Texto digital

Texto digital de De un castigo dos venganzas

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Juan Pérez de Montalbán Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de De un castigo dos venganzas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/de-un-castigo-dos-venganzas.

Logo BICUVE

DE UN CASTIGO DOS VENGANZAS

JORNADA PRIMERA

Esto que te digo pasa, y yo vengo tan mortal, que aún para decir mi mal el corazón me trasp asa. Apenas tengo valor Pues que haré yo que te adoro y mi captiverio lloro. Morir como yo Leonor, que quiso el cielo, ay de mí! que Don Juan de Silva diera, y sin saber tú quien era muerte a tu hermano por ti. Y porque por tu opinión lo que siempre valgo valga, y Don Juan de Silua salga libre de tanta ocasión. Sea por último concierto, por tu honor, y el de tu hermano, que des a Don Juan la mano, con que a mí también me han muerto, pues que por él te he perdido después de amor tan constante. No pases más adelante, vuelve a cobrar el sentido, bien tu amor de mi creera, que en el alma está de suerte, que solamente la muerte sacarte de ella podrá. Qué es casarme, mal conoces de una mujer el valor, si de verás tiene amor diré que te quiero a voces. Y con esto cesarán de mi padre las porfías, de tu amor las agonías, y los medios de Don Juan. Padre, y señor. Oye, advierte. Yo a Don Lope, y a mi primo? Calla por mi vida. Estimo aquesa vida de suerte, que callo Por no ofenderla. Si de tu padre el rigor conoces, no fuera error conocido, ay Leonor bella, aventurar tu recato. Pues qué hemos de hacer, mas ya se como se estorbará aquese injusto contracto, sin que se lo diga yo a mi padre, y a mi gente. Eso es lo más conveniente. Viote entrar mi padre? No. Pues vete ahora de aquí, que yo primo. Dónde vas? A esta otra casa no más. Pues qué remedias así. Doña Violante Araide vive aquí pared en medio, y ha de ser nuestro remedio. Harto la ocasión lo pide. Porque es mi mayor amiga, y hará por mi cosas grandes, no me pidas, no me mandes, que lo que intento te diga, pues que conoces mi amor, y hay peligro en la tardanza. Colgada va mi esperan de tus remedios Leonor. Tú lo estimarás después, mira ahora si alguien pasa, o si viene gente a casa, y avisaré de esto a Ines. Porque si pregunta a caso mi padre por mí le diga, que me pasé con mi amiga como otras veces me paso. Y venme a la noche a ver. Todo lo haré como dices, hay amores infelices. Aquesto es primo querer. La vida nos va a los dos en el remedio de ahora. Puedo salir? Sí señora. Pues adios Don lope. Adiós. En fin recivio el papel. Y por él este te envía. Aay pues del alma mía, la vida me traes en él, porque ya que no le veo después que hizo aquella muerte, entretengo de esta suerte su prisión, y mi deseo. Es el Alcaide un nerón, pues jamás me ha permitido hablar con él, Eso ha sido cumplir con su obligación, porque una mujer tapada siempre da sospecha. Es cierto, porque a haberme descubierto, el no reparara en nada, y hubiera sido mejor pues lo hubiera visto así, que claro está que por ti nos hiciera más favor. Es verdad, pero supiera, que eramos Dama, y galán yo, y Don Juan, y aunque Don Juan es mi voluntad primera, y quien mi dueño ha de ser, no consiente, mi respecto, que un amor que tan discreto se ha sabido defender de todo un lugar entero, que solo después de Dios, él su criado, y las dos sabemos que a Don Juan quiero. Y que siempre le he de amar por tan pequeña ocasión, como es verle en la prisión se viniese a profanar. Cuando aún no quiero que hable mi amor mismo lo que lloro, porque amor contra el decoro es barvaridad notable. Pero volviendo al papel abro, y leo. Qué dirá. Su tristeza pintará, y su fortuna cruel, que es el tema de quien quiere, llamaron? Ya no lo ves? Pues sale, y mira quién es, y no entre en casa quien fuere sin pidirme la licencia, ya ves que quedo leyendo y puede ser. Ya te entiendo. Dice así Julio, a fe de su ausencia, sale el sol por la puerta del Oriento, siendo prologo al libro de otro día, y pensándolo hallar, que fantasía, el sol abraso de tu sol ausente, llega la tarde de tu voz pendiente. Con suspiros te llamo, hay prenda mía, viéndome sin tu dulce compañía, lo que empezó en amor acaba en fuente, Baja la noche que de sombras viste al mar, que urna fue de dos auroras, y te busqué pensando que veniste, más viéndome engañado, lloro, y lloras, y así vengo a tener amante, y triste, mal día, mala tarde, y malas horas. Para mí no hay cumplimientos, aunque a Luisa mandaste, que sin decirte quien era ninguna persona entrase. Yo que soy tu amiga, y vengo, bien te lo dirá el semblante tan muerta, que aún no se como tengo alivio para hablarte, no quise aguardar licencia. Eso no fuera tratarme como tan amiga tuya, pero que causa tan grande, que así te robo el color, y de tu casa te saque. De esa suerte dilo presto, porque vaya yo a la parte como tu amiga en sentirlo, o si es posible tratase de remediarlo. . Mil años el cielo amiga te guarde. Sosiégate. . Bien quisiera si la pena me dejase. Pues siéntate en esta silla. No vengo para sentarme. Pues en que puedo servirte si mi voluntad lo vale. En escucharme, y hacer lo que después te rogare. Haz cuenta que ya está hecho. Pues digo que como sabes yo quiero bien a Don Lope. Ya se que Lope es tu amante. Ya sabes como una noche, que le esperaba constante para hablar por una reja en dormiéndose mi padre, vi parar un Caballero a puerta de buen arte, Ya se también, que pensando que era Don Lope, dejaste los chapines en la sala, y entre amorosa, y cobarde, reboltoso el corazón, descolorido el semblante, torpe la voz, y tragando la saliva por instantes, los pies en los escalones, el pensamiento en la calle, y las sayas en las manos, que ya que el amor se arrastre, no es menester que lo digan a voces los tafetanes, que hay vecino que al ruido sordo que las sayas hacen, diera señas en su casa, si a imaginar lo llegase, bajaste amiga a la reja, donde apenas te asomaste, cuando al galán rebozado, no es mucho que te engañases, detienes, llamas, obligas, a que se acerque galante, y te diga que no es él, el dueño de dichas tales, que no siempre han de mentir, con las noches los galanes, no sucedio de esta suerte? no pasaron estos lances? Todo fue como lo pintas, sin que sobre, ni que falte. No es para mi poco gusto, que aunque para disculparse, Don Juan lo mismo me había escrito desde la cárcel, el corazón temeroso, pensaba mil novedades, que el hacer una traición, es en los hombres tan fácil, que parece que no cumplen con quien son si no lo hacen. Y así bien esta lo echó para haber de asegurarme, ahora prosigue tú de este suceso el remate. Apenas pues revozado llegará a desengañarme Don Juan de Silva, que fue el que se paró en la calle. Cuando mi hermano Don Pedro, que por mi mal menos tarde, que las demás noches vino aquella noche a acostarse. Llega, escucha, y nota, que soy yo quien las rejas abre, y un Caballero encubierto quien habla, y sin informarse de la verdad, porque el sabio en sucesos semejantes, no conoce la cordura saca la espada arrogante. Y Don Juan la saca y todo, en fin para no cansarte, que referir lo que has visto mas que piedad es desaire. Y de mi hermano la tierra bañada en su propia sangre, que la dicha, y el valor, no siempre suelen juntarse, Salió al ruido tanta gente, que cerrando por mil partes a Don Juan, no fue posible, que de tantas escapase sin prenderle la justicia; Bien mi corazón lo sabe pues preso vive con él, di más. Pues han sido tales las trazas, y diligencias, que han hecho porque se ablande, Mi padre, y sus deudos todos, que después de muchos lances, viendo que fue la pendencia de mi hermano, por hallarme con Don Juan de Silva hablando de mi reja en los umbrales, y que mi opinión peligra con sucesos semejantes. Se han convenido unos, y otros a que conmigo se case, o me maten, que es lo mismo el matarme, que el casarme. Contigo Leonor? Conmigo. Duro golpe, fuerte trance. Descolorida te has puesto. Difunta estoy, no te espantes, porque siendo yo tan tuya, siento de suerte tus males, que me considero dueño de esta pena que te cabe. De tu amor, y tu piedad por eso vengo a ampararme. Y tú dime, ay triste! estás resuelta para casarte? que me alteras con la nueva, hay quien pudiera quejarse, . dime, qué piensas hacer? Cómo que he de hacer matarme primero que consentir contra mi honor tal ultraje. Ese valor es muy propio de mujeres semejantes, así durases en él, porque mi vida durase. Ya estoy resuelta en efecto siendo posible el librarme de Don Juan. Haras muy bien. Mas hay que mi noble padre si supiese que excusaba el concierto por mi parte, tengo por cierto que hiciera con mi vida algún desaire. He pensado, que el mejor camino que puede hallarse para excusarme este golpe, que está amagando en el aire, es verte tú con Don Juan, que dicen, que es muy afable, galán, cortés, y entendido, y ponerle por delante el poco gusto que tengo, Y si mucho te apretare, decirle