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Texto digital de La virtud consiste en medio, el prodigo y rico avariento

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La virtud consiste en medio, el prodigo y rico avariento. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/virtud-consiste-en-medio-el-prodigo-y-rico-avariento-la.

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LA VIRTUD CONSISTE EN MEDIO, EL PRODIGO Y RICO AVARIENTO

JORNADA PRIMERA

Un esta horrible boca, abre los labios de tu negra boca, y escúpame violento el funesto bostezo de tu aliento; porque así en la campaña derrame el mío su fogosa saña: para cuyo trofeo aliste mi de seo, en ansias, y fatigas inmortales, de mi Reino infeliz los más parciales. Oh tú, que en la frondosa . feliz estancia, alegre, y deliciosa, de un Paraiso ameno, el tosigo brindaste, y el veneno en la copa de un tronco, que a infelices redujo los demás en sus raices, siendo allí la Soberbia presumida el veleño letal de tanta vida; desgaja a mí eco bronco la atezada corteza de ese tronco. Ya a tu altivo precepto, mi obediencia (sin postrarme) me pone en tu presencia. A qué fin me has llamado? Ya lo sabrás. Oh tú, que desbocado caballo de ansias lleno racional, no te para ningún freno; Lobo rapante, si León rugiente, que en círculo voraz, con garra, y diente al Mundo le rodéan tus malicias, y aún lo mismo que tienes lo codicias; hidrópico de Reinos, y mansiones, insaciable volcán de corazones; Gula del oro, en quienes se vincula el ansia misma de la propia Gula, ven a mi voz en hombros de tu saña. Ya giro la campaña sobre aqueste vestiglo monstruo airado, a quien sañudo ser tu ser le ha dado: dime, en fin, lo que intentas, que ya bato las alas más sangrientas, para que a tu malicia le sirva de corona la Avaticia. Declara tu intención. Muestra tu intento. (liento. Que en tu aliento respira nuestro a- Amados parciales míos (si acaso el amor se halla en los que en continuo odio viven muerte dilatada) yo soy (aunque lo sepáis, dejad lo digan mis ansias, que también a la mentira es necesario acordarla) yo soy aquella (oh tormento!) a quien Paginas Sagradas, con varios nombres esculpen, con vilipendios estampan. Yo soy áspid, basilisco, soy cicuta, soy cizaña, soy peste, delirio, lepra, parasismo, y destemplanza inseparable de toda la Naturaleza Humana: pues dentro de sí me tiene tan una, tan arraigada, que, alimentado gusano, yo con su propia substancia, la consumo, la aniquilo, dando muerte más tirana a aquel que me halaga más, y a aquel que mejor me trata: que esto, y más es la Lascivia, principio, raiz y causa de tantos delitos, tantos insultos, y ruinas tantas, cuantas el Mundo padece en tempestuosas borrascas. Mas yo, aunque estos trofeos i rencor le adularan, siento en el alma un motivo de mayor desconfianza; porque hoy (aquí la atención os pido más recatada) hoy no sé con qué designio (fieras dudas me contrastan!) en misteriosas figuras la Divina Ciencia (oh rabia!) en la gran Corte del Mundo (la respiración me falta!) tres objetos quiere sean de su Providencia Sacra asunto por donde todos tengan la segura panta, que justisique, y condene los efectos y las causas, ya del que rico se mira cercado de pompas vanas, ya del que logra en deleites cuanto le brindan sus ansias, y ya, en fin, del que abatido sus desdichas le contrastan, a ser del Mundo la besa en la pobreza que pasa. Estos tres objetos son Ninencio, que avasalla con su guía, y su avaricia cuanto incluye la comarca de Jerusalén a Menfis en tierra, en aire y en agua: Liberio, hijo segundo de Clemente, dado a galas, presunciones, juegos, ocios, y bizarrías livianas: y en fin, Lazaro el tercero es, en cuyas moderadas acciones, se ve la vida en tranquila consonancia; y por quien temo, que el Cielo arruine nuestra asechanza. Ea, comunetos míos, presente está la batalla; tres a tres es el lidiar, los dos, resistencia flaca hay en ellos, mas no obstante, para que del todo caigan, interior y exteriormente nuestras sujestiones raras, s) embistamos cara a cara, hasta que igual con los otros quede deshecha su estatua; porque en él, mas que en los dos, temo el fin de la batalla. Ea, Avaricia, y Soberbia, a promover las falacias, a prevenir el somento de la gula, de las galas, deleites, gustos, y estragos con que la vida se engaña: a lidiar, pues, a vencer contra el Cielo, y su amenaza: padezca el Mundo el azote de nuestra horrible venganza; vea en el grande teatro de su dilatado mapa, que no hay quien pueda librarse de la Avaricia tirana, de la Soberbia atrevida, de la Lascivia profana, teniendo en nuestros enojos tres enemigos las almas. Dices bien; y así, al intento a disponer voy mis armas; porque a la Avaricia quién ha de poder contrastarla? La Pobreza, Pobreza. Pobreza. Infiernos, qué ecos asaltan nuestro oído! . La duda a mi rencor sobresalta. Nada temáis, que un acaso a la Soberbia no ultraja; pues contra ella quien podrá (cia. hacer resistencia humana? La Obediencia, Obediencia, Obedien- otra duda! otra amenaza La Obediencia (ay de mí triste!) dice aquella voz lejana, resistirá a la Soberbia! Qué os asusta, ni acobarda? yo os ánimo: ahora flaqueáis? seguid mis funestas plantas; porque contra la Lascilvia quién ha de tener audacía? La Castidad, Castidad, Castidad. Oh pena! o, rigor! o, rabia! Yo turbado:- . Yo confuso::- Yo ciega, y precipitada::- Huiré. Infiernos, qué es esto? caigan esos montes, caigan. Al arma, guerra, guerra: Virtudes, arma, arma, que Pobreza, Obediencia, y Castidad amada, en defensa del Mundo hoy salen a campaña. A tanto fulgor huyamos. Esperad, no huyáis la cara, que el Cielo, porque consiga la corona el que trabaja, quiere permitir, que useis hoy de vuestras amenazas. Yo la Obediencia rendida, contra ti, Soberbia vana, salgo a campaña animosa. Yo la Pobreza humillada, contra ti, fiera Avaricia. Yo contra la horrible llama de tu fuego, cruel Lascivia, como Castidad amada, la batalla te presento. Pues respiren nuestras ansias, que si en el Mundo quedamos, nuestra será la campaña. En nosotras sus auxilios da la Piedad Soberana. El hombre ingrato en veneno trueca siempre la triaca. Vivan Nineucio, y Liberio. Lázaro viva edad larga. Ya los tres, contra quien viene vuestra furia envenenada, a la vista se presentan: y puesto que la batalla interior, y exteriormente hoy venís a presentarla, del mismo modo nosotras pelearemos disfrazadas. Pues Vicios, a perseguir la Naturaleza Humana. Virtudes, a promover los auxilios que la valgan, repitiendo a un mismo tiempo::- Nuestro renco Nuestra gracia. Al arma, guerra, guerra: Virtudes, Pecados, sarma, arma. Que Pobreza, Obediencia, y Castidad amada:- Que Avaricia, Lascivia, con la Soberbia vana, para ruina del mundo::- En defensa! Hoy salen a batalla. Vivan Nineucio, y Liberio. Viva Lázaro edad larga. Floretilla, pues llos novios vienen a buscar al ama, canta, porque así bailemos llos que vamos en retaílla. Vaya de bulla, y de baile. Y vaya de fiesta, vaya. 4. Salga en hora buena, en buen hora salga el novio elegido amo de muélama, y escoja en el uno que más le agrada: alga en hora buena, en buen hora salga. Yo Floreta, jardinera soy de esta Quinta, y Gitana de Memfís, para servir a uno de los tres en raya, aunque si la verdad digo, según el refrán mos canta::- Siempre llo peor se escoge en sustancia, y en llos matrimonios es cosa bien rala. que quién melón busca halla calabaza. 4. Salga en hora buena, Floreta Gulín, qué quieres Al oír lla copla, que cantas, pirplejo estó maginando dentro acá de mis vadanas, que he de casarme contigo. Simple, di, porque: Doblada, porque elegir lo peor toca a cualquiera panarra; yo llo soy, y tú lla hembra peor, que en lla huerta pasta: yo te quiso, tú me quises, con que la insicuencia saca. Id, y a Felicia avisad, que nuestro afecto la aguarda. Ay amor, haz que en Felicia logre sus dichas el alma Si pilla mi amigo Liberio a Felicia, de patatas, verenjenas, y pepinos lla regalo una ensalada. Para qué? . Para que al punto se muera, con que en sustancia llogra llos mejores días, que en llos casados se hallan. Cuáles son Boda, y entierro, con que un marido descansa. Quién vio hasta ahora concurso de novios? . Siga lla danza, que yo a lla huerta me vo a hartarme de remolachas. 4. Salga en hora buena, En fin, en mi competencia amáis los dos a Felicia No siempre guarda justicia el Juez, que ciego sentencia: y siendo ciego el amor, cuando te venga a escoger Felicia, por ser mujer vendrá a escoger lo peor. No imagines, que me afe de tu loca mocedad, que yerra tu voluntad pero no tu entendimiento: no hay caudal, ni posesión, que en Palestina no entienda dar réditos a mi hacienda: casi mis vasallos son cuantos en Jerusalén saben mis bienes inmensos; sus casas me pagan censos, sus posesiones también: no cubren esas Comarcas bellocinos apacibles, para el número imposibles, respetados por mis marcas. De suerte el Planeta Real con diamantes me enriquece, y esmeraldas, que parece, que traigo el Sol a jornal. Las ondas del Mar, si a verlas hoy llegó, tan liberales son, que en nácar, y corales me ofrecen púrpura, y perlas: En unas, y en otras quiso honrarme el Cielo, que trata mi dicha: visto escarlata, gasto cambray rompo viso. Mi mesa es la cifra, y suma donde el gusto no preserva, desde el árbol a la hierba, desde la escama a la pluma: y a tal gloria me provoco, que conforme a lo que escucho, para Rey me sobra mucho, para Dios me falta poco: Si de esto tenéis noticia, no será temeridad, viendo mi felicidad, que pretendáis a Felicia? Ponderativo has estado, rico, y poderoso eres; mas no es razón, que exageres con tal soberbia tu estado: arrogante a Dios te igualas, y a nadie te comunicas; caudaloso te públicas, y a ti solo te regalas. El bien es comunicable, Dios es Bien Universal; tú, para ti liberal, para todos miserable: mira, cuan diversos modos distinto de Dios te han hecho; tú, a ninguno de provecho, y Dios todo para todos. Podremos sacar de aquí (aunque te injuries) los dos, que no es bueno para Dios quién es todo para sí. Yo en las riquezas no fundo la pretensión de mi amor; que en fin soy hijo menor, pues me hizo el Cielo segundo: en las prendas personales con que te aventajo, sí, de ilustre sangre nací, dotes tengo naturales: juventud y gentileza son el tesoro mayor; los gustos quiero de amor, cuyo objeto es la belleza. Disforme estás para amante, porque la Gula avarienta, en fe, que en ti se