Texto digital de El buen vecino
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El buen vecino. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/buen-vecino-el.

EL BUEN VECINO
JORNADA PRIMERA
Una sospecha celosa a tu casa me ha traído, que amante no es atrevido? perdóname, Elena hermosa. Y si a los divinos cielos, si a los soles de tus ojos hablando causare enojos, advierte que son los celos. Los que voz y lengua mueven, y los aferos celosos gillanos son maliciosos, mal hablan cuando se atreven. Y si tu crueldad me culpa de atrevido en este intento, sabrás que mi sentimiento a sí mismo se disculpa. De atrevido en este intento, sabrás que mi sentimiento a sí mismo se disculpa. Como quieres que mi amor no esté celoso, si viene Carlos que tal dicha tiene, de Sicilia vencedor. el que fue tu antiguo amante, y el que mereció primero los favores por quien muero en desdichas semejante. Quien duda que el Rey querra, en premios de su victoria, hacer que llegue a la gloria que tu mano le dará. Oh quién ha dudado di, que en verle tu victorioso, le deseas por esposo, dendo luego al Rey él sí. De los rebeldes triunfando viene Carlos vencedor, y en el carro está mi amor por su despojo arrastrando. Mira si entre miedo y pena, y entre sospecha, y cuidado. no ha de estar desesperado mi amor, bellísima Eleva. Agravias la voluntad de mi firmeza constante, y te ofendes, que triunfante arrastras mi livertad. Qué importa que vencedor Carlos, de Sicilia venga, que importa que en el Rey tenga tal amparo, tal favor. Que a los rebeldes sujete, que triunfe Carlos, no importa, que conmigo ha sido corta, la desdicha que promete. Pecho tendré yo invencible que resistirá el poder. de quien pretenda vencer en mí el mayor imposible. Tuya César he de ser. no temas al Rey ni al mundo, que en ti mi esperanza fundo, y en mí la puedes tener. Dime César, no es mejor pues a ti sola me inclino, conquien es del reí sobrino, que con un Cónde, o un señor? Y cuando esto no mirara, el ver tu merecimiento, a no mudar pensamiento firmemente me obligara. Seguro tu amor esté, ten de mi seguridad, que morira la lealtad antes que muera mi fe. Mas Luerecía viene ahora, vete César por mi vida. No es justo que se divida de su centro quien te adora. Vete César que ya viene, vete no te vean aquí. Voyme señora, ay de mí, cuantas penas mi amor tiene. Guarde el cielo tu hermosura, y tu vida guarde, Eleva, con las glorias que mereces. La tuya guarde, Lucrecia; aque vienes dulce amiga? A qué remedies mis penas, y a que des a mis cuidados el sosiego que desean. Sabrás señora que a Carlos, Conde ilustre de Celenza famosa sangre de aquellos, a quien Nápoles venera; quiero decir los Garrafas, de cuya gloria son lenguas tantas historias antiguas que en sus hazañas celebran. desde que a Nápoles vino de su estado y de sus tierras, con tanto ardor le he querido, con tanto amor le respeta mi alma, que no he tenido lugar tan estrecho en ella, que de su amor traspasado, no haya sentido su fuerza. Procuré ocultar mi ardor, quise callarle mi pena, pero a quien ama es difícil encubrir lo que desea. En amorosas batallas, los ojos hablan, las quejas publican en sus pesares lo que el sentimiento engendra. Publicó mi honestidad cuanto desear pudiera. que a menos riesgo mi amor sus pasiones no dijera. Vi en Carlos, que si no fuera gusto de correspondencia, aunque jamás mi ventura mereció los fines de ella. Supe al fin que tus amores, lo que yo enciendo me hielan, lo que conquisto me roban, lo que pretendo me llevan, lo que busco me han quitado, a lo que sigo me ausentan, y a penar eternamente me obligan, y me condenan. Bien se, que obligar a Carlos será imposible, pues ciega está su loca pasión por tu superior belleza. Bien conozco su rigor, hecho de ver su tibieza no yo, no, los desengaños que dan voces a mi ofensa. Pero como se fundaba en mi afición verdadera quien rinde a cuanto ve Apolo, en regiones tan diversas. No puedo dejar de amarle, aunque de mi fe se aleja, ni puedo olvidar su olvido, siendo ejemplo de firmeza. Si hay piedad en pecho humano, si ablandan las duras peñas, si enternecen los peñascos mis lástimas, y mis quejas. Humildemente te ruego, pues que tu amor le desprecia, pues que tú se no le admite, pues no estimas sus quererlas, Que si el Rey, o si tu padre, con el casarte pretenda, que con Carlos no te cases, que huyas de sus cadenas. Y pues vuelve vencedor, procura tú, hermosa Elena, que al vencedor el vencido en estos combates venza. Así goces tu hermosura, así tu beldad merezca ver en abril de tu años la gloriosa primavera. Cuando a Carlos adorara, y cuando a Carlos quisiera, le olvidara al mismo instante por agradarte, Lucrecia. Aunque el Rey me lo mandase, y aunque mi padre lo quiera, negare a entrambos él sí, y a mi padre la obediencia. Primero el pecho haré aljaba de la más aguda flecha, tumba el tálamo será antes que mi dueño sea. Primero verás al sol soltar el freno y la rienda a sus veloces caballos en la prolija carrera. Para dar nombré a otro mar, imitando la funesta desgracia del caro hijo, abrasando las esferas; que yo a Carlos de la mano, y que su esposo me vea, que siempre le aborrecí, y de nombrarle me pesa. A tus pies postrada ahora las gracias te doy. . Afrentas. la voluntad conque el alma se lástima de sus penas. Pues el alarde es forzoso que por Nápoles se vea, en que Carlos ha de entrar con los triunfos de la guerra. Y pues pasar por mi casa entiendo que es cosa cierta, podrás verle si te agrada, desde las ventanas de ella. Mejor será que lo deje, y que mis ojos no vean, dichoso a quien aborrezco, con gloria a quien me da pena, El Rey sale a recibirte, y con su corte, merezca de ti este favor. . Iré pues lo mandas y lo ordenas. Al fin dijo que vendrían: como previenen saetas . mis celos y mis cuidados, mis ansias y mis sospechas. Vamos, Elena divina. Vamos, hermosa lucrecia; pensará que voy por Carlos, cuando voy por ver a César. A tus pies, lo gran Rey, a tus pies solo rindo el bastón y la corona altiva. Álzate Carlos, que de polo a polo, tu nombre suena;) y tu valor le aviva. Aunque me ciño del laurel de Apolo, aún que Palas me preste verde oliva, para mostrar el triunfo y la victoria postrado ante tus pies tengo más gloria, La corona mereces dignamente, puesto que con victoria tan lucida, de Sicilia la pones en mi frente; un Reino me das hoy. . Diera la vida porque tu Alteza gloriosamente la máquina del mundo viera unida, porque reinara en cuanto el orbe encierra, en cuanto nada el mar, y ve la tierra. Porti tiene mi Reino, y mis estados estimación y autoridad gloriosa. Por tu valor, señor, por tus soldados gozas esta victoria generosa; tu hechura humilde soy. . Ya castigados quedaron de tu mano poderosa los rebeldes, y ya queda mi corona segura en tu valor, y tu persona. Por no cansarte ahora, no refiero los combates que tuve con tu gente, ya de ellos te di cuenta; ya severo con ejecución presta y valiente, rayos vio monginelo, que mi hacero engendró en su montaña más ardiente: tuya es Sicilia, y yo señor quisiera que cuanto alumbra Febo tuy fuera. Pide Conde en en mi tiarra, pide luego cuanto desea tu amor, pide mercedes, que a tu valor ninguna cosa niego. Pues en honrarme de esta suerte excedes, solo pido señor, que des sosiego a mis servicios, esto hacerlo puedes, dame estado, señor, que esto desea quien te ofrece las palmas de Idumea. Conquién deseas casarte Conde amigo? dime luego tu pecho, y tu cuidado, que aunque no quiera casará contigo, pues a premiarte estoy tan obligado declara tu intención, pues qué conmigo queda el secreto en mi amistad cerrado; dime quien es que nadie, yo imagino, que no estime en su dicha este destino. Con tu licencia pensare en la Corte hallar mujer que iguale a mi nobleza. Elige aquello que a tu estado importe, la luz más alta la mayor belleza, no tu modestia, Carlos, te reporte, que igualarás a la malor grandeza; Príncipe eres del mar y de la tierra, el general famoso en paz, y en guerra. Mucho el Rey te favorece. Mucho Carlos le ha servido. Todo el Conde lo merece. pues que de un Reino perdido. el nuevo imperio le ofrece. A solas os quiero hablar, allá os podéis retirar, solo Arnesto y Ludóvico, pues que se entro Federico, aquí se pueden quedar. de la guerra en el rigor, acabó Bitonto fuerte, murió el donaire mejor, y el dio con su honrada muerte (lo vida eterna a su valor. 