Texto digital de Amar antes de nacer, la paloma dominica Santa Columba de Reati
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Téllez de Acevedo
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amar antes de nacer, la paloma dominica Santa Columba de Reati. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/amar-antes-de-nacer-la-paloma-dominica-santa-columba-de-reati.

AMAR ANTES DE NACER, LA PALOMA DOMINICA SANTA COLUMBA DE REATI
JORNADA PRIMERA
e Légrese el Mayo, que en claro arrebol, la Aurora C los rayos al Sol; prevenga en florido, fragrante fulgor, tapete a imeneo, y alfombra al amor: pues dando a su esfera dominio mayor, renueva la Aurora los rayos al Sol. Alégrese enhorabuena, tanto vistoso embeleso, como, en desmedidas galas, viste liberal el bello, delectable, ameno sitio de este pensil, porque siendo quien haga florido alarde a mis venturas, contemplo, que me anticipa la dicha la celebridad del tiempo. Muy a medida del gusto, señor Albaro, cedieron todas mis resoluciones a vuestros amantes ruegos, (que bien, todas las señales, . que a el oróscopo primero de Columba, dieron parte de felices mensajeros, pronosticaron mis dichas!) y así mi agradecimiento, atento a las nobles prendas con que os ilustráis, y atento, a que tan igual enlace eslabona los trofeos de vuestra casa, y la mía; yo por mi parte convengo en alentar fervoroso tan bien nacidos desvelos. Y mi amistad, que hace ufana noble vanidad de serlo, pondrá en generosas muestras a tanta ventura el sello. Cuando juzgué, que a la dicha de solo aspirar a el bello objeto de mis pasiones, no pudiese haber extremo que la igualase, hallo ahora en tan generoso acuerdo elevación que la ensalce; y pues no hay en mi respecto caudal bastante, que abone la suma de tanto empeño, presteme voces la salva de esos músicos acentos, repitiendo, a mayor gloria de el Sol, que amante venero. Alégrese el Mayo, que en claro arrebol, Qué tiranamente admite estos júbilos mi pecho, a el paso, que poderoso, mi voz embarga el respecto de mi padre, en cuyas lides, todo es rigor cuanto siento! Mucho temo que este gusto . no llegue a colmo, mas ello se esta dicho, pues si hubiera boda en el lance primero, que faltaba a la Comedia, sino ponerla el Laus Deo. Hija, ya ves las finezas, con que a tu hermosura atentó, a tu modestia, y agrado, a el enlace de imeneo áspira tan noble, hidalgo, cortés, generoso afecto: Ya adviertes que mi cariño, las circunstancias uniendo, no halla repugnancia alguna; pero porque afable quiero, cediendo a mis conveniencias, dejarte libre el acierto, esta deliciosa esfera, cuyo pensil podrá ameno, darle, en su quietud florida, luces a tu entendimiento, forme libre la respuesta, que aguarda nuestro desvelo, mientras que en su alegre estancia, girando lince el deseo, en fuerza de lo obligado, paga pensión a lo atento. Si a la obediencia que os debe sacrificar mi respecto, le concedéis ese indulto, por mandato, no por fuero, como ley, no como arbitrio vuestra permisión acepto; (ya en las treguas que me ofrece . halla mi inquietud sosiego.) Que más dicha. Albricias alma, pues en su obediencia veo, manifestarse lo grato en disfraz de lo modesto. Siempre en tu humildad hallaron mis felicidades puerto. De la virtud de mi hermana, . mas dudo, y menos resuelvo. Ella bien puede ser boda; pero al Sastre no le ofrezco, en las sobras de las vistas, un cuarto por los remiendos. . Vamos, pues, y tu cordura sea el venturoso medio, que en la fortuna que gozo acredite mi sosiego. Y a tan dichoso principio, por gloria de mis trofeos, repita en salva gozosa tercera vez el acento. Alégrese el Mayo, que en claro arrebol, . Quédamos solas? Señora, si, y no: pues según entiendo, pendientes de tu respuesta se quedaron, si se fueron. Deja, Julia, esos juguetes, y déjame a mí, que quiero, consultar sola conmigo tanto tropel de tormentos. Bien sabes que fiel criada suelo darte un buen consejo, y que en materias de estado discurre lince mi ingenio; pero si en dejarte sola te sirvo, ya te obedezco; (llanto, oración, y retiro pronostican buen agüero.) Dulce Jesús de mi vida, único esposo, a quien tengo entregada toda el alma en casto amor verdadero: Bien veis las tribulaciones, que perturban el sosiego de mi corazón, y así, estas lágrimas que vierto, sean ante vuestro trono solicitos mensajeros, que invoquen vuestra clemencia; mi amante sois, y a quien debo, como fina enamorada recurrir en este empeño: vuestra es la causa, Señor, y en las dudas que padezco, debéis atenderme amante, si os invoco como dueño; no es posible separarse mi alma de el dulce centro, que le echiza cariñoso, hospedándole halagüeño, no Señor, no esposo mío, no puede ser, y así espero en las luchas de mi ahogo de vuestro amparo el remedio. h e , o Ya que de el duro espanto, monstruo cruel, cuanto infeliz me nombro; y ya que a mi quebranto, solo queda la saña, a cuyo asombro, el ámbito de el mundo no bastará a el ardor en que me inundo: Ya que de el torpe seno, donde jamás el Sol sus rayos guía, de horror, y espanto lleno, me conduce a esta esfera mi porfía, si bien su estancia amena, cuanto en otros placer, es en mí, pena: descienda infernal bruto mi altivez de tu escama paborosa, pues si el ardid astuto de mi saña infernal, idra fogosa, infusa me ha dejado, aquella ciencia, que mi ser me ha dado, a prevenir empiece, engaños, inquietudes, confusiones, por si en algo entorpece, de ese prodigio, todo admiraciones, el indecible celo, de que antes de nacer la dotó el Cielo. Volved, señor, a el llanto de vuestra esclava, en pena tan terrible, que a tal rigor, a tanto poder injusto, casi es imposible, que en la presente calma, baste el esfuerzo, que pública el alma: A vuestros pies postrado, tenéis amante, mi encendido pecho, de cuyo fiel sagrado, firme en su amor, y en lágrimas desecho, espera venturoso, dicha en la lid, y en su inquietud reposo. Divino amor, la enciende, desde que dio a la luz, primero aliento, y al ver, que humano emprende conquistar su belleza, en tal tormento, que activo la desvela, está fuera de sí, y adiós apela: con astutas ficciones, solapadas al viso de obediencia, mueva nuevas cuestiones mi rabia, en su interior; cuya impaciencia, de el celo que la ilustra, veré si acaso la atención la frustra: Comience mi desvelo por esta parte; que aunque sé, que al mundo, asistida de el Cielo, ha de ser ejemplar su ardor profundo; De Leoncio el arrojo, repetirá venganzas a mi enojo; el furor de su hermano, de el interés movido, honor, y fama, también dará tirano, incentivo a mi cólera, y mi llama; y una, y otra tormenta de mis rigores correrán a cuenta: Qué teme, pues, mi furia? alto a la empresa, que el infierno todo, con repetida injuria, me ha de ayudar; comience de mi despecho terrible, valiéndose esta vez de lo invisible: Qué temes, ignorante? No adviertes, que de el Padre la obediencia es la virtud constante? El ser le debes, y es su conveniencia, su quietud, y reposo, este que te propone nuevo Esposo. Es posible, Dios mío, que he de faltar a el voto que os he dado? Si ya de mi albedrío único Dueño os tengo declarado, no será acción impía? Deja ese error, que es vana fantasía. 1. No dejes amante, 2. No atiendas constante, 2. De el fiero enemigo la vana ilusión; 1. Qué quiere, qué intenta 2. Su saña sangrienta, 2. Turbar con engaños tu imaginación: 1. Pues ya por tu Esposo 2. Se escucha, celoso 2. Tu ruego, tu llanto, tu gracia, y tu ardor. Hija Columba? Qué es esto? Es posible, que esta indigna esclava vuestra, Señora, h puede merecer tal dicha? Sí, que tu Esposo Jesús, movido de Amor, me envía a que por mi comuniques de el favor que le suplicas: Y así, darás la respuesta, imitando a Catalina de Sena, en el mismo lance, poniéndoles a la vista la madeja de tu pelo cortado; con que abatida quedará su pretensión: Nada temas, pues te dicta en ella tú mismo Esposo: Y en la regular milicia que deseas, alistadas se verán tus ansias finas: Queda en paz, y nada inquiete te valor. Oh Luz Divina de la más brillante Aurora, mil veces sea bendita la gracia, con que me ilustras, y el favor, con que me animas. Si será, para más pena de mi rebelde osadía, cuya saña, al mismo Cielo se quiere oponer altiva. 