Texto digital de Adquirir para reinar, triunfos de Felipe V y gloria de Gabriela
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Adquirir para reinar, triunfos de Felipe V y gloria de Gabriela. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/adquirir-para-reinar-triunfos-de-felipe-v-y-gloria-de-gabriela.

ADQUIRIR PARA REINAR, TRIUNFOS DE FELIPE V Y GLORIA DE GABRIELA
JORNADA PRIMERA
Ah de la espesura, donde Fevo no dora con luz pura su suelo enmarañado, porque el paso le impide lo entoldado? Quién llama así, y vozca? Quién perdido, de ti saber desea (borrado su destino) de aqueste laberinto su camino. Pues con pasos veloces, de norte sierviéndole mis voces, a lo llano descienda, dande ponerle pueda yo en la senda. Esta voz, que ha dejado dudoso el corazón, y no alterado, y si no miente al oído, de mi Rey es sin duda, que ha salido a caza por la Sierra, faltándole el empleo de la Guerra, y en esos Montes graves dar batalla pretende a fieras, y aves: mas ya con paso airoso, de esa selva rompiendo lo frondoso de una, y otra encina, hacia mi cuidadoso se encamina, Este es el sitio sin duda adonde el acento, claro norte, feliz me condujo. Hacia allí, si no me engaño, un hombre miro, sin duda que de mi suerte es el Astro. Invictísimo Monarca, por cuyos hechos bizarros mereces a un mismo tiempo, ser Felipo, y Alejandro. Francés, y Español, valiente, por Cénir, y oriente claro; donde por esa espesura, que apenas del Sol los rayos penetran su inculto seno, ancamináis vuestros pasos? Al monte, a la falda, al bosque; al valle, a lo intrincado. Estas voces, que sus ecos dulcemente han penetrado las puertas de los oídos, la satisfacción te han dado; pues de un jabalí sangriento siguiendo con veloz paso su inocente vida, halleme sin mis Monteros, y entrando por esa cárcel oscura, de verdes troncos, y ramos, apelé; mas no lo ignoras, ahora dame los brazos, y de ti sepa la causa. de este efecto tan extraño; pues no sin gran fundamento vuestro centro habéis dejado. Llegar solo a vuestros pies fue el motivo, deseando veros en el Regio solio, con el celo de vasallo, que fino, y leal os sirve, Él sin primero he estimado, y pues logrado le habéis. A la maleza, a lo llano, y de más cerca estas voces senda abren a nuestros pasos: introducirnos podemos, porque pretendo, avisando a mi gente, dar la vuelta, sin dilación a mi Campo, donde espero victorioso ser Pompeyo afortunado. Siendo ya César, quien duda que lo seréis sin milagro? Pero esperad, Gran Señor, y descansad sin cuidado al pie de esta hermosa fuente, que vuestro invencible brazo no ha menester la presencia para el golpe, que el amago, aún ausente, sobra, es cierto, para hacer notable estrago. Lealtad, el celo os estimo; pero os advierto de paso, que es blasón adquirir Reinos, más conservarlos es lauro. Qué importa que la fortuna le entregue un Mundo a Alejadro, si después por su omisíó no supiera conservarlo? Fuera solo ser dichoso, para ser más desdichado, que es mejor nacer sin ojos, que cegar estando claros, Mostró su poder el Cielo, esta Máquina formando, pero en conservarla ahora está su mayor milagro. La Corona, que mis sienes ciñe, son favores altos: pues sacad la consecuencia, y no detengáis mis pasos. Esperad, no me dejéis, que yo quiero acompañaros. Oh gran Monarca! oh gran Rey! digno de ser celebrado! . Pues el tiempo a nadie espera, en su curso acelerado, partamos, que la presencia obró prodigios extraños en los sucesos del Orbe. Y a los Césares Romanos les dejó en los duros bronces sus nombres eternizados; y a otros muchos, que en silencio por ser notorios los paso. No dudo, Señor, qué han hecho mas los, arneses trenzados en las Campañas sangrientas, que las galas en Palacios. Por eso estos Eroes grandes, ser temidos deseando, no apartaban de su vista las obras, que a los aplausos, y al valor les incitaban. Sobre todos, a Alejandro lo que más le despertaba, para conquistar su brazo el Mundo entero (que aún todo de su espíritu fue un rasgo) era la docta Eliada del ingenio soberano de Omero, en donde atento, como en un espejo claro, miraba del fuerte Áquiles sus hechos tan celebrados; y aún llegó a tener envidia de su tiempo afortunado, porque tuvo de su parte tan sutil pluma; y es claro, que hubieran quedado muertos, y en el silencio enterrados sus hechos, a no tener quien supo eternizarlos. Tulio, cuando gobernaba, decía, como enseñando, que las obras que servían de vrilidad, animando al valor, nunca le habían de apartar (oh gran cuidado!) de la vista, porque en ellas está el brío disfrazado. Pues si a mí el Campo me sirve de obra, y sutil dechado, será bien que yo la aparte de mis ojos descuidado? Antes es gran providencia, atento a fin tan amado; pero si el leal afecto de vuestros nobles vasallos os desea ya en el Solio, para consuelo, y amparo, no culpéis mi lealtad. No es justo, amigo culparos: quisiera con mi presencia a un tiempo estar, sin milagro, en dos lugares distintos, para el amparo de entrambos. Señor, en ese respeto no hay que hacer ningún reparo, orque si Atlante apartáis el hombro del Cielo claro de la Corte, por cumplir con vuestro destino, ufano un Alcides le sustenta, tan discreto, y esforzado, que aunque sea el peso grande, nunca estará vacilando; pero es pasión del afecto querer tenerlos a entrambos. Eso mi alma agradece, y por ese mismo caso no he de empuñar yo más Cetro, que esta espada, hasta tanto que con los ramos de oliva vea sus filos guardados. Con meros afán, Señor, el valor puede lograrlo; la Majestad en la pompa lleva consigo el sagrado. No hay duda, pero os advierto, que Antioco, celebrado, y famoso Rey, halló, sin la pompa, disfrazado, el logro de su deseo, y de su afán el descanso. Y es tanto lo que yo aprecio lograr de mi fin el blanco, en favor de mi Corona, que otro Antioco me allano, a trueque de conseguirle, a estar de ella así apartado. Y con la experiencia docta, que me da a la vista el Campo, adquiero para reinar en el Solio soberano. Oh Monarca sin segundo, . y de aquestos siglos pasmo! confieso que convencido quedo a tan sabio reparo; pues aunque en su centro un Rey sea un Lince, y sea un Argos, el velo de lo glorioso oculta en lo soberano, lo que tal vez a la vista se ofrece en lo disfrazado. Vos sois Sol, y como tal penetráis con claros rayos los átamos más ocultos; pero por respetos altos haced el lucido curso por el Cenit Cortesano, que después daréis la vuelta por los Orientales Campos, manteniendo fin tan noble, tan justo, y tan deseado, Yo os agradezco Lealtad vuestro afecto, y con mis brazos por ahora os pago el celo. Ese es, Señor, mayor pago, estad cierto que os quisiera con los triunfos de Alejandro, con la fortuna de César, y con el mando Otomano. Solo, amigo, lo que quiero es conservar mis Estados, que este es derecho divino, sin ningún riesgo fundado. Pues yo espero, Gran Señor, que siais del Mundo un pasmo, y el Laurel que en vuestras sienes, puso el Cielo por su mano, a pesar de la fortuna domine en opuestos rayos. Perseguidla, que va herida. Pero con esto olvidamos el retrato de la Guerra más parecido. A lo llano. No hay duda que es viva imagen del Militar aparato, y pues por esa espesura los acentos resonaron, por esta falda podemos con la gente incorporarnos. El Cielo guíe tu planta, ejemplo de Reyes claro. Adónde me