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Texto digital de La coronista más grande de la más sagrada historia, Sor Maria de Jesús de Agreda (Segunda parte)

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Atribución tradicional
Manuel Francisco de Armesto
Atribución estilometría
Manuel Francisco de Armesto Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Sevilla. Biblioteca de la Universidad: A 250/199 [15-16]).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La coronista más grande de la más sagrada historia, Sor Maria de Jesús de Agreda (Segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/coronista-mas-grande-de-la-mas-sagrada-historia-sor-maria-de-jesus-de-agreda-la-segunda-parte.

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LA CORONISTA MÁS GRANDE DE LA MÁS SAGRADA HISTORIA, SOR MARIA DE JESÚS DE AGREDA (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

IERA Iva Felipe el Grande, y hoy en su aplauso sea la Fama toda Plumas, la Historia toda Lenguas, que sus triunfos publique, que ensalce sus grandezas, y con rendido obsequio, diga la salva nuestra: El Rey Felipe Cuarto viva, triunfe reine, y venza. Mucho mi amor agradece el gozo, que manifiesta esta Villa, que en servirme siempre sus lealtades muestra. Agreda es digna, Señor, de merecer honras vuestras. Su Ayuntamiento, por mí vuestra heroica mano os besa. Su Nobleza, por nosotros, siempre leal, siempre atenta, busca el centro de sus dichas en las Reales Plantas vuestras. Alzad, y creed que a todos hará merced mi Grandeza. Y a mí no me dice nada tu Majestad, linda flema! Hermano Alajú, está bueno? Yo engordo como una bestia, porque la Gracia de Dios, me harta, me ensancha, y sustenta. Apártese. Calle Padre, que el Rey de verme se alegra, y en Madrid le sufro yo, cuatro mil impertinencias. Apártese, que es un loco. Aunque muy a la ligera a Cataluña camino, por si la obstinación ciega de la rebelión se aplaca a vista de mi clemencia, quise ver a Sor María, y sin que descanso tenga a el Convento he de pasar; pero antes saber quisiera de la Conversión de Indios la maravilla que cuentan. Estad atento, Señor, que pasó de esta manera. Los grandes descubrimientos de tan dilatadas Tierras, como en Méjico se han hecho de Provincias tan diversas motivó a que a convertir a sus Gentes acudieran los Religiosos Franciscos, mas siendo la míes inmensa, aunque a la troj mucha traigan, por recoger mucha queda. Pero el Sacro Agricultor, con Divina Providencia, quiso fuese Sor María, quien recoja la Cosecha, y en intelectual visión a todo el Mundo la muestra, Asía en Ritos dividida, África en Errores ciega, América no instruida, Europa en infames Sectas, viviendo lo más del Mundo en triste opaca tiniebla, siendo esclavos de su engaño, es su engaño su tragedia: Mas, o Providencia Sunna de la magna Providencia de Dios, que a la conversión de multitud tan inmensa de Almas formó el instrumento de una débil mujer Lega, pues ya en espíritu, o ya en corporal asistencia, por más, de quinientas veces pasó a las Indias, y en ellas tantos Reinos, y Provincias, a Dios conocen por ella. Descubriose este prodigio, porque a los Indios que enseña condujo a que en el Bautismo renazcan a vida nueva, y a este fin en varias tropas buscando a los Frailes llegan, pidiendo con humildad que el Bautismo les concedan. Admirados del prodigio la causa indagan, y encuentran que quien los catequizaba era Monja Recoleta; y Fray Francisco Velazquez, Custodio en Méjico, intenta pasar a España a saberlo; vino, y consiguiendo letras del General, por las cuales comisión le da, y ordena, que a Sor María examine, con precepto de Obediencia, sobre el caso; así lo hizo estando yo en su presencia. Ligada con el precepto dio tan individuales señas de las gentes, las Provincias, tratos, situaciones, tierras nombrándolas por sus nombres, y refiriendo con ciertas o p noticias sus calidades, sus circunstancias, y esencias, que sin ofrecerse duda, se comprobó qué fue ella el instrumento, que Dios eligió a obra tan excelsa. No en vano mi estimación a Sor María venera. Como a mujer prodigiosa bien España la celebra. Lo grande de su virtud, admira toda esta Tierra. Padre vamos al Convento. Serviros mi amor desea. Venga Vuestra Majestad. Mi jornada se prevenga. . Ay hermosa Doña Clara que de cuidados me cuestas. . A el mirar a Don Enrique en el pecho tengo un etna. . De mi Amo, y Don Enrique no hay que esperar cosa buena. . , h Todos a el Convento van, y aunque el que yo vaya es fuerza intento pasar primero a visitar la despensa: Mas ay Dios, qué Terromoto! Mas ay, que se abre la tierra! Voy por aquí, Jesucristo, que vivas llamas me queman: Iré por estotro lado; mas hay que anda aquí otra gresca, ay que Bercebú pretende quemarme las vigoteras: Sin duda, que este Patillas, a perro, quemarme intentas? Huyendo de ti, maldito, escapo de una carrera. Ea Infierno y con nueva astucia ocupe esta Campaña, donde armado de engaños, y rigores, ejerciten mis iras sus furores; y pues volcán de tan activa llama, otra vez mi soberbia se derrama, cesen las iras del Besubio ardientes, y deje el trono de Idras, y Serpientes, y ya en la tierra, a pesar del Cielo, haré que a Sor María falte el celo, y aunque está tan enferma y tan postrada, que la materia apenas informada, da treguas a la vida, o ya de sus dolores, u oprimida de sujestiones, ansias, y tormentos, con que logra alcanzar merecimientos, pues aunque el Infierno ha repetido cien Conciliábulos, ninguno el fruto ha sido para vencer su Fe, y Virtud constante, y aunque con mi rigor fiero incesante tres días naturales la he tenido del Infierno a la boca, siempre ha sido en vano mi fatiga; pero hoy nueva esperanza más me obliga para poder vencerla, pues el Rey al Convento ha entrado a verla, y haré que sea el desvanecimiento de esta visita, su ruina, y mi contento. En feliz hora, Señor, a aqueste Convento llegue Vuestra Majestad, en donde por mí su Grandeza acepte de la Comunida humilde el obsequio reverente. Con todo el amor, y afecto con que mi grandeza debe estimaros, y estimarla lo hago; y creed, que en mí tiene ella protección, y amparo, y vos mi voluntad siempre. Un Rey de España te busca, bien puedes desvanecerte. Perdonad que a vuestros pies no me postre, que me tiene impedida, la continua fatiga de mi accidente. Mucho siento vuestros males, Ay, Señor, que son mis bienes, que el que me los da bien sabe que tenerlos me conviene. Qué virtud! Qué santidad! El verla a admiración mueve. La sangre, y respeto en mí me arrebata y me suspende. Usencia, Madre, en mi afecto un apasionado tiene. El Conde. Duque es que os habla. Vueselencia me contemple por suya, para pedir a Diós, que le asista siempre. Padre, Padre. Calle Hermano. El Diablo quemarme quiere. Calle, que el Rey está aquí. Yo también, lindas chocheces! Hermano, qué ha sucedido? Aquí estás tú, mequetrese? Y vos, Madre, a Sor María acompañáis? A su accidente me ha mandado la Obediencia la asista la más frecuente. La turca hace, y es la Madre, peor que mil Luciferes. Cómo habla así? Porque es ella, la que hace que yo reviente. Eso no creo al Hermano. Hace mal sino me cree, que es como gata, que halaga, y da el araño de a jeme. Váyase al punto de aquí Ya me escapo, no se altere; voyme en casa de Medel, y más que el Padre reviente. Y vuestra Madre? Murió. También su padre, y se creé su salvación, pues vivieron con virtudes excelentes. Mi jornada a Cataluña me precisa a que la abrevie por si mi presencia aplaca su temeridad rebelde; que aunque el Marqués de Mortara, sabio, sagaz, y prudente, y como tan gran Soldado los oprime y los contiene, y siendo los Catalanes mis hijos, aunque me ofenden, quiero como Rey y Padre, con mi piedad convencerles; y también aunque de paso, el veros, que aunque frecuentes vuestras cartas, me consuelan, con consejos muy prudentes, vengo en persona a pediros que a Dios mi causa encomiendes. Pues un Rey de ti se vale mira la opinión que tienes. Partid, Señor, confiado, que hará Dios, que el daño cese; y solo debo acordaros, que si le queréis Clemente le hallaréis, si con piedades perdonáis los que os ofenden. No me dejéis de escribir, y pues ya es fuerza me ausente, quedad con Dios. Él os guarde como a España le conviene. Conde, mujer prodigiosa! Su virtud es excelente. . Sobrina, quedad con Dios. . Él tus inquietudes temple. Hija, luego vendré a verla, que seguir al Rey conviene. . Cierre Hermana aquesa puerta. Si haré, pues ahora conviene el ir a la Enfermeria porque la obra comience. Vaya, y tenga gran cuidado, que en la Clausura no entre más gente que la precisa. Bien está. Ansias crueles qué servís, si a esta criatura ningún afecto la mueve. Mas pues al Coro va a entrar la afligiré antes que entre. Mi Dios, pues vengo a buscaros, a mis suplicas atiende. Engañada criatura dónde vas? Qué es lo que quieres, Monstruo cruel? Qué aún porfías en que has de poder vencerme? Necia, qué más vencimiento, que tus propias altiveces? Ya conozco tus astucias, infame, al instante vete, que ya tocan a Completas, y detenerme no puedes. Ahora verás si es que puedo, aguarda. Dragón detente, no sabes más de inquietarla en la Oración, de aquí vete. Si haré aunque mis rabias sean Vívoras, que en mí se ceben. . 