2. Dios te guarde, y te de el cie- lo que desea tu valor. Solos quedamos ahora, retiraos a quí los dos; si en la guerra es necesario siempre el acierto mejor, siempre el consejo más grave, pedírosle quiero yo. En guerras de mi deseo batalla mi corazón, pelea Mi sentimiento, y combare mi dolor. A Elena que me aborrece adora mi perdición, de Lucrecia que me ama huyendo los lazos voy. Si el Rei pretende casarme, cual ha de ser de las dos la que tome por mujer, y la que estime mi amor? Esto que digáis os pido, esto os ruego, y en esto hoy veré cual me quiere más en mí triste confusión. Que con Lucrecia te cases me parece. . Bueno estoy. Que pidas al Rey a Elena es lo que aconsejo yo. Opinión contraria tengo, porque es falsa tu opinión. Pruevo, Arnesto, lo contrario, escucha con atención. Si a Elena Carlos escoge que aborrece su afición, consigue el fin que desea, y o bliga de ella el rigor. Conociendo el desengaño, y viendo la obligación, como a su dueño, es forzoso que le idolatre en su ardor. Siempre amigo lo dudoso en tal caso es lo peor, podrá quererle, es verdad, aunque le aborrezca hoy. pero viendo que se casa su gusto, podrá el dolor obligalle a no querer, forzarle a nueva afición. Si con Lucrecia se casa, paga Carlos un amor, que acorresponder le obliga, aunque él me obliga que no, Adquirir lo conquistado no da glorias al valor, pero alcanzar imposibles es la ventura mayor. Procure vencer a Elena, sea su dueño y señor, obliguela con regalos, enternezcala su voz, ablán denla sus caricias, ciña Imíneo a los dos, que ella en amar trocará lo que no tiene de amor. Pague Carlos una fe, de a una lealtad galardón, premie una noble firmeza, conresponda a su eleción. Busque quien sus pasos siga, huya el desdén que le huyó, corra a la verdad el velo, no sea vista su pasión. Con Lucrecia al fin se case, sea cuerdo en esta ocasión, que el tendrá mayor sosiego, y no ventura menor. El casarse a su disgusto le ha de tener con temor, pues que los ojos dirán lo que siente el corazón. Celos le darán enojos, sospechas serán su ardor, de que su esposa advertida conozca su perdición. Y si en Elena ve Carlos disgusto en casarse hoy, luego quedas convencido por esa propia razón. casese con quien le quiera, que celos, penas, dolor, sospechas, enojos, quejas, y receloso temor, cesarán con tal acierto; toma el consejo que doy, y si por quietud te casas no, busques la confusión. Ya de los dos he escuchado el consejo, y de los dos, elijo el de Ludónico, porque parece el mejor. Con Eleva he de casarme, que el tiempo, y mi firme amor la obligaran de manera que el desdén true que en favor. perdone ahora lucrecia, perdone la obligación, porque carcáj es mi pecho del más generoso arpón. Mas puede amor que lucrecia, que la gratrtud malor puede más, porque tu ley a ninguno perdonó, Que aciertes le pido al cielo, y no ierres la eleción, pues no vale arrepentirse si el ierro se conocio. El Rey sale, calla Arnesto. Resolmose tu cuidado? Resuelto y determinado le verás señor muy presto. Fin a mis bienes funesto, le promete mi temor. . A Elena pido, señor, por esposa, y porque en ella halló mi dichosa estrella nobleza y beldad mayor. Ay desdichas, donde asido me lleva vuestra cadena . que del amor de mi Elena ser dueño no he merecido, perdiendo voy el sentido. Y yo Carlos lo concedo, llamen a Horacio. . No puedo agradecerte, señor, tan soberano favor. Yo solo con vida quedo. Él a palacio venía. Cuando tal dicha, señor, mereció, quién? . El temor reporta esta osadía. Mayor es la gloria mía, que me manda vuestra Alteza? Quiero premiar tu nobleza, a Elena quiero casar, porque se llegue a lograr su virtud y su nobleza: con Carlos mi General, la quiero casar ahora, que en su valor atesora gloria a su valor igual. Qué desengaño mortal. Piegue a Dios que pare en bien . Qué dices no te está bien? Pues no, si tal gloria gano. Da luego a Carlos la mano por tu hija aquí también. Yo se la doy, y con ella los brazos, el regocijo no me deja hablar, que hijo hoy me concede mi estrella. Que pudo César perdeerla, sin que perdíese la vida? Tu palaora obedecida será pues me importa tanto. Un mar de perpetuo llanto dará mi pena crecida. Luego quiero desposarle, a la boda he de asistir, porque se anime a servir, de esta suerte es bien honrrarle, Mejor no fuera matarle? pero mi amor le disculpa cuando mi enojo le culpa, que si como yo la quiero, y la mereció primero, no tuvo de esto la culpa. Yo, con tu licencia quiero prevenir lo necesario. A fortuna, a tiempo vario!, que bienes me das, que espero si desesperado muero en pena tan conocida, que va siendo mi omicida, como hallaba de esta suerte, el bien que busco en la muerte, si está en mi muerte mi vida. Parte oracio, porque luego con Carlos iré a tu casa. Mi dicha el límite pasa. Porque se apure mi fuego. . Vamos Carlos, que sosiego te daré. . Mas me atormenta. . Seis mil ducados de renta tienes Duque, y Miraflor. Mi humildad habla, señor, que haablar con el alma intenta. Ya se fueron, y he quedado sin esperanza, y fin bien, quien muere de pena, quien todo su ser ha trocado. Fiera mudanza del hado, aleve fe de fortuna, inconstancias de la Luna hoy me han podido mostrar, pues en crecer y menguar no hubo distancia ninguna. Creí cuando vi el favor en el bien que pretendí, y aunque hasta entonces creí hoy va menguando, hay rigor, fue un. Rey mi competidor, que Carlos jamás lo ha sido, yo que siempre fui querido he de ser el desgraciado, yo que tuve el bien pasado he de mirarle perdido. No no, que puede mi amor ser firme en está porfía, antes iré donde cría el sol montañas de ardor donde cónjele el rigor, del cierzo nevada arena, que yo alivios de a mi pena, que yo haga a mi bien agravios, pues con el alma en los labios, he de repetir Elena. Tarde llegamos, Elena, porque carlos había entrado, no verle me ha dado pena. Y a mi contento me ha dado, pues huyo de su cadena. Cuando a palacio llegó, muchas honras recibio de Federico en efeto, y a muchos por su respeto envidias el Conde dio, Doque y General le ha hecho en termino tan estrecho. Ni el ser ouque y General, torcerán mi furia igual, ni enterneceran mi pecho. En tu palabra confío de que Carlos será mío. Con él no me he de casar, que nadie me puede forzar, ni aún mi padre mi albedrío, Es Horació según veo, el que te viene a buscar. Hija, albricias puedes dar a mi amoroso deseo, pues en ti le he lograr; hoy hija el Rey te ha casado con el hombre más supremo que Nápoles ha mirado. Alguna desdicha temo. . Pena me da mi cuidado. Es el más noble señor que Nápoles vio jamás, tiene del Rey el favor, y en fin Elena sabrás que es su privado el mayor, Si fuese César aquel con quien el Rey me ha casado. Mas si es Carlos, a cruel que descubrió su cuidado, . y a Elena casan con él; recelos que me queréis? matadme aleves recelos, pues que matarme podéis, me hará triste en los debelos que dentro en el alma veis. Cómo padre me casaste sin saber mi voluntad? entiendo señor que erraste, De mi Rey la autoridad lo ha hecho, aquesto te baste. Dime con quien me caso, y podré decir también él sí, como ahora el no: dime quien es, dime quien al Rey, padre, me pidio Mi voluntad ha de ser la tuya, Elena en tal caso. tu aumento he de pretender, y tú de mi amor al paso me debes obedecer, si es el mayor casamiento que Nápoles tiene ahora, poco importa que mi intento note dijera. . Mas llora mi dudoso pensamiento, quién me ha de poder forzar? Por ti, palabra di al Rey que te habías de casar. Ni su poder, ni su ley me pueden padre obligar. Dile quién es, que en saberlo no ofende tu autoridad; asida estoy de un cabello. . No casan con tu beldad, y no importa conocello. Por amiga y servidora de Elena, lo preguntaba. Dilo padre, dilo ahora, es Carlos en quien cifraba cuanto en sí el mundo atesora? Ay de mí, como podré tener dicha; con tal hombre todo el juicio perderé, Mi desdicha es bien que ascrebl a la más constante fe. El casamiento es injusto, pues que sin mí le habéis hecho, no he de casarme sin gusto. Tengo el corazón desecho. . Lo que el Rey ordena es justo, lo que hace un padre es razón, obedece Elena, y calla. Ay amorosa pasión. Hay temerosa batalla. Que prolija confusión. Quién e oracio te obligó a que casases a Elena contra su gusto? quién vio que un padre obligue a tal pena a la sangre que engendró. Antes que él sí dé, señor, verás mi muerte en tal medio, no casarme es lo mejor, busca tu ahora el remedio que todo por mi es peor. Cese la boda señor, que hacienda tienes bastante, y calidad superior, porque César el Infante case con ella. . Ay dolor, yo marido