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Texto digital de El alba con siete soles

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Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
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Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55270/18).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El alba con siete soles. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/alba-con-siete-soles-el.

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EL ALBA CON SIETE SOLES

JORNADA PRIMERA

Aurora más hermosa, La que ha gozado nuestra Aldea, al Sol de Carlos ofrece la mano, para bien sea. IESUs, la novia cayó en el umbrar de la Iglesia, si de agüeros pergeñara, o que de cosas dijera: no quisiera ser el nobio, Pascuala, aunque me ofrecieras esa mano de craveles, que es lo que el alma desea. Siempre maldiciente fuiste. Todos saben esa cientía. Os hicistis mal? No, Carlos quiera Dios, que por El corazón en el per me anuncia alguna traje Proseguid vamos, bien mío. Hermosa Matilde, hiciera agravio al amor que os tengo, si me alteraran sospechas, presagios me consultarán, y ahueros me convencieran: otra cosa siente el alma. Ay Carlos luego a los Cielos, . que tantas intercadencias entre el recelo, y la dicha, no me anuncien tristes nuevas. . Si es que de mi lealtad tienes conceto, y el perderte el respeto a mí celo atriouyes, desmiente grave lo que airoso arguyes, que haurá, señor, quien diga, que a ser traider bra pasión te obliga lo bizarro, y le suerte en ocasión mejor han de valerte, agora no, que en apacibles calmas, abreviadas las almas; el respeto abreviado, amor sin queja, el gusto sin cuidado, tialiento los celos, válidos por fineza los desvelos, tu hermano con Matilde, de esta montaña humilde. soberana señora, que en duce poblaciones el Aurora ejércitos de perlas colocando, su baleza imitando; su donaire advirtiendo, está llorando lo que amor riyendo, y él os con mil ternezas tropezando en los gustos las finezas, y culpando el deseo, porque llega aún más tarde que el empleo CGomo dos torroillas, en las verdes orillas de este arroyuelo manso, acreditan el gusto y el descanso, sin tener aún vislumbre. de dadte pesadumbre, y tu tomo tirano. Calla, Merlín, que tu consejo es vano, calla, Meriín, que por los altos cielos, que me abraso de celos, y que en desdicha tanta un nudo a la garganta, al corazón un lazo, al alma un embarazo, un esterbo al sosiego, precipitado, ciego, los sentidos perdidos, porque no quiere amor tantos sentidos, prozuro mi remedio, que no es eficaz medio ver que mi hermano sea, que mi padre le case, y que desea sosegado, y ausente; no serme en el estado inconveniente, si en tan dichosa palma, del pecho sata la mitad del alma: quien a un toro se opone, o quiere que le mate, o le perdone, y el más felicestado es el quedar sin vida, y desairado: quien la corriente oprime de un arroyo veloz o le redime a un búcaro de flores, estanque de Narciso en las colores, desecha la clausura, ve, si el curso apreiuta, que guadaña del prado, despejancelo lo que amante ha dado, y ofrece a la más cándida azucena mortaja de cristal, rumba de arena, Quien al Sol cara a cara ateno mira, y en su luz repara, que ciego, y deslumbrado, no aparte se curioso del cuidada: quien al rayo se ofrece; quien la olíde del viento desvanece, pompa del agua, que en luciente ambaje es fatol de la mar, del Sol celaje, Quien de una tigrofiera los hijuelos altera, quien cl de mi tormento aparta el pensamiento, y en amor tan pretiso, estorbes busca, y antepone aviso. Pues más feroz que el toro de larama, mas que la tigre; que el hijuelo aclama, mas que rayo violento, ma que la nave que instímula el viento, mas que el Sol en su esfera, mas que el eristal ullos que el mar altera, es mi amor, mi fatiga, mi cuidid pues del pecho abrasado vlcanes vierto, y en ardiente su ma zozobrando en la espuma de esta rabia inmortal, de este letargo, ni el susto olvido, ni el remedio encar. pues fuera de los ojos de Matilde, (go, todo consejo es pensamiento humisde, y así quien se antepone, grillos al mar, caden al viento pone. qué pretendes hacer? . nunca he tenido consejo para amor, ni para olvido. Cuando es sano el consejo. si no estorba la luz, quita el reflejo, que el tora fuerte, que la tigre Harcana, al yugo ofre te la cerviz lozana, al lazo rinde el no domado cuello, el dorado cabello. del Sol por blanta nuve, ni baja al centro, ni a la esfera sube, que en su nieve enlazado, había de ser madeja; y es trenzado, al Occcano mar, fértil corriente, lágrima apenas es de hermosa fuente, ligera nave que el auxillo invora, el puerto óuica, y el escollo toca, y queda en un momento por fávula del mar, burla del viento. No hay sin contradición humano ensayo que al toro, al tigre, al mar, al Sol, el ra- no postre valerosa, (yo, y así en la portentoso (rice acción, porque el ser monstruo no auto- al hombre la razón le contradice, Qué razón, que albedrío ha de valerme, si para conoterme a mi propio me niego, y a los sentidos que me asisten, ciego, sordo en mi saberinto. con requiebro sucinto, solo a Matil de invoco, el nombre de Matilde busco, y tú pareciendo me agravio cualquiera suspensión del pecho alla De la Iglesia han salido. La bella suspensión de mi sentido, trae Carlos de la mano, socorro Cielos, atraidor villano, Señor, será perdernos, si aquí tu hermano llega a conoceros valga el entendimiento. Que se anega de amor el pensamiento Con Matilde se ha casado el sol de la Villa, y la flor del prado, Gracias a Diós, que ha llegado, Matí de vueqro deseo. pues con venturoso empleo os eis con Carlos crsado: no que cobardé el cuidado de vuestra dicha, ni fue cobarde Carlos, pues ve, revalí dan lo elfavor, en el premiado el amor, en vos premiada la fe. Matilde mis pensamientos. quier Dios que mire compridos, que si ellos fueran matido tuvieras más de trecientos mas son vanos argumentos creer que nadie llegara con el talle, brío, y cara, que tiene mueso señar, porque en esto quiso amo. que a vos mismo os igualara Repentando estoy, por Dios, por hacerlos mil pedazos. En mes que apacibas lazos, Marilde hermoso:a los dos amor nos junta, y que vos estéis contenta quisiera, oporque tanto rebervera esa luz mi entendimiento que aún el menor pensamiento es hijo de vuestra esfera. Estoy tan enamorado del Sol de vuestra hermosura, que rayo a rayo procura, gusto a gusto mi cuidado: y tanto en vos transformado me juzgo, que mis acciones. al repetir las razones, como en mi pecho habitáis, primeto que las oygaya consulto los corazones. Que esto safra mi dolor, sin que mi pacientia falte: viste, Merlín, el esmalte del Alba al primer candor, que ya cilme, que ya flor a sus delicias se atreve, y que rayo a rayo bebe luz de más puro crisol. siendo a la fuente del Sol buearo de grana; y nieve? Pues así en su milagroso rostro está la perfección; Soles sus dos ojos son; sus labios búcaro hermoso. Y al dividir lo gracioso, palestra patió de agravios la nariz y como sabios los ojos logrando hazañas, hacen rayos las pestañas, para que beban los labios, pues como a tanta hermosura podré reprimirlos labios: Juntando a los desvaríos la prudencia, y la cordura. La dicha que más segura con vos mi querido esposo, se mira lo receloso desmiente, que en la campaña hasta lo grarse la hazaña no hay ninguno venturoso. Y pues que yo la he logrado con aplausos del deseo, y en vos duplicados veo gusto, amor, vida, y cuidado: de mi pecho enamorado, que vuestras partes adora. a imitación del Aurora, muchas lágrimas daré: pues tres años las guarde. para llorarlas ahora. Lágrimas, Matilde hermosa? Lágrimas, Carlos querido; no más visto las altas sierras, los crista esfugitivos, siendo ll onjas del Sol. ser zanefas de los riscos; y en el pabellón hermoso, que formó con desaliño tierna vid osmo