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Texto digital de Los celos de San José

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Cristóbal de Monroy y Silva
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los celos de San José. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/celos-de-san-jose-los.

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LOS CELOS DE SAN JOSÉ

JORNADA PRIMERA

A Hora que está mi Esposo Joseph descansando, ahora que el hemisferio a la noche debe el silencio, y las sombras, recogida en mi retrete, quiero atenta, y cuidadosa proseguir la Profecia de Isulas, donde absorta estos días, y suspensa, misterios el alma nota, tan ocultos, como grandes. Oh Monarca de la Gloria, benigno Dios de Israel, con qué voluntad herojea. amas el retrato humilde de tu Deidad poderosa! En el Capítulo siete prosigue de aquesta forma Isalas, y así dice: Que una Virgón (qué dichosa! concebirá, y parirá sin Hijo, del Mundo Gloria. Virgen, y ha de concebir? Virgen, y ha de parir? Obra de Dios, a cuyo poder los imposibles se postran. Oh qué Virgen tan felice Oh qué Mujer tan dichosa! quién la conociera! quién (si está en el Mundo) tal honra tuviera, que fuera Esclava de tan Celestial Aurora, Madre del Sol, que a Israel ilustrará con sus glorias! Pues que está en el Mundo es cierto, según advierten, y notan las Divinas Profecias. Dios, a quien el alma adora, si no os ofenden mis ruegos, si os agradáis de mis obras, si os enternece mi llanto, permitid, que yo conozca esta tan bella Doncella, para que con fe amorosa la sirva, bese sus plantas, Siendo mis labios su alfombra. Quién será aquesta Doncella? Quién será aquesta Señora? Quién será, Cielos? María. Dios te salve, Ruina hermosa; Dios te salve, Sacro Oriente; Dios te salve, bella Aurora, llena de Gracia Divina, llena de luz amorosa. Contigo está Dios, contigo está el Señor, entre todas las mujeres serás siempre bendita, por más heroica. Válgame el Cielo! qué escucho? en mi albergue, y a estas horas gente? Quién? Estoy turbada! estoy confusa; y dudosa! Qué salufación es osra, Cielos? . No teinas, Señora, hallase gracia en el sacro Artífice de las soloria: Hijo conceberes, con quien el Sol será sombra; llamarasle JESos y este, por sus admirables obras, será Grande, e Hlijo excelso del Altísimo, y Persona tan grande con Dios, que Dios le dará la silla propia de David, su Padre, donde reinará en la Casa heroica de Joseph eternamente, Sin que a su Reino conozca al sin el continuo curso de los días, y las horas. Cómo ha de tener efecto novedad tan misteriosa, si no conozco varón? A ti vendrá, y te hará sombra el Espíritu Divino, y será de aquesta forma tu Hijo, Hijo de Dios: Y advierte, que en su dichosa vejez Isabel tu Prima, que todos estéril nombran, concebió un hijo, y es cate el mes sexto, que no hay cosa imposible para Dios, a quien Cielo, y tierra adoran. Aquí está la esclava humilde del Señor, que tanto me honra, hágase luego según tu palabra. El Cielo rompa sus cánceles de zafir, pues se traslada su gloria a la tierra: Patriarcas, y Profetas, que aprisiona en esa cárcel oscura, en ese albergue de sombras la primera inobediencia, albricias, que el Verbo toma carne, festivas alternen en dulces voces sonoras las Querúbicas Escuadras de amor la mayor victoria: Celestes Tropas aladas, repetid alegres todas: Verbum caro factun est. Adiós, Divina Señora, Reina de las Gerarquías, que la vista de Dios gozan. Serafnes gozosos, cantad la humildad de María, Custodia donde Dios está: Celebrad, celebrad sus grandozas, que al Mundo dan vida vistiendo de carne su Dios inmortal. Válgame el Cielo! qué es esto? yo de Dios Madre dienosa? una humilde esclava, Cielos? Entre turbada, y gozosa, apenas reportar puedo las lágrimas, que se asomman a publicar mi alegría a los ojos que las lloran: Yo Madre vuestra, Señor? a María tantas honras, siendo una indigna criatura, que humildemente os adora? Hijas de Jerusalón, celebrad mi dicha todas, pues es para gloria vuestra aquesta unión misteriosa. Esposa, y Señora mía? Amado Joseph? . Ahora no sé qué gozo interior me desvela, y me provoca a venir, Señora, a veros: qué hacéis? Aquí estaba a solas, suspensa de imaginar, de considerar absorta de iestro Dios de Israél las muchas misericordias. Qué hermosura tan honesta! qué honestidad tan hermosa! Ae sabido, Joseph mío, que Isabel, mi Prima, esposa de Zacarias, está preñada, y quisiera ahora si vos licencia me dais) ir a verla. Ya gustosa os obedece, María, el alma; vamos, Señora, a la montaña, que yo, vuestra humilde, y fiel custodia, donde pusiereis las plantas iré poniendo la boca. Vuestra casta voluntad estimo, aunque no deudora me confieso, Esposo mío, pues la pago. Amada Esposa, si méritos son motivo de la voluntad heroica, tan superiores, y excelsos son los que el alma en vos nota, que siendo dignos de más voluntad, que reconozca no es justo ventaja: Oíd este, si sabe, Señora, explicaros mi deseo, aunque con palabras cortas: No sé, María, con quien comparar vuestra virtud, la mayor solicitud del ingenio es un desdén: que cuando quiera más bien ponderarla siempre atento, corto quedo en el intento, que los méritos, que os dé el Cielo, están más allá de todo encarecimiento. No os comparo al Sol, que el Sol su luz esconde oportuna; no a la Luna, que la Luna mengua su claro arróbol; no a la Estrella, que es farol, que la apaga el luminoso día; no al Cielo vistoso, porque se suele blar; no os comparo al Mar, que el Mar es mudable y proceloso: no al Abril, que desazona sus llores el Sol violento; tampoco al viento, que el viento de contagio se inficiona; no al Imperio de Pomona, ni al fuiego, y tierra, que indignas son sus pompas peregrinas de vos, si mal no presumo, porque el fuego tiene humo, y la tierra tiene espinas. Con quien compararé yo, María, vuestra belleza, donde la naturaleza a sí misma se excedió? Pero si Dios os crió a imagen suya, con tal perfección, que es sin igual, no me admiro, Ilustre Esposa, que sea la Copia hermosa, si es Dios el Original. Joseph, responder quisiera, vuestra virtud celebrando, y aunque lo estoy deseando, es mi voz humilde esfera: imposible, Esposo, fuera decir lo que en voz se ve mas con el afecto, y fe, de que vos sois buen testigo, cuanto hay que decir os digo, con decir que sois Joseph. Admiro en vos tal valor, que aunque reparo y señalo que no ha aabido Joseph malo, vos nois el joreph mejor. Señora, el blasón mayor es ser vuestro Esclavo honroso. Vomos, pues que no reposo a Isabel; en vavo tu damaisposa? Sada dvo tan fueco sepos? Gila, encomendaos a Dios, porque yo os vengo a matar. Qué decís, Bato? estáis loco? a mi matarme? arre allá, por qué? . Yo os lo diré, Gila, ya que me lo preguntáis, y veréis, que no só bestia. Ya sabéis, que yo, y Zarán de mueso amo Zacarias somos Ganaderos. Ya por mi dosdicha lo sé. Que vos siempre en casa estáis, yo