he de tener, que en vez, padre, de contento me obligue al fin a perder la paciencia y sufrimiento. Al fin has de obedecer, que con el Rey empeñado, y de su amor persuadido, cuando fui en palacio honrado, por ti él si le he prometido, lo que veré efetuado. Carlos a de ser tu esposo, Carlos sea tu marido, o veré el fin lastimoso de quien hoy te ha desuadido de ese intento generoso. Nunca entendí que Lucrecia dese modo defendiera quien mi autoridad desprecia, nunca entendí que ella fuera quien de ofenderme se precia. Pero viene el Rey ahora, y el persuadira mejor a tu ingratitud. . Más llora el alma tanto temor que entre mis pasiones mora. Tanta merced gran señor? Levanta Horació del suelo, que para Carlos es poco los favores que le he hecho. más merecen sus servicios, pues en sus merecimientos, aún los átomos del sol más breve número fueron, Malores mércedes puede esperar el Duque, y quiero que los que me sirven vean como sus servicios premio. Hablaste a tu hija hermosa? Ya le hablé, señor, y creo, que postrada ante tus pies calla el alma su contento. La alegría que ha mostrado pudo turbarla el silencio, que de bienes no esperados siempre es mayor en su efeto. A quién pudiese, esperanza, soltar la rienda al deseo, a quien pudiera decir lo que callo, y lo que siento. A quién pudiese, temores, pues de celosa reniento, mostrar en desdichas tantas las pasiones de mi pecho. . A desconfianzas locas, donde me lleváis, si pierdo de mi alma el bien mayor y de mis bienes el centro? . Dichosos trabajos míos, pues que merecéis por ellos la luz que da afrenta a Apolo mejor lamparo del cielo. De Elena a Carlos la mano. que haré Lucrecia hay desuelos. . Mostrar firmeza a tu amante, y ser de lealtad ejemplo. . Ea Elena, no te turbes, muestra ahora más esfuerzo, no ves que en la pena grave es mayor el vencimiento. Destituye los temores, corre a la vergüenza el velo, resiste a tantas desdichas, oponte a tantos tormentos. Bence las contrariedades, toma en mi mal escarmiento, por fuerza en fin no te cases, y esto solo te aconsejo. Turbada estoy, y mi padre . que me resuelva en tal medio, me dice, Lucrecia hermosa, que he de hacer en tal aprieto? No afrentes hoy mi valor, . no me pierdas el respeto, no tus lascinas pasiones, turben mis merecimientos. Entre confusiones tantas, . mares de perpetuo incendio ha de navegar mi alma, pues mi mal será perpetuo. Qué turbaciones me asisten, conque temores peleo . con cuanta desdicha mía lloro agravios cuando muero. Mis recelos cuidadosos . me tienen loco, y sin seso, mis pasiones me acobardan cuanto más desdichas tengo. Da hija a Carlos la mano. Toma, mas no, que sospecho que al darle, no vea la vida, . el fin de su luz postrero. Qué haces, Elena mía, acuérdate que merezco más fime correspondencia. De todo, César, me acuerdo; el alma te doy, y el alma te dice querido dueño, que tú eres solo a aquien amo, aunque al fin César te pierdo. Dre a prisa a Carlos la mano. Yo lo mando; y yo lo ordeno. Yo os lo suplico, señora, pues a ser dichoso vengo. Tómala, que no la doy, pues forzada a darla llego. Yo me voy, que no la goces ruego a Dios, pido a los cielos. Huya la luz de mi vista, sea luto y dolor funesto cuanto en mí viere el amor, pues a la muerte me entrego. Plegue a Dios Carlos ingrato que seas furioso escarmiento de las desdichas mayores, en los abismos del miedo. Mas no es bien tomar venganza, guarden a Carlos los cielos, viva Elena con su esposo, y a mí me den sufrimiento. Paris he de ser Troyano con esta Elena, si el cielo da lugar a mis ardores, y favor a mis intentos. aunque con Carlos casada, la pretenderá mi fuego, la obligaran mis pasiones, la enternecerá el deseo. el disgusto que ha tenido será espuela, será el viento que la pique, y la provoque a correr sin tienda y freno. El ser sobrino del Rey, y su forzoso heredero, me han de asegurar el pecho. Acerte en lo que dijiste, Ludónico, ya soy dueño de lo que más deseaba, ya he seguido tus consejos, pueden igualar mis dichas a las mayores, di Arnesto no soy en todo dichoso? Elena lo está diciendo. Vamos Duquesa a palacio. porque allí hacer fiestas quiero al Condestable. . Señor, beso tus pies. . Muerta quedo. Yo celoso, y desdichado. Yo en ver a Llena suspenso, porque juzgo haber errado las eleciones que he hecho.
JORNADA SEGUNDA
En estas cartas he visto lo que el Virey avisó; cuando a Sicilia conquisto, Calabría se reveló, como a mi furor resisto. Las más lucidas ciudades se han revelado, señor, crezcan sus adversidades, prueben de hoy más tu furor. En vano me persuades, porque pienso castigar su atrevimiento y locura, los campos he de manchar con su sangre. . Tu cordura puedes en esto mostrar. Después de estar desposado no he visto al Rey mi señor, aquel que me ha levantado al lugar tan superior donde pocos han llegado. Es Carlos? . Dame los pies, pues que de ellos me levanto con tantas honras. . No estés de ese modo. . Gano tanto que lo hago por mi interes. Cómo te va con tu esposa? cómo te va de casado? Está contenta y gustosa, mi pecho encubra el cuidado, que el alma no reposa. . La vida de los casados es muy dulce, es muy suave, a quien pudiera, cuidados, decir el tormento grave de mis ardores pasados. A tu Majestad ofrezco de nuevo ahora la vida, pues por tu causa merezco a Elena prenda querida, por quien tanto mal padezco. De verte Carlos contento, yo confieso que lo estoy, y que fuese el casamiento tan acertado. . Yo voy acabando en mi tormento. . Como a General, es fuerza que yo te publique ahora lo que en mis estados pasa. Beso tus pies por tal honra. De Calabría me han escrito, que algunas Ciudades solas se han revelado, negando la obediencia que me toca. y que algunos han guardado con tanto valor su costa, que a mis galeras han roto viniendo a las manos todas. Piden que socorro envíe, y que vaya mi persona, para quitar los rebeldes que mis tierras alborotan, Ya ves Duque, que Calabría es tierra tan deliciosa, que al perderla perdería el comercio de mis flotas. A nadie debo fiar, ni debe esta empresa honrosa si no es a ti, que en tu acero tengo cierta la victoria. Es fuerza, Duque, que dejes el tálamo de tu esposa, y que en vez de los regalos, vistas la gravada cota. Presto, en Dios espero, Duque, y en tu espada generosa, que a Nápoles volveras con los triunfos de tu gloria. Elige de aquella gente, que en Sicilia vencedora, fue asombro de marte altivo en las partes más remotas. Algunos foldados fuertes, algunas valientes tropas, parte Carlos a vencer, parte a ser del sol lisonja. Guarda Carlos con tu espada de mi frente la corona, ya te esperan los soldados, y a pelear te provocan. Ya las cajas con su estruendo, Carlos llaman, Carlos nombran, y a emulación de la fama la tuya dicen las trompas. A vencer parte animoso, ya las insignias trémolan los Alfereces galanes, con sus cifras vencedoras. Parte ilustre General, asombro feliz gloriosa, envidia de Italia y Francia, y aún de cuanto ciñe Europa. Que tu consejo y tu espada, en acciones tan croscas, venceran al enemigo, pues que rinden y pregonan. Arto Carlos deseara que el alma no replicara a la obediencia que debe; pero señor, si se atreve, en que es por fuerza repara; Bien quisiera. . Tu dudoso estas en este concierto? dónde está el pecho animoso? donde dejaste el acierto de tu poder valeroso? En cosa que tanto importa tu valor, dime, se acorta? presto Carlos volveras, y tu esposa gozaras, la pasión Duque reporta. Mas la debes de querer, que al amor que te ha mostrado mal la pudieras tener, si no te la hubiera dado mi furor y mi poder. Qué tanto el dejarla sientas? qué apartarte sientas tanto? no Duque a tu fama afrentes, que con sonoroso canto hace tus glorias presentes. Mira. . Detente señor, Escucha Carlos. . Si haré, pero a solas quiero hablarte. Retiraos allá los tres, refiéreme tus cuidados. Por donde comenzare, que en aprietos tan forzosos la vida llego a perder. No por las razones dichas, ausentarme sentiré, por las contrarias, señor, puedo dudar, y temer. Sepa vuestra Majestad como en el casarme erré, las eleciones que a un hombre pueden darle el mal y el bien. Cuando se elige, señor, cuerda; y discreta mujer, amorosa, casta, y limpia, un cielo elige también. Pero cuando lo contrario, acierta un hombre a escoger, son disgustos los regalos, y casarse infierno es. Hoy de vuestra Majestad fio mi honor, para ser el vasallo más leal, y el criado más fiel. Soy tu hechura, soy tu esclavo, servirte mi gloria fue, y así negarte no puedo mi