1. María alienta, que ya en tu defensa nos tienes. Angélicos Paraninfos, qué favor Divino es este? 2. El asistirte no es nuevo, Es así, pero me tiene tan olvidado mi Esposo, que me admira me consuele vuestra dulce compañía. 1. Pues si el escribir suspendes, por qué extrañas te faltemos? Aunque pronta, y obediente mi resignación ha estado, los continuos accidentes de mi enfermedad lo causan; mas ay, que a hacer senal vuelven. 2. Los dos iremos contigo. 1. Y porque el fervor aumentes, de nuestra voz la dulzura, tu amante espíritu aliente. ̱ . Si los dos me acompañáis la Alma en Dios se deleite. 1. Solo oirás tú nuestras voces. 2. A nuestra armonía atiende. 1. Dios Amante. ̱ . 2. Pues constante. ̱. En mí adorar busco el merecer mi gloria, mi vida, mi amor, y mi ser. 1. Esta llama. 2. Que mé inflama. Logre en alumbrar, consiga en arder, el tierno brillar en tu amante querer. Hermano Alajú, qué es esto? vos en casa, y a esta hora? Vengo a ver a tu Señora: Ay Dios, qué pulido jesto! Voy a avisarla al momento. Espérese un poquitito. Qué me quiere? Un recadito, su donaire es mi tormento. . Desde que de la Clausura salió, y con Celio está en casa, no anda la Hermanita escasa, de regodeo, y locura. Mire que el diablo es sutil, arrímese a mi virtud, huya de aquesa inquietud, verá maravillas mil. Celio es un grande animal, pícaro, puerco, soez, y siempre está hecho una hez, y en todo es hombre fatal. Oigan oigan el Donado, como habla, salir quiero; pero no, escuche primero si ella también me ha agraviado. Al muy gran desvergonzado, cuatro mil palos le diera, porque hable de esa manera. Querida ya está acabado, Cómo acabado? Vigardo, yo puerco, soez, y fatal? Pues aún no he andado muy mal. Espere. Ángel ya aguardo. A no ser por el respeto del Hábito, yo le hiciera. Qué cosa? Me le comiera a bocados. Con efecto? Con efecto, claro es. Mas que con todas sus voces no se quita aquestas coces . el pícaro descortés. Vil Doñado, a mi patadas? No en aqueso se detenga, pues para que se entretenga allá van estas puñadas. A perro! Ved, que a esta sala, ya mi Ama se avecina. Déjole por un gallina. Vaya el trasto noramala. Hermano Alajú, a qué viene? Hermana a verla he venido, mientras que se pasa el ruido con que el Rey nos entretiene. Su Majestad del Convento ha salido? Ahora salía, y al instante se partía. Tan de prisa? En un momento. Habló el Rey a Sor María? Habrá mayor friolera! que él sin hablarla se fuera, por cierto gran bobería. Y Fray Francisco? Es maldito, a ese Fraile no mentéis. Que con el Padre, tentís? De oír su nombre me irrito. Él es mi persecución, si como, me hace ayunar, si hablo, me quiere tragar, y en todo es mi perdición. Como ahora en el Convento ay obra, me hace a tronpón esportear como Peón, o cargar como un jumento. Y aunque la hiel me vea echar, lástima ninguna tiene, y sobre si va, o si viene, todo es gruñir, y rabiar. Creo no tenéis razón, porque es muy buen Religioso. Es muy lindo, y muy donoso, quien le metiera un rejón. Eso dice? Ay tal locura! Jesús! Yo estuve sin seso. Él es muy gentil camueso. Y él muy gentil matadura. Voyme, que el diablo me azuza contra el Padre, y puede ser que si lo llega a entender nos demos en caperuza. Vaya con Dios, y otro dia venga a verme. Si haré Hermana, volveré de buena gana, que esta Chica es mi alegría. Adiós Hermana Lucia. Vaya el Hermano con Dios. A perra! Qué habláis los dos? Que se enmiende la decía. Celio, vete. Ya me voy. Que siempre triste has de esa Qué tienes? Un gran pesar. Mira que confusa estoy. Cuéntame tu mal, Señora, y descansarás conmigo, Por si mis penas mitigo, oye lo que el alma llora. Ya sabes la competencia de Don Enrique, y Medel, sobre mi amor y el cruel lance de aquella violencia, por la cual, en el Convento entramos, y Sor María, dispuso, por dicha mía, con Medel mi casamiento. Mi padre, aunque a su pesar, vino en ello, y yo dichosa con ser de Medel esposa, logré el bien más singular. Vivimos de tal manera, que equivocadas las vidas, a una voluntad unidas, solo un alma el móvil era. Mas ay! Que en ruina fatal, las glorias mudarse ven, pues que solo sirve el bien, de avisar que llega el mal. Dígalo yo, pues gozando viví la más feliz suerte, y de mi padre la muerte, fue mis dichas minorando. Sentia tan triste pena, cuando mi estrella enemiga, para darme más fatiga, a otra mayor me condena. Don Enrique (ay de mí!) airado tenaz, altivo, envidioso, y sobre todo celoso, obstentando su cuidado en público galanteo, hace escándalo su amor, ajando mi pundonor, lo injusto de su deseo. Medel, sin duda, ha sabido esta osadía, y prudente, la pesadumbre que siente la disimula advertido. Si bien su tibieza viendo, y su inquietud extrañando, cuanto el oculta callando, me está su pena diciendo. Mira si a tanto sentir, podrá haber algún consuelo, pues solo mi desconsuelo, logrará alivio en morir. Bueno es esto, si supiera el que me tiene obligada Don Enrique, y aún pagada porque le ayude, qué hiciera? Advierte que mi señor, entra ya. La pena mía disimule la porfía de mi incesante rigor. Doña Clara? Dueño amado, tú en mi cuarto? Con Lucia, la tristeza divertía, con que ansiosa te he esperado. Mi detención fue forzosa hasta que el Rey se ausentase; aunque el corazón se abrase, . sufra mi pasión celosa. Como la alma enamorada, con tu vista solo vive, el mayor pesar recibe, cuando está de ti apartada. Podrá ser esta fineza fingida? No puede ser, que falsa no he de creer su virtud, y su belleza. Parece que suspendido estás? O! como mi pena de la razón me enajena! más recóbreme advertido: No es nuevo que en tu hermosura, se suspenda mi pasión, pues mi amante corazón, en ti su gloria asegura. En su semblante estoy viendo la inquietud de su fatiga. Dolor, la crueldad mitiga. . Oh esto es malo, o no lo entiendo. Si la inocencia da aliento . aliéntese mi temor, y haga esfuerzos el dolor, para explicar lo que siento. Dias ha, Medel amado, que en tu semblante estoy viendo, un no se qué, que no entiendo aunque sé bien que es cuidado. Bien puede tu desconsuelo de mi cariño fiar, o llegaré a imaginar, que te mueve algún recelo. Yo recelo? Estás en ti? Quien puede haber tan osado, que de quien soy olvidado, se atreva a ofenderme a mí? Y si alguno lo intentara, ninguna distancia hubiera, de que yo lo presumiera, a que la alma le arrancara. Yo recelo? Qué es recelo? Cuando el volcán de mi furia, para consumir su injuria, formara otro mongivelo, de ira venganza, rigor, estrago, crueldad, despecho, con que el volcán de mi pecho, abrásase a mi ofensor. Hiciera la saña mía. Esposo, si yo. Qué es esto? Jesús! Yo tan descompuesto? Qué ilusión. Qué fantasía! Perdona, que enajenarme de mi pudo una pasión; recóbrate corazón. Bastara para matarme, si amante no te estimara, si firme no te quisiera, si inocente no viviera, y sino te venerara. De una pasión oprimido, y de un pesar preocupado, arrastró todo el cuidado, a la razón de advertido. Ahora ha venido a buscarte el Gobernador, y a fuera en esotra sala espera. Bien puedes tu retirarte a tu cuarto, que es forzoso el saber a lo que viene. Adónde afligido pene mi corazón temeroso. . . Avisa que puede entrar. Así lo haré. Qué motivo de nuevo habrá sucedido, para venirme a buscar. Señor Medel, novedad os hará el verme venir a veros, cuando ha tan poco que de vos me despedí. ̱. No puede ser novedad me favorezcáis a mí; Celio, llega aquí unas sillas. No es menester, pues así, siendo breve a lo que vengo, podré estar, atento oíd. Luego que el Rey hizo ausencia de esta Villa, conferi en su Cabildo la forma como se ha de conducir el Tercio de Infanteria que reclutado está, a fin de que en la presente Guerra la de pasar a servir y siendo cosa precisa valerse de un Adalid, que en Militar Disciplina, lla marcha haga desde aquí, qpues siendo los más Visoños, omo preciso advertí, que debe ser Oficial, quien tal cargo toma en sí. Confiriose la persona, vino