aposenta, te hizo así su semejante. Anda, que ese es barbarismo, come, bebe, y atesora, de ti mismo te enamora, pues eres Dios de ti mismo: procura desvanecer el fuego, que te estímula; y pues adoras la Gula, no busques otra mujer. Eres loco y te desprecio, y solo, pariente de ti me admiro, por ver, que así intentes, como ese necio, haciéndome oposición, desacreditar la fama, que sabio y cuerdo te llama. Sobrárate la razón, si estrivara la esperanza, que en Felicia tengo puesta, en la riqueza molesta, que es tu bienaventuranza. Si es causa la voluntad del amor, y esta es potencia del alma, cuya excelencia goza de inmortalidad; no creo, siendo tan sabia Felicia, que hará eleccio de tus riquezas, blasón caduco, que a él le agravia. Menos rico, que tú, soy, aunque con bastante hacienda, para que esposa pretenda a quien inclinado estoy: y advierte, porque deshagas la rueda sobre que estribas, más considerado vivas, y menos te satisfagas: que imitó naturaleza a una madre, que ha criado dos hijas, a quien da estado, una de extraña belleza, y otra fea, y que acomoda, porque casarlas desea, toda su hacienda a la fea, y a la otra su gracia toda. Entre sabios, e indiscretos, Dios sus dones repartió; ingenio a los sabios dio, y hacienda a los imperfectos: por esto el ejemplo aplico en los tres (aunque en tu agravio que por eso es pobre el sabio, y el ignorante es tan rico: que si para su desprecio la sabia naturaleza reparte hacienda y riqueza a la medida del necio: de estos dos diversos modos la cuenta podrás hacer, que tan necio vendrá a ser el que es más rico de todos. Consueleos esa opinión, que no por eso me agravio; tan rico fue como sabio Job, David, y Salomón: no es bien, que por eso cobre desestima de mi estado; siempre el rico es murmurado, y desvergonzado el pobre. Llamados hemos venido por Felicia todos tres: si hermosa y discreta es, y escoger quiere marido, al más digno ha de nombrar por esposo de nosotros: ya sale, pobres vosotros, y como os ha de dejar. 4. Salga en hora buena, Reconocida al amor, que todos tres me mostráis, y aunque confusa en la duda, deseosa de pagar os permití, caballeros, que ahora merced me hagáis, honrando esta Quinta vuestra, que ufana en veros está. Ea, furor, aquí empieza . mi fiera astucia infernal, invencible haga a Felicia cautive su voluntad. Pues, Felicia, mi opulencia por mucha no la ignoráis. Aunque segundo, señora, mi gallardo natural ya le sabéis. . Yo, Felicia, con amor, sin vanidad, racionalmente os aprecio. Este aumenta mi volcán. . Si yo tuviera tres almas en tres cuerpos que lograr, en tres sujetos tan nobles diera en amorosa paz fin a vuestra competencia, quietud a la voluntad; mas siendo vosotros tres, y una sola la que amáis, fuerza es, que entre vuestro amor viva mi elección neutral. Reconozco de Liberio lo airoso, y lo liberal, y cuando voy a elegir hallo, que alegando está Lázaro, genio apacible, virtuoso, y muy capaz, bienhechor de todo pobre, y amado en esta Ciudad: bien pudieran estas prendas reducir mi voluntad, sino le contrapusiera Nincucio, prosperidad de este signo, ma de la fortuna, y caudal del contento, y la riqueza, que en él colmados están. En fin, hallo en vos el gusto, . gentileza, y mocedad; en vos prudencia, y virtud, . y en vos halla autoridad, y riqueza el interés; colegid, cuál estará quien ha de escoger al uno, y perder a los demás. Eso es una cosa fácil: hay más, que llegar, y zas, escoger a todos tres para poder remudar No dudes: en este mundo . no hay bien que poder gozar, como el que se ve presente, tu nombre te lo dirá: pues qué importa seas Felicia, si es en el nombre no más: Dice bien mi pensamiento, con él me he de conformar. En fin, a qué os resolvéis A cuál de los tres premiáis? De este modo intento daros la satisfacción igual: Felicia soy, solamente aquel mi dueño será, que poseyere en su estado la humana felicidad. Vos, Liberio, mientras vive vuestro padre, en él estáis supeto hijo de familias, tasándoos la cortedad de su vejez, alimentos: mal os podéis alabar de ser feliz, pues consiste el serlo en el esperar. Yo anhelo a dichas presentes, pues que tardan, perdonad; y vos, Lázaro, también, que puesto que sea verdad, que os den fama las virtudes, que piadoso ejercitáis, con que os llama rodo el Reino su socorro universal, entre tanto que adquirís, a costa de lo mortal, la felicidad eterna, a que piadoso aspiráis, vuestra hacienda disipando, que faltándoos el caudal, fuerza es, casando con vos, que en los dos falte la paz: en la casa de Nineucio no halló la necesidad puerta franca, ni hasta ahora ha entrado en ella el pesar. Llámale Rico Avariento la murmuración vulgar, porque con ellos no gasta los bienes, que en él están: en la casa de Nineucio, desde el retrete al zaguán, sus paredes cubren telas, sus alquitraves están compitiendo en sus labores con la Esfera Celestial; viso delicado viste, arrastra púrpura Real. Qué invención el apetito ha inventado, qué manjar, que no sea adorno en su mesa, qué licor tan cordial, de a la sed no satisfaga, su prodigalidad empadronó por el gusto cuanto abraza tierra, y mar luego no será avariento, quien consigo liberal no malogra sus riquezas, y bienes con los demás. Si es Nineucio, pues, tan tico, discretos sois; sentenciad el pleito de vuestro amor, que entre tanto, que envidiáis mi elección, y su poder, él, y yo, con yugo igual, al triunfo de amor unidos, consagraremos su Altar. Esta es mi mano. . Y la mía ofrece su dicha igual. Perdió Liberio la mano. Y tú con ella envidar: a Dios, a Dios, que me vo. Ah, Gulín, pues dónde vas? A la huerta, a prevenir calabazas, que llevar. Cónsolaos el uno al otro, y uno de otro me vengad: Rico soy, Felicia es mía, cuerdos seréis, si sacáis en mi abono, y vuestra afrenta, porque lleguéis a lograr escarmientos en amor, que aunque el bien partido está en honesto, y deleitable, no hay bien sin utilidad; y así, en tanto que ellos sienten repetid vuestro solaz. Salga en hora buena, Que tu gentileza queda con tal desaire! . Oh, pesar! Que tus prendas, y virtudes en tal abándono están! Empiece así mi cizaña su infiel semilla a sembrar. Tú, Felicia, has escogido tu bien, que será tu mal: no celos, no agravios juzgo el desaire, que me das; pues del Cielo solamente quiero la felicidad en mis pobres, y en el bien, que me da la Eternidad. O, como temo (ay de mí!) que a este infiel no han de arruinar mis idéas! pero a estotro mi cólera incitará. De qué es esa suspensión? cómo tan remiso estás? Disipa a tu anciano padre los bienes, que guarda: haz menosprecio de sus canas, y ultraja la vanidad del que es tu hermano mayor: de qué te viene a importar la obediencia, que le tienes, si tu amor te faltó ya? que el discurso Vive el Cie mí dre, y mi hermano sean mí objeto de este volcán, que se ha encendido en mi pecho con una rabia mortal: vive mi ardor, que en mi casa hacienda no he de dejar: sea mi respeto ira, mi decoro liviandad, mi amor tan ciego, y tan libre, que no le pueda parar, ni el freno de la obediencia, ni el temor, ni el alacrán: y tú, Felicia, infelice te llegue al fin a mirar, pues premiaste al interés, ciega de un irracional. Vicios, en este a lo menos nuestro ardid se logrará; vamos contra las Virtudes a perseguir los demás. d . Mucho me da que sentir, y mucho más que temer Liberio, que quiso hacer alarde del competir con Nineucio, y su poder. No te espantes de que viva mi hermano tan sueltamente, señor, si en tu amor estriba de sus vicios la corriente, que su juventud derriba: A él, por ser hijo menor, padre Clemente, tu amor le consiente lo que pasa, sin que tenga a nadie en casa ni respeto, ni temor; mas no es razón, que hable en esto, que a obedecerte dispuesto, aunque soy hijo mayor, solo sentiré su error, y sus locuras. . Modesto, hasta que padre hayas sido, y con tierna succesión hayas cuerdo repartido en hijos el corazón, de sí mismo dividido, no culpes lo que no alcanzas: la juventud en gasta la flor de sus años, y el tiempo con desengaños suele lograr esperanzas. Por aquí::- mas en el pozo con el gozo, y todo he dado. Quién es? . Será su criado. Cual el amo, tal el mozo. Dónde te vuelves? espera. Un aquel se me olvidaba; vo a lla huerta: angustia brava! Detente. . Quién se escurriera! Qué esconde tu paso tardo, con la color tan turbada? Es, señor, una cnsalada de zanahorías, y cardo: él ahora me desconcierta. Pues tú quién eres, villano? Dilo. . Yo soy (fiero alano!) Hortelano de la huerta. Cualquiera bellaquería se puede esperar de ti: qué es lo que cubres aquí? Simiente de alcamonía. Traidor, mis joyas me llevas? hay atrevimiento igual! Yo soy criado leal. Muy bien con esto lo pruebas. Señor, mi amo enamorado colige con ser galán, que amor del Tribu de Dan sale mejor despachado: mándome, en fin, que viniese por el oro, que escondido guardó anoche, prevenido, que nadie en casa me viese. Es mi amo y yo soy fiel, pues dice el refrán, que anda, haz lo que el amo te manda, si quieres comer con él. No has de estar más un instante en casa: las faldriqueras le mira, que son terceras de sus hurtos. No es bastante la disculpa, que te he dado? . cuitado de mí! . Qué es eso? No sé por Dios, este hueso estaba en aqueste lado. Solamente te faltaba, para formar mis procesos, desenterrarme los huesos. Pues qué es aquesto? . Una taba de esta pierna. . Aquí hay dados: ya entiendo la ocupación. Y eso, qué es? . Tres dados son. Si dados, no son prestados. Con oraciones devotas, cierto, que bien te aventajas. Aquí tiene dos barajas. Es, que me persiguen sotas. No me olvidaré de daros yo al menos el galardón, digno de la ocupación en que sabéis emplearos: hola. En habiendo oleadas, tormenta promete el mar. Atadme a este. . Salmonar me quieren las dos lunadas. Señor desde hoy pondré fin . al juego, y hurtos. Qué es esto? Qué ha de ser? . Acude presto, que apretujan a Gulín. Dos grillos con eslabones le echad. . A Gulín? por qué? Yo con grillos? Ya canté. Llevadle. . Quitad. . Sayones, ahora probaréis mi mano. Mátalos, Gulín. . Qué pena! Huid. . Soltó la cadena a su perro el Hortelano. Ay de mí! . Fiero, inclemente, qué has hecho con tal exceso? Nada: me llevaban preso, y así les doy la patente. Mal, Liberio te aprovechas del amor con que te trato: a Diós, y a tu padre ingrato, consejos cuerdos desechas; y haciendo ya mis sospechas verdades, porque te adoro, osas perderme el decoro, y eres, por vivir sin ti enda, ladrón de tu misma hacienda, pirata de tu tesoro. Aún