Texto digital de Cómo se guarda el honor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cómo se guarda el honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/como-se-guarda-el-honor.

CÓMO SE GUARDA EL HONOR
JORNADA PRIMERA
Quien de una vez no escarmienta; bien es que toque el peligro. Quién es Caballero siempra lo ha de mostrar, Federico. Jamás fue cobarde amor, que en fe de que tiene bríos, desnudo al riesgo se opone, sin armas es atrevido. Yo amo a Estela, bien lo sabes, y sabes, Conde que he sido Isis de sus rejas, cuando en ella a Anajarte miro. Rondo su calle, juzgando que lágrimas, y suspiros han de ablandar la dureza de quien tan bella ha nacido. A en chillarnos un hombre a tres, no es bastante indicio; Conde, de que quiere Estela en otra parte? Imagino que todo amante es valiente. Pues tu jamás has querido? No pasa de los deseos el amor a que me inclino. Pues Federico, no sabes lo poderoso lo invicto de sus gustos, que a saberlo, me disculpars tú mismo, A la razón natural, y poderoso distincto previerte amor? . Es amor juez del libre albedrío; es amor más que la muerte, acaba más que los siglos, cónsume más que los años, y en fin, cuando amor es vicio, ni al más humilde reserva, ni exceptua al más altivo. No has visto, Conde a mi padre, que por diversos caminos trata impedirme, y que todos los atropello, y derribo? Ya señor, en los hacones de Estela, la Luna agiros borda con plata sus marcos. Salió porque hemos venido, que natitan desdichado, que el cielo que el cielo mismo saca a sus ventanas hacha, y es solo por descubrirnos. Vienes armado? . No Conde. Por qué? . Porque le he pedido a la muerte, que me acabe: y es el hado tan prolijo, que por saber que daseo morir, pues muriendo vivo, no ha de querer que yo muera, si no que viva infinito Demás que un jaco de celos me acompaña. . Con qué bríos hizo de su acero rayos anoche nuestro enemigo! Yo le quedé aficionado, Ricardo. . Gentil aliño de afición, cuando furioso hirió a Fabio, y a Filipo. Que no has sabido su nombre. Pues si le hubiera sabido no pregonara la fama mi venganza, y su castigo? Es dice que es el demonio, y yo Rieardo, lo afirmo, que librarle de mi enojo pudiera solo un espiritu. Par Dios que si es el diablo, y convoca sus ministros una noche, que sospecho un temerario peligro Pues aunque contra mí pe las fleras del lago Estigio se conjuraran, la empresa no dejara que he emprendido. Dime, mi padre acostoso, Ricardo? . Está divertido con el nuevo Embajador de Polonia. . Yo no admito casamiento en estos tiempos; y si el Embajador vino por esta causa volverse podrá. En Palacio se ha dicho que el Rey tu padre le ha dado palabra, de que marido serás de su Infanta, Bueno, cuando tan distante vivo de casarme como el mar está del dorado Impíreo. Caseso mi padre, y cumpla lo que decio ha prometido, que hasta que yo goce a Estela, ningún estado apercibo. Mas oye que de esta reja me va diciendo el ruido, que borda el Sol su dureza. Estela es la que ha salido. Pues, Conde tú con Ricardo puedes estar prevenido, por si viniere el demonio, Quieres hablarla . Si amigo aunque a saber que soy yo, ta tal su Sol peregrino. que se eclipsarán sus rayos, por no seriar boneficios. Él es fin duda qué aguardo? sois vos, decid dueño mío, quien mata con un enejo? A qué ciego laberinto! dueño llama Estela a un hombre; ce los haced vuestro eficio, y si no dria muerte, celes, haced que piarda el juicio. Sola ves, mi querido amante? Y que nombrar no ha querido lmombre de quien me agravia Llegad señor. . Llego, y finjo que soy el que ella ha llamado, que con aquesto consigo sabar quien es el villano, que a mi poder atrevido se opone, y acuchillarme tantas veces como he visto ha podido . No llegáis? Estela mi bien, qué digo? mi mal dijera mejor De qué os turbéis? Negros visos, ya es hora que Estela sulga; para que goce un rendido tanto amor como la debo, tanta fe con que la firno. San Lucerno en tanta noche, que de vayara ha vestido el día, guíe mis pasos: pero juro a Jesucristo, que los valientes de anache que quedaron ofendidos, han de traer treinta escuadras; y andar buscando peligros, son pruebas que yo no aprueno. Digo Estela, que no ha sido, sino recato amorosa la detención. . El oído pon, Viento, en aquella reja. Haré muy mal si te sirvo. Porqué? . Porque mis orejas hasta aquí no han delinquido, para ponerlas en alto. Escucha necio, que he oído hablar a Estela. . Agradezco los favores recibidos. Qué es aquello de agradezco? Qué es aquesto cielo impío? que presto fui desdichado! Cayó en tierra el edificio. Con un engaño pretendo . que me diga el nombre mismo del galán que la enamora: estoy, Estela corrido, de que así olvidéis mi nombre, pues que no habiéndonos visto tanto, no me habéis nombrado, y es, señora, mucho olvido. Que no le nombre se queja, áspides, y basiliscos son sus razones. . Aguarda, que al nombrarle descubrimos aqueste galán fantasa. Pienso que estáis divertido, pues habiendo concertado, que las noches que a este sitio salga a hableros, nunca os nombre, porque estamos a peligro de que os conozcan, si acaso algún curioso vecino, coronista de las famas, lo pretende presumido. Si así olvídáis lo que importa a vuestro honor, como al mío, no dudo que con mi amor haréis en brene lo mismo. Todo está echado a perdere mi bien en el paraiso de vuestra presencia núnca me acuerdo de la que finjo Viven los cielos (ah ingreta) que lo propio que conmigo ha tratado, hace con otro. Haralo con otros cinco. Mal conoces las mujeres, y más las de nuestro siglo, arpías disimuladas, y más Estela. . Atrevido, contra la beldad sagrada de aquel Serafín divin hablas mal? . Jesús que cosas, cuando nos desuella vivos. En fin qué me queréis tanto? Es mar de lo que os he dicho; que como es mi amor persero, le precia de Vizcaino Que no consiga mi intento! Pues tanto se ha detenido su Alteza Estela se humana, E cuche os honor mío, porque de una vez nos mate un golpe tan atrevido. Pienso que no es Carlos este, . que el corazón adivino. me avisa sobresaltado: pero ya yo determino apercibe. . Lindo aliño, saberló. Viento, la espada, es más de uno, y muy pequeño nuestro contrario? . Pues digo, que doblen por él sin falta. otros dos están meridos. debrás de aquel marmor. . Malo, que doblan por mi imagino, que con tres nadie es valiente. Calla cobarde. . Yo he dicho que he sido valiente nunca? ni lo diré, ni lo digo. Un guante desde el balcón di a Carlos ayer, si el mismo es quien de abajo me habla, defrubriré con pedirlo. Mi bien, gente hay en la calle. El favor que ayer os hizo tan venturoso me dad: advirtiendo, que os le pido, por ser prenda que Alejandro mi hermano me dio, a quien vivo sujeta como sabéis. De cubriose el artificio. favor pide que ella ha dado: que prenda puede haber sido? amor vuelve por mi causa, saca de este laberinto un amante, y a tu templo everás que ufano dedico un milagro de mis años: algún diamante divino por la estimación, sin duda le dio confuso me rindo al silencio. . A ese listón su birá seguro, asidio. Olvidé el diamante. Estela, en casa: pero mal digo, la joya, yo estoy turbado: digo, escuchad. . Ya habéis dicho mas de lo que he preguntado: y yo grosero, he sabido lo que saber no quisera: quedaos para presumido, loco, atrevido, indiscreto? si a Carlos nombro, al suplicio le llevo y soy su verdugo. porque este el Príncipe ha sido: Aguarda monstruo fiero, Basiliseo cruel, que vio primero, Federico. Rieardo, venid a ver el fuega en que me ardo. Señor que ha sucedido? Perder un dulce bien, y estar perdido Así aleves villanos provaréis el valor de aquestas manos, Matadle, muera. Muera. Aquí emos de reñir pues que se espera Hombre, quién eres? tente eon quién hablo? Di tu nombre traidor. Soy el diablo, huid cobardes. Tu consejo admito. Huid, que es el diabla y yo el diablito? Apención del honor! a riesgo fuerte! tan cercano a la muerte, que solo dista tan pequeño instante, como siendo mujer, ser inconstante. Cuando soy de una hermana centinela, se mira a la ventana abierta a tales horas? y cometas de acero brilladoras a la puerta arrogantes, o presumen de amorlo de galantes: un hombre a tres retira, un sentido lo mira, y estándolo mirando, ha de vivir dudando el honor del honor a punto level pues el honor contra el honor se atreve. Mi hermana (ay triste) de la ofensa es no es el riesgo pequeño; (dueño que si lo sospeche, vivo ofendido, solo con la sospecha que he tenido. mas un hombre se acerca denodado, y que es de la