Texto digital de Conquista de Valencia por el rey don Jaime
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Conquista de Valencia por el rey don Jaime. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/conquista-de-valencia-por-el-rey-don-jaime.

CONQUISTA DE VALENCIA POR EL REY DON JAIME
JORNADA PRIMERA
Rey Don Jayme, con su fama altiva, en Aragón triunfante, viva, viva. 1. No en Aragón decid, sino en el mundo. Viva inmortal su nombre sin segundo. En hora buena, Marte valeroso, en hora buena, Rey, señor, y Esposo, vuelva a verte en mis brazos; donde con tiernos lazos borre tu Real presencia el dolor insufrible de tú a encia. ven hora, señora, Ungara emulación del claro día; vuelva en tus brazos a adorar tus ojos; donde, en dulces despojos, logre mi amor triunfante, tener más que rendirles más amante. La primera ser quise, en tanta gloria, a darte el parabién de la victoria. Si a verme de laureles coronado tu soberana luz ha madrugado, no agradecerte quiero esta fineza, pues lo ha de hacer por mi naturaleza, cuando en fragrantes partos sus olores, al ver que exhalan hoy con más ardores, conozca que es más propia esta salida, para dar a su influjo mejor vida. Vosotros, Capitanes, que valientes, sin nota de cobardes, sois prudentes, llegad, no os embarace dichas tantas. A tus invictas generosas plantas, tenéis, señora:: . justo es que os levante. A Don Fernando, de Aragón Infante. A Don Pedro de Azagra. . Y que lo intente:- A mí por qué, señora? . Por pariente. Y a mí? . Porque leal te has ostentado, sin dejar de mi Esposo nunca el lado. Extraña gravedad, poco ha sabido, que habla Violante con quien no es sufrido. Llegad vosotros, de Alcañiz leales, que aguarda el Rey. . 1. A vuestros pies Reales tiene, señor, tu Alteza, rendida de Alcañiz a la Nobleza. Con la humildad, que a tu grandeza debe, plantas, conmigo, está la Plebe. Mis brazos os reciban con más gusto, ve otro lugar en mí no será justo tanta lealtad, y la prevengo, or la satisfacción que de ella tengo, en uno, y otro estado, los peores, Alcañiz no saben ser traidores. ictorioso hoy, amigos, he llegado, habiendo las dos Islas sujetado, que con mis guarniciones pondrán freno Africano orgullo, al Agareno: Mallorca, y Menorca, Islas mayores Mar Mediterraneo, dos horrores, dos escalas, dos cuevas, dos abrigos de bárbaros Corsarios enemigos, conquistó mi osadía acalorada de los ardientes filos de mi espada; mas qué mucho triunfasen mis Pendones, si me dejé a Aragón sin Infanzones? Luego que en las Baleares mi fortuna los crecientes menguó de tanta Luna; y donde se ostentaba la más bella, colocar vi de la mejor Estrella la Imagen prodigiosa, en esta empresa acción la más gloriosa; para lograr de la victoria el fruto, que es aliviar los Pueblos del tributo, que la guerra ocasiona, al centro vuelvo de mi Real Corona; con que entendidos uno y otro estado, del fin con que a Alcañiz hoy he llegado, aunque de paso, ved si alguno tiene, que aliviarlo conviene; o si (valgaos para esto vuestra audacía) que pedirme tenéis alguna gracia; porque al mérito vuestro será estrecho cualquier don que os conceda de derecho. A tus pies, por favor tan soberano, para que sea mayor, nos da tu mano. . Levantad. . A la esfera nos elevaste así. . Ya solo espera a que pidáis, atento mi cuidado. 1. Advirtiendo, señor, que fatigado tu Majestad vendrá, y que prevenido el más digno hospedaje está elegido, que lleguéis a ocuparle, por propicia, es gracia que pedimos de justicia. Vamos señora, pues justo es honrarlos. Dicha es tener, señor, tales Vasallos. 2. Repetid, que del Rey la fama altiva, en Aragón criuntante viva. tri Poder de Dios, qué grandeza, qué aparato, en un momento, para este recibimiento, ha dispuesto la Nobleza! Qué Jardines, y qué fuentes, qué arcos, y qué invenciones, y en ventanas, y en balcones, qué adornos tan excelentes! Qué tropeles, qué bullicio Viva. va allí la guarda moviendo! con alabardas, entiendo, que hacen hoy el ejercicio: Mas ya que lo puedo ver, donde el ver me da lugar para decir, en hablar también me he de entretener. Que se inventase el sufrir para buenos, niego yo; sin duda, quien lo inventó no supo qué era servir, a quien (callo lo demás) lo menos que me hace hacer, cuando él ha de acometer, es, que vaya yo detrás. Yo metido en la estacada? yo obligado a hacer forrajes? yo ir a buscar los vagajes? yo Soldado sin soldada? Yo atender de una baqueta al toque, que me alborota? yo con botas, y sin bota? yo alojarme con boleta? Yo, aunque la atisbe derecha la intención (por Dios me aturdo) hacia mí de un Moro zurdo, que viene como una flecha, no me he de poder zafar, sino que, para lucir, a encontrarla he de salir, sabiendo me ha de clavar? Yo los Mandamientos pinto, no guardando los de atrás, para romper los demás, he de empezar por el quinto? Yo en fin: pero satisfago con decir: ola, encubiertas vienen a verme en las fiestas? Llégate más. . Ya lo hago. Qué sí, dicen? me arrepiento de haberlo así preguntado: que llegue? en ese pecado yo, señoras, no consiento. Háblale tú. . Ya he entendido. Diga usted, señor Soldado, . de los que hoy aquí han llegado, es usted recién venido? Soilo para su mandar, y vine después de ayer: hay algo más que saber? Le quisiera preguntar::- Pues ya no la quiero oír. Por qué? Porque, en conclusión, preguntar en Aragón, es lo mismo que pedir. Acaba, dile quien eres. Y al darle yo, qué diría? El que singular sería entre todas las mujeres. Pues mira si puede ser lo que me has asegurado. . Arredro vayas, pecado: quien en ti había de caer? a qué has venido, me di, desde Albarracín acá? Mi Ama te lo dirá. Señora, tú estás aquí? sola no será. . Pues cuando no están mis penas conmigo? dónde queda mi enemigo? Con quién estabas hablando? Pero no no has de decirlo, si aunque haya llegado a verlo, lo dudo, y él no creerlo está en no llegar a oírlo. Cómo así? mas qué, o por qué, lo que no me ha de importar, el saberlo he de intentar? Yo, ingrato, te lo diré: que si ofender mi opinión, sin razón, hasta ahora vi, no quiero haya desde aquí para ofenderla razón. Aunque de los altos timbres que heredé en Albarracín, donde siendo tu señor, Esclavo llamarte oí de mis ojos (pese a ellos, que lo creyeron así) tan contraria injusta acción, como hallarme en Alcañiz sola, y en aqueste traje, llegues a extrañar en mí: presumiendo los motivos, que me obligan a elegir este medio, aunque distante del lustre con que nací, no es bien que culparme intentes, cuando debes discurrir, que por reparar lo más, lo menos no he de advertir. Bien sabes, injusto Dueño, de mi fama (ay infeliz, lo que debiera callar, que presto hube de decir!) que el más bello luminar en los campos de zafir dos veces se miró arder, y dos por este Cenit, yendo otra esfera a abrasar, se sintió menos herir, desde que mi adusto ceño, que se debió distinguir entre los más singulares por tan altivo, rendí a la fe de tu palabra, que fácilmente creí, sin duda, porque llorar al pronunciarle te vi; pues hasta entonces, aunque antes me supiste prevenir. para este fin, con los medios de ponderar, de aplaudir, de celebrar, de ofrecer, de suspirar, de gemir, de constante idolatrar, y de rendido servir; fui roca, fui bronco mármol, fui peñasco, bronce fui, a cuya dureza pudo, para labrarla, servir tus promesas de cincel, tus lágrimas de buril, que durando hasta lograr, cesaron al conseguir. Dos años ha que tirano, las enjugaste, y en fin, que violado mi decoro, a tanta obligación, si, faltaste, siendo un acaso, una traición (pese a mí, que lo repito) disculpa de tu retiro: no aquí es bien te llegue a acordar, por satisfacer el vil motivo de tu mudanza, cuantos medios elegí, ni la evidencia con que desengañar pretendí tu recelo, que uno, ni otro, aleve, no es para aquí; la cólera, la ira, y rabia es del caso no encubrir; que ausentándote a este tiempo, hizo somentar en mí, el hacerme saber, que, obligándote a partir tu honor, llamado del Rey, mas te obligaba el huir de estar en paraje adonde me pudieses ver, ni oír: De este baldón, de esta afrenta, si al pretenderte seguir mi enojo, no lo estorbara el que desde Albarracín, partiendo en posta a Tortosa, te embarcaste desde allí a la expedición gloriosa de Mallorca, hubiera, sí, vengadome luego; pero ya que no pude (ay de mí!) entonces, y más templada me halló el aviso feliz, de que desde Tarragona, donde un velero Delfín te condujo separado, pasabas por Alcañiz con el Rey a Zaragoza, resuelvo luego venir, para evitar mayor nota, a encontrar contigo el fin, que por recompensa, busca mi honor, o si no morir en la demanda: a este efecto, atropellando salí los respetos de mi casa, para lo que me valí, sin que de otros me fiase, de la que miras aquí, y de un anciano Escudero, que hoy hice volver y así, Don Pedro señor, mi Dueño, si de mi fe aqueste ardid, que no es ya de mi venganza efecto, de mi amor sí; si el Cielo::- . Calla, tirana, no acabes de proferir lo que a mí me ha de irritar, y él te puede desmentir: quererme satisfacer, cuando yo mi agravio vi, es en vano; piensa, ingrata, en volverte a Albarracín, y piensa que es, al usarlo, este rigor contra mí. Nunca aquella infeliz noche bajado hubiera al jardín, vanamente a averiguar, curiosamente a inquirir, oyendo una seña, a quien se intentaba dirigir; nunca tu nombre supiera, para que al llegarlo a oír, que era a ti, lo acreditase quien lo supo prorumpir; nunca a evidencias pasaran las sospechas que advertí en su fuga: mas tampoco esto, infiel, no es para aquí. Vuélvete, vuélvete luego, antes, que al verte anadir tan resuelta error a error, me obligues a repetir tus traiciones, tus engaños, mi ofensa, mi rencor, y que para no escucharlos otra vez haya de huir . de tu vista. . Tente, espera, oye, mi bien::- (ay de mí!) Don Pedro, presto lográis: sois feliz enamorado, pues que tan recién llegado, ya hay quien os ruega que oigáis: y pues amante pasión parece, no la embarace. Señor, al favor que me hace esta Dama, da ocasión el día, que lisonjero permite, sin repararse, el que puedan escucharse finezas a un forastero; pero servir a tu Alteza es primero en justa ley. Mientras decretaba el Rey (qué peregrina belleza! qué agrado! qué gravedad!) justas pensiones Reales, en su cuarto Memoriales, quise pasear la Ciudad, y estoy de verla admirado. Con qué atención te repara el Infante. . Oh suerte habín! La Nobleza, y Magistrado