Texto digital

Texto digital de A igual agravio no hay duelo

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Ambrosio de Cuenca
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A igual agravio no hay duelo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/a-igual-agravio-no-hay-duelo.

Logo BICUVE

A IGUAL AGRAVIO NO HAY DUELO

JORNADA PRIMERA

Gracias a Dios, que pisamos de la gran Sevilla el suelo, notorio archivo de nobles, fértil palestra de ingenios. Y dale gracias también, porque nos sacó, y no muertos de Santander. . Que?tan mal te ha parecido? . Un infierno. los ochenta y cuatro días de viaje, sentí menos que el tiempo que allí estuvimos Calla, siempre has de ser necio? Si aquestas son necedades, digo, que ya te obedezco; mas tratemos de buscar posada, porque me muero de hambre, sed, y cansancio, y a fe que no falta sueño. Pues guía al Cristo, con todos, o a la de la Reina. . Tengo, un buen consejo que darte. Dile, pues, que ya le espero. En Santander, biente acuerdas, que tuvieste entre otros pliegos de tu padre, en que te avisa, como ya el Corregimiento de Toro, había acabado, y se va a Madrid de asiento: de don Fernando una carta, avisándote, que bueno a Sevilla había llegado, después de vencer el pleito. en aquella Corte, madre de pretensiones, podemos, pues ha llegado a su casa, irnos a ella, que quiero comer, sin aquel cuidado. de saber del mesonero. el ajuste de la cuenta, que sin ajuste dan ellos. Siempre tratas de comer. De barbas trata un barbero, un Gitano de engañar, un sastre, si hay usos nuevos, un procurador de trampas, un Doctor de los enfermos, un alguácil de prisiones, cualquier poeta de versos, y también dicen que el can sueña en la caza durmiendo, si veo que todos tratan de su menester, yo quiero, pues es lo que he menester, tratar de comer hambriento; pero en fin, iremos? . Fuera yo a su casa, no por eso, que tú dices de la cuenta, sino porque unos fueron en nuestra amistad constantes correspondidos afectos en Nápoles, y en Milan, sirviendo en un mismo Tercio, siendo los dos camaradas, dónde me debió . Por eso? No Chocólate, a otra parte nos vamos, que a verle luego iré desde la posada. A mi pesar te obedezco, ya estuvieramos en casa si siguieras mi consejo, y de Santander te fueras a Madrid, sin estos cuentos, de venir con los Navios a Cadiz, y luego al Puerto, y desde el Puerto a Sanlucar, y después entre barqueros pasar una mala noche por el río; aquesto es bueno? no quieres que aquesto llote? no quieres que sienta aquesto? Chocólate, un alto impulso gobierna mi pensamiento; conocerás la tapada? Qué, señor? aún dura eso? de la tapada te acuerdas después de tan largo tiempo? 1. Muera el traidor. Ah villanos, y aleves! así soberbios os atrevéis? 2. Gran valor! 1. Matadle. . Pero qué veo? tantos contra uno, a donde se permite? mas su esfuerzo, y valor, pública, que es bien nacido; darle quiero con esta espada socorro, y castigo a tan vil hecho. Qué es esto? Apenas entramos en Sevilla, y ya tenemos aventuras, Quijotales, y Beleanises empeños? no te ha bastado escapar, hombre, de aquel Norte fiero ocho días, si no ahora venir a deshacer tuertos? Huyamos, que la ocasión hemos perdido. 1. Lo aprevo, que podemos otro día irle a buscar a otro puesto. Estos me cascan la parte, sin comerlo, ni beberlo; ellos se van, no me han visto, ladrones son, pues cubiertos llevan los rostros, por Dios. Canalla, así os vais huyendo? Aquí con vos me tenéis: nada temáis, Caballero. Que tanto cobarde huya! Don Melchor? Qué miro, cielos! don Fernando, amigo mío, cómo? más sigamos presto estos cobardes traidores, que de ellos con este acero he de vengarnos. . No amigo, no es acertado dejemos que se vayan, la cordura esto aconseja, y es cierto. G ̱. dejémoslos, pues os basta portriunfo del vencimiento el que cobardes os huyan, pues es temor, o respeto. Si señor, déjalos ir, que son cuatro Filisteos de atreinta varas de alto; y a fe que no lo encarezco. Calla loco: mas contadme la causa de tanto riesgo. No sé, por Dios, ni imagino, que motivo, o qué pretesto tuvieron para embestirme, a Leonor, tú eres el dueño, y causa de este cuidado, mas por ti, la vida tengo en poco, muera por ti, quien hoy por ti está viviendo. Saliendo aquesta manana a libertar pensamientos, que de los hierros de amor viven cautivos, y presos, por este arenal oí ruido hacia esta parte, y luego vi, que de aquellas maderas aquesos hombres salieron a matarme, no sé más, o sin duda me tuvieron por otro, o de alguna envidia movidos, casi agradezco el cuidado que me han dado, pues por el amigo veo vuestra espada en mi defensa, y a vos en Sevilla, que esto es lo más, siendo el viaje de tanto peligro, y riesgo. Vivais, amigo, mil años. Pero don Melchor, supuesto, que aquí os he hallado, vamos a mi casa, que no es lejos; donde os serviré gustoso con un corto alojamiento, Vamos, pues vos lo mandáis. Eso sí, aceta, y callemos, que no venimos sobrados, que aunque Indianos no hay dinero. Guerras pública crueles, mi honor a mi amor constante, mi honor pretende arrogante romper de amor los cuarteles, mas las centinelas fieles Prudentes han avisado, que el honor Príncipe osado pretende altivo la palma, mas mi amor dentro del alma lo espera fortificado. Aunque más asaltos dé mi honor, y reputación; no ganara en la ocasión, ni un reduto de mi fe. Mas ay que es honor, el que dispone las vaterias, y en tan continuas porfías, sienta el alma, llore, y pene; pues si algún consuelo tiene, es en las lá grimas mías. Deja tristezas, señora, no te des toda al dolor, no eclipsen tus luces bellas. las ansias del corazón: consuélete el amor fino, de quien constante adoró tu hermosura, y hoy atento idólatra, aunque venció, que mucho quiere el que ama después que su amor logró. Ay, Inés, bien reconozco de don Fernando el amor, mas la pena que me aflige, no es dudar, que en su afición ocupe menos lugar; es verme en Sevilla yo de esta manera, aunque amada, sin fama, y sin opinión, amor, como es dulce hechizo, toda mi alma ocupó por entonces, más ahora su mal siente el corazón: has visto tal vez herido un hombre? has visto una flor de su pimpollo arrancada por villana mano atroz? Viste el hombre que la herida no siente, y con más valor, sin reparar el peligro a su riesgo se arrojó, hasta que fría la herida de su daño le advirtio, y la flor, que todabía en su hermosura, y verdor, no siente, hasta que ve con el ausencia del Sol el daño que ha recibido, y marchita lo lloro? pues así me ha sucedido, herida de mi pasión, arrojándome al peligro, no reparé que la flor de mi honor se marchitara, mas ya fría, la atención hace guerra a mis sentidos, y la herida del honor, ya sin sangre, y fría, causa penas de imaginación; mas por esto no me acuses de ingrata, y mudable, no, que yo a don Fernando adoro con aquel mismo vigor que le adoré el primer día, como a mi dueño, y señor, sino que el discurso hace conocer lo que se erró, que son tormentos del alma el discurso, y la razón: y no quieres tú que llore, y repita la aflicción, y disgusto de mi padre, y de mi suerte el rigor, en el riesgo de mi dueño; pues lo considero hoy, perseguido de mis deudos; pues si mi padre llegó de Toro a Madrid, es cierto, que sintiendo su dolor, convocaria parientes, diciéndoles la ocasión de su afrenta, y que buscasen solícitos su agresor: aún en Indias este agravio ha de sentir don Melchor mi hermano: mira tú, Inés, si me quejo con razón. Confieso; habiéndote oído, que es muy justo tu temor, que a mucho obliga el rigor de un riesgo tan conocido. También mi pena repite el verme tan retirada, que apenas otra criada, que de mi sepa permite. Esto me causa el temor, mas no el pecho arrepentido, que tengo amor, y he salido resuelta siendo mujer; Y más cuando es ya mi esposo don Fernando, aunque en secreto, que por un cierto respeto no lo pública amoroso. En su casa estoy, adonde sin padre, y madre, heredado, toda el alma me ha entregado, porque a mi amor corresponde. Digo que tienes razón en estar de gusto ajena; pero templa alguna pena; pues tienes tanta ocasión: mas yo pasos he sentido, y tu cuarto abierto está. Dices bien, juzgó será don Fernando que ha venido. Leonor? Don Fernando mío, causa de todo mi bien. Ay mí Leonor! tú eres quien tiene en prisión mi albedrío. Gracias a Dios, que esto veo, envidia le tengo a fe, el cielo piadosoos dé logro a tan justo deseo, Dispón, pues resuelto estás lo que quisieres, y ordena en que te sirva. . Qué ajena de intento, Leonora vas: Hoy a Sevilla ha llegado un caballero mi amigo, y es fuerza hospedarlo, y digo, que por ti me da cuidado. Quisiera que se alojara en aquel cuarto postrero de la calle, porque quiero, que a ti, Leonor, te ignorara, Que estando allí, no es posible, que el secreto con que estás se pierda, con que ahorrarás tu curiosidad terrible; Porque tú al cuarto no alcanzas, ni aún a penetrar de vista sus ventanas, y es conquista