pendencia he sospechado; a sorpecha villana! a riesgos del honor! a fiera hermana! Así a cobardes castigan los nobles que hacer intentan examen de su valor. Todos enterrados quedan, sin haber menester hacha, Cruz, capa, o Requien aterram: mas por olvido ha quedado otro en la calle. . Pues muera: Tened Caballero, oídme. Mayor desdicha es aquesta; Viento. Alejandro el hermano es de mi querida Estela. Escucha, que la industria imposibles atropella. Si tener honor obliga a quien con él os lo ruegas os suplico, que la causa me digáis de la pendeneia, que si es forzoso que al lado aqueste acero os defienda, la afición que os he cobrado será inficiente deuda. Mucho el ser cortés obliga, mucho vence la llaneza, el término vence mucho, y así la ocasión es esta, Qué intentas si le conoces? Hoy con un ardid intenta mi amor pedirle a su hermana. San Pedro te la conceda. Deciros mi calidad, está de más, cuando apenas hay lugar de referiros mi amor y no mi nobleza. Mas con decir, que en Ungria saben por la decendencia de los Vatores, que el Sol no a elnza a igualar mis prendas, os digo la menor parte de mi heredada grandeza. Carlos Varor es mi nombre, dejo lo que no aprovecha, y paso a lo que me importa. En esta casa, a quien cercan rejas doradas, y azule, emulación de la excelsa máquina que se tachona con clavos que son estrellas, vive una dama, a quien hice, desde que mi infancia tierna me dio alientos blanzo hermoso de bien disparadas flechas. Quererla pintar el arte, es, Caballero, ofenderla, intentarlo, grosería, solicitarlo, indecencia. Porque de la fuerte misma, que si un mal pintor quisiera copiar de esa claraboya los rayos de los Planetas Por más que el desvelo ansioso solicitase elocuencias, era fuerza que lo errase, porque ignorarlo era fuerza. Así el arte en esta causa, pintor para su belleza tan corto, no ha de intentarlo, porque ha de errar si lo intenta. No paso por dibujarla; ella en efeto es tan bella, que ni ha de haber quien la iguale, ni podrá naturaleza dar comparación que cuadre para la beldad de Estela; este es su nombre bolvamos a mi amor, porque me cuesta más desvelos el servirla, que guarda ese mar arenas: correspondiente a mis ansias, ha seis años que estas puertas son testigos, que en mi abono jurarán cuando se ofrezca. Recátame los favores, por el Argos que la vela de un hermano, honor es todo efetos de su paciencia s Alejandro su nombre, y con más razón pudieran que al Macedón darle estatuas, merecidas sin soberbia: porque tanta gallardía, tanta gala, tantas prendas, tanta noblezs bizarra. tantas partes, y tan buenas, todo lo merecen, todo, puesto que todo lo tenga? Paso al Príncipe de Ungría, papel que en esta comedía que os voy contando (ay pesares) toda lo más representa. Este para mis desdichas miró a Estela, y viendo a Estela. no pudo dejar de amarla, hallándola tan perfeta. Aa dado en solicitarla: y Príncipe que requiebra a su visalla no gusta si no solo de ofenderla, Ronda en efeta esta calle, solicita su belleza, hacen los celos su oficio, los temores atormentan: El sufrimiento me falta, y ha tres noches que a esta puerta a cuchilladas he dado de mi sentimiento señas. La pendencia que mirastes fue con él y cuando fuera una región de demonios, que de la infernal caberna saliera por competirme también los acometiera. Porque yo en idante cosa, amo la beldad de Estela, para que Mimeneo junte dos voluntades eternas. Y así en mi reputación desiendo a mi esposa misma, que lo ha de ser, si los cielos me ayudan en esta empresa: No la ha de tocar el Sol, busque el Príncipe, si intenta agravios mujer liviana, sin más calidad, y prendas. Esta es la ccasión, hidalgo, que dio causa a la pendencia, ved ahora si es causa que me toca defenderla. Con justas obligaciones ejercitáis la nobleza. Carlos de acero tan alto como ese brazo gobierna. Y pues que cortés, y a fable, vuestro amor vuestra tragedia me contasteis, escuchadme, que puede ser que es convenga: yo soy Alejandro; paso, no es turbeis. . Sanca Quiteria; segunda danza de espadas pienso que ha de ser aquesta. No os retiréis Carlos. . Como estaré en vuestra presencia, si imante de vuestra hermana os he dicho mi si aqueza? Estela es ya vuestra esposa, pero con tal advertancia, que al paso que es noble en sangre, es igual en la pobreza. Rico fue mi padre, Carlos, mis no hay constente riqueza, porque el mayor enemigo vive dentro de ella misma, La un castillo que dista de esta ciudad una legua, villa de mi padre entonces, cuyos edificios tiemblan a golpes de la fortuna que a combatirle le cercan, nacimos los dos de un partor pero el cielo, que sustenta los imposibles maiores, yuso el castillo, o la fuerza tan cares del mar, que vimos diversas veces en ello entrar por huésped de plata el salado humor que engendeos y fue con tal fuerza unoso, que trouchando las cadents del límite señalado, ten inundante se muestra, que hizo paramos de espumas los chapiteles, y almenas. Ahogó dos mi! persunas, cbruto al en que no reserva, ni por la piedad al viejo, ni al niño por la inocencia.) Viendo mi padre el fracalo, y vendo la muerte cerca, cogiéndonos en los brazos, (bajel animado jenseña, que no hay amor más altivo, que más ame, y menos tema, que el de un padre para un hijo, si el hijo la vida arriesga. Sacónos hesta la orilla, y dejándonos en tierra, volvió aibrar a mi madre, cuando la Parca sedienta, de su beldad envidiosa, si cal de sus rojas venas, dio mandamiento de embargo al cielo de sus potencias, Y pudo en mi padre tunto ver cadaver la azucena de aquel jardín, que sin pulsos a abismos de mar se entrega, y entre las ondas de vidrio vio Neptuno las absequias de dos almas (qué desdicha!) y en monumento de perlas tuvieron los dos srpulere, (pluviera al cielo pluniera a su Criador pronunciar en mi vida la sentencia.) No quedó en toda la villa abre rapaz ni doncella eno murieste a las mí del mar, y de su seberbia Un deudo en fin, de mí pe nos trujo a Ungria y en ella, sostitono de su falta, crió nuestras inocencia Quedó la villa pobrada de peces que la gobiernan, sin que edificios pujanto teng gan piedra sobre piedr La torre solo animosa, en medio del mar ostenta plumaje de blanca espuma, penacho de su cabeza. Por tuyo fracaso Carlos, la llaman los de esta tierra la torre del Agua; y yo la torre de las miserias. Desdo que en Ungría entramos, que ha tres lustros experientias de la inconstante fortuna conocemos en la nuestra. Pero pues vos gustáis tanto de que os dé la mano Estela, sin que inconveniente alguno la intención os desconvenga. No diré que son desdichas las pasadas pues por ellas cobro un hermano tan noble, tan cuerdo, y de tantes prendas. Mi hermana es ya vuestra, Carlos, que si los padres hicieran lo que yo cuando a sus hijas saben que se las festejan, mas honras hubiera honradas, puesto que hay tantas sin ellas entrad a darle la mano. Invicto Alejandro deja que bese tus pies, por tantas mércedes con que me alientas? Viento, viste mayor dicha? Juro a Dios, que no quisiera, señor que aqueste Alejandro, después que dentro nos tenga, nos dé cuatrocientos palos, o nos deshaga las muelas. Hola, avisad a mi hermana? Entra cobarde no temas, Sírveme tú de laca yo, va delante. . Noche, estrellas, envidiad tanta ventura, porque no es ventura aquella, que sin tever quien la envidie a dichosos fines llega. Entren todos los diablos, que yo estoy bien acá fuera. Mire, señor vuestra Alteza, que es ciega temeridad, y nunca la Majestad de un Rey que serlo profesa. se precipita a quitar el honor a una mujer, fuera de que puede ser padre o marido encontrar. Ya despedí a Federico, y así te despediré, si estorbas que alivio dé al amor que significo. He aquí que son estos dos de los tres que acurhillamos, y lacayos fin sus amos, no saben reñir, por Dios. Un hombre a la puerta está. Yo le reconoceré, Señores como podré escaparme? . Quién va allá? Él se feerca. . Caballero, diga el nombre . No me han dese nombre, que no soy soldado. Oh que gentil majadero, diga quién es? . Ya no soy lo que antes fui, no se asombre, no me acuerdo de mi nombre, imagine cual estoy. Hombre es Ricardo, de humor que hace en esta puerta, diga? Ser un borracho me obliga a esperar a mi señor, que ahora se entró a casar con una dama y procura apresurar sin el Cura lo que él puede apresurar, Tiene virara presencia, no ble, afable, y cortés, de más diré después, e voy a una diligencia. Oh amor, terrible, es tu llama! per a (bravo tormento) ni Ricardo. . Señor, vuela con el