copado; que dar pendicntea racimos el cristal porque el Enero en sus venganzas nocivo. dio mandamiento de embargo al austro que ejecutivo en orejas de esmeraldas puso arratadas de vidiio, y después al rayo hermoso del Sol, que en dorado nicho, fue alternando hermosas huellas por los paralelos Cintios. Al dulce amoroso agrado, al candor más repetido, a la luz más frecuentada, y al aplauso más vecino, destilados perla a perla, desatados hilo a hilo ofrecen salva piadosa, y lisonjeros al sitio dan lugar, en que las flores, nuevo de amor laberinto, formen cortina de nácar al cristal, y al precipicio. Pues ansi mi tierno pecho, que en tres años, o en tres siglos, se conjeló con la escarcha de recelos, de martirios, dudando siempre el empleo, buscando siempre el allvio, desmintiendo lo cobarde, deslumbrando lo atrevido; dudoso en las esperanzas, hace salva al Sol dicino deesta verdad, de este agrado, de este amor, de este prodigio, donde tanta suerte toto, donde tanta dicha miro, y desocupada el alma de lágrimas, de suspiros, eternamente alentada a la terneza, al carido, Alba se ofrece a tus rayos, nave se ofrece a tu asilo. Bien haya tanta hermosura. Y entendimiento tan lindo haya bien, que boto al Sol, que en sus fábulas Narciso no escribiera más requiebros, por los siglos de los siglos. A pesar de mi paciencia, pues en su trono ha querido escuchar tantas finezas. Tenerlos por desatinos. es más cordura, señor, para olvidar lo querido. nag Consejero del demonio, que me quieres o que has visto en mí que aún niegas al alma, que comunique el sentido? Qué caja y trompeta es esta? Es un caballo amarillo el vestido o el plumose; viene un hombre a darte aviso De qués? . A tíve lo dirá, porque a mí no me lo ha dicho Dónde está Carlos, señores! Con Carlos estáis hablando, V. Exceledcia gran señor, dé a besar la invicta mano aun Capitán de la Liga Liga de qué? . En el Palatio Pontifical, el Colecio de los Cardenales Satros vaca la silla de Pedro. Ea Conclave se juntaron, para elegir todos juntos, unánimes, y apartados de la ambición del soborno, del tumulto del aplauso; un Vice Dios de la tierra: y advertidos o inspirados del Espíritu divino; a Inocencio señalaron; segundo de aqueste nombre, a quien la obediencia dando, siendo Obeja del aprisco, quedó Pastor del rebaño. Mas después, o santos Cielos, atrevidos conjarados, ciertos linajes de Roma, que por el delito callo; a un pariente, a un Cardenal, a un estorbo; a un embarazo, a una pasión, a un delito, a un veneno, a un letargo, contra la Ley Sacrosanta, eligieron, y llamaron a Anaeleto; a cuya cisma tanta poder se ha juntado, que con las armas defienden la verdad que están negando. Pero al famoso Inocencio defiende Dios, y ha llamado al Rey de España en su ayuda, al Rey de Fravela en su amparo, en su socorró al Ingles, y en su defen a al galardo Segismundo. Emperador: ya todos vienen marchando, y desde el Betis al Mincio, selvas parecen los campos, bosques parecen las selvas, donde al Sol hermoso, y claro tantas adargas se oponen, que no da a la tierra un rayo, Solo falta tu persona. y la del Duque tu hermano, a quien voy a dar aviso y a quien de los Reyes traigo, y del sacro Emperador, cartas de creencia; Carlos, esta es valerosa hazaiña, el blasón de tus pasados ponga en su timbre esta gloria, ponga en su gloria este lauro, este triunfo en sus victorias, este valor en sus claros progresos porque acredite lo que a la pluma ha faltado. Mi esperanza se ha cumplido, y he de ver ejecutados mis deseos, vive el Cielo, favoretiendo; amparando la pretensión de Anaclero; y así podré con mi hermano romper la guerra, y quitarle el incendio en que me abraso, no ha de gozarla Merlín, que antes que esconda sus rayos Apolo en el Oncidente entre perlas, y topacios, han de cercar esta villa mas de veinte mil soldados. . Ruego a Dios, que estos amores a Merlín no cuesten caros. . Caditan, aunque el amor en más que dichosos lazos, treguas ofreció a la guerra, en el seguro el regalo de Matilde, de mi esposa: la Religión consuitando, y lo amoroso advirtiendo, antepongo los Cristianos impulsos a la blandura, a la delicia, al descanso. Toca al arma, que primero verá el Sol en estos campos mi gente, que su hermosura los cristiles del Orceano. Guarde Dios a Vi. Excelencia, que de tan heroicos años, y de tan Cesarea sangre menos valor no esperaron los señores que me envían. Preben las postas, soldado, a Diós, que voy a su Alteza. Él os guarde. . Ay triste roso. No os aflijáis. No me aflijo, pero es tanto el dolor que el alma siente, que del corazón al labio, tropezándose en sí mismo, de suerte se ha congelido, que ni dé un soplo a la vida, ni ofrece a la muerte un paso, lagalenas al desa hogo; ni razón al desengaño; dejame sentir bien mío. Eso es querer que sintamos: los dos. . Que mi torazón muerto de este sobresalto, si no sale por los ojos, será en el pecho letargo. Has visto luciente acero, que la violenvia de un rayo volvió en pálida ceniza, no ofendiendo no agraviando, ni al dueño, ni a la cubierta, solo el golpe ejecutando en la mayor resistencia, y advertido; y descuidado, tomar el dueño la espada, y reconocer el daño? Pues así mi corazón, a la violencia, al agravio, múllo de aquesta desdicha;; dejándose el cuerpo sano, como resistencia leve. Pues ejes el dueño, Carlos, cértifica esta verdad. en los pequeños pedazos, que hallaras dentro del pecho, el tosco velo apartando; y ca licencia a los ojos, y verás en breve espacio el corazón, y aún la vida con umidos, y abrasados. Esto es honor, prenda mía. Y será estorbo quedaros. en vuestra casa dos días? Y en esos dos enseñado al favor de la caricia; seirán viniendo otros cuatro, unos para despedirme, y otres para consolatos, No Matilce, tera al arma, salgamos a ver, salpemos, en ca mpaña alenemigo. Y el amor? . En tu resguardo seguro estará; bien mío. Y el ausencia? . En lo sagrado de tu pecho estarás firme. Tevas? . No puedo excusarlo Volveras presto? . Muy presto, Quién te trairá? . Los hálagos. De quién? . De tus bellos ojos. Juralo. Ya yo he jurado por ellos por tu hermosura. Adiós pues. . Adiós; tantando? podéis venir? . Aguardad, sino es que a mi desdichado corazón querer decir; con Marilde se ha casado, el Sol de la Villa; y la flor del prado, pero como a desdichada, el Sol se le cellosó, y la flor le falta. Vaste, Pascual? Si Pascuala. Adónde vas! Con mi amo. A la guerra, Pes adónde; que yo soy un hombre honrado, y mi abuelo, según dicen, tanto estimó el ser Cristiaño, que el mismo si fue a la pisa: y si llego a tener cargo por mil puños en la guerra, que no será gran milagro, volviendo con uoa albarda, poca rosa con un palo. de gineta, y de labrida, me llamarán, don fulano, confirmándome primero, que lo Piscual es muy basto. Seré luego Regidor, y en mi ofielo entronizado, llamaré de vos a todos; y tendré por tributarios tabernas, y bodegones, adonde, aunque no haya un cuarto, cometé de mogollón; y antes que pasen mil años, seré. . Qué has de ser? . Pascua! que es lo que el Cielo me ha dado, y lo demás ventolera, que muchos traen en los cascos, Voya el soñor Don Pascual. Si no dice con los diablos será notable favor. Muy en buen hora, y tengamos también salud por acá. No llora? . Seme han secado las lágrimas con el susto. No suspiras? . Navegando el golfo de mis desdichas los suspiros he gastado. Pues no me voy No te vayas. Pues vuelvo a irme. . qué pelmazo, vete; o quédate, Pascual, porque me están aguardando. Voy me, y plega a Dios, Pascuala, si más amor en mi vida tuviere que a la herida de una peña, y de una bala muera sin más resistir, y en fantriste confusión te salgas del corazón, porque no torne a vivir. Pues qué has de hacer? . Adiós. dauenloua del Quelve un hombre mujer. evas? . No dices, que sis Vuelve. Lloras? S que aunque he resistido el mal (cual, hace sentimiento en mí. Voy me de verás