de Alcañiz, siempre fieles, mostraron en la ocasión su poder. . Es esta acción el lustre de sus Cuarteles. Ya retirarme quería, cuando aquí llegué a encontra Antes, para acompañaros mi suerte celebraría haberlo sabido; pero ahora lograré serviros. No pretendo interrumpiros. De cólera y rabia muero. Vamos, pues. . No, no; adve que entre obligación, y fama, es lo primero la Dama: quedaos, Don Pedro, y cumplid. Si lo haré pero será el cumplir de esta manera. Aguarda, mi bien, espera: mi llanto te obligue ya. Es de Sirena tu llanto: y así, quiero prevenido, que no entre por el oído de una Sirena el encanto. Celia, détenle. . Es saeta No le dejes ir. . Es truero no haré tal. . Por qué? Eso es bueno; porque temo a la baqueta. . Vivo yo, cruel, ingrato, que tu villana sospecha. pha, ha de quedar satis aunque lo sienta, el trecató. . Señoras, estas, rencillas ya ven que son por fiar; cuidado, porque al pagar todos buscan asidillas. Don Jayme? . Quién me llama. Escúchame. . Ya atiendo. Ay mísera Ciudad ay infelice, que en tirana opresión, en duro asedio gime, padece, y llora::- Pues qué siente? El insufrible yugo Sarraceno. Quién eres, sombra fría, que a mi alterado pecho, si pavor no le impones, es porque en él no cupo nunca el miedo. Valencia soy, invicto Rey Don Jayme, Valencia soy, Conquistador Guerrero, cuya perdida libertad procuro, y el que la halle por ti dispone el Cielo: a este fin has de ver que te persuade, quien a este fin te busca ya resuelto; y aunque el intento te parezca osado, el fin conseguirás con el intento. Mi quebranto, mi dolor, su impiedad, y su furor has de vengar con auxiliar alto valor. Te ha de guiar, y su poder, que has de vencer, no has de dudar con su favor. Detente espera, aguarda, que ya a librarte voy: Válgame el Cielo! A quién librar intentas? Con quien tan descompuesto, señor, si nadie te oye? Extraño es su embeleso! Amigos, habéis visto un pálido diseño, una arezada imagen de la noche, un bostezo, que con cuerpo era sombra, siendo la sombra el cuerpo? No señor, nada vimos. Sin duda que del sueño fue vana ilusión, cuando no la advertí despierto. Dinos, señor, qué visteis, qué pudo a vuestro aliento, ya que no zozobrarle, alterarlo a lo menos? Después que las pesadas coyundas del gobierno de mis hombros aparto pausando, no cediendo: Apenas al descanso solo un rato pequeño rendir quise en tributo, el que es natural feudo: Apenas las trilladas sendas pisar pretendo de perezosas grutas, donde habita Morfeo: cuando con las especies, que abulta su beleno, en mental prespectiva, diré, que estuve viendo a Valencia oprimida del Bárbaro Agareno; que mi favor invoca para limar sus hierros: Un medio vaticina, que ha de mostrarme el Cielo, cuya expresión callando, le prosiguió, diciendo:- Ceit Abuccit, de Valencia Rey desposeido:- . A tiempó. este acaso se interpuso: mucho tiene de misterio. Para hablar, licencia espera. Que entre le decid. . Sospecho, que nueva causa le aflige. Que te interrumpiese siento. Antes puede ser que él ate de mi discurso el concepto, pues su venida, no hay duda::- Qué decís, señor? . Qué efecto me parece de la causa. que sobresaltó a mi pecho. Enigma es que no alcanzamos. De mí, o de él, la sabréis presto. A tus generosas plantas tienes, Rey Don Jayme, puesto, un Esclavo, que algún día de muchos se vido Dueño. Esclavo dije? bien dije si de amor, y suerte advierto, rendido, y atropellado, que ni albedrío reservo. De un Reino desposeído llego a tus pies: mucho debo a la fortuna, pues varia, quiso quitarme un Imperio, para conseguirme un triunfo; mas que me quitó me ha vuelto en esta ocasión. . Alzad, gallardo Moro, del suelo; y creed, que vuestros pesares, ya como propios los siento. Me también besar tus plantas. Quién eres tú? . Un leal Berro ser antes, y ahora querer::- Aparta, loco. . Estar poerco. Para qué, Moro? . Paraque? Zaen, a me temer medo. Vos en Alcañiz tan solo? qué se hizo el adorno Regio que heredasteis, y yo pude aseguraros al riesgo de mis victoriosas Armas? Vos el varonil esfuerzo tan remiso, que faltando aún para expedirle aliento, al fomentarlo el suspiro lo ahoga el desfallecimiento? Vos lágrimas en los ojos? Rey de Valencia, qué es esto? Es, señor, de la fortuna un mal trazado diseño, que lo empezo como estudio, y lo acabó como juego. Prespectiva es, que en la vana representación del tiempo, al foro de su inconstancia, solo me enseñó escarmientos. Es de su eje, como causa, un desigual movimiento: y es, en fin, por no cansarte, haber de su ser incierto, precipitado del Trono, sentido el voluble efecto; sobre cuyas circunstancias, a informarte, señor, vengo, siendo la segunda vez que te he menester atento. Sentaos, y decid, que ya toda mi atención os presto. . Oigamos, pues el Rey dijo, que su venida fue a tiempo, en que tal vez nos diría lo que embarazaba él mismo. Propio es de un triste escudhir con atención sentimientos. A la voz de las riquecís, a la fama de los premios, que en la Conquista de Esua lograban los Agarenos: Al atractivo del oro los unos, y otros al cebo de los repartidos triunfos, que en tan dilatados Reinos, corto premio era un tesoro, poca recompensa un Cetro: se vio acudir tanta copia do Musulmanes guerreros, que apuradas las Provincias, fue necesario ir ciñendo sus esperanzas a estado de dárseles en el mismo, que otros antes ocupaban: de cuyos repartimientos provino en alteraciones las ruinas de los más de ele pues la ambición de los misno por ceñir el Laurel Regio, hizo dividir parciales nuestra unión, lo que dio esfueno a la antigua sangre Goda, para ir de si sacudiendo yugo tan intolerable; y que lograse, en efecto, recuperar la más parte de lo que perdió (pero esto parece que no es del caso, aunque hasta aquí es del intente! Pues todas las novedades sublevaciones de contra sus Reyes, y el que hoy yo esté sin honor, ni Reino, procede de haber quedado tanto Poderoso en ellos. Zaen, gran señor, fue el uno de los traidores soberbios, que contra su Soberano logró conspirar resuelto. A cuya aleve osadía, pudo servir de pretexto (ponderado a sus Parciales) la paz que contigo tengo, permitir Cristianos Cultos en los Mozárabes Templos, y con propensión nativa, ver inclinado mi afecto a tus dogmas, porque sabe que omuchas de ellas observo: y en fin, que tu Ley abrazo, cuando la suya aborrezco. A esta voz pues, en campaña, no ignonando sus deseos, los más viles le aclamaron, los más nobles le siguieron, sin que a embarazarlo fuese bastante el activo esfuerzo con que, como a causa propia, hiciste propio el empeño de asegurarme en el Trono, de tus Milicias al riesgo: para lo que tus Vanderas, de mis Estandartes fueron auxiliares: ya esto sabes, pues primera vez fue a esto a lo que vine, logrando el fin, aunque no el efecto. Pero hoy, que ya despojado enteramente del Reino, no me quedaba otro arbitrio, que el de vivir a tu sueldo: cuando no solo me hallaba mi infeliz suerte sintiendo, sino que el traidor osado, tus Conquistas causa siendo, después de ajar mi decoro se atreviese a su respeto. De un parcial de confianza tuve aviso, con expreso, como dentro de Valencia están muchos mal contentos de su tirano dominio, y que mostrarán el serlo siempre que de sus almenas los homenajes soberbios registre poder bastante a mi defensa dispuesto. Esta noticia, y mi agravio, para irritar tu denuedo, vuelvo a decir, que me trae segunda vez, a que el fiero orgullo de este alevoso domes con su atrevimiento. Satisfácete enojado de haber corrido sangriento desde Teruel a Tortosa sus recintos indefensos; de las talas, los asaltos, robos, estragos, e incendios, que a su impulso han padecido Campos, Castillos, y Pueblos, sin que a su alarbe osadía, sin que a su furor resuelto le detuviese ajustado aquel político freno; que impone natural rienda cuando hay, treguas de por medio. Y pues que calevosamente las rompio, sienta el estruendo de tus trompetas, y cajas, llegue a percibir el eco de tu enojo, y en castigos aprenda los escarmientos. Para ti, señor, conquista este dilatado Imperio, de Ceres, y de Pomona, el más abundante asiento. Para ti íncito tus triunfos, que para mí solo quiero trocar su altiva Corona por el laurel más supremo, que en tu Ley glorioso adquiere: el antiguo privilegio, que por una mujer fácil perdió un hombre tan perfecto. Con el Bautismo, señor, y militar a tu sueldo, he acaudalado más honra, que pudo usurparme fiero, a las instancias del hado, las influencias del tiempo. Ninguna ocasión, como esta, pudo disponerte el Cielo más propia para extender sus verdades y tus Reinos, que la con que solicito tu poder, y lo prevengo. Sus fuerzas están divisas, él es cruel, es soberbio, es traidor, es alevoso, es bárbaro, injusto, fiero, altivo, vano, atrevido, y::- Basta; no más, que me ofendo, habiéndote hasta aquí oído, del rato que me detengo . en vengarte y en vengarme. Por la gloria de Don Pedro mi Padre, que en mejor plaustro campos pisa de luceros: Por toda esa azul campaña, cristalino padrón bello, donde con flamantes giros, el Sol debana cuadernos, que ha de acreditar Zaen aquel sabido proberblo de que antes el rayo abrasa, que da la noticia el trueno. No la tendrá de mi enojo antes que de mi denuedo, será su ruina el amago, el peligro antes que el riesgo. Este, amigos, fue el presagio; no dije bien, el modelo, cuya traza prodigiosa, delineada por el Cielo, provido me la enseñaba, como dibujo, en un sueño; y así, no extrañe ninguno verme esta ocasión resuelto, por mi dictamen, a empresa que por si es de tanto empeño; cuando en todas las que osado supo emprender mi denuedo, mucho más que mi experiencia, me enseñó vuestro consejo; porque hallo gran diferencia de esta a las otras, si advierto, que aquellas dictó mi orgullo, y que está la dicta el Cielo. En él, amigo, confía (justo aqueste tratamiento es a quien, por lo que ofrece, pasó de uno, al otro extremo, del de Moro, y enemigo, al de Cristiano, y mi afecto) Espera, vuelvo a decirte, que Zaen verá muy presto, quien traidor ha ofendido, a quien se atrevió soberbio; pues para no dilatarlo he de disponer que luego las Milicias, que pagadas dejé en Tarragona, a efecto de pasarlas a Mallorca, marchen con los demás tercios, que recién desembarcados de las dos Islas volvieron. Publicaré en mi Corona, que los que por gozar sueldo de mis Reales Patronatos están a servir dispuestos, me sigan, y yo a Tortosa. desde