tamor, mo pelata de viento. as la puerta siento abrir, Viento, mi señor, te llama. Oyes. Sí quiero fingir ve soy quien dice. . Haces bien. Sígueme, es Camila? (ay triste) Pues la voz no conociste? airad con quien, y sin qi. ̱. Siempre tu esclavo he de ser. Entra, que ya se ha logrado le Carlos cuanto ha penado. Es Estela su mujer? n. Ya están en uno los dos, ogrando su justo celo, como el Geminís del cielo, que es para alabar a Dios. Pues vamos a festejarlos, en, Rieardo, sin hablar 2. Quién sois vos? . Bien puede entrar, que es otro paje de Carlos. Yo me doy por bien servido, Conde Federico en esto; que el Príncipe descompuesto mi rigor no haya temido! d Mirándole despeñar, quise advertirte, señor, que del vasallo el amor en esto se ha de mestrar. Que iba en fin determinado, Cónde a desatino igual? Quien ama, no piensa el mal, ni es amor el que es pensado mas a la casa has llegado. de la dama. . Escucha pues, ruido hay dentro. Aquesto es ser Caballero, y honrado. Vuestra Altece se reporté y mire mi calidad, No ofende la Majestad, que es soberana en la Corte. No lo habéis de prevenir, siendo quien soy. A villanos, v defendeos si tenéis manos, que he de matar, o morir. Del Príncipe es la voz cierta. Mal a quien, es corresponde: mas hola, pajes, vos Conde, derribad aquesa puerta. Mire, señor, tu Alteza de mi casa el honor, y la nobleza, Suspended los aceros, Príncipe, Caballeros, porque su Majestad está presente, e Ladislao, vos así? caso indecente! de esto avisado he sido, y sabiendo que andáis desvanecido, a castigaros vengo La espada me entregad, Apenas tengo (me? voces para quejarme: si amor, señor. . Disculpaqueréis dar mas a la vista de tan grave culpa, tiene muy mala cara la discelpa. Preso, Príncipe, iréis; y tal exceso; más castigo merece que estar prefo. El Conde Federico me ha vendido; a Conde fementido, si al Ray no respetara, dan sote muerte la traición vengara. De turbado, Alejandro, estoy corrido Yo sin aliento, porque lo he perdido. Pues yo que mi valor no me ha faltado; cuado la confusión me la ha doblado, supremo Rey de Ungría, , la ocasión te diré porque porfía su Alteza tan constante, y la excusa que tengo a ser su amante. En la jura, señor, que vuestra Alteza mandó que la nobleza. del Ungaro poder hiciese ufana, galante, y cortesana al Príncipe, señor, que está presente, pompa sin merecida comunmente, excusada a tan nobles Cortesanos, que valientes, y ufanos no han menester jurar que en casos tales fueran sin juramento más leales. Este día, señor, me vio su Alteza, (oh tragres belleza) o nunta me mirara, o ya que me miró que me matara, que es menos mal la muerte; que mirarse ofender de aquesta suerte Solicitó bizarro mis favores, mulripsitando amores, rondas prosiguió y quejas, mas yo no le escuché sino las rejas; que a poder ablandarse, pudierán por el Príncipe quejarse. Presente está señor él mismo diga, (si el ser quien es le ebliga) si de mi mano vio favor alguno: supango que dirá, no vi ninguno. La causa pues de resistirme honrada, as, el estas casada: Carlos es mi marido, tan noble, y bien nacido, tan honrado; y valiente, tan cuerdo, y tan prudente, que otro que vuestra Alteza no le ejerdi ni otro que vuestra Alteza: aquí se queda la razón indecisa. Lo que mi honor le avisa, es, que soy una roca incontrastable, un monte inexpugnable; un escollo de acero, torre firme, y que no habrá poder para rendirme: que aunque soy su vasalla nací horada; y el poder para mí no importa nada. Perdone vuestra Altera aqueste día, señer mi grosería, que mirando del Príncipe el despejo, como pisada bibera me quejo: y en tal defemvoltura, el no tenerla, es no tener cordura: el Príncipees la causa, y pues la ha sido castigue como Rey, quien padre ha sido Alzad, que ya he conecido en vuestro aliento vizarro, lo gallardo en lo distreto. la prudencia en lo gallardo. Yo sé que el Príncipe, nunca ha de volver al sagrado de vuestra casa, vos, Conde, le ilenada donde mando. Vuestra Majestad nos viva; señor infínitos años; pero el Príncipo no es justo que se ansente de Palacio. Señer mire vuestra Alteza que es su hechura. . Por el tanto, que es hechura que no sirve si no de afrentarme, Carlos. Venga señor, vuestra Alteza. Importa que obedezcamos. Tú tienes la culpa aleve. Yo le habrí mas no se alcanzo. Es posible cielos, como airando tantos agravios, o os desváís de los Polos, que os sirven de simulacro? gómo, cesándose Estela con mi enemigo, no abraso el mar, y tierra si tengo con tener celos, mil rayos? piera Estela el alma mía, como, monumentos claror, alme tan noble han podido llevármela los diablos? padre, vasallos, oídme, que estoy sin alma, y no hallo para quitarle al demonio el alma que me ha llevado, sino entrar en los infiernos; apartad, que voy entrando, o que de fuego que tienes . que me abraso, que me abraso. y. Príncipe, vos descompuesto? ad. Frenaón terrible! . Extraño! Llánome el alma el demonio; sin alm estoy fiero encanto. que laberinto es aqueste, qué prodigioso letargo? Cuando gozar pensé a Estela, para mi tormento hallo que se case, y que yo muero? y por morir adorendo sus ojos paso el castigo de un padre tan temerario? Ya no hay cordura, traidores, que el bien me usurpáis, y llanos; padre cruel fiera Estela, que me abraso que me abraso. La casa del desposorio debe de estarse quemando: mas qué esperáculo es este? y. Cerrad, Príncipe, los labios. que si me enojo, por vida. 2. Es amanazarme en rano. padre no quiero vida, ni la tengo, ni la aguardo, que quien a Estela ha perdido, que era del amor milagro, no ha de vivir de ofendido, pues morir de desdichado es la fineza que queda, es el éltimo deseanso. Solo me queda la voz para quejarme, y los hados aún quieren que no me queje, para que vive rabiando. Guárdese el mundo de mí, que los volcanes que exhalo han de producir incendio, iras, furor, rabia, espantos. Y pues el hablar me quitan, después que el bien me han quitado, yo sentiré para dentro, y diré sin hablar altor A terribles agranios, mátanme el alma, y cierranme los labios. Señor, qué es esto que ha habido que tú, Estela, y Alejandro parecéis bultos de hielo? Vansos Condo. Señor, vamos. Ay Estela, y como juzgo que he de morir a las manos de esta desdicha: . No temas, porque viviendo yo, Cerlas, sabré guardar el honor a pesar de mil contrarios. Y tu cara de lechón, a quien llan dado de palos, que has de guardar? Mi persena de semejantes lacayos. Pues por vida . Pues por vida. De su ama. . De su amo. Que la dé dos tapavocas. Y yo das tapabocazos.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda e Conde, Ricardo, dejadnos solos. . Tu gusto, señor, es ley inviolable, vamos. Ya hemos quedado los dos sin testigos, Ladislao, no puedo en esta ocasión dejar como padre vuestro, y que os tengo tanto amor, de quejarme de vos mismo, y de vuestra condición. Dos meses ha que estáis preso; sin que los rayos del Sol hayáis visterno os parezca que ha sido crueldad, no, no: Yo os vi enmo el arroyuelo, A que en altas cumbres nació; buscando por despeñarse modos a su intlinación: No teme el peñasco bruto, que del monte superior, a detener su torriente: piadoso se desgajó: Yo os vi tan engo al consejo, que vos (qué bravo dolor!) sin la modestia que debe tener en tal ocasión, quien ha de servir a Ungría de Rey de Padre y Pastor, No dudo que lo intratable de la bruta habitación de vuestra prisiún os saque quejoso a mirarme hoy. Tampoco pienso que luce pono en vos la discrecion; que es fuerza, que conozcáis. ti con ello que os amo yo. Pero de lo que me admito, y es justa la admiración; es, de que el castigo os hago más soberbio que Nembrot. Desde la Torre he sabido, que pretendéis con rigor matar a Carlos: que os debe Carlos para tal traición? No juzguéis qué Federico, Príncipe, me reveló tan desatinado impulso, que son avisos de Dios. Que él propio dijo (y es cierro) con divina permisión, que no ha de haber cosa oculta, bien lo miro y lo veis vos. Sabed que aquella mujer, el cielo la destinó para Carlos y que cuando no se casasen los dos, no es tanta su calidad. que iguala a vuestro valor, Y pues roís vos Príncipe excelso, y ella vasalla nació. Ya he sido Sol de este Reino, que en gallarda ostentación, rayos de justicia he dado; que los Reyes enrigor, espejos de los vasaliba, han de ser sin que el candór empañen de su puerza, respetos, ni emulación. Sesenta años he lucido, como el luminar mayor: pero el ocaso me llama al túmulo más atroza Vos os seguír a mi falta, a ostentar el