ahora. Pues por qué? Por no aguardar el Sol que me ha de abrasar, tras de la nuve que llora. Vuelve mi bien. . Tierno estoy. Vuelve Pascual. . Ya me ablando Mira que te estoy llamando. Para que si no me voy? Pues vete ahora. No quiero. Dame los brazos. . Si haré, ya lo estodiado se fue, volvamos a lo grosero: Pascuala de ellarma mía. Pascual dellalma que tengo, qué ruido es este? . Soldados, huye Pascuala, corriendo. Y si me llevan, Pascuál; Será de poco momento llevarse el original, si está el traslado en el pecho. . Toquen trompetas, y cajas, llegue el rumor hasta el Cielo, y los empinados Alpes me respondan con los ecos. Tiemble de mí el Occcano, y en los peñascos soberbios forme de cristal igantes, que estén a mi dicha atentos. Presagios anuncie el día, y el Sol en otro hemisferio, o se encubra de vergüenza, o se sepulte de miedo. No quede en esta provincia, después de los hombres muertos, ni piel que surque los campos, ni pluma que azote el viento. Este valle de esmetaldas, anticipado del miedo, hurte sangre a los claveles, para ofrecer a los cuerpos; que tanta mi corazón vengativo está bebiendo en lo furioso que anima, que precitado, ciego, advertido en lo dudoso, sobresaltado en lo cuerdo, hace sangre estos arroyos, esta sierra monumento, cadaver estos peñaltos, y almas estos pensamientos. Y todo es poco venganza, pues en menores portentos, ni el gusto quedará libre, ni el anime satisfecho; rota a marchar. . Señor, mira, que va tu hermano saliendo con su gente a recebirte. Pesar de mi sufrimiento. Vuestra Alteza, gran señor, sin dar aviso primero se viene a mi pobre Aldea? Que he de responderle, Cielos, mas válgame aquí la astucia: . si Carlos. . Pues mis deseos, a ser pequeño el Pasacio, servirán de alojamiento; llegad, que vuestra es la casa, y cuanto hay en ella es vuestro, Matilde os está aguardando. El Paladín de los Griegos mete Carlos en su casa. Y yo con licencia quiero vuestra salir a campaña, que está aguardando Inocencio, aDios, señr Adiós Car que yo os alcanzaré presto. Y yo tendré a vuestro campo sitio, bagaje, y sustento, amarchar. Dn El Cielo os guíe para el mayor escarmiento, que el amor vio en sus delitos, y en sus mudanzas el tiempo: Merlín, este es el Palacio. Y Matilde, aquel lucero, sale a recibirte hermosa. Pues yo temeroso llego. V. Alteza, señor, me de la mano, Oh rostro soberano, o celdad peregrina, belleza en quien amor rayos, fulmina, Excelencia, señora, con presunción de Aurora, con vislumbres de humana, rayo del Sol, y flecha de Diana, con apacibles huellas del globo de luz descubre estrellas, sale a darme favores, cuando de mis temores, cuando de mi asadía; concedido y negado, la armonía en acorde asonancia desmiente la distancia, aprueba lo abreviado, porque pide el cuidado, no lugar de adoraros si licencia, el susto, y el amor en competencia, A vuestra humilde esclava. menos favor bastaba; que equino cos son estos santo Cielo! Merlín despeja, el abrasado hielo, los sentidos, el alma, Matilde hermosa en apacible calma, el deseo engulfado, amer alyerde es pusto eran crado, palpitando el sentido, estoy a vuestros ojos tan teroido, que suspender no puedo. qué es esto; gran sencr? . Perded el (miedo y pues Carlos ausente no puede seral gusto inconveniente, dejad ahora en apacibles lazos. los dichosos abrazos; del alma repetidos, siempre buscados, pero no adquiridos, no os apartáis Matilde. A vuestra esclava humilde, tratáis de esta manera. mirad, señor, que si la vida fuera eterna al siglo, y de baldad más pura; que Ángelica criatuca; la anegara en el perho primero que violar el casto lecho de un valor tan heroico, que cor guardar su ley no le ha violado. ̱. Vive Dios, sino gustas con reder con mi gusto, y no te ajustas al parecer que sigo, que de hermano enemigo. esta tierra abrasada se ha de ver en su sangre sopultada, y sin que el gusto tuerza, lo que busqué por bien será por fuerza Yo sin honor, mi gente sin la vida, sangriento el homicida, valedme, Cielos en tan justo aprieto: pero valga el respeto, valga la cortesía, viva mi honor, y venza la porfía, Venid señor; vecid, que había dudado, si vuestro mucho amor era cuidado de saber mis intentos: el alma el corazón, los pensamientos amorosa apercibo, y so lo en vuestro gusto muero y vivo Es sueño lo que veo! Verole en vos logrado mi deseo, y vos mi honos perdido, o puerta de ha de ver restituido. A villana homicida, burló mis pensamientos; y mi vida, derribaré la puerta. Para que gran señor, si está ya abierta Turbada, y arrepentida Matilde queda, aliñando. las cosas que más convienen dentro de su mismo cuarto. Yo a guiaros he venido por este, que es el de Carlos, que tomo fiesta de bodas, está bien aderezado. Seguidme, de esta mantra le he de sacar a los campos, donde al temor no se olvide, ni se esconda al sobresalto: no venu? . Siguiendo os voy; parece que me he turbado, no se que imagina el alma; valor, pues como habéis dado crédito a la sospecha? Duque los que van errado; de esta manera se guían; si queréis verlo de espacio, abrí los ojos del alma, y hallaréis considerados los premios, y los castigos, tened con mi voz cuidado, Cómo he de poder tenerle, si al aire imitas volando;

JORNADA SEGUNDA

Déjame solo. . Señor. A lojusto hermano. . La gente, aunque con inconveniente cel Alba al primer candor, pares fatal de la flor de esta margen de esmeraldas, inundó las verdes foldas, y pasando el cristal puro, quedó el atroyo por muro, y los sauces porguirna da; y su hermoso a ojab iento se queda para su Alteza. Dela su rema cabeza de la Iglena el safrimiento me falta, y el pensamiento tanto erédito percibe, de mi sangre que concibe, para poder descansar, que el crédio se ha de dar al Duque? no a quien lo escribe. Miente el papel, vive el Cirlo. Hame oído Va Excelencias Mas como; o vana apariencia, quieres servir de consuelo; si a la causa, si al desvelo se anticipa la razón, dudar no es satiisa tión, y más en pena tan fiel, que a ser cobarde el papel o la déjara el corazón. (cio. Señor, lo que has erdenado. . Fabri- Esta ya dispuesto, P lunta el ejército presto, SGUNDA toca a marcha. . Qué cuidad tienes? . La empresa me ha no se que remor ve al punto. El rostro medio difunto tiene, voy a obedeeer Así podré defender mi honor y la Iglesia junto: mas no me dijo al partir, yo os alcanzaré muy presto? d Pero fue darme con esto nuevas penas que sentir; celos, u es para movir poco la vida aprovecha. que si amer con tierna flecha rompe vis umbres de engaño, la vida de un desengaño es muerte de una sospecha, Pero yo contra mi honor pesares tan repetidos, dar audiencia los sentidos a idólatras un dolo:: querer salvar un temor, y otro temor me condena, mas ya mi desdicha ordena, que propia acción de conarde hacer de penas alarde, cuande sobraba una pena. Luciente estrella quien vio del Sol más favorecida. que ladio su ausencia vida, si a su presencia murió: otra luz no la eclipso de Luna, Estrella, o Lucero; así mis penas confiero viví, porque esta faltaba, Sol es Matilde, aguardaba el Sol, y a sus rayos muelo. Aquí me dacen, que está Carlos, Dios me dé ventura; mas con aquesta siguia, cómo me conocerá? El diabro me bizo seldado, villano es mucho mejor que viviendo sin temor se muere considerado, y no andar de aquesta suerte para buscar la comida, dando cédulas de vida a las antas de la muerte Mas este de previlejos, por nueso Rey, me enamora, viene un Cristiano a deshora, y pescudan desde lejos, quien viene allá barrabas, no lo han visto, no lo han visto, un soldodo, y juro a Cristo, que es pescuda por demás, sabiendo que han de saber, perdone deñor soldado, yo nunca he sido quebrado, ni soldarme he menester; y pudieran excusar lances conmigo o lanzadas, pues que saben que a estocadas la respuesta suelo dar. Y no darme tanto enojo, eso es ya mucho apretar, pues quien me puede apretar, si me aprieto, o si