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Texto digital de De los méritos de amor el silencio es el mayor

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Atribución tradicional
Andrés de Claramonte y Corroy
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Género
Comedia
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El texto ha sido preparado por Marina Mayor Rocher, Elena de la Fuente y Elena Caminero.

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Mayor Rocher, Marina, Noa Rodríguez y Lucía Sáez. Texto digital de De los méritos de amor el silencio es el mayor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/de-los-meritos-de-amor-el-silencio-es-el-mayor.

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DE LOS MÉRITOS DE AMOR EL SILENCIO ES EL MAYOR

JORNADA PRIMERA

Arma, arma, guerra, guerra Avancen los batallones de las tropas que se halla en tierra marchando en orden de batalla. A retirar, soldados, antes que corte los pasos a nuestra fuga con sus fuertes esquadrones, la caballería enemiga Arma, arma, guerra, guerra, Den los avisos del bronce señal a embestir, y el __ con broncos acentos forme anuncios a mi venganza, porque Creta no blasone de que el poder de mi brazo pudo resistir el golpe. ¿Contra quién heroico Marte Real invicto Augusto Joven de tanta militar hueste el luciente acero expones? Llega, Tebandro, a mis brazos. De mi lealtad los blasones a vuestros pies, gran señor, su exaltación mayor logren. ¿Qué defensa intenta Creta? Apenas desde las torres de la ciudad divisaron los vistosos pabellones que en tanta Naval Armada al viento, y al mar descoges. Cuando, más que a la defensa prevenidos de temores preocupados, ocupando, los distritos de las torres, Y levantadas las puentes ? El Rey su gente recoge, la cual, en número corto Imposible reconoce el resistir tu poder en campal batalla, donde el triunfo à que te previenes con más seguridad logres. La ciudad con fuertes muros __, y Bastiones, diestramente guarnecida, asegura sus temores, y más cuando bastimentos pertrechos, y municiones tiene abundantes, y así adviertan tus precauciones que ha de ser triunfo difícil el que con siniestro informe, de tu valor inducido a nuestra gente propones. Porque ninguno presuma que muevo el luciente corte de mi victoriosa espada con aquel pretexto enorme que la política indujo, que algunas veces de nombre, razón de estado, lo que es defensa de sin razones; en público manifiesto harán presente mis voces cuan airoso es el motivo que a esta empresa me dispone. El Rey Fisberto mi padre (que en el __ de los Dioses goza el inmortal asiento porque de Cetro mejore) tuvo repetidas guerras sobre antiguas pretensiones con este reino de Creta. . Y como siempre compone de los reyes las discordias, Un nupcial lazo tratose por acuerdo de ambos reinos que porque una mano logre de Tebas y Creta el cetro, acabado los horrores de Marte; pasase yo, a celebrar en la Corte de Creta con Rosimunda, su princesa, a cuyo nombre tantos príncipes tributan rendidas adoraciones. En firme amoroso lazo glorioso himeneo, con que se estableciesen las paces, entre aquestas las naciones. Mas cuando en el Gabinete Superior de nuestros Dioses un proyecto no se aprueba, en vano inventan los hombres, aunque el poder los anime Y la Ciencia les apoye, prometerse que en sus causas buenos efectos se logren. Dígalo el mirar, que cuando de Marte el sangriento estoque en las paces otorgadas, pareció embozaba el corte con más horroroso estrago le llegó a esgrimir entonces tomando por instrumento al Rey de Atenas que rompe perjuro a la buena ley la guerra sin dar informe de la causa que a esta acción le dio motivo, turbose Creta con la confusión que siempre en un reino pone una invasión impensada, siendo el más sañudo azote [que que experimentan los reinos, pues en confuso desorden destruyen, tal vez, su cuerpo Con los contrarios humores: aplicando medicinas que incesantes le empeoren hasta que exhausto de sangre él por sí mismo de postre. Aquesto sucedió en Tebas, pues en tímidos desorden olvidados de los triunfos que en repetidas acciones en el clarín de su fama Sonaron con eco acorde. Ni hay voces que les animen Ni valor que los provoque. El Rey, mi padre, advirtiendo que aquel que las paces rompe sin ocasión, ya publica el ser la ambición su norte, aunque con falsos pretextos la disimule o la emboce; Porque a lograr no llegara sus cautelosas traiciones salir dispuso en persona a campaña porque tornen con su ejemplo los vasallos, con más ardor los furores, de escarmentar tiranías, dejándome a mí en la Corte a aclarar de la guerra todas las disposiciones. Bien quisiera yo seguirle, mas como cautas disponen las leyes de nuestro reino, que hasta que Rey se corone ningún príncipe heredero salir a campaña logre perder su primer objeto preservar sus sucesores. Bien a pesar de mi orgullo hube de observarle entonces. La raya pisó mi Padre de Atenas, y puesto en orden de batalla lo bizarro de sus fuertes escuadrones, a tiempo que el rey de Atenas le esperaba señalose de ambas partes la batalla y como el primer informe que los clarines, y __ dieron del sangriento choque calmó el mar, tembló la tierra, el fuego en los corazones, pudo inficionar el aire, pues en sangrientos tesones nadie de que era mortal se quiso acordar entonces. Por nueve horas sucesivas la batalla disputose hasta que los dos caudillos llevados de los blasones, de adquirir para sí el triunfo sus reales esplendores inestraron con la sangre que el hierro en sus venas rompe lugar dando à que la parca, el hilo a sus vidas corte. Mas como los atenienses muerto a su rey reconocen, desesperados combaten, con los nuestros que en desorden a la fuga se entregaron sin haber quien los reporte. Quitándoles este día a los dos reyes los dioses a uno que su ruina sienta y a otro que su triunfo logre. Cantó Atenas la victoria, llegó la nueva a mi Corte de vuestra lealtad movidos Rey me jurasteis: yo entonces queriendo concluir el trato que a mi casarme dispone con la Princesa de Creta, a este efecto embajadores, al Rey su padre envió, para que sin dilaciones al punto se ejecutase, por poderes en mi nombre [y que y que en fe de los tratados que había entre las dos cortes para la guerra de Atenas su gente auxiliar me otorgue. Mi propuesta no aceptó, respondiendo era diforme acción entregar su hija a quien, aunque Rey conoce, consideraba rendido con fuerzas muy inferiores para resistir de Atenas los victoriosos pendones. Mi embajador despidió, y faltando a los tratados, las paces juradas rompe conmigo por asentarlas con el de Atenas; Causome asombro ver tal mudanza, y más al ver que propone casar a su hija con Lisandro, a quien por Rey reconocen los Atenienses, por hijo de Telamón, y aunque entonces no pude tomar venganza, se lograron mis rencores, luego que supe que surta sobre la espalda salobre tenía Lisandro su armada. Pues para que no le trastorne la fortuna la ocasión felice de sus amores, dispuso pasara Creta a recibir su consorte. Envidioso de su dicha con cuerdas disposiciones de Neptuno a la clemencia quise fiar mis blasones, y con una gruesa armada salí llevando por Norte la razón que me guiaba con el viento en popa inmoble. Mas cuando llegué a avistar sus naves a los furores del destino destrozada, su mayor parte, sin orden, su derrota proseguían. Mi gente que reconoce los bajeles enemigos, la batalla pide a voces y casi a vista de Creta el duro encuentro travose bien que no _ _ victoria el haber vencido nombres que donde no hay resistencia desairado queda el golpe. El _ mito elemento lo más de su armada sorbe, y el infeliz Lisandro en monumento salobre dejó sepultado el fuego de su amor; y hasta los dioses de su muerte las exequias celebraron con horrores, pues acabado el combate el ____ cristal rompen dando en vagos promotorios ocasión para el desorden de que labrase de espumas soberbios altivos montes conque en temporal deshecho su total destrozo llore. Yo favorecido del hado a Tebas arribé, donde celebraron mi venida festivas demostraciones. Sujeté el orgullo a Atenas haciendo que se corone Arsidas, que parcial mío mis intenciones apoye; para que así se conozcan del tiempo las mutaciones pues hoy recibe las leyes quien ayer leyes impone. Sentado aqueste principio que referí, no os asombre que a salir vuelva de Tebas a la empresa que interpone el valor a vuestra vista para vengar los baldones que este reino ___ [pudo pudo intentar a mi nombre; Y pues tu Tebandro, a quien encargué las precauciones de saber en el estado de gente, y militar orden que se halla, me has informado del gran peligro que corre nuestra gente en los asaltos, haz que el asedio se forme de la ciudad, que supuesto ser fuerza mi armada Corte el socorro por los mares. De gentes, y municiones han de ver por mar y tierra, que el fuego de mis rencores convierte en ceniza a Creta hasta que su error la informe de que a mi valiente brazo no hay traición que no se postre. Justo es, señor, tu venganza. ¡Oh adulación! Cuanto corres, El campo de la lisonja cegando con sin razones lo perspicaz del que necio tu engaño no reconoce. ¿Qué te parece, Tebandro? Si el consejo de un vasallo has de oír por si te importe, atento escucha, y verás que añadiendo a tus razones, lo que mostrarte pretendo podrá ser que más bien logres tu intención. Di, que ya atiendo. De dos causas se componen el empeño que te obliga a la empresa que propones. Es la primera el derecho que a este reino tienes, móvil que a tus vasallos alienta hasta que en él te coronen siendo su ilustre princesa tu heroica digna consorte; y la segunda es vengar el atrevido desorden, con que desaíran tus armas en fe de la paz que te rompen. Señor, este principio escucha lo que es forzoso te informa el tiempo que he estado en Creta disfrazado de tu orden, reconocí a los afectos que tienes dentro en tu Corte, como también los contrarios que a tus intentos se oponen porque es en los pareceres el ruego mostró disforme pues no hay para él más razón que su antojo en que es bien notes [borrón] que sigue cada uno aquel que le dictan sus pasiones, que aun por hacer opinión contraria, lo que conoce por bueno lo vitupera con desaprobadas acciones. Y así me parece justo para darle más vigores a tu razón, y también porque con más fuerza __ tus afectos sus designios que ofrezcas proposiciones de paz con tal que se cumplan aquellas, Tu voz acortes, el discurso fuera bueno cuando a la vista se pone el valor de Agesilao, de Creta, que sus pendones, de roja sangre esmaltados no coronasen las torres? Atan victoriosas huestes tímida tu voz propone que a ofrecer lleguen partidos viniendo a ejercer rigores? Si que el consejo fue siempre de la guerra sabio Norte; Corona que se pretende adquirir no es bien de note [que que el pretensor la procura bañada en rojos colores, que tal