Texto digital de Abraham castellano y blasón de los Guzmanes
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Abraham castellano y blasón de los Guzmanes. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/abraham-castellano-y-blason-de-los-guzmanes.

ABRAHAM CASTELLANO Y BLASÓN DE LOS GUZMANES
Y Nfante Don Juan, señor, qué te llega a suspender? qué causa puede tener tan inhumano dolor? Tú triste? tu retirado de todos? cuando solías ser (de tu padre en los días) del Reino tan adorado? Pues qué causa, di, tuviste, que por saberla reviento, para tanto sentimiento? Pues no puedo estar yo triste? No, que al que nace señor, y más tú, que los prefieres, solo sabe de placeres, nunca conoció al dolor: Y esto te intento probar solo en la vida que tienes, veamos si entre tantos bien. tiene lugar el pesar. Tu despiertas muy temprano oleando al Camarero, llega, dices lo primero, qué diahace? es inhumano, responde, señor, el frío. Qué hora es, vuelves a decir, lasicia, obesvome a dormir, que vestirse es desvarío, hasta las nueve otro rato te llevas, y entra al instante el Maestre Salas, y Trinchante, con una polla en un plato, las dos pechugas la quitas. Entra luego un pastelón, con su pella, y acitrón, y otras cosas infinitas: Un pellizco, por un lado, la das, bebes, y al instante te la quitan de delante, y el vestirse es tu cuidado. Vante vistiendo de espacio, mandas Músicos llamar, y te empiezan a cantar un ronito de Palacio. Acabaste de vestir, llega el Maestro de Danzar, das lición, y al acabar entra el Maestro de esgrimir, dices que ya estás cansado. Vas a la Capillaa Misa, dicentela muy de prisa, y aun gruñes que se ha tardado; Llégala hora de comer, comes, y echaste a dormir; levantaste, quieres ir a ver caballos correr, si es que a caza no te inclinas. La tarde en esto has pasado, vas a Palacio cansado, meriendaste dos gallinas. De noche las tablas Reales. juegas por divertimiento; cenas dentro de un momento, y a tu cuarto después sales. Acursaste, y ya rendido te vuelves del otro lado, sn que tengas más cuidado, que el que nadie te haga ruido. Pues, di, esta vida, señor, puede dar tristeza alguna? Tiene poder la fortuna aquí con ningún rigor? Pues de qué nace el tener tristeza con tal estado? Esté triste el desdichado, que no tiene que comes; este triste el majadero, que presta sobre fiado, y esté más triste el menguado que le vuelve su dinero. No tú a quien, por justa ley, el Reino su cuello humilla, por Infante de Castilla; y por hermano del Rey. Pues de qué? . Cansado estás, y en tu discurso ignorante: ay del que un desdén constante le tiene muerto! . San Blas, con eso sales ahora, con desdenes, y favores? Muero, Cebollón, de amores. Y quién es la mi señora? No lo has menester saber. Porqué recata tu pecho su nombre? Porque sospecho, que la llegara a ofender con el aire a su decuro, que es tan fina mi atención; que aunque sabe el corazón que adoro, no a quien adoro. Mirata, pues, si aún sospecho, que dentro de mí le agravio, qué bien lefaré al lanio lo que recato del pecio. De eso solo triste estás? Pues, di, no es causa bastante ser, para estar triste, amante? En otro si fuera, mas en ti, que es el conseguir aún antes del desear, por mujer tienes pesar? Oh qué necio discurrir! no adoro, Cebollón, yo mujer de tan baja esfera. Y aunque de más alta fuera, quien, di, solo porque amó tanto a un pesar se sujeta, que de él se muestre rendido? No solo esa causa ha sido, otra es la que más me inquieta. Y podré saberla? . Sí. Y serás muy largo? . No. eso te pido, y si no no prosigas. . Digo. . Di. Después que el tercer Fernando, cuya cristiandad, y celo de la Fe, le dio el renombre de Católico, de bueno, y aún de santo, que aunque aqueste no está confirmado, es cierto, que la siempre heroica fama de sus virtudes pudieron dársele en la común voz; y aún espero que algún tiempo, para más gloria de España, la Iglesia ha de hacer lo mismo. Después que el tercer Fernando (otra vez a decir vuelvo) coronado de laureles, laureado de trofeos, con un aliento rindió de España tantos alientos, pues con su vida, aspiraban a alcanzar los justos premios; el valor para la guerra, para la paz el consejo, feliz tiempo edad felice, y más que felice Reino, y que supiese que gozó Ro premiar valor, y consejo. Después, en fin, que pagó a la muerte el común feudo, que igualando ejecutiva al Arado con el Cetro, no respeta la Diadema del más poderoso Imperio, el Décimo Alfonso su hijo, y mi padre heredó el Reino, debido a su sangre, como a su prudencia, y esfuerzo; pues dedicado al estudio de las ciencias, sin que en esto estorbase el de las armas, en cuatro lustros y medio de su edad, llegó a alcanzar de sabio el renombre, puesto, que de los veinte y dos años, de esta ciencia, que en el Cielo puesta la mira, le sirven sus Estrellas, y Luceros, de caracteres de oro, y de renglones defuego. Tanto a penetrar llegó, que sacó a luz en Toledo las Astronómicas Tablas, a quien de su nombre ha hecho intitular Alfonsinas. Este, pues, raro poriento de ciencia (otra vez repito) de Fernando heredó el Reino, que si hubiera conservado, fuera su renombre eterno. Pues de Don Sancho su hijo, y mi hermano, que heredero era del Cetro, que hoy posee, aunque a mi despecho se hallo un tiempo perseguido, cuyas revueltas hicieron, que Castilla dividida en bandos fuese el objecto donde atendían las iras de Propios, y de Extranjeros: Ociencia de que aprovechas con prevenir los sucesos, si cuando el peligro muestras, nos escondes el remedio; y pues de estarle temblando tan solo sirve el saberlo, o el riesgo no digas, o dicómo se estorba el riesgo! Helo dicho, porque Alfonso vino a alcanzar todos estos males antes que llegaran de sus estudios efecto: Y aunque tuvo la noticia, no halló de evitarlos medio, que rara vez aprovecha a lo que decreta el Cielo. Quiétose esta disensión; pero no quedó por eso de Alfonso el ánimo libre, del enojo, y sentimiento con Don Sancho, pues llegando la hora de su fin, dispuesto dejó, que su Reino pase a su nieto, y de su nieto, por falta, al Delfín de Francia, (rencor raro!) enojo ciego, que le siguió hasta el sepulcro, y duró más que el aliento! Mas después más advertido, a mi el opulento Reino de Sevilla manda, y deja a mi hermano Don Diego el de Murcia, murió, pues, y mi hermano (de ira tiemblo! tirano (pese a mi enojo!) sin temor empuña el Cetro de Castilla, y no (ay de mí!) paró aquí su atrevimiento, sino que me usurpa aleve a Sevilla, no atendiendo a lo que mi padre ordena, sino que inhumano, y fiero, a mí en Palacio me tiene, ni bien libre, ni bien presos mas yo; pero la voz calle, impida el labio al aliento, que materias de venganza, no deben salir del pecho, que es prorrumpir en palabras, faltar para obrar aliento. Baste el que diga que soy Príncipe ofendido; en esto público callando, cuanto pudiera obrar no diciendo. Verá el mundo en mis enojos, de un tirano el fin sangriento; verá una traición infame castigada de este acero, y verame a mi enojado, con quien lo demás es menos. Ahora que estás con razón, triste, señor, te confieso, que cosa es que tu hermano te tenga usurpado el Reino? tal picardia, por Dios, no se hiciera con un negro. . Déjame, Cebollón, solo: Ahora si que libre puedo soltar la rienda al discurso en mi propio sentimiento. Si yo un imposible adoro, si yo a una mujer quiero, que aunque imposible, y mujer contrarios parezcan, puedo asegurar, que son unos. En Doña Leonor, Cielos, el nombre dije! mas qué importa a mi sentimiento; que cuando me ve morir llegue a saber por quien muero. Doña Leonor Coronel, de mi amor feliz objecto es, y de Doña María Coronel, hermoso dueño de Don Alonso Guzman, es prima; pues como ofendo con tal vil pasión lo ilustre de sus blasones excelsos? Mas ay, que no está en mi mano el apartarme del yerro, porque apartarme, y morir, juzgo que fueran aún tiempo. Pues si aliento, solo es lo que en mi esperanza aliento; pero ella aquí divertida llega, de mirarla tiemblo! que cobarde eres amor en viéndote en el empeño! mas eres niño, qué mucho que el temor robe tu afecto? su prima viene con ella; pero al fin hablarla intento. El Infante está aquí. . . Vamos por otra pieza, que siento encontrarle, . . Está cansado con tantos locos extremos. Qué huiga por haberme visto! qu. señora . . Qué decís? Cielos, qué haré? sí, yo. Qué mandáis? Yo, señora, a hablar no acierto. Pues vamos, prima. . Tened. decir Guzman, les da miedo? Qué queréis? Tan solo quiero, que sepáis que vuestros ojos me tienen, señora, muerto. Habláis conmigo? Con quién, señora, decirlo puedo, sino con quien me ha abrasado con tan dulce fuego el pecho: Vos sois la beldad que adoro. Dudaba, que esos afectos eran a mi encaminados, y aún en la duda me quedo: sabéis quien soy? . Sé, que sois por quien vivo, y por quien muero. No es eso lo que os pregunto, Pues yo de vos solo sé esto. Pues si vos no sabéis más, yo aquí, por mi prima, quiero responder, porque me toca el defender este duelo. Sabéis, que es Leonor mi prima, sabéis (mal mi enojo templo!) que yo soy Doña María Coronel, y que a mis deudos el Rey debe la Corona, y la paz aquestos Reinos? Sabéis también, que es mi esposo gloria de mi pensamiento, Don Alonso de Guzman, tan noble, que es