Texto digital de El ángel de las escuelas, Santo Tomás de Aquino
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Lanini y Sagredo
- Atribución estilometría
- Pedro Lanini y Sagredo Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El ángel de las escuelas, Santo Tomás de Aquino. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/angel-de-las-escuelas-santo-tomas-de-aquino-el.

EL ÁNGEL DE LAS ESCUELAS, SANTO TOMÁS DE AQUINO
JORNADA PRIMERA
2e . Arma, arma. . Guerra, guerra. A la conquista. . Al encuentro. Mueran hoy los Gibelinos. Mueran, mueran hoy los Guelfos. Abanza, abanza al Castillo. A la defensa. . Al asedio. Ocupemos las almenas. El contra muro tomemos. Nobles Guelfos, al asalto de ese fuerte, que soberbio, siendo Gigante de piedra, es embarazo del viento. Vuestro caudillo os anima. el Conde de Áquino, siendo el primero aquí, que armado de un escudo, y de un acero, intenta subir la escala, sin algún temor del riesgo. Seguidme: pero qué miro? qué exhalado vapor denso sube en Pirámides de humo a empañar la tez del Cielo? Si será de los sitiados cauteloso ardid secreto? Mas ya las voraces llamas, unas tras otras subiendo, desatan toda mi duda, mostrando el Castillo ardiendo, en voces, Fuego. . Que nos abrásamos. Socorro. . Piedad. . Los ecos tan lamentables me avisan, que se abrasan los de dentro. Mueran, pues, hechos cenizas: perezcan todos. Mas, Cielos, un asombro a otro se añade: pues un bulto horrible veo, que con la abrasada lengua, sin que la consuma el fuego, de una Serpiente, es horror de dos especies compuelto: y cuando le admiro hombre, lo juzgo ya monstruo horrendo. Ya de la llama impelido veloz desciende, y ligero. Bien, hombre, me llegaste a difinir, si apenas ascender soberbio quise al Trono de Zafir, cuando al abismo a ser descondi Basilisco, en cuyo ardor arde sin consumirse mi furor. Quién eres hombre, o prodigio? No me conoces? . Mal puedo conocerte, cuando aborto te imagino de ese incendio. Que ahora no me conozcas, no es mucho. Para el intento, a que aspiran mis astucias, y dirá muy breve el tiempo, la forma humana he tomado de un amigo suyo Guelfo. Arnaldo, Lucindo soy. Lucindo? qué dices? Nuevo asombro a mi admiración añades. Si en el encuentro que con el Conde de Fundo tuve, allí quedaste muerto con incurables heridas, como vive . Es mi esfuerzo imrortal. Qué te suspende? No es mucho, que muy suspenso me tengan vuestros prodigios: y más, cuando en voz, en cuerpo, y en rostro, aunque os desfiguren algo las iras del fuego, conozco, que sois el mismo Lucindo. Mas dudo veros dentro del Castillo propio de mi enemigo. . El suceso dilatado es: mas en tanto que la gente, que resuelto gobernáis, está a la mira de lograr algún saqueo, os dejaré, cuanto pueda, de la duda latisfecho. Ya treguas hace mi espanto, Lucindo, por atenderos. No ignoráis, que los dos bandos de Gibelinos, y Gueltos. tuvieron su infausto origen de dos hermanos opuestos, llamado el uno Gibel, y el otro llamado Guelfo. Que no es nuevo, que la invidia el vínculo rompa estrecho de la sangre: pero paso. a que en italia estendiendo se fue tanto aquel rencor, que tuvo principio en ellos, que sin más motivo, o causa, que el apellido diverso, que tomaba cada uno; o por odio, o desafecto, en ciegas parcialidades se dividian los pueblos. De todos los Gibelinos se hizo Caudillo sangriento Filipo, Conde de Fundo; y con su poder, y aliento, se inundaron las Ciudades de la sangre de los Guelfos. Estos para su defensa, por su Caudillo eligieron a Landulfo vuestro Padre, a quien en sangre, por cierto, en toda Italia ninguno se hallo, que le hiciese exceso: pues de la casa Nortmana, de donde Reyes supremos fueron dados a Sicilia, que siempre la ennoblecieron; logra la casa de Áquino su origen claro, y excelso. inguno excedió a Landulfo en valentía, y esfuerzo, siendo en él siempre invencible su corazón; y su pecho. Apenas Guelfo le dijo, cuando ya más le encendieron las muy ardientes discordias; en cuyas lides, y encuentros perdió constante la vida en los filos de un acero. Con el estado de Aquino sucedio vuestro denuedo en el heredado odio, y en el adquirido duelo de la venganza, a que incita al dolor de un Padre muerto. Esto, Arnaldo, no ignorabáis: mas ahora estadme atento, porque con claras noticias de todo dejaros quiero. Sabed, que ese horrible monstruo, este escándalo soberbio de la Italia, Federico hoy segundo del Imperio, de si habiendo sacudido el suave yugo halagüeno de la obediencia, que al Papa sus antecesores dieron, ya contra Gregorio Nono guerra público sangriento. Y para al raer a sí mayor número de afectos, se declaro Gibelino en el nombre, y en los hechos, Este nombre fue bastante para que contrarios nuestros se uniesen a sus banderas; y con Ejército grueso entra talando el estado del Papa, no sin estruendo. Mas que es natural, Gregorio, la defensa conociendo, cuando no bastan las armas que esgrime contra los reos la Iglelia con sus censuras; valiéndose de otros medios, Guelfo se llamó también: porque todos los opuestos a la facción Gibelina, se le uniesen con más celo, y a la invasión ocorriesen, que ejecutaba el prote, yo Emperador Federico: y para que los progresos de nuestra Guelsa facción logren crecidos aumentos, con repetidas victorias, In General os ha hecho. Y hallándome en Roma entonces, apenas logré saberlo, cuando gozoso, y alegre parti veloz a traeros esta tan feliz noticia, conforme a nuestros deseos. Y llegando a vuestro campo, de algunos soldados vuestros supe, que doblando marchas, conduciáis vuestros Tercios a combatir ese fuerte; y adelantándome, llego antes que vos, cuando Porcia, cual otra Palas, rigiendo hasta quinientos soldados, venía con el pretexto de guarnecer el Castillo: y estando ya repartiendo los puestos más importantes, al Castillo puse fuego, causando a todos horror con las llamas. . Deteneos. Y Porcia dentro se hallaba? Se hallaba. . Qué desconsuelo Me habéis quitado la vida con tal noticia: pues dueño es Porcia de toda el alma, y vive siempre en mi pecho. ire a librarla. . Tened: que ya esta libre del riesgo. Pues sabiendo con certeza, que vos la amabáis muy tierno, a Porcia, y una criada, que la asistía, del fuego libré. . Pues dónde esta Porcia? Por obiar, que a su respeto se atreviesen licenciosos algunos Soldados vuestros, eligió la angosta senda de ese monte corpulento, que de Roca Sicca, y Fundo es montante verdinegro. La seguiré. . No podéis? que os llama a mayor empeño y Ma o ser, que el de mi amor? . Sí, creo: pues vuestro hermano Tomas, los timbres oscureciendo de vuestra Regia familia, por el Ábito grosero del Guzman Santo Domingo trocó ya el de Caballero. De su Religión ya es hijo. Qué decís? Ah hermano fiero vive mi furor, y enojo, que he de embarazarlo. . Eso . es lo que más solicito. Los Frailes siempre temiendo, que del camino, que sigue le apartéis, casi en secreto a Paris le llevan. . Antes abralare yo el Convento, y los Frailes, si resisten entregármele. . Si luego al paso no les salís, lo han de lograr. . Donda puedo hallarlos? . Muy cerca: pues apartándolos su miedo del camino, ocultas sendas toman, y no están muy lejos de la falda de ese monte. Voy, con pasos muy ligeros, a retirar a mi gente: y en tropas dispuesta, espero cortarles el paso. . Bien discurrís. . Mas lo que siento es, que a Porcia he de perder, sino le busco. . Prometo seguirla: a mi cargo queda detenerla. . Mucho os debos Voy a que marche la gente. Por todo el campo te vengo buscando. Pero qué miro? válgame lo más del Credo Tortuga, aguarda. . Ah Tortuga. Ni aún a Galápago vuelvo. De quién huyes? . No he de huir, viéndote hablar con un muerto? Vivo estoy, Tortuga. . Yo te juzgue ya en el infierno. No mientes. Noticia incierta fue la de mi muerte. . Es cierto, que las nuevas de camino son verdades de Harrieros. Mas qué haces? . Una experiencias Ver, si me huele tu cuerpo a tabaco del estanco, que huele a tierra de muertos. Mas peor es tu olorsillo. Dime, vienes de algún puerto? Por qué lo dices? . Porque me hueles mucho al remedio, con que se cura la fruta, que causa el pescado fresco. A qué vienes? . A traerte esta carta, o este pliego de tu madre. . Bien conozco, que es la letra suya: leo. h , , h , , . . T Esto es lo que me dijisteis. Mas el desaire sabiendo, que los Frailes a mi madre muy atrevidos han hecho, pretendo desagraviarla, aún a costa de mil riesgos. Que a mi madre lo negasen No malogréis, Conde, el tiempo. Ya, pues, voy con mucho enojo. Ved, que con Porcia os espero en mi fuerte. . No dudéis, que la habéis de ver muy presto. Ya dejo introducido, con ella forma humana, que he tomado, el engaño emprendido. Ahora mi infernal furor osado flechara en invasiones contra Tomas sus rígidos arpones. Antes, pues, que presuma vajel de pluma remontarse al Cielo, antes que la luz sunma Águila al Sol revistre, y que su celo los giros haga escalas, he de cortarle el vuelo de sus alas. Mas allí estoy mirando a Tomas cerca de una clara fuente, consigo contemplando segura de embarazos su corriente. Voyme, que a su pureza ha de quitar mi allucia la firmeza. h , Dichosa tú, clara fuente, que con aguas cristalinas segura de susto corres, sin que tu corriente impidan, o ese risco tan cercano, o esas matas tan vecinas. Y infeliz yo, que buscando la serenidad tranquila de mi amada Religión, a cada paso peligra mi tímida fuga: pues todo este campo se mira cercado de los Soldados Guelfos, que airado acaudilla mi hermano, de quien temiendo los enojos, y las iras, oculto aquí me he quedado, mientras quien mis pasos guía, Ángel del suelo, cual otro del Cielo los de Tobías, que es el Padre Fray Martín, de virtud bien conocida, para que no de en sus manos, oculta senda examina. Mucho temo el riesgo: mas mi Dios, de vuestra Divina clemencia confío; cuando os piden las ansias mías socorro. Socorro, Cielos! Quién con voz tan condolida eco de la mía fue quejándose? Mas qué mira mi aflicción? Una mujer se despeña de la cima de ese monte: a socorrerla voy, que la piedad es hija de la caridad. El Cielo me valga en tanta desdicha! Él os favorezca, siendo mis braces, en tal caída, débil reparo, al que daros puede Dios. . Agradecida a vuestro favor estoy: Pero de tantas heridas el purpúreo humor que corre por todo el rostro, me priva de ver con quien hablo. . No exceda el mal la precisa pena vuestra. Cielos santos, qué notable maravilla es esta? Pues restaurada la púrpura, que vertía, sin lelión, ofensa, o dano me hallo ya. Dios siempre es vida. Quién eres, prodigio humano? (no sé si Divino diga) Quién eres? di: que aunque en ese Ábito ilustre me avisas, que eres astro Religioso del Cielo de la familia de Domingo, Sol que alumbra la Igielia con su Doctrina; no sé que advierto en ti más: que la porción desmentida de humano, se ve en tu rostro: pues de él sale desprendida una luz, que con sus rayos casi me impide la vista. Solo un Religioso humilde soy, que huyendo la nociva lisonja del mundo, busco de Dios la verdad más limpia. Di, que eres Ángel: pues vivo porque fui favorecida del contacto de tus