Texto digital

Texto digital de Como a padre y como a rey

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Juan Pérez de Montalbán Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Como a padre y como a rey. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/como-a-padre-y-como-a-rey.

Logo BICUVE

COMO A PADRE Y COMO A REY

JORNADA PRIMERA

O ves, que la discreción en la novedad se ve? Es así, mas no daré un real por tu salvación. Yo me entiendo. No es posible que se entienda, si se entiende, quien ama, sirve, y pretende a su hermana. Es imposible, bien mi amor lo considera, y basta, pues le conoce, el quiterme que la goce, sin quitarme que la quiera. Ya yo conozco T ristán, que es mi amor tan peregrino, que no va por el camino por donde los otros van; pero tiene tal poder en mí, mi estrella inhumana, que con saber que es mi hermana, Y que es lo más que puede ser tan lejos de aborrecerla estoy, y en mi amor tan firme que no puedo persuadirme a que es mal hecho quererla. Y en parte tengo razón, pues en este galanteo, ni mi amor llega a deseo, ni pasa de inclinación: porque son tan cortesanos mis gustos, que en mis antojo? me hicieran falta los ojos, pero no, Tristán, las manos. Es Violante sangre mía, es su belleza excelente, a los ojos fuego ardiente, al deseo sangre fría. Es la hermosura mayor, es de Italia el mejor rayo, por rosa la tiene el Mayo, por flecha la cuenta Amor; y así, como a flecha, y rosa sabré temerla, y amarla, como hermana respetarla, y quererla como hermosa. Y el discurso me aprovecha, que si flecha, y rosa es cuando me mira, después es más rosa, y es más flecha: pues cuando en sus ojos ciego de su beldad me provoco, por no ajarla no la toco, por no herirme no la llego; y así, ni espera, ni alcanza mi amor, por no ser injusto, o porque es de tan buen gusto, que quiere sin esperanza. Extremado desatino! tal, que puede tu afición darte sin oposición la Carbedra de Calvino. Vuelve en tu acuerdo, señor, porque el diablo te convida a que con vela encendida oigas la Misa Mayor, que es de un incesto el castigo: mira que hay Inquisición, y si hay incesto, afusón, ni soy criado, ni amigo; pues desde luego protesto, que en llegando a denunciarte, ni tengo ni tuve parté, ni he de tenerla en tu incesto. Mi padre. Carlos? . Señor? Tristán, con quién son las voces? Ya sus locuras conoces, está siempre de un humor. Cómo es eso? vive Dios, que he de proponerte el caso. Quita, necio. . Paso, paso: escucha. . Calla. Los dos:: Quieres perderme? Paciencia, que ha de saber mi señor si estoy siempre de un humor. Qué fue? Un caso de conciencia Carlos afirma, y defiende. Él lo dice; muerto soy! Lindo, como te le doy, Carlos, pues uno lo entiende. Qué dijo? . Yo lo diré: que no era materia, dijo, de confesión lo que un hijo hurta a su padre; esto fue. Famosa duda! . Extremada. confieso que le temí. Ah señor, has vuelto en ti . de la turbación pasada? hoy vive, Dios, que ha salido el gracejo de buen aire. Tienes razón, y el donaire te ha de valer un vestido. Vestido? vestidos tengas en Verano, y en Invierno delante del Padre Eterno, donde de luz te mantengas: señor, en fin:: . Pues ya ha havido quien menguados nos llamó. Y también lo hiciera yo, a no darme este vestido; pero algunos (yo lo sé) lo que no tienen darán, que lo que tienen no dan, porque ya no tienen qué. Pero cuando alguno da, por lo menos, de una vez, viene a dar más, que de diez un hombre de por acá. Humor tiene singular. Dineros fuera mejor. Eso es pedir? . Sí, señor. Está bien. . Y eso es no dar. Carlos, oye; Fristán, vete, y haz que te den veinte escudos. Hablen en tu loor los mudos, cada cual haga un motete a tu liberalidad: el Rey, con quien tanto privas, viva al paso que tu vivas, sin que haga vicio tu edad, ni tus años hagan vicio; y al fin, si vivir esperas; vivas tan mucho, que mueras un día después del Juicio. . Solos quedamos, atiende, Carlos, a lo que te digo, como padre, y como amigo, y en fin, como quien pretende dilatar en ti su vida. Perdóneme Vuecelencia, y primero dé licencia a que una merced le pida. Cuál es? . Ludó vico Ursino, Caballerizo mayor del Príncipe mi señor, pretende una plaza; es digno de más alta pretensión: y porque con ella salga, hoy con Vuecelencia valga mi favor de intercesión, que es mi amigo, y le ofrecí solicitar su favor. Tú podrás hacer mejor lo que me pides a mí. Ya comienzo a obedecer al Rey; hijo (a diós pluguiera, Carlos, que tu padre fuera) escucha. . Qué podrá ser? . con mil sobresaltos lucho: si mi amor ha presumido? si le sabe, o si le ha oído? Escucha, pues. . Ya te escucho. Su Majestad, confiado de mi amor, y mi persona, me ha fiado la Corona, y gobierno de su Estado; pues a su servicio atento, en tan alto puesto estoy, que yo solamente soy su privanza, y valimiento. Mas como el tiempo me advierte, y el cabello me lo avisa, ya la edad cansada pisa los umbrales de la muerte, y solo en ti la esperanza de mi succesión consiste, viéndome, cansado, y triste, porque quede la privanza en mi sangre, he suplicado (fineza del alma fue a su Majestad, te dé el gobierno, y el cuidado, que de este Reino tenía, y en efecto, mi privanza; y tanto con él alcanza mi voluntad, por ser mía, que al punto se satisfizo: mi pensamiento aprobó, tu persona engrandeció, y su privado te hizo: de suerte, que ya tú estas en el puesto que yo estuve: mira si buen padre anduve, mira si puedo hacer más. No en vano el alma temía, . no en vano el alma dudaba, de esta vez mi amor acaba: hay muerta esperanza mía! Yo he de faltar un instante, en consultas ocupado, a la fe de mi cuidado, y a los ojos de Violante? no es posible. . Qué respondes? Digo, señor, que agradezco tu elección; mas no merezco:: Si a quien eres correspondes, no habrá cosa que te impida ser buen privado. Es verdad; pero el gobierno en mi edad, y haber de heredarte en vida, me obligan que me reporte, y aún a decirte me mueve, que no es bien que yo me lleve el aplauso de la Corte: que dirá, viéndome a mí en el puesto que tuviste, no que en él me introduciste, sino que yo te eché a ti; pues cuando en el trono esté en que tu mano me puso, no ven que aquí le rehuso, y ven que allí le acepté. Y qué dirá el más amigo, de que en el gobierno estuve, y tan para mí le tuve, que aún no le parti contigo? Si intentas que yo haga bueno tu gobierno intentas bien, pues he de ser contra quien el vulgo, de envioia lleno, su mala intención prevenga: pues viéndome en tu lugar. tu gobierno han de alabar, no el mío; y aunque no tenga culpa en los malos sucesos, el Caballero, el Villano, el Señor, y el Cortesano han de culpar mis excesos: porque aunque sepan, que yo cuerdo, y ajustado vivo, seré malo porque privo, y bueno el que ayer privó. Y si el mundo nunca ha visto, ni el tiempo nos lo ha enseñado, haberse otra vez juntado ser privado, y ser bien quisto no es mucho, que el alma tuerza de su gusto al parabién, pues aún procediendo bien, he de ser malo por fuerza. De suerte me has persuadido, que si en mí solo estuviera esta acción, la suspendiera de tus razones movido; mas ya al Rey le declaré mi intención, y la admitió, no pedirle pude yo, no aceptarlo no podré; y así, es preciso que goces de la privanza, y advierte, que no es posible perderte porque, en efecto, conoces de la envidia el pecho infiel, con verdad, y desengaño, y nadie previno el daño, que no se librase de él: con esto el orden cumplí, que su Majestad me dio. Si la dicha me turoó, hable el corazón por mí. Entra, y besaras la mano, Carlos, a su Majestad. Si falto a mi voluntad solo un momento, qué gano? y qué no pierdo en perder de asistir, y de mirar a quien me pudo inclinar, y a quien me supo vencer? pero es fuerza a la obediencia estar de un padre, y de un Rey, que, en fin, es ley, y tan ley, que no tiene resistencia. Señor, vuestra Majestad firme estás cartas. A quién? Esta al gran Duque. Está bien; y aquesta? . A su Santidad. Despáchese con cuidado la del Pontífice luego. Al punto irán. No sosiego hasta ver efectuado este intento, y hasta ver a Carlos como deseo. Aquí está, jamás le veo, que no me haga enternecer; que quise mucho a su madre, y no tendré regocijo hasta que, pues es mi hijo, me pueda llamar su padre. Al Pontifice le pido venía para dividir mis Estados, y partir con él lo que yo he adquirido, y por mi espada ganado, sin desnudarme el acero: tengo Príncipe heredero de Sicilia, y de su Estado, y hasta enterarme, y saber lo que le puedo dejar, no me quiero declarar por su padre esto ha de ser, pues solo con este intento por hijo suyo Contrado desde niño le ha criado; díceme, que es su talento gallardo, y es su persona, como su sangre, Real, el afecto natural ni aún a los Reyes perdona; y así, porque más presente le tenga el alma consigo, trato de hacerle mi amigo, mi privado, y confidente: que ya que a todos excedo en lo que puedo callar, como Rey le he de tratar, pues como padre no puedo. Carlos. . Señor. Cómo tardas tanto en besarme la mano? Por favor tan soberano beso tus pies, mas si aguardas, señor, a que te los bese, por lo que ahora escuché, no sé si los besaré, porque es fuerza que me pese. Por