conducís? no veis que es arduo empeño, salir de este laberinto? Pues por eso mismo quiero romper su frente enlazada, y a pesar de lo grosero de su suelo enmarañado, llegar a su oculto centro: que está en lo disicultoso la virtud, sabe el discreto, y no se llega al descanso, si por caminos adversos. Rompa V. Majestad, para pasar, los groseros ramos, que impiden el paso. Su desorden causa miedo. De la livertad proceden, tan desmandados efectos. De qué, gran Señor, quedáis tan admirado, y suspenso? De que en tan corta distancia, haya tan grandes extremos, cuya consideración, me calma el entendimiento. Qué atributo, o requisito, añade demás el Cielo en esta alfombra florida, que en aquel grosero lienzo? Pues este brinda a la vista, aquel ofende a su objeto: este deleita, y recrea, aquel enfada molesto. Hja aquí la flor, la planta; la espina allí está ofendiendo; la mano aquí atrae el ámbar, allá está al contrario haciendo; y en fin en su cuerpo tosco tndo es recelos, y miedos. Ya por los espesos ramos, ya por el desorden fiero de sus plantas, que sin leyes políticas, ni preceptos, confundiéndose unos, y otros, están el paso impidiendo; demafiera, que el que errante pone el pie, se ve sujeto a sus prisiones injustas, y tiranas, sin ser reo. Pues una misma materia en ellos dispuso el Cielo (según lo que yo discurro) sino que aquí está el gobierno de la mano, que acendosa les pone ley, reduciendo su rebelde inobediencia a sus ceñidos preceptos. Allá con la libertad viven sin temor, haciendo las leyes a su albedrío, y a su modo los derechos. Con que la mano del hombre hace tan grandes portentos? No hay duda, que todo pende del cuidadoso manejo. No hay hierba planta, ni flor (a su enseñanza atendiendo) que no sea misteriosa, un aviso, y un consejo. Bien lo muestra aquese armado Gigante de yedra bello, pues con sus espesas hojas, parece que está vistiendo, piadosamente el desnudo cuerpo, de ese tronco seco; y si bien se considera, está al contrario haciendo, pues sobre su pobre espalda, se descuella tan soberbio. Sutil ha sido el reparo, o lo que puede el concepto! Si entre el objeto, y la vista, aún media el engaño ciego, qué hará entre la atención, y el oído? ved si puedo, con tal doctrina, Lealtad, tener algún fundamento para admitir sentencioso, lo que celoso he propuesto? Cortar esa inútil planta de raíz, fuera más bueno. El quitarle la ocasión de que esté entre humildes leños, es el remedio mejor; y eso con suaves medios. Quien duda que la prudencia consigue con sus atentos, discretos modos suaves, lo que no el rigor severo. A Hércules hizo famoso en sus difícilis hechos, no la formidable clava, sino su lavia, y su ingenio. Adornose el fuerte Ulises de los valientes aceros de Áquiles, por ser prudente, sagaz, astuto, y discreto, mas que por ser valeroso; y en el golfo de su riesgo, burló a las Sirenas cautas, la prudencia, no el denuedo. Señor con estos discursos olvidamos el empleo de la caza. Poco importa que saltemos al recreo. Aquel Rey de Macedonia (a sus placeres saliendo, por no dar a sus oídos la atención, que a sus objetos, le respondieron, que diese audiencia, udeno hacerlo, que déjara de ser Rey, pues inútil era el serlo. Apurar ahora es bien, sin que se malogre el tiempo lo que no sé si después tendré lugar para hacerlo, Eso el Espíritu Santo avisa, y aún dice luego, que de los Reyes es gloria inquirir hasta el fin mismo de la evidencia fundada. Todo el dilatado centro examinad con cuidado hasta encontrarle. Estos ecos, que ya nuevamente llegan de los oídos al puerto, han trocado con sus causas los efectos del acento. Receloso me han dejado. Ahora es bien que lleguemos. Es muy justo gran señor, que la Majestad es cierto, que en el Reloj de su cargo no ha de faltar un momento. Oh Monarca sin segundo! como tu celo, y desvelo en los bronces, y en los jaspes tu nombre ha de hacer eterno? Oh! como un Rey ha de ser (si ha de cumplir con el Cetro lince, que ha de registrar los átamos más pequeños! Qué es su original España, por la bella copia infiero, mas ya más prodigio noto, pues contiguo al de su dueño está el rasgo soberano. Oh pincel! que enigma has puesto tan rebesado, que apenas le alcanza mi entendimiento? Este retrato, señor, restitúyase a su centro, que mejor en vuestra mano estará, que no en el suelo. . Decís bien, no declararme disimulado pretendo. Mas vamos, que se hace tarde. Serviros en todo aprecio, yén. que no ocupan un lugar (enseñó el Gentil discreto) la Majestad, y el amor, ni caben en un asiento, Pero yo desde hoy diré derogado este concepto, que en un Solio no repugnan Majestad, y amor a un tiempo; pues prudente este Monarca, por hacer su nombre eterno, une el retrato de España con la copia de su Cielo, Hermosa Luisa, a quien Velona sus afectos consagra esta Corona, tan rendida, leal, y generosa, que no es culto de Reina, si de Diosa; mas que mucho Veldad tan peregrina merezca rendimiento de divina? si para admiración del Firmamento, hermosura, valor, y entendimiento, tan liberal el Cielo ha dibujado, que su poder parece se ha agotadó. Haciendo ya mayor aquesta gloria de tan heroicos triunfos la memoria, que a favores del Cielo ha conseguido el Monarca del Orbe más temido. Qué causa, o motivo te entristece? pero ya a la memoria se me ofrece, pues es de amor siempre la ausencia desosiego del alma, e impaciencia. Aunque de aquesa causa efecto fuera, no por eso mi amor se entristeciera que donde Reina la razón de Estado, no sale a lo exterior ningún cuidado. A su fuerza secreta quien ha habido, que valeroso se haya resistido? Pero si no me engaño, granseñora, alguna novedad recelo ahora. A vuestras reales plantas, gozoso, señora, llega, quien siado en este pliego, serviros siempre desea. Del suelo alza, y decidme como en la Campaña queda su Majestad? Gran señora, (gozando salud entera siendo Pompeyo temido, queda afortunado César. Con qué se halla victorioso? Esta os dará la respuesta, y mejor los Estandartes, que pondré en vuestra presencia. Así quisieran los Cielos que del Oromano fueran, aunque es derecho Divino, cuando es propia la defensa. De su prudencia, y su ingenio . envidiosa el alma queda. Mil gracias al Cielo doy por tan venturosas nuevas, y a vos como interesado daros en premio quisiera: pero Excusad, gran Señora, lo que puede ser que ofenda a mi lealtad bizarra. De vuestra sangre excelsa es aquese afecto propio. Estad cierta, que quisiera, que esta grande Monarquía asombro del Orbe fuera. La voluntad os estimo; y pues con la diligencia precisa habéis de cumplir, y enarbolar la Vandera, o victorioso Estandarte, no mi persona os detenga. Siempre es mi logro serviros con la fe, y la interesa de que dilaten los siglos aquesta Corona Regia. Pues hablar ya me permite el placer, que el alma encierra: os doy, y me doy mil veces, ufana la enhorabuena de nuevas tan deseadas. La pasión que incluye el pecho. . luego a los labios se muestra. Voy a disponer, Señora, (si merezco la licencia que la Música celebre esta venturo la nueva, Esperad, que antes que todo es cumplir con la respuesta de su Majestad; y así, mientras que al viento desplega, Bejar, el ceño arrugado de esa del aire cometa, con el gusto de tal dicha, haré aquesta diligencia: aquí esperad entretanto, cuidando si en esa pieza esperan los pretendientes, para que