brazos. Y así a vuestros pies. Indigna acción fuera en vos: alzad. Mi humildad se halla afligida. Padre Fray Martín. Qué es esto, Fray Tomas? Mas qué registra mi atención? . Porcia señora, no crei encontrarte viva. Porcia es, hermana del Conde de Fundo. . Nunca la había visto hasta aquí. . Quién, decidme, Porcia ilustre, os encamina por camino tan oculto Salí huyendo de las iras de un incendio, y del furor de los Guelfos, que invadias a Fundo: y creyendo hallar en ese monte acogida, un impensado huracan al valle me precipita desde la cumbre, dejando en sus penas, y en sus guijas con rojo esmalte vertido mi infeliz travedía escrita. Mas de las heridas ya me hallo sin seña, o fatiga por la virtud milagrosa de ese Padre. . No sencilla eso publiquéis, señora: porque este Ábito sería de Domingo, quien obró, la que decís maravilla. Si sabemos, que la sombra de Pedro Apostol hacía milagros, dando salud, a tal Ábito quien quita, siendo también una sombra de un Sol, que en el Cielo brilla, que pueda dar sanidad, por disposición Divina? Qué prontas halla, el que es bueno, razones explicativas, que desvanezcan su aplauso, cuando santo lo publican! La campaña cercad, porque se impida de este hermano traidor la torpe huida. Este es mi hermano. Yo ese mal temía. Hubamos. . De qué huis? Oh suerte mía De Arnaldo; de mi hermano. Hermano es vuestro? Sí: y el que inhumano intenta con rigores de este Abito privarme. . Los temores vuestros ya cesen: porque sus enojos templara el Conde a vista de mis ojos. Ramate conmigo presto, Flora. Tus pasos sigo vamos, mi señora. Aquí están. . Oh necio hermano, cómo, dime, determinas ser Religioso? No sabes, que antes que tal fin consigas, podré matarte? . De Dios si es voluntad, resistirla, es ofenderle. . Qué dices? Deja ese Abito, o por vida de mi madre la Condela, que lo haré menudas giras, y te mataré. . Advertid, señor Conde. . Mas se incita mi enojo. Padre, apartaos. Qué es esto, Arnaldo. . Qué miran mis ojos? Vos, Porcia, aquí? Y no sin causa precisa: pues he ofrecido ser, quien temple, cuando no reptima vuestra ira con vuestro hermano, Vuestra beldad peregrina sola templarla, señora, hallándose aquí podía, con su gallarda presencia: y el que a vuestra mano aspira en honrosa unión, y sabe por lo opuelto en las familias, que ha de negarla Filipo; fuera ignorancia supina, que lo que tomarse puede uno, a su contrario pida. Y así debajo del noble seguro de esposa mía, os he llevar conmigo al fuerte de Roca Sieca. Y mi fama? y mi decoro? En qué, señora, peligra, siendo mi esposa? . En que el vuigo licenciosamente diga, que a vos fácil, y liviana me entregué. . Cuando me mira con las armas en la mano, lo atribuirá su malicia a mi violencia. . Advertid. A ejecutarlo me obliga el amor. Y cumpliréis la palabra prometida de ser mi esposo? . Mi amor promete luego cumplirla. Pues con esa confanza, a vos me entrego rendida. Vuestro seré, sin que pueda haber quien lo contradiga. Los amantes, y los pobres muy presto se reconcilian. Y tú, desatento hermano, ven también, donde te sirva de prisión el mismo fuerte, hasla que por fin desistas de tu intento. . En este punto vanas serán tus porfías. Cómo vanas? Vive Dios, que si luego no te quitas el Ábito, que a mi acero darás al punto la vida. Templaos, Conde. . Templaos. Será quitarme, que viva, del Ábito despojarme. Ea, ralgádlelo. . Impía crueldad! . Llega, Tortuga. Yo no puedo: que me tiran por abajo de los pies, como al que algún barro pisa. Llegad vosotros. . Movernos, no es fácil. . Qué muravilla. Ved, señor, que es Fray Tomas Santo. . Son hipociellas las suyas: yo rasgare esta nube, con que eclipsa, y empaña el claro esplendor de mi casa. . Tan indigna cosa nunca ejecutéis: temed de Dios la justicia: que oponerse a sus arcanas. disposiciones, confirma error muy grande. A Tomas anuncio estrella propicia, antes de su nacimiento, que en la sagrada Familia. del mejor Sol Español astro luciente sería. Y a vuestra madre Teodora con la luz de Profecia un Varón justo predijo esto mismo. . Ay tal porfía? Basta, Padre: basta, Padre: y antes que la sana mía incitéis a algún despecio; idos. . De esta tiranía al Papa se mi Religión ofendida. Ya se apuró mi paciencia. Pues para que sin mentira vuestra Religión se queje al Papa, ahora la vida os quitaré. . En mi ejecuta tu rigor. . Aparta. . Mira, que es el Padre Fray Martín Cristo en la tierra, y su misma Imagen injurias. Padre, idos. . Quién todas mis iras así suspende? . En ti dejo, en señal de mis caricias, el alma. . De mi constancia fiad. . Mis pesares fían en ella: porque sé bien, que el lirio entre las espinas florece siempre mejor. Venid, Porcia. . Enternecida ya voy. . Llevadle. . Adiós, Padre, Hijo, Dios contigo asista. Fabio; es tan grande mi enojo, y tan ciego mi furor, que mi pecho con su ardor hiciera cualquiera arrojo. Que ese Lucindo atrevido, sin peligro de su muerte, pusiese fuego a mi fuerte. estoy por cierto corrido. Señor, en esta ocasión con muchos siempre he juzgado, que es inculpable tu enfado, y justa tu indignación. Pues cuando estabas ausente de tu fuerte, y bien distante, Arnaldo muy arrogante le acometió con su gente. Y viendo Lucindo luego, que era tu gente muy poca, con ira, y soberbia loca, se atrevió a ponerle fuego, Si yo allí tan puntual con socorro no viniera, sin duda más grande fuera, y más sin remedio el mal. Mas lo que más he sentido de esa traición inhumana, es la fuga de mi hermana, que río sé dónde se ha ido. Lo que hasta ahora se yo, es, que huyendo, en el camino la encontro el Conde de Aquino, y a su fuerte la llevo. Ese es mi pesar mayor, que ningún consuelo admite: pues con viveza repite más ofendido mi honor. Ya en desiguales balanzas pesados mi honor, y punto, tienen duplicado asunto de duplicadas venganzas. La justicia de tu parte tienes, como considero: y así con firmeza el pero, que llegaras a vengarte. Analdo, Enemigo fiero, y tu Lucindo traidor, no os libraréis del rigor de mi vengativo acero. Ven Fabio, nos partiremos al campo de nuestra gente. Con que tú estés en su frente, la victoria alcansaremos. Tomas, hermano, advierte el grande desconsuelo, que madre la Condesa tiene, al ver, que no mudas de tu intento. Dale, hermano, el alivio que con llanto muy tierno te pide, y es, que dejes ese Abito que vistes tan austero. Por ventura te faltan en tu casa los medios, con que vivas gustoso, y logres de este mundo los ascensos? Hermanas, no sabéis, cuales son mis deseos; mi madre los ignora: y por eso me dais tan gran tormento. Sabed, que de este mundo felicidad no quiero: a dios tan solamente busca por dicha mi amoroso afecto, Hallar a Dios bien puedes en tu casa: pues vemos, que muchos de los Santos de su casa en su vida no salieron, Verdad es: mas yo, hermana, por más seguro tengo, hallar a Dios, en donde menores riesgos tenga de perderlo. Si en tu intento persistes, no dudo, que veremos de nuestra triste madre muy aprisa la muerte, y el entierro, Si Dios quiere, a mi madre vida dará, y aliento: pues en sus santas manos la vida esta de todo el universo. La prisión no te mueve? En ella estoy contento. Tus hermanos se enojan. Agradar a los hombres no pretendo. Pues voyme, duro hermano, y puede ser, que el tiempo con la prisión te obligue a ejecutar lo que podías presto. . Ya por inexhorable de persuadirte dejo: voyme, que los trabajos podrán quizás mudar tu pensamiento. Pues con esa dureza a mi retiro vuelvo: y si Dios es mi ayuda, perseverar en lo empezado espero. . Hoy de ti, Irene, me valgo para un muy secreto empeño. Señor, mandad como dueño, si puedo servir en algo. Mándame lo que quisieres, que a nadie parte daré. Pues yo te lo estimaré, si con él, por fin, salieres, Sin que lo llegue a entender de casa persona alguna, busca ocasión oportuna, y a Tomas iras a ver. Y sola con él estando, con garbo, brío, y primor, aficiónalo al amor del mundo en estilo blando. Que yo creo, que este mozo, probando el amor mundano, mas querrá ser cortesano, que encogido Religioso. Señor, lo que me has mandado, es tan fácil para mí, que no dudo desde aquí dejar a Tomas mudado. Si él de deleites supiera, el siglo nunca dejara, antes en él se quedara, y Religioso no fuera. Beja a mi cargo tu esmpeño, que yo de él te sacaré: pues, si quiero, ablandaré aunque lea un duro leno. El secreto nos importa. Sabrele muy bien guardar. Y yo le sabré pagar. Es esa, cosa muy corta. Aquí dos cosas pretendo; una, a mi madre dar gusto, y otra, a los Frailes dar susto. Las lograrás, como entrendo. Pues vamos presto, no sea A que alguno aquí quiera entrar, y algo pueda sospechar, si a los dos juntos nos vea, Vamos, y será infalible, que cumpliré mi promesa. Me harás muy grande fineza, y un favor casi indecible. Por este campo vengo muy furioso, de encontrar a Lucindo deleoso, habiéndome un amigo ya avisado, que en él se paseaba descuidado. Si encontrarlo pudiese aquí mi suerte, he de vengar mi agravio con su muerte. Por este prado verde muy ameno (do, vengo de gozo, y alegría lleno, cuando el Conde de Fundo aquí llegan- con cuidado a Lucindo anda buscando. Porque ahora pretendo con engaños causar en ambos Condes nuevos daños. Mas allí está Filipo. . Si mi vista no se engaña, a Lucindo allí registra. Eres Lucindo? . Sí: no eres tú el Conde de Fundo? . Que yo soy ya te responde mi vengativo acero. . De mi pecho probarás el valor. . Y mi despecho te sabrá hacer pedazos. Mas la espada perdí. . Sean los brazos iguales armas, que el valor se ultraja, cuando en la lid pelea con ventaja. Y así el acero arrojo. Templar pudiera mi ofendido enojo tan noble biz ar a no reconocer la sana mía, que del Conde de Áquino habéis siempre de ser amigo fino. Y así acepto la lid sin cobardía. Pues los brazos decidan la porfía. Llegad, Conde, y veréis, que para amigo soy bueno siempre; no para enemigo. Mover un monte intento. Sácaras de mis brazos escarmiento. Que para amigo bueno sois, confiesa mi aelistencia débil. . Pues ya cesa la lid entre los dos, y en adelante vuestro amigo seré. . Sois muy galante- Y porque dio principio a nuestro eno- haberme introducido con arrjo (jo en vuestro fuerte, a quien osado luego por diferentes partes puse fuego; y haber a Porcia vuestra hermana puesto en los brazos de Arnaldo con arresto; las dos ofensas hechas hoy déjaros ofrezco satisfechas. A estas dos ofensas, pues, en que podéis discurrirme cómplice contra vos mismo, ofrezco daros desquite tan superior, que no solo satisfecho Italia os mire, sino vengado. Mi altucia de este modo ha de añadirles más enojos, y discordias. Sin que por mis manos quite a Arnaldo, y Porcia la vida, de mi agravio es imposible satisfacerme. . A mayor venganza ya os apercibe mi amistad. . No la discurro, Lucindo. . Pues es herirle con el mismo agudo filo del deshonor, que os aflige, robando a su hermana, en quien hallaréis bien competirse la hermosura, discreción, y la gala. . Por difícil tengo la empresa. . No hay cosa difícil a mis ardides. Por una escala, que yo en el muro pondré firme, subiendo, podréis entrar, y con la gente, que os