Texto digital de El amor puesto en razón
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Sebastián de Villaviciosa
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El amor puesto en razón. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amor-puesto-en-razon-el.

EL AMOR PUESTO EN RAZÓN
JORNADA PRIMERA
Mil veces en horabuena seas Ana bien venida, cuando esta el alma rendida a la fuerza de mi pena. Tu pena? porqué ocasión? Porque la desdicha quiere mostrarse toda en quien muere deuna amorosa pasión. Suspensa a la novedad me tiene Leonor mi amiga, refiérela antes que diga que ofendes nuestra amistad. Pues oye, que ella ha de ser quien me libre de este fuego, porque admitiéndome el ruego, tu fe me des a entender. Ya sabes como pasó don Diego osorio mi padre a Milan, y que de allí fue forzoso el ausentarse de mi madre, que hasta entonces sus dos finas voluntades nunca sintieron de ausencia. lo acervo, y lo intolerable. l . L. Embarcose para Indias, adonde pudo llevarle el aviso de la muerte (siempre es este el más constante) de un hermano que tenía en ellas, y por dejarle su hacienda; siendo preciso cobrar de ella alguna parte, porque en deudas repartida, su asistencia era importante: Oh codicia como finges vienes pare intos ales! Déjome a mi tan pequeña, que no es posible acordarme aunque más lo haya intentado, de su rostro, ni sutarle: En Milan más de diez años ausente, y sola mi madre estuno, y en este tiempo; escucha lo que no sabes. Después que mi edad llego con la razón a carcarse, y en más perfectas costumbres. reconocí su hespedaje: un caballero, ay de mí! empezó a rondar mi calle, a asistir siempre a mis tejas, no faltar a mis umbrales: si el a caso, o su cuidado le granjeaban el mirarme? tan fuera de si quedaba, que demudado el semblante, negada su acción al uso, un animado cadaber, de imposible movimiento, solo obstenrana lo frágil, transfirmado el ser viviente en opuestas calidades: pues siendo un bulto con alma, era aparente la imagen, fantástica aquella forma de una especie imaginable: tanto que así parecía estatua de mis umbrales; atendí más que debiera a estos efectos amantes, que mal pudiera el recato tan propiamente pintarle: no sé si fueron principio de algún impulso de amarle, afectos que tuno el alma, con título de piedades; persuadido de su pena, al sin vino a declararse, que la desdicha mayor, si no prosigue no es grande: sentí de su atrevimiento el oprobio de mi sangre, porque en materias tan altas el amago es el ultraje; y juzgando que mi vista era ocasión de empeñarle, fie solo del retiro eguras felicidades, pero como amor trazaba el modo de aprisionarme, en este retiro quiso darme la casa por cárcel; no baste haberle quitado la ocasión de sus pesares, para que con más porfía quejoso no continuase: sutrío de mis asperezas precisas leberidades, aunque ya sentí a lo tierno, que lo altino las usase, porque su garno su gala, y lo bízarro del arte, pudieron en los principios, sino rendirme, inclinarme: hay amor, y como ocultas con un embozo suave, apacible en el origen los incendios a quenaces. Estando pues de estas dudas melancólica una tarde, parece que recelando futuras adversidades: al ruido de una pendencia salí al valcón, fiero lance! pues vi de cuatro traidores acometido a mi amante. Perdí el color, y la vida entre apariencias neutrales, indiferente llegó con la muerte a equivocarse. Dirás que hace oposición sentimiento tan notable con solo un afecto tibio, sin qués ser amor pasaste? Y así por latisfacerte la duda si la formaste; digo, que no es siempre él se? al parecer semejante, y en las amorosas lides, mas suelen diferenciarse sin saber de sus pasiones las ocultas propiedades, porque el desdén, la tibieza, el enojo, y lo intratable, suelen fabricar de amor las firmes seguridades: y estás mejor se conocen en los peligrosos trances. del sujeto, que es amado, que como del susto nace el turbarse la razón, y así el artificio falte, brota el corazón entonces oprimido sus verdades: esto advertida aprendí cuando juzgaba ignorante estar tibia, y desdeñosa, estando tierna, y afable: y así volviendo mi afecto con mi valor a cobrarse; vi a D Pedro de Cardona, ocasión es de nombrarle CIAAL habiendo de referir de su aliento lo admirable, que al pintar sus rendimientos. aunque yo se los cansase, llámara mi vanidad grosera si le nombrase, porque hasta en esto mi amor quiso el respeto guardarle. Vile gallardo, y valiente, bizarramente empeñarse, atropellando del riesgo indecentes corredades: presteza, fuerza, y arrojo, hicieron también sus partes, que asombrados los traidores. huyeron como cobardes. Yo perdí mi turbación, y la libertad amable, porque a triunfos de su espada mi triunfo no le faltase: de su buena suerte ufano quedó mi amor con tratarle, añadiendo a su valor lo discreto, y lo elegante. De esta manera dichosas, continuavamos constantes nuestro amor, hastaque el tiempo, volviendo a Madrid mi madre, nos apartó de estas dichas, y nos dio con los pesares: fue la causa verse sola en Provincias tan distantes de su patria tanto tiempo; y así le escribió a mi padre, como en Madrid le aguardaba, donde con penas más graves, dentro de muy pocos días murió apretada mi madre, de su dolor riguroso, de su pena siempre grande: la nueva fatal, y triste, luego la escribi a mi padre, que es sin duda la ocasión porque he abreviado el viaje; pues sin saber su venida, ayer tune por la tarde carta suya de Toledo; en que dice, cruel trance! que hoy ha de estar en Madrid, donde gustoso ha de darme a don Enrique de Lara por esposo, que le trae desde Indias, donde ajustó el que con él me calase, por ser muy rico, y muy noble, y de generosas partes; de cuyo trato ajustado, todas mis congojas nacen: pero he pensado, fiada en la merced que me haces, en una industria ingeniosa. si en ella tu amor me vale; que habiendo tus padres muerto, la tengo yo por muy fácil: pues por hallarte tan sola no aura quien te lo embarace, para que mi amor por ti dechoso pueda lograrse, haciendo tú mi persona, siendo fuerza que se entable, pues por dejarme tan niña no me conoce mi padre: y también tener las dos tan conformes las edades; circunstancias que son todas para el caso favorables, Y si te inclinas a Enrique, podrás con él desposarte, pues será en sus bulmas prendas lo mismo verle, que amarle. Yo haré también tu persona, porque ha de ser importante, diciendo dejé mi casa por venira acompañarte, y verás que me agradece la fineza, pues tu padre con él tuvo una amistad tan nombrada, como sabes. Doña Ana, mi grande amiga, ocasión es de mostrarme los quilates de tu fe, de tu amor las lealtades, pues en el caso no puede tu crédito aventurarse; y podrá ser que algún día llegues la industria a estimarme. Darasme sosiego al alma, serás el glorioso examen, en cuyo timbre gradue las perfectas amistades, los empeños, las finezas de sus fueros admirables, siendo porrara entre todas, aquesta la más notable. b. Notablemente admirada tu petición me ha dejado, si bien por ella he juzgado lo que estás de apasionada. pues no miras que el casarme con menaira, y con engaño, es solicitarme el daño yo misma para agraviarme. Y cuando yo por tu amor este imposible venciera, y el respecto me perdiera, faltando a mi propio honor; no reparas que mi hermano don Carlos de Silva, fuera quien la muerte recibiera si así fuera por mi mano, pues aunque en Madrid no asiste, por haber dado la muerte a un primo, contraria suerte, donde mi pena consiste, de don Fernando de Bargas, pues por ella me ha faltado su abrigo, habiendo quedado con algunas, mas son largas estas cosas de contar. Solo digo que en sabiendo que quedé sola, sintiendo falta de tanto pesar, de donde estuviere, amiga, vendrá Carlos a asistirme con quien podré divertirme de aquesta pena enemiga; y te aseguro que lloro el no hacer lo que me pides, pues tú misma me lo impides. por ser contra mi decoro. Pues solo el reparo ha sido. en el llegar a casarte, no quiero en eso empeñarte. pero en lo demás que pido no aura razón de negarlo, pues si mi padre te instare a casarte, y te apretare, no querrás ejecutarlo, diciéndole la verdad, en que yo vendré al momento. Pero dime, con que intento finges esta novedad? Por el mi fineza vive, y no te la he de callar; y es que no puede tardar don Pedro, según me escribe, y entreranto que viniere suspender esta violencia. Mejor podrá tu prudencia hablar cuando se ofreciere: y así podrás sin mi empeño, con verdad, y fundamento dilatar el casamiento, hasta que venga tu dueño. A mí me ha de embarázar de hija la turbación, y tu puesta en la ocasión nada te puede estornar. Que ciego tu amor procura llevado de su pasión, querer sin contradicción intentar una locura. Como imposible esoy viendo Ju que ha de ser que a nuestra puerta lo que intentas atrevida, porque es cosa nunca oída la que me estas proponiendo. Y así con tu padre asiento que nuestra intención se entable, pero como será estable. esta ficción un momento? Si somos tan conocidas, sin que valgan prevenciones, nos hemos de ver perdidas, todo el cuento declarado, corridas de su capticho? Eso estuviera bien dicho si fuera como has juzgado difícil el continuarle; pero entre las dos, es cierto que el caso estara encubierto, hasta querer revelarle; porque si no hemos de sero vistas de nadie, es forzoso que ene disfraz ingenioso jamás le llegue a saber; y también lo facilita. viviraquirecatadas, sin confusión de criadas; ni tener una visita; no siendo de nuestro estado el parecer, ni el salir, que esto ayuda a conseguir el logro de ese cuidado. No sé Leonor que decir cuando es eal nuestra dmista y de aquesta ceguedad no es posible disnadirte. Válgate Dios por doña Ana, que clevada, y que fruncida esta toda divertida haciendo el papel de vana. Para, para. Mas qué es esto? se ha parado un coche, juzgo que tu padre ahora llega con el nobio advenedizo que por instantes esperas. Sábes lo tú? . Lo sospecho Pues salte Inés allá fuera, y miralo. Voy volando. las dos que en mil ocasiones, d. . Posible es que en su fineza doña Ana no he de lograr que esté favor te merezcan, mis ruegos? Adónde están las nobles correspondencias de tu voluntad, pues una cosa tan fácil me niegas, cuando tan poco aventuras? Yo nací con poca estrella. Porque no juzgues Leonor que ha sido mi resistencia defecto de mi amistad, si no prudente advertencia de aquel natural decoro a que nacimos sujetas. Respondo, que aunque atropelle las futuras contingencias del peligro en que me pones: por ti haré lo que me ruegas; pero advierto que ha de ser con la condición supuesta, de que en llegando apretarme a que me case, resucita, he de descubrir el caso, porque en todo tiempo sea la disculpa de mi engaño, de tu afición la cautela? Claro está que de otra fuerte no era imposible que fuera, sujetando tu albeddio. Digo Leonor que así sea, porque mi amistad conozcas. Pues sean de tus finezas mis brazos el desempeño, hasta que pagarte pueda, pues me has dado nueva vida. Tu padre es el que se apea, y viene diciendo a griros, que avisen con