Texto digital

Texto digital de Celos, horor y cordura

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio Coello y Ochoa
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Celos, horor y cordura. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/celos-horor-y-cordura.

Logo BICUVE

CELOS, HOROR Y CORDURA

JORNADA PRIMERA

Pues a Dios mi Blanca hermosa. Adiós Carlos de mi vida; que como estoy aguardando la Princesa, no querría, Que aquí nos viese a los dos; vete ahora; pero mira, que aguardo luego, no tardes, Puedo faltar a mi dicha? Adiós Carlos. Blanca a Dios, que contento! Qué alegría; Oh cuánto hermosa me prendas! Oh cuánto amante me obligas! Carlos estaba con Blanca; sin duda, que mi desdicha es tal, que entre mis grandezas envidiosa, y pobre viva. Que la suerte a una criada le dé lo que a mí me quita? que ha de ser suyo, y no mío? no sea tal amor: mi envidia Tercie por mis celos hoy, hoy sus finezas impida, llenaré a blanca de celos, diciéndole una mentira Con que dude si le ama, con que tema si le estima, con que agraviada se enoje, con que se extrañe ofendida, Y al fin con que viva yo en tanto que la averigua. Ya la Princesa ha llegado, si le ha visto? Blanca mía Estás sola? Sí señora. Ay Blanca! que combatida, que atropellada, que muerta me traen penas infinitas. Tu penas? Yo penas, Blanca. Quién te las causa? Yo misma. Cómo? Con mi propio afecto. Por qué causa? Por la mía. Es acaso amor? No sé, si es el amor mi homicida, o el secreto es mi verdugo. El secreto? Qué te admira? Tal vez el fuego se engendra en el pecho de una mina, y encarcelado concibe tan arrebatadas iras, Qué rasgando la montaña sus peñascos desperdicia por el aire, apedreando las estrellas más altivas; Y él con horribles bramidos los orbes atemoriza del cielo, en cuyos faroles sus incendios deposita; Y este tropel, este horror no del fuego se origina, si, de la prisión que tuvo a sus llamas oprimidas, Puesto que abierto el volcán ya sin inquietud respira, con serenidad calienta, y sin estruendo ilumina. Ay Blancal yo amando a Carlos, de su amor correspondida: De Carlos? hay niño amor, siempre te cercan desdichas! Obligada de su fe, a sus finezas rendida él me adora, yo le adoro, y este amor no se pública Por temores de mi hermano? mira ahora Blanca, mira, que obrará en el corazón tanta pasión reprimida, Tanto afecto encarcelado, tanta guardada fatiga, tanto amor, silencio tanto jún os en un alma misma. Eso sí, vengan de golpe . todas las penas unidas contra una vida, no más; que la pena que es remisa Eso deroga al ser pena, y eso de dolor se quita, el dolor, que es tan piadoso, que antes de llegar avisa: A tirano! Qué bien obra el veneno, cuan aprisa el color manifestando al alma en el rostro avisa De la pelea, en que vive: quién dudará que le diga Blanca sus celos a Carlos; y que Carlos entendida La voluntad, que le tengo (cuando no espero tal dicha) olvide a Blanca, y me quiera poniendo noble la mira En ser mi esposo, a que tantos Príncipes grandes aspiran, hete dicho mi cuidado . por ver si sus llamas vivas Hallasen respiración, y aliento las penas mías; pero Blanca de mis ojos, no permitas, no permitas, Que esta liviandad se enienda, ni Carlos tenga noticia de que nuestro amor te he dicho; porque me tiene advertida, Que si llegas a saberle el buen suceso peligra; con esto aumento sus celos. . A traidorital villanía . mezclas en amor tan noble? Quédate a Dios, que la vida entre el temor, y el afecto teme su fatal ruina. Yo me voy sin aguardar . a que más razón me pida, que una mentira apurada o se deshace, o peligra; O si ya le aborrecieses! . Carlos no es mío? es mentira; ya se fue la infanta, ah fiera! escucha, aguarda enemiga, Advierte como me has puesto, que en batalla más impía conmigo misma me dejas sacándome de mí misma. Carlos sin mí? yo sin Carlos? que tan gran traición me digas? que merecerá el hacerla, pues tanto ofende el decirla? Blanca hermosa de mis ojo cuya beldad infinita en el alma afecto a afecto los amores desafía. haz que enamorando Reina esa beldad peregrina tanta imperiosa violene alguna vez la reprima. No siempre te hagas ama por fuerza, alguna vez diga yo, que te amo, porque quier que no porque tú me obligas Pueda en alguna ocasión decirte el alma más fina, que sirve, porque te adora, y no porque la cautivas. Pero hay Blanca hay dueño mío esclava el alma te sirva, que quien ama libremente dejará de amar por dicha. A falso! que estas ternezas sin amor un pecho finja? que mucho que ande entre engaños una fineza sencilla, Un afecto sin doblez, y un corazón sin enigmas! que mucho que Blanca adore, y un traidor de ella se ría! Qué es esto? señora, en ti mudanza tan repentina? qué te diviertes ingrata? qué te suspendes esquiva? Con qué deslealtad te ofendo? con qué delitos te indignas? lloras? mi bien, Blanca hermosa, dueño mío, por mi vida: Qué vivo? qué hablas a Carlos? que tengas tanta osadía, . que sabiendo tus traiciones tengas ánimo de ohirlas? Yo traiciones? tu sospechas, en ti agravio, en mi mentiras? si es prueba, no llegue a muerte; Blanca mía, Blanca mía No me mate tu desgracia, máteme tu amor: Desuía, aparta, Carlos, Mi bien, oye, aguarda. Si porfías, Por ver que me tiene ciega mi loco amor, imagina, que así podrá despeñarme por tus mentidas caricias El abismo de tu engaño? con poca atención lo miras, que quien sabe, que está ciego, y que estando lo imagina, No es posible. los de Que hay tropiezos, por donde anda, para evitar su ruina le obliga su ceguedad aquel camino no siga. Bellísimo encanto mío. Basta Carlos, que me obligas a que dé voces de susto, de turbación, y de ira. Pues no me dirás la causa señora, porque te iudignas? Luego podrás escucharla? Pues porque no, si es mentira? Yo que por verdad la tengo sabes si podré decirla? Cuando mi culpa, señora la tuvieras convencida. Condenarme sin ohirme es manifiesta injusticia: luego gustas de la ofensa, pues que tanto la apadrinas, Que los descargos te ofenden. Pues Carlos, porque no digas, que tú has podido agraviarme, mas que yo amarte (aunque aspira toda mi vida al contarla) escucha tu culpa. Dila. don Carlos ecretos de amor poder mudarlos? es verdad, bien lo creo; y así que tu deseo, y tu amor mejorado de hermosura, y grandeza, haya olvidado ratos tan amorosos, amores tan sabrosos, como a veces me ohías, como tú me decías entre tan dulce encanto triste lo lloro, pero no me es ordura, Que amar una Princesa, y conquistarla, es más gloriosa empresa; y así Carlos, no dudo, que al fin forzar te pudo a mirarla, a querella mi desdicha, o la fuerza de una estrella; porque en un desgraciado, ni hay bien seguro, ni hay amor guardado: pero ya que ambicioso a dueño te rendiste más hermoso, su belleza adoraras sin que a mí me engañaras con tan infame trato; yo empeñada, tu ingrato, yo amando, tu fingiendo, yo buscando, tú huyendo, yo perdiendo el sentido, y tú en otros empeños divertido; que cuando te fingías amoroso (a falsola cauteloso!) y el corazón juzgaba, que en verdadero amor en ti adoraba, con error tan extraño me hiciste idolatrar en un engaño. Presumiste por dicha, presumiste, que mi amor a tus glorias se opusiera? claro está, pues cualquiera del color de su afeto al otro viste; y así de tu ambición yo fui juzgada, menos amante, y más interesada; y pues casar con la Princesa piensas busca tus glorias, deja mis ofensas, trata de ser su dueño, pues para mí tu amor ha sido sueño en esto; que el que rico se ha soñado de su sueño se vio tan engañado, que no habiendo el tesoro poseñido queda con ansias de que le ha perdido; y así aunque ha sido engaño este soñado amor, el desengaño, que cruel me concierta, quien con voces tan claras me despierta hará, que recorriendo la memoria las vanas fantasías de mi gloria. el pecho llore cuerdo, no el bien que tuve, sino el bien que pierdo entapena Tan corto mal, ta (Blanca) en tu pecho ha causado? por lo fácil del remedio. te perdono el sobresalto. Si la Princesa te ha dicho, que de ser su amante trato, (que aquí no puede ser otra) que con engaño te pago: Y si acaso esta mentira en tu pecho puede tanto, que te llega a persuadir, o que yo soy tan ingrato, Que podré olvidar tu amor, o que mi amor es tan falso, que adorando tu hermosura pretenderé con engaños De Irene las vanas pompas, e Imperiales aparatos, engañaste Blanca mía; que el amor es tan bizarro, Es tan feliz por sí mismo, que en el más humilde estado, en la fortuna más triste, y en el mayor desamparo, Si tiene aquello, que estima tan contento, y tan pagado está de su buena suerte, que de otro bien no hace caso, Pues, si yo, Blanca, te adoro; si eres mi bien, no está claro, que no he de buscar grandezas, que quitándome bien tanto No me hayan de hacer feliz, y me han de