Texto digital de La creación del mundo y primera culpa del hombre
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La creación del mundo y primera culpa del hombre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/creacion-del-mundo-y-primera-culpa-del-hombre-la.

LA CREACIÓN DEL MUNDO Y PRIMERA CULPA DEL HOMBRE
JORNADA PRIMERA
¿Qué atrevidos pensamientos, loco, revolviendo estás? ¿No ves que con ellos das precipicio a tus intentos? Tan bello en mi ser me vi, que porque admirar se pueda no sé si a dios le conceda primero lugar que a mí. pues, cuando de su grandeza puso en mí tanto caudal, pienso que hizo en mí otro igual: poder, virtud y belleza. Necio, confesando estás que injustamente te atreves, pues a tu Criador le debes lo que en ti alabando estás. Todo lo puedes perder, pues te atreves a ofendello. ¿Quién te hizo noble y bello? ¿Quién de nada te dio el ser? Confiesa, loco, tu error, pues hay vana competencia de ti a Él: la diferencia que de criatura a Criador. ¿Quién hizo el cielo que miras, quién luces y firmamento, cuyo heroico movimiento, le conoces y le admiras? ¿Quién de espíritus alados llenó globos cristalinos, y con los rayos divinos los dejó en ciencia ilustrados? ¿Quién hizo noches y días? Huye, necio, tus errores, pues te hizo más favores que a trescientas hierarquías. Nada al poder que me ves lo que has dicho contradice: Él me hizo, y yo me hice con más libertad después. Igual le soy en poder, igual en naturaleza, en calidad, en belleza; y si Él ha podido hacer esa creación, yo podría lo mismo hacer con mi ciencia, porque, mientras Él lo hacía, sólo hubo de diferencia que Él velaba, y yo dormía. ¡Calla, ingrato! partes bellas tengo para hacerlo así, y, si cayera, tras mí me llevara las estrellas, y del mismo dios asido, hemos de bajar los dos. Bárbaro, ¿quién como dios? Caí, pero no vencido. en eso das a entender tu locura, y no podrás ni arrepentirte jamás, ni dejar de padecer, siendo con pena cruel atormentado ¡ay desvelo! publique victoria el Cielo, pues que triunfa de : que contra tanta malicia seré, mientras loco gime, tu alférez mayor, que esgrime la espada de tu justicia. pues con suma providencia cayó al paso que subió: venció adonay, venció su divina omnipotencia. ¿Qué importa que del cielo me haya echado injustamente dios, qué importa ahora, si con la ciencia infusa me ha dejado? ¿No es perpetuo mi ser? pues ¿cómo ignora que igual tengo de ser a su grandeza, por la que en mí, infinita, se atesora? ¿puede acabarse en mi naturaleza? angélica materia me asegura que eterna viva mi infernal belleza. ¿Qué importa que me arroje de su altura, si mi soberbia sube hasta su asiento, y aun el espacio imaginario apura? Mas ¡ay de mí! que ya mi agravio siento, que a lanzadas de envidia me maltrata: ¡fiero penar y desigual tormento! Vengarse quiere de mi injuria ingrata por el más soberano y cierto modo, que en penas tantas mi pasión dilata. del polvo infame, del infame lodo del campo damasceno está formando al hombre vil, para afrentarme en todo. Ya su fábrica heroica está acabando, ya el alma racional le está infundiendo: ¡tal honra en tal bajeza! estoy rabiando. Ya, para más afrenta y desconsuelo, le traslada en el bello paraíso, dándole posesión de todo el suelo. Ya el hombre en él, con celestial aviso, alaba a dios: ¡ah, pesia su alabanza! ¡Qué poco en ofenderme fue remiso! Mas ya de una diabólica asechanza valerme intento: mi inmortal cuidado guerra promete al hombre a espada y lanza. La fruta de aquel árbol le ha vedado, precepto que verá presto rompido del hombre mismo, a quien ahora ha honrado. Ya a su presencia todos han venido, domésticos, las aves y animales, y a cada cual su nombre ha repartido. Que humildes le obedezcan y leales dice dios, a pesar de quien derrama en barro quebradizo honras iguales. Ya le da nombre dios, se llama; del nombre mismo su bajeza arguyo: ¿con quien de tierra es, pretende fama? pero si en eso está el remedio suyo, porque, viendo que es tierra, humilde sea, el argumento, aunque valiente, excluyo. Ya se duerme, acción humana y fea: en presencia de dios se ha descuidado, porque conozca en quién su amor emplea. pero de una costilla de su lado forma dios una hermosa maravilla: compañera, sin duda, al hombre ha dado. Ya, acierta mi experiencia, la costilla, que en su fragilidad es fortaleza, a mi cautela juzgo que se humilla. guárdese el hombre, que mi enojo empieza; toda humana criatura haré se asombre, destruyendo tan vil naturaleza. Y si es de dios imagen bella el hombre, puesto que estoy de dios tan ofendido, la he de borrar por ofender su nombre. Hermoso pedazo mío, que de mi lado siniestro la eterna sabiduría dio materia a su concepto; dulce esposa y compañera, tan igual en los afectos, que sois carne de mis carnes, y, siendo mía, soy vuestro; fiel esposa y fiel amiga, en quien recíproco veo, si no un cuerpo con dos almas, un alma, sí, con dos cuerpos; ¿cómo estáis? Como quien sale del abismo de sí mesmo a la luz que nunca vio; pero, al fin, reconociendo, por gracia comunicada, que sois mi esposo y mi dueño, que fuistes materia mía, que sois causa del efecto; y que ganádome habéis por la mano en los requiebros. pues, porque sepáis quién sois, oíd, que deciros quiero nuestros principios humildes, de dios los altos secretos. Sabed que en su misma gloria, sin principio, fin, ni medio, estaba dios, cuando quiso dar principio al universo: que para misterios grandes, prevenidos de , convino así por mostrarnos gloria suya y bienes nuestros. Crió en el primero día la máquina de ese cielo, que con tantas hierarquías con sólo querer fue hecho. Llamole impirio, que quiere decir tribunal de fuego, donde está su eterna silla, y la promete a los buenos. Hizo luego el primer móvil, que con propio movimiento, de un Ángel arrebatado, las nueve esferas que vemos se lleva tras sí, y las mueve. el cristalino hizo luego, como cárcel de su gloria, que impide que la gocemos. Crió la luz, de esterrando las tinieblas, porque fueron divididas de la luz y de ambas fue el día compuesto. Crió en el segundo día estrellado el firmamento, de cuya multitud bella, de cuyo número inmenso los más sabios judiciarios, los astrólogos más diestros mil y veinte y dos estrellas, que observaron con el tiempo. Hizo en este mismo día los siete inferiores cielos. el tercero día apartó las aguas y, descubriendo la tierra, ellas