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Texto digital de El cerco de Fuenterrabia

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Atribución tradicional
Cristóbal de Morales y Guerrero
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Cristóbal de Morales y Guerrero Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El cerco de Fuenterrabia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cerco-de-fuenterrabia-el.

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EL CERCO DE FUENTERRABIA

JORNADA PRIMERA

Cese la voz del parche remendado, que puebla el aire con marcial ruido. Cese el clarín, que en gritos desatado belicoso rumor del viento ha sido. Uno y otro al silencio divulgado, enmudezca, si ya inquietó el oído. Rémora al veloz paso esta voz sea que ya en el río el Príncipe se apea. h , R Hagan alto las huestes belicosas, paren los hipogrifos fatigados, en cuanto de Bidazo las undosas corrientes examinan mis soldados; las ondas de este río impetuosas por arresifes, nos ofrecenvados: mas si mi gente bebe, por ser tanta, he de pasarlo sin mojar la planta. Aunque salobres sean sus corrient para el Frances ardor serán cordia que soberbios, altivos, y valientes, salitres destribuyen por cristales, que humana sangre anhelan impacien que esa frontera les dará corales, ese río que en perlas se desgrana ha de correr de sangre Guipuzcoana. Mas adelante mi valor me inclina, porque la Real sangre participo, a agua de Manzanares cristalina, on llanto aumentará el Cuarto Filipo, el Genil la corriente Granadina, enronquecer con llanto me anticipo, por octava, o prima marabilla, esde Granada pasaré a Sevilla. Este escuadrón copioso, estas banderas, que son del aire matizados Mayos, han de ocupar mañana estas fronteras intes que el mar al sol ciegue en desmayos as copias de caballos, que ligeras oh freno, y silla, son vivientes rayos, cuando el clarín provoque mi arrogancia, htan de añadir esta Provincia a Francia. esta vez Guipuzcoanos se concierta ruestro poco valor con mi osadía; Irún primero, aquella aldea abierta, ui estrago llorará con Rentería: el pasaje me pasa, es cosa cierta, para barir de allí a Fuenterrabía: y cuanto Abril y Mayo fertiliza, i de quedar (cual Troya) hecho ceniza. Aquel Olimpo monte, que alto aspira, taladrar el claro pavimento, hla de ser de este acero breve pira, y de este brazo corto monumento: esa larga campaña, que se mira er de frutales útil alimento, embraré de claveles desojados, para que hagan guirnaldas mis soldados. este ardor de mi pecho sin segundo, tu prodigin es de rabia Guipuzcoanos, Príncipe de Condé me aclama el mundo, le Españoles terror, y de Afritanos: Este aliento se bebe el más fecundo, omad luego las armas en las manos, que avisando primero he de venceros, o vibréis lanzas, o esgrimáis aceros. Resistios, si a caso el valor mío puede admitir de resistencia amago, impedidme, si a caso de este brío puede impedirse su fatal estrago: Y si en desvanecido desvarío, cierra España decís, cierra Santiago, mis soldados verán en varias suertes, que faltan vidas, y que sobran muertes. Veinte itres mil infantes mi arrogancir conduce valerosos, y alentados, mas de tres mil caballos a mi instancia pueblan esos escollos levantados: la victoriosa Lis, que ilustra a Francia, sus trofeos verá multiplicados, que para hacer mayores mis trofeos, me ayuda el Arzobispo de Burdeos. Es cada infante escándalo de Marte, Yrún rayo será, cuando acometa, de los caballos, cuando alguno parte rayo empieza a correr para cometa: Esta victoria a todos se reparte; Duque excelso blasón de la Baleta, y porque al Orbe sea más notoria ayuda el de Agramonte a la victoria. Ese escuadrón, que esa montaña ocupa, mayor es que el de jerjes, más copioso provocado, a que fuego, y plomo escupa es un volcán flamante, etna fogoso, desde el sordo, y adusto Catadupa. e publique el suceso victorioso, hasta el que al otro Polo llora frío, ea soldados a badear el río. Príncipe de Condé ilustre, por quien las Lises de Francia, a pesar de rebeldías, no pueden ser desojadas. la ménguate de este río; aún no restituye el agua a los senos de Nepruno; y es imposible pasarla; mas si se ha de badear, hagan algunos la entrada, y arriésguese poca gente, no peligre gente tanta. Ved señor, que las corrientes, aún no están bien sosegadas, que el viento sopla con fuerzas, y es la márea contraria, azotados los cristales del viento que los agravia; gimen las ondas inquietas, espumosas, y encrespadas. Los claros rayos de Febo, la oscura noche los mancha, y hoy les da tumba funesta, para que vivan mañana. Mejor es, que cuando asome la risa hermosa del Alba, y en los brazos del Aurora el Sol Infante renazca, pasemos. . Mi parecer es, que pasemos, que mansas, y a las ondas se reducen a sus nativas entrañas. Mejor es apresurar el paso, y hacer la entrada en el Pasaje, y Irún, porque antes que en luces claras la Aurora descubra al Sol, la luz que el mar le negaba. Ocupemos la eminencia de Leso aquella atalaya, orbe más bajo del cielo, del mundo cumbre más alta, para combatir de allí a Fuenterrabía. Al agua. Los soldados valerosos al agua dicen. Al agua. El bado sin dudaya se permite a quien lo pasa, porque el ejército todo se determina. No salga soldado alguno del orden que yo diere, solos vayas por cinco partes al río cinco soldados, y hagan examen de las honduras, si están para badearlas. Y después examinado Bidaso a tropas, y a mangas tres mil soldados se arrojen, y algunas de esas alfanas, que al carro del sol pudieran ser cometas remendadas. Surquen las aguas veloces, que yo espero en mi arrogancia, que otra vez han de surcar piélagos de sangre humana: no salgan más de tres mil, que tres mil soldados bastan, Voy a dar orden. Monsiur, haya en todo vigilancia, Agramonte valeroso. Vuestra Alteza de esta espada, quedará tan satisfecho, como ha de decir la fama. Esto importa a mi opinión, y al crédito de la Francia; hoy he de dejar sin duda esta provincia abrasada. Fuenterrabia es mi anhelo, yo he de quitar esta plaza a España a sangre, y a fuego, porque ha de saber España, que si allá le importa mucho, mucho más le importa a Francia; y cuando a Francia no importe, nos viene a ser de ganancia quitar lo que allá le importa, aunque acá no importe nada, Ya los soldados del río vadean, y casi pasan, y de la infeliz Guipuzcoa, pisan la arenosa playa. Ya vuelven a dar aviso todos cinco, y en voz alta vienen publicando el vado por cinco partes, no aguarda mas el ejército todo, que al mismo sol aventaja, sino orden para pasar. Alrío, al agua al agua. Vuestra Alteza no se arroje. tan presto. Es mi ambición tanta, y el fuego que arde en mi pecho, de si arroja tantas llamas, que yo he de ser el primero. Caballo al Príncipe. . Al agua. a Irún, al pasaje amigos. a Rentería hagan salva los estruendos militares de pífanos, y de cajas: y al son de soñoras trompas, y de baqueras pulsadas. No solo esos miserables. valles en sí se deshagan, sino por toda Gripuzcoa se publique la batalla. Ya en la margen de este río los tres mil hombres descansan, y de su Alteza la arena! toma posesión la planta. Vuestra Illustrísima tome su caballo, que ya marcha a Irún, y al pasaje altivo, de ruido; y de algazara el silencia de la noche, o se inquieta, o se profana. Vamos en su seguimiento, aguarda Guipuzcoa, aguarda, porque el Monsiur de Agramonte, es hoy Tamorlan de España. Y también el Arzobispo a la Flor de lis de Francia ha de ilustrar con despojos de la sangre Guipuzcoana. Ya pilan Guipuzcoa altiva tus homenajes mis plantas, y ya de esteril arena piso campos de esmeraldas, quejosa de tu agasajo esta grandeza se agravia, viendo que estando en tu tierra a recibirme no salgas. No basta llegar aquí para ser mía? si basta, pues si eres mía, porque tanto las lisonjas tardan? Mas que fuera, si rebeldes. estos villanos negaran; a mis sienes victoriosas, este laurel que les falta. - Ya la Aurora desembozo del crepúsculo del alba la dudosa luz, que al mundo. el mar le tiranizaba. Ya las tropas misitares, esas sierras levantadas, que de obeliscos siluestres. son gigantes de argamasa. Ocupan; y ya del ocio quejosos la orden aguardan, o para casar la cuerda, o para esgrimir la espada, que ha de hallar de coral vivo en Guipuzcoa roja vaina. Salga el Monsiur de Agramonte a Irún, y desde allí salga llao al pasaje, y Rentería toque valeroso al arma. Tres mil soldados valientes a las tres empresas vayan, y los demás de esos campos sean primavera ufana, que con plumas y garzotas, vuelvan del Mayo las galas. Al arma; a Irún, al pasaje. Toca a marchar, toca al arma. Casi el desasosiego de aquestepecho, que se abrasa en fuego no resiste el coraje. Señor don Diego Isasí; ya al pasaje. a Irún, y a Rentería intenta socorrer Fuenterrabía. Desdé que el claro coche con la luz se ocultó en la oscura noche, hasta que el Sol dormido despertó de la Aurora persuadido, los parches, y clarines inquietan de Guipuzcoa los confines, Ya para su castigo salí a reconocer al enemigo, y digo, que vestidos de arrogancia, veinte y tres mil soldados hay de Fran- Pues yo con mil soldados (cia. de Marte, y mi valor disciplinados, antes que al sol los rayos se le aneguen, al encuentro