Texto digital

Texto digital de Las canas en el papel y dudoso en la venganza

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XIV de Nuevas escogidas (1661).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las canas en el papel y dudoso en la venganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/canas-en-el-papel-y-dudoso-en-la-venganza-las.

Logo BICUVE

LAS CANAS EN EL PAPEL Y DUDOSO EN LA VENGANZA

JORNADA PRIMERA

Jo mula de Barrabás. Ah villanos atrevidos! Señor, que somos perdidos. No he de volver paso atras. Há mula de Lucifer! detente, que tras ti voy. 1. Mueran. A su lado estoy: cobardes, no puede ser; porque mi espada dará a vuestras culpas castigo. 3. Huyamos. . Detente. Digo, que he de seguirlos. r. Será poca cordura, antes trata dejarlos; pues se destruye quien al contrario que huye, no le hace puente de plata. Aquese consejo es, acertado, y le recibo, para quedar mientras vivo, agradecido a tus pies. El Conde hoy de Belflor, y el favor que he recibido, de mí será agradecido, que soy noble, y tengo amor, Vueseñoria perdone, no haber sido tan cortés como debo, con quien es tan gran Príncipe, y abone mi disculpa, que un soldado de Flandes recién venido, por no le haber conocido, no es milagro que haya errado, y deme los pies. . Agora mis brazos serán mejor. Que fue la causa, señor, que en el campo, y a tal hora ellos se hayan atrevido a tan gran temeridad? Desde la misma Ciudad todos estos me han seguido, darme muerte; mas creo, po que ya ha llegado mi gente. 3. Señor, qué es esto? Detente; pues ya la vida poseo por la valerosa espada de este brazo. Gran señor, al lado de tu valor ser atrevida, no es nada. Gracias al Cielo divino, que las mulas alcance; mas de mil pasos troté por volverlas al camino. Ha ladrona, como trota la rucia, mas ya imagina, que trairá aquesta mohina mi cansancio con la bota. Señor, tus maletas son las que ves, que me han costado el haberlas alcanzado, no pequeña trotación. Tu dinero traigo aquí, que porque no se perdiese, fue bien que yo las siguiese, y que te dejase a ti. No disimulo muy mal. que soy gallina por Dios; señor, tú, y yo, a otros dos. En huir no dices mal. Quiero que estos dos criados vayan a Madrid primero, que nosotros, que así espero quitar algunos cuidados, que en mi casa habrá, y el tuyo con ellos se ha de partir. Tu gusto se ha de seguir. De eso ta nobleza arguyo, idvolando, y abilad a mi hermana, y preveni! lo que os dije, ea pues, id. A Dios, pues. Con él andad. No me dirás la ocasión de esta pendencia a tal hora. Si Don Juan, escucha agora la causa de esta cuestión. Retíreme este Verano en un lugar de los míos, no muy lejos de Toledo, mientras pasaba el Estio; por huir del Sol los rayos entre arrayanes, y mirtos, que en verdes jardines forman Ciudades, y laberintos. A Toledo algunas veces me llevaban desvaríos de la juventud lozana, entre criados, y amigos. Y habiendo venido ayer a ver las fiestas, que hoy hizo, cuya plaza fue teatro de mil Venus, y Narcisos. Y después que se acabaron, por haber el Sol corrido las cortinas a la noche, por visitar a los Indios. Con un criado me fui por las márgenes del río, paseando por gozar de las frescuras del sitio. Mirando estaba en el agua las estrellas de oro fino de los cielos, y a la Luna, con resplandecientes bríos; cuando entre mil que venían paseándose, diviso dos mujeres, cuyo garno me pareció peregrino. Con cuidado las mire, siguiéndosas con el mismo) hasta que asiento tomaron, sin advertir que las sigo. En sentándose las dos, la de mejor talle dijo, que bien el viento a las aguas da frescura, y regocijo. De allí a otro pequeño rato se quitó un guante; mal digo, una aljaba, donde amor, cinco flechas ha escondido. Descubrió una mano hermosa, con quien los cristales fríos eran sombra, y eran noche, junto a los rayos divinos. Levantaronse al momento, para partirse, y yo sigo sus pasos, de aquella causa efetos bien conocidos. Séguilas hasta su casa, sin que de ellas fuese visto, donde llegando, se entraron, y donde muriendo vivo, Cuando en ella se metieron, y cerraron el postigo: como quedaría yo? a tu elección lo remito. Que dé muerto, quede helado; y cuando ya determino dejar la empresa, y la calle por entre una teja miro mal cerrada una ventana, que la luz por sus resquicios. libremente franqueaba un cuarto curioso, y limpio. Llégueme a ver, y por ella, viendo un Ángel, vi un prodigio de todas las hermosuras, en humanos apetitos. Vi una Ninfa, destrenzando los cabellos de oro fino, como al descuido revueltos, y por la espalda tendidos. Quito po le a, y mantro, bien honeso, y grarnecido. quedando la blanca olanda. sobredorados arminos, Pues qué miré! cuando luego con la mano de jacintos un pie pequeño levanta, donde con medias diviso de nacar, negro zapato, con los listones pagizos, con plata pagizas ligas guarnecidas de lo mismo. Al fin dispuesta del todo, para acostarse en un limpio lecho, curioso en extremo; y aunque no costoso, rico. Depontó el bello cuerpo, dando primero un suspiro, no amoroso, sino solo al descanso dirígido. Quedehelado; porque oí, que a una criada le dijo, que apagase las bujias, y cerrase los postigos. La criada obedeció, y yo quedé sin sentido; pues sin ver lo que me hacía, con su misma puerta envisto, que por descuido hallé abierta; y a dos criados aviso, que me aguarden, y yo solo ciego a entrar me detérmino, hasta el dichoso aposento, cuyo umbral apenas spiso, cuando ya sobresaltado aquel Serafín dormido, en viendo mi sombra, estuvo despierta, quede corrido, y admirada de mirar mi atrevimiento, me dijo: qué es esto? qué es lo que hacéis temerario, y atrevido? No os turbéis, le dije luego, que aunque es amor el prino y fin, de veros, señora, cortés os quiero, y os sirvo. Ya os conozco, gran señor, respondío; y así os suplico, que os volváis, que tengo padre, que con honor ha nacido. Mirad, me dijo, señor, que es Caballero, y ha sido valeroso; si bien falta valor en sus niervos fríos; más para vengar agravios tan cautelosos, no hay brío, que no cobre aliento, y sea arrogante, y vengativo. Yo le respondí temblando, no temáis ojos divinos, que no vine a disgustaros, si no a ámaros, y a serviros. Y así me voy, ella dando de agradecimiento indicios; dijo, ese amor agradezco, y aquesa humildad estimo en el alma: yo al momento salgo a la calle, y divido mi alma de aquellos ojos, aunque en el alma la imprimo más bien :no me vi en la casle, cuando de cuatro enemigos me vi embestir, y animoso, a mis criados ánimo; y fue tal la resistencia, que dejé a los dos heridos, y en fuga puestos los otros; y yo mirando el peligro, por encubrir el suceso, a Madrid me determino volverme, y adelantándome de mis criados, agritos me llamaron ápeeme, y epartados del camino aquellos hombres estaban, lo que pasó, ya lo has vido; pues que no cae en su engaño hasta haverme socorrido de tu valor, a quien debo esta vida, que la estimo, para pagar tu amistad, y estar siempre a tu servicio. Yo soy, generoso Conde, Don Juan Ladrón de Guévara, ilustre por mi apellido, conocido por mis armas. Es mi padre Don Alónso de Guzman, y de Guenara, de cuya casa se ha visto tanta nobleza en España. Soy natural de Toledo, cuyas famosas murallas de mis mayores, publican mis valerosas hazañas. En esta Ciudad insigne vive mi padre, con tantas muestras de su gran valor, cuando con pobreza extraña; porque él en sus verdes años, entre generosas galas, en mil fiestas, y torneos lo más de su hacienda gasta. Mas cuando vio que la muerte, con prolijas aldabadas, a las puertas de la vida colericamente llama: antes de su muerte quiso; que yo en esta edad lozana restaurase de su hacienda las perdídas temerarías. De tal manera, que intenta, dándome esposa, a la clara sangre mía, oscurecer por una mujer villana. Fla por extremo rica; mas de tan baja prosapia, que me obligo de mi padre a no respetarlas canas. El cual afligido en ver; que él no obedecerle causan de sus prolijos dislates, las desordenes pasadas. Piadosamente me dijo, con mil paternales ansias, que a mis años venideros, este remedio buscaba. Y que mírase que tengo una tan hermosa hermana, que no era la luz del Sol, ni más bella, ni más clara. Y que dándome mujer tan rica a mí; procuraba impedir de su hermosura desordenes, y desgracias. Yo con humildad entonces, y muy humildes palabras, previniendo mis disculpas, le di a su enojo más causas. Con lo cual, enfurecido me dijo Don Juan, no basta saber que este era mi gusto, para no replicar nada? Mas si tan honrado sois, esas soberbias bizarras, sirviendo al Rey en la guerra, valientemente emplealdas? Yo entonces le respondí, animándo me la hidalga sangre de mi noble pecho, adquirida, y heredada. Porque conozcas que tengo, el valor con que me ultrajas, dejar pretendo a Toledo, por Flandes, o por Italia. Y por el Cielo te luto, de no volver a mi patria hasta que con mi valor, con mi sangre, y con mis armas, tan