que quiero a otro, que aunque mi amor inviolable se conserva con mi primo, porque su amor, aunque grande no ha pasado del deseo. En el trato y el lenguaje, servirá de que Don Juan, como honrado se acobarde, como galán se retire, como cuerdo se recate, y como discreto busque, a su libertad rescate por otros mejores medios, porque no es bien que yo pague con mi alma, y con mi vida, el salir el de la cárcel. Tú no aventuras con esto, más amiga que ampararme por mujer, y desdichada, porque las dos, sin que nadie nos vea, iremos a verle a la prisión, que el alcaide ha sido criado mío; y haré, que tú de tu parte entres a ver a Don Juan para que él no se adelante a decir, que si amis deudos porque será provocarme a que yo me desespere antes que llegue a casarme, o que después le deshonre sin reparar en mi sangre, que la mujer que se casa contra su propio dictamen, con uno, cuando a otro quiere o se resuelve a ser mártir, o lleva ya pensamiento de hacer su marido, infame, estorba tanta desdicha. impide tantos pesares, excusa tantos disgustos, y reserva tantos males para que tenga mi vida acogida en tus piedades. Favor y alivio en tu engaño, premio y honor en tu sangre, consuelo en tantas congojas, y modo para librarme de la desdicha más fuerte, pues no hay ninguna que iguale a casarse una mujer cuando quiere en otra parte. De suerte me han lastimado, bella Leonor tus pesares, que parece que son míos, y así vamos a la cárcel, pues te obligas a que entremos sin que nadie nos destape, y verás Leonor que digo a Don Juan razones tales para poder de su intento divertirle y apartarle, que mucho si me va la alma, ( que piense quien me escuchare, te. o que soy su dama yo o que Don Juan es mi amante, y que así mi honor defiendo como Juez, y como parte. Darasme amiga la vida, si esto a Don Juan perfuades. No se casara contigo, o no seré yo Violante. Eres en fin principal, y como quien eres haces. Las cosas de mis amigas, y más Leonor de tus partes, tómolas yo muy a pecho, sin alma voy Luisa, dame el manto, y preven el coche, que he de salir esta tarde. A servirte voy. Y dime, tengo yo de entrar a hablarle contigo? Poco importará, mas no es justo que le hables porque siempre aquestas cosas son Leonor para tratarse solamente por terceros por la vergüenza que traen, y así tú te quedarás aguardándome en la calle, que si es como tú le pintas, cortés, discreto, y galante, espero muy buen suceso. Prométote que has de olgarte de verle. Sin que lo jures, será para mí muy fácil el creer que me holgaré Pues amiga, no dilates la merced que me prometes. Pues vete, por si tu padre te echa menos, y en llegando el coche, vaya al instante. La vida te deberé. Su negocio el alma hace. Hay primo a ganarte vuelvo. Ay o Juan, vuelvo a cobrarte. Si hoy Violante lo prosigue. Si mi amor lo persuade. Si dice de no Don Juan. Cómo le querré constante? Ya te obedezco, Pues vuelve. Al momento. Dios te guarde. Mucho tarda Don García. No debe de poder más, que atícomo preso estas se te hace mayor el día, y antes le has de agradecer, venga, o no mal despachado haberse señor tardado. Eso como puede ser. Cómo sí, porque si viene, bien despachado, y tardo, cuanto más se dilató, la nueva de mejer tiene. Si mala nueva traya cuando la nueva se aguarda, todo aquello que se tarda nos hace de cortesía. Porque mientras no sabemos, la pena no la sentimos, y con un quiza vivimos quizando lo que queremos. Y así con el mal, o el bien tardando se lo acertó, si trae mal, porque tardó, y si bien, porque también. Luego hace bien en tardar con tu misma consecuencia Gárito, que es evidencia, lo contrario he de probar. A Don Pedro de Faria, que era de Leonor hermano, di la muerte este verano sin culpa suya ni mía. No es hombre el padre del muerto de concierto, es principal, y el Virrey de Portugal que está del delito cierto. Por el proceso invió con secreta diligencia, y yo espero la sentencia mala, o buena que me dio, Buena, o mala cada día estoy en peor estado, como sabes, he rogado, a mi amigo Don García, Que es aquí el Corregidor, y hoy espero la respuesta, juzga pues si en esperar la nueva que me ha de dar. Si es la dilación molesta, porque si la nueva es buena, lo que la tardo en saber tarda el gusto, y el hacer. Que dure más una pena, si es mala, desasosiega, dos veces a quien la aguarda, la primera cuando tarda, la segunda, cuando llega. Si es mala, la he de saber, si es buena, me ha de alegrar, callar el bien, es pesar, sufrir el mal, no es placer. Luego en dilación igual es la danza desdén, pues se dilata, si es bien, y no se excusa si es mal. Por Dios que lo has discurrido como un Ángel, más volviendo a lo que estabas diciendo, a los que andan de por medio, es que el remedio mejor es casarte con Leonor. Eso parece remedio, porque si Leonor cobrara cuanto honor perdido hubiera su padre se enterneciera, y mi prisión se acabara. Pero si a Violante adoro, como, como puede ser, que yo mire otra mujer contra el mío, y su decoro. Y cuando posible fuera, como puede ser, casarme, con quien se arroja a llamarme presumiendo que otro era. De suerte, que entre el amor, y el pundonor que profeso, o siempre me ha de estar preso, o no he de tener honor. Que cuando amante, me abraso, veo que vuelvo en mi acuerdo, si no me caso, me pierdo, y me pierdo si me caso. Pues óyeme, y no te mates, que hay remedio para todo. Di Gárito, de que modo, sino que son disparates. No está la dificultad entre el honor, y el amor de Violante, y de Leonor? Eso Gárito es verdad. Pues no te aflijas ni alteres, cuando me tienes amí por tu consejero Sí. Pues tomar mi voto quieres lo que yo hiciera, si Dios me pusiera en tal fortuna, por no enojar a ninguna me casara con las dos. Pues cuando el Cura, a saber llegara dos casamientos, que viene a importar docientos, qué es lo que había de hacer? El consejo es extremado, tuyo en fin. Si malo ha sido, dame tú lo que has reido, y toma lo que me has dado. Aquí está Don Juan. Pues bien podéis Alcaíde volveros, que me importa hablarle a solas. Caballero, despejemos esta sala. Es Don García? Soy un grande amigo vuestro, retiraos aquí conmigo. Ya con veros me prometo buen despacho. A Garito, escúchame. Antes deseo de saber si es ese, escucha. Que notable pensamiento de tomance de comedia, de Poeta de estos tiempos, porque no pienso esperarle. Muy diferente es mi intento, por Don Juan han preguntado unas damas, y aunque tengo orden para que no entren mujer ninguna, Ya entiendo. Quién me lo puede mandar, quiere que entre. Pues qué haremos? Qué sepa que están aquí, porque puedan en saliendo el Corregidor entrar. Ya yo he hecho lo que debo. A Gárito, llega acá. n . Corre. Corro. Llega. Llego. Quién va. Yo soy. Tú en la cárcel? Yo en la cárcel, porque tengo mucho que hablar a Don Juan. Tratando de los conciertos están él, y Don García. Si son los que yo sospecho para matarme serán, yo he de hablarle. Cuándo? Luego. Dónde? Aquí. Cómo es posible? Pues ya que hablarle no puedo, yo le tengo de escuchar. Eso, aún lleva fundamento. Pues cómo ha de ser aprisa? que no vengo a perder tiempo. Cómo me pondré delante de los dos? Presto Allí dentro os entraréis? Bien has dicho. He dicho bien? pues yo llego a empandillarles la vista, y darles con la de rengo. Advertid, que estáis terrible. Soy honrado. Pues sed cuerdo, y creedme, que os importa hacer luego el casamiento. Ahora, cuerpo de Cristo. Vete Gárito halla dentro. Ahora de buena gana. Es verdad, pero no puedo, ni es posible siendo honrado. Hablemos Don Juan, hablemos, como amigos, pues que aquí solo vengo a serlo vuestro. Muerta soy. Escucha ahora. Vos matastes a Don Pedro al tiempo que con su hermana os pudo hallar, ya sabemos que os queriades entrambos. Es engaño manifiesto. Cómo si ha habido testigos? que han jurado, y han depuesto, que os han visto muchas noches en su calle hacer terrero. . Ay quién pudiera decir la causa de mis desuelos, es verdad, mas no pudiera ser, que de esos galanteos no fuese dueño Leonor? Pues si eso es Don Juan, es cierto, como estabades con ella la nuche de este succeso? Cómo yo soy desdichado. Es amante verdadero. Lindamente se defiende. Firme está, como un Tudesco. Bien pudiera yo decir lo que he visto, y lo que temo del recato de Leonor, mas no quiero ser tan necio como algunos que pleitean en razón de casamiento, y prueban a las mujeres algunos secretos hierros, y después suelen quedarse por vencerles en el pleito con la mujer en su casa, y con la afrenta en el pueblo. No os entiendo vive Dios. Creolo más, yo me entiendo, y se que no me esta bien, y así digo, que primero quiero morir, que casarme. Sí, porque del mal lo menos. Pues advertid, que ha de ser ese el último remedio. Válgame Dios. Esto es malo. Cómo? Cómo visto el pleito el Virrey os condenó a degollar, y el decreto me remite a mi entretanto que no perdone Don Diego, que es vuestro contrario, el cual a mi persuasión y ruego, por remediar de su hija la reputación que