fueron mar, y éste firmísimo suelo. Llenó de plantas la tierra, que al momento produjeron unos, provechosos frutos, y otros, fragrantes alientos. en aqueste día formó el paraíso que vemos, pues ya, esposa, dignamente de su belleza sois dueño. el cuarto día hizo el sol, para que con rayos bellos, presidiendo al día, ilustrase los floridos pavimentos. púsole en el cielo cuarto, de los otros siete en medio, porque su luz, repartida, igualase a todos ellos. por lámpara de la noche, aunque con rayos ajenos, puso a la inconstante luna, veloz en su movimento. el quinto día llenó de varias aves el viento, el mar de infinitos peces, y ambos de las aguas hechos; mas, como de una materia, a un mismo tiempo se vieron, los unos, volar las aguas, los otros, nadar el viento. en el sexto día, esposa, viernes, que reparé en esto, crió fieras y animales, desde el león al cordero. Y por fin de obra tan alta, con humildad lo refiero, crió al hombre, en cuyo nombre se incluyen entrambos sexos. Hízole a su semejanza —gran merced, favor inmenso—, porque el alma racional se parece a dios en esto: que siendo dios trino y uno, nuestro espíritu a sí mesmo es uno en esencia y trino, en tres potencias, su imperio. Hízole dueño del mundo, hízole capaz del cielo, hízole inmortal por gracia, pues, aunque de tierra hecho, asistiendo dios con él será, como dios, eterno. Quedó ajeno de pasiones, como de temor y miedo, y en la original justicia constituido y compuesto. este sois vos, dulce esposa, este privilegio es vuestro: mercedes hechas al hombre para vos también se hicieron. Fijad de este paraíso, fijad los bienes inmensos, que su Criador os previno, teniendo su amor por premio. Todo es vuestro, amada esposa; pero mirad, que os advierto, que aquel árbol no toquéis, que es soberano precepto de dios, si, viendo su gloria fácil reconocimiento, no quiere más su grandeza que este debido respeto, por Criador, por dios, por padre y por mil razones puesto. al que probare su fruta, inobediente del hecho, está condenado a muerte, su gracia eterna perdiendo. No digáis que no os aviso, la obediencia os encomiendo, pues a quien debemos tanto, tributo pide pequeño. Y, si no, haceldo por vos, pues el perpetuo destierro de este lugar pena es grave, que en considerarla tiemblo. Mucho, esposo de mi vida, el aviso os agradezco, de quién soy, y de quién sois, de la pena, y del precepto. pero debéis advertir que me ofendéis con el miedo que he de quebrantarlo yo demostración habéis hecho. Creed que, aunque soy mujer, las manos de dios me hicieron como a vos, y de materia ilustrada en vos primero. Él de lodo os hizo a vos, a mí de vos, aunque pruebo que ni vos seréis más firme, ni yo seré firme menos. Bien podré ver y tocar el árbol. eso te ruego que excuses, pues no se sigue autoridad ni provecho. Tocarlo no más, ¿qué importa? antes, para conocerlo, importa saber cuál es. Quien la ocasión huye es cuerdo, que nunca curiosidades fueron de ningún provecho. ¿Hasta ahora en qué lo has visto? deso nos falta el ejemplo, que ni curiosos ha habido, ni ocasionados sucesos. ¡ay, ! Lo dicho baste; pues nada ignoras, te ruego mires que te deja dios en manos de tu consejo. Si he de decir la verdad, yo por ver el árbol muero, que el pensamiento ligero sigue la curiosidad. ¿Qué puedo perder en ver la fruta vedada? Nada. pues si yo no pierdo nada, ¿qué haré en viéndola? Comer. dos veces me han respondido a medida del deseo. ¿Quién puede ser? pues no creo que otro sino ha sido. ¿Hay en todo el paraíso, ni en el mundo otro hombre ahora? en mis oídos, sonora, esta voz es dulce aviso. Si el árbol vedado toco, ¿habré delinquido? No. ¿Quién me ha respondido? Yo. ¿Qué aventuro en esto? poco. Qué más claro desengaño? pues, sin saber cómo, o quién, dicen quién, y dicen bien: mucho el miedo, y poco el daño. Resuelta, voy a tocar el árbol y a ver el fruto, pues es negarle tributo comer, pero no mirar. Bien la venganza mía en estos miserables voy trazando, estos, de quien se fía la gloria y el Favor que estoy llorando, y, en un rabioso empleo, a eterna muerte condenar deseo. Luego vi la flaqueza de la mujer, y que por ella habría de la fortaleza atropellada entre la furia mía, y, destrozados luego, a sus hijos llevar a sangre y fuego. Toquen de mi malicia las de estempladas y tremendas cajas, y en variar milicia —de altura a voces, y de acciones bajas— padezca el mundo estrago, que por dar pesadumbre a dios lo hago. de la fruta he comido sin peligro ninguno y sin reparo; dulce bocado ha sido. Mejor dijeras si dijeras caro. Mi dicha alabar puedo. en mí es muy dulce, pero en ti es acedo. ¿Has hecho ya experiencia de mis verdades, y tu engaño? ahora, sea por infusa ciencia, que más capaz me hallo y más señora. Quizá que, engañada, señora dice, y es esclava herrada. pues para que consigas la deseada ciencia de las gentes, y claramente digas que eres señora tú y tus descendientes, conviene que tu esposo coma de aqueste fruto milagroso. Con ruegos y caricias le induce ahora coma y no repare; y si este bien codicias, con lágrimas; y si esto no bastare, con amenzas sea. enójate con él porque te crea. el hombre fácilmente llevar se dejará, de ti rogado; ¿qué habrá que hacer no intente, de lágrimas y enojo provocado? pasará por mil fuegos, con tus enojos, lágrimas y ruegos. esposa de mi vida, ¿qué habéis hecho? ¡ay de mí! en la mano tiene la fruta prohibida; quien la cortó, y con ello se entretiene, también la habrá comido, y el precepto de dios habrá rompido. , no os dé cuidado, ni el temor de la muerte os inquiete; ya la fruta he probado, vesme aquí viva, y vida me promete el haberla comido, que lo demás notable engaño ha sido. Comed, esposo amado, gozaréis de la fruta más sabrosa que el paraíso ha dado, y es infalible cosa que no sin causa dios nos la ha negado, porque en ella se alcanza igual ciencia, igual bien y semejanza. ¡oh mujer engañada! ¿cómo el precepto de tu dios quebraste? ¿cómo, de ti olvidada, de tantos beneficios te olvidaste? ¿cómo ¡ay contraria suerte! diste paso a mi muerte y a tu muerte? Turbado, esposo, vienes: ¿qué muerte, qué temor, qué dudas pones? Come, si amor me tienes, no te cieguen temores ni pasiones, no acredites antojos: con lágrimas lo pido de mis ojos. ¿Cómo que no te obligo, que no te persuado con mi llanto? o tú eres mi enemigo, o, como dices, no me estimas tanto; que si tú me