en el campo. . Sí, Bato. Pues ayer pasó un Gañán, y viéndome con las cabras, me dijo:: . Qué? . Rita allá; que como con el pellico estó, me juzgó el Zagal cabra, o macho; mirad vos si es causa para matar mi mojer: allende desto, yo siempre en la soledad, y vos siempre en la campiña, mal puede el honor medrar: tengo algunos reconconios, y todo, al fin, ceserá con ahórcaros, mojer, si os queréis dejar ahorcar. Qué habéis visto en mí? En vos nada; como os he de ver si estáis en la Villa, y yo en las cabras? ni aún os viera en el Lugar, que no hay marido, que mire lo que no le han de enseñar. Con tan poco fundamento una inocente matáis? Gila, si ostáis inocente, así mereceréis más, yo sé que no sois honrada. Eso habéis de confesar? Sí. . Pues cómo lo sabéis? Es fácil de pergeñar: quien con lobos anda, Gila, síole decir el refrán, que a ahullar se enseña: yo ando con cabras siempre mirad, andando siempre con cabras, qué me podrán enseñar? Muchas veces os he dicho, viéndoos con ociosidad: Gila, alargad vuestro nombre, Gila del Demonio, hilad: pero por más que lo he dicho, no os veo hilando jamás: y es el caso, que estáis siempre urdiendo con grande afán la tela de mis afrentas, que urdís, aunque no hiláis. Y cuando yo os ofendiera, la ley manda castigar las adúlteras con piedras. Ahí veréis mi voluntad, pues que os ahorco, y no quiero que os saquen a apedrear que al fin sois mi carne, Gila, y os mataré con piedad. justicia aquí, que me ahorcan. A la justicia llamáis? llamad la misericordia. Uneso honor llegué a guardar firme siempre. Eso es lo malo; ya yo sé que lo guardáis, mas lo habéis guardado tanto, que no lo he podido hallar. No os enternece mi llanto? no os ablanda mi pesar? Es dinquilón vuesa pena, que me tiene de abrandar? No haya más. Pues ha habido algo? Bato mío, no haya más. Bato mío me decís, y yo no os puedo llamar Gila mía, porque sois de cuantos vienen y van: despidámonos, mojer, que es tarde, y he de tornar con el hato; apercibios, que os tengo luego de ahorcar: a Diós, Gila. . Adiós, marido. Ya no nos veremos más; a Dios: qué lástima os tengo! qué mal logradita vais! . Sabe Dios, que os he querido con firmeza, y con lealtad. Dios os guarde muchos años, pero yo os tengo de ahorcar. Venga en hora buena a ver a Isubel la Divina Aurora, gloria de Israel. Gila, qué música es esta? los pies bailando me están: mas ay que señora viene! Gila? . Señora. . Quién da voces? qué música es esta? Vuesos Pastores serán, muesa ama, que como vos preñada, Isabel, estáis, para el feliz parto vuestro fiestas previniendo están. Esa alegría de veros, señora, en aquesta edad preñada, nos tiene a todos locos de contento ya. Prodigios son que no alcanzo, efectos de la piedad de iestro Dios de Israel; Zacarias mudo está, toda mi casa es misterios. otra vez cantando están. Venga en hora buena la Alba hermosa, y dé con hiz misteriosa nuevo amanecer. Qué hace aquí tan descuidada, señora, que no hay Zagal, que no haya dejado el campo viniendo a regocijar la venida de su Prima María, que Esposa ya de Joseph, a verla viene, en muestra de su amistad? Qué dices, Pascual? . Escuche, la pintaré su beldad: En un pollino mas no es sino un Carro triunfal; mas no es Carro, sino Esfera; no es Esfera, sino Mar; mas no es Mar sino Jardín; pero todo lo será: Carro, pues al Sol conduco con respeto y majestad; Esfera, pues un Lucero da luz en él singular; Mar, pues que trae una Perla, cuyo precio es sin igual; Jardín, pues trae una Rosa, que al Abril envidia da; y pues Sol, Estrella, Perla, y Rosa trae, claro está que se debe llamar Carro, Esfera, jardín, y Mar. Como el Cedro, a quien ufano verdor el Libano da; como el compuesto Ciprés, de quien Sion es altar; como la sublime Palma, que a Cadés le da beldad; y como de Jericó el bellísimo Rosal: Como la fecunda oliva, que es del prado amenidad, como el Plantano a la orilla de un arroyo de cristal; como Bálsamo, la Mirra, y Cinamomo, que están vistiendo de olor el viento con fragrancia natural: Así vuestra Prima viene desde Nazareth a dar regocijo a la montaña, que alegre de verla está. Que está cerca la Música nos dice. Dichosa yo mil veces, y felice, pues mi Prima María aumiento viene a ser de mi alegría, Regocijad festivos, y gozosos mi contento, Pastores venturosos, despoblad las cabañas, y celebren alegres las montañas, en tan gustoso día, la dichosa venida de María: a recibirla voy. . Es excusado, porque ya los Pastores han llegado. La cándida Aurora, la hermosa María la Luz de la Esfera del prado alegría a aquesta Montaña, que verla desea, sea bienvenida, bienvenida sea. Dios te salve, Isabel, a quien estima el alma; Dios te salve, amada Prima, a quien piadoso el Cielo de la afrenta de la esterilidad ha hecho ya esenta. Prima, y Señora, deja que a tus plantas me postre humilde entre grandezas tantas. Haz felices mis brazos, formando en ellos amorosos lazos. Cielos, qué regocijo forma en el vientre el no nacido Hijo! con qué gustosa calma de gozo celestial se baña el alma! Palma, que de Israel la gloria eres, bendita tu entre todas las mujeres: bendita tú, que por lo humilde, al suelo conduciste al Artifice del Cielo. Bendita de tu vientre el fruto hermoso, que ha de salvar su Pueblo venturoso. De donde a mí, bellísima María, tanto honor, tanta gloria, y alegría, tal dicha, tal grandeza, y tal tesoro? Que la que es Madre del Señor, que adoro, a honrarme venga en tan gustoso empeño, Siendo su esclava yo, y ella mi Dueño? Sabe, luz, y fulgor de Palestina, que el eco de tu voz casi Divina oyó el dichoso Infante que se alberga en mi vientre, y al instante saltando festejoso, da indicios de mi dicha, y de su gozo. Al Señor de los Cielos mágnifica mi alma, y mi espíritu alegre se festeja en su gracia. Porque miró en la tierra la inmildad de su Esclava, me llamarán bendita lns gentes más estrañas. El todo Gnipotente, el Eupremo Monarca ha hecho en ral portentos, que su gran Nombre aclaman. Su gran Misericordia de prosapia en prosapia para los que le temen siempre está reervada. Hizo fuerza en sil brazo, con valor, y confianca, postrando a los soberbios, que altivos se leiantan. Quisó a los poderosos el trono en que se entalzan, y engrandoció benigno los que humildes le alaban. Enriqueció de bienes los que hambrientos se hallan, y empobreció los ricos de condición abara. Israel, no olvidado de su piedad sagrada, recibió al tierno Infante, que cumplió su palabra: Su palabra, y promesa, a nuestros Padres dada, a Abrahan venturoso, y a su estirpe clara. Vuelve a darme los brazos, o Prima, en donde el alma goce la dulce vida, que me dan tus palabras. Adonde está mi Primo Joseph, Custodia, y Guarda del Tesoro del Cielo? No lo mira, muesa ama, habrando con Señor, que sin habrar palabra, por señas le resposide? Amorosos se abrazan. Si no estuviera mudo, altora lo quedara, que el gozó cuando es tanto, embarga las palabras. Yo, Pasual, hago cuenta, cuando señor me llama, que juega al rentoy, pues con señas se declara: Perdone el mosquetero, si entonces no se usaba este juego. . María, vamos, que ya te aguarda mi Esposo Zacarias. Vamos, pues tú lo mandas. Volved a cantar todos, celebrad de mi casa el dulce rogocijo, que me suspende el alma. Sea bian venida la bella Maria: María slatrada sea bien llegada. La dichosa Niña, que al Mundo da vida. Sea bienvenida. La bella Zagala. Sea bien llegada.