el primero en la Corte con su sangre, y en la guerra con su esfuerzo, como testifican tantas victorias, tantos trofeos, adquiridos por sí, y por sus generosos abuelos, cuyo valor es temido del Enemigo Agareno, tanto, que solo el oír Y sabéis, que si supiera, no digo vuestros intentos, sino la más leveacción contra su honor, fuera cierto, que hiciera en vos, ya lo dije, no os admire, porque siendo vasallo, se atrevera, pues en casos como estos, lo propio que vais bajando, para igualar, va él subiendo. Si bien, con poca distancia, el que os compitiera pienso, pues su sangre, y la del Rey tan de una linea salieron, que solo estuvo en lo recta el tener, o no este Reino? No exageración parezca, pues en Castilla primero que hubiese Reyes, señores huyo de quien procedieron. Pues si todo esto sabéis, como osado, desatento al sagrado de su honor, osían vu estros devaneos cometer tan grande ofensa? Volved en vos, deteneos vos mismo en vuestras acciones, reprimid dentro del pecho la llama, que solo aspira a hacer del honor incendio, antes que (ued que os lo aviso) entre a apagarla allá dentro, o lo sordo de un puñal, o lo altivo de un veneno. Tarde llega vuestro aviso, baste, que el hermoso dueño de mi corazón Leonor, no se ofenda de mi intento. Si os parece, que porque he callado, siento menos, os engañáis, que lo mismo que os dijo mi prima, vuelvo a deciros yo también, porque si fie a tu acento mis palabras, fue temor de que la irá de mi pecho no dejera proseguir, o por salir todo aún tiempo, revéntase, o embárgase a los labios el aliento: y así la misma respuesta os doy, señor, advirtiendo, que lo que allí fue amenaza, quizá aquí será escarmiento. . Aguarda, Leonor, detente. V. Alteza, desatento, no ha de pasar. . Apartad. Advertid, señor. Qué es esto? El paso en que nunca falta hermano, marido, o viejo. De hielo soy. . . Pues, señor? Doña María, qué es esto? Pregúntaselo al Infante, . que él sabe mejor su intento. Cuales se miran los dos, lindo caldo se ha revuelto. . Pues V. Alteza, señor. Ea, callad (de ira tiemblo!) De qué suerte? . Basta ya. No basta, que vive el Cielo, que he de saber lo que ha sido. Callad, que estáis desatento, dejad, que siga el imán que arrastra mis pensamientos, en cuya amorosa hoguera, dichoso Fénix me quemo. . Qué más claro ha de decir, que es mi esposa de su afecto el dueño? con la acción mirma, que los encontré, lo pruebo. Qué has dicho, señor, que has dicho? aguarda, y pues ya me has muerto con la lengua, para qué rehusas con el acero? Mira, que es cruel piedad dejarle a un hombre el aliento, cuando para sentirmas solo le sirve el terierlo. Mátame en el cuerpo, ingrato, pues en el honor me has muerto, quítame la vida, y no manches los timbres excelsos de mi sangre con la afrenta, que ya imagina tu pecho, si no es que acaso lo dejas, o por permisión del Cielo; para que su agravio vengue, aunque atropelle los fueros de lealtad, y vasallaje; pues en talcaso, primero es mi honor, si vive Dios, que de todo el mundo el Reino, que no será cosanueva, cuando se llegue a este extremo, ver un vasallo desleal a vista de un traidor dueño. Aquesta es la recompensa que a mis servicios espero? es aquesta? . Don Alonso. qué es esto? vos descompuesto? que ha sido . . Nada, señor. No apurarle es sabio acuerdo, mirad, que he de escribir luego al de Aragón. . . El Francés tiene de Girona el cerco bien apretado; y a mí las ofensas, y los crlos, y los agravios, de suerte, que en vano desendar puedo la plaza del corazón, pues (pero qué digo, Cielos!) Volved en vos, Don Alonso. Hoy, señor, vino un Correo, con nuevas de que el Maestre de Santiago había muerto. Don Rodrigo de Mendoza? su muerte en el alma siento. Con razón podéis sentirla, que era muy buen Caballero. Alcabde era de Tarifa, y yo, Don Alonso, quiero, que le sucedáis en ella, pues no hay en todo mi Reino, quien la merezca mejor. Vuestros pies, gran señor, beso, por las honras, y mercedes, que siempre me estáis haciendo; y pues fiais a mi valor esa plaza, yo os prometo, que antes que a perderla llegue, vea en ella el fin sangriento de mi vida, pues si fuese menester para este empeño la de Don Pedro mi hijo. que es la cosa que más quiero, al corbo acerado a fange antes espondría el cuello, que faltar a lo que digo. De vuestra leaitad lo creo, a Soy Guzman, señor, que dala, y bastará, vive el Cielo, para que mi afrenta labe cuando él pretende encubrirlo: . con la sangre de algún cuello. Un Embajador del Moro, tan grande como un podenco, de un caballo se ha apeado, y espera, señor, atento tu licencia. . Decid, que entre. Tus plantas, granseñor, beso. Dios, Embajador, te guarde: llegad aquí dos asientos, Vive Dios, que he de hacer de costilias a este perro. Qué es eso? . No ha sido, nada A su espinazo con eso, que el señor Embajador dio en tierra con el saleto. Abenjacob Almanzor, de Tanjer, y de Marruecos, Fez, y otras varias Provincias, gran señor, y Rey supremo, a ti muy noble Don Sancho, Rey del Castellano Reino, y de cuanto con cristales riega el Betis, algún tiempo dominio nuestro, que Alá a vuestro poder ha vuelto, que aunque huyo tiempo de iras, hubo de piedades tiempo, salud, y por mí te avisa, (que por mi sangre merezco ser su segunda persona que los tratados conciertos paz, que ajusto tu padre con el suyo, y señor nuestro, que al lado del gran Profeta, descansa sobre luceros, con él, sin que alteres nada, quiere que ajustes de nuevo, pues sabes lo que interesa Castilla, señor, en esto. Basta, vuelve Moro, y dile a tu Rey como no acepto su proposición, que sí trato mi padre conciertos con él, que yo no los guardo, porque si entonces al Reino de Castilla le convino, ahora no conviene hacerlo. r pues yo en su nombre, que traigo poder su yo para ello, las paces rompo, y la guerra te público a sangre, y fuego. Pues antes que ese planeta, alma luciente del Cielo, bane en cristalinas ondas tanto cándido reflejo, como en campos de zafir, ardiente va descubriendo, verás los tuvos floridos de sus Soldados cubiertos, que con las galas, y plumas, los aceros desmintiendo de tanto vatió matiz formen selvas en el viento, de los turbantes, las tocas, y de las lanzas, los hierros. Y supuesto que Tarifa fue tu último trofeo, el primer blanco infeliz ha de ser a tanto esfuerzo, pues sus murallas. . . Detente, y advierte, Moro soberbio, que hablas ahora conmigo. Cómo? . . Cómoyo el gobierno tengo de esa Plaza, y pues con la lengua, y el acero, el defenderla me toca, dándome licencia a ello el Rey mi señor, con quien ya no hablas, escucha atento. Vuelve Moro, y di a tu Rey Abenjacob de Marruecos, que yo Don Alonso Perez de Guzman, un Caballero, de mi Rey menor vasallo, que de esto solo me precio, mas que de tantos blasones como ha adquirido mi esfuerzo, soy Alcaide de Tarifa, ese edificio soberbio, contra cuya fortaleza diriges tú sus intentos, que supuesto que es pesar, basta el que yo le padezca, sin que a ti, esposa, también te participe la pena. Antes por esa razón te pido que me des cuenta de lo que fue, que supuesto que fue pesar, y tristeza; y tocándote a ti, el que también me toque a mi es fuerza; divertido el sentimiento, que tan cruel te atormenta en tu pecho, y en el mío se minorará la pena, Con esa misma razón bien argüirte pudiera; pero al fin, porque no quedes de mi silencio con queja, atiende, que he de decirte el dolor que me atormenta. Prosigue. Atentos me estad. Ya el alma atiende suspensa. Apenas del rubio coche, en que ese Cuarto Planeta, incesablemente corre por cristalinas esferas, desuncidos los Caballos, del Mar en la orilla deja, bañando en las claras ondas, que le tributan atentas, blando lecho de cristal, para dormir su belleza, cuando yo también rendidos los sentidos a alagüeña Deidad, que esparció en mis ojos, beleño, o adormideras, de mil cuidados cercado, hice con la vida treguas, por entregarme al descanso de esta deleitosa selva, adonde Flora fabrica alcatiras de mosquetas. En ese jardín florido, que siempre a la Primavera debió su adorno, sin que rigores de Enero sienta. Al pie de una hermosa fuente, que corría lisonjera, por guarnecer con aljósar la esmeralda que allí cerca, en unos mirtos se via, a quien bañaba risueña, a su pie, pues (ay de mí, que aquí mis ansias empiezan!) dormido me quedé, cuando e me representa la idea lo propio que me pasaba. (Quién dijera, quien dijera, que las fantasmas de un sueño de tal suerte representan!) Sonava, pues, que me hallaba de Tarifa en la defensa, a quien cercada tenían las Milicias Agarenas, de quien Don Juan el Infante se valió para esta guerra; y que (ay de mí!) por traición, (aquí valor, resistencia contra el dolor, porque temo, que me han de ahogar sus penas que en la garganta se anudan, y en el pecho se atraviesan) por traición (ay de mí!) digo; soné que a la dulce prenda, que nuestro amor produció, en señal de su firmeza, a mi hijo querido (a Clelos!) me robo mano sangrienta, como quien sabia bien, que adquiría en él más presa, para causarme dolor, que si la vida perdiera. Considera tú lo angustia, la tristeza considera, que mi corazón tendría; baste, para encarecerla, el confesar que la tuve, que si no hay nada que pueda asustar mi gran valor, y lo consiguió esta pena; grande fue, sin