ha puesto el vulgo en tan mal estado, os perdona desde luego, como al momento os caséis, noble sois, y sois discreto, dos días tenéis de plazo para que penséis en ello lo que mejor os esté, que después no hay más remedio, que sin admitir disculpa salir de aqueste aposento a dar la mano a Leonor, o a dar a un verdugo el cuello. . No digas que estoy aquí. Pues qué pretendes? Pretendo irme sin verle, que estoy (echó mi fortuna el resto) tan muerta, que una palabra apenas hablar le puedo. Garito. Señor. . Escucha, esto ha de ser. Qué tenemos? te deguellan, o te casan, hay verdugo, o casamiento, hay suegro, o capuz, acaba, quién vive en tus pensamientos? Quién vive, si no Violante, que es alma de mis deseos. Amor, volvamos la hoja, muera yo, viva mi dueño. La vida me ha de costar, pero que importa, si es menos el morir, que el ser ingrato, porque el casarme de miedo. es comprar muy cívilmente la vida que ya no precio Violante ha de ser mi esposa, Violante! Pluviera al cielo, que yo ganara una vida, y tu perdieras un riesgo, mas somos tan desdichados que no nos bastó el querernos, con que lástima lo digo, con que ternura lo siento. Qué es lo que mis ojos ven? mi bien, Violante, mi dueño, tú en mi prisión, tú en la cárcel, y tan triste, no lo creo, Que has visto, que te enmudeces, habla, o pensaré, que el cielo, como le robó a tus ojos los rayos para su fuego, las lágrimas a tu amor para dar al cielo espejos, las flores a tus mejillas para honrar sus campos bellos. Hoy te roba los suspiros que del corazón son hechos para tener más a mano agua, fuego, tierra, y viento, para formar otro mundo, pues con tan dulces efectos de tus ojos; y tu amor, de tu cara, y de tu pecho. Oh querrá tener consigo abreviado el mundo entero, o que le suplas tú sola todos sus cuatro elementos, habla mi bien, que decías? Escuché tu llanto tierno, tu resolución constante, y firme agradecimiento, y viendo que no es posible lograr amor tan inmenso, viva la pena en el alma, y la voz muerta en el pecho. Dije, están tan obligados, a una dicha muchos riesgos, a un placer, muchos pesares, y ansias muchas a un contento, que no me cogen de susto, las desdichas que padezco. Pues bastaba, ay dueño mío, en mi mal logrado empleo el saber que me querías para saber que te pierdo. Cómo perderte eso no, ni lo sufro, ni lo apruebo, y si no míralo, pues, yo mismo a morir me entrego, la vida quiero perder. Y eso es cordura? Es respeto. Y la vida? . Y el amor. Y tu fama? Y mis deseos. Estas loco? . Soy amante. Eres bárbaro? Estoy ciego. Quiere a Leonor? Eso dices, tú me dejas. Yo te quiero, mas en dos penas tan grandes la menor, es verte ajeno, aquí importa mi valor, aquí es menester mi ingenio, pues si ahora, ay de mi triste le dijese, a lo que vengo, es tan noble, que quisiera morir mil veces primero, que cásase con Leonor, y así es fuerza en tal aprieto reducirle a lo contrario, que ella es principal, y viendo, que ha de ser Don Juan su esposo mudará de pensamiento. Pues quieres verme con ella? no sientes mucho los celos. Basten ya señor Don Juan las locas fineces demos a la razón el oído, y a la verdad el consejo. Sujétese la memoria, júzguese el entendimiento, ríndase la voluntad, Y escogiendo lo más bueno llévese el mar lo llorado, y lo suspirado el viento, ya sucedio la desdicha, ya diste muerte a Don Pedro. Ya hiciste vuestro deber; ya se supo, ya os prendieron, y a muerte estáis condenado. Vuestra vida es lo primero, rendios, pues yo me rindo, venceos, pues yo me venzo. Lo primero, es el vivir, y el vivir con gusto, es luego, Leonor padece en la fama, mi opinión no corte riesgo, Su padre os hace partido siendo vos quien debe hacerlo. casaos con ella Don Juan, y no os aflija el recelo de que os tuviese por otro, porque yo, que de su pecho, soy el alma, se muy bien que era solo un galanteo sin que haya jamás pasado los umbrales del respecto, porque os quiere de manera, si por Dios, que a no ser esto. por no veros deshonrado consintiera el veros muerto. Haced aquesto por mí si este favor os merezco por tantos años de amor, porque en no querer hacerlo con los dientes, con las manos, Cuando me faltaré hacero he de quitarme la vida, y he de llegar yo al entierro antes que vos al cadaalso. Gran género de tormento . es pedir una mujer lo mismo que está temiendo, y sabe que ha de ahogarle. Es posible que te debo tan poco, que tú me pidas, que me case. Yo te ruego lo que a tu vida le importa porque mi amor es lo menos. Pues qué he de hacersi me abraso? Templar con en el agua el fuego. Y si la agua de mis ojos no bastase a tanto incendio Pidir prestada a los míos lo que derramaren ellos que a buen seguro, que os sobre. Ay mi bien, que desacierto es perderte, por vivir. Mas me perdieras muriendo. Qué en fin quieres que me case? Sí, porque vivo te quiero. Qué se acabó mi esperanza? Era flor, y murio presto. Ay Violante de mis ojos! Ya no es tiempo de requiebros, déjame por Dios Don Juan. Lloras? . Yo no. Pues qué es eso? Que ha de ser, no poder más, y hacer más de lo que puedo. Viste la concha del mar, que guardando el sudor bello, del alba forma una perla en su concabo pequeño. Y que al paso que la concha va con la perla creciendo, crece la unión en entrambos con un ñudo tan estrecho que para sacar la perla rompen la concha primero, y se quiebran con el golpe unos pedazos pequeños. Pues así mi corazón fue concha, que con el tiempo, iva criando una perla, que con mi amor fue creciendo, tan unida, que en los ojos, de dos almas hizo un cuerpo, de dos mitades un alma, juntó de dos un compuesto. Sácanme del corazón con violencia, y con estruendo un amor, que había criado, y así a los ojos salieron estas lágrimas, que son por más que encubrir las quiero pedazos del corazón, que se han quebrado halla dentro Qué te puede responder quien ha de perderte, ay cielos. Que desdicha. . Qué pesar. Que disgusto. . Qué tormento Hoy acabo mi esperanza Hoy piérdola vida. . Hoy muero Qué desdichado que soy. Que poca ventura tengo. Ahora es tiempo desdichas. Ahora es tiempo tormentos. Ahora, ahora figuras, ahora, ahora hazañeros.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Es posible que te vemos en esta casa Garito? Si atino se te da un pito de que sirve hacer extremos, que desde que mi señor para seis meses va ya le dio la mano a Leonor. Pues dime como les va. Vales como sin amor. Pues qué riñen, hay enfado, hay el mire, el calle, advierta, anda, el ella a boca abierta, y a caso a puño cerrado lleva el mal que ella se aliñe, y ella que la espada tome, reza mientras se la ciñe, riñen, mientras que se come, comen, como que se riñe, acuéstase a media noche, llevántase con el día, y aunque el cochero trasnoche el que por él coche envía, se calza primero el coche, y riñe el, porque salió, y ella más, porque se vaya, hay tigeritas, hay no, hay aquello de mal haya quien contigo me casó, hay el capoté mental, hay la guerrilla trabada, ay la ciuil palabrada, hay amago criminal, hay el rigor, el desdén, y ella correrse también por cualquier disgusto leve. Ay el diablo se te lleve por siempre jamás amén, Jesús, y que tarabilla. Esta hermano, es la cartilla, que por la memoria pasa quien a su disgusto casa. Pues ten de los dos mancilla, porque los dos se aborrecen. Y como los dos padecen, ya terribles, y ya ingratos, sin que sean perros, ni gatos gatos, y perros parecen. Ayer entrambos hablaban, y tan tristes se miraban, como tan mal se querían que apenas ver se podían aún cuando viendo se estaban. Estaba Leonor rabiando por celos, mas advirtiendo que Don Juan la esta mirando, las penas se iua comiendo, y los suspiros tragando, Que hay suspiros, que aunque quieren llorar, viéndose morir tanto el llanto, los difieren que al Limbo vienen a ir, porque estos sin agua mueren. Ella al fin, porque Don Juan no entendiese aquel desmán dio por blancos arcaduces lágrimas entre dos luces, si saldrán, o no saldrán. Pero como su agonía detenerlos no podía por parpados y pestañas el aljófar repartía. Y así sin darle lugar las pestañas al llover, y los ojos a llorar, más sentía, y di a tu señora que a verla viene Don Juan. Con eso recuerda ahora, Quiérense, y se querrán. Ya es otro tiempo. Pues llora, suspira, gime, y padece, amorosa, tierna, y blanda, por otro que más merece. Un marido se le anda Y no se cae? Me parece, mas ella ha salido ya. Un criado de Leonor hablando a Luisa esta, que no te vea es mejor. Y aún para mí lo será. Qué dices? Que yo saldré sin que me vea. Lope, di, vas enojado? Por qué! y volverasme a ver? Sí, Dios te guarde. Ya se fue, y apenas Gárito entró cuando el alma que le oyó a recibir se le ofrece, que hasta un criado parece bien, de aquello que se amó Garito. Señora mía Qué novedad te ha traido a verme? Pues algún día no a ver diez veces venido. novedad te ha parecido, pero así el tiempo se pasa. Que hay de nuevo por halla, queda tu señora en casa. En casa señora está. Con lindos ojos se abrasa; aunque