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Desde que Joseph me ha visto . proñada, triste, y suspenso da motivo a mi cuidado, y ocasión a mi desvelo. No me atrevo a declararle los principales Misterios: desienda el Cielo mi honor, que humildemente le ofrezco: Qué tenéis, Esposo mío? por qué estáis triste, mi dueño? No es tristeza aquesta mía, suspensión sí, cuando veo el udicto, que ha salido del César, a cuyo Imperio todos los Reinos del Orbe rinden vasallaje, y feudo. Manda, pues, que se empadronen sus vasallos, y yo temo caminar con vos, Señora, y en tan riguroso tiempo. Ay de mí! que otra es la causa, . y confuso, no me atrevo a fiársela a los labios: grave mal son los recelos! No os de cuidado por mí, que con vos, Señor, no siento la fatiga del camino, la inclemencia del Invierno; sionpre obedeceré humilde, Esposo, vuestros preceptos, como vuestra indigna Esposa; y así, cuando fuere tiempo, prevendréis nuestra partida; con vuestra licencia quiero recogerme ahora: a Dios, Joseph. ̱. Qué es esto que veo, Cielos? Oojos, qué miráis? No me aflijáis, pensamientos; discurso, no os despeñéis; no me atormentéis, recelos; imaginación, dejadme. Mi Esposa (mas no lo creo) está preñada: qué digo? preñada? Sí, aquesto es cierto, que lo que afirman los ojos, no ha de negarlo el afecto. Los dos hemos hecho voto de castidad, y yo atento a la integridad debida, jamás con el pensamiento me he osado, ni me he atrevido a profanar su respeto. Tres meses estuvo ausente con Isabel: mas qué es esto? Yo sospechas en María, no siendo tan puro, y bello el dorado rosicler del ascua mayor del Cielo? Primero creeré, que el Mar repite llamas de fugo, en vez de ceruleas olas; primero creeré, que el viento es inmóvil, que los montes no son fijos; y primero creeré, que no luce el Sol, que crea lo que sospecho; no lo sospecho, lo dudo; no lo dudo, que lo temo; no lo temo, que averiguo; no lo averiguo lo yerro. Ahora si que lo dije: pues cómo puede ser, Cielo, imperfecta su virtud? Aquellos ojos serenos, aquel rostro Celestial; aquel Divino portento, aquella himildad modesta, V aquel hablar halagüeño, aquella obediencia noble, aquel oculto respeto pueden haber hecho ofensa, ni haber cometido yerro? Mienten, mienten los ojos que lo vieron, que María es más pira que los Cielos, Siendo prudente y discreta, Siendo de virtud ejemplo, siendo mi Prima, y mi sangre, siendo imán de mis deseos, siendo noble, siendo Hija de Joachín mi Tío, siendo de la estirpe más preclara del Tribu de Juda excelso; y siendo, al fin, ella misma, que es lo que más decir puedo, pues donde es lo más María, todo lo demás es menos) había de ofender su honor, su palabra, su respeto, su promesa, su linaje, su perfección, y su ingenio? Mienten, mienten los ojos que lo vieron, que María es más pura que los Cielos, Pero si atento he mirado crecido el vientre, si veo que está preñada, qué dudo si está en los meses postreros? Qué cobarde es el honor! qué atrevidos los recelos. Una mujer principal, virtuosa, y prudente viendo que está preñada, y que yo no soy causa del efecto, habla de atreverse osada a hacer del honor desprecio, y hacer gala del agravio? No es posible, aquí huy misterio: Pero qué misterio puede haber, cuando considero que está preñada María? Piedad, Cielos, piedad, Cielos, que no puedo referir tan notables sentimientos. Un hombre como yo (ay Dios!) sque aunque pobre Carpintero, de Reyes, y Patriarcas, como es notorio, desciendo, tengo de ver ultrajada mi sangre? qué vil desprecio! Donde la antigna nobleza está de Abrahán mi Avuelo? Donde de Isaac, y Jacob los timbres, que al Mundo dieron envidias? Del gran David, dónde está el valor excelso? Oh cuanto puede un agravio injusto en un noble pecho! Pero qué digo? es engaño, es vana ilusión, es sueño: Mienten, mienten los ojos que lo vieron, que María es más pura que los Cielos. Mas cuando los ojos mientan, no me engaña lo que veo: Preñada sin duda está mi Esposa, qué he de hacer, Cielos? quiero ausentarme, y dejarla: Mejor es dejarla quiero, porque aunque me haya ofendido, (que esto minca he de creerlo de su pureza Divina a injurlarla no me atrevo. Ireme sin decir nada: Oh qué lástima la tengo! pues tan pobre, niña, y sola, adónde hallará remedio? Es posible que María me ha ofendido! no lo creo, pues su virtud soberana es de honestidad ejemplo. Sin mi estoy: Dios de Israel, consoladme en este aprieto, dadme benigno y piadoso para el dolor sufrimiento, para el ahogo valor, para la pena consuelo. Sueño he sentido; quien siempre pudiera estarse durmiendo para no sentir sus penas! pues al sin suspende el sueño el creciente de los males en el Mar del sufrimiento Mienten, mienten los ojos que lo vieron, que María es más pura que los Cielos. Joseph, hijo del Profeta David, noble descendiente de la estirpe más ilustre, de la más clara progenie, no temas, templa el incendio de dudas, que injustamente en la palestra del alma mortales luchas enciende. Recibe tu amada Esposa, no te vayas, no la dejes, que sospechosos recelos su santa inocencia ofenden. El Hijo, que el vientre encierra, se obró misteriosamente por el Espíritu Santo, y a salvar su Pueblo viene: ponle por nombre JESus, que ha de dar vida a la gente, a quien la primera culpa atrevida dio la muerte. Aquesto ha ordenado el Cielo, para que así se cumpliese el vaticinio dichoso, que en Isalas se lee. Que pariría una Virgen un Hijo, quedando siempre Virgen, para Redención universal de las gentes. Vuelve a ser felice guarda de la Aurora de Dios, vuelve a mirar la luz Divina, que en su virtud resplandece. Bello Paraninfo, aguarda, oye, espera, no me dejes, no te ocultés, no te apartes, no té vayas; no te ausentes: yo creo cuanto me dices; verdad es, pues que te vuelves al Cielo, que la verdad allá, vive solamente. Deja que tu vista goce, deja que tus plantas bese: Válgame el Cielo! qué he visto? Si es el sueño de la muerte imagen, como la vida me ha dado este sueño alegre? En la sombra hallé la luz, en el pesar el deleite, en la pena el regocijo, y entre los males los bienes: felice yo mil veces, que hallé vida en la imagen de la muerte. O, querida Esposa! y cuanto me pesa, que se atreviesen mis recelos a culparte, mis sospechas a ofenderte! Casta Judith valerosa, que de la culpa a Holofernes huellas la cerviz soberbia: Divina Ester, que obediente por la humildad te coronas: Aurora resplandeciente, de quien el Sol de justicia saldrá a triunfar de la muerte, perdona a tu indigno Esclavo; mas ay de mí! que ella viene. Gracias os doy, Gran Señor, pues por vos, mi Esposo tiene el gozo, que perturbaron recelosos accidentes. Apenas, Cielos, apenas mi humilde vista se atreve de avergonzada, y corrida, a mirar el bien presente. Joseph? ̱. Señora? . Pues ya de los Misterios Celestes tenéis noticia, antes que mi dichoso parto llegue, vamos, Esposo, a Belén, dondo, al Cesar obedientes, del universal Edicto no quiebrantemos las leyes. Vamos, Divina María, que sabe Dios cuanto siente mi piedad veros, Señora, caminar de aquesta suerto. Disculpeme mi pobreza, y si los afectos pueden suplir faltas de las obras, recibid lo que os ofrece el alma. . Con vos, Esposo, nada hacerme falta puede. Dichoso yo mil veces, que hallé vida en la imagen de la muerte. 