Texto digital de La centinela de honor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Pérez de Montalbán
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La centinela de honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/centinela-de-honor-la.

LA CENTINELA DE HONOR
JORNADA PRIMERA
Toda Irlanda lo pide Pues yo digo que con ser acertado ese consejo por ser mi gusto ley, mi gusto sigo, y apisionado, de admitirlo dejo. Advierta vuestra Alteza. Duque amigo de tu porfía con razón me quejo mi vida al Reino, que a pedirlo viene, mis que mi casamiento, le conviene, solo tratarlo causa mi tristeza, la libertad mi condición codicia. Pidelo todo el Reino, y V. Alteza debe evitar la popular alicia demás, de que de su Real grandeza digna hazana será, pide justicia, porque en efecto anteponer es justo el provecho común al propio gusto. No condeno del todo vuestro intento puesto que poco al Reino le contienga, mas abaque pecuráis mi casamiento, para que suceñoa tenga, él ha de ser sin dur con que a faltarle el sucesor me venga, pues temo el casamiento de tal suerte, que pienso que con él vendrá mi muerte. No puedo presumir que causa os debe mover a recelar tan nuevos daños, falta me la salud? cubren de nieve ya mis cabellos los prolijos años? mi salud y mi edad no es la que os mueve a no admitir tan ciertos desengaños: no fa ta tiempo, y pues feliz le gozo, dejadme en libertad mientras formozo. A4. Ay si el Rey se casara cuando mutro viendo que muere por Teosinda hermo de quien me hizo, por mi mal, tercero, ignorante de que es mi amada esposa: padre, animale más, pues solo espero por tu medio alcanzar suerte dichosa, porque la muerte sola me prometo si sabe el Rey que me casé en secreto. Duque, no más. Señor. De aquestas canas mi atrevimiento, gran señor, es hijo. A Mis esperincis pe salemay Perdón elezo Con razón me aflijo. Qué te parece? Qué callando ganas la gracia, Conde, de tu Rey colijo, (justo pues no es discreto, cuando el Rey no es quien consejos le da contra su gusto. Sin duda, amigo, es fuerzadni estrella, y poderlo alcanzar es imposible. Si digo al Rey que me case con ella, temo su condición porque es terrible, si callo es Rey, y mi Teosiuda bella, puesto que su valor es invencible, es mujer enefeto, y enefecto, quien teme sus mudanzas, es discreto. Pues que puedo yo hacer? mas como mue consintiendo pesar tan inhumano, (ro, si cuando vengo a ser del Rey tercero, de mi mal el remedio está en mi mano? lo mejor es callar, defender quiero honor, lealtad, y vida pues es llano que en encubririo mi leatad no ofendo, pues en disimular mi honor defiendo, viva mi honor, y mi lealtad no muera. Si te adoro. Teosinda, de tal suerte, como en mostrarte rigurosa, y fiera procuras darme tan penosa muerte? dejad ne solo. Quién servirte espera, solo ha de procurar obedecerte. Con eterno pesar el alma lucha, muerto de celos voy. Marqués escucha. Qué me manda vuestra Alteza? Cominicarte un cuidado quiero, Marqués, confiado en tu valor y nobleza, que el secreto me asegura. Mucho abona mi valor ser tú mi Rey, y señor, yo tu criado, y tu hechura: en que te sirvo? Marqués, mal preguntas, cuando infiero que lo que decir te quiero escrito en mis ojos ves. No te dicen los enoj que me maltratan, y ofenden? Los amantes solo entienden el lenguaje de los ojos. Dices, amigo, muy bien, mas ten por cosa evidente, que el amante solamente hablarle sabe también. Y en ocasión semejante que te cuento mis enojos, hablándote con los ojos, te digo que soy amante. No te espantes de que rinda el amor mi pecho exento, pues tomo por instrumento la hermosura de Teosinda. De Teosinda? . Sí. Ay de mí, yo soy muerto. . Y por no errar pretendo ahora fiar este secreto de ti. Sabrás que cuando intenté alcanzar de amor victoria, que procurase mi gloria a Marco Antonio encargué, Y porque premio tuviese la calidad que la abona, mano de esposo, y corona hice que la premetiese. Porque siendo en calidad iguarmía, injulto fuera que aventurarla quisiera sin esta seguridad. Marco Antonio a mi pesar me quiere dar a entender que ella ha dado en responder que no se quiere casar. Y por ser el amor quien me trata con rigor fiero, de estas respuestas infiero que él la debe querer bien. Porque una corona es fuerza, entre quien la razón sigue, que voluntades obligue, y que libres gustos tuerza, Y así yo, para sacar alimpio a contigo en esta ocasión o pretendo, queriguar. Para lo cual, pues tan fiel en servirme te has mostrado, que la des quiero un recado junto con este papel. Y si de tenerme amor da al responder testimonio, es cierto que Marco Antonio procede como traidor. Y si es traición conocida, quedarán, como amor manda, Teosinda Reina de Irlanda, y Marco Aotonio sin vida. Qué dices? Que mi nobleza aumentará, como es justo, emprender con mucho gusto servicios de vuestra Alteza. Pues con que traza has de entrar en su casa? Gtan señor, el imposible mayor pudiera facilitar con solamente el deseo de acertar en tu servicio, que este bien solo codicio por premio de aqueste empleo. Aunque con razón me anima en ocasión se mejante, haber sido un tiempo amante de Leonisa, que es su prima. Fingiré que ha renovado mi pecho el amor antiguo, y entraré. . Bien averiguo lo mucho que has deseado el fin de mi mal terrible en lo que tu pecho ofrece, que en fingir quien aborrece, es hacer un imposible. Y pues tú para mi bien hacer imposibles puedes, yo por hacerte mercedes haré imposibles también. Gran señor, tu Alteza viva mil años, beso tus pies. En la respuesta, Ma mi vida, o mi muerte estriba. - Amor, que gloria pretendes del daño que me procuras? porque mi honor aventuras? porque mi lealtad ofendes? Yo podré hablar a Teosinda? como es posible que llegue sin que la vida la entregue, y sin que el alma la rinda? De mil modos me lástima mi desdicha, ya he llegado a donde está mi cuidado; mas aquí viene su prima. Si me habrá visto yo muero de pesar, arrepentido de haber hasta aquí venido; no me vio, volverme quiero. En gran confusión estoy. (sible Oye Marqués. . No es posa volverme ya, si la doy el recado, muerto soy, hay desdicha tan terrible? Quién vio tal cosa jamás? Marqués? Señora. . Qué es esto? en necio, y grosero das, a que vienes, si te vas sin decirnada tin presto? no respondes? habla, di. Tal dolor mi pecho siente, que lo que sabrás de mí es que vine solamente para volverme de aquí. No te entiendo. . Si pudieras con solo tu pensamiento, alcanzar mis penas fieras, no me diera tal tor mento. Si padeces tan de verás, dime tu mal. . No es posible, porque con ser mi aflicción, Leonisa, tan insufrible, será con la telación más pesada, y más terrible. pesar ha dej Pi de aliviarse referido? Cómo el que me da cuidado, mayor que todos ha sido, nuevos efectos ha obrado. Suspensa estoy de escucharte, y tan lastinada quedo, que solo por consolarte quisiera provar si puedo algún remedio aplicarte. Pues mi dolor te lástima, escucha atenta. . Si haré. A tu prima el alma estima, y mándame el Rey que dé este papel a tu prima. Y cuando amor se desmanda. en aumentar mi tristeza, que la prometa me manda, que adornará su cabeza con la Corona de Irlanda. No quiere que tenga ya Marco. Antonio este cuidado, porque dice el Rey que está. de las respuestas cansado que Marco Antonio le da. Como ahora en tal dolor consuelo puedo esperar, pues cuando muero de amor, si la quiero procurar, no puedo sin ser traidor? En el loco desconcierto que ni desdicha ordenó, haber de quedar es cierto vivo el Rey, y muerto yo, o vivo yo y el Rey muerto. Pero de mi bien me priva del honor la dura ley, pues con crueldad excesina, diciendo amor que yo viva, dice hono que viva el Rey. Sigo al honor, mas quisiera verle menos riguroso, porque mejor le siguiera, si como el amor piadoso. que yo viviese pidiera. Mas pues ser mi pecho fiel. tanta desdicha causo, a tu prima que está en él dale el papel tú, que yo le daré vida, y papel. Si tras tanto desconsuelo, tan nueva lealtad no viera, para fin de tu recelo, Marqués amigo, te diera un remedio, y un consuelo. Mas considera, Marqués, que esa lealtad es error, pues bien claramente ves, que no es bien llamar traidor: al que por amor lo es. Que será yerro evidente buscar remedios, no ignoro, pero si aquí se consiente, es porque el amor es oro para hierros solamente. Dime pues de que manera. el dolor que me lástima tendrá fin, porque no muera. Quiero serte con mi prima para tu gusto tercera. Los pies, Leonisa te pido. A mí no, a mi prima sí. Por el bien que he recibido, no sé como no la olvido por solo adorarte a ti. Que quien tanto bien no paga, que gloria puede tener? Para que te satisfaga, no me lo has de agradecer, porque he de pedirte paga. Que puedes pedir que sea a tan alta gloria igual? También el amor se emplea en mostrarme que mi mal al tuyo igualar desea. Adoro al Rey. Al Rey? . Sí, y estoy por él de tal suerte, que vivo fuera de mí. Pues que pienso hacer advierte mas por ti, que tú por