me ha dado cuidado el saber, que disgustado lo pasa con su mujer. Pues que gusto ha de tener un casado, mal casado. El gusto que justo fuere, y cierto que si le viera se lo había de reñir. Él te lo viene a decir, que sube por la escalera. Qué dices? Que viene a verte. Pésame, porque de suerte vive su memoria en mí, que ha de ser el verle aquí volver a darme la muerte. Dile, dile que no venga, que ya que otro dueño tenga cuando mi pecho lo pierde, no quiero que me le acuerde. Ya no aura quien lo detenga porque ha empezado a llamar. Gran yerro ha sido, ay de mí, Ah de entrar, o no, ha de entrar? No se, pero entre, di, que importa disimular. Ya tienes franca la puerta, Violante. Señor Do Juan, visita tan deseada más parece de galán, que de amigo, estoy turbada, posible es que os acordasteis de aquesta casa, ay de mí? . Después que vos me casasteis, con la libertad, perdí la memoria que olvidasteis. Mas debo a Doña Leonor que a vos, pues a verme viene muchas veces, que rigor, y puerta a mi cuarto tiene para tratarnos mejor. Pues yo se qué me debéis una, auque vos lo neguéis. Mas que a Leonor? Si violante. Ser con las damas galante siempre Don Juan lo tenéis. Verdades son vive Dios Habláis de verás? Sí, y tengo cosas, que tratar con vos. Con amigo. A eso solo vengo, quedemos solos los dos Gárito y Luisa esperad un rato afuera. Eso no, delante de ellos hablad, que os quiero muy cuerdo yo, y es libre la soledad. Yo os quise bien es así, pero también os perdí, y por leyes de mi honor me dio leyes el amor con que os hablaba; y así aunque tan cuerdo seáis quiero por si amor respira, que a vos, con vos os venzáis, y excuséis por quien os mira lo que no por quien habláis. Que amores correspondidos, aunque los oculte el pecho se renuevan permitidos que a muchos cuerdos a hecho la ocasión descomedidos. No digo yo, que podáis serlo vos en mi presencia aunque no ser lo queráis, más es buena diligencia para que no lo seáis. Basta, ya estoy convencido. Y yo medrosa Don Juan. Por qué? Porque os he querido. Quién os respetó galán, no se atreverá marido. Es verdad, pero los dos solos no hemos de quedar. Pues considerad por Dios que he venido. A qué? A tratar cosas de mi honor con vos. Qué dices? Que a Dios pluguiera que otro mi cuidado fuera puesto que el alma os adora. Luisa, Garito. Señora. Salios allá fuera, mas esto, con condición, de que es Leonor la ocasión, aunque engañado vendréis. Bien despidillos podéis. Ya estoy sola. Qué aflicción. Decidme vuestros cuidados. Después Violante querida. Qué amores tan excusados no hable así por mi vida, o llamaré mis criados. Terrible señora estas. Sí, mas vos me ocasionáis. Olvídeme, qué queréis? No quiero que os olvidéis. Ni yo señora que os vais, Seis meses ha, bellísima señora, que siendo de tus ojos tierno amante, y estando, ay cielo preso por aquel infeliz, y mal suceso, la di a Leonor la mano, y seis meses también amor tirano, que a quererla porfió violentando a mis ojos mi albedrío, porque ya que no el gusto, quiera el arte obligarme a quererla, o olvidarte, mas como en competencia tan notable, no le quedo a mi albitrio la memoria, yo que a tu albitrio quedo, no te puedo olvidar, ni amar la puedo, y así vivo de suerte, que el vivir, es engaño de la muerte, pues pensando esto, es cierto, que quien tanto padece, ya esta muerto, como cosa perdida me han dejado y solo vivo por razón de estado para ver a mi esposa esquiva siempre, y siempre desdeñosa me tiene. No prosigas, ni lo que temes a los labios digas, porque esta política del duelo, de un temor, de una duda, de un recelo, nace, aunque nunca la pronuncie el labio, una injuria, una ofensa, y un agravio, y así encubre celoso estando escrupuloso, el honor, aunque sea más honrado, y aunque no esté agraviado. si engañado lo piensa en su mismo temor labra la ofensa, pues para ser infame, si es marido. bástale sospechar que está ofendido, y no es razón, si tu quietud deseas, que estando mal contigo, que lo creas. Pues qué he de hacer, si ciego andando estoy con tal deesa sosiego, y así pues me dijiste aquella vez, que en la prisión me viste, que el hombre conocías que ocasiona quizas las ansias mías, dime quien es, por si es quien imagino, pues a hablarte así me determino cuando a tu casa vengo sin duda es mucha la ocasión que tengo. Bien has hecho Don Juan en declararte, porque pienso que bastó a asegurarte de este modo, que al corazón oprime. Cómo Violante, Dime, tienen tus celos dueño declarado? A solas muchas veces he pensado. Habla; pues que te digo te ha de importar el descansar conmigo. Con Don Lope. Ea acaba, que en eso solo tu remedio estaba. De qué manera. Escucha, y de mi voluntad que siempre es mucha, verás la mayor prueba, y la fineza por tu amor más nueva, que hasta hoy el mundo ha oído. Colgado de un cabello está el sentido. Casar Don Lope con Leonor trataba, que es el galán, que de secreto hablaba, y aquella noche triste con que a entrambos nos perdiste, te casaste con ella a su despecho, mas ya no puede ser más de lo hecho, el riesgo grande que tu amor corría me desuelo como secreta espía, a velar por momentos sobre los más secretos pensamientos, porque como te adoro, esta vez me perdone mi decoro, si ofendido te viera, es fueza que tu honor menos valiera, y que yo te mirara, quizas con otros ojos, y otra cara; y así firme, y constante, he de mostrar que soy más firme amante, y que no hizo la suerte demodo que pudiera aborrecerte, mas viendo que Don Lope en este tiempo, por gusto, o pasatiempo, si ya no fue por despreciar la pena, de ver su Dama ajena, me ronda, gime, y mira; y a mis balcones por mi amor suspira, yo que siempre del amor temiendo estaba de Leonor, porque acaba mucho una pena con amante brío, o lo que debes al afecto mío; por ser de tu honor parte, y por del todo haber de asegurarte, y también con intento de aliviar si pudiese mi tormento, quien tal imaginara, admitir grande amor, fineza rara, de Don Lope el amor, y galanteo, hasta que fue con obras el deseo, porque una noche más discreto eres, y suceso que empiezan las mujeres, por una noche triste, y infelice, sin decirse, se dice, y así tú lo imagina como sabio, que si el decir una mujer su agravio, es ciego barbarismo, mejor es informarte de ti mismo, y hasí tú lo sabrás con certidumbre, en efecto Don Lope es mi marido, yasta ahora encubierto lo he tenido, solo ha sido recato, la comunicación de nuestro trato, más ahora que estriba tu sosiego, en que Leonor lo sepa luego, le diré lo que pasa, porque se hiele, si en su amor se abrasa, esto tu amor me debe, pues una voluntad sola me mueve. si te precias de honrado, el deseo agradece, y el cuidado, y si alcanzas Don Juan que puedo en esto hacer más por tu honor, que lo propuesto, dilo, que dicho el modo, amor tengo en el alma para todo, para que vivas en tu amor sin celos. Imposible serán vive los cielos, y estoy ya que te he oído, ay Dios tan sumamente agradecido, viendo mi honor Violante asegurado, con tu nuevo cuidado, aunque siempre te adoro, y ahora no doy paso que no lloro los mal logrados de mi honor desuelos, y aunque se que los celos, son del amor la más terrible pena; y aunque el mirar te ajena, se que ha de darme desdichadamuerte, precio mi honor de suerte, y estoy en tal desuelo, que agradezco celoso aquese celo, que es la primera vez que su mal nombre, ha parecido bien a ningún hombre. Pues ya que estás seguro, y satisfecho, razón es que le pagues a mi pecho Don Juan esta firmeza, con no verme en tu vida. Qué extrañeza! Pienso solo ha de servirme, de acabarme, perderme, y consumirme, cuando el alma procura remedio en otro amor. Sentencia dura. Pues a dios para siempre, Qué desdicha! Nunca en los tristes dura más la dicha. Qué pena! Qué rigor! Qué desconsuelo! Así baraja la fortuna el cielo. Ay mi bien, ay mi cielo, ay mi señora, si de un alma de suerte que te adore, supieras los cuidados. Pues ya me voy, o llamo a los criados. Harto los llamas pues te vas huyendo. Harto me voy pues que me voy sintiendo, y así dijera, pero ya es muy tarde, a Dios señor Don Juan. El cielo os guarde, ̱s Nunca te he visto tan triste, ni a mí me lo ha parecido. Nunca tal causa he tenido, Pues decid en que consiste, pues gozando de Leonor el amor con tanto gusto, o sea justo, o injusto en los dos aqueste amor, tan descontentos vivís, que parece vive Dios, que sois el marido vos. Siendo así, que en tal estado, aunque de él estéis celoso, el galán es el dichoso, y el marido es desdichado. Es engaño conocido, que cuanto al gusto Beltran, aunque hace el tiro el galán, el dichoso es el marido. Porque el marido que piensa, que su mujer es honrada, nunca se aflige de nada, porque nunca cree la ofensa. Pero el galán que su Dama por ser ajena mujer, sabe que ha de amanecer con su marido en la cama. Aunque le ha de agasajar aunque lo contrario dice, este si que es infelice en el querer, y el celar, Pues quiere la Dama bien, y no la puede asistir, y