duda, mas aún otra mayor me queda. Preso, pues, mi amado hijo, del Campo blanca Bandera trémolan, al muro salgo, el Infante, y Celín llegan, que trayendo allí a mi hijo, me dicen de esta manera: Este, Don Alonso; es (suspended el rigor penas!) tu hijo, que su dominio nos adquirió una cautela. Rinde la Plaza que amparas, y le daré en recompensa; y advierte, que en el concierto te pido lo que deseas; pero sino, luego al punto, de este hacero a las sangrientas iras, su inocente cuello, como la espiga, que llega rústica mano, será cortado, con más fiereza. Adviérteme en este lance, confuso entre tantas penas, si le dejo, injusto padre, y desleal, si le dejan. Si le olvido, con mi amor, tirano en mi sangre mismas, y si le libro, a mi Rey, mi fe la palabra quiebra. Indeciso, pues, estaba, sin saber, en tanta pena, si siendo yo traidor viva, o si siendo leal muera, cuando venciendo al amor, la lealtad, en mal compuestas voces, que pronunció el labio, porque el pecho no las sienta. Le dije, en vano, tirano, vencer mi lealtad intentas; no digo yo aquese hijo, pero otros mil que tuviera, los diera a la muerte, antes que desista de la empresa. Y si te faltaren armas, para que ejecutar puedas tu intención, toma esa espada dije, y eché de la almena, cuando el aleve (ay de mí!) con más crueldad que una fiera, al tierno infante tomó, y con rabiosa violencia segó su cuello (ay de mí!) que aquí se turba la lengua, aquí el pecho desfallece, aquí la voz titubea, aquí mi valor acaba, y mi sentimiento empieza. Viste tal vez en un Prado, en quien prodiga Amaltea, su cornucopia vertió, entrqueciendo la Selva con los adornos, que Abril le viste la Primavera? Un Clavel, que aún del botón no bien la clausura abierta, bizarro obstenta su gala, a vista de una Azucena, a cuya intacta blancura, a cuya pura belleza, dos horas antes del día madruga, porque le vea a quien una aleve mano, con rigurosa violencia, marchitando sus verdores, ajando tanta belleza por cogerle, inadvertido le deshoja con fiereza sobre la verde esmeralda de la más vecina hierba, que como de esmalte sirve al rubí de su fineza? Así del feroz Ministro, a las iras más severas, deshojó el clavel más puro, regando, en partes diversas, con la lluvia de corales la esmeralda que le cerca, quedando ya inanimado, como la blanca azucena, dividido el terso cuello, que por mil partes franquea el tesoro de rubíes, que ya esparce por la tierra. A este asombro, a aqueste horror a aquesta triste tragedia, negó el Sol su luz al mundo, sucedió a su luz la densa oscuridad de la noche, que en señal de su tristeza, y por más luto, no quiso bordar su manto de estrellas. Marchitáronse las flores, y secáronse las hierbas, todo sentimiento hizo, pues al mirar tal tragedia, ofendido el Sol se esconde, huyen tristes las Estrellas, oscura la noche sale, secanse flores, y hierbas, y solo yo (ay de mí!) quedo con vida, no te parezca que es piedad, si no rigor, pues solo el quedar con ella aumentando mi dolor, es causa de mayor pena: Felice yo, si también allí entre suenos muriera! Mira cual es mi fortuna, que el mayor rigor me niega, cuando en el mismo rigor descansar el pecho espera, y es piadoso con mi vida, cuando ella más me atormenta. Infelice, pues, mil veces, del triste que experimenta adversidades del hado, que entonces su suerte llega de la desdicha al extremo, cuando hace que se convierta el descanso en la fatiga, la libertad en cadenas, el puerto felice en golfo, la serenidad en tormenta, la vida en muerte infeliz, toda la alegría en quejas, en veneno la triaca, y los placeres en penas. No así, esposo, una ilusión, una sombra, una quimera te asuste, ni sobresalte, aquí está la dulce prenda de nuestro amor, y seguro del engaño, y la cautela, nada, pues, te aflige. Escierto, mas no puedo de la idea deshechar este dolor, que en el alma dejo impresa esta angustia que me aflige. Que hay ya que tu pecho temas Padre. Hijo del alma mía, ya con tu dulce presencia se sosiega el corazón, Nada vuestro valor tama, que aunque me maten los Moros, si yo muero en la defensa de la Plaza, y por guardar lealtad al Rey, antes fuera blasón vuestro. . . No lo niego; mas para tan cruel pena eso no obsta. . . Es verdad, mas con la honra que adquirierais no la templaráis? . . No hijo, que aunque en mi siempre sea deuda voy seguro de que pueda de servir a mi Rey, y dar la sangre de mis venas, si pudiere, en su servicio, siempre mi lealtad atenta hallará a la ejecución, no bastará a que la pena que sintiera el corazón, hallar descanso pudiera. Morir por mi Rey, y señor, y de su Reino en defensa, no fuera dolor. Ay, hijo, como se ve que en ti alienta el valor de los Guzmanes, cuya sangre por tus venas discurre hecha vivo fuego. e Como el oírte me alegra: eso sí, antes el honor que la vida. ̱m, Vean, vean el renacuajo, también nos anda ya echando piernas. A rondar voy la mutarla: no sé lo que el pecho altera. Don Albaro. Qué mandáis? No sé como lo dijera. m pues el Rey quiso enviaros, a que honre vuestra nobleza cua casa, y esta Villa, os pido, que mientras vuelta doy a sus Muros, que estéis hecha muda centinela de este puesto, porque sé por espías, y muy ciertas, que algún traidor ha venido? colegid vos a que sea. Si sabe que yo a Leonor . adoro? haré lo que ordenas. Ya con déjaros a vos, lograrse cautela alguna. Sin duda él tiene sospeo ha de mi amor, y así me avisa. . Yo le voy a abrir la puerta al Infante, que el bolsillo ha sido llave maestra: oyes, Flora? Qué me quieres? Haz la dicha diligencia con tu ama, queyo voy acá a disponer la biesta . Vio. Pues tenla perdigada, para que así esté más tierna. . Esposa, hijo, recogeos, que en dando a la Plaza vuenita volveré. . . El Cielo, señor, me deje, que a verte vuelva. Recogete, hijo. Ya voy, aunque yo mejor quisiera ir con vos. Hay hijo amado, como que es mi sangre muca eras! deja que tengas edad, que entonces (el Cielo quieaa) me acompañarás, Señor, qué importa falten las fuerzas, adónde el ánimo sobra? Cada palabra me lleva todo el afecto, no hijo, con tu madre aquí te queda: loco de su amor estoy; El Cielo, hijo mío, quiera, que yo te vea en el Campo entre Huestes Agarenas, ser asombro de sus Lunas, aunque entre sus iras viertas la heroica sangre que tienes, para que elmaltes con ella del Blasón de los Guzmanes, las Armas de su Nobleza. Don Albaro vez segunda encargo la diligencia; con esto asegurar puedo, aún en esta breve ausencia, las reliquias del temor, que de aquel sueño me queda. Ay, divina Leonor, quien . decirte su amor pudiera; mas si son lenguas los ojos del corazón, oye de ellas en mudas voces afectos, que estos suspiros alientan! No sé que desasosiego me ha causado la presencia de Don Alvaro, que al verle, parece que el pecho altera. Ya cerré la puerta, y ya entramos. . Pues pisa quedo, no nos sientan. Qué es sentirnos; si estarán ahora durmiendo; y a una mujer dormida, ni los golpes de un Herrero despertarán, porque son únicas, señor, en esto, que aunque ligeras despiertas, son muy pesadas durmiendo. Ya salimos del jardín. Falta me ha de hacer sospecho la luz, para que me guíe, que aunque de amor lleve el fuego en mi pecho inextinguible, es de tal modo su incendio, que abrasa, pero no alumbra, arde, mas sin lucimiento: y así hacia el cuarto me guía. Pues ya enfrente le tenemos. vente tras mí. . Ya te sigo, aunque por donde no veo; pero qué mucho, si a un loco le viene siguiendo un ciego. Pues mi ama está recogida, y mi amo anda recorriendo del Muro las centinelas, aquí sola esperar quiero a que Tenaza al Infante traiga, que ya dejo abierto el cuarto, para que entre, Ya llegamos. . Ve con tiento: más ten, que hacia aquella parte una mujer, según veo, a una ventana que cae- al jardín, está. . Es cierto, y quizá será Lonor, que suele salirse al fresco estas noches. . Mas ya llegan, engañarle será bueno, que ello es de noche; y mi talle, mi garbo, gala, y aseo, qué tiene menos que mi ama? Yo, Tenaza, a hablarla llego. Hagamos lo del recato: quién va? quién es, que a tal tiempo atropellando decoros, rompe del honor los fueros? Ella es, según las razones. Quién es? . Bellísimo dueño de mi libertad, yo soy un esclavo, a quien el yerro de su cadena, le guía a morir, mas ya que muero, sea en tus brazos. Y hace bien, que tendrá seguro el Cielo: . gran garbo tengo, sin duda, de noche. . Señora. . Quedo; qué hacéis, señor? y mi honra? mi decoro? mi respeto? Jesús Jesús, qué insolencia! Perdonadme, que, Qué bueno! a mi mano os atrevéis? sois un ignorante, un necio, un atrevido. . Decid. Un insolente, un grosero, un sucio, un. . Por San Blas, que, o yo estoy hecho un pellejo, o esta es la voz de Florilla. Queréis que llame cien Negros qué os muelan? Cómo me habláis así? . Señor, por San Pedro, que es Flora con la que hablas. Flora. . Ya de fingir dejo: . ves como te engañara un chino? . El amor es ciego: mas di, dónde está Leonor? Vente tras mi a su aposento, En aquella cuadra hay luz. Dices bien. . Y si el deseo no me engaña, no reparas que en aquel divino lecho, por lo que la luz dispensa, está durmiendo mi dueño? Yo me llego a despertarla, que aunque es delito, ya veo que desitos de amor, traen culpa, y disculpa ellos mismos. Pues yo me voy, y así toma las