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Texto digital de Arcadia en Belén y amor el mayor hechizo

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Francisco de Matos y Guzmán
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Arcadia en Belén y amor el mayor hechizo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/arcadia-en-belen-y-amor-el-mayor-hechizo.

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ARCADIA EN BELÉN Y AMOR EL MAYOR HECHIZO

JORNADA PRIMERA

Dime, Felisardo amigo, la causa de tu cuidado, hazme capaz de tu pena, que por el Dios Soberano, que de aquesos once pliegos siene el dominio, que en cuanto pudiere servirte haré imposibles, pues no hago nada, cuande la amistad que ha días que profesemos ta los estudios de Atenas puede ejecutarme: y cuando no iguotas por darte gusto troqué, sin poner reparo, de Minarva los adornos a este rústico cayado, y a este pellico reduje de tanto celebre aplauso el esplendor con que a un tiempo en sus Escuelas cursamos. No niego Lauro (ay de mí!) que te deben mis cuidados raras, finezas, pues esto fuera rotularme ingrato; pero no te admires, no, que en el estado en que me hallo me entristezca, cuando miro de la suerte, que los hados tiranamente me niegan el consuelo, pues dejando (con qué dolor le repito!) las Escuelas, y trocando por la rustiquez del monte los adornos cortesanos, en él aún más me atormentan mis ansias, considerando el imposible a que aspiro, pues pretendo temerario contarle al mar las arenas, registrar del Sol los rayos, y reducir todo el mapa al círculo de una mano: pues no es menor imposible el todo de mi cuidado, que hacer suspender el curso de los celestiales astros. Declárate más conmigo, pues el mal comunicado, fuera de ser desahogo, es del alivio el más claro anuncio, y pende el remedio de hacerlo aperente el labio: y cuando esto no te obligue, débate el estrecho lazo de mi amistad, el origen de este disfraz, de este encanto, que ignora quien de tu vida es más vigilante Argos. Pues atiéndeme, y sabrás lo que abriga el pecho, Lauro, que no es justo que el silencio, en la oscuridad del caso te tenga más tiempo. . Di, que pendiente de tu labio toda mi atención te escucha. Cuando el amante gallardo de Coronis hacía alarde de sus Fevíticos rayos, y en los balcones de oriente, peinando el hermoso espacio de su madeja, anunciaba en prologo dilatado alegre suceso al día en influjo soberano: saní a estudiar mis materias a ese bosque que cercano falda a esta sierra, de donde precipitado se desencaja un arroyo; haciendo alegre remanso de su nativo bullicio entre los sauces, acaso para descansar un poco adonde el cefiro blando le sirva dulce lisonja a su cristal desatado. Y apenas de Astrología (a cuyo estudio me hallo mas inclinado) unas dudas daba de discurso al tacto; cuando unas pintadas Cabras que discutrían el llano, causaron en mis sentidos diversión, viendo el cuidado, conque ansiosas anhelaban al sustentor, que aquel campo, le ofrecía; mas esto no es del caso: vamos, vamos, adonde mi libertad perdí. (tormento a espacio, que para matar a un triste sobra munición de rayos!) Al escuadrón de las Cabras, seguía un Ángel humano, una Deidad, una Diosa, una Mujer, que admirados dejó todos mis sentidos: era de Diana traslado: traía un blanco pellico en selpa verde afortado, que de su cuerpo adornaba todo el bellísimo espacio; y ajustaba a su cintura con un cordón colorado oprimido, a quien dio tiro el esmalte, porque ufano, sin ser perla, se mirase en su cintura engastado. El pelo en doradas trences recogia con recato debajo de una montera, también de selpa, quedando con aquesta variedad tan hermosa, que no alcanzo hipérbole que le ajuste: he parece en vano cualquiera similitud a vista de este milagro. Engolfado en tanto mar se hallaba el sentido, cuando garrochado un Toro (que para unas fiestas, acaso que en una vecina aldea sehacían, ligero, y bravo, pudo burlar los Baqueros aquella mañana, andando pira despicar su enojo intado por el campo) sele ofreció esta Deidad, que sin aliento a un desmayo ditro ilugar sus claveles, canbiándose en alabastro, Quiso el acosado Bruto despicar su furia; hallando tal encuentro; mas yo entonces, valiéndome de un terciado, me ofrezco al riesgo animoso, ya la defensa, y amparo de aquel Serafín divino presuroso me adelanto: elcípote al brazo ajusto, y de la suerte fiando elacierto, con el Bruto me opongo, el cual estampando en el viento las pisadas, a mi se vino, jugando dos puntas, en que vi escrito de muerte ciertos amagos. Atometiome forioso; pero fue su aintento en vano: que al ejecutar el golpe, le falté el cuerpo, y dejando el capote por despojos, letisé uno tan bravo, que cortándole las corbas, levrá mis pies confesando su rendimiento en gemidos. A este tiempo del letargo velvió la Deidad que he dicho, y viéndome que en su amparo. puse mi vida al peligro, por no me haber visto, cuando vio sus claveles violeras, siendo arabache sus labios, quedo admirada: y del modo, qué permitió el sobre salto, rindió obsequiosa las gracias, estimándome el amparo que logré en su vida, y dijo: pues el riesgo era pasado, me mereciera licencia de ir a juntar sus ganado, que ocasionados del lance trepavan por los peñascos de la sierra; a que yo entonces no pude negarme, y dando la vuelta por aquel bosque se fue, sin que mi cuidado se atreviese a preguntarla un tan prodigioso acaso de mirarla en aquel traje, que lo estaba repugnando su ejercicio, pues quedé del duro arpón traspasado del ciego Rapaz, sin que aún para mover el paso de seguirla me acordase, tanto puede este tirano efecto de amor que siento, fiero incendio en que me abraso! Víneme para la Aldea, y refiriéndote el caso, me dijiste (bien te acuerdas) que era hija de Melampo, aquel Labrador tan rico, a quien conocí de paso, por mi continua asistencia en Atenas, en los anos que el conocimiento pudo adquirir este cuidado; pero entiendo, que ahora la educación de este pasmo de belleza, corte a cuenta de un hermano de Melampo; a pedirla por mi esposa me auticipé temerario. Condescendió a mis suspiros su tío, y el deseado si, me aclamó venturoso; pero ay de mí! y cuán en vano pretende surcar las aguas, neciamente confiado, el que sin velas camina, corriendo el borcas contrario! Quien juzgara (ay Lauro amigo!) que obligada al agasajo de mi amor, no mereciera de esta Anajarte el agrado mi voluntad? Quién pensara (repito otra vez) que en vano se frustrara mi esperanza a vista del deseado puerto? Yo solo; yo solo: pues escuché de su labio palabras que de mi muerte han sido el último falso: ceso, con decirte amigo, me despidió suplicando no lo juzgase a adversión, sino a fuerza de los astros, que la inclinan, poco afectos, a que aborrezca el lazo de himeneo, en que dos almas se unen en yugo blando. No has visto cuando se irrita Júpiter, y vibra rayos su enojo, y con fieros truenos llena de pabor, y espanto al mundo, y que tal vez viene, tan impensado un relámpago, que por un espacio deja el vital aliento falto? Pues tal quedé al escuchar lo que acentuó su labio: desuerte, que precisó mi albedrío, a sujetarlo a ser Pastor de estos montes, por si la obliga mi llanto, por si la ablanda mi ruego, que el amor hace milagros. Esta es amigo la causa que me entristece, este el hado que me persigue, el motivo de andar por aquestos paramos tras esta Dafne, que ingrata hace Arcadia de estos campos. Atento cuanto confuso, discursivo, y admirado, he escuchado de tu historia los prodigiosos acasos; y como amigo quisiera persuadirte, Felisardo, de aquesa pasión vencieras lo que te cuesta cuidados: advirtiendo que Márcela no es culpada, cuando ha dado con muestras de agradecida generoso desengaño. Y así Felisardo, amigo, contra un rigor que es tan claro, parece necio el que intenta temerariamente osado conquistar un albedrío: vence esta pasión volvames a Atebas, deja esa Circe, que en un viaje tan largo hará la ausencia su efecto y poco a poco olvidado mirarás ese incentivo, aquese efecto tirano de amor: volvamos a Grecia, emporio el más soberano de letras, que admira el orbe; y estos adornos bastardos sean desperdicios viles de tu intento temerario. Qué bien, Lauro, me aconsej pero qué he de hacer cuando halo más peligro en el remedio? Bien conozco que es engaño, este amor, este veneno, este Basilisco ingrato, que en los ojos de Márcela ha venido rebozado. Todo aquesto reconozco; mas la Voluntad, el fallo echó de su parte, y no puedo más, soy humano: y así, Lauro, en estas selvas he de morir, o el tirano desdén, que así me castiga, más benigno, mas templado, le ha de merecer afable y compasivo, mi llanto. De suerte, que mi consejo ciego le atropellas, cuando previenes que tu remedio le ha repetido mi labio? No puedo más. . Quién lo impide! Mi pasión. . Vencerla. En vano lo pretendo, pues conoze es para mi temerario intento, querer vencer lo que me anucian los hados. Qué peligre en ti el consejo? Es repuguante al estado de mi amor, y no le encuentro. Pues si no le admites, vamos a prevenirle, siguiendo de Márcela el bello Mayo: que pues es mujer, podrá huñanarse, cuando un mármol ha mostrado la experiencia ser de cera, al porfiado curso de un cordel; y así, no es mucho aqueste peñasco desista de su dureza. Nunca juzgué, amigo Lauro, te debiera mi amistad tan altos favores, vamos, o a morir en el peligro, o su desdén loberano tentrastar con la porfía: o si no, morir amando, que puesto en la lid es fuerza vantener constante el campo. Venga en hora buena el Aurora bella, a alegrar las flores, y a bordar las selvas. Voto a Capiro, que estó reventando por bailar, o bien haya el muladar, que a la mi Gila abortó! Quién tal mentecato vio? la culpa tiene nuestra ama, que me obligó a que sin gana os diese la mano yo. Mal haya quien os parió, mereceisme vos a mí? No haya más, basta Mandil, que Gila es mujer honrada, muy cortés, y bien criada, para que se trate así. Ah! lo que es honrada, pero sí: mas no digo nada, que este pero tiene hijada, y no me está bien a mí. Vos mentís, maliciosón, bien lo sabe todo pueblo. Digo, Mojer, que ma legro; mas tenéis la condición muy alegre, y pracentera, muy hacia la mollera, y el mirar de devoción: bien sabéis vos de hito en hito, toda una semana entera, aunque sois tan zalamera, que no os batrunte un mosquito: y aquesto, o yo estó sin juicio, o es para más que hilar; pero vuelo trabajar cuando ha salido de vicio? Sois de malicias baule Y vos vaul de malicias gata mohí con caricias, y más falsa que Gazul. Vos devoto de lo azul, teniendo en mí una Lucrecia. Salisteis mucho más necia, más Tarquina, y más piadosa, más rabiza, y más golosa. Aquesa porfía necia dejad, y en aqueste prado, que se mira coronado de tan superior belleza, os sentad, pues nos convida, que gocemos este día lo ameno de equesta pieza, que alfombrada de esmeralda, de cantueso, y azucenas, para divertir mis penas, hoy nos ofrece su falda. No me atormentes memoria, no me acuerdes (rigor fiero!) de Felisardo: no muero, y lo repito, notoria es mi pasión, pues procuro agradecer a su acero la obligación que discurro, aunque lo contrario quiero. Ay bellísima homicida! ay Márcela! y quien pudiera vencer tu rigor; mas esto le es imposible a mi estrella. Anfriso. . Márcela bel! Qué hay del ganado? En la falda lo dejé de aquesa sierra aquesta mañana, y solo por gozar de tu presencia, cual Clicie al Sol, te he seguido, agradecido a mi estrella, por merecer de tus ojos favorable la apariencia. Anfriso, no sé hasta hora ningún Pastor formar queja pueda de mí, ni de ingrata darme el renombre pudiera justamente, cuando yo con favores ni asperezas, ni a este le doy esperanzas, ni de aquel quiero finezas: y así, porque aquestas cosas aún de burlas me atormentan, no permito