se les dé audiencia, Qué prudente, y vigilante el tiempo míde la Reina! Qué más la grande Cenovía, y Cemira mis hiciera! En fin el Cielo es quien pone la razón, y la prudencia: Quiero ver si hay esperando mucha gente en esa pieza, Mas nadie parece aún, si no me engaño, ni llega. Con qué desvelo, y cuidado vive siempre el que gobierna! Los años, son cortos meses; los moses, horas pequeñas; las horas, breves instantes: y si han de dar buena cuenta, el Cetro enfadosa vara; la Corona, solo pena; el mando, carga pesada; y el Solio siempre molesta. Oh cuanto debe el vasallo a su Rey! pues se desvela por su custodia, y amparo; y si bien se considera, cuanto el Rey al vasallo, si leal le reverencia! Mucha gente espera ya, allá pasa su Eminencia, sin duda que ya la hora de dar audiencia se acerca, quiero avisarla, no culpe, como suele, mi obediencia. . Esperando, los instantes horas son, y no pequeñas; ay de mí sí la piedad de su Majestad me deja! mas ya en su Regio Solio sentada miro la Reina. Ya que a Bejar despaché, con todas las circunstancias que pide su Majestad por las líneas de su carta, quiero acudir al gobierno; porque si bien se repara, la obligación de Reinar treguas ningunas aguarda. Yo he de llegar. No hará tal, aunque pese a su arrogancia. Por qué le impidas que llegue? Porque han aquesa nesala están, Señora, espe hombres de mucha importancia, y él quiere ser el primero, siendo cosa extraordinaria. Con qué extraordinaria es? al momento dadle entrada, y por ser nuevo en el cargo no castigo vuestra audacía. Advertid en delante, que en tal lugar no se guardan respetos, ni hay diferencias; y si las hay, las iguala la vara de la justicia. Qué pretendéis? responded. Sin duda ha perdido el había, decid, no, no enmudezcáis. Mas discretamente había, supuesto, que en nada hyerra. Cómo está tan vitrajada la miseria, no os admiré, y eso solo es lo que encarga mi suplica: el Cielo os guarde para consuelo de España. Sin duda la suspensión fue con muchas circunstancias; pues crea siempre sentencias el que para hablar bien, calla. Que sea honrada la pobreza dice solo; cosa rara! La pretensión fuera breve, si en mi poder estribara, pues la piedad de un Dios puede solo restaurarla, A vuestros pies, gran señora, llega un pobre, que se halla sin amparo, y ha diez años que srbe en esas Campeñas. Pues no sabéis, que a los Reyes por memorial se les haba? Mas quizás será advertancia, porque si bien se repara, qué más memorial que el cuerpo, en cuyo papel gravadas malamente las neridas, son letras bien estabmnadas, que discretamente dizen los triunfos, y las hazañas de su Autor, sin que haya en ellas el trabajo de enmendarlas, o por alabanza propia, o por error de la estampa. Oh como yerra el que en cubre entre la pompa, y la gala estas lines, pues es fuerza que hable por ellas la fama: que se os libre sueldo doble. Beso, señora, tus plantas por tan grande beneficio, y vivas Edades largas. No puedo negar, que son de esta dilatada fábrica del Gobierno Universal, la pobreza, y las Armas dos columnas principales, donde todo el peso carga. mas ya la hora cumpliose. Aún quedan en la Antesala dos Ciérigos venerables, Siento no darles entrada por la brevedad del tiempo: decid que vuelvan mañana, y les oiré de espacio, que las letras, y las armas tienen grande parentesco, y son de tanta importancia los hechos de Doctas plumas, como los de las espadas, Absorto, y mudo he quedado de ver con que vigilancia acude al pobre, y al rico, dando en iguales balanzas su derecho a cada uno! parece que es trasladada al Solio desde la cuna, según su donaire, y gracia; pero ya si no me engaño sale aquí hecha una Palas. Ya retirarme es preciso, pues función sin duda aguarda. . Descansa un poco, señora, y recrea las potencias, pues tienes gustoso el Reino, la plebe toda contenta, la pobreza socorrida, y con quietud esta tierra. Cuando se logran los fines, pasa el trabajo sin pena a ser guitoso descanso; pero aquí con grande priesa llega un Soldado, ya el pecho alguna borrasca espera, que suelen tras de los gustos, venir siempre descubiertas. Cuando domináis el Mundo, quién hay que ofenderos pueda? Atento, gran señora, a que en los daños, si vestidos no están de los engaños, es fácil remediarles muy apriesa: sin licencia me entré por esta pieza, y aunque sientó por fin participarte. Ea, acaba, no temas, dame parte, qué novedades, di han sucedido? Que el Inglés arrogante, y atrevido, invadiendo furioso Andalucia, es Rora se entró ya, y Santa María. Y eso por fin te asusta, y te suspende? solo es mi sentimiento, por si ofende de la Ciudad sus nobles moradores; lo demás no me causa a mi temores, pues será ocupar mi brazo airoso, y de tanto Soldado valeroso. De su heroico valorquedo admirada, esta hazaña ha de hacerte celebrada. Daré a su Majestad noticia luego de lo que pasa acá, y el furor ciego de los Ingleses arrogantes, quedará castigado por instantes: y cuando su Majestad, por la distancia, no pueda castigar esta arrogancia, yo con todas mis damas, nueva Palas, vistiendo arnés trenzado en vez de galas, saldré a la campaña, en donde sea (con tan bello escuadrón valiente Astrea) ruina universal del Enemigo, para que pueda el Mundo ser testigo, que no faltan Sabinas en España, que han sabido emprender tan grande ha- cuando falten en ella Corolianos. (zaña. Oh valor envidioso de Romanos! El tiempo siempre falta, y nunca sobra, a ponerlo voy ya todo por obra. . Y viendo yo el valor de esta Belona; a su lado he de ir fuerte Amazona. . S. Su denuedo, y valor me dejó encalmal no vi en tan poca edad más viva alma! el Cielo ciña su hermosa frente del laurel inmortal eternamente, porque si tiembla, en caso semejante, este cielo de España tenga Atlante. . De leal explorador sirvo a mi Rey en campaña desde que deje la Corte, que hay de meses, y semanas seis costales: lo que siento sobre mis guesos, y espaídas, con mil Sastres en la Corte tiene un hombre blauda cama, buen licor, mejor comida, y menos golpes de espadas, de desdicha, hambre, sed, miedos, ahogos, y ansias; y lo peor, a mi ver, lo de truenos, y de cajas, abanza, asalta, retira, quita, pone, toma, y daca; y cuando menos lo piensa un triste, llega una bala, (que como de alcorza fuera, sería más bien llegada) y dándole en la cabeza, le deja a un pobre sin habla; reventando estoy por Dios por salir de estas Campañas. Yo no sé como mi amo, mi señor, y Rey lo aguanta, criado en tanto regalo, y con tantas circunstancias: sobra de valor es todo, o celo grande de España; ya veo lo que un vasallo debe a su Heroico Monarca! yo sé, que si los que llevan rico guante, linda espada, buen sombrero, y gran peluca, se vinieran a campaña, que sabrían lo que es esto, y no cuidaran de galas. Por fin, servir a mi Rey lealmente entre las cajas, es lo bueno, que en la Corte lo sabe hacer cualquier mandría. O si quisieran los Cielos, que antes que la blanca escarcha, plateara aquesos campos, hubiera alguna mudanza! Vive Dios, que no ha de haber hombre que preste una capa por una perla oriental; pero ya a su Tienda pasa su Majestad, y a su lado el de Bejar, cuya espada lealmente ha demostrado en Reencuentros, y Batallas, el valor de quien la ciñe, y con grande vigilancia, Gandía, y Osuna juntos a otra parte le acompañan, Héroés afectuosos de la Corona de España. Y