feliz de mis esperanzas. Ya te he dicho, que mi gusto, es solo el obedecerte. Esto, mi bien, es ponerte un precepto, noble, y justo. Y a Dios, que queda esperando en mi cuarto. . Yo al instante lo iré a componer; que amante tan amoroso, y tan biando! Ven Inés, ay dulce efecto de un amoroso penar, cuando amor se ha de acabar; tanto recato, y secreto? Aquí sí, que comeremos alegremente, y sin pena. Calla loco, buena casa! Qué alajada, y que compuesta! Los Palacios de Sevilla son famosos lindas piezas; pero aquella es la mejor. Por qué? Porque veo mesa, y aparador, y es señal que allí se come. . Ese tema cuando se te ha de acabar? Con la muerte, aún no quisiera: dame tu más de comer, no seas proto miseria, archipobre, ajorriarca, pues que con hogazay media, desde Sanlucar aquí me has traído, que es afrenta. Vive Dios, que estás borracho. Borracho yo linda flema, otros habrá más borrachos; chocólate, y borrachera, nos lo has visto en tu vida juntos, señor, que eso fuera a ser yo el vino, común chocólate a la Flamenca. Deja ahora disparates: tú quieres que la cabeza te rompa? . No quiero, díceslo acaso de verás? qué es esto, amigo? . Locuras de ese necio, que me pesa, vive Dios, que ande conmigo. No os enfadéis, las quimeras de Chocólate, dejad, dando a los cuidados treguas, y en tanto que camaradas aquí estuvieremos, fiestas, y alegrías han de ser los enojos, y pendencias, no hemos de tratar, de más que de nuestro gusto. . Sea lo que ordenaréis. . Y cuando: señor, se come, y se cena? porque festín sin banquete, será una cosa muy nueva. De todo habrá, Chocólate. Si quieres hacer gran fiesta, dame en gícaras metido, yo sé que habrá quien me beba, porque beben de ladrillo polvo en mi nombre, y no hay tienda. donde dé maiz, y habas, no hagan conmigo cajetas, muy vestido de achiote, de pimientos, y canela, el Verano estoy nevado, y tal vez puesto en sorbeta, y el Invierno muy caliente: no me perdonan las dueñas, no hay ya la cayó en el mundo, que la sangre no me beba: por de Guajaca me venden, y es imposible en tal Era, que aún no soy de Guayaquil. Siempre has de hablar frioleras. en Galeones, ausencia Dejadlo por vuestra vida, que no importa, porque en esta sabéis aquesto, porseñas, casa, ningún embarazo, ninguna atención sujeta a mi gusto, libre vive; porque después (duras penas!) que mis padres han faltado, que luces gocen eternas, soy dueño de mis acciones, y dispongo de mi hacienda, como tal, y estoy tan solo en casa, que en toda ella. no hay más que las dos criadas, que la sirven, y gobiernan, y ese criado que asiste a mi persona, por señas, que una hermana que ha quedado, porque esté con más decencia, y de coro, vive en casa de una mi tía, que observa aquello del que dirán, diciendo, que una doncella, no es bien que estuviese en casa de un hombre mozo, y con ella se la tiene, yo agradezco a su cuidado, y prudencia el estar quieto. . Por eso solo os doy la nora buena, que es gran peligro, y cuidado una hermana, y más si es bella. Oh bien haya Santander, que ellas se guardan! . quisiera saber de vos, don Melchor, porque no os fuistis por tierra de Santander a Madrid, sin estos rodeos? . Fuera sacrilegio en mi amistad mentiros; y así mis penas os diré en breves razones. En fin, tus locuras cuentas? Con un entretenimiento hice de Madrid: ya amigo que al despedirnos los dos, entre mil nobles ofertas, un negocio me encargasteis en Sevilla, patria vuestra. Yendo, pues, a obedeceros, encontré junto a la Iglesia una tapada; tal garbo, tal donaire, y elocuencia, en el lenguaje de amor, no es posible, que mi lengua pueda decirlo; y así paso adelante, que fuera querer retratar del Sol los rayos que luces prestan, porque su gracia, y donaire no tiene igual; esto era sin verle el rostro; mirad don Fernando, si lo viera, cual quedará? aunque es vulgar decir, que encubre a mil feas un manto, que en dulces voces engañan, y lisonjean; y es falso, que como el alma es el centro de la ciencia, y mientras fuere más noble, más entendida, y discreta, mejor casa en que vivir ha de buscar, será fuerza, que de hermosa, y más que hermosa creamos la consecuencia, que no hay joya en mal engaste, si es muy preciosa; así esta siendo discreta, entendida, garbosa, afable, modesta, que en el precio de más fondo, un Ángel será en la tierra, que bazó para tal alma, será de extraña belleza. De esta, pues, conversación dos meses jece, pudiera deciros enamorado, de sus partes, y sus prendas, ella, no sé lo que os diga, porque entre amante, y honesta, regareando favores, menospreciando ternezas, ni explicaba, ni negaba sus contentos, y sus penas; pero buscaba ocasión de hablarme, y es cosa cierta, que una mujer quiere bien cuando gusta que la vean. lamás descubrioso rostro, ni jamás esta cautela pede vencer; no os espante, que es noble, según las señas, y una mujer noble, oculta en su rostro, cuanta ofensa hace a su sangre, admitiendo en lo público, alagüenas pláticas, que como el cielo depositó la vergüenza en la cara estando oculta se siente menos la fuerza, que son señales de honor cubrir el rostro quien hierra. En fin, este trato estaba tan encendido, que apenas hubo en esta ciudad día de regocijo, o de fiesta, que ha puesto ya señalado no salíese, hasta que nuevas tuve, como el General disparó pieza de leva, fuime a Cadiz, fue forzoso, embárqueme, es la obeciencia a un hombre noble gran freno en la militar palestra: quédose este trato así, fui a las Indias, di la vuelta, y por ver esta deidad, que el Betís, tal vez la arena lame espumoso, sabiendo, que ha pisado su ribera, sin querer ira Madrid, siendo mi partia, a la vuestra vengo otra vez, veis aquí, don Fernando, mi respuesta. Digo que tenéis razón, que si es amor quien gobierna vuestro albedrío, son fuertes los preceptos de su escuela. Confiésoos que estoy rendido, y postrado a su violencia. Ya está aderezado el cuarto Vamos don Melchor. Licencia os pido, pues aún es hora para ver a la que es Reina de las ciudades Sevilla, rica, de España grandeza; ven, Chocólate, conmigo. Servírete, si me dejas reconocer nuestro cuarto, y un trago beber si quiera. Yo os iré sirviendo. . No lo permite, ni lo aceta mi voluntad, atended a otras cosas, . La obediencia. a vuestro gusto me obliga, y os lo vendo por fineza. Que eso pasó en efecto? . Si no viene otro al socorro, ya el castigo tiene que merece su aleve atrevimiento. Conocístele bien? . Estuve atento, conózcole muy bien, pierde el cuidado, que te verás vengado. Aay hija ingrata, como así has perdido honor de tantos años adquerido? el lustre, y opinión faltó en un punto de mi casa por ti, que todo junto, venga el dolor ahora. Deja ternezas, busca a mi señora, pues has venido a eso. Tu gran razón confieso, morir trato, o vengarme, nadie diga; que a quien manchó mi honor, no se castiga; porque soy, aunque viejo, y agraviado, todabía don Sancho de Albarado, conocido en Castilla, y en Flandes, y en Milan esta cuchilla: mira si le encontramos, porque quiero, a fuer de Caballero, aunque el agravio aquesto no consiente, sacarle a la campaña, que valiente he de fustrar sus esperanzas vanas; mostrándole el valor de aquestas canas; que yo no le conozco, porque he sido el tiempo que en Madrid él ha vivido, Corregidor de Toro, y cuando vine de este Corregimiento, me previne a la tristeza, y llanto, que un claro honor perdido obliga a tanto! Conózcole, señor, yo soy testigo, que era de don Melchor íntimo amigo tu hijo; y mi señor. . Que aún esto pasa! Si señor, mas jamás supo tu casa, que en su posada siempre se juntaban, donde sus mocedades renovaban, y de allí a sus negocios iban luego. No digas más, detén el labio, Diego, que era de don Melchor amigo? ingrato sobre traidor, pues con aleve trato la hermana de su amigo, así ha robado, bien la amistad antigua le ha pagado. No es posible, señor, encarecerte lo que sentí en no darle allí la muerte, No importa, que aunque el tiempo lo dilate, y aunque esconderse trate, le buscará mi ira, que agraviado es corto campo el mundo a mi cuidado; pero vamos aprisa, porque es tarde, según el Sol avisa. Las once son, y aún más. Pues vamos presto; pero dime, qué es esto? Vaya presa, pues viste contra el bando, y premática Regia. . Ay Dios! temblando vengo, señora mía. Caballero, si vuestra bizarría queréis mostrar valiente, haced que no me siga aquesa gente: valedme por mujer. . No temáis nada, que si ruegos no valen, tengo espada, la ocasión no he buscado, trájola la fortuna, y soy honrado. Venga, señora mía. . Ea señores, merezca por mujer, que los rigores del bando se dispensen. . No se meta, hidalgo en eso. Mucho el lance aprieta, señora, ya lo veis que va perdido, y es riguroso el caso, no han querido por bien déjaros, vos escapad presto; a descorteses modos, con aquesto enseñaré la ley de cortesía, Favor al Rey, prendedle. . Elena mía qué haré! . qué desgraciado! gran carga de corchetes le han cercado huyamos, di, qué