Texto digital de Las astucias de Luzbel contra las divinas profecias
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las astucias de Luzbel contra las divinas profecias. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/astucias-de-luzbel-contra-las-divinas-profecias-las.

LAS ASTUCIAS DE LUZBEL CONTRA LAS DIVINAS PROFECIAS
Vid, mortales, oíd, un pasmo, asombro, y prodigio, que el Padre Eterno dispone entregaros a su Hijo. Aquestas voces concuerdan con estos mismos escritos, y ha de llegar este tiempo, a pesar del dolor mío. De Daniel, y de Isalas se cumplen los vaticinios, y en un supuesto sustenta la unión del Verbo Divino. Dejadme ya confusiones: qué me quieres eco esquivo? Es posible, que no basta del Cielo haberme espelido con vilipendio, y ultraje, sino es que quieras también con escrituras, y libros, con acordes instrumentos, con voces de Paraninfos, duplicar mis confusiones, entre nuevos laberintos? Pero (ay de mí!) que es en vano querellarme, pues que miro a tu poder empeñado para disipar mis bríos. Mas si serán fantasías, que quieren con su destino atormentar mis pasiones. para que a un tiempo mismo sea veneno, y triaca, que por medios exquisitos, disponga que el hombre sea, si antes de Dios el olvido, vivos recuerdos ahora, que despierte sus cariños? Bien puede ser; pero no, no es posible que conmigo puedan competir sus fu erzas, que soy sagaz basilisco. Por más astuto que seas, es muy corto tu dominio para oponerte arrojado contra tu Dios infinito. Los acentos de esta voz son dilemas, que a mi oído le persuaden a que es mas que corto mi dominio. Y pues que todos los Cielos, a pesar de mis designios, se conspiran contra mí, he de ausentarme corrido, y entre oscuras lobregueces, entre mazmorras, y abismos, despeñarme, pues que veo mi poder tan abatido. Detén, Luzbel, el paso. Cómo tan ultrajado tu valor esforzado, si el Oriente, y Ocaso, con sustos, parasismos, y temores, a tus iras se rinde, y mis rencores? Cobra, Luzbel, aliento, y tus penas, y sustos, convertidas en gustos, respiren por el viento, que siempre me tienes a tu lado, tu enemigo verás avasallado. Ay de mí! que los Cielos, con senales muy ciertas, francueando sus puertas, correr quieren sus velos, cercándole a tu astucia, y mi cuidado los cáminos, y sendas del pecado. Esas son confusiones, que no llego a alcanzarlas. Ni yo puedo explicarlas, por faltarme razones, pues siendo del hombre los favores, tuyos serán, y míos los rencores. Puesto que somos uno en la unión del amor, ocultar tu dolor es recelo importuno, pues másima es cierta, y advertida, que se alivia la pena referida. Ya que tanto porfías, has de saber mi pena, y el móvil que condena mis gozos, y alegrías y a costa de suspiros, y lamentos, sabrás mis más ocultos pensamientos, Cincuenta siglos, y más ha que triunfó mi proterbia, con ayuda de tu astucia, de aquella mujer primera, que incauta a mi pretensión, en lo ameno de una selva, soltó las riendas al gusto, siendo un bocado la presa, que puso freno a su orgullo, y malogró su belleza. Este triunfo me alentó, a que encendiese la hoguera de mi rabioso furor contra los hijos de Eva, y conseguir vengativo el despique de mi ofensa. Para lograr de pie firme esta insaciable apetencia, en la nave de mi ardor solté al discurso las velas, y viento en popa corrí donde la culpa navega, por ver si acaso encontraba quien me hiciese resistencia: que no es prudencia, la que no espécula con prudencia los ardides del contrario, para repartir sus fuerzas Cuando estando divertido en mis comunes tareas, recorriendo profecias, y careando sus sentencias, encontré con unos libros, cuyos caracteres eran de Dan él, y de Isalas, y me afligen de manera, que es cada cláusula un dardo, y es un arpón cada letra. Uno, y otro califican el temor de mis sospechas, pues dicen que ha de nacer un Hombre nuevo, que sea de todos mis escuadrones destrozo, estrago, y tragedia: las estrecheces de un vientre, al presentarme esta guerra, han de servir de campaña, y en medio de esta palestra, la Providencia Divina ha de poner sus Banderas, y la tercera Persona ha de ser la llama eterna, que con soplos de su amor, ha de encender esta hoguera, y vencerá Campeón, el fit de una Doncella, que con vitales alientos, y virginales purezas, hará que tome muy presto tanto cuerpo la materia; y pues eres tan sagaz en el manejo de letras, que mis mayores progresos se debieron a tu ciencia, has de saber por extenso el origen de mis penas. Confuso estaba Daniel. (aquí el dolor se renueva!) articulando gemidos, vertiendo lágrimas tiernas, que con bocas de dolor aumentaba su dolencia. y del polvo de su ver, clamaba de esta manera: Ea, gran Dios de Israel, cuya piedad es inmensa, tus piedades solicita aquella errante ovejuela, que como simple Paloma, suspira, gime, y anhela con penitentes arrullos, para que abriendo las puertas al Arca de tus piedades, descanse allí mi tristeza, pues son abrojos, y espinas, cuanto examinan mis huellas. El humo de esta Oración fue Incienso, y Llave Maestra; que con imperio, y dominio abrió las fuentes tan llenas de caridad, y de amor, que inundan las dos Esferas, El Comistorio Divino, para su alivio decrata, que un Ciudadano se aparte desde la Triunfante Iglesia, para que apague el incendio de sus amorosas quejas; no te admires, que el amor, si en un corazón se hóspeda, son tales sus ardimientos, y tantas sus impaciencias, que el más diligente curso es pesada ligereza, en que fluctua el deseo con avenidas que vuelan, hasta conseguir amante el objeto a quien se ordena. Por Nuncio de esta Embajada vino cierta inteligencia, que intimó su legacia con admirable elocuencia; de parte de aquel Monarca, que con virtud tan suprema, quiere vencer imposibles, manifestando clemencias, con que el hombre se levante de sus antiguas miserias. Ea, Varón de deseos, ya es tiempo (dice) que sepas las enigmas, y misterios, que esta visión en encierra: Setenta Hebdomadas son, las que nuestro Dios dispensa, para que vean los hombres al Mesías que se espera. La esclavitud que a tu Pueblo, y tu Ciudad opulenta oprime con tal rigor, ya se verá con afrenta desvanecida con rayos de aquella luz verdadera, que en todas partes asiste con su Divina Presencia: Esta será quien disponga con soberanas ideas, que los hijos de Ifrael convalecidas sus fuerzas, sacudan de su cerviz, pues que tanto le molesta, el yugo de esclavitud, y las royundas groseras, con que a los Hijos de Adan unció la astuta culebra. En este estado se hallaba este dolor, que me inquieta, cuando empezó el incurable, postrando todas mis fuerzas, por ver que aquí se graduan otras proféticas señas, que tuve por fabulosas, y por falsas apariencias. Este es el Sol que David refiere al son de sus cuerdas, que ha de nacer, esparciendo rayos, con que desvanezca las tinieblas de la culpa, y que con sus influencias. ha de registrar amante las más reconditas venas de distantes corazones, y Naciones extranjeras, produciendo en sus entrañas, como produce en la tierra, minerales de deseos, con que agradecidas vengan coronadas atenciones, que en obsequio, y recompensa le han de postrar la rodilla como a suprema Cabeza. Y porque no se dudase, declara más este emblema, diciendo: que del Oriente, con milagrosa ocurrencia, tres Reyes se han de partir por impulso de una Estrella, que para Paje de hacha, y para viva lucerna, dispone para premiar de estos tres Magos la oferta. Entonces dice este Rey) ha de bajar hecho perlas. aquel Rocío del Cielo, que a las incultas malezas. dará la paz, y justicia, para que los montes sean testigos de su venida, y aquí logrados se vean los Júbileos de Aabor, con el nombre que ven eran mbines, con debida reverencia: el pavimento de Tarsis, las Islas, Valles, y Sierras, destilarán aquel día, con muy copiosa fluencia, rayos de leche, y de miel, para que sea este Néctar, Embrema, que signisique la dulzura que se encierra en los senos de su nombre, como en la concha la perla. otros con rumbos distintos con mis desdichas encuentran, pues dicen germinará, con admirable destreza, de la Estirpe de Joseph, y su noble descendencia, una misteriosa Vara, que con intacta limpieza, con el riego de la gracia eche una Flor, o Azucena, cuya fragrancia, y olor, hará que baje sobre ella. el Paracleto Divino, Deidad amante, y excelsa. Ninguno de los vivientes (a pesar de mi dolencia) ha de quedar por esclavo, y tributario, aunque sea desválido, pobre, y triste, para que aquí resplandezca. la copiosa Redención, con que este Adán nuevo llega. Estas son, Astucias mías, las