si en nobles ejercicios mozo los desperdiciaras, amigos así ganaras en la adversidad propicios: coloréas tú los vicios, con que darme muerte quieres; pero en juegos y en mujeres, peste de la juventud, hospital de la salud, del Infierno mercaderes. Ea, basta de sermón: para el humor con que vengo, Sabio David en ti tengo cuando ser quiero Absalón. Tan torpes mis vicios son, tan adeudado te dejo, para que llores perplejo culpas, que finges en mí, que en cada maravedí me has de dar siempre un consejo? Del dote, que caudaloso de mi madre te enriquece, la metad me pertenece, por esto te soy odioso: no es mi edad para el reposo, que me aconsejas molesto; mucho vives, y supuesto, que al alma te ha de llegar el querértelo sacar, así morirás más presto. Atrevido, así es razón hables a quien el ser debes? así a tu padre te atreves? Empieza tú otro sermón, hipócrita, en la opinión de quien tiene entendimiento: encarece sobre el viento la virtud, que no acreditas; dime, que a mi padre imitas, por ser, cual él, avariento. Alabate, que no juegas, que nunca serviste Damas, que si Modesto te llamas, modesta vida sosiegas: y si soberbio me alegas, que eres mi hermano mayor, e yo en rigor, que del justo Abel en fin, fue hermano mayor Caín. Y vino a ser el peor. Voyme a la Corte de Egipto, lograré en ella mi hacienda; soltaré al deleite rienda, y presas al apetito: con el mismo Sol compito en gentileza, a mi amor la Dama de más primor, más rica, y de hermosa fama rendiré, será mi Dama, y yo de Egipto Señor. Venme, padre, a entregar luego lo que heredé de mi madre, saca el Testamento, padre. Oh asaltamos el talego. Liberio, ten más sosiego, considéralo mejor, no uses tan mal de mi amor, que ya tu perdición lloro. Él vejete gime el oro: al saco vamos, señor. Como guardas el dinero, guarda lágrimas también, y haz, que mi hacienda me den, que partirme a Egipto quiero: ni me repliques severo, ni amoroso me persuadas; a romper voy aceradas arcas, y cofres, que adoras; no me enterneces, que lloras lágrimas, padre, doradas. Mira: . Tenerme no intentes, porque hoy te atropellaré. Hoy eso, y más te daré, . como de mí no te ausentes. Respeta canas prudentes, y si estás de mi ofendido, perdón, y brazos te pido. Apartad traidores lazos. Dineros quiere, y no abrazos. Tus engaños he entendido, todo es por lo que sentís, que a los dos el oro os lleve; ni vuestro llanto me mueve, ni con él me persuadís: vive Dios, si me impedis la hac me usurpa is, y el tesoro me negáis en que idolatráis avaros, que en casa no he de dejaros un solo pan, que comáis. Tenerme a mi es desvarío, aunque viniera mi madre, que atropellaré a mi padre, a mi suegro y a mi tío. Ay engañado hijo mío! Venid, padre. Ansias mortales! Cielo, con iras fatales el desengaño previenes, que nunca estimó los bienes quien nunca probó los males. Tenedle. Nadie me tenga, que todo es mío, villanos. Que nos mata. . Que nos hiere. Ah joven precipitado! vamos, Modesto, que temo su rigor. . Ay padre! vamos. Doleos, Señor, de mí: tenedle con vuestra mano, porque más no se despeñe. . Anda, Gulín. Voy de un salto hasta la huerta, señor, que lo que vaya sacando, en ella lo iré poniendo. Dices bien. . Bravo gatazo les damos a los llorones de tu padre, y de tu hermano: cual quedan. . Lloren, pues yo de Felicia lloro agravios. Seguidla, matadla, muera. Traidores, viles, villanos, contra una mujer? . Qué escucho? Caballero cortesano, si una afligida mujer de una pena, un sobresalto, puede en vuestra bizarría, vuestro valor, vuestro garbo fiar su honor, a esos pies::- Venid, señora, a mis brazos. Qué rara belleza, Cielos! Aquí, traidores halagos: natural de Alexandría, mis desdichas, mis cuidados me han traído; mas el susto, la fatiga, el sobresalto, . mi hermosura::- (ay de mí triste!) Atrapole con desmayo. Gulín, has visto mayor belleza, mayor encanto? ay de mí! que sus dos soles el alma me han abrasado! llega, Gulín, hasta ver quien persigue sus dos Astros. Ira de Dios, lo que pesas: Dama de plomo u de mármol debes de ser. Ah señor, ven presto, que yo me caigo: mas si la nariz no miente, debe de gastar mal ajo; que a perfume de maréa huele, y a humo de sobacos. Señor, si no vienes presto, la tiro. Qué haces, borracho? Antes ella me deshace: más pesa, que un porfiado. A nadie halló mi valor, y así estoy determinado a defender su belleza, que es un hechizo, un encanto: de Alexandría no dijo que era natural? . Es llano. No es hermosa? Y aún segura, que es Dama de cal, y canto, aunque me parece tiene::- El qué, necio? . Pies de gallo. Pues vamos, Gulín, con ella, que mi albedrío la he dado. . Eso es lo que yo deseo. . En sus volcanes me abraso! guía a la huerta. . Ay señor! Ea, Infiernos al estrago. . Vamos a la huerta? . Sí. Mira, si a la huerta vamos, no se nos vuelva culebra enroscada en algún árbol. Ea, vida, a conseguir la libertad de mis años. 4. En la casa del placer ha convidado a comer el apetito a la hartura; toda pobreza es basura, no hay más vivir, que comer. Cuya aquesa letra es? La letra es mía, señor. Y el tono mío. . Primor incluye: en vuestro interés ha sido, que ya sin tasa mis afectos os demuestro. Avaricia, ya este es nuestro. Y también su hacienda, y casa. Señor, si en tiempo de bodas los Reyes hacen mercedes, y tu aventajarte puedes entre las personas todas, que coronan sus cabezas, casándote hoy, no hay dudar, que te hayas de aventajar a todos, como en riquezas. 1. Mayordomo tuyo ha sido Nicandro, dio mala cuenta de su oficio, y de tu renta, por enfermo, e impedido: en mil escudos le alcanzas, y le has hecho encarcelar: no te ha de poder pagar, sino le das esperanzas. Deudo es tuyo, y a mi ver si uno, y otro no es bastante a enternecer un diamante, tu misma sangre, tu ser mira en dos Ángeles bellos copiado su corazón: haz cruel ejecución en tu sangre, y cobra de ellos. 2. Da lugar, señor, a padre para pagarte después. 1. Mira, señor, que a tus pies estamos sin padre, y madre. Cantadme algún tono nuevo. Quien vale mucho, hace mucho. Cantad. 2. . Escucha. . No escucho. Perdónale. . No perdono. Si no le das libertad, cómo ha de satisfacer? Los hijos puede vender para pagarme ea, andad: mi dinero ha de venir, y nada he de perdonar, o allí se ha de deshuesar, y entre gusanos podrir. Oh cuán infelice eres! . 1. Mira a estos dos pobrecitos. 2. Que quedamos huerfanitos. Vavan de ahí los bachilleres. Señor, Laureta tu prima murió. . otro desacierto! Y más la hambre la ha muerto, que la enfermedad: si estimas tu sangre, la compasión, que a los difuntos se debe, si el ser su deudo te mueve, si obliga la religión, que adoras, y profesaste, y con tu piedad concierta, dame con que entierre muerta; a quien viva no amparaste: no se halla, con que la dar mortaja, ni sepultura. Los pobres, y la basura echarlos al muladar. En Job esta verdad fundo; pues luego, que empobreció, en un muladar paró por ser basura del mundo. Ella no es tu sangre? . Sí; mas fue sangre aborrecida, por ser pobre corrompida, y echela fuera de mí. Haz a los cuervos con ella plato, en que el sepulcro cobre, si por ser sangre de pobre los cuervos quieren comella. . Señor::- Rigor importuno: cantad, echadlos de aquí. Ay infelice de ti! Tráíganme ya el desayuno. 4. En la casa del placer, Porque te sepa mejor quise yo servirte el plato. Envidieme este aparato el Monarca, que hay mayor: qué hacéis? cantad mi ventura. Cuál engulle en sus extremos el hambriento tragador! Danos limosna, señor, que de hambre perecemos; considera cual nos vemos del ano en miseria dura. 2. . Señor nuestra desventura manda, por Dios remediar. Reparte aquese manjar, tendrás más feliz hartura. Oh asqueroso, y vil enjambre de moscas, que licenciosas en las mesas más preciosas osáis matar vuestra hambre! qué presto olisteis mis bodas, arpías de mis regalos! echádmelos de aquí a palos, cerradme esas puertas todas. Con tal desalumbramiento, señor, los pobres maltratas, que del crédito de Dios son abonadas libranzas? Ya que niegas buenas obras, no niegues buenas palabras, siquiera porque en el mundo son la moneda, que pasa. Aprende de las criaturas, que unas con otras contratan: no fuera augusto Planeta el Sol, si su luz negara; pues no se alumbra a sí mismo, y alumbra a todos de gracia. Quieres ver cuán triste cosa es recibir? pues repara en el Invierno encogido, que es, cuando necesitada mendiga la pobre tierra la sementera, y labranza; y verás, que porque a todos pide, está desaliñada, que melancólica está; más recibe (qué me espanta!) Considérala después, que a sus acreedores llama desde el Abril al Octubre, verás, que hermosa, y bizarra al Mayo le ofrece en flores frutos, que luego reparta. Ayer triste, hoy tan alegre? válgame Dios, qué mudanza es esta? ayer recibió; recibir es cosa baja: hoy paga hoy tiene que dar, y el dar es de Reyes: salga cuando hace mercedes, Reina, cuando las recibe, Esclava. Da a tus deudos, da a los pobres, y no serás semejanza de estéril tierra en Invierno macilenta, y arrugada. Como no le mandes dar, mas que le llames araña. Para concluirte, quiero valerme de tus palabras. Prodigaliza la tierra, cuando tras pobrezas largas en Invierno padecidas, se la sigue la abundancia; pero mira tu después, que desnuda, y esquilmada desperdició sus riquezas, si en el Invierno se holgara de guardar, por no pedir; y luego a la hormiga alaba, que no mendiga el Enero, porque en el Agosto guarda. Será bien, que en el Estío de mi edad, necio reparta bienes, que luego eche menos en la senectud helada? Si yo limosna a estos e a otros pobres convocaran; porque siempre se eslabonan los pobres y las desgracias. Tengo mucho que vivir, sustento familia, y casa; Saducea es mi opinión, la inmortalidad del alma niego: en muriéndose el hombre todo para él se acaba; ni espero premios del Cielo, ni el Infierno me amenaza. Tú, que, en opinión distinta, quimérica gloria aguardas, deposita en pobres toscos, bienes que con ellos gastas. Y si en el mundo mendigo vieres al hombre la cara, por la hartura, que allá esperas, muy buen provecho te haga, que no hay duda será grande esa Bienaventuranza. Oh, blasfemo! Oh inobediente! Oh, piedad de Dios sagrada! Oh cómo temo llorar mi elección en mi desgracia! Qué ciego estás! ven acá: a tu mayordomo alcanzas en mil escudos; por ellos te quiero dar una granja, que a orillas del Jordán tengo. Ya la he visto. Soltar manda por ella al pobre Nicandro. Hazme, pues, la entrega, y salga: cobreme yo mi dinero, y allá