saldré, porque no lleguen a Irún antes del alba, sin que mis mosqueteros le hagan salva. Irún, o Rentería. Resisto en vano la venganza mía. Grave desdicha llora, y imitando las perlas de la Aurora en llanto desatada una mujer camina fatigada sin otras, que temiendo su deshonor, los montes van huyendo. Valerosos Guipuzcoanos, cuya fama belicosa, desdé el uno al otro polo, compite a Marte, y Belona. El Príncipe de Condé, Anibal de Francia asoma con las turbas militares, que la lis de Francia abonan. Talando vienen soberbías, todos los valles las tropas, pues son tantas, que la luz del Sol, o ciegan, o ahogan. Y los fresnos, y banderas, que vibran, o qué trémolan para más comodidad les vienen haciendo sombra, Esas pequeñas aldeas, que miserables, y solas, ni las guarnece trinchea, ni ejército les da escolta. Ha jurado de abrasar a sangre, y fuego, deshonra, que las edades no han visto en las partes Españolas. Sordo el aire con las cajas, mudo el viento con las trompas del temor que ama espanto, se turban, o se inficionan. Todo Irún, que es patria mía, a funesta tumba roja se previene, y su edificio, Maúseolo se coloca. Las miserables mujeres huyen, y los niños lloran, porque ambicioso el Frances, tira a la vida, y a la honra. Calla mujer, no prosigas, que rigor, que acción tan loca, nuevos volcabes el pecho, o lo encienden, o lo enojan. Toca al arma, ea soldados, mil somos, la gente es poca para ejército tan grande; pero la mitad me sobra, que quinientos Guipuzco años me aseguran la victoria, al arma soldados míos. Gracias a Dios, que la hora de tocar al arma fue importante a mi persona. Aguarda, que el valor mío no consiente, ni conforma dilación al corazón, que entre sus alas se ahoga, y palpitando enojado, antes que el pecho me rompa le aliviaré por la lengua, porque en sangrientas congojas contra el Frances escuadrón, o se opone, o se convoca: déjame pasar villano. Hermosísima matrona, cuyo brío, y bizarría pudiera invidiar Cenobia, bellísima Guipuzcoana, Semira mis valerosa, con dos rayos en las manos, y dos en la frente hermosa. Aquí no llaman mujeres, soldados sí, y vos señora, no sois llamada. Villano presto lo sabrás, no importa, no conocen mi valor, y por eso no me nombran. noble don Diego de Isasí, Sarmiento de la frondosa, Vid, que cultivo Galicia, y Salvatierra blasona; Coronel de esta Provincia de Guipuzcoa, pues azota de rebeldes tiranías las empresas maliciosas. Noble Domingo de Guía, cuya bizarría sola, si al sol se opusiere alguna la vuestra es razón se oponga. Famoso Diego Buitrón, que esgrimis la limpia hoja, que deslibro de la muerte leyó la vida en sus obras. Soldados de este prisidio, cuya constancia Española, apuesta inmovilidad, monte a monte, y roca a roca. Yo soy (y no os admiréis) doña Juana de Vitoria, a quien dio Fuenterrabía sangre ilustre, y generosa. Bien satisfechos estáis de quien soy, y así me estorba lisonjear mi nobleza, pues a todos es notoria. Solo a deciros mi intento me instímula, y me provoca un corazón que me anima, y un agravio que me exhorta. Escuchad de mis desiníos la hazaña más valerosa, que con cifras de metal ciñen las Griegas historias. Veinte y dos lustros, y más han pasado en días y horas, sin haber averiguado, inquietudes belicosas. Fuenterrabía, porque después que las vitoriosas banderas de Carlos Quinto, que pisa las claraboyas; y que goza en los zafiros silla de perpetua gloria, restituyeron a Francia este presidio que importa, el Frances atrevimiento, que viste el peto y la gola, el Otomano que viste desaliñada mariota, el Agareno que vibra acero de punta corba; el Holándes, que despide rayos en ardientes bombas, la temen, no la fatigan, la envidian, mas no la enojan; la apetecen, no la intentan; la miran, no la provocan, porque nuestros corazones ambiciosos de más honra; se enojan con quien la insista, se irritan con quien la enoja, seloponen a quien la agravia; y a quien la invidia se arrojan. Ninguno de los que he dicho se opuso a la Real Corona del Sol, que su luz dilate, el cielo hasta las dos Zonas del Cuarto Frlipo de Austria, en cuyas sienes heroicas, adornadas de Laureles; no caben tantas victorias; porque cuando las repite la fama en voces canoras concurren tantas a un tiempo; que unas se impiden a otras. Mas profanando el sosiego interrumpe populosa con veinte i tres mil Infantes Francia nuestra quietud propia. Tres mil caballos ocupan de esos árboles las hojas, que dejan de ser caballos, y se pasana ser onzas. De esos pueblos miserables unos gimen, y otros lloran, y entre lágrimas y quejas) falta la misericordia. Aún no he dicho a lo que vengo, estadme atentos ahora, y solo en mi divertida; vuestra intención se conozca. Docientas Guipuccoanas tan valientes, como hermosas, que es mucho haya en la hermosura acciones tan belicosas. Semíra mis de su patria por Capitana me nombran; y desvanecida yo; (aunque es indigna la lisonja, que este corazón no admite menos puesto, y menos honra) las ánimo, y las aliento, al son de la voz sonora; canción de Marte; que ufana organiza en fuga y tropa, y por la vaga región, aires, y vientos abolla, la edad tierna de sus años, pueriles verdores goza, pues apenas cuatro lustros han cumplido sus Auroras. Los cariños femeniles de amantes, y melindrosas con la rabia; y el enojo le impiden; y se abaldonan; Las galas: y los aseos, que fueron del Sol lisonjas en espadas, y mosqueres se truecan, y se transforman. Las tardes entretenidas de aliñadas, y vistosas, ya se entretienen buscando las valas, y las pelotas. La arrogancia del Frances a sangre y fuego pregona sangriento estrago a la vida, bastarda acción a la honra. Pero si desenfrenado, y lascivo se desboca, y la cándida azucena ultraja, o la honesta rosa. En los jardines de honor de Diana no de Flora; áspid habrá que la mate, víbora habrá que emponzoña, Esfinge habrá que le envista, Sirena habrá que le oiga, que si el lascivo apetito mancha el candor que blasona. Examinará en mis brazos llenos de furia rabiosa, Áspid, que muerda, y le mate, Víbora, que pique, y rompa, Esfinge, que halague, y mienta, Sirena, que canta, y llora, y en trágico monumento resueltas acciones locas de los Anales del mundo, serán añadidas hojas. S Yo he de salir al instante, al encuentro, a la deshonra, porque salir al encuentro, es granjería en nosotras. Bajad Guipúzcoanas bellas, Panta sileas hermosas, Venus en las hermosuras, y en las acciones Belonas. Bajad, y toquen al arma, no digan las, Amazonas, que la injuria de su patria, ellas la defienden solas: El limpio acero, que Marte, o ya lo templa, o lo forja, desnudo imite del rayo las centellas que se abortan: contra el Frances escuadrón se esgrima, y el pecho rompa de modo, que la herida haga para el alma boca. Y en el enristre sangriento, irritadas, y furiosas: verted piélagos de sangre, que ese campo inunde, y corra. Marcha a Irún, toca a marchar, porque ya para nosotras a fuerde Guipuzcoanas, no hay vida como la honra. No le ha visto en tan afable mujer semejante ardor. Invencible es su valor. Heroica mujer! Notable! Prodigio es esta mujer. A todos da que a dmirar. Valor me pudiera dar si lo hubiera menester. De tanto valor me espanto en mujer, que es una Aurora, que puedo decir ahora, si esta mujer dijo tanto. Todos la miran, y están notando sus bizarrías, pues yo he de hacer de las mías, por vida de Santillan. No piense el Frances tirano pasar del río la orilla, que soy hijo de Sevilla, y enjerto en Guipuzecano. Para hacer nuevo trofeo, quiere a Guipuccoa abrasar, mas llevará que contar a Francia, según yo veo, y allá con rojos matices de sangre dirá sus quejas, otra vez fue sin orejas, y ahora irá sin narices. Bellísima doña Juana, cuya belleza porfía ser, ol de Fuenterrabía, o se Aurora temprana: aún no es la necesidad tan grave, que haga esa instancia, aunque las Lises de Francia traen mucha hostilidad: valor para resistir a esta villa ha de sobrar, no solo para aguardar, mas para hacerlos huir. Este valor sin segundo, que a tal peligro se expone, es justo que se pregone por los límites del mundo. Tiempo habrá en que esa arrogancia se vea, hermosa mujer. Yo he de darme a conocer en los términos de Francia. No se mueva, no ninguna en cuanto no le avisemos. Todas te obedeceremos, mas yo he de provar fortuna. Dentro de Fuenterrabía asistan todos, y estén, y publiquese también por gobierno, y orden mía, que soldado, que sujpuesto dejare el lugar, o suerte, (aunque sobre si la muerte descargue el golpe funesto) tenga de eterno pechero la frenta en su calidad, y pierda la inmunidad de preeminencia, o de fuero. Mas me provoco impelida. Y yo estoy más provocada, más es mi ardor encerrada, mas es mi enojo ofendida. A la voz, y a la armonía, que el belico clarín da, valiente, y bizarra está en arma Fuenterrabía, provocados a salir las mujeres, y muchachos. Morirán estos gabachos. No se pueden resistir, y vendrá a ser maravilla poder enfrenar su ardor. Toque a marchar el tambor, noble don Miguel de Huvilla. Toca a marchar. Bravo afecto en sus valores se ve al Príncipe de Conde le he de buscar el coleto. Oh como el escuadrón brilla. Camine presto, que tarda. Aguarda Frances, aguarda solo a don Míguel de Huvilla. Adiós Domingo de Guía. Él os