mí. Pues solo en esto consiste: el fu de mi mal cruel espapel que le al Rey que el papel a mi prima se le diste. Dile también que no olvida los favores que le da, y dile que agradecida. por tus ruegos está ya a su voluntad rendida. Y declararle podrás. que quiere hablarle, y entonces: lo que haré por ti verás. Piedras, mármoles, y bronces, rindiéndola ablandarás. Pues qué te obliga? . Querer hablarle yo en su lugar, que como vendrá a creer que pudo a mi prima hablar, mil favores me ha de hacer. Adiós. . Adiós el rigor: de mi mal así detengo. Contento estarás, amor, de que por seguirte vengo a ser dos veces traidor. Confusa quedo, y turbada, Marqués engañado, en ver tu pretensión mal fundada, pues no te puede querer mi prima por ser casada. Mas como mi confianza en este engaño se incluya, en el dolor que me alcanza, principio doy a la tuya, por dar fin a mi esperanza. Qué remediara tu daño. si pudiera te prometo; mas viendo en el desengaño. que está casada en secreto, perdonarás si te engaño. Solo aliviar pretendí. la pena que el Rey me da, que a mi prima, siendo así, Marco Antonio la sabrá guardar del Rey, y de ti. Mas como tanto límito, papel ingrato, la prisa, uando la ne nate que hay si ocupara L el lugar del sobre escrito. Prima; pero aquí leyendo está un papel divertida. De esto, ingrato Rey, me ofendo, a mi prima llamas vida, cuando estoy por ti muriendo? Mas quién está aquí? Yo soy. Aquí conviene fingir: tal de regocijo estoy, que albricias te ne pedir. Haz cuenta que te las doy. Sabrás que el Rey. Del Rey tratas, y pides albricias? . Prima, mucho las nuevas dilatas del bien que tu pecho estima. Con solo el nombre me matas. Si te digo que te olvida, parécete que la nueva es mala? . Prima querida, a pedir mi vida piueba, pajareia con la vida: di cómo lo sabes? . Muda. el Rey su afición en mí. Pues razón será sin duda que a dalta gracias a ti por tan alto bien acuda. Ha me escrito este papel. Ya estarás enternecida. Solo lo que escribe en él, si no estuviera rendida, rindiera mi pecho fiel. A tenerlos por despojos, le diera mil albedríos. Pues consiente por tus ojos que el pasarle por los míos. trueque en glorias mis enojos. Solamente en agradarte fundo todo mi consuelo. Alcánzame mucha parte: de tu gusto. Sabe el cielo sade Tras de la suerte dichosa que quiso el cielo ofrecerme, el Rey de Teosinda hermosa, tercero ha querido hacerme, no sabiendo que es mi esposa. Mas si esto me da inquietud, el tener seguridad puede causarme quietud, pues del Rey la voluntad es crisol de su virtud. Pero si me da recelos un Rey, quien haurá que impida mis celosos desconsuelos? perdona esposa querida si te ofendo en tener celos. Siendo a nante, su rigor solo me dio un dolor suerte, porque eran hijos de amor, pero marido, la muerte, porquelo son de mi honor. Mas aquí está cielo santo, papel Teosiada! qué es esto? De qué te espantas? Me espanto de que ha podido tan presto o vidar, y querer tanto. Que solo el verla leer un papel, así me rinda a sospechar, y temer! a mi ofenderme Teosinda? no puede, no puede ser. Marco Antonio. A. Mi cruel sospecha ha sido excusada, pues al vería yo con él, ni se ha mostrado turbada, ni me ha escondido el papel. Dulce esposo. Gloria mía. De tal bien vengo a gozar, que en tan venturoso día, dando fin a mi pesar, doy principio a mi alegría. Pues dime, señora, quien a tal gloria te convida? Cansado de mi desdén, el Rey, esposo, me olvida, y a Leonisa quiere bien, mira si por ser así debo dejar mi cuidado. No puede ser, ay de mí, que el Rey ahora me ha dado un recado para ti. No hay cosa que no me prive de mi gusto. El Rey la adora, y como en mi bien estrive, estaba leyendo ahora este papel que le escribe. Vérale también mi esposo, Leonisa? . Cosa es forzosa, Ya le tomo receloso, papel que te hace dichosa al verle me hará dichoso. Mucho el Rey nos obligó. Ay que es mi gloria fingida. Responderás? . Porque no? Pues consiente, por tu vida, que note la carta yo, y verás con que fineza escribo al Rey. Suerte es mía. Dejadme solo. Ya empieza a matarme el alegría tanto como la trilleza. Qué es esto locos intentos? donde me queréis levar cuando imitáis a los viertos? que es infaia dar lugar a tan viles pensamientos. Cono es posible, ay de mí, leer el papel que ordena el dolor que padecir aunque me mate la pena, le quiero ver dice así. Con ser causa de mi muerte, puedo lla narte ni vida, pues soy tuyo detal y rigor que me impida procurarte, y quererte. Si quieres, mi bien ordena, sino, dame más enojos, pues cuando amor me condena, aunque soncielos tus ojos, consienten que viva en pena. Aquí de Dios, cuando hubiera mudado el Rey su afición, por fia de mi pena fiera, a lo menos un rengión del papel no lo dijera? Como no acaba el dolor al que infelice padece tales menguas en su honor? Señor, a señor parece que está sin leso, a señor. Despidan rayos los cielos que acaben. Pobre lacayo, muriendo estoy de recelos, que haré? Mas que mayor rayo que mi venganza, y mis celos? Venganza he que a procurar, aunque ya me la pretende el mismo cielo estorbar, mas si es un Rey quien me ofende, cómo me puedo vengar? Poco aprovecha el rigor de mi desdicha nacido, hallando en mi deshonor para tan flaco ofendido tan poderoso ofensor. Mas no es de pena tan grave causa el Rey, tú, ingrata, entiendes en procurar que me acabe, pues tú sabes que me ofendes, y el Rey no, que no lo sabe. Desde hoy, ingrata, me obligo a conquistar fama, y nombre en la venganza que sigo, pues haré que al mundo asombre la relación del castigo. Válgame Dios, que será la causa pena su pena me da; advierte, señor, que habemos llegado a Palacio ya, señor a señor. Qué quieres? Mira que habemos entrado en Palacio. Que tú eres la que ser has procurado ejemplo de las mujeres? Teme, ingrata, que me obligo a ver si mi daño es cierto, y en esta empresa que sigo, de tu esposo, me convierto en tu mayor enemigo. Y quién quiera dirá que es imposible, siendo icosinda cuerda con ofierosa, monta se avuestra Alteza tan terrible, Eita que sale el Rey. 4. Cosa es forzosa dejar este lugar, porque no vea en mi tostro sapena riguiola. Ven Muiete, No aúra, señor, quien crea que tienes seso ahora. Ven y calla. Solo cnscruirte mi lealtad se emplea. y. que enéfeto, Marqués, llegaste ahablarla refere por momentos el suceso, que sae el a ma alegre a cortemplarla. Viendo a Teolinda vi que el cliar preso de amor por su hermosura siendo tanta, no ha de llamarse en V. Alteza exceso, mas aunque al mundo su belleza espanta por ser su discreción casi infinita, hasta el supremo cielo la levanta, la luz al sol cuando le mira quita, y el más largo caudal, no el corto mío, al tratar de alabarla se limita: temeroso al principio desconfío, pero pude imprimir en blanda cera lo que quise gratiar en mármol frío; hablela, y respondiome de manera, que aunque su luz de vista me privara, que está perdida por quererte viera; dila el papel, pensé que reparara en quererle tomar, pero al momento mas su amor recibiéndole declara, dando demonstración de su contento, y con la acostumbrada cortesía a leerle se entró en otro aposento, y a su prima llamo, por quien me envía a decir que procure que esta noche convierta hablarla vuestra Alteza en día. Aunque mil siglos sin dormir trasnoche, mil siglos Febo vigilante quiero que esconda en los Antipodas su coche; que tanto bien, que tarto bien espero, y en la gloria que da tal esperanza, que apenas puedo merecer, no muero! hay amgo Marqués ten confianza, que presto Marco Antonio salga de ella, y ócupes su lugar en mi privanza. Señor. Esto ha de ser; Teosin la bella, tuya es el alma. . Mira. No repliques. Beso tus pies. Es fuerza dle mi estrella; ya noche ya es razón que signifiques el gusto que te debe dar mi pusto, (ques. cuando impiliendo al sol tu medio apli Perdone Marco Autonio. No fuejasto temer traición de Marco Antonio. Digo, que antes le tuve por recelo injusto, porque el ser yo de su valor testigo pado engañarme. Gran disculpa tiene, mas no podrá librarle del castigo de aqueste agravio. Marco tono viene. Que aún debe dar testimonio, sin dú la alguna sospecho, dia dolor que está en mi pecho, el rostro. Qué ay Marco Antonio? Que yo quisiera, señor, que vuestra Alteza enviara, porque este mármol labrara, un artifice mejor. No puso en el suelo Dios rigor más extraordinario. Pues yo entiendo lo contrario de lo que me decís vos. Y esta mujer menos fiera que la pintáis podréis ver, que no es Ángel, y es mujer, y no es mármol, si no cera. Qué es esto válgame Dios! suceso es extraordinario, pues yo entiendo lo contrario de lo que me decís vos? puesto le habrá entre los dos alguna lengua ligera, pero que es razón que infiera, de que el Rey me dé a saber que no es Ángel, y es mujer, y no es mármol, sino cera. Qué decís de esto, mi henor? que estoy sin duda ofendido; presto me habéis respondido para aumentar mi door: sentenciasteis con rigor, de que claro colegí, cuan desdichado