aquí partiré luego, donde los Almugavares, que en ella alojados tengo, de mi Persona el resguardo, y de mis fuerzas el nervio, me verán por sus fronteras entrar a sangre y a fuego. De su extendido dominio, de su dilatado Imperio no ha de quedar a Valencia una almena, un parapeto; y a sus elevadas torres, vano embarazo del viento, con mis máquinas movibles, del rémate al fundamento haré títubear vagueando, haré estremecer cayendo. Venid, pues, y en la campaña será vuestro alojamiento ̱̱. mi Cuartel, que en Alcañi no me detendré un momento. A tus pies mi humildad poné mi justo agradecimiento. Advierta, señor, tu Alteza:- Ya para advertir no hay tiempo, sino para obrar, amigos. Vamos, señor, que si el Cielo esta empresa te propone, él te dispondrá el trofeo. Aunque esta vez mi dictamen no queréis oír, prevengo, que se obra más en entrando con prudencia en el empeño. No lo ignoro, Don Fernando; mas sin embargo os advierto, que siempre vence el valor, pero no siempre el consejo. . Déjame, Celia, llorar, no embaraces mi tormento, que si callo lo que siento, fortalezco mi pesar: Si a quien me ofendió, acabar no puedo, pueda morir; pues llegando a discurrir, sin valerme del rigor, el olvidar el valor me hace acordar el sentir. Yo ofendida, y ver temblando la cara del ofensor? él con vida, y sin honor quién siempre vivió matando? Dígalo el ave volando, y del Jabalí el anhelo, en el bosque a mi desvelo hallado; y el Pez lo diga rendidos de mi fatiga al venablo, arco, y anzuelo. Viven los Cielos (en nada a este fin precio mi vida) que si me dejó ofendida, que me ha de encontrar vengada: Mi resolución, nombrada o es con mi antiguo valor? n En mí el varonil furor no es esmalte de mi ser? . pues qué importa ser mujer? más, ay Celia, que mi amor::- Señora, si tanta rienda al dolor dándole vas, se precipitará más, y no ajustarás la enmienda: Mal haces en que se entienda tu venganza en tu clamor; porque es manifiesto error en el recibido agravio, con el estruendo del labio prevenir al ofensor. Si a Alcañiz hoy has llegado desde Albarracín, en busca de quien tu blasón ofusca, y habiéndole hoy encontrado de su desvío al enfado, cuanto ofende esta fineza supiste y que su extrañeza olvida su obligación, siente, pero con razón sin maltratar tu belleza. Habla al Rey, que es justiciero, él enmendará este error. Calla, que no quiero honor, que lo he de perder primero. En público (dolor fiero!) mi deshonra había de oír? yo la había de decir? No, Celia, más fácil fuera que yo la muerte me diera, más acertado es morir. Mira, que en la calle estamos; no llores, señora mía, del rostro el lienzo desvía. Dices bien, amiga vamos adonde: no prosigamos, sin que el motivo apuremos de este rumor. , . Bien podemos, pues de Don Pedro el Criado viene hacia aquí, de contado de él, señora, lo sabremos. Que mi suerte, o mi fortuna tan mal me haya de tratar, que cuando había de medrar me ha de dejar a la Luna! Que mi Amo sin más, ni más, cuando no hubo qué partir, siempre me pudo sufrir, y:: . Adónde, Trabuco, vas? Señora, me iba a perder; pero me quedo a ganar. No te entiendo. Dios me entiende, aunque soy un animal. Mi Amo ahora mismo se parte, y me deja sin un real, y a buenas noches, que dicen, yo a los Perros me iba a echar, porque a los Moros me iba; y llegándote a encontrar, para servirte me quedo, con que es claro de notar, que si me pierdo en el ir, que me gano en el quedar. Qué dices, hombre? (ay do mí!) pues tu Amo adónde va? Con el Rey se parte ahora. Y no sabes (qué pesar!) la causa, que de improviso obliga a su Majestad, a que de Alcaniz se salga? Y de Don Pedro? . Aún hay más. Por qué te despidió a ti? dime, se llegó a acordar de mi cuando se partió? Eso es mucho preguntar para un hombre solo. . Mira, que aquí luego has de contar lo que sabes, que me importa. Qué cuente? no sé sumar. Dice bien, sumar no sabe, si fuera multiplicar cuando compra, lo que sisa. Mejor fuera, la muy tal, el que ella partir supiese. No me llegues a enojar, que para chanzas no estoy. Si para chanzas no estas, y has dado en quererlo oír, ahora de mí lo sabrás; porque solo reparaba el paraje donde estás. Mas público es mi dolor, y su trato desleal. Pues si es así, lo que pasa te d como, o por el Rey, la causa será haber llegado hoy Ceit, y haber conseguido hablar con el Rey cuya resulta, fue ir empezando a marchar sus Guardías a la ligera hacia Tortosa, y detrás el Rey, su Tío, y mi Amo, diciendo, que a conquistar van a Valencia; esto es cuanto a esto; y lo demás que me pertenece a mí lo diré con brevedad. Porque me despidió, fue, porque se llegó a enfadar de que en tus cosas le hablas al tiempo de ir a montar; y aunque era a tiempo tan cruno, porque me pareció mal, que sin hablarte se fuese, porque lo quise notar fui desgraciado hablador; pues llegándose a apurar, me dijo: No he menester, un Criado tan leal, que a todas horas me canse; así, Trabuco, te irás si, con tu Madre de Dios: Pero no me dijo tal, sino muy enhoramala. No le quise replicar, aunque picado quedé por no exponerme a quedar con algo, en que me dejase para tiempo que rascar. Hasta aquí, sino me engaño, como, cuando, y por qué vi, sabes; pero aunque yo sienta el decirte lo demás, no he de callar, que se enoja solo de oírte nombrar, y que te aborrece desde aquella noche fatal, que a Don Blasco en el jardín encontró, después de estar todo aquel día en tus b y aunque él no nunca señas de quien fuese, dice, que te ha de olvidar para siempre, y que su suerte no fue suerte, que fue azar, que con celos no hay amor. No se debió de acordar de que hubo Ingenio, que dijo, y esto lo supo probar, también hay Amor con celos: Y en fin, para abreviar, ni aún pintada quiere verte, que es el cuando principal de tu pregunta, con que te he satisfecho cabal, al como, al por que, y al cuando, mira ahora si quieres más. No sé como mi furor ha tenido sufrimiento para escuchar afrentosos tan declarados desprecios, sin que mi activo coraje, fraguado en el mongibelo, que etna el corazón exhala, a volcanes reduciendo mis suspiros, no combatan la vaga región del viento, para que logre un aleve ahogos en vez de alientos. Pero pues ya reventada la mina que ocultó el pecho, hace romper en Vesubios a todos mis sentimientos: roto, pues, aquel reparo, que comprime nuestro sejo, al impulso de las iras, que me propone mi esfuerzo, me ha de ver este tirano, de mi honor en desempeño, hasta cobrarlo, o vengarme, sin que me amedrenten riesgos, intentar en los peligros encontrar con los remedios. Resuelta en la acción que trazo, he de dar asunto al tiempo, para que eterno vincule lo que ha de obrar mi despecho; y para que a las edades venideras diga él mismo, que en esta vio lastimoso dorar un yerro a otro yerro. Vamos, Celia. . Dónde vamos? Ya lo sabrás. . Yo me quedo? No Trabuco, que a ti fío la resolución que emprendo. Dinosla, pues. . Es en vano, si para el fin que pretendo, decirla, y ejecutarla, todo será a un mismo tiempo. . Mal hayas tú, que tan claros referiste sus desprecios. Mal hayas tú, que la culpa tienes de que él tenga celos. Calla, que tú tienes más. Pues callar, y callaremos. al t ea
JORNADA SEGUNDA
Infante, para partir está todo prevenido? Tus órdenes, señor, faltan para quedar advertidos del modo con que en tu ausencia se conserve lo adquirido. Quedando vuestra prudencia, no harán falta mis avisos, si en vuestro consejo sobran valor, experiencia y bríos, para mantener, no solo lo ganado con arbitrios, sino para mis trofeos, en mi ausencia proseguirlos; cuya cierta confianza hoy, Infante, la acredito, pues que mi vida, honra, y fama de vuestra persona fío. La Reina queda en Burriana, del fuerte de Enesa, sitio, que elevé para Sagrario del más casto puro Lirio nta (que así le he nombrado) aviso he tenido, que Zaen ha de procurar rendirlo con todas sus fuerzas: ved si poco de vos confío, pues porque vos os quedáis, dejo lo que más estimo. Por honor tanto, tus plantas::- Sois mi sangre, y sois mi amigo: levantad. . Soy vuestra hechura. Pero quedad advertido, que la Reina es valerosa, y que en cualquiera designio, resolución, o Decreto, su voto es el decísivo. Y vos, señora, pues es en esta ocasión, preciso renovar los sentimientos, que nuestro amor tan continuos padece, no me aumentéis la pena con el martirio, de para sentir los vuestros haber de olvidar los míos. Vuestra Majestad, señor, parta con bien, entendido, que da el Cielo sufrimiento, cuando retira el alivio; y que como es causa suya de las vuestras el motivo, me franquea en cada ausencia, para sufrirla un auxilio. De todos mis pensamientos, es su hermosura el hechizo. En Monzón he convocado Cortes, adonde advertidos mis fieles Aragoneses, sé que ya esperan unidos, a fin de que sus lealtades me saciliten arbitrios con que conducir socorros, para mantener, precisos, lo que a tanta costa, y riesgo de Vasallos y de amigos, con ellos he conquistado de Zaen en los Dominios, hasta conseguir que logre (del todo desposeído su orgullo) que en la Mezquita que él hizo, dedicada a Dios se innoven incruentos Sacrificios: adonde voy cuidadoso, de que Entenza, a quien le fío el Fuerte del Puig, que de ella es padrastro tan sentido, le dejo, como sabéis, de un accidente prolijo dispuesto a que, al repetirle, el manejo que ha admitido no pueda usar, y aunque se halla con los Cabos escogidos del Ejército a su lado, y con orden que suplirlo pueda, con su nombramiento, el que parezca más digno a su experiencia, recelo, si llega este caso, altivos no duden obedecerle por no ser de mi elegido, y en la división no pierdan lo que adquirieron unidos. Sabiendo que se halla dento Blasco de Alagón, el mismo, que entrada por él Morella, generoso mostró y fino, dándoosla, lo voluntario, como si fuera preciso. El gran Don Jimen de Une, blasón de su lustre antiguo; quien, después que en esta guen por sus tan altos servicios fue Rico Hombre señalado entre los más escogidos, habiendo fiel conquistado, cercano al Mijares frío, con la gente de su paga, de Alcaten el Castillo, porpremio de tanta hazaña ya le tenéis conferido para él, y sus succesores su Tenencia en Señorio. El Señor de Albarracín Don Pedro de Azagra invicto, con cuatrocientos Vasallos a su sueldo mantenidos. lMoncada valeroso, cuyos Catalanes bríos, con seiscientos que condujo, temblar al África hizo. Los Maestres, que del Temple, y el Hospital, son