dé feliz ventura. Guardad Juana esa hermosura dentro de Fuenterrabia. Allá voy a pelear, Franceses con mi denuedo. y a esta espada de Toledo vaina roja voy a echar, con cuchilladas espesas. Hoy me habéis de conocer, que a mi dama he de traer unas narices Francelas. Qué vistosos, y que ufanos, que altivos, que belicosos, que valientes, y animosos caminan los Guipuzcoanos. Matizadas primaveras forman las plumas, es cierto, con que militar concierto se disponen las hileras. Harán del río en la espuma las galas una floresta; como si fueran a fiesta caminan con pie de pluma. Qué constancia tan extraña lleva el noble don Miguel, que bravo va el Coronel, Marte parece de España, invidiosa vive el cielo me dejan. . Yo estoy rabiosa. Yo rabiosa, y invidiosa, yo con enojo, y desvelo. Ya pues con tardanza corta al río se van llegando, ya van las cuerdas calando, ya el Coronel los exhorta. Subamos a la muralla, para que de allí la veamos (supuesto que la esperamos) la victoria, y la batalla. Ya se ejecuta el rigor de la gente suya, y nuestra, señor esta causa es vuestra; mirad por ella señora. Ardiendo en humano fuego, vertiendo ardiente coraje a defender el pasaje viene el Guipuácoano ciego: esos campos de esmeraldas ocupan de su rigor, mas en viendo mi valor han de volver las espaldas, Cómo os queréis arriesgar con ejército tan poco? Frances arrogante y loco la mitad ha de sobrar. Hasta Irún, y Rentería hoy han de entrar mis soldados, Si no entran amortajados, no quiere Fuenterrabía. Bien podéis determinaros, que solicita ese brío? Haceros pasar el río, o en sus ondas anegaros. Qué impertinente arrogancia, en vano aquí habéis venido. Frances el mejor partido, es, que te vuelvas a Francia; y para que te resuelvas es mejor, a lo que entiendo, que antes que vuelvas huyendo, con todo espacio te vuelvas. Mi enojo apenas resisto. Enfádame que aquí estés. La naria de este Frances me contenta, voto a Cristo. Más adelante mi brío me dice que he de pasar. Más vidas te ha de costar; que arenas baña ese río. Que no me impidas aguardo, porque otro Roldán verás. En mis brazos hallarás, que resucita Bernardo. Adelante he de pasar, que a esto me obliga el venir. Pues empiecen a morir, y empecemos a matar. Pues el paso me impedis. presto veréis vuestro estrago. Cierra España, Santiago. Cierra Francia, San Dionis. Llamando santos están, pues a mí me han menester, que lo mismo viene a ser Santiago, o Santillan. Hoy importa que eternices tu nombre, sino Andaluz, yo juro a Dios, y a esta Cruz, que he de cortar las narices, Esta luciente cuchilla nariz no ha de perdonar, yo las tengo de cortar, y llevarlas a Sevilla, Cierra pues Santillan, cierra, haz alarde de tu fama, narices tendrá mi dama por despojos de la guerra. 1. De las guardas en la orilla Anibal nuevo pareces. No me conocéis Franceses, que soy don Miguel de Huvilla? y que en aqueste cristal, o en el mundo por mejor, no le debe mi valor ventajas al de Anibal. Ese río que se ensancha, y haberme parado está de sangre Francesa ya, o se profana, o se mancha. 2. Qué intentas, si mil espadas te siguen? . . Locos blasones, no gasto tantas razones, solo gasto cuchilladas. Valientes Guipuzcoanos, ese valor me contenta. Huis Franceses, que afrenta. Eso si huid villanos. Aún no ha llegado mi brío a incitar vuestra arrogancia, a de las lises de Francia. Franceses volved al río. No volváis, que con seis mil soldados he socorrido. Muera Francia. Estoy corrido. Muera, muera el Frances vil. Seis mil soldados de Francia socorren vuestro ardimiento. Vuele en átomos al viento de este Frances la arrogancia. . Ya los llegan a ayudar seis mil, y para imitarlos, mas de quinientos caballos salen a escaramuzar. Ahora pues de mis enojos el coraje ha de empezar, que a Francia intento llevar toda España por despojos. Quedará ultrajada a fe de mi valor, quién lo duda? ca amigos, que os ayuda el Príncipe de Condé. Con traza, y ardid sutil han salido de envolcados del monte tantos soldados, que casi cumplen seis mil de cautelosos intentos, es fuerza haberse valido. Qué importa que hayan salido, si están ya muertos seiscientos. Hacia los nuestros se acercan, y es forzoso retirarlos, porque quinientos caballos por Biriatunos cercan, no aguardemos a después, que nos veremos cercados. A retirarse soldados, que hay nueve mil del Frances. . Seiscientos por infelices soldados muertos dejáis, y después os retiráis. Ya yo traigo mis narices, más valiente era que Caco el arrogante Frances, mas no me entendió un reves, como huelen al tabaco. Ea amigos que tardamos. La gente está rodeada. Así os vais de retirada? . A la plaza de armas vamos. Franceles a papirotes, otro despojó he de hacer, porque me importa traer de otro Frances los vigotes. Así os volvéis? que tormentos, mas en mi enojo me engrío, volveos, que el fuego mío ahora se enciende a portentos. Áspides, y basiliscos son las Francesas espadas, que las cumbres levantadas inficionan de esos riscos. Y es tanta mi pesadumbre, que puedo con gente tanta poner arriba la pianta, volver abajo la cumbre: y si ayuda la fortuna en aquestos orizontes, pienso dar con estos montes en el globo de la luna. Y así de mi valentía seréis todos estragados, toquen a marchar soldados: ay de ti Fuenterrabía.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA segunda Seáis para nuestra gloria, bienvenido a aquesta parte. Con la venida de un Marte cierta está nuestra victoria. Seguridad prometéis. a todos después de veros. Yo agradezco Caballeros las lisonjas que me hacéis. Ya después de haber llegado todo queda ennoblecido. Vos seáis tan bienvenido, como estabais deseado, a vuestro antiguo blasón, quién dudará que podréis añadir el que hoy hacéis a esta constante nación, Y yo, que por varios modos mi pena, y dolor resisto, digo, que así que os han visto están consolados todos. Ya de nuestros enemigos la fuerza os habrán contado. A servir como soldado vengo no Almirante amigos, y así quisiera saber lo que ha pasado hasta aquí. habrá quien lo diga? . Sí. Pues tardanza no he de hacer, antes por más conveniencia, pues ya dispuesto se halla presentaré la batalla. Escuchenos Vneselencia. Llegó al río el escuadrón del Prícipe de Condé, y a reconocerlo fue. Quién? decid. . Diego Buitró, hallé que tres mil soldados a Vidaso vadeaban, sin veinte mil que quedaban en los montes emboscados, a Yrún quisieron pasar los tres mil; y esta agonía obligó en Fuenterrabía, que tocasen a marchar para salir a impedir el paso: ahora doña Juana, que es Belona Guipuzcoana, podrá, señor proseguir. La voz del clarín sonoro, que repitió infame labio: públicó en la vida agravio, y ofensas en mi decoro: previno Fuenterrabía. (hija de sus esperanzas) estoques, pieas, y lanzas para estorbar su porfía: yo como los rosicleres, que buscan del Sol el centro, quise salir al encuentro con un campo de mueres, de estos brazos el rigor, animando mi crueldad. Este le dio a mi leastad, y aqueste le dio a mi honor; y como en la nube aborta el bien despedido rayo, y en aquel violento ensayo por la nube pasa, y corta. Así pues mi ardor quisiera. cuando el acero sacase, que el rayo se provocase, y la nube se partiera. Y confultada en mi ardor, dispuesta, y valiente entriego para la lealtad el fuego, y el rayo para mi honor. Y no pasando de aquí, vive el cielo, pues me obligas, que era una escuadra de hormigas toda Francia para mí, Del Frances airado, y ciego pretendí ser nuevo horror, no quiso el Gobernador: ahora prosiga don Diego. Mil soldados laque apenas contra el Frances imprudente, y el traía tanta gente, que igualaban las arenas. Tres mil de esta parte estaban, sin muchos que al de Agramonte en la falda de ese monte cautelosos ayudaban. Marchando llegué hasta el río, Narciso hermoso del Sol, con el aliento Español. que gobierna el pecho mío. Hermoso espejo del Sol, era del agua el reflejo, y antes que del Sol espejo era de cada Español. Yo pues animando el paso, goberné contra mi injuria en este pecho una furia, y una parca en este brazo. Dispúseme, y voto a Dios, que con el Frances despecho estaban el brazo, y pecho a una condición los dos. Mas con valentía extraña embesti altivo, y valiente, y cuando dije a mi gente, Santiago, cierra España. No llegué a ninguna parte, que no pisase clavel: hable ahora don Miguel, que es una invidia de Marte. (r Trémoló el de Agramonte las va iroso, altivo, ufano, ante poniendo es mil nfantes puestos en hileras, al sol fueron los rayos desmintiendo, r otra parte dispuso en sus carreras sremendadas Pías, que diciendo os estaban con frenos, y barbadas estra sangre ha de hacernos coloradas. e penachos un Mayo jactancioso obre alfaras, que el Noto les produjo, tro concurso, en escuadrón copioso or entre las alfanas se introdujo, fensa al sol hacía luminoso gramonte, y la gente que condujo, ejando con la copia de desmayos, sol sin flores, y al Abril sin rayos. i entre los Guipuzcoanos mil tencillas, ada uno intentando estar delante, allardos, apostados deslucillas as guirnaldas a Febo radiante, ausaron en el mundo maravillas, hauertes flechando en Heroe semblante, nado el clarín, y el parche; arpas diguer ternando decían, cierta, cierra. (ra aco la espada, opuesta al vano intento, spiraba