me aflojo? Tente hombre buen consejo, matadle, no hay que aguardar, que si me pueden matar de que sirve el previlejo? Hy talsusto, al colodrillo la sangre se me ha bajado, abernuntio el ser soldado, en las manos de un tornillo, que ni yo seré el primero, Déjame vano accidente. miente el pensamiento, miente. San Eras, él es, fingir quiero, por ver si me ha conocido; quien miente es el que mintió, y en mi vida mentí yo; que soy hombre bien nacido, y mi abuelo. . Vive el Cielo; pensamientos arrogantes; que habéis de morir. . Señor, que soy Pascual, no me mates, pues que no hablaba cantigo. Pascual. . Para qué me mandes he venido de esta suerte, . y como el hábito al Fraile a mí la espada me puso en la colla dos corajes; presumí que estaba solo, y quise desafiarle. a tres, o cuatro docenas de Alguáciles, y de Alcaldes, Muera dijo el uno, y yo me calcé los acicates. para volverme, mas tengo con Pascuala ciertos lances, porque Matilde, y tu herma no, Aguárdare, no me acabes la paciencia, que ya siento el corazón altererse. Cielos, qué impulsos son estos, o que secretas deidades me comunican el alma, pues apenas los umbrales pulsó Matilde al oído, cuando se vieron gigantes temores que me consulten, y desdichas que me acaben, Pero si tengo presente quien mis desveituras sabe, ya que en las dudas me quejo, preguntaré las verdades: ven acá Pascual. . Señor, ya te he dicho, que no gastes, sobre si miente, o no miente algunas temeridades, que yo soy hombre muy quieto por consejo de mi madre. Ven acá Matiide, el Duque, Esos son otros millares de cosas, que de recosas, estábamos la otra tarde, pardiobre, que ya sentía llegar a los carcañares el humor, como le cuente, yo y Pascuala hacía una parte nos escondimos, y el Duque, viendo salir aquel angel de Matilde, se quitó la caperuza, el semblante, como cuando el Sol se pone, medio turnio; y medio grave. Hízole una contenencia. Matilde, y él más afabre, le dijo, estrella, y lucero, y ella respondió. . No acabes, villano, de declarar lo que felta a mis pesares; esto la nobleza encubre? Pues, señor, Pascuala sabe lo mismo, voy a llamarla, y si acaso te enojares, repartendo pesenzones, llevará también su parte, y así cabremos a menos. Un simple puede engañarse, no, porque la aprensión lugar no tuvo de darle caparidad al sujeto para fingís, y así nacen de la verdad sus razones; y en casos que son tan graves, bastaban menos testigos, Marche el ejército, marchel, a tomar satisfacción, o a morir porque se acabe la vida y el honor juntos; mas quisiera preguntarle, si Matilde, que desdicha, respondió, que intreparable tormento, pues es mi albedrío lo mismo que ha de matarmel ven acá. . Aquí estó muy bien? Qué dijo Matilde? . Habre desde afuera, señor, dijo, tres, o cuatro disparates, como su merced ahora; de honor, de vida, y de sangre, y dempues más soportada. Calla villano. . Qué calle, cómo puedo, si pescuda? Vete de aquí. Qué me prate Deme, señor, . Excelencia la mano, porque los Alpes tomados por Anacleto, quiere defener que pases a Italia, seis mil caballos. y otros tantos mil infantes traigo, para que en conserva, tú, y el Duque? . No me trates, Capitán, de ese enemigo, pues que ha querido negarle a Inocencio la obediencia. De esta suerte he de vengarme . volviendo a darle basalla, pues son las fuerzas bastantes. El Duque contra la Iglesia, a tirano. . No le agravies, y soy su hermano, y me toca el decir mal cuando falte el Duque a su obligación: defiéndole, porque altance mayor venganza mi honor. que quien en todo es infame, ofende, mas no acredita. la ofensa para vengarse. Pues qué aguardas, gran señor: Soló tu gesto. . Pues marche el ejértito. . Tres millas de aquí está el Duque distante; a traidor, ruego a los Cielos, que con tu muerte se acaben mis desdichas, toca al arma. Toca, y vamos a buscarle, que vencido este enemigo, no aura temor que me espante? Apenas las plantas muevo, apenas al desahogo, temerosa de otros males, doy un suspiro, en soborno de que me deja la vida, pues me ha de servir de estorbo, No me al ento el desengaño, mi a la desdicha me postro, a la razón me convenzo, ni al peligro me alboroto. Ni muero, ni tengo vida, ni me aliento, ni me escondo, ni me precipitó al susto, ni a la verdad me conformo, Tampoto gocé la dicha, y tue por mi mal tampoco, que aún en la memoria a veces la encuentro, yno la conozco, Tantos pesares me afligen, que para lograrle todos, tropezándose en sí mismos se estorban unos a otros. Cualquiera alivio es delito, cualquiera tormento es logro; y el que me quita más alma le tengo por más piadoso. El liotarme de un tirano; fue ventura, y no fue abono, pues dorme quité la vida, para linrarme del todo. Cercado tiene el Lugar, son quien lo defiende pocos, yo mujer ausente Carles, el amante, amor cuajoso. De mí me defienda el Cielo, pues para tantos ostronios, soy como almar alterado poca defensa un escollo. A Carlos esprebí, a Carlos, mas fue con tantu reoozo, que lo que encubrí al delito ha de negar el socorto. Pues qué hemos de hacer, pesares, dadme algún alivio solo, para que logre una dicha, pues tantas lográis vosotros. Mas bien pude yo, bien puce, negáncome a lo dudoso, dejar al Duque, irme a Carlos, di frazada de algún modo, pues me dio lugar a noche, más ahora conio, como, que si el valor le sucede a lo fumenil que gozo, será negada al peligro el tregarme en el asombro. Llegaré humilde a sus, plantas, diré, que Carlos mi esposo, es su hermano, y que mi honor corte por cuenta de todas Mas no, que dirá arrogante. contra el auxilio que invoco, que por librar los vasallos. con mi vista le soborno, Al fin no hay remedio alguno, pues vamos a lo forzoso, mejor es morir, morir, pues que lo demás ignoro. Pero faltarme a mí mi ma por un temor, es impropio, que no se logra una hazaña, sino se vence un estorbo. Ánimo, valor, salgamos a pelear; lo valeroso se anticipe a lo cobarde, que no son los hombres solos los que vencieron desdichas en los trancas peligrosos, Dejemos a los pesares. apoderarse de todo el corazón, mas el alma, que en el Oracano golfo del Cielo, tuvo principio, ha de sujetarse a todos los sentidos, que asustados a una pasión están sordos, juzgando por acridente lo que es en la vida propio. No es razón, la tazón venza, salgamos a lo espacioso del alma, pues no hay agravio, que retisique el divorcio. Si no es delito la vida, para que la vida escondo, y penando en un peligro, porque me consulto en otro? Matilde soy, valor tengo; mas hay desdichados ojos, o anegadme en vuestro llanto, o eclipsaor en vuestro enojo. Socorredme noche oscura, lucientes ojos del Cielo, que con el Sol alternados dáis difinición al tiempo, Corred las pardas cortinas, sin alteración de imperio, pues tal vez ojos dormidos ocasionaron silencios. Mi gente dejo en campaña, y al Duque encampaña espero, para darle la embestida. del Alba al primer requiebro. Mas tanto el alma acredita. el dolor que está en el pecho, que de ella misma agraviado. buscando voy el remedio. Engañando las espías puse mi persona a riesgo, más aventura quien tiene por enemigos los celos. Las puertas hallé cerradas, las llaves pedí al portero, que conoeléndome, al punto las dio, guardando el secreto, Sin estorbo, sin defensa, miro cuadras, y aposentos, porque a una maestra llave todos le guardan respeto. Quién duerme tan descuidada poco temor le concedo; este es su cuarto, pesares, comuniradme discretos, que el honor no admite dudas, ni la razon sufrimiento. Cuando llegó el Duque, hay triste, Muerto soy, pues lo primero que escucho es de mi enemigo el nombre, paciencia celos, hasta declarar la duda A su amor; a su desvelo, a su cariño, a su agrado. Hay mayor atrevimiento! Pude responder humilde, no agraviando, no ofendiendo, ni mi honor, ni su grandeza. Mi honor ofendido Cielos, si si es ilusión si es engaño? Si no auteponerle el riesgo, Acabemos de