por fin todo lo grande, que en su asistencia se halla; mas ya se aparta de todos, y hacia aquí viene el Monarca con la lealtad; qué he de hacer? escurrirme? oh ver qué trazan? Para ser nuevo Alejandro Felipe de nuestra España, el brazo heroico de Marte, no hace a su espíritu falta. En bronces su nombre eterno escriba ufana la Fama, y con su Citara Apolo cante sus triunfos, y hazañas. Ya, gran señor, que el recelo, que vuestro pecho ocupaba, queda bien asegurado por vuestras invictas Armas, y con la feliz noticia de que el Inglés tocó a marcha, dejando libre el distrito de las Andaluzas Playas, (triunfo inmortal de Gabriela, tu Esposa, Española Palas) sosegad, que para todo, el tiempo sus horas guarda. Y antes que más riguroso dispare flechas nevadas el tiempo y escupa hielo la tierra de sus entrañas, que os restituyáis os ruego a la Silla, que os aguarda por puntos, y por instantes. Quiera San Blas que lo haga. La operación a su tiempo es la acción más acertada; dar las órdenes podéis para mis breves jornadas, que antes que el luciente Apolo dore esas cumbres mañana, he de dejar la presencia de estas aridas Campañas. A obedeceros guitosa mi lealtad va sin tardanza. . Saito, y brinco de contento; que vivas edades largas, y que el Cielo te dé un hijo más hermoso que la piata ruego a San Gil. Cómo aquí? Cuando mi persona falta de vuestro lado un initante? y más trayendo mil varas de exploraciones. De dónde? Esas son cuentas muy largas, y ahora estamos de priesa, el día de la jornada primera, te lo diré, de lo que te doy mil gracias; y que buen viaje tengas, que llegues triunfante a España, que con salud, y con gusto entres en tu Real Casa, que de tu Retiro pises las Galerias, y Salas, que tu Regio Solio ocupes, y que vayas a dar gracias a la de Atocha por todo; y aDiós señor, que hago falta. e. En la duración del tiempo, todo término señala. Los años tienen su fin, los meses, con sus semanas encierran último día. Del día sus horas pasan. De las horas sus minutos con velocidad se acaban. El Sol camina a su ocaso, la Luna con sus mudanzas hace su veloz carrera. Los Astros también se apagan. Las luces la sombra esperan. Las sombras (noches opacas) a su pesar se retiran de los reflejos del Alba. La felicidad del fin siempre en los medios se ama; y pues el Cielo benigno me la concede colmada, hasta llegar a mi centro, Fortuna guía mis plantas. Y quieran los bellos Astros, (repito con toda el alma) que en hora dichosa sea, para consuelo de España,
JORNADA SEGUNDA
Pues que a la furia Inglesa, su bárbara arrogancia, y su fiereza, con notable cuidado, tu prudencia, y valor ha castigado; y el Reino agradecido, a tu grande gobierno todo unido, desea por momentos la gloria de tus altos pensamientos: la música sonora divierta tus cuidados, gran señora, Aunque el Cielo benigno, mi fortuna próspere con buen signo, no por eso al oído la armonía es bien dé, pues siempre ha centro dellisonjero; a los pobres piadosa ahora quiero socorrerles, más parte, y por mí la limosna les reparte. Obedezco gustosa, pues el Cielo te hizo tan piadosa. Hacia aquí Flora viene, un Retrato sin duda la entretiene; escondida pretendo saber cuya es la copia, que no entiendo, por qué causa, o motivo, esta beldad me obliga, ni apercivo aqueste imán secreto, que me inclina a querer su bello objeto. Qué Apeles supo tirar rasgo con tanto misterio, que me obliga lo que oculta; mas que no lo manifiesto! pero su virtud ya alcanzo; (sido qué mucho que este portento me obligue amarle, si sabe su original (sino dueño) poner en riesgo su vida, dejando su Regio centro, el regalo, la asistencia, la pompa, y el blando lecho, quizás porque yo sosiegue; y aún olvida (heroico hecho!) el tálamo deseado del dulcísimo Himeneo. Cielos, qué es esto que escucho? Acción tan noble, que creo (si a buena luz se contempla) que excede al humano aliento. Heroico Monarca invicto, culpa fuera no quereros, y aún delito; pues tu amor cuidadoso es en exceso Rey, y amante a un tiempo mismo, atentamente os contemplo, y tan fino, que ni el Mar, ni los rigores del Cielo, otro Leandro, no bastan a acobardar vuestro pecho. Ufana estoy, con razón, con tan fino amante dueño; tanto, que pasa a ser gloria este dulce devaneo. Lluevan, pues, de la ambición airada, rigores fieros; disparen contra mi fe arpones los vivos celos, que yo firme, tu constante, Marte tú, yo Venus, pienso, que será todo, no más que ocupar tu brazo diestro. De su celo amante estoy más celosa, que con celos; quien eres mujer, que así unes opuestos extremos? Salir quiero; pero no, que me place su desvelo. Quién dirá, amor, que la ausencia es presencia en tu concepto? más supóngolo sin duda, mi voluntad, y mi afecto vuestro original desean ver ya en el Solio Regio. Ya siento que estorbe Irene el placer de mis recelos, Buscando a su Majestad hasta aquí llegué, Qué es eso? Esta hablará mudamente. Recíbola con contento. Y yo con gusto la miro, Felices nuevas espero: mas de los pobres qué hay? Esperando están el riego de tu piedad. Pues reparte la limosna, que no quiero, que mis glorias desvanezcan acto tan justo, y tan bueno; no te detengas. Ya parto: no vi más piadoso pecho! El Cielo quiera señora, que sean a mi deseo las noticias. Yo os estimo el afecto, pues es cierto, que sois parte interesada, según vuestro noble celo. Si habrá escuchado la Reina mis amantes debaneos? Veamos papel, qué ocultas. De placer es el asunto. Lealmensajero es siempre el corazón en su centro; esta sortija en albricias toma Flora. Yo la acepto gustosamente señora; más sepa el fin de este premio. Que su Majestad, dejando de la Campaña el asiento, apriesa viene a la Corte, es solo el fin. Quiera el Cielo que llegue a la Silla Regia con el lauro que deseo; y porque celebre el gozo tan feliz nueva, al momento los instrumentos sonoros, y los fueyes acentos hagan salva, celebrando de la noticia el contento. Esperad, que es bien que antes las gracias al Cielo demos, que son voces permanentes, y esas desvanecen luego. De mi afecto es el arrojo; perdonadle por su celo. Ya se que tiene disculpa vuestro generoso afecto; y se también; pero vamos, no malogremos el tiempo, que su acelerado curso, sin distinguir los sucesos, igual su carrera hace. Nací para obedeceros, diciendo con toda el alma, al agua, a la tierra, y viento: en hora dichosa llegues, Felipo, a tu Solio Regio. Cómo, gran Señor, tan presto (cuando Barcelona afecta festejaros procuraba) negándoos a sus finezas, disfrazado así os venisteis a esta Casa tan apriesa, donde tan bien admitida ha sido vuestra presencia de su dueño, que parece, que fue la amistad secreta? Ya sabéis mi justo celo. Lo que vuestro fin desea, no ignoro yo, gran Señor, que es saber por experiencias. Pues ese aquí me condujo, sabiendo que en esta Atenas, quien nos honra como veis, su República gobierna tan justo, y con tanto acierto, como la justicia misma. Con singular gusto estimo la venida, pues desea mi afecto la vrilidad de vuestra Corona Regia; y pues en el tiempo estamos, esta ocasión no se pierda. Vamos, que si no me engaño, ya la mesa nos espera coronada de regalos; y aunque más mi gusto aprecia lograr sus ocultos fines, que sus manjares, es fuerza llegar ya, sin ceremonias. ̱. Mi deseo es la obediencia. Oh Monarca sin segundo, pues Reinar bien tanto aprecias! Va