Texto digital de Amor con valor se obliga
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Calderón de la Barca
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55307/1).
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amor con valor se obliga. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amor-con-valor-se-obliga.

AMOR CON VALOR SE OBLIGA
JORNADA PRIMERA
Ya es tiempo, bella Isabela, que eligiendo nuevo estado, alivio des a un cuidado, que ha tanto que me desvela. Qué procuro habrá tres años casarte; y es por demás, con que ocasiones me das de sospechas, y de engaños. La causa ignoro, pues cuando doy espuelas al deseo, ribia, Isabela, te veo, a temiendo, ya dudando. Él de Ferrara te pide, el de Milan te procura, mi edad el daño asegura, y el tuyo mi gusto impide, Toda tu gloria es matar al León, al Oso, al Gamo, y al remedo de un reclamo al conejuelo engañar. La liebre en la humilde cama no está segura de ti, en el monte el jabalí, el pajarillo en la rama, Si te pones acaballo, bizarramente le animas, y si la espuela le arrimas, truecas en viento el caballo. Parece que te obedece con distinto natural, pues fuera de lo animal, que tiene razón parece, A las armas inclinada tu natural se sujeta, fuerte, y presta en la escopeta, diestra, y ligera en la espada. Solo, sabela, no sabes tener amor; no es cordura, que de tras tanta hermosura de tener amor no acabes. Que tan de esteris fruto tu belleza, es gran rigor, pues sabe tener amor, Isabela, cualquier bruto. Florencia sin heredero su esperanza funda en ti, la muerte, Isabela, en mí, si mis años considero. Todos piden lo que es justo; y pues sabes que es razón, última resolución hoy has de dar a mi gusto, sin que te vayas de aquí, Isabela, has de escoger marido. Aquesto ha de ser. Atento me escucha Di. Yo padre, que como dices, ni amor tengo, ni amor tuve, y desde mi tierna edad fue en mi natural costumbre. Yo, que huyendo de los hombres, doy ocasión a que duden, si soy Dafne o si mis padres fueron de un Monte la cumbre. Yo, en quien varoniles fuerzas, mas que mujériles, lucen, siendo asombro de los hombres, aunque ingrata me murmuren. No solo no he de casarme; mas si el hombre más ilustre, de más prendas, de más partes, en quien iguales concurren valor, ingenio; aspirara, a pretenderme, no dudes, que en vez de hallarme piadosa, materia vil, forma inútil, le matara; porque entiendas mi rigor, y no procures darme un marido a quien mate, darme un hombre a quien injurie. Casada yo? yo sujeta a otra voluntad, que juzgue si el descuido pasó a agravio, si el deseo le produce? Yo cautiva de amor, cuando mi libertad constituye condición, que no obedezca, rigores que no se ajusten? Amante yo? si jamás tuve amor, quieres que escuche ternezas, que me contrasten, amores que me sepulten? Si el amor solo consiste, cuando dos almas se unen, y en el golfo de sus glorias prósperamente fluctuen, cómo es posible que quieras? lo que nunca querer pude, aunque forzando mi gusto tus rigores le instimulen? Y puesto que con casarme te obedeciera, no arguyes de mi condición altiva, de mi soberbia costumbre, que si ingrato a mis favores, mi dueño, como presumes, de otra hermosura pagado más apacible, o más dulce, divirtiendo el pensamiento, condición que se descubre después de cautiva el alma; del hombre efectos comunes, con mi venganza pudiera prestarle alma por volumen, materia en que discurriese, ocasión en que se funde? Ea, padre, que no es justo, que riguroso consultes rigores que me castiguen, pesares que me consumen. Si el natural no se pierde, cómo al mío, padre, induces? pues ser tu hija bastaba, para que menos le culpes. Este imposible no pidas, y pide cuantos discurren los humavos pensamientos, aunque el valor los impulse. Pide, que los vientos pare, que al Cielo apacible enlute, que corte al Sol su carrera, que el Monte más alto mude, que haga Montes de los llanos y que el globo que circuye el Mar, a términos breves le recoja, y le comute. Pide que vuelen los peces, y que las aves ocupen el Occeano en su albergue, donde su espacio vinculen. Que la tierra sea Cielo, y que el Sol no le dé luces, fuego al agua, y agua al fuego, que ella queme, que él no enjugue. Al templar un instrumento no has visto, porque pronuncie acorde el sonoro acento, que tal vez la cuerda suben; y que faltando el alcance de la cadencia, resume la violencia en el quebrarse; por qué rigores no sufre? Pues de esta manera advierte mi natural; porque juzgues, que violentar condiciones desdichado fin arguye. Tu blasonas estimarme, tú mi padre, no ejecutes fatal golpe en mi albedrío, vil impulso que te impugne. Pues sí, como dices, sabes, que mi inclinación conduce rigores contra las fiera, mi condición no perturbes. Deja que en el Monte al gamo diestra aguarde, astuta busque, y su muerte en tristes ecos soberbios Montes divulguen, Que al espín airado espere, cuando al aire destribuye lanzas de pulmados hierros, si erizados las escupe. Que matando un jabalí mi venablo se deslustre, y que al oso, cuando encuentre, diestro aguarde, fuerte luche. Que al Rey de los animales, cuando furioso conjure contra mis brazos sus garras, mi mano su muerte anuncie. A esto el alma está inclinada, a esto mi valor me infunde, o por Divinos respetos, o causas que ignorar pude. Y así, pues no he de casarme, ni mi esperanza te burle, ni amenazas me prevengas; pues mal en mí se intronucen, Y si por fuerza intentases casarme, no dificultes, que terrible en la venganza, cuando mi agravio promulgue fulminante seré rayo, tigre que rigores busque, áspid pisado entre flores, que cuanto toca destruye; y eternizándome el tiempo; porque mis memorias curen, daré a mi agravio venganza, aunque la vida aventure, alivio a la voluntad, al deseo con que triunse a la inclinación asiento a Florencia que murmure. Todo esto verás primero que de este intento me mudes, que soy mujer, y mujer, que nunca temores tuve Y porque entiendas que tengo más valor del que presumes, dame un León a quien mate, y no un hombre a quien escuche. Oye, espera. . No es posible, que la puedas detener. No la sigas que es mujer determinada, y terrible. Amor cesen tus rigores, pues saco de tus trofeos tras un abismo de penas, una confusión de celos. Mal me pagas, bien te sirvo, y viendo lo que padezco, ni mi cuidado te obliga, ni te ablanda mi tormento. Seis años ha que te sirvo, larga edad para tal premio, que hacen vasallos quejosos, poco agradecidos dueños. Al cuarto de Flor llegué, a hablarla resuelto vengo; que no hay amante cobarde, cuando le animan los celos. Qué respondes al papel? Por mi responda el silencio. Esta es Flor; quiero escondido ver el más hermoso cielo, la criatura más ingrata, y el más divino portento Leonor, mil veces te he dicho, que papeles de Manfredo no recibas, porque yo, ni le estimo ni le quiero. . Ah También te he dicho, (ingrata!) que le acuerdes que no puedo inclinar mi voluntad, a amorosos pensamientos, que no se canse, y me deje, y ahora a decirte vuelvo. que le digas. . Vive Dios, que de cólera reviento! Que si me escribe otra vez, con recados, con papeles, desengaños verdaderos, que yo propia me resuelva a despedirle. . Esto es hecho, que adonde empieza el agravio tiene fin el sufrimiento. Yo, Flor. Ay Dios! . No te espantes verme, Flor, en este puesto; que no hay temor en quien ama, aún en peligros más ciertos. Seis años ha que te adoro, y otros tantos que padezco, lo que afirman tus crueldades, lo que saben mis desvelos. Sabes esto? . No lo dudo, pero pierdes el respeto al Duque, pues en mi cuarto te atreves tan descompuesto. Amor, Flor bella, me ha dado licencia desentrar aquí, que lastimado de mí, tan liberal se ha mostrado. Mil veces he deseado hablarte, y ingrata has sido; pero ahora que ha querido el cielo darme lugar, quiero de una vez hablar lo que en tantas no he podido, Entendí que mi firmeza, te provocara a mudanza y el laurel de mi esperanza colonará tu belleza: cuando miro que tropieza mi deseo en tus rigores, y entre eternos disfavores, menos mi esperanza medra; pero debes de ser piedra, pues no sientes mis amores. Seis años ha que granjeo, mal dije, digo mil años entre ciertos desengaños, tu belleza, y mi deseo; y he sacado por trofeo, entre tantos, el mayor ejemplo de tu rigor, pues si lo adviertes ha sido que no habiéndome querido, no aguarde el tenerme amor. Si dices que eres mujer, cómo eres firme diamante? porque mujer, y constante jamás lo ha podido ser. El tirano proceder desecha, no seas tirana, tu mismo rigor allana, porque es cosa peregrina. que una mujer tan divina no tenga piedad humana. No quiero cansarte más, cesen tan amantes verás: Italia tiene fronteras donde mi muerte sabrás, ya no esperaré jamás amor de ese pecho fuerte, quizá podré de esta suerte dar alivio a mis dolores, puesentre tantos rigores, qué vida cómo la muerte? . Qué te parece? . Que ha hecho bien en irse? . Aay cosa igual! es de bronce la dureza de tu pecho Posible es que no te mueve a lástima tanto amor? Cómo ha de pagar, Leonor el alma lo que no debe? Si no le quise jamás, es delito no querer? No, pero en no agradeces culpada, señora, estás. Agradecer, y no amar pueden juntos asistir, no amando puedes oir, y agradecida olvidar. Bien puedes aborrecer, que no es esclavo el amor, pero advierte que es rigor, tras no amar, no agradecer. Y así, es cosa conecida, que en ocasión