te disculpes, porque no me cause pena el oirte, cuando solo quiero aliviar mis tristezas. Por no enojarte pondré un candado que a mi lengua le réprima articular voces que enojarte puedan. Mal año, y como se ha puesto muesa ama como una perra, por lo que Anfriso le ha dicho: esta sí, que es linda hembra, que no quiere matimachos; yo sé señora Gileta, que si huera usted, que no le amargara la conserva. Qué veis en mí, que os obliga a hablarme de esta manera? Lo que no veo es el diabro: mera bien podéis ser buena, pero la rraza es mu mala. . Porqué? Porque sois mermeja. Basta, Mandil, no haya más; que no metece Gileta, cuando presume agradarte, la trates de esa manera. Mucho volvéis vos por Gila, el démono que no sea que me queráis her de aquellos, ya me entendéis; pero cuenta o las vierta como ell otro quien me entendiere me entienda. Mándil, déjate de aquesto, y aquí en esta verde hierba que nos ofrece este campo, os sentad, dirá Gileta, pues está quieto el ganado, algún juego que divierta. . Ya estamos todos sentados, arda el hierro, y haya fiesta. Diré el juego del Soldado, si es que te agrada, Márcela. Baya, mas con condición, que el que perdiere, dé preuda; y sea juez del juego, para que las penitencias se cumplan, Anfriso. . Vaya. Yo lo acepto, mas quisiera jugar también. . Quién lo quita! Juzgué que era precedencia del que es Juez. . No por cierte; pero es razón que si juega, no deba cumplir, en caso de perder, la penitencia; pues no se diferenciara del subdito el Juez, si hubiera ley, en que no le expresara de los que rige, y gobierna. Sobre hermosa lo entendió en ti igual mente campea. Hacia esta parte en que Flora se viste de primavera, dando esmeraldas al campo, bordando en grana las selvas, adonde corre el Favonio en apacible márea me parece, Lauro, que la hemos de hallar. . En la hierba, reclinada,, de este valle la miro, y están con ella Anfriso, Mandil, y Gila. Viste más rara belleza? Qué bien luce su hermosura con el traje de la aldea! No Venus, cuando del mar salió, se miró más tersa. Lauro, y Felisardo, aquellos que por tus ojos las letras a un cayado han red aquí, divina Marcela, parece que se encaminan. Muy en hora buena vengan: que si jugar solicitan, antes a buen tiempo llegan: ay de mí! que no es aquesto, . sino que el alma violenta tras la obligación se parte; pero no podrá aunque quiera, contrastar de mi albedrío el ilcázar, cuya fuerza es inexpugnable muro: que el asalto, y la violencia, solo sirven de porfía que acrediten su entereza. A espacio, celos, a espacio, no me matéis tan apriesa! . mucho me da que temer; lo fácil con que Márcela admite de Felisardo, y Lauro la entrada, penas, no os acreditéis verdades, cuidado, atención que llegan. En hora buena estos campos, para que seáis su Reina, os tributen por despojos el alelí, y la violeta; pues tan ufanos se miran del coturno que los huella, que lucen abergonzados de verse en vuestra presencia. La lisonja, Felisardo, con que me honráis!, que agradezca es justo; pero os suplico os deba yo por fineza corta la alabanza, pues hallándome indigna de ella, viene a parecer en mí con más propiedad afrenta. Yo, Márcela, por no daros ocasión de que severa me castiguéis, al silencio de vuestra rara belleza, el hipérbole encomiendo. Lauro, la discreción vuestra como tan grandé, aún ahora no quiso estar encubierta. Digo mi Gila, si a ti, que tienes como veleta quebarán. como a nuestra ama Marcela, yo aseguro que ha dos veces, que te llevaba cualquiera a beber a la laguna; y dudo de la primera pasara; porque de ti no hay que esperar cosa buena. Si fuera de vos, quizá lo hicierais, que las sospechas, como los hechos tenéis. Ah, que sos brava culebra! mera, no hay refran que en vos no venga a ser experiencia. Gila, prosigue en el juego del Soldado, y tenga cuenta Anfriso, pues que Juez le han hecho en esta Academia; y vos Lauro, y Felisardo, aquí os sentad en la rueda, si acaso queréis gustar del ingenio de Gileta. De vuestro precepto está pendiente nuestra obediencia. Para serviros, Anfriso, esperamos que se ofrezca ocasión; y ahora en el juego os damos la norabuena, pues merece vuestro ingenio en todo la precedencia. Del favor con que me honráis me hallo indigno, y quisiera me excusaráis las colores, que mi rostro experimenta. Digo yo ahora, hasta cuando ha de durar la contienda de tanta arenga fruncida, y de tanta ropa vieja; son escuchen, porque está mi Gililla que revienta por escompenzar el juego. Dice bien, Gila, comienza. Pues con licencia de todos, digo que aquí de la guerra un Soldado derrotado ante vustedes se presenta: el cual por verse desnudo para llegar a su tierra, adonde goza de nob los privilegios, espera le socotran compasivos cada uno con la prenda que pudiere; pues con esto redimirá su miseria, y podrá llegar lucido agraduciendo os la deuda; y así cada cual le mande, comenzando por Márcela, lo que gustare; advirtiendo, que al referirle la prenda, que manda, la ha de nombrar; donde no, pondrá otra en deuda, en poder de Anfriso. . Vaya. El diabro de la mozuela parece que tiene pepita: son que lo diz de manera, que en oyéndola habrar, estó con la boca abierta. Ea, Márcela, pues que por mujer te toca, empiezas y vayan mandando tados, hasta dar vuelta la rueda; excepto Gileta, que es preciso quede esenta. Pues yo le mando las plumas, y el sombrero. Yo las medias, y la espada. Yo el coleto, y banda. Aquesa no vale, que me quitó Lauro, la que en lla mollera tenía yo para dalle. Calla jumento. . Jo bestia. La corbata es la que yo le doy, y la que es mi prenda. Yo mando las alpargatas, la mochila, tabaquera, taba, naipes, cachimbao, dados, bota, centinela. Iten le doy. . Calla tonto. Pos valga el diabro la bestia, qué ha de hacer un Soldado sin aquestas pertencias? No ves, Mandil, que esas cosas, no ha de poder tu prudencia repetirlas, Cuando Gila, las nombre, y que si no aciertas, has de tener que cumplir nitas penitencias? Por esto toma de todas una cosa sola. . Buena: Pos como no sea más de una, maldita la penitencia que me heis de chantar, persiga Gila con sus angulemas. Tengan cuidado, que digo. Aguarda un poco Gilera: no ves que me falto yo por tomar? . Pues hacio apriesa Pos vaya, tomo las botas. Toma también las espuelas. También las tomo, que Gia; que la piquen es su tema. Digo, que viendo el Soldado lo mucho que os debe en esta ocasión, pues liberales socorristeis su pobreza para adornarse, conforme es necesario, comienza a vestirse; y después de haberse puesto las medias. Medias. . Y calzón, encima de un armador, que de tela muy rica tenía vestido, se puso él. . Coleto. Quenta, que mete un algarabia Gila, que el diabro la entienda. Puesto el coleto. . Coleto. Se puso para presea éncima la. . Vanda. . Digo, que viendo la banda puesta, al mirarse tan pulido. Lauro, pon en mí una prenda, Por qué? . Porque dijo banda, y tú no tuviste cuenta. Pues si perdí, ese pañuelo me desempeñe. La deuda pagastes; prosigue Gila. . Prosigo se calzó luego las. . Botas. Faltábanle las espuelas. Espuelas: Mándil, perdiste, vete quitando una prenda. Allá va. . Qué prenda es? Qué ha de ser? la mi monteras Dieronselas, y ajustolas a las botas de manera, que parecía. . seo Mandil, venga otra prenda. Válgate el diabro por Gila; no puedes ir ha derechas, y no tan garatusado, que me estó la boca abierta? Anfriso, ves aí el cinto: . y si me hace Gileta, que pierda de aquesta suerte, no tengo yo para prendas. Hallándose, pues, ya todo de los pies a la cabeza vestido, pidió la espada para ceñir. . La belleza de Márcela, ha sido causa que en el juego me divierta: puesto que he perdido, Anfriso, tomad, veis aí mi pienda. Teniendo la espada. Espada. . Cenida: la mano lleva al cuello, y viendo que no tiene la córbata puesta, se nota de descuidado. Anfriso perdió, dé prenda. No la debe por ser Juez, que es esención. . Más valiera, que si es Juez, para él no hallará a ley que le venga. Mirándose tan jarifo, casi se presume César, mayormente cuando mira puesto sobre su cabeza Sombrero. Cuyas. . Plumas. Tanta varida a obstentan, que parece sus colores conducen la primavera. Vestido ya, en un Caballero, que es emulación, y afrenta del Pegaso, a pasearle salió al campo a la carrera; y para hacerla con aire, toco el hijar con la espuela. Ah Mandil, estás en Babía? pues deposita otra prenda. Bercebú te lleve Gila: voto anos que me embelesa de manera que no sepo tener cuenta con lla cuenta. Ea, Mandil, es para hoy, no quieres salir de deuda? Sí, porque es muy mala cosa: vesla ahí, ruines huera. Apenas se vido herido el Caballo, cuando vuela con las. . Plumas. . Por el aire (tanta era su ligereza) tan velozmente corría, que no guardando a la tienda el precepto que era justo, desbocado en la maleza del monte, por entre alisos, robles, y encinas, se empeña: y conociendo el peligro su dueño, la silla deja favorecido de un ramo, donde pudo asirse apenas, dejando que libre el bruto, siga veloz su carrera; dejó desprenderse al suelo, y por romper la maleza, le fue preciso sacar la espada para abrir brecha, Felisardo, reparad, que heis perdido. Poco atenta la imaginación al juego, por la frente de Márcela discurría, en cuyo campo no es mucho que me perdiera: tomad, Anfriso, que es justo, que quien perdió pague. Alerta, que también a Felisardo le envoba la mi Gileta, Haviendo (aunque con trabajo) hecho una pequeña senda, aunque le estorban las botas. Botas. . Y se cabsa pena, por la espesura del monte, puesto sobre la cabeza él. . Sombrero. Con las. . Plumas. Y el coleto le atormenta. Coleto. . Boras, Entrambos perdisteis, pagad la de Tomad con que os satisfa Anfriso, yo en mi conciencia que no sé que orenda dé: vaya por primilla esta. Soy justicia, y no es posible, que por ti la vara tuerza. Si de los que la han torcido, tuviera yo las monteras sin torcer la vara, a buen seguro que hubiera prenda. Mandil, no tienes razón, pues perdiendo será fuerza pagar: que a esto está obligado el que puerde cuando juega. Por Dios que es famoso el juego. Cada uno de la hería cuenta como le va. . Acaba Mandil: hay mayor arenga? Toma Anfriso aquesta calza; que si es que me ha de ser huerza el pagar, más vale luego, y guárdala no se pierda. Ella no es muy buena, pero pase. . Mándil, ten cuenta, que prosigo con el juego. Después de la Burra muerta la cebada al rabo, puedo decir ahora, mabiera. No obstante, que como he dicho, le embarazan, y le apremian para salir de aquel bosque lo inculto de su aspereza: al fin salió, agradeciendo a su espada, diligencia que . Tente, Felisardo, mirad, que heis perdido, prenda. Engolfado en su cabello, de suerte estaba mi idea, contemplando el laberinto de tantas de Arabia hebras, que no pudo la atención predominar las potencias. Tomad, que nunca se excusa de pagar la inadvertencia. De aquestos descurdos, solo Márcela es la causa, en ella aprisionado el sentido estatua se considera. Haviendo, pues, ya vencido lo ciego de tanta breña, hacia la Ciudad se vino sin Caballo, y con espuelas: y al verle entrar por. . Mandil qué digo? otra calza venga. Maldito, sea yo, si como aquesto sabido hubiera había de jugar; no estás ya contenta, buena pieza? Mándil, pues yo tengo culpa? No, que lla tendrá mi abuela; v álgate Bércebú por Soldado, de la manera que anda, ya fin Caballo, ya por montes, ya por selvas; pluguiera a Dios, que de un tumbo espiparrado le hubiera. Al entrar por la Ciudad hizo repato en que lleva la banda. . Vanda. . Muy floja; púsola airosa, y bien puesta; y la corbata. . Corbata. Esa es acertar con ella. Aderezose él. . Sombreto. Y la espada? espada. A otra puerta. Con el Abril de su cara Flora no halla competencia, pues se mira en ella a un tiempo cortida la primevera, siendo paraiso alegre lo hermoso de su presencia. Felisardo, que perdisteis os avila mi advertencia. Tomad Anfriso, porque si perdí, que pague es fuerza, desempeñándome ahora con aqueste lienzo. Venga. . Estando todo en su puno con airosa jentileza se fue a su posada, adonde con el Caballo le esperan: el cual juego que se vido sin timon que le gobierna, se volvió a buscarle al en que su dueño le hospeda: que contento del suceso previno para su tierra la partida el otro día: donde le vivieron nuevas de un mayorazgo heredado, de mil ducados de renta: y con la nueva un criado, que le trae galás nuevas, que le remiten sus deudos, para que con más decencia pueda llegar a gozar esta dicha que le espera. Por lo cual os restituy: agradecido las prendas que les prestasteis. . Oh, si ya llevádosele hubiera Bérceba veinte años antes que ha aqueste mundo viniera. Y asi le vuelve a Mandil sus botas, y sus espuelas. Vengan, y el diabro me lleve, si otro se las viere puestas. Ah buen Mandil, y ahora, que hemos de hacer de prenda? Pues yo he perdido? . Una vez Pues no decía Gileta, que me volvia las botas el Soldado, y las espuelas. Aquesa es treta del juego. Lleve el demono tal treta: y ahora con qué he de pagar? Con los gregüescos. Márcela. . 