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Texto digital de Yo me entiendo y Dios me entiende

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Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Yo me entiendo y Dios me entiende. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/yo-me-entiendo-y-dios-me-entiende.

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YO ME ENTIENDO Y DIOS ME ENTIENDE

JORNADA PRIMERA

̱ O más padezco, que más í no puede mi mal crecer, a no hay más que padecer, y hasta eso padezco más. Buena letra. Si señor. Parece que deseaba trasladar mi pensamiento el que la escribió: la capa. Hay en Castilla, señor, grandes ingenios. . Y basta que vos los califiquéis. Gusto mucho::- Qué ignorancia! De buenos versos hoy día de la lengua Castellana se ha adelantado el primor. De todo cuanto se trata entendéis, Infante, mucho: mas yo no os pregunto nada. Qué aspereza! . Majestad pudieras mejor llamarla. Decís bien: disimulemos, triste corazón. Permitidme a mí el honor de servírosla. . Si es para mostrar vuestra reverencia, no es en vos acción extraña; pues obligado a tenerla, qué hacéis en ejecutarla? Complacer la voluntad, que como a dueño de un alma que es vuestra, señor, las deudas que os reconoce no os paga. Eso está bien. . Imposible a mi cordura y mi maña es procurar su adversión vencer. . Pues por qué no cantan? No sabe lo que son males, quien llamó bien la esperanza, que no es dicha aquella dicha, que es duda mientras se tarda. Hola, arrojad esos hombres de ahí. . Su Alteza, que os vayáis ordena. . Vive el ardor de mi cólera y mi rabia::- quién vuestro enojo es, Con hermano? a explicar lo que padezco, no fuera mi pena tanta. Villanos, a mi dolor le aviváis las circunstancias, poniéndole en armonía el pesar que le maltrata, y no os mando hacer pudazos? Soldados, ha de mi guardía. Qué mandáis, señor? Que luego a esos que mi enejo causan de . Qué? Una ayuda de costa; pues de que en mi pecho haya un volcán que le consume, y un vesubio que le abrasa, no tienen ellos la culpa. Contradicción temeraría! no hay en él de la crueldad a la compasión distancia. El sombrero, y despejad. Ay dulce divina Juana! . de qué me sirve el poder, que a tu ingratitud no alcanza? Quedaos, Don Albaro, vos. Presto, mi hija casada, saldré de tantos recelos. Señor, sino imaginara, que usurpa mucho el que un rato pide para si a un Monarca, y que en se de lo que a mí me puede ser de importancia, es tan del servicio vuestro, que uno con otro se enlaza, os suplicara::- . Qué, Infante? Que me oyeséis dos palabras. Decid; que aunque me es forzoso que os oiga con repugnancia, adivinando que sea impertinencia excusada de vuestro genio, que al mío no confronta, la que os traiga hoy a Palacio; no quiero me jusrinquéis Monarca, con decir no me oye el Rey: el Rey os oye, explicadla. Pues si me oye el que es dueño soberano de la Pat ía, para bien suyo y bien de ella, todo sobra. . Y esa salva? no gusto de ceremonias. Este es respeto. . Oh jaetancia. Los ojos con que se miran las acciones, hacen varias las imágenes, mi amor mi obediencia y confianza las veis, señor por los vidrios que conjeló mi desgracia. No está en mí la culpa, está en el cristal; si llegara este a romperse, hallaríáis poca razón de culparlas. Parece que estáis de espacio, pues la digresión no os cansa: al caso. . Del caso es esto. Ya la paciencia me falta. Rey, hermano y señor mío, no sé qué voces hallara para hablar con vos, en quien la Majestad soberana se fortalece de un genio, que lo que ella atrae espanta; mas si somos uno propio, cuando a entrambos nos esmalta una sangre misma, en vos no es capaz que quejas haya: de vos a vos os oís cuando vuestro hermano os habla. Castilla, señor, Castilla siempre inviera, siempre ufana, venendora Emperatriz de la Enropa, a cuyas plantas sirven de alfombras las Lunas, le son bastones las Barras, azul ha torno las Lisos, y los Cartillos guirnaldlas (pues tndos la aman parcial, porque la temen contraria) hoy debajo del asombro pime apresa, y llora esclava. Qué espíritu, desatado de la espantosa garganta do los abis os, tombrando la discordia y la venganza, o5 ha salido al Ooh a ha las guerras con Qué sospechas, gran señor, son estas, que mal fundadas en vos contra vuestra sangre, la de los vuestros derrama, como si amaros a vos viendo vuestra semejanza, en vuestros hermanos fuera la lealtad, que se desviara de su dueño, que en la imagen venera lo que retrata? Fadrique ya fugitivo, aún a sí se desampara, pues harto a sí se abandona, quien huye de vuestra gracia. Yo, a vuestros pies, no descubro en vos más que destemplanzas, desabrimientos y enojos, sin haber dado más causa, que nacer cerca del cielo, para que el rayo me caiga. Cualquiera, señor, cualquiera, que de nosotros se arrastra, paga aquella buena ley con hacienda, vida y fama. Vos autorizáis su yerro, vuestro enojo le dilata; pues dando valor de culpa a una acción sincera y llana, dais, con el propio impedirla, codicia de practicarla. Las Naciones Extranjeras ven divisa la Real Casa de Castilla, y en su ruina sus májimas adelantan. Pues, Rey y hermano, qué es esto? hasta cuando envenenada la hidra del odio, escupiendo cienta en mortales bascas, de nuestra respiración ha de inficionar las auras, ara que no haya un aliento, que estrago o queja no nazca? Si yo os canso, por qué el Reino lo ha de pagar? si os enfada mi hermano, él y yo tenemos para un golpe dos gargantas. a, señor, ea, padre universal de tan a ta Monarquía, no culpéis ver, que en la tierra postradas las rodillas, y en los ojos . los índices, que derrama la terneza del valor más fuerte, mientras más flaca, os suplique vuestro hermane vuestro vasallo os persuada, y vuestro esclavo os incline, a que atendáis::- Calla, calla, cesa, cesa, infame aborto, vil bástago, injusta rama, si de tronco Real aleve, de torpe línea bastarda. Qué me has querido decir con la inútil abundancia de voces, que en lo que culpan, tu noble intención disfrazan, que yo mi sangre persigo, que Castilla alborotada tiembla mi justicia, y trueca los nombres, cuando me llama cruel, siendo tan benigno, qué te oigo con tolerancia? Quien te óyese, no creyera, que el celo que te guiaba era a mantener respetos, que tu disímulo ultraja? Si creyera que en el mundo ha muchos años, que vaga la mentira, a quien encubre el embozo, que tirana robó a la verdad, y así, con su traje equivocadas las traiciones, las cautelas, tal vez por obsequio pasan. Tú y Fadrique, tú y vosotros, y cuantos vuestra alianza son, a Castilla alborotan, y mis vasallos apartan, de mi devoción, no habiendo traición de especie más falsa, que hurtarle en los corazones su patrimonio al Monarca. Las justicias en Sevilla hechas, no son ni espada; vuestra alevosía rige mi diestra, ella la arrebata. Amor y temor dos líneas S0 n, con que al vasallo ganan los Reyes; si me quitáis con facinerosa audacía la del amor no es preciso que la del temor me valga? si y quien la clemencia impide, es quien el estrago causa. No Pedro el Cruel me llame Castilla, que así me trata; llámeme el Necesitado a mantener con desgracias, con ruinas y con castigos la Corona, que heredada legírimamente, temo que a poco golpe se caiga. Mas antes que tan mañosa gane vasallos tu rara simulación, tu alevoso trato (si el vaiven aguarda) lo logre; viven los Cielos, que tu sangre derramada por los filos vengativos de esta segur de la parca, hermano traidor::- Qué hacéis, señor? . Mi cólera es tanta, que no sé lo que me digo: hermano te llamé? basta para servirte este nombre de indulto de mi amenaza. Vete, Enrique. . Gran seño- No vuelvas a hablarme en nada, que a esto toque. . A í lo haré: guardeos Dios edades largas. . Para que tu sangre vierta, y mi rencor satisfaga: mas, Albaro, aquí estás tú? Como que me quede mandas::- Bien dices, fuera de mí mis inquietudas me sacan. Con que Doña Juana presto se casará? . Solo aguarda la dispensación Don Jigas, entre ella y Don Cosme, para ofectuar el tratado. A un hombre, que aunque se halla poderoso en la riqueza, lo es más en la extravagancia del genio que a loco o necio le cóndene y le disfama, entregar un Serafín intenta? Todo lo allana el interes. . Y el poder por qué no vence distancias? Si yo soy Rey, y mi muerte será ver enajenada esa hermosura, no puedo con la fuerza conquistaria? Quién puede, todo lo puede. No puede, siendo la vasa Don Egas de mi partido, y el disgustarle me ataja. Mejor medio es permitir se case, y luego a mi gracia atrayendo la ignorante ridícula extraordinaria condición de su marido, verla de cerca y trataria, y no faltará ocasión, que es mujer, y ha de ser vana o mudable. . Algunas veces la regla común engaña. Dígalo yo, pues adoro sin peñasco, que no ablandan mis suspiros, en su prima Isabel. . Que lleguen manda las carrozas: tan untero Enrique no se recata . de hablarme libre! tan solo ni me asisten ni acompañan los Fidalgos de Castilla! La suerte está declarada: yo me vengaré de todos, tiemble el mundo, y pima España. Ya están las carrozas. Vamos. Qué severidad tan rara! aún con sus favores, viven con suto las confanzas. , a, t, De vuestro genio se in fiere, que nada habré de lograr. Prima, yo tengo de andar como a mí me pareciere: de adorno no se me trate. No veis que nadie os estima? Pues digo, os casáis vos, prima, con el cuello o el gaznate? Es razón que os alborote ver, que un pobre hombre no tray de barquillos de cambray un cilicio en el cogote? Siendo quien sois, no convengo en que os desprecien. . Es que