nací, pues que pronuncia esta vez contía ni sentencia un juez apasionado por mí. Mas cuando me deja cierto de mi afienta mi dolor, cómo respondéis, honor? cono me habláis ai estáis muerto? mas mi duda es desconcierto, que mis desdichas consienten, solo para que se aumenten, pues no es mucho si así obligan, que esta los muertos las digan, pues que los muertos las sienten. Y pues el Rey me advirtió, al a nor ciego rendido, que lo contrario ha sabido de lo que se he dicho yo, tu liviandad señaló, aguarda enemiga, espera, que yo mismo, ingrata fiera, por mis ojos he de ver, si eres Ángel, o mujer, y si eres mármol, o cera. El diablo lleve la puerta, que sin saber lo que siento, cuando salgo tan a tiento, gruñendo, a todos despierta. En más el peligro estriba de mi amo, cosa es llana, pues sale por la ventana, y de las de más arriba. Mas quien no saldrá, si fundo que el más feliz viene a ser, en que goza la mujer más bella que tiene el mundo? Mas aunque tanto le agrada, pues él por bella la adora, si muere por la señora, yo muero por la criada. Mas el Duque, y Marco Antonio salen por la puerta ay cielo, yo me escondo, que recelo que anda esta noche el demonio. Dónde vas, hijo detente. Padre, pues siempre lo he sido, que me perdones te pido, si olvido el ser obediente. No es razón hacerlo así. Muy bien puedo merecerlo, si una vez dejo de serlo por las muchas que lo fui. Antes mi pena consiste, si no lo consideraste, en que en esta vez botraste cuantas obediente fuiste. Mira bien, aunque estás ciego, Marco Autonio, de pesar, que te lo puedo mandar cuando a rogártelo llego. No vay Qué es imposil dejar de salir advierte. Quiéres, hijo, darme muerte? Qué condición tan terrible! suéltame. . Eres un villano, loco, ignotante, atrevido; este pago he merecido cuando a rogarte me allano. Yo tengo razón, y mucha. En qué consiste? . . Señor, salgo a defender mi honor, Qué es eso de honor? Escucha. Sabrás, querido padre, que mil años felices nevadas canas peines, y parda tierra pises. Que más que a cue stis hombres padeciendo se afligen, pesares me maltratan, desdichas me persiguen. Porque Teosinda hermosa, cuyas luces impiden alegres libertades, con mirar apacible. Quitándome la mía, mostro que quien resiste la fuerza con que matan, debe ser insenble. Mil honestos favores, que es bien se soliciten, justa correspondencia fueron de mi fe firme. Ay padre, si en tal gloria, que es justo que se envidie, me viera la fortuna, que en maltratarme insiste, embelesada entiendo que piadosa, y humilde parará el veloz curso de sus ejes movibles. Mas como el anor fiero, usando sus ardides, perfeccionó en Teosinda claveles, y jazmines, hizo que el Rey la viese Rey. como discreto, padre; lo que pensé decirte. Solo diré que quiso, si decirlo es posible, enamorado, y ciego, por tercero elegirme. Cuál quedé yo, tú solo quiero que lo imagines, si ya con mis pesates tu pensamiento mides. Mostré al responder gusto, y apesarado fuime a dar a mi Teosinda este recado triste. Respondiome; pues luego casándonos se eviten recelos que te causan penas tan insufribles. Temí que el Rey de aquesto se enojara, y la dije: ofensas del Rey ciertas son mi bien, las que pides. Esta respuesta oycudo, enojada, y terrible, imitó la fiereza de los sangrientos Tigres. Recelando su daño, cáseme, padre, ay triste, porque fuera no hacerlo hacer un imposible. Después de desposados, mil veces al Rey dije, que es Teosinda a sus ruegos, mas que diamante firme. Y nuaca de la empresa el Rey, padre, desiste, aunque ha tenido siempre desengaños visibles. Ya que todo lo sabes, será justo advertirte que es excusado ahora reprenderme, y reñirme, No culpes el empleo, pues porque le acredites, a sangre de Teosinda, e Reyes tiene origen; Ni me cierres las puertas, porque los cielos viven, que en el pecho pretendo infinitas abrirme. Esto es honor; mi padre, si mi salida impides, recelando mi muerte, de quien eres desdices. Solamente la infamia a recelar te obligue, pues para todos mueren los que sin honra viven. Solo de lo que he sabido. puedo formar sentimiento, de ver que este casamiento. sin mi licencia haya sido. Aunque la elección es tal, que viera el mundo también, que no lo hiciera yo bien, si dijera de ella mal. Cómo mozo procediste, pues suceso semejante, solo de puro ignorante encubrírbielo pudiste. Y así, aunque el yerro no abono. en que incurrir has querido, cual de ignorante le olvido, cual de rapaz le perdono. Ven acá, sabes si ronda su calle el Rey? Siempre solo está pidiendo que Apolo en el mar su carro esconda. Porque aunque mi sangre hidalga aniquila, y atropella, cuando se esconde está en ella, y le aguarda hasta que salga. Pues temiendo tu deshonra, veo, para que se impida, que en quedar guardas tu vida, y en salir guardas tu honra. Darte será lo mejor licencia para sal da el J to será necesario ir, hijo, receloso, le está tu honor peligroso, es tiene un Rey por contrario. Y aunque los cielos te han dado tan excelente mujer, recela más el poder que estés de ella confiado. Y aunque es buena, considera, hijo querido, y repara, que de ser mujer dejara, si mudarse no pudiera. Nunca pierdas los recelos, y si en ser celoso das, haz que no sepa jamás tu mujer que tienes celos. Que muchos te querrá dar, si el castigo no previenes, viendo que sabe que tienes causa para sospechar. Y así, si de aquesta suerte averiguas trato injusto, entonces será muy justo el aviso con la muerte. Darte para entre los dos esta lición he querido. Que me perdones te pido. Ya lo estás, vete con Dios, vete presto, que es muy tarde. No será, padre, razón, (de. irme sin tu bendición. Dios te guíe. . . Dios te guar Ver quiero ahora mejor, si en ocasión semejante es la prevención bastante para asegurar mi honor. Mas aunque un Rey le contrasta, que está seguroco que pues es noble mi hijo, el que le defienda basta. Pero no, que si en su casa le entretiene su mujer, le es imposible saber lo que por la calle pasa. Que al fin es cosa forzosa quitar en tal ocasión, fuera la murmuración, dentro guardar a su esposa. Pero por muchas razones he llegado a colegir, que es imposible acudir a las dos obligaciones. Pues quien aquí me detiene, cuando claro colegí, que como a mi hijo, a mí defenderle me conviene? Comenzar quiero a guardarle, el corazón se me abrasa, él defiéndale en su casa, yo le guardaré en la calle. Pero yo puedo impedir que la rónde? no es posible, hay confusión tan terrible? pues mi honor ha de morir? Confuso, y turbado quedo, mas qué temí? qué dudé? que entre en casa estorbaré, ya que en la calle no puedo. Ea esfuerzo, que os mostrasteis en el antiguo ejercicio, advertid que ya codicio que me honréis como me honrasteis. Que pues estáis con valor, cuando así le he menester, animoso voy a ser centinela de mi honor.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda El caballo de san Pablo te valga. . . Válgame el cielo, esto para mi recelo faltaba. . Ciégate el diablo? di que es agüero. . . Ay de mí. En eso das? tienes seso? Tal estoy, que te confieso que sin duda le perdí; y así ahora no te espantes si loco a decirte vengo. Qué? Que por agüeros tengo ocasiones semejantes. Al menos si con extremo llego a sentir su rigor, que son hijos del temor, y el mayor bien perder temo. Si la hacienda, si la vida me amenazarán, pudiera. consolarme, pues tuviera la vida por bien perdida, y menos mal me causara que la pena que recelo. Qué cause tal desconsuelo impertinencia tan claral a dónde pasas? detente, abre, y entremos. No quiero, deja que salga primero de la calle aquesta gente. Ya yo comienzo a temblar. Quien son pretendo saber. Apenas puedo creer que tal bien llego a gozar. Mas también hacerme quiso recelar mi pena fiera, que tampoco mereciera pisa la cabe que piso. Y aunque lo desconfié, esta ventuna me adiuerte, que gozaré de mi suerte como la calle pise. Esta es la puerta, no es llava mi enamorada conquista, pues no subí con la vista al cielo de su ventana. Llaves, por mi mal guardadas, no me tengáis estas puertas para mi desdicha abiertas, y para mi biencerradas. Mirad que por mi consuelo, en esta amorosa guerra, porque me cansa la tierra, vengo a descansar al cielo. Pero en los recelos ciertos que atormentan mi memoria, querréis decir que en la gloria solo descansan los muertos. Mas siendo así, mi ventura debo procurar mejor, pues como muerto de amor, tengo su gloria segura. Marqués, no sale mi bien? Mañana por todo el día cantan por el alma mía requiescantin pace, amén. De manera, que el venir aumente el tormento mío! Ten paciencia, que confío que no tardará en salr. Múete. Pues me conoces, deja de inuetearme, que han de venir a matarme, porque no los eche a coces. No es razón esto me asombre? Apártate un poco allá, que el que nos viete dirá que no somos sino un hombre. Antes pensara, pues tratas. de quien viere esta figura, que lo es de cabalgadura, porque verá cuatro patas, y dirán de aquesta suerte no que a tu lado