toda priesa a Doi Leonor su hlla. Pues Leonor, mira que tengas entendido que DAna hace mi papel, y que a ella es a quien debo la vida. Justo será que agradezca que a la una por razón goce, y otra adhonore tenga. Don Leonor es on Ana. V Ya entiendo la estratagema, y que con suerte trodada al viejo engañar intentas por Pedro de Cardona. Todo el amor lo atropella; a recibir a mi padre salgamos a estotra pieza: y tú Ines ya sabes que importa el secreto. . Gentil flema gastáis sabiendo que yo aunque tormento me dieran, fuera un bronce con basquiñas, y un mármol con orejeras. Viejo es él tal mi señor, en buena edad se pasea, con un géntil mozo al lado, qué es el novió por la cuenta? dejando una, y otra sala, a la del estrado llegan, ya la polvora oísparan de enbustes, y revciencias; uno abraza a la hijefalla, y otro envovado se queda, primer jornada de novio: con bratoradio se la pegan. No ves a Jues? . . Si picone llámala pues, a que esperas? Ahora bien, quiero llegarme al novio, por veratenta si con la gente reparte cosa que de contar sea. Tente Inesilla. . Quién es? Quien tu hermosura celebra Picón soy, no me conoces? Luego dije que tú eras. El conocer los Picones es propio de las discretas: abrázame. . Tú en Madrid? Poniéndole al viento espuelas desde Milan por la posta vénimos como sacias, que amor, y una ausencia obligan a lo que el hombre no piensa. Y tú señor? Ines mía. Señor Pedro, tú seas tan bien venido a esta casa, como desgado en ella has sido abrázame ahora. Quién pensara! quién dijera! que otra vez a estros y novales llegara Ines mi fineza a lograr sus esperanzas: como está Leonor? Muy buena: que lágrimas! qué cuidados! y qué desvelos le cuestas? Bien paga mi voluntad: mas dime que gente es esta, que en esta casa la extraño? Es porque ha venido a ella el padre de mi señora, y en este instante se apea el viejo como en su casa. Qué presto Ines mi fineza hallo un estorbo? a mal tiempo siempre un desdichado llega! en Indias juzgo que estaba, si la memoria no hierra? Y de Indias viene a estorbar; que un suegro es tan mala pieza, que vendrá del otro mundo solo a moler. Yo quisiera que dijeses a Leonor, como aquí mi amor la espera. Téngolo por imposible? Haz tu lues la diligencia. Veré si puedo, y si no volveré con la respuesta. . Mira que no se teolvide: nombrarme cuando se ofrezca por Pedro de Cardona, como hasta aquí si te acuerdas. Señor Don Carlos de Silva, de que sirve esa advertencia, cuando se yo que después que aquí te sucedio aquella desgracia grande, con ese nombre has corrido tormenta por toda Italia? Es verdad, y le debo a esta cautela quizá el no ser conocido. Qué bien dimos por las señas con la casa de Leonor. d. . Como es aman su belleza del corazón, no fue mucho. Aquesta es la vez primera; que acerte sin preguntar, y es cosa en Madridbién nueva: que en este lugar en una cascara de npuez se albergan, Cimbrios, Lombardos, y Godos, (huchumecos, Cafres, Persas, Corvaros, Lacedemonios, sin que el uno de otro sepa quién es, ni como se llama: con que en una casa misma al uso de Babilonia, se hablan seténtay dos lenguas; pero dejando esto aparte, que razón hay que te mueva a que no vayas primero a ver a tu hermana bella, que estará triste, y llorosa, lamentando la tragedia de la muerte de tu padre? Para que Picon me acuerdas iemorias que han de aflijirme sin qué remediar las pueda? déjame que vea agora de mi Leonor la belleza, que tiempo habrá para todo? Es que se tarda, y mis muelas ha mucho que están ociosas, y he caminado diez leguas sin cogín, y en un arenque, verdugo infiel de madera, que en un trote continuado toda la ley me hechó acuestas, que habiendo postas huidas, se usen almaradas; pesía el alma del que inventó galopes en mala vestra. Qué dices? Pedro en casa? Si Leonor, que ahora llega a ser mariposa amane de tu luz, a ser estrella que al Sol le bebe los rayos para lucir, flor sedienta, que al Alba el llanto le enjuga para matiz de la selva, paratiiunfo de mi amor, porque así mi afecto sea del centro de tu hermosura, mariposa, flor, y estrella. Deja hipérbeles ahora Pedro, y de tanta ausencia borren el dolor mis brazos. En ellos de mi fineca, se confirme el amoroso nudo que el tiempo no venza. Mira que viene tu padre. Oh plegue amor! Que se acerca. Vete Pedro, hay de mí! no algún pesar nos suceda, que en volviéndonos a ver te daré más larga cuenta. de mi amor, y mi forruna. Lo mismo el alma desea. pues Leonor por no enojarte. Acabad diablos que llega. Me voy, y a buscarte vuelvo. L. Esa esperanza me alienta. Yo me voy paso entre paso, porque el viejo no me guela. Con que placer Leonor mía después de tan larga ausencia llegaraa verme en tus ojos, si la muerte aleve, y fiera de tu madre, no turbara mi alegría con su pena; pero ya el cielo lo quiso: o como el verte me alegra! pues cada vez que reparo en tu hermosura me acuerda de tu madre las memorias, porque eres su copia misma. Hay señores !es parece. que se parece a la vieja. Vuelve otra vez abrazarme: que grande estás, y que buena; a tu madre veo en ti. e. O lo que una pasión ciega! Antes puedo asegurarte, que parezca, hija supuesta, según lo poco que imito sus divinas, y altas prendas, porque en mí no hay más señor, que una aprensión una idea, que de sus méritos formas, no porque yo lo merezca, pero solo con servirte espero imitar sus huellas. d. . Pues señora, aunque el respeto me ha embarazado la lengua, para explicar la ventura; que me previene mi estrella; sabed que ha sido el silencio la cláusula más discreta, pues siempre la de los ojos fue la mejor elocuencia. ̱. Los míos por mí os responda, porque mejorencarezcan lo que recata el cuidado. Yo estoy turbada, y saspensa. No hablas Ana a mi padre? L. Como esta es la vez primera que os he visto, no extrañéis mi cortedad, y vergüenza. Qué bien Don Ana en vos lucen la humildad, y la modestia: para conmigo es señora la ceremonia superfida, pues la casa donde estáis es tan mía como vuestra: pues vuestro padre, yofuimos tan amigos, que pudiera asegurar que no ha avido nunca amistad tan estrecha: y por haberos venido a estar con Leonor, quisiera con nobles demostraciones desempenar la fineza: y siempre que vuestro hermano D Carlos de Silva vuelva al Madrid, estoy seguro, que ha de agradeceros esta acción, pues ya sé Ana la ocasión que así le empeña a estar fuera de su casa: la juventudes inquieta, y así lo ha sido en Don Carlos; pero con bizarras muestras de valor, es bravo mozo de talle, garbo, y presencia. El cielo os guarde mil años, como mi afecto os desea, que con tan piadoso amparo pienso estar como hija vuestra hasta que venga mi hermano. Y también después que venga. A. que es lo que en este hombre he visto quela inclinaciónme lleva? . Qué mujer es esta cielos! que su divina belleza la atención me ha sespendido? con aquesta si que fuera dichoso yo, si lograra: que es esto amor! tan apriesa en mis ojos introduces tan apacible violencia. . A dudas, y confasiones tan preso un alma se entrega. Pues el tiempo da lugar, será bien que se prevenga el cuarto de Do. Enrique antes que más tarde sea: vamos hijas, porque nada se hará sin vuestra asistencia. L. Cielos llego se mi industria, d. . Yo estoy sin mí! Yo voy muerta de ver que es ya Do. Enrique el ian de mis potencias. La trama está bien vroida, plegue a Dios que por bien sea, y no descubra la hilaza lo bastardo de la tela. Rodrigo el empeño es grande en que hoy el amor me deja. Claro está, porque tu esposa tiene extremeda belleza. E. No es esa, ay de mi Rodrigo! beldad, que el alma me lleva a más glorioso motivo mis esperanzas se alientan: a hechizo mayor se riden mis sertidos, y porencias. Hechizo mayor, que dices? habla para que te entiendan. d. . Ya no pretendo casarme con Leonor. Aquesta es buena: pues di con quien? Con doña Ana su amiga, y su compañera. Jesus mil veces! qué oído? más cuanto va que te llevan con capírote a Toledo? que un hombre de tantas piendas como tú, aquesio pronunoie, cuando en su casa te hospeda Liego Ostorio? tú habías de cometer tal vajeza, deseirando la hermosura de Leonor, la conveniencia ajastada con su padre? por Dios señor que en ti vuelvas, y no digas disparates. Toda mi razón fuiera su hermosura, y no te admire que este feliz triunfo emprenda. Y Leonor acaso es manca, nariguda, calva; o tuerta? no tiene famoso talle? Es grande la diferencia: no viste a Ana, di, de mil perfecciones llena? no viste al Sol en su rostro, y en sus ojos dos estrellas, vayos de luz soberana, abrasando lo que encuentran? No viste el cielo formado en aquella breve esfera, donde el tesoto de luces más manifiesto se encierra? No viste que un rayo hermoso, despedido de la inmensa valiente hermosura suya donde la muerte se engendra, por desgracia venturosa, en mí su rigor emplea? y que al tiempo que el destrozo ejecuta con la ofenta, siendo mi mal conocido les dije a sus luces bellas, tened hermosos rigores, que si la vida me cuesta, no más que el haberos visto, estando rendida, y presa, para que en muerte tan clara usais de mayor violencia: de esta manera he quedado lleno de amor, y fineza, deseando merecer los triunfos de su belleza, porque hacerme venturoso solo su mano pudiera: viense me ha de embarázar la asentad a conveniencia del casamiento ajustado, con Leonor, que noble ostenta hermosura, y bizarría, cuya opinión verdadera me obligó a que eféctuase el desposarme con ella; pero doña Ana ha dejado toda mi razón tan ciega, que sin ver lo que atropello, mi fuerte pasión intenta su casamiento, que abona su conocida nobleza; por haber tenido el padre con Don Diego tan estrecha amistad, prueba bastante de calidad, pues no fuera su amistad tan celebrada, si igual sangre no tuviera; y así en esto estoy resuelto, Mira vien como te empeñas, que es el arrojo terrible, y para ti de indecencia: pues quieres sin ocasión cometer una bajeza, pagando a Don. Diego Osorio sus cariños en afrentas. Cuidadoso, y advertido buscaré ocasión que pueda disculparme con algunos, va que con todos hosea: y si por corta la causa no serbastante parezca, no pudiendo más, Rodrigo; morir, o vencer es fuerza; pues tan amante he quedado de las singulares prendas de doña Ana, que el matarme será, habiendo de perderla, de mi muerte nuevo triunfo; de la vida corta prueba de mi amor, que le parece muy poco lo que pondera; Mira señor.. . Eal calla, que tus reparos me aumentan de ejecutarlo el deseo, mo y así descansar me deja? esto ha de ser, vive Dios, Pues si ha de ser mi obediencia, aún para casos mayores la tendrás siempre dispuesta. Mucho señor don Fernando estimo vuestros afectos, pues en hacerme merced siempre habéis sido el primero: paga es de mi mucho amor; llegad sillas aquí luego. La que vos me hacéis, señor, estimo yo, como debo, quitiendo que conozcáis lo que serviros deseo, que yo he quedado gustoso de haberos yisto tan bueno; muy bien venido seáis, y a Dios, que estoy conociendo que agora no es ocasión de embarazaros más tiempo. Pues aunque sea de paso. d. . Mi enemigo, con don Diego esta, Picón, atendamos. Señor don Fernando, quiero