sufrir, pues son los delitos menos advertidos, que escuchados, de ese otra vuelta al tormento, confiese bien su delito, porque pueda satisfecho matar, sabre ido la causa, morir buscando el empeño. Tierna, asable, y amorosa, buscando apacibles medios para estorbar su delito. Al cordel la vuelta demos, porque ya falta muy poco. Y si atrevido, y soberbio quisiera intentar mi afrenta, desnudando el blanco acero, darme la muerte yo misma, y así acabarán con esto su arrogancia, mi desdicha, y el honor que a Carlos debo; y no que quise arrogante. Siempre el arrepentimiento se sigue tras del delito. Irtitarle a que prepuesto todo temor a un agravio, todo delito a un contento, quiera asolaca la Vila, matando los que están dentro, ser Tarquino de mi honor, sin considerar que tengo más valor para la muerte, que no para el escarmiento. Eso sí, cuerbo ce Dios; que de hombres le perdieron por no aguardar de la duda él te quinto postrero Pues mi honor vive sin mancha, irme sin hablarse antento, que no he de ver tu hermosura sin que a mis manos primero muera la causa del daño; ay, honor lo que te debo Ay, honor, lo que me cuestas de suspiros, y desvelo mas saliendo con la dicha el mayor peligro es menos. Yo descomulgado, yo, Yo sujetarme a Ino rencio, yo a un Braile descomedido sufris me pierda el respeto? Yo a Bernardo su misiones, yo un hipócrita, yo a un lego, sabiendo que aún las estrellas me respetan en el Cielo. Vive Dios, que si se oponen más cartapacios, más pliegos, que tiene este mar de arenas, de peces, tonchas, y seños. Que en mis manos en mi rabia, heenos pedazos, al viento han de dar sus anatemas: han de entimar sus preceptos. Que yo en mi propio oustinado, solo me gusto obedezco, solo sigo mi albedrío, y una beldad reverencio. Quien no conoció su engaño, cuando una luz, un portento, una deidad, un prodigio, un alma, una vida, un cuerpo, o natural, o fingido, me sacó del aposento de aquella beldad que adoro. Ahora ha de conocerlo por un papel, una firma, un rasguño, un embeleco, de un hombre, que ayer le vimos ser desperdicio del tiempo; es no conocer la tausa, es no sentir los efectos, esconderse a la pasión, y mitigarse al incendio. Contra el Papa, contra el mundo, guerra publitan mis celos, solo porque Carlos sigue la parte de sus intentos. Amor es rabia inmortal, Matilde sola el remedio, su honor quien lo contradice, quien lo protura el sosiego de mi estado, de mi vida, del alma del pensamiento, de la quietud del descanso. Pues a cual de los dos debo más atención, mas cuidado, si aquí a la muerte me ofrezco, y aquí me entrego a la vida? Resuélvase el argumento, goce a Matilde mi dicha, y si lo defiende el Pueblo, abrasado consumido, sirva a los siglos de ejemplo. Y si Matilde ofreciere. como dijo, el blanco pecho primero que a la caricia, a la piedad del acero, cnlazada entre mis brazos, la restituire a su aliento, que estando dentro del alma, no ha de morir si no muero. Rompa la luz sa clausura, heshaga el mudo silencio tiva, porque mi gente instimulada al precepto del ronto parche, estos muros en polvo y ceniza envueltos, siendo corona del valle, vuelva en presagios del viento. Señor como descuidado, cuando tu hermano soberbio con la gente de la Liga ha tomado alojamiento tan cerca de tus estancias, que solo un manso arroyuelo, como quien paces anuncia, se ha metido de por medio. Mi hermano, quién te lo ha dicho? Una espía que prendieron los lo dados, que venía! a reconocer el puesto. Calla villano. . Señor. Tan notable atrevimiento ha de tener, trae la espía, en mis pesares me auego; venga Carlos, venga Carlos; que yo seré como el trueno, que cuando del daño avisa, ya las centellas le han hecho. Conseis mil hombres sadré a entretenerle y el resto de mi gente dará asalto a los muros y así puedo mutar a Carios, prender a Matíde, pegar fuego a las casas, y asolar cuanto habita fuera y dentro, Júntese al punto la gente, deshaga el confuse cerco, y en dos partes divida siga a Carlos, que meel Pueblo. Señor, aquí está la espía. Dime villano que ietento trae Carlos? . No mo lo ha cie ni yo nunca me estiemeto en los pergeños d el otro, como tengo mel pergeño. Carlos es un hombre honrado; con perdón del que está oyendo, yo sirvo a Matilde y tuve con ella cciertos rescuentos. sobre cobratis soldaca: fui a la guerra, y disvurriendo, en mí tuenta todo el día; hellé quie me paso menos; algunos maravióis; y ahora volvía por ellos; encontrome aquesta gente; y agarrado me trajeron a ver a vuesa insolencia, como si excusara el verlo, como a hermano de mi amo. Esto es todo fingimiento, que es espía gran señor. Pues de una encina suspenso quede, si la verdad riega. No es mejor quedar dormiendo, que no sospenso? . Ande apriesa Valgamos Dios, ya andaremos, son visto lo que porfía. Dejadle. . Ya te obedezco, Qué gente viene con Carlos? Entre bestias, y jumentos, traira sobenta y, dos mil, de personas trae los mismos, milenta pares de carros, y de acemias un cuento; y un Fraile que dice Mida, que vale por hombre y medio: tray fravies y tamboriles, y entre los demás sustentos, bueres, que por serlo matan, y otros que viven por serlo. Al arma toca señor. deben de haber descubierto la gente del enemigo. Salgamos al campo presto, totad al arma, y mis dichas se anticipen, porque temo, que antes que llegue mi espada los ha de matar el miedo: dejad libus ese villano. . ! Es Us te guarde del Cielo, no más soldado, Pascual. que es muy peligroso el sierlo. Carlos Carlos, detente, Carlos, mí un alma que suspira, (ra un corazón que llora; una verdad que la ocasión ingnora de tanta desventura; quien excusar procura a la queja, al oído, a la razón; el alma, y el sentido, no siente como sabio; que si es la duda agravio; desdicha los recelos; y tormento del alma son los celos; satisfacer es justo, mas la razón que el gusto. Yo he venido, yo triste, yo he venido con atento sentido, el cuerpo disfrazado, el alma suspendida en un cuidado, no es mucho que lo intente, después que el Doque retiró la gente: porque habrá pocas horas; bien sé que no lo ignoras, que a tu casa llegaste, que el aviso me dio de quien fiaste, y con sentido atento, en mi propio aposento, oiste agrivios, y escuchaste penas. y sin sangre las venas, el color macilento, el alma sin aliento, los pasos no atrevidos, los ojos, ni despiertos, ni dormidos, la congoja alentada, la vida desmayada, luchando con la púrpura la nieve, que estas las señas son de quien se mueve a intentar atrevida el pasar por la muerte a buscar vida, te he seguido alentada, temiendo más tu enojo, que la espada de un bárbaro atrevido. Si lo que halocedido, si lo que has escuchado, sin llegarte al honor, llega al cuidir satisface el recelo, (no, porque en la ley del duelo, que el mundo ha introducido, quien piensa que lo ha sido ese queda agraviado. Y si solo ha pasado el recelo no más tu pensamiento, obstenta el sufrimiento, sufre más por saber la verdad clara; pero volver la cara haciéndote enemigo, es declarar la culga, y no el castigo. No respondes, mi bion, no me respondes a mis quejas te escondes, a mis lágrimas huyes, a mis suspiros no te restituyes, o es recelo, o agravio, mueve el confuso labio. di lo que tienes, di di lo que tienes, que tanto suspendido me previenes, de temor de martirio, de tormento, que el corazón atento le pregunta al sentido, si en ausencia del alma te he ofendido. Pero pues satisfecho está dela latad mi tierno pecho, a tu la lo, a tus olos, y a tu vista, sin que alguno resista este furor ardiente, he de pelear, y he de vencer valiente, o morir a tu lado, porque viviendo, vivas descuidado, Matilde, no he consultado tan poco mi corazón, que me ciegue una pasión, ni me deslumbre un cuidado: mas pues el tiempo ha llegado en que te declare yo lo que el alma sospechó del Duque, el agravio arguya, si lo suepues fueste suya, lo que mi engaño duró. Hoy