vulgo, que repara, en entigo tan fiero, en la menor acción de un caballero. A saber que os quedáis enamorado, y la carta que os dieron, al criado ed ais de Sancho de Avila escondido para gozar ausencias de un mar ido, que de vos se confía, vive Dios, que es bajeza, villanía indigna de don Diego. Todo lo que decís cabe en mi fuego, ni yo os pido consejo, ni que me acompañéis. . Si aquí no os dejo, donde tenéis el riesgo conocido, aunque me habéis cansado, y ofendido, será porque no quiero, que os maten, aunque os riño. En vano espero ganar la voluntad de un hombre ingrato, sin remedio dilato las penas de mi amor. . Si ser pudiera, que a mi señora viera, como una vez la hablara, su amor desengañara, que en su desprecio honrado, quedara tan corrido, y afrentado, que a mejores discursos reducido, pudieras ver tu amor agradecido, Si el alma no se engaña, hay gente en el balcón, pasión extraña, desatinado fuego. Como venga don Diego esta noche a la calle, le he de dar un papel, para avisarle, que a media noche vuelva. . C con que intento El inismo pensamiento que tú me descubriste ha sido el mío. Pues será desvarío pensar que mi señora, que hasta la sombra adora de su esposo, querra hablar a don Diego, Mucho podrá mi ruego, supuesto que pretendo en tantos daños, que le dé por favores desengaños: y cuando a caso quiera excusar, pues es fácil este m diré, que ya el hablarle es sin remedio, pues está dentro en casa. Y si viene don Juan? . . Por todo pasa mi arrevimiento honrado. Quiero llegar a hablar, que mi cuidado tiene siempre igualdad con mi porfía. Será doña María. Aunque también las veces que la veo, desengaña celosa mi deseo, he de perseverar. . Muy mal hiciera en ser vuestra tercera, si como vos pensáis os favorece. Al paso que me estima desmerece, porqué es mi amor tan loco, que todo sin Leonor, lo estimo en poco. Llegad, que yo os aguardo. Con los pasos que siento me acobardo, pienso que es mi señora. Pues está levantada? . Hasta la Aurora, como don Juan se tarda desvelada le aguarda. Pues no quiero testigo, que me pueda estorbar. . Tus pasos sigo. El balcón eclipsado, las luces me ha negado, todo huye a mis ojos con tan mortal desvío, que en la misma esperanza desconfío. En mis pasos turbados conocen mis cuidados dos peligros a un tiempo el de mi esposo, que anda después que vino sospechoso: sale de noche, y vuelve cuando el día atropella la luz del Alba fría, que fuera airados cielos, si sus desvelorle causaran celos, y, en la calle encontrara a quien los confirmara, y poniendo a peligro su persona, informara mi honor, que el mundo abona? Oh tirano, o enemigo, o cruel don Diego, en que pudo ofenderte mi sosiego, que así lo tiranizas, y lo ofendes? si abonarte pretendes el de firme, y de constante, eres necio ignorante. porque tener en la traición firmeza, será constanbia, mas será bajeza. El sol restituido otra vez ha nocido, siendo el balcón su Oriente, no permitáis que vuestra luz se ausente, bellísima señora, mirad que un alma, que por fe os adora, a tanto extremo de desdichas pasa, que con el hielo que mostráis seobrasa. Confirmase mi duda temerosa, cierto es el daño, y no osaré medrosa, ni aún a decirle que se vaya luego, porque a un amante ciego la voz que escucha, si desdén espera, le sirve, de ocasión, y persenera, quitarle quiero la ocasión, no venga quien mi muerte prevenga, con apariencias falsas engañado, o peligroso estado, mas no por eso la que vive honrada, viva desconfiada, que en el riesgo mayor del que la ofende, solo ha de ser su honor quien la defiende, con rayos de oro de la parda nube, que amenazando sube a turbarle su luz nieblas oscuras, no turbéis de mi honor las luces puras. y Enemigos ay, pues vengo por gínete de la Costa. Sin duda que estoy hablando con ilusiones, y sombras, pues no me responde nadie, Don Diego mirad, qué importa que os retiréis, que parece un bulto en la calle. . . Ahora, estaba yo, vive el cielo, que mi intento se malogra, para hacer un desatino. Los que habéis hecho no sobran? No sé que tiene mi amo, vive Dios, que anda con moscas, ni come, ni duerme en cama con suspiros, y congojas me tiene aturdida el alma, tres noches ha, que se embosca en los zaguanes abiertos, hasta que el Alba corona las veletas de las torres, hecho trasgo de su honra, está acechando su casa: fiera ausencia de Lisboa. Don Diego de espacio está. Como nadie se lo estorba. nos dará mil pesadumbres. mal haya los que se abonan de valientes, dije un, día, que a un Corregidos de Lorca le quité catorce presos: y eso le obliga a que ahora le envíe a reconocer los que en su calle trasnochan. Quién pensara que tan presto hubiera ocasión forzosa, en que se echara de ver, que es mentira la de Lorca, cogido me han entre puertas, Dios