Texto digital de Las amazonas de España y prodigio de Castilla
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan del Castillo
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las amazonas de España y prodigio de Castilla. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amazonas-de-espana-y-prodigio-de-castilla-las.

LAS AMAZONAS DE ESPAÑA Y PRODIGIO DE CASTILLA
JORNADA PRIMERA
N hora dichosa L reciba Castilla su Conde triunfante, pues es el Adlante que fuerte acaudilla, de tanto Guerrero Campeón Adalid, los triunfos que aclama la voz del Clarín. Viva el Conde, viva, y el bronce que en ecos su nombre le aplauda, e aclame en Castilla por hijo de P Los aplausos que en métrica armonía, de Clarines, y Música a porfía en mi nombre inmortal el ocio ensancha, no solo a mí, a mi esposa Doña Sancha se han de dar, pues merece su persona de Castilla ser Ínclita Amazona; y así rendido, con amantes lazos, a la prisión me entrego de sus brazos, En ellos Doña Sancha de Navarta Águila se remonta, cuya garra, (pues hasta el Sol la lleva su fortuna) espera de hacer la blanca Luna, que Agarena cuchilla, intenta avasallar hoy a Castilla. Con tan airoso aliento, aqueste de Esmeraldas pavimiento, al suave contacto de esas huellas, en vez de Flores, brotarán Estrellas. Cómo habéis concluido las paces con mi hermano? Vuestro oído se sirva de atender a mis razones; y escúchenme también mis Infanzones, porque estén advertidos, como el Conde defiende sus partidos. Atentos, gran señor, a cuanto ordenes, tienes a todos de lo que previenes. De tu valor es hija tu osadía. Pendiente de tu labio está García. Después Insigne Sancha de Navarra, de aquella acción bizarra, cuyo motivo noble, y decoroso, a fin de hacerme solo vuestro esposo, dándome libertad, honor, y vida; a que Castilla hoy agradecida, os da el renombre en tan suprema altura, de la Hidalga Hermosura, a quien pone en la frente la Corona, por hija de Minerva, y de Velona. Vuestro hermano ofendido de tan heroica acción; o persuadido de Teresa su hermana, hoy Reina de León más soberana: con Ejército, luego entro por la Rioja a sangre, y fuego, destruyendo, y talando las Fronteras; y volviendo arbolarse mis Vanderas, apenas Himineo logró de nuestras almas el trofeo, cuando embrazando yo el Arnés luciente, me vieron mis Escuadras en su frente. Atento vuestro hermano a sus Navarros, yo a los míos bizarros, y al son del Parche, y del Clarín tonante, se trabó la batalla en un instante. Dejo de aquel combate el gran progreso, pues basta que García quedó preso, que yo en lid rigurosa, le di la muerte al Condo de Tolosa, que vino desde Francia hasta Navarra a facción tan bizarra, que a no haber arribado en este trance Don Sancho de León; en el alcance mayor fuera el estrago, y confusiones, en lá ruina fatal de ambas naciones. Interpuesto Don Sancho con suaces, quedan echas las paces, vuestro hermano en Paplona en su Real silla, que la debe al valor de esta cuchilla. En esta confianza, hemos hecho los tres firme alianza contra el cruel Africano, obligando este ajuste a vuestro hermano, a conducir pagados tres mil infantes, y dos mil montados. Por más seguridad de estos dominios, por ver en el Leonés cultos designios, también le he precisado a pagar lo pactado del Caballo, y Azorque me debía; que fue que cada día, que en dar satisfacción se retardase; la suma se doblase, adonde echa la cuenta, se halla que el de León no tiene renta para hacer esta paga: y así porque a Castilla satisfaga, se pactó de común consentimiento; quedase del Leonés mi Reino exento, siendo en todo absolutos dueños, sus Condes, fueros, y tributos. Ya, pues, las tres Coronas son amigas, contra las enemigas de la Fe; hoy se muestre nuestro celo: obliguemos al Cielo, salgamos a Campaña, Caballeros, sean vuestros aceros segures en Castilla, de aquesta venenosa, y cruel semilla, que infesta nuestras tierras, con abusos, con sañas, y con guerras, que ya esta espada de blasones llena, desea derramar sangre Agarena. A derramar furioso, Ejército previene poderoso, llamando para hacer esta Campaña, cuantos Reyes Arabes tiene España: los Argelinos tiene convocados, que como están a robos enseñados, ansiosos de la presa, infinitos se ofrecen a esta empresa; providencia Divina, porque vea el Alarbe su ruina. Y puesto que he logrado contra el poder de mi inconstante hado, o fortuna envidiosa, tener a Doña Sancha por esposa, libertando a Castilla de la Leonesa silla; y también que dos Reyes Coronados me tributen sus Armas, y Soldados: Convóquense las huestes Castellanas, que a las menguantes Lunas Africanas, eclipsen sus aceros a rigores, sepultando sus tibios explendores, pues que logra Castilla en esta empresa, a Sancha de Navarra por Condesa, para que glorias tantas, por trofeos se ofrezcan a sus plantas. Solo de vuestro valor, y gallarda gentileza, pudiera quedar mi hermano con honos, y yo bien puesta. Eso me debía a mí mismo, siendo vos la que me alienta; mas tanto Moro turbante es lo que me da más pena. Vengan, señor, cuantos Moros la Excitia, y la Arabia engendran, que pues supisteis labraros una Corona tan Regia, como la fuerte Castilla, haciéndola en todo exenta de los Reyes de León, sabrá también defenderla, aunque intenten imbadirla multitudes Sarracenas. Señor, cuantos más Alarbes, más grande será la empresa, pues ya nuestros Castellanos también las armas manejan, que no hay golpe sin ruina, al rigor de su violencia. A cuyo Cristiano asunto, ya que de esmeraldas puebla esas Campañas frondosas, la Florida Primavera, salgamos a recibirlos, que ya desea mi diestra, al impulso de este acero derramar sangre Agarena. Sí señor, y a palos mueran como bórricos de recua, porque lo son de Mahoma, que fue Arriero allá en su tierra, El Rey Don Sancho, señor, me mandó que os diese aquesta? con orden que no esperase que respondieseis en ella. Veré que es lo que me manda. No sé que el pecho recela. . Leo, señora, que intento no ocultar nada a tu Alteza. He mandado ayuntar Cortes, y quiero se hallen en ellas Ricos. Homes, y Jufanzones, los de Pendón, y Caldera: y a vos, como a mi pariente, os ruego, por ser materia que pertenece a ambos Reinos, que vengáis, aunque la guerra la dilatéis contra Moros. El obedecer es fuerza. Siendo de vuestros vasallos, honor, lustre, y conveniencia, será muy justo partiros. Ese cuidado me lleva; pero Gonzalez Fitero, con las lanzas más ligeras corra los Campos de Lara, y procure adquirir lengua de los designios del Moro; supuesto que la Agarena también la sabe imitar, como otras veces diversas lo ha hecho en las mismas Cortes de los Moros. . A tu Alteza estimo por tantas honras, pues me ocupa en las empresas, donde gane, honor, y fama. Con la más gente de guerra de infantes, vaya García, procurando la defensa no más, en tanto que al campo llegan las tropas Leonesas: para cuya condución me acompañará en aquesta jornada, Gónzalo Diaz, que es quien mis tropas gobierna. Siempre estoy reconocido de las honras que tu Alteza me hace: (con gran pesar parto a acompañarle en esta. ocasión, pues dejó en riesgo una hermosa amada prenda del corazón, porque en Lara la tengo, y viniendo a ella el Moro;) pero primero habrá de ser la obediencia. Dadme los brazos, señora. El Cielo con bien os vuelva. Vamos, Gonzalo, los dos os quedad con la Condesa. El Cielo os lleve con bien. Confusa voy, y suspensa, vamos, Flora, ven Fenisa. Mira lo que son grandezas, amiga Fenisa. Flora, no hay alegría sin penas. . Quedámonos los Soldados, sin que reparo se hiciera en no irla acompañando: aquí aquel adagió entra, que entre Soldados, bien dices, Perdigón, al punto apresta las armas para marchar que la belicosa escuela, mas que a corteses acciones a obedecer nos enseña, sin reparar cumplimientos. Pues mi orden, y la vuestra va dirígida a un asunto, es preciso se convengan nuestros designios, porque nos podamos en la urgencia socorrer el uno al otro. Decís bien, pues que lleva a cargo vuestro valor la infanterla, quisiera la abocaséis con recato, a Lara, para defensa suya; pues he tenido hoy de un cautivo nuevas ciertas, que los Moros de