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Texto digital de Voto de Santiago y batalla de Clavijo

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Atribución tradicional
Rodrigo de Herrera y Ribera
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Voto de Santiago y batalla de Clavijo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/voto-de-santiago-y-batalla-de-clavijo.

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VOTO DE SANTIAGO Y BATALLA DE CLAVIJO

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Ha de mi gente; mi pesar la esconde. Hola criados, nadie me responde; aún los venablos niegan los aceros, perdidos van sin duda mis Monteros, Qué oscura noche, cuanto tenebrosa! las Estrellas oculta rigurosa; cubierto el azul velo en los rigores que fulmina el cielo: Crece la tempestad, y en luces bellas. pestanean vistumbres las centellas: adónde se dilata? dónde se encubre ese farol de plata? donde la cuna, que en luciente broche. es Capitana hermosa de la noche? Que discurra perdido la maleza, en lo inculto del valle, en la aspereza de esta intrincada selva, y que no advierta una esperanza en mi desdicha cierta! Si quiero discurrir por la espesura, como cerró la noche tan oscura, el sitio ignoro, y sin que el bien le atienda, no me conduce el Norte a breve senda, donde con paso incierto; pero una luz allí se ha descubierto, que vecina tal vez del Horizonte, es trémula pavesa de este monte. Si serán mis criados, que advertidos de aquella luz, al riesgo conducidos, vienen en seguimiento de quien con caso errante vaga el viento? Quiero llamar hacia la oculta cumbre de aquel risco de hierba; ah de la cumbre, al valle descended: o pena extraña! no me escucharon; ah de la montaña, apartada la antorcha reverbera: vuelvo a informar; al llano, que os espera un pasajero errante perdido en esta selva: cada instante se acerca más la luz; mi dicha es cierta: ola, Monteros, ya la miro muerta, porque al soplo del aire más violento, faltó la actividad, matola el viento. Qué temprana esperanza! que incierta dicha! injusta confianza! Ya por más advertida crece la oscuridad; ya prevenida es mayor la tormenta, mayor el aire, el agua más violenta. Un relámpago airado, tan confuso, tan ciego, y desumbrado, para ver el estrago en sus enojos, aún me quita las luces de los ojos: los truenos con desmayos le amenazan al monte horribles rayos, Ya le faltó al discurso lo animoso, peregrinando voy por lo fragoso, y otra luz mal distinta, examinada de la visumbre airada, es el Norte, que avisa en el encuentro como salen las fieras de su centro; en cuyas breves rústicas distancias hace la queja rudas consonancias: Aquí con osadía quiero esperar a que amanezca el día: mas pienso, cuando todo se ignoraba, que la luz que a lo lejos me guiaba, con esplendor no falto se descubre del monte en lo más alto: guiad al valle, que mi pena dice, que podréis amparara un infelice. Este en la voz, pues mi valor me ofusca, es el prodigio que mi afecto busca; aguarda; pues prevengo deidad oculta, que a seguirte vengo, Tuomparo busco con piedad Cristiana. Ya bajo al valle, espera sombra vana. Ya se acercan las luces. . Ya deseo verlogrado en mis dichas el trofeo. Ya te busco piadoso. Ya te atiende mi celo generoso: nada receles. . Con mis penas lucho: oye mis quejas . Di, que ya te escucho, Qué suspensión! Qué empeño! . Qué decoro! Ya estoy contigo, dime lo que ignoro. Teodo miro. . Mi dicha ta se advierte: a estas horas tu Alteza de esta suerte? Oíd, pues ya os obligo como a quien es mi amigo ya que nos da ocasión en mi desvelo, mirar sereno, y apacible el cielo, cuando en furia violenta. cesan el habre, el agua, y la tormenta. Puesto que os doy, mostrando más decoro, una veneración que oculta ignoro, siendo quien sois, y siendo acreditado de Jriense Obispo, y su mejor Prelado, cuya atención al Orbe le ha debido ser sucesor de indulto esclarecido; era la edad primera, en que el Autora rabando montes, las campañas dora. Y an sí, pues justas leyes. permiten desahogos en los Reyes, yo a quien menos el riesgo le embaraza, sigo el divertimiento de la caza. Sálime al monte, cuyo centro duro un jabalí abortaba colmilludo una de tantas grutas, que indignado, en su mismo valor embarazado, al transmontar los empinados cerros, desvarató la tropa de los perros; y vencidos con ansias más crueles de las agudas puntas los lebreles. Seguí el alcance, donde fatigado de un risco en otro risco despeñado, con furia suspendida el venablo esgrimi contra su vida. Dieronme lisonjeros de este acierto el aplauso mis Monteros; no admiti la lisonja, que he ereido que está en la urbanidad introducido, cuando un Rey, en lo menos celebrado, acierta a festejar lo que ha acertado. Y ansí no es bien que nadie se adelante a prevenir lisonjas, que al instante que un Rey al blanco tira, o que hierre, o que acierte, siempre admira. Luego es bien que se advierta, que cuando hierra el Rey, aún más acierta; siendo por no ignorarlo sospechoso el aplauso en el caballo. Con heroica osadía, mas atento, creció el divertimiento; seguí otra fiera, y con valor cobarde dio en turbarse la tarde. Con este inconveniente crece la tempestad, perdí mi gente: so lícito el salir, detengo el paso, recelo algun temor, ignoro el caso; y cuando ya el valor lo considera, se turbó con relampagos la esfera, y en violentos desmayos aborta truenos, y fulmina rayos. Yo menos atrevido, ignoro la esperanza, y suspendido de una, y otra vistumbre, una luz se de cubre, no en la cumbre, en medio de ese monte, a cuya greña se suspende la acción lago la seña, la luz se oculta, y con temor violento pude juzgar que la apagaba el viento. Vuelve a crecer la tempestad primera, crece mi confusión, seguir espera el Norte de la luz solicitado; el valor que le atiende huye ignorado el temor que creía, que un risco la apagaba, y la encendia. Cesa la tempestad, cuando pensaba. que en un rústico roble albergue hallaba; que habrado el cielo con suspiros roncos su inmunidad ofrecen aún los troncos; y ansí quiere intentar: o pena rara! que su ruda corteza me abrigaba. El cielo más piadoso, en lo sangriento acercaba la luz con pasolento: hasta que vos agora prevenido, de uno, y otro farol ya conducido, en pena tan extraña, a señorear llegasteis la montaña. Esta es mi breve historia, apenas permita en la memoria; este el común desvelo, esta la tempestad que abortó el cielo; este, por no ignorarle, es el temor que me condujo al balle, y esto lo que al valor le ha sucedido: decidme agora a lo que habéis venido. Suceso riguroso! pero porque el destino generoso sepa lo que me induce a la maleza, óígame Vuestra Alteza, Cuando le busco Rey, en lo que infiero, Sabio, Prudente, Juvicto, y Justiciero, ya sabéis advertido, que del sacro laurel siempre ceñido, dieron terrora bárbaras campañas tantas victorias, inclitas hazañas. Y por postrera sé, puesto que es llano, como del Conde airado Nepociano para ilustre memoria, el cielo quiso darme la victoria; aplauso ya, que en más ilustres sumas embaraza la fama con las plumas. Y que ya por piadoso, por Príncipe Cristiano, y poderoso, tremoladas al aire las banderas; hoy os tiembla el Alarbe en sus riberas. Y sabéis que yo intento ver apurado el tosigo sangriento de los Tiranos, que al Marcial decoro se asusta España en la cerviz del Moro? Y que yo he procurado, (sabelo el Cielo) con mayor cuidado, castigando el insulto, que florezca en Castilla el Sacro Culto, de tanta Religión a tanto Imperio? Y que creciendo airado el improperio del infielllance fuerte! castigué su osadía con su muerte, llegando