1. No dejes amante, 2. No atiendas constante, Dichosa pena por cierto, la que en mi pecho sentida me ofreció ventura tanta: Vengan, vengan repetidas al corazón las tormentas, que con tal favor medidas, mas son glorias, que pesares, mas que tormentos, delicias: Ea humano Amor, ya tienes satisfacción, que precisa, con lo débil de un cabello, ponga freno a tu codicia. . La verde, afable espesura de este sitio impenetrable, será por hoy saludable custodia de tu hermosura; ceda en ella la fatiga (oh bellísima Clereta) del cansancio que te inquieta, hasta que mi amor consiga, entrando en la gran Ciudad de Reatí, hallar sustento, que pueda prestar aliento a tanta incomodidad. Leoncio, mi bien, mi dueño, como, en tan terrible calma, ha de tolerar el alma de tu ausencia el duro ceño? Cómo sin ti he de quedarme? Y más, cuando me amenaza tanta rigurosa traza, que en Nápoles, por buscarme, intenta mi padre? Deja, mi bien, tan vano temor, que, donde sobra mi amor, está por demás tu queja. No es fácil vivir sin ti mi fe, que te sigue amante. Amor, que se unio triunfante, no se separa. Ay de mí! que ya mi honor arriesgado, . es bien la queja reporte, siguiendo, en su infausto norte, las contingencias de el hado. Ya, mi dueño, en lo dudoso, tu recelo, poco sabio, hace a mi fineza agravio. Cuándo amor no fue medroso? Miren, que discretos modos de engañar! Lesvía, que quieres; no haber nacido mujeres. Oh, mal año para todos! Preveniste los caballos? Ya están al pie de esa encina tu bridón, y mi sardina. Faltales algo? Montarlos. Vamos, pues, y el breve rato, que ese cometa encendido nos deja libre el partido de la noche; con recato, trocando al justo caudal A de las joyas el valor, a tanto injusto rigor daré alivio. Pesea tal; solo ese ardid darte pudo blasón. Por qué, majadero? Porque ya no es Caballero, sino el que enseña el escudo. Haga salva a tu belleza esta selva, vigilante Clareta, aquel corto instante, que en alas de mi fineza, tan a vista de tu cielo, vuela mi fe, que a su aliño, aún no distinga el cariño la breve estación de el vuelo. Difícil es, que en tal calma, de mil dudas combatida. Con tigo queda mi vida. Y tú me llevas el alma. . Ciego amor, ya que a mis ojos la venda echaste, no sea lo que el pecho deletrea castigo de mis arrojos. Ahora salimos, señora, con eso? Y aquel valor, qué blasonaba tu amor? Todo es sozobras ahora. Que siempre es así imagino, pero a nadie supo dar escarmiento, el ver pelar la barba de su vecino; mas dime, en tan breve ausencia, que puede darte recelo? Ay Lesvía, que no hay consuelo que me cuadre. Haya paciencia; que de un suceso en lo vario, es pena más tolerable confiar lo favorable, que acreditar lo contrario; y más, cuando en la baraja de tu amor no está la suerte tan efa, si se advierte, pues nadie por aquí, Ataja por todos esos regazos el coptorno de la selva, que aquí está la que buscamos, y es imposible escaparse. Ay señora, que hemos dado, si no es ilusión de el miedo, en manos de tus contrarios! Muerta soy; Leoncio mío? Que Leoncio, ni qué diablo; ahora te andas en arrullos? escapemos. Será en vano, si mi valor no os defiende; pues la tropa de villanos que os sigue, tiene cogida la selva. Dadnos amparo, caballero, si es posible; así el Cielo soberano, Calla, calla, no prosigas mujer, que sin clamor tanto, te asistiré (porque importa a mi astucia trasladaros, donde sean vuestras vidas causa de muchos estragos; a cuyo fin estas voces he fingido) de mis pasos venid siguiendo las huellas, que yo protesto ampararos como quien soy: Y en fe de ello, a el dedo de vuestra mano trasladad esa sortija, para que siempre acordaros podáis de el que os dio la vida. El hombre de corresano se adelanta. Esa fineza con mi ingratitud la pago; pero siendo a mi memoria, su buril, ocioso encargo, no la recibo. Ah señora, recíbela, pese al diablo. Ya es ultrajar mi osadía no tomarla; y no me aparto de este sitio. Venga venga la sortija, que en tal caso, siendo yo la medianera de vuestra atención, En vano puede valerte ese medio; que ha de quedar en su mano: (porque le importa a mi saña) . pues si así el primero paso de mi empeño, a deslucirme comienza, mal animado podrá mi aliento arrestarse a dar, Por esos ribazos penetrad, sin dejar rama que ver. No nos detengamos, que están ya sobre nosotros; (mi ama está delirando, o no es mujer, pues ninguna . en el tomar se ha parado) Ved, señora, que peligra vuestra vida; y este agravio, que hace infeliz mi respeto, puede impedir a mis pasos el curso. Pues ya la acepto, no os enojéis, que yo en pago haré eterna su memoria. Eso quiero que en su lazo . introducidas mis iras llevas. Caballero vamos: Vamos (donde deis somentos a el ardor en que me abraso.) Celebre Imeneo, feliz su victoria, y unidos afectos le labren coronas: vaya de fiesta de júbilo, y gloria. Todo el día en repetidas, músicas, salvas, sonoras, sea júbilos, a expensas de la dicha que atesora mi pecho; cuyos extremos, cortos a la fervorosa pasión de el afecto mío, serán muestras generosas, de que hallaron mis deseos el centro de sus victorias. Nunca se vieron las galas tan gallardamente airosas, que cuando las viste el gusto, sin el disfraz de lisonja. (Mucho temo, que este lance mil inquietudes provoca, . porque un gusto consentido hace mayor la congoja si se pierde; y aún por eso hallarme presente importa) quien tanto de vuestros gustos, señor Ángelo, blasona, bien puede entrar a la parte; y más siendo acción forzosa, que como a Padre me incumban, si a vos, como a Padre os tocan. A vuestro ejemplo se debe confesar la prenda heroica de la virtud de Columba, pues luciendo como antorcha a el aire de vuestro celo, es de las Doncellas todas, que florecen en Reatí vivo ejemplar. Y en que logra mi dicha mayores triunfos. Siendo de el gusto acreedora, cuanto al enlace de unida nuestra amistad se eslabona. Y pues es bien, que en su labio se coronen nuestras glorias, celebrándose en Reati con el aplauso, y la pompa, que merece tal contrato; vuestra reverencia importa, que volviendo a verla, aliente su modestia vergonzosa, y se la traiga consigo. Mientras la Música airosa, esforzando mi esperanza, repite en salvas sonoras. Celebre Imeneo feliz su victoria, Quiera Dios, que tanto empeño finalice a menos costa, que la que el alma recela! Y yo, señor, en la tropa de este conclave, no tengo mi plaza Cómo es tan otra vuestra Religión hermano, mal con esta se acomoda. Mirad, yo soy mixtiforí, que en toda especio de cosas hago papel a dos manos. Y cuál tenéis por ahora? Danzo, brinco, zapateo, canto mi punto de solfa, toco ansi, ansi, un instrumento, como, y bebo, que es la propia habilidad, que hace baza en el taller de una boda. Antes bien con más medida debe comer; si se nota, que al gusto de tanta dicha, no hay plato que corresponda. Distingo la consecuencia; como sea en causa propia concedo; pero en la ajena es la negación forzosa: y pruebo mi antecedente, pues si se hace toda boda, mediando Dios, quien le niega la bien nacida memoria a aquel prodigioso adagio, que en buena lengua Española, tentus in capite, dice, que después de Dios, la holla. Humor tiene nuestro hermano: y diga, cómo se nombra? Yo, señor, Fray Betifarra. Botisarra? Y es noctoria la antiguedad de mi alcuña, pues mi madre (que este en gloria) estaba en Valencia, cuando de mí, la buena señora se halló en cinta, y concurriendo continuamente a la sopa dio en estar antojadiza por Botifarta, que es cosa, que a fuerza de sangre se hace, y mi padre que lo nota, pronosticó de este indicio, que este apetito me informa ser hombre de mucha sangre; con que así, para memoria, el nombre de Botifarra me puso; y esta es mi historia: Pero aguardad, que ya llega a este sitio con la novia Fray Sebastran, y es preciso que se doble aquí la hoja. Pues haga salva el cariño en corteses vanaglorias, tañéndola a recibir. Eso a mi atención le toca. Hija? Mas qué es lo que miro! Qué novedad ocasiona ese traje? Mal agüero, el primer paso me informa! . Qué mal estas imprudencias con mi genio se acomodan! Como el uso de el tocado es tan práctico en las bodas, quiso, a el hurto de dos letras, hacer chiste de una moda. Porque a confusiones tantas, como las que en cabilosas frases, de vagos discursos os cercan, es justo rompa mi labio, la dura, estrecha cárcel, que las aprisiona: Y porque ya llegó el caso en que es fuerza hacer la costa la razón de su sagrado, y el valor, de su custodia, escuchadme: Y vos, señor, (a quien humilde se postra mi vida, como a quien debe aquel ser, de que se informa) dispensad que, a vuestra vista, humildemente animosa, haga, para una respuesta, epilogo de mi Historia; que como de ella dependen mi ser, mi vida, y mi honra, aún la atención, menos cuerda, será bien que reconozca, que tal vez es disculpable referir virtudes propias. Desde aquel primer instante, que, a mí ya dispuesta forma, en el albergue materno, alentó animada antorcha, eternizando sus luces; (fábrica tan prodigiosa, tan excelente, y tan grande, que cada vez que la copia en su aprensión el discurso, parece que proporciona taller, que aviste a lo sumo de la mano poderosa.) Desde este punto, sin duda, (según, señor, lo blasona vuestra advertencia) se hallaron en mí (para mayor gloria de el Hacedor infinito, que en esta expresión, y en otras, a créditos de lo Excelso suele excepcionar las obras) tan experto el albedrío, razón tan generosa, que, como reconociendo la virtud de que se adorna mi vida, aún al torpe, escaso, débil viso de esta gloria, pareció, que cuerdamente quiso dar, en amorosas, claras, indicantes señas, que en la materna custodia se notaron, vivo indicio de su gratitud celosa, de su amor, y su fineza, con su Autor; pues ingeniosa Discípula de su celo, de tal suerte se alecciona en complacerle, que huyendo de aquella sangre animosa, que engendra el noble sustento, hizo, que al gusto se oponga de mi madre; dando solo el apetito a la tosca substancia de humildes hierbas; sin que por esto, penosa se sintiese, en todo el tiempo, que en su vientre me aprisionas con cuya clara noticia, hizo mi vida notoria expresión de fina amante, al mismo Antor que la forma, antes de nacer: (supuesta su Omnipotencia, que es sola la que hace, en raro exceso, obstentación de su gloria.) Llegose el plazo preciso de que el seno oscuro rompa, cuando al repetido golpe, que en naturales congojas, dio a mi madre sentimientos, se apresuraron forzosas prevenciones para el parto, ya alegres, ya cuidadosas: y en fe de que ya venía con el caracter de esposa de Dios, guardada mi vida, (que a fuer de las misteriosas finezas, que ocultamente le ofreció mi fe amorosa, puedo decir que su mano se dignó dar generosa a mi ser, desde aquel punto, este timbre que blasona) haciendo gala lo amante, mandó que Angelica tropa, visiblemente advertida, con músicas armoniosas, mi nacimiento publique; con cuya plausible pompa admirado vuestro celo, desde el instante, en que goza mi vida aquellos primeros crepúsculos de su aurora, derivando de el prodigio, la bien