quisieras, ¿de qué comiera yo que no comieras? ¡oh fuerza incomprehensible de amor, oh voluntad mal conocida, que sabiendo, infalible, que pierde a dios, la gracia, el ser, la vida, arrastrado y violento, se lleva tras de sí el entendimiento! pruébala, esposo mío. oh Señor, si me hubiérades formado cautivo el albedrío, con vuestra voluntad santa ajustado ¡con qué amor os sirviera, puesto que entonces menos mereciera! en mi propia flaqueza el delincuente hallo y el delito; en mi naturaleza, la ocasión, el gusto y apetito: ¿qué he de hacer, rodeado del mismo yo, de mi mujer rogado? ¿Tan poco, esposo mío, te he obligado? Temo en mí la muerte tuya. poco amor me has mostrado. antes es bien que a amor se le atribuya el negar tu deseo; mas tuyo soy, y de tu amor trofeo. Bien sé que está mi muerte en comer esta fruta. Come, acaba. Mas por no entristecerte, como, aunque sé que peco, y más me agrava aquesta ciencia mía; pero ¿qué no podrá tanta porfía? Ya los fieros umbrales de la espantosa muerte he traspasado, del bien a inmensos males, de la gracia de dios al vil pecado, del sol a la tiniebla oscura y fría; pero ¿qué no podrá tanta porfía? gusté la acerba muerte, gusté el dolor, la pena, el desconsuelo, perdí la mejor suerte, caí, precipitado desde el cielo a eterna esclavonía: pero ¿qué no podrá tanta porfía? ¡ay de mí, ! ¿Qué es esto? ¿Cómo estamos, de dios en la presencia, en este deshonesto desnudo traje? ¡ay triste! esa es la ciencia que pecando aprendimos: de la inocencia el casto ser perdimos. Nuestra fealdad conocida y vista nuestra flaqueza, en la presencia de dios nuestro mismo ser se afrenta. ¡ay de mí! que, inobediente, abrí a la muerte la puertas, dando posesión del mundo a su inorme inobediencia. de mí mesmo me recato. Yo me afrento de mí mesma. Árboles, no les neguéis las hojas a mi verguenza, a mi temor vuestros ramos y a mi desnudez cortezas. ¿Qué sombra habrá que me ampare? ¿Qué ramo habrá que me quiera? ¿Qué tierra que me permita? ¿Qué gruta que me consienta? Los humildes animales, que ya domésticos eran, con rostro airado me miran, con voz me amenazan fiera. La tierra, que daba flores donde yo los pies pusiera, espinas me da y abrojos, que crueles me penetran. Las aves, que con dulces cantos tenían voces compuestas, ya con nocturnos gemidos me amenzan y amedrentan. Las fuentes y los arroyos, que vivos cristales eran, si risueños me alegraban, ya murmurando me alteran. No hay cosa que no me enoje, las inanimadas piedras se levantan contra mí, y en mi pecado tropiezan. Los árboles y las plantas sabroso fruto me niegan: con hambre y con sed me aflige mi propia naturaleza. pero quien ofende a dios bien es que todo le ofenda, que muera como traidor quien como villano peca. Señor, suspended la ira. ¿Cómo pides que suspenda el brazo de su justicia con las manos en la ofensa? Ya la noche de la culpa, cubierta de sombras negras, nos amenaza. ¡ay de mí! ¡Clemencia, Señor, clemencia! ¡No permitáis, ofendido, que esta vuestra hechura muera! dad lugar, Señor, al llanto. Llore y llore , pues que, perdiendo la gracia, perdieron vuestra presencia. jornada segunda
JORNADA SEGUNDA
, de esta misma tierra me formó dios con sus manos, y en ella, por mayor guerra, mis pensamientos livianos con justo rigor destierra. aquí en Hebrón de esterrado, a la vista me ha dejado del paraíso perdido, para aumentar el sentido de la pena del pecado. Nuestro ordinario sudor, exhalado de las venas, es el pan del pecador, ya nuestros bienes son penas, y nuestro caudal dolor. Cuarenta años ha que habemos el pan perdido llorado, y dos hijos que tenemos esclavos son del pecado, aunque en distintos extremos. Justo es, , que no ignore culpa que ha sido tan mía, y que mi suerte mejore, llegando a ver cada día lo que perdí, y más lo llore. Que si el arrepentimiento vale el día del perdón, mis lágrimas en Hebrón diluvios serán sin cuento. Y tanto me arrepentí después que al Señor perdí, que entre mortales enojos no oso levantar los ojos al cielo, a quien ofendí. Con un volcán en el pecho, es bien que llore y suspire, en llanto eterno deshecho, y que la vil tierra mire quien de tierra vil fue hecho. Con todo, al lugar sagrado probar quiero a entrar, por ver si dios se ha desenojado, pues su amor para lo hacer es mayor que mi pecado. No, esposo, que aunque a las peñas rompe el llanto en ocasión, sin fundamento te empeñas, que nuestras lágrimas son satisfacciones pequeñas. Infinita fue la culpa de nuestro aleve desprecio, y en tu corazón se esculpa que con infinito precio se ha de pagar esta culpa. La misma razón lo dicta, que antes más a dios irrita, pues, del dolor obligadas, dos lágrimas mal lloradas no pagan culpa infinita. Infinita es la piedad de dios, llegar es mejor, que, si es sol su Majestad, con los rayos de su amor se deshará mi maldad. Llega, esposa, prenda amada, que abierta juzgo la entrada. para que no entréis los dos tiene reservado dios un querubín y una espada. ¡ay de mí! esposa, ¡ay de mí!, segunda vez ofendí a la Majestad inmensa, pues, con fácil recompensa, me atreví a llegar aquí. Segunda vez ofendida justamente viene a estar, ¡ay esperanza perdida! Lo que conviene es llorar lo restante de la vida. Y creedme, dulce esposo, que, según nuestro pecado, no ha andado muy riguroso dios, pues hijos nos ha dado, de nuestra vejez reposo. Y de haber de perdonallos son señales evidentes bastantes a consolallos, pues no diera descendientes, si hubiera de condenallos. Templará de dios la ira el justo temor de dios. ¡ay ! que de los dos soberbio el uno me admira: humilde, apacible, temeroso y agradable, soberbio, intratable, precipitado y terrible, en su valor mal contento, de condición inhumana; y aqueste desabrimiento es sabor de la manzana, de nuestra culpa instrumento. ¡Qué pena tan repetida está a mis padres cansando! ¿Siempre hemos de estar llorando para que dios nos dé vida? Si a nuestras culpas, Señor, nuestro llanto se midiera, apenas lugar hubiera que no ocupara el dolor. Ya en voy escupiendo de mi veneno infernal, y ya, con rabia mortal, de envidia se está comiendo. mío, hijo amado, ¿qué tienes, cómo estás hoy? ¿Cómo he de estar? Bueno estoy, aunque de vivir cansado. ¿Siempre ese desabrimiento tienes de mostrar conmigo? ¿Qué he de hacer? Soy enemigo de fingido cumplimiento. ¡dios te tenga de su mano! Que yo me sabré tener. Sin Él, , es caer todo fundamento