por quien es me socorra, que he visto cuarenta bultos; Pues se ha entrado mi señora en su cuarto, he de esperar si a su estación amorosa viene esta noche don Diego. Que bien dormirán ahora do los vecinos de Marruecos. mucho estos bultos me asombran, aquí me han de hacer andrajos, muerte será lastimosa entre Cristianos, y amigos, y todos de una Parroquia. Quién es? . El cielo permita, que sin turbarme responda: soy un Alguácil. . . Pues bien, qué quiere, viene de Ronda? De Antequera vengo, adiós, pues no es gente sospechosa. No por el desabrimiento de don Juan es bien que ponga mi obligación en olvido, sin que a quien soy corresponda: y guárdese el tal don Diego, porque si lo cojo a solas en la calle, juro a Dios, que he de hacer que se recoja por muchas noches. . Mirad, que a la ventana se asoman. Sois vos divino imposible? Él viene a pedir de boca. Ines soy, señor don Diego. Bien con el nombre conforma, la historia está verdadera. Aquella invencible roca de mis desprecios compuesta, no se ablanda Ines? . Ahora os dará doña María un papel. . . El alma toda te pienso dar en albricias. También yo os pienso dar otras, y, que os serán más posibles. Quién pudiera verla ahora, que la menor dilación en la esperanza amorosa, puede competir con siglos. Pues en verdad que os importa, las palabras son muy breves, que aunque en peligro se ponga, habéis de hablar a su prima dentro en casa. . A peligrosa pensión del que nace honrado. Inés, contaré las horas. por minutos. . Y aquí espero, sin que este necio conozca el delito que comete. Aquí emos de ver a Troya con todas sus zarandajas, porque como una leona parida viene mi amo; que haré para que se esconda ese amante majadero, traza es esta milagrosa. La justicia, la justicia. Mas será misericordia, si el don Diego se me escapa. Cuando no por vos, por honra de la casa, que ofendéis: es don Diego justa cosa, que os retiréis. . . Pues volvamos Lisardo a esperar la hora, donde fortuna me ofrece una esperanza dichosa. El papel le hará volver. vino don Diego. . Señora, ya ha rato que está esperando. Don Diego acercaos un poco. Cómo simple mariposa llego a la luz donde muero. Ya son evidencias todas las sospechas de mi casa. Cojer el papel me importa, que él me dirá la verdad. Caballero, vi que ahora os echaron de esas rejas un papel. . Y que os importa, supuesto que sea verdad? Lo que me importa es la gloria de lograr un pensamiento. También por acá se logran, porque hay quien llegue primero a merecer lo que goza: quiero irritarle, por ver . si colérico se enoja, que es lo que yo he menester. En esta casa no hay otra pretensión más que la mía, y a quien en sus rejas ponga los ojos lo he de matar, aunque las nubes le escondan. Eso si cuerpo de Dios, emparejemos las bolas, que es lo que yo he menester de la calle, y las personas que viven dentro, soy dueño: y si presunciones locas os desvanecen el alma, ved que en esta casa hay honra, que no se deja ofender de locuras licenciosas, como las vuestras, que yo soy vigilante custodía de esta casa: y voto a Dios, que si con luces, o sombras de la noche os vuelvo a ver; yo os aseguro, que os ponga tanto freno en las palabras, que escarmentéis en las obras. Quién ocasiones dilata, cuando las tiene tan propias, excusar quiere el peligro. Gallardamente se arroja, Que desgraciado que soy, gente viene, y si me estorban esta noche la venganza, me ha de matar la congoja; pues ánimo honor perdido, que así los nobles lo cobran. Voto a Dios, que aprieta mucho, y si me descuido ahora, que me ha de dar el mozuelo en que entender. Caballero, los que nacen nobles, honran las pretensiones que tienen, afrenta será notoria de esta dama, si quien pasa de la contienda celosa. Entre los dos, si os parece, mudemos el puesto, y hora, para que no haya testigos, mas que las espadas solas, paréceme bien, y siento, que en vos justamente abona el valor la calidad: adónde? . . Detrás de Atocha. Armas. . . Espada y rodela, y si os parece una cota. Estarémonos un año en reñir, espadas sobran. Id con Dios. . El cielo os guarde Quién puso en mujeres honra. Si está cerrada mi puerta, juráralo yo, no hay sombra, que no me dé en que entender: que haya quien riña a estas horas, no sirviera yo a un Letrado, que con su capa, y su gorra se recoge a la Oración. Con el alma cuidadosa, salgo a ver si mi señor ha reñido. . Ya se asoman, pluguiera a Dios fuera el Alba; pero será alguna moza de casa. . Es Trigueros? . Sí, descartar el miedo importa, que me tienen por Carranza, y es Inesilla. . Congojas de tu peligro me tienen sin juicio. . Calla bona. Dime, eres tú el que reñías? Pues quién podía ser? . no hay gota de sangre en todo mi cuerpo. Ni en el mío. . Qué costosa es mi afición: di Trigueros, quién nuestra calle alborota? No eran más de veinte y seis de apie. . Aún para dicho asombra. Pues si no me dispararan un Petardo, hubiera postas que me huyeran más ligeras. Estando despiertas todas, cómo no oímos los tiros? Era la pólvora sorda, que la inventó cierto hereje, para confusión de Europa en las islas. . Las de Holanda? Que no, si no las de Europa, mas todo importara poco, sino trujeran de escolta una tropa de caballos con celada Borgoña. 