semejante, sino debes ser amante, debes ser agradecida. Quién agradece, Leonor, bien cerca de amor se mira, porque es blanco donde tira, cuando quiere herir amor. El que agradeció está llano, que el fin porque agradeció, fue porque algo recibió, libre efecto de mi mano. Yo agradecer no he podido, porque nunca recibí, ni Manfredo ha visto en mí mas que un despecho, un olvido. El amor, y agradecer se visten de una manera, y agradeciendo pudiera pensar que llegué a querer. Y siendo tan parecidos, no es acuerdo conveniente, que le obligue indiferente a equivocar los sentidos. Pues pudiera imaginar, extrañando mi mudanza, que doy vida a su esperanza cuando la intento olvidar. Y así es lo mejor, Leonor, que esté la verdad desnuda, porque no se siga duda a la evidencia de amor. Confieso, que merecía su fe mayor galardón, y que hacer estimación de su mucho amor debía. Qué es primo del de Ferrara, si yo de Isábela prima; mas qué importa, si no estima mi voluntad fe tan rara? Fuera de esto no es rigor el mío, ni trato extraño, pues cualquiera desengaño goza plaza de favor, Tu prima. . Flor, tan bizarra? El favor de vuestra Alteza es tan grande, que pública, si no lisonjas, finezas. Hermosa, Flor, has salido. Bien puede la Primavera darte feudo, que sus flores, cómo pueden ser tan bellas? El amor, y el amistad, prima, y señora, te ciegan, que a vista del Sol jamás resplandecen las Estrellas. Lisonjas? . No por tu vida. Parece que me requiebras. No ha un hora que no podía, ni hablar, ni escuchar ternezas. Quiéres bien? . No fui jamás inclinada a esa materia. Pues Manfredo no es galán? no es discreto? no celebra tu hermosura, tu donaire, tu ingenio, tu gentileza? No es primo del de Ferrara? persona de tantas prendas, como la fama pública, y sabe toda Florencia? No te enamora? . Señora, no solo el amor se engendra, porque aquello que se mira, bien a los ojos parezca. El Aurora, cuando sale por entre escuras tinieblas, dando presagio de luces, a quien las aves gorjean; parece bien, no enamora: Ni la fuente más risueña, que dilatando cristales, hace ricas a las selvas: ni el arroyo, que atrevido de los riscos se descuelga, a quien Enero concede, que forme cándidadas perlas: Ni cuando sale vestida de verde la Primavera; a quien variedad de flores, la enriquecen, y hermosean, enamoran; porque todos solo la vista deleitan, y entre parecer, y amar hay muy grande diferencia. Todo eso está respondido, con que los ojos no emplean en cosas inanimadas los deseos, y las fuerzas. Dame tú, que fueran hombres los que aquí pintas, y vieras, si al mirar eso que dices a lo animado suspensa, pagando al amor tributo, sujetarás las potencias, Quieres bien! . Pagarte quien Cómo te miro tan diestra (res? en los discursos de amor, pude pensar, que en su escuela aprendiste esas liciones. Es en mi naturaleza no seguir de amor las leyes, si no en el campo las fieras. Suele Flor, el pasajero, si el camino a dudar llega, informarse en el Lugar a las personas que encuentra y tal vez el que lo dice lo sabe solo por señas, ignorando, como él mismo los cáminos, y las sendas, dale luz de lo que alcanza y a poco más de una legua el rumbo advertido pierde entre intrincadas malezas. porque esparcido el camino en algunas diferencias, o el peligro le acolarda, o le da la duda pena; sin razón del que le advierte del camino, forma qujas, pues primero le previno la duda, que la certeza Tú eres, Flor, el caminante, yo el que el camino te enseña si le hyerras, no te quejes, porque advertida te hyerras. Si Manfredo no te agrada, no quiero que se parezca, que mis cuidados te animan, y mis razones te alientan, aún no estás en el camino, o te informa o le desprecia, porque en viajes de amor todas andamos a ciegas. Vivas, señora, mil años, para que viviendo seas prodigio de la hermosura, asombro de la belleza. Deja que bese tus manos por lo bien que me aconsejas, que dudas tan advertidas más parecen evidencias, Y pues permites que elija mi inclinación la carrera que provoca el albedrío, y mi natural inquieta, no tener amor elijo, pues no es razón que obedezca a un Dios que todos injurian, a un rapaz que todos tiemblan. Este diamante en mis brazos tu elección discreta premian, Ser libre es el mayor bien, y el mayor mal ser sujeta; que quien libre se cautiva la libertad poco precia. Al campo ven esta tarde. Plegue a Dios bella Isabela, que quien Duquesa te envidia, a envidiarte llegue Reina. . El demonio no ha traído tan mal camino . Repara en aquesta fuente clara. que el cielo, a piedad movido, de la inclemencia, y fatiga del cansado caminante, pone su cristal delante conque alabanzas obliga. Y en esa encina asegura esas mulas, que asentado del Sol pasaré el enfado, pues es tanta la espesura de este monte y la maleza, Ganzua, que ya imagino, que hemos perdido el camino de Florencia en la aspereza de este bosque. . Aquí, señor, el calor podrás pasar, que es locura caminar, viendo del Sol el rigor. Oh España! oh Mancha divina, donde parece un espino, visto de lejos, un pino, y una retama una encina. Donde es estilo ordinario. a seis leguas de un lugar, desde lejos columbrar las casas, y el campantio. Y no un cerro, y otro cerro, ya en lo bajo, ya en lo alto, donde da la mula un salto. que diera que hacer a un perro, Donde la primer caída, como si no fuera nada, hace un hombre la jornada, no menos que en la otra vida. Donde. . . Calla, y no me acuer- Ganzua, de mi desdicha, (des, Cuando fue mayor tu dicha ausente? qué es lo que siente? Es muerto don García, y tú el que con vida estás: y a tu suerte quejas das? donoso cuento a fe mía. Señor, la mayor desdicha es la muerte, y así advierte, que todo lo que no es muerte se puede tener por dicha. En todo fue desgraciado Don García; pues habiendo mil espadas, que acudiendo a remediar el airado Golpe de tu brazo fuerte, fue tan pobre su fortuna, que no reparó en ninguna tu venganza, ni su muerte. Cómo la ofensa recibe agravios, y no favores, al prevenir los rigores también al sitio apercibe. Y así, como en él se encierra la culpa del agraviado, tiene, Ganzua, estudiado el lugar, y nunca yerra. Bien dices; pero no ignores. Narcisa, echa por aquí. Dan voces? . Pienso, que sí, de este Monte son Pastores. Mira esos buey es, Narcisa; que en los trigos han de dar. A estos puedes preguntar, donde estamos. . Anda aprisa. No puedo más oste aquí; todo el caballón deshizo, valga el diablo quien te hizo; atájalos por allí. Pastora de aquesta Sierra, dónde estamos? que imagino, que hemos perdido el camino. Es, señor, aquesta tierra del gran Duque de Florencia dosleguas está el lugar. No es Pastora en informar, Perdone su reverencia. No sé más, que lo pastora, y no sé de cortesía , Escucha por vida mía. Es muy tarde, ya no es hora, Florencia, qué está de aquí? Ya os he dicho que dos leguas, Concede el espacio treguas? Es muy tarde para mí. No es de mal paño. Quisiera, Pastora, que me enseñaras el camino, y te mostraras mas piadosa, y menos fiera. Que el rigor no fue cordura, ni el responder es amor, pues antes hace mayor la piedad a la hermosura. Ese lenguaje no entiendo; de Florencia está el camino de aquel ballejo camino, qué de este Monte estáis viendo, Esta senda os llevará, hasta poneros en él, El mirarte tan cruel, pastora, pena me da. Guarda el León, guarda, Dios te libre, Dios te guarde. Mujer soy, mas no cobarde, y un León no me acobarda, ni mi venablo ha temido Leones. . Quita mujer. Quién eres? . Quién he de ser? un hombre que se ha perdido, para restaurar tu vida. Tan muerta me consideras? De un León las manos fieras, a que muerte no convida? Presto verás si mi acero sabe gozar la ocasión. Y tú verás si al León mata mi espada primero. Muera dije. Yo a un León? aún tiemblo de imaginarlo, o quien se volviera gallo, o se trocara en Sansón. Huir tengo por mejor, Arrugose la Pastora. Al fin mano vencedora; matole, extraño valor! Española bizaría. quien si no tú hará esta hazaña! @ pesar de la montaña que malos conejos cría! Ya está tu vida segura. Envidia, Español me has dado, pues en ti solo he mirado el valor, y la ventura. Herido en la mano estás. Con mí daga me corté. Sangre corre. . Dicha fue no haber sido el daño más, Ata este lienzo a la mano; no puedes? . Señora no. Pues dame atarele yo. No es mucho que quede sano. Que también amor obligue . con valor? extraño cebo. pero no es en amor nuevo, que con dulzuras castigue. Válgame Dios! ya está atado, Y yo señora (ay de mí! loco de amor quedo aquí) a este favor obligado. Di quién eres, si te obligo por mujer? . Mas por deidad puede obligar tu beldad, que es de mis ojos castigo, Enríquez, y Español soy, que en esto dejo cifrado, por Español, lo que puedo, por Enríquez lo que valgo. Quien son mis padres no cuento, porque no es estilo sabio, que con propia lengua diga mis venturas, y sus lauros. Y así, advierta el que es discreto, que solo debe ser largo en referir sus desdichas, no en celebrar sus aplausos. Ya quien soy te he dicho. Cómo. no dices más? . No me ha dado tu pregunta más licencia; pues solo me hiciste cargo de que dijese quien era. Ya lo he dicho, y es agravio de la estimación decir mas de lo que has preguntado. Pues ahora a decir vuelvo, si no es que en esto te canso, que me digas Español, que ocasión ha provocado a que dejando tus Reinos, te pases a los extraños, Guarnece de cristal puro a la gran Toledo Tajo, siendo espejo