Madrid toda su campaña infestan. De Cordova Auerramas, también a su hueste agrega los Turcos de Lusitanla, y el Rey de Merid: Vengan, que si son barros de Maya las mujeres; y doncellas, presto darán fin de todos, pues los comen como tierra. Yo en los Reales de Alajid, pues quien las tropas gobierna de Aderraman, con engaño me he de introduciosecreta espía y con esta industria sabré lo que el Moro intenta; pues tengo con Alboacen oculta amistad estrecha, enemigo de Alajid, que es quien las Tropas gobiern Pues yo un pobre Perdigón, que del cascaron apenas he salido, he de intentar. Qué has de intentar? Darles brega. En qué forma? Con las plumas que de la cola se sueltan al Perdigón, dicen que quemándolas danejaqueca, y que con el humo atontan, y los sentidos infestan; y atontados los Morillos, yo iré cortando cabezas. Ea, preven luego al punto las dos Alazanas yeguas. Ruego a Dios que no nos haga a adorar aquel que en Meca está colgado en el aire. Los Castellanos reniegan. Si señor, cuando se ofrece. De quién? De quién, de su abuela. . Vamos, que ya nos avisan las Cajas, y las Trompetas. Hasta Lara iré con vos, y quedaremos en ella, con el acuerdo que más a nuestro intento convenga. Ruego a Dios que no se haga sin la huéspeda la cuenta. . Ya que esos toscos Riscos, que son de ambas Castillas Obeliscos, predominan las huestes Africanas, que en las fértiles Vegas Carpentanas, aborto son del belicoso Marte, siendo las bellas Flores Estandarte, que en mis fuertes, y heroicos Escuadrones; trémolan por Banderas, y Pendones, dominando la antigua Celtibería, emulación frondosa de la ibería. A Lara mis Cadíes se encaminen, y los Cayos astutos examinen, repitiendo una, y otra correría, si baja de León la infantería, auxiliar a ese Conde, que la fama su valor tanto aclama; cuya ardiente cuchilla, desterró los Arabes de Castilla. Por Bajá Aderraman hoy me ha nombrado, y así, valiente, altivo, y denodado, pues que soy el tercero que empuño el noble acero en la conquista de esta fértil tierra, cuya prolija guerra, y continua defensa, en calma tiene al África, y suspensa; al impulso de aqueste acero ardiente, que encendió con sus rayos el Oriente, Castilla ha de quedar avasallada, rendida, tributaria, o abrasada. Alajid valeroso, de quien todo este Imperio está envidioso, asombro del Cristiano, gloriosa emulación del Otomano. Cuantos Cadíes, Bajaes, Musulmanes, los Lunados, y verdes tafetanes desplegaron valientes, y atrevidos, todos volvieron rotos, y vencidos, de aquese Conde Alcides de Castilla, al rigor de su ardiente, y cruel cuchilla, y esfuerzo de sus gentes. Treinta mil combatientes gobierna este bastón, siempre enseñado a vencer, y alidiar como Soldado: Y así venga Castilla, y los Leoneses; venga Navarra, vengan los Franceses, que a todos este aspecto en solo bellos, sabrá asombrarlos, cuando no vencerlos. Si aquesta empresa el Conde no viniera, juzgo que fácil fuera conseguir la victoria, y vencimiento: mas es tanto su aliento, que con fuerzas, y huestes inferiores, triunfa de las Arabes superiores. Es más el Conde que un Soldado solo? Y de quien tiembla uno, y otro Polo. Yo valgo por trescientos Africanos. El vale por seiscientos Castellanos. Cada Soldado mío es un Gigante. Cada Soldado suyo es un Adlante. Muy de su parte estás, eres su amigo, Alboacen? Gran señor, del enemigo, el que fuere valiente, blar con las reglas de prudente. Mas qué Clarín sonoro es Ruiseñor acorde en lo canoro? Un Arabe gallarda hacia acá viene. Fítero es, disimular conviene, Di forma. , n Alá te guarde Alajid. Y a ti Moro te prospere. Perdigón fingir cuidado. . Fingiré hasta que reniegue. Esta carta de Creencia, te dirá quien soy: atiende, . y verás que rara industria. Oh qué bueno si nos diesen a los dos cuatro mil palos; la industria será excelente. Aderrraman me da aviso, noble Muza, que a estas huestes venís hoy aventurero; estimo que de mis leyes, y órdenes, vengáis a ser Soldado. En obedecerte, se ilustrara más mi sangre para adquirir más Laureles. Mi amo es Muza; yo Alcucenz, también he de entremeterme . Alcuzcuz del Cegarral, que ser cercano pariente de Alculcuces he Cegarros, de aquel Moro mata siete, venir también a serviros. Muy bien está. Tú dónde eres? Yo ser de Ángola sinior. De Ángola, he ser branco? Ese, ser el milagra, Di forma Yo decir si tu atenderme: este Morillo es el diablo, o a lo menos su pariente, el causa de haber salido tan branco, mirar que nieve fue, que cuando estar mi madro preñada, yo estar el vientre, y ella antojar de beber en todas del nueve meses, leche de tetas de ormigas, he como estar blanca leche. Leche de ormigas, qué decer Cómo seis, y diez son siete. Ese es un loco, dejadle. Y más los que esto no creen; Pues ya los campos de Lara, predominan, y guarnecen nuestros fuertes Escuadrones, dispongo antes que se agreguen las reclutas de Navarra, de Galicia, y de Leoneses, el dar a Lara un asalto, pues ganada Lara tiene segura la retirada, en sus murallas, y fuertes nuestro Ejército Africano, Y así Muza, me parece que partáis a dar calor, en tanto que Beserveyes, y Albóabides, con Audalla a nuestro Ejército lleguen, Yo seguiré con el grueso, porque hasta Burgos pretende avasallar mi valor, y al Rey Don Sancho he de hacerle prisionero, o tributario; y a ese Conde tan valiente, hacerle esclavo, y sus tierras sujetarlas a el ardiente fuego de este alfanje, que es rayo que la esfera enciende. Qué arrogancias hecha el perro, si como ladra acomete, . el diablo podrá aguardarlo. Parto luego a obedecerte, y a que conozca el Cristiano cuando de mi experimente, el valor de aqueste brazo, que no pueden excederme, los Cipiones, Anibales, Romanos, Cartagineses, ni cuantos lanza, y espuela dorada Castilla tiene. Mi amo Moro postizo, por Dios que también la tiende, en que vendrá a parar esto. Señor tus escuadras vienen retirándose, porque ha salido de repente toda la gente de Lara, a tiempo que a socorrerles llegó un García Fernandez, sobrino según se entiende del Conde Fernan Gonzalez. Si estar sinior tan valiente como el tía, estar el diabla. También me mandó, os dijese el Cadí, que los de Lara así que la noche cierre, tienen dispuesta la fuga con Imágenes, y vienes. Pues ya el Sol entre alcatifas de esmeraldas se adormece, y la noche va cerrando; vamos, en que se detiene nuestro valor, Africanos, ya aqueste rayo os defiende: venid Muza. Ya os seguimos. Gran Fitero. Ya os entiende mi amistad. Pues a la empresa. Divinos Cielos valedme, . para que evite el estrago que amenaza a nuestras huestes: mas aquí de mi valor, tú obra como quien eres; que a mi mudando este traje en la batalla has de verme. . Cómo podré yo escapar, Perdigón, si alas tuvieses para poder dar un vuelo, y dentro en Burgos meterse. Mas ya anda la escaramuza, que harás, Perdigón, pobrete, si te vas a los Cristianos te han de cristianar la frente los Moros con un alfanje, y si a los Moros te vuelves, te han de cortar la cabeza los Castellanos; pues teme si vas hacia allí, estocadas; . si vas hacia acá, rebeses. Perdigón quien te ha traído adonde el cascaron dejes: . mas ay Dios mío! qué es esto? que me siento algo caliente, alguna estocada es que me ha atravesado el vientre; mas aquí viene el combate, escóndome en este césped. v Qué es esto Divinos Cielos, que haya querido la suerte, que en este traje consiga ir segura entre las huestes Moras, que van en alcance de los Cristianos! no acierte paso, camino, o vereda por donde a mi Campo llegue; mas lo oscuro de la noche pasar de aquí me suspende. Pero que veo, en la vaga esfera, vestiglo ardiente parece que va alumbrando los Alarbes, dolor fuerte! O excelsos Cielos Divinos, no permitáis vituperen, y alen las Soberanas Reliquias; y el casto, y débil pecho de tus Religiosas! Paro que veo, a la sierpe que bomita incendios, sale una beldad reverente en su oposición, y a mí el pecho alienta, y enciende, y parece que al oído me dice apaciblemente: Elvira, de esta victoria tú has de ser móvil, aliente tu valor, que yo te asisto contra el tirano rebelde, . pues con tu Divino amparo, ya mi espíritu se enciende; mi acero