hoy no soy prima, lo que soy. Pues qué sois? Soy lo que tengo: no es verdad esto, Zoquete? El que tiene la garrama fulano mosca le llama, y vale el ruido que mete. Qué parecéis despojado del pelo, prenda forzosa? No pareceré otra cosa, C de un hombre que ande pelado: qe estimarme no verás y mas, sí mis hechos son buenos ni por medio cuello menos, ni por cuatro pelos más. Bien patente es mi hidalguía; Soy rico, y en ricos veo, que hace gracia el desaseo, y es chiste la porquería. Yo sé lo que en esto hago. Que en mí haya de ser forzoso admitir tan raro esposo? Señor, ahí está Santiago::- Quién, niña de Barcebú? El Zaparero. . Di el que viene a matarme: anda ve, Zoquete, cálzate tú. De esas me hagas . El compás lleva a sus golpes malvados, que en estando desollados, paros me darás: s22 i los paguen muy bien, o te premiaré a ti, ey cuando después para mí anchos y buenos estén. Gracias por esa abundancia te doy. Anda ve a estrenallos, que como tengas dos callos, no te arriendo la ganancia. Primo Don Cosme, no sé qué llegue a juzgar de vos; no os hizo ignorante Dios, y en vuestro genio se ve, que anda siempre equivocado, y descubré los más días tan no pensadas manias, que a todos causa cuidado. Rico Hombre de Talavera sois, vuestra amistad constante la solicita el Infante, y el Rey lograrla quisiera: más vuestro juicio novel a nadie admite consigo. El Jnfante ser mi amigo? y qué se me da a mí de él? El Rey si me solicita, un hombre inútil tendrá, y en su gracia, qué me da si mi libertad me quita? A cuantos viven me iguala mi suerte, si me dan pena; el Rey vaya en hora buena, mas los demás noramala. Y vos no tratéis de hablar de esto que mujer curiosa, no ha de serlo en otra cosa, que en coser y remendar. No nos dais muy mal empleo. Y en qué estado están hoy día la Música y la alegría, la visita y el paseo? Nuestro cuario es nuestra esfera; allí estamos recogidas. Mejor dirás aburidas. Es muy linda friclera: vive Dios: . Qué os inquietáis? Que si todo no lo veis, mujeres no conocéis, y con hombres no tratáis, según os lo manifiesto, si aquí un instante parare, ni con vos, prima, casare, me lleve el diablo. . Qué es esto? e ha de ser? vuestras vejeces. Qué tenéis, que os cause susto No quererme hacer un gusto, C ve os he pedido cien veces. Mi prima tenéis a raya: no os he dicho, que se emplee en visita, y se pasce por cuantos cotarros haya? Una mujer principal ha de obrar tan grande error! Halo de hacer, si señor: qué queréis (cuerpo de tal!) que con vos esté estrujada, siempre en un rincón metida, para darme mala vida después de que esté casada? Mala vida, de qué modo? No viendo nada cuando es doncella, para después reventar para verlo todo. Aquella doncella, a quien de hombres la andan recatando, luego los atisba, cuando no le está el marido bien. La que no sale ni en coche comprado, y visita escasa, si se casa, viene a casa a la una de la noche. Si de doncella estuviera harta de lo que os advierto, después de casada, es cierto que menos lo apeteciera. Con que, que dejéis os pido lo vea todo Doña Juana, porque después tenga gana solamente de marido. Don Cosme, eso no ha de ser qué ha de decir el Lugar? Que la deseo quitar las mañuelas de mujer. Es mejor, que con civil ansia, contra mi decoro, salga después como un toro, que le sueltan del toril? Esto ha de ser vive Cristo. Lo que decís no sabéis. La dispensación tenéis lograda. . Ah vejete listo! . a fe qué has andado a raya. Y hoy os habéis de casar. Pues alto, idos a pasear por donde más hombres haya. Don Cosme, no necesito de eso para saber hoy, que he de obrar como quien soy. No hay que ponerme hociquito, mío es consejo y socorro. Para nosotras no lo es. Pues cuidado, si después andamos sobre ello al morro. Ahí está aquel Caballero, que suele contigo hablar. No me vendrá a visitar a mí, sino a mi dinero. Dice, que por esta vez le has de emprestar veinte escudos. Veinte? él nos tiene por rudos; anda ve, dale estos diez: di que dados los entrego, para que con esta acción, redima la vejación . de cobrar los veinte luego; y así me sale la cuenta, porque él no me ha de pagar, hele de descalabrar, y habré de gastar cincuenta. Lográndolos sin trabajo, mañana vuelve. . Eso fuera querer, que por la escalera le echara cabeza abajo: y añade, que esto ha de ser contrato, y con testimonio de que le lleve el demonio donde no me vuelva a ver. Diréselo así. No puedo . menearme. . Hay tal pobrete! cojeas del pie, Zoquete? Me aprieta el zapato un dedo. dé importa, si están galanes los pies con las herraduras: mal hayan las galanuras, que erían esparabanes! Y cuando te los daré, porque el descanso me valga? Cuando el dedo se te salga por la púntica del pie. . El hombre es un animal extravagante y sin modo. Voy a disponer que todo, Don Cosme, esté puntual para vuestro casamiento. Vamos. . Mi dicha está ufana: a Dios, mísea Doña Juana. Conmigo este cumplimiento? Esta es atención precisa: pasad. . Mi agrado os confieso. Vuestros pies mil veces beso. Sobre que provoca a risa. Por qué gastáis tiempo en vano? Para que tenga entendido, que no por ser su marido. seré menos cortesano, como veo en más de dos, que porque duermen con ellas, tratan sus mujeres bellas con desprecio: a Dios. Adiós. . . Guardarse es primera ley; el Rey sé que a Juana ha visto, y casándola conquisto contra la intención del Rey un muro para mi honor. Aunque culpen con instancia mi genio, mi extravagancia, cada uno tiene su humor. Hoy en Castilla se fragua harto riesgo que temer, pues a fe que hemos de ver el que lleva el gato al agua. Que el más político modo en República alterada es, que no se oponga a nada quien quiere salvar su todo. Tome uno y otro Infanzón el partido que quisiere; pero el enerdo vea y espere, y aproveche la ocasión, siempre hacia el bien resignado, que es servir al Rey y luego que la inquietud, que es el fuego, haya a todos abrasado, y su fortuna compuesta, se halla de todos vienquisto, al fresco y sentado ha visto desde su balcón la fiesta. Solo me llega a inquietar, que en este tiempo ha de ser forzoso el tomar mujer, prenda para embarazar cualquiera acción, siendo bella; pero quien se entiende al choque con Infante, Rey y Roque, ya se entenderá con ella: yo andaré listo. Señor, por ti pregunta el Infante. Su Alteza, y no entra? pues cómo se le detiene, salvaje? Señor, yo:: . Anda, galeote. No sabia:- . Anda, vinagre, anda al punto a concederme, ya que no sabes negarme. Digo, que es usted::- Qué soy? Animal de cien semblantes, y no sabe uno si yerra cuando cierra o cuando abre. . Has dicho bien, tienes gracia: a recibir es bien baje a mi Infante y mi señor. Ya impaciente de que tarde el gusto de veros, entro con los brazos a lograrle. ̱. Después de que a los pies vuestros, cuando se abate, se ensalce mi buena ley, permitidme que a cierta malicia pase. Y qué es? que será graciosa si es vuestra. . Apostemos antes cien doblas::- A qué, Don Cosme? A que venís a engañarme. De qué lo inferis? . De que cuando sujetos tan grandes como vos, tratan así us iguales, los que no los vienen a persuadir a cosa que a ellos los tañe; que tales gentes jamás gastan la pólvora en balde. En el Infante mi dueño, señor Don Cosme, no cabe acción que no sea un acierto. No sabría yo adularle mejor que vos, si quisiera? Señor Manrique, enseñadme a tratar con poderosos. Es que yo::- Qué usted se guarde de cuando le zalameen, que entonces es cuando la hacen. Aunque vuestro entendimiento quiera ayudado del arte, acogerse al disimulo del buen gusto y del donaire, sé que podéis y debéis en una acción ayudarme, que es bien del Reino, y es digna de los hombres principales; y aunque en la apariencia sea (porque va contra el dictamen del Rey) peligrosa en juicios lisonjeros y cobardes, obsequio es suyo pues cuando su gusto no satisface, restaura su honor, que es él mejor medio de obsequiarle. Sabéis si ha habido noticia de alguna batalla en Flandes? Atended a lo que os digo. Qué terrible calor hace! Muchos hombres como vos, viendo las calamidades del Reino, ayudarme intentan. No ha dado en que he de casarme, Don Egas, de golpe en bola? los viejos son eficaces. Los más, Don Cosme, seguimos a su Alteza como padre de la Patria. . Pues ayer un hombre vino a hablarme, que tal cara de ahorcado no he visto, así Dios me guarde. Ya e o es no querer a nada de lo que hablo contestarme, y con hombres como yo::- De espacio, señor Infante; yo no he sabido en mi vida, que haya con las Majestades sutilezas, ni servirlos con lo que les agraviase, que no nací para ser de corazones contraste, ni para emendar tampoco del mundo los disparates. En lo que puedo obsequiaros, es en daros cuanto os falte, porque sé que estáis muy pobre, y el Rey no os da lo bastante, para que en un pasatiempo, y una Dama que os agrade, gastéis lo que os diere gusto. Y eso a qué viene? A que trate de seguirme vuestra Alteza. Pues dónde queréis llevarme? Adonde crédito os dé, para que luego se os paguen diez mil ducados. . Obráis cuerdo, advertido y galante. Esto es para lo que os digo; y en lo que habéis de premiarme es, en no hablar de lo que ni me toca ni me tañe. Pues guiad. Señor. . Ahora no estoy para hablar con nadie. No sé, señor, si este hombre es loco o es ignorante. . Manrique, sea lo que fuere, él tiene cosas notables: a socorterme venía de él, y él al paso me sale, salvando cuanta objeción pudieran acumularle. Ver a Isabel no has logrado? Volver luego es lo más fácil. . Para el perro, que aunque sea a costa de sus caudales, no compre estar bien