a losegar en sus injurias el repetido escándalo de Asturias? Que permanece con mayor templanza el Reino en paz, el Cetro sin mudanza. Que nunca está el valor tan olvidado, que ignore los esfuerzos de soldado, y que perdiendo a mi coraje el miedo, sosegada mi Corte está en Qviedo, sin alterar condudas más extrañas dilatado el con fin de esas montañas? Y en fin, que sois con ánimo valiente. Marte en la guerra, y en la paz prudente; que heredasteis el Reino, que dichoso Rey os elige, y le amparáis piadoso. Y que con más razón agradecido le estoy al Cielo, porque le he debido más beneficios, pues con ser, no dudo, legítimo heredero de Bermudo, soy Rey, cuando sin serlo, aunque me cuadre, nunca llegó a reinar mi Augusto padre? Que vuestro ilustre antecesor valiente, rendido a los achaques de doliente. P. Anticipó a mi esfuerzo el Señorio sobrino humilde, cuando heroico tío. En aplausos primeros, por no dejar entonces herederos. Por ser, sin qué os asombre, el Casto Rey, invicto Alfonso en nombre. Pues con saber quien sois, porque ha importado despertar las grandezas al cuidado. La prevención admiro. . Es importante. No la culpo, pasad más adelante. Que sabéis vuestras glorias. . Ya las miro. Que sois el poderoso Rey Ramiro. Que está el Orbe obediente a la Corona heroica de mi frente. Y que sois por piadoso, Católico; prudente, y generoso. Que admiráis mi valor. Qué es un por tento! . Pues proseguid. Pues escuchad atento. Esa inhabitable cumbre, raya que términa el monte, inculto albergue de fieras, ruda población de robles. Ese montaraz abrigo, cuyo desgreñado bosque, aún no se mira al espejo de un clarorio que corre. Ese ignorado camino con tanta espesura, donde perdido de los Monteros, el rayo vibráis de love. Invicto Rey Don Ramiro, es un prodigio, que esconde de algún secreto del Cielo, ocultas demostraciones. Divino impulso me guía al sitio, donde conoce, que tal vez va conducido el paso de inspiraciones. No porque el valor presuma aplausos tan superiores; mas porque el cielo me mueve a que siga aqueste Norte. Era en este valle siempre mas claro el día, y conforme a lo florido del sitio, aún fue apacible la noche: Y agora tan desusado, para que todos le ignoren, aún nada de lo que tuvo le admira ya desde ontonces. Pues como con tanta prisa floridos términos rompe? que novedad es aquesta que tanto le desconoce? Muchas veces he pensado, que águila fiera se esconde, por buscar lo más inculto, en la maleza del monte. Que poblada dejarales, al paso que la componen, hoy su habitación florida trocó en ásperos rigores. Tan varia fue a los principios, tan hecha de admiraciones, que era el campo de esmeralda tejido lienzo de flores. Fuera de aqueste prodigio, al embozarse la noche, ocultando en las Estrellas el mal distinto capote. Por asombro en su espesura solicitando atenciones, atrechos el valle umbrío gira mudos resplandores. Las luces que se descubren en el contorno, responden a la esfera, porque juntas al cielo no le equivo quen. Repartidas por el valle en los trémulos faroles, sino detienen el día, hacen retirar la noche. Yo de este impulso movido, atropellando ilusiones, las dos antorchas prevengo a la montaña veloces. Dias ha que curso el valle, que crecen mis confusiones, y que perdido en la selva soy ciudadano del bosque. Y en fin esta noche: ay cielos! que el mismo valor conforme inclino el paso a la cumbre de mis ocultos etrores. Vi, que turbándose el cielo, su negro manto descoge la confusión de las luces lo mismo que ya dispone el cielo a vuestra fortuna, el ánimo a mis temores. Y pues cesó la tormenta, he de saber lo que esconde este centro, aunque me oculte la imagen de los horrores. Ea. Ramiro valiente, aqueste impulso se logre, Católico os llama el mundo, prosigan vuestros blasones. Ocupense las hazañas de tantos antecesores en imitar vuestro esfuerzo, trofeos que las apoven. Venza el valor imposibles, mi suerte así lo propone, el cielo ansí lo permite, mi duda ansi lo conoce. Ea, otra vez gran Ramito aqueste empeño se abone, ayudadme en esta empresa, y este afecto no se ignore. Seguid mis pasos, seguid, aqueste ignorado Norte, que en las dos brillantes luces aún viven inspiraciones. Que el no matarlas el aire, y el conservarlas la noche, no es poco alivio del cielo, ni poco favor del monte. Sigamos este imposible, Rey sois, Católico azote os teme el Moro, prodigios sepa el valor, porque logre secretos que guarda el Cielo en mudas admiraciones. Porque a vuestra heroica fama deba el valor sobrenombre, amparo la Cristiandad, lo soberano blasones. Atención la confianza, desen peños los temores, lauro inmortal el desvelo, aplausos las atenciones, Y en fin para más trofeo, porque el intento se logre, viviendo el valor en mármos- la fama os escriba en bronces. Qué asombro tan prodigioso! y que piedad tan conforme con los destinos del Cielo, si ya seguis este Norte! En todo ampararos quiere el valor, nada se ignore; seguidme. Pues ya, Ramiro, si el Cielo ansí lo dispone, con esta antorcha primero iré penetrando el bosque, Gran valor! Noble osadía. Pues crece el impulso noble, dividámonos, señor, en la cumbre de este monte. Yo guío por esta parte, guiad por esotra, donde se descubriere el prodigio. Ese criado os informe la oculta senda. . Ya os sigo. Los pasos guiad veloces a la montaña. . A seguirte ya mi valor lo dispone. qué se descubre? . aún no puedo saber lo que el valle esconde. Espera. . Veloz el viento aún no pronuncia las voces. Ya voy perdiendo el camino. El eco solo responde. Lógrense ya tantas dichas. Tantas venturas se logren, Aún no declara la voz lo que el silencio interrompe. Una vistumbre de fuego abismo es ya de esplendores. Ya nueva antorcha nos guía. Ya nos conduce otro Norte. Ya se alienta la esperanza. Ya crecen las atenciones. Prodigios oculta el valle. Misterios en vierra el monte. Hice lo que me ha mandado Teresa, no me responde: hola, muchacha, por donde podré decir mi cuidado? Oh como mi amor tropieza para más solicitarte! sal, para poder hablarte, a esta pieza, buena pieza, que todos estos señores verán como loremedias, porque dizque en las Comedias no pueden faltar amores, Gentil hombre. Esto es bueno para un despego bizarro. Es Catarro? Soy Catarro con vísperas de sereno. Vino Aurelio tú señor? Aquí le pienso esperar. mas quiérote preguntar, como lo pasa de amor Terela? . En esto me fundo, quísere, y ya no te quiero. Eres boba lo primero, y eres tonta lo segundo; mas mi señor ha llegado. Catarto . Voy a avisar, porque bien puedes hablar para dacir tu cuidado. a mi señora, que agora. salió a un empeño de honor su padre el Governador; y está sola mi señora. Todas mis penas restaura. este favor, donde infiero, que del pesar de que muero me ofrece el alivio Laura. Rato ha que estoy esperando. en este cuarto, y pudieras haber venido. . Qué esperas. agora, solicitando. esta dicha? a mi temor, con tan cobarde recelo, quien anticipa el desvelo al término de mi amor? Tus bríos en tanto afan- no es bien que ociosos estén, porque no parece bien cariñoso un Capitán. Saber de empeños forzosos de amor, no lo has de aprender, porque solo has de saber de sitios, diques, y fosos No en la felicidad de los amantes. es volvutaria esa razón precisa, nunca la voluntad está remisa, querer a fuerza de peligros; antes es ignorancia, que el temor avisa, Poco embaraza el amor que en la ocasión militar siempre tuvo su lugar privilegiado el valor. Aurello. Ya más dichosa se advierte la luz ufana, y en pabellones de grana el Alba madruga hermosa, previniendo generosa que es Laura con más verdad prodigio de