grande, a poyos saque de las contrarias escuadras, que mi Rey agradecido, me premie, y me satisfaga. Con esto me despedí, sin que lágrimas bastarán, de mi hermana, y de mi padre, a detener mi jornada. Tomé la posta, y pártime, y como si caminara en postas de mis deseos, y de mi honor en las alas, llegue a Flandes, y he servido, a los hielos, y a la escarcha, desde que me apuntó el bozo, hasta haber crecido barba. En los ocho años primeros, después que por mis hazañas Alferez fui, llegué a ser Capitán, y en leis batallas campales, de mi valor he dado muestras tan altas, por quien de mayor Sargento tuve seis años la plaza. Determiné de volverme, y con estas esperanzas, y papeles fidedignos, vuelvo de Flandes a España. A Toledo llegué a noche, donde un amigo del alma, dentro en su casa me tiene, y ha prometido por cartas, favorecerme: y pártime, guardando la fe, y palabra, y jutamento que hice a mi padre, y a mi hermana, de no volver a sus olos, sin que el Rey por mis hazañas premie los servicios míos, para volvera mi patria. Con este justo deseo, haa Madrid caminada, cuando a valerte, tus voces. confasamente me llamas. Vite en peligro, dejé la mula en que caminaba, a defenderte acudí, de cuatro espadas villanas, Lo que has visto sucedio, y pues fue mi dicha tanta, en mi un esclavo tendrás, si el servirte es de importancia. Dame los brazos, y agora quiero que a mi casa vayas, a donde has de ser mi huésped, que quiero contigo honrarla. Beso te los pies, señor. Qué es aquello. Con extraña prisa hacia nosotros viene un Caballero. . Que causa puede tener? . Ya se apea. Quién puede ser? mas aguarda, ya le conozco, Don Luis. A la puerta de Visagra, hanías llegado a penas, cuando una mujer gallarda llegó a mi casa, y me dijo, que hiciese como esta carta, llegase luego a tus manos. Y viéndola apasionada, su peligro encarecía, y su muerte recelaba, si bien mientras que la vi estuvo siempre tapada. Despidiose, y oblígome, y nuestra amistad me manda venga luego en busca tuya, toma, y leela. . No hallan precio los buenos amigos. El ser amigos es paga. Conde, y señor, el peligro, está agora en la tardanza, toda esta noche mi padre con equívocas palabras, me amenaza con la muerte: el fue el de las cuchilladas, y a dos criados le heristeia; pésame de su desgracia. Que será, válgame Dios! que la color demudada, muestra el Conde? Aquesto es hecho, yo he de volver, pues fui causa de que esté en tanto peligo. Señor, de quién es la carta? Don Juan, por esta me avisan, que luego al punto me parta. A Toledo? . Sí, a Toledo, que hay peligro en la tardanza, y pues es fuerza el ir solo, tú con mi gente a mi casa te puedes ir, para honrar aquella humilde posada, como tuya. Favoreces mi humildad, beso tus plantas. Abrázame, a Dios. A Dios. . Él te guarde, Y él te traiga con bien, a verte otra vez. Para servirte en mi casa. Cielos, tan grande locura! en que bárbara Gentil pudiera caber?o vil causa de mi desventura! Tal enoso me acompaña, que no es el temor en mí vegez, si no honor, pues vi villana tan vil hazaña. Yo vi al Conde de Belflor, arrimado aquesas rejas, dando entre suspiros quejas; mira cual anda mi honor. Y di, tampoco has oído a la puerta cu chilladas? y de enemigas espadas el temerario ruido? Si yo a esa hora, señor, acostada estaba, fuera bueno que a mirar saliera de las armas el rumor? Si a mi puerta he visto yo, sangre fresca derramada, quien podrá ser la culpada, si por mí no se vertió? Que de noche cuchilladas, a puertas de una mujer, y no de mal parecer, y con tal desorden dadas. Lenguas son que están diciendo la causa, por quien se dan, campañas que a enterrar dan el honor que esta muriendo. Señor, cuando en mi apolento, los golpes de las espadas oigo, a ventanas cerradas, desde mi recolimiento muy mal te podrá informar de lo que pasa en la calle, mi retiro. . Para dalle más causa de sospechar, a mis recelos mejor, de tu respuesta se arguye, pues la evidencia concluye, las dudas de mi temor: dime, no me has confesado, que oíste las cuchilladas? El oír golpes de espadas nunca supone cuidado; y según señor, te empleas, sin que baste mi disculpa, en apurarme esa culpa, parece que lo deseas. Y si cualquier culpa aquí, ha de ser en ti una ofensa; no la averigues, y piensa que estás muy seguro en mí. Que yo por mi solamente, sin otra humana elección, conservo altiva el blasón de mi honor, y tan valiente en esta opinión severa a ser honrada atendí, que a no serlo yo, por mí, lo que es por ti, no lo fuera. Que el honor cuanto es mayor, sin mirar a otro respeto, se ha de conservar perfeto, tan solo porque es honor. En mí, señor, vive puro, solo por esta atención, ten tu por satisfacción la fe conque te aseguro. Pues no hay leyes tan casadas del honor, que quiera hacer que peligre una mujer, porque oiga unas cuchilladas. Tales razones escucho, viéndolo yo por mis ojos? Cesen, cesen tus enojos: mucho tarda el Conde, mucho. Vive el Cielo, que has de ver que casa es la que afrentas, que sangre, y honor sustentas, No hay quién me llegue a valer? tente señor. . Vive Dios, que te tengo de ahogar. No hay quien me venga ayudar? Cielo, socorredme vos, señor. A cruel arpía! Romped las puertas, qué es esto? de esa suerte descompuesto con una mujer? desvía. Quién eres tú que te opones mi enojo Quién procura estorbar esa locura, a que ciego te dispones? Quien tal defensor tenía, que mucho que se atreviese a ofenderme. No te pese- de ver la defensa mía. Sin duda que no has sabido quien soy, Conde, y podía ser que en matando esta mujer, que así mi honor ha ofendido; conozcas quien soy, y luego si defenderla procuras, verás que mis desventuras, te abrasan en vivo fuego. Y yo le suplico al Conde, que a tu enojo, y mi obediencia dé lugar. Sin su licencia, lo haré yo. Solo responde mi valor, que no es razón en mi presencia, dejar una mujer maltratar; pues llegué a tal ocasión. Pues qué importa? Tente, espera, y pues en medio me ves, no me hagas ser descortes, con quien ser cuerdo quisiera. Y pues que por tu valor, y tus años te respeto, ten de mi mejor conceto, si es mi calidad mayor, que la tuya. ̱. Qué livianas palabras: qué mientes digo, y a sustentarlo me obligo. Tendrete yo de las canas, ducas locas sin seso. C Ay de mí! Tente, señor. Y por si tuvo mi honor, alguna deshonra en eso, las canas te he de arrancar. Repórtate. . Para ver si me ha podido ofender, un liviano caducar. Vive el Cielo. No me obliges a mas rigores, desnpía. Siendo ya la vejez mía, a quien soberbio persigues, tan caduca, poco haces en derribarme en el suelo. Yaún de esta suerte recelo, que a mi honor no satisfaces: vente conmigo, pues da la noche lugar. Para llorando acabar, medrosa, y triste te siguo. Espera enemigo, espera, vil afrenta de mis años; y tu causa de mis daños, que vas huyendo lijera. O quién seguirte pudiera, con las alas de su honor, para que vieras traidor, la sangre, y valor que heredo! Mas si vengarme no puedo, morir llorando es mejor, bueno enemigo me dejas, afrentado tantas veces, buenos blasones, mereces, de quien cobarde te alejas? E ternas seran mis quejas: pero yo quiero coger mis canas, que podrá ser si mi suerte lo dispuso, que quien las manos les puso, los pies les vuelva a poner. Que he de hacer, triste de mí! a quien pediré consuelo? pero ya triste recelo, que no le habrá para mí. Que tal afrenta sufrí? mas no es mucho que me asombre, nadie por hombre se nombre, cuando tan sin honra está, porque es él respeto ya solo la espada en el hombre. Quiero a mi hijo escribir, que a vengar su honor se parta, y ojala pueda la carta entre mis suspiros ir. Hola, nadie quiere oír, toda la casa está en calma viendo que llevo la palma, de mis glorias un traidor, y es un cuerpo sin honor, cadaber seco sin alma. Espera enemigo mío, que presto verás; y presto en mi venganza dispuesto, otro diferente brío. Ay Don Juan! hay hijo mío! a escribir la desgraciada suerte mía voy: airada pena, yo muero en suma: ola, dadme tinta, y pluma, en vez de escudo, y espada. Qué es tan galán? Por mi vida, que es galán, y cortesano, y que con razón tu hermano, a que le honrase te obliga. Afe que le alabas bien. Y que no te pesa a ti, oírme decir a mí, sus alabanza De quién? De Don Juan. Estas sin seso, aqueso has de sospechar? yo gusto oirle alabar, mas no de qué pienses eso; líbreme Dios que yo ame a nadie, No puede ser. No deseo qué mujer el mundo; Julia, me llame, sino piedra helada, y fría, en materia de afición pues sabes mi condición. No digas señora mía de esta agua no beberé, que a tal puede ser que vengas, que gana de verle tengas, y no halles quien te la dé. Pero aquí viene Don Juan, como le diste licencia de verte. Buena presencia, por mi vida que es galán. Vueleñoria perdone, el no haber antes llegado a lo que estoy obligado, y mi cortedad abone. Pues él no haberla servido conforme mi voluntad, de mi justa cortedad legítima causa ha sido: y de me agora