nacida memoria, Angelica me pusisteis por nombre; acción que denora glorias a mi edad futura. Pero llegada la hora, en que el bajel de mi vida, navegando entre las olas de sus más tiernos arrulios, pudo arribar, viento en popa, al puerto feliz de Gracia; donde la atención airosa de mi Amante, haciendo alarde de las delicias que goza en verme a su gracia unida, hizo, que mi fe se ponga, para adecuarse a sus vistas, las galas, que tan a cesta de su amor, previno ufano: Entre aquellas ceremonias, que a la hermosura de el traje dieron guarnición airosa, se vio, que desde la Esfera descendia una Paloma, que en dulces, tiernos arrullos, tan cándida, como hermosa, llegó a el sitio de mi adorno; y introduciendo en mi boca la suavidad de su pico, hizo, en su pausa amorosa, que admirándose el concurso con acción tan misteriosa, pronosticase a los siglos los prodigios, que le informa: Y perdiéndola de vista, viendo que al Cielo remonta sus cándideces, dejando de la primera memoria el ya prevenido fuero; El nombre de esta Paloma, (que es Columba) me adecuasteis. Aquí, Señor, pido ahora, que haciendo una breve pausa vuestra atención cuidadosa, silogice en su discurso, (si la pasión no lo estorba) de tan excelsos anuncios, reflejiones fervorosas: fuera bueno, que quien tuvo tan prevenidas las glorias desde su primero aliento, para ser de Dios Esposa, injustamente tirana, y falsamente traidora, canbiase a un amor humano, el Divino, de quien goza reditos tan de antemano? Además de esto, si en propia difinición infalible, el amor, no es otra cosa, que entregar el albedrío a el objeto que se adora; siendo tan dueño de el mío el que amante le atesora, que entre ser suyo, y ser mío, si hubo acción, casi se ignora; como puedo yo, aunque medien las felicidades todas de el mundo, lo que no tengo ofrecer, sin que a la costa de un delito, sozobrase, por falsa, mi fe engañosa? Y porque más califiquen, de mi infancia prodigiosa los sucesos, este empeño, doblemos aquí la nota de la reflejión, y penda vuestra atención generosa de mi labio, sin que tenga este arrojo, a vanagloria; que como asiste en mi pecho el mismo Autor, que los obra, este me infunde el aliento; por ver, que a su gloria imperta si responderos humilde, obligaros animosa. Desde que al primer sustento me llamaron amorosas las caricias de mi madre, guarde la continua forma de el ayuno, en la semana tres días; con tan notoria continencia, que en su espacio, jamás permitió mi boca, ni el dulce, cándido néctar, ni la más apetitosa substancia; siendo este culto fiel expresión, de que goza mi vida fueros de amante; pues fuera imposible cosa conservarse de otra suerte una infancia, a cuya escolta tan débil aliento anima A la obstentación costosa de el catre, que a mi nobleza fue política lisonja, como asechando el sosiego de la Aya, más cuidadosa, usurpaba el tierno albergue: Para buscar mi más propia comodidad en la tierra, centro, donde mi celosa ternura imitó a su amante, en la dura, helada, tosca cuna, que a su nacimiento sirvió de nevada alfombra. A todo ilustre aparato, en que hidalga se blasona la pulcritud de la infancia, siendo el llanto fiel idioma, me mostraba repugnante, hasta que buscando forma de aplacar mis sentimientos, la halló el cariño en la bronca fábrica de humildes vasos: y aunque es verdad que no goza de este induto mi crianza, mostrando, en la generosa exterioridad de el traje apariencias más costosas; como ya mi edad adulta advertidamente toca, la raya de lo obediente, con vuestra ley se conforma, haciendo gala el respeto, por ser la que entre sus glorias, para con su eterno Padre, el mismo Cristo blasona. Estas razones supuestas, señor, pues no las ignora vuestra cordura (dejando muchas más, que solo importa, para atenderme propicio, las tengáis en la memoria,) os dejarán advertido de el amante, a quien adora mi Fe, mi amor, y mi celo: Y pues ya (no sin sozobra de mi humildad) fue preciso que así mi aliento os responda; respecto que mi albedrío, como habéis visto, no goza su libertad, no es posible que yo me rinda amorosa a otro amante, que a mi Dueño, y no fuera hacer lisonja a vuestro afable cariño, violentar quien ya goza blasón tan noble, y tan sumo; y más, señor, cuando postra a vuestro lustre, mi ruego, una elección, en que goza mas dichas vuestra nobleza, que cuantas vano atesora el mundo en altivo fausto, la tierra en soberbia pompa. Esto mi humildad os ruega, no valgan las poderosas ambiciones de lo humano, a turbar las misteriosas señales de mi fortuna; pues para que se conozca cuanto el nuevo amor me ofende, (sin deslucir la persona, de ese joven pretendiente) siendo lo que le enamora mas de toda mi hermosura, (según su pasión informa) La madeja de mi pelo, cumplo en darle generosa su cnlace: si bien de paso, (por más que su aliento corra las líneas de lo robusto) Le advierto, que se disponga para la cuenta precisa; pues sin duda, en su memoria, hallará, a muy breves días, la felicidad más propia. Esta es, Señor, mi respuesta; esta la acción que revoca vuestro trato, y mi desdicha; este el culto, que remonta a el Cielo mis esperanzas; perdonadme si os enoja mi resolución constante, dándome licencia ahora de volverme a mi retiro, en donde espero gozosa, que vuestra atención corone mi ser, mi vida, y mi honra. . A resolución tan grande, señor Ángelo, no ignora vuestro proceder discreto, (si con su sangre conforma) cuanto en este desempeño la satisfacción le toca; medid, pues, a vuestro juicio mi calidad, mi persona, mi honor, y vuestra palabra, haciendo que reconozca mi atención, que en vos, y en mí, milita una causa propia. . UUn etna en mi pecho enciende . la cólera, pero ignora a que pueda resolverse,) y mi amistad siente ahora que os llame a vos un empeño tan propio; cuando ella sola supiera sacar la cara en fe de lo que blasona. Quién en el mundo se ha visto . de tan terrible congoja cercado? por una parte, el pundonor abandona los fueros, a que el cariño me está llamando; y por otra, en la virtud de Columba, me hace amor que reconozca no sé que razón, que fuerte, toda mi inquietud estorba. En la lid, con que el discurso, señor Ángelo, sozobra, leyendo está vuestro pecho mi atención, que hay muchas cosas que la suspensión las dice, cuando las calla la boca, (aunque en Columba no temo . peligro, esto importa ahora) vos (según advierto) estáis batallando en la congoja de dos afectos, que acaso la prontitud los colora, sin la reflejión, que piden; y pues a vuestra persona tanta deuda reconoce mi amistad, y no se ignora cuanto sirve de un amigo el consejo en tales cosas; que vengáis conmigo os ruego, donde ventilando a solas este lance, halle el discurso la más acertada norma. Rendida, cuanto obligada las gracias os da celosa mi atención: pues ya el acierto vuestra prudencia me informa: venid, pues. Vamos, señor. . Con esto dio fin la historia en cuanto a boda, sin duda; si el Poeta no urde otra para acabar la Comedia; pues sin dejar, por lisonja, en la relación un pelo, cantó de plano la Novía. Gracias a el Amor, que pude dar albricias al deseo, que, a costa de la fatiga, supo apresurar el tiempo; en este sitio a Clareta dejamos; pero qué veo! no es aquel roble, a quien hice depósito de su cielo? si me mintieron las señas? mas no mintieron, qué es esto! dónde, mi bien te ocultaste! Penetra Contera el centro; de el bosque por ese lado; por si es, que ha podido el miedo retirarla. Dueño mío dónde estás? En el infierno, donde ha de estar, peseatal, tiene amor otro hemisferio? Aliente mi ardid sus iras en este lance, pues dejo ya a Clareta en el abismo de tanto infausto suceso. Todo el bosque he penetrado, sin dar treguas al recelo, que dueño ya de mis ansias me atormenta: hacia allí veo un cazador, de quien pueda informarme; Caballero, si cosario de este monte habéis corrido sus cerros, noticiadme, si es posible de dos damas, que por yerro quedaron en él ocultas. (Bien vienes para mi intento!) . no puedo daros noticia segura (que es lo que siento;) pero dentro de esa Quinta dos damas se recogieron, según advertí. Mil gracias os doy, en tanto que vuelvo a págaros con el alma tanto favor. Eso quiero, pues, (si me vale mi astucia) borrando, tu amor primero, conseguiré que peligren de Columba los trofeos con tu destino. Algún diablo hay por aquí; pues no encuentro, en tanto como he corrido, sino cansancio, y tropiezos: vuelvo a decir, que algún diablo, Si será, mas qué hay en eso, para que el necio procure turbar mi divertimiento? vayase, o vive mi furia! (Ay, y qué cara de perro!) . Ya me voy; (qué traza tiene de tenaza de el infierno!) . . Aunque sé que no aprovechan, ni de el fratricida acero de Anselmo, furias tiranas; ni de Leoncio el intento lascivo, que le previene mi astucia, contra el supremo poder que asiste a Columba; dos delitos a lo menos, conseguiré en sus arrojos, y el perseguirla; si advierto, que en un lascivo, se encierra el uno a el otro invisibles haré, pues concurren ciegos a su delito, y yo oculto a entrambos, les daré esfuerzo. mas poder que en el infierno: Oh Divino Patriarca Domingo, si el alto ejemplo de tu vida, me conduce a que te siga; no el vuelo de mis esperanzas corra tan torpe, pesado, y lento. Salga de una vez mi fama a lograr, en el supremo lugar de el mayor delito, su nunca perdido aliento; pues causando esta tirana tanto escándalo, así dejo, como en su punto mi fama, mi honor en su mismo centro. Por esta parte al Palacio me conduce mi desvelo, que aquel Cazador me dijo: o si su ostentoso centro fuese alivio de mi pena, siendo huésped de mi dueño. Abierto está; y esa fiera mi deshonor