esperas? Hay mayor confusión! E grandes quimeras inventa una mujer que es atrevida. Ya va preso mi amo, aquí mi vida está en mis pies, yo he hecho cuanto he podido con honrado pecho, huirme importa ahora. Mas que nos prenden? vámonos señora. Vamos, señor, a casa, que son las once, y ya de hora pasa, y te aguarda tu amigo, a quien apelo de mí hambre. . Señor, así os dé el cielo larga vida, y sucesos más dichosos, que a un hombre: ay de mí triste! que alevosos con nombre de justicia, entre sus manos llevan preso por mí. . Recelos vamos, acabad. . Sin que en el delito haya tratéis, si ya es posible que no vaya. Ir contra la justicia, no es de nobles, delito es de malicia; pero por vos. . Tampoco yo no quiero empeñarnos, mas siendo Caballero, no os faltarán amigos, y parientes, para que sin temer inconvenientes, con industria, o con dádivas, su exceso se mitigue, dejando libre el preso. Por vos solo me empeño. Aquí os espero. . sígueme Chocolate. Yo no quiero, que la justicia a mi nada me ha hecho. Incendios mil de amor llevo en el pecho. Elena, no es aqueste, de amor muero! aquel noble soldado forastero? Eso te iba a decir. Hay mayor pena! (na ya su riesgo me asusta, presto Ele ve y dile que no vaya. Bueno es eso, ya estará con él otro tambien preso: mas di que dirá tu tía, si son las doce, y no has ido a casa? . Déjame ahora, no me acuerdes más peligros. Señora tapada, quiere vuesarce darnos indicios de lo hermoso de su cara, descubriéndose un poquito? Vaya el pícaro gallina, pues cuando su amo ha ido a servir a mi señora, él se queda como un niño. (do Como un viejo me he queda y como un hombre de juicio, que es locura andar buscando ocasiones, y peligros. cuanto habéis mandado he hecho, mas no cuanto yo he querido. Tuvo libertad el preso? No señora, porque quiso mi mala suerte, que estaba cuando llegué a san Francisco en la cárcel Real, ya. Qué pesares! . Yo os estimo tanto, que podéis creer, que lo siento, y os afirmo, y os doy palabra de noble, y os juro, por los que miro dos soles vuestros, afrenta de cuantos claros registros examinan de la noche los oscuros epicielos, que o por mí, aunque forastero, o empeñando a mis amigos tendrá el preso libertad , h . en vuestro nombre, que hechizo traes, o mujer contra mí, que tan presto me has rendido! Válgate Dios, forastero, . así robas albedríos? así prendes libertades? en vuestras palabras fío. Confiado en don Fernando . de librarlo he prometido, que él tiene deudos, y pueden en esto darnos auxilio: yo os la doy segunda vez, creed, que sabré cumplillo. Ya os conozco, que en Sevilla habéis estado. Qué miro! sois vos señora, no en vano el alma con regocijos interiormente ilustraba todos mis cinco sentidos! Si es uste la susodicha de la otra vez, Ángel mío, quiérame, mas no me pida, que es para mi gran delito. De balde lo he de querer, que ese tarle, y ese brío es bueno. . Para que, di? Para estar en Peralvillo. No sé si a mi calidad, . y a quien soy es permitido declararme más: a un hombre, solo por haberlo visto, y hablado con él tal vez este que me aflige activo incendio, he de declararle, no es amor, es desvarío, no es decente, calle, y muera, mas no pierda el lustre mío, que si es natural amar, darlo a entender, es preciso, pero no, muera primero. Cómo os podré dar aviso del suceso de este preso. Amor, abre aquí camino, siempre que verme quisinreis hallaréis en este sitio a esta criada. . Qué dicha! Ay amor. . raro prodigió! Quedaos a Dios, y a más ver. Oíd, como si rendido me lleváis el corazón, he de quedar sin sentirlo? Sufrid como yo, que el alma os dejo acá, y lo resisto, declareme, a dios decoro, . cúlpeme quien no ha sabido de amor, de libiana, y frágil, mas no quien amante ha sido. Que en fin os vais? Es forzoso. Una cosa aquí os suplico. qué mandáis? . que el corazón junto con el albedrío, que me lleváis, lo tratéis con gran piedad por ser mío. Y el alma que os dejo, como la trataréis? . Cuando vivo todo en vos, siendo mi alma la vuesta, arto os he dicho? Pues adiós, mas quien podrá sufrir de ausencia el martirio. Adiós mi bien, al dolor de su ausencia voy rendido. . Adiós señora fregona. Adiós lacayón maldito. Si no me pide la quiero. Yo lo querré donde he dicho,

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDA JORNADA Ayer tarde fui a la cárcel, porque veáis que no tarda mi voluntad en serviros: contóme lo que pasaba el preso, su gran valor, que es hombre noble declara: pregúntele yo después su nombre, apellido, y patria, don Martín Gómez de Oyarzún me dijo, y que de Vizcaya a cierto empeño de honor vino a Sevilla: la dama dijo, que sin conocerla, llegó cortesano a hablarla, al tiempo que la justicia vino, no habló otra palabra; díjele, como ella misma de su parte me enviaba, para que su libertad tratase, que le pesaba, me respondió, la ocasión, no por su riesgo, y desgracia, sino por tanto cuidado, como juzga le costaba su prisión, que lo sentía mucho, y que le suplicaba no lo tomaste a su cargo tan de veras: esto pasa, a noche venististarde, por lo cual noticia tanta no os pude dar. . Ay amigo que estoy viviendo sin alma, sin libertad, sin sosiego. Ya encontrastis la tapada? ya vuestro amor habéis visto tan presto? . Si el rayo mata, antes que oigamos el trueno, este es rayo que me abrasa el alma, y antes de oírlo, mi voluntad era esclava; pero decidme, que orden dais amigo, o que esperanza tenéis de la libertad del preso, que mi palabra he dado? . Aqueso dudáis de mi amistad, cuando trata de empeñar toda Sevilla? Esto no es desconfianza, sino suplica, y memoria, porque más presto se haga. Hoy por vos tendrá el despacho: queréis más? . no amigo, basta. Salis fuera? . Hasta que venga Chocólate, estaré en casa. Pues yo, aunque tengo que hacer, quiero, pues tanto se tarda, divertir de vuestro amor los afectos, y las ansias con algo de lo moderno, que en fin Madrid, de esto es patria Agradezccos don Fernando tanto favor, merced tanta, atento escucho. . Sabréis las novedades de España, que el que viene de las Indias ignora mucho: cansadas de escandalizar el Orbe de España, y Francia las armas, cuyos filos ya están votos de verter sangre Cristiana, se suspendieron: y a vos sabréis de aquesto la causa, que en varias lenguas, parlera lo ha publicado la fama. El Mariscal de Agramont, en Madrid entró de gala, por la posta, a quien seguían mas de treinta camaradas, que en blanco cambray, y plumas, bizarros el viento ajaban: conducialo galán, ilustre en sangre, y en armas don Cristoval de Gabiría, a quien la Española Guardía, por su Teniente, y Caudillo, adora, respeta, y ama. El concurso de la Corte, que pocas cosas extraña, porser madre de grandezas, por ser de prodigios patria, muda admiración ostenta, con locuaz silencio habla, que hay cosas, por excepción, dignas de ser alabadas, De Maudes a Madrid hizo la postrerjornada, siendo exhalación de plumas, cometa, o rayo con alas; lo rico en los aderezos de las postas, la abundancia, y ligereza, fue todo prevención del gran Guevara y Tasis, excelso Conde de Oñate, y Villamediana, cuyo Teniente le dio al montar forzosa alaja, de seda, y oro un azote, a quien de costosa plata componia empuñadura un León de filigrana. Así la calle pasó de Alcalá, que a ver su estrada, aunque capaz, toda ella de gente impedida estaba. En la calle Mayor, vi corter los coches borrasca; y en piélagos de hermosura anegarse dos mil almas. La platería, aunque estrecho golfo de olas encrespadas: parecía, no vio Mayo más hermosa su guirnalda. Esto el Mariscal, y el Duque de Agramonicorrio, pasmada dejando la admiración su bizarría gallarda. Desmontó, en fin, en Palacio, olimpo del Sol de España, cielo del cuarto Planera, y centro de aquel Monarca, de quien la Aurora pública recibir la tumba, y cama: en cuya puerta, contento a recibirlo, esperaba el Almirante; que bien, don Melchor, representaba quién es! es séptimo nieto de aquel Rey, que las campañas de Tarifa, y su salado inmundó en sangre africana. de don Alonso el Onceno, cuyo esplendor, y prosapia ha dado vida a la Historia, y heroico asunto a la fama. Entró, pues, con tal padrino, y con cortés arrogancia, haciendo mil rendimientos, besando humilde, una carta de su Rey puso en la mano del nuestro, y con más que humana grandeza, sin que el agrado, y el cariño hiciesen falta, la tomó; y como venía le preguntó, y luego dada la respuesta en nuestra lengua, que con acierto la hablaba, por la salud de su Rey volvió a preguntar, con ansias de pariente, y muy amigo, o de la tierra Monarcas: así una razón de estado, sin enojos os separa! sin odios sois enemigos! díjose, en cuanto a la carta responderé a mi sobrino: y dichas estas palabras, el Francés, prudente, y noble, con atención cortesana, haciendo mil reverencias salió, sin volver la espalda al Rey, y del Almirante, y otros que le acompañaban, al cuarto fue conducido de la Reina, alli vio el alba, que destierra las