después te lo hayas. Eso si para agarrar tiene las uñas bien largas. Dame esos piadosos pies, amparo de pobres. . Alza: qué pides? . Con que se entierre Laureta tu prima hermana. Sangre es mía en el sepulcro donde mis padres descansan esté; y para sus exequias, si cien escudos no bastan, que aquí llevas; ven por más. El Cielo te dé la paga. Oh Sepulturero loco! mientras que tu hacienda gastas en esa escoria del mundo, yo con acciones contrarias quiero sepultar deleites en mí mismo; haz que me traigan para cenar esta noche el Ave Fénix de Arabia. Este Lázaro, Avaricia, nuestros árdides maltrata. . . No importa, que en algún tiempo sentirá nuestras borrascas. Y vos qué es lo que pedís? Yo, señor, pido frazadas para el Hospital, que hay muchos, y casi no tienen camas. Ay agente de Dios vivo! todo esto es pagar libranzas: ven conmigo, y te daré cuanta ropa hay en mi casa. Hola, haced a mis caballos, y a mis yeguas nuevas mantas: bórdense de plata, y oro sobre la más rica grana. Conmigo vendréis vosotros a comer; porque empálaga el manjar, sin dar a pobres. Estén mis puertas cerradas cuando me ponga a comer, que no es mi mesa villana, para que a otros pague pechos. Sí, porque tú das espaldas. Ea, echadlos, que me enfado, y aún por huir de tan vil casta, a Alejandría he de irme, que allí mi avaricia manda. Cielos, yo erré mi deseo! . libre fui, ya soy Esclava. Todos conmigo venid. Echad cerrojos, y aldabas. , . A Lázaro celebremos por su caridad bizarra. Celebrad en mi y Felicia la vida, que nos aguarda. Adiós, Padre universal, demos las debidas gracias. 2. . Y nosotros humil lados diremos con fe postrada::- 2. Bendito sea el Se que a los humildes exalta. 1. Y a los soberbios derriba, para escabel de sus plantas. O mi Dios, que de la boca de la ternísima infancia, para nuestro ejemplo, así perfecciones la alabanza Qué hipocresía! vosotros decid en voces contrarias::- , . En la casa del placer, Hijos, nosotros digamos, dando a Dios debidas gracias::- Bendito sea el Señor, que a los humildes exalta, y a los soberbios castiga para escabel de sus plantas. te ta al ta ta d a altta INDA

JORNADA SEGUNDA

4. Los Ricos Avarientos son como cardos, que a ninguno aprovechan, sino enterrados. Todo dinero es redondo, por causa, que es rodadero. Bien cantado, y bien bailado: las dádivas más constantes se estiman; estos diamantes, que del juego me han quedado, repartid vosotras, y estas vosotras. . Tan liberal amante no sea mortal! Bien el nombre manifiestas, que de Prodigo adquiriste. Solo en vos soy desgraciado, pues el favor no he logrado, en que mi dicha consiste. Creed, Liberio querido, que en tan amorosa calma mi afecto por vuestra alma solo se mira rendido; y como llegue a logr el fin, que espero tener, los dos nos hemos de ver en un incendio abrasar; siendo de amor tal hoguera, que nos dure eternamente, viviendo así ciegamente la que por suyo os espera. Esta es mi felicidad; ahora en mi centro estoy. También yo Liberio, soy de la hermosa facultad de amor. . Danos parte de ella Eso sí, pedidme vos dinero, pedid los dos galas, joyas, que atropella mi gusto por todo empleo sin atención, ni reparo, que ni soy, ni he sido avaro, vuestro es todo mi deseo. Bien haya una y otra vez quién os sirve! . Ah socarrona arruinatriz, y chupona, quién te apretara la nuez! Así lo hiciera el poltrón de Nineucio. desde el día que vive en Alejandría, falta en ella provisión. No hay regalo de provecho, que no embargue su despensa. Ese es su Dios, eso piensa: de suerte glotón se ha hecho, que siempre su mesa llena se alcanza (mirad qué vida del almuerzo a la comida, de la comida a la cena. Yo le serví y a Felicia; pero al ver tal frenesí, vine a esta Quinta por ti, huyendo de su avaricia, que nada seguro deja. Felicia, que su oro goza, cómo lo pasa? . Cuál moza con las pensiones de vieja. Entre tanto, que ella llora, Libertina, a merendar. Mañana se han de casar Timandro, y Arquisilora, y hay sortija. . Pensáis v. Fali ne cay salí Excusareos buscarlos, como salgamos los dos: de un alazán, y un overo sois dueño, que alientos beben las alas, con que se atreven al pájaro más ligero. Con eso echáis mil prisiones a las almas. . Hay largueza semejante? . La nobleza impera en los corazones: son beneficios testigos del valor de quien los da. Libertina, bueno está: quien no da, no gana amigos. Aderezos, y jaeces con ellos os llevarán; y vos, porque de galán, también os premien los Jueces, os vestiréis en mi casa las galas, que yo tenía para mí. . Ya es demasía lo que en vuestros gastos pasa. Los dos hemos de usurpar lo que tenéis para vos? Yo gusto de ello. . Los dos su gusto habéis de lograr. Id por ellas: mil escudos me cuestan, de azul turquí, y blanco son. . Mas que aquí nos han de dejar desnudos estos leones rapantes, si de ese modo los das. Soy Prodigo. . Tú verás que somos representantes de Adán, y Eva en Paraiso: de tus galas, y dineros, quedarémonos en cueros, llorando, tu poco aviso. Tú el Adán vendrás a ser, y yo a tu lado, sin duda, seré la Eva vigotuda, si llego el papel a hacer. Vamos, mi bien, venid vos: no quede gusto a la vista del deleite, que no asista en vuestro obsequio. . Por Dios, que no he de perdonar fiesta, mientras durare la vida, e aquí no goce. . No impida tu edad la vejez molesta. En eterna juventud triunfes, y logres el tiempo. Gloria es todo pasatiempo, Infierno toda virtud. Hablando sin testimonios. mi amo entre estos tres retablos, no está dado a tres mil diablos, con aquestos tres demonios? Esta noche he de cenar en tu casa, prenda bella. Yo toda soy tuya. . A ella puedes por mi convidar, cuanto gustoso ejercicio hoy alegra a Alejandría, bailes, juegos, bizarría. Él se huelga, que es un vicio. No tenga el pesar violento jamás en mi casa puerta, solo el gusto la halle abierta: vamos, mas qué es este acento? Quién quiera gozar a de la Eternidad, tenga compasión, y ame con fineza la santa pobreza, como Dios la amó. Quién quiera gozar, Ay de mí! que considero en este auxilio mi ruina: perdida soy, si él se inclina! De furia, y de rabia muero. Vamos, mi Liberio amado, vamos, mi dueño querido. Confieso me ha suspendido aquel acento acordado. Pues qué, por solo un acento abandonas mi hermosura? . cosa, que tan poco dura (pues la desvanece el viento) aprecias contra mi amor? Vamos, que el sitio convida. Es verdad. . Tuva es mi vida. Y yo tuyo: qué favor! noso fin, Liberio, mi cam Dicl ha tenido en haberos encontrado, pues el Cielo piadoso lo previno, incomprensible en su razón de estado. Lázaro, vos a pie, vos Peregrino, vos en Alejandría fatigado? tan rico ayer? tan pobre, y triste ahora? Ay, que mi astucia sus desgracias llora. Deposité en los cambios de los Cielos (Pobres digo, de Dios correspondientes) mi hacienda, donde libre de recelos no temen los acasos, y accidentes, ni recelan ladrones, ni en desvelos necesitan de guardas, que imprudentes, a costa de la escolta de los ojos, cuando hallar piensan oro, hallan enojos. Por no cobrar, en fin, en sinrazones beneficios librados en engaños, espuela me pusieron ocasiones, destierro me enseñaron desengaños; peregrinando vengo estas mansiones en estos compañeros, aunque extraños, que para el pobre, si le ven con mengua, lo que le falta en manos, sobra en lengua. Ahora a vuestro pesar, su interior he de mover, y Lazaro ha de caer, llegándole a provocar. Nunca le puede faltar nuestro Celestial favor. Yo me opongo a tu rigor. Yo te rendiré a mis pías. Pues yo contra todos tres vuelvo a excitar mi furor. Desperdicios imprudentes son de tu afrenta testigos: quien ganar no supo amigos, no halle ayuda en sus parientes: en pobres impertinentes loco liberal has sido, aún si lo hubieras comido cual Nineucio, ya gozado lo hubieras, gustos pasados suelen deleitar perdidos. Vente a vivir a mi casa, que, cual yo, su dueño eres: escoge gustos, placeres sin medida, y aún sin tasa; pues se pasa el tiempo, pasa el que te queda en regalo. Huyendo de ti, señalo, lo que en tus vicios condeno: mas quiero ser pobre bueno, que tico, si he de ser malo. Vete, necio. Ah de la huerta, suelta el mastín al bribón. Déjale con su opinión, y pida de puerta en puerta. juzgas la del Cielo abierta? , . Nosotros ya merendemos. Vida, y juventud tenemos, gusto, hacienda, y libertad. Viva el Prodigo. , . Cantad, que nosotros os oiremos. Ay Liberio desgraciado! que así te miras perdido. Yo espero, que reducido le he de ver, y aún enmendado. Vamos, mi Lázaro amado, por esta Ciudad pidiendo. Mucha hambre está padeciendo Alejandría en rigor. Al Cielo llegue el clamor, fieles amigos, diciendo::- 4. Quién quiera gozar . Ya, Felicia, estás molesta. Qué mucho? soy tu mujer. Acabado de comer . es salud dormir la fiesta: no te doy celos, no tienes falta en riqueza, ni en galas, en mi mesa te regalas, señora eres de mis bienes, adorote por mi dueño; por qué te quejas de mí? Tengo celos. Celos? . Sí. Pues tú de quién? De tu sueño. A fe, que tienes donaire: nuevo modo de querer! Ya dicen que hubo mujer, que tuvo celos del aire: pero del sueño no sé, que haya habido otra inventora de tales celos. . Ahora yo, Ninencio, lo seré. No los tiene con razón la que dentro de su casa ve la ofensa, que la abrasa, y que la jurisdicción, que le dio el tálamo justo, le usurpan ajenos lazos, privándole de sus brazos, tiranizándola el gusto? Es así. Luego bien puedo quejosa del sueño estar; pues me ha venido a usurpar derechos de amor, que heredo. Si nunca te halla despierto el amor, que cifré en ti, qué mucho digan de mí, que me casé con un muerto? Ya te entiendo: di adelante. . Qué bien sientes mis desvelos! a la sombra de mis celos te duermes? gentil amante! Esto merece mujer, que a Liberio despreció por ti: duerme, duerme. . Yo? Si tú supieras querer, dejaras ejercitar el alma, que así agonizas, las potencias tiranizas, que nunca las da lugar a que usen de los sentidos, que tu sueño tiene esclavos. Sabrosos están los pavos, . y los capones manidos. Que aún entre sueños la gula trate a este bárbaro así! que esto eligiese! ay de mí! Pobre del amor que adula al que aborrece! ya el mío en desdén se ha transformado. No hay Dios, que me dé cuidado, lo demás es desvarío. er, beber, solo mi gusto ha de ser: de qué me sirve el tener, si a mí no me ha de servir? Oh blasfemo! allá verás la evidencia de ese error: no hay vida eterna, traidor? Nacer, y morir, no hay más: eso de inmortalidad, ni la quiero, ni la creo: solo lo que veo, veo. Qué bruta barbaridad! Oh mal haya tanto extremo de la inquietud, que ahora paso! Gula, aprisa, que me abraso; apetitos, que me quemo. 