cuchillos embotados con Cristianos, y afilados con Moriscos. Cardonas, Pardos, Pertusas, Cerbellóns, Palavicinos, Vallterras, Ortices, Ortas, Berengueres, Asalidos, Ros de Ursins prole Italiana, Milanes, del apellido de Ángresola diez y siete; Aznares de Arenós, dignos descendientes de los Condes que Aragón vio en Señorio; sin los muchos Caballeros con que su Reino ha querido, siendo de honor precisados, en esta empresa serviros voluntarios, no hay recelo de que sus hechos altivos malogren particulares intereses, antes finos, sabrán ceder ambiciones por acomular servicios. Así lo espero: enterado, Infante, de lo preciso, que es el socorrer a Enesa, la gente que os tengo dicho, remitiréis cuidadoso. De todo estoy advertido, y de Cabo a quien fiarla. Quién es? Llegad, llegad luego, . que vos sois el elegido. A vuestros pies, gran señor, mi valor está rendido. Es buen soldado Don Juan, y de tus favores digno. Ya lo sé, Infante, y su esfuerzo, cuando vos, por el capricho de que vencen raras veces pocos a muchos, el sitio de Burriana levantar me aconsejabáis, perdido de ánimo casi todo el Ejército, y remiso en la obediencia, resuelto desamparaba el recinto: por detenerlo, o con causa retirarlo, en el conflicto que ocasionó la defensa de los Cuárteles del Río, me entré despachado; entonces vi, que no hubiera salido a no ser por el valor de Don Juan. . Es aún muy niño, deja que crezca, y se haga, verás entonces prodigios. Quita, loco. . Aparta, necio. Si ha un hora que estoy podrido de estar hecho un estafermo. Basta. . Siempre ha procedido, arrojado en los empeños, temerario en los peligros. Como tan interesada en acción de tanto brío, y lealtad, premiarle quise por mí; pero no ha admitido cargo alguno que le fuese a tanta hazaña debido, sino que de Aventurero las facciones ha seguido de mayor riesgo. . Señora, él siempre será un perdido: aún en mayores me he hallado, y no sucede lo mismo con quien tiene más derecho. Cuáles fueron? Bien por Cristo; tan solo con una treta, he muerto yo más Moriscos, que un Doctor con sus recetas, cuando empiezan los pepinos. Vamos, Infante; pero antes de partirme solicito el advertiros el modo con que ha de ser conducido por el Cabo ya nombrado el socorro prevenido. Oyes? el primer busón eres, que han cortado el hilo de su gracia los Señores: has quedado como un Chino. Y la primer embustera eres tú que lo haya oído. En todo he de obedeceros. Venid, señora. Y yo os sigo? Vos luego habéis de partir; y así, podréis preveniros, sin que de aquí os apartéis. . Obedecer solicito. Poco tendremos que hacer, porque en estando vestidos, todos nuestros equipajes no cargarán un mosquito. Hombre, estás loco? Es un bestia. Ven acá, Trabuco, amigo; que hemos de ver a Don Pedro? Como tres, y dos son cinco; pues que donde se halla vamos, según el Infante dijo. No es cierto, que a mi fineza, expuesta a tantos peligros, corresponderá obligado, amanté, cortés, y fino? Eso dudas; al instante, que te vea hecha un Narciso::- Qué te parece que hara? Afirmar el negativo por la consecuencia, que antes probó, y . Mientes, que es delirio bastante a borrar tan claras evidencias. . Jesucristo! de aquesta vez en la boca no me ha dejado colmillo. Qué hagas caso de este necio? Sí, Celia: acaso no has visto alguno estar agraviado, y de aquel que le ha ofendido trata con otro el empeño, y aunque este, de inadvertido, o necio, no le comprenda, le sirve de grande alivio desahogar el sentimiento al renovar el martirio? Así yo, que sus ofensas ha tanto que lloro, solo cuando de ellas trato, entonces es cuando vivo. Pues en verdad que con eso me has dado justo motivo para que, haciendo memoria de los hechos peregrinos, que osaste emprender en la conquista adonde venimos en traje tan arriesgado, pretenda de tu capricho saber como por un medio, por tan pocas veces visto, tan extraño, hallar esperas a tus pesares alivio. Yo entiendo, que fácilmente lo podrá hallar. . Cómo, dilo? Para ajusticiar a un hombre, puesto ya al pie del suplicio, el Verdugo le limpiaba el sudor, cuando afligido, para dar principio al Credo, con ansia elevaba el grito: mirándole uno de cerca, preguntaba a su vecino, lastimado del ejemplo, cuando aqueste pobrecito de tantas penas saldrá? y el que le hoía le dijo: presto, porque antes de un hora dará al otro mundo un brinco. Si después que tantas veces, entre alfanjes enemigos su vida estuvo pendiente, como dicen, en un hilo, ahora vuelve, donde es cierto, por evidente, el peligro, ya con el Credo en la boca: aplique usté el cuentecico. Como tuyo es: discurramos por lo hasta aquí sucedido. . Son tan graves, tan crueles mis pesares, tan continuos, desde el infeliz instante, que mi infausta estrella quiso perderme (tente memoria, advierte, que no lo olvido; y así no es bien me lo acuerde que no es fácil reducirlos a la voz, sin que se ofenda aún de la voz el oído; y más, cuando::- (ay infelice!) Señora, ese no es camino de dar treguas al dolor. Pues cuando no es succesivo, al empezarse el tormento, manifestarlo el suspiro? Sabes lo que me ha admirado, y solo viendo he creído? Qué, Celia? Que cuando en llanto tu pecho está sumergido, y a femeniles afectos, por naturales precisos estatutos dedicado, haya en el valor altivo para proseguir un rumbo, que todo él es precipicios: esto aturdida me tiene. A mí no, no me ha aturdido; pues no es la primera, que Dama Capitán ha sido, Dama Sargento y aún Dama General se ha visto. Eso, solo en las Comedias, los Poetas lo han fingido. Pues lo mismo dirán de esta todos los que son leidos. Qué importa, que afeminado nuestro ser parezca indigno de varoniles manejos en Militares conflictos, si la experiencia acredita, que lo embaraza el estilo, no la falta del valor, en un sejo que ha sabido, siempre que las contingencias le han puesto en el ejercicio de las aarmas, mantener en cualquier trance, el antiguo glorioso timbre que orlaron, ensanchando sus Dominios, las. Amazonas en Scitia; en oposición de Ciro, Rey de los Persas, Tomitís; Semíramis, del Asirio Trono valero contra el Caldeo, y Egipcio: y en fin, otras que sus glorias, aunque el tiempo ha oscurecido, nunca ha podido borrarlas, habiendo muchos que han sido, sin la nota de cobardes, de aquesta verdad testigos. Y si a esos, por tan distantes, no hay quien los crea imagino, que en tu valor se acreditan. Qué importa, si por ser mío, no logra más recompensa del lauro que ha conseguido; sino retirar el premio, a mi estimación más digno? Qué importa, que denodado mi arrojo (otra vez repito) atropellando respetos a mi sangre tan debidos, de los dos acompañada, por seguir a un enemigo de mi honor, triunfos lograse, que publicaron rendidos, desde Tortosa a Burriana, tantas Villas, y Castillos, donde siempre la primera fui, que sus muros altivos coronaba con trofeos, en sudor, y en sangre tintos? Por cuyas nobles empresas, qué importa, que repetidos aplausos consiga, cuando al ingrato que los vido, sabiendo, que de él el premio espero, porque le sigo, en vez de obligarle, solo le debí con sus desvíos, que embarazar intentase, con el paliado motivo de estar expuesta mi fama, y no deber consentirlo su pundonor, el recurso que por último he elegido, que es el morir a sus ojos; o cobrar mi honor? (ha impío!) Qué importa, que de Burriana en el porfiado sitio, fuese mi espada sangrienta de la guadaña cuchillo, cuando en la desesperada salida que los Moriscos hicieron para abrasar las máquinas, el Rey quiso en persona socorrer al esforzado, al invicto Don Jimen de Urrea, que las defendía, y perdido el caballo, entre el confuso armado tropel se vido su Real Persona cercada del grueso que había salido, y que yo, advertido el riesgo, siendo blanco del peligro, le detuviese a lanzadas tanto impulso damasquino, ganando tiempo bastante, para que acudiendo finos sus valientes Capitanes, le sacasen del conflicto? Y qué importa, que ignorando mi ser, hayan pretendido premiar una acción tan grande, que se eligiese a mi brío, para un caso de tanta honra, como fiar a mi arbitrio el conducir el socorro a Enesa, o Puig, como has visto, si cuando el honor recae en quien el suyo ha perdido, mas que honor es vituperio, y más que premio es castigo? Señora, el Infante llega. Don Juan? tiene que advertiros, antes de partirse el Rey, sobre el empeño que os fío: venid. . Pronta mi obediencia está del Rey al servicio: vamos, señor. . Don Juan, vamos: jamás vi tan parecidos dos rostros, si en Alcañiz, de otro que vi no me olvido. . Señora Celia, entretanto, que nuestro Amo hermofrodita tiene treguas con su llanto, nosotros, un tanto cuanto soliloquiaremos. . Quita, que bien no ha de parecer si se llega a reparar, que me haya de entretener, supuesto que habrá que hacer estando para marchar. Oiga usted, las objeciones, cuando media el estropajo, no se advierten. . Los Bufones no se meten en cuestiones por ser de escalera abajo. Si no mirara::- . Qué haría el muy gallina? . Echo el fallo aunque fuera bobería, en Capón me volvería, por no ser contigo Gallo. Eres un mandria; y así te dejo para menguado. Ea, no haya más aquí, Celia mía. . Yo de ti, ni por pienso. . Lo pensaó, mira, boba, en conclusión, nos viene a pedir de boca: mas va de murmuración. Deja para otra ocasión lo que ahora a los dos::. . Noto querrás decir? . Es verdad. Pues no ves, que sabe Dios que mi Amo la lealtad duda de tu Ama? . Es De que profanamos los dos. Que con celos la condena sin admitir la disculpa! que en el cargo que la orda ella padece la pena, teniendo los dos la culpa! Que cuanto suspira, y llón, en vista de su despego, lo ha causado:- . Calla ab Oyes, Trabuco? . Señon Los Caballos prevén luego: Ves como te pudo oír. No que estabas tú delante. Porque el Rey no ha de puti hasta que me vea salir con el socorro. . Al instante voy las maletas a echar. Celia, si por este honor, que a mí el Rey llega a fiar, veo el mío restaurar, dichoso será el valor una vez. . Así lo espero, en tu inocencia fiada. Vamos, Celia: hado severo, si me has de acabar primero, o con mi honor o vengada. . Que está resuelto Zaen en asaltar esta fuerza? Así me lo participan los parciales, que en Valencia disimulados le aclaman, cuando exaltarme desean; y así se lo he prevenido al gran Don Guillem de Entenza, su Gobernador, y nuestro General, para que advierta, noticioso del peligro, el modo de la defensa; extrañando, que