Profecias Divinas, que mis ruinas solicitan, para que viviendo muera; y así, lo que más me aflige, y lo que más me atormenta, es, ver tan cercano ya el plazo de esta promesa, pues tengo por infalible, que está cumplido a la letra. Y si a un corazón herido nunca se le ponen riendas, ni puede ser limitada. de la congoja la esfera, si se dilata la causa, que los dolores renueva, levante el grito mi voz, no cese, no, si no sienta, busque clamorosos bronces, que en muchas correspondiencias y en melancólicos ecos. libren en tristes endechas los dolores, que me oprimen, los rigores, que me aquejan, los sollezos, que reprimo; y los dardos, que me flechan. Quéjese todo el Infierno, pene, gima, llore, y sienta, y en funestos alaridos, al son de roncas trompetas, publique ya su desdicha, diciendo conmigo, y ella: Aquí yace un infelice, sepultado en su miseria. Con atenta obligación escuché tus ilusiones, y veo que tus razones. tienen mucho de aprensión: si en ti se postra. un Caudillo, omitiendo su gobierno, qué quieres que haga el Infierno. sino es morir a cuchillo? Cobra el aliento, Luzbel, mueran esas Profecias, que mis odiosas porfías. desmentirán a Damel. Esa Doncella que dices, he de insidiar, porque veas conseguidas tus ideas, y así tu nombre eternices. Si el logro de esa querella consiguiera venturoso, basilisco ponzonoso; fuera contra esa Doncella, contra esa invicta Mujer, esa Torre de David, que me presenta la lid, anulando mi poder. Esa Torre Soberana tiene una piedra angular, que la sabrá preservar de tus Puentas, y Aduanas. Desmoronando ese Templo. con latrocinios, e insultos, he de conseguir mis gustos, para que sirvan de ejemplo. Contra aquesta que pregona el acento de esa voz, he de ser rayo veloz, a ver si acaso blasona. Con una piedra, que es vida, ha de morir una muerte, sanando de aquesta suerte con una muerte una herida. Si hay quien la letra defienda, no responda entre celajes, ni gaste tantos ambajes, a la palestra descienda, Literaria, o Militar; que mi valor le presenta, porque el mundo entero sienta, que le puede conquistar. Ea, Caudillo esforzado, no quede en ese Horizonte camino, senda, ni monte, de tus furias reservado. Soberbio, atrevido aliento, tu contra el Cielo te opones? detén la voz, no blasones, aclamando vencimiento: Yo, te admito el desafío, y en palestra Literaria tu fortuna será varia; y tu orgullo desvarío: si con armas me provocas, en la mano está el remedio; pero eliges muy mal medio, y son tus fuerzas muy pocas, Ya te conozco, Miguel: piensas vencerme arrogante, y blasonar de triunfante, oponiéndote a Luzbel? Si en la primera venciste, en la segunda no es fácil; una la hierra el más ájil, dos, quien de necio se vistes Aquesa misma jastancia. te has de poner por librea, porque necia también lea esa seguada aogncia: qué aguardas el medio que has de tomar? te quieres ya retratar, o es que tu mal adivinas? No elijo ahora el acero, porque en aquesta ocasión, las letras, y la razón, satisfagan por entero; arguyo, pues, brevemente contra aqueste fundamento, y tomo por argumento esta razón convincente. Dar vida al hombre, y no a mí, es manifiesta injusticia, porque la culpa, y malicia con que del Cielo cáís aquesta misma previno otro letargo mortal al hombre, que es ser igual adiós, y su Ser Divino. Quiso con tanta apetencia, que estando ya desbocado, comió del árbol vedado, y despreció la obediencia. En esto somos iguales, culpa mortal fue su culpa; la mía no se disculpa, pues ambas fueron mortales, Yo me quiese asimilar, y él quiso ser como Dios; mira tú cual de los dos le pudo aquí rescatar. Si consigue venturoso el perdón de su malicia: luego se me hace injusticia; este es discurso forzoso, esto en Dios se contradice: luego aquesas Profecias son humanas fantasías del Profeta que lo dice. Si miras mi descendiencia, le excedo sin duda alguna, y es muy baja su fortuna para hacerme competencia. No obstante aquesta razón, el Dios que todo lo ordena, quiere que viva mi pena sin alguna redención: Luego es razón evidente, que ha de vivir sepultado en la cuna del pecado, y a mis leyes obediente: Con que en este desafío, y palestra literaria, mi fortuna no fue varia, ni mi orgullo desvarío, Juzgarás que has convencido; pues para que más te asombre, abogado por el hombre, has de quedar con olvido. Tu arguyes en calidad, que las dos culpas mortales, fueron entrambas iguales, y esto es ir contra verdad. Pero para más tormento, demos que el caso así fuera, pues de aquí no se arguyera, ni probara tu argumento; porque aqueste beneficio, es gracia de su poder, y aquesta la puede hacer, sin que anteceda servicios, Decirme que es injusticia, lo que puramente es gracia, o es afectada falacia, o hierros de tu malicia. Dios a sí mismo se mueve, a el paso de su piedad, mostrando su caridad, no porque a nadie la debe: Luego puede este Señor, sin que le arguyas de injusto, hacer al hombre este gusto, y a ti dejarte en tu horror. Esa noble Jerarquía, de que te precias ufano, es pensamiento villano, y una bastarda hidalguía. Y dime, ya que tuviste de su mano liberal un tan noble natural, tú mismo no le perdiste? Qué disculpa puede haber, ni razón de congruencia, que disculpe tu insolencia, ni por ti pueda volver? aunque el hombre cometió un tan enorme pecado, tu astucia tuvo a su lado, y sus engaños no vio. En ti nació fin contrario esa arrogante soberbia, y aquesa misma protervia te despeñó temerario: Luego en este desafío, y palestra literaria, fue tu fortuna muy varia, y tu orgullo desvarío. Detén, Miguel, no levante tanto tu voz la victoria, que no es razón perentoria esa respuesta arrogante. Si Dios se muestra clemente, haciendo aquese agasajo, sin que me cueste trabajo te arguyo de inconsiguiente. Así que se vio postrado. el hombre, y Dios ofendido, dijo, estaba arrepentido por lo que había criado. Borrarele de la tierra, dijo con furia, y enojo, y ha de ser vivo despojo. cuanto en el mundo se encierras Dos, imposibles induce mi astucia de esta sentencia, y has de ver con evidencia si mi ingeo los reduce. La palabra que Dios pone, es de eterna, permanencia, y toda su consistencia, como suya se supone. Con que si ahora revoca la sentencia que le dio, síguese que no cumplió lo que dijo por su boca. Este es discurso infalible, que se prueba inconsiguiente: Luego concede tu mente, un imposible, posible. Y ya que Dios le sentencia, como Moisés escribió, que así que el hombre se vio herido de mi violencia, aquel corazón Divino, con un dolor vehemente, tocando intrinsecamente, la sentencia lo previno: Luego en esta discreción se halla un engaño notable, pues siendo Dios inmutables le atribuye mutación; y así digo con Luzbel, el que aquesas profecias son humanas fantasías de Isalas, y Daniel. Todas aquesas razones son hijas de tu ignorancia, pues se ven con tu jactancia tus torcidas intenciones. Cuando Moisés escribió el que Dios disiparia a el hombre, pues le ofendía, aquesto no se entendió con quien le sirve obediente; pues hubo entonces varones, cuyos castos corazones fueron de olor atrayente, entre tanta turbulencia, espanto, horrores, y susto, Noé, le escribe fue justo, pues le robó su clemencia recurrir a mutación, sin atender a Moisés. Dime, Protervo, no ves, que es fantástica ilusión, cuando de Dios se predica, según el juicio humano, que este Señor Soberano es vida que frustifica, y le apellidan Cordero? Oh Pelicano amoroso! León por lo valeroso, quien, dime, infausto Lucero, puede dudar vacilante, que todas estas virtudes son solas simintudes, que le figuran amantes? Decir tuvo penitencia, es para dará entender. cuanto le llega a ofender quien irrita su clemencia. Por sus muchas perfecciones, y su infinita bondad, no admite, no, su deidad peregridas, invpesiones: Con que en esta dacia tu engaño, sí, que es notable, pues Dios se queda inmutable, sin rastro de mutación: Luego aunque sea clemente este Divino señor, puede hacer este favor sin obrar inconsiguiente. Victoria aclamen los Cielos, pues que ha vencido Miguel: corrido queda Luzbel, a pesar de sus desvelos. No por eso mis ardores desisten de su quererla: guerra contra esta Doncella, triunfen de ella mis rencores. Áspid seré vengativo. Quebrantará mis cadenas. Y entre sollozos, y penas. Has de vivir fugitivo. Ah de morir oprimida. Y este rugiente León. Ah de vencer Campeón. Y al ver su sengre vertida. Tremolará su Estandarte. Conocerá su desgracia. Y dando al hombre su gracia. Dirá el Infierno con Marte. Dirá triunfante el Mesías. Que ya se vieron cumplidos. Mas enojos merecidos. Las Divinas Profecias. Este