labeidad, por ser con gloria excesiva quien libertades cautiva, quien roba la libertad. Desvanecido mi amor previene ya su cuidado, que un peligro amenazado se opone a tanto favor; teme perderte el valor, pues ya con esfuerzo altivo crece el llanto ejecutivo: y de un extremo a otro extremo, ni vivo de lo que temo, ni muero de lo que vivo Aunque de la furia airada. del valor vive ofendida la paz, cuando no corrida de haber colgado la espada, mi pena desengañada, agora con recelar el riesgo, llego a estimar tanto el poderle temer, que aún estimara el placer, señora, sin el pesar. que en los empeños del amor constantes, que no es amor, ni dicha declarada, dicha que le introduce amenazada Quien sin embarazo advierte la diena por venturosa, es felicidad dichosa; pero no es dichosa suerte, quien es felia, porque acierte al bien que su amor le ordena, aunque es feliz, le condena el no temer la memoria: que el estimarse una gloria, es por temerse otra pena. La constancia, que firme persevera, dicha puedel amarse cuando escribe, cuanto vencer procura lisonjera (mérito sea lo que afecto vive) siendo inmortal, pues inmortal espera, felicidad sin riesgo, en que prohibe, no la dicha que ignora el sentimiento, si la que vanidad la dio el tormento. Quien ama desengañado, que al ista al bien, es forzoso; quién teme el mal es dichoso, si acaso vive premiado: lograr la dicha el cuidado en abono desigual a la pena, es dicha, y tal, que de la suerte al desdén con el mal se estima el bien, y crece el bien con el mal. Catarro, mi amor infiere, que no ha de temer de nada, la puerta ya está pagada, quiérame quien me quisiere; todo es santo cuanto viere, puesto que a mi honor lo igualo, y callar pues le señalo. Ya que la acción la condeno, todo ha de ser santo, y bueno, si es todo mucho, y moy malo? Y diga, sin darme voces, en tan prolijos afanes, he de ser de sus galanes el toro yo de las coces? Mal esta honrí la conoces, pues cuando de lance en lance nada mi valor alcance de este al opuesto con fin, si te cojo en mal Latín te pagaré en buen Romance. Mi amor no puede temer otra pena más forzosa. Es mi fortuna dichosa, y yo la podré vencer. Siempre el recelo ha de ser opuesto a tan firme amor. Siempre ha de ser el valor favorable a tanto bien. Fortuna, excusa el baiven; temores, muera el rigor. Ya en fin ay Laura querida! riesgos mi amor no recela. Aurello, en esta cautela, o vive, o muere mi vida. Ya es tarde, está enternecida. Pienso que estoy más cobarde. Pues de mi furia se guarde. Quién ignorará el empeño! Aurelio, a Dios. . Hay mi due- el cielo, Laura, te guerde. (ño, Vos, señor? aún no lo creo, Teodomiro, extraño caso! Cómo venís? . Qué suceso! . En fin que al centro profundo A vuestro valor contrario. Mejor lo dispuso el Cielo: pero de qué me acobardo? Pues yo tengo que deciros. Yo y todo, quiero informaros.) Discurriendo la maleza. Del bosque en lo enmarañado. Pude ver. . Viero mis ojos. Qué prodigio! . Quémilagro! Que aquel esplendor luciente. Que aquel farol soberano. Era lumbre de la Esfera. Era incendio de los Astros. Apartado del camino. El Norte siguiendo claro. Pero vamos al suceso. Volved, Teodomiro, al caso. Desmontó el bosque la indus- que ya poblado de ramos (tría, era ojeriza del tiempo aquel trémulo peñasco. Yo entonces vi: que ventura! que en tres padrones, o cuatro, el uno de ellos decía de aquel montuoso llano: Aquí oró el Sagrado Apostol. Yo en tonces con este amparo rompí el centro de la tierra. Y yo del Cielo guiado, vi que gravadas las letras en piedra, contra los años, distintas todas, decían lo auténtico del presagio: Aquí dijo Hisa. . Yo con más atento cuidado, por una lóbrega cueva, que la cubría un peñasco, entre; y apenas, apenas conduzgo el errante paso, cuando desumbrado entonces de tantos hermosos rayos. bajasteis, y que mirando las luces más generoso, a tanto impulso cegado, caminando más adentro visteis? . Que en fin en lo claro de aquella cisterna oscura, y de aquel profundo caos. Que admirada la osadía de tan valientes aplausos. Qué creciendo en mi el valor, resuelto como bizarro. Que valeroso en la empresa, y en el desvelo Cristiano. Qué repitiendo el deseo de un bien tan solicitado, rompiendo la tierra vi, que en una pared de marmor con letras gravó el respeto de aquel impuro peñasco: En este sepulcro yace el Apostol Santiago. Eso lo asegura el Cielo, que lor prodigios pasados. todos concuerdan agora con la verdad; pues buscando el sitio; vi en otra parte: Áquí se escondia el Santo de quien para darle muerte vibraba el sangriento rayo; y aquí los Ángeles fueron, de tanto impulso guiados, los que le favorecían con su vista a cada paso: luego estos ya, Teodomiro, son testigos abonados? Ese Cadaber dichoso, que oculto ya tantos años, fue perla en la concha tuda de la tierra, salga al claro Templo, donde le venere como a prodigio el Cristiano. lugar hoy en el Andiencia, Volvemos al monte luego, y en festivos aparatos, la veneración le erija al Apostol Santuario. Fabríquese, pues, la Iglesia, que los alientos bizarros de la devoción me mueven a un empeño tan hidalgo, Por ser al Santo también desde mis primeros años, con particular intento mi humilde afecto inclinado. Prosiga el culto Divino lo que ocultaba el engaño, y la fábrica se empiece mañana al salir los rayos del Sol, y para esta empresa señalaré con espacio Ministros, y beneficios de iguales tentas: y cuando a sustentar este empeño no bastaren mis vasallos, mis tesoros Reales sean agora los tributarios, y yo mismo, si los tiempos faltaran a mis cuidados, por añadírselo al Templo del Apostol, fuera ingrato con mi Corona, por ser generoso, con Santiago. Ese valor bien imita, señor, el de tus pasados. Prosiga, pues, el empeño Altera. . Amigo Claudio, como Capitán valiente buscáis a mi honor aplausos; que es lo que decís, Aurelio? Que agora llegó a Palacio el Embajador del Moro, a quien habéis señalado y quiere; señor, hablaros. Entre, que ya espero, cielos no sé qué récela el daño! Alá Gran Ramito, os guardo. Embajador, bien llegado, seáis . La priesa, señor, de la embajada que traigo, a lo que vengo, pretendo que os diga con más espació. Sentaos. . Digo señor, pues lo permite la ley, que de Abderraman mi Rey soy, Ramiro, Embajador. Con que ya intento advertir de Vuestra Alteza el cuidado, en que es tributo heredado este que vengo a pedir. Pues con heroico aparato en las grandezas que muestro, vuestro anteceser, y vuestro tío en nombre Mauregato; que por mayor matavilla, rendido a mi Rey valiente, le tributaba obediente con cien doncellas Castilla. Y estando ya introducido este feudo generoso, como pedirle es forzoso, a cobrarlas he venido. Si mi antecesor abrado en feudo infame le dio las cien doncellas, y yo. que estoy del caso informado, en lo Carólico excedo lo que él permitió inhumano, si pudo como tirano, como piadoso no puedo. Desuerte que sin dudar al Rey le podréis decir, que si él le envía a pedir, que yo se lo he de negar Pues con mayor vituperio, vacción más interesada, funda mi Rey su embajada, en que tribute a su Imperio Castilla el feudo, en memoria de su blasón, y grandeza, y ansí dele Vuestra Alteza, por ser tan antigua gloria, esta imposición que pide. Que fuera de ser debido el fendo solicitado, mi Rey os ha festejado, y yo de paz he venido. Y para más evidencia. de lo que vengo a intimaros, luego podréis informaros de las cartas de creencia. Donde porque obedecer el feudo podáis igual, le espera por bien, o mal, resolved como ha de ser. A no reportarme atento, con más heroico furor castigara vuestro erros, pues pasa de atrevimiento. Y si la empresa baldona vuestro Rey en lo que adquiere, pídale como quisiere el tributo a mi Corona. Que como ya le destierra porfeudo injusto, y tirano, con el acero en la mano le negare en paz, y en guerra: Y pudieráis, advertido, hablar con mayor decoro; que si la embajada, Moro, os pudo hacer atrevido, perdonaros es valor, lo mismo de que me ofendo, y ansí que os valgan pretendo las leyes de Embajador. Por cien Españolas bellas estragos busca el decoro. Mucha flema trae el Moro; pues viene por cien doncellas.