ha de vengarse aquí mi atrevido vensamiento; del hecho no, del intento, que es lo mismo para mís si la ley del mundo entr los impulsos castigara, también a ti te matara, pues cuando engañar quieiste, por lo menos le dijiste las finezas en la cara. Al arma, al arma, soldados. Pesar de mi infrimiento, toca ei arma. . . El pensamien;o, gusto, amor vida, y cuidados te han de seguir alentados, para morir, o vencer. Y así podrás conocer, porque el hecho no te asombre, que no llega ningún hombre a venganzas de mujer. Heroy cos hijos de marte, al arma fuertes soldados, que el Duque Guillermo os sigue, hijo del trueno, y del rayo. Pelead como valientes, sin que ensangriente las manos, que mi cólera no admite, una vez ejecutando el fiero golpe: que deje hombre vivo en estos campos. Ea, que van de vencida; ma Cielos, en un casallo; hijo de la cuarta esfera, sangriento el valiente brezo; puesto en el rostro un volante, y en una esfera un penacho, una mujer, o prodigio, tan airosa en lo gallardo, tan valiente en lo animoso, que es de Belona un tras ado. Por mi ejército discurre, hiriendo, y atropellando cuantos delarte se ponen: ella es Matilde, soldados, no la ofendáis, que la acoro; pero pondreme a su lado, mas no, que sus bellos ojos animará lo gallardo. de mi acero, y daré muerte al Sol que me está alumbrando. Ya se encubre; y valeroso por estotra parte Carlos. va discurtiendo, a traidor, hoy morirás a mis manos. Vitoria por Carlos. . Tente, gran señor; pues respetamos tocos tu honor, y la Iglesia. No ha permitido mi agravio tan leves satisfacciones? Mueran; señor, que este campo es solo para batallas. Dónde está el traidor? . Villano tú eres traidor alevoso, contra Dios, contra el sagrado. honor que mi ley profesa. Muere, infame. . Cielo santo, la espada se me ha caído, pero a coces, a bocados pienso defender la vida. Prendedle. . Suceso extraño, defendérele, son muchos. Aqueste respeto guardo a los ojos de Matilde. Y es fuerza hacerme pedazos. Esta es Matilde, señor, que después de haber peleado heroicamente fue presa. Injusto Duque, a tu hermano, y a su honor tratas ansí, justicia del Cielo aguardo. Victoria por el gran Doque, Poco siento, pues no acabo. la vida en esta desdicha. En el Castillo, apartados, los poned luego en prisiones, mientras yo la Villa abraso, que he de pagar sin estorbos, lo que debo a mis cuidados. Vamos pues. . A mis desdichas todo el remedio ha faltado. Prosiga el arma, Merlín, y reservando el Palacio, no que de piedra en la Villa. Dentro estas; y no has hallado quien la entrada te defienda. Guillermo descomulgado. Qué ruydo es este? Señor. aquel Fraile aquel Bernardo, de la Santidad prodigio, te pública por cismático, y descomulga anatema. Pesar de tantos agravios; vadónde está? En esta Iglesia, huyamos. Merlín, huyamos Pues contra Dios, quién se opone? qu JORNADA Guillerme, descemulgado. i. Mal hay: mi sufrimiento, harele dos mil pedazos, mas quien me detiene la ejecución! Quién el brazo? Quién me oprime los sentidos? Guillermo, de tus pecados, está Dios muy ofendido, si quieres verle aplacado, toma saludables medios, vete a Inocencio, y postrado, pide a sus plantas perdón, y ejecuta su mandato. Ya voy, señor, ya obedezco, y tanto pienso obligaros con vuestros méritos mismos, que perdonéis mis agravios. TERCERA

JORNADA TERCERA

Salí del valle profundo de un error volví a la idea pensamientos; que han podido ser hijos de la experiencia. Nueva luz mi entendimiento alumbrado ha de manera, que lince del albedrío; fue pincel de las ofensas. Atomos de mis delicias, siglos son de mis tristezas, pero al contrario las juzgo, átomos, y siglos ellas. Fuy a Inocencio, y a sus plantas postrado, besé la tierra, pora humildad para un hombre, que en tantos delitos reina. Al Patriarca famoso de la Ciudad, donde Reina el Sol hermoso mas rayos; que un tiempo gozó tinieblas. Donde la beldad más puta del crisol de su inocencia; sacó para darme vida tanta cantidad de afrenas. Meremitió; y obligado de lágrimas, de tristezas, de suspiros, de sollozos, absuelto ya, en esta cueva me mando abitar primero, dándome por penitencia, que las arma: que en un tiempo persiguieron a la Iglesia; fijas en mi cuerpo habiten, porque la memoria pueda ir discurriendo sus males a todas horas con ellas. Aquí pues, confuso albergue, anotación de esta pena, parente sis de este monte, y lunar de aquesta breña. Aquí pues, donde la noche no permitió intercadencias, pues se mira siempre vivo, o se juzga siempre muerta. Aquí pues, tacional bruto, tan parecido a lasfieras habito, que muchas veces, camo duermo y vivo entreellas, que como el albergue es uno, y natural la slemencia, si como a dueños las miro, como a huésped me respetan. De aquí; pues, cuando el Sal nace salgo a buscarle con ellas, pues lo que a mis ojos falta con su instinto me lo enseñan. Discurro por mis pecados dos horas, y otras doslegan de arrepentimientos firmes, conforme a mis flatas fuerzas, Comencemos pues pesares, yo adoraba una belleza, naturalmente divina, si por Dios, tuyas madejas hurtaron del Sol dos rayos, o él los rindió de vergüenza: frente espaciosa, o trasunto de aquella deidad, de aquella, que en tenglones de alabastro Parisfirmó la sentencia. Dos ejos miente el pintel, dos rayos, miente la lengua, que siendo su rotro el Cielo, no hay verdad sin ser estrellas, Ebanz, que no al cuidado negó al torno son las rejas, que amor le puso por arcos en saliendo de la sierra. Dos campos formó su rostro de claveles, y mosquetas, si ellos aquí vencedores, allí vencedoras ellas. Que prregrina hermosura, mas vamos a la ape secta nariz, que tantos agravios ha dado a naturaleza. Tan divinamente airosa daba a los dos campos treguas, que a no escorzarse las líncas, faltara la compatencia. Los labios son dos tubies, aquí los pinceles niegan lo natural con el arte, pues siendo menudas perlas los dientes formó el dibujo los bosquejos de manera, que dio lo blanco a lo lejos, y dio la sombra a lo cerca. Torneado márfil el cuello, y rola que el Alba engandra, que en lo cándido del uelo purpúreo carmín ostenta. Lo de más niega a la vista la suspensión más deleita tal vez lo considerado, como la oíl ma presencia. Ahora es el tiempo, ahora, que ha de conocer la fuerza de mis engaños, pues ya discurren por su inuciencia. Favorézca me el infierno, yo mismo me favorezca, y la beldad de Matiide, pues traigo su forma misma. Este ingrato ha de escaparle, adiós, que cosas intentas contra mí, pues que perdonas por un sospiro una ofensa. Pero ya contra mi incustria no han de valer tus clemendias, que el conceder albedríos, fue darme la mayor fuerza. Matí de Matilde, aguarda, Matilde, Matilde, espera. Eso sí, que es darme vida, aunque es la que tengo eierna. Duque Guillermo, señor, si el resistirme terdenas, poco valor me acrediras, o te animan pocas fuerzas. Bien cono ti, bien mi dicha; pero cono ti mi afrenta, siendo esposa de tu hermano: si tu poderoso hicieras disolver el matrimonio, forzado de amor, que fuerza tal vez grandes voluntades, y con caricias, ternezas me advirtieras de esta dicha, claro está, que concediera con tu amor, con tu cuidado, pues por lo menos me dieras, en lo amoroso; esperanzas, y en la ejecución promesas de ser mi esposo. . Es verdad; y como que te las diera, y que fuera esposo tuyo, si el Papa diera licencia. Y cuando aquesto faltara, si tu prevenido fueras a los hálagos, no al susto, llegando, como quien ruega, que tal vez las Majestades se humillan a las bellezas, dando lugar a mi enojo, a que reportado hiciera discursos, su bre tu amor. consulta sobre tus prendas a tu halago, a tu cariño; quién duda que me rindiera! Mas como llegaste airado, en el gusto la violencia, en la ejecución el alma, y er la templar ca la fertea: asústeme, porque el pecho trató como a cosa ruera tu :mí, y a la prieraista quier hay que temita finezas? mi