Texto digital de La colonia de Diana
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- Atribución tradicional
- Manuel Vidal Salvador
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- Manuel Vidal Salvador Segura
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La colonia de Diana. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/colonia-de-diana-la.

LA COLONIA DE DIANA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA e A la hermosa Deidad de Cleonisba tributen los Mares, en su centro nativo las perlas, y en su extraña región los corales. Al monte, a la falda, al llano. Perdió su timón la Nave, rompiose la entena. , , . Dioses, qué hacéis de vuestras piedades? Dejad sin trabilla al lebrel. Quitad la pihuela al sacre. Tó, to: sangrienta es la fiera, Ucho, hos lince es el ave, A En este cercano Puerto aquellas vidas se salven, que en manos de la fortuna, y en un pobre Leno caben. Un fracasado Navio, que sobre su popa trae de forastera Deidad, al parecer, una Imagen, pretende tomar el Puerto. Y con miedo de encontrarse en la borrasca, otros Leños se miran de aquí distantes. A la hermosa Deidad de Cleonisba tributen los Mares, en su centro nativo las perlas, y en su extraña región los corales. A la selva, a la ribera. Tó, to: atajad a esta parte. Luchando un mísero Leño con con el ceño de rafagas, y ondas, no, no te escondas, Deidad soberana, cándida Diana; antes nos guíe tu impulso tranquilo al Puerto dichoso de paz, y de asilo. Por más que indignado Neptuno violento aplique el Tridente al agua, y al viento: y el vulgo escamado sus canas le rice: por más que deslice el átomo breve de Tetis hermosa, con sustos de rosa por sendas de nieve y la lóbrega gruta de Amfítrite su entrada fácilite a la indignada fugitiva Foca, y al Delfín vagaroso, en su oído de música ambicioso, y de cristales prodigo en su boca: todo será bonanza, placer, tranquilidad, delicia, y gusto: vivirá la esperanza ignorada del susto, y en brazos del deseo, tendrá la posesión su noble empleo, A2 Es o Esa fértil ribera, del Ligústico Mar alta divisa, nuestra derrota espera, con bulliciosa risa de fuentes, y de flores: humildés Pescadores seguridad de vida nos ofrecen en marinas cabañas, de emulación desnudas; siempre al engaño artificial extrañas, y a la lisonja mudas: la Diosa aquí nos guía, repitiendo mi ruego la armonía, Luchando un mísero Leño con el ceno de rafagas, y ondas, no, no te escondas, Deidad soberana, cándida Diana; antes nos guíe tu impulso tranquilo al Puerto dichoso de paz, y de asilo. s. Dejad la caza, Monteros, que B1 que atento a las novedades del Mar, me aparta del bosque el cuidado de su examen, Seguidme, Pero qué miro? h e Di Cleonisba, Britomarte; decid, Glacidia, y Bomilcar, qué gente es la que nos trae el destino de las ondas? Lo mismo iba a preguntarte, con que tengo por preciso que una duda nos iguale. Qué presto los infelices se veen puestos en paraje de correr a su fortuna la cortina formidable! Bella mujer! Raro joven! Noble garbo! Extraño trajé! Ignorada, forastera Tropa, que entre lamentables tristes riesgos, que padeces, tiernas atenciones haces, quién sois? Si puede una pena de afectos universales labrarse las compasiones con sus infelicidades, prevengo vuestra atención A3 con con aquel lugar bastante que hay desde un tirano orgullo a una ruina inevitable. Yo soy Laurisel, yo soy hijo del heroico Artajes, Rey de Focea, que al Asía corona la mejor parte. Es mi hermana Doralisa: faltonos el Rey mi padre a tiempo que, por más señas de nuestros últimos males, fueron guerra las virtudes, y dieron vicios las paces. Creció el ocio lentamente, con unas desigualdades, que ocupan sin fruto el tiempo que debiera aprovecharse, Comprábanse las delicias con tan subidos quilates, que eran las respiraciones estrechas necesidades. Dígalo el que tal vez huyo flor, que pretendió estimarse, por ser de la Isla de Venus, más, que el Escudo de Marte, Impaciente andaba el gusto con la copia de manjares, y entretenido en lo esteril, fastidiaba lo abundante, 2u De esta admitida eriqueta (que así quieren que la llame los que parece que entienden todo aquello que no saben) nació la disforme especie de varias monstruosidades, que se apoderaron juntas del valor, y de la sangre. A este tiempo, del Rey Ciro las duras hostilidades, que debastan toda el Asia, intentaron sojuzcarme el Imperio de Focea, con amenazas iguales a la fuerza desmedida de sus Tropas Militares. Quise ponerme en defensa, junté nobles, y leales; y hallándolos desunidos, por ciertas parcialidades, que de un vaticinio oscuro pudieron originarse, no pude jamás vencerles a que las armas tomasen: porque el miedo de la guerra; y la esclavitud infame, los postró de calidad, que los hizo en este trance, ingratos para su Patria, A4 l e e e e eo, y para L y para el Mundo cobardes. Sin pelear, intentaron a mi enemigo entregarse, o cumplir la tradición del vaticinio inviolable, que consistia en que todos los Fócenses Orientales dejarían a su Patria. y con un Templo admirable, formarían otra nueva Colonia, mucho más grande. Viéndome entre dos tan arduas extremas dificultades, en que arriesgaba el consejo de mi persona el carácter, tuve por más de mi punto ceder en aqueste lance a los Dioses, fugitivo, que a mis enemigos, fácil, Mandé juntar en mi Puerto todas las mejores Naves, en que vidas, y riquezas de la violencia escapasen; y en dos noches, que sin duda debieron de interesarse con nuestra tristeza en sombras, y horror con nuestros pesares; hombres, mujeres, y niños conseguí que se embare asen, Sibiodo y slaconal de España V (dando a la despoblación de Focea el postrer vale. Quién viera, con el abrigo de la fuga, incorporarse en recíprocos misterios las mismas enemistades? Quien viera en aquel desorden lastimoso, separarse de su tálamo el esposo, y de su cuna el infante? Las Pirámides sufrieron, (con lo sumo del desaire, lla vil nota, y torpe pluma de infaustas nocturnas aves, El inurbano concurso (en partidos desiguales se oyó murmurio en los campos, si fue silenció en las calles. Era del miedo la sombra a sus ojos tan gigante, que hacían puente de errores de sus propias ceguedades: pues con la ambición odiosa de dejar sus patrios lares, sel nido de sus arrullos, le himeneo de sus padres; buscaban la Embarcación (tan torpes, y tan errantes, que se arrojaban al agua, blioteca Nacional de España en en vez de tomar la Nave. Y para que en ningún tiempo pudiese presumir nadie volver a Focea, un voto a sus antiguas Deidades hicieron, de no volver hasta que un hierro muy grande, que arrojaron en el Mar, sobre la espuma asomase. Corrimos vatias tormentas, todas deshechas, y graves; tocamos en Smnirna, y Cio, por ver si sus soledades, que llaman Islas Enusas, de una Colonia capaces podrían ser; mas oyendo una voz dulce, y suave, que a Epeso, nos encamina, donde Diana nos declare su voluntad, fue preciso cumplir con este viaje, voto, y ofrenda a la Diosa, cuyo Oráculo observable de Aristónica en la mente, (que es una de sus Vestales, que Religiosa nos sigue) me mandó, que me dejase llevar adonde el destino, sin diligencia, y sin arte, dis Naves trajese, en fe le hallar acogida afable, llugar para que un Templo su gran Deidad consagre. y, pues, con una borrasca le tan recios temporales, como mi Flota padece, ordena que desembarque, según que la arena piso, (donde el hado me trae. Ningunas noticias tengo de este Páis; pero baste saber que la Diosa quiere que ignore a los que me extrañen. Y llegando a hacer concepto del modo recomendable de todos, que debéis ser los primeros Mecenates de esta Región, os suplico permitáis que se reparen mis atormentados Leños de los pasados embates. No aprendáis que pueda ser ostil cautela el velamen, traidor concepto en las ondas, para el suplicio de Paris. Asilo imploran mis gentes, y adorando estos umbrales la humildad, es imposible que 1a que fea altivez los manche, Abríguenos la clemencia, y en sus aras adorables, con sus ruegos, la hermosura, y la inocencia descansen. No es Armada, la que veis, impelida de Oracanes, cuerpo es, que en miembros deshecho, en sepulcro de ondas yace. No os lástime mi fortuna porque no es considerable mi ruina, en vista del llanto que vierten tantas beldades, Y si nada de esto puede conseguiros favorables, ese derrotado Barco volved al Mar, y por lastre de su rumbo hacia elLeteo pondréis mi infeliz cadáver. Gallardo joven, de cuyas heroicas finceridades se puede afirmar lo noble, y ennoblecer lo constante; ocioso ha sido el oírte tan raras calamidades, viendo hermosuras, que lloran tanto, como persuaden. Qué Extranjera tan divina! . arpones de amor reparte, y en canda lágrima suya mil Luceros se deshacen. Y pues la Región ignoras donde el capricho inconstante de la fortuna te puso; que esta es Segorea, sabe, habitada de los Salios; obedécenme leales, como a su Rey; es mi nombre Menedoro; y pues lograste cuanto saber pretendías, razón será, que hospedaje mi hermana Cleonisba dé a Doralisa, y reparen los respectivos cariños vuestras descomodidades. Aquel suntuoso Castillo, que de mirtos, y arrayanes se corona, solamente está diez millas distante de mi Corte; aquí he venido a ocasión de ejercitarme en la caza, y divertirme entre estas amenidades. En el punto de admitiros, no pocas dificultades discurro, que han de ofrecerse; porque aunque vuestro lenguaje admitido entre los Salios Biblioteca acona de fa está está ya, desde que un grande Sabio de Atenas (que aquí Druida es de primer clase) por la ley del ostracismo, vino de mí a refugiarse: vuestros ritos forasteros, y extrañas costumbres, hacen precisa razón de estado el haber de aconsejarme de mis Druidas prudentes; mayormente, si se añade de nueva Deidad el nuevo Templo, que ha de fabricarse. O quiera Amor, Doralisa, que medios decentes halle, para que