de sus muros, tan hermoso, como claro, Aquí pues, fiestas se hicieron; por venida de Fernando, que como tendrás noticia, es Rey de los Castellanos. En estas fui de unas cañas cuadrillero, y mi contrario, para mayores efectos, Don García de Alencastro No te quiero referir las colo- res, y caballos, que era progreso infinito, por ser tantas, y ser tantos, Solo te podré decir, que en estas cañas jugaron Don Perafán de Ribera, don Juan de Guzman y Castro, Diego Hurtado de Mendoza, Don Albaro de Arellanos. Él ya dicho Don García, sin otros nobles, que callo, por no cansarte, que allí, como las demás se hallaron Acabáronse las cañas, y en acabando en pezamos a arrojar cañas perdidas al viento galanteando en los balcones las Damas, ley justa, estilo gallardo. En una de ellas, señora, Doña Beatriz de Velasco estaba, cuya hermosura, dice el mundo, que es milagro. Vino a parar una cana de las que tiré a sus manos, celebrada de su boca, porder tan largo el espacio desde donde la tiré, que pude causarla espanto, Todo esto vio Don García, que celoso, y temerario, como si en mí hubiera culpa, malicias fue fulminando. Por último de las fiestas hubo un festín en Palacio, donde bizarras, y hermosas, todas las Damas danzaron. En esto Doña Beatriz danzó conmigo, impensado motivo de una desdicha. de una muerte impulso amargo. Nació de esto, que García; perdiendo el justo recato, dijese: Caña, no dudes que te he de hacer mil pedazos. No fue tan cuerdo al decirlo, que no pudiera escucharlo yo, que nunca el ofendido deja de estar en el caso. Perdí el color, y perdido estuve considerando lo que puede un Rey presente, y lo que aprieta un agravio. Callé, y sufri lo que pude; mas no faltó quien reparo hiciese de mis colores, y aún engendrase cuidados. Beatriz estuvo advertida, y dijo disimulando, la cordura, y el valor nacieron de un mismo parto. No la respondí, que quise, que conociese callando, que calenturas de honor no han de salir a los labios. Llegose a mí Don García, y díjome: Entre los ramos que hacen al Tajo guirnalda, señor, Don Enrique aguardo de la manera que veis. Id presto, que quiero daros de cierto negocio cuenta, venid solo; pues me pago de vuestro va lor, de suerte, que no se entienda; que el caso pide secreto, y a dios. Fuese, y yo quedé temblando, no de temor; porque el noble, cuando tiembla, es porque airado, el corazón en en el pecho de cólera palpitando, por tardar la ejecución, todo el calor retirado, deja el color macilento, yerto el cuerpo torpe el brazo, elevados los sentidos. Suspensa el alma, halla tanto que por mirar la venganza vuelve otra vez, dilatando el retirado calor, a ser abrasante rayo. Fui, y hallé, que Don García estaba solo en el campo, esperando su venganza, y su desdicha esperando. Sois vos, me dice, y respondo, yo soy, perdonad si he dado con la tardanza recelo. No importa, que tiempo hay harto, Don Enrique, en que yo os diga la ocasión porque aquí os llamo. No la digas, Don García, le dije, que es excusado dar razones, cuando sé que a reñir al campo salgo. Y advertid, que aquella caña; que quisieron vuestros brazos romper, tiene tanta fuerza, que será experimentarlo, venir a perder la vida; y a no haberme vos llamado, lo hiciera yo, porque solo me ganaste por la mano. Y fuera de esto, es razón, que satisfaga el agravio, que a mi opinión se le sigue del desafío; pues cuando no hubiera causa mayor, es bastante a que salgamos, o yo muerto, o vos sin vida; y así excusad el espacio, y procuradme matar, porque yo vengo a mataros. Saco la espada, y saquela, y apenas la espada saco, cuando en altas voces dicen, paso Caballeros, paso. Llegaron; pero yo entonces la vida en poco estimando, quise morir, o vencer; y así ejecutó mi brazo funesto golpe en su vida; pues no bastando el resguardo de la gente, ni su espada, pudo mi acero bizarro, dejando difunto el cuerpo, darle al alma paso franco. Cayo, y al punto previne mi libertad, procurando mi vida, como su muerte. Y en sabiendo esto Fernando, sintió su muerte, y mi pena, que es Rey justiciero, y santo. Manda que al punto me bulquen, la verdad averignando, y que preso en un Castillo dé de mi culpa descargo. Mis amigos, y mis deudos en mi defensa ocupados ponerme en cobro procuran, previniéndome un caballo. Soberbio Andaluz del Betís, tan ligero, y tan ufano, que a haber nacido con alas, pensara que era el Pegaso. Partí aquella misma noche con todo lo necesario y entre muchos, escogí para servirme un criado. Llegué a Barcelona a tiempo tan oportuno, que estando esperando embarcación, llegó de Sicilia un vaso, cargado de trigo, adonde, señora, nos embarcamos al retorno, cuyo tiempo fue tan apacible, y manso, que sin borrasca, o peligro, en pocos días entramos en la canal de Sicilia, adonde desembarcando, para Florencia busqué viaje, y alpunto parto. Y por no dar a entender con la ostentación el caso, curiosidad advertida de los que observan cuidado, Este criado, y yo solos, en dos mulas, informados, del camino, y el peligro que pudo haber en etrarlo, Llegamos adonde ves, y donde acaso llegamos, para defender tu vida, cuya suerte estimo en tanto que si interés la pagara fuera el mundo precio bajo Tengo un deudo allá en España? persona a quien siempre grato, el gran Duque de Florencia se mostró, y de aqueste traigo bastantes cartas, en quien mi persona acreditando, pide que me dé en su tierra dinero, y favor, y amparo, Esta señora, es la causa, porque de mi patria salgo, la ocasión de mis desdichas, el colmo de mis trabajos. Yo quien desea servirte y a esa belleza consagro la libertad al deseo, a la obediencia el cuidado, el gusto a la voluntad, la razón al desengaño. Y finalmente, quien siempre, tu deidad idolatrando, siendo libre el albedrío, del tuyo ha de ser esclavo. Tu valor, tu cortesía, tanto dicen, pueden tanto, que sin decirlo pública los quilates que le has dado. Y pues dices que a Florencia vas, en ella verás cuanto vale un deudo que allá tengo, para el fin de tu descanso. Por aquí. . a Dios que me buscan, Por esta parte al atajo. Adiós, Español valiente. No adviertes, que haces agravio, que te vayas sin decirme tu nombre? merezca en pago de mi fe saber quien eres. El encubrirlo es reparo forzoso de la razón, y fuera hacer lo contrario, error del conocimiento; que el preguntarte, gallardo Español, quien eras, fue porque el suceso ignorando, estando España tan lejos, yo agradecida, está claro, que era fuerza el preguntarte tu nombre, para el descargo de empeño tan evidente, de tan forzoso cuidado. Pero que te diga yo quien soy, cuando el desengaño, tan a los ojos se ofrece, que por fuerza has de tocarlo, no es razón; pues si lo miras, verás, que con eso ultrajo de mi valor los quilates; pues queda del todo llano, que el que en su patria refiere quién es, quiere, deslustrando su vasor, dar ocasiones de que duden lo que es claro. Pues no parece en el Monte, Monteros al llano, al llano. Adiós, Español, adiós. Adiós humano milagro. Sabrás buscarme en Florencia? O morir, si no te hallo. Al fin te vas, y me dejas? No ves que me están buscando? Acordaraste de mí? De agradecida me pago. Esto es amor, o es tormento? . Esto es amor, o es engaño? . En Florencia podrás verme. Allá voy. . Allá te aguardo. Adiós. . Adiós. Esto es hecho. Muy buen lance hemos echado. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Esta es Florencia. Y mi pena, aunque en ella está mi gloria. Jamás, señor, tu memoria de cuidado vive ajena. Después que esta mujer viste, ya te asombras, ya te elevas, y siempre la vista llevas flaca, macilenta, y triste. Pesie a tal, tiempo no habrá en que buscar en Florencia esta mujer, ten paciencia, que por fuerza se sabrá quien es. . Que fuese tan necio, que quien era no supiese. Y dime, puesto que fuese la cama de mayor precio de Florencia, ni del mundo por ventura conocella, es llegar a merecerla? No, Ganzua, mas me fundo, que quien ha de conquistar, por fuerza ha de conocer; porque el trato viene a ser principio para alcanzar. Y suele ser ocasión el conocerse, y hablarse, tal vez de poder mudarse una opuesta inclinación. Y aún anduve poco cuerdo, Ganzua en no conocer quien era aquella mujer, por quien el sentido pierdo. Pues cuando no a merecerla, por retrato milagroso, llegara fuera dichoso, si pudiera conocella. Estimando al que infama la obligación del amante, porque es del todo ignorante el que ignora lo que ama. Este es el Palacio, y quién sale? el Duque a lo que parece. Aquí la ocasión se ostece, porque el deseo lo iguale. Llegar quiero. . Llega pues, no te turbes. . Estás loco? Ser Duque, y Grande no es poco Deme tu Alteza los pies. Quién eres? . En esta doy cuenta a vuestra Alteza, en donde verá que por mi responde, a lo que vengo, y quien soy Levantad. . Prima? Señora. . Este es aquel Españo! Envidiar le puede el Sol. Ganzua? . Señor. Ahora tu memoria he menester. Para qué? . Mira, y repara en el talle, y en la cara de aquella hermosa mujer, que es la misma vive Dios que vi en el Monte. . No es tal. Qué dices? Calla, avimal. Di cuál es de aquellas dos? La que a respecto provoca, cuando la miro. . Eso dices? Mas de un palmo de narices, y más de un geme de boca tiene esotra. . Con cuidado mira el Daque al forastero. Don Enrique? Señor. . Quiero, pues ya por esta intormado quedo de vuestra nobleza, que os quedéis en mi servicio en Palacio, y con oficio. Deme los pies vuestra