prolijo padecer. Quise a Elena, que en su vista siempre rigores miré, y de su boca jamás buena respuesta escuché. Forzado al tálamo vine, de tu Imperio, y tu poder, a si entonces conociera lo que conocí después, Sin gusto casó conmigo, caso por mandarlo un Rey, y desde entonces, señor, me muestra mayor desdén. Si la adoro me aborrece, y en mi tormento, cruel, celos me causan eno jos, y arrepentirme no es bien, aunque hasta ahora, la causa. ignoro de ellos también, cuando su viatud admiro, y cuando llego a temer. Disimular he querido, que en casos de honor, perder se puede el mismo, al decir lo que siente el pecho fiel. Por no hacer mayor mi agravio si ofendido vengo a ser, de donde nacio el origen de mi mal no pregunté, Considera tú, señor, que Elena es libre, es mujer, es hermosa, está sin gusto, no me quiere, no me ve. Mira si entre miedo y pena, entre celar, y temer, entre sospechas y agravios, de ella ausentarme podré. Levanta Duque, del suelo, levanta Carlos querido, porque premiase el desvelo de quien también me ha servido, dando a tu valor consuelo. Tu Rey, y tu amigo hesido, y así te quiero advertir (mira lo que has merecido) que no te puedes partir pues no hay amor dividido. Yo te guardare el honor, parte a esta empresa seguro. sin que dé ausencia el temor de la batería al muro. Tu vecino, Duque, soy, yo tu casa guardaré, porque en ella por ti estoy, cuando tú con mayor fe, por mí la has dejado hoy. Tu honor a mi cuenta está, yo le guarderé mejor, y mientras venzas allá volviendo allá por mi honor yo guardare el tuyo a ca. Defiende tú mi corona, que tu casa guardaré, defiéndame tu persona, que yo entre tanto veré lo que su valor abona. A los rebeldes castiga que a mi corona se atreven, haz pues mi amistad te obliga, que mi enojo y furor prueben, porque el vencer se consiga. Que yo sabre castigar a quien se atreva a tu honor, y al que pretenda robar la fama de tu valor, la vida sabré quitar. Si eres mi norte y mi estrella la honra, y la vida es tuya, mi fama te dejo en ella, y la vida con ser tuya la traigo para perderla. Que cuando por ti la pierdo, será el hecho más glorioso, y será la acción más cuerda, ya parto más animoso, de lo que has dicho te acuerda. Pues yo me voy a escribir, para que te puedan dar lo que fueres a pedir, Cómo me podré ausentar, como me he de despedir. mucho debo al Rey, y es justo ofrecerle la obediencia, de Elena el rigor injusto hace que tema mi ausencia, algún funesto disgusto, Que poco te debe, Elena, mi firmeza singular, pues a morir me condena; ma si el Rey le ha de guardar asegurase mi pena. Señor? . Quién eres? . Yo soy Bitonto que más solía servirte. . Confuso estoy t. Señor? . Qué necia porfía, Bidi quien eres. . A eso voy. y a fe que tiene misterio el ver cuan vivo he venido, que al margen de un monasterio me vi entre muertos perdido, sin pedir yo ciminterio. Fue tan corta mi ventura, que entre Caibdís, y Cisa, de la guerra y noche oscura, como otros van a la pila me fui yo a la sepultura. Que en la baralla sangrienta de Sicilia, en que me hallé como la historia lo cuenta, entre los muertos quede, por cierto yerro de cuenta, Vivo escapé, porque yo soy muy vivo, y así viva la vida que me vivio, que no puede estar más viva la madre que me pario. Seas Bitonto bienvenido, ya yo te tenía por muerto, no quedaste mal herido? Con la muerte hice concierto, y es provechoso el partido. Cómo? . Porque yo he quedado de esta pendencia valiente, y con ella he contertado que he de vivir de repente, y morirme de pensado. Que si me muero, se acaba toda la graciosidad, Dices Bitonto verdad, que como nunca empezaba, se acábara la frialdad. Tú te partiste señor, y a mí herido me dejaste: doblado asido el rigor, si no es señor que pensaste que tengo tanto valor, Si otra vez me dan herida, y si fuere tal mi suerte que llegue a estar tan perdida, mando señor en mi muerte que a ti te pidan mi vida. Porque señor que ha criado tan mal paga sus servicios, tan mal su amor ha pagado, que con bastantes indicros de esto el haberme dejado entre el marcial alarido, y la confusa arboleda de las armas sin sentido, con la mucha polvareda, como don Beltrán perdido, Sin mandar solicitar, el noble cuerpo buscar de Bitonto en la batalla, y en la manta de cazalla procurarle sepultar. Por lo menos no es razón, que de tan noble criado confiese la obligación, yo que acuerbos destinado, o bendito san Antón. Estaba si allí moria sin que de mí se acordaso epitafío, y obra pía, como si ser inténtase judas de la infantería, A las fieras destinado el cuerpo estuvo también, del más valiente soldado, del gracioso más de bien, y más honroso criado. Y no quieres que me queje, porque en su muerte procura, sin que nadie le aconseje, epitafio o sepultura el difunto más hereje. Huélgome de verte, y quiero probar Bitonto tu fe, porque de tu industria espero lo que ahora te diré. Criado soy verdadero, no en guardar mal un secreto, si no en la fe, y el amor. Bitonto, tú eres discreto, y así te encargo mi honor, tanto te estimo enfeto. Vente conmigo y sabrás. lo que de tu ingenio fío. Cómo te sirvo verás, desde hoy no tengo albedrío, no podré servirte en más, Que en ser criado leal, diciendo lo que no viere, hablando se todo mal. y venga lo que viniere. Presto veré si eres tal. Cómo te va con amor después de tu casamiento? Mayores desdichas siento, y sufro pena mayor. bien sabes, o cielo injusto, que sin gusto casé, amiga, y bien sabes que esto obliga siempre a vivir con disgusto. me enciende el pecho de suerte que pido al cielo la muerte porque se acabe el dolor. lamas su amor olvidó la que quiso bien de veras, y así en mis pasiones fieras a César adoro yo. A tu sangre y calidad (esto debes advertir) no le estuvo bien decir ofensa a su autoridad. Hasta dar la mano a Carlos a César pudiste amar, pero después refrenar tus cuidados, y templarlos. Hasta casarte fue justo a César corresponder, pero después es tener vil trato, y término injusto. Es delito en su opinión, es afrenta en su nobleza, eso que llamas firmeza, eso que nombras pasión, Demí te sabré decir que cuando pudo ser mío, di a Carlos el albedrío sin poderme resistir. Pero después que te dio la mano de esposo a ti, lo que hasta entonces le di, mi nobleza me volvió. Ya de Carlos no me acuerdo, ni aún a nombrarle me atrevo por amistad que te debo, y por ser consejo cuerdo. de lícito amor no pasa, los límites me desvelo, que solo a mi honra celo, y solo mi honor me abrasa, Amada esposa mía, de mis sentidos suspensión gloriosa, siempre mi amor; porfía de ser entre sus luces mariposa, para morir de amores, con lisonjear mis penas y dolores. A despedirme vengo que a Calabría me envía la obediencia que a Federico tengo, encarecerte Elena en esta ausencia mis penas inmortales, de la Libia es contar los arenales. Reporte mi sentido el honor que asiste y me acompaña, siempre el vencer ha sido hecho glorioso, y venturosa hazaña, pero la mayor gloria es de sí mismo el alcanzar victoria. Parte fiero enemigo que tu ausencia podrá darme la vida, aque contigo, porque el alma a tu amor sigue rendida en esta ausencia grave. que bien la Duquesa fingiraabe. C Aquí traigo al labrador que ha mandado Vueselencia que viniese. . En esta ausencia divertirá tu dolor. Tirso es su nombre, y podrá en mi ausencia divertirte. Sabré señora servirte; y el tiempo te lo dirá. Con mi condición traviesa tanto te pienso alegrar, que el pueblo me ha de llamar cozquilla de la Duquesa. Mucho te pienso alegrar, con donaire placentero, más boto años que primero la panza tengo desartar. Aunque no como y meriendo, ni almuerzo jamás. . Por qué? Qué bueno es eso, alahe, porque siempre estoy comiendo. Deme un par de pies sulencia, que yo a entretenerla vengo, aunque en las gracias que tengo no hay ninguna indulugencia. Su simplicidad podrá disculparla. . Di en efeto; no soy muy sabio y discreto? digamelo. . Claro está. A los volos jugaremos, o con la onda en la mano, con lindo brío y hufano los dos nos apedrearemos. Saldrás al baile algún día, y allí te divirtiras, desa fingirso y mil mudanzas sabrás. Hacerlas mi amor confía; . a Dios señor. . Él te guarde, A César hoy he de hablar, para poder descansar, haciendo de amor alarde. Es posible que aborrezca lo que yo adoraba, Blena? . que tanto bien le dé pena? que tanta gloria metezca? Mas hay, deteneos desuelos, porque a Carlos me nombráis, porque de él os acordáis. en mis tristes desconsuelos. Si entonces vebí el veneno, a mi honor no