con todos, sin meterse ni mezclarse en lo que puede perderle: quien le pique que se rasque. El más dichoso Lacayo soy que ha nacido de madre, Solicitado del Rey, que le anda haciendo visajes a mi ama. Aquí está Zaquete: qué hará solo este vergante? Porque esta noche le deje la puerta abierta, que cae al corredor del jardín, me ha dado un bolsón que caben mas de cien escudos. . Y habla consigo habrá semejante bestiaza? . Por señas, que revienta por los hijares; y aquesta caja de plata . sobredorada, en que echase el tabaco: hay que no es nada! La sacaré cada instante, sin haber perro Cristiano, que un polvillo no le alargue. Vaya una fungoradina. No es hora ya de cerrarse las ventanas, Guacamayo? a qué aguardas? A que usted saque las luces, que son ociosas, cuando en sus ojos las trae. Hola? el requebrillo es más que de Lacayo de Paje. Pues he nacido en las malvas, para no saber portarme con usted, y cuantas chulas se me pongan por delante? De cuándo acá, zancajoso? Porcallona, desde antes que la bruja encorozada la pariese y la criase. Vaya de ahí. Digo, ha Reina, gusta de un polvo suave de Somonte y Cucarachas, mezclado como poraje? De cuando acá pulideces, cochinote? . Dios lo sabe; todos somos gentes, tome, y no se meta en dares, mientras en to mares pueda. Qué caja tan admirable! quién te la dio? No es hermosa. Ves esta flor de realce? Qué buena está! Mira este hombre, que va este oso a matarle. Rica cosa! ay, que monico hay aquí! . Ya tropezaste con el mono? pues voló, . no hay caja. . Por qué, salvaje? Porque si el mono te toca, no quiero que le retrates en los gestos, y me coques, porque la caja te encaje. Eso es ser un groserote. Aquesto es conocerme frágil. Mira:- . Fuera. Qué hacéis? . Nada. Hablar de cosas casuales. Señora, tiene::- . Un divieso, que está para reventarse. No es eso. . No te ahogaras. No estoy para necedades: idos de aquí. . Oyes, Zoquete, venga un polvo. . Mala landre te dé en la nariz, y a mí, si con él estornudares. Qué es, prima, el pesar que tanto ha dado en desazonarte? Es poca, Isabel, la pena de saber que he de casarme con un hombre, cuyo genio tiene circunstancias tales, que entre loco, necio y sabio, me mantiene vacilante No creo, que sea eso solo lo, que te aflige. . Querrasme preguntar, si me desvela el temor de las tenaces persuasiones con que el Rey ha dado en solicitarme? Pues responderé con otra pregunta, acaso estimaste del Infante jamás tú la atención? . En desiguales personas, no lo permiten mi estimación ni su sangre. Pues lo mismo digo yo; tú por mí te satisfaces. Ni a él, ni a Don Albaro entiendo. Ah, Manuela, una luz trae a mi cuarto escribiré el correo que ya es tarde: hijos, a Dis. Vos volando. . Adentro se entó mi padre a escribir: qué hemos de hacer? Al jardín, si tú gustares, bajemos. . Sí, al jardín vamos. A qué, segunda Anejarte? si es añadir otra estatua, en fuerza de tus crueldades a su adorno, aún habrá quien adore en ella tu imagen. Válgame el Cielo! qué veo pues, señor, por dónde entrastéis? qué arrojo es este, señor? Es de mi fineza examen, que alimentada de extremos, emprende temeridades. Reparad::- Solo en tus ojos es razón que yo repare. Divina Isabel::- . Gustáis, que os repita mis desaires? Volveos señor, o haréis, que huya de oíros. . En balde será, que te he de seguir hasta que un favor alcance. Llamad quien lleve estas cartas. No oís la voz de mi padre? Quieres que eso a mí me asuste? no le honro mucho en amarte? Perdonad, que esta defensa ne. to Eso es querer forzarme a otro despecho. mirad:: No le sigáis, que antes he de lograr este rato que tengo, para quejarme de vuestros desdenes. . Yo no atiendo a obsequios infames: Juana. Llevose la luz, y dejome en un paraje que ignoro, sin que seguirla pueda: que aquí al Rey aguarde es forzoso. Qué es aquesto? habra pícaros alarbes que tengan esto sin luz? Zoquete habrá ido a pasearse, y estarán las dos criadas en fandango. Ya el Rey sale, que un bulto siento: señor, vuestra Majestad no tarde: vamos antes que nos sientan. Hola, hola, donosa frase? fantasmás hay en mi casa, que de Majestad me traten! No me oís? Han visto lo que he medrado en un nstante? Habéis logrado el empeño de que ese risco se ablande? Antes ablandaros creo los cascos a vos; más tate, oigamos en lo que para, que él habla por los hijares. Esta es la postrera cuadra, hacia la derecha cae la puerta; y pues está abierta, Salios sin que os acompañe ni os alumbre, no nos vean; y así de esta casa salve vuestro recato el honor. Las lágrimas eficaces de Juana consiguen esto. El calla, voy a pegarle. Albaro? . otro penitente. las fantasmas hay a pares. Vamos de aquí, que no hay medio qu e su dureza contraste. Qué eosa en mi casa hay dura, . que estos quieren madurarme? En qué te paras? . En qué te detienes? . Cómo saque la espada lo veréis presto. Vamos. Que por más que llame, no respondéis! mas qué veo? Don Egas::- (terrible lance!) Fuerte empeño, gran señor. Alumbre usted, tío, alargue la vela, a ver las fantasmás que en casa cocos nos hacen. No hay para qué, que yo soy. Muda estatua soy de jaspe! Ay! es una chilindrina. Señor, vos venís a honrarme a estas horas? . Mi venida es a un negocio muy grave, y a hacer merced a Don Cosme, que sé que queréis casarle con vuestra hija Doña Juana. El caso es, que no se sabe merced que se hace de noche, sobre quién, señor, recae. Yo os he de favorecer mucho. . Después qué me case? Antes y después. . Perdono por los despueses los antes; pero esto es malicia en mí, y es preciso averiguarse. Venid conmigo, Don Egas, y hablaremos: alumbradme. Ay de aquel, que entre las luces teme las oscuridades! Muerto está Don Egas. . Yo procuraré asegurarle. Zóquete, trae una luz. Aquí está ya. . Honras me trae el Rey, que a vencer durezas viene a mi casa? . El semblante tienes demudado; quieres un polvo para aliviarte? Vencer durezas y honras? no ajusto este consonante. Señor, quieres un polvito de tabaco muy suave? Borracho, qué es lo que dices? Gustas que la caja saque Aunque yo me entiendo, en esto no puede entenderse nadie. . No se le pude encajar pues aunque la Ciudad ande, sin dar a alguno un polvillo, no he de venir a acostarme. cas esa ela s

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA No sé (así me salve Dios) por qué os afligis, Don Egas? Ni yo, Don Cosme, os entiendo, pues cuando os llego a dor cuenta de un pesar de tal tamaño, me escucháis con esta flema, y os causa tanta alegría, que iguala con mi tristeza. Es que vos trocáis los frenos, y yo uso bien de las riendas: ahora estimo más a Juana mil veces, y ahora me pesa, de que a la dispensación, por falta de comprenderla, o por complacer al Rey, que embaraza que yo tenga tanto bien, el cumplimiento la nieguen, y que no pueda casarme ahora en este punto. Tan al reves lo creyera, como juzgar, que a la vista de un Rey, que injusto se precia de cruel, y que la adora, con justa razón temierais::- Qué había de temer? Ver vuestro pundonor en contingencias. Vos sois padre de mi prima, y habláis de esa suerte de ella? No es por ella, por el Rey, cuya indignación violenta podía emprender::- . Tío mío, dígole a usted, que cha o a. Oh nunca la hubiera visto! Bien haya la hora, en que a verla go. . Qué es lo que dices? lle Plugiese a Dios la quisieran o doce Reyes juntos. Y en qué se funda ese tema En el gusto de saber que es para mí, y que no es fea; p es a otros les gusta tanto, y en conocer que yo tenga alhaja, que un Rey envidia, y por mi afición la deja. Aunque con vos no casara, por si propia de él huyera. otro tanto oro; pues logra mi amor una mujer bella, que ya nada le hara ruido; pues cerrando las orejas a los requiebros de un Rey, a qué no hará resistencia? Ahi es un grano de anis, mujer bonita y honesra. Tan al reves es de todos los que a sus mujeres celan vuestra opinión, que le doy gracias a Dios, de que tenga tan buena elección mi juicio; pues os debo la fineza de que confiéis de Juana, que así una vida le espera feliz, gustosa y segura. Entendámonos a medias: río o suegro, no a mi genio le erramos la inteliguncia. La ocasión, que a las mujeres puede prudente cautela evitar, se ha de evitar, que no es cordura discreta andar exponiendo al gulpe vidrio que fácil se quiebra. Mas la que no está en la mano del que la ama o la gobierna, sino que viene casual, debe correr a su cuenta, y fiarse entonces uno de la sangre que hay en ellas; porque no en todas las cosas alcanzan las propias fuerzas, y viendo, que hace el marido tal confianza, la empeña, por amor y gratitud, de su honor en la defensa. Capaz sois. Tengo, a Dios gracias, media vara de mollera. Siéndolo tanto, bien puedo en fe de que seréis de esta opinión, pediros, que no desdoréis la nobleza de vuestra sangre, ni hagáis, que todos por falto os tengan de juicio ni entendimiento, dándole tanta licencia, obsequio y estimación, a quien por sus malas prendas toda Castilla aborrece, y solo le ama y aumenta el Rey, bien como instrumente de sus crueles violencias, en tanta vertida sangre, en tanta venganza ciega, en tanta: . Basta, señor, ya sé donde va esa piedra. De Don Alvaro me habláis, quien ha crecido a la esfera, que hasta hoy con el Rey Don Pedro nadie logro, y se os confiesa su maliguidad; más presto, luego al punio que lo vea, si acaso os halláis presente, habéis de notar mi emienda. Sí, que es descrédito vuestro, que ni aún reparo os merezca. Pues::- Don Albaro está aquí. Llegue, que a buen tiempo llega. No era négaros mejor? Señor, soy niño de escuela? yo sé lo que debo