1. Confuso estoy de ver cuán obediente a Belén ha venido tanta gente. 2. La vanidad del Cesar ha causado que ande todo el Imperio alborotado. 1. Gran poder, y grandeza es el dé Augusto Cesar, que es cabeza del Orbe todo, tanto, que desde donde esparce el rojo manto la Aurora en campos de zafir, y oro, a Febo descubriendo, que es tesoro de globo ezul, pues con sus luces bellas reparte su fulgor a las Estrellas, hasta donde la noche en rumbos de cristal vuelca su coche; todo al Cesar rendido tiembla de su poder siempre temido. 2. Y su valor mereco el seudo universal que se le ofrece. 1. La Ciudad de Belén es esta, en ella hemos de empadronarnos. . 2. De la bella Raquel yace el sepulcro aquí, que tanto a Jacob le costó de pena, y llanto- 1. El tormento cruel de la esperanza se trueca en gloria, cuando el bien se alcanza. 2. Catorce años fue martir de un cuidado, guardando más deseos, que ganado. 1. Qué albóroto, qué estruendo, qué ruido hay en Belen . 2. La gente que ha venido es mucha; pero más es la inclemencia del tiempo. . 1. No hay al frio resistencia. Sabe el Cielo cuanto siento la incomodidad, Señora, y vuestro cansancio: ahora lo que me da más tormento es ver, cándida María, tanta gente en el Lugar, pues no habrá donde parar hasta que amanezca el día. No habrá en Belén casa alguna sin huésped, que del districto, obedientes al Edicto, acuden todos a una. No os aflijáis, dulce Esposo, que aunque ya siento cercano el parto, Dios Soberano, de nuestro bien cuidadoso, no nos tiene de olvidar. Quién tuviera la riqueza debida a vuestra grandeza! Quién os pudiera alojar con la majestad, Señora, qué merecéis! pues el Sol de rendiros su arrebol le da albricias a la Aurora. Quien una cama tuviera, que el cansancio os aliviara! Quién, Esposa, os regalara, y en vuestro parto os sirviera! Un humilde Carpintero Soy, bien sabéis mi pobreza, perdone vuestra belleza, si no os sirvo coo quiero. Discúlpeme en esta acción mi mucha necesidad, pues miráis mi voluntad escrita en el corazón. Aunque en vano desconfío, que deesta casa, Señora, espero favor ahora: aquí vive un deudo mío, quiero llamar. . Quién va alíá? Oh, primo! guardeos el Cielo. Algún enfado recelo, que ahora a darme vendrá. Venimos a enpadronarnos primó, desde Nazareth, mi Esposa y yo, que esta noche hemos llegado a Belén: viene tan cercana al parto María, que temo que hu de parir esta noche: soy pobre, como sabéis, vengo a ampararme de vos, pues sois mi sangre, tened lástima, y dadnos posada. Yo no os entiendo, Joseph, ni sé, por Dios, si os conozco; idos, y no me enfadéis, ni blasonéis de mi deudo. Escuchad. . Qué propio es de un pobre fingirse noble, deshonrando a los que ven en majestad, y riqueza! Idos, pues, no me afrentéis con decir que sois mi deudo: andad de ahí. Cielos, quién vio desprecio semejante! Señor, mi Esposo mi bien::: Ay, María, estoy sin mí! qué es, Cielos, lo que escuché? Oh pobreza! blanco donde tira del Mundo el poder: mas, que la naturaleza, puedes la pobreza, pues a quien le dio el ser la una, la otra lo muda el ser. Qué abatido, qué ultrajado, y qué olvidado se ve el pobre! solo la envidia no le persigue, porque como nunca el mal se envidia, y no hay en el pobre bien, ninguno puede envidiar lo que no quiere tener. Qué he de hacer? triste de mí! dónde a estas horas iré? en quién he de hallar amparo? No os aflijáis, no lloréis. Mas aquí vive un amigo, que yo en tiempo regalé; llamaré, que la amistad, cuando verdadera es, es parentesco sin sangre. Quién llama? Yo soy. . Quién es? Joseph vuestro amigo soy; no conocéis a Joseph? Qué queréis? . Que aquesta noche, porque no hallo en Belén donde estar me recojáis. Yo me holgara de poder; más tengo huéspedes tantos, que no me es posible. . Pues aunque sea en un rincón, yo con mi Esposa cabré, que está muy cercana al parto, no mi amistad olvidéis. No faltaba más por cierto, que en esta ocasión traer quien me inquietara la casa con un parto: andad, Joseph, que sois cansado. Esto escucho! Cuanto siento que le den este disgusto a mi Esposo, sin llegarlo a merecer! Ni en la amistad, ni en la sangre alivio, ni amparo hallé, nadie en la prosperidad se acuerda de lo que fue. Si me desprecia mi sangre, no es mucho quien no lo es, que obligaciones olvide. Mucho querido Joseph, Siento vuestro desconsuelo. Pues Esposa, qué he de hacer, ya que de amigos y deudos desamparado me veis? Dejadme que tenga pena, que todos, por no tener, me desestiman, y viendo que tengo pena, podré consolarme con que al fin tengo alguna cosa, pues será alivio tener pena, solamente por tener. Hijo mío, que en mí vientre os albergáis, vida, y bien del Mundo, querida prenda, como permitís que esté sin amparo, y sin alivio quién vuestra Madre ha de ser? Padre Eterno y Soberano, Divino Dios de Israel, dadnos posada, Señor, no para mí, ni Joseph, sino para vuestro Hijo: Inmenso es vuestro poder, remediad, nuestra pobreza, y no nos desamparéis: haced que el Mundo recoja al mismo que le dio el ser. Este, Señora, es mesón, y a veces suelen tener los pobres más caridad, como, quien sabe más bien sentir las necesidades; aguardadme, y llamaré. El Cielo ablande sus pechos. . Quién llama? . Yo soy. Quién es? Hay posada? . No hay posada. Si ve el albóroto, y ve el ruido, qué me pregunta el pobretón? . No tendréis un rincón en qué hospedarnos? Todo está ocupado. . Pues hermano, amigo y señor, lástima, por Dios, tened de mí, que traigo a mi Esposa preñada, no seáis cruel: aunque sea con las bestías aquesta noche estaré, hasta mañana, que busque adonde estar. . Par Dios bien: vayase, que está despacio: detrás del muro ha de haber un Establo, o un Portal, que está casi hundido, en él puede pasar esta noche, que esta posada no es de gente de tan mal pelo. . Señor, que así me olvidéis! No miréis a mí, mirad a María, pues tenéis depositada en su vientre la Redención de Isruel; ay dé mí! . Esposo, y Señor, vamos al Portal, no estéis afligido, en ese sitio con mucho gusto estaré, que pues el Cielo permite, que otro no hallemos, Joseph, esto sin duda conviene. Vamos al