Texto digital de A ser rey enseña un ángel
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Claudio de la Hoz y Mota
- Atribución estilometría
- Juan Claudio de la Hoz y Mota Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A ser rey enseña un ángel. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-ser-rey-ensena-un-angel.

A SER REY ENSEÑA UN ÁNGEL
JORNADA PRIMERA
Ucho tarda el C Siempre a quien elos los in Como no es so na y Amor el principal ffecto con quien batalla, cuando tras de sí el honor todo el cuidado arrebata, no estranes el que las horas me parezcan más pesadas, Pues de qué tienes temor? Que lo preguntes me espanta, cuando sabes que del Rey la tenaz porfía vana de tal suerte me persigue, que si hasta aquí la templaba el decoro de quien soy, ya en pública declarada solicitud, atropella los blasones de mi Casa; y hasta ese infame Leonido, que su valimiento alcanza, quizás por tan viles medios, sombra es por tarde, y mañana de mis umbrales, que acuerda con papeles, o palabras este amor, o aqueste tema. No ignoro, señora, nada, ni estraño el justo recelo, que esta pretensión te causa, cuando Sicilia murmura de la juventud lozana del Rey, no aquellas comunes travesuras, que afianza corta edad, y gran poder, sino crueldades estrañas, rigores, y aún tiranías, que en honras, y vidas tantas ejecuta cada día. Pues me concedes tan clara razón, ya estás respondida; hi cuidado aguarda con más inquietud el Conde, es porque no tiene el alma sosiego, hasta que el tratado, que con mi padre se entabla de nuestra boda, consiga el fin que ha de ser la calma de este golfo, donde temo que me anegue la borrasca. Pues acaso el Rey señora, ha hecho voto de casadas, o en marido más, o menos, ha sido hombre que repara? No, que todo lo atropella; pero el Conde tiene casa en Nápoles, donde luego que nos desposemos, trata llevarme secretamente. Sies de aquese modo, vaya. Qué hace mi padre? En su cuarto repasando a cabezadas esta ciertos Pater noster, n que con la tos acompaña. Mas llamaron? Sí señora. El Cónde será, qué aguardas? Voy, pero Cielos! No cierres. Considera:: Con quién hablas? o quien osado:: Señora, si acaso disculpa alcanza quien obedece::: . No más, que ya sé que en vos se hallan las obediencias muy prontas para acciones tan honradas; mas para este atrevimiento de llamar con tan osada resolución a mis puertas, no sé yo qué órdenes haya. Advertid que el Rey, señora, es el que os diga me manda: Tened, que aunque respondido a eso os tengo veces varias con el silencio, que es v que se explica e hoy mudaré estilo, pues no entendéis frases tan claras: decid al F y, mi señor:: R. Ya, Violante soberana, os escucha el Rey, decid. Señor, pues vos en mi casa? Qué hay en eso que os asombre? Muchísimás circunstancias en el modo, y en la hora, que todas, señor me agravian: pareceos que soy mujer, que con facilidad tanta se le pueda atropellar el decoro? . Basta, basta: no ignoro quien sois, Violante; pero tampoco (ah tirana!) ignoráis que ha tantos días, que mi pecho os idolatra, cuantos con rigores vos despreciáis mis finas ansias; papeles, ni persuasiones he visto que no os ablandan, y así he venido en persona, que es lo que tanto os espanta, a hacer la última experiencia, para saber lo que alcanza con vos mi amor y poder. Pues, señor, no os desengaña saber quién soy? El saber que sois hermosa, es la c de mi mal. No o os digo eso, ad, y n i mi calid debéis mirar. Para qué? Si yo con vos me casara, estaba bien ese informe: mas para daros el alma, y que vos correspondáis a fineza tan hidalga, el ser principal os sobra, el ser mujer me basta. a que en contentadizo. a a sob S es mi señora la Reina, que por la inquietud del mar, de saltar acaba a tierra, y aquí ha de pasar la noche. Sus plantas rendida besa mi humildad. Alzad del suelo. Qué carroza ha sido esta, que con la Guardía del Rey a la Corte da la vuelta? Señor::: . No tengas temor. Yo:: . Vanamente recelas: está el Rey aquí? Señora::: Ya es ese silencio ofensa a su Majestad no importa nada, Floro, que te advierta el Rey, que guardes secreto, pues es una cosa misma el que a la Reina le digas. Pues según esa advertencia, conozco que ya sabéis lo que pasa. Pero cesa, que un hombre que en un caballo ha venido a toda priesa, de él desmontado parece, que nos mira, y se recela. Mas gente que yo esperaba, de la Quinta está a la puerta, veré si es el Rey. Quién va? Peroo me mienten las señas, o es el Senescal: Señor? Arnesto, qué priesa es esta? te ha enviado el Rey con aviso? ha sabido que la Reina ha llegado ya? . Qué dices, la Reina? . A sus plantas llega, que aquí está su Majestad. Si haré para echarme a ellas, buscando mis desventuras el emedio en su clemencia. Con lágrimas me recibes? levár tate de la tierra. Qué es esto, Arnesto, qué tienes? un hombre de tu prudencia, tu edad, y tu sangre, hace demostraciones tan tiernas? El corazón por los ojos salir, señora, quisiera. Prosigue grave mal temo. Cosas del Rey serán estas. Niñerias serán suyas. El viejo parece vieja. Señora, pues el decir toda la verdad es fuerza, yo soy Arnesto, mi sangre en Sicilia es la primera; tengo una querida hija, tan infeliz como bella, pues de ella el Rey mi señor enamorado, atropella (después de otros muchos lances) de mi Casa la nobleza: (aquí el aliento desmaya) y con tirana violencia, de su desdén ofendido, a esta Quinta:: Ahora entra lo que saber deseabas, pues con la carroza misma, y Guardías, que ya habréis visto, llegó Leonido a esta puerta, y llamándome de orden del Rey:: . Ay de mí! Me entrega la hermosura de Violante, rendida al susto, y la pena de un cruel desmayo, y subiendo a la más oculta pieza de este Palacio, encerrada por mano propia la deja, encargándome que a nadie lo diga, hasta que el Rey venga. Ved, pues, señora, qué mucho, que como sentida fiera, a quien el cazador roba los hijuelos de la cueva, así venga en seguimiento de aquesta adorada prenda, con intención de que el Rey, o me mate, o me la vuelva; pero encontrándoos a vos, conozco que el Cielo muestra sus piedades en volver tan presto por la inocencia; pues estando en esta Quinta cuando vos llegáis a ella, es disposición divina, porque mi honor no se pierda. Válgame el Cielo, y qué bien dije, que el corazón era profeta en un infeliz! pues que del mar las severas iras la horrible borrasca, a la que encuentro en la tierra no iguala pero al remedio acudamos ahora, penas, que para llorar agravios sobrado tiempo nos queda; entrad primero en la Quinta, y tu primero me lleva adonde quedó Violante; tú los pesares consuela con que yo he llegado a tiempo; y cerrad luego las puertas, y hasta que el Rey, como dicen, llegue, ninguno dé muestras de que yo he llegado. Admiren tu constancia, y tu prudencia las más celebres Matronas, ya Romanas, o ya Griegas, Ah Rey mal aconsejado, en qué paran tantas ciegas juventudes, con que tienes a toda Sicilia inquieta! Buenas gracias tiene el novio. Venid, pues. Yo hago una apuesta, que con aquestas historias el pobre Dedal no cena. . En fin, que Floro ha quedado advertido? . Sí señor, con el silencio mayor, que ha podido mi cuidado tu orden ejecuté; del desmayo, en fin volvió, y en ese cuarto quedó, que cae al jardín. ̱. Bien sé como me sirve tu amor. Solo a tu gusto me ajusto. Servirle a un Príncipe al gusto es el servicio mayor, de mis Guardías Capitán eres ya. . Tus plantas beso, que me honras con grande exceso. Mas satisfechos están mis sentidos de esta gloria, que ahora por ti he conseguido, que si en campaña, Leonido, me dieses una victoria. Filida me ha respondido mas suave, pero recela, que su marido la cela. Pues matemos al marido. Lesbia, qué olvidado estás me dijo ayer. Qué porfía! no la quise todo un día? pues yo nunca quise más. Clori. No más adelante pases, que el amor presente me arrebata solamente; hablemos solo en Violante. Para qué, si aquesta es la Quinta ya. Traes las llaves del postigo? . No