vez con la clemencia se han logrado sinrazones, y legítimos derechos han perdido los rigores. Y ten entendido, Claudio, que los antiguos blasones, de mi casa siempre ilustre, al temor no le conocen. CLA. Quién dijere que yo… Basta. ¿Cómo con necio desorden en mi presencia tu orgullo, Claudio, así se descompone? Tu dictamen seguir quiero de Creta los pasaportes para que un embajador pase al instante a su corte. Procura, y entra conmigo a arreglar las instrucciones a mi real tienda, y tú, Clodio, haz que otra vez se reporten delante de mí tus iras, porque puede ser reboten de suerte que en tu cabeza fatales destrozos lloren. Yo interpondré a tu amenaza disimulando el rencor que mi corazón esconde hasta que la ocasión llegue, y pues mis antecesores de la sangre real de Libia su augusto esplendor componen (Corona que oí en Provincia Teba avasalla) logre mi industria el abrir camino en que admirar pueda el orbe que rebelando a mi patria en mi trono me coloque. Es posible, gran señor, que estando la ciudad puesta en el conflicto de un sitio, tan descuidado te muestras que te olvidas de ti mismo, cuando el rey y la princesa con el agua a la garganta de tanto golfo de penas temen zozobrar, te vienes (imposible es que te entienda) solo pensativo, y triste a este jardín, donde apenas saber puedas de ti mismo el fin desta intercadencia la razón. ¡Ay, Rosimunda! Ídolo de mis potencias ¡qué importa (¡ay de mí!) qué importa que la pasada tormenta me redimiese la vida si con traición halagüeña una muerte en cada susto tu rigor me representa! Si estás discurriendo ahora cómo librarte pudieras del rigor en que a todos miras no serán malas ideas las tuyas, porque después de que la fortuna adversa, Lisandro, habiendo nacido Rey soberano de Atenas, llegando aquí derrotado hace que Lidoro seas; No he podido comprender a qué fin estás en Creta, disfrazado en este nombre, que, aunque es verdad que granjeas, con el rey algún afecto, mucho mejor te atendiera si con él te declarases, que aunque no es ocasión esta de que te ayude a cobrar tus reinos, puede dar vuelta la fortuna y hacer… Calla No en los delirios que alientas, penas me acuerdes pasadas, cuando las presentes llenan [todo todo el dilatado espacio anchuroso de mi idea. Si sabes que derrotado en batalla y en tormenta mi vida Marte y Neptuno ampararon, pues apenas mi nave fue de las ondas despojo triste se alberga en un esquife de mi vida, de donde sin que trajera más que a Polemio y a ti, en estas playas de creta arribamos, donde luego del Rey la augusta clemencia, sabiendo nuestra fortuna, en su palacio me alberga. Si sabes que te previene que porque no se expusiera mi persona desairada ante el Rey y la Princesa dijeses que era Lidoro, que aventurero en la guerra Servía siendo mi sangre noble, y principal en Atenas, engaño que de Polemio acredito la agudeza, a quien para que me informe cuanto en Atenas suceda mande a la patria volviese donde su amor no sosiega esperando la ocasión en que declararse puedan él y los nobles vasallos Que sus designios fomentan a quienes por ser leales el que estoy vivo revela y si sabes finalmente lo que ha pasado en la esfera de un año que ha que llegué con tan infeliz tragedia a este reino: ¿qué es tu duda? Que altivo no dieses vuelta Y que estés sin declararte con el Rey ni la princesa, Ay, Camarón, bien discurres, pero mi enemiga estrella quiere que encubierto viva, pues porque todo lo pierda hasta el más sensible golpe quiere que mis ojos vean, dilatándome la vida porque más muertes padezca. Desairado es imposible se declare mi grandeza. Y está es lamisma razón para que no vuelva a Atenas hasta que disponga el hado que cobrar mi reino pueda por muerto me tenga el mundo, Agesilao feliz venza, y en fin Arsidas se adorne de mi legítima herencia. Pero no permita el cielo jamás que mis ojos vean que Agesilao, válido de su afecto y de la fuerza, con Rosimunda se case, más no será a vista mía, pues porque verlo no puedan mis ansias me arrojare a darles fin a mis penas en medio de sus escuadras donde al rigor de sus flechas vida que están infeliz el último vale tenga. No era mejor declararte Yo al rey tan extraña emblema, mas no será conveniente cuando mi amo se recela, y más cuando Agesilao en estas playas se alberga conque es fuerza enlidorarnos hasta que otro tiempo venga. Muera primero que logre Agesilao la empresa. Pues, Lidoro, ¿qué es aquesto? ¿Tú con voces descompuestas arrebatado en tu afecto así del llevarte dejas? Ay, cuán en vano pretende el alma aunque más lo quiera hacer, que en vista y oído mis afectos se contengan. Acaba, di la razón que a tu furor le despeña a que profiera tu labio el que Agesilao muera. ¿Qué causa ni qué razón quieres, señor, que me mueva, sino advertir cuán remisa se halla en todos la defensa, sin reparar el desdoro preciso a que expuesto queda reino que en su cobardía le añade al contrario fuerzas? ¿Cuánta mejor opinión les pueda dar en la guerra el que con fama inmortal, mueran todos cuando mueran, en amparo de su patria, y de su rey en defensa? Esa altiva muchedumbre que Agesilao en sus banderas conduce a los intereses de los premios se sujeta pues no en todos el honor es quien incita a la guerra que contra tu reino mueven, y si en la campaña vieran que el brío de tus vasallos se alentaba a la defensa aunque en número más corto considerasen tus fuerzas, también considerarían que de la patria en defensa por muchos contrarios vale el que con honor pelea. Bien reconozco, Lidoro, el afecto con que muestras el odio que circulando el rojo humor de tus venas nativo fuego del pecho en el corazón hospedas. Pero si ya Agesilao de la fortuna la rueda parece que paró el curso al llegar a su eminencia ¿será bueno que expongamos de su ejército a la muestra número tan desigual como el que en Creta se alberga, para que logre el contrario el triunfo sin contingencia? Tres días ha que llegó su ejército, a estas riberas con tan cauteloso estilo que los ánimos granjea usando de los halagos sin demostrar la violencia, pues Fenisa, mi sobrina, que al templo fue de Minerva, en devota romería cuando retirarse intenta de tal novedad movida permitió la suerte adversa que de en manos del contrario quien, sin que la detuviera, que con un comboy manda de sus guardias la trajeran hasta tocar de mi corte las fuertes cerradas puertas, política que no daña, todo cuanto a él aprovecha, pues el rencor de los pueblos apaga sin que se sienta el áspid que cauteloso dentro de su pecho alberga, y no solo aquesta astucia en nuestra comarca muestra mas la introduce en mi corte (según los efectos muestran) conduciéndose a este fin haberme pedido diera licencia para que entrase el embajador que hoy llega de su parte a proponer partidos que paz ofrezcan que su intento asegurando, [den den a Creta civil guerra, pues como es el pueblo monstruo, raras veces considera que de conservación pende de que unánime defienda el derecho del Estado. Pero para que no entiendas que tu valor desestimo honrar tu lealtad desea mi real ánimo, y así generar quiero que des de mis tropas pues no dudo de las muchas experiencias que tengo de tu lealtad, de tu valor, y tu nobleza, que quede mi confianza cuanto airosa satisfecha cuando mire que unir sabes al bastón en que mi mano hoy tus méritos eleva lealtad, valor y prudencia. El cargo acepto besando tus pies, y porque se vea cuanto tan supremo honor mis esperanzas alienta juro a los dioses sagrados de que no quede en mis venas de su líquido humor rojo una perceptible seña que en defensa de tu causa y de tu reino en defensa a las iras del acero y del fuego no se vierta. CAP. Señor, el embajador de Agesilao pide audiencia, En tanto que se la doy. Tú, Lidoro, aquí te espera, y tú, Rosimunda hermosa, en la estancia lisonjera destos amenos jardines divertirás tu tristeza, en tanto que del enemigo Las proposiciones escucho. Sea ley inviolable tu gusto, señor de mis obediencias. solo te pido no olvides que si insiste la propuesta del embajador en que El casamiento fenezca mío, que con Agesilao fue el origen desta guerra, aunque como rey otorgues, como padre es bien que adviertas si porque tu reino viva, ¿será razón que yo muera? Sí haré, mas tú, Rosimunda, entre tanto considera que si la quietud del reino otro remedio no encuentra, no se podrán resistir mi cargo ni obediencia. Y . ¿No se podrán resistir mi cargo ni tu obediencia? ¿Qué es esto que escucho? ¡Cielo! ¿Qué es esto que miro? ¡Pena! ¡Un alivio que me ofreces en mayor pesar me truecas! ¡Un tormento a otro tormento añades con tal fiereza! ¡Quién pudiera no sentir! ¡Oh! ¡Quién quejarse pudiera! ¿Gustas de que canten? No Dejadme sola. Severa melancolía. . Señor, ¿No me dirás en qué piensas que no me das las albricias del nuevo empleo? ¿Qué esperas? Vete de aquí. Ya me voy. ¿Si da mi amo en poeta? Porque lo infiero de ver que tanto soliloquea. . .Cielos, ¿qué escucho?, gran señora, vuestra alteza, no se deje así llevar del dolor que la atormenta: la víspera del placer es el día de la pena. y, aunque es vulgar el proverbio, lo acredita la experiencia varias veces. No, Lidoro, Intentes (la voz se esfuerza en vano) la pena mía templar, pues es tan severa que, para mayor tormento, a la esperanza se niega. El que nace desdichado, en nada, señora, acierta. yo lo doy tanto que cuando pretendí de vuestra alteza aliviar el sentimiento, en voz y semblante muestras me da bastantes, de que conozca, examine, y vea que aumento más sus pesares, con cuya triste experiencia a vuestras plantas perdón Pido de que se atreviera mi voz a vuestros oídos disculpando su acción necia. El fiel respetuoso afecto que mis lealtades profesan. Si sabes, Lidoro, cuánto me cansa el porfiado tema de Agesilao, si sabes que el origen de la guerra que hoy hace a Creta le funda en que faltó a la promesa mi padre de que su mano con la mía unir pudieran su centro con mi corona que me preguntas, si esfuerzo aunque al amor no se rinda que a la codicia se venza, del reino que con mi mano hoy tan solícito anhela siendo temible que admita, sea a mi gusto o no sea, a quien no sé si el amor conduce o la conveniencia a triunfar de mi albedrío. Luego vos, si acaso fuera tan atento, tan bizarro, tan galán que mereciera desterrando los temores que vuestro corazón cercan serviros con el amor sin valerse de la fuerza, ¿Admitiríais? No sé entonces lo que admitiera. Si acaso mi inadvertencia Puedo ocasionar. ¡Lidoro! (Válgame aquí la cautela) no adelante prosigáis que, aunque favor adquiera vuestra lealtad de mi padre, no bastan a que se atreva vuestra voz a investigar con cautelosas ideas los arcanos que mi pecho en su corazón encierra. Y, pues ya estáis conocido, vuestro loco error advierta que en repetirme la injuria será escarmiento la enmienda. Señora, esperad, oíd. ¿Qué queréis? Solo que advierta vuestra Alteza que si