Texto digital de El católico Perseo, San Jorge
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- Atribución tradicional
- Alejandro Arboreda
- Atribución estilometría
- Alejandro Arboreda Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Santander. Biblioteca de Menéndez Pelayo: 32924).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El católico Perseo, San Jorge. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/catolico-perseo-san-jorge-el.

EL CATÓLICO PERSEO, SAN JORGE
JORNADA PRIMERA
Lorad, hijas de Siria con ecos doloridos, pues no goza esenciones la inocencia en las tiranas leyes del destino. Gemid, y compasivo revoque vuestro llanto los decretos divinos. Ata a un tronco esos caballos, mientras de esos mal distintos acentos, que el llanto exhala, y de ese concurso altivo, sa que el precipicio, y la rienda, halla en su desorden mismo, averiguamos la causa. Ya en el verde labirinto quedan arrendados; pero lo me dirás, quien te hizo sudor de tumultos? dándole al tiempo uin orinco, te hace parecer en este el Vargas de esotro siglo No es mejor. Pericón calla. Extraño el acaso ha sido: pues al pasar por los campos de Bérito, los oídos mal informados de algunos lejanos, tiernos gemidos, llevaron las atenciones de los ojos, que al arbitrio de igual duda vacilaron, viendo correr divididos los moradores de Siria con varios, no comprendidos afectos, sin que se exima aún el femenil retro. Y aunque yo en el preturoso curso del viaje mío puedo hacer detención poca; (pues de Diocleciano invicto llamado, corro la posta) con todo, al veros rendido a la novedad, pretendo feriar a vuestro capricho este breve rato, pues también vos habéis querido acompañarme. A los dos llamó a un tiempo, aunque distintos los fines han sido, pues a vos, Anatolio amigo, os ha menester el César, para que, herorco caudillo de sus armas, acudáis al opósito preciso de varias solevaciones que en el Asia se han movido; y a mí me llama a las Cortes, que celebra, en que al oficio de Tribuno, con que me honra, voz, y lugar he debido. (Si bien en el alma oculto la Sagrada Ley de Cristo, que reverente venero, y desde mi oriente sigo.) Y pues, como vos decís, de aqueste no prevenido acaso, la diversión es tan ligera, advertidos sepamos de ese tumulto, y de esos tristes gemidos la causa, pues ya más cerca se oyen decir compasivos. Ay de la que del hado en el juicio ser infeliz es su mayor delito! Eslabonadas las dudas unas de otras, dan motivo a nueva confusión ciega: pues a ese monte vecino, bronca pesadez del valle, a cuyo pie endurecido sirve ese anchuroso lago de coturno cristalino; se acerca el desordenado tropel. Y a lo que distingo hermoso escuadrón circuye a una mujer, que da indicios de delincuente, por quien repiten en tristes himnos. Ay de la que del hado, Ya injusto enemigo pueblo, (que injusto pueblo enemigo debe llamarse, el que atento al particular alivio por excusarse de un riesgo pone a su Monarca mismo en la airada certidumbre de más tirano peligro.) Ya, digo otra vez, cruel, traidor pueblo ves cumplido el decreto de los hados, ya a su ejecución rendido os entrego a Margarita, hija mía; o, Cielo impío! de qué me sirve el ser Rey? de qué, decid, le ha servido ser Princesa de Fenicia, si de la ley al arbitrio sujetos entrambos como el vasallo más indigno ni ella se exime del riesgo, ni yo del dolor me libro? Ya digo otra vez, expongo resignado, y dolorido a Margarita a la saña de ese abortado vestigio, de esa furia, de ese monstruo, La injusta ley del destino se cumpla, que yo depuesta la Corona, fugrivo iré buscando entre fieras la piedad, que endurecidos le niegan a un padre Rey rebeldes vasallos hijos. Sin comprender el suceso, (. solo la pena distingo. Sin alcanzar lo que escucho, (. a la lástima me rindo. No así, señor, os immuten las ansias de mi cariño: los Dioses el medio ofrecen, la elección es del destino, y la ejecución del pueblo; y aunque los hados han sido cómplices en mi desgracia, aún de tus vasallos fío, que buscarán por librarme nueva forma, nuevo arbitrio. Si los hados te condenan, como quieres que remisos obremos contra los hados? No hay arbitrio? No hay arbitrio. Que en fin ha de morir? Sí. Pues antes que el duro filo de vuestro acero. Esperad; . y si un noble peregrino os merece la noticia de este suceso, os suplico, la fieis de mi cuidado. Qué intentáis? Cuando habéis visto aventurada la vida de una mujer, respondido estáis ya. Mas que a mi amo, quíjote del baratillo, al deshacer este tuerto, se le vuelve el cuento bizco. Gallardo joven, en quien no sé que poder admiro, que de mis tristes congojas parentesís habéis sido, quién sois? Para que veáis, que el precepto no resisto: Jeorgio es mi nombre, mi Patria Galilea; la gran Tribu de Aser le dio noble sangre a Jeroncio padre mío: su valor le hizo Pretor de una Legión, y el mártirio, que por la piedad cristiana padeció, le hizo divino soldado en la eterna gloria de las Banderas de Cristo; cuyo aliento, cuyos pasos imitando, al César sirvo de Tribuno en una noble, fiel Cohorte, que acaudillo? con cuya noticia empeño la que atento solicito. Siendo quien sois, y mi Reino tributario del invicto Diocleciano, mal hiciera, si negara a sus Ministros la noticia de un suceso, el más raro, que los siglos han admirado. Si es cierto que los males repetidos hallan consuelo, permite, que cuando ansiosa los gimo, el alivio de contarlos temple el dolor de sentirlos. Esa Ciudad prodigiosa, a quien llamaron Berito, y feliz Julia después, del invicto Imperio Asirio noble parte, y de Fenicia Corte, eminente obelisco, que con sus muros corona las sienes de aquellos riscos, es mi Patria, nací en ella neredera del a tivo laurel de Sevió mi padre; mas qué importa haber nacido en la eminencia del solio, si opuestas en sus designios fortuna, y naturaleza, lo que a la una he debido, en la hermosura, la otra con el errado artificio de su condición mudable confunde, haciendo preciso, en mí el común Ajioma de ser infeliz lo lindo? Mi nombre, (si tiene nombre quien tan sin dicha ha nacido) fue Margarita, que es perla en el Idioma Albrio; y sin duda fue presagio del dolor a que me rindo; pues desde mi oriente llevo el llanto en perlas conmigo. Pasados, pues, los primeros, tiernos Abriles floridos. entre vasallos obsequios, y paternales cariños; de la edad la Primavera me concedieron propicios los Dioses en quince Mayos; y al empezar los sentidos a gozarla, (oh que bien dije) al empezar, pues admiro equivocado mi ser con la duda de sí ha sido. Viste exhalación brillante, que en el vitil cristalino de las Estrellas se enciende, y al mirarla suspendidos los ojos, juzgan sus rayos bello Planeta, Astro activo, y súbitamente frágil E su esplendor desvanecido queda tan presto, que duda el más atento juicio, si el nacer crecer volar, y morir fue a un tiempo mismo? Así la luz de mi edad, breve exhalación del siglo, nació y crecio tan luciente, que se imaginó pronigio. Mas sujeta a la desgracia de infiel vapor enemigo se desvanece tan presto, que sin elección, ni arbitrio, es preciso, que dudéis, si fue ardor, o es parasismo, Empezaba, como dije, a gozar aquel divino afable imperio del alma, de cuyo noble dominio entre los fueros de libre es vasallo el albedrío: cuando (aquí el dolor me ahoga) movida (apenas respiro de una novedad la plebe, a tuvo mi pena principio. Ese que veis elevado de las Estrellas registro, C tiene al pie una oscura cueva, en cuyo inculto retiro indo nito bruto puesped tiene pavoroso abrigo. Un formidable, horroroso dragón, parto del abismo, en su centro se establece, Ciudadano foragido. Desde cuyo cauto albergue, desde cuyo rudo sitio contra las vidas de cuantos cruzan el común camino, sale a correr la campaña bruto irracional bandido: de cuyas sangrientas garras, de cuyo aliento encendido teme el centro, tiembla el Orbe, arde el aire, hube el Olimpo. Asombrado, pues, el pueblo del horror que ha concibido con tanta vertida sangre, (pues de cadaveres fríos tiene cubiertas las ondas de ese lago, que al recinto de la concaba espelunca sirve foso cristalino solicitando el remedio, busca en los Dioses su asilo. A cuyo ruego responden, que hasta que ofrezca rendido. una doncella al dragón, la que eligiere el destino por suerte, o desgracia, (que hay suertes que son precipicios a su saña, han de llorar puina fatal sus hijos. Turbados, aunque obedientes, los miserables Fenicios, de cuantas el Reino tiene tiernas virgines, a arbitrio de el Oráculo expusieron, al sorteo el nombre escrito, sin que me eximan a mí; (porque así el Cielo lo quiso la majestad, ni la sangre. Y supuesto que habéis visto, que presa, llorosa, y triste vengo al funebre conflicto, i podréis colegir, que a mí la desgracia me ha cabido, porque dolorida lloro: porque penosa me aflijo: porque inocente padezco, y porque tierna repito. Ay de la que del ha do en el juicio ser infeliz es su mayor delito. r. No así al dolor os rindáis, que quien os pone al peligro, puede libraros del riesgo. No sé qué impulso divino (. solicita mis piedades. Pues el caso habéis oído, decid, si excusar podre nos la ejecución, y remisos no obedecer a los Diosas? Si os diera el Cielo ben modo de vencer la fiera, evitaráis compasivos la muerte de vuestra Reina? No hay duda. Pues yo me obligo, para consuelo del Reino y Margárita, en altivo combate a vencer el fiero dragón, para que advertidos conozcáis que no hay más hado, más fortuna, más destino, que la voluntad del alto Dios eterno, que propia todo lo rige con sabio, sumno poder infinite De Júpiter no dudodos, que con soberano arbitrio Cielos, y tierra gobierna; pero si está prevenido por decreto soberano del mismo Jove, que al filo de la saña del dragón mi hija muera, es desvarío solicitaros la muerte, sin estorbar su peligro. Qué intentáis? Luego veréis. la noble empresa, que sigo. Señor, por Dios que te duelas de mí: mira que no he sido aficionado a habechuchos. Callardo Joven yo estimo la fineza de empeñaros por mi