tus Soles bellos nunca en Segoréa falten. De tu clemencia el asilo, gran Menedoro, te paguen los Dioses, Y a tu Corona con larga vida dilaten. Quiera el Cielo que mi hermano encuentre modo de darles . sitio para su Colonia! Con razón llega a admirarme . de Laurisel la fortuna, su garbo, su ingenio, y arte. Aunque de los infelices . no se da envidia; no obstante, en ocasión que Cleonisba, según leyes principales de este Reino, ha de elegir esposo, es sombra notable Laurisel, para mi vista. Nuevo competidor sale para la pronta elección de Cleonisba: como es dable, Amor, que los desdichados tu agudo estímulo causen? Reino extraño, suerte adversa dueño joven, poder grande: . ay Doralisa! los celos empiezan, porque yo acabe. Qué bellísima es Cleonisba! pero mis adversidades, si permiten que me postre, cómo dejan que me engañe? Venid todos. Arcelandro, de este lugar no te apartes, (mientras que toda mi gente (en el Puerto desembarque. Ya te obedezco. Y yo en tanto daré gracias en su imagen (a Diana. Y vosotras, siendo blan blandas Sirenas, que allanen la vereda, hacia al Castillo venid, repitiendo al aire. En ese Alcázar sumo, que Febo, cuando nace, lo halaga por la cumbre, y adora por el valle, los peregrinos logren, con varias suavidades, arroyos que no hielen, y flores que no dañen: su huella estampe arenas sin espina, prados sin áspid. Ya que es preciso aguardar un amante en paz, y en guerra, las borrascas de la tierra, y los sosiegos del Mar; al compás de aquel rumor, que hacen las olas esquivas, quiero cantar las más vivas tiernas quejas de mi amor, Hermosa Doralisa, milagro de tu Estrella, pues haces ver en ella con argentada risa la precisa impresa impresión de mi pena, y de tu gloria, no borrarán las aguas tu memoria, Destinos de un amante, fortunas de un rendido el Cielo ha conseguido llabrar en lo distante del diamante, que robó de mi vista en la Ribera el singular poder que te venera, La Playa adonde llego, después que dejo el agua, sempieza a ser la fragua del enemigo fuego, que navego Mariposa infeliz, sin esperanza de descubrir el Puerto, y la honanza, Qué agudos mis temores, mis sustos qué crueles, me roban los laureles, y niegan los favores superiores! al lograr, Doralisa, más cabales, más Regios esplendores celestiales, É, . En ese Alcázar sumo, que Febo, cuando nace. Altivo pensamiento, adonde te elevaste, si al más augusto sitio, el Sol, al levantarse; , . Lo halaga por la cumbre, y adora por el valle? Cupido, enhorabuena delicias inmortal es sin el pesar de Adonis, de Venus sin los ayes; , . Los Peregrinos logren, con varias suavidades. Ni escarcha, ni cicuta, al tacto, ni al pie agravien, y alegres los sentidos, en todos tiempos hallen; guia , . Arroyos, que no hielen, a y flores, que no dañen. Y transcendiendo selvas y Playas agradables, de fragrancia en fragrancia, y de margen en margen, , . Su huella estampe arenas, sin espina, prados, sin áspid. Mis ansias, y suspiros es fuerza que divaguen, por donde van los ecos, que el viento me reparte. En ese Alcázar sumo, que Febo, cuando nace, lo halaga por la cumbre, y adora por el valle, d a Peregrinos logren, on varias suavidades, troyos, que no hielen, flores, que no dajen. nui huella estampe tenas, sin espina, pados, sin áspid. s. Con miedo vengo a buscar, porque el Rey lo manda así, laquel Druida, que aquí siene su propio lugar. De orden de Cleonisba, vengo lllamar a la Extranjera lristónica, y quisiera lerder el miedo que tengo. El Druida es temerario, y si en su estudio le inquieto, puedo verme en el aprieto de algún lance solitario. Qué sé yo si esta Vestal de Diana, como me han dicho debe de tener capricho (de Dueña reverencial? Por la selva iré cantando, por ver si dejó el temor. Cantaré con gran primor, mientras que la voy llamando. Oh tu gran Druida, B2 de lao de alma Platónica? O tú, Aristónica, de Región humida? Óyeme. Escúchame. Sufreme. Cállame. Atengas míseras. Cadencias frágiles. Sóbreme, básteme, para embajada, y prólogo, el miedo a latere. Dónde vas, Fenestel? Glacidia ingrata, Sierpezuela de amor, Circe barata, que vendes tus hechizos por precio de un tontillo, y de dos calla, no me persigas: Viste tal vez ejército de hormigas, andar por angostísimo sendero a llevar de sus hurtos el gravero; mas tan calladamente, que el Labrador lo pisa, y no lo siente? Pues de esta suerte yo, con mis temores, hormigas más picantes, que Doctores, voy a robar de un Druida el granillo podrido, cual Filosofo membrillo; y si le hurto su estudio, mucho temo que me haga, con el palo de algún remo Ga Galeote de la selva. Pues cada cual a su embajada vuelva, que hay mucho que reñir, y el tiempo es caro, Son pellizcos azules? ̱. No tan claro. Reumatismos de amor? Qué barbarismo! (̱. Es, que ya son los celos reumatismo. En medio de su gracia, y de su chiste, de celos hablan: o aprensión de un triste! l . Tomad el Puerto. Al desembarco. A tierra. Atad el cable, echad el ancla. Aferra. Ya la Armada ha llegado, y en más amargo Mar tengo el cuidado, Decid vosotros, que cantabáis antes (con voz alegre, sin dolor de amantes, qué buscáis? otro susto nos asalta? Yo a un Druida, que falta lle hace al Rey, y a mi sobra. Y yo a la nueva Sacerdotisa, que la Estatua lleva, Yo quiero consultar a este hombre sabio, por si algo penetrase de su labio, (que me pueda importar: mis pasos guía, que al Druida he de ver. B3 Y en compañía a cantar volveremos, en tanto que a Aristónica encontremos, Oh tu gran Druida de alma Platónica? Oh tú, Aristónica, de Región humida? Óyeme. Escúchame. Sufreme. eilde Cállame. Arengas míseras. Cadencias frágiles, Sobreme. Básteme. Para embajada, y prologo, temor a latere. , , T Selvas alegres, la gran Diana de enhorabuena t viene en su Estatua; vaya, vaya de baile, de fiesta vaya. Ba No puedo menos de hacer, Zagales, la misma salva. Yo también quiero aplicarme al Coro de las Zagalas. Con su venida; liza Montes, y Playas flores tributan, perlas consagran: vaya, vaya de baile, y ande la danza. El Ciervo herido de la amenaza, con veloz huella busca sus aras. Vaya, vaya de baile, y ande la danza. Admite, Deidad, admite gustosas festivas gracias, que acordes himnos inspiran, y afectos rendidos cantan. Ya que dibuja el Prado la hermosa Primavera, a tiempo que ha llegado la Deidad forastera, bien conocida en la celeste Esfera. Ya B4 qblidera lacona de hana Ya que el Abril retoca en cada margen verdé el nácar de su boca, y el pincel vivo pierde aquellos rasgos, que el Estío muerde, Ya que consiente el día de blandos Ruiseñores la acorde melodía, y en risuenos rumores, los arroyuellos mecen a las flores, Ya que en la arena de oro escriben los cristales la copia del tesoro, y al buscar sus señales, la misma sed los halla desiguales, Decid, Zagalas bellas, que viva la gran Diosa, y entre festivas huellas, cada cual obsequiosa deje el redil, y la cabaña umbrosa, Selvas alegres, la gran Diana de enhorabuena viene en su Estatua. Vaya, vaya de fiesta, de baile vaya. Aristónica, conmigo que vengas, Cleonisba manda por, porqué importa que la digas (cuanto en tu favor alcanzas. Preciso es obedecerla. Aristónica, ahora acaban de llegar nuestros Navios. De la mente soberana de la Diosa lo entendí. Si tanto comprendes, basta; pero advierte. Qué? Qué tengo una estrella enemistada (eón mi quietud, y presumo, que de esta tierra me aparta. Si enigmas son de tu idea, lno quiero escuchar palabra. Adios: guía tú al Castillo. Si eres Circe, a retro vayas, Esta del Druida es la tosca, pobre morada. ̱. Llama presto. Señán sabio? Quién me nombra? quién me llama? Fenestel, que el Rey me envía, para que al Castillo vayas, Sus órdenes obedezco. , e Oh Corona, cuanto alcanzas, que aún a los Montes penetras las horrorosas entrañas! Pero quién viene contigo? Quién llevado de la fama de tu virtuoso saber, viene a verte. Qué excusada curiosidad! es la ciencia perfección tan delicada, que lo material de verla, es lo formal de ignorarla. No es ofensa de la luz la sombra; antes si faltara la nocho, absolutamente fuera menos estimada la claridad. Las carencias, que los Filosofos llaman privaciones del ser, cumplen con su ser, no haciendo nada. A ninguno se le pide más de aquello, que en substancia, o en accidente, le dio su fisica, o virtual causa. De Aristoteles parece que que los principios abrazas; eres por suerte de Grecia? ̱. Mi origen tuve en el Asia, y nací en Focea. Ah pobre de ti, si llega en tu Patria a cumplirse un vaticinio! Llegó el tiempo, y mi desgracia, Harto me pesa de oírla. ̱. Y a mí de verificarla. No te detengas, Senan, que Menedoro te aguarda. Ve, y dile a su Majestad, que es de no poca importancia consultar con mis estudios lo que en Segoréa pasa; que luego voy, le dirás. Voy, y tus mismas palabras han de ser el A,B,C, de mi respuesta arreglada. Peregrino, seas quien fueres, no sé que influjo me arrastra de tu forzosa desdicha a una piedad voluntaria. Quién eres? Soy un amante. Harto me dijiste, basta, para ennoblecer lo que eres, haber infinvado que amas. Qué Qué intentas? Saber de ti, si cabe alguna esperanza en mi amor. Dime, a quién quieres? Eso no diré, que es tanta la razón de mi silencio, que en un imposible para. Si Pitagórico sirves, y Platónico descansas a la sombra infructuosa de tu idea imaginaria, llega conmigo a esta cueva, que es Atenas retirada, y Catedra del silencio; y es muy posible, que salgan de su centro algunos ecos, que enigmas mis voces hagan. O tu penasco duro, que a Niobe prendes con grillos de hiedra y encadenada piedra, de viva esmeralda fábricas un muro. Ay, qué seguro, guardar el silenicio procuras amable! Hable, hable. Oh tu mansión más fría, que el rígido pecho de él Alpe herizado, en el Diciembre helado negada a los siglos en orden al día, Ay a3 Ay, que porfía en ser del oído desdén inmutable! Hable, hable. Por más que el Sol