la ve con otro ir, y ha de sufrirlo también. Y si el uno lo ha ignorado, y el otro lo ha consentido, el dichoso es el marido, y el galán el desdichado. Mas no es esta Beltran la causa de mi dolor, porque es más cuerdo mi amor penas mayores me están el corazón deshaciendo, pero porque no os quejéis, ni de mí no murmuréis, que de vos me ando encubriendo, escuchadme, y confesad. que la causa es suficiente. Si os escucho atentamente, preguntadlo a mi amistad. Ya sabes como Leonor después de haberse casado, solo por razón de estado pues fue teniéndome amor. Ella confusa, afligida, triste, turbada, y ajena, por remitirme su pena, y rescatarme una vida. Dueño de su honor me hizo, aunque fue mucho en su estado, esto de haberse tratado, tiene hay cielos un hechizo. Que no hay hora tan precisa, que no se rinda a partido, porque dos que se han querido se conciertan muy aprisa Dueño pues de su belleza para poderla gozar, ver hablar, y visitar, aquí mi desdicha empieza. Sin dar sospechas en casa, por lo que su honor estimo, que la disculpa de primo, ya en este tiempo no pasa, Bien mirar, y pasear a Violante sin querer, solo por dar a entender, que el rondar, y pasear esta calle por instantes, ya de noche, ya de día, de otra causa procedía. Que el ansia de los amantes es mirar por la opinión del dueño que amando están, trato de aquellos Beltran, que Nobles y honrados son. Que ya que otros desdicen tanto del ser que nacieron, que no estiman lo que hicieron si a todos no se los dicen. Apenas pues en Violante con aparentes enojos, puse hipócrito los ojos pues era fingido amante. Cuando en su amor tal agrado, y tal voluntad hallé, que en amarla me empeñé, porque soy tan desgraciado, que si de verás la amara, la desagradara yo, y me amo, porque importó entonces que no me amara, Ella me hizo en efecto cebada de mis amores; tantos honestos favores, que atrevido, y indiscreto. Presumiendo que sería remedio para mi honor, olvidarme de Leonor, pues ya Leonor no era mía, Por merecer la hermosura de Violante como esposo, la conquiste mes brioso, y una noche, que locura. Dándole tierno, y amante, de espo, palabra, y fe, tan de la ocasión gocé, que al fin gocé de Violante. Si bien confuso, y corrido amanecí desuelado, de una tan enamorado. como de otra arrepentido. luzga ahora cual podrá estar quien ama a Leonor, y de Violante al amor también obligado está. Aunque yo pues soy primero, que ninguna cosa aquí, y sin Leonor ay de mí! se que muero, vivir quiero. De su amor favorecido más amante, y más constante, y así perdone Violante, que aunque mal trato haya sido. Quien como yo tiene el pecho, y está resuelto a querer, aún ojos no ha de tener para ver lo que es mal hecho. El lance es bien apretado, como mi desdicha cierta. Mas de Leonor a la puerta. un pañuelo han enseñado, que es la seña de mi amor. Lleguemos halla. Es Ines? Es quien tu criada es. Ah venido tu señor? No ha venido. Puedo entrar? No está en casa mi señora. Pues dónde? Pasó ahora por divertir un pesar con Violante a entretener. Leonor esta con Violante? Celoso sin ser amante, es fuerza reconocer dos hombres, que están Gárito a la puerta de mi casa. Pues a Dios, que gente pasa. Qué error es, o qué delicto? Ver a dos hombres parar, es darme que sospechar. Y quien no sospecha nada, porque es bien intencionado, que ha de hacer? Lo que yo hiciere. Eso se hará si pudiere. Y Violante ha sospechado algo de esta voluntad. Ya pienso que se acabó. Y Leonor, diralo? No, que aunque es tanta su amistad, como es franqueza en efecto la calla por sí, y por mí, y por su esposo, y así todo viene a estar secreto. Y habéis de ver a Leonor? Si veré, pero encubierto estaré como es concierto. Este es Don Lope, y mi honor se admira, que como amante ronde, y registre mi casa. Venid. Pero ya se pasa a la casa de Violante. Ves señor como no fuera justo haber hecho otra cosa? El tendrá mujer hermosa. Esta es ahora la esfera a donde voy a vivir, aquí por mi vida vengo, y aquí toda el alma tengo, Que más claro ha de decir, que a Doña Violante adora. Todo el tiempo lo mudó, ayer, si me pareció mal esta casa, no ahora, o lo que puede el amor, se me va el alma tras ella, mas tal joya tengo en ella. Esto es decir que a Leonor quiso un tiempo, y que ya quiere al dueño de aquesta casa, pues por Violante se abrasa, hoy toda mi duda muere, pues de él, y de ella he sabido lo que no puede negarse que bien es desengañarse tan claramente un marido. Pues id os vos allá dentro por si puedo verla hoy, porque en no viéndola estoy como fuera de mi centro. Veala muy en buen hora, porque aunque celos me dé, contentísimo estaré de que adore a quien adora, pues mi honor no se profana. Adiós, porque es ya muy tarde. Mil años el cielo os guarde. Y veámonos mañana. Entrose, y pues satisfecho de mis celos vengo a estar, no quiero en mi casa entrar, que un hombre que a su despecho se ha casado sin querer, a la mujer que recibe, solo vive mientras vive ausente de su mujer. Siempre de una misma suerte, en mi casa, y en mis ojos serás Leonor recivida, Bien se ve que lo conozco, pues en todas mis desdichas de tu amistad me socorro. Yo también te he menester para hablarte en un negocio, que importa mucho. Pues ya, yo por hecho lo supongo, si es cosa que está en mi mano, porque de suerte, de modo he menester tu favor, para un intento amoroso, que haré imposibles por ti, si como pienso lo logro. Pues en que puedo servirte, Dijéronme que mi esposo estaba ahora contigo, y como la causa ignoro. Si son celos, son injustos. De que tal digas me corro, Pues qué ha sido? Cómo anda estos días receloso, Si tú no das ocasión a sus dudas, y su antojo, poco importa en las pabres ha mostrado unos asomos, de recelos de Don Lope; pero yo que lo se todo, demodo le he disvadido, que aún solo pensamiento, no lleva contra la fama de sospecha de su enojo. Hiciste me un grande gusto. Antes fue servicio corto, pues decir una verdad, que con las manos la toco, mas fue razón, que lisonja, mas fue deuda, que soborno. Es así, mas porque veas que me ha importado, y no poco lo que has hecho, estame atenta. Di Leonor, que ya te oigo, aunque con mil sobresaltos, (. por más que al alma dispongo. Ya sabes que me casé con don Juan de Silva solo, por estarnos bien a entrambos. Yalo se pues que lo lloro. ( Y que antes de casarme con lágrimas de mis ojos, te rogue que le dijeras, que quería bien a otro, para que no se casase. Ya se lo dije yo todo, pero díjele también, como ya era notorio, que tu amor no había llegado mas que a querer para esposo a Don Lope, y en efecto viéndose apretar de todos quiso vivir. Hizo mal, que quien es tan animoso, que con mujer que a otro quiere, quiere casarle, o es loco, o parece que su ofensa casi la festeja el propio, porque quien infre el amago pasara por el oprobio no te espantes, que a Don Juan le culpe tanto, que como es en mi cualquier delicto, siendo quien soy tan impropio ando buscando disculpa, porque después en su abono cuando llegues a juzgarlo, te parezca más piadoso, Tu delicto? Yo delicto, porque en un mar de sollozos, viéndome anegar llorando, pues vivo sin lo que adoro, y que es Don Lope la causa. Vete mujer poco apoco, que me vas rompiendo el alma, . pero callar es forzoso. Me resolví. No te turbes. Es que la vergüenza al rostro se asoma como en ventana Qué importa, mujeres somos entrambas, y yo tu amiga. Satisfecha estoy de todo, y así digo que a Don Lope Tu primo? Mi primo, el propio. (Adelante, yo estoy muerta.) Mejor lugar que mí he poso tiene en mis pechos, y brazos, pues que me goza, y le gozo, verdad es, que he procurado mi Violante por mil modos encubrirte este secreto, que dentro del alma escondo, porque en efecto es flaqueza, con que mi valor desdoro, y porque también Don Lupe, que es recatado, aunque mozo me ha pidido que la calle. Eso creo yo muy bien de sus respectos honrosos, válgame Dios. Pero viendo, que ya Don Juan cuidadoso repara en nuestras acciones, y aciende a nuestros coloquios, y que hablarnos en mi casa después de ser peligroso, en mí de poca modestia, y en Don Lope mucho estorbo me ha parecido, ay Violante perdóname si me arrojo a valerme de tu amor por ser como te es notorio mi mayor amiga, y quien aunque más yo no lo ignoro de mi gusto se ha de holgar, como yo lo hiciere, y todo. Don Lope vendrá a tu casa cuando el sol sus rayos rojos, haya escondido en el mar para alumbrar otro polo. Y yo me vendré también, pues con ese intento solo, para tu cuarto hice puerta. y así sin rastro, ni asomo, de sospecha de Don Juan, que es en fin dueño forzoso, nu estro amor prosiguiremos, cuyo aumento, cuyo logro, deberé a tu diligencia, a cuya piedad me acojo, como ha sagrado del alma, donde lo que pierdo cobro. Y yo amiga te prometo para este gusto en retorno, alma, libertad, honor, hacienda, vida, y reposo. Dédico, ofrezco, y consagro, sacrífico, entrego, postro a tus pies para servirte: mas de qué es el alboroto? Ines, señora te esta