hacer envidiado? luego tus celos, y ofensas no son celos, si no agravios? Cómo agravios? son verdades, que las está averiguando el corazón tan sentido, de que haber no pueda engaño, que a trueco de que le hubiera diera por bien empleado a costa de su lea tad parecer testigo falso. Eso es Blanca estar celosa, no gobiernes tus cuidados con la razón de los celos, que es mala razón de estado, Si eres nave, que peligra entre celosos naufragios, sirva el amor de Piloo, lleve el gobierno la mano: Las velas de los discursos recoja a los encontrados vientos de sospechas vanas, con que al fin sacará a salvo a la nave, que zozobra a pesar de los engaños. no te rindas a tus celos, más cordura es sujetarlos, Mas prudencia es deshacerlos, Con qué medio? Está en la mano, con que te cases conmigo, luego al punto. Dime Carlos, Conoces, que ya te adoro? Es imposible el negario, Pues según eso, el perderte no podré sufrirlo, Es llano. Luego el mirarte en peligros, y el estar imaginando si la Princesa te quiere, si te dice su cuidado, Si te importuna amorosa; y si por no ser ingrato ya tú la escuchas cortés, la respondes obligado, Si ya empeñado te arrojas, y correspondes gallardo: todo esto precisamente me ha de estar atormentando, Y no se si son mis celos también acondicionados, que cuando yo piense en ello podrán estarse callando. Nada, Blanca, de eso estorba, porque el secreto, es sagrado de los delitos de amor, y si aquí me das la mano Sin más ojos que los nuestros tu amor queda asegurado de lo poco que me estimas, y de lo menos que valgo. Me he de ausentar de Milan, y solo por esos campos sin discurso, ni advertencia suspiraré por un rato, Oh procuraré una fiera, que dé sepulcro animado a quien una ingrata ha muerto con pecho más inhumano. Y cuando falte crueldad en una tigre, en mis manos abrá rigor, y despecho, abrá impiedad: Basta Carlo, Basta mi bien, yo soy tuya, está, señor, es mi mano. Y está también es mi dicha. Eres mío? Soy tu esclavo: eres mi esposa? Soy tuya. Que ya me miro casado contigo? A pesar de Irene. Pues viva mi amor ufano. Pues triunfe alegre mi dicha. Gracias a Dios, que te hallo. Adiós dulce esposo mío. Blanca, a diós. Adiós mi Carlos. Dónde has estado, señor? porque ha que te voy buscando como dos años, o tres, y por Dios que no he dejado Rincón en toda la casa hasta el desuán, y el tejado: nunca tan caro me cuestas. Seas bienvenido Mostacho, Que ya te echaba yo menos, y pues te cuesto tan caro toma en precio este diamante, y estos escudos que traigo, Acaso en este bolsillo, y sobre todo mis brazos, y di para que me buscas. Déjame tener espanto, De que me das de repente como muerte del que sano iva andando por la calle, y se cayó de su estado: Dasme diamante, y escudos, sin decir Jesús, que es caso, que a mí me tiene aturdido; dime es esto, que me has dado Alguna restitución? Es que un bien estraordinario me ha sucedido, y son estas tus albricias. Y veamos, Si este es bien ultramarino, o bien de los que acusamos, o cómo, no tiene nombre? Es preciso el ocultarlo Mostacho, que es bien del alma. Pues será bien de ahorcado, que al son de las camaanillas va el que pide, pregonando, Para hacer bien por el alma de este pobre ajusticiado: vive Dios (mira señor) que cuando te hiua buscando, Vi que habías de darme, En qué? En que sueles darme al diablo, y porque no te encontraba, que tengo esperimentado, Qué es dificultoso hallar lo que puede valer algo. Buscándome tan de prisa como te estás tan de espacio? Señor, porque esto de dar es hoy caso tan extraño, que oyendo dar al reloj no hay ninguno tan menguado, Que aunque vaya muy de prisa. no se detenga a contarlo. Mas mira, señor, que el Duque te espera, y te está aguardando. Pues vamos a ver que quiere, que contento voy: Mostacho, qué rico, que venturoso! Con aquesto, que me has dado, Mas venturoso, más rico, más contento, y más ufano voy yo: pero, vive Dios, que he de ganar muchos cuartos Con una ingeniosa industria; pondré un rotulón tan largo a mi puerta, donde diga, aquí hay un diamante dado, Y a cuarto se deja ver; con que vendrán desalados todos a la novedad; cual suceder suele, cuando Se muestra un Rinoceronte, un León, un Tigre, un Pardo; que ya entre grandes, y chicos todo está tan acabado, Que es cada dadiva un monstruos y a sí por estraordinario cosa de las Indias se puede mostrar lo dado. Pero el Duque viene aquí, con que te excusa el buscarlo, Yo tengo satisfacción de lo que me habéis servido, con que estoy siempre advertido, y no perderé ocasión, Do m iban, de premiar a quien tiene tan grande valor. Blanca mi hermana, señor: De vuestra hermana también Estoy, don Juan, cuidadoso, y mi obligación ofrece de darle lo que merece. Eres Príncipe glorioso. Precio me de agradecido, y a vuestro padre debí mucho más, Si quedó en mí mi padre sostituido, lustamente su memoria en nosotros reslucitas, edades viva infinitas por tanta merced tu gloria, Anda Carlos, pesia tal, que te embobas? Gran señor, que mandas? Vuestro valor, busca mi pena inmortal, Porque solo en un amigo cabe una pena, los dos quedemos solos, que en vos otro yo queda conmigo. Guárdete, señor, el cielo. Solos habemos quedado. Oh cuánto pesa un cuidado! oh cuanto monta un desuelo! Carlos, ya que estamos solos he de preguntar primero si sois mi amigo de veras. Tan mal mostrado lo tengo? Qué dudáis, o qué teméis? Ni lo dudo, ni lo temo, Mas quiero que advierta, Carlos, vuestra amistad con aquesto, Que sé, que no hay ocasión de dudarlo, ni temerlo: y así que quiero fiaros lo que dentro de mi pecho Con tal secreto he guardado, que parece, que yo mismo lo supe para callarlo; pero no para saberlo. Mas conozco, que callando no se ha de lograr mi intento, y pretensiones de amor no las habla bien su dueño. Demás que las Majestades de un Príncipe, y el respeto De su grandeza al amor, y a su niñez es opuesto, Y si en los amores faltan los júguetes lisonjeros de una voluntad tratable, de un puntual galanteo, De una caricia amorosa de un suspiro, y de un afecto o no parecen amores, o se pasan a desprecios. Y así ha menester el Rey un amigo, que sea medio para que aquestas finezas puedan llegar a su dueño. Pues Don Carlos Jebellino siendo vos el caballero, que por la sangre, y valor, por mi amistad, y mi deudo, Merecéis mejor, que todos, que os manifieste mi pecho a fiaros sus archivos ahora vengo resuelto: Y son para si tan solo de un Príncipe los secretos, que fiaros el menor es teneros por mí mismo Vos sois noble, y sois vasallo, yo empeñado, y vuestro dueño, de vos me fío, esto basta, atended que sois discreto. Abrá dos años, o más que sirviendo a Blanca intento: A Blanca? detente agravio, Aparte que me abraso en mis celos, Me precipito en mi ofensa, y en mi deshonor me anego. La victoriamas amable, el más hermoso trofeo, La dificultad más dulce, y él imposible más bello; que aún a dibujar no alcanzan altos encarecimientos. A aquesta hermosura a loro, por esta deidad me pierdo, y pienso con ser amante, y con ser vos mi tercero Fundado en una esperanza (que quizá mi pensamiento me la da más que su agrado) poner en el fin los medios, Pasar a fruto la flor, a cápitel el cimiento, la esperanza a posesión, y a ejecución el deseo. Qué decís? Que Blanca es noble, y vos Rey cielos ques esto? Sois mi amigo? Soy tu esclavo. Pues yo sé que sois discreto, y pues decís que soy Rey vos sabéis que sabré serlo: y si Blanca tiene honor, vos también tenéis secreto; Aquesta tarde os aguardo, porque a Blanca escribir quiero, que no es bien hablarla yo, por evitar con aquesto, Que en Palacio se murmure; mirad que a la tarde espero. . O lo que escucho no es cierto, o el ser Carlos es quimera, puesto, que si Carlos fuera de serlo me hubiera muerto. Mas si es verdad que casado, ya con doña Blanca estoy, si es cierto que Carlos soy, y que el Duque me ha contado, Que a Blanca piensa servir, cielos, será menester rrazar como esto ha de ser, porque yo no he de vivir; Y si faltan a los cielos rayos, asombros, y horrores, sobrar le pueden rigores para matarme a mis celos, Grueldades a mi pasión, furias al conocimiento, impiedad al sentimiento, y a mi desesperación. Cómo con tanta locura la razón atropelláis? adónde Carlos estáis? dónde está vuestra cordura? Déjame, que no hay tan sabio consejo en una razón señor, que en tal ocasión no le atropelle un agravio. Tu amor paternal no impida el designio de mi suerte, deja, que desquite en mi muerte los agravios de mi vida, Déjame morir, señor. Necio, bárbaro, arrogante, resolución semejante, ceguedad es, no valor, Y en remitirse al morir el que no sabe penar muestra, que le ha de faltar esfuerzo para vivir. Sin ohirme me condenas, y das de cobarde nombre? Sí, que ha de vivir un hombre aunque les pese a las penas; Porque