encienda del Canen el Signo tu espalda robusta, ninguna voz se ajusta a ser de tu seno ruidosa contienda: Ay, que eres senda de Solio tranquilo, y Dosel saludable! Hable, hable. O tú, que al Aire entregas de impulso cadente sin cuerpo la vida, haciendo repetida, la sombra que ilustras, y vista que ciegas. Ay, que te niegas al Cielo sereno, y al Astro explicable! Hable, hable. Hable el pecho entre sí mismo del Abismo del Amor; que el mejor modo de adornar la pena, es, labrarse la cadena del silencio del dolor. Hable el alma en su retiro E del suspiro que formó, si lo oyó, cuando estando puesta en calma, pudo persuadirse el alma, que loleca aciona de España que de suspirar murió, Hable solamente Clicie, cuando indicie su fervor; Joz que el ardor, si la inclina cariñosa; Quise con modestia vergonzosa, la acaticia como flor. Hable solo alguna Estrella Oe de su huella el resplandor; y en rigor, si en las Esferas hay celos, olluqmi ob no deben hablar los Cielos, b o han de mudar su color. mol Hable, hable el Amor pIIR en Cielo, y en Tlerra, pues dice su furor. Al arma, guerra. Al arma, guerra. Espera, Cupido, escucha. Atiende, Deidad, aguarda. Mas ay, que callan tus flechas! Mas ay, que tus plumas hablal? b i Al arma, guerra, al arma. Oh cuánto puede un silencio! Jal Oh cuanto un secreto alcanza! Que amas, dices. Ya lo sabes, mas no a quien quiero, Eso callas; pero el tiempo lo dirá. No tiene con mi desgracia lugar, ni cabida el tiempo; siempre es una. Siempre es varia la fortuna. Mis desdichas, no sirven a su mudanza, El Rey me espera. ̱. En el Puerto ya mi asistencia hace falta, Adiós. Adiós. Y ahora diré, cuando te apartas: ti Silencio, en paz te queda. Silencio, en paz te queda. ̱. Al arma, Amor, al arma. . Al arma, Amor, al arma. y él Adonde vas, pensamiento, con una imaginación, que me pone en confusión la luz del entendimiento? Que elija, me manda el Rey, esposo, y en tanta pena, a la misma ley me enajena de la razón de la ley. Britomarte me ha servido con generosa atención, y en mis obsequios, su acción la mayor gloria ha tenido. Bomilcar siempre se emplea en servirme, manteniendo las paces, que estamos viendo en Cartago, y Segorea. Estos son los cargos, que me hace el discurso forzoso, a fin de elegir esposo, y que a uno la mano dé. Por otra parte: ah cruel industria de mi destino! maltratado del Mar vino el Príncipe Laurisel. Laurisel, Laurisel dije; que no pudo el labio, no, callar lo que entiendo yo a que es todo lo que me aflige. Dejadme sola, que quiero en el jardín descansar; aunque bien podéis cantar, pues arrullo lisonjero para el sueño es la armonía. Vamos, y con la distancia, podrá nuestra consonancia tena templar tu melancolía. b , - Meciendo apacibles Auras mullido catre de flores, en el solio de sus rayos están durmiendo dos soles, Ay, ay, ay, que a Cleonisba la arrullan conformes fuentecillas claras, tiernos Ruiseñores: no, no la inquieten; no, no la enojen. Aunque las fuentecillas, beldad, te arrullen, de mis plumas se forman las inquietudes: mas no te asustes, que aunque vengo con alas; son menores mis vuelos, que no tus gracias. Aunque los Ruiseñores tu suerto halagüen, tengo yo más hechizos, que no las Aves: mas no te espantes, quie aunque prendo, y cautivo, pones tu más cadenas, que no Cupido, loca Nacional de España Si las Auras te sirven de lisonjeras, las verdades amantes traigo en mis flechas: pero no temas, porque al ver tu hermosura, vuelan mis claridades, y huyen mis plumas. Esta rosa te tiro, con una espina, que producen los celos de dos heridas: porque no digas, que Cupido no sabe tomar algunas veces armas iguales. Meciendo apacibles Auras mullido catre de flores, en el solio de sus rayos están durmiendo dos soles. Ay, ay, ay, que a Cleonisba la arrullan conformes fuentecillas claras tiernos Ruiseñores: no, no la inquieten; no, no la enojen. Qué es esto, amante osadía? Qué es esto, error forastero? Si es verdad que adoro, y quiero, qué es de la esperanza mía? ai no La luz me ciega, y me guía, con tanta contrariedad, que mi propia voluntad, sin arbitrio, viene a ser en la esperanza del ver fuerza de mi ceguedad. Buscar pienso alguna fuente, EE por si acaso su cristal, logos desengañando a mi mal, remediase mi accidente: almga buspo mas ay, que dichosamente, cuando a los cristales llego, A miro al Sol, y quedo ciego; y de mi amor en la fragua, si arroja la fuente el agua, despide Cleonisba el fuego. Dormida está: qué beldad! 1m permita una vez el sueño, que sin humanarse el dueño, se sublime la humildad. No sin gran curiosidad, vengo a Laurisel siguiendo por el jardín, a rendiendo a todas cuantas acciones puedan darme informaciones de aquello que estoy temiendo. Pero a Cleonisba dormida Ca u- diuviniera rieoo a España junto a una fuente contempla, rip y con su atención destempla el cuidado de mi vida. Mas una rosa caída a up veo a sus pies. Una flor miro a sus plantas. Temor, no me detengas: yo quiero cogerla. Seré el primero, que consiga este favor. A mí me toca el cogerla. De mi garbo es levantarla. Guárdate de desojarla. Cuida tú de no ofenderla. Un imposible pretendes. Mayor tú lo solicitas. Ya el sufrimiento me irritas. Y tú a mi paciencia ofendes, Pues mi acero. Pues mi espada. Qué es lo que veo? Ay de mí! tened: no miráis que aquí estoy yo? El alma turbada, no sabe que responder. Nada acierto que le diga. . Decid, qué causa os obliga a este exceso? El pretender los dos una misma rosa, que tenemos en la mano. Es el motivo tan vano, como la acción vergonzosa. Dádmela al punto, y mirad, que causa tan inferior se deshace, como flor, que es del viento vanidad. Frustrose mi intento, Cielos. Quedó mi valor burlado. Campo pedirá el cuidado. Lance buscarán mis celos. Bomilcar, y Laurisel se muestran competidores, despertando mis temores en la quietud del vergel. Lo que aquí deciros quiero, es, que los dos habéis sido, tu arrojado, por rendido; tu osado, por forastero. Yo, Cleonisba. C2 Yo, señora. Te digo, que. Al arma, guerra. Arrojad de vuestra tierra a la cautela traidora de los Focenses. Tened, que es impiedad conocida. Ninguno quede con vida. Vuestras iras suspended. Qué oigo, Cielos? Qué he escuchado? Bomilcar, ve ha detener al Pueblo. Iré a obedecer tus ordenes. Infiel hado, qué quieres de mí? Ay dolor! que ya siento el ausentarme. Te resuelves a dejarme? No sé si diga, que error fuera el creer, que tu pretendas que en Segoréa me quede. Qué es esto que me sucede! . Qué en fin te vas? Muchas prendas tengo para no pensar, que tu puedas persuadirme, que cuando es preciso el irme, aquí aEada aquí me haya de quedá Hay tiranía! Aay violencia! Arma, guerra. Adiós. Adiós. Ay, que quedamos los dos debajo de una influencia.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Aunque se templó del Pueblo la alteración enemiga, y están con el Rey conformes Druidas, y Sarronidas, (que son Ministros, que atentos Religión, y Pueblo miran) sin embargo mi fortuna tan severa me castiga, que en donde mi alivio pone, mi tormento solicita. No será mejor, pesares, que la llama ejecutiva, que empieza a arder en mi pecho, se apague en la espuma fría del Mar, y salve el naufragio lo que en el Puerto peligra? No será mejor que entregues, Amor, al agua una vida, que no al fuego, en que la idea de la esperanza agoniza? Las leyes de Segorea ordenan, que esposo elija para las fiestas del Sol la soberana Cleonisba. P Britomarte es muy galán, es poderoso Bomilcar, yo infeliz, y desterrado, sin patria, y sin tierra mía, pues la que piso, se extraña de quien atento la pisa. Mi dominio es todo errores; porque si bien se examino lo que es del Mar, y el destino, por arruinado se estima. Si mis vasallos me atienden, es con una razón tibia, que asienta el clamor de todos, y la obediencia derriba. Pues cómo puedo esperar, que sea en tantas desdichas una suerte abandonada a dos Héroes preferida? Luego es razón ausentarme, por no ver (ha pena esquiva!) a Cleonisba en otros brazos, y en ellos toda mi envidia? Mas hay eficaz violencia, dulcísima tiranía, que me alargas el intento, y la ejecución me quitas! Qué importa que de veloces plumas la razón se vista, si el corazón que las corta Biblioteca Nan es C4 es quien libre se cautiva? Arcelandro? Qué me mandas? Pronptas mis Naves alista, para hacernos a la vela. Fiel mi obediencia te sirva: con qué gusto dejaré esta Playa, en que veían mis celos a Menedoro, y mi amor a Doralisa! Ya, Señan, a tu pesar mi silencio se eterniza. Dejar pretendo esta tierra, porque me deje la altiva imaginación, de tantos imposibles combatida. Voy a buscar a mi hermana, y mi prudencia consiga escapar de este intrincado laberinto de delicias. Qué me detengo? Oye, atiende. Quién es quien me llama? Mira. Aunque el Sol se aparte de su Oriente claro, cuando menos benigno, y menos avaro sus rayos reparte, has de hacer reparo, que (que no fuera Sol, si el mismo arrebol no volviese con nueva alegría la dar en su Oriente bellezas al día, Aunque va la Estrella, (con brillante paso, la ser lengua preciosa, y voz del Ocaso, (en traje de bella, has de ver en ella, que el propio esplendor parece mayor, (detenido en la parte que influye, con grillos que argenta, que no cuando huye, Aunque el Ave aspire la cruzar el viento, porque adorne su pluma, y vista su acento, guen cuanto respire, has de ver atento, que si antes voló, lamante volvió la buscar en el ramo florido la causa del llanto, y arrullos del nido. Aunque la Abejuela su labor acabe, y a su néctar olvide, y deje suave, por prados que anhela, quien dudó que sabe cobrar en la flor su misma lavor, n Bibioteca Nacional de España y volver al pañal, que ha dejado, con nuevos primores, que estudia en elP Laurisel, cuidado. Cuidado. Que el Amor ejemplares te deja. Ejemplares te deja. En la Estrella, en el Sol, Ave, y Aveja. En la Estrella, en el Sol, Ave, y