reflejos homicidas, calacciones de coral sangriento, ve un amago postraba muchas vidas, avoroso el fulgor del firmamento, edó, y sus luminarias deslucidas, ves con tanta centella imaginaba, ve en la región del fuego peleaba. el cuerno diestro, no hallé defensa, entrando en el ejército copioso se más lises rojas a su ofensa, de arenas baña el mar impetuoso, por donde la copia estaba densa, aso matando, y hallo valeroso un Monsiur, que de un tajo de esta espada n su boca beló su planta armada. uelvo al siniestro cuerno, y un soldado dipuzco año mi lado acompañaba, y dijo, junto a Huvilla, voy sobrado, y así quiso contar los que mataba, perdiose en el guarismo, y ofuscado de ver, que más morían que contaba, no seas, dijo, no en matar eterno, que ya no caben más en el infierno. Valiente se me opuso el gran cuñado del ya muerto Monsinr, y la cuchilla, que esta diestra gobierna por un lado le cortó de las armas una evilla: fue al instante de acero desarmado, y arrojose valiente de la silla; y si lo he de decir sin ponderarlo en dos partes bajó desde el caballo. Tanto el valor perdieron sus alientos, que viendo de los nuestros la fiereza, entre parasismados rendimientos contra si proponian la destreza, ellos se daban muerte, que sangrientos viendo perdida la campal empresa, puesto que ya la vida no libraban, unos huían, y otros se mataban. Ya de nuestro valor desbaratados la crespa greña de ese altino monte, peinó una copia de seis mil soldados para favorecer al de Agramonte, hallabámonos casi rodeados, porque ya circundaba al orizonte, y para que en saberso más no tardes cuerdos nos retiramos, no cobardes. Valerosos Guipuzcoanos, cuya fama se acredita mas de la esfera del Sol, que no de Fuenterrabía. Valiente don Diego Isasí, noble Domingo de Guía, bizatro Diego Buitrón, galán don Míguel de Huvilla, bella Juana, Leonor bella, unos y otros sois invidia de cuantos el jaspe duro, perpetuamente eterniza. Yo no entro en el Calendario? Calla necio. . Esta cuchilla no le debe, voto a Dios, ventaja a ninguna. . Diga ese soldado quién es? Santillan de Andalucia, y si no como coral. De qué parte? . De Sevilla, donde al son de un pesiatal, un pléguete, y un por vida, hacen danzar las estrellas a cuchilladas. . Son fijas. Y más yo. . Qué tienes más? Que nací en la Pajeria, donde si el sol los enoja, se la tienden, tan maldita su gente es, que todo el año comen con las dagas migas. A qué has venido? . Esos son cuentos largos, tuve un día un disguisto en el Compas con uno de Mairenilla, valiente, a guarda, que mato crudo, a quítote la vida. Llegamos a las espadas, y resultó una desdicha, vinemé a servir al Rey, hálleme en Fuenterrabía. Soy inclinado a las armas, y a los hombres que militan: plaza senté en el presidio, tengo ya mis fechorias; y porque no me las nieguen estas narices lo digan. Pienso aquí servir al Rey para alcanzar perdón. . Fía Santillan en mi amistad. Viváis más que las cabrillas, que en la sortija del Cielo son topacios que iluminna. Don Juan de Cantu, señor, de la nación Vizcaina, gloria, y azote cruel de rebeldes tirabías, en Etaní ha entrado ya, plaza de armas de esta villa, con más de dos mil infantes. . Vizcaya es muy prevenida, y esas prevenciones nacen de lealtades muy antiguas. Ya señor, el de los Velez, con toda su infantería nueva emulación del Mayo, la plaza de armas habita. El de Mortara también, Primavera esclarecida, que en la floresta de Marte rojas flores desperdicia, ha llegado, y Torrecusa también, cuya fama digna muda la voz del silencio, con retórica la admira. Todos tres pueden con Marte, blandear la espada limpia, cuerpo a cuerpo, brazo abrazo, golpe a golpe, y vida a vida. Soldados, nadie dispare, cese la mosquetería, que se acabarán las valas. Voces sueñan. Porque gritan. El Frances le vino a dar asalto a Fuenterrabía, y resistiolos la poca gente que al murio asistía, acabáronse las valas, y asaltarla solicitan. Cupimos a diez Franceses, y unos quince que subían, por la muralla mato solo, y con su espada misma. Quién? . Esteban de Lesaca Alferez de la Milicia, y al fin no tenemos valas. Crave pena! . . Cruel desdicha! Buen remedio, ya señor, todos los platos que había de estaño se han hecho valas. Tráígase ahora mi bajilla, y de ella se hagan valas, que en ocasión tan precisa mas importa mi lealtad, señor, que tener bajilla. Gram pecho. . . Fina lealtad. Gran valor. . Cosa esquisita. También veinte mil ducados tengo en plata; a toda priesa se traigan, y se hagan valas, que al viento, y al aire giman, que así servimos al Rey, señor, en Fuenterrabía, yo voy a hacer que se traigan. . Gran valor. . . Acción no vista. No se ha visto tal lealtad en cuanto el Sol averigua, desde la cuna de Oriente, hasta que halla tumba Egipcia. Si la lealtad ha de hacer admiraciones, señor, escuchad ahora el valor con que sirve una mujer, yo Belona quise ser del valor que en mí se halla en la sangrienta batalla; pero ya que allá no fui, con mi valor resisti el asalto en la muralla. Subí con toda constancia de la muralla en lo alto, cuando hizo el otro asalto la bizarría de Francia; pero su mucha arrogancia desmayó en su mal gobierno, que yo con mi pecho tierno, pues a oirlo te prefieres, arrojé con mis mujeres cien Franceses al infierno. Todas las valas gaste en el asalto sangriento, unas desvaneció el viento, y otras llora el de Condé. Presto sin valas me hallé, pero como nueva Palas viendo arrimar las escalas (sin admitir dilaciones) mis rejas, y mis balcones desbárate para valas. Después de esto con la pena, de verlos que reincidían, y a la muralla subían: desgajé toda una almena, y fue mi suerte tan buena; que medrosos se bajaron. Mas tan mal se repararon, que entre dudosos, y ciertos parecieron tantos muertos como pedazos saltaron. No os cause, no suspensión el valor que veis en mí, porque a no pasar de aquí no fuera admirable acción. Anímame el corazón, que en mi pecho veis arder, y porque al mundo ha de ser novedad que se eternice. Ahora veréis lo que hice, que es mucho en una mujer, halleme de nuevo enojo tan encendida en coraje, que al fin hice maridaje de la rabia, y el antojo, a conseguir el despojo vino, y lo quiso intentar; mas yo que lo fui a estorbar no hallando cantos, ni guijas las piedras de mis sortijas las quité para tirar. Calla mujer. . . Adelante pasaré. . La lengua enfrena. Esta mujer era buena, gran señor, para Almirante. Qué bizarra, que arrogante, vive Dios, que es un profundo mar, de valor sin segundo, y que solo hay que temer, que esto no se ha de creer, cuando se cuente en el mundo, Traer socorro, y favor es forzoso. . . Vueselencia me dé lugar, y licencia, que yo lo traeré, señor. Gallardo es vuestro valor, Yo he de ser tu acompañado. Amigos haya cuidado. Yo entraré en la noche fría socorro en Fuenterrabía. Qué valientes que han andado. Ese monte gigante del Cielo estorbo, y de la luna adrlante en quien como en coluna, tal vez descansa el orbe de la luna, tiene una falda umbrosa, con un tapete de jazmín y rosa, y remiendan la falda. el jacinto, el topacio, y la esmeralda, para cultos divinos de una casa que habitan Capuchinos. Ocupó la Eminencia; con lágrimas lo digo a Vueselencia, el enemigo fiero, y entrándose en el Templo, en llanto digno es de gran castigo. (muero, Decidlo ya Diego Buitrón amigo. A un Crucifijo santo, atroz delito! formidable espanto! cuchilladas le ha dado. no le compadeció verlo enclavado? Sin moverle a templanza los clavos, los azotes, ni la lanza (o necios, o impacientes, ya son mis ojos desatadas fuentes) el cuerpo le hería. No miró el rosicler que del corría Era su furia tanta (la lengua se aprisiona en la garganta) que con rabia, y locura lo arrojó por la cumbre de la altura, de llorar no descanso. Lástima no le dio verlo tan manso? Mas son sus desvaríos, ya mis ojos de fuentes corren ríos, a la azucena hermosa de Jericó honesta rosa, intacta Madre suya, su obstinación para que más arguya, fieros acuchillaron. Siendo mujer aún no la perdonaron? Su rabia, o su locura. Lástima no les dio verla tan pura? Dejáronla arrastrada, ofendida, desnuda, y ultrajada, siendo del mar la Estrella. No les compadeció verla tan bella? Fuéronse a los altares. ya mis ojos de ríos corren mares, y con furia, y desvelo derribaron las aras por el suelo sin dejar ningún santo; ya no me da lugar, señor, el llanto. Oh cómo hace alarde de acciones inhumanas un cobarde, yo os juro, aunque no os cuadre, por su pasión, y afrentas de su Madre, que son luceros claros, que en su víspera misma he de abrasaros, ya de reir ufano, ese cristal que llora Guipuzcoano, cantando sus firenas, y en la risueña playa; en sus arenas, victorioso, y triunfante contará el desagravio el Almirante. Anhelando el alma en fuego, y el cuerpo en incendio activo, Etna, y Volcán, que en un tiempo no sujeto, ni resisto, seré contra el de Agramonte, que cobarde se ha escondido, que quien la afrenta apetece, huyendo solo el peligro de la vida, y por guardarla hacer del honor desvíos para ejemplo de los otros tendrá por justo castigo volcán, erna áspid, veneno, sierpe, rabia, y basilisco. ̱. No hará falta a vuestra Alteza el de Agramonte. Arzobispo dentro de Fuenterrabía la Misa tengo de oiros mañana, antes que