sigue, podréis robar a Ten Si mi enojo lo consigue por vos, como lo ofrecéis, dejaré ya sin eclipses. el explendor de mi fama, dando la muerte a los viles, que me ofenden. . Pues Filipo, luego que el Sol se retire, de las sombras amparada vuestra gente, se avecine al fuerte, siendo la seña, que al muro, y escala os guíe, una antorcha muy luciente. Aunque es cosa muy fastible para mí tal prevención, otro ay, que me la anticipe, como el suceso dirá. Pues antes que el Sol se incline al mar; y llegue a su occaso, a mis Tropas invencibles. voy a dar el orden vuestro. Y yo voy a prevenirme. al fuerte de luz, y escala. A la venganza. . Al despique. Mucho os debo. . Yo, Filipo, nada, creo, por vos hice hasta ahora. . Adiós, Lucindo. . Dios os guarde. Muy bien dije, que hice nada: pues nada obro por el hombre, en que no mire a hacerlo más mío: pues de que escalando conquiste. al fuerte, y robe a Teodora, logro; que el fuego se atice de sus odios, y que a Dios las ofensas multipliquen. Mas de Tomas la constancia para mí ya es insufrible: y así valiente combate hoy le he de hacer invisible. Que los ruegos no te venzan Tomas, hermano, es posible, que a tu madre no consueles, cuando tanto llora; y gime? Qué así quieras, que pasezca aquella, de quien naciste No le des tan grande pena, hacle el gusto, que te pide, dejando sin detención ese Abito tan humilde. ̱̱. La pretensión de mi madre es vana, y mucho desdice e una Cristiana nobleza. Si vio mi madre, que firme en mi propósito estuve, aún cuando empezo afligirme en la prisión de este fuerte; como quiere reducirme, bien cumplidos ya dos anos? Qué mi llanto no te obligue? Que no te muevan mis quejas? Qué inútil se desperdicie vueltro afecto, es lo que siento: pues el llanto, y quejas sirven solo para enternecerme, mas no para persuadirme, a que dejando la senda de la Religión, camime por la del mundo, sin ver, que aunque sembrada la pinte hipócrita la lisonja de rosas, y de jazmines; entre ellas se oculta el áspid: y que el que el camino sigue de la Religón, aunque al principio le examine cubierto todo de abrojos, son muy suaves sus fines. En fin, que dejarnos quieres tan afligidas, y tristes? Qué dejarnos determinas, aunque las vidas peligren? Hermanas, no dudéis, que Dios es amparo el más firme: buscad a Dios, en quien se hallan los consuelos más felices. Vete, Tortuga. . Me place. Y porque el frío es horrible, al punto al fogón del cuarto de Fray Tomas combustible lena anadiré. . Te estimo; que su alivio solicites. Fuese? . Sí. . Pues Tomas viendo, que en tu vocación persistes, sin que el rigor te convenza, o los hálagos te obliguen, secretamente queremos esta noche hacerte libre, Por una escala, que habrá prevenida, desasirte puedes desde el muro al foso, donde vendrá a recibirte Fray Martín, que ya estará avisado, y porque lince su cuidado no malogre, una antorcha ha de advertirle la parte, por donde bajas, y en ella podrá ocurrirte. La fineza te agradezco. Mi fervor a Pablo imite: pues se desprendió de un muro el Predicador insigne de la Evangelica Ley, y así pudo libre huirse. Conozco muy bien, hermano, que lo más seguro eliges: y me dejas commovida para imitarte, y seguirte. Un estrecho Monasterio, donde Religiosas viven, escogeré, siendo Monja obediente, pobre, y virgen. Y dame ahora los brazos. Los míos luego te admiten. Con estos tan tiernos lazos de ti mi amor se despide. Adiós ruega, que me dé su gracia para servirle. Si haré. . Adiós, Adiós. . Deleo, que su Majestad os guíe. Mi Dios, cuando veis, que aplico, por serviros bien, mi anhelo, cuando conocéis mi celo, que me ayudéis, os suplico. Y porque juzgo, Señor, que el camino comenzado puede ser de vuestro agrado, seguirlo quiere mi amor. Para que pueda seguirlo, dadme vos perseverancia, y reprimid la arrocancia de quien procura impedirlo. De Domingo, mi gran Padre elegí la Religión: mas me impiden en prisión mis hermanos, y mi madre. Y supuesto, que aplacadas mis hermanas, quieren darme libertad, para librarme, no sean, Señor, frustradas. Con mi ciego desatino a entrar sola me he atrevido, por cumplir lo prometido a Arnaldo, Conde de Aquino. Aller a homas, a hablarle se llega ya mi osadía, que con cariño, o porfía he de poder contrastarle. Perdona, Tomás, mi arrojo, que abitenerme no he podido de hablarte; y así he venido, cuando solo estás. . Qué enojo . Mujer, qué quieres, o pides? Válgame Dios, vete fuera. Tal despego no creyera. Así, Tomas, me despides? irme, sería morir: pues con muy justa razón, ya mi amante corazón sin ti no puede vivir. Tal lenguaje no te entiendo, Mi amor, y no mi delirio, un dilatado martirio por ti me trae padeciendo. Mi atrevimiento es testigo, aunque ofenda a mi decoro, que te quiero, y que te adoro: Ballante con esto digo. Vete, mujer atrevida: vete, engáñola sosista: apártate de mi vista, que aún esta se halla ofendida. Cómo quieres, que me aparte? trátame con más clemencia: lo mismo, sin diferencia, será morir, que dejarte. Solo a ti mis brazos fío, que eres mi adorada pienda: ningún temor te suspenda: dame los brazos, bien mío. Aparta. . Mira. . Imprudente, no juzgues, te han de valer los hálagos de mujer, con astucias de Serpiente. No es justo, que mi amor arda a vista de tu rigor, sin que se temple mi ardor en tus brazos: y así. Aguarda. Te seguiré yo: mas ciego qué intentas ejecu con tal tizón? . Apagar tu fuego con este fuego. No me quemes, tente, mira. Venciome: corrido estoy. . Ya de tus ojos me voy. Yo también rabiando de ira. Huye, Serpiente engañosa. Mas qué frágil movimiento es este? Abrasarme siento de una llama licenciosa. Turbada ya, y sin sosiego la porción del cuerpo impura, del espíritu procura triunfar el lascivo fuego. Mi Dios, vos mi corazón muy de cerca conocéis: mas también, Señor, sabéis, que es humana mi porción. valedme, pues, en tal lid, no caiga quien, con razón, ni es más fuerte, que Sansón, ni más justo, que David. Socórrame vuestra luz: mi fragilidad repare: vuestra Cruz, Señor, me ampare: mas aquí me hallo sin Cruz. En la pared formaré, con este quemado leño, el carácter, o diseño de la que teñida fue del apreciable color de carmines, o corales, para bien de los mortales, para su gloria, y honor. Y ante él, Señor, mi flaqueza pide humilde, pues podéis, que siempre me conservéis con castidad, y limpieza. Mas de la lucha rendido, y del sudor fatigado, sueño para mi impensado a mis ojos ha venido. Venid, corred, volad, Luces Celestiales, rasgando los Cielos, cortando los aires. 1. Rendido el casto Joves fue vencido del sueño os, pues, nosotros cumbla con nuestro ministerio. 2. Pues que los dos bájamos por mandato supremo, a ceñirle de puro el cingulo, empecemos. 1. Venid, corred, volad, a ver, que brillante cíngulo flamante le hace nuevo Atlante de la castidad. 2. Venid, corred, volad, a ver, que en regazos. de Ángelicos lazos, espira en sus brazos la fragilidad. Venid, corred, volad, Luces Celestiales, rasgando los Cielos, cortando los aires. Sagradas inteligencias, esperad, no entre celajes de candores ocultéis vuestras luces celestiales. Mas, Señor, con un humilde polvo obráis tan singulares favores, que le envíáis vuestras armas auxiliares, porque logre la corona, en la lucha del combate, contra el común enemigo, que combatiendo mi carme, quiso entrar la fortaleza del alma con tan infame traición? Traición. Arma, guerra Mas qué estruendo es este? Padre, se nos cae la casa a cuestas; Qué casa? Aquella de Orates. Di, qué ha sucedido? . Es, pues, que del fuerte; por la parte, que al Tasis undoso mira, traidora mano arrogante una escala prendió al muro, y sin poder remediarse, por el muro se nos entran Gibelinos a millares. Cielos, si será la escala, que para que me librase, previnieron? Ven, Tortuga, por si puedo en semejante aprieto ayudar a Arnaldo. Jesús, y qué disparate! No advierte vuestro discurso, que esa no es cosa de Frailes? Tal no intentéis. . Ven. Tomás. Mas quien con voz tan afable me llama? . Quién por mandado del Señor viene a librarte. Sigue obediente mis pasos. He de dejar en tal trance a mi hermano? . Los preceptos. de Dios son más principales. Obedecelos. . Rendido os sigo sin rusarme. Ocupad todos los puestos, y porque ninguno escape, echad al punto el rastrillo. 1. Sentidos somos. . Pues nadio tema: perdamos las vidas a costa de su vil sangre. 2. Con luz hacía aquí se llegan. 1. Aquí están. . 2. Mueran. Cobardes, un mundo, para lograrlo, no basta. . Yo soy bastante. Muere, traidor. . Alevoso, muere, para que se lave con tu sangre mi deshonra. Mi hermano es, Cielos! . Ah infame hermana. . Detente, Arnaldo, que es mi hermano: no le mates. Muera. . Teodora, qué dices? mayor gloria es perdonarle. Mato a mi padre. . Ya en vano me defiendo. No desmaye, Conde, tu esfuerzo: a tu lado me tienes; y porque allanes llevarte a Teodora, a sombras saridades. Ya se me apagó la luz: grande soplón es el aire. Dónde te ocultas, aleve? Mas yo sabré bien buscarte. Qué confusión. . Qué peligro! Luces, Soldados. No aguardes a más: llévate a Teodora: que ya yo impedí, que echasen el rastrillo: y por la puerta tienes la sálida fácil. Cuál es? . Esta. Pues la llevo, para que mis brazos hallen la venganza en su deshonra. Quién atrevido? . Nada hables: que te costara la vida. Hermano. . Es vano llamarle. Aquí está la luz ya. . Dónde, traidor, te ocultas? Mas nadie veo de mis enemigos. Y Teodora? Señor, sabe, que el Conde lleva a tu hermana. Seguidme, que he de matarle. Muchos pesares espero. . Pues yo no espero pesares: antes Religioso Lego con Fray Tomas he de entrarme. . Seguidlos, y mueran todos. 1. A la senda. 2. Al monte. 3. Al valle. Cuantos desvelos me cuesta Fray Tomas, el restaurarte a mi Religión. La escala puesta está, y la antorcha late trémula: temiendo elloy, que el viento sople, y la apague, Pero qué miro? En el muro otras claras luces arden, que en resplandor a la antorcha excesos hacen muy grandes, 1. Desciende por esta escala, Tomas. 2. Logra ya, cual ave, volar a tu Religión. Quiénes sois, tiernos Galanes? 2. Somos los que vio Jacob en otra escala admirable. Turbado estoy. 2. No te turbes, hallándote semejante a nosotros: pues pureza, y ciencia tienes, cual Ángel. 2. Queda en paz. Esperad, bellos Paraninfos Celestiales. Hijo Fray Tomas, qué es esto? Quién, di, te ha librado? . Padre, quien todo lo puede: Dios. Vamos, no por darme parte, malogremos nuestra fuga. Cercadle todos, cercadle, que por la escala ha bajado. 1. Aquí hay gente. . Qué mal lance! 2. Mueran. Mira, que es tu hermano, que a su Religión se parte. Qué dices? Muera a mis manos: porque mi fama no manchen a un tiempo una hermana torpe, y un hermano despreciable. Mas qué resplandor es este, que me ciega? . Qué coraje! 1. Qué luz así nos deslumbra? Llegad vosotros. 