qué? Porque la advertencia, y gobierno Militar jamás le supo acertar el valor, sin la experiencia: que el Soldado, y el Válido en paz, y en guerra acertaron, no en fe de lo que intentaron, si en fe de lo que han vivido; y como no fui Soldado, (que es la materia que toco) ni peino canas tampoco, que en el alma me ha pesado, confieso a tu Majestad, de que haga de mi elección para negocios, que son imposibles en mi edad. Válgame Dios, y qué bien! . Antes (oye) pienso yo lo contrario, y lo enseñó Roma, pues nunca más bien se vio, Carlos, gobernada, que cuando su autoridad a personas de tu edad sio la pluma, y la espada: porque está más pronto a errar un viejo con la privanza, que un mozo, porque este alcanza, que es difícil acertar, si todo a su edad lo deja; y el viejo en nada se ofusca, pues si uno consejo busca, y el otro no se aconseja, en el privar, más felice será el mozo, que no el viejo, pues logra con el consejo lo que a su edad contradice; demás, que no corre en ti, Carlos, lo que en los demás, pues en tu padre tendrás buen maestro, y aún en mí. Tu padre está ya cansado, que el tiempo todo lo muda, y es bien dejarle que acuda a dar a tu hermana estado, pues podrá más fácilmente, no teniendo en que ocupar el tiempo, Carlos, tratar de casarla solamente. Esto más? . Ah te pesado? No me puede a mi pesar de servirte, ni de estar en tu servicio ocupado: solo a mi incapacidad, que tal favor no merece, cuerdamente le parece, que gobierno, y mocedad no se compadecen bien. Que han de mormurarte, es llano, y que el Plebeyo, el Villano, y el Caballero también, atentos a lo que en ti pueda la envidia notarte, no han de buscar que alabarte, pero que culparte sí: y aunque independentes son en ti la acción, y el suceso, tu descuido será exceso, y no mérito tu acción; pues sin diferencia alguna siempre la culpa se ha echado del mal suceso al privado, y del bueno a la fortuna. Pues por qué quieres tratarme tan mal, que quieras ponerme donde nadie ha de valerme, y todos han de culparme? Notable es su discreción: . quien le pudiera abrazar! mil canas me ha de quitar. Yo te diré la razón: . Fuerza es, Carlos, que haya Reyes, y que el Rey tenga un amigo, un compañero, un testigo, con quien las comunes leyes, y las humanas acciones, o extrañas, o naturales de los bienes, y los males comuniquen sus pasiones. Dios, al principio del mundo, con ser su capacidad inmensa, y su eternidad sin primero, ni segundo, parece que no se hallaba, y en efecto no se halló hasta que comunicó al hombre el Ser que gozaba; pues con piedad admirable, dio a entender, aunque te asombre, que allí comenzó a ser Hombre, comenzando a ser sociable. Dios de la tierra es el Rey y en las pasiones que tiene con cualquier hombre conviene; pues qué razón ay, qué ley cuyo político error, el gusto más singular, que le da a un particular, le prohiba un Superior? Yo, al fin, es fuerza que tenga un amigo de quien guste, que a mi condición se ajuste, y con mi sangre convenga. Este, Carlos, has de ser, como tu padre lo ha sido; y así, procura advertido, si no te quieres perder, que halle el Noble que seguir en ti, el vulgo que admirar, la envidia que murmurar, y ninguno que advertir. Repara en cualquier acción, que antes tu conciencia es, luego mi gusto, y después la vulgar satisfacción. Si me ves ejecutando alguna intención muy fuerte, blandamente me la advierte, proponiendo, no enseñando: que el Príncipe (y lo verás en los demás, como en mí, jamás quiso junto a sí hombre, que supiese más. En las materias Divinas, mira la intención, y el modo, Dios, y su Ley, sobre todo, porque si un punto declinas, perderé el Reino por ti, porque siempre al suelo viene la Monarquía que tiene adiós, Carlos, contra sí. Al que pretende cobarde, ten mucho cuidado en esto, si no has de premiarle presto no le desengañes tarde: no revoques las mercedes, que hizo tu antecesor, goce en tu hechura su honor, pues pudo lo que tu puedes: que si tú el ejemplo diste, no habrá nadie que en ti espere, pues el que te succediere deshará lo que tu hiciste. Al que fuere gran Soldado, ningún favor se le impida, que a quien no estima su vida, se ha de estimar su cuidado; porque a un hombre de valor darle un puesto honrado, advierte. no es premio, es para la muerte darle cartas de favor. Premia las Letras, en suma, y da a las Armas aumentos, que de un Reino, los cimientos, son la espada, y son la pluma: que con esto, y no admitir consejo de interesados, se verán en ti ajustados el acertar, y el regir; y no te cause recelo la envidia, ni la traición, no yerres tú la intención, que lo demás es del Cielo. Quién no será buen privado, gran señor y buen valido, de tal Maestro regido, de tal Rey aconsejado? mi obediencia es tu consejo; tuyo soy. . Qué estás dudando? que si como Rey te mando, como padre te aconsejo: no cabe dentro de sí el alma; qué alegre estoy! . mi mano otra vez te doy. La mano me aprietas? . Sí, para que del vulgo vano el aplauso infiel no creas, y por estas señas veas, que tengo fuerza en la mano. No temas, Carlos, que amor, como tan cerca te via, tu mano aprieto, y la mía ternura fue, no rigor; por señas habló, que es mudo, y al decir una verdad, me negó la Majestad, lo que la sangre no pudo: ven Carlos. Servirte es ley. No temas nada en mi amor. Es respeto, no es temor. Soy tu amigo. Eres mi Rey. Pudiera vuestra Alteza mirar más por mi honor, y mi nobleza, y excusarse de hacerme una visita, que no me da opinión, y me la quita, y más no estando en casa mi padre, ni mi hermano. Quién se abrasa en tus ojos, bellísima Violante, olvida lo advertido por lo amante, y así, culpa tus ojos, pues ellos causa son de tus enojos. Sí, mas no es maravilla que lo sienta, que una afrenta temida, ya es afrenta, y es cosa natural quejarse el labio, cuando al respeto le atrevió el agravio. Violante mía, para estar hermosa, está siempre enojada, está quejosa: (da mas pues mi amor no te ha ofendido en mí ni quejosa te muestres, ni enojada; ruégaselo tú, Elvira: qué hermosas flechas de sus ojos tira! hablad todos por mí. Pues cómo, prima, del Príncipe el amor, tu amor no estima? él te sigue, él te adora él te pretende, y si quien ama, claro está, no ofende, no es razón que a tratarle mal te obligue el ver que te pretende, adora, y sigue; mas qué me admira todo lo que veo, si lo mismo le pasa a mi deseo, . con Carlos, que olvidado, no entiende, ni agradece mi cuidado, cuando el alma lo llora, su ingenio estima, y su presencia adora? Elvira dice bien, el rigor deja, no pagues un amor con una queja. Entrambas dicen bien, y yo lo digo, del amor de su Alteza buen testigo: pues viéndole Violante, tan fino, y tan amante, mil veces me apesado de haber sido barbado; porque a ser yo la dama, por quien muere, tanto su pena el corazón me hiere) yo me hubiera rendido, como fuelen decir a buen partido, aunque después, por este atrevimiento, su padre me metiera en un Convento. Confieso a vuestra Alteza la lisonja, que hace a mi belleza; mas si mi padre está fuera de casa, y vuestra Alteza por mi calle pasa, y a mi puerta se para su Carroza, pensarán que pretende, y que no goza. Antes viéndome entrar publicamente, dirán que te visito honestamente, porque a caber malicia en mi cuidado, entrara recatado. Y cuando tan de parte de la dama el vulgo está, que vuelva por su fama? no hay deshonra más cierta que el coche de un señor en una puerta; ven que en Palacio están mi hermano, y padre, ven que ha leis años que murió mi madre, ven que a caballo por mi calle pasa, y ven que entra en mi casa, porque ven la carroza, vuestra Alteza galán, Violante moza, el honor melindroso, poca mi dicha, el vulgo malicioso, vos señor, yo mujer: no es cosa clara, que piensen todos lo que yo pensara? Si fuera yo bien visto de tus ojos, tu misma disculparas tus enojos; mas como de ellos soy aborrecido, temes tu amor, por disfrazar tu olvido. Tiene razón, porque a mi hermano adoro, si bien con el decoro, que les debo a mi sangre, y a mi estado, y como tengo el pecho embarazado, a nadie quiero bien, a nadie veo, y así no estimo aqueste, ni otro empleo. Ya en tu rigor parece demasía, Violante, la porfía; si estás querida, porque fuiste hermosa, muestra que eres mujer en ser piadosa, cortés, cuando no amante, puedes hablar al Príncipe, Violante. Dame el verle disgusto, y tengo puesto en otra parte el gusto; y quieres, prima mía, que tenga yo un pesar por cortesía? Si porque estoy delante te recatas, y el favor le dilatas, a déjaros más solos me resuelvo: a diós, Príncipe; prima, luego vuelvo. . Prima, adónde te vas? aguarda, mira. Es un alma de Dios la Doña Elvira. Váyase vuestra Alteza, que si viene mi padre:: Qué aspereza! . Si Carlos viene: Deja esos cuidados a Tristán, y a Fínea. Son criados. Si vuestra Alteza de los dos se fía, no hay que hablar, no diré esta boca es mía. Y quién mejor, que yo, sabrá encubrillo? ya deseo saberlo, por decillo. Lindo oficio he tomado, de él espero Obispar por la parte del sombrero; pero dime, Fínea, tú que sabes mucho más de estas cosas: No me alabes; ponte un tanto, Tristán, o calla, o vete. Es esto lo que llaman alcahuete? (do? Sí, Tristán: mas por qué lo has pregunta Dícenme, que es oficio aprovechado. De todo tiene. El nombre es desabrido. Llámate cobertor, que es más polido. Si el nombre me confirmas, en bustera, yo seré cobertor, tu cobertera. Mas ay de mí! qué dices? Carlos viene. Váyase vuestra Alteza. No conviene, ni esconderme, ni irme. Señor, eso es perderme, y destruirme si os ven aquí, yo he de tener la culpa. Déjame a mí, Violante, la disculpa. Vuestra Alteza en mi casa? Sí, Carlos, llega, pasa adelante, los brazos darte quiero, soy pretendiente, y a tu padre espero. Vuestra Alteza pretende? pues hay cosa a su real poder dificultosa? Viviendo el Rey, es ya razón de estado, que pueda más que el Príncipe, el Privado: que el Príncipe, por mozo, u divertido, nunca con los despachos se ha metido; y aunque a su Majestad hablar pudiera, y sé que al punto lo que pido hiciera, hablar con vuestro padre es más cordura, que en fin somos amigos. Soy tu hechura. Pretende Ludóvico cierta Plaza. Ya lo he sabido: bien su amor disfraza. . Y quiero, porque a gusto le sueceda, que Contado haga en esto cuanto pueda. Yo mismo, y por el mismo, en este puto, acabo de pedirle; mas pregunto, claro está, no bastara, señor, que vuestra Alteza lo mandara, sin venir en persona? De camino, quise ver a Violante, que imagino, que también su favor es de provecho. Dadlo, señor, con tal favor, por hecho, Llevadme hoy a Palacio la respuesta. Saldrá como pedís, porque si cuesta ruego a una dama, a vos una visita, quién habrá que la plaza le compita? Violante, a Dios: qué hermosa gentilezal Mil años guarde Dios a vuestra Alteza. Interced conmigo, que es Ludóvico mi mayor amigo; adiós, Carlos, no pases adelante. Nací para serviros. Ay Violante! si en ser ingrata tu deidad te empeña, o a prende a amar, o aborrecer me enseña. . No es el Príncipe necio? Oye, Violante. No es posible ser necio, y ser amante. Y dime con verdad lo que hay en esto. Descolorido, sin razón, te has puesto. La gravedad con que mintió me admira. A los dos nos quitó aquella mentira. Mas yo pienso que Carlos lo ha entendido. Es hermano con humos de marido; pero si quieres vámonos, Fínea, en tanto, que bañados en jalea, de locas fantasías, que llaman por allá filaterías, como locos Orates, un artazgo se dan de disparates. Por eso nuestro amor es más casero. Y es lo seguro, a fe de Caballero. . Dos modos de desconsuelos, dos diferiencias de amores, dos linajes de temores, dos maneras de desvelos, y dos géneros de celos, que son de amor, y de honor, padece a un tiempo mi amor, siendo los dos en su esfera, tan mayores, que cualquiera pudiera ser el mayor. En un punto, en un instante, como dos te considero; si como hermana, me muero, y también si como amante; de suerte, hermosa Violante, que como va mi fortuna, no se habrá visto ninguna, pues quiere, o permite Dios, que me mates como dos, y me quieras como una. Todo me hiela, y me enciende, y todo, por tu hermosura, la voluntad me aventura, y la sangre me defiende. El Príncipe te pretende, su gusto es ley en el suelo, y yo (fuerte desconsuelo!) ya tu amante, ya tu hermano; sin poderme ir a la mano, te idólatro como al Cielo: porque aunque la sangre impida lo que unir supo una estrella, luego que naciste bella, te obligaste a ser querida; y si es ley establecida que te quiera, pues te asisto, en vano a mi amor resisto, porque ya no puede ser vivir, sin volverte a ver, ni dejar de haberte visto. Yo he de amar sin merecer, que aunque procuro obligar, quiero para no alcanzar, que alcanzar fuera ofendera querer por solo querer, es mi venturosa suerte, pues cuando ella nos concierte, y la sangre nos aparte, ya que no puedo alcanzarte, sé que no puedo perderte. Tan tierna de haber notado tu amor, Carlos, me has tenido; tan loca de haberte oído entre mí me he contemplado; y en fin, tan atenta he estado a tu afición verdadera, que cuando amor considera lo bien sentido que está, si no te quisiera ya, desde ahora te quisiera. Cuanto al Príncipe no sé mas, Carlos, de que aquí entró; si su amor me declaró, como no decirle fue, pues no importa, que él me dé el alma, si el alma absorta en tu amor su amor reporta; pero volvamos, señor, a tratar de nuestro amor, que es lo que más nos importa. Yo te adoro, Carlos mío, con amor tan cortesano, que a un tiempo galán, y hermano te imagina el albedrío; y si hermano te desvío por algún amor grosero, galán, y hermano te quiero, con un deseo tan puro, que en lo mucho que aventuro, digo lo poco que espero. Amar para merecer, fuera querer obligar; y amar, por saber amar, industria gudiera ser; pero querer por querer, es virtuoso ejercicio, ara soy, no sacrificio, que es torpe solicitud profanar una virtud por adelantar un vicio. Mi amor todo es pensamiento, pues soy, y en razón lo fundo, la primer mujer del mundo, que no procura su aumento; y tal estoy, que aún no siento ver sin lograr mi cuidado, porque pudiera logrado. quedarse desvanecido, y por no verle perdido, no quiero verle gozado. Cuanto permitan los ojos, dicha de los dos será, que el perfecto amor está en la fe, no en los despojos. Sin celos, y sin enojos, será amistad nuestro trato, pues no ha de dar el recato ocasión considerable, a mí, para ser mudable, ni a ti, para ser ingrato. Y si el Príncipe, costante asiste firme en su amor? Será más firme mi honor. Diamante, labra diamante. Celos, Carlos? No Violante, miedos de perderte sí. Cómo perderme? Ay de mí! siendo el Príncipe tu esposo. Príncipe más poderoso eres, Carlos, para mí. Yo no te he de merecer, ni le puedo competir. Yo me sabré resistir. Es muy grande su poder. No hay poder como querer. Ay de mí, que son quimeras nuestras quejas verdaderas! Ai; qué es mi esperanza vana! Ah si no fueras mi hermana! Ah si mi hermano no fueras!

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Ya sale Carlos. Qué bien oye a todos! Plaza aquí. 1. A su Majestad serví desde pequeño. Esta bien, a mi cuenta está el honrarle, señor Soldado. 2. Esta vea Vueselencia. Deme, y crea, que muy presto he de premiarle. 2. Fabricio, Alcaide que ha sido cuarenta años en Palermo, es mi padre, y esta enfermo, viejo, y pobre han le pedido a su Majestad provea esta plaza en Ludovico, a Vueselencia suplico, piadoso mi causa vea, y pues con aprobación ha servido: . Créolo así. 2. Súplico se me dé a mí la futura succesión. Conozco su calidad, y tengo alcuna noticia del caso, de su justicia hablaré a su Majestad. 2. Guarde el Cielo a Vueselencia muchos años, para honor de Sicilia; qué valor, qué cordura, y qué prudencia! Por si cansado te sientes, que es fuerza que estés cansado de haber, señor escuchado quejas de mil pretendientes, cuya afectada malicia tanto en su abono previene, que nadie justicia tiene, y todos tienen justicia; toma aqueste memorial, y despáchale al instante. Pues de quién es? De Violante, rebujita de cristal, adolo de plata, y nieve, brinco de mársil, sudor del Alba, almidón de flor, perla mucha en concha breve de aquel bello pararso, cuya fruta singular te es preciso el desear, y el no comer te es preciso de esta con quien te da un como amor, pues te pone en suma a tus deseos de pluma, impedimentos de piomo. De este duende que te irrita, que te huye, y que te coca, pues que su sangre revoca lo que tu belleza incita. De esta en quien es la belleza disculpa de tantos hierros, y es echar por esos cerros de Ubeda, y de Baeza. De esta, en fin, con quien se allana tu obstinado parecer, y la quisieras mujer, pues no la quieres hermana. De esta::- Euena la has tomado; piensas acabar? Yo no, porque no he de acabar yo, lo que tú no has empezado; mas toma el papel. Tristán, con él me consolaré. Pues no le leas. . Por qué? Porque aguardándote están, y que nos oigan es justo. Acudir, pues es razón, ahora a la obligación, que tiempo habrá para el gusto. Desde esta parte escondido, y sin que Carlos me vea, salgo, por ver como emplea experiencias de valido. dando está audiencia, esta es la prueba más principal de un político caudal; pues ya grave, ya cortés, ya enojado, ya prudente, ya apacible, ya levero, ya blando, ya justiciero, ya cruel, y ya clemente, yendo por diversos modos, uno solo al parecer, muchos hombres ha de ser para contentar a todos: en lo que Carlos responde, veré el talento que alcanza, para ver si la privanza al mérito corresponde. Yo soy Ludóvico Ursino, por quien habló Vueselencia a su padre en la Alcaidía de Palermo; mi nobleza, los servicios de mi padre, y mi calidad es cierta: dos años ha que Fabricio gajes, y provechos lleva de esta plaza, y no la sirve, yo la pretendo, y su Alteza lo desea como yo; hoy pende de Vueselencia este negocio, y espero, pues por mí a su padre ruega, que por si me haga merced, aquí mis servicios lea. Señor Ludóvico Ursino, yo pedí (bien se me acuerda) esta merced a mi padre, y entonces, porque saliera, pagara yo las albricias a quien me diera las nuevas. Cuando le pedí a mi padre, no miré si era, o no era la merced justificada, y la pretensión honesta, que entonces no me tocaban a mi aquestas diligencias. Lo que entonces me tocó, fue el pedirle; y el que ruega, propone, que no resuelve. informa, que