sus manos En quien de esta casa es dueño, bizarro, y corres, que empeño, los cumplimientos son vanos, pues de hoy más te ha de servir por la justa obligación, de sus dueños. No es razón mi señora, no advertir que la merced que recivo de aquese heroico valor, y del Conde mi señor, a quien obligado vivo, jamás pagarla podré, honrándome de ese modo. En quién es dueño de todo, acertada cosa fue. Dame albricias señor mío, damé albricias. Yo las mando. Y vos hermosa señora, en cuyos limpios capatos, pongo mi boca, y deseo no solamente besarlos, si no las uñas que encierran, pues son de amor garavatos, donde cuelgan sus deseos, los amantes más bizarros. Buen humor. No tengo mucho, que con purgas, y riobarbos, me le ha sacado del cuerpo, un ladrón de un Boticario; pero el que tengo será para serviros. Borracho, vienes en ti? Si señor; mas agora ponte un tanto, que por Dios que no lo escupes. Este es un desatinado; perdonalde. Por mi vida, que tengo para estos casos yo, más cuentas de perdones, que hay en cuarenta rosarios. De qué me pides albricias? De que tu hermano ha llegado, y de que ya viene a verte. Buenas albricias te mando, valte fuera. Tengo peste? Tienes al menos enfados de necio. . Si de ellos huyes, vete a meter Ermitaño: mas el Conde viene aquí, lindas albricias aguardo, cobrarelas, porque soy ejecutor temerario, Seas señor, bien venido. Don Juan, el primer abrazo, ha de ser tuyo, . . Y yo quiero sin formar celos, ni agravios, pedir hermano el segundo. Dios te me guarde mil años, Cómo vienes? Con salud: y porque un negocio traigo, que consultar con Don Juan; vete Doña Ana a tu cuarto, y perdona por tu vida. Ya sabes que puede tanto tu gusto en mí, que no hay cosa que pretenda yo estorbarlo: galán es el Forastero; ven, y sabrás del Criado, si es casado, o tiene dama. Parece que te ha picado? No, pero es curiosidad. Ya le miras con cuidado. A Dios. él te guarde: quiero Don Juan, pues solos estamos, decirte agora la causa, porque a Toledo volando me volví, cuando de ti fuy socorido en el campo. Aquel papel que Don Luis, me trajo con gran cuidado, era de aquella mujer que te conté, que llorando con palabras amorosas, el peligro recelando, en que por mi estaba puesta, que a darla favor, y amparo, me pidio que allá volviese, temiendo también los daños que sucederme podían, a no valerme tu brazo. Pero apenas de Toledo llegué a las murallas, cuando dejando en cas de Don Luis, las espuelas, y el caballo, sin llevar más prevención, con él a la calle parto, donde la que adoro vive, siendo de la noche el manto sagrado, que me defienda de los débitos pasados. Llegue al umbral de la puerta, donde de aquel soberano Ángel las voces escucho, a mis oídos llegaron. Rompi la puerta, y entre a saber lo que es, y hallo, que una caduca vejez, con intento temerario ahogar la pretendía; Y yo entonces, no mirando que era su padre, de verlo colerico, y arrojado, le dis pero no te quiero dar disgusto en escucharlo, Solo digo que al momento, de entre sus brazos lasaco: a pesar de su velez, y de sus pocos criados, la llevé conmigo, y puse en un coche, que volando me la traslado a Madrid, donde la tengo, y la guardo de quien la quería ofender, Y pues que de ti he fiado este secreto; camina que quiero que los dos vamos, donde veas de mi fe, los amorosos cuidados. Vamos, señor, que el servirte, me toca por tu criado, Soy tu amigo. Soy tu hechura. Mucho me vas obligando. Ya que se han ido. Que quiere darse a conocer aquí, sin que huela a mequetrefe? Esta acción a esa beldad, que el Cielo sigios conserve, sin que se marchite el nácar, y sin que se aje la nieve. Se postra aqueste Soldado. para besar el ribete, y último de esa basduiña, si soy dino que le bese. Lindo humor tiene el Soldado. Porque los malos no alteren, este cuerpo miserable, al bueno que los precede, la primabera pasada. Gálico morbo me fecí, egrotante de hospital, en la cama diez, y siere, donde gaste en treinta días, hecho alquitara perene, todas las bascosidades, que a un cuerpo humano le ofende. Y así con el buen humor, que único, ya permanece, os vendigo, admiro, alabo, como aprodigio celeste. Estimo esa voluntad, en el grado que mereces, que eres muy del gusto mío, en lo jujetón, y alegre. He campado entre las damas de Milan, siendo el sainete de todas conversaciones. Mereces que te celebren; como es el nombre? Mi nombre temo que al oírle, dejé pegados los dos oídos. Porque? Porque tenazmente, se pegan cuando me nombro. Pues aunque al oír se peguen lo has de decir, Si haré, si tienes gusto en saberle, mi nombre es Pascual Zerote. Zerote? Sí, decendiente, de Guillermo de tesina, y trementina Gutierrez, mis padres que Dios perdone. Nací en la noche de un Viernes, en casa de un Zapatero, donde los dolores fuertes, la forzaron a mi madre, para que allí me pariese; y porque de este oficial, viva la memoria verde, hasta las posteridades, dijo al Cura me pusiese por nombre Pascual Zerote, para que en todo concuerde, con resina, y trementina, mis honrados ascendientes. La derivación es rara. Es muy hija del caletre, de mi buen padre, que fue mas discreto que holofernes. Tu amo, di, tiene dama en Napoles? a dónde tiene casa, mayorazgo, o tenta, o es casado? No pretende sar tan Porqué? Es hijo muy obe diente, Es muy galán. Ese nombre, entre las damas adquiere. Ah dejado aviente alguna tu amo, di? . Qué pretende esta con tantas preguntas? sin duda que ya le muerde el alquitrán de Cupido, y disimular no puede: muchas ha dejado allá. Suyas? No, que fuera hacerle gran Turco, y tener Cerrallo, dejo todas cuantas tiene en Napoles, que a traerlas le faltarán palafrenes, coches mulas, y borricos: esta mujer que me quiere? Acaso privas con él? Si mozuela, grandemente, yo soy el único urón, del más oculto retrete del estomago, y entrañas. Cuanto hace, cuanto entiende, todo me lo comúnica: mozuela de ojuelos verdes, no te vayas tan aprisa. Di Zerote, que me quieres. Quiero mirar esa cara, quiero ver ese luquete de los brindís del amor, quiero amarte a lo valiente. Graciosa es la moza, ay Dios! ya Zerote se enternece, y si llega ha derretirse, fuerza será que se pegue: di cómo te llamas? , Julia, mpliere. para lo que tr cu Julia mía, Julia amada, no te vayas, no me dejes, no te despidas tan presto: o que graciosos mofletes que tiene la cachotrilla, como un almibar parece. Zerote, que es lo que mandas? Que me quieras, y quererte. No miras que soy doncella. También soy de los donceles, que gobernaba el Alcaide de Antequera, y de los Velez: Doncellita eres pollvela, dicesme verdad, o mientes? Pura la verdad te digo. Aguada la quiero siempre: quérrete más que a mi alma, Que a tu alma? Seré siempre quien te adore. Cuanto? cuánto? Mucho; mucho. Hay como mientes! La verdad te digo, Julia. Serás mi marido? Aquese. es punto muy apretado: seré lo que tú quisieres, toca, toca. . Toco, toco. Démonios sois las mujeres, si yo me casare, digo, que dos mil diablos me lleven. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Dejote el Conde en mi casa, que como dices te adora, y en ella estarás, señora, mientras esta furia pasa de la estrella que te sigue; bien regalada de mí; no porque quiero que así al Conde a pagar le obligue los servicios que le hiciere, que de niño le he criado. Cumples como fiel criado. Yo quiero aquello que el quiere; servirte, señora; espero, porque conozcas mi fe; mas el Conde viene allí, yo me voy. . Fía de mí. ya que de ti me fíe. Ya mi bien, has conseguido, lo que tanto has deseado; ya llegas a ver logrado el haber aquí venido. Fineza de amante ha sido aventurarte a tener, penas en que padecer, que mi alma ha de sentir: mas lo que tú has de sufrir me toca a mi agradecer. Tormento de un firme amor es la igual correspondencia; más esté es su quinta esencia, que no puede ser mayor. Si me obliga tu valor con méritos cada día, que mucho que en mi porfía, con las finezas de amarte, quiera mi bien obligarte un alma que ya no es mía, La constancia de mi fe, que en censuras no advirtió, a todo me aventuró, y así en nada reparé. Mi patria, y padre dejé expuesta a cualquier suceso; y no es lo más este exceso, que dejara, pues te adoro, por ti de Midas el oro, y los tesoros de Creso, ̱ Del haberme detenido en venirte a visitar, si bien no tuve lugar, humilde perdón te pido. Dime, te has entristecido? puesta la mano en los ojos, mi bien: cesen los enojos; pues el ver tanto rigor dudar ha hecho mi amor, mirando aquesos despojos. No te espantes; pues en ti veo Conde, y señor mío, el injusto desvarío con que mi honor ofendí. Contemplo de un padre viejo las por ti ofendidas canas, y que en penas inhumanas, solo, y sin vida le dejo. Y por eso de esta suerte mi afición dudosa está, como el que luchando va entre la vida, y la muerte. Mas si tú quieres, señor, bien lo puedes remediar, con quererte aventurar a ser premio de mi amor. Mi afición conocerás, y que de aquesta manera, la que