vida; mas si es fijo el decreto de mi muerte, rompa en mí el hado lo esquivo. Para que veáis, que errados discurrís sobre el principio falso, de que el Cielo ordena vuestra muerte, (pues indigno es de una deidad mandar con ciego, cruel aviso, que sea el ser racional de una fiera sacrificio) en la batalla ofrecida segunda vez me confirmo. Reparad. . Ved. Advertid. Nada advierto, nada miro. Cristo mío, Dios inmenso, (. en vos mi esperanza libro contra este dragón imagen del que descendió vencido de vuestro brazo del alto zafir al profundo abismo. Pues mientras que tu discurres, como ir tus designios, a ese riscatregaremos a Margarita: benigno, o habrado obre luego el Cielo en sus penas, o en su alivio. Vamos, y repita el llanto entre uno, y otro gemido. Vamos, y digan mis ansias con cláusulas de suspiros. (juicio 2. . Ay de la que del hado en el ser infeliz es su mayor delito. . No receléis noble Sevio, no temáis bello prodigio, que va a amparar vuestra vida el valor del brazo mío, y el favor de Dios eterno. Qué estáis resuelto? Sa amigo. Pues yo a vuestro lado, Creo de vuestro denuedo invicto, que os expusierais al riesgo por mí; pero no con visos de fina amistad hagáis mi noble esfuerzo mal visto. Quien solo me vio emprender el riesgo al verme asistido de vuestro brazo, dirá que es temor el que era brío. Mi honor fiaré yo de vos, poneos en mi lugar mismo, y decidme si me dieráis para ayudaros permiso? Yo no. Sois mi amigo en todo y así solamente os pido, que miréis como peleo: pues si a vuestros ojos lidio, cobrará aliento mi esfuerzo a vista de tal caudillo. Ya os obedezco; mas veed, que si ahora me retiro, es, para que me halléis siempre que os importe, prevenido. . Pericón dame el caballo. Señor has perdido el juicio, o hablas de verás? De verás hablo, despacha. Por Cristo, que pues vas a ejecutar tan extraño desatino, apuntes bien a la nuca; porque este dragón maldito, si no le perdigas antes, te ha de dejar bien manido. Dios me concederá esfuerzo? ven conmigo. Qué es contigo? junto al caballo. Al caballo? antes me pondré de un brinco en un potro de la cárcel: El caballo prevenido tienes allí, allí las armas: , que yo a un pino me subo, a ver como saca la cabeza el lagartijo. Oye loco; pero vamos, que ya el concurso afligido llega al peñasco, en que expuesta al fiero fatal delirio ha de quedar Margarita, diciendo en ecos distintos. Ay de la que del hado, Ya, Margárita bella, te ha conducido tu enemiga estrella al lugar del suplicio, donde, siendo infelice sacrificio de tirana violencia, rédima ajenas culpas tu inocencia. Culpar no determino vuestra obediencia; culpo mi destino, que con crueldad severa por víctima me expone de una fiera. Si mi piadoso llanto en vuestro pecho, amigos, puede tanto, permitid, que su enojo halle en mi vida mísero despojo, antes que en Margarita. Ya que el hado nos quita a Margárita con rigor extraño, no es bien que nos expongas a más daño; y así vosotros con cuidado atento, de tan triste espectáculo violento a Sevió retirad, mientras yo osado ejecuto la ley de injusto hado. Padre mío. Hija hermosa. No os detengáis. (Oh pena rigurosa!) Adiós. Adiós, y en la infeliz violencia piadoso ampare el Cielo tu inocencia, Qué pena! Qué dolor! Qué sentimiento! Ya expuesta quedas al rigor violento, infeliz Margarita; tu causa mire el hado, y fiel permita tu amparo, y tu consuelo: fía en el Cielo, pues lo puede el Cielo. Y vosotros venid, y con quebranto decid con Margarita en dolor tanto. Ay de la que del hado en el juicio ser infeliz es su mayor deliso. Mas ay de mí! que ciego, lanzando humo, y vomitando fuego, con sañuda violencia ejecutor cruel de mi sentencia sale el dragón airado. No temás Margarita, que del hado he de vencer la saña; o túmulo infeliz esta campaña ha de ser de mi muerte. De vos, eterno Dios, fín mi suerte. Oh generoso joven, premie el Cielo el no vencido afán de tu desvelo s ad Bruto feroz, osado, irracional imagen del pecado, hoy morirás violento . al no vencido ardor de mi ardimiento Que armado de esta Cruz roja Bandera, que en otros siglos arvolar espera mi Católico celo, con no vencido anhelo vencerte determino (Trino. en nombre de aquel Dios que es Uno, y Oh segundo Perseo dete el Cielo la gloria del troreo. Cómo tanto me duras, cuando tiñendo estás las aguas puras con la sangre vertida? acaba de exhalar la bruta vida. - Cielos qué es lo que miro! Ya la fiera murió. De mi retiro voy ya saliendo, al ver, que en tal acaso es pescado abadejo el dragonazo. Invicto Jorje muestra aquí tu saña, que me quiere matar aquesta araña. Retira ese caballo; y vos divina belleza peregrina, libre de la amenaza del insulto, admitid este obsequio en breve culto. Quiera el Cielo, que pueda agradecida pagar la noble deuda de una vida. Fenicios venturosos, acudid presurosos, si ver vuestro cuidado solicita muerto el dragón, y libre a Margarita. Raro valor! Suceso peregrino! Ya, venturoso joven, que al destino revocáis el poder, dadme los brazos. Y en ellos forme venturosos lazos nuestra amistad. De tan feliz empresa os da la enhorabuena mi fineza. Qué haré yo, si quedando agradecida, a su invicto valor debo la vida. Vuestro soy, Margarita; mas que voces - de sonoro Clarín puisan veloces? La gente es que me sigue, que ha llegado, Y pues que ya logró vuestro cuidado la imponderable gloria de tan extraña, y singular victoria, despedidos de Sevio, y Margarita, la posta prosigamos. Qué permita vuestra atención, os ruego, lograr hoy en Bérito algún sosiego: Yo también lo deseo, A vuestro gusto faltar no intento; y pues tampoco es justo, que al César faltéis vos, id confiado, que ha de alcánzaros presto mi cuidado. Pues con vuestra licencia: a marchar. Será breve nuestra ausencia. El Cielo os lleve en paz. Y vosotros con fiel festivo alarde a Bérito guiad, y dulce acento repita en la Región vaga del viento. Que Margarita hermosa, vencido el triste ceño, del enemigo hado. a viva feliz con dilatado Cómo descansan mis iras? Como no abrasa mi fuego al Orbe, al ver que ya vuelve a crecer mi agravio ciego en el soberano culto de Dios? Qué aguardo? A qué espero, siendo Luzbel, horroroso Monarca, Príncipe eterno de las timeblas, que no vierto otra vez el veneno de la infiel saña que exhalo, del pálido horror que aliento? Pues desde el día infelice, que del Cenith de mi asiento conspiré contra la eterna Majestad de Dios inmenso; en la dura servidumbre de mi precipicio ciego contra su deidad, y contra el mísero humano pueblo, que le adora, las traiciones de mis venganzas mantengo. En la Ley natural canten las glorias de mis trofeos la primer culpa del hombre, el fratricidio severo de Caín, y después tanto cometido sacrilegio, en cuyo justo castigo, para común escarmiento, vagó en feretro de espuma cadaver el Dniverso, En la escrita Ley publique mis venganzas el apremio de tantas esclavitudes, como afligido, y sujeto lloró Israel en el yugo de Faraón: el incendio de la infiel idolatria, que prendí, después que atento Dios a sus lamentaciones, con prodigios, y portentos de la esclavitud pasada los libró, en que justiciero Moises procedió, labando la injuria de Dios inmenso con la sangre, que a sus filos miseramente vertieron En la Ley de gracia en vano mis asechanzas acuerdo, pues la púrpura vertida de tantos Cristianos pechos, en que ha sluctuado el Orbe a el duro fatal encuentro de nueve persecuciones, es rojo padrón el tiempo: Pero como no descansa mi enojo, mal satisfecho, hoy solicito, fiado en el tirano, sangriento despecho de Diocleciano, a los Cristianos opuesto, alentar persecución decima en orden moviendo en ciegas conspiraciones contra la iglesia el excelso poder del Imperio: gima la constancia de su esfuerzo; y en su sangre, en su miseria, opresión, y agravio envueltos, zozobren, pues yo zozobro, padezcan, pues yo padezco. Y ahora es tiempo, pues movido de algunos varios sucesos, que padece, a consultar el Oráculo de Febo, donde engañoso respondo, llega Diocleciano al Templo; y en la respuesta, que ahora le he dado, fandar pretando mi venganza, y el estrago de los Caridianos sangrieno; y teman el rigor de mis despechos, mísero el nombre, y poderoso el Cielo. . Yo creo. , . . Prosigue. Qué asombro! Qué horror! . Qué espanto! Sin duda que todo el centro de la tierra desquiciado se desploma. Al duro encuentro con que sediciosos luchan discordes los elementos su fábrica se estremece. Qué magía ignorada, el que estoy comprendido temo. curso de la cosas muda en precipicio violento? Piedad Dioses. Ay de mí! qué es esto, Cielos, qué es esto? en qué mi celo os enoja? en qué os ofende mi obsequio? Señor. . Señor. Apartad, pues no halla mi mal sosiego, No es esta la vez primera, si creemos los ejemplos, en que, de violentas causas, nacen violentos efectos. Es verdad, pero también si a los ejemplos creemos, presagios de otras ruinas siempre estos anuncios fueron, Y así, Atanasío, pues eres tan sabio, que en los preceptos de la magia a las Estrellas apuraste los secretos, di, qué pronóstico sacas de este prodigio? Yo entiendo. Aquí importa la cautela de mi inspiración. Qué contra ti el amanaza lo ceño de este prodigio no vibra su influencia. Eso supuesto, declara a quien amenaza. A quién el alto decreto de Apolo condena; y yo, sino está errado el contejeo (cierto de la cifra de los Astros, Y quién; pero que sonoro . Clarín es ese? Corriendo la posta llega Anatalio. Mucho su venida aprecio, que hace al Ejército falta tal Goneral. Si merezco, gran señor, besar tus plantas, será mi mayor trofeo, EL CATHÓLICO el honor de conseguirlo. Dame los brazos, y luego besa la mano a Alejandra mi esposa. Feliz obsequio es, el que logra la dicha de estar a los pies de el Cielo. Levantad, noble Anatolio, Cómo queda Egipto? Atento a celebrar la fortuna de merecerte por dueño. Y de las demás Provincias hay novedad? Al sosiego de tu felice dominio se rinden con noble acuerdo; y solo Fenicia, donde re ina tributario Sevio, turbada estuvo a la saña violenta