1. Señor, señor, tu pariente. 2. Lázaro a verte ha venido. Bárbaro, estando dormido, me osas despertar? 1. Si ausente en Jerusalén, por ti viene preguntando::- . Necios, no hay pariente de más precios, que el descanso, que perdí. No hay pariente, que me cuadre, solo mi gusto es mi dueño; por un instante de sueño, dejaré mujer, y padre. Ni a mi pariente reciba mi casa, ni en ella estéis los dos, con que así sabréis, que no es bien, que en ella viva, quien, en fe de su hospedaje, a mi costa se sustente. Mira::- . No tengo pariente, ni conozco a mi linaje. Advierte, que esa es acción de tirano parecer. Sí? pues ni tú eres mi mujer si sigues esa opinión: y así, repara con tasa lo que dice tu disgusto; aquí mi gusto es mi gusto, y si no fuera de casa. Mi vientre es mi Dios; ni pido, ni doy: solo es bien empleado igo he g lo que con lo que con otros perdido. Que hasta aquí me den tormento parientes! no me entre acá, o por un balcón saldrá. Oh infeliz Rico Avariento! . Cuánta fue mi ceguedad! cuánto fue mi desvarío! con un gloron, un impío, lloro mi infelicidad. Plegue a Dios, que en tanta fragua de tu gula, y ambición, no encuentres por compasión, quien te dé una gota de agua. . Ea, furores, ahora echad el último estrago. Ya perdéis seis mil escudos. Tomad tres mil, entre tanto, que me traen de casa más. Yo nunca juego al fiado. Ni yo fío. . Pues tan poco crédito conmigo traigo? No hay amistad en el juego, cuando el oro nos tiramos. Aquí como aquí, y allá como allá. . Ea, paso, paso; jugad, y sed más corteses. Podéis, para asegurarnos, empeñar esos diamantes, y esa banda. Yo me encargo de su depósito. . Bueno: a ser los diamantes falsos, como amigos, que se usan, diera engaños por engaños. Tomad, no quede por esto, aunque creí, que obligaros a vos mis galas pudieran, y a vos también mis caballos. O! pues si en cara nos dais con dádivas, que os honraron por admitirlas nosotros, no os llaméis prodigo o largo. Con malos, correspondientes razones:: . Hablad más bajo. Nisiro, pues vos conmigo os descomponéis? . Me canso ya de sufrir arrogancias, y si os dais por agraviado, aplicaciones de honor sana el acero en el campo. Quién pensare::- Fuego, fuego. . Calderos, sártenes, cazos, que se abrasa todo el mundo: agua, Dios. . Estás borracho? qué disparates son estos? Tu casa se está abrasando desde el cimiento a la reja, desde la puerta al tejado. Qué dices, loco? Qué digo? lo que oyes que están gritando. Fuego, fuego. De Liberio la casa se está quemando. Cielos, qué es esto? Ahora, infiernos, de una vez aniquiladlo. Prendió el fuego en la cocina, atizándole los diablos; pues para acabar con todo, en una hora (raro caso!) personas, bestias, hacienda, colgaduras cofres, trastos, todo se ha resuelto en humo, como favor de Privado. Vamos a ver si podemos dar algún remedio. Vamos; más creo, que será en balde. Amigos, si los trabajos son toque de la lealtad, en fe de la que he mostrado con vosotros, socorredme, que si es verdad este caso, solo en vosotros confío. Mostrad corazón hidalgo en la adversidad, Liberio. . Vuelve a darle otros caballos. Mucho siento vuestra ruina, pero en todo sois bizarro. . Dale a ese galas azules, exa col que rado. Con mi llanto, y mis suspiros ya, Liberio, os acompaño: ved, si podéis libertar algo de lo que ha quedado. . Para que vuelva a tus uñas, Gitana de dos mil diablos. Abre los ojos, señor porque el mal aún no ha parado, que yo a ver como se tuestan voy, mis pobres arendajos. . Fuego, fuego. Qué me quemo! Agua, agua. Qué me abraso! Quién vio tan cruel desgracia! en un hora, injustos hados, rico, y pobre! ay de mi triste! perezosos desengaños, abriendo me vais los ojos; mas, gloria a Dios, que los abro! todo de una vez me falta: ha mundo infiel! ha tirano! a la que mi casa fue por aquí voy. Aespacio, ladrones de mala muerte, después, de robar, porrazos? No grite. No he de gritar, si así tocan a rebato? El sayo. Ah, mal sayón . te traspase el espinazo! La gorra::- Mirad, que llueve, y tengo los cascos rasos. Agradezca a aquella luz, y a que llueve, así el dejarlo. . Ah Liberio, contra ti el Infierno se ha juntado. . Con buen techo me socorren para resistir canales! qué cobardes son los males, cuando tras un pobre corren! pues decir, que cada gota no es una bala de hielo! o, guridad, contra una camisa rota! No es pequeña maravilla, llamándose el mundo mar, de su tormenta escapar, aunque desnudo a la orilla. Quitome la hacienda el fuego; salteadores el vestido, torpes vicios el sentido, mocedades el sosiego: qué he de hacer? a dónde iré de noche, solo, y desnudo? Qué de espacio, y qué menudo se deja llover! . Qué haré? quién creerá lo que en mi pasa! Quién va? Quién es quien me avisa? Una doncella en camisa, que la echaron de su casa, y tras de tanto rigor, la han quitado el faldellín . los ladrones. . Es Gulín? Es Liberio mi señor? Ay amigo! la fortuna me deja, toda es extremos. Según llueve, no diremos dejadonos ha a la luna: a las puertas de tu Dama mojados, y pobres sí. Dos amigos tengo aquí, que me den socorro: llama. Aquellos? Sí: llama aprisa. Como los de Job serán, que cuando salgan, saldrán a hacer de nosotros risa. Pues yo mi hacienda les daba, de que me amparen, no dudo. Mas da el duro, que el desnudo, desnudo estás: va de aledaba. Qué parecen los ricos, que empobrecieron? las cascaras de huevos que se sorvieron. Toda la je de los tres tiempos vive solo el presente. Tómate eso: ya qué esperas? bailando están, vive Dios, y acá rabiando los dos, al són de viento, y goteras! En eso fe diferencia del tener, a no tener. No lo quisiste creer cuando tuviste. . Paciencia. El agua, cual nos sacude sin caridad! Llama. . Llamo. . Quién va allá? Gulín, y su amo en remojo. Dios le ayude. Que aquí está, di a Libertina, Liberio. Muy buen regalo: pues si bajo, con un palo::- Canto? Tómate esa china. Vive Dios, que ya no basta la paciencia: abrid, villanos, para recibir con manos sin ellas con quien no gasta: así la amistad pasada pagáis? este premio da vuestra lealtad? Agua va. . Agua viene, y no rosada: puso fuego de Dios en ella! Las puertas he de quebrar, vive Dios. . Para afeitar caras, es el agua bella. Este premio da una Dama, que su hermosura celebra? Qué ha de dar una culebra? Quién así a mis puertas llama? Mi bien, tu Liberio soy; abre, amores, que desnudo, y al agua mi vida dudo; de dos elementos hoy mísero despojo he sido: el fuego abrasó mi hacienda, sin haber quien me defienda estoy ya:- . Huevo cocido. Lastimanme tus congojas: cuál te traspasará el aire? aún así tienes donaire: con qué gala, que te mojas! estate un poquito más: debajo de esta gotera te pon; llega. Ah ingrata! ha fiera! burlándote de mí estás? Burla no: mosa tendida. Burla no; cumplo un deseo, después, que al agua te veo, de muchos, que fui querida: escuché el desasosiego porque todos me juraban, que por mi amor se abrasaban, cansábame tanto fuego: pero en ti cesa mi enfado, tu sazonas mi apetito, que deseaba infinito un amante remojado. Hay penas más desdichadas! Apúrenle estos baldones. . Ah puerca, mil bofetones te diera, y treinta patadas! A casa puedes tornarte, que puesto que se ha quemado, hallarás, pues te has mojado, lumbre en ella en que enjugarte: y no llames más, mi bien, que acá, si abrimos y subes, como ahí te llueven las nubes, lloverán palos también. Conciértame esas medidas. O pese a mí! Amigos viles, mujeres, siempre civiles, solo al interés rendidas: de vuestra deslealtad está agraviado el valor, de vosotras el amor, de vosotros la amistad. Mas no importa, padre tengo; que enriquecerme podrá, si el Cielo aviso le da de la desdicha, a que vengo. Deja brabatas, señor; A es así nos mojamos, y tan míseros estamos, denos cubierto, y favor aquel caído zaguán donde se juntan ansiosos los pobres, y los leprosos, que en él nos admitirán. Dices bien. Abre esas puertas, porque si no he de matarle a palos. . Toma esa calle, si en tus peligros despiertas, que otra paliza nos va anunciando el torbellino. Ay juvenil desatino! tarde escarmentaste ya. Tú en mi casa, a mi pesar? tú a mis puertas, pordiosero? Vaya el asqueroso fiero. Vaya. . Hete de sacar yo en persona de esta Corte, y del mundo vil traidor. Nineucio:: . Qué rigor! hoy mi humildad te reporte: qué importa que a los umbrales de este sitio un pobre esté, que pariente tuyo fue? En la Corte hay arrabales. Crean los que aquí me ven, que sabes ser limosuero. Limosna yo dar no quiero. Compasión, esposo, ten. Haz cuenta, que un mastín tienes; con ellos, señor, me iguala. No hago yo cuenta tan mala, que menoscabe mis bienes: ni aún como perro has de estar aquí, que ellos a quien pasa ladrán por guardar la casa, que el pobre viene a robar: Mira cual estás, y fía que limosnas te acrediten, pues aún los perros no admiten a un pobre en su compañía: ea, sacadle arrastrando. Porque tu felicidad triunfe de mi adversidad (que hasta en esto te está honrando) quiere mi suerte importuna, que Liberio a tus pies venga, . para que los suyos tenga en mi cuello la fortuna: no quieras mayor venganza de quien compitió contigo. Ni de un criado prodigo, que entra también en la danza. Las llamas, el vicio, el fuego, la amistad, que ahora pasa, a mí, y mi hacienda hizo brasa, que todo debe ser fuego: el más vil de tus criados ser en tu casa quisiera. Porque venimos siquiera como piñones mondados. Oh qué buenos mercaderes de la felicidad fuisteis! ingeniosos la adquiristeis tú en pobres, y tú en mujeres. Felicia, buen casamiento hubieras hecho, por Dios, con cualquiera de los dos. Ay Liberio! el verle siento. . Señor, pues que triunfador de estos pobres has salido, hacer merced al vencido es propio del vencedor: en tu casa hallen consuelo. De que eso digas, me pesa: las migajas de mi mesa no les daré, vive el Cielo. Vete de aquí, que me corro de que aún los tengas amor: idos. . Socorro señor. Mala imagen del socorro. Y puesto que allá el desvelo de los dos fue mi baldón, cada cual a su opinión pídale ahora consuelo: vamos. . Dolor infinito! Sientan ya nuestros rigore , . Dios hará::- Murmuradores, no hay más Dios, que mi apetito. Ea, fieles desengaños, aquí del conocimiento, alumbre mi entendimiento la experiencia de estos daños. . Ay de mí! Qué tiene, hermano? Ay, Gulín! mucho dolor; no tanto de este rigor, cuanto de aquese inhumano. Pues yo de frío tírito, y la capa no me tapa. Tome mi gaban por capa, sírvase de él. Hermanito, sin él se quiere quedar? como el frío ha de sufrir? Dios el vestido medir sabe al frío, que ha de dar: tome mi gorro también. . Dios tanto bien le socorra: esto es pegarla de gorra, por siempre jamás, amen. El refrán os viene ya a ser trocado. . Cuál? dudo. Mas que el duro, da el desnudo, por vos desde hoy se dirá. Al zaguánete, hermanitos. Vamos en gracia de Dios. Mis pobres, Gulín, son estos. Qué significa aquel són, con que tanto ruido meten? Son leprosos (qué dolor!) y de su infelice mal es la seña. . Buen pregón: sobre lo pobre, tiñoso? esto solo me faltó. . Hermano Lázaro? . Amigos? cómo va? 1. Mal, y a mi peor. 2. 