hacer. Querrá la cordura vuestra, que experimente un desaire, que jamás a veros vuelva. Claro está . Señor. . Señor, pues cómo tanta extrañeza? de? Un día entero sin y A tanto amor, tanta ausencia? Qué es esto que veo? este hombre es necio, y todo lo yerra, o es loco, o yo no lo entiendo. Es la forzosa asistencia del Rey pensión apacible, que pocas horas me deja en que ver a quien estimo. Ay Isabel, quién pudiera expresar, que eres la causa de que yo a esta casa atienda! Repetidme vuestros brazos otra vez. No veis, Don Egas, cómo me voy emendando? . Sí, cierto la traza es buena. Pues aún falta lo mejor, oíd, y tened paciencia. Señor Don Albaro, hay algo en que esta casa, que es vuestra, os pueda obsequiar? Sabed, que de mi vida y hacienda sois dueño, y siempre que yo el que os repitáis os deba el favor de visitarme, me incluye en más alta deuda. De las muchas que os confieso, ofrezco la recompensa. El Rey me envía a avisaros, como mañana os espera, para tratar de un negocio, y desde que de la guerra ha vuelto, me lo ha encargado; vedle después de la audiencia. Con hablaros a vos, puedo lograrlo todo, y quisiera excusarme el embarazo. Ya la intención se penetra: id, despacharéis en breve, y ahora dadme licencia. Tan presto? Qué hacéis, Don Cosme? Emendarme: hay tal cansera! no os vais tan aprita, amigo. No es dable que me detenga. En vuestra casa hallaréis una amistosa y pequeña muestra de mi gratitu d. Don Cosme, habaisme de veras? Juguetes se pues si hay Damas, que os merezcan vuestros filis, regaladlas con monedas propias de ellas. Nada hay que no os deba yo, y habré de acetar por fuerza, solo por no disgustaros::- Perdonadme la llaneza. Por cuanto queráis hacer conmigo. . Ved que de veras soy vuestro. . Los brazos míos mi amistad os manifiestan. Don Egas guardeos el Cielo. . Él con salud os mantenga. Ea, Don Egas, ya habéis visto lo bien que a emendar se empieza aquel error. Vive Dios, que no es fácil que os entienda; pues cuando en el despreciarle estáis de mi opinión misma, le agasajáis, regaláis, y le dais más finas muestras de amistad. . Pues ahi encaja el cuento de aquella vieja bruja, que al Ángel y al diablo les encendia dos velas, a uno porque la amparara, y a otro porque no la ofenda. Señor mío, aquel que quiere echar por la extraña senda de no ir por donde va el mundo, hace una grande imprudencia; pues no la puede emendar, y expuesto a la nota queda de que el que manda conozca lo mal que su gusto lleva. De toda aquella persona, que un Rey en gracia le entra, se ha de usar como el Herrero de la tenaza dispuesta, que para sacar del fuego, a porficionar aquella pieza que está fabricando, la estima y la tiene cerca, tratando así con la llama, que a distancia no le quema: y a fe, que el que no la usa, allá su dicha se deja, in que se arguya de qué calidad sea o no sea, que la estimación del Rey basta a hacer digno a cualquiera; y no es justo que yo ultraje lo que el Soberano aprecia, ni es entenderse, oponerse a quien manda en mi cabeza. Cuando vuestra extravagancia juzgo que más se despeña, me hallo de vos advertido. No hay acción de quien no aprenda el sabio, y mis tonterías he de ver si me aprovechan. Padre y señor? Hija mía? Unas infelices nuevas traigo, faltó Doña Blanca. Qué dices? murió la Reina? Si señor. . No logró España más generosa Princesa, ni más infeliz. . A nadie mas que a mi roca esta pena; pues a sus pies, la fortuna merecí de su asistencia. Ya contará el Rey por dicha el dolor de su tragedia, y con el triunfo logrado contra el Infante en la Vega de Najera, harto gustoso habrá puesto esas ofrendas de su ciega idolatria, a los pies::- De quien los tenga: Isabel, Juana, decidme, cuando se toma la vuelta en la calceta, de cuantos a cuantos pares se mengua, al ir cerrando el talón? Viose mayor friolera! Pues vos de eso qué entendéis? Lo que vos de las Gacetas. Si el hablar yo en la labor os causa tanta extrañeza, cuanto mayor disparate es que una mujer se meta en novedades del Reino? A todos tocar es fuerza lo que es interes de todos. Pues ponerme yo en calcetas también es interes mío; y así, ya mi boda hecha, mientras va a Palacio Juana, quedaré yo haciendo media. Por tan incapaz tenéis una mujer de que sepa discurrir en lo que un hombre? Ya se picó de discreta. Pues abrid esas historias, veréis sus cláusulas llenas de mujeres tan insignes en las Armas y las Letras, que aventajaron en mucho los hombres que las profesan. Y en saber hablar hoy día hay muchas que son muy diestras. Es así, que yo he encontrado noticias harto selectas de mujeres, que han sabido hablar; mas lo que quisiera haber hallado, es noticia de mujeres, que supieran callar cuando les importa; que es un género de ciencia, que aprovecha mucho más, y menos trabajo cuesta. Vamos, señor, que ya es hora. Vamos. Quedo en la materia reprendida. . Solo os digo (porque aquí es donde bien entra) que Don Albaro es pariente de la Padilla, y qué fuera de mí si lo desairara? Ya lo entiendo. Pues moneda, quietud, vida, estado y honra, la reserva, el que reserva. Raro hombre es Don Cosme! Debajo de la corteza de su ridículo genio se descubren raras prendas. El Infante, fugitivo de la batalla sangrienta de Najera, salió huyendo, y hay quien diga se mantenga oculto en esta Ciudad. Parece que te desvelan sus desgracias. . Pues acaso está su dicha a mi cuenta? Me la has de dar. Era fácil, picarona zalamera? Zoquete, qué es eso? Gracias de misea Daña Mannela. Señora, tiene una caja de las cosas más perfectas, que he visto en toda mi vida. Ahora das en la flaqueza de tomar tabaco, necio? Señores, no es cosa fiera, que no ha de poder un hombre andar al uso? . En un bestía es linda gracia. . Ya estoy aburrido de tenerla; porque habiendo solo un mes que empecé con la tal tema de tomar un polvo, ya tomo en una hora cincuenta. Y por una caja sola de plata, que me presentan, me han hecho una costa horrible, pues ya he comprado cuarenta; porque no cabe, que en una haya tantas diferencias, como en el que es correnton debe haber. Pues cuántas llevas? Pocas. . A ver animal. Ripé tengo en esta negra; en esta grande hay tabaco de Barro en esta pequeña de Palillos; en estotra hay Groso de Inglaterra; en esta hay tabaco Habano, que derribará una peña; en estotra de Somonte, blándito como una seda; hay en estotra Mostriña de Portugal y en aquesta aderezado con Murta; y en otras dos tabaqueras que guardo, hay del Estanquillo. Qué hay? Almazarron, y tierra. Jesús, quién trae tanta caja? Pues aún otras seis me quedan. Tente, qué golpe es aquel? Alguna cosa que pesa se ha caído: anda volando. Yo no he de entrar en la pieza, que ya es casi anochecido, y tengo miedo. . Ah pobreta gallina! déjame a mí, que yo entraré, aunque viniera un ejército de Sastres armados con sus tijeras. Trae tú entretanto una luz. Voy al instante por ella. . Si una voz das eres muerto. Tráteme usted con clemencia, señor padrón. . Isabel, no oyes dos voces diversas? Sí, Juana, y no estoy en mí. Infame, si acaso alientas::- Que me acogotan. La vida perderás. . Ya no hay que pierda, si así que así muero ahorcado. Sin alma estoy! Yo estoy muerta! mas para cuando es el brío? hola, Fabio, Celio, apriesa. Fortuna, ya me perdí. Aquí estoy, señora . Acerca la luz: mas qué es lo que veo? Quién traidoramente se entra, donde::- mas qué es lo que miro? Que os cobréis, Damas, os ruega del susto, que os ocasiona la injusta fortuna adversa de un hombre, que ya se tiene por seguro, pues se alberga (cuando la tierra le falta) del Cielo que la defienda. Señor Infante, qué es esto? Hay contrariedad más nueva! vive Dios, que los Infantes, como demonios aprietan! Hermosísima Isabel, dónde estoy? acaso es vuestra esta casa? . Sí señor. Bien conocerla pudiera como templo de esa imagen, que mi adoración obsequia; mas tan otro es el motivo, que me hace, en vez de sus puertas, salteador de sus ventanas, que es preciso, que os conmueva a la piedad generosa, que es propia de la belleza. Cercadla por todas partes: Ahora se arma otra gresca. Que aquí está. Ya aquellas voces lo que yo no dije expresan. Válgame el Cielo! Villanos, a mi casa esa violencia? romped ahora, si podéis, esos muros de madera. Señora que mi amo sube. Si es del caso que no os vea::- Si con él corréis peligro::- Idos. Al reves lo piensa mi resolución. Qué es esto? quién en mi casa se entra, que este tumulto ocasiona? Yo, Don Cosme. Vuestra Alteza, señor? . Después que perdido en la última refriega, fugitivo ando del Rey::- No me nombre vuestra lengua al Rey que me inhabilita de hacer cosa, que parezca contra él, en vuestro favor. Cerrada la casa deja mi brío, que a cuchilladas ha echado a la gente fuera, que violentarla quería. Ya os entiendo, y en fe de esa salva, yo estaba en la casa de Juan Rodríguez de Viedma, que con esta vuestra alianza::- Echad abajo las puertas. Mucho aprieta este testigo: proseguid, que ellas son recias, y ha de costarles trabajo: qué en esto el diablo me meta! No sé quien el soplo dio de haber visto un hombre en ellas de mi traje y bastó esto a intentar reconocerlas, por lo cual por un balcón vuestro, que cae a su cerca, me entré en vuestra casa. Cierto, que tomasteis brava Iglesia. Nosotras:- . Alborotastéis, que es lo que en funciones de estas saben hacer las mujeres. En fin, señor, esto cierra en que sois un hombre noble, que la justicia os molesta, que os amparáis de mi casa, sin que entre yo en las quimeras, de si es o no el remediaros servicio o desobediencia del Rey, sino cumplir uno de su sangre con la deuda? Así es, Don Cosme, y quizás os pagaré las finezas algún día. . Sí, que el hombre en interesillos piensa. Mejor es trocarle el traje: tráele tu capa y montera. Señor, mira lo que haces, no me ahorquen. Despacha, bestía; disimulad algo el rostro. Tú a la entrada de esas piezas te pon, y al punto que yo entre, corre, y el capote suelta. Vos, perdonad, que un acaso precisa a tal indecencia. Mirad lo que hacéis, Don Cosme. Ay infeliz, que ya entran! Te asustas? Esta es piedad. Hay zalagarda más fiera! De esta vez muero en el aire. Venid conmigo. . Qué ciega osadía:: mas, Don Alvaro? Don Cosme, amigo, me pesa, que haya de ser vuestra casa, donde a entrar así me fuerzan las noticias, de que oculto esté el que a Castilla altera en su espacio. . 