entendido del riesgo que nos espera, solo en fortificar trate, sin que otros medios prevenga a este fin. . Como ya sabe la gente que en él se encierra, no hará caso, aunque arrestado Zaen a embestirlo venga, de sus visonas Milicias; mandándolas él tan viejas, que juzgo que no hay Soldado (elección de su prudencia) a quien no le hayan salido las canas en viva guerra: además, que accidentado estos días, la taréa le tiene con que ha querido en la ejecución, e idéa de las fortificaciones concurrir con su asistencia: es gran Soldado, y por Dios, que más su falta temiera, que a las Tropas de Zaen, aunque auxiliares trujera de Argel, Túnez, y Marruecos, unidas las tres Potencias. No es corta la que conduce, según leal me lo expresa un parcial de confianza. Qué importa, que grande sea, si la componen Moriscos, gente cobarde, grosera, bárbara, infiel, alevosa, y tan infame, que::- . Cesa, Don Pedro que no es razón, que el todo así ajar pretendas por una parte, que falta a la lealtad que muestra la mayor. . Lo que ya he dicho, y el que a todos les comprenda (entended, o no, excepción) sabré mantener. . Pudiera conseguirlo vuestro arrojo, sino os lo contradijera mi valor. . Vuestra pasión diréis mejor; pero a ella de aquesta suerte::- Don Pedro, el General os ordena, que le veáis; pienso, que es para en Consejo de Guerra consultar con todos hoy tu elección, y su defensa. Que haya ocasión que embarace tan precisa, el que entendiera . mi valor aqueste Moro! mas ya arbitrio no me queda para atropellarla, pues quien ser superior espera, no ha de mostrar al vengarse, que es el cargo quien le alienta. Estimo lo que me honra Don Guillem, de dos maneras, por el honor que me impone en la elección la primera; y la segunda, porque sois vos:: . Quién más lo desea, podéis decir: vamos luego, Don Pedro: (ah tirana estrella!) . Que sufra yo este desaire! que mi valor lo consienta! a mi sangre este baldón! a mi fama aquesta afrenta, sin que mi furor no abrase quien mi majestad desprecia! Porque me volví Cristiano tal ultraje me suceda, y no respiro en vesubios la cólera siempre ciega contra un atrevido! Vive Alá, que si no supiera vengarme: pero qué digo? Oh cuanto un Príncipe yerra, que el respeto que en su Patria perdió, lo busca en la ajena! Yo ofendido, despreciado yo tan sin recompensa, que aún en la venganza falta satisfacción a la ofensa! Senior, estar muy mal gecho, e por Majoma que es mengoa sofrir estos Cristianilios un descendente de Meca: e más, coando aón en Segorbe a to nombre se sojetan, desde el Mejares al Toriar, Adoares, hortas, serrás: qué esperas, Senior? . Aguarda, no ha de ser así, Zulema: bien digo, pues al Rey, siempre que a Zaen le hiciese guerra, le prometí, que mi espada se hallaría en las primeras facciones, adonde el riesgo más declarado se viera. Y siendo esta, de las muchas que ha habido, la que mas cierta trae el peligro, si yo la desamparara, fuera público mi deshonor; porque solo se entendiera, que era temor excusarla, mirándola ya tan cerca, y el motivo se callara, publicándose la ausencia; aquel, solo uno lo sabe, y esta, todos la supieran: con que: pero qué rumor de Cajas, y de Trompetas tan cercano se percibe quién lo alienta? Zaen será, que venir a darnos el cantaleta. No es eso, porque del Fuere se van abriendo las puertas; sin duda llega el socorro que esperaban, ir es fuerza a recibirlo, no noten, cuando mi falta se advierta, que me retiro al alivio, presentándome a las penas; no son pocas, ni cobardes, las que mi pecho alimenta, pues no vienen todas juntas, o acabe yo, o cesen ellas. Para seguridad nuestra en buen hora::- , Santos Cielos! En hora buena, yo::- cuindo: Todo me ha cubierto un je más disimular es fuerza. . En buen hora (mal me esfuen) lleguéis a mis brazos, donde el alma os reciba (miento.) Ved, que el Comandante hal En vano (ay de mí!) me alientas A vuestros pies, conducido del hado de mi desprecio:- pero qué digo? (ha pesares!) con el socorro os entrego el corazón: sí, que a saltos se quiere salir del pecho. Trabuco, de mal taller mira a nuestra ama Don Pedio Y a mí, mira que ojos meeda de galgo son, según veo. Vuelva en mí, antes que mi susto declare mis sentimientos; . y pues estorbar su arrojo, sin grave nota no puedo, mientras que causa procuro, el disimular pretendo. ona Ya Don Juan, vuestra nos ha quitado el recelo, que la venida del Moro pudiera causar, supuesto, que en solo vos se afianza el conseguir defendernos. Qué gente conducís? . Poca, pero de tantos alientos, que para el África toda resistirla basta. . Bueno. Setecientos hombres son de paga, con otros ciento, que a su costa mantenidos vienen a servir sin sueldo, de las mejores familias de Daroca y Teruel. . Siendo Aragoneses sus bríos, y vos quien los rige, es cierto, que sabrán desempeñarse. Semejante caso, el tiempo, . en fábulas, ni en historias, pudiera fingirlo, Cielos? Que hayan de olvidar mis iras . los desaires que padezco, y hasta mi pasión me acuerde, que es el vengarme primero Que sea yo tan menguado, que en este recibimiento esté dos horas sin habla! No sabes, que sobre necio, desgraciado hablador eres? Pues callaré como un muerto. Que me precise un acaso . a disimular con celos! Señor Don Juan, mi atención, con el justo rendimiento que merecéis (ha tirana!) os ofrece de mi afecto, cuanto queráis de él serviros: no extrañando el que os profeso aún antes de haberos visto en este paraje, puesto, que ya antes de ahora supe ser aficionado vuestro. Esto solo le faltaba, que apurar al fufrimiento: de Don Blasco conocida! Pero (ay de mí!) es lo de menos, estando lo más perdido. Yo de mi parte agradezco al Infante la elección, que de vos hizo, pues tengo, como todos los que os hablan, noticia de vuestro esfuerzo. Y yo a los dos, estimando vuestra atención, la agradezco. Don Blasco, haced que a la gente, que hoy ha llegado, un refresco se le disponga, entre tanto, que se le sénala el puesto que ha de ocupar. Vos podéis pasar al alojamiento del Maestre a descansar, mientras recorrer pretendo de las fortificaciones el estado. . Mi denuedo, aunque os estima el cuidado, no admite el ofrecimiento; que el descanso ha muchos días, que no le conoce el pecho; y así no halla novedad en el presente desvelo. Ved si mandáis otra cosa. Señior, me venir corriendo, a decir, que el polvareda, que el posta descubrir lejos, moverlo hiegoas de Zaen, por lo que ahumadas jaciendo, del alto del Torre grita. 1. Centinelas, que en los cuerpos de guardias veláis, al arma, que la posta a descubierto en la campaña enemigos. . Maestre, a reconocerlos salid con cincuenta lanzas, que yo al Entenza ver quiero, para que obre mi valor lo que dicte su consejo; y hasta que el orden los llame, todos ocupen sus puestos, y nadie los desampare. Venid, señor. . Ya obedezco. Para que vuestra experiencia se halle al discurrir el medio de resistir este trance. Mi alfanje será el primero: ya este no es lance, memoria, . de acordarme sentimientos. Soldado, a Don Juan guiad a mi Cuártel. . Fuera bueno, que sin tener señalado para ocupar algún puesto, ni orden, para mí en contrario, cuando los demás al riesgo, yo al descanso me entregara? A vuestro lado:- . Teneos, que del cuerpo que mandáis, aún no habéis hecho el entrego, y esta no es ocasión, para que faltéis a su gobierno. Soldados, a la campaña. Señor Don Juan, venid luego. Por donde, ingrata, mis ansias darán principio en mi pecho, a las quejas, que produce el adorar tus desprecios? Por donde, al verte (ha enemiga!) en un traje tan violento, tan injusto, a ponderarlo habrán de empezar mis celos? Por donde:- . Señor Don Blasco, u si el alma, dispuso que no os amase (que no es lo mismo que aborreceros) cuando de vuestras finezas precisada. (bien me acuerdo) las correspondí industriosa con desengaños por premios, que aunque muchas veces matan, otras suelen ser remedio; de precisa oculta causa, mas que de desdén, fue efecto, y lo mismo a suplicaros me obliga, a que en este intento no me volváis a hablar nunca: y porque aborrecimiento no imaginéis que es motivo de aqueste justo despego, por fineza he de advertiros, confesando las que os debo, que hago más en despreciaros, que hiciera en favoreceros. Vamos, Trabuco: ven, Celia. Ya los dos te obedecemos. . Pensamiento, a espacio: Amor, aquesta advertencia, pienso que ha de volver en cenizas, por más activo a tu incendio. . A vista de la cumbre de esa fuerza eminente, cuya soberbia frente al valle es pesadumbre, alto haga por costumbre mi Ejército animoso, no por necesidad, que valeroso, para vencer su sequito cerrado, le bastará llegar, aunque cansado. Ya, Fátima divina, rayo, que de la esfera cristalina, desprendió Marte airado, (bien dije si mi pecho has abrasado) se descubre fingido en aquel monte, por atalaya en todo este orizonte, un caucaso de piedra, cuando sube, que empieza en torre, y se remata en nube; cuya fábrica a embates de tu aliento, en su ruina, verá su monumento. Ya, de su inexpugnable bulto altivo, todo por la parte lo percibo desde aquí; pero advierto, que si acaso ha tenido aviso cierto, de que tu brazo viene a demolerla, el que antes no se caiga he de temerla: miento, que de Ceit, el pecho mío, solo teme en su ausencia su desvío, cuando no le ha debido, en tiempo tanto, más memoria mi pecho que mi llanto. Valiente Abuamat, ya llegó el día en que la suerte mía verá fijo en mis sienes el Regio timbre que flaqueó a desdenes del hado, hasta aquí esquivo; ya el infausto, el tenaz rostro alusivo de la varia fortuna vuelve a encumbrar de mi menguante Luna, el explendor radiante; mas qué mucho? si vino del Levante, en tu brazo valiente, el horror, el estrago del Poniente. Ese, que por renombre de su fama, en Aragón Conquistador se llama, ha de ver a pesar de su porfía, lo que en tantos ganó, perder un día: hoy será vive Alá, fuerte Africano; pues si ese Fuerte que divisas gano, cuando lo que el Cristiano ganó encierra, el fin será dichoso de esta guerra: verá Ceit su sequito arruinado, con auxiliares Cruces que ha ganado, y dará con sus vanas pretensiones, a su manchada fama más borrones. Y pues ya el Alba en trémulos ensayos, precursora felice de los rayos, de su amante señala los reflejos, como que avisa ya, que no está lejos del orizonte nuestro, en la tardanza no quieras se malogre la esperanza de la victoria, que impaciente espero: manda luego