2. En balde nos mandas: porque no vemos. Seguidme los dos constantes, que por aquí juzgo, que iba. Habrá prodigios iguales! Huyamos, mi Fray Tomas: pues que Dios tan favorable ha sido, que no nos vieron, aún teniéndonos delante. Gracias os doy, Dios inmenso: pues cuando queréis librarme, de las luces hacéis sombras. Mas no es mucho; si años antes, al vueltro pueblo, por el mar hicisteis calle. Maldita sea mi suerte. Que mi voz los Cielos aten, para que decir no pueda, cuanto van los dos distantes? Mas un consuelo me queda, y es este: que de los tales, si unos a Dios se encaminan, otros siguen sus maldades.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA 1. Victor, victor el segundo Salomón de nuestro siglo. 2. Victor el Doctor más sabio, que las Escuelas han visto. 3. Victor el que de la Iglesia es el más seguro entivo. 1. Victor el muy Reverendo Padre Fray Tomas de Áquino. 2. A quién, pues, se victorea aquí, Caballeros míos? 3. Al Docto Padre Maestro nuestro, Fray Toma de Aquino. , , s, 1. Victor, pues, una, y mil veces, pues convenció a los Rabinos. 2. Victor, pues siendo Maestros los convenció. . Qué ruido es ese? . De ese gran Templo, que es en Orbieto el más digno de aplauso, por su grandeza, y más por ser de Domingo de Guzman, un victor salen echando, según colijo. Bien dices. . Pero, señora, sino me engaño allí miro a Tortuga Fraile Lego. Tortuga Fraile? Es el mismo, que habla con los Estudiantes. Cay se el victor: que ya basta. 1. Qué es, que Victor cien mil veces, victor. 2. Victor el Maestro insigne nuestro, Fray Tomas de Aquiño. 3. Victor, pues la pertinacía convencio de los Judios. 1. Victor ese rayo, pues. Vamos prosiguiendo el victor, Del Maestro Fray Tomas son los aplausos, que oímos. Y todos son, por sus prendas, a su persona debidos. Quién nos llamará a Tortuga? Él viene ya a nuestro sitio. Siendo mi juicio poco, temo, que estos Escolares con bullas tan singulares me han de volver presto loco. Padre Fray Tortuga. . Cómo mi nombre, mujer sabiendo, como todo conchas siendo, me llamas? . Porque yo tomo por acertado consejo, codiciar al miserable: que el mesquino no es dudable, que es como el árbol ya viejo, que da fruto, aunque tardíó. Según su Filosofía, no ha escogido, Reina mía, buen árbol en mí su brío. Pues ya manzano no soy, ni aún de serlo tengo viso, después que en el Parallo de la Religión estoy. En qué se funda? . Me fundo en una razón astuta. Cuál es? . Que no llevo fruta para las Evas del mundo. Textos sabe? . Con primor. No ves, que soy Domínico, y aquí aún el más pobretico es siempre Predicador? Aquella Dama, le digo, quiere hablarle. . Qué pasión Yo con Dama? tentación. Pues qué? no habló ya conmigo? Doña otra, si quiere hablarme en lance, que no es forzoso, es hechizo peligroso: y así procuro escaparme. Aguarde, padre. . Qué veo Cuerpo de Cristo. aquí eltaban? por que, digan, se tapaban? tiene alguna el palmo feo? A Fray Tortuga asutado oigo, cuando allí se ofrece con dos mujeres: parece, que son de punto. . Pasmado estoy. Porcia aquí en Orbieto? Qué asombro es este? . Qué he oído? Porcia aquí? sabré, escondido, si se halla en algún aprieto. Al Padre Fray Tomas quiero hablar, y he venido aquí, temiendo (aitriste de mí!) de Arnaldo el enojo fiero. Pues vino a tiempo muy bueno: escoger mejor no pudo: y así, señora, no dudo, que le hable. Por eso peno. Porque habiendo convencido dos Rabinos Fray Tomas, de los que esperan aún más, que Flora espera marido; a los que a verle vinieron hasta aquí ha de despedir, y a hablarle usied podrá ir, en viendo, que ya se fueron. Dicha fue ocasión hallar. Y grande: pues desde que vino el Padre a Orbieto, sé, que a nadie ha querido hablar. El Papa Urbano, en servicio de la Iglesia, le ha encargado, que con su ingenio delgado componga un sagrado Oficio, Para esto, pues, le llamo, y su encargo ya admitido, en su celda recogido esta, sin hablarle aún yo. Dicen todos, que es un Santo. Eso, señora, es poquito. Hace milagros? . Chiquito él se hace, y es un espanto. Decirlos, es no acabar: Sepa, que a cuatro escribientes materias bien diferentes a un tiempo sabe dictar. En mi memoria ha quedado, y a los labios se me asoma, un milagro, que hizo en Roma, después de haber predicado. Una mujer tolerando de sangre un molesto flujo, a sanidad se redujo, solo su Abito tocando. Tiene don de Profecia? Mucho hay que decir en eso: y en ese punto confieso, que no acabare en un día. Mas un caso prodigioso solo quiero referir, aunque provoque a reír, porque es caso muy gracioso. Un Religioso dejo en su celda un regalillo, y en el Coro el cuitadillo en comérselo penso. Fray Tomas su pensamiento allí llegó a conocer, y pudo, aunque oculto ver su pueril consentimiento. A este, del Coro saliendo, dijo: A solas no os comáis el regalo, que cuardáis; dadme algo de él en comiendo. Es mucha su penitencia? Es prodigio en el ayuno; y gordo esta, cual ninguno, sin comer, en mi conciencia. Tal no pudiendo entender un Padre, lleno de espanto, qué como engordaba tanto le pregunto, sin comer? Respondiole Fray Tomas: Menos, sin que cosa tome, una calabaza come, y engorda sin duda más. Muchas cosas le dijera de ese Padre: mas. Prosiga, que mis penas me mitiga. Soy cerrado de mollera. Porque aunque soy Domínico, no soy Fraile muy despierto; y aunque predico en desierto, en público no predico. Acabe, diga. . No encuentro por donde empezar. He oído, Porcia ilustre, los donaires del Hermano: y pues alivio será vuestro el escuchar prodigios, mientras llega, si gustáis, los referire. . infinito lo estimaré, por lo mucho que le amo, y quiero. . Pues digo. El día, en que a nuestra luz salió Fray Tomas de Aquino, ilustrar su nacimiento el Cielo provido quiso: pues el Sol su claro globo triplicando, nos predijo las luces de Fray Tomas, siendo ya de ellas testigo. Queriendo lavarlo la ama, aún siendo muy infántico, ansioso tomo del suelo un no grande papelillo; y al querer lavar sus manos, fue al ama entonces preciso quitárselo, para que quedase del todo limpio. No sin gran dificultad lo ejecuto: mas gemidos dio tantos, y derramó lágrimas tantas el niño, que comnmovida su madre, a ver, que era aquello, vino. Informose, y el papel mirando, hallo estar escrito, y que era el Ave María todo lo en él contenido. Lastimada, pues, del llanto, con pecho de madre pio, entrego al niño el papel, y a su gusto satisfizo. Mas apenas lo tomo, cuando con gozo festivo, aplicándolo a la boca, se lo trago de improviso: Qué parece, que temía el hallarse en el peligro, de que otra vez le quitasen la prenda de su carino. Enviáronlo sus padres, cumplidos los anos cinco, a un famoso Monasterio, que estaba en Monte. Casino. Allí luego le instruyeron en los primeros principios de Cristiandad, y de letras los Monjes de San Benito; Y ya a los anos catorce, en todo bien instruido, a la casa de sus padres lo enviaron muy benignos. En Nápoles luego habiendo frecuentemente asistido en uno de los Conventos del Orden del gran Domingo, quedó tan aficionado a tal Ábito, y vestido, que lo pidio muchas veces con un pecho muy invicto. Y fueron tantos sus ruegos, que el Prior, compadecido, se lo vistió, ejecutando de Padre el piadoso oficio. Mas temiendo el tierno joven, el que podría sentirlo su madre, y aún pretender el llevárselo a su abrigo; que de allí lo retirasen, pidió con ruegos rendidos. Lleváronlo, pues, a Roma, y yendo a ver a su hijo, y no hallándolo, su madre, tomo de Roma el camino. Los Religiosos temiendo ya los enojos altivos de la Condesa Teodora, y algún despecho maligno, a Fray Tomas a Paris enviaron, conducido de otros Religiosos, que iban a sus estudios lucidos. Llegó a Roma la Condesa, y no habiendo allí podido hallar a su hijo Tomas, su desaire concibido, cual una Tigre enojada, cuando le faltan sus hijos, de furor, y enojo llena prorrumpió en furiosos dichos, Y arrojando por los ojos veneno, cual Basilisco, íntimó a los Religiosos venganza de tal delito. A Nápoles enojada se volvió, y habiendo escrito a sus hijos su desaire, ellos muy enfurecidos, para vengar a su madre mostraron su ardor, y brío. partieron hacia Paris, y encontras al corderito de Fray Tomas, como lobos le prendieron vengativos. Trajéronlo a Roca. Sieca, y en su fuerte combatido con la prisión de dos anos, y con consejos prolijos de su madre, y sus hermanas, y con tratos muy esquivos de sus hermanos crueles padeció largo martirio. y pues vos, leñora, visteis lo que sufrió el pobrecito en su prisión, lo restante procuraré referiros. Apenas de la prisión, donde estrecho, y oprimido todo el raudal de las ciencias se vio en Fray Tomas de Aquino, que impedia, que regando su alta elocuencia cual río la Iglesia, se fecundase con su Doctrina, y sus libros: por piedad de sus hermanas libre del fuerte Castillo, a mi Religión sagrada fue el joven restituido no con poco riesgo; cuando le llevó a Paris consigo nuestro General Fray Juan Teutónico, con designio, de que a Colonia pasase, donde en aquel tiempo mismo resplandecía en las letras Fray Alberto, conocido por su grande erudición, y por su ingenio divino: tanto, que adquirió el renombre de Magno: por cierto digno del que por sabio, y por docto es gloria de nuestro siglo. Llego el Joven a Colonia, y gratamente admitido del Maestro Fray Alberto, con silencio, y con retiro, cual oficiosa la aveja el jugo suele, o rocío ir chupando de las flores, para labrar con su pico el dulce panál; así investigaba advertido r hay Tomas el grande fo que penetraba incluido en las lecciones de Alberto, leyéndolas muy prolijo. Su continuado silencio, y blandura; dio motivo, a que de Buey mudo diesen el nombre, o el apellido a Fray Tomas comunmente sus condiscípulos mismos. Buey, y mudo le llamaron, porque en tres años continuos no hablo palabra, con que diese de su ingenio indicio. Y tal silencio en él fue humildad, y no artificio: Y así siendo preguntado, por qué en el tiempo ya dicho había callado tanto? Respondiendo humilde, dijo: que a hablar delante de Alberto al aún no había aprendido. Mas habiendo Alberto un día en la Catedra leido un punto dificultoso sobre el grande San Dionisio; y un condiscípulo entonces, que a Fray Tomas (condolido de su rudeza de ingenio, como había aprendido) explicaba las lecciones, viéndose muy afligido de esta lección tan difícil, con términos muy concisos Fray Tomas con humildad la declaró: entonces hizo, del que tan rudo juzgaba, otro concepto distinto; y al Maestro de Estudiantes de todo el caso dio aviso, y él a Alberto, que dispuso un acto de los precisos en público defender con Fray Tomas: y admitido su estudio, llegose, al fin, el día de él, al cual vino lo docto de las Escuelas, lo más sabio, y más lucido. Empezose, pues, el acto, y al primero silogismo que a Fray Tomas arguyeron, áplico su peregrino inganio tal disuinción, que con ella detenido el arguyente, no pudo proseguir, ya convencido al sentir de Fray Tomas, dándole asenso muy fijo. Llénose de admiración el Teatro; lo cual visto, le dijo enojado Alberto: Mira, que no te han traído aquí a que seas Maestro, por discípulo has venido: mas tu ostentarte Maestro resolviendo has presumido. Y revolviéndose entonces contra él bien enfurecido, réplicas haciendo fuertes, juzgadas por laberintos, con la misma distinción, con términos muy sucintos, Fray Tomas todos sus nudos le desato, y le deshizo. Admirado