no sentencia. Mas hoy que su Majestad asegura su conciencia en la mía, y me remite sus causas a que las vea, debo mirar con cuidado los servicios que se premian, las mercedes que se hacen, y las plazas que se niegan. Nadie se queje de mí, juzque ahora, si se viera, después de servir al Rey cuarenta años en la guerra, que por estar impedido, viejo, cansado, y sin fuerzas, del oficio que sirvió le quitaba el Rey la renta; que hiciera de exclamaciones, y qué tuviera de quejas! pues por qué no hará Fabricio, lo que Ludóvico hiciera? Y así, aunque pedí a mi padre esta merced, y a su Alteza ofrecí también servirle, ha de advertir, que allí era Abogado, aquí soy Juez; y con razones diversas, allí abonaba servicios, aquí examino evidencias; allí informo, aquí sentencio: juzgue, pues, la diferencia del amigo que le abona al privado que gobierna; y pues no tiene justicia, esta plaza no pretenda, porque no se la he de dar, que aunque dársela quisiera, no me ha dado el Rey poder para hacer cosas mal hechas. Corrido voy. Qué valor! todo cuanto dice acierta: notablemente está en todo, el alma en verle se alegra; Dios te libre, Dios te guarde, Carlos, hijo, y yo te vea muy dichoso mucho hago en no salir allá fuera, y darle dos mil abrazos; mas disimular es fuerza. Temblando llego. . Jesús! quien peniara, quien dijera, que quien solo tenía voto en jaeces, y libreas a dos días de privanza:: Calla. . Callo. Octavio llega a tus pies, como ha sagrado de piedad, y de clemencia: tengo a mi hermano en la Cárcel por una muerte bien hecha, si es disculpa de un delito la venganza de una afrenta; y el Juez, tan apasionado está, que temer es fuerza de su enojo, y su pasión una terrible sentencia: a su Majestad suplico primero, que se resuelva la causa, nombre otro Juez, que más piadoso proceda: este Memorial, de todo informará a Vueselencia. De suerte, señor Octavio, que quitar su hermano intenta al Juez, que lo es de esta causa, el conocimiento de ella, porque dice, que severo, o apasionado le muestra. Hablar a su Majestad, si es eso lo que desea su hermano, yo se lo ofrezco; pero primero le advierta, que en nada tiene justicia, ni es posible que el Rey quiera al Juez que una vez nombró, impedirle que lo sea: bueno es que lo haba elegido, para que la causa vea, y que la jurisdicción, que solo a su arbitrio deja, y el Rey mismo le señala, el Rey mismo la suspenda: El Juez, Octavio, ha de ser Juez, sin tener dependencia mas que de Dios, y de sí, y del Rey, que es quien le aprueba; y así, la sentencia aguarde del Juez de la causa, y de ella, si no fuere justa, apele a otro Tribunal, y sepa, que tengo por más castigo, y aún no sé si por afrenta de un Ministro, revocarle, que impedirle una sentencia, que el que le recusa, arguye la pasión que a todos ciega, y el que sus autos revoca, de ignorante le condena. juzgue, pues, cual quedará mas vengado de sus letras, el que le excusa un error, o el que después se le enmienda? Contento, y desengañado voy en mi causa, y si en ella condenaren a mi hermano, apelaré a Vueselencia. Ay ingenio tan divino? qué más hiciera, si hubiera toda su vida estudiado la política experiencia! Estoy por llamarle hijo en pago de la respuesta. Solos habemos quedado. Pues Tristán, qué quieres? V Deja que bese tus pies mil veces, honra de la Patria nuestra; esto encubierto tenías? vive Dios, que fue una bestia el Machrábelo contigo, justo Lisipo una dueña; Casiodoro hace vainicas, y el Lucardino muñecas: el Gobernador Cristiano eres, y en tu competencia son coplas del Perro de Alba los Comentarios de César: mas dejemos disparates, y suplícote que leas el papel de mi señora. En aquesta faltriquera le puse; ya le he topado. Ohl lo que habrá de jaleas, de alfeñicadas ternuras, y amorosas panetelas! Amor, ya no puedo más, salgamos a que nos vea, que me reñirá mi pecho, si no le gozo más cerca. Yo leo. . El Rey. Disimula. En notable ocasión llega: . no es este papel con días? buenas albricias me cuesta. Carlos. Gran señor. Qué haces? Acabo de dar audiencia, y estaba pasando ahora los memoriales que quedan. Consultábalos conmigo, porque mi voto le diera, que en esto de memoriales tengo notable agudeza, y estabamos en el sexto, Calla. Una silla me llega: vete ahora. Ya me voy; mas no me voy, que me echan: válgame Dios! qué querra el Rey a Carlos? paciencia, que no lo puedo saber, porque no quiso el Poeta, que en este lance el Lacayo mezciase burlas con veras: debe de ser este el paso más fuerte de la Comedia. . Siéntate, Carlos. Señor:: Siéntate, y cubrete. Es ley mi obediencia, eres mi Rey. Y yo tu amigo mayor: cómo te va de privado? de audiencias cómo te va? La dificultad está en haberlas comenzado, lo más ha sido emprenderlas porque tú me persuades, mas ya las dificultades me enseñan a salir de ellas. Dices, Carlos, cuerdamente; mas dejando esto a una parte, yo vengo a comunicarte, como amigo, y confidente, un caso, en que me has de dar tu parecer, y de él fío el acierto. El caudal mío no es bastante a aconsejar; mas aunque después me arguya mi ignorancia lo que soy, pues tu gustas, aquí estoy. Pues oye, por vida tuya. Yo tengo un hijo heredero, que es el Príncipe, y también otro natural, a quien, por causas, que callar quiero, en secreto le he criado. yo le quiero descubrir, mas también quiero cumplir con los que lo han ignorado: con el Príncipe, que puede llevarlo con impaciencia, pues juzgó suya mi herencia, y halla otro más que me herede: con mi amor, porque es mi hijo, y le quiero como a tal, con mi hijo natural: pues me atormento, y me aflijo cuando en cualquiera ocasión que se me pone delante muestro de Rey el semblante, y es de padre el corazón; y así, por cumplir con todo, con él, conmigo, y con Dios, busquemos entre los dos un medio, una traza, un modo como yo logre este intento, el Príncipe esté obligado, el Pueblo desengañado, Dios servido, y él contento. No se si aciertas, señor, en fiar esto de mí. Pues yo te he elegido a ti, debes de ser el mejor; yo sé, Carlos, lo que puedo fiar de ti este papel, pasa, y hallarás en él el caso. Obligado quedo a lo que me favoreces. Tu Rey, tu deudo, y tu amigo soy; y si mucho te obligo, mucho más, Carlos, mereces. Yo leo. Pues yo entre tanto, para que estemos iguales, pasaré estos memoriales. Espera, señor. o cuanto . erré en juntar el papel de Violante a los demás! Turbado, Carlos, estás; qué tienes? Suerte cruel! Habla. Notable pesar! Señor, pues que me has fiado como a tu amigo, y privado el oír, y el consultar, no te canses en leer memoriales importunos, pues puede ser que haya algunos (cómo suele acontecer) poco cuerdos, y serán ocasión de que te enojes, y enojado, los arrojes, y de mí se quejarán, pues me los dieron a mí. Partamos obligaciones, que en las mismas que me pones quiero yo ponerte a ti. Y pues libro en tu cuidado el peso de mi Corona, a mirar por tu persona estoy también obligado: lee tú mientras yo leo; y así podremos saber, yo, lo que has de responder, y tú, lo que yo deseo. No te canses. No se cansa el Rey, Carlos: mal dijiste, porque solo cuando asiste a su obligación, descansa. Lee. h. De este oficio le despidé, y dile, que no conviene quitársele a quien le tiene, para darle a quien le pide. Lo mismo le respondí a Ludóvico. . Está bien: y si obras Carlos, tan bien, no me has menester a mí. Lee. , h l Sepase quien no ha querido por su oficio, o por su nombre ejecutar a ese hombre; y en habiéndolo sabido, oblíguésele a pagar la Escritura, que después él mismo, por su interés, la procurará cobrar. Será muy discreto estilo, y así lo dijera yo: mas no leas más. Por qué no? El alma tengo en un hilo. . porque todos son así: Si le topa, muerto soy. En levendo este me voy. Qué desdichado nací. . Lee el Rey. , - Tu Violante. Violante a mí de esa suerte? no sé como puede ser. Pues vuélvele tú a leer si quieres satisfacerte. Ay de mí! dame la muerte. Conrado le ha descubierto a Violante (aquesto es cierto) todo el suceso pasado; mal el secreto ha guardado, mal ha cumplido el concierto; pero sabralo de mí de manera, que le pese. Que Violante me escribiese . en esta ocasión así! no lo creo, aunque lo vi. Él lo ha dicho, es evidencia, para poder (qué imprudencia!) casarlos. Carlos:: Señor. Aquí es menester valor, . aquí es menester prudencia. Y por esto me impedias, que no viese los demás? Yo, si tú, porque jamás:: No te turbes. Si confías:: Bien en negármelo hacías, pues de suerte me ha ofendido, que avergonzado, y corrido te diera todo mi Estado, por no haberlo imaginado después de haberlo leído. Posible es que tus antojos, al pensar caso tan feo, no dieron muerte al deseo entre la lengua, y los ojos? Pues di, Carlos, qué despojos, o qué esperanza te da tu amor, que a perderte va, cuando con muda tristeza toda la naturaleza mormurando te lo está? Tu locura, y tu imprudencia con esto me han declarado, que no rige bien mi Estado quien rige mal su conciencia. De despreciar mi advertencia, cuando a virtud te provoco, nace el ser con Dios tan loco, que es voz que del Cielo escucho, que no estima a Dios en mucho quien tiene a su Rey en poco. Juez soy de esta causa aquí, y