Venerable aspecto tiene. Y entendido, según muestra. Presto, Señor, se descubre el tesoro, que se encierra dentro del archivo breve de la parte más suprema. Que la excelencia del hombre se atribuye a la cabeza, dijo Baldo, y que es asiento del consejo, nos enseña Celio, con notable alma. Tulio lo mismo comprueba. Sin rodeos os sentad, y en esta humilde posada, pues la habéis de hacer honrada, ceremonias excusad. La Divina providencia aqueste prodigio encierra. Y nos le ofrece en la tierra, ostentando su clemencia para regalo del hombre. Eso es lo que yo no apruebo, pues soy hombre, y no lo pruebo. De eso el pobre no se asombre, pues lo causa la miseria con mano tan exquisita, que avaramente le quita lo que el Cielo al hombre feria; y de modo (pierdo el juicio!) en su interés codicioso, que ya, solo el poderoso goza tanto beneficio: por cuya causa en mi idea cuido solo del aumento, y de aquel común sustento, que al pobre útil le ica. Por curiosidad decid, el modo con qué cuidáis? Peesto que en todo me honráis, obedeciéndoos, oíd, que lo estencial decir tengo; En todo lo que hay, y toca precisamente a la boca este gobierno mantengo. De beber pedid, que aquí lo primero es el comer, lo segundo es el beber, hablar después eso sí. Esta es del alma comida. Y de provecho común. En que no hay duda, según la nuestra racional vida; primeramente el pan, (qué es el regalo del pobre) procuro, que siempre sobre; y sin trabajo, ni afán, precio cierto, y bajo pongo, sin que se pueda subir, y todos puedan vivir; lo que con rigor dispongo, Porque ya que ellos sustentan, es muy justo se sustenten: pero injusto es que aumenten su hacienda de lo que cuentan, Y aquesta no es ley que quita del pobre la vtilidad, antes bien con igualdad la caridad resucita: que no hay razón, que dé el Cielo con abundancia los granos, y que luego avarás manos nos los quiten en el suelo. Esa es ley (según infiero) que no ha de permanecer, porque la puede torcer, si no abrogar, el dinero, Dadme de beber apriesa, y sacad otro manjar: si el camino he de enseñar, por vuestra salud empieza. Que os haga muy buen provecho, Va a la merced que me hacéis. A lo mismo que se ha hecho. Que el pobre de sus coscchas venda a precio moderado, con que saque lo gastado por sus impensas va hechas: que el segundo vendedor le venda el año presente por un precio muy decente, no con logro superior. Así el pobre vivirá, tendrá logro el ganancioso, y el Labrador comerá. En lo demás del Comercio, que el que admita obligación sustente su duración, y sea al infimo precio. Que no hay razón que esté a aument provecho, y utilidad, y no esté con igualdad expuesto a su derrimento. Eso disponen las leyes, confundamento muy firme. Pues para que se confirme, lo hacen mantener los Reyes. Y de no hacerlo observar, se da campo a la malicia de que pidan por justicia lo que no se debe dar. Ese gobierno así os tiene aplaudido, y os sustenta toda la plebe contenta, que es lo que a un Rey le mantiene Muy buen modo de regir. Confieso que es providencia. Bien puedo con la experiencia . para Reinar Adquirir. Direisme, que en esta mesa. postres, y principios son a palabras, que de razón no alimentan: hola, apriesa los postres, y de beber. Aquí están, señor, brindando. Aquesta está convidando. Cierto se pueden comer! Qué cosa tan primorosa! Este es regalo del Cielo, Acá nos lo fería el suelo con abundancia copiosa. Como el árbol generoso, sin que medien circunstancias, de manos, y de distancias les ofrece, es más gustoso el fruto, y con conveniencia. No ha de impedir la hermosura de la fruta, aunque es hechura de la Divina Esencia vuestro político modo de mantener, y regir. Pues os deseo servir, he de obedecer en todo, La justicia Criminal jamás la fie al oído, a la vista sí, que ha sido potencia siempre leal: en lo que toca a consulta, tardo mi voto procede, porque la malicia puede ocultar lo que resulta. Las Cárceles a menudo hago mirar con desvelo al Juez de más recto celo, y de interés más desnudo; y el que deba justamente la vida, que pague es ley, que es lo más grande del Rey, que no muera el inocente; y el que no, y no está dudoso, vaya fuera, que no es justo, que esté el pobre a su disgusto, porque alguno esté gustoso. Mucho hay en ese punto que distinguir, y dudar; pero se puede dejar en el silencio el asunto. Lo mismo en lo Civilhago; y en cuanto a los que litigan, cuido que no se les sigan, ni perjuicios, ni estrago: por lo que con brevedad, se difinan sin engaño los pleitos mando, que el daño está en la prolijidad, Y por fin, que estén gastando su dinero bien ganado, porque coma el Abogado, y ellos estén ayunando; es cosa cierto sensible, siendo el derecho tan justo, Ya según eso es injusto. No hay duda que es insufrible. Todos los Legisladores, con natural igualdad, miraron la utilidad. Pues por qué sus profesores, por él interés humano, siendo ínclitos Varones, han de faltar sus acciones a su origen? A lo llano, a la espesura. Qué voces son estas, que han penetrado? A la selva a lo intrincado, acudid, corred veloces. Cazadores son, señor: sosegad. Ya todo sobra: espíritu nuevo cobra el alma con tal rumor. Los más días, mientras como, esta Música me dan. Siempre templados están los instrumentos del plomo; demás es todo en la mesa; estos son postres mejores, Las sillas, y aparadores quitad, y vamos apriesa: la voluntad admitid, y el deseo de serviros. El tiempo podrá deciros lo que os estimo. Venid donde gocéis el recreo de la caza, fatigado. Como así me ha arrebatado este imán, cuando deseo ocasiones cómo esta? pero a la memoria encargo lo que oí, con que descargo doy a mi fin, sin respuesta. Admirado estoy de ver este modo de regir! Por aquí podéis venir, si os habéis de entretener. 1. Vayan ustedes con Dios, que acá nos lo ajustaremos. 2. De espacio comer podemos, pues que quedamos los dos, 1. Por Dios, que si acá vinieran los huéspedes cada mes unas dos veces, o tres, que más buena cara hicieran nuestras tripas: vive tal, que hay comida para seis. 2. Digo, amigo, no bebéis? 1. Eso no puede hacer mal. A la salud de los nuevos huéspedes, vaya este trago. 2. Lo mismo a los tales hago, porque son lindos mancebos. 1. Qué rica que está la polla! 2. Mejor está la perdiz. 