me hirieron. Pues qué dirán? Que me dieton a tus espaldas la muerte. Que para más desengaño de mi desventura; arguyo que fue aquel tropiezo tuyo el agürro de mi daño. No dices que el tropezar solo amenaza caída? Pues que muerto, por tu vida, se pudo en pie sustentar? Pero mejor es que espere, ya que al miedo estoy rendido, tras de esta esquina escondido, y venga lo que viniere. Pensando estoy, temeroso, cuando remedios prevengo, que a guardar el honor vengo, como marido celoso. Si vienen contrarios míos, aún no hallarán sangre fría, que están en pie todabía de mi mocedad los bríos. Pero sin duda es la casa de Teosinda la de enfrente, cerca de la puerta hay gente, saber quiero lo que pasa. Muchos son y por mil modos, todos las vidas me venden, porque si todos me ofenden, los pienso matar a todos. Ay Marqués, mucho se tarda, con mil pensamientos lucho. Temo que he tardado mucho, y que ha mucho que me aguarda. Si en solos engaños fundo el remedio de mis daños, jamás hubo por engaños. venturosos en el mundo. Mas sin dada es cosa vana yve engañomer no Marqués, no ves gente en la ventana? Sí señor. . Llega. Esperad, dejad, dejadme temer, que voy sin duda a emprender la mayor dificultad. El Rey es este, ay de mí. El Rey es este sin duda. Conde, quien en esto duda es discreto? . Señor sí. Que como su bien se encierre en comenzaracertando, es bien que dude pensando lo que dirá sin que hierre. Es Teosinda? Es el Rey? Sí, aunque tal por vos estoy, que vuestro vasallo soy. Teosinda soy. . . Ay de mí. Cerno puede ser, si está dentro de casa su esposo? Afligido, y temeroso, aguardo mi muerte ya. En la pregunta recelo que me he debido engañar, porque ha sido preguntar si está el Sol claro en el cielo. Mas cómo está cerca llego a sospechar, y temer, que en verle, debe de ser que su hiz me dejó ciego. Reportad sus rayos tojos, que haciendo en mi vida ensayos, me la quitarán los rayos de vuestros divinos ojos. Hasta aquí de un dolor suerte fue causa vuestro rigor, y ahora tanto favor pienso que me dará muerte. Tal escucho sin que muera? Muy bien mi dicha se entabla. Si supiera con quien habla, y estas ternezas dijera. Cuando amor, señor, ordena vuestra muerte con rigor, a mí me ordena el amor una gloria, y una pena. Gloria, porque llego a veros para fin de mi cuidado, y pena, porque he tardado en serviros, no en quereros. Que siempre llevó la palma amor de mi sía despecho, que el estar vos en mi pecho, me dio más vida que el alma. Pero al vuestro, y mi deseo dejé de satisfacer, por no pensar merecer la gloria de aqueste empleo. Mas pues la experiencia muestra que bien mi pecho confía, quiero dejar de ser mía, sola mente por ser vuestra. El alma que tengo os doy, y con amor sin segundo, quisiera ser todo el mundo, pues poco para vos soy. Ya fiera enemiga ingrata, solo da cabsa a mi llanto el detenerse el Rey tanto, pues el castigo dilata. Mas yo haré, porque esperanza en tales penas reciba, que tú misma sangre escriba de mi ifrenta la venganza. Solo Teosinda causo que por sus ojos muriera. Ay si yo Teosinda fuera, y Teosinda fuera yo. Hoy mi afrenta ha de morir, matarela. . Hay prenda bella. Si está su esposo con ella, cómo ha podido salir? A quién haurá que no asombre tan infame proceder? Sin duda que otra mujer finje de Teouinda el nombre, Pero si determinada, para gozarse los dos, le abre la puerta, por que le estorbe al Rey la entra Qué decís, señor? . Que soy todo vuestro, prenda hermosa, y si me la duis de esposa, palabra de esposo os doy. Vuestra esposa soy. . . A ingra Así acabo de entender que no es Teosinda, por ver que de casamiento trata. Dejaisme? . De vos me quejo, pues que tenéis por posible el que es mayor imposible. Pues no os vais? Sí mas no os dejo, que estáis con tan firmes lazos dentro de mí, que sospecho que el sácaros de mi pecho será hacerle mil pedazos. Adiós, señor. Él os guarde, ya mis ojos me han dejado, por cuya causa he quedado solo afligido, y cobarde. A Conde a Marqués. Qué quieres? Aay tan extraña ventura? no es Teonnda en hermosura afrenta de las mujeres? Con razón mueres por ella, Rindiéndola sus despojos, se afrenta de ver sus ojos la más rutilante estrella. Vamos pues, que ya los cielos me quieren dar a entender, que a mi bien se han de mover. De esto nacen mis recelos. Bien es que a su amor te inclines, Siempre da con su rigor buenos principios amor para matar con los fines. Ay suceso semejante? que tengo que esperar ya? que desdicha espantará a quién aquesta no espante? Pense, Teosinda, enga antes que fuera tu esposo, ser el hombre más dichoso, y soy el más desdichado. ega a Dios, pues lo que has hecho es de mi nobleza ensayo, que abrase tu pecho un rayo, del fuego que está en mi pecho. Pero poco su violencia podrá, liviana, enojarte, pues dejará de abrasarte por falta de resistencia. Mas presto verás, ingrata, sin que lo estorbe mi amor, que el rayo de mi rigor, lo más liviano maltrata. Ya voy, aunque de tal suerte castigo tu atrevimiento, que es poco, por el tormento que me das, darte la muerte. No hay sombra que no me asombre, no es hombres que salga espero de la calle. . Esperar quiero a que se vaya aquel hombre. Mas pues llego a presumir que por mi afrenta se aguarda, quiero echarle. Mucho tarda, hacerle quiero salir. Quién va? . Quién es? Caballero, a mí me importa quedar solo en aqueste lugar. Lo propio deciros quiero. Pues sacad la espada cierto de que entrambos, siendo así, nos quedaremos aquí, uno vivo y otro muerto. Solos esta nos los dos. Si dos mil hombres vinieran, ningún recelo me dieran. Cuchilladas? si por Dios. Marco Antonio. . . Santo cielo! quién eres? . No me conoces? Padre amado. . No desyo Ya se acabó mi recelo, fingirme valiente que Que en darme los brazos tardes! Mueran, señor, los cobardes. Desviate, majadero. Soy valiente, y es verdad. Bien se ve el valor que tienes, pues como Santelmo vienes después de la tempestad. Desviate presto. Hijo, ya has sabido lo que pasa por ta honor, y por tu casa. Con razón, padre, me aflijo; mas deja que entre a cobrar el honor, aquí me espera. Pues dime de que manera. Quiero a Teosinda matar, solo en su muerte mi bien quiere fortuna que estrive, porque mientras ella vive, vive mi afrentata: bien. aso no, que en cosas graves, el horrado, aunque se eneje, si es disterto lienme escoge los camaas más intves. Y pues que nadie lo el tiende, preceda en tan ocasión mayor averiguación de que Teosiada te ofende. Cómo, padre es iesta ley, si quiero vengar mi honor, bu carcerteza mayor que oírla hablar con el Rey? No te fendes, ignorante, enrazón solo aparente, porque el oír solemente no es fundamento bastente. Y he considerado yo, que es muy contingente cosa no ser por dicha tu esposa la que con el Rey habló. Que los que de largos años aconsejarnos podemos, mil experiencias tenemos de semejantes engaños. Peroretírate aquí, vie El sucelo, amigo Marqués, confieso que me suspende. . Ay de mí. Conde amigo, no te espantes, pues sabes lo que es amor, que me obnigue a ser traidor. Diez, doce veinte Gigantes, señor. . Óyete, cobarde. Son más de dos los que vieven, loco? Qué cuerpos que tienen! Dios de sus unas me guarde; aquí se paran, hay triste. Qué en efeto quieres bien a Jeo indar . En su desdén, mi muerte, amigo cosiste; perdone el Rey, aunque impida su gusto. Hy cobarde miedo. Que he de gozara, si puedo, aunque me cueste la vida, goz trela, no lo ignores. Qué tanto pueda sufrir! dejame padre salir a matir estos traidores. Caballeros. Quién va? Un hombre que se asombra de saber vuestro infame proceder, que es razón que al mundo asombre, pues contra razón y ley, de pues que le acompañáis, como, aleves procuráis gozar lí prenda del Rey? Esta estraición, y el sabella podrá con causa enojar, más desocupad la calle, o dejad la vid teneda. Ea. . Temblando estoy. Presto, bien podéis determinaros, que soy fiel, y he de mataros, porque sirvo al Rey en esto. Conde, quien quiera que sea nos tiene de descubrir. Pues qué haremos? Qué? notir, odade muerte. . Pues ea, que darle la muerte elijo. Muera pues. . . No puede ser a los traidores temer. No los temas, a ellos hijo, verás como los envisto. Hay tan fieras cuchilladas? Rayos tienen sus espadas. Eso sí, cuerpo de Cristo. L Huld cobardes. . Detente. Que eres furia voy peniando. Huyó. Pues no estoy temblendo, suspecho que soy valiente. Hay cora tan estaña? Por Dios Conde, que estuy cotrado del suceso. ̱. Entiendo que vengo herido. . Y eso más? Sosiega, que sola mente pienso que a la mano llegó de lejos una punta. Sabes, Cónde amigo, que sospecho? ̱. Dilo. ̱. Conociste por dicha alguno de ellos? Yo te quise decir que imaginaba que es Marco Anconio. La lo pecha nisma antes de acometerl tane, y cuando salo la espada, y descubrió su rostro, le conel de suerte, que estoy cierto que es Marco Aítomo sin alguna duda. Pues qué remedio, si decirle quiere al Rey el te suceso? Qué semedio? siemore la información primera tiene más crédito