resplandor, mirad si costumbres tales jamás ha revido un Sol Pues aunque jurado estáis, A sois mal sionernador, no hay lcaltad en los vesallos, que peligra la afición con las obras de los Reyes: y ferera mucho mejor, que en la posesión tirano, morir fin la posesión Dejad pues las liviandades, que si la edad os llevó, ya es otro tiempo no digan que la nises os venció. Con la Infanta de Polonia os casad su Embajador tenéia. Príncipe, en Ungría, que aquesto importa a los dos Si lo hacéis, y reducir la parte de la razón, padre me hallaréis, y amigo, seréis Rey, como lo soy. Pero si no, por la vida mía; y vuestra, y vive Dios, que antes que a empañar el cetro lleguéis, que yo mismo: yo os dé la muerte, miradlo, y temed mi indignación. . Cierto que lo ha preditado vuestra Alteza: y escientró, bien poco fnuto ha de hacer, por Dios la preticación ̱. Hablé señor con Camila, y el oro faciliao. cuanto piden tus deseos. Qué dicer? . Qué se rindió al golpe de los escudos, que son valas del amor. Bizo que todas las noches, juega Carlos su señor al ajedrez con su hermano en su cuarto, y a las dos te pondrá en el aposento de Estela, que en la ocasión abreviéis; porque si Carlos lo siente será peoa de lo que pien sas elidaños ella en aquesto tui si con ser criada qué intentas? Que en albricias del favor te pongas esta cadena, Ven Ricardo tiego Dios, a tus aras sacrifico en premio, mi estimación: hoy bella Estela ueremos como se guarda el honor. No he de mirarte juga? porque no cabe en razón ser una noche mirón, sin llegarse a aprovechar. Es notable jugador Alejandro, y así vengo a su cuarte, y me entretengo. Alejandro mi señor, con el ajedrez aguarda: la traición mucho a cobarda: Qué gentil embajador. Voy, que este entretenimiento es honesto: y qué hace Estela? En el almobadilla vela; túrbeda estoy de tontento, que el Príncibe podrá entrar, si Carlos está jugando. Qué mesurada está hablando, y la pueden lardear. Di qué murmuras de mí? Dotí, que hay que murmurar? te pueden a ahonizar por caritative a ti: quiérote con tal amor, después que tu fe conquisto, que por ti haré, vive Cristo, examen de mi valor. Valor sin dinero hermano, es vivuela sin templar, que no puede discintar, p la Ya está cifrado el poder, que es en el que yo me fundo, en dos linajes del mundo, de tener, o no tener. Y así estando descartada su bolsa de este metal, ILIR vendrá a ser un tal por cual, y la mujer muy honrada. Oh Camila venturosa, o Camila, que aniquisa. en ser bizarra a Camila, y a Luerecía en ser hermosa. Oh Camila celestial, o Camila que yo adoro, o Camisa como un oro, oh Cada altisicial. Quien o Camila; te dio de aquese metal la mina? dime. Camila distina, que Gamilo lo envió? No tiene que preguntar quien lo dio ni quien lo envía, entre a acostarsa. Querría saber si habrá que cenar. Un ladrillo, a lo que infiero. Ese en las sienes te alcance. Oh tenara de un Romante marido del Romancero. Oh ladrona, esas razones a un hombre de mi valor; yo os haré que hableir mejor, si yo os pesco los doblones. Camine vuestra Alteza con lentos pasos por aquesta pieza, porque hay distancia poes; al cuarto de Alejandro. . Será roda en mostrarme, Camila, aficionado al bien que tú me has dado. Cerea está vuestra Alteza de su cama oculten las cortinas tanta llama. Mucha, Camila, tu afición me agrada. Aquesto sabe hacer una criada, A cuál hombre jamás ha su cedido mirarseran amante, y tan cendido? que sin temer el riesgo que se ofrece, tanto se desvanece, que al aposento de una dama honrada se arroja, sin mirar que está casada? La cama busco ufavo que Camila me dijo; emor tirano, logrese mi deseo, ya en su cuadra me veo; aquí la noche gustos me prometes tropece, vive Dios, en un bofete. o l que amor me ruesta, pero la cama, cielos, es aquesta, Oteatro dichoso, o lecho venturoso, que a Estela has merecido tantos días, deja lograrlas esperanzas mías; así en dichoso estado no llegues a perder lo que has ganado cúbrame estas cortinar: alma que determinas gozar a sistesa, mientras que jugando Carlas asiste, de su honor fiando, y mientras juega espero ganarle yo el honor, si otro el dinoro. Dame la luz, y vete: mas quién ha derribado este bufete? Así le dejé yo por ir de prisa, que tropecé con él. Pues tan precisa era, Camila, la ocasión? . Señora mucho la culpa me acobarda ota: juzgué que me llamanas con cuidado. Erer muy cursadosa. 2. Así te agrado 2. Pudo naturaleza, para formar tan celestial belleza. exar de haber borrado mil hechuras? áíganlo las mayores hermosucas. Mira si Carlos viene, que descanso sin él gusto no tiene, Desnudarte primero; que aún empieza a jugar. e. Hacerlo quiero: coma estás flores, donde está cifra do lo galante, y hermoso del tocado. n Voy por un azafate: Alteza, señor, de abreviar trate, Dime si eres Dios, amor, porque al temor te has rendido? que no es Dios quien ha temido, que impliza Dios, y temor. Para Dios poco valor tiene tu afecto cobarde: mas quién siendo ya tan tarde, en mi cuarto, ciega estoy! Tente, que el Príncipa soy. ̱. Vuestra Alteza Dios le guarde. Si Estela, que ha de quedar de tu honor la fortaleza endida, que la nobleza hoy no te ha de apadrinar: voces, no las has de dar, porque es publicar tu afrenta, pues cuando Carlos me siente, y tu rigor me contraste, e diré que me llamaste, poniendo el honor en venta, Mi gusto es ley, y es forzoso que se ejecute mi ley, hoy tu Príncipe, y tu Rey, y soy tu esclavo amoroso: ese el llanto dueño hermoso, esta ya tanta porfía, lo salga la noche Fía tan temprano, que trasnorhe, si el Sol se pene, la noche, por dar albances al día. Peligrosa es la ocasión. el trance determinado, mi cuarto, donde he hallado el riesgo de presunción. Mas, ánimo corazón, no os venzáis de esta maldad, engañad su autoridad, que aunque peligre mi fama, pues Dios la verdad se llama, Dios mostrará la verdad. Ladislao generoso, a quien permita el cielo eiña el laurel dichoso del soberano Imperio. Negar que a tus finezas heroicas pruebas debo, será negarlos rayos a ese diamante eterno. No niego que me adoras, no, Príncipe, no niego finezas que no pago, si bien no las merezco, Mas tu galante, sabes, que cuando tu silencio rompió el candado al alma, y dijo sus deseos. sin voluntad estana, que el lazo de Himeneo con nudo indisoluble ligó mis pensamiento?: pero constante el alma acá puerras adentro, que de ello que sentía, en ver tu menosprecio. Mas ya Príncipe mío, que en ecasión te veo; a donde logre el gusto placeres y requiebros. Yo vivo de adorarte! dijelo, no hay remedio, tu gusto se excente, que en todo mi hien vengo, Que cuando el mundo diga, que fui liviana en esto, el yerro será poco, por amoroso yerro. Cómo es posible a ma, si cuerda estás oyendo tantos hálagas juntos, caber dentro del pecho; Seguro estanque Carlos con Alejandro, pienso, divierte de la noche los ratos con el juego. Verdad me dice en todo, y por verdad lo creo que Camila me dijo lo propio, si me acuerdo, Vendado Dios de Chipre, a tu deidáid ofrezco. por esta dicha sola sacrifiear inciensos Armas quedaos a un lado, que ya de grado tengo la mayor hermosura que los nacidos vieron. La espada a un lado puso, favor divinos cielos, que aquí mi honor consiste. Villano Caballero, Príncipe más tirano que el que en el solio Regio del Capitolio sacro a puñaladas muerto, fue asombro de los siglos, salte de mi aposento: que por la vida juro o de Carlos, que no vengo Proba ab tú libertad osada tu loco atrevimiento, ponverte la Corona cercano a los cabellos. Que quien honrada vise, y siempre supo serlo, no hay lengua que la a gravie, y porque notes esto, escucha Carlos mío, Camila, hermano, Viento. Aquí mi vida acaba, engaños todos fueron sin armas he quedado mal haya el hombre necio que a mujer ofendida, ni a su lealtad dio credito, Matar la luz importa, que ya la puerta advierto. Hola Camila, Fabia. No goce de mi Reino, si no vengare, ingrata, la burla que me has hecho. Mi bien, Estela mía, que ezusa, di, que estruendo tus voces deasinan? Hermana, qué es aquesto? Qué hasta en dormir un triste malogre sus intentos. A fortunida vana, que poco que te debo! Mal haya mi desdicha; al Príncipe fintieron. si se habrá retirado? Mas que luciente acero tiene Estela? ay pesares, que es lance que no entiendo! Carlos, velar importa, que está el honor a riesgo, es suerte el enemigo, y declarado el cerco. en esta misma sala con que pesar lo cuento) Príncipe de Ungría is tristes ejos vieron. criado fue, o criada vien tuvo atrevimiento, enado del soborno, e