1. Vaya este poco de anís, porque asiente bien la olla. Mejor es; pero aquí viene apriesa, vamos quitando todo esto. 2. Ya llegando está, diligencia tiene. Ya les dejé en la ocasión, con la prevención precisa para el empleo, y ya llevan un criado, que les sirva, de mi casa: ahora bien, acudamos con codicia a la obligación que tengo; mas antes a la familia quiero decir que dispongan la cena, que en esta vida, de lo que pasó no queda tal vez si no la fatiga. De lo futuro, no goza el gusto; con que (oh desdicha!) solo lo presente tiene, como la caduca vista. El diablo me mandó venir acá tan aprisa, nadié encuentro por aquí, para que luego me diga si mi amo se fue, o no, Pero aquí un hombre está, es usté el señor justicia? Haced cuenta que lo soy, y decid, si no es malicia, lo que queréis. Saber solo, si dos huéspedes habitan, o posan en esta casa? Ya tengo de ellos noticia, y esperadlos, que acá posan. Gracias a Santa María, vive Dios, que si otra vez no voy en su compañía, a que no he de mover un pie, aunque me cueste la vida. Yo no sé para que es esto de dejar la comitiva, yy venirse disfrazado, qe sin dar a nadie noticia, mas que a mí, que sabe soy y tan leal como la misma Lealtad; y en cuanto eso, y por él perderé mil vidas. Yo juraré, que ha venido ye acá por cosa precisa, que es como naturaleza, que no hace cosa perdida. Durmiendo está muchas veces, y lo que pasa adivina: (si es que duerme, Rey que sabe mantener su Monarquía y en estos tiempos presentes.) Pero aquí con mucha prisa sale un criado de casa, si no me engaña la vista, que como anochece ya, no es muy buena por mi vida. Entrad dentro, que os espera quien buscáis. Cielos albricias. Está en Salón, oh Antesala? Una cosa es de esas mismas. Id por ahí, que habrá luces. Siempre aquestas mías brillan: La mesa está prevenida. Grande cosa, voy allá, Puesto que la noche oscura mas dígamé, cenan luego? pues la hambre me fatiga. desplegó con osadía su negro manto, poniendo horror en las sombras mismas, quiero acudir a mi oficio. Aquí hoy, por mi desdicha, me toca estar inquiriendo quien entra, y sale: la vida del hombre, de feliz suerte, es cosa de grande estima: yo estoy aquí (cuando otros están con buenas comidas) expuesto al frío, al cuidado, al peligro, a la fatiga, y a cuanto puede venir, solo por mi corta dicha. . más gente sale: quién va? Quién os diera las albricias, si las calles le enseñaráis, por saber cierta noticia. Mi dicha será serviros: seguidme por aquí aprisa. Oscura yace la noche. Las calles no bien se encuentran; pero ya estáis en la Plaza, voy a hacer mis diligencias: perdonadme, que no puedo serviros más, aunque quiera. Tomad eso por ahora. Vivas edades eternas. Debajo la triste capa, de las oscuras tinieblas mucho se puede ocultar. No hay duda que mejor fuera, que de trecho, ha trecho luces en las calles se pusieran; pero ya, si no me engaño, se hace esta diligencia. Faroles son los que lucen. Tan grande es su providencia, que aún a las calles se estiende, admirado esto me deja! Cada luz es un testigo, y un Fiscal del que se atreva a cometer un delito. Dos hombres aquí se acercan. Dios os guarde, Caballero. Él os dé la noche buena; y aunque sea atrevimiento, qué se dice de la Reina, si es que han estado en la Corte? 1. Que con acierto gobierna, y que están todos contentos, de sus políticas prendas. 2. Que al arbitrio de tercero nada su cuidado deja, porque por su mano misma pasa todo cuanto ordena. 1. En eso es un prodigio. Muchas cosas hay secretas a los ojos de los Reyes. 2. Por eso, pues, si salieran por fuera, como nosotros, sin quizás que lo supieran. Y del Rey, a quien el Cielo nos guarde edades eternas, qué se dice? 2. Siente mucho toda la Corte su ausencia. 1. Es cierto que es de estimas un Rey, que en la viva Guerra (dejando la pompa, y gala) su vida, y persona arriesga. 2. Ahora dicen que viene, y esperan todos, que sea la Corte un nuevo portento. Mucho la Fama me empeña! . 2. Porque es recto, y justiciero. 1. Por más, amigo, que sea, no puede ajustarlo todo, porque a los Reyes les niegan lo que pasa, y así ignoran la necesidad que cerca al pobre. 2. No hay duda en eso. Mucho este punto flaquea! Traigamos a la memoria la plática de la mesa. 2. Pues yo sé que este no deje las cosas en mano ajena. 1. Bien lo habemos menester. 2. Yo espero que todo tenga muy afortunado fin; y con esto, Dios mantenga la vida de vuesasted, que ya es tarde, y así es fuerza recogernos, porqué en siendo las doce, el pobre que encuentran va a la cárcel, si no dice la precisa diligencia, que le motiva a salir. Esa es ley sin duda buena, no les detenga yo pues, Dios os guarde. Él os mantenga. Oh Cetro! cuanto trabajo a quién te empuña le cuestas! pero como el fin se logre, no hay zozobra que no sea aperecible descanso. Mas ya es tarde, sin que sepan que falto, quiero volver al sosiego que me espera; y antes que la Aurora salga, dejar esta breve Atenas, llevándome en la memoria lo que tanto el alma aprecia.
JORNADA TERCERA
JORNADA TER Llegáis cansada, señora? Cuando las glorias se esperan, cualquier trabajo es descanso. Y más cuando se desean; pero si yo no me engaño aquí Terliz viene apriesa. Gracias a Dios dos mil veces, que a Guadalájara llegas, Terliz, y otras tantas da pues saliste de trompetas, de cajas, y confusiones, que marean las potencias. Ahora bien, ya estoy aquí a fin de darla la nueva, (de que ya llega el Monarca) a su Majestad la Reina, y ganarme las albricias, que es lo que un pobre desea; . pero aquí está: gran Señora, CERA humilde a tus plantas llega el más heroico Soldado, que ha sustentado la tierra, el más leal Español, que entre las Historias Griegas se ha conocido; y ahora, porque no ingores las nuevas, dos leguas cortas, y aún no, (que es cola de una carrera? dejé al invicto Monarca con el gusto, de que espera, llegar esta feliz tarde a vuestra hermosa presencia. En albricias del aviso toma esa sortija. Oh Reina, la mayor que han conocido los Cielos, y los Planetas! Vivas eternas edades, y quiera el Cielo que tengas (para consuelo de España) un hijo como mil perlas. Viva el invicto Monarca, viva, y llegue en hora buena coronado de trofeos a la Silla que le espera. Pero ya estas dulces voces son testigos de que llega. Heced que los instrumentos, con sus concertadas cuerdas, hagan salva, celebrando tan deseada presencia. Pero ya el aire sonoros, con su dulzura penetran; partir quiero la distancia, porque a mi amor esto deba. Lo mismo pretendo hacer: mas no, esperaré que vengan, Para ser hermosa envidia de floridas Primaveras, Felipo a su Lis añade de Saboya la Azucena. Viva el asombro del Mundo. Viva, y reme en hora buena. Todo es confusión, y voces, qué hago aquí? voy allá fuera, Ponga cuidado, y desvelo en su derecho Amaltea, que llegan fragrantes flores a los ojos de Gabriela. Mas que todas las victorias, que de Marté el diestro brazo, por siglos darme pudiera, estimo de vuestros Astros las divinas influencias. Amor, llega sin reparo. Y yo, de que a vuestras plantas en día de tanto aplauso, gozosa la bienvenida os puedo dar. A mis brazos, beldad soberana llega, y sean aquestos lazos para eterna exaltación. Eso amor ha deseado, hermosa Luisa Gabriela, cuyos soles soberanos no dan rayos, si no luces, a este Imperio dilatado, mil veces la enhorabuena de gozo tan deseado os da mi leal afecto. Siempre vuestro celo amo, porque sé que de mis logros es el más interesado? recelo, no disminuyas el placer de mis aplausos. Pero qué miro en el suelo? qué enigma tan declarado es este? paso pasión, no me pongas en cuidados. El Retrato la desvela. En confusión me ha dejado. Vuelva, señor, a su centro. Vuelva, donde esté guardado, Milagro fue del pincel. Y quizás de vuestra mano: sin duda mucho desvelo os debe, señor, costaros. No hay duda en ello, y quisiera. Muda, y suspensa he quedado. No apártale de mis ojos. Si es por lo equivozado ese concepto, también resultar puede en mi agravio. El Rey se declaró mucho, ya es preciso confesaros, para que los celos cesen, que soy alma del Retrato. En cuanto toca a mi parte, más confusión me has dejado; pues no es, Flora, esa verdad medio para no aumentarlos. Siendo España, quién lo duda? Alza del suelo a mis brazos, mujer, beldad, o prodigio. Hallando tan firmes arcos, ya no temo las ruinas de aqueste edificio humano. Mientras el vital aliento dure en mi pecho animado, no temas a los rigores