al campo Cristiano anime. Ea valientes Afrícanos, ya os alumbran las claraboyas celestes: muera el Cristiano. Qué pena! A ellos, Detente, primero tu ardiente acero me ha de dar injusta muerte, que prosigas el alcanco. Ya Amazona lo supende tanto ejército de rayos, como esos soles celestes despiden; cuyos reslejos hace que mis ojos cieguen. En tal peligro valor: o si el engaño creyese . de que soy Mora! el idioma ha de alentar a creerme, pues por estar tan cercanos los Moros, todos la ejercen. Qué es lo que mandáis señora, ya mi valor te obedece. Sois cortés, y caballero. Hermosa Mora, qué quieres? Cómo anda la sarracina, y este viene a entretenerse con su mora. A ellos amigos, mueran aquestos aleves. Poneos señora en salvo, pues me pierdo, si sepierde vuestra belleza. A tu lado tendrás Moro quien te aliente, y quien defienda su fe. La escaramuza aquí vuelve. No huyáis cobardes, vilanos, ya mi valor os defiende. Y el mío en su oposición. Vella deidad, qué pretendes? Morir antes que venzáis a quien mi diestra defiende. . Oh Mora, la más Cristiana que bautizó Cide Amete, . adonde andará mi amo, que en el campo no parece, pues ya se asomó el Aurora por los balcones de Oriente, y se distinguen los campos, por las bandas, y alquiceles: digo que mi amo es gallina, por lo menor nadie puede decir que no he sustentado en campaña como fuerte . mi puesto; aún no se ha acabado, otra vez, hacia aquí vuelve la batalla. A tanto arrojo, a mi gran valor ofendes, quitándome esta victoria. Mientras yo los defendiere, no conseguirás el triunfo. Tú sola deidad me vences: que beldad tan peregrina! . Aquí entro yo, a esos bonetes, démosles en caperuza. No hay quien su furor espere, soldados a retirar. Eso es lo más conveniente. Muera aqueste que se queda, date moro. Señor, tente. No le matéis Don García, que es Perdigón. Qué tú eres? Yo soy Perdigón Cigarro, de Vizcaya decendiente. Ya señores las Reliquias, están en salvo, y conviene retirarnos, pues los moros, con mayor esfuerzo vienen: Vella deidad, este triunfo a tu valor se le debe. Quién eres bello prodigio, a quien los cristianos deben esta gloriosa victoria. Ahora lo que conviene, es hacer la retirada, que si a incorporarse vuelven, podemos tener peligro. Justo será obedecerte: no vi beldad más divina! No vi mujer más valiente! No vi mayor marimacho, en cuanto el Sol resplandece! Vamos, que yo he de seguiros. Así más blasón adquieres. Su veldad me abrasa el pecho. Mi pecho en su amor se enciende. Por. Dios que anduve esta vez en cuestiones con la muerte. Dejad señora el pesar, divertid el padecer. Señora, todo ha de ser, sin aliento suspirar? Ay Flora, miro en mi hermana constante la indignación, que es fiera su condición. Ya sé que es cruel, y inhumana. Tiene León en el Conde, muro para defenderse de los moros, y es quererse perder, si no corresponde el Rey Don Sancho; y su silla la asegura la amistad del Conde, con la lealtad de los Nobles de Castilla, tiene seguras sus tierras, que intentan predominar los Moros, dando lugar la ocasión de aquestas guerras entre una, y otra Corona; y pues ya el Rey lo ha ajustado, no tengo por acertado, el que ofenda a su persona. También estoy con cuidado de Fítero, y de García, pues no hay nueva desde el día, que de Lara, habían librado las Imágenes, y gentes, quedando el Bárbaro Moro hecho dueño del tesoro. Menores inconvenientes son esos, más cruel será la pena, y mayor tormento; porque hay en Lara un Convento de Monjas, si acaso habrá atropellado el candor de su virginal pureza; porque es mucha su fiereza. En pensarlo causa horror: mas que clarín lisonjea, . con su velicoso acento, las rápidades del viento? No discurrimos que sea. Garcl Fernández, señora, y el valeroso Fitero llegan ahora a Palacio, y aguardan vuestro decreto para entrar. Decid que lleguen. que ya a su valor espero. Denos los pies vuestra Alteza, Alzad sidalgos del suelo; qué sabéis del enemigo? Yo fingido aventurero, con Alajid me introduje, en quien vi un mandaro expreso de Aderraman, que no vuelva a su Corte, o a sus Reinos, sin conquistar a Castilla; y hasta los montes excelsos, que dividen de la Europa, los dos más grandes Imperios, Yo, señora con la gente, tomé por mejor acuerdo, el guarnecer las fronteras, después que en un gran reencuentro las Imágenes de Lara, libertamos, cuyo excelso triunfo, al no visto valor de esta Mora lo debemos: pues como esforzada Palas, hecho muralla su pecho, detuvo los escuadronos, con tan valeroso esfuerzo, que nos ferió la victoria su generoso denuedo. Heroica hazaña! Señora, según es hoy mi deseo, es muy cortas a vuestros pies me tenéis. El digno centro son mis brazos. Vuestra Alteza me honra más que yo merezco. Qué os motivo a tanto arrojo? Válgame aquí el fingimiento, . pues ninguno me conoce hasta que halle a quien deseo para asegurar mis dichas, o para evitar más riesgos. Solo ha sido mi motivo; gran señora, un noble celo, que por causas superiores, o por divinos decretos dieron valor a mi brazo, para tan nobles progresos. Pues por qué la libertad no eligisteis? Porque vengo, huyendo la tiranía de un infiel atrevimiento. Pues en mí tendréis sagrado, y de aquesta hazaña premio. Tan generosas finezas, como es justo os agradezco. Cómo es vuestro nombre? Estrella. Y lo sois de este Emisferio. Su beldad me ha cautivado. . Sus bellos ojos me han muerto, . Esta carta de León trae, señora, ahora un Correo, y espera vuestra respuesta. El corazón en el pecho, . al tomarla le ha asustado: que será, válgame el Cielo! Gónzalo Diaz escribe, con algún temor la leo. Luego que el Conde llegó, le mandó el Rey poner preso en la Torre de Palacio con prisiones: mas no quiero A cruel fiera hermana, . no basta que sea mi dueño el Conde Fernan Gonzalez, y el Adlante de este Imperio! Tanto ha de durar tu enojo, por el cauto fingimiento de envidiosos, y traidores, y de viles lisonjeros. Pero para que me irrito, inventa contra su pecho, venganzas, iras, prisiones, penas, rigores, tormentos; que todo cuanto trazares, amante he de deshacerlo, que soy Reina, y tengo amor; y por más encarecerlo, Doña Sancha de Navarra, hija de Don Sancho el Bueno. Al Correo que se vuelva, y diga que leí el pliego. Parece Reina, y señora, según se ve en los efectos del rostro, que es el anuncio de las pasiones del pecho, que algún contrario accidente perturba tantos reflejos? A mi valor no se atreven los vulgares sentimientos. Vos García prevendréis de Infanzones, y Homes Buenos un batallón, para cuando os dé el aviso. Dispuestos estarán a vuestra orden. Y vos Don Pedro Fitero procuraréis a el Alarbe refrenarle los intentos, en tanto que vuestro Conde no bajare con el grueso, a hacerles que de Castilla dejen Campañas, y Pueblos. Y cuando el Conde faltase (que lo dudo) mi denuedo sabrá regir el bridón, y del freno a los preceptos, hará poblar la Campaña de horror, y del limpio pero, armada, y con el adarga, blandiendo esta mano el fresno, seré un vesubio, y un etna, un volcán, y un mongibelo. Y yo, señora, a tu lado, para alentar ese incendio, seré de la ardiente Esfera, relámpago, rayo, y trueno. Traza tienen las dos Ninfas de volver hacer de nuevo el Imperio de Amazonas, pues pueden rendir Imperios. Para refrenar su orgullo, iré al punto a obedeceros. Ven Flora, vamos Fenisa. Verte enojada da miedo. Y yo estoy tan tamañita, solo en verte hacer extremos. Venid hermosa Africana. Vuestros pasos voy siguiendo. A injusta hermana, yo iré . haber si templo tu ceño; mas será con una industria: mas esto lo dirá el tiempo. Adónde estará mi padre, alguna desdicha temo. Vello prodigio de amor. Atiendan, que esto es muy bueno. Garcí Fernandez la adora! . Que la ama Pedro Fitero! Vamos Estrellas: mirad, que Alajid la juca los Pueblos: Y vos García Fernandez luego, podéis disponeros para que salgáis de Burgos. Los dos obedeceremos. Que poco gocé la dicha. . Qué breve fue mi contento ap. Quién vio más loca pasión! . Hermana, ya nos veremos. . Muriendo de celos voy! Que mi amor diese con celos . Qué tenga el disfraz la culpa de tan locos devaneos! De la Mora, enamorados, Moros, y Cristianos temo. .