de un dragón fiero, a quien por decreto a tivo de los hados, expusieron a Margarita, del Rey hija hermosa; mas saliendo a batalla con la fiera Jorge, ese noble guerrero, Tribuno de una Cohorte, que a Roma por tu precepto conmigo venía, al monstruo rindió, y con valiente esfuerzo le hizo exhalar en su sangre el postrer brute ardimiento: quedando el plorioso, ella sin peligro, y libre el Reino. Raro caso! Valor noble! Siempre en el Marcial empleo este valeroso joven se ha señalado. Y por eso siempre también se ha herado RGE, la atención de mis afectos. Este Cristiano es quien causa (. mi mayor desasosiego. Y dónde queda? Vendrá, según presumo, muy presto a tus plantas. Pues dejando para después lo que tengo, que encárgaros, Anatolio: proseguid vos el severo juicio de este terremoto. Yo, gran Diocleciano, vuelvo a decir, que los que están comprendidos en el ceño del prodigio sucedido, son. Segunda vez ha vuelto a suspender el Clarín. También puede ser misterio. Mucho me cuesta el decirlo: C. no sé (ay de mí!) que recelo. Mirad qué es eso. Es que llega a desmentar de un ligero Truto un Tribuno valiente. Este es Jorje, que siguiendo mis pasos, por alcanzarme, tal celeridad ha puesto. Movido de la obediencia, quisiera exceder al viento mi lealtad, para buscar en tus plantas noble centro. En hora felice llegues más generoso Perseo, donde de mi mano logres el laurel de tus trofeos. Feliz quien sirve a un Monarca, que sabe premiar discreto solo con una palabra; y vos, señora, aunque llego vano a vuestros pies de tantas honras, como al César debo, no neguéis a mi humildad el honor de merecerlos; que añadir glorias a glorias, será entre los dos a un tiempo, en mi ambición generosa, y en vos soberano acuerdo. Discreto, y valiente sois: vuestra vida ampare el Cielo. Aquí entro yo, y así dadme, señor, el juanete izquierdo a besar, que para mí basta. Por qué? Porque tengo de no besar cosa a drechas hecho voto. No os entiendo. Como yo me entienda, sobra, Quién sois? Soy el compañero del señor mata la araña. Humor tenéis. Quita necio. La victoria del dragón de Bérito, que hoy ha puesto en mi noticia Anatolio, añade crediros nuevos a tu valor, a quien grato e pienso premiar con aquellos empleos, y honores dignos de quién eres. Y yo no entro en esa cuenta? Pues que hicisteis vos? Bueno es eso: todo un tercio de dragone, retiré en aqueste encuentro. Pues había allí solda los? Es que era dragona el muerto; y asiéndole de una para, la retiré a cierto puesto, donde le hallé en la barriga dos mil dragoncillos muertos; con que los retiré a todos. Calla loco. Callo cuerdo. Del Oráculo el enigma deseo ver satisfecho: y así prosigue el discurso, Atanasio. Aquí del fiero rigor de mis asechanzas. Ya, señor os obedezco; pero es preciso acordaros para hacer mejor concepto, que el simulacro de Apolo, al consultar vuestro celo, cual podía ser de tantos, como padece el Imperio, funebres daños, reparo; cubierto el Sol, triste el Cielo, mel ancólicos los Astros, movido el pesado centro, lloviendo rayos las nubes, gimiendo a silvos el viento, os respondió con severas voces, y enojado aspecto, que, hasta que a rado, y cruel desterréis de vuestros Reinos a los justos, no esperéis mejorar vuestros sucesos. A esta duda, y a este asombro, que os tiene triste, y suspenso, yo, que de los bellos Astros la inteligencia comprendo, digo, que los justos, que desterrar manda severo el Oráculo, son todos los Cristianos, que creciendo van en las supersticiones de su errado culto ciego. Estos, aunque de contraria Lev y de Rito diverso, son justos, pues en justicia se mantienen reduciendo del protimo y de su Dios al anor var os precentos, A estos, que desterrás manda, queal, porque los sueremos Dioses se ofenden, de que se de en lo a otro Dios nuevo, no conocido, que a manos de los suyos padeciendo, para que no pereciesen todos, afrentado ha muerto, A estos sin duda amenaza el terramoodieno que se ha visto en fe de estar a tanta rulva exhuestos, Y así, señor, no temáis, que endel eterno castigo de los Cristianas ab de sor, complaciendo la justicia de los Dioses tan oberano instrumento, Y que adl asegurado, de que huye el Sel por no verlos por ellos las nubes lloran: el viento gime por ellos, los Astros, por no influirios, brillán pálidos reflejos, Todo para ellos es sombra; para ellos la sierra ha abierto sepureros en sus prietas, y con fatal moviniento, para que al pisar les falte, le está en temblores moviendo. Ven Alanano, a mis brazos, y tus avisos discretos l desde ahora. Mandad luego avencio que en mis dominios, ni pullico, ni encubierto quede Cristiaro, so pena de la vida. Aunque a preceptos vuestros con ciega obediencia se deba dar cumplimiento: no contra el decreto, contra el motivo del decreto, una duda se me ofrece. Cuál es? No haber fundamento, para decir, que los Dioses (el demonio es lo más cierto entienden por los Cristianos los justos. (s Yo haré que presto tenga más fuerza el engaño, Mas otra vez le ha cubierto de pardas sombras el Sol, y a estremecerse volviendo la tierra, el bulto sagrado de Apolo da indicio nuevo de decir. Son los Cristianos los justos de que me ofendo. Ves, como fue de mi ciencia el presagio verdadero? Supongo, que esa horrorosa voz, que artículó el Hberno, (pues no puede ser deidad deidad que culpa lo bueno) dice, que son los Cristianos los justos, pues si esto es cierto, como cabe que padezcan los inocentes, sabiendo que a la justicia se debe, no el castigo, si no el premio? Yo no sé más de que así la deidad lo manda. Es yerro de vuestra veguedad torpe, No lo ciste? a Sí; mas fueron esos acentos mentidos, bio solo del abismo. El eco no se oyó en el si mulacro? No lo dudo. Luego menos puedes dudar, que fue el Dios quien lo pública. Eso niego, porque no es deidad Apolo. Qué dices, bárbaro ciego? tú a las deidades te opones? No hay más deidad, que el eterno Dios, que lo gobierna todo. Dadme, señor vuestro aliento, (. Pues di quién es ese Dios? Cristo es el Dios verdadero. Luego eres Cristiano? Sí. Pues como (de enojo tiemblo te atreves a confesarlo, sin que te asombre el respeto de mi Majestal Augusta; y de los Dioses supremos el castigo no recelas, en mi rigor? Na la temo, pues dar por mi Dios la vida, mas que castigo, es trofeo. Luego en su Ley te confirmas? En lo dicho me resuelvo. Pues a qué esperáis? matadle. Mas (ay de mí!) deteneos, que le estimo, y no quisiera perderle. Extraño suceso! confusa, y absorta estoy. Mucho siento el contratiempo, que hoy a Jorge le amenaza Vacilando el pensamiento está en lo que veo, y oígo; pues aunque en mi ciencia puedo conocer, que hay una causa, primera, no la comprendo. Jorje amigo, si es que pueden moverte (el rigor depuesto) de mi amor las versuasiones, de mi grandeza los ruegos, los honores, que me debes, y el cariño, que te tengo: te pido, que no pretendas engañado, y desatento, faltar al culto sagrado de los Dioses, que te dieron méritos, que reconvienen tu justo agradecimiento. Olvida el error Cristiano, y en las aras de este Templo exhalen tus sacrificios a las deidades inciensos; porque si no En vano intentas as borrar del alma el excelso caracter de la sagrada Ley que sigo, aunque tormentos nuevos estudies, y vibres tus iras contra mi pecho. i Rara constancia! Yo haré, que al rigor de tu escarmiento ( zozobre el nombre Cristiano. Aunque en noble desempeño de mi obligación pudiera castigar tu atrevimiento, quiero que tenga el amor primer lugar; y así preso queda en Palacio; su guarda habéis de ser vos Majencio: discurre en lo que mejor te está o morir padeciendo los martirios más crueles, o aojurar el debaneo de la Religión Cristiana. Vos Anarolio, al momento partid luego a la Alía, donde las Legiones del Imperio os esperan; sosegad de tanto enemigo fiero las armadas sediciones; y sino basta al empeño la persuasión, obre entonces la violencia del acero. Morir, o vencer importa: venid, sin mí voy temiendo, (. que en Jorje se ha de perder el más generoso aliento, Luego partiré a serviros. En las dudas que padezco siento su mal, y no sé dentro de mí lo que siento. Con lo que a Jorje le he oído mucho que discurrir llevo. . Pues mi obediencia es precisa, Jorje amigo, solo os ruego, que miréis. Nada digáis: idos vos, que yo me quedo, para ser quizá, quien logre vuestro mayor vencimiento. No os entiendo: a marchar toca; pero por si no nos vemos, dadme los brazos, y adiós. Yo creo que nos veremos, y en mejor fortuna. Así acá en el alma lo creo; Id en paz. El Cielo os guarde, Vamos Jorje. La hemos hecho buena, señor. Nada temas. Pues si a un Verdugo no temo, he de temer a una Dueña? Venid, pues. Ya os voy siguiendo: Señor, a morir por vos voy constante, y pues mi anhelo es ensalzar vuestro nombre, dad a este soldado vuestro valor, para que la guerra publique contra el infierno, P Publícala, que también las iras de mi despecho publicarán en ultraje tuyo, guerra contra el Cielo. SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Eñor, por las noticias adquiridas, Ca y de varios Prefectos repetidas se sabe, que se aumenta diligente de la Cristiana Ley la llama ardiente. Y en Italia, y España crece tan vivamente esta cizaña, que sin peligro extraño no podrá remediarse tanto daño. Y así juzgué preciso participar tan importante aviso por el bien del Imperio, y aguarda el orden el Pretor Valerio, Mucha (ay de mí!) es la pena a que el Cielo ofendido me condena, la novedad no basta de este aviso cruel que me contrasta? No basta (otra vez digo) la constancia cruel de ese enemigo, de ese Jorje, que vano de aumentar el error ciego Cristiano, ni el cariño le obliga, ni del martirio siente la fatiga? No ha de quedar Cristiano; mas qué acent veloz, y acorde fatigando el viento es el que escucho? A la noticia atenta de Escuadrón breve, que bizarra alienta una Armada Amazona, hermosa afrenta de la gran Belona, ese altivo homenaje, que domina el muro, y la campaña peregrina de Dióspolis, Ciudad donde te hallas, ocupé, y al llegar a