1. Guarda el lobo. A las Obejas se va de Márcela, ataja por ese repecho. . Espera: que si no me engaño, voces de los Pastores demuestran inquietud en el ganado. 1 Guarda el Lobo, que se lleva un Recental: Silvio ataja. Sin do la que no pudiera benigna mostrarse nunca, mas la Fortuna, que en esta que me ofrece ocasian, para mostrar con cuanta fineza te sirvo, Indomable bruto aguarda, que ya en mi diestra, de tu farcelica industria será epirafío la sierra. Raro valor! . En su alcanze veloz la montaña peina. Ay de mí, que no bastaba de una obligación la fuerza, sin añadir al recuerdo el aumento en la fineza! Bien haya el llalma del Llobo, que en tal ocasión viniera, que si no de aquesta vez me descubren la trasera. Sigámosle. Ya es ocioso, qué él viene aquí. Ya la fiera por atrevida, a mis brazos rindió la cerviz soberbia: que bastó para ete triunfo atreverse al de Márcela rebaño: quitele el robo, que ya las ansias postreras entre sus dientes mirava: y como estos en defensa hubo menester aquí, cedió el gusto por la fuerza. Mucho, Felisardo, obliga vuestro valor. Lo que es deuda, no pide agradecimiento. No venllo que delletrean porque el llotro cogió un Llobo, cosa que la hace cualquiera. Anfriso, pues se hace tarde, y el gabado será fuerza que tenga inquietud del lance que habéis visto, y su catrera Febo apresura al ocaso, vañando en el mar sus hebras: permitid que me retire, y en cuanto a las penitencias del juego, para otro día es fuerza que se suspendan. Bien haya quien te parió, que cierto llas penitencias me estaban ya dando bascas. Bien te has librado de aquesta; pero no te escaparás. os parece que no habrá otro Llobo, o el Poeta las dejará por su gusto, por no alargar la comedia? No sé que os diga. . Pos yo lo digo, que no es de esencia. Anda Mandil, ve tú, y Gila, y retirad las Obejas para la cabaña. . Vamos, dulce, y adorada prenda. Vamos, Mandil de mis ojos. Vamos cachorra de perlas. . Felisardo, Anfriso, y Lauro; permitid, tome licencia para retirarme, puesto está mi cabaña cerca. Solo siento no gusteis de que os firvamos en esta ocasión, cuando el amor de vuestra tara belleza ha podido tanto en mí, que olvidando. . Vuestra lengua, no permita que me enoje que esto no es en mi entereza. Pues de acompañaros, qué arriesgáis? . Mi gusto artiesga. Por qué? . Porque uadle ignora, es sobrada impertinencia, haga violenta lo que por no serlo de estas sierras antes escogí el influjo, que aprobase la advertencia. Pretendo yo el impediros? Dués qué pretendéis? . Quisiera que vuestro pecho. . Tened, y vuestra loca prudencia no pretenda confiada acreditarse de necia. Pues decir mi amor, es culpa? has de permitir, que muera sin escucharme? ay ingrata, qué de finezas me cuestas! Y decidme, violentar mi voluntad, es fineza? Es lo en cuanto a mí, pues sé que me aborreces; y atenta mi voluntad de tus luces es Mariposa que ciega, viendo en sus rayos la muerte, por su rigor atropella. Desuerte, qué un desengaño no admitís? que más debiera hacer mi agradecimiento por vos, si os quita la queja: ya os advertí, que mi intento, por influencia de estrellas no se inclina a sujetar mi albedrío, y que resulta he de ser roca a las voces de quien atrevido quiera convertir en grosería la que pública fineza. . Ay de mí! Lauro, yo muero: hay tirana, esfinge! ay fiera! yo me abraso. Lauro, Anfriso. Qué descompostura es esta? Felisardo, vuelve en ti? en qué te ofende Marcela? Ay amigo, que me ha muerto! Albricias, que si Márcela con el desdén le castiga, . no está mi esperanza muerta, Felisardo reportaos, y pues sabéis que Márcela, a todo lo que no fuere amor, su rigor no muestra; no hay que sentir que tan presto como ha que en aquesta selva discurtís, no hayáis logrado, compasiva os favorezca, cuando os puede de refugio servir cuantos la festejan: pues siendo en seguir sus luces Tántalos de su belleza, nos alcanza por castigo también su desdén, y en ella no viene a ser sensitiva la esquívez, cuando se deja gozar de todos, los que con casto amor la veneran. Ay de mí! tenéis razón. Pues, Felisardo, no pueda en ti tanto una pasión. Lauro, yo haré por vencerla, aunque a un imposible aspiro Aliviaras muchas penas. Aqueso pretendo. . Vamos, que ya la noche seace a recoger el ganado. Vamos, que la escarcha aprieta, Anfriso. . Oh qué bien, Lauro, al contemplar esta selva, de la Pastoral de Arcadía euella admiro las señas. Qué no podrán los luceros atractivos de Márcela! Hasta cuando. Dios eterno, ha de durar mi castigo? no basta que me quitases la silla que en el Impíreo tachenada de diamantes, de estrellas, y de zafiros, tanjustamente era mía: sin que pudiera impenirlo con mejor derecho nadie de cuantos bellos Espíritus habitaban tus Palacios, y tus Alcázares ricos? Quién más que yo en la hermosura? Por ventura tu mano hizo, Querubín que me excediese en la belleza? en el brío? Pues como dime (permite que me queje de ti mismo) porque quise ser tu igual, o parque fue mi apelito tan desordenado, que quiso pasar a prodigio, o también porque sentí al tevelarme el divino de la Encarnación misterio, nadie fuese prefetido a mi hermosura, a mi ser, sintiendo el aliento mío doblar la rodilia, a quien fuese de inferior principio en naturaleza, en cuanto humano, pues mi destino presumió, que con mis fuerzas sin otro ningún auxilio fuera bienaventurado: fue aquesto en qué he delinquido? o fue un ilícito amor, en que emberí los sentidos, al mirarme tan perfecto, tan hermoso, y peregrino? pues como por esto solo (segunda vez lo repito) de tu cielo me arrojaste a aquestos negros abismos, adonde vivo rabiando, y adónde abrasado vivo? Conmigo tanto rigor! y con el hombre atrevido que tanto te ofende siempre, mostrándote tan benigno? Qué causa pudo moverte, siendo justo en tus juicios, a darme por un pecado tormento tan exquisito? Y a tu hechura, que es el hombre. empleándose continuo en hacerte ofensas, nunca (con justa causa me irrito) le alcanza de tu justicia tal flagelo, y tal castigo? Mas ay de mí! que ya sé lo oculto dé tu motivo en esto; pues como el hombre pecó de de frágil, no quiso negarle la penitencia, por redimir su delito. Y al Ángel sí, porque fue su pecado cometido de malicia, a persuasión suya propria, y de aquí vino el faltaraos a nosotros el tiempo con el auxilio de gracia, con que pudieramos, si nos fuera concedido, habernos justificado, viéndonos arrepentidos. Pero aquesto es imposible, porque el Ángel por sí mismo aprende tan tenaz, que si acaso su motivo le detérmina a una cosa, es imposible omitirlo. Y por esto nunca en mí puede hallarle (desvarío es, que lo repita el labio) pesar de lo sucedido. Bien me castigaste, también el aliento mío pudo tanto, que a pesar de Míguel, a quien caudillo nombraste en aquella guerra, te quedó el cielo vacio de la tercia parte de sus Angélicos Espíritus, que eran tantos, que llovían, cuando fuimos expelidos, por el aire tan espesos como valas del granizo, o como copos de nieve, y átomos repetidos de la lluvia: y si no fuera porque domaste mis bríos, no te que lara ninguno para tu culto, y servicio. Pero ya que allí no pude hacer, que mi orgullo altivo quedase con la victoria, no por aqueso vencido me confieso, cuando sabes, que aunque me veo oprimido. en estas negras moradas, un instante no respiro, que no empleo en mi venganza: y ya que en ti no he podido, (bre lo hago en tu hechura, en el hom- a quien a pecar incito porque te ofenda, y por ver si haces con él lo mismo, arrojándole a este lago, adonde perpetuo gimo, adonde muero abrasado, adonde soy de mí mismo berdugo; tormento, pena, confusión; llanto, martirio, pesar, afrenta, vencno, envidia, rabia, conflicto, tristeza, amargura, horror, dolor, venganza, y cuchillo. Divino Dios de Israel, quien no os vendice, y alaba, con toda el alma, Señor, por tantos favores, tantas mercedes como habéis hecho a esta vuestra humilde esclava. Yo vuestra Madre? mi Dios! Un gusano indigno; un nada ha de merecer la dicha que los Ángeles no alcanzan? Confieso, Señor, que el gozo que asiste dentro en mi alma, es tanto, que no me deja articular alabanzas. Que mucho, cuando Gabriel, vuestro mensajero, acaba de anunciarme tal ventura, dicha tan no imaginada, que pasma a los Serafines, y a mí me dejó turbada de ver tanta gloria junta, sin merecer de criada vuestra, el renombre, Senor; mas vuestro amor se adelanta a engrandecer lo que a mí para serviros me falta. Allí a mi Joseph diviso, ocultarele la causa. . de mi alegría, hasta que me deis, Señor, muestra clara de vuestro gusto: Joseph? Dulce Esposa amada? en que ocupaca se mira vuestra beldad soberana? Contemplando los favores. estaba, que a nuestra casa hace el gran Dios de Israel: pues según nos lo declaran las Profecias, muy presto esas esferas sagradas. ha de romper amoroso, Encarnando en las entrañas de una Doncerla del Tribu de David. . Dichosa planta mil veces de Jericó sea, y bienaventurada criatura en quien los Cielos tan altos misterios hallan. Ay mi Joseph; quien pudiera revelarte lo que el alma. . siente; pero no permite la voluntad soberana, tan presto te particip la ventura que te aguarda. Vamos, Esposa querida, descansaréis, que ya el alba di a entender, que de la noche la mayor parte es pasada, y es razón que os recojáis. No sé que gozo en el alma . interiormente me anuncia, que los cielos me señalan alguna dicha que ignoro: será mi esposa la causa, porque su virtud es tal, y su pureza tan alta, que muchas veces la he visto de resplandores bañada. Qué decís, Esposo mío? ̱. Divina Señora, hablaba de vuestra rara belleza, admirándome con causa al ber vuestro rostro hermoso, vuestra honestidad, y gracia, de haberme el cielo hecho digno de que os besase las plantas. M. Basta, Joseph, basta Primo, no me alabéis tanto, basta, que pasa vuestra lisonja eltérmino de alabanza. Dalce Esposa, el corazón prorrumpe aquestas palabras, allá en el alma se forjan, advertid si serán vanas. M. Digo, mi Joseph, que os creo; paro yo más obligada, me hallaba a reconocer la que vos alegáis causa; pues entre tantos varones fue florida vuestra vara, señal de la gran pureza que os asiste. . Con qué gracia procuráis, divina Esposa, llevar en todo la palma. Dadme licencia, Joseph, para recogerme. . Vaya con vos, Estrella del Cielo, el Señor que os acompaña. Cuándo merecí tal dicha! Mía es gloria tan alta. A diós mi Joleph. . Adiós Lucero de la mañana.