le está bien. hoy el quererla también, que es Carlos de dueño ajeno. Qué bien fingiste. . Señor no digo yo labrador, por tu gusto ser espero, pero dueña, y escudero, con ser la cosa peor. He quérido disfrazarte en mi casa de este modo, Bitonto, para fiarte todo cuanto temo, y todo pretendo comenicarte. Siempre las largas ausencias, dieron amigo licencias a la joventud lozana, porque venga a ser liviana sin temor, sin resistencia. Alguna criada mía hablar de noche podría, con quien trata casamiento, y el que lo mírase atento por malo lo juzgaría. No es bien dar al que lo ignora de maliciar ocasión, y piense que es la señora, la que esta hablando, a pasión que dentro del alma mora. . Podrá la Duquesa estar descuidada en este medio, tú por mí te has de quedar, dando Bitonto el remedio, con procurarle estorbar. Mira y nota disfrazado, pues te quedas en mi casa, lo que advierte mi cuidado, y avísame lo que pasa, para que esté asegurado. Argos seré vigilante, seré la misma lealtad, no hayas miedo que me canse Mercurio con suavidad, ni que Júpiter me espante. Piedra seré en el secreto, de todo te avisaré, y en no recibir seré, como ministro perfeto desde la cabeza al pie. parte señor descuidado, que arto seguirte quisiera, y no guardar el ganado mujeriego, por ser fiera que el infierno le ha engendrado. Yo parto con gusto ahora. Vente apriesa, y vente luego. Por mi Elena el alma llora. Cómo ha de tener susiego quien tanto enredo atesora. Antes de partir, señor, de ti a despedirme vengo. Estimo Arnesto tu amor, y a premiarte me prevengo siempre con gusto mayor. A lo mismo me ha traído el respeto que te debo. Ya le tengo conocido, porque, Ludóvico, pruebo y en ti el amor más rendido: cuando el Duque volvera? Eso, el tiempo lo dirá, que sus mudanzas, y efectos descubriran los secretos que la guerra ocultará. Es tan valiente soldado, que hasta sosegarlo todo él no estará solegado. Con su destreza, y su modo qué victorias no alcanzado? desde palacio salió por el parque al muelle. . Ya la salva alegre se oyo. La noche llegando va, y el sol su luz escondio, partamos a embarcar porque zarpan las galeras, De los dos me he de acordar. Adiós, César. Penas fieras, bien os podéis sosegar. Amé a Eleva y la perdí, quise seguir su favor, forzada (ay amor ) la vi en poder de ajeno amor cuando le dio al Rey él sí. Aunque no con los efetos bien se que me corresponde, y que ha gurdado respetos al Rey, porque no me escondo los más últimos secretos, Ya de Carlos el ausencia me da la ocasión altiva, aliéntese mi paciencia, y mi sentimiento viva a manos de su clemencia. Capa del amor desnudo, y de amorosos delitos, sed mi defensa y escudo, mis tormentos infinitos mirad con aplauso mudo. No vuestro esplendor saquéis, entre luciente arrebol, que de afrentas moriréis, porque veréis mayor sol, y mejor luz miraréis. Ya los músicos llegaron, y las guitarras templaron. Comiencen luega a cantar; a quien pudiese cantar lo que mis ojos lloraron. Si todo mi bien, perdí para que quiero la vida, para que desea la gloria quien sufre tantas desdichas. Quién a estas horas será, mas si es César, que ha venido después que el Duque ha partido, viviendo mi pena va. Él solo puede atreverse a llegar a estos umbrales, porque el solo de mis males, puede al fin enternecerse. Mas quiero ahora escuchar, y asegurarme mejor. Decidle mi firme amor, volved de nuevo a cantar. Desde aquí pienso escuchar lo que en esta calle pasa, y así el honor de esta casa centívela he de guardar. Apenas al mar se entrega Ulises que le contrasta, cuando a Penalope casta turba un alcahueta Griega. Mi amo apenas salió, cuando hay sombras a la puerta, de quien su entrada concierta, mas qué puerta amor no abrió? Oh quien bajando pudiera con más seciera invención, matar aquestos que son causa de pena tan fiera; mas hoy secreto he de ser. Ya al balcón salió mi bien, cantad músicos también, que ya llega a amanecer. saludad como las aves, a esta aurora celestial, decildes tiernos mi mal con los acentos suaves. Ya no tengo que temer, pues en tan dulce conquista conocí tu voluntad que es cadena de la mía. Ya Carlos navega el mar, ya miro la obligación que le tiene mi afición, y es justa cosa el pagar. Por él su casa he guardado, y por el guardarla espero, allí hay hombres, aquí quiero ver lo que pasa embozado. A buen tiempo hauré venido, y fue el venir provechoso. Cantad a mí sol hermoso como en mirarla he vivido, El alma puede esperar, pues el cielo de tu vista le asegura la bonanza en tormentas tan prolijas. Como Elena he de llegar, si no puede el sentimiento referirte mi tormento, ni mis penas declarar. Y quién te podrá decir lo que siento en tanto amar, quien dime podrá cantar este perpetuo morir? César es, válgame el cielo! que así ofende mi opinión, con descubierta traición, y declarado desvelo. Quien soy no podrá saber, que la voz he de mudar; caballero, este lugar no debes de conocer. Del Duque las casas son, y dar música en su ausencia, con tan pública licencia, es de villana intención. Porque soy de ellas vecino, del sol bello en los ocasos. a detenerte los pasos, con valor me determino. No digo criada yo, pero a una esclava no es justo que mire aplaudiendo el gusto quien de ofenderle penso. Eres guarda, o eres dueño de esta casa? de esta suerte lo preguntas? . Vela, advierte que no te rindas al sueño. Si alguna criada adoras, porque le inquietas su casa? porque del límite pasa conque su opinión desdoras; no conoces el amor que le tiene el Rey? . Villano, quieres que con esta mano te desaga mi furor? como corre por tu cuenta defender este lugar? Un vecino ha de guardar la casa del que se ausenta, y avisarlo sabré al Rey cuando prosiga tu error, porque muestra su rigor con su justicia, y su ley. Por Dios que mi amo tiene quien le dofienda la casa. Aquí alguna traición pasa, que algún amante entretiene. Grande traición a ver llego, mas yo estoy con tal aviso, que defiendo el Paraiso con una tranca de fuego. Que bien el Duque recela; mas si es él, que por su calle anda en pena, hasta que halle de su honor la centinela. pero yo entre tanto, hufano, de mostrarle eterno amor, seré grulia de su honor con un guijarro en la mano. Quién puede ser, quién a hablado? mas si Carlos no se ha ido, . mas si la ausencia ha fingido por ver de Elena el cuidado. Poco derecho imagino, que Carlos en ti traspasa, para defender su casa, pues no eres más que un vecino. Volved a cantar, cantad mis recelos, y desmayos. De mi fuerte acero, rayos provad villanos, probad. A tu furia me opondré. Y tú mi rigor verás. Tú mis rayos provarás donde mi rigor se ve. otra vez vuelvo a tus luces, porque en mi dolor mortal alm a ser en el inmortal, bella Blena me reduces. Vuelvan las voces, y el canto a decirte mi pasión, porque ya mi corazón, escollo es de un mar de llanto. La voz primera, traidor, no habastado a persuadirte, pues ya quiero reducirte a que pruenes mi rigor. Ya los sigue, y los alcanza; y ya les da pan de perro. Como el temor no destierro. Que bien entre ellos se lanza, o embozado más valiente que de tres no hiciste caso, por Dios que alargaba el paso el amador penitente. Ideputa bellaco que de estocadas que tira, que bien a los tres retira por Dios que hace en un saco que quepan honra y provecho, Por Dios que lo pasan mal, aúnque lleve cadacual, un suegro puesto en el pecho, porque entre las tres espadas, tan rayo se arroja airado, que parece que le ha dado peeleña de estocadas. Oh quién supiera el que ha sido aquel divino valor, de quien con tener amor los tres hombres han huido, A quién ahora supiese quien me causa este dolor, porque treguas al temor dar a mi tristeza pudiese. Al Duque voy a escribir este suceso fatal. Yo me entro porque en mi mal todo es penar y morir. . Vuestra Majestad señor sosiegue el pecho turbado, porque le miro alterado con más notable rigor. Nadie sepa que he salido, y dame otra capa luego, traigan luces. . Yo voy, Ciego de más cólera he venido. Si César viene; podrás decille que le he esperado, y para escribir, recado también ahora traeras. Cuando con César me vieres dadme certado un papel, Y qué he de escribir en el? Escribe, a mujeres! a César escribe, yo solamente he de leer, sea en blanco, tu puedes ver lo que te advierto, mas no, escribe lo que gustares. y al dármelo aquí; dirás cuando con él me verás, porque en mi afecto repares, que un vecino te le dio, de estas casas centinela. Yo voy. . Y con tal cautela mi secreto se encubrío. Por Dios que fui