yo… Hablad. No puede la lengua. ¡Quién hallará en su disculpa desengaño a mi sospecha! Hasta que en vuestro semblante Más sereno el ceño vea. El Rey te envía a llamar. Fenisa tu prima llega ya a palacio, con que todos recibiéndola a sus puertas están con el rey. Forzoso es que a recibirla atienda. Estudiad en la disculpa, Lidoro, y conforme sea en mi rigor o mi agrado tendrá la correspondencia. Lleno soy de confusiones. Injusta fatal estrella empieza a darme un alivio u acaba de darme pena, que tanto de mi destino la tirana fuerza pueda que un corto espacio me niegue en que mitigar pudiera el ceño de Rosimunda sabiendo de ella cual sea el motivo del rigor de su confusa respuesta si sabrá que la adoro? Pero no sé cómo pueda saberlo sino es que el alma se lo dijo sin la lengua, pues tan secreto es mi amor, que solo al pecho reserva los tormentos que le causa el desdén que experimenta. Señor, que te espera el Rey. Fuerza es ir a ver lo que ordena en tanto que se declaran las dudas que me atormentan. Suspende tu airado influjo, ten de mis ansias clemencia. Mas no la tengas, que siendo la causa de todas ellas Rosimunda, son dichosas cuantas padezco por ella. Baco, líbrame de un amo tan insentato, y tronera, que se queja a todas horas sin decir de qué se queja. Llegues en hora dichosa, sobrina, a mis brazos. Centro de mis venturas encuentro en ellos. De tu amorosa compañía la presencia vuelva a lograr, prima mía, porque ya celos tenía de tan dilatada ausencia. Si envidia los celos son, yo sola tenerlos puedo. De oírte admirada quedo. Dime, pues, ¿por qué razón? Porque la altiva hermosura conque el cielo te dotó a un mismo tiempo la unió con darte mayor ventura. Refiérenos tu jornada. Antes si licencia tiene mi humildad, a vuestros pies, besará lo que florecen. Ay, Lidoro. Bien merecen. Vuestros heroicos alientos más mercedes que pedís. A muy buen tiempo venís, Lidoro. De tus acentos saber quiero cómo fuiste tratado de mi enemigo. Mi informe será testigo del esplandor que le asiste, con un lúcido escuadrón Agesilao en persona, noble y altivo blasona, ser de Marte emulación, cuando por lograr blasón, de pío y de generoso ir pretende religioso de Minerva al templo Augusto para demostrar lo justo antes que lo riguoroso. Llegó a vista de mi gente que inferior, y temerosa a la suya valerosa apenas supo hacer frente. Mas Agesilao, valiente, con Menandro envió a decir que no quería envestir por llegar a imaginar que la gloria del triunfar se desluce en destruir. Que habiendo a saber llegado que allí mi persona estaba su real palabra empeñaba que decoro tan sagrado se vería respetado dél, y de toda su gente, mas que siendo convincente a la alta reputación de sus armas mi prisión por tal causa la consiente. Mi escuadra apenas oyó hacer aquesta propuesta sin aguardar mi respuesta unánime se rindió. mira lo que haría yo que del fracaso oprimida, sin voz, sin alma y sin vida, helada, tímida y yerta, juzgué me mirasen muerta antes que verme rendida. Vuelta, en fin, del accidente en la presencia me vi de Agesilao, y allí fue su valor más prudente, pues dando a entender que siente los enojos que en mí mira, cuanto suspiro suspira y… mas no prosiga el labio cuando el generoso y sabio a mayor trofeo aspira. Mandó que sin dilación, al punto libre quedase, y que con mi gente pasase hasta Creta; y su escuadrón con él por mayor blasón en mí convoy ha venido. Mira tú si agradecido mi pecho le debe estar a quien se sabe portar tan urbano y entendido. Y así, Rosimunda, puedes de tu dicha estar ufana la aprehensión desecha vana con que tu temor excedes porque satisfecha quedes que su mérito predice que serás con él felize por las prendas que en él hallo siendo más las que te callo de las que mi voz te dice. Con justa causa me deja su proceder admirado, pues esta acción, y la que el embajador me ha dado a entender de que pretende entrar en Creta, anhelando a que el contrato anterior de la paz quede otorgado, me hace juzgar, Rosimunda, el acuerdo que he tomado, conveniente. Di, ¿cuál es? Estando tan indefenso mi reino y de afectos tan contrarios inficionado, previne no era bien negarle el paso, por no dar lugar a que dividido el pueblo en bandos pudiera otorgar la fuerza lo que negase el contrato. Y así, con su embajador aqueste que treguas dando para que el rencor se aleje tantos años hospedado entre nuestras dos naciones, venga al punto a mi palacio debajo de las cauciones frecuentes en tales casos, de cuyo despacho fue a dar cuenta a Agesilao, que de su parte promete retirar luego del campo la mayor parte de tropas que quedarían en las Naos hasta que se finalice la tregua, solo dejando las guardias que han de servir de su persona al resguardo. Por tres meses convenimos el ajuste, pero cuando da tan apacibles muestras de Cortes, nobles y bizarro, creo antes que se concluían ver tu esposo a Agesilao, pues es lo más conveniente. Si es ley en mí tu mandato ¿cómo podré resistirle? ¿Qué te parece, Lidoro, del acuerdo que he tomado? ¿Lo que me parece, señor? Que ya es ocioso mi cargo de general, pues no dudo que para estar desairado el bastón, no debe estar en la mano del soldado. Pues dime, ¿dónde? En la tierra. lo que digo perdona, pues aún es más lo que callo no habiendo en mi poder fuerzas para atajar este daño. Y así, a tus pies le consagro, porque en lo que pidas logre aliento más sublimado. De tu espíritu bizarro el heroico altivo ardor sientes mirar malogrado. bien lo entiendo, alza del suelo, el bastón vuelva a tu mano. Que si Atlante de mi reino sobre ti su peso cargo, sostenido en tu valor no temo verle arruinado. Con el silencio respondo, supuesto que en este caso, la respuesta es la obediencia. Ven, hija. Sobrina, vamos. Pues ya será fuerza que te repares del cansancio. Imposible es el tener en mis fatigas descanso. ¿Estudiasteis ya, Lidoro, de aquella culpa el descargo? No sé mi culpa cuál sea, pues por mi corazón hallo que inocente. Bien está. . Ay, luceros soberanos. Nueva vida al alma infunden vuestros apacibles rayos, porque celebre tal dicha. Amor, dilata este espacio de alegría, pues tormentos, ansias, quejas, sobresaltos, pesares, angustias, penas me borras con este agrado. Y así, por si es el postrero, deja a mi vida lograrlo, que hartas desdichas me esperan desta breve dicha al paso. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

En el vago elemento resuene Con ecos distintos El eco que anuncia la paz venturoso Que eterno de logro dilatados siglos ¿?? ¡Oh qué genero de muertes Perciben vista y oídos, De quién infeliz espera Que de aquestos regocijos Nazca el más severo golpe De cuantos ha padecido! Dichoso, de desdichados Pretendo ser, si consigo Morir de amor a la vista, Del soberano prodigio De Rosimunda, cuando ella (¡con cuánta pena lo digo!) El sí le dé a Agesilao No hallando en cuanto averiguo Quien en la hazaña que emprendo Me compita, si examino Que mi amor en su silencio Tan dentro del pecho abrigo Que recelando que al aire Se comparten mis suspiros Muchas veces le retardo Al alma este corto alivio Porque tan de gloriosa hazaña Ha de hacer de mi amor digno: En el vago elemento resuene Con ecos distintos Tan contrario a mi dictamen La música ha respondido Que el corazón asustado La recela vaticino Mas que mucho que en mi contra Sea si tu origen miro De las voces que ___ Los dulces sonoros trinos Pues solo admirar debiera Si hubieran propicios sido Cuando en su festejo muestran Entrar en Creta mi enemigo Haciendo que mi tormento Sea en día tan festivo: El gozo que anuncia la paz venturosa Que eterno se logre dilatados siglos, Mienten, vuestras voces mienten Esos acentos impíos Que salen de vuestro labio A hacer guerra a mis sentidos Porque no puede caber En el más prudente juicio (que) Que su mismo estrago alude. Mi amor está con el delirio, Y yo me meto en la jaula Mas loco con tercio y quinto Vengo a ser si ahora llego. ¿Camarón? Pues que me ha visto Esto no tiene remedio. Dime, ¿Dónde has asistido hasta ahora? Pese a tal, No preguntara esto un niño, Es un día, como el de hoy En que el general bullicio De toda la corte asiste Con aplauso y regocijo De Agesilao a la entrada, Y, ¿entró ya? Di presto. Digo Que poco a poco va entrando Como en Francia Montesinos. Hecho mi desgracia el reto. ¡Ay de mi cielos qué he oído! Prosigue, prosigue pues. Como lo mandas prosigo: Con las tropas más lucidas Con sus más nobles caudillos Con pompa, con lucimiento Con majestad, y con brío Del Real Palacio a las puertas Llegó señor tu enemigo Mostrando a todos semblante Grato, apacible y benigno. Acompábale el Rey Anteón, que a recibirlo De la ciudad a las puertas Salió y habiéndolo subido Hasta la primera sala El cumplimiento debido A su persona encontró En los dos bellos prodigios De Rosimunda y Fenissa. Ay genero de martirio Que a mi tormento se iguale. Si te disgusta el oírlo Aquí se acaba el romance. Prosigue: ¡Ay de mí! Prosigo, Como digo/sigo de mi cuento Después de los requisitos Que en tal caso se acostumbran Entre héroes tan invictos. Aunque estaba retirado Del Rey Anteón fui visto Preguntóseme por ti Y como fue de improviso Sin saber qué responderle Le dije mil desatinos Y entre ellos el de que estabas Frenético en un delirio Que te da de cuando en cuando. El cual tuvo su principio Cuando a este rey uno de Creta Llegaste en el mar perdido Y en la tierra mal hallado Con que mi embuste imagino Que fue creído del Rey, Y si la verdad te digo Al verte una vez triste Otras alegre y contigo Murmurándolas siempre Que al mirar que tus caprichos De mis oídos los rescatas Sabiendo cuan real te sirvo Juzgo que no mentí en nada. Qué has hecho, necio, ¿qué has hecho? En buen concepto me has puesto. __ de qué sirve reñirlo, Pues si mis operaciones De su malicia motivo Fueron y aun dela de todos Ignorados los motivos Que a su efecto dan causa Fuerza es que hayan presumido Atendiendo a mi tristeza Ser verdad lo que este dijo. Si amaga. De siempre y no da Es loco de mi buen juicio. Mas que a este sitio se acerca Todo el escuadrón lucido De los galanes y damas. Pues retírate a este sitio Donde oigas, veas y callas. Idolatrado bien mío, Quiero ver cómo te pierdo Pues ya que te pierdo veo. En el vago elemento resuene Con ecos distintos El gozo que anuncia la paz venturosa Que eterna de logro dilatados siglos. Este día venturoso Que anuncia el eco festivo Es el que a mi amor desea Que llegue para que activos De mis deseos amantes Los triunfos esclarecidos Sepan conciliar lo heroico Escoltando lo rendido. No imagino Agesilao Que queden desvanecidos Nuestros pareceres cuando Vuestros corteses estilos Tanto lugar se fabrican De Creta en los albedríos. Desanima a mi esperanza El ver que no ha merecido Que lo aliente el soberano Objeto a quién la dedico. Si acabo no está en su mano De la elección el arbitrio No le queda a vuestra queja De ser