que todas, y así entiendo que el remedio mejor será decirle, que pasando por casa de eonnda, vamos de ella salita Marco Antonio. No más, baste Marqués, te esperanz que su muerte será nuestra venganza. Cuando alegrarte debieras estás tan triste? . Ay Leonisa, cuando el corazón avisa, siempre suele ser de verás. Qué te dice el corazón? Que de la desdicha mía fue vispera la alegría que tuve en esta ocasión. Qué tienes? A pensar vengo, según me siento mortal, que fuera menos mi mal cuando supiera el que tengo. Penas tormento, y pesar, pueden, Leonisa causarme tener causa de alegrarme, y no poderme alegrar. Cuando tu esposo vendrá, perderás ese recelo. Hay prima, mi desconsuelo por puntos creciendo va. Pues no sé porque razón, aunque alegrarme pensaste, me dio, cuando le nombraste, mil saltos el corazón. Con que claramente siento, por más fieros sobresaltos, que suele dar también saltos al pesar, como al contento. Si das lugar de esa suerte, prima, a la imaginación, será causa tu aflicción, de la tuya, y de mi muerte. No te olvida el Rey? no da en queterme bien a mí? En que el Rey te quiera a ti, todo mi consuelo está Mas porque me de la muerte sentimiento tan terrible, me ha parecido imposible que me olvide de esta suerte. Que como siempre celoso mi esposo ha desengañado al Rey, haurá sospechado que me quiere bien mi espolo. Y así recelo, ay de mí, porque más tormento espere, que finge el Rey que te quiere, para provar si es así. Mira bien si de esta suerte fundo bien mi desconsuelo, pues por lo menos recelo que le quiere dar la muerte. Da de mano a la pasión que darte muerte procura, pues estoy, prima, segura de que me tiene afición. No finge, deja el pesar. Qué finge por cierto ten, porque no fingiera bien si lo pudieras pensar. Pluviera a Dios qué fingiera el Rey aunque me matara, porque si a fingir llegara, ningún recelo me diera. Pues a pensar he venido, que por fin de mi dolor me diera vida su amor; aunque fuera amor fingido. Mas a aplicar me acomodo remedios a mi pasión, aunque por esta razón a perder se venga todo. Ea prima por tus ojos que nos acostemos ya, que es muy tarde, y no vendrá, Eso aumenta mis enojos, pues porque más a ofenderme lleguen mis pesares, veo, que cuando más le deseo deja de venir a verme. Entra a dormir, por tu vida. Los ojos han de escoger lo que quisieren hacer, porque mi pena se impida. Mas por fin de mis enojos, solo a llotar han de entrar, pues son dormir, y llorar dos oficios de los ojos. Aquí, señor, importa que esta gente solos nos deje hablar a vuestra Alteza. Salios fuera. Yo, señor, quisiera excusarte este enojo, pero es justo que las obligaciones que me tocan de servir a mi Rey, jamás se excusen. Suspenso estoy. Escuche vuestra Alteza. Después que le dejamos en Palacio yo, y el Marqués, volviéndonos a casa; pasamos por la calle de Teosinda, y luego que llegamos a su puerta descubrimos dos hombres embozados, llegó el Marqués, y preguntó quien era, no quiso responder, mas por saberlo. metimos luego mano a las espadas, y siendo a su defensa necesario dejar la capa, conocimos que era el uno de ellos Marco Antonio, Ay cielos! amigos, qué decís? Si no me crees, pregúntale al Marqués si te he mentido, y a señal pequeña que en mi mano de su espada dejó la aguda punta. (da Pues di, Marqués, que importa que Teosín a mí me favorezca, si consiente que salga, y entre Marco Antonio en casa? Yo no puedo pensar que habiendo dicho y mostrado Teosinda que te quiere, te trate de esta suerte con engaño. Pues qué infieres tú de esto? Solo inficro que gogara favores de su prima, que Leonisa es hermosa, y es posible, que salga, y entre en casa por Leonisa. Engañaste, Marqués que si eso fuera, no me hubiera engañado Marco Anto diciendo que Teosinda no gustaba (nio, que yo la procurase. Así lo entiendo. (ta Amigos, ello es cier lem que Marco Antonio Considera. No hay que considerar, aquesto es hecho mi vida sola a vuestro bien importa, con esto Marco Antonio me la quita, y pues vosotros con tan fieles pechos me habéis servido, siempre de vosottos este servicio aguardo, aquesta noche a Teosinda veremos, y mañana que salimos a caza fingir quiero, y procurar que venga Marco Antonio donde secretamente le deis muerte, para vengarme del, y de Teosinda. Señor. No repliquéis, si sois cobardes, y le teméis, mis manos, estas manos. harán pedazos sus entrañas vilos. (nio Aunque puede quejarse Marco Anto- de mi amistad, por solo darte gusto, le quiero dar la muerte. Yo me ofrezco a dársela también, El traidor muera, y quisiera también que de mi pecho saliera la villana fementida, que desprecia a su Rey por un vasallo, Aquí viene. Qué salga de su casa! fuego de celos con rigor me abrasa, A mí mismo me persigo. con tormento tan cruel. Dejadle solo conmigo. Ten por muy cierto que en él tienes un grande enemigo. Marco Antonio, por mostrarte que vives en mi memoria, mi dicha quiero contarte, pues solo saber mi gloria. puede mil glorias causarte. Vuestra Alteza, gran señor, muy bien ha experimentado. que soy fiel, si no es error, haber sido desdichado en esta empresa 16 Adaí no amigo, que la quererla que suve ya se acabo, quiéreme Teosinda bella, porque la solicitó quien tiene mejor estrella. No es menester que te abones, que ya conozco tu celo, y tus buenas intenciones. ̱. . Cobarde, el parto recelo de tan preñadas razones. Honrasme de tal manera, gran señor, que como es justo, aunque no lo mereciera, solamente en darte gusto tener estrella quisiera. Pues favorecido de ella gozara suertes dichosas, y no llegara a temella, aunque tuviera en mis cosas la más infelice estrella. No tengo en amar segundo, y porque mi dicha asombre, en el bien que gozo fundo, que he llegado a ser el hombre más venturoso del mundo. Y para que esté más cierto del bien que debo estimar, segun hicimos concierto, a Teosinda he de gozar esta noche. Yo soy muerto. Y como el cielo es testigo de que siempre tuve en ti un fiel vasallo, y amigo, por lo que me importa a mí, quiero que vengas conmigo; a acompañarasme? . . Creo que nadie en esta ocasión, en voluntad, y deseo me igualará. Sutraición escrita en su cara veo? qué turbado está! Yo muero. Parece que te has turbado. Yo se Alza el sombrero. Siempre, siempre he procurado, ay cielos. . Qué más espero? Señor, vuestra Alteza, yo, si vuestra Alteza consiente. Ninguna razón formó, y sin hablar, claramente su traición me declaró. No quiero mayor certera, harto bien averigué su traición, y su bajeza, qué me respondes? Qué iré a servir a vuestra Alteza. Hy hombre más desdichado? Castigaré su traición. ̱. El Rey me ha visto turbado, y disimula, ocasión es de aumentar mi cuidado, mil desventuras infiero de su condición tirana. También te pido. Yo muero. Que me acompañes mañana, que salir a cázar quiero. Pues le importa ha bia Alteza, a servirle me prevengo: según su mucha fiereza, si allá me lleva, no tengo mi y segura la cabeza. Que así su traición confiese! dichoso, amigo, seré, pues porque mi pena cese, a Teosinda gozaré, aunque pese a quien le pese. . Cómo consiente el cielo que viva quién padece tal cuidado? como sustenta el suelo un hombre que nació tan desdichado? contra mi honor tal guerra! máteme el cielo, trágueme la tierra Esta noche pretende a Teosinda gozar, ay cielo santo, si tanto el Rey me ofende, si con la ofensa me maltrata tanto, porque la caza traza, para matarme cuando vaya a caza? Cuando noblas padecen cono yo en el honor tan graves daños, si viven les parecen siglos las horas, los minutos años; y así pues mi honor gana, máteme ahora, y gocela mañana. Mal haya, padre fiero, mal haya, amen, mil veces tu consejo, hoy por tu causa muero, el mozo fuiste tú, yo fuera el viejo si anoche la matara, pues con tiempo mi infamia se avitara. Mas muera, muera ahora, pues no hay consejo ya que me lo impida, págueme la traidora aqueste agravio con la infame vida, si este camino elijo, vengado quedaré. Dónde vas hijo? A padre a padre fiero, dame la muerte aquí, mátame padre, mas pues de dolor invero, satisfacer mi honor solo me cuadre, deja que al punto rinda. a mis manos la vida. Quién? . Teosinda. su señor, me engañaste, de ser honrado por tu causa dejo, a tu sangre afrentaste, pues impediste con tan vil consejo: la causa de mi dicha; no ventes mi dolor? Hay tal desdicha? Hijo. . . No serlo espero, de que me llames hijo ya me aflijo; ahora, Daque quiero otro padre buscar de quien ser hijo, que quien noble te llame, no ha de tener por tuyo un hijo infame. Si al Rey no acompañara, pudiera re mediar esta deshonra, pero mi honor repara en que faltan reparos a mi honra, porque si le acompaño, es imposible remediar mi daño. Si tienes, hijo pena de que no puedes resistir la entrada al Rey, el cielo ordena, que sustente mi brazo aquesta espada, en cuyo valor fundo que al Rey resistiré, y a todo el mundo. Solo tu honor defiendo, con mi valor, mi espada, y mi rodela a su puerta pretendo hacer aquesta noche centinela, y para que se acierte, atentamente lo que digo advierte. Esta traza conviene, por si acaso, aunque estemos en tal parte, a hablarme alguno viene, con un fingido nombre has de nombrarte porque llegar on espere quien me negare el nombre que te diere. Cuándo diga: que gente, responde: honor, porque llegar confíes, y cuando el Rey intente llegar a mi pesar, no desconfíes, que mi valiente espada, al Rey, y al mundo impedirá la entrada. Qué te parece? . Padre, que eres solo mi bien, que a ti me rinda es justo que me cuadre; seguro estoy con esto de Teosinda, pero si no me engaño, tengo recelos grandes de otro daño. Un rostro me ha mostrado risueño el Rey aquí, pero fingido, y una caza ha trazado, señor para mañana, y me ha pedido (lo; que vaya yo, y recelo que me quiere matar. . Ay santocie pero el cuidado deja, pues en mis manos tu remedio estriva; mira quien te aconseja, hijo, que gente? . . Honor. Pues honor viva, para que el vulgo infame, la ce ela de ell