en un fuerte penar no les habéis de decir, que más sabéis vos sufrir, que no ellas atormentar. Ay padre! hay señor! cuán graves son en mi pecho, y cuan recias las heridas, que desprecias, y las muertes que no sabes. Bien sé yo, aunque eres viejo, y esforzado en mi dolor no te ha de sobrar valor, y te ha de faltar consejo. Bien sé yo, que en penas tales, aunque te muestras más fuerte has de llamar a la muerte menos impía, que a los males. Refiere pues tu tormento, porque, o le aprueve, o le impida. Ariende, y verás la vida, Qué guardas. Ya estoy atento. Bien sabes la enemistad, que Jebellinos, y Guelfos tenemos, y que una hermana tiene don Juan, en quien vieron Qué imitar las perfecciones, y que envidiar los aseos, que adorar las voluntades, que encarecer los afectos, Que venerar las envidias, y que importunar los riesgos, la cual una hermosa tarde, (que ser suele en el Febrero Memorias del Mayo antiguo, o suspiros para el nuevo) al campo a coger el Sol salió bella, o lo más cierto El Sol a coger a Blanca; salió aquella tarde al cielo para templar a los rayos de tanto amoroso incendio El hielo con que a sus lumbres vuelve en escarcha el invierno para ensayar a lucir sus faroles al ejemplo De tanta ardiente hermosura? y para que en su rodeo llegar del Febrero al Mayo lo deba con más efecto Al haber mirado a Blanca, que el haber pasado el tiempo en tan repentino asalto; la memoria, y ojos vuelvo A la antigua enemistad de sus mayores, y nuestros, a la causa de su enojo, y a la ocasión de su encuentro Para obligarme a no amar lo que ellos aborrecieron. Pero al fin amor venció valiente con tanto extremo, Que ya triunfador de mí rindio también a su objeto; y como entre los humanos se ha de llamar bien supremo Llegar quien a na a mirar correspondido su afecto, no me pudo corregir mi obediencia, tu respeto, El enojo de su hermano, ni tan ásperos sucesos como en tales causas nacen, para que amante, y resuelto Aunque todos los miraba tuviese a ninguno miedo. Y al fin porque alguno, o todos no fuesen impedimento, En resolución con Blanca casado estoy de secreto. Casado? a traidor! mal hijo! tú eres el heredero De sangre, por cuya cuenta nobles venganzas corrieron de agravios, que se estamparon en tantos ilustres pechos? Mientes infame; quefviste hijo en mi casa supuesto, que no ha sido mi desdicha tan grande, que quiere el cielo Darme un hijo mi enemigo: y si es tanto mi despecho te quité el ser que te dio, publicando con aquesto, Que no pretendí tu vida, pues que de ella me arrepiento, Señor, haberme casado hoy con Blanca no es suceso, Ni que se puede estorbar, ni que ya tiene remedio para casos más penosos, para lances más estrechos. He menester tu prudencia, necesito de tu aliento; o me mata, o me aconseja; y advierte, que es desacierto Cuando nos llama lo más, detenernos en lo menos: ojalá pluviera a Dios pudiera ser tan severo, Ser ya tan feliz pudiera, que me pasaras el pecho; que con eso se acabaran tantas dudas como tengo, Tantos males como lloro, tantas muertes como siento. Pero pues no has de matarme, ni yo, señor, te merezco Tal resolución, porque ser me pudiera consuelo. Escúchame lo que resta, y si no hallares consejo, Si te faltare prudencia, y no esperares acierto en habértelo contado, vendré a ganar por lo menos Ya que no a cortar el mal añadirle sentimiento. Qué mal puede haber tan grande que ya llegue a parecerlo Sobre casaros con hija de mi enemigo? Oye atento. El gran Duque de Milan me dijo muy en secreto, Que ha dos años que la sirve, y que he de ser su tercero. Considera aquí, señor, que no amante, si no dueño Marido de doña Blanca escuche tan loco intento, y no será menester decirte, que en tal suceso Solo me quedó de vivo la pena de no estar muertos porque aunque no dijo nada contra el honor, y el respeto De Blanca, si la ha querido, si es poderoso, si el tiempo es dos años, mujer ella, el fino amante, bien puedo sino recelar agravios, temer importunos celos. Y cuando demos que Blanca sea una roca, cuando demos, Que su constancia, y mi honor no estén a morir expuestos: puesto que terciar me manda en este amor con pretexto De que soy noble, y su amigo, y guarda de su secreto como puedo si se encuentran dos peligros, como puedo no perecer en el uno, cuando me cercan dos riesgos: pues que no terciando aquí la fe con el Duque pierdo, Que ignora, que soy su esposo; el honor pierdo si terció, y cual es mayor desdicha parecer mal caballero, Oh ser infame marido? serme enemigo a mí mismo, o ser mal amigo al Duque? pues ya si celoso quiero Con da le la muerte a Blanca dar a tantos males medio; que procesos la sustancio, ni que delitos le pruebo? Qué deshonor le averiguo? será bueno, será bueno, que se adelante a castigo en aquel hermoso pecho Lo que en el mío es engaño, y en el Duque es debaneo? y yo doy que la matase muy celoso, o poco cuerdo; Que excusa tengo de dar de un delito tan horrendo? qué es mi esposa, y me agravió? quedará mi honor bien puesto; Pues que fue antojo el matarla? quedará mi valor bueno? será remedio el robarla? no: que así por dicha llevo Conmigo mismo mi agravio: y será bueno sobre esto, que en daño de mi opinión quede murmurando el pueblo, Que ni al Rey tuve lealtad, ni a sus Palacios respeto? pues ausentarme; y dejarla bien se ve, que es mayor yerro, que no huyo el deshonor si en el peligro la dejo. Declararme con el Duque traspasando del silencio A su noticia mi amor, y mi oculto casamiento, fuera de darle disgusto, (porque es su amante Leofendo) Por haberlo efetuado sin su licencia, y decreto. Y aunque proceda su enojo por ventura de sus celos Dirá, que nace su ofensa de que le perdí el respeto, en lo esterior siendo Rey, siendo amante en lo encubierto, Con ánimo vengativo tendrá brazo justiciero; y no temo que indignado quiera matarme, no temo, Que te mate a ti, y a Blanca, pues a proceder tan ciego que atropellase estas vidas les fuera glorioso empleo El ver sus hilos quebrados. por dejar mi honor entero, Pero si el Duque atrevido hubiese (que no lo creo Porque Blanca es mujer, siempre su virtud fue cielo; si hubiese más licencioso (con que ansias lo refiero) Pasado del pensamiento lo atrevido de su pecho: declararle que fui yo a quien ofendió; no quiero, Que es posible lo imagine mi desdicha en su despecho, entre ocasiones tan fuertes entre horrores tan violentos, Entre muertes tan sangrientas, y entre imposibles tan fieros, no es el arbitrio mejor, no es el intento más cuerdo Entre mi afrenta, y mi vida hacer arbitrio el acero, que ya que no estorbe el daño, ya que se deje en su puesto Al deshonor, al fin quita en la vida el sentimiento, ya que la muerte al agravio no le borre el color feo De ser afrenta: al fin cierra los ojos para no verlo. Padre eres, mi honor es tuyo, tu sangre soy; el suceso Por ser yo la causa de él no viene a tocarte menos. Y así es forzoso, señor, que no te ocupes primero En indignarte conmigo, que en procurar el remedio, piensa como interesado, ejecuta como dueño, Y al fin como amigo alienta, y aconseja como viejo. Hay más penas, cielo esquivo - en tan horrible tormento? (. no estoy muerto, pues que siento, no siento, pues estoy vivo! Mas en pena tan crecida, en tan áspero rigor mallográrase el dolor si se acabara la vida. Pero qué es esto dolor? en lo que hacéis reparad, guardaos a la enfermedad, y no os muráis del temor. Hablarle aquí con amor cuerdo mi discurso piensa, y no reñirle mi ofensa por atender a su honor, Carlos, ya errastes, no es justo (supuesto que habéis errado) que aumentéis con un enfado los desaciertos de un gusto. Blanca es noble, y siendo hermosa es de tan buena opinión, que vendrá a ser sin razón tenerla por sospechosa. Y aquesta virtud supuesta agravio fuera entender, que podrá el gran Duque ser más amante, que ella honesta. Con que ya los miedos pierdo; y juzgo, que es conveniente, que vuestro pecho hoy prudente si está celoso, esté cuerdo. Cómo cuerdo? no es locura, no es error, imaginar, que juntos puedan estar, celos, honor, y cordura. No es ese consejo sabio, que quien os manda terciar os ha de manifestar a donde llega el agravio. Con que quedáis enterado de que no soy ofendido, o el agravio convencido le adelantáis a vengado. Que tan prudente ha de ser quien es noble en sus recelos, que, o no ha de decir sus celos, o los ha de deshacer. Si hallaredes con efecto, que fue verdad vuestro agravio, será consejo más sabio el de un veneno secreto, Con que vos quedáis vengado castigada vuestra esposa, la cordura victoriosa, y el deshonor ignorado. Qué he de callar aunque sienta? Es cordura. P ya E arp rel honor. Es disimular la afrenta, Que el cuerdo no se asegura. Ni mira vanos recelos. No hay cordura donde hay celos. Ni celos donde hay cordura.