el Sol dore los cándidos epiciclos, que en luces se desperdician, ya con rayos, ya con giros, a qué aguardáis a entregaros? queréis que este rigor mío, que del golpe de la parca es el remedio más vivo, de esas gargantas inúnde esta montaña. . Ya vino; señor el tambor, que fue con vuestra carta. . qué han dicho? Propusoles la amaneza vuestra. Y que le han respondido? Que aunque el brazo de la parca esgrima el fiero cuchido, y en los fieros de la muerte estén dando parasismos, no se han de entregar. . Hay más? Que después de aquesto dicho fueron todas las mujeres, viejas, mozas, damas, niños al Templo, y voto solemne hicieron. . Raro prodigio. . De que no se han de entregar, ni menos dar a partido hasta que instrumento sea, la parea de su martirio. Pues yo la parca seré, que el estambre que han torcido corte, y en breve holocausto dispondre su sacrificio. Denle fuego a aquesas valas; vuele hasta los claros vidrios; empáñese el Sol con humo, . tiemble la tierra con gritos. Párese el mar con zozobras, corra el viento con suspiros, esos ejes celestiales, o ya inmobiles, o fijos. s Se estremezcan, o se hundan; o tiernos, o compasinos desde esa altiva eminencia; o natural edificio, iblioteca Na ciona que para nube nacio, y se crió para olimpo: disparad ardientes bomvas, fuego oculto, y encendido, que en hogueras amenace de su pena los principios. A resistir la muralla, que la asalta el enemigo. Esta puerta de argamasa, ya nos a abierto postigo, a entrar soldados. . . En vano lo intentas. . Yo solicito entrar por esta ruina. No permite el valor mío, que un amago de Frances profane aqueste portillo, Mueran. . Mueran los Franceses. Grande valor! . . Aún no has visto de la causa de mi fuego los efetos encendidos. Ahora veréis Franceses como transforman altivos, los feméniles alientos, en sangrientos precipicios. Mueran aquestas villanas. Es en vano, que yo asisto. 1. Moriréis. . Importa poco, pues en fama resucito. 2. Pues de este cañón violento, el plomo os acabe el brío. Muerto soy. 1. Ay de mí triste, matastis a mi marido, pues ahora de mi enojo la venganza solicito: cobardes de esta manera litos. Estas mujeres parecen fieras. . . Aún no lo habéis visto? Soldados, estoy rabioso, Monsiures, no estoy conmigo, Duque, agraviado me siento, no oís, estoy vengativo, ola recibiento de enojo, Franceses diré delirios. Qué dispone vuestra Alteza? gran valor? . Es como mío, cuando la noche suceda a ese farol encendido, y en el lecho de la espuma descanse, y para su alivio le hagan firenas la cama, para que quede dormido. Habéis de hacer un asalto en Fuenterrabía. . Digo, que ya el asalto, señor, teniamos conferido, y que esta noche ha de ser. Ese valor acredito. Es imposible, señor, que ya puedan resistirlo, porque hasta quinientos hombres ay dentro, y sus edificios son ruinas, que las iedras les quieren hacer vestidos. Los caballos, y soldados tomen puesto, elijan sitio, ninguno se compadezca, del llanto, ni del cariño, ni admita (ofensa notable) sollozos arrepentido; antes inhumanos todos entre congoja, y conflicto el venenoso coraje en el Marcial ejercicio sea tan cruel, que deje con memorias el olvido. s Descansemos aquí un poco, El río estaba crecido, y yo apique de ahogarme. pues a mí me ha sucedido un caso nuevo. . . Qué fue? 1 Qué sudé tanto en el río que antes entendí ahogarme solo con mi sudor mismo, que con la mucha corriente: 2 Hasta el cuello lo he traido. no fuera de estimación este lance como ha sido a no tenor (claró está) tan manifiesto el peligro. Aún toda via no es tarde. Cuatro arrobas he traido. 2 Yo tres. 3. Yo cinco. . . Yo siete, Pues yo cuatro, tres, y cinco, mis arrobas son de plomo. 1 Pues bárbaro no es lo mismo ser de pólvora, o de plomo. No se den voces ni gritos, ea, habéis ya descansado? A guárdese voto a Cristo, que no es buñuelo. 1 No hables, que está aquí un hombre escondido; 2 La centinela es sin duda. Matarelo? . Está bien dicho. . y más bien hecho estará después que haya sucedido. los enemigos los menos: 1. . Ya está el pobre en el abismo. Ea vamos caminando. Anden, que ya yo! y aún faltan otros que vienen atras por este camino, vive Dios, que he de sentarme, y descansar un poquito, que sopla manso el Fabonio, con regalo, y con suspiros. Oh quién estuviera cerca de gradas, o en el hondillo; que allí se podía echar el sudor abajo: digo hola, amigos, camaradas, paréceme que se han ido: y como es negra la noche en blanco quedó el camino, Pero no se han ido todos, que qui hay algunos, que lindo fuera, si quedara solo, y llegara el Francesillo. . que suelen por aquí andar más espesos que llovidos. 1. Que no se pudo lograr el asalto. . 2. Prevenidos estaban los Españoles. Ea vámonos amigos antes que aquellos borrachos nos pillen en el garlito. 1 Este es Español sin duda. 2 Por otros nos ha tenido atémosle. . Ea, vamos. 2 Espía es. . Por el camino. habemos de hacer la cuenta. 1 Qué cuenta? . La que os hedicho; yo llevo trescientas valas dentro de este taleguillo, y de polvora una arroba en esta talega, inquiro con la polvora, y las valas, no hay para trecientos tiros; pues a este respeto en todos hay cuarenta mil y cinco: y siendo así, me parece, que no queda Frances vivo. 1 Oh villano. . Camaradas, lo que juré he de cumpliros. 2 Qué juraste? . De buscar entre muertos; y entre vivos un Frances, que los vigotes tanga largos, y crecidos para cortárselos, que es el juramento preciso; y lo tengo de cumplir. Aquí traigo en el bolsillo las narices que corté al otro. 1 Que tal oímos, 2 Qué piensas hacer con ellas? Cada punto he de decirlo, no he dicho ya que han de ser de mis hazañas testigos: ea vamos caminando. 3 Espere un puí. . Vive Cristo, que no hablan estos soldados claro, serán Vizcainos. 3 Cuántos intentas matar? Ciento y cincuenta. 3 Pardín? Este no habla Cristiano, válgame San Agapito, los Ángeles, los Arcángeles, Patriarcas, y Paraninfos. 1 Atemos este Español, que con socorro ha venido, y los demás van delante: vamos a dar el aviso. No le aprisionéis villanos; porque el acero que esgrimo ha de quitaros la vida. Sois soldados femeninos. Ahora lo veréis perros. . 1. Huyamos, 2. Caso es preciso, que una escuadra de mujeres nos sigue, demos aviso. La vida a las dos os debo: ya de hoy más no seré mío; mas la causa no diréis de qué hayáis aquí venido? Dispararon una pieza al muro, y abrio portillo; quisieron entrar por él, salimos a resistirlo: derramamos más corales, que el Mayo produce lirios: los que aguardaron murieron, a los que huyeron seguimos, hasta que aquí te hallamos. No eres Juana, Ángel has sido, echa de fuera tus pies, besaré su blanco armiño. Arma arma, guerra guerra. Sintionos el enemigo, perdidos somos. . . No somos en cuanto vive este brío. os que no hubieren pasado, ese cristal fugitivo, que en conchas de cubía arena produce perlas de vidrio, se detengan. . Arma arma, guerra guerra. Cierto ha sido. Ya los Franceses nos siguen, Oh que ciego laberinto es andar como los trasgos de noche. . . Desgracia ha sido más vámonos retirando, que ya está el Frances vecino, y la mitad de los nuestros de la otra parte del río están, donde están seguros; que ese foso cristalino trinchea en líquida plata, o les prestó, o les previno. Hasta el ceño de la noche, imagen de mis abismos, ha sido contra mi honor, y contra mi bien ha sido, que así se empañase el cielo de turbulentos prodigios, para que pudiera entrar el socorro mi enemigo. Las estrellas luminosas, que en esos claros zafiros del más hermoso lucero son pedazos quebradizos. Cautelosas esta noche de bayeta se han vestido, y han quitado a su hermosura el semblante claro, y limpio. El céfiro que soplaba con regalo, y con cariño, y apenas movía las hojas, manso, halagüeño, y benigno: ya es Aquisón proceloso, cuyos truenos, y bramidos la tropa ha disimulado, hipócrita del ruido. Es a seguir los soldados; calzad plumas, vestid vidrios, al monte, al monte Franceses, Franceses, al río, alrío, por este camino unos, y otros por aquel camino: o que negra está la noche, los truenos, y torbellinos, del primero caos parecen retratos que han sucedido. ado, que aquí fue donde se me quedo el taleguillo de las valas, no lo hallo. Quién eres? . El Arzobispo, buena la habemos echado. Quién sois vos? . Un basilisco, que en venenos exhalado muerte me doy a mí mismo por no hallar un Español, con cuya nación me incito tanto, que suego del pecho rabiosamente prolijo, de satado por las venas abrasa lo sensitino. El diablo te lo demande, válgame a mí san Francisco. Y es de manera mi ardor, (aunque no acierto a decirlo) que si el rayo que le forja en ese fuego encendido, y de vapor exhalado, condesa globo macizo. Si fuera Español subiera adonde en el fuego mío de su materia abrasara, o la violencia, o lo activo. Qué haremos Santillan? o mal haya tu apetito, el Príncipe de Condé me parece, Jesús mío, también dicen, que en España hay rayos? . Sí, pero fríos. Y también dicen que hay alientos? . No como el mío. Por allá dicen también que hay valor. . Son desatinos. Y dicen que muy valientes soldados. . Desvanecidos, vuestra Illustrísima salga en seguimiento hasta el río, que yo por aquesta parte los alcanzo, y los fatigo. No lo aprueno, vuestra Alteza tome la parte del