las murallas, EE que de paz quiere hablarte, bajo el seguro de la ley de Marte, dijo, que te avisasen. La noticia me deja con cuidado. De Fenicia dicen que es la Princesa, cuyo valor iguala a su belleza. Qué dices? Que un soldado, que casi al mismo tiempo aquí ha llegado, dice, que con Ejército valiente marchando viene Sevio, y diligente se adelantó con Escuadrón osado a hablarte, Margarita. Aunque avisado estuve de sus levas, no creyera, que contra mí su Ejército moviera rebelde, y temerario, sin darle causa, y siendo tributario: más abisad que espero. . En un ligero Navio, que a Jopen arribó de Asia, la noticia del triunfo, y la desgracia de Anatolio llegó. , . Qué es lo que escucho? triunfo, y desgracia, en nuevas ansias lucho. Es que supo valiente por empezar tú ya vencida gente, aventurar su vida, venciendo a costa de una, y otra herida la batalla sangrienta, que fue honor tuyo, y del rebelde afrenta. Venció en fin, y murió; mas sus amigos, de su heroico valor fieles testigos, sabiendo, que en Diospolis asistes, donde el error Cristiano, que resistes, castigas con anhelo de más fama, por haber sido aquí mayor la llama, al compás de sordinas pavorosas, y cajas destempladas horrorosas, e el cadaver sangriento traen a que en glorioso monumento, fiel se eternice, el que con se rendida te dio una gloria a costa de su vida. No digáis que vencí, yo fui el vencido, pues solo mis contrarios han perdido una batalla, y yo en tan triste suerte he perdido infinitas con su muerte. No al dolor os rindáis con tal exceso, ya no tiene remedio este suceso: honradle poderoso con pompa funeral, sepulcro honroso, que muestre al acordarle, que si supo morir, supiste honrarle. Bien, señora, decís, no mi memoria aflijáis otra vez (cara victoria!) y en el Templo de Apolo su sepulte en heroico Mauseolo: donde fiel se venere el que sabe triunfar, aún cuando muere, Ya llega Margarita. Valerosa es la Fenicia. Y en extremo hermosa. Valiente Romano Pueblo, decidme, si acaso el César entre vosotros me escucha? Prosigue, Fenicia bella, que el César te atiende ya: no vi beldad más perfecta! Generoso Diccleciano, cuya Majestad excelsa, por ser Solio estrecho el Orbe para tu Augusta grandeza, con noble ambición aspira al trono de las Estrellas. Yo soy Margarita, hija de Sevió ilustre, Princesa de Fenicia, y Tiro, a quien la rigurosa, la ciega tropelía de los hados tuvo a las iras expuesta de un formidable dragón, de cuya crueldad sanguienta, (como ya sabrás) libró mi vida, la hercica diestra de Jorje, ese valeroso Tribuno, que a la violencia de tus enojos rendido, ya tus castigos lamenta. Yo que de aquel beneficio escrita tengo la deuda en el libro peregrino de mi memoria con letras de perpetuas gratitudes, que mi obligación acuerdan, por una vida otra vida vengo a ofrecer, porque sepan si fue su valor asombro, que es prodigio mi fineza. A este sin acompañada de mi padre, y de ligeras armadas huestes, que forman mi guarda; que aunque no vengar para ofensa luya marcnan solo para mi decentia. Vengo a pedirte la vida del Tribuno no se vea, que hay pecho heroico, que niegue, habiendo Dama que ruega. Y si a obligar tus piedades no es pederosa la fuerza de mi ruego desde ahora me ofrezco a que la severa indignación de tus iras en mí la crueldad ejerza. Da libertad al Tribuno y en su lugar quede presa Margárita, contra mí vibra la saña violenta, para que conozca el mundo cuanto en el valor excedan las mujeres a los hombres, pues saben oponer ellas su espíritu contra un fiero racional, si ellos granjean créditos de su denurdo contra una irracional fiera. Pero si sordo a mis ruegos, a mi persuasión te niegas, a todo trance restada, verás que intento. Suspenda tu voz, bella Margarita, la hermosa saña que alienta, y débame tu hermosura, que a mi condición severa sola por tu ya esta vez la amenaza, no la ofenda; y para que veas, cuanto lo mismo que tu deseas, solícito yo ninguno mas sus afectos emplea en Jorge que yo: su vida hallar medio de librarle; mas si los Dioses ordenan, que castigue a los Cristianos, y él con arrogancia ciega Católico se pública, como quieres, como intentas, que al precepto de los Dioses mi ingratitud contravenga? Pero para que conozcas, cuanto a tu gusto sujeta mi benignidad se halla, te ruego, que con aquella seguridad, que se debe a tu persona, y grandeza, asistida de tu padre en Dióspolis entres, llega a persuadir al Tribuno a que deje la indiscreta ignorancia de la Ley Cristiana, que a tu fineza obligado, a tu hermosura rendido, o a tu halagüeña soberana voz sujeto, no dudo, que en noble ofrenda fragantes humos ofrezca. Porque veas que no homit acción alguna, que pueda conducir al feliz logro, que a mi obligación empeña, propondré a mi padre Sevió tu disposición atenta: y no teniendo reparo (como lo fío) a la empresa ayudaré de vencer ca de Jorge la errada, inciert aprensión Cristiana; aunque de tu Cesarea grandeza espero, que en todo caso bizarro, y herorco, sepas dejar airoso mi empeño, y mi obligación bien puesta. Vete en paz, pues siempre está conmigo mi atención misma. Los Dioses tu vida aumenten. Antes parece que intentan sujetarla a las divinas crueldades de tu belleza. Qué os parece la Fenicia? Bizarra, atrosa, y discreta ha procedido al empeño de su obligación atenta. Mucho debe este Tribuno a los Dioses, pues desean, que no se pierda su vida, concediéndoos esta nueva forma de vencer su error. Quiera el Cielo que comprenda de las dudas, que me asombran, la ignorada inteligencia. Haced que venga aquí Jorje. Si algún aliento le queda, después de tantos tormentos, suldrá luego a tu presencia. Cómo ha de poder salir, si por heridas sangrientas después que en raudales vierte la púrpura en que se anega, mandaste, que le calzasen a los pies sandalías fieras de hierro, que con las puntas, a la débil planta opuestas, ya le rompiesen las carnes, ya le rasgasen las venas. Así temerá a los Dioses; pero qué es eso? Es que llegan a Dióspolis Margarita, y Sevió. Pero con nueva admiración, señor, vuelvo de la peregrina ciencia del encantador Tribuno, pues ni harida manifiesta, ni las sandalías de hierro le afligen; antes se ostenta ̱o ̱̱ tan fin peligro que dudo, al ver las puntas sn fuerza, si son sus plantas de acero, o es el acero decera. Cómo puede ser, si yo tan herido de las presas agudas le vi, que, o no respiro, o respiró apenas. Ni oigo niveo sin que ojos, y oído enmudezcan. Mas él viene. Dios eterno, a vuestra piedad immensa doy las gracias, por tan raros beneficios, como atenta os confiesa mi humildad. Pero Margárita llega, asistida de su padre. Honrarlos, señora, es deuda: que aunque tributarios, ciñen de Fenicia la Diadema. Ay divina Margarita! Serán las acciones vuestras noble norma de las mías. Mas no es Margarita esta? Señor no es esta por quien matamos tú, y yo la fiera? . Salve invicto Diocleciano. Salve, Emperatriz suprema de Roma. 2. Y dad a los dos. Los brazos es bien prevenga solamente mi atención. No sé qué el alma recela. Cómo venís? . Cómo quien, fiando en vuestra clemencia, el honroso desempeño de su obligación espera. Dónde está Jorje? A tus plantas está, el que sin que la opuesta tiranía le amadrente, las glorias de Diosconfiesa. Qué es lo que miro? . Qué veo? Estos prodigios encierran mayor causa que no alcanzo. De qué os admiráis? No fuera mejor, que al ver el proigio, de que los martirios sean halagos, las penas gustos; que las heridas violentas estén sanas, y las puntas se encojan blandas, y tiernas, confesaráis de mi Dios la piadosa Ommpotencia? Esos son hechizos tuyos. Confusa el alma no alienta en las dudas que examino. A dificultosa empresa venimos, pues hay aquí gran prodigio, o gran cautela. Decid vos, como se libra Jorje del rigor que encierran los tormentos? Un amigo Boticario le trae hierbas, ungüento blanco, ruibarbo, polvos de Juanes, manteca, cañafistola, romero rosas vino, girapliega, y con la ayuda de Dios, él purga lo que tu pecas. Y por donde entra, que nadie le ve? Por la chimenea. Necio es quien te atiende a ti, No es muy cuerdo en mi concien- Atanasío, qué juicio (cia. haces de esto? Si lo hiciera, no sé que fuera. Tor qué? Dejad que no me resuelva, que hay mi che aquí que entender. Pues mi indignas en suspersa mene cora: Margarita, y Sevio darte de sean g la vida ellos te dirán el medo de merecerla. e Atanasio, quetinte, y muestre ahora tu ciencia lo que puede de ese encanto turbar la Magia violenta, Venid, señora, y vosotros . procurad, pues os empeña vuestra obligación, rendirle de las deidades supremas al culto; porque si no será preciso que muera. Y eso se entiende conmigo? Sujeto estás a igual pena, si te públicas Cristiano. Cristiano? Pese a mi agüela! Yo soy Pericón, y me hago del palo que me está a cuenta. Si este es encarto, no hay cosa, que ser realidad parezca . Qué es esto valiente Joven? Tú, cuya valiente diestra hombres vence brutos rinde, glorias logra, triunfos cuenta, no sabes vencerte a ti? Qué es esto? Ser la postrera, y más pricipal victoria de mi valor, pues en ella veréis que los hombres venzo en Dioclacianos: la fiera del dragón inferval rindo, y logro la gloria eterna. Aunque quisiera alcanzar las nájimas do tu idea, no es fácil hacer concepto sobre un errer; y así piensa, que mi padre, y yo venimos a librarte, que hoy en peña el César nuestro cuidedo a reducirte, y que es fuerza, que de e airoso el empeño. de una Dama tu nobleza. Mar garita, hasta las aras esas políticas llegan. Pues si esto no te convence, oblíguete el que te ofrezca mi mano, y mi Reiro, como dejes la Ley que profesas. Y yo a cumplirlo me obligo. Por mejor mano me espera mejor Reino. Ese es agravio, que es preciso que le sienta. Y por no ofenderte a ti, quieres tú que al Cielo ofenda? Pues si ni mis gratitudes, beldad, ni Reino te fuerzan, muévare la piedad sola de mi vida, pues resuelta vengo a limarte, o morir contigo. Si tu murieras por mi Dios, fueras dichosa. Quién es tu Dios? Cristo reina solamente en Tierra, y