embestir. . Señor, primero permite que a tus plantas, mi humildad te agradezca en honras tantas, tanto honor, sin que admita el modo con que al dármelo me quita tu grandeza la suerte que he logrado, solo en obedecer como Soldado. er ha de elevarte, que empuñes el bastón he de mandarte. Si lo haré, cuando estoy a tus pies puesto, donde fuera delito, que aún en esto replicarte intentara; y así, Africanos siendo la algazara, que siempre usáis, la voz de la pelea, aliento del coraje esta vez sea, que unida al ronco son de los tambores, acabe en iras, si empezó en clamores: toca al arma. . . Arma, guerra. Al fuerte, a la muralla, cierra, cierra. Vos, señora, pues ya el conflicto empieza, es justo que retire tu belleza el grueso de sus rayos, que al enemigo causará desmayos, siendo viles despojos, antes que de mi alfanje de tus ojos; porque con tal ventaja no quisiera, que mi valor aquesta vez venciera sus fuerzas desiguales. Al trozo, que por guarda de los Reales señalé con tus Damas::- El corazón por iras brota llamas. Puedes, Fátima mía, retirarte, que no quiero, aún sin riesgo, aventurarte. Qué es retirarme yo de la campaña, cuando sabes la cólera, la saña, que a pesar de mi ser el pecho encierra? toca, toca a embestir, al arma, guerra. Si más partes, que Venus, acaudalas, no es mucho excedas en valor a Palas. Es valerosa Fátima, es gallarda, no de la lid el trance la acobarda, que su furor tremendo fue su primer halago, a cuyo estruendo, en cuna de plumados transportines, la arrullaban las Cajas, y Clarines. Mas qué rumor, que la distancia esconde, al de nuestras escuadras corresponde? Señor, señor, advierte, que apenas la señal oyen del Fuerte, que de acometer diste, cuando de su homenaje nos enviste un escuadrón, que aborto de su esfera, del monte baja ya por la ladera. Qué esperas, gran señor? Noble caudillo, cuchí la el monte por la falda, que yo procuraré tomar la espalda de su penacho altivo, para que ni un Cristiano quede vivo. Pues, Moriscos, al arma, guerra, guerra. , . A la falda del monte cierra, cierra. Sigue Fátima, tú por esta parte, al impulso de Alá, brazo de Marte. Ay Ceit, cuando intensa; todo lo que ejecuto es en tu ofensa! Quien creerá, que tu triunfo inhabilita, la misma que tus glorias solicita? Y quien dirá, mirando mi persona, que no voy reventando de Amazona? Aragoneses altivos, por la Fe, y por vuestra fama. Afrícanos valerosos, por la ley, y por la Patria. Acaben de una vez todos: aquí estás? muere a mi rabia. . No es fácil, que aún hay alientos en los filos de esta espada. Toma un caballo, y reserva con tu vida mi esperanza. Fátima, ya no es posible, que con vida mi constancia, ni con afecto se ausente: y así no esperes que parta con la vida, sin victoria, con amor, sin ser Cristiana. Ay de mí infelice! . Guerra. A morir voy. Arma, arma. A ellos, a ellos, que huyen. Al foso, al fuerte, arma, arma. Ay de mí! Cielos valedme! Que mis Soldados la espalda vuelvan al riesgo, perdiendo con el día el Fuerte y fama, cuando cansado, y herido apenas mover las plantas puedo! Cielos piadosos, no la ciega confianza con que atropellé el consejo de esperar fortificada la gente el asalto sea de que se pierda la causa. No el querer vanaglorioso salir a dar la batalla contra el parecer de todos los votos que el Fuerte abraza, con él haya de perderlos. Amigos, volved las caras, aún es tiempo de vencerlos; Moros son los que batallan, aquellos mismos que fueron estrago de vuestras armas tantas veces: vuestra honra vergonzosa es quien os llama. Ah buen Don Blasco, prodigios, por no dejar la campaña, su noble acero ejecuta. Allí el valiente Moncada, teñido de sangre Mora, qué bien su blasón esmalta! Armengol, uracan lidia, Guillem Ruiz, espanto causa, Cornel, cual trueno discurre, Castelví, cual nube rasga, Pardo, y Arenos son rayos, que cuanto encuentran abrasan. Carroz, Vallterra, y Pertusa, Vives, Cardona, y Peralta, Ferrer, Galloz; y Bolea, Ornés, Ferragur, y Abarca, con el Rocafull, transforman sus cuchillas en guadanas. Ah valientes Capitanes! hoy quedará vuestra fama en los añales del tiempo, para siempre eternizada. Pero (ay infeliz!) que el grueso del retén sobre ellos carga, y aunque de los dos Maestres de Hospital, y Temple aguanta, con los Caballeros suyos, el trozo que los dos mandan, ya no pueden mantenerse: todo está perdido. Infausta fortuna, sin que lo vea, de una vez mi vida acaba. Pues desordenados huyen, a cortar la retirada. Que nos cortan, a la Fuerza. Desierta ya la campaña de Cristianos, pues los pocos que han quedado, por la falda del monte suben huyendo; para cumplir con mi fama, vengo a morir a tu lado. Perdida ya la batalla, no queda arbitrio por donde se enmiende? . No, no le halla en lo humano mi experiencia, si el Cielo, siendo su causa esta, por ella no vuelve. Le enojó mi confianza, pues la fundé en nuestro aliento. Si propuso esta desgracia, sin que el fallo la preceda, muy fácil podrá enmendarla. Quién bastar puede a alcanzarlo? El Pósito de sus Gracias, el más poderoso empeño de sus piedades, el Alba por donde el Sol más Divino sus influencias señala; quien a cuyo dulce Nombre dedicó el Rey esta Plaza, a su protección fiando mantenerla. . Ave sin mancha, Aurora sin pardas nubes, Mar sin temible borrasca: ya que tan mal entendida, mi dirección fue la causa, sin duda, que se perdiese el día, de ella te encarga. A tus pies puesto el bastón, me quedo con la esperanza de que para ti aún es tiempo; y pues tan mal de él usaba, de los muchos Capitanes, que residen en tu Alcázar, empuñelo aquel Guerrero a quien Aragón aclama: a San Jorje, que lo admita, Divina Emperatriz, manda, que de tu Pueblo en favor esgrima su aguda lanza. El pecho me ha enternecido. a Guerra, guerra, arma, Aún dura aquesta cana rendios, viles Cristianos. ba No es fácil, sin que mi n primero acabe con todos: Aa, pesie a mi altiva saña. Ay de mí! qué es lo quer alienta, pues en mis ansias tienes muchos auxiliares. Volved, volved a las al Cristianos, que huyen los victoria, victoria, arma. Santa María del Puig, y San Jorge, cierra, abanza Afrícanos valerosos, de quién huis? . Arma, armí Qué pasmo, qué horror, qué su se introduce en mis escuadras, que sin poder detenerlas, huyen tan desordenadas? . Amigos, nuestro es visiblemente su causa defiende el Cielo. . Victoria, San Jorge cierra, arma, arma. La vida te debo, Elvira; pero no puedo pagarla, porque se opone un agravio. Poco es la vida, si el alma, en mi amor ha tanto tiempo, que te la tengo entregada. Ya las reliquias del campo, de sí mismas reparadas, qué animosamente vuelven sobre los Moros. Abanza. Qué es esto, Trabuco? Bueno, cuando estos perros, pues ladran, voy despojando, hacer cierto, con el valor de esta espada::- Qué, loco? Que aunque son muchos, a más Moros más ganancia. El General no parece. Tu persona hace allí falta. Ánimo, Soldados míos, que con vosotros se halla: sígueme, Elvira. . Si haré, diciendo:- Victoria, arma. tad ela taa tns traleia tra tratra tratra
JORNADA TERCERA
RNADA TERCERA Ya a vista de los Cristianos, que tan osados se acercan, talando sus Alquerías a los muros de Valencia; tus valerosas Escuadras para el castigo dispuestas, que su atrevimiento busca, en la señal solo esperan el orden de ejecutarlo. No un instante la detengas. Ay hija, hay amigo, poco su resolución temiera mi valor, si no pensara, por más que su orgullo viera; que para efecto tan grande; mayor causa los alienta: nunca, ni aún imaginara el Cristiano de tan cerca, irritar nuestros alfanjes, si fiado no viniera, mas, que en las fuerzas que trae, en otras aleves fuerzas; mas son las que sé que oculta, que no las que manifiesta. Tan cortas son las que a vista tenemos, que si no fuera el motivo castigarlas, fuera ultraje el deshacerlas: mas para que sin recelo de que los parciales puedan de Ceit manifestarse, que ya sé, que en esta guerra son los que más has temido, son los que más te desvelan. Con mis Africanos solo, porque no a la contingencia de que se declaren, salgan los que en tu fe titubean; sin ellos, otra vez digo, esas cruzadas Vanderas, que desplegadas al viento parece que lisonjea a soplos de su esperanza, el aire de su soberbia, verás, solo al leve impulso de mi amago, alfombras hechas de tus plantas: toca al arma. Tente, Abuamar, espera, que aunque pocos se descubren, grueso retén tendrán cerca. Ven acá, Moro, no dices, que desde el Fuerte de Enesa, por la marina marchando, el Rey de Aragón gobierna esa gente, que conduce para sitiar a Valencia? Si Senior. . Pues cómo es fácil, que solamente con esa, a facción de tanto empeño, amigo, a venir se atreva? no dudes, que a la que miras, grueso cuerpo de reserva le hace espaldas. . Si Senior, seriarte el Crestiano intenta, yo decir, e a darte aviso, haber venido Zolema. Mentir me, que solo estar a dar el carta con letras a Fatema. . Pues, Jarifa, que no se vaya a Zulema, . sin que yo le hable, le advierte. Así lo haré. . De esas fieras (que no son hombres los que hasta en los trajes intentan, parecidos ya en la furia, que en lo demás se parezcan) cuantos trae? . Señior, traer mel vestidos de pellejas, que decir ser Mujavares. Sus Guardías son, pues se precia el Aragonés altivo de que a su persona misma, no los hombres la aseguren, sino que Osos la defiendan: Almugavares los llama: pasa ya adelante. . En hiegoas de a coatro pies venir luego con vestidos que verberan los rayos del Sol en ellos::- Cuántos? Coarenta, he coatenta. No más? . No más. Ea, aparta, aparta, alarbe, que fuera más locura el escucharte, que la que tu manifiestas. No es posible, que aventure así el Rey su fama. . Ea, manda embestir, y el castigo no dé lugar a la enmienda; y más cuando (pesie a mi ira!) a pesar de mi paciencia, sin orden desde aquí miro, que en el pillaje se ceban de los Aduares. . Tente. Africanos guerra, guerra: todos me seguid. Soldados, nadie su voz obedezca; pero como he de dejarle en el riesgo? Suerte adversa, si a Valencia no me quitas, mas que todo el Reino pierda: toca a retirar. . En balde es ya, señor, lo que intentas. . Ay de mí! que los ardides del Cristiano ignoran: tema esta vez vuestro valor, no su valor, su cautela. Fátima, con los Ginetes te retira hasta las puertas de la Ciudad, abrigando la Infanteria que queda, y de ellas nunca te apartes sin que mi aviso preceda, que el retirar la restante, que desmandada pelea, empeñado en