JORNADA SEGUNDA

Blanca este papel me ha dado. Muestra; pero el Duque viene; retirate. Pues no tiene más porte? A fiero cuidado! Carlos, Blanca no es hermosa? Es, señor, muy recatada. Hácese más estimada. la hermosura virtuosa. Pero allí el empeño crece donde hay resistencia mucha, que es la que menos me escucha la que mejor me parece: Al fin yo he de importunarla. Pues yo he llegado a entender, que el tiempo hechas a perder, si tratas de conquistarla. Porque es su virtud tan rara, su constancia tan entera, que si el valor se perdiera en doña Blanca se hallara. Al fin, Carlos, no es mujer? pues no pierdas la esperanza. A esto (vana confianza) . que habemos de responder? Qué decís aquí desuelos? si a la más noble, y más casta solo ser mujer le basta para ser causa de celos. Mira que es muy virtuosa. Pues tú la verás afable; que es ahora lo intratable razón de estado de hermosa, Y la más noble mujer rinde si conoce amor a la fineza el honor y la constancia al poder. Demás de que en Blanca yo he siempre esperimentado afabilidad, y agrado. Esto (celos) se acabó . que más desengaño espero para una desconfianza. Te ha dado alguna esperanza ( Yo de nada desespero, Perseverad obligando, y nunca desconfiéis, este papel le daréis a Blanca esta tarde, cuando Ocasión podáis tener; que atendiendo a este cuidado, ya mi amor tiene trazado Carlos, que la podáis ver. . Como en un dolor tan fiero vida no te has acabado? no debo de ser honrado, pues de un agravio no muero: pero culparte no quiero de cobarde, y de temida; que en pena tan nunca ohida con el no haberla crehido disculpa el alma ha tenido para no acabar la vida. Mas ohid celos, que advierto, que aunque al Duque he escuchado, si receloso he quedado aún no es el delito cierto: veis aquí, porque no he muerto: pero detén la voz labio, que has hablado poco sabio; pues quien ofensa recibe, y con su sospecha vive, no muriera del agravio. Matar me quiere la afrenta de una infame presunción; mas de Blanca la opinión para que viva me alienta: poder más la vida intenta la muerte con tropel fiero pretende vencer primero; mas luchando de esta suerte se impiden la vida, y muerte, y así no vivo, ni muero. Vamos al caso desuelos, y abramos este papel, que por dicha viene en él veneno para mis celos: si hay penas, haya consuelos; pero el alma no se quiera, porque conoce discreta, que un Médico suele dar receta para sanar, y mata con la receta. Cuidado los ojos vean, que sospecha el corazón mas que ofende la verdad? ay de mí! Carlos? Señor? estaba tan divertido atendiendo a mi pasión, que me cogiera en el hurto a no avisarme la voz. Aún no has llevado el papel? No se ha ofrecido ocasión. Dicha ha sido, porque fuera el haberle dado error. Pensando lo que en el digo advertí, que una razón (aunque pudiera pasar) se puede decir mejor: muéstrale. Discurso mío, cómo enmendaré esta acción? qué excusa tengo de dar? pero aquí la detención es causa de más sospecha; ya el medio se me ofreció; o ayúdenme aquí los cielos! voy con disimulación. No me das ese papel? Vesle aquí mi prevención me ha de sacar bien de todo. Qué me das aquí? Señor, doite el papel, que me diste. No es mi papel. Cómo no? (bien he trazado la excusa) por Dios que tienes razón gran señor, que aquesta ha sido la inadvertencia mayor, que me pudo suceder. Mostacho ahora me dio ese papel de una dama; disome cierta razón con que pudo divertirme; con lo cual junté los dos papeles en una mano; y como no hay distinción en dos papeles, que están sin sobre escrito, fue error Abrir el uno por otro; pero te juro, señor, por tu vida, y por mi fe, que aún la primera razón De tu papel no he leido; y así me has de hacer favor de darme el mío sin verle. No puede saber tu amor Quién te fía su cuidado? Nunca el alma presumió tenerte secreto nada: adónde vas confusión? . Mucho quiere, mucho obliga. Alma tiene, y discreción. Notable enigma he leido, ya sospecha el corazón si es Blanca quien esto escribe, que eso dice la razón de despreciar Majestades; y si es esta la ocasión de ser esquiva a mis ruegos, de ser ingrata a mi amor; mas ha de engañarme Carlos? pero es hombre, que sé yo si en culpas de amante incurre, vaya pues con prevención en el peligro el recato; hagan su averiguación el recelo, y la sospecha; disimulemos amor, y despertemos, cuidado. h. Cuando en el mundo se vio desdicha cómo la mía? mal haya quien sin razón a un casamiento se arroja! y por consejo de amor a ciegas mujer elige! Ya aquel yerro se enmendo haced pliego, y si os parece que desdice ese borrón, trasladadle, más cuidad, que tales papeles son peligrosos, y así siempro disfrazo la letra yo como la veréis en este. A todo tendré atención. Pues la brevedad encargo, Yo soy tu esclavo. Pasión celos, aqueste misterio le hemos de declarar hoy. Qué aquesto pase por mí? no es posible, cielos, no, que el Duque se haya quietado aunque aquí disimuló: Ya se fue, desdicha mía miremos nuestro dolor, que el mal por dicha no es tanto. Pues sabes Blanca mi amor, (Luego no es este el primero, que a Blanca el Duque escribió.) Que no son mudos los ojos, que miran con afición. No la ha escrito, pues que dice, que con los ojos la habló: hay más confusiones cielos? ya las dudas, y el temor Son más pena, que el agravio. Pues te adora el corazón, pues mi fineza te obliga; esto está borrado, (ay Dios!) procurar quiero leerlo. Ps tú: no es posible, no: leer lo inmediato quiero, Y aunque no se puede leer, las letras de antes son dos; si dice acaso me quieres? pero esto en Blanca es error: Las dos letras: no: sin duda dicen, y así el escribió no quieres: pero qué busco? dejemos la confusión, Qué nuevas noches me ciegan en cada paso que doy? y aquí me está sucediendo en tan penosa ocasión Lo que le sucede a quien una espina se clavó (acaso en alguna mano) tan honda, que no dejó De donde poder prenderla; y es tanta la desazón, tanta la inquietud, que causa, que ya con resolución De sacarla el que la siente con algún hyerro, empezó a procurar descubrir al delicado ofensor: Pero la espina se esconde crece más la indignación del doliente, insta en buscarla, y cuanto el ansia creció Con las mismas diligencias hace la herida mayor, aumenta la pesadumbre, y múltíplica el dolor. Así cuando yo pretendo acallar a mi pasión, los mismos medios que pongo tan llenas de pena son, Que aunque otra herida no hubiera bastaran para dolor; que al le suceda a un hombre? Allí está Carlos, señor, Pero vive desde ayer con tan grande suspensión, anda tan embelezado, que a presumir da ocasión, Que tiene el juicio en tabletas. Ay cielos, que gran rigor es una pasión de celos! Teniendo tal discreción, Qué juzgará quien le trata, que se almuerza un Cicerón, y se merienda un Virgilio, y se bebe un Cangilón, Lleno de zumo de Homero; yo no entiendo que bastó a ponerle tan bausan: no le ves, cual está? yo, Yo quiero llegar: a Carlos por tu vida vuelvenos esos ojos más afables. Quita necio, vive Dios: Carlos? Señor aquí estás? Y con tanta pena estoy, con cuanto dolor os veo; qué hay de nuevo? otra aflición, otra pena, otra desdicha. No puedo saberla yo? Retírate allá, Mostacho. Aunque nunca me alcanzó La maldición de criado, (que es ser cobarde hablador) yo me retiro. Sabrás, que el gran Duque me mandó Llevar este a mi mujer, leele, y tenme compasión; dame consejo, y alivio, o déjale a mi dolor que me mate. Aquí se muestra Carlos, quien tiene valor, si fuera corta la pena cupiera en pecho menor; No fuera hazaña sufrirla; usad de vuestra razón; aquí no hay más de sospecha: pues decid, porque ocasión Donde hay temor, y esperanza ha de vencer el temor? aguardad el desengaño; que en los peligros de honor, Quien no gusta de perderle espera satisfacción: yo leo el papel, quietaos. Válgame tu persuasión Contra mis desconfianzas! Miren con que prevención de mí se están recatando, y yo apostaré un doblón, Que viene a dar en mis manos toda su conversación; que los secretos del amo ya ha mucho que está de Dios, Que han de dar en el criado. Ay tanta equivocación Carlos, en este billete, que en su fuerza se quedó Nuestra duda; será pues la mejor resolución; que a Blanca lleve Mostacho este papel. Pues mi honor Con tal acción no se ofende? No, Carlos, ten atención: no se le ha de dar Mostacho, que pues Blanca tiene amor Ella se le pedirá; el dirá, que le mandó su amo que le guardase; crecerá aquí la afición En Blanca de verle entonces, el con disimulación se le ha de dejar quitar. Qué fruto hay en eso? . Dos, que Blanca estará advertida si acaso al Duque escuchó de que ha sabido este caso; con que tendrá correción Cualquiera descuido suyo; y tu tendrás ocasión de mirar en su semblante, en su quietud, o temor Su inocencia, o su delito; que es tan parlero el color del rostro en súbitos casos, que si tienes atención No le dejará guardar su secreto el corazón. Es como tuyo el consejo. Pues ponle en ejecución, Instrúyele bien de todo. Oyes Mostacho? Señor. Atiende a lo que te digo. Miren como se cumplió . Mi anuncio, soy gran Profeta; ya estoy con más atención, que un crítico mosquetero. Cómo está ciego el amor En los mayores peligros, siempre tan sin luz entró, que no vio venir el gulpe hasta que avisó el dolor. Dios te dé Carlos acierto entre tanta confusión, Haslo entendido Mostacho? Déjalo a mi discreción, Que aunque tú lo dices bien, sé yo que lo haré mejor. Pues amigo, a Dios te queda. Bien puedes irte con Dios. Mira que vuelvo a encargarte: Oh qué impertinentes sois todos los enamorados, vere, acaba. Ya