hallo, que tan grave ha sido, que con ella has ofendido a tu Padre, adiós, y a mí. Mas pues yo no puedo en ti, aunque a ser Juez me acomodo, vengar tres culpas de un modo, ninguna quede vengada, que no he de castigar nada, pues no lo castigo todo. De tres culpas, tres perdones a un tiempo tengo de darte para poder enseñarte a corregir tus pasiones. Huye, pues, las ocasiones de empeñar la voluntad, que si en fe de mi amistad mas tu obstinación porfía, no sé si para otro día me habrá quedado piedad. Y aunque para corregirte fuera razón apartarte de mi privanza, enseñarte importa más, que reñirte. No es posible, que a servirte acierte, señor, jamás; y así, en mi casa de hoy más:: Si teniendo ocupaciones son tan tuyas tus pasiones, no teniéndolas, qué harás? Y así, de hoy en adelante, pues a todas horas puedes, me has de asistir, sin que quedes desocupado un instante. Tu hechura soy: ay Violante! Qué dices? Que no es castigo. Ven conmigo. Ya te sigo, porque en mí tu gusto es ley. Tu amigo soy, y tu Rey, no me hagas tu enemigo. No estoy en mí de placer. En fin, Carlos no es tu hermano? Hoy he de darle la mano, hoy mi marido ha de ser. Y hoy también moriré yo. . Y di, cómo lo has sabido? El Cielo de enternecido sin duda lo descubrió. Mi padre se dejó ayer por descuido (amor lo sabe) de su escritorio la llave; y yo, en fin, como mujer, el tal escritorio abrí, y tirando una gabeta, que aún era la más secreta, dos cartas entre otras vi, cuyo cuidado, y aseo patentes indicios daba del misterio que encerraba; abrilas con el deseo de saber, y no fue en vano el abrillas, y el leellas, pues he visto, prima, en ellas, que no es Carlos, no, mi hermano: no es Carlos mi hermano, prima, de mayor linaje viene, padre más honrado trene, más noble sangre le anima, hijo es del Rey, yo lo fío, y de las cartas lo arguyo. Qué dices? Como hijo suyo le ha criado el padre mío, y el Rey se le encomendó, así en las cartas lo dice: hay fortuna más felice! dichosa mil veces yo. Muchas veces, prima mía, decirte mi amor pensaba, y tantas no me dejaba la vergüenza que tenía; mas ay, que están abonados mis imposibles empleos! Oye, prima, mis deseos, sabe, prima, mis cuidados, celebra tú mi alegría, y dame mil parabienes, pues me quieres bien, y tienes parte en la ventura mía. Qué bien se ve en tu alborozo, y en tu atención alegría, y aún la mía, prima mía! pues es tan grande mi gozo, que cuando haberlo sabido no me hubiera aprovechado, mas que de haberlo contado, De esta causa procedía . en Carlos el no atender a mi cuidado, y no hacer caso de la pena mía. No me bastaban (ay Cielos!) para turbar mis sentidos darme celos presumidos, sino averiguados celos unas penas, y otras penas? Si matarme, Amor, querías, no bastaban penas mías, sino venturas ajenas? Podré encubrir mis desvelos? Podré callar mi dolor? que sí, responde el honor; y que no, dicen los celos; porque tal me vengo a ver de desesperada, y loca, que cuando calle la boca, los ojos no han de poder. Parece que lo has dudado, o lo tienes por mentira: qué te suspendes, Elvira? No te dé, prima, cuidado: quiero bien, como tú quieres, y como en esta jornada, cuando más desesperada, te dice el Amor que esperes, hallo, mirándome en ti, que Amor tiene por mil modos esperanzas para todos, y le faltan para mí. Y yo saber no podría a quién amas? Sí Violante, bien conocido es mi amante. Y quién es, por vida mía? Tu hermano. Carlos? Después te contaré a quien elije mi amor aunque ya lo dije, pues dije, que Carlos es. Carlos? Violante? No más de Violante, y tan severo! bien pagas lo que te quiero. Buenas albricias me das de las vivas esperanzas, que tu perdidas tuviste: cánsote, va vienes triste; pésate de que hoy alcances lo que deseaste ayer? Al Cielo turbado miras, y entre ti mismo suspiras? Pues qué fue? qué pudo ser? Cásate tu padre (ay Cielos!) con dama de más quilates? no me aflijas, no me mates. Vienes malo? tienes celos? hate parecido engaño mi papel? Habla, señor, y no muera de un temor, pudiendo de un desengaño. Tan mudo estoy (ay de mí!) tan suspenso, y admirado, que pienso que lo he soñado. Yo puedo alcanzarte? Sí, sí, Carlos; qué dudas? Yo? hay mujer tan inhumana! . Que no soy, Carlos, tu hermana. Qué no eres mi hermana? No. Vuelve, por Dios, vuelve en ti del sucor que te provoca. Carlos, no me vuelvas loca: escucha, y sabraslo. Di. Mal sosie a quien se abrasa: Quien duda que ya Violante a su hermano, o a su amante habrá dicho lo que pasa? Mas para que sus deleos no logren dichas mayores, pues no pude sus amores, impedire sus empieos. Celosa estoy, y ofendida, pero yo me vengaré. y a su padre le airé lo que importa que le impida. El caso diré a Conrado, para que, pues es discreto, mire cual está el secretó, que le tiene el Rey fiado. Ah traidores! ha enemigos! Elvira, el paso detén. Dos que se quieren tan bien no habrán menester testigos. Pues sobrina, dónde vas? A buscarte. Y a qué efecto? A decirte un gran secreto, ven conmigo, y lo sabrás. Por si acaso en algo toca de lo que el Rey me ha reñido, iré a saber lo que ha sido. Los celos me llevan loca. Qué tiene Elvira, Violante, que va triste? Anda estos días con ciertas melancolías. Debe de amar. No te espante, que ame Elvira, y que sea amada; porque vivir fin amar, vida se puede llamar, pero vida descuidada. Mas volviendo a nuestro amor, qué dices de este suceso? Que me ha de quitar el seso el gusto, que sin temor llamarte mi esposa puedo, y lograrte. Carlos, sí, yo por mis ojos lo vi, quererme puedes sin miedo; del Rey eres (qué alegría! hijo. ay Cielo! loca estoy. Sin duda que el hijo soy, que hoy me dijo que tenía. Mas no por esta mudanza has de olvidarme inconstante. Mal te olvidará, Violante, quien te amó sin esperanza. Qué ventura! Qué placer! tuyo soy, prodigio hermoso. Que al fin has de ser mi esposo! Que al fin mi esposa has de ser! Y si el Rey quiere casarte con otra? No querré yo; querrás tú al Principe? No, que no hay dicha sin amarte. Quién mereció tal belleza? Quién mereció tal favor? Albricias, cobarde amor. Albricias, noble firmeza. Ya es placer todo el pesar. Ya el pesar es alegría. Violante puede ser mía! A Carlos puedo lograr! Pues confirme nuestros lazos nuestro amor. Grande ventura! Qué fe no estara segura en el cielo de tus brazos? Mi padre. Verdad ha sido. Perdida estoy. Yo turbado. Lo que Elvira me ha contado, y lo que el Rey me ha reñido. Violante. No acierto a hablar. Carlos. . Señor. No os turbéis: qué importa que os abracéis? bien os podéis abrazar, que vuestra sangre es fianza de cualquiera demasía; mas que el abrazo sería de albricias de la privanza del Rey; yo haré que mi error le enmiende el cuidado mío. Ya voy cobrando más brío. . Ya voy perdiendo el temor. . No lo entendio. No lo sabe. Pues Carlos, cómo te va? gran privado estarás ya. Vueselencia no me alabe a mí, sino a su deseo, pues por él todo el favor gozo del Rey mi señor. Todo el favor, yo lo creo; pero con razón te estima, y aún es fuerza en él. Por qué? Porque siempre que te ve se acuerda, y aún se lástima de unas memorias pasadas, de quien eres impresión, y hoy en su imaginación no están del todo borradas: quiérete bien, no te espante. Y la causa yo la sé. Bien claramente se ve, que dijo verdad Violante. Tuviera ya de tu edad un hijo (ay triste!) que yo crié (tanto confió de mi secreto, y lealtad) Carlos también se llamaba: mucho le llegué a querer; yo, cartas he de tener en que me le encomendaba, pues cuando se me murió fue mucho quedar con vida. Válgame Dios, qué sentida, y qué tierna me escribió otra carta! No quisiera acordarme de la muerte de aquel Ángel más la suerte no fue del todo severa, Carlos, pues me deja a ti, y a Violante. Dios os guarde, que en fin, en vosotros arde la luz que se apaga en mí. Es verdad lo que he escuchado? Es verdad lo que he oído. Mi amor otra vez perdido. Mi amor otra vez burlado. Mucho lo sienten. Yo muero: aún no me atrevo a mirarla. Qué confusión! Qué batalla! Qué pena! Qué mal tan fiero! Carlos, el Rey ha fiado el gobierno en tu prudencia, sírvele con asistencia, y asístele con cuidado, porque el favor que te hace le sepas tu merecer, y a Dios; vere a recoger, Violante: su efecto hace en los dos el desengaño; bien mi descuido enmendé, con esto al Rey le daré satisfacción de su engaño. . Si pudiera quejarme (ay prenda mía! de ti, con justa causa me quejara. Quién, Carlos quién, señor, no se engañara con la esperanza con que yo me via? Quién presto espera, presto desconfía. Si fuera dicha Amor me la ocultara. Que tan poco el engaño nos durara! Que no durara nuestro engaño un día! Qué desdicha! Qué amor! Qué triste historia! Ya, Carlos, te perdí. Qué adversa suerte! Venció la sangre. Qué infeliz victoria! Pensé lograr mi amor. Qué mal tan fuerte! ̱. Quise amar por amar: Qué dulce gloria! Y matome el amor. Qué injusta muerte! Ah Carlos, ha señor mío, ha mi señora Violante: estoy seguro? estáis solos? fuese el viejo? oyenos alguien? Déjame, por Dios, Tristán, que no estoy para donaires. Ni tú tampoco, señor? No me aflijas, no me mates, que según estoy, haré contigo algún disparate. Pues yo os dejo en hora buena, mas