JORNADA TERCERA
jornada tercera Nocue más triste que un suegro, para que tan indiscreta, viendo que tanto me alegro, te vuelves tu nulo negro der neblas de vayeta? Si ignoras la gloria mía, vengo como un avestruz agozar de mi Lucia, aráñate con el día si no te presta su luz. No vienes con ella ya? pidamo, sela los dos, porque si no te la da, la de Joanmes vive Dios, a tu lado se pondrá. Mas pues veo que mis tajos, y reveces no cerebras, luz darán a mis trabajos los cabellos cuyas nebras, formaron mii estropajos. De lo que tarda en llegar su poco amor averiguo: etes Mulete? . Asnear. No entras? Yo me santiguo, pues quiero echarme a nadar. El cuerpo de guardia es este, para poderlo acertar, favor el cielo me preste; que mi honor he de guardar, aunque la vida me cueste. Pero en mi vejez cansada, a quien aurá que no asombre, el ver que en está jornada defiendo mi honor de un hombre a quien defendió mi espada. El favor del cielo imploro contra mi fiero rigor, pues es justo, y no lo ignoro; defender del Rey mi honor, sin ofender su decoto. Gente viene, no ha de haber quien pase de este lugar. En formar esta mujer naturaleza, cifrar ha querido su poder. Qué te parecer . . Señor, que es un retrato del cielo. Poco alabas su valor, alábala más. . . Recelo que alabarla yo es error. Cuando tú a mí me pidieras que a tu dama te alabara, si mi relación oyeras, una Diosa te pintara, y por Diosa la tuvieras. Al cielo la haces igual, y me das mi desconsuelos con alabarla tan mal, pues es cualquier anima! más perfeto que los cielos. Si señor pero sé yo, disculpando mi defecto, que al animal. Dios formó mas que los cielos perfeto, pero nás hermosono. Esto, señor me asegura de mi temor, y recelo, pues no es falta de cordura, compararla con el cielo cuando a abo su hermosura. Que aunque es poco, conrazón al cielo la comparé, pues falta en tal ocasión cosa más bella, con que hacerla comparación. Mala disculpa, indiscreta, y mil peseres me ofrece, que solo amor me sujeta, porque Teosinda merece que la alabes de perfeta. Mil perfecciones la dio el cielo. . . Acertar quisiera, y me engañé; pero no, porque si perfeta fuera, seguro viviere yo. No pensar que he de agraviarla si la alabo es cosa impropria, que es al fin sin alabarla, perfeta como ella propia, pues no hay con quien compararla. Alábasla cuerdamente. ̱. . Dichoso soy, si con esto te agrado. . Enfadosa gente, Si saldrá mi Sol tan presto a los balcones de Oriente? Yo llego mas a la puerta un hombre embozado veo, que mis te nores despierta. Si será mi padre? . Creo que el cielo mi mal concierta. Saberme importa quien es este hombre, o este demonio, reconocele, Marqués, pero llegue Marco Antonio, y aguarde nosle los tres. Hácesme merced, yo voy a saberlo. Un hombre viene, pues como de posta estoy, primero hablar me conviene. Qué gente? Anigos, yo soy. Diga el nombre. Ay tel valor? al mayor el suyo excede. Diga quien vive. . . El honor. Ese solamente puede librarte de mi rigor. No llegas? quién te detiene? A. . No llego, porque impedir no llegando me conviene que lo venga a presumir el Rey, que conmigo viene. Mal hace quien desconfía de tu pecho. Así lo entiendo, vuélvete al Rey, y confía, que es causa la que defiendo tanto como tuya, mía. Pues si acaso el Marqués viene, el Conde, y el Rey también, que el nombre pidas conviene a mi intento. Está muy bien. Mucho en hablar se detiene. (do. Ya viene. . . Vuelvo admira Hasle acaso conocido? Que debe ser he pensado algún hombre que ha perdido el seso por ser soiddado. Cómo así? Porque me asombre, no me ha dejado llegar, diciéndome, diga el nombre, como si en aquel lugar de posta estuviera el hombre, Conocerle importa pues, llegue el Marqués. Voy. . Qué gente? Amigos. Diga quien es, o pasarele. . Detente. El nombre pido. El Marqués. No conozco al Marqués. Basta, gran señor, que es loco el hombre, ningún temor le contrasta, porque con pedir el nombre, declara el humor que gasta. Yo voy pues. Quién viene allá? Anigos. Muy mal responde, el nombre le pido. . Ya os le digo, soy el Conde, Deme el nombre. Loco está, señor, el hombre está loco, y quien le sabrá entender entiendo que no hará poco. y. Pues viv su muerte si me provoco. Yo mismo quiero llegar. Deténgase allá, que es esto? quién es? . El Rey. No ha lugar, diga el nombre, que sin eso es imposible llegar. Al Rey? . Y al Papa. Otr dime quien eres. No infaman estas cosas mi valor, que soy un hombre a quien llaman centinela del honor. Del honor? . Y es cosa cierta que defenderle pretendo: centinela soy despierta, y es del honor que defiendo cuerpo de guardia esta puerta. Aquí está mi honor. Qué espero? soy el Rey, y es excusada la defensa si entrar quiero. Por la punta de esta espada haurá de pasar primero. A tu Rey eres traidor? matadle. . Muy mal se emplea en cobardes mi valor. Dadle la muerte. . Pues ea, presto veréis mi rigor. Oh buen padre! Extraña cosa! vive Dios que se retiran. Mi suerte será dichosa. A quién las fuerzas no admiran de su mano rigurosa? Ruido dice Lucia que ha sentido, y es así, temeridad es la mía, que ha sido el salir aquí demasiada valentía. Con que rigor que los trata! temerario, y atrevido los ofende, y desbarata. Un hombre ahora ha salido de la puerta de esta ingrata. Mi desventura está cierta, hombre ha salido, ay de mí. No quiero cerrar la puerta, porque si vuelven aquí, para esconderme esté abierta, Solo estoy, saber deseo quien gozó de tal ventura. Volaron, ya no los veo. Quién es? San Buenaventura, socorredme creo, creo. Qué crees? Cómo en tal trance estoy recelando el fin de este desdichado lance. por si no entiende el Latín; le digo el Credo en Romance, Quién eres? Ay tal rigor? habta de pasar un hora, que no puedo de temor, razón será que te aguardes. El cuidado me desvela, dímelo presto, no tardes. Cómo el mismo viento bu Huyó en efeto. A cobardes, le habéis muerto? Gran braveza a los principios mostró; pero sepa vuestra Alteza, que de los tres le libró su notable ligereza. Huyó en fin. Sabéis quien es aqueste hombre? Yo soy muerto, que me conoce el Marqués. Mulete. . Mu Esto es cierto, aunque negándolo estés. Vive Dios que es testimonio, venir por aquí he pensado, que fue traza del demonio. Señor, aqueste es criado sin duda de Marco Antonio. Su traición he conocido, ay Teosuda, que esto pasa? Qué desdichado que he sido! yo lo pagaré. De casa de aquella ingrata ha salido. Oh traidor. Con esto queda comprobada la verdad. Porque averiguarse pueda, a Palacio lo llevad, la pena al delito exceda. Cargadle, para que cese pena que es tan inhumana, de hierros, aunque le pese, porque en el monte mañana lo que pasa nos confiese. Tal dispones? Tal dispongo. Hoy harán estos sayones, porque en sus manos me pongo, de mi came salchichones, y de mi sangre mondongo. No vengas, padre, conmigo, déjame llegar primero a hablar al Rey gran señor, alas son; pero qué es esto? no parece el Rey, hay triste, a Conde, a Marqués, recelo que el retirarnos ha sido dar lugar al Rey, ay cielos, si me ha quitado el honor? muerto soy, que estará dentro triunfando de mis desdichas; y dando vida a mis celos. Mas no estuvieran aquí el Conde, y Marqués sospecho que temiendo ni rigor, an imitado al viento, Si son fuego mis pesare abrasen la casa, y luego los más altos capiteles toquen a los fundamentos. Padre, a padre. Qué das voces? Es tanto el mal que padezco, que doy voces como loco, porque me ha quitado el seso, el seso me falta, hay triste. Creolo, pues que no puedo entenderte. No te espantes, que a mí mismo no me entiendo, Mas di, si el Rey ha venido a esto solo, no está cierto que sin gozar a Teosinda no es posible haberse vuelto? Luego ya no está aquí el Rey? No señor, de donde infiero que mi honor manchando ahora, debe lograr su deseo. Esto es hecho, padre mío, acábense los consejos, si todo el mundo lo impide, entrar a verlo pretendo. Estas puertas senentidas, de los rayos de mi pecho, cuando con el suelo toquen, serán horrísonos truenos. Caigan