lo sabes? ya está abierto. Entremos, pues. todo en silencio se advierte. Tendrá Floro, prevenido, los criados recogidos. Lograré mi feliz suerte: Noche en quien glorias contemplo, pues que das esta ocasión, yo haré que mi corazón arda lampara en tu templo. Los qu lartos aquí han de adonde dejé a Violante. El corazón vacilante, no sé qué siente a su puerta. Efectos son del sumo placer; qué aguardas? Abre, Leonido, qué tardas? Sosiegue tu corazón, inquieto, y alborozado, propio afecto del amor. No has abierto? Sí señor. No sé de qué voy turbado; pero según de la Luna veo a los trémulos rayos, en estas salas no hay nadie. Yo la dejé en este cuarto, habrá pasado al de adentro, que Floro quedó encargado de asistirla. Eso será, pues más adentro reparo, que se divisa una luz. Y junto a ella, o yo me engaño, está Violante. Es verdad; quédate aquí retirado mientras yo llego. Hoy consigues tus dichas. Bello milagro de amor, hermoso prodigio, a quien el alma consagro, perdona a un amante afecto lo atrevido, si es que acaso ofendida:: Hombre, quien eres, que tan resuelto, y osado llegas? donde:: mas qué miro! Cielos qué es lo que reparo! Señor, vos: La Reina es, Cielos! pues cómo aquí? No turbado, lo que ha sido prevención, queréis que parezca acaso. Vos sois, sí, que no me mienten las señas de aquel retrato, que en el corazón impreso dejó el amante traslado, ya sé:: . Señora, si yo llegué::- Disímulo tanto, desaire es de una fineza, que tiene visos de agravio. Qué es esto que nos sucede? Hola, Senescal, criados, Violante, Arnesto. Señora. . Llegad. Todo soy de mármol! Que quiero seáis testigos de este primor cortesano, de aquesta atención amante, con que quiso disfrazado el Rey mi señor::- . Mirad, que yo:: . Irse, que bizarro, y atento, hacer dispusisteis en el descuido el cuidado; pues sabiendo que a esta Quinta llegué esta noche, (ah tirano!) porque embravecido el mar a esta playa me ha arrojado, quisisteis desprevenida darme aqueste alegre rato. Señora, es verdad, que yo::- Ya de tibio iba a culparos, si vuestra gran discreción no hubiera salido al paso, al ver cuanto más debía al amor que me ha mostrado Violante, que con su padre, según me dice, ha llegado buscándome. Donde logre, a vuestros pies soberanos, ser la primera que llegue en alas de mi cuidado a alcanzar la feliz dicha de besar vuestra Real mano. Yo la de que conozcáis el más fino, y leal V de los nobles de Sicilia. Oh están todos concertados contra mí, o también podía ser, que la Reina llegando tan casualmente, Violante, para desmentir su agravio, dispusiese lo que dice; mas pues sálida no hallo, disimulemos, y sirva la misma que me están dando. Señora, en la suspensión del dulce amoroso encanto de vuestros ojos, no es mucho de que el corazón turbado no halle a vuestra discreción que responder, pues es claro, que fuera ofensa de un alma, que absorta os está mirando, que la gloria de la vista perturbe elocuente el labio; pero porque en dos sentidos ninguno quede agraviado, expliquen cuanto no digo más retóricos los brazos. Los míos (hah aleve!) digan las dichas que en ellos gano. Y yo el primero, señor, tal felicidad aplaudo, besando vuestra Real planta. Tío, Senescal, alzaos, que a vuestra sabia conducta debo cuanto estoy gozando. Todos hacemos lo mismo. Vos también habéis andado muy fino, Arnesto. Señor, cumplir siempre he procurado cemo quien soy. Ya se conoce. Yo averiguaré este caso, y le ha de costar la vida. Señora, dad (de turbado no acierto hablar) vuestras plantas: A Leonido un fiel vasallo, a quien hoy por sus servicios mi Capitán he nombrado de las Guardías. Y es muy jus que le estáis muy obligado, y me alegro conocerle. Yo estoy absorto mirando, como fulieros de amor se miran el juego entrambos. Y vuestro hijo el Marqués? A la Corte pasó a daros, por mandado de la Reina, noticia del desembarco. Vuestra Majestad es justo le retire ya a su cuarto a descansar. . Pues entremos: Que mirando mis agravios, d no solo los disimule, sino que haya de dorarlos! Todos fingen, mas de todos, que me he de vengar aguardo. Fuego de Dios en los hombres. El Cielo escuchó mi llanto. Yo salí de grave riesgo. Que se vaya despeñando de aquesta suerte en los vicios! A la Reina le ha contado. Violante, que yo la traje, que en su rostro lo he notado, mas yo sabré::- Fuego, fuego. Mas qué escucho! Todo el cuarto donde ha entrado el Rey se abrasa. A su socorro acudamos. Mientras que Julia no chilla, no tengo de que hacer caso. Violante? . . Padre? Dedal? Ahora si voy como un gamo a arrojarme entre las llamas: ea, honor de los lacayos. Ea, amigos, llegó el tiempo en que me he de ver vengado; busquen al Rey los aceros, por si se librare acaso del fuego. No hay quien socorra mi persona? seguidme. No lo será, pues aunque con vicios tantos al Cielo tenga ofendido, el Cielo quiere ampararlo; a cuyo fin, invisible desciendo espíritu sacro, que tutelar suyo ahora, quizás para que su vida sea de Sicilia pasmo. Que me ahogo. Ya, Federico, estás libre. Cielo santo, qué es esto? como tan presto me puedo ver traslado desde la muerte a la vida? Fuego. Todos acudamos, que la Reina con Violante peligra. . Pero en qué tardo, que a Violante no socorro, si escucho su riesgo? Ah ingrato, qué presto has de este favor la inspiración olvidado! mas las piedades Divinas quieren que temple el airado elemento, porque no mueran inocentes tantos por una venganza. Amigos, el lance hemos malogrado, pues la Reina, y su familia están en la Quinta huyamos antes de ser conocidos. Fuego, fuego. . Ya templando va su actividad. . El Cielo con evidente milagro nos ampara. . Pero no importa el mirar frustrado aqueste primer designio, pues cuando en celos me abraso, siempre me sobran volcanes para vengar mis agravios,
JORNADA SEGUNDA
Grave mal! . Terrible pena! Gran sentimiento! Cruel muerte! Vive Cristo, que los cuatro, que han madrugado parece a ensayar lamentaciones, según los gestos que tienen; mas si habrán dado en Poetas, que uno las unas se muerde, otro mira al Cielo, otro se eleva, otro se suspende, que esto cuando escriben hacen, y también los juicios pierden? Ay de ti, pobre Sicilia! Este glosa misereres. Ay vengativos enojos, como da treguas la ardiente hoguera de vuestro agravio! Este pinta algún valiente. Ay honor, como la vida dura cuando tú te pierdes! Este la ha tomado triste. Ay Sicilia, qué crueles desdichas en la crueldad del Rey te amenazan siempre! Aqueste escribe Comedias, que es peor que los tres mil veces. Marqués? . Cónde? Arnesto? Dedal? Sin duda parece, que a lo que miro en los cuatro, un mismo impulso nos mueve. Como no será uno mismo, si su rigor los comprende a todos? A quién, Arnesto, (si por ti decirlo quieres) no ha de lastimar que el Rey así tu honor atropelle? Déjame, Cupidillo, que en vano emprendes, que quiera, si no quiero lo que tú quieres. Pero ya de que el Rey sale la música nos previene. Vámonos. No, que ya el Rey nos ha visto y aquí viene. Déjame, Cupidillo, Proseguid, aunque disuenan (a quien en el pecho tiene todo un abismo de furias) las consonancias alegres. Señor. En vano, Leonido, disímulos me previenes, pues nada pueden templarme hasta que esta ofensa vengue. Aquí el Senescal. Ya veo, que los cuatro, como suelen, estarán de mis acciones confiriendo pareceres. Por Dios que también el Rey trae cara de hacer mercedes; pues no es decir que hace versos, porque come lindamente. Señor danos vuestras plantas. La espada. Que menos precie así nuestros rendimientos! Señor? . El sombrero. Advierte::- Que solo hable con Leonido; teniéndonos de esta suerte! Déjame, Cupidillo, Los guantes, no cantéis más. Aquí, gran señor, los tienes. Primo, Senescal, Arnesto, Conde (ah villanos aleves!) Qué sobrefalso se miran todos! pero ellos se entienden. Plaza, plaza. La Reina n qué causa hay para que deje vuestra Majestad tan presto el lecho, si el accidente de anoche, pudo al descanso con más razón