humano. Bien sabe corresponderme, parece que yo hablé en él: soberbia fue de decir: yo sabré tenerme. ¡ mío! ¡Madre amada! ¿Cómo va, estás bien? ¿pues no? Mejor que merezco yo. eso es lo que a dios agrada. diz que se muere el ganado. eso es mayor interés, que dios da ciento después por uno que se ha llevado. dadme a besar, madre mía, la mano. Y mi bendición con ella. ¡Qué inclinación! ¡Qué cansada hipocresía! ¡Hágate dios tan dichoso, que cubra de tus ganados los montes y los collados un ejército copioso. ¡Tanto amor, tanta terneza, tanto ! ¿Qué más quiere él? ¿No hay en casa más que ? ¿en él se acaba y se empieza? ¿Qué tiene más que yo? Si es pastor de sus ganados, esos montes y esos prados le dan sustento, que él no. Yo, que cultivo la tierra y para que de su fruto dé el ordinario tributo estoy en perpetua guerra con el azadón y arado, sé qué es padecer, y sé que, cuando dios me lo dé, lo tengo bien trabajado. parece que mis liciones doctamente ha repasado: buen discípulo he sacado de soberbias y ambiciones. Él, regalado y servido, sin trabajo alegre pasa, y yo con él, en mi casa, soy malo y aborrecido. Mi trabajo y mi sudor es bien, hermano, que cuentes, pero, como no lo sientes, juzgas el tuyo mayor. Si quejoso de mí estás, puesto que a serlo me obligo, parte trabajos conmigo, de los que te cansan más. No es necesario advertirte que más pequeño nací; descansa, y mándame a mí, que gustaré de servirte. Haz prueba de aqueste amor, que, entre tantos desvaríos, si tus trabajos son míos, yo los llevaré mejor. , hijo, teme a dios. Yo ¿qué debo a lo que hicistes, supuesto que le ofendistes? Vos, padre, ¡temelde vos! este, en modos excelentes, estudia otra facultad, que en una universidad hay clases muy diferentes. Vos le tenéis ofendido, temelde vos por los dos, que ¡basta pagarle a dios lo que no habemos comido! No os escaparéis ya vos: este morirá cual muero, que ya solamente quiero que pierda el temor de dios. dices mal, que si los bienes de nuestros padres gozamos, también su culpa heredamos. ¡Qué poca razón que tienes! Monte y tierra cultivada debemos a dios los dos. Tú le deberás a dios, que yo no le debo nada. a mi trabajo le debo estos frutos que me da, que Él con su cielo se está, y yo por jornal lo llevo. pues ¿si dios no te enviara su rocío, y no lloviera? Cuando no llueva, en mí diera lluvia el sudor de mi cara. dar vida al hombre que nace ¿no es deuda en que a dios le estamos? pues, por eso le llamamos dios, y su negocio hace. ¿Tal dices? ¿en qué pequé? debes a dios que quisiera hacerte hombre. No me hiciera, que yo no se lo rogué. ¿pues fuera mejor hacerte una bestia irracional? Si en la vida soy igual, serlo quisiera en la muerte. eso dices, y ¿no adviertes que debes a su clemencia el sufrirte con paciencia, pudiendo darte mil muertes? Mucho has a dios ofendido; sacrifícale con pecho sencillo y agradecido. ¿Yo? ¿Qué mercedes me ha hecho después de haberle servido? dale ofrenda que mitigue su enojo. Lo que me dio le daré, porque le obligue, si hacerme mercedes no, para que no me castigue: de las mieses le daré. Mira que sean las mejores. Claro está, y con las peores mi trabajo premiaré. ¿Come dios? No. pues es llano que basta, cuando le ofrezca, mies que con grano parezca, aunque nunca tenga grano. este sí que ha deprendido ciencia de que gusto yo; todo el aire me cogió, soberbio y no agradecido. a preguntarle quiero: y tú, , ¿qué has de ofrecer? Quisiera, padre, tener un alma en cada cordero, porque la víctima fuera tan capaz de entendimiento, que el humilde ofrecimento a dios ahora dar pudiera. pero a dios, a quien adora mi alma, pienso ofrecer corderos que puedan ser blanco vellón del aurora; porque en su esplendor confío que el sol, con alegre salva, echará, al salir del alba, hebras de oro su rocío. Corderos blancos daré, porque conozca el Señor en su inocencia mi amor, y en su blandura mi fe. Vamos, que dios nos espera con sacrificio a los dos. pensara que no era dios si tu ofrenda recibiera. Cuán diferente es la ofrenda, y la intención en los dos. Bien, Señor, conocéis vos que me pesa que os ofenda , y, en tanta agonía, con justa razón suspiro, que en él reiterado miro mi pecado cada día. pedazos del corazón son los dos, mas diferentes, que a diversos accidentes los llama su inclinación. Y llego tanto a temer las impaciencias extrañas de que, a poder ser, le volviera en mis entrañas, porque volviera a nacer. Tanto tu impiedad me admira, como tu desenfrenado rigor; ¡ay hijo, engendrado en los brazos de la ira! padre soy, téngole amor, y tanto que, condolido, porque le miro perdido le quiero con más dolor. daré a dios la pobre ofrenda de mis bienes, siendo en esto reconocida criatura al ser, que a sus manos debo. en señal de que soy hombre que rompo a la tierra el centro, quiero para dios el fruto que a mi trabajo le debo. este manojo de espigas os doy, Señor, si es acepto a vuestros ojos: tomalde, que bien sé que satisfecho estáis de que yo trabajo para ganar mi sustento. Todo me cuesta sudor, si vida me da, y es cierto que, con pensión tan pesada, es como tenella a censo. de que os agrade mi ofrenda será señal ver el fuego que de vuestras manos baje; y al contrario, de no vello, pensaré que no os agrada. pero, al fin, yo por lo menos cumplo con dejarlo ahí. Señor divino y eterno, en cuya presencia estoy, y a cuyo poder sujetos los más altos querubines están temblando, suspensos, cuya Majestad gobierna la máquina de los cielos, y en este mundo inferior sin vuestro mandato expreso no mueve la hoja el árbol, ni tiene licencia el viento; si es mundo pequeño el hombre, en cuya fábrica vemos rasgos de vuestra deidad, pues, con tantos previlegios, dais a tan humilde tierra facultad de hacerse eterno; con razón os llaman santo, poderoso, fuerte, inmenso, amable, sabio, piadoso, inefable, justo y recto. No sólo las hierarquías de los espíritus bellos, que, en vuestro amor abrasados, os asisten compitiendo, sino las criaturas todas, los formados elementos para tanto bien del hombre —con lenguas de fuego el fuego, aplicado a la materia, razones forma y requiebros, que para con Vos, Señor, sus llamas son de amor tierno; el aire, de lengua falto, con reconocido afecto voces de las aves goza, y os ofrece dulces ecos; el mar que, en valientes ondas, duplica montes excelsos, siendo a su ferocidad vuestro nombre blando freno, con regalada