Texto digital de El arco de paz del cielo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Alejandro Arboreda
- Atribución estilometría
- Alejandro Arboreda Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Madrid, Antonio Sanz, 1751).
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El arco de paz del cielo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/arco-de-paz-del-cielo-el.

EL ARCO DE PAZ DEL CIELO
JORNADA PRIMERA
Enga en hora buena a ser Deidad de mejor Esfera la que antes de los tres lustros fue asombro de Nicomedia: venga en hora buena, y en Cultos Divinos logre su belleza. Venga en hora buena, Qué es esto, cuidados míos? qué puede ser esto, penas? No me basta, no me basta el dolor que me atormenta, al ver que Dios crió al hombre a su semejanza misma, para aventajarme en dichas, y a los Ángeles, y sean las glorias de su humildad castigos de mi soberbia, sino que también intente, a pesar de mis cautelas, quitarme las almas, que nacieron mías en esta bárbara Gentilidad, que a su ciego error sujetas, en mentidos Simulacros solo a mí me reverencian? Por qué, injusto airado Cielo, contra lo mismo que ordenas, estás obrando? No dice drío Dios, que el al libre al hombre? Pues por qué, si es libre, su Providencia no le permite, que libre obre en todo, y siga aquella Ley, que su razón, o gusto le dictan? Para qué intenta atraerle con prodigios, despertarle con idéas, convencerle con presagios, y cautivar sus potencias de sus sagrados auxilios. con la Divina violencia? Preguntarame el Abismo, qué nueva razón, qué nueva causa hoy reconozco, para alentar tanto mis quejas? Mas qué muchó que lo dude, si ignora, que mi alta ciencia reconoció en el natal de una infanta Virgen bella no sé qué oculio prodigio, que sujetando la fuerza. de mis iras, auna anuncio vi de mis males en ella? Acrecentó, este recelo verla nacer de la misma Tribu, por su Madre, que dio el ser a otra más perfecta que los Ángeles, a quien abrió la Gracia las puertas. del Mundo, sin que la viesa. la un versal centinela. de la culpa. Mas qué mucho, que sin pagar esta deuda pasase, cuando, la entró por alto la Omnipotencia? Mas yo lo confieso? Ah! pese a los lazos de mi lengua; que por fuerza he de alabarla aún cuando intento ofenderla! De la Tribu, y Sangre digo, de que María, Suprema Madre del Verbo, nació, nació también esta nueva Enemiga, que entre sombras. mis cuidados atormenta. Esta es (su nombre me turba!) aquella casta Doncella, hija hermosa del Gentil Dioscoro. O si tuviera tan bárbara, como el nombre, el alma, que me desvela! Pasa mi cuidado a ser zozobra, al ver que en su tierna edad, antes de tener la luz de la Ley perfecta, haya resuelto ceñirse la estola: de la pureza. A esta, no sé si el cuidado de Dioscoro, o la inmensa disposición de Dios, hoy la retira. (mi ira tiembla!) a esta Quinta (o pese a mí!) para que libre (oh qué pena!) del concurso (qué dolor!) de los hombres, a la ciega común pasión no se rinda. Ya. aquí mis males recelan; que por librarla de humanas: pasiones, a ser no venga, en agravios mío, dueño. de otras mayores finezas. Mas qué temo, cuando son mis persuasiones tan nuevas, mis, ardides tan seguros, mi astucia tan halagüena, que a ruina común pasan del Mundo? Y cuando severas: mis ansias contra los hombres. se enojan, harán violencias temblar el Cielo, pasmarse el abismo, arder la tierra, supurarse el agua a rayos, gemir el aire en cometas, temblar los ejes del Mundo, y desplomarse su esfera. Mas ya a este apacible sitio, Dioscoro atento llega acompañando a su hija Bárbara: apenas sosiega mi cuidado, y así es bien, que esté la atención despierta. Y pues están comprendidos en esas siete cabezas del Dragón los siete vicios. para turbar sus potencia furias del abismo, al arma, hidras del engaño, alerta. Venga en hora buena a ser, En hora felice llegues a la apacible floresta de esta Quinta, hija querida, en cuya estación amena; entre el sosiego, y el ocio, que en esta soledad reinan, de la Ciudad los bullicios gustosamente diviertas. Aquí te servirá el tiempo, sin que su imperio obedezca el ocio de tus descuidos, hasta que los Dioses quieran anunciar, quien de tu mano el triunfo feliz merezca, porque ya en mi perezosa fatigada edad postrera solo este cuidado siento, solo este peso me aqueja. No por mí, señor, recibo la felice enorabuena de este gustoso retiro, sino por ver cuan atenta tu discreción unir sabe, pisando líneas opuestas, a cortesanas lisonjas de padre las providencias; pero yo, que soy tu hija, y que en esta edad primera he mostrado, cuan opuestos fueron siempre en Nicomedia a mi gusto los concursos, los paseos, y las fiestas, y lo que más es, el nombre de amor, con tanta violencia le aborrezco, que tal vez hice en mi confusa idéa no sé qué resolución de guardar (aquí me es fuerza pedirte, que no te enojes) castidad, sin que de Besta, nuestra Diosa, solicite la clausura, y sin que entienda el por que está ign pra inclinación, que la quiero, sin saber por qué la quiera. Mas qué mucho que esto ignore cuando me ignoro a mí misma? O pese a mí, que al oír, que en su tierna edad primera de castidad hizo voto, y al ver esas lisonjeras luces, con que el Cielo ilustra su temprana inteligencia, recelo que Dios (qué rabia!) me previene (o si mintieran mis conjeturas!) algún nuevo tormento (qué pena!) Mas qué temo, si a la vista quedo, y de sus influencias sabrá trastornar el alto Poder mi mañosa ciencia? No te podré encarecer con cuanto gusto me deja tu discreción; y así ahora, Juliana sobrina, atenta asiste a tu prima: Tú, Livia, si darme deseas algún placer, cuidadosa sirve a Bárbara, que si ella gustosa está, agradecido seré yo a la atención vuestra. Siendo yo quien más, señor, en el obsequios interesa de mi prima, poco os debo en mandarme, que prevenga a su asistencia el cuidado, pues queréis que la obediencia vuestra me obligue, sin que mi atención me reconvenga. Yo de mi parte imagino, que he de tener muy contenta a mi señora que al fin bailo, que es cosa sin cuenta, toco un pandero, que es vicio, canto, que rabio en conciencia, me duermo contando un cuento, y toco unas castanetas, que parecen morteruelos, los ninos de la escuela. que aquesta fabrica excelsa no ha podido concluirse, porque más presto viniera Bárbara a gozar las blandas delicias de estas amenas soledades yo deseo darla perfección, pues queda que labrar de aqueste baño la estancia, y así quisiera fiar esto a tu cuidado. La planta tiene perfecta el Maestro, mas te aviso, que solo en dos lados tenga dos ventanas, pues le basta la luz que le darán ellas; y si deseas mi gusto, en nada el orden excedas. Será de tu confianza mi cuidado la respuesta. Y ahora, Bárbara mía, queda en paz, pues la asistencia de mis megocios me llama a la Ciudad, donde es fuerza que asista! al grande Marciano, que de la Provincia excelsa de Vitinia es Presidente, y reside en Nicomedia, Cabeza suya, y así, dame los brazos. . Apenas hallan las voces el labio con el dolor de tu ausencia. Hagante feliz los Dioses. Los Dioses en paz te vuelvan. Juliana, sobrina mía, a Bárbara te encomienda mi cariño. . De servirla con la puntual fineza, que amor, y sangre vinculan en mi pecho, es bien te ofrezca segunda vez la palabra. El Cielo os guarde. . Y él quiera darte dilatada vida. Ya, Dioses sagrados, queda Bárbara libre de tantas inquietudes lisonjeras, como a las que la hermosura; y el ocio en la Corte empeñan. . Ya que a solas quedamos Juliana mía, atentas discurramos esta florida estancia, y admiremos en ella la fragrancia, el primor, y belleza, con que sabia adornó naturaleza, con mano poderosa, desde la humilde flor, hasta la rosa, que púrpura vistiendo, y en trono de esmeraldas presidiendo reina nace, y con tímidos desmayos, salamandra del Sol florece a rayos. Qué primorosamente la poderosa mano de Flora adorno! Tente, que a mi discurso en vano le acuerdas, en lo poco que te escucho mil confusiones, con que ansiosa lucho Dudas padeces? Tantas, que en lo extraño de sus altivas taras impresiones temo no hallar razones. para mi desengaño. Según lo que ponderás, rara es tu confusión. . Si la supieras de su afán imaginó, que al diseno peligraras también en el empeño. Puedes comunicarla? Sí, aunque es mucha. Pues fiala de mí. Atenta escucha. Ya sabes que en Nicomedia; que ser Corte ha merecido de Vitinia, porque a un tiempo dilatado Imperio altivo de Nobleza Armas, y Letras se ha vinculado a los siglos, nací: Referirte ahora la heroica sangre que animo, las riquezas que poseo, es ocioso, pues han sido padrones que alienta el mármol; lucimientos o que tú has visto, de mi nobleza y fortuna examinados testigos La religión y enseñanzaq que a mi padre le he debido, y la beldad con que el Cielo me ilustró también lo omito pues ya de nuestras Deidades los siempre Sagrados Ritos, y de tanto vano amante los obsequiosos delirios, muestran, que son en mi Patria, una ejemplo, otra prodigio. Y voy a que en mi edad tierna, en cuyo papel ha escrito el tiempo el veloz caracter de pocos Mayos floridos, inclinada a la lección curiosa de varios libros, todos los ratos del ocio troqué a su afán peregrino; y en algunos (aquí ahora tu discreción, y tu oído reconvengo) hallé de nuestras. Deidades (tiemblo al decirlo) si algunos heroicos hechos, muchos, al parecer, vicios, que en vez de piadosos, blandos, poderosos, y benignos, les acreditan crueles, adúlteros, y lascivos. Impío Saturno lo diga, pues por temer que sus hijos. le usurparán la Corona, a la violencia rendido de su ambición, intentó darles muerte, y al arbitrio. de su crueldad, peligró el fiel paternal carino. La incontinencia de todos. diga Júpiter mentido, Bruto por Europa, Cisne por Leda, volcán altivo por Eginn, y lluvia de oro por Danae; de Melarito logró Neptuno, en Delfín traisformado, los carinos; y ciego amante de Venus, olvido Marte el altivo valor, a quien consagraron Altares, y Sacrificios del parche el estruendo ronco, del bronce el claro gemido. otros ejemplos pudiera acordarte, pues no ha habido Dios alguno de los nuestros, que sujeto a su apetito, su deidad no haya manchado. con torpes ciegos delirios. Dejemos en este estado su poder desvanecido, su ciencia sin fundamento, su pureza sin abrigo, su crueldad acreditada, y sin fuerzas su dominio; vamos reconociendo el soberano artificio de esa Máquina del Orbe, donde el Autor que la hizo, al parecer apuró al Poder todo el larvitrio. Hechuras son de su Mano esos nueve azules limpios Globos Celestes, que esmaltan Astros errantes, y fijos, de cuyo voluble curso, de cuyo influjo preciso nos depende lo que llaman unos hado, otros destino. Aquesos dos Luminares, que presidiendo propicios