previniendo, prosigue en sus inventivas; qué dudo, pues, o qué espero, que a evitar sus descaminos de una vez no me resuelvo? Mas ya se avistan sus salas, y en una de ellas, advierto una mujer, suspendida en el celestial objeto de su belleza; ay Clareta! perdóname, que pues veo tu perdida, y este asombro, no hay, en mi apetito, freno. Poco tiene aquí mi astucia que hacer, pues si bien lo atiendo, mas que mi infernal impulso, puede su destino en ellos. Inmóbil está, a tirana, qué bien finges tus enredos! Divertida, cuanto hermosa, la ven mis ojos; qué espero? que pues intento robarla, a asir su beldad no llego? Logre su esfuerzo mi furia. Aliéntese mi desvelo. Yo me arrojo. Yo me animo. Muere ingrata. Ven mi dueño ligitizodo Suspended las acciones, que en todo riesgo, esa vida, esa gracia la guarda el Cielo. Oh válgame, en mi desgracia, todo mi arrepentimiento. Incapaz de mis acciones me ha dejado este portento! Qué importa si a más errores os dará mi saña esfuerzo, hasta que en vuestros delitos logre su mayor tormento. No podrá, que tu astucia será en su empeño, solo acción, que la labre mayor el premio. Ya a tu petición, Columba, responde piadoso el Cielo, mandándome que por hija te reciba; y así en premio de las ansias que te cuesta, recibe para consuelo i : V h - n mi Escapulario en tus hombros, y queda en paz; advirtiendo, que los mismos, que lo impiden, harán la costa a tus ruegos. Oh Glorioso Patriarca, mil gracias, mi amante pecho os da, por tantos favores, como en vuestra luz venero: Dichosa la humilde oveja, que, en crédito de su aliento, de tan glorioso rebaño goza el Religioso centro. Siempre feliz te nombra; pues te dio el Cielo, para un mar de prodigios seguro el puerto.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Quién duda, señor Anselmo, que a tan grande desengaño habrá cedido la furia de vuestro rigor. Son tantos sus prodigios, Padre mío, que a un mismo tiempo han causado su admiración en mi pecho, y en mi corazón su agrado, no sé que amante respeto, sobre el cariño de hermano. Ya que mi adversa fortuna, en solos diez y seis años, florida edad de Columba, a tan miserable estado, de pobreza me ha traído; viendo, que no sin milagro, tiene asegurado el dote; Yo, por mi parte, consagro el gozo, que en el acierto de su elección me ha causado. Y es caudal, que yo os prometo ha de ser muy del agrado de Dios, y de vuestra hija, que el tener, o no, es un grado de tan caduca fortuna tan poco estable, que acaso vive más aquel reflejo, que la oscuridad poblando de negra, preñada nube, apenas es visto, cuando vuelve a encarcelar sus luces en más tenebroso espanto: Yo sé muy bien que Columba (como quien de sus arcanos es fiel custodia) ha elegido la mejor suerte; y que acaso a vos, y al mundo, Señor, está su elección labrando muchas coronas, compuestas de engastes más soberanos. Gracias a Dios, que este Padre alguna vez me ha dejado lugar, de que pueda darles a las tripas un artazgo: solo esta gloria es fortuna; Yo me limpio los mostachos, porque no me lo conozca, que en este punto es un Argos, y aún por el olor, me saca las tajadas, como el gato: Pero a los tres en consulta miro allí; va de recado, quiera Dios no me pálpite la lengua; y me deje helado; Deo gracias, Padre Maestro. Sea bien venido, hermano. No puede ser mal venido, quien está también hallado: Vuestra Reverencia sepa, que en este punto me aparto de Columba; la que queda en su aposento, y la he dado mil consejos saludables: La he contado cien milagros, con otros tantos ejemplos; Y tanto en ella han labrado mi eficacia, y mis palabras, que la Santa se ha quedado pasmada de mi doctrina. Bien está, vamos al caso. Tenga sufrimiento, Padre, que esto es contarle por pasos, (menos los de la hostería) . la eficacia de mi encargo; Y en fin, queda la Sántica, por instantes, aguardando cumpla vuestra Reverencia la palabra, que la ha dado. Vamos, Padre, que no es justo detenerla, pues con tanto celo, el Hábito desea. Vamos norabuena. Vamos. Pues yo a ganar las albricias en un punto me adelanto. Aguarde. Nolo, por cierto. . Eso no; pues aquí aguardo, por albricias una alhaja, que me saque de pecado las tripas, para otro día; Yo llego; pero reparo, que no llego bien, si advierto, Admirable Columba, prodigio de firmeza, centro de la constancia, de la virtud esfera. La gracia en quien se ilustra suprema Omnipotencia, por mí, que su Ministro glorias le cantó eternas. Déjele, Padre, qué acaso convendrá que la prevenga nuestra venida. Qué ufano, a vista de estos prodigios se obstenta el pecho! Qué grato, los efectos de esta dicha celebra el celo! Por cuanto la erraba Fray Botifarra! que está entregada al descanso; y antes bien a detenerlos conviene que vuelva: Cuando de mis amantes deseos llegará, Señor, el plazo? Le inspira generoso, y amante te recrea, fiando a tus virtudes de su poder empresas, Oh Soberano Amante, cuando esta humilde sierva, capaz pudo advertirse de glorias tan inmensas? Qué salgas de Reatí, su voluntad ordena, dirigiendo a Perosa tus virginales huellas. De el Religioso celo cumplida la promesa, que ya, en gozoso aplauso, sin dilación te espera. Por alto ministerio de angelicas esencias, fiadas al silencio, tendrás segura senda. Ay dulce Jesús mío! que el alma, en esta empresa, parece que a el aliento cobarde titubea. La voluntad se cumpla de mi Esposo; pues ella es quien mi ardor inspira, y es quien mi vida alienta: Mas no me dejes sola, Ángel supremo, espera, que amagan más furiosas, las aves, y las fieras. Válgame, en tanta sozobra, gran Señor vuestra clemencia, en cuyo favor fiado nada mi valor recela. Alienta, amante Virgen, nada tu pecho tema, que el que te asiste puede mandar ambas esferas. No sin tormentos muchos caminaras, que es fuerza, para coger los frutos, sufrir las inclemencias. Peligros expresados, ya en Aves, y ya en fieras, amagos de tu vista te expone la apariencia. Pero venciendo a todos, en regida palestra, símbolo de Domingo, ese Alano se muestra. Hija? Columba, qué es esto? Nada, señor; como esempras de la razón, en el sueño se desfrenan las potencias; pagando yo este tributo, (pensión de humana flaqueza) descaminadas rompieron mi sosiego. Buena es esa; soñaría que algún duende andaba en la chemenea, o que un ratón se movía, o un escarabajo; que estaás son las cosas de que suelen espantarse las bellezas. Sosiega, pues, y descansa de ese susto, con la nueva que te ofrece mi cariño, en la gala que deseas. Déjame, que agradecida, pague a tus pies tal fineza, con que mi humildad ensalzas; y sabe, que en ella queda más pagada mi ventura, que con cuantas excelencias puede dar el mundo todo. Yo, hermana, pues te contemplas tan gozosa en este estado, dándote la enorabuena. quiero concurrir al gozo. (No poco misterio encierra su sueño, según colijo de las soberanas muestras, que en su prodigiosa vida mi cuidado deletrea) Pues no se dilate el gozo; vamos, Columba, a tu celda, título que le compete desde hoy a tu cuarto; y sea el centro donde se cumpla tu deseo. La clemencia de el señor sea bendita en los Cielos, y en la tierra. Y yo, señora, que traigo las galas, y las preseas de parte de el novio; digo, que siendo estilo en cualquiera boda, Qué? dar las albricias; no es eso? No lo dijera, si tú no me lo quitaras de la boca; pero vengan, y sea lo que quisieres. No han de ser si no muy buenas. Gracias a Dios, que algún día acerte a dar en la tecla. Pues yo le doy. Linda cosa! Por regalo, el que se abstenga de comer treinta y tres horas, pues trae mil consecuencias muy malas el comer mucho; y una disciplina sea quien facilite el ayuno. Sea Hermano enorabuena, que en fin, ya estará contento. Ella será la contenta, y su padre el contentado, la contentada su abuela, y será contentadiza toda su prosapia entera; Pues qué quiere? Mira, Julia, si alguna cosa me dieras que mascar en desagravio, ganarás nombre de eterna, bienhechora de mis ansias. Calle, hermano; desvaría? masquese un codo, y repare, que el ayuno es alta prenda de la virtud; y no es justo, que yo un delito cometa, quitándole tal alhaja. Mire usted la filetera, con el Deo gracias que sale; y si baja a la despensa, a su padre, y a su madre se comerá por merienda. . Ya que mi rebeldía no pudo conseguir la alevosía de el fratricida hermano; y el intento en Leoncio salió vano: Ya que esa fiera aumenta mi coraje, a impulso de su gloria, y de mi ultraje, (que aún envidioso no hay que le deslumbre, como ver su contrario en alta cumbre:) Aunque a su profecia Albaro goza ya de mejor día; (que tanto pudo el celo de su oración, su llanto, y su desvelo;) con todo, no me obliga a que mis tiranías no prosiga: Pues ya Clareta gime aquel rigor, con que mi ardor la oprime; ya Leoncio cosario, y bandolero, es de estos montes el Ladrón más fiero, dado a todo apetito; (porque un delito llama a otro delito:) El Pueblo se conspira, y con vaga opinión su virtud mira, sin dejarme que hacer, (mas qué lo extraño? si habiendo Pueblo, nunca falta engaño:) El hermano se inquieta, por más que sus prodigios interpreta; yo altero su quietud, (aunque no alcanza a conseguir el fruto mi venganza; de que mi rabia infiere lo poco que perturba al que no quiere:) No descanse mi furia en repetir su cólera, y la injuria de las iras que vierto; Mas ya a Clareta advierto; el disfraz me prevenga, porque en mi vista más tormento tenga. En este oculto monte, cuya espesura, ignora el orizonte, engendrada maleza, a solo dar alivio a mi tristeza; fiera de sus ribazos, mis males lloraré sin embarazos: Tú Lesvía, si te obliga a compasión mi pena, y mi fatiga, en el tenaz rigor de esta inclemencia, conmigo