Cielo. Cuando eso posible fuera: quién es Cristo? Hijo de Dios, de cuya alta Omnipotencia, pende todo lo criado. Con vuestra licencia. Espera, no dices que es Hijo? . Sí. Luego si nació, se prueba que tú vo principio, luego no es Dios, pues de Dios eterna debe ser la Majestad. Ciego discurres: la esencia de Dios siempre fue infinita: pero uniendose a la nuestra, (porque así convino) el alto ser de su naturaleza, hombre nació, sin dejar de ser Dios. Qué mal sosiega el coragón vacilando entre ira, y amor. Atenta quiero escuchar lo que logra Marnarita en tanta empresa. ̱. Y como en lo limitado era, de nuestra carne esa immensa Deidad pudo comprenderse? Quién supone Dios, no asienta see poder infinito? . Sí. a a Luego si pudo su diestra todo lo que quiso, y quiso F lo que pudo, bien se muestra, que pudo hacerlo. Dudosa vácila la inteligencia de mi discurso. es ̱. Protervo insiste en su error. Apenas comprendo lo que le escucho; mas juzgo, que no sintiera ar saberlo el alma. Aunque todo lo que tu supones fuera, no dices que murió? . Es cierto Luego tú mismo le negas la eternidad, pues muriendo, todo lo infinito cesa. Cómo hombre murió, mas no como Dios. Cuando eso fuera como no guardó a la una la otra naturaleza? Como a nuestra redención impor o que padeciera; mas luego resucitando. subió triunfante a la fisfera del Firmamento. No alcanzo como resucitar pueda el que ya una vez murió. Acuerdome, que una vieja me contaba lo del Puénix: que dicen, que en cierta tierra, en sintiéndose fiambre, lumbre enciende, y se lardea para renacer después. Esa es ficción, d Ay tal bestia de Mágicón, estás loco? ahora al Pénix me niegas? quieres que contra ti traiga un enjambre de Poetas, que Endecha, o Romance en ristre, te fenicién la cabeza. Yo sin verlo no lo creo. El gusano de la seda labra su sepulcro, muere, y renace, y es pequeña criatura; mas sobre todo, no niegues la Ohmnipotencia, que algún día podrá ser. que más desengaño tengas. No te entiendo. Pues yo sí. Mas qué miro? Aquí está el César: oculto mi intento quedé. De qué os su pendéis? Quisiera explicar el sentimiento del error, que mansiesta Jorge, mas no acierto a hacerlo. Pues vos os negana está explicación, yo diré, Sevio, y Margarna bella, que, pues visteis, cuan rebelde sus ceguedades mantenga este tirano, extrañar no debéis que yo obedezca lo que lo Dioses me mandan, Traigan al punto una rueda de cuchinos, y su cuerpo atado a la dura vuelta de sus filos, el más fiero, cruel tormento padezca; muera al punto. Gran señor. Si mis canas. . Si mi tierna piedad merece contigo algún favor. No te venzas de sus ruegos, que yo intento morir, Pues qué esperáis? Muera. Esperad. . Nada aguardéis. Ya es preciso que obedezca. - Eso sí, alienta tus iras. (. Eso no, escape quien pueda, porque yo no soy Cristiano. Así de mi saña fiera te libraas. . Santa cosa, viva yo, y ande la rueda. Por vos padezco, Dios mío, dadme, Señor, resistencia. Qué dolor! Esta constancia me asombra. . . Qué ansia Qué pena! Aún vives, tirano monstruo? Si muriera, a Dios Comedia. Acabadle de matar. No permitáis, que su opuesta desgracia vean mis ojos; y pues con crueldad severa me faltár a lo ofrecido, yo iró done contra mi justicia alienten vuestras piedades la queja. Ay de mí! que muero yo si Margarita se ausenta! y así suspended vosotros la ejecución. . Tardel la piedad, pues ya parece, que ni respira, ni alienta. Yo muero, piedad Dios mío. Qué lástima! . Ahora ates venid al Templo conmigo, donde veáis como ordenan los Dioses su muerte: así doy tiempo al tiempo, y se templ el rigor de quien adoro. Sin mí voy. Rara tragedia! Extraño dolor! Mas yo si el oráculo no muestra ser de su orden el castigo, haré mi venganza cierta. Enire el horror, y el asombro nada mis dudas sosiega. Ay amo del alma mía! él murió: . Y ahora, Pericón, qué harás huérfano, y en tierra ajena? Qué? Tomar pían, pían el trote de aquí a Ginebra; que no es tierra para mí tierra donde navajean, empalan, azotan, sajan, alancean, y deguellan. Todo está en silencio, voy a darle un tiento a la puerta. Alienta, respira, valiente Campeón, y atiende a la amante neza de un Dios, que desciende hoy a darte la vida muriendo de amor. Mas ay, que es cariño, mas ay, que es favor, que las pasiones de un alma las pague con su pasión: que desciende hoy a darte la vida muriendo de amor. Ay de mí! Qué armonioso acento dulce veloz es de la Región del aire soberana suspensión? Jorge, amigo. . Quién me llama amigo en tal trance? Yo. Mas qué miro! Dios immenso, quien pudiera si no vos favorecer a un humilde? Solo los humildes son amigos míos, Qué sientes? Siento que ha sido el rigor muy leve, según desea padecer por Vos mi amor. Tanto padecer quisiaras por mí? Quisiera, Señor, un eterno vivir, solo para ofreceros, mi Dios, un eterno padecer, Pues yo, a tu resignación atento, vengo a sanarte, como lo hizo la atención de mi cariño, al mirar las heridas, que te dio la crueldad de los Verdugos, ya en las puntas, que vibró contra tus pies, ya en los fieros azotes, que con atroz, sacrílego impulso fueron la gala de tu dolor. Feliz el tormento, que tal curación mereció. Ya libre, y sin lesión quedas; y porque importa al honor mío, y gloria tuya, busca al punto al Emperador: En el Templo le hallarás, que en la ciega adoración de los Ídolos procura acreditar el error de tu mártirio, y de tanta Cristiana persecución. Allí obrarás en mi nombre prodigios, que la razón de mi Católica Fe establezcan, siendo horror del Pagano, y gloria mía, dándome veneración muchos, que por ti han de verse en la Celestial Sion. deros De merecer vuestros altos preceptos, gracias hoy dos, Queda en paz, Jorje querido. Qué sino sois feliz yo. Y vosotros repetid con dulce sonora voz. 2 . Alienta, respira R, valiente Campeón, ( Ea obediencia dichosa, (. no permitáis dilación al gusto de Dios. Qué echara la doble el perro sayón a la puerta! Yo enjaulado con un muerto? Pericón? Quién aquí Periconea? Pero qué miro! Yo soy. Qué temer? Por San Panuncio, San Macarío, San Simón, San Judas, San Nicodemus, San Lesmes, San Buen Ladrón, que te vayas, si eres alma en pena. Estraña ilusión! Si vienes a pedir Misas, c despacha y vete con Dios, que yo las haré decir. Sosiégate. . Linda flor: con gente de la otra vida no quiero conversación. No estoy muerto, la piedad del Cielo aquí me sanó. De verás? . Pues no lo ves? No burlemos, que no son chascos para hombres de bien las mortecinas. Mostró Dios sus piedades conmigo. Sígueme, que al Templo voy, donde Diocleciano está. Al Templo? Aqueso es peor. Así lo ha ordenado quien me ha librado. Pues señor, por donde hemos de salir, pi que encerrado nos dejó e el maldito de Majencio? pere Tiene llave superior e el Cielo: nada receles, sígueme sin miedo. Alón: con aquestos milagrillos, ya voy perdiendo el temor. . Donde, desvelo mío, caminas sin sosiego con tantas dudas cieno: cuyo extraño desvío, Ca ni le prevee mi ciencia, ni le alcanza la astucia, y la violencia. No basta, que violento e a no pueda Diocleciano destroncar del tirano Jorje el altivo aliento; antes de cada herida mayor gloria consiga en nueva vida? Si no que, atento el Cielo solo a mi infeliz carma, de este Anatolió el alma oculte a mi desvelo, pues sé su parasismo; ni sé dónde paró, ni fue al abismo? Donde está, Cielo airado, ̱ e esta alma, que fue mía? Donde vuestra porfía de mí la ha retirado? e Cómo, si en la cadena del pecado murió, no se condena? Si la salvación fragua, (oh qué confuso abismo!) Uno, o otro vautismo de sangre, fuego, o agua, donde esta alma reposa, que ni padece, ni del Cielo goza? Ya, ilustre Sevio ya, hermosa Margárita, al Templo heroico ̱ao. de Apolo llegamos, donde de mi verdad en apoyo veréis como en mi es precepto el que imaginasteis odio. m Impacientes mis piedados al desengaño forzoso aspiran, El Cielo quiera, que el Cielo, que en ti supongo, para nuestro desengaño se acredite. i Aún en el golfo i de mis ansias vacilando, siento no sé que, que ignoro. Qué confusión introdujo Jorje en mí, que no depongo, aún viéndole padecer, las dudas, en qué zozobro? Entrad, pues; pero no es este el sepulcro suntuoso de Anatolio? En él se guarda de tan noble, y valeroso Caudillo el yerto cadaver. E de su valor honroso monumento. Ol como fuera menos infeliz mi ahogo en las guerras del Imperio, si él viviera. Fue dichoso en las batallas, pues supo m vencer aún muriendo. Ol cómo estoy temiendo, que de él ̱g ha de resultar mi oprobrio. La mitad de mi laurel cediera, a quien poderoso le diera vida. Atanaso, pues en el Celeste grobo le es altas insfuencias en caracteres lustrosos, podrás volverle a la vida? No, señor, que efecto es propio la animación del inmenso aa ser del Criador. Es muy corto el arbitrio de tu ciencia, si esto no puedes. . Tampoco no es lo que pides, que se haya visto entre los Dioses todos alguno, que haya animado a un frío cadaver. . Cómo puede haber cosa imposible a los Dioses? . Eso ignoro. Aparta. . Quita, Dejadme pasar. Qué es eso? . Que alsorto, y confuso el Puel lo sigue a Jorje al ver, que en el torno de la rueda hecho pedazos quedaba, se ún notorio fue a infinitos, que lo vieron: y aora sin lesión, ni estorbo le van que en tu seguimiento viene diciendo; Los ojos vuelve Prínipe engañado, y no a los avisos sordo del Cielo, en mí los prodigios desprecias del Dios que adoro. Dioses, qué escucho? Es en encanto? . Es ilusión? Es asombro? Todo es prodigios este hombre: todo lo que entiendo ignoro. Mas sé yo, y alcanzo menos, pues ni entiendo, ni conozeo Para qué de Ídolos torpes buscas el alblo impropio: busca al verdadero Dios en Crisio. Tirano monstruo, sella el sacrílego labio, o haré, que el infame, rojo, vil esmalte de tu sangre profane del Templo el Solio. Yo no relisto la muerte. Yo sí, pues con razón noto, que de picaros no habría de hablar el Mártirologíó, Suspende, señor, las iras, y advierte, que, si piadoso la vida le dio algún Dios, v no es razón, que tus enojos le hagan reo de la que es gracia, y