Alteza. Caballerizo mayor sois. . En secreto se aparta. Porque lo pide la carta es tan pequeño el favor. Hija, Don Enrique es un Español Caballero, que le estimes, y honres quiero. Su Alteza me dé los pies. Levantad, no estéis así. Buen talle. . Quiéresle Flor? Ya quieres que tenga amor, a quien sola una vez vi. De amor suele ser hazaña. Pues en mí no puede ser. A la más cuerda mujer esa presunción engaña. Don Enrique descansad, y volvedme a ver después, del deseo es interés, que sigue a la voluntad. Leonor. . Señora. Al criado entreten, mientras que vuelvo. A servirte me resuelvo. A caballero, emplumado? Vuesa merced dice a mí? Aún no lo ha echado de ver? Pues antes de responder, quiero preguntar, si aquí emplumado caballero, es lo mismo que en España, si el sentido no me engaña, llamar a un hombre hechicero? Y si es, quede averiguado, cuando llamarme presumas, me digas, a el de las plumas, no a caballero emplumado. La común hechicería es la Nación Española. Será porque se acrisola en ellos la cortesí Fuera de que en el valor a las demás aventaja, y con razón las ultraja. Es de España tu señor? Pesia tal, pues eso ignoras? De españa lo más lucido es mi amo, su apellido, es Enríquez. . Bien le exploras, Dio en España un antubión a un Hidalgo de Castilla, que es hombre que no se humilla, si le ayuda la razón. Y por no matar después de deudos una docena, que nos vengamos ordena a Florencia, como ves. Porque suele, si se enfada, cuando se ofrece ocasión, hacer gígote un León, y hacer un toro ensalada. Y porque te persuadas, yo le vi entre Moros fieros, como si fueran corderos, encerrados a lanzadas. . Al Maestro de danzar, que espero, Leonor avisa. . Voy No osváis? Estoy de priesa. Qué tenéis que hacer? . Buscar a mi amo. . Se ha perdido? Después que ha llegado a ver un demonio de mujer, juzgo que perdió el sentido. Y son tantas sus locuras, que pienso, según le inquieta, o que aprende a ser Poeta, o que da en alzar figuras. Es Español el cuidado. El cuidadoso es de España, y la descuidada extraña. Y vos quién sois? . Su criado. Que me dejes, y te quedes, necio. . La Duquesa. Ay Dios! Turbados está los dos. Llega, y habla que bien puedes. Perdóneme vuestra Alteza, que buscando este criado. No es descuido ese cuidado. Ni es humana esta belleza, Tenéis pretensión alguna en Florencia? . La he tenido, y la esperanza he perdido, que es avará mi fortuna. Cobarde diréis mejor, pues a quien habrá que asombre la esperanza, si es que un hombre ha nacido con valor. Si lo que pretendo fuera al valor cosa posible, ni fuera mi mal terrible, ni mi desdicha tan fiera. Un imposible pretendo, ved si es mi pena mortal; pues no hay remedio en mi mal, cuando el peligro estoy viendo. Del temor serán antojos, y no es bien que premio aguarde, el que muere de cobarde, con el peligro a los ojos, que tema el peligro llevo, quien pudo apartarse de él; pero mirándose en él, ni lo afirmo, ni lo apruebo. Que hace del valor desprecio, en lance tan apretado, el morir de confiado, y por otro estilo, necio. Pues cuando su poca suerte no alcance lo que desea, por lo menos ya granjea no haber temido a la muerte. Solo en mi mal me refrena, lo que padezco, pena es amor, cuando sa ardor, no temor dilata, me pena solo me maltrata, (mata no temor, de pena muero; y así, en tormentó tan fiero, pena, y no temor me mata. Vivo en lance semejante amante, y esperar es por demás más alivio, porque he querido, no atrevido; la causa, señora, ha silo, que quien ha de conquistar, cuando quiere ha de obligur amante, mas no atrevido. Mas he tenido que dicha desdicha, pues he hecho de su rigor amor, siendo causa de este objero respeto, no temor de quien prometo, viendo mi contraria suerte; que me ha de causar la muerte desdicha, amor, y respeto. Cuando el respeto le estragano paga amor, ni ofrece absoluto tributo, antes se lleva por palma el alma, quien en esta dulce calma, no hace alarde del valor; porque a fuerza del rigor no paga tributo el alma. Si a breve me despeño, mi dueño podrá enojarse, y no es diestra maes- que por premio del valor, rigor, (tra luego conviene el temor; pues que fruto habré cogido, si tras de ser atrevido, mi dueño muestra rigor? Y así quiero confusión morir, que puesto que desespero, muero, ya que sin premio he de verme, no atre y siendo todo perderme, (verme; ver a que observo el decoro, pues teniendo lo que adoro, morir quiero, y no atreverme. Que sin mal le alcanza el bien, quien lo vio? el temor te afrenta, intenta, que aunque es empresa terrible, imposible intentar es conveniente; porque en la guerra de amor, más gloria viene a alcanzar quien intenta un imposible. Quién valiente solicita, se acredita, porque es bien, que a quien lo es dé amor premio, y no le aguarde cobar- y así, en tan forzoso alarde; (de, considere el que es discreto, que amor que guarda respeto se acredita de cobarde. El poder de amor no ayuda donde ay duda, ya que el peligro exalta, falta premio, ofrece en quien le ve fe; de estas razones diré, que atreverse es lo mejor, que se infiere, que en amor, donde hay duda falta fe. Sirve de freno al efecto respecto siendo el tormento mayor, amor cuando el amor te procura ventura; morir callando es locura, discreción el declararse, que nunca vi conformarse respecto, amor, y ventura. A quien el respecto obliga, no diga que animoso amante anduvo, que tuvo miedo, y no de ver rigor amor, hacerle ningún favor, que en ocasión semejante, el que no se atreve amante, no diga que tuvo amor. Y así, si ocasión te mide, pide, y no fundarás tu intento en viento; pues se opone a la grandeza fir- ni te espante la belleza meza; del imposible mayor, que quien le busca en amor, pide en el viento firmeza. Perdiendo me voy. Mi prima viene. . Oh mal haya mi suerte! Flor hermosa. Vengo a verte. Por eso el alma te estima. No es gallardo el forastero? No me ha parecido mal. No es galán? . Es desigual. Mírale atenta. . Es grosero. No es bizarro, y de buen talle? Poco a verle me convida. Por tu vida? . Por mi vida, que no quisiera mirarle. Qué dices? . Lo que has oído. Pues Flor el caso es extraño, todo el mundo es engaño, que a mi bien me ha parecido. Mal te haga Dios. . Esperando queda su Alteza. . Ay de mí! vienes Flor? . Señora sí, Muriendo voy. . Voy penando. Señor. . Qué? Los dos te miran, la Duquesa se va sola, por Cristo que hay carambola, centellas sus ojos tiran. Quédaste a verle? . Yo, a quién? aún no he imaginado tal, Si te ha parecido mal, por qué le miras tan bien? Anda, anda, pasa adelante. . Ganzua? . Señor. Yo muero. Dónde vas? . Lindo decir, por recado de morir, mula, Médico, y Barbero. Siempre de gusto has de estar? Ven acá, que te parece la Duquesa? . Qué merece, como otra Venus Altar. En el Monte Cazadora, cuando dudé si era humana, afrenta fue de Diana, de aquellos bosques fue Aurora. Tan ligera parecía tras el León, que no sé, si era viento, pues dudé, si volaba, o si corría Divertida la Duquesa pude dejar, ay de mí! Aún está el peligro aquí, amor de materme cesa. La dama que ahora se fue vuelve otra vez. . Qué querrá? Ya doy en ello; vendrá a reñirte. A mí por qué? Porque hablarla no quisiste. Qué culpa puedo tener? Disolo es aquesta mujer; por Dios que ha dado en el chiste, Grande ha sido tu ignorancia, primero no te informarás? De qué, necio? . Si en las caras se da aquí paz, como en Francia, Por ley de la cortesía no dudo que hablaros debo, y así, a pediros me atrevo, si puede la suerte mía merecer tan gran favor, que enserviros me ocupéis. Eso a España le debéis, a quien demás del valor, a las demás se adesanta, pues fuera de ser razón, cumplís con la obligación de ser noble. . Siendo tanta la merced con que me honráis, por fuerza seré deudor. No me atormentes amor; he sabido que os quedáis en Palacio. . Así es verdad, y en él gustara que hubiera ocasión en que os sirviera. Estimo la voluntad; solo os quisiera. . Está bien Ganzua? . Señor. . Aguarda de esa sala en la antepuerta. Aquí la industria me valga. Solos estamos. . Primero me habéis de ofrecer palabra que en lo que yo os refiriere será cierta la observancia del secreto. . Así lo ofrezco. Pues escuchad mis desgracias, Yo soy Flor, de la Disquesa mi señora prima hermana, aquien debo justamente la obediencia; y la alabanza. La Duquesa (no os espante) desde niña fue inclinada a aborrecer a los hombres, quizá por ocultas causas: Yo, que desde entonces tuve, con su lado, su privanza, imitando sus rigores, materla le di a la fama. Cuando cansado el amor de ver tan necia arrogancia, permite que dé a un delito por terrible dos venganzas, Vio Isabela la Duquesa, que así mi prima se llama, un caballero, en quien puso con la voluntad el alma. Ay! que me has muerto mujer. . Y siendo su secretaria, su pena me comunica, que no es poca, pues me mata, El color tienes perdido, que sientes? . Señora, nada, el dolor de aquesta herida, aunque pequeña es la causa. Herido estás? . En la mano, no es negocio de importancia; prosigue, que ya te escucho. Así lo haré, pues lo mandas. La Duquesa inadvertida, al paso que enamorada, necia acción. . Cielos, piedad. Me le enseña, y me le alaba. Válgame Dios. . Qué te ha dado? Que . Llamas. parece que te desmayas? El dolor vuelve a apretarme. Pasaré adelante? . Pasa, y perdona si me quejo, que bien sufro lo que basta, Diome ocasión Isabela con referirme sus gracias, a que agravie sus deseos, si puede