tinieblas de hostilidades, y zanas, y el día alegre de paces anuncia, digo la Infanta, que como a su Reina ya veneró, puesto a sus plantas. Esta fue la primer vista de los Reyes, y acabada por entonces la función, se retiró, y a su casa, el Castellano Almirante, Príncipe digno de fama le llevó, donde los Grandes lo visitaron, las galas, la bizarría, y riquezas que vio Madrid, será vana mi exageración; y así diré solo lo que falta: después de dos, o tres días a dar pública embajada salió el Frances; pero en ella, claro está, de nuestra Infanta para su Rey pediría la hermosura soberana: lo que se habló no se dijo, que son deidades sagradas los Reyes, y sus secretos ignora el que más los guarda. En fin, con el Almirante volvió a salir, que elegancia, que ingenio podrá contar, sin que se sospeche fábula, el explendido banquete, que le sitvió, de Clopatra del Asirio Baltasar, y otros que la Historia canta, callen con este émulo la providencia bizarra de su padre el Almirante, diga el Esguizaro, cuantas veces se cubrió la mesa de diferentes viandas: no le valió al pez el centro de las espumas, que nada, al ave el viento que pisa, ni al bruto la enmaranada breña, que vuela ligero, ni del monte las entrañas al tímido conejuelo; las aves ya cristiadas, a quien doméstica mano logreramente regala, hoy al gusto presentó una Espáñola templanza. Vinos no, néctares fueron los que en cristales, o en plata, mil Ganimedes servían a mil deidades más altas. Cuantos Génoba conserva preciosos dulces, y cuanta rica confitura, y mucha ostenta Lisboa, y labra, noble desperdicio fue de tal mesa, que sembrada por el suelo, vino a ser alegre, y servil ganancia: que fuesen más opulentos los de Egipto, y sazonadas mas las comidas de Persía, y más rícas las Romanas, concedo; pero más nobles, de más calidad, y hazañas los que comieron, será imposible, que más clara sangre, mas ilustre, y noble, jamás la vio junta España: todos los Grandes comieron, y sus hijos, y de Francia el más es celso explendor, el Duque, y sus camaradas. Acabados de comer, con liberal mano franca le presentó dos caballos, que al Betis pacieron grama en su orilla, a quien cubrían de selpa costosas mantas, con armas del Almirante entre recamos, y franjas. En fin, pagó las visitas muy atento, y despachada la respuesta: fue admirado de la hermosura, y la gracia de la que ha de ser su Reina: y Madrid ya su jornada con mil lágrimas previene, que su ausencia siente el alma. Esto, amigo, es lo que he visto, de lo demás cuenta larga nos darán las relaciones, que son lenguas de la fama. Las fiestas que se previenen he de ver, y así en las cartas os pagaré este agasajo. Estimo, amigo, la paga. (do, Gracias a Dios que he llega mas aquí mi amo está, en oyéndome que va, que dice, lindo recado. De gramático es, y quiero que advierta en aquesta parte, que conjunciones del arte, siempre van por el tercero, Tercero sin libro ser soy de aquesta conclusión, y trato la conjunción de un hombre, y de una mujer, Porque mi amo me ha hecho en el audiencia de amor, adlitem procurador, que tiene muy buen derecho. Si el oficio algo valiera, era oficio principal, porque es arte liberal, no mecánica, y ratera. Chocólate, el alma es poca de albricias, si nuevas das de mi amor. Luego no hay más, que llegar, y dar de boca? Dime, como amante fiel me escribe? . No, señor mío, porque es querer desvarío, al primer tapón papel: Por tu vida considera las cosas con más juicio, porque tu presteza es vicio de golpe, cual ratonera. pues dime, así Dios te guarde, que hay de nuevo de mi amor? Que llaman a tu valor a desafío esta tarde. Y por tu vida, un garbanzo, ni pienso dar ya, ni un cero. Dilo, porque saber quiero presto las dichas que alcanzo. Llegué a gradas, y no vi quien me pudiese esperar, casi me obligo a dudar el no pasar más de allí. Mas con indicios tan malos pasé curioso adelante, hasta llegar, perro amante a la puerta de los palos. Allí una mujertapada con el ce cé de Sevilla, me llamó, que allá en Castilla llaman con otra tonada. Obedecilaa, y corriente llegué, que soy bien mandado, diciéndola, aquí un criado tiene vuesarce obediente. Respondiome, lo agradezco, con el aire, y bizarría de mujer de Andalucia, que artote lo encarezzo. Díjome, su amo está muy bueno? yo, si señora, le respondí, y hasta ahora ningún achaque le da. Pues dígale, que mi ama me volvió a decir, le espera esta tarde, que donde era el sitio donde le llama. Le dije, y con altivez, muy hosca, y muy temilgada me dijo la tal tapada, que en la puerta de Jerez, Como vamos a san Diego te espera, por ser lugar, a donde podéis hablar con más quietud, y sosiego. Cómo tanto has de tardar en pedirme? Ando advertido, porque en mi vida he pedido cosa que no me han de dar. Albricias, no es bien que den los que el bien consiguen: . No, porque el bien que se espero, ya conseguido, no es bien. Ese es falso documento, porque el bien, aunque gozado es bien. . Yo no soy letrado, ni respondo al argumento. Solo sé decir, que en Flandes mi amo amaba, y hacía, cuando de su dama oía un recado, cosas grandes. Mas después que le rindió su fortaleza estimada, no vi de su mano nada, ni gustoso me miró. Bien, por Dios, os acredita, si con la dama esto hablara. Aunque la verdad es clara, callolo, porque me imita. Deja ya esas necedades. Excusadlo por mi vida. Dejadlo. . Cosa es sabida, lo que amargan las verdades, Adiós amigo, que quiero gozar tanto bien. . Por vos vuelvo a la cárcel, adiós. . Sois mi amigo verdadero, vamos presto, que tardar será un sacrilegio amando. Dices bien, que está esperando, y es fácil desesperar. Ay deidad! mujer hermosa, por quien hoy viviendo estoy, gustoso a tus ojos voy a morir cual mariposa. Hay tapada de mí mi alma! robadora de mil vidas! quiéreme tú, y no me pidas, serás de todas la palma. Que huy, es verdad, por darte en esta prisión consuelo, a quien debes el cenar a noche, y dormir en lecho, sino a mi huida? pues con ella, como ves, puedo servirte, lo cual no haría estando contigo preso. Fue providencia divina, que tienes razón confieso, pues sin ti, mal lo pasara, no digo en cuanto al proceso, que han escrito contra mí, porque un galán caballero a petición de la dama, o ya por suya, o por deudo, bizarro, afable, y cortés, a quien mil favores debo, y a quien consagro mi vida, lo negocia, mas no es menos el cuidar de mi persona, de mi regalo, y mi aseo; y así alabo tu huida, pues me es de tanto provecho. que yo mudando mi nombre en don Martín, me he encubiero porque ninguno conozca quien soy, ni sepa a que vengo, hasta que vengue mi honor; pero dime, qué hay de nuevo? has visto memorias tristes, al traidor, cruel empeño, causa de todos mis males? No señor, a fe que es cuerdo, desde ayer no ha parecido, bien se guarda. Aunque al infierno huyendo fuera, mi agravio mismo, que instímula el pecho, le diera muerte cruel con el ardor de mi aliento. Supuesto que está en Sevilla, no te aflijas, que prometo, a ley de leal criado buscarlo. . Yo te agradezco. y estimo mucho el cuidado. Las nuevas que traigo, quiero que te diviertan. . Pues dilas, quizás serán de provecho. Un hombre que se embarcó en aquel navio mismo con tu hijo, y mi señor, que yo conozco. . Di presto! Dice que juzgaba el verlo en Scuilla, primero que el de Cadiz se partiera, ya mi señorlo había hecho. De modo, que hoy en Sevilla vendrá a estar. Será muy cierto, según el hombre me ha dicho. Pues alto a buscarlo, Diego, no quede posada alguna, que no veas, inquiriendo donde está, como ha venido, o si ha pasado. . Sabrelo hoy con toda diligencia. vete, pues. Die, ya te obedezco A mucho obligas honor, por tu causa grandes riesgos se padecen, tu ocasionas al alma tantos desvelos, a la vida mil peligros, y mil congojas al pecho; quien por ti no aventuró cuanto posible los cielos hacen al hombre? qué golfo mas encrespado, y soberbio no profanó con la quilla tu codicia, ni que Reinos más apartados, seguros de tu rigor estuvieron? que vidas no has acabado? qué valores no has depuesto? que imposibles tú no allanas, y qué delirios no has hecho? de que penas, y fatigas no eres causa? pues hoy veo, que por ti dejé mi casa, cuya inmemorable, y lejos nobleza el tiempo la ignora, aunque lo acredita el tiempo; o cruel ley! la que ordena, que el homenaje más bello de la nobleza, el alcázar más suntuoso, que al cielo suele tocar con sus puntas, o cápiteles soberbios, pueda una mujer rendir, con esta pena me anego, con este dolor me abraso, con esta afrenta me muero: y por remediarla vine aquí, donde otra me ha puesto en parte que la paciencia, es solamente el remedio, pues aún buscar mi ofensor: qué dolor! apenas puedo. De que él te estará aguardando no hay duda, acabemos presto, y vámonos. . Dónde espera? A la puerta de san Diego le dije. . Pues presto acabo. Qué dicha! divertir quiero llamas de honor que me abrasan. graves penas que padezco. Caballero, vuestras penas hoy tan