el día, y la noche, corren el Globo Celeste a giros, obras son de un Poder solo: Todo el dilatado sitio del Orbe es fábrica suya, mas con tal arte, que han sido Polos de su arquitectura cuatro Elementos distintos. Pobló de ligeras Aves el Aire; ese cristalino undoso golfo, de Peces; lograr sus alientos hizo en el fuego a la Pirausta, o Salamandra; y benigno dio a los Montes, en los brutos cortésanos sensitivos. Bordó de esmeralda el Prado, con mátices floridos io pintadas Garzotas, que abriendo el botón sucinto con labios de rosicler chupan al Albare Y lo que es más, crió al Hombre, breve mundo en quien admiro alma racional, ser noble, discurso grave albedrío libre, dominio en lo humano, ciencia mucha, heroico brío, verdad clara, afable trato, culto fiel, y adorno rico. Pues si quien de esta armonía es Autor, es tan preciso Ser eterno, Poder sumo, justo obrar, Brazo infinito, y tanto, qué sin ajeno poder, penda de sí mismo, y a nuestros Dioses les faltan atributos tan altivos, que sobre crueles, vanos, adúlteros, y lascivos, unos de otros dependiendo, tienen de otros sus principios: como creeré que no son errados Dioses fingidos, y que no hay otra Deidad, que es causa primera? Cristo, mi Bien, me ayude. No ruede tan aprisa, Padre mío, que ya voy a socorrerle. Válgame el Cielo! qué he oído? que al escuchar pronunciado aquel Nombre (mal me animo o sea acaso, o presagio, siento en mi (apenas respiro) que el corazón solicita romper el pecho ha latidos. Juliana, oíste:- . Si oí. Esa voz, que ha suspendido mi discurso? . No te asustes, que acasos no prevenidos no han de inmutar tu semblante. Abre, Livia, ese postigo del jardín, donde se oyó ese acento mal distinto, y mira lo que es. . Señora, aún antes de haberlo visto, sé, que la voz que se oyó, es de un viejo, que a este sitio los más de los días viene, desde ese Monte vecino, a recoger los mendrugos que nos sobran: es leído, sabe tantísimas cosas, y cuenta unos cuentecillos, que te holgaras de escucharle; mas voy a ver si él ha sido. Y qué infieres tú de aquesos argumentos? . Yo colijo, mientras no halle quien disuelva las dudas, que ciega animo, que son falsos nuestros Dioses, y que otra Deidad ha sido el poderoso Maestro de tanto heroico prodigio. Yo, Bárbara, reconozco, que es mi persuadir muy tibio, y limitada mi ciencia para vencer tu capricho; pero mientras no me muestren con evidentes indicios, que hay otro Dios, de los nuestros al culto me sacrifico. En esta ley me he criado, en este rito he nacido, en este culto mis padres vivieron, y no resisto por nuestros sagrados Dioses morir yo en el culto mismo. Pregunta, le, discurre, informate y si advertido tu cuidado, halla quien saque tu confusión de su abisno, parcial entonces seré de ese ignorado juicio. Y para que mi ignorancia estorbo de tus alivios no sea voy de mi cuarto a componer el retiro. Qué bien haces en dejarme sola, pues sola conmigo hallaré mejor la senda de tan raro laberno. Mas qué vanamente intento sin más norte hallar camino, que a puerto feliz me saque! Quién podrá, Cielos Divinos, librarme de dudas tantas? Yo, Libia hermana, la estimo el cuidado de acudir a mi riesgo. . Ya este ha sido, segundo acaso, sin duda algún misterio adivino. Nada ha sido mi caída, aunque algo pudor haber sido; mas si esta aquí, como dice, su dueño, yo me retiro, que no quiero que me vea. No tema, que un angelico es mi señora, y por orden de su padre hoy ha venido a vivir en esta Quinta. Quién está hablando contigo, Livia? . Es aquel pobre viejo que antes dije. . Llegue; amigo; no se retiré: sus canas a respeto me han movido. Señora, no sé qué impulsó, de mis penas conducido, me trae aquí: Dios eterno, si acaso en vuestro servicio pudiese ser de provecho, mi humildad os sacrifico. Señora, mi tosco traje, mi cortedad, y mi estilo, hijos todos de un inculto Moradón de aquestos riscos, me retiraban de vos. Rara modestia! Aunque admiro lo desufado de aquese sayal, por quien averiguo que extranjero sois, a vuestras canas mi respeto inclino. Quién sois? . Un vivo cadáver, que en el centro endurecido de esas peñas, de una cueva el bronco sepulcro habito. Se ha hecho mucho daño, Padre, con el golpe? Mas qué miro! gente hay aquí, y si es que son Gentiles, buena la hicimos. Quién es ese hombre? Señora, es un Compañero mío, que sigue de mis fortunas la senda. . Soy un bendito, que en la escuela de mi grande virtud tengo este pupilo, mas fío, que andando el tiempo, saldrá aprovechado el niño. Deje locuras, Hermano. Y cómo os llamáis? No he dicho mi nombre a nadie, mas no negaroslo determino: Yo me llamo Valenciano. Y yo Gatimban. No he oído apellido como el vuestro. Es muy raro mi apellido, mas nací en él mes de Enero, que es a los gatos propicio, y Gatimban me pusieron. Buen humor gastáis. . Es vicio, mas los Gatimbaus tienen este humor de tamañicos. Hermano Gatimban? Livia; dame un abrazo pasito, que el viejo es zaino. Al soslayo no lo verá si no es bizco. Y cual de todos los Dioses: adoráis? . Mucho peligro: tengo aquí si me declaro. Cogionos en el garlito. Padre, neguilla, que aquesta es Gentil, y por San Lino, que si nos huele Cristianos, nos han de colgar de un pino. Qué os suspendéis? Qué haré, Cielos! mas no he de negar de Cristo la Sagrada. Ley, que adoro. No habláis? A ninguno admito. . Porque soy Cristiano. Hombre, qué has hecho? qué Por Cristos que está borracho, señora, el tal Hermanito, porque Cristianos no somos. Pues qué sois? . Somos Judios. Pues cómo, si eres Cristiano, a vivir te has atrevido entre Gentiles? . Aquí me enzubren, desconocido, esos peñascos, de alguna perfecución fugitivo. Y cuál es de los Cristianos el Dios? . Es el Infinito Hacedor de Tierra y Cielo, a cuyo t preciso, hierbas, y flores produjo el campo, la luz se hizo, las aguas se dividieron, Estrellas, Astros, y Signos brillaron, esos dos bellos Luminares encendidos alumbraron noche, y día, crió todo el sensitivo; y por último, crió al Hombre a quien dio benigno alma racional, que rige sus potencias, y sentidos. Ese es vuestro Dios? parece que no me pesa de oírlo. Este es mi Dios. Tanto puede? A su arbitrio está todo. . Y de qué suerte es ese Dios? . Buen capricho: Aí es una quisicosa, si adivino, o no adivino. Mi Dios es Incomprensible, pues si cupiera en el juicio humano su explicación, no fuera Dios. . Esto mismo que dice este hombre, es lo que discurro yo. Es vengativo el Dios vuestro? Nuestras culpas retorna con beneficios. Es asable? La Clemencia es su atributo más digno. Es tirano? . Es justo Re Sabe amar? Amar te ronda las puertas del alma con soberanos auxilios. ̱. Cómo creeré que es así? Fiándote del oído por donde alumbra la Fe. Y cómo se llama? . Cri hijo de Dios. . No te entiendo. Siendo Dios, puede ser Hijo? Sí, que con Ser soberano es nuestro Dios Uno, y Trino. Menos te comprendo ahora: Uno, y Trino? No me admiro: Trino, por ser tres Personas; Uno, porque solo ha sido una la nuturaleza, en quien adoro rendido Padre, Hijo, y Espiritusanto. Y cómo aquese prodigio podré entender? . Advirtiendo que después que Dios del limo de la tierra crió al hombre, ingrato, y desconocido le ofendió, con que del Cielo vino a desterrarse él mismo. Mas Dios, en cuya Bondad pudo amor más que el delito, viendo que infinita culpa pide remedio infinito, a la segunda Persona envió al Mundo, que es el Hijo, para remediar el daño del hombre, y al fin vestido de humana carne, vertió su Sangre por redimirnos: De forma que hay en lo que oyes, Padre, que produce al Hijo, la esencia comunica así lo explican los libros) con la procesión, y entrambos al Espíritu Divino, que es del Amor soberano la voluntad: con que es visto ser uno en naturaleza, y en las Personas distinto. No son para mi ignorancia los términos que te he oído, hoy entendien onos de ap Padre mío, las mujeres no saben estos estilos, que en los ejemplos patudos es donde hallan el sentido. Mire, Hermanita, no ve tres pedazos divididos de sayal? . Así lo veo. No son tres? . Así lo afirmo. Pues mire como los tres son solo un pedazo: aplico? Ya te entiendo. Piensa usted que soy algún motolito? Aquí de toda mi rabia, que antevé el desvelo mío, que de esta rara Mujer va Dios, con lo persuasivo de aqueste Monje, labrando el corazón! y asicaltivo, en este mentido traje de Labrador solicito desvanecer sus razones, y a pesar del Cielo Impireo, turbaré de su argumento aún los más claros principios. otro ejemplo dar pudiera en el Sol, si este edificio tuviera aquí tres ventanas. De qué suerte? . Tres postigos supongamos, y que tres rayos de esplendor altivo entren por ellos: no es cierto que son tres rayos distintos, tres luces, tres resplandores, que se esparcen divididos por tres partes? . Claro está. Pues nadie ignora, que el mismo Sol es el que comunica su esplendor por los tres visos. Entre esas vecinas ramas, no poco rato, he atendido las mal fundadas razones de ese Viejo advenedizo; y pues veis que sus errores os guían al precipicio, os ruego no le escuchéis, pues se atrevió inadvertido a profanar el sagrado de esta Quinta. . Digo, digo. pues quién le mete a él en eso? Acaso le ha cometido ausencias, y enfermedades para enredar, el maldito? Quién sois vos, que os atrevéis con tan desusado brío a oponeros a mi gusto? Aunque a vuestro padre sirvo, no me opongo a vuestro gusto, sino al errado juicio de ese Hombre, que un Trino Dios quiere ahora persuadirnos. Pues cuando fuera posible ser Uno, y Tres, quien ha dicho, que de todo lo criado, la máquina, el succesivo curso del tiempo, del Sol la luz, de la Luna el tibio resplandor, la flor que nace, del árbol el fruto ópimo, el ave que vuela, el bruto que ruge, en el cristalino golfo el pez que nada, el hombre que discurre, hayan podido caber en solo el cuidado de un Dios, cuando en Infinito, para mayor providencia, está todo dividido? Ignorante Labrador, porque veas cuan sin tino discurres, respondeme, quién es Apolo? . Ese limpio Luminar, Padre del día. Quién es Diana? El asilo de la castidad. Y Marte? Dios de las Guerras invicto. Pues dejando ahora los otros que en orden confecutivo vienen, dime, de quien son hijos los que habemos dicho? De Júpiter. . Y ese Jove, con Plutón, Dios del Abismo, de quién proceden? . De Opis, y S Y Padres, de estos dos? . El Cielo, y la Tierra. . Y di, quién hizo el Cielo, y Tierra? . Ninguno. No puede ser, que no ha habido material cuerpo sin que se sepa tener principio; pues si a esta ignorancia añades la de querer tenga visos de Deidad, quien procediendo de otro, ser de otro ha tenido, cuando el alto Ser de Dios es ser un Ser de sí mismo, Poder eterno, Saber sumo, y Amor infinito, como intentas reprobar lo que llego a persuadiros? Dígame