vale en estos tiempos, franquear la casa, inón entre los Griegos, aladión, que en Troya etió horaz incendio. ramina esta causa; bulcando remedios, mpide estás locuras, ve yo a llorarlas entro. No debo de ser honrado, tes no me ha muerto el dolor, de tener aquí valor ado el honor me ha quitado: criada fue, o criado, ejo Estela, quien le dio ierta franes pues si yo ango el honor en balanza, e dirá la confianza te Estela no me ofendió. cios, en mi propia sala enemigo! no hay razón no morir, corazón, golpe de aquesta vala: de pena a mi pena iguala? es si me arrojo a temer, culpar a mi mujer, cuando temer no quiera, iedo en la duda primera, esí es todo padecer. En daño tan prevenido, lo el huir nos socorre. pónde Alejandro? . A la torre e del mar padrastro ha sido. Dices bien ese partido o podemos tomar. Voy prevención a buscar. Ay caro honor, dulce joya. Si se acabó la tramoya, dejenos ir acostar. Esperad los dos, no os vais, que a entrambos he menestere cierra esa puerta Camila. Suplico a vuesa merced me deje poner mis calzas, que luego al punto vendré. Aqueste con el temor va declarando que es cómplice de mis ofensas? No puede un hombre de bien hablar bien si está sin calzas: yo salí, como me ves, del pájar a donde estaba durmiendo a más no poder, a los chillidos de Estela, y estoy algo descortés, porque la dicha camisa, es cierto, no puede hacer informar aunque Tú ha antes dr el verdu Pero Jesús, Jose, eso piensas de mef aparta, aparta la daga, Abrahán de esta niñez. Los escudos; vive Cristo. de Camila han dicho bien que fue soberno. Mal trance, Viento me mira, qué haré? Habla, o por el cielo santo, que a puñaladas te dé mil muertes. . Con una basta, pero no, la he menester; ción de simpieza, la vuelva al reves. has de decirme, villano, morir, quien fue yo de mi honra. muía sécula, amen, oh, Virgo Mater, s de me sé? llama a Camila. . Camila. Señor? . Aquí pagaréis el Romance, y los ladrillos, no hay que juntarse de pies, que sois una buena lanza, Yo? qué lindo, cómo qué? Comiendo, alcague. . Qué dices? Que los doblones de ayer te los dio el Príncipe, hermana, o que te los envió él, porque abrieses el jardín: confesar es menester. Vil criada, la verdad quieren los cielos, que ven tu traición, que se descubra. Señor la verdad diré, . confieso, y digo a tus plantas, que he errado como mujer: al Príncipe Ladislao dentro de tu cuades entré, moviéronme sus porfías, venciome con su poder, ablándome con el oro que en esta bulsa se ve: Oh Judas de nuestro sigso, esa bolsa he menester, que esta venta ha de anularse; lindamente la pesque. Tomemos el punto honor, decidme que debo hacer; dar muerte a Camila? no, merécela? si muy bien; es tiempo ahora no Carlos, que será dar a entender mi afrenta: huiré a la torre? si, que importa, que después que haya embarcado a mi esposa en un pequeño batel. yo dejaré a esta criada, para que escarmientos de a traiciones, de una reja suspendida en un cordel. Alza, Camila, y advierte, que te perdono esta vez por lo que te estima Estela: pero si asegundas, ten por seguro que esta daga, que tiene de sangre sed, ha de beber de la tuya, retírate, y tú también. Vamos Galalona mía. De la muerte me escapé. Oh bolsa de mis entrañas; a mi señora, oye uste; Y con respeto a mi persona, que ya soy hombre de bien. Celos, vamos a morir, a sentir, y padecer. Que yo haré que sepa el mundo en mi venganza cruel, que se defender la honra, pues vivia honrado ie. Estela el lance es cruel, y así dispente a selir, que en un campo de zafir te está esperando un batal. Viene Carlos? . Cosa es tierta que vendrá, pues anisarte me mandó, yo he de esperarte del muro junto a la puerta. Diosa que por tantas partes mil nobles has perseguido, y las sombras de tu olvido a tantos buenos repartes, muy osada, y atrevida te miro en mi presunción; pero viendo tu intención, estoy de varcn vestida. Porque si conva: ne huír tu resolución airada, en quitando esta lazada, puede el traje desmentir las más cuerdas atenciones, sin que peligre mi fama, porque aprenda cualquier dama a vencer las ocasiones. Mi bien, el negro capuz tendió la noche, disponte a salir, porque en el monte venga a amanecer tu luz. Si no me has de acompañar, de aquí no pienso salir. Bien puedes, mi bien, venir. Comienza Carlos a andar. No tengas ningún temor. Contigo nunca he temido. Oye, que siento ruido. Todo es azares, amor. Federico el Conde aguarda tu licencia para entrar: Averme? . Iré a preguntar si es a ti, o a alguna elbarda. Qué sobresalto me has dado! Dile que entre. Mal cruel Y tu guarda ese papel. Ya te entiendo. . Pues cuidado. Que a mi Ladislao me obligue a tan vil temeridad. Oh Conde. . Su Majestad: Le fortuna me persigue. Manda, que con brevedad, sn conncederos espacio, vengáis conmigo a Palacio a ver a su Majestad. No os pregunto Conde, a que, ni aquí saberlo apetezco, que como al Rey obedezco, del mismo Rey lo sabré, Vamos señora, enjugad las perlas de vuestros ojos, que no ha de daros enojos llamarme su Majestad. Y yo tengo acaso de ir? No Viento. . Carlos a diós? Mi bien, yo quedo con vos. Bien lo he fabido fingir. No es de buena calidad esta embajada. . Posque? Por que! yo te lo diré con sobrada claridad. El Príncipe la ha trazado, y sin duda, que temor! por entre aquel cenador viene a ver si hemos cenado. Él me ha de dar dos mil coces, Pues abreme aquel postigo: espera amante enemigo, si mi valor no conoces. Tú traza, Ricardo, ha estado peregrina, pues que solo le sacó el Conde de casa. Al Rey obedece en todo. Díjole que le llamaba, y vile salir. . Si logro mi intento, todo mi Reino es para ofrecerte poco. Que estoy corrido, Rieardo, de verme Príncipe heroico, y que esta mujer me venza. Hoy la gezas sin estorbo, porque en llegando a Palacio Carlos, Federico, y otros, le entretendrán, ya lo sabes. Ya se que me sirven todos, solo mi padre me ofende. Es de la vejez muy propio el pareterles muy mal lo que hicieron cuando mozos, Mas a la puerta llegamos. Di al templo de amor. . No abono heregias tan amantes. Aquí mi valor; supongo que si con aqueste engaño a Ladislao no ocasiono a que me olvide, no hay medios contra su amor poderosos, Entremos. . Por esta espada. A recelos de un celoso, lo que podéis en el almal Apenas la calle toco, cuando el Conde Federico me desengaña de todo, que es Caballero bizarro; y que impide mis oprobios? Vuelvo a mi casa y apenas pongo en la puerta los ojos, cuando tres bultos encuentro; quiero escucharles. . Soy monstro en amar a Estela, hidalgos. Por Dios que me vuelvo loco; hombre sabes lo que dices? Ya he dicho que a Estela adoro, que me corresponde ufana, y que yo la correspondo. Cielos quién vio más agravio! que siendo de Estela esposo diga un hombre que es su dama, y lo oiga yo? . Celos como no abraso esta casa? . Entrambos se han de quitar que es estorbo a mi valor. . Con tu muerte he de vengar mis enojos. Yo soy quien ese castigo le ha de dar. . Cielos piadosos este es Carlos. . Este es Carlos, Retirémonos nosotros, Yo he de entrar a cuchilladas, villanos, así respondo. Entrose en mi casa cielos! si a hacer discursos me pongo, todos son contra mi fama, contra mi opinión son todos. El Príncipe defendiendo mi puerta, cuando le noto cosario del honor mío, y de mi bajel escollo: entrarse un hombre en mi casa, verlo sin matarme, ahorros son para morir, qué es esto? piedad astros luminosos, entraré en mi casa, dando evidentes testimonios de mi rigor con dar muerte al Ángel que más adoro. Muera Estela, muera Estela: como podré, cielos, como, ejecutar mi venganza en Serafín tan hermoso? Mas si podré, si al honor que está agraviado le pongo ofensa que es tan villana, con testigos tan notorios? Ea corazón entremos, que dentro está el alevoso, que con agravios tan viles mancha el cristal de mi rostro. o Mi Carlos mi bien, mi amante, mi señor: mas qué sollozos son estos? qué es esto Carlos? Mi desdicha que la lloro, aparta mujer, aparta. Dónde vas? . A buscar modes de satisfacer un alma; pero no soy tan dichoso. Qué presto, celos, formasteis mil montes mil promontorios de agravios; ay Carlos mío, que sientes conozco. Dime, tirana, que hiciste (con que vergüenza le nombro) de un hombre que vide ay triste) entrar en mi cuarto propio? Dic es bien, aquí le tengo. Tente mujer, o demonio, que me atraviesas el alma. Vístele entrar, y es forzoso que no niegue lo que has vistos pero pues le tienes odio, yo te le pondré en las manos, guarda esta puerta: dispongo que sepa Carlos, y el mundo, . don de llega