bien fundada ¿viso? Con que a estarlo Siempre hiciera Elección en lo más digno. Mucho ___ exaspera De Rosimunda el esquivo Natural mi rendimiento. Amor tan a los principios Es fuerza que en sus desdenes A ____ más lo frio. No es tan severo mi mal Como le tuve creído Hasta aquí: quieran los cielos No ___ mi regocijo Quizá algún mayor pesar. Fenissa, hermosa, el alivio En vuestras voces espero Que en las mías no consigo Pues si mi merecimiento Se mira tan desvalido Con Rosimunda no dudo Que siendo vos su padrino Salga esta lid de amor Airoso cuanto lucido. En lo que este de mi parte Siempre a serviros me obligo Y aunque no es mi libertad, De vuestra prisión motivo En el pecho de mi prima Que halle algún lugar confío, don, que por vuestras ansias disimulad celos míos y no aumente vuestra llama el aire de mis suspiros. (Aparte) ¡Qué reviente? Por hablar Y sea el callar preciso! (Aparte a Tebano) Si al semblante de Fenissa Se uniera el cetro a que aspiro No fueran desagradables Sus voces en mis oídos. ¿No es Rosimunda más bella? Sí, pero su genio altivo Cuánto atrae con la hermosura Aparta con los desvíos. ¿Cómo estáis tan retirado Lidoro? (Aparte) De su retiro No discurra el alma Señor (en vano me animo) No extrañéis en mí el defecto De que no hubiese asistido A la obligación que tengo Tan dichoso de serviros Por el cargo de mi empleo, Pues un mortal parasismo Que noche pudo embargar Mis potencias y sentidos, Fue causa de que faltase A honrarme con asistir Y creo de mi verdad Que mi celoso servicio En estar como está aquí Significa… ¿Qué? Decidlo. Que logra el mayor blasón Este día en asistiros Divirtiéndome el dolor La esperanza del alivio. Sin duda que fue verdad Lo que el criado nos dijo Y que su melancolía Pudo turbarle el juicio A lastima me conmueve. Varios afectos distingo Si he de creer a sus ojos De Lidoro en los delirios: Si acaso es de su locura El tema mas labio mío Detén tu acento que basta Sin pronunciarlo inferirlo. Repara, Tebandro, a quien Creta para su caudillo Eligio sino a un soldado Loco sobre advenedizo No baldones, al contrario Y más no habiendo habido Ocasión en que se muestre Si fue yerro o no elegirlo. De vuestro descanso es bien Tratemos porque prolijo Pausado afán de la marcha Que en la entrada habéis traído Esfuerzo que os molestase. No tanto por mí lo admito, Cuanto porque sus altezas Descansen. En mi el alivio Mayor será, pero el guante ¿Tan gran logro? : Conseguido Por quien menos lo merece Se ve. Pues, ¿cómo, atrevido? Como osado. ¡Ay de mí, cielos! Tened señor, os suplico Por si acaso mi descargo Deja absuelto mi delito. ¿Pues cómo siendo quién sois? A eso a responder me obligo Después que el guante vuelva A quien alzarle es debido, Tomadle Firene vos, Porque solo el celo mio Pudo a ___ a tocarle, En fe de esclavo rendido De tan augusta princesa Y contemplándome indigno Ni de que con él me quede (aunque ___ el ser mío Mis heroicos explendores) Ni de que pueda admitirlo Desde mi mano a la suya Atento lo deposito En la vuestra por dejar De Rosimunda al arbitrio El que vuestro anhelo premie Pues con esta acción evito Que sea favor forzado El que os ofrece el destino Y que logréis más airoso Vuestro empeño al conseguirlo. Tan temeraria osadía Sabrá mi acero. Ni brío… ¿Qué es esto, Lidoro? Sin alma y sin vida animo. No sé cómo me reportó. Vos, osado y atrevido ¿En mi presencia la espada empuñáis? Ya llega mi desgracia Al último precipicio. Pues antes que el mío llegue, Escaparme solicito. Señor, di ya. No más, basta. A ese torreón vecino A Palacio, le llevan Preso mientras su castigo Se previene. : Impía estrella Porque no cortas el hilo De mi vida. No Anteón, Intentes con ese estilo Satisfacer mi desaire Porque es contra el honor mío El que de mi venganza Expuesta al ajeno arbitrio Pues cuando no circundara Mi frente el laurel invicto De Tebas, no consintiera El que orgullo tan altivo Castigara tu justicia Antes que mi heroico brío. Aún sin responderos hoy, Juzgo os halláis respondido En acordándoos de que Aún antes de haberle visto Os informo la noticia De la falta de su juicio, Y si el arrojo de un loco Os da al disgusto motivo Con quitarle de delante La desazón os quito. Mucha razón de dudar Le deja al discurso mío En que sea su acción loca Siendo tan cuerdo el motivo Y más resultando della Ser mi desaire preciso Cuando la satisfacción De Rosimunda percibo Que está hacia mí muy remota, Y así, con tan mal principio, Ma me puedo prometer Que seguir pueda el camino De las pláticas de paz, Que hasta aquí lo que he visto Todo ha servido de dar Mayor guerra a mis sentidos. Pues, ¿En qué os fundáis? Perdona, Señor porque habiendo sido Yo la causa de su queja Que responda yo es preciso. Cuando al a acción de Lidoro Juzgo que estáis respondido, Aún cuando hubiera hecho en el Paréntesis delirio Con que el celo de criado (que siempre busca motivos En que sirviendo más bien Su mérito haga más digno) Le puedo obligar a ser En esta acción atrevido Si el guante por el cobrado De Firene no recibo (bien como inútil alhaja, Constituida al desperdicio) De Firene es ya no mía; Aunque tengo conocido De su lealtad y su amor El que por ningún camino De ____ mis promesas, Del precio más excesivo Cederá prenda ninguna Que a mi ornato haya servido, Y puesto que en esta parte Habéis mi respuesta vista Vuestro proceder modere Las acciones que de invictos Augustos Reales héroes Por ser su honor claro y limpio No será razón gente Que humanando lo divino Desdoran lo majestuoso Por ultrajar lo abatido Advirtiendo que las armas Nunca fueron atractivo Para rendir voluntades Pues soberbio, vano, altivo, Aunque de Marte logréis Los favores más invictos, Y aunque a Creta juzguéis En mi altivez, en mi brío Hallaréis la oposición A medios tan poco dignos Cuando triunféis en mi reino Sin triunfar de mi albedrío. Puesto, Anteón, que la respuesta De Rosimunda en mi oído Persuade con lo que ofende A mi rendimiento fino, Porque toda Creta entienda Cuán satisfecho me miro De mi cuán asegurado En mi valor y mi brío Vive el ánimo de ___ Sin recelar el peligro La acción que efectúo ahora Te lo muestra, sé testigo De cuanto mí y entendimiento Se esmera en lo más bien __, ¿Tebandro? Señor. Al punto Sin esperar más aviso Haz que se embarquen mis tropas La vuelta de Teba. Digna Obra de tan noble pecho. Mañana cuando el rocío Del alba inunde los campos Con su aljófar cristalino Nadante Garzas del viento Las quillas de mis navíos Volando sobre la espuma En alas del blanco lino Mostraran al orbe cuanto De Rosimunda el aviso Aun antes que pronunciado Se respeto obedecido. No sé, señor si lo aciertas. Suspende Tebandro el juicio, Que cuando la acción se yerre Si su origen ha debido De una locura al ocaso Si es de Rosimunda el motivo Nadie tendrá a frenesí La razón de mi delirio, Al o que te mando parte Y si a Claudio que conmigo Se venga a ver al momento. En tanto que me retiro A esperar a vos, Anteón, Que este corto servicio Sirva de abono a lo heroico Del premio que solicito. ¿Qué te parece, sobrina, Del noble bizarro estilo Con que Agesilao muestra Su sentimiento? Que miro Muy conforme sus acciones Por vencedor de sí mismo Postrar puede con su halago El más rebelde desvío. De Lidoro el desacato Me deja muy ofendido Y a no saber que la causa Fue no estar en su sentido Pudiera en Agesialo A otro empeño dar motivo Que a mi pesar me obligara A darle mayor castigo Del que intento. Pues, ¿qué piensas Hacer con él? Imagino Que, pues, retira las tropas Agesilao, excluido El amago de la guerra Es ocioso en mi servicio, Lidoro, y así pretendo A su patria enviarlo Donde quizá convalezca De sus males. Cuerdo arbitrio Me parece. Sí, pues mira A que sin darle castigo Por lo mucho que a mi amor Su fe y lealtad han debido Satisfago a Agesialo Su ausencia, y aún determino Persuadir a Rosimunda A que admita. ¡Ah, dolor mío! De Agesilao el amor Con ceño menos esquivo. ¡Qué desdichado que soy! Ven pues, porque determino Que tú se la persuadas A este fin, pues el cariño Vuestro da lugar a que Con más licencioso estilo Sin el miedo del respeto Que a mi tenerme es preciso. Te declaré de su pecho Los más ocultos secretos. Ya te obedezco. ¿¡Ay de mí!? ¡Qué tormento tan impío Es amor sin esperanza, Del bien se ve perdido! CLA. Apenas gran señor de ti llamado He sido cuando vino mi cuidado A ver qué ordenas viene. Agradecido a tu celo estaré, Pues he querido fiar de tu cuidado Y experiencia la exacta y providente diferencia, De que mañana en mi naval armada A Reas des la vuelta y que embarcada Toda la gente cuyo gran ___ Poniendo a Marte horror da a Creta miedo Te lleves de mi ejercito lucido. CLA. La ocasión a la mano me ha venido De lograr mi intención. Antes consulta Si será favorable la resulta En aquesta acción señor, y más si advierto El que quedarte a cuerpo descubierto Tan confiado nunca es conveniente En reino que no es tan vario e insidente, Como las experiencias te han mostrado. Cuando se ve abatido y desarmado Sin gente, sin socorro ni alianza En que pueda fundar la confianza, En vano es tu recelo. Si quisiera que sobre eso dijera. Son quimeras Vanas Las que tu juicio te previene. Esto, Tebandro, ahora me conviene Cuando en mi pecho solamente labra El cumplimiento de mi real palabra, Pues desta/por esta causa espero en Rosimunda Ver si el efecto en mi favor redunda Aunque mi afecto a Fenissa creo Que le rinda a su agrado mi deseo. Clodio, general mío, de mar eres. Honras tan grandes como de quién eres, Explicar no podré estar agradecido. Cuanto siento a tus pies verme rendido, Para no hacerse en nada sospechoso Callar quiere mi pecho cauteloso, Pues suelen ser del corazón examen Las voces expresivas de un dictamen. Pues, aunque tan honrado de él me hallo Al darte la obediencia de vasallo, Aún más que me agasaja, me baldona Si me usurpa de Lidia la corona. Alza del suelo y pártete al momento, Vamos, Tebandro. Cuanto señor siento Esta resolución que hoy has tomado. Mi valor me asegura en el fiado, Nada temo, pues grata y oportuna De mi parte se muestra la fortuna. La ocasión a las manos me previene La dicha y pues, que tarde o nunca viene Al que necio una vez perder lo deja. No he de soltarla cuando me aconseja Mi valor que en la empresa que prevengo Puedo añadir a la razón que tengo El tener de mi parte los parciales Traidores de su rey, a mí leales Que con Agesilao viven mal premiados En las tropas que alista esperanzados En que esta novedad los dé fomento Para poder fiar de mí su aumento. Lidia secretamente está alterada Cada día esperando mi jornada Y de su libertad esperanzados, Todos sus moradores son soldados. Ningún temor mi corazón inquiera Porque quedando Agesilao en Creta Sin tropas que le hagan respetable, Como la libertad es siempre amable, La novedad que en Lidia hacer procuro Al rey Anteón le deja más seguro, Si de la ocasión sabe