es muy largo camino. Molidos traigo los huesos. Dónde estarán las ovejas? No pienso que están muy lejos. Nuestro Alcade si vendrá? El diabro que sepa de eso. Favor aquí a la Josticia. que me mata, so, jumento. Sin duda, que su pollino le ha derribado en el suelo: acude allí, Pedernal, no se le deje en el puesto. Voyme volando. . Despacha: válgate el diablo el entedo; ha dado en que ha de traeí un diabro de un pollinejo, que no consiente las moscas. Muy buena la habemos hecho: jo, Bórrico de un Jodio. A mí me llamas jumento? qué es lo que dices, menguado? Quédito, quedo, con tiento, déjame muy poco a poco, no se me quiebre algún hueso. Válgame Dios lo que pesa! Soy hombre de mucho peso: llámame luego al Albeitar. Para qué? Para que pienso, que sin querer me he morido, y así estuviera mi abuelo, . Ay desdichado de mí! téngame Dios en su Cielo: Viene el Albeitar, Señores? Qué le quieres, majadero? Que en las nárices me dé cuatro botones de fuego, para ver si resocito. Callad, que sois un pandero: si muerto, cómo parlando? No parlan también los muertos? Cuéntanos con brevedad el origen de tus pleitos. Veréis si tengo razón: En fin, como iba diciendo, el vergante del pollino, (ay pobre de él si le pesco!) al irme a subir en él, se revuelve de zagüero, y en medio de estas narices tiró unos cuantos regueldos. y como si fueran balas, dieron conmigo en el suelo: con que si yo no me engaño, las senales son de muerto. Pues en qué lo conocéis? En qué trásmino, y apesto; Pues de un aire solamente quieres morir majadero? Pues si el aire está corruto, puede haber mayor veneno? . . Mas tened, qué ruido es este? Hacia la puerta me llego, este sin duda es el burro: siempre le dejo en el puesto, a fuera, a fuera, que sale. Es hora de qué os hallemos? Vive Dios, que si no abra, que lo espachurro los sesos. Señor Alcalde, aquí traigo por mandado del Tiberio un billete. Qué, un mollete? es el César pañadero? Villete digo, o mandato. Quitese aquese sombrero: quién le enseñó cortesía? Señor Alcalde, mas quedo. que soy Soldado, y muy blanco. He dicho yo que sois negro? decid a llo que venís, que parece que estáis lejos. Vengo de parte del César, y traigo aquí aqueste pliego. Él está medio atordido, leedle, pues, al mimento. Dice, pues, de esta manera, esten ustedes atentos: Tiberio, César Augusto de todo el Romano Imperio, a vosotros los Alcaldes, justicias, y Regimientos, mandamos, pena de muerte, vengan de todos los sejos, de Ricos, Nobles, y Pleves. Tenga, tenga, cómo es eso? de la que? Pleve. La preve? eso es ajo de conejo. Advertid, que estoy de prisa. Sí, sí, no perdamos tiempo, porque si se ha de comer, más vale, que despachemos. De cada familia dos, al pueblo donde nacieron, se vendrán a encabezar. Maldito sea su cuerpo, a descabezar nos llama? esto es tocar a deguello. Después darán un recibo para que nos conste, y luego al portador de este Edicto le darán algún refresco, o alguna ayada de costa. Despache usted, y responda. Sáquese, pues, su tintero, verá que bien que respondo. Ya está aquí, vaya diciendo. Poned aquí a esta orilla. A dónde? Aquí Laus Deo. Punto redondo: Sabed, como Nos el Alcalde, digo, con todo mi entero juicio, que, a Dios gracias, es muy bueno; y por eso dije arriba la palabra de Laus Deo: al portador de este Edicto le recibí juramento, y respondió ser ansí. No es mienester poner eso. Quieres callar, bachiller? Si aqueso no es del intento, A mí me toca el notar, y a vos notar mucho menos. A cerca de ello demás, en su casa nos veremos: por ser verdad lo firmé. Dadme la pruma, mostrenco. Tómela usted. Aguarda, vive Dios, si no me acuerdo, que la más mijor noticia iba con mil, y quinientos. Poned: Aqueste despacho lo firmé, si mal no pienso, dempués de aquella pendencia que tuve con el jumento Pues aqueso para qué? Ve aquí llo que es no entenderlo; pos si no se lo escribiera, cómo supiera el Rey de esto? Vamos firmando, salvaje, dacadme aquese aparejo. Tómela usted, y despacho. Qué bravo pulso que tengo! no está la pruma muy buena: Yo el Alcalde:: Di, Gilberto, te acuerdas cómo me llamo? Qué es lo que dices? di, necio, de tu nombre no te acuerdas? Con estos escribimentos se me ha olvidado mi nombre; No tenéis entendimiento. Aquesto va en la memoria: válgame Dios, ya lo sepo, Yo el Alcálde Cucharon, sobrino de un Albardero. Las señas son como suyas. . Qué mira? cierre ese pliego, eche polvos, no se borre. Págueme usted los derechos, que manda el Rey se me den. Qué derechos, ni que tuertos. Aquella ayuda de costa. Brava la tiene el Concejo; Gilberto, y tú, Pedernal, entrad bolando allí dentro, y sacad juera esa mesa, la geringa, y un panuelo, y un cándil de garavato. Ya nos llegamos por ello. . Pues para qué tanto trasto; eso es mucho detenernos. Yo haré que os vais como bala con un valiente remedio. Viva ucé más de mil años. Si supiera el buen cordero . lo que ha de ver por sus ojos, no se estuviera tan quedo. Ya está aquí todo el rezado, mosa, geringa, y pañuelo. Despache usteda so Soldado, quítese (aquí será ello) aquesa espada, y la capa. Quiere que me quede en cuerpo? Pues eso ignora el tontazo? y que haga de él también quiero. Yo quiero ver en qué para: a su costa reiremos. Ya está quitada. . Agradezco la obediencia que tenéis: cierto que estáis reverendo, bájese ahora las bragas, que es fuerza le geringuemos. Esa ya es mucha llaneza. Baje, digo, los gregüescos. Está borracho, señor? Digo, que no, señor cuero; usté no pide una ayuda, y lo dice el mandamiento? Por vida de los demonios, oye, no dé mal ejemplo. Dejadle ya, bueno está. Antes no está si no enfermo. No le hagáis aquesa burla. Que va de verás aquesto, asidle, pues. Ya le asimos. Déjenme ya. Ni por pienso; echadle arriba en la mesa. Vaya, vaya. . Qué me muero Quiero quitarme la capa, y cenirme el geringuero, parece que sopartera. Por Júpiter. Ah blasfemo: alumbra, Niño, despacha: qué bravo está el gatuperio! téngale bien no se vaya, y soceda aquí un mal hecho. No hay alguien que me socorra? Ya va el ayuda callemos: si hiciese lo que el pollino, . y tirase dos regueldos. Ay que me matan, socorro. qué mal tabaco que vende! ha comido osted pimientos? apriete muy bien los dientes. Que me abrasa, que me quema. No se de por entendido. . han visto tal hazanero? como un Cid se la encajé: quiero quitarme este enredo. Llévate, Niño, estos trastos; suéltenle ya, que con eso lleva su ayuda de costa, como dice el Mandamiento. Señor Alcalde, conmigo aquesta afrenta, y tormento? conmigo? conmigo? . Sí, contigo, contigo mismo. Pícaro, vil, atrevido, calla, que ya nos veremos. Eso decían los otros, y ambos a dos eran ciegos. Y si lo supiese el Rey? El Rey no se mete en eso; si a todos estos bribones, cuando vienen por dineros, los despacharan ansí, yo sé que vinieran menos: estoy par diobre, a matar con aquestos Jecuteros. Vamos, pues, a encabezarnos, no nos corten el pescuezo. Vamos, que se hace ya tarde. Hola, digo, Caballeros, no se os olvide la bota, unos famosos torreznos, media fanega de pan, y una docena de quesos; y en llenando bien la panza, mas que nos deguellen luego, Aurora Soberana, pasmo del mundo, luz de la mañana, bálsamo de pureza, gloriosa emulación de la belleza; nave, que hoy se obstenta, cargada con el Pan que nos sustenta. Escala de Jacob, que con fe pura a dios haces bajar desde su altura; permitidme, que os diga mis dolores, mis ansias, y fatigas; pues si no respirara mi cuidado, temo morir en gozos anegado. Yo Esposo de María? o tierna confusión de mi alegría! o sagrado embeleso, dulce hechizo! pues que contigo el pacto no se hizo, mereciendo por esto ser Esposa del Increado Amor, que Mariposa, en etnas, y volcanes derretido, bajar quiso del Cielo a vuestro Nido. Cuando considero aquestos bienes, a mí mismo me doy los parabienes, y digo confundido, que estoy de tanto asombro poseído. Los pasos que vais dando, mis afectos, y gustos van flechando, que si acaso yo solo caminara, ninguno se admirara; pero que aquese tierno Bellocino cubierto del Rocío, Sol Divino, la inculta senda pise de estos Montes, a pie trepando tantos Horizontes, esto es lo que me oprime, y con esta opresión el alma gime. Permitid que lo sienta, que no dudo, no, que vais contenta, mirándome aunque indigno, vuestro Esposo, quisiera veros con algún reposo. Joseph, Esposo amado, reprime tu cuidado; puesto que estos trabajos son de Dios agasajos. Si el César con edictos, y rigores intenta ver que triunfen sus temores, los Cielos providentes nos darán los alivios convenientes; y puesto que el señor así lo ordena, témplese, mi