el señor Pasante de los estudios de Ovidio, quien es un Dios alegrete de cascos, y entretenido famoso, desuella zorros, y heroico tumba cuartillos? Ese es Baco. Él es el Baco, y el borracho vive Cristo: Pullas a mí el cara de molde de sahumar chorizos? por vida de::- Qué hace, Hermano? Apártese, Padre mío, que he de hacer a ese morcilla, andrajos los revoltillos. Que esto sufra yo! Repare que es de casa, sean amigos, y cese la pesadumbre. Yo a serlo suyo me obligo. Agradézcalo a la Hermana, (que cierto es un Ángelito) que me reportó, que soy un diablo si me amohíno. Pues crea que yo soy otro. La pinta no le ha mentido en nada, aquesta es mi mano. Y esta la mía. . Pasito, hombre, u demonio, que abrasas, y me fries los sentidos. Idos vos a la taréa. Si es que con esto te sirvo ya te obedezco Aunque no haré tal, pues a Dios mismo le he negado la obediencia, y así invisible, contigo asistiré a ser estorbo de premisas, y prodigios, con que, al parecer, el Cielo te busca en ultraje mío. Entre tan raros portentos, y misterios exquisitos como aquí te he oído, solo quisiera haber comprendido ese del Dios Trino, y Uno, que Dueño de mi albedrío se ha hecho tanto, que parece, que algún oculto designio tiene el alma en alcanzarle: me enseñarás? . No resisto tus preceptos, más enmedio de que es, a miestro juicio, incomprensible el Misterio; menos difícil camino hallarás para alcanzarlo, si en la Fuente del Bautismo lavas la mancha del alma. Y qué es Bautismo? Un Divino Sacramento, que nos borra el lunar con que nacimos. En culpa nacemos? . Sí. Y la quita? . Este rocío de la Gracia. . Cosas raras te escucho! No lo ha entendido? mendrugos mal amasados somos, luego pan bendito: miren qué donosa gracia tiene el ego te baptizo! Mucho tengo que saber. Pues para punto más fijo de tus noticias, despacio procura ver este libro, en que Orígenes explica los Misterios peregrinos de nuestra Fe. Será docto. le en paz, y en este sitio procura verme, que yo a su estudio me dedico. Pues yo volveré a explicarte lo que no entiendas. Yo admito desde ahora tu enseñanza. Felice yo si consigo ene Cristiana! . No sé lo que será, aunque ine admiro, que este Dios me haga llevar tanto que pensar conmigo. ̱. Vamos, Gatimban. De Santo gino crédito en un brinco, lilago a esta mujer Cristiana, lluegó la martirizo. ̱ . 1. Ataja. 2. Ataja. al monte. 2. A la espesura. ̱ ues en lo cnmarañado se asegura, e bosque penetrad. In la aspereza sertad el venado. l valle. 2. A la maleza. ̱. Dijiste que pasaran Monteros el bosque, y qué esperaran? Después de haber seguido eloz venado que va herido, en la corriente undosa esa ligera fuente, presurosa estaurar imagina si mísera ruina, Ciluyendo en su infelice suerte distal que bebe a púrpura que vierte, ertí que esperasen sus órdenes, ̱. Qué mal se satisfacen, Decio amigo, los cuidados míos! ̱. Si son, señor, amantes desvaríos que inquietan tu pecho. se, o nunca has de verte satisfecho, se es amor en tal calma, ue afable dolor, dolor del alma. Sves adóndé vamos? ̱ o presumo a lo menos, pues estamos junto a la Quí que Dioscoro labró para que v en su oculta clausura la bella, singular, tierna hern de Bárbara su hija. Ay dulce dueño! Y qué intentas hacer? En tal empeño hablarla determino. Y te ha oído otra vez? Ni aún imaginó? que haya bien reparado de mi fe amante el tímido cuidado; pues además que su racato es tanto, y tampoca su edad, que de mi llanto la retiraron siempre, aún cuando pudo mi fe explicarse con acento mudo, por no sé qué respeto, por despojos, enmudecí la lengua de los ojos, hasta que mi deseo dueño me hiciese en cándido himeneo, con tiernos dulces lazos, de su casta hermosura, y de sus brazos; mas viendo que Dioscoro advertido, celoso, o prevenido, a esta Torre retira su hermosura, donde deél Dios de Amor vive segura, esta caza he fingido, con cuyo colorido la veré honestamente, diciendo, que del Sol la saña ardiente, activa me permite, que el descanso en su Quinta solicite. Todo lo que has tardado en declararte, el premio has dilatado. Pues qué mayor esfera solicitar Dioscoro pudiera, que casar a su hija con Marciano, Presidente en Vitinia soberano? A esto áspira mi anhelo, lo noble de mi amor ampare el Cielo: entrad, pues, y decid como he llegado. Ya te sirve obediente mi cuidado. Dicen también que a acompañarla vino su prima Juliana. . Eso previno, para que tolerable en su porfía haga a la soledad la compañía. Pero Juliana viene. No quisiera que mi venida Bárbara sintiera, pues fuera (bien lo arguyo) dos veces mío sentimiento suyo. Habiendo, señor, sabido mi prima, que ahora llegaste a honrar su Quinta, me envía a ofreceros de su parte su casa, para que en ella se os sirva cuanto gustaréis, y os ruega, que perdonéis su retiro, pues no sale a recibir vuestras honras, porque ausente de su padre, no es en su estado decente, ni en sus atenciones cabe, ver, ni hablar más, que a la corta familia suya; y pues sabe vuestra discreción suplir tan atentas cortedades, con disculparla os suplica la paguéis el hospedaje. Discretamente cruel, y tiranamente afable, de tu atención, y sus ojos quiere Bárbara negarme el favor, Juliana hermosa: y pues veis que ese desaire tanto es mayor, cuanto es el ser yo a quien se le hace, decidla, que un rendimiento cortés, no es digno de ultraje tan sensible, que le mude la modestia del semblante; y al fin decidla que ya llegué de uno en otro lance siguiendo la caza aquí, y que no he de irme sin darle una queja, a quien no creo que halle satisfacción fácil. Queja podéis vos tener contra Bárbara? Y muy grande. Desde esta primera puerta pude escuchar la constante resolución de Marciano, aunque enojar a mi padre, o hacer acción menos digna de mi recato, no cabe. Sacro Dios de los Cristianos, supuesto que sois tan grande, como pública ese libro de Orígenes, inspiradme lo que he de hacer. Esto os ruego la digáis, y que han de hallarme hasta ver sus luces bellas, estatua de sus umbrales, pardo el manto de la noche, rubio del día el celaje. Voy a obedeceros. . Y es fuerza mudar dictamen, porque de su empeño puede resultar daño más grande: No permite mi atención que forméis empeños tales, cuando sois por Alejandro Severo (que el Cielo guarde) Presidente en Nicomedia: pues aunque el querer honrarme venero yo, de mi Estado, de mi obediencia, y mi sangre las atenciones, pudieran solamente retirarme; y pues ya cumplí con esta acción cortesana, dadme licencia. . Pues la fortuna niega a mis felicidades el tiempo, y a mis tormentos tanto le dilata, que hace, que muriendo a siglos, solo pueda vivir por instantes, os ruego que me escuchéis una queja. . Si distante estoy de daros motivo para tenerla, no cabe que deba satisfacerla, y así; el silencio la guarde, que de vuestras quejas no son mis oídos capaces. Pues en qué ofenderos puedes mis ansias? . En declararse, que donde el culto no obliga, es ofensa el publicarle. e esperanza tendrá qu la zozobra de mis males? Como yo no haya de oírla, tened vos la que gustaréis. Pues si a callar mi cuidado vuestro rigor me condena, no siendo el callar la pena menor de un enamorado, en mis ojos un traslado leed de mis sentimientos, que en cifras de pensamientos de amor, que pasan veloces, hay retórica sin voces, y elocuencia sin acentos. Vuestro gusto obedecido queda, y así, mi cuidado quiere morir bien callado, y no mal agradecido. Mi mal así suspendido tendré en mi pecho cobarde sin hacer de amor alarde, que a rigor tan soberano, deja de morir temprano el que se declara tarde. A Dinscoro buscaré, y de mi casto desvelo le daré parte, y mi anhelo de esta fuerte lograré: con esto no ofenderé la luz de vuestro arrebol; Y puesto que giraso! mi amor vuestra mano adora, o alumbradme como Aurora, o influidme como Sol. Discreto vuestro desvelo obrará, puesto que entiende, que de mi mano no pende el logro de vuestro anhelo: y es verdad, porque yo al Cielo . mi castidad ofrecí. Hablad a mi padre aquí para que respuesta os dé, que yo a él le responderé cuando me, lo diga a mí. Pues con aquesa esperanza serán menos mis pesares. Los míos no, pues por ti . nuevos riesgos se me anaden. ̱. Los Dioses me hagan dichoso. oder de un Y más el de Amor, que ha sido la Deidad de las Deidades. No hay más Dios de Amor, que el supopadecer amante. Yo por vos daré la vida. Los Cielos! os la dilaten. Adióscoro buscaré. Siempre obrará como padre. Ven, Decio. Ven, Juliana. Rara entereza! Notable cordura! Feliz os hagan Dio
JORNADA SEGUNDA
nos ser tanta tu ciencia, tu espíritu tan extraño, y la claridad con que menéxplicas Misterios tantos, tan singular te confieso, que torpe el discurso, tardo el entendimiento, inculta la razón, y el pecho helado, difícilmente aprendiera, en lo que cabe en lo humano, los principios en que estriba lo incomprensible, lo arcano de la Católica Fe. Mucho también he sacado de esos libros, en que explica Orígenes los sagrados portentos de un Trino Dios, de un Hijo amante Encarnado de una Doncella en el Puro Maternal Divino Claustro, sin obra de varón, pues fue del Espiritusanto. Estos, y otros infalibles Divinos portentos raros estudié en él, aunque siempre a ti te confieso cuanto he aprendido, pues que docto me disuelves los reparos: n la Fe, principios soberanos ciertos en sí, sino aquellos, que por corto, o limitado al humano entendimiento se esconden: todo lo alcanzo, gracias a tu explicación: solo me falta que el Sacro Bautismo borre la mancha del original pecado, para que, si se ofreciere morir por mi Esposo amado, tenga este mérito más el alma que le consagro. Palabra, hija amada, os doy de venir a vautizaros muy brevemente: aunque no os embarace, si acaso morir por Dios se os ofrece, puesto que el Martirio santo también es Bautismo, que llaman de Sangre afirmaos en la Fe y en el amor de Dios Uno, y Trinó, en tanto que el Cielo os previene el grande caracter de los Cristianos. Tan amante del Misterio de la Trinidad me hallo, que en memoria del ejemplo de los tres lucientes rayos, naciendo de un solo Sol, tres ventanas! he mandado abrir por donde me ilustren de tres luces el milagro, procediendo todas de una exencia, en quien contemplando esté una naturaleza lio en tres Personas. . Notado tengo ese cuidado vuestro; aunque Dioscoro en el cuarto solo dos quiso que hubiera. Poco para su cuidado lo importa ser dos, o tres; y mientras gustosa aguardo el Bautismo, vete en paz, no te vean. . No te encargo mas, que la oración, por quien llegan al oído blando de Dios nuestros pobres ruegos, y dete todo su amparo el queres todo Poderoso. Adiós; pues. Pastor Sagrado, pues buscáis esta ovejuela; lógrese en vuestro Rebaño. Ya, Señor, que en mi retir sola con vos he quedado, de