partirás la diferencia, con que de algún Lugar, menos distante, Argos de mis desdichas vigilante, seas el instrumento, que a este mísero ser le de el sustento. Que lo yerras, advierte, en quedarte, señora, de esta suerte, sola, y desamparada en tan desierta, y tan fatal morada; ni mi lealtad es justo que en esto corresponda con tu gusto: En la primera Aldea viviremos las dos, con la taréa de nuestras manos, cuando lo permita esa inclemente furia, que te irrita, con menos contingencia, que a él áspero rigor de esta inclemencia. Eso fuera si acaso el Autor de su mal la diera paso a el alivio más leve; pero no, que a más furia se comueve: Este disfraz lo diga, o fingimiento, inventado a añadirla más tormento; quizá desesperada, será fuego infeliz de mi morada. Ay Lesvía; no reparas descubrirse allí un hombre, entre las jaras, que pueblan la maleza de esta desierta, rústica aspereza? Ya, señora lo advierto; y quizá en tal fatiga, será el puerto que redima tu ultraje, si las señas conforman con el traje; que es Pastor no previenes? Ay infeliz de mí! qué mal detienes la pena, que en su vista procuro, en vano, que el temor resista! huyamos su presencia. Oh que en vano, infeliz, será tu ausencia! (aunque es verdad, que de mis tentaciones, . siempre es victoria huir las ocasiones:) Engañadas Serranas, que a este monte prestáis luces tempranas, qué cobarde recelo, o descamino, vuestro temor conduce peregrino? Pastor soy, no temáis en vuestros males. Ya mis desdichas crecen más fatales! Señora, ya es manía tan furiosa porfía, sin más que ver a un hombre; llega, Pastor, y hallarla no te asombre con temor tan prolijo. Ya tu cuidado, de su mal colijo. No llegues, dame paso, que solo en verte, mas, y más me abraso! Llega Pastor, te ruego, y denos, si es que puede, algún sosiego tu projima cabaña. (O si tu conocieras, cuan extraña . habita la piedad de mis rigores!) mas ya llego, (a encender nuevos ardores, Mujer descaminada, detén el paso, y ven a mi morada. Déjame, ingrato, o yo me desespero. (No es otra prevención la que yo quiero, . y lograrla pretendo.) Ay de mí, que me abraso! qué me enciendo! No la sueltes, Pastor, aunque se queje. No tengas miedo, que mi ardor la deje, pues ella misma busca el descamino. r, , ; El precepto de Dios, que amante fino, de sus obejas, la salud procura, por este medio, afable la asegura, contra la astuta saña, poniendo sus finezas en campaña. Si el Cielo, a mis ardides así se opone, en vano son las lides; mas no ceda mi rabia, en su porfía; pues tiene de Leoncio la osadía. Ya el Pastor, que piadoso te daba en su cabaña fiel reposo, se retiró, señora. Sin duda, Lesvia, tu atención ignora cuanto, en suvista, mi inquietud se ofende! mas ya que en mí se atiende algún sosiego, siga peregrina el norte a que esta senda me encamina. Vamos, pues he de ser, según la traza, siempre el bordón de aquesta calaba. Nada temas, o Virgen prodigiosa, que tu Esposo Jesús, que en ti reposa, para estender sus glorias, con tu celo, en tu defensa pone todo el Cielo. Sigue la senda, sigue que ya pisó tu guella ) o : Y pues que tu luz consigue, como brillante estrella, gracia, y gloria. 2. . Toca la Esfera, toca, que te advirtió tu Dueño, donde a tu ser convoca feliz en todo empeño la victoria. Sigue la senda, En la de mi dulce Esposo Jesús, fiado mi aliento queda; y así de mi parte, Angelica Luz, os ruego, que presentéis en sus manos mi resignación, pues veo, que con su poder alcanzo cuanto en mi flaqueza pierdo. Que será, que yo no alcanzo de que suerte, o a qué tiempo, nos sacaron de la celda, sin haber visto el Arriero, con quien se ajustó este viaje, que en el aire, y de un voleo, nos ha puesto en este sitio, sin cansancio, y sin divero? Mas la Madre se ha quedado como suele; y pues no puedo inquietarla, sobre el caso es bien, que soliloquiemos: No hay duda, que yo me hallaba esta noche, en el recreo de la oración con mi Ama, cuando, casi sin sosiego, llamándome a toda prisa, me dio la mano, diciendo: ven Julia, donde me llama mi Esposo Jesús: y advierto, que apenas entre tinieblas bosteza el Alba reflejos, cuando en este despoblado nos hallamos: Pues qué es esto? Qué ha de ser, esto es milagro! y muy milagro; si atiendo que entre unos, confusos enigmas, que no penetro, yo aviste más claridades, que tiene el Sol de reflejos; y así, como en fantasía, también de sonoros ecos, que dulcimente agradables sonaban, sentí el gorjeo: luego sin duda es milagro? Claro está: y si lo contemplo, tengo en él no poca parte: Quién lo duda? Esto supuesto, si no soy de el todo santa, soy la metad, por lo menos: Qué dijera de este caso Fray Sehastian? Es muy cierto, que se pasmara; mas hola, parece que gente siento hacia esta parte; a mi Ama quiero llamar, pues ya pienso que basta de arenga, para soliloquio de entre tiempo: Ah señora, ha Madre, vuelva de ese milagroso sueño, y mire que viene gente. Ay Julia, como el recreo me impides, en que me hallaba tan bien ocupada? Luego, no sabe en qué parte estamos? A estas horas? No, por cierto. Pues yo, ni aún por lo dudoso, No importa, que pues advierto esta senda, ella nos guía a Trieví, desde Espoleto. Y dígame, en qué gastaba aquel éxtasis suspenso, que tanto sintió el dejarle? Varias veces, a mi Dueño, humildemente rendida, le sacrifique el deseo de ver los Santos Lugares; y a sus finezas atento, le dio a mi espíritu, en pago de sus ansias, este empleo. Luego ya de sus reliquias dará razón? Y confieso, que es la mayor maravilla, que pudo hallar por objeto la Católica ternura: Y a penas Cristiano celo hubiera, que (a ser posible) no volase a ver lo inmenso de tan celestial Tesoro. Pues quién lo duda? así el vuelo, como lo ha sido en la Madre, fuese en todos tan ligero: Rero dígame, ha logrado aquel ardiente deseo de ver el Portal, que cuna fue de el mejor nacimiento? No, hermana; y aún ha el olvido de Fray Sebastian, le puedo dar quejas en este punto; pues me ofreció un vivo ejemplo de aquella gloriosa noche, que al dibujo, y a el aseo de la talla, y la pintura debió primoroso acierto; y aún no ha llegado a mis manos. Y que fue excusado entiendo. Por qué, hermana? No está claro? porque si en tan breve tiempo en Jerusalén se puso su espíritu; no es ajeno de creer, que a menos costa fuese a Belén, de un voleo; y en tal caso, fuera ocioso, viéndolo al vivo el ejemplo. Ay de mi! perdidas somos! No se escapen, compañeros. Por esta espesura huyamos. Seguidlas. Madre, qué es esto? perdidas somos sin duda; escondamonos. No temo desdicha alguna, pues viene siempre en mi amparo mi Dueño. En todo caso corramos, no nos castigue el proberbio por la mucha confianza. No haré tal; antes pretendo amparar esas mujeres, que de algún cosario huyendo llegan aquí. Injusta suerte, hasta cuando a mi tormento has de somentar miserias, negando a mis males puerto? s . Registrad esa maleza; y no quede rama, o leño, que no le deba a la vista el examen más atento. Por esta senda las huellas se conocen, compañeros. Seguidlas, sin perder una. Haga algún milagro presto de los que acostumbra, Madre, que los cazadores fieros, por las pisadas sagaces, vienen las liebres siguiendo. Levanta, mujer dichosa, cuanto hasta aquí de tus hierros esclava infelice fuiste; nada temas; que ya advierto el rigor que te persigue. Ay Madre, que ya nos vieron, y es imposible escaparnos, que llegan más de quinientos! Que todo el mundo es muy poco, si Dios nos asiste, creo. Ya hemos dados con la caza, prendedlas: Pero qué veo? aguardad, nadie se llegue. Qué has de ver? lo que mi ceño previno contra esa fiera, terror de todo el infierno: (que no conozca a Clareta, . y que ella le ignore intento; porque siendo de su infamia solo Columba el objeto, haga ultraje a su constancia atrevido, y deshonesto.) Mujer, que ya de mis ansias, fuiste otra vez menosprecio; cómo has llegado a mis manos? Aquí verás, como el feudo me pagas de tu hermosura, sin que te valgan enredos de aparentes invenciones. Sí, torpemente resuelto, a tan débil compañía envistieres, yo confieso lo excesivo de tus fuerzas: pero al delito atendiendo de el rigor en que te empleas, podré vencerte; pues creo que es muy cobarde quien funda en culpas su atrevimiento. Cuánto hermosa, eres discreta! y en verdad, que no es buen medio de echar agua a mi apetito: Ahora bien, yo te confieso mayor poder; pero es solo en cuanto el hermoso cielo de tu belleza, ha podido obligarme al cautiverio: Vente conmigo, dejando ese cansancio molesto, que ultraje de tu hermosura, la tiraniza los fueros; donde mi fe agradecida, haciéndote afable dueño de el alma, ponga en tus aras, por sacrificio alagüeño, continuo, amoroso culto. No está malo el galanteo, para estudiado entre riscos; pero ha llegado a mal puerto. Ay señora de mi vida, en que vendrá a parar esto? Yo estoy sin mí; pero calla, que en esta mujer advierto, cuando su entereza miro, mucho más de lo que veo. No te detengas Leoncio; y ya que el acaso mismo te trajo el lance a las manos, logra tu gusto, que es tiempo perdido gastar palabras. Dices bien; pero primero quisiera obligarla fino: No respondes a mis ruegos, dulce echizo? Calla, calla, cietra los labios, blasfemo, que hay delitos pronunciados, mas que cometidos fieros: vuélvete con tus bándidos, y teme a Dios, cuyo esfuerzo las iras de su justicia está contra ti esgrimiendo: Y si victoria pretendes, véncete a ti; que es muy cierto, que así podrá hacer alarde tu valor de el vencimiento. Bueno ha estado el sermoncito; mas yo, ni temo, ni debo: Amigos, hola, llevadlas a la choza, donde quiero que nos den la noche alegre. Han visto el devoto celo? Antes