lo brioso de mi valor: hay fortuna, y cómo te debo poco! Que más clara afrenta aguardo que cargue sobre mis hombros, s la de vergüenza llega a términos tan notorios? Mi proer a mujer, a cielos! el espejo de mis ojos por tantas partes quebrado, en tantos pedazos roto? Y que no solo me ofenda; y que no me agravie solo, si no que su atrevimiento llegue a dejirme el oprobio? Celeste esfera de vidrio, asto y cristalino globo, para ahora son los rayos, que son de tu vientre abortos. Ahora que mi enemigo dará a mi venganza logres, cuanto en fuego me prestares, verás que en sangre lo torno. Yo soy el galán de Estela; yo la sirvo, y yo la rondo, yo la guardo, y es mi dame, su honor a mi cuenta tomo; es menester más hidalgo? Que mires en lo que obro, que soy yo el infierno mismo, y esta espada el cielo todo. Bueno está, Carlos detente. Quién eres? . Amado esposo, quien fino Estela pudiera con cuidado artificioso estar tan apercibida a volver por tu decoro? Con este engaño intentaba al Príncipe escandaloso hacerle que se cáusase de servirme pero loco, No procura agraviarnos, Y así por remedio escojo, Carlos, que nos retiremos de su pecho, y de sus ojos. Vamos a la torre, Carlos, huyamos de aqueste monstruo que no hay corazón que pueda con tantos golpes el solo. Oh ejemplo de las honradas, humilde a tus pies me arrojo por tal favor, aunque el susto, Estela, no te perdono. Alza mi Carlos del suelo, huigamos tantos estorbos: Adiós Ladislao tirano. Ungría, adiós, porque logro mi honor, y con ser de barro, dentro del agua lo pongo. Vaya, Camila, el Credo, encomiédate a Dios, que yo no puedo dejar de ejecutarlo. Por qué me ahoreas? Mi señor dio el fallo: a una reja de casa me ha ordenado que cual jamón salado te ponga al viento, mientras él se ausenta Es pago de servirle tal afrenta? Pago, de pago, ya ello está mandado, yo le obedecen como leal criado: llegue el pescuezo usted. Terrible trance. Se le acuerda la cena del Romance, y el hajerme ayunir noches, y días? El cielo vengue las injurias mías. Tu anduviste en servirle muy inquie y te manda ahercar por alcagueta. (ta Pues no me perdonó de ese pecado? Hermana, no habla sato un ahoreado El cielo en este trante me dé ayuda. Por Dios que pien so que el ahorcado suda. y no es ámbar, ni algalís lo sudado. Que no hay remedio en fine Gentil enfado, digo que cuando no me la mandara, yo de mi propio me tú te ahorcara; y así chitón, y escuche la trompeta, tú tú tú, tú, andemos alcagüeta, que si todas murieran este día, ninguna usará el acaguetería. Divino Dios, mi vida te entomiendo Voy el papel cerrado apercibiendo que Carlos me mandó que le pusiera vierto señores que ahorcar quisiera a todo Poetricida demandante, y al primer inventor del guarda infant y a una vieja que miro que me mira con un moño mayorque una Aentira Vamos Camila, porque el tiempo sobre hagan bien por el alma de esta pobre yo vengo a ser en lance semejante, verdugado, trompeta, y demandante
JORNADA TERCERA
jornada tercera Do quiero si no morir, dejadme con ma pasión, que no vence la razón a lo sino del sentir: decid como ha de vivir quién llora presentes daños? muera yo con mis engaños; ay mi bien, hay dulce Estela, pensar en ti me consuela. después de tan largos años, Qué triste está, y que causado. Atabad, cantar podéis, mirad que no me templéis, pues mi amor se ha destemplado: ay increíble cuidado, ay celos, hay sin razón de una ciega pretensión: pensamiento, dónde vas? pero ya no puedo más, ni menos el corazón. Deseos de un imposible me han traído a tiempos tales, que no teniendo remedio, solicitan remediarme. No paséis más adelante, porque conozeo en mi amor imposibles; ay rigor de una voluntad constante: Federico no te espante el verme tan insufrible, melancólico, y terrible, sin sazón, y sin sentido, que a este estado me hacrtraído deseos de un imposible. Darte a la imaginación, es causa de entristecerte. A, qué es la memoria fuerte! Mas lo ha de ser la razón. No, Conde, que mi pasión, mis tormentos y mir males, son en todo desiguales al remedio que me das, pues ellos solo no más me han traído a tiempos tales? Es mi dolor tan esquivo, y tan otro mi tormento, que vivo de lo que siento, y muero de lo que vivo; en las penas que recibo, no solícito hallar medio, que estoy combatido en medio de un tempestuoso mar, y sin remedio he de amar, que no teniendo remedio. Perdí con Estela el bien, y los sentidos perdí, y cuando ausente la vi, el alma perdí también: porque si fue Estela quien me animana con mirarme, sin ella todo es cansarme, pues que sin gusto quedé, y así no podrán los que solicitan remediarme. Porque ta Majestad pierda, señor la melancolía, previene la mentería. De nada el alma se acuerda, porque no fuera accion cuerda, que la memoria ocupada en prenda tan deseada como es Esiela, y su gloria, que quedase a la memoria ocasión desocupada: mas iré por desmentir, Conde, mi dolor tirano. Beso mil veces tu mano, Mejor dijera a morir: que quien no sabe sentir tan verdadero dolor, o hace escarnio del valor, o ignora el ser desdichado, o burla de su cuidado, o no sabe que es amor. Bien es que os cumpla ese gusto, Rosaura, por el primero que me piden vuestros labios. Padre, y señor, agradezco el favor, que en él conozco de vuestro amor los extremos. En fin a tierra procuras ir. Rosaura? . Madre, tengo deseo de ver las flores que naturaleza ha hecho para gusto del sentido: no reciba desconsuelo, tío, de ver que me partor Y qué me traerás? . Prometo de burcarle entre los sauces un tímido conejuelo, y traérsele amarrado. Qué dunaire! O por lo menos ya que no pudiere vivo aquel que fuere primero despojos de ardiente plomo, de quien es aviso el trueno, lo traeré; quiere otra cosa? ̱. Que os lleve, mi vida, el cielo con bien. . Pues mientras le hago que nos aperciba Viento el navichuelo, a mi madre le dé un abrazo, que pienso que siente que a tierra vamos, Siéntolo porque te quiero. En que viste mi Rosaura, de tu madre el sentimiento? En que? en mirarla a los ojos, que son lenguas del discreto. Dios te haga suya: qué gracia! A dónde vas? . Duego vuelvo. seR Si previniendo mis males, por logro de todos ellos quiso el cielo, Estela amada, después de tan largos tiempos, dar a nuestras inquietudes, que ha tanto que padecemos, este renuevo florido, en cuyos ojos el cielo puso cifrado su pompa, el todo de lo perfecto. No fuera justo que a un Ángel le negara lo primero que pide, que como padre, todas sus gracias venero. A tierra la llevo donde de unos mansos arroyuelos goce el cristal, que no es mucho vaya a contemplas en ellos, quien ha diez años que habita de este edificio soberbio la bárbara pesadumbre: lloras mi bien? . Para dentro, que como de todas damas me distingo, y diferencio en el valor; en el llanto, Carlos, viene a ser lo mismo. Mi bien, quien lleva en el alma tu amor, dejando yo el mismo en la tuya, no se parte. Divídenla mis tormentos. Hemos de partir acaso? que esta muchadha, este cuerno, este papagayo, o rana, me da más prisa que a un ciego suele dar el que le guía, si truena, o viene lluviendo. Está todo prevenido? Lindo recado tenemos: está dado a los diablos? Viento acaba, vamos Vienio? Adiós mi Estela. . Adiós madre, Zarpa el batel. . Yo sospecho, que si en la Ciudad me agatran, que he de sar en breve tiempo en la barea de Aqueronas el Piloto del infierno, Id con Dios . Mire a mi mado si llora, dele un remedio, que por vida de mi padre de traerle. . Qué? . El con Herido el corzo baja. Ricardo, ataja, Federico atoja. Herida va la fiera. Al viento excede en la veloz cartera, su Alteza la ha seguido, pero ya en los cristales sumergido, como breve chasupa, cristales bebe y remolinos clupa. Ya mi vista la pierde. Aquel monte, o gigante, escollo ver que plugaje es del prado, como guarda del bosque está parada nos impide el mirarle. No dodo que su Alteza ha de alcazas que como va celoso, va de alguna venganza deseosoz, Mas dejando esto a un lado, nolviendo a la ocasión de su cuidado, nostable cosa ha sido, que del poder del Rey se haya escondido Caídos, y Estela; y contra sus engaños ape nas basta ausencia de diez años, Civiso de Estela el Rey lo donairoso lo glante, lo hermoso, lo luillante, y lucido, opulsose el marido; que oponerse a un poder, es bizarría; pierer es temeridad, no valentía, Huiió la Majestad, no anduvo arrado pues huyendo del Rey, vivira, honrado; mas con saber que Estela no pareca, como es niño el amor, le desvanece, y así vive confuso, sin mirarla, viviendo en