2a Qué dices, pues en la Corte? Sabes lo ques pasa ahora. y te espantas de que vengan caballos de armas en tropa. A cometiéronme juntos, mas quiso nuestra Señora, que disparando el petardo, como eran las valas todas de cadena, que se abriesen, y que las dos medias bolas, clavándose en dos esquinas, para mi suerte dichosa, atajase la cadena toda la calle. . Son cosas las que cuentas. Peregrinas, que van caminando a Roma. Es Trigueros? . Sí, señor. Entremos en casa. . Y te oigan los santos: ola Ine silla, de un golpe que di me thoga el dolor, preven seis guenos, aceite y vino. . Y estopas? Ni por lumbre. . Quién te ha dicho ese remedio? . La boca, que he de cenarme los guenos, y chuparme el vino a sopas. Leonor, a tanto desvelo tu salud puede faltar, no le des tanto lugar a la pena. . Qué consuelo podrá mi vida tener. cuando la calle se abrasa, y no está mi esposo en casa? yohe de esperar, y temer hasta que le vean mis ojos. Vete a costar, por tu vida, que de tu miedo ofendida, recibe sin causa enojos. Qué importa que la pendencia en nuestra calle hayo sido, ni que falte tu marido; por fuerza ha de ser su ausencia la delincuente; don Juan es cuerdo, y amigos tiene, con quien el tiempo entretiene, sin ofensa, y estarán ahora en conversación honesta, y segura, . En vano podrá el temor inhumano dejar libre el corazón: Qué importa que te asegure, que yo descansar podré, si con fuertes ansias sé, que aunque eternos siglos dure la noche, han de ser enojos las ausencias de mi dueño, por más que procure el sueño, breve descanso a mis ojos. No es temor el que sosiega, ausente la causa de él, ni es amor seguro, y fiel, si a sobresaltos se niega. Tú te puedes recoger, pues sin que el temor te asombre, discurres al fin como hombre, yo temo como mujer. Qué intentas? . Que no se ría el Alba a mostrar su frente; de ver que mi esposo ausente, me coje durmiendo el día. En tu salud es injusto rigor, aunque sea virtud. Que más falta de salud, que estar el alma sin gusto? Al fin, que por mí no quieres recogerte, y descansar? otra cosa que llevar miedos, y ausencias no esperes. Dete el cielo la alegría, que mi casa ha menester. Bien puede el cielo vencer, padre, la desdicha mía: mas si la jurisdicción deja al humano poder, bien tarde se podrá ver alegre mi corazón. Como el alma lo desea, halle ocasión, y lugar: prima no te has de enfadar, aunque tu escrúpulo vea ofensas en tu decoro. Qué dices, que no te entiendo? Con honesto amor pretendo, y con se cencilla adoro. Válgame Dios! . . En d. Diego Osorio he puesto mi amor. Oh amigo aleve, o traidor. Y el desesperado y ciego tan locamente te adora, que con pretensiones necias, al paso que le desprecias, suspira, se abrasa y llora. Pero como tus desprecios son ausentando tus ojos, aumenta fuegos, y enojos, condición de amantes necios. Mi amor al fin por extraño ha hallado fácil remedio en tu propio desengaño, dile tu misma a don Diego. Doña María estás loca. Ma. si oye de tu misma boca desengaños de su fuego, por fuerza habrá de olvidar su desatinado amor. Qué dices? . . Doña Leonor desengaña con hablar. Si yo fuera vil tercera de sus lascivos amores, ejecutaras rigores, honrada como severa; y pudieras castigar tan honrado atrevimiento, pero solo prima intento. Necia, qué habías de intentar? que hable a quien su amor condena, para que se desengañe. Teneos amor no os engañe esta fingida Sirena: que esto en mis agravios pasa? no hay de quien poder fiar. , pues por fuerza le has de hablar, porque está don Diego en casa. Triste de mí, que de hacer? daré voces. . . Si las das tu misma afrenta verás. Desatinada mujer, qué has hecho? Válgame Dios! turbada Leonor, qué es esto? De tu desengaño honesto somos testigos los dos. Que puedes perder por dalle un desengaño cruel? el viene por un papel. que le di para obligarle a que esta noche te hablara. Y yo vi que se lo dio, cielos, a quien le costó una obligación tan cara. Quiero buscar al traidor, pues llegó la última suerte, mas si no le doy la muerte, queda infamado mi honor. Y al fin es mayor cordura, sin que en mi casa se entienda, que mi venganza pretenda en ocasión más segura. Verá en Atocha mañana este soldado traidor, que los rayos de mi honor, matan con luz soberana. No tienes que discurrir, supuesto que te ha de hablar. Al cielo me he