Portal, mi bien, que de afligido, y turbado apenas puiedo mover las plantas: Señora, vamos. Vamos, querido Joseph. Gran frío! . Noche terrible! El ganado está perdido, todo de nieve vestido. Es este mes insufrible. Bato, cómo va? . No bien: mis cuidados son mayores después que somos Pastores en los campos de Belén: allá en la Montaña, Gila, me afligia vuesa ausencia, y acá con vuesa presencia toda el alma se me ahila. Quien hay que pueda sufrir siempre una mojer al lado? y más vos, que de coidado me dais en contradecir. Si yo ayuno, vos coméis; y si yo como ayunáis; si quiero dormir veláis si engordo, os enflaquecéis; si os enamoro groñís; si corro os estáis sentada; si yo habro estáis callada; y si lloro, vos reís si estó con salud, es grita de que algún dolor os dio; y si tengo hambre yo, vos mojer, estáis ahita. Sois tan contraria a mi homor, que apostaré el hato mío, que ahora que tengo frío, os abrasáis de calor. No nacen vuesos enojos, Bato, sino de que vos, con poco temor de Dios, me miráis con malos ojos: vidó el querer? Pues decid, y no os asombre, hay en el Mundo algún hombre, que quiera bien su mojer? Los buenos. . Pues yo soy malo, pero de vos lo he aprendido. Mal me pagáis. Ya yo lo he vido, porque según el regalo, que en vos el alma adivina, si yo hubiera de pagaros, nunca cesara de daros con un garrote de encina. Dejad reyertas ahora, y tratemos de cenar. Gila lo puede aderezar, que es famosa guisadora. Aquí hay un salmón. . Mejor será un ajo, que hace frío. De ver tíritar me río a Pascual. . No entro en calor. El ajo quiero moler. Bravamente nieva, Gil! la zampoña, y tamboril tocad, porque hemos de hacer una danza, y de esta suerte podrá ser que callentemos. Toque Pascual, y baileos, que así el frío se divierte. Alegre Antón, y Gil, con Pascual, y Bato, bailan en el hato al son del tamboril: y las nubes visten al viento sutil de copos de nieve de mil en mil. No hay quien baile como yo, si yo supiera bailar. Ea, Pastores, a cenar, que ya de her se acabó el ajó. . Vengan, que ya cenaré con mijor gana, que está la tripa liviana. Pues sientese, que aquí está. Venga el vino, que es cruel esto trío, y yo imagino:: Qué? .? Que es el ajo sin vino, como el buñuelo sin miel. Bato come como un loco. Quién hay que el ajo no alabe? A mí a diacritón me sabe. Pues a mí me sabe a poco. Ay de mí! . Qué es eso, Bras? Vengo confuso, y perdido. Pues di, qué te ha sucedido? qué tienes? adónde vas? Habren despacio, que yo dare cuenta de la cena. Ay! que se acerca: ay! qué sueña. Hay algunos lobos? . No, que si de lobos huyera, no hubiera venido acá, que lobos por lobos, ya lo procura ser cualquiera. Qué tiene el ganado? . Nada. Pues qué tienes? . No lo sé. Qué has visto, Bras? . A la he, que el alma tengo entorbiada. Un mancebo muy donoso, a modo de volatín, que parece Serafín en lo galano, y lo hermoso, con más chispas que un cohete, viene con mucho donaire reboloteando en el aire, y buenas nuevas promete. Adónde está? Que sé yo. Es pájaro? . Alas tenía; pero él hombre purecía, y como hombre me habró: mas, ay! que ya por allí diviso su catadura. Qué peregrina hermosura! Ay, que muero! . Ay de mí Yo estó de cualquiera manera tembrando de ver su cara. Ay, Gila, si te llevara, qué grande merced me hiciera! ̱̱ y oseprí. Gloria a Dios en las Alturas, y paz al hombre en la Tierra. No temáis, Pastores, que felices nuevas os traigo del Cielo, que la Tierra alegran. El Verbo Divino (a cuya grandeza todas las creaturas rinden la obediencia) nace a daros vida, la naturaleza humana ilustrando, disfrazado en ella. A calvaros viene, y a abriros las puertas que cerró del Cielo la culpa primera. En un portal pobre de Belén se alberga, y un tosco Pesebre es su humilde esfera, como él es Cordero, quiere que le vean. Pastores, id luego, veréis sus finezas. Celestial Milicia, dad la enhorabuena deste gozo al hombre en sonoras letras. Albricias, albricias, que el amor concierta que Dios humanado dé muerte a la pena: Gloria a Dios en las Alturas, y paz al hombre en la Tierra. Ay de mí! que estó atordido. De deslumbrados no aciertan los ojos a ver. . Ay Cielos! No lo dije yo! . Gran nueva! Vamos a Belén, Pastores, R porque nuestros ojos vean este Verbo, que ha nacido para gloria de la Tierra. Llevémosle a la Parida algunos regalos. . Ea, vamos a Belén, amigos. Vamos, no sea que vuelva este señor avechuelo. Yo he de llevarle manteca, y miel. . Yo un pellico. . Y yo un cordérito, que sea el más manso del ganado. Gila, no hay en las ovejas otro más manso que yo, gracias a tu diligencia. Siempre has de ser malicioso? Zagales, vamos apriesa, que en viendo al recién nacido, rajas me haré en su presencia. Pardiobre que vo asombrado de el soceso. . Quién dijera, que aquesta noche tan mala había de ser Noche Buena? . Gloria a Dios en las Alturas, y paz al hombre en la Tierra. Querido Dueño, y Señor, adorado Hijo mío, como a vuestra luz, del frío se atreve osado el rigor? Mi Vida, mi Bien, mi Amor, bien sabéis vos cuanto siento que este humilde alojamiento albergue vuestra grandeza; mas con ver vuestra belleza olvido mi sentimiento. Dos bestias a vuestro lado asisten con humildad, en ellas halláis fieldad, y en los hombres ha faltado. A un Pesebre reclinado estáis, Divino consuelo, que con amante desvelo tanto a los hombres amáis; que por las pajas trocáis los bellos Tronos del Cielo. Bestia hecho el hombre quedó por el pecado; y así, como vuestro amor aquí a ver el hombre bajó? porque os halle atiendo yo, y porque amante os requiebre, y el pecho en lágrimas quiebre, que al Pesebre dais renombre, que al fin como bestia el hombre os buscará en el Perebro. Dulce Niño, tierno Infante, quien supiera celebrar de vuestro amor singular aquesta fineza amante! Príncipe de paz constante, aunque tembláis, no es, Señor, del frío, ni su rigor, sino de considerar que el hombre no ha de pagar tantas finezas de amor. Esus lágrimas, al verlas me abrasan, querido bien; no lloréis, que no están bien entre las pajas las perlas: dejad, Niño, de verterlas, que si las mira, Señor, de los hombres el rigor, con ingrato desvarío juzgará que son de frío, Siendo de fuego de amor. Quién os pudiera ofrecer cuantas riquezas encierra en sus entrañas la tierra! mas es corto mi poder: pobre soy, no podré hacer con vos grandeza ninguna, que es humilde mi fortuna, aunque serviros espero, Señor, como Carpintero, con labraros una cuna. Esta si que es Noche Buena, en que nace el Niño Dios: esta si que es Noche Buena, esta si yy las otras no. Esta si que es Noche Buena, donde no reina la pena, de placer, y gusto llena, de regocijo, y amor: esta sí, y las otras no. Ya hemos llegado al Portal. Qué notable regocijo! Según el Ángel nos dijo, este es el Verbo Inmortal. Bello Niño Celestial. Clara Luz que el alma adora. Vuestra beldad me enamora. Me allegra vuestro arrebol. No os iguala el bello Sol en los brazos de