Abe Detente, Cupido, aguarda. Pero qué necia porfía, querer que tus alas tengan la cárcel de mis desdichas! Vuela de suerte, que siempre que mis deseos te sigan, perturbe a mi ceguedad la privación de tu vista. Donde iré con mis cuidados, si en la reflexión precisa de una Deidad, que me alumbra, mil sombras me atemorizan? Amor, según de sus voces pude comprender, me avisa que no quiere que me ausente del Lugar en que él asista. Mi Flota (como he mandado a Arcelandro) prevenida espera a que yo me embarque, para buscar otras Islas. Diana (según su arcano fristónica descifra) quiere su Colonia, y Templo sen aquesta Tierra misma. Temo a dos Deidades: a una; que adoración solicita sentre nuevas gentes; y a otra, que a hacerme cautivo aspira de una beldad, cuyas raras perfecciones conocidas, si a mi esperanza deponen, la mi esclavitud subliman, Temo a mi fortuna, y temo que si con mi amor se irrita, llo que es natural mudanza, se haga violenta caída. Y en fin, temo a mi valor; pues aunque empeñó Cleonisba su palabra, sobre el duelo de la rosa, sus espinas todabía cautamente, jabrén celosas heridas, que a nueva satisfacción me estimulan, y me instán, Qué puedo hacer? Ay de mí! . Lo que mis voces te digan; Ves, Laurisel, esa fuente, que a su dulce manantial olvida, para correr; y deja, para llorar? Da C4 Ay de sus perlas, ay! que con su propia fuga se perderán, Ay de sus, que con su propia fuga, Ves esa flor, que consigue la tierna benignidad de la mañana, y después crece a sustos de ser más? Ay de sus hojas, ay! que con su mismo orgullo se perderán, Ay de sus hojas, Ves esa dulce Avecilla, que canta, y ama a compás, con impulsos de atraher, y con ansias de volar? Ay de sus ecos, ay! que en la Región del viento se perderán Ay de sus ecos, Ves el Albor, que del día es hechizo natural, y madrugando a lucir, se precipita a espirar? Ay de sus luces, ay! que en limitadas horas se perderán, Ay de sus luces, Quién logra de amor la seguridad, y el sumo favor de amable beldad, ado adonde, adonde huirá, que no le alcance la infelicidad? Más grillos a más pesares pones, o Sacerdotisa: eslavones son tus ecos. Espérame aquí, Glacidia, mientras hablo a Laurisel. . Ya quedas obedecida, pues de aquí no he de apartarme. Oh a cuanto un afecto obliga, que de mi quietud me saca, y hacia el desvelo me guía! Laurisel, qué suspensión tan extraña te retira de Menedoro mi hermano, y de toda mi familia? Por ventura nuestro Pueblo, con mi intercesión benigna, no está ya de vuestra parte, de calidad, que se inclina a interesarse en el todo de vuestras mayores dichas? No consigues tú del Rey, y en mí no halla Dotalisa, la más firme protección, y generosa acogida? No logran ya tus vasallos, en el Monte, y la Marina, s Doa C4 sobre mármoles, y troncos la elegante valentía de los estu dios de Grecia, y sus Artes peregrinas? Pues si esto es así, de qué nace tu melancolía? Dime, Laurisel, qué tienes? Solo sé, bella Cleonisba, que tantos favores juntos con mi estrella se malquistan. Tan hecho estoy a pesares, que si acaso se retiran tal vez de mi vida, entonces vengo a tener menos vida. El favor de Menedoro, y las honras que te dignas de hacerme, incapaz me dejan de que con la más rendida esclavitud satisfaga deudas tan ejecutivas. Luego de deber te pesa, lo que ingrato desestimas? Antes agradezco tanto, que no hay favor que reciba, en que no se quede el alma en prenda de agradecida. Luego ya vives sin ella? Así es forzoso que viva quien, muriendo a la esperanza, a las a las honras resuscita. ̱. Feliz tú, si nada esperas. No es consecuencia precisa, si a vista del imposible, la inclinación no se olvida. Pues qué temes? La desgracia de no temer. Mal te explicas: el no temer nada temes? L. Sí; porque para las dichas, la esperanza de temerlas, es medio de conseguirlas. Discretamente empeñado, a tu desconfianza obstinas. Sin Patria estoy, y sin tierra; de qué quieres que me sirva? Del tiempo. Los infelices corren más, que no los días. Mucho vuela tu tristeza! Es imposible el seguirla. hallando se tu beldad tan lejos de mi osadía. Qué tanto, a tu patecer, aquestos extremos distan? Cuanto la luz de la sombra. El triunfo del Sol pública, Y el Verano del Invierno. Da Biblioteca Nacional de España Coronas teje floridas, (eón calidad esencial, La Música favorece (de que haya de ser tu igual mi opinión, pues atractiva (en el esplendor glorioso dice, uniendo con mis voces de su sangre, y de su cuna; el resto de la armonía: Bomilcar, y Britomarte, , . Cuanto la luz de la sombra no dudo, tienen gran parte el triunfo del Sol pública, de mérito en tal fortuna. y el Verano del Invierno No me atrevo a difinir, coronas teje floridas. siendo los dos tan cabales, Señora, aquí, preguntando cual tenga más principales por ti, ha llegado Senán. prendas, que tú has de elegir; Con sus enigmas están pues tu raro entendimiento, mis temores batallando: y tu ingenio peregrino retiraos a esotra parte sabrá nombrar al más digno, del jardín, mientras me ve, de tu alto conocimiento. Sigue, Laurisel. Del Sol el triunfo luciente, Seré y gran fiesta de las flores, Argos, para no dejarte. que tus Augustos Mayores raon felizmente, se va acercando también, Cleonisba, el Rey me ha mandado, y dispone Menedoro, como Druida Primero, que con el mayor decoro, Sarronida, y Consejero, que pide tal parabién, de Religión, y de Estado, la fiesta, y elección sea que te avise, que los tres conforme en un mismo día, lustros y medio has cumplido; logrando tanta alegría y según lo establecido la Corte de Segorea. por ley de su Reino, ya es Esto es cuanto mandó el Rey, tiempo de elegir esposo, que en tu noticia pusiera, a gon ya y a tu beldad previniera de la establecida ley. Dame ahora tu licencia, para que con brevedad me vuelva a mi soledad, repitiendo la cadencia. Cuanto la luz de la somb el triunfo del Sol pública, y el Verano del Invierno coronas teje floridas. Escucha, Señán. En vano le llamas, pues ya he entendido, en su boca referido, lo que es preciso en tu mano. De esposa has de darla lue yo y en tu electivo crisol, llega ya el triunfo del Sol; y antes de verme más cie prudencia será dejarte, y otra vez volverme al Mar, quedando en este lugar Bomilcar, y Britomarte, Cleonisba, aDios. Laurisel, mira lo que determinas: Qué en fin, al Mar te encaminas? Vuelva al Mar quien salió de él. Con tal desaire, me matas. Con tu elección, me atormentas, (. Qué de mis ojos te ausentas? Qué mi esclavitud dilatas? No has de irte, o haré que mar en el Puerto tus Navios, De los escarmientos míos los volveré a fabricar. ̱. Mi empeño. Mi estrella airada. Mi ruego. Mi infeliz suerte. Bastarán a detenerte. No podrán conmigo nada. (. Esto ha de ser. No ha de ser. (̱. Pues sabrá el Rey. Sepa él mismo. Qué he de saber? En mi abismo, nada acierto a responder. Subió de punto el pesar. Dioses, no sé que le diga. Di, Cleonisba, qué te obliga, con tanto extremo a mudar semblante, y voz? Menedoro, los ritos de Laurisel, y su Religión, que en él guarda el más rico tesoro, me me empeñaron de manera, sobre querer defender, que Diana debe tener Templo, y Colonia primera en Segoréa, que yo lo pasé a contradecir, sin aprobar, ni admitir, las razones que me dio. En medio de esta contienda, tu Majestad ha llegado; con que ya queda enterado de lo que es justo que entienda? así restauró un error. Discreta Cleonisba anduvo, Si otro motivo no tuvo vuestra dispura en rigor, para otra ocasión dejad punto, que es tan delicado; y pues Laurisel guiado vino aquí de su deidad, mientras para su Colonia, y Templo le doy distrito, no pierda el Ara su rito, ni el Altar su ceremonia. Amor, no hagas que mi hermana, con repugnancia precisa, me prive de Doralisa, por no dar culto a Diana, Venid conmigo los dos, y la disputa se acabe. Oh beldad, tu imperio alabe la boca del Niño Dios. No quedarás todavía satisfecho, Laurisel, del modo de ser cruel contra la fineza mía. Pues vive el Amor, tirano Extranjero, que has de ver, que desaire de mujer, es herida en propia mano. Trata luego de ausentarte, y dar tus Naves al Mar, quedando en este lugar Bomilcar, y Britomarte: Adiós, adiós, Laurisel. Escucha, señora, atiende. No, que mi vista te ofende; vuelva al Mar quien salió de él. Al fuego daré mis Naves. Riesgos de dos elementos salvarán tus escarmientos, pues que tanto de ellos sabes. Qué así te ausentas? Qué así me quieres atormentar? Mi ruego no has de escuchar? Mas, que debiera, te oí, ̱l Mi pena. Mi gloria ajada. Mi ansia. Mi injusto pesar. Tu enojo podrán templar. No podrán conmigo nada. Dueño mío. No ha de ser. Pues ya que desesperado de todo punto he quedado, fuerza será obedecer. Adiós, Cleonisba, y los Cielos en el piélago me den capaz sepulcro, en que estén las cenizas de mis celos. No te vas? Ya me despido. No te ausentas? Ya me voy: mi bien, fuera de mí estoy, de mi error arrepentido; mas esto es preciso: a Dios, y perdone tu hermosura que olvidase mi locura la distancia entre los dos. Con qué te vas? No consiente mi obediencia dilación, Eres en esta ocasión, Laurisel, muy obediente. Pues qué me mandas? No sé lo que te pueda mandar: Solo diré: A este lugar el Rey cuidadoso, en fe de que le seguíáis, viene, y ya que la vez primera no pude entrar, porque afuera, donde Doralisa tiene otro jardín, me llamó, vengo a avisaros ahora. Adiós, Príncipe. L. Señora, di, quedo en tu gracia? No, y sí. Tormenta, y bonanza, me aseguras igualmente. Enigmas de amor aumente el Puerto de la esperanza. Que el Rey llega. Adiós. Adiós. Quiera el Cielo. El amor quiera. Que pare en igual esfera ̱ ̱e e la Sol la fortuna de los dos. Amorosa Avecilla, que vuelas sencilla, dejando en el tronco verde quien te llame, y quien te acuerdo los peligros del volar, calla tu pico, deja de cantar. El Laurel, que en la cumbre desvía la lumbre de Apolo, y de Jove fiero, tu descanso es