que a don Enrique de Lara conozcáis portodo vuestro, que es con quien tengo sjustado de Leonor el casamiento. Antes muera yo mil voces. Cón Leonor, Cielos que es esto? Llegad señor don Enrique, y conoceréis por dueño de esta casa, y lo que vale, debido a este Caballero, que es el señor dombernando de Vargas, y de Cisneros. Por la misma obligación mil veces la mano os beso. En mí tendréis quien os sirva con fineza, y con empeño. Venid señor don Fernando, para que os vamos sirviendo. No habéis de pasar de aquí. de . Para hacer lo que debemos nos habéis de dar licencia. Un etna abrasa mi pecho. . Todo el peso de desdichas sobre mis hombros se ha puesto, para que al golpe tirano rendido pierda el aliento. Casada Leonor con otro, o ajustado el casamiento, o como crece el dolor! cuando el examen es cuerdo. Y así porque no consiga contra mí todo su e fuerzo le detendré con la furia de mi loco pensamiento, que altivamecte presume que aqueste brazo, primero ha de quitar tantas vidas, llevado de mis extremos, que a la desunión fatal de tanto humano compuesto el arrojo concibido del estrago del suceso, dará mi ofensa al olvido? y a los horrores expresos, que formate el caso inorme tomándolos por ejemplo, verán en la misma imagen en avisos, y recuerdos, la memoria de la muerte, y el propio conocimiento. Sin doda señor don Carlos, que en oración esta puesto, pues hay memoria de muerte, y propio conocimiento; pero veo no sacamos de este ejercicio provecho, pues siendo Leonor tan propia; muy poco la conocemos: y con decir su merced, con lagrimita, y pucheros, mi padre me hace esta fuerza, quedar a usted muy contento, y aquesto se añadira aquello del que te pierdo: que no he de verte bien mío! hay que rigor! qué tormento! y luego tú le dirás, en mil temuras envuelto: hay prenda del alma mía! enjuga el llanto que muero! que es perderte! qué es dejarte! primero, viven los cielos! todas las radiantes luces de aquese azul pavimiento, se eclipsaran apagadas de mis suspiros horrendos, y en cenizas todo el orve, un Miércoles de ella hecho, quedara si no en las llamas, en el calor de mi fuego, escarmentado a mis iras, y quemado a mis incendios. d. . Pícaro, descomedido, cuando ves que estoy muriendo de mis pesares reburlas: por vida de. Quedo, quedo: y por vida de Leoñor, que no paste a mar aquisto, que por tu hermana no pido, pues contigo no hay remedio de que la veas, y quieres, según en tu flema veo, esare en una posada sesenta meles, teniendo casas propias en Madrid; que todo mi juicio pierdo, viendo aqueste desatino: no me dirás que es tu intento? Enseñarte a bofetadas que dejes lo consejero. Aquí de santa Leonor, a quien invoco; y apelo. . Vive Dios! pícaro. Ay. Ay: pues juro por mis aguelos, de decírselo a Leonor, porque vengue sus desprecios. Don Pedro? tú estas aquí? tan demudado, y fevero? dime la ocasión que así en mi presenccia te ha puesto? Señora? señora mía? yo diré lo que hay en eso. Infame, loco, atrevido. Acaba, dime Pedro la causa de tus enojos, y sea breve, porque temo, que nos verán si te tardas. Diras qué tu esposo, hay cielos! verá que hablamos los dos, que es lo que tú estas temiendo. on2 Si estoy hablando contigo, de ti no cabe el recelo. Que alevosamente salsa, tirana a mi noble pecho quierer quitarme la vida con ese embozo alagueno. Tu padre no, no te casa, ni tiene tal pensamiento, con don Enrique de Lara d. . La verdad nunca la niego, mas oye, y conoceras el timbre más verdadero del valor de mi fineza, l que es de amor milagro nuevo. Por ver si pueden mis ansias templarse con mis afectos, he de decirle a doña Ana que la adoro, mas qué es esto! Cielos aguí don Enrique, o qué riguroso aprieto! apoya lo que me vieres, que importa, y yo te lo ruego: seguido de lajusticia ha entrado este Caballero en casa, y pidiendo estaba que le ocultase muy presto. Bastara para ese fin haberos quedado atento en esa sala primera, sin entraros más adentro, que en ella seguro estabáis de la justicia, os advierto que el que noble a este decoro atiende más que a su riesgo; y ha sido él llegar aquí demálsjado atrevimiento; ciego de cólera estoy. . La venganza de mis celos se me ha venido a las manos, a pedir de mi deseo Cabal ero mucho extraño el veros tan descompuesto, con quien a valerse entró de esta casa, y su respecto: moderaos por vida vuestra, porque habláis con quien entiendo que no ha sufrido en su vida ningún descomedimiento. d. . Pues también advertiréis que a vos os está atendiendo, el que siempre ha castigado aún menores desaciertos, y si en casa no estuviera ded. . Bueno esta Caballeros: como delante de mí así empuñáis los aceros? Vestra presencia reporta mi enpio, d. . Y la mí lo atento; pero porque no se impidan vuestros castigos severos, en el Ángel os espera con un poco de secreto, hoy don Pedro de Cardona, que es con quien tenéis el duelo, Pues don Enrique de Lara le acábara en ese puesto. Si no es que primero yo, muero al rigor de mis celos. eo Jesús senor don Enrique, para todo aqueste empeño qué ocasión habéis tenido? Qué ocanó? la de quereros, señora después que os vi con mil amantes extremos, y así celosos impulsos motivaron este encuentro el secreto guardaréis del desafío propuesto; a duirtiendo, aunque de paso que sois por quien vivo y muero, y que vuestra mano es solo de aqueste achaque el remedio. y Solo le faltaba ahora. al corazón este aprieto: buen desahogo ha tenido, cuando está de amores lleno. Este pesar, ay de mí! me ha turbado todo el pecho, porque ha de ser de mi amor el más nocivo veneno: que el extremo de locura mal mirado, y poco atento, de don Fernando de Vargas muy poco desasosiego cansaba el alma, mas este será riguroso incendio, donde renazca mi amor, calificado de eterno. Suspensa, Leonor, y sola con poca razón te veo, pues siempre se ven los gustos conseguidos los deseos, y tu pasión muestra agora contrarios estos efectos; pues cuando logras los gustos ostentan los sentimientos. No es pequeña la ocasión de los pesares que tengo, y así doña Ana sabras que hoy ha venido don Pedro, y estando hablando conmigo entró don Enrique luego, y no sirviendo de nada el decirle, que huyendo de la justicia aquel hombre había entrado resuelto: del decoro de la casa empezó a formar su duelo, habiendo sido el reparo solo en verle tan adentro. Travaronse de palabras porque lo sinio don Pedro, y al Ángel desafiado le lleva de enojo ciego. Mira si es bastante causa para que sienta el suceso, solo par lo que del puede resultar, no por el riesgo de don Pedro, que aseguro de sus bizarros aceros ser poco para su brío de este lance el lucimiento. Ay Leonor del alma mía! cómo estorbarlo podremos? Qué es de mi vida el peligro, y es de mi amor el recelo. De tu amor? qué es lo que dices? De mi amor a decir vuelvo, pues don Enrique ha podido triunfar de mis pensamientos. Don Enrique? espera, aguarda, como doña Ana tan presto del muro de tu recato se ajaron los privivilegios? En tan breve tiempo pudo rendirte el tirano imperio de amor, cuando publicabas vanagloriosa desprecios de su injusta tiranía, ya sientes, ya amas, qué es esto? No es tiempo Leonor ahora de dispurar los sucesos del tiempo, amor, y fortuna: digo que mi error confieso, y que de mis vanidades ya logro mis escarmientos; pues tanto Enrique me lleva la atención, que te agradezco eltrueco empezado, a fin de lograr tan noble empleo, pues tu favor me asegura que le ha de tener por dueño. Una mujer como tú, con un engaño supuesto así había de casarse? Jesús que notable yerro! no reparas que a tu hermano de pena le vieras muerto, si sin su gusto tomaras estado? Que ya te entiendo, deja Leonor falsedades, y baste ya, pues confieso que tú has tenido razón de vengarte de mis hierros, y de mi presunción vana. L. No es venganza, si no acuerdo: desquite de aberme tú culpado; el ardid discreto, pues lo que antes fue delito, ya lo tienes por acierto. qué quieres Leonor? no ignoro que he resistido tu ruego: mas una vez concedido, de hacer tu papel me huelgo; pues de este engaño resulta de mi esperanza el efecto, y estorbar el desafío es lo que ahora deseo, porque no peligre Enrique. L. Yo no discurro más medio que decírselo a mi padre. Has dicho bien, vamos presto, que me ya en ello la vida. Y a mí Ana el sosiego. Qué sientes? Una violencia: y tú? Un apacible incendio. Luego ya del mismo achaque adoleces? No lo niego. Callarele el doble trato de Enrique, que osado, y ciego, se ha declarado conmigo, porque Ana en su empleo, prosiga y lleve gustosa adelante el finjimiento: porque veas que procuro pagarte con lo que puedo, te doy palabra de hacer los oficios verdaderos de siel amiga del alma, porque logres tus afectos. Guárdete el cielo mil años: de ti nunca esperé menos. Mostrareme agradecida. Verás mi agradecimiento. Lo que te debo te pago. d. . Yo soy la que más te debo. Pues espero ser dichosa. Por ti ser dichosa espero. d. . Con tu fineza alcanzando. Con tu opinión consiguiendo la mano de Do. Enrique. Y yo el amor de Don Pedro.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Del Buen. Seceso hasta aquí parece he tardado un siglo: más cuando pasos del odio más largos han parecido? Aquí he salido a rehir, apasionado, y altivo, porque mis celos crueles vean al fin en sus principios: siendo por mí en este campo mi más sangriento enemigo; tragedia que solo arguya con los horrores avilos: advertencia misteriosa, que decleré sin decirlo, del edificio arruinado, las fábricas des olvido. Por las noticias que traigo presumo que este es el sitio donde el valos podrá solo ser de las obras testigo: viendo el honor, que es el juez, con tinta de sangre escrito, en una hoja el proceso del arrojo del delito: mas este que a mí se viene es don Pedro mi enemigo. Aquí señor don Enrique me tenéis, mas tan perdido que por poco no me hallaráis, temiendo vuestro castigo. Pues si a vuestra presunción imposible ha parecido, antes de mucho veréis como yo le facilito. Pues las manos lo averiguen. Con ellas siempre lo afirmo. No riñe mal, por mi vida, lo fuerte del brazo admiro! En mi vida pensé ver esfuerzo tan peregrino. De no tenerle ya muerto, vive Dios que estoy corrido. Mucho el brazo de la espada le siento descaecido. No tiene la fuerza ya en el brazo, que al principio. No puedo tener la espada, sin duda estoy mal herido; o pesea mis ardimientos, que mal el dolor resisto! pues primero que rendirme he de matarme yo mismo; porque es bajeza quedar de mi enemigo al arbitrio, y el defecto de este brazo suplirá estotro, regido del valor que siempre grande en los riesgos conocidos, tiene la muerte por vida, y muere por conseguirlo, y así reñid, que aguardáis? Que os detengáis os suplico, y no a mi costa os mostreis tan bizarro en el peligro, pues una gota desangre que os saque mi desatino, de la manera que estáis, es necesario advertiros que manchará por si sola el blasón esclarecido: de la mía, que advertida os reporta, cuando altivo, por lograr una memoria la buscáis por el olvido del achaque de esa herida: queréis hacer desvaríos, y el Médico, y Cirujano soy yo