atraerle? Antes esa misma causa pudiera hacer me desvele, y más cuando en vos, al veros, tal ejemplar se me ofrece: ha ingrata Violante! yo sabré vengar tus desdenes. Clicie flor hermosa, al Sol sigue los pasos lucientes, con que así, ninguno estraña, que madrugue, si amanece. Yo la fineza os estimo, y porque es razón que enmiende descuidos de que os quejáis, haced, Marqués, brevemente, que a esta Quinta la familia, Carrozas, y Guardías lleguen, porque a la Reina conduzcan a Palacio, y así que entre de Mecina el Arzobispo, prevenido haced que espere para desposarnos. . Ya voy, señor, a obedecerte. Fino está, mas Bercebú cargue con quien le creyere. Ahora entro yo de cuadrado, si es que función tan solemne, señor, como una Real Boda, admite de mequetreses pedigüenos memoriales; bien es que un Dedal espere (aunque a él un dedo le basta) de tu mano mil mercedes. Da, Leonido, cien escudos a Dedal, y vuelve a verme; y prevén, que voy al bano luego. Oh Rey altipotente! cien escudos? cien mil besos te daré en ambos juanetes; venga al punto ese dinero. Luego que en el baño en el Rey, te los ha a. Tú has logrado bravamente. Soy gran toreador de a pie, y sé cuando entrar conviene. Y de eso a mí qué me das? Julia mía, ciertamente te daré, si es que me estimas, tanto como se te diere. Pues ya, señor, que a mi amor quieres pagar lo que debes, que otra merced me concedas quisiera pedir. Qué puede, hermosa Irene, pedir vuestra voz, que yo lo niegue? Pues ya, señor, que Violante quiso el destino que fuese la primera que a buscarme en aquesta Quinta encuentre, razón es también que sea a la primera que premie. Eso, señora, es muy justo. Yo sé, que tratado tiene su padre Arnesto casarla. Con quién? Qué mal que desmiente su presteza a su cuidado! Qué cara de herrero ha puesto! Con el Conde, y a este fin me habló, porque interpusiese con vos mi favor, a que aquellas honras que suele dar un Rey a sus vasallos, vuestra Alteza le dispense. Qué decís? pues cómo, Conde, no me habíais dado de este amor, ni de este tratado. cuenta? Esperaba a que hubiese esta ocasión. . Está bien; y qué a Violante parece desto? porque sin su gusto; no es bien el que a efecto llegue. Violante es, señor, mi hija, y lo que yo dispusiese:: No hablo con vos. Calabazas. Mi justo temor se aliente. Mi padre, señor, ha dicho todo cuanto decir puede mi voz, pues siendo su gusto, y su elección, no es bien deje a mi discurso lugar, mas que para obedecerle. Muchos padres a sus hijas obligan violentamente a tomar estado. En mí ese riesgo no sucede. Luego gustosa:: . Señor, si su padre, y ella quieren, y el Conde, qué nos importa si conviene, o no conviene? En el Rey según pregunta, qué gran Vicario se pierde! En fin, Arnesto, de vos quejoso estoy solamente, pues de estos ajustes hombres como vos dar cuenta deben al Príncipe lo primero. Y si tomádose hubiese aquesta resolución de anoche ará? Mas me ofende. En fin, señor, todas esas quejas hoy han de vencerse por mí. Y si acaso hay otra razón, que todo lo vence? No sé cual sea. . Yo sí, y haré que se manifieste presto: Leonido? Señor. A una torre al punto lleven a Arnesto preso. Pues, señor, qué he hecho yo para que llegue a ofenderos? Ea, llevadle. . Señor: Hay trance más fuerte! Nada tenéis que decirme. Señor, si la culpa tiene una mujer desdichada, no es bien la pague inocente un noble anciano, a a quien tú tan grandes servicios debes: Yo soy, señor, no mi padre, el que casarme resuelve con el Conde, cuyo amor no fuera razón se niegue; tres anos ha que me sirve, yo le quiero, y él me quiere, y en la igualdad de la sangre no hay estorbo en que tropiece. Esto, señor, aunque más mi honor recatarlo intente, es preciso que te diga, porque es bien que consideres, que si hay en esto delito, solo mi elección lo tiene. Ardiendo en fuego está el Rey, y mi ama le ha echado aceite. Ved ahora, señor, si es justo conceder lo que pretende. Disimular es forzoso: Yo aunque a vos os lo parece, no impido la boda, pero preso es bien que Arnesto quede, o que diga, pues lo sabe, quien fue el que atrevidamente anoche encendió la Quinta: ved, pues, si es razón se mezclen donde hay servicios, y ofensas, los castigos, y mercedes. Señor, quien diga que yo::- Llevadle, en qué te detienes? Muda estatua soy de mármol, pues no dudo lo emprendiese viendo su ofensa. Aunque al Rey, que yo he sido le dijese quien puso el fuego, cuando él vengarse de Arnesto quiere, no logro el librarlo, y solo haco que mi vida arriesgue; disimule, pues. Señor, no así a persuadirse llegue vuestra Alteza. Nada escucho: mientras las carrozas vienen entraré al baño, después veréis lo que hacer se debe: no me ha de quedar con vida nadie de los que me ofenden. Señora::- Nada me digas, pues que cada instante advierte el pecho nuevos pesares, que unos a otros suceden: irritado el mar anoche me arrojó, y más inclemente la tierra me ha recibido. Yo, que he sido ocasión de este escándalo, de esta pena, enmendarla con mi muerte os prometo. Esto, señora, se remedia fácilmente: Violante asista con vos, adonde el Rey la respete, hasta que yo (si es que yo valgo con él) suavemente a la senda de reduzco de la razón. Cuando llegue el caso de que no baste, mi fe, señora, os promete llevar conmigo a Violante a otro Reino, porque queden vuestros celos, y mis celos seguros de aquesta suerte. Lo que ahora importa es, que a Arnesto le atendáis, no le atropelle la ira del Rey. No, que antes procuraré defenderle. Si con aquestas rabietas mis cien escudos no vienen, aí es cuando rabio yo. Mucho temo que se queden sin madurar estas bodas. Una, y otra están en cierne. Venid ahora a los jardines, mientras mi hijo el Marqués vuelve con las carrozas, y e E en el bano se detiene. Pasco yo a los jardines? lleve el diablo si al a fuere; bueno es que toda la noche con el fuego no me dejen dermir, y ahora, cual si fuera potro aguado, me pascen: mucho se tarda Leonido; aquí es mejor mientras vuelve, en yendose estos, dormirme, ya que él logre que le sueñe. . Vamos, y entre tantas penas como el alma calla, y siente::- Entre peligros tan graves como mi claro honor teme::- Entre opresión tan injusta como Sícila padece:- 3. El Cielo ponga remedio, pues que el Cielo solo puede. . Si pondrá, pues ya el Cielo atiende a vuestro justo desconsuelo; a cuyo fin me envía turelar Ángel de esta Monarquía, (a quien con especial favor atiende) a que el gobierno de su Rey enmiende; a cuyo fin, qué tome me ha ordenado del Rey la forma, y que él desfigurado viva humilde, y de todos abatido, sin que de nadie sea conocido, (do, mientras que yo en su Trono gobernan- del Pueblo la opresión voy aliviando. Ea, Sicilia, ya ha llegado el día en que trueques tu llanto en al gría, un Ángel por Rey tienes, considera qué gobierno te espera: tanto con Dios alcanza unida al sufrimiento la esperanza; entrar al baño quiero, y tomar su vestido lo primero, en su lugar un vil gaban dejando de un humilde villano, para cuando del baño salga, para que se abrigue, y su altivez se postre y se castigue; pues si en vicios, y en culpas anegado, de sí mismo, y de Dios está olvidado: hoy con su gran piedad compadecido, verle enmendado quiere, y no perdido. o Gran hombre soy de negocios; vive Dios que me he dormido como un pastelero en Viernes, y un albañil en Domingo: Bueno fuera bueno fuera, que hubiese vuelto Leonido, que el Rey hubiese marchado, y que yo en aqueste sitio a pie, y sin mis cien escudos, me quédase hecho un borrico. Quiero atisvar, allí veo un calvo, criado antiguo del Senescal, y acía allí, con dos dientes, y un colmillo está una maldita vieja con el Conde hablando: digo que estoy bien; mas aquí viene Flora. Qué hay, Dedal, amigo? Tanto favor, Flora mía? como se ve que estoy rico; pues aún no he cobrado blanca. Ya sabes que yo te estimo sin interés . Ya lo sé, aunque hasta ahora no he visto hacerme tanta merced; mas ya que sola te miro, pues yo saqué cien escudos, te