lisonjero, y principio del pesar, calla tu pico, deja de cantar, Calla tu pico,. Si la Selva atractiva tus vuelos cautiva, trayendo de la alta Sierra el arroyo, en que se encierra el hechizo del mirar, calla tu pico, cesa de cantar, Calla tu pico, Aunque el Alba te avisa que ya se divisa el día sobre el collado, porque guardes el cuidado, que qué te puede despertar, calla tu pico, Calla,. Pues se explica mejor la elocuencia del amor con la retórica munda, y en las frases de la duda es parte de entender el ignorar, calla tu pico, deja de cantar. Calla tu pico, deja de cantar, Ese Laurel en que pones tus sonoras aficiones, consta de vida infiel, pues el Laurel dejó de agradecer, por olvidar, calla tu pico, deja de cantar. Calla, calla tu pico, deja de cantar. Ese arroyo risueño, que festejas alagüeno, desaira a tu adulación, pues en él tus plumas son alegre cítara de su reír, y sombra trémula de tu llorar, calla tu pico, deja de cantar. Calla, calla tu pico, deja de cantar, Si al Aurora dices tus glorias felices; al amanecer el Sol por lo claro las ha desaber, E ya y a todo viviente las ha de enseñar, calla tu pico, deja de cantar, Calla,. Joven amante, según tus voces abrasan fuentes, marchitan flores: De una Zagala los ecos oye, que alegran selvas serenan montes. A todas horas prendes acorde entre tus penas, mis aficiones. Desde que el Alba se ve entre albores; hasta que Febo su luz esconde. Siembras suspiros, desdichas coges, que es la ganancia de un amor pobre. De tus misterios se reconoce, cuando más cantas, que menos te oyen. Y andan conformes, con el mucho querer, las sinrazones? Amor Amor lo apoye, que a no haber infelices, no hubiera arpones. Si hasta las Zagalas quieren saber mi infelicidad, ni aún el consuelo me queda de repetir en mi mal. Calla tu pico, cesa de cantar, Calla tu pico, Arcelandro, todavía defiendes aquel silencio, que otro día quedó en paz en aqueste lugar mismo? Sí, amigo Seván, que el alma, acrisolando en mi pecho lo mejor del tiempo, no se envilece con el tiempo; demás, que queda muy poco para explicarme, teniendo de orden de mi Rey, sus Naves aprestadas en el Puerto, para volver a embarcarnos, y ya la tardanza siento. Mal hallado en Segoréa debes de estar. No lo niego, que no siempre es la fortuna mejor para un forastero. E3 No sé yo que Laurisel, con el mucho valimiento que tiene con Menedoro, y Cleonisba, haya resuelto el dejar aquesta tierra; mayormente, consiguiendo desde hoy, con mi parecer, el señalársele puesto para labrar de Diana el solicitado Templo. Y esto es tan cierto, (según las noticias que me dieron) que la Princesa Cleonisba viene con rendido afecto, de Aristónica guiada, a estas selvas, con intento de visitar a la Diosa en su Simulacro bello. Celos, qué queréis de mí? aún más que escucho, comprendo, Parece que te has quedado, con la novedad, suspenso. Qué mucho, si yo creí que de amor el hado adverso, mudando lugar, podía hacer mudable su aspecto? Habla claro. No hallo voces. Dime tu mal, No hay remedio. Cómo lo sientes? Cantando. Por qué cantas? Porque siento. Ya es empeño de mi ciencia investigar el objeto de un amor, que a lo curioso excita con lo modesto. De tu voz, y tu destreza tan pagado estoy, Mancebo, que a fin de que tu consigas a tu pena algún consuelo, ofrezco pronto asistirte, como me digas el dueño que calladamente adoras. Aún más que imposible es eso. No lo es, pues siempre en tus males de decir estás a tiempo. La imagen de Diana admita los obsequios, que la hermosa Cleonisba la ofrece en dos luceros, que más, que alumbra el Sol, animan ellos, ̱. Mas ya llega con las Damas la Princesa; y suponiendo, que aquí escondido conmigo podrás mirarlas de acecho, sin ser visto, acompañando de g3 de Oráculo los misterios, te suplicaré que cantes, mientras vayan ofreciendo sus dones: entra en mi albergue. Podré obedecerte en esto. De aquesta industria me valgo, . por si entender algo puedo, La Imagen de Diana, Llega, Cleonisba, llega donde tu celo logré las atenciones, que perfecciones son de tu Imperio. Miren tus ojos, miren el simulacro, y en tan glorioso espejo todo el reflejo que hacen tus rayos, Logra rendida, logra ver en las Selvas nueva Deidad benigna, Tutelar digna i de Segorea, Diga su Imagen, diga lo lo que en su arcano es gratitud suprema, por la Diadema, que vas labrando. La primera vez, Diana, que a verte en las Selvas vengo un respeto interesado en tu adoración confieso, que pide cuenta a mis ojos del tiempo en que no te vieron. Desde hoy por mi Tutelar te nombro, te invoco; y ruego, y en fe de tu protección, esta banda te presento, de tu Deidad conocida, por ser del color del Cielo. En ella dejo cifrada una empresa, hasta aquel tiempo de la elección más difícil, en cuyo feliz acierto te imploro, pues ese día triunfará tu hermano Febo, La Imagen de Diana admita los obsequios, que la hermosa Cleonisba la ofrece en dos luceros, que más que alumbra el Sol, animan ellos. Ardan los Cielos, ardan E4 en Biblioteca Nacional de España P1 gg en la divisa, si el color equivoca lo que en la boca resueña a enigma. Salgan los ecos, salgan desde las penas, que también las Deidades sus claridades hablan en ellas. Diosa, pues eres nueva, pido un milagro; que los chismes reformes, sin que te informes de los Enanos, No aguardes que responda, ni haga el prodigio, porque no es bien que mande la Luna grande menguantes chicos. Hasta aquí ningunas señas pa de su amor he descubierto. Ay Doralisa, mis ojos corridos de estarte viendo, castigan mi suspensión con la fuerza del silencio. Aunque la hospitalidad al mundo la dio el derecho de las gentes;, sin embargo, a tu intercesión debemos, gran gran Diana, aqueste asilo, y en memoria de él, prometo poner una rica tabla a las puertas de tu Templo, en que a los siglos se guarde la memoria del suceso, Mucho podrán los siglo? en la memoria, si el color mudamente se hace elocuente desde las sombras. Mas ay que me sigues, me asustas, y asombras idea tirana, aprensión terrible, difícil al juicio, y al eco imposibles huye, huye, inhumana, cruel, y severa, déjame en mi humildad, sube a otra esfera, olvida mi abismo; y cobra tus alas en tu Cielo mismo, Mas no vueles, no, espera, aguarda, detente, que el alma me hirió tu luz apacible, y albor de tu Oriente? y aunque el labio ignore voces con que te implore, y perezoso, mudo, helado, y frío mortal se cierre al Cierzo del desvío, piedad, y clemencia me me ofrece en su Imagen la excelsa Diana: ya busco tus rayos, ya dejo mis sombras. Mas ay que me sigues, me asustas, y asombras idea tirana! Espera, Arcelandro, aguarda, oye, escucha. Qué es aquesto? Sin duda, que arrebatado de algún Divino portento, con la admiración le sigue. Logrose mi industria, habiendo . conocido, que Arcelandro ili a Doralisa en secreto adora, pues luego al punto que la oyó hablar, fue perdiendo con el semblante el discurso, apurado entre sus ecos. Voy a averiguar la causa de tan peregrino afecto. Síguele, para librarle de algún trágico despeño. El retiro de Arcelandro, . y soledad que en él veo, me hace lástima, por ser tan tan amable, y tan perfecto. En confusión Arcelandro con su delirio me ha puesto. Pues ya he cumplido a la Diosa del alma el voto primero, volvámonos a Palacio, Oh qué largo se hace el tiempo . en que a Laurisel disculpo, y de Laurisel me quejo! Todas conmigo venid, por la Selva repitiendo. , . La Imagen de Diana admita los obsequios, que la hermosa Cleonisba la ofrece en dos luceros, que más, que alumbra el Sol, animan ellos. Todavía las espinas de una rosa que tiré, guárdense, desde la banda pican, y en ella explican lo más cruel: guárdense, guárdense. No es de Venus la flor bella siempre igual en el placer, guárdense, que si en el Cierzo acaba cuanto ostentaba, fles- O desgracia fue: guárdense, guárdense. De un Adonis la tragedia en los bosques hizo ver, guárdense, que nacia la rosa de la costosa púrpura de él: guárdense, guárdense, Pero pues sé los designio, de Glacidia, y Fenestel, guárdense, aquí intento escondido, que de Cupido prueben la ley: guárdense, guárdense. Plegue al Dios Pan, que algún Fauno, o Satiro Mosquetero p no castigue mi intención, pues la banda a robar vengo, que para darla a Diana traía Cleonisba, siendo Bomilcar el que me puso en tan temerario empeño TOU por medio de este bolsillo, disculpándose en no hacerlo él por su mano, el temer que pueda ser descubierto, y hacer del don de Cleonisba material atrevimiento, mucho ha importado el bolsillo, pero más monta mi miedo. Ya que todas me dejaron, y sin que me vean, puedo llevar la banda, discurro, que es mejor no perder tiempo. Esto Laurisel me encarga, con el sigilo interpuesto de una joya, que la guardo para el celebre festejo del grande triunfo del Sol; y para animarme a esto, me dice, que él no se atreve a tomarla, por respeto de no ofender a su Diosa: y yo que en el sacrilegio no incurro, porque a Diana siempre la miro con ceño, y más que lebreles, y arco, estimo el dar algún perro, sin sustos de escrupulosa a ser Vándida me atrevo. A la empiesa, valor mío, pues la banda he descubierto azul, y sobre la Estatua si las señas no mintieron, Qué esperas, Glacidia bova? Qué aguardas, Fenestel necio? Ya la tomo. Ya la pillo. s. Tan vil delito; tan feo, tan ejecrable, tan malo. Y digo, el castigo es bueno? Señora, tan serpentina de cola, como de cuello compañera en mi aventura es Glacidia. Quedo, quedo, que para morir, me sobra ver que hable una Sierpe. En eso te detienes? si hablan tocas, callen sierpes, El Aberno por mi boca os tragará, No haga tal, porque ahora apesto. Y yo la ahogaré, pues traigo un tontillo de tres hierros. d Do Defiéndeme Fenestel. e . Quién escapó de dos riesgos? Voy huyendo de Caribdis, y doy en Scila? ay que temo ser el gígote podrido de este culebrón! Volveos, y dejad este lugar. Vuélvome, y el sitio