llaves, para que luego abras del jardín la puerta. Daca acá. Válgame el Cielo! quién anda en aquesa cuadra? Ah vil, que me has descubierto! Que mucho, señor, que errara, si estaba en la mano el yerro? mas quien creerá, que la que nos abrió, nos cierte el mismo paso? . Quién? el que advirtiere, que en mi desdicha los Cielos, los instrumentos del bien hacen del mal instrumentos. Gente he sentido: traición. Detente. . Válgame el Cielo! Divino hermoso prodigio, imán de mi feliz yerro, no te asuste el advertir, que haya habido atrevimiento, para profanar la pura inmunidad de este Regio Palacio, cuando lo causa amor. Qué he escuchado, Cielos! Amante de tu belleza (ay de mí!) tan ciego vengo, tan sin alma, tan sin vida, como quien al verte atento, la sacrificó a tu imagen, por más senal de su afecto. Ya veo, que este delito me lleva a la muerte, a eso vengo a morir a tus manos, para lograr el consuelo de que en tu hermosa presencia muera, supuesto que muero. Hombre, que no sé quién eres, qué locura, a tal intento, te trae? qué frenesí? qué delirio? a hablar no acierto de confusa, o de turbada, al ver tal atrevimiento; mira si vienes errado. Errado no, pero ciego. Pues válgate por disculpa uno, o otro, vete presto, antes que aquí llegue quien castigue tu atrevimiento, que más por mí, que por ti, sin castigarle le dejo, que no está bien a mi fama publicar este suceso: y así, vete, pues. No es fácil me vaya, sin que primero merezca alguna esperanza, que ya que me ha dado el Cielo esta ocasión, puede ser, que no halle otra si la pierdo. Aqueso es querer morir. No te digo que a eso vengo, aunque como ha de morir, a quien ya amor tiene muerto? Pues supuesto que lo pides, no te quejes, si lo ordeno. Ah de la guarda, Soldados, acudid, acudid presto. Qué voces son las que escucho? . Lindo caldo se ha revuelto. mi prima, y un hombre, Cielos! No los llames, que si es fuerza el morir a sus aceros, mas quiero morir de fino a vista de tu desprecio: denme tus manos la muerte, y moriré más contento. Ruido he sentido, y no sé quien lo causa. . Bello dueño, hermosa Leonor. Qué escucho! con Leonor un hombre: a celos, qué presto que me asaltáis! Deidad hermosa. Qué es esto? quién eres hombre? Soldados, traición. . . Aquí está mi acero, rayo encendido, que exhala todo el fuego de mi pecho. Ruido de armas en mi casa? todo mi cuarto revuelto? y mi esposa dando voces? Hola, luces; mas qué veo! Qué es esto? pero qué digo, si segunda vez encuentro al Autor de mi deshonra en la misma acción! Qué veo! ya es fuerza morir matando. No ahora, tirano, pretendo preguntarte la ocasión, pues ya otra vez satisfecho me dejaste; pero ahora vengareme, vive el Cielo. Primero verás tu muerte. A vuestro lado estoy para vengar mis rabiosos celos. Cómo a mi valor lecúesta adquirir tanto un trofeo? Como en tu señor se embotan los filos de aquese acero? Por señor no te conozco, solo Don Sancho es mi dueño. Don Sancho es traidor, pues que me ha despojado del Reino. Las armas serán aquí los Letrados de este pleito. Aunque blasones. a Al arma. Arma, guerra. Fuego, fuego. Traición, traición. Qué tres voces son remora de mi acero? pero consiga este triunfo, pues que todo importa menos. Señor, acude al instante, que del jardín han abierto los contrarios un postigo, y por él ha entrado un tercio de gente, que a voces dice. Arma, guerra . Y a este tiempo, ellos mismos, a otra parte fuego en la Plaza prendieron, que es la cabsa de que digan. Traición, traición. . Fuego, fuego. Traición, traición. Qué es Celín, que en la Plaza ha entrado, viven los Cielos, que aunque sea en mi favor, le dará muerte este acero, pues siempre tendré la culpa de esta traición. Fuego, fuego. Arma, arima, guerra, guerra. Traición traición. Ya el estruendo se oye más cerca, acudir es preciso a aqueste riesgo, que sin duda es ordenado del Infante. Fuego, fuego. Muerta he quedado (ay de mí!) Madre mía, qué es aquesto? No lo sé, hijo, ven conmigo. . Arma, arma. . Fuego, fuego. Mueran los traidores, mueran. Quién creerá, que aqueste acepto ánimo me infunde más, que pavor? Ay Santo Cielo, adónde me el conderé? De quién huyes? Esto es bueno, de quién huyo? de estas voces. u Pues, y eso te causa miedo? No le tienes? No, gallina, que sobrado valor tengo. Pues yo, ni aún cabal, ni aún falto, Qué haya quien confiese eso trayendo la espada al lado? Mas de mil dicen lo mismo, que la traen, sin que les sirvan mas que de embarazo. . Fuego. Guerra, guerra. Al punto nos retiremos, antes que cargue más gente, ya que en la facción perdemos mas de cien hombres. . Señor, ya reconozco mi yerro, aunque si trajera más Soldados, el triunfo es nuestro; mas quién está aquí escondido? Dos son. No sino uno, y medio. Cobarde, daca esa espada. Quiere callar, cunchumeco? Celín, más hemos logrado que juzgó nuestro deseo: este es de Don Alonso el hijo, llevadle luego a mi tienda. Ya este? . No. Miren el maldito perro. Vamos antes que se acerquen. Arma, arma, fuego, fuego. Padre. Los cobardes huben; mas qué voz oigo en el viento, que me llama? Padre. Hijo, dónde estás? será ello. Los enemigos me llevan. De Misas te ahorran eso, de Oraciones, y Responsos. Ay de mí! esa voz me hamuerto. Esperad, cobardes viles, volved, volved los aceros, y la vida me quitad. Traición, traición. Fuego, fuego. Padre mío. Hijo querido, ya voy tras de ti resuelto a librarte, o a morir. Detente, señor, qué es esto? Dejad, dejad que le siga. Es en vano tu ocido, que importa más tu periona. Padre mío. . Fuego, fuego. Hijo de mi corazón, dejad que en su seguimiento vaya. . . En vano lo procuras. Como permitís, o Cielo, que a vista de tal dolor no me acabe el sentimiento! Consuma mi vida un rayo, abra la tierra sus senos, y lapúlteme horrorosa, fálteme la luz del Cielo, oscurézcáseme el Sol, porque en tan gran sentimiento, desesperado de hallarle, en vano busque consuelo. Ay, hijo del alma mía, qué presto que de aquel sueño el presagio se cumplió! mas cuando el mal tardó, Cielos? pues que mi agravio miráis, dadme para él desempeño, valor, si acaso me falta, a vista de tal tormento. Arma, arma, guerra, guerra, traición, traición, fuego, fuego. JORNADA TERCERA Piadoso es mi sentimiento, pues no me quita el vivir; mas si es para más sentir, mas que piedad es tormento. De este acento conducido vengo (ay cruel dolor!) sin mí, pues que la vida perdí en aquel hijo perdido. Esta voz, enajenada de mí, aquí sin mí me guía, porque no cabe alegría en quien es tan desdichada. Mas la cláusula que sigo. La voz, que a mi llanto ayuda. Habla conmigo sin duda. Sin duda, que habla conmigo. Pues también puedo decir, a vista de taltormento. , . Piadoso es mi sentimiento, pues no me quita el vivir. Que aunque del dolor que siento, piedad sea el no morir. , . Mas si es para más sentir, pues no me quita el vivir. mas que piedad, es tormento. Pero allí mi esposa está. Mas allí a mi esposo miro. Tú por aqueste retiro? Por mí la respuesta da, pues lo mismo (ay pena mía!) te pregunto. . . Conducido de aquesa voz he venido. También yo de su armonía. Cómo, habiendo yo mandado, que en mi casa (ay pena mía!) no sueñe nada alegría después que perdí al amado. fruto, de nuestra afición, se atreven a quebrantar mis órdenes, y a cantar? Cómo no es esa canción la que puede divertir el mal que nos atormenta. Pues por qué? Porque le aumenta, pues el nuestro, y su sentir, son tan unos en su intento, que la cláusula que ofrece, que habla conmigo parece, Pues cómo? Escúchame atento. Piadoso es mi sentimiento; pues no Después que en la noche oscura, en que hizo mi haberte avara, que el Infante cautivara a mi hijo tanta amargura causó en mí esta desventura tanta pena, ni tormento, llega mi pecho a afligir, que en el cruel dolor que siento. , . Piadoso es mi sentimiento, Jeval nuestra pena ha sido, si no es la mía mayor; dígalo por mí el dolor de mi pecho enternecido, que aunque te haya parecido piedad la vida que aliento, si aliviara el sentimiento, pudiéralo colegir. , . Mas si es para más sentir, mas que piedad es tormento. Una, y otra conciusión se pueden bien defender, ya que llegan a tener ambas en mi mal razón. Dos veces he pretendido librar a mi hijo, pero el Infante cruel, y fiero rescatarle no ha que ido por menor precio (mirad si es poco) que aquesta Plaza. Entregarla, que embaraza, primero es la libertad de vuestro dijo. Andad con Dios, que la entreguer bueno a fe, primero le entregaré mi hacienda a mí, y aún a vos. Qué decís? Que a esto, por ley, señora, estoy obligado, aquesta Plaza ha encargado a mi lealtad el Rey. Perder la vida juré, antes de perderla, en ella; mirad, si llego a venderla, y que bien lo cumpliré, y más cuando no es mi vida la que arriesgada colijo, sino solo la de un hijo, que aunque el amor me lo impida por mi Rey, sangre, y nobleza, si es que a este extremo llegara, por mis manos le entregara, antes que la fortaleza, que me diera buen blasón, si es que lo contrario hiciera el que en la ocasión primera Bltase a mi obligación. Y así, cuando esto colijo, defender la Plaza quiero ha la morir, pues primero es mi opinión, que mi hijo. No es bajeza, o deshonor dar una Plaza, que ya expuesta a entregarse está, por librar de su rigor a un hijo unico. Señora, no me tenéis que decir, él