río, que yo hacía Fuenterrabía iré por mejor camino, yo prometo de buscaros. Sois valeroso Arzobispo. Vuestra Alteza lo sabrá después que haya sucedido. . Ea valientes Franceses, empiecen los homicidios, esta vez no ha de reir, la Aurora alegres rocios, llanto funesto ha de ser, que en los cadaveres fríos, llore de reír cansada sobre la rosa, y jacinto. Al río, al río Señor, ya es en vano prevenirlo, porque los trecientos hombres del socorro; divididos están, y la mitad de ellos, el agua, el lodo, y el limo pasaron hasta los pechos, tres millas. . Nuevo prodigio, Y los otros han quedado retirados, y escondidos de la otra parte. En mi enojo mas me pronoco, y me irrito. o pesi a cuantos de Marte profesan el ejercicio; y cuantos de mis preceptos guardan el menor aviso: y pesia mi muchas veces, pues tan mal estoy conmigo, que en mi tómara vengaza si quedarán redimidos con matarme los enojos, que España me da, y recibo, Tanto ha podido el descuido, y tanto el sueño ha podido, que pudo hacer de la vida imaginados retiros; de modo que los tropeles, y las personas que han sido (porque llegando a trecientos, fuerza era verlos, y oirlos) no los pudo apercibir; ni la vista, ni el oído? Mataron la centinela. Qué rabia, que desatino. mariposa de mi fuego, o me quemo, he me marchito: mas por esos pavimentos, por esos claros zafiros, desde el móvil de la luna hasta el inmóbil impíreo, que a mí no me dan descanso, ni a los dos Polos alivio, que antes que la luz del Alba corone esos obeliscos, que acuchillando los aires son emulación de Egipto, que he de retar los valientes, y en sangriento desafío de la parca; o de mi brazo, (que todo casi es lo mismo) han de tener de sus culpas las penas, y los castigos. Grande enojo. Estoy rabioso. Gran valor. . estoy sin juicio. Noble afecto. Estoy sin alma. Gran lance. . Tengo mi brío. Gran constancia. Soy quien soy. Fuerte estáis. . Estoy conmigo. Basta para muchos mundos. Sobra para muchos siglos.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Ya la hermosa luz del Alba se corona de arreboles, y las huestes de Españoles le están haciendo la salva. Aurora tan pura, y Alba nunca vio Fuenterrabía, mas no pudiera este día tener menos lucimiento si previene el nacimiento de otra Aurora, que es María. Hermoso Nuncio es el Sol. pues madruga tan hermoso, el suceso victorioso nos predice su arrebol. Virgen vuestro Girasol, he de ser divina Aurora desagraviar me enamora vuestra ofensa, y vuestra gloria, yo os consagro la victoria si la alcanzamos, Señora. Agraviada, y ofendida de esa nación depranada, estáis? más desagraviada os veré, y desofendida. El alma, el celo, y la vida, renacen fuertes ahora: así a vos divina Aurora, no faltando a mi memoria, os consagro la victoria si la alcanzamos, Señora. Sacrílego atrevimiento vuestra Imagen profano, y aunque en ella os contempló no resistió su ardimiento. Mas yo hago juramento al Sol, que en vos se atesora, TERCE a quien mi verdad adora, que la victoria esperada a vos será consagrada, si la alcanzamos, Señora. Hagan salva los tambores, los pífanos, y clarines, suenen por estos confines, de pólvora, Ruiseñores. A tan hermosos albores, siendo tan hermoso el día, suenen en Fuenterrabía militares instrumentos. Párense los elementos a la salva de María. Hagan las fuentes risueñas salva, y hagan los jilgueros. los arroyuelos parleros, los valles, prados, y peñas: y esas mal peinadas greñas, hagan salva los muchachos, hagan salva esos borrachos, que nos siguen a porfía, hagan Irún, y Rentería, y haga también los gabachos. Un bruto veloz anima un hombre con voz, y acento, el acento hiere el viento, la voz el aire lastima. El me tal torcido intima guerra. . . El parche desafío. Ánimo valor, y brío, me han de valer en efecto. este dseafío acepto Mío es este. . . Aqueste es mío. Veloz viene publicando. alteración y motín, y al son del parche y clarín el fruto viene danzando. La Lis da Francia brillando trae en un corto dosel. Si es reto es al Coronel. Si es reto, mas que inhumana ha de salir doña Juana. Si es reto, es a don Miguel. Belicoso el corazón entre sus alas pelen, o como el alma desea. que elija a Diego Buitrón. Presten todos atención, que ya su voz repetida los aires puebla impelida: y por esos senos huecos despedazada en sus ecos nos declara su venida. Almirante de Castilla, a quien por siglos y tiempos, guarde el Monarca que habita, los Alcázares Etereos: hijo de Marte y Belona, cuyo brío, cuyo aliento admira muda la fama, dice, parlero el silencio. Coroneles, Capitanes, nobles, hidalgos, que siendo solo de España soldados resistis tan grave empeño. Yo os agradezco cortés, y valeroso agradezco esa salva que le hicistís; a la voz de este instrumento, que siendo de mi venida Nuncio que llegó primero: ha sido de mi llegada, aplaudido de los vuestros: mas por quitaros la duda, que os ha dejado suspensos, y habrá causado quizá discursos de casos nuevos, me habéis de escuchar, y dando a poco rato silencio, breve epilogo me expongo, breve ocupación me arresto. Francisco aquel Rey de Francia, de aqueste nombre el primero, y que no tuvo segundo, y que lo tendrá, no creo; aquel, pues a fuego, y a sangre, y más a sangre, que a fuego. Hizo de Fuenterrabía límite para su Reino: nunca de vuestro valor la osadía, ni el esfuerzo la contrasto, verdad sea, que no fue más de un trienio: pero cuando descuidado Marte estaba en nuestros pechos, y en el Marcial ejercicio o il no le ocupaban los nuestros, la redujistis a España, trato fue, y aún embeleco, y sados, y el embeleco, y el trato, pocas veces salen ciertos. Enojado de este agravio, sentido de este despecho (que un despecho, y un agravio se oponen mucho al sosiego) Luis, que de aqueste nombre contamos Decimotercio, en cuyos hombros descansan de dos mundos los deseos la solicita; y pues ya sabéis lo que decir puedo, no es bien, que de lo pasado trate, a lo presente vengo. El Príncipe de Conde, ese, que en valor, y esfuerzo, si se movieran los ejes el bastaba a detenerlos: ese pues casi a tres meses, que ha deslizado en los cielos ese Planeta encendido, después, que le puso cerco. Veinte y cuatro mil infantes. ocupan esos desiertos, que de páramos incultos forman ya copiosos pueblos. Cinco mil caballos rascan los alacranados frenos, de donde ociosa la espuma. hilos enmarana en hielo. De la nobleza de Francia tantos albergues se han hecho, que son tiendas del Abril, siendo del Estío el centro. Pública voz de la fama, ocupa los vagos senos, que ya de la sed, y hambre mal resistis el tormento, sin otras calamidades, que miseramente han puesto, frágil ya vuestro valor, débil ya vuestro ardimiento. Mas antes que la segur de la parca tina el cuello, y esa soberbia constancia. sea ruina del suelo. Solas tres proposiciones. os ibrimo, y amonesto, y de todas tres la una resosved en vuestro acuerdo. La primera es, que a partido os deis, y yo os lo aconsejo, que para enitar gran mal, bien es elegir lo menos, La segunda es, que de no admirir lo que he propuesto; os presento la batalla s antes que el oscuro velo de la noche empañe al Sol los esplendores Febeos. La tercera es, que en su nombre os desafío, y os reto uno a uno, dos ados, veinte a veinte, ciento a ciento. Esto es lo que a vuestras vidas, que no lo admitáis apruebo, porque de tantos a tantos será nuestro el vencimiento. Mas si a caso inadvertidos del peligro hacéis trofeo; y el reto, o el desafío admitís por vuestro yerro. En la falda de ese monte, cuyo cápitel excelso quiere quebrar porfiando ese cristalino lienzo. Espero por ocho días punta a punta, acero a acero, golpe a golpe, herida a herida. muerte a muer, encuentro a encuentro, porque de esta suerte acabe la obstinación de esos pechos; y tenga la his de Francia contra España más trofeos. , Lindamente lo ha parsado, parece que lo hallo hecho. Orar puede el Francesillo en las penas del infierno; aiña pero no tardará mucho; que hora se le va haciendo, y ha de ser su hora menguada, aunque está su luna en lleno, OUBII Yo acepto esto desafío, uéi Este desafío acepto. Yo ados dos os mediaré, y este desafío emprendo, Dónde están aquestas canas no hay juveniles alientos, que la nieve de estas venas no es ya nieve, que es ya fuego. Ningunó de los que intentan salir, a que salga apruevo. Luego habré de salir yo, pues no pienso salir luego. Aceptar el desafío es forzoso, mas pretendo, que de cuarenta a cuarenta ha de ser en campo abierto, y porque de las resultas podrá acaso algún empeño nacer (si nuestro enemigo vencido, queda) intentemos la prevención, que no ofende la prevención en los riesgos. Siempre el riesgo prevenido, cuando se repara, es menos, y en futuros contingentes duda el alma, y teme el pecho. Prevéngase el de los Veles, galán, bizarro, y dispuesto, y a punto de guerra tenga sus escuadrones guerreros. Disponga en parte, y lugares, cuanto es de su regimiento, de modo que altivo ocupe de aquese monte llo exclseo Y los demás de este modo le imiten, y hagan lo mismo; y en el nombre de María saquemos el limpio acero. El Marqués de Torrecusa ocupe en sitios, y puestos todas esas eminencias, con tres mil soldados, y estos lleguen hastaa los cuarteles del enemigo: así mismo salga el Marqués de Mortara, y