quiero dar un arbitrio con que al Rey sacarle puedas. otros ciento, y más. Pues dilo. Tu ama es Violante, el Rey está por ella perdido, tú eres criada, y criada, miradlo que harto os he dicho. Pues no sabes que es mi ama una tigre, un basilisco en tocándole a su honor? Bueno; pues ar entra el artificio de decirle al Rey, que ya la has puesto un madurativo con que se le ablande el pecho, que falta ungüento amarillo, y blanco para un emplasto, él te estará agradecido, habrá papeles, favores, traerémosle entretenido, y cátate aquí el enredo. No es para eso el genio mío, no sé mentir. Pues no tienes algún Sastre conocido? No me he de atrever. Pues yo::- más aguarda, que allí miro que viene Leonido. Ya lo que el Rey mandó he cumplido; pero, Dedal? . Oh señor Capitán, mi amo, y amigo, mi amparo, mi valedor, mi esperanza. Estás sin juicio? Estoy sin los cien escudos aguardando, que es lo mismo. Ya te dije, que en saliendo el Rey del baño. Dios mío, estos plazos no me agradan. Que me he tardado imagino, mas ya como el Rey mandó queda todo prevenido. Marqués? . Leonido? Parece que ya ha llegado mi hijo con las Carrozas. Veamos si el Rey del baño ha salido. Como él sepa que le aguardan, se estará adentro diez siglos. Hola? . Señor. A tus plantas. Habiéndoos ya, Marqués, visto, sé que todo está dispuesto. Señor, cómo te has vestido sin llamar? Viéndome solo, creí que hubieséis todos ido siguiendo a la Reina. Ahora llegaron todos conmigo a ver si acaso llamabáis. Aunque en ellos el serviros sea obligación, también yo el que la cumplan estimo. De cuándo acá tan cortés? Parece que está benigno. Como va a ser novio, ya está ensayando cariños. Ya, Sicilia, llegó el tiempo en que logres tus alivios, supuesto que ya he tomado del Rey la forma, y vestidos; y a él, sin que mude la suya, haré por mayor prodigio, que de cuantos le miraren no pueda ser conocido. Ya, señor, como mandaste, queda Arnesto en el Castillo. Bien está. Y de él, en la cuadra más remota, y advertido su Alcaide, de que con nadie, de palabra, o por escrito, le deje comunicar. Pues yo tal cosa os he dicho? Pareciome que::- No más; si os preciáis de buen Ministro, en las órdenes que os diere, ni adelantado, ni omiso habéis de andar: advirtiendo, que entre extremos tan distintos, solo si os mostráis piadoso, os sufriré algún descuido: Como en mi favor el Rey habla, parece le miro con menos horror. Me alegro, que hay también para el amigo. Señor, pues si así a Violante su desdén::- Ya os he entendido, no me habléis en eso ahora. Cielos, yo he dado motivo al Rey para esta aspereza? Pues con él se ha desabrido, yo llego a tiempo. Señor? Qué queréis? San Gil bendito! que se me ha puesto muy grave: ya os acordáis que a Leonido mandastéis, que cien escudos me diese, no los he visto hasta ahora, y quisiera::- Bien, yo que lo mandé os afirmo, y vos haced que los den cuando los gastos precisos de mi Real Hacienda dejen caudal. Pues eso es lo mismo, edecir que no los cobre por los siglos de los siglos. Yo a la Real Hacienda? Bueno es, que fueráis preferido a las viudas, los soldados, y criados de que me sirvo? Los bufones como vos, para los ratos perdidos suelen servir, con que así, que se paguen es muy digno, cuando tanto el caudal sobre, que se dé como perdido. Cielos, qué mudanza es esta? Posible es, que en tantos vicios tenga tal entendimiento! otro del baño ha salido. Debe de haberse ablandado con lo que se ha humedecido. Hora es ya de ir a Palacio, venid, señora, conmigo, adonde mi Corte vea, en vuestro amoroso hechizo, de mi elección lo acertado, de su dicha lo excesivo. Vuestra elección es mi dicha: qué bien que finge lo fino! Aunque disimula el Rey, aquesta ofensa no olvido, y más mientras a mi padre de sus prisiones no libro. O quiera el Cielo, que el Rey, mirando el bello prodigio de Irene, sus juventudes olvide más advertido! Jamás al Rey he mirado tan disgustado conmigo. Arnesto en una prisión? mi amor en tanto peligro? presto lo atajarán todo mis furores vengativos. Que estándole el asonante acordándole el bosillo al Rey, a la Real Hacienda me embíe, donde averiguo, que aunque más real, para mí será el dinero fingido. Mas otro sale del baño. Hola criados, Leonido, Conde, Marqués, Senescal. é. El hombre nos hunde a gritos, No hay ninguno que responda? Qué es lo que busca? Qué miro! Dedal? . Abuja, qué queréis? Donde la Reina se ha ido, y los demás? . No lo ve? todos por aquel camino caen a Palacio. . Pues cómo me dejan en este sitio? A mí también me han dejado; si quiere, venga conmigo. Qué es esto, no me conoces? Rato ha que os he conocido, que lo de un lobo a otro lobo, también por esto se dijo. Pues no ves que soy el Rey? El Rey (qué bravo delirio!) cuanto ha se fue con la Reina. Cómo? Loco es de capricho: Si a humedeceros los sesos a este baño habéis v nido, continuadlo. . Vive Dios:: Él nos guarde nuestro juicio. Qué es esto que me sucede? no advertís que soy::: Amigo, ya el Rey no paga busones, sino en caudales perdidos, con que si queréis vivir podéis tomar otro oficio; y a Dios, porque van los coches lejos ya. Cielos impíos, qué es esto? todos me dejan, y hasta los mismos vestidos me han llevado aquí un gaban encuentro, y será preciso ponérmelo por decencia, cuando desnudo me miro, para llamar a la Quinta: fuego por los ojos vibro; Floro, Floro. Qué queréis? Tampoco me has conocido? Pues yo os he visto otra vez? Mira::: Si a lo que imagino sois pobre honrado, y pedís limosna, venid conmigo, que en casa hay, gracias a Dios, con que poder asistiros. Estas loco? yo limosna? viven los Cielos Divinos, que estoy por::: Que a más de pobre, me sois soberbio? pues idos, donde la necesidad os ámanse aquesos bríos. Cerró la puerta el villano: Qué es aquesto, hados impíos, anoche fuego en la Quinta me pusieron, y conmigo se quieren burlar ahora? de cuando acá tan remisos mis furores? pero vamos a la Corte, que allí fío salir de esta confusión: y guárdense si me irrito los Cielos, porque a los Cielos de sus ejes cristalinos pararé los movimientos, y a Estrellas, Sol, Luna, y Signos sabré forzar obedientes a que me influvan propicios: y luego en averiguando de aqueste confuso abismo la causa, en cuantos encuentre en tal culpa comprendidos, sin que a edad, sangre, ni sejo atienda el enojo mío haré que admire Sicilia el más ejemplar castigo. A la unión felice, que alegre Sicilia aplaude dichosa, celebra festiva: vuela, vuela Himeneo, y en tus delicias los dos Regios amantes eternos vivan. No vivirán, pues en vano el Senescal solicita templar la ardiente violencia de esta furia vengativa, que me aflige el corazón, y a que dé muerte me incita a este de mi amor tirano; mas pues el que lo consiga por mi mano es imposible, de la confección activa de un veneno me he valido, que en una carta se cifra, pues apenas pondrá en ella los ojos, cuando en su rinta el castigo verá cierto, que le ha de quitar la vida; está un fingido Correo traerá, porque si por dicha el intento se malogra, no pueda tener noticia le que yo he sío utor; mas ya la Música avisa, que al sarao (con que a la Reina quiere festejar Mecina) salen, y asistir a él es en mi cosa precisa. A la unión felice, Pues nupcial antorcha, con más rayos brillan los hermosos ojos de Irene divina: Vuela, vuela Himeneo, Pues de los influjos de su luz benigna los júbilos nacen, las glorias, y dichas: Vuela, vuela Himeneo, . Yo recibo, y agradezco la demostración festiva, con que el Reino de mi Esposa tanta prenda peregrina aplaude, y de mi elección su acierto feliz confirma. Quién vuestro afecto merece, la gloria más excesiva llega a lograr, que es la que venera el pecho, y estima; mas ya que hoy tantas consigo, y de mercedes es día, una quiero suplícaros. . Tened, ya estáis entendida; y yo:: Señor, aunque sea a trevimiento a la vista de ser quien pide la Reina, discupele a mi osadía el afecto de la sangre, y el amor::: Nada hay que digas: mirad que