la Aurora. Seáis mil veces bienvenido a dar a los hombres vida. Y vos, Divina Parida, gocéis el Niño querido. Con pecho reconocido estimo la voluntad. Yo agradezco la humildad con que habéis venido a ver al que en vuestro humano ser ha escondido su Deidad. Qué Muchacho tan bonito! no me harto de mirarle: no tuve yo tan buen talle cuando era tan chequetito; desde hoy de Pastor me quito: Señora Parida bella, hermosa más que una Estrella, resuelto a servirla estoy: pardioble, que desde hoy he de quedarme con ella: Paje del Niño he de ser, con su vista me halago, primeramente lo hago por salir de mi mojer; segundamente por ver el Niño que me enamora; terceramente, Señora, cuartamente, y quintamente, por cosas que de presente no se me acuerdan ahora. Este cordero, Señor, himildemente os ofrezco, aunque indigna no merezco mirar vuestro resplandor. Aurora del Sol mejor, recibid aquestos dones, dignos de vuestros perdones, y supla su cortedad la amorosa voluntad, que ilustra los corazones. Yo, Madre del bello Armiño, ser poderoso me holgara, mas tomad esa cuchara para dar migas al Niño. Mirad qué gracioso aliño! Los regalos estimamos. Agradecidos quedanios. Qué hermosura tan honesta! Regocijemos la fiesta; qué hacemos, que no báilamos? Un cruzado concertar podemos, que es los mejor. En siendo el Niño mayor le sabrá muy bien nayiar. Empiece Bras a tocar. Yo os obedezco y ya toco. Pues yo a bailar me provoco; Bras, hasta el amanecer, que en noche de tal placer es locura no ser loco. Esta si que es Noche Buena, en que nace el Niño Dios, esta sí, y las otras no. Gloria a Dios en las Alturas, y paz al hombre en la Tierra. Pardioble que cantan bien estas voces que se esconden. A nuesos ecos responden, pero no sabemos quien. Ángeles son, que en Belén cantan con voz celestial. Volved a bailar, Pascual, que sus ecos se levantan. Mejor que nosotros cantan, aunque no cantamos mal. Esta si que es Noche Buena, en que nace el Niño Dios, esta sí, y las otras no.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Desde que la Aurora bella argentó el celeste globo con blancos copos de nieve, que el Sol matiza con oro::- Desde que el Alba risueña cantan la salva amorosós, con alternantes acentos, los pajarillos sonoros::- No he visto a Jesus mi Hijo. No he visto al Dueño que adoro. Y cuidadosa le busco. Y le busco cuidadoso. Pero qué temo? sin duda que está con Joseph mi Esposo. Pero estará con su Madre: por qué al cuidado me postro? que si él es Sol, y ella Aurora, que esté con ella es forzoso, que traer el Sol consigo es de la Aurora muy propio. Esposo? ̱. Esposa, y Señora? Pero qué miro? ay enojos! dónde está Jesus mi Hijo? no en vano me aflijo, y lloro. Con esa misma pregunta, Esposa mía, os respondo: No le he visto, él se ha perdido entre el rumor y el alboroto de la fiesta, que en el Templo. celebra ese Reino heroico. Qué aguardáis en los enojos, ojos? no escuséis el daño tanto, llanto, cuando veis de mi tormento el sentimiento; aunque en rigor tan violento, será muy poco penar Solo el que pueden obrar ojos, llanto, y sentimiento. De tan presuroso susto el disgusto tiene toda el alma llena de pena, muriendo por su Creador de dolor: si de su ausencia el rigor me ha llegado a atormentar, como me puede faltar disgusto, pena, y dolor? Con justa causa me aflijo, Hijo, pues en vos me ha dado el Cielo consuelo, y en vuestro amor cariñoso, Esposo. Y así, en mal tan doloroso, aumentará, mi cuidado ver, que a un tiempo me ha faltado Hijo, consuelo, y Esposo. Si sois en aqueste empeño mi Dueño, v de mi voluntad, y amor, Señor, y de mi trabajo avaro, amparo; con razón, mi Jesus caro, sintiendo esta ausencia estoy, pues en vos me faltan hoy el Dueño, el Señor, y amparo. Dónde está Jesús, María? Joseph, dónde está Jesús? Ay que he perdido mi luz! Ay, que he perdido mi guía! Llorad, ojos, a porfía, sea vuestro llanto señal de aqueste dolor mortal: no dejéis de llorar, no, que pues se fue, y me dejó, sin duda le traté mal. Yo, Esposa, debo de ser solo el que mal le ha tratado: Mi Jesús, si descuidado anduve y si a conocer no acerté vuestro poder, hoy a la enmienda me obligo: Mi Señor, mi bien, mi amigó, no huyáis, cese el rigor, mirad que basta, Señor, esta ausencia por castigo. Y si por mi causa os vais huyendo mi compañía, qué culpa tiene María, que también la castigáis? A los dos muerte nos dais en ansia tan dolorosa; mas con vista más piadosa mirad qué no es bien que aquí os pierda Señor por mí la santidad de mi Esposa. No, Joseph, de mi estará quejoso; yo, Esposo, he sido, sin duda, quien le ha ofendido, huyendo de mí se va: cese vuestro enojo ya, mi dulce Jesus piadoso; si mi descuido quejoso, Hijo, os ha tenido aquí, no os pierda, Señor, por mí la santidad de mi Esposo. Solo puede consolar la pena de estar sin vos, el que nadie busca a Dios, que al sin le deje de hallar. Qué disgusto! . Qué pesar! Qué triste y penoso día! Ya tuvo fin mi alegría. Y principio mis enojos. Ay querido de mis ojos! Ay Jesus del alma mía! Qué hay, Señores, dónde van? Has hallado, Bato amigo, a Jesús? . Has visto; Bato, a quién es mi Dueño, e Hijo? Pues sé ha perdido? . Ay de mí! yo soy la que le he perdido, que él no se puede perder: el alboroto y bullicio del, Tomplo han sido ocasión desté dolor repetido. Es costumbre como sabes, que entren los hombres divisos de las mujeres al Templo. Por esa puerta, que en frisos, y arquitraves lisonjea las Colunas de Corinto, entran ellos; y ellas entran por esta, que en guarnecidos pedestales hermosea lo sublime al edificio. Es de su adad privilogio, que pueden solo los niños con sus padres, o sus madres (a elección de su albedrío) entrar y hallarse presentes al holocausto festivo. Yo juzgué, que con mi Esposa iba su querido Hijo, y para tormento nuestro ella presumió lo mismo: al fin, Bato, no parece. Ay de mí, que esté perdido! dónde estará mi Jesus? donde estará mi Chequito, que lo quiero más que al alma? buena cuenta dan del Niño. Volverle a buscar pretendo. Y yo por aqueste sitio veré, Esposa, si parece entre parientes, y amigos. No bastaba el sentimiento de ver, Señor, el peligro on que estabas, cuando Hetodes vanos soberbio, y altivo; de tantas inocente sangre bañó el profano cuchillo? El disguato no bastaba del huir con vos a Egipto, caminando temerosos por los montes escondidos, sin renovar mis dolores con perderos? Ay mi Niño! Adónde estás, mi Jesús! Adónde estás, Jesus mío? Sol de justicia, que adoro::- Buera Luz, que amante sigo::- No te ocultes a mis ojos. No huyas de mis suspiros. Pardiobre que he de reñirle en viéndole; traviesito se me hace? ya sabo huir? Mas ay, Niño mío! qué ha de hacer Bato sin ti? que sin ti no valgo un pito: Jusepe se va a informar de los hombres, y colijo, que María de las hembras; a quien podré yo decirlo, que me dé noticia de él? Pero a quien, sino a un vecino, que todo lo sabe, y es cierto sabrá do está el