3. Gulín amigo, qué es esto? Ser de la hambre arrendador, asentista del zoquete, y de úñate contador. Ay de mí! . 4. Qué? qué os ha dado? Ay! que desmayado estoy d. y Nada tenemos que darle, hermano. 1. El glotón de Ninencio en la Ciudad el hambre causa mayor. Yo le quitara las muelas. Quién nos remediará? Dios. Hola, por donde vinieron estos pajaritos? oj. 1. Lázaro, alienta, que el Cielo ya tu hambre socorrió. 2. Y tu sed, pues su palabra, ni faltará, ni faltó. Qué miro? Ángelitos míos, que así os contémpla mi amor, de dónde venís? 2. Enviados somos, Lázaro, los dos de nuestro padre. 1. Y pues tú pagaste en una ocasión las deudas, que no debías, es justicia y es razón, que recibas este alivio: come, y bebe. . Qué favor! Qué bellos que son los cuervos! Coman, hermanos. Alón, yo no me haré de rogar, que tengo una hambre de Dios 1. Qué buen pan! 2. Y cómo sabe! 3. Parece todo de flor. Como socorro del Cielo. Oh qué celestial licor! Deo gracias. Mis compañeros, cómo tanta ausencia? . No podemos estar ausentes de ti nosotros. . Ay Dios! si traéis necesidad, tomad, tomad mi porción. Eso será si yo dejo a, y a troj. algo en u Necesidad no tenemos. Darte queremos favor. Ponte ahora este gaban; que la piedad nos franqueó para ti. Qué rica gala! Dios de Abraham, Dios de Jacob, grande es tu misericordia en toda generación. Muy bien se ha hecho. Apuré con toda la colación. 1. Hermanos, todos unidos (demos gracias al Senor, como otras veces lo hacemos, al compás de nuestro són. Sí, hijos míos, a Dios solo, de todo Supremo Autor, alabemos, y ensalcemos en alta contemplación. Nosotros ayudaremos con nuestra acordada voz. Repitamos lo que digan, que será buena canción. Lázaro, Señor, y rico, su hacienda a los pobres dio, pobre se quedó, y el Cielo le hará más rico, y Señor. Le hará más rico, y Señor. Amigos, ved que yo nada hice por mí, solo a Dios ofrecí cuanto era suyo. Siga siga la canción. otro rico en este tiempo, era avariento, y glotón, comia sin Dios, ni ley, vivía sin ley, ni Dios. Vivia sin ley, ni Dios. Pidamos a Dios le dé conocimiento en su error, porque así pueda alabarle. Siga, siga la canción. Las migajas de su mesa al buen Lázaro negó, que el avariento codicia el desperdicio menor. . El desperdicio menor. Mis culpas lo merecieron, que es cierto digno no soy de aquellas pobres migajas, que su mesa despreció. Tened, tened, que elevado Lázaro, allí se quedó. 1. otras veces le sucede. 2. Sin duda, que habla con Dios. 3. Digo y los tres Peregrinos? Se fueron sin decir, tón. 1. Lazaro? 2. 3. Hermano? . Esperad, que están en la misma acción los dos Niños, que vinieron. Oh inmenso, y gran Sabaot! Como otras veces se arroba. Yo estoy hecho un camaleón. 2. 3. Retirémonos a un lado. 1. Gulín, amigo, chitón, callemos, y oigamos, pues la vista aquí no alcanzó. Ángeles, Virtudes, Cielos, Agua, Luna, Estrellas, Sol, por los siglos de los siglos, bendecid, bendecid al Señor. Invierno, rocío, hielo. Nieve, estío tierra, ardor. Noche, día, luz, tinieblas. 3. Montes, collados, y flor, por los siglos de los siglos, bendecid, bendecid al Señor, Bendecid a su piedad, bendecid a su favor, mares, ríos, fuentes, peces, pues de todo es Criador. 2. Bendecid, bestias, ganados, bendecid, hombres, a Dios, y bendígale Israel en los siglos de esta acción. 1. Bendecidle, Sacerdotes, Siervos, bendecid su amor, bendecidle, Santos, Ju y Humildes de corazón. Por los siglos de los siglos, bendecid, bendecid al Señor. Inmenso bien, dulce gloria, delicia del corazón, suspensión de los sentidos, sobre toda suspensión, en el alto Firmamento del Cielo más superior, diga en alabanza tuya cuanto tu piedad crio::- Por los siglos de los siglos, bendecid, bendecid al Señor. Lázaro, de tus fatigas gozarás el galardón en las Bienaventuranzas, que goza el que me sirvió. Adorable Adonal, no hay trabajo, no hay rigor en la mundana estrechez, teniéndoos por fin a vos. Vuelve, Lázaro, a seguir::- De la humana propensión::- La guerra, para lograr::- La corona del fulgor. Si Dios está junto a mí, nada me dará temor: repita, pues, mi humildad::- 3. Diga nuestra suspensión::- Ángeles, Virtudes, Cielos, Agua, Luna, Estrellas, Sol, por los siglos de los siglos, bendecid, bendecid al Señor.

JORNADA TERCERA

Piedad, gran Dios de Israél. Socorro, que perecemos. Misericordia, Señor. Favor, soberanos Cielos. Mueran todos, pues que yo sin poder morir, fallezco Lascivia, de qué te quejas? si a nuestro impulso violento toda Alejandria yace de hambre, y de sed padeciendo? Qué importa, que todo Egipto perezca al dolor cruento de la hambre, que devora con la sed todos sus Pueblos; ni qué importa, que la aumente aquese Rico Avariento, a quien (sin nosotros) llevan a sus ruinas sus deseos Si todo no importa tanto (fiera rabia! cruel despecho!) como no haber conseguido la perdición de Liberio, por más, que con mis ardides sagaces lazos le he puesto, hasta tenerle abatido a mendigar el sustento. Reniego de mi poder, y de mi astucia reniego! No tan presto desconfíes. No he de desconfiar, si veo que las Virtudes (qué pena!) su auxilio van añadiendo, y con él le van ganando: Él no vive? pues tu aliento vuelve a infundirle otra vez. Ay Avaricia! ese es yerro, que el que de mí se libró, quedando pobre, es muy cierto, que cada vez que se mira, de su culpa hace recuerdo, y es somento de su enmienda lo que en mi ruina es somento, A Lázaro no le tienes pobre, abatido, y hambriento? Ese aumenta mis pesares, pues con su trágico ejemplo, el que le mira, y le vio, ve el desengaño más cierto. Aténgome yo a mi Rico, que en él mi poder mantengo. Ese, Avaticia, muy poco dio que hacer a nuestro esfuerzo, que un Avariento codicia (por codiciar) los Infiernos. Lascivia, a no desmayar, a echar el último aliento. Dices bien; cobre mi brío la fuerza de mi despecho: a Liberio he de poner en el más fatal extremo de la desdicha, y miseria, para que muera protervo: a Lázaro, pues lo quiere, le haré un asqueroso centro de fetor, y de inmundicia, sin que halle humano remedio; de forma que hasta su nombre quede al mundo por Proverbio. Yo en Nincucio vuelvo a ver mis ardides con aumento. . Pues yo a que todos perezcan voy con el furor que muevo, sirviéndome de motivo las voces, que están diciendo:- . Piedad, gran Dios de Israel. Favor, soberanos Cielos. Misericordia, Señor. Socorro que perecemos. 1. Señor, este memorial:- . 2. Este memorial, señor::- Hacedle aqueste favor a Floreta, que está tal, que aunque la tengáis por terca, porqueriza quiere ser. Poco en eso habrá que hacer. Por qué? Ah días, que sois puerca. 1. Porquero ser pretendía. 2. Y yo porquero también. Ser porquera me está bien. Habrá mayor porquería? yo mostraré en mi talento, que soy persona de tomo; su Quintero, y Mayordomo me ha hecho el Rico Avariento (que así le llama la gente) de esta Granja, y pienso en ella mostrar, que sé merecerla por guardoso, y diligente. Qué es lo que moverle pudo a recibitos un hombre tan miserable? . Mi nombre; entré en su casa desnudo, diome de vestir en fin. su Quintero me intítula, que siendo su Dios la gula, fuerza es que medre Gulín. Toda la tierra en sus cercos perece. 1. 2. Ved nuestros males. Yo veré los memoriales: váyanse ahora los puercos. Y a mí, Gulín, qué me das: No gasteis ya más palabras; quísete, guardarás cabras, y con eso habrá una más. Siempre de ti confié. Cómo, di, te despediste de aquella arpía? qué hiciste? Sin duda el demonio fue; pues sin saber, cuando, o cómo, a qué instante, o a qué hora, me dejó, sin que hasta ahora sepa de ella. . No soy romo: ella era una gran chupona, y a mi amo le eché yo el fallo, que tenía pies de gallo, cara, y orejas de mona. Mas, alto, cada cual tome su trabajo, por si pasa el amo, que en esta casa quien no trabaja, no come. Yo soy Baquero. Yo guardo el ganado, que se pierde a falta de pasto verde. Y yo con mi gabán pardo, soy el mayor Mayoral. Murió el porquerizo? Ayer: téngolo hoy de proveer. Y es la necesidad tal, que su oficio se pretende de muchos, con la porfía, que el cetro de Alejandría. Mi conciencia en eso pende: quien me diere más por él lo evará sin destajo. Vamos, canalla, al trabay A trabajar, alto a él, cada cual a su ganado, y váyase a la Masada. Arre, barroso. Ah manchada. Al monte. Toma melado. Gulín, a las cabras voy? Sí, Floreta. Ritalla. Echa esa vaca hacia acá: toma aquí; mas que los doy. Árbol se llama al revés el hombre, y siendo dos ellos, son raices sus cabellos, y son los ramos los pies: árbol con propiedad es, que más perfección encierra, mas (ay de mí!) cuanto yerra quien por gustos de mentira la raiz, que al Cielo mira, quiere arraigar en la tierra? Quién ve al hortelano astuto cabar con el hazadón un tronco, porque en sazón cobre de sus manos fruto? con el estiércol enjuto le lisonjea, y después, en fe, que es todo interés, ejecutarle procura, que lo que le dio en basura, le roba en fruta después. Qué fue lo que darme pudo el mundo, si no es vilezas de vicios, y de torpezas, que aún ahora nombrarlas dudo? ya despojado, y desnudo soy árbol de su venganza, y aún menos que en la mudanza el árbol desnudo, espera vestirse en la Primavera, y yo ni aún tengo esperanza. Todo Egipto llora hambriento, hasta en esto infeliz fui; pues en tiempo empobrecí, que no hay quien me dé sustento: no tengo fuerzas, ni aliento, ni de aquí puedo pasar; la mayor pena, y azar, que a sentir un pobre viene es, cuando pide al que tiene, excusa para no dar. Granja es esta; podré ir a pedir limosna? no, porque no hay para el que dio afrenta, como el pedir: no hay de ser vil, a servir nada, si una letra mudo: servir quisiera, mas dudo aún dichoso en esto ser; porque quién ha de querer a un pobre hambriento, y desnudo? Los puercos en el corral todo es gruñir