de los vientos encontrados. Tengo razón para amarle? Y tanta, que no estimarlo, fuera, señor, ya delito. Desde hoy, sacrificando mi persona a vuestras aras, seré en serviros un pasmo. Y desde hoy, Palas bella, será mi amor un milagro. Pues con amante tan firme, amor, quién podrá borraros? y porque esta estrecha unión no vacile Atlante, os hago. No os entiendo. Ya a su tiempo será el concepto más claro. Cómo sea a vuestro gusto, siempre será bien llegado; y porque el tiempo ambicioso no da treguas al descanso, y el Solio ya por instantes me está en la Corte esperando; vamos, que después podré vuestro amor, y fe pagaros. Vamos, y el Cielo benigno sea norte a nuestros pasos. Serviros solo es mi fin, a los Cielos suplicando, que lleguéis a vuestro centro para consuelo, y amparo de vuestros vasallos nobles, con felicidad, y aplauso. s Laus Deo, pues ya llegue, aunque mólidos los huesos, a pisar estos umbrales; de contento pierdo el sejó, aquí estoy, y estoy dudando, si es que es fantástico sueño; pero pues despierto estoy, que no será aprensión creo; todo está como se estaba, las torres veo en su puesto, los balcones en sus líncas, las puertas en sus asientos; entrar quiero, pero no, aquí esperarlos pretendo a mis Reyes, que he de darles vítores, como los buenos; mas no, qué puede llover, como está revuelto el tiempo, entremos dentro, y subamos hasta el último aposento. De aquí las voces no se oyen, pero se sienten los truenos, que ya empiezan a hacer salva, salto, y brinco de contento; Jesús, y que multitud de animales, y de cuerpos, sin duda que de la tierra han tomado forma a un tiempo las hierbas, piedras, y plantas, de racionales compuestos. Todo es viva, reine, reine, todo es caos, todo extremos; mas ya entre hondas de gente, entre si retrocediendo, llegan Felipe, y Gabriela, dos milagros, dos portentos: todo lo Grande de España a sus lados va luciendo. Ahora bien, llega Terliz, y en albricias de que el Cielo con felicidad le trajo, dale mil vitores presto, Muchos vienen, mejor es dejarlo para otro tiempo. Ya, gran señor, que aplaudido a vuestro sagrado centro, con felicidad llegáis, será bien, que de mi afecto reconozcáis solo un rasgo, con muy plausibles festejos. Estimo la voluntad vuestra; pero lo primero son los festejos Divinos, que son llaves de los Cielos, y que eternamente duran. Vamos, señor, sin que el tiempo se malogre: Astros benignos, pues favorables, no opuestos, hasta aquí os habéis mostrado, que seáis constantes ruego. Fortuna, pues Deidad eres, no equivoques los efectos. Oh Majestades invictas, qué grandes son vuestros hechos! . Mas qué mucho, si obrar bien es impulso de los Cielos, en los Reyes que mantienen sus leyes, y sus preceptos; pero pues solo he quedado, sacar el retrato quiero de mi Dueño, que no es bien, que su hermosura olvidemos, por la presencia estimada de su original perfecto. Cielos qué es esto que miro? un retratro es el que veo. Saldré, y sabré de quien es; pero no es bien: escuchemos; que mejor puede el oído de aquí encubierto saberlo. Oh pincel, que misterioso los colores has dispuesto! pues encierra más lo oculto, que ofrece lo manifiesto. Con razón estoy celoso de tu hermosura, pues veo en cada perfección tuya, un milagro, y un portento, Guardado debo tenerte puesto que lo hermoso, y bello es descado de todos, y aún lleva en sí los recelos; mas qué mucho, si es caudal de más estima, y aprecio, según Platón, que los bienes humanos, que poseemos, Prudente Paris te dio en tu favor, su decreto. Salir quiero porque amor es fuerza, e imán secreto. Tan divertido le tiene, que no atiende a que yo vengo. Al pecho volved milagro, que este solo es vuestro asiento, Siempre, Lealtad, el amor, va con alas a su centro. En eso pagáis, señora, lo que debéis a mi pecho. Y aún diré, mas no es bien que más diga. No os entiendo. Basta que me entienda yo. Declarad el pensamiento, por que es aumentar la duda, y duplicar el recelo: falto a vuestro amor? decid. Disimulemos, que luego podremos saberlo todo. No me respondéis, mi dueño? Antes porque no faltáis fue el reparo con misterio, puesto que con un retrato (sin círculos, ni rodeos atropellemos con todo) os vi. Tened, ya os entiendo: fineza fue de mi amor, lo que os parece defecto. No me deis satisfaciones, los brazos sí, pues ya veo vuestro amor inconstratable. Puesto que os he satisfecho; también yo diré, señora, que me faltáis, pues discreto (con enigma misterioso) el Rey, vuestro. Deteneos, que antes más os doy que os quito, estimada de tal Dueño, que es mi querer tan distinto de los demás, que lo excelso yide su Lealtad consiste en los extremos opuestos; pues lo que celos empieza en otros, en mí es gran celo. A vuestro amor correspondo destimando al Rey, es cierto; y atenta a que sois con él el recíproco de Anteros, amándole, es fuerza amaros, y queriéndole, quereros, Si Anteros es el Monarca, yo el Recíproco, ya advierto, que sin el amor igual, no han de mediar los aumentos. Cómo atendáis a quien sois, y no faltéis a mi pecho, amor, que es causa unitiva unirá nuestros extremos de modo, que transformados (distingirnos pretendiendo) por ser solo identidad, no han de encontrar ningún medio; pero ya sale Terliz, retirarnos será bueno. El Cielo os guarde. El mantenga la vida, que yo os deseo: . seréis firme? Eso ya es ofender a mi pecho. Pues no hay que temer, mi bien. Ninguna borrasca temo, llevando siempre presente el norte de tus luceros. Ahora bien, ya que estoy solo, muy despacio, y descuidado, entrar quiero por el Prado de mi idea, vive Apolo. . Coches tiene el pensamiento, Prados la imaginación, y de más recreación, y de mayor lucimiento; porque si quiere una Fuente de Agua fría el paseante, la tiene luego al instante, donde beba grandemente. Y si comidas desea, y regalados manjares, se los presenta a millares en el plato de su idea. Si en Coche no está contento, y quiere silla de manos, pajes, criados, y enanos, se los ofrece al momento. Y con una diferencia digna de ser estimada, y es, que sin costarme nada puedo usar de más clemencia. Que me da melancolía ver que usan de racionales, cuando sobran avimales por las calles cada día. Pero si por el dinero el hombre bestia se hace, si a él le gusta, a mí me place, que yo divertirme quiero sin bolsillo, ni riqueza; y en este Prado florido he de estar más asistido, con más pompa, y más grandeza; pues cuando me vuelvo a casa, divertido, y paseado, sé que ya tengo pagado mi criado; y sin tasa triunfo, visto, y me divierto, y ha medida del deseo tengo regalo, y recreo sin blanca, y esto es muy cierto. Mas, pues sin gastos ningunos, has triunfado, ved ahora, si de la Audiencia la hora esperando están algunos. Mas de dos mil pretendientes, aguardando su remedio, quedan en esa Antesala, que como ha mucho tiempo que salta su Majestad, están con grandes deseos de verle en su Real Silla. Pues espérense, que aún pienso que no a veinte horas cabales que dio las gracias al Cielo, por sus sucesos felices. Déjenle un ponco en Josiego, que hartó ha estado en Campaña, con trabajos, y desvelos; mas punto aquí, que he tomado tanto horror, y tanto miedo a las cajas, y trompetas, por no decir a los truenos, que por no ir otra vez, me fuera al más estrecho rincón de todo Madrid: Señores yo pierdo el feso, que vayan a pelear los guapazos, eso