dejo, Reverencia os hace el alma; dueña de mi pensamiento. No te detengas, cuitado. Huyo, escapo, brinco, y vuelo. Bomilcar Cartaginés, y el Príncipe forastero, aquí vienen a reñir para fenecer el duelo de la rosa; y pues la banda pretenden los dos, yo quiero, con licencia de la Diosa, (que me la dará, supuesto que la evito un desacato maquinado de los celos) vendar con ella mis ojos, y excusar el fin sangriento de sus dos vidas amantes; quien dice que Amor es ciego, mien- ci e e oio, 9y S0 miente, pues sin venda miro, y también con ella veo. Piensa el mundo que soy ciego, porque en sus pasiones llego a tener la propiedad: y en verdad, que si en él mis ojos fundo, o veo más bien que el mundo, o él tiene mi ceguedad. juzga el pecho enamorado, que por fuerza fui vendado del poder, y la pasión; sin razón; que es preciso que me ofenda, pues me culpan por la venda, y es mi venda el corazón. Por naturaleza, y arte de los celos me hacen parte todos los que quieren bien; pero quien ocasiona sus enojos no soy yo, si no sus ojos, cuando más, que quieren, vena El color de aquesta banda entre amor, y celos auda con estrella superior; que un favor pueda tanto imaginado, que aún al Cielo le ha costado la la belleza del color. A propósito es el sitio, por retirado, y ajeno de todo concurso. Aguarda, que si no me engaño, creo que tu Deidad tutelar es la que a mi vista tengo. No te engañas, que es Diana a quien adoro, y venero. Albricias, que ya Glacidia tomó la banda, y es cierto, pues falta ya de la imagen: que venceré considero, con tan venturoso anuncio. Nada contra mi recelo, pues Fenestel llevaria la banda azul, que echo menos en la Estatua. Por si acaso el reparo hubieses puesto en que, a vista de Diana, alguna ventaja llevo, dándome su protección fuerzas contra ti, aquel puesto elige, que más te agrade. No pende el bizarro esfuerzo de ningún lugar: En este a l e ca p. puedes reñir. Noble acero. Generoso brazo. Ya de divertirlos es tiempo, siendo el motivo segundo difinición del primero. i, Mas ay, que la banda miro. Que esta es la divisa, pienso. Espera, mientras la tomo. Aguarda, mientras que llego a tenerla entre mis manos. No podrás, que mi denuedo te lo estorbara. No harás, pues mi furia. Deteneos. . Que la banda de Cleonisba he guardado en mi poder, guárdense, y quien robarla piensa; notable ofensa. la llega a hacer: guárdense, guárdense. En En el Cielo por divisa de la Luna la pondré, guárdense, hasta que la fortuna desde la Luna saque un laurel: guárdense, guárdense. Si el Amor os dio el motivo para el duelo que tenéis, guárdense, el Amor mismo sea por quien posea la paz su bien: guárdense, guárdense. No haya celos, porque fuera ignorancia descortés, guárdense, dar a quien satisface con glorias que hace, que padecer: guárdense, guárdense. Detente, Cupido. Aguarda, niño grande. Déjame, Senan, que el secreto, el alma, mi aprensión, mi juicio. b Qué es esto, Arcelandro? A su vista, del delirio me cobré: porfíábame Señan en que le diese a entender de las ciencias más ocultas de la Grecia, aquella que mira a los Astros; y yo, que no he llegado a saber mas de que es, en lo opinable, el error el mejor Juez, le dije, que me dejara, sin molestarme, Que bien se vale de las Estrellas, para ocultar, y esconder un amor, que toda via no me ha confesado! Ven conmigo, Arcelandro, y luego las órdenes te daré, que debes ejecutar. Siempre debo obedecer, Tú aquí, Bomilcar? Señan, cuidadoso vine a ver de Efeso a la celebrada Diana; y pues lo logré, queda en paz. Triunfos del Sol lleven tu esperanza en bien. Cupido estorbó mi brazo: . otro lance buscaré. Adiós, Laurisel. Bomilcar, aDiós: espero otra vez e. que el Amor no me embarace vencer al Cartaginés: Guárdete el Cielo, Senan. Dilate tus dichas él: O Estrellas, que aún se ha quedado mi curiosidad en pie; pues niega Arcelandro todo lo que vosotras sabéis! Ay Cleonisbal si tus rayos me niegan su rosicler, de Bomilcar será el Mirto, y mi sombra del Ciprés. Ay Dotalisa! si el pecho sin hablar ha de temer, o tú no castigas mal, o yo no sé morir bien, SAI. Biblioteca Nacional de Españ
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA La Colonia de Diana por su Templo Sacro empiece, porque ni el tiempo sus muros asalte, ni la envidia arruine sus leyes. Llega Doralisa, y pata que veas cuanto le debes a un amor tan cortesano, tan político, y decente, que empieza por lo sagrado, para que a lo heroico llegue, mira esa fábrica hermosa, que que labran costosamente vuestros Artífices Griegos. Estaban los Segorenses, en no admitir, empeñados, nuevos ritos, que moviesen de forastera Deidad Ara, y Templo; pero en este empeño, no hice el mayor pues mucho más fue el vencerme contra razones de Estado; que no hay alguna, que apruebe de peregrinas Naciones aa Religión diferente. Y aunque es verdad, que hasta hoy no hay memoria de que hubiese en Segorea algún Numen especial, porque sus gentes, según su capricho, hacían la Deidad bárbaramente; sin embargo, posponiendo los públicos intereses, a la razón de adorar un Numén, que nos gobierne. Yo he dado principio al Templo, y a la Colonia, que quiere tener aquí vuestra Diosa; repara, si algo merece un amor, que de su parte a tu propia Deidad tiene, No sé, invicto Menedoro, en qué forma agradecerte tan alta piedad; Diana tu vida, y Reino próspere, Con una felicidad, me iré contento mil veces, hasta el día de la fiesta del Sol, en que no por suerte, si no justicia, te cupo hacer el Aurora alegre. Qué dicha hay, que pueda serlo, para quién tantas posee? Ay de mí! Adónde te fuiste, imaginación? Detente. Si la fortuna me paga un amor, nada me debe. Méritos tan soberanos con dificultad se pierden. Si constan por la esperanza, el temor los desvanece. Pues por ventura. A Cleonisba le ha cabido el Sol en suerte. Mi hermana hará el Sol, y tú el Alba, que le precede; yo, de las cuatro estaciones del año, elijo la ardiente del Estío, cuyas llamas a las de mi pecho ceden; con con su suerte los demás se ajustarán. El Sol reine. Viva el Aurora, decid, digna de eternos laureles. Viva Diana, y Menedoro, que su Colonia establece. Reine el Sol, viva el Aurora. Mueran todos los que intenter agraviar al Sol. Al arma. Pero qué alboroto es este? Atágelo mi presencia; nada tu beldad recele, pues voy a que digan todos: Viva el Aurora. , . El Sol reine. Señor, oye, espera, aguarda; mas ay, qué confusamente encontradas voces, dicen, por más que el Rey las sosiegue: , . Triunfe el Sol. , . Triunfe el Aurora. Y de amor las flechas vuelen. Al arma, guerra, al arma, y marchen igualmente, del Alba los Albores, del Sol los Rosicleres. Al arma, guerra. Al arma, y abancen fuertemente, el cuerpo de las Aves, y tropa de Claveles. Al campo, a la batalla, en que gloriosa estrene, sus consonancias Venus, y Palas sus arneses. Abanza, marcha al campo; clarín, y caja sueñen. Qué confusión tan acorde! aún más, que irrita, suspende. Pero de una, y de otra parte encontrados pareceres, desempeñan con las armas, lo que con la voz defienden. Firme la Nobleza asiste, turbado el Pueblo se mueve; en pocos lances se ajustan, resistense muchas veces. Recíprocas turbaciones andan sucesivamente desde las confusas iras a las venganzas crueles, Cupido, Deidad felice, entre las armas pretende com- componer con la armonía díctamenes diferentes. Menedoro no se aparta de la constancia, que ofrece una Majestad amante, y una fineza obediente. En los acordes ataques, y en los avances corteses, pelean las esperanzas, y las posesiones vencen. Serenen mis voces, mis huellas serenen del Aire, y la Tierra, los dos accidentes, que de amor nacen, y en amor fenecen. Ves, Doralisa, ese Templo, cuyas soberbias paredes lo resguardan de mis plumas, y salvan sus Aras del fuego indecente? Pues sabe, y cree, qué aún en el mármol mis flechas agudas labran, y muerden. Ves, que en columnas robustas, y que en arcos permanentes estudia Grecia sus Artes, y en admiraciones, sus glorias aprende? Pues sabe, y cree, que sin las reglas de amor, fueran líneas cor- leortas, y breves. Ves que el excelso artificio (coloca en sus capiteles del Non Plus. Ultra al Ocaso, y el ser maravilla no vista, al Oriente? Pues sabe, y cree, que sin amantes, no hubiera labrado prodigios Menfis. Ves que el Altar se dispone, y se preparan las reses, y que el Ciervo de la Diosa, huyendo a las Selvas, al Ara se vuelve? Pues sabe, y cree, que si el cariño del voto se aparta, lla ofrenda ofende. Serenen mis voces, mis huellas serenen, del Aire, y la Tierra llos dos accidentes, que de amor nacen, y en amor fenecen. . En hora buena, Cupido, tus alas, y arpones vuelen a sosegar inquietudes, que de tu inquietud proceden. Voy en busca de mi hermano; mas ay, que Arcelandro viene tan suspenso, que su vida en sus ojos se desmiente. A Bibideca laconal de cepana Arcelandro? Mas qué miro? Doralisa aquí? Oh crueles temores del bien, qué presto malograréis tantos bienes! No respondes, Arcelandro? Di, por qué causa enmudeces? Porque un costoso silencio en una voz no se arriesgue, Mas si acaso algo contigo mis expresiones valieren, después de tantos funestos suspiros antecedentes, que en el Mar se sepultaron, y en la Tierra permanecen, oye como canta el Cisne, y ve como espira el Fénix. Ay que canta, ay que muere: ay Cielos, ay! el que acaba menos, porque muere más: ay Cielos, ay! Cómo podré, soberano imposible, siempre guardado en tu luz eficaz, no conocer, que adorando mi pena, me estoy fabricando un dolor esencial? Cómo podré conocer, y no amar? Ay Cielos, ay! Como sabré componer la distancia que que hay, Doralisa, en lo inmenso de un hay, desde la humilde impresión de mi afecto hasta tu elevada razón de Deidad? Cómo sabré no temer, y adorar? Ay Cielos, ay! Cómo daré de una ciencia el motivo, que fuera de afectos, y objetos está, sin que lo encuentre el más lince cuidado