por mías las siento, como de ellas causa, que me obligan a estos excesos, yo me vengo a la prisión, padezca también, pues tengo de este disgusto la culpa. Tan noble agradecimiento, y tan gran cortesanía estimo en mucho, y advierto lo que sois, aunque yo nunca os he juzgado por menos: mis canas que pertenecen, como anciano a dar consejos, y poner quietud en mozos, todabía en los empeños de noble, yo os aseguro, que vuelven por su respeto: muchas ocasiones busca de serviros mi deseo; y sabed, que cuanto hace por una mujer un cuerdo, no es fineza, que es cumplir con su obligación; y de esto se infiere, que no tenéis que agradecerme, sabiendo que soy quien soy, que el valor no falta a un noble, aunque viejo: y así de vuestro cuidado casi, señora, me quejo, pues tomáis por vuestra cuenta tan de verás el suceso, conociendo. . antes me pesa H4 la la dilación, cuando he puesto por aliviar vuestra pena, la solicitud de un deudo. Acaba por vida tuya, deja atengas, lindo es eso, cuando te estará esperando el otro, como un Hebreo. Ya voy, Elena. . Señora, suplícoos, que de ese cielo corráis las nubes, y deis. el sol sin impedimento. A tan grandes cortesías, a quien tanto servir debo, fuera ingratitud negar de. cosa tan fácil. . Qué veo? el rubio sol de afrentado ha de esconder sus reflejos. Mas qué quiere enamorarla? hay más sazonado viejo! Quién, señora, ha de impediros, el venira verme? . Tengo un hermano, que ha muy poco que de Madrid. . Malo es esto, cúbrete presto, señora. Ay mi Elena! qué haremos, que mi hermano. Qué? taparnos, y por donde él entra mismo, salirnos con disimulo; no te turbes, porque es diestro, y muy gran conocedor de tapadas, y de necios. Qué tenéis? estáis turbada? volved envos. . El caballero que por allí ha entrado, importa no me conozca. . Por eso es la congoja? no soy quien os escapó de un riesgo tan grande? porque dudáis de mí? Mas qué miro? cielos! de mi recatarse tanto, no puede ser sin misterio; mucho el alma me alborota, en gran confusión me han puesto! Hay mayor desdicha! aquí si me conoce me pierdo; qué querrá? si me vio entrar? sin ninguna duda es eso. Qué me pongo a discurrir? . ella no ha dicho que a un deudo encargó el solicitar mi libertad? pues si veo, que este es quien la solicita, que hay que dudar? acá dentro no gustará que la vea, y es el raparse el remedio: seáis, señor, bienvenido: habéis llegado a buen tiempo. Arto malo es para mí! . sospechas muy poco os debo! entretenido os he hallado, y no muy mal, con que creo que bien estáis, y gustoso. los muchos pasos que os cuesto me causan grande cuidado, que os estimo, y agradezco. Hasta daros libertad es gusto cualquier desvelo. Haz una gran reverencia, y camina; bien lo has hecho. Fuéronse, el alma fluctua entre varios pensamientos, . entre piélagos zozobra de cuidados, y de celos, vive Dios, que he de seguirlas. Él ha quedado suspenso, algunas sospechas tiene. En fin, despacharé presto, señor, la causa se ha escrito, testigos van recibiendo de una parte, y otra, y pues tengo tanto amigo, espero, que mañana se ha de ver; estad con gusto, que presto lo tendréis con libertad. Tácitamente os ofrezco, también con toda llaneza, como amigo, si dineros, si otra cosa os hace falta, que aviséis, que a un forastero jamás se culpó el pedir; con necesidad, y preso. Bien aprisa ha despachado, . celos le abrasan el pecho, el quiere seguirlas, algo le importan: señor, teniendo vuestro amparo, estaré alegre; pues de todo me prometo salir bien: viváis mil años por tanto favor, y el cielo me dé ocasiones, que pueda signifícaros mi afecto, ya que pagar tanta deuda, no será fácil empeño. Pues quedad con Dios, que voy a cierto negocio. . Vuelvo a decir, que largos años viváis, injuriando al tiempo; id con Dios, que aquí os espera un amigo verdadero, que siempre os ha de servir: en gran cuidado me han puesto . las mujeres, ya no puede seguirlas, que estarán lejos, y no es posible alcanzarlas. Quedad feliz, y mi afecto se atreve a poner la vida, Hoy en mi desdicha hallo este amigo por consuelo, que a lo menos me asegura de aqueste, aunque corto riesgo, solo para el del honor, no es el amigo remedio, que a los achaques del alma se arrodó el alivio el cielo; pero voyme, donde pueda, ya que no arrogante, tierno dar fuerzas a mi aflicción, contra mí en mí mismo pecho. Tápate presto, señora, turbándote eres perdida. Cómo? pero, muerta vengo, que mi hermano esté en Sevilla? si acaso viene a buscarme? mas no sabe mi venida. No ves que en los galeones ha venido de las Indias, y vuelve ahora a Madrid. No es posible, Inés mía; que a Madrid de Santander, es más cierto que se iría, y de allí viene a buscarme, esto es sin duda. . Imagina lo que quisieres, si es él, siguiendo viene. . Divina hermosura a quien del Sol las claras luces envidian, a quien las Diosas veneran, y a quien respetan las ninfas; a ser yo Apolo, pensara, que vuestra esquivez altiva, era de Dafne, mas lloro mi muerte ya en vuestra huida; detened un poco el paso; quién os hablo de mi dicha? porque vos viváis contento. . y porque si os la dijeron, no os contaron que podíáis esperarme, que ella es tal, que aunque me esperéis tendida, iegún soy de desgraciado, no os alcanzaré en mi vida. No es muy bobo, a fe el her- disimula, la voz finja (mano, tu industria, que con huir no remedias tu porfía. Así, Inés, lo pienso hacer, ánimo, y la industria viva; no es el huiros desdén, que yo no soy tan esquiva como os parezco, es salir del concurso, y compañía de tanta gente, no es bien que atropelle inadvertida el decoro de quien soy, que aunque tapada, en Sevilla hay algunos maldicientes, y soy mujer conocida; mas no os llaméis desdichado, pues una dama suspira por vos, y no es poco hermosa, y lo sé, porque es mi amiga, y me ha dicho grandes cosas de vos. Qué grande mentirá! y como es diestra mi ama, o moderna Celestina. De mí? cómo puede ser si no soy de aquí? Que de Indias venís, que sois de Madrid, también me dijo. . Vestidas de color de la verdad me estáis mintiendo mil dichas. Que sois fino con las damas, que empeños os acreditan. Vive Dios, que pierda el seso, . dime mujer, que adivinas lo que soy, quien te ha mandado que tantos entedos finjas? Bien, señor, disimuláis, no importa, que es mi vecina, y me lo ha contado todo, no me neguéis tanta dicha. Esta es la que se turbaba? . esto produce Castilla? tan grande embelecadora no he conocido en mi vida! Dime mujer, o quién eres, qué es lo que dices? qué afirmas? que soy de Madrid es cierto, verdad que vengo de Indias, mas lo de la dama es falso; perdonad que así lo diga, porque obligáis, que a grosera pase mi cortesanía. No me neguéis la verdad, señor don Melchor . desdicha es mi duda, y suspensión, mi nombre sabéis? . Que linda, y aún el apellido sé, Mujer, que me desatinas, basta, que me vuelves loco con tan extrañas noticias. Desde la cárcel nos sigue, aunque a la larga. . Porfía mas temeraria no he visto, que ansí mi hermano nos siga! pero Elena, nos aquel el forastero? qué irá, con otra dama? qué enojo! Él es, que parla a otra ninfa. Mirad, señor, que os conozco. No sé, señora, que os diga. Caballero, buen empleo, buen aire, Dios la bendiga. Esta es la dama que espero. . Bien mis enredos se aliñan. . Aquestas son las promesas, cuando yo arriesgo mi vida, y lo que vos no sabéis, atropello de desdichas, por salir a hablaros hoy? muy bien pagáis la fe mía: vos con otra dama hablando? Qué es esto cielos? divinas . luces, que regís los astros, dadme paciencia. . Ya afila mi ama, porque en la uña . tiene la victoria escrita. Qué es esto que me sucede! . Ya escampa, voy a la riña, la ocasión por el cabello se ha de lograr. . A porfía se conjuran contra mí, confusión, pena, y mentiras. Señor don Melchor, es este el disimulo? temáis dama, que por vos se muera? mirad como viene fina buscándoos: quedad con Dios, desenojadla, que es linda. Bien se ha logrado tu intento. Que una mujer no imagina. Si os sabe el nombre, porque no queréis que celos pida? Digo que no la conozco. Pues con vos aquí, qué hacía? Hablando. Válgame el cielo! Cogionos en la garlita. . Don Fernando aquí? si acaso . mi hermano le busca, el día mas infeliz vendrá a ser para mí, porque peligra, o mi galán, o mi hermano, si es notoria mi huida. Vive Dios, que he de saber . quien son, que es descomedida, y vil la curiosidad, cuando sospechas la animan, y estas pasan a certezas, qué turbada se retira! no es falso, según advierto, cuando piensa mi malicia. de mi hermano he de valerme: Caballero, si por dicha amparar una mujer aquese nombre os obliga, haced, que del que ha venido no pueda ser conocida, que me importa. Vive el cielo, que a no usar de grosería, el respeto profanara de mujer, que os apadrina; pero fiad en quien soy. Guardeos Dios. . qué todabía a mis ojos la esté hablando! rabiando estoy! . que aún porfía! Don Fernando, qué tenéis? que inquietas melancolías os afligen? sosegad