cautivo ha de vivir, si el rescate no mejora. Es impiedad. Es cumplir con mi Rey, y mi lealtad: otro rescate ajustad, o con este ha de morir, que aunque lo sienta el amor; y vuestro llanto lo impida, por libertar yo su vida, no he de cautivar mi honor. A Leonor este papel has de dar, sin que de aquesto nada entienda mi señora. Pues de quién es? En secreto Cébollón, que es del Infante posta de amor, o Correo, me le dio, que como siempre, que venir suele a esto mismo, disfrazado de villano entra libre, pudo hacerlo. Trairá aquello de bien mío, Ángel, Luna, Sol, y Cielo, y la demás letanis de un amante papelero. Ello dirá, Flora, ten, y dásele luego, luego. Del cansancio, y el cuidado, rendido, esposa, me siento. Pues entra a tu cuarto. No, antes en aqueste ameno jardín quiero reclinarme. Pues traele, Flora, al momento dos almohadas, ya que quiere hacer al suelo su lecho. Cómo es cama de Soldados, de echarme en ella me precio, Don Albaro. Qué mandáis? A vuestro cuidado dejo el gobierno de la Plaza este rato; pues bien creo, que podré dormir seguro, mientras vos estáis despierto, Quisiera hallar ocasiones en que os mostrará mi afecto, mi valor, y mi amistad. Bien conocido lo tengo; mas sois Lara, y lo valiente, y leal, no es en vos nuevo. Voy hacer lo que mandáis. Y no tratas de dar luego libertad a nuestro hijo? No me habléis, señora, en esto; bien sabe Dios, que el dolor se ha apoderado del pecho, y que sin vida respiro el rato que no le veo; pero a mi amor vencerá mi leaitad, haced que el precio sea otro, aunque pida toda mi hacienda, que desde luego se la daré; pero dar la Plaza, no puedo hacerlo. Ese no es amor de padre. Tanto como vos le quiero: mas en tocando a mi Rey, de mí mismo no me acuerdo. Ah valor de los Guzmanes, hágate la fama eterno. Su intento me da la muerte. Bien sabéis, divinos Cielos, que aunque esto digo, el dolor casi me quita el aliento; . pero primero es mifama, muera mi hijo, si con esto a los tineres de mi casa. añado blasones nuevos. No able valor ha sido el que Don Alonso muestra en defensa de Tarifa. Ah hecho en la resistencia empaño, dincultosa la empresa. También yo, Celín, le he hecho, y a ello dos causas me fuerzan. La primera, porque ha sido el estorbo de que fuera Don Sancho destrozo horrible de mi espada; y estas guerras. no inquietaran a Castilla. Y es la otra, por si llega a lograr mi feliz suerte el que en su victoria vea al sol hermoso que adoro, que aunque a mí no me moviera otro interés en el cerco, que el gozar de su belleza, fuera bastante a que no le quitara, hasta que viera sus murallas por el suelo rendida su fortaleza. Por Alá, que esa cristiana, sin duda alguna, es muy bella, puesto que te debe tanto amor, y tanta fineza. Es sin igual su hermosura, y aún su rigor. Ya le vieras rendido, si aquella noche no hiciera la suerte adversa que nos sintiesen. Ya al fin logramos bastante empresa en la prisión de Don Pedro. Y dónde está ahora? En mi rienda le tengo Hola Cebollón. Qué me manda V. Alteza? Tráeme al punto aquí a Don Pedr de Gucinan. En la edad tierna, blasona con tanto brío, tan gran animo muestra, que me admira. Son efectos de la sangre que le alienta. Ya esta aquí. Os he llamado por daros la buena nueva de que envié a vuestro padre a tratar de conveniencias del rescate. . . Ya lo sé, y que pide . Alteza por mí a Tarifa. Y es mucho? No es poco, por conveniencia, pues no os la dará, aunque en esto yo de libertad carezca. Pues desengañese, que no os verá de otra manera. Pues desengañaos también de que no la veréis de esta, que si la queréis ganar, habéis vos primero en ella de sudar sangre. . Lo que mucho vale, mucho cuesta, ríndala yo a mi poder, y como quisiere sea. Eso no lograréis vos. Cómo de aquesa manera me responde un prisionero? un. . . No pase V. Alteza adelante, que no es bien, que porque chico me vea, piense que me ha de ultrajar. Acaso haréis vos defensa? No lo sé, pero os aviso. Señor, deje V. Alteza, que a este valiente arliquin le pegue medía docena. Picaro. No digo yo? mandar a todos intenta. Hola, al punto le volved aprisionado a mi tienda, donde si su padre no me entrega a Tarifa, muera, o si es que Leonor no trata de dar alivio a mis penas, como en el papel la escribo, de que ya espero respuesta. Señor, demos un asalto al punto a la fortaleza, que de advertir la tardanza ya los Soldados se alteran. Dejad, que otra batería más fuerte tengo dispuesta, con que si no la rendimos, desistiré de la empresa. Y cuáles? Venid, que ya veréis si venzo con ella. Fío de vos, más con todo me daréis, señor, licencia para el asalto, que aunque en aqueste caso pueda mas la industria, que el valor, es asegurar la empresa, pues se hacen incontrastables juntas la industria, y la fuerza. No os réplico, ejecutad lo que mejor os parezca a Pues por Alá soberano, y por su Santo Profeta, que antes que agonice el día, y ese luciente Planera en las cristalinas ondas bane la rubia madeja, o Tarifa ha de ser tuya, o he de morir en la empresa. Y cuando por el velor no postre su fortaleza, con otras armas intento que se rinda su soberria e Pues, Soldados, a la lid, que ya mi voz os alienta; arma, arma, a la muralla. Toca a embestir, guerra, guerra. Heroico Blasón de España. Lustre de su gran nobleza. Cuyo valor. Cuya sangre. Es el mayor. La primera. Despierta a mi tardo acento. A mi dulce voz despierta, (ver ̱. . Si quieres lograr la dicha de presentes las dichas que ausentes te es peran. Qué sonoro acento, que prave voz mi sueño altera; Mas que veol es ilusión esto que mi vista encuentra! quien eres, Deidad hermosa, que tanto tu voz eleva que solo con que le nombres harás feliz a cualquiera? Y tú, venerable anciano, quién eres? que tu presencia de tal variedad adornas, que aunque te examine atenta la vista, cada momento tan diferente te encuentra? El Tiempo soy. Yo la Fama. Qué veloz. Qué lisonjera. Mostraré. nulgaré, Tus Blasones. Tu Nobleza. Mira ese vistoso Árbol de tu ilustre Descendencia, que el deberte a ti sus glorias, es su gloria más excelsa. Tus nobles Progenitores, de cuya memoria eterna, para informar todo el mundo, haré de mis plumas lenguas. Mira en él, para que notes. Repara en él, porque adviertas. Que es cada hoja una Corona. Cada rama una Cabeza. Siendo este Escudo que miras, y nuestros brazos sustentan de tus nobles Descendientes el timbre que los laurea. Que mucho, que a todo el mundo notorias sus gloriasean, si en brazos de Pama, y Tiempo, fijadas sus Armas quedan? Queda en paz, Alfonso ilustre. En paz, noble Alronso, queda. Y ese letargo sacude. Y el pesado sueño deja. Que la hazana más ilustre en la campaña te espera. Pues que ya lograste la dicha de ver presentes las dichas, que ausentes te esperan. Esperad, tened; mas Cielos, qué es esto? dónde se alejan Fama, y Tiempo? mas qué digo, si nada mi vista encuentra? mas qué he de encontrar, si fue fantasía de la idea? qué sueño tan deleitoso! qué sombras tan halagüenas! Felice yo, que logré ver presentes las grandezas, que en las futuras edades mis Descendientes esperan! Pero cual será la lmiana, con que sus vora me alientan, que en la Camapaña me aguarda, cuando solo espero en ella hacer huir al enemigo, que aunque aquesta hazana fuera, esta tan hecha mi espada a semejantes empresas, que aunque fuera triunfo grande, no mi mayor triunfo fuera. Mas dejemos ilusiones, y pues que ya el Sol despierta, y al infatigable curso el dorado coche apresta; visitemos los Soldados, y dentro de mí, secreta quede esta ilusión, o bien verdad, o mentira sea. Quién este papel te dio? Te lo de decir cien veces? el criado del Infante. Aunque muchas parecen decírmelo una vez, y otra, no lo son, puesto que siempre dudo con oírlo, que él me escriba, y ver que te atreves a darme el papel suyo. Yo obedezco solamente; pues si él me dijo. Ea, pasta, y si otra vez te sucede recibir otro papel, has de ver. . Jusús mil veces! prometo no tomar otro papel suyo (uno viene con alguna buena alhaja) mas ya que has tomado este, leele, veamos que dice. Pues yo había de leerle? qué puede decir? locuras? Pues válgate Dios, qué pierdes en que riyamos un rato con las cosas que dijere? Que este papel no es papel, si no áspid, que dulcemente en las flores del estilo su mortal veneno vierte; y entrando por el oído, vuela al pecho diligente, y halagüenamente mata. Eso es a la que tú viere tan de cera el pecho, que cualquiera impresión le hiere; mas tú, que estás ribre de eso, qué te dañará el leerte? Nada, mas lo mismo juzga el que unas flores advierte a quien matizó el Abril con olorosos pinceles, que cuando alarga la mano para cortarlas, se hica. o ya en el áspid que ocultan, o ya en la espina que tienen. Aquí no hay ese peligro, ni el papel puede tenerle, mírale, ni tiene espinas, ni áspidos. Qué neciamente me obligas! Qué es eso, prima? Nada. Qué papel es ese? Excusada es la pregunta, cuando del Infante adviertes las cansadas pretensiones, Y has le leído? Que pienses me pesa, que yo podía leerle. . . Pues en leerle, qué perdías? . Eso mismo la he estado diciendo siempre. De la muralla a mi casa no sé qué impulso me vuelve; mas aquí mi esposa está con Doña Leonor, y Flora er la mano un papos; todo es sospechas crueles del Infante; mas sabré encubierto, si