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Escribisteis a mi esposa? Si señor, ya la escribí, Qué un ceño me trate así! Es la Reina rigurosa. Y mi Sancha respondió? Y Con tanto sentimiento, señor, que no tengo aliento a decir lo que notó. A visitaros se inclina en esta oscura prisión, y para su ejecución finge viene peregrina, y que a Santiago va, por voto que tiene hecho: el Rey lo supo, y ha hecho, porque receloso está, salga toda la Nobleza al camino, porque infiero, que solo un Noble Escudero viene asistiendo a su Alteza, Don Sancho está pesaroso de aquesta injusta prisión, pues save cuanta razón tenéis. Y no es poderoso para darme libertad, sabiendo que mi persona le ha afianzado la Corona? Conmigo tanta impiedad? Todo su lustre, y Blasón le dio mi noble cuchilla, que sin Condes de Castilla no hubiera Rey en León. Yo en una cárcel oscura, en ira el pecho se enciende. Y la Reina que pretende? Que sea vuestra sepultura. Quién vio más fiero rigor, la Majestad puede hacer tal injuria? Una mujer es capaz de más error. Gónzalo Diaz, partid a defender mis Estados, que ya estarán arruinados por el Bárbaro Alajid. Ya defienden las Fronteras García, y Pedro Fitero, y de su valor espero que honrarán vuestras Banderas. A Burgos no he de volver, ni de León he de salir; con vos Conde he de morir, como también padecer: pues quien ya perdió, señor, . una prenda que adoraba, y que más que a mí la amaba, no sentirá otro dolor. Prenda; si no se declara vuestro amor por quien suspira, no os entiendo. Por Elvira, que estaba dentro de Lara, y habiéndola abandonado los nuestros para librar las Imágenes, y dar a sus Reliquias sagrado: es muy justo mi temor, que entraseo en el Convento, y que con furor violentó usasen de su rigor. Elvira con gran desvelo esperaba mi persona para alcanzar la Corona, del Real Monástico Velo: Con que habiendo conseguido los Bárbaros la violencia, vengo hallar por consecuencia; que Elvira habrá perecido. Ese dolor os concede mi amistad, por singular; pero me debo admirar lo que de un error procede: no habiendo usado conmigo de aquesta traición tan clara, no hubiera entrado hasta Lara, ni en Castilla el enemigo. Gónzalo Diaz, dejadme, que parece que ya el sueño, es del sentido veseño. Procuraré retirarme: que aquesta fiera violencia con el Cónde se haya usado! Mas lo que más me admirado, es su constancia, y paciencia. o Ay Sancha, ya te perdí; que yo muera de esta suerte, sin poder agradecerte, cuanto has obrado por mí! El sueño me va rindiendo, que es amigo, aunque ambicioso admitamos el reposo, para no morir sintiendo. Esta es la Torre, señora, adonde está aprisionado el Conde: orden ha dado Don Sancho, que hasta la Aur estéis en su compañía. A esa hora he de salir, porque es preciso partir a cumplir mi romería: cerrad, y estad con cuidado para abrirme aquesa hora. Obedeceré, señora, pues soy vuestro fiel criado. . Al sueño está ya rendido. Oh frágil naturaleza, que se atreva a la grandeza este hijo del olvido! Pero que mucho si el sueño es descanso de la vida, pues que con el sueño olvida las aflicciones su dueño. Inquieto está en el letargo, si llegaré a despertarle; pero no quiero asustarle. Oh quién vio tiempo más largo; yo morir sin ver mi esposa, esto no puedo sufrir. Muera. Quién ha de morir? Quién vio prisión más dichosa! Condesa, señora mía, dame tus pies a besar. Los brazos son el lugar de vuestra soberanía. Señora, tanta desdicha se pudiera apetecer, por llegar a merecer el gozar aquesta dichas ya vivo con adoraros: qué divina perfección! Y a qué venís a León? A que Conde, a libertaros, A librarme, qué fortuna, de vos lo puedo creer; pero cómo podrá ser? Sin dificultad alguna, de esta Torre os habéis de ir. La forma quiero saberla. Quedando yo dentro de ella; Ya no me puedo salir, pues si os habéis de quedar en esta estrecha mansión; es doblarme la prisión, y acrecentarme el pesar. Y aunque inocente padezcó por una injusta violencia, es dejar a la inocencia en prisión, si os obedezco, y esa generosidad ved que es contra mi opinión, Salid vos de la prisión, y me daréis libertad: yo quedo Conde segura de cualquier rigor extraño. Puede ser que aqueste engaño indigne más la hermosura. Ah de vengarse mi hermana en mí que su sangre soy? Asegurado no estoy, que es deidad muy inhumana. Yo he de quedarme en la Torre, Gozoso estaré con vos, Conde, faltando los dos, Castilla gran riesgo corre. Eso me da más cuidado, y acrecienta mi tormento. Pues ejecutad mi intento, y obraréis como Soldado. Pareceré infiel amante. Pero Príncipe Cristiano, pues sois contra el Africano de España el más firme adlante, Y dándome por vencido: como haréis disposición pira salir de prisión? Poniéndoos este vestido; y al crepúsculo primero del Alba, que ya rayando viene, me estará esperando el Alcaide, con que infiero que no habrá dificultad en salir: vuestros vasallos os esperan con, caballos afuera de la Ciudad, y por Cayo Don García. Este disfraz os vestid, Conde, y al punto partid, que viene riyendo el día. Qué dirá el mundo, decid, cuando haga de esto memoria? A vos os dará la gloria, porque lo hicisteis por mí; y soy tan desvanecida que al ver en vuestra opinión el más mínimo borrón, yo fuera vuestra homicida. Conde, aquesto es conveniente, no os parezca acción violenta, vuestro honor queda a mi cuenta, dejad que el mundo lo cuente. Vos no quedáis desairada, yo expuesto al desaire voy de mi punto, mas quien soy presto lo dirá mi espada. Bien mi industria se concierta, pues ya el Alcayde ha venido, y aunque la Aurora ha salido, a esta oscuridad no acierta (. a entrar; la luz he apagado? venid delante de mí, Conde, Ay Sancha, po espero verme vengado de aquesta traición! Sois vos, señora? Sí, esperadme: ea, salid, brazadme. Adiós mi señora. Adiós; y publique ahora la fama con sus acentos alados, que al Conde Fernan Gonzalez, terror del Orbe, y espanto, que Doña Sancha su esposa, dos veces lo ha libertados y sirva esta acción de ejemplo a los Reinos más extraños, por venir, con este intento para alentar este engaño, y porque acompañe al Conde dejé a la puerta al criado. Ya la Aurora dio sus luces, si ha salido de Palacio, ya no puede tener riesgo por la Ciudad hasta el campo. Ya gran señor vuestra esposa sin volver a entrar al cuarto del Rey, con un Escudero. Qué decís? Qué veo, es encanto! . señora, dónde está el Conde? Vos mismo le habéis sacado de esta Torre. Yo, señora? Pues como podéis negarlo. Yo a una Peregrina solo fue a la que fui conboyando hasta la segunda pieza; Pues no os dé Alcayde cuidado, que yo he quedado por él: ofreciose un caso arduo, y se llegó hasta Castilla, el volvera. Al ceño airado de Don Sancho, es el que temo. Si un preso está a vuestro cargo, otro en la cárcel se queda, que sabrá desempeñaros. El ser preso tan sublime, es quien me hace más culpado. Pues id; y avisad al Rey: que receláis, yo os lo mando. Que con su Alteza, señora intercedáis. A mi cargo quedáis, entrad a avisarle, que yo sabré disculparos. Quién vio fineza mayor, voy a dar cuenta del caso. . No hay contra amor resistencia, ni contra verdad engaños. Viva el Conde, pues importa su Real estoque, y su brazo para definder a España, que está ya tirubeando: pues si Addertaman soberbio, vuelve a superar los Campos de Castilla, en toda Europa recelo un fatal estrago. Señor, a pedir albricias vengo, pues sé que ya ha estado nuestra Condesa con vos. Qué es lo que decís Gonzalo? Qué es esto Cielos que miro! Por qué suspenso has quedado? Dadme los pies, gran señora, lo que veo estoy dudando. Alzad, Gónzalo del suelo. Supuesto que habéis entrado; yo voy a avisar al Conde, y si duerme, a despertarlo. Tened, que el Conde ya está en Castilla. Y yo admirado por lo que oigo a Vuestra Alteza: Si Diaz, no hay que dudarlo. De vuestra resolución, y ingenio tan soberano, no pongo dificultad. Cómo lo habéis alcanzado con el Rey? Él viene ahora, Gónzalo Diaz, en tanto me asistiréis en la Torre. Siempre soy vuestro criado: airosa resolución. Este es gran señor el caso. Adónde está el Cónde, hermanas Señor, ya está en sus Estados, que los tiranizan Moros, y Bárbaros Africanos. No sabéis que estaba preso? Por eso vine a librarlo. No sabéis que fue homicida de vuestro padre? Es engaño, porque el Conde no es cobarde, y no debéis infamarlo con ese delito; y mienten los que os han aconsejado. Además, que ese rencor, advitro fue de ajustarlo Rámiro Rey vuestro padre, y es contra el decoro sacro de Rey, vulver a faltar a palabra que habéis dado. Yo castigaré esta acción. Por muy difícil lo hallo. El quebrantó el homenaje. Yo quedo para soldarlo. El Conde es el delincuente, y él ha de ser castigado. Yo ahora le sostituyo, en mi podéis despícaros. Yo me vengaré del Conde. Mejor será el excusarlo. El debiera obedecerme. Ya no es señor tu vasallo; y más vale para amigo, que no para ser contrario. Yo soy hoy Rey en León. Él lo es de los Castellanos. Disponeos para partir, que del limpio acero armado, en el Conde he de vengar este desprecio, este agravio, que en femeniles flaquezas no muestra violencia el rayo. Agravio hicisteis al Conde en traerle aquí engañado, para ponerlo en prisión, y no es de un Rey ese