Fray Alberto, desde la Catedra dijo: Este me llamáis Buey mudo? Pues él dará tal bramido, que en todo el mundo resuene, y de todos sea oído. Después Fray Tomas, sus cursos con acierto concluidos, empezó a leer las ciencias con aplausos nunca vistos. La grande Universidad de Paris, pudo testigo ser de su ingenio, en que ha muchos muy grandes excesos hizo. Estos patentes aplausos. le constituyeron digno de su grado de Doctor, a cuyo honor merecido humilde se resistio, concibiendo de sí mismo una bajeza, que a grado lo realzo más subido. Y acudiendo a la Oración con lágrimas, y suspiros, enjugo presto su llanto el Cielo, con un prodigro. Pues Pedro, primer Vicario del gran Pontifice Cristo, se le aparecio, ordenando, que el honor ya tan debido a sus prendas aceptase; pues en ello por servido le daba Dios, y él también, que por Pastor sucesivo al Soberano, y Cabeza de la Iglesia, muy propicio, y celoso, quiso dade Doctor tan esclarecido. Obedeció Fray Tomas, y con sunmo regocio de Maestro obtuvo el grado a los años veinte y cinco de edad: que así se adelanta, quien busca a Dios por principio. Luego en el mar de su ciencia ya engolfado, con tranquilo viento desplego las velas de su ingenio discursivo, empezando a navegar con un continuo ejercicio de argumentos, conclusiones, resoluciones, escritos; refutaciones de dogmas hereticos, y nocivos. Y para tan ardua empresa, si en Eliseo advertimos el espíritu de Elías, Fray Tomas el de Augustino parece que tiene, todos juzgando siempre, al oírlo, que es el mismo en la eficacia, y en el modo persuasivo. Y en tan continua tarea ocupado, y divertido, tanto a la Oración es dado, que en él nunca distinguimos, cual es más, si su Oración, o su estudio tan continuo. Mas lo que sabemos todos, es, que nunca visto ha sido, antes de orar, aplicarse a la lección, o al escrito. Resono el clarín en voces de su fama, y esparcidos los ecos por toda Europa, le solicitan amigo cuantos Príncipes contiene su dilatado recinto. El Rey de Francia Luis, y otros, para que regidos sus Reinos con mucho acierto se hallen siempre, le han pedido muchas veces sus consejos, sus regias, y sus arbitrios. Del Papa Urbaño también ha granjeado el cariño, y la estimación, con que le atiende afable, y benigno. Y hallándose aquí en Orbieto, su Santidad le ha pedido, que emplee su entendimiento en componer un Oficio, que cante la Iglesia toda, en una fielta, que a Cristo anstituir determina en el Misterio subido de la Fe, en el Sacramento del Altar, en que su mismo cuerpo, con su misma sangre a los hombres da escondido con las cortinas, o velos de especies de Pan, y Vino. En tan grande empeño ha puesto a Fray Tomas, porque ha visto, que en él se hallan tales prendas, cuales pocos han tenido. Por más que te las proponga, señora, exagerativo no me juzgues, antes si a moderación cenido. Pues es Fray Tomas sin duda sabio, prudente, entendido, humilde, afable, modesto, llano, obediente, sencillo, casto, puro, continente, piadoso, caritativo, penitente, Religioso, observante, compasivo. En su entendimiento es rayo, en su memoria es archivo, en su virtud es un pasmo, en su vida es un prodigio. Si enseña, su claridad ilumina los sentidos: si persuade, convenze con eficaces motivos: si responde, de dudar no deja el menor resquicio, Y en fin, si un abismo pueda darse en humano individuo, de virtud, ciencia, he ingenio es Fray Tomas un abismo, Absorta estoy de escuchar lo mucho, que lo ha elevado su ciencia. . Pues se ha que lo mejor por ponderar. Qué es? diga. . Créditos cobre por mí su ingenio eminente. Es Poeta, y excelente, que es lo mismo que ser pobre. Y el contagio (no lo niego) me pegó. . Qué desatinos. El himnos hace divinos, yo coplas hago de ciego. Mas el Padre Fray Tomas viene allí. Ya mis enojos cesarán. Y ya mis ojos se alegrarán mucho más. Padre Fray Martín, sin mí tantos aplausos me traen. Si en vanidad luego caen, no hay si no echarla de sí. Aunque cerca de mí viene, la llego a considerar siempre cual hola del mar, que inquieta no se detiene. Hablaros Porcia procura. Porcia? Que siento sus males. En ella se hallan iguales la desgracia, y la cordura. Mas alivio a su dolor solo puede dar el Cielo: pídolo a Dios con anhelo. Padre, a vuestros pies. Qué error. Levantad, por Dios, señora, que no es justo, que postrada esté ante mí, que soy nada, humana persona ahora. Hablaros (oh Padre!) intento de mis pesares a solas, que ya me anegan las olas, que mueve mi sentimiento. Aunque jamás he estilado con mujeres solo hablar, no me podré a vos negar, pues hasta aquí habéis llegado. Padre Fray Martín, Hermano, que me dejen solo importa. Vamos, Fray Tortuga. . Corta, Flora, te ostentas en vano. Adiós. . Adiós me encomiende. Lo haré con mucho fervor, como antes beba el licor, que mis fervores anciende. . No estaréis, Padre, olvidado, de que con pecho no sano a su fuerte vuestro hermano me llevo disimulado. Con el seguro decente de palabra, que me dio, a mi corazón movió, y lo rindio fácilmente. No violenta, si engañada con afecto le seguí; y por eso se halla en mí mi pena más augmentada. Que un engaño en la experiencia, y más en pecho amoroso, es más sensible, y penoso, que ser suele una violencia. Sin algunos embarazos, de su palabra fiada, digo otra vez, que engañada me entregué toda a sus brazos. Y creyendo su fineza, le fíe, sin reparar, cuanto pudiera fiar una mujer de nobleza. En su fuerte muchos años he sufrido sus rigores, no siendo más sus amores, que disfrazados engaños. Y así, a suplícaros: mas qué prodigio es este, Flora? Helo advertido, señora. Padre, Padre Fray Tomas. Creo, que esta arrebatado. Yo lo había presumido: pues su cuerpo sin sentido sle halla, y del suelo elevado. Qué haremos? Qué? llamar gente. Padre Fray Martín, mi Padre Fray Tortuga. No hay comadre de parir tan impaciente. A qué me llama? . No mira nuestro Padre cual esta? Y por eso voces da? de muy poquito se admira. Sepa, que los raptos tiene en la manga, y cada instante, como el mejor caminante, al Cielo se va, y se viene. Es mucho el arrebatarse, cuando están con el hablando. Si bien lo fuera tocando, elculara de admirarse. Sepa, que del Rey de Francia para comer convidado, a su mesa ya sentado se arrobó con elegancia. Aunque yo, siempre que como, suelo arrobarme también. Sí, como atrobas le den. Si no me las dan, las tomo. Mucho el éxtasís le dura? Dos horas, y más con Dios suele estar: mas a una voz, vuelve, como criatura. Padre Maestro. Bendito por siempre, Señor, seáis, pues así manifestáis vuestro poder infinito. Vuestra piedad, y clemencia, que siempre en vos relucio, contra Arnaldo suspendió la fulminada sentencia. Ya a conocer, Señor, llego de esta immediata ocasión, que hallar pudo apelación de vos a vos mismo el ruego. Ven, cómo volvió al instante? Ah Padre. . Qué dice, hermano? Sea un poco cortesano: mire quien está delante. No pude al rapto vencerme, Ni ya lo puede encubrir. Vaya, hermano, y no a dormir, y después procure verme. Voyme como una pelota, para hacer lo que me manda, que estando de la otro banda, podré aliviar esta bota. Porque segura quedéis, y no lleguéis a dudar, que os he podido escuchar todo lo que padecéis; lo que no habéis proseguido os diré: para que os haga la costa, que siempre paga quien viene a pedir rendido. Era, pues, que a Arnaldo yo con razones persuadiese, a que como fiel cumpliese ya la palabra, que os dio, Porque las almas unidas en un tan decente lazo, se estrechasen a igual paso las voluntades rendidas. Medio bien proporcionado para que el Conde de Fundo con Dios, conmigo, y el mundo quedase bien disculpado. Porque toda la vez, que Arnaldo satisfacia, también Filipo debía guardar a Teodora fe. No es esto, lo que queríáis proseguir. Y aún más añado: que si el Conde no ablandado, a los ruegos, que le haríáis, y rebelde toda via no volviese por mi honor, toda mi furia, y rigor contra él luego bibraría. Pues provocando mi saña a los confidentes míos, saliera con muchos bríos a buscarlo a la campaña: Y en ella desafiando a Arnaldo sin más recato, por fuerza haría, o por trato, que su palabra mirando, cumpliese su obligación: Y si de ello desistiera, enfurecida, y severa le sácara el corazón. Y si contraria el suerte fuese, fuera el mal menor: que a quien vive sin honor sirve de alivio la muerte. Qué sabéis, si así os conviene tantos males padecer, con que podáis merecer los premios, que Dios previene? Son los juicios de Dios del todo incomprensibles; son ocultos, e invisibles, t no penetrados de vos. Pues muchas veces permite nuestras injurias piadoso, porque su sentir penoso nuestra paciencia ejercite. Y así la satisfacción mejor, que podéis tomar de Arnaldo, es a Dios rogar, que temple su condición. Mas que mi de honra ya su condición mala siento. Emplead el sentimiento en lo que más bien le hará; que es, en pedir con instancia a diós, que temple el castigo, que Arnaldo ya su enemigo merece por su arrogancia. Si lo haré, por el amor con que siempre le he querido, Pues yo os ofrezco rendido de parte de aquel Señor, que todo lo puede, que tiempo llegara, que a Dios mirando Arnaldo, y a vos, la mano de esposo os dé: mas será para parderlo. Para perderlo? qué escucho? en poco habéis dicho mucho: no quiero así merecerlo. Excusad el desconsuelo, que esposo tendréis mejor. No será para mi amor. Mejor puede darlo el Cielo. Y a Dios, señora, quedad, que no tiene mi obediencia para más tiempo licencia. . Ah Padre, Padre, aguardad. Señora, qué pretendías? Quise, Flora, descubrirlo ciertas intenciones mías. Siete millas de camino dista de aquí el fuerte ahora, donde mi hermano a Teodora tiene, y verla determino. Un seguro me acompaña, para que me atreva a ir, y es, que a mi hermano asistir es forzoso a la campaña. Es verdad: mas verás presto, al golpe de acero fuerte, de Arnaldo la triste muerte, como mi astucia ha dispuesto. Que a ver a Teodora vayas, señora, es mi parecer, que tu alivio podrá ser, cuando entre penas desmayas, Vamos: y no espero más ya, Flora, ser consolada; pues de Arnaldo decretada la muerte dio Fray Tomas. . Si está: pues limitado término el pecar tiene, y ha pecado Arnaldo de tal modo, que homicida es de su propia vida, en tanta vida, como atroz, duro, y fiero ha quitado al impulso de su acero: haciéndose a sí mismo por sus culpas capaz del negro abismo. Mas aunque ya le veo de mi poder hoy mísero treofeo, aún es corto triunfo de mi idea, si no consigo, que la muerte vea ese fiero enemigo austero Religioso, a quien persigo, de su infeliz hermano: porque al dolor tirano de ver, que se condena, blasfemando de Dios, muera él de pena. Y pues puede mi ciencia formar lo que quisiere en la apariencia, que vea la batalla he de hacer presto de los campos contrarios, y el funesto fin de su hermano, que con una herida, ha de acabar allí su mala vida. Mas allí ya le miro, y con su vista cóleras respiro. Ángel mío, como miras, con tu benigna influencia, está acabado el Oficio, con que celebrarse pueda el Soberano Misterio, en que Dios nos manifiesta lo muy fino de su amor: pues fue tanta su fineza, que no contento con dar su vida entre mil afrentas por el hombre, si no viendo, que a su gloria sempiterna debía subir, haciendo de quien tanto amaba ausencia; por quedarse con el hombre, en dos especies diversas de Vino, y Pan, se quedó Sacramentado en la tierra, Mas aunque ya concluido tengo el Oficio, me resta saber, si será acertado, y a gusto de la Cabeza de la Iglesia, el Papa Urbano, que me lo encargo. . No temas, Tomas: pues está dispuesto con tanta correspondencia, y orden tu Oficio, que en él se eslabonan, y encadenan viejo, y nuevo Testamento. Ya no puede mi soberbia oír tan grandes aplausos. Que su espíritu suspenda así, cuando lee atento los Elogios, que en letra tiene del cuerpo, y la sangre de Cristo en la sacra mela! Yo le impedire su rapto, y causare mucha pena. Espíritus infernales, unidos con sutileza la batalla haced visible sin detención. , , c, 1. Arma. 2. Guerra. 