bueno; pero que vaya Terliz, que solo sirve en los lechos de tercero, vive tal, que por injusto lo apruevo: pero ya pasan los Grandes, y Bejar es el primero; Alba también pasa ya, y si no me engaño, pienso, que hacia aquí la Lealtad se encamina, irme quiero, que también he de cuidar del gobierno de mi cuerpo. Acercándose la hora de la Audiencia, así me vengo disfrazado, porque oculte este velo mis intentos. Pero ya está en su Solio, aquí escondido pretendo esperar ocasión buena para lograr mi deseo. Pues que con Imnos divinos di las gracias a los Cielos por sus beneficios grandes, quiero acudir al gobierno. A vuestros pies, gran señor, allego rendido, diciendo, que por accidentes varios, que suceden en el tiempo, me pierdo en mi obligación, y así quisiera algún medio, aípara poder mantenerla. Este punto, yo me acuerdo, que en la mesa se tocó, y no con poco misterio. Ad con Dios, y sustentadla hasta el fin, según derecho, que para el daño ha de estar, quien está para el provecho. No encuentro razón alguna para que sin detrimento, asegurado esté el logro. Buenos principios son estos. t. Un litigante, señor, a vuestros pies está puesto, y pide se le difina un pleito, que ha mucho tiempo, que teniendo razón justa, no la tiene por derecho. 4. Qué puede prudente el Juez remediar, si está el defecto en proponer por triaza yo que es nocivo veneno. O cuantas veces el campo sirve solo para el riesgo, pues es darle a la malicia la rienda pará el despeño! su origen, de los Romanos tiene, pues constituyeron mucha materia en las Leyes, poca forma en sus preceptos. Todas para el malo faltan, sobran todas para el bueno. Id con Dios; que se verá con piedad. Guardeos el Cielo. La suplica, gran señor, Ahora ya salir puedo. es, que se estanque el Comercio (para más vtilidad) de él. No más; que ya os entiendo. Luego a la vista se ofrece el inconveniente mismo: cosa que ha de resultar en ajeno detrimento, no conviene que se admita. Una plaza, gran señor, o cargo, para un sujeto de letras, y santidad, es la pretensión, yo espero de vuestra gran providencia lograr el fin que deseo. Sus méritos disminuye con la pretensión, que es cierto (dejando el que la ajenciáis a parte) que los sujetos de letras, y santidad, no han de buscar a los cargos, sino los cargos a ellos. Esto de lucir, señor. La luz del conocimiento, para no buscarlos, fuera, y no hay duda, lo más bueno. Olvidoseme, señor, perdonad si soy molesto, que es pretensión de los pobres. Y se os olvidó por eso? todo os lo perdono, solo porque atendéis al provecho del pobre, Oh gran Monarca, tu nombre ha de ser eterno! Por ser la pretensión justa, que se le socorra luego con las comunes limosnas, y que le pague al momento, que no es razón sufra el pobre, (que está a su señor sirviendo con afán, y con trabajo) la pobreza de su dueño; antes se le debe dar de voluntad, sin derecho: que el que no le da, y le quita, se pasa de extremo a extremo. Pero ya es tarde, aunque nunca para lo piadoso, el tiempo hace veloz su carrera. No vi más piadoso pecho! . Admirado, y suspendido he quedado, pues es cierto, si con atención se mira, que son favores del Cielo en la ciencia del Reinar discernir, bien, los extremos, para no errar, mal, el blanco. A cuantos ha descompuesto sola la especulativa, sin el praticado acierto? Qué importa ser lince un Rey, si le faltan los objetos? Pero va España sale con un Retrato, ver quiero, quien la desvela, supuesto que se declaró mi pecho. Pues ya el silencio rompieste: Pincel, qué virtud has puesto oculta, que como imán me inclina (raro portento!) sin saber por qué razón, a querer a un mismo tiempo a dos objetos distintos, como si fuera a uno mismo? De una parte la Lealtad, por no sé qué, con imperio, me motiva a que le estime; y de modo, que yo entiendo; que no es pasión sola ya, sino preciso derecho. Ufano está desde hoy, amor, con tan fino Dueño. El Monarca, de otra parte, como a mi amante primero, me obliga por sus acciones atentas, y sus respetos, no ha quererle, si adorarle, no por pasión, ni derecho, sino por su mismo ser, que es el querer más perfecto. Pues amor como ha de ser, a un tiempo con dos objetos, ser firme, y corresponder a tus amantes preceptos? Adónde irás a parar, atención, con tanto empeño? Pero ya la solución encontró el entendimiento; Faltando la voluntad, y ocupando solo el pecho Bia razón, y la prudencia, y queda todo satisfecho; pues esta vive con ojos, yaquella nació sin ellos: a el acierto cabe en esta, gen la otra siempre el verro. Satisfació tan sutil, que cuando temí los celos a veneno solo del Alma, a cón su celo amante encuentro. Ahora bien, salga mi amor de una vez de los respetos. declarémonos pasión, y sepa tu augusto Dueño y a mi afecto lo que debe, pues yo sé lo que le debo. y Ahora llega: corazón, y no temás ningún desprecio. h. Cómo tan sola, y suspensa? Esto ha de ser sin rodeos. . a Desde la felice tarde, a gran señor, que con afecto asacrificó a vuestras Aras aprendidamente mi pecho y la obediencia, y las acciones; que no cesa el pensamiento de formar en la presencia y de vuestro amor mil conceptos, y ya por el celo amoroso, ya por el recelo, y celos. En vano, Beldad divina, y son vuestros temores, puesto que en el pecho retratada y estáis, y aún gravada pienso. Amor, qué es esto que escucho! Qué es esto que miro, Cielos! Pues ya con ese seguro es cierto mi desempeño en lo dudoso de Atlante. Ya es claro vuestro concepto, y más siendo a gusto mío, y tan de vuestro deseo. Pues vuestra mano, señor. La mano daros no puedo, los brazos sí, que son arcos, que os aseguran lo mismo. Yo salgo, aunque me obligan sus amorosos desvelos. Yo llego, aunque me da gusto lo que parece son celos. Y porque lo cumpla todo, pues salisteis a buen tiempo, dadla la mano de esposo. Gustosamente la acepto, pues con ella logro el fin de mis amantes desvelos. Y yo contento la admito, porque logro mis deseos con Dueño tan soberano; y en muestras de lo que aprecio tan justo lazo, y unión, esto, señor, que dispuesto s. a vuestra venida estaba, corone aqueste Imeneo. Jesús mil veces me valga! señores qué es lo que veo? si esto hubiera en la Campaña, más de cuatro fueran luego. Mas ya empiezan con dulzura los sonoros instrumentos: Escuchemos, que también me place todo lo bueno, y gustemos de las voces, como gusté de los truenos. 1. La Tierra con nuevas flores matice el hermoso suelo, y con fragrancias suaves pueble la región del Viento. 2. Con sus cristales el Agua riegue este vergel ameno, porque sus floridas plantas nos ofrezcan frutos tiernos. 1. El Fuego a los corazones, y a los leales afectos, preste llamas, porque ardan en vivo celo sus pechos. 2. Sus plumas franquee el Aire, porque en glorias, y trofeos de Filipo, y Gabriela, harán falta a los Ingenios. Y pues qué gustosos, y pues que contentos, tributan, y os rinden, unidos a un tiempo. El Agua cristales, aidores el Fuego, matices la Tierra, y plumas el Viento. Espera, confía del Tiempo, y del Cielo, que a tu Regia planta, que a tu brazo diestro, para más aplauso, para más imperio. Sus cervices rindan Otómanos cuellos. Y pues que las doctas Musas han dado fin, con gorjeos, (de Filipo, y Gabriela) a las glorias, y trofeos; Adquirir para Reinar, nobles vasallos, es cierto, que le tendrá muy dichoso, pues los principios son buenos.