por comer; alto voy a proveer este empleo cochinal. Este hombre debe de ser el que administra esta hacienda: temo, que en verme se ofenda, que aún estoy sin parecer. Señor, la necesidad, . que tan adelante pasa::- Hermano, en aquesta casa no hay limosna, perdonad: tengo un amo comilón, de pobres tan enemigo, que si lo que manda sigo, y os llevo allá, es tan tragón, que os comerá, aunque le sobre la vianda; que ha sabido, que todo pobre es manido, y quiere almorzarse un pobre. Idos, antes que un mastín os trinche una pierna. Cielo, no es este Gulín? . Recelo, que si en casa os ve Gulín, no me conoces? . a mí, un pobre gatuper No conoces a Liberio? Conózcale bercebú. Quién es Liberio? Quién fue dueño tuyo. . Fue? pasó; no sé pretéritos yo, los presentes solo sé. Dos linajes solamente en el mundo puede haber, que es tener y no tener, y un tiempo, que es el presente. A quien disteis las cadenas, libréas, joyas, caballos, podéis ir ahora a buscarlos. Oh qué bien, que me condenas! tienes razón, no te pido, que me des, que no podrás . si con dueño avaro estás. Por Dios, que me ha enternecido: . ahora aquí de mi grandeza. Recibeme en tu servicio para el más humilde oficio. Decidme, vuestra destreza sabrá unos puercos guardar? Sabré por ser tan inmundo, pues quiere que sirva el mundo, a lo que supe imitar. Pues de ellos cuenta tened, que allí están en su zahurda; guielos, y no se aturda, y crea le hago merced. Bellotas, que les echéis luego os daré. . Qué de males experimento! . Gordales serán, no las goluzmiéis, que cenaréis a la noche: dejad pensamientos tristes, que si en coches anduvisteis, aquí hay también coche, coche, por la mañana, y la tarde. . Quién en torpezas vivió, bien merece, como yo, que brutos tan torpes guarde. . Diome a escoger Amor, niño vendado, de tres el uno esposo: (ay suerte mía!) creí, que el interés escogería a medida del gusto depravado: desprecié la virtud razón de estado de una errante deidad, que el Cielo guía; desdeñé juventud, y gallardía por un monstruo, si bien de oro cargado: la riqueza elegí por más perfecta, necia elección de quien sujeta cuerdo el gusto al interés, que le dirige, y colijo del bien, que yo ahora pierdo que la mujer más sabia es imperfecta, pues presumida lo peor elige. Estos los lechones son, y las bellotas son esas, no las comáis, aunque gruesas, que llevaréis coscorrón. Todo es quejas cuanto escucho: en el campo pensé hallar alivio en tanto pesar, y en él con más penas lucho. Quiero ver, si me divierto en el cristal succesivo; creí casar con un vivo, y caseme con un muerto. . h. Buscando el bien aparente, torpezas apacenté, y es bien quien inmundo fue, que inmundicias apaciente: Ah vil mundo! qué de gente llora tus promesas rotas? qué maravilla, si brotas engaños, que da Satán, dando a Dios piedras por pan, que me des a mi bellotas? Aún estas me das vedadas, que entre los bienes, que alistas, tus dichas son para vistas, pero no para tocadas: aún menos son, que pintadas, y pruébalo mi escarmiento; pues para mayor tormento de mis desengaños vanos, tengo el manjar en las manos, y no oso comerle hambriento. Cruel hambre me provoca: ha vil desdicha, a qué vengo! que lo que en las manos tengo, osar no llego a la boca: castigo es, juventud loca, de quien siendo racional, la parte eligió brutal, despreciando de hombre el nombre, que coma en fe, que no es hombre, bellotas como animal. Avaricia, a perseguirle, para que se desespere. Ni aún este bien considere, que de alivio ha de servirle. Aaú, que se engulle a puñados las bellotas, que no masca el picaron. Sois tarasca? Quításelas. . Bien medrados estuvieran los lechones con vos. Sosegaos, amigos. Hermano traga bodigos, en la Corte hay bodegones. A buscar amo, y alón, no habéis de estar más aquí. Quién bellotas traga así, birlara luego un lechón: y tras todos, poco a poco, hasta engullirse el barraco. Ah comilón! Ah bellaco! Con cascaras? estás loco? Lo que había menester muesamo. . Quién tan aprisa a los cochinos les sisa lo que los dan a comer; picar de aquí, que no quiero teneros en casa un día: las bellotas se comía Vaya el ladrón. Guluzmiero. . Hasta en esto, avaro Mundo, muestras quien eres: si quiera, por hombre, no mereciera lo que un animal inmundo? Ahora mi auxilio fundo. Con tal vileza me afrenta tu ingratitud avarienta! Si quiera no me pagaras con bellotas, e igualaras con mis torpezas tu renta. A Nabucodonosor, como bruto apacentaste, y hasta eso a mí me negaste; más debo de ser peor: que haya llegado el rigor del daño, que llego a ver, a tanto, que por comer envidie yo el vil estado del bruto más despreciado, y no lo merezca ser! Alma del Cielo enemiga, despertad, volved en vos, ya que con azotes Dios, a fuer de esclava, os castiga. Al villano no le obliga . el bien, que es hijo de Adán, trabajos virtud le dan. Ay Dios! cuantos jornaleros de mi padre, aunque groseros, andan sobrados de pan! y yo pereciendo aquí de hambre, suspiro en vano: mi Dios, dadme vos la mano; levantadme, pues caí: iré a mi padre? , . Sí: y dile, besando el suelo: Padre, contra vos, y el Cielo pequé; no me llaméis hijo, el menor gayán elijo ser de vuestra casa. . Apelo, Mundo vil, de tu escasez, a Diós, y a su gran clemencia; sabio soy por experiencia, de mí mismo seré juez: no he de servirte otra vez, Mundo vil: desengañado salgo de ti, y desmedrado; mas no me baldonarán de que he comido tu pan, pues ni aún bellotas me has dado. Agua rda, Liberio amado. Ahora, astucia fingida. Mi bien, mi gloria perdida, tus desdichas he escuchado: no sé de los dos a quien persigue más la inclemencia, tú en los males con paciencia, yo impaciente en tanto bien: aunque ya no son tus daños con los míos tan atroces, tus desengaños conoces, yo conozco mis engaños. Mas qué importa conocellos, si cuando olvidarlos tratas, tú con tiempo te recatas, yo quedo cautiva entre ellos? Tengo esposo, que aborrezco, téngote presente a ti, como mujer elegí, y como elegí, padezco. Cuando de todos querido, te aborreció mi interés, y amote, cuando te ves de todos aborrecido. Mira los diversos modos del mujéril desvarío, que ahora te llamo mío, cuando te han dejado todos. Ofrécele ya tu mano, por favor de tu hermosura: caiga de Dios esta hechura. . Tu ardid, Lascibia, es en vano. Si por el amor presente el desdén pasado olvidas, restaura prendas perdidas, repudios mi ley consiente. Repudiaré a un torpe dueño, avariento hasta en amar; pues si suele comparar el Sabio a la muerte el sueño, y él duerme en mi amor, quien duda, que ya para mi murió Ninencio, y que me dejó libre para amarte y viuda? Llévame, mi bien contigo, rica soy, serás señor de mi hacienda, y de mi amor. Eso no: Mundo enemigo, . sirviéndote me despides, desnudo, solo y hambriento, y porque dejarte intento, el paso ahora me impides? A ser tan mísero llegas, que cuando estoy en tu casa, me tratas can tanta tasa, que aún las bellotas me niegas; y ya tan prodigo estás, que lo que antes adoraba, y a peso de oro comprava, de balde ahora me lo das? Ya te entiendo: la razón rompió a mis ojos la nube, de lo que contigo estuve conozco tu condición. Quitarme tu engaño pudo la hacienda, la libertad, obediencia, y castidad, hasta dejarme desnudo: y como sobre mí he vuelto, propósitos he adquirido, de tu rigor despedido, y de mis engaños suelto: desnudo voy, no te admires, si de ti el Cielo me escapa, que aún no me dejaste capa, como a Joseph, de que tires. Mi bien::- Tiranos litigios! deme el Cielo resistencia. Si hará, porque la Obediencia sabe ejecutar prodigios. . Ay de mí, qué tiranía! a dónde está mi poder? Escogí como mujer, la culpa, y la pena es mía: muera, pues, a su rigor. . Perdí toda mi esperanza: Infiernos, tomad venganza de mí con vuestro rigor. En Lázaro solo ahora vengaré el furor violento con este Rico Avariento, puesto que a sus plantas llora miseria, y necesidad. in, veré mucha gente de hambre? Está todo Egipto pereciendo. . Gran señor, mas mueren, que quedan vivos. Pues tráíganme de comer, que no hay para mi apetito, como ver otros hambrientos; y sírvame de principio la necesidad de todos. Atiende a lo que imagino: ojalá, que yo lograra no quedase en este siglo nadie con que yo abarcase bienes tan mal repartidos. Dame, gran señor, tus pies. Oh Gulín? seas bienvenido: bien por tu nombre te quiero, la gula fue tu padrino: llegó Felicia? . Indispuesta, tanto, que al punto, que vino se echó en la cama. Qué tiene? Dicen, que desea un hijo. No apetezco yo herederos, yo he de heredarme a mí mismo: en un día han de acabarse yo, y mis bienes. Buen alivio. Todo lo que en mí no empleo, me llega al alma: han traído de comer? Mira las mesas con cuanto adorno exquisito es imaginable al gusto. Di el altar de mi apetito: hay deleite comparable en cuantos a los sentidos tributa naturaleza, como el del gusto? hay paraiso, como el distinguir sabores de manjares exquisitos, ostentando competencias, unos simples y otros mixtos? qué gloria hay como el comer? Yo por mayor he tenido la del beber, gran señor, colándose el blanco, y tinto, al són de aquel cla, cla, cla, apacible villáncico. Hola, echadme de beber, confirmaré lo que has dicho. . Socorro señor, sustento. Pues el Cielo te hizo rico, a los hambrientos socorre. Amparo, que nos morimos. Qué es esto? Necesitados, que a tus puertas se han venido, forzados de la miseria, que padece todo Egipto. Déjalos, que voces den. Sí, que al són del hambre, y gritos como yo con más deleite: mi salsa son sus gemidos. Bárbaro, cruel, tirano, de los Cielos seas maldito. Tu crueldad castigue Dios. De sed rabiosa afligido pidas una gota de agua, sin que nadie te dé alivio. Maldígate Dios. Amén. Qué devotos monacillos! A palos he de matarlos. Déjalos. Has de sufrirlos maldecirte? . Engordo yo así, que son para el rico medicinas muy cordiales maldiciones del mendigo. No hay músicas, que recren de tal suerte mis oídos, como las quejas y llantos del hambriento, y afligido. liz, esta del Cielo siempre benigno, la mayor prueba. . A buscarte . te entra el bien. Somos perdidos. . Hola, qué rumor es ese? Lázaro, soberbio, altivo allí a importunarte ha entrado asqueroso, fiero, indigno. A las puertas de la muerte, y a las tuyas, han traído tu crueldad y mi miseria a morir a este mendigo: los bienes di a usura a Dios, que tú llamas desperdicios; no me he quedado con nada, pues la salud he vendido: de llagas estoy cubierto, de bocas soy un prodigio, y todas estas no bastan a moverte