de quejar, de que me deja vivir. Yo le he de ver? cómo puedo, si el pecho sin alma está. Pues la luz te quitará, sino la vergüenza, el miedo. Espera mujer traidora, no quieras vender mi honor, Discursos, vuestro favor espera mi agravio ahora: bien los pudiera matar, pues es la luz su enemiga, mas lo que escuché me obliga, ni a defender, ni a culpar. Qué es buena doña Leonor, pude en su voz advertir, pero si llego a fingir, aquí lo sabrá mi honor. Tan turbada tengo el alma, que aún no conoce los lavios, para entregarles la voz, generoso desengaño. Aquí con la voz fingida, y con las sombras que traigo he de conocer su pecho: Bella Leonor, en mis pasos podrás conocer mi fuego, mira que desdones tantos, tantas iras, tanto enojo, dan al Sol indicios claros, de que la naturaleza te dio un corazón de mármol: templa el rigor invencible, que amor que ha flechado el arco contra mi abrasado pecho. Está corrido aguardando, que con alma agradecida, que con recíprocos lazos pagues una fe tan firme, que mientras lucieren rayos del Sol, que me niega el verte, será tu templo bizarro, adonde adore tus ojos. Y de esta verdad que trato, tú misma fueras testigo con piadoso desengaño, si aquí me vieras el rostro, porque lo vieras turbado de la color de mis penas, y del fuego en que me abraso. A ocasiones tan terribles, donde prometen desmayos las mujériles flaquezas, es el valor heredado el que anima en el peligro, conquistado honor guardaos, pues veis que os defiendo ya. Ya a mucho que está hablando, pero lo que más me admira es, que está un hombre embozado en el corredor sin duda, como el peligra es tan claro ha traido alguna ayuda. Hombre, que furias guiaron tus temerarios deseos, y tus atrevidos pasos? el más despeñado amor, más loco, y desatinado por ocasiones te guía: pero si al tuyo faltaron en mis labios, en mis ojos, en mi clausura, y recato, quien te informa de que vivo, para turbar mi sosiego? si sabes, que no soy mía, y que tengo dueño honrado, por su sangre, y por sus prendas: y que a los menores rasgos, que de tu intento conozca, te ha de hacer más pedazos, que tu engendraste deseos. Como con traidor engaño, quieres perderte, y perderme? tus discursos fueron falsos, si piensas que tengo vida, si imaginas que me valgo de las humanas acciones, aún para formar un paso, sin licencia de mi esposo, que tengo tan limitado, tan sujeto el albedrío, que mis sentidos pensaron, que no hay alma que los rija. Y es ya con extremo tanto, que lo que fábulas cuentan, de que las almas pasaron a otros cuerpos en muriendo, pudieran acreditarlo en mí, porque el alma mía está con hermosos lazos, presa al alma de mi esposo, con un amor soberano. Cuerpo fantastigo soy, que este aliento, y estos pasos, licencias son de don Juan; porque sin ellas no salgo los términos insensibles, o de una peña, o de un árbol; pues qué pretendes tan ciego? que codicias tan villano? qué buscas tan atrevido? que quieres tan temerario, donde mi honesta clausura te da desengaños tantos? Y si del último esperas los acentos de mis labios, verás la cándida nieve, que de seños abrasados, sirve al pájaro Fenicio. verás arenoso campo, todo el imperio del mar, y en carámbanos helados estar descansando el fuego, primero que en mi recato pueda tu bárvaro amor ganar con mi afrenta un paso. Oh blasón de la lealtad, o prodigioso milagro de la fe, con que me estimas. Qué aguardas hombre, si a caso quieres que mi esposo venga. Pues está desengañado, quiero excusar el peligro: tu esposo viene. . Llegaron a su extremo mis desdichas. Leonor, en tus desengaños quiero obligarte con irme, por ver si una vez alcunzo algún favor de tus ojos. Antes los verá eclipsados la muerte. . . Mira Leonor, que entre tus luces me abraso. Y yo tu sombra aborrezco. Yo te adoro. Yo me agravio. Yo te estimo. . Yo me ofend Yo te busco. . Yo me guard
JORNADA TERCERA
Señor, tan de madrugada sales al campo? . . A cobarde. Pues dime, así Dios te guarde, eres doncella opilada, que anda tomando el acero? Trigueros quieres callar? Pues de aquí no he de pasar, sino me dices primero, sin ser Sabado, a que vienes a Atocha? . . Si lo has de ver luego, qué quieres saber? Notable flemaza tienes. No parecos Espadol, este es el último paso; que he de dar, porque me abraso, sin darme por Julio el Sol. Muerome porque me digas a que me traes con broquel, porque es cautela cruel, y con engaño me obligas, que guarde algún monumento; nadie ha estado en Palestina en mi linaje. . . Camina, para que sepas mi intento: yo salgo desafiado. más juro a Dios. . . Si Trigueros Pues no es muy de caballeros, el venir acompañado. Que en tan noble religión, si hay desafiín sangriento, dejan siempre en el convento al hermano motilón. Si vengo por Coronista para escribir tu