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Aquejado de mí mismo, confuso, y desesperado, vengo a quejarme a estos montes, y a enternecer estos campos: selvas, condoleos de mí, que de un amor abrasado vivo, muriendo al rigor de un desprecio, de un tirano basilisco, que en vosotros ciego adoro, y idolatro. Márcela me mata, riscos, ella es causa de mi llanto, pues no la obligan finezas, ni la enternecen halagos, sorda se muestra a mis voces, a mis lamentos de mármal, cuando Salamandra vivo del incendio de sus rayos. Piedad, Cielos, piedad, mirad mí llaato, ablandad sus rigores, que me abraso. Porque mis melancolías reciban algún descanso, me aparté de los Pastores para descansar un rato, contando al aire mis penas, a las aves, y a los campos; pero qué es esto que miro! . allí viene Felisardo, quiero excusarle el que me hable, y así, por aquí me parto, pues si he de mostrarme esquiva, mas que le alivio le agravio. Fortuna; no es de Márcela el peregrino retrato el que miro? sí, no hay duda: quiero acelerar el paso para hablarla: o si quisiera mi ventura (pero en vano lo intento) de sus rigores desterrar ya los nublados! . Tened, divina atalanta, . vuestro curso acelerado, que no es justo que aún aquí vuestro rigor pueda tanto, que os neguéis al escucharme, cuando favorable el hado en aquesta soledad hoy me concede este rato. Aunque sienta que por verme sola, pretendéis bizarro hacer, aunque corres siempre, precisión ya de mi agrado: aunque me violente ahora, puesto que solos estamos, os he de quitar la queja con que por aquestos campos, dándome nombre de ingrata, os quejáis, habladme claro, sepa yo de vuestro pecho, en qué os ofendo, en qué agravio a ningún Pastor? decid, responderme Felisardo, Ya que de tus claveles licencia merecí, que no es aún para quejas, poco se le permita a un infeliz, Digo, que habrá dos años que a tus ojos rendí, en obsequios un alma con fe constante, y voluntad gentil. Desde aquel día benigno, que tu belleza vi, de Tauro aleve signo padecieno el inflajo más civil. Omito si los astros, propicios para mí, pudieron ser lisonja al eclipse fatal de tu lucir. Porque no me calumniés el que no sé ceñir la fineza al silencio, pues la que obré pretendo repetir. Solo digo quede, al registrar allí en tus divinas luces, abreviado el imperio del Cenit, mas obligado al bruto: pues fue causa feliz, para que a tu hermosura culto le tributase desde allí. Pero ay de mil que a tu tiempo los estragos temí, de aquel Rapaz vendado. pues de sus flechas el efecto vi, Quedando desde entonces tan loco, tan sin mí, que nunca recobrarme, juzgué de aquel soberbio frenesí, Desde allí, otra vez vuelvo ahora a rapetir, gírasol de tus rayos, cual otro Clicie de su amante fui, Tanto, al fin, de mí mismo me llegué a despedir, que por seguir tus soles, Pastor desde aquel día parecío Gustoso abandoné todo lo que es lucir, cambiando por la abarca de mis pies el curioso pulebí. Por ti de mis estudios la tarea feliz; desde aquel día puse a su giro gustoso el mismo fin, Y esta es mayor fineza, pues siendo del vivir alma el saber, me privo de lustre de tan solido matiz. Pero qué no hará amante, quien se mira morir, Tántalo a tus cristales, sin poderlos el labio percibir. Por ti de aquestos campos. sertano Paladín; contra los elementos procuro los efectos resistir: con sola la esperanza de que he de ver rendir la esquicez de tu pecho de mis finezas al heroico ardid. Mas viendo, que con esto no pude intro ducir en tu tirano pecho el alivio de aqueste frenesí. Aspiré de la queja al lamento sutil: que tal vez se introduce mejor en el dolor un advertid O que veces, ingrata, al raudal excedí de esas peremnes fuentes, or de mí! Cuantas vebes al alba galán Gilguero fui, desespertando mi llanto desde la fiera al ave más sutil, Por ver si de su boca escuchabas feliz, de mi razón los ecos, dignos, si no de alivio, del oir Y no hallando remedio que alivie mi sentir, siguiendo el pensamiento me despeño en abismo más civil, Qué importa que tus ojos no se ofendan de mí, si viendo que me matas, no quieres el remedio introducir, Concluye mi suspiro con advertirte aquí, que solo idolatrarte sin tendrá, si yo tuviere fin, Habéis dicho? Ya he dicho. Pues atended, oíd: veréis en mis razones la poca que os asiste en el sentir. Presupongo primero, que al Cielo le debí, sino el ser más perfecta, el parecerlo a vuestro Causa eficaz, según vos aquí me decís, con que amáis obligado, desiguo que os influye aqueste fin. Sin que del omitirlo podáis introducir remedio que minore, ni consejo que os pueda disuadir. Suponiendo esta causa me queréis concluir, a precisar mi pecho a amaros, porque vos me amáis a mí. Naturalmente entiendo, que es digno de rendir todo lo peregrino, imán en que es peligro el resistir. Pero no se me oculta se pueda permitir, a forzar, que lo heroico haya de amar, sino lo quiere así. Porque si por hermosa se granjeó feliz cultos una belleza, opera en quien los rinde, Emperatriz Amar, y a un mismo tiempo obedecer ser vil a quien ímpera, como podéis sin implicarse introducir? Si aqueste imperio adquiere humano un Sera fín, claro está que es influjo reservado a Planeta más sutil. Luego que vos obréis lo que aquí repetís, para mí no es fineza, pues obra el albedrío esclavo aquí Y en cuanto yo no hiciere la acción libre por mí, quito a la obligación la fuerza que taviera en el pedir. Vos por hermosa solo. que me queréis decís, luego sino lo fuera, a converso volvierais este fin. Si por hermosa quiero, no es ilación aquí: amasme por lo bello: luego lo bello me ha de amar a mí. Que no es buena ilación fácil es de admitir, pues curriera, soy bello: luego debes obrar lo que yo en ti. Esto no admite duda, y si no me decid, poniendo en vuestra parte la belleza que vos halláis en mí: Fuera justo que yo me inclinara a sentir, que vos me despreciaráis, solo porque no os pude persuadir? No por cierto; que fuera, corriendo aquesto así, siempre esclavo lo hermoso, consecuencia que yo no he de inferir. Si el tener libertad es acto el más feliz, quien quiere encadenarme, no infiere amor, tigor debe admitir Todo el amor que funda su arder en el lucir, faltando el combustible, es preciso se eclipse el más gentil. Pues quien (cuando en la rosa el ejemplo preví, que el monumento forja, cuando se ve emulada del carmín) podrá siarse necia, en que ha de conseguir más larga duración, estancia más perpetua, y más feliz. Movida de este intento, a estos a royos di, libertad, que de espejos puedan al desengaño concurrir. Yo no me inclino al lazo, donde se ven unir, como la hyedra al tronco, dos almas que es preciso dividir, Básteme el sentimiento que natural en mí, me previniere el hado, sin tener otras penas que sentir. Por esto (aunnque obligada de vos me conocí) os ferié el desengaño de que hace abuso hoy vuestro insistir. Si acaso os confió, que aliento mujeril a larga persuasiva es incapaz de mucho resistir: No os culpo la porfía, que heis tenido hasta aquí; pero sí, si intentaréis tan loco desvarío proseguir. Pues a pesar de tanto remontado Neblí, Garza seré altanera, que suña las estrellas a medir. Con esto a Dios quedad, que no he de permitir, escuchar más respuesta, que pase a ser operación civil. . Fuese, y dejome (ay de mí!) tan sin aliento, que hallo que a esta pasión, a este incendio, se va mi vida acabando: pues cuando busco el remedio, el peligro es el que alcanzo. A cuándo aguardáis desdichas? Pesares no hagáis reparo, matadme, matadme luego: qué queréis a un desdichado? Para qué quiero la vida, si su desde no contrasto? Venga la muerte, y con ella vengan penas, y trabajos. Sísifo, y Tántalo vengan, uno con el duro canto que le atormenta, y otro con su sed en que abrasado se mira, teniendo el agua tan cercana de sus labios. Ticio con el buitre venga, y a tormentos inhumanos acaben aquesta vida: que si a Márcela no alcanzo, poco importa que se pierda alma, y cuerpo, y todo cuanto fuere mío. Ea, Demonios, llevadme, llevadme. Oh, cuanto me alegran aquestas voces! Qué me quieres, Felisardo? Oh mal haya mi poder! . Qué me tenga el cielo atado de este suerte; que no pueda cuando aquí me está llamando, hacerle de mis cabernas para sin fin tributario! Quién eres (válgame Dios! que el corazón alterado, después que te vi, parece que no cabe en el espacio de mi cuerpo, y el cabello al mismo tiempo erizado de su usada compostura sale violento, y el labio torpe me anunca, que tu . vienes, porque, como, cuando. No te turbes, ten valor, que pues tú me estás llamando, es acción cobarde, que te dé mi venida espanto. Quién eres, que con tu vista de pabor, y sobresalto has llejado el pecho? el Demonio, que llamado de ti(qué permita el Cielo, le diga quién soy tan claro!) vengo a saber en que puedo ayudarte, que haré cuanto pidieres; pierde el temor, que verás ejecutado tu pensamiento; qué tienes, habla? . Algo recobrado me siento; mas no te admires, me cause tu vista espanto, cuando tan presto te miro, obediente a mi mandato. Soy quien procura obligarte: (qué mal conoces tu daño, . pues solamente pretendo tu perdición, y tu estrago!) que habiendo oído tus quejas desde mis hondos palacios, vengo a socorrerte en ellas. Mucho te debo. . No trato mas que de servirte; pide, que de bien poco me pago. Hay miserable de ti, si supieras lo que trazo! Pues supuesto, que me has dicho, no ignoras el mal que paso, también sabrás como adoro a Márcela, y que abrasado de este incendio, me quejaba de su rigor a estos campos, por ignorar el remedio para vencer lo enojado de su semblante, y que diera, por gozar de su alabastro, el alma. . Pues yo la acepto: y te doy palabra, y mano, de hacerte de su hermosura dueño, a pesar de los hados. Pues como de su belleza me hagas dueño, pide cuanto, quisieres. Yo me contento, con que firmes de tu mano la palabra de que el alma será mía. . El alina, y cuanto tengo te doy, si cumplieres lo prometido. . El resguardo será la experiencia, a que me remito; y porque el trato quede firme, aguarda aquí, firmarás lo que has pastado. Ya tienes recado aquí. Qué liberal has andado: ya firmé. Lee, qué dices? Digo, que yo Felisardo, le mando el alma al Demonio por siempre jamás, con pacto de que me hará de Márcela dueño absoluto; y me aparto de la posesión que tengo en ella, y se la traspaso al dicho, y lo firmé de mi nombre. Felisardo. Estás contento? . Has cumplido como liberal, y honrado lo prometido. Hay mortales, como os arrastra un engaño! Qué dices? . Qué tú verás como cumplo lo tratado. Siendo así tu esclavo soy. Eso pretendo. . En tu amparo confío. . Tendrasle en todo. Vete para tu rebaño. que tú verás de Márcela todo el natural trocado. De ti lo fío, adiós queda. No lo pronuncie tu labio: que no es bueno para amigo, quien en nada te ha ayudado. Dices bien, siempre soy tuyo. Soy tu amigo. Ay desdichado, si supieras lo que has hecho, . tu dijeras lo contrario! Anegado en sentimientos, hecho un Argos de cuidados, con el alma temerosa, y el corazón sin descanso: me traen mis pensamientos tan afligido que paso en el menor una muerte: sin mí vivo, hay desdichado! Es posible, que María mi Esposa. un cielo abreviado, me ofendiese: Ser podría que su virtud, su recas su honestidad, su hermosura, su gracia, su dulce trato, se rindiese (no lo creo) al halago de otros brazos? Tente lengua, no pronuncies, no intentes cosa en su daño: con quien es más pura que ese Planeta dorado, mas que todas las estrellas, y más que todos los astros. Pero vólvamos sospechas, si esto es incierto, si es falso; como levantado miro su precioso relicario? como su vientre me muestra mi afrenta tan a lo claro, que la evidencia del hecho no quiere disimularlo? Qué haré? si la dejaré, y me iré peregrinando a extrañas Provincias, donde me maten tormentos tantos? Qué digo, yo sin María? yo sin mi Esposa? oh tiranos celos, que tan cruda guerra fulmináis en un cuidado! Quejareme a la justicia, porque adviterio tan claro le castigue. Ten, Joseph, has de