a elegirse en fin, si vos, pues como Soldado sun experto, logra así, que puede vuestra conducta lucer su obsequio feliz: isto vengo a preveniros dor saber si lo admitis. Tanto estimo aquesa honra, que no se como decir, lgozo con que agradezco favor que me decís. Pues ved que muy brevemente la preciso partir. i mi Amo a la Guerra marcha, no he de quedar aquí. Por mi cuando vos gusteis. Pues la marcha prevenid, y a Diós. Sirviendo os iré. De aquí no habéis de salir. Perdonad, que no es posible falte a lo que es deuda en mí. . Por si la marcha se apronta cuidaré de mi Rocín. Quién le da tanta osadía, qué hasta el Refectorio se entra? Mi hambre, por si acaso encuentra un socrocio, Madre mía. En la obra debe estar, sin faltar de ella un instante. También soy yo Sobre. Estante, de la obra de manducar. Ya pasa su atrevimiento de locura, y necedad. Si tengo necesidad, no he de buscar mi sustento? Ya le tengo prevenido no ha de entrar en la Clausura. Clausura yo? La grosura busco de algo bien cocido. Váyale al punto allá fuera. En dandome algo que engulla. No se va? No meta bulla, ni sea carantoñera. Si ella voto a Bercebú me maja (yo me sofoco!) todo el día. Él está loco. Venga acá, tome Alajú, sale a la obra, arrebujada en su toza, y dice así: Alajú? Lléguese aquí; ya voy; venga, que me enfada. Trabajan los Albañiles? Trabajan; qué hacen ahora? No lo sé; como lo ignora? Blancueando están los perfiles. De dónde? Del cielo raso; pues diga, que muy blanquito lo dejen, y pulidito. Esto, y otras cosas paso con ella, y porque buscando vengo aquí algún refrigerio, contra mí, con vituperio, está gruñendo, y rabiando. Ya que no puedo impedir lo que escribe esta mujer, pues el Divino Poder, mi saña hace reprimir. Me valdré de el instrumento, de aqueste loco Doñado. Madre deme algo guisado, o entro a tomarlo allá dentro. Dónde va? Hacia la Cocina. No hará tal. Quítese Madre. Yo lo diré a Nuestro Padre. Por cierto linda pamplina. Incite su necedad: toma infame. Ay que me ha muerto! Qué tiene? Que es loco es cierto. Pegarme ella; ay tal maldad! Yo? Jesús! Ella me ha dado. Qué dice? Que es una fiera. Calle, y váyase allá fuera. Ay! Ay! Que me ha derrengado. Que inordinado alboroto altera la quietud mía? Madre, Madre. Qué hace aquí? Me ha quebrado las costillas. Porque al Refectorio se entra, al Hermano le reñía, pues deja sola la obra. Miren la mojigatita. Vaya, y cumpla con su cargo Porque no sea atrevida: por que no riñe a esta Monja? otro le dio. Quién sería? El enemigo común. A perro infame Patillas, tiznado, cata la Cruz, mientras traigo Agua Bendita. Hermana, saque a esta parte de mi Celda la mesilla, que está más claro, y deseo proseguir lo que escribia. Ya voy. 1. Infernal Dragón no lograrás tu porfía. 2. Vete de aquí, que Dios mand que en lo que escribe prosiga. Ya me voy porque mi angust se acreciente con la envidia. n Aquí está muy lindamente. Vaya con Dios. Él la asista. 1. Pues por Divino mandato, los dos en tu compañía, estamos mientras escribes, tu vigilancia prosiga. 2. Pues de la Circuncisión, es el Misterio el que explicas, y te ilustran los auxilios del Cielo, no estés remisa. Si haré, humilde, y resignada con la Voluntad Divina, y a los dos repetiré la materia que escribia: Era la Circuncisión, orden de la Ley precisa, justa, y común para todos, cuantos en culpa nacían su preciso cumplimiento; la Sacra Madre sentía por el amor de su Hijo, y al Padre Eterno decía: Si es vuestro Hijo inocente, y el Auror de la Ley misma, por qué ha de sentir la pena, sin tocarle la malicia: Dura Ley. Mi corazón, Sacro Dios, Bien de mi vida, ya le atraviesa el cuchillo que ha de causaros la herida. Mas si me obliga a entregarle el rigor dé la Ley misma, y el Ser de Adán que le di, por mi tendrá esta fatiga; Pero si mi Concepción, vuestra Piedad infinita, dispensó fuese sin mancha de la original malicia, si es Unigenito vuestro, Señor de las Jerarquías, Divina, y Sacra su Esencia, Ley Humana no le obliga. Oh Altísimo Dios Inmenso! Oh culpa, injusta, y nociva! Oh torpes hijos de Adán! Oh Hijo Amado de mi vida, quien por quitaros la pena que ha de causaros la herida, pudiera hacer que el cuchillo ejerciese en mí su ira! Estas amantes razones la Sacra Aurora decía, y el Altísimo, a su ruego, la respondió en estas mismas: Hija mía, y Paloma mía, no se aflija tu corazón por entregar tú Hijo al cuchillo, y a el dolor de la Circuncisión, pues yo le envié a el Mundo para darle ejemplo, y para que de fin a la Ley de Moy- ses, cumpliéndola enteramente: Sí el ábito de la Humanidad, que tú le has dado como Madre natural, ha de ser rompido con la herida de su Carne, y juntamente de tu Alma; también padece en la honra siendo Hijo natural mío, por Eterna Ge- neración, Imagen de mi substancia, igual conmigo en Naturaleza, Ma- jestad, y Gloria, pues le entrego a la Ley, y Sacramento, que quite el pecado sin manifestar a los hom- bres, que no puede tenerle. Ya sa- bes, Hija mía, que por este, y mayores trabajos me has de entre- gar a tu Unigenito, y mío, deja- S que derrame su Sangre, me dé primicias de la salud Eter- na del hombre. asta aquí llevaba escrito. 1. Prosigue, que bien te explicas, Ay! que en vano a continuar se atreve la pena mía. ab consigue la Palma, que logra tu Alma, del Sol de justicia, del Alba más ura 2. Por qué? Porque al conocer, que por la ajena malicia vierte sangre la Inocencia, está mi Alma afligida. Dulcísimo Amado Esposo, Vos herido, y yo remisa en ámaros y esta pena no me consume la vida! n de suerte feliz, que tu gloria asegura. Oh que admirable Visión consigue mi fantasía, que con feliz alborozo, mi Alma su ventura admira! Porque mi Circuncisión, con todo acierto prosigas, lo que de escribir te falta mi tierno amor te lo explica. Amantísimo Jesús, qué mucho que yo consiga el acierto, si es tu auxilio el que me ilustra, y me guía? Aunque en Jerusalén era adonde hacerse solían los Sacrificios, mi Madre ouifo, que en la parte misma donde náciase ejecute la Circuncisión y pía, lo que el cuchillo iba hiriendo, su cándida Alma lástima. De ocho días por el hombre, se vio mi Sangre vertida por redimirle, y él ciego, me ofende más cada día Yos Señor, soy la que ingrata, a quien sois desconocida, pago tantos beneficios, con culpas tan repetidas; CPero si vuestra Clemencia Fuente es Peregne, y Divina de Piedad, vuestra Piedad hoy me dispense una dicha. Esposa, di que pretendes? Di lo que deseas hija? Que me separéis, Señor, del Mundo, y sus tropelías. Si haré, y también has de ver Á , - la gloria, que se dédica en premio de sus virtudes a mis Esposas queridas; Ángeles mi Amor te ha dado, para tu custodia, y guía, y ahora para tu consuelo, te doy dos Esposas mías: Inés, y Ursola, a las dos mi Amor esta Alma confía. Señor, nuestra anse amorosa la inclinará a que te sirva. Y yo, hija, quiero darte como Madre esta doctrina. Considera, qué dolor mi Alma amante pasaria, al ver romper a mi Hijo, su Carne Sacra, y Divina. Considera, que su Amor por ti a la Ley se dedica, dedícale tú también tu fe cándida, y sencilla. Ya yo en rendido holocausteo le rindo el Alma, y la vida, y en afectos de su Amor, es mi corazón la pira. Queda en paz Esposa amada, queda en paz hija querida. Yo siempre te asistiré. Yo estaré en tu compañía. No me dejéis Dulce Dueño, no os ausentéis de mi vista, Divina Sagrada Aurora, mirad, que siempre peligra lo flejible de mi ser, en borrascas de esta vida. Y en Vos, Vírgenes Sagradas, bien mi esperanza confía, que será vuestra asistencia todo el colmo de mis dichas, y en Divinos holocaustos mi voz, y el Himno prosiga. , . Pues ya tu ventura consigue la Palma que logra tu Alma, del Sol de justicia, de la Alba más Pura, de suerte feliz, que tu gloria asegura. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Que no venzáis amigo la porfía de pasión tan injusta? Poco a razón se ajusta, la ciega obstinación del ansia mía, que arrastrando el sentido, solo obra lo tenaz, no lo advertido. Si a Doña Clara, la miráis ajena, honesta, y recatada, qué intenta la obstinada ceguedad que de vos os enajena? Ver si dolor tan fuerte, o me logra una vida, o me da muerte. Si como incauta, simple Mariposa, que idólatra la llama, muriendo en la que ama, sigo los rayos de mi Clara hermosa, y con su casamiento pierdo su luz, mas no el ardor violento, qué mucho pues el Astro está influyendo, a mi pasión amante, que yo siga constante los efectos de amor que estoy sintiendo si incitan a querella amor el fuego, y mi fatal estrella. Mirad, que aunque Medél, hoy se halla ausente es Noble, y es honrado, y que sabrá arrestado, satisfacer su honor como valiente. Basta pues, que ya os veo agraa lo agraviar mi amistad y mi deseo. Mal comprendéis mi intento de e cuando siente mi pecho, no verse satisfecho de que me dio una herida, con su mas debe mi Nobleza, la venganza buscar, mas sin vileza. use Por vos, y por Medel debo serviros. La cortesana atención vuestra os estimo, mas pues tan cerca se halla el Convento, y Sor María ya prevenida me aguarda permitid que no la admita. Yo también tengo que hablarla, Esta es Doña Clara, Cielos! Hablar quiero a la Criada. Por lo que me importa a mí, yo haré que puedas hablarla. Y podré el iros sirviendo. Lucia? La puerta falsa del jardín te tendré abierta esta noche. No hagas falta. Ya estoy, señor, a la puerta. Id con Dios. Entra, a qué aguardas? A Fray Francisco pretendo hablar, a buscarle vaya. El Gobernador pasó sin que en los dos reparara. No sea que nos detenga, vámonos antes que salga. Si mi suerte aquesta noche logra ver a Doña Clara, o a mi amor la he de rendir, o he de conseguir robarla, y para cualquier suceso, me valdré de Gente y Armas. Pues Medel llega esta noche oculto, y Enrique trata violar con lascivo intento, el decoro de su casa, yo haré que los dos se encuentren, para labrar su desgracia; y ahora, pues ya Sor María, a la Portería baja continuaré mis asedios puesto que en mí no hay distancias. h , - Madre, en tantas aflicciones como la ausencia me causa de Medel, y la osadía, de Don Enrique, mis ansias en vos el consuelo esperan. De Dios la Piedad Sagrada templará su desconsuelo ponga en él la confianza. Está buena nuestra Madre? Si querida, a Dios las gracias. El señor Gobernador, hija mía, quiere hablarla. Sepa en qué puedo servirle. Con segura confianza es mi suplica, que el Rey dispone ya su jornada a la Corte, y así espero le pidáis en vuestras Cartas, que vuelva por esta Villa; porque vea cuan ufana obstenta de su lealtad las verás con que le ama. Si haré, aunque su Majestad, según estoy informada; creo que volverá a verme. De todo os rindo las gracias. Bribón, aquí morirás, Madre mía de mi alma. Está loco? Quite Padre. Qué hace? Qué, no se aparta? Mas que déspido la regla, y que caiga donde caiga. Téngase Hermano Alajú. Aquí estabas tu bellaca? El bobo, y la relamida, me joroban y me majan. Qué le ha hecho ese pobr hombre? Es un pícaro. Qué habla? Es un ladrón. Qué tal diga! Belitre. Por qué le infama? Quién a ella la mete en eso? Diga, le dio alguna causa? Este simple, tontieloco, en la obra trabajaba, y como todo Peón, siempre hace la corbicana, la espuerta al sonsomanete, la pierna a la derrengada, paso de Gallina Clueca, siempre en continua galvana, que parece, que hacen algo, y lo que hacen siempre es nada, con esa espuerta venía, al tiempo que yo pasaba, y el pícaro bobalías, tan gran empelión me encaja, que estuvo mi humanidad, por caer de larga a larga; y el yeso de aquella espierta. todo sobre mi derrama, y me ha puesto cual me ven. Y por causa tan liviana le ofende? Liviana es? Pues aquesta es más pesada. Téngase Hermano. No quiero. Madre su amparo me valga, que soy pobre con seis hijos, y tengo mi mujer mala. ̱. Diga, y quién la tiene buena? Y pues la gente, arrobada, todos los días la mira, y dicen que es una Santa, por Dios la pido. Ay tal bestia! Qué es lo que a saber alcanza mi humildad? Que esto de mí se diga siendo tan mala? Por mi Padre San Francisco. Que va que la arenga encaja. Me socorra. Como grita. Que soy pobre. Cómo clama. Y tengo. Poca vergüenza. Necesidad. El canalla, vaya a trabajar, que ya imploró bien el zalama. Yo dispondré le socorran. Brinco, y salto. Qué algazará; trae ella algún cuidadillo? Yo Hermano no traigo nada. Como no, y trae unos ojos, que me queman las entrañas, con unas niñas traviesas, que todo me despilfarran. Qué hace? Está loco? No Padre. Tenga modo. Patarata. Ya es preciso retirarme, que la obligación me llama. Mi consuelo de vos fío. Id en Dios muy confiada. Quedad con Dios. Él os guarde; Cierre aquesa puerta Hermana. Si hará. Yo la otra abriré, pues Don Enrique me paga. . Todo el cuerpo me rehila, cuando veo a esta bellaca. Jesús, aqueste es Patillas, que me guiña, y me sonsaca, y estoy si caigo o no caigo, no me pillarás canalla. Pues con lo que aquí h escuchado de sus arrobos se halla tan confusa esta criatura, ahora es tiempo de angustiarla abultando la noticia, que la está dando su hermana. Dígola Madre, que es cierto, el que todas las mañanas, después de la Comunión, como se queda arrobada, y acuden diversas gentes, para verla a sus instancias, la Comunidad la enseña, porque den a Dios las gracias. Qué me dice? Lo que es cierto. Que tal imprudencia se haga conmigo, para que sea de tanta gente notada. Mira mujer infelice . los escándalos que causas, Yo este escándalo, Dios mío! Lo he dicho porque lo manda. Bien está, bien puede irse. Quede en paz. Dios de mi Alma! Con tu hipocresía tienes, toda esta tierra alterada. A todos podrá inquietar una mujer que es tan mala; más acudiré a mi Esposo, que en esta aflicción me valga. María, ya en los dos tienes la asistencia cotidiana. Pues por ahora mi astucia es fuerza quede fustrada, acudiré, donde pueda ejercitarse mi saña. Ángelicos Paraninfos, o cuanto se alegra el Alma en veros, pues afligida, vuestro consuelo esperaba. 1. Qué tienes? 2. Qué te sucede? El que siendo yo tan mala, que me reputen por buena, las Monjas con ignorancia, de mi ser, y a los Seglares públicas mis cosas hagan, este es el mayor dolor, que el corazón me traspasa, 1. Mínora tu sentimiento. 2. No te fatigues, descansa. Solo mi Esposo es quien puede aliviarme en pena tanta. 1. Pues la falta de salud, te tiene tan fatigada, que aún el alivio del sueño; para el descanso te falta. 2. Siéntate, mientras nosotros con acordes consonancias, te conciliamos el sueño, y en él tu remedio aguarda. Oh Dulcísima MARÍA, de mi aflicción apiadada, sed con mi Dueño Amoroso, mi Jesús, mi Bien, mi Alma, Medianera, por quien logre, que lo exterior de mis ansias, se mude en el puró incendio de su Amor, en donde ardan reverentes mis afectos en su Bondad Soberana. 1. Sosiega. 2. No temas. Alienta. 2. Descansa. Y logre dichosa, tu fe la piadosa quietud, que procuras, y gloria que alcanzas. Pues suerte. Ventura. Te ofrece. Te guarda. Feliz este sueño, que en dulce veleño, le dan a tu Alma, el Sol de Justicia, en brazos del Alba. María, para que temples la aflicción en que te hallas, muerto por ti a mi Hijo amado en mi Regazo repara. Así le recibi Yo cuando de la Cruz le bajan, siendo cada herida suya, una penetrante espada, que mi amante corazón con siete puntas traspasa, y a ti un leve sentimiento te congoja, y te maltrata. Oh Amantísima Señora, que en ti pudo haber constancia a tal pena, porque sois sola sin ejemplo magna. Llega, que aunque le ves muerto, viva su piedad se halla. Duicísimo Amante Dueño, Vos muerto en afrentas tantas por mí, cuando tan rebelde soy a tu piedad, ingrata? O si del dolor de veros así, mi vida acabara. Sosiega, y mira, que a mí mostrándome a una ventana a un Pueblo, Ecce Homo dijeron por injuria y coronada la Cabeza de cambrones, puesta en mi mano una caña por irrisión. Ay Bien mío! Por vuestra Pasión Sagrada, que perdonéis los errores de aquesta mísera Esclava; y si conviene, Señor, me quitéis, si es que os agrada, lo que en mi pueda ocurrir, de exterioridad mundana. Si haré, metiendo en tu pecho mi mano, para que haga mudando tu corazón, que esté en mi amor, y mi gracia. Ay Señor, que amable afecto, el corazón me arrebata. De exterioridades, ya a mayor perfección pasas. Porque prosigas mi Historia, se te concede esta gracia. Mi Dios, mi Señor, mi Dueño, mi Consuelo, mi Esperanza, Dulcísima Madre mía, tanto favor a esta Esclava, como ya despierta, admira con tal regocijo la Alma? 1. Sosiega. . 