aprovecharse A que pueda en su reino asegurarse Y Agesilao es fuerza que rendido Haya de conceder cualquier partido Que le pidan, mas ya la luz febea, Declina al mar, o quiera el cielo sea Mi suerte en esta empresa que procuro De mis felicidades el seguro. ¡Si querrá Apolo, qué! Pero que miro Tebandro Está aquí. Yo me retiro Pues hacia esta parte gente viene. Traza de Saturnino el hombre tiene Pues grave y melancólico camina. A dar órdenes voy a la marina Para quedar en todo asegurado Cuando mañana al pliego salado Fíen mis esperanzas su ___ Sin duda que me vio, y me tuvo miedo, Pues el paso apresura diligente Ganóme por la mano, habrá quién cuente Qué novela o qué historia esta ha sido, Mi loco amo a una torre preso ha ido, Y yo escapar de su compañía intento Por aquí, por allá, mas gente siento Ya salir de palacio no es posible Sin que dé con la guarda ¡Mal terrible! SOLD.I. ¿Dónde vas, reo soldad? Engaño ha sido Que soldado no soy. Pues, ¿qué es? Rompido. SOL. II. Diga quién es. Si yo quién soy supiera, Sin que lo preguntaran lo dijera Porque esta propiedad tengo de bueno Que no callo lo mío ni lo ajeno. ¿Ah, si? ¿no se conoce? ¡Barbarismo! Raro es quien se conoce ya a sí mismo. Pues yo bien le conozco, Que es criado de Lidoro y así será acertado Que a la torre del parque vaya preso A dormir esta noche. ¿Cómo es eso? Con su amo a la prisión en que está loco. Mírense el ello, y vamos poco a poco. En vano se resiste. ¿Qué es esto? Que rondando el palacio en este puesto Vimos este criado de Lidoro Procurando hacer fuga. A tus pies lloro mi desgracia Pues es muy evidente: Me has de amparar por ser un inocente. Dejadle, e idos. Ya te obedecemos. Deja que de tu planta a los extremos El breve espacio bese que les toca Pues aún no llegan a medir de boca. ¿Qué hace Lidoro? Di. Yo no le he visto Desde que le perdieron. Mal resisto mi pena, Pues tú, ¿por qué le has dejado? Por ver que todos le han abandonado, Que la desgracia es peste, Que quien llega al que la tiene, Al punto se le pega. Si es locura su mal, estáis exento De ese temor. ¿Un loco no hace ciento? FIRE. Así el refrán lo dice. Pues no quiero arriesgarme A sacarle verdadero. FIRE. Qué lindas gracias tiene el escudero, Sobre ser gran taimado es zalamero ¿Sabes acaso cuál la causa ha sido Que le pudo obligar a que el sentido perdiese No lo sé. Premiarte espero Si me la dices. Yo callarla infiero Aunque más premio ofreces. ¿Mal pagada dejas mi promesa? No sé nada. Solo que me preguntas y así digo Por esta causa que a callar me obligo: Él a solas suspira, gime y llora. Por tarde, por mañana y a deshora. Ya se muestra apacible, ya furioso, Con el lecho y vianda desdeñoso, Si un rato muestra un poco de alegría La trueca en la más fatal melancolía De cuyas raras muestras he sacado Que en Creta este mal se le ha pegado. Solo esto ha sabido mi capricho, Este es el hecho si os agrada el dicho. Cuanto este dice aumenta mi sospecha De tu lealtad me miro satisfecha Y esta cadena quiero que recibas, Porque con tu amo vuelvas donde vives Solícito y atento a cuanto intente. De todo aviso te daré secretamente. Esto ha de ser sin que él lo advierta. Firene escucha por esa puerta Que a mis jardines baja, avisa a Fabio Que tenga abierta (cielo mucho agravio Mi recato) el postigo que a la torre Del parque sale (loco amor socorre Mi vida) tu ahora vete que supuesto Que es la prisión en que mi padre ha puesto A Lidoro, tu dueño, tan clemente Que salir hasta el parque le consiente Puedes hacer que esta noche salga A su estancia que puede ser le valga Mucho en su abono a esta diligencia, Servirte en todo, ofrece mi obediencia. Tu lengua no se dé por entendida. Con él de nada, pues te va la vida En que calles que doy quien esto ordena. Mis labios prenderé con tu cadena, Con los dos el callar es lo seguro. Porque así mi negocio hacer procuro. Suerte fatal mi cruel destino Abre a mi confusión algún camino Para que salga con feliz instinto Mi juicio de tan ciego laberinto Mi padre con astutas reflexiones Procura convencerme con razones A que de Agesilao el rendimiento Admita conviniendo al casamiento Mi prima sus intentos facilita, Con lo que mis pesares solicita Y en esta conferencia que ahora hicieron Conmigo que se vaya resolvieron De una ligera nave conducido Lidoro a Atenas, con que reducido Mi amor en este trance a su silencia A no verle jamás ya me sentencio. Mañana le han de dar esta nueva Y antes pretendo que a mi amor le deba, Fingiendo que otra causa es quien me mueve Avisársela yo por ver si debe Esta novedad a su desvelo En paga de mi firme y fiel anhelo Algún afecto que hacia mí se incline Que en su delirio es fuerza que imagine Viéndole a Agesilao tan contrario En la primera acción en que mi vario Discurso imagino verte trocado Al verse de mi padre tan premiado Cuya sospecha cuerdo satisfizo Con el extremo último que hizo Es fuerza (a decir vuelvo) que yo infiera Que alguna causa superior impera A impulso tan altivo y generoso, Y así mi astucia del deber procura Si amor el tema es de tu locura, Y con pretextos que ahora no refiero Sin declararme yo saberlo espero, Pero siendo forzoso que de ausente No es delirio que esta acción intente, No, que cuando mi duda satisfago Libre quedo de dar a su amor pago, Mas no es ingratitud y acción tirana ¿Qué quiero hoy para olvidar mañana? ¡Oh, cuánta guerra al corazón altera! Muera mi amor en su silencio, muera, Que es esta lid es justo me aperciba A que muera mi afecto y mi honor viva. Este sitio deleitoso, A quien sirven de dosel Entretejida esmeralda Tanto frondoso laurel Sirviéndote de descanso Treguas a tus penas dé. En vano me solicitas Aliviar, ¡Ay perdido bien! ¡Ay divina Rosimunda, Cuándo te volveré a ver! Cumplí lo que me mandó La princesa, mas no sé ¿En qué cuarto está la luna? Porque temo que le den Sus influencias motivo A que con algo me dé. Quien dijera que ha valido De la fortuna al desdén, Siendo blanco de sus iras Sujetara mi altivez, A ser fábula del mundo Solo por el interés De un bien, que ha sido mi mal, De un mal, que ha sido mi bien Porque solo a mis desdichas Les falta que al interés Reducido este criado Aviso de quién soy dé Que aunque es leal, el oro Es un metal cuya ley Sabe expugnar los secretos Por más guardados que estén. Asegurarle me importa. ¿Camarón? ¿Qué mandas? Que Me digas dónde has estado Desde que mi prisión fue Pues, ¿tanto en verme tardaste? Huyendo de aquel tropel Que en tu prisión se movió Fui hasta llegarme a ver De la guardia asegurado, Y hasta que supe también Que solo por resguardarte, Esta prisión tuya fue De Agesilao, lo demás Lo de menos viene a ser, Pues luego en tu busca vine Como criado tan fiel Para estar preso contigo. Estimo tu buena ley. Y yo la de mi cadena Escucha lo que has de hacer Llégate más Vaya en gracia. Mi padre hablando dejé Con Agesilao y Fenissa Y por lo que llegué a ver En plática dilatada. Que nada recele es bien Pues fingiendo estar molesta Y con desaso, me retiré de ellos Diciendo que a mi cuarto iba Y pues a nadie encuentre Hasta este sitio, y la puerta Que mando abrir paso es Franco para que a este sitio Llegue en el inquirire Si bajo al parque Lidoro, Allí dos bultos se ven A la luz que esparcen Las estrellas, él será sin duda Y su criado. LID. No dudo De tu lealtad y de tu fé Ser verdad cuanto me has dicho. Que lo es tenlo por cierto. No hay dudar, ellos son puesto Que sus voces escucho. LID. Pasos parece que siento. Es verdad. LID. ¿Quién ser podrá? ¿Quién va? Quién ya se detiene Al veros. LID. ¡Mudo quede! ¿Es verdad o fantasía, Esto que mis ojos ven? ¿De qué, Lidoro, os admiráis? LID. De ver. Cobraos, no os turbáis. LID. De oír. Hablad. LID. Ya no puedo Pues tan grande es mi placer Que con ver y con oír Tan sublimada merced Como la que en veros logro Absorto entre tanto gozo Me arrebató los sentidos, A lo que oye y lo que ve ¿Tanto favor a un esclavo? Valor, corazón. LID. No habláis. Aquí muy mal papel hago En la torre a mi amo esperaré. Ay, Lidoro, no, no admiréis (con la verdad al engaño Visto el ingenio esta vez) La no verdad que notáis Que tan diferente es De cuanto podáis juzgar Que en llegándola a entender Ni en favor mío, ni en vuestro Lo habéis de encontrar. No sé, cómo me podáis borrar Este soberano bien Que logro en vuestra vista. ¿Solo con saber que mi padre? Hay ansias. ¿Intenta (dolor fuerte) Forzando mi albedrío Que a Agesilao le dé la mano De esposa? Dolor, detén La furia de tu rigor Porque ya no tiene el valor Fuerza para resistir En mí a golpe tan cruel. Dichoso vos que lográis De la fortuna el desdén Contrastar, puesto que, a Atenas, Vuestra patria, volveréis Brevemente de mi padre Protegido. ¡Qué escuché! ¿Qué es lo que dices, señora? Lo que a deciros llego es Que mi padre escribiendo Queda ahora a vuestro rey, Artidas, para que atienda Vuestra persona por ser En todo fino con vos Su favor, yo estimaré que En esta ausencia se alivien Vuestros males y logréis -tente lengua, no resbales- De mi afecto, la voz. ¡A quién Ha sucedido en el mundo Sino a mí que se le den Por alivio los pesares! ¿Por qué por pesar tenéis El iros a vuestra a patria? Por recelar y por temer En esta ausencia mi muerte, Mas decidme, señora, ¿por qué Esta orden de vuestro padre? Es pues, lo queréis saber, Por excusar el motivo Y evitar que Agesilao Otra vez con vuestra vista Pueda su enojo encender Pues su término gallardo, Su discreción, su cortesía Y su proceder heroico En todos motivos han sido A que con vos irritados Se pongan de parte del Senado, nobleza y pueblo Disponiendo. Dura ley. Que de Creta salgáis Al punto, tanto poder Granjea una noble acción. ¿Qué acción decís? No sabéis Que Agesilao incitando Su arrogancia mi desdén En resulta de aquel lance Que vos tuvisteis con él, Sus tropas mandó embarcar Para dar así a entender Que se vale del agrado En esta empresa sin que Su pretensión se moteje ¿Qué la autoriza el poder? Según eso (fuerte mal) ¿Ya estaréis menos cruel Vencida de sus caricias? , Sin duda no conocéis Mi aversión pues de __ Pues la que le tengo es Tan grande que me obliga A que aquí venga saber De vos antes que os partáis De medios, que valerme podre Para impedir que sus lazos Aprisione mi esquivez, Quiera el cielo que tus voces Alivio a mis penas den. ¿Ha de ser breve mi partida? Es lo tanto que no sé Si estaréis mañana en Creta. Pues nada ofrecer os puedo (ay cielos) que a vuestro anhelo Pueda (destino cruel) Conducir pues cuando yo. ¿De qué turbado os habéis? De ver que tan desgraciado Soy, que cuando merecer Puede que vos os valgáis De mí, tan serena esté Ya la fortuna contra mí Que malogrando este bien Para poder asistiros Me haya quitado el poder. Quien pudiera declararse Por ver si este afecto es Hijo de lealtad y amor. Alma de mérito fiel Te sirva en tanto penar Mi silencio. Pues se ve Desahuciada mi esperanza Por vuestro labio. Con