1. Aquí le vimos pasar. A mi espalda, y cuenta . con no descubrir la cara. 1. Vamos. . Ustedes se tengan; no está cercada la casa para que escapar no pueda? Sí. . No es el señor Infante de quién habláis? Cosa es cierta. Pues ya que esta casa tiene la fortuna de que en ella logre el Rey de su victoria la más importante presa, no lo ha de saber su dueño? Anda tú, llama a Don Egas: debaos yo por mi amistad, que él parte en tal dicha adquiera. Yo os lo permito. Anda, mozo, y mira que te detengas, que verás lo que te pasa. p . Perdonad tanta molestía. Qué? nada me aflige ahora lograda esta diligencia. Soy del Rey un buen vasallo, y un tanto el favor me lleva, que yo he de ver, vive Dios, si logro la grande empresa de entregarosle. Ay de ved que mi primo se arriesga. Albaro no le seguís? esto es hacer la deshecha. Señora, no os asustéis, que yo::- Dios te favorezca. Qué es aquello? Aprisa, aprisa, Don Alvaro, den la vuelta a la casa, y venid vos, que por un balcón se echa un hombre que vi embozado, y aquesta capa me deja en la mano. . La suya es, no se me escape, id apriesa. Seguidle, amigos. Adentro. Bien se ha logrado la idea. Dada está al diablo la casa. Por qué hacia el balcón los llevas? Yo me entiendo; por que paguen la injuria y la desvergrienza de hacer mis puertas pedazos, cuando si en saltar se empeñan el balcón, logre se rompan cuatro o seis de ellos las piernas. Pálida imagen, impresión esquiva, objeto horrible, sombra fugitiva, conjelado vapor, triste diseño, que en tabla oscura me dibuja el sueño; en vano piensa tu fatal semblante enternecer mi pecho de diamante, que si es fiera de los hombres enemiga, para que los acabe y los porsiga, si de hacerte morir mi error ofreces, la emendaré matándote mil veces, por más horror funesto, que amenazado a tu crueldad::- Qué es esto? pues cuando a las plantas vuestras, o señor invicto, llego, haciéndome que madrugue un gozo, que me trae lleno de placer, os hallo en brazos sentimiento? Imprudente sois, Don Egas; qué puede haber que a mi esfuerzo causar sentimiento pueda? Nada, señor, ya lo veo. Decid lo que tan temprano os trae a mis pies. Ser ellos en quien fundo mis venturas, y a quien más finezas debo. Don Egas es buen vasallo, . pero está pesado y viejo. La dispensación pedida corriente, señor, tenemos, para casar a mi hija: esta mañana el Consejo me ha despachado. . Esto solo . le faltaba a mi tormento. Está bien. Con que esperando no más, que el permiso vuestro::- No os he dicho que está bien Señor, vuestras plantas beso por tanto favor. . Ahora a vuestro sobrino espero, a quien hacer una honra, que nadie ha logrado, intento. Iré a enviárosle al punto. . Yo lograré mis deseos, por más que este vano horror, que me representan muerto a Fadrique, y las extrañas inquietudes de mi Reino, la ruina infeliz de Blanca, se unan a estarme haciendo invisible guerra. . Nunca llegué a esos pies más contento, señor. . Pues qué traes? Ya pude descubrir donde encubierto estaba el Infante. . Dónde? En casa de su Escudero Juan Rodríguez de Viedma. Con que le tuvo? al momento apenas llegue la noche dispondrás, que con secreto un garrote se le dé. e El queda arrestado. no se erraría: y cuál es, Don Albaro, el fundamento de tu gusto? . Ver que ya vuestro enemigo va huyendo de vos y tan mal tratado; pues le arrojó su despecho de un balcón, que con los pasos tomados, dar en los nuestros es fuerza. . Y eso me vienes por hazaña encareciendo? Pues cómo, sin que a mis pies le trajeses muerto o preso, delante de mí, traidor, te osas poner? vive el Cielo::- Señor, no estuvo en mi mano. No, pero estará este acero en la mía, para hacerte de mis iras escarmiento. Advierte::- A buena ocasión, señor, a esos pies me ofrezco, pues alguna acción evito de que ha de pesaros luego. Dices bien, arrebatado de la cólera me llevo, . y no estoy en mí; mas no es mas que un primer movimiento, que ya es templanza precisa. No es muy seguro por eso vuestro enojo, que lo propio hace una boca de fuego, que en habiendo muerto a un hombre, queda quieta, que es contento. Quién de es te monstruo estará . seguro? . Mucho me huelgo de poder servir de algo. Solo vuestro humor confieso, que me pudiera Don Cosme, divertir en mis extremos. Mal año para su Alteza! qué cara tiene de perro! Yo, si he de decir verdad, señor, gustoso no vengo a haceros estas visitas; son cumplimientos? Por qué, Don Cosme? Porque nunca he gustado de juegos con un León generoso, que una manita extendiendo, como que es un agasajo, puede al menor movimiento arrancarme las entrañas, y él se quedará riendo. Tan inhumano juzgáis que soy? de hombre tan tremendo tengo la fama? . Jesús! yo había de ser tan necio, que dijera tal de quien es mi soberano dueño? un Ángel sois, pero gusto me aparezcáis desde lejos. Pues yo os quiero desde cerca. Lo que vos quisiereis quiero; y si otra cosa quisiere todo lo que juzgo, miento. Don Alvaro ve a Don Egas, dile, que venga trayendo consigo a Isabel y a Juana. Hombre, buena la hemos hecho. El quiere hacerte gran Turco, y va fundando un Colegio, de quien seamos Guardianes. Cómo? Mandando al Barbero, que nos eunuque y si tal intentare, le deguello. Don Cosme yo quiero ser vuestro padrino. . Agradezco tan gran honra. . Y a ese fin, para ir mejor disponiendo la función de vuestra boda, que esté Doña Juana quiero con Doña María en Palacio algunos moses. . Mal cuento. Para que ya salga viuda, bastará con día y medio. Qué deéís? Válgame Dios! Cos ni de todo mi ingenio, aqu e su intención penetrada con este hombre, es un infierno entenderse, y cargó el diablo con prima y con casamiento. Qué os parece? Que se os dé título de pintor diestro, pues sin saber los discursos, retratáis los pensamientos. Bien me ha sálido mi industría. . No os veréis en ese espejo. . De diestro a diestro se juega. . Allá, señor, dice un texto, quien bien ata, bien desata; yo soy un gran majadero. Pero si al enhornar suelen hacerse los panes tuerros, ahora ha de venir Don Egas, y estimo presente veros, para que con tan gran Juez se sentencie cierto pleito. No dudéis, que en todo, como vasallo de tanto aprecio, os he de favorecer. Han visto lo que le debo! . mas que soy yo como algunos, que en estado de solteros, no hay amigo que les trate, y en casándose, y teniendo mujer bonita, le buscan en una hora cuatrocientos? Esa, señor, es fortuna; que a ti, que eres algo feo, quién te habla de visitar? Quién puede tenerme miedo; pero Reyes, guarda Pablo, que asustan con el resuello. Aquí está Don Egas. . Llega, Juana, pues que le debamos esta honra a su Majestad, vean cuan pronto obedezco su orden: llega tú, Isabel. De hermosura es un portento . esta mujer: mariposa son mis ojos de su incendio. Rayo, cómo el Rey la mira! . Ascuás, cómo la hace gestos! Entre todas mis fortunas, . señor, por la mayor tengo, la de llegar a esos pies. Y yo saber, que renuevo . la memoria a vuestras plantas, de haber sido antes mi centro. No servisteis vos a Blanca? Tuve ese honor. No me acuerdo de vos; pero fue tan poco lo que la traté, que el yerro no es mucho. p. Bastante ha sido; Dios te dé conocimiento. Ya, señor, que está presente Don Egas y que aquí advierto mis primas, y puedo hablar, mediando vuestro respeto, siendo la venida suya a fin de honrarnos, queriendo se quede Juana en Palacio, hasta estar todo dispuesto para mi boda::- Qué escucho! todo me ha embargado un hielo! Podré yo hablar, que yo soy quien ha de casarse, y esto no ha de ser para dos días, sino para años enteros. Dónde irá a parar este hombre? . Dios ponga en su lengua tiento. Yo he vivido, gran señor, con mis primas tanto tiempo, para poder descubrir inclinaciones y genios. Mi prima Juana es hermosa, pero tiene tantos peros, que ha menester por marido otro hombre no tan camueso. Don Cosme ha perdido el juicio. Isabel, qué estoy oyendo? Ved lo que decís. . Señor (llegó el caso de hablar recio) ella gusta de visitas, según acá lo sospecho, y para ser visitada, mi mujer no es testamento; las galas le hacen gran ruido, yo busco esposa, no estruendo. Es soberbia, soy humilde, tiene humores yo ando bueno, y su mala condición hará nuestro trato enfermo. Cuida de su perfección, yo, aunque no soy contraecho, quiero que cuiden de mí, y es difícil componernos. Lleve Bercebú sus moños, pues se ha llevado mis crespos, que esposo pelado pide mujer de llanos cabellos: y aunque la dispensación para ambos sacado habemos, mientras esta no nos puede convenir en un buen medio, nos dispensará la sangre, mas no podrá los efectos. Isabel es al contrario; pues vaya al diantre el dinero, dispénsese entre ella y yo, que yo con ella me avengo. A Isabel pido postrado, que aunque tenga un poco menos de beldad, de quietud gano lo que de hermosura pierdo; cuanto más, que ya la he