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Heroica fábrica empieza al sumpruoso edificio del Apostol Santiago nuestro Monarca Ramiro. Y en fe de tan noble empeño, habiéndose prevenido la procesión, donde fue en aparatos festinos lo más nobre de la Corte. Asistió el Rey, porque quiso que se trasadase el Cuerpo, con general regocijo de todos, a Compostela; estando reconocidos al gran Solvado de España, y Apostol Santiago invecto. En fin por secreto impulso tan noble empresa adquirimos en este Tesoro, a quien la tierra ocultó al principio. Y agora queda en estado la procesión, que imagino, que llegarán a la Iglesia con brevedad los Ministros. Y en acabando este empeño, solicitar detérmino acompañar a mi Rey, supuesto que yo he sabido, que pretende hacer consejo de Estado, según me han dicho, para tratar del tributo del Moro, y feudo preciso, que llora España con sangre en tantos infaustos hijos; adonde con su prudencia ha de quedar prevenido lo que disponga el acierto. Supuesto que es ya preciso, o pagar el feudo al Moro, o pelear vengativos en la campaña: pues cuando no sea aqueste el alivio, en no tomando las armas, queda el honor ofendido, sin castigo tanto agravio; y así es fuerza convenirnos, o triunfando vencedores, o pagándole vencidos. Tu hablas como soldado; pero porque este Morillo, mal Cristiano, borrachón, ha de venir a pedirnos cien dencerlas? somos bobos para acetar el partido? Que curioso que es el perro, afe de honrado Córito: miente su alma mil veces, si acaso lo ha conseguido por industria, si viniera por cien donceles, yo mismo le aconsejara a Castilla, que se los diese al Morisco; que aunque él pensara quedar pagado, bien imagino, que echados cien Castellanos a cien Motas de buen brío, en la Mórisma del diablo anduviera un Moricidio, que no le entendiera aquel que inventó galgos mestizos. Con lo cual pagando el feudo pudiera haber sucedido, que el tributo que nos piden le pagaran ellos mismos. Mas doncellas, es ponernos en cintura, vive Cristo: que cuando las prometiera nuestro Rey, fuera preciso. Calla, que sale su Alteza. Seáis, Aurelio, bien venido. Puesto que al Consejo vienen, y yo de portero sirvo, quiero cerrar esta puerta por hacer mejor mi oficio. . Despejad, quedando solos los cuatro que aquí venimos. Ya, señor, obececieron el orden. Llegad, amigos, por Consejeros de Estado, Claudio, Aurelio, Teodomiro, para esta junta, en que os busca el valor; sentaos, cubidos. Juntos amigos, estamos, sabed a lo que he venido, pues este Imperio se funda en tan prudentes Hinistros. Abderraman, el Rey Moro, segundo de este apellico, Príncipe en quien lo tirano, lo escandaloso, y lo altivo, haciendo están maridaje con imperiose dominio. Ya sabéis que envió a pedir aquel feudo mal nacido de Mauregato, y pretendo, pues todos lo habemos visto, que se proponga la causa, y se difiera el peligro. Es notorio, que si airado. mi antecesor, ya rendido. a la furia del tirano, pechero infame, al indicio. de un temor, quiso cobarde, con rigurosos disignios, que diese las cien doncellas. Castilla: yo solicito determinarlo, fundando primero aqueste motivo. Los Príncipes que a la Fe dan sus ilustres principios, no pueden siendo Cristianos, ser cómplices del delito. Y mayor parte tuvieran. en la culpa, si arrevidos. en la tirana opresión. profanaran tanto Rito. de Cristiandad; y es forzoso, si con prudencia lo miro, morir en la resistencia, que faltar a lo preciso. Para esto os he llamado, y aunque as tan claro el indinio; que delante de los Reyes vive el valor encogido. Para decir la verdad, con todo agora imagino, que no llegáis lisonjeros cuando venís como amigos, El Moro está poderoso, muy limitadas las miro mis fuerzas, y en esta acción, aventurar es preciso todo el valor al recelo, si en esto nos convenimos, Ea, nobles Consejeros, ea, prudentes amigos, vuestro parecer espero, vuestros consejos estimo, y en ellos he de lograr, si al cielo le hallo propicio; lo que más a mi Corona dicte el valor ofendido. Las grandes dificu tades que con esfuerzo imperioso por su Embajador propuso Abderraman el Rey Moro, tienen mucho que mirar; y an si con valor forzoso quiero proponer el daño, por ver si el remedio toco. A cerca de este tributo que el imprudente Rey Godo. introdujo: o ruego al Cielo que lo castigue en asombros! diré que es el fendo injusto. Y ya que le pidan todos como legíti ma lierencia, es de advertir, que es impropio pagársele; pues mirando que aunque le repita el polvo de aquel cadaber sangriento, cuanto al valor prodigioso de tan Católico Rey, al mundo será notorio, que es más acción en lo Augusto con los Marciales enojos, no conceder lo tirano, que apoyar lo riguroso. Ser el ejército nuestro en esta ocasión tan corro, y el del opuesto contrario en todo tan poderoso, no viene a ser embarazo, ni aún puede servir de estorbo, que si recela el Imperio tomarlas armas, nosotros. en defensa de la Fé las buscaremos piadosos. Que es de tan poca importancia crecer en fuerzas el Moro, que aún la mucha gente suya nos hace más animosos. Demás, que puesto en campaña, solicitado al enojo; el valor de los soldados de España crece animoso. El aliento luego es cierto, cuando esta verdad conozco, que a ellos les falta en valor, lo que nos sobra a nosotros. Dios está de nuestra parte, y el ofender victoriosos no consiste, no, en la gente, que en la Fe consistesolo Que gran ejemplar tenemos, invicto Rey, siempre heroico, nobles prudentes Ministros, en el tirano ambicioso Aotiocho, Rey de Egipto, que solicitando estorbos, a Israel tiranizaba, fiado en su campo solo. Por tener muchos soldados; alteraba escandaloso el pueblo de Dios; y en fin, suspenso, mudo, y absorto, Judas Machabeo, aquel siempre Capitan glorioso, le desbarató sin gente. Y al emoestir animosos, sus soldados le dijeron en tan ilustres asombros: Que como siendo del Rey crecido el numero en todo, sin gente podía vencerle? Y respondió valeroso, que consistia en el Cielo el vencer, o el ser destrozo de la fortuna; y así fiundo en el Cielo todos, tan presto puede en la parte del campo más poderoso, asistir el mal suceso en los muchos, que en los pocos. Luego el confiar en Dios, y el solicitar el modo de una tiranía infame, es deciros a vos propio, señor, que de aquesta suerte hemos de vencernosotros? Casti la se ponga en arma, y tema el infame Moro la ruina en el estrago de tanto belico asombro. Advirtiendo, que no importa al riesgo, que ya conozco, que se le niegue el tributo; por ser más justo decoro, el sobrar para la muerte; que el faltar para lo heroico. Impuesto ya, Rey invicto, aqueste infame tributo, dirala experiencia noble cuanto le dicte el discurso, Estar Castilla obligada a tan sangriento estatuto, mas que temor del peligro, es infamia de los suyos. Si tarde llega el remedio; yo por mi parte aseguro, que las fuerzas del contrario son muchas, y ansí repugno que no se le pague el feudo; aventurando en lo injusto, la reputación de un Rey, por conveniencias del vulgos Y es menos inconveniente, si ya no lo dificulto, que se conceda un rigor, que temerse un