agraviar quien ama. Yo le estimo, ella le adora. Para por tu vida, para, que este dolor me atormenta, y tus razones me matan. Y así quisiera Español, que a conseguirme ayudaras de mi pena la conquista, siendo en aquesta batalla el Capitán que me anime, con cuya ayuda deshaga, el cuidado que me aflije, y el incendio que me abrasa. Tus razones he escuchado, y en todas ellas no acabas de decirme el Caballero, esto en el informe falta, Tiempo habrá en que te le diga Pues por qué razón le callas? Ah muy poco que llegaste, después lo sabrás. . Repara, que soy Español, y precio mas que el mundo mi palabra. Bastará si te le enseño? Cómo me le enseñes basta. Vive Dios que he de matarle. Serás siempre de mi banda? De tu banda seré siempre. Toma este diamante, y calla. Ruido siento a Dios te queda, El logre tus esperanzas. Sueño acaso, o es quimera? Ganzua? . Señor. . A quién? déjame, Ganzua. Bueno por mi vida, es chanza? Vive Dios que estoy muriendo, de celos se abrasa el alma. Ven acá. . Señor, qué quieres? No sabes, como es ingrata la Duquesa? . Cómo es eso? Y que su desdén me abrasa. Y no tiene eso remedio? Pues aile? . Mayor de marca, Dile presto. . Si diré En siendo ingrata, olvidarla, que es moneda de estos tiempos, y en cualquiera Reino pasa. No es posible, que la adoro. Pues si es así, despacha por un breve de imposible, que todo el oro lo alcanza. Un hombre viene. . Hame visto Preguntaréselo. Aguarda. Señor Don Enrique, vengo a ofreceros, como es justo, con la voluntad el gusto: y pues tanta causa tengo, no excuséis el emplearme, pues él no hacerlo sería falta de ventura mía. Tan vuestro vendréis a hallarme, si hacéis de mi pecho empleo, que aunque es cosa conocida, que no es eterna una vida, será infinito el deseo, pues con esto satisfago tan forzosa obligación. Agradezco la intención a quien justamente pago con procurar igualar, ya que imposible ha de ser, intentar satissacer, mas que con saber callar. El Daque os llama. A mí? A vos. Por fuerza he de obedecer; tiempo habrá en que os pueda ver. Yo os buscaré, adiós. Adiós. Solo he quedado, mal digo; pues como solo he quedado, si me acompaña un cuidado, qué es mi mayor enemigo? Siendo tanta, según veo, la fuerza de su ambición, que ofuscando la razón, pone espuelas al deseo. La Duquesa viene aquí, retrato vivo de Flor en no conocer amor; quiero retirarme allí. Dase a partido el líquido diamante y la piedra más firme se enternece al golpe de un arroyo que obedece, sino por fuerte, y duro, por constante, El encumbrado pino, que Gigante, la vista entre sus puntas desvanece, su pompa humilla al viento, en quien se mas apacible, y menos arrogante (ofrece ablanda el fuego al intratable acero; la tierra más estéril da tributo; el que ayer fue León; hoy es cordero. Esquivo el roble a tiempo da su fruto, que mucho que me ablade, yo si quiero, y no soy roble, piedra, acero; o bruto? Siempre estará vuestra Alteza tratando de aborrecer. Antes trato de querer. . Oh Manfredo! . La belleza siempre fulmina rigor; y aún la experiencia asegura, que sin rigor la hermosura siempre es milagro de amor. Parece que hablas picado. Vuestra Alteza dice bien; a quien no pica un desdén. y aquien no mata un cuidado, y más a mí que los toco tan a menudo, que creo, cuando con vida me veo, que no siento, o estoy loco? Pues, Flor, siempre está constante en no ablandarse. Ah querido pagarme con un olvido. Tanta dureza. . Es la mía; mas quien sigue a vuestra Alteza, qué piedad ha de tener? Tan esquiva llegó a ser? Quién conoce la dureza de ese pecho, no lo ignora. Solo ser casada extraño, que lo demás es engaño. Bien Florencia el daño llora, No puedo casarme yo; porque es cosa desigual violentar mi natural; y quien libre sujetó su albedrío a dueño ajeno, de libre se hizo esclavo; y así el casarme no alabo, no el tener amor condeno. Si te escucho de esa suerte, como podré aventurarme a obligarte? A qué? a casarme? No procuro ya ofenderte. Lo que quisiera es, que a Flor, de mi piadosa, le cuentes, señora, lo que no sientes, que es decir, que tengo amor. Que ha seis años que la adoro, y otros tantos que padezco, y que el precio que merezco, son las lágrimas que lloro, Y que con lo que se ve; cuando más aborrecido, seré martir de su olvido, y confesor de mi fe. Que siempre verá delante de su tibieza mi amor. que si es constante el rigor seré en padecer constante, Y pues ser agradecida a pensamientos tan buenos, no puede ser por lo menos, no excuse el verse querida. Que es insufrible rigor, tras no quererme, querer obligarme a detener el influjo de mi amor. Pues si es verdad, que es tormento el hallarse aborrecido, y yo siento lo que pido, no me quito lo que siento. Lástima tengo de ti, A mi prima le diré tu amor, tu razón, tu fe; mas pienso que viene allí. Vete, y después me verás. El Cielo te dé ventura. Mi esperanza te asegura. Vida con ella me das. De unos días a esta parte, sin gusto está vuestra Alteza, por ventura es la tristeza de las que el amor reparte? Que después que el Español. vino a Florencia, nublado. el claro Cielo, he mirado, y con eclipses el Sol. Burlas de mí por ventura? Eso de mí fe sospechas? siempre el amor tira flechas a la mayor hermosura. No es cierta regla de amor, que si eso fuera verdad, castigara tu beldad, que es la hermosura mayor, Y ya Manfredo pagado, después de tantos enojos, fuera dichoso en tus ojos, y con causa su cuidado. Y pues esto no es ansí, no siempre en ella le alaba; porque flechando tu aljaba, te hubiera tirado a ti. El mío no es trato injusto, y te cause admiración, que no escuche la razón lo que no apelece el gusto. Ni es posible que sujete la inclinación si porfío; porque un forzado albedrío eterna pena promete. Pluguiera a Dios me inclinara a querer, que yo sé, que agraceciera su fe, y su cuidado estimara. Esta disculpa me abone. Disculpa es que ha de matarle, de coronar su falda, Pues yo no pienso llorarle, qué he de hacer? Dios le perdone? De aqueste la grandeza Ay Flor, quién te pareciera! Pues tienes amor? No sé si es amor, solo diré, que tengo el pecho de cera, tengo un fuego que me abrasa, una afición con recelo, con gusto tengo un desvelo, y un hielo que me traspasa, una gloria que me inquieta, un placer que me castiga, un temor que me fatiga, y una quietud imperfecta; un tormento que prevengo, un apacible enemigo, y con todo lo que digo apenas sé lo que tengo. Confusa, señora, estás, declárate por tu vida. Pues tu piedad me convida, prima mi dolor sabrás. Distante de aquí yace, un no dos leguas, un altivo Monte, adorno trabizarro mulo conocido de Fa etonte, tan soberbio, y tan loco, que he llegado a pensar, que tiene en poco su atrevido desvelo verse coluna del primero Cielo; y así con causa fundo, que su punso hace encaje en el segundo; Nevado parecía, tan hermoso, y tan cándido, que el día envidioso, dio aviso al Sol, que de corrido también quiso, mirando su blancura, deshacer con su fuego su hermosura. De su poder indicio pública el caudaloso desperdicio de un Río poderoso, que ya que no ha llegado a ser dichoso permite que le sirva de guirnalda. ei paz albergue ostenta en su aspereza al Tigre, al Gamo, al Oso. y al Javalí bizarro, que furioso enseña en sus colmillos; que cortan de márfil también cuchillos. En este, pues, cazando me vide sola, cuando voces dando, la gente de mi guarda. huye el León me dice, guarda guarda, Yo entonces atevida, estimando el valor más que la vida, vuelvo el rostro arrogante, y el venablo calzado de diamante al diestro brazo arrimo, a quien valiente, si mujer animo. Era a la vista horrible del bruto la fiereza, que insufrible, reventando de enojos, centellas arrojaba por los ojos; erizado cabello la espalda, y pecho, la cabeza y cuello, del soberbio animal, cuyo desgarro me enamoró de suerte, que me pesaba ya de darle muerte. De los membrudos brazos son de diamante extremo unos pedazos, que los dedos guarvecen, y siendo de diamante uñas parecen. de la terrible, y espantosa fiera Parose el bruto a verme; yo por ofenderle, y defenderme, previne la venganza, en mi valor fundada mi esperanza. En el palenque aguardo, el brazo me detiene, otro León, que en mi defensa viene, mirar la muerte, y contemplar la vida; cuyo esfuerzo fue tanto, Era el León, que digo, ese tuerte Espeñol, por quien me obli le maginé por la Española mano, que la fama en memoria Mujer, me dice, tente, y atrevido, cosérico, y valiente, resolución que alabo, pues más que el bruto Rey, sanudo, y cautivos la razón, y el albedrío; en el semblante muestra, Sacó el bruñido acero, y el contrario atrevido, como fiero, desenvaino bizarras las corbas unas de las fuertes garras. . Antes pienso que lo adora Terrible le acomete; pero el Español, que vencer promete, a contemplar sus congojas, dio a la valiente espada tanto valor, que de una cuchillada, es cosa conocida, que a haber otro Leon sobrara herida; que cuando amor se apasiona, y aún no me satisfago sile mató la herida, o el amago; pues fue el golpe de suerte; El adorno que fragua, has visto, cuando el agua, artificiosamente, en caños esparcida, da a la fuente en su hermosa conquista, al desvelo quietud gloria a lavista; pues así considera la sangre, que a las flores les da con un color nuevos colores. En el suelo tendido, ya del vital aliento fallecido, del transito funesto cuando bizarro al paso, que gallardo, tan horrible quedó, tan descompuesto, que