aunque dan gritos. Las migajas de tu mesa son los regalos, que pido al despedírseme el alma, ya no por mí, por ti mismo: que aunqué de tan poco precio, quisiera, por ellas pio en el Tribunal de Dios alegar por ti servicios. Da lo que es fuerza que arrojes, haz virtud, lo que en ti es vicio, y en abono de esta deuda haré a mis llagas testigos. Qué me estás atormentando, ignorante persuasivo, con inmortales quimeras, que juzgo por desvaríos? No sabes, que no confieso mas que esta vida; y que afirmo, que como los brutos mueren, cuerpo, y alma a un tiempo mismo? pues de qué estima serán promesas, que en desatinos, a plazos del Cielo, ofreces falsos como tú, y fingidos? y sino, mírate a ti, verás, qué bien se han cumplido. Ah blasfemo. en la experiencia, o padezc os as abis de penas, siempre inmortales, desengaños apercibo. La vida niegas a la alma, imagen del Ser Divino en el fin, sin fin, que espera, puesto que tuvo principio? con los brutos te comparas; mas como ellos, sumergido en torpezas, no me espanto, que en brutos transforma el vicio. Echadle pues: qué aguardáis? cómo obedecéis remisos? Ya vamos. Mas ay de mí! que ciego con lo que miro. Yo fallezco en mis furores. Soltad, soltad al proviso mis lebreles, que destrocen a ese infame advenedizo. Ay pobre Lázaro, que te engullén por panecillo. , . Ellos te darán ejemplo. Oh qué rigor! qué martirio! Perros falderos se han vuelto, siendo mastines rollizos. Qué admiración, qué portento! Matadlos: no queden vivos, que a piedad no has de moverme, traidor, con esos hechizos. Mas racionales, que tú, son tus perros, que han lamido las llagas, que tu maltratas, piadosos, y compasivos: yo me muero por vivir, pero tú con fin distinto morirás para más muerte, mientras más muerto, más vivo. Matadle, sacadle el alma, satisfacedme ofendido. Y a él por si se va muriendo. A mí un llagado, un mendigo arrojad aquesas mesas, el asco me ha conmovido las e tr Ya se ofuscan mis sentidos: desnudadme, que me abraso, llamas broto por suspiros: rasgaré mis vestiduras, pues desesperado gimo en un volcán, que del pecho es angustia, es parasismo. Ya en nuestro poder está. Fallezca en ardor activo. Vengan los Médicos todos, que en más precio tiene Egipto: que me abraso, que me enciendo, agua, Cielos:- Dadle vino, y plegue a Dios, que reviente, si de luto han de vestirnos, a costa de su avaricia. 1. Al que muere avaro, y rico compara un Sabio al lechón. Dice bien, porque el cochino aprovecha a todos muerto, como enfada a todos vivo: mas este para el Infierno lleva arriero conocido. La madre de Tobias imitan, valles, las desdichas mías: como ella a cada instante, salgo a buscar un hijo, que ignorante los vicios salteadores causan su perdición, y mis temores. Cáminos reducidle, si loco se ausentó, cuerdo, y humilde: arroyos, detenedle, si se despeña contra Dios rebelde: hay prolijos enojos! si le vieran venir mis tristes ojos, diera la vida a plazos, y a su cuello amoroso tiernos lazos: apenas se mueve hoja, cuando al alma que viene se le antoja. Mas hay loco deseo! quién es aquel, que apresurado veo? el aire, el movimiento es todo de mi hijo: hay pensamiento! salid vos al encuentro del alma precursor, que está acá dentro, porque, a pesar de enojos, más penetra su vista, que mis ojos: corriendo al viento alcanza, y juzgo yo por siglos su tardanza. Liberio (ay desvarío!) hijo, Liberio? Amado padre mío? Ay Cielos! padre dijo? si el eco me engañó? querido hijo, eres tú? . Sí, mi padre. . Él es? qué dicha habrá, que no me cuadre? hay pies, si os entorpece . la edad, amor, que es Dios, rejuvenece: corred, que siempre el gozo teniendo el viejo canas, le hace mozo: mitad de la alma mía, restituye con ella mi alegría. Manifiesta postrado de tu fiel obediencia lo humillado. Padre mío::- Levántate del suelo. Pequé contra ti, padre, y contra el Cielo. No digas más disculpas, bastantes son arrepentidas culpas: mi llanto, y tus cuidados son cohechos de amor. Hola, criados. Qué es, señor, lo que mandas? Púrpuras escoged, sacad holandas; día es hoy de mi boda, mi recámara abrid, robadla toda: entapizad mis salas, y registrando majestuosas galas, haced elección de ellas, vistiéndole a mi hijo las más bellas: sus dedos le coronen anillos, que del Sol giros blasonen; sean tales sus ornatos, que en diamantes se aneguen sus zapatos. Convidad mis amigos, que no hay contento, donde no hay testi- matad una ternera escogida entre mil de esta tan pingue, que la leche, en vez de sangre, por los poros eche: instrumentos sonoros alegren danzas, y cancionen coros; todo sea regocijo, pues muerto en vicios, resucita un hijo. Ya, bárbaros engaños, mejoro con la vida torpes años, no sois va alma cautiva. Viva tal padre. Decid, que mi hijo viva. Qué alegrías serán estas tan nuevas en nuestra casa? Qué huésped hay? quién se casa? por qué se hacen tantas fiestas? No admires el regocijo, señor, que juzgas por vano, si tú has hallado un hermano, y tu padre ha hallado un hijo. Vino Libetio, aunque roto, desengañado, y confuso del mundo; a los pies se puso de su padre, y cumplió el voto: recibiole con los brazos viertos, porque es Clemente; pidió pies obediente, vez de ellos halló abrazos: tanto como eso ha podido con ser tú su mayorazgo, la obediencia, y el hallazgo de un hijo, que había perdido. . Eso sí, gaste con él la hacienda, que a mí me toca, premiele en su vida loca los vicios; y a mí, que fiel siempre estuve a su obediencia, tráteme con escasez, efectos de su vejez, y prueba de mi paciencia, en que mi humildad consiste. Hijo mío, ya tu hermano obediente, humilde, llano te espera: de qué estás triste? entra, y abrazos apresta. Desde que tuve de ti vida, y ser, nunca salí de tu gusto, ni en molesta juventud quebré jamás las leyes, que me pusiste, y nunca, padre, me diste lo que a un perdido le das; ni aún un cábrito siquiera, que comer con mis amigos te debo (sean testigos mis quejas) y una ternera la más gruesa de tus atos a un disipador previenes, de sus virtudes, y bienes, y autor de sus desacatos: mas me valiera haber sido como él, que no obedecerte. Necio enojo te divierte: mi mavorazgo querido eres, Modesto, mi hacienda h. es toda tuya quién duda, que el tiempo costumbres muda? la experiencia pone rienda: ya reducido te besa los pies en señal de amor, que agraviarás tu valor si de su dicha te pesa. Bienvenido sea, sea bienvenido el hijo perdido, que hallarse desea: bienvenido sea, sea bienvenido. Hermano, y señor yo he sido::- Las entrañas me enterneces: no me digas más, mil veces seas, hermano, bienvenido. Tu hijo es, a festejarle con los demás quiero ir, que más es el reducir a un hijo, que el engendrarle: perdón de todo te pido, y en decir mi voz se emplea::- nvenido sea , . Bier Den a estos tres viandantes, que vamos de cerro en cerro rastrillando la miseria, que debana nuestros cuerpos, una limosna; así Dios los llene de medio a medio, de cuantas calamidades pueden llevar. Qué es aquesto? Si desengaños del mundo son padres del escarmiento, y de sus justos agravios alcanzó perdón Liberio: viuda ya, y desengañada con el alma que te ofrezco, a darte cuenta he venido . de lástimas y sucesos. Y yo, que solo he quedado para pasto de los cuervos. . Y yo que voy con los dos las tres anades plañendo. . Alzad, Felicia, qué causa os trae con tal lamento? Murió de una apoplegia Ninencio el Rico Avariento, blasón, que torpe ha ganado. Qué dices? válgame el Cielo. Si señor: de un reventón como un lechón quedó muerto, para que por él se diga sepultus estrín Inferno. Murió Lázaro también, los dos en la vida extremos de la mundana fortuna, y hasta en el morir diversos. Rica y libre restituye a la voluntad el Reino, que mi engañada elección entregó al interés necio; mil veces yo venturosa, y muchas más si merezco en tálamo mejorado enmendar pasados hierros. Felicia, porque lo sea ya mi ganado Liberio esposo vuestro será, y el amor de entrambos dueño. Esa es la dicha a que aspiro. Asi rendido obedezco. Y aquí la moralidad demuestra el Santo Evángelio. La inmortalidad del alma negaba el torpe Nineucio, su felicidad ponia Lazaro en bienes del Cielo: mi Dios, para certidumbre de la vida, que confieso en vuestro inmortal dominio, y más seguro escarmiento de este Prodigo enmendado, enseñadnos con qué premios premiáis los pobres humildes, y castigáis los soberbios. Bienaventurados serán siempre aquellos, que por Dios padezcan del mundo desprecios, logrando de gracia diadema en el Cielo. Padre Abraham, que me abrasan en el alma, y en el cuerpo llamas de inmortalidad, castigo de Dios Eterno: la gula, en que idolatré, manjares me da de fuego: la Soberbia, y la Avaricia con aqueste monstruo horrendo me deboran, y me angustian en mis deleites perversos. Hidrópica sed me abrasa, ten piedad de mis tormentos, padre, a Lázaro me envía, que moje el úlrimo extremo lo en agua un instante, del d dé un breve refrigerio a mi lengua. Acuerdate, hijo, del bien, que viviendo recibiste en la otra vida; y Lázaro los desprecios, y trabajos, que tú sabes, no hay dos Glorias, no hay dos Cielos: él recibe descansando de sus Virtudes el premio: tú, en tormentos perdurables pagas los males, que has hecho; no te podrá socorrer desde lugar tan diverso al en que estás, que hay abismos de inmensa distancia en medio. Ruégote, pues, que le envíes si desde aquí obligan ruegos, a la casa de mis padres donde cinco hermanos tengo, para que los amoneste, porque a estas penas viniendo no acrecienten las que paso, ten misericordia de ellos. A Moisés, y a los Profetas tienen en libros, que llenos de amonestaciones santas predican, y dan ejemplo. No, Padre Abraham, mejor los persuadirán los muer si a Lazato ven, no hay duda pongan a sus vicios freno. Quién los Profetas no admite, y tiene de bronce el pecho, ni a los que resucitasen creerán tampoco, esto es cierto. Ay de mí! que en tanto abismo a eterno penar me quedo. Oh felices los trabajos, que en tanta dicha me han puesto. Hijo, a Lázaro imitando, y escarmentando en Nineucio, restaurarás lo perdido, y excusarás tus tormentos. Vicioso Prodigo fuiste, y aquel mísero Avariento; de Lázaro el medio escoge, y tendrás a Dios por premio, que en medio está la virtud, si son vicios los extremos. Así rendido, y postrado una, y mil veces lo ofrezco. Con que anhelando al perdón, en Gloria de Dios diremos::- , . Bienaventurados serán siempre aquellos, que por Dios padezcan del mundo desprecios, logrando de gracia elo. diadema en el