Joseph, en ti la pena. De tus muchas, y heroicas perfecciones, testigos fueron siempre tus razones, mas no sufre mi anhelo ver ese hermoso Cielo. Fiel Carro del Sol que en ti se encierra, que lo fragoso pise de la Sierra; pues este tachonado firmamento, a tu grandeza fuera corto aliento. Si el Rey de la Gloria por el hombre tu tosco sayal viste, no te asombre, cuando dentro se hóspeda en mis entranas, que camine su Esclava por Montañas. Pues Esposa querida, descanso de mi afán, y de mi vida; vos sois minorte. Y vos mi guía. Y de los dos el Cielo la alegría. Adiós, a diós camaradas; si pareciese el pollino, echadle luego la albarda, y que le traiga el muchacho. El Cielo con bien os traiga. Qué ruido es este? qué es esto? Estas voces, y algazara, son de algunos pasajeros. Venid acá, vestionazo, es posible que vengáis cargado acá con la vara? Es para que sepan todos, que so Josticia enombrada. Muy bienvenidos, Pastores. Para besar vuestras plantas, que es nuestra dicha mayor. Pues cómo no decís nada? sois un grande descortés, Veisme, que no abro pallabra? pues a su tiempo abraré más mijor que cienurracas. q dónde vais, Cucharon? Ahora si que aquí encajó la respuesta lindamente: a meter mi cucharada, mire si dije yo bien; te parece que sorana? il. Mirad, que habléis con cordura, y que midáis las palabras. No os mida yo las costillas a puntapies, y patadas, si me andáis con geringonzas. Mira tonto lo que hablas, delante de quien, y como. Balasme Dios de mi Alma! Este es el señor Joseph; mire aquí, quién tal pensara! y la senora María, qué cara tiene de Santa! Dónde caminan ustedes? A Belén, que es nuestra Patria, porque un edicto del César, con grandes penas nos manda, que dos de cada Familia, sin que la excusa nos valga, se vayan a empadionar; y como toda mi Casa, y origen es de Belén es preciso, que allá vaya. Pues, yo le quiero reñir, y pordone, que me enfada, que no se acuerda de mí; es posible no avisara, aunque fuera con un gato, para que yo le enviara dos burros de mi Lugar? que en mi conciencia jurada que los hay a cada paso; y con eso caminaran, osted, y aquesta Señora con conveniencia sobrada? y no que el Alma me aflige verla, caminar a pata. Bien sabe Dios, que lo siento, no multipliquéis mis ansias. Yo lo estimo, y agradezco, pues para estimarlo, basta tu voluntd, y el afecto. Sábelo Dios, aún que calla: Señor Joseph, le han dicho que so la, Josticia enombrada? No me lo han dicho; mas yo lo colijo por la vara: el parabién os doy de ella; que os dice muy bien. Pintada; mirad, mirad lo que dice, que me está pintiparada. Calla, tonto, no digáis vos de vos esa alabanza. Pues piensas tú que está el tiempo para de nadie fialla? Haced la causa de Dios. Por aquesa misma causa. a Galleras quise echar al Portador que llevaba. ese Edicto del Rey. No descubráis la maraña. Callad, que no lo entendéis, que como el orden mandaba, que se le diese una ayuda, le ayudé con tanta maña; que por estas mismas manos, que se han de ver sepultadas, se la pagué, pero él de tomaria renlaba, siendo el primer Jecutero, (se puede hacer una raya) que al ver que quieren pagarle, vuelve al salario la espalda. Pastores, quedad con Dios, que es muy larga la jornada, y es preciso darnos prisa. Dios os conceda su gracia. Vamos todos de montón. No habéis de dar más pisada, Dios os lo pague, Pastores, vamos, pues, Esposa amada, que yendo vos a mi lado, nada con eso me falta. Y no faltándome vos, tampoco me falta nada. Por si acaso no nos vemos, a Dios con la colorada; no es bueno que esta Doncella, hija de Joachín, y Ana; desde que era como ansí, ha sido siempre una Santa! Si yo supiera topar una mujer tan gallarda, pudiera, ser que quizás, con ella me encasullara. Pero también puede ser. que tope alguna tarasca, que como a burro me tenga allí atádico a la estaca: No, no, bien me estoy soltero, que el buey suelto bien se rasca. Dejad aqueso, y sepamos, que si por ventura os llama el Rey, por aquella burla de la geringa pasada, qué responderéis? decid. No hayas miedo que faltara. Suponed que soy el Rey, que envuelto en cólera, y rabia os digo: sois el Alcalde de la geringa? bestiaza, qué haréis aquí? Yo dijera, ay, señor, la moscarda; papirotazo vacuno, puntapie de mula falsa; piensa osté que somos hobos? pues todo se mos alcanza. Qué dispárate tan grande! Esa es respuesta? Acertada; en echándome a mi pulias, con mi padre no me ahorrara: vamos bebiendo un traguillo, que ya parece que hay gana; no sacáis aquesa bota? La bota ya está sacada; tomadla, pues. Bebe tú. A la nuestra; camaradas. . Buen provecho, Pedernal. Vive Dios, que se atraganta: beba Gilberto. Pues vos? Yo haré a su tiempo la salva. Pues a lo dicho, señores. Borracho, que lo derramas. Tomad la bota. Bebamos; a que Dios nos dé su gracia: . un poco sabe a la pez; ansí, que se me olvidaba: a la salud de la Reina. . Venga la bota: Dejadía, que quiero echar otro brindís: vaya aquesta por Juan Canga debe que Dios le tenga en dees Cuanto va que se emborracha. A la salud del que brinda. . Esto ya pasa de raya. Qué bravo gusto que tiene! Así lo lleven las zarzas; venga la bota, vinagre. Está, pellejo, ocupada: vaya aquesta, porque Dios nos libre de mal de rabia; guárdala ya. Para qué, si la has dejado estrujada? vamos de aquí despachando. Lo que es ahora, chocara con el mismo Llocifer. Si hacemos estas paradas, llegaremos a buen tiempo. Con estos tragos se pasa el camino, que si no, bercebú que caminara: mas ya que vamos allegres, tequemos esas sonajas. Montes, que de ese velo trasparente poseéis al influjo más luciente; riscos, cuya eminencia hace a las nubes siempre competencia; altos verdes, escollos de estos Prados, de variedad de flores matizados; fuentes, que con risueño movimiento, tan corriente explicáis el sentimiento. A ves, cuyo concepto lisoniero, en prisiones se puso él mes de Enero, prorrumpa vuestro canto en voz sonora, dulces acentos hoy a vuestra Aurora, que yo por ella intento, esparcer alegrías por el viento, siendo mi voz clarín, dulce, y sonante, que a las aves despierte vigilante; y pues soy de los Cielos mensajero, sea la voz acento lisonjero, y las voces saetas, que despierten del sueño los Profetas. Lluevan las nubes el justo, sus senos abra la tierra, y ese rocio que encierra, sazonará nuestro gusto. Tórtolas, que habitáis en ese leño de Abrahan vuestro Padre, no condeno vuestros llantos, lamentos, y gemidos, pues son aquestos ecos repetidos, no de esta tierra, no, sí de otro Norte, Jerusalén triunfante, que es mi Corte, ya aplararéis el ansia que os apura; pues se halla vuestro bien en la espesura de estás Selvas, vecinos de estos Prados, si a la concha buscáis, en quien se encierra ya los umbrales pisa de esta Sierra, y aunque de medios va destituida, siempre va de los Cielos asistida: felice yo, que logro venturoso la asistencia suya, y de su Esposo, porque son dos amantes peregrinos, que mucho más que humanos, son Divinos, Prosigan vuestras quejas, y clamores, que son esos ecos Ruisenores, que despiertan el Alba que camina, adornada del Sol que la ilumina. Lluevan las nubes el justo, sus senos abra la tierra, y ese rocio que encierra, lazonará nuestro gusto. Oh Divina inmortal Sabiduria, que del Cielo, bajaste por María, el Seno Real dejando de tu Padre, por nacer de tal Madre! Ven a enseñar el camino de tu presencia Divina, pues ciego el hombre camina, llevado de su destino. Extirpe de Jesé, que generosa alimenta la flor en quien reposa el Fénix inflamado, de todos deseado, por ser el Iris bello, que asegura blanda paz a los hombres, y ventura? Ven (oh Divino Manuel!) a librar de las prisiones a el hombre, que en aflicciones le tiene puesto Luzbel. Cetro, que de David sacro previenes, para alivio del hombre tantos bienes, por ser rama frondosa de la azucena hermosa, que admirable se esparcia en el pensil ameno de la gracia, remedio del aliento inobediente, que venció con engaños la serpiente. Ven, y rompe las cadenas del Infernal calabozo, y con aqueste destrozo salga el hombre de sus penas. Portentoso Caudillo de Israel, estrago de las tropas de Luzbel, Torrente, que venciste generoso las llamas de un incendio poderoso, conservando la zarza tu grandeza, entre vivos incendios su pureza, imagen figurada, de la Ester más Divina preservada. Ven de la cumbre del monte, a los valles de este mundo, a quien está en el profundo, a libertarle disponte. Piedra angular; Custodia vigilante, espada penetrante; que desecha en llamas de tu ira, de la muerte serás sepulcro, y pira. Ven, (oh Divino. Mesias!) y cortéen