permitir tirano, que María apedreada muera, siendo Ángel humano? No por cierto, no por cierto, muera yo primero: o santos Cielos, y cuantos dolores me afligen! pero qué hago? yo tierno, yo compasivo, cuando sin honra me hallo? No puede ser: daré cuenta a sus parientes, y el caso les diré que me sucede. Pero qué digo? qué hablo? yo he de acusar a mi Esposa? yo mismo berdugo airado he de ser suyo? yo mismo? de pensarlo no me espanto? Pues qué he de hacer? será bien sufrirlo, y disimulano? si será; no será como me muestro amoroso, y blando, a la vista de una ofensa, y al contemplar un agravio? Si procuraré hacer prueba, llevándola al Tabernáculo? Ay de mí! yo había de ser tan bárbaro, y inhumano, que a la mitad de mi alma, al ídolo que consagro toda mi fe, había de hacer objeto de oprobios tantos? Primero que lo imagine, que lo intente, y que mi labia lo repita, de mi fin se llegue el último plazo Qué es esto? parece que busca el sueño mi descanso: quiero recostarme aquí, pues me obliga porfiado a que le pague el tribnto. Oh, si mereciera tanto, que este sueño terminara el fin de tantos cuidados! Joseph, Patriarca ilustre, del estirpe esclaretido del gran David, tus sollozos han llegado al Cielo Impíreo: y compadecido Dios, por su mandado he venido a aliviarte de las que juzgas penas, y martirio. Tu Esposa, es aquella Virgen, que tantos Padres antiguos profetivaron por Madre del Verbo Eterno Divino: su preñez es milagrosa obra del Eterno Espíritu. que permite se haga hombre de la Trinidad el Hijo: y que encarne en sus entrañas, porque el mundo redimido se mire por este infante; de quien serás Putetivo Padre, pues Dios lo permite por haberlo merecido tu entre todos los mortales, a quien te ha preferido. re Ponie por nom que quiere decir lo mismo que Salvador: que es decreto del Confistorio divino. Mensajero Soberano, espera, aguarda, qué has dicho? que me dejan tus palabras lleno de gloria el sentido. Qué es esto que por mí pasa? Padre vuestro Putativo, Señor! bendito seáis por los siglos de los siglos. Ay dulce Esposa del Alma, de perfecciones archivo! Ay María! y como fue tan bárbaro mi delito, que puse duda en quien Dios hizo erario de sí mismo. Quiero arrojarme a sus plantas, y pedirle arrepentido humildemente perdón, aunque de él me hallo indigno. Digo que no vi en mi vida revolver una veleta tan sopita como el llama: válgate el Diabro lla hembra, y que de repente que nos champas el llamo acuestas Todos los. Pastores han quedado la boca abierta al ver esta mutación: pues a la verdad como eran tantos los que a su hermosura aspiraran, y Márcela (siempre en sus trece) al ciego Rapaz constante le niega aquel feudo que le rinden aquestos por su belleza: al ver, como digo, que sin saber qué inteligencia ha habido aquí, Felisardo, la quien se miraya opuesta mas que a otro ninguno) burle de todos las diligencias, coronándose feliz por esposo de Márcela: se han quedado, como aquel, que de repente una piedra luciente en la tierra mira, en su riqueza curioso la atiende, a tiempo que al mesme sitio otro llega, que apenas la mira, cuando sin ocio la ocasión deja: quitándole a aquel, lo que pudiera en la diligencia no quitarle la esperanza su morosidad tan necia. Digo, que llo heis rellatado de tal suerte, que en concencia que parece, que al olor embañastáis lla merienda: ya me entendéis, y no creo que de vnciosas vuesas tretas las arguyan llos Pastores, que al fin lla fachada es buena para alquibrista de gustos: y más crárito, alcuyueta. Nunca pudo la malicia dar por libre a la inocencia. Es verdad, pero ya el Llobo se pon zamarro de Obeja. A mí me tiene admirada, y con razón, esta vuelta. A mí no, que lla mojer naturalmente es veleta: y que aquesta haga su oficio, no es cosa que ser no pueda. Pero aborreciendo siempre a Felisardo Márcela, la admiración no es ociosa. Si es tal, que nadie comienza, una operación, que siga un zumbo hasta fenecerla: y nunca vi mellodía, que no acabase en pendencia: como tampoco desdén, que al fin no fuese halea: y por último, mera, para aquestas macarenas basta que una vez las llamen carilabadas, pos si ellas de uno lo oyen una vez, lo oyen del Diabro milenta: con que con tal persuasiva crara bien la cuallecuencia. Pero dejando esto a parte, qué bravo repollo, y habrá en lla boda! o, y de pucha, cual he de poner la ierga. Repollo, y berza? o que bien que sois rústico se os echa de ver, pues siendo los Novios los más ricos de la aldea, vuestro testuz no discurre más concepto de esta fiesta. Antes le tengo tan grande, que ya usmo las especias: mera, las otras mis bragas tenémelas mur compuestas, que me temo que lla panza se ha de esprayar por aquestas: y será bien que el remedio esté llamando a la puerta. Dejad esos disparates, y pues la boda se acerca, vamos porque no haya falta. Vamos muy en hora buena, que a tres cosas vo gustoso, aún sin que me llamen. . Y eran. La primera es a llas bodas, porque como a costa ajena, y de lo que escondo tengo lla tornaboda mu cierta. La segunda, es arrancar a correr si veo pendencia, porque mes quiero que digan, que Mándil es un badea, que no aquí yace Mundil, por Carranza. . Son de idea las dos. . Pos mera, lla otra, es irme de esta manera, pían pían, por mi pie; derechito a lla taberna. s. Pero qué es esto, lla boda mojer, lla boda se suelta: aprieto, a correr. . Aguarda. Bércebú que me detenga. Largos siglos se gocen Felisardo, y Márcela, y de sus esperanzas dulces frutos vean El parabién de esta dicha de mi amistad verdadera recibid, y quiera el Cielo, que esta coyunda himenea corra a los años del Fénix como deseo parejas. Lo que yo valiere, Lauro, es vuestro. . Ay de mí! que vea de Márcela el bello Sol ya perdido, y que no muera! paciencia pido a los Cielos, pues fue tan corta mi estrella. Y vos Anfriso, qué causa el darme la norabuena os impide. . Es tanto el gozo, que balbuciente la lengua teme errar el desempeño; pero pues la amistad nuestra suplirá mis faltas, digo que gocéis de la belleza de vuestra esposa, los siglos, que el Cuerbo en sus años cuenta, concediendo hermosos frutos el Cielo, para que sea vuestra unión feliz en todo a la divina Márcela. Que sois en todo discreto, pública la atención vuestra. Yo también os doy mueso amo, por mí, y aquesta Gileta el parabién, y permita Dios, que mi ama Márcela, aborte tantos cachorros, que lla llamen en lla aldea por lo fecundo una farna. Qué nunca salgas de bestia! Vivas mil años, Mandil, y vos, Espola, qué pena os motiva a que el silencio tan mudamente os suspenda? Esposo, es tanta la dicha que en lo interior mi alma encierra, que es causa el considerarlo de la suspensión que muestra mi semblante. . Yo pudiera estar con más justa causa agradecido a mi estrella, por merecer en mi amor benignas las influenci de vuestro rostro, pues es para mí el mejor Planeta. Es tanto mi amor, que juzgo la exageración superfiva para explicarle, y así si me concedéis licencia lo encomendaré al silencio, porque no yerre la lengua en el hipérbole, cuando mi mayor dicha es ser vuestra. Gila, mira que Palomos; pregunto, si se te acuerda, cuando me casé contigo, con la desdicha, y ser vuestra, no anduviste, y con perbole, y aquello de lienzo, y lengua? Es vuestro testuz muibronto para gastar esa tela. Mera Mojer dígolo, porque no piense Márcela muesa ama, que mos dormimos en las pajas. . Qué belleza tan divina: Ay de mí triste! corazón tened paciencia. Vamos, que los convidados aguardan. . Vuelva la letra. 1. Muchos siglos se gocen, Como rugiente León, de mis profundas cabernas me hace salir un cuidado, y una pasión me hace fuerza: porque el Cielo no me quite, cuando cumplí la promesa a pesar suyo, este esclavo, que debajo mis banderas se alista; pero qué temo? puede el Cielo, aunque quisiera quitarme los que una vez por míos se consideran? no es posible; porque sabe que si en algo me ofendiera, con los dientes, con las manos con las uñas, con mis fuerzas, atráncara de su centro todos los siete Planetas, vistiera de luto al Sol, y a la Luna la pusiera tal pavor, que de asombrada su luz neg Ya imagino que se ponen las melas, y ya comienzan a comer los convidados: allí descubro a Márcela, qué bizarra está! ah Ministros que así logró lo que intenta mi poder, para que nunca Felisardo se arrepienta. Hay miserable, y que alegre su ventura considera, no advirtiendo, que es mi esclavo condenado a eterna pena! Aquí viene un convidado, y parece que trae priesa, quiero negarme a su vista, y atender a lo que intenta. Digo, que só gran goloso, pues sin temor, ni vergüenza, habiendo tanta comida de sobra, mi sotileza se atrevió a espumar la holla de los Novios: si Gileta me barruntara, yo apuesto que había la mayor fiesta; pero por eso que ahora me libra Dios de tal pecora. Aqueste es simple, y aquí, pues que yo padezco pena, he de hacer, que la comida en cárbones se le vuelva, y el caído en negro betún; y si hacer del pan pudiera lo mismo, no le quedara por corto a mi rabia eterna; pero en el vino mi furia, despicaré. . Brava treta le armé a Gila: el gilotillo que aqueste puchero encierra, me diréis que no estará de su mano, es linda pieza, yo apuesto: ha, que tiene gracia para estos caldos de especias! Vamos echando las sopas. Tú lo verás a la prueba. Quiero probarlo, parece que aqueste calde negrea: pu,pú, vive Dios, que me abraso, hay tal quimera! maldita sea el llalma que te guisó, hi de pucha, puerca: hay bota del ilalma mía, quita tú aquestas reiertas. Válgame Dios, qué es aquesto? Jesús, el Diabro me lleva, que este sabor es de azufre, requemado con pimienta; sin duda Dios me castiga por goloso; ay mi Gileta, que está tu Mandil, ya muerto! Señor, líbrame de aquesta, Bercebú llegue a la carne, que digo, mirará si es buena: maldito sea quien tal hizo. Aguardas bárbaro, espera, qué dices, di? que te haga, que te resuelva en más piezas que tiene átomos el Sol, y la mar encierra arenas. Señor, yo no digo nada, que lo había con Gileta. Agradece que los Cielos oprimen todas mis fuerzas, que sino yo te dejara . hecha menudas pavesas; infame, vil, simplonazo. Señor, mire que se suelta. por detrás el menudillo, y que chera que revienta; déjeme por Dios bendito el que del Cielo a la Tierra arrojó aquel volatín de Luzbel, maldito sea. Aquese Dios, que pronuncia tu infame, y cobarde lengua, puede apartarme de aquí, villano, que si no fuera porque ese me ata las manos, tú me págaras la ofensa, que contra mí has pronunciado, Jofierno abre aquesas puertas y recibe en tus palacios, a quien los Cielos, y Tierra. tiemblan de ver enojada, y horrible su fax sangrienta. Auda con todos los Diabros mal dita sea la partera, que por ti tiro; no es bueno, que me pareció que era el Demoño en las pesuñas; si supiera aquella hembra. lo que me había sucedido, las carcajadas que diera. Quiero ir a labar las bragas, que de bote en bote llenas están hasta la cintura, antes que Gila lo sepa, que tiene una jeta, que husma a más de legua, y media, Esposo, qué causa puede entristecer tu presencia? qué suspiros son aquesos, que mudamente me muestran lo mucho de lo que sientes? en qué te ofende Marcela? haste cansado de mí? dímelo, Esposo, merezca yo, por consuelo, de ti lo profundo de tu pena; pues cuando en el mar de amor surcaba en bonanza cierta, lo triste de tus pesares han levantado tormenta, recogiendo al alegría, y a los cariños las velas. Qué causa tan ciegamente de ti mismo te enajena, que haces tiempo de dolores; el que solo es de finezas? Dos meses habrá que el Cielo permitió que mereciera llamarte mi Esposo, y dos ha, que en continua tristeza te miro, sin que hasta ahora se haya atrevido mi lengua a preguntarte lo ocu de tu pasión, que tan ciega te arrasta, que no conoces, que no está de más mi queja. Habla, o pensaré que yo soy quien