me voy. Vive Dios, que no le entiendo; los casos de amores son como una boca de lobo? a dar este papel voy Como quien no le va a dar, y haciendo estoy una acción en que no sé lo que hago; y plegue a Dios, plegue a Dios, Que no me suceda aquí lo que al que sin luz entró donde no ha entrado otra vez, que piensa, que hay un hondón Adentro de legua, y media, y al primer paso encontró con una pared atiento, y tal golpe se pegó Que se cayó medio muerto, mas que sería que yo sin saber si hay topadero la lleve este papelón A Blanca, y a escuras salga alguno, que de antubión me dé un cabe golpe en bola, pero aquí Blanca salió. Que no vuela haberme Carlos? Ahora entra mi fación, yo me mesuro. Mostacho? Señora. Que detención, Qué olvido! cómo está Carlos? dónde queda? Que sé yo, que desde ayer anda tal, que mirarle es compasión, Qué dices? Esto es verdad. Traesme aquese papel? No, (ya ha dado en la ratonera) - este mi amo me dio (te, Sin decirme para quien; y aunque no conozco yo en Carlos otro cuidado, que sé yo que le movió A decirme, que después me daría la razón de lo que deel he de hacer. No hay porque tengas temor, Qué Carlos no escribiría sino a mí. Tienes razón; mas si acaso hubiese escrito sería bueno, no es mejor, Qué se esté san Pedro en Roma? De celos rabiando estoy! muestra ese papel, villano. Bonita es mi condición, Soy villano, y tú me ruegas, sácate la conclusión. No le has de dar? No señora. Espera, que vive Dios, Qué te he de hacer más pedazos, que átomos descubre el Sol, Tente gañan de clavel con esa mano arador, Que no es barbecho mi cara, toma allá un papel, y aún dos, y aún ciento, y ciento, y cincuenta, lindamente la mamó. Quién entenderá este embuste? Qué letra es aquesta? Ay Dios! no es de Carlos, no, que dudo? quién este papel te dio? Carlos. Mientes. Juro a Cristo; No hay que jurar. Cómo no? juro a todo el Calendario, que don Carlos mi señor Me ha dado aqueste billete. Para quién? Qué confusión! Qué celos! Qué palos! Blanca. Señora. Qué es la cuestión? Mostrad aquese billete. Viose desdicha mayor? . a este criado reñía, porque a darme se atrevió ese papel. Pues no fuera anten de abrirle mejor? atended a quien lois, Blanca, tened más recato: y vos: (Aquí requiescan in pace,) . (te. Vos atrevido, traidor, desleal a vuestros Reyes, sino tuviera atención Al honor de doña Blanca, desde aquese corredor os hubieran arrojado; andad de ahí. Yo me voy Pues me dejan ir en paz sin aguardar ocasión, que sea menester llevarme con campañilla, y pendón. . Con tan lustrosa esperiencia vuestro pecho a mostrar viene bien claramente, que tiene Blanca, gran correspondencia, Yo os juro, que no sabia, que tiene también guardado en vuestro pecho un cuidado Quién como amigo os le fía. Pues yo señora? . Callad, y tened más sentimiento, que pasa de atrevimiento, y llega a ser libertad, Quién sus favores dilata sin muy prudente medida, si hace una favorecida bien puede temerla ingrata. Que hay pecho tan mal nacido, que rácil paso ha trazado desde el estar obligado al ser desagradecido. Y si trato tan infiel tenéis, que no os obligó ver que mi amor le miró para no acordaros de él. Tened de hoy más atención a no irritar mi paciencia, Aquel verde que no cabe la prudencia donde entra la indignación. Y aunque hoy cuerda no me arrojó si este atrevimiento dura, no os fieis de la cordura, que está en poder del enojo. Y si ya a Carlos habláis, qué es hablarle? si le veis, y qué es verle? si entendéis presumir, que en el pensáis: Veréis con fin lastimoso de vuestro amor mal regido, que son muerte al atrevido los celos del poderoso. Que en tal caso, vive Dios, que con ánimo cruel lo que hago de este papel he de hacer, Blanca, de vos. erde botón, que lazo airoso de esmeralda en prisión al clavel tiene, cuando en rubís a desflocarse viene llega a fuer de esperanza perezoso. Y cuanto a la prisión más espacioso el ardiente pimpollo se detiene con mayor detención galas previene, y así naciendo tarde, vive hermoso. No os canséis de sufrir pecho abrasado, que en el gusto mayor crédito ha sido saber hacerse siempre deseado. Y es ingenio en el bien ser detenido, porque sea deuda en penas de esperado para pagar en gozos de cumplido. él ha de venir ahora A esperar a Carlos vengo conmigo mis celos vayan averíguense a sí mismos, y sepan cual fue la causa De que le cogiese abierto mi papel esta mañana: el a darle, si no me engaña, Oh a visitar la simiente por cumplir con su palabra. y deslumbrar mis recelos, aquí mi industria me valga, Y pruebe, que no es posible engañar a quien bien ama. Y porque nadie entrar pueda antes de avisar, cerrada Es bien, que esta puerta quede; ánimo desconfianza: Blanca hermosas Ay Dios, qué susto! . aquí el Duque? que me manda En mi cuarto vuestra Alteza? no estoy en mí! Tan turbada? si la Majestad señora, y la grandeza os espanta; Sabed que en mí solo sirve de déjaros enterada, que es mayor vuestra grandeza, vuestra Majestad más alta, Pues a mis altezas, es la más lustrosa arrogancia verse idólatras humildes a vuestras divinas plantas. Dejad encarecimientos, que hay infinita distancia señor de mi ser al vuestro. La hermosura no la iguala? Dime, Blanca, si no estimo la Majestad soberana; si la riqueza me ofende, si el poder me desagrada, Y si nada me da guito, solo porque tú me faltas, porque pierdo tu hermosura; será conlecuencia llana, que tu vales más que todo, y que mostrándote ingrata lo que es más que yo me quitas. Ves esto que tanto ensalzas? Pues con estar aquí tú haces que no valga nada: porque estar junto al poder es en la hermosura infamia. Vete señor. Blanca mía. Si es deidad tan soberana la beldad, porque la ofendes? No es agravio el estimarla, Es ofensa deslucirla. Dame una mano. Repara, que eres Rey, y que soy noblo, Advierte tu bella ingrata, Que eres hermosa, y yo amante, sé piadosa. Soy honrada. Estás sola. Daré voces. Tú mirarás por tu fama. Yo miraré por mi honor: . pero a aquella puerta llaman, no atropelles mi opinión; hola. Señora, qué mandas? En esa puerta llamaron; hay más tropel de desgracias? Que así se estorbe mi dicha? Carlos a la puerta aguarda. No has dicho quién está aquí? Señora no he dicho nada. Pues dí, que está aquí su Alteza. No digas tal; quién llamaba? Es don Carlos lebellino. Bien me ha salido mi traza, aquí veré su lealtad; Dorotea, no se vaya Carlos, di que entre. Yo voy. No será cosa acertada, que en Palacio sepa nadie, que yo te visite Blanca; Y así mientras se va Carlos me retiro a aquesta cuadra. Gran señor: Aquesto importa, de aquí veré lo que pasa, Si da mi papel, o no. Hay confusión más extraña? si digo que aquí está el Duque, que satisfacciones bastan para tan fuerte sospecha? pues quien se esconde declara que hay causa, porque esconderses y cuando yo alborotada Me queje de que se esconda el recelo no se acaba, porque podrá prefumir, que es disimular con traza Aquesta aparente culpa; pues si callo es cosa clara, que amante Carlos, y esposo le dará licencia al alma Para que en dulces ternezas (que me dirá enamorada) publique nuestro secreto; muerta estoi!. Vana esperanza. Adónde vais? no sabéis, que sola una duda basta para ser cierta una afrenta? mi prudencia aquí me valga; Miraré atento el aspecto; repararé en sus mudanzas, que por las señas del rostro los pechos más mudos hablan. Qué he de hacer? esto es preciso antes que me hablé palabra? Carlos aunque aquí no hay nadie, hay quien escuche. A tirana! Ay desdicha! Pues le avisa algo hay porque se recata. Turbado está. Qué he de hacer en penas tan encontradas? Si me declaro, y me escuchan con eso mi honor se acaba, con eso empieza mi afrenta, y se acrecientan mis ansias; Pues presumir yo mi ofensa, y dejar de averiguarla, fuera introducirme a escollo; celos, el discurso falta, Discurrid aquí afliciones. Qué dudoso se embaraza, que de colores varia; (tu quien tuvo desdicha tanta Cómo yo? no se qué diga! Ya dio mi honor una traza con que a todo satisfago, pues dejaré averiguada Su culpa sin declarar mi agravio; si sabes Blanca, que soy del Duque criado, que del Duque eres criada, que soy noble, y que por eso me toca celar su casa, que es el honor de Palacio el recato de las damas; Si nada de aquesto ignoras no te parezca sobrada curiosidad, o licencia pedirte, que a ver nos salga, O que yo he de entrar a ver a quien de mí se recata. Mayor pena es esta, ay Dios! si le respondo enojada, Nuevas sospechas le ofrezco: y si aquí escondido halla al Duque, yo soy perdida. Carlos, oye una palabra. A él, Advierte, que es la Duquesa, que aquí viene enamorada a decirme lo que sabes; y se escondió de turbada. Vete ahora señor mío, y vuelve por la mañana, que ver me podrás a solas. Oh cómo mientes ingrata! Que si por mi amor viniera nunca de mí se ocultara: no es la Princesa, que dudo; pero sospecha villana Decid porque es imposible, que la Princesa asustada de verme entrar de repente pareciese acción extraña de su grandeza mostrar ni una sombra de liviana, y que por esto se esconda? pero vana confianza No puede esto ser mentira, pues que a mi valor retarda? desengañe la esperiencia, los ojos se satisfagan De que la sospecha miente. Blanca, si nos escuchara . el Duque ahora, si viera, que sospecha tan fundada Tengo contra ti, y que dejo remiso no averiguarla; de mi lealtad que dijera? de mi valor que juzgara? Pues perdona Blanca hermosa, que no es razón, que yo haga en ausencia de mi dueño, lo que no hiciera en su cara. Yo he de ver quien está aquí, ya no es acción acertada