con la distinción de la idea mental? Cómo daré la razón de ignorar? Ay Cielos, ay! Cómo estaré, con dos Soles que veo, en medio del hurto de mi ceguedad, siendo mi yerro el creer, que en mis sombras robé la disculpa de arder, y mirar? cómo estaré con tu ardor celestial? Ay Cielos, ay! Como saldré de aquel gran laberinto; en donde me puso mi felicidad, si está en el hilo la senda del riesgo, y el mismo peligro en mis dichas está? Cómo saldré de mi bien, y mi mal? Hay que canta, ay que muere: ay Cielos, ay! el que acaba menos, porque muere más: ay Cielos, ay! Arcelandro, de tus quejas repetidas tiernamente G2 quedo obligada; y porque satisfecho en parte quedes, solo te diré. Buscad a Doralisa, que quiere Cleonisba ensayarse al triunfo del Sol. Hasta aquí de oyente me has tenido, pero ya es forzoso que te deje: a Dios Arcelandro. Aguarda, oye, escucha; pero fuese, sin dar más luz a mi idea, que aquella con que padece. O Templo, o nueva Colonia, que aquí infeliz me detienes, para dar a mi esperanza sepulcro entre tus cipreses, Mas la fábrica prosiguen los Artífices, y alegres, entre golpes de martillos repiten los ecos fieles. La Colonia de Diana por su Templo sacro empiece, porque ni el tiempo sus muros asalte, ni la envidia arruine sus leyes. En busca tuya, Arcelandro, yengo aquí desde mi albergue, que que me tienes cuidadoso, aunque muy poco te debe mi amistad, pues huyes de ella. Tal de Arcelandro no pienses, sino que la ocupación de estar en la obra asistente, como Laurisel me manda, no me ha permitido verte. Prodigiosa Arquitectura es la de los Atenienses. Ay infeliz Segorea, qué infausto juicio me ofrece la forastera Colonia! De qué forma? De la suerte que te lo dirá Cupido, árbitro en males, y bienes. . La indocta, la inurbana siempre bárbara gente, que de la espuma cana, rizada con las puntas del Tridente, no supo en débil leño peregrinar las ondas impelidas; la que con rudo ceño abrigaba sus vidas en la tosca montaña, y que sin pesadumbre, y sin violencia extraña Bibio. 1o2 al yugo obedecía por costumbre, aunque fuesen sus Reyes injustos, y tiránicas sus leyes, Hoy viendo la cultura de los sutiles Griegos, dejarán de ser ciegos, y romperán la servidumbre dura, Verán la diferencia que tiene la ignorancia de la ciencia; aprenderán las Arres, dignas de estimación en todas partes; nacerá la codicia, enemiga mortal de la justicia; y el vicio introducido, júzguese cualquier Reino destruido. Oh mármoles! oh piedras! aquí había laureles, allí hiedras: pereció la esperanza; oh novedad! oh tiempos! oh mudanza! . Amor, doctamente anuncias los temidos contingentes de esta tierra. Despreció Menedoro el que lo fuesen. Mas hablando en otra cosa, porque es razón te desee todo bien, dime, en qué estado se halla aquella pasión fuerte, que tus labios la recatan, y tus y tus ojos la refieren? Qué ay de tu amor? Nada más que lo menos que haber puede. No hay esperanza? Es delito tenerla. Mas, que amas, temes. Aristónica aquí llega, no hablemos en esta especie. Pues yo me voy antes que aquí contigo me encuentre, que tengo que hablar al Rey acerca de la solemne fiesta del Sol: queda en paz. Tu vida el Cielo conserve, Tus cotos, Diana, serán la lisonja, y acecho primero del Sol, y el Aurora, Risueños cristales darán a tu pompa graciosas sus perlas, festivo su aljófar. Eterno tributo verás que te apropian, la Selva en sus flores, y el Mar en sus conchas. G4 11o3 Gran Sacerdotisa de Efeso, y su Diosa, alegres anuncios explica tu boca. Mas de nuestra patria la dulce memoria es siempre tan cara, como fue costosa. Qué importa que hallemo? asilo, y que importa que logre Diana su Templo, y Colonia, si todos nos miran con una imperiosa razón, que nos quita de Grecia las glorias? Prestado el abrigo la tierra enfadosa, el traje violento, y extraño el idioma. En la muchedumbre de tantos que ignoran, la pluma se aparta, la espada se arroja. No vale el ingenio, ni letras adornan, que son, no estimadas, alhajas ociosas. Yo juzgo que fuera ventura no corta, tantes que en la tierra, morir en las ondas. Sin duda, Arcelandro; lte influye, y soborna Estrella enemiga de amable concordia. Es bueno, que a vista de un Rey que nos honra; y que con nosotros parte su Corona: Es bien que Cleonisba, en piedades pronta, a ninguno olvide, y a todos socorra. Y que al beneficio ingrato te opongas, solo por ser deuda, de tantas personas. Qué piensas? Deliras, oh sueñas? ̱. No me oigas, o espera a que muerto, mejor te responda. ̱. Aguarda, detente. Yo voy a mis solas, diciendo a los montes, los troncos, y rocas, 1o5 ven- A Biblioteca Nacional de España Ay Ruiseñor, hay fuente, hay flor hermosa. Yo también te imitaré en esas voces soñoras. Ay Ruiseñor hay fuente, hay flor hermosa, canta, corre, respira; para, enmudece, llora, gorjea, ríe, y huye, que el tiempo es joya, que si una vez se pierde, nunca se cobra; canta, corre, respira, ríe, y llora. Gracias a Baco, Glacidia, que aquella disputa loca, sobre que reinase el Sol, o que viviese el Aurora, se ha aplacado sin desgracia. Apenas su Real Persona manifestó Menedoro, cuando cesó la discordia; ello es cierto, hablando en juicio, que Bomilcar tuvo poca razón, en contradecir a las voces generosas, que decían, reine el Sol, Antes la razón le sobra. en tn Dios, y en conciencia; pues al competidor le toca si el ribal defiende al día, lomar por suyas las sombras? y Laurisel, di, no anduvo temerario por la posta? Esa es pasión de Bomilcar, y el bolsillo lo pregona, que en el cuento de la banda ye te pegó, como mosca. Verbi gracia, en la sujeta materia acaso fue boba uesa merced? No pilló la Laurisel una joya? Perdila en el bosque un día, yendo a caza. ̱. Brava zorra les la Glacidia: ah taimada Maragata! Mar agota de las cubas eres tú. Hablar de la Mar no es cosa; pero sí, que se me ofrece cantarte una rara Historia, por si en la fiesta del Sol te cupiere alguna boda. Nace a otra parte del Mar una hierba singular, que la llaman los Griegos entendidos por ̱e e e e toy A24 por su rara virtud, ciega maridos, De esta hierba una ensalada harás, cuando estés casada, y en comiendo el marido dos bretones te pondrás al momento los calzones, Nunca le des perejil, ni salvía, ni torongil, ni tampoco le des mastuerzo, ni apio, que hacen veer, en sentencia de Excular Esa doctrina tan sana te quiero pagar con otra, por si hubiere alguna sierpe, que para novio te escoja. Crianse junto a Marruecos unos árboles muy secos, que se llaman, si el nombre saber quieres, en su lengua vulgar, templa mujeres, Planta el marido en su casa un árbol, y cuando pasa su mujer más hinchada, loca, y hueca, árrima el Sacristan, y va a la rueca. Y cuando está menos sana con amagos de terciana, la corteza es notable medicina, y asientan que es mejor, que quina quina Si me eliges por tu Lesmes, daré un ojo por dos hojas de ese árbol tan saludable. Antes la ensalada comas de de mi hierba, y antes ciegues, que veas el árbol. s. La Diosa en vísperas del gran triunfo del Sol, nuestra alegre tropa vea junto al nuevo Templo. Mis pies de Mercurio toman los talares, para el baile. Haré mudanzas en forma. En los montes no valen las ceremonias, crucen, y corran, pues el Sol, y la Luna son sus antorchas; y como nos conocen ya, nos perdonan; crucen, anden, y corran. 1. . Llegue el día felice, enque Segorea, y sus selvas conozcan el favor soberano de la alta Diana, y su luz poderosa. 1. . Los que fueron villajes, pagizas cabañas, y rústicas chozas, serán junto a su Templo de decentes moradas de gente obsequiosa, 2. . Los que rédiles eran de blancos corderos, que al pecho se dobla serán sitio que guarde los dones del voto, y ofrendas preciosas la. . Los troncos de la playa, en donde tendían las redes más rotas, a nobles peregrinos, darán con sus ramas placeres, y sombras. 3. . Las presas más sencillas de fieras que matan, y brutos que roban, tendrán seguridades en estos contornos, que el Templo corona 2. . Huirá el áspid astuto, que muere del canto, y al eco se postra, y el campo que dio espinas, dará fértil senda de lirios, y rosas. Y huirá también Glacidia, si acaso la pisan de sierpe la cola, y en fuerza de ser uso sacude el tontillo, que sirve de rosca. No vivirás seguro de cuantos lebreles a Diana le tocan, porque zorras, y lobos, a pares los crías, y a pares los tomas. En los montes no valen las ceremonias, erucen, y corran; pues el Sol, y la Luna son son sus antorchas, y como nos conocen ya, nos perdonan, crucen, anden, y corran, Pues ha llegado el día en que Cleonisba ha de elegir esposo, y la esperanza mía ha de espirar en manos del dichoso, no fuera mejor suerte volverme al mar, que no aguardar mi muerte? Pero si me ha mandado, por medio de Martesía, que viniera a este sitio, guardado entre los brazos de la Primavera, es fuerza que obedezca, y el postrer voto a su Deidad ofrezca. De Bomilzar el duelo, que al Sol le disputó mis alabanzas el Rey con su gran celo, y Cleonisba lo han puesto en dos balanzas, de precepto, y cariño, precisas líneas a que el brazo ciño. Y pues aquí la espero, de este tronco escribir en la corteza procuro con mi acero mi rendida fineza, por si acaso leyere compasiva lo que el amor me dicta que la escriba, 113IA os Soles que hoy han de arder! Oculto he de aguardarla Mas unas letras gravadas entre estas ramas, siendo he descubierto en aquel pasión, para adorarla, tronco, que me están diciendo, la acción de estarla viendo, si las acierto a leer: y con temor bastante amarla atento, y respetarla amante. Al Cielo adoro, y si callo, , , e atención, y no miedo; que solo temo sus rayos por iras, no por incendios. Cantad, mientras que llego Qué extraño enigma en un árbol a pensar en mi muerte, o en mi vida; se me ha podido ofrecer, pues el temor más ciego con el resguardo insensible ha de hacer la elección más aplaudida; de su vegetable ley! oh