te enaja: no quieras mi bien, Esposo, señor, . que tantas muertes padezca. Es tan grande mi dolor, que al pronunciarle la lengua, teme anegarse en sollozos: y así no es mucho, Marcela, me confunda en sentimientos, cuando es sin fin mi dolencia. De qué procede? . De un gusto Quién le causó? . Tu belleza. Yo pude causar tu mal? Tu causaste mi epidemia. Pues, dime, Esposo, en que forma pudo ofenderte, quien diera por aliviar tu aflicción, cuanto vale lo que alienta. Ay Esposa de mi vida! ay Márcela, y quien pudiera gozar de tus bellos ojos, sin una pasión tan fiera! Parte conmigo el dolor, que si soy yo quien le aumenta al referirle tu labio, será preciso que muera: conque quitada la causa, también el efecto cesa. Ese fuera mayor mal. . Mayor? Terrible violencia! No es mayor (ya que has llegado a dudar esta fimera) el haberme enajenado, por gozar de tu belleza, de un alma que infundió un soplo de la divina clemencia en mi cuerpo? qué desdica! y haber hecho de mi letra do una escritura al Demonio, que asegurase la deuda a que me obligó el influjo de mi temeraria estrella? Mira si es bien que se aflija, que se consuma, y que muera, quien por instantes aguarda la ejecución de esta deuda, erte ha quedado el pecho que si respira; y alienta, son pesares; mas qué mucho, cuando tan corta mi estrella en un gusto que me ha dado tantas zozobras me feria! Pero qué digo? el valor para cuando es, para esta ocasión es necesario: deja Felisardo, deja la tristeza; que te ocupa, que aunque con razón lo sientas, lo primero es el remedio: y es bien prevenirle apriesa, haciendo que lave el llanto la llaga que hizo tu ofensa. Cómo han de oírme los cielos mis suspiros, y ternezas, si con un atrevimiento aldabas puse a sus puertas? Esposo, no desconfíes, o mal haya mi belleza! pues que ella ha habido quien niegue a Dios de esta manera; deshareme en tierno llanto, y mis galas, y preseas serán de funesto luto, y con voces lastimeras imbocaré la piedad de la divina clemencia; vamos a llorar, Esposo. Qué caro un afecto cuesta! qué acedías trae un gusto. qué pensiones, y miserias vamos, Esposa del Alma, adonde la penitencia (de un Senor a quien traidor; le quise usurpar su pienda) pueda de mi gran delito desenojar la presencia. Ya veis, divina María, el odicto, que del César Octaviano en Nazareth se ha publicado, en que ordena, que todos cuantos varones le tributan la obediencia en sus Reinos, se regiso donde fuere la cabeza de su linaje, llevando escrito con diligencia su nombre, y que juntameate se lleven una moneda en que del César la efigie se mira con unas letras, que denotan ser de Augusto: preciso es me cause pena haber de hacer la partida, cuando veo que se acerca vuestro venturoso parto, a Belen, adonde es fuerza (como los de mi linaje) acudir a la obediencia: y aunque no habla con vos tal edicto, no quisiera déjaros, Espola amada, sola. . No tengáis tristeza, mi Josed, que yo me ofrezco a acompañaros en esta jornada, que Dios querrá darme brío, y fortaleza, Ay Divina Esposa mía! que el Diciembre helado aprieta, y tenemos de camino de aquí a Belen treinta leguas: y aunque quisiera llevaros con alguna conveniencia, lo corto de mi caudal me aflige. . Tened paciencia, amado Joseph, que Dios, que nuestro viaje ordena, nos ha de amparar en todo, pues gusta su omnipotencia de acompañarnos. . El alma en tanta dicha se anega: vámonos a prevenir, puesto que el peror es fuerza. Misericordia, Señor, ten de tu pueblo, y tus fieles: no permitas que tus iras su castigo experimente. Señor, aunque os rendí con tan bárbaro delir confío en vuestras piedades el perdón que solicito: no ha de salir de esta celda hasta que en coral tesido de este humor que vierto, inunde la tierra, que indigno piso. Piedad, Señor, piedad Monarca invicto, no me borréis mi Dios de vuestro libro, Qué es esto, bárbaro, loco, infame, vil, estulticio? como cuando eres mi esclavo; pues me tienes prometido con escrito de tu mano de tu espíritu el dominio, pretendes (rara locura!) alcanzar (qué disvarío!) perdón (desatino grande!) de lo que tú por ti mismo libremente me mandaste, por saciar de tu apetito en el amor de Márcela aquel tan torpe incentivo? Presumes, que aquestas voce, que en acentos repetidos en los vientos se levantan, han de conseguir tu alivio? juzgas que esa penitencia, y esa sangre que has vertido, sirve más que de irritar tu culpa, cuando eres mío? Quién podrá, aunque se trastoraa ese cristalivo llbro, sacarte de mi poder? Ea, Felisardo, amigo, vuelve en ti, goza tu vida, no con esos de perdicios la abrevies, muriendo al golpe de tan crueles martirios. Señor, mi fragilidad entorpeció mis sentidos. Pequé, Señor, contra ti; pero en tu bondad confío, se temple de tu justicia ve benigno el rigor, no has de permitir peligr quien te Piedad, Señor, piedad, Monarca invicto, no me borréis mi Dios de vuestro libro. Qué esto consientan mis iras! qué sufra mi orgullo altivo tal desprecio, y que no abrase el mundo, cuando respiro! Aguarda hipócrita vil, tú verás, cuando eres mío, quien te libra de mis manos. Ay de mí! Custodio mío, socorredme, socorredme: Señor, dadme vuestro auxilio, no permitáis que mi vida se acabe en este conflicto. Piedad, Señor, piedad, Monarca invicto, no me borréis mi Dios de vuestro libro. Infernal Dragón, no sabes, que aunque este hombre ha delinqueido contra la divina Esencia, no puedes de su albedrío ser dueño, hasta que el aliento permita al cuerpo el aviso de la desunión del lazo que a su vida dio principio? Pues como infame, procuras, cuando sabes que le asisto por su Custodio, ofenderle? No miras que aunque el delito ha sido grande, el dolor que de haberle cometido ha mostrado, juntamente con la penitencia, ha sido tan fuerte, que de su culpa el perdón ha merecido? Pues cómo, cuando no ignoras lo que pueden los gemidos de un pecador, perseveras en tu maldad, di, enmigo? Mira, infame, la escritura que en tus lóbregos archivos tenías, como en el aire se muestra ya, dando aviso, como Dios le ha perdonado. O! reniego de mí mismo! qué aquesto permita Dios, quitándome lo que es mío, tan injustamente! . Calla, cierra el labio, vil caudillo. Felisardo, no conocer ese papel? . Sí, Ángel mío, bien le conozco, pues es el que ajenó de mí mismo, forzado de un torpe amor, hice con gran desatino. Pues yo le rompo en tu nombre, porque salgas del dominio de Lucifer: y tu horrible Dragón vuélvete al abismo adonde en tormentos gimas, por los siglos de los siglos. Oh mal hayan mis ardides, pues qué frustrados los miro! Infierno abre aquesa boca, y recibe a quien vencido vuelve a tus tristes mazmorras con tormentos infininos. s, . Felisardo, pues que Dios tan piadoso, y tan benigno se ha mostrado en perdonarte tribútale agradecido las gracias, pues te sacó de aquel Faraón impío, en cuya opresión vivías tan cercado de peligros, sirviéndote de escarmiento, lo que has notado, y has visto: y porque sepas a quien debes este boneficio, yo soy tu Ángel Custodio, que invisibiemente asisto a tu guarda, por decreto del que es Uno, siendo Trino: el cual parmite que veas en sombra lo que a su Hijo, cruel el yerro del hombre le anuncia indeclinativo. , s Por amor la inocencia se verá en el suplicio: ay de aquel que la ofende, si en su llanto no lava su delito. Qué miras? . Eatre unas zarzas atiendo más que el armiño un Cordero, que al tormento de sus puntas sensitivo de coral su piel matiza: y aunque su énima entendido solo es de mí en el dolor por ignorar el motivo, sin saber de que me pesa, me pesa de lo que miro. Pues atiende, que yo quiero descifrarte este escondido misterio, porque merezca tu pena con el suspiro. Ese Cordero, que afrenta los albores del armiño, símbolo es en la humildad de la persona del Hijo, que humanado, per lavar del hombre el cruel delito, se entregara a los tormentos: y hasta laciar el abismo de su amor (si aqueste puede tener fin, siendo infinito) Cordero manso obediente la leña del sacrificio (mejor Isaac) en sus hombros por ti llevará al olimpo. Esas espinas indican que en tojo coral tenido le orlará una corona de cambrones, y marinos juncos, con que le acredite por su Rey un atrevido infiel pueblo, que más debe estimar sus beneficios. Los matices que registras en su hermoso bellocino, donde la púrpera yace terminada, y el míás fino clavel cortido de verse con ella similativo, geroglfico es que exglica, Cruz, clavos, lanza, cuchillo, azotes, tormentos, penas, afrentas, ansias, conflictos, al fin todos los rigores, que diversos, y exquisitos teatro de agravios formen su sacrosanto, y divino cuerpo, que en bárbara lluvia de heridas, será registro, que cifre su amor por grande, encarnando en el virgineo vientre de una bella Aurora, de donde humano, y divino saldrá a acreditar promesas, que suspensas han tenido al mundo cinco mil años, y a tantos Padres antiguos, Basta, Ángel Santo, que ya no permite el dolor mío más actividad: Señor, pequé, miradme benigno: y pues es decreto vuestro el redimir el delito que causó mi inobediencia, abreviad, Señor, los giros, de vuestra venida, y caiga sobre el hombre aquel divino rocío del justo, siendo de tantos males alivio. Levántate Felisardo, que tu penitencia ha sido digna de lavar la mancha de tu arrojo, y de enemigo de Dios, te ha vuelto a su gracia: consérvala, pues has visto lo que obligará el pecado a quien no lo ha merecido. Señor, tu miscricordia por siempre jamás bendigo. Aguarda Joven gallardo, aguarda divino espíritu, no te apartes tan antiesa: ca, seamos amigos, espera Custodio mío. Esposo, de qué das voces? Qué tienes? Qué ha sucedido? Por ños, que no es este chero, el de aquel otro mi amigo, si lo supiera esta pieza, guarda el coco, quedo pico. Mandil, qué refunfuncas? A hi es cierto cuentecieo: nolo olerás, si yo puedo. . Márcela, Lauro, Anfriso, Mandil, y Gila, gran dicha! Dinos, Esposo, que ha sido. Lástima causa mirarle. El alma me ha enternecido. M. Burlaos con el Demoño los golosos, y los finos: mira cual está el cuitado de mi amo, por San Pito, que me enternezco con velle. El alma tengo de un hilo. Referidnos el suceso. Lo que puedo repetiros es, que de Dios la piedad inmensa, ya de cautivo me ha vuelto la libertad; siendo efecto mis silicios, mi llanto, mi penitencia, y el dolor que arrepentido de mi maldad he mostrado, este el suceso es propicio; y porque más por menor le abiendan vuestros oídos, permitidme que el descanso parentisis sea preciso, para que de mi oración lo débil no quiebre el hilo. Dices bien, vamos Esposo, que después podrás decirnos lo que dichosa mis ojos registran con regocijo. Mil veces dichoso yo, pues que tengo merecido tal favor. . No fue pequeño salir yo de acullá vivo. Gran fortuna! . decir, Lauro, que heo el Arcadia en Belen. Y amor el mayor

JORNADA TERCERA