vuestro pecho. . las malicias de unas sospechas curiosas me han obligado a que siga esas mujeres. . Por eso tan triste? son cosa mía, vienen buscándome. Gracias al cielo, que así me alivia de una pena, y un recelo, que sin causa me afligia. Mas ya como amigos hablanap. dos mil congojas me quitan. Esto obliga el ser mujer, . y el ser yo quien soy obliga. Podré irme? . Sí señora, cuando quisieres, corrida me dejáis, por Dios, el alma, con tanto enredo, y mentira. Algún día lo sabréis. Id con Dios. . Él os asista. qué dudo! aquesta es la dama . por quien don Melchor incita mi amistad, por quien del preso la libertad solicita, por eso estaba en la cárcel con él, a fuera desdichas, que aunque hermana, y dama tengo ninguna sospecha viva. Juro por aquesos ojos, que afrentan las cristalinas luces del Sol, y del Mayo, el fragrante suelo envidia, que en mi vida las he visto, ni sé quien son, no se indician de solo hablar a una dama los celos que así os fatigan. Yo no os tengo de creer, ni escuchar alevosías, que a mi fino amor hacéis, después de tantas caricias; y después de más de un año, que con lágrimas continuas, vuestra ausencia lamentaba, no de amor, de una admitida correspondencia, que engendra el trato de muchos días: tan mal me correspondéis: ha ingrato! y si a la justicia, un preso quitar quisistis por mí, también yo quería págaros con un carino vuestra galante osadía: más válgame Dios! mi hermano qué haremos Elena mía? Irnos, y dejarlo todo; esto importa. . Si la vida . dejo acá, como podré irme sin el que me anima: agradeced, pues, que hay gente que nos escuche. . La ira templad, sin razón estáis contra mí tan vengativa. Pues por qué estabais con ella? No veis que es cortesanía. es fuerza que os crea engaños teniendo el alma rendida, a diós. . Verémonos más, dulce hermosura querida? Sí, que yo os avisaré, porque os prevengo una dicha. Vivais mil años, el veros, será para mi excesiva. Mira Elena, si al criado ves. Pues di, qué determinas? Irme a su casa, y dejar la sujeción de una tía, que así le tendré seguro, a esto los celos me obligan. Vámonos, guarda tu hermano que como un demonio mira. Pasa Elena, y al descuido. haz una gran cortesía. Mas válgame Dios! . Teneos señora, desvanecidas ya juzgaba mis sospechas; pero aquí el honor me quitan; esta es sin duda mi hermana, esta es su voz, que fingida hasta ahora, mis tormentos entre dudas divertía; pero ya toco certezas; matárela aquí, no obliga a mi honor, que es publicar secreta la infamia mía, que él no sabe, que es mi hermana: levantad pues. Qué desdicha! Disimulemos honor, no sé si podré. . La vida he de perder a sus manos si me ha conocido. Arriba, que con todo das al traste, y según el hombre mira, algunas sospechas tiene. Pienso que sí, Elena mía, su rigor temo; al criado de ese forastero avisa, que quiero irme esta noche a su casa, si lo hacía hasta ahora de celosa, ya mis temores me obligan . Dichoso sois don Fernando. Yo perdonara esta dicha, . si soy por cierto; aún no puedo . fingir, que a quien solicita mi agravio, la libertad procure yo, y mis fatigas tan mal me pague, por eso en la cárcel la tenía, que nunca engañan sospechas, la dicha del forastero que indicios tal vez avisan. Esto es cierto, a la venganza honor, pues tanto averiguas; mas decirme don Melchor, que era su dama, sería de sus ruegos engañado sin conocerla, caricias y favores, que una dama a cualquier galán obliga, pues disimular, y obrar, pues tanta infamia es la mía, que aún publicarla no puedo; más válgame Dios! por dicha, que la libertad pedía a don Melchor de este preso? mil discursos me varián el sentido! es imposible, no puede ser, fantasías son del dolor que me aflige, porque don Melchor me estima, y es mi amigo, y no ha de hacer lo que yo contra él no haría, mas disimular importa, esto la cordura rija, que yo la vi con el preso, y es quien el honor me quita. Mas válgame Dios! dichoso, cuando la mano tenía, dijo, que era don Fernando, con celos amor me pica, y averiguados, pues veo, muy congojoso seguirlas, de mi amigo estoy celoso; o tapada fementida! tú tienes la culpa, él no: así mi amor gratificas! mas al remedio, y callar; mal haya el que en mujerfía! Buena tarde habéis pasado. Si amigo, y entretenida, he gozado. . Yo venía buscándoos; así le oculto . la pena que me fatiga. Pues vámonos a gozar, que aún es hora, de las ninfas, que a Guadal quivir, la arena esmaltan de sus orillas. Lástima será perder tan buena tarde en Sevilla; vamos a sentir honor, sospechas no, ni mentiras, verdades sí, averiguadas, y evidencias conocidas. si es mi hermana aquella dama, . Engañoso, y falso amor, . con tu esperanza vivía, mas ya muero, que a un amigo. no es bien que ofenda mi dicha. Vamos a morira manos . de averiguadas malicias. Si olvidar procuro es cierto, que voy a perder la vida. .

JORNADA TERCERA

TERCERA JORNADA Déjame ya, Chocósate, no me quiebres la cabeza, bastan las penas que siento, sin que me añadas más penas. Permíteme, aunque criado, que necio te reprenda tus locuras, y tus vicios, como a galán de Comedia, Dices bien, yo lo merezco, dame tormento, y padezca otra vez, pues las memorias tanto el dolor acrecientan. No te diré lo que a noche pasó, que me busco Elena, que me dijo, que su ama quería hablarme, que apriesa fui de Elena conducido a su casa, y que allí ella me dijo entre vergonzosa, entre llorosa, y risuena, medio mascando palabras, entre turbada la lengua, señor, los celos me obligan, y un cierto temor me fuerza, a que dejando mi casa, a la que a su amo hóspeda me lleve, yo comenzaba a replicarle, y resuelta, sin dejarme hablar palabra, me respondió, no se meta en eso, trate, pues sirve de obedecer dio me señas, para que en oscureciendo una silla la trujera, metiose en ella, dejando a la susodicha Elena en casa, porque de todo cuanto pasare en su ausencia, o con su padre, o su madre si los tiene, le dé cuenta, encargándome el correr las postas de esta estafera. Trújela en fin a tu cuarto, sin que luz ninguna hubiera, porque más bien los criados la ignotaran, y sospechas de Aristarcos rodrigones la oscuridad desmintiera: y a mí de aqueste suceso sola una cosa me pesa, que por darla mi aposento, porque más oculta fuera, he pasado mala noche, y he tenido peor cena, porque en tu cuarto, señor, no juzgué estaría buena, porque entra en él don Fernando, veniste, y de las quimeras, que entre vosotros pasaron, no me toca a mi darcuenta. A mí sí, que el corazón . bien a su costa pudiera, ya sé todo cuanto has dicho, que más? prosigue. . Quisiera solamente preguntarte de este amor, qué es lo que intentas? tú no tienes un real aquí, ni tienes hacienda, ni casa, que hemos de hacer con una mujer a cuestas? que ni sabes tú quien es, su calidad, ni sus prendas, su estado, ni condición: esto procurabanecía saber mi curiosidad: si de tu padre supieras, o él de ti, fuera muy fácil, que de estas cosas salieras con buen aire, mas sin él yo lo dificulto. . Aprueba de grandes desdichas tengo el pecho, pues con aquesta el alma no me ha dejado: ay amor, mucho me cuestas, más mal aflige mi pecho, Chocólate, del que piensas, si me instímula el amor, el honor tira la rienda, lo que ciego el gusto quiere, la noble razón reprueba. En fin, el pecho me abraso entre dudas, y cautelas, sin que el gusto, ni el dolor hagan un instante treguas: en fin, Chocólate, muero. No hagas tú tal borrachera, muérase un zurdo, y un calvo, un músico, y un poeta. Don Melchor? . amigo mío. Salte, Chocólate, fuera. qué querrá? . malo va esto El alma tengo suspensa! . Por Dios que anda el diablo en o alguna legión de suegras: (casa, a mi aposento me voy a verla escondida bella, y dense ellos de las astas, como Tarquino, y Lucrecia. satisfacción, con que entienda Con que palabras le honeste, no sé por Dios tanta afrenta, . oh ingrata hermana! a esto obli- el cielo me dé paciencia! (gas, según mi tía me avisa, a noche se quedó fuera de casa; que así a su sangre una mujer noble afrenta! Si acaso vio entrar la dama, y viene a darme las quejas. Pero en fin finja el honor. Prevéndreme a la respuesta. Vengo a consultar un dueso con vos. . Proponed, y sepa yo el caso, pues soy amigo para el consejo, y defensa. Tenía un hombre una dama, y si más que dama hubiera en la estimación, y el gusto, esta sin duda lo fuera. Un amigo, y muy amigo, que obligaciones inmensas le debe, sabe muy cierto, que se la robó, o que ella de sus ruegos persuadida dejó su casa. Sospechas eran, mas ya son verdades infalibles, y que venga esta dama a darme muerte a mi casa, siendo prenda de un amigo, a quien estimo mas que a mí; terrible pena! Aconsejad como amigo lo que debe hacer. Supuesta vuestra intención; vive Dios, . que es contra mí, y con cautela quiere cogerme: mas yo diré lo que aquí hiciera a ser yo; y después darele sin culpar nunca la dama, que mi acción ha sido buena, que quien ignora, no está atento a correspondencias. Claro