me ofende. Dame, Flora, ese papel, porque quiero responder al Jufante. Qué he escuchado! Tú, prima, a tu cuarto vuelve tanto que yo respondo Aoniente, qque yo. No tiedos que disculparte ̱ ̱q̱̱̱ que ya sé, león pero deja que a iente le agradezce brevevemente el cuidedo, y la fineza. Voyme, por obedecerte. . Sospechas, que en fin soisciertas? honra, con que así os ofenden, y aguardo más evidencias, viéndolas tan ciaramente? Vive Dios, que ha de morir mi esposa, pues de esta suerte deslustra tantos brasones: el villete ier quiera ocerás de ena me pondré, y cuano acabe de seerle, acabaré con su vida; no dudo que es rigor fuerte, más delito tan enorme aún mayor pona merece. , ó̱n Vele que dice el papel, que porque no le levese mi prima, se le quité; breve es, dice de esta suerte. Ay de ti, que vas leyendo . la sentencia de tu muerte. Yo muero de haberte visto, y ahora me mata el no verte; pero la de ver tus ojos escojo de estas dos muertes. Qué aguardo, que no la mato. mas el brazo me suspende poder superior; pues rive . todo el tiempo que lejeres. El cerco solo por ti dura, pues que solo atiende mi amor, que es mayor victoria poder rendir tus desdenes. Infamia es escuchar, mas muera, puesto que me ofende, no he de escuchar más razón; el puñal al golpe apreste. Permite, Leonor divina. Mas Cielos, qué acero es este? esposo, señor, mi bien, tu suspenso? pues qué tienes? si este papel es la causa, él puede satisfacerte. De corrido a hablar no acierto, lo más duice, sabe a hieles. y el gozo sin mí me tiene; albricias, amor, albricias, que mi esposa no me ofende. No me respondes, señor? No sé qué decir. Ya tienes puesta la mesa, señor. Ah, qué buen tiempo que vienes! . A la murarla, Soldados. vamos, esposa, a comer. No sé qué misterio tiene el silencio de mi esposo, sin duda el papel le tiene con recelos: ay Leonor, y en qué cuidados me metes! . Quién pudiera confesarla la verdad! mas no conviene. Llama a Leonor, y venid, o señor, a comer. No puede mi fiel cuidado apartarse un instante breve de este sitio, que como de aquí se divisa claramente el Ejército enemigo, aquí mi desvelo atiende; y así mandar que las mesas saquen a este sitio, puedes. Ya en él las tienes, señor. Porque el pesar me recuerde, de cuando en ella sentado mi amado hijo, era el verle para mí la mejor salsa, pues el manjar no la tiene como el gusto, que sin él, Eso diré yo mejor, puesto que este acibar siempre hallo en los gustos mezclado, Dame de beber, Irene, aunque las lágrimas mías agua bastante me ofrecen. Arma, arma, guerra, guerra. Pero qué alboroto es ese? dee Ya, señor advertir puedes de ese rumor, que los Moros, atrevidos, y valientes, quieren saltar la plaza, ig y los tú yos la defienden. Aguardad, señora, en tanto, que yo ese rumor sosiegue. a y la mesano se quite, que aún no he comido, y ruido, no me ha de quitar el comer, sin que me inquieten. Pues, y tu juzgas, señor, que me asusta el ver la gente? puesa tu lado invencible he de morir, o valiente defender el puesto que a mi cargo yo tuviere: dame una espada: Leonor, ponte aquí a mi lado. Entiendes, prima, que yo tengo el brío que tú? Pues qué no le tienes? No lo sé, más por ahora suplícote que me dejes. No digas tal cola, prima, muestre esta ocasión quien eres. Ya saben que soy mujer, y que mis armas son siempre, en lugar de espada, y lanza, las abujas, y alfileres. Y tiene mucha razón; pues a estotra, quien la mete en asaltos, ni batallas? Todos me seguid hacia este puesto, y con las escalas entrad. Ahora lo veredes. No ves, que está en esta parte un monte que la defiende? Para los montes hay rayos. Mas tú no eres, ni aún conete, Arma arma, guerra, guerra. En vano el entrar pretendes, Ah perros, viva la Fe, y guárdese el que cogiere, que le he de enviar por la posta al Infierno, porque lleve dos cartas del Zancarrón, para Mahoma su pariente. En vano es querer subir, toca a recoger la gente, que yo solo, y sin más armas, que tu amor, he de vencerte, Qué es lo que intentas? Callad. De qué suerte? De esta suerte: Este es Don Pedro tu hijo, a quien dentro de tu fuerte Palacio, prendí una noche, ardid fue, y acción valiente. Rescatarle no he querido por las riquezas que ofreces, porque en su persona cifro aún mayores intereses. Mas ahora compadecido del sentimiento que tienes, quiero darle libertad, las condiciones atiende. Tú has de entregarme la Villa de Tarifa, libremente, como le halla, sin que se saquen algunos biene de alhajas, o de dinero. Mas, el que toda la gente, por en medio de la mía, pase sin armas. Detente, que tú haces las condiciones, sin saber si darte quieren la Villa, o no. E Lo supongo, porque si no, advertir puedes, que a tu hijo, que aquí miras, le daré al instante muerte: una hora tienes de plazo, mira en lo que te resuelves. Pudo haber mayor rigor! habrá lance más cruel! puesto que he de salir de él, o sin hijo, o sin honor, aconséjame dolor, que haré en tan infeliz suerte, pues en ti mi pena advierte, que sin que el valor lo impida, está en su muerte mi vida, siendo su vida mi muerte; qué haré? Eso dudas? ahora, dar la Plaza considero, que es bien, tu hijo es primero. Primero es el Rey, señora, en vano tu pena llora. Infante. Qué dices? Que, (ay dolor!) qué le diré? pero venzamos, valor: que consulté con mi honor, y a mi hijo condené. Pues le doy la muerte? Sí. Qué has dicho, padre cruel? qué has dicho, esposo infiel? que en él me matas a mí. Al Rey miro antes que a ti. Posible es, rigor tan fiero, que eres de mármol infiero. Bien dices, de mármol soy, pues que la muerte le doy, siendo mi amor lo primero. Infante. Qué dices? No le des la muerte a mi hijo. Que ya te rindes colijo. A quién amor no rindió? mas qué el labio pronunció? como mi corazón fuerte se postra de aquesta suerte? osténtese, pues, constante. Infante (ay dolor!) Infante. Qué dices? Dale la muerte. Soldados, muera, Ay de mí! padre mío. Hijo querido, esa voz me ha enternecido, Me dejas matar así? No hijo, librarte aquí de tan cruel muerte quiero: suspende el rigor severo, Infante, de aquesa espada. Mira que está levantada, y llega el plazo postrero. Sposo. Padre. Ay dolor! qué haré en pesar tan promo? lloran mi esposa, y mi hijo, y yo he de tener valor? como lo sufre mi amor? o como mi sentimiento no me acaba a cada acento? como el llanto no me anega, que mi duro pecho riega, por muestra de mi tormento? Darele la muerte? sí, que en ella más honor gano. Darele la vida? en vano lo niega el valor aquí qué he de hacer, pues, (ay de mí! en tan confuso rigor, si luchan honor, y amor? No sé a que lado me tueroa, pues a entrambos me hacen fuerza, aún tiempo el amor, y honor; más valor ha de vencer aquesta vez a los dos. Mi Rey es antes que vos, hijo, no os puedo valer, no puedo dejar de ser cruel en esta ocasión, que primero es mi opinión; y en lance tan duro, y fuerte, vos moriréis una muerte, mas cien mil mi corazón. Acaba de resolverte en lo que has de hacer aquí, o dame la Plaza a mí, o a tu hijo doy la muerte. Venzamos, valor, venzamos: corazón, no sufriréis tanto rigor cómo veis? pues decidme, a qué aguardamos? Infante, ya he consultado con mi honor, y con mi amor; y a pesar de mi dolor, esto salió decretado, que antes que la Villa, diera, si es que a este extremo llegarás, la puerta, por donde entraras, yo en mi pecho te la abriera. Que la quisieses cambiar por la vida de mi hijo, que era buen ardid colijo, si le pudieses lograr. Tu juzgabas engañado, que con propuesta tan fiera, a Tasita te rindiera, viendo mi valor postrado. Pues salió tu intento vano, que te he de mostrar constante, contra un lo humanol afante, también un padre inhumano, valor no ha sido bastante para rendirme, con este ardid abatirme, riguroso has pretendido. Pues no juzgues conseguir nada con tanto rigor, porque me sobra valor a mí para resistir: Y si intentas despicarte, airado, de aquesta suerte, dale a mi hijo la muerte, que la Plaza no he de darte. Y si es, que a intento tan fiero faltan armas en tu gente, (que quizá será clemente, antes que tú, el duro acento) toma ese puñal, con él al punto le da la muerte, ya que he de ser de esta suerte de todos modos cruel, que tus armas no podrán herirle, porque bien sé, al ver tal tragedia, que sus filos se emboraran: mas esos van enseñados a servir al Rey; y así, como le sirven aquí, obrarán más alentados. Demás, de que es justa ley, el que el puñal que se advierte, aún a mi sangre dé nuerte, si es servicio de mi Rey. Y advierte, Infante inhumano, que ese acero que arrojé, con el que inténstate fue darle la muerte a tu heriaño, Repara en la distinción de la acción que ahora ejército, pues allí áspiro a un delito, y aquí me logra un blasón, porque halta la última edad, quede un ejemplo de mí, que a todos diga, hasta aquí puede llegar la lealtad: venid, señora, conmigo. Dónde? A la mesa volvamos, que esto no ha de ser bastante para darme sobresalto. Y nadie se lo murmure, que así el suceso ha pasado. Raro valor! imposible es, que el triunfo consigamos. Vive Dios, que de haber visto un ánimo tan bizarro, que a su hijo matar deje, y eche, para ejecutarlo, el cuchillo, estoy sin mí! Qué intentas? Desesperado, alzar al imante el cerco, pues salió mi intento vano: más vengárase mi enojo en