2. No temas. Alienta. Descansa. Y logre dichosa tu fe la piadosa quietud que procura, y gloria que alcán Pues suer Ventura. Te ofrece Te guarda. Feliz este fue que en dulce veleño, le dan a tu Alma el Sol de justicia en brazos del Alba. Pues Ventura, Me ofrece, Me guarda. Felice mi sueño, que en dulce veleño, le dan a mi Alma, el Sol de justicia, en brazos de la Al Cierto, Señor, que estás impertinente, pues cuando yo creí, que el verte ausente de mi Ama, causaba tu cuidado, y que solo por verla, has caminado por la posta te apeas en las heras, y rodeando barrancos y laderas, a pie, de noche, y encubierto vienes, y sin entrar en casa te detienes, sus puertas y ventanas requiriendo, las tapias del jardín reconociendo, lo que me tiene con notable pena, pues siendo aquesta noche Noche Buena de Reyes, aterido y muy hambriento, aquí me tienes, sepa yo tu intento. Apurar un cuidado que me aflige. Que era locura desde luego dije. Yo te confieso, Celio, que es locura, este impío dolor, que tenaz dura, cuya inquietud violenta, y rigurosa hace invencible mi pasión celosa, y pues fuerza es decirla, o si muriera yo sin referirla, que pena tan cruel, tan dura, y fuerte, cada voz que la explica es una muerte. Ya sabes, que esta Villa, a mi cuidado fio la gente, que había reclutado, con que sirviendo al Rey su lealtad muestra, y esta ocasión causó la ausencia nuestra. Bien sé, Señor, el que de aquí marchaste, que en el Sitio de Lerida te hallaste, que tu valor en él fue celebrado, y que el Rey tus servicios ha premiado. Que la Plaza rendida, el de Mortara, hizo que a Barcelona se bloqueara. Que el Perdón General ha sido el medio de cesar el combate, y el asedio. La Revelión infiel ya concluida, pude sin nota hacer yo mi partida, y en la lucha, que ansioso el pecho encierra, dejé la ajena, por la propia guerra. Pues en la lid cruel, que sufro, y siento combatiendo uno, y otro pensamiento, afligen mi sentido de mi agravio, y mi ofensa prevenido, pues Don Enrique (o pese a la ansia mía!) con aleve, tenaz, fiera porfía, en mi ausencia mi ofensa ha procurado, (Yo tal pronuncio sin estar vengado!) más presto mi valor altivo, y fuerte satisfará una ofensa con su muerte. Así, oculto he querido entrar sin ser de nadie conocido, hasta lograr de quien mi ofensa intenta, sea su vida el precio de mi afrenta. Tiritando, con celos, y sin cena, y habrá quien diga el que esta es Noche Buena. Cerrada está esta puerta. El demonio, sin duda, ierta. Si concierta, porque sean los lazos, que astuto os pone, vuestra ruina, a cuyo fin trazo las disposiciones. Bien puedes entrar en casa, pues su quietud reconoces, que siendo mi Ama una santa en vano son tus temores. Ya se acerca Don Enrique, y me conviene que estorbe se encuentren, hasta que entrando dentro sus ofensas note. Si no se engaña la vista a la puerta llega un hombre. Sí, mas de ella se desvía. Ciertas son mis presunciones. Para que de aquí se aparte, fingiré que reconoce mi cuidado aquestas tapias, porque me siga. Rencores, que tardo en reconocerle. Ya a seguirme se dispone. Tras él iré hasta saber si es quien causa mis temores. Mi Amo le va siguiendo, y yo por si andan a golpes, también iré: mas qué es esto? Allí otro rumor se oye. Aquí podéis esperarme, hasta ver si me responde a la seña la Criada. 1. Obedeceré tu orden. Llego a la puerta. Qué miro? Muchos son, en este esgonce me escondere. Es Don Enrique? Sí. Entra. El que abren se oye. Ya voy; vosotros conmigo venid. Contigo conformes estaremos. Ya se entraron, iré diligente, adonde contarlo pueda a mi Amo. Pues pude hacer, que equivo quen mis astucias a Medel, para que tras mí se arroje por las tapias del jardín, para que su ofensa note, empiece mi astucia a obrar. Ven tras mí, no seas torpe. Ya te sigo. Oye primero. De vista he perdido a el hombre, que por las tapias saltó, pero ya se reconoce. Mi llave fue de ejercicio, pues dio entrada, mas ya torpe capona se quedará, que sino la huntan se rompe. Para que puedas hacerlo, servirán estos doblones. . Eso si a su precipicio vayan sus obstinaciones. Dos bultos son, a vengarme los seguirán mis rencores. Lucia? Ya Doña Clara viene hacia esta parté, donde pueda hallarla Don Enrique. En esta parte te esconde, que mi Ama aquí se acerca. Bien está. Lucia, oye. Ya sale, temblando estoy. No dirás donde te escondes, qué haces que salga a buscarte? Mas ay Dios! Qué reconoce mi vista? Infiel que es aquesto? Yo, sí, ya. No te alborotes hermoso adorado dueño, de una alma, que corresponde a la fe con que te adora con dignas veneraciones. Siguiendo; pero qué veo? O mi congoja me ahogue! Doña Clara aquí? Mas oiga de mi ofensa las traiciones, para que sean sus vidas, estrago de mis rigores. Quién eres hombre, que aquí aunque el embozo te esconde la maldad de tu osadía se está publicando a voces? Vuélvete antes que mis iras con justas indignaciones castigue el bárbaro, aleve insulto de tus errores. Siempre tirana conmigo con desdenes correspondes a una alma, que la aborreces porque ama tus perfecciones: Si es tu hermosura el imán que me arrastra a que te adore, por qué si atractiva influye, lo que inclina no conoce? Eso si ponzoña sean, lo lascivo de sus voces. De miedo estoy tiritando. . Oiga haber lo que responde. Cómo (ay de mí!) Don Enrique, tu exceso el sagrado rompe de esta casa, y mi decoro; con intento tan inorme, pues aún el Sol con sus luces, entra temeroso, y torpe de que en lo mismo que lucen ofenden sus resplandores. Que soy de Medel, esposa, tu ceguedad no conoce, y que aunque ausente, en mi pecho presente está a tus traiciones? Y que sabrá castigarlas. Arda su pecho en rencores. Hasta aquí pude adorando sujetar a mis pasiones, mas ya con celos no puedo; y así a mi amor corresponde, o conmigo he de llevarte. Soy a tu instancia de bronce. El fuego que el pecho encierra hará su dureza dócil. Tirano, quén es lo que intentas? Que yo mi venganza logre. Válganme todos los Santos. Ya mi valor te responde. Esposo, mi bien, mi dueño, Pues dentro el rumor se oye de armas, allá entremos todos. Aleve dónde te escondes? No se oculta quien te busca. Escapar de aquí dispone mi temor, antes que pague de mi culpa los errores. Aquí el rumor escuchemos. Mi valor rayos arroje. Obre mi valor osado. Que se dividan dispone mi astucia, que de aquí espero bandos, muertes, y rencores. Muera quien mi honor agravia. Mal nuestro valor conoces. Mi gente entró, mas sin luz, solo mi defensa logre. . Dónde iré, que no me aflijan de este estrago los temores. . Donde yo para tu ruina te guío, para que noten todos, que la causa eres de escándalos tan inormes. . Hija, ya más consolado estoy de verla animosa. De mi enfermedad penosa la fatiga se ha templado. Sea Dios siempre alabado. Alábenle eternamente desde el Oriente a Poniente, el Cielo, Tierra, y Criaturas, por Gran Dios de las Alturas, Santo, Májimo y Clemente. Quise entrar a consolarla. Pagueos Dios la caridad. Ahora la Madre en verdad, que como suele no parla. Déjeme. No he de dejarla, pues me tiene consumido. Siempre ha de estar sin sentido? Siempre ha de ser zalamera? Váyase Hermano allá fuera. Después que ya me ha molido. La Enfermeria acabada etá ya? Ya la he compuesto, y todo bien lo he dispuesto. Calle Hermano. Está pesada; sa Monja remilgada sempre ha de ser mi tormento; me tray adonde reviento, luego sin más conciencia, ne joroba la paciencia, y me apura el sufrimiento. Hermano cómo habla así? or qué no tiene modestia? Aquí rebuzna otra bestia, mbien con su frenesí. Váyase al punto de aquí. No quiero. Tenga cordura. Madre, el juicio se me apura, ques me hacen trabajar, después de reventar odo es una gruñidura. toda la obra asistí, Enfermeria plante, Altar aderecé, ego todo lo barrí, la Monja contra mí, el Fraile sin tón, ni són, hacen mi persecución, porque quiere Barrabás, qe en Monja, y en Fraile, tras si anda la tentación. Tenga paciencia, Alajó. ̱. Ya es hora de disponer s Maitines. Han de hacer ue me lleve Bercebú, huir de ellos a él Pera. mía. Él vaya en su compañía. Voyme, que tengo que hacer. Yo voy, porque pueda ver sus Laudés la tripa mía. Ya que sola, amado Esposo, me han dejado, proseguir quisiera en el escribir el Misterio prodigioso, con que el Sumo, Poderoso, Sacro Dios Omnipotente dispuso, que desde Oriente tres Reyes os conociesen, y que a adoraros viniesen a Belén con celo ardiente. Leeré lo que escribía: Al Gran Pueblo de Israel Balán obediente, y fiel, de orden de Dios bendecía dándole la profecia de que al Rey Cristo ha de ver, y que había de nacer de Jacob la Estrella, hablando de los Magos, anunciando, que a un Dios, y Hombre han de creer. En Saba, y Persia reinaban, y en Arabia, Baltasar, Melchor, y también Gaspar, que en Oriente los llamaban por la ciencia que gozaban los Magos y con seguras luces de las Escrituras, y sus altas Profecias, sabian bien, que el Mesías, vendría a sus Criaturas. e la Guardía de MARÍA, un Paraninfo Sagrado, que fue a los tres enviado, cuando el sueño los tenía suspensa la fantasía, les dijó en revelación, la Divina Encarnación del Verbo, y su Nacimiento, que marchasen al momento, para darle adoración. El Aire en la vaga Esfera de su materia formó, una Estrella, que ilustró, de luces, porque ella fuera la que singular se hiciera; los tres despiertos la vieron; y admirados conocieron ser la que anunció Balán, y al verla con