aquesos filos el rigor de aquesos hilos, que dicen sus profecias. Viva Luzbel, y sus tropas. Soldados míos, alerta, que está en campaña el contrario: arma, arma, guerra, guerra, . vayan las Tropas marchando, ningún Soldado se atreva a quebrantar este orden. Oh qué vanas son las fuerzas de este sagaz basilisco; pues estos medios que intenta, para logro de su triunfo, serán su mayor afrenta; y así, Fuentes, Montes, Valles, Ciudadanos de estas selvas, quedad en paz, que yo voy a otra Región de aquí cerca; donde habita peregrina la más Divina Azucena, que en el pensil de la Gracia, conoció la Gracia mesina, y a su tiempo postraré los orgullos de esta fiera. Ya que han marchado mis huestes con prevenidas cautelas, a correr el Orbe todo las Regiones más diversas, por si en la Playa del Mundo encuentran esa Doncella, que dicen las profecias, que ha de pisar mi cabeza, me parece que los dos corramos esta floresta, por ver si acaso sacamos por indicios, o por senas, esa Davídica Torre; y si descubro sus huellas; he de ser áspid, veneno, rayo, boscán, y centella, que re duzca su edificio en cenicientas pavesas. Pues porqué logres mejor esa tan justa quererla, has de seguir mi dictamen. Si es mi acción la tuya misma, qué puedes tu proponer para alivio de mis penas, que no confirme mi amor? y más cuando la experiencia marenseña; que a tus aciertos debo todas mis empresas: en la dilación me agravias. Pues atiende a mi propuesta? Ya sabes como convienen, unánimes, los Profetas, que ha de nacer de una Virgen aquella Deidad Excelsa, que con su vida promete la muerte de tu cabeza. Tampoco ignoras, que el Cielo no nos sénala quien sea este dichoso individuo, que en sus Entrañas se hóspeda; pues solo dice: Será Hijo de Madre Doncella. En tan confusde ección, el refugio que nos queda es apelar a la industria que es del acierto Maestra, y el modo de proceder, ha de ser de esta manera. Es mi intento disfrazarme con fingidas apariencias, sin las Armas Militares, como astuta centinela. Pues aqueste disimulo, no da lugar a sospecha; y una vez introducido, con quien nos hace la guerra, con fementidos ahogos, y palabras lisonjeras, he de saber de su boca mis dudas con evidencia. Y si dice la Escritura, que vendrá tiempo en que vean habitar en las Montañas los Corderos con las fieras; siendo yo fiera rapante, sagaz, y astuta culebra, no será dificultoso el buscar esa Oirivela, que ha de parir el Cordero; y si la puedo hacer prosa, vendré a postrar a tus pies el triunfo de esta tragedia, para que aquesta mujer siga los panos de aquella, que suspendió de aquel Árbol el fruto de su experiencia. Mil parabienes te doy por tan ingeniosa idea, pues con esla me prometo el despque de mi ofensa. Mientras tu corres el campo he de asaltar esta tierra, sin que me quede resquicio, monte, camino, ni senda, que no examine, y si encuentro algún viviente, no temas que de mis manos se vaya, hasta tanto que yo sepa quien es aquesta mujer, y si la verdad me niega, el centro de mis ardores será sepulcro en que muera. a la invasión, no se entibien, no, tus fuerzas. Al arma toque el Infierno: . arma, arma, guerra, guerra. Guerra contra esta mujer, que tan ufana se muestra. Seré volcán, que consuma la sangre que la alienta. Yo basilisco, que a un tiempo también de su sangre beba. Este sin duda es ladrón. No te detengas, Gilberto, echemos por este lado, porque nos vienen siguiendo. Por aquí, si no me engaño, pienso que fueron huyendo, y antes que más me se alejen, iré tras ellos corriendo. Él de la geringa viene hecho un mismo perro: ay, si me coge entre manos! Cucharon, esconde el cuerpo, que va a matarte el Soldado. Oh quién pudiera ser cuervo, para subir a las nubes! Miren muy bien ese cerro, muera el villano. . Qué dice? Muera el villano grosero. Vive Dios Santo, y Bendito, que va de verás aquesto: quiero esconderme hacia aquí, y con este pañizuelo taparme muy bien la cara, que puede ser que con eso juzgue que soy algún chopo, algún alcornoque viejo, o alguna estatua de barro; mas no, no es barro el enredo: estó bien tapado así? pero que viene, callemos. Juro por vida del César:: Qué es lo que dice ese cuero? Que si lo cojo a las manos. En la mano está el remedio. Hh de beber de su sangre. Mire que es sangre de puerco. Pero qué miro? hacia allí un bulto parece veo, veré si es hombre, o fantasma. Qué es lo que dices sabueso; antes ciegues, que tal veas. El rostro tiene cubierto: hola, digo, camarada, dime quien eres, y presto. Quiere que lo diga? . Sí. Pues yo digo que no quiero. Mire que no hablo de chanza. Ni yo tampoco por cierto. Despacha, y dime quien eres. Yo só un hombre, que me muero por estar de aquí cien lleguas, y si no me engaño, pienso que sin sentillo me fuera, y osté se hiciera llo mismo. Qué es tu ejercicio. . Yo estoy aquí en aqueste desierto, hasta que venga el juicio por ti, que loco te has vuelto. Descubra el rostro, y sepamos si eres hombre, o embeleco; no te detengas, despacha. Por Baco, Dios Viñadero, . que si prosigo, va malo: mire osté que só doncello, y tengo mucha vergüenza. Acaba, o viven los Cielos, que por fuerza lo has de hacer. Eso serállo más cierto. Con aquestas, y con otras me apuras el sufrimiento: Qué miro? no es mi enemigo? Que me mira, volaberunt; con esto pienso engañarle: . ea, toque osté aquesos huesos, y amigos seamos. . No, no. Qué dice osté? . Qué primero ha de quedar de los dos el uno aquí. Buen remedio, pues osté se quedará, que yo hago falta en mi Puebro. Detén, villano, qué es irte? Señor, estese osté quedo, mire, no juegue de manos. Pensarás, que no te entiendo: te acuerdas de la geringa? Buena geringa tenemos, déjeme, que estó de prisa. Eso me dices, di, necio? de la primera estocada has de quedar en el puesto. Dice osté a mí? . Pues a quién? No es dispárate tremendo, querer que un Alcalde vivo, pase a ser Alcalde muerto? Vergante, no traes espada? Espada yo? tantumergo: en mi vida la garlé, ni tuve tal pensamiento. Pues porque nadie me diga, que contigo no fui cuerdo, mi espada te he de entregar, y con esta daga pienso defenderme, porque yo de Caballero me precio. Qué Caballero, ni alforjas: si fuera osté Caballero, no diera osté más puntada en el negocio; esto es cierto. Toma esa espada, si no vive Dios que en este suelo ha de quedar tu cabeza. Y que me muria luego, y ella le dé un coscotrón, que no quede de provecho: juera, que parece mal un difunto sin guargüero. Si un instante te detienes, por el poder del Infierno, que a puñaladas te cosa. Pues es osté Zapatero? Esto ya pasa de raya: . te he de quitar el aliento, pízaro, vil. . Ay señor, déjeme, que yo prometo reñir, si Dios me da gana. Ea, pues vamos riñendo, toma esa espada. En mirarla se me estremecen los huesos; y no hay remedio, señores? Claro está que no hay remedio. Madre mía de mi alma. Ahora lloras, majadero? Ay señor, pos piensa osté, qué es el caso para menos? Tercia esa espada. . Pregunto, y va de verás aquesto? En eso estamos ahora? . que te hago criba ese cuerpo; uñas abajo va esta. Quedo esa daga, mas quedo. Esta llaman zambullida. No me tire osté tan recio: la espada se me cayó, más vale que lo dejemos. Vuelve a tomar esa espada. Eso, señor, ni por pienso; como un Cid hemos peleado, y de rodillas te ruego que no me mates, señor. Mira, matarte no quiero; Viva osté más de mil anos. Porque no cabe en mi pecho matar un hombre rendido; y así, de esta suerte intento que pagues tu alevosía. . Que me mata el Jecutero. De vergantes atrevidos de aquesta suerte me vengo. . Ay desdichado de mí, que me ha quebrado él salero! Antes que vuelva, y le dé quizás un mal pensamiento; quiero escurrir la badana. Eso será si yo quiero. Aquesto es otra peor: en qué ha de parar aquesto? Yo te lo diré después. No vale más que sea lluego? Ya lo tabrás, no te aflijas. Vestido viene de negro; ese coor significa, que por la posta me muero; y aqueste cuervo lo ha olido, y quiere hacerme el entierro: De aqueste simple me valgo, por si acaso saber puedo de su boca lo que a mí no me descubren los Cielos; Bien puede ser que lo sepa, porque siempre a los pequeños revela Dios lo que oculta del fausto de los soberbios. Mira, Pastor, si me dices? una verdad, te prometo no hacerte mal, y si no, serás destrozo a mi aliento. Vuestra encomienda será, ya se me erizan los pelos, quiera Dios que pare en bien- Has oído, di, en tu Pueblo, si ha venido ya el Mesías, o si dicen vendrá presto? Un primo tengo Mathías; que habrá dos años enteros que se fue por una muerte, y le echaron a un destierro: la parte le ha perdonado, con que viene como un trueno; y si acaso no ha llegado no puede estar ya muy lejos. No te pregunto Mathías; lo que digo, majadero, es, que si acaso ha venido el Mesías Verdadero? este es su nombre. . No es tal, por más señas, que me acuerdo, que le vi circuncidar, y estuve yo en su Bareo, y le pusieron Mathías, por ser hijo de Mateo, primo carnal de mi padre, pariente de Mathigüelos, que casó con prima hermana de este Mathías primero; porque mire osté, señor, todos aquestos Mateos vienen de Matus Alén, y este dicen que fue nieto de Mathán, y de Matirías, y estos Matanillos, fueron hijos de aquella Matana, que matanó con su suegro, Aquestos vienen de Hebrón, por la parte de su Abuelo, con que el nombre de mi primo es Mathias verdadero; este es su nombre. . Qué dices? quieres que te abrase en fuego? Chispas! señor, no me queme: qué cara de Fariseo tiene el demonio del hombre! . Vive el amor en que peno, que te arranque el corazón: bárbaro, tu parentesco me refieres, cuando yo estoy en iras ardiendo? Ay, que me quema, Dios mío! Mas de ese nombre me ofendo, Aquí de Dios, que me abrasa. Por ese nombre te dejo, y si no me lo estorbara, te sepultará en mí mismo. . Tomen si dije yo bien, que este venía al entierro; las barbas me ha chamuscado, este es diabro descubierto: vive Dios, a puro Dios me he de librar de este perro. Dios me asista, Dios me guarde, Dios me sirva de consuelo, Dios me libre de tus manos, Dios te lleve a los Infiernos, Dios te deje aquí morido, Llocifer lleve tu cuerpo. Y a ti también te llevara, bárbaro, vil, mas no puedo. Anda con dos mil demonios; si a conjurrarle no acierto, se queda aquí Cucharon ahogado por in eterno. Si doy en este conjuro con esotro Jecutero, siempre me libro, porque yo juzgo que erallo mismo. Sigan los Astros su curso; y pues se llega ya el tiempo, descubra el Alba María el más Divino Lucero. Aqueste es otro cantar; Musiquéritos tenemos? para fiestas va lla zorra, y la seguía un podenco: vamos de aquí, no sea el diabro que me soceda otro aprieto. Aunque los pasos que dais son instrumentos que aplacan a Dios sus sentimientos, no por eso mi afecto, Esposa amada, dejará de sentir que vais cansada; y este cuidado solo yo os confieso, que me bruma los hombros con su peso? ha, Cielos santos, quien hacer pudiera, hoy, que el mundo a mi Esposa conociera, pues con eso, quizá compadecido, supiera lo que pasa un afligido! Oh tirana Belén, que en este empeño, temo acoger no quieras a tu dueño! No te aflijas, Esposo, para mí los trabajos son reposo. Solo siento, Señora, en este trance; que mi caudal tan corto no me alcance, porque de vuestro Ser la alta Excelencia asistida se viera con decencia. Ricos son mis parientes, pero tengo motivos suficientes, de que admitir no quieren la pobreza? que es dura, mas que el bronce la riqueza: Siendo de Dios amada, no importa sea del mundo despreciada; mi parto va cercano, pero el Dios Soberano nombrará, como siempre, lo piadoso; y pues quiere nacer humilde, y pobre, hoy querrá que a su Madre nada sobre. Que en fin, llegaron mis ansias a ver el monte Celeste, donde se dieron de amor las más soberanas leyes! A ver la Masa más franca de aquesta Reina prudente, a ese Divino Retrato, que con su hechura engrandece? Al Apeles más Divino, cuyos Sagrados pinceles echaron todo su resto. en esta Imagen que ofrece! El figurado Maná, que es de la vida la fuente, pasme el mundo, pues los Cielos, y aquesta Antorcha luciente, esa Carroza del Sol hoy desquiciando sus ejes, se bájara, si pudiera, para postrar obediente las luces que ha recibido del Manantial más perenme; y así, criaturas todas, montes, riscos, prados, fuentes, plantas, flores, valles, cumbres, aire, tierra, agua, peces, prevenid todos Hospicios a quien por todos hoy viene, dejando Alcázares ricos, por nacer en un Pesebre: postrese, pues, humillado el corazón más rebelde, a vista de este portento, pues que los Cielos alegres, con lenguas de admiración publican sus parabienes. Felice yo, que consigo aquesta dichosa suerte de Embajador de los Cielos, haciendo también las veces de todas las criaturas que con clamores ardientes suspiran por el rocío, que se oculta sabiamente en esta Concha Divina, que es su sagrado, y al vergue, Y así, para que yo intime mi elegancia, no cesen esas clamorosas voces, diciendo como se debe:: Dios te salve, Tierra Santa, donde nuestro Dios promete aquella troj abundante, con que el hombre se sustente. Salve, prodigio, y asombro, Salve, Judith, Mujer Fuerte, Salve. Divina Raquel, Salve, Esposa, que detienes al Verdadero Sansón, indignado con las gentes. Las criaturas del Orbe os dicen hoy reverentes:: Sigan los Astros su curso, y en el Cielo transparente, salga del Signo del Virgo ese Cordero Inocente. Oh Divino Embajador! cuya presencia me tiene absorta, por ver que el Cielo tantos favores previene para aquesta humilde Esclava; conozco no lo merece. Oh Providencia Divina! que así por tus siervos vuelves en sus mayores conflictos. Sus misericordias, siempre fueron mi alivio, y descanso pues son en todo tan fieles, que nunca pueden faltar a quien humilde le tiene. Paraninfo Soberano, cumplida veréis en breve vuestra suplica, pues ya toda mi alma se siente anegada con los gozos de mi Parto. . Por si hubiese alguna sombra de envidia, que a vos intente oponerse, pues Luzbel con sus astucias, y con disfraces pretende insidiar vuestras pisadas, si bien, frustrado ha de verse, me tendréis a vuestro lado, para que salgáis indemne de todas sus asechanzas, por más cautelas que intente: Y ais, Judith animosa, no hayas miedo que a vos llegue, que lo Ester preservada de los pactos, y las leyes. Aquí de todo el Infierno, . que he de arrastrarme valiente, por si nuedo derribar aqueste Cedro eminente: y para más disimulo, tengo por más conveniente mudar estilo, y lenguaje, y puede ser que tropiece esta mujer Soberana en mi traición, y su muerte: fuera temores, yo llego: Caballeros, noble gente: Hasta saber sus intentos, . el disimulo conviene. Si amparáis un afligido. Adelante, qué se ofrece? Saber de aquesa Senora una merced, si ser puede. Soy Señora, un pobre simple, que de Escrituras no entiende, y he sabido como en vos han sido vuestras niñeces daros a Dios, y a los libros: y así súprico humilmente, que si sabéis con certeza (oh quién pudiera ofenderte!) . quién es aquella mujer tan dichosa, que merece, que venga el Hijo de Dios a tomar carne en su Vientre? que me saquéis de esta duda, para que yo me sosiegue. Decidme, pues, si sois vos, para que al punto me llegue a preveniros Hospicio, que ha llegado tanta gente a Belén, que es imposibla, que topéis quien os hospedo. No sé qué es, que a este hombre mis sentidos le aborrecen. Mucha es vuestra hipocresía; pues que se viste las pieles del apacible Cordero, ocultando interiormente ponzoñas de un basilisco, y engaños de una serpiente; vuestra pregunta por esto la respuesta no merece. Ah pesía a todas mis ansias, que mis engaos entiende! . Dime, Serpiente engañosa, qué tus a luelas pretenden con aquesos disimulos? Que ta presto conociese . mis engaños, y traiciones! Lo que mis furias hoy quieren, es matar esa mujer Qué dices, di, inobediente? porque sepas, basilisco, la gracia que la previene, a sus plantas prisionero te has de ver, hoy, porque quede humillada tu soberbia. Prisionero yo? detente; cómo tu prenderme a mí? Cómo dices? de esta suerte. Aguarda, Miguel, espera; ya me rindo: que viniese a los pies de la mujer a postrar mis altiveces! qué esto vea! qué coraje! que esto sufra, y no reviente! rendido yo? qué ignominia! que mi aliento no la infeste! No es fácil, bestia infernal, porque esta Señora tiene quien de peligros la libre, y quien de ti la preserve. Ea, Luzbel, a qué aguardas? cómo tanto te detienes? Arma, arma, guerra, guerra, ea, Soldados valientes, socorro pide mi Astucia, esos instrumentos suenen; muera cualquier arrogante, que a mi Astucia se opusiere: qué es lo que miro? Ay de mí! Acaba de resolverte. Esta mujer, es sin duda, la que Isalas promete, y esta es, sin duda, la vara, de Jesé, donde florece aquesta flor Misteriosa. En fin, mujer, tú me vences; mas qué pronuncian mis labios? vengue este acero luciente mis ignominias, y afrentas: arma, arma, que este aleve de Miguel ha de pagar la opresión con que me ofende. Qué dices, di, miserable? Si lo preguntas, atiende: En la disputa pasada, sabes que quedó pendiente el despique de las armas; y pues la ocasión me ofrece motivos justificados, y razones tan urgentes, te reconvengo primero, con que esta mujer me dejes, y juntamente con ella a mi Caudillo me entregues; y si no vive el Infierno, que esa mujer que defiendes, esa guarda que la asiste, y tú también juntamente, seréis despojo sangriento, para que el Cielo escarmiente. Pues porque veas, soberbio, cumplida literalmente de David la profecia, que te avisa, y te previene, que a los pies de una mujer, y a sus plantas obediente, el áspid, y el basilisco, le han de servir de tapete, hoy has de ver confirmada esa verdad evidente; rinde el cuello. Qué es rendir? Ya defenderte no puedes. Quién como yos di, Miguel? Quién cómo Dios, di, Serpiente? Aquesta afrenta faltaba! Sí, para que más se aumenten tus dolores, y también porque sepas claramente, que esta Divina Mujer no ha de seguir, como quieres, los pasos de la primera, de quien la culpa previene. Aqueso siente mi pena. Aqueso mi pena siente. Que a mí me niegue, y la mate! Que a mí la mate, y me vengue! De aquesta suerte, Luzbel! Astucia de aquesta suerte! A mí te atreves Esclava! Una Esclava a mí se arreve! Y qué valerme no pueda! Y que no pueda valerme! Que así me ofenda su vista? Que así su vista me ofenda? Ea, pobres miserables, ya veis los inconvenientes, que se os siguen, de intentar a esta Señora inocente nuevas trazas, y cautelas, pues es la Ester, a quien siempre el Rey Asuero preserva, coronándola sus sienes con privilegios, y gracias, para que libre se quede; idos de aquí, que si fuera mayor castigo la muerte, que déjaros padecer entre volcanes ardientes, aniquilados quedaráis; pero es acuerdo prudente déjaros que padezcáis un Infierno eternamente. Ya nos iremos, mas sabe, que aunque rendidos nos tiene esa mujer, no por eso he de creer que se hóspede en sus entranas el Verbo. Y si acaso verdad fuese, Daniel también profetiza, que ha de morir en un Viernes ese Mesías, o Cristo: y ya veremos si puedes librarle de nuestras manos. El vaticinio no entiendes, con esa muerte, que es vida, morir tenéis otra muerte. Pues hasta que llegue, Infierno. Pues Infierno, hasta que llegue. Enciéndeme entre tus llamas. Entre tus llamas me enciende. De aqueste triunfo, Señora, os doy dos mil parabienes, pues rendisteis la cerviz de este Espíritu rebelde. Confusa estoy, o mi Dios? viendo, Señor, como vuelves por aquesta humilde Esclava, a ti la gloria se debe. Qué mucho, Esposa querida? qué mucho, si lo mereces? Esta es, mi bien, donde tengo mis parientes, y sabe Dios sentiré, que por pobre me desprecien; no por mí, sino por vos, quisiera, cosa indecente) que aquese Sol Peregrino en los mesones se hospede. Si es voluntad de mi Dios, que ni aún posada no encuentre, estaré muy consolada, viendo que es Dios quien lo quiere. Estas razones, mi Esposa, son dulces llamas, que encienden mi corazón afligido, y sabe Dios cuanto siento veros ya cercana al parto, sin prevención conveniente, para que estéis asistida con aparato decente. En fin, llamemos a ver si algún corazón se mueve a querernos hospedar, que no han de ser tan crueles; Excusadas son, Joseph, esas ansias que padeces, pues aquí se han de cumplía de Isalas legalmente tantas misteriosas voces, que del Cordero refiere. Hijos crié, dice Dios, con el Néctar de mis Leyes, mas ellos me despreciaron con ignominías de muerte. La piedad, y mansedumbre, y la lealtad de los Bueyes, agradecidos conocen a su Dios en el Pesebre, pero de aquestas piedades mi Pueblo ingrato no entiende, Yo, señora, llamaré, que aquí templado ha de verse este Vaticinio Sacro: Ah de la Guarda, qué duermes? despierta ya; porque es hora que de ese sueño despiertes, Quién mete tanto ruido? Sabe, que a tus puertas tienes la Redención de Israel; abre las puertas, que viene el Verdadero Mesías a que los Muros le entregues. No es linda la comisión? dígale, pues, que se espere. Siempre verán que los pobres, (esto es cierto, y evidente) para lograr sus intentos, se hacen Monarcas, y Reyes. Si ha de nacer en Belén, y aqueso duda no tiene, por ser verdad infalible, dime, por qué no lo crees? El Mesías, ignorante, ha de venir de otra suerte. Mira que aquese es engaños Parece que no me entienden: Hay orden de la Ciudad, que al que de noche viniere, no abra las puertas, y así, váyanse con Dios ustedes. Mira que te avisa Dios. Jupertinentes parecen. No te mueves a piedad? Mejor es no responderles. Ciudad, ingrata, y tirana, cuando este cargo te hiciere, no apeles a la ignorancia, ni excusaciónes alegues, que nada pudo este Dios hacer por ti, que no hiciese. Oh ingratitud de los hombres! a quien la piedad no mueve? En este Portal, Señora, que dispuso providente la Eterna Sabiduria, para postrar altiveces, ha de ser hoy el Teatro donde el Verbo represente de Caridad, y de Amor los más Divinos papeles. En este, pues, Emisferio habéis de ser el Oriente, de donde el Sol de justicia, que se hóspeda en ese Vientre, salga brillando ternuras, que corazones penetren; y si por Rey le desprecian, ya le veréis de los Reyes, y de Pastores humildes adorado, sin que quede Príncipe, Rey, ni Pastor, que por Rey no le confiese: oíd, puesto que los Cielos vuestros afanes divierten, De los Coros Celestiales recí ba los parabienes nuestra Reina Soberana, y ese Cordero Inocente. Bendito sea mi Dios, que así a su Sierva engrandece! Entrad, pues, Esposa mía, ya que los Cielos alegres, con Celestiales Encomios este Portal favorecen. Ya voy, Esposo querido, pues mi Dios así lo quiere. Entrad, Aurora Divina, en donde el Cielo os hospede. Yo no sé, amigo Gilberto, qué nos quiere aqueste frío; hecho un carámbano estoy. Los hielos hacen su oficio. Y dejando uno por otro, donde estará nuestro amigo Cucharon? . Si le mataron, yo dijera que en el Limbo. Déjate ahora de chanzas. Él la culpa no ha tenido? Sentémonos un poquito, y para entrar en calor, sácate aquese botilio. Dónde guardaste el centeno? En la alforja está metido. No parece, ni está aquí. Pues se cayó en el camino: saca la bota, y bebamos; por eso pillas fastidio? Vaya, bebe; pero escucha: es cencerro aquel sonido? Aquese es siempre el antojo de quien bueyes ha perdido. Dilín, dilín; rita aquí: sino me engaña el oído, en dos cosas me parece el diabazo del cencerrillo, al que lleva Pedernal; llo primero en lo ladeño: llo segundo, y esto es cierto, que si le tocan con brío, se oye mijor desde cerca, y el otro tiene lo mismo. No es Cucharon en la voz? Yo también quise decirlo. Dilín, dilín; rita aquí: cierto que fuera muy lindo, que viviera algún llobazo de los que oyen el zumbido, y juzgando que era oveja me engullera: qué llocido, que quedara Cuel arón dempués de sus trabajitos! Quiero tocar, y dar voces, por si encuentro un conocido. Dilín, dilín, a la hec, y aunque más me despepito, nadie responde palabra. Qué es Cucharon imagino. Llámale tú. . Lucharon. Aquí viene el pobrecito: qué miro, no es Pedernal? Dónde vienes, pan perdido? Dadme un abrazo volando. Gilbertilio, Gilbertillo. Yo también quiero abrazarte. Amigo Pedernalillo. Cómo vienes de salud? Un poco más mijórcito. Has estado malo? di. Habrá cuatro, o cinco años, que soné que me moría; pero sea Dios bendito, ya conocí que fue sueño, Dinos, qué te ha sucedido? Eso pida más espacio; vamos echando un traguillo. Bebe, que tienes razón. Ea, señores, yo brindo a que el Soldado, cuanto antes, escupa los intestinos: qué bravamente que sabe! Vaya ahora aqueste chislo, a que reviente al instante quien no dijere conmigo: Amen. . Amén, plegue a Dios. Bien lo tiene merecido; guarda la Bota, que quiero que sepáis en que me he visto. Dilo luego, no se olvide. En efleuto, como digo, dempués que aquel Jecutero choco tras tigo, y tras migo anduve de ceca en meca; y dempues de este peligro, vine aquí, donde os hallé, y cata el cuento dígido. No te pedimos tan breve, cuéntalo todo, tontillo. He dicho llo de las coces? Sí, eso es lo que te pedimos. Pos aparad unas pocas. Que lo cuentes te decimos. Mah, pos atiende, y verás, porode es el cuento un prodigio. Ya sabes como el Soldado, por la merced que le hicimos de encajarle la geringa, hecho todo un basilisco cerró conmigo a estocadas, mas de las astas nos dimos, y aquesto vino a parar en darme tantos pellizcos, tantas patadas, y coces, que de la fuerza que hizo, un pie se desconcertó, y se jué medio aburrido. Baltante dicha tuviste. Es que aquesto Dios lo quijo, que vuelve por la Josticia, que si no, quedo morido: de dicho llo del demoño? Eso tampoco no has dicho, Aqueste es un bravo cuento, y un milagro conocido; dempués de aquesta refriega, vino un hombre (qué maldito!) hecho un mismo Llocifer, maldito sea su ocico: en fin, me quiso quemar. Y sobre qué fue ese ruido? Sobre mi primo Mathías. Pues era tu conocido? Esa fue la perotera, porque el vergante jodio preguntaba por Mesías. Yo le dije: Señor mío, ese Mesias que dice, es un primo hermano mío, y este, su nombre es Mathías, así se llama mi primo: Si es Mathías, o Mesías, a cachetes nos asimos, diome cuatro mojicones, y así que dije Dios mío, me libré de entre sus uñas, y también se que aborrido. Y dónde hallaste el cencerro? Don le? en ciga de un espino. Gloria in Excelis Deo, nterra paj hominibus. Aquesta es otra tonada, no me da muy buen gustillo. Entendiste aquel Latín? Claro está que lo he entendido. Dinoslo, pues, en Romance. Et in terra paj hominibus, aquesto quiere decir, que en la tierra hay golondrinos, Calla, salvaje. . Esta es otra; cuando se van de algunnido los pájaros no se dice; adiós, voló el golondrino? Eso es verdad. . Pues ahora no se deben de haber ido, y así nos dicen cantando, que en la tierra hay golondrinos; no lo costruyo muy mal. Callad, que sois un borrico. Hola, digo, Caballeros, qué es aquello, que encendido se ve en aquella picota? Aquella luz es aviso de algún Ángel que está allí. Eso sí, me quemen vivo, si no volviere el demono; huyamos todos, qué digo? Pastores, no os asusteis. Válgame Dios, qué prodigio! no dije que era algún Ángel? Este nos deja estroldos, no me mate osté, señor, porque so un pobrecito. Por ser humildes, y pobres, y de este mundo abatidos, vengo anunciaros, Pastores, como en Belén ha nacido el nuevo Sol de justicia, y el Lucero más Divino. Aquesta sí, que es mentira; las cabrillas no han salido, miren como puede ser, que haya el Llocero nacido? Mirad, Pastores humildes, que aqueste Sol, que yo digo, es el Divino Mesías, a las gentes prometido. Viene a librar de la culpa a los hombres, que cautivos, y sepultados están en las sombras del abismo. Id a adorarle, Pastores, que está de amores rendido en los brazos de la Aurora, y solamente asistido de unos brutos apacibles; que amparan su desabrigo con el calor de su aliento. Hola, digo, Gilbertillo. No digas alguna asnada, o quizás un desatino. Cuanto quieres apostar, a que está allá mi pollino? Mira que dices, tontazo. Muy bien lo tengo sabido, porque huele los pisebres, aunque estén allá metidos en los profundos, sino a la prueba me remito. Señor Ángel, diga osté: y si acaso en el camino saliese algún Jecutero, o quizás algún diablillo, y nos matase, qué haremos? No temáis ese peligro, que soy Ángel que os defiendo, que para eso he venido. Ja que de aquí, Compañeros, alto a ver el Zagalillo. Vamos a ver este asombro. Venid tras mí, que yo os guío. Gloria in Excelsis Deo, nterra paj hominibus. Llegad todos, y veréis este Portento Divino. Qué peregrina hermosura! No he visto Niño más lindo, Vive ñosla, que perdió esta función mi borrico. Que nos echas a perder, cierra, tontazo, ese pico. Voto al cinto, que es Josepé la Madre de este Choquillo: hola, digo, señor Ángel, pues como osté no mos dijo, que era Josepe el que estaba de parto? . Miren que aliño: quieres callar? . Pues no es él el que está recién parido? Él dirá diez mil tontadas. Pero señores, qué miro? no es esta María la hermosa? Esa es su Madre. . Ay Dios mío! mira tú, quien lo dijera, cuando allá nos despedimos: cierto que tuvo buen gusto Dios, por haberla escogido para que juera su Madre, que yo me hicierra llo mismo. Mira que hables con concierto; Lo que es aqueste Choquito, si juera un poco mayor, con mi sobrino Andresito le pudieramos llevar, y que jugarán al chit Cierra esa boca. . Dejadme; todo aquesto no es cariño? cuando nací yo, me acuerdo, que no era tan pacifico como el Chícote. . Por qué? Porque yo daba los gritos, que los ponía en las nubes; pero aqueste es un Santito, bien haya quien lo pario, sin duda me ha conocido, que no me quita los ojos; válgame Dios, que bonito! Habla con tiento, que es Dios. Vive Dios Santo, y Bendito, que pienso volverme loco. Cómo juras, di, maldito? Esto, Gilberto, no importas Ten un poco de juicio. Hijo de mi corazón, es posible hayas querido nacer en tanta pobreza, que ni aún lo que es permitido al hombre más desdichado, os es a vos concedido? Así dejáis esos Cielos, por este Portal pagizo? la gloria, por el desprecio? Vos, Señor, tan abatido? mi Jesús, mi dulce dueño, bien sabéis que estos suspiros nacen de mi corazón; y puesto que habéis nacido para mostrar vuestro amor, y para ser conocido, como Esclava, y como Madre. os pido, ruego, y suplico por todos los pecadores, que los saquéis de los vicios en que viven sepultados con las sombras del olvido. Aquesta sí, que es Mujer, de las demás yo me río; esta mira por nosotros, i llo pide con ahinco, yo ya sé cómo se llama el bueno del Ángelillo. Cómo se puede saber? Muy bien habéis entendido, Je sus se llama, salvajes, parece que estás dormidos; en llegando a mi Llogar, he de hacer un Jesusito de aquella misma estatura, y he de hacer un Piserbrito, y a los llados a sus Padres, para que esté bien cumplido. Oh inmenso Dios, cuyo amor de tan grande, y excesivo, que por dar vida a los hombres, entre ellos mismos se ha visto, sin más abrigo, ni amparo, que el de la escarcha, y el frío. Es posible, mi Jesús, que no me hayas conocido! que labré yo por mis manos la cuna en que habéis nacido! Tan pobre venís al Mundo, (oh inapeables juicios!) recibid aquestas ansias, pues ellas son un martirio; y puesto, Señor, que vos así lo habéis permitido, dadme, mi Dios, vuestra gracia para que acierte a serviros. Bello Jesús de mi alma, . a quien Dios, y hombre miro, bien sabéis que aquesta nueva nos cogió desprevenidos; y así, Señor, perdonad, que solo para serviros quisiera ser poderoso, y tener Palacios ricos en que poder hospedaros; pero mi Dios infinito, bien conocéis, que no puedo, y así, os suplico rendido, que perdonéis; y tomad este pobre capotillo, que aquí no traigo ocra cosa que ofreceros, bello Niño. Y vos, Divina Señora, puesto que vos habéis sido quien mereció ser su Madre, amparad los afligidos, siendo de los pecadores. nuestro refugio, y alivio. El demoño de Gilberto, como es un poco lleido llo relata, que revienta; es de mi Puebro el lladino Divino Sol de justicia, corrido llego, Dios mío, de no tener que ofreceros, como pide mi cariño, muchas riquezas, y joyas; supla mi afecto, que es rico, la cortedad de los dones, que otra cosa no he traído, sino es aqueste panuelo, este, Señor, os dedico, para que con él os haga vuestra Madre un pañalito. Y vos, Joseph, y María, pues tan dichosos os miro, por nosotros suplicad a ese Lucero Divino, y que su gracia nos dé por los siglos de los siglos. Amén Jesús se te queda, vuelve, tontazo, a docirlo. Amén Jesús. . Eso sí; ajuera, que yo me sigo: Dios guarde a su reverencia: Señor Josepe, yo estimo la merced que osté me hace, mire que el Niño es muy lindo, y así, tenga gran cuidado no le pesque algún jodio, y nos deje a buenas noches, que entonces hace su oficio aquesta mala canalla, y si le ven tan bonito, de envidia le matarán, mire osté que se lo aviso. Esto supuesto, yo voy a otro cierro negocillo: Primeramente, mi Dios, os sóprico, y resoprico, que desterréis de este mundo, sin que quede ni un resquicio, a todos los Jecuteros, que nos tienen estroídos a puro llevarse costas. Vive ñosla que me irrito cada vez que se me acuerda de estos zanganos perdidos; todos habían de estar colgados en Peralvillo, y que pagaran ansí las costas que se han comido: no traigo aquí que ofreceros sino es este cencerrillo, que aunque parece apretados por mi vida que no es mío; y mirad que si os perdéis, que según yo me imagino, por el Tempro, me parece que heis de ir siempre perdido; no hay si no tocarle bien, con mucha fuerza, y con bríos, y veréis que vuestros Padres os sacan por el sonido: dadme luego vuestra gracia por los siglos de los siglos, amén Jesús; y con esto quedad con vos, que es llo mismo que decir: Cristo con todos, o con todos quede Cristo. Reconocidos Pastores, no sabréis lo que os estimo la voluntad, y el afecto con que adoráis a mi Hijo; obligada me dejáis, y así, desde ahora le pido, que de bienes celestiales os haga a todos muy ricos. Yo, de mi parte también quedo siempre agradecido. Ea, turbas Celestiales, entonad desde el Empireo esa Divina Canción, cuya dulzura, y estilo es imán de los afectos; no cesen los regocijos, para que así se celebren los elogiós infinitos de este León de Judá, que tan Cordero ha nacido. Gloria in Excelsis Deo, nterra paj hominibus. Y a vos, ilustre Senado, pide el Poeta rendido, el perdón de tantos yerros, que en Misterios tan Divinos, el deseo de acertar fueron siempre sus motivos,