llamando, porque tu esposo ha venido. Pues adiós te queda, esto es forzoso, y no es bien que me eche menos cuando su quietud apoyo. Mañana volveré a verte con más tiempo, y más reposo, y hablaremos más de espacio, Dios te guarde. Y a ti y todo, o no es verdad lo que miro, o no es verdad lo que oigo, o no es verdad que estoy viva, porque no puede ser todo. Son tantas hoy las desdichas con que el cielo riguroso me aflige, que aún no las siento, porque no les hallo el fondo. Don Lope ingrato profana la fe, y palabra de esposo, Leonor atrevida ofende lo sacro del matrimonio. Don Juan deshonrado vive, y yo que a mi cargo tomo su seguridad, soy quien mas le ofende, y le deshonro, pues le hago seguro el daño, y le dejo en el oprobrio. Y así turbada, y confusa, como quien navega en golfo, topa a cada sombra un monte, porque si a Don Juan le doy parte de aquesto, es forzoso que dé la muerte a Don Lope con que la pierdo del todo, pues queda en mi honor su honra, y mi culpa sin abono, si se la callo a Don Juan, y a Leonor la digo solo, está tan ciega que temo mas que su enmienda, su enojo, porque nunca le embarazan a quien ama los estorbos, y si a Don Lope lo digo, y la cólera desfogo, de mi gusto sentimiento contra su amor ocasiono, a que me pierda el respecto, que lágrimas, y sollozos, de mujer que se gozo cuestan mucho, y valen poco, y más quien estima a otra, pues consentiran mis ojos mi agravio, y el de Don Juan, que aún de decirlo me corro. Es imposible, pues cuando hacer se quisiera todo, mi honor a su misma afrenta, que es un pensamiento loco. A la de Don Juan no puede, ni podrá del mismo modo, siempre lo estimo, y le quiero, y siempre suya me nombro. Que aunque el amor de Don Lope ha sido en mí tan costoso, para lo del alma es nada pues con él me empeño solo. Porque es honor de Don Juan, y por buscar desahogo, a las penas que he sentido curando un daño con toro. De forma que en dos modos soy mariposa que compro, sino la vida, la llama sino el consuelo, el abono. Amo en Don Lope mi honor, busco en Don Juan mi reposo, temo allí, lo que aventuro, finjo aquí, lo que no cobro. Y entre el temor, y el engaño, y entre el regalo, y el gozo, ni muero de lo que estimo, ni vivo de lo que adoro. Mas qué es esto, yo permito al sentimiento sollozos, suspiros al corazón, y lágrimas a los ojos. Cuando brota el alma agravios, como al aire nieve copos, como el alba hielo en grumos, y rayos el cielo en soplos. Con desvergüenza, y injurias tiñendo de infamia el rostro, con traición en la apariencia, deshecha la vida en polvos. Y en vez de vengar agravios a referirlos me pongo, a contarlos me detengo, y a llorarlos me acomodo. Bajen bajen de su esfera ardientes rayos en hombros del aire, consuma el fuego estas lágrimas, que lloro, estas quejas, que me ahogan, estos suspiros, que formo, y truéquense las ternezas en buscar trazas y modos. Para que quede vengada de Don Juan la honra en todo, y así guardé de mi honor, el ya perdido decoro. Que después de asegurado siendo Don Lope mi esposo, sino bastaré con él sobre ruegos amorosos. Lágrimas, ansias, suspiros, razones, penas, y enojos, bastarán iras, y afrentas, escándalos, alborotos. Y atrocidades, que corran calientes de sangre arroyos, por Setubar, y Lisboa, porque si el cielo piadoso permite en el suelo agravios, vengancas permita y todo.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Déjame por Dios. Qué tienes? Oh fortunilla cruel, Estás casado? Soy cuerdo. Tienes hambre? Hoy almorce. Ay dineros? Los que bastan para no haber menester. Estás enfermo, que tienes, quieres bien? No quiero bien, ni en mi vida quise a nadie. Dios te de salud. Amén. Eres calbo? Soy dichoso. Y cochero. Soy cortés. Tienes pleitos? Estoy gordo. Deves? No soy mercader. Callas algo? Soy Garito. Haces versos? No. Por qué? Porque no se decir mal, que es lo que se ha de saber. Pues que tienes, habla, di, qué hay de nuevo? Que ha de haber; la puta que me pario. Luego ya volvió a nacer? huélgome porque me dicen, que era muy buena mujer. Dejémonos de donaires, porque yo no vengo afe para burlas. Por qué causa? Por qué causa? porque a ser voy aprendiz de difuntos. A dónde, cómo, o por qué? A dónde? al brasil lugar, que ha ganado el Holandes, dele Dios lo que merece, y a mí me lo dé también. Pues por qué? Porque mi amo Capitán nombrado es de estas Villas, con que he dicho a donde, como, o porque. Al fin que Don Juan se va? Pues Luisa que ha de hacer, si desde ayer que se supo, no hay fidalgo que no esté por su Rey, y por su patria, con hambre canina de Castellanos en gígote, Calbinistas en pastel, y Holándeses en alminar. Y tú di, piensas vencor mucha de esta gente. Cómo, sino nos pueden caber a tajada por persona, porque van allá también seis mil rayos de Castilla, y aunque no se para que, pues para rendir el mundo a coces, y puntapiés, bastaban cien Castellanos, y sobraba un Portugues, que todo viene a ser uno, no es bueno, que con no ser el Holandes mi pariente, porque jamás le traté, ni me ha tomado una mano, me hace lástima por ver, que Castilla, y Portugal, es llevarle de una vez la Unción, la Cruz, y el Doctor, porque es imposible, que en viéndonos no se mueran de nosotros, como quien se muere de una terciana, porque cada Español es un soliman para cada enemigo de la Fe, un tabardillo con cola, y una modorra con pies, mas tu ama viene allí. Pues a Dios hasta después. Tierno voy. Pues qué te vas, dime, que piensas traer? Con esto me ha endurecido, Pues yo te maduraré. Que no hay ausencia sin traeme. Qué dices. Que te traere muchas cosas de importancia. Qué por vida mía, qué? Mea figura, y mea persoa, que es lo más que puede ser. En efecto os vais. Es fuerza, porque lo es en mí el hacer lo que tengo obligación. Mortal estoy, Luisa sale, y dile luego a Leonor, que me venga al punto a ver para un negoció que importa a las dos. Volando ire. Dile también, que conmigo esta Don Lope, anda, ve. Ya voy señora a servirte. . Por Dios que hemos de saber, y averiguarse Don Lope estas cosas de una vez, no pretendo yo que vos siendo quien sois os quedéis, y más estando nombrado por Alferez, bien se ve, pero quisiera señor, aunque espero que vendréis con salud. Qué? Qué primero pues al cabo se ha de hacer. Eso es decir que me case, y ahora tiempo no es. Porqué? Porque falta tiempo. Pues qué tiempo es menester? Es menester prevención, Yo Don Lope la tendré. Para que si me voy luego. Si os vais luego decís bien, válgame Dios lo que sufre una infelice mujer, A que se ve como me veo, puesto el honor a los pies de un ingrato. Qué decís? Digo pues que no queréis, que sea cuando queráis, Lo que yo aseguraré es que volveré muy presto. Porque Don Lope, por que? Violante, porque en Setubal dejo el alma. Ya lo sé, dichosa yo que merezco tanto favor, y merced. Que mal entendió mi amor. . Qué bien penetró el doblez, . de sus confusas palabras. Siempre mi amor grande fue, y más ahora, que pierdo la hermosura, que adoré. No es perder el ausentarse? Llamo perder el no ver a su dueño. Que soy yo, viváis mil años amén. A traidor. Bien lo ha creido, más decid señora quien entra por aquellas puertas? Leonor es, no os alteréis. Cómo que no? muerto soy si con Violante me ves, yo me escondo. Pues qué importa, que vos en mi casa estéis? No está bien a vuestro honor, que es mujer, y puede ser. Ya estáis Don Lope entendido. Violante quien quiere bien, ha de ser muy recatado. Muy cómo quién sois hacéis, más ahora. No hay que hablar, yo me tengo de esconder. Pues escondeos, no os importa, que antes de mucho saldréis a descubrir la verdad. Lindamente me escapé. Violante. Leonor amiga. Oh que bien se echa de ver tu cuidado, aunque yo estoy tan fuera de mí, después que he sabido aquesta ausencia, que aún no se si acertare a agradecerte, mas dime, Don Lope dónde se fue? que Luisa me dijo ahora, que hablando estabas con él. No se fue, que se escondio cuando subías. Porque si sabe que eres mi amiga. Por eso debe de ser. . Perdido soy si lo dice. Pero yo le llamaré, señor Don Lope, salid. Todo se ha echado a perder, que diré que estoy difunto. . Don Lope, primo, mi bien. Señora no estoy en mí. Cielos aquí es menester vuestro amparo. Hablad Don Lope, que aunque viendo nos esté Violante, no importa nada, porque es amiga, y aquien para lograr nuestro amor toda el alma le fíe, que temes, dame los brazos. Téngase Van. que hay mucho que averiguar primero que se los dé. Muerto soy. Qué es lo que dices? Que porque no os admiréis de una novedad tan grande, la historia de todos tres, me escuchéis si sois servida, que en sabiéndola yo se, que ni a mi honor ofendáis, ni a vuestro primo abracéis. Por qué razón? Escuchadme pues que lo queréis saber, vos quisistes a Don Lope, y él también os quiso bien. Vos os casastes con otro, porque así forzoso fue, Don Lope quedó sin vos, y vos quedasteis sin él, Fortuna que sigue a muchos, Don Lope me vio después, enterneciole mi amor, no me espanto, es