la Reina manda, que con diligencia activa a Arnesto, Marqués, saquéis de la Torre. . Obedecida su Majestad será al punto. No hallo, señor, frases dignas, que expliquen lo que os estimo esta acción. . Tengo noticias ya señora, de quien fue el que dio fuego a la Quinta, y mi disimulo quiero, que de castigo le sirva. Viven los Cielos, que alguno me ha vendido, que él me mira, más presto me vengaré. A vuestras plantas rendida, señor::: No me agradezcáis lo que ejecuto en justicia. En cada acción que al Rey veo, mas el discurso se admira, Parece que está de gracia, allá voy yo con la mía: Señor. . Qué queréis? Que aquella libranza salió fallida, y vengo por ampliación en un juro de Salinas, que darle sal a un gracioso, es gracia puesta en justicia, Yo me acordaré de vos. Si me vais dando estas ditas, yo debo ser quien me acuerde de vos por toda mi vida. Amigo, el Rey está duro. Por eso yo te decía, que industría contra miseria. Quién tal mudanza creería? Un Correo aqueste Pliego me ha dado ahora, y que os diga encarga, que importa mucho, Mi venganza se avecina. Ya yo sé que es importancia, porque esperaba estos días la resolución que en él expresa, quien me le envía. Cónde? . Señor? Aunque vuestro pecho tan quejoso viva de mí, quiero ahora mostraros lo que mi afecto os estima, pues ninguno como yo vuestro bien os solicita: y digo bien, pues el Ángel del más pecador más cuida; y porque veáis si es verdad, y lo que mi amor os fía, en este Pliego se encierra un secreto, que la vida me importa; abridle, y leedle, que ya os digo:: . Suerte impía! qué hombre es aqueste, que al alma cada palabra me tira? Señor::- . Qué dificultáis, si a honraros se determina mi amor con tal confianza? Bien este riesgo temía. Alguién me ha vendido, Cielos! A vuestras plantas invictas, señor, vengo a agradeceros piedades tan no creídas de un infelice. . Levantad a mis brazos, donde os digan, que esta prisión fue crisol de vuestras lealtades finas, agradecedlo a la Reina. El Cielo para su vida quite de mis largos años::- Padre mío? Amada hija? Todos os damos los brazos. Yo, Arnesto, de vuestra dicha la enhorabuena me doy. Ya tengo muy conocida vuestra voluntad. Creed, que a no ser en mi precisa la obediencia al Rey::- Ya veo, que al Rey es justo se sirva, y vuestro afecto parece, que hasta el gusto le adivina. Él le ha llamado alcahuete, o con gran cortesía. le, leed, qué os detenéis? o Pues vuestras luces divinas, Cielos, quieren que se trueque mi venganza en mi ruina, muera yo, y sean mis ojos los que el fuego que respira este Pliego al corazón enciendan: qué se retira mi mano? ya señor leo. Qué despecho os precipita, Conde, que tan alterado admitís mércedes mías? Ya, señor voy. Dadme el Pliego, que yo lo que en él se cifra veré, y sosegaos en tanto. Estatua de piedra fría soy. . Qué misterio será este! En quien os adora fina, señor, no es bien que el cuidado estrañéis, que solicita saber, qué contenga Pliego, que solo al Cónde se fía? Luego os lo diré; ya, Conde, leí el Pliego, y la noticia que me trae, de la que vos imagináis, es distinta. Cielos, como su veneno tarda en obrar? ardo en iras. Señora, pues que ahora el Rey parece que::- Ya entendida, Violante, estás; y mi pecho lo que el tuyo solicita: Señor, pues que ya de Arnesto las sospechas que tenías cesaron, será razón, que también los premios digan lo que le estimáis. Es muy justo. Pues el mayor a que aspira, es solo a que deis licencia, que con Violante su hija el Conde::- . No digáis más, Por su esposo le destina. No puede ser por ahora. Revento otra vez la mina de su amor, porque con celos nadie es posible c Ay infelice de mí! Cielos, aún faltan fatigas! Y porque todos conozcan las razones que me obligan a no obedeceros, este papel el secreto cifra; leedle. . Señor::- No temáis ya, que pasado por mi vista se hace triaca el veneno; ya no ha quedado en su tinta nada que os ofenda, leed. El corazón me adivina, qué es esto que me sucede! leer ya es cosa precisa. Señor, un vasallo fiel a vuestra persona avisa, que el que mandó la otra noche poner fuego a vuestra Quinta, y daros en una carta cruel veneno solicita, es el Conde, qué he leido! Señor, yo, si la malicia:: No más: ved ahora si es justo otorgar lo que pedías; y si esos premios el Conde merece? Suerte enemiga, el papel hallo trocado, que era cosa muy distinta lo que yo en el otro puse. En fin, mientras se averigua:: Leonido. . Señor? Llevad al Conde a la prisión misma donde estuvo Arnesto. Cielos, quién esto descubriría! - Cada vez van mis agravios creciendo, que esta es fingida carta, que el Rey ha ordenado, porque el casamiento impida. Entre mi amante, y mi padre, no hay quien el pesar distinga. . El que él puso el fuego, es cierto, . pues antes me dio noticia. Nadie estrañe que yo haga pública su alevosía; pues al pecador, que errado en vicios se precipita, sin que procure la enmienda, tal vez el Cielo castiga, con hacer que se publique lo que él secreto imagina. Fuerte pasión la de amor, pues le dura todabía, cuando ya las demás templa. Guarda el loco. Aparta, quita. . Qué es eso? Señor, un hombre, que dicen que de la Quinta tras de las Carrozas vino, con una rara manía de que él es el Rey, y que el Reino le tiranizan, y sobre esto quiere hablarte; y el Pueblo en confusa grita le cerca. El vulgo ignorante, es lástima, hace risa; lo que y así de él, tal vez el Cielo, del pecador que castiga se vale por instrumento: hacedle que suba arriba, porque le veáis. Él tiene en vos muy honrada finca, si le dais otra libranza de hacienda, como la mía. Y vos, señora, creed, que seréis obedecida de mí, en cuanto fuere gracia; pero en llegando a justicia, yo del Reino no soy más, que un siervo que le administra, y que no guardo sus leyes no será razón me digan. Cielos, que el Rey deste modo me agravie a mi propia vista! y cuando voy a quejarme, no sé qué impulso retira la voz al pecho, que hace que le respeten mis iras. r! Oh qué infeliz es pues que d está en gr go, temiendo a un Rey, que celoso irrita sus furores por contrario. Yo no sé desto qué diga, él discurre con prudencia, él lo que ordena es justicia, lo que habla es con modestía, y nada desto tenía; pero en tocando a Violante, sus celos, y amor respiran. Guarda el loco. Vive el Cielo, villanos, que ya mis iras se apuran, y si el poder, que me usurpa la malicia, tuviera:: . Él viene furioso, Templad las voces altivas, que estáis en Palacio. . Ya sé que estoy donde debía estar, como lo que soy. Dolor es verlo cual mira a todos, Pues vos, señora, os hacéis desconocida, cuando para recibiros como a mi esposa::: . El delira. Previne en común festejo la Grandeza de Sicilia, que ahora me desampara? Solo sé que me lastima ver, que tan buena razón, frenesí tan cruel oprima. Vos, Violante:: . Qué decís? pues yo os he visto en mi vida? Pues quizá por vos padezo esta afrenta, esta ignominia. Solo faltaba que vos también me culpéis de esquiva. Pues vuestro desdén::: . Callad, que ahora no están mis fatigas para gracias, ni locuras, basteos el que compasiva me duela de vuestro mal, que sois galán por mi vida. Amigo, Dios le remedie, . Hermanito, Dios le asista. V scal, de vuestra prudencia fía mi razón el desempeño. Yo os escucharé otro día, que ahora vuestras locuras están para mí muy frías. A vos nada, Arnesto, os digo, pues que vos, y vuestra hija, quizás con mágicas artes, todo este engaño fabrican para vengarse de mí, haciendo desconocida mi persona; pero yo me vengaré en vuestra vida. Huir de un loco no es infamia. . Él va ya arrojando chispas; y aunque es un loco, mas loco soy yo, si aguardo a que emvista. . Despejad, no salga el Rey. . Solo la confusión mía aguarda la última prueba, de ver quien me tiraniza la Corona; mas qué dudo? todo esto es hechicerías, que con diabólico impulso a mi persona conspira; pero aunque pese al Infierno, sabrá mi noble osadía, si todo el Reino me ofende, todo eino hacer ceniza.