jornada tercera Ya María, de Belen los capiteles más altos se descubren, cerca está, conque tendréis del cansancio alivio, que bien conozco la fatiga, y el trabajo, que doncella, y delicada en un viaje tan largo habréis traído, en lo recio del Diciembre, que tirano despide flechas de nieve, con vientos tan temerarios, que no respetan soberbios los Palacios entoldados, cuanto más a quien tan poco abrigo le hace reparo. No os cause tanta aflicción mi flaqueza, Esposo amado, cuando conocéis que llevo al Rey de los coros altos en mí vientre, que me asiste con favores, y regalos de tal suerte; que no siento lo prolijo, y dilatado del camino. . Bien conozco son favores de su mano los que repetís, Esposa: y eso me da más cuidado, pues no puede mi pobreza como marecéis llevaros. Vamos mi Joseph, que es noche, y va mucha gente entrando en Belen, y puede ser no hallemos, si tardamos, posada. . Tened María, que aquí vive (si los años no lo han mudado) un mi deudo, hombre muy acomodado, y nos ha de dar posada. Ah de casa. Por Dios santo, que viene con brava priesa: qué quiere? Vive aquí acaso, Manales mi primo? . Bueno, por Dios bravo estrafalario: amigo aquesa candonga no tiene muy buen despacho. Amigo, decidle, que soy Joseph su primo hermano, que vengo de Nazareth, con mi Esposa a él mandato del César, no seáis cruel. Pues espérese al un rato. . Qué abatida es la pobreza! No se lo dije yo hermano? mi amo dice que no tiene tal pariente, vaya andando un pie tras otro a engañar a otro chórlito. . Oh ingrato, pues me niegas el hospicio, porque me ves maltratado! o pobreza lo que causas, contigo no hay vadie honrado! Mi Joseph, no os aflijáis, que otro habrá menos tirano que nos hospede. . Aguardad, que este frontispicio alto, es de Aminadab, mi deudo también, veré si acaso tiene más piedad. Quién va? No hay en casa criados, que miren quién entra en ella? Aminadab, reportaos, que no soy ningún ladrón; que soy Joseph, que cansado esta noche con mi Esposa de Nazaret he llegado, a cumplir con el edicto que ha publicado Oraviano. Amigo, yo no os conozco, ni de vuestro nombre hallo, ni me acuerdo tal pariente, además de esto, no hay cuarto desocupado en la casa en que poder alojaros, Tened lástima de mí por Dios, dadme vuestro amparo esta noche, porque viene mi Esposa cercana al parto, que en cualquiera rinconcito estaremos bien. . Hermano, y a le he dicho, que no hay donde, no sea tan porfiado, vaya a un mesón, que podrá ser esté desocupado, que muchos tiene Belen. . Que haya hombre tan tirano, que por verme pobre, niegue el parentesco. turbado me siento: querida Esposa vamos a un mesón, pues tanto desamparo en mis parientes en esta ocasión he hallado. Esposo, tened paciencia, que no faltará un establo para pasar esta noche. Aqueste es mesón, veamos si nos quieren hospedar. Ah de casa. Digo, hermano, esas puertas son de hierro, que las dais tales porrazos, y a tal hora? qué queréis? Amigo, vengo buscando adonde pasar la noche con mi Esposa, que del parte se halla cercana. Muy bien, por Dios que es bravo despacho, cuanta recua trae? . Solos mi Esposa, y yo. Ello no es malo, mucho ruido, y poca costa: digo, se viene buriando vuesarced? vaya con Dios a dar matraca a otro cabo. Por Dios, señor, le suplico, que aunque sea en el establo nos dejéis pasar la noche, porque el frío demasiado aprieta, y como os digo, preñada a mi Esposa traigo: compadeceos por Dios, sed, amigo, más humano. El paisano gasta flema; por mi fe gentil recado tenamos, si nos diera martinada con su parto; mire, para gentecita de tan mal pelo, rodeando aquesa esquina, hallará un portal desocupado: allí puede, pues le asiste tan poca mosca, pasarlo esta noche, y si pariere, ella lo verá. Oh santos Cielos prestadme paciencia, atended al desamparo de mi Esposa, y en tal sitio, cuando el cierzo impío, y bravo de su región imperioso arroja la nieve a rayos; ay dulce consorte mío! que me anega un mar de llanto, pues por mi causa os miráis ajena de todo humano remedio, en aquesta noche. Mi Joseph, no os de cuidado, vames al portal, que Dios lo dispone por sus altos decretos. Vamos Esposa, que el Cielo, querrá ampararnos. Mandil, id a la cabana tú, y Gila, porque la casa se aderece, y llevad pan a los Pastores que guardan los ganados, porque quede acabada esta temana; que nos hemos de mudar en la que viene sin falta, pues es gusto de Márcela. Mi inclinación es extraña al ganado, y más ahora pues le considero causa de tantos bienes. Prometo de no dejar la campaña, pues es gusto tuyo, y más cuando Lauro también trata, huyendo el rostro a los riesgos del mundo, hacer su cabaña; y presumo que le excitan lo grave de mis desgracias, y mi amistad, pues le obliga a fineza tan extraña de dejar de sus estudios la tárea, cuando se halla en la opinión más bien quista de las Escuelas, con fama por su erudición. De todas, la senda más acertada es la soledad, adonde, ni hay ambición, ni privanza: o feliz mil veces quien burla en ella la inconstancia de la fortuna, contento con su suerte! Qué de gracias le doy a la mía, pues libre de tanta borrasca merezco gozar el cielo de tu rostro. Andarlo pabas. Qué dices Mandil? Mueso amo, que mande a Gila que traiga la burra para llevarlo, porque yo só de ruin carga para tanto caramillo. La barra no heis de llevarla, que es mía, que me la ha dado a cuenta de mi soldada mi amo, y muy buenos cuartos ter eis, y malicias hartas. Y la jáquima, y la cincha, quién os las dio, perdularías? Ea, Mandil, no haya más, Gila no dirá palabra, lleva la burra en buen hora. Mueso amo, con eso mata pies, y manos, que lla burra es lla meta de mi alma: no sé con quien la compare en lo honesto, y agraciada (vaya el parangón) ella es parto tripo de mi ama. Harto hiperbólico queda, En aquesto la ventaja no daré al mijor Poeta de toda aquesta comarca; pero con todo mueso amo no os acordáis cual andabáis, como gato por Enero a un tiempo tras muesa ama. Dime, no la merecía? hice mucho en adorarla, y ser de su bello rostro Heliótropo, aquella planta que le bebe al Sol las luces, siendo ellas la substancia de su vida? qué más Sol, que el del Abril de su cara? Por ños, que tenéis razón: que también me enqui lotraba yo al momento que lla via, y acá dentro me hacía el llalma unas cosquillas tan huertes, que maldecía la borracha, que me casó con aquesta. que parece estrofalaria; que si no huera casado, bien segurito que estaba, que vos la hubierais llevados que también tenía gana muesa ama de que yo huera su marido, que a Dios gracias, aunque só bobo, bien sepo me quería más que a su alma, que a su vida, y a su carne, en aquel tiempo. Qué gracia! Miren qué talle de mozo. para escudero de damas; agradecédselo vos a que yo era muy muchacha, no ven el molde de tontos. Unas tiene la palabra aunque neta, más pregunto, contrabando de lagañas, no soy yo tan cuelle ergido, cómo vos catilabada? Mandil, es posible que de condición tan extraña has de ser? Merá muesa ama, ando mu extrañado yo, porque ella siempre me ataja; pero el Diabro de ello es, que se trocaron las bazas, que lo que yo só de usurbio tien Gileta de amistanza, y de al viene el cantir. Ea, Mandil, que ya basta, trata de partirte presto, que hay una legua muy larga de aquí a el ganado, y es tarde, y Gila también se vaya contigo, para que tenga con aseo la cabaña. Anda a sacar la burra, Gila Gileta, engilada os vecís de un Alcornoque. Vos colgado de una escarpaa, Ve aquí a los mozos del C que no les falta tajada. De mi abitación fiera, y espiro salgo al rigor de una atrevida nu que ha sido para mí tan rigurosa, como mi rabia en su recelo prueva pues leo en esa esfera luminosa fatal anuncio, que mi mal renuera, siendo de mi dolor claras señales, cuantas miro en sus astros celestino Según dijo Isaras, ya es llegado fatal eclipse de mi altivo imperio, y si en las conjeturas no mese errado que en mi Angélica ciencia el tuperio. que no debe admitir mi aligto osido es cierto que ha llegado a esteeo ferio (ha no lo fueran tanto mis recdos el que gobierna el curso de loscioo Pero aquí de mis dificultades, es posible, que siendo soberano Monarca, se ocultara entre n dades? ira que este disfraz? pues le están registrado las edades, abaleve impelio (oh rigor tirano!) palacios de zafitos esmaltado, si un orbe de esmetaldas alfombrado? Pues como aquel que aquí tan eminente pado mostrarse, a quien para sus sie- nes corta diadema el círculo es luciente de Febo, cuando anuncia parabienes; es posible que nazca humildemente, haciendo a su poder tales desdenes? qué enigma será aqueste, que a mí ciencia oy frustra la sutil inteligencia? Rodearé la tierra presuroso por si en ella registra mi cuidado de mi anhe lito siempre vigoroso motivo, que a mi impulso se hane- gado: en vela esté el discurso, cuando an- sioso de tantos males me hallo rodeado: aquí de mis Ángélicos ardides, pues no puedo omitir tan fuertes li- Aquí viene un Pastor, quiero infor- marme: que aunque le advierto rústico, y sal- vaje, podrá ser que noticia pueda darme, aunque indica siulticia el tosce traje; o si aqueste pudiera desabegarme, del caos en que se halla mi coraje, con el temor que el alma mulviplica en lo que mi desvelo pronostica! No hay vida como ser calado, si tiene bien que comer, cuatro reales en la bolsá, y hermosa la mujer: y matar cada año un puerco con que no groña después, y tener una burrita, vivir sano, y comer bien. Pastor adónde caminas? Yo por nos, que no lo sé; pero ansina, vo a llevar pan, y también mi mojer al ganado de mueso amo. Dime, y tu amo quién es? Aquese punto es mulargo, quede con Dios su meste. Pagar médico de balde, y al barbero también, no ser amigo del Cura. vivir en lugar del Rey. Villano, como no miras, que mil pedazos te haré si me enojas dime aquí, que tu bien lo has de saber, atiende a lo que te digo. Mire, señor, yo no sé Bércerú lleve la cosa; si ello huera mi mujer, que sabe más que llos Diabros, y que el propió Rocifer, esa sí que le dijera de pe apa, pea pe, mas que ustel perguntara; pero yo, ya no lo ve. No prestar a jugador, ni a Concejo hacer bien, dormir en alto en verano, y chitón, oír, y ver. Qué me atermente este infame, y que no pueda hacer, impedido de los Cielos, mi averiguación con él! fiera desdicha es la mía! ven acá hombre soez, has ndo por ventura? has visto en todo Belen? Entratando de esas cosas, por San Pito, que me iré: mire, yo no sepo de eso, yo so pastor, no lo ve? y a mí no hay que echarme pulsas porque no he de responder. Qué me tenga el Cielo atado! o mal haya mi poder! quiero dejar a esté torpe, puesto que no puedo en él vengar mi furia mi enojo, y mi despecho cruel. Qué preguntador estaba el amigo bachiller, digo que hus desgraciado en no ver a mi mojer; yo aseguro que está ya que le revienta la hiel, porque me he tardado tanto, en mi vida más parecer he tenido; hora bien vamos con todo eso que yo sé que ha de haber sermón de envite, porque lla hembra es lla piel del Diabro, que sea en su alma por siempre jamás, Amen. No hay vida como ser casado. . Gloria in excelsís Deo. Qué celeste voz la vaga región de esa viento ocupa tan dulcemente firena tan divinamente pura, qué solo el precioso eco todas las pocencias turba? qué milagro es este, Cielos? declaradme aquesta duda. Apenas rendí a Morfeo el reudo, que le tributan los mortales, y el descanso los miembros todos procuran, cuando (si la fantasía no originó aquestas dudas) me pareció que en el aire en bien concertadas turbas dulce música se obstenta, cuya suave dulzura de manera me ha inquietado, que por estas espesuras rompí, por ver si la causa embestigaban mis dudas; pero allí, si no me engaño, parece un bulto divulga mi atención, y ser podrís fuese de aquesto que oculta esta selva el accidente: yo me llego, quién va? No presumí, que si no es yo a estas horas de la inculta que miras selva, pisase la adusta cerbiz; qué buscas, o quién eres? Felisardo, que discurriendo estás murtas, me trae el eco sonoro, de una armónica dolzura, que no encuentro, y pesaroso porque la suerte importuna me niega este bien, quizá porque le anhelan, y buscan mis potencias con desvelo; o también por que ceñuda la expetimente, aún en esto quiere no tenga fortuna; daba la vuelta a mi albergue, hasta que te vi, y en duda, por presumirte el origen de esta novedad, con mucha alegría, presumiendo desharías las confusas nieblas, que de mis sentidos tiranamente se ocupan, llegué a hablarte. Aqueso mismo que tu voz aquí me anuncia de ti imaginé, y pues noto que a nuestra vista se ocultan estos prodigios, y que nuestró celo aquí se frustra, volvamos a la cabaña: que no se guardan venturas para infelices, que ansiosos las desean, y las buscan. Sin duda que aquestos eces algún gran prodigio anuncian vamos, que estará Márcela con cuidado, y