de vuestro delirio. En riesgo está vuestra vida, y el ciédito que adquirido, si más otra vena os rompo, de perderse a un tiempo mismo: y así porque nose diga que mi pasión ha podido en lance tan empeñado, mas que todo el valor mío, pues la vida está a mi cargo que quitaros he querido, aunque la queréis perder, no podréis, porque es preciso si está mi crédito en ella, y en mi mano el sacrificio que muera de mi pasión aquel impulso nocino, para que en vos mi opinión el crédito deje vivo sanando mi honor a un tiempo de su achaque vengativo; porque yo le dejo bueno, no estando vos de peligro, y así a los dos nos importa, que pare aquí el desafío. No ha de parar, vive Dios! porque atento, y advertido, que se empareje la sangre con la vuestra determino pues bueno no quedará mi honor sino lo consigo, quedando de vuestro hierro, mas achacoso, y sentido, y siendo así defendeos, si a caso yo os lo permito. Teneos ya, porque es eso buscaros el principio. Primero seréis aquí ejemplo, ruina, y aviso. Pues en eso estáis resuelto, hará mi valor invicto una bazaña como suya; porque tengáis entendido que con ventaja ninguna, siendo mía jamás riño, y solo de esta manera que prosigamos permito. Cumplis con lo que debéis, y hasta que yo haya cumplido con lo que debo, es forzoso renir hasta conseguirlo. Pues vease en lo pequeño, lo grande de nuestro brío. Deseoso de estorbar el encuentro, que me han dicho quedando bien Don Enrique, cuidadoso aquí he venido? pero allí tiñendo está brioso con su enemigo: las espadas en el suelo tienen, no entiendo el motivo, mas sea por lo que fuere, apartarlos detérmino: Caballeros, suspended los aceros vengativos, que aunque pequeños me advierten vuestra grandeza en sus filos, y es bicsón de vuestros pechos, pero qué es esto que miro! Poco podrá su atención en ese lance conmigo. Señor Don Carlos de Silva? vos en Madrid, y en tal sitio, riñendo con él que tiene obligación de serviros? pues Do. Enrique de Lara, por ser en todo tan mío, en sabiendo quien vos sois, su pesar será infinito, del disgusto de los dos, y por la ocasión, que ha sido: pues en vos no era ninguna, porque sois como yo mismo, muy dueño de aduella casa, y en eso solo me admiro, de que a D. Enrique entonces no lo hubieses advertido, para que con vos atento obrase como mi hijo, que el estar capitulado con Leonor, ya abréis sabido, Mucha novedad me hace, que me habléis en este estilo; pues no soy el que pensáis? estoimporta a mis disignios, . ni el nombre que referis juzgo que jamás he oído: y en lo demás que mandáis, sabed que gustoso os sirvo, pues al señor don Enrique ha mucho se lo suplico; porque el brazo de la espada ha de tener mal herido, ocasión, porque empeñados de las dagas nos balimos, Admirado, y con razón he quedado, habiendo os visto. por ver que sois a don Carlos en todo tan parecido; mas ya por todas razones la cortesía os estimo, admirando de los dos el duelo tan peregrino. Y pues aquí no hay que hacer, porque también se ha sabido cumplir con la obligación que se deben así mismos; venid señor don Enrique. Tened, que no lo permito, porque más quiero quedar muerto, por haber querido cumplir bien con lo que debo, quedando igualmente heridos, que quedando vos mejor, salir de este campo vivo. Aunque el valor se supone para herir al enemigo, el valor sin la fortuna jamás pudo conseguirlo; y ninguno quedó mal con lo que fortuna hizo. Eso así se entendera para el pueblo discursino. Pues en campliendo con él, con todos tenéis cumplido. Eso no, porque primero ha de ser cumplir conmigo, y en esto que a mí me roca, yo solo he de hacer el juicio. d. . Por apasionado, y solo será el errarle preciso En estos casos de honor, solo por yerro es tenido el tratarlos. . . Pues por qué? Porque el trato de ellos fijo es solo para el consejo, y tiene el que va a pedirlo escrúpulo, que en el lance no anduvo como convino: y como son en la honra los escrúpulos delito, con valerse de Letrados hacen el pleito mal visto. Mas yo que soy verdadero de mi propio honor ministro, para sentenciar la causa daré de mi mano escrito, en el castigo que intento, que es de la nobleza indigno el consejo en el honor, y que primero consigo, que con el pueblo el que es noble ha de quedar bien afirmo, porque solo asitendrá el crédiro siempre fijo, sustentándole bizarro con desprecios del peligro. Y así yo, pero la falta de la sangre ha hecho su oficio, que aún en pie no puedo estar, y vos lo tendréis bien visto, señor don Pedro, y tan bien que ha cesado el desafío, por culpa de este accidente, desgracia a que no resisto, pues ya valerme no puedo. Muy bien tengo conocido vuestro bizarro ardimiento, y con vos iré a serviros, si os merezco la licencia. Como es razón os estimo tanta merced, mas Dn liego basta que vaya conmigo. Con envivia voy atenta viendo que dos enemigos, ostentan lo cortesano sin las muestras de ofendidos. A cadta paso el tormento! y el mayor de mi martirio me dan a pasar, pronando mi sufrimiento infinito! qué es esto? ahogos del alma! soltad el cordel esquivo, porque el aprieto del azo de desaten mis suspiros: y si el ser amante heroico os parece que es delito, confeslaré en el que soy el delincuente más fino. Leonor ofende sin duda todos los afectos míos, y cierta juzgo la culpa, pues yo la pena reción; pero mientras no se vieren con ella algunos indicios. de mi ofenia, y su traición, tendré el juicio suspendido, para que en llegando el lance. de vencer; o ser vencido: o muera de mi desgracia, o triunfa de mi enemigo. Mucho tardan los señores, de esta casa, y su peligro me está sacando del alma los sustos como llovidos; pero habrá de consolarme, que en la pendencia habrá avido, el ténganse, el bueno está; no haya más, y sean amigos? y consuélenme también. de las finezas de Rodrigo, que está el pobrecito muerto por mí talle, y por mi brío, con que yo le voy chupando los doblones con desvíos; porque el dar con lo imposibel es anzuelo peregrino: tal vez le finjo esperanzas, que no lograra el bobillo, porque al son de lo tocado solo mudanzas se han visto. Hasta aquí ningún criado he encontrado, buen principio, es para lograr mejor: la ocasión que solicito: Ines? el señor don Diego esta en casa? Ya ha salido, señor Do Fernando de ella. Pues siendo así, en este sitio con más tiempo podré yo quejarme de tus olvidos? Teneros en mi memoria no basta para ferviros? Es verdad, pero pudieras. tenerme menos sentido, con verme como solias; pues bien sabes que contigo mis amorosos cuidados. reciben algún alibio: y ahora dime por Dios si aquel imposible mío gusta de su casamiento? Que una palabra no ha dicho en la materia aseguro. Ferneines si te he merecido algún afecto, te ruego con mil amantes cariños, que le digas a Leonor de mi parte, que le pido me otorgue el favor de hablarla. Jesús, y qué desatino! vos estáis con vuestro seso, eso pronunciáis maldito! el perdón me pida aquí de la insolencia que ha dicho. Esta falta los doblones supliran desee volsillo. O pues si usaste me acalla, con todo squeste argadijo, sabiendo también meterse a herir por mis mismos filos, sepa que no hallo reparo a herida tan de improniso, pues me ha dado por la vena de que yo siempre me pico: harase con todo aprieto. y este será buen testigo. Por irme en esto la vida la brevedad te suplico. Id con Dios, que os aseguro el hacer bien el oficio. Pues mira que con pretejto de visitar a mi amigo D Diego vuelvo al instante a saber de ti, perdido en la respuesta que traes si acaso muero, o si vivo. . Venid muy en hora buena, porque en lo que determino, venir luego, o venir tarde, no me será de perjuicio, pues para engañarle yo que todo es uno imagino, y no hablando a mi señora, por ser mucho desatino, entra aquí la entretenida, muy propia de mi capricho, pues en teniendo doblones mi trato nunca es sencillo, que el trato doble se traen por doblarlos ellos mismos. De Do. Enrique la herida tanto ha sentido mi amor, que te mí de su rigor no me acabaste la vida; pero con el desesgaño de saber, no es peligrosa mi voluntad cuidadosa no teme más grave daño; Que ha sucedido mejor de lo que pensé te advierto. Pues por qué? Porque es muy cierto que de D Pedro el valor no tiene igual con ninguno. Mucho tu amor le adelanta, sin mirar que en copia tanta de hombres, pudiera alguno sin ler milagro igualarle? Si lo fuera en opinión, y es darle comparación ofenderle y ultrajarle. La más bizarra mujer eres para amar del mundo. Tú verás que bien lo fundo cuando le llegues a ver. Desde luego ver quisiera un hombre tan alabado. d. . Pues saldrá de ese cuidado tu atención si apuile espera. En esta ocasión será, porque a mi casa no hovuelto, desde que quedo resuclto que yo me qued este acá: y ahora he determinado verla, que es obligación, volviendo sin dilación a servirte en lo asentado. Si mi padre te llamase estando tú fuera amiga. Entonces que Ines le diga que le mande no dejase a nadie en mi cuarto entrar, habiéndome a el retirado, mas esto será exculado, porque yo no he de tardar: y también en el salir tendré mi disposición, aguardando la ocasión de que el haya de asistir a alguna visita, y antes es fuerza que yo le asista, porque en faltando a su vista no me cuente los instantes, que con esto se asegura ese tu vano temor. Pero advierte, que en rigor nunca se tuvo a cordura en los casos de indecencia, si se pueden excusar, que haya el honor de quedar expuesto a la contingencia. Ahora, yo no argumento, más digo que es demasiado este recelo. Es causado de bastante fundamento. Yo sé lo que debo hacer, y advierte, que en esta acción cumplo con la obligación, que me debo a mi tener, y dejemos de tratar materia tan ventilada. Pues estas determinada no te quiero replicar: y solo agora te ruego, que si fueres no te tardes. Tendre, porque no me aguardes la velocidad del fuego: a tu padre voy a ver, para entablar lo que quiero. Mira Ana, que muero si acaso llega a saber, que tú de casa has faltado. No temas, porque tejuro que tienes tu honor seguro, pues pende de mi cuidado. . Dime Ines, que te parece de esto que n Ena intenta? Que en todo lo que ella inventa no tiene lo que merece. De qué suerte? En lo que ha dicho no miras, que le ha faltado solo un sayo colorado para lucir su capricho. Le. Ana es bien entendida, y haces mal de hablar así. Pues quien te ha negado a ti que no hay lo cura sabida en los tontos no hay mal juicio, si no mucha necedad: por poca capacidad, que no es de poco perjuicio: el entendido, señora, que le falta la corduta, no mal hablada locura es solo lo que areflora. Muy gran bachillera estas. Pues por mvida jurada, que en la materia tocada hay que decir mucho más. Señor? quién te viere entran en esta casa creera que es tuya, y entenderá que entras en ella a mandar, pues no reparas en nada: y te puede suceder lance en que tenga que hacer tu condición arrojada: y no es gracia a cada instante el andarse a chincharrazos: y si gustas de porrazos, hacre caballero andante: mas esto importara poco si a tu casa hubieras ido, pues no ver la hermana, ha sido confirmada acción de