ciegues, que tal veas. Amparadnos, dulce Dueño, y volved por vuestra causa. No os detengáis, vengan luego, donde halle regalo el gusto; cogedlas. Pero qué es esto? que repentino prodigio, así oscurece los fueros de el ocaso, aún sin la nocher Sin duda, que airado el Cielo segunda vez, mi delito quiso castigar! Laus Deo: cayose la casa a cuestas; que haya yo de andar siguiendo a un amo, que, si no es loco, está rabiando por serlo! Seguidme, y nada temáis, que ya dio propicio el Cielo remedio a nuestra desgracia. No solo seguirte intento, sino implorar, en tu auxilio, para mi mal el remedio. Qué tempestad tan del caso! Qué borrasca tan a tiempo! Oh la vista me ha faltado, o esta oscuridad no entiendo! Sin duda, que por tramoya vino la noche! h. Hay más fiero rigor? perdido el camino, sin saber por donde, vengo. Señor, esto aprieta mucho, y cada vez va creciendo la tempestad! Gente sueña, y vive Dios, que este puesto me huele a salto de mata, mas que no a ruego de buenos; Dios se lo pague a Columba, que ella sola tiene de esto la culpa, pues por su ausencia, nos hacen irla siguiendo: no obstante, quiero informarme del camino. Ya no tengo valor alguno: a la choza me sigan los compañeros, antes que a mayor estrago demos ocasión. Es cierto, que mi rabia lo procura, mas no lo permite el Cielo. Ay acaso una buena alma, que a un perdido pasajero le encamine en este monte? Para llevarle al infierno: conocea, por esas señas, que no falta. Vade retro: Jesús, y qué mal pebete! sin duda, el diablo nubero fue el que me dio la respuesta. Mas ya parece, que el Cielo se descubre; y pues la prisa no me permite el sosiego, pues Fray Sebastaín, que queda descansando en espoleto, en alas de su cuidado puede adelantarse, quiero, adiós, y a dicha, esta senda seguir, y a los compañeros que vienen en las alforjas, haré la salva; y con eso, (pues que nos dice el adagio, los duelos con pan son menos) entreteniendo el cansancio, quizá mi destivo mismo, me conducirá a Folgino. Ahora bien, vayan saliendo, de su carroza tejida, a plaza los Caballeros: el señor Don Pan es este, qué salva le haré? Ya advierto lo que allá el amigo Oracio dice a su Deidad, atento: Señor Don Pan, que el egido de los ganados guardáis, Dios seréis, si consoláis a este pobre pan perdido. Lindamente: salga ahora a vista el señor Don Queso; que le diré? Bueno es eso, nada mi discurso ignora: Bello néctar, que condensa el primer paso a la vida, consuela una alma perdida, . que está, como tú, en la prensa. Bueno está: pues ahora salga la que mis cascos derrota, la señora Doña Bota: no es nada; Baco me valga! Licor, Deidad, que perplejo me sueles tener en calma, mude tu atención el alma de un pellejo a otro pellejo. . No lo dijera Virgilio mejor, aunque aquí estuviera; mas ya el Alba reverbera. ofreciéndome su auxilio. En la carroza, una, y buena, vuelvan a entrar, Dios loado: mas qué es esto? Hacia aquel lado parece que gente sueña. , , .̱ B- Ya que advertido el camino, el Alba, que apenas luce, generosa nos conduce a la vista de Folgino, adiós, por gracias, le demos el fruto de la Oración. Son hembras? Pues tentación me fecit: mas no, escapemos Botifarra; eso procuro, que en lance descaminado, ya que no vaya acertado, a lo menos voy seguro. Una de otra se desvíe donde halle quietud su celo, y ella, hermana, pida al Cielo salud, y en su auxilio fíe. Desde que a su compañía nos trajo la contingencia, siento menos la inclemencia de aquel mal. Si en Dios confía, no dude la libertad, viendo que a su cargo corre la clemencia, y que socorre la mayor neceisidad. Dejémosla sola, y crea, que mejoro de fortuna, d, : pues no pide cosa alguna adiós, que al punto no sea: mas que misterio ha de ser de la Oración el desvelo? Aquel general consuelo del mundo, cuando al nacer de la más cándida Aurora, bello Sol, su luz nos dio, pues esta gloria acordó la que ya los campos dora: vayan, y el feliz Portal logre en su fe fiel diseño. Bien está, que en mí ya el sueño hace su Oración mental. . Y a mi afable me convida el Alba en catre florido. Oh ilustre mujer! Tú has sido el auxilio de mi vida. Dadle, Señor, a mi celo la eficacia que podéis, (puesto que mi ardor sabéis) para que logre el consuelo de misterio tan profundo, donde vuestro Amor se esmera, dándonos la Luz primera de la Redención del Mundo: Goce el alma, Dulce Dueño, ver la noche, en cuya gloria cantó el Cielo la victoria del Humano desempeño. Si gozará, que amante generoso, te atiende liberal tu dulce Esposo, poniéndote presente de su Divino Sol el claro Oriente, que en multitud de rayos, desterró de la noche los desmayos, publicando la esfera por su nombre, gloria en los Cielos, y la paz a el hombre. las vestido e 4. . De glorias cd en dulces motetes baja a aplaudir el Sol, que nace entre brutos, y entre pajas. Venid muy en hora buena. Luz Divina, a cuya gracia debió el hombre los reflejos de las venturas, que alcanza. A el que a dar salud a el hombre viene, según la palabra que le dieron los avisos de proféticas instancias. Feliz mil veces el hombre, pues que lograron sus ansias, por remedio de una culpa, tanto favor, dicha tanta. , . Y así fervorosos, en dulce asonancia de tanto Misterio, de dicha tan alta, AA con trinos gorjeo publiquen a salvas el Cielo, y la Tierra, su Gloria, y su Gracia. Ya, Columba, su deseo vieron tus amantes ansias cumplido, que tanto pudo de tu Oración la eficacía: Aquí tienes a tu Esposo, que siendo el mayor Monarca de Cielo, y Tierra, hacer quiso desierta, y tosca morada, primera Cuna a su vida, entre brutos, y entre pajas: Llega a adorarle, hija mía, que también entre la grata sencillez de los Pastores, tiene tu atención entrada. Oh, Soberana María, cuanto mi humildad ensalza la gloria de este Misterio! con cuya Luz Soberana, como inflamada del gozo, parece que quiere el alma salirse fuera del pecho: Recibe, pues, en sus Aras, como fervorosa ofrenda, mi corazón, que es la alhaja, que a el abrigo de su pecho servirá de mayor gala. Si recibo; y entre tanto que tu afecto se regala, vuelva a repetir la turba de angélicas consonancias. Que así fervorosos, en dulce asonancia de tanto Misterio, de dicha tan alta, con trinos gorjeos publiquen a salvas el Cielo, y la Tierra, su Gloria, y su Gracia.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Mil gracias le doy, hermano, por este gusto: mas diga, qué voces contra mi fama pudo abultar la malicia en Reatí, que a mi padre, y a mi hermano, les obligan a venir en seguimiento del honor, con que respira su ilustre sangre? Ay es nada! dicen, que se discurría, que eras de todo Folgino el escándalo; y la risa; que reputada en la plebe por la Dama fugitiva de Nápoles en las manos dio tu honor de la justicia; que dando a el engaño oídos, de hipócrita, y homicida, temeraria, y otras cosas, que no es justo que las diga, te acusaban. Calle, hermano, no mienta así. Julia mía, vive cristas, que no miento, y que por ti lo sentía igualmente mi cariño; pues de ti, ya diz que había tan melancólicas voces, que en las orejas hacían, de los pasos del suplicio, el rumrun las campanillas, Y como del desengaño pudieron tener noticia? Porque llegando a Espoleto por la posta, y con la prisa del susto, al Padre Maestro encontraron, que adquirida toda la verdad del caso, parece que ya tenía, y como saber hiciste tu persona, aunque en la tibia credulidad de el juzgado, dudoso se discurría, sobre si era, o no era cierto; con lo cual, sin tan precisa descomodidad, llegaron anoche a Folgino. Oh impía bajeza de el vulgo, y como para conspirar tus iras contra el honor, y la fama, de un mal escuchado enigma, leve sombra de un delito haces cuerpo a tu malicia! no obstante estimo el aviso. Bien merece las albricias, por el gusto de el recado. Digo que la bizarría estimo; mas las renuncio. Será fuerza las admita si se las dan. Lindamente; mas la hermana las reciba, por esta vez, en mi nombre. Aquella debota cifra de Domingo, nuestro Padre, que además de ser Reliquia de tanto aprecio, le debe al buril custodia rica, como expresión de este gozo, le de al hermano, Es debida tan buena correspondiencia; y justo que yo le diga, que de habérmela alargado, quedo muy agradecida. Cómo es eso de alargado? Pues fuera cortesanía, lo que a mí me da la Madre, darlo yo a nadie? Hermanita, vaya por el Relicario. Digo que sí; (ya advertida quedo, que hace la desecha.) Desecha estés en cenizas, tú, y toda tu descendencia; yo alargué la disciplina, y el ayuno, que esperaba; mas no alargué la Reliquia. Para, para. Qué es aquesto? Que ha de ser, que ya a tu vista llega la patrulla toda. Vaya, hermano, a recibirla. Venga, hermana, a dar la alhaja. Vaya presto. Venga aprisa. Si el gozo, que ya en mi pecho naturalmente respira, permite curso a mis pasos; quiero adelantarme. , , Se Hija, llega a mis brazos, y el susto, que a mí ya causada vida, osó quitar el aliento, se convierta en la alegría de verte. Solo es mi centro, señor, la tierra que pisan tus pies, donde mi ventura felizmente se acredita: y permite a mi obediencia, que en ellos solo consiga el perdón de haberte dado tal sentimiento: advertida de que siendo pecadora, aunque fue de la malicia, o de el error torpe engaño, la voz, que infame conspira, acaso por este medio, la providencia Divina, piadosamente me advierte los descuidos de mi vida; pero habiendo ya cesado la tempestad. No prosigas, aleve hermana; que nunca, cuando los hechos se indician contra el honor, tener pueden disculpas bien admitidas: qué descargo puede darse en quien anda peregrina por desiertos, y poblados, sin más que la compañía de otra mujer; que una, y otra pueden