conseguirlo, lo hará mi persona misma. Advierte, señor, escuch: Nada hay que escuche, ni ada sino que obedezcas, hija. Vive Alá: pero Zulema? Señiora. . Tú me has temo Me no templar, Ceit tempa e siendo este el instromento, mirar, señiora, si sueña. Zulemilla? abraza, abran. No abrazar, no. Por qué, bestia? Porque con Ley difer en nuestro amor diferencia ha de haber::- . Yo ir a d e por me hablarlo Fatema. Qué hablan también los acisa con los pícaros? . Espera, e oír más. . Fátima nermos, hasta que Cristiana seas, pues yo lo soy, es primero, que mi amor::- Mi rabia fiena, mi ira, mi coraje, y con mi rencor::- . Tu respoesta. Leves átomos al aire darán, a un tiempo deshechas, con los fragmentos, que rasgo, tu memoria, y mi firmeza. Señora, qué novedad impensadamente altera tu hermosura? . Una fatiga, que al pecho introduce:- . Guerra, arma, arma. Qué bien dicen esas voces con mis penas: pero esto es primero: Amigos, de la Ciudad a las puertas, todos me seguid. Arma, arma. Oye? . Qué decir? Que advierta de aquí adelante::- . Advertir. Que ni me hable, ni me vea. Por qué no verla, ni hablarla? Porque ya, quiero que entienda, haber con ley diferente, en nuestro amor diferencia. d Esperar: mas no esperar, que también correr Zolema. . Dejadme. . En esta ocasión, aventurar tu persona, por más que el valor lo abona, es ya desesperación. Aunque Zaen, a millares los Moriscos acaudilla, no consiente mi cuchilla perder los Almugavares. ou altivo orgullo arrojado sin orden se adelantó, y quiero castigar yo, haberse desordenado. El castigo, y la doctrina les dará, en su fina ley, ver arriesgado a su Rey por violar la disciplina. . Pero qué es esto? . Que en orden se vienen ya retirando al Escuadrón. . Pues doblando el terreno, sin desorden vayan, para que formado, sirva el espacio de abrigo, y a vista del enemigo, parezca más dilatado. Alto ha hecho! . No te espantes de que seguirlos no quieran, si saben que les esperan a tu sombra mil Infantes. A su vista mi valor constante ha de mantener el puesto: como volver la espalda? cómo temor? Supuesto, que ya ha logrado, gran señor, tu bizarría unir en esta Alquería el trozo desordenado: a dos tiros de ballesta de la Ciudad, nos advierte, qué se ha de hacer. Qué? que fuerte en ella la gente y presta se halle, porque el pensamiento observado de Zaen, esté pronto su retén a cualquiera movimiento. Su recinto, aunque tan corto, se empiece a fortificar, porque en él me he de alojar. Su valor me tiene absorto. . Que si del Moro la ofensa, San Jorge en el Puig fraguó; por qué no he de esperar yo tenerla aquí en mi defensa? Visible fue su favor, según el primer aviso, que envió el Azagra, quien quiso fuese Don Juan::- . Qué rigor! El testimonio más fiel, cuya noticia, advertid, que el premiarla::- Yo::- . Decid. Ah tirano! ah injusto! ah infiel! . sobre tanta obligación, la de deberme la vida así me pagas! Rendida, solo la restauración de mi honor, es recompensa a que aspira mi valor. Qué decís? a vuestro honor, atrevido hacer ofensa, quién osado pudo? . No es eso, gran señor, que lo que decir quise, f el premio a que áspiro yo: ay infeliz, que llevada de mi pasión::- . Proseguid. A la voz::- . Ea, decid. Precípito desbocada. Digo, señor, que vencido mi denuedo en la batalla, quedando al principio, halla que restaurar lo perdido mi valor, y hasta que osado lo enmiende adelante, es clara razón, que antes le pesara el verse de ti premiado; con que al galardón que sigo, siendo vos el que lo aclama, para aumento de mi fama, me lo ha de dar mi enemigo. Su turbación disimula grave dolor que no advierto. Qué con tanto desacierto . hablase yo! . Que estímula . mayor causa su cuidado, no hay duda; pues prevenido ya en dos veces lo he advertido, que con esta se ha turbado. Pero sino se declara, razón tendrá, y es preciso, pues él ocultarlo quiso, mostrar que no lo repara mi atención. . Pues que la salva, te hace el Rey en conclusión, no dejes ir la ocasión, . asela, mira que es calva. Vive el Cielo, que te mate, si a hablar en eso te atreves otra vez. . Poco te debes, si haces caso de este orate. Usted me honra. . Cómo suelo. Y por vida de::- . Qué es eso? Señor, es algo travieso este mozo. . Mi recelo, de estos dos se ha de informar, para llegar a inquirir, qué a Don Juan puede afligir, cuando le intento premiar. Pero qué nuevo rumor, por las dos distintas partes de la marina, y camino de Burriana el viento esparce, tan patente, que se mira, al tiempo del escucharse? A lo que de aquí se advierte, sin que la distancia engañe (pues qué ya con las partidas llegaron a incorporarse, que abanzadas los saludan) son bélicos tafetanes, cuyas barreadas divisas, que a soplos divisa el aire, como blasones consiguen, que el ser de Aragón declaren. A cuya vista los Moros, calando el foso, a encerrarse a la Ciudad se retiran. A tiempo, que adelantarse vemos de los Escuadrones, que de la marina baten el polvoroso camino, en un veloz bruto, un ave con un gallardo ginete; y hacia aquí::- . Ya al apearse, que es Don Blasco he conocido. Quién puesto a tus pies Reales, en seis mil hombres, conduce de Aragón las principales familias, sacrificadas ciegamente al homenaje de no apartarse del sitio sin vencer, o que lo mandes: siendo a este honor preferido por su Alteza, que Dios guarde, de cuya Real mano este . a tu Majestad::- . Ea, dame noticia de como queda, no, amigo, me la dilates, aún el breve tiempo, que en romper la nema tarde. Cómo quien siendo divina perfección, logra exceptarse de comunes impresiones. Oh con cuanto gusto le abre ya mi amor asegurado ser todo felicidades lo que contiene! Y, o cuanto pesar, que a Elvira repare, me ocasiona una memoria toda en si contrariedades! Maestre, Don Juan, Don Blasco, ya el día llegó a mostrarse en que mi celo acredite lo que la fe le persuade: por esta, amigos, me avisa la Reina que las Ciudades de Aragón, y Cataluña a mis órdenes, leales, sin dilatarse en cumplirlas, desde Morella se parten, según se trató en las Cortes, que en Monzón mandé juntarse al sitio, y como ha dispuesto en Burriana el aprestarles gran copia de bastimentos; pidiéndome no dilate a su amor para asistirme, el que a mi lado se halle en esta facción; y puesto que no conviene negarme a complacerla, pretendo despachar luego al instante el orden de conducirla, como que de Enesa saque, de paso, su guarnición, para que con ella se halle el Azagra, que a esta empresa es su experiencia importante. Mientras escribo, Maestre, a este fin, y al dé que pase Ceit luego a Zaragoza, porque no nos embarace en la expedición presente, con motivo de vengarse del encuentro del Azagra; vos con los Almugavares, cubiertos de los Ginetes, que han llegado en los Aduares, que a la Ciudad se avecinan, desalojaréis constante cuantos Moros los habitan, permitiendo, que encerrarse puedan en ella, a dos fines, a que los viveres gasten es el uno, siendo el otro al de que no logre nadie acechar nuestros designios. Mi obediencia ha de mostrarte el gusto con que te sirvo. . Vos Don Blasco, la restante gente, que habéis conducido del Río a los arenales, para impedir las surtidas, y que los campos se talen, la pasaréis por el puente. No la detendré un instante. Soldados, doblado el centro, a tomar el puente marche. . Permitid señor, que humilde a vuestros pies en tal lance mi valor os dé una queja. Queja a mí tenéis que darme? Y con gran razón fundada, pues cuando miro emplearse el de todos en serviros, solo el mío ocioso se halle, y a ocasión::- . No prosigáis en quéjaros, Don Juan, baste el saber que a vuestro brío separada facción guarde, en que se emplee; esta es, que con el retén de Infantes, destinados en sus cuerpos para empleos semejantes, paseis a reconocer de la Ciudad los baluartes, torres y demás defensas, que advirtáis fortificarse, trayéndome la noticia de para haber de asaltarles, qué partes se hallan más fuertes, y las que más flacas se hallen. . De registrar sus almenas palabra te doy viendo, antes que el Sol ilumine a tornos, sus soberbios homenajes. Seguidme los dos. Señores, . no se enfadan de escucharle, sin olvidar sus quimeras, tan valientes disparates? No, que para eso, pasta el oír tus necedades. Antes que más rigor experimente, ríndase la Ciudad. . Señor, detente. Dejad, pues fue veloz trueno el eco, relámpago la voz, cual rayo castigar el vil aliento que logró formar su cláusula cruel, para horror, para espanto del infiel, que incita contra mí la saña, furia, rabia, y frenesí. Cobardes, vive Alá, que el infame temor que grima os da, de mi enojo al furor, si empezó en miedo, acabará en valor. Cómo querer rendir la Ciudad, sin primero no morir cansados de matar! Vivo yo, que yo mismo he de acabar con todos, y ha de ver el Cristiano, que basto a defender su recinto en la lid: huid, villanos, de mi furia, huid. Padre, Rey, y señor, detente, no el rigor muestres para este fin, que el Pueblo ruega. . Bélico motín, no es fácil acabar con la pasión que causa el conocer su sinrazón, el arte con blandura habrá de ser quien más presto lo logre deshacer. Cómo podré el dolor disimular, que me causa, colérico, el pesar de no poder salir a oponerme a su orgullo, y extinguir la dura actividad, con que estrechando el sitio a la Ciudad, el cruzado Escuadrón, su sequito así ha puesto en confusión, dándole tiempo a que en cada instante crezca más la Fe, que aumenta en su tesón los continuos socorros, que Aragón le envía, y luego ver, que aún los primeros no hallan que vencer; y sin llegar a herir, que al amago nos hemos de rendir, solo porque traidor un Pueblo vil se vale del temor, para con él dorar el yerro de su Ley desamparar, siguiendo, de su edad, en el Cenit el bajo ejemplo que le dio Ceit, sin que escarmiento dé la infamia que consigue, puesto, que en Zaragoza ya. aunque venza su triunfo no verá, atado en lazo vil a opuesta Ley y yugo femenil: de la fama, así en término veloz, aún no fue acento, cuando ya fue voz. Que para mi es dogal, . flecha el eco, el anelito puñal. Cómo podré el dolor, vuelvo a decir disimular, cuando he llegado a oír también, a mi pesar::- Las haciendas, y vidas reservar con tiempo, es lo mejor. . Pesie a mi rabia: pero qué rumor al tumultuante, uniéndose trope, confunde aún la algazara que hayen d Senior, salir a ver del torre la campaña, que con el Crestiano a encontrar miliares de Soldados, que lle cuando todos decir