pio afán el seguirla dispusieron. Siguiendo su luz brillante, en Jerusalén entraron, y por el Rey preguntaron de los Judios, que Infante ha nacido, y vacilante: Herodes mandó llamarlos, y admirado al escucharlos, les dijo, que si le hallasen al Infante, y le adorasen, le avisen para imitarlos. Hasta aquí el afecto mío es lo que pudo escribir; pero para proseguir, con acierto, desconfío de mí; Dulce Esposo pio; el Ser de tu gran bondad, ilustre mi ceguedad, dando auxilios a mi mente; pero ya miro patente el Misterio en realidad. De Balán la hermosa Estrella. El brillante Astro, que sigo. La luz, que ha sido mi guía. El que aquí para distingo. g. . Ya Santos Reyes Magos de la luz de aquesa Estrella refulgente, que hasta aquí os ha guiado, pierde la claridad, pues ha llegado al Oriente del Sol Sacro, y Divino, que feliz ha de hacer vuestro camino. Si os guió una Estrella hermosa, y brillante, ya con luz más bella, el Sol más radiante, en brazos de la Alba veréis alumbrar: y pues vuestro anhelo su luz ha buscado con ardiente celo, al verle humanado, llegadle a adorar. Cielos, qué Divino Asombro! Cielos, qué grande Prodigio! Qué gran maravilla advierto! Ay Dios. Que a ver al Chiquillo, muy bizarra gente viene. Apartaos a un ladito. Al ver Gloria tan inmensa, se pasman nuestros sentidos. Miren en un Pesebre, a todo un Ser Divino, como Sol influyendo, temblando como Niño. lírenle nacer, mírenle ilustrar, mírenle ascender, mírenle su amar. Miren su piedad, el frío sentir, al hielo temblar, y siendo infinita su Sacra Deidad, que tiembra, tirita, y la Alba Bendita, con pajas abriga a su Humanidad. Mírenle ilustrar. Mírenle ascender. Mírenle su amar. Mírenle. Mírenle. Mírenle. ̱. Mírenle. e F pues quiso nacer el hombre salvar. Mírenle su amar. ̱. Mírenle. F para Ya Gran Dios de Sabaot, que logró el afecto mío, con la luz de conoceros, la gloria de haberos visto. Ya, que como Rey de Reyes, y del Soberano Imperio, os conoce y reverencia la alma, y la fe, que os dedico, recibid de mis tesoros, el oro que os sacrifico, y lo que a la ofrenda falte, lo supla el corazón mío. Dios Inmenso, y Soberano, que del Aveterno, Hijo, Clemente, Inefable, Grande, sin tener fin, ni principio, sois de Aaron la Vara insigne, de Jacob Estrella y Signo, fuerte León de Judá, Cordero manso, y sencillo; ya que os conozco por Dios, os tributo en Sacrificio, de Saba Incienso precioso, que a vuestro culto dedico. Yo, que en el Divino incendio de que es mi color indicio, lo que en vuestro Amor me abraso, en este accidente explico, como adiós, y como a Hombre, Dios por Esencia Divino, Hombre por salvar al hombre, os creo Dios, y pasivo, por mostrar vuestra Clemencia, Pasión, y Muerte, os dedico la Mirra, que os será amarga, de un cruento sacrificio. Reyes de Oriente, creed que el premio os dará mi Hijo, y en su Nombre vuestros Dones, con los afectos recibo. Ya que mosotros, ahora nada que darle trajimos, con baile le celebremos. Bailemos todos amigos. Miren al Rey de Reyes, que aunque es tan chocotito, por ser grande, los Reyes le traen sus regalitos. Mírenle nacer, . Reina, y Señora, mirad en qué podemos serviros, que abiertos nuestros tesoros, los tenéis a vuestro arbitrio. Yo estimo vuestras ofertas, mas mi Amantísimo Hijo nace pobre, para dar de humilde ejemplo a los siglos, Volved a vuestra Región, por diferente camino, no en Jerusalén entréis, que así el Cielo lo previno. Yo en todo seré obediente. Yo a su gusto me resigno. Su auxilio será mi norte. 3. Los tres, Señora, os pedimos licencia. El Poder de Dios, os asistira propicio. Mosotros por esta noche, Señora, mos despedimos. Pero será repitiendo otra vez el regocijo. Mírenle con gracia, como Humano, y Divino, a el Cielo da explendores, a el suelo pucheritos. Mírenle nacer. Ya hija mía te he mostrado de este Misterio el prodigio, y sírvate de doctrina, ver el afecto rendido, con que de Oriente a Belén, el dilatado camino que hicieron los Reyes, solo por adorar a mi Hijo, y porque Hombre, y Dios le crean, el hacerlo así convino; cree en él, ámale fiel, pues que tanto le has debido. Yo le creo, yo le adoro por mi Dios, mi Bien, mi Alivio mi Señor, mi Redenptor, y Dueño de mi albedrío. Vos Soberana Aurora, a quien mi ruego encamino, pues sois mi amparo alcanzadme que en lazo de amor unido, mi corazón le tribute incesantes sacrificios. Si haré, y ahora queda en paz. Ay que en vos falta mi alivio, mirad que dejáis, Señora mi corazón afligido con vuestra ausencia, mas ya por si agradaros consigo, mis amantes voces digan con las cláusulas del Himno, en honra, y gloria del Sacro Dulcísimo Esposo mío. , . Miren en un Pesebre, a todo un Dios Divino, como Sol influyendo, temblando como Niño. Mírenle nacer, JORNAD RCERA

JORNADA TERCERA

No me dirá dónde viene? De pasearme ay tal cansera! De pasearse: De pasearme, que salgo a coger la fresca por las mañanas, mas hoy supe una cosa estupenda. Él es loco, qué ha sabido? Él es tonto, y me maréa, con andar gruñe que gruñe. Pues dónde fue? Valga flema: Desde mi Celda oí anoche voces de ruido, y pendencia, y esta mañana sali- a preguntar lo que era, y supe (válgame Dios!) un caso (Santa Quiteria!) que me tiene (San Antonio!) tan tonto como me hera. Diga, acabe, lo que ha sido. Lo he de decir? A qué espera? Ahora contarlo no quiero, porque saberlo desea. Váyase de aquí que es necio, Ahora quiero que lo sepa: En la casa de Medel, anoche, según lo cuentan, Don Enrique, a Doña Clara; robaba por interpresa; mas el Demonio, que es Diablo y no ha de hacer cosa buena, hizo que Medel entrase, y los pille en ratonera. No estaba Medel, ausente, Hermano, qué es lo que cuenta? Padre, Padre, lo que oye, miren como se embelesa? Entró como un Bercebú, y dizque hubo linda gresca, de golpes, y chincharrazos, concluyendo la pendencia en llegar gente, que estorba la buena obra, de que hubiera tan siquiera dos mil muertes; y en fin la marimorena anda otra vez de los bandos, con que dicen. Detenedla. Oye Padre, la algazara? Pero huyendo, aquí se acerca Lucia. Favor al Rey. Padre mío. Ya está presa. Por mi Padre San Francisco! Teneos, que es donde llega el Sagrado del Convento. Habrá tan gran desvergüenza! Como los picaronazos este Sayal no respetan? Aparte el Donado. A perros! Cómo habla de esa manera? Hijos, esta pobrecita, pues ha llegado a la Iglesia, válgala su Inmunidad. Miren qué buena paciencia! 1. Padre mío, esta mujer nos mandan llevemos presa, pues se sabe, que fue causa del escándalo. Es quimera Padre mío. Yo lo creo de su buena Alma, y conciencia. Padre que es un testimonio. Dejenla. Miren que flema! Quite, que gazmoñerías para esto no aprovechan: Digo, suéltenla al instante. No podemos. Mas que intentan que me amostace? Qué dice? Quite Padre: No la dejan? Por mi Padre San Francisco, que ha de ser de esta manera. , s Tenga Hermano. Estese quedo. Yo escapo de una catrera; Qué hace Hermano? No más que magullarlos las molleras, Por San Pablo! Que me jura. Vive Cristo! Vive, y reina, y para darles mil coces, me ha dado bastante fuerza. . Jesús Jesús, está loco? Jesús, Jesús, qué babieca! Qué nuevo alboroto es este? Vaya, y a esa mujer meta luego al instante, en el cuarto Ana la Demandadera. Voy corriendo como un viento. No hay quien me diga, que sea este alboroto? Solo fue, que intentando llevar presa de aquí a una pobre mujer, de el Doñado la imprudencia lo procuró defender. Y con grande desvergüenza con nosotros envistió. Cómo en Pueblo, que gobiernas, permites, que a la justicia se aje de aquesta manera? En Pueblo que yo gobierno, se hacen aquestas violencias? Solo, Señor, las comete, quien violar quiere la Iglesia. Padre, perdonad, que hoy, tanto esta Villa se inquieta, que es un caos, en que toda su máquina titubea, pues Don Enrique, y Medel con los parciales que encuentran, con nueva ocasión airados antiguos odios renuevan, y a la falda del Moncayo, que solo dista una legua, salen en formados bandos, sin que reprimirlos pueda, y a Doña Clara acompañan sus parientes, con que intenta dar la muerte a Don Enrique, que así satisfacer piensa a todos de que no tuvo culpa en su justa violencia. Y cuando hoy aquesta Villa, a nuestro Monarca espera, pues esta tarde sin falta, ha de transitar en ella, con escándalos tan grandes, qué dirá? Al Monte, a la Sierra. Mirad, Señor, que los bandos, se juntan en la Ribera, que está al paso del Moncayo. Precisa es ya mi asistencia. Todos os venid conmigo. Ya os sigue nuestra obe- diencia. Y yo iré a pedir a Don S. temple obstinación tan ciega. . Y yo iré donde el volcán de mi saña, en todos prenda. Mas