armonía rompe sus cristales bellos, porque la lengua del agua os alabe obedeciendo; la tierra os bendice a voces, pues da, en sus fértiles senos, una lengua en cada espina y en cada flor un concepto—, pues, Señor, si todos dicen quién sois, yo que a estaros vengo, más que todos, obligado, este cordero os ofrezco en humilde sacrificio, de mi ganado el más bello. Recebid en él mi amor, en él os doy lo que puedo de mi pequeño caudal, supuesto que todo es vuestro. No porque premio me deis, ni porque el castigo temo, sino por ser Vos tan digno de amaros y obedeceros. , dios ha recebido tu amoroso ofrecimiento, y a sus oídos llegaron tus clamores y tus ruegos. Señor, indigno me honráis, tanto favor no merezco. para hay voz no más, y para su ofrenda fuego: bien digo yo que es muy poco siempre lo que a dios le debo. ¡Hermano querido! Basta, que oyó dios tus ruegos, fue tu ofrenda recebida, y tu sacrificio acepto. pues también lo será el tuyo, que dios es piadoso dueño; para conmigo, no es mucho. ¿Cómo no? Siempre me ha hecho tan conocidos agravios; no sé por qué, no lo entiendo. dime, ¿es justicia criarnos hijos de unos padres mesmos, para hacerte a ti favores, y a mí agravios y desprecios? Nunca faltó su palabra: dale amor con sano pecho, y verás cómo recibe tu ofrenda. enfadado vuelvo con del sacrificio: de ver su humildad me ofendo, todas sus cosas me cansan, sus dichas me tienen muerto: ¡vive dios! que le he de hacer un pesar. Baste. Ya vuelvo. Mira que juntos venimos, y juntos es bien que demos la vuelta. espérame aquí, que no tardaré un momento en volver. Iré contigo No vengas. pues aquí espero. Sus humildades me cansan. Su voluntad obedezco. ¡Con qué disgusto le miro! ¡Con qué temor le respeto! por ofenderle me abraso. en servirle me deleito. cain Hallará en mí su castigo. Rogaré a dios por su acierto: Señor, mostraos más piadoso con mi hermano, que, si necio, ingrato, no corresponde al favor que le habéis hecho, bien es que en vuestra piedad halle su inquietud remedio. ablandad su corazón con favores, dalde aumentos, y en mí emplead sus castigos, pues que mejor los merezco. presto me trujo la envidia. Con bien vengas. ¿Vine presto? Sí, hermano, aunque amor juzgaba un siglo cada momento. pues yo te pagaré ahora esa voluntad. ¿Qué es esto, hermano? No soy hermano, sino tu enemigo. ¡ay, cielo! dios sea conmigo, Señor; perdonad mis muchos yerros, y perdonad a mi muerte. en sangre cubierto su rostro y el suelo baña: ¡qué temeroso se ha puesto! ¡, ! No responde: ¿cómo, si los golpes fueron en la cabeza, faltó a la lengua movimiento, el oír a los oídos, y a los ojos luz? ¿Qué es esto? Ningún movimiento tiene, esto sin duda es ser muerto. Maté a ¡terrible culpa! Yo he sido el hombre primero que abrió a la muerte las puertas del mundo, y parezco en esto a mi padre, aunque la abrió por quebrantar un precepto, y yo, por sólo esgrimir este bestial instrumento. , ¿dónde está tu hermano? esta voz, turbado, temo. ¿Qué sé yo, soy yo la guarda de mi hermano? ¿a dicha tengo obligación yo de daros cuenta dél? Cubrirle quiero. Que aquesta voz es de dios, cuyo justo rigor tiemblo. así esconderé mi culpa, si a dios esconderle puedo, lince de eterna justicia, el más leve pensamiento. , ¿qué es de...? ¿Qué sé yo? oye, aguarda, escucha, necio; que anticipas la respuesta. ¿Qué sé yo de ? ¿Qué es esto? ¿Que sé yo, qué sé yo dél? Ya de su temor infiero algún desastrado caso, algún infeliz suceso. , hijo, , bien mío, , hijo, sordo el eco aún me niega de tu nombre infructuoso consuelo. dime. ¿Qué sé yo de ? aparta, aparta, que quiero buscarle. ¿Qué sé yo dél? Mas ¡ay de mí! pobre viejo: ¿no es este? Él es, muerto está: ¡oh terrible desconsuelo! Hijo de mi corazón, luz de mis ojos, remedio de mi vejez, ¿dónde estáis? ¿por qué delitos han hecho con vos tan grande crueldad, siendo vos manso cordero, en la condición afable, sencillo en los pensamientos? pero ya sé, hijo amado, que dios os guarda en su seno, porque no hubiese en el mundo, sin vos, cosa de provecho; y porque fueseis también el riguroso instrumento de mi castigo: ¡ay de mí, que más desdichas merezco! Y si mi culpa os impide gozar sus bienes inmensos, pedilde a dios no dilate la ejecución del remedio. Mas ¡ay! que su madre viene. Cubrirle con ramos quiero, que la matará el dolor, si llega, piadosa, a verlo. , esposo, ¿qué hacéis? ¿dónde nuestro está? presto, fue, digo, vendrá... que el ganado... ¿Qué tenéis, que estáis, esposo, turbado? digo que vendrá, que fue... porque ya el ganado se... ¿Qué me decís del ganado, que apenas os he entendido? Vamos de aquí, y lo sabréis. ¿dónde llevarme queréis, si mis hijos no han venido? Vamos, que ya, ya vendrán. apartad, que esa porfía de alguna desdicha mía me da sospechas, . Ya encubrirlo es excusado de su corazón fiel. ¡ay hijo mío, ay , antes que muerto, llorado! ¿Qué irracional, qué fiera, hijo de mis entrañas, ha cortado de vuestra primavera la flor hermosa que alegraba el prado, y, para darme enojos, las lumbres ha quebrado de mis ojos? ¿Qué león inhumano, de las rapantes uñas prevenido, qué odioso tigre hircano, o que celoso toro, que ofendido del fuerte compañero, usó en vos tal crueldad, rigor tan fiero? Mas ¡ay! que su fiereza vuestra mansa humildad domesticaba; viendo vuestra belleza, el animal más fiero se humillaba: que a partes y obras tales amor tienen las fieras y animales. No hay fiera tan ingrata que esto pueda haber hecho, y así es llano, querido , que os mata la envidia fiera de un odioso hermano, hijo de inobediencia, que de sus padres aprendió esa ciencia. Ya no queda consuelo a mi destierro y penas dilatadas; ya regaré este suelo con lágrimas dos veces derramadas, pues que por mí la muerte hizo en vos la primera amarga suerte. ¡oh bárbaro delito, el primero que el mundo, en poca gente, con sangre ha visto escrito, y con sangre ¡ay de mí! de un inocente, vertida por la mano de un fratricida, de un injusto hermano! , hijo querido, recibe, si es posible, con mi aliento la vida que has perdido; mi espíritu recibe y movimento, pues justa cosa fuera darte la vida a ti, y que yo muriera. , , ya el Señor, menos enojado, quiere consolar tu desconsuelo, dar tolerancia a tu muerte. La pérdida de este hijo, que tanto por sí merece, pone a cuenta de tus culpas: hoy le ganas, no le pierdes. primer mártir de su Iglesia será, y en himnos alegres celebrarán su martirio