Amor vendado, deja Albricias, que ya ha leido introducir tu culpa con mi queja. las letrás, que yo formé, Amor, si son tus castigos con la violencia de un ierro, mayores, que el pensamiento, para acierto de un desdén. o te finges las venganzas, o inventas a los deseos. Martesía, cantad vosotras Que los finges, es llano, lo que yo os diga. con absoluto imperio, Está bien, retirando la mano, Si adornas tus tiranías y dejando el misterio, con el traje de misterios, para que no se vea, qué cruel será la esperanza; que tienes culpa en lo que se desea. que no se canse de serlo? A Cleonisba miro, Cielos, ̱. Cupido, pues tan piadoso qué mayor gloria queréis, ll Mundo te ha visto, en fe que juntar con vuestra luz E e dos de que solo supo amar desde que te vio nacel: Respóndame tu Deidad a lo que preguntaré estas letras que hallo. Callo. Y borrar no puedo. El miedo. Siendo mis desmayos. Rayos. De amor compendíos. Incendios. De tus respuestas, Cupido, mayor confusión saqué; pues me dijeron las voces ecos fieles, cada vez. Estas letras, que hallo, callo, y borrar no puedo el miedo, siendo mis desmayos rayos, de amor compendios, incendios. Y volviendo a leer del tronco la inscripción que miro en él por mi escribió la lisonja. h Por mi verdad, dirás bien. Al Cielo adoro; y si callo es atención, y no miedo, que solo temo sus rayos por irás, no por incendios. Dueño hermoso, n Tus engaños no prosigas, Laurisel, porque un desengaño anula muchos siglos de querer. Mejor es que al Mar te vuelvas, que no detenerte, pues según tu capricho, entonces no tendrás que agradecer: rompe la cárcel, que juzgo te parecerán más bien las prisiones de la mar, que los lazos del querer. Esto te quise decir, por ser hoy el día en que en la precisa elección mi albedrío he de poner, como (si es que al triunfo asistes) serás testigo después, y adiós. Cleonisba Divina, escucha, atiende. Es perder tiempo, que no has de ganar en muchos años después. Rendido estoy a tus plantas; de ellas no me apartaré, . sin saber. Mala ocasión escoges para saber, pues la l pues ya mi elección no tiene forma de retroceder. No hay remedio? , s. Dese al triunfo oj feliz principio. No sé mas, de que anuncian del día el alegre rosicler. De la Primavera tienes la Estación; ese papel no se hace sin esperanzas, digo, que tú le has de hacer. . Ay amor, hacia qué lado . mi fortuna entenderé? Adiós, adiós; pero en breve quiero que razón me des de esos versos que has escrito, No son míos, más esté la Música con mi glosa, para repetir el pie. Al Cielo adoro, Dos muertes vengo a lograr, sobre un conforme sentir, muero, si voy a decir, y me muero de callar: preciso será acabar con una vida, pues me hallo de dos muertes tan vasallo, ̱s e que que igualmente moriré si digo en mis males, que. @ ioiloy , . Al Cielo adoro, y si callo, Aunque temo la violencia que el no merecer alcanza, nunca tuyo mi esperanza dib más lugar, que la decencia. ba en esta firme obediencia de amor no faltó, ni excedo; y como sin culpa quedo en el objeto adorado, p el no esperar mi cuidado. É, . Es atención, y no miedo, É . Los ojos que adoro, son i dos soles de calidad, que sacan de su entidad mil rayos de perfección; teme el alma con razón, a los primeros ensayos de la vista mis desmayos; y en tan vivos arreboles, mal diré, si ardo en dos soles. E, . Que solo temo sus rayos. En sus incendios me abraso, y en sus iras me destruyo; allí sacrificio suyo, y aquí a serlo ajeno paso: muérame yo en todo caso de su luz con los despendios, que Biblioteca Nacional de España que en numerosos compendios de adversidades, o dichas, solo cuento mis desdichas. , . Por iras, no por incendios. Perfecta ha estado la glosa. Honra singular me hacéis, que es difícil, ajustar gulari sentidos de otro entender. El triunfo del Sol al Templo de Diana ha de ir , . Mira bien, do l que haces a la Primavera. Que tú haces al Sol, ya sé. Adiós: por instantes, Cielos, . mi acierto favoreced. b Diana, tus dos soles guíe: Amor, si tanto poder l m tienes en las almas, seas de mi parte aquesta vez. . Ah del suspiro, que aún del aire lo escondo, por ser mío? Poderoso silencio, p que tienes dos cautivos, a ti en mi pecho amante, y a mí en tu origen mismo; Qué glorias tan extrañas son las de tu dominio, sin voces absoluto, misterioso sin ruido? b Si es que son los cuidados en no hablar sacrificio, no habrá respiraciones, pues ya sin ellas vivo. oimo Si el morir de callado es la gloria de un fino, tu omarijo abismo soy viviente del Cielo adonde áspiro. No pretendo en mis penas encontrar otro alivio, Bilea que el hacerlas más propias, cuando a nadie las digo. Fiel silencio, no temas soberanos castigos, que por guardar tus leyes, ninguno ha delinquido. Yo adoro, y cuando al Cielo del imposible miro, mis atenciones callo, y sin voz las envío: ha del suspiro, Suspiro. Que aún del aire lo escondo. Escondo. ̱a Por ser mío. Mío. alno Quién imita mis voces? hoy mií Yo las imito, oloiam diciendo en suaves col no ampsié cadencias contigo. doron no Ah, ha del suspiro, que aún del aire lo escondo por ser mío? Arcelandro, aunque es cierto, que mi flecha te ha herido, Ol dda extremo un desengaño por remedio te aplico. Por causas de Diana, y su honor peregrino, i la np dos lazos se disponen en este día mismo. De Laurisel Cleonisba, de Menedoro ha sido Doralisa, en la mente de Júpiter Divino, Porque los Segorenses postrados, y rendidos, i Deidad de hoy más conozcan en Templo, en Ara, y rito: Los Griegos Orientales quedarse aquí es preciso, para enseñar las ciencias de Religión, y escritos, Al sil Rey enamorado de Doralisa has visto, boder, y amor te cercan, repara que enemigos. pi al Mar quieres volverte, en el Puerto hay Navios, separar tu fortuna podrás, sirviendo a Ciro. Yo haré con otra flecha, por darte aqueste alivio, que tu pasión ardiente se apague en el olvido. el. Dispara luegó el arco, y acabará conmigo, no solo la memoria, mas la vida que rindo. Ah, ha del suspiro, que lo encargo a los vientos, por olvido? Ya van llegando al Templo. e. A víctima camino. Si olvidas, cómo lloras? ce. Yo lloro, porque olvido, Ven a adorar las Aras. c. Al Mar me sacrifico. Amargas son las aguas. Y aún más el llanto mío, Ah, ha del suspiro, . y Diana en su Templo recibe festivos aplausos. Qué majestad! qué hermosura. Quién vio Sol tan soberano! , , ̱. Quién vio Aurora tan Divina! ; . Qué portento! Qué milagro! Coh i r. Este circulo de rosas ofrece a tu planta el Mayo. e , . Los claveles del Estío con tu licencia, consagro, :̱ , Sol, al Alba hermosa. , , . A tu discreción alabo, porque yo hiciera lo mismo. ; , . No merezco favor tanto: ; ; ; Cielos, a Arcelandro miro, . y en ninguna parte le hallo. , . Ul, Al Sol tributa jazmines el Oroño por su mano. , , ; a- ̱. Y el Invierno el ramo verde de laurel, y de naranjo. Y todas nuestras coronas de flores te dedicamos. Del gran Febo los ricos efectos En el triunfo del Sol, el Aurora en siglos dorados precede sus rayos, de coronas, le rinde a Cleonisba E̱ el tiempo en los cuatro. Señán, Druida primero, ya de hablar tu llega el caso, O Por la ley de Segorea, divina Cleonioba, estado debes tomar, y elegin esposo a tu gusto, dando por fijo, que haya de ser o sujeto proporcionado qi a tu calidad; y así, saber el dichoso aguardo, para entregarle esa banda, que traes por divisa. A cuando aguardará mi fortuna si he de ser feliz? Sobrarón, con mis méritos, aquellos que hay de mis antepasados. Qué puede esperar en juicio un Príncipe sin Estado! Si a Laurisel eligiese! . qué te detienes? Hermano no extrañes que tanto piense materia que importa tanto: Es Bomilcar. Soy dichoso. Espera, que estoy hablando; ua vuelvo a decir. Es Bomilcar noble, galán, y bizarro: es Britomarte también prudente, modesto, y sabio, Y es Laurisel, solo digo, para no hacerles agravio, que es Laurisel el dichoso. , , . Es muy digno de tu mano, Honraste al más desvalido, sabré que he de ser tu esclavo. Oh esperanza, lo que burlas! Oh fortuna, en dónde has dado! En el día del Sol, el Sol mismo de todo ha triunfado; que elección tan cabal bien merece diademas, y lauros. Laurisel, pues te ha elegido mi hermaña, tu influencia aguardo; para ser de Doralisa el más rendido. Yo gano tanto en ser tuya, que queda su interposición a un lado. Perdone Arcelandro, que esto puede la razón de Estado. Dichoso mil veces yo. Yo mil veces desdichado. . . . Dónde está Arcelandro? Oídme, y yo lo diré cantando, pues acaba en este punto de darme el postrer abrazo, y de embarcarse también para buscar el amparo del gran Ciro. Rey de Persía: y tanto me ha lastimado con su amante sentimiento, que mis chanzas olvidando, diré por él en las veras aquello poco que alcanzo, ya que este recitativo se me ha venido rodando. Tierno, galán, y fino amaba Arcelandro, y aún más, que Leandro, seguía sin fuerza su dulce destino, Cupido previno su corazón de suerte, que era incapaz de disolver la muerte el vínculo estrecho; y cadena suave, que en una vida cabe, y muchos siglos producir pudieran. Si eran las flechas amorosas, eran sus ansias encontradas: aquellas alagüeñas, y doradas, alegres, apacibles, y festivas; estotras funestas, crueles, y esquivas: y en y en me dio de su daño, el postrer desengaño logró, para corona de sus males. Hízose al Mar, huyendo de esta tierra; y buscando en la guerra ocasiones fatales del golpe, del destrozo, y la ruina, a morir se encamina: y el viento que le lleva, os trae con mi voz aquesta nueva. Su cruel despecho sentimos. Mas, que Amor, pueden los Astros. Glacidia, qué hay de elecciones? Encaja esa mano. Encajo. No hay hierba ciega maridos. Ni hay templa mujeres árbol. Viva el Sol. , . Viva el Aurora. Y aquí de Diana ha dado fin la Colonia; diciendo al supremo simulacro. , . En el triunfo del Sol, el Aurora precede sus rayos, y Diana en su Templo recibe festivos aplausos. FIN.