loco. d. . Dices bien; que esa atención a mi hermana era debida; pero quien está sin vida no cumple su obligación. El juicio, y entendimiento hacen falta a la razón, con que ya está el corazón sin razón, ni sufrimiento: y así me verás aquí con la causa de mi mal. Pues feré yo un tal por cua? si me vieres junto a tia Dueño imusto de mi amor! que en él tu poder tirano, el golpe oculta a la mano que en mi descubre el dolor: castigo impropio a mi vida, tiranamente logrado, que a muerte me has sentenciado, después de hacerme la herida. Qué me voy, fiero rigor! para mi tan desusado! Pedro te ha provacado a tratar así mi amor, que el estar sin ocasión de esa manera me admira mas tu Ines atenta mira, Jesús, y que confusión! si mi padre aquí viniere que estoy sin mí de pesar! Vendré volando, a avisar si acaso venir le viere. D Pedro, señor, mi bien, que grave causa has renido de inastrarte tan sentido en la presencia de quien tan finamente te adora? pues mi voluntad rendida, solo temera la herida, de alguna intención traidora, que la hará mi fe. . . que fe tienes sin que te resista quien de mi ofensa a la vista la comete aunque la ve Qué me dices? yo ofenderte? primero, vive mi amor! pasaré por turigor, que te permita atreverte hablarme en este sentido, pues no hay en el padecer más fiero rigor, que vor un sino amor ofendido. Pues di ingrata? si no fuera por lo salso que en ti siento, aquese tu casamiento tan adelante estuviera, que casi todos le saben? y será porque de ti ya tendrá tu padre el sí, para que con él acaben en mi amoroso cuidado finezas tan mal pagadas; aunque tan bien empleadas, por haberles tu formado, que siempre he de confesar, que nadie con más razón entregó su corazón a las zozobras de amar que yo; pero que ventura fuera para mi fineza, que tuvieras de firmeza lo que tienes de hermosura. Si lo hermoso te vio enta a tratarme sin cordura: yo con menos hermosura estuviera más contenta, que per den los padtes creo a una hija dar estado, sin tener ningun cuidado, de consultar su deseo; y así aunque mi padre tiene, Todo mi señor entero, muy mesurado, y severo hacia nosotras se viene: que llega. . . Rigor extraño! Escóndete. . Allá se quiten, que no ha de haber escondite. que esa es la de todo el año. Don Pedro del alma mía, retírate con Inés, pues va lo que importa ves. Vana será tu porfía, pues me quieres obligar a hacer cosa que no debo. Mara mi bien que me atrevo, por ver que sabes amar. Y amar con repuración. Hay señores que ya llega, y dos mil palos me pega luego aquí sin confesión. Cielos, qué haré en este trance? . . Y vos señora doña Ana, No temas, que aunque ofendido, tengo el modo prevenido para salir de este lance, que es que don Carlos aquí de Silva hacerme conviene, por él tu padre me tiene. L. Por Carlos de Silva? . . Sí. Que ventura, y que contento, . Por Dios que me voi creyendo pues don Pedro has de saber. Mañana se aura de hacer d. . Qué sagaz Pedro ha estado de Leonor el casamiento. Señor, yo vengo a cumplir con una satisfacción que darla es obligación. d. . En todo os he de servir. Pues es, que si desatento en el Ángelos negue mi nombre, muy bien se ve que me motivo el intento estar aquel Caballero allí, y no haberse acabado un pleito de algún cuidado, que es la ocasión porque quiero ninguno sepa que estoy en Madrid, mas no se entiende con vos, porque lo defiende ser tan vuestro como soy; y así a don Carlos tenéis de Silva en vuestra presenca, que d. Die. dadme, dadme licencia pues mi obligación sabéis, para que llegue a abrázaros obligado, y advertido Pues tenéis bien merecido, el biason que hago de amaros; pues aunque vos me negabáis vuestro nombre os conocí, y a porfiar no me atreví, como vi que os recatabáis. Él lo creyo lindamente, no salió su traza vana. que el Cielo la vida aumente, por muchos anos gocéis a vuedtro hermano don Carlos. Forzoso será el lograrlos con la merced que me hacéis. Si es mentira, u ilusión . todo lo que estoy oyendo. aquesta transformeción. . Cielos, si acaso mi hermana esta aquí, mas esta es vana presunción de mi cuidado. . De este viero la bondad a tisa me ha provocado. . Suspenso os habéis quedado, don Garlos, y es novedad. que puede mi amor sentir pues no alcanza la ocasión? En tan grande confusión no sé que hacer ni decir: la suspención es causada, señor de vuestros favores. quedando en tantos honores mi atención embarazada? Pues más tengo que estimar a mi señora Ana; pero al fin es vuestra hermana, y como tal ha de obrar porque de honrar sea servido, viviéndose aca a vivir esta casa, que asistir a mi Leonor ha querido mirad si a tan grande acción podré mostrarme obligada. En eso mi hermana ha obrado conforme a su obligación: en seguir no pierdo nada el disparate que veo. Y así supuesto que creo de ausencia tan dilatada, el deseo que tendréis de que en vuestra casa asista, aunque mi amor lo resista permito que la llevéis. cuando fueredes servido. Albricias pido a mi amor, si licencia dais señón, que a pediros la he venido; conmigo vendrá mi hermana. Con qué pena lo confiento! porque con extremo siento que salga de aquí Ana. Jesús, y qué turbación! yo de mi casa salir sin ver que doy que decir, arriesgando mi opinión: perdone mi amor agora, pues lo tengo de estorbar aunque reciba pesar Pedro que el alma adora. d. . Señora, mi fentimiento es tan grande al ver que os vais, que o afirmo me dejáis sin alma, ni entendimiento; pero viendo que es razón, y que De Carlos la pide, algún tanto se despide la pena del corazón. Señor, estoy tan sentida de el haveros de dejar, que a mi hermano he de rogar por su amor, y por mi vida, y por dar gusto a Leonor, que hasta que al fin la veamos como todos descamos, puesta en estado mejor, no la deje de asistir, y esto no lo negara, porque pretendo verá con lo que debo cumplir. Ah ingrata! qué has declarado tu mudanza; y mi dolor! mas no podrá tu rigor conseguir lo que ha imentado? L. Hermano, aquesto has de hacer hoy por el señor Don Diego. Ya de aolera estoy ciego, . hermana no echas de ver que nos será mormurado, que en otra casa te estes, aunque ella es tal como es, despuer de haber yo llegado? Eso no es de inconveniente pues no quita la opinión, cuando la mormuración cae sobre lo decente. Si no la quita, la pone en diverlas opiniones, Si nacen de estas acciones ninguna lengua supone. ̱. . Porque lo confieso así te quiero dar este gusto, y también porque es muy justo que niobligación aquí se conozca en el obrar: y porque así sea, digo. que acasa vengas conmigo, que hay en ella que mirar, y antes del anochecer volveras, porque es notorio que al señor Diego Hollorio me toca el obedecer. Mucho quisiera serviros, esta merced señalada, que de mi será estimada cuanto no podré deciros: y así mi señora vos, id a poneros el manto, pues habéis notado cuanto se ha alcanzado por los dos. En esto no pierdo nada, y si vuelvo a resistir, quizá no podré encubrir mi ficción enamorada: y así vengo en su intención, pues para esta breve ausencia me voy con vuestra licencia, y vuelvo sin dilación. Picón, muy bízarro estás: como me alegro de verte. Plegue a Dios, que a ti la muerte no te deja, que jamás notable favor me has hecao, y que le merezco es llano, por la pierna, por la mano, por el piechico, y derecho, por aquesta cinturita, y este vígote a la moda, y por mi fachada toda que contiene esta carita. di . No hay ese pico en España. cuando como a mi sabor, y cuando por comedor voy hacer una marana. l. . Don Carlos, porque sepáis la llaneza que ha de haber en los dos, me he de atrever a que hoy la conozcáis, dejándoos ahora aquí con Picón, mientras yo vuelvo. Vaya, que yo me resuelvo a mormutallo entre mí. Picón? Señor, Yo pretendo por dar alibio a mi amor, advertir quien de Leonor, hace el papel que no entiendo: llégate aquí por tu vida, y miremos con cuidado. Yo de puro enamorado tengo la vista perdida. Hasta agora no he podido por más que lo he deseado, ver mi deseo logrado; pero ya lo he conseguido con ocasión extremada, para atreverme a salir. Nada puedo descubrir. Yo también no he visto nada. Mucho me admiro enemiga, que hayas salido tan presto. Mi hermano aquí! que es aqueste yo no sé lo que me diga? Ven tirana, ven conmigo, si puedes salir de aquí. Qué es lo que pasa por mí! si resisto, y no le sigo, cometo culpa mayor en esto, y así he pensado decirle en casa el cuidado, en que me ha puesto Leonor. Yo tengo de acompañaros. El cumplimiento excusad. Qué es obligación mirad. También es bien acordaros la llaneza de los dos. Si también os acordáis, digo que solos os vais. Pues señor Dn. Diego a Dios. . El viejo libre ha quedado del demonio que engrendró, pues Carlos se le saco por ser un santo endiablado. . Cortesano, y advertido, conmigo Carlos ha estado, por cierto que me ha obligado su proceder comedido. Muy solo señor os veo: y mi hermano dónde está? Ahora de aquí se va, y yo vive Dios! qué creo que mi juicio he de perder: pues como, decid señora, con él no fuistes agora? d. . Eso como puede ser? d. . Tenéis razón, ay de mí! Ines, dónde esta Leonor? Ay! qué diré! yo señor no me he apartado de aquí. En experiencia tan fija, preguntar es desatino; porque Carlos aquí vino, solo a llevarme mi hija; mas su traición fementida la han de pagar hoy los dos, venid señora por Dios, pues esto importa a mi vida, que en la venganza que intento, no es bien que en mi casa estéis, porque no me embaracéis la ejecución con do atento. Muerta voy de mis temores. Gran desdicha se ha de armar, a Enrique voy avisar: reniego de estos amores, que pues mejor se ha sentido, y de la herida ha sanado, verá a lo que esta obligado, y yo con esto he cumplido. En aquesta galeria, que del cuarto de mi hermana esta tan distante, quiero hablar con aquesta ingrata; que en esta ocasión no es bien que sepa que estoy en casa: ya injusto dueño aleboso! aunque a tu pesar te hallas en parte donde tu culpa se manifieste más clara, pues el haber resistido venir conmigo a mi casa, arguye con evidencia tu traición averiguada; y pues aquí no hay quien pueda embarázar las palabras, habla, y disculpa mi ofensa, mas no lo haras, ha tirana! ministro infiel de mi muerte, triunfo alegrede mis ansias: no respondes? ni aún el manto quieres quitar de la cara? pero tu culpa lo estorba, yo tu hermano, tú mi hermana. Qué es esto? válgame el cielo! así mi hermano me trata! parece que se desdeña de que yo se a su hermana? Amado rigos tirano, astro cruel que me arrastra, para que la cara ocultas si descubres la mudanza? para que a ti me inclinaste, planera, y Sol que me abrasa, si a tan buena inclinación la castigas cómo a mala? Mortal me tiene su enojo sin poder hablar palabra. Señor? ete yo enojado, que así me quitas el habla? deja me hablar, que reviento. Pícaro, atrevido, calla. No quiero señor, no quiero, aunque andemos a estocadas, que soy valiente habla dor, y riño porque me ganas: calla, haber si me desquito. Ha mi señora Ana: mire usted, pero que es esto! tropelito a las espaldas. Mi honor cuando está ofendido respeto a ninguno guarda: pues como señor Don Carlos. sin