los católicos y fieles. Levanta los tristes ojos, verás de tus descendientes futuros y altos sujetos. padre universal, atiende. ángel esta fábrica que ves, que trescientos codos tiene de largo, siendo a las aguas monstruo de madera leve, mandará dios fabricar a Noé, tu nieto, en que entre él y toda su familia, porque las culpas aleves del mundo ha de castigar rompiendo al mar los canceles del límite señalado, porque inundante le anegue. Él solo será, y sus hijos, segundo padre a las gentes, nuevo poblador del mundo, y observador de sus leyes. aquel soberbio edificio que, con arrogancia, quiere, coronado de ambición, juntar al cielo su frente han de fabricar los hombres, aspirando a defenderse de semejantes diluvios: locura que a dios ofende. aquel que, al pie de la torre, de acero el pecho guarnece es el soberbio Nembrot, que al cielo conspirar quiere: pero de dios la justicia aquel querubín previene, que, confundiendo sus lenguas, su arrogancia desvanece. pero, tras de males tantos, oye los mayores bienes. aquella hermosa mujer, que como el sol resplandece, y calzada de la luna quiebra la soberbia frente del dragón precipitado, que siete cabezas tiene; aquella que, entre sus brazos, un bello Infante le ofrece a dios, parto e hijo suyo, puesto que doncella siempre, es María, mar de gracia, y de todas gracias fuente, a quien llamará grabiel bendita entre las mujeres. aquella ofrenda que ves dará al padre omnipotente satisfacción de tus culpas, y se abrirán igualmente al infierno escuras puertas y al cielo puertas alegres. por ella verás premiados los trabajos que padeces, pues el mismo dios por ellos vendrá a hacerse tu pariente, y entonces será dichosa la culpa que hoy aborreces. jornada tercera
JORNADA TERCERA
Maldijo dios a por el fratricidio inorme de , obra de sus manos, y objeto de mis pasiones. Conocí su inclinación, y hallándola a mí conforme —impaciente, mal sufrido, ingrato, soberbio y torpe— en las mudas soledades, gozando las ocasiones argumentos le inducía contra dios, cuyas liciones aprendió con valentía, que en esto sólo fue dócil. Cuando labraba la tierra, entre los toscos terrones sembrábamos igualmente, él, pan, yo, envidias atroces, cuya cosecha era en él colmo avaro de sus trojes. Quedó tan rico de vicios cuanto de virtudes pobre, necio en alabar a dios, docto en blasfemar su nombre: y al fin, enemigo suyo, vasallo me reconoce, pues en la muerte de contra dios, contra los hombres, contra el vital estatuto, cuyo vinculo interrompe, maldito de dios discurre, vacilando por los montes y multiplicando culpas a mi educación responde. para apoderarme dél sigo sus pasos veloces, esperando de su vida últimas respiraciones. Mas ¡ay! que, aunque su delito cuantos le ven reconocen, maldice dios al que fuere su homicida, dando al torpe lugar para arrepentirse, y tiempo para que llore. ¡ah, pese a tanta piedad! Todo a fin de que no logre, aun en el hombre más malo, mis soberbias intenciones. Mas pues que libre albedrío le dejó, yo haré que borre de su memoria la imagen de tantas obligaciones. Yo haré que a sí se aborrezca, y, con desesperaciones, desconfíe del perdón y pida la muerte a voces. Yo haré que de mi poder al cielo informe, cuando de los hombres vea que el uno, de dos, me toque. ¿No soy yo rey de los vicios? ¿No obligo a que me coronen furias la estrellada frente, que rayos de luz compone? pues, apercíbase el mundo, centellas de fuego arroje, arda el mar, tiemble la tierra, brame el aire, y tema el orbe. ¡al arma, espíritus fieros, hijos del miedo y la noche, mi horrible voz os incite, y vuestro agravio os provoque! Vibrad las feroces lenguas, exhalad veneno torpe, y, siendo opuestos de dios, sed asechanzas del hombre. oye, aguarda, hijo, espera, no te despeñen temores. Hombres, ¡matad a ! ¿Cómo, si de dios conoces la piedad, dices tal cosa? Ya que al inocente joven diste sin culpa la muerte, llora, , y no arrojes tras de la vida del cuerpo, la vida del alma noble. No hay piedad para mi culpa en dios, porque son mayores mis yerros que su piedad, y que mi fe mis temores. ¡Hombres, matad a ! No perdonéis tan mal hombre, pues no hay un rayo en el cielo, supuesto que a dios le sobren. Todo el cielo es mi enemigo, basiliscos son las flores, los árboles me amenazan, y cada hoja es un monte que sobre mí se despeña. No hay cosa que no me enoje, que quiere dios, riguroso, que hasta mi sombra me asombre. , ¡repórtate un poco! No hay cosa que me reporte. espera en dios, sumo bien. Cómo, ¿si mis culpas oye? es su piedad infinita. Y su justicia es conforme. préciase de muy piadoso. Siempre sentí sus rigores. ablándale con tus lágrimas. Ya no es posible que llore. por qué ¿si eres hombre humano? Son mis entrañas de bronce. pide perdón de tus culpas. ¡primero, abrasado, goce de las llamas del infierno, que a tal humildad me postre! Hijo de mi corazón, tanto sudor no mal logres, reconoce a tu Criador, y tus culpas reconoce; que, aunque en número excediesen —graves, crueles y atroces— a las arenas del mar y a las estrellas del orbe, hay en su piedad remedio. déjame, mujer, no llores: nunca tus fieras entrañas, para tan graves dolores me dieran el ser que tengo, sujeto al común azote. ¡pluguiera a dios que, al nacer, fuera víbora, que rompe sus entrañas, porque yo causara tu muerte entonces, en castigo de engendrar la criatura más inorme! Hombres, ¡matad a , que no es posible perdone dios tan desiguales culpas! Él, por quien es, te reporte. ¡ah qué heredada desdicha! Mis ojos es bien que informen de la pena que padezco a las fieras y a los hombres, acrecentando el dolor con que eternamente lloren. Será mi industria desde hoy de los hombres extremada. ¿Qué es aquello, esposa amada? Vuestro nieto soy, que ingeniosamente he hallado, para que más os asombre, estas armas, porque el hombre nació de ellas desarmado. Con aquesta lanza embisto a quien ofenderme venga, y a quien otra lanza tenga con este peto resisto. Las aves mato y las fieras, el arco que veis flechando, o ya veloces volando, o ya corriendo ligeras. diestro el pulso y fuerte el brazo en esto emplear procuro, y, si mi vida aseguro, la ajena vida amenazo. por aquestos ministerios los hombres serán temidos y, en el mundo divididos, establecerán imperios. Tendrán igual competencia la tiranía y amor, pero la parte mayor se llevará la violencia. Habrá accesión de personas, no habiendo