1. Viva nuestro sacro Imperio. 2 Viva nuestra Madre Iglesia. Muera la facción del Papa. 2. La facción del César muera. Ángel sagrado, qué es esto? Disposición es suprema, que veas esa batalla tan cruel, y tan sangrienta. Ya los dos contrarios campos del Imperio, y de la Iglesia estoy viendo; ya en vistosas escaramuzas, empiezan a travar la lid; y ya de acometerse la seña hacen los Cabos; a cuya voz; aquellos, que dos selvas en la hermosa variedad de plumas, y galas eran, ya son dos montes de acero con un diluvio de flechas. Mas las Tropas del Imperio ya por la vanguardía nuestra rompiendo, desordenadas ya nuestras Tropas pelean. Su derrota temo mucho: Hijos, emplead las fuerzas, que la Iglesia defendéis vuestra Madre. 1. A ellos. 2. Muera esta canalla. 3. Imposible es ya nuestra resistentía. 4. Huyamos. . Qué es lo que miro Viva nuestro invicto César. Viva la Iglesia, Dios mío; no permitáis, que la venza quien su yugo ha sacudido. Ea, mi Dios, defendedla, ayudando a sus Soldados, que ya su fuga conciertan. 2. Muera. . Pedazos le haced. Solo lograrlo pudieras, cobarde, con tal ventaja. Con un traidor no se observan hidalguías. Pues no puedo resistir a tal violencia, el Demonio me socorra. No provoques la paciencia de Dios. . Reniego. . Señor, su ruina está muy cerca. Tomas, de Dios la palabra ya cumplida experimentas. Vuelve sobre ellos, Arnaldo, pues a tu lado me llevas. Así lo hago, aunque ignorando quien eres. . De si centellas despide, el que lo defiende. 2. Huyamos. . Ya os sigo. Vuelta ya está la suerte. Maldita sea la mía funesta. Huyendo me voy corrido; porque tan duras molestias ya no puedo tolerar. Mas vengarme intento de ellas. 2. Mira, Tomas, lo que del a Dios: pues porque vencieras a ese Dragón internal, le permitió, que te hiciera visible la gran batalla. Y porque por cierto tengas, que la Iglesia triunfó, las voces lo manifiestan. Victoria cabal, victoria por la Católica Iglesia. Señor, por tantos triunfos, tu nombre alabado sea. Mas qué resplandor ocupa del viento la rariedad? Qué veo? Inmenso Señor, tal favor a mí! . Tomas, bien escribiste de mí, cuanto de mi Celestial, y Sacramentado Cuerpo es permitido explicar, decir, y entender a quien persiste en vida mortal. Y el Oficio, que has dispuesto para la solemnidad de la Sacra Eucharistia, todo bien escrito está. Por tan especial favor, pues que mi voz no es capaz de alabar vuestra infinita misericordia, y bondad; los Ángeles os alaben, diciendo con suavidad. 3. Tan gran, pues, Sacramento veneremos humildes, y el antiguo de la Ley documento, cese, dando lugar al nuevo Rito. Y la Fe firme pura de nuestros sentidos el defecto supla. Purísimo Sol, aguarda. Padre, el Sol ha de esperar? no ve, que anda siempre en coche, y a un Duque no parará? A qué viene? . A prevenir; mas mejor lo explicará, que yo, el Padre Fray Martín, que ya se nos viene ará, El Papa, Padre, ha mandado a nuestra Comunidad, que pida a Dios, que a sus armas conceda felicidad. Que cante el Te, puede el Padre Prior mandar. Quién venció? . La Iglesia. el Ejército Imperial quedó derrotado. . Al punto voy alegre a repicar las campañas: voy. . Qué dice, Hermano? No intente tal, hasta que se sepa: pues conjetura está no más en mi fue. Que el interior gozo me haga revelar el favor, que me hizo el Cielo? Pues quiero a parto tocar. Para qué? . Para que a luz salga ya con brevedad la nueva, que tiene oculta. Dad, Padre, a su Santidad esa buena nueva. . El tiempo muy presto se la dara. Vamos a hacer Oración. Vamos. Lo que su humildad calla, su gozo nos dice. Pues yo voy: mas no a rezar. No has de poder librarte de mi grande furor, que ha de matarte. Antes de ese eminente risco verás precipitarme. Tente. La vida le perdona: que creo, que esto importa a tu persona. Cómo siendo tu siempre quien me incitas a más atrocidades, me limitas, cuando al furor me inclino, que dé muerte a este infama Gibelino? En el destino suyo, mas que a caso, secreta causa arguyo. Y porque quedes de esto satisfecho, examina lo oculto de su pecho. (eres, Bien me aconsejas. Hombre, di, quien y qué en mi campo buscas, o qué quieres? Aquí para buscar a Anselmo vengo, tu General Teniente. . No prevengo, que quepa en él traición, o alevosía: pues Ánselmo es muy fiel, y sangre mía. Qué te mueve a buscarle, dime ahora? Una carta le traigo de Teodora vuestra hermana. . La carta manifiesta, sino quieres morir. . La carta es esta: en que veréis, que si hasta aquí he venido, la obligación de noble me ha traído. En nada contradice: La letra es de Teodora, y así dice. i- Mucho he estimado este aviso: pues el esplendor muy claro de mi sangre, quedará sin aquel borrón bastardo, que tanto la oscurecía. Yo ofrezco recompensaros la fineza, si la mina me mostráis: pues a mi osado esfuerzo, y no a Anselmo, toca poner a Teodora en salvo. La mina, señor, ofrezco gustoso manifestaros. Y es pública a todos? . No: Su entrada sella un peñasco, y la salida, que al fuerte cae, oculta un tablado con tal artificio, que la vista padece engaños, si es el suelo natural. Su fuga todos sigamos. Qué ruido es este? . Señor, en los sitios más opacos de este monte, alguna gente de la fugitiva hallaron tus Tropas, y con valor la van todas acosando. Has, Lucindo, que veloces se recojan mis Soldados, sin que más la fuga sigan de los enemigos. Vamos los dos, que por siglos tengo los instantes, que me tardo. Pues seguidme, señor Conde. . Si supieras, que a quien dando alcance los tuyos van, es Filipo tu contrario, no les dieras ese orden: más preciso es ocultarlo; pues de este modo consigo, que del riesgo asegurado Filipo, sea instrumento de muchos, y graves daños. Y pues veo, que Filipo, excediendo su caballo el viento, logro su fuga, y que encamina sus pasos al fuerte, hallarme en él quiero: que la distancia embarazo nunca me pudo causar, y sé abreviar los espacios. Ya en el fuerte estoy, supuesto, que se llegan a este cuarto muy tiernas Teodora, y Porcia. Me oculto. otra vez los brazos dame, amiga, ya que es fuerza que te ausentes, porque Arnaldo mi hermano no te eche menos, ni hallarte pueda tu hermano el Conde Filipo aquí. Adiós, amiga; estos lazos nuestras dos almas estrechen. Reprimir no puedo el llanto. Ni yo reprimir mi rabia: pues si se ausenta, burlado quedo. El caballo tomad, y al fuerte el rastrillo echando, registrad el muro todo. Esta, Cielo soberano, es de mi hermano la voz! Ay lance más apretado? Qué haremos? . Las dos al punto a este cuarto retiraos, y estad ocultas; que aunque el rastrillo hayan echado, yo tengo una oculta mina por donde salgáis. . Corramos, señora. . Mover las plantas no puedo. Terrible caso. Mas terrible lo he de hacer, como lo tengo pensado. Que mi enemigo venciese, cuando ya casi postrado le tenía. Mas si es esta alguna ilusión? De humano bulto, al entrar, vi una sombra: también oí, que cerraron de aqueste cuarto la puerta, fuera del Teodora estando. Quién estaba aquí contigo? Qué escucho? Ay de mí! Si acaso . pudo ver a Porcia? . No hablas? Yo, sí. . De qué te has turbado? No se engañaron mis ojos. No es turbación. Un amago, un indicio es de mi justo enojo, al ver, que tirano, no solo violentar quieres mi albedrío, si no ingrato así de mi desconfías. Presto verás apurado tu engaño, sin que lo niegues. Cómo lo he de ver? . Entrando yo en tu cuarto. . Tente, espera. Aparta, enemiga. . Airado primero dame la muerte, que entres. . Mi agravio tocado, veré luego, que he de hacer. Cerrada esta con cuidado la puerta: mas a mis fuerzas saltara el hierro quebrado. Ya lo vencí. Qué naré, Cielos? que dentro a Porcia encontrando, la matara: mas yo de ella seré muro. El Cielo santo me socorra. Vil mujer, muere a mis iras, . En vano huir quiero. . Ten, Ellipo. Huye, Porcia. . De mi enfado ya no has de poder librarte. Rompí el tablón ajustado de la mina. Mas qué miro? Qué veo? . Qué estoy notando? Qué asombro es este? . Logré mi cautela. . Aquí anda el Diablo suelto. . Muerta estoy. . Filipo, defiende mi vida. . Arnaldo, mi muerte estorba. . Aquí Porcia? Cómo este aleve ha mi nado el fuerte? Mas a qué espero, que no me vengo. . A qué aguardo, que no le doy muerte? Muere, traidor. . Harete pedazos. Santo Padre Fray Tomas, pues que con Dios podéis tanto, pedidle, que su poder obre aquí. Ya por mandado de Dios aquí vengo: pues la forma humana tomando de Tomás, aunque soy Ángel, a impedir vengo este estrago. Suspended las iras vuestras, y advertid, que castigaros puede Dios. . Qué es, lo que veo? Qué asombro es este? . Qué pasmo! Qué prodigió! . De mí mismo . reniego: pues ya frustrado se ve mi intento. . El rencor suspended, con que enojados os tratáis, sin advertir, que quebrantáis los mandatos de Dios, que manda, que amemos al piejimo, perdonando las injurias: lo cual Cristo también estuvo enseñando desde la Catedra misma de la Cruza pues injuriado perdono a sus enemigos, porque su ejemplo ligamos. Vos, Arnaldo, y vos, Filipo, diréis, que estáis agraviados uno de otro en el honor: es verdad eso; mas si ambos podéis con un medio fácil quedar bien recompensados, uno dando luego a Porcia, y otro a Teodora la mano; por qué el odio mantenéis de vuestros opuestos bandos? Yo la mano había de dar a hermana de mi contrario? Yo a la que es de mi enemigo? Ved, que a Dios estáis faltando, y a vuestro crédito propio. Yo le cobraré, matando a este aleve. . Yo también a él dando muerte. . Templaos. Quita. . Aparta. No hay remedio? 2. Ninguno. . Pues separaros el poder de Dios podrá. Tú, Dragón, siempre obstinado, sin que a ofenderle te atrevas, a Arnaldo lleva a su campo: que yo a Porcia llevaré, hasta que la ponga en salvo. Lo mataré. . Nunca Dios te dejará ejecutarlo. Y para que lo dispuesto se ejecute con recato, al viento una niebla pueble. Qué horror! . Qué asombro! Eclipiado el Sol se nos ha escondido, o nubes lo han empañado. Mas el día a vivir vuelve. La oscuridad ha cesado. Mas dónde está mi enemigo? Dónde Porcia se ha ocultado? Sin duda, que por la mina de mi furor se libraron. Su salida estorbaré. Este tengo por milagro de mi hermano Fray Tomas, por quien prodigios tan raros obra Dios, para que todos, que es justo, y Santo sepamos.