Portugues. Admití su voluntad, no fue mucho, soy mujer, diome palabra de esposo, claro está templo el desdén. Tuvo ocasión, es discreto, lo demás no es menester decirse, que hay muchas cosas de calidad tan cruel. Que solo cuando se callan, se dan mejor a entender, gozó de vuestra hermosua en este tiempo también. Esta es toda la verdad, y es fuerza que confeséis, que os quiso a vos para Dama, pero a mí para mujer. Y en efecto yo soy suya; y perdonad esta vez, los amores, y los brazos, pues no parecera bien. Qué delante de mis ojos a mi esposo enamoréis, esta es toda la verdad, vos Leonor sois muy cortés. Don Lope muy Caballero, Don Juan muy hombre de bien, y yo muy amiga vuestra, mirad lo que habéis de hacer. Para que yo tenga honor Don Lope me guarde fe, Don Juan no vuelva celoso, y vos segura quedéis. Aquí mi engaño acabó, aquí mi pena comienza. El alma tuvo vergüenza de escuchar lo que escuchó. Válgame Dios. Caso extraño. Entrambos muertos están. Ah fementido galán. Eso si sepa su engaño, porque principal, y honesta se enmiende. Qué puedo hacer? Ya tardáis en responder. No es tan fácil la respuesta, que se puede atropellar, pero si ya estoy perdida, y ya no estimo la vida, de que me sirve dudar. Escúchame atentamente, con que de contrarios lucho, porque he de decirte mucho, y todo muy brevemente. Negarte que estoy mortal, fuera desalumbramiento, que tengo conocimiento, y he nacido principal. Y encubrir lo que pasó fuena modestia infelice, porque nunca se desdice una mujer como yo. Decirte que no querré a Don Lope es desvarío, porque no está en mi albedrío, no adorar lo que adoré. Porque quien amando muere después de un lance preciso, pudo querer cuando quiso, mas no osvidar cuando quiere. Persuadirte a que el respecto tuyo me puede obligar, a que le deje de amar en público, o en secreto. Es una vana locura, porque lo que no ha podido el honor de mi marido, el ser de mi compostura. Y el ver que noble nací tu amor no lo ha de poder, porque por ti no he de hacer lo que no puedo por mí. Entendor que el desengaño me desmaya, y desfallece, es engaño que antes crece con el desengaño el daño, Pues pensar que ha de sufrir tu amor queriéndole bien, es disparate también pues no he de querer morir. Demanera, que no hay modo, ni es posible, que se tope, para dejar a Don Lope aunque lo aventure todo. Mas porque tu amor no diga, que estoy contigo sobrada, y que por ti no hago nada cuando me doy por tu amiga. Digo que lo que pudiera darte por remedio aquí, es qué Don Lope, (ay de mí) delante de mi dijera. Pues es el mejor testigo, que el goza tu voluntad, y que en efecto es verdad, que ha de casarse contigo. Que si esto dice tal soy, que aunque se, que ha de matarme, de su amistad apartarme cuando adorando le estoy. Primero me haré pedazos, que le hable, ni le vea, como yo conozca, y crea, que tiene vida en tus brazos. Porque el desaire mayor en mujeres de buen arte, es ir con otra a la parte en los gustos del amor. Y así trata que ello diga para dividirme de él, porque si prosigue el es fuerza que yo prosiga. Haz cuenta que ya has perdido a Don Lope, pues es fuerza, aunque de su gusto tuerza confesar que es mi marido. Hablad Don Lope. (ra. Si haré. . Para matarme se Difunta Leonor esta, aunque no tiene de que, porque llegado a apurar, no hay obligación tan grande, que me fuerce, o que me mande, que la deje de adorar. Qué dices? Qué he procurado cuanto he podido excusarme, como se ha visto de hallarme en lance tan apretado. Pero es fuerza que contigo, o conmigo quede mal, pero pues mi suerte es tal, digo. Dilo aprisa. Ya lo digo, que a Leonor quiero y adoro, aquien desde que nací alma, y libertad rendí. Perdóneme tu decoro, porque aunque ingrato me llame tal estoy si he de perderla, que por ser firme con ella, seré con tu honor infame. Y así trata de no hacer alboroto en el lugar, porque no me he de casar, ni a Leonor he de ofender. Visto lo que respondió? claro está que he de decir, que no te puedo servir, porque soy primero yo. JOIIICIIII Es tanto mi dolor, es mi tormento tan otro del que usan vulgarmente, que si se alivia el mal cuando se siente, ya de puro sentirlo, no lo siento. Y si no le faltó conocimiento para quien tanta sin razón consiente, o ha de rendir la vida al accidente, o no ha de confesar entendimiento. Don Lope está adorando a mi enemiga, Leonor contra mi honor también le adora, engañado Don Juan no lo castiga, y yo que miro este desprecio ahora, que se yo como estoy, otro lo diga, porque que quien más lo siente, mas lo ignora. Aunque conozco señora del disgusto con que estás, que la nueva que te traigo el pesar ha de aumentar. No me parece que cumplo con ser criada leal si de ella no te doy parte. Pues dila sin recelar, que me pueda dar más pena, porque ya mi pecho esta tan lleno de ellas, que es fuerza, que cuando esa quiera entrar le responden las de adentro, que no caben más allá, Y si ya no tengo en mí para otra pena lugar, que importa, que me la des, no habiéndola de tomar. Pues digo que hablando ahora con Ines en el portal, como ignora totalmente lo que pasa por acá me digo, que concertados Leonor, y Don Lope están en que han de verse esta noche. Cómo. Volviendo al lugar Don Lope desde la puente en partiéndose Don Juan. Válgame el cielo. Parece según alterada estas, que también para esta pena lugar en el pecho hay. No has visto Luisa cuando una persona Real allega a un grande concurso, que se apretan las demás. Porque pase aunque no tenga bastante capacidad, que siempre llega temprano el que por su sangre es más. Pues así mi torpe pecho con las penas que le dan, aunque estaba reventando viendo la mayor llegar. Hizo apartar a las otras por de menos calidad, para que cupiese aquesta, que siempre para un pesar por ocupado que esté sobra en el alma lugar. Ay Don Juan, hay honor mío, ay ingrato, hay deseal, ay de mí que lo he de ver, mas de que sirve llorar, cuando la ocasión venganza a voces pidiendo está. Ya tuvo fin la blandura, ya se acabó la piedad, ya se rinde la modestia, y al silencio dejo atrás, porque fuera valer menos aguardar a sufrir más. Luisa ven Para que lleves antes que anochezca ya dos papeles. Para quién? El uno es para Don Juan. y el otro al corregidor. No ves que Don Juan se va? Pues para que no se vaya sin honor de Portugal. Pues qué pretendes? Pretendo, pero después lo sabrás. Advierte. No hay que advertir. Mira. Ya no hay que mirar. Considera. Ya es muy tarde. Repara. Ya es por demás, porque quien no tiene honor, no tiene que reparar, hay pena, hay furia, hay rabia, hay llanto, hay mal. que conjurados en mi muerte estáis. Marche el campoque aunque es tarde hay orden particular, para salir del lugar en haciéndose el alarde. Si preguntare por mí el Capitán. Qué diré? Que con Don Basco pasé adelante. Harelo así. Que de gente tan valiente has juntado en solo un día, gente va en la compañía para hacer mucha más gente. Pero parece que estás triste. No se lo que siento, que voy con desabrimiento. Pues ahora no dirás, que no te quiere Leonor, porque ha sentido esta ausencia en extremo. Es evidencia, ya estoy cierto de su amor. Mas qué importa que lo esté si el alma firme y constante siempre idolatra en Violante, y más ahora que se. Que tiene a Don Lope amor, mas pues no puedo estorbarlo dame Gárito el caballo, prosiga, y siga el tambor Que a ofrecer al Rey la vida nos convida esta contienda. Por cierto a linda merienda el atambor nos convida. Pues nos convida la fama cuyo espíritu inmortal en cuadernos de metal por el Orbe se derrama. Miren, y que consolado lo dice, y de que manera, como si la fama fuera algún belugo empañado. Vivar queréis. Es así. Y pienso que no es bajeza, sor Gárito ce. Es amí? Sí señor. Por Dios es Luisa. Luisa, pues dónde vas? A darte aqueste, no más, y volverme muy de aprisa. Pues aguarda la respuesta. No me puedo detener. que la respuesta es saber. lo que en él se te amonesta. . Sin aguardar más razones se fue. Pues abro el papel. Lee de presto. No hay en él mas de estos cuatro renglones, si se apartare de vos. Don Lope, venidme a ver que os habré de menester, y os importa, guarde os Dios. Corazón, estoy suspenso, y más, mientras más la paso, Vive Cristo, que es mal caso, pues que piensas? Nada pienso, pero es muy para pensar el no saber lo que intenté, lo que yo se solamente es, que me invía a llamar, y que a su amor debo yo el honor, por lo que se, Y así, lo que en esto haré, es ir, porque me llamó, o me importa amí, o a ella, si a ella, yo habré cumplido con haberla obedecido la obligación de quererla, Si amí, mi negocio ago, en lo poco, que aventuro, pues mis celos aseguro, y mis dudas satisago, y ansi vamos a saber si va delante Don Lope, porque como no le tope, al punto me he de volver. Eres noble. Soy amante, aunque vivo en otra esfera, a fortuna, quien pudiera ser esclavo de Violante. En efecto entrar le viste. Cómo estaba con cuidado aunque entró muy disfrazado, fue fácil. Muy bien