no culpa. Engañoso quiere este hichicero vil trastornar el religioso culto de nuestras deidades, y porque veáis, que es solo su vida majia aparente de espíritus cautelosos, y no poder de ese Dios, que llama Cristo: depongo por ahora el enojo; y vamos a una experiencia. Yo ansioso (por lo que importa a mi Imperio) de la vida de Anatolio, pregunté a Atanasió ahora, si con el poder heroico de su ciencia se atreviera a darle aliento. . Supongo, que te diría, que no, por tocarle al poderoso brazo de la Omnpotencia. Es verdad. . Pues si en abono de esa ignorada Deidad, que sigues, das milagroso espíritu a ese cadaver, confesaré, que es en todo poderoso el Dios, que adoras. Mira lo que ofreces. . Pronto estoy a cumplirlo. . Y yo, con afecto cariñoso públicaré tu verdad. Mira Jorge, que es el logro de ese prodigio imposible. No hay caso dificultoso para el brazo de mi Dios. Pues a seguir me dispongo tu Ley, si el prodigio veo. Suspensa estoy. . Yo dudoso. Pues en nombre de mi Dios, a quien Ángélicos Coros Santo eternamente aclaman: O tú, feliz Añatolio, vuelve a la vida. al nombre de Dios la cobro. Ah Cielo airado, qué tarde mis confusiones depongo. Qué me ordenas? Qué publiques la verdad de que blasono. Ya obedeciendo en ti al Cielo, vengo a hacerlo. Qué es lo que oigo? Qué veo? (ay de mí!) Pues tú, como (al prodigio me postro hablas? (Tiemblo de escucharlo) vives? ( De verlo me asombro) eres fantasma, ilusión, o sombra? No así dudoso de la verdad te desvíes, Anatolio soy. Pues cómo, si en Asia moriste? Obrando prodigio tan misterioso el Cielo para más gloria de Jorje. Por esto solo se dijo, catale muerto, y cátale vivo. . Absorto me tiene el suceso. . En vano pienso lo que no conozco. Ya no hay rebeldía humana a milagro tan notorio. Qué tengo ya más que ver? Dios hay tan maravilloso, que sobre la muerte tiene dominio, y el filo sordo de su guadaña venciendo, vuelve a unir el lazo roto de la vida? Mucho prueba argumento tan forzoso. O pese a mí, en esto había de parar (rabio de enojo) de Anatolio el alma; pero va mi venganza dispongo, Pues cuando sea verdal, que vives, di, quien al tronco de tu cadáver le dio nuevo espíritu? El piadoso Dios de Jorge. Y quién es ese? Cristo es el Dios. . Engañoso, como quieres persuadirnos, que una vez pisado el coto de la muerte, a ese Dios debes la vida, cuando es notorio principio en la Ley Cristiana, que el que a sus avifos sordo, en otra creencia muere, se condena; y que el que al golfo de las penas entregado está una vez, ya su ahogo tener no puede remedio? Luego si tú en el escollo de la muerte vacilaste, siendo Gentil, fue forzoso, según el Cristiano Rito, condenarte: luego noto, que condenado una vez, volver no pudiste al logro de la vida, por ser penas irremediables. . A todo, con lo que he visto en el mundo de la verdad, te respondo. Y podrás? . Muy fácilmento. Prosigue. . Escucha. Ya oigo. Que partí a la Asia atento, que con noble ardimiento sujetar no pudiendo la porfía de la tirana injusta rebeldía de uno, y otro tamulto, castigar fue preciso el fiero insulto de mantenerse con airado tema desasido floron de tu diadema: que apelar fue forzoso de una batalla al trance riguroso, que, rota ya tu gente, con mi brazo valiente, haciendo de mi pecho fiel muralla, la volví a la batalla: que vencí en fin, y para mayor gloria, canté feliz victoria por la boca sangrienta de una, y otra violenta herida recibida, a costa de mi vida, que después escribió en la verde rama del humano laurel veloz la fama. Siendo en acción tan suma, la sangre tinta, y el acero pluma. No intento acordarlo, pues con voces mudas en tu noble pecho la memoria pulsa. Herido, pues, repito, falleciendo el aliento en tal conflito, los vitales espíritus turbados, los pulsos retirados, con desmayo profundo desplomádose fue este breve muando, y entre mortales, pálidas porfías, melancólicas, tristes agonías, en confusión tan fuerte salió la vida, y me informo la muerte. Oh locos mortales! no sé cómo puede, si llora quien nace, no llorar quien muere. Apenas, pues, en tan confusa calma salió del cuerpo el alma: de un Juez justiciero fue presenta la al Tribanal severo a oír en tan tremenda residencia la decretoria última sentencia. Aquí el alma oprinuda de mis culpas, siscales de mi vida, cobarde se estremoso y en cuanto cabe alo tramor que a un immortal sertir en ansias volarás venturoso, hay castigos de penas immortales. (tales cuando por mi un Caudilo rod No sé quién ofende su piedad afalle, si hay en Dios justicia, que debe juzgarle. Este Juez eterno, y poderoso, mezclado entre lo airado lo piadoso, con voz severa de sentir profundo, En este, pues, conflito, Cristo soy dijo, Redenror del mundo, que por lavar en termina prescrito la mancha torpe del infiel delito, con que me pagó fiero la gracia original el e primero; de pura Virgen, Madre porque asombre, Hijo quise morir, nacien do hombre, para librarle de la dura pena, que a eterna, infeliz muerte le condena, que padecen violentos Oh ceguedad torpe! que haya quien consienta culpa que haga, habiendo bondad que padezca! Y prosiguiendo en tan dudoso empeño, airada la piedad afable el ceño, dijo, aunque merecía de tu corpe vivir la infiel porfía de la levordiraria la sentencias con todo mi elemencia, para tu feliz suerte, (te, como Auror de la vida, y de la muer Provincia del espanto, por mis jastos juicios, el castigo suspendo de tus vicios, entre cuantos vivieron, privileno, que pocos merecieron: y a ti te le conceden mis piedades, para que las edades admiren mi poder constante, y cierto, de cuyo triste espacio viéndote padecer después de muerto. es la Carel un lóbrego Palacio: Suspensa quede el alma, hasta que llegue a merecer la palma del martirio, que espera p a cuya santa esfera de mi Iglesia, con gloria repetida te restituya a la primera vida. Quién, si no Dios, pudo con piedad divina remitir la culpa, conceder la dicha? de orden del mismo Dios, de mi de ell vi la pena severa, que sin duda infelice padeciera, sino se suspendiera en tanto aprieto el ordinario, mísero decreto. Vi pues, por una expresa, temerosa vilible especie (pena rigurosa!) las ansias, las congojas, los tormentos, por sus tristes pecados, míseros infelices condenados. Qué ser a el sentirlos, si solo al contarlos, se estremece el alma, se emudece el labio? En el oscuro centro de la tierra la mansión melancólica se encierra, población auchurosa, donde la pena sin cesar reposa: Reino de eterno llanto, don le Luzbel domina: sus Ministros con mísera ruina son Demonios, espíritus airados, moradores los fieros condenados, que con despecho sumo lanzan crueles su veneno en humo, e las pinturas, que adornan sus salones, horrorosas, diabólicas visiones: la luz de esta caberna (na: palido azufre, ardiendo a su desasosiego sirve de lecho pavoroso el fuego; y en funebres fatales desalientos son las delirias rígidos tormentos, Oh immortal asombro, de maldición lleno! que necio es quien oye sin temblar tu ceño. Aqí, pues, su mergidos exhalan con la rabia los gemidos, padeciendo entre míseras cadenas la funesta agonía de dos penas. La primera es de daño; y es la mayor, pues con rigor extraño por las eternidades sin mudanza de ver a Dios perdieron la esperanza. La segunda es la pena de sentido, que cada cual padece dividido en sitio difarente, donde oprimido siente lo contrario, con pena repetida, de lo que fue delito de su vida: añadiéndose a estas o tras penas funestas, como son las tinieblas horrorosas: no poder ayudarse en las penosas ansias unos a otros: los severos E ahullidos de los otros compañeros: la eternidad del mal, la rabia fiera, con que envidioso cada cual quisiera, que en todos los demás con triste llanto, fuera mayor la pena, y el quebranto. Oh blasfema culpal cuantos fueran, cuantos, los que al ver tus penas, murieran del pasmo. así, pues, suspendida, y temerosa el alma con visión tan riguroso, Dios la depositó en el cuerpo mismo, sin que aformase en tan confuso abismo el cadaver helado, hasta que le ha animado O E ARBOLEDA Jorje segunda vez con la divina virtud, que le ilamina; con que ves Diocleciano, que Dios con poderosa heroica mano, como Autor de la vila, (dida puede darla a quien quiere; y suspen- la mortal ley severa, por más palma, tener suspensa el alma, y el juicio riguroso particular, con cuyo fiel dichoso privilegio, no sale delqierno, después de condenada al fuego eterno; antes bien, preservandosa, el efecto de la ley ordinaria, y su decreto suspende poderoso, por librarla del mísero destrozo. Ay de mí! si ciego me muestro al asombro; y ay del que a mis voces estuviere sordo. Ves como Caristo es el Dios y ardadero? . Mientes loco: en nuevas iras me abraso. 2. No miente, que solo es propio del ser immortal vencer de la muerte el duro escollo. Mientes tú también. No miente, que, al que sabe prodigioso ser alto Autor de la vida, mas veneraciones postro. Pues como traidores, ciegos, enemigos? . Ya es forzoso, que dé cuerpo a mi venganza la humana forma que tomo. Cómo, invicto Diocleciano, permires, que el fiero monstruo de la Histra Cristiana turbe tu Imperio? Como alevoso a los Dioses sus agravios tóleras? Y como ansioso o temes las amenazas del Oráculo de Apolo? Yo que con más prodigiosa Magia los Estros trastorno, he visto, que a ese tirano, juriter, que en azul arono Estrellas pisa, le dio la vida, que el cauteloso, por acreditar de Jorje su amigo el mentido arrojo, atribuve el beneficio a felso; y pues que todo tú inperio está vacilando en el incendio horroroso de los Cristianos, apaga su llama oh fatal destrozo has de llorar en tus Reinos. a Fiero dragón, ya conozco quien eres, huye cobarde. que en mí el brazo poderoso de Dios asiste. . Creed, Romanos, lo que os propongo de parte de vuestros Dioses. En nuevas iras me ahego. (. Enda con trescientos Diablos: el hombre es alnún demonio. Es este otro encanto tu yo? Mira que no estés dudoso: cúmplele a Dios la palabra de creerle. . Es falso. . Sol es Cristo Dios verdadero. Solo su Deidad adoro. Pese a mi rabia, qué aguardo, que no os convierto en despojo de la muerte. . Suspended la ira, que tan peligrosos daños piden el remedio más blando, que riguroso. A sota me dane a un tiempo (a lo que veo, y lo que oigo, Bien Marparita os advierte, pues si estos ceden, los otros que siguen su ejemplo, es fuerge que abjuren error tan loco. Bien decís: vuestro consejo he de seguir: vayan todos presos, y atados al centro de distintos Calabozos. 