JORNADA TERCERA
Idos, y dejadnos solos. La Reina viene con mosca. . Mi ama viene de pendencia. . La ciega pasión celosa de la Reina, mal se encubre; divertiré su congoja. Ya, señor, que mi deseo con vos este rato logra, cuando siempre del despacho las taréas oficiosas, aún vuestra vista me niegan; permitid que mis congojas, siquiera por desahogo, el mudo silencio rompan. Proseguid, que ya os escucho. Si la pena no me ahoga: Por conveniencia de estado, (que aún los gustos aprisionan de los Príncipes) mi padre me eligió por vuestra esposa: Vine de Milán contenta, porque las prendas heroicas, que en vos pública la fama, mi felicidad pregonan: Pero a los primeros pasos encontró mi amor tan otras sus alegres esperanzas, que en agravios se transforman. Hallé que de vos el Reino, aunque en voces decorosas, se lamentaba oprimido de violencias tan notorias, en la Plebe, y la Nobleza, de vidas, haciendas, y honras, y hallé a Violante en la Quinta, adonde se cifran todas; disimulé, como vistéis, las ofensas, que ahora brotan al labio; y cuando esperaba, que una acción tan generosa lábrase de vuestro pecho la dura intratable roca; vi, que desbocado bruto en vuestras pasiones locas, se empeñaban cada día al precipicio más prontas: pues cuando por escusar de Violante la deshonra, el casamiento dispongo, vos con tan pública nota le impedís, prendiendo a Arnesto con los pretextos que dora el poder, después al Conde; y esto por qué? porque estorban vuestros designios; y en fin, cuando todas estas cosas al alma no lastimaran, pues tan en el alma tocan, una sola es la que más me ofende, agravia, y enoja. Vuestra esposa dijo el mundo, que venía a ser dichosa, y solo porque era mía se me dilata esta gloria; pues vos tomando el motivo (sea verdad, o ceremonia) de no sé qué parentesco, de que apenas ya hay memoria, y un voto también que hicisteis en una ocasión forzosa, hacéis que esté sus pendido el celebrar nuestras bodas, hasta que de todo llegue la dispensación de Roma; cuya dilación, señor, (como es queja carinosa) mi amor impaciente culpa, y al vuestro de tibio nota. Pues qué importará que todos (como la fama pregona) tan otro en vuestras acciones os encuentran, ni qué importa, que el Reino admirado al veros, Ángel, y no Rey os nombra, si os hallan mi amor, y celos el mismo que antes, ahora? Esta pena, este dolor, este sentimiento::- Hermosa divina Irene, cesad, y de vuestro llanto, Aurora, sean Céfiro mis voces, que enjuguen el blanco aljófar: En cargos de amor, y celos cifráis vuestras quejas todas, y presto veréis qué mal vuestra pasión os informa. En cuento a mí, estad segura, que tanto el pecho os adora, que nadie puede igualarme; más creed también, que es forzosa la dilación que culpáis, y que ya cuento por horas. En lo que toca a Violante, solo por quitaros sombras, que vuestra razón ofuscan, haré que la ley se rompa de mi inviolable justicia, porque veáis mi verdad: Hola? Señor. Sacad luego al Conde de su prisión, y esta propia noche, si gustáis, Violante le dé la mano de esposa. Bien decís, señor, que son vuestras palabras, y obras, Iris, que al alma serenan la tormenta en que zozobra. No habéis de entrar. Vaya el loco. . Vaya el truhan. De esta forma es bien pague su osadía. Quién mi Palacio alborota? Señor, ese hombre que ha dado en que es tu misma persona; que aunque por las calles va buscando quien le conozca, luego a Palacio se vuelve; y aunque con burlas, y mosas juegan con él los Soldados, él da en su tema ranciosa de querer verte la cara. Porque divierta a mi esposa, haced que subir le dejen, y que en mi cuarto le pongan antes, porque quiero hablarle. Voy por él, que es bien graciosa su locura, como él fuera más sosegado de colla. Yo, señor, en nombre vuestro voy noticias tan gustosas a dar a Violante. Cielos, estas mudanzas me asombran; más casese con el Conde, que así mi quietud se logra. Ya el tiempo determinado de Dios, para la afrentosa penitencia, que hace el Rey, se va cumpliendo, y ahora quiero hacer una experiencia, para mostrar si se doman sus pasiones; y esta es, restituirle a su forma, y que tome mis vestidos, porque todos le conozcan: Veamos pero aquí viene, el que quede solo importa. Ea, Federico, ya tú libre albedrío obra, usa bien de él, si deseas el gozar de tu Corona. Digo que el Rey lo ha mandado, que adentro le deje entrar, que a solas le quiere hablar. Viendo la tema en que ha dado, recelo que::- . Senescal. Gran señor. . Sin dilatarlo, a mi Guardía haced, que entre aquese hombre. Ved si es lo que dice Dedal. Obedecer es forzoso, aunque viendo su manía, teme la prudencia mía pase de loco a furioso. Mas tu puedes con cuidado estar, mientras que yo ahora voy a saber el estado en que con el Rey quedó, pues yo la dije le hablase, y más no disimulase los agravios que lloró. , , e Entrad, amigo, que el Rey en su cuarto queda solo aguardándoos. . Quién dijera, que yo písase tan otro estas cuadras, sin que puedan averiguar mis asombros, esta razón que me hace tan desconocido a todos? y no solo esto, más que haya quien atrevido a mi Solio le ocupe, y que aqueste crean, que soy yo, de lo que noto, que no es obra natural, que sea por magia es forzoso, Mas ya que en esta ocasión verme a solas con él logro, entre mis brazos tendrá el castigo de su arrojo. Pero qué es lo que he mirado! No son estos mis adornos, que me quitaron el día que perdí también el Trono? pues en qué ahora me detengo, que lo que es mío no cobro? Deseche este rudo traje, y vístame el que es tan propio de quien soy, que si me hieren, pues que me tienen por loco, nadie estrañará la acción. Ya te he dicho, Flora el modo de que al Rey saquemos algo: luego que se vaya el loco hemos de entrar. . Voy temblando, Mas tén, que él está aquí solo: famosa ocasión llegamos. Quién anda aí? . Señor, un hongo, que han producido las losas de tu cámara, un gorgojo, una hormiga, una polilla, que hinca los dientes en todo, menos en los cien escudos, que mandaste darme en oro, y los he cobrado en viento. No los dio Leonido? . El otro, para prender es un lince, mas para soltar un topo. Cielos, qué es esto? Dedal me conoce ahora, y por loco no ha un instante que me tuvo; si se engañarán los ojos? mas no, que el mismo prodigio en los demás reconozco; la novedad apuremos. No andemos en circuloquios. Qué es eso? . Señor, que Flora tiene el natural tan corto, que trayendo de Violante un recado: . Qué es lo que oigo! No se atreve a llegar. Flora, sabiendo cuanto la adoro, como dilatas:- Pasando por este cuarto, o mis ojos me quieren mentir, o el es hablando con Flora noto. Si Violante, mas qué digo? cuando el desempeño toco de haber perdonado al Conde, y tratable, y cariñoso decirme que yo la case. Con que en fin, Flora, el hermoso dueño de mis pensamientos, ya con más benigno rostro me quiere atender? . Señor, atendiendo a su decoro, (Dedal, en qué me has metido?) te ha mostrado el riguroso ceno que sabes, mas ya, de tus prendas a lo heroico rendida: Qué es lo que escucho! Está su pecho muy otro. Bendiga Dios tal mentira? Pues qué te ha dicho? Conmigo suele los ratos ociosos hablar en esto, mas mira, que este secreto que rompo no lo sepa, porque hará en mí un estrago horroroso: conténtate con saberlo, en tanto que yo dispongo, que puedas hablar con ella. Ah habido hombre más dichoso? Quién diría que Violante ultraje así su decoro? No sé qué te diera, Flora; pero aguarda, que aquí noto por descuido una cadena. El descuido fue famoso: Señor, y el pobre Dedal, que ha andado en estos negocios acordándole a Florilla, no hay reloj, sortija, o bolso? Yo te daré mil escudos. Si estos son como los otros, manda aunque sean diez mil, y no lo dejes por corto. Cielos, el Re me engañan y cautelosos quieren sosegar mis celos; mas yo haré del mismo modo casando a Violante, y luego, que a Nápoles con su esposo pase. Ya de mi experiencia . lo que inferia conozco; que usando de su albedrío, de su natural vicioso así se deje llevar! Violante, y Arnesto, con el Conde vienen veamos si obra en él lo generoso, ya que a este fin he dispuesto el que le conozcan todos. A vuestras plantas, señor, mis hijos, y yo gozosos venimos a daros