desgraciado, que enemigo tan valiente se opuso a mi amor ardiente, porque muriese afrentado. A Eleña! luz peregrina encanto, de mi pasión, morire por tu ocasión pues a la muerte me inclina. No temeré de hoy más, cualquier contrario ofendido, que al verte sere atrevido pues valor me infundiras. Por ver al Rey he venido, que si no, en la calle fuera quien el alba hermosa viera llena de aljófar lucido; pero allí escribiendo está. Rato ha que el Rey mi señor te espera . A mí? a rigor de quien muere y pena ya; Que manda tu Majestad pues aquí tienes tu hechura? Mi sufrimiento se apura, . ese retrete cerrad; . de dónde vienes? . Señor lejos de palacio vengo, y como en servirte tengo firme y puntual amor, de priesa ahora he venido, Por gran contento tuviera que lejos de aquí viviera quien cerca de aquí ha venido. Vuele la garza el neblí, haciendo puntas al cielo, que así luce su desuelo, y es mejor victoria así. Sl eazar dentro del nido a las aves no es valor, buscarlas en lo interior del monte más escondido, es gallarda valentía. No entiendo a tu Majestad Dentro de casa es maldad, fuera de ser cobardía. Confuso estoy de manera que no acierto a responderte. Siempre ha sido mejor suerte fatigar mucho la fiera, que de ella alcanzar victoria, del puesto cerca, y no lejos, que son las penas espejos donde se mira la gloria. En la más grave atención conque escucharte procuro, si aresponder me aseguro me causa más confusión. Un vecino me dio ahora este papel de secreto. Amor como tu respeto. mis escarmientos desdora? . Un vecino cuidadoso me dice en este, papel. Hay tormento más cruel, ay dolor más riguroso, César? . Enigmas propone con la vista y las palabras. A César, tu infamia labras. A matarme se dispone. . Mucho se deben honrar a los vasallos ausentes. qué hacen las glorias presentes de quien llega a gobernar. Sangre derraman allí para volver por mi honor, que el Rey guardarle mejor aura de saber aquí. Lo que ahora te he advertido por metafora y rodeos, te descubren mis deseos, y te declara el sentido. Aunque eres tú mi sobrino, y aunque heredes mis estados, en premiar a los soldados yo soy el mejor vecino. Cuánto más se declaró, menos entiendo en mi pena, lo que a morir me condena, y lo que amor me estorbó, si el vecinole avisó. Él lo dijo, puede ser, mas no, que no pudo haber lugar para que avisase, lo que mi bien estorbase con tan no visto poder, Yo cobarde en la ocasión, en que amor dichas señala, a quien el sol mismo escala. con amorosa pasión. Ventura es la perdición, gloria es la pena más fuerte, sigamos pues, alma mía, con generosa porfía lo que es mi dicha y mi suerte.
JORNADA TERCERA
Después que tus dolores. aumentaro de ausencia los rigores, deseo saber Elena si halla sosiego tu prolija pena. No del. Duque la ausencia me causa el daño, amiga, de César el amor, me le ha causa- (do. a quien en más violencia es bien que mi fe siga en tan penoso, y miserable estado, que pues permite el hado. desdicha semejante, en eternos dolores pretendo ser amante, aunque los ven mayores, que así tendrá mi fuego, muriendo amando en el mayor sosie Del Duque los amores, (go. los regalos y fiestas conque quiso obligarme, unos fueron rigores, otros penas funestas, a quien no pudo el tiempo sujetar? (me, pudieron si aumentarme. el tormanto penoso, la desdicha más grave, el dolor riguroso de mis sentidos llave, que alma abrió la puerta para que a César siempre quede abier Una noche que quiso (ta. decirme su tormento, en tan arduos desvelos, para ver mi narciso salió al paso el contento, perdiendo los recelos. Hay tristes desconsuelos, apenas llegue a velle, cuando fui destinada, y llegando a perderle, con el alma y la vida, por unas cuchilladas, fui argos en seguille las pisada, Mucho siento tu pena, y más tu afrenta siente, conque al honor infamas, rómpase la cadena de tu grave tormenta. porque es lo que amor llamas, conque tú acoa diasuirido es ofensa alevosa; el Duque te adora, es vileza afrentosa cuanto tu alma llora, no te advierte el sentido (rido. que el Condestable, Elena, es tu ma- El Rey viene a visitarte. Qué dices? . Ahora sube. Siempre temiéndolo estuve: Es novedad el hablarte. A que ahura venido el Rey a casa, quiero acechar. Por meced tan singular beso tus pies. . Esto es ley. Esta es cumplir con mi amo, nadie me apriete a decirlo, que diré viendo el cuchillo, fuente ovejuna me llamo. Para negallo mejor, diré que iglesía me llamo, porque he de ser por mi amo mártir, y no confesor. No hay que temer que lo diga, que aún queriéndome enterrar, los gusanos me han de hallar secretos en la barriga. Siéntate Elena, y sabrás porque a tu casa he venido. Porque falta su marido, quien duda que le dirás que has venido el mismo día, porque quiere su insolencia, en esta penosa ausencia, hacerla más compañía. No dirán pues tales son las visitas que han que de un villano han tenido tan maliciosa lición. Bara he de ser de alguácil, si eres caña de pescar, porque te puedas quejar que te ha perseguido un Gil. Yo publicare tu fe, y lo que honras esta casa, y lo que en su honra pasa . a mi amo le diré. Quién es este labrador? Un hombre no muy labrado, porque solo me han dejado por guarda de esta lavor. Qué dices? . que en los hierros de muchos surcos que sigo, cuando espero coger trigo temo que me nazcan berros. Mas yo le saldré al atajo avisando a mi señor, que al fin fin, so labrador, y como de mi trabajo. Espía soy, y adalid, que cuanto pasa he de ver, porque más justo he de ser que no las calzas del Cid. Al Duque obligado estoy por su amor, y su obediencia, y a así he querido en su ausencia honrar estas casas hoy. Para avisarle después de tu salud, he querido informarme de ti. . Hh sido grande el favor; mas si es . porque a Lucrecia desea, y viene a verla en mi casa. Si el Rey de amores se abrasa, y en Elena los emplea. . Hanme dicho Elena hermosa. que en tu casa una criada Eue prendada, habla denoche, esto es con que da mucho que celar, y más cuando a permitido que le den música, ha sido mucha licencia de amar. Pormí el Duque está ausente, y es justo que yo por él pague un amor tan fiel estando mi fe presente, Que prudencia, y que valor. sin duda el Rey ha sabido, . y como cuerdo ha fingido de la Duquesa el amor. Honrosa correspondencia muestra con Carlos tener, pues acelar y a temer llega por él en su ausencia Por Dios que ha salido el cuento diferente de lo que era, yo pense que amante fuera, y es guarda de mi convento. Por Dios que es cosa graciosa, lo que a su fe corresponde, viendo que en su pecho esconde otra guarda cuidadosa. Ahora vino un correo con estas cartas del Duque. Todo mi amor se zabuque en el mar de mi deseo. Esta viene para ti, porque dice el sobre escrito a mi esposa. . No permito gozo al bien que conocí. Después gue llegue, señor, una victoria alcanzé, de mucha importancia fue, y otra espero que es mayor. Porque solo a Catanzaro, y Rijoles no he venido, no me pongas en olvido. puno eayo se ñon mi amparo. Hay soldado más somoso, hay vasallo más leal, hay hombre más principal, ay Rey como yo dichoso. Tanto a Carlos he estimado, que el que a su honor se atreviere, como si al mío, ofendiere será de mi castigado. El que intentare ofenderle, que ofende ami amor advierta, y ha de entrar por esta puerta cuando alguno le atropelle. quédate Elena con Dios, y advierte que el Duque ha sido el que solo ha merecido. seamos uno los dos. Suspensa el Rey me dejó y en lo que dijo confusa. No ha de hallar Elena excusa en lo que el Rey le advirtio. . Ello es bueno a toda ley lo que al fin te ha aconsejado, por diez ama, que a mostrado tener buen caletre el Rey. Él debe de ser prudente, pues que dice es cierta cosa; que está la fe peligrosa estando el marido ausente, Pues el sol se va puniendo, aquí te puedes quedar, que estar sola da lugar a que te lo niegue. . Entiendo que daré incomodidad, y así me darás licencia de ir a mi casa . Inclemencia ha de ser en tu amistad. Mira la carta, y responde que yo quedare contigo. Hacerla quiero testigo del dolor que el pecho esconde. Quedándose aquí Lucrecia cuando hablar me vea en rigor, diré que es ella, hay amor, tu leya todos desprecia. Dizo así la carta: Elena, después que en la guerra estoy, batallando siempre voy con mi temerosa pena. Rebeldes castigo aquí, mas no puedo castigar la rebeldía del César, y lo que he adorado en ti. Presto me verás vencer, cuando llego a pelear. porque me alienta el amar y el deseo de volver. Si entre los muertos quedara; mejor