más de un : unos, villanos serán y otros, ceñirán coronas. Y al fin con la fortaleza, con el estruendo y rigor, con las armas y el valor mudarán naturaleza. ¡Qué ingenio tan riguroso ha sido, , el tuyo! Natural inquieto arguyo del concepto prodigioso. pues, tras de la amarga suerte con que venimos a estar, no era menester buscar más ayudas a la muerte. Y así al uso dél disponte, puesto que ya usar lo sabes, en el viento con las aves, con las fieras en el monte. en la caza que matares, , tu destreza ensaya, y mi maldición te caya, si con los hombres lo usares. pues, con esa permisión, voy al monte a matar fieras, cuyas dos pieles primeras para que tú rompas son. ¿Qué es esto que dulce suena con lamentable acento? al contento da contento, y al triste agrava la pena. este es , que ha salido con más piadosa invención. Ya, padres, mi inclinación redícula habéis sabido: yo la música he hallado, y las ocultas entrañas de la tierra, en huecas cañas, zampoñas dulces me han dado. Soy inclinado al contento, boquiabierto estoy un hora, oyendo un ave cantora dar gorgoritos al viento. porque he venido a hallar que es, para vivir, más justo gozar un hora de gusto, que doscientas de pesar. No me da pena que estén triste el sol y el año enfermo: pienso en dormir cuando duermo y cuando como también. Si es limitado el vivir y hay muerte por nuestro mal, más saludable es, , pensar que habéis de morir. Que esa es vida guarnecida con sombras de padecer... así, , ha de ser para ser buena cabida. entre muchos instrumentos de ingenio y traza sutil he hallado el tamboril, que inquieta los pensamientos. También le sé repicar, y tan sonoroso es él, que con la flauta y con él las piedras haré bailar. anda, importuno, los unos por ignorantes, los otros por arrogantes, no da en el blanco ninguno. Quiero contaros un cuento que me pasó esta mañana, haciendo este tamboril, que tiene donaire y gracia. Habiendo puesto los parches, porque mejor se enjugara le puse al sol, junto al pie de un pino, en el cual estaba una mona abriendo piñas. Mas, como vio que negaba el duro, avariento fruto, miró al suelo y vio que estaba blanqueando y liso el parche; pensó que era piedra blanca, y arrojó la piña en él para rompella y quebralla. Rompió el parche y coló dentro, y ella, que atenta miraba, por el agujero mismo tras de la piña se lanza. Yo, que vi el parche rompido, con el palote llegaba: cuando ella salir quería levanté el brazo con rabia, mas ella me hizo un gesto con tanto donaire y gracia que la perdonara yo, si rogadores me echara. No tuvo favor ninguno, porque hay monas desgraciadas, que, aunque saben hacer gestos, nadie sus gestos alaba. Matela, y de su pellejo eché parches a la caja, dando ejemplo a toda mona que con el pellejo paga quien al pellejo se atreve. Basta, , basta, basta, que nuestro dolor no admite mezclar con lágrimas gracias. Queridos y amados padres, de cuyas continuas lágrimas hijo y heredero fui, mayorazgo en vuestra casa, si a vuestra santa doctrina beneficios debe el alma del conocimiento suyo, y esto solamente paga quien aprendiendo agradece, oíd a quien, si os agrada, el título de discípulo, al de hijo no aventaja. La divina astrología, de , mi padre, enseñada, comunicaré a los hombres, ciencia que a más los levante. diré el singular provecho que ofrecen los matemáticos, cuya infalible doctrina de la verdad es balanza, adonde el entendimiento virtud y sosiego halla. Yo he conocido la esfera, cuya forma imaginada perfectamente es redonda, y cuantas líneas se sacan della a la circunferencia igualmente se dilatan. La división de la esfera en dos materias se halla, elemental y celeste, y en ellas, sin que haya falta, expresamente se incluyen todas las cosas criadas. Los movimientos del cielo por sus imágenes claras conozco, cuya influencia las generaciones causa. Conozco los firmes ejes, que polos del mundo llaman, y la equinoccial que, recta, el uno del otro aparta; del zodíaco los signos, cuyas estaciones anda continuadamente el Sol, desde la piel crespa y blanca del aries hasta que piscis le ofreció dorada escama. Conozco que en cinco zonas, dos frías y dos templadas y una abrasada, se incluye toda la celeste máquina, correspondiendo la tierra a las superiores causas. Sé que se forma el eclipse de la Luna cuando se halla en la cola del dragón, y el Sol con sus rayos pasa por la cabeza, que entonces queda la Luna eclipsada, porque, interpuesta la tierra, la luz ajena le falta. Y sé que en el novilunio, cuando en estos puntos se hallan la Luna y el Sol, parece la luz del Sol eclipsada, porque delante se pone la Luna densa y opaca. Mil y veinte y dos estrellas tiene la celeste capa, y, de ellas, cuarenta y ocho constelaciones se causan. La estrella mayor que vemos la astronomía señala ciento y seis veces mayor que la tierra, y la que alcanza menor nuestra vista es, en su magnitud que pasa, diez y ocho veces mayor, cosa que admira y espanta. en el número citado se incluyen quince, que llaman escuras y nebulosas, por esto no demarcadas. Conozco de los planetas cuerpo y magnitudes varias, y la influencia de todas, veloces o retrogradas. esto a mi padre le debo y, con más propia alabanza, al Criador de cielo y tierra, que le infundió ciencia tanta. dame, hijo, los brazos y mi bendición alcanza, beneficio de los hombres, y descanso de mis canas. ¡Válgame dios lo que sabes! parece, hermano, que te hallas las estrellas en la uña, y todo el cielo en la palma. dime, pues que nada ignoras, ¿será buen año de flautas? anda, , que eres necio. ¿La música no te agrada? ¿Su dulzura no apeteces, y su armonía no ensalzas? al menos no andaré yo con la cabeza estrellada y serenado el juicio, como el astrólogo anda, con imágenes y líneas; y cuando más bien se cansa, nos dice: dios sobre todo. ¡eso yo me lo acertara! Lo que aciertan las estrellas dice el docto, y, como es causa dios de quien todas dependen, hácele a dios esa salva. ¿Quieres decirme en qué signo la monilla desgraciada nació, de cuyo pellejo hice parches a la caja? Vamos, , deja ese necio. ¡dios alumbre tu ignorancia! Bueno me paran los dos, porque de tocar me precio: si soy necio, o no soy necio yo daré la cuenta a dios. Quiero ver si se ha enjugado mi parche, y digan de mí lo que quisieren, que así mereceré mormurado. aún no le hallo suficiente, todavía mal entona: ¡oh bonica es una mona, si da en estarse