los deseos de gozarla. Carlos anduvo honrado, y atrevido, Siempre quie nació noble, honrado ha Dígalo la criada (sido. que dejo de las rejas ahorcada con un papel, que al Príncipe de Ungría llevaba el porte. Di, como decía. Así castiga el cielo mi pecado, porque al Príncipe abrí me ha ahorcado Merecido castigo: más detente, que besmos dejado al Rey solo, fin gente. A buscarle partamos, y si el corcillo hallamos. diremos que seguimos sus pisadas, que el rastro de las flores matizadas del rubí de su sangre o coral fino, para buscarle hos darán camino. Eres Ángel, o fiera? espera, Serafín, detente, espera. Ah visto lo que correl Deidad sagrada, tu deidad socorre; que tanta ligereza te miete humana y Diosa te confiesa. Veme aquí detenida, que mi cansado aliento está sin vida. Qué miro, cielos santos! son ilusiones? Miren los espantos; que le asombra señor? qué se haze cruces? O se han turbado mis visivas luces, o es el rostro por Dios de la que adoro el de este Serafín, el como ignoro. Dime zagala hermosa, invidia del clavel, y de la rosa, quién eres? que he juzgado. que del celeste solio tachonado bajaste a darme vida, cuando la vi perdida al golpe del rigor de un dueño ingrato de quien eres la sombrao el retrato, Apenas tras el corzo fugitivo. de ese caucaso altivo, que bebe al Sol la lumbre, medí la tenebrosa pesadumbre, cuado desde su altura un hombre veo que hablaba con Rosaura: mi deseo a ver quién es me baja a suerte mía! Ladislao es por Dios el Rey de Ungría quiero escuchar lo que a Rosaura dice? no busque dicha quien nació infelice, Que si soy Serafín ha preguntado, nieve, o jazmín helado, o rayo de ese Sol resplandeciente, y en lo que me ha llamado en todo miente, porque yo no me llamo si Rosaura. Nuevar desdichas vi valor restaura. Mi padre es Carlos, y mi madre Estela Todo se lo revela. Albricias cielos que la gloria es mucha Atento el Rey la escucha, perdí el descanso que gozando estaba Dime Rosaura, acaba, a dónde vive Estela, y Carlos? dónde Sol tan hermoso su beldad esconde? No ve aquel edificio, que parece del cielo precipicio, que ostentado en el mar pardo plumaje se no miente eelige, pues allí vive Estela madre mía, y hoy a tierra venía, codiciosa de ver sus desengaños, sendo la primer vez que en mis diez años sus esmeraldas piso El cielo a mi poder le da este aviso. Hombre de bien parece, y muy galante. Ha se visto desdicha semejantel Mi bien, vente conmigo De buena gana y mientras se lo digo a mi madre, quisiera que me esperara aquí. . De esta manera haró yo que me sigas. Daré voces. Mal mi rigor conoces. Piadosos cielos, que me lleva el alma Padre señor. Quedó el sufrir en calma. Defiéndate el poder del cielo airado. Defendérala un padre desdichado. Quién eres? que estoy mirando! traidor, tú aquí dime, es ley querer matar a tu Rey, respetos atropellando? tu encubierto aleve? cuando solo la eaza siguiendo, tu Rey se va divirtiendo, procurando descuidarme: llega, bien puedes matarme, llega, que no me defiendo. Rey, que ya debo llamarte Rey, pues murió el Rey mi amigo, Rey mi Rey y mi enemigo, yo no he salido a matarte: este instrumento de Marto lo trude para cazar, cansado ya de pasar rigores de mi fortuna, que jamás tuvo ninguna quien nació para llorar. Mas si en ocasión tan suerte ya no te puedo encubrir donde he llegado a vivir, pues te lo ha dicho mi suerte? acabadame la muerte, porque arrojado el dolor, hace la herida menor, y te estaré agradecido, pues logro lo padecido, y no me llames traidor. Padre, un hombre ha de llorar? Mírame humilde a tus pies. Con la industria de esta vea a Estela pienso cobrar. Porque me quiso llevar. llora padre? . Ya he pensado el remedio a mi cuidado, que así mi bien se restaura, Ay inocente Rosaura. quien no te hubiera engendrado! Vámonos, padre al batel, si mi madre le entristece. Si matarme te parece, juega el venablo eruel, Muy bien pudiera con él castigar tu villanía, mas es tal mi bizarría, mi altivez, mi Majestad, que te pago esa humildad con aquesta cortesta. Vete de aquí, no te has ido? vete presto. . Ya me voy; que como eres Rey, escoy turbado de haberte oído. Ven Rosaura. . Aquesto ha ado asegurar su remor. Vame nor padra. . Ay dolor. A señor Rey, para esta, Que de trabajos me cuesta, hija guardar el honor. Hola monteros oídme. cielos, montes, peñas, aves, mar, arenas, peces, ríos, flores pequeñas, y grandes. Estela vive, sebedlo, ya se donde vive el Ángel, a cuya cuenta mi vida lloró tan inmensos males. Mirad desde aquí la torre, donde su divina imagen tuvo diez años sepulcro de pedernal, y de jaspe. Mas qué aguardo Federico, Ricardo, Alberto, Almirante; cese la caza, y prevengan, porque mis canas descansan, dos naves a esta conquista, que hoy espero coronarme del triunfo inayor que nuaca celebraran los Anales. Vaya el vergante, que gusta su Majestad de infurmarse, si viven Carlos, y Estela. Si aquí la industria me vale, fingiéndome sordo, pienso de estos gatos escaparme. Pase adelante, Qué dice? si fue casada mi madre? no lo se, pero sospecho que no fue Cletigo, o Fraile, que yo tuviera más dicha. Conde. . Las flores del valle examiné flor a flor en tu busca, y al contarle a un sance hermoso las hojas, con pralijidad notable, un hembre entre ellas se esconde; llegó Ritardo a mirarle, y reconocido dijo, que de Carlos era paje. Prendímosle y te prometo que habla tantos disparates, que no se le entiende cosa. Pues yo quiero examinarle, soltadiervillano, dime, qué es de Estela? . La comadré así que me vido dijo que era varón. . Semejantes respuestas hadado a todo. Por los cielos, que te mate, a dónde Carlos se esconde? Que las cuantas son? ya es tarde. Yo te haré colgar de un roble, por embustero. . Colgarme. . Dios me libre: s está vivo de nuestro lugar el sastre? vivo está, que no ha querido él taberdillo llevarle, ni hacernos tan grande gusto: Viose maldad más notable! No se canse vuestra Alteza, que el hombre es sordo. . Dejadle, que sordo debe de ser. y porque de bienes tiles se Conde, que tendrás gusto, los míos son ya tan grandes, que al decirlos tirubes el pecho dende no caben. No ves aquel edificio, que para inmortalidades le consagró la fertuna? pues en el Estela yaje, en él mi Oriente amanece, y en él mi Faetonte nace, y en él he de ir, en él espera el remedio de mis males. Venid, y seguidme todos, no intentéis aconsejarme, que voy a rendir del Sol los dorados baluartes. Vamos, ay Carlos, si es cierto. Libre estáis. Que no me rase? yo no haré: Dios sea conmigo, que el Rey sabe, que el Rey sabe el secreto de esta torre, voy por el monte a buscarle, que está Carlos inocente de aquestas temeridades; ay gájuare, como juzgo que andamos malos grenate. Seáis Carlos, bien venido, que el corazón asustado, en tu tardanza ha juzgado la pena que has recibido. Tú lágrimas en los ojos? mi bien tanto suspirar? o como vienes del mar, traes del mar esos despojos. Hermano, Carlos, señor, que cuidado te desvela? Ay Alejandro, hay Estela. Qué tenéis? . Tener honor. Tenerle te da pesar? Ay Estela, soy marido, ya el Rey tirano ha sabido; no te lo quiero contar, porque un barquilo a la torre se encamina; hay dulce Estela. Con el Norte, Carlos, vuela, cuando parece que corres Viento es el que desembarca, Cómo, si fue a la ciudad? Él es Carlos. . Es verdad. Y el mar se lleva la barca, Si el dolor con que vengo fatigado alientos me ha dejado, oíd de la fortuna sinrazones, breve seré si sobran atenciones. Apenas me dejó Carlos, y apenas piré rubias arenas de la paya del mar, que osado, y fuerte es el brazo derecho de la muerte, cuando en el monte silvos escuchado ya temiendo o dudando, o de un sauce fresco alcoba triste, B a quien de flores la campaña visto, cuado seis hombres se me van llegado el sauce rodeando, y el Conde Federico que los guía (gria: me pescó por dar gusto al Rey de Un- llevome al Rey, el Rey a descubierto que vivimos aquí, tenlo por cierto. Yo, viendo el riesgo de tu esposa amad parto a la playa, donde vi amarrada de un pescador una barquilla humild por lo pequeño ti de: entrome en ella, vengo, esto ha pasado lo dicho dicho, con que se ha acabad Ay Carlos, qué es aquesto? (pues Un trate amargo en que el amar me h El remedio señor es de importantia Será pueblos an Francia, que ya en el mar descubro una galen. Ligera se avecina. Norte espera, dale sepulcro en que su pompa borre Cerrad, cerrad la torre. Ya la torre, mi Carlos, se ha cerrado Esto ha de ser; pues soy tan desdichado seguidme todos por la torre arriba, y muera