pude, aún suspendida y en término pequeño, que a ser posible me causara espanto. ver la muerte verdad, la vida sueño. Vencido, y muerto ufano (go, que es desdichado alarde al tiempo se promulgue ejecutoria. dejar la vida en manos de un cobar- (de; quedó el sentido en calma, presa la voluntad, rendida el alma; (bravo, el aliento sin brío, el amor satisfecho, que no hay solo un León en la palestra. con fuego el corazón, con hielo el pe- (cho; la memoria turbada, y yo de este Español enamorada. Ay de mí! que al fin le quieres? el alma; pues cuando llego hallo, que amar, y adorar tienen diferentes glorias. Perdone el justo respeto, ni el decir verdades temer ni los peligros le estorban. Tu padre viene con él. que solo el aire pudo darle muerte. , , , Milán pide, que responda vuestra Alteza al casamiento; lo mismo pide Saboya, y Ferrara. . Yo quisiera con un si dejar dichosas la mía, y sus esperanzas; pero miro tan remota la inclinación de Isabela, y mi ventura tan corta, que en llegando a este discurso pierdo la esperanza toda. Padre, y señor. . A buen tien- has venido, que no ignora, (po Isábela, mis cuidados, arguyo por cierta cosa, hijos son de su rigor, y todo el mundo se asombra, que siendo yo padre tuyo a mi voluntad te opongas. En Florencia Embajadores, Isabela, hay de Saboya, de Ferrara, y de Milan, que te piden por esposa, uno ha de ser tu marido, que le elijas luego imporita. Ganzua mi muerte escucho. Ya está en el potro; si entona, y canta, Dios te perdone. Ya mi esperanza se logra. Confusa estoy! Don Enrique, que me aconsejáis, que ahora bien he menester consejo. Que vuestra Alteza depanga su soberano discurso, su autoridad milagrosa en mi mano, decir quiero, que mi humildad reconozca, si no es que pretende acaso desvanecerme en su gloria. La que miras, don Enrique, no es ocasión de lisonjas, Mi padre quiere casarme, yo lo excuso, y es forzosa la obligación, el peligro mi muerte a voces pregona, mira si es justo el consejo. A ser de guerra, señora, pudiera acertar el mío; más, pues, este no conforma, di, que ya casarte quieres, y que para que conozcan, que agravios solos excusas, y que no desprecios compras; porque no haya queja alguna de tu parte, ni discordia para elegir de los tres esposo, de tiempo toma un año, dentro del cual te has de casar, sin que pongas más dilación. Pues qué sacas de todo eso? Qué interrompas de tu padre el pensamiento, que tanto te aprieta ahora; que en el discurso de un año puede el tiempo tantas cosas, que no es mucho que entre tanto mejor engaño dispongas, y al fin te queda esperanza. De tu consejo animosa empiezo. Válgame Dios! o me falta la memoria. o el diámate que en la mano tiene Don Enrique, en otra vieron mis ojos: Ay Cielo! Secretario, al de Saboya, al de Ferrara, y Milan, diréis, puesto, que me exhorta como la razón de Estado, de mi padre la congoja, que ya casarme no excuso; y que por tiempo a mis bodas. Quiéres que los llame? . No, que fuera en mi acción impropia, cuando todos me merecen, que atrevidamente enoje, Un año pido de tiempo, para que en este recorra la elección el pensamiento, señalando la persona de los tres que me convenga, Solo esto pido. Provocas a que todos te sirvamos. De esta suerte se disponga. Mi esperanza resucita. Mis venturas se mejoran. Mis rigores se acrecientan. Mis pretensiones se logran. Te hiciste mal? En los ojos. En los ojos? triste cosa! Viste el Sol, cuando arrojando de su efigie luminosa, rayos de luz a la tierra, que la ilustran y la adornan; que los ojos, que se atreven a mirarle poderosa su luz, porque se atrevieron les quitó la vista toda, y lo que antes eran luces son ya noches, ya son sombras, ciegos ya, por cuya causa, sin acuerdo la memoria, por no saber donde está tropiezan en cada cosa? Pues así yo, que mirando de un diamante, lo que arroja, rayos transformado en Sol, tanto sus luces me estorban que ciega entre mis recelo; tropecé, si no remota de la luz de mis ofensas, del temor de mis congojas. Yo no entiendo a vuestra Alteza! del diamante está celosa. Flor; adelente; escuchad. . Yo, Vos, sí, que os quiero a solas, Sabéis, que soy la Duquesa? De Florencia, y que no ignoran las Provincias más distantes tus ya merecidas glorias. Y que Flor es prima mía sabéis también? Sí señora. Pues excusad pretensiones necias, atrevidas, locas, porque os costarán la vida, si cuerdas no se reportan. . Qué confusiones son estas? qué quimeras fabulosas? Yo pretendo a Flor? yo a Flor? mas ya lo entiendo, que es otra la pretensión de Isabela; pues Flor me dijo, que adoran a un Caballero las dos, y si esto es así, envidiosa de que Flor le ama también, quiere que los ojos ponga en Flor, para divertirla; y el mostrarse rigurosa, fue lo mismo que decirme, que la amase; pues no importa, que con el mismo cuidado que me imita, y me provoca, he de saber quien me mata, y matar a quien la adora. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Cobarde estás. . Dices bien. No echas de ver que es amor el de Isabela? . El temor mira (Ganzua) al desdén. Que desdén pesía a mi vida, cuando se abrasa de fuego? si no has entendido el juego, a que quieras te convida; a espaldas de la ocasión viene el arrepentimiento. Yo siempre he tenido intento de decirle mi pasión. Lindo modo de decir! Pues qué importa que le tengas, si cuando a decirlo vengas, puedes echarte a morir? imitando ese gobierno huyo muchos condenados, que sin decir sus pecados, se hallaron en el infierno. No sigas estos, señor; en hablando a la Duquesa, tus pecados la confiesa, que tiene infierno el amor. Contrario miro el extremo del rigor en que me ofusco; pues temiendo lo que busco, busco lo mismo que temo. Averiguando mis celos tanto el cuidado me oprime, que por mucho que me anime hallo Montes de recelos; el Español está aquí, mejor diré mi tormento: Ay amor! si el mal que siento hallará remedio en ti? ha soberano respeto! mas como eres soberano si te afrenta un Dios tirano, y le obedeces sujeto? Si bien se deja entender la cifra (que ya no dudo) pues no hay contra Dios escudo, que es inmenso su poder: Don Entique divertido? No me hubieras avisado, necio? Es de amor el cuidado? porque será bien nacido, (claro está) que si es amante, será efecto la tristeza del rigor, o la tibieza; es de cera, o de diamante? Acabad por vida mía, comunicad vuestra pena. Señor, la ocasión es buena, que la pescases querría. Vive Dios, que no me atrevo, Pesia tal, toma carrera. Ay (Ganzua) quién pudiera! Ay que melindre tan nuevo, Qué decís? Qué es mi cuidado tan insufrible, y cruel, que solo se mira en él la muerte, razón de Estado; y pues vuestra Alteza ha dado en que diga mi tormento, (siendo tanto) solo intento, obedeciendo, advertir, que aún no le sabré decir lo menos de lo que siento. Viva imagen de una Atlanta en el Monte una mujer cazadora pude ver; cuya voladora planta, tanto al valor adelanta, que mirando que desmiente la mujer a lo valiente, con lo hermoso, quedé tal, que engendró lo natural prasunciones de valerse, Tras un León atrevida la vi corriende de suerte, que el impulso de su muerte tragedia fue de mi vida: la razón se vio ofendida pero mirando al rigor el engaño fue mayor, y pareció estilo fiero, querer matar con acero; quien pudo matar de amor. Suspenso (aunque irracional) quedó del bruto el sentido, en mí el discurso perdido, que fue causa de mi mal: y mirando desigual la ventura en el concierto de su muerte, por acierto a matarle me arrojé; pero cuando yo llegué ya el León estaba muerto. Fuese, y dejándome en calma, tributario de sus ojos, entre tiranos despojos, por esclava llevó el alma caso injusto) pues por palma de un deseo bien nacido, mi estrella ingrata ha querido, (usando de su rigor) que me viese vencedor, cuando me miré vencido. Esta es la pena que lloro, y el cuidado que padezco, la gloria que no merezco, y la desdicha que adoro, que me ha de quitar no ignoro la vida un justo temor; pero morir es mejor cuando la razón me advierte, que no equípara la muerte, ni al desprecio, ni al rigor. Declarado se ha conmigo, Eso sí, pesia mi vida. Si me doy por entendida, a grande empeño me obligo; ay amor! fiero enemigo! disimularé; mas no, que si la vista engendró un efecto, no acredito el engaño, y es delito de la razón, pues me vio. Fuerte es la ocasión que espero? si aquí le acobardo, muero, y me pierdo si me humano; estilo es de amor tirano; qué he de hacer? a vil respecto! de la majestad objeto; porqué razón, quien te hizo, le previno quebradizo. si te quiso hacer perfecto? Pero venza la razón venza el honor (mal prevengo) el amor venza que tengo; quién vio mayor confusión? con espuelas la ocasión miro, el respecto con freno; el uno, y otro condeno, pues es mi desdicha tal, que miro en balanza igual dos pesares, y un veneno. Esto ha de ser; don Enrique, por lo que habéis referido, vuestro cuidado he entendido; el discurso se va a pique; y puesto que aunque publique vuestro loco atrevimiento. no satisface mi intento; solo quiero que entendáis el error, si no buscáis ser de mi enojo escarmiento. La cazadora yo fui, claro está que habláis conmigo, Señora. Basta el castigo; mejor estuviera en mí, pues ligeramente di a tan necia presunción, inao inadvertida, ocasión, y así sirva de disculpa mi ignorancia a vuestra culpa, pues ánimo mi intención, Señora. Ydos; qué hago? cuando le ultrajo le adoro: . Ahora verás que decoro, si