ser de la lascivia, en los ojos de el acaso, sino llama incitativa, projima causa a lo mevos? y cuando más atendidas se miren de la modestia; que culpa habrá en la malicia, de que en su fama se cebe, si dan motivo ellas mismas? Tus máquinados errores, y tus virtudes fingidas dieron a deshonr tanto la causa; y siendo precisa satisfacción, en que quede nuestra fama establecida; u da salida a estos cargos, o contigo harán mis irás público ejemplo en Reatí. Tómate la pildorilla, que la encajó de traviesa el hermanito. Oye, pida de el gusto de ver la hermana, a el hermano las albricias. Siempre, en desmedido exceso, noto de Anselmo las iras contra Columba! sin duda que su enconada porfía es instrumento en que labra mayor mérito su vida. Qué medio hallarán mis canas entre el rigor, con que lidia . Anselmo en su honor fundado; y entre la humildad, que cifra en Columba el mayor grado de su virtud? Si es precisa, Dulcísimo Esposo amado, tan nueva, extraña fatiga, para mereceros Dueño mi humildad, ya recibirla podéis de mi resignada voluntad, que en vos se anima, para tolerar lo fuerte de pena tan excesiva. Todos cuatro se han quedado extáticos, con la activa salutación de el hermano! debe de ser nuevo enigma de milagro la soberbia! No respondes, enemiga de tu sangre, y de tu fama? Así de las ansias mías haces desprecio, tirana? Vive Dios! Cuando a tu altiva condición, pretenda, hermano, responder; solo es, que impía, injusta, y tirana causa pudo somentar tus iras. Qué crueldad, a tal modestia, no se dará por vencida? No sé que tienen sus voces, que el mayor rigor mitigan! Válgate Dios por prodigio de mujer; que en la porfía de mi rigor, aún callando, deja mi altivez vencida! no respondas, basta, basta, hermana, que no descifran mis torpezas los milagros, que tus virtudes publican; apenas arde en rencores el pecho, cuando se mira, con sola una voz, movido a piedades, y a caricias: sin duda de inmensa gracia se halla adornada tu vida! Y, pues, a que reconozca mi engaño, y error me obligas, retíreme mi vergüenza, hasta que quietud consiga. Si conseguirás, que el Cielo dará auxilios a tu vida. Viva la llama en Leoncio, que voraz, a tan indigna acción, tirana le mueve; para lo cual mi porfía, dándole el lance, le deja a la vuelta de esa esquina; advirtiendo mi desvelo, que esta mujer peregrina, quiere salir de Folgino; y no obstante que lo impida todo el pueblo, ha de lograrlo; para afirmar su salida, y asegurar el delito, vengo aquí. Deja, hija mía, que al nuevo gusto de verte, se le añada la alegría, que logro, de ver a Anselmo pacifico en las las porfías a que el herbor de su sangre pudo instarle. Aunque es precisa, Señor, en desaire tanto, la pena, como nacida de natural sentimiento; no es pepetrante la herida en mi interior, pues conozco que todas estas fatigas merezco, por pecadora. Oh que bien a la ansia mía con esa paciencia agradas! Oh como a mi rebeldía con esa humildad ultrajas! No con ese aplauso aflija, Padre, mi atención; y vamos donde la acción advertida nos llama, pues no fue acaso, a Folgino su venida, sin duda, para que pueda facilitar la salida, que intenta impedirme el pueblo, Con eso la astucia mía, para asegurar el lance, a mejor paraje aspira. Siempre es justo, que se deje gobernar por tan precisa dirección, nuestra cordura; y más cuando la divina providencia, a lo que alcanzo, manda por ti. Vamos, hija. Julia, venga el Relicatio. Aún le dura la porfía? pues ya no está aquí la Madre. . Ah qué, hermano se retira? Ya voy Padre; vive Cristo! Hermano, quedose en cifra, tenga paciencia. A campaña: otra vez salgan mis iras, y otras mil, aunque esta fiera, ultraje de mis malicias, constante en desvanecerlas, victoriosamente impida mis ardides; aquí importa que Leoncio la persiga con más furor; cuyo arrojo, (si es que acaso no delira. su virtud) podrá ponerla en una inquietud precisa: Además, de que no puede, mi actividad, impedirla el viaje, pues le gobierna la providencia Divina: o malayan mis rigores, que en unas, y otras fatigas, no han podido perturbarla; mas no desmayen mis iras, que, aunque superior se oponga el brazo que la encamiva, también logra mi desvelo, en injurias repetidas, acrescentar los delitos de Leoncio; y las impías rigurosas extorsiones de Clareta; y mientras viva, ese nunca visto asombro de el mundo, la astucia mía buscará nuevos ardides, con que atormentar su vida: Y pues a Leoncio dejo, fiado en la amistad mía, para asaltar su belleza, conviene que le dirija mi desvelo, hasta el paraje donde su empeño consiga: vuelva, pues, a su presencia mi cuidado. Que no impida de esa pasión el rigor tal fatiga! Cuando amor a otros placeres convida? A las tres va la vencida, si bien el adagio noto; cuenta con el alboroto, señor, que en los dos ensayos, hubo acero, y bubo rayos, y encaja aquí el terremoto. Confieso, que algún cuidado me cuesta tanto ejemplar; pero no hay que predicar, porque ya estoy despechado; yo he de violar su sagrado, pues tan pertinaz me obliga esta incesante fatiga, por más que el horror presuma. Ello es hecho; pues en suma San Antón te la bendiga. Pues ya, señor, en Folgino se halla tu amante pasión, no aventures la ocasión, después de tanto camino. Qué esperarse aquí previno la amistosa diligencia de el compañero, en creencia de averiguar la verdad, por tener de esta Ciudad mas dilatada experiencia. Y no mintio; que al desvelo de su afán, pasos escucho a esta parte. Pues es mucho, porque él miente sin consuelo! Oh si lograse mi anelo la dicha, que amante entabló. Eso dudas? Por San Pablo, que ya pecas de ignorante; pues cuando el gusto a un amante no le facilita el diablo? Cuando, con varios ardides, intenta la astucia mía darte Leoncio un buen día, porque mi afecto apellides, no lo logra, si no mides la senda, que en la codicia de servirte (a lo que indicia el cuidado en que me empeñas) sin equivocar las señas, me aseguró la uoticia, ya de Folgino ha salido la Dama, no sin fortuna de tu pasión, que oportuna te ofrece mejor partido, más favorable te ha sido; con tal, que sin dar sosiego a tu ardor, te vengas luego donde el lauce te afianza, Alas pondré a mi esperanza. Y yo animaré tu fuego. Hará el activo ardimiento de mis incendios atroces, que los caballos veloces se equivoquen con el viento. Yo haré, que a lograr tu intento te esfuerce la astucia mía. Oh, mal haya tal porfía, hombre diablo, y diablo maza, y el ladrón, que asienta plaza en tan mala compañía. Ya que nuestra ansia celosa tan felizmente camina, que distante de Folgino se advierte catorce millas; porque a vuestra edad cansada no haga peso la fatiga, señor, de tan largo viaje, es mi parecer, que admita en esta pequeña Aldea algún descanso, pues cifra en vuestra Salud mi gozo, el fin a que se encamina; y pues que nos ha ofrecido la huéspeda compasiva su atención, y su hospedaje, y el sitio afable convida en verde pomposo aliño, nuestra gratitud lo admita sin repugnancia, que acaso puede convenir (ya el día llegó, en que propicio el Cielo sus misericordias libra a esa mujer, que engañada, ha penado tantos días) y pues conviene a el agrado de Dios, que por mi reciba la salud, a su consuelo es justo que atienda. Hija, con todo cuanto ordenares me convengo, aunque advertida, quizá alguna oculta causa de superior maravilla, aún el cansancio no siento. No obstante, señor, se inclina mi atención a ese dictamen, pues así se facilita vuestro sosiego. Si el celo de tu fervor encamina nuestros pasos, como es fácil que ninguno lo resista? Todo, sin duda, lo ordena la providencia Divina, pues también a su servicio (por más que llame precisa la vigilancia) conviene algún descanso. Hermanita déjeme entrar, hay tal tema! Qué es esto? En vano porfía, que he de entrar aunque la pese. Madre, madre, venga a prisa, que aquella mujer perece al ímpetu de las iras, con que aquel mal la atormenta. y clama la pobrecita por verla, pues halla siempre alivio en su compañía. A la sombra de aquel sauce, por esa emboscada guía. Toma esa senda enredada, Por lo más oculto gira. otro cantar es aqueste! Nada esas voces indician, que pueda darnos cuidado, cuando firme nos abriga el amparo de este Pueblo. Solo en el de Dios confía mi pecho, en cualquiera lance, pues él defiende mi vida: Ya Leoncio en el paraje te puso la amistad mía, de que logres la ventura que deseas. Siempre fina debe mi atención pagarte. Venid, señor, os suplica mi ruego, donde a esa pobre pueda dar quietud, pues lidia con su mal, tan sin consuelo, mientras que a vuestra fatiga da el descanso algunas treguas. A ocupación, que es tan digna de tu clemencia, ya en todos se hace la atención precisa. Cuanto en mí la rabia crece en la lid, que me pública! Cada vez en mi apetito, su belleza es nuevo enigma! Cuanto más observo cuerdo de esta mujer peregrina los pasos, halla el cuidado mas qué admirar! Ya a la vista te ha puesto mi vigilancia de tu empeño, sin que impida poder alguno el deseo a que la pasión te inclina, de parte esta de tu aliento la gloria de conseguirla; y si la pierdes, no tengas que quejarte de que fina no anduvo mi amistad siempre; pues aunque acaso me impida volver por ahora a verte diligencia más precisa, como lo es, la de otra Dama, que de las manos me quita poder extraño; no obstante, yo te bescaré otro día, reconviniéndote tantas obligaciones debidas. Este Factor del Infierno, según la fisonomia, muy larga tira la paga de tanta alcahueteria. Aguárdate, que no es justo, cuando otro empeño te obliga de igual calidad, dejarte: seguidle. Tan veloz gira, que aún el viento no le iguala. Él se resolvió en cenizas sin duda, pues ni aún el