su hijo; y pues le ha dejado: degolladle luego al punto éncima de aquel penasco, donde su gente lo vea; y el instrumento, que ha dado su padre, le dé la muerte, que aunque le fuera sagrado ser sobrino de Leonor, a vista de tal enfado, el amor se trocó en odio. Luego al instante, quitando id las Tiendas, y tocad a marchar. . Señor. En vano me hablas. Advierte, que es hacer a tu fama agravio, y indigno de ti, dar muerte a un inocente. Rabiando voy de cólera: sí, muera. Tocad a marchar, Soldados. Comed, señora. Ay de mí! si me sustenta mi llanto, qué he decomer? comed vos, que tan fiero, y inhumano, dejáis matar vuestro hijo. No tenéis ya que acordarlo, que por mi Rey, y mi honor, aún a más soy obligado. Señor, señor, grande mal. Qué traes tan alborotado? Los enemigos. Qué dices? han vuelto a dar el asalto? entran acaso en la Plaza? No señor, más mayor daño. Di que ha sido. e o el Yo, señor, te lo diré, si al contarlo el dolor me deja aliento. Lo que puede ser no alcanzo, pues qué ha sido? Que el Infante a a tu hijo ha degollado. da oa a Por eso venís corriendo? cierto, que me dio cuidado. A. Corazón, sufrid la pena; ojos, corregid el llanto, no que lloramos parezca. Censuradores, cuidado, que esto es del caso también. Eres acaso de mármol? pues degollar a tu hijo, di, pudo haber mayor daño? No, mas ya yo lo sabia, pues que dejé degollarlo. Al arma, al arma, que huyen. Cierra España Santiago. y atae e Mas qué es esto? Que los Moros, viendo su intento frustrado, huyendo como unos perros, corriendo como unos galgos, levantaban ya los Reales; y los nuestros irritados de su crueldad, han salido en su seguimiento. Vamos: hay hijo, si este dolor no me mata, soy de mármol! Celín, a recoper toquen; y pues la noche su manto tiende ya, para dar fin a la pelea, volvamos a las Naves, y a Marruecos de donde volveré osado a recobrar este Reino, y a dar la muerte a Don Sancho. Toca a recoger, venid a las Naves a embárcaros. A ellos, a ellos, que huyen. No los ligáis más, Soldados, contentaos con que nos dejen ileño de despojo el campo, basta, que vayan huyendo, a más no habéis de obligarlos. Señor, vamos a buscar, adonde crueles dejaron mustia la Rosa más bella, el mejor clavel ajado. Por lo que la luz dispensa, ya en el propio sitio estamos, pues su cabaza semira éncima de aquel penasco. Qué dolor! Qué compasión! No sé, como habiendo visto tal pena, el llanto resisto, hijo de mi corazón; mas no salga, que en tal caso, no es deshonra, antes honor, pues que es senal del ardor, en que yo propio me abrazo. Abrahán Castellano he sido, mi hijo sacrinqué, diferente el calo fue, y igual valor he tenido; mas ya el caso sucedido, penas, el dolor templad, ojos, el llanto enjugad, que pues él lo permitió, Dios lo dio, Dios lo quitó, cúmplase su voluntad. Notable resignación! Lo propio dice un marido, que su mujer ha perdido; pero al fin es con razón. Señor. Don Albaro amigo, no tenéis, porque acordarme lo que os debo, no os parezca, que tan lastimoso lance me ha de quitar el sentido: no ignoro que sois amante de Leonor, ya es vuestra esposa; y os prometo, cuando hablare al Rey, hacer el que os premie. Con qué he de pagar tan grandes favores? . . Con dar la mano a Leonor. Y en ella darle el alma. Dichosa yo! Y luego al Rey se despache de lo sucedido aviso. Valor, y corazón grande! Y aquí dará fin con asto, si es que ha ustedes les gustare, el grande Abrahan Castellano, y Blasón de los Guzmanes. Las mercedes con que el Rey llegó después a premiarle, y sus gloriosas hazanas, dirá la segunda parte, si es que perdonáis de aquesta las faltas que en ella hallaréis, con tanta selvade plumas, y tanto prado de aceros, que parece que consiste en lo vistoso el rrofeo. Que si es que intenta venir sobre ella, le aviso, y ruego, que desista de la empresa, pues no logrará su intento, que aunque traiga más Soldados que tiene Estrellas el Cielo, si yo a la defensa salgo, no ha de volver a Marrvecos, ni aún uno que dé noticia, Pues los míos, sin aquesos adornos que nos refieres, esperan como yo espero, que pues prados los llamastes a esos escuadrones fieros, ellos, que tan fatigados han de salir del encuentro, se iran allá a descansar, ra pues plumas, tocas, y aceros, abatidos, y postrados, a sus plantas por el suelo, les servirán de tapetes. Qué arrogante! . . No lo niego, no discurro que hacer debo: . mas la verdadera arrogancia es la que anima mi pecho. Vive Alá, que a no mirar que no es campaña de duelo esta sala, y que está el Rey presente, ya hubiera hecho. que si no fuera por eso, y que del Rey mi señor Aquí, señor, os espero: Cielos, que pena, que ansia intr en el pecho, tiranamente osada del agravio se vale por espada, con que pretende dar fin a mí La casa de Guzman está ofencid me tiene a raya el respeto, ya, voto a Dios, no te hubiera arrojado a los Infiernos. Él se irá allá por su pie a dormir sobre Luceros, como el padre de su Rey. Quién pensare. Yo. . Teneos: lleva, Moro, esa respuesta. Vive Alá, que tiene alientos: en la campaña, cristiano, te aguardo. Yo el ir prometo, si antes de pensar que salgo, ya no te has muerto de miedo. Veré si obráis como habláis, guarden tu vida los Cielos. . Vos tras él . . Adóndo? A echarle una maza a aqueste perro. . Envidioso voy de ver de Don Alonso el aliento, mas es Guzman, que le basta. Un erna llevo en el pecho, y indeciso en la venganza, el Rey me honra, el Infante me agravia, decidme, Cielos, si ofendido, y obligado podré encontrar algún medio, con que sin mostrarme ingrato pueda quedar satisfecho. Basta: quién, Moro, te ha dicho, . Aguardadme, vos, en tanto que respondo a aqueste pliego del de Aragón en mi cuarto . que no puede ser leal que Pero (ay de mí!) que hacia aquí viene el autor de mis penas, y para vengar mi agravio es mala ocasión aquesta, y si le espero, y le hablo, disimular es afrenta, irme de aquí es imposible, que el Rey en su cuarto espera, pues entre el irme, y quedarme, el hueco de aquesta puerta del cuarto del Rey me valga, puesto que escondido en ella, ni le espero, ni me ausento, cumpliendo con ambas deudas. Aprestaste los caballos? Ya prevenidos te esperan hacia la puerta del Parque. Pues ve, y con ellos ten cuenta hasta que te avise. Y dime, para qué, que ya revienta mi cuidado por saberlo. Jamás, Cebolión, te metas en más de lo que te encargo. Nunca tú haces cosa buena; secreto, y postas, parece esto lance de Comedia. Cielos, qué es lo que el Infante. con tal prevención intenta! no sé que me dice el alma; mas quien duda, que se altera la casa de Guzmán está obligada, pues cuando del Infante es agraviada, tanto del Rey se ve favorecida. Venganza está pidiendo aquesta afrenta, esta merced lealtad pide al cuidado, una el acero al desagravio alienta, Cuando otra a la defensa le ha obligado; pero al fin de esta los rigores sienta, vien no es honrado. el pecho al ver su contrario. Ya, ánimo mío, la empresa tienes delante, a qué aspiras, si ambición de la Diadema, aunque ambición noble mueve, tus tardas plantas ligeras? Ya ha llegado la ocasión, pues en el Parque me espera. Don Juan de Lara, que ayuda. mis intentos, pues la queja tiene de que el Señorio de Molina, por herencia, le toca al Rey, que le goza, puesto que su esposa es muerta, Y así en mi mano ha librado. el desagravio que espera, no erraré el tiro, pues que con dos ánimos alienta el brazo, muera Don Sancho, pues me usurpa con violencia un Reino, que a mi valor, como a mi sangre era deuda, que luego el de Portugal me ayudará, porque pueda coronarme. . . No fue acaso lo que mi pecho sospecha, pues tal traición averiguo, de pensarla el pecho tiembla! Este el cuarto es de Don Sancho. El Cielo, sin duda, ordena, para su bien, el que yo se esté guardando la puerta. Solo está, el Cielo sin duda me ha de aindar en la empresa, pues tal ocasión me ofrece: Muere a las iras sangrientas de aqueste puñal. Detente, que aunque mi señor seas, si de donde estas te mueves, a la acción menos atenta, vive el Cielo que te mate. Muda estatua soy de piedra. Don Alonso, Infante, qué es esto? a la misma puerta de mi cuarto ese puñal? los dos en una acción misma? decidme que fue, que dudo al ver entre los dos esa muda señal de mi muerte, de quien de vosotros sea. El Infante, que. . Teneos, que si a decir vuestra lengua iba el suceso, mejor es el que de mí lo sepa, pues excuso el que me hagáis un desaire, o una ofensa, y yo me labro a mí un lauro, pues aunque traición parezca la acción que intenté, no lo es, en quien mi razón advierta, puesto que es blasón en mí, lo que en otro culpa fuera. Yo, Rey, (mal empiezo) yo, hermano; mas quien me acuerda aquí de la sangre, cuando es el olvidarla fuerza? Yo, ingrato, este solo es modo, para que explique mi queja, pues que solo como ingrato mi ira contra ti se alienta. Yo, ingrato, intenté matarte de ese acero a la violencia, la razón tú no la ignoras, pues usando de cautela con osada tiranía, del Reino que me encomienda mi padre, me desposeas, dando al olvido, la deuda de hermano, pues caso que faltara (imposible fuera) de mi padre la atención, te obligaran mis finezas a descansar en mis hombros de tu Reino la grandeza, y no que antes la fías de un vasallo a la nobleza, que a la sangre de un hermano? Don Sancho, muy