no lleguéis a rogarme después que os diga un secreto de Elvira, y de vuestro padre, que ahora se va, y os deja hermanos de padre, y madre, cuando sé que no lo sois: ahora me pongo grave. Vuelve, Tristán. (res Déjame, que no estoy para donay Qué dices, Tristán? Qué digo? que me dejes, no me enfades. Dinoslo, Tristán, por Dios. Dilo presto, no te tardes. No es malo que me lo rueguen, cuando estoy que no me cabe dentro del buche el secreto, y reviento por contarle: yo se lo cuento, no sea que la gana se les pase, y que después no lo quieran. Atentos un rato estadme. En el camarín, adonde suele Violante tocarse, estabamos yo, y Fínea, ella sola, yo su amante, ella hermosa, yo galán, lo que haría ya se sabe. Vio Fínea, que venían Doña Elvira con tu padre, derechos al camarín, y porque no me topasen, detrás de los escritorios, hecho un ovillo de carne, me agazapo, y me acorruco; entran los dos al instante, y Elvira le cuenta al viejo un descuido de una llave, y unas cartas que sacó de un escritorio Violante, y alzando después la voz, le dijo Tío, ya saben los dos, que no son hermanos, y ha mucho que son amantes; ellos se quieren, y Carlos sabe, que el Rey es su padre. Lo mismo me ha dicho el Rey (dijo el viejo) Dios te guarde, sobrina, para que mires por mi lealtad, y mi sangre, que yo enmendaré el descuido de las cartas, y la llave. Con esto se salió el viejo, Elvira tras él se sale, yo tras Elvira, y Fínea tras mí: yo vengo a avisarte, lo que me ha tocado a mí es dar las nuevas, y darme las albricias no me toca a mí; pero tocarame el tomarlas, si me das algo a mi estado tocante, pues sabes tocante a este, lo que te toca, o te tañe. Tristán, mira lo que dices. Tristán, mira lo que haces. No nos burles. No nos mientas. No me enojes. No me engañes. Yo juro a Dios, y a esta Cruz, y por vida de mi madre, que es verdad, así lo fueran las albricias que has de darme. Yo te las mando. Y yo, y todo. Para coces, ya son pares. Aún no acabo de creerlo. No acabo de asegurarme; será verdad lo que dice, Tristán, Carlos? Sí Violante, esto no puede faltar; y para que menos falte, oye una traza. Di presto. Tú has de decir a tu padre lo que ha pasado hasta aquí de las cartas, y la llave, y que viendo que en los dos no lo estorbaba la sangre, dueño de tu honor me hiciste, con palabra de casarme contigo, y de esta manera, es fuerza que cuanto sabe diga, por cobrar su honor, sin guardar respeto a nadie: si dice que soy tu hermano, moriré triste, y amante pero si dice que no, serán nuestras voluntades eternas. Dices muy bien. Linda traza. Pues Violante, no te descuides. No haré; y si como espero sale, serás mi esposo. Seré tu esposo, esclavo, y amante. Quién te anima? El amor mío. Quién te acobarda? La sangre; si eres mi hermana, yo muero. Si lo soy, yo he de matarme. Vive tú. Para ser tuya. Dios lo quiera. Dios te guarde.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Digo que está en la Corte tan sabido, que eres hijo del Rey, y que ha corrido tan público por todos el secreto, que el retirado, el necio, y el discreto, y en fin, el vulgo todo lo dice así. . Pues dime, de qué modo tan presto se ha sabido, y publicado? No sabes cuan sujetos han estado del vulgo siempre a las comunes leyes los mayores secretos de los Reyes? Tienes razón, pues aunque más procuren encubrir un secreto, y le aseguren con mudo estilo, y con silencio grave, cuando menos se piensa, mas se sabe: mas si verdad te digo no me pesa, porque con eso nuestra duda cesa, y más si acaso con su padre ha hablado Violante, como habemos concertado. De perlas va dispuesto todo aquesto; mas solo hay un error. . Dile de presto. Venir de noche, habiendo tanto día, porque aunque soy valiente, ser podría que algunos, sin querer, nos encontrasen, y por pegar a otros, nos pegasen. Eso es miedo. . Es verdad. Gentil gallina! Decir mi sentimiento te amohína? El miedo es cosa infame. . Quedo, quedo, que para el hombre se hizo el tener miedo: yo tengo miedo, y el valor me enfada, que el tener miedo, a nadie costó nada, y más si en la destreza no está ducho, y el no haberle tenido costó mucho. Cómo de día estás tan arrogante? Tengo azar con las noches, no te espante, más basten burlas, que si se ofreciere, cada Cristiano hará lo que pudiere; y dime, qué quería, y qué te dijo el Príncipe? . Muy necio, y muy prolijo me habló, para que hiciera, de modo que Violante le quisiera. Y cómo respondiste? Quejoso, y desabrido. . Mal hiciste, que es ponerle en cuidado, y más cuando la Corte ha murmurado, que eres hijo del Rey. . Y aún de eso nace la oposición, que el Príncipe me hace: tengo en Violante mi esperanza toda, y solo aguardo, para hacer la boda, que revele Conrado este secreto; mira tú de qué suerte, o a qué efecto contra mi honor, y fama, pudiera ser tercero de mi dama? Y esto cayó, sobre que el Rey ha dado, (para que en su servicio embarazado a Violante no vea) en que duerma en Palacio, porque sea ocasión el no verla si no de aborrecerla, de no amarla. juntose este pesar, y aquel disgusto, y al Príncipe le hablé con poco gusto, mas el disgusto me templó al instante un papel de Violante, en que me dice, que de noche venga, para tratar lo que a los dos convenga. Que lo supiese el Rey me da cuidado. Ya queda en su aposento retirado, yo le vi por mis ojos, esto es cierto: haz la seña; mas oye, que han abierto la puerta de mi casa, y sale gente; quién puede ser? . Escucha atentamente. Solo a ver si es verdad lo sucedido, sí, por vida de entrambos, he salido, de Astolfo acompañado solamente. y por saber también si inobediente a mi precepto Carlos, como amante, viene de noche a verse con Violante: vos aguardadme un poco retirado. Solo el obedecer toca al criado. Al momento, señor, hice tu gusto. Mi señor. . Excusásteme un disgusto, quiero casar a Carlos de mi mano; y aunque el honor de vuestra hija es llano, que a un Príncipe merece por esposo, es ya razón de estado, y aún forzoso en la buena política, y sus leyes no carar en sus tierras a los Reyes, como en todo se ve por el efecto. Eres en todo Príncipe perfecto. Oyes aquello? el Príncipe, y Conrado hablan de casamiento. . Estoy turbado: el Príncipe,, sin duda, viendo (ay Cielos!) en la respuesta que le di, sus celos, resuelto se ha venido, y mi esposa a Conrado le ha pedido; qué haré, Tristán? . Callar. Cómo es posible? . Callando. Estoy perdido. . Estás terrible. Daré voces. . Mejor lo considera; y pues Violante, claro está, te espera, demos lugar, para que no te encuentre ninguno de los dos, que el viejo entre, y el Príncipe se vaya. Solo en pensarlo el alma se desmaya; más bien has dicho. . Toma mi consejo. Mi vida en manos de Violante dejo. De esta suerte lo enmendé, Anduviste muy discreto. Para mí vuestro secreto carácter del alma fue, que es noble la sangre mía. Os aseguro, Conrado, que me había dado cuidado, porque como cada día del Papa aguardando estoy la venía, que le he pedido para Carlos, no he querido decir que su padre soy, hasta ver lo que hay en esto: que aunque sin esta licencia, pudiera en buena conciencia haberlo por obra puesto, debidos respetos son, que al Papa se han de tener, que un Rey justo, no ha de hacer nada sin su permisión. Vuestra Majestad procede (aunque está todo en su mano) como Príncipe Cristiano; mas ya retirar se puede, porque imagino que es tarde. No me quise recoger, hasta veniros a ver. Mil años el Cielo os guarde, por tal favor. . Sois mi amigo, quedaos. . No me he de quedar. Será dar que sospechar a los que os vieren conmigo, pues por estar más secreto, y hablar con vos más despacio, he salido de Palacio. Qué prudente, y qué discreto! Mas tened, dos hombres vienen. Mozos serán del Lugar, y íranse ahora a costar. En la calle se detienen. A mí me importa saber, Ludovico, si es verdad, lo que toda la Ciudad mormura, pues puede ser, no siendo Carlos hermano de Violante, que la adore, la festeje, y enamore, y que yo me canse en vano: que Carlos tan desabrido nunca a mí me respondiera, al decirle que me hiciera de su hermana su marido, si no hubiera aquí encubierto algún misterio; y por Dios, que hemos de saber los dos, si lo que presumo es cierto. Pues di, como puede ser, siendo este amor tan secreto, como su dueño discreto, que tú lo puedes saber? El duerme en Palacio ya, y es llano, si la quería, pues ya no puede de día, que de noche la verá. Y cuando de noche venga, de qué arguyes que la quiere? Quién discurrir bien quisiere, tenga amor, y celos tenga: Violante le ha de esperar, él a verla ha de venir, ella la reja ha de abrir, y él por ella la ha de hablar; y así, llama tú a esa reja, y que soy Carlos dirás, si abrieren, y lo demás a mi cuidado lo deja. Si hablo me ha de conocer? Tanto estas cosas esconden: en el modo que responden sabré lo que he menester. Yo llamo. . Si le esperaban, ruido apenas han de oír, cuando la priesa de abrir diga el cuidado en que estaban; y si Carlos ofendido, la fe que mi amor merece, mas que el Rey le favorece, sabré castigarle yo. A la puerta se ha arrimado un hombre, y llama: será Carlos. . No señor, que está de su amor desengañado, pues cuando le hablé, esto es cierto, como