infortunio. Presentarle la batalla agora, no es muy seguro, por ser el inconveniente ran forzoso: y así juzgo, que es bien pagár sele agora el feudo; pero si junto el Consejo, determina darle la batalla, dudo que se aventura el valor. Y yo, pues (ya lo aseguro) yo, si lo niego prudente, sabré al militar concurso hacer que vuele en pavesas, hacer que se empañe en humo ese dilatado Imperio del Moro: mas es injusto resistirse por agora, para en adelante juzgo. que con prevención de guerra le neguemos el tributo. Porque peligra en la acción templar Castilla su orguilo, que el muro de su entereza, postrado al ardiente impulso, o se desmorene frágil, o se desplome caduco. A la pena dilatada de tanta marcial industria, respondo, que Vuestra Alteza con cuerda con su fortuna. Es mi parecer, negarle al Moro, pues ya le busca, el feudo, y en la campaña que el brío se restituya. Porque es injusta violencia, porque es presunción injusta, en vilipendio de un Reino que se conceda una injuria. Admitido el vasallaje, doy que en Castilla le impugna el valor, doy que el tirano que se le paguen procura. Luego será mejor medio. luego es ocasión más justa sufrir un mal dilatado, que una forzosa calumbia? De más que a estar . Alteza tan derivado de injustas amenazas, recelando a tanta Africana Luna, caérsele la Corona de la noble embestidura de Rey de Castilla; entonces aún no permitiera nunca que concediera el Consejo acción tan poco segura. Y a estremecerse en la frente, señor, la ciadema Argusta, hubiera vasallo vuestro (y aún el primero me juzga el valor) que a cuchilladas, turbándose la fortuna, os pusiera la Corona más bien, si en eso se funda, que se fijó a los principios por sangre, y herencia suya. Ea, señor, para cuando se ha de recatar sañuda la indignación? tiempo es ya, pues nadie lo dificulta, de que se ajuste el bridón, que el fresno acerado cruja, que anime el clarinsonoro, que al aire tremolen plumas, que brille en iguales golpes la espada al aire desnuda, que el viento arranque los valles, que el mar abolle su espuma: y en fin, que negando al Moro esta imposición injusta, llueva la campaña horrores, y quejas al cielo suban. Sacro Militar aplauso de Consejeros ilustres, leales, y verdaderos, amigos, atento estuve a tan prudentes razones, pues porque no dificulte esta materia el valor, vuestros consejos la arguyen. Es mi parecer agora, que mi voluntad se ajuste en dar la batalla al Moro; y ansí mi campo procure que en las Carólicas huestes las Cordovesas se impugnen. Dios nos dará el vencimiento, ninguno su amparo dude, que la Religión pelea en las Militares Cruces. Venza la osadía, y sea ley inviolable, que busque el valor como indignado, sepa vencer cuanto impugne. Ilustre Corte de Quiedo, a cuyó valor reduce lo noble de la Milicia las Bárbaras inquietudes; aunque es tan poca mi gente, al riesgo ya se aventure, y a vuestro esfuerzo animoso vencido el Moro caduque. Mi campaña generosa, huyendo riesgos comunes, prevenga el campo, juntando los nobles que le conducen. Que yo, fiando en el Cielo, y en Santiago, a quien tuve afectos en tierna edad, que aún hoy por mavor relucen, pues ya se queda abrando su Templo, espero que ajuste a la Imperial cabeza la diadema que la cubre. Soldado soy, y el Apostol soldado fue, donde arguye el valor, que los soldados para que no se aventuren, sabiendo del riesgo, es bien que unos a otros se avuden. Prevéngase lo forzoso, todo lo parcial se junte, dé señal de guerra el parche, y al viento ya se arrebuje el Militar Estandarte, el asta acerada empuñe el brío, y talen briosos, paciendo a trechos azules, mis caballos, cuando el Betís los ciegue con pardas nubes. Cuando los adiestre el freno, la espuela los estímule, la obediencia los detenga, el aire los dé inquietudes. Y cuando en la dura escarcha airados escaramucen mis bridones, desbaraten sus caballos Andaluces. Prebénganse, pues, las armas, Ninguno, señor, lo impugne. No haya temor que lo impida. Ni empresa que lo calumnie. Pues a marchar toque al capo. Ningún recelo le turbe. Así lo propone el riesgo. Y ansí el valor lo ejecute. Que esa respuesta le dio a mi heroica Majestad? Esta es toda la verdad. Nada el recelo ignoró. Bien que llegué a responder con atrevida osadía, mas todo fue menester; y bien con razón podría el Rey Ramiro saber, que si tu Alteza sangriento da en prevenir el estrago. ocioso vive el amago si le ignora el escarmiento. Dejad esa fantasía, porque es necia demasía querer en impulso airado anticiparse el cuidado, cuando él menos le sabia. De tan loco atrevimiento, si a tanta empresa le obligo, vo sabré darle el castigo; sabed callar el intento. ̱. Si ya como Embajador pude tan resuelto hablar, entonces pudo el furor del Rey Rámito cortar las alas a mi valor. Y en fin en breve distancio a tan airada inclemencia, se remató en obediencia, do que empezó en arrogancia, Desuerte que en vituperio del uno, y otro hemisferio, debe seguir oportunas con las vencedoras Lunas las Coronas de su Imperio. Resuelto quiero intentar lo que es forzoso advertir, y así lo he de prevenir, pues tú lo has de castigar. Que es bien, si advertir pretendo rigores con que te ofendo, de tanta luz al desmayo, que castigues como rayo, pues haces ya de él estruendo. La cautela militar agora has de agradecer, que el medio no fue querer que me llegase a pagar el tributo en que le obligo, a que llegue a prevenir las armas en el castigo. Que el envíarsele apedir es declararme enemigo de su Imperio upues me ofendo, y nada el recelo ignora, no busco el tributo agora, que pelear solo pretendo. Cuando en una, y otra hazaña de tan repetida saña, cien mil Moros en un día juntar a la Infantería para pelear en campaña. Y vive Alá, que si admiro por noble el inconveniente, que le quite de la frente la Corona al Rey Ramiro, quedando por más constante mi prisionero arrogante, y al mar encrespando espumas, serán Alcaidos las plumas que en mi trémola el turbante. Que aunque le persiga airado, de tan poco Rey infiero, que letendrá prisionero lo leve de mi cuidado. Yo, que altere con tirana opresión en mi osadía los campos de Andalucia, y de Cordova la Llana? Yo solo con asistencia de tan heroica inclemencia, que dueño de Barcelona noble lafama pregona? Que me conoce Valencia por su Rey, cuyas memorias por desvanecidas glorias, cuando tiranos las niegan, mas allá de África llegan los triunfos de mis victorias? Yo en fin sabré, prevenido, cobrar el feudo indignado, niéguele más atrevido, resistale más airado, que yo le busco ofendido; y pues prevenirlo puedo lo belico de mis furias, yo haré que me tengan miedo Castilla la Vieja, Quiedo, y las Montañas de Asturias. Es tan infeliz mi amor, y tan forzoso el pesar, que indignada, temiendo estoy el rigor; pues me llego a declarar desdichada. No sé, Teresa, que pena siente el alma en su porfía, que dudosa, cuando del bien se enajena, parece que se desvía rigurosa. Con recelos ignorado crece el riesgo desigual en la atención, y así yo le he sospechado, que es intérprete del mal el corazón. Cobarde la fantasía pública el inconveniente; y tanto, que como la pena es mía, la da a entender, pues la siente el llanto. No has visto tal vez al prado bordar su imagen la idea, y que la asiste un temor amenazado; y sin saber de que sea el fuego que al Cielo sube, al desmayo airado abortar pretende el vracan de la nube el rayo? Y así declarar intento este pesar que público; cuando porque se alivie el tormento, yo misma mi pena explico llorando. Para qué es bueno afligio el alma con el rigor? ilusiones del temor nadie las ha de advertir; recelar en