todas; mas hay triste, mira, señor, si los celos, que la vida me quitaron, de justa causa nacieron. Las puertas están abiertas, no hay que dudar, esto es hecho, deja que me de la muerte, pues que ya mi honor es muerto. Cómo centincia infame sin duda mi honer defiendo, pues cuando guardalle importa, el cuerpo de guardía dejo. Ardides del enemigo son sin duda, pues huyeron, porque al seguirles dej cuerpo de g En pena de aquesta culpa, que no me llamen merezco centinela de mi honor, pues que tan mal lo defiendo. Mas si el Rey dentro estuviera, que hubieran quedado es cierto el Marqués, y el Conde aquí. No sabes tú quien son ellos. Vive Dios, que se han quedado dentro de casa encubiertos, de tu espada temerosos, cargados de armas, y miedo. Todo aquello que yo hiciere no lo tendrás por bien hecho? Sí señor. Pues de mi fía, de este brazo, y de este acero, que para cobrar mi fama, quiero dejar de ser viejo. Reconocerelo todo, y si a la hazaña que emprendo se oponen puertas, mil puertas derribaré por el suelo. Y si hallo al Rey con tu esposa, pediré, aunque en tal aprieto, para cobrarnuestra fama, a mi lealtad el consejo. Qué hasta en tales ocasiones es, hijo, acertado acuerdo, que no se pierda a los Reyes de ningún modo el respeto. Tú no subas, y si hallares al Marqués, y al Conde, luego vuelvan tu espada, y su sangre de jaspe los azulejos. Que pues la lealtad impide que muera el Rey, a lo menos mueran a tus manos, hijo, los que tu infamia supieron. Porque es muy justo que entiendas los que oyeren el suceso, que procediste al vengarte tan leal como discreto. Eso sí, padre querido, dame esos brazos, que fueror como envidia de valientes, de mi deshonor remedio. Mueran los dos, y sus almas entren, entren en mi pecho, que para castigo suyo, harto tendrán de este infierno. Sube, señor, que aquí aguardo. Que aprovecha ser, ay cielos, centinela de mi honor, si defenderle no puedo? Que me quieres sombra vana? porque tanto me persigues? desvíate, no me obligues a echarme por la ventana. Para que moverme quieres a tan loco desconcierto? esto es cierto, llega, y mátame, pues eres alma de mi esposo muerto. Ay dulce prenda querida, quién te trató de tal suerte? a ti te han dado la muerte, y me han dejado con vida? Mi desventura maldigo, mi bien porque te perdí; ay de mí, llévame, esposo, contigo, que no puedo estar sin ti, Prima, Leonisa. Qué quieres? Si mi dolor te lástima, una luz querida prima. Por ella voy, no te alteres. Si el Rey le ha muerto, que haré en desventura tan cierta? yo soy muerta. Hasta este puesto no hallé cerrada ninguna puerta. No puede ser otra cosa, bien con esto he colegido que mi hijo está ofendido, y es adultera su espo Venga luz, hay tal dolor? Luz donde estoy han pedido, Luz, luz pido. Sin duda estaré mejor tras de esta puerta escondido. Qué tienes prima? Ay Leonisa, que mal preguntas! repara en el color de mi cara, que de mi muerte te avisa. De escucharla estoy suspenso. Quiéres decirme tu mal? Estoy tal, que será imposible pienso, porque he quedado mortal. Que tengo por cosa cierta, sin que el dolor me lo impida, que he visto cosas dormida, que me atormentan despierta. Mi corazón despedazan, que consolarle debieran, pues pudieran mil sombras que me amenazan, mil recelos que me alteran. Al Rey, ay de mí, he soñado, para mí tan enfadoso, porque sabe que es mi esposo, contra mi esposo indignado. Y porque la injusta paga de su afición no le di, prima. i. Sacando su infame daga, le dio la muerte, ay de mí. Por tin extraña crueldad, me soñe, Leonisa, muerta, tanto que ahora despierta imagino que es verdad. Pues para pensar que es muerto, ver a mi esposo querido he podido, todo de heridas cubierto, todo de sangre teñido. No puede mi corazón dejar el dolor profundo; aunque dice todo el mundo que los sueños sueños son. Contra mil fantasmas lucho, ven, esposo, por tu esposa. Ay tal cosa? no viene bien lo que escucho con mi sospecha forzosa. El que es discreto, de un sueño nunca verdades infiere. Ella su sueño refiere, y parece que yo sueño. Si será fingido el llanto? mas para que lo ha de ser? y mujer que a su esposo quiere tanto, cómo le puede ofender? Entrar quiero: no te espantes, Teosinda, yo soy. . Ay cielos, ciertos hacen mis recelos ocasiones semejantes. Ay Duque, hay padre, sin verte se muy bien lo que ha pasado, pero pues yo lo he causado, véngate, dame la muerte. Quién lágrimas semejantes déjara de acompañar! sangre son, para ablandar corazones de diamantes. Tu esposo vive. . Parece que lo dices de maneta, que ya. . Espera, que cierto dolor padece que darle muerte pudiera. Pues si vive, porque ley. mi padre, no me consuelas? Ay Teosinda, bien recelas, que está en desgracia del Rey. Del Rey? cómo? Hh sospechado que te quiere bien a ti, y él así, salir al monte ha trazado al Alba, y recelo. . Di, pero no digas, que es cierto que le quiere dar la muerte, pues que poco antes de verte, le soñé muerto triste No serára Buscar al Rey, cuando veo, sin que me engañe el deseo, que está Teosinda inocente. Con otra estará, y mi daño evito, si nada muevo, a callar debo, porque si al Rey desengaño, la procirará de nuevo. Si todo aquesto supiera, mi sospecha se evitara. Padre, ampara quien tu remedio espera, y mis desdichas repara. Tu hija soy, no te extrañes, y por lo que he recelado, te suplico, padre amado, que a Marco Antonio acompañes. Hoy pretendo hacer allí de mis hazañas alarde, voy, que es tarde. Guardarasle? Mas que a mí. Dios te guíe. Dios te guarde. Qué haré Leonisa? . No va, porque a tu consuelo cuadre, ahora al monte su padre, que defenderle sabrá? Antes ahora quedó mi corazón temeroso, muy quejoso, de que con el alma yo no libro mi dulce esposo. Mas prima, prima, disponte, pues tanto puedo contigo. A qué? . A venirte conmigo, a ver a mi esposo al monte, poque yo sola ser parte para defenderle espero. Pues ir quiero, mas que para acompañarte, a ver al Rey, por quien muero. En la orilla, Marqués, de aque la fuente, que de la altiva cumbre de aquel monte arroja sus cristales a este llano, entretener a Marco Antonio quiero, mientras a fuerza de amenazas fieras el criado confiesa lo que pasa. Descanse vuestra Alteza. Allí os aguardo. Di la verdad. Respóndame primero, si después de tenerme confesado, la muerte me han de dar porpenitencia, que si me han de matar, morirme quiero sin decir la verdad, si no, direla, dejen de hacer con maltratarme tanto martir, y confesor a un mismo santo. Si dices la verdad, te damos vida. Las unas de los pies, y de la, manos os quisiera besar setente veces, pensé que eráis verdugos, y sois jueces. Si no mientes, la vida tienes cierta. Hasta el alma, de miedo, tengo muerta, aunque la voz me tiemble, no presuma que les digo mentira, que de miedo apenas pronunciar palabra puedo. El caballo mejor he reventado para llegar en la ocasión que llego, de lejos he seguido estos traidores; tras de estas verdes matas escondido, me parece escucharlos acertado. qué hiciste anoche en casa de Teosinda Eso yo lo diré, no tengan pena, mas no lo han de decir. No lo diremos. A nadie? A nadie. Escuchen pues ahora. Mira no mientas. Quiero bien, adoro en casa de Teosinda una fregona, que ha convertido en bestia mi persona, entré anoche a gozarla, y poco importa que esto se diga, pues gustará ella, para que no la noten de doncella. o Gozando pues de sus rollizos brazo mas de cincuenta mil dulces abrazos, ruido de broqueles, y de espa las, anuncian en la calle cuchillafas, y por mostrar mi corazón valiente, partiéndome al momento diligante, a la calle salí por treinta puertas, de que pensándovolver, me dejé abiertas. Vive Dios, que es Múlete el que ha causado toda la confusión de mi cuidado. Y tú sabes a que entra Marco Antonio? Tentar me quiere por aquí eldemonio, si jamás le vi yo en aquella casa, cómo podré deciros lo que pasa? Tú lo sabes muy bien. Si yo supiera, (nos Cura de mi lugar ahora fuera. Pues buen remedio, atémosle las ma en este sauce, y si la lengua suya no lo quiere decir, la de mí daga nuevas bocas hará, por donde diga la verdad del suceso. A ser saeta, y a estar desnudo yo, decir pudieran que soy por tan notables sinrazones san Sebastian, con solos dos sayones. Conde, vamos, pues esto importa poco a ejecutar lo que su Alteza manda, y dejémosle aquí de esta manera. Aay si otro brazo ahora me naciera, que pues aquel con libertad se hallara, estos que están atados desatara. Yo que lo escucho todo, con mis brazos quitaré de los tuvos esos lazos, que entre estas espesuras escondido, he visto lo que aquí te ha sucedido. Cómo pueden faltarme ya consuelos, pues para dar rémate a mis recelos, contra el rigor de tan terribles lazos, un brazo pido, y hallome dos blazos? pues por si son mis glorias casi etemas, besarte quiero brazos pies, y piernas. Al fin gozaste anoche de Lucia? Eso oírle también? Sí, que vení confuso extrañamente, porque abiertas te dejaste al salir todas las puertas, mas pues no tienes culpa, te