lleve de su gobierno tres mil infantes, y lleve de los caballos trecientos, Ocúpese en Guadalupe, y de allí puede soberbio p quitar de la posesión hi al enemigo: y para esto cuatrocientos Guipuzchabos lleve, Irlandeses docientos, y docientos Valencianos, unos, y otros Martes nuevos. tubi Salga don Pedro Girón, soltvla y lleve todo su terció: en y de ese cuartel de Irún no le mueva un mundo entero? y porque del enemigo impida el ardid violento, otros trecientos soldados a de la armada le juntemos. Don Juan de Cautu, bizarro conduzga mil y quinientos, y siga al de Torrecusa, y don Diego Caballero, después de don Juan de Echautu continue el seguimiento. Salga Gerónimo Ro. con otro gallardo tercio, n y el valle de Rentería, teatro deje funesto: y por una y otra parte a toda Francia intentemos. Yo con el resto de infantes, y de caballos me ofrezco olo ayudar, siendo al peligro, malo y a la ocasión el primero. Don Miguel venga conmigo, venga conmigo don Diego; y otros Maeses de Campo, que siendo su lucimiento del Sol, parezca su brazo roca al mar, peñasco al viento. Ahora es el valor amigos, ahora es la fe Caballeros; ahora de vuestras lealtdaes dad indicios manifiestos, aquí es lo más el honor. aquí es la vida lo menes, vida es morir con lealtad, sin ella es vivir muriendo; muerte es vivir con deshonra, no lo admito, no lo aprueno, gloriosa fama es morir, vida infame es vivir muerto. El valor, y la lealtad altos triunfos consiguieron, que nunca tuvo el valor tiranizados los premios. Esta es causa de María, y agravio de su Hijo mismo, es lealtad de vuestro Rey, y es de vuestra patria afecto. Roca me veréis, que al mar le desmiento los encuentros. Rayo me veréis, que parte la nube por lo más denso. Seré escollo, donde giman con aspereza los vientos. Volcán seré desatado en un diluvio de incendios. Áspid seré, que bomite inficionados venenos. Segurseré, que la Parca esgrima mi brazo diestro. Pues yo roca, rayo, escollo; volcán, áspid, segur, siendo solamente Santillan, que es cuanto deciros puedo. Vamos, tu Norte María seguimos, dabos el puerto. A que aguarda esta nación, este Almirante a que aguarda, que espera; que tanto tarda, si crece mi indignación, mas mis enojos maltrata su dilatado esperar, si esta plaza me ha de dar; para que me lo dilata? pues de dármela no hay duda. que no puede socorrella, y mal podrá defenderla, sin gente, valor, ni ayuda. Mas pues ya tratado está, y de mi enojo irritado, fuerza será, que obligado resolución tómara. . Ya señor, el desafío con cuarenta hombres aceta. Pues sueve el parche y trompeta a este nuevo laurel mío. Y a los cuarenta Españoles. el llano de esa montaña hacen sangrienta campaña, que invidia con arreboles, el Sol, el Abril y el Mayo, y como Mayó, y Abril ciega el verdor jubenil la luz del Sol rayo a rayo. Acabará mi tormento con tomar aquesta villa d para pasarme a Castilla: p Arzobispo, salgan ciento, determinaldo al instante. Voy a ejecularlo luego. Yo abrasare a sangre; y fuego los triunfos del Almirante, cien Franceses mi arrogancia dispone contra cuarenta, que así redimir intenta su enojo la lis de Francia: Así mi ardor por extraño faltará de mi memoria, consiga yo la victoria con cautela, o con engaño. Ya del clarín; y el tambor sueña la canción, que da indicios, que traban ya la escaramuza, señor, ya se llega el Español, ya se dan la rociada, s. ya está con humo empañada ti la hermosa cara del Sol. osto Oh como resisten fieros los Españoles, que afrenta, no siendo más de cuarenta, ya llegan a los aceros. Oh como están desmayados mis soldados! qué rigor! donde ha quedado el valor Franceses, vais retirados? Ea Franceses, pues es lisonja del valor mío. Las lises del desafío, . ha violentado el Frances. Retirados, y aún perdidos os miro, loco desvelo de rojo matiz el suelo se mancha de los heridos. Aquí es forzoso mi aliento, Franceses de esa montaña bajad, y de esta campaña haced triste monumento. Llore su infeliz estrago, pues mi opinión tanto ultraja. Todo el ejército baja, cierra España, Santiago. Ya mi enemigo cruel mi poca ventaja acusa; ya me ofende Torrecusa, ya el suelo es rojo clavel, contra mi valor venís? ya se para el viento vago. Cierra España, Santiago. . Cierra Francia, San Dionis. Ea Españoles valientes, que en ocasión semejante el valor, y la lealtad ha de eternizar el jaspe: pero ya llega el socorro, y si viene el Almirante con él a Fuenterrabía he de entregarle las llaves. Esta campaña, que un tiempo era vega de frutales, ya corre arroyos purpúreos a de carmín, y de granates. Aquí el amor de la patria se junta con las lealtades, y la lealtad, y el amor hacen un buen maridaje. O que encuentro tan sangriento se dan por aquesta parte, d y por aquella el horror, provoca las impiedades. Oh que empeñado de aquí, que miro a don Diego Isasí, mas con dos rayos de acero del plomo lisonjas hace. Una confusión es todo, o como los vagos aires con la pólvora, y las valas producen nuevos celajes. Sangre y fuego es cuanto miro. piélagos corre de sangre, el enemigo resiste, los nuestros les da combate. 1. Santiago. 2. San Dionis. . Voces de una, y otra parte, vuelven los ecos, y juntan los avisos de los parches. Feliz suceso esperemos, ya se volvió el Almirante después que dejó el socorro. Fénijes, que en si renace. Ea amigos, ea soldados, Dios os libre, Dios os guarde, cada brazo es una furia; cada Españoles un Marte. Aquí las espadas brillan, allí los caballos parten, allí las piezas se rompen, aquí los mosquetes arden. de la polvora y incendio resultan nuevos celajes y las valas que se encuentran unas con otras se parten. Santiago. . San Dionis. . Sin tropezar en el aire las voces peinan los vientos, o como del rojo esmalte del Frances, está la tierra arrebolada en corales. Ea amigos, ea soldados ninguno amigos desmaye. Fraceses, nadie su puesto . lo deje, ni desampare. Españoles valerosos haced de quien sois alarde, A la otra parte, Fraceses. . Soldados, a la otra parte Santiago. . San Dionis. . Haced como el Almirante. Aqueste el Almirante es; muera Franceses, matade Aunque fueráis los que esgrimen la espada del mismo Marte. y la fama ha celebrado de Francia famosos Pares este brazo, y esta espada no vencierais. 2. Arrogante Almirante de Castilla, de para que te desengañes, prueba estos rayos; que apenas en su guerra pone paces el Iris de la humildad, que esta vez no ha de obligarme, No solicito, aunque tantos sois que ninguno me ampare, que ahora veréis, que en mí de fensas, y ofensas caben: y este fuego que en mi pecho, nunca se enfría, y siempre arde, es ponerle más materia, cuantos más os arriesgaréis. 1 Oh qué arrogante Español. Más noble soy que arrogante, y no pronuncia la lengua lo que no obrard. Matadle. A tu lado estamos, mueran, y aquí los últimos lances de su arrogancia examinen de la muerte los contrastes. Cayendo van como chinches los Franceses arrogantes; ca Santillan, a ellos, que andan bien hacía delante. Esta vez son postillones; pero no lo son debalde, que si no corren la posta, cabrán a muy mala parte. Mala la hubistes Franceses, la caba de Roncesballes; ellos van ya de vencida, ahora bien, Santillan, anden las manos, y los despojos por mal buscados no falten. La tienda del Arzobispo mas de mil cosquillas me hace, y como estoy cerca de ella, de aquí no acierto a apartarme, Aquí está, vamos buscando, aquí están dos orinales, pa duda, que de la piedra decía los pesares. No son malas calzas estas, yo fío; que no las calce otra vez el Arzobispo de Burdeos, paso adelante, un braguero tiene aquí, aquí está un coleto de ante, si no que están con la mugre cubiertos los alamares. Aquí tiene dos camisas, que parecen palomares y la cría de pichones, a se que es bien abundante. Matemos a este Español, venguemos nuestros ultrajes. despojando está la tienda, Tengan que disimularme, quise con este vestido de Español, para guardarle esta ropa al Arzobispo de quien soy criado. Baste; mas mira por ti Frances, que España sigue el alcance. . Vayan muy en hora buena reverendísimos padres, de buena manera fue el sustor paso adelante. ya he hallado aquí un vestido; y por si vuelven a hallarme los Franceses otra vez, quiero ver, que cuerpo me hace; póngome en nombre de Dios, , la sotana, Dios me guarde, Arzóbispo puedo ser de Ginebra, o de getafe, Bl n o que lindo es el roquete, las puntas tiene de Flandes; mas las puntas españolas lo han roto en algunas partes; o que limpio está el honete manteca puede prestarle a todo cuanto le guisan en un año al Almirante, lindo arzobispo parezco ser Cardenal ahora es fácil, aunque no estoy muy seguro de hacerme cardenales. Todo el campo he discurrido del Frances, por encontrarme con el Príncipe, y no puedo. Bercebúsolo ha de hallarle. Más prenderé al Arzobispo, date a prisión. . Eso es fácil. Santillan. . Seor don Miguel Qué es esto? . Ar riquezas gra en esa tienda hallé (des este vestido, y llevarle pienso a Sevilla mi patria, y alquilarlo, cuando traten de hacer por Fuenterrabía por máscara los Estudiantes. 1 Muera el Arzobispo. . Amigos, esperad. 2. Muera cobarde. Bien dije yo, que no estaba seguro de cardenales: soldado soy Español. Y de los nuestros. Infantes ir nopentro. mirad que vais de vencida. 