bien Os lleve el cielo. ¡Ay de mí! ¡Qué escucho penas! Tened Señora no así quejosa De mi lealtad y mi fe Partáis. Dadme vos arbitrio Si discurrir lo podéis Para que a Atenas no vaya Que si os llego a merecer Esa dicha yo os ofrezco: Alma, vida, honor y ser Que lograré en esto solo Rendíroslo a vuestros píes Disponiendo la defensa De vuestra libertad. Bien Conozco vuestra lealtad, Mas no es justo que quedéis Expuesto a tantos peligros Como es forzoso temer En tan ardua empresa. Todos vencerlos sabré Logrando vuestro favor. Pues a mi padre diréis, Cuando os envíe a llamar Para despediros de él, Que no estáis de Arsidas seguro Pues vuestro enemigo es, Por cuya causa, postrado A sus pies, le suplicaréis Que hasta estar con el seguro De su real palabra os dé Licencia de quedar en Creta Aunque retirado estéis Como ahora, pues entonces Llegando yo a interceder Por vos se logrará el fin Sin que se dé nota alguna ¿Qué lo deseo? Bien decís, Y pues, os llego a ofrecer Mi vida, de ella disponed Como quién su dueño es Pues en vuestras manos juro (logremos este bien fortuna) Que suave incendio siento En mis venas correr ¿Fuego como ardéis si heláis, Nieve cómo heláis si árdeis? ¿Se os olvidó el juramento? No señora, que antes fue De mi suspensión motivo Verme tan dichoso y ver Que mereciendo serviros Logre juraros mi fe Que mientras dure mi vida De Agesilao no seréis, Esta palabra tomad. La cual es bien que confirme Mi labio en vuestra mano. Lo que en Lidoro encontré Locura es de muy buen tema Mucho llegáis a ofrecer. LID. ¿?? Pues más espero cumplir. Retirarme de aquí es bien Antes que mi prima vaya A buscarme al jardín. LID. Quién se llegará a ver Sin tanta majestad O sin pasión tan cruel Ya es hora de retirarme. El cielo os lleve con bien. Él os guarde, mas mirad. ¿Qué, señora? Que tendré Siempre fijo en la memoria El favor que me ofrecéis. Yo dispondré cuanto valgo Por si puedo merecer. ¿Qué, Lidoro? Que mi suerte Sea más feliz. Creed, Que haré por vos cuanto pueda. ¿Pues señora a pretender? ¿Pues Lidoro a conseguir? Que dé mi suerte el desdén. Que el influjo dé mi estrella. Siempre altivo. Siempre infiel. LOS 2. Por vuestro aliento consiga Su impulso retroceder. TERCERA JORNADA

JORNADA TERCERA

Déjame, Tebandro. Advierte: ¿Qué he de advertir? Si el despecho, la rabia, el furor, la ira, que en el corazón concibo al ver tan fiera traición, es un nocivo veneno que infusiona mis sentidos. ¡Oh, Clodio! Aun no creo si es fantasía, o es sueño, o verdad lo que me pasa, otra vez beber quiero de estas letras el veneno. LEADamos noticia a V. Majestad que habiendo separado Clodio de la Armada los mejores bajeles en que iban los cabos de su facción, partió con ellos pretextando una expedición secreta mandando los demás a este reino, y hoy hemos tenido noticias de que desembarcó en Lidia, donde fue aclamado por rey, con general aplausos de todos (los) moradores, cuya noticia adjuntar a lo de saber, que los parciales de Lisandro, publicando que no es muer- to, se han rebelado en Atenas; Ardidas frustra los progresos de V. M. , ocasiona general cons- ternación en sus vasallos, y da tormento a su enemigos para lograr sus designios. El senado de Tebas aun más pesares que letras manifiesta tu contento ---------. Dispon, Tebandro, un bajel, que a Tebas dar vuelta al punto quiero, y de mis vasallos seguido al gran Júpiter prometo llorando Lidia el escarmiento y de mi venganza el estrago. Si alguna vez mi consejo hubieras, señor, seguido no huebiera Clodio El acento suspende pues ya no tiene el yerro que hice remedio. Lo digo porque ahora intentas otro mayor. ¿En qué? En esto: Lidia se te ha rebelado; Arsidas está temiendo precipitarse del trono en que le pusiste, y esto le hará imposible el socorro que te debe dar. Supuesto que está en guerra su reino, ¿cómo podrá ayudarte cumpliendo el tratado de alianza que teneis hecho Si de Creta te ausentas sin conseguir el efecto y sin lograr el intento a que tus intentos dirigías? Otro enemigo es dejar encubierto que ha de estar siempre con atención al mirar y siempre prevenido para lograr de la guerra el aumento a su poder, y fuera de esto podrán de él tus enemigos valerse, y con los proyetos de convenencia que ajusta la necesidad, que cosa cierta es que fiar en amistades donde se opones convenencias de reinos, no es prudencia que conservan solo aquella de quien sacan más provecho: y así pues, Anteón se muestra a tus intentos tan benigno. Haz que con brevedad concluya el tratado casamineto que una vez efectuado más airoso y más bien puesto, a vista de tus vasallos, llegará, señor, tu esfuerzo. Tu discurso es bien fundado y a seguirle me resuelvo, no dudando en conseguirlo pues con los astutos medios de lo afable he granjeado tanto cariño en su reino que de todos soy querido. Mucho contribuyó a eso el consentir que a Lidoro le levantasen el destierro al que estaba sometido. Todos son sagaces medios en mi altivo natural que, a mi pesar, le violento hasta que logre adquirir de este reino el cetro cuantos mi esperanza afecta. ¡Qué ocioso es dar consejo a aquel que de su capricho gobierna el entendimiento! Han venido más noticias en la nave que este -------- De Atenas vino un expreso para Anteón, y las noticias que se han divulgado dan de que Ardidas vencido, debaratado y deshecho en una campal batalla quedó a manos de Polemio, que lo mismo te escriben (aunque variando el suceso) tus parciales, y aún te dicen que alianza han hecho con Clodio los atenienses que el bando siguen de Lisandro. Que sea verdad, yo no creo que viva Lisandro, pero pero sea o no, lo que ahora importa es aplicar el remedio que más eficaz parezca a tan evidente riesgo. Tú, Tebano, parte al punto a Tebas pues de tu acierto y prudencia que sosegarás fio aquestos vapores densos, que traidoramente osados engañan mi esplandor regio. Mis navales y terrestres fuerzas solicita que luego prepare el Senado, y que a la defensiva puestos mis generales observen del contrario los sucesos hasta que con mayor fuerza se pueda aumentar el cuerpo de mi ejército buscando al enemigo. Yo entiendo que Clodio en esta ocasión solo a mantener atento la corona que posea de Lidia será su objeto hacer una diversión por aquella parte, a efecto de impedir que a Atenas des socorro. De todo pienso vengarme si logro en Creta mis designiosVete luego a ejecutar lo que te he dicho. Quiera el cielo que el remedio a tiempo llegue, Señor, pues servirte es mi mayor deseo. En más confusión me ha puesto el dudar si Lisandro está vivo que la pérdida del reino de Lidia, mas allí viene Lidio, en su informe espero sosiego a mis temores. ( ¡Oh, cuánto debe a Polemio mi amistad, pues por su mano hoy me restituyo a mi reino que un tirano me había usurpado amparado del soberbio rey Agesilao! ¿Lidoro, amigo? LID. ¡Oh, cuánto cielo el pecho de tanto agravio incitado la sangre se alborota al verle/verte! ¿Qué mandais? Me alegro al ver en vuestro semblante indicios de que tendréis de algún favorable suceso noticia acerca de vuestra patria. LIB. Pues le prometo el intento o que parte respuesta quiero de manera que me pague su doble intención: es cierto que las nuevas que he tenido de Atenas tan felices fueron que imaginar no pudo mi deseo ninguna que sea de más contento, Señor, a mi pensamiento, pues habiéndose sabido que Lisandro vive, el pueblo y los nobles que estaban de Ardidas mal satisfechos, sacudiendo alegres la cerviz del yugo tirano Entiendo que ignoréis que fui yo quién le elevó al Solio Supremo pues habláis con tan poco resguardo. Mas no es bien que mi discurso oponga al vuestro argumentos cuando le sobra de osado y cuánto le sobra de cuerdo y más cuando a mis victorias les viene a ser mayor trofeo que sea vivo Lisandro, pues el vivir encubierto es bastante manifiestar lo que a mi valor teme. Puede ser que él os responda cuando os pese más saberlo a esa altiva confianza. Aquesta respuesta espero, cuando cobréis vuestro juicio que aumentandoTemas nuevos llego a inferir será tarde cierto salen mis recelos Mas hasta ver a Anteón no me aflijáis pensamientos Que haya de disimular atento a mi amor, ya que no arriesgue un instante la dicha que el cielo dar me quiere, mas propicio asegurando de mi amor la felice esperanza, pues dirá algún dictamen cuerdo, que como el disfraz prosigo pues aunque fuera en secreto debiera ya declararme con el Rey de Creta, puesto que con esta novedad podrá fomentar de nuevo la alianza que contrajo en la unión de aquestos reinos conmigo, cuando frustararon los dioses nuestros conciertos, pero responderé yo no ser todavía tiempo hasta que venga Polemio a ejecutar mi decreto, y además de esta razón, que si antes el menosprecio de estar abatido pudo encubrirme, conociendo a mi mérito incapaz de merecer por mi dueño a Rosimunda; hoy que el hado va deponiendo lo adverso a mi fortuna, mosrtar quiero en el mismo decreto que el restituirme al lorel no es darme merecimiento para que logre la dicha que en su mano considero y, no pudiendo adquirirla, el estado en que me veo es para mí el más dichoso pues de todo el universo de la Corona no estimara el contento si me privara. Ya en solo mirarla infunden en mi pecho sus luceros. Mas, ay cielos, ella y Fenissa a este puesto con sus damas se conducen quien creerá que al ver su objeto adorado este temiendo mi vista por estar en el concepto de que anegarle en sus luces es ofensa a su respeto. Mucho, Lidoro, me alegro del aviso que me dieron de que vuestro Rey Lisandro vivo está. ¿si decís eso? Qué podrá decir quién logra (lo que vos sabéis) sabiendo añadir que no tan solo vive por vivir muerto por lograr el imposible de vuestra hermosura. Luego ¿sabéis vos adonde está? Resbalóseme al afecto el labio, denota industria para enmendarlo remedio. No, señora, pero sé por los avisos que tengo de algunos de quien se fía que luego que de reducir los rebeldes, acabe Polemio restableciéndole al trono atento, amante, fino y leal vendrá a rendiros los trofeos Lisandro de los rebeldes, como a deidad que en su pecho con firmes adoraciones te tiene erigido templo ¿en qué ciudad o provincia? No sé qué discurre el alma, pues a mi padre le dieron noticia de que sin duda estaba encubierto en Creta desde su infeliz derrota ¿Qué es esto que escucho, Cielos? Pues Lidoro no lo había de haber visto en tanto tiempo. Es así, pero quien duda que lo calló a sus intentos ------, esto averiguarlo no quiero porque me importa tan poco que hallo inútil el saberlo, pero el bien que me resulta de este nuevo acontecimiento es el de libertad pues mi padre está resuelto en estar neutral con todos, solo a reforzarse atento mientras ellos pelean. Alma ya alentar podemos en que no llegue el pesar (ya que ha de llegar) tan presto. Pues destituido Agesilao de su esperanza, y ---- ¿qué podría esperar Lisandro? Ser más dichoso Tan necio en imaginarlo seréis