profecia un rielgo, siendo inconstante, es poco valor de amante. Y mucha ventura mía, Laura hermosa; que rigor, que pasión, o que desvelo pudo oscurecer el cielo sereno de tanto amor? Que rigurosa porfía con pena siempre tirana en arreboles de grana pretende eclipsar el día? Que riesgo temoperderlas, que haciendo a la queja salva, allá por la tarde el Alba se inunda en llanto de perlas? Y en fin; que airado desvelo os hace, cuando lo ignora, sol que oscurece la Aurora, y eclipse de tanto cielo? Ese traje, en quien advierto conatención más cobarde, Aurelio, un vistoso alarde de tanto infeliz concierro, un áspid fue, que encubierto al riesgo de mi dolor, entre uno, y otro temor de la pena; y del pesar, se quiso disimular para matarcon rigor. Qué traje, Aurelin:a, de mí! es el que agora traéis? cuando culparme queréis, de que aflígida me vi, yo primero lo temí; y aunque es verdad que lo ignoro, debiéndome este decoro, si procuráis darme muerte, viniendo de aquesta suerte, no preguntéis de que lloro. Aunque es forzoso mi mal, no quiero que lo ignoréis: yo vengo. . Qué os detenéis? decidlo. . Yo estoy mortal. Hay riesgo más desigual! Si he de acertar a decir mi mal, yo intento acudir a un empeño. . Muerta soy! Que me llama, y ansí soy. Y dónde vais? . A morir. Válgame el cielo, que airado -̱ el corazón lo previno! luego dirán que el destino no acierta con el cuidado de tan injusto desdén: pues todo el valor lo ignora, decidme la causa agora. Pues escuchadle, mi bien. Yo soy amante servil, y voy de muy malagana, pues tienes, con ser Cristiana, Teresa, un talle gentil. Yo no me puedo olvidar de haberte tenido amor; sirvo a mi Rey con valor, y vengo a solicitar, puesto que amante me excedes viviendo un riesgo en los dos, a que te quedes con Dios, o con el diablo te quedes. En no que has de ser soidado? Tuve en la guerra un pariente, Cabo de Escuadra valiente, en habiendo opicado. Este tal servia al Rey con más ilustre atención, por tenerle obligación, y ser Cararro de ley. En cierta batalla halló un Moro de aquella tierra, y habiéndole en buena guerra, si el tal Catarro peleo: haciendo inmortal su fama, pues muche en ella interesa, por ser de estimar la prosa, se le presensó a su dama. Pues yo que en aqueste ultraje, si el Moro no se despinta, con mi espadita en la cinta soy uno de mi linaje. Quiero seguir el decoro de mi patentela, y quiero que te sirva de escudero, y que te régale un Moro. Y ansí por salas, y alcobas, si le topo en mi presencia, te he de enviar desde Valencia un Moro de cien arrobas. Este, señora, es el riesgo, yo no le puedo impedir; el Rey parte a la campaña, y yo que noble nací, no puedo excusar empeños, ya veis que debo acudir primero a la obligación, que al amor, bien lo creí de mi pena: que he de hacer, Laura, si soy infeliz? Bien se que desesperado, cuanto noble, he de asistir con la espada a pelear, y con el alma alentir. Bien sé, Laura, que en dejarte, mi mavor dicha perdí, ser piadoso con tu amor, cuando es forcoso advertir la obligación de mi Rey; todo ha de ser contra mí. Y no has de querer, si acaso algún favor te debí: querer a quien por su Rey no sepa Laura, morir. Ya sé que soy desdichado, y sé también: ay de mí! que voya no verte más, porque es la betalla en fin, si de poder a poder, tan contra el valor, que aquí a vencer no vamos, no, que vamos a resistir. Y cuando (quiéralo el Cielo) llegase a lograr el fin tan dichoso nuestra suerte en tardar, y en prevenir, como contar esta dicha, según la fio de mí, primero que la supieras, muriera al riesgo infeliz, Si con avisarte, Laura, hice mal, yo soy quien fui tu amante; y sé que aunque el brío llegase a no resistir, la pena fuera mortal sin verte primero; y si no me despidiera pienso, por más que lo he de sentir, que olvidara lo Cristiano, triunfando de lo Gentil. Este, sin duda, es el riesgo que más me aparta de ti, procura, Laura, olvidar finezas no; penas sí, que cuando el riesgo no puede? remediarse, es de advertir, en daño tan eficaz, en mal tan poco feliz, que es cordura consolarle. quien no le puede impedir. En fin, Aurelio: ay amor! ento do soy infeliz; en fin te ausentas, amante, y quieres: oustoy en mí! qué sufra el alma esta pena? pues como puedo advertir un riesgo tan sin alivio, y un mal, que oyéndole aquí, dudara que ejecurado mas le pudiera sentir? Para cuando, Laura hermosa, es el valor? . Ay de mí! No se oscurecen las luces de tanto cielo, que en fin puede ser? . No puede ser. Por qué? . Por ser infeliz, y estar ya determinado. Si porque voy a seguir la Caballeria. . Y yo la picardía; ansi- aparejaos Teresa; que agara os quiero regir. Esto, mi bien es forzoso: y aún pienso que ya el clarín hace la seña; a Dios Laura, que es tiempo ya de seguir mi obligación. Fuerte pena! dejarle intento salir, y luego seguirle amante, pues ya el desengaño vi; aunque atropelle mi amor la sangre con que nací, Aa quién huyera este riesgo! Laura, señora, advertid, que otra vez hace la seña el viento para partir. Ya está confuso el recelo. Ya mi pesar advertí; muerto voy. . Ay de mi triste! Esto es penar, y morir. Qué poca ventura tengo! Qué desdichado nácí!

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Cuando con ralor excedo por asistencia oportuna lo corto de mi fortuna, marchando vengo de Qviedo. Pues ya en precisa congoja, a tanto belico estruendo, por empezar destruyendo, he entrado por la Rioja, población que el Moro habita, si un tiempo fue del Cristiano, y ansí mi valor no en vano la venganza solicita. Y en fin, mas como marchamos con tanta priesa advertidos, al llano ya conducidos, a vista de Albelda estamos. Pueblo en que el valor advierte competencias en la duda, por ser su fábrica ruda, de bateria más fuerte. Y donde, sin explicarla con precisa resistencia, siendo igual la conveniencia, se presenta la batalla, En cuyo campo cobarde, si a nuevo pesar me obligo, espere ya el enemigo haciendo un vistoso alarde su ejército, en que se ve que con heroico cuidado, Aurello por gran soldado a reconocerle fue, Y con precisa ocasión, según al riesgo conviene, con gran cuidado me tiene agora su dilación. Vuestra Alteza está dudando de la victoria, y sería mas cuerda acción, que este día la empezasemos peleando. El campo está prevenido, y el Cielo no está indignado, pues concluyamos airado este pleito repetido. Que ya que el valor en mí tanta diferencia vio, y ya que el traje ignoró, el estado en que viví. Cuando con furia advertida tanto el valor la divierte, que sin que llegue la muerte, se está cayendo la vida. Cuando el valor ha mudado el Alba en el Coselete. lo arrugado del Roqueto en fuerte peto acerado. Pues en más heroicas sumas ya miro, cuando lo niego, turbar la Mitra el sosiego, que agora inquietan las plumas. Y en fin, que por desvarío, cuando el escándalo crece, no la Dignidad guarece, que solo defiende el brío. Siendo a la fatal batalla en el rigor que la ofende, no expuesto el que la defiende, quien la resiste la malla. Cuando es justa obligación, y digna de ponderar, que debamos militar todos por la Religión? Sí, que es forzosa la ley de morir con más valor por defender el honor de su Dios, y de su Rey. Deme los pies V. Alteza. Seáis, Aurelio, bien llegado: de qué os habéis informado? Albelda, esa fortaleza que se descubre, y se extraña desde ese campo, en que espera con resolución postrera el Moro es ya la campaña, cuyóigual sitio se advierte al riesgo ya prevenido; vi suejército atrevido, y es su campo de esta suerte, Fue la estación, en que feliz madruga, la ardiente llama, cuyo incendio dora, en más hermosa, en más templada