ser tu esclava espera, no es posible amarte más. Que si entonces tu afición, que esto quiere que te arguya, para hacerme, Conde, tuya, no buscaba información. Como agora te reusas, que en mi resistencia ves a tu amor, si es que amor es, si de ser firme te excusas? Pero si acaso el temer, que mi calidad no es tal, que sea a la tuya igual, yo te haré, Conde, entender, como de esposa la mano quieras darme, que en razón de nobleza, y opinión, el pariente más cercano de un Rey, puede mi nobleza sus razones emplear, y para dueño estimar, que yo admita su grandeza. Pero si en el interés la sangre se ha de juntar, poco en mí podrás hallar, que poca mi hacienda es. No pases más adelante, que más no puedo querer, si en tu beldad vengo a ver la riqueza más bastante. Y si palabra, señora, de ser tu marido aquí no te doy: no es porque en mí falta voluntad agora. Quiero poner en estado, hermosa Elvira, mi hermana, que es su beldad soberana: aquesto me da cuidado. Pero palabra te doy, que en casándola, has de ser dueño mío, y has de ver la obligación en que estoy; y en señal te doy la mano. Y yo, señor, la recibo. Que favor tan soberano! Ya eres mío? No hay dudar, que te tengo de servir. Si lo llegas a cumplir. que más dichoso, esperar! Ni que más dulce consuelo, y a Dios con esto, Después me volverás a ver? A Dios, pues, C. A Dios Conde. A Dios mi Cielo. Que tal me haya sucedido? Jesús, Jesús! Ves al diablo? que alzas los ojos al Cielo? que tienes? estás borracho? de que agora te suspendes? de que estás tan espantado? haces papel de celoso, u representas acaso en esta Comedia tú, papel de desesperado; que según te miro triste, retorciéndote las manos, hablar sin formar razones, mordiéndote entrambas manos, o estás loco, o no te entiendo, o has perdido, o has jugado, o eres figura que quiere dar a entender que sabe algo de importancia, sin saberlo, o te imaginas. . Aspacio, aspacio Julia, que basta, para lo que estás mirando, que estoy casado contigo; mas puesto que fui forzado, yo sabré lo que he de hacer. Eso le embaraza tanto. No quieres que me embaraze, cuerpo de Cristo, es bocado para tragarle, sin qué reviente, por no mazcarlo, Señores, que diese en mí agora este ramalazo; porque la vi dos sortijas, y me mercó unos zapatos, por tan corto dote, Cielos! No se encolerice tanto, que en mi conciencia que estoy por pedir divorcio, Vamos luego al instante, tú, y yo llamaremos el Notario, para que empiece el proceso; y porque no falte paño sobre que escribir la causa, yo te daré con un palo muy bien, en esas costillas: querrás más? Que esté escuchando esto a un pícaro! Qué quieres? es mal año de casados este, sin duda ninguna: llévenme cuarenta diablos, si no te quisiera ver en la ala de un tejado, caer desde abajo arriba, y hacerte dos mil pedezos. Yo lo serviré, Rey mío. Julia, el peor estado. que hay en el mundo, os aqueste; no hay disgustos, no hay enfados, que no tenga el que se casa. Luego está desazonado un hombre, todo le cansa, y luego es el dedo malo de su casa; todo topa en él; todos son cuidados: La mujer a todas horas le está siempre atormentando; si la mira, la ve triste; si la llama, está llorando; si la pregunta que tiene, le dice, que se ha acabado el dinero, y que ha sentido un gran dolor en un brazo, que la llamen al Dotor, que vayan al Boncario por más de cincuenta cosas; si uno lo siente, es tirano; si se enoja, es imprudente; ya régala, es un falso; si alza la voz, los vecinos vienen luego alborotados, y cada uno de por sí, la reprenden muy de espacio. Que es un Ángel la señora suele decir un barbado, y muy fruncida una vieja, que es lástima ver el trato que le hace el marido, hay hombres, dice una doncella, cuantos hay en el mundo, merecen estar en fuego abrasados. Lo que pasa esta señora, con rostro muy ponderado dice una casada, y todos, siendo al marido contrarios, le quieren beber la sangre, sin advertir en el caso presente, la sinrazón, que está el triste hombre pasando. Pues que; cuando llega el día, la criada que va al rastro, con que desvergüenza llega a pedir para recado. Ves aquí para tocino, para verdura, y garbanzos, para carne ya te di, no ha dado uste; si te he dado: cuando? agora: qué es aquesto? que siempre has de estar silando: mal haya tan mala moza: cuéntalo, ya lo he contado; y sobre si dio u no dio, cosa que importa dos clavos, se levanta una pendencia, que le dura todo el año. Pues qué, cuando tiene niños, y estor tales no han llegado a pedir la caca, luego le dicen al maridazo, mire que se ensucia el niño, Tráígámele aquí volando, donde le echa el perégil encima de los zapatos. Vive Dios, que el que se casa, que debe de estar borracho, o que le engaño el demonio, o no quiere ser Cristiano. Si hubiera yo de decir, lo que nosotras pasamos, no acabara en treintadías; pero estas cosas dejando: dijistele tú a Don Juan, como le quedó aguardando mi señora. Ya le dije: pero ellos vienen hablando, voyme a consolar agora a la taberna entre tanto, con otro amigo, que vive como yo tan mal casado. Que notable atrevimiento es elimo! estoy turbada! si vine determinada, ya turbada me arrepiento. Que fingular hermosura! Sin alma estoy! estoy ciega: mas como a hablarme no llega? yo tengo poca ventura: que tengo, que estoy temblando? quiérole dar un favor, dándole a entender mi amor, sin mostrar que muero amando. El guante se te ha caído. Poco a mi amor corresponde: dónde está mi hermano el Conde? En Palacio, no ha entendido: el guante se te cayó. A mucho mi hermano te estima: que este favor no le anima? Bien la entiendo; pero yo . me precio de Caballero, y no he de ser desleal a un amigo tan leal; pues quiere lo que yo quiero. Poco presumo que estimas mis prendas. Porque, señora? Pues cayendóseme agora, a aguardarlas no te animas. Antes es mayor decoro, y a volvértelas me animo; pues por tuyas las estimo, y por tales las adoro. A estimarlas tu Don Juan; presumo que apetecieras a su dueño, y que quisieras estar donde ellas están. Desde el día que llegaste a mi casa, ay Dios! direlo? pero que he de hacer, recelo que el corazón me robaste: no pretendía decir esta amorosa pasión, hasta que mi corazón quiso a la boca salir. Estoy tan agradecido a la merced que me has hecho, que es corto lugar mi pecho, para un favor tan crecido, Y con toda el alma estimo, el verlo que me has honrado, aunque por ser desdichado, a servirte no me animo. Débole al Conde tu hermano, amistad tan peregrina; que a perder tu amor me inclina el bien que en el suyo gano. Y te juro; que es de suerte el amor con que te quiero, que en ansencia tuya, espero solo el rigor de la muerte, Pues casándote conmigo, Juan, que amistad ofendes? Antes bien, mi honor defiendes. El que es verdadero amigo, de tal suerte lo ha de ser, que en todo guarde lealtad: esto debo a su amistad. Que poco sabes querer. Y agora quedá con díos, que mucho a mis ojos temo. Qué amigo con tanto extremo. Somoslo mucho los dos. No es posible que has amado, pues me dejas de esta suerte. Si vuelvo, señora, a verte, dejaré de ser honrado. Qué es esto señora mía? cómo te deja Don Juan? como con nubes están tus soles al medio día? No lo sé, castigo ha sido del amor que del burlaba, que las flechas de su aljaba, dentro en mi pecho ha escondido. Yo dije que era vileza tener amor; mas ya veo, que mi amoroso deseo, a darme tormento empieza. Si tú quieres que te dé un remedio, fía de mí, que antes de mañana aquí a Don Juan rendido; di, el no dice que te adora, y que por guardar lealtad de tu hermano, a la amistad, va huyendo de ti señora? Si Julia. Pues con engaño he de ponerte con él. Qué dices? Si ha de ser él el remedio de tu daño, siendo tu matido, que hay que temer? ven. Tan ciega mi alma al remedio llega, que lo que dices haré. O amor a lo que me pones por tu causa! Ventras mí. Camina, que voy tras ti, llena voy de confusiones. Yo to digo la verdad. No es posible, no lo creo, aunque tan grandes fortunas que persiguen, que sospecho, que para acabar mi vida, que ya a los umbrales veo de la muerte: el cielo ordena tales acontecimientos. Escribí a mi hijo a Flandes el lamentable suceso de mi honor, y le mandé, que viniese a España presto; y cuando estoy esperando algún amigo, algún deudo, que venga a decir, que salga a recibirle, y a verlo, me vienes tú, Pedro, a dar de nuevo tales venenos? a quitarme nuevas honras, y a dar mayores tormentos? Mas no es posible, sin duda, que si a tite lo dijeron, pretendieron engañarte, para afligirme de nuevo. Ya te dije, que ayer vine de Madrid, Ve prosiguiendo. Y en el patio de Palacio entre apenas, cuando veo junto al Conde de Belflor, y con otros Caballeros, a Don Juan. A Don Juan? . Sí: quedé de velle suspenso, pensando que de su honor sabia ya los sucesos, y que a vengar los venía; mas no fue así, porque luego al salir, vi que los dos en un coche se metieron, y amigablemente hablando se fueron a casa, y dentro entraron a