muerto se quedó. Quién es? . Carlos. No debió de quedar Carlos muy muerto. Yo, señor:: Eres Tristán? . Sí, yo soy. Pues al instante voy a llamar a Violante. Ellos son dama, y galán. Qué dices de mi temor? Que son profetas los celos. Que esto se consienta, Cielos, porque el Rey le tenga amor! pues vive Dios: Qué aguardáis? no me está bien el hablarle, echadle vos de la calle. Yo lo haré, pues vos gustáis. Un hombre a nosotros viene. Carlos será, quien lo duda, que es fuerza que al centro acuda. Volver por mi honor conviene; pues como, Carlos, aquí estáis a tal hora, cuando su gobierno está fiando el Rey de vos, y de mí? Así habéis obedecido los consejos que os he dado? Vive el Cielo que es Conrado, . y por Carlos me ha tenido. Volveos a Palacio luego, mirad, que si el Rey supiera que a estas horas estáis fuera, se enojará: yo os lo ruego, yo os lo mando, ved, que duerme descuidado el Rey con vos; haced esto por los dos. Para más satisfacerme, . puesto que en mi agravio es, el callar es acertado, que yo le daré a Conrado parte de mi amor después; y pues no me ha conocido, yo me voy. No respondéis? mas de vergüenza lo haréis. Qué hay, Conrado? . Ya se ha ido Bien está, mas yo no estoy cierto que a Palacio irá, seguidle, ved donde va, presto. . A obedecerte voy. . Carlos, que quizá se vale de mi amor, y de los bríos, contra los preceptos míos a ver a Violante sale; el desacato hecho a mí, como a Rey, pide castigo, porque yo soy su enemigo, y no su padre, y así, castigarle es justa ley: mas como podré severo, si como padre le quiero, castigarle cómo Rey? pues consentir que le quiera en duda de que es su hermana, es voluntad tan liviana, que enojarse Dios pudiera de tal género de amor, que aunque la verdad le ayuda, el pecar, en fin, en duda, para con Dios, ya es pecar, y lo peor es, que está casi todo descubierto: mas una reja han abierto de las bajas, quién será? Con Tristán hablaste? . Sí. Qué mal sosiega quién ama! Adiós. . Si mi padre llama, avísame. . Harelo así. Después que anda en opiniones, si es Carlos mi hermano, siento dentro del alma un contento, que anima mis pretensiones; mas espero, y menos lloro, más amo, y menos suspiro, con otros ojos le miro, y con otra fe le adoro; si se ha ido? pero allí está un hombre, quién será? Carlos será, claro está. Ce, Carlos. . Llamaron? sí, en la reja está Violante, que espera a Carlos, yo voy a hablarla. . Sois vos? . Yo soy. Llama, Tristán, al instante, que ya la gente pasó. Llego, y llamo; pero aguarda. Qué dudas, qué te acobarda? La bendición nos hurtó otro que llegó primero. Y habló a la reja? Eso es llano. Ya no quiero amor de hermano, amor de Príncipe quiero, y así juzgo que seréis mi dueño, pues vos gustáis, como Príncipe cumpláis lo que amante prometéis. Andarlo bendiga Dios tanta paz, tanta ventura, aquí solo falta el Cura, siendo testigos los dos; oyes aquello? . Tristán, un rayo el alma me hiere, Violante al Príncipe quiere, ella, y el Príncipe, están tratando su amor: a Cielos, viole mudanza mayor! Habla quedo. . Tengo amor. V Calla por Dios. . Tengo celos. Decirla quiero a Violante quien soy, y d ellado vertida, quizá olvidará corrida, lo que no ha podido amante. Cómo es posible sufrir tantos celos? . Loco estás. Ya no quiero saber más: mas solo os quiero advertir, que de hoy en adelante no habléis, sin que conozcáis primero con quien habláis, porque soy el Rey, Violante. El Rey, señor? ay de mí! muerta soy! qué puedo hacer? todo lo he echado a perder; ay Carlos, hoy te perdí! o noche, de sombras llena, que de errores has causado! el corazón se me ha helado. Qué dices? . Terrible pena! . Que vuestra Alteza, señor, en la calle no está bien, pues los que pasan le ven, y irse tengo por mejor: o si el Rey irse quisiera. que anda Carlos por la calle, y ha de ser fuerza encontrarle; sin pensar que os ofendiera, a Carlos quise, es así, y fui de Carlos querida, mas ya estoy arrepentida, solo por vos (ay de mí!) y así, pues ya no le quiero, os ruego me perdonéis. Con eso en mi ganaréis un amigo verdadero; y porque pienso, que el día se va acercando me voy: Dios os guarde. Vuestra soy: ay Carlos del alma mía! negué al Rey mi amor? mentí, más poco, o nada importó, que al Rey se lo niegue yo, si te lo confieso a ti. Ya el callar, es agraviar . mi valor, y mi nobleza; deténgase vuestra Alteza, que le he menester hablar. Nunca tan necio te vi. Mejor dirás tan resuelto. otra vez Carlos ha vuelto, . pésame de hallarle aquí, bien Conrado le siguió, pues vuelve a salirme al paso, si no es que le dijo acaso, que estaba en la calle yo; esto sin duda será, y él, para desenojarme, claro está, y acompañarme, a buscarme volverá. Vuestra Alteza me ha pedido, que yo le diga a Violante que es de sus ojos amante. Sin duda el juicio ha perdido. Y cuando esto me mandaba, sabe el Cielo, y sabe ella, que llevado de mi estrella, en las suyas adoraba; y si entonces encubrí nuestro amor, secreto fue, porque siempre imaginé que era mi hermana; y así, hoy, que sé que no lo es mía, y que la puedo adorar, amante habré de estorbar, lo que hermano no podía, si del Rey sois hijo vos. Esto es peor. . Reparad, que en sangre, y en calidad somos iguales los dos: vuestra Alteza está tratado de casar con Isabela, y es género de cautela contra su padre, y Conrado, al uno inquietar su hija, y al otro darle disgusto, en casarse sin su gusto, cuando pretende que elija a la Flor de Lis de Francia; Violante me quiere a mí, que si bien lo negó aquí, no viene a ser de importancia, cuandó de parte de adentro, se que, aunque el mundo lo impida, yo soy alma de su vida, y ella de mi gusto centro. En fin, ya su amante soy; si tiene el corazón lleno de sangre de Rey, tan bueno como vuestra Alteza soy: vuestra Alteza puede en esto resolverse a hacerme gusto, pues lo que pido es tan justo; y de no hacerlo, supuesto que no tengo de olvidar a Violante vive Dios, que a ser suyo, de los dos uno solo ha de quedar; y así:: . Carlos, bueno está. No está bueno. Necio, loco, vos al Príncipe en tan poco? quién tanta licencia os da? Buenas noches. . Luego vos:: Cogionos todo el nubiado. Yo soy quien os ha escuchado. Hoy nos pringan a los dos. Con esto me rematé, pensando que era (ay de mí!) el Príncipe, descubra mi amor, mis celos, mi fe, nuestros tratos, y contratos, hasta llamarme su hijo. Por eso solo se dijo aquel refrán de Pilatos. Pues como así obedecéis los consejos que yo os di? y así al Príncipe, y a mí el respeto nos perdéis? Sois un necio, y vive Dios, (apenas le sé reñir vos en nada competir con mi hijo? quién sois vos? vos leal, vos mi vasallo? mentís, ay hijo! . Señor:: Cosas busco de rigor, que decirle, y no las hallo. Esto, a quién le sucediera? Idos, Carlos, idos luego, que a no mirar que estáis ciego, os matara aquí. no hiciera. . Yo, señor, siempre a su Alteza:: Nadie al Príncipe se oponga, si no quiere que le ponga a sus plantas la cabeza: vos no habéis de acompañarme, idos, que aquesto conviene. Pues algún misterio tiene, . reñirme, y no castigarme. Dime, Fínea, por Dios, lo que hay en esto; qué dudas? qué temes? qué te demudas? solas estamos las dos, haciendo labor está Violante, y su padre fuera: mira, advierte, considera, Fínea, lo que me va en saber lo que pasó; ha enemigos! ah tiranos! saben que no son hermanos. Carlos, y Violante? . No: entretenerla quería mientras esconde Violante a Carlos. . Pasa adelante, dímelo por vida mía. . Pues sabe:: Di presto. . Espera, brava prisa! . Tengo amor. Pues de esta va mi señor. Mas que nunca acá viniera. Elvira. . Señor. Qué hace Violante? dila, Fínea, que yo la llamo: que sea la mujer desde que nace, un enigma del honor, que no me le pueda dar, y me le puede quitar! y que el Príncipe (qué error!) en mi cara me dijese, que adora a mi hija bella, y ha de casarse con ella, aunque a su padre le pese! sin duda le hace favor Violante. . No bienes bueno? arrojando está veneno por los ojos. . Ay, honor! ay, lealtad! ay, hija bella! Gran causa sin duda tiene: mira:: más Violante viene. Déjame a solas con ella. Guárdete el Cielo. Escondido está Carlos, y en lugar donde me puede escuchar. Violante. Ventura ha sido el entrar sin que me viera Elvira: socorre, amor, este engaño. . Pues señor, qué es lo que mandas? Espera: mozo he sido, y no me espanto de que dos se quieran bien, pues como digo, también pasé yo por otro tanto: con esta salva, Violante, y que aunque te llegue a ver inclinada por mujer, o rendida por amante, nada has de perder conmigo, pues no tocando al honor, claro está nunca el amor ha merecido castigo. La verdad has de decir en lo que toca al empleo del Príncipe, y su deseo, sin replicar, ni argüir: estando anoche con él, (aunque por otro le tuve, y un rato engañado anduve su amor me dijo. Ah cruel! Ánimo, pecho leal. Qué hay en aquesto? di la verdad. . Jamás creí, señor, del Príncipe tal; pero bien sabe su Alteza, que nunca le han dado enojos por orden mía mis ojos, ni en mi nombre mi belleza. Si le he parecido bien, mientras no he dado ocasión, no me obliga su afición, ni le ofende mi desdén; y así, puedes responder al Príncipe, si me ama, que no quiero ser