fuga, cuanto humedece la purpúrea Aurora, hasta que ya los parpados enjuga la que cristal desmenuzado llora, y esta flera de nácar diligente las nuevas de la luz llevo a Poniente. Ya que con prevención, noble el cuidado, a los rayos del Sol se templa el sueño, salgo al rayar del día, y acusado del prevenido del heroico empeño, yo mismo de mi espirituguiado, formo el común estrago en el disignio, previniéndome airado, cuanto astuto, de un relámpago, trueno, rayo, o bruto. Bajel con alma parte, y tan brioso a la campaña su furor se ofrece, que rápido Cometa vagaroso, ya por exhalación se desvanece, tan ligero, tan presto, tan fogoso discurre por el llano, que parece, cuando a trepar el viento airado sube, abortado vapor de parda nube. Advierto en la campaña divididos sesenta mil caballos generosos, que a relinchos, corbetas, y busidos se acreditan de nobles, y animosos; crecen ya lo sri gores prevenidos, y temiendo los daños rigurosos, en ginetes, y en tropas más distantes, ciento y cuarenta mil son los Infantes. Esto es haber cumplido mi obediencia, señor, la obligación con que he nacido, mi dilig sto es eneci el orden a mi esfuerzo prevenido; esto es volver osado a tu presencia, esto es haber el lauro conseguido, esto es ser infeliz, ser desdichado, y esto lo que no sabe tu cuidado. Viendo el Moro, que noble le negaste el tributo, por quien hoy más valiente a la campaña altivo te entregaste, solicitó su industria fácilmente, viendo que ya en tu Corte no hay quien baste a resistir su cólera impaciente, cobrar el feudo cuando más astuto las cien doncellas se sacó en tributo. Y faltando mi dama: pena grave! en ti vengo a irritar el sufrimiento; que es público este agravio, ya se sabe, que si me ayudas, restaurarle intento: notorio es en mi esfuerzo, y no me alabe la fama aquesta acción, este portento, que al camino de aquestas emboscadas se le saldré a quitar a cuchilladas. Esta es reputación de Vuestra Alteza, si la guerra en Albelda es más forzosa, a Albelda marche el campo con presteza, no se detenga hazaña tan gloriosa, que yo resistiré su fortaleza: y sino, pues la empresa es peligrosa, para esta acción que logran mis cuidados, múchos me han de sobrar de cien soldados. Por aquí han de pasar, lograr pretendo este aplauso señor mandad que altivos cien soldados me sigan sin estruendo, que también os los pienso volver vivos. Con mi sangre esta vez lograr pretendo blasones en el tiempo sucesivos, porque intenta el valor con este amago, que en lenguas de coral hable el estrago. No es tiempo, no, de admirar, Aurello, aqueste suceso, que soy infeliz confieso, pues no te puedo ayudar, A la batalla mayor es fuerza acudir mi gente, si aquí te la doy prudente, all aventuro mi honor. Si aquí quiedes pelear, allíes fuerza resistir, si aquí quieres envestir, allí me puedes faltar; si aquí resiste el valor, allí se acaba el poder, si aquí le quieres vencer, allí has de ser vencedor; si aquí te llama el aliento allí la ocasión me llama; si aquí te obliga tu dama; allí crece el escarmiento; si aquí el feudo se procura, allí se pierde la gloria; si aquí buscas la victoria, allí todo se aventura. Luego tú mismo dirás, estanido de alivio ajenos, que aquí perderemos menos, y allí ganaremos más? No señor, no es cuerda acción resista el valor aquí. Es aventurar ansí de nuevo mi obligación. Si en algo, señor, te obligo, juntos iremos los dos. Yo os he menester a vos para pelear conmigo. No me neguéis, no, señor, acción tan determinada, dejadme que en la emboscada le resista mi valor el tributo. . Pues queréis dar principio a mis cuidados; id, y llevad cien soldados, y mientras tanto que hacéis aquese alarde sangriento, marchemos a A belda. Vamos. Grande imposible intentamos! Al paso salirle intento. Vencerá vuestra piedad. Es cierto, porque en rigor han de ir conmigo, señor, honor, amor, y lealtad. . A A belda mi campo marche. La industria el peligro enseña. Hagamos la primer seña. Toque el sonoroso parche. Nuestro valor nos provoca. Ya el belico estrago empieza. Enviste a la fortaleza. Toca al arma. . Al arma toca. Dejad la empresa, villanos. Ya escampa perros, ya escampa, de un lado me cerca Duero, y de otro Peñatajada; mi amo dio con el tributo, tributada esté mi alma si no está borracho: ah pesía, y que coscorrones andan! Habrá un Cristiano que me socorra en esta desgracia? Habrá más será lo mismo como si no le tuparas. Cararro, yo vengo huyendo. Pues yo, Teresilla, pajas. Qué dices? . Digo, que todos honradamente se cascan. Lo mirá? . Eso es forgoso. Sabes como soy quintada, y me llevan por concella? Si lo sé; pero se engañan. Sabes que va mi señora? Sé que va la misma Laura Qué van ciento? . Y sé tambión que no vas de mala gana No me quieres? No te quiero. Me dejas? Porque te vayas. Y si me llevan? Paciencia. Y si me fuerzan? Pedrada. Pues vorme. Y aca no vuelvas sin pagar el alcabala. Estoy corrido. Esperad cobardes. Ea, señor, veles dando carda: o quien cogiera aquel Moro, que poco a poco se aparta huyendo del chincharrazo! mas que le cojo en la trampas . Qué desatarme no pueda! él viene, y a lo que pienso sin duda perdió las armas; quiero dejarle pasar, y aquí desde esta entamada hacer mi negocio, pues habilidad no me falta. , en haz, y en paz poco a poco Adónde podré librarme de tan altiva arrogancia? Cayó en el lazo. . Yo quiero . Grar. palabra! entrarme en esta montaña. Con él me abrazo, y le echo esta soga a la garganta. Lograr quiero la ocasión, pues nadie me ve s Deo gracias. Turbado estoy, y confuso. Adónde va camarada? Aún no acierto a responderle entre confusiones tantas. En efeto vuesastedes tras las cien doncellas andan? Yo soy noble. Y yo verdugo, si de disculparse trata. Qué intenta de aquesta suerte? Él no entiende la maraña, ahorcarle. Ingrato Mahoma, ansí mi valor agravias? Diga el Credo. En fin no sabe palabra del Carecismo; pues yo atento a sus buenas mañas, le quiero trocar su burla en otra menos pesada. Estese quedo, y no haga por donde nos amohinemos, y le apriete la garganta. Dame la muerte. No quiero; pero porque no te vayas riéndote de la maula, desarácate, Horillo. Mire que soy. Bien nacido. . Los azotes, aunque duelen bien, no agravia Qué dice? Que ha de llenarlos, vive Dios, porque me enfada. Mare. Trece por docena. Advierta. . Más, si se tarda. Con sidere. . Veinticinco. Que esta vez. Treinta por barba. No es acció ligna de un noble, que puede ilustrar su fama. Seis docenas juro a Cristo, le he de pegar, sino acaba. Hombre, a quien debo la vida, quién eres? ansí me amparas? Laura, ya no me conoces. Aurelio, mi bien, aguarda; que el no conocerte: ay cielos! no es olvido, que es mudanza de tu fortuna cruel, y de mi suerte contraria. Mas puesto que estás herido, aplica, aplica esa banda, para que la noble sangre se detenga violentada. Aunque agradezco el favor, no idmires, no, aquesta hazaña, que defender yo tu vida, fue pelear por mi causa. Pues todo yace a tu acero, cuando ya se desbarata a tus valientes impulsos la siempre opuesta arrogancia. Viendo que el campo a dilubios de la sangre que le esmalta, roja tempestad le inunda, purpúreo golfo le baña; y viendo. . De qué recelas? en vano ya te acobardas: ven conmigo, que pretendo; mientras la ocasión me llama, que una tienda solicite el amparo en tu desgracia. Ya te sigo. Esto es quererte: mas que instrumentos asaltan mi valor, cuando mi amor pretende que no me vaya? Alarma, soldados míos. Ea, Españoles, al arma. A Dios, señora. Qué intentas? Acudir a la batalla, que ya en Albelda, sin duda, grandes ruinas amenaza. Yo he de morir a tu lado, Esa es perdida que