4. Firnes nos has de hallar siempr Seré estrago. . No me asombro Seré furia. . No la temo. Seré horror. . La luz adoro Seré tormento. . Eso busco, Pues yo veré, si en vosotros tormento, estrago, horror, furia, consiguen lo que no logro. 4. No verás, que horror, tormento estrago, y furia, en el golfo del martirio, la honanza son del puerto más dichoso. ORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Y Espués que siguiendo mue el ejemplo de mi amo, despreciando los martirios, se han declarado Cristianos, ha soltado la maldita el perro de Diocleciano. Todo es inventar martirios, y enfermero de los dablos, al doliente que los pasa no quiere escascarle el trago. A unos condena a la horca? pero cordel de su mano no se ha visto que se pierda por corto, ni mal echado, Poner en Cruz manda a otros, y que ha de verse alcanzado en la cuenta, no lo dudo, pues todo es hacer calvarios. A muchos condena a azores, dando el Escriba malvado, porque siguen la Escritura por principio el sepan cuantos. No pocos pasa a cuchillo, diciende que son malvados; y es, que, como es testimonio, ̱qu ̱ quiere, que les den un tanto. Nosotros, que estamos presas, a somos los más bien librados: gracias a que Margarita la muerte va dilatando de Jorge, y a predicarle se viene de cuando en cuando. Pero porque no me coja de susto al llegar el plazo, será bueno que discurra un martirio, asi, barato, a medio traer, que sea i nuevo, ni muy usado. Horca? No es cosa. Quién sufre, que le bazuque un borracho, y con tanta lengua fuera, quien tendrá respeto a un Santo? Empalarme? Es cosa impropria: yo tengo mis ojos claros, d y puesto que no estoy ciego, no han de condenarme al palo. Crucificarme? De ver serla: no fuera malo, sabiendo sus picardias pegármela a mí de clavo. Azores. No se me asientan, porque en efecto es un trato que solo lo que se pega deja de ganancia al cabo. Cuchillo es muy peligroso, que en la fuerza de aquel paso, puede romperse una vena, yo me he criado sano. Quémarme? Qué desativo! señores, yo camuscado? Pues si esto se hiciera ahora, qué guardaran para un acto? Morirme de hambre? Peor, pues tradacido el adagio en masculino, yo digo, muera Marto, y muera harto. Pero para qué discuero, o de riña guaro a a todas horas me está el miedo martirizanlo? y Y así durma nos sobre ello, que es tarde ya, y dado caso que así me cojan, será menos mal, que en tal trabajo ser martir a sueño suelto es grandísimo descanso. Pues sabes, Majencio amigo, que el César a mi cuidado si el logro de vencer el rebelde pecho ingrato de ese Joven in elice que habita el lóbrego espacio de este calabozo, llega, y llámale, por si alcanzo, haciendo el último esfuerzo que veneido del halago, del ruego, o de la amenaza, del rigor olvide el vano, y infiel empeño, que alienta, a cuyo ejemplo son tantos los que de su Ley secuaces se declaran engañados, que de espectáculos tristes se oyen, y ven solo estragos. Creo que en vano porfías; pues aunque has solicitado tantas veces reducirle de orden del César, tirano siempre ha insistido en su error. Llámale; pues si no hallamos forma de vencerle, es fuerza, sin que le valga el sagrado de nuestro ruego, que luego (p muera infeliz. . Si no alcán que obedezca al César, pienso restada, y firme en su ampalo librarle de la prisión, dándome seguro paso los ya sobornadas guardas. Voy a llamarle. Despacio, sayones de Barrabás, no apretéis tanto la mano. Qué es eso? . Al parecer sueña sus penas ese criado. schillo, Hombre, quita allá el cu- que no lo dije por tanto. Pericón? ̱a Que Pericón, , ni que pendanga, jugamos? (. ha perros, a mi deguello: toca al arma. . Etás soñando Pericón? Mira que, yo estoy aquí. . Por San Pablo que hago, si no habláis tan presto, a tres mártires del diablo. Toma, y abre el calabozo donde está Jorje. C. Qué bravo fuera entre burlas, y verás, antes de haber despertado haberles, puesto el almagre a esta perra, y a estos galgos. . Vos, Mavencio, en esa puerta, mientras yo le persuado, cuidad de que nadie llegue. Ya os obedezco. Cuidado, de mi agradecido pecho ya llegó al ulumo plazo de vuestro empeño ya es hora que de él de una vea salgamos. Que en fin entró Margarita? Idemperidem agrado . Autor de la vida, ya sé su intento, y que ha llegado so también el feliz día tu agraecimiento mueve hacia mi sinaza el paso, Qué es esto, Jonje, ta espoco te debe mi fiel ouidado, que mudo triste hay suspenso, remiso, y desalentado sales a verme? Y ya que tu ingratitud pueda tanto, que mi atención desestimes, atiende siquiera a cuanto está arriesgada tu vida, y así el error olvidando de tu ceguedad. . Su pende la voz, que ya adivinando que a eso tu venída era, como otras veces, el labio sin acción, triste el semblante salí a verte, que un hidalgo pecho padece afligido, cuando a preceptos bizarros g el agasajo va unido, a y por respetos más aos no puede admitir tal vez obediente el agasajo. Luego finme permaneces en tu propósito? . Es claro. Y tu vida? . Es de mi Dios Y mi fineza? . La pago con vencrarla. . Y tu riesgo? No le temo. Cómo tanto se detiene Margarita? Rebel le quizá, y tirano con su resistencia Jorje la detendrá. . Paes dejando esta plática, pasemos a que te espera un cabalo con gente, que te acimpaña huye a mi Reino ques salgo yo a tu peligro. . Qué escucho Tapoco lo admito. . Andallo, sube en tu caballo, vete pariente del Conde Ca Pues por que no lo admitís? Porque cruento holocausto es ya de mi Dios mi vida, y no he de negar ingrato el sacrificio a las Aras, además, que a los Cristianos, que hoy constantes a mi ejemplo están, zozobraran varios, que con caudillo cobarde no hubo valiente soldado. Librate tú, que después remedio proporcionado buscarán ellos . Ya importa ponerle yo a tanto engaño Mas qué miro? Allí rarece (. que está el César escuchando. ̱. Yo no he de huir el peligro. Pues yo denme a mí el Cuatralbo, que no paro hasta Marruecos. Ni yo quiero (remediarlo intento de esta manera, por si me oyó Dios leciano) que presumas que fue en mí este ofrecimiento vano, mas que una cautela, a fin de examinar, si al espanto del martirio, que te espera, te acogias al sagrado de la fuga, pues con esto al César, a quien consagro mi voluntad, le quedaba la esperanza de que blando pudiera atraerte, quien te obliga a temer airado. Mas, pues, ni obsequioso al César obras, ni a mi atención grato procedes, quedare a ser despojo de injusto brazo, a ver si tu Dios te libra de padecer. . Ya este es caso diferente. . Que en fin que es mi Dios mer a Es falso. delengaña con prodigios soberanos, (el Cielo mostrando que solo Cristo es Dios eterno, es Dios Santo, confesaréis mi verdad? Qué se yo. . Ese es el atajo, quizá, si así respondiaran, hubiera menos casados. Y cómo lo has de mostrar? Has discurido otro encanto? a otro hechizo? otra mentira? Sacrílego, infiel, tirano, hasta cuando has de ofenderme con ideas, hasta cuando sedicioso has de alentar a nuevos cismas en agravio de los Dioses? Qué pretendes Que de mi piedad usando indignamente, el rigor i solicitas de mi brazo; pues por las sagradas luces del Sol, que al más breverasgo de mi furia. Mi garganta tienes aquí. . Reportaos, señor. Mirad que es indigno: (como suspender no alcanzo su rigor) que vos seáis ejecutor de su estrago. Herodes de aquestos tiempos, insigne Poncio Pilato, que estás condenando al justo, sin que te laves las manos: por la Virgen Soberana. Calla perro. . Callo gato. Quitadle de mi presencia, y al luciente filo airado de una cuchilla, la vida rinda en un suplicio. . Malo. Su qué, señor? . Quita necio, No dijo loso, y osado. (mucho ay de mi! hajo) que haría, que el Cielo Santo acreditase su Dios? Pues yo, para desengaño de todos los que le siguen, y confusión suya, salvo tu mejor sentir, le hiciera, que lo cumpliese: pues dando por cierto, que esto es ficción, ha de quedar afrentado; desengañados los suyos, a tu rigor más fundado. Margarita os oconseja predeute, pues no hay Cristiano, que, al mirarle convertido, no olvide el error pasado. Pues, para que vea el mundo, que nada omito, de cuanto me aconsejan; dinos donde hamos de ver los milagros, que, para confusión nuestra, va tu cautela ideando? En el Templo. Pues ya el Sol pestañaando tibios rayos, por entre los soñolientos parpados, de luz los altos montes empieza a dorar mal despierto, al Templo vamos, y haced, Majencio, que lleven también esos desdichados, Atanasio, y Anatolio; y esa (mal pronuncia el labio, Dia esa mujer. A Alejandra? No la nombres, que me agravio se nombre, que fue un tiempo sea Cristiano; n Margarita, quien solicite mi agrado. En fin te afirmas, en que vamos al Temolo? Eso aguardo. Vamos, pues, y favorables (. denme algún medio los hados. Temiendo voy que este día para muchos será infausto. Por si acaso (óyeme a parte) de algún hechizo ayudado, ( turbare Jorje la plebe, manda publicar un bando, en que, pena de la vida, se prohiba que Cristiano nadie pueda declararse. Tu precepto ejecutado verás luego. . Venid, pues. . , . Ya te obedecemos. . Vamos, Jorje. Gustoso te sigo. Y yo voy también? Es claro. No muy claro, pues no pienso iro. . Cómo? Porque en brazos me habrá de llevar si quiere Levántate, que no estamos para burlas, Qué son burlas? Yo he de morir del cansado, y así llévenme a la silla de la Reina. Hola: arrastrando llevad a ese homre. Si haré nos, A ver quien llega. . Dejadio, que él irá. Ven Pericón, segaro vas; pero cuando . haya padecido yo: (ariende a lo que te encargo) al Valle de Aser mi Patria has de llevar con cuidado mi