caliente! No hay animal tan traidor, aun muerta no me asegura: mona hay de estas, que le dura cuatro días el calor. ahora bien, pues ya está hecho, la paciencia el caso abona, que, hasta enfriarse, una mona no hará cosa de provecho. Ya mi continua guerra con el infierno en el rigor compite; ya me falta la tierra, que miralla aun apenas me permite, pues veo en ella escrito, donde quiera que miro, mi delito. Conozca mi impaciencia el mismo dios, a quien me quejo en vano, que no pido clemencia, ni para mí la quiero de su mano: descanso en morir hallo, y lo que más me agravia es dilatallo. Ya parece que se ha helado, y la baqueta despide. Si con mi culpa se mide, rayo es del cielo arrojado: injuria ejecute en mí, que, puesto que lo merezco, ni le estimo, ni agradezco el darme la vida aquí. ¿Quién da voces, quién me llama? ¿Tenemos otro embarazo? ¡Cuerpo de tal, qué monazo por el monte se encarama! apenas, según es fuerte, cubre un roble su persona; ¿si es el padre de la mona, que viene a vengar su muerte? ahora bien, justo temor me está diciendo que marche, que, si el mono huele el parche, me hallará por el olor. escurrirme solicito, puesto que el vivir me agrada, que una mona desollada pienso que es grave delito. , ¿has visto la fiera? esta vez no le perdono: si quieres cazar un mono, famosa ocasión te espera. Y, aunque es el monazo viejo y tiene poco valor, para parches de atambor vale un ojo su pellejo. Y si una vez te aficionas y le aciertas a coger, las manos te has de comer por andar cogiendo monas. ¿dónde está? allí está emboscado. Yo te lo diré mejor, que el arco y el pasador pondré en el punto acertado. pon en tierra la rodilla, y, alargando firme el brazo, de la cuerda compelido, los extremos junta al arco. dispara el duro arpón, que, de mi atención guiado, yo sé, , que no harás tiro avieso, suerte en blanco. así mi furia mitigo: muera a las manos de su hijo, porque sean comprehendidos entrambos en la maldición de dios. Ya echo el punto, disparo. así aseguro la presa. ¡ay de mí! Tiro acertado hiciste, . ¿Qué es esto? el cielo vengó su agravio, rabiando muero de envidia y de cólera rabiando. Maldito sea, amén, el día en que nací desdichado, para vivir ofendido, para morir blasfemando. Ya estará contento dios de perseguirme, y no en vano, pues hoy me dio ser y vida, y vida y ser me ha quitado. abre tus puertas, infierno, y, voraz, recibe el parto primero que te da el mundo; recibe al hombre más malo que va a tomar posesión de tus penas y tu llanto. Maté a mi padre ¡ay de mí! ¡Qué grave castigo aguardo por esta bárbara acción! ¡Maldito sea, amén, el arco, y yo porque lo inventé! ¡Mal haya la cuerda y brazo, que el pasador compelieron al más atroz e inhumano delito! a quien me dio el ser quité la vida: ¡ah pecado, de tantos males principio! Mi padre mató a su hermano, y yo a mi padre: parezco que nos vamos heredando. ¡oh riguroso instrumento, fiera invención de mi agravio!, romperele en estas peñas, e iré a deshacerme en llanto donde los hombres no vean al hijo más desdichado. ¡a esotra puerta esperamos! o soy el humo, a lo menos, si no el humo, el ahumado. Instrumentos de la muerte inventó , y es llano que vos la traza le distes, y así el mundo os debe a entrambos el arte, a vos de matar y a él, haberlo ilustrado. a mi música me atengo, con mi tamboril alabo a dios, los hombres deleito, a nadie ofendo ni mato. Y si desollé una mona, y hasta ahora no se ha usado, principio quieren las cosas, compañeros tendré hartos. Miserables de vosotros, que habéis caído en mis manos, y con un juez riguroso tenéis fiscal agraviado. Vuestras invenciones todas os servirán de embarazo, y a vuestra condenación repetís por modos varios. Con las armas que inventáis haréis homicidios tantos, que apenas tenga el infierno lugar donde castigallos. La astrología os hará que acreditéis judiciarios errores, que yo os induzca, abusos, que os cuesten caro. de la música he de hacer a la lujuria más platos, que de la inorme venganza a la ira y al agravio. Seré cuchillo del mundo, y al fin ¿para qué me canso, si ha visto el cielo que en él tal juridicción alcanzo, que, de dos hombres, el uno, a su pesar, le arrebato? Bestia infernal, monstruo horrendo, que, escupiendo al cielo santo, vuelven a ser tus blasfemias contra ti mesmo balazos; ¿cómo a tu inútil cautela atribuyes, temerario, las obras de dios, que tocan de la justicia a su brazo? ¿Cómo, enemigo común, victorias estás contando, que son vencimientos tuyos y afrentosos simulacros? ¿Tú tienes poder alguno, si el hombre, a su dios ingrato, injustamente le ofende, del libre albedrío usando? Claro está que la justicia divina ha de castigarlos, Faltan en y de cuyo castigo a ti no se te sigue descanso. Mayor tormento recibes, pues de cuantos condenados atormentare el infierno serás partícipe ingrato. Y si el hombre, siendo libre, reconocido gusano fuere, y a su Criador, obediente, amable y manso, será premiado en la gloria, y con eterno descanso gozará lo que perdiste. Mira de justo y santo el laurel de primer mártir, la palma de virgen casto, y ¡mira si en él lograste un pensamiento liviano! a ti mismo te atormentas, tu envidia te está abrasando, tu soberbia te despeña, todo en ti es tormento y llanto. Con ese tormento quiero vivir, si no consolado, no arrepentido jamás, de dios opuesto contrario. aquí está muerto . ¡Toda esta vida es trabajos! con armas feroces le mató, si bien pensando que a una fiera le tiraba. oh Señor eterno y sabio, este parlamento es atribuido a por + y , a por de vuestros altos juicios el entendimiento humano —¡esta distancia infinita!— necio es quien quiere alcanzarlos. Muere y muere, uno justo y otro ingrato, uno humilde, otro soberbio, uno dócil y otro airado; y siendo así, ¿permitís que mueran, Señor, entrambos, el padre a manos del hijo, y el bueno a manos del malo? Sólo Vos, Señor, sabéis fin de secretos tan altos. esposa, demos sepulcro a que, aunque haya dado tan mal fruto de su vida, es hijo y debemos darlo. No es bien que descanse el cuerpo de hombre que ha sido tan malo, sino que en el fuego eterno el alma que ha acompañado —cómplice de sus delitos y compañero en sus pasos— acompañe en los tormentos. abra su vientre abrasado el infierno al primer fruto, que del nuevo mundo saco. Ésta es, Senado, la historia del aquel antiguo pecado, primera culpa del hombre, principio de males tantos.