el crédito satisfago. Ya se va, ya me deshago, compiten amor, y honor, imitando al que es mayor, Honor que se vaya pide; mas ay! que si le despide voces le ha de dar amor. Volved, que os quiero advertir, que yo no os puedo quitar, que me améis, porque el amor no hay quien lo pueda impedir: esto quiero permitir (que no es poco) cuando entiendo, vuestro intento, y no me ofendo; amad, y tened paciencia, que amor sin correspondencia por amorva mereciendo. Ciertas tus dichas están. Ahora echarás de ver, como es amor mercader, pues llama cuando se van, Si tan justo el favor dan tus manos; a su medida debo el ser pues advertida su grandeza pudo ser bastante causa el plarer, para quitarme la vida. Quedamos en que permito, que me améis con la pensión de no amaros. Condición es terrible; pero admito su rigor, con que acredito la fuerza de mis desvelos, mi cuidado, y mis recelos. Pues adiós. Adiós. Mas no; volved, que se me olvidó, que no habéis de darme celos. Ciertos son los toros, bueno, El cuidado es bien ajeno de la condición pasada, querer solo ser amada sin amar; cosa es posible, aunque de pena insufrible; pero no, que tu rigor tenga celos sin amor, que es pedir un imposible. Pues no hay nada del concierto, si esto no ha de ser ansí. Pluguiera a Dios fuera en mí el premio de amor tan cierto. No dar celos es más cierto en quien sabe amar constante, que en mí que idólatro amante, es evidente el granjeo. Es Español el trofeo, oh Florentín? Qué? El diamante. Vive Dios que eres un seño si has dudado que te adora. Este os doy por él. Señora, es el vuestro como el dueño. Tente amor, que me despeño. Dichoso miro tu fin. No ves robado el carmín? Disfrazar mi amor espero: Esta noche hablaros quiero, Por dónde? Por el jardín. Tanta dicha? No os asombre, que un hombre os quiero enseñar, que adoro, y que sabe a mar. Vuestra Alteza adora a un hombre? No os quiero decir el nombre, pues le habéis de ver. Ay Cielos! ustos fueron mis recelos. Ires Extraña fiereza es, que quiera Vuestra Alteza que vaya a morir de celos, pero iré solo a admirar mi desdicha, y su ventura, aunque parezca locura ir a ver por envidiar. Lo que temo he de buscar? será imitación mi suerte del que rabia (cosa fuerte) pues cuando temores fragua, busca el remedio en el agua, y está en el agua su muerte. Mirad lo que prometéis, que os espero? Iré a morir. Qué mal que sabéis sufrir! poca esperanza tenéis, sufrid, y amad, no os canséis? que quien se precia de amante, solo sale ser constante. Soy diamarte, y seré acero. Firme, Don Enrique, os quiero; pero no os quiero diamante. Sabes quién es? Que me ha muerto, te sabré decir más bien, al Español quiere bien? Y él la quiere? Será cierto, pues argumento es bastante de amor mirar en su mano undiamante, siendo llano, peera de Flor el diamante, Que no sehaya averiguado, porque se vino de España, ni quién sea? cosa extraña! Cartas al Duque han llegado, en que dicen, que le llama de Castilla el Almirante, que es su padre. En lo arrogante imita al tronco la rama. Pues se ve que es de Castilla lo más levantado, y grave. El que más ignora sabe, que es del mundo maravilla. Dicen que a casarse va, con que se aumenta mi suerte, y que libre de la muerte que le acómulan está, A casarse? Esto le escribe al Duque, su padre, y creo, que satisface el deseo que en su viejo padre vive. Ya los Duques han entrado. Cumpliose el daño que puso la Duquesa, y se dispuso lo mejor de mi cuidado. Porque en viéndola casada, le he de gedir por favor, que me dé la mano Flor de esposa, con que empleada la gloria que amor procura, no habíá Ortensio, que aguardar, ni más bien que desear, ni que esperar más ventura. Con cuidado, y sin sosiego, como el que pierde el lugar, caminante en noche oscura; sin saber adonde está, que cuando busca el acierto, entonces se pierde más: así yo entre mis congojas yo voy el remedio a buscar, y cuando más lo procuro, le infundo valor al mal. Sin gusto está la Duquesa; que mal se encubre un pesas! mal podrán pedir albricias nuevas que disgusto dan. En Florencia están los Duques, Qué escucho Cielos? piedad. Vistelos entrar, Manfredo? Lo que pude ver sabrás. Pues di, que escucharte quiero, veré si es eficaz la pena que de ti aguardo, con las que en mi pecho hay, a darme muerte, pues juntas podrán matarme, y podrán darle descanso a una vida que ha tanto que pena ya. El de Milan gallardo entró primero de pardo, y oro, con feroz desgarro, sobre un valiente, y animoso overo, que pudiera del Sol tirar el carro; in aliñada, de semblante fiero, equeño, y torbo cuello, tan bizarro, que imitando el color de sus espumas, en su frente se vio monte de plumas. Pasó la plaza, aquíen el dueño imita, que enojado, y colérico revienta, (cas n lo arrogante, altivo, y poderoso, oberbio, y grave aspecto, que acredita n lo severo, y rígido lo hermoso: El sombrero cortés al pueblo quita; que le celebra, dando cuidadoso bruto el acicate, que le oprime, el grave peso la ocasión que gime. A tiempo que un clarín hace reseña, de Ferrara bizarro, y atrevido, obre un castaño entró, frente aguileña, abrazoles severo; muestras dando che de ancas, y pecho bien fornido; de no das con lo afable diferencia scarna da cabeza, si pequeña. tin robricada, y larga, que esparcido lcábelo en su cuello, esta vez sola se vio la crin más larga que la cola. En este el de Ferrara varias flores en campo azul, a quien guarnece plata, laberintos formando sus colores, donde prodigo Mayo se retrata; galán no presumido, oyendo mil favores del vulgo, y Damas, que con vista grata, de su donaire, y brío se enamoran, y de tu Alteza los rigores lloran. De noguerado, y oro el de Saboya, sobre un nevado rayo, que le mueve, tan hinchado, y soberbio, que al de Troya pagar tributo a su grandeza debe; cuya velocidad el tiempo apoya; de suerte que el discurso aún no se atreve a averiguar en ocasión tan grave, si por lo blanco es cisne, o por si abe. Aunque llegó postrero, es sin segundo pues a su frente, y a la fama ofrece, laurel por su valor, premio que fundo, en que como él ninguno le merece; fijo en la silla, que es pequeño el mundo para oponerse a su poder parece (y no te espante) porque vi de paso otro Belorofente en el Pegaso. Inquieto el animal que le sustenta, acepillando el freno, el suelo tasca; pues cuantas piedras huella, rompe, y rus- ya nevada la espuma; ya sangrienta, envuelto en ira, embarazado en basca cuando rayo en la plaza sepromete, permite que su dueño le sujete. A este tiempo el Gran Doq, deseando, mostrar su cortesía, y su prudencia, al encuentro salió, a quien festejando su ostentacior mostró toda Florencia, de indicies, que le diesen al cuidado ocasión de sospecha en lo tratado, Llegaron a Palacio, el Pueblogris, los Duques vivan, sin saber cual sea el que sus pretensiones acredita, ni quien el gusto de tu Alteza emplea la esperanza del Duque resucita, mirando el bien tan cerca que desea, contemplando en el dulce, y justo entrego Florencia su quietud, y él su sosiego. Cielos, que esto escuchar pude! debo de ser inmortal, pues no muero en tantas penas, Amor ciego, vil rapaz, para que quiero a tus glorias, pues he conocido ya, que es de pluma tu placer, y de plomo tu pesar? dejadme sola; ay de mí! Triste la Duquesa está. . Mal, Don Enrique ha salido tu consejo, cuando toco la verdad, con que provoco el alma a mayor sentido; engaño al engaño ha sido, pues ya de remedio ajena, mi propio padre condena, que pague en tormento tanto, su obediencia llanto a llanto y mi afición pena a peña. Pero como prometí casarme, si no soy mía? o la razón desvaría, o el sentido falta en mí: Don Enrique viene allí, disimular mis enojos pretendo. Necios antojos, si tanto habéis de durar, acabadme de matar, la muerte tengo a los ojos. Don Enrique, donde vais, que estáis de camino? Voy a España; muerto estoy. En fin a casaros vais? Yo acasarme? Qué, negáis lo que se dice, y se sabe? Cómo es la voluntad llave, siendo guardas los sentidos, y están, señora, torcidos, ni puede volver, ni cabe. Que vuestra Alteza se casa dicen todos, y es ansí. No ha estado la culpa en mí. El alma en celos se abrasa. El gusto a obediencia pasa; quejarme de vos podía. De mí? Sí, pues era mía, y haciendo el remedio daño, enajenó vuestro engaño la libertad que tenía. La voluntad es imperio, que no se puede negar, y es quererla enajenar voluntario cautiverio: luego encierra más misterio que mi engaño, cuando huye de ser libre, conque arguye, que es sin fuerza el argumento en abono de mi intento, pues la razón le destruye. Yo que casarme no quiero, mi libertad no cautivo. Pues cómo os vais? Porque vivo sin remedio en lo que muero: desesperar lo que espero es desdicha conocida. La esperanza más perdida suele tener buen suceso, que en las venturas no hay peso, ni en las desdichas medida. La esperanza más perdida suele tener buen suceso, que en las venturas no hay peso, ni en las desdichas medida? Pues esperanza atrevida vive alegre en los rigores, no te embaracen temores; vuelve a vivir, resucita, que si el Sol flores marchita también anima las flores. Deja el infame temor, pues la ocasión te promete, si no en la mano el copete, para cogerle favor: otra vez te ayuda amor, levanta, si estás caída, vuelve a cobrar nueva vida, que ya esperanza confieso, que en las venturas no hay peso ni en las desdichas medida, Tan aprisa es la partida, que os obliga, Don