trato. De Teresa vuestra hermana fue aquese enojo inhumano, por la muerte de su padre. Y acaso fue mi padrastro: que a ser verdad, que le dio muerte alevosa, en el campo el Conde, yo aunque su esposa, cruel le hubiera ya quitado la vida. Bien está Sancha, yo dispondré el remediarlo. Señor, acción tan heroica, mas era digna de aplauso, que no motivo de enojo. Vos habláis apasionado, Gonzal Señor, yo como leal vasallo, debo procurar concordia, que si enemigos sois ambos, siendo enframbos mis amigos, seré de los dos contrario, y la victoria de aquel, será de todos estrago. Para todo hay resistencia. Todos esos aparatos, para detener al Moro fueran mejor, que va entrando por las tierras de Castilla, haciendo muchos estragos. Con solo el oír mi nombre tiembla el Persa, y Africano. Por el Conde, que se asustan del impulso de su brazo. Señor, dejad el rencor, que de un Rey, borra lo claro de su explendor, y el enojo, desmiente lo soberano. Qué clarín es este? Ahora entra señor en Palacio el Conde Fernan Gonzalez, con Ricos Homes, y Hidalgos. No vi más atrevimiento! Antes como cortesano vendrá a daros la disculpa. Deme tu Alteza la mano. Y a García vuestro sobrino. Llegad los dos a mis brazos: a qué venís a León? A que sin más dilatarlo me deis libre a Doña Sancha mi esposa, que se ha quedado por mí en la prisión, que en eso, quiso los fueros guardarlos. Que si sacó de la cárcel a un preso, preso se ha hallado en ella; y de más estima. Así lo entiendo, Fernando, ya le rogué que se fuese, y tan cortesana a andado, que esperó a que vos vinieseis para irla convoyando, que no merecen serviela mis Ricos Homes, y Hidalgos. Mas vale hacer hidalguía . de este tema, pues es claro, que a resolución tan grande la prudencia da más lauro. Yo os estimo aquesas honras, señor. Doña Sancha, vamos: y vos, señor, advertid, que el infiel Moro Africano otra vez entra en Castilla: yo tengo ya convocados cuantos Caldera, y Pendón pueden llevar, y esperamos solo señor vuestra gente. Ya, Conde, la he reclutado, y esta esperando la marcha. Los Reinos, y los Estados con la espada se eternizan, y no duelos castigando, que los fomenta la envidia, y adulan apasionados. Sancha, cese ya el enojo. Si de lo hecho no me valgo, el Conde Fernan Gonzalez, cuando le hubierais soltado? Fue dar gusto a vuestra herma- Señor, hay algunos casos, (na. que no deben a las fembras cumplir sus deseos vanos. Conde, yo soy vuestro amigo, Nunca fui vuestro contrario. Pues, cuando gusteis, partid, y lo que quedó pactado en las paces de Navarra, estoy pronto a ejecutarlo. Yo también a conseguirlo, Dadme, señora, los brazos. Guarde el Cielo a V. Alteza, García a Dios, Don Gonzalo los Cielos os den victoria. Y a vos dílate, los años. Vamos Sancha, venid. Conde, que quiero ir a acompañaros. No señor, quede tu Alteza, porque le estará aguardando mi hermana. Dentro en León soy señor vuestro vasallo; y el hacerme tantas honras, habrá quien pueda envidiarlo, Adiós, Conde, Dios os guarde, Él os dilate los años. Ricos Homes, a Castilla vayan las Tropas marchando. Dónde está tu amo Alcuzcuz? Al Campo Cristiano fue. Al Cristiano, para qué? Por solo hacerles el buz. Ya saber tú, que el Idioma Castellano saber blar, pos mi amo, querer dar un brava día a Mahoma. En qué forma es lo que ignoro? Yo, te le dar a entender. La industria me ha de valer . para engañar a este Moro. Ya sabes que los Arabes, no usaban de Borecarios, y como estar Érbola ríos los que formar los jaraves. Fue crecienda esta virtud, e con tan bona doctrina, haber mucha medicina, más estar poca salud; y así vendo que picaba esta cencia de los males, mas que para Colegiales, paras matar se estudiaba. Hber luego sangradores, y por ser más inhumanos, her Hernistas, Cerujanos, Algebristas, e Doctores, abundar aquestos potros, tanto ya entre nostras gentes, que bien da que no hay dolientes, se matan unos a otros, he mirando tal posilla, e tan cruel Mortal veneno, querer con ardid muy bueno. introducir es Castilla. Y que adquiere de esa suerte, saber de tu labio espero. Sinior quitarles dinero, he dejar alía la morte, pues para estar vencedores, los valientas Africanos, será dejando a Crestianos, Ejercitas de Doctores. Ya que se ser el estrago, qué poder ser vencedor? Sí, porque cada Doctor alía ser un Santiago: de que aliegado mi amo, sin duda estar el sinial. Y ya del yegua desmonta, Alajid, guárdete Alá. Y a ti la vida prospete, Ya mi gran sagacidad sabe todos los designios del Cristiano, y como está el Conde Fernan Gonzalez; por no sé qué enemistad con Sancho de León preso; y así la ocasión nos da; para cualquiera facción que se quisiere intentar. Ya sé que el Conde esta libre, a y que presto llegará con las Tropas de León, y finjo, por animar que salgan a correrías, pues deshaciendo se van de esta suerte sus Escuadras. Estuviste en la Ciudad. de Burgos? Y en esa supe estas noticias que os da misabio. Pues no se pierda la ocasión, luego aprestad las tropas, porque hasta Burgos; mi brazo ha de sujetar. Que aunque pudiera ser dueño de Sepulveda, y Gormaz, y todo cuanto en Castilla tiene el Conde; quiero más hacerme señor de Burgos, que es donde la fuerza está, y poder de los Cristianos: rendida esta, me darán la obediencia cuantas Villas riega el humido raudal de Arlanza, hasta el eminente Muro, que a la ibería da término en montes de nieve, en murallas de cristal. Quererlo todo, es querer perderlo todo, y aún más. Marche el Esqu o, pues en él espero hallar, aquella que mis sentidos me robó; pero mi mal será eterno, pues infiel habrá apostatado ya de Mahoma mi Profeta, y de su fiel Alcorán, Y en venganza de este agravio he de quemar, y abrasar, cuanto abraza el Occeano, con sus ondas de cristal. Esa venganza Alajid nunca la podréis lograr. Por qué causa? Porque yo he de dar la libertad a esta belleza, pues es mi cuidado, y hallarás en su defensa mi espada. Luego vos de esa Deidad sabéis? Y estuve con ella, dentro de Burgos está. Qué es esto Cielos, que escucho! Ay ingrata, yo he de vengar este agravio en quien adoras. Hola Soldados, llegad, y a Muza llevadlo preso. Por qué me han de aprisionar? Solo porque yo lo mando. Llévose el diablo el disfraz. Ea, quitadle las armas. Ninguno se atreverá, que no las he de rendir, La suerte está echada ya, . Perdigón. Ojo a la hyegua,p y pues que sabes montar sin estrivos, a huir. Es, que aguardáis, llegad. Primero daré la vida, que el intento consigáis: Santiago. Ser Crestianos? Hasta el mismo carcañal. Mueran los dos. A canalla! El morir sin confesar tiene gran riesgo señor. Soldados, que peligrar Alajid, Señor qué es esto? detenen, qué causa os da Muza para aqueste enojo? Mientras Alboacen le dan satisfacción; Perdigón ven conmigo, y montarás a las ancas. Sí señor, que ancas del viento serán. . Alboacen, Muza es Cristiano. Quién declarado lo habrá. . Seguidlos Soldados míos. Cómo seguir, cuando están tus guardas de aquí muy lejas, montados en Alazan; ya parece que los vientas, malas, y espuelas les dan. (Fingire;) con mis caballos espero lo he de alcanzar. . Id luego en su seguimiento. Él no correr, que volar. Cielos que me haya burlado el Cristiano, por Alá que Castilla, León el Mundo hoy han de experimentar de la fragua de mi pecho, el incendio más voraz. Por Mahoma que ha pegado Alcuzcuz del Cegarral. En la estancia florida de este jardín, adonde nueva vida cobran las bellas flores, en fragrancias, matices, y colores, estaré retirada, en tanto que concluyen la jornada la familla del Conde, pues con ella viene mi padre, y mi cruel estrella mejorara de suerte; y del amor que mi cuidado advierte en García, y Fitero, desengañarlos a los dos espero, pues es mi vocación afectuosa, desde mi Infante edad, ser Religiosa. Apenas he llegado, cuando luego el cuidado preguntó por Estrella, y siguiendo su huella, entro a aqueste jardín, mas ya la veo A Palacio llegué con el deseo, de ver que Mora es esta que pregunta por mí: esta es respuesta de una que escribí a mi fiel hermano, Oh qué dolor tirano del pecho se apodera! Oh si en ella me diera noticias de mi Elvira, por quién mi amor suspira! Apenas; pues, montamos sobre el caballo, y ambos ocupamos el fuste, y la cadera, cuando alada saeta de la esfera, en Burgos nos ha puesto en una! burlando un batallón de gente Mora. Y apenas a Palacio llegué, cuando los ojos deseando ver a la bella Mora, a quien el alma adora, supe que en el jardín; pero que miro, paseándose está por quién suspiro! Gónzalo Diaz, al jardín ha entrado, y ha de ser grande estorbo a mi cuidado, Un papel Don Gónzalo entra leyendo, no podré conseguir lo que pretendo. Desde la noche infausta, y infelice, Cielos, este es mi padre, qué felice! Del reencuentro de Lara, no he tenido. Leyendo un papel viene divertido. De Elvira más noticias. Él es, amor albricias, Y donde está lo ignoro, juzgamos que cautiva fue del Moró. Creo que aquel papel le da cuidado. Pues en todo este Campo no se hallado: quien vio pena mayor; ay prenda amada! . Padre, ya a vuestros pies estoy postrada. Cielos, qué es lo que veo, es ilusión que finge mi deseo! Llega Elvira a mis brazos. Dichosa yo que logro tales lazos. Vive Dios que Gónzalo la abrazado! A los