como él, si llegaras a creerlo. Cuanto el mirar a Lidoro tan fiel a con Lisandro siento y que a mi pasión no entienda/encienda lo que a mis labios reservo. ¡Cuánto merece quien ama sin esperanza del premio! Si os doy disgusto, Señora, el no aumentarlo pretendo. Dadme licencia. Llevad sabido que en ningún tiempo gustare de oír que habléis en Lisandro más que aquello que se os pregunte. Obediente a vuestro precepto estaré gustoso, ¡a tirana adorada apetecido dulce veneno de amor! En que tu esperanza da materia a tus incendios si no mitigan las llamas la nieve de los desprecios. Extraño es tu condición pues los amantes afectos de príncipes tan heroicos, que igualan tu nacimiento, no los debiera tratar con tan dureza tu pecho. ¡Ay, Lidoro, que tu causas esta extrañeza, supuesto que, no pudiendo ser tuya, ser de ninguno pretendo. Parece que disgustada te miro. No sé que tengo, prima, pues nada a mi gusto imagino en cuanto vea, y de puro sentir ya no sé (¡ay de mí!) lo que siento. Pues que de mí lo recatas apurarte no pretendo en que me digas la causa de tu mal, pues mi contento es los que tu agrado estriba; y así, a mí cuanto pretendo retirarme: ¡activa llama que arde voraz en mi pecho transfiere al de Agesilao en mis suspiros tu incendio! . Idos todas y ------------ sola conmigo quede. DAM. Obedezcamos. Entre varios discursos que a ----- con mi pensamiento el que ahora prevalece es considerar que efecto logo a mi juicio en hacer que Lidoro deste reino no saliese sino dar a mi pasión más fomento pues fuera mejor Es hora de que pueda hablarte un siervo que sin ser nada bendito está siempre recoleto. Vamos al caso y locuras deja. Si locuras dejo, no podré hablar de Lidoro hasta que vuelva a ser cuerdo. Sí harás, pues sabes que siempre tus noticias recompensé. Y ahora, este diamante. Basta. Obligarte podrá. Bueno, con esta piedra rompiste, de medio a medio, el secreto que tanto tiempo guardaba. Sabrá, Señora, ya queste pliego que le ha venido a Lisandro, a Lisidoro decir quiero, entre los demás que ayer de Atenas por un correo recibió, te informará de tus dudas por extenso pues para este fin anoche se le hurté estando durmiendo y ahora con tu licencia ausentarme de aquí quiero porque no me halle contigo, pues a fiarte me atrevo secretos tan importantes en fe de que tu respeto mirando por mi peligro asegurara mi riesgo. Oye, escucha SIR Por la sala, como galgo tras conejo, escapó. Muchos enigmas en sus palabras comprendo que el equívoco del hombre es alma de su concepto. Ve y mira si alguien viene ------ en tanto que leo. SIR. Ya te obedezco, Señora. Algo hay aquí que no entiendo. A la Majestad augusta de Lisandro, Rey Supremo, Vuestra Majestad prosiga Disfrazado y encubierto estar en Creta, en tanto que yo le voy a entregar su reino pues Ardidas queda ya reducido a tal extremo que ya no se podrá escapar mañana de preso a muerto y con sus tropas triunfantes a la vista, me prometo que lograra V. Majestad el colmo de sus deseos a pesar de su enemigo. Agesialao Polemio; ¿Qué es lo que he leído? Confusa y dispensa quedo. Quien dijera que a Lisandro hiciera mi amor desprecio, siendo Lidoro la causa y los siendo el mismo. Hagan de su tolerancia sacrificio a mi respeto. Fortuna pídeme albricias de la ventura que tengo pues, aunque no sé si soy la causa que en este reino tanto tiempo le ha tenido abatido, pobre y preso siendo fábula del vulgo, (que estaba loco creyendo) por muchos antecedentes que acá en mi juicio resuelvo mis esperanzas animo cuando miro, cuando atiendo que opuesto de Agesialo desde que llegó a este reino siempre ha sido con mi padre, frustrándole sus intentos. Dígalo el lance del guante de cuyo principio adverso fueron resulta la dicha de que sacase del reino Agesilao sus tropas, y que Clodio en arma(s) puesto en la corona de Lidia restaurase su derecho. Dígalo el mirar que pudo con él, tanto mi precepto, que le hizo quedar en Creta a tantos riesgos expuesto, como los que un abatido tiene a vista de un soberbio que hace con lo soberano de lo humilde menosprecio. Y si todo esto no basa, baste el saber pensamiento que sus agentes apellidos, según lo escribe Polemio, para que a vista de Creta favorezcan sus intentos los que no dudo serán en su aplauso y en mi obsequio, y así pues, su fineza pague. Yo reservando en mi pecho esta noticia hasta tanto que más la declare el tiempo, o quiera pues la Fortuna o, propicio quiera el Cielo que si su secreto ama como le ama mi secreto encaminándose a un fin dos tan iguales afectos al ver un amor tan puro quede al mundo por proverbio que de los meditos de amor el silencio es el mayor. De cuanto me decís quedo avisado, Agesilao, y bien os lo ha mostrado el mirar que Constante en este intento de Clodio y de Polemio, no consiento entrar en la alianza que pretenden aunque ofrecen partidos que defienden mi autoridad, que así pagar espero aquella acción cortés de que al primero impulso retiraseis vuestra gente, supuesto que cuando indiferente entre tanto vecino poderoso ninguno me tendrá por sospechoso. Vuestro dictamen cuerdo no resisto, mas solamente en la propuesta insisto de que aqueste fatal, fiero accidente no sea de mi amor inconveniente. Venced de Rosimunda la tibieza, y seguro quedad de mi promesa. Supuesto que mi ausencia no permite dilación, será fuerza solicite esta tarde saber su pensamiento para partir a Tebas más contento si algún favor anima mi esperanza, que el que insiste en rogar tal vez alcanza. Fatigado me siento de la audiencia y a descansar me voy si dais licencia. Serviros es en mí el mayor alarde. Vuestra fineza estimo. El Cielo aguarde: ¡Oh, cuánto un suceso muda de la Fortuna el semblante pues ayer sobre su rueda tuve por tesoro infame el que mis armas en Creta sus furores empleasen por no haber entre sus fuerzas para mis triunfos contraste, y mi necia confianza hizo que todo lo errase dando armas contra mí mismo para que hoy experimentar llegue que es la ingratitud paga del beneficio más grande al advertir que Anteón con tanta tibieza trate mis pretensiones. ¿Señor? ¿Fenisa divina? Dadme licencia de que os pregunte cuál es la causa que os trae tan retirado. Señora, no es mucho que estarlo trate quien pretendiendo agradar, (el) que solo así agrada sabe, pues el que ama aborrecido la mayor fineza que hace es no aumentar con su vista de quien ama los pesares. Buscando a mi prima vengo a esta sala en que mi padre … Mas, ¿qué es lo que miro, Cielos? Ya es fuerza el recatarme porque escuchar quiero cuanto Agesilao y ella hablen. Aunque habláis de Rosimunda, pasar podéis adelante advirtiendo que me alcanza mucho parte de vuestros males. Pues a vos, ¿por qué razón? Por ver lo poco que valen, contra los desdenes rebeldes, persuasiones eficaces. Lo que debo a mi prima en que así le desengañe, embarazando con esto que su porfía me canse. A un caprichoso desdén es difícil contrastarle y más cuando el cariño ni el mérito aprecio hace; mas decidme vos si acaso pendiera en vuestro dictamen de mis quejas el alivio, ¿serían más agradables mis ansias a vuestro oído? Cuando este caso llegase pudiera tal vez pagar de mi prisión el rescate supuesto que estoy a ello obligada sino amante. Vuestro agrado y hermosura cuerdamente satisfacen mi deseo, mucho estimo hallaros tan favorable. Que os retiraseis quisiera antes que venga a buscarme Rosimunda. Yo sabré su designio aquesta tarde y pues no dudo será el que siempre, y es indudable el que deje de saberlo siquiera por ---------------- la mudanza que pretendo; si está en su desdén, constante, creed de mí, bella Fenisa, que antes que a mi reino pase vengando de una belleza la condición arrogante. ¡Qué bien muestra lo grosero para no restar lo mudable! Pondrá en la vuestra mi afecto. No paséis más adelante que no es bien sonroje en vuestros labios mi semblante, que suplo en su falta ---------- ¿Pues no conocéis, Señora, que otra salida no tiene este lance, habiendo venido con Rosimunda a casarme que esperar de su respuesta, o sinistra, o favorable, la resulta para el logro de mi intención? No es dudable, mas temo que mi desgracia, de mi desdicha se labre. Bien lo pudieras tener, siendo con Lisandro el lance pero con Agesilao, será tu recelo en balde. Contraria esperanza llevo bien que llegara a sentarse, si con vuestra mano logro de su infiel desdén vengarme, con esto dadme licencia. Los dioses, Señor, os guarden. No venciendo en Rosimunda la esquivez intolerable, el reino de Creta pierdo; y así para asegurarme en la amistad de Anteón, en suerte tan deplorable con lo que llegue a ofrecerme fuerza ha de ser contentarme. ¡Qué ciego que está mi amor pues pasa por el ultraje de que para ser dichosa otra su amante desaire! Que su plática escuche será bien ahora calle hasta mejor ocasión. ¿Prima? ¿Cómo te tardaste tanto? ¿Ha sido mucho? Sí Divertida en cierto lance en esa otra antesala estuve, y asegurarte puedo que me hallo gustosa de haberte sabido. Males, si acaso escucharnos pudo. ¿Y qué fue? Ya tú lo sabes en parte, pero del todo llegarás pronto a informarte. CRI. Señora, en los miradores de palacio está tu padre aguardando que lleguéis a mirar sobre los mares una poderosa armada que a lo lejos divisarse se deja, cuya novedad que ya en palacio se esparce las confusiones aumenta pues a Creta el rumbo trae, de paz muestra las insignias, y en los buques y velares se presume ser de Atenas. ¿Qué es lo que escucho? ¡Vamos, prima! De alborozo el corazón no me cabe en el pecho, pues Lisandro ya es fuerza que se declare. Júpiter quiera que sea para pagar mi fe amante, y que si es otro su intento, de ser Lidoro no acabe. Confusa y sin alma voy al ver tantas novedades. Señor, ya de tus venturas el logro a la vista tienes y a tu cordura previenes la enmienda de tus locuras. De Polemio en la instrucción quiera el Cielo que acierte pues está mi vida o mi muerte pendiente de la elección de Rosimunda. Es forzoso el que te declares ya si él supiera que lo está con la princesa, furioso vengará en mí la vileza de haberle hurtado aquel pliego. De mi condición reniego si se lo ---------- Su Alteza. Pues es Polemio a quien fía tan alta empresa mi diestra. En vano tu fe desmaya pues te viene a buscar con una armada en el mar, un ejército en la raya. Hoy, Rosimunda, haré muestra, en cumplimiento de la fe mía, la palabra que te dio de defender tu albedrío de cuanto en el amor mío mi obediencia demostró/ se mostró en vano tu fe. Se acerca a esta parte, Señor, el Rey con la Princesa y la Infanta y Agesilao que confuso está y no sabe lo que pasa pues se ve sota de bastos el que ayer fue rey de espadas y a los pies de los caballos se encuentra en esta baraja. Retírate hacia esta parte que llegan ya. Pues la armada del ateniense se mira a vista de Creta, nada me queda ya que dudar de que el designio que traiga de asegurar mi amistad, porque no infiero