visto de espacio, como estoy dentro de su casa, y las orejas, gran señor, no tienen precio: y si una ni otra me dan, no ahora nos desgraciemos por esa causa, que ya tiene un hombre lo más hecho: tonto soy estoy pelado, con que iré a meterme Lego. Viven los Cielos, indigno pariente, y mal Caballero::- Tened, Don Egas, la acción: con un hombre loco y necio qué intentáis? A mí me toca responder a sus desprecios: quién os ha dicho, Don Cosme::- Ah tontos! no han dado en ello. . Que yo pudiera jamás prestar mi consentimiento a la indigna esclavitud de ser de tan torpe dueño, tan ridículo, tan loco, tan incapaz, tan grosero::- Aprieta de injurias, boba, . de eso es lo que yo deseo. Si he callado hasta este punto, ha nacido mi silencio de aquella resignación, con que a mi padre venero, no de mi conformidad. Estoy bien en ese cuento, mas toda esa colerilla es por ver si me blandeo? no. Isabélica, eso no, tuyo soy, alza ese dedo. Estáis en vos? quién os dice, que yo admitiré un empleo tan despreciable? . Señor, cumplir con la prima es esto; me hace dengues hacia fuera, y se cosca hacia allá dentro. Aunque mi intención deshace esta novedad, la acepto favorable, pues mejora la enfermedad de mis celos. Don Albaro? . Gran señor. A Don Egas allá dentro retirad con vos Don Egas, id, y ved un cierto pliego, que hallaréis en mi despacho, que después conferiremos sobre él. . Esa confianza estimo, señor. No entiendo por qué Don Cosme habrá hablado tan sin tino, aquí hay misterio. . Con que no os mueven mis ansias? Haréis que huya por no veros. . Sal tú allá fuera. Ya escapo: nesta habrá, pues hay despejo. . Don Cosme, mientras yo trato con Juana vuestros intentos, poneos en aquella puerta, y entrad a avisarme en viendo que alguien viene. Muchó aprieta este lance, más veremos. Hermosísima tirana, pues este rato merezco de compasión al acaso, loco seré si lo pierdo. Ay Dios! qué hacéis? Aspirar a engañar mi pensamiento. Señor? Qué decís, Don Cosme? Que aunque ofrezca dote y bueno, yo no me quiero casar, y así estaos tieso que tieso. . Está bien. Por qué, bien mío, la desproporción del Cetro a mi infeliz me ha de hacer, y a ti ingrata, no cabiendo desigualdad en las almas, que unió de un Astro el aspecto? Mirad, señor, que intentáis perderme. . Quién está ciego, cómo ha de advertir? Señor? otra vez? que traéis de nuevo? Que aún con Isabel, los hijos los ha de criar mi suegro, y si no, tampoco hay nada. Vos estáis sin vuestro acuerdo. Dígolo::- . Salios afuera, y no entréis::- De esta me pierdo. p. Sin que os llame. Si no es que algo oiga:: . Qué? Que agradeceros. Ya tarda mucho mi padre, y algún grave mal recelo. Divina Juana, el embozo al engaño le quitemos: yo he hecho vengáis a Palacio::- Desde aquí escuchar resuelvo. Para que en él os quedéis, donde yo consiga: . Ay Cielos! El premio de mi fineza, y el señal: . De pena muero. Del bien que aguardo. Mira que haréis, que me libre huyendo de vuestra ciega locura. De esa mano el cristal terso ha de templar tanto ardor. Y a mí de tan loco empeño ha de valerme la fuga. En vano es, que yo siguiéndoos e. Rey y señor mío, qué gracias a los pies vuestros::- Soltad, Don Cosme. . Sabrá daros mi agradecimiento::- Soltadme, o vive mi ira::- Que por vos libre me veo de boda, mujer y niños? sin darles siete mil besos, vuestros pies no he de soltar. Qué haces villano grosero? que te dé muerte. Ah Don Egas? Don Egas? Qué es esto? . Es esto, que al Rey vengáis a dar gracias de la honra que nos ha hecho. Ya esotra estará en salvo, ahora bien puede estar suelto. Señor::- . Don Egas, callad. De puro enojo reviento. Pues y Juana e Isabel? Escucha aparte. . Di presto. Venid, Don Alvaro: un etna en el corazón hospedo; y porque al labio no salga parte del volcán, me ausento. El Rey se va mudo. Así lo fuera de nacimiento. Pues y Juana? Está en seguro. Y Isabel? Fuera de riesgo. Luego la han detenido? Muel Habladme claro. En saliendo de aquí. Por qué aquí impugnastéis vuestra boda? Fue bien hecho. Luego::- Qué es luego ni ahora? buena ocasión de argumento! Pues si os veo cuerdo y loco, ya con juicio, ya sin tiento, casaros y no casaros, qué he de decir? . Que eso lo pide el tiempo en que estamos; Dios me entiende, y yo me entiendo. caa e ERCERA

JORNADA TERCERA

JORNADAT Viva el Rey Don Pedro. Viva Don Enrique. . Al llano. Al Puente. Guerra. Ea Españoles valientes, hoy es el día en que acabe mi furor con quien aleve la legítima Corona disputa a mis Reales sienes. . Avanza avanza. Mirad, que el que destruye no vence; procurad triunfar sin sangre. A nadie con vida deje vuestra espada, todos mueran, puesto que todos me ofenden. Y pues cansado el Caballo del propio ardor, desfallece de su brío y en su arrojo le apaga vuelva donde en otra pueda saciar mis iras crueles. En el carmín palpitante de tanto arroyo caliente, que espíritus vivos corre de los cuerpos que los pierden::- Pero con quién hablo, Cielos? si me escucha solamente el melancólico vulgo de estos gigantes cipreses, pirámides vejetables de otra más bárbara Menfís: nocturnas aves en ellos cantan lastimosamante; mas como que se lamentan, que como que se divierten Perdido estoy no es posible, según tenaces defienden el paso tejidos muros de rudas plantas silvestres, volver a la senda; hoy solo de cuando en cuando me hiere el oído el rumor sordo de armas, que trae el ambiente. Qué esto me suceda a mí! pese a mi coraje y pese al Cielo, que un rayo impide que en sangre humana me cebe; bien como racional buitre, que por alimento tiene de su hambre voraz las sobras del convite de la muerte, pasos doy sin tino, y sí no me engaño, aquel parece sagrado sitio, y aquella Iglesia; sin duda, que entre los sances que la rodean, los olmos que la guarnecen, es Ciudádela de piedra de tanta población verde. , n - En ella preguntaré si es hora que alguien encuentre que me encamine, o que sepa la senda por donde acierte a salir al llano pero que está desierta parece, porque cerradas sus puertas, solo sobre sus linteles de un Clerigo una escultura hay, y aún quiero conocerle. Aquel rostro he visto yo, y no caigo donde fuese; pero con tan gran cuidado otra aprensión me detiene? Pasaré adelante. . Espera. Quién me habla, Cielos? Detente. O es engaño del sentido, o el corazón se estremece, o salió de aquella Imagen la voz mi discurso miente; no puede ser ni el que yo me asuste, y pasmado tiemble. Rey Don Pedro, aún no conoces, al que sacrílego ofendes? No, fantasma, no. Te engañas; vuelve a ver mi rostro, vuelve. Si volveré, que mi pecho nada extraña, nada teme. Ni aún el castigo de Dios; pues a mí, porque dos veces Santo Domingo de Silos me mandó te reprendiese, y que sino te emendabas te había de dar la muerte tu propio hermano, ordenaste ciega y sacrílegamente, que muriese en una hoguera, sin que tus iras crueles mis órdenes respetasen, ni mi buen celo atendiesen. Consérvanse mis cenizas en este Templo en que siempre habité y soy Patrón suyo, tú me mataste inocente. Quién te metió a ser Profeta? Si en sombra hoy serlo pretendes, mandaré abrasar tu imagen, solo porque me lo acuerdes. que llega el pla Ay d en que cumplido ha de verse mi anuncio! . Vive mi enojo::- Adiós ofendido tienes; ya que has de morir, Don Pedro, llora, y al Cielo enternece; pídele clemencia, y mira no mueras eternamente. Válgame mi asombro! sueño lo mismo que me sucede! Huyendo iré de mi propia fantasía, que aparentes fantasmás abulta, cuando cuerpos cuaja, en que tropiece. Mas dónde? si cada paso haciendo que más me enrede en el laberinto ciego de esta Babilonia fértil, me impide que otra vez siga::- Victoria por Enrique. . Oh aleves acentos, mentís, que a mí, que aún los acasos me temen, no se atreviera a burlarme la fortuna. A rehacerse, Soldados, viva Don Pedro, legítimo descendiente del Rey Don Alonso. Viva. Su Majestad no parece; busqé nosle en la espasura, y salvese el que pudiere. Entre si oigo batallan dos impulsos diferentes. Seguidme por esta parte; no te me pierdas, Zoquete. Por Dios, que no es ocasión de abándonar fácilmente un Zóquete, por si hay hambre. Quién va? Un rayo, que desprende la esfera; pero, Don Cosme? Gran señor (Jesús mil veces!) aquí os estáis, y se están aporreando, vuestras gentes? Sacome de la batalla lizo deje el caballo, y la lid. . A fe, que ese bruto obra más discretamente que los hombres que la buscan. Él un encuentro aborrece entre Soldados paisanos, y entre caudillos parientes: qué me habéis de dar a mí porque a vuestras plantas llegue muerto de polvo y sudor, cargado con capacete y de lanza, que parezco la figura de Holofernes? El honor de vuestra sangre, que os hace obrar noblemente, porque vuestra fama viva. Señor, el que muere, muere, y la fama a nadie libra de que el diablo se le lleve. Hombres bien famosos fueron Alejandro y Artajerjes, y hoy muelen en los Jufiernos azufre para cohetes. Quién te mete a historiador, di, borracho mequetrefe? Desde que tomo el polvillo, he adelgazado el caletre. Gran señor, qué hacéis aquí, cuando el destino inclemente a vuestro enemigo ha dado la vicroria, que en sus ha estes talando viene este bosque en vuestra busca? . Valiente notiera! Victoria por Enrique. . Llegó al extremo la suerte. Esto mi fortuna traza. La esposura se penetre hasta hallarle. Enrique viva. Dinos a qué te resuelves. A morir como quien soy. El postrer remedio es ese, y el más fácil es libraros. De qué forma? lba De esta suerte. Estas levantadas peñas, que estos árboles guarnecen, una cala continuada forman hasta dar al puente de ese caudaloso