susto de mi venganza, tiranamente atrevido. con una modestia falsa, así os atraéis a mi hija, ultrajando aquestas canas? Señor Diego mirad: ya el sufrimiento me falta, . que esta es la misma mujer que me distéis por mi hermana. d. . La misma mujer no es. Que yo lo diga no basta? d. . No, porque tenéis aquí a mi señora Ana. ̱. . Válgame Dios, es posible ser así lo que aquí pasa: cielos que mujer es esta! Jesús! estas son fantalmas! dos Leonores! mas no es mucho que está es mujer de dos caras. Y pues me hicistes la ofensa, así pretendo vengarla. Mas reportado os suplico que me escuchéis dos palabras. El disgusto de D Diego, aunque mal sano me arrastra, a venir donde me traen, por si le soy de importancia: mas aquí está mi enemigo, y no discurro la causa: señor Diego, que ha sido el disgusto que así os saca de vuestra casa, y sosiego? En mala ocasión se halla Enrique aquí, pues no es bien, que sepa de esta tirana descompostura tan libre, que a mí me obliga a ocultarla: disgusto no puede haber cuando la amistad es tanta, y solo he venido aquí, a que sepa de D Ana su hermano el señor Dn Carlos, que el decirlo no embaraza, pues sabe guardar secretos bien Don Enrique de Lara: mas porque agora le toca a ella lo que se trata: señor D. Enrique os ruego que os volváis a vuestra casa. De Don. Enrique pretendo valerme, antes que se vaya, porque su empeño me libre de ocasión tan apretada: socorred una mujer señor que de vos se ampara. D. Enrique no hagáis caso de aquesa mujer, dejadla. Cómo, si de mí se vale? eso no, yo he de ampararla. Cómo se vale esta fiera del mismo con quien se casa? vive Dios que me enloquece su libiandad arrojada! d. . Pues esta mujer me deja no tengo empeño en librarla. Por Dios que estoy aturdido de ver como va la danza. d. Ya en este empeño es forzoso, que no entienda mi desgracia: D Enrique, a mí me importa que dejéis aquesa dama. d. . A vos os importa? Sí. Mi amor A na valga para salir de este aprieto: si acaso os mueven mis ansias señor Don Enrique os pido que a esta señora tapada saquéis de aquí, que me importa. toda la quietud del alma. Ya es preciso obedeceros aunque el mundo lo estorbara. Que tan libre aquesta aleve hable así con quien me mata: fiera, tirana, cruel? pues como a mis ojos falsa, te atreves? Tened don Carlos esa suria mal mirada, que ninguna culpa tiene de estas cosas vuestra hermana: y sabed que en mi presencia. Le honor queda asegurada. estando Doin Diego aquí: y pues el suceso aguarda, de su precepto, me toca solo el cumplir lo que manda: conmigo venid señora, que mi persona empeñada. ofrezco para serviros. La colera las palabras me las quita, o las detiene: pero hay Dios! qué aque la ingrata, sacó de aquí con Enrique, y toda mi vida acaba si acalo sabe quien es: y así señora Ana pues aquí no quedáis bien, y voy a falvar mi fama: venid, porque a un tiempo mismo cumpla con todo esta espada. Quién se habra visto en el mundo entre confusiones tantas, porque en la ofensa dudosa. remisa está la venganza teniendo en lances tan fuertes la acción indeterminada: y en equivocas pasiones, nentral el fuero del alma: mas de esto no es tiempo agora, si no de ver a mi hermana, porque sosiegue un instante de mis dudas la vatalla; y después de haberla visto, sabre quien es esta falsa mujer, que aquí de este lance ha sido traidora causa.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Yo no sé quién me ha metido en cuidados, y congojas, cuando solo por criada la buena vida me roca: pero sin duda ninguna debo de ser gran persona, tal como Infanta encubierta, nacida halla en Babilonia? Cielos en que habrá parado! esto les hablar de memoria, un lance de tanto empeño, que pensar en él me asombra? Ha, que no sois conocidas leyes de honor rigurosas! o, quien hubiera nacido un ahumilde labradora! porrque los grandes estados Tolo sirven de zozobras, y el peso de ellos nos cansa mucho a las grandes señoras; no va muy malo hasta aquí lo representado, hola que se me pierde la cracia, y no es gracia. Mi señora? esta casa es donde asisto, en ella estaréis gustosa, y en mi cuarto muy segura de ocasiones peligrosas: y si de esto no gustain, mandadme para que ponga donde fueredes servida, sin riesgo vuestra persona. d. . Pues Dn Diego no me ha visto será advertencia ingeniosa quedarme en casa, porque confusa en sospc ha sola quede en hallándome en ella su presunción cuidadoa: y para que así le logre, y Enrique no me conozca, es necesario advertirle que me voy de aquí, y me importa, que ninguno sepa donde a han de llevar mis congojas: suplicándole me deje con instancia afectuosa: Caballero mucho estimo atenciones tan honrosas: pero Dn Diego, ay de mí! Ningún susto se conozca señora en vos, que me haréis una ofensa rigurosa. Pues estáis señora en casa, quedad con Dios, que me importa el saber de aquella aleve, todo el precio de mi honra: mas en ella advierto ya de mí mala causa toda; pero moriré mil veces, primero que mi deshonra sepa Enrique, o dura ley! pues cuando el honor me roban, no solo pierdo el tesoro que esurpó culpa traidora! si no que también la pena por delincuente me arroja de la alteza de mi honor, que como inocente llora: hijo, y señor Don Enrique, con justa razón quejosa nuestra amistad empeñada, esta de vos, porque ignora la ocasión porque dejañéis mi petición vergonzosa, pues el dejar esa dama a mi instancia era muy propia, y forzosa urbanidad de las prendas que os adornan: pero ya con más acuerdo, porque os deba esta lisonja me haréis el gusto que os pido. La demanda es rigurosa, y así el empeño me admira, que tenéis, cuando desdora mi obligación empeñada en hacerlo que me toca. Sin descrédito poddéis dejar mi suplica atrosa. Mal se funda ese discurso cuando lo contrario consta. Pues no vencen las palabras, disputaranlo las obras. Señor, mirad por mi honor. En él consiste mi honra. Vuestra razón, y cordura, señor, aquí se conozca. Mi ingenio a D. Ana libre; que es sinda ocasión agora, porque con otra basquina, que se parezca a la propia que ella trae, y con un manto señán de ver extrañas cosas. Posible es señor Don Diego, que vuestra prudencia heroica se arrastre, y se desvanezca por una pasión impropia de todo el decoro vuestro, dejándola tan ablorta, que atonita la razón de la violencia que nota, a voces de que se pierde responde en señas, que forma: que de un accidente indigno de su valor, está sorda, pues no atendéis al oprobio de mi fe pundonorosa, si no librara esta dama del riesgo que la congola. Vos Don Enrique juzgáis, que ace dentes me apasionan, sin advertir que estás canas sus falsas leyes derogan: y quien me trata tendrá esta por verdad notoria, por saber que no se opone a vuestra opinión honrosa: el dejar esa mujer se enlaza una instancia en otra, que pasaran aviolentas, si pierden por amorosas. Pues en las dos no reparan éntrate adentro señora, que yo quedo en tu lugar. Diste a mi honor lo que logra. E. Aunque más discurro el modo de serviros, no hallo forma, ni medio que me asegure de poderlo hacer sin nota del crédito que benero, por la pretida más preciosa. ie Si queréis hacer reparo tenéis razón poderosa que os obliga. No la advierto. Vuestra pasión lo ocasiona: y si no decidme Enrique, aunque aquí las dos nos oigan, en que opinión me tenéis; En la mejor, que es la propia de vuestra sangre, y valor. d. . Pues quien ese nombre goza no le granjeo periuadiendo la acción enos decorosa a los nobles, y plebeyos? La razón así lo apoya. Luego con mayor empeño al que su elección abona, para esposo de su hija, no querrá que descompongan su crédito dos injurias, pues no comerio una sola: y pues vuestro honor, y el mío, tan unidos se eslabonan: y sabéis que mi opinión con mi proceder conforma, que mayor razón nuscáis al quedar bien si os provoca, quien con una obligación renombre heroico areslora; que unida ya con la vuestra, tanta fuerza las dos cobran, que por dos obligaciones afianzan poderosas, que las deudas de su honor el olvido no las borra, porque habrá para cumplirlas a un olvido dos memorias: y así dejadme a esa dama, que tengo que hablarla a solas. Ay de mi honor, y mi punto! mirad señor no me coja, porque este viejo maldito tiene las manos muy locas. Que en estos lances Ana inadvertida nos ponga. ̱. . Tened, que hay réplica grande, y vuestra razón la forma: porque si se hallan dos partes, tan conjuntas, que una sola por aquella unión parecen sin que mitad se conozcan, lo que en una se introduce, se derrama por la otra: con que el beneno de aquesta taimbien aquella inficiona: y será mayor el daño, por que hay parte a quien le toca: luego en dos obligaciones, que en una su ser transforma, si se olvida de sí misma, la vna dos hierros compra, el que comete engañado, y el que los pague la otra: vuestra obligación no advierte el yerro a que me provoca, porque en públicos empeños del honor, siempre es forzosa. elección la más bizarra, y la contraria es impropia de sus timores soberanos, y de sus leyes gloriosas, Honrado, y discreto Enrique defiende lo que le toca. La más bizarra elección no es la que el arrojó apoya, sino la más ajuiada: el caso de que se forma, que el arrojo es imprudente cuando la ocasión es corra, y ahora os daré a entender que fue ofensa ignominiosa la que a mi valor hicisteis, haciendo el juicio a mi costa, con presumir cortedades en mi sangre generosa. Con vos mi valor atento por mí obligación se postra. Señores, pues, que ocasión a tanto empeto os pronoca? Lo que nofo, y lo que admiro, con justa razón me asombra: Qué es esto? bálgame Dios! si lo que admiro son sombras de fantasía caduca, que imaginadas se forman de las consusas ideas qué intrdvójola memoria? mas no, que de Real imagen estas especies informan: y así la prudencia sea quien este lance componga: Enrique, Lenor mi hija advertida en lo que nota, me ha dado a entender el ierro que ha cometido engañosa una fantasía herrada de mi discurso, que ahora conoce vuestra razón, y culpa mi instancia loca: y pues del sabio es tan propio si de consejo mejora, dejar el que tuvo antes, y de hacerlo así blasona, siquiera por parecerlo, quiero que en mí se conozca, que mi atención dejó el verro, y en vuestro acierto conforma, pidiéndoos que perdonéis mi porfía licenciosa. La estimación con que os trato, en que conozcáis se logra mi razón, que comedida solo en serviros se goza: y así si me dais licencia llevaré esta dama ahora. Sea muy enorabuena, que así cumplis lo que os toca. Venid señora conmigo. Tened, porque a mí me importa saber quien es esta dama: o como el dolor se arroja! A. Jesus! mi hermano, esta puerta entre los dos se interponga. Si señor, y sepa usted que es golosa, tuerta, y coja, fea, manca, zurda, chata, y sobre todo no es moza, y no ha seis días que era meritísima gorrona. Por la punta de esta espada demostraciones tan locas se saben, porque se aprenden castigos que les acortan. d. . Teneos. No hay que detenerle, porque ha de ser a su costa. Mejor es en este lance que Dn Tedro me conozca, y no Enrique, porque así el suceso se mejora: señor, señor, vuestro amparo a