detenerme. Aquí me pierdo! Esperad Carlos. Ay alma, Qué miráis? (vos sois señor?) e. ya se murió mi esperanza? . esta es la Infanta? ah cruel! quien miente cierto es que agravia, Sosegaos Carlos, yo soy: (que no averiguase nada!) . no hay aquí de que asustaros, yo soy quien vilita a Blanca, La lealtad os agradezco, y el buen celo de mi casa: mirad Carlos: mi papel dad luego, que es quien aguarda Mi cuidado la respuesta. Señor soy Carlos? malaya quien amando a una mujer se busca desdicha tanta! No estoy quieto hasta haber vi- (sto aqueste encanto en que para. . Es sueño, o desdicha aquesta? Qué razón habrá tan sabia, Que descubra alguna luz si tantas noches la guardan? si aquí matarla intentase, dejaré así publicadas su liviandad, y mi afrenta, y el deshonor no se acaba, pues se queda vivo el Duque, que me ofende: no matarla es ser causa de que crezca su libertad, y mi infamia: el consejo de mi padre en tal confusión me valgas Muera Blanca de un bocado, que así nis penas se acaban, mi desdicha no se entiende, ella que la castigada, Palacio no se alborota, ni se oscurece mi fama: disimulemos cordura, que siempre los males hallan En la prudencia remedio. Mi muerte sin duda traza entre tantas suspensiones: yo quiero hablarle alentada, Y enternecerle amorosa en mi verdad confiada, que aunque alguna vez flaquee, nunca en el aprieto falta. Carlos, señor, dueño mío. . dulce esposo de mi alma cuando en ocasión tan fuerte te cercan sospechas tantas, En tu aprecio mi opinión, no quiero que valga nada; no pretendo, que te acuerdes, que no fue más pura el alba, No fue más luciente el Sol, que el nombre de doña Blanca. No me abone mi nobleza, no me ampare mi constancia, Mi virtud no me defienda, ni mi recato me valga: que muchas obligaciones de la más ilustre dama En sospechas de un delito no le excusan, mas le agravan. Solo pretendo, señor, que mi amor se satisfaga, Pues no hay mujer sospechosa. cuando vive enamorada. Testigos son de mi amor contra tus desconfianzas Las verás en el amarte, y en el celarte las ansias. Qué finezas no me debes? cuando me vio acobardada Dificultad, ni peligro? que acciones tuve por arduas, que intentos por imposibies, ni que muertes por sobradas? Cómo puede Carlos mío agraviarte quien te ama, y ofenderte quién te adora? luego es tu sospecha vana, Luego tu enojo es injusto, luego es mi fe sin mudanza, luego es mi honor sin sospecha, y mi recato sin mancha. Vino el Duque, es poderoso, se escondió, no fui culpada, vístele, soy infelice, celoso estás, soy honrada; Si está no es satisfacción, para eso tienes espada, para eso tengo yo vida: mas si de matar me tratas, Advierte dueño amoroso, que estás tan dentro del alma, que no es posible matarme, si primero no te matas. Después que me has muerto lloras? a fiérala mudablel a falsa! disimulemos, honor, que cerca está la venganza. Blanca, no admiro del Duque una acción tan mal mirada, que es poderoso, y no culpo tu lealtad, porque no igualan De los Astros, que en los orbes poniendo al sol luminarias incendios son de carbuncos al resplandor de tu fama. Quédate, señora, a dios, que yo volveré mañana a verte: para que mueras, Pues así te vas? Si Blanca. Cielos, mi desdicha es cierta! Cielos, cierta es mi desgracia! Yo muero! Mi honor peligra! Amando estoy! Es ingrata! No es posible asegurarle. Preciso es no perdonarla. Desdicha fue! Fue traición! Viva mi amor! Muera Blanca!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA, DE celos, honor, y cordura. Que me siga el Duque así, y sus violencias aguarde! pesia el ánimo, cobarde, que no me libra de mí, Si en Carlos pretendo hallar amparo, dándole aviso de lo que pasa, es preciso, que luego me ha de matar. Y el Duque a su loco amor está tan determinado, que dos veces ha intentado con fuerza mi deshonor. Cuando a tal lance he venido a donde armados están contra mi honor un galán, contra mi vida un marido. Que hará un pecho honrado, y fuer y que consejo es más sabio (te, dejarse hallar del agravio, o irse a buscar la muerte? Viose desdicha mayor, donde encuentra repetida un deshonor en la vida, y en la muerte un deshonor? Aquí es consejo más sabio, que aquí el pecho temeroso contra un galán, y un esposo busque amparo en un hermano, Pues yéndome con don Juan cuerdamente habré salido del enojo de un marido, y del amor de un galán. Aqueste es el menor daño, y yo tendré en mi defensa, que a Carlos no le hice ofensa, y al Duque di desengaño. Mas qué se dirá de mí? que he sido mujer leal, y que de uno, y otro mal el menor mal elegí. Y al fin si es alguna culpa, que se huya una mujer con su hermano, viene a ser harto fuerte la disculpa. Ay Carlos, ay dulce esposo! ay vida, ay honor, hay fama! que llegue a verse una dama en lance tan riguroso! En pena tan sin acuerdo! en mal de tanta impiedad! donde una temeridad es el consejo más cuerdo! Muero de pensar en ello, que haya de haber (no es rigor) peligros para un honor, y no lazos para un cuello? O si ya don Juan viniese antes que la luz al cielo; Don Juan, yo soymno porque a tanto desconsuelo sin esta noche le diese! Que ya toma por partido mi honor mal asegurado el mirarse murmurado por no mirarse perdido, Con la llave, que me diste por los jardines he entrado llena el alma de cuidado de verte, Blanca, tan triste. Y hácese mi confusión con ver, que ordenas, señora, que venga tan a deshora. Pues atiende la ocasión. soy mujer, tú eres mi hermano; el Duque de Milan es poderoso, el poder de los Reyes soberano, el amor (aunque niño) valeroso, el juicio de los hombres es liviano, el honor de una dama es peligroso, y mujer, que a estos riesgos los desprecia, o será poco honrada, o es muy necia. Y no le basta, no, ser recatada a la que el vano aplauso llama hermosa, pues si por libre, no, por inquietada, a ser viene, señor más peligrosa: que la rosa entre espinas más guardada viene a morir de achaque de ser rosa, y entre las rosas es la apetecida la dilatada; no, la recogida. Yo conozco en el Duque su desuelo, temo contra mi honor una violencia; y a quien teme, y no huye, traza el cielo, que de su deshonor haga esperiencia; y excusa podrá ser, mas no consuelo haber hecho gallarda resistencia: que en batallas de honor no será gloria tener valor quien pierde la victoria, Si eres noble, don Juan, si eres mi hermano, si es la fama mejor, que no la vida, si por ser hombre debes ser humano, si una mujer merece ser ohida, ten lástima de mí, dame la mano; mira por mi opinión, que perseguida llega a causar cual deshojada rosa purpúrea compasión de que fue hermosa, A mi recato debo el ser honrada, y a faltarle a mi pecho resistencia, esfuerzo al alma nunca sujetada fuera despojo ya de una violencia: don Juan, el Rey es luz, esté apartada, no les muestre a los ojos la esperiencia; que el que se acerca a verla, queda ciego, y si se acerca más, sabrá que es fuego. El corazón se cubre de temores, al pecho todo cubre nieve fría; aquestos son del Duque los favores? estos los premios son que me ofrecía? como a veces esconden los señores en el mismo favor la tiranía; y el pecho sin doblez les agradece la más infame afrenta, que padece. Dime tu Blanca, qué haré? Sacarme de aquí, don Juan, Al gran Duque de Milan licencia le pediré para que te vayas luego a mi casa. Oh cuán errado te burlas de tu cuidado! Cómo? Porque el Duque ciego, loco, amante, y sin razón, sin atención a lo justo, ha de conservar su gusto primero que tu opinión. Y no te ha de dar licencia para ausentar lo que adora. Pues qué puedo hacer, señoras Valerte de la violencia, y defender nuestro honor; que si hoy me robas aquí, nadie ha de culparte a ti, ni tenerte por autor de mi ausencia, y en efecto tu crédito se asegura, y mi honor no se aventura guardando los dos secreto: pues nadie ha de imaginar señor, que tú me has robado, Bien doña Blanca has pensado, no hay pues, si no ejecutar: de la noche nos valgamos, y en casa te esconderé, hasta que esposo te dé; sígueme pues Blanca. Vamos. Este criado es forzoso, . que alguna noticia tenga de los amores de Carlos procuraré con prudencia su pecho reconocer, y averiguar mi sospecha, pues aquestos fácilmente un secreto manifiestan. Mostacho, estás bien hallado con Carlos? Señor, es fuerza, Porque no es posible, que, con este bulto me pierda, y yo sé bien a Milan. Quiérete bien? Bien pudiera, pero ha mucho que le sirvo; y dicen que es cosa cierta, que el amor como el arrope mientras más hierbe más mengua. Es discreto? Por extremo. Y galán? Por excelencia. Estará favorecido. De eso no me ha dado cuenta! Quiere bien? Es bobo Carlos? Qué empeño tiene? Él me tienta, y ya mi secreto está como madura postema rabiando por reventar; no sé cual empeño sea el suyo; pero es forzoso, que amantes desuelos tenga, porque es discreto, y galán. Pues a mí su amor me niegas? no sabes que quiere a Blanca? Vive Dios que la Princesa aparte. le ha dicho toda la historia. Pues señor cuando la quiera, cuando la adore, y la sirva, es fuerza que yo lo sepa? Tú lo sabes. Ello es hecho sino lo digo me cuelga. Y tú me lo has de decir. No hay si no tener paciencia que esta ha sido lancetada, con que el veneno revienta, es verdad que quiere a Blanca; mas es mucho que le quiera Cuándo ella le está adorando? Luego es mi desdicha cierta? Tanto será, que la sirva, cuando tan fina se muestra, Que en su presencia son falsas todas las conchas, y perlas? que por ella esté perdido es razón, pues es tan bella, Que su hermosura les da de azotes a las estrellas; pues su