río, que las taladra y las hiende, entrad por ella::- Bien dice. Y luego hallaréis en breve la Villa de Montiel, donde Don Egas y yo ha dos meses que nuestra casa tenemos; allí encontraréis albergue, pues con Castillo y muralla harta defensa se ofrece. Ello es fuerza obedecer los delirios de la suerte; mas ya que dais el consejo, como animoso y prudente, si me siguen es forzoso, que a pocos lances me encuentren; defended vos este paso todo el tiempo que pudiereis. De vuestra lealtad lo fío, y es razón, que a ello me empeñe ser vos quien sois, y ser yo vuestro Rey. De eso me advierte vuestra voz? soy yo algún trasto, que no sé lo que he de hacerme? Venid, Albaro, conmigo. Vuestra Majestad abrevie, que a buena cuenta me deja la honra de que me despiernen. Maldito sea yo y mi vida, si tal hazaña emprendiese, por un hombre tan injusto. Tú piensas como quien eres. Señor, yo no soy Hidalgo, ni otro hábito he de ponerme, que el pardo, cuando el Monago me entone, ne recorderís. Por aquí huyó. . Por aquí o hay por donde se recele u fuga, sino por solo el camino que desciende río. . Ténganse allá. Don Co Nadie se acerque, si no quiere que esta espada le encaje de meche a meche. Ea, fuera de delante, que saco el timebunt gentes. Amigo, a fortuna tongo, ver que de solo vos pende perfeccionar mi victoria, no embarazando que vuele en seguimiento:- . De quién? Pues esa duda os suspende? de mi hermano y enemigo. Muy buena embrolla de especies distintas: a hermano vuestro quién contrario pudo hacerle? Mis agravios y sus culpas. Culpas que Reyes cometen no las castigan los hombres, que el Cielo juzga los Reyes. Don Cosme, dejad que pase, que ya Castilla obedece a Eurique. . Hasta donde pisa ya lo sé; y por eso debe resistirle mi valor, mientras los pies no pusiere, donde tengo yo los míos, que es dominio diferente. Presto aún en vuestra cerviz los pondrá. . Señor rebelde, puede ser que ponga yo antes mi espada entre vuestras sienes. Don Cosme, yo os debo mucho, vuestra vida me detiene, dejad libre el paso, y no me hagáis ser forzosamente vuestro enemigo. . Si vos sois discreto, es bien que quede mas en vuestra estimación, que cuantos hoy os siguiesen; pues quien es a un duoeño injusto leal, cuando el bueno reine, si sois vos, a vuestro lado estará fuerte, que fuerte. Qué hacéis, Don Cosme? Don Diablo, yo me entiendo, y Dios me entiende. Vive Cristo, que y a rabio de vuesarcedes por llevar de las barrigas las fundas para forrar unos fuelles! No hay remedio? No hay remedio. Pues por todo se atropelle: muera, Soldados. Qué es muera? se hace eso tan fácilmente? Ah perros! ahgatos! . Hijo, ayuda a quien te mantiene. Matadle. . Ahgatos! ah perros! Vive el Cielo, que es valiente! Ay de mí! Ah perros! ah gatos! que me hacéis que yo le entierre. Venid, que ya queda muerto: la brevedad aproveche el tiempo que se ha perdido. Vamos pues. Que así me le dejen! ahagatos! ah perros! más no hay quien me éngate ni emperte, que más que mis fanfurriñas le ha de aprovechar un Requiem. Señor? . Ay de mi infeliz! San Bábiles, que se muere! y zumba de Caballeros! a ay deshonra de mujeres! ay desamparo de viudas! y auxilio de insolentes! hay Don Quíjote de un Sancho, que hueca la panza tiene! No siento yo el que te mueras, sino que antes no me hubieses pagado de mi salario un año, que allá me tienes, que al fin como tú me pagues, mas que los diablos te lleven. Ay! . Zoquete? Señor mío. No llores tan tristemente, que no estoy herido. . Ya mi salario convalece. De los golpes repetidos perdí a las iras crueles el sentido. . Ya con esto mi dinero no se pierde. Ayúdame a levantar. Quieres que yo te despierte del aturdimiento? toma, sin que a levantarte pruebés, un polvito de Somonte, verás lo que fortalece. Maldito sea tu tabaco: eso, bestía, a que conviene? A las piernas, porque dicen los que a sorbos se lo beben, que engordan las pantorrillas. Ah aleve! no me atormentes: le vántame, bruto. . Aumpa. Esto, Zoquete, merece quien su quietud abandona, por mezclarse ciegamente de un Reino en las inquietudes. Plegue a Cristo, que escarmientes. Cómo? si viendo quien soy, es preciso que me mecele en lo que todos, y aquel que malo ni bueno fuese, es el peor, porque a todos hace que luego recelen de él; y el servir a su Rey es obrar hidalgamente. Pues tómate la hidalguía, que en las costillas te llueve. Si habrán alcanzado al Rey? Eso no es inconvemente; que muchos al Rey alcanzan, y no ostante eso, se pierden. Cómo, asno? Como no cobran, y se estancan para siempre. Caminemos a Montiel. Con buena fuerza te sientes. o,que he seguido ̱̱ Yo me entiend mi obligación. . Y si dieres en irla siguiando mucho, tanto, que te abran dos gemes de cabeza en otro encuentro, puedes decir lo que sueles. quete? e de Aquel o, y Dios me en yo me entien Viva el Rey Don Pedro, viva Qué es esto, señor? . Esto es sucedernos al reves de lo que a prevenir iba nuestra intención, pues huyendo de la guerra, su cruel furia nos busca en Montiel, según declara ese estruendo. Don Cosme determinado siguió del Rey el partido. Su obligación ha cumplido, y yo estoy de él obligado; pues supe, que el fingimiento de aquel desprecio de ti, fue para salvar así tu honor. . El logró su intento, que si al Rey no ha detenido::- Es una terrible fiera. A un mismo tiempo se hubiera tu casa y honra perdido. Ya el tiempo descubre en él, que en cuanto discurra y hable, intenta ser despreciable, por no incluirse en la infiel inquietud, que con tan rara impieda ad el Reino altera, para que su olvido fuera quien de ella le reservara. Yo vivo con más consuelo viéndote tan bien hallada con Don Cosme. . Y sentenciada a un bestia todo tozuelo. Si fuera conmigo y qué poco mi marido fuera un hombre que no trajera peluca blonda y cupe. Iré a ver qué novedad es la de esta aclamación; dejad abierto. Afición, no pases de ser piedad. Creerás, prima, que no obstante, que lo desigual no es justo amar, me tienen con susto las fortunas del Infante? No me espanto, cuando toda España le ama a porfía, por natural simpatia; y él, que al tiempo se acomoda, da de bizarro las señas, que su hermano cruel dio de injusto. . Eso digo yo, dadivas quebrantan peñas: que este Rey amando así a mi ama, aún por testimonio no me haya dado un demonio? él es galante hacia aquí. Terrible es la condición de Don Pedro. . Es un Rey fiero, áspero, adusto y severo. Yo llego a buena ocasión: ah Don Alvaro no adviertes lo que hablando de mí están? Cuando su ira saciarán los estragos y las muertes? Nunca, pues nunca creí, que los excesos le basten. Que en todas partes se gasten buenas ausencias de mí! mas si me adula el oírlas, por qué culpo el escucharlas? Señor, fuerza es perdonarlas. No es razón interrumpirlas; y cuando igual viene a ser, sentir todos, y yo obrar, permitámosles hablar, pues que nos dejan hacer. En el tiempo que te quiso el tal Rey, no me dio nada. Razón tiene la criada, faltele a lo más preciso. No lo hiciera así el Infante. Es muy liberal y humano. Albaro cuando mi hermano tuvo con qué ser galante? Mas valor en él se halló, que en Don Pedro. . Quedo ahí: más afortudado sí, pero más valiente no Sobre que inclinada vivo al Infante, y si hombre fuera, yo su partido siguiera. Muy buena nueva recibo. Mi opinión mi juicio abo Mas mi ciega envidia inflama, ver que le quiere mi Dama, que el querer él mi corona. Muchos su anxilio le dan. Con muy justos pareceres. Ya enfadan estás mujeres; impertinentes están. El Infante ama la ley, y el Rey en crueldad se esmera. Y si el Rey eso lo ayera, qué debiera hacer el Rey? Señor::- . Muerta estoy! Qué espanto! Cobraos en vuestro sentido, que aunque lo oyó, no lo ha oído; que de la vida el encanto (oh milagrosa homicida!) los nidos le cerró, que a tenerlos, no sé yo que os perdónase la vida. Cuantos los objetos fueron de la crueldad, que expresaron vuestras voces, de él juzgaron así, y por eso murieron. Su misma traición fue quien los puso en extremo tal, que quien del Rey habla mal, no es noble ni hombre de bien, y merece reprensión. Gran señor, así es verdad. Luego no será crueldad la mía, sino razón. Ved, que ese es error violento. Pues no toleráis mi amor, y queréis que mi furor sufra mi aborrecimiento? Esto para en tarquinada. . Si el yerro que repetís, de la ocasión argúis, en eso propio fiada, también yo repetiré la fuga. No te valdrá por ahora, cruel::- e Quién va? mas vos sois, señor? . No sé. Que no lo sabéis lo creo; porque a ser de otra manera, mayor agrado os debiera. Isabel: . Nada deseo preguntes. Manuelilla::- Yo, señor, nada distingo. . También se fue? Y con respingo. Señor, pues cuando Castilla. arde en armas, ocupáis las horas en galanteos, y a quien sirve con deseos y obras aún no perdonáis? Tanta alhaja aquí sembrada, que parecen de mujer, trofeos deben de ser de la batalla pasada. Blanco este lienzo en rigor, que hollado arruga su faz, aunque es bandera de paz, arguye guerras de amor. De este guante aspira en vano la boca a callar constante, que dice a esos pies el guante, que estuvo a mano la mano. Y aunque más el lazo afianza ver de los pasos que dais, pues ya detrás os dejáis la línea de la esperanza. Esto, señor, os debí? esto a Don Egas le pasa, pues de noche, y en su casa le ofendéis? . Don Cosme, sí. Vuestro rigor oportuno me confiesa lo agraviado. Si lo habéis imaginado, yo no desmiento a ninguno. En verdad, que yo hice mal en quedarme a que me dieran a mí, porque no os siguieran. Ah señor! quién dice tal? En vano es el acogeros a la chanza por salvaros: vuestros extremos