JORNADA TERCERA
2. Siendo, gran Conde, y señor, vuestro empeño, no dudéis, que empeño nuestro le hacéis, que mira por nuestro honor. 2. Sin dilación declarad de traernos el intento al Claustro de este Convento, que goza de immunidad. Aunque este es lugar sagrado, en él hemos de emprender lo que intento. 1. Si ha de ser, eso no os cause cuidado. A vuestro valor ya rindo el justo agradecimiento. 2. Excusad el cumplimiento, y al caso. . Mientras Lucindo llega, a quien parte ya he dado, mi intento os declararé. 1. No sé si lo erráis. . Por qué? 1. Porque es Guelfo declarado Lucindo. . En otra opinión le tengo; que aunque mantiene, y explica lo Guelfo, tiene Gibelino el corazón. 2. Si es así, al caso pasad: pues que vencido el reparo queda en vos. . Ya me declaro: no en vuestra lealtad. Ya, creo, que sabéis, como Gregorio Decimo, el Papa, un universal Concilio celebra en León de Francia; y que para dicho fin, por sus Bulas despachadas, llama a Fray Tomas de Aquine, como Columna elevada de la Fe: porque sus letras son las mayores de Italia. Sospechando, pues, ahora, que si la Iglelia lo exalta a superior Dignidad, podrá destruir mi casa, por la antigua opolición entre las dos declarada: o a lo menos, perseguirla con guerras muy porfiadas: cortar intento los vuelos de tan altanera Garza, que con tan viva sospecha con su poder me amenaza, y con la sospecha misma, para si no temeraría. Carlos el Rey de Sicilia, recelando la venganza, que de él la casa de Áquino tomará, por agraviada; que dé muerte a Fray Tomas, me ha encargado por sus cartas. Y así a darle muerte vengo: Mirad bien, si en esta hazana me queréis acompañar, y os aseguro mi gracia, y el premio. 1. Nuestro valor ofendéis con la demanda, de si queremos. Qué abance, o que asalto de muralla, a escala puesta, es matar a un Fraile, que una terciana lo hace en dos días? 2. Hay más. que darle, y después que se haga, a Roma por todo? . Pues fiado en vuestra palabra, luego que Lucindo venga, lo mataremos. 1. Qué falta nos hace él? . Ah de saber la ocasión más adecuada para el logro: mas él viene. Conde. . Lucindo. En la entrada. del hueco de esta escalera, que es parte bien retirada, os entrad, hasta que avise. Fío a vuestra vigilancia el aviso. Entremos, pues. A mi furor, a mi rabia, a mi indignación dijeras mejor: pues es la que traza su muerte; y aunque bien sé, que es ella quien le adelanta, por sus virtudes, el premio de la Gloria Soberana; no obltante áspiro a su muerte: porque viviendo restaura, con su consejo, y Doctrina, al Cielo muy muchas almas, que tuve ya como mías, Mas a su celda ya pasa Fray Tomas: al Conde paso a dar noticia tan grat a. Hermano, déjeme solo: el Rosario a rezar vaya. No podré, si antes no como siquiera media pitanza. Vaya, y déjeme escribir. Benedíicite. Tajadas me prometió el cocinero, y voy corriendo a tomarlas: que como son llamativas, me llaman con eficacia. A la tarea empezada me vuelvo, aunque bien entiendo, que en una concha abreviada, la immensidad dilatada del Mar encerrar pretendo. Las cuatro Historias sagradas de los cuatro Evangelistas he de dar encadenadas, y las plumas concordadas de tan sacros Coronistas. Con un orden singular una dorada cadena de letras quiero formar, la cual se ha de intitular en Latín: . Veranse en ella hermanados con una unión peregrina, sin que se hallen encontrados, muchos Doctores sagrados de Iglesia Griega, y Latina. Sobre San Juan, San Mateo, y San Marcos acabada la exposición toda veo: y en San Lucas titubeo con una duda apretada. La humana Generación de Cristo Mateo empieza por Abrahán, y conclusión de ella hace su relación en Joseph, según confiesa. San Lucas nos la refiere desde Jesús hasta Dios: y mi cortedad infiere, mientras más luz no tuviere, que no convienen los dos. Vos, Purísima MARÍA, alumbrad ya mis temores, viendo la ignorancia mía: pues os llamó Pluma pía la luz de los Escriptores. Mas que armonía sonora suavisa el aire? . Tomas, vengo, pues dudoso estás, y me llamas. . Yo, Señora, tal favor no merecí. Bien te consta, que no es está la primera vez, que piadosa te asistí, La Generación carnal de mi Hijo Mateo escribe, por la cual baja, y recibe la enfermedad temporal. Y así, desde Abraban empieza, hasta que concluye en mí: por decir, que mi Hijo así bajó hasla nuestra flaqueza. La Dignidad refirio San Lucas Sacerdotal de mi Jesús, por la cual con Dios nos reconcilió. Queriendo dar esto a luz, por Sacerdotes veloz San Lucas sube hasta Dios, empezando por Jesús. Lo escribiré así, Señora, de vuestra luz ilustrado. Pues por dejarte premiado por esa Cadena ahora, una Cadena preciosa los Ángeles te pondrán, y un Sol, con que explicarán tu ciencia, y virtud hermosa. Aunque ese favor benigno mucho, Señora, agradezco, bien sé, que no lo merezco, y de él me confieso indigno. 1. Quién es de la Iglesia insigne Doctor; logra por blazón, que brillante el Sol le retrate: pues su ciencia, y pureza lo muestran Sol. 2. Quién la prisión ama del Divino Amor, tiene por prisión la dorada Cadena, que hermosa su virtud admirable le eslabonó. Queda en paz, Tomas querido. Ya, Señora, os ausentáis? el corazón me lleváis, con que os amo muy rendido. Y si alabaros, entiendo, que mis voces bien no saben, los Ángeles os alaben, acordemente diciendo. 3. A la hermosa Azucena, que pura, he intacta el remedio dio al mundo, Ángeles, y hombres enzalsen, y aplaudan. Esperad, puro arrebol. Padre, Padre. Inmóbil creo, que esta, y en su pecho veo un resplandeciente Sol, de una Cadena pendiente. Padre, diga, quien le ha dado esa Cadena? A qué ha entrado, Hermano? . El Sol fue aparente, y la Cadena voló. Qué tiene, que le enajena? Que yo le vi con Cadena, Padre. . Sin duda la vio. Qué dice? Mas que no ha ido a rezar: sin duda que a conversación se fue. De mi rincón no he salido. Así será. A qué venía? A decirle, que le ha dado el Papa un buen Obispado: y que una Mitra le envía su sobrina, la señora de San Magencio, muy fina. Mitra a mí? quién lo imagina? Yo Obispo? . Renuncie ahora, que se ve con Mitra. . Ya su alto honor he renunciado: no he de mudar el estado pobre mío. Y dónde esta la Mitra, qué dice? . Aquí. Pues deme, Hermano, el espejo, que ver quiero a su reflejo, si es la Mitra para mí. Pues en la ceida, no advierte, que no le hay? . Qué desvarío Este es el espejo mío, que es imagen de la muerte. Qué dice? La calavera? no es su semejanza, digo: que es retrato de un amigo san dientes, y cabellera. A mi retratando esta. Mas llamaron? . Y muy recio. Sin duda llama algún necio, pues es con el pie. . No va, Hermano? Sepa, quien es: y si acaso hablarme quieren, digales, que un poco esperen, y venga, Hermano, después. Así haré. La Mitra quiero, en quien me copia ponar, y en ella a mí mismo ver. Qué semblante tan severo Tan triste imagen me advierte, aún con la Mitra adornada, que la honra más realzada viene a parar en la muerte. Cuanto en la vida ilustrando la Mitra a cualquiera está, puesta en esta engie, ya bien me está desengañando. Pues mudamente me avisa, que es manifiesta verdad, que aún la sacra Dignidad al fin llega a ser ceniza. Yo, al fin, ceniza he de ser, ser como esa efigie espero; y así, Dignidad no quiero, Mitra en mí no quiero ver. Y pues que tocando estoy en mí de Dios los favores, con encendidos fervores a darle las gracias voy. Guardando la puerta queda Lucindo. 1. Es cosa importante: pues probándose una Mitra estaba, nos dijo el Fraile compañero. 2. Si es verdad, la ocasión es admirable. Lleguemos, pues. 1. No sé, como me siento al determinarme. 2. He llegado a concebir tal miedo, que semejante nunca en mi vida he tenido: mas no quiero ser cobarde. Aplicando bien la vista hacia los tibios celajes de aquella luz, allí veo, sino es, que en ello me engañe, a Fray Tomas con la Mitra. 2. Él es, no puede negarse. Para ahora es el valor: Lleguemos los tres a darle la muerte. 3. Muera. . Mas, Cielos, qué portento es este? En balde mover quiero el brazo. 1. Un hielo me pasma. 2. Yerto cadáver sin humana acción me miro! No sé qué hacer. Qué intentáis? Pero ya vuestro semblante vueltro error está diciendo: mirad, pues, el que intentasteis. Esa imagen tan funesta, esa reliquia de un muerto, es, Conde, muy fiel testigo de vuestro error torpe, y feo. Muda esa efigie os advierte, como errado camináis: pues esos pasos, que dais, van a parar en la muerte. Suspended el brazo fuerte, que a darme muerte se arresta: dejad la pasión molesta, que estimulando os está: esto os lignifica ya De ese retrato yo, y vos en nada nos distinguimos: que al no ser, cuanto vivimos nos acercamos los dos. Mirad, que ofendiendo a Dios, procedéis con poco acierto: en su piedad buscad puerto: pedidle humilde perdón: que esto os dice en conclusión La muerte por el pecado tuvo su entrada: y abierta hallando en vos esta puerta, hoy en vos la muerte ha entrado, Vos de vos sois injuriado: vos de vos sois enemigo; y de la verdad, que os digo, con su presencia severa, esa muda calavera Solo que advirtáis pretendo, que cuando en mí lo intentéis, vos a vos mismo ofendéis, y yo soy quien os defiendo. Mirad, si en esto os ofendo: ved, si de esto me halláis reo, que seré de vos trofeo, a vuestros pies humillado, si acaso la causa he dado vadre, qué es lo que intentáis? yo soy quien deberendido, muy lloroso, y dolorido hacer lo que ejecutáis. Yo lleno de confusión, en lágrimas ya deshecho, de dolor rasgado el pecho. debo pediros perdón. Yo con grande crueldad, movido de enojo fuerte, intenté daros la muerte: qué error! qué grande maldad! Llegué libre de embarazo a querer vibrar mi acero; más Dios airado, y severo, inmóbil dejo mi brazo. Ya conociendo mi error, mis maldades dejaré, y a diós perdón pediré, y a vos con glande dolor. Poniendo a Dios por testigo, os prometo firme ahora, de casarme con Teodora, y de ser de Arnaldo amigo. 1. Yo, Padre, también rendido pido, que me perdonéis. A vuestros pies me tenéis de mi culpa arrepentido. Levantad, no estéis postrados, que Dios ciemente, y piadoso, y Padre siempre amoroso, ya os perdona los pecados. Lo prometido agradezco, Conde, que os emendaréis, y a dios más no ofenderéis. Así, Padre, ya os lo ofrezco. Padre, adiós. . Guardeos el Cielo, Siento apartarme de vos. Cumplid la palabra adiós. No tengáis de eso recelo. Aunque me hallo fatigado, la pluma quiero tomar; porque pretendo acabar un bien curioso tratado. A averiguar con anhelo empezo mi insuficiencia, si el Abito de mi ciencia permanecia en el Cielo. Y aunque mi resolución me ha parecido acertada, puede ser que vaya errada, sin valer mi conclusión. Oh como mi entendimiento es muy corto, y limitado! pues lo que juzga acertado, es dudoso pensamiento. Mi Fray Tomas, Dios os guarde, Padre Fray Roman, seáis bien venido: cómo estáis? cómo aquí venís tan tarde? Llegue ahora, Fray Tomas, y derecho vine aquí. A tal hora. Estoy sin mí! Porque no lo dudéis más, como es cosa natural a quien en la tierra esta: sabed, que no vivo ya en esta vida mortal. El Cielo me favorezca? Fray Tomas, no os asustéis; que es cierto, que merecéis, que a vos aquí me aparezca. Decidme, Padre, el estado, que tenéis en la otra vida. En la Patria apetecida tener descanso he logrado. Quince dias de tormento en el Purgatorio tuve, porque muy omiso anduve en cumplir un testamento. Mas estos días pasados, de allí salí con victoria, y pase a gozar la gloria de los Bienaventurados. Pues ya que en el Cielo estáis, Padre, por nuestra amistad, que de una dificultad, que dudo, cierto me hagáis. La duda, que se me ofrece, es, si la ciencia adquirida en esta caduca vida, en el Cielo permanece. En esa duda tan rara no es tiempo de discurrir: yo solo os puedo decir, que veo a Dios cara a cara. Lo veis immediatamente, o por medio alguno? . Digo, que aunque ya ocular testigo, puedo decir solamente: que es manifiesta verdad, y como tal se respeta, lo que el Santo Rey Profeta nos dice con claridad: Que descubierto ya el velo, así como a Dios oímos, sin diferencia lo