las finezas que os debo las gracias pretendo daros. Ya contra el desvelo mío el Cielo se ha declarado, y ya Barbará, advertida de que es infielo que es errado el culto de sus Duidades, se le da a Dios Ea agravios míos, prevenid ahora. el poder de vuestro engaño. Ya, Señor, volviendo a Vos el conocimiento, os llamo Padre piadoso, tratadme como hija. Mira que es falso. ese Dios, que ciega buscas. Corazón, vamos a espacio: Falso puede ser un Dios, que la vida enamorado dio por mí! . Pues qué murió en una Cruz afrentado, sujeto del Pueblo suyo a la injuria, y al escarnio, no puede ser. Dios. . Misterio fue el desconocerle ingratos los suyos, paras lograr la Redención; y aunque alcanzo, que Dios, y morir no puede caber, pero en cuanto humano pudo padecer, . No pudo unirse al humilde barró del hombre naturaleza que es Divina; y más estando la humana con la cadena infeliz de su pecado. Mancha en ser a Dios unido no es posible; mas yo hallo, que siendo Hijo de Dios Cristo, del Espiritusanto obra su Encarnación grande, comprenderse en el infausto tropiezo humano no pudo por naturaleza. . El caso de admitir en el Jordán el Bautismo, está mostrando, que fue Hombre solo, y no Dios. Oh qué discurso tan vano, querer, que lo que fue ejemplo, fuese en Cristo necesario! Y así, necio pensamiento, déjame, que a mi cuidado no toca saber el modo como ha podido ser cuanto discurres, si no que fue como lo creo; y dejando locas fantasías mías, vuelvo, Señor a rogaros, que permitáis que reciba el Bautismo Soberano. Cuidado, cuidado, pásito, paso, que va por el alma Amor desvelado. Bárbara. Qué es lo que escucho? Qué es esto, Cielos tiranos? Qué nueva luz celestial veloz desciende ilustrando toda esta esfera? Mas (oh pesia mi rabia!) surcando la región del aire viene el Bautista, y dos alados Quérubes: recibame todo el Infierno en su espacio. . Bárbara. . Segunda vez parece que me han llamado: quién será? Pero qué miro! Galán Mancebo gallardo, que de mis veneraciones dueño os hacéis, y rasgando la espera, arrastráis tras vos todo el Zafir estrellado, quién sois? . El Bantista soy. Cuidado, cuidado, El Bautista? pues yo cuando merecí de vuestras luces cegar al divino ra Cuando la Ley verdadera de Cristo vienes buscando. Feliz yo, pues reconozco que mis ruegos ha escuchado. Tanto a tus voces atiende, que contigo obra el más raro favor, que han visto los siglos, pues quiere que por mi mano logres el Bautismo. Alab tu Nombré, Dios Soberano; lo, y en la Tierra en el tus criaturas. Y yo bajo a darte este Sacramento y no sin misterio extraño, pues tú con Cristo por parte de MARÍA, asombro claro de la Gracia, y Madre suya, tienes parentesco, hallando en el Tronco de una Tribú, MARIA el Divino aplauso de nacer el Verbo de ella, y tu madre el celebrado honor de ser descendiente rama de aquel Regio Árbol. Dios, pues, que este parentesco reconoce en ti, me ha dado orden para vautizarte, para que logréis entrambos por una mano el Bautismo. Yo le admito, más reparo, que el agua nos falta. . Poco importa, llega a ese mármol, y haz la señal de la Cruz. Tu precepto ejecutado está ya: pero qué miro! ya en cristales desatados copiosos raudales vierte. Llega, pues. Humildé salabo las grandezas del Señor. Y vosotros, entre tanto que yo le doy el Bautismo en el Nombre sober del Padre Eterno; y del Hijo, y del Espiritusanto, alabad de Dios el Nombre con dulce amoroso canto. Cuidado, pásito, 1. Hoy, que con Cristo amante se ha desposado, Bárbara la canten justos aplausos. 4. Y en sus prodigios sea Dios alabado: Cuidado, cuidado, 2. A la Esposa por arras le ofrece grato Corona de brillantes lucientes Astros. 4. Con que al Reino ofrecido suba triunfando: Cuidado, cuidado, pásito, paso. Ya, Bárbara, eres Cristiana. Feliz yo, pues el agrado de mi Esposo he merecido. Pues queda va efectuado tu Bautismo, confirmada quedas también en los Sacros Misterios, y en los principios de la Fe, que en el asalto que esperas importa mucho la constancia: . Será en vano cualquier peligro, si logro favores tan soberanos. Queda en paz. Qué más deseo, que merecer vuestro amparo? Y vosotros proseguid con dulces acentos blandos. 4. Cuidado, Una, y mil veces, Soberano Esposo, tierno Amante del alma, Dios piadoso, de beneficio tanto os doy las gracias con festivo llanto. Ya, Señor, alistada con Fe pura en la siempre segura Bandera del Ejército Cristiano, de mano del Bautista soberano, me tenéis, fiel vuestro Estandarte ya toca! en vano al arma el enemo Vos sois mi fortaleza, las armas mi pureza, el muro la oración, y por más? la centinela el alma, soldados los sentidos, cabos, que los gobiernen advertid las tres potencias, prontos, cuanto socorros los auxilios soberanos, y campo de batalla tan reñida el mísero teatro de mi vida: yo, Señor, os la ofrezco, por míe moristeis Vos y si meter imitar vuestro Amor, con fielo por Vos quiero morir. Bárbara mía? . Juliana her Mal me satisfaces, pues tanta ausencia haces de mi cariño, y sola en tu retiro bien hallada, sin mí siempre, te adí Sin faltar al afecto que te deb la soledad apruebo, pues cuando sola el alma se desvel? las dichas logro, a que mi amor a? Amor tienes? . Y mucho Permíteme que extrañe lo que escio y quien es tan dichoso, que te eses a ti un cuidado? Mi ventura es esta, que solo el adorarle es dicha mía Declárate, conmigo. Vendrá el día en que pueda explicarme, y sin rerer de tener de tu amor el mío celos, cuando llegues por mí, con se consour a amar al Dueno, que idolatro ami Enigmas son confusas tus palabria En mis enigmas tus venturas lab Di, como puede ser, si tu Señora, albricias, que señor se apea ahora, y con fino desvelo a verte sube ya. . Permita el Gieo que la hora apetecida de padecer por Dios halle mi vid? ira, que t que use mi tío el rigoroso extremo de su condición fuerte! pues arguyo, que contra el gusto suyo tres ventanas mandaste en ese Baño que se abriesen. De miedo tan extraño yo os libraré, pues de mi padre fío, que aprobará sin duda el gusto mío. En hora felice llegue, Bárbara hermosa, mi afecto a ver de tus bellos ojos el resplandor alagüeño: Cómo estás? . Como quien goza, señor los favores vuestros. Y vos, cómo venís? . Cómo quien viene a verte, que menos que bueno, nadie gozara las influencias de un cielo: Y tú, Juliana, a mis brazos llega. . Ya acusaba tierno mi carino tanto olvido; y si pudiera tenerlos, celos tuviera esta vez de mi prima. . Yo agradezco tu fineza. . Y para Libia no hay siquiera el brazo izquierdo para un abrazo apretado? Mucho de verte me alegro: Y como en las soledades os halláis? . Quién tu precepto tiene por norte, esta siempre muy gustosa obedeciendo. Y yo lo estoy de que esté concluido ya y perfecto este cuarto; pero cómo, Juliana, aquí se han abierto tres ventanas, cuando solo, que fuesen dos, mi desvelo te previno? . Yo, señor::- Detente, que si fue hyerro, yo le cometí, pues fue elección mía. . No apruebo que haya elección contra el gusto de un padre. . Aquí la tenemos. Y así al instante se cierte. Si algún favor os merezco, sea que no lo mandéis, siquiera porque yo tengo consuelo en que las ventanas. . No te entiendo; Y qué se logra en que sean tres, y no dos? . Es, que creo, que la luz es una esencia, aunque tres en los reflejos, con tres altas relaciones, a tres lumbreras viniendo de la gran Deidad del Sol, que es uno en Tierra, y en Cielo, universalmente a todos alumbra. . Esos debaneos de tu discurso no alcanzo; y así, para después dejo la resolución, que ahora es preciso que tratemos materias, que más importan, y así, atiende. . Ya te atiendo. Marciano, gran Presidente de Vitinia, por Severo, nuestro Emperador, amante de tu beldad, puso cuerdo en mi noticia su amor, para que en vínculo estrecho enlace tu blanca mano la fineza de su afecto. Yo, que atento a tu decoro, y a tu conveniencia atento, no puedo desear más nobles felices aumentos, que los que mi casa logra con tan alto casamiento: en tu obediencia fiado, y fiado en lo discreto de tu juicio, le he dado el sí, sin duda creyendo, que conocerás que es tuya la conveniencia que emprendo. Él sí le habéis dado? . Sí. Pues mal, señor, habéis hecho, que siendo yo quien se casa, debierais saber primero, puesto que tengo albedrío, mi voluntad. . Cómo es eso de albedrío? Pues hay más voluntad, que mi precepto? Mas voluntad, que la vuestra, tengo yo: Dadme el Señor, de que necesito. Pues cómo::- Señor, teneos, que mi prima::- . No disculpes mi arrojo, pues no recelo decir, que Esposo mejor tengo ya. . Qué estoy oyendo! Esposo tienes? . Sí. Es noble, o humilde? mátame presto. Merece infinitamente mas de lo que yo merezco. Ya que me das ese alivio, di, quién es? Cristo es mi Dueño. Calla, enemiga: (ay de mí) ACristo (rabiando muero!) sigues engañada? O pese a las iras de mi pecho! que al oír la voz infame, con que pronuncia tu ciego error el Nombre de Cristo, no dispara de su centro más furias, que pavoroso encierra el lóbrego Reino del Abismo. Si te asisto yo, qué mucho que en tu pecho respiren todas mis iras, pues ya con esto me vengo de esta enemiga. Señor::- Nada me digas, que luego ha de abjurar el error de tan ciego sacrilegio, o ha de rendir la garganta a los filos de este acero. Prima, confusa, y absorta tan impensado suceso me tiene: Tú, que a los siglos pudiste servir de ejemplo en el culto de los Dioses, adoras a un Dios (ay Cielos!) falso, (no acierto a decirlo) mentido, (de oírlo tiemblo) que afrentado (qué violencia!) murió (pronunciar no puedo) Cruz (ciego ultraje) a las manos de su Pueblo? Es verdad que murió, mas por ti, y por mi murió, siendo causa de tanta fineza de nuestro amor el extremo. Y pudo morir si es Dios? Cómo Hombre sí. No te entiendo: Hombre, y Dios no son distintos? Sí, más por alto Decreto se unieron naturalezas tan distantes, y convenzo tus errores, acordando, que al espirar en el Leño de la Cruz Cristo, la tierra tembló estremecido el centro, crugió el más fuerte peñasco, rasgose el velo del Templo, pardo capuz vistió el Sol, la Luna mongil funesto; y en fin, cuantas criaturas tuvo el Orbe, sentimiento hicieron al espirar; por cuya razón, atento le confesó Hijo de Dios el Centurión; y discreto el Arcopagita grande, con alto conocimiento dijo, que se desplomaba todo el Mundo, o padeciendo estaba el siempre Divino Hacedor del Universo; pues si este, que el Cielo adora, es solo el Dios verdadero, y los Ídolos son falsos Dioses, dignos de desprecios, por qué sacrílegos dais a un barro, a un metal, a un leño adoración, cuando yo osada los desposeo de las aras, y del culto? Qué has hecho, monstruo soberbio que hoy la afrenta de los Dioses, y mi deshonra, muriendo pag Muerta voy. Aunque en el centro te