penas, cuando le pregunté a un escudero quién era, y me dijo, es Don Juan de Guénara, espejo de la amistad, del valor; pues viniendo de Toledo el Conde, fue de unos hombres acometido soberbios; y Don Juan, que llegó entonces le sacó libre de entre ellos: quien pensara que allí fuera tu hijo, el impedimento de tu venganza; pues yo con tres cobardes aceros le embesti, cómo te dije, la noche de aquel suceso. En fin, el Conde, me han dicho, que en justo agradecimiento a su casa le llevó, donde más que el Conde mesmo, y tanto le estima que Que calles por Dios te ruego; pero prosigue mi infamia, para darme más veneno. Después de esto le hace el Conda amistad, con tanto extremo, que un Abito de Santiago verá muy presto a su pecho. de aquestas cosas presumo, que sabe Don Juan los hierros de su hermana, y disimula, que el yerro dorado, es bueno. Mira, pues, si de admirarme legítima causa tengo, viendo ya el furor de Marte, rendido al gusto de Venus. No sé qué te responder, porque me falta el aliento; y el alma con las palabras, en el pecho helado, siento. Déjame, que de mis ojos lágrimas distile, siendo las alquitaras, que al alma le van quitando el sustento. Es posible, que mi hija tan humildes pensamientos tiene, que del Conde sufre injurias, y menosprecios? Es posible, que dejase mi casa, con deshonestos pensamientos afrentarme en casa de un Extranjero? y que mi hijo de Flandes haya venido? qué es esto? a ser infame, en Madrid: puede ser? puede ser, cielos! Aprendio, siendo en Madrid, una deshonra, un nibelo, de mi honor, y de mi casa, un desordenado incendio? Tal afrenta, tal agravio, y que loco no me vuelvo en aquestas confusiones? Vive Dios, ha quien aquellos pensamientos, y desgarros tuviera, que tuvo un tiempo, para hacer, mas ay de mí! que apenas tenerme puedo en los pies; y estas brabezas no son aquí de provecho: Pedro, ponte de camino, que quiero partirme luego; vanmos los dos a Madrio, donde si antes no muero, conozcas en mi castigo, si he de emplear pensamientos de mi afrenta; pues sin alma dejo ya el difunto cuerpo. Como digo, llegó a mí, cuando con mudo silencio descogió sobre nosotros la noche sombras al sueño. Un hombre embozado, a quien fue imposible conocerlo; pues por encubrir la voz me habló con mudos acentos, y me dijo, que una dama de lo más rico, y más bueno, y más noble de Madrid, con calificados deudos, estabal por mi desuerte enamorada, que siendo atrevido yo en entrar, donde por él fuera puesto, a verme a solas con ella, sería dichoso encuentro; pero que había de ser de tal manera, que yendo, no había de ver las calles, ni las paredes, ni el suelo; ni que el rostro había de ver de la mujer; pues cubiertos había de llevar los ojos, hasta el dichoso aposento, donde a escuras me esperaba. Dile palabra de hacerlo, y a qui aguardando le estoy, que esta es la hora, y el puesto, que entre los dos señalamos. Pero después advirtiendo esta locura, no quise ignorases el suceso, para que siendo in tu persona, y tu consejo, lo que te parece digas; pues por amparo te tengo. Tiene Don Juan, esta Corte tales acontecimientos, que a quien no los trata, ha sido difícil cosa el creerlos. Mas pues diste la palabra de ir allá, ve satisfecho, que soy tu amigo, y estoy a tu defensa dispuesto. Don Luis, y yo te esperamos escondidos, en el hueco de esta puerta, parair siguiéndote desde lejos; y hasta la puerta llegando de esa casa, esperaremos cualquier cosa que suceda. Y yo también te prometo de guardarte las espaldas Que las volverás, es cierto. Que es volver, pónganme aquí cuarrocientos hombres luego, que si ellos se levantaren perderé el salario entero, que he de ganar en un año: mal conocen mis aceros, soy la parca de las vidas. Retiraos, que el hombre siento. Ve animoso a conquistar ese encantado embeleco, de aquesta encantada dama. A verla sin ojos vuelvo. Qué fuera, señor, que hallaras un rostro arrugado, y seco, con más unto que una ojaldre. Poco se pierde hasta verlo. A quién digo? sois Juan? El mismo soy. Con silencio importa que me sigáis. Con él os iré siguiendo, Venid, porque he de cubriros los ojos. Que más cubiertos; pues sin ver adonde voy tales locuras emprendo. De esto me darás las gracias. Caminad, pues. Esto es hecho; pues que la noche es oscura, caminad Don Luis tras ellos no los perdamos de vista. No hayáis miedo. Hay tal suceso! Plega a Dios que en esta empresa no nos peguen pan de perro. Abierta tengo la puerta esperando al Escudero, que ha dos horas, que a traer fue a Don Juan; pero ya entiendo que vienen juntos los dos: que digo? sois vos Aquero? Yo soy. . Y Don Juan? También. Sois mensalero discreto. Que alcahuete no digáis, a mucha dicha lo tengo. Ea entrad. . Guiad. Ya voy delante como cabestro. No entraron aquí, Don Luis? Aquí entraron. Santos Cielos! no es esta la falsa puerta de mi casa? no son estos de mi casa los balcones, que sobre el cuarto del guerto caen? Ellos son. . Pues cómo, tan locos atrevimientos se ejecutan en mi casa? Con todo ha dado en el suelo el buen Don Juan, escurrirme será agora lo más cierto, aunque deje a mi mujer: pero si yo la aborezco, que mucho será el dejarla. . Mas para que me detengo, dando lugar al agravio? vamos Don Luis, vamos presto, por la puerta principal, antes que se encienda el fuego de mi honor, y al suelo caigan los omenates soberbios de mi altiva presunción. Oh amigo traidor: o fiero basilisco o loca hermana, si tú has sido ten por cierto, que en tu sangrefementida he de teñir este acero. De la locura que hice, ya medrosa me arrepiento, y entre estas oscuridades sombras piso, y de un cabello tengo colgada la vida, entre el temor, y entre el miedo. Ciego amor, pues con locuras, Recelo buscas a mi mal remedio. que bien te llamaron niño, que bien te pintaron ciego: pasos siento, estoy turbada, ay de mí! Sigue con tiento, pisa con tiento, señor, no te sienta el pensamiento, a señora, donde estás? Aquí estoy, que es lo que has he. Agora estás encogida? muestra la mano, acabemos, a que aguardas, a que el Sol, salga con vergüenza a veros? Aylbella mano aunque no soy tan dichoso que os veo, ya por el tacto os conozco, de tu veldad los extremos, a la boca, y a los ojos, atrevidamente os llevo, si bien quisiera en el alma como a reliquia poneros: como mi bien no me habláis? si esta merced os merezco, oiga yo de vuestra voz los sonorosos acentos: que teméis? Que por la voz me conozcáis. Eso quiero señora mía, para ser humilde criado vuestro. Ay de mí! perdidos lomos, en casa hay notable estruendo, Triste de mi! muerta soy. No temáis, uyo os defiendo. A dónde están los villanos? romped las puertas. señora, que sacan luces. Hoy me ponen el pelició, a porser de cardenales, hecho un romano colegió. La cara quiero cublirme con esta banda. Prevengo en tu denfersala espado (cho? . , ̱̱, - No que de ninguno de ellos con vida, démosle muerte. Conde mi señor, qué es esto? no dijiste que venías a defenderme? sol pecho que quien palabras no cumple, no puede ser Caballero: esta sin duda es su dama . En gran peligro me veo. Has dicho bien, yo te di la palabra, no la quiebro: matalde; a tulado estoy no temas, pues te defiendo, Qué es esto Conde? Don Luis, dos obligaciones tengo: es la una, de ayudar a quien di prometimientos de ayudarle, y es la otra, dar la muerte a quien ha hecho tan fiero agravio a mi honor. Y así a mí mismo sujeto, digo a voces que matéis a quien me agravia, mas luego, por cumplirle la palabra, le defiendo al mismo tiempo. Conde, pues yo te ofendí? que dices? está sin seso? Agora verás Don Juan. mis agravios; quita el velo enemiga, de la cara, mejor está descubierto, rostro que está contra mí, de tantas deshonras lleno. Agora verás Don Juan, si con justicia condeno, de aquesta enemiga hermana, los lascinos pensamientos. Bien sé que contra mi honor no tienes culpa, no quiero que lo digas, puestu oismo Gaurando el detrimento de mi honra, me pediste para este caso consejo. Pero pues en este caso, solo hay culpa en el sujeto de aquesta enemiga hermana, dándola muerte pretendo vengarme, Hay hermano! Conde, que me oigas te ruego; Sin saber a donde vine a tu casa me trujeron, tu mismo me has disculpado, mi lealtad ya has descubierto. Ya yo soy la causa, Conde, de este atrevimiento, y siendo noble, como soy, me toca el defenderla, o no serlo, Si ya me diste la vida. mi inocencia conociendo, porque me quieres quitar, Conde, la fama que tengo, dando la muerte a tu hermana? Antes, pues estás resuelto a matarla, para entrar abre primero en mi pecho la puerta, con esa espada, y mátame que con esto, tu tendrás venganza Conde, y yo que a mi opinión quiero, mas que a mi vida, tendré más fama después de muerto, Entre tantas confusiones, en mil dudas voy, y vengo; por una parte la infamia. de esta enemiga contemplo; y por otra de Don Juan, tanto valor considero, que no se que parte eltía. Mira Don Juan, yo pretendo. tu amillad, y mis agravios remediarlos