2El Príncipe es . . A buscarle. Valiente es el don Miguel, como diez mil barrabases. . El brío me ha faltado, todo el valor de Francia a desmayado la empresa está perdida, a mis ojos he visto mi homicida, y el horrible semblante de la muerte mire en el Almirante, cada vez que en mi estrago decía, cierra España Santiago, esa verde campaña, Abril inculto, y páramo de España, que ya la cultivaron de tanto humor Frances, que derramaron Españoles alientos, aquí de mis pesares, y tormentos, Torrecusa, Morrara, el de los Veles, la Corona de líquidos claveles, y con mayor instancia no ultrajaron la roja Lis de Francia, cuyas ojas hermosas son del incencio ardidas mariposas. Todo se abrasa, y quema, los laureles, que forma la diadema de mis heroicas sienes en tan grave peligro dan báibenes, y casi derribados de los Auales quedaran borrados, y de laureles tales, no que dará memoria en los añales, antes quedar intenta la memoria en los Anales de mi afrenta. Victoria por España. . Grave pena! voz horrible, y fatal el eco enfrena, y por los senos uecos, no te repitas tan cruel en ecos, que son para mi suerte presagios tristes de mi amarga muer Esta voz, este acento, (te. que llena la región vaga del viento, a muerte me condena, Bibomo porque del pecho las moradas llena, y en lance tan estrecho la vida no está bien dentro del pecho que infamia tan crecida donde quita el honor, quite la vida. Aquella altiva cumbre donde hizo mi gente pesa dumbre, que entre las nubes bellas si viste piene, se corona estrellas, y haciendo al cielo ensayos. estrellas toca, y se corona rayos, ya está desocupada, y su falda de rosas esmaltada, y lo que fue esmetalda cegó el Estío, y lo vistio de gualda, y en su copete llora fúnebres perlas la rosada Aurora; porque la dejó un rayo leco el Abril, cáduco el verde Mayo. Al Príncipe prended. . Fiero tormento, mayores, penas me averigua el viento, antes la muerte espero Almirante, que ser tu prisionero, que a tan heroico pecho el Palacio del mundo le es estrecho y en vano se pregona, sino hay prisión capaz de mi persona: qué rigor! qué fiereza! mpo Tome luego caballo V. Alteza, que es lo demás en vano. Pierdo el honor, donde la vida gano y el decoro es preciso. A V. Alteza lo mejor le aviso, tome luego caballo. Dejo el honor, donde la vida hallo. Pues si en tan grave enojo, solicitáis de España ser despojo, es pena muy crecida. Gano el honor, y piérdese la vida, y en tanto desconcierto Arzobispo, no sé cuál es más cierto en la ocasión perdida ganar honor, o no perder le vida. Señor pena es extraña. si quedáis prisionero acá en España. Esa es pena mayor. Así acierto, y así lo más seguro, y lo más cierto es, que el río pasemos; y aquestos brazos serviran de remos. Cómo si va cuajado de tanto Frances noble que ha anegado? Aquí un a hermosa Alfana, que roja sangre remendo de grana tenemos. . Pues subamos: Vamos al río, ea al río vamos, y quiera Dios, que el río en sus ondas me de sepulcro frío, quedando en mi agonía vencedora de mi Fuenterrabía, donde está mi arrogancia, pues solo, y con mi agravio vuelvo a Francia. Victoria, victoria. Todos. Dicen victoria a porfía, diga, pues Fuenterrabía: victoria por varios modos. Oh qué acosados se ciegan los enemigos cru eles, tanto es el mar de claveles, que en su piélago se anegan. Castigados los altivos, infame temor arguyen, y por todas partes huyen los pocos que quedan vivos. Ya los nuestros sin enojos se retiran sosegados, todos riquezas cargados, de vestidos, y despojos: y entre rojas primaveras, que de coral van pisando, vienen todos arrastrando, muchas Francesas banderas. Oh que suave armonía sueña de voces suaves, y el facistol de las laves canta la gloria a María. Alegres y sin trabajo vienen a Fuenterrrabía. ono Señor, Domingo de Guía, pues vamos todos abajo. que ya viene el Almirante. Abrid, abrid esas puertas, hallelas María abiertas desagraviada, y triunfante. Aquí soberana Aurora; protectora de mi honor, estaréis Virgen mejor. Aquí nuestro bien mejora, que victoria tan triunfante es forzoso celebrar. Las gracias le emos de dar, y después al Almirante. Solo a Dios es justa ley por tan conocida gloria, ob quiero escribir la victoria. A quién gran señor? Al Rey. Pues en cuanto, gran señor, C. con el locorro venistis, diré lo que vos no vistis. Serán de vuestro valor grandezas, como las siento. Solo hablará el corazón, porque vuestra relación no falte. Ya estoy atento. Resultó del desafío la sangrienta escaramuza, cuando parches, y clarines la región vaga retumban. Conociose la cautela, y el Marqués de Torrecusa, que sufre del enemigo pocas veces las injurias. Empuñó el rayo de acero, y por entre las confusas densitudes, fue su brazo una desatada furia. Aquí el Marqués de los Velez de la lealtad se intímula, y Júpiter y Mortara la muerte en un rayo oculta. De este modo al enemigo toda nuestra gente junta acometío, y el traía ventaja para otras muchas. Pero cuando Santiago por el aire se divulga, solo este nombre escuchado, o los vence, o los perturba. El Frances aquí desmaya, laliento a qui caduca, lPríncipe no parece, lCoronel se rehusa; lsoldado se amedrenta, turbado el tambor no pulsa, lpífano no organiza, el clarín, el labio muda. Las banderas no tremolan; a San Dionis no pronuncian, o por falta de gobierno, o porque ya en nuestra ayuda otra causa superior la nuestra dio por más justa, Los caballos que ocupaban las verdes agriculturas, donde Abril desvanecido, pensiles huertos dibuja, sin freno que los gobierne la carrera dificultan, y entre las ondas de sangre era soberbia la espuma. Rojo mar era la tierra, en cuya undosa alaguna derrotados los Franceses: uno nada, otro fluctua, y alguno que fluctuando con ansias, y con angustias, entre tanto cuerpo muerto halló tan natural tumba, que erigiendo monumento de grandeza propia, y suya, porque los suyos le honrasen hizo de ellos sepultura. Aquí gimen, allí lloran, unos el valor se acusan, otros el remor se venden, todos su miedo disculpan, y entre disculpas, y quejas, porque ninguno se arguya con la muerte resolvieron el Paragón, o la duda. Ya el soldado no dispara, ya los mosquetes no apuntan, ya los caballos no corren, ya las cajas suenan mudas, ya las tiendas se deshacen, los nobles las desocupan; y siendo las diez del día con la pólvora que ahuma, la sombra del caos primero caliginosa y confusa pareció, poniendo al Sol toda una nube sulfúrea. Esa eminencia que alcanza a la inmensa arquitectura: tuvo por falda un adorno de penachos, y de plumas, tuvo por cumbre un hermoso dosel de lises purpúreas: más derribando la cumbre, (que suelen ser mal seguras) Halló de su desengaño tan satisfecha la duda, que bajó en espacio corto, si subió en distancia mucha, De las cuárteles de Yrún se formo una media luna, que examinó la corriente con la menguante tan juntas, que en un instante un eclipse violento, la luz le usurpa, de tal suerte fue que apenas le quedó picas, ni puntas. Unos con las vidas rabian, y otros con la muerte luchan, la confusión los estorba, el valor no les ayuda: ya desmayan, ya se apartan, y de su adversa fortuna, pidiendo albergue a la vida, les daba la muerte urna. Victoria por nuestra España diversas voces pronuncian; y aunque impedidas del fuego se entienden, si mal se escuchan. Aquí fue mayor su pena, pues por fines, y resultas los que buscando la vida pasar las aguas procuran, entre las claras corrientes sombras quedaron oscuras. El Príncipe de Condé por la campaña se ofusca, porque mi solicitud su prisión no disimula, pero por desgracia nuestra fuese, o por ventura suya: no le encontré; mas después vi a un joven, que le apresura (la carrera de una alfana, que surcando ondas purpareas) era un enojo del Euro; llegó al río mal segura su vida, y allí halló en una breve chalupa; remedio contra la muerte, que tanto presagio anuncia, Mas de trece mil Franceses murieron, la fama muda, admirada lo publique bachillera no lo encubra. Esa campaña, que en Mayo varios dibujos estudia, donde es tanto el ámbar gris, y es el aroma tan mucha, que en la hermosa Primavera estos confines perfuma; ya es funesto ansiteatro. en quien la muerte renuncia el ejercicio fatal, que a su guadaña acomulan. Cuatrocientos Españoles después que este cerco dura en Fuenterrabia, apenas son, de quien la muerte triunfa. Y al fin, porque fatigado estáis, señor, digo en suma, que esta es la mayor victoria entre cuantos asegura el Plavera, a quien oriente le da luminosa cuna: y en los Palacios de Doris, muere entre colchas ceruleas, la fama la manifiesta, el silencio la pronuncia, los dos Polos la dilatan, el bronce, y mármol la esculpan; vuestra grandeza la abona, nuestro Monarca la triunfa, toda España la celebra, y aquesta Nación la ayuda. Mi obligación a María una fiesta perpetua. Yo le daré del despojo un farol, que al sol alumbra. El cincel hará del jaspe memoria a la edad futura. Lo que resta de mi hacienda a su culto se acúmula. Lo que sobra de mis años en su de noción se ocupan. Mis belicosos alientos en su defensa se aunan. Reedificarle su Templo, firme el Almirante jura, con más oro; que examina del Sol, la madeja rubia. Y aquí tiene fin Senado suplicándoos, que las culpas de aquesta comedia tengan piadosa vuestra censura.