pendencia, es traerme impertinencia, porque yo la doy por vista. A que cobarde te veo, tú vienes a traer no más el broquel. . No vi jamás pendencia con Cirineo. Si yo hubiera de reñir, yo me trujera el broquel, pero es negocia cruel, que te venga yo a servir de guarda arnés, también pagas, pero por consuelo mío, con quién es el desafío? Con Sancho de Avila. . Aúlagas Eso te causa desvelos. Yo he de ser en la cuistión Judio en resolución, que he de tenderme en el suelo. Noy de tantar la fortuna, que este hombre, fluj de espadas, trae cuchilladas sobradas, y me ha de caber alguna. Deja, aunque tengas más bríos, que vuelva con devoción por mis reliquies, que son buenas para desafíos. Tanta prevención me avisa, que hay miedo. Ya me provoco Qué reliquias son? . Un poco de lienzo de la camisa Del mal ladrón, y el cairel de la gorra de Pilatos: pues yo me vi algunos ratos en ocasión tan cruel, que ellas solas me valieron: día de Pascua de Flores reñí con seis tundidores, y a dos por mes me rompieron los cascos. . . Serán muy buenas. A nadie las di jamás, que no muriese: ya estás detrás de Atocha, qué ordenas? Que le llegues a decir a mi contrario. . Qué es de él? Ya viene. . No tengo en él para empezar a reñir. Dirasle que allí le aguardo. . En casa fuera mejor, el Sancho muestra valor, que airoso viene, y gallardo, lástima es no aconsejalle, que se vuelva, que podría llegar una punta mía, y como dicen, matarle. Con tanto valor reñía el don Diego. . Si por Dios. Pues muy bien tenéis los dos que hacer hasta medio día. Cuerpo a cuerpo, no me ha dado tanto un hombre en que entender. Tiene opinión que perder el hombre que nace honrado, y la guarda hasta morir. No es criado de don Juan aquel? . Mirándome están. Pues a que puede venír También vuste ha madrugado al desafío? . Venís sin juicio, qué decís? Cara de desafiado tiene, ya no hay que encubrillo, también lo sabrá don Juan, sospechas, señor, me dan, que pudiese anoche oillo: pues dices que sucedio en su calle. . Y que sintiera, que don Juan lo presumiera. Muy gran campañada dio este negocio en la Corte, y viene el mundo abreviado. En todo soy desgraciado. No hay cosa que más te importe, que dar la vuelta, señor. Dice bien este mancebo. No cumplo con lo que debo a mi sangre, y mi valor. Y el alma hombres entendidos, y prudentes? no verán que los desafíos están por el Concilio prohibidos. Verdades son las que hablo, y a un hombre de su presencia será cargo de conciencia, que se lo lleve el diablo. Mas allí está mi señor, y con él se lo ha de haber. Ya lo debe de sabe pues viene a darte favor. Don Juan, pues quién os ha dicho, que yo a estas horas estaba en el campo? . . Bien por Dios, esos criados se vayan, porque emos de quedar solos. No he menester vuestra espada, don Juan, aunque estimo mucho vuestra prevención hidalga. Si sabéis a lo que vengo, para que gastáis palabras? vive Dios, que emos de ver, quien sabe en esta campaña defenderse, pues ofende reputaciones honradas. Yo basto para el que espero, que viene solo, y con armas iguales como las mías: don Juan yo os rindo las gracias. Hablando están en Latín. No arguyen vuestras obras el valor de vuestras palabras, Yo señor, Sancho de Avila, soy el que vos conocéis, y soy quien conoce España, y quien sombras de un disgusto las castiga a cuchilladas. Si esas razones, don Juan, tan poco cuerdas las causa el enfado, que conmigo tuvistis en vuestra casa, porque me hallastis en ella, viniendo de la jornada. Ya os dije, que soy quien puede visitar, y honrar, y basta que cuando me despedí, os diese yo la palabra de no atravesar jamás vuestra puerta, sin que os valgan temeridades tan necias, para buscarme en campaña tan orgulloso, y soberbio. Y agradecedme que aguarda mi honrada reputación a un hombre, de cuya espada pudiera honrarse Castilla, que anoche por cierta causa riñó en vuestra misma calle conmigo, que yo os dejara, voto a Dios, tan satisfecho, que os parecieran las tapias de esa huerta que miráis, muy pequeñas, y muy bajas. Son enigmas las que escucho? Por Dios que viene templada la gaita, salgo por el a darme de cuchilladas con un hombre del infierno, y viene a cansarme el alma. Y conocistis quien era con quién reñistis? . Ya estaba informado de su nombre. No era junto a una ventana, por un papel que os echaron? Aún peor está que estaba: vistislo vos? . . Yo lo vi, y era de mi propia casa, Sancho de Avila. . Los diablos me han metido en esto: estaba hablando a vuestro balcón (pues son cosas declaradas) por vos mismo un caballero; dicen; que solicitaba la prima de vuestra esposa. Y yo que tomo las causas de mis amigos por mías, pasando vi, que le echaban cierto papel a don Diego Osorio (que así se llama) llegué fingiendo su nombre, por solo que