otra causa al ver que la voz es falsa de que Lisandro se halla oculto en mi reino. Yo, Anteón, recelo lo traiga otro asunto más altivo que el que tus voces declaran, y más cuando en tus fronteras su ejército ya se halla y a no estar asegurado de la fe de tu palabra me tuviera sospechoso tan notables circunstancias. Hay de quién espera en ellas ser dichosa o desdichada. Hay de quien, golfos de dudas sus pensamientos contrastan. POL. Llegue el esquife a la orilla y en fe de la salvaguardia ninguno si no yo, a tierra llegue. Las velas amaina. ¿Qué es aquesto? CAP Gran señor, es de ese rumor causa que apenas lanzado el ferro esa poderosa armada señales hizo de paz con sus trompetas y -------; cuando desde la eminente torre del muelle, la blanca bandera ofreció el segundo. Y en fe desta real palabra un joven en un esquife a tierra llega y aguarda como embajador que es de las atenienses armas, solo que le des licencia para llegar a tus plantas. Quiera el Cielo que la traza no yerre, que por mi aviso tiene para esta embajada pues de todo esto instruido. Los marciales instrumentos le hagan repetida salva y decid que al punto llegue. ¡Qué esto miro! Albricias alma, pues a Lisandro su reino tan feliz día restaura. ¡Cielos si aqueste accidente frustrara mis esperanzas! En los semblantes miro, como yo no hablo, que unos ríen de lo que otros rabian. CAP. ¿Ya llega el embajador? POLA vuestros pies, gran Señor, espero que gran alarde haga la pretensión que procuro en vuestro favor fundada. Mis dichas anuncia el alma. Levantad y decid, embajador, de vuestra venida la causa. POLAntes, Señor, que la diga permite llegue a las plantas de Rosimunda por ser a quien viene encaminado de mi amo la instrucción, más que a vos. ¿Qué escucho? Pues, ¿qué novedad es esta? POL. Ya mi voz os la declara: ya sabéis que derrotado en vuestras cretenses playas, Lisandro quedó muriendo en la voz que al mundo vaga en su falta de espacio porque su suerte infausta quiso que Ardidas tiranizase de su reino la Diadema soberana sin más razón que la que su soberbia altiva y vana de otros príncipes valida tuvo para que lograra asegurarse en el trono con el poder de sus armas. Yo, que la verdad sabía, no queriendo revelarla sino a los que vi resueltos para defender su causa, esperé tiempo oportuno en que una empresa tan alta no malograse su asusto la que se miró lograda. Luego que Ardidas creyó la corona asegurada en su cabeza, mandando en fe de su confianza que la auxiliares tropas de Atenas se retiraran, apenas le obedecieron, saliendo de nuestra ------ cuando a todos los leales di noticia de las cartas que de Lisandro tenía, animé sus esperanzas sin que donde estaba oculto a ninguno revelara porque este secreto solo en mi pecho se guardaba. Divulgose la noticia y la plebe puesta en armas contra Ardidas, se publica ya su Rey, Lisandro aclama por su General, me eligen de mar y tierra, y las armas tomando, ciegos discurren por las calles y las plazas. Ardidas y su parciales salvarse huyendo intentan de la ciudad en el castillo, pero a la siguiente mañana, dispuso feliz mi suerte que con arietes cayese una parte de su muro, por donde, con furia osada, venciendo la resistencia que en los de adentro encontramos, pudo conseguir el trofeo; aunque de Ardidas la rabia el furor o la congoja tanto su impulso arrebata que se dio muerte fiera con cuya honrosa hazaña se entregaron los demás prisioneros de mis armas. Con júbilo y regocijo todos a Lisandro aclaman, por lo cual hice patente una orden que me enviaba para que, en el punto mismo que Atenas de sosegara, reducida a su obediencia marchasen hasta la raya de Creta todas sus tropas y en la misma instrucción manda que a Creta con los bajeles disponga luego mi marcha donde un pliego que me incluía cerrado en su altura abra. Ejecuté su mandato, llegué pues a vuestras playas y abriendo el pliego, el orden ejecuto que me manda, y es que a vos, Señora, viendo naval y terrestre armada, para que a vuestro albedrío fuerza ninguna se haga, que elijas a vuestro gusto estado en la confianza de que es su amor tan perfecto y su fineza tan postrada, su culto tan reverente, que, aunque salga desairada su persona en la elección, no quiere de vos más paga que saber que sus obsequios admitís en vuestra gracia. Y si acaso al casamiento aversión tenéis jurada, habéis de quedar en Creta por su Reina hereditaria a la vista de mis gentes antes que aquí me parta, puesto que mi soberano para estos dos fines manda que disponga mi venida elegido el que os agrada. Y, advertid, Señora, que de Lisandro en este asunto está empeñada la palabra y no vovería a su patria, del sitio donde está oculto, sin que consiga su fama, de su amor y su silencio la más meritoria hazaña que en las memorias del tiempo inmortal nombre se labra. ¡Cielos, no sea su respuesta sepulcro de mis esperanzas! Al ver tan grande fineza, el gozo la voz me embarga. Atónito estoy y no sé, Dioses, qué es lo que me pasa. Miren por dónde se ha urdido de aquesta tela la trama. ¿En qué vendrá a parar esto? Aunque me haga disonancia que, viviendo yo, Lisandro aquesta propuesta haga a Rosimunda, no quiero que duelo mi queja haga por donde su urbanidad airosa en todo no salga entre Agesialo y Lisandro. Elige, que a mí me basta saber que, siendo ambos dignos, queja el que excluyas no haga, mirando que en uno solo la suerte es fuerza recaiga. Pues a vuestro Rey decid que quedo muy obligada al socorro que me ofrece, y que mientras se recata, será forzoso suspenda de responder a las instancias, suyas y de Agesilao. Dicha tan suprema y alta pues conseguirlo no espero, mejor me está dilatarla. ¿Sigue la instancia, Polemio? POL. Esa respuesta no basta, Señora, a que me retire porque estar oculto trata hasta que, en vuestra elección, logre o pierda la esperanza. Y si el que se halle presente es precisa circunstancia, pues su poder represento, haced cuanta que en la sala le tenéis. Así lo creo. Pero, pues no se declara Y en la obligación me pone su fineza cortesana de admitir su obsequio cumpliendo con lo que manda mi padre, será forzoso que premie las esperanzas, entre Agesilao y Lisandro, del que con gloria más alta haya mostrado su amor. Pues soy, Señora, el que alcanza ese timbre al ver que nadie mis rendimientos iguala. No dudo que encenderéis mis dichas a mi constancia. Eso intento y al cumplirlo, porque mi esquivez ingrata no os de motivo a vengaros. quiero dar a vuestras ansias lugar para que Fenisa, cumpliendo sus esperanzas, os ofrezca con su mano de su rescate la paga. No fue en vano mi sospecha de que oyó cuanto se hablaba. ¿Si yo, Señora? Es en vano oíros, pues si esperabais mi respuesta aquesta tade para mudar vuestros afectos en Fenisa y si constante yo en mis desdenes estaba, podéis en ellos seguro cumplirla vuestra palabra y consentirlo mi padre. El reino que heredo en paga la dirá de la alegría que a mi corazón le causa el ver que me libra en vos de una persuasión cansada, de una altivez presuntuosa y de una cautela falsa, que la esperanza del reino entre el amor disfrazaba y pues ya están descubiertas las ideas que tratabais contra mi altivo decoro desde que llegué a escucharlas, porque, que aprendáis a ser fino antes de que agora falta que otra cautela descubra. Pues ya es tiempo de que salga de la cárcel del silencio porque en la pública plaza del mundo pueda admirarse por noble ilustre y estraña Vuestra Majestad, Señor, pues cumplió ya la palabra que me dio como Lidoro cuando en la prisión estaba de defender mi albedrío salga a recibir la paga (hoy que siendo ya Lisandro no hay en nuestro ser distancia) de sus amantes finezas. ¿Yo, Señora? Aquesta carta con sus caracteres muestra cuanto vuestra voz recata. Esta es la que de Polemio recibí. ¿Cómo se halla en vuestro poder? Ahora se descubre la maraña. En otro tiempo lo sabréis, que ahora no es de importancia. Raras cosas estoy viendo. POL. Mis afectos a vuestras plantas, puesto que estáis declarado, su obsequio consagra. ¿Qué extrañeza? ¿Qué accidente? Pues, ¿qué designio? ¿Qué traza? LOS 4: ¿Os movió a estar oculto? Designio, accidente, causa y extrañeza, todo fue nacido de que amparada en un esquife mi vida del reencuentro y la borrasca que ya sabéis lograr pude fuese mi asilo las playas de Creta donde logré, Anteón, que me ampararais. Viendo a Rosimunda entonces cuya deidad soberana aprisionó mi albedrío de tal suerte que mi patria, mis reinos y señoríos no fueron bastante causa a que perdiese por ellos de vista sus luces altas. Entonces, por no exponerme a que pudiera ser causa mi infortunio de negarme Anteón la dicha que el alma en tan divino sujeto dichosamente aspiraba, a quedarme resolví en Creta hasta que mudara de la Fortuna el semblante en ventura mi desgracia sin que el perder mi reino, ni estar fuera de mi patria, pudiesen en mis afectos hacer alguna mudanza. Nunca la hubieran hecho si Agesilao no llegara a despertar en mis celos las fieras ardientes llamas, pues mostrando los efectos sin manifestar las causas, dieron motivos a que todos por loco me despreciaran, siendo la mayor cordura que en mi silencio se halla, pues el callar con amor los celos es circunstancia que no cabe en las voces razones para explicarla. Vos rompisteis mi silencio, Señora, y a vuestras plantas os suplico que no pierdan mis méritos la esperanza, que mi esclavitus gustosa, que mi voluntad postrada en mi corona y mi cetro, rendidamente os consagro. A esta empresa en Creta vine y si entonces malograrla pudo el cielo, en vos espero que al ver, repito la instancia, oí que en vuestra mano están todas mis dichas cifradas al silencio de mi amor de vuestra clemencia paga. Antes que le deis respuesta, a vuestros pies humillada mi obediencia reconoce que, pues sabéis la tratada plática que con Fenisa tuve, fuerza es desairada recaiga en mí la sentencia y así, porque al pronunciarla segunda vez vuestro enojo no dé a mi desprecio causa: esta es mi mano, Fenisa. Con tal dicha quedo ufana si mi tío la aprueba. Al ver cuánto en ello ganas, dicha es mía de que riendo a Agesilao las gracias. Pues para que a vuestro afecto llegue, Lisandro, la paga del mérito que en mi pecho amor tan secreto labra, en la mano que os entrego os riendo la fe de un alma que también en su silencio ocultó la activa llama del amor que a vuestras prendas digna de amarse inclinaba. Al lograr tan alta dicha, el gozo la voz embarga, y no encuentra los acentos para expresarle su palabra. En un día tan felice, será razón que acabadas las diferencias que ha habido entre vuestras Reales Casa queden. Pues de mi parte lo/a ofrezco como las armas Agesilao retire que contra Clodio prepara. Yo te doy dello palabra por vivir con tu amistad en firme y segura paz y alianza. Con esto todo felizmente acaba. Y aquí también la comedia pidiendo humildemente el ingenio que le perdonéis sus faltas.