nueva me trajera, . esta carta lisonjera, llana de ponzoñas claras. Voy Lucrecia a responder, y luego a buscarte vengo, pues que tal guéspeda tengo menos pena he de tener. . Pues que soy leal criado, y yo no me he de pudrir, quiero a mi amo escribir todo aquesto que ha pasado, Relación será infinita, de la que pasa en su ausencia, hasta que me de licencia el Rey para tal visita. Que Elena juzgue a desdicha lo que el alma deseó, y aborrezca lo que yo tuviera por mayor dicha? Qué dices, Lucrecia, advierte que a tu sangre honrosa infamas, no descubras, no, las llamas que pudieron encenderte. A Carlos ha dado dueño el cielo, qué es lo que intentas? como a tu valor afrentas? rindiendo me voy al sueño. Quiero en esta silla ahora, hasta que aquí vuelva dleña, sosiego dar a mi pena, y alivio a un alma que llora. Que es lo que sueña mi amor, Carlos mío, Duque amado, como se turba el cuidado de mi esperanza al temor. Los brazos me das? que espero, llega a abrazarme, desvía, que no eres tu prenda mía, cuando en mi mal desespero. Soñando está, quiero oír lo que habla el corazón. Lucrecia soy, mi afición, Aquesto puedo sufeir, Carlor Carrasa, mi dueño, aquesto dices ahora? que me ha de servir. . Señora esto no parece sueño. Deja que llegue a tus brazos pues yo por tu honor peleo. Descubriré su deseo, con más cautelosos lazos. Quién me llama? Discurrias a solas? . Tirso? que dices? . Ahora te contradices, no hablaba cuando dormías. Qué te engañas te confieso. Quiéres ver mi carta? . quiero con gusto escucharla. . Espero que del perderás el seso. Leé Bitonto la carta. Has visto carta cómo esta? Discreta está. . En esta escribo que ya a tu gusto apercibo al Duque breve respuesta. Esta carra toma, y luego a palacio partiras; Tirso, dime, no sabrás hacer esto que te ruego? No esta claro que sabré, si se lo que pasa y todo, porque yo lo se de modo . que lo que callo diré. A César tengo de hablar esta noche en cierta pena. Mucho Voy temiendo, Elena, lo que puede resultar. Resuelto tengo mi amor. Algún pesar adivino. Si yo no yerro el camino presto sabre aqueste error. . Pisando tus sombras frías o noche con pie cobarde, en mis ardientes porfías, salgo a ver mis bienes, tarde por deslumbrar las espías. Ya la triforme Diana, sabe el carro diamantino, no como el Alba de grana, cuando su puro camino va anunciando la mañana. Si no de luces más bellas, entre glorioso arrebol, para competir con ellas, sol a luz, y luz a sol siendo soles sus estrellas. Si cuando busco sosiego en tu jornada luciente, abrasándome en el fuego de una adoración ardiente a donde la vida anego, Por qué descubres mi amor? porque mis penas no ocultas; porque declaras mi ardor? como en mi mal no sepultas porque goce el bien mayor? Si entonces fui conocido, y si entonces agraviado, si del Rey reprendido, y de su rigor tratado como ingrato mal nacido. en esta noche podrás, noche oscura, o noche clara, porque mejor luz verás cubrir de orrores tu cara porque así me encubriras, Goce ahora la ocasión que me estorbó la desdicha, oiga Elena mi pasión, su sombra aliente mi dicha, su oscuridad mi afición. El puesto quiero mirar, por si hay en la calle alguno, tarde es, no hay que recelar, mas no parece ninguno que es hora de descansar. Antes que el nuevo candor, desde la cuna de oriente saque Febo con fervor, y antes que haga el ocidende sombra a su puro esplendor. A mi dueño quiero hablar, y la seña quiero hacer. La espada es aquella, o amor, cuanto fuerza tu poder, cuanto puedes obligar, El balcón abren, ay cielos, panad parad; un instante los distintos paralelos, Yo soy sombra del Infante cuidados en mis recelos; aquí pues la noche da, para esconderme ocasión, quiero encubrirme. . Está en la calle mi pasión, y quién mi dueño será? En la calle estoy, señora, esperando en tu beldad, lo que mi esperanza adora. Que descubierta maldad, como a su sangre desdora. Y aura en la calle quien sea de nuestros bienes espía, porque el delito se vea, aunque en amor quien porfía vence guardas de medea. Quién tus cuidados desvela, nadie en esta carle siento. No haya alguna centinela. Esto fue fingido. . Atento mi amor por el duque vela. Qué dices? Que estoy muriendo; y tú? . Que estoy adorando, A quién? A quién me esta oyendo, y por quien estás pienando. Por lo que quise viviendo. Luego no estás viva . No. Cuándo perdiste la vida? Cuando un poder le rindio. a quien de ella homicida, para que muriese yo, De ser mía prometiste, muerta no la has de cumplir. Quise en el bien que perdiste ver la muerte con vivir. porque en ti mi vida asiste. Qué eres en fin de otro dueño? Al Duque solo desdeño. Y amí? . Por tu causa ahora desdichas el alma llora, que fue de tu amor empeño, Será estorbarlo razón, porque cuanto lo dilato tanto afrento mi opinión, y soy con el duque ingrato si hago pasar la ocasión. Qué remedio he de tener? En mi firmeza esperar. Cómo, Elena, he de poder? Yo el modo sabré buscar. Y yo sabré padecer? Si al Duque diesen la muerte? Qué contento que sería. Qué dicha. Qué buena suerte, y aunque no muera. . Porfía. Qué podré amando vencerte? Vencida me tienes ya; más lograras tu deseo. Espera. . Qué? . Mira. El va con temor. Quién? . En mi empleo el honor que voces da. Sigue el gusto. . Ya le sigo. Forzaron su voluntad. Si César. . Vienes conmigo? Sí, que aguarda mi lealtad. Pues ya el alma va contigo. Tente atrevido, detente, Eres fantasma, o ilusión, déjame ahora. . No intente tu alevoso corazón otra mentira aparente; vive Dios que he de matarte. Así mi valor infamas. La vida sabré quitarte. Vertiré encendidas llamas. Con ellas sabre abrasarte Ay desuentura mayor, si es el Duque quien le ordena temeroso está mi amor; ay César, hay dura pena, hay desdichas, hay rigor. La luz te ha dado la vida, que a no encontrarla primero, tú la vieras más rendida a mi formidable acero. Es César? . Prenda querida, esto a mi pecho constante para mi agravio apercive, sin duda aqueste es tu amante, que el amante donde vive, vive con fe semejante, celoso y resuelto vengo de morir, o de vencer, muchas sospechas prevengo, quien imperio ha de tener de estorbarme. . Si detengo a tu boz con replicarte, será culpa conocida, no es término de obligarte tener la fe dividida, y el amor en otra parte. asegura los recelos. Celos me causan enojos. Pierde César los desuelos. porque no serán despojos de sospechas y de celos, otra vez sigo los pasos. de este alevoso traidor. Mas venenos en más vasos me va apurando el amor, siendo de ventura escasos. Ruido en la calle siento. Asegura tu cuidado. celoso está mi contento. Para que esté asegurado quiero aliviar su tormento. Porque no te vean podrás hablarme por el jardín, con esta llave abriras. Y para glorioso fin tus deseos lograras. Confieso que mi valor ha resistido a tu amor, en mis sentimientos grave, ya venciste, pues la llave te he entregado de mi honor. Besaré la blanca arena, que me concede pisar tu belleza, amada Elena, esta llave me ha de dar. la dicha en glorias llena. Aquí Carlos ha de ver que su honor supe guardar, quien soy ha de conocer, porque pretendo estorbar cuanto le puede ofender. La llave Elena rompí. Entra, y ciérrate la puerta. ̱. Yo voy. . Yo bajo. . Vencí. Pues quedó la puerta abierta, tras el quiero entrarme allí. Antea de entrar vencedor al Rey veré de secreto, por ser mi dueño, y señor, aunque me pone en aprieto un recelo de mi honor. A mi casa he de llegar, entrando por el jardín, celoso vengo en amar, y temo a mi honor al fin, que es lo que supe estimar. Ya llego; que mal agüero; abierta la puerta está. Por tu causa mi bien muero. Dentro es la voz, que será? Morirás. Ay Dios, que espero. Elena del alma, Elena. Elena repite, ay cielos. Con tu nombre. ̱. Que gran pena. Acabaran mis desuelos de tu amorosa cadena. Qué suspensión me detiene, que presagios me acobardan; dónde está el valor, no viene? mis ardides como tardan, solo morir me conviene. pero esfuércese el valor aliéntense mis sentidos, porque en dudas del honor siempre quedaré ofendido sino descubre el error; Entro pues. . Quién va? Quién es? . Quién lo pregunta? A traidor, dentro en mi casa no estes. Tuya es la casa? . A dolor! Qué estoy en ella no ves? Pues cómo estas en mi casa? Porque soy la guarda de ella. El alma en fuego se abrasa, así mi amor se atropella. esto en mis desdichas pasa. Hárete infame pedazos, y por ese pecho abierto vere esos infames lazos. Quieres tú con este muerto ocupar entrambos brazos; Duque, Carlos? . Rey, señor? tú en mi