me informara de la verdad del papel. Y apenas cayó en la capa, cuando don Diego celoso, metiendo mano a la espada, riñe, conmigo, y muy bien. Pero viendo que pasaba gente, me dijo cortés, quedese para mañana, si gustáis; acepto luego el desafío, y no tarda, que aún no ha pasado la hora. Y aún vino más de mañana, que vos el que os desafía, y en este campo os aguarda: con quien reñistis anoche soy yo, y mi honor se restaura, matándoos aquí conmigo. En los bosques de Tesalía hubo más transformaciones? Don Juan, mirad que os engañan sospechas tan peligrosas, que nuestra amistad agravian. La vez primera que puse en vuestra casa las plantas, fue aquella que vos me vistis; antes cuando vine a España de los Paises de Flandes, vino a ser mi priesa tanta, que estuve apenas dos días en Madrid, y a la jornada de Portugal me partí; por la posta vuestra casa, ni la vi, ni conocí, y de suerte que ignoraba, que erades casado vos. No lo dice así esta carta de mi suegro, que en la venta me distís? . Cayó en la trampa. Mostad. . . Bien podéis leella, pues yo llegué a averiguarla. El que os dará esta carta, siendo vues tro mayor amigo, solicita, perdo- nad el lenguaje, a mi hija; y vuestra esposa. miente la carta, y el suegro, y están las letras borrachas, y este villano ignorante ha sido la primer causa de tan ciego desatino. Demonio ha sido la carta. Dadme vuestra comisión, le daré una cuchillada, a dios, y a ventura. . A mí me llamaron de una casa, y aquesa carta me dieron para ti, mas como estabas en la guerra, y mi señor peleando en la campaña contra el enemigo, apenas tuve lugar de mirarla. Ofreciose la ocasión de la venta, y por lograrla, y uxcusar por mi descuido, que conmigo te enfadaras, le supliqué a mi señor, que te la diese, esto pasa. Y es verdad, viven los cielos, y me tengan en España, don Juan, por mal caballero, cuando informándoos en casa, dijere el señor don Luis, que jamás me ha dado carta; para vos. . . El desengaño. hoy por castigo me basta Dadme los brazos, que bien conozco la confianza que debo a vuestra amistad, que esta Sancho, fue la causa de desgraciarme con vos. Mas pues quiera mis desgracias, que se me atreva al honor ese don Diego, que tantas amistades me ha debido Don Juan de Velasco, basta, que os ofendéis sin razón, vuestra esposa es una santa, Ya yo estoy bien satisfecho, porque a conocido el alma la defensa en la verdad; mas como es tan propia causa la de mi honor, como vuestra, y nos toca averiguarla; quiero a purar mis sospechas con vos mismo, que son tantas mis confusas diligencias, que ignora por donde salgar de este ciego laberinto: mi suegro dice en lacarta, que a mi esposa solicitan, que más conocida infamia? Engañose, vive Dios, mucho rastrea, y alcanza el ingenio; y el discurso; no sé qué medios me valgan para deslumbrar su agravio. Y decir a mis ventanas doña María, Don Diego, don Juan no está ahora en casa, volved, y podéis hablar a doña Leonor; no basta para acreditar mi afrenta? Mucho aprieta, no se engaña en lo que dice: o sospechas, quien puditra aquí templarlas, para asegurar su pecho. Posible es, que en las palabras no conocéis los intentos? pues yo que las escuchaba, lo alcance luego; don Diego, con diligencias fundadas en casamiento, pretende a doña María, y le paga ella con el mismo amor, y con igual esperanza. Mas como don Diego es pobre, y ella tiene hacienda tanta, pensando, y pensaba bien, que era forzoso negarla, si os la llegase a pedir. quiso, como más humanas las mujeres, que este ruego. vuestra esposa lo aleanzara de vos, y de vuestro suegro; y ansí desde la ventana dijo, que volviese aona, que no estabais vos en casa para hablar a vuescra esposa. En causas propias se engañan muchas veces los sentidos: agradezco con el alma la pretensión de don Diego, que el ser Osorio le basta, para que pueda, aunque pobre, nonrarse con él mi casa. Vos pues sabéis su intención, de mi parte aseguralda, tomando la mano luego, para que quede mañana con olvido el casamiento. Mirpn que bodas lo llaman, ese intento tiene el otro. Qué decís? . Vamos a casa, que este es negocio muy llano. Quién si no vos me sacara del abismo de mis celos, al cielo le doy mil gracias. Flega a Dios que se las demos, aunque corramos bosrascas. Sancho de Avila es mi amigo, mas aunque conozca clara mi ofensa, la ha de encubrir, porque no es acción Cristiana decir su afrenta al marido, para que tome venganza: el disímula conmigo, porque escribir en la carta mi fuegro, que solicitan l. a Leonor, y en la ventana l darle aviso en un papel, para que volviese a hablarla, don Diego, sospechas son, que ya de evidencias pasan. Cuidado celos, quelos mienten, cuidado honor, que es engañan, y advertid, que solo al dueño toca el mirar por su casa. qué fuese