apresura ese Padre de las luces a las cumbres su hermosura. Todo el mundo he redeado, sin que con mi inteligencia pueda adquirir del cuidado que continuo me atermenta el menor rasgo, el más leve atomo, que a mi impaciencia de esta confasión la saque: sin que al discurso le deba conjeturas que en mi daño verisimiles no sean: porque si miro a los Cielos, parece qué deletrea mi actividad en sus luzas: lo que la noticia niega: si a les campos, su hermosura, en las flores Amaltea ostenta, quitaado al Mayo jurildición tan suprema: de Engadí las vinas miro floridas: todas sospechas que puñales me taladran, y vívoras me atormentan. Ya de Rómule la estatua la miro rodando en tierra cuando tena descrito, que hasta que una doncelle pariese, no caería. A qué aguarda mi paciencia, cuando en aquestos prodigios miro sena es tan ciertas? ya todes mis simulacros registros sen de la tierra; pues qué aguardo, que no voy adoblar las centineias, y a alistar mis soldados, pues se mira ya a las puertas este capitán valiente: Ea, levantad banderas, soldados míos, al arma: que ya vuestras fortalezas han menester el aguda de vuestro valor, alerta, que yo soy nuestro caudillo; ya sabe el Cielo, mi diestra lo que puede, no desmaye ninguno, cuande mis fuerzas conoce, pues aunque pese al Cielo, y a sus estrellas, y a sus astros, ha de ver berna descerraje) al Sol sin las, la Lava arrastrar vavetas, descomponerse los ejes que esa máquina sustentan, todo será confusión, todo llanto, todo pena: para que conozca cuanto puede mi grande soberbia, mi rabia, furia; y enojo, y mi cólera sangrienta. No lo dije yo, mu eso amo; poa nos que están que revientan. Pon aí la mesa Gila. Mucha nieve es la que avientan en apresurados copos las nubes sobre la tierra. El cierzo sopla furioso. Bercebú lleve la pena a mí me da, como haya bien conque llevar la gerga. Ea, siéntense senores, y tú, Gila, trae apriesa. otra cosa que conmer, y sientate. No os dé pena, que no es tan boba la niña, que ha menester avertencia. Famosa están las migas. Sabes tú quién es Gileta? Mandil, no quieres cuchara? La de la mano derecha: mueso amo vamos bebiendo, porque el piemientillo aprieta. Ay no tienes la bota? Dices bien, que so una bestia Aparta aquese caldero Gila, y ese plato venga. Ya está aí. Famoso está, al sin cosas de Márcela! Lauro, a espacio, que bien sé, que eso de malo tuviera. Pastores, que de Belen habitáis esta floresta, campaña amana de flores, hermoso vulgo de estrellas, adonde continuamente en apacible márea corre el cesiro suave dulce vida de las hierbas; atended, mirad, oíd la más peregrina, y nueva noticia que el mundo ha visto ni las edades celebran. Esta noche en un portal, al rigor, y a la inclemencia del hielo, ha nacido Dios, y con tan suma pobreza, que sola un poco de heno es quien le abriga, y calienta: reclinado en un pesebre le veréis entre dos bestias, quien en el Impíreo Cielo pisa alcatifas de estrellas. No que nazca pobre os cause admiración, pues enseña el amor que tiene al hombre; pues por redimir su deuda, aún naciendo, no perdona los trabajos, y miserias. Id a dorarle, y llevad alguna cosa en que envuelva la bella Aurora María su madre, del Cielo Reina, su hermoso cuerpo: que Dios os lo pagará en la tierra, y os dará ciento por uno su divina Omnipotencia. No habéis oído Pastores. lo que el Cielo nos demuestra? gran milagro! Anfrilo, amigos, vamos muy en hora buena. Sin mí, Lauro, estuve oyendo; y previene mi advertencia, que no en vano aquestos campos se visten de primavera. No en vano a tan gran Monarca le hacen salva las estrellas, sirviendo de luminarias aquesta noche a la tierra. No en vano el campo florido, con el junco, y la violeta vierte fragrancias, porque tiene a su Criador cerca. Y no en vano, amante Apolo, a la Luna la franquea el teloro de sus rayos, por que lampara Febea presida en noche, que al día tan claras ventajas lleva. Sin duda amigos, que ya ha llegado aquella Era, que tan deseada ha sido de Patriarcas, y Profetas. Admirado me ha dejado tan excelsa maravilla! Oh hi de pucha el rapagan, que bravas barbas tenía! no reparastes en él? a fe que aquel que te empina, Gila, en lo repiqueteado: voto a ños que parecía el animal más hermoso, que he visto en toda mi vida. Hay mayor bruto en el mundo! En mí no estoy de alegría: ca, Gila, vamos luego a prevenirle mantillas, para que pueda su madre la soberana María abrigarle. . Ya deseo gozar de su alegre vista. Voto, que me he de hacer rajas delante de la panda: y un pito le he de llevar aunque me cueste la libra la puerca de la soldada, y la bórrica de Gila, eso no tiene remedio. Deja aquesas boberías, Mandil, y no seas orate. Mil veces dichoso día es este para nosotros, pues se mira redimida la culpa del primer hombre, Vamos a ver a María que el alma violenta está, hasta que pueda la vista azar de sus dulces ojos, y su presencia divina. Hijo de mis entrañas, dulce consuelo mío, ya que nacer quisisteis, cómo, Señor, al frío? Porqué escogisteis madre tan pobre, amante mío? es faltaran Princesas, que con mejor alino más bien os abrigaran con sedas, y oro fino? Y ya que os servisteis, divino Jesús mío, de hacerme vuestra madre, porqué para serviros a Nazaret negasteis tan dichoso júbilo? Ay divino Monarca! y como el que recibo gusto, miro mezclado con dolor exquisito, por ver que mi pobreza no pueda ser asilo, que os sirva de regalo para puder cubriros. Dios, y Rey soberano, Emperador divino, a vuestros pies postrado mil veces os vendigo, por tantos agasajos, por tantos beneficios, como hace vuestro amor por el hombre mendigo; perdonad la pobreza, mi Jesús, y el alino, que para vuestro adorno prevenido le miro, supliendo como grande (pues lo habéis permitido) lo resco de la cama, lo bruto del hospicio. 1. Disfrazado de encarnado, de justicia sale el Sol, y en el portal de Belen hace cifra de su amor. Amigo, danzad, bailada David el ejemplo os pone, que de tal Rey ser truanes la mayor dicha es del hombre, Según la mucha fragrancia, aquí está el portal, Pastores. Ya veo al Rey de los Cielos. Válgame Dios, que chicote tan polido! voto a nos, que me dan mil tentaciones por dalle cuatro mil besos. Más brillante que mil Soles está el rostro de María. No os turbéis, llegad Pastore, que este es vuestro Dios, que así viene a libertar al hombre. Lauro, llega tu primero. Toda soy admiraciones! Qué a un tan humilde portal tanta hermosura le adorve? A vuestros pies, Monarca so- berano, Sals mon celestial en traje humano, del David más ilustre hijo querido, todo infinito, nada comprendido, se postra mi rudeza, a otrecer obsequioso la pobre de esta primicia corta; pero mi voluntad, Señor, me exhorta, recibid, soberana Virgen pura, de mi rebaño este cordero hermoso, símbolo en la humildad de ese glo- rioso Niño, que por mi Dios la Fe asegura, la escasez del presente hermosa In- fanta perdonad, y admitid los corazones, que quisiera tener más ricos dones, para rendir a vuestra augusta planta. Señor, yo digo que soy Mandil; no me conocéis? ya sé ve que me diréis, que nunca heis sido Pastor; yo vos tengo mucho amor, y aunque no sepa expricarme, ahora heis de perdenarme, solamente por quien sois; bien conozco que só un bruto para alabaros a vos, porque só torpe de lengua, y al fin só Pastor, Señor: todo aquesto lo confieso, aunque me llamen tontón, que he oído que sos amigo de una buena confesión; pero con todo os doy gracias, mi chequito Niño Dios, en la manera que el llalma lo entiende, ya que la voz por ser torpe no artícule lo que siente el corazón. De que nazcáis esta noche tiritando, es mi dolor, pudiendo ello en Agosto, o en Julio que tuesta el Sol; y ya que ahora nacisteis a la incremencia, y rigor del Diciembre, como huisteis tan descuidado, que no trajisteis unas mantillas para envolveros, Senor? que dicen que vuestro Padre tiene mucho bien de Dios. ra otra ver de os suceda, ved el consejo que os doy, porque los pobres no campan en esta tierra, mi Dios. Esta tierra es para ricos, y el divero ya bulo, y en tratando de tunar, no hay enfermedad mayor. Ahora bien, quiero sacar lo que traigo en el zurrón, que aunque sos rico, la torta ajena nunca enfadó. Veis aquí unas sonajitas, que son la pieza mijor de este sigro: he aquí un pito, y estos cárritos; que no llos diera a naide en el mundo checotito, sino a vos: míralos, y que bonitos, estos los tenía yo para si paria mi Gila; pero pus que no parió, vos heis de jugar con ellos, míralos, de corcha son; aqueste es un paperito para papas, mirá yo só el Dimuño de agencioso, y su cucharita, o, qué pensabáis? só mu rico: también esta ollita os doy de miel, y estás castañetas para que balléis un son. Yo no tengo más que daros, vos diréis el pecador cómo viviere; digo algo? quedaos mi Niño a Dios; a Dios amigo Jusepe, y vos la madre mijor del mijor Hijo, quedaos con él, y mira que no os olvidéis de Mandil, que só un triste pobretón. Cupido de amor divino, omupotente Señor, Adonis el más gallardo, y súpremo Emperador: yo (cual Sirinis el pobre, que el vaso de agua ofreció a Arragerjes, para mus de su voluntad, y amor) os ofrezco, hermoso Niño, y Artagerjes el mayor que ha visto el Cielo, y la tierra lo pequeño de este don: menos para vos sin cuento, aunque sea más para vos, puesto que lo estimáis más, dando me paga mejor. Recibid aquesta grana para resistir, Señor, alguna parte del frío; mejor dijera calor, cuando os considero amante de las almas, que en amor estáis ardiendo del hombre; también del ganado os doy, que tengo, hasta cien corderos todo es vuestro, mío no: perdonad, Señor, lo corto, y admitid esta oblación. Divino, y hermoso Niño, mi terquedad es, Señor, tanta, que no puede aquí como siente el corazón alabaros; pero el alma lo sabe, divino Dios, la que no sabe explicar la lengua, si lo sintió quien os lacrifica aquí alma, vida, y corazón. Este pellico os presento, este cambray, y el dolor que tengo de no poder daros presente mejor. Yo os ofrezco, Niño mío, con humilde corazo este envuelte, para que podáis del duro rigor del Diciembre refrenar tanta inclemencia, y os doy ai mismo aquesta pieza de olanda, para que vos hermosa María gasteis en camilitas, que yo me alegrara que el presente de más icalzado valor fuera; mas vos supliréis, pues conocéiela intención. Yo Emperador de los Clelos con voluntad superior os ofrezco aquestas frifas, y de delgado algodon aquestos blancos nañales, y estas mantequillas dos, servíos de ello, Dios mío, y merezca yo el perdón que aguardode vuestra mano, puesto que mercedes hoy estáis regentando en esa catedra de dulce amor. Yo os agradezco, Pastores, los presentes con que hoy heis a vuestro Dios servido con afecto, y devoción; y de mi parte os ofrezco, y de la de este Señor, no se quede vuestro celo sin el justo galardón. Yo también de este agasajo, que hacéis a vuestro Criador, os doy repetidas gracias: y creed que del favor con que le habéis socorrido, no os ha de quedar deudor. Digo, qué se hizo el portal? en mi vida tal he visto: pos yo no me he meneado, dónde se puede haber ido? No merecemos de Dios ver el semblante divino mas tiempo. Triste me deja, carecer del peregrino rostro de su hermosa madre; qué belleza! Era un prodigio de honestidad, y hermosura, El portal un paraiso parecía. Todo el Cielo en él estaba esculpido. Qué se me hueste tan pre y me llévafe el chequito, Vámonos para el ganado, que pues ya a Dios hemos visto, y a su madre; venturosos sin merecerlo hemos sido. Qué perezosos, que muevo los pasos para el camino, Dejando allí tanta gloria, quién no se habrá entristecido? hizo. Del Arcadía en Belen, Y amor el mayor hechizo, Da sin aquí la Comedia. Su Autor os pide rendido. Perdón de sus muchos hyerro Y si ha acertado a serviro Será feliz su fortuna, su trabajo aplaudido.