Niño? Quiero pescudar aquí: ha de casa. , . Qué hay, amigo? Dígame, así Dios la deje parir cuatrocientos hijos, cada uno de su padre, si sabe donde está un Niño, que a sus Padres, y mis dueños en la fiesta se ha perdido? Cómo se llama? . JESús NAZARÉNO, es tan bonito, que no lo sé encarecer: Es un Sol hermoso, Hijo de una Aurora, que sin sombras de crepisculos antiguos, de Belen en el Oriente le parió una noche al frío. Son dos luceros sus ojos, y de púrpura de Tiro sus mejillas, y su boca clavel que exhala ambar fino, castaño el hermoso pelo, en dos crenchas dividido, y el color del rostro es trigüeño, que aqueste Niño nació entre pajas, y así quiso aparecerse al trigo; y aún dicen, que como a tal lo han de moler los Judios; mas si le muelen, vendrá a parar, puesto que es trigo, en pan, para que le coman los que fueren sus amigos. Por las señas que me das, ni le conozco, ni he visto. Pues a Dios no conocéis, ignorante habéis nacido: Ay de mí! que mis mejillas de hoy más han de ser carrillos; y pozos hondos mis ojos, de dó saque de continuo agua el cabo de la pena con la soga del conslicto de haber perdido a Jesús, y de haberme a mi perdido; pero quien a sí se pierde, claro está que pierde a Cristo. Quiero ver si por las calles parece, voy sin joicio. Tres días ha que a María no he visto: hay querida Madre! solo apartarme mi Padre pudo de tu compañía. Qué triste sin ella estoy! qué solo, y desconsolado! su regalo me ha saltado, pidiendo limosna voy. El pedir no me ha de afligir, y no sé si he de acertar, que como es mi oficio dar, no me acomodo a pedir. Mas limosna pediré, para que absorto se asombre, y aprenda confuso el hombre de la humildad que en mi ve. Quién llama? Un pobre que os pide, que una limosna me deis. De dónde sois? ̱. Es muy lejos mi Patria, aunque es Nazareth. Pues no sabéis trabajar? Solo a trabajar bajé de cumbras altas, adonde tengo mi Padre. . Pues bión, por qué no os volvéis allá? Hasta tener treinta y tres años, no pienso volverme. Servid. . Ya yo sirvo, pues por servir a quien me debe servir a mí, ho de perder la vida. . Fineza estraña! Grande fineza ha de ser, pero mal agradecida. No tengo que dar, volved Vusé. otro día. Por el almo muchos días volveré, llamándola con auxilios, aunque tan ingrata es. Que haya quien a un pobre niegue la limosna! qué haya quien ocasiones de lograr la piedad deje perder! No debe a Dios tanto el hombre por la riqueza, y poder, cuanto por darle los pobres en quien la reparta, pues para ser piadoso el rico, los pobres ha menester. Si a Dios representa el pobre, y es Dios el que pide en él, quien a Dios no le da, cómo pretende que Dios le dé? quiero ver si aquí responden con pecho menos cruel: dadme limosna. Aguardad. ̱. Aquí más piedad hallé. Tomad, Niño, aqueste pan. Yo os lo prometo volver mejorado: pan me da el hombre y yo le daré pan, que le de inmortal vida, pues a mí me daré en él. Esta es la puerta del Templo, en él he de entrar y ver la disputa de que tratan los Letrados de la Ley. Aquí ha de venir mi Madre con su afligido Joseph, y aquí tengo de aguardarlos, sin que el penoso desdén desta misteriosa ausencia más desconsuelo les dé. 1. Esta duda secreta a toda Palestina tiene inquieta, porque en aquestos días se dice que ha nacido ya el Mesías, la prometida gloria, que vinculara eterna la memoria, el bien tan deseado del noble Tribu de Juda esperado. 2. Persuadirme no puedo, aunque confuso en los discursos quedo, que el Mesías Divino, deste Pueblo el alivio peregrino, haya llegado al Mundo, porque si su poder es sin segundo, cuando bajado hubiera, de su grandeza ciertas señas diera. 3. Jerusalén confusa con varias opiniones, no se escusa de alborotos forzosos, que nos tienen a todos cuidadosos. 1. De Daniel los días dicen que se han cumplido; y de Isalas las futuras sentencias pasan aquestas dudas a evidencias. Bien sé que no ha venido el Divino Mesías prometido: mas la cuestión tratemos, y al Pueblo alborotado soseguemos. 2. Pues en el Templo estamos, en él aquesta duda confiramos: Y vos Omnipotente Dios de Isruel, mirad por vuestra gente, consolad vuestro Pueblo pesaroso, de merecer tal dicha deseoso. 1. En esta presente duda dice Isalas Profeta, que vendrá al Mundo el Mesías, honor suyo y gloria nuestra, poniendo leyes, preceptos, y fueros, que la obediencia a sus intentos reduzgan: luego si esta señal cierta ha faltado, no ha venido el Mesias que se espera? 2. En otra parte Isalas dice, que vendrá con fuerza, con Majestad, con poder, atropellando soberbias, como caudaloso río despeñado de las sierras, en cuyo violento curso los montes baña de perlas:: como un ardiente volcán, cuya vorás llama teman los émulos como a incendio, los rebeldes como a Etna: luego no ha venido al Mundo, pues faltan aquesas señas? Los dos están engañados, falsas son sus consecuencias. 3. Salomón, a quien el Clelo hizo cifra de las ciencias, dice, vendrá poderoso, tanto, que tiemble la Tierra estremecida de ver su valor, y su grandeza. 1. Zacarias aquí dice, que asistirá a su presencia Ejército poderoso de Santos, gente de guerra; con que la cerviz del Orbe sujetará a su obediencia. 2. Daniel también refiere, que gentes de varias lenguas, y los Pueblos y los Tribus, cuantos habitan la excelsa máquina del Universo, le han de servir: los Profetas, cuantos tratan su venida, escriben prodigios de ella: luego si estos no hemos visto, que no viene es cosa cierta? 1. Mal se compadece ser Rey, y venir con secreta Majestad, que no lo es la que no se manifiesta, para que todos le admiren, para que todos le teman. g. Si nuestro Dueño ha de ser, y ha venido, por qué intenta que del Imperio Romano, que nos oprime, y sujeta, la sujeción y el dominio su triste Pueblo padezca? Pues no hay quien os satisfaga, quiero daros la respuesta, conoceréis el engaño, que a vuestros discursos ciega. 1. Qué muchacho tan precioso! 2. Qué hermosura tan honesta! 3. Adonde, di, has estudiado, para que resolver puedas nuestras dudas? . En un libro de tres hojas, y una de ellas soy Yo, escuchadme y veréis la solución manisiesta. 2. Siéntate, bello prodigio. Quiero obedecer. 1. Empieza, que de tus voces están pendientes ya las potencias. Esos Profetas, que dicen que ha de venir con grandeza, y Majestad el Mesías, no dicen que con modestía, y con humildad vendrá? Y en un jumento a las puertas de Sion ha de llegar, y que como mansa oveja le llevará al sacrificio, sin defenderse con quejas, adonde crucificado ha de ser con tal fiereza, y crueldad, que ya sin sangre rotas quedarán sus venas? Pues cómo se compadecen el poder y la bajeza, la Majestad y la injuria, el dominio, y la obediencia? Luego dos venidas son de las que hablan los Profotas? la una, en que vendrá humildo a la. Redención, que espera su Pueblo; la otra a juzgarle con rigor y con violencia: Luego puede haber venido, aunque aquese engaño os tenga ciegos, y confusos, pues pretendéis con imprudencia, que la segunda venida haga antes que la primera? 