ay! Que desde aquí alcanzo a ver con mi inteligencia, escribiendo a Sor María, y pues el Señor me ordena, no la impida el escribir, huiré de su presencia. Nuestro Padre Confesor manda, que a decirla venga, que el Rey, y su Real Familia esta tarde a Agreda llega, y por si al Convento viene, la Comunidad prevenga. Luego al punto a la Vicaria avise, para que pueda prevenir el que el canten cuando entre en la Iglesia. Me manda otra cosa? No. Voy a hacer lo que me or- deña. El cuidado, o Jesús mío, que fíais de mi insuficiencia de la Historia de la Sacra Pura Aurora, y Madre vuestra, hace que encalle el discurso en el golfo, que navega, y fuera a pique a no asirme del timón de tu clemencia, pues en el Sacro Misterio, que escribir mi pluma intenta de la Purificación de la Alba más Pura y Bella, cuando por cumplir la Ley, Niño en el Templo os presenta, antes que a escribirla empiece el meditarle quisiera. Después de cuarenta días, después del parto, ley era purificarse las madres, que así el Ejodo lo ordena, pues mandó Dios sacrifiquen a el Templo los que nacieran Primogenitos, mas esto que a todos común ley era, por lo inmundo de nacer, con la original torpeza, no le obligaba, naciendo de aquella intacta Pureza, que aunque Madre, por ser Virgen, no estaba a la Ley sujeta. Mas ya mi discurso alcanza, que de Dios la Omnipotencia quiso nazca el Verbo Hombre, y que como hombre parezca. A Simeón, Gran Sacerdote, Dios el Misterio revela, y a la Profetiza Ana, que viuda de Asem, ya era, y la que en el mismo Templo, mereció ser la Maestra de MARÍA; cuando en él Joachín, y Ana la presentan. O con que Amor tan Divino, aquella Pura Azucena, previno las Tortolillas, hace que traigan dos velas, porque en el Segrado Templo, dé explicación a la ofrenda, de su candidez las Aves, de su ardiente amor la ho guera! Mas ya parece que la Alma, por luces de inteligencia, ve todo el Sacho Misterio representado en la idea. El Cielo se alegre se admire la Tierra, cuando al Padre Eterno, Niño se presenta, el Verbo hecho Carne, y aunque puro sea, va a purificarse, por solo obediencia, en su Madre la Alba del Hijo la Esencía, el Cielo se alegre, se admire la Tierra. Estas cinceras, cándidas, Tortolas, que culto publican de devota ofrenda en Holocausto Sagrado os ofrece la fincera fe de quien fiel las presenta. 2. Esta cándida Antorcha brillante, que explica encendida la ardiente fineza, que obedeciendo, y amando os ofrece fe, que en su luz reverbera. Ahora inefable Señor, permitirás partir pueda tu Siervo en paz, pues que vieron mis ojos la salud misma en el Verbo a quien ponéis de los Pueblos en presencia, luz que ilumina, y alumbra a todas gentes, y eterna gloria del Pueblo escogido de Israel, o dicha inmensa! Y Vos, Señora, advertid, que este Niño que presentas ruina, y salvación será de muchos, blanco en que hieran iras, y contradicciones, de incultas malicias ciegas; y traspasará un cuchillo la Amantísima Alma vuestra, para que los pensamientos de los corazones sean descubiertos, recibidle que ya mi amor os le entrega. Recibe amada hija mía de mi amor la enorabuena. Simeón, Sumo Sacerdote, Ana, Señora, y Maestra, el que es todo Poderoso Señor de Cielos, y Tierra os asista, como Yo lo pido a su Omnipotencia. Él, oh Mujer prodigiosa! Él, o MARlA perfecta! Pues te crió para Magua, por siempre alabado sea. Confusa mi admiración en la dicha que contempla, aún le pasma a mi razón, la razón de comprenderla. Mi auxilio será tu luz, y está a esta doctrina atenta: El Misterio prodigioso de la Purificación sea el que porque purifiques tu Alma, te dé la regla. Contempla a un Dios, que a su Padre Eterno mi amor presenta, y a mí, que sin que la ley a todas las Madres puesta me toque, purificarme fue cumplir con su obediencia. Purifica tus discursos, tus sentidos y potencias puesto te tocó el contagio como en fin hija de Eva. Purifíqueme, Señora, la ansia, que mi pecho encierra de ardientes puros deseos de hacer lo que mejor sea: Y para que vuestro amparo, por mí, Señora, interceda, ya con el Himno mis voces con rendido afecto alternan. , . El Cielo se alegre, se admire la Tierra, Yo, señora Doña Clara, a verla solo venía de parte de Sor María. Oiga que es cosa bien rara. Nuestra Madre a mí me dijo, que a nuestro Padre llamase, llamele, fue, dijo entrase, y viene acá. Está prolijo. Calle. Callo Padre mío. Que me manda Sor Mar que de la fatiga mía, en ella el alivio fío. Y puede, que es una Santa; No callará? Si mi Padre, pues no hay nada que le cuadre, este Fraile me quebranta. Sor María, que ha sabido los bandos, y enemistades, y ciegas parcialidades, que de un arrojo han nacido; y que su tío Medel, con la ira que le incita, su venganza solicita ciego, obstinado, y cruel, y que vos, cuando prudente, y cuerda debíáis templarle, obstentáis para imitarle, lo vengativo y valiente. Atenta su Caridad, a daño tan excesivo, con corazón compasivo solicita la amistad. Que en todos sea segura, concordia, que el daño medie, y tanto estrago remedie, para esto hablaros procura. Y es justo, pues a trompón, ella, y ellos, andan tras que los lleve Barrabás. Qué dice? Soy un tontón. Yo venero a Sor María, como es justo, mas si piensa en que yo olvide mi ofensa será vana su porfía. No será si considero, que es justo lo que propone. El honor también dispone qué me vengue primero, tomo Noble, y como honrada, ui honesta, y recogida, y una osadía atrevida, que tiene mal opinada son el Vulgo, que hecho argos, esa a lo peor atento, y de ajeno atrevimiento, sica contra mí los cargos, pues creerá, que la osadía de Don Enrique nació, de algún favor que creyó, a de tolerancia mía, Es un espejo el honor, que le empaña un leve aliento, luz, que muere al menor viento, fama sujeta a un error: y una ímpura activa llama, que la apagó mi inocencia, hace que pierda su esencia la luz, espejo, y la fama. Y puesto que de otra suerte no puedo satisfacer a el Mundo, el medio ha de ser de Don Enrique la muerte. Ella claridad dará a el espejo, que ha empañado, vida a la luz que ha eclipsado, y fama a el honor será. ̱. . Esa ira que os inflama, y os precipita al rigor, no ha de dar a vuestro honor, ni luz, ni explendor, ni fama. Pues público a todos es de Enrique la tiranía, que la somentó Lucia, vencida del interés. Así ella lo pregona, con que se viene a probar, que quien os quiso robar mas vuestro decoro abona. Mire, Padre yo daré un consejo sano, y bueno: Siempre está de juicio ajeno, Oiga, yo me explicaré. No hay que fatigar el genio, pues componerlo dispongo. Cómo? Echándole el mondongo fuera con un guadigenio, Calle ya. Qué aqueso haría? Y darle mil puñaladas, a el trasto, por las pasadas, que ha tenido con Lucia. Agradézcame el Donado, el que respeto a ese Saco. Mas que quiere el muy bellaco, ir de aquí descalabrado? A vuestra voz persuadida, ahora pasaré al Convento. Ya con ese voy contento. Ya os sigo. El Cielo os dé vida. Venga Hermano. No en mis días, a el Convento eso es error. Celio busca a tu Señor. . Iré, pues que a eso me envías. Hombre aguarda, si es que acaso quieres probar mi valor. Vaya que es un hablador. A bribón acorta el paso. Quítese, que es un badea. Qué dice el tumba cuartillos, y me tiemblan los Morillos, que están en la chimenea. Amigos, por esta parte me siga vuestro valor. La voz es de mi Señor. Mas qué quieres escaparte? Sí, que seguirle es mi intento. Mueran todos. Linda danza. Al Valle. No va de chanza. Al Monte. Esto es mi contento. Eso sí, reine la ira; la venganza, y el rencor; todo sea estrago y furia, que a todo os incito yo. Medel por aquesta parte, con osada obstinación, animando a sus parciales, va buscando a su ofensor. La zarabanda se acerca, y yo sin armas estoy, por Cristo, que no quisiera me diesen un coscorrón. Don Enrique a la otra parte de ese Convento, busco su seguro, mas mi saña hará se junten los dos. Allí ha descubir alcanzo, el que un hombre se paró. Y para poder lograrlo, he de fingir el que soy de los suyos, y guiarle a su propia perdición. Si yo le quito la espada ya mi miedo se acabó. Logre su triunfo el infierno Suelte la espada el bribón. Vil Doñado, de esta suerte en ti vengaré el rencor con que mi saña aborrece el Sayal que te vistió. Perro, canalla, maldito, suéltame. Toma bribón. Ay! Ay! Toma. Jesús mío, ay que me desvencijó! A perro, infame Patillas, ahora con el Cordón de mi Padre San Francisco verás que tunda te doy. Aparta. Cómo qué aparte? Cata la Cruz. Mi furor pretendes que te consuma. Huyendo de aquí me voy; maldito cata la Cruz. Pues ya aquí Medel llegó, conducirle a el precipicio, dispone mi persuasión. Ea parientes, y amigos, pues ya la ocasión llegó de poder vengar mi ofensa, obre arrestado el valor, sea obstinada la ira, la saña sin compasión, no perdone humana vida, odo lo abrase el rigor. pes en la injusta violencia que Don Enrique intentó, eontra mi honor, y mi fama, si bien que no la logró, ya su infame y vil deseo en mi ofensa consintió, pues que puso de su parte de agraviarmé la intención; y así debe mi venganza a que incitándoos estoy, hacer, que su infame sangre deje lavado mi honor. 