no quedar esperanza, y que: Rendir la Ciudad es mejor, antes que experimente más rigor. Ay de mí! que estorbar mi coraje no puede, ni aún venga mi cólera resuelta este vaiven de mi fortuna el último desdén. Seguidme, que presente mi valos aún le queda que hacer a mi renco, si con él aquietar consigo el vil espanto popular. ̱ No extrañes, pues oí (hah ingrato!) tu mudanza, o fiene. si ajeno te miré, que premie a quien me adora con más se. Zulema, tú no vas a la boda de tu amo? . Querer más en Valencia, Jarefa, el alcuzcus e lograr a tus ojos jacer el buz Enamorarme a mí puede el bestial? quédese, que le dejo para un tal. Ella ser más atroz::- Por qué bestia? m. Por qué? porque dar coz. Ungara Venus, Minerva Española, fuerte Palas, que despreciando peligros, al taller recién llegada de tanto riesgo, mostraste del mismo riesgo hacer gala: Aragoneses altivos, Infanzones, en quien carga el seglar brazo su escudo, y hoy de la Iglesia las armas; pues que a exaltación gloriosa de su Fe se ven ufanas blandirse contra la injusta pérsida ley Mahometana. Esta, que a la vista solo se deja ver atalaya del Sol, por altiva, y luego insensible salamandra de sus rayos pues en ellos luce, como que se abrasa, es Valencia, cuyo sitio tan fecundo por sus aguas, abundante por sus frutos, poderoso por su Playa, tan ameno por sus flores, y tan fértil por sus plantas: a las orillas del Turia, nombre, que con la Africana dicción, hermosura dice, se fundó, sin duda, para que siendo valla entre el mismo soberbio margen de plata, que el Mar le rinde en arenas, como tributo que paga, al desavenirse acaso por el feudo, o por la falta del terreno que le usurpa, entre la Ciudad, y Playa, fuese el Río medianero, que estorbase la batalla. Colonia se vio elegida de la Potencia Romana, y coronada de almenas, la guarneció de murallas; cuya antiguedad, tomando de las reliquias Troyanas su principio, y del Fenicio, y Griego las demás vasas de su fundación, se advierte ser por esto, y por la clara influencia, que la inclina, y la tierra, que la abraza, la más antigua, y más rica Ciudad, que contine España. Esta, pues, como antes dije, que de alto muro cercada, sus torres y pavimentos sirven al Sol de atalayas, es el término a que hoy la Fe, y Religión nos llama: a elevar un Estandarte en su soberbia Alcázaba . mi celo os conduce: pero qué extraño rumor la vaga región oprime? . Don Juan es. Dame, gran señor, tus plantas. Mis brazos tomad, amigo. Vos, hermosísima rama del Ungaro Tronco Regio, la mano me dad. . Levanta, valiente, noble caudillo. Tu grandeza soberana, sabe honrar a quien (ha injusta) desea servir. (ha infausta memoria!) . Cielos, valedme! que la vida debo y fama, a quien, aunque lo desee, nunca he de poder pagarla! De vuestro valor, ya espero la acción que a él pude fiarla, saber, antes que un discurso, que empezado tengo haga mayor parentesís, puesto, que en breve podre escucharla. La resulta fue, señor, de tu orden ejecutada, haber registrado todas las defensas de la, Plaza, y entre las fortalecidas, haber descubierto flaca, por párapeto a una puerta, una antigua barbacana, que a los desdenes del tiempo advertí desmoronada; cuyo nombre (que aún el nombre quise inquirir por nombrarla) es la Boatella: solos hasta cien Moros la guardan; y por Dios, que si no fuera por romper tus ordenanzas, que con las dos compañías que iban en mi retaguardia, no solo la acometiera, pero aún pienso que la entrara. De vuestro valor lo creo: y pues que el discurso ata favorable esta noticia, siguiéndole, solo falta, si expresé, que un Estandarte colocado deseaba ver en Valencia, mostrar con él sus gloriosas armas; sacándole dignamente de mi Tienda de campaña; Maestre, elevadle, vea mi Ejército quien le ampara; y que si el empeño es grande, mayor es la soberana protección, que ya a nosotros se muestra: para obligarla, tocad al Ave María, del mayor Misterio salva. Y ahora, soberana Reina, que desde abeterno intacta, el Padre eligió por Hija, el Hijo por Madre amada, y el Santo Espíriru por Esposa llena de gracia: Vos sabéis, que a aquesta empresa vine en vuestra confianza, sin más interés de Reinos, de glorias, ni de más fama, que de dilatar el culto a la Fe, y a vuestras Aras, seguro de que su logro consiga por vuestra instancia. Con esta protesta, ahora, amigos, tocad al arma: a dar el asalto empiecen, acalorando a mis Guardías, todos los Aventureros, que yo el primero seré. Alto, y pase la palabra. Qué es esto, Soldados? . Es inobediencia bien rara de tu Ejército; pues dice, que de acometer no trata, menos que no te retires del riesgo. . Lealtad extraña. El Rey se retire, y luego a la torre, a la muralla. Forzoso es agradecerla: Infante, a vos se os encarga, que en su Tienda hagáis escolta a la Reina, retiradla. El Cielo os dé la victoria, conforme es nuestra esperanza. Él obedeceros solo, para quedar bien me basta. . Maestre, vos con Don Blasco, gobernaréis la vanguardía, donde los Aventureros puedan ir a ganar fama. Soldado, y Aventurero, a vuestro lado se halla . mi valor. O de una vez acabe una muerte tantas! Ea, Soldados victoria, antes de publicar arma. Mi amor no es fácil consienta, p que Elvira a la facción salga. No cumple mi honor, si a Elvira de tanto empeño no saca. Vos Don Pedro, mandaréis el retén de las Paisanas Milicias, que solo sirvan de asegurar la campaña. Lo que mandas, obediente voy a ejecutar con ansia. . Amigos, si lo advertís, hoy para poder premiarlas, tenéis a la vista, quien envidia vuestras hazañas. Valientes Aragoneses, al asalto, abanza. . Abanza. Que va lerosas mis gentes, por las escalas empiezan, después de haber encerrado las reliquias Agarenas, en los muros a treparlos! Allí, a porfía, pelean sobre quien será el primero que corone sus almenas. Qué bien los Moros defienden del plan de la Boatella el torreón que lo cubre! Allí, mostrando sus fuerzas la cólera Catalana, con la furia Aragonesa, sus principales familias, qué bien sus blasones muestran! Pelead, que lo que ganaréis timbre será a los que vengan después de vosotros, puesto, que heredados en Valencia habéis de quedar. Mas, Cielos, quien será aquel que pelea sobre el cubo de la torre, tan osado, que atropella, adelantado de todos, los Asarbes que le cercan! Es imposible, de tantos, que su valor le defienda. Socortedle, amigos, luego, no consintáis que se pierda un Soldado de tal fama. Soldado? ni que lo huela: hasta aquí pude callar, mas ya el callar es vergüenza. Señor, mira que es mujer, manda, por Dios, socorrerla. Qué dices, Soldado? . Digo::- Que es mi ama la que pelea. Yo tampoco he de callar. Pues como (no en vano era su turbación) no prosigues? Amparenos tu grandeza, y te diremos de plano, lo que la ha hecho ser traviesa. Vive el Cielo, que aún no creo el que tanto arrojo quepa en una mujer. . Señor, tan mujer es, como esta. Hombre, mira lo que dices. Verdad es, señor, y piensa, que gran causa nos obliga, aunque mayor es la de ella, a seguir en este traje los peligro de esta guerra. Viva el Rey Don Jayme viva, victoria, victoria. . Cesa, . mientras que lograr descubro, que la retiren. . Atenta . desde el plan de la campaña, no sé si el alma, a la fiera resolución con que Elvira tanto al peligro se acerca; viéndola en él, no sé como, que la retire le advierta al Rey pero divertido, qué hará con Trabuco y Celia? Mirad, que verdad me habléis en lo que decís. . Qué fuera, que por estorbar su muerte, hubiese de oír su afrenta! Señor, lo que digo es. Lo que yo repito era, que mi ama padece agravios, sin valerle su inocencia, de Don Pedro aborrecida:- Que por una bolsa llena, que a Celia le dio Don Blasco, a Don Blasco le abrió Celia, sin que conmigo partiese, de par empar una puerta. Cielos, qué escucho! . Señor, una vez sola fue, y esa, este a abrirla me tentó. De la dañada culebra, lo mismo, por disculparse, dijo la mujer primera. Ya hubo quien, por si escuchando, no su mal, su bien encuentra. Guerra, guerra, arma, arma. . Cristianos, la la clemencia del Rey la Ciudad se rinde, si el Rey sus piedades muestra. Soldados, las condiciones que pidieren se concedan. Retiraos, y advertid, que por ningún caso entienda, lo que aquí habéis dicho, nadie. e Solo yo importa lo sepa. Deja, señor, que alma, y vida a tus pies, en recompensa del desengaño, que logro, por ser tú la causa, ofrezca: deja que al lado de Elvira, su vida, y su honor defienda. Lo uno, no es necesario, pues al tiempo, que la entrega viene a hacer el Moro, advierto, el que ya con todos llega: lo otro, es fuerza que cumpláis. Ya ahora mi amor lo desea. Victoria, victoria, viva, . viva el Rey viva la Iglesia. Con las llaves de las puertas de la Ciudad, que a ti te aclama, te rindo. . Ya las acepta mi piedad, la que os permite, que al Castillo de Cullera os retiréis, con seguro de vuestras vidas, y haciendas. Alá la tuya prospere, gran señor. . Pues ya se muestra a nuestra vista la Copia de la Original belleza, que sin mancha concibida, fue toda de Gracia llona, en lo alto de la Alcazaba, tremolando las Banderas, marche a la Ciudad el Campo, donde su nombre, primera, desde el fundamento al plaustro, trazaré mayor Iglesia; y hecho el culto soberano, solo, Ceit, a mi amor resta procurar por tus aumentos. Siempre seré hechura vuestra. Don Pedro? . Mi voluntad desengañado de aquella vil sombra, que al sol se opuso, la cumple de esta manera. Qué estás ya desengañado? Sí, trazándolo mi estrella. Qué es esto? . Nadie procure en tan rara contingencia apurar tan nunca vista acción; que será bien hecha, podrá discurrir el que imagine que la intenta un Señor de Albarracín, delante del Rey, y Reina de Aragón. . Y yo lo afirmo, porque escrúpulo no tenga. Raro caso! . Ya con esto a. he descifrado el problema, con que en el Puigme habló Elvira que a mi cauta pasión templa De la Dama que rogaba, ya concordaron las señas con Don Juan: no me engañe verdad es muy manifiesta. Podremos, Celia, esperar el perdón? . Y esta cadena, sin castigar la traición, por premiar vuestra asistencia, para los dos. . Pues con eso, si nos casamos, se queda todo en casa. . Tú, divina Fátima, pues me destierra para siempre de mi Patria la luz de tus ojos; premia mi fe con que mariposa en ellos mi amor se encienda. Cómo, he de poder negarme a pagar tantas finezas, no ya por venganza, sino por justa correspondencia? Y aquí, Senado, da fin Conquista de Valencia. la