Dien la culpa tuviste. Acálose la pariertia, y atrevime a la fortuna. Oh que de cosas seyerran por precipitarse al gusto; más ahora, que a mis quejas, Carles mi esposo, a traidor, tan mal trata, que sestenta, que tu gozaste atrevido, o que yo te di licencia, la castidad que tra suya, por venfura, o por herencia. Y precipitado, a Cielos, sin dar a mi voz audiencia, créditos a mi lealtad, oídos a mis tristezas alivio a mis allicciones, serenidad a mis penas. Resuelto, determinado, quiso afectando la ofensa, dejar en mí triste vida la vil espada sangrienta. Yo asustada; yo rendida, yo mujer, yo sin defensa, hija adoctiva del miedo, y madre de la sespecha. El color medio difunto, con poca sangre las venas. El cuerpo sin los sentidos, el alma sin las potencias, el sentimiento en los ojos, y el corazón en la lengua. Salí de mi casa, ay triste. y por mal pisades sendas, discurrí buscando alivio, proseguí pidiendo señas de su perso na del Daque; y al fin de muchas tristezas. llegué a este monte que habitas, tan vecino a las estrellas, que el Sol descansa en su cumbre, pues que amanece por ella. En él, Daque, te he ouscado dos meses, y más tragedia para un alma que te adora: y tantas son ya las vueltas, que de su cumbre a lo llano, y de su llano a la cuesta, en iguales paralelos, he dado, que a ser más cerca la puente de aquel atroyo, clavijas de aquellas peñas, y todo el monte instrumento; fueran mis fureos las cuerdas. Pero ya que mi fortuna ha hallado lo que desea, y nace el amor más firme de la mayor competencia. Volvamos, mi bien, volvamos los desdenes en ternezas, en caricias los desvíos, acuérdare bien, acuerda, que eres señor soberano de tan esparcidas tierras, que paseándolas el Sol; cuando llega a las almenas últimas a dar sus cayos, se olvida de las primeras: vuelve a tu dulce descanso, lo vano hipocrito deja, pues regalado en mis brazos. Es Us mil veces, la cueva Saua se ha caído. . Quién aguarda el nombre que me atormenta; yo acaudillaré el infierno, para ver como haces pruebas canntra tantos enenigos, guerra contra el Doique guerra. Sravo temor, no fue nada, volvamos a nuestro tema, adónde doblé la hoja, ya me acuerdo, en la grandeza de mi estado pues prosigo. De la antigua decendencia de Godos, y de Romanos es mi sangre, y los que heredan mi casa son de Aquitanía Daques pues muy bueno fuera que siendo yo el heredero me privarán de la herencia temeridades de un hombre, que siendo Dios de la tierra, no acomoda a los delitos humanis las penitencia No es razón, que yo soy Duque, y si de mi moor diencia tuvo escándalos el mundo, atrepentido pudiera ganar más con mis hazañas, que perdí con mi soberbia. Ahora es tiempo lleguemos, vaya la segunda prueba, Duque. Daque me conoces? Quién eres hombre, que intentas, vuelve el rostro, si conozco; gran señor pues vuestra Alteza segunda vez a la vida? Sí. Duque los que gobiernan tan altivas Majestades, por leves causas no intentan dejár solos sus vastallos; si instímula la conciencia de algún pesado delito, remitir la recumpensa a más cuerdas pareceres, que el vano mundo no aprueba, ni Dios, que nadie se mate; y más a ti, por quien ruegan) tantos millares de vidas; vuelve a tus pasos la rienda. Es buena razón de estado, que se acaben por tu ausencia tan populosas Ciudades, y que tanta sangre viertan tus vasallos, porque Carlos, vengativo de una ofensa, que dice que tú le has hecho, abrasa toda la tierra, cónsume todos los campos, sin perdonar una almena, sin perdonar un pimpollo, usurpando la Excelencia de tu estado y publicando, que eres traidor a la Iglesia, a ti mismo, y a su honor. Ánimo pues, no perezcan con tus vanas presunciones tus siempre invencibles fuerzas, tú no domado albedrío, tú no sujetada Alreza. Dices bien, al arma, al arma, Ea valeroso César, ea invictísimo Marte, vuelve el blasón a la eterna pompa de tu Majestad. Oye las palabras tiernas de tus vasallos escucha las lamentables tragedias de las gallardas Matronas, oye pueriles cadencias de los niños, que articulan, solo contra ti, sus lenguas. Muévate la compasión, o enternezcante las quejas de tantas muertes sin culpa; porque cuando no te muevan, de los Reinos donde habito saldré para su defensa. Aguarda, que ya te sigo, aguarda, que ya se alientan mis fuerzas a un imposible; ea valor, haced pruena de la sangre que heredáis; mas, o vanas apariencias, como os oponéis ufanas contra el Cielo que os adiestra? Al arma, al arma soldados. Pero qué es esto que altera mis sentidos, arma, arma, porque el enemigo cierra! Viva Carlos. . Carlos viva, Muera el Duque. El Duque muera: viva el Duque, y muera Carlos, pues que va en vuestra defensa un rayo del mismo Cielo y un asombro de la tierra. No me bastaba, Cielos, una pena, que mi dicha condena, no bastaba un tormento, un pesar, una duda, un sufrimiento, sino ahora la Liga emblarme un ejército, que obliga artirar mi gente, excusando el mayor inconveniente, diciéndome, que el Duque, que mi hermano a traidor, a tirano, no señaló heredero, cuando del Vice Dios, del verdadero Pastor fue la sentencia, que hiciese en esos montes penitencia, y ai, que en tercería esté la herencia mía, hasta saber su voluntad, y gusto. Pero yo, que me ajusto la bella luz eclipsada: ay, mi Matilde, hay mi dueño, ay, mi bien hay mi alegría, hay manos blancas, que fueron, para cautivar mi vida, lazos de nieve en mi cuello. Ay IESUS . Volvió a la vida, y yo a mis temores vuelvo. Aquí está el agua. . Aquí el vino Retiralda su aposento. Dueño de mi corazón, si acrisolados deseos, que a ser deidades aspiran por lo que tienen de eternos. Si estos el alma en los labios tantas veces advirtieron finezas, que en ti alcar zarón dichoso conocimiento. Y vuelta pintura viva de esta verdad el bosquejo, en tu favor animada, iba articulando alientos. Si estos pudieron cansarte, o si agraviarte pudieron, la piedad de la venganza temite a tu blanco acero Máteme tú misma mano, vendrás a ser el primero, que sin tomar posesión teró el arrepentimiento: mi bien, mi dueño, señor. No he de escucharla, que temo su voz, que es de la Sirena en el mar de mis tormentos. . Sin responderme te vas, matente tus mismos celos, que aunque no tengo la culpa, que mayor venganza espero? Mas que digo, no te maten, vive mi bien, mueran ellos, que aún la lengua en tus pesares no ha de ser el instrumanto. Seguirle quiero, que no son estos males para eternos, espera aguarda, que ni es seguro el bien, ni el malse tarda Buenos habemos quedado. Pascual, qué dices de aquesto? Qué desmayándo me vo. IESUs, qué tienes? . Quetengo en bebiéndome este vino he de volver en mi acuerdo, beberlo quiero, que son aquestos tragos para eternos Espera aguarda, y pues bebiste el vino, bebe el agua. Pues amanece el día, y en trinada armonía al facistol del valle, al dulte acento de este cristal, que sirve de instrumento, cantan las aves con alegre salva, precursoras del Sol, nuncios del Alba, haciendo que se dude en las colores, si cantan aves, o si cantan flores, Aprestese la gente, y el escuadrón valiente, que está con las escalas prevenido, al rumor repetido de la trompa u del parte, ligero envista, y concertadomarche; pongan fuego a la mina, y pues el foso está con la fagina, Merlín como gallardo dé a la puerta un petrardo, y si están las almenas de fuertes armas, y soldados llenas, al poner las escalas, los despeñen de lejos con las balas; conozc: Carlos annque honor le obliga; lo que pueden las arma: de la Liga, Todo está a punto, y solamente aguar la seña de embestir. (dan Pues ya se tardan. Tocad al arma, soldados. A los muros, a los muros. Arma, que el Duque ha llegado, y no estás, Carlos, seguro. Ea valientes Leones, hijos de mi propio asunto. Señor! . Señor! . V. Alteza! No es tiempo para discursos, de como vengo, o no vengo, ni la causa que me trujo; Ya he sabido como Carlos, de mi estado mal seguro, en menos