mi peligro socorra. Vive Dios que no ha perdido las mañitas de gorrona, pues se convida sin miedo luego de manos a boca: miren, pues, si me engañe en decir que era golosa. Con claridad este acaso toda mi sospecha borra. Mi empeño cesó, pues ella busca distinta persona que la ampare, raro caso! pues se entrega misteriosa al mismo que al parecer buscaba su ofensa sola. Don Carlos, vuestros arrojos son tan grandes, que me asombra el sosiego con que en ellos mi edad anciana se porta: y pues el estar aquí vuestra hermana os ocasiona a que faltéis al respeto que en mi sangre se aresora, y en el lance deba dama; pues ha mudado persona que la ampare, queda Enrique sin empeño que le imponga las leyes de defenderia por los créditos que goza: con ella, y con vuestra hermana, podéis iros, pues malogra un proceder imprudente la estimación amorosa con que siempre os he tratado, hija de antiguas memorias. Los accidentes señor muchas veces ocasionan. Ea, no hablemos en esto. Mirad que hay causa forzosa. Don. Carlos no he de atenderos. Por saber lo que alborota esta casa, entro resuelto, y a ver si Leonor hermosa: más cielos! este es Dn Carlos a quien mi pasión pregona por enemigo, y le busca mi venganza rigurosa, para estrago de sus iras: pues que aguardan mis honrosas de mostraciones, que al verle no le redacen en sombras? ahora marcaballero. Qué resolución tan loca? pues vos señor Don Fernando? sin mirarlo que desdora vuestro arrojo, profanáis las excelencias ludrosas de esta casa, grave ofensa, y en nuestra amistad impropia. Una pasión arrojada muchas veces eslabona con la venganza que intenta otra ofensa que no apoya: perdonad mi desacierto, por ser hijo de una honrosa venganza, que en otra parte se lograr a rigurosa. Y esta parte será donde las palabras nos supongan. Por qué habrá hecho Don Ternando con Pedro acción tan loca? pues siendo recién venido mi temor la causa ignora. Señor Diego, advertid. que es violencia peligrosa esta que usáis con Don Ana, pues a todos es notoria la arrojada condición de Carlos, y a vos os consta queriendo en vuestra presencia con demostración furiosa. Ya estoy en eso, y mi olvido enmendara esa memoria. Pues sea como pretenden mis pasiones amorosas. D. Señor Don Carlos de Silva, ya veréis como es forzosa la ausencia de vuestra hermana de esta casa, pues se estorban con esto las inquietudes que vuestro arrojo ocasiona; y porque será posible que resista temerosa: ir con vos es necesario para hacer lo que me toca, que diga lo que sintiere: y así decidme señora si gustáis, porque si no, en un Convento gustosa estaréis. d. . En un Convento? Y en el la tendré a mi cesta. Lo que no pudo mi amor, pueda mi pasión celosa, porque sepa de Don Pedro, porque esta damale importa: corrida, señor, estoy, viendo que os debo tan poca estimación, pues juzgáis que con Carlos recelosa pudiera salir de aquí sin atender a que borra todo el timbre de mi honor aún una pequeña sombra de temor, porque descubre la aleve culpa que emboza las mujentes como yo, que precian lo que les honra dentro, y fuera de su casa, por su estimación heroica ponen temor a los hombres, y aún a las fieras asombran; porque son tan soberanos los previlegios que gozan, que la idea más altiva, allá dentro de si propia concibe tan grande horror, que el discurso que la forma, si atrevida se declara, saca del horror que nota, que hay excelsa Majestad ofendida, y así en otra muda aquella especie aleve, para que así se conozca, que aún en lo más escondido del respeto se corona la majestad del honor con potestad prodigiosa, excelencia porque afirmo, que si a la deidad adorna secreta veneración, y en ella su ser se abona: digo, que es deidad humana, el claro honor, pues que goza los mismos fueros, que excelsos gloriosamente arellora: y así señor con mi hermano me iré luego tan gozosa, que se entienda que mi honor en mi conserva sus glorias. Esto acredita, que es Carlos su Don Pedro de Cardona. De vuestra razón he oído la queja pundonorosa, también dicha y ponderada, que vuestro ingenio enamora: y así pues que vos tomáis resolución tan honrosa: señor D. Carlos mirad que aguardan estás seroras. s. Siempre os servira señor quien siente lo que os enoja. d. . Señor Don Carlos, sabed que estimo vuestra persona con fino afecto por Dios, para lo que intento importa con demostración de amigo usar de esta ceremonia. C. Yo quedo en todo muyvuestro pues me llevo está señora. Afe que Don. Pedro lleva dos hermosísimas mozas, mas yo soy mucho mejor . y Vaya la linda gorrona, que es la flor de las mantillas clara ofensa de las tocas. No puedo disimular el sentimiento que ahora veo en mi al irle D Ana, muestra de mi amor es propia. Luego que deje a Don Diego con instancias amorosas he de pedirle a Don Carlos a su hermana por esposa, porque solo así tendrán dichoso fin mis congojas, y pondrá en dos enemigos firme paz su mano hermosa. d. . Fuerza es Enrique advertiros, que para mañana todas las cosas están dispuestas, las precisas de una boda: y así podréis desposaros si no hay causa que lo estorba. Para logiar mi intención hablar por mayor importa: siempre tendréis mi obedencia para daros gusto pronta. d. . Do. Enrique, esa respuesta de vuestra atención es propia; y porque estoy recelando que alguna cólera loca de n Fernando a Don Ana en grave susto la ponga, si acaso encuentra a su hermano: venid que será forzosa la asistencia de los dos. La ejecución os responda. Ya en mis temores forzosos vereda tengo famosa para salir con acierto de mi enemiga congoja; pues arguyo con certeza que fue cólera celosa la que le obligo a mi hermano, llevado de su zozobra, a enojarse con Leonor con desatención tan loca, pues otra causa no había: y con esto se erlabona, no menor prueba evidente, hablando equivoca ahora: diciendo, que no tenía causa de estar temerosa, por su honor, y por su sangre; y con razón misteriosa. satisfacciendo a su amante de dudas escrupulosas: y al fin resolverse a ir con mi hermano muy gustosa, él sin dispura la lleva. con resolución briosa, a su casa, que es lo más que con mi intento conforma: pues mi yerro, si lo fue, tuvo suerte tan dichosa que le hiciese por la dama que Carlos precia, y adora: y así resuelta iré a ver a Leonor, porque componga,, pues hacerlo está obligada nuestra precisa discordia: y el volverme yo a esta casa será conforme disponga su discurso, que es bien grande. en saber lo que te toca. No me dirás por tu vida para que es tanto rodeo? Porque ya aún de mi deseo se aparta el alma sentida: ay de aquel que en su cuidado advierte en lo divertido, que está en el gusto ofendido, y en el honor agraviado. Sabes señor lo que digo? que fue tu sospecha vana. Sí, porque una vil hermana no se viniera conmigo. Quién será aquesta mujer, que es diablo, y enredadora? Que su crédito desdora, da muy bien a conocer. Ella es duende, o abestruz, mas ya decirlo no puedo, porque le tengo algún miedo, y voy la haciendo la cruz. Qué Doi Pedro no me diga una palabra siquiera; sin duda quiere que miuera. a manos de esta enemiga. Buena va la procesión, pues Leonor reza entre sí, y al diablo me ofrece a mí en su bendita oración. Logrando voy lo que quiero, pues en casa estamos ya, y tengo de ver allá si aqueste es duende casero, De esta traición en mi aliento conoceréis el castigo. h Más que veo! mi enemigo es el que con ardimiento riñe, yo le he de amparar como noble, vive Dios, y tu Picon con las dos en casa puedes entrar, pues en ella casi estamos. Hárelo como lo ordenas Penas se añaden a penas. Sin mi estoy! Señoras, vamos. Aquí por serviros llega quien estima vuestra vida. De tal brío defendida segura al riesgo se entrega. 1. Imposible es reparar tan terribles estocadas. 2. Ya tan fuerres cuchilladas es más locura esperar. Válgame Dios! mi enemigo, pero no, no he dicho bien, pues es con verdad a quien ya podré llamar amigo: señor don Carlos, la vida os debo, pues la guardáis. En eso no os detengáis, pues mi atención advertida os sirve, y pues conocemos que la justicia se viene hacia nosotros, conviene que de aquí nos apartemos, porque con ella es primor de más atenta hidalguía humillarla bizarría, pues su respecto es valor. Yo soy de ese parecer y pues noble me obligáis, y en lo que me aconsejáis aún más os llego a deber: yo buscare la ocasión en que pueda mi cuidado desempeñar obligado tan noble demostración. Seguro podéis estar de que siempre me tendréis por muy vuestro. Vos veréis. como os procuro pagar Ustedes entren acá; que yo juro por mi ingenio que este diablo penitente ha de descubrir el juego. Ya mi celosa pasión ha mostrado sus efectos; pues he olvidado el peligro en que se arriesgo don Pedro; y ahora quiero saber de esta mujer el intento: mi señora, ya sabréis quién es de esta casa el dueño, y así por él a serviros. con mucho gusto me ofrezco. Que falsita está mi ama, . y ha de tragar sin remedio cuatro embustes, arrojados en una purga de celos. Mi señora, mucho estimo favores que no merezco, y sé muy bien que esta casa es de quien estino, y precio, por mi amante, y el más fino que han celebrado los tiempos, y somos muy para en uno, porque también yo le quiero. Jesús, y que bravo embuste! que mentiraza y que enredo? pero diga mi señora si acaso nos conocemos, quien soy yo, y como se llama su amante tan verdadero? Piconcille, esto me dices, pues no sabes que Pedro, por engañar en Milan aquella dama, hizo empeño con el dinero que dio a tres, o cuatro mozuelos, para que en la calle misma de la moza lindo cuento! sacasen can él la espada, y que los dos al momento cayesen, y que los otros de temor huyesen luego? no te acuerdas que fue así, y que la dama por esto dél se vino a enamorar con notable rendimiento? Vive Dios que miente usted aún mucho más que un ventero, porque el valor de mi amo, qué es a cuatre? a cuatrocientos, en lugar de darles algo les quitara su dinero si quisiera ser infame, y eso de Milan fue crerte; pero no como lo dice, y agradezcs que la dejo por ser una bachillera, sin vergüenza, y sin respetio. Pícaro, desvergonzado. Picon, pues tu descompuesto con dama que infedor hace de ella tanto precio? Ella es enbustera, y fea, y en de cirlo yo me entiendo, pues con esto se descubre. Fea yo? qué atrevin, iento? pues vea ahora el merguado si acaso se lo prrezco. Ciga, oiga, que tales la señora delos cuentos. Ines, pues tú aquí conmigo, causando me mil recelos con encubrirte no ves que ha sido notable yerro. Ya logré lo que quería, y ahora me voy riendo en busca de mi señor, del chiste de este suceso: mi señora Dines, el chasco ha sido muy bueno, pero aguárdeme uste aquí, y verá como le enmiendo. . Señora el estar yo aquí, es por tener buen ingenio, que a D. Ana le ha valido el crédito cuando menos. De qué manera? De aquesta: vila yo en aquel aprieto, púseme volando el manto, y romé al punto su puesto, viéndolos tan divertidos, y ella se metió allá dentro. Tuviste advertencia rara, y mucho te lo agradezco, porque con ella quitaste infinitos desaciertos. Leonor mía, cicha la sido hallarte sola; pues creo que cor siste en