aire nos permite su noticia. Pues no se aventure todo, ya que la atención cumplida de este lance, no le queda que hacer a la amistad mía. Y bien, qué intentas ahora? Hacer, que pues a mi vida tantas sozobras la cuesta esta mujer peregrina; a las ansias de mi arrojo su flaqueza no resista, pues abanzando a su cuarto. Hombre, tente, qué imaginas? Lograr por fuerza mi gusto; qué hay en eso? Tú, deliras? o es que te ha dado zorrera con el mal de aplopegia. Pues tú has de abanzar conmigo. No haré tal, que yo en mi vida he estudiado para duende. No te he menester, gallina, que yo basto a más arrojo, según mi fuego me anima: solo quiero, que la calle me guardéis, mientras la fría oscuridad de la noche, que ya con las luces lidia, hace sombra a mi delito. Eso vaya, que es más fija la escapatoria, en ecaso de que sueñe tramontina. Bien puedes entrar seguro. No hay temor, que me reprima. Gente sueña hacia esta parte, señor. Pues no nos impida su atención el lance, amigos; y así, hasta la acción precisa, mejor será que se queden en esa pared vecina ocultas nuestras personas. Quieres, señor, que te diga lo que este lance me acuerda? Qué es lo que en él imaginas? Que lo mismo con Clareta en Nápoles sucedía pocos años ha. Ea, vamos, no me hables de esa enemiga. Lo mismo, si consiguieres estotra, será otro día: vamos. Dele a Dios las gracias, hermana, pues que la mira Clemente: y humilde ahora, a su Majestad le pida salud. No me desampare, Madre, que solo en su vista hallan quietud mis rigores; y pues tantas maravillas obra el Cielo, por su mano, tenga piedad de mi vida. Dulce Jesús, asistidme con vuestro amparo, en que cifra mi humildad su confianza; y esta paciente reciba la salud, por vuestra gracia. Suspensa a los Cielos mira la Madre; mas qué hay milagro de esta vez. Calle, hermanita, no la perturbe el arrobo. (Ya dela piedad Divina la salud has conseguido, mujer feliz) la porfía de tanto mal, hoy, hermana, espero en Dios, que desista; tenga mucha confianza. Como su piedad me asista, no lo dudo. Que a este ultraje hayan de llegar mis iras! Pues para que el mundo admire la Omnipotencia infinita del Señor. Mujer, detente, no prosigas, no prosigas, que es mucho empeño el que em- prendes. y vano el ardor que animas; quien te ha dicho, que es bastante la voz de una mujercilla tan vil como tú, a que deje la posesión, que en su vida tiene mi saña antiguada? padezca, pues ella misma lo quiso. No hay quien me quite esta fiera de mi vista? que me abraso! qué me quemo! No ven con lo que respira el diablo del Caballero? yo voy por agua bendita, aguarde, Madre. Tú, y todo, pagarás la injuria mía. Qué me quema los vigotes! ay que mano tan maldita! Yo estoy muerta! Yo pasmada! Pues yo, abominable hidra del eterno calabozo, porque más sientan tus iras el ultraje, el instrumento he de ser, de que abatida quede tu infernal soberbia: y por la gracia divina de Dios (cuya Omnipotencia te abate, y a mí me anima) y en su Santísimo Nombre te mando. Calla, enemiga, que más que todo el infierno me abrasas! Ya esta fatiga es insufrible en lo humano! Quiere usted estas cuentecitas, que son contra el mal de rabia buen remedio? Infame, quita. Véngase con esas chanzas! Te mando, fiera maldita, en nombre de Dios Eterno, que a esta mujer, la sortija la quites, que a su tormento confeccionó tu malicia. No haré tal, que a eternizarla me dio palabra ella misma. No hay palabra en un engaño, bestia infernal: Dios la libra, y yo, en su nombre, lo mando. e - Pues es vano, que resista tu precepto, Mujer fuerte, confúndame eterna sima. . Milagro, milagro, hermanas. Calle, hermano. Vive cribas, que no es justo que se calle un milagro tan a vista. Qué es esto que me sucede? que ya en su quietud tranquila late el pecho más alegre; deje, Madre, que la rinda gracias, por favores tantos. Solo a Dios le son debidas, dichosa mujer, que yo soy de tal aplauso indigna: vaya, y déselas humilde. Todo el resto de mi vida, publicaré de sus glorias, lo excelso: Y el ansia mía, a gozar de sus finezas, en la oración se retira. Ya que la antorcha luciente de la esfera fugitiva, me hace capa, no se pierda la ocasión; mas aún registra gente el temor. Yo el milajro voy a contar, hermanitas. Yo he quedado, en tal prodigio, pasmada. Ya se retirán, a lo que se ve; bien puedes registrar, Yo, Lesvia mía, no me espanto; que esta Santa toda es prodigios su vida desde que nació. La hora llegó de que a mis fatigas les dé sosiego el arrojo; pues el fuego que me anima, nada que temer me deja. Dime, y después de vencida la Dama, intentas sacarla? No por cierto; que si indigna, otra vez burló mis ansias, desprecio haré, de su altiva condición. Es linda cosa! Por esta parte se mira una ventana. La escala se eche por ella, y la esquina guardad los dos mientras salgo. Malaya quien imagina sino en guardar sus costados. Deme aliento la ansia mía para este arrojo. Conforme las devotas rogativas que hayas hecho. s, l Oh dulce Dueño! pues en Vos solo mi vida alienta; todas las glorias a vuestro nombre debidas clame el mundo; no a esta Esclavas que es de tal aplauso indigna: ensalcese eternamente, Dulce Jesús, la infinita, superior Omnipotencia de vuestra Soberanía; para que en tanto atributo, gozosamente os bendigan, Cielo, Tierra, Ángel, y Hombre. Oh, Señor! quién fuera digna de que el alma publicase las glorias, con que la fina, fiel expresión de su afecto os aclama! Aunque atrevida, injusta, bárbara, torpe, fiera, abominable, impía parezca esta acción, al mundo, al Cielo, y aún a la misma confusión de ambas esferas, no cederá la ansia mía de el voraz, lascivo impulso, que el pecho no determina: Aquí está, y en los prodigios de su milagrosa vida, (sino en su misma belleza) como elevada se mira: Mujer, no culpes mi arrojo; culpa sí, la más activa llama, que dentro de el pecho volcán encendio tu vista. Perdonadle, Jesús mío, vuestra bondad no permita dejar perecer un alma, que os cuesta tantas fatigas; esto mi humildad os ruega. Antes que acaso advertida vuelva en sí, quiero arrojarme. r Mas ay de mí! que mi vida, estrago de mi delito, infelizmente peligra: Mujer, Mujer, si mi arrojo tirano te perseguía para una ofensa; hoy te busca para que el perdón consiga de tu piedad; dame auxilio. Detente que ya las iras de el Señor, por mí, suspenden el rigor de su justicia. De tus ruegos movido tu dulce Dueño, tu Divino Esposo, el perdó, que tu gracia le ha pedido, (to; concede generoso; dando a tu ser, por mí, divino alien- porque un portento, siga a otro por- tento. 1. . Sube a la Esfera vaga, que inspira, donde el estrago, teño se mira; de una ofensa y terror: gre en tu mane la, y aliento, o destrozo ve su asiento; alle piedad, quien halla favor. Sube a la Esfera, Tus prodigios en el mundo clamaré, mujer divina! Al Señor le da las gracias, que es quien piadoso te libra. Amigos, venid, os ruego. a mi voz; pues hoy mi vida, para enmienda de sus hierros, su felicidad pública: Esa Mujer prodigiosa, ese asombro, en quien se admira el mundo todo, Qué es esto? tu juicio, señor, delira? Qué juicio? niego el supuesto. Ya, con nueva luz se mira! , . B, , - Hacia aquí se oyen las voces. Ya, mis confusiones mismas, a nuevo ser me han mudado; sepa el mundo: mas qué miran mis ojos? Aquí Clareta! Cómo Leoncio a mi vista pudo volver, santos Cielos! O los ojos me reguilan, o esta es Lesvia! qué es aquesto? Si acaso será mentira, oh sueño, lo que estoy viendo? Contera aquí; raro enigma! Valientes cuatro figuras, para una tapicería! Todas estas suspensiones, Decid, qué prodigio es este? Ya mi lengua le pública. De Napdes salí, con esa Dama, de Amor movido, de esperanzas lleno; y como el lustre de su sangre clama, al rigor de el camino la condeno; Perdióseme en un bosque; y rama a rama, inquiriendo su centro, sufro, y peno: que en castigo, quizá, de mis arrojos, hasta aquí, se ha ocultado de mis ojos. otra hermosura vi; (oh un Ángel era, pues belleza, y prodigio el Ángel tiene) movió su vista, en mí, nueva quimeras olvido, amo, intento; y me previeno susto, un amago, que mi pecho altera; oblígale a mi ardor que se refrene; mas no cedió el destino, a más injuria, que un hombre despechado, es una furia. Serlenda vez el desmedido acaso lascivo encuentro ofrece a mi apetito, con la misma beldad: impide el paso a su vietud, rebelde mi delito: (so, Desprecia firme, el fuego en que me abra- con nuevo asombro: pero más me irrí que no es posible, que a el aviso atienda, el que cierra los ojos a la enmienda. Persíguela furioso mi desvelo, hasta asaltar su cuarto la osadía; i- s desplómase en mis hombros todo el Cielo; clamo a su auxilio; y halla la ansia mía, en su mano, el alivio, y el consuelo; desengaño mi error, y mi porfía: miro a Clareta aquí; y en tal ternura, sus milagros público, y mi ventura. Luego debéis a esta Dama fama, y honor? Y aún la vida; en cuyo feliz abono, paga mi fe agradecida con el alma, y con la mano. Siendo dueño de la mía, Leoncio, solo acabarse pueden así mis satigas. Ya que de sus aventuras fuimos testigos de vista desde Nápoles entrambos, dame esa mano, chiquilla. Y aún los cinco mandamientos te daré; porque no digas mal de mi fe. Y mi cuidado, en Nápoles, de esta dicha dará cuenta, porque salgan de tanto confuso enigma. Con que habiendo ya cumplido el Ingenio la ofrecida proposición, de que, amante, la Paloma Domínica, desde el vientre de su Madre, se obstentó: dando a su vida, (en que nada se supone, que toque a sus maravillas) hasta la segunda Parte, un parentesís; Suplica a tan discreto concurso, le dé su galantería, con el perdón de las faltas, un pase, de cortesía. o. . . S.P