Cuerpo. Luego a morir vas? Ya ha llega lo el plazo tan deseado de mí. De mí no, dame los brazos, y a diós hasta la otra vida. Queda en paz. Desde tamaño conocí que había de ser mete muertos de mi amo. Que quiere de mí el Cielo, Pero ya Diocleciano que ultrajando las iras de mi anhelo, viene al Templo, y con él ese tirano, todo cuanto dispongo en mi venganza, vuelve por más ejemplo en su alabanza? de mi agravio Ministro vengativo, Mucho castigó airado la infiel cizaña del primer pecado en la Ley Natural, y aún en la Escrita; y ahora mis agravios solicita (asombre, muera, aunque triunfe, quien triunfando todo es hacer finezas por el hombre. Este género humano, qué tiene hoy más? que la Divina mano, lograd el desengaño en los pasados siglos tan severa, hoy solo en los albagos lisonjera, olvidando el rigor de otras edades, ya solo se ejercita en las piedades. Qué tiene más? Oh triste pensamiento! tiene un Dios (de acordarlo me lamento) si acaso puedes tanto, tan amante del hombre (oh pena fiera!) que decendió de la luciente esfera enamorado, y tierno, a unir al barro humilde el ser eterno, y tiene para solo mi desgracia a aquel alto portento de la Gracia. De las iras de Dios, suspensión bella, cuya luciente, no manchada huella, siendo opresión de mi cerviz violenta, casi Deidad la ostenta: que ser mujer Deidad fuerza es la qua y religioso acento, a la que de un Dios hombre es digna Ma el decreto sagrado. . Escucha atento, Si mi altivez le ofende, qué más venganzas contra mi pretende? evitar nuestro riesgo. Para qué manda ansioso, que hoy asista el Oráculo engañoso de Apolo? Acaso intenta con saña la esquivez, ira violenta, (pues fueultraje de Dios ni desventura, que hoy lo sea también de la criatura? Oh rabia immortal mía, condenada a gemir en la porfía de las eternas penas, fúnebres ansias míseras cadenas. ese Jorje enemigo, contra cuya infiel vida se alienta prevenida hoy mi cólera ingrata: (mata. en la de Gracia, en quien, porque me . Venid, venid al Templo de Apolo soberano, y en reverentes Aras de mentidas ideas, que con su magia alientan los Cristianos, Ya Jorje al Templo llegas, donde ejercites fantasías ciegas de tu engañoso encanto, que con violentas voces anudes el poder de nuestros Dioses. Mas antes que intraduzca tu cautela, la errada sedición, que te desvela, y el Pueblo a novedades inclinado, de varias apariencias obligado, se precipite ciego, haced, Majencio, que publiquen luego con triunfal pompa, y aparato vano, (dre, según riro Romano, A. (dre. Pueblo leal, el medio en que esperamos Ya escuchamos. (na 1. Moradores de cuanto domí, el amperte omano, venid presurosos, y el edicto escuchad religiosos, que contra el Cristiano. desde el uno al otro confín, aronca la Caja, sororo el Clarín, (nos venid presuroses, publican en nombre del gran Dioclecia. oíd, atended, del pregón inviolable la ley. Manda el César, que el que osado. olvide el culto sagrado, que ha adorado de los Dioses, por el error comerido, quede a las penas rendido. más atroces; y para que vuele con alas veloces por toda la tierra la noticia fiel: oíd, atended, del pregón inviolable Manda, que el que de Cristiano prosesaré el riso va dades por tirano a las Don en dura prisión lamo te, y con su pena escarmierte las edades; y porque no lleguen a son impiedades cuya Divina mano los que hoy son avisos de su mayor bien: oíd, atended, del pregón inviolable la ley. Manda, que desposeído de sus bienes, abatido, y afligido, triste llore, y que la pobre esperanza de hallar en su mal mudanza no mejore; y porque afectando ignorancias no dore de su deidad, o para fiel victoria con vana disculpa el delito cruel: oíd, atended del pregón inviolable la ley. Manda al fin, que sin aliento a manos del escarmiento mal violento infeliz muera, castigando sus delirios. con horrerosos martirios mano fiera; porque no llegue la saña severa. a ser escarmiento de nuestra ruiva, meradores de cuanto domina el Imperio Romano y el edicto escuchad religiosos, que contra el Cristiano. desde el uno al otro con fín, ronca la Caja, sonoro el Claría, (nos publican en nombre del gran Dioclecía. oíd, atended del pregen inviolable la ley, Ya a mi venganza atento solo con estas iras me alimento. Muera en penas atroces, quien el culto resista de los Dioses. Este es de mi justicia un breve rasgo contra la malicia Cristiana; el tu ahora, Alejandra, tu intento Fiel adora a Cristo mi fineza. . Tu error mira, No es error el que aspira a conocer a un Dios tan Soberano, tres veces las heridas por tu crueldad en Jorje repetidas, poderoso sanó, Dios es sin duda, el que la sombra de la muerte muda, venciendo poderoso, volvió a anudar el lazo prodigioso de la vida, teniendo en tanta calma yerto el cadáver, y suspensa el alma de Anatolio, hasta que para más gloria de mi conocimiento, segunda vez le respiró el aliento. Ese es mágico encanto. No tiene poder tanto la magia, pues violenta de espíritus impuros alimenta sus falsas vanidades; y sí, como tu dices son Deidades tus Dioses, y la macia gobernada de espíritus impuros es errada, no pudiera vencerlos, ni de su gran poder desposeerlos, su deidad ultrajando, que en tal ira, mas puede la verdad, que la mentira. Con permisión del Cielo obra tal vez el enemigo anhelo del espíritu infiel. . Yo lo confieso; . Qué espanto! mas no es capaz por eso, siendo solo criatura de ejecutar lo que la inmensa Altura toca del Criador, porque no excede la permisión: luego al demonio en vano le atribuyes poder tan soberano, como es, que en tanta calma disolviese la unión de cuerpo, y alma, que a este la suspendiese, sin darle aquella pena, que merece, y después por juicios soberanos, incomprensibles siempre a los huma oprimido esta verdal público. con mano poderosa restableciese unión tan prodigiosa; pues sola esta grandeza es permitida al Autor de la muerte y de la vida, Y quién que lo fue Cristo manifiesta? desciende, y los simulacros Tus Dioses mismos: la experiencia deja de Dioses mentidos. Atiende Pueblo errado, verás la ceguedad de tu pecado. O tu deidad engañosa, que en mentídos simulacros, con falsas Japersticiones te consagran holocaustos: en el nombre poderoso de Jesucristo te mando que respondís. Qué me ordenas? Que a ese nombre intento en vano resistirme. . Que a este Pueblo, de tu cautela engañado, Yo soy. digas quien eres. Prosigue. . De enojo rabio, qué te ga, a rique yo lo liga? La gloria de Dios que ensalzo. Di quienn eres. . E damonio soy, que infeliz ribitando estas estatuas, con vanas respuestas, cruel engaño la igabrancia de esta gante. Qué asombro! . Qué horror! Pues, ya que eres él le novio, confiesa, di quien reinando en tierra, y Cielo es el Dios verdadero? . Deja airado de atormentarme, no basta confesar mi mal? . No ingrato, di quien es el Dios eterno de la verdad? . Ya temblando confieso, que solo es Coristo Dios verdadero, Dios Santo. Cómo Curisto? . No lo dudes, (nos, pues del poder de su mano Pues al sagrado imperio de su poder, obediente a el triste espacio del abismo dragón fiero (es esta. . Ya desciendo despeñad , al centro de mis tormenco ( Acabemos con el diablo. Todo es asombros el Templo. Cuinto se ve es todo encantos. Has visto tu engaño? . No ̱. Pues qué juzgas? Qué tiranos g con supuestas ilusiones a p queréis turbar el sagrado culto de nueltras Deíla les. Teme el poderoso brazo del poder de Cristo. Son engañosos aparatos de vnase a magía. . Repara pres en do, que quien tanto pudo, que me dio la vida, puede quitariela. . Osedo, ames os daré la muerto. , . Eso solo deseamos. Mueran, pues, los dos primero, para ver si con su estrago teméis vosetros mis iras. Qué esperáis? . Venid. Ya vamos gasolos, a car la vida por quien mulló por salvarnos. . Señor, aunque yo dudesa con prodigios tan extranos me susvendo solo en Jorje que useis de clemencia aguardo, Yo tu piedad agradezco, y del empeño pasano te dejo libre, porque el martirio sobetano no me estorbes. Yo también a padecer me consagro. Ya, Atanano, y Alevandra murieron . Pues ya ha dejado lot mestra obligación este monstrun, este terano, i y a Anatollo un cuchallo Malo, corte la garganta. si éntrate yo en esta fiesto. Y ya que fueron entrambos compañeros en la vida, seanio en la muerte. El llanto apenas reprimar puedo. . Extraño rigor! Llevadlos. . Venid. Feliz, Dios inmenso, as por vos este ho ocausto. Y después que se ejccute el sacrificio, que grato a los Diosos de sus vidas ofrezco, rendido al raro peneficio de dejarme libre el alma, que os consagro, seréis mi esposa? . Qué dudas? Pues honor tan soberano no hay asombro que lo estorbe. Aunque a prodigios tan varios (ap inclinada me condesto, a vuestro precepta hidalgo, obediente estoy. . Fella mi amor, pues tal dicha alcanzo Piedad, Tiosario, Qué es esto? Que ya son sargriento estrago jorje, y Anaterlo Aií vergo del Cielo el agravio. Misteriosa luz ilustra sus cuerpos Eeran Cristianos hechizos, con que aún después de muertos quieren turbarnos. Qué gran lástima? . Sos cuerpas elhad al instante al campo a ser pasto de las fieras. 1. Oh bárbaros ciegos! 2. Oh ciegos tiranos. No es a vuestros ojos capaz el aplauso del dichoso laurel de su martirio, gloria de su trofeo soberano. El Cielo a mi intento ayude. Señora, a tus pies postrado te súplico, que intercedas, para que a mí de mi amo me entregue el cuerpo, y pueda llevarle con fiel cuidado Señor, al Valle de Aser su Patria. Na la he de negaros en el día de mis dichas, y más cuando en vos las gano. 1. . De Espáñoles Reinos proteción, y amparo, dará Jorge triunfos a Rayes Ctimanos, 2. De Aragón las Barras verá el Otomano ser triunfo a sus Lunas sus ardientes rayos. Señores, un a palabra: El Poeta poco atento, dejó la Comedia aquí. ̱ ̱ ilo Resinos saber, que del Cuerpo de San Jorge en varias partes ay Reliquias, que con celo venera la Iglesia Gringa, y los Espáñoles Reinos, dle grando su parrocinio: Y con este suplememo Alejandro de Arboleda, humilde servidor vuestro, da aquí fin a la Comedia del Camélico Perseo.