yo porque mi fama viva. Llegad esas escalas, que mis deseos os darán sus alas, muera Carlos, matadle, y de ese promontorio despeñadle, que como. Carlos muera, a Estela he de gozar, aunque no quien. Arriba Caballeros, ensangrentad en Carlos los aceros. A buen Rieardo tu valor me guía Muera Carlos y viva el Rey de Espere vuestra Alteza, en la empinada, y superios cabeza de la torre, se miran Carlos, y Estela. Mi poder admiran, su pended el furor. A Rey tirano. Si has de hablar, a que aguardas, villano? h , Escucha Rey Ladislao que el sacro laurel ceñido, eres del Ungaro Reino venerado por ti mismo. Carlos soy, aquel que amante de esta beldad, de este hechizo, de este ejemplo de constancia, a quien mis potencias rindo. Heresistido los golpes de tu crueldad, porque has sido el Príncipe más resuelto que rayos del Sol han visto. Nobles fueron mis pasados; pero la fortuna quiso hacerles pobres, por darme asentir sus precipicios. Salí a la luz de los cielos, pobre como bien nacido, sin imparo que me ayude, en un lugar, cuyo sitio, siendo habitación de Dioses, croy un Palacio rieo de Flora invidia del Alba, emulación del Eliseo, donde para espejo claro de ese pabellón de vidrio, Aquí viví algunos eñtos, dando a mis penas alivio con la infancia, que la infancia hace el mal menos tenido. Pero juzgando que al hombre no hacen hombre los cariños de la tierra donde nace, del lugar a donde es hijo, dejé a Valdefor mi patria, desamparé el patrio nido, segué a Ungría, en cuya Corté suy tan caudaloso río, naciendo pobre arroyuelo, que dudando mis principios, fui como el que nace ufano de rigores del Estío, que despeñado del monte, por intrincado camino llega al valle y en el valle, a vista de los alisos, es invidia de las flores, y de las plantas abrigo. Con estos aumentos grandes, oh Príncipe esclarecido, miré en tu Corte los ojos gallardos, y peregrinos de Estela, sérvila amante, pasando en tal ejercicio, de día diversos males, de nothe fieros martirios. Porque habiéndonos prendado el arpón del ciego niño, supe, o Ládislao excelso, tu amor, mi pena y su olvido. Y así por verla, y hablarla, tan encubierto me finjo, que fui como el cazador, que de la naza sentido, al monte sube ligero, y del monte al llago mismo, compasando su distancia, guiado de sus arbitrios, llevado de sus deseos, forzado de sus peligros, Lleguela a hablar una noche, a donde quedó conmigo de ser mi esposa aunque el mundo lo juzgase a desverío. Diome en un jardín la mano, haciendo a los pajarillos testigos de nuestras bodas: que allí para ser testigos los trajo amor, y a su costa les labro diversos nidos. mil veces me acuchillaste, más ninguns (ay dueño mío) se tiñó mi limpio acero. Pero como tus ardores tienen impulsos divinos, viendo mi valor, juzgaste que el no vengarte era indicio de poco Rey, y forioso, atropellando peligros, te vi embestir a mi acero, como el tigre, que teñido en la sangre que derrama en defensa de sus hijos, entra en la cueva, y no hallando aquellos pedazos vivos, trotando en sangre las manchas, carmín forma lo lucido. Y viendo su parda alcoba, sin amparo, sin abrigo. en busca de quien le ofende. publicando en sus bramidos el falso que le condeno a que pague el bomicidio, En fin, para no cansarte, una noche que atrevido me acuchilaste, Alejandro a las voces y al ruido salió; cóntele la causa, que no le conozco finjo, que le dé la mano manda, y pagando beneficios a mi amor, entre en la gloria de Estela, que prevenido el ornato de sus bodas, salió al tálamo divino. galante como ella sola, tan matizado el vestido, Caseme en fin, y tu amor; si es amor el que es delito, hizo tantas sinrazones, tanto pudo, y tanto bizo, que entraste en mi cuarto, a cielos pase aquí por referido, que si mata ejecutado, vive dé más quien lo ha dicho. Huyendo tus finrazones, me recogía aqueste sitio, en él nació aqueste Ángel, con quien mis males alivio? Diez anos ha, que llorando rigores tuyos, he visto la mudanza de mis añor, el rigor del hado esquivo. A tierra saqué a Rosaura, por hacérmelo pedido: iya buscando su amparo, y yo, señor, por seguirlo, dejé sole su beldad, y entre las zarzas metido, pensé lograr en el corzo, del plomo ardiente encendido efectos, que en breve espacio le trujeren al suplicio. Y viéndole que a una fuente se quejena compasivo, llamó al pederual la mano, y el pedernal conducido tocó el acero, y el bruto, que en la fuente se había visto, Bueldo los ojos al valle, y confusamente miro en tus brazos a Rosaura; mi pena no la repito. Bajo al valle tan cansado, de hambre y sed tan perseguido, que iya buscando el deseo un arroyo cristalino Cuando los ojos al alma de una fuente el rumor trío le enseñan, y el alma ansiosa de aquel cristal derretido, de aquel desatado aljósar, de aquellos de plata hilos, Paso menos fatigado, donde escucho que te han dicho el secreto de esta torre, y que en ella mi honor libro. Todo lo demás que callo bien lo saber, al castillo vuelvo con esta congoja, cuento a Estela lo que he visto, Y ella brotando ponzeñas, imitando al Basiliseo, me dio el remedio que presto verán tus ojes invictos. Porque en la muerte los dos el temedio conseguimes, cual hace el herido ciervo; que de la saeta herido, aunque en bebiendo perece; por librarse del martirio, bebe el humor que le acaba, dando lisonjas al río, Y así de Estela guiado, viendo, señor, que si vivo me entrego, pierdo el honor, que más que la vida estimo, no quiero vivir sin honra, que es vida por tal camino, que está muriendo mil muertes por librarse de un peligro. Conozco que mi venganza no logra en ti sus designios, porque soy traidor, si acaso la venganza solicito. Sed tengo de honor, y muerte, y por morir mi honor limpio, Porque cuenten las Historias, porque relaten los libros, porque pregone la fama, y publiquen los nacidos, que fue mi honor tan sin mancha, mi opinión tan sin indicios, que el Sol si se le compara titubea a parafismos, Abrazado con Estela me arrojo al mar, y el mar mismo, urna nos da de corales, y pira de mármol fino, haciendo a Dios de esta causa, como él lo sabe, testigo, que no es desesperacién hazaña de tantos bríos. Dándole a Ungría, y al mundo con ella ejemplos divinos, de como el honor se guarda en los lances más precisos. Porque digas tú, y tu gente, que mi honor esclarecido Espera Carlos aguarda, al mar, al mar, Federico, socorredlos, que se ahogan, Pilotos, a del navio, el esquise los socorra? ay tal valor? Gran prodigio! vamon Ricardo a ayudarles. Vamos, que es mucho el peligro. El salto ha sido extremado. y yo se lo doy de tinto a miron más arriscado. Rey cruel, Rey atrevido, Rey ti gno, Rey soberbio, pues que por tu causa he visto la desdicha de mis padres, mira como las imito la misma fortuna, siendo de ese espejo erstalino, azote, que en sus cristales mas tiernos años dedico. , s. ̱ 1. Tenla Batardo, quejuro por las luces del Jupirio, de coronarla por Reina de Ungra. . Porque imagino que cumplirás tu palabra la detengo. Suelte tío, dej me morir con honra. Abre. Alejandro el castillo, Ya yo bajo a obedecerre; ven Rosaura Hay padres míos. Señor, yo también me arrojo. Hay más ciego labe anto? Pues ya no quiero arrojarme, que he de ser como el morquito, que como discreto acaba entre las olas del vino. Cuando la Parca sedienta iba esgrimiendo el cuchillo, en estos del honor mostruos, dispuso el cielo henigno, que en el esquiseiséis hombres los librasen Federieo, mi vida estuvo en librarlos. Ya que mi suerte previgo. Ya que mi suerte di puso. Qué viviase . Que esté vivo Deme la muerte tu espada. Máteme tu acero limpjo. Levanta, honor de las damas, alza espanto de los siglos, ejemplo de das honradas, asombro de los maridos. Que acción tan determinada, tan invencible prodigio. merece inmensos laureles, de mil coronas es digno. Y así, por pagarte en algo lo más que en tu honor admiro, le doy la mano a Rosaura, hija tuya, y dueño mío- Reina de Ungria se llame; y a ti Carlos, por tus bríos, Gobernador de mis Reinos te nombro, y te ratifico. Monanea excelso del Orbe, a tus pies humilde rindo. mis labios por tantas honras, Y yo a besarlos me humillo. Alcad los dos a mis brazos. Yo, gran Ladislao, estimo este favor. . A Alejendro le doy seis villas. . Los siglos vivas eternos de aquel que habita montes Fenicios. Y a mí, señor, que teniente me hice de los oídos; que me han de dar? . Mil escudos, que te dará Federico. Para que dé fin con esto la Comedia, y yo os suplico deis un victor al Poeta, que escribe para serviros,