mal lo piensas; no tienes, pues, que inquirir, quien darte la muerte intenta, que ya te he dicho, que yo, y las causas que me fuerzan. Y no te parezca, no, que porque en esta primera q ocasión te me has librado, que es a Don Alonso deuda, estás libre de mi ira, pues hasta que la Diadema usurpada restituyas a enlazar mis sienes Regias cada día, cada hora, y cada instante, que alientas, puedes temer mis rigores; y porque mejor los sientas, a extraño Reino me parto, donde me ayudan las fuerzas de Avenjacob, que me ofrece el coronar mi cabaza con el blasón de Castilla. No tienes que formar quejas de traición, pues te lo digo; y para que te prevengas, mi voz te avisa, que siempre hasta vengar esta ofensa, seré basilisco, que solo conmirarte, muera. Seré áspid, que entre las flores de tus delicias te muerda. León, que te despedace, hidrópico, que aunque beba tu sangre, estaré sediento, sintiendo el que más no tengas, y seré noble ofendido, que todo en esto se encierra. Ah de la guarda, Soldados. Pues qué es, señor, lo que intentas? Que le sigan. No es posible, pues que la ventaja lleva con un bruto, que parece, que no corre, si no vuela. Pues, y si el Moro le ampara? Ampárele norabuena, que aquí, señor, estoy yo, para hacerle resistencia. De vuestro valor lo fío, y más cuando en nueva deuda de la vida me ponéis, e Serviros, señor, no es deuda vuestra, si no mía; y más a cuando fue una contingencia. Ya, Don Juan valeroso, pisa tu pretriunfante. Ya sé, que hasta en los acasos vuestra lealtad se obstenta. El puñal se dejó aquí, a vueura Real mano vuelva, pues de Real mano salió. Pues recíbale la vuestra, que al que me pudo dar muerte, no es bien que a mi lado tenga. Llevándole yo, señor, va seguro de que pueda verse en nuestra ofensa nunca; si, quizá, en vuestradefensa. Y supuesto, que al Infante Avenjacob dará fuerzas, es preciso, que Tarifa aiga de ser la primera, que sus iras pruebe, y así es el partirme fuerza a la Plaza luego al punto, para poder guarnecerla. Id con Dios, que nada temo, siendo vos quien la defienda. Que mucho, sea invencible, si vuestro valor me alienta! Pelia. Rey soy, pues que tengo tal vasallo en mi defensa. Feliz vasallo soy, pues tal Rey mis honras aumenta; mas qué Rey como Don Sancho el Cuarto que eterno sea! Como Don Alonso Perez, qué vasallo hay de Nobleza! más es Guzman, y es su sangre en Castilla la primera. los siempre verdes Campos de Castilla, con ese corto Ejército que humilla el libre cuello a tu obediencia atento. Ya puedes obstentar tu altivo aliento contra tu cruel hermano, y contra su Corona, pues ufano a tu mandato adviertes obedientes, cerca de siete mil Moros valientes. Al asalto disponte, pues ves que osado ya corona el monte su Ejército, y parece, que en marlotas de púrpura florece. Ya, Celín valeroso, de Avenjacob el brazo poderoso me amparo, pues confiesa mi reconocimiento, que en la empresa que sigo, todo el lauro que adquiriere, a sus plantas pondré cuando le viere; pues de mi hermano, y de Castilla huido, por no haber conseguido la acción bizarra, que intentó mi brío, y que aún lograr en mi valor confío. A Portugal partí, donde hallé vano el socorro a que fui, contra mi hermano, pues su Rey indeciso, volver por mí, ni aún hospedarme quiso. Con que más irritado, de mí mismo, en mi ira enajenado, a Tanger parto, y a Marruecos llego, donde tu Rey invicto, desde luego Ejército me da, para que osado cobre el Reino usurpado, a cuya gran conquista, Cag es Tarifa la plaza, que a la vista se me ofrece primero, y la que mi rigor espera fiero, pues que tres ocasiones me obligan a mover mis escuadrones contra sus Muros, siendo la primera, que cuando por derecho se debiera etear a mi mando, y Señorio, de Don Sancho se ampara, mas confío, que ella, y él brevemente, serán despojo de mi acero ardiente. Es la segunda, hallarse en su defensa, de Don Alonso Perez la persona, cuyo valor abona, tanto triunfo adquirido, tanta gloria, como le hará inmortal en la memoria, que aunque contrario sea, y enemigo, yo que de sus hazañas soy testigo, negarlo no podré, y más cuando adquiero mayor triunfo en lo mismo que refiero. La tercera, es hallarse dentro de ella la peregrina estrella, que de mi pena, en lanoche oscura; ver el dichoso puerto me asegura Doña Leonor, la prima de su esposa, cuya Deidad hermosa, idolatra mi pecho, que rendido el corazón, por víctima ha ofrecido; ̱. A a lograr su hermosura solo anhelo, por esto solo es todo mi desvelo. Y así, pues que en Tarifa se me encierra, esta Deidad hermosa de la tierra, acometed, Soldados, y al duro choque, caigan derrotados en el suelo sus muros, sus almenas, pues más rigor padezco yo en mis penas, hasta que entre sus triunfos, y despojos, halle la luz hermosa de sus ojos. La perla peregrina, que encerrada en su concha, se advierte aprisionada; el Sol hermoso, para mi eclipsado, sirviendo las Murallas de nublado, la más bella Deidad de aquestos Montes, en cuyos Horizontes, según que los matiza, y que los dora, es la Venus, la Ceres, y la Flora, pues por ella franquean sus verdores, las delicias, las mieses, y las flores. Bien, invicto Don un Juan, en tus razones, se advierten de tu pecho las pasiones, y que sola la gloria que deseas, es que el bien que idolatras le poseas. Y pues tu amor a su rigor provoca, soldados, a la lid al arma toca. Señor. bollón, qué traes? Venga de comer, y luego te lo diré, Deja burlas. Que llamas burlas, es bueno que desde ayer a estas horas ha que ni como, ni bebo, soldado camaleón, lleve el diablo si no miento, . y llamas burlas, mas ya que para mi es burla veo. Di en suma lo que ha pasado. Nada por mi tragadero. Ya estás cansado. Mis dientes no pudieran decir eso, que antes están descansados; y harto me pesa a mi de ello. Di, que después comerás. Ya es preciso, va de cuento. Éuy, señor, por tu mandado a Tarila, ese soberbio fuerte, que con las estrellas perpetua alianza ha hecho, y tanto su muro eleva, que havecindado en el Cielo, de sus torres las pizarras las guarnece de luceros. Entré, pues, con el disfraz de villano, que vendiendo frutas de la tierra tienen entrada para el comerrio: y el bolsillo de los ciento, con que agradecido dijo: que te avisase, que al tiempo, que en negras sombras la noche usurpe al día el imperio, ̱a̱̱ llegases a la muralla, y hacia la parte del Puerto aguardases, porque allí él abriria al momento cierto postigo, ni sé si era de jardín, o huerto, que era del Alcázar donde está su dueño, y tu dueño, y te llevaría a su cuarto, donde logres tu deseo, mas que le has de dar palabra del secreto lo primero, y lo otro de que el entrar no ha de llevar más intento que el ver a tu Dama, sin que traición cometas por eso; para ganarles la plaza. Yo con esto muy contento, aunque sin comer, no sé que haya quien lo esté, ni un Credo, salí, y a darte esta nueva he venido más ligero que un hambriento convidado a una boda, o a un bateo. Este diamante recibe de tu diligencia en premio, y ve a comer. . Voy volando a engullir medio carnero. . Ya Celín ves, que según esta respuesta, es empeño. el ir a Tarifa. Advierte, que es exponerte a un gran riesgo si te conocen. . Conmigo va mi valor, nada temo. Di tu recado a Tenaza, . Temeridad es. . No sabes que es amor, pues dices eso; lo que has de hacer, es llegarte (pues da lugar para eso la oscuridad) hacia el muro, para cualquiera suceso, con un escuadrón en parte donde sea de provecho. No es mejor, que pues la puerta ha de abrir solo, y secreto ese criado, que entrara tras ti, con que al mismo tiempo les ganaramos la Plaza, y hicieramos prisionero a su Alcaide Don Alonso? No, que he jurado secreto, y fidelidad, y aunque me importara todo el Reino no saltara a mi palabra. Siendo tan vil el sujeto a quien la diste, qué importa? Falso es, Celín, tu argumento, que a mi palabra valor no da, ni quita el sujeto a quien la doy, que yo solo soy quien me obligo al empeño. Pues matando ese criado queda este caso secreto. Aqueso es Celín dorar un yerro con otro yerro, mas en esto no me hables, que vive Dios que me ofendo de que juzgue nadie que, para adquirir el trofeo ha menester el valor tl, valerse de fingimientos. Los ardides en la guerra son dignos de lauro eterno. Eso es cuando se disponen con el primor del ingenio, que ardid es, Celir, que el otro aunque villano grosero te híe de mi palabra, y que yo con este medio me apodere de la Plaza; ya he dicho, que vive el Cielo que antes que a lo dicho falte me ha de faltar el aliento: haz, Celín, lo que te encargo, que pues ya ensombras envuelto pálido el día agoniza, rindiendo a la noche el Cetro, voy a Tarifa a lograr la dicha que me da el Cielo. . Pues yo también, vive Alá tengo de seguir mi intento, y entrar si puedo en la Plaza, pues obligación no tengo a palabra alguna; y este Ejército vino a eso, que no porque el seguir quiera un dictamen indiscreto, he de dejar yo perder un tan glorioso trofeo, Detén tirano el acero, el golpe suspende, espera. a Esposo, señor, qué dices? Padre, qué voces son estas? Qué tienes, señor? Ay triste! Qué te aflige? qué te alte Un asombro. Pues de qué? Una ilusión, que en la idea cuerpo aparente tomo, y aún su sombrame atormemas e Dinos que ha sido. Permite, que lo que fue no refiera, gne