vimos en su Ciudad, que es el Cielo. Y en paz ya quedad, amigo, y a Dios proseguid sirviendo, que algún día, como entiendo, también lo veréis conmigo. Mi Fray Román, espera. Mas privarte no intento de subir a la esfera gloriosa, donde asiento tu virtud ha logrado con el blazón de Bienaventurado. Yo luego diligencio, sin dilación alguna, partir a San Magencio: pues la causa oportuna del Concilio me avisa, que me parta a León con grande prisa. Ya espero ver hoy lograda la muerte de Arnaldo. El coche pare aquí. . Porcia es aquella. Dudando están mis temores, si el Cielo, por sus juicios, secretamente dispone aquí juntarlos. En esta tejida al fombra de flores, que el Mayo dibuja, intento hacer mansión, porque tome algún alivio la gente que me acompaña. . Que el Conde Arnaldo te permitiese en medio de sus rigores, el venir a San Magencio, me admiro. Ya esta más dócil su terrible condición, y en corteces atenciones trocó lo esquivo; de modo, que afable me dijo anoche, que si mi hermano la mano diese a Teodora, él dispone dármela: mas yo atendiendo, que alcanzara, que se logre esto el Padre Fray Tomas con sus blandas, persuasiones; con el intento de hablarle, usando de humildes voces, a Arnaldo pedí licencia, con el pretexto tan noble, como ver a su sobrina: pues según la fama corre, es posible, que en su casa su Santo tío pernocte. Quieran los Cielos, señora, que ahora no se malogren tus intentos; y el suceso no sea como en la torre, o fuerte de Fundo. . Es cierto, que no sé, como, o por donde vino el Padre Fray Tomas, y me libró de aflicciones. Tedora me dio la vida: pues ocultándome entonces, después del fuerte me echó. Si logro, que se despose ya con Teodora mi hermano, han de lograr mis amores también la mano de Arnaldo, antes que. Muera. Qué enorme voz equivoco mis dichas con tal anuncio? Traidores, porqué así me dais la muerte? Porque con ella se estorbe, que más delitos cometas, y más crueldades obres con tu condición terrible. Qué es esto, Flora? . Que a un hombre dan la muerte. . Ya apagué la sed toda a mis rencores. Llama a mi gente. . Ninguno mi vista allí reconoce. Huyamos. . Es vano intento, que el susto me tiene immóbil. Esperad, aleves. 1. Vamos, que heridas tantas, y golpes de muerte son. Ande, hermano. Ya camino como pobre. Fray Tomas viene: qué enfadado. mas yo cubriré de horrores el aire, porque no pueda hallar a Arnaldo. Disforme relámpago. . Fuerte trueno. No huyáis cobardes. Mas torpe muevo la planta: yo muero. Ya muere, sin que aún del nombre de Dios se acuerde. . Camine. A donde me lleva al trote, padre, con tal tempestad? Qué fuerte trueno. San Cosme! Jesús, qué fúcil tan grande. Esto es muy fuera del orden natural, y solamente son del Demonio ficciones, para que Arnaldo se oculte. Mas muy en vano se opone a lo que Dios determina, oídas mis oraciones. Dragón, en nombre de Dios, te mando, que no inficiones el aire, siendo la Cruz quien serene los vapores. Con esa señal venciste. Huyendo voy. Serenose la tempestad. . El Sol sale muy tarde en este Horizonte. Arnaldo. . Hermano. . Qué veo? Ay infeliz. Desmayose. Asista a Porcia. . Si haré. Discurro, que con botones de fuego, en sí volvera, o con fuertes fricaciones. Qué es esto, Arnaldo? . Morir. Supuesto, que lo conoces, pide a Dios de corazón, que tus pecados perdone. Ya que con la voz no puedo hacer esas peticiones, con el corazón las hago. Olvida ya tus pasiones, y perdona a tus contrarios. Si perdono muy conforme, Pues sabe, que ya Filipo, volviendo por tus honores, se desposó con Teodora. Y porque en ti los blazones de Cristiandad, y nobleza en nada sean menores, a Porcia darás la mano de esposo. . Es justo, que otorgue, Dónde está? . Con un desmayo sentidos perdió, y colores. Hacia aquí sueña el ruido. Omitamos detenciones, y lleguemos presto todos. Ay de mí! . Ya a sus candores ha vuelto. . Qué es esto, Padre? La misma desgracia apoye el suceso. . Quién ha herido a Arnaldo? . Cruzando el bosque con los aceros desnudos, vi, que pasaban tres hombres. Determinación de Dios esta fue; y así cumpliose. Como no muero de pena. Porcia, aquí la razón obre. Arnaldo, aquí a Porcia tienes: dale la mano. . No escoge mi voluntad otra esposa. Porcia, nuestros corazones, como estas manos, se enlacen. Mi corazón se me rompe de dolor. . Qué sentimiento! Qué pena! . Voló: postrofo otra vez. . Esposo. Hermano. Amigo. . Tantos lloronas. lo han de acabar de matar con tantas exclamaciones. Con la falta de la sangre los pulsos ya se le esconden. Apretadle las heridas del mejor modo, que importe; y a Nápoles le llevad: y antes, pasando ese monte, en esa pequeña Aldea, que en su falda se compone, reciba los Sacramentos Sagrados; porque se borren sus pecados con la gracia: que yo, siendo Dios mi norte, me partiré a San Magencio: que me importa. . Y yo a talones: que es peor, que en una mula, aunque tire muchas coces. Pues queréis, Padre, dejarnos, viendo tan grandes dolores? Con vosotros queda Dios, que es, quien a todos socorre. Además, que un accidente me aprieta, y me descompone tanto, que temiendo estoy, que presto mi vida postre. En Nápoles, Padre, creo, que es posible, que mejore de salud. . muy mal así la obediencia, que me impone el Papa, ejecutaria. Vamos, hermano. Ya Voyme. A Arnaldo al coche llevemos. que aún vive. . Qué desasones nos ha dado tal suceso. Al anuncio corresponde de mi Padre Fray Tomas, que el Cielo quiere, que toque ejecutado: y preciso as, que lo sienta, y lo llore 1. Podría vivo llegar Analdo? 2. Mucho lo dudo. 3. Yo me admiro, como pudo tanta herida tolerar. 1. No hay duda, que era animoso, y de muy grande valor. 2. Peleaba sin temor. 3. Se defendía brioso. 1. Vamos, al César daremos de su muerte las noticias. 2. Vamos, que el premio en albricias los tres, por ellas, tendremos. Qué así méritos humanos premie Dios, estoy corrido. Que un Frailecillo abatido su piedad tenga en sus manos. Mas a mí no se encubrió el juicio de Arnaldo hecho, pues por cierto, no sospecho, que impenitente murió. Como ignorante te engañas; que ya consiguió el perdón, cóntrito su corazón; lastimadas sus entrañas. Pues ya triunfar no espero de Tomas, déjame ir. Aún tienes más que sentir: aguárdate, Dragón fiero. Que el Altísimo te ordena, veas de Tomas la gloria: porque con esta memoria le acreciente más tu pena. No permitiran mis furias tan excesivo rigor: ni ha de admitir mi furor a mi vista más injurias. Ven a tu pesar. Mas ya a la vista le tenemos: allí escribiendo le vemos. mas ya tan rendido está, que mover pretende en vano la mano sobre el papel, y formar letras en él. Hy rigor más inhumano? Qué el Cielo a tanto me obligue! Por Dios me deje escribir, Hermano. . Qué? he de sufrir, Padre, que más se satigue, cuando del todo postrado la calentura le tiene? Para aliviarla, conviene proseguir ese tratado. Es de un libro exposición de misterios singulares; el cual cantar de cantares intítulo Salomón. Los Monjes del gran Bernardo, que lo exponga me han pedido; y aunque tan descaecido, de hacerlo no me resguardo. Mejor fuera a Dios pedir, que la fiebre le quitara: y luego que le faltara, le hartaría de escribir. Vaya, Hermano, a descansar, y déjeme. . Yo me iré, y a mis solas cantaré un largo, y dulce cantar. Aunque en mí se va augmentando de la fiebre el gran ardor, lo empezado, mi fervor ir intenta continuando. Pues mi alma ya considera, que de este cuerpo la unión se le acaba, y suprisión en breve dejar espera. Y los cantares de amor, siendo cifras misteriosas, y de las bodas gloriosas del alma con su Señor; que los comente, es muy justo, y los tenga en la memoria: pues las bodas de la Gloria mi alma apetece con gusto. Dragón obstinado, y duro, de cerca mirando estás, como ha logrado Tomas ser cual Ciine blanco, y puro. Pues hoy con su pluma, cuando su muerte está tan vecina, con dulzura peregrina cantares esta entonando. De enojo rabiando estoy: tiempo, es, que me dejes ir, que más no puedo sufrir. Vete, pues. . Luego me voy. Yo ausentarme también quiero; que aunque solo quedará, muy presto le asistira Cristo Celestial Cordero. Mi vigor se halla postrado tanto, que no puedo ya mas que lo que escrito está explicar, aunque abreviado. Con mi accidente molesto, por piadosa petición, proseguí la exposición hasta el Capítulo sexto. De este llego casi muerto a aquel verlo tan sabido, que dice: Ven, mi querido, salgamos los dos al huerto. Mas lo que dejo explicado no sé si errado estara: dudo, si de Dios será del servicio; o del agrado. Mas qué claro resplandor es el que me alumbra, y ciega? Tomas. . Tomas. Qué estoy viendo! El alma tengo suspensa: pues entre Cristo, y MARIA dudo, a quien rendido vuelva, Mas las honras de una Madre de un Hijo son excelencias. Señora, qué me mandáis? Mi Hijo, y yo, para que veas, que la exposición le agrada, descendemos a la tierra. Bien escribiste de mí, Tomas; y pues en defensa de la Iglesia, que es mi Esposa, has empleado tu ciencia; qué premio, por tus trabajos, eliges en recompensa? Solo a vos, Señor, que sois premio de mayor grandeza, que cuantos apetecer en esta vida pudiera. Pues en premio de tus obras, a mis ojos siempre acceptas, te prometo, que muy presto al Cielo irás, donde tengas gloria con crecidos grados, 2A y una vida siempre eterna, para que de mi gloria hoy te deje algunas señas, oye las voces, que cantan con muy acordes cadencias. Ay qué ventura, qué felicidad, es amiar, y no desear, es querer y no querci mas que la gloria de el que es Sum mo Bien. Qué voces tan concertadas! con cuanta dulzura sueñan! si de la gloria del Cielo un bosquejo así me alegra, yy oy cuanto más me alegrara, 1 S gocé perfeera? cuando la Queda en paz, Tomás, que en breve estarás en mi presencia. Señor, pues ya de mi vista vuestra Majellad se ausenta, Ya y pusto es, que mi amor repita con voces de gozo llenas: Ay qué ventura, qué felicidad, ous amar, y no desear, es querer, y no querer mas que la gloria del que es Sum- mo Bien! El consuelo dulce, y grande, que dentro de mi alma queda, sin uso de los sentidos, y y arrebatado me deja. n Aquí tata más elevado mi vista lo considera. a O lé asombró! de maravilla! mAP Y p. adre. . Padre, e IA ELCANGELDE LAS ESGUELLA A la otra puerta, que esta es la puerca cerrada, y en la del Sol se pasea. Padre, aquí están sus hermanos. Una clara luz le cerca el rostro. . Tacimano. Paró de mi vida la carlera. qué es esto, Padre? O Sin duda, esto es ya pagar la deuda, que tenemos contraída desde nuestra luz primera. Esto es ya volver el alma al que Criador fue de ella. Y así, hijos míos, os ruego, que de mi parte, de verás a mi Religión digáis, cuanto siente miameza, no morir entre los brazos de tal Madre, y tal Maestra: Y la bendición de Dios sobre vosotros descienda, del Padre, y del Hijo, y de él Santo Espíritu. le pena! Oh Qué dolor! leé sentimiento! Qu Padre, mi razón me ordena, que me entre en un Monasterio: pues quiso Dios, que muriera mi querido esposo Arnaldo. Entrad muy en hora buena: hallaréis mejor esposo, como os dijo mi promesa, cuando os predije de Arnaldo np la Yo compañera, Padre, quiero ser de Porcia. Así hobráis como discreta. Convento en lugar de boda y aquí se nos representa. El alma ya se divide de mi cuertpo, y ya lo deja, Dulce Jesús, en tus manos mi espíritu se encomienda. Ya espiro. Ya faltó todo el consuelo de mis penas. Falto el Doctor más insigne que alcanzaron las Escuelas. Falto la mayor Columna, que mantenía la Iglesia. Faltó el Cuchillo más fuerte BnG3 de la Helegia proterba. Falto el Conjunto mayor de Virtudes, y de Letras. La Corona más precios cayó de nueltras cabezas. s, mve ventura! O Qué consuelo! Una clara estrella y el cuerpo difunto oculta. Sin duda el Cielo con ella la luz de que su alma goza índica, y su gloria inmensa. Ay qué ventura, baaeaa qué felicidad, es amar, y no desear, es querer, y no querer mas que la gloria del que es Su no Bien. Y aquí Don Pedro Lanini pone fin a la Comedia de Santo Tomas de Aquino, el Ángel de las Escuelas.