gracias, de que serenando el rostro nuestra infeliz suerte, hayan templado vuestros enojos. Qué es esto? nadie me estraña? yo sueño, o el riguroso maleficio cesó ya? Pero pues es en mi abono, para qué quiero apurar dicha en que no encuentro estorbo? Yo, señor, de dos fortunas, más deudor me reconozco; una, el que ya asegurado de mis lealtades, piadoso me deis libertad; y la otra, que vencidos los escollos en que naufragó mi amor, consiga el puerto dichoso, cuando Violante en su mano:: Qué decís? . Diole el bochorno. A la Reina mi señora, ahora por uno, y por otro, vengo de besar la mano, y me ha asegurado en todo, fuera de esta, las mercedes, que habéis dicho generoso, que queréis hacer al Conde; por lo que también me postro a vuestras plantas a daros las gracias. Todo esto ignoro: Leonido, yo te he mandado: Lo que he ejecutado, solo órdenes tuyas han sido. Arrepentido le noto a de cuanto ha dicho; o qué falsos son siempre de un poderoso, cuando usa mal del poder, otrecimientos, y votos! Ah indomito bruto, ya te precipitas, un poco que la rienda te he soltado! yo te pondré en más oprobios. Señor, cuando tan benigno creímos hallarte todos, día en que gracias repartes, muestras tan severo el rostro? No os admiréis, Senescal, que yo estrañe tanto asombro, pues ni me entendisteis antes, ni ahora os entiendo tampoco. No sé qué decís. . En fin, Conde, queréis ser esposo de Violante? . Sí señor, a eso es lo que aspiro, solo por premio de mis servicios. Y vos mismo:: R. Que me opongo no penséis, cuando deseo que de mí no estéis quejoso; pero a Milan me es preciso escribir sobre un negocio de la primer importancia, y el Pliego es también forzoso darle a hombre de confianza, para cuyo fin os nombro, y habéis de partir al punto. Señor, por vos: Ya conozco que por mí aún hicierais más. Primero, pues es tan corto el tiempo señor, quisiera, se hiciera este desposorio. Arnesto, esa prontitud a quien le toca es al novio; y pues él me sirve, y calla, para qué es ser enfadoso? A avisar iré a la Reina, por si lo que temo estorba. Tan presto, señor, olvidas lo que ofrecistes? . Es forzoso que haga el Conde esta jornada: ay, si en su ausencia tus ojos me miras en más propicios, cómo de Flora lo oigo! Tú, Dedal, con tus enredos, tienes la culpa de todo. Como la esperanza es viento, está que revienta el mozo. Señor, mirad:: . Senescal, que sois prudente no ignoro; si lo queréis parecer, no habléis en lo que dispongo: Vos por el Pliego a mi cuarto id, y en tanto que le formo disponed vuestro viaje, pues. . A obedeceros voy pronto, y a morir, pues es preciso. Tú, Leonido, presuroso, cuatro Soldados prevén, que le den muerte briosos cuando vaya a la Marina; pero ha de ser tal modo, que nunca el cadáver pueda ser testigo de este arrojo: ahora veré si conmigo os volvéis a burlar todos. Haré, señor, lo que mandas. . Havemos quedado airosos. Pues ordinarios auxilios no le bastan a este monstruo, yo ajaré más su altivez, a ver si su pecho postro. Hasta cuando, cruel fortuna, de tu influjo riguroso, tengo de sentir los ceños? Las inconstancias que lloro (del Rey, mas que mis agravios, me tienen, Violante, absorto. No sabes tú lo que Flora naurdido, para que el otro no pague con todo el Mundo. Tan desordenado asombro de varios afectos, ya vengativos, ya piadosos, como tiene el Rey, me hacen creer, (pero es delirio loco) que algún hechizo: Marqués, aunque creeros debo en todo, estraño, como decís, que el Rey: . Ya de sus enojos tenéis, señora, experiencia, y por eso pasé pronto a avisaros. . Pero ya la verdad leo en los rostros de todos, qué ha sido esto? Señora, de mis ahogos el último desengaño. De mis desdichas el colmo. Vos, señora, me dijisteis, que pasase a vuestro Esposo, y mi Rey a dar las gracias, por conceder generoso la licencia de mis bodas. Y él me aseguró eso propio. Pues ahora por impedirlas, dentro de un término corto, al Conde a Milán envía, sin permitir generoso el que antes le dé la mano, de que inferir es forzoso: Basta, que ya comprendo mucho más de lo que os oigo; como: ay de mí! . Hola, Marqués, Arnesto, Leonido, todos. Señor. . Cómo descuidados dejáis, que ese hombre, ese loco, haya entrado hasta mi cuarto? Mas que salimos con otro nuevo enredo. . No mandastéis que a él le éntrase, porque solo queríáis hablar con él? Que lo mandé reconozco, más avisándome antes; y no que le hallé en mi propio Gavinete, en mi Despacho, mientras en el lecho un poco al descanso me entregué, reconociéndome todos los papeles, donde pudo con su mania furioso, cogiéndome inadvertido, algún capricho alevoso lograr, pues tuvo osadía de vestirse mis adornos, que acaso dejé. . Dedal dijo: Lo que ha dicho el Rey a todos. En fin: Ya, como mandastes, . . quedan los Soldados prontos. Bien está: ahora a mi cuarto entrad, Leonido; y vosotros prended luego aquese hombre, y llevadle al calabozo más oscuro de esa Torre, y para algún desahogo, a Dedal entrad con él. A mí? estáis dado al Demonio? pues yo: Haced lo que os he mandado. otra vez su crueldad noto. Señor, a un hombre sin juicio? Diréis que es tirano arrojo; pues creed, que es lo que importa. Este es el Rey virtuoso? el santo? el justiciero? yo a oscuras, y con un loco? Ya, señor, a obedeceros, vuestra orden aguardo solo. Yo, Conde, os avisaré cuando haya de ser, y pronto convocad para esta tarde el concurso numeroso de la Nobleza del Reino: haced prevenir el Trono, y lo demás, que dispuesto para mi Real desposorio está; y vos, Leonido, haced lo que os he mandado, y todos le asistid; y vos, señora, sin que nada os cause asombro, venid conmigo, que hoy, como con el Rey dispongo, la última experiencia haré; y justiciero o piadoso le daré el premio, o castigo, que en su mano está uno, y otro. . De un golfo en otro de dudas, y de temores zozobro. Ahora me habló más benigno. Yo a oscuras, y con un loco? Ven, Flora. mis confusiones en todo encuentran escollo. Si mi cadena no es falsa, lo demás importa poco. Venid a lo que el Rey manda: este es su cuarto, entrad todos con silencio, no pretenda librarse en el alboroto. Allí sentado, que escribe con grande sosiego, noto. Callad, veamos lo que intenta. Ya que, aunque ignorando el modo? otra vez, Cielos, me veo restituido a mi Solio, vengarme sabré de cuantos son de mis gustos estorbo: este es el Pliego que al Conde he de entregar cauteloso, para que así vea en él, que le va su muerte; y luego también al Marqués, furioso tengo de darle un veneno; y si el frenesí celoso de Irene:: . Daos a prisión. Esto me faltaba solo: cómo? . No le oigáis palaba Qué es esto, pues, alevosos? Haced lo que manda el Rey, Qué Rey? si yo: . Nada os oiga Villanos, ya el sufrimiento se apura con tanto oprobio; pero pues me hallo con armas, yo os daré castigo a todos. Aprisionadle, quitadle la espada, y a un cal le llevad. . Marqués, Senescal, como a vuestro Rey vosotros dejáis tratar de esta suerte? Arnesto? Aunque está furioso, mueve a lástima. . Llevadle. Qué es esto, hados rigurosos! tan presto para mi ruina pasáis de un extremo a otro? matadme, y no de esta suerte me llevéis. Yo estoy absorto. Traed también a ese criado. . Para mi fue el calabozo, para Flora la cadena: yo a oscuras, y con un loco? . Qué compasión! que su talle nos da indicios bien notorios de que es hombre de valor; y en el natural piadoso, que muestra el Rey estos días, en tantos actos heroicos, aqueste rigor estraño. Yo no, cuando reconozco lo que ejecuta conmigo; mas vive el luciente globo del Sol, que si el enviarme a Milán, es cauteloso motivo para impedirme el ver los divinos ojos de Violante, que aunque el Cielo de mis impulsos celosos. le librasen del veneno, y el fuego, que mis arrojos con el acero sabrán satisfacerme de todo. En medio de tanto agravio, solo el consuelo que logro es, que mi honor esté limpio; y que al delirio amoroso del Rey Violante, cumpliendo con la sangre que blasono; se ampárase de la Reina. Ir a cumplir es forzoso lo que me ha mandado el Rey, si bien de qué nazca ignoro tan repentino aparato; pero qué estraño, si noto, que cada instante le encuentro en lo que dice tan otro? Infeliz hado impío, que intentas sepultar mi heroico