iguala a mi sentimiento. Escucha. No es posible. Mira, aguarda. No me detengas. . Advierte. Qué corta fue mi esperanza! Bien se lo dicen mis penas. Bien lo publican mis ansias. Par Dios que se los pegué lindamente, aunque tiraba coces: mas que es lo que intento; si miro entre aquestas ramas como los campos se envisten para darse la batalla? . Zurra, y como lo repican, zas cándil, y como cantan al son de la caja ronca, y de la trompa bastarda! Un Morillo zurdo enviste, y que yo no tengagana de hacer algo de las mías? no, porque rino sin causa, que por mí más que le dieran cien doncellas, y otras tantas viudas al Moro, aunque fueran ducientas mil las casadas. Aquesto ha de ser. Cesó con perdida la batalla, de los nuestros. . No me ha vis. quiero volver las espaldas. (to, Beneficio fue del cielo venir la noche, que a tantas confusiones la desdicha se suspende amenazada. Registrando vengo el campo, donde los esfuerzos hallan el imposible mayor para vencer su arrogancia, cuando confusa la gente al paso de esa montaña pretende esperar al día, hasta que amanezca el Alba. Espera Nuncio divino, dichosa ilusión, aguarda, que en eterna confusión va mi discurso embarazas; atiende, atiende a mis quejas. Señor, que rumor, que causa os altera tan confusa, os irrita tan airada? Apenas viene la Aurora despertando a la mañana; cuando prevenido el campo en esta breve distancia se fortificó, y apenas con resolución bizarra volví el tributo a tu Corte, cuando en confusiones tantas, tu confusión es, señor, la que más nos acobarda. La causa, señor, decidnos, de penas tan dilatadas, pues la victoria consiste en saberla? . Oid la cabsa. Cansado de las fatigas, el sueño solicitaba con más desvelos, y cuando en esa mullida grama del monte rendí la vida a la muerte más hidalga; vi que el Apostol Santiago con majestad más que humana, consoló mi mal: y puesto que nada no me acobarda, escuchad como le vi, pues la idea os le retrata. Tenia este hermoso loven, entre admiraciones tantas, partido el cabello a crenchas, cuyas hebras ondeadas, ni bien negras, ni bien rubias, inquietamente surcaban el viento; y al soplo breve del aire que las levanta, unas con otras confusas tanto allí se enmarañaban, que para verlas mejor, pensé que se las peinara. Era la frente espaciosa en líneas más dilatadas, de terio márfil bruñido, los ojos dos esmeraldas, haciendo para defensa guarnición de las pestañas. Purpúreo el color del rostro, modesto el semblante agravia lo vistoso de las flores, y lo risueño del Alba. La barba, que en dos pedazos le sirvió de barba cana, siguió su naturaleza con imitación tan rara, que del tronco del cabello echó raices la barba. Membrudo el Jayan divino, la espuela bate dorada, el diestro bridón manoja, el luciente arnes entalla. Valiente mi mal consuela, cuando por mostrar más gala, de una roja insignia el pecho gravó con bruñidas armas. Pero, espaldar, y escárcelas vestia sin arrogancia, mucho espejo en poco acero, mucho aliento en poca malla. Sobre un corpulento bruto, risco de cristal con alma. monte de nieve, que él mismo cuando la pierde, la cuaja. Tan hijo del viento al curso de sus presurosas plantas, que la espuela en él sin duda parece que ociosa estaba. Mas que mucho, que obediente su presunción le juzgara parto veloz de la selva; si a la menor amenaz? Delfreno que le regía era su cólera tanta, que turbó espumando fuego, a relinchos la campaña. Manto militarle cubre, que ajustado con labanda, hasta la cerdosa cola pendía de las espaldas. Segundo Sol fue su acero, que como desnudo estaba, igualmente brilló luces en jurisdicciones claras con esa antorcha del día, del mundo hermosa atalaya. Pero volviendo en mi acuerdo, parece que me pesaba que fuese la espada el Sol: porque si en corta distancia juzgué al caballo de nieve, pudiera sentir con causa, que se hubiera derretido a los rayos de su espada. Mi mal consoló, diciendo, que el Cielo solicitaba dar la victoria a micampo, y vencer esta batalla. Cuando en favor de los nuestros pronunció aquestas palabras: Ramiro, en esta victoria no pierdas, no, la esperanza, porque ha de ayudarte el Cielo cuando las fuerzas te faltan. El Apostol Santiago, soy, que atulado en campaña verás mi valor postrar las bárbaras arrogancias. Que obligaciones te debo en ese Templo que labras a mi piedad, ten en Dios, Ramiro, otra vez confianza. Y si el vencer te parece imposible, te acobarda tu presunción, no receles, que Dios vuelve por tu causa. De tu ejército Caudillo he de ser, cuando mañana el Solencienda en las ondas los rayos que moja el Alba. Verás el mayor prodigio de valor en tu postrada gente, que sin duda creas como tu idea te engaña. Queda en paz, noble Ramito, y pues te he dado palabra de tan piadosos intentos, al Cielo le da las gracias, que yo, Inuicto Godo, quedo como Soldado a pagarla. Dijo, y rompiendo las nubes en dos esferas de nácar, censo embarazo del viento se ignoró en campos de plata. Ea, otra vez, mis amigos, la heroica ocasión os llama, piérdase va la tristeza, animeos la confianza; que yo, fiando en el Cielo, y en el Apostol, que aguarda mis huestes para envestir: puesto que ya el día aclara, quiero volver a la empresa por castigar su arrogancia. Y ansí seguidme soldados volviendo a tocar al arma, porque crezca mi valor, Castilla quede ilustrada, el Bárbaro sin dominio, nuestro afecto con venganza, eterna nuestra memoria sin que la olvide la fama. Aquí se verá mi esfuezo. . Aquí se verá mi espada. . otra vez mílita el brío con mayores esperanzas; ay Laura! mi amor te pierde, que mi obligación me llama. Ea. Ramiro, ya es tiempo de cumplirte la palabra, no receles, que yo vengo a pelear en la campaña. Con el día, vive Alá, que los míos: pena extraña! van retirándose: como el brío agorales falta? Oh pesia al valor primero, y pesía al cielo, si traza mi desdicha, tan a costa del riesgo que ya me aguarda. Fanorable ayer la tarde; y hoy a mis dudas contraria, parece que se resiste con más furor la mañana! Ea, Cordoveses míos, castíguese esta arrogancias . mas vive toda mi furia que solo un Españolanda tan valiente, que hace solo el estrago en la campaña. Ya le veo; en seguimiento de su invencible constancia aventurar quiero el brío, esgrimir quiero la espada. Hacia esta parte se acerca con presunción más tirana, por proseguir el alcance hasta pasar la distancia que hay desde Albelda a Clavijo, tan corta, y tan limitada. Y vive todo el valón, que más pedazos le haga que hay en el Cristiano asombros. Ya es la fortuna contraria, los más hubendo permiten anticipar la venganca vilmente, ya se retirán, y solo en fin los aguarda. Este Moro me persigue, y este miedo no me falta: que haré yo para dejarle? San JesuCristo me valga, que en todos los que pelean con tan heroicas ventajas, un mócito barbirubio, cariredondo de cara, es el que con más esfuerzo en nuestro ejército mata. Oh buen Gallego! qué miro? vencimos esta batalla; . los Moros huyen, soldados. háganles puentes de plata, ya la victoria se advierte, y ya para publicarla dan las cajas dos mil gritos; ya, más que todos, bizarra la resolución de Aurelio, el Estandarte levanta. para cantar la victoria, subiéndose a la muralla. Venció Ramiro. . Victoria. Ya conquistaron sus armas a Clavijo, en cuyo campo se dio esta feliz batalla. Ya todo queda rendido, y por nuestra la campaña. Venció el gran Patron Sántiago. Forzoso es darle las gracias de esta victoria en su Templo. Corra la voz de que marche mi ejército a Compostela. Y dando la mano a Laura. Siendo dichoso mi amor. Ilustre Senado, acaba la Batalla de Clavijo, porque perdonéis sus faltas.