casa de esta suerte? Yo Duque con tal rigor, he dado con esta muerte eterna vida a tu honor: venciste en fin? . He vencido, y de secreto venía a referirte. . Yo he sido de tu lealtad guarda y guía. Las victorias que he tenido. Cuando al contrario has vencido para premiar tu memoria, guarda de tu honor he sido, esta es Carlos mi victoria por la que tu allá has tenido, Allá tú con más valor ensalzaste mi corona, yo a caguardando tu honor porque ofendió tu persona de César maté el error. La que te llegó a ofender bien pudiera castigar, pues que tuve igual poder, mas vinieras a quedar con de honra y sin mujer. Lientro queda la Duquesa, pues que tus iras provoca, venga aquesta infame empresa, que ya lo que a mí me toca ese muerto lo confiesa. Maté a César en efecto, porque te pudo agraviar, calla aqueste fiero aprieto, y mientras lo oculta el mar guarda tú también secreto. Al ver que hera mi sobrino pude dudar y temer, pero en tu ausencia imagino, Duque, que llegaste a ver que fui yo el mejor vecino. César en fin no ha ofendido tu honor, porque entre su empresa quedó muerto y derenido, bien que fue de la Duquesa pensamiento consentido. Pues si la noche primera que esto estaba concertado, César no entró, ni pudiera, tu honor no queda manchado, aunque por ella pudiera. quédate a consideran la venganza que has de hacer. mira lo que has de vengar, si el no te pudo ofender, y ella lo llego a intentar. Ya mi agravio averigue, lo que al partir recelé, temeroso en mi dolor, pudo mostrarme el valor de Federico en la fe. Matar a Elena es forzoso, pues el mato su sobrino, muera el término alevoso, porque allé mi honor camino para no estar receloso. Avengarme parto airado, para que con este medio, quede el reo castigado, mi deshonra con remedio, y yo con su muerte honrado. Que tienes, hermosa Elena, cómo te miro turbada? No puedo decir mi pena que tengo la lengua atada con temerosa cadena. Qué tienes? que ha sucedido, A Césan pierdo el sentido. Qué hubor. . A todo mi bien Acaba, dilo también. Dieron la muerte. . Perdido está el honor que has guardado, como, dime tu cuidado. Porque mi amor le concede el premio que busca. . Puede contra el Duque haberle dado. Todas las puertas abiertas, desierta toda la casa, mis desdichas fueron ciertas. Esto amiga, es lo que pasa en mis esperanzas muertas. Este es el retrete, aquí sin duda Elena ha de estar, viéndola estoy, ay de mí, pero a dos quiero escuchar pues que dos están allí. Quise a César. . También yo a Carlos quise, mas luego que a ti su mano te dio, fue templado el libre fuego que en mi alma se encendió. Oh cuanto mejor me fuera que con Lucrecia casara, Remedia mi pena fiera. Cómo he de poder? . Repara en lo que digo. . Quisiera remediar tanto dolor. Tú no eres casada amiga, di que César por tu amor vino esta noche. . No siga otra infamia mi valor. Dirás que para quererte te habló en la calle, y así vendrás a excusar mi muerte. Qué dices, estas en ti. Esto pueda enternecerte. La vida, y cuanto tendré, puedo dalle por tu amor. Estimo amiga tu fe, Pero Duquesa, el honor claro está que no podré; si tómaras mis consejos, más seguridad tuviera. Cerca estoy, con estar lejos. Matadme pasiones fieras en mis cuidados perplejos. ̱. Que el Rey a César matase? fue leal con su promesa. ̱. que su sangre derrámase? De su desgracia me pesa. que con vida me déjase? para sentir, para ver tantos males, tantos daños, pero en tanto padecer mátenme los desengaños porque me puedan vencer. quede en jaspes, Federico. tu nombre y tu fama impresa, a la venganza me aplico, porque en tan honrosa empresa como al temor no replico. Cómo vienes? . Áspid fiero, que me echizas, que me encantas muere infame. . Espera. Espero que mueras. Desdichas tantas alegre en mis penas muero. Ya murio, dando en su vista al sol lucidos desmayos, al cielo mejores rayos, y a Carlos mayor conquista; asista mi amor asista a detener mi furor, que puede tanto el dolor, conocido en mi tormenta, que perdonara la afrenta porque viviera el amor. Ya de rayos coronado, del día se ve el fatol, bien es que saliendo el sol me vea el mundo más honrado, en la noche vi agraviado mi decoro y mi valor, véeme el día con honor, para que entre agravios tales vaya aliviando mis males, y losegando el dolor. Su Majestad viene a verte, que por el parque ha pasado, sabiendo que habías llagado, ya llega. . qué gran suerte. Qué murió, Carlos tu esposa? que la Duquesa murió? Ya espiró su luz hermosa, y en noche eterna dejó un alma siempre penosa. Todas son desdichas mías; sepulcro de eterno llanto daré a sus cenizas frías. Dime el suceso. Oye cuanto dolor aguardan mis días; el lado dejé de Elena para servirte, señor, y volviendo vencedor se mudó mi gloria en pena. Murió su beldad serena, que es la vida un breve sueño, y en sus espacios pequeño, por cuyas memorias juro, antes morir, que perjuro, la mano dar a otro dueño. Deja Carlos de jurar, que es juramento su ley, oye delante del Rey lo que aparte quiero hablar, Apartaos allá; ahora verás Carlos como miente el que tan fingidamente lo que ya aborece llora. Oígame tu Majestad, óígame Carlos, pues oyen mi nunca vista firmeza, cielo, tierra, fieras, y hombres, Yo por secretos misterios de estrellas mil superiores, estié un tiempo de Carlos fama, sombra, imagen nombre. Porque las partes, que el cielo, le dio a su sangre conformes, obligaban que mi pecho le ame, estime, quiera, adore, Nunca merecí su mano, no merecí sus favores, digan hoy si lo he sentido, quejas, llantos, pena; y voces. Eligio a Elena; que mucho si fue Paris en amores, que la troya de su pecho arda, gima, sienta, y llore? Apenas de Elena ha sido; cuando estas inclinaciones vence el honor soberano, borra, olvida, niega y rompe. Nunca ofendí la pureza de mis pensamientos nobles, que vencen de este jardín, rosas, murias, fuentes, flores. Como era honesto mi amor, guardo siempre pundonores, mereciendo por abales. libros, vidas, siglos, bronces. Sabe el cielo, que de Elena envidie la dicha entonces, juzgándome yo sin Carlos, triste, infeliz, sola, y pobre. Consejos le daba siempre, con más claros resplandores que da el sol, cuando ilumina cielos, valles, mares, montes. Siempre a sus ojos propuse sus deudas y obligaciones, porque su casa tuviese clausura, amor honra, y orden. Siempre temí de su amor los más vencidos rigores, que era un afecto y pasión vano, libre, osado, y torpe. Quisiéronse César, y ella, hizo tu elección errores, siendo Faetón, que despeña luz, caballos, vida y coche. Tú mismo precipitaste tu honor vencido de amores, sufre pues de la fortuna ruedas, giros, vuelcos, golpes. Pero ya que quiso el ado que aliento en su muerte cobres, siendo púrpura en su espada, puño, vaina, punta, y corte. Ya que Elena desdichada, Tisbe ha sido de tu estoque, y el lazo del matrimonio, libras, sueltas, quitas, rompes. No hagas el juramento, si no casarte propone; que no siempre dan espinas campos, balles, selvas, bosques. No todas las nubes paren rayos fuertes y veloces, que con su furia desagan? gabias, cumbre, pinos, torres. Mujer te ofrezco, y un alma llena de castos amores, que para ser tuya viene, horra, amor, nobleza, y dote. Lucrecia será una esclava, que te sirva, y que te adore, no me excede Elena en ser buena, humilde, amante, y noble. La que biéndote sangriento, entre sombras, y entre errores, te quiere, no tiene el pecho falso, libreralebe, y torpe. Amor, y honor me acompañan, que son dos polos, dos soles, que vence su estimación, gracia, beldad, oro, y dones. Siempre me estará causando la tragedia de esta noche, entre el amor de mi esposo; miedo, orror, pena, y dolores. Sollo querré que mi dueño, mientras rodaren los orbes, de la luz mis pensamientos mire, estime, entienda, y goce. Ya mereció mi constancia, lo que mi lengua propone, y hallar entre majestad vida, amparo, bien, favores. Esto suplico, esto sea, sepan mi fe, brutos, hombres, cielos, mares, luces, vientos, fuegos, aves, campos, montes. Razón será que te cases con quien tiene pecho noble, y de secreto se hagan las bodas aquesta noche. Pues tú lo mandas, señor, en obediencia conforme, será el servirte mi dicha por estimar tus favores. La mano doy a Lucrecia, con pagar obligaciones. que debo a su amor constante, porque mis bienes se logren. Tuya fue la primer flecha de mis dulces perdiciones, con haber después errado, la elección mi pecho entonces A todos haré merceded, y aquí el senado perdone las faltas del buen Vecino. que es de la comedia el nombré,