hablar claro de las dos tede el acierto Pues como amiga, y señora, sin atender a mi riesgo, dejas mi casa, y olvidas la fuerza de nuestro empeñio? Que no le olvido aseguro, y solo saber pretendo, si es aquel con quien veniste, que me hables claro te ruego, tú Pedro de Cardona? Yo a ti negarte no puedo, que es mismo que has nombrado. Albricias pido a mi hyerro. Dime porque lo preguntas? Por lograr todo el sosiego. Pues por qué? Porque es mi hermano no más ese caballero. L.iesus! qué dices Ana? que oigo? tu hermano Pedro? Mi hermano, Leonor, mi her- apues como puede ser eso (mano si no es Don Carlos de Silva? Si es, y tengo por cierto que se habrá mudado el nombre por el infeliz suceso de la muerte que aquí hizo. Notable gusto me has hecho con decirlo, él no esta en casa, mas juzgo vendrá vien presto: y si quieres aguardarle. Ese es Leonor mi deseo, porque quites del enojo el preciso sentimiento. Harelo yo con el gusto que a tus finezas les debo: mas tu Ines, porque es forzoso a casa vuelvete luego, y si mi padre viniere avisanos al momento, Lo que le debo no sabes: Ya me lo ha estado diciendo. Mi señoras ya me voy a ver si parece el viejo, porque he de ser imagino de este naufragió el Santelmo. Por si viviere mi hermano hecharme este manto quiero, porque afirmo que no estoy muy fuera de mis recelos. Bien puedes asegurarte aún del temor más yequeño. Gran dicha ha sido señor el encontrarte tan presto, y ahora quiero decirle que me has dado bravos celos. Por qué? Porque sé que Ines es la dama de tu empeño. Cómo? Como aquella es que tiene el rostro cubierto, Qué dices? Lo que es verdad. No es muy fácil el creerlo. Qué es esto señor? bien mío! que cruel astro sebero te inclina a darme la muerte siendo mi amor el veneno? tú sin verme, y yo con vida, más vida con tal tormento, que en ella tiene la muerte mas mortales sus efectos: yo sin verte y tú con alma, yo muerta, tú con aliento, porque quieres de lo ingrato ser el más impropio extremo. Qué dices Leonor? qué dices? cuando se encierra en tu pecho lo falso, como en su archino, la traición como en su centro. Así me tratas tirano, cuando yo por ser ejemplo de fineza en tu memoria oldidando mis respetos, desconocida a mi padre, mentida en otro sujeto por no faltar a tu amor y estorbar el casamiento de Do. Enrique ajustado, mi nativo ser convierto en aparencia distinta, para serraro portento de finas demostraciones de amantes atrevimientos. Suspende Lonor tu enojo, y di me en este suceso quién es aquesta mujer, que en él ta papel ha hecho. Esta. Esa, hah como tienes lo alevoso descubierto! pues me quieres persuadir, que es Jues, grave tormento! la que finje tu persona. L. Que está no es Ines te advierto Ella es señor, yo la he visto; pues señora usted también sabe fabricar entedos? Picón tú no dices mal, mas lo que yo digo es cierto. Ese afirmar, y negar, vive Dios que no le entiendo. En diciéndome tú amí, porque dijiste resuelto te importaba la tapada, te diré lo que hay en esto. Con eso quieres tirana apurarme el sutrimiento. L. Ea, que aquesto no es mucho, y yo guardaré el secreto. Descubre esa cara hermosa, y esos dormidos qjuelos, Ines mía porque estoy un poco muerto por verlos: acaba por Dios Ines, que vive Dios que me muero, y no es gracia, que yo vaya a poblar los cimenterios. En fin me das por respuesta lo turbado del silencio? Pues gustas de ver mi muerte, logra tirana el efecto, que será con referirte los crueles sentimientos que de una traidora hermana. Suspende la voz Pedro, que en lances de ese cuidado siempre aconseja el discreto, que tenga el dolor la queja de las prisiones del pecho; porque gane por oculto lo que otros por descubiertos; bastantemente has cumplido con mi amor; y mi deseo, y así ahora quiero yo acredirar lo que quiero: y digo que a esta mujer logros de mi amor le debo, Jesu Cristo! JesuCristo! señores si estoy durmiendo, y son aquestas fantasmas que me están metiendo miedo: Ines mía, adonde estás, que no estas aquí, y te veo? vamos de aquí, señor mío, que esta casa es el infierno, y estás mujeres los diablos. Causa aleve del tormento que depositán mis ansias de mi pena injusto dueño. Demanera que te ofende, pues haces tantos extremos ver que Ana quisiese a instancias de mis afectos, por ser tan amiga mía lograr este finjimiento, solo hasta que tú vinieses; no hallando yo mejor medio, en el aprieto en que estaba de estorbar mi casamiento. Luego es ella quien per hija. ha conocido a don Diego? Ella es, y si no me crees del mismo puedes saberlo. Del naufragio de mi honor consegui dichoso puerto. Esta es la verdad señor, pero si acaso te ofendo, no cometiendo delito, a tus pies mi rendimiento se ofrece, para que seas, o piadoso, o justiciero. Levanta hermana, que mucho de tus buenas prendas creo, y la fineza que hiciste por Leonor te la agradezco, pues juzgo podré por ella, lograr la dicha que espero. Señoras, en gran peligro estamos ya, y sin remedio, porque mi señor fue acasa, y aquesto fue en tan maltiempo, que en entrando me mandó que lla mase a su hija luego: yo me turbe, y el furioso, me hace preguntas sin cuento, y al fin le hube de decir, que estabáis aquí, y resuelto viene siguiendo mis pasos: yo me quedé sin aliento, y he venido aquí volando con las alas de mi miedo. Señor, esta no es Ines? porque es figura aquel cuerpo. Que te sosiegues te pido, y que dejes tus recelos lnes, que yo estoy con gusto de que venga aquí Don Diego, por fiar de su prudencia de aqueste caso el acierto. Ya con mil temores lucho. Haso Picón. Qué tenemos? y si uste quisiere dármele, sepa que ya me lo tengo. Mi señor quiere besar las manos al suyo. Bueno, y así ira con bendición, paz besada cuando menos: señor Do. Enrique pide para entrar consentimiento. d. . Entre muy enorabuena. Seor Rodrigo; óielo uste? Ya señor mío lo entiendo. . Retirémonos nosotras a otra pieza más adentro. . Señor, qué querrá este hombre? Ya bien presto lo sabremos: llega sillas. Excusadas son donde no hay cumplimientos, y conmigo no ha de haberle: señor. Carlos, yo vengo hacer pormí lo que hacen en tales casos terceros, fiado en lo que conozco en vos de merecimientos. aunque dudas me ocasionan nueltros pasados empeños. e . Decid señor Don Enrique lo que mandáis, advirtiendo, que estoy a vuestro valor aficionado en extremo y se lograra en lerviros felizmente mi deseo. Por ser vuestro, cuanto valgo, no tengo ya que ofreceros, y así con más confianza, fiado en lo que os merezco podré pediros, . . Decid. No es fácil, según advierto, pues toda mi vida acaba si me negáis lo que quiero. Nada os puedo yo negar. E. Nada? . . Yo así lo prometo? mas se entiende don Enrique, como sea razón hacerlo. Pues no sé si lo será que a vuestra hermana, no puedo aún acabar de decirlo, para esposa, y para dueño del alma, me la otorguéis, d. . Y el empeño de don Diego? Es como si no le hubiera, porque eso solo pretendo. Mirad como os empeñáis. d. . Muy bien mirado lo tengo. Y n hay novedad después? Carlos infínito siento que me tengáis por tan fácil en casos decanto peso: que novedad puede haber en que no pierda primero muchas vidas, que faltar a lo que os tengo propuesto Pues en fue de esa palaora digo que de gozo lleno a mi hermana por esposa con mucho gusto os ofrezco. Quisiera para serviros. Yo soy el que daros debo las gracias, y si gustáis podréis desposaros luego. En lo mismo que decís se conforma mi deseo. Señor don Carlos de Silva, el ser ya tan todo vuestro, a que deje me ha obligado de avisar el cumplimiento. Eso estimo más que todo, y habéis venido a buen tiempo, porque ha de ser necesario vuestro apoyo en lo que intento. Siempre me tendréis Carlos para serviros dispuesto. Mucho me admiran los dos con sus conformes afectos. Por ver aquí a don Eurique es fuerza templar el fuego que entre el agravio, y la ofensa encienden nobles respectos; porque en mejor ocasión pueda arrojarle del pecho. Por estar señor don Carlos con achaque no pequeño, tan temprano a Leonor busco en vuestra casa, que a tanto su carino la obligó a ver, aun antes de tiempo a mi señora doña Ana, a quien yo tanto venero, y así con vuestra licencia. d.̱ . En todo señor don Diego daros gusto solicito: ve Picón luego allá dentro, y llama a aquellas señoras. En dos brincos te obedezco, Die Basta que Leonor mi hja venga Es que hay algún misterio en quelas dos estén juntas. Die Misterio? Y es el más nuevo que han observado los siglos, admirando sus sucesos: señor on Fernando, yos que conocéis, es muy cierto, a Don Leonor ostorio, y a Ana de Silva, y Toledo, qué es mi hermana? Asies verdad. Pues aquí señor Don Diego se ha de conocer bien claro de vuestra prudencia el seso, de vuestra sangre el valor, y al fin vuestro entendimiento, porque todo es menester. Prevención tanta no entiendo. Aquí esta para serviros todo lo lindo en su centro. Decid señor D Fernando. quien son las dos que aquí vemos. Pues eso no es conocido: esta es hija de Don Ciego. y es estotra vuestra hermana, sin que haya quien dude en esto. Qué? qué decís Do Fernando? Lo que es claro, y verdadero. d. . Y conocido de todos. Pues cómo? Tened don Diego, que en el trueque no se pierde. Enrique aquesta os entrego, cumpliendo lo que ofrecí. Eso no, porque fue yerro reducido de un engaño. A esos engaños no atiendo, que son de mi sangre impropios, y nunca de mi nacieron; y ahora os suplico yo, que no ultrajéis mi respeto. Si el conocido el engaño, yo no os falto a lo que os debo: y así con Don Diego corren forzosos nuestros conciertos. Con hija mía ajustado esta vuestro casamiento? y será con quien lo fuere. En lo mismo me resuelvo. Pues primero que seintente serán jueces los aceros. A vuestro lado Don Carlos, tencia lo que valgo puesto. Señores, que me atendáis os suplican mis afectos, y aseguro que por breve puede admitirse mi ruego: sabed señor Don Enrique, que fue industria de mi afecto, porque le lograse Carlos hacer este finjimiento: del es todo mi albedrío, ahora mirad discreto si con mujer que es esto dice haréis vuestro casamiento. Traidora! Tened señor, que aquí se ha de ver lo cuerdo: y pues que ya contradice a todo mi amor perfecto, la razón ha de poder aún más que mi loco incendio, que pues es afecto propio amor del entendimiento, conózcase alguna vez, que heredo sus privilegios, porque así se ha de entender con bastante fundamento, que el amor puesto en razón es solo el amor perfecto: y ahora señor D Carlos, perdonando mis defectos, os pido que me admitáis para tan dichoso empleo. Siempre señor se perdonan por amor los desaciertos. Albricias pido a mi suerte. Y yo a vuestros pies atento, por mí, y por Leonor os pido, que perdonéis nuestro ierro. Alzad hijos, porque ya gozoso en el alma os tengo, y advertid que de otra hija no se me ponga otro pleito. n Sichosa mujer na ci, pues conseguí este deseo. También es razón queyo deje de mi amor lo ciego. Somos nobios, o que somos? Jues que tocan a serlo. Somos lo que tú quisieres. Pues yo en nobió me resuelvo; y el amor puesto en razón, da fin Señado discreto, quedando en la obligación de serviros como debo.