con acuerdo, después a solas, tú, y yo, con más espacio hablaremos, sobre lo que más convenga a mi honor, y a tu derecho. Pero entre tanto mi hermana, ha de estar en un secreto lugar, donde yo la ponga; y porque pendiente dejo de tus nobles confianzas, y mis honrados intentos, que esto ha de ser hasta tanto, que algún remedio busquemos, para mi honor convenible, y a tu lealtan de provecho. En todo muestras, señor, tu nobleza, y claro ingenio: tus pareceres elijo, y a tu gusto me sujeto: mira que me das palabra, como noble Caballero, de no ofender a tu hermana, Si yo la quebrare, el Cielo me castigue. Pues a Dios. Él te guarde. ̱ . Bien se ha hecho, Doña Ana vente conmigo. Donde llotando, y muriendo acabe Hay honor! quién puso en la mujer tan gran peso? Admirado estoy, de ver tales cosas. . . Amor ciego! que podías tu causar si no tales desconciertos? JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Vuelve otra vez a decirme Urbano, que no lo creo, como en su afición deseo ver al Conde amante, y firme. Pero sin duda que fue, relampagó que pasó su afición, que se ocultó, aón cuando apenas se ve, o fue ayer aquel fingir, en su mudable costumbre, llamarada de la lumbre, cuando se quiere morir. Esto que te digo pasa. Infelice fue mi estrella! y supiste quien fue ella? toda el alma se me abrasa! dio con esto a mi esperanza, cual mudable, galardón, porque es ya la posesión, víspera de la mudanza. Qué se casa? Hay ial maldad? y que te lo dijo así: Digo, que me dijo a mí, que con mucha brevedad, avísase que en cuidado tiene cosas semejantes, Es posible? No te espantes, que es hombre, y se habrá mudado: se que unolicencia tiene, para hacer un casamiento secreto en su casa, siento que el Conde a engañarte viene. Ha traidor! esta es la fe, y palabra prometida: mas si me cuesta la vida, mi afronta satisfaré: tal desprecio? tal agravio a una principal mujer? Señora, lo que has de hacer, es buscar modo más sabio como estorbarlo, y no des voces. Si el mal me provoca a dar voces como loca, pues tanta la ocasión es, déjame, que el mal que siento, quiere hacer que con rigor, tras el ya perdido honor, se pierda el entendimiento. Así proceden, así, los Caballeros, los nobles, engañan con tratos dobles; pues no pienses que de mí, se ha de vurlar, ven conmigo a su casa; y podrás ver como sabe una mujer, vengarse de un enemigo. En tu defensa, mi vida será poco aventurar. Pues hoy tienes de mirar esta esperanza cumolida, o has de ver que mis enojos, con el llanto que me anego, el alma despide fuego por la boca, y por los ojos: porque más vale morir a sus rigurosas manos, que en males tan inhumanos, tan afrentada vivir. En defensa de tu honor, a tu lado me tendrás. Agora ingrato verás, de una mujer el valor. Que me llamaste, un criado me ha dicho. Verdad te dijo, quiero pues por él te aflijo, darte parte de un cuidado, para aquesto te he llamado Don Juan. Y yo diligente, a tu recado obediente, fiado de mi lealtad, vine a ver tu voluntad. Escúchame atentamente. Confieso Do Juan aquí la obligación que te tengo, ser tan grande, pues que v engo a tener vida por ti. Dísteme la vida allí, y yo agradecido en ver tu valiente proceder, te cobre tal voluntad, que mi hacienda, y calidad tuya Don Juan, vino a ser. Lo cual supuesto, que es nuestra amistad de manera tan firme, y tan verdadera, sin género de interés. Y pues por ta causa ves en mi casa un deshonor, y eres mi amigo el mayor, y el amigo está obligado a ser espeso, y dechado, en quien se mira el honor de su amigo: dime aquí a lo que obligado estoy. Aconséjame lo que hoy tengo de hacer, si por ti el honor que presumí en las estrellas tener; y porque eches de ver mi amor, advierte, que siendo tú quien me estás ofendiendo, lo que digas he de hacer: has cuenta que tu eres yo, y yo soy tús lame pues, un consejo. . Tú no ves, cuanto en eso se engañó tu afición? si me obligó tu amistad aconsejarte, como puedo si soy parte dar consejo aunque se vea mi afición, y que no sea pasionado engañarte, porque en las cosas de honor errar el consejo fuera gran culpa, y que a la primera hace sin duda mayor. Melor es que tu valor mire allá lo que ha de hacer, que nadie puede saber más bien, a qué está obligado, que el que hubiere consultado con su espada a su poder. Aunque más te excuses, digo Dod Juan, que engañado vas, pues ven de ordinario más los ojos del buen amigo. Y pues lo eres, conmigo dudoso no calles, no, que de suerte me obligó tu amistad, que me has de dar consejo para acertar, o quejarme de ti, yo. Con tantas obligaciones me aconsejas, que por fuerza haces que mi gusto tuerza, y respondo a tus razones, ya las quejas que me pones, respondo; dejando aparte, que sin culpa de agraviarte, he sido yo el instrumento: y así no cual reo intento sino como amigo hablarte. Oye pues; cuando a mirarse un hombre a un espejo llega, y con su aliento le ciega, y el cristal viene a empañarse, para que vuelva a aclararse, el cristal que escurecio, la mano al vidro aplicó, para limpiarle al momento, y si le ofendió su aliento, su mano lo remedió. Cristal trasparente es de tu hermana el claro honor, y su virtud, y valor, el espejo en que te ves. Dudoso en esto no estés; pero siendo principal quien le empaño, si es tu igual, es Conde, mi parecer, que haciendosa su mujer, quedará limpio el cristal. Déjasme tan satisfecho, con palabras tan prudentes, que olvidando inconvenientes, te doy los brazos, y el pecho. Hoy un lazo tan estrecho, en ti pondré y en mi hermana, conque a la causa inhumana, de mis penas pondre fin. Con tan bello serasín, será merced soberana. La licencia tengo ya, para que luego os caséis, no será bien que esperéis, lo que tanta gloria os da; ola. Señor. . Avisa a mi hermana, que la espera aquí su esposo. . Quisiera, besar lo que estas pisando. Detente; oís, y en llegando alguno, que espere afuera: yo voy. . Si del alegría no pierdo el seso, es señal que no le tengo, quien tal ventura esperar podía? Dichosa la suerte mía, pues he llegado a tener, tan bellísima mujer, sin que por lo sucedido, haya un átomo perdido, un punto venga a perder. De una posta en este punto, en el zaguan un Soldado, se ha apeado, y por Don Juan de Guénara, a preguntado, a me dicho, que es su A ferez, y de Fandes viene a un caso, que te vas Don Juan la honra, detenerle he procurado, mirando la ocupación de los dos, pero es envano, que el Soldado me parece arrogante, y temerario, y porfía que ha de ver a Don Juan. Pues qué intérbalos puede traer? di que entre ese Soldado, y veamos Don Juan, que es lo que te quiere tan aprisa. . Cielo santo! qué es aquesto? que en el pecho un confuso sobre salto, se me ha puesto, que en las venas, hielos en la sangre ha dado: este es mi Alferez mayor, si murió mi padre acaso? Parece Don Juan, que tienes el semblante demudado? que te ha dado? . Solo Conde, temer que un suceso vario, de entre las manos me quite la cosa que estimo tanto, que es a la hermosa Doña Ana, y a tal tiempo haya llegado. e Don Juan. Alferez amigo, que hay de nuevo? Demudado trae este el color también. Que tienes? que estás turbado? Así cómo te partiste de Napoles, y a mi cargo le dejaste el recibir las carras, y los despachos, que de España para ti allá llegasen, en tanto que llegabas tú a Madrid, para poder enviarlos, avisando me tú a donde, después por el Ordinario. Y me mandaste también que tus cartas, por si acaso algún aviso traían, las abriese, procurando regirme siempre por ellas en la guerra, así lo hago, esta que llego, señor, aquesta carta a mis manos, y lei de sus renglones los casos estraordinarios, remitírtela no quise, si no partirme volando; tomala leela, y advierte, a lo que estás obligado, si en esta casa no tienes algún hechizo, o encanto. Qué es esto? que el corazón tantos golpes me esta dando? de mi padre me parece la firma, si no me engaño, y la letra? plega al Cielo, que al contento estraordinario que tenía, no se siga algún mar de triste llanto. Que ocasión puede haber sido, la que trajo este Soldado, a Don Juan en esta carta? si es por dicha amor? si cuando Don Juan de Flandes se vino, a sus pretensiones, algo de amor allá se dejo, que le diese algún cuidado, y agora a buscarle vienen? Qué mira hacia el Cielo, estando leyendo el papel, vuelve el rolo color en blanco, no sea que lo atribuya. Válgame Dios! tal agravio a mi padre? aquestas canas quitó el Conde? como callo, y con nobles sentimientos, aquesos Cielos no rasgo? Mi señora, viene aquí. A tus pies estoy hermano, por la merced que me has hecho. Levanta, y dame los brazos. Cuando a ver a Don Juan llego descolorido le hallo: que tiene, señor? . No se, Don Juan, que tienes? sepamos que cuidados te fatigan? si pueden cuidados tanto, cuando vienes a ser dueño, de aquel rostro soberano? Estoy por dar a este acero sepulcro a su pecho ingrato, Fementido Caballero, ingrato, alevoso, falso, que quien agravia mujeres, no es Caballero, es