bien claros me han dejado conoceros: por vuestra conservación os fingisteis necio y loco. No lo soy, gran señor, poco, mas me hace hablar en razón, cuando escándalo recibo de una ofensa declarada. Muy sentido sois de nada, pero yo os daré motivo. Vos no os habéis de casar con Juana, porque ha de ser mi Dama. . Es mucha mujer. Pues bien, yo os haré matar, para que si la queréis, no sintáis de esta manera, que yo os la quite y la quiera. Rey sois, todo lo podéis. Mirad si lo puedo todo, que ahora al Castillo me ausento; pues, como vencidos, intento resistir por este modo la suerte que me reprime: pero mañana saldré, mi enemigo venceré; y si hoy la pena os oprime de vuestro amor, y juzgáis, que porque por mí volvéis, cortesía merecéis, . mas es justo la tengáis, e en honras no soy esquivo: qu este es mi sombrero para daros con él en la cara Yo en las manos le recibo, y gaje le consid uy debido a mi nobleza, que el que guardó la cabeza, justo es que tenga el sombrero. Cielos, qué he visto? or vida F Dama: ̱. Pero atrado de mí Rey se fue sin hablar! te dijo por la mano do lo que se ofrecía, to lo demás no era del caso. Aún su cruel condición, viéndose en tan mal estado infeliz injusto hombre, que estás malogrando tu suerte, siendo tu genio tú más tremendo contrario! Zóquete, a no saber yo prevenirme, hubiera el diablo dispuesto lance más fiero? En pie se queda el agravio. Por qué, señor? Porque aunque lograste evitar el daño, la intención fue de afrentarte: Yo se la doy de barato; no puede agraviar a nadie el que es dueño soberano; pues no puede de su Rey satisfacerse el vasallo; y es mucho, que un viejo ignore lo que saben los muchachos. Es así, mas lo mejor fue haber la acción evitado. Eso se debe a la dicha; no soy ningún monicaco: pero es fortuna, señor, que muchos lances se erraron por no estar en si los hombres. Como aquel que iba a caballo, otro hombre, a quien salpicó, y le dijo: Va usted borracho? él respondió: me lo llama o me lo pregunta, hidalgo? se lo pregunto, le dijo; y él respondió sosegado: no señor, no bebo vino, que gusto de agua, y en barro. No debe el Rey de saber, según obra temerario, que está en el último riesgo, pues está Montiel cercado de una muralla de piedras, que en el brevísimo espacio de lo que ha que el Rey entró, y del Infante llegaron las Tropas, mandó, que en ellas se mínase, con que en vano será que escapar intenten. Ua gran pesar me habéis dado. Después de esta acción? Después; que soy noble, aunque él sea falso. Beltrán Cloquín ordenó este modo extraordinario de minar, que dicen que es gran Ingeniero y gran Cabo. El verdadero Ingeniero s, que está Dios enojado, que sin él poco pudieran los Artifices humanos; y el que no le ama y le teme, es un pícaro insensato. Ya te entras a Misionero? Zóquete, no hay que burlarnos, no entendiéndose con Dios, es majadero el más sabio. Ya está en los últimos tercios la noche y han ido entrando en la Villa, como están sus muros desmantelados, Tropas del Infante. . Y dicen, S r,que han visto caballos pasar del Campo al Castillo. Y aún desde el Castillo al Campo. Quiera Dios sea por bien. Si será dar a algún trato oído el Infante No, Don Egas, que yo el adagio sigo de César, o nada. Señor, cómo habéis entrado? Como está abierta la puerta que esta noveda a los amos y criados ha aturdido. No tenéis que recelaros, que a pagar vengo a Don Cosme dos deudas en que me hallo de una vida y un socorro. No me acuerdo, por Dios santo, O eyo si hago un beneficio, que cuido es olvidarlo. Y a vos, Don Egas, también comprende (aunque de otro bando hebéis sido) el privilegio de lo que Do n Cosme ha obrado. Leed esa orden, que ahor entre algunas encontraron, que el Gobernador tenía de Montiel, quien va marchando preso por decreto mío. Qué será? destino infausto! De la condición del Rey no espero sino es estragos. Luego que esta recibáis, que quitéis la vida os mando a Don Cosme Ausures:: . Bueno! Y también a Egas de Castro. No seáis más, que no es razón los ojos ensangrentaros en tantos, como en si incluye esta memoria, culpados tanto como estáis los dos. Bien inocentes estamos: pero qué mayor delito, que servir bien a un ingrato? Y el Ray firmó este decreto? Mirad. . Forzoso es dudarlo, aún viéndolo, gran señor; porque fue mucho que al brazo le déjase su conciencia seguridad para un rasgo. Oh Príncipe el más cruel del mundo, aunque apasionados a su propio genio, quieran sútilmente disculparlo! Dios nos libre de un temoso, que defenderá a Pilatos. Para que veáis, Don Cosme, que sé yo obrar más bizarro que vos y que no me dejo vencer en hechos de garbo, mientras os hago mercedes mas superiores, os traigo el bastón, con que rijáis a Montiel; y si yo gano su Castillo, pasaréis (pues desde luego os le alargo) de Gobernador a Dueño. Llegad, sobrino, arrojaos a las pi atas de su Alteza: qué hacéis, Don Cosme, escuchando tal honra? e. Bes r sus el bastón, porque mientras viva el Rey será sangriento y tirano, será cruel y homicida; mas será mi Rey, y cuanto crezca la razón en mí de satisfacer mi agravio; no haciéndolo, afinaré mi pundonor, que realzo con su Arteza, conociendo, que es bueno para vasillo un hombre que ya murió para el Rey pues le ha mandado morir, y aún después de muerto procede como Hijo Dalgo. Ah Don Cosme! qué os perdéis. Su fortuna ha malogrado. Lo que os hacéis ignoráis. Este hombre es un mentecato. Con que no queréis? . Señor, estimo y no acepto el cargo. Yo me entiendo, y Dios me entiende. Dale en la flema que ha dado! el diablo del hombre es maza. Pues si es que os merezco acaso vuestra piedad, concededme ese honor a mí, que al lado vuestro he de morir. . Don Egas, mirad, que estáis chocheando. Venid, Don Egas, conmigo, que el bastón es vuestro. . Vamos. Señor, ya están en la tienda Beltrán aguardando de Do Men. Radriguez y:: Callad, es el Cetro Castellano y mío. . Sigamos la suerte, puas la fortuna echó el dado. Don Cosme pues es posible, que cuando os viene bascando la dicha, la malográis? No sé en qué podéis fundaros; pues toda Casiilla está por el Infante, y en vano buscaréis después su gracia, si ahora os mostráis tan huraño. S, ya va amaneciendo, Hij con que es hora o e peinaros, y de mandar disponer de casa lo necesario; en eso habéis de entender, que lo demas no es del caso. Pongan la holla, que acá nos tocará el estofado. . Ay señora! vengo muerta. Un continuo sobresalto es todo. . Qué ha sucedido? Muchas Tropas de Soldados he visto desde el balcón, que van la Villa ocupando, que dicen que es muerto el Rey, y vienen a degollarnos. Espantosa novedad! Tú te habrás equivocado. Mis armas presto, Zoquete. Eso es la cebada al rabo, si es verdad que ha sucedido. Lágrimas del pecho arranco de sentimiento y furor, que solo así satisfago la deuda a un dueño aunque injusto, mi Rey en fin, y mi Amo. Viva el Rey Enrique, viva. Y esas voces declararon la duda. S Don Cosme, ahora verás cuan mal te has guiado. El Rey con Beltrán Cloquín trató, viéndose cercado, le diese por su cuartel lugar de ponerse en salvo: ofreciole cinco Villas y mucho oro, más llegando a revelárselo a Enrique, le ofreció premio doblado, como en sus manos al Rey pusiese usó del engaño, señalándole su tienda, donde Don Pedro esperando la hora de partir, vio entrar a Don Enrique su hermano: abrazáronse furiosos con los puñales entrambos. to, El Roy, como era robus cogió al Infante debajo; iba a matarle, y Cloquín los trocó, diciendo, ni hago ni deshago Rey, que yo ayudo al dueño que ensalzo: con que logró la acción Enrique. . Ya has hecho harto. No pronuncies que en Castilla a un Rey natural mataron Viva Enrique. Ea, Don Cosme, ya soy dueño soberano del Reino, y hago en Montiel vuestra casa mi Palacio: a todos he hecho mercedes, que vos me pidáis aguardo. Pues lo que os pido, señor, es, que para vuestros gastos y paga de vuestras Tropas, toméis todo lo que valgo. Eso no es pedir, que es dar. Aún en vos dura lo extraño? No es tiempo de extravagancias. Amo maldito y pelado, aprovecha la ocasión! Pedid, que el Rey es bizarro. Pues, señor, lo que os suplico, ya que todos me alentaron, es que licencia me deis de que viva retirado, sin ponerme en ocasión de costarme más trabajo entenderme bien en todos; y declarad si yo he obrado leal, fino y Caballero. Aún procediendo al contrario de lo que yo pretendía, es forzoso publicarlo, y estimaros más que a todos, por leal, discreto y cauto. Oíganlo ustedes, y si está el concepto y si yo soy necio y tonto; pues cuando en tiempos tan arduos, en que se ven peligrar de civil guerra al estrago haciendas, vidas y honras, todos quedan abrasados de tan peligroso incendio, yo quedo rico y premiado, leal antes y después, con el repetido adagio, yo me entiendo, y Dios me entiende. Ya podéis darle la mano a Doña Juana. . Por Dios, que harto me costo el guardaros. Vuestra soy, ya he conocido vuestro juicio. . Perdonado Don Albaro está de mí. Señor, si la dicha alcanzo de merecer a Isabel::- Vuestra es, si gusta del trato Don Egas. . Vos sois mi dueño y señor. . Pues ya la has logrado; con dádivas y mercedes yo su inclinación premiando. Confórmome con mi suerte. Dichoso desde hoy me llamo. Dame tú esas cinco pellas. Zámpate ese manjar blanco. Don Cosme vuestro es Montiel. Miren si poco he comprado con entenderme con todos. Dieron fin mis sobresaltos. Y si consigue el Poeta un victor para su aplauso, daré yo a los Mosqueteros un polvito de tabaco, y él dirá, que Dios le entiende, él se entiende con el patio. Y aquí acaba la Comedia, l defectos tantos.