anoche yo ta desdichado que con mis esperanzas animado, mi abrasado deseo, burlase amor mi empleo; pues cuando se temía de la enemiga mía, viene don Juan, a cielos, de su mismo marido tened celos. En nuestra edad presente no hay historia que cuente, ni enlos pasados siglos se ha hallado amor desatinado, ni bruto pensamiento, que al vuestro iguale. Si abrasarme siento, y a tal extremo de desdichas vipe, es mucho que muriendo desatine Si vuestro padre os trata un noble casamiento; qué dilata la inobediencia vuestra (tra el gusto suyo, pues el cielo os mues el remedio mayor de vuestra pena: Si tengo el alma ajena de la razón, que niegan los sentidos los pasos de mi padre son perdidos si casándome quiere divertir mi dolor, en vano espere, que alegre su vejez mi casamiento, mas para descuidar en mi tormento decildle que lo trate, y es muy justo obedecer su gusto. No veis en ese engaño dilatar vuestro daño. (te, Oh Lisardo, esperad dichosa luer la hermosa causa di mi injusta muer sale q casa con su ermosa prima, (te, su desprecio me anima. Qué es vuestra pretensión? Hablarla espero. entro al salir, volverme Esto enci quiero Señora, si mi amor os causa culpad a vuestros ojos, que como a veros vei luz me guía, ciego mi amor porfía, ya que no mereceros, hasta perder la vida con perderos. Pues no basta don Diego, para templar el fuego, que decís que os abrasa, el desengaño que en mi propia casa, y de mí misma boca escuchastes anoche? que os provoca tanto un lascivo amor, que viendo el da y oyendo el desengaño (ño, de una mujer, que respetarse debe, pasos y labios mueve para ofenderla más: viven los cielos, si tan locos desvelos, si tan necia porfía, tan en ofensa mía, (mienda, no reprime el temor con justa en: que a quien ahora entienda el escanso vuestro, y necio enfado, le deje mi rigor tamadmirado con la venganza que mi agravio advierte que junte a vuestros pasos bia muerte. Señora, que decís? qué enigma es esta anoche os hablé yo. Y en mi respuesta pudierades temer mayor castigo, yo os advierto, y os digo, tito mi enojo, y mi razón provoco, que con intento loco, que si más atrevido, si más desvanecido, más ignorante, y necio, oyendo este desprecio, noble blasó de obligaciones tantas, pisan más estas pieoras bias platas, y esperan otra vez desengañaros, que habéis de oírme parahacer mata- (ros. Soñando estoy sin duda. Quién de intento no muda con lo que anoche oyó muy necio vi (ve. Muy falto es de memoria quien (moria. no escribe les desprecios de anoche en la me- Queréis ver más notoria vuestra necia locura. Lo que aprieta, y apura un hombre en fe de amigo, que me dejéis os digo anoche, loco estoy. No hay quien lo espere, Cuál es de aquellos dos? Al que yo diere beso de paz a mi señor don Diego por estos Barrios? Ay amor tan ciego. Qué hay buen Trigueros? Ahora lo veredes. el Sancho viene parahacer mercedes Vimerced conóceme? Sería grande ignorancia mía, si yo no conociera al blasón Español, de quien espera, la fama más victorias, que ocuparon historias, con plumas, con pinceles, con buriles, de Pirro, de Aquiles. Dios se lo pague a vim, yo vengo por noticia que tengo de la afición que tiene a cierta dama, con opinión y fama de rica, y virtuosa, doncella principal, y tan hermosa, que pudiera con ella haberse honrado cualquier señor: en suma yo hec a vuesasted A mí, . Si por su vida, la hacienda, y calidad es conocida, porque es doña María de Mendoza. Dn Válgame el cielo! . Es excelente moza, no tiene que quejarse. Hoy ha de efetuarse, porque le está muy bien, pues yo lo digo, que soy bueno para amigo. y mís Primero lo he de ver, cuando eso sea. Pues mire que lo vea, mientras vuelvo de Misa, porque estoy en la Corte muy de prisa. Eso es ponerme el lazo muy estrecho. Juro a Dios, y a esta Cruz, que ha de estar hecho antes de medio día, ya conoce quien es doña María, y yo vengo informado, que vima por el balcón la ha hablado de noche algunas veces. Pues más será el ruido que las nueces. Con esto a mí me obliga, y axcusará también, que el vulgo diga; pero pues ya me entiende, no lo apuremos más. . En lo de Ostende no apretó más el Sancho: seo don Diego; también yo se lo ruego, haga lo que se digo, y mire que soy bueno para amigo. Este es lance apretado. Don Diego, que tenéis, que habéis mudado el color. . Lance ha sido para mostrar enfado. . . Lo que os pido es, que a mi padre le digáis, Lisardo, que solo obedecer su gusto aguardo, y que pues ha tratado el casamiento, que yo estoy muy contento de la elección que ha hecho. . Voy volando en tan dichosa nueva. . . Estoy dudando, si han pasado por mí tales sucesos, pero quien tiene los sentidos presos en la divina cárcel de unos ojos cómo puede sentir nuevos enojos? Amor pues me venciste, pues instrumento