1. Notable resolción! 2. Qué extraordinaria agudeza! ̱. No os acordáis, que una noche en Belén se vio una nueva claridad, y voces dulces, que cantaban con destreza gloria a Dios en las Alturas, y paz al hombre en la Tierra? Los Ángeles no dijeron a unos Pastores, que fueran a adorar al Sacro Verbo, que de una Santa Doncella había en un Portal nacido para gloria de la Tierra? De las Provincias de Oriente no vinieron, de una Estrella guiados, tres Reyes Magos a ofrecerle entre riquezas sus rendidos corazones? Y después que el Sol cuarenta veces doró el Horizonte, no vino su Madre bella a ofrecerle humilde al Templo? Y Simeón con voces tiernas, y Ana Profetisa, juntos no aclamaron su grandeza, diciendo que era el Mesías, Señor del Cielo, y la Tierra? 1. Todo lo que dice es cierto, y tuve de todo nueva, de Belón me lo escribieron. La crueldad lo manifiesta de Herodes, que temeroso de que le desposeyera de su silla el nuevo Rey, mandó cortar las cabezas a los Niños de su Reino, las cundidas azucenas de su cuello matizando con la púrpura sangrienta. 2. Confuso estoy de escucharle. 3. Todo parece evidencia cuanto dice. No podía Herodes, aunqué quisiera, darle la muerte, contrastando la Divina Omnipotencia, que le libró del peligro. 1. Nuestras dudas se resuelvan, que el Mesías ha venido: dos venidas los Profetas refieren, como este Niño advierte con agudeza, y la primera venida juzgo sin duda que es esta. Hijo amado? . Jesus mío? Cielo, perdido en la Tierra, por qué tan mal lo habéis hecho con vuestra Madre? . La pena no mereció nuestro amor desta lastimosa ausencia. 1. Este es vuestro Hijo? . Sí. 1. Qué un humilde Niño tenga habilidad semejante! estimadle, que nos deja absortos con sus preguntas, vencidos con sus respuestas. 2. Vámonos a conferir más de espacio la propuesta opinión. Por qué nos diste este dolor y tristeza? por qué, Hijo nos dejaste? Ignoráis que en las materias, y en las cosas de mi Padre conviene asistir a ellas, pues es él sin principal de mi venida? . Suspensa el alma está de mirarle: Qué humildad y qué modestía! Mi bien, desde que os perdí, he estado sin mí, y sin vos; pero aquel que pierde a Dios, se pierde también a sí: tristes lágrimas vertí, y volverá mi cuidado a llorar lo que ha llorado con diferente sentido, si antes de haberos perdido, después de haberos hallado. No sé, Divino Señor, después que he llegado a veros, entre hallaros, y perderos, cual de los dos es mayor, el contento, o el dolor? aunque sí, mayor ha sido el contento que he tenido, pues si bien lo he reparado, por solo haberos hallado, me huelgo haberos perdido. Bien conozco este favor, Padres níos, y bien sé el celo de vuestra fe, y la fe de vuestro amor, Quién os ha dado, Señor, de comer? Donde, Hijo mío, habéis dormido? al rocío, y a la escarcha, claro está, referid la ausencia ya, dulce bien de mi albedrío. Limosna, Madre, pedí, y algulios no me la dieron, que darme algo no quisieron de tanto como les di: en un Hospital dormí, y descomodidad tal es a mi pobreza igual, pues novedad no me hace, quien en un Pesebre nace, que duerma en un Hospital. En un Hospital! regalos son las penas que he sentido. Pues no sabéis, que he venido, Madre, a remediar los malos? Sí, pero remedialos aquesa piedad, Señor, a costa de mi dolor. Vamos y descansaréis, Dueño mío y no me deis otro disgusto mayor. Joseph, ventaja lleváis a cuantos Justos ha habido, pues teniando a Dios asido por la mano, les ganáis: cuando lu mano le dais a esta Nino Soberano, paraqué no caiga, es llano: pues quien se igualará a vos, si porque no caiga Dios, le tenéis de vuestra mano? Dónde estará mi Cequito? si habrá parecido, Cielos? que después que unda perdido, ni sé si vivo, o si muero. Tanto he sentido su ausencia, que dé comer no me acuerdo, no he podido descubrille, por más pesquisas que he hecho: Dónde se iría mi Niño? Sin duda que se fue huyendo de mí, como só tan malo: No bastaba haberse muerto Gila, que lo sentí mucho, que como tuve deseo de librarme de ella, ahora mo parece de los Cielos? Mas qué linda estará allá, y qué quieta! mas la quiero muerta, que la quise viva. Sin Gila, y sin Niño quedo; Bato, qué ha de ser de vos? mas si no miente el deseo, con María, y Joseph viene: Salto, y brinco de contento: albricias, que ha parecido. Qué hay, Bato? Mi Niño bello, loco de contento estoy, dame un abrazo, y un beso, y prevengaseme ahora, que aquí diciplinas tengo, y lo tengo de azotar, porqué no sea travieso, y se nos pierda, y nos dé en que entender en el Pueblo: prevéngase pues, qué aguarda? Callá Bato. Par Dios bueno, esfar sin comer dos días por sus travesuras? presto, prevéngase pues. . Cuarenta no comeré en un desierto por ti. . Después se verá: Señores, vayanse dentro, que le he de dar mil azotes. Alín es temprano para eso. Dame aquesa diciplina, y no intentes, Bato necio, tomarte tanta licencia. Yo le cogere durmiendo. Vamos. . Esposó mío, vamos, descansaréis: Tú, mi Dueño, ven. . Aquí estaré con Bato. Cercana mi muerte siento. Qué, tan enojado estás conmigo? Todo esto es juego: yo te había de azotar? soy un Say cierto. Dame aquesos palos, Bato, que estar ocioso no quiero. Has aprondido el Oficio? Todos Oficios aprendo: A cuál te inclinas mejor? A todos. . Qué, Carpintero has de ser? . En tres días, Bato, he de derribar un Templó, y volverlo a edificar. Serás Hortelano? . Y bueno. Hortelano has de ser? . Sí, pues trabajaré en un Huerto, hasta sudar sangre pura. Qué haces? Veré si acierto, Bato, a formar una Cruz. Mi Niño, sabe que veo? adonde ha estado perdido le han enseñado a travieso. Mira que Cruz tan donosa! Ay, Señores, lo que ha hecho! la Cruz en que crucifican los ladrones, instrumento de castigos, ven acá, Niño mío, qué haces? Cielos, si lo supiera tu Madre! Pero prevente al momento, que aunque sea con el cinto, pues diciplina no tengo, te he de azotar deesta vez. ̱. Pues dime, estos dos maderos no están así muy hermosos? mírame arrimado a ellos. Quita, Niño. . No me quites, que te importa, cuando menos, el que yo esté deesta suerte, gozar, amigo, del Cielo. Serafines alados, venid, y al Cielo subid con divino, y rápido vuelo al Eterno Monarca del Cielo, que es descendiente del Sacro David: Venid, Serafines alados, venid. Ay, Señores, que se va! Señora Macía, presto; Señor Josoph, qué se sube, que me le llevan al Cielo, que se va mi Niño, acudan. Cielos, qué miro! Qué veo! Y quería yo azotarle! tal soy yo de majadero. Adorada prenda mía, no anticipes el tormento. ̱. Señor, muera yo antes que desa suerte pueda veros. Serafines alados, venid, y al Cielo subid con divino, y rápido vuelo al Eterno Monarca del Cielo, que es descendiente del Sacro David: Venid, Seráfinos alados, venid. Perdonad a Don Cristoval, que en tan Divinos Misterios no es mucho, Senado Ilustre, que yerre su humilde ingenio.