villano, hoy verás. Qué es esto Cielos! otra ofensa. Ooy de tu engaño, y de mi ofensa verás, las verdades que declaro. Estas loca? vuelve en ti. Sepa el mundo Conde ingrato, que a mi padre, un noble viejo afrentaste, y temerario de su casa me sacaste. Ciega estás. . Y con alagos, y con fingidas promesas, siendo de mi honor tirano, de Toledo me trujiste. Mas hoy verás como alcanzo de mi afrenta, y de tu vida, justa venganza que aguardo; Don Alonio de Guzman, Caballero Toledano, es mi padre, Y porque pueda decir que es ella, y jurarlo. Y para vengar mi honor, en Flandes tengo un hermano. Qué haré Cielo? Tente, escucha, de quien te quejas? Ha ingrato! de ti me quejo, de ti. Mira mi bien que has llegado engañada, que Don Juan de Guévara, es mi cunado, que con mi hermana se casa, no le ves? . Ay Cielo santo! mi hermano es aqueste? el rostro quiero cubrir con el manto. Don Juan, dile a esta señora la verdad, hermana, cuanto la estimo la di, por Dios, tú la desengaña. . Extraños sucesos! con discreción aquí me importa guiallos. Perdona señora mía, si los celos me obligaron a turbar de tú alegría, los gustos, y los regalos. No estes triste potu vida. Don Juan amigo, ea vamo; donde mi hermana te entregue. Harele dos mil perlazos: Conde, si me das licencia entes que le de la mano a tu hermana ciertas dudas, que me dan tormentos varios? tengo de vencer primero, porque en mi pecho luchando, hay imposibles que importan, con mi valor confuitarlos. Nunca Don Juan, presumí tan descort es desacato, de mi valor en tu pecho, pero si tampoco caso haces del, yo te diré que respetos cortesanos, estás obligado a usar, con quien quiere honrarte tanto; y voyme agora corrido, Seor Alferez Campuzano. Zerote amigo, en Madrid? Sí, que vine con mi amo, y me han casado por fuerza. Que bien su semblante airado, los disgustos determina. que mis desdichas causaron. Pues haberme conocido disímula, yo me parto donde mi fortuna obligue, si no con ruegos, con llanto. . Admirado estoy, de ver todo lo que aquí ha pasado; Don Juan quedó con la pena, echa una estaua de mármol. Palabra no le he de hablar, hasta que intente gallardo cobrar el honor perdido: él es lastimoso caso, Ha mudable fortuna! cuando sobre la Luna. mi honor creí que estaba, tú le derribas con violencia brava! para que así no pueda decir que puse el pie sobre tu rueda, que de imaginaciones, bella imagen me pones, y tu airada venganza en conseguirte fundas mi esperanza. Y estoy yo, casos varios! dudoso entre enemigos, y contrarios; amistades le debo al Conde, y no me atrevo, a darle algún disgusto, pues su amistad es tanta, que no es justo, pues le estoy obligado, decirle de mis penas el cuidado. Su hermana amor me tiene, y tan hermosa viene, a ser mi amada esposa, que será gran rigor verla llorosa. Y sus hermosos labios. mezclarse entre requiebros los agravios: pero luego a mi hermana atrevida, y villana, el Conde fementido. el honor le ha quitado, y me ha ofendido, y habiéndola engañado, como mujer humilde la ha tratado; pues esta carta luego, que abrasa el alma en fuego cualquier de sus rengiones: como no considero las razones, pues estas canas fueron veneno, que en sus letras me vinieron? El amistad perdone, y el amor no me abone, si mi crueldad alcanza; porque ha de ser con sangre la venganza? mas yo muero si en ello, mato un amigo, y pierdo un Ángel bello, Mas ya no dudo; quiero decirle, que le espero; donde en el campo pueda mostrar mi espada de valor que hereda, los honrados efectos, despreciando de amor dulces efectos. De aqueste libro arranco una hoja, y en blanco papel en que le escriba este ha de ser, para que en bronce, escriba mi valor esculpido; sin que se borre el tiempo, ni el olvido. En el prado del Santo. que abriendo con un canto el Venerable pecho, el blanco de sus golpes está hecho, Conde, voy a esperarte, ven al momento, que me importa hablarte. Alferez, dadle al Conde? este al punto; y adonde quiera que esté metido, entrad vos mismo a darle. . Serás servido. Que yo voy donde pueda vengar mi honra, que ofendida queda; pues de aquesta manera, manonor el lauro espera; aunque si al Conde mato, honrado vendré a ser, más seré ingrato. Confuso en casos varios, dudoso voy muriendo entre contrarios. Colérico se parte, y ya el furor de Marte en su pecho contemplo, siendo de su valor único ejemplo. Pero ya al Conde veo, todo suceda al gusto que deseo. mi Capitán me ha dado este, y que le diese con cuidado. . Mostrad. Yo alargo el paso, donde Don Juan espera, por si acaso saliere acompañado el Conde, y de Don Juan pondreme al lado. Qué es esto? desafío, si tan amigo mío es Don Juan, no lo creo; pero que estoy dudando, si lo veo? al campo aquí me llama, cuando tiene por mí, nobleza, y fama, Para que me detengo, si mientras voy, y vengo en pensar estas cosas, Serán para el honor más injuriosas? pues el tardar sería, mostrar en mi nobleza cobardía. Gente viene, el Conde es este; Que me emnvíe a mí Ana a ver si están en el prado el Conde, y Don Juan, sitiñen: me lleven cuarenta diablos, si tiene el miedo en su imperio, otro mayor tributario, que me haya tocado a mí, siendo un humilde gusano? La enfermedad incurable, la dolencia, y el contagio; la pestilencia, y achaques del temor de otros lacayos? pero no viene mi amo: si le arma alguna traición? mas que viene acompañado. Aquí a un hombre? Esto es hecho, como podré remediarlo? Un hombre está aquí. Ingenio mío, agora de vos me valgo; porque el último remedio ha de ser, no haciendo caso del fingir un desatino. Quién está aquí? Va de engaño, de disparate, y embuste, que así me excuso, y me valgo. Quién supiere de una niña de edad de diez y seis años, de tres noches a esta parte, perdida por mal recado. Lleva un faldellín azul, con ribetes nogüerados, serénero en la cabeza, sin chapines, y en zapatos. Quién de la niña supiere, le darán su buen hallazgo. La voz de Zerote es esta, si viene a buscar su amo? Sabéis quien habla con vos? aguardad, estáis borracho. Hombre, que la niña encubres, vuelvela luego a su amo, o te la demandarán, diciendo, que la has hurtado. Y en el prado la pregonas, y no en la villa? Oiga, hermano; pues donde se pierden todas? mal conocéis este prado: brabo pregonero soy, lindamente la ha tragado; digo que soy muy valiente. Yo quiero desafiarlo, si bien yo pienso que fue temor todo, y que turbado trazó tan gran desatino. Por Dios que he de examinarlo, y he de hacer, que en el speligro se resuelva temerario, Sacad la espada. . La qué? mientras no estoy enojado con hombre de vuestro porte, nunca yo la espada saco, Sois un cobarde. Es verdad. . Sois un vila Soy un bellaco. Sois un gallina. . Concedo? Hombre sin honra, hombre bajo, Pues qué culpa tengo yo, sino me pario más alto mi madre. Mucho sufris. Soy sufrido de ordinario, tengo yo muy gran paciencia. Aún no acabáis de enojaros? Gasto mucho tiempo en eso yo a enojarme no he empezado, Pues si no reñís conmigo, aquí tengo de mataros, defendeos. . Bien sé yo, que lo hiciera más barato, si me dejaras huir. Ya de escucharle me canso: Esto ha de ser de esta suerte; Riñe gallina. Hombre, o diablo, que te va a tien que yo tiña? ello está ya decretado, que yo he de morir vestido, ya ninguna excusa hallo; déjeme sacar la espada: mejor será que a porrazos . lo negocie; porque ansí podré hallar algún reparo. Eso sí, cuerpo de Dios, reñir, reñir. Ya lo hago, que el ver al ojo la muerte, ha hecho grandes milagros. Conténtame voto a Cristo. No se retira hidalgo; pues mire por el menudo, que uñas arriba, o abajo le he de pegar de manera, que de tripas, y redaño venga a hacer tal revoltillo, que no acierte a desatallo. Basta loco, de esta suerte, por el pecho del contrario te has de meter, si te aprietan. Es el señor Campuzano? ha sido bellaca burla; mas ya me iba encarnizando, y me ha pesado por Dios, que fue vivo, y dar en vano tantas estocadas juntas, tantos rebeses, y tajos. Con esto Zerote, somos amigos. Hasme quitado un gran peso de los hombros. Cómo? Notable embarazo es ser cobarde: después que perdí el miedo, descanso. Que luego ya no hay temor? Qué es temor? ya estoy rabiando por representar de verás este papel que ensayamos, y que salgamos, Alferez, los dos a reñir con cuatro. Eso sí, muestra valor. Tú, y yo juntos, como vamos, para todó el mundo entero. Retírate entre estos ramos; porque el Conde, y tu señor, pienso que desafiados han de venir luego aquí, y si sale acompañado el Conde, saldremos luego; para poder ayudarlo. Vengan seis cargas de Condes, que teniéndote a tu lado, no sabrán por donde han de ir; porque estoy encarnicado. Entre estos árboles bellos, de este prado hermoso adorno, que con mil fuentes en torno ostentan attivos cuellos. Detenerme quiero un poco, primero que en Madrid pueda entrar, si en esta alameda no vuelvo a volverme loco. Quien otro tiempo a caballo aquí me vio pasear? y agora podrá admirar, desdichas que lloro, y callo, Agora