brío en esta estancia oscura, de un viviente cadaver sepultura; cuando en mi cruel destino hallarán mis alivios el camino? Verdad es bien sabida, que es farsa nuestra vida, y el cómico teatro en su diseño mostró discreto, que la vida es sueño; pero yo, que despiertos mis sentidos, sucesos verdaderos, y fingidos miro tan varajados, qué puedo discurrir en mis cuidados, pues me reducen en tan breve espacio a una prisión desde mi Real Palacio? a tal abatimiento de tal gloria? Si cada uno a contar vuelve su historia, yo he venido, con ser un pobre mozo, también de un bodegón a un calabozo; y el Rey, que en mil escudos me esperanza, temo en doscientos trueque la libranza, Tú eres un hombre ruin. Usted me honra. Y así no sientes tanto esta deshonra; pero un Rey verse así entre sus vasallos: Rey ha sido? . Si fui. (tento Sería de gallos. Aquí la última prueba hacer in- del Rey, y he de tomar por instrumento la voz de este criado, a ver si de letargo tan pesado vuelve; pues si en su error ciego prosigue, con más rigor es fuerza le castigue. No es mala la mania. Ay infelice! Dígame pues, si fue Rey, como dice, como no hay quien conozca su persona? Como el que usurpa mi Real Corona también me desfigura; tanto en la magia su primor apura. Llevérmosle el humor: con que asentado que era el Rey, y que e quitado, sin duda fue aquel Rey malo, vicioso, inhumano, cruel, escandaloso, que a Sicilia oprimió con tal exceso; y el mágico que dice, según eso, es este Rey presente, tan piadoso, tan suave, tan clemente, que viéndole mudado de tal modo, el Rey Ángel le llama el Reino todo; esto es así. . Verdad es cuanto has dicho. Dígole, que soy hombre de capricho; mas cómo tal maldad permite el Cielo? Esa razón no alcanza mi desvelo. Pues es un ignorante, que la razón es clara, y es constante; pues si él era un malvado, y al Pueblo le tenía reventado con insultos, y agravios infinitos; Dios, que se acuerda de los pobrecitos, le hizo perder el Reino, y que viniese otro, que cuanto él hizo deshiciese; y a él, en castigo de su error profundo, le hace que ande rodando por el mundo. Hombre que de mi vida, aunque ignorante, el espejo me has puesto así delante, pues a tu tosco acento espíritu más alto da el aliento, verdad es cuanto dices, sin duda que mis culpas infelices, de que ya me arrepiento, me han conducido a tal avatimiento; pues si mágico el que hoy gobierna fuera, tener tales virtudes no pudiera; con que si mis excesos, y mis vicios me han arrastrado a tales precipicios, Dios justiciero, al paso que benigno, mi Corona traslada a Rey más digno. Ya es ocasión (pues veo aprovechado el auxilio que el Cielo le ha enviado) de salir: b en discorres, Federico. Quién eres tú, que si el discurso aplico, solo me has conocido? Quién por saber quien eres ha venido, de tantas confusiones a sacarte, rompiendo estas prisiones, Qué dices? Que, pues ya como tu labio ha pronunciado, reconoces sabio, que es Divina justicia lo que está castigando tu malicia; yo daré de llevarte providencia donde de ella hagas penitencia. Cómo puede ser eso? Pues aquí he entrado, que llave, y poder tengo, qué has dudado? ven donde el Cielo santo a piedad mueva tu dolor, y llanto. Mi culpa conocida, la enmienda sabrá hacer otra mi vida. otro loco tenemos más; y digo nos sacarás? aquí está un amigo. Con nosotros vendrás. A eso me aplico. Viva nuestro Monarca Federico. - Irene bella viva. . Mas qué salva festiva mi nombre aplaude allí en acorde acento, cuando padezco aquí tal ajamiento? Mira en esas memorias, cuanto del mundo son falsas las glorias, pues da a un tiempo a tu nombre, y tu persona, un calabozo aquí, allí una Corona; pues en tu Trono hoy:: . Oh injusta estrella! Ah de jurarse Reina Irene bella. Pues ven, que si oyó el Cielo mi justo desconsuelo, hoy mi dolor profundo satisfacción dará al Cielo, y mundo, cuando públicamente mis culpas llore, mis delitos cuente. Salga yo de escuchar estas manias, y más que llore más que Geremias. . Viva Federico. . Viva Irene siglos eternos. Gran función! . Celebre día! Pues los Reyes van viniendo al Trono, que en la Real plaza públicamente han dispuesto, porque se corone Irene según estilo del Reino, para evitar alborotos id ocupando los puestos. Todas estas alegrías son penas para mi pecho. Ya los Reyes en su Solio se dejan mirar del pueblo. Viva Federico. Viva Irene siglos eternos. Sicilianos, vuestro Rey, que hoy con el prodigio bello de Irene celebrar quiere su Real feliz Himeneo, antes que beséis su mano; y según estilos nuestros la juréis por Reina, quiere hablaros; oíd atentos. ̱ . Por su alta providencia, rostro, y voz del Rey, el Cielo dispone que haya tomado para lograr este intento. Nobles Sicilianos, cuya sangre ilustre, cuyo esfuerzo anade a mi Real Diadema lauros, y timbres excelsos, escuchad a Federico. Todos, señor, te atendemos, di lo que nos quieres. Antes me habéis de oír primero. Qué es lo que miro! Qué es lo que he visto! Este es Federico, Cielos! Como si en el Trono allí, aquí está? . Ni un par de huevos es cosa más parecida. Corte ilustre de Palermo, mas que vasallos amigos, Grandes, Nobles, y Plebeyos, Senescal, Conde, Leonido, Irene, Violante, Arnesto, yo soy Federico, yo el legítimo Rey vuestro, yo el que de mi juventud dejando correr el freno al potro del albedrío, cometí tales excesos, intenté tales maldades, que en mi tirano gobierno, de Eliogábalo, y Nerón volví a hacer presente el tiempo; yo he sido, en fin, el que por disposición del Cielo, arrojado de mi Trono, despojado de mi Cetro entre todos he vivido mísero, abatido, y preso, sin que hasta ahora conociese mi ofuscado entendimiento, que era castigo Divino, pero ya mi error confieso; y ya delante de cuantos escandalizó mi ejemplo, pública satisfacción quiero dar, que de mis hierros, por pública penitencia, muestre mi arrepentimiento. Yo confieso, yo conozco, que es de Dios justo decreto el mirarme en este ultraje, y que traslade mi Reino a un Rey tan benigno, justo, santo, piadoso, y cuerdo, que Rey Ángel le llamáis; y pues que no conocemos, ni quien es, ni como pudo usurparme a mí el derecho; pues mirando su semblante el mío, en mejor espejo, de una misma semejanza somos, yo tan malo, y él tan bueno; obra es de Dios, Sicilianos, él sin duda es quien le ha puesto; y así, servidle, aclamadle, pues que en él yo reverencio el Soberano Poder, a quien humilde obedezco, en fe de lo cual su mano llego a besar el primero. Solo esa acción aguardaba: Federico, alza del suelo a mis brazos, y has de oírme; no estrañéis correr el velo a vuestra vista en mi fo rma. De Dios es este portento. , . Qué transformación es esta? Válgame el Cielo! qué veo? Y vosotros todos cuantos a este acto estáis atendiendo, sabed, que cuanto os ha dicho Federico, ha sido cierto, por pena de sus delitos privado ha estado del Reino, y aún de su misma figura; a vuestro Rey verdadero ha sido el que habéis tenido por loco, con tal desprecio, en castigo de sus vicios; y por Celestial decreto, yo que el Ángel tutelar soy de Sicilia, el gobierno he tenido en forma suya; mas ya su arrepentimiento ha merecido con Dios, que le restituya el Reino; y así, sube al Trono, ocupa aquestos adornos Regios, y a Irene tu esposa da la mano, y este escarmiento sirva de aviso a tu vida; y a vista de tal portento, vosotros reconocedle, elso, y aclamad su nombre e mientras yo, pues ya cumpla el soberano precepto, para vuestro beneficio, a rasgar vuelvo los vientos. Qué admiración. . Qué prodigio? Señor:: . Suspende el acento, bella Irene, que no hay voces, que expresen tantos afectos; yo soy otro del que fui, que es cuanto deciros puedo. A todos nos dad tus pies en albricias. . Conde, Arnesto, llegad todos a mis brazos, no vasallos, compañeros; tu da la mano a Violante. Felice yo, que mis celos así aseguro. . Dichosa yo, que ya salí de riesgos. Mas feliz yo, que ya todas mis confusiones sosiego. Pues vosotros de mi esposa los aplausos prosiguiendo en su Real Coronación, repetid en los acentos: Viva Federico. . Viva de Irene el prodigio bello. Mis libranzas se anublaron. Porque tenga fin con esto, a ser Rey ensena un Ángel, perdonad sus muchos hierros.