Enrique, a no despediros? Pienso, que no hay razón que confirme culpa en mi cuidado, Flor, pues no me voy. Contradice el traje de la disculpa, pues hay quien diga, y afirme, que os vais sin ver de Isabela las bodas. Digo, que quise, porque me llamó mi padre, con toda prisa partirme? pero que ya no me iré, pues hay causa que lo impide. Si es la dicha, vendrá a ser lo mismo quedarse, que irse, pues que se casa manana Isabela. Ay Dios, qué dices? Lo que escuchas; mis sospechas son verdades, pues se visten del color de sus colores. Qué escucho, si ya infelices mis pretensiones contemplo? Hay pena más insufrible? Don Enrique está celoso, y yo de mirarle triste. To apercedido está, ya señor puedes partirte. Dejadme, Esperanzas viles, bien nacidos pensamientos, mas llorados que felices, no me atormentéis, dejadme, aunque puede vuestro origen dar alivio a mis tormentos. Mas que importa que me anime, si es su rigor tan soberbio, y mi valor tan humilde. Vamos, acaba; en qué piensas? qué tienes? de qué te afliges? despídete, y vamos luego. Vamos, Ganzua, bien dices. Alto a España, postas vengan. Qué mal quién ama resiste! Adiós Flor, a Dios ingrata, que yo me iré, pues permites, que te deje quien te adora. Mas que mucho, si compiten mi desdicha, y tu rigor, que mi llanto no te obligue? Pues no dices que te quedas? Ya, Flor, me voy; qué mal dije! que quien el alma se deja, que se vaya no es posible; no quiero aguardar mi muerte. Ven Ganzua a despedirme del Duque. Adiós, Flor bella. . Hay pena más insutrible? Don Enrique se va a España, yo a morir, si no desiste del pensamiento que lleva, Pues pensar que aunque porfíe es posible detenerle, ni que le olvide es posible, es por demás, qué he de hacer? con mi muerte se averigue mi confusión, Isabela, es esta, el amor fabrique remedio, pues en amor jamás ha habido imposibles. Señora? Prima, has oído algo de nuevo? . No siento novedad; tu casamiento hace en palacio ruido, y el partirse Don Enrique a España. Ay, qué me has muerto! No lo creas. Es tan cierto, que no hay quien lo publique, Postas Ganzua apercibe. Puede haber algún remedio para detenerle; Un medio. Pues dile. Un papel le escribe, diciéndole, que se quede, que te importa. Dices bien, haz que recado me den; qué imposible amor no puede? Ya tienes aquí el recado, Tu padre viene. Qué haré? Firma, y yo le escribiré. El papel queda firmado. Isabela, la elección de tu esposo se apresura. Sigue al tiempo mi ventura, Y que se acorte es razón. Amor mi industria publipue, si la ocasión lo confiesa; con el papel, y la firma será mío Don Enrique. . Sabes que están en Palacio los Príncipes que han venido? cual ha de ser tu marido? Eso pide más espacio. Parece que no estás buena, desdichado en todo soy, que sientes hija? Que estoy desabrida con mi pena. Con tu licencia señor, hoy me quisiera partir. Porque os vais, voy a escribir a vuestro padre, Ay amor! Entrad por la carta luego. En hielo el alma se abrala, que cuando a su extremo pasa lo mismo es hielo que fuego, El papel tienes aquí, A buen tiempo le has traído, Don Enrique? Estoy perdido, todo es confusión en mí. Advertid, que habéis de haces lo que ese papel dirá. Entremos a disponer lo que conviene Isabela. Amor a mucho me atrevo. La vida, prima, te debo, Si supieras mi cautela. . Rompo el sello, que es locura que tema abrir un papel, si al fin he de hallar en él mi desdicha, o mi ventura. Solo esta noche vendréis al jardín, y por la puerta que veréis que queda abierta, sin temor entrar podéis. Quien procede tan discreto, cien sabrá lo que ha de hacer, pues el caso ha menener silencio como discreto, La Duquesa. Loco estoy, vuelva a vivir mi esperanza Fortuna, de mi mudanza mil parabienes te doy, pues son justos parabienes los que nacen del favor. Todo está apunto, señor, vamos presto. De humor bienes. Irme a España ya no quiero, Y el dinero, y la cebada que a cuenta de la jornada está dado? Majadero, a otro dueño estoy sujeto Pues qué hay de nuevo, señor? Algo tiene de rigor la observancia de un secreto. Y así viene a ser desdicha, porque el gusto, y el pesar, dejados comunicar, uno, es descanso, otro es dicha. Por eso el alma te encubre, amigo, el bien que intereso, hasta que el tiempo, el suceso de mis venturas descubra. Vanos son los lances míos; ve. . Que se han vuelto recel cucharones de Juanelo, ya llenos, y ya vacios. Dejadme melancolías; dejadme, no me matéis, que sin matarme diréis, que sol grandes, pues sois mías Dejadme vivir, pues lloro mi tormento, y mi dolor, que aunque es piadoso el rigor, matarme con lo que adoro. Cesen ya vestras porfías, dejadme, no me matéis, que sin matarme diréis que sois grandes, pues sois mías, Amante, y celoso vengo a averiguar mis enojos, que fueron de argos los ojos, en el daño que preveno Don Enrique ha de venir a despedirse de Flor, y esta es la parte mejor que habrá podido elegir, para decirle sus quejas, y de su cuidado el fin. Las que miro en el jardín son de su cuarto las rejas, quiero retirarme aquí, y en lo intrincado estaré de estos jardines. Quién fue mas dichosa que yo fui? Notable es la suerte mía, pues voy en lo que procuro, a perder lo que aventuro, sin ganar lo que tenía. Y sabiendo que no es cuerdo el camino a que me allano, quiero en duda lo que gano, y no estimo lo que pierdo, Si al jardín habrá venido Don Enrique? pero no, que soy tan dichosa yo que lo habrá puesto en olvido, Y en el desdichado es tal de la mudanza el desdén, que le pone olvido al bien y le da memoria al mal. Noche pasa en horas breves, pues mi cuidado no ignoras, que haces de plomo las horas, pues tan de espacio las mueves Si mi esperanza imitara, jardines, vuestro verdor, dichoso fuera mi amor, mi desdicha fuera abara. Amorir vengo de amores, olantas, si bien es verdad, que me mata una beldad, más bella que vuestras flores. nunca más dichoso fui. Este es Don Enrique, Cielos, dejadme veugar mis celos. Ce; sois vos? Señora, sí. Bien su voz he conocido, Entrad. Mi dicha fue cierta. Si no le abrieron la puerta en las murtas se ha escondido; pero ya la verdad toco. Ah ingrata! ah tirana! ah fiera! veré mi agravio, aunque muera de celos rabio, estoy loco. Vengarme, o morir espero; hoy mi venganza ha de ver; oh inadvertida mujer! o matar, o morir quiero. Dónde estamos? Pisa atento; ven de espacio; no quisiera que la Duquesa me oyera, que está cerca su aposento. No sé dónde estoy, errado va el discurso, pues no acierta; le Isabela es esta puerta, le que embarazaba un cuidado! Etrado vengo sin duda, bien sé que soy desdichado, pues teniendo tanto fuego a escuras busco mi agravio. Pasos sentí, si Isabela está despierta? entre tanto que se vuelve a sosegar este ruido, mi cuarto buscaré, dejando aquí a Don Enrique. Callando en este puesto me espera. En él, señora, te aguardo. Noche, si entre tus tinieblas hallará mi mal descanso. La puerta de mi aposento es esta, cesó el cuidado. Don Enrique, a Don Enrique? A Don Enrique llamaron, Flor es, ayudadme Cielos a conseguir este engaño. Ven, y pisa con silencio, Dónde estás? Dame la mano, Hasta ahora desvelada, con mi memoria luchando, para bajar a las rejas, donde a Don Enrique aguardo, he estado aguardando tiempo, y pienso, si no me engaño, que serán más de las doce. Si Isábela se ha olvidado de que me dejó, y se fue. Todo está quieto; si acaso: quién es? quién va? . Yo, señora, Quién? Don Enrique, Villano, quien te ha dado atrevimiento para llegar a mi cuarto? Señora, qué es lo que dices? hablas de verás, pues cuando me dejas aquí, y te vas, extrañas el ver, que hago lo que me has mandado? . Yo? qué escucho? por esto paso? Señora, viven los Cielos que me has traído engañado, y que te burlas de mí. Hola criados, criados? No des voces, oye, espera, que no cabe en pecho hidalgo dar pesares con cautelas, quitar vida con engaños; por qué a quién te adora ultrajas? No me toques, que me has dado la muerte con esta injuria. Yo, señora? Vete ingrato, que te desprecio, y te adoro, que te disculpo, y te agravio, Señora, no te arrepientas, quien soy sabes, y que valgo lo que puede un Español. Perdiendo me voy; salgamos valor, ya que no convida con honra; ola vasallos; gente, Guardas? Tus crueldades has de ver, que pueden tanto, que antes de perder la vida servirá de desengaño lo que alcanza mi valor, y lo que puede mi brazo, Qué tienes, hija, qué es esto? quién es ese hombre? mataldo. Tened, que quiero que entienda, que para matarle basto; dame esa espada, amor venza, perdone el justo recaso, que no es amor el que tema los peligros, y los daños. Al que intentare ofenderle hará mi espada pedazos. Pues cómo tú le defiendes? Porque le quiero, le amparo, Sabes quién es? Don Enrique. Haste, señor, engañado, que Don Enrique es mi esposo, y está aguardando en mi cuarto, Flor, qué dicer? habla presto, Yo, señor, la verdad hablo. Pues quién eres hombre? dilo, o hacedle luego mil pedazos, Don Enrique soy. Ay Cielos! contra mi salió el engaño. Ay dos Don Enriques, Flor? a quién tienes en tu cuarto? Ahora veré mi muerte. Mantredo soy. No tan malo, porque por Dios que de noche todos los gatos son pardos. Quién te entró aquí? La Duquesa. Yo? qué dices? Esto es llano; y así, para que el Gran Duque halle cierto mi descargo; este papel me disculpe. pues me le dio por su mano, Este es engaño de Flor, Flor, qué es esto? Todo cuanto dice Don Enrique, es cierto, porque con tu firma en blanco,