de dos batallas se hizo señor absoluto. Ya he sabido, que la Liga advirtiendo estos anuncios, por mi defensa os inviaron, hasta saber lo que gusto. Ya he sabido que tercada tenéis la Ciudad, y el mucho valor de vuestra persona, y de vuestra gente el suyo. Y que Carlos la defiende; como traidor, y perjuro, tan valiente, que amenaza todo lo demás del mundo. Hallo la gente di puesta, el tiempo miro oportuno, en mi brazo un rayo alcanzo, y en mi pecho un etna juzgo. Y tanta venganza obstento, que muerto Carlos presumo volverme contra Inoscacio, pues con sus engaños pudo apartarme de mis gentes, sepultarme entre los brutos, y dar lugar a que Carlos con mi ausencia tenga orgullos. Ea, que el Alba amanete, soldados vuestros impulsos se conozcan. . Toca al arma Rayo seré en estos muros Válgame el Cielo, qué es esto? Pesar de lo que pronuncio contra la Iglesia, Señor, riego estoy, ciego anduvo mi entendimiento con vos. Huyamos. . Es lo seguro. Señor, si al Alba ofendío vuestro nombre en torpe ensayo, salga el Alba de aquel rayo, a cuya luz me rendí. Cesen, mi Dios, los enojos, alumbre con dulce acento vuestro Sol mi entendimientos Que yo os prometo de dar tal penitencia a mi vida, que la luz en mi perdida en vos la vuelva cobrar. , , a Guillermo, Duque, tu voz oyeron los celestiales Orbes donde el Verbo habita; hijo del Eterno Padre. Y vuelta a restituir la vista quiere que alcances los Misterios milagrosos de su poder inefable. Aquesta Iglesia es la esposa, y el sumo Pastor la llave de sus tesoros, que al mundo dichosamente reparte. Esta es el Alba, Guillermo, y porque luz no lo falte, contra las nunes que oponen los erejes arrogantes. Se alumbra de siete Soles, cuyos rayos son tan grandes, que de las almas retiran las tinieblas miserabes. Aquel primero, es Geronimo, cuyos hijos cuyas partes en los dos Polos del mundo son de su doctrina Atlantes. Aquel segundo es Ambrosio, y aquel tercero del Ángel Agustín, de cuyas plumas luces a la Iglesia nacen. El que se sigue es Gregoria, cuyos escritos alaben las sentencias por divinas, o los conceros por suaves, El Angélico Tomas; es el quinto, cuyas partes los. Reyes de Francia digan, pues los desengañas, balca. El fajto es dueñaventura, que aunque la humildad alcants de Francisco, de sus letras armas contra herejes hace, Aquel divino pimpollo, aquel hermoso remate, aqueda luz sacrosanta, y aquel Sol inseparable de su beldad, eMARIA dichosísimo homenaje de ella Majestad suprema, y a quien todas las deldader adoran, y reverencian, como a beldad inefable. Estorsoa los siete Soles, sia otros inunerables, que a la Iglesia qua a la Esposa, Alba divina de esmalte. sirven, porque sus victorias la Tierra, y el Cielo caten. Sigue el que quisieres de ellos, pues cualquiera podrá darte, camino para que llegues a los Reinos ce estiales. Y para que no te excuses, ni contra la Iglesia te armes, en los trances peligrosos todos siete han de alumbrarte. . Aguardad, Señor divino, pues ya de vuestras verdade; satisfecha, quiere el alma seguir los caminos suives en la Regla de Agustin, Sol hermosa, y Doctor grande. Aunque el Daque llegó Cielos, según lo dijo la espía, no pudo su valentía anteponerse a mis celos. Al arma, al arma, soldados, que todos van de vencida, y he de ser hoy Fraticida del Daque. . Si tus cuidados con mi muerte nan de acabar, llega. . Qué es esto que ves, Carlos! El Duque a tus pies. Con eso quieres negar, que estás vencido? . Yo no, que es verdad que estoy vencido, mas también favorecido del mismo que me venció. Mas te quisiera hal arfuerte, que rendido en la tampaña, porque logrando esta hazaña me vengara con tu muerte. Señor; mi humildad declara lo que me ajusto al precepto, que a no teneros respeto no se yo cual se vengara. . Ejértitos valerosos, Duque altivo fuerte Carlos, Generales de la Liga, Capitanes, y Soldados. Yo soy Matilde yo aquella a quien los Cielos han dado honor para las desdichas, valor para los agravios. Escuchadme todos juntos, y el Sol hermoso en su carro al zafir de estrellas quite para mi atención los rayos. Que como es larga distancia, en su luz embelesados, dirán los demás Pranetas, que mis voces no escusharon. No cesguen plumas al viento, no lurquen fieras los campos, ni el piélago de Nectuno se consulte a los peña cos. Hasta el cristal fugitivo de ese arroycelo alentado, bieves escuehe mis quejas, que ha de murmurar de espacio, Todos al mudo si encio se reduzgan, pues no han dado, ni a más desdichas crejas; ni a más razones aplausos. Pero en decir mis tormentos, que me detengo, o qué aguardo, si hay honestidad que anega palabras del pecho al labio. Yo, a quien dio naturaleza la hermosura por milagro, vulgar pincel lo acredita, gran falsario de retrates. Como si cualquier belleza, o el candor más afectado no tuviera en sus melindres: espejos por desengaños Yo pues, a quien dio la dicha. un pequeño mayorazgo de doce Villas, que un río las divide en veinte y cuatro. Tan noble en la decendencia, que de mis antepasados gozan las Lises de Francia los triunfos de Carlo Magno, Yo pues en este retiro, solo advertida al cuidado de fatigar estos montes. daba tregua al descanso. Cuando Carlos, Carlos digo, vuestro General ganando. la voluntad a mis ojos, y a mi corazón los pasos, Enamorado, o firgido, el dijo, que enamorado, por mujer me solicita, a quien yo considerando las partes de su persona, de esposa la di la mano en breves horas, tan breves, que me preguntó el recaro, si nacen torrespondidos accidentes soberanos. Y aquel desdichado día; pienso que me vio suhermano, alegre, dicen, delito, que le pagué de contado. Consultó su pensamiento, y atreviose a ejecutarlo, como si en casos de amor fuera de un alma en contrato. apo, luegar, no ventura, le ofreció la tuerte, cuando Carlos faltó de mi casa, a un precepto instimulado de la Fe Santa que adora, quedándose en mi Palacio con licencia de mi esposo; mas de amor tan confiado, que entendió que se quedaba por sostituto de Carlos. Y así propuesto el temor, la afrenta oisimulando. el peligro no advirtiendo, intento suceso extraño, pues le faltan al respeto palabras para contarlo; el Duque lo intentó, el Duque, no lo niego, ni me agravio de que el Duque lo intentara, pues salió su intento vano. Pero bien saben los Cielos, que se vio mi honor tan casto, como la nieve que el noto conjela en los montes altos, Pero mi esposo sabiendo la causa por sus criados, aunque yo abí he primero, que para abono era claro. Temeroso de su afrenta, compelido, conjurado contra mí, que las sospechas no respetan los sagrados muros de la honestidad; para declarar el caso hace secretas pe quisas, tan contra mi honor, que salgo, ya que en su temor le miro, ya que se ausenta a mis brazos, ya que en su mesa no asiste, ya que en su lecho no ha entrado, ya que en su dolor reside, ya que en mi tormento acabo a desengañarle aquí, o a morir, porque no valgo más vida, que tengo honor. Diga el Duque, si ha llegado a ver mi descompostura, a conocer mis halagos, a hallar licencia en mis ojos, disímulo en mi recato, advertencia en mis palabras, desenvoltura en mis labios, descompostura en mi rostro, ocasión en mis cuidados, señas en mi diligencia, muestras en mi desacato; pues cualquiera requisito es del honor embarazo. Porque culpada, o sin culpa, no he de salir de este campo; sin ver la muerte en mi vida, o a Carlos desengañado. Carlos, Garlos, vive el Cielo, que no ofrece el Sol sus rayos más claros, que de Matilde está el honor, yo que he dado ocasión de esta desdicha, a vuestros pies humillado os pido perdón. Levanta, pues ya satisfecho aguardo mano, y brazos de Matilde. Y yo renuncio el estado en vos, porque en un Convedto me voy a morir de espacio. Que ventura. Qué gran dicha. Y aquí, discreto Senado, a el Alba con siete Soles, da fin le pido, aguardando, para la segunda parte perdón de sus hierros tantos.