discreción, es barro? Aristoteles pudiera Si a Blanca se comparara ser Filósofo de teta, y aquesto yo me lo amara. Que tal oiga, que tal sepal . Qué tal disimule, cielos! que esto se llama prudencia? La cárita que le ha puesto! . Ya mi desagravio llega, . Qué conmigo traigo aquí con que mi enemiga muera. A buen tiempo viene Carlos, ello dirá; y me hace señas, Que me vaya. Gran señor? Vengáis Carlos norabuena. Mandas, señor otra cosa? An lad con Dios. Buenos quedan, entrambos quieren lo mismo, y más que no se conciertan. . Diste mi papel a Blanca? Ya conoces mi obediencia. Respónde? Tomó el papel con aspecto de una fiera, Y rostro de un serafín, y entre aquellas manos bellas haciéndose mil pedazos le arrojó donde le vieras Rayo de amor por el aire, que se desata en centellas. Que tan cruel le rompió? Si desperdiciar le vieras Lumbres de amor en papel, sin duda te pareciera, o Aurora, que nieva luces, o Sol que graniza estrellas, Hay más osada mentira! . Hay más sufrida paciencia! Qué disimulo? Qué vivo? Que no he de hacer que este en- Que son contra mi poder (tienda, débiles sus competencias? yo quiero desengañarle, con sus mismos ojos vea, Que si estorba un poderoso, se mallogran mil finezas. Triunfe de mis celos yo, y él sus esperanzas pierda; Este es el cuarto de Blanca, . guardad, Carlos, esta puerta con advertencia, y cuidado, porque quiero entrar a verla: Celos, acabemos de una. . Que en tal aprieto me vea? si entra, mi honor es perdido: gran señor, aguarda, espera advierte a lo que te arrojas. Qué dices? Que vuestra Alteza; más tengo de declararle, . ques hoy a quien hace ofensa: Si Blanca no ha sido noble gran señor. Dejadme. Espera, Repórtate por tu vida, señor, que es acción errada, que merezca ser amada, y tú la hagas ofendida. Basta Carlos, reparad, que es desaire, o imprudencia, que vos me ofrezcáis prudencia donde yo os pido lealtad. Y al que algún altivo engaño pudo darle atrevimiento, quizá le pondrá escarmiento el mirar un desengaño: yo llamo resuelto a entrar. Señor, aquí vuestra Alteza? temblando estoy el suceso! Qué hace Blanca? Dorotea, Puédola ver? Ya me arrojo. Toda estoy de temblor llena! no está en casa mi señora. Oh qué alivio! Oh qué gran pena! Ya hallé salida a mis dudas. Qué aquesta ocasión se pierda? Muerta estoy! Dónde está Blanca? Esta noche con ofensa Del respeto de tu casa a hecho de Palacio ausencia. Blanca de Palacio ausente? Qué dices? Es cosa cierta, Que Blanca no está en Palacio. Ya se declaró mi ofensa! Ya su traición se ha mostrado! Él la oculta. Él se la lleva; Por esto me pretendía impedir que entrase a bella. Aqueste fue el desengaño, que me amenazó, que espera Mi vida en desdichas tantas? Quién oyó traición tan nueva? pues cómo, o quién se huyó? No pude ver cosa cierta. Pues tú no estuviste aquí? Fue como si no estuviera; porque a noche mi señora mandó que me recogiera Tan confusa, y tan turbada, tan cuidadosa, y suspensa, tan sin fiarse de mí, que cuidadosa y atenta Procuré saber la causa de aquella inquietud, y pena, Retíreme con cuidado, y en esa primera pieza Oigo ruido a deshora, avívale mi sospecha, con más suspensión atiendo; pero estorban las tinieblas, Que pueda ver a quien habla, confuso el rumor me enseña, que es hombre, sin que pudiese sacar por la voz quien era; Tan paso hablaban los dos; al sin el ruido se quieta, y cesa por grande rato; con lo cual de miedo llena Enciendo una luz, con que salgo resuelta acá fuera, y miro que Blanca falta sin saber quien se la lleva. . Sin duda el Duque la oculta. Carlos sin duda la ausenta. Cuál disimula! Cuál finge! Qué tirana es la grandeza! Qué villana es la traición Que así agravie! Que así ofenda! Cielos, que se ha de llamar deshonor, y afrenta en mí de lo que causa no fui, ni lo puedo remediar? si aquí me quiero matar ni gloria, ni honra recibo; deshonor, si cuando vivo; que un hombre sin honra, es cierto, que ni es bueno para muerto, ni tampoco para vivo. De un ingrato me fíe, en el cual a mirar llego, que amor como niño, y ciego ni tiene razón, ni fe. Ah cuanto entonces erré, pues debiera reparar (viendo mi pecho abrasar) que en el amor que fiaba fuego bastante le daba para poderse quemar. Ya se acabó mi esperanza, pues ninguna excusa queda en mi agravio; que aunque el Duque usando de una violencia Pudo esconderla en su cuarto, mas no pudiera escondería, ni ausentarla de Palacio, si Blanca no consintiera. Viose desdicha más triste, que ver la ignominia cierta, y la venganza imposible? nada, nada me remedia, Y todo, todo me agravia. Si le dejo es cosa cierta, que se ha de llevar a Blanca prosiguiendo con mi ofensa: Si a prenderle me resuelvo es forzoso que se entienda los indicios, que me obligan, y así que mi amor se sepa. En tan ciegas confusiones procuraré con prudencia no dar a entender la causa, aunque órdene que le prendan; Dando indicio de que es otra, que hallándose sola es fuerza, que Blanca no ha de ausentarse, y es forzoso que parezca; Este es el medio mejor. Ello es la traza postrera disimular con el Duque, y procurar con cautela Hallar a Blanca, y su muerte; y linces los celos sean, ya que fue ciego el amor, Qué os parecé de esta ausencia? Yo, señor, estoy confuso, disimulemos prudencia. . Que ansi disimule, y finja! de modo hablaré, que entienda, Que conozco su traición: a mí no me ha dado pena, A é. que bien sé dónde está Blanca, no hayas miedo que se pierda; Con esto me habrá entendido, Cielos, qué desdicha es esta? pues él sabe donde está, el es quien trata su ofensa. Señor, turbado, y lloroso me traen unas tristes nuevas, que de mi hermana me han dado? disimular aquí es fuerza, . Para lograr mi facción. Aquí es menester prudencia, y que no entienda don Juan, que esta es fama verdadera, Hasta que haya averiguado todo el caso: culpa fuera J. don Juan, el haber crehido de Blanca acción tan ajena, Ella es vuestra hermana, y basta! no tiene que daros pena lo que se dice, que yo sé dónde está. No es comedia Palacio, no es invención: el dice que sabe de ella, y yo la tengo escondida: mas válgame Dios! que fuera Que el hurto el Duque supiese? pero al fin cuando lo sepa no es mi hermana? y el no ha da- ocasión para esconderla? (do Yo disimulo, y prosigo: Pues, señor, si vuestra Alteza sabe de Blanca, no temo, que se oculte, ni se pierda, Bien podéis estar seguro. Hay tal mentira? Aay tal pena? que le esté oyendo mi agravio, y que lícito no sea Hacerle pedazos? cielos, o yo, aprendo para peña, o doy lición de ser risco! Luego con toda presteza Preso pondréis a don Carlos. A don Carlos? Esta es pena tanto mayor, cuanto pide don Juan, estar más secreta: De esta suerte disimulo. . Por qué? No tiene licencia para esa pregunta nadie, callad, y haced. Donde ordenas, que le ponga? En esa torre de Palacio, porque cerca le he menester. Ya conoces mi valor, y mi obediencia. De vuestro cuidado fío, al fin de aquesta manera, disimulando mi agravio no doy lugar a mi afrenta, ni a que se entienda mi amor, ni a que su traición se sepa. . Hubo otro hombre en el mundo de tan desgraciada estrella Como yo? que trace el cielo mi desdicha tan por fuerza, que al remedio de mi agravio le cierre todas las puertas? si me declaro, me afrento, y si callo, se la lleva; si se la lleva me agravia, si se la quito me afrenta. Si no busco a mi enemiga mi dolor no se remedia, y si trato de buscarla me lo estorba una cadena: Y mi fortuna me trata en desdichas tan inmensas como a un hombre que cayó desde una nave ligera En el mar, que en un momento se le hurtó de su presencia; y entre paramos de hielo sitiado de parcas queda, Pidiendo socorro en vano; reconoce, que se anega, y las ansias de vivir le obligan a que pretenda Asirse a las mismas hondas procurando hallar firmeza en las frágiles espumas; mas donde el remedio espera Le desengaña el peligro; y ya rendidas las fuerzas, entre mil mortales ansias todo es agua cuanto encuentra, Todo horrores cuanto toca, todo muertes cuanto intenta. Ansí en el triste naufragio, donde mi honra se anega Cada esperanza es engaño, muerte cada diligencia, cada cuidado es peligro, y cada resguardo afrenta: Muera yo cielos, muera, que vivir sin honor es mayor pena! Señor don Carlos, sin duda conoceréis, que me pesa De hacer este personaje en tan sentida tragedia. Mas pues sabéis de los nobles la lealtad, y la obediencia No la extrañaréis en mí; la torre, señor es esta. Y esta, don Juan, es mi espada; no culpo vuestra nobleza, Sino solo a mi desdicha, que ella solo me condena. Muera yo cielos, muera, que vivir sin honor es mayor pena! Posehida de mis celos sin advertencia, y sin juicio, llena de enojo, y furor, por haber mi agravio visto. Aunque mil veces le leo, otras tantas le repito; que el enojo en tales casos no se harta de sí mismo. De haberla robado Carlos son tan graves los indicios, que no se puede dudar: y ansi parece preciso Consultar a la Princesa para entender su desinío. Y renea Señor? Quién duda, que el cuidado es uno mismo En los dos? Este papel, que a Blanca le quité, miro. Muéstralo: cielos que veo? este papel no es el mío? Quién te ha dado este papel? Carlos a Blanca le ha escrito, y yo se le quité a Blanca. Luego fielmente ha cumplido Lo que a su fe debe Carlos; luego la verdad me dijo en todo lo que contó; luego Carlos no ha podido Amar a Blanca, pues tercía contra sí, que es hecho indigno de su valor, y sus prendas: yo doy que la haya querido, Cuando la dio mi papel de aquel amor se deshizo por dar lugar a mi amor; luego sin culpa le