su dama, ni puedo ser su mujer; porque en su amor, y mi olvido, los que nos vieren, dirán, que es poco para galán. y mucho para marido. Oh ejemplo de amor constante! Aquesto saber quería solamente (ay hija mía!) guárdete el Cielo, Violante. Espera ahora, señor, no te vayas, oye un poco, y sácame de un cuidado, pues te he sacado de otro. Aquí empieza el fingimiento. Dame afectos, dame modo, amor para levantarle a mi honor un testimonio, que pueda darme la vida. Ya te escucho, aunque dudoso. Si conoces el imperio del amor, si fuiste mozo, pon tú el remedio, pues yo la voz, y el delito pongo. No te admires, no te espantes de que en lágrimas el rostro se bañe piadosamente, que el caso de que te informo es tal, que para contarle no basta un sentido solo, y así, le voy repartiendo entre la lengua, y los ojos. Carlos (bien comienzo) Carlos, que es mi hermano, y es mi esposo, es tan galán, tan discreto, tan bizarro, y tan airoso, que él solo me pareció único, perfecto, y solo: que no fue poco, porque es el primero que conozco, que mirado tan de cerca lo haya parecido todo. Finalmente, yo inclinada, él rendido, y Amor loco, qué pudimos intentar. que no fuese en nuestro oprobio? Creció (ay Dios!) la voluntad a un paso con el estorbo, y la fe con el peligro, como un contrario con otro. Mientras fue público, honesto fue el amor; pero nosotros haciéndole más secreto le hicimos más sospechoso. Buscabamos ocasiones de vernos, y hablarnos solos, que iba en los dos el recato a la parte con el gozo. Cuantas veces el silencio de la noche mudo, y sordo, celosos nos vio, y cobardes, tristes nos halló, y quejosos. Hasta que al siguiente día dijo la sangre en su abono, que los celos no eran celos, ni los enojos enojos. Hasta aquí fue nuestro amor menos injusto, y más propio, menos libre, y más honesto, menos bajo, y más honroso; pero en pasando adelante, (ha si pudieran mis ojos, viendo que es Carlos mi hermano, negar que es Carlos mi esposo!) mi esposo es Carlos, señor: qué dudas? escucha el modo, si en mis lágrimas primero no peligro, o no zozobro. Grave es la culpa, mas yo no tengo la culpa en todo, que hay delitos, que se vienen cometidos ellos propios. Yo amaba a Carlos, y un día, que entre el cuidado, y el ocio, por mi mal, vino a mis manos la llave de un escritorio, (el descuido ya le sabes, la desdicha ya la lloro, la muerte ya la pretendo, la culpa ya la conozco hallé dos cartas, que el Rey te remite, en que amoroso padre de Carlos se llama, encargándote a ti solo la crianza de su hijo, y el silencio sobre todo. Estábame bien, creílo, contelo a Carlos, creyolo, que amaba más el engaño, y hubimos menester poco. juró de ser mi marido, y fue el rendirme forzoso, que para quien tanto amaba, basto cualquiera soborno. Antes no tuvo esperanzas, ahora tiene despojos; antes pudo ser mi hermano, pero ahora es ya mi esposo. Y hoy, que quiere el juramento cumplir alegre, y gustoso, (que hay ún hombre que ha quedado firme después de dichoso en tus palabras (ay triste. nuevas confusiones toco, nuevas enigmas descubro, y nuevos secretos oigo. Que es Carlos mi hermano afirmas, y que aquel Carlos fue otro, que con sentimiento tuyo falleció tierno pimpollo. Si es verdad, Violante muera; si no, el peligro es notorio de mi vida, y de mi fama: mira si es más en tu abono el revelar un secreto, que el infamarte a ti propio. Juez de esta causa te elijo, dueño de mi honor te nombro, sé buen padre, o buen vasallo; y pues en plazo tan corto puedes cumplir con lo uno, y no lo puedes ser todo, primero es tu honor, que el Rey, y primero mi decoro. Mira por él, y por ti, pues en tus manos le pongo, y con él también la vida, para que tu brazo heroico, o piadoso le conserve, o le rompa riguroso. Vive Dios que lo ha fingido con afecto tan extraño, que estoy yo viendo el engaño, y pienso que lo he creído. Qué es lo que escucho? ay de mí! mi honor en tan grande aprieto? harto me debió el secreto, pues le he guardado hasta aquí. Mucho duda: ah pena fiera! Mucho calla: ah temor vano! Cosa qué fuera mi hermano! Cosa que mi hermana fuera! mas no, que si fuera así ya se ubiera declarado. Mas no, que más enojado estuviera contra mí. No hay medio que a mi honor cuadre entre el hablar, y el callar, pues no me puedo librar de mal vasallo, o mal padre: más viva mi honor. Señor: La verdad ha de saber, mas no, el Rey le ha de deber otra lealtad a mi honor, y no he de romper jamás este secreto, hasta que licencia él propio me dé. Pues señor, así te vas? no respondes? De este modo me dejas triste, y turbada? No he de responderte nada, o he de responderlo todo, y así, viendo una verdad, me voy, por saber así cual ha de ser más en mí, o tu honor, o mi lealtad. . Fuese? Sí. Fina has andado. Parece que lo ha creído? De suerte lo has referido, que aún a mí me has engañado. Es gran retórico Amor. Sí, mas no tanto, Violante. Dame un necio que sea amante, y darétele orador; mas qué dices del aprieto en que mi padre se vio? Que el secreto descubrió sin descubrir el secreto. Señora. Carlos: Gran mal. Cómo? Dilo. Escucha. Advierte. Dame de presto la muerte. El Príncipe:: Estoy mortal! De una carroza se apea, y se entra sin abirar. Aquí temo algún pesar: Escóndete, no te vea. Yo esconderme? Vive Dios, que primero he de morir, que llegar a consentir el agravio de los dos. Eso es, Carlos, darme enojos. Que llega. Yo soy perdida, por vida mía. Esa vida pondré yo sobre mis ojos, aunque aventure mi fama, que es la fineza mayor, que hace un hombre de valor por la opinión de su dama. No tienes que persuadirme, Ludovico, esto ha de ser. Lo que hasta aquí me ha tocado, a ley de vasalio fiel, es aconsejarte, ahora me toca el obedecer. Pues tengo de consentir, que Carlos, porque se ve en la gracia de mi padre, tan vano, y tan libre esté, que diciéndole en secreto, que a Violante quiero bien, se lo diga al Rey? Quizá:: Pues de quién lo ha de saber, si no lo ha dicho Conrado, porque no ha estado con él? Vive Dios, que ha de pagarme los rigores, y el desdén con que me trató mi padre: sírvame de algo el poder. Aquí está Violante. Espera: viste lo airado que entré, y lo cruel que venía? pues ya me puedo volver, que ha sido espejo su cara, donde apenas me mire, cuando en su cristal perdí el enojo, y altivez. Señor, vuestra Alteza sea bienvenido, sientese, porque estar de esa manera, es hacerme descortés. Cuerdamente le reporta, Yo lo estimo, mas no es mi venida tan despacio: oye sabrás lo que fue. Ya sabes, Violante mía, la voluntad, y la fe con que he adorado a tus ojos. Así lo habéis dicho. Hoy, pues, porque tu padre, y tu hermano se han ido a quejar al Rey, como si fuera agraviarlos hacerte yo mi mujer; mi padre airado conmigo desapacible, y cruel, que te olvide me ha mandado. cosa que no puede ser, porque no vivo sin ti, y así, me determiné a casarme sin su nusto; un coche te espera, ven, donde casada conmino premio a mis finezas des. Primero que tal consienta dos mil vidas perderé. Qué dudas? Lance tetrible! Pues no es forzoso temer el rigor de vuestro padre, que es en efecto mi Rey? si está muy apasionado vuestra Alteza, aquíe tese, y repare:: Así me pagas, Violante, el quererte bien? pues lo que no pudo el ruego la fuerza no ha de valer? Ya no basta el sufrimiento a intención tan descortes. Si de la fuerza se vale, mucha fuerza ha menester vuestra Alteza, porque yo estoy para defender la persona de Violante: y primero advierta, que ya no es Violante mi hermana, y es Violante mi mujer. Pues tu conmigo? matadle. El que pudiere hará bien, porque primero a tus ojos:: Quédito, que viene el Rey. Qué dices? Teme su enojo. Muerta estoy. Escondete. Qué aguardas? Huye, señor. Ya, Tristán, no puede ser. Por tu cuenta corren ya mi honor, y vida. Está bien: Carlos, Príncipe. , . Señor. De esta suerte obedecéis mis preceptos? Qué severo! Qué enojado! . Qué cruel! Vuestra Majestad escuche mis disculpas, y después: Ya sé lo que me decís. Yo, señor:: No os disculpéis: Como Rey, y como Padre . avenirme procuré con el Príncipe, y con Carlos, mas ya es fuerza proceder con entrambos como Padre, con ninguno como Rey. Hijos. . Señor. Con quién hablas? Con los dos, no os alteréis, que también Carlos lo es mío. Declarose. Qué placer! Y qué pesar para mí! Caballeros, el que habéis tenido por mi privado, es mi hijo; Carlos es pedazo de mis entrañas, y de madre, que a tener vida, ahora me pudiera honrar con ser mi mujer. Por ciertos inconvenientes hasta ahora lo callé, mas ya no puede ser menos; Conrado es mi amigo fiel, a Violante amáis los dos: Carlos quizá, por saber, que no es su hermano, en secreto la ha querido, y quiere bien; a vuestra Alteza le aguarda la hermosura de Isabel, tan aurora, que las flores la deben su rosicler; y así, Carlos, dad la mano, pues sabéis que la debéis, a Violante; y vuestra Alteza prevéngase para ser adlante de mejor cielo, que clima humano ha de ver, pues así estará Sicilia con más defensa, y poder, el Príncipe más ufano, más bien pagada Isabel, y con buen fin la Comedia como Padre, y como Rey: si os agrada, como Nobles el deseo agradeced, porque el Autor, y el Poeta. reciban siempre merced.