fuiste, de que yo me perdiera, prosigue, persevera, que sujeto, y rendido, me doy por bien perdido, como le des favor a mi cautela, si el honor se desvela en despreciar mi amor cansase en vano, porque necio y villano le he de tener por mi adorado objeto, mas por guardar respeto a su honesto recato con esta industria trato el casamiento con su prima, y luego pudiendo verla, templaré mi fuego, dilatando el casarme, y en llegando a obligarme, por no dejar vencerme, podré entonces valerme de la justa obediencia, que le debo a mi padre: la sentencia pronunció amor, que aunque es para mí da no puede ser mayor que el desengaño. Qué dices, doña María? Digo, que no estoy en mí, y yo por el balcón di el papel, y que vendría a hablarte me respondíó: en el corredor le vi, quité la luz, y volví después, que a hablarte llego: escuchó tus desengaños, vino don Juan, y él se fue, esto es prima lo que se. Aquí hay mayores engaños, porque en decirme don Diego tan confuso, y tan turbado, que no entró a hablarme, me han dado RO. sospechas de mayor fuego. Tened, o cielos, piedad de mi inocencia ofendida, si bien ha puesto mi vida la defensa en la verdad. Enemigo, que me quieres, cuando a mi esposo conoces? haces por ventura estudio de tus pensamientos torpes, que en mi daño los pláticas, para que sospechas borren el claro honor que sustento con inmortales blasones? que pretendes en mi casa con tan injusta desorden? si es que gobierna tus pasos la muerte, para que llore mi honor sin culpa ofendido, tan conocidas traiciones, tan bárbaro atrevimiento, indigno de ningún hombre, desesperarse ofendiendo. Bella Leonor, no te asombres, cuando vengo a asegurarte. Qué dices? . . Que si me oyes, verás tu seguridad. Como si el sagrado rompes de mi casa? . . Pues en ella me has de honrar. Cuando dispones mi agravio, cómo? Pidiendo, que mi nuevo intento logren los favores de tu mano, a tú mismo ser conformes. No te entiendo. No me escuchas, que por eso a tus temores les dejas tan libre el campo, para que en verme se asombren, Yo vengo, hermosa Leonor, tan libre de las pasiones, de mi amor desnanecido, que ya discurro como hombre. Y conociendo tu ofensa entre las vulgares voces del pueblo, que atento siempre a las humanas acciones, por la inquietud de mis pasos, escandalosa desorden: juzgaba mal de tu honesto recato, que puede en bronces irse dilatando al siglo, quiero que su lengua borre la impresión de sus sospechas con nuevas informaciones. Y así pagando esta deuda, que mi alma reconoce, quiero que tu hermosa prima me dé, si merezco el nombre de esposo, porque don Juan, como cuerdo lo dispone, supuesto que lo ha tratado Sancho de Avila; qué importe esto a tu reputación, claramente lo conoces, si ya tu rigor no quiere, que para tu bien lo ignoras. No me pidieras primero las albricias tan conformes a la quietud de mi casa. Que bien los cielos disponen mis dichas sin merecerlas. No se con que alegre compre don Diego, un favor tan grande en mis brazos reconoce la obligación mi deseo. Pues mi intento no socorres, amor por el parentesco, vengo a merecer favores, que tan ciego pretendía. Ni aún en mi casa se asconde mi agravio. Don Juan, qué es esto, pues así se descompone vuestra prudencia? Dejadle, señor, que si no conoce las obligaciones mías, tan debidas a mi nombre, a mi valor, y a mi sangre; yo haré que presto le informe el desengaño: don Diego tan sujeto, y tan conforme a vuestro mismo deseo viene, para que nos honre. su valor, dando a mi prima mano de esposo. Qué ignores con tan grande ofensa mía, don Juan, mis obligaciones, siento mucho, cuando vengo a cumplillas, mal dispones ciego amor estos intentos. Perdido soy, engañose mi mal fundada sospecha, y es ya forzoso, que otorgue por su opinión con su gusto. Don Juan bien veis que soy pobre, pero pues sabéis quien soy, tened por bien que me honre la hermosa doña María, a quien le debo favores, mas tan honestos, don Juan, que a su valor corresponden. No os lo dije yo. . . Ya veo, que los cielos lo disponen para nuestro bien: don Diego no podéis llámaros pobre, cuando sangre os acredita para más altos blasones. El mayor es el que alcanzo. Pues no hay, don Juan, quién estorbe tan buena suerte, las manos se den luego, conociome el intento el buen don Diego. Con alma, y gusto conformes, me ofrezco por vuestro esclavo. Será para que se logre la ventura del ser vuestra, El hace como hombre noble. Por Dios que es lindo el don Diego. Que bien los cielos disponen, que las sospechas se enfrenen. Que alegre día. Acogiose a sagrado el buen don Diego, donde entre varios temores, entre dudas, y sospechas descubrío con resplandores de su luz el claro honor, por más que nubes lo estorben, la defensa en la verdad, vuesas mercedes perdonen.