brazos de Diaz ha llegado, Qué es lo que miro Cielos, resistirlo no pueden más mis celos! Pues como inadvertido os atrevéis, Qué es lo que he oído! Qué pretendéis, decidme, Caballeros, que contra mi echáis mano a los aceros? Mirad que es gran desdoro que contra mí los dos. Porque yo adoro, Gónzalo, esa Deidad. Yo la venero. Pues sea ahora el acero quien difina en los dos estos cuidados. Detened, que los dos sois engañados. En que, decid ahora. En que es Elvira mi hija aquesta Mora. Con ese presupuesto más la quiero. A quererla, y amarla fui el primero. La espada lo difina. Esta será de vuestra vid, ruina, Mirad que es demasía, y atropelláis así la cortesía que se debe tener aquestas canas, que gobiernan las Armas Castellanas. Qué es esto, Gónzalo, García, Fitero, reprimid los ardores del acero. Quién ha dado ocasión a tanta ira? Yo señora, Quién sois? Mi hija Elvira. Su beldad acredita su nobleza. Y más hoy la engrandece vuestra Alteza. Llega Elvira a mis brazos. Indigna soy señora de estos brazos. Es causa el duelo que redunde en daño de alguno de los tres? Hh sido engaño del amante desvelo de los dos, gran señor, y su recelo lo han tenido de mí, pues es constante que juzgaron señor que yo era amante de Elvira, y su imprudencia redujo a lid marcial la competencia. Yo os perdono el exceso por ahora. Por qué en traje de Mora tu ser has ocultado, y tu Nobleza? Escuche atenta V Desde mi pueril edad mi voluntad la dispuse a hacer Monástica vida entre Cándidos Querubes, que en amorosos volcanes pueblan el Cielo de Luces. Fue mi vocación en Lara, mas no quiso lo ejecute mi amante madre, hasta tanto que el hilo lo corte, o trunque a tropos, de cuya aljaba fue despojo tan ilustre, que su abaricia a los Cielos un Alma le restituyen. Apenas de este consorcio el filial nudo desune la natural homicida, cuando luego me dispusé a ejecutar mi deseo, y para que no le flustre otro accidente, me parto a Lara, y en ella estuve en la casa de mi tío; entre tanto que efetuen el día en que Religiosa mas mis dichas se aseguren. Pues Don Gónzalo mi padre? ocupado en el ilustre ejercicio de servirte contra las menguantes luces de las Lunas Otomanas, esta vocación que tuve nunca la supo hasta que hoy mis labios la divulguen. Esto esperaba yo, cuando, (no sé como lo pronuncie) el Ejército Agareno con poder tala; y destruye las Campañas de Castilla, pasando sus multitudes a ponerle cerco a Lara; mas antes que lo ejecuten hizo junta la Ciudad, y los Cónsules discurren, que era exponerse al peligro el esperar, porque suben tantos Infantes, y lanzas, que los campos Andaluces, en vez de flores, parecen que hombres armados producen. Y una noche que bordaban esas celestes techumbres ejércitos de diamantes, que las adornan; y pulen; salieron con las Reliquias, y Imágenes, pues discurren que amparados del silencio, que a los más linces confunde, pudieran darles erario, que a su obsequio les conduce. Consiguieron el intento; mas los Moros que introducen espías, saben el caso; y viendo que todos huyen, siguen fieros el alcance: Yo en aqueste medio estuve indiferente, hasta ver si hallaba quien asegure mi vidas no hallé recurso, porque mi tío, en quien pude tener alguna esperanza, salió con los más ilustres hacer cara al enemigo. Entre aquestas inquietudes estaba, cuando en el pecho sentí que un amor me induce de ánimo superior, que me dijo: Elvira huye de la crueldad del tirano, para que así se asegure tu vida, y que los alarbes tu cándido albor no injurien. Vuelvo en mí, cobro valor, y antes que a la Plaza ocupen las mangas de retaguardía, que aquesta facción concurren. Quité el vestido a una esclava, que hacerlo muy fácil pude, estando dada al descanso, y del sueño en las quietudes. Vestida, pues, de este traje, mi valor al punto sube en un soberbio Andaluz de mi tío: ocupo el fuste, embrazo una adarga, y lanza; y apenas la espuela puse, cuando pareció que el viento en su materia reduce el velerosonte alado, y a muy poco me introduce dentro de la Escuadra Turca, donde por Mora me juzguen. Iban siguiendo el alcance; yo en aqueste medio estuve amante, exclamando al Cielo; y apenas los ojos puse en las Celestes Esferas: (aquí es razón que me asuste) vi que venía acaudillando las Alarbes multitudes, una Idra, que por siete bocas de encendido azufre, llamas despedía, y tantas, que abrasaban de las cumbres las cimeras, y servían a su ceguedad de luces. Alcanzaron los Cristianos, hácenles cara, y reducen el trance a morir constantes, hasta que libren, o oculten las Reliquias Soberanas de aquella infiel muchedumbre. Duro el combate hasta el A siendo cada Español yunque a los repetidos golpes que los alfanjes sacuden en las celadas, y escudos, y las centellas que surten, eran encendidos rayos, con que a los Moros destruyen. Vuelvo a exclamar a los Cielos, cuando en un globo de nubes, vi que venía cortando el aire, llena de luces, una beldad soberana: los ojos atentos puse en aquel raro prodigio; y de amantes inquietudes impelida, a el Escuadrón Cristiano alientos infunde. La Idra, que acaudillaba al Moro, apenas descubre aquella divina Palas; temiendo que venza, y triunfe; a su opósito se arroja, el aire a giros confunde, procurando con su aliento, que su terso albor se enlute. Mas saliéndole al encuentro, sobre su cerviz esculpe la intacta huella, y al verse vencida, cual fiera ruge, y en horrorosos acentos descuadernaba el volumen de la Esfera, y con su fuego hizo que el ámbito ahume. Precipitada la arroja, haciendo que se sepulte en las estigias mansiones, donde zozobre, o flutue entre verdinegras ondas, y que eternamente brumen, montes de desconfianza s, a la Idra indiso lubres. Atenta la lid miraba, entre tantas inquietudes, viendo que aquella beldad daba a la infiel muchedumbre tanto espanto con sus rayos, que deslumbrados discurren por una; y por otra parte, de forma que se confunden sus tropas, y descompuestas; todas sin alientos huyen. Mirome, y dijo: Cristiana, aquese temor sacude; y pelea en la defensa de la fe, tu diestra empuñe el errado fresno. Apenas mereció el alma que escuche órdenes tan soberanas, cuando el acícate puse al bridón, y en la manguardía entre ambos campos estuve lidiando con tanto esfuerzo, matando tantos Gazules, Amoradies, y Muzas, Sarracenos, y Abenuyes, que corrieron tantos golfos de púrpura, donde surquen vivientes bajeles, siendo su sangre quien los inunde. Viendo mi denuedo el Moro; y que mí estoque destruye tanto lunado turbante, a que es traición lo atribuyen; y así contra mí sus iras, disponen que se conjuren. Vuelven contra mí sus armas, y tanto Alarbe produce la Campaña, que parece Iara, que aunque un cuello trunquen, vuelve a brotar otros tantos vestigios, como ella incluye; pero entre tanta congoja, que el aliento desminuye, invoco aquella Deidad, a mis suspiros acude, ampáranme tus Soldados, tímidos los Moros huyen, libertaron las Reliquias, en tanto que yo mantuve aquella horrorosa lucha: Mas el triunfo se atribuye aquella del Sol vestida, que de la dorada cumbre bajó coronada de Astros, que soso a su vista lucen. Aquella que del Dragón, que tosigo ardiente escupe, al Imperio de su planta, en tortuosas inquietudes hizo que precipitada el Abismo la sepulte. Aquella, que de la Luna cocturno a su planta pule, que la sirva por alfombra, en tachonados vislumbres, A María, a quien le rinden los once jaspes azules, veneraciones, y obsequios, para que continuo triunfen vuestras Católicas armas, y las Arabes caduquen: haciendo que a vuestro Imperio las claraboyas azules de ese zafir tachonado, de Cárbunclos, que le pulen desquiciando de sus ejes los eternos balaustres, para aplauso a vuestros nombres, del Orbe el espacio ocupen. De tan generosa sangre, de barones tan ilustres, aún las damas nos enseñan de Marte el Blasón ilustre. Y por vos, y vuestro padre, en sosegando inquietudes de las Otomanas Lunas, ofrezco que se efetuen los deseos que tenéis. El Cielo mi intento ayude. Siempre V. Alteza me honra. No es nada lo que descubre la Monja. Elvira soy tuya. Y mi amor se constituye por muy vuestra. Marche el campo a Lara, y doren sus cumbres mis Católicas Escuadras, en tanto que no se unen los Ejércitos contrarios, que yo haré vuelva a su lustre toda la antigua Castilla, y los Divinos perfumes vuelvan arder en las aras, de sus Templos, porque triunfen contra vicios. Agarenos las Carólicas virtudes, y en Lerma se haga la frente de banderas, do se junten las Escuadras de Navarra. Y yo he de seguir las luces de tan soberana empresa. También yo, ocupando el fuste. lograré el acompañaros. Y yo he de hacer que os tributen feudo todas las Coronas. de los Campos Andaluces. No vi Amazona más bella! Deidad suprema me influye a que la ame eternamente. Marche el campo luego a Lerma. La fe viva, reine, y triunfe. JORN
JORNADA TERCERA