con él he de hablar, si el lance mucho me aprieta. qué respondéis? . Digo pues, que es bien que ese hombre advierta, si supo que era su dama esa mujer, y ya hecha esta información, con más derecho, y aún con más fuerza tiene ocasión para hacer lo que allí el honor enseña, y aún sacarlo a la campaña, que lo sepa, o no lo sepa; que agravio que toca al gusto, no hay razón que lo defienda. Bien decís, pues luego al punto ha de ser. . Oh quién pudiera decirle, que aún una mano no le he tomado, y que ella celosa, y enamorada se vino, primero muera yo mil veces, que a una dama le culpe de tal bajeza; o ingrata sirena falsa, engañadora, y soberbia, cuando de celos me matas, con un amigo me empeñas! Pues porqué sepáis amigo el golfo que el alma anega, el fuego que el pecho abrasa, y el Cierzo que mi honor hiela, es el preso, que vos mismo me encomendastis, que hiciera por su libertad, y he hecho mas que humanas diligencias, ese halrobado una dama, que es más que mi dama, y deja mi honor tal, o quien amigo claro explicarse pudiera, porque supierais también, si son justas estas quejas. Albricias, que no es conmigo, tal mi noble atención queda del susto, que apenas puede volver en sí de contenta; pero si acaso se engaña, y es la misma dama aquella que su libertad pidió, y está en mi cuarto; sospechas he de averiguar ahora; y decidme, es cosa cierta? Si amigo, que yo la vi con él en la cárcel misma. Cómo puede ser, si él dijo, que sin conocerla llegó cortesano a hablarla, cuando su prisión? mas sea lo que fuere; don Fernando, lo que os toca, es, porque vea el mundo, que dais auxilio, y también muerte sangrienta a quien os agravia, id, y con toda diligencia procurad su libertad hoy en todo caso, y sepa, para más confusión suya, que a vos os ha hecho ofensa, id presto, que aquí tenéis mi obligación, que os presenta para contra todo el mundo esta espada, y esta diestra. Quedad con Dios, y os obligo con deciros, que la aceta mi confianza, y segura se promete estar con ella. Qué engaños son los que toco? que confusiones son estas? que robe el preso una dama. siendo la que aquí se hóspeda, quién busca su libertad! no es posible, ni lo aprueba el discurso: ha don Fernando, que tanto el suceso duela estando aquí la que es causa de mis celos, y mis quejas! vive Dios, que no lo entiendo! un Babel es mi cabeza de discursos diferentes, y persuasiones diversas, solo por ver en que para he de seguir la cartera. Ven señor, porque amorosa aque- aquella dama te espera, causando a la primavera emulaciones de hermosa. Ven, verás aquella cara, a quien dos rosas guarnecen, que entre mársil terso ofrecen una, y otra estrella clara. Estas dos rosas divide una balla de cristal, y su boca de coral bellísima, pues no pide. El cabello mal compuesto, con curioso desaliño, saetas son del Dios niño, en que su madre echó el resto. Por ti me preguntó ahora, con un ansia tan honesta, que pareció en lo compuesta madre Abadesa, o Priora: Ven, por Dios, mas ella viene, luces prestándole a Apolo, que como te juzga solo, tanto favor te previene. Qué es esto divinos cielos? . dad alivio a mi sentir, o pienso que he de morir entre gustos, y desvelos. O estoy loca, o esta pieza . es sin duda de mi casa, qué es esto que por mi pasa? La envidia a voces confiesa, Que la envidia, que gentil, y que airoso garbo tiene, cualquier pollera le viene, como a moco de candil. Vive Dios, que hoy he de ver . averiguada mi pena. Pues mi suerte así lo ordena. confusa he de padecer, Padezca por despreciada confusiones el sentido, tanto amor desvanecido, tanta fineza olvidada; Quién causara la tibieza, que hoy en don Melchor admiró? Con uno, y otro suspiro . le pregono mi tristeza. Acabar tengo la vida, su tibieza causa el ver, que él es hombre, y yo mujer, él ingrato, y yo rendida. Sin hablarla, mas severo está mi amo, y más justo, que aquel que contra su gusto le ha calzado el zapatero. Saber, pues, como os halláis en esta casa quisiera? Como no es la vez primera, muy bien. . Cielos, luego dais De contado el desengaño! . y la certeza al recelo, sabiendo que es el consuelo la duda, del mayor daño. Mas de beber acabemos el veneno que ha quedado, que otra vez habéis estado? Sí señor. Celos, qué hacemos? No preguntéis más; bien viene esto al recelo en que estoy. Mas pues no sabe quien soy, disimular me conviene. . Si señor, y en ella han hecho más agasajo a mi amor, reviente pues el rigor, que en Etna convierte el pecho. Cuando una dama ha dejado como yo su casa: ay Dios! entendiendo hallar en vos más caricias, y cuidado, Hallo tibieza, y desprecio, hallo enojos sin ternura, mal mirada mi hermosura, y mi amor con poco precio. Mi gran fineza agraviada, mi arrojo no agradecido, mi heroico amor no admitido, y yo triste, y despreciada. No sé quién cause, señor, tan extraña novedad, si ignoráis mi calidad, informaos de mi valor, Qué atropellando imprudente por vos del honor la fe, os he buscado, y hallé muy falso correspondiente. Qué historias han celebrado amor como el que os ofrezco, pues solo por él merezco más atención, y cuidado; Qué delito he cometido? en mí que faltas halláis? porque tan ingrato dais señales de arrepentido? Mas la causa no la ignoro, aunque me cuesta la vida, es porque me veis rendida, y es porque firme os adoro. Volved en vos para ver mi fineza, y rendimiento, y si no os hallo contento, también me sabré volver. Señora, no os enojéis, que sin culpa me culpáis, cuando querellas formáis de lo que vos no cetendéis. No es poco amor, es decoro, y respeto mi tibieza, fuera lo demás bajeza de la fe con que os adoro; Pero me ha maravillado, que esta casa conozcáis, pues indicios de ello dais, en cuanto aquí habéis hablado. Con aquesto la divierto hasta averiguar el caso; así mis desdichas paso, pues tantos males advierto. La sé muy bien, que he vivido en ella, y en ella he estado, milagro es, según he hablado, que no me haya conocido. . Oh hipócrita del honor! bien dijo, que ha estado en ella, yo la juzgaba doncella; pero a fe que es de lavor. Sabéis quién en ella mora? Un don Fernendo Ribilla, Veinte y cuatro de Sevilla, que de Madrid vino ahora. Cielos, sin duda es su dama esta, que si no lo fuera, no tan por menor supiera, quién es, y como se llama. Mis celos he averiguado, no en vano cuando caía le dio la mano, y venía siguiéndola con cuidado. Dichoso dijo que era en tocar su mano hermosa, tan cierta pena celosa me ha de ocasionar que muera. Por amigo de mi hermano . quien soy tengo de encubrir. De celos he de morir; . oh amor injusto, y tirano! Lo peor que vengo ha hallar, es, que es fuerza defenderla, porque aunque se vino ella, yo no la puedo culpar. No es bien que la culpe yo por descargarme del duelo, que este privilegio el cielo a cualquier mujer le dio. Los hierros que amor ofrece son grandes, si bien se miden, la dama al preso le piden, cuando en mi cuarto parece. Pero en fin, aquí no hay más, sino aguardar el suceso, disculpar me toca al preso: o qué empeños honor das! Vamos, Chocólate: ahora con vuestra licencia iré a un negocio. . En buena fe, que no es fea la señora. Id con Dios, que yo aunque ingrato, el alma os di desde luego. Amor, si hielas con fuego suspende tan cruel trato. Abriendo secretas puertas, Inés, hasta aquí he llegado, ropa, o papeles me digan si es este huésped mi hermano, que el verlo en Sevilla ayer, y amigo de don Fernando me ha dado más que pensar, me ha puesto en grande cuidado: quédate, Inés, aquí fuera, porque con quedarte, estamos más seguras, pues oirás cuando se abriere este cuarto, y me avisarás, y yo haré mi escrutinio en tanto. Vete, pues, que centinela atenta seré, y sepamos si es tu hermano a quien hóspeda quien más le tiene agraviado. Allí veo una mujer, y allá dentro siento pasos, atalaya de mis celos he de ser, pues esto alcanzo; ha traidor! así me pagas los favores soberanos que te ofrezco? así mi amor, cruel, has menospreciado? Pasos siento, darle aviso quiero, no sea el diablo, y nos cojan, que es muy fácil venir ahora mi amo. Muy de casa es la tal dama, bien se ve que está de espacio, pues para un hora, ni dos no hubiera depuesto el manto: la causa de su tibieza es esta; ah traidor, y falso! por esta a mí me desprecias? qué dolor! que de mi hermano no puede ser dama; pues no viviera en este cuarto? me pesa no haberle visto el rostro, quizás mirando, que es más hermosa que yo, diera disculpa a mi agravio. A Inéshe dicho que tenga pronto, y prevenido el paso, en tanto que yo examino esto poco que ha quedado. No es muy fea aquesta dama, mujer parece de garbo; porque aleve, así engañabas mi voluntad? . que no he hallado, ni carta, ni señas alguna, que dé alivio a mi cuidado; pero abrir siento la puerta, irme quiero, que de espacio he de venir esta tarde hasta averiguar el caso. Que por que siente la puerta abrir se vaya, dudando estoy el suceso; cielos, sacadme de tanto engaño! y eso es cierto? . y es rancier