un báculo es el sustento de esta vida, que ya postrada, y rendida miro, del tiempo a los pies. Mas un hombre viene aquí; quien será? mas no es mi hijo? él es, y en verle colijo las desdichas que hay en mí. Si me he tardado, y acaso llegó el Conde antes que yo? aquí está un hombre, es él? no. En vivo fuego me abraso, villano vil Caballero. ̱. . Padre mío. . . Tuyo infame? cuando tu sangre derrame verás que a serlo no espero. Padre. La boca no abras. que tus disculpas condeno; pues me darán más veneno tus fementidas parabras. Estas eran las brabatas, que en Toledo me decías, cuando a Flandes te partías, si con deshonra me matas en Madrid! Aquese fue, de tu altiva presunción, el excelente blasón? este el valor que sé ve? en tus hechos, los despojos son aquestos que ganaste? para que vil te ausentaste, para darme más enojos? Tú la noble barba cana de tu padre, has afrentado; pues tras no la haber vengado, vendes al Conde a tu hermana? Bien mereces los favores que te hace, justos son, si a precio de la opinión los pagan ya los señores. Tan ofendido enemigo estoy de ti, que he de darte la muerte aquí, si el matarte puede ser justo castigo, Padre, y señor, con paciencia tus palabras escuché, tus injurias sufrire; porque veas mi obediencia. (do Quien te ha dicho que en mí ha aví cabsa de tu deshonor, como vil, como traidor, diez mil veces ha mentido. Y así, si a tan vil recado crédito has dado complido, no te digo, que has mentido, sino que no has acertado. Mal informado veniste; y porque mi valor veas, quiero que testigo seas del valor que en mi ofendiste. Tras de esas tapias te pon, que viene el Conde, y verás ver que yo defiendo más, que tú mismo, tu opición. Lo que me aconselas hago, si no me engañas de nuevo. Ya verás, que si te debo honor, con honor te pago. A ver Juan que me quieres he venido con presteza. Bien de tu heroica nobleza se deja entender quien eres; y antes que lo que te quiero decir, pues solos estamos, sin vernos más que estos ramos, lee este papel primero: que querrá decir en él? Dice aquí, a Don Juan Ladrón de Guévara: el corozón siempre a mi sospecha esfiel, viendo estás canas, ha sido de su dano precursor; mas no es bien que haya temor en hombre tan bien nacido. Hilo, el Conde de Belflor entró en mi casa, y llevose de ella a tu hermana, atreviose después de aquesto al honor de mis canas, las que ves, de mi barba arranco impío; no te llamaré hijo mío, si quien mi enemigo ves, haciendo que se desangre por tus manos, el ciuel, las canas que arrancó él no las lavas en su sangre. Supuesto, Conde, que aquí confieso de tu valor las mercedes, y el favor, que he recibido de ti. Y que por valerte allí a tu casa me trujiste, y en ella, señor, me hiciste tal merced, y recompensa tanta, que por mi defensa Y puesto que para honrarme mas tu mano generosa, a tu hermana por esposa Conde, pretendiste darme, Si llegaste a deshonrarme, cuando aquestas nobles canas con fuerzas tan inhumanas quitaste a mi padre, y es mi hermana, de quien después el sagrado honor profanas. Pues que tú, cuando te viste en otra ocasión dudando, en mi lealtad confiando, un consejo me pediste. Pues siempre conmigo fuiste, por mi lealtad, por tu amor, Conde, mi amigo el mayor; y el amigo está obligado a ser espejo, y dechado en que se mire el honor de tu amigo: dime aquí a lo que obligado estoy, aconséjame lo que hoy tengo de hacer, si perdí el honor que pretendí en las estrellas poner. Y para que eches de ver mi amor, advierte, que siendo tú quien me estás ofendiendo, lo que digas he de hacer, haz cuenta que tu eres yo, y yo soy tur dame, pues, un consejo. . Cierto es, que mi lengua me culpo, no quiero excusarme, no; pues fuera contradecir, llegándome tú a pedir consejo, nuestra amistad; y así diciendo verdad, lo que siento aquí has de oír, Eres al fin Caballero, y como tal has de hacer. En esto he llegado a ver de mi hijo, el verd adero valor; pero el fin espero. Quiero esconderme, y callar. Don Juan, sin conuderar que soy reo hoy: soy Juez con razón aquesta vez te tengo de aconsejar. De tu padre la opinión, que en esas canas perdiste, solo en la espada consiste, Don Juan, la satisfacción. Y yo tengo obligación; pues ya me hiciste venir desafiado a reñir aquí, que un desafiado no vuelve bien a poblado, sin matar, o sin morir. La amistad, Don Juan, perdone, porque donde se atraviosa el honor, ia amistad cesa, y fin a sus lazos pone: esto es lo que siento. Abone tu valor el mundo entero, como tan gran Caballero respondiste, mas podré darte muerte, si en tu fe tanto valor considero: saca la espada, qué es esto? porque las armas retiras, cuando contra ti me miras, y a darte muerte dispuesto, no te defiendes? Tan presto se te olvidan tus agravio;? mira que los hombres sabios, cuando afrentados se ven, a sus contrarios no es bien dar ánimo con sus labios. Valeroso Conde, piensa, que mientras que de mi espada la tuya esté retirada, no podré intentar tu ofensa. Supuesto que más defensa en mi Don Juan no has de ver, bien debes ya de saber, que es no quererle vengar, al que llegan a afrentar por no osar, o no poder. Escucha, es causa que sea tenido por hombre infame; mas no es bien que se lo llame el que vengarse desea: Y cuando la mano emplea. en la justa ejecución, movida la compasión, sino la toma pudiendo, perdonando, aunque venciendo, mas aumenta su quinión. Notable valor! vencido confieso que me hla dejado, bien con aquesto he quedado, y yo venturoso he sido. Parece que divertido estás Don Juan; mas espera, de espacio lo considera, y en mi casa me hallarás, adonde de mi tendrás saeisfacción verdadera. Hay hijo! perdón te pido por lo que de ti pensé. Hay padre amado! qué haré en tantas dudas merido? el corazón dividido tengo del alma: estoy loco! mil dificulades toco, y estoy con tanto penar, como nave que en el mar se va hundiendo poco apoco: que he de hacer? Hijo, no tengas pena, a tu valor responde, y en casa del mismo Condo quiero que conmigo vengas, que allí tus armas prevengas será razón, por si es acaso el Conde, que no escaso en honrarte, quiere allí, no dando a tu hermana un sí, verá el fuego en que me abraso, Camina, pues, y busquemos, para mayor prevención, y para mi pretensión, los amigos que traemos. Entre dudosos extremos, a mi pena convenible, padezco. No habrá imposible en nobleza tan hidalga. Ruego a Dios qué libre salga de entre dudas tan terribles. Aquí gracia, y después gloria. Auemos quedado buenos: que haremos seor Campuzano? Qué, Zerote, irnos con ellos? que según lo que hemos visto, que han de ser amigos pienso, su padre estaba en Madrid. Vino por encantamento; porque un amigo me dijo, que aureyer le vio en Toledo: mal logrose la pendencia; pero por Dios que me huelgo, que corté ha andodo el Conde? Pues no sabes que hay de nuevo? Qués Qué quieren ser cuñados, Hace como Caballero; y así restaura el honor de su padre, El noble viclo va contento de alegría. Y yo lo voy por extremo. No te aflijas por tu vida; porque del valor presumo de mi hermano, que ha de dar justo galardón al tuyo. Demás de que, tu belleza tan eficaz fuerza puso el cielo, que en su mudanza imposibles dificulto: no estés triste de esa suerte. No hay que temer, si el profundo se baja, venga tu afrenta, , , , s Por Dios que están todos juntos, Señor Conde, conocéis. en este viejo caduco alguna cosa? miradme. Este es mi padre, y disunto trae el rostro, que he de hacer? Cielos! qué ocasiones pudo tener el Conde en su cara: turbaciones disimolo. Ya os conozco; porque on viendo a Don Juan al mismo punto, sabiendo quien sois, aguardo puesta la mano en el puño, Don Alonso de Guzman soy, Conde ilusire, de cuyos nobles ascendientes, tantos Príncipes conoce el mundo; Estas canas, que mi patria, en defensa de sus muros ha enoblecido; tu Conde Dudoso estoy, y confuso. Has agraviado; mas yo entre los árboles mudos de aquel prado, con mi hijo tales palabras escucho, que jamás para dar honra la fama ilustre compuso. Y así te suplico Conde, si es Don Juan amigo tuyo, tu mismo por su honor vulvas, o disponte a ser verdugo de mi vida; pues lo has sido ya de mi honor para el vuigo, y a tus pies puesto. Eso no, antes yo a los tuyos busco de mis hierros el perdón; i dando a tu hija muchos abrazos, de ser su esposo con mi mano lo aseguro. Deja que a tus pies me ponga; pues hoy de tu esclava subo a tanto bien. Y Don Juan; pues yo obligaciones cumplo, y él se la tiene a mi hermana, a que aguarda? Ya no dudo, en decir que tu valor, es gran señor, sin segundo. Loado sea el Verbum Caro. Dichoso me aseguro. Señor, ya que me casaste, y civo tan a disgusto, fácame de ser lacayo, de ser despensero gusto. Para alegrar nuestras bodas, todo el bien me vino iunto: de tu remedio me encargo. Mil veces en tus pantasos pondré his labios. Hermana, ya es Don Juan esposo tuyo. Venturosa yo mil veces. Y dando fin; pues procuro serviros, de mi venganza este es el dichoso fruto.