Ya Capitanes valientes, de quien el África toda tiembla al impulso menor de vuestras ardientes hojas, ha llegado nuestra gente desde León, y las Tropas de Navarra, que a mis huestes: las hacen más numerosas; y así hoy me determino en esta Vega espaciosa dar la batalla a los Moros, pues ya a mucho que se alojan en los Campos de Castilla, triunfantes, y vencedoras sus blancas Lunas, después que no son opositoras del Conde Fernan Gonzalez las lanzas, y las marlotas. Noble Conde de Castilla, cuyas dupiscadas glorias le dan lustre a toda España, y timbre a toda la Europa. Aunque ha bajado esa genten a reclutar vuestras Tropas, es tan grande, y excesivo el número de las Moras Escuadras, que es conveniente poner guarnición, y escolta en las Piazas fronterizas, porque es empresa dudosa el presentarles batalla; pues si la acción no se logra, es exponer a Castilla en contingencia notoria de que se vuelva a perder; pues son señor tan copiosas las huestes de Adderraman, que las Estrellas son pocas en número a las Lunadas Banderás que se trémolan en los campos de la Iberia, y sus Vegas espaciosas. Este es, señor, mi dictamen, lo que en este caso importa, es, que algunas correrías les refrene su orgullosa resolución arrogante, en tanto que la furiosa estación del cruel Estío, desde su ardiente Carroza, rayos despida de incendios, cuyas flechas contagiosas, y constelaciones sean sus segures, que ambiciosas les quiten el vencimiento a tanta Luna horrorosa. Qué es esto que escucho Cielos . como Don Gónzalo ahora tan prudente me aconseja! Alentar eso me importa: Pues que dijeran Gonzalo de mí las Naciones todas, viendo que Fernan Gonzalez, que alcanzó tantas victorias vuelve la cara al peligro? Cuando saben que hasta ahora, en más de treinta batallas salió vencedor de todas. Y pues me ha favorecido el Cielo con tantas glorias ha de permitir que en esta pierda la adquirida honra? Señor, hay algunos casos, en que se ve ser notoria la perdida, y es valor para mantener la heroica gloria de vuestras hazañas, evitar esta derrota. Gónzalo Diaz, señor, aconseja lo que importa. Yo soy de ese parecer; no porque a mí tanta copia de Moros me dé temor, que esta fulminante hoja será primero cometa que a sus designios se oponga. Por Gonzalo Diaz juzgo . responden todas las Tropas: qué esto permitáis Señor! Qué todos decís que importa no dar batalla a los Moros? Todos eso mismo apoyan, Yo consultaré despacio lo que debe mi persona obrar: marche el Campo a Lara, que yo con la venatoria diversión, daré al cuidado alivio: mas que sonora armonía Militar las Elcuadras alborota? La Condesa Doña Sancha, y Elvira Diaz, ahora llegan gran señor a Lerma. Fineza a fin de mi esposa: salgamos a recibirla. Será diligencia ociosa, pues ya entran en Palacio, Veré al Sol. Veré, al Aurora, Palas una, otra Diana, en Lerma está toda Troya. Señora, dadme los brazos. En ellos la más dichosa soy. Y yo el más feliz. Dadme vuestra mano heroica a besar. Llega a mis brazos insigne, y bella fimazona. Todo el Cleso se ha juntado con tan lucientes Antorchas. Padre, y señor. Luego, Elvira, hablaremos. . Ya, señora, los Escuadrones formados os esperan: luego corran todas las Vegas de Lara; allí veré como informa segunda vez el dictamen de Gónzalo Diaz. Absorta quedo: Gónzalo, qué es esto? el pecho entre mil zozobras está, al ver partir al Conde con tal déspego. Señora, su disgusto ha procedido, de que las huestes conforman en no presentar batalla a los Moros. Que lo estorba. Ser muy excesivo el grueso de los Turcos, Y qué importa, si Dios rige nuestros brazos, y su mano poderosa, nos defiende? justa ha sido del Conde la acción. Señora, hay ocasiones, adonde, para alcanzar las victorias pende solo de la industria; no de las órdenes prontas, , . Aquestas proposicios nacen de la fe celosa (nes, de nuestros heroicos pechos, pues más así se acrisolan. Marchad con los Escuadrones, y haced lo que ordena ahora el Conde, que en la ocasión se hará lo que más importa; que yo del acero armada, con la errada haya, las tropas, iré acaudillando, en tanto, que falta el Conde, y escolta haré a frente de Banderas; y si hay ocasión forzosa de reencuentro, la primera. seré, que la ardiente hoja saque, para defender nuestra fe firme, y heroica. Porque todo el Orbe sepa, que las Cristianas Matronas no temen las multitudes de sus flechas voladoras. Y yo ocupando la silla, marcharé en vuestra custodia, pues no es la primera vez que se vieron con la gola, con la adarga; y con la lanza Amazonas Españolas, pues sabéis que por su brío la cruel manda ignominiosa de Mauregato, borraron con el valor de sus hojas: no a ruegos, si no a lanzadas, no a suspiros, sino a troyas de rayos, que despedían los volcanes de sus hojas, en sus débiles celadas, y en sus jacerinas cotas. Esta es más para Soldado que no para Religiosa. . Vamos, que pronce avisa. Marchen a Lara las tropas. Dadme los brazos, y adiós. Elvira a Dios. , . Gran señora, el Cielo os guarde. Marchad, y él nos de aquesta victoria, Desde que el Alba bella, salió pisando con su tierna huella; la cimera de aquellos Horizontes, bajando valles, transcendiendo montes, desde esa roca excelsa, hasta la falda he pisado su líquida esmeralda, sin haber encontrado en la aspereza, donde lograse el tiro mi destreza, que ameno el campo yace; pero que es lo que miro, el prado pacce un Corzo muy ufano, será despojo de mi diestra mano, su pespicaz oído, sin duda me ha sentido. Espera hijo del viento, que a mi noble ardimiento, no ha de rendir tu tara ligereza, aunque te oculte toda esa aspereza. A Deja al Corzo; pues veis que se ha amparado del devoto sagrado, de aquesta ruda Gruta, adonde mi humildad hoy le tributa, con amantes desvelos, estáticos Aromas a los Cielos. Quién eres, pasmo del Monte, cuya extraña compostura, es vivo tronco con alma, consentido peña adusta? Noble Conde de Castilla, por quien las Alarbes Lunas, se ven menguantes, y rotas, porque en la iberia no influyan con humedades noelvas tanta semilla, que inunda de las Campañas de Europa; las Provincias más Augustas, Yo soy Pelayo, que ha cuatro lustros, que las rudas peñas de este Monte habito, siendo mi albergue esa Gruta, a quien Arlanza con perlas la guarnece, cuya adusta maleza, hacen florida las fértiles composturas de plantas que las guarnecen, de Aves que las saludan, de flores que la hermosean, y de brutos que las surcan. Esa habitación agreste, esa horrorosa espelunca, es un devoto Oratorio que mi devoción vincula al gran subcesor de Cristo San Pedro Apostol, que en una pintura, de toscas piedras adornada, le tributa al alma, en esta heredad veneraciones augustas. Cómo me habéis conocido, pues aunque aquesta espesura penetré diversas veces, nunca os vi? Porque me anuncia mi pecho, que solo vuestro valor pudiera esta oculta, y enmarañada maleza correr hoy; y pues las puntas de los rayos de Faetonte, con saña tan iracunda nos hiere, os pido, señor, descanséis en la espesura; y sombra de aquestos ramos, en tanto que de su furia pasa el rigor. Bien está, Oh gran providencia suma! Sentémonos varón Santo. Sobre aquesta peña bruta podéis elegiros solio, cuya Real Alfombra Augusta la guarnece de esmeradas, que diestramente dibuja el Arquitecto Divino. Toda aquesta compostura, como no es mentida gala, Padre, es lo que más me gusta. Qué fue el acaso, señor, que a la venatoria lucha os entregasteis, teniendo tanta dilatada turba de infieles, que infestan todas nuestras campañas Augustas? Por divertir los pesares, que mi noble ánimo asustan. Siendo tan grande, hace efecto en vuestro pecho ninguna pasión? Si es por nuestra fe, a la fuerza más robusta, a el ánimo más heroico, viendo que todo se ilustra, que pecho no ha de temer, que sentido no se asusta. Qué ocasiona vuestra pena? Oíd. Mi atención escucha. Después que con dos dos Reinos, enemistades antiguas compuse, haciendo estas paces de himineo, la coyunda con Doña Sancha, la Infanta de Navarras cuando junta hice, y al punto salí a las Fronteras, que turbas de Agarenos ambiciosos, las talan, y las sojuzgan: hice frante de Banderas, y antes que algunas reclutas llegasen, llame a Consejo de Guerra, como acostumbran los Generales expertos, en ocasión que procuran el conseguir las victorias, blasones con que se ilustran. Confrontando pareceres, hallé en todos muy difusas las voluntades; y en fin resultó de esta consulta que no era bien que se diese batalla a la gente Turca, por ser número tan grande, que apenas puede la pluma con las líneas del guarismo sumar de aquellas centurias la multitud de las tropas, que siguen las medias Lunas. Yo, que nunca a los peligros, ni a las aceradas puntas huy el rostro, quedé absorto; y aunque di razones muchas, representando que el Cielo no me ha negado ninguna vitoria de todas cuantas emprendí contra la furia Agarena: no obstante esto votaron los de la junta, que se diesen dilaciones, hasta que la ardiente furia del Estío deshiciese con su contagio la turba. Yo, pues, para divertirme de aquesta penosa angustia, salí a caza esta mañana, y entre esta maleza busca el deshaogo mi pecho, que entré mil discursos lucha. Descubrí un Ciervo, y al punto que me sintió, en veloz fuga se puso por ese monte, seguile, y en su espesura he descubierto esta Hermita, adonde hallé mi fortuna en llegar a conoceros: Y pues es cosa tan justa; pedidle a Dios Varón Santo; puesto que esta causa es suya, que aliente a mis Capitanes, y que les dé una absoluta resolución de morir por la fe; cuyas colunas, están ya titubeando al embate de las duras flechas