oprimo, Le culpo sin ocasión, y sin culpa le castigo. Parece que vuestra Alteza leyendo le ha suspendido este papel. Es verdad. Luego alguna cosa ha visto de mucho cuidado? Es cierto, pues vengo a sacar en limpio, Que este papel no es de Carlos. Cómo, qué Carlos no ha sido quién escribió a Blanca? No, Carlos a Blanca no ha escrito, Cómo lo sabes, señor? Yo lo sé, pues yo lo digo, No es este papel de Carlos. Cielos, desde ahora vivo! Hablar esta noche a Carlos de secreto determino, por si hallase alguna luz en tan ciego laberinto. Señor, en busca de Blanca se han toma do los caminos, y despachado correos a los extraños, y amigos, Y así no podrá esconderse, aunque los lagos estigios en sus mares la sepulten, o los eternos zafiros Como a hermosa luz la guarden en faroles cristalinos. La prevención agradezco, y la diligencia estimo; Y aunque Carlos está preso, él, y vos sois mis amigos, no hay que temer. A esos pies los dos estamos rendidos Como hechuras de tus manos, Venid don Pedro conmigo, y de mi amor os fiad. Vivas mil dichosos siglos. Yo tengo de hablar a Carlos en el tiempo más propicio del silencio de la noche, fiando solo a mi brío Mi resolución, y amor; que se rinden los peligros a quien sabe acometerlos, y a quién se atreve a seguirlos? Oyes Mostacho? Señora. Al fin Carlos no ha sabido de aquesta ausencia de Blanca? No la sabe juro a Cristo, Mas que yo sé donde hay agua; mira si lo he encarecido; pues por no encontrar con ella, ni se a la fuente, ni al río. Pues yo he de verle esta noche, Y con quién has de ir? Contigo. Conmigo, no más? No basta, si yo también voy contigo? Señora, si es tu valor tan grande, y tan peregrino, yo vengo a sobrar. Por qué? Porque en oyendo ruido No me podrás detener con cadenas, ni con grillos; porque me escurro en el aire, sin que nunca haya podido (Bien sabe Dios que es verdad) vencerme en aqueste vicio, cosa que me hace harto daño; luego ir yo será baldió; Pues si no hay peligro sobro, y he de faltar si hay peligro, Tan gran miedo tienes? Miedo? en mi vida le he tenido. Qué eres tan bravo? No es eso, sino que no me he atrevido jamás a ponerme en ello. Ya en los orbes del Olimpo la noche el silencio induce: ven, que con ánimo altivo ejemplo he de ser de amantes, y Carlos ha de ser mío. Si pretendes, que no huya, yo juzgo, que no hay arbitrio como cortarme los pies, porque yo estoy persuadido, Qué haber pies, y no correr es lo propio, que estar rico, y dejarse ejecutar. Ven, que a vista de mi brío tendrás valor. Después de eso yo me remito a lo dicho. . Ánimo, resolución, ni tengáis temor, ni duda, que no ama los fines, quien los principios dificulta. Preso Carlos, y en peligros? y dicen, que se murmura, que preso le tiene el Rey, porque mi ausencia le imputa, Y yo durar en mi ausencia: no es justo que el pecho sufra, un corazón indiciado de impiedad de tanta culpa: Si no me fie de Carlos pretendí con esta industria mostrarle finezas, donde estaba mirando injurias. Rescátelo yo, aunque muera, que pues es mi vida suya para otro ningún intento le será más oportuna. Aquesta llave (que hoy le robé a mi hermano astuta el alma) resistirá el tesoro que le oculta. Aquesta espada le traigo, que estando preso, sin duda está sin armas, y es bien, que las lleve cuando huya? Empeño mío, abreviemos, que quien lento dificulta aquello que intenta hazaña temeridad lo rehusa. Si por ser fiel me matare ese Sol, que nos alumbra por darles su luz a todos el mismo su muerte busca. . Que en fin, señora, te atreves, en fin que no dificultas esta acción tan temeraría? No ves que es mi pasión mucha? Mas tu obligación no es poca. Llevad esa luz oculta. La llave se me ha perdido de la torre. Tantas dudas, No han de hallar algún consuelo en penas tan importunas? Esta es la torre: el amor feliz su intento concluya; Pues tercía amiga la noche, pues ningún rumor se escucha: Carlos. Quién es? Dueño mío. Eres Blanca? Sí, qué dudas? Tu esposa soy, tú estás libre, el paso ahora apresura, y verás como es engaño lo que has tenido por culpa: Que cuando se añubla el Sol sola la nube es oscura: toma, señor, esta espada, ve delante. Hay más confusa pena, para quien discurre, que examinar una duda? Cerca estamos de la torre. Mas que nos cuesta la burla Mas de dos verás. Si hará, si eres tú quien la ejecuta. Llegamos ya? Sí señor. La noche tu intento ayuda. Ella me ofendió liviana, luego esta facción astuta viene en traje de fineza, pero es de nación injuria; muera ya el agravio. Ay cielos! reprime Carlos tu furia, mira, que mienten tus celos. Qué voz tan triste se escucha? Descubrid aquesa luz. Piadoso el cielo me ayuda. Qué gente es esta? llegad; Bien sabes, gran señor, que y que tu amor ha sido Irene? Señor. Qué buscas En este puesto a estas horas? De aquesta acción, de esta fuga me dio aviso este criado, y temiendo que se injuria Tu decoro, y tu Palacio vine defensora justa de todo punto olvidada de la reverencia suma, Que se debe a mi persona por ser guarda de la tuya. Jesús, qué grande mentira! mas que me espanto, quien duda, Que el chisme toca al lacayo entre verás, y entre burlas. Yo soy muerta! Yo perdido! Ay tal pena! Ay tal locura! Carlos libre, y con el Blanca? Que ansí mi honor se destruya? Que una criada me venza! Que sea tan hijo de pura, Que aquí esté temblando aquí! Qué es esto Carlos? Escucha. ve me has querido, suspiro, que en el viento tan presto se vio olvido como acento. Bien te acuerdas, que libre, o amoroso en mi cuarto te entraste cauteloso; que Carlos te vio adentro, que sentí aquel encuentro, Porque allí mi opinión quedó notada de poco recarada donde llena de pena sabes cuanto de culpa estuve ajena: Pero ya que en mi cuarto te escondiste, y serle presumiste a mi honor enemigo mi valor te presenta por testigo De aquesto mismo honor, que perseguiste; pues tú la causa fuiste, que una fama doblada gloria lleva si su mismo enemigo es quien la aprueba; Y que yo me resisto, todo aquesto lo has visto: pues no son estas penas las más graves, oye ahora, señor, lo que no sabes. Contarlos de secreto estoy casada; y tan enamorada; en él tan convertida, que porque nazca de su amor mi vida mis afectos han hecho del corazón un Carlos en mi pecho. Cuando te vio escondido por amante, por noble, y por marido quedó leno de celos, y yo de desconsuelos, el lleno de furor, y yo llorosa, el cruel, yo medrosa. Él sin satisfacción, yo sin excusa, el al fin vengativo, y yo confusa. Tú del caso ignorante tan ciego como amante, viendo que no me hallabas la apariencia de culpa acreditabas: Yo pues viendo afligida en Carlos, el peligro de mi vida, y de tu loco amor en la impía llama el riesgo de mi fama, por huir de la muerte, y de la afrenta Piedad busqué en mi hermano, que amparándome humano me sacó del Palacio estotra noche librándonos a todos de graves males por diversos modos; a mí de un deshonor, y de una muerte, A ti de que me hicieses un agravio, y a un amigo ofendieses poco sabio, a Carlos, qué imprudente la muerte no le diese a una inocente; con que queda don Juan bien excusado, Si ha menester disculpas una culpa, que enita tantas culpas. supe que aquí mi esposo preso estaba, la causa se ignoraba, porque tú la encubrías; o si vieras aquí las ansias mías. El fuego de mi amor volver quisiera las peñas de mi amor en blanda cera; piensa, señor el más furioso extremo, el afecto más loco, y juzga luego que has pensado poco. Con pena pues tan grave le quité con cautela aquesta llave a mi hermano, que estaba descuidado de que en mi pecho hubiese tal cuidado; al fin vive atrevida, abri animosa la prisión enojosa donde estaba mi esposo con aliento tan fuerte, y generoso, que no me lo impidieran si muertes estas piedras se volvieran, Ves aquí referida la pena triste de mi amarga vida, tu loco atrevimiento, de mi hermano el intento, de mi esposo los celos; y pues todo es verdad, viven los cielos, que de mi dueño tengo de abrazarme, si quisiere matarme. De aquestas dudas poco satisfecho, está mi corazón dentro en su pecho, mi alma con la suya tan unida, que hecha sedienta esponja de su vida si la mía faltare pienso vivir con la que le robare. Que en casos semejantes basta una vida para dos amantes: y pues ya la verdad, señor, has visto castiga riguroso, o perdona piadoso pues como tú a mi esposo me permitas ni hacer me puedes mal, ni bien me quitas. Señor, quién guarda un honor mucho tiene de disculpa en cualquier atrevimiento. Ya son menores mis dudas pues que se fue con su hermano: si aquí tu piedad consultas será fácil el perdón, pues todo el amor lo excusa. Yo excusaré mi delito, que el que castiga otras culpas no es prudente, si no da satisfacción de las suyas. Si entré en el cuarto de Blanca no fue dolo, si no industria para poder enterarme desde alguna parte oculta Si Carlos fiel me servía, y estoy cierto, que no duda, que para esta diligencia la causa que dio fue mucha. Cielos, cesaron mis celos: a me quienos vuestra Alteza no presuma, que le puede obedecer. Del cielo la luz más pura No es mejor que vuestra esposa; y por no dar conjeturas de que os castigan mis celo mas que mi sentencia justa Os iréis a vuestro estado con vuestra esposa; y en suma no volveréis a la Corte. Es piedad muy conmo tuy Qué hay tal dicha? Qué hay tal gloria? Vuestra lealtad me asegura. Eres Rey. No hay quien se case; que ahora llega la lluvia de manotadas, y abrazos de soy tuyo, de soy tuya, Nadie su boca despega, porque todos conjeturan, que donde hay amor, y celos por dicha no habrá cordura,