1. Todos a tu gusto atentos, y obedientes a tu voz estamos. Y yo también. ̱. Dónde tu Ama quedó? Pasó a el Convento. ̱. Ea infierno, empiece mi persuasión. Medel si intenta tu saña, hallar su competidor, yo diré como podrás. ̱. Pendiente estoy de tu voz. Fuera de la puerta nueva, que paso al Convento dio, de pocos acompañado, ahora le dejo yo; con que rodeando las tapias, que esa Clausura cercó, sin ser sentido de nadie, podrás lograr tu intención. Yo os agradezco el aviso: Venid sin que hagáis rumor conmigo. Ya te seguimos. . Eso si a tu perdición camina, pues tu osadía me dará el triunfo mayor, pues he de hacer que el Sagrado de ese Convento a quien dio Sor María el fundamento, y Agreda veneración, le profanen vuestras iras; mas ya se han visto los dos, y con insaciable saña obra en todos el furor, y avisado, a promediarlos acude el Gobernador. Al Monte. Al Convento. A el Llano. La gente que acompañó a Don Enrique, cobarde del Convento se amparó, y Medel con sus parciales los sigue, y pues a quien soy no hay término, ni distancia, incitaré su furor. Muera quien pudo ofenderme. Aunque tan herido estoy, no desmaya mi ardimiento. Contigo está mi valor. Teneos. Mirad, Medel. Si no se tienen los doy. Retírate a ese Convento, que el paso te guardo yo. Primero verás su muerte. Habrá tal disolución! El Templo mi amparo sea. Antes me vengaré yo. Teneos amigos, mirad. Toda la bulla allá entró. Qué aguardo que no los sigo? Yo iré allá con mi bastón. Señor, el Rey a la Villa se acerca, pues ya se oyó el rumor de los Clarines. Habrá mayor confusión! Mi asistencia aquí es precisa, y allí haciendo falta estoy, y sin saber donde acuda lo que haré dudando estoy. . Yo acudiré a ver si puedo, templar caso tan atroz. Y yo a darles dos mil palos, si no tienen atención. Aquesta Sagrada Historia, que escribe mi admiración, lo que en ella es perfección es rubor de mi memoria; en ella miro notoria, del Padre la Omnipotencia, del Hijo la Suma Esencia, del Espíritu el Amor, Gracia en MARlA, y mi erro no mejora su conciencia. De lo que escribo admirada, y con mi ser afligida; dicto aquí una sacra Vida, miro en mi una muy culpada; en Vos Reina Inmaculada, Virtudes, y Perfecciones, hallan mis veneraciones, y en mí para más conflicto, va el uso de mi apetito arrastrando las pasiones. El terreno ser humano incita mi gran maldad, y nace mi iniquidad, del inmundo limo vano; mas ya Esposo Soberano, que mi voluntad sabéas, a mañana no esperéis, muera esta vil criatura, mirad, que si al Mundo dura dura al riesgo en que la veis. Donde a este mal que me alcanza el remedio encontraré? En lo firme de la Fe. Quién mi firmeza afianza? La Áncora de la Esperanza; Quién borrará mi maldad? Caridad Suma Bondad. Ya más felice me siento, pues me dan seguro aliento Fe, Esperanza, y Caridad. 4. Alienta criatura, pues que ya las Virtudes, te ofrecen por auxilio. La Fe su firme celo. La Esperanza piedad. Su amor la Caridad. Y su clemencia el Cielo. 4. Porque logre tu anhelo de aquesas inquietudes que calme tu desvelo. . Qué luz suave y Divina, ilustra mi entendimiento, que cuando al Alma ilumina, va los sentidos venciendo, y en intelectual auxilio, por ilustración comprendo que las Virtudes me influyen a que ame lo más perfecto? La Fe te da firme vasa, en que fundes tus afectos, si ojos, y oídos contemplan, Cruz, Religión y Evángelio. La Fe por ojos, y oídos entra como espada, hiriendo, de Dios la Sacra Palabra, a el corazón que es su centro. La Esperanza te aseguí en Dios el más firme premio, que es Áncora, que afianza la Nave de los deseos. Por si lo humano no pues producir nada perfecto sin Dios, y esperar en él es solamente el acierto. A la Caridad expli del corazón el incendio, que a Dios, y a las Criaturas da un ardiente amor perfecto. Dios sobre la Caridad, nos dije por su Evángelio: Bien que a mi Mínimo hacéis, por mí lo hacéis, y lo acepto a Alma al filo de esta espada, s acicalada, erreño, Damasceno, de E en el Amor de Dios morirás esta vez a lo y a el resabio del polvo que en Adán fue contagio d q q se acaba, y queda dividida, el Alma del Espíritu logrando un bien tan singular porque imitando a mi Reina, y Señora en Dios solo tu vida se mejora. Muere Criatura, al Mundo tirano, pues Dios Soberano, tu bien asegura, en su inmenso Amor. Y de el Alba Pura, que darán no dudes, las Sacras Virtudes, aliento, y ventura, a tu fiel fervor. Muere, Muera yo, Ángel Soberano, a los terrestres deseos, porque mis operaciones solo obren lo más perfecto; y Vos Dulce Amado Esposo, concededme si os merezco grato a mis deprecaciones que no pueda yo ofenderos; y pues de esta humilde Esclava, sois el absoluto Dueño, no la dejéis albedrío sino para obedeceros. 4. Alienta Criatura, Esposa mía, apiadado de tus ardientes deseos, que en hacer mi Voluntad, has procurado el acierto, he venido a consolarte. Hija, Yo a tu amante ruego, porque logres lo que pides por tu suplica intercedo. Dulce JEsUs de mi vida, Esposo, mi Bien, mi Dueño, con tan grande Medianera, ningún infortunio temo, que aunque yo sea tan mala, siendo el amparo tan bueno, excede en distancia inmensa a mi mal bien tan Supremo. El que concluyas la Historia de mi Madre es lo que quiero que conviene que dé a el Mundo un tan cristalino Espejo de Virtudes, de Prodigios, y de Sagrados Misterios, porque en su Luna se vea lo que obró mi Amor inmenso por el hombre, y él conozca de su vida los defectos, y el cristal de perfecciones le pueda servir de ejemplo. Los días de esta criatura, Madre ya se concluyeron para el Mundo, y que renazca a solo mi Gracia quiero. Ese singular favor, que le hacéis, Yo! radezco que es mi Discípula amada, y como a hija la quiero. Oh Jesús, o Virgen Pura, quien pudiera engrandeceros como merecéis, mas ya que mi mayor dicha advierto, con toda la alma, y la vida, os adoro, y os venero. Queda en paz, que ya a buscarte el Rey llega a este Convento, y los bandos, y rencores, por ti quedarán compuestos, Siempre mi Amor te acompaña. Mi Bien, mi Dios, mi Consuelo, Señora, mi Luz, mi Guía, no me falte el favor vuestro, y para poder lograrle, con las Virtudes alterno. Alienta er pues que ya las Virtudes, te ofrecen por auxilio. La Fe su firme celo. La Esperanza piedad. Su amor la Caridad. Y su clemencia el Cielo, orque logre tu anhelo, cesen tus inquietudes, y calme tu desvelo. pues que ya las Virtudes, me ofrecen por auxilio, la Fe su firme celo, la Esperanza piedad, su amor la Caridad, y su clemencia el Cielo, porque logre mi anhelo cesen mis inquietudes, y calme mi desvelo. Viva nuestro Gran Monarca, viva nuestro Rey excelso. El Rey ahora se apea a la puerta del Convento, Hermana, y vengo a visarla. Vamos hija, que ya es tiempo. y. De todo estoy informado, a todo pondré remedio. Yo a vuestros pies, Gran Señor, que oigáis mi razón pretendo. Yo imploro vuestra piedad, Yo por todos intercedo que es justo hayan de gozar y calme mi desvelo. del Real indulto de veros. Por vos si lograrán, Madre, que es mucho lo que os aprecio. Mucho el veros, Madre, estimo. Guarde a V. Exc el Cielo. Con esta mujer en vano conseguir nada pretendo, y así huyendo de su vista me oculte el lóbrego aberno. De esta Criada, el error, fue causa de tanto exceso, movida de la codicia. Sí señor, yo lo confieso. Codiciosa, y hechicera, huire de ti, vaderedro. Ya con este desengaño, podréis quedar satisfecho, Yo de mi esposa lo estoy. Yo dichosa me contemplo. A Medel por sus servicios, yo le conferiré premios, y a Don Enrique a mi Casa que pase a servirme quiero, con que apartando a los dos, evito otro nuevo encuentro. De sus e Aunque herido, a el escuchar vuestra piedad cobro aliento para rendiros las gracias. Alzad, y ahora pasar debo a la Iglesia a dar las gracias a Diós, pues queda ya quieto el revelión Catalán. Luego volveré yo a veros, que hablaros quiero de espacio. Si Señor las gracias demos a Dios por sus maravillas. Y ahora acaba con esto, la Escritora más Excelsa, y así Auditorio discreto, de aquesta Segunda Parte, a vuestros pies el Ingenio, humilde pide perdón. tinuados hierros.