que el arco despide, de tanta Africana Luna. Conde invicto, esos motivos, que el celo, y ánimo juzgan, es temor de los Soldados, mas vuestro valor encumbra, pues quiere el Cielo piadoso ver vuestra constancia; que usa muchas veces con los suyos este género de angustias. Id en paz, que yo os prometo, que vuestro deseo se cumpla; volveos a vuestros Reales, que ya hallaréis más blandura en los vuestros, y más ira contra esa Bárbara turba: que yo, aunque indigno a los Cielos, con deprecación profunda, pediré que os dé victoria, pues es también honra suya. Y a nuestro Apostol San Pedro, de la Iglesia fiel Coluna, pondré por intercesor, porque vaya más segura la petición. Podré verle? Sí señor, es acción justa: aquesta es señor su Imagen, mas está ya por lo antigua muy maltratada. Divino Apostol, que la adsoluta potestad, el mismo Dios os dio para gloria suya: pedidle por vuestra Iglesia, que como Nave flutua, entre Excilas, y Caribdis, de las ondas furibundas de tanto golfo Agareno, de tanta rafaga impura. Yo os prometo que esta Hermita que os sirve de tosca Gruta, de hacerla Templo tan Regio, que sea en España, una de las más autorizadas, y de más Arquitectura. Yo me parto confiado, que por vuestro ruego cumpla Dios esta gloria a sus Fieles; y de vos es causa justa alcance yo esta victoria, con vuestro favor, y ayuda, pues toca de vuestra Iglesia el mantener las Colunas. Id en paz, y por señal del triunfo que te asegura: , que en los bronces búril animado esculpa. Pelayo, quedad con Dios, que antes que esa luz diurna vuelva otra vez a espirar en las cristalinas urnas, presentaré la batalla; y aqueste brazo que empuña este venablo, el primero ha de ser, que la desnuda cuchilla, vibre blandiendo el freino, y entre la turba mora se incor morir por nuestra Fe Augusta, Dios mirará por su causa. En él sus triunfos se fundan. El Cielo os lleve con bien. Él mi gran deseo cumpla. Ya, saben que mi amo, y yo, que de los Moros huimos los dos, sobre un Andaluz, el cual sin duda era hijo del viento, pues que corría, y volaba a un tiempo mismo, Después que los Capitanes, todos conformes, y unidos, el dictamen no aprobaron del Conde, que a estos Morillos se les diese un Santiago de estocadas, y de chirlos; enfadado se fue a caza, y hasta ahora no ha parecido. Por lo cual nuestra Condesa, conformándose en lo dicho del Conde, Palas heroica, todo el campo ha conducido hasta la vista de Lara, dando frente al enemigo; y está con resolución sino viene su marido, de dar batalla a Alajid, con un batallón florido, que pudiera por lo hermoso dar muerte a muchos Narcisos, En este monte emboscada está, y a mí me ha elegido por espía, para que fiel, le de de todo aviso, cuanto suceda en el campo: mas yo estoy en gran peligro, Páseome, que como tiene ojos dormidos, infunde a los mí os sueño, porque son muy atractivos sus rayos, y paseando sus influjos despavilo. . Yo venir a tomar lengua del Crestiano; y el galill me oler a soga, si acaso me coger en el garlito. Alí estar Crestiano solo, bona ocasión, yo me animo, y liego. Por aquel Valle, si acaso no estoy dormido viene un Moro, yo me escondo: pues como Perdigoncillo a uno temes? ya se acerca. Vivir Alá que me ha visto. Viome el perro, y si me oculto, por solo el rastro, es preciso que me saque: salgo a él, y con gran furor le envisto. El Crestiano estar valente, posto que al verme no huido. El Moro es algún Mudarra, pues se acerca con talabrío. Yo arranco me cemitarra. . Yo saco la del perrillo. . Si llegaré? Yo me acerco. Tiro un taja. Un tajo tiro. No le he muerta, ni tocada. No le acerté, ni le he herido, Sacar pies atrás. Rep Ven pelea. Grande brío. Quién se tú, Ungara heroico! Quién eres raro prodigio! Quién ser tú, raya de fuego! Quién eres, pasmo del Limbo! Con tu espada, y con tu braza, cuatro vezas me has rendido. Con tu valor, y tu garbo, cautivaste mi albedrío. Perdigón? Cacaratusa? Dácame el brazas amigo. Tú eres? toca esos huesos. Ya estar a tus pies rendido. Levanta Moro del suelo, Grace. que tu valor adivino, por los relinchos lozano, y por las crines castizo. Valente ser Español, y cortés como entendido, dos veces me has cautivado, por tu soplo, y tú busido. Toma tu caballo, y vete, que ya está dando relinchos. Voyme, Mahoma te guarde, Él te dé mil lobanillos. P A no ser tan cortesano, vive Alá que le cautivo. No le he hecho prisionero, porque me ha compadecido. Adiós que tocan al arma las Murallas, y Castillos. El Moro va como un corzo, de cuatro espuelas herido: mas el Campo toca al arma, Toca, y es sin duda que ha venido el Conde, pues se oyen voces, que dicen, Todos seguimos vuestro parecer, al arma. Ya, Capitanes invictos, se resuelve vuestro Conde a embestir al enemigo. El Cielo me infunde alientos, y me asegura propicio la victoria, precediendo (según aquel referido Hermitano me anunció) antes, un raro prodigio, en señal del vencimiento. Y así osado determino presentar luego batalla. Vuestro parecer seguimos. Ya las huestes de los Moros, en Escuadrones unidos vienen poblando esas Vegas. Pues vamos a prevenirnos: toca trompeta a montar. Cuidado con los estrivos. Vuestra Alteza se retire a Lerma; en cuyo Castillo se asegure con sus Damas, ya un batallón he elegido para escolta. . En ocasión que tanto honor conseguimos, queremos también las fembras ser parte. En cuyo conflicto se verán nuestros aceros, aunque de oro guarnecidos, rayos despedir, y tantos, que serán ardientes giros, que abrasen del Africano, tanto Lunado obelisco. Elvira, sigue a su Alteza. Gónzalo, no me retiro, Yo os lo suplico, señora. Conde, también yo os suplico que nos dejéis a la vista. Y la vanguardía elegimos por cuartel. Será jardín con tanto clavel lucido. Retiraos por vida mía. Por ser la que más estimo, no quisiera obedeceros. Elvira, que el enemigo le tenemos ya a la vista. Pues acaso es basilisco, que da la muerte mirando? Gran señora, prevenidos os esperan los caballos. Vamos, que ya he discurrido, . Elvira, como ser parte en la victoria. Os estimo, señora, ese grande aliento. Flora, y Fenisa, seguidnos: a diós Conde. El Cielo os guarde. Con disgusto me retiro. Flora, manos a el acero. Ya verás como lo esgrimo. Ya el Alajid, gran señor viene poblando los riscos de Alquiceles; y turbantes, haciendo jardín florido aquesta espaciosa Vega con tanto Alarbe Narciso. Muchos son, mas para el Cielo, en cuya protección fío tan copiosas multitudes, hará que sean precipicio, unos de otros tropezando, siendo escollos de sí mismos. Ea, Afrícanos valientes, vuelen los errados pinos, siendo del aire cometas, que Ejército tan conciso, al menor impulso vuestro ha de quedar destruido. Viva nuestro gran Profeta: muera el Cristiano. Ea, hijos, a ellos, viva Castilla, ya hay donde emplear los filos de vuestras firmes cuchillas. Sueñe del aliento herido el metal, y de la caja, aleve impulso del pino, y toquen a degollar a estos pocos, que al suplicio se entregan. Ea. Españoles, que viva la Ley de Cristo; vamos a morir por el:, a ellos, Santiago, hijos. . Esta es la señal, y anuncio de Pelayo, ánimo hijos. Ya la tierra se los traga, a Alá tienen ofendido. Ahora es tiempo, Africanos. Ea, Españoles invictos, si la tierra no nos sufre, como han de poder sufrirnos estos Bárbaros, a ellos. A ellos, Soldados míos. Viva nuestro gran Profeta. Que viva la Fe de Cristo. Volved nobles Castellanos. Volved, que yo los resisto. A gallinas, a cobardes. Soldandos, que a resistirlos ha salido Doña Saucha. A ellos, señor. A impíos. Huigamos, porque la Esfera rayos vibra, en remolinos de luces, que nos deslumbran, y enajena los sentidos. Nuestro Caudillo es Sy Pedro. A ellos, Soldados míos. Ya huyen desbaratados, Ahora es tiempo, seguidlos. No cese vuestra osadía, hasta los anchos distritos de Mantua la Carpentana. Señoras, ya conseguimos la victoria, detened aquese heroico, y florido bello Escuadrón de Amazonas, con cuyo valor invicto he de entrar triunfante en Lara. Entremos. Ya fugitivos, sin orden, y con gran miedo huyen nuestros enemigos. Ya su alcance van siguiendo los Infanzones, y Ricos Homes de toda Castilla, y Navarra. Bravos chirlos he dado con esta perra, que a los perros ha mordido: todo esto es de la historia, como lo hallarán escrito. A Lara marchen las Guardías. Ya en sus Torres, y Castillos trémolan vuestras Banderas. Y de Fítero el undido, qué razón hemos de dar? Siendo anuncio sucesivo del triunfo, es fiel consecuencia, que fue de amor impelido de morir por nuestra Fe. Y incomprensibles los juicios del Cielo. Prodigio raro! A Vuestra Alteza le pido en albricias de este triunfo, me dé la mano, aunque indigno, Doña Elvira, a quien adoro. Aunque esa fineza estimo, sin poder pagarla, os ruego; señor, seáis mi Padrino, para entrarme Religiosa. Yo tu vocación confirmo. Yo desde luego me ofrezco. Yo también he de asistiros. En la Hermita de Pelayo, como tengo prometido he de edificar un Templo, dándole por apellido San Pedro de Arlanza, en honra de aqueste triunfo adquirido, Y aquí da fin el Poeta, a los hechos peregrinos del Conde Fernan Gonzaleza, y del Hermoso Prodigio de Doña Sancha su esposa, y Amazonas. Y rendido pide perdón al Senado, sino ha acertado a servirlo,