perdono, pues que sabes negar. Muy bien la abono, con decir que saliendo como un rayo, valiente como siempre este lacayo, cuando sintió las fieras cuchilladas, y las centellas vio de las espadas, pudo pescarme el Rey. Ay santo cielo. Sin que pusiese cebo en el anzuelo, y como vieron que de allí salía, quisieron confesarme, y de Lucia el suceso les dije y no me abones, que etemamente digo, y diré nones: pero aquestos verdugos camiceros buscando van a Marco Antonio fieros, y haciendo que repose in la cuosmin, hojas aumentaran al Flos Sanctoriin, A cobardes, a traición? Con mil sobresaltos lucho, cielos, qué es esto que escucho? Dios me valga confesión. Qué desdicha es esta cielos? hay hijo del alma mía, no sin causa todo el día me maltratan mis recelos. Hijo. . . Es mi padre? Yo soy. Aunque tan mortal me sientó, es mayor el sentimiento de la pena que te doy. Déjame ver las heridas, que te las quiero contar, solamerte por quitar por cada herida mil vidas. Deja, señor, la tristeza. Mucho, por Dios, me detengo. Una herida sola tengo. Dime donde. . . En la cabeza Date pena? . . De la herida eñor, solo me causan dolor los golpes de la caída. Si me podré levantar quiero ver. Quiero ayudarte, pero si es para vengarte, yo soy quien te ha de vengar. A vengarte parto ya, y en alcanzando este bien, aunque muy lejos estén, la sangre te lo dirá. Volverán mis fuerzas solas, cuando en él la planta estampo, todas las flores del campo, en claveles, y amapolas. Después, con el rigor mío, la sengre de quien me quejo, hará todo el mar bermejo, con tan caudaloso río. Y pues me obliga esta injuria a tan temeraría guerra, estremézcase la tierra con el rigor de mi furia. Allí los veo, detente, señor hay tal desatino? pero a su lado imagino graduarme de valiente. No será grande la herida, pues poca pena me da, o quien estuviera allá, y les quitara la vida! Con más esfuerzo me siento, ir quiero ya estoy en pie, llegar sin duda podré, que estoy con fuerza, y aliento. Mas pues con tormento eterno será justo que os castigue, temed, cobardes, que os sigue todo el poder del infierno. Dónde vas? De mi esperanza tú solo puedes privarme, pes cuando voy a vengarme, me prohibes la v Pues quién te hirió? Vuestra Alteza entendí que lo sabia. Bien dicen que es la alegría víspera de la tristeza. Qué es esto cierto se ve en que quisieron matarte, cuando venía a contarte que hoy a Teosinda gocé. Ay Dios. Bien tan singular tus heridas limitaron: pues ellos no le acabaron, acábele este pesar. Mas considera, y no ignores que en señal de mi afición vengare esta sinrazón con matar a los traidores. Cielos, hay quien no se asombre, viendo que os queréis valer de todo vuestro poder contra solamente un hombre? A traidores, por moitrarme cuanto contra mí lo fuisteis, más crueldad usar quisisteis en no acabar de matarme. Hay cosa tan desdichada? vive el cielo, que sospecho que es mejor rendir el pecho a la punta de esta espada. A padre no dije yo que todo fue falsedad? con cuanta facilidad la creíste, y te engaño! Pues vive Dios, aunque tardo, fiera ingrata, en castigarte, que solo para matarte la vida que tengo guardo. Contra ti parto furioso, que como al honor convienga, no podrá haber quien detenga mi justa venganza. Esposo. el, a fiera arpía! A gracias a los cielos de que para mi venganza me dieron esta ocasión. Mas pésame con extremo de que este castigo atroz solo tocará a tu vida, y me tocaste al honor. Qué es del honesto recato? qué es de la antigua afición? donde se fue de los tuyos el heredado valor? Pluviera a los altos cielos, que ya tienen compasión de que con tantos pesares en la tierra viva yo. Que antes que te conociera, con una vala feroz del cuerpo el al na apartara un poderoso cañón. Oh que enviaran los cielos un rayo con tal rigor, que en las nubes, y en mi hiciera en un punto división. Mas tanto como me tardo, sin honra, enemiga, estoy, y gastar tantas palabras, arguye poco valor. Muere ahora. Esposo mío, solo te pido un favor, mientras digo dos palabras, suspende la ejecución. No pido que no me mates, que aunque desdichada soy, tendré en morir por tus manos la felicidad mayor. Consuelo ne con que vives, que de tu muerte el temor a venir donde te veo, dulce esposo, me novió. Presagios me lo dijeron, y tan ciertos, mi bien, son, que herido te soñé anoche, y herido, espaso estás hoy. Para disculpar ne solo, por estigo pongo a Dios, que quien dice que te ofendo, es mentiroso, y traidor. Mátame ahora. El Rey viene, vámonos de aquí, que yo quiero que vea, y no impida esta muerte que te doy. Sígueme. De tus dos ojos despide flechas amor. De mi inocencia fiada, siguiéndote, esposo, voy. Si antes los humera visto, pues privan de luz al sol, sin duda que fuera tuvo, como de Teosinda soy; adorola no es posible. Ay tan notable rigor? cono los cielos no tienen de mi pena compasión? A traidores. Agallinas, aguardadnos. Gran señor. Duque. No es vuestro sagrado amparo de la traición, dejad, señor, que los mate. Que los mate yo es mejor, que estimo más dos gallinas, si son buenas que un capón. Rey Enrique. Santo cielo, de mi hijo es esta voz, él es, y Teolinda aquella. Es Marco Antonio? Yo soy. Qué quieres hacer? a has perdido el ses rmuerte ta el honor. ecómo a librarla, y a darte la muerte voy, como ofendido, imitando al pensamiento veloz. Si subes, antes que llegues a impedir la ejecución, será un a fombra de grana verde hierba, y blanca flor. Quién te obliga de tal suerte a ecupsar el claro sol de sus ojos soberanos? Prestame un rato atención. Antes que tú la quisieras, a Teosinda tuve amor, reduciendo a sola un alma las que fueron antes dos. Declarásteme tu pena, no te dije mi pasión, si fue yerro, me disculpa el recelar tu rigor. Quenalo lo sime Teosinda, mas declaró su afición, pues a la que tú le tienes, mi voluntad prefirió. Y para dejar segura mi amarosa pretensión, me pidió mano de esposo, yo se la di, y me la dio. Su esposo soy en efecto, mira si tuverazón de haber sido mal tercero en procurarte su amor. Dos nochos ha que la hablaste, y para mayor dolor, por testigo de mi daño, el cielo me señaló. Tú mismo ayer me dijiste, que esta ingrata te ofreció de dar muerte a tu esperanza, y vida a tu posesión. Mas no lo permitió el cielo, ni el valiente corazón del que anoche dijo que era centinela del honor. Y finalmerte me has dicho, viéndome en tal aflicción, que la has gozado, que pecho tal tormerto resistió? Segun lo que tengo dicho, será conocido error impedirme que castigue su infame resolución. Muera ahora. Marco Antonio, antes que la mates, yo quiero rogarte que escuches solamente una razón. Dila presto, que deseo que resuerte mi honor con su muerte. El cielo sabe que no está ofendido. . . No? cómo? El decir que Teosinda que la gozarle trazó, para provar si la amanas, fue, Marco Antonio invención, Y como en tu cara escrito lo dejo la turbación, he dicho que la ne gozado por darte pesar. Ay Dios, si fuera verdad; mas dime, dos noches ha no te habló? Ese fue engaño de quien he sido la ceusa yo. Que como a su Alteza siempre honesto amor me inclinó, le dije que era Teosinda la que le habló en el balcón. Mátame a mí, no a mi prima, si por ser yerro de amor, como todos no merece el ordinario perdón. Si piensas que es por librarla, lo sabe. Temblando estoy. El Marqués, que por mis ruegos a trazarlo me ayudó. Luego fue, Marqués, fi la respuesta? Gran señor, aquí tienes mi cabeza. Eso sí, cuerpo de Dios, yo quiero ser el verdugo. Este es justo galardón del que a livianas mujeres secretos encomendo. El cielo piadoso, y justo por mi inocencia volvió. Qué bien me ha salido el ser centinela de mi honor! Corona tu frente, esposa, cuando tan dichoso soy, con las hojas que dejaron burlado y corrido al sol. Estás satisfecho? l Tanto, que para gloria mayor, del oro del honor mío este suceso es crisol. Pues quien fue el hombre que anoche a la puerta estaba? . Yo, que he sido en guardar el suyo, centinela de mi honor. Dame esos brazos valientes, que tan extraño valor, vive el cielo soberano, que es digno de estimación. Marco Antonio, porque vivas con seguridad mayor, pues que Leonisa me quiere, mano de esposo la doy. A besarte los pies bajo por tan notable favor. Yo voy a besar tus plantas. Y yo entre tanto, señor, dos cosas pido, y no quiero que me des más de estas dos? la primera es, que me cases con Lucia. Quién es? No conviene decir ahora que es luz de la fregación, mas diré que por criada de Teosinda mereció la gran diguidad de ser mi esposa. Pues yo te doy con ella diez mil ducados de dote. Buen galardón: la segunda, que me des para las bodas, señor, direlo? . Di. Estas dos liebres, para hacer un salpicón. Danos a besar tus plantas. Levanta, y pues con rigor merece ser castigada la maldad, y la traición, al Marqués, y al Conde quiero castigar, y así te doy licencia que los castigues. Antes suplico el perdón, Sea ansí. Donosa flema. Tus pies besamos. Y yo doy fin a la cuidadosa