hiciste. Sí, mas antes que te arrojes, advierte, que te aventuras. Si darme gusto procuras calla, y vete. . No te enojes, que esto es solo haber temido lo que puede suceder. Luisa, lo que has de hacer es, que en habiendo venido Don Juan sin hacer rumor, ni decirle nada a él, llevar es aqueste papel volando al Corregidor, lo de más no es para ti, y más viendo que estoy loca. Atí el mandarme te toca, y el obedecer amí. Acción parecerá sen al mundo, y a Dios también, llamar a un hombre de bien para que su afrenta vea, porque el culpado no sea, venga, y hallese vengado, que en vez de estar enojado, se dará por bien servido, pues quien le aviso ofendido le tiene desagraviado. Leonor el nombre ofendió de Dicuan, y el duelo puede hacer, que ofendido quede por la causa que otra dio. Mas pues una le agravio, otra que en amor exceda será razón que suceda, pues fuera error singular que una le pueda agraviar, y otra vengarle no pueda. Si el vulgo Juez ha de ser de Don Juan, y de mi honra, antes que nuestra deshonra, la venganza ha de saber tengan sus ojos que ver. Cuando murmuren sus labios, pues son los medios más sabios de enmudecer enemigos, que se sepan los castigos primero, que los agravios. Y así, pues que la ocasión me convida, vengaré de mi honor, la injusta fe, y Don Juan la opinión en su muda suspensión. Duerma el silencio esta vez, de su delicto soy Juez, yo llego ya, abro, ya abrí, quédese la puerta ansí, porque entre Don Juan después, Sin ser de nadie sentida , abrí, entré y he llegado, de Leonor hasta el estrado . que lo ha de ser de su vida aquí una luz encendida, se ve, sobre aquella almoada, esta una daga arrojada, la voz de Don Lope allí, se escucha, mas ay, aquí está su capa, y su espada. Pues como tan descuidado esta, quien con tantos riñe, que la espada se desciñe, y la deja de su lado, sino es que ya su pecado viendo cerca la justicia, y que prender le rodicia con evidencia forzada se adelanta a dar la espada conociendo su malicia. Mas para que me detengo cuando me estoy abrasando de rabia, y cólera, cuando a cobrar mi opinión vengo, crueldad espero, yo tengo causa para la crueldad, que es injusta la piedad que no castiga un error cuando padece el honor por ajena voluntad. Si un hombre encuentra su esposa, con el galán que la trata, no los yere, no los mata sin apelar a otra cosa. Pues porque, si esta celosa, y su agravio llega a ver, no ha de matar la mujer, o porque razón desavió. Ah de ser uno el agravio, y la ley no lo ha de ser? y así mueran, porque muerto por un delito tan ruin mis desdichas tengan fin, y lo tengan sus conciertos, y pues de sus desaciertos son tan ciertas las probanzas acaben sus esperanzas como apurar solicito pues merece su delito de un castigo, dos venganzas. Aguárdate tu halla fuera, porque no puedes entrar. Como tope que cenar, ninguna cosa me altera. Tú Don Juan, entra en buena hora. He tardado? . No señor. Y Violante? . Qué rigor. a tu casa pasó ahora, temblando de miedo estoy. Y Don Lope vino ya? ne Don Lope a También en tu casa está, y con esto a Dios, que voy a decir que estas aquí porque vengan ella, y él, voy a llevar el papel pues me lo mandan ansí. En muchas dudas me anego el corazón alterado me inquieta, que me ha turbado, que estoy con desasosiego, Luisa afligida va. La puerta de aquesta casa a la de mi cuarto paña, Don Lope ha venido ya, con Don Lope esta Violante y Don Lope con las dos, pues a que, válgame Dios. Mas si celoso y amante soy, como dudo de entrar, para no estar como estoy a apurar mis dudas voy, o a salir de este pesar. Gente apenas he sentido, . hasta aquí su celo extraño. Jesús. . Mas si no me engaño a esta parte siento ruido. ( muerta soy, válgame el cielo, . Juana. Ines. . Muere alevosa. Esta es la voz de mi esposa, pues que dudo, que recelo, que temor conmigo lucha, que a socorrella no voy. Quién va. . Es Violante. Es Don Juan? . Sí (vio, pues escucha. Ya sabes que Don y que yo recelosa de otro mayor empeño de mi amor, por el tuyo, le hice dueño, que celos del tuviste, que yo te aseguré, que lo creiste, que el Virrey os llamó para un alarde, que os fuistes esta tarde, que te escribí con Luisa que se vino Don Lope a toda prisa, y luego tú a deshora todo lo sabes, pues escucha ahora. Yo supe, que tu esposa te agraviaba, que el de mí se burlaba, que ella tercera de su amor me hacía, en fin, qué dispoma aquesta noche con injustos lazos repetir los amores, y los brazos, yo lo supe señor, y por los ojos las furias, los enojos, y rayos escupiendo, tantos, que al grande, al espantoso estruendo se estremeció la tierra de un fracalo, mas no quiero cansarte, voy al caso. Entró Don Lope (ay triste entró en tu casa) solo en pensarlo, el alma se me abrasa, yo por aquesta puerta atrevida, aunque muerta, briosa, aunque turbada, sin luz, que no la piden los agravios temblándome los labios arrugada la frente con ceño el rostro, y la color ausente, el pecho muerto, y viva la congoja. Que estas las señas son, de quien se enoja. llegué a su cuarto, adonde estando atenta a la tuya, y mi afrenta, para poder decillo, me acobardo con aquesta que guardo, hoja hacerada, del color teñida, vengué el agravio, y les quité la vida. Mucho el valor parece, pero como quien tiene de escribir algún asomo, si la mano le lleva su maestro, aunque no esté muy diestro teniéndole por guía hace con él, lo que sin el no haría, así no fue milagro, que viviendo tú en mi pecho, y teniendo tu nombre por amparo, as. entonces mi valor fuese más raro, porque aunque yo mataba, eras tú, quien la mano me llevaba, en efecto a Don Lope pasé el pecho por señas que sospecho, según le huyo la vida presurosa que estaba de dejarle recelosa, porque hay hombres de vida tan perdida, que está con ellos mal su propia vida, y así, cuando se acerca el postrer vale, antes de tiempo a descansar se sale. muerto cayó en el suelo mi enemigo, y Leonor, que el castigo temíó de mi denuedo tan de todo murió de solo el miedo, que después con la herida tuvo menos calor, no menos vida, no impidio mi venganza el ser Leonor tu esposa, que mudanza, antes estando el pecho satisfecho, que no eres tú quien ocupaba el pecho como encontrarte en él, no recelaba, las heridas sin miedo ejecutaba, esto es todo el suceso verdadero, yo lo supe primero, y por esto primero lo he vengado. y con la sangre de los dos dejado en descrédito suyo, satisfecho mi honor, y libre el tuyo, y así para que de ella, y mi enemigo, agradezcas y admires el castigo, que su sangre derrama. vuelve señor los ojos a esta cama, y pues tienes honor, por quien te adora, mira lo que te toca hacer ahora. Las dos honras, y el valor, el agravio, y la venganza, L r están compitiendo a un tiempo sin conocerse ventaja, y así respondiendo solo a tus postreras palabras, digo, que pues para ti estas ya desagraviada, y mi honor te debe ahora la seguridad que alcanza, te doy la mano de esposo, y antes que de aquí me vaya lo he de ser, mas que ruido es, el que en mi casa anda. Señor. Señora. Acabad. Que os turba, que os acobarda. El ver aquesta desdicha, y el ver tan bien. Cosa extraña. Que el Corregidor esta con otros que le acompañan cercando todas las puertas. Pues hay más que se las abrán, decidle que entren en buen hora. No temas, que todo es traza de mi ingenio. Bien esta, más dame tu aquesa daga, y déjame hacer a mí. Que bien me entendiste el alma. Que mucho, si vive en ella, disimula, escucha, y calla. Aunque ve, para mi amistad es sagrado aquesta casa, esto no puede ser menos, siendo quien soy, porque acaban de darme ahora un papel, que dice en pocas palabras, que importa para excusar, no sueeda una desgracia. El prenderos esta noche, y se ve que no me engañan, pues habiéndose partido la gente de vuestra escuadra, os habló ahora en Setubal, y de esta suerte muy clara se ve la verdad de todo, y así mientras que la causa se averigua, será fuerza os quitéis Don Juan las armas, y que conmigo vengáis. Esta señor es mi espada, mas porque los que conocen mi honor, mi sangre, y mi fama, es justo que todos sepan, y más con muestras claras, la causa porque voy preso es esta. Desdicha extraña. Yo lo supe en el camino, y soy Portugues que basta para que honrado receloso les diese de puñaladas, haced vuestro oficio ahora. Tiene tantas circunstancias la causa que por prisión basta que tengáis mi casa entre tanto que doy parte al Virrey de lo que pasa cuyo perdón se acierta siendo tan justa la causa. Pero eso os acordáis el casamiento excusaba, que nunca trae menos daño una voluntad forzada. Ya me acuerdo, más venid, mientras lo demás se traza. Lindamente a sucedido. En todo acierta, quien ama, la mano esta vez te doy. Y yo con la mano la alma, que siempre Don Juan fue tuya. Luisa, por halla se casan. Pues envido. Y yo mi resto, ya que esta Comedia acaba historia tan verdadera, que no ha cincuenta semanas que sucedio, y si no es buena suplid, y callad la faltas, y si os agrada, el deseo estimad, de quien la paga.