ocultes, he de matarte. Ven, Livia. El diablo va suelto. ̱. Si va, pues va poseído Dioscoro de mis incendios: sigala él, que yo la miro asistida de un excelso Paraninfo, y conjeturo, que aún no es de su fin el tiempo. Dónde me esconderé? ay triste! que el errado paso incierto he guiado a este retiro, donde ni salida encuentro, ni hay más abrigo que un duro peñasco, rebelde al hierro, que no le pudo labrar. Morirás, viven los Cielos, aunque el abismo te esconda. Ay de mí! Deja el recelo, Bárbara, que yo te asisto. Sacro Paraninso excelso, ya nada temo con vos. Dios me manda, que del riesgo te saque, pero te aviso, que has de entrar en otro luego. Hágase su voluntad en todo. Dejadme, fieros cómplices de mi desgracia, veréis como resuelvo, con el fuego de mi enojo, a pavesas su ardimiento: veamos ahora si Cristo te libra de mí. Blasfemo si librará. . Jesús mío, valedr qué encanto, qué horror, qué asombro es este, que no comprendo? Bárbara, espera tirana dónde te escondes? que al centro bajaré, si allá te ocultas. Raro asombro! Malo es esto, brujas andan por aquí. Seguidme, que mi desvelo no ha de parar hasta ver si puede de mi despecho, ese Dios de los Cristianos, librar su vida. Y qué haremos nosotras? . Seguidle, Livia, por ver si acaso podemos estorbar una desgracia: mejor dijera, que intento, . siguiendo a Bárbara, ver, si en los prodigios que observo, para mi ceguedad halla nueva luz mi entendimiento. La limosna que me da uno, y otro Labrador he llevado a mi señor, y en el albergue no está: tarde es ya, y me da cuidado, que como había de ver a Bárbara, es de temer no le haya su padre hallado: por la puerta del jardín a Libia puedo llamar; mas qué fuera que al entrar me cogiera a mí el mastín? Mas un Pastor está allí: Oyes, amigo, a quien digo? Como nunca fui su amigo, no imaginé que era a mí. Un amo, que Dios me dio, busco, que se me ha perdido. Qué señas tiene? El vestido trae tan roto como yo, de puro viejo es ya niño, bastantemente asqueroso, de barba roso, y belloso, y de testa muy lampiño. Ya sé (el diabro sea sordo) el que usted dice: Es un hombre, (que no se me acuerda el nombre) algo así entre magro y gordo, lucio, mozo, roto, anciano, que serdá muy mala vida, trae la barba crecida, y el cabello crespo, y cano? El mismo. Pues no le vi, ni he sabido de él jamás. Pues Pastor de Barrabás, flores me gastas a mí? Pues por vida::- Aunque en el centro solicites fugitiva ocultarte, ha de seguirte el anhelo de mis iras. . . Adónde hallarán mis ansias reparo a tantas fatigas? Pastor amigo, si acaso una mujer afligida alguna piedad te puede merecer: . Señora mía, qué es esto? . Ay de mí! no sé mas, que airado solicita darme la muerte mi padre, y si vuestro pecho obligan mis lágrimas:- . Voto a sanes, que me enternece la niña, y he de ocultarla del viejo. Pues despachemos aprisa, que viene ya. . Aquellos ramos, (atiéndame, no se aflija) sirven de puerta a una gruta, cuya entrada desmentida, con las hojas, y las matas, todos la ignoran: aprisa éntrese allá, que nosotros, con diferente noticia, deslumbraremos al viejo. Pagueos la Bondad Divina la buena obra. Adónde, infame, traidora, falsa mentida, te escondes? Si acaso, amigo, habéis visto fugitiva a una rapaza, decidme, dónde está? que las albricias os daré liberalmente. Es una moza rolliza, pelinegra, y ojizarca, bien tocada, y mal prendida la que dice? . Sí. Pues yo la he visto. Dónde? . En Galicia, habrá veinte años, por señas que era entonces tamañita. Dios te pague la piedas cristiana con que te inclinas a mi alivio. . De mi incendio os libráis por loco. . Chispas! Pastor, y sabes adonde esta infiel traidora hija se oculta? a trueco de hallarla te daré cuanto me pidas. Digo, y será de contado lo que ofrece? . Soy perdida, que a este villano, sin duda le ha de mover la codicia. Por la mitra de Pilatos que le rompa las costillas si habla. . Pues siendo así::- Acaba. . Su merced diga, será cierto ese dinero? No lo dudes. . Pues cerquie la tiene. . Castigue el Cielo tu traidora alevosía. Mire, tras de aquellos ramos hay una cueba escondida, entra en ella, que allí está. Ah infame lengua maldita! quien hiciera aquí un milagro, que te rallara las tripas. ̱. Es aquí dónde está? . Sí! Mas ay de mí! mira, mira, no entres, detente, que yo::- Estatua quedo añadida en pena de mi delito. Qué me haces la mortecina porque hemos quedado solos? Pues aquí la alevosía has de pagar, y así, toma esos tachetes: Chispas! Pese a ti, y tu vida. tienes de cal, y canto las guijas? Mas qué miro! convertido en piedra está, vive cribas: Sin duda hice yo el milagro, y no sentí que le hacía. Amigo, tu viste acaso a un anciano? . No prosigas, que en aquella cueva entró siguiendo ahora a su hija. Aunque las sombras te amparen, he de hallarte. . Vaya aprisa. Denme los Dioses aliento. . Y tú no vas? Livia mía, yo estoy ocupado haciendo milagros de cantería. Milagros? . Ese pobrete, que he vuelto en piedra, lo diga. Ay de mí! Señor, detente. Juliana, aparta, no impidas que vengue en esta alevosa la injuria del Cielo y mía. Señor, gustosa padezco por Vos, pero no permita vuestra piedad, que mi padre derrame su sangre misma. Cómo, enemiga mujer, no conoces que es mentida esa Deidad, que tu llamas Cristo? Cómo si rendida a mis rigores te ve, no te ampara, no te libra? Bien puede si quiere, como pudo, y quiso, cuando altiva la peña la dividió, dando paso a mis fatigas. Eso fue hechizo. Y de ese hombre la traidora alevosía y de descubrirme, que ves convertido en por castigo, qué será? Encanto es, que no me admira. Ay de ti, infeliz, que juzgas encantos las maravillas! Absorta, y confusa estoy, Luego en tu error te confirmas? La verdad es la que sigo. Pues para que al Mundo sirva de escarmiento tu castigo, te perdono ahora la vida, y entregándote a Marciano, Presidente de Vitinia, o has de abjurar el error, o al rigor de su justicia en un suplicio has de dar la garganta a una cuchilla. Gustosa voy a morir. Esta constancia me admira. Ven, Juliana, a ser testigo de su escarmiento. . Ven, prima, a ver como en mí las penas son por mi Esposo caricias. Ya te sigo a ver el fin de tanto asombroso enigma, porque tú no eres humana, o es tu constancia divina. Vienes, Gatimban? Adónde? . A la Ciudad. No es comida para mi ver los verdugos ensayonados, a guisa de carniceros del diablo, hacer gígote las tripas. No reparas que le sale tantísimas sabandijas por la boca al tal Pastor? Mi virtud en eso estriba, que el aliento, y las palabras le convertí en lagartijas. Esto más parecen moscas: Fuego de Dios cómo pican! huyendo voy. Os allá: Ay tan gran bellaquería! tabanos son, vive Cristo: os allá; aquí anda Patillas. Qué es esto, Hern es esto? el diablo, que se despica de mi porque hice aquí ahora un milagro a letra vista. Os allá. . Qué es lo que dice? Que Bárbara, fugitiva de su padre, llegó aquí, porque el viejo la quería matar porque era Cristiana. Grave pena! Ea, prosiga. Yo la escondí en una cueva; y ese Pastor que aí mira, la descubrió: Lleve el diablo tanto moscón. . Diga aprisa: Y Bárbara qué se ha hecho? A Nicomedia camina presa. . Señor, dadla esfuerzo, que en su tierna peregrina edad bien lo ha menester. Y qué haremos? Que aperciba forma para irla siguiendo sin que le conozcan. . Linda comisión: No, Padre mío, no me atrevo. . Ya es precisa la diligencia. En Dios fie si Cristiano se ejercita en consolar de mi parte a Bárbara. . Eso me anima, que al fin soy Santo a derechas; mas si me pescan? . Su vida está a cuenta de Dios. . Pues déjeme coger aprisa un tálego de estas moscas, que he de llevar escondidas. Para qué? . Para soltarlas, si llegaren con malicia a prenderme los Sayones, y mientras ellas los pican, y ellos se sacuden de ellas, haré yo la escurridiza. Vaya: Y fío en Vos, Señor, hoy vuestro favor asista a Bárbara. Y plegue a Dios que las moscas no me sigan, y me ha nes por allá la zancadilla. Loca esperanza, que vuel al cielo de la hermosura, quien te fía los alientos, o quién te fía las plumas? Qué bien dice, ay dueño hermo ay Bárbara! qué mal funda mi carino la esperanza de tu mano, pues no duda, que no ha de abrasar sus vuelos quien por perfección segunda hermosos desdenes gasta, honesta libertad usa! No cantéis más. . Despejado Vino Dioscoro? . No es n su tardanza, si reparas con cuanta razón le excusa el gusto dé los cariños de Bárbara. . Le disculpas con razón como no sientes las ansias con que le acusa mi fineza. . Pues señor, acaso tu afecto duda, que Bárbara admitirá gustosa tu mano, en cuya dicha logra tanto honor, siendo quien eres, y hechura del gran Severo, por quien mandas la Provincia Augusta de Vir nia? . Ay, Decio am no sé acá qué desventura, pronóstico el corazón, a mi fino amor anuncia! Aparta. . Quita. Dejadme entrar. . Qué es eso? Confusa la Plebe, tumultuosa llega a Palacio. . Hay más due Y Dioscoro, atropellando a una mujer con sañuda indignación, entra ya. Cualquier acaso me asusta. Dioscoro amigo? ̱. Un basilisco, un horror, que reverente vincula a tus plantas mi lealtad. Qué feliz es la criatura, mi Dios, que por Vos padece! Pues como (ay de mí!) procuras con tan indignos ultrajes vencer la beldad más pura, que vio el Sol a mi cariño? Cómo (el corazón se anuda) se has atrevido, con mano sacrílegamente impura, a profanar los divinos sayos de tanta hermosura? Si Bárbara con desprecio oyó mi amor, ciego juzgas, que lo que no obliga el ruego, lo pueda vencer la injuria? Y por los Dioses sagrados, que de tu crueldad sanuda tome venganza mi enojo, sin atender:- . Si me escuchas, verás que es obligación que tu imaginas culpa. Sin mí estoy! prosigues, Apenas sl, que para esposa tuya pretendías a mi hija, partí a la Quinta en su busca, y no bien la hube propuesto tu fineza, y su ventura, cuando respondió resuelta, que de otro amor la coyunda solicitaba, y que era Cristiana Yo con blandura, Y halago, intenté vencerla del ciego error que pronuncia, mas ni al ruego se sujeta, ni a la amenaza se ajusta; antes bien con mano airada, Y voz cuanto osada, impura, derribó de los Altares las soberanas hechuras de los Dioses confesando a Cristo por Deidad suma. Yo, que del sagrado celo ardo en la llama segura, el ultraje de los Dioses sentí tanto, que con justa muerte hubiera castigado de esa aleve la perjura alevosía, a no ver, que más le toca a la altura de tu poder su delito. Aquí mi celo la acusa: tú eres Juez, de los Dioses el fiel desagravio busca, o retratese del ciego error en que infiel fluctua, o en escarmiento común, entre mortales angustias, un verdugo de sus venas désate perlas purpúreas. Delincuente te la entrego; y pues con esto no dudas, que he cumplido con mi honor, con los Dioses, y la Augusta Majestad del César: tú lo que has de ejecutar juzga, para que fiel con los Dioses, con tu honor, y el César cumplas. . Cielos, qué es lo que escucho! mucha es mi pena, mi dolor es mucho. En Vos, mi Jesus fío, que le daréis valor al pecho mío. Sin aliento respiro en tanta duda, del llanto ciega, del asombro muda. Mas que esto se encamina a parar el silencio en disciplina? Quién (ay de mí!) se ha visto (mal los males resisto) en tan confusa calma, airado el pecho compasiva el alma? De amante la ley fina librar desea su beldad divina, y de Juez la aspereza condenar quiere su infeliz belleza. Oh quién pudiera componer constante a rigores de Juez, ansias de amante! Qué disculpa previenes oportuna a tanta acusación? . No doy alguna. Luego es verdad lo que tu padre dice? No lo dudes, Marciano. Ay infelice! que Juez compasivo el amor siente, como si fuera él mismo el delincuente: ego tú No lo niego. Luego ultrajaste con arrojo ciego de una, y otra Deidad el sacro bulto? Falsas Deidades no merecen culto. Luego también, faltando a tu decoro, es verdad que a otro quieres? A otro adoro. Calla, mujer, qué has hecho? que solo ahora me pasaste el pecho, pues el ultraje injusto de los Dioses, y de Cristiana las erradas voces, son menos, cotejados sus desvelos, con la abrasada furia de mis celos: Quitadla de mis ojos. . Señor::- No la quitéis tiernos despojos son los de Amor; en vano me reprimo. Bárbara hermosa, (mal la voz animo) si mi amor, si mi ruego pueden vencer lo ciego del error que mantienes, pondré a tus plantas cuantos nobles bienes desee tu hermosura, y será con ventura el alma, por ejemplo, breve holocausto en aras de tu templo. Solo respondo a tu porfía vana, que tengo Esposo ya y que soy Cristiana. otra vez homicida? a celos quieres acabar mi vida? Decio. . Señor. . Al punto sea esa infiel mujer fiero trasunto de mi sangriento enojo, sea su cuerpo mísero despojo de uno, y otro castigo: sé con ella cruel, pues lo es conmigo. Segunda vez, gran Marciano, a vuestras heroicas plantas llega el llanto de mis penas a suplicatos:- Levanta, Juliana, (esperad) qué pides? Que, o justiciera, o airada proceda vuestra razón, es más bien visto, que hidalga venza la piedad las ciegas tropelias de la saña. Si Bárbara faltó al culto S. eñanza, persuasión, y doctrina vencen errores del alma. Quién os viere dolorido con esas celosas ansias, juzgará, que el que le dais, mas que castigo, es venganza. No, señor no ha de decirse, que la pasticia sagrada, siendo atributo divino, parece violencia humana. No digo que perdonéis de mi prima la ignorancia, sino que la deis lugar a que prevenida haga elección del mal, o el bien, porque si cuerda se aparta del error, más que el castigo, debe merecer la gracia. Esto os ruego. . No prosigas que me corro de que hayas pensado, que faltar pudo en mí la noble constancia, que a Cristo debo, y así, cruel Marciano, qué aguardas? No atendáis a su delirio, pues la piedad os ensalza. No te venzas de su ruego, pues mi fe al rigor te llama. Dar tiempo al tiempo es mejor En mí no ha de haber mudanza Yo pido su vida. . Yo pido la muerte. . Ah tirana! si tanto el morir deseas, solo porque la esperanza de tu anhelo se malogre, no te castigo: su guarda eres, Decío, en este cuarto quede presa; Juliana, por ti mi rigor suspendo, pero fío en tu palabra: persuádela tú a que deje el error que ciega abraza, acuérdala de mi amor las finezas. . Empeñada está mi obediencia en todo. Decio, diligencias se hagar en que Barbará se cure luego, porque desangrada que le dio la mano airada de su padre, que aunque al Cielo infiel, y a mi amor ingrata ha procedido, no puedo negar que la adora el alma. Ya que hemos quedado solas, Bárbara mía::- . Excusadas procura tener ahora persuasiones que me cansan, y más cuando sin aliento con la sangre derramada me siento; dejadme, pues, sola, que ha mucho que falta mi corazón al empleo de mi mayor importancia. Toda eres conmigo enigmas; queda en paz: o si lograra ver, qué intenta hacer mi prima a solas! Yo que una santa he sido sin despegar mi pico en una palabra, también he de irme? . Sí, Livia. Pues voy a ver donde paran de este cuarto la cocina, y de esta prisión la cama; que como he venido, a pie, tengo hambre, y estoy cansada. . Gracias os doy, Señor mío, Trino Dios, Bondad amada, que fluctuando, del mundo casi en la última borrasca, se ve esta pobre barquilla; pero aunque rota la, jarcía dé la vida, con el Árbol de la Cruz, de quien se ampara, tomar espera el feliz Puerto de buena Esperanza; pero si para arribar a su soberana playa, he de pasar del Mártirio la tormenta deseada, dadme aliento, Esposo mío, que ya, al parecer me falta, con tanta vertida sangre de estas heridas. . Aunque, habla, sola No desampare vuestra bondad mi constancia. Bárbara. Válgame el Cielo! parece que me nombraba tierno cariñoso acento. Si el oído no me engaña, parece que oí su nombre. 1. Hoy de Bárbara Esposo Cristo se llama, y amante su fineza le roba el alma. 2. Por ser de sus rubies briosa talla, anda con ella fino, pues que se humana. Bárbara mía. . Quién llama? Tu Esposo soy, no me ves? Feliz quien ventura tanta, Niño hermoso, Dios amado, os debe. . Cuando no anda desvelado mi carino buscando al alma? Qué rara luz misteriosa de un Niño. el hermoso vulto exhala, a quien risueños los Astros brillante cenefa esmaltan! A verte vengo, y a darte esfuerzo para que salgas a batalla más sangrienta. Quién temerá la batalla con tan soberano aliento? También por mi mano sana quedas ya de las heridas; prevente, pues, y repara, que por ti padecí yo mucho más que a ti te aguarda. Mas es que Deidad, Deidad, que padece por quien ama. Ya sé, Señor, lo que os debo, solo siento lo que tarda la hora de sacrificaros mi vida. . Y aún de otra alma por ti el sacrificio espero. Feliz yo, si a ser llegara tan dichosa. . otro por mí ha de buscaros? . Y amada está de mi tiernamente. Qué más dichas! Gloria extraña! Queda en paz, Bárbará mía. Ya me dejáis? No se aparta de ti mi amor. Quién pudiera seguiros! . La deseada corona te espera presto en la Celestial morada. 1. De la lid las heridas tanto le enlazan, que es para quien le mira gentil batalla. 2. Tan fuerte sobstituye dones de gracia, que es Bárbara el renombre de su constancia. Esperad, Señor, oíd. Esperad, Deidad sagrada; que el uso de los sentidos poderosamente arrastras. Pero Juliana. . Ay de mí! donde esa luz innorada, donde ese Zagal Divino, donde esa sombra sagrada de encantos tan alagüeños, y piedades tan contrarias, que si me ciega me alumbra, si me suspende me arrastra::- Luego viste::- . Yo no sé lo que vi; pues aunque osada quise registrarle al Sol el piélago de sus llamas, yo no vi lo que tenía que ver, porque no llegaba de su gloria al primer rasgo la última atención humana. Y qué sientes? . Que le adoro. Qué harás por él? . Tus pisadas seguiré. . Él te asistirá. Me querrá a mí? Por ti hablaba, cuando que a otra amaba dijo. Pues Bárbara::- . Pues Julia Asentir:: . A padecer::- Tormentos. . Rigores. Ansias. Y a morir para vivir vida que nunca se acab
JORNADA TERCERA
Aunque Bárbara no quiere dar lugar a que dispongan su curación, y del mal desprecia el riesgo gustosa; por cuya razón la vista de los Médicos estorba; con todo, sabiendo yo, que la acción más opsequiosa para Marciano será la salud de quien adora, os doy lugar a que entréis a verla, porque si logra vuestra presunción la dicha de curarla, será pronta la satisfacción, y el premio se igualará con la obra. Y pues vuestra ciencia es tanta como decís, a la gloria aspirad de su salud; y advertid, que en ella sola está el gusto de Marciano, mi cuidado, y vuestra honra. Y es la enfermedad aguda? Grave parece. . Ventosas; sangrías, y purgas son del mundo la primer cosa. Su mayor mal son algunas heridas. . Recipe estopas, balsamo, claras de huevo, trapos, trementina, y cola; mas dejado por mi cuenta, que si mi ciencia la toma el pulsó, no escapará. Cómo? . Cómo todas las que los Médicos curan, que nunca yerran la historia, pues si vive, es hombre si muere, llegó su hora. Poned cuidado, pues veis lo que a todos nos importa. . Gracias a Dios, que me hizo embustero a toda costa, pues para lograr el ver a Bárbara, la tramoya he fundado con cautela, en una mula trotona, un sortijón, y unos guantes, unas vueltas, y una gorra, dos recipes, de uncias cuatro, siripu aureí de achicorias, duas dracmas salí escrúpulam, con sus ayudas de costa, veinte sangrías, seis textos, vengan o no de memoria, y otras cosas, en que estriba hoy la medicina toda: tragáranla los senores sayones mas si la solfa me entienden, y cuando menos el verdugo me la entona con la mano de baqueta, o cuanto más en la horca, no la habremos hecho buena? Dios por su misericordia me deje hacer esta vez un milagro en causa propia. Hablar oí en esta sala, y mientras que mi señora retirada con Juliana está hablando de sus cosas, quiero ver si encuentro alguno, que me diga de nosotras, qué han de hacer, pues yo no soy Cristiana, y es cosa impropia, que por la concomitancia me pape un martirio a solas. Mas allí una mujer sale, yo llego; señora hermosa, avise usted, que está aquí un Médico de Moscovia, que para hacer una cura ha venido por la posta. Y quién es la enferma? pero no es Gatimban? Livia, toca esos huesos, y un abrazo venga a la revuelta. Toma; mas di, qué traje es aqueste? Esto es venir, porque importa, con este disfraz a ver a Bárbara. . A todas horas está llorando la triste. Pues por qué llora la boba? Porque le han de hacer gígote a martirios. . Linda sorna: hay más que mudar guisado, y que la hagan pepitoria? Y cómo entraste hasta aquí? Mucho, amiga Livia, ignoras, pues las señas Doctorales de mi ciencia no te informan; mas no perdamos el tiempo, y así, avisa a tu señora, que tengo un miedo notable, y quiero escurrir la bola. Voy volando. Aquí te aguardo. No hay alivio a mis congojas, pues a cada paso crecen los tormentos que me ahogan. No bastaba, no bastaba, que Bárbara (qué zozobral) fuese Cristiana, sino añadirme el Cielo ahora, que Juliana con su ejemplo haya admitido oficiosa la Ley Católica? (oh pese al Cielo, pues me baldona con tal rigor!) más de aquí quitar ahora me importa a este criado del Monje Valenciano, a quien gustosa verá Bárbara, pues trae una instrucción misteriosa de su Maestro con él me introduzco con la forma de uno de sus guardas, que hacen a este cuarto escolta. Malo es esto, Fariseos tenemos; aquí fue Troya. Qué buscáis aquí, buen hombre Él, y su casta buscona será el buscáis, y el buen hombre: sabe quién soy? . Qué esto oiga! no juzgué que os ofendía; pero puesto que os enoja ser hombre bueno:- . Pasito, que no es una misma cosa ser hombre bueno, o buen hombre, y así la enmienda proponga, y sepa que ha de tratarme con respeto, y ceremonia de Médico de la Camara del Presidente. . Si ahora quisierais darme a entender ese embuste, fuera cosa de reiros, también de mí; y para que se conozca vuestro embeleco que no me curáis una penosa enfermedad que padezco? (Aún con aqueste idiota se complace mi soberbia de acordar la vanagloria de querer ser como Dios.) Cómo que no? el color nota, que serán travesurillas sin duda de gente moza. No es sino, que en mi edad tierna a la altura prodigiosa de un Alcázar subir quise, y el Sol, que sus cumbres dora, mis ojos cegó, y perdida la luz, con triste horrorosa caída, vi castigada aquella soberbia loca; desde entonces quebrantado con tal golpe, entre congojas miseramente, padezco con ira, rabia, y zozobra. Tiene dolor? . Si pudiera tenerle, fuera dichosa mi enfermedad. Pues sangrarse, y que una vizma le pongan con agua ardiente. Y qué ardiente es el agua que me ahoga! i Y si no, emplasto de ranas, de harinas sus dos arrobas, y ungüento contra rotura, que son santísima cosa. Nada de eso me aprovecha. Pues si no aprovecha cosa, tome el agua de la vida. Con ese agua misteriosa crece este mal que me aflige, que es rabia. Pues con tres solas cruces, y un soplo se cura la rabia. . Cierra la boca; vil hipócrita, qué has hecho? Ay, señores, esta es otra, que el hombre está endemoniado. Vete, o mi saña rabiosa descubrirá tus engaños. Piensas que mi ciencia ignora, que eres Cristiano, y que vienes a dar un papel ahora a Bárbara, que le envía Valenciano? Adiós tramoya: el hombre es algún demonio; cara la cruz. . Pese a toda la saña de mis rigores; infame, calla. . Exiforas, sal acá, perro patillas. Agradece que es forzosa mi fuga, por salir ya esa mujer que me asombra, después que aquella visión tuvo de Dios prodigiosa, que si no, aquí de tu muerte llegara la fatal hora. Ah perro! cata la cruz, zancarrón, cara de zorra, pastilla de los infiernos; por Cristo, que me sofoca, si no sale tan aprisa Bárbara. Qué es lo que a solas, Gatimban, estás hablando? de qué te quejas? . No es cosa, entreteniéndome estaba en dar al diablo una soba. Qué dices? . Que el mastinaz pretendió hacerme la copla, pero con dos exorcismos le dejé como una mona. Dios es Todo poderoso; mas a qué vienes? . La honra de Dios mueve a Valenciano a solicitar sus glorias, y por mí aqueste papel te envía. . De su piadosa enseñanza siempre vivo a la protección dichosa. Dice así. . No me dirás, mientras lee tu señora, qué se han hecho las heridas, que ayer con mano alevosa le dio aquel maldito viejo a Bárbara, pues la nota mi cuidado buena, y sana? Yo no sé más de esas cosas, que el haber dicho Juliana, que anoche vino a deshora por esos aires volando uin Niño como una rosa, y que la sanó, dejando su hermosura como notas. Livia, los que somos Santos sabemos de aquesas cosas. Mucho estimo a Valenciano de mi alivio la memoria; dile, que en mí sus avisos impresión tan misteriosa han hecho, que no recelo del martirio las congojas, que en la Fe vivo constante, y que su verdad me exhorta a dar por ella la vida, y que de esto se ocasiona la esperanza que en Dios tengo, cuando Redentor le nombran, pues si en mí el mérito falta, en él la piedad le sobra. Con esto vete que quiero retirarme, pues no es hora de que el espíritu duerma, cuando veo que zozobra en él libro de la vida, la vida en la última hoja. Que en sin resuelta a morir estás? . Si a ser tan dichosa llego, qué mayor fortuna! Pues señora, si es forzosa tu muerte, dame un abrazo, y llevales mis memorias a los amigos que veas en la otra vida. . Pues lloras? No he de llorar, si los ojos tengo como dos cebollas por esos perros Hereges? Con esto a Dios, y perdona, que no te vaya sirviendo, y él con su mano piadosa te libre, al subir al Cielo, de caer de la tramoya. Vete en paz, Amigo mío, ojo avizor no te cojan. . Antes ciegues, que tal veas, salga yo, y ruede la bola: Oh quién pudiera ponerse en un brinco en Trapisonda! que temo que un pan de perro me han de dar, como unas tortas. Yo me voy pian pían; mas aquí viene gran tropa, en peligro está el gaznate, que ya el prendimiento asoma. Que en fin el Médico entró? Y el no salir hasta ahora es indicio de que deja, que su curación disponga. Dioscoro, por vos mismo, por mí, y por los Dioses goza Bárbara de esta piedad, que si el error abandona con la persuasión, y el ruego, será la acción más heroica lavar sin sangre la ofensa. Tu discreción acrisola, y tu fineza engrandece la piedad de que blasonas. Pero el Médico está aquí. Cómo no llega? Hoy se postra a vuestros pies el mayor ífico, que ha visto Roma, el Preste Juan, el Sophí, Cleopatra, y la gran Cenobia. Sabéis mucho? Son conmigo Médicos de toda broza Hipócrates, y Galeno. Cómo os llamáis? Don Cleofas. Dónde estudiasteis? . Cursé de Albeitar en Barcelona, me gradué en Tetuan, y he leido en Calahorra. Y cómo Bárbara queda? Buena, y sana. Buena? . Y gorda. Y la habéis curado vos? Mi mano es maravillosa. Si es verdad, seréis dichoso: llamad a Juliana. . Todas salen al oír que entrasteis en su prisión. Rara cosa! no se le conoce herida. Lo que veo el pecho ignora: ayer tan sangrienta, y hoy sin que señal se conozca! Si es que nos llamáis, Señor, para que el suplicio ponga fin a mi vida::- . Esperad, que para que se conozca el gusto que al veros tengo, es mi gratitud forzosa, y así a lo que os debo atento, tomads amigo, esta joya, y vedme después. . Los Dioses, en recompensa famosa de estos diamantes, os den, para más cierta memoria, un carbunco en cada ojo. Id en paz. . Bien va la obra: libre, y con diamantes, lindo: señor Marciano, mamola. Ya que ves mi fineza, que a idolatrarte nuevamente empieza, como puedes pensar, que vengo a hablarte mas que para mostrarte, que cuanto más ultrajas mi fopi más amante he de ser de tu hermosu No que alivies deseo mi tormento que haciendo vanidad del sentimiento sin malograr favores, daré mi adoración a tus rigores: solo (ay de mí!) te ruego, que de Cristiana el ignorado, el cieo error olvides, no con entereza malogre tu capricho tu belleza; tu padre re lo ruega carinoso, de mi fineza atiende a lo piadoso que amante de tu vida, mandé curarte de una, y otra herid De qué así te suspendes? conoces mi verdad? Muy mal entiendes, si juzgas que me ha dado la salud que poseo, tu cuidado. Luego no fue mi anhelo quien temandó curar. Solo fue el Cielo. Pues si fueron los Dioses, como cieg tu rebeldía adoración les niega? Son mentidas, y falsas sus Deidades Pues di, cuvas han sido las piedades, si ni nacen de mí, ni de los Dioses? Yo lo diré, si atiendes a mis vocea por si a Bárbara acaso la modestia le sirve de embarazo. Apenas tus desvelos, (no sé si celo fue, o si fueron celos) por decreto cruel, o compasivo, que uno, y otro apercibo que pudo ser, pues para más ultrab? tal me viste el rigor piadoso traje, mandaron que estuviese retirada de esa feliz prisión en la morada Bárbara, cuando en tímido quebranto fue indicio de su pena triste llanto, y al faltar en sus ojos la alegría fue la sombra mayor menor el d Apenas, pues, la noche, despeñando del Sol el rubio coche, sobre el aire peinó con faz serena la enmaranada lóbrega melena, cuando en tan dura calma, orlas me previno, que sola en su ret la permitiese un rato; yo que admiro en todas sus acciones no sé qué soberanas impresiones de prodigio mayor, aunque ignorado de mi torpe bozal ciego cuidado, oculta me quedé, pero de modo; que lo observase todo, distinguiendo veloces los demasiados ecos de sus voces. En este, pues, desvelo, ansiosa el corazón elevó al Cielo, conoración amante a su Esposo Jesus llamó constante, que en pena tan crecida, para más padecer le dé más vida. Óhiela el tierno Esposo, y a su ruego feliz, afectuoso complaciendo (aquí busco, que advertido penda de mis acentos vuestro oído, pues aquí mi ventura feliz con el portento se asegura) el Zafir estrellado, y de Espíritus puros rodeado, de luces círcuido, de Astros calzado, si de luz vestido, a esta mansión atento, la gloria trasladó del Firmamento. La forma que ostentaba su cariño, de Niño fue, que al fin Amor es niño, la túnica morada, breve fandalía al blanco pie calzada, de espinas circuida la tierna frente de una, y otra herida, rubies soberanos esmaltaban las plantas, y las manos, y por cisura breve enamorado, mostrando el corazón por el costado, faz hermosa, y serena, que aún el embate de una, y otra pena, con crueldad mal segura, eclipsarle no pudo su hermosura; sin duda porque amante padecía, y las penas de amor en su porfía mudan naturaleza en lo violento, haciendo halago lo que fue tormento, y porque se admirase sin tibieza la suma perfección de su belleza, pues las penas m ansias, ultrajes, iras, y rigores, aunque más lo intentaron, sus altas perfecciones no inmutaron, ostentando después de padecidas soberana beldad en las heridas. Este, pues, prodigioso rapaz del Cielo, se llegó amoroso a Bárbara, y con tiernas persuasiones fortaleció el valor de sus acciones, y con mano piadosa dejó sana, y florida aquella rosa, que de Dioscoro al fiero infiel delirio agonizar se vio cardeno lirio. Esto así ejecutado; despidiéndose tierno enamorado, triunfante al Cielo sube, y uno, y otro Querube, prevolando risueno, le acompañaron con festivo empeñó, de alientos superiores, trinando glorias, y cantando amores Yo entonces admirada de la visión, del gusto arrebatada, del prodigio vencida, el error advirtiendo de mi vida; con acentos veloces lo falso confesé de nuestros Dioses, pues que todo me obliga adorar a este Dios. Calla, enemiga. Tú de n engaño vencida las Deidades desconoces? Tú de un Dios fingido sigues injustas supersticiones? Tu cautelosa::- . Tu infiel:ia A un hombre abatido:- A un hombre ultrajado::- El culto ofreces! Rindes tus adoraciones! Sin temer: . Sellad vosotros, bárbaros, el labio torpe, que lo alevoso, y lo infiel queda para vuestros Dioses, que Cristo es Dios verdadero. Su Ley mi Fe amante logre. Viven los Dioses:- . Tene Dioscoro, que aunque el quiera culpar este breve parentesís, en que informe a mi amor de mi razón, he de cumplir con él, donde si venzo, es mayor mi lauro, y si no, con los blasones de piadoso, y justiciero es fuerza que me corone. Bárbara hermosa, Juliana discreta, si pueden nobles mis rendimientos contigo, contigo mis persuasiones acordarte las finezas, desvanecer los rigores, que tu desprecias ingrata, y ciega tú no conoces, mi vida a ti, como dueño de tantas veneraciones, y a ti mi atención, y cuantas riquezas tu idea formen, en amante sacrificio, en cortés culto a tus soles ofreceré, y a tus plantas pondré a que altiva las goces. Yo mis injurias perdono, lo mismo han de hacer los Dioses, olvida las ceguedades Cristianas, y no malogre esta piedad vuestro error, que después::- Aunque zozobre en piélagos de tormentos la vida, y en fatal choque de la muerte en el escollo su altiva fábrica postre, nos has de ladvertir constantes. No hay más finezas, mas dones, que los que logra quien sigue de Cristo el Divino Nombre. Oh pese a vuestros engaños! cómo incitáis mis rigores? como no teméis las iras del volcán que el pecho rompe? No hay rigor que nos asuste. No hay furor que nos estorbe. Pues si la razón no os venze, si el halago no os dispone, os obliga el carino, si y si el rigor no os encoge; Decio. . Señor. A esos dos infieles monstruos traidores al Cielo, a mi amor ingratas, y en su ciego error conformes, de mi presencia llevad, y con airado desorden, en público desagravio mío, y de los Dioses, lloren escarmientos que las rindan, martirios que las asombren. Yo, olvidando ya de padre el amor, que no es bien goce de hija privilegios, hija, que hace a su sangre traiciones, tomo a mi cargo el castigo de esta aleve, y desenojen de su vida el sacrificio el semblante de los Dioses: Mi propio brazo; mi airada cuchilla, mis iras nobles, de su mútil Primavera harán pavesas las flores. Vosotros a esotra fiera con ultrajes, con baidones, con martirios, con tormentos, que el débil cuerpo destrocen, afligid, hasta que éxale a (quizá arrepentida entoncos) el alma envuelta en las tristes últimas respiraciones. Eso sí, Dioscoró amigo, mueran las dos. Hoy te informe de mi lealtad su castigo. Feliz día. . Mal conoc nuestra constancia. Juliana, fía en Dios. Lleguen veloces las horas del padecer. Adiós, hasta que corone nuestras dichas su piedad. Divididlas, y no logren aún ese pequeño alivio; pero como, airados Dioses, se hacen en un pecho amante tanto lugar los rigores? Ven, enemiga Juliana, ven. Dios eterno, pues oyes piadoso, admite la ofrenda de aquestos dos corazones. . Fuéronse (ay de mi infelice!) Yo los tiernos resplandores de Bárbara (sin mí estoy!) he de permitir que borre, entre sombras de la ira, de las crueldades la noche? Yo consiento (qué rigor!) que injusta cuchilla corte la tierna cerviz de un Ángel, a los divinos primores de su beldad soberana yerto cadáver informe? eso no, viva mi amor, muera la saña, perdonen los Dioses, la piedad venza; y si es preciso que obre la justicia, y que falte a mi fineza, hoy el Orbe verá, que si Juez logro de justiciero el renombre, su desgracia imito, y muero a manos de mis pasiones. Quíteme ese sayo, Padre. Qué trae? . Quítele presto. Sosiéguese. . Qué sosiegue? he aquí, Padre, que no quiero, que asoman ya los sayones. Qué sayones? Esos perros Gentiles. Declárese aprisa. Pues va de cuento. Llevó el viejo a Nicomedia a Bárbara, y yo siguiendo a longé la turba, hice el paso del prendimiento: Acusola ante Marciano, y lo que resultó de esto fue, que la mandó poner en la cárcel, por si el riesgo, que amenazaba su vida, la hacia mudar consejo: Mandola también curar de las heridas, que maldito la había dado, y yo con este pretexto, Médico fingido, entré a verla; y aunque el misterio de como fue no discurro, solo sé, que la vi a un tiempo más hermosa que jamás, sin lesión todo su cuerpo, y más constante en la Fe. Entró Marciano con esto, y creyendo que yo era de su curación el medio, me pagó, como a otros hacen, lo que yo no había hecho. Salime, y a poco rato vi, que con tropel, y estruendo a ella, y a Juliana, que se convirtió a su ejemplo, las sacaban al martirio, porque constantes sus pechos la Ley de Cristo abrazaban; mas yo, que a río revuelto no quise que me pescasen, aprisa me vine huyendo a contártelo, sin que al verlo se admire el Pueblo de que siendo yo Cristiano, tenga tan Gentil el miedo. Oh bondad de Dios inmensa! dichosas las dos, que el Cielo con tal felicidad logran. Felicidad? somos ciegos? es que les hagan añicos todo el cuerpo cuando menos? Mas qué destempladas cajas son estas? A ese pequeño vecino monte parece que el tropel viene, esto es hecho; dónde me esconderé, Padre? No tema, hermano. Sí quiero, que aquí juegan los sayones, y no, me tiro con ellos. Retirémonos detrás . de esos ramos: el esfuerzo de que las dos necesitan, les dé, Señor, vuestro aliento. Ya, infiel mujer, que del nombre de hija indigna te contemplo, pues por traidora a los Dioses te ha emancipado el afecto, estás en el sitio donde el golpe fatal severo de mi cuchilla en raudales de púrpura saldrá envuelto tu espíritu; y así antes que esta piedad sola puedo conceder, a tu desgracia solicitale el remedio, y advierte, que no hay más que solo el arrepentimiento. Lindo acto de contrición la propone. . Hable más quedo. Lo que Dioscoro dice a Bárbara, a ti te advierto. Tan lejos de arrepentirme estoy, que impaciente siento, que no haya llegado ya de morir el feliz tiempo para gozar de mi Dios. Esa es mi respuesta, Decío. Solo, Señor, os suplico, si alguna cosa os merezco, que con mi sangre, que es vuestra, no manchéis el limpio acero. Así satisfago al mundo, a los Dioses. No hay remedio? No le esperes. Y la ofensa, que al Cielo haces? . Es obsequio. Estáis resuelto? . Si estoy. Pues ay de vos, que el eterno castigo os está esperando. Me amenazas? oh qué bueno! acabe yo con tu vida, y tu Dios vénguese luego. Castigo será lo que llamas venganza, blasfemo. Decio manda, que ejecuten los Ministros el precepto de Marciano en esa aleve mujer, mientras yo::- e Teneos, Dioscoro, y no de un golpe postréis dos vidas. Qué es esto, señor, descompuesto tú? Por Dios que toca a deguello, si no llega el Presidente. Haga yo este último esfuerzo, y obre después el rigor lo que no pueda el obsequio: Divino prodigio hermoso::- No prosigas, que no quiero que te cueste el repetirlo, cuando tu intención advierto, y sé lo que decir quieres. Pues con decirlo te ofendo, sin malquistar con tu oído mis persuasiones, te ruego que me respondas. . Si haré, como un espació pequeño os retiréis, para que consulte mi pensamiento. Hola, retiraos, sin duda feliz soy, ya a mi deseo quiere responder afable: Dioscoro, venid. e Qué es esto? Bárbara, tú dudas? . Vete, ruega a Dios que te dé aliento, y de mí no desconfíes. Ven, Juliana. Ya obedezco. Sola se ha quedado, Padre; cé, hermana. Qué hace? está ciego? Este breve rato, que me conceden, Dios inmenso, engañados de su idea esos enemigos vuestros, solicitó mi cuidado para pediros atento tres cosas; es la primera, que piadoso, y no severo me miréis en esta hora; (suplan, o amante Cordero; méritos de vuestra Sangre lo que por mi desmerezco.) La segunda es, que por todos mis enemigos os ruego, y más por mi padre, a quien disculpa el errado celo. La tercera es, que a cualquiera que con fiel devoto afecto de mi Martirío en memoria de la oración el obsequio os ofrezca, concedáis el alto favor eterno de que sin la Confesión, y el Sagrado Sacramento de la Eucharistia no muera: Conozca el infernal centro, por lo que contra él alcanzo, todo lo que con Vos puedo. 1. Sosiega, Esposa querida. 1. Descansa, amado portento. l. Que fino te escucha::- Que atento complace::- Piadoso tu ruego. Qué celestial armonía! prodigios son cuantos veo. 1. Tan piadoso te mira, que en el Celeste Imperio te espera con los brazos de su fineza abiertos. 1. Ofensas que le tocan remite desde luego, que cuando tu intercedes, todo es piedad su pecho. 1. El perdón de tu padre te niega justiciero, que injurias que te ofenden, no las perdona el Cielo. 2. Quien tu devoto fuere tendrá el gran privilegio de que en su muerte goce los Santos Sacramentos. De la Comunión Madre se ha de aclamar el gremio Católico en milagros obrados por tu medio. Sosiega, descansa, querido portento, que entre Dios, y el hombre serás, porque asombre, Iris más bell Feliz yo, eteno Dios mío, pues logro, sin merecerlos, tan soberanos favores; pero ya vive violento el espíritu en el mundo, viendo de la Gloria el premio; y así, Dioscoro, Marciano, venid. En qué te has resuelto? En quién jamás ha dudado, jamás hay dictamen nuevo: Esposa de Cristo soy. Y yo confieso lo mismo. Dichosas las dos mil veces. Voto a sanes, que me huelgo: caras de probar vinagre han puesto los Fariseos. Cuando creí que tu atenta a mi amor, y tú a mi ruego a júbilos reduciáis todos nuestros sentimientos, rebeldes permanecéis en el error? 2. Solo es yerro el de vuestra Idolatria. A qué espera el sufrimiento de nuestra ciega pasión? que los Dioses son primero; y acaben luego las dos. ̱. Aunque el Demonio no ha hecho falta, donde está la furia de este precito, el incendio de Marciano he de alentar; como sufres el desprecio de tu amor, y de los Dioses? mueran luego. . Mueran luego mal me animo. . Pues acaba, tirano monstruo soberbio; que así doy gusto a mi Esposo. A tu Esposo? ah infames celos! yo le quitaré la vida antes; más matadlas luego, que cada palabra suya para mi es tormento nuevo: llevadlas. 2. Gustosas vamos a mor será tristeza. . Borrachos, por vida de::- . Está sin seso? Aquí vuestra vida acaba. 2. Mi espíritu os encomiendo, Jesus amado. . En sus vidas ya por lo menos me vengo. Ya murió Bárbara. . Ya Juliana murió. Cielos, qué nuevo horror, qué funesta nube la región del viento ocupa, y de negras sombras viste el día? . Encantos nuevos serán de algunos Cristianos. Todo es horror. Todo es miedo: Bárbara, que me libréis de esta tempestad os ruego, aunque digan que se acuerdan de vos solo cuando hay truenos. Aqueste asombro, Dios mío, no le envíáis sin misterio. Vámonos a la Ciudad. 1. Primero vuestro escarmiento habéis de ver. Ay de mí! . Muerto soy. Ahora, protervos, ya que de las dos la gloria me destierra a los eternos calabozos, descended conmigo. El aire, y el centro respiran llamas vamos. Cuatro mil diablos cojuelos carguen con todos vosotros; Padre mío, qué haremos? Espérese, que la luz va poco a poco volviendo, y en aquel feliz peñasco los dos cadaveres veo: Mas qué nueva admiración es esta! . De qué se ha pues tan embelesado, Padre? No lo ve? . Yo no por cierto 1. Valenciano. . Paraninfo Celestial, qué mandáis? . Puesto que todos con el horror amedrentados huyeron, en esa gruta sepulcro dad a los dichosos cuerpos de Bárbara, y Juliana, hasta que en los venidero; siglos las dos se descubran, y en sus reliquias consuelo, protección, y amparo tengan los Cristianos. 2. Y te advierto, que de Bárbara el devoto se librará del recelo de truenos, y tempestades horrorosas. . Pues merezco la fortuna de escucharos, iré luego a obedeceros. 1. Y mientras vuela veloz al Firmamento, diremos: La piedad de Dios está cy más segura, advirtiendo, que tiene en Bárbara el hombre el Arco de Paz del Cielo. Y aquí acaba la Comedia el Paz del Cielo.