que me tienen afirmado, (to, que a tres días que le vieron Mi padre en Sevilla? extraño su venida, a que negocio vendrá? Vendrá a ver los caños de Carmona, o de la Torre, que es puntual del cielo humano, las campañas de Paris callen con estas, lo vario, lo acorde, y lo sonoro, pues pública el Ralendario aún a campañas tañidas, que es de la Europa milagro, la Giralda, es cosa de aire, la Iglesia está como un mármol, no viene a ver nada de esto. pues a qué viene? . admirado a ver su contratación, donde vajeles preñados vomitan lo que en las Indias concibieron, y tragaron: no digo lo clandestino, que eso en diferentes barcos, comadres que dan a luz los más escondidos partos, sin salir de de Vara ya está puesto a buen recado, ni a ver su Real Audiencia, en donde vemos togados varones que poblar pueden Capitolios, y Arcopagos, ni haber su lonja, edificio, injuria de los Romanos, emporio de todo el mundo de América rico Erario, haber si vendrá ese río, que portruchas lleva barbos, y si se enoja, a Sevilla pone de lodo. . Que tanto en tan poco tiempo sabes de Sevilla! . Pues si hablo de bodegones, tabernas, ventorrillos, vino caro, aguardiente, y de Triana el lindo malcocinado, no hay más que decir. Sois vos aquel que hace recato, decoro, y respeto, el ser engañador, y tirano? Esta mujer esta loca. Qué decís? habladme claro. Claro os hablaré; yo he visto otra dama en este cuarto; por ella me despreciáis, ella es causa de mi agravio. Qué decís, que no os entiendo? Ah fementido! Ah hombre fal- así mi amor agradeces? . (so! pero allí viene mi hermano, el disimular me importa: ( voyme, porque gente ha entrado. no os vais, aguardad, que quiero que os vean: fin tenga, y cabo tanta mentira, y enredo, tanta confusión, y engaño! Señor, aquesta mujer, o es loca, o tiene el diablo en el cuerpo, mas sin duda algún frenesí le ha dado. Qué mujer puede ser esta qué dice? . La de Pilatos: no ves que ella está sin juicio, que no han pisado tu cuarto, ni aún criadas de esta casa teniendo dos don Fernando. Chocólate, no la entiendo. No la entenderá, ni un calvo. Don Melchor amigo, he hecho las diligencias, y traigo mandamiento de soltura. Pues luego al instante vamos: hay enredo cómo aqueste? . que sea yo aquí el culpado, y fomente contra el otro la venganza! que el contrario sea yo, y a la detensa me ofrezca de aqueste agravio? vamos siguiendo hasta ver fin de suceso tan raro. En alas del pensamiento mi deseo ha caminado, que adilaciones de honor, se vuelven las horas años. un demonio que os entienda, todo esto anda alborotado, no sé que sea. . A la cárcel ven, Chocólate. . Con ambos iré, aunque ir a la cárcel no se puede, ni aún con cuatro. Que esté en Sevilla mi hijo? hay más venturoso lance! así ayudará a llorar las penas que me combaten: o si ya viniera Diego! porque casi de esperarle estoy cansado; ay honor, mucho puedes, mucho vales! que hay Diego? Señor, me han dicho, que ya han dado los Alcaldes la sentencia, y te condenan en no se cuantos reales de costas, y para esto el mandamiento te trae aquel, según me han contado, Caballero, que galante por la dama pleiteaba en tu defensa. . Pues baste para mí que ya la tenga, mas de mi hijo, que sabes. Ahora a dar las vueltas iré por las posadas. . No tardes, que las horas se hacen abos en cosa tan importante. voy pues. . haz la diligencia con cuidado. . Será grande. Ya estoy libre, a la defensa de mi honor podré alentarme: hay hija aleve! tú eres la causa de tantos males. Entrad amigo, aquí os traigo, señor, libertad. . mi padre, si la vista no me engaña, es el que veo en la cárcel. (do. Señor, no ves. . Ya te entien Dame a besar esos guantes señor mío, amo del alma. Los brazos, señor, al cance el que confiesa tener el ser por vos. . Nuevo lance es el que aquí me sucede, . con bien mi dicha me saque. Hijo don Melchor, tal dicha venga entre tantos pesares. Don Melchor, no sois mi amigo hasta morir. . si a vengarme vengo, que habemos de hacer, si es el preso vuestro padre? Aunque mi padre sea el preso, siempre estoy de vuestra parte: aquí es menester cautela, . un modo de desvelarla buscaré, y de disvadirle, que aunque me empeñe a ayudarle, no es empeño, que me obligue, porque primero es mi padre; mas ya el remedio he pensado. qué hay Chocólate? C muy gran- trabajos, ochenta días, (des y más, señor, de viaje que nos morimos de frío. Qué he de hacer? aconsejadme. Esa dama, es cosa vuestra? Si amigo, porque explicarme quiero con vos, conociendo lo noble de vuestra sangre. Peor está ya que estaba, no es el ajuste muy fácil, teniendo a su dama yo en mi cuarto: duro trance! disimulad, que de todo os satisfaré. . Ayudarme habéis prometido. . Y siempre lo cumpliré. . Dios os guarde Veinte monos te traía, muriéronse en esos mares, y otros tantos papagayos. Yo lo estimo, Chocolate. Pues veo a mi padre libre, . disculpa daré bastante a mi amigo, que ala dama, ni la culpe, ni la infame, que para todo hay remedio. Que en fin, del mar escapaste? Sí señor. . Vamos a casa, no esperemos a más tarde; pues tanta alegría en ella se espera. . Pena notable! si acaso voy a la casa de mi enemigo, y si hace este el agravio a mi honor; porque me dijo, que grande amigo era de mi hijo, cuando fue Diego a buscarle, mas disimular es fuerza, no es justo precipitarme, que puede ser que sea otro. Quédate aquí, Chocólate, y lleva la ropa luego a nuestra casa. . qué aguardes a Diego también te digo, que no tardará un instante. Vayan ustedes, que yo quedaré preso en la cárcel. Vamos: ay honor! ya tengo . algún alivio en mis males, l, h . que siendo noble, aunqueviejo, con ella podrá casarse. No es posible que este libre, . hasta que pueda vengarme. Si es dama de don Fernado, .o es el empeño más grande. . No es bien Inés que yo esté con el cuidado, y recelo que me aflige, a buscar señas de mi hermano otravez vuelvo Mira bien si alguna carta cl hallas, te lo dirá luego, que son chismosas las letras, Sa y no encubren ningún cuento. Vamos, que aquel escritorio he de abrir. . Él está abierto, pero escapemos, señora, porque mucha gente siento entrar acá. . No es posible irnos ya, porque están dentro, y nos cogieron la puerta; (to! que hemos de hacer? grande aprie. Poco suele estar en casa mi amo, y así podemos en tanto que no se van, C entrar en el aposento del criado de ese huésped, que es el más pronto remedio por ahora. . Dices bien. Pues escondámonos presto. Esta es, señor, vuestra casa, Qué terrible lance espero! . Viváis mil años: no hay gusto sin honor, todo es tormento, no sé como a don Melchor dé cuenta de mi suceso, y la infamia de su hermana, sin caerme en tierra muerto. No sé qué he de hacer aquí en tan apretado empeño. . Ya tienes la ropa en casa, entra a ver mi amo Diego. Entro a vesalle los pies: más válgame Dios! que veo, señor, este es don Fernando tu enemigo? . Aqueste acero dará la muerte a un traidor: villano mal caballero, cómo? . Qué dices? Señor? Padre, dadme cuenta de esto. Este es tu fingido amigo, no es amigo verdacero, este ha robado a tu hermana. que es lo lo que escucho, y no mue Buscándole de Madrid (ro. a Sevilla solo vengo, y he de matarle. . Señor, a mí me toca este duelo: (ya. sacad la espada. . aquí es Tro Qué decís? yo no os entiendo. Si entendéis, que a mi señora robastis. Y es muy mal hecho robar mujeres, sin ser Turco. Troyano, o Hebreo. Don Melchor, cuando yo estaba confiado en vos, os veo contra mí. . Sí, que la dama vuestra, es verdad, yo la tengo, porque mi padre no sabe cosa del acaso vuestro: yo soy el que la robé, y está en aqueste aposento; pero no es igual agravio, Chocólate, traíla presto, que no es lo mismo una hermana, que una dama. Y yo lo apruebo, porque la dama que busco 5o3 con tan ansioso desvelo, es mi hermana la que os dije, que por el impedimento de estar solo, en otra casa vivía. Qué escucho, cielos! pues si es así, y vos tenéis mi hermana, acabose el pleito. Dice muy bien don Melchor, que a igual agravio, no hay duelo; yo con ser más ofendido, si es así estoy satisfecho. El demonio que lo entienda, bueno estaba mi aposento, mi señora, y la otra dama. Padre, si de amor los hierros merecen perdón, los míos alcancen el perdón vuestro Hija, con tu esposo estás. Feliz yo, pues la merezco! Hermano, a mí me disculpe tu amor, y el presente ejemplo. Todo lo atropella amor, hermana, yo te agradezco tal dicha, pues de un amigo has ocasionado un deudo. Dichoso yo, pues que gano después de un querido dueño un amigo, a quien servir con el alma, y el